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Clasificación de Enfermedades: Agudas y Crónicas

El documento clasifica las enfermedades en agudas y crónicas según su evolución. Las agudas son de comienzo y evolución rápidos, mientras que las crónicas son de inicio lento y progresión prolongada. Las agudas se dividen en traumatismos, indisposiciones, agudizaciones miasmáticas, esporádicas y epidémicas. Las crónicas se clasifican en medicamentosas, aparentes y naturales o miasmáticas. Se describen cada tipo de enfermedad y su tratamiento home

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Clasificación de Enfermedades: Agudas y Crónicas

El documento clasifica las enfermedades en agudas y crónicas según su evolución. Las agudas son de comienzo y evolución rápidos, mientras que las crónicas son de inicio lento y progresión prolongada. Las agudas se dividen en traumatismos, indisposiciones, agudizaciones miasmáticas, esporádicas y epidémicas. Las crónicas se clasifican en medicamentosas, aparentes y naturales o miasmáticas. Se describen cada tipo de enfermedad y su tratamiento home

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Clasificación de las enfermedades

En los parágrafos 72 al 81 del libro “Organón de la Medicina”, Hahnemann clasifica las


enfermedades, según el tiempo de evolución, en dos grandes grupos: agudas y crónicas. Las
agudas son de comienzo súbito o rápido, de evolución corta aunque variable, y de terminación por
la muerte o por curación espontánea o terapéutica. Las crónicas son de comienzo paulatino e
imperceptible, de evolución lenta, solapada, prolongada y progresiva, y de terminación por la
muerte si no se hace un tratamiento oportuno y adecuado (Hahnemann, 1983, pág. 127).

Las enfermedades agudas las divide conforme afecte a personas individualmente (traumatismos,
indisposiciones y agudizaciones miasmáticas), o a grupos de personas de manera simultánea
(esporádicas, epidémicas y miasmáticas agudas); y las crónicas en medicamentosas, aparentes y
naturales o miasmáticas (Hahnemann, 2008, págs. 215-223). Se comentan a continuación cada una
de ellas, con aportaciones de Sánchez Ortega al respecto.
1. Traumatismos

Son trastornos patológicos por efectos mecánicos, como los causados por heridas, contusiones,
esfuerzos, esguinces, luxaciones y fracturas (Hahnemann, 1983, pág. 127). En su tratamiento:

“El quehacer del práctico se reducirá al de un curandero o bien a la cirugía, que atenderá el
médico personalmente o lo derivará al especialista. De todos modos podrá el médico homeópata
hacer alguna indicación medicamentosa para ayudar a mitigar los sufrimientos o a la reparación de
los tejidos vulnerados, con remedios que por su tropismo y sus síntomas más característicos estén
indicados” (Sánchez, 1992, pág. 419).

Se incluyen en esta clase de afecciones las intoxicaciones, que deben tratarse generalmente de
dos maneras:

“La primera, cuando el tóxico esté aún actuante, con elementos totalmente opuestos. Si se ingirió
procurando devolverlo; si está en un conducto, tratando de evacuarlo. O bien, si los efectos son un
tanto tardíos, ya son un tanto secundarios como los de una droga después de su primera acción
agresiva, podrá ayudarse al organismo a su eliminación con medicamentos de acción semejante en
dosis imponderables pero aun bajas como entre la 3ª centesimal y la 12ª centesimal, también
generalmente disueltas en agua y repetidas” (Sánchez, 1992, pág. 420).

