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Pandemonium

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El día y la noche se encontraron. La tempestad y la calma colisionaron.

La luz
y la oscuridad se fundieron en él y le hicieron ángel. Le hicieron demonio. Le
hicieron equilibrio, justicia y tormenta. Le dieron el poder para redimirse y una
armadura para llevar a cabo su última tarea.
1K

Forjaron de acero su voluntad y bañaron de amor aquello que era prohibido.


Aquello que tanto anhelaba y que ahora tanto teme perder.203

Sabe que se acerca el final. Sabe que, en su mundo, la lealtad y el deber


pesan más que cualquier cosa y que, pronto, no quedará elección alguna salvo
hacer lo correcto. Salvo hacer cumplir el mandato y renunciar a todo eso que
su alma implora. A todo eso que su ser, hecho tinieblas y revestido de luz,
pide a gritos desesperados.431

Ha llegado la hora de escoger y el Guerrero no está listo para hacerlo; porque


su corazón la ansía y su deber le exige que acabe con ella. Porque su alma
pide a gritos su cercanía y su mente le susurra, cruel y despiadada, que no
puede tenerla.476

Ha llegado la hora de hacer escoger y el Guerrero no está listo para renunciar


a ella.

1. "Panorama"
Durante un doloroso instante, no puedo ver nada.1.1K

Soy cegada por una luz que parece inundar cada espacio, cada diminuto
recoveco del lugar en el que me encuentro, y tengo que parpadear varias
veces para acostumbrarme a ella. Cuando finalmente soy capaz de ver algo,
me doy cuenta de que, en realidad, la luz no viene de algún punto en
específico, sino que este lugar es la luz. Este inmenso y abrumador lugar que
no tiene inicio o fin y que no es otra cosa más que un lugar blanco en su
totalidad. Uno en el que no hay suelo, pero soy capaz de mantenerme en pie;
en el que no hay paredes, ni sonidos, ni otra cosa más que absoluta y
total... nada.469

No hay otro modo en el que pueda describirlo: se siente como si habitase en


la nada. Como si el mundo entero fuera esta vasta extensión de silencio y
soledad.71

Mi vista barre por todo el espacio y giro sobre mi eje solo para comprobar que
me encuentro absolutamente sola y, justo cuando vuelvo a mi posición inicial,
me percato del punto oscuro que ha aparecido en la lejanía.79

Mi estómago cae en picada en el instante en el que lo hago y los vellos de mi


nuca se erizan. De alguna manera sé que esa pequeña figura, no pertenece
aquí. Sé que no debería estar en este lugar.62

Mi ceño se frunce ligeramente, al tiempo que entorno los ojos para intentar
enfocar a lo que sea que se ha aparecido allá, a —lo que parecen— muchos
metros de distancia de donde me encuentro.23

—¿Hola? —el eco de mi voz reverbera en todo el espacio y regresa a mí con


fuerza, como si hubiese rebotado en todos los rincones del gigantesco lugar
para llegar a mí de nuevo.3

Doy un paso.33

El suelo helado me llena las plantas de los pies descalzos y me sobresalta la


sensación. De cualquier modo, me obligo a tragarme la sorpresa y me paro
sobre mis puntas antes de dar un paso más.2

—¿Quién anda ahí? —digo, al tiempo que trato de acortar la distancia


inmensa que me separa del bulto oscuro.187
Un pequeño toque en mi hombro hace que me gire con brusquedad para
encarar a quien sea que me ha tocado, pero, cuando lo hago, no soy capaz de
ver a nadie.73

«¿Qué demonios...?».194

Una punzada de ansiedad se asienta en mi estómago, pero me las arreglo


para empujarla lejos antes de girarme sobre los talones para volver a encarar
la figura lejana. En el instante en el que lo hago, la sangre del cuerpo se me
agolpa en los pies.21

La silueta ha desaparecido.42

—Tú no tienes la culpa de nada, ¿sabes? —la voz que susurra en mi oído hace
que los vellos de mi nuca se ericen del horror y giro una vez más solo para
encontrarme de lleno con un rostro familiar.108

La piel morena de la chica delante de mí y su cabello rizado y alborotado no


hacen más que poner un nudo en mi garganta.148

—Daialee... —mi voz es apenas un susurro aliviado. Un murmullo


anhelante.730

La chica sonríe.

—Bess, todo estará bien —me dice en tono apacible y el nudo en mi tráquea
se aprieta.56

—Daialee, ¿cómo...? —no puedo terminar la oración. No puedo hacer otra


cosa más que sentir cómo mis ojos se llenan de lágrimas y cómo el nudo de
culpabilidad que no ha desaparecido de mi pecho desde que ella se marchó,
aprieta con violencia.11

Ella me guiña un ojo.3


—Tienes que confiar —dice—. Todo estará bien.186

Quiero arrodillarme ante ella y pedirle perdón. Quiero cerrar mis brazos sobre
su cuerpo e implorarle que me disculpe por toda la destrucción que traje a su
vida; pero, justo cuando trato de dar un paso para abrazarla, desaparece.

—¡Daialee! —grito, pero el sonido de mi voz regresa luego de rebotar por todo
el espacio.11

Ansiosa y desesperada giro en un círculo, pero Daialee no está. Mi amiga se


ha ido.

Empiezo a correr sin rumbo fijo.

—¡Daialee! —grito de nuevo y, esta vez, mi voz se quiebra gracias a las


inmensas ganas que tengo de llorar.3

—Bess, todo va a estar bien —la voz de mi amiga retumba en todos lados y yo
la llamo a gritos una vez más.53

—¡¿Daialee, dónde estás?! —la desesperación acompaña mis lágrimas


ansiosas y desesperadas.

—Bess, no nos queda mucho tiempo. Solo recuerda que tienes que
preguntarle al Arcángel acerca de...848

El sonido de un golpe sordo me hace abrir los ojos de manera abrupta. La


confusión y el aturdimiento no hacen más que invadirme el cuerpo y llenarme
el pecho de una emoción extraña. De un vacío familiar y desconocido al
mismo tiempo.12

Algo tira de mi pecho.374

Mi corazón late a toda velocidad, mi cara está húmeda con lágrimas que ni
siquiera sabía que estaba derramando y mi respiración es dificultosa.6
Parpadeo un par de veces.1

No sé cuánto tiempo pasa antes de que la angustia disminuya un poco y


empiece a ser consciente de lo que me rodea. Tampoco estoy muy segura del
motivo de la opresión que siento en el pecho; pero, cuando todo empieza a
tomar forma, el alivio me invade.14

Estoy en mi habitación. En esa que se encuentra en la casa de un pequeño


pueblo de Carolina del Norte.14

Mis pulmones se llenan de aire en el momento en el que me percato de que


todo lo anterior ha sido solo un sueño, pero la sensación de agobio que me ha
dejado no se marcha. Al contrario, se aferra a mis huesos con fuerza y me
inunda el estómago de una sensación ansiosa y extraña.49

Mis ojos se cierran y siento cómo la humedad de mis pestañas me moja los
párpados y las bolsas debajo de los ojos, pero trato de no concentrarme en
eso. Al contrario, trato de inhalar profundo para eliminar la sensación de
incomodidad que se ha arraigado en mis venas.

Otra pequeña y dolorosa sensación me invade el cuerpo.

