ALEJANDRO ARAVENA MORI
BIOGRAFIA
Alejandro Gastón Aravena Mori nace el 22 de junio de 1967, en Santiago, Chile, nacido
en el seno de una familia de clase media, hijo de profesores,
Se gradúa como arquitecto en la Universidad Católica de Chile en 1992. decidió
continuar sus estudios en Italia, en el IUAV y en la Academia de Bellas Artes de
Venecia. En 1994, funda su propio estudio, Alejandro Aravena Arquitectos. 2001.
Funda Elemental, estudio enfocado en ofrecer soluciones de vivienda, espacio público,
transporte e infraestructura.
Aravena centró toda su atracción en edificios e infraestructuras de interés público y de
alto impacto social, no sólo en Chile sino también en Estados Unidos, México, China y
Suiza.
PREMIO PREMIO PRITZKER 2016
Fue premiado por su destacada capacidad de ampliar el campo de acción del arquitecto
para concretar soluciones que permitan mejorar los entornos urbanos y hacer frente a
la crisis mundial de vivienda, el jurado ha seleccionado al arquitecto Alejandro
Aravena como el ganador de la edición 2016 del Premio Pritzker. Aravena es el 41º
galardonado y el primer chileno en recibirlo.
"Alejandro Aravena personifica el renacimiento de un arquitecto comprometido con la
sociedad. (...) Tiene un profundo conocimiento de la arquitectura y la sociedad civil,
como se refleja en sus escritos, en su activismo y en sus diseños. El papel del arquitecto
está siendo desafiado para servir mayoritariamente a necesidades sociales y
humanitarias, y Alejandro Aravena ha respondido a este desafío de forma clara, plena y
generosa", manifiesta el acta del jurado.
OBRAS
CENTRO DE INNOVACIÓN UC
1. Este edificio es una estructura fabricada en
hormigón y madera que se encuentra en el Campus
San Joaquín de la Universidad Católica de Santiago
de Chile y se terminó de construir en 2014. Este
edificio ha sido Señalado por la Universidad de
Chicago como uno de los 30 mejores edificios
construidos en América durante el siglo XXI. Al ser
un espacio para la creación y la innovación, el
edificio de 11 plantas cuenta con espacios abiertos
para favorecer las relaciones humanas.
VILLA VERDE
2. Villa Verde es un proyecto de viviendas
sociales en la región de Maule, en Chile. Este
tipo de viviendas permiten a los propietarios
ampliar la casa. La superficie inicial es de 57
metros cuadrados y puede incrementarse hasta
85 metros cuadrados.
3. TORRES SIAMESAS
Esta estructura, diseñada para la Universidad
Católica de Chile, también se encuentran en el
Campus San Joaquín. Se trata de un único edificio
que en la parte superior presenta un quiebre que da
la sensación de dos torres siamesas. La torre, a
pesar de estar construida en vidrio, está cubierta de
tal forma que se crea una cámara de aire ventilada
que funciona como aislante térmico.
4. PARQUE BICENTENARIO DE LA INFANCIA
Este parque, situado en el Cerro
San Cristóbal en Santiago de Chile,
es una estructura pensada para los
mas pequeños ya que cuenta con
más de 1.800 metros cuadrados de
espacio con columpios, laberintos y
toboganes que bajan la ladera del
cerro.
5. CENTRO CULTURAL DE CONSTITUCIÓN
Este edificio surgió como parte del Plan de
Reconstrucción Sustentable de la ciudad de
Santiago de Chile tras el terremoto y tsunami
de 2010. Es una infraestructura adecuada
para enfrentar las amenazas geográficas.
6. UNIVERSIDAD SAINT EDWARD'S
Aravena diseñó el nuevo edificio
de dormitorios (300 camas),
comedores y varios servicios
estudiantiles para la Universidad
Saint Edwards en Austin, Texas.
La estructura se terminó en 2008
y su ubicación y su fachada
permiten aprovechar al máximo la
luz natural.