2. Indisposiciones

Son cuadros sintomáticos que derivan de alguna causa excitante, produciendo síntomas
superficiales que generalmente tienden a desaparecer por sí solos (Sánchez, 1992, pág. 419). Las
causas excitantes pueden ser: climáticas: enfriamientos, acaloramientos, exposiciones
prolongadas al sol; alimenticias: exceso en la comida o bebida, carencia o intoxicaciones
alimenticias; impresiones físicas violentas: exceso de ruido, movimiento, etc.; emocionales:
preocupaciones, cólera, represión de deseos, etc. (Hahnemann, 1983, pág. 127). Para su
tratamiento:

“Debe dejarse actuar a la naturaleza e indicar medidas higiénicas que faciliten la acción
reparadora del propio organismo, al que también se le puede ayudar con un medicamento que
característicamente actúe en el mismo sentido. En todos estos casos generalmente deben
utilizarse los remedios en potencias bajas, 3ª decimal a 6ª centesimal, preferentemente diluyendo
unos cuantos glóbulos en medio vaso de agua y ministrando una cucharada con alguna frecuencia,
a intervalos relativamente cortos, según la algidez de las molestias” (Sánchez, 1992, pág. 419).
Hahnemann, en su libro de “Enfermedades crónicas”, recomienda:

“Si durante la acción de un remedio antipsórico bien elegido, llega a manifestarse, por ejemplo,
una cefalea moderada, o alguna otra molestia moderada, que no se le haga tomar al enfermo en el
ínterin otro medicamento, ya sea no antipsórico o antipsórico; lo mismo si sobreviene o un poco
de dolor de garganta, o una diarrea, o dolores en tal o cual parte del cuerpo, etc.” (Hahnemann,
1999, pág. 145).

3. Agudizaciones miasmáticas o falsas enfermedades

“Son explosiones pasajeras de la psora latente (o de las otras dos enfermedades crónicas) que
espontáneamente vuelve a tal estado, si la enfermedad aguda no fue de carácter demasiado
violento y suprimida prontamente” (Hahnemann, 2004, pág. 221).

Producen toda la apariencia de una enfermedad aguda (por eso se le llaman también falsas
enfermedades), con un pródromo, un desarrollo de síntomas, un tiempo de permanencia de los
mismos y una declinación, que tiende a desaparecer por la sola acción de la fuerza vital. Son
provocadas por la intensa acción de un estímulo que puede ser de diferentes órdenes: climático,
emocional (como por ejemplo, una sorpresa intensa), por exceso de trabajo, etc. También pueden
ser estimuladas por un tratamiento homeopático correcto, por un tratamiento seudo-
homeopático desafortunado o por un tratamiento alopático (Sánchez, 1992, págs. 420-421). El
procedimiento a seguir es generalmente dar medidas generales e higiénicas.

“Puede ser necesaria algunas veces la indicación de un remedio homeopático, pero hay que ser
muy cautos para no hacer una indicación que por una parte puede ser innecesaria y por otra que
estorbe una eliminación conveniente para el organismo, por ejemplo, una evacuación diarreica
consecutiva a una sorpresa traumática o el surmenaje por el exceso de trabajo desacostumbrado
que obligue a un sueño prolongado o motive sobreexcitación nerviosa” (Sánchez, 1992, pág. 420).

“Cuando la agudización miasmática se deba al efecto de una indicación homeopática se procurará


respetarla lo máximo posible, y para ello debe guiarnos algo muy simple: que el paciente a pesar
del incremento o algidez de los síntomas, se siente y se ve mejor en general; lo que demuestra que
se ha estimulado convenientemente al principio vital. Cuando es una simple exacerbación de
manifestación miasmática, el paciente declina, sufre en lo general y debe ayudarse como en las
afecciones agudas” (Sánchez, 1992, pág. 421).
En lo personal, cuando la agudización se debe a una buena indicación del medicamento
homeopático (en semejanza y dosis), si hay necesidad por la violencia de la agudización, aumento
la frecuencia del medicamento dado hasta que la intensidad de los síntomas disminuya,
especialmente cuando el medicamento es de potencia media o baja y, aún mejor, en la escala
cincuentamilesimal.

4. Esporádicas

Son las que, en un mismo momento, solo un pequeño número de individuos están susceptibles a
sentir la acción de factores atmosféricos, telúricos o climáticos nocivos (Hahnemann, 1983, pág.
128). Por ejemplo, cuadros catarrales luego de un cambio brusco de temperatura. Pueden
comportarse como indisposiciones o como agudizaciones miasmáticas y su tratamiento
corresponderá según el caso.