Hay algo extraño en este lugar. Puedo percibirlo. Puedo... sentirlo.180

«Pero, ¿qué?...».18

El sonido de antes regresa en esos momentos y es solo hasta ese entonces,


que me doy cuenta de que se trata de la puerta siendo llamada.30

Trato de incorporarme. Mi cuerpo entero se queja en el instante en el que lo


hago, pero lo ignoro mientras me acomodo entre las almohadas y edredones
para echarle un vistazo a la estancia.
Aún me siento aturdida. Aún me siento agitada y angustiada por lo que el
sueño dejó en mí; pero, a pesar de eso, la extraña sensación de protección
que me embarga cuando echo un vistazo alrededor, es casi tan grande como
la incomodidad que me provoca saber que allá afuera, en el exterior, el mundo
ha cambiado por completo.47

Han pasado ya dos semanas desde que el mundo entero se enteró de la


existencia de las criaturas celestiales e infernales. Han pasado dos semanas
desde que viajé a Los Ángeles, California a intentar detener la locura en la
que se había convertido el mundo; y han pasado tantas cosas desde entonces,
que se siente como si mi existencia entera —la de todo el mundo— se
hubiese transformado en un sueño. Un sueño —que más bien se siente como
pesadilla— en el que el caos reina y la gente teme por sus vidas.165

Luego de lo que pasó con Amon y Mikhail en el techo de aquel edificio del que
me lancé con la intención de acabar con todo, las cosas dieron un giro
muy... interesante. Por llamarlo de alguna manera.134

La Legión de ángeles que había tomado posesión de una de las ciudades más
importantes del país, luego de que Mikhail tomara su mando, combatió y
desterró a una horda de demonios que escapó del inframundo. La misma que
estuvo dispuesta a declararle la guerra a las tropas celestiales.47

Todos creímos, cuando esto ocurrió, que las cosas se detendrían; pero no fue
así. Para el Supremo, los Príncipes y los demonios, la traición de Mikhail hacia
su pueblo no fue otra cosa más que una falta grave al tratado de paz que se
pactó hace eones. No fue otra cosa más que una declaración de guerra en la
que la tierra se convirtió en el campo de batalla.198
Cientos de disturbios e invasiones empezaron a darse en todas las ciudades
importantes del mundo; provocando así el pánico total. El cambio de la
humanidad como la conocemos.28

Según los noticieros internacionales, las fuerzas militares de todos los países
afectados intentaron combatir por sus propios medios a los demonios que los
invadían, pero lo único que consiguieron, fue enfurecerlos más. Fue desafiar
su poder.78

La situación delicada que se ha desatado entre la milicia angelical tampoco


ha ayudado al caos que reina la tierra, ya que no todo el mundo confía en
Mikhail. Ya que, la mitad de aquellos que alguna vez confiaron en él, se
rehúsan a seguir sus órdenes.86

Según la poca información que le he arrancado a Rael, para gran parte de


ellos, al no ser un ángel completamente, no es más que una aberración. Una
vergüenza. Una criatura que no merece el puesto de General del Ejército del
Creador. La otra mitad de La Legión, esa que ha decidido darle el beneficio de
la duda, tampoco está muy convencida de que Mikhail sea la persona
adecuada para guiarles en la batalla.103

Así pues, con escepticismo, los pocos ángeles que han decidido creer en
quien alguna vez fue Miguel Arcángel, han intentado controlar el caos en el
que se ha sumido el planeta sin conseguirlo del todo. Han intentado mantener
a raya al ejército brutal e implacable que lideran los seis Príncipes del Infierno
que restan.139

No voy a mentir y decir que la situación pinta alentadora, porque la realidad


es otra. Porque el daño ya ha sido hecho y la humanidad ha sido testigo de
cosas que jamás podrá olvidar.36
El caos que se ha desatado desde que comenzaron los ataques, no ha hecho
más que incrementar día con día. La gente de las grandes ciudades está
huyendo a las provincias, la comida ha empezado a escasear, la electricidad
es un lujo que solo puede darse la gente de los pueblos pequeños y, aun así, a
veces es intermitente; las comunicaciones son cada vez más difíciles y
escasas, y el único medio relativamente estable que hemos tenido para
mantenernos enterados de lo que está ocurriendo es la radio.140

Aquí, en Bailey, nadie quiere salir de sus casas. Los supermercados han sido
saqueados casi en su totalidad; pero, a pesar de eso, entre toda la comunidad
—aquellos que no se han marchado a otras ciudades con sus familias—, se ha
armado un plan de contingencia por si, en algún momento, la pequeña ciudad
es atacada.36

En lo que a las brujas y a mí respecta, nos la hemos apañado con todo aquello
con lo que los ángeles que Mikhail dejó para custodiarnos —Rael entre
ellos—, nos han provisto; ya que no nos dejan asomar las narices fuera de la
casa en la que habitamos. La información que tenemos del exterior y de todo
lo que está pasando, la obtenemos —a regañadientes— de ellos; pero ni
siquiera ellos saben demasiado al respecto, ya que no están allá para verlo. Lo
poco que han ido averiguando, ha sido gracias al enlace que poseen y a la
información que han ido trayendo otros ángeles mensajeros.51

Lo último que supimos sobre la Legión, fue que estaban en una ciudad
europea, tratando de detener la destrucción que uno de los Príncipes del
Infierno inició. Lo último que supimos, fue que las fuerzas militares de un
montón de países han comenzado a atacar a ángeles y demonios por igual.134

Desde entonces, lo único que hemos obtenido, es silencio. Total y absoluto


silencio.10
Eso está volviéndome loca.59

No he sabido absolutamente nada de Mikhail desde lo ocurrido en la azotea


del edificio. De hecho, ni siquiera lo he visto; y de eso han pasado ya dos
semanas.317

Sé, sin embargo, que las posibilidades que tengo de volver a verlo, son casi
nulas. Niara lo oyó de boca de Rael, mientras escuchaba a hurtadillas una
conversación entre él y otro de los ángeles que flanquea nuestra casa, y él
mismo se encargó de confirmármelo cuando le pregunté por su paradero.14

Según lo que me dijo, Mikhail le confesó que no tenía el valor de venir a


enfrentarme y que, por más que trató de convencerlo de venir a aclarar todo
conmigo, no lo consiguió. Aparentemente, la vergüenza que siente es lo
suficientemente poderosa como para haberlo hecho decidir no volver a
molestarme. No volver a torturarme con su presencia.447

No sé cómo me siento respecto, pero, definitivamente, no es satisfecha. A


estas alturas, ni siquiera sé si puedo comprenderlo. Si soy capaz de
encontrarle lógica a la cobardía que siente de enfrentarme a mí, y a su
entereza para enfrentarse a una legión completa de demonios enfurecidos. No
soy capaz de entender cómo maquina su mente, que le hace imposible venir a
darle la cara a una chica a la que utilizó, pero le permite arriesgar la vida para
intentar detener una guerra.313

Así pues, en medio de todo este desastre, no he dejado de insistirle al ángel


de los ojos amarillos que trate de convencer a Mikhail de venir a hablar
conmigo. Sé que es egoísta de mi parte tratar de hacer que venga a verme
cuando la tierra está en una situación tan crítica, pero es que
necesito tanto verlo. Necesito tanto cuestionarle todo aquello que me
aqueja...272
Si pudiese tenerlo aquí, frente a mí, le haría preguntas. Le haría tantos
cuestionamientos como me fuesen posibles, para así poder decidir si es
bueno o no depositar todas nuestras esperanzas en él.179

Hace apenas unos días conseguí que Rael accediera a enviar a alguien en
busca de Mikhail, pero, incluso con eso, me dijo que no me ilusionara
demasiado. Que el demonio —o arcángel. O lo que sea que es ahora mismo—
está decidido a mantenerme alejada de él y de toda la destrucción que se ha
desatado.50

