ÉTICA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA
INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA.
ESPERANZA GUISAN
La ética es una ciencia que estudia lo normal de derecho, es decir la
conducta que debe tener la gente, lo que es correcto, incluye el estudio de los
valores y en especial del valor moral. La ética es la rama de la filosofía que tiene
mayores aplicaciones en la vida humana. Esta ciencia estudia cuales son las
condiciones para que se dé un acto propiamente humano en el que la principal
condición es la libertad, es decir cuando los actos humanos no se hacen con
libertad son llamados Actos del Hombre y carecen de valor moral.
“Si la moral existe… es porque existen problemas dentro del hombre, o en
la relación hombre a hombre que es preciso solucionar. La moral existe no solo
porque las cosas inherentemente van mal, como la concepción de Warnock
supone, o porque el individuo es miope, corto de vista para su propio beneficio
como Hume ya resaltó, sino porque la sociedad humana es la historia de las
humillaciones y las alienaciones. Para Esperanza Guisán plantea la presencia del
conflicto como justificación de la existencia de la ética: sin conflicto no hay ética.
La moral es necesaria porque, para decirlo en lenguaje bíblico, la imagen y
semejanza están muy desdibujadas o nunca quedaron bien; y, hay que
reconstruirlas para no avergonzar a Dios o para no avergonzarnos de Dios
Por otra parte, descubrir lo que nos hace felices y descubrir lo que nos
hace infelices, no son meras cuestiones de definición. Frente al riesgo de desear
una cosa y necesitar otra, lo que cabe es el examen de las posiciones en un
diálogo ético. No es un asunto caprichoso si entramos en un intercambio, en una
interlocución en la que no perdamos la opción de tomar decisiones. No nos queda
otra vía que la de la participación respetuosa que incorpora el mejor conocimiento
que sobre los seres humanos está disponible en las diferentes fuentes. Es,
además, la manera de no caer en el autoritarismo. La búsqueda de la felicidad no
es automática, es voluntaria y no se logra sin empeño, sin conocimiento, ni sin la
cooperación de otras personas, sin bienes materiales y culturales. Es una
conquista donde confluyen los esfuerzos personales y sociales.
Es por ello que Esperanza Guisán da una respuesta, aunque no lo
mencione a Robert Nozick y su máquina de sensaciones: “una sociedad que no
garantizase la igual libertad de todos sus componentes contribuiría muy poco a
incrementar las expectativas de felicidad”. Se da un doble reconocimiento: la
complejidad del ser humano y la riqueza del concepto de ‘felicidad’. También se le
responde a cualquier concepción exclusivamente individualista de la felicidad o al
hedonismo que la defiende pesar de que la condición ciudadana le llega a buena
mayoría de personas automáticamente, Esperanza Guisan se resiste al
automatismo, al conformismo. Por ello, quiere etizar la democracia (y la política).
Consecuencia de ello, es el interés por el “buen ciudadano” con características
deseables en otros ámbitos también: el desarrollo de sí, la libertad, la solidaridad.
Es la suma del esfuerzo de cada quien y el esfuerzo social: el despliegue de las
potencialidades propias desarrolladas en un empeño solidario por el desarrollo, a
su vez, de las capacidades de las otras personas, a sabiendas de que lo mejor de
los otros en una fuente de gozo y redunda en el enriquecimiento propio.
De acuerdo con, Guisán, la ética y la política, ambas críticamente
entendidas, están allí para corregir las injusticias de la vida, expresadas en la
posición que a cada quien le tocó en la lotería social y en la lotería genética, las
desigualdades de punto de partida, sobre todo las desigualdades
menoscabadoras. La idea no es, por supuesto, nivelar, sino corregir y potenciar,
que cada quien tenga opciones de lograr su areté. Para ello hay que ponerle fin a
esa “cadena infinita de inmerecidas desigualdades”. Si no infinitas, sí muy
numerosas: “la injusticia profunda que supone el infligir dolor innecesario, o privar
innecesariamente de gozo a los seres humanos”. Con el menoscabo, la
humillación, el desprecio, la victimización, la obstaculización de florecimiento de
potencialidades positivas, se falta a la justicia, se despilfarran recursos humanos,
se hace del mundo un lugar más hostil, menos bello. No cabe la menor duda de
que la historia de la humanidad da múltiples ejemplos de todo ello. Se necesita,
entonces, explorar lo inédito, determinar obstáculos eliminables y emprender una
búsqueda o construcción solidaria del gozo.
La madurez ética solo es alcanzable “en una sociedad en la que se
garanticen las estructuras adecuadas para que el individuo pueda proseguir en el
desarrollo de sus capacidades críticas”. Y hay que agregar que lograr una
sociedad tal es de un interés ético central. Exigencia política inspirada éticamente;
exigencia ética inspirada políticamente. La propuesta de Esperanza Guisán es
claramente un reto, es un proyecto ético-político, proyecto sumamente exigente
porque plantea que cada quien tiene que lograr y dar lo mejor de sí, para el
beneficio propio y beneficio común.
Finalmente el proyecto ético de Esperanza Guisán, se necesita el
desarrollo del conocimiento, el mejor que fuere posible, el desarrollo de la empatía
para poner los medios más aptos con la mira de obtener los mejores fines aunque
sea provisionalmente. Se necesita de la reducción de los perjuicios, de los
malestares, de los menoscabos y la ampliación de los beneficios, bienestares,
avances para todos cuando se pudiere o para la mayoría si otra cosa no fuere
posible. No se habla tan solo de mayorías humanas, sino de seres sentientes, lo
que nos emparenta con otros seres vivos y aumenta de una manera natural la
comunidad ética.