5. Epidémicas

Son enfermedades febriles en las que muchas personas son atacadas simultáneamente,
manifestándose con síntomas muy semejantes y provocados por la misma causa
(epidémicamente); estas enfermedades se presentan con síntomas diferentes en cada nueva
epidemia (por ejemplo, la gripa). Habitualmente se hacen más contagiosas cuando actúan sobre
masas compactas de individuos; y cuando son abandonadas a sí mismo terminan en un espacio de
tiempo bastante corto por la muerte o la curación. Las calamidades de la guerra, las inundaciones
y el hambre son frecuentemente sus causas excitantes y productoras (Hahnemann, 1983, pág.
128).

Para su tratamiento debe investigarse los síntomas característicos de la epidemia reinante (lo que
se denomina el “genio epidémico”) por medio del estudio de varios pacientes afectados por la
epidemia, repertorizar y tener una lista de medicamentos posibles para cada caso individual.
Hahnemann, en el parágrafo 102 del Organón, comenta:

“Con el hecho de escribir los síntomas de varios casos de esta clase, el diseño del cuadro de la
enfermedad se hace cada vez más completo; no más extenso y difuso sino más significativo (más
característico) e incluyendo más particularidades de esta enfermedad colectiva. Por una parte, los
síntomas generales (por ejemplo: pérdida del apetito, insomnio, etc.) quedan perfectamente
definidos en cuanto a sus características y, por otra, los síntomas más notables y especiales que
son peculiares a pocas enfermedades y de aparición más rara, al menos en la misma combinación,
se hacen prominentes y constituyen lo que es característico de esa epidemia. Todos los atacados
de la enfermedad reinante, al mismo tiempo, la contraen indudablemente de una sola y misma
fuente, de aquí que tengan la misma enfermedad; pero toda la magnitud de una enfermedad
epidémica y la totalidad de sus síntomas (cuyo conocimiento, que es esencial para permitirnos
elegir el remedio homeopático más conveniente para este conjunto de síntomas, se obtiene con el
examen completo del cuadro morboso) no puede conocerse por un solo paciente, solo puede ser
perfectamente deducida (extractada) y descubierta por los sufrimientos de varios enfermos de
constituciones diferentes” (Hahnemann, 2004, págs. 269-270).

En el libro de “Enfermedades crónicas”, párrafos 245 al 253 de la traducción de Viqueira,


Hahnemann expone el tema de las enfermedades intercurrentes (esporádicas, epidémicas y
miasmáticas agudas), indicando la conducta a seguir en estas enfermedades con respecto a las
crónicas, como se menciona en la página 45. Al respecto dice Kent:

“No debemos prescribir para una enfermedad aguda y una crónica a la vez. Nunca debéis
prescribir para dos condiciones o estados, a menos que estén complicados. Solo las enfermedades
crónicas pueden estar complicadas una con la otra. La aguda nunca está complicada con la
crónica; la aguda suprime la crónica, pero nunca llega a complicarse con ella… Ambos estados
deben separarse, y desde luego se debe prescribir para el grupo de síntomas que constituyen la
imagen y la apariencia del miasma agudo… porque éste suprime o suspende los síntomas crónicos;
pero el médico diligente, que no sepa que esto es así, puede equivocadamente recoger todos los
síntomas que el paciente ha tenido en toda su vida” (Kent, 1992, págs. 237-239).

6. Miasmáticas agudas (miasmas agudos)

Son las producidas por agentes infecciosos especiales (miasmas agudos) que se caracterizan por
reaparecer siempre bajo la misma forma (de ahí que se les conozca por algún nombre tradicional),
pudiendo dejar inmunidad definitiva (viruela, sarampión, tos ferina, fiebre escarlatina, paperas,
etc.) o no (peste, cólera, etc.) (Hahnemann, 1983, pág. 128). Tienen una secuencia de estados que
los distingue: prodrómico, de desarrollo, de estado y de terminación, ya sea por la curación o la
muerte. (Sánchez, 1992, pág. 319).