Lo cierto es que tampoco sé si confiar en él es lo correcto o lo más


inteligente; sin embargo, tampoco he tenido mucho tiempo para analizarlo; ya
que Rael, Niara, Dinora y Zianya se han encargado de mantenerme distraída y
ocupada —dentro de lo que mi cuerpo magullado permite.70

Todavía no sabemos el motivo por el cuál sigo viva. Según lo que nos había
dicho Ashrail, era muy probable que yo terminase muerta una vez que la parte
angelical de Mikhail me abandonara, ya que esta era la que me proveía de
energía para contrarrestar la naturaleza destructiva de los estigmas; pero,
ahora que la energía celestial me ha abandonado, las posibilidades se han
abierto y expandido.275

Aún no tenemos idea de qué es lo que ha impedido que los estigmas me


consuman. Niara y Rael creen que es debido al lazo que comparto con
Mikhail. Que, de alguna manera, ese lazo me provee de la fuerza necesaria
para no sucumbir ante la destrucción que llevo dentro; sin embargo, aún no
tenemos la certeza de ello.107

No voy a mentir y decir que todo sigue igual que cuando la parte angelical
habitaba en mí, porque eso no podría estar más lejos de la realidad. Mi cuerpo
ha resentido su falta, al grado de que, las heridas que me habrían tomado días
en sanar, ahora están tomando semanas.9

Las heridas en mis muñecas han tenido que recibir más atención y he
necesitado más descanso del que estaba acostumbrada a tener cuando algo
malo me ocurría.

El golpeteo en la puerta es ahora más insistente que antes y me trae de vuelta


a la realidad. Mis ojos viajan hacia la madera vieja, pero sigo sin poder
espabilar del todo.70

«¿Qué es eso que se siente allá afuera?». Susurra mi subconsciente y, en ese


momento, trato de enfocar toda mi atención en las sensaciones de mi
cuerpo.74

Al principio, es solo un zumbido bajo, profundo y extraño; pero, conforme le


pongo atención, empiezo a ser consciente del rumor denso que ha comenzado
a llenar todo el ambiente y de la extraña sensación que me llena el pecho y
que nada tiene que ver con los restos de agitación que dejó aquel sueño en
mí.18

Mi ceño se frunce en confusión.

—¿Bess? —la voz de Rael llega a mí desde el otro lado de la estancia, pero yo
sigo concentrada en la energía oscura y cálida de la que apenas estoy
percatándome—. ¿Bess, estás ahí?123

No respondo.1

No puedo hacerlo. No puedo hacer nada más que tratar de descifrar de dónde
diablos proviene esa energía. Ese extraño calor...121

La puerta es aporreada ahora y el sonido me hace pegar un salto de la


impresión en mi lugar.1
—Bess, voy a entrar si no me respondes —Rael suena preocupado ahora.65

—Pasa —digo en voz baja y, a pesar de que acabo de despertar, sueno


agotada. Cansada por sobre todas las cosas.

La madera se abre por las bisagras y aparece en mi campo de visión el ángel


que ha estado cuidando de mí las últimas semanas —los últimos años.100

El gesto contrariado que lleva en el rostro no me pasa desapercibido.1

—¿Por qué diablos no contestabas? Empezaba a preocuparme —inquiere con


irritación y una sonrisa suave e irritada se desliza en mis labios.38

—Estaba dormida —digo—. ¿Qué hora es?

El gesto de Rael pasa de la molestia a la vergüenza.

—A veces olvido que ustedes los humanos tienen necesidades diferentes a


las nuestras —masculla—. No es muy temprano, si sirve de consuelo. Son las
siete de la mañana. Está amaneciendo apenas.297

—¡Que no es muy temprano, dices! —exclamo, con fingida indignación, al


tiempo que reprimo una sonrisa—. ¡Son las siete de la madrugada! —hago
énfasis en la palabra «madrugada» solo para hacerle sentir un poco más
culpable y él aprieta la mandíbula— ¿Qué ha hecho que vengas a despertarme
tan temprano? —digo, a manera de reproche y él hace un mohín.163

—Lo lamento —sacude la cabeza en una negativa—. Lo que pasa es que no


me di cuenta de la hora. Yo...131

Hago un gesto desdeñoso con la mano y, con el mero movimiento, la muñeca


—el lugar donde se encuentra uno de mis Estigmas— me duele. Me escuece y
me arde.3
—Al grano, Rael —trato de sonar resuelta y juguetona, pero aún no logro
deshacerme de la sensación incómoda que me provocó el sueño que acabo de
tener—. ¿Qué pasa?

El ángel se pasa la mano por los cabellos castaños y se los echa hacia atrás,
antes de mirarme con gesto contrariado. Su expresión es tan aprehensiva
ahora, que no puedo evitar sentirme curiosa y ansiosa.55

—Rael, si no me dices qué está pasando, te juro por Dios que...

—Mikhail está aquí —me interrumpe y las palabras mueren en mi boca.1.2K

Toda la sangre de mi cuerpo se agolpa a mis pies en el instante en el que el


ángel termina de hablar y mi corazón acelera su marcha en una fracción de
segundo.37

—¿Qué? —digo, casi sin aliento.15

—Quiere verte.525

Una negativa me sacude la cabeza, pero sigo sin poder ponerle un orden a la
maraña inmensa de sensaciones y pensamientos que colisionan entre sí en mi
interior.17

«Así que eso era...». Susurra la vocecilla en mi cabeza, refiriéndose a la


energía extraña que percibí hace apenas unos instantes.7

—¡Pero tú me dijiste que no iba a volver por aquí nunca! —exclamo, en un


tono de voz tan agudo, que no lo reconozco como mío.95

—¿Y qué quieres que te diga? —es su turno de negar con la cabeza—. No
tengo idea de cómo maquina su cabeza, pero vino. Eso era lo que querías, ¿no
es así?38

—Sí, pero...72
Los ojos de Rael se entornan en mi dirección.

—¿Te estás acobardando, Annelise?344

—¡Por supuesto que no! —chillo con indignación, pero el pánico ha empezado
a crepitar por mi sistema—. Es solo que creí que no vendría nunca. Tú mismo
me dijiste que no guardara muchas esperanzas al respecto.18

—Pero vino. Está aquí y quiere verte. ¿Le digo que pase?105

—¡No! —exclamo, horrorizada y aterrorizada—. ¿Te ha dicho a qué ha venido


o por qué quiere verme? Algo tiene que estar ocurriendo para que quiera
enfrentarse a mí luego de haberme rehuido durante todo este tiempo.75

El ángel de los ojos amarillos me regala una negativa.

