Calor
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Se denomina calor a la energía en tránsito que se reconoce solo cuando se cruza
la frontera de un sistema termodinámico.1 Una vez dentro del sistema, o en los
alrededores, si la transferencia es de adentro hacia afuera, el calor transferido se
vuelve parte de la energía interna del sistema o de los alrededores, según su
caso. El término calor, por tanto, se debe de entender como transferencia de
calor y solo ocurre cuando hay diferencia de temperatura y en dirección de mayor
a menor. De ello se deduce que no hay transferencia de calor entre dos sistemas
que se encuentran a la misma temperatura.
Índice
1Naturaleza del calor
2Historia de la teoría del calor
3Calor específico
o 3.1Calor específico molar
o 3.2Capacidad calorífica
4Cambios de fase
o 4.1Calor latente
5Transmisión de calor
6Medida del calor
o 6.1Calorimetría
7Termodinámica y transferencia de calor
o 7.1Transferencia de calor en la ingeniería
8Sensación de calor en el ser humano
9Véase también
10Referencias
11Bibliografía
12Enlaces externos
Naturaleza del calor[editar]
La temperatura de un gas monoatómico es una medida relacionada con la energía cinética promedio de
sus moléculas al moverse.
A menudo en el habla coloquial se usan expresiones como: Cantidad de calor de
un cuerpo o ganancia de calor y se hace porque no producen ningún malentendido
y quizás porque no hay ninguna alternativa técnica que sea tan intuitiva, pero en
un sentido técnico son incorrectas. El calor, visto desde la física, no se tiene, el
calor es una transferencia.2 Lo que tiene un cuerpo, es energía térmica, mejor aún,
si se considera el cuerpo como un sistema termodinámico, la energía total del
sistema tiene dos formas: macroscópica y microscópica. La energía macroscópica
es la que tiene el sistema con referencia a un origen exterior, como la energía
cinética y la potencial. La microscópica es su grado de actividad molecular, que es
independiente del sistema de referencia externo y es lo que se conoce
como Energía interna del sistema y se representa por .
Las moléculas de un sistema se agitan con cierta velocidad, además giran y vibran
de manera irregular y todo este movimiento les confiere una energía cinética que
es la parte de la energía interna que es energía sensible, porque la velocidad
promedio de las moléculas es proporcional a la temperatura, que es lo que
podemos percibir. Pero también las moléculas están unidas por fuerzas de
atracción que son más fuertes en los sólidos, disminuyen en los líquidos y aún
más en los gases, de forma que un sistema en estado gaseoso implica una
energía que ha sido necesaria para vencer las fuerzas intermoleculares. Esta
energía que tiene que ver con la fase en que está el sistema, se llama energía
latente. Los átomos están unidos por enlaces que se forman y se destruyen en las
reacciones químicas. La energía interna asociada con los enlaces atómicos, es
la energía química Y por fin, las fuerzas de atracción en el núcleo de los átomos
constituye la energía nuclear, que se libera en las reacciones nucleares. Todas
estas formas de energía, se almacenan en el interior del sistema y conforman
su energía interna.
Pero hay formas de energía que no se pueden almacenar, que solo aparecen
cuando hay interacción y constituyen lo que llamamos la energía ganada o perdida
por el sistema. Estas formas de energía, son la transferencia de calor y
el trabajo. Cuando el origen o la fuerza motriz de la interacción es una diferencia
de temperatura, decimos que es calor, en caso contrario es trabajo.
Resumiendo, es muy común referirse a la energía sensible y latente como calor y
está bien coloquialmente, pero en realidad es energía térmica, que es muy distinta
de la transferencia de calor.
Historia de la teoría del calor[editar]
La primera referencia formal sobre la importancia del fuego se encuentra
en Heráclito (540 a. C.-475 a. C.), quien sostenía que el fuego era el origen
primordial de la materia.
Para Anaxímenes lo caliente y lo frío son estados comunes de la materia.
Consideraba que lo comprimido y condensado era frío, y que lo raro y “laxo” era
caliente, por tanto, según él, la ‘‘rarefacción’’ daba cuenta del proceso mediante el
cual se calentaban las cosas, hasta quedar convertidas en vapor.
Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.), agregó dos pares de cualidades fundamentales:
caliente y frío, seco y húmedo. La razón por la cual un cuerpo tenía cierta
temperatura, venía dada por las cantidades que en él se encontraban estas dos
cualidades fundamentales.
Galeno (129-199) propuso una escala cualitativa que costaba de cuatro estados
de calor y cuatro de frío, el punto neutro se obtenía agregando cuatro partes de
agua hirviendo y cuatro partes de hielo.3
Estas ideas se mantuvieron durante más de 23 siglos. Es curioso observar, que en
este período ya se apreciaba que algunos de los fenómenos físicos, como
la dilatación de sólidos y líquidos, y la expansión térmica del aire y el vapor,
dependían del calor, pero no se prestaba atención a las temperaturas porque no
eran parte de las cualidades referidas en la física aristotélica.
Las ideas de Aristóteles comienzan a ser cuestionadas a mediados del siglo XVI,
cuando se propone la existencia de una quintaesencia de la materia, la existencia
de un agente universal responsable de todas las reacciones químicas. Robert
Boyle (1627-1691), negó al fuego todo carácter corpóreo y consideró que debía
existir cierta unidad de la materia, lo que implicaba que debería estar compuesta
por corpúsculos.
Mientras, en el siglo XVII y los primeros años del XVIII, se originaron discusiones
sobre la estructura de la materia y ocurrió otro acontecimiento importante en la
historia del calor, Georg Stahl (1660-1734) enuncia la teoría del flogisto. Este no
debe ser confundido con el fuego material, el que se manifiesta en la llama y en el
calor cuando se producen combustiones, sino que es un elemento inaccesible que
poseen todos los cuerpos combustibles.
En el transcurso del siglo XVII se oponen dos teorías sobre el calor, la del flogisto,
y la que defendían los seguidores de los atomistas griegos, quienes admitían la
corporeidad del fuego, considerando que este se constituía por partículas
pequeñas, ligeras y sutiles, que tenían a su vez una enorme movilidad para
penetrar en la materia en sus diferentes estados, capaces de operar simplemente
con su presencia en forma de fluido imponderable, el calórico. Entre 1775 y 1787
Lavoisier elaboró una teoría de los gases, en las que introducía el principio del
calórico. En este periodo surgía el concepto de temperatura y empezaron a
construirse termómetros, para medir la frialdad de las cosas. Joseph Black (1728-
1799) utilizó estos termómetros para estudiar el calor, observando cómo las
diferentes sustancias que se encontraban a desiguales temperaturas tendían a
llegar a un equilibrio cuando se les ponía en contacto. 4
En 1798 Benjamin Thompson, conde de Rumford, observó en Baviera, que al
perforar cañones, la cantidad de calor que se obtenía dependía del estado del
taladro y llegó a la conclusión de que el calor no era un fluido, sino una forma de
movimiento. Dedujo la posibilidad de generar por rozamiento una cantidad
ilimitada de calor, ya que el calor generado era aproximadamente proporcional al
trabajo realizado, hecho que no era fácilmente argumentable con la teoría del
calórico. En 1812 Humphry Davy confirmó la presunción anterior. Esta idea
culmina con los trabajos del médico y físico Julio R. von Mayer en 1842 y posterior
y definitivamente en 1850 con James Prescott Joule, que establecen que el calor y
el trabajo no son más que manifestaciones de la energía térmica, la cual puede
ser convertida en un porcentaje en trabajo, mientras que el trabajo puede ser
totalmente convertido en calor.5