“Son eliminaciones miasmáticas convenientes, si se sabe ayudar a la naturaleza a producirlas y a


hacerlas evolucionar adecuadamente en forma homeopática. Impedirlas (por vacunas o
tratamientos supresivos) resulta perjudicial al individuo en el que se evita esa exoneración
miasmática y, sobre todo, para la especie. Se evita la eliminación miasmática, se acumula la
morbilidad de esa predisposición que se hará manifiesta en la siguiente oportunidad con el
estímulo que sea suficiente y resultará más general el padecimiento, más profundamente situado
y más grave” (Sánchez, 1992, pág. 318).

“A esta clase de enfermedades pertenecen las infecto-contagiosas, endémicas y epidémicas. En


estas últimas se podrá encontrar y usar el o los medicamentos que contengan el genio epidémico
(como ya se comentó)… y generalmente se requerirá repetición de la dosis y al mismo tiempo
potencias bajas o medias” (Sánchez, 1992, pág. 421).

La palabra miasma generalmente es definida por los diccionarios como un efluvio dañino que
desprenden cuerpos enfermos, materias en descomposición o aguas estancadas. Como en los
tiempos de Hahnemann no se habían descubierto los microorganismos patógenos, se utilizaba el
término “miasma” para referirse a un “agente contagioso” que generaba enfermedad. Sin
embargo, “para Hahnemann como para la homeopatía, el término miasma tiene connotación
tanto energética como infecciosa y así se debe entender para dar el significado y uso apropiado al
concepto” (Martilletti, 2014).

7. Enfermedades crónicas artificiales o medicamentosas

Son las creadas artificialmente por los tratamientos alopáticos y las intoxicaciones
medicamentosas, administrados en grandes y progresivas dosis (Hahnemann, 2004, pág. 223).
Hahnemann, en el parágrafo 74, da una lista de medicamentos alopáticos, incluyendo el método
de Broussais, para ejemplificar el daño que este tipo de tratamiento le ocasionaba al enfermo.
Vijnovsky, al respecto comenta:

“En la época actual, en nuestra época, estos problemas no han variado más que en la forma; el
fondo se mantiene intacto o peor, agravado por la enorme masa de medicamentos sintéticos con
que la quimioterapia moderna y la hipertrofiada industria farmacéutica mundial, con su masivo
aparato propagandístico, han inundado la mente de los médicos y el cuerpo de los pacientes. El
problema iatrogénico es terrible. Muchas veces vemos llegar a nuestros consultorios enfermos
que toman 5 o 6 o más medicamentos diarios, uno para cada síntoma, y con evidentes muestras
del daño que les están provocando, daño que no está compensado, para la vida total del individuo,
por la paliación obtenida (salvo en muy contados casos inevitables e irreversibles), ya que no
podemos hablar aquí de curación (hablo del caso crónico), puesto que la supresión del o de los
paliativos hace saltar a la vista la evidencia de que la enfermedad permanece intacta, o incluso
agravada” (Hahnemann, 1983, págs. 131-132).

Además, explica en este parágrafo que todos estos medios alopáticos debilitan la fuerza vital y la
desvían, produciendo, a fin de sostener la vida, “una revolución en el organismo, unas veces
privando a alguna parte de su sensibilidad e irritabilidad y otras exaltándolas a un grado excesivo,
determinando dilatación o contracción, relajación o induración y, aun, destrucción total de ciertas
partes” (Hahnemann, 2004, págs. 225-226). Y esto de privando (hipo), exaltando (hiper) o
destruyendo (dis) como respuesta de la fuerza vital en las enfermedades crónicas artificiales, es lo
que sostiene Sánchez Ortega en las enfermedades crónicas miasmáticas.

Hahnemann afirma: “Solamente contra las enfermedades naturales, el Todopoderoso nos ha


ofrecido una ayuda a través de la homeopatía” (Hahnemann, 2008, pág. 221). Los deterioros de la
salud causada por la medicina alopática, “son los más lamentables e incurables de todas las
enfermedades crónicas. Cuando estos deterioros han llegado demasiado lejos, pareciera que no
pueden crearse o imaginarse curas para ellos” (Hahnemann, 2008, pág. 221). Las enfermedades
crónicas artificiales únicamente pueden ser remediadas por la misma fuerza vital y bajo ciertas
condiciones: si no ha sido demasiado debilitada; que nada perturbe su acción; que pueda disponer
de varios años para este enorme trabajo, y ayudándola convenientemente, desarraigando algún
miasma crónico que exista oculto en el fondo (Hahnemann, 2004, pág. 227).