—No lo sé —dice—. No ha dicho absolutamente nada. Llegaron él y dos más,


y lo primero que hizo fue pedirle a Arael que dejara su guardia para que fuera
a buscarme. Cuando me tuvo cara a cara y le pregunté si algo iba mal, se
limitó a preguntarme si estabas despierta.101

Una punzada de terror se mezcla con la confusión que se ha apoderado de mi


cuerpo y me aferro a ella. Me aferro con todas mis fuerzas, porque no estoy
lista para sentir otra cosa todavía. Porque no estoy lista para verlo aún.26

—Dile que no quiero verlo —digo y mi voz suena asustada incluso en mis
oídos.652

—¿Qué? —Rael suelta, incrédulo—. ¡Pero si hace dos semanas exigías que
uno de nosotros fuera a buscarle para que viniera! ¡¿Tratas de
enloquecerme?!309

—No estoy lista para hablar con él —sé que sueno patética. Sé que fui yo la
que dijo que quería verlo en primer lugar, pero no puedo obligarme a mí
misma a enfrentarlo todavía—. No estoy en condiciones de hacerlo. Dile que
no quiero verlo.257

La mandíbula de Rael se aprieta en el instante en el que suelto las palabras,


pero no refuta nada más. Se limita a asentir con dureza antes de abandonar la
habitación.35

En el instante en el que la puerta se cierra detrás de él, me arrepiento. Me


arrepiento por completo de haberme negado la oportunidad de tener un cierre.
De enfrentarme a él de una vez por todas.514

«Tienes que hablar con él». Susurra la voz en mi cabeza. «No puedes dejar las
cosas así, Bess. Tienes que aclarar todas tus dudas respecto a lo que pasó en
aquel edificio. Tienes que saber qué diablos fue lo que pasó y en qué posición
nos deja el hecho de que Ashrail está muerto. El mismísimo Ángel de la
Muerte, está muerto. Tienes que preguntarle qué, de todo lo que dijo Amon,
es verdad. Por mucho miedo que te dé enterarte de la verdad, tienes que
hacerlo».152

Cierro los ojos con fuerza.

Una palabrota se construye en la punta de mi lengua, pero la reprimo


mientras aparto las cobijas que me rodean y trato —con mucho esfuerzo— de
bajar de la cama.17

Mi mandíbula se aprieta en el instante en el que apoyo mi peso en mis


piernas y las rodillas me fallan. Un sonido ahogado se me escapa cuando la
debilidad de mi cuerpo me alcanza y caigo al suelo con estrépito.60

Un escalofrío de puro dolor me recorre el cuerpo cuando la piel hecha jirones


de mi espalda se remueve con el impacto. Me muerdo la parte interna de la
mejilla para no gritar. Mis ojos se llenan de lágrimas en ese momento y
aprieto entre los dedos una de las cobijas que he arrastrado al suelo durante
mi caída, mientras trato, desesperadamente, de no echarme a llorar.87

La puerta de la habitación se abre de golpe en ese momento y la oleada de


energía que me azota los sentidos me aturde unos instantes.335

Mi atención viaja de manera inmediata hacia la entrada de la estancia y, a


pesar de que el cabello me cae como cortina oscura sobre la cara, soy capaz
de verlo...204

Lleva una armadura plateada que le abraza el torso de una manera


naturalmente imposible, unas hombreras que parecen hechas de los
materiales resistentes en el mundo y que le hacen ver más anguloso de lo que
en realidad es. Por la espalda, justo por un lado de su cabeza, sobresale la
empuñadura de una espada y lleva el cabello, negro como la noche,
alborotado y deshecho; la piel ligeramente oscurecida, como si hubiese
pasado un largo rato bajo el sol abrasador y la mirada enmarcada por un ceño
profundo.770

Luce más imponente de lo que recuerdo. Sus facciones, de hecho, lucen más
afiladas y oblicuas que nunca y, por un momento, no soy capaz de
reconocerlo. No soy capaz de ver, entre las capas y capas de dureza que se ha
echado encima, al chico que conocí.68

Su mandíbula angulosa se aprieta en el instante en el que me mira aquí,


tirada en el suelo, pero no se mueve. No hace nada más que observarme con
esos impresionantes ojos grises con destellos dorados que tiene. No hace
nada más que absorber la imagen que se despliega delante de él.63

Entonces, cuando parece superar el pequeño momento de impresión, empieza


a acercarse.3
—Bess... —mi nombre en sus labios, en su ronca y profunda voz, envía un
estremecimiento por mi columna, pero los Estigmas, que hasta ahora se
habían mantenido tranquilos, le sisean. Le reclaman y me exigen que acabe
con él.360

Sin que pueda controlarlos, los hilos se despliegan a toda velocidad y lo


empujan con tanta fuerza, que todos los muebles a mi alrededor —la cama, la
mesa de noche, la silla de escritorio— se recorren unos cuantos pasos debido
a la onda expansiva de mi ataque. Ataque que, por supuesto, no ha hecho más
que detener el andar apresurado de Mikhail.115

—No te acerques —exijo, con la voz rota por las emociones que, sin más, han
empezado a apoderarse de mi sistema: rencor, resentimiento, dolor...131

Mikhail no se mueve.

—Bess, déjame ayudarte.107

En ese momento, y sin darme tiempo de nada, los Estigmas se envuelven


alrededor de la criatura frente a mí —provocándome una oleada intensa de
dolor— y lo empujan con más fuerza que antes. Esta vez, consiguen que
Mikhail retroceda unos centímetros antes de que él, haciendo uso del lazo que
nos une, tire de mí con fuerza para contenerme.131

La debilidad de mi cuerpo hace que los Estigmas cedan su agarre y se


retraigan, furiosos y rencorosos en mi interior, no sin dejarme jadeante y
temblorosa. Entonces, cuando me doy cuenta de que aún están demasiado
débiles como para seguir atacando, afianzo la cuerda que me une a Mikhail y
tiro de ella para hacerle saber que no voy a ceder.1

—No te me acerques —mi voz es baja, pero la determinación que hay en ella
es palpable.71
La expresión que se apodera de su rostro está a la mitad del camino entre el
horror y el orgullo, pero no dice nada. Se limita a acercarse a paso cauteloso
pero decidido, antes de intentar levantarme del suelo.19

Yo me resisto y forcejeo, pero el dolor que estalla en mi cuerpo es tanto, que


termino permitiéndole que me lleve en brazos. Que termino permitiéndole que
me haga sentir débil y vulnerable mientras me deposita con cuidado sobre la
cama.64

—Ya puedes irte —escupo con toda la frialdad y el veneno que puedo imprimir
en la voz. Ni siquiera lo miro mientras hablo. Ni siquiera sé por qué, de pronto,
me siento así de enojada.229

El silencio que le sigue a mis palabras no hace más que incrementar la


ansiedad que ha empezado a crepitar en mis huesos.

—Bess, vine hasta aquí porque tú lo pediste —la voz de Mikhail es un mar de
calma y paciencia y eso solo me hace querer gritar de la frustración—. No voy
a irme así como así.322

Mis ojos se cierran con fuerza en ese momento y me obligo a tomar una
inspiración profunda. Las ganas que tengo de pedirle que se marche una vez
más, son casi tan grandes como la sensación de bochorno que me provoca mi
actitud.7

No sé por qué me siento de esta manera. Al final del día, fui yo quien le pidió
que viniera a hablar conmigo. Fui yo quien exigió su presencia en este lugar.
¿Por qué se me hace tan difícil hablar con él ahora?...55

Abro los ojos. Cuando lo hago, miro de reojo hacia el lugar donde la criatura
en la habitación se ha instalado, y no me pasa desapercibido el hecho de que
se ha acomodado a una distancia prudente.14
La mirada dura de Mikhail se clava en mí durante un largo momento antes de
que me atreva a encararlo de lleno. Un nudo de pura ansiedad se instala en la
boca de mi estómago en el proceso.1

No dice nada. Se queda ahí, quieto, con los ojos fijos en los míos y la
expresión seria. Hay una duda extraña en su mirada. Un brillo cauteloso que
no hace más que alzar los muros defensivos que he empezado a construir
alrededor de mi corazón.5

—¿Cómo estás? —la pregunta sale hosca y brusca de mis labios, pero no
puedo evitarla. No puedo detenerla, porque realmente quiero saber cómo
está. Porque de verdad necesito escuchar de sus labios que se encuentra
bien.300