LA QUINTA MONRRROY
En 2002, fuimos contactados por el Programa Chile-Barrio del Gobierno de Chile, para
trabajar en el campamento de Quinta Monroy de Iquique, una ciudad en el desierto
chileno. Se nos pedía radicar a las 100 familias que durante los últimos 30 años
ocupaban ilegalmente un terreno de media hectárea en el centro de la ciudad. Lo
primero que habría que entender es que el sistema por medio del cual la sociedad
chilena ha abordado la provisión de vivienda para la gente de escasos recursos está
basado en un subsidio estatal a la demanda, la cual es satisfecha por el mercado. Este
subsidio debe cubrir los costos de 3 grandes partidas: el suelo, la urbanización (calles,
redes de alcantarillado, agua, electricidad) y la vivienda misma. El proyecto para
Quinta Monroy debía trabajar específicamente en el marco de un nuevo programa del
Ministerio llamado Vivienda Social Dinámica sin Deuda (VSDsD), el cual está enfocado
a los más pobres de la sociedad, aquellos que no tienen capacidad de endeudamiento.
El programa consiste en un subsidio de 300 UF (US$ 7.500) por familia, entregado por
una sola vez y al principio, sin deuda asociada, y que en el mejor de los casos (con un
mercadode la construcción bastante eficiente) permite una vivienda de
aproximadamente 30 m2 . Es decir, si bien la familia queda sin deuda con el Estado, el
escaso monto del subsidio obliga a los beneficiarios a ser ellos mismos quienes
transformen en el tiempo la mera solución habitacional en una vivienda digna (de ahí el
nombre de vivienda dinámica). Esta condición “dinámica” de la vivienda tiene un
posible riesgo y una gran virtud (aún cuando involuntaria). En primer lugar, hay que
hacerse cargo del crecimiento, esto tanto en el sentido de facilitar las operaciones de
ampliación, como de evitar la degradación del espacio urbano producto de la precaria
calidad de construcción que es dable esperar. Por otra parte, se debe considerar la
crítica histórica a la vivienda social: su incapacidad de responder a la diversidad de
conformaciones, gustos y sensibilidades de las distintas familias; en la búsqueda de la
economía, la tendencia a la repetición y la serialización, se han generado barrios
monótonos y de muy mala calidad. Pero en un escenario en que más de la mitad de la
superficie habitable serán autoconstruida, la repetición, monotonía y eventualmente la
sequedad del núcleo inicial podrían ser la única manera de ordenar un entorno con una
alta probabilidad de ser caótico. Con ello la serialización y repetición, ambas grandes
fuentes de eficiencia y economía, pasan a ser algo por lo que ya no hay que sentir cargo
de conciencia. Involuntariamente, en la dificultad (el escaso monto del subsidio que era
posible de “regalar”) estaba la solución a uno de los mayores problemas en la historia
de la vivienda social. Ahora bien, lo que hay que tener claro es que el estándar mínimo
es el de una vivienda definitiva, y no el de una vivienda provisoria o de emergencia (a
pesar del escaso metraje o de niveles de terminación muy básicos). Por último, lo
verdaderamente clave no está tanto en la vivienda misma, sino en el barrio. No sólo
como la aspiración a un diseño que permita que el barrio no comience su deterioro al
día siguiente de entregadas las casas, y que más bien promueva su valorización en el
tiempo (porque por mucho que se invierta en la casa, si el barrio es malo todo se va
para abajo). También son fundamentales la buena localización y la cercanía a las redes
de oportunidades, que son, en el fondo, lo que una ciudad es: oportunidades de trabajo,
transporte, educación, salud, etc. De ahí la importancia del esfuerzo de radicación del
campamento que el gobierno nos pedía. En resumen, podríamos decir que el desafío
consistía en diseñar un conjunto arquitectónico capaz de conformar un barrio de
calidad, sustentable en el tiempo, que hiciera un uso eficiente del suelo y pudiese así
comprar un terreno que, después de 30 años, se había transformado en una
localización buena y cara en la ciudad. Esto debía lograrse sin producir hacinamiento,
con unidades que pudiesen crecer con facilidad, estructuralmente seguras, todo por
300 UF por familia (US$ 7.500). Nuestro primer ejercicio fue ver qué ocurría si
tratábamos de contestar la pregunta con las tipologías existentes en el mercado.