Sánchez Ortega agrega que en los pacientes incurables por prolongado tratamiento alopático:

“Debemos esperar a que se eliminen los efectos drogales y, después, si nos es posible, descubrir
los pocos síntomas que correspondan a la verdadera patología. En el tiempo oportuno estimular
suavemente, a intervalos considerables y a veces muy amplios, a la fuerza vital, con medicamentos
también generalmente de acción no muy profunda y a potencias bajas o medias cuando más”
(Sánchez, 1992, pág. 422).

8. Enfermedades crónicas aparentes o seudomiasmas

Son las enfermedades que sufren aquellos que se exponen continuamente, por falta de higiene, a
influencias patológicas evitables como: alimentos y bebidas dañosas; excesos o deficiencias de
cosas necesarias para el sostén de la vida; viviendas insalubres, como lugares pantanosos, que
habiten en sótanos, talleres húmedos, casas reducidas, que están privados de aire libre; falta de
ejercicio; trabajo mental o físico excesivo; preocupaciones constantes, disgustos, etcétera
(Hahnemann, 2004, págs. 227-228).

“Estos estados de mala salud que la gente se ocasiona, desaparecen espontáneamente (con tal
que no exista en el cuerpo ningún miasma crónico), mejorando el modo de vivir, y no pueden
llamarse enfermedades crónicas” (Hahnemann, 2004, pág. 228).

9. Enfermedades crónicas naturales o miasmáticas

“Son las que se originan de un miasma crónico, las cuales abandonadas a sí mismas o no
dominadas con el empleo de los remedios que les son específicos, siempre van en aumento y
empeorándose, no obstante el mejor régimen mental y físico, y atormentan al paciente hasta el fin
de su vida con sufrimientos que siempre se agravan. Éstas, exceptuando las producidas por el
tratamiento médico erróneo, son las más numerosas y la calamidad más grande de la raza
humana, pues la constitución más robusta, el método de vida mejor regulado y la energía de la
fuerza vital más vigorosa son insuficientes para destruirlas o desarraigarlas” (Hahnemann, 2004,
págs. 228-229).

Hahnemann refiere solo los siguientes miasmas crónicos o agentes infecciosos crónicos: el de la
sarna, que genera una enfermedad crónica que llama psora; el de la gonorrea y las verrugas
genitales, que forma otra que denomina sycosis; y el de la sífilis, que establece la enfermedad
crónica que nombra con su mismo nombre, syphilis (Hahnemann, 1999, págs. 35-42).

Referencias

Hahnemann, S. (1983). Traducción y Comentarios del Organón de Hahnemann. (B. Vijnovsky,


Trad.) Buenos Aires, Argentina.

Hahnemann, S. (1999). Las Enfermedades Crónicas, su Naturaleza Peculiar y su Curación


Homeopática. (C. Viqueira, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Tomás P. Paschero.
Hahnemann, S. (2004). El Organón de la Medicina. (D. Flores Toledo, Trad.) México, D. F.: Instituto
Politécnico Nacional.

Hahnemann, S. (2008). Organon del Arte de Curar. (R. G. Pirra, Trad.) Buenos Aires, Argentina: RGP
Ediciones.

Kent, J. (1992). Filosofía Homeopática. New Delhi, India: Jain Publishers.

Martilletti, A. (2014). Concepto de Miasmas. Miasmas: Punto de Vista Clásico. En I. L. Páez,


Fundamentos Teóricos de la Homeopatía (págs. 116-125). Bogotá, Colombia: Visión Digital Hadad.

Sánchez, P. (1992). Introducción a la Medicina Homeopática, Teoría y Técnica. México D. F.:


Novarte.

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