El cuestionamiento parece tomarlo por sorpresa durante unos instantes.3

—Bess —dice con tacto—, he volado desde el otro lado del mundo para hablar
contigo. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres preguntarme?295

—¿Qué quieres que te pregunte, entonces? —refuto, presa de un arranque


nacido del enojo y la frustración—. ¿Sobre lo que pasó en la azotea del
edificio en Los Ángeles? ¿Sobre la forma en la que Amon mató a Ashrail?
¿Sobre la manera en la que nos engañaste a todos haciéndonos creer que
estabas de nuestro lado?219

Dolor crudo e intenso se apodera de sus facciones y me arrepiento de


inmediato de haber soltado todo de esa manera. A pesar de eso, Mikhail
cuadra los hombros ligeramente y, con las facciones endurecidas, empieza:48

—Lo que pasó en la azotea fue la consecuencia de una decisión que tomé
cegado por la ambición —la manera en la que sus labios arrancan las palabras
es dolorosa—. No voy a intentar justificar lo que hice diciendo que era un
demonio cuando tomé la decisión de jugar al mismo juego que Amon, porque
la realidad es que, para ese momento, yo ya empezaba a recordarte. No hay
pretexto alguno que valga. Lo único que sí puedo decirte que me arrepiento de
haberlo hecho. Me arrepiento de haber participado en esa locura —hace una
pequeña pausa—. Sé que lo que hice no tiene perdón alguno. Que me
aproveché de la buena voluntad de todo el mundo; en especial, de la tuya.
Tomé ventaja de los sentimientos que sabía que tenías por mí y te utilicé... —
niega con la cabeza, al tiempo que desvía la mirada—. Y eso nunca voy a
perdonármelo.480

El nudo que tengo en la garganta es tan intenso ahora, que tengo que tragar
un par de veces para deshacerlo un poco.

—Entonces, todo lo que dijo Amon era cierto... —mi voz sale en un susurro
tembloroso.98

No sé por qué me duele tanto. Supongo que una parte de mí esperaba que
todo fuese una mentira. Que todo aquello que Amon dijo no fuera más que
una treta para ponerme en contra de Mikhail.

Un par de intensos e impresionantes ojos grises —blancos. Dorados. No lo


sé— se posan en mí.5

—Absolutamente todo —Mikhail asiente y las lágrimas inundan mi mirada.152

—Dejaste que Amon asesinara a Ashrail —reprocho, con un hilo de voz.225

Mikhail asiente una vez más, sin pronunciar una sola palabra.14

—Permitiste que Ash arrancara tu parte angelical de mí para luego dejarle


morir a manos de Amon —la ira hace que mi voz tiemble ligeramente y él
vuelve a asentir. Esta vez, el dolor y el arrepentimiento le endurecen el
rostro.40
—Permitiste que creyera que sentías algo por mí —esta vez, cuando hablo, un
par de lágrimas traicioneras se deslizan por mis mejillas y él aprieta la
mandíbula.105

—Si lo hacía —dice, al tiempo que da un paso en mi dirección—. Si


lo hago.584

Niego con la cabeza, al tiempo que me limpio la humedad de las mejillas con
las puntas de los dedos.4

—No te creo —sueno cruel, pero no puedo evitarlo. No puedo hacer nada más
que dejar ir la cantidad inmensa de resentimiento y dolor que me escuece el
pecho.82

—Bess, no puedo cambiar lo que hice —suelta, en un susurro ronco—. No


puedo regresar el tiempo y evitar lo que pasó. Por más que me gustaría, no
puedo hacerlo... Y es algo con lo que voy a tener que vivir el resto de mi
existencia. —niega con la cabeza—. Ni siquiera tengo cara suficiente para
disculparme contigo, porque sé que el daño que te hice es irreparable; pero
quiero que sepas que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para
arreglarlo. Para solucionar toda la mierda que empecé. Así sea lo último que
haga.195

—¿Cómo demonios sé que estás diciendo la verdad? ¿Quién nos garantiza


que no vas a traicionarnos?100

Mikhail guarda silencio y es todo lo que necesito para saber la respuesta


implícita en él. Esa que dice que no hay manera de averiguar si sus
intenciones son buenas o no. No hay manera de saber si Mikhail va a
ayudarnos o va a utilizarnos una vez más.9

Desvío la mirada.
—Lo siento —él musita, pero no eso solo consigue que mi desesperación
incremente.17

Tomo un par de inspiraciones profundas, mientras trato de ordenar la


información en mi cabeza, para así poder continuar.

—¿Qué va a pasar ahora que Ashrail ha...? —no puedo completar la pregunta.
La sola idea de pronunciar esa palabra en voz alta, lo hace más real que
nunca.32

Mikhail toma una inspiración profunda.1

—Alguien tomará su lugar.279

—¿Quién?4

—Aún no lo sé —niega con la cabeza—. No es algo que yo decida.2

Sacudo la cabeza.

—No lo entiendo —digo, presa de una confusión frustrante—. Los espíritus


me dijeron una vez que los demonios no pueden morir. Que los demonios
nunca mueren. ¿Cómo es que Ash lo hizo? ¿Es porque no era un demonio
completamente?15

—En esencia, los seres de nuestra naturaleza no somos capaces de morir. No


somos capaces de desaparecer del todo, porque estamos hechos de energía
—explica, con paciencia—. Nuestro cuerpo físico puede perecer. Morir..., pero
no nuestra esencia. Nuestra energía nunca se extingue. Los demonios y los
ángeles no pueden desaparecer. No pueden morir energéticamente hablando,
pero nuestro cuerpo sí puede hacerlo. Puede dejar de existir en el plano
terrenal.205
El entendimiento que me traen sus palabras es tanto, que no puedo evitar
sentirme abrumada por ellas.

—¿Es por eso que alguien más tomará su lugar? —pregunto, una vez digerido
todo lo que ha dicho—. ¿Por qué su energía sigue aquí y alguien más la
tomará?61

Mikhail asiente.

—Alguien será elegido para portarla —dice—. Si no es que ha sido elegido ya


y aún no lo sabemos.283

—¿Y qué pasará con la guerra? —inquiero, aterrorizada—. ¿Con los demonios
que han estado invadiendo las ciudades? ¿Con los ángeles? Ellos empezaron
todo esto, ¿no es así? Fueron los ángeles los primeros en aparecer en la
ciudad. Por eso los demonios han empezado a invadir la tierra.1

Es el turno de Mikhail de negar.

—Te equivocas —dice, con aire determinado—. Fueron los demonios los que
empezaron a filtrarse en el mundo humano a través de las grietas que Amon
hizo en las fronteras energéticas. Los ángeles llegaron a la tierra gracias a que
Gabrielle se dio cuenta de lo que estaba pasando. Ella fue la que los mandó a
intentar contener a los demonios que lograron descubrir los huecos en el
equilibrio.160

Mi ceño se frunce ligeramente.2

—¿Quiere decir que los demonios están invadiendo la tierra gracias a los
estragos que dejó el paso de Amon? —mi cuestionamiento es más una
afirmación que otra cosa.11

Mikhail asiente.
—Y, lamentablemente, ese no es el más grande de nuestros problemas ahora
—dice y, por primera vez desde que puso un pie aquí dentro, luce
preocupado.1

—¿A qué te refieres? —inquiero, sintiéndome ligeramente inestable debido a


la angustia que soy capaz de percibir en él, en el lazo que nos une.