Considerando el supuesto 1 casa aislada = 1 lote (conocido en el mercado como tipo A),
el uso del suelo era extremadamente ineficiente: sólo 35 familias en el terreno. El tren
de casas de 2 pisos, el tipo B, iba un poco mejor: 66 familias en el terreno. Pero al
reducir el tamaño del lote (a) hasta igualarlo con el de la casa (b) habríamos obtenido,
más que densidad o eficiencia en el uso del suelo, sólo hacinamiento. Este esquema,
cada vez que se agrega una habitación, va dejando sin luz ni ventilación las habitaciones
anteriores. Por ultimo, el tipo C o block solucionaba la cabida de las cien familias, pero
para las VSDsD no constituye una alternativa, pues es una tipología que no permite
crecer. Por lo demás, las familias nos hicieron saber que si osábamos solucionar la
pregunta entregando blocks, ellos se irían a huelga de hambre. El resultado de este
ejercicio de cabidas era preocupante. No sólo por el drama social que significaba para
un número importante de familias tener que trasladarse a la periferia en Alto Hospicio,
rompiendo todas las redes de subsistencia (trabajo, salud, transporte, educación) que
habían creado luego de 30 años, con el consiguiente riesgo de empeorar aún más su
situación de marginalidad; lo verdaderamente duro del ejercicio fue constatar que si
reuníamos los subsidios de, digamos, 66 familias, se gastaba tal cantidad de dinero en
comprar el terreno, que no quedaban recursos suficientes para urbanizar ni construir.
Entonces lo primero fue cambiar la manera de pensar el problema, reemplazando el
diseño de la mejor unidad de 300 UF posible, multiplicada 100 veces, por el mejor
edificio de 30.000 UF posible, dentro del cual se albergaran 100 familias en viviendas
que pudieran crecer. Pero habíamos visto que un edificio, los propietarios no se pueden
ampliar… salvo en el primero y el último piso.
Trabajamos por tanto en un edificio que tuviera sólo el primer y el último piso. Lo
llamamos el Edificio Paralelo debido a su estructura de propiedad: una casa y un
departamento en paralelo. Este edificio debía ser lo suficientemente “poroso”, para
permitir que la casa en el primer piso creciera horizontalmente sobre el suelo, mientras
el departamento en el segundo lo hiciera verticalmente hacia el aire. Con algo de temor,
presentamos a las familias esta tipología. No sabíamos si iban a entender o a estar
dispuestos a vivir en una casa con un departamento encima. Se demoraron algo así
como 3 segundos en aceptar la proposición. ¿La razón? Originalmente a la Quinta
Monroy habían llegado 50 familias. Después de 30 años, cada una de ellas había
construido sobre la casa inicial un departamento con entrada directa desde la calle, que
arrendaban a otras familias. Y tenían más que claro que los primeros pisos tenían las
ventajas de una casa (suelo, patio, jardín) y los segundos las ventajas de los
departamentos (luz, ventilación y seguridad). Lo que les interesaba mejorar ahora era
la división de las propiedades, con buenos muros cortafuegos. Por último, a escala
urbana, se ha buscado introducir entre el espacio público y el privado el espacio
colectivo, propiedad común pero de acceso restringido; cuatro especies de plazas, en
torno a las cuales viven alrededor de 20 familias, buscan generar las condiciones donde
se pueda dar lo que se conoce como familia extensiva, que es la manera en la cual se
puede sobrevivir en entornos sociales frágiles. Quizás el mayor logro de este proyecto,
que se terminará de construir en septiembre del 2004, fue lograr radicar a 93 familias
en un terreno cuyo valor doblaba lo que normalmente paga la vivienda social, evitando
su desplazamiento a la periferia en Alto Hospicio. Esperemos que esta cercanía a las
oportunidades contribuya a hacer más corto el camino de estas familias para superar la
pobreza