Él, a pesar de eso, duda. No quiere decirme. No quiere contarme lo que está
pasando y eso no hace más que potenciar el nerviosismo que amenaza con
deshacerme el pecho a latidos irregulares.

—Bess, los demonios están poseyendo a la gente. A los humanos —dice,


finalmente, y sus palabras me estrujan el estómago con violencia—. Están
apoderándose de sus cuerpos y están atacándonos de esa manera. Los
ángeles no pueden asesinar humanos. No está permitido que lo hagan. Se
supone que nacimos para proteger a la humanidad. A la creación más
importante del ser al que servimos. No podemos hacer absolutamente nada
para detener a los demonios o para defendernos, si quienes están
atacándonos son seres humanos llenos de energía demoníaca. Seres
humanos que han sido infestados por seres de naturaleza oscura.338

—Oh, Dios mío...1

—Nos estamos quedando sin opciones —dice y, de pronto, luce diez años más
viejo—. La Legión no confía en mí, los demonios no han dejado de entrar al
mundo terrenal y hace meses que Gabrielle ha perdido contacto con el Reino
del Creador.216

—¿Qué?19

Mikhail asiente.
—Hace unos días me lo confesó —dice—. Algo está pasando allá arriba
también. La puerta al Cielo ha sido cerrada, pero no sabemos desde hace
cuánto tiempo. Gabrielle no había tenido necesidad alguna de visitar el Reino
porque Ashrail había estado comunicándose con el Creador por medio de la
energía que solo él poseía; es por eso que Gabe tardó tanto tiempo en darse
cuenta —sacude la cabeza con frustración—. El problema es que tampoco,
pero tenemos modo alguno de intentar averiguar qué está pasando allá arriba.
Hay mucho de lo que hay que ocuparse y me temo que, con lo dividida que
está La Legión por mi culpa, las cosas no van a hacer más que ponerse
peor.461

—¿Han intentado cerrar las grietas hechas por Amon? —pregunto,


sintiéndome cada vez más ansiosa y nerviosa.

Mikhail niega con la cabeza.

—Es imposible acercarse a ellas —dice, con genuina frustración—. La energía


que emanan es tan poderosa, que pudre y destruye todo lo que toca.45

«Justo como tú, Bess». Susurra la insidiosa voz en mi cabeza y me obligo a


empujarla lejos.265

—Tiene que haber una forma de hacerlo —digo, presa de la frustración—.


Tiene que haber una forma de cerrarlas.45

La criatura frente a mí no hace más que mirarme con una tristeza y una
impotencia que me desgarra el pecho.2

—Eso es lo que ahora estamos tratando de buscar: la manera de cerrarlas.


Mientras no lo consigamos, los demonios tendrán ventaja sobre nosotros.46

—¿Hay algo que podamos hacer para ayudarles? —pregunto, pero de


inmediato, Mikhail niega.
—No —dice, lacónico y tajante—. No hay absolutamente nada que puedan
hacer las brujas o tú para ayudarnos. Además, aunque lo hubiera, no
permitiría que se arriesgaran. No permitiría que se involucraran en esto. Es
una guerra que tenemos que librar nosotros. No voy a involucrarlas más de lo
que ya lo he hecho. Ni a ti ni a ellas.102

—Mikhail, pero podríamos...

—No —la dureza con la que el demonio me habla me hace dar un respingo en
mi lugar—. Lo siento, Bess, pero no puedo permitir que te expongas de esa
manera. Tu muerte aún supone el inicio del Fin, así que eso no está a
discusión.141

El escozor que me provocan sus palabras solo hiere un poco más esa parte de
mi corazón que, absurdamente, guardaba las esperanzas de que, quizás, la
preocupación de Mikhail fuese realmente por mí y no por lo que mi muerte
representa para su misión.93

—No puedes detener lo que está escrito —refuto, a pesar de la decepción—.


No puedes evitar que muera. Algún día tendré que hacerlo y, ciertamente, los
Estigmas no van a darme tregua durante mucho tiempo, así que, si hay algo
que podamos hacer para detener lo que está ocurriendo, lo mejor será que lo
hagamos pronto.56

—No voy a arriesgarte de ninguna manera, Bess —Mikhail espeta—. No voy a


permitir que arriesgues la vida solo porque sí y no está a discusión. No se
trata de lo que puedas o no hacer por la humanidad. Se trata de que no te
corresponde. Tú deberías estar graduándote de la universidad, no lidiando con
toda la mierda con la que te he hecho lidiar desde el jodido momento en el
que aparecí en tu vida —cada palabra que pronuncia suena más enojada que
la anterior—; así que, deja ya de intentar convencerme de dejarte hacer algo,
porque no vas a conseguir que acceda a nada. Lo siento, Bess, pero no estoy
dispuesto a perderte. Nunca más.667

«No está dispuesto a perder esta guerra. Eso es lo que realmente quiere
decir».366

—Pero, Mikhail... —empiezo, pese al nudo de mi garganta, pero un sonido


brusco me interrumpe a media oración y me hace enmudecer por completo.
Acto seguido, mi atención se posa en la puerta de la estancia.

—Adelante —Mikhail dice y la puerta se abre de inmediato.5

Una figura aparece en mi campo de visión casi al instante y el corazón se me


estruja cuando lo reconozco. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez
que lo vi, pero no podría olvidar su rostro nunca. Incluso, aunque lo
quisiera.132

Algo dentro de mí se enciende cuando el ángel que ha aparecido en el umbral


clava sus ojos en los míos y el reconocimiento tiñe su expresión. De pronto,
luce enfermo. Inestable. Yo me siento de la misma manera.87

Creí que nunca más lo vería. Que jamás volvería a topármelo de frente y, sin
embargo, está aquí, a pocos pasos de distancia de mí una vez más.

—¿Qué ocurre, Jasiel? —Mikhail, quien parece ajeno a la pequeña conmoción


que ocurre entre el ángel de cabello rubio platinado y ojos azul eléctrico y
yo.300

Jasiel, el ángel que por órdenes de Rafael Arcángel se apoderó del cuerpo del
prometido de mi tía Dahlia hace años, se aclara la garganta y desvía su
atención para pasarla directo al demonio —arcángel, o lo que sea que es
Mikhail en este momento.57
—Hubo otro ataque —dice, con la voz enronquecida por las emociones y, de
inmediato, la mandíbula de Mikhail se aprieta.

—¿Dónde?

—En las costas de Florida. Cerca de la intersección más grande de líneas


energéticas —Jasiel suena genuinamente horrorizado.23

—Hay que enviar a las tropas para intentar contenerlo —Mikhail ordena, pero
el ángel sacude la cabeza en una negativa.59

—Las tropas todavía no logran recuperar la ciudad belga que fue atacada
hace unos días. Si se marchan de allá, los demonios van a reclamar esa zona
como suya —dice, tenso y preocupado.11

Una maldición escapa de los labios de Mikhail y un nudo de ansiedad se


aprieta en mi estómago. Acto seguido, él se gira para encararme y, con un
gesto cargado de disculpa, dice:1

—Tengo que ponerme al tanto de la situación —dice—. ¿Podemos hablar de


esto más tarde? No puedo quedarme demasiado tiempo. Esta noche, a más
tardar, tengo que partir; pero prometo que no me iré sin terminar esta
conversación.190

Yo, incapaz de pronunciar nada, asiento.

Entonces, Mikhail hace un gesto en dirección a la salida de la estancia, antes


de que él y Jasiel se encaminen y desaparezcan tras ella.

2. "Reticencia"
Leo, por quinta vez, el mismo párrafo del libro que me había estado
consumiendo los últimos días —cuando Mikhail aún no hacía acto de
presencia ni arruinaba mi capacidad de funcionar con normalidad—, antes de
rendirme y dejarlo arrumbado sobre la mesa de noche junto a mi cama.125

Un suspiro largo y pesaroso brota de mi garganta cuando la ansiedad y la


desesperación se asientan en mi estómago una vez más. Una maldición baja
escapa de mis labios solo porque no sé de qué otra forma canalizar lo que
siento. Porque estoy cansada de estar aquí, encerrada en mi habitación —
gracias a las heridas que aún no logran sanar del todo en mi cuerpo—,
mientras el mundo entero está cambiando.49

He pasado las últimas dos semanas de mi vida atrapada en este lugar,


leyendo los libros que pertenecían a Daialee para no sentir que voy a
enloquecer. He pasado todo este tiempo dentro de estas cuatro paredes,
sacándole información a cuentagotas a Rael y esforzándome para no gritar de
la frustración cuando vienen Niara, Dinorah y Zianya a intentar hacer como si
nada pasara allá afuera. Como si el mundo no estuviese siendo arrasado por
fuerzas paranormales.41

En medida de lo posible, he podido controlar los pequeños arranques de ira


desesperada que a veces tengo cuando me tratan como si fuese algo a punto
de romperse; pero, hoy en específico, me siento especialmente voluble e
irritable.57

La presencia de Mikhail en este lugar no ha hecho otra cosa más que


perturbarme los nervios hasta un punto que se siente ridículo y, a pesar de
que no lo he visto desde que se marchó de la habitación esta mañana, sentir
su cercanía por medio del lazo que nos une es una completa tortura.7

Una parte de mí se siente aterrorizada con la idea de que se marche sin


avisar, y otra, simplemente espera que lo haga y que no vuelva a poner un pie
aquí.149
Todavía no sé cómo me siento respecto a él. A su presencia a mi alrededor. A
todo lo que pasó hace unas semanas, pero el resentimiento y el rencor no han
dejado de tomar fuerza con cada minuto que pasa aquí. No quiero sentirme de
esta manera. No quiero guardar esta clase de sentimientos hacia él, pero mi
corazón —mi alma, mi cuerpo entero— no deja de almacenar cada una de
esas emociones rotas y enfermizas.152

Mis ojos se cierran en el instante en el que el recuerdo de sus besos sobre mi


piel me inunda los pensamientos. Trato de empujarlo lejos, pero no logro
deshacerme de él. Al contrario, lo único que consigo, es hundirme otro poco
en su interior, como si de fango se tratase.187

El dolor hueco y abrumador que me llena el pecho, parece tomarse de la mano


con el sentimiento de traición que me embarga y, de pronto, me encuentro
sintiéndome asqueada. Me encuentro deseando borrar sus caricias de mi piel
y los sentimientos profundos que terminaron de arraigarse en mi interior con
aquello que hicimos.194

Si tan solo lo hubiera sabido. Si tan solo no hubiese confiado en él de la forma


en la que lo hice...21

«Quizás ahora no dolería tanto».38

Otro suspiro largo brota de mis labios y me obligo a empujar la retahíla


negativa de mis pensamientos a otro lugar. Entonces, me estiro en la cama y
desperezo los músculos lo mejor que puedo. Una punzada de dolor me
escuece la espalda, pero no es lo suficientemente intensa como para
inmovilizarme.4

Acto seguido —y con mucho cuidado—, retiro el edredón que me cubre para
arrastrarme al borde de la cama, donde dudo unos instantes.1
Mis pies descalzos tocan la alfombra desgastada y vieja que cubre el suelo, y
me debato internamente si debo o no llamar a alguien para que venga a
ayudarme a levantarme; sin embargo, tomo la decisión de intentarlo de nuevo.
De intentar ponerme de pie para encaminarme por mi cuenta al baño.

Apoyo las plantas con firmeza. Los dedos se me hunden en el material


afelpado debajo de mí y, cuando me siento estable y firme, apoyo todo mi
peso sobre mis extremidades inferiores. El dolor que me estalla en la espalda
es desgarrador y se me doblan las rodillas.18

Apenas tengo tiempo de sostenerme del borde de la mesa de noche para


evitar caer con estrépito, pero no logro detener mi encuentro con el suelo del
todo. Mis rodillas están apoyadas sobre la alfombra y todo mi cuerpo se ha
inclinado hacia adelante. Estoy casi aovillada aquí, junto a mi cama, sintiendo
como si pudiese desmayarme en cualquier momento.107

Mis dientes se aprietan cuando trato de empujarme hacia arriba, pero me las
arreglo para conseguirlo. Una pequeña victoria se alza en mi pecho, pero es
eclipsada por la sensación de ahogo que me embarga. Tenía tanto tiempo
conviviendo con la energía angelical en mi interior, que ahora que no la tengo
conmigo para sanarme con la rapidez con la que lo hacía, me siento abrumada
de dolor.14

La puerta de la habitación es golpeada justo cuando consigo ponerme en pie


y, con el aliento entrecortado, me las arreglo para decir:

—Adelante.

Niara aparece en mi campo de visión luego de que la puerta se abre, y me


alegro de que sea ella quien está aquí y no Mikhail. Habría sido humillante
que me encontrara en este estado una vez más.25
—¿Qué estás tratando de hacer, tú, pequeña inconsciente? —dice, al tiempo
que se apresura hacia mí para envolver un brazo alrededor de mi cuerpo y
ayudarme a sostenerme.24

—Solo quería ir al baño —digo, al tiempo que dejo cargue parte del peso de
mi cuerpo.1

—¿Y no era más sencillo llamarnos para ayudarte?

—Estoy harta de depender de todos para hacer lo que sea. Incluso algo tan
insignificante como caminar al baño —digo, mientras avanzamos hacia el
pasillo.

Ella bufa en respuesta, pero no dice nada más.2

Cuando llegamos al baño, me sostengo del borde del lavamanos para que
Niara pueda encaminarse fuera de la estancia y dejarme hacer mis
necesidades primarias.14

Está a punto de marcharse, cuando la luz del foco parpadea. La vista de la


bruja y la mía se posa en la lámpara que ilumina la reducida estancia y una
punzada de preocupación se asienta en mi pecho.78

La electricidad tiene días fallando. La subestación no parece estar dañada,


pero el constante ir y venir de la energía eléctrica no ha hecho más que poner
otra cosa a la lista de cosas que nos mantienen al vilo.

—¿Crees que eso sea a causa de algún demonio o algo por el estilo? —Niara
pregunta. El miedo tiñe su voz.42

—No —digo, en automático, pero no estoy segura de estar en lo correcto.


Todos aquí sabemos que Bailey se encuentra rodeado de líneas energéticas;
así que, la idea de que haya una grieta cerca no es descabellada. Sobre todo,
si tomamos en cuenta de que Amon nos atacó a apenas unas calles de aquí a
Daialee y a mí.53

Otro parpadeo en el foco hace que mi corazón se hunda, pero me las arreglo
para fijar mi vista en Niara.

—Y aunque así lo fuera —me obligo a decir—, estamos bien protegidas aquí.
Hay seis ángeles custodiándonos. Estaremos bien si algo llegase a pasar.148

Pánico crudo se cuela en la expresión de la bruja, pero se las arregla para


asentir.

—Sí —dice, pero no suena muy convencida—, tienes razón.

Lo cierto es que todas somos conscientes de que seis ángeles no podrían


defendernos si un ejército de demonios nos atacara. Estaríamos acabadas
mucho antes de que los ángeles pudiesen, siquiera, intentar sacarnos de
aquí.24

Me obligo a empujar el pensamiento lo más lejos que puedo y me las arreglo


para esbozar una sonrisa tensa. Entonces, sin ceremonia alguna, ella me
corresponde el gesto y sale de la habitación.

Cuando termino de hacer mis necesidades primarias, me lavo las manos y me


tomo unos instantes para darme el lujo de mirarme en el espejo. La chica de
aspecto enfermizo que me observa de regreso, es una imagen dolorosa. Difícil
de mirar por sobre todas las cosas. Con todo y eso, me obligo a mirarla unos
segundos más antes de apartar la vista y a encaminarme fuera del reducido
espacio.118

Niara está esperándome afuera, así que se apresura a ayudarme a andar una
vez más cuando me mira.
No pregunto el motivo por el cual fue a mi habitación. Estoy bastante segura
de que sus poderes extrasensoriales no son capaces de hacerle saber cuándo
necesito ayuda, así que la curiosidad pica en mi sistema. A pesar de eso, no la
cuestiono. No menciono ni una sola palabra al respecto porque, últimamente,
estar juntas se siente lo más correcto por hacer. De alguna manera, mantiene
unidas las piezas de ambas. Esas que se desmoronaron cuando Daialee
murió. Cuando todo este caos sin sentido empezó a desatarse.21

—Zianya no quiere que hable de esto con nadie —Niara murmura mientras, a
paso tortuoso y lento, caminamos de regreso a mi habitación—, pero si no se
lo cuento a alguien, voy a volverme loca...31

Espero, en silencio, al tiempo que me concentro en dar un paso a la vez.

—He estado soñando con Daialee —en el instante en el que las palabras
abandonan su boca, mi corazón da un vuelco.212

Mi vista se posa de inmediato sobre ella y mi boca se abre para pronunciar


que yo también lo he hecho; pero, por un instante la impresión es tanta, que
mi voz me traiciona.

La chica de rasgos duros y piel oscura sacude la cabeza una y otra vez, en un
gesto ansioso y desesperado.

—Al principio creí que era algo provocado por mi cabeza. Una especie de
alucinación o sueño creado por el dolor de la pérdida... —mira hacia todos
lados, ansiosa y nerviosa. Me queda más que claro que no quiere que nadie
más la escuche—, pero, Bess, Daialee me habla en mis sueños. Me dice
cosas. Me pide que te hable. Que te pregunte sobre los demás Sellos. Que te
diga que tienes que preguntar por ellos.246

—Niara, yo... —empiezo a pronunciar, pero un fuerte golpe retumba a las


afueras de la casa y es tan violento, que toda la planta alta vibra ante su
intensidad. La alarma se enciende de inmediato en mi sistema y mi atención
se ha fija en dirección a las escaleras que dan a la planta baja. Otro sonido
estruendoso lo llena todo y, entonces, las voces airadas llegan a mis oídos.97

Mi vista se posa en Niara, quien a su vez me mira y, sin decir una palabra, se
echa a andar a toda velocidad en dirección a la planta baja.12

—¡Niara! —la llamo, al ver cómo me deja aquí, de pie a la mitad del pasillo,
pero ella ni siquiera se vuelve para mirarme.10

Una palabrota escapa de mis labios en ese instante y, como puedo, giro sobre
mi eje apoyándome en la pared, antes de empezar a caminar. Mis dientes se
aprietan cuando la quemazón y el ardor me llenan la espalda, pero no me
detengo. No dejo de avanzar tan rápido como mi cuerpo me lo permite hasta
llegar al borde de las escaleras.33

Otro golpe estrepitoso invade mi audición y las voces se convierten en gritos y


gruñidos. La familiaridad de ellas me eriza los vellos de la nuca y me obligo a
dar un paso hacia abajo, aferrándome de la barandilla con tanta fuerza que
mis nudillos se ponen blancos.2

—¡Quítame las manos de encima, rata asquerosa! —alguien grita y las


alarmas se encienden en mi cabeza.165

Un gruñido ahogado inunda mi audición y el reconocimiento hace que mi


sangre se hiele.

«¿Axel?».381

Un escalón más y otro más.

—¡Déjalo ir! —grita Niara y me muerdo la parte interna de mi mejilla mientras


bajo otro escalón—. ¡No lo entiendes! ¡Él nunca nos haría daño!104
—¡¿Qué está mal con ustedes! ¡Es un demonio! —la palabra es escupida con
sorna y veneno y, de pronto, la sensación de saber que algo horrible está
ocurriendo allá abajo me llena la boca de un sabor amargo.

Otros dos escalones más.

—¡Basta ya! —creo que es Zianya la que interviene—. No pueden hacerle


nada si no ha intentado atacarnos. Déjenlo ir y él se marchará y volverá
cuando Mikhail haya regresado.

Una carcajada sin humor llena mis oídos.

—Si crees que voy a dejar ir a este demonio para que vaya a decirle a los
suyos nuestra ubicación, bruja, estás muy equivocada —dice —supongo—uno
de los ángeles que cuidan de nosotros.54

Un golpe sordo invade mi audición y le sigue un graznido adolorido.3

Es en ese momento, cuando mis pies tocan el último escalón y soy capaz de
ver la escena que se desarrolla aquí, justo frente a la puerta principal de la
casa.1

—Oh, Dios mío... —mi voz sale en un susurro tembloroso cuando veo a Axel
ahí, tirado a mitad de la sala, con la cara hinchada y llena de un líquido
espeso y oscuro que, asumo, es su sangre.184

Uno de los ángeles que custodian la casa está sometiéndolo. Estirando sus
alas en un ángulo que luce doloroso y antinatural.55

Me apresuro a toda velocidad hacia el demonio menor que yace en el suelo,


pero la debilidad de mis músculos me traiciona y doy un par de traspiés antes
de caer al suelo de rodillas. El impacto —que he podido amortiguar al estirar
las manos frente a mi cara justo a tiempo— hace que el dolor estalle en mi
columna y reprimo un gemido.25
La habitación estalla en exclamaciones preocupadas y, de pronto, todo el
mundo trata de ayudarme a ponerme de pie; sin embargo, me desperezo de
todas las extremidades que me sostienen para arrastrarme hasta quedar junto
al íncubo herido en el suelo.

—Bess... —dice, antes de toser un líquido espeso y rojo oscuro, y mi corazón


se rompe en mil fragmentos. Se destroza un poco más porque todo vestigio de
su personalidad socarrona y juguetona ha desaparecido. Lo único que veo
ahora mismo, es a esta criatura asustada que yace en el suelo cerca de la
entrada principal.254

Impotente y sin ser capaz de pronunciar nada, aparto los mechones húmedos
de cabello que se le pegan en la frente. Entonces, presa de un impulso
primitivo y enojado, encaro al ángel que sostiene a Axel por las alas.

—Suéltalo —exijo y el ángel, quien no deja de mirarme como si yo fuese poco


menos que una cucaracha, sacude la cabeza en una negativa.53

La punzada de coraje que me invade es tanta, que tengo que apretar la


mandíbula para no ponerme a gritar. Los hilos de energía de los Estigmas se
desperezan, interesados al percibir el enojo que empieza a embargarme.32

—Te he dicho que lo sueltes —espeto, incorporándome en una posición


arrodillada, pero el ángel ni siquiera se inmuta. La condescendencia que veo
en su mirada es tanta, que la sangre me hierve de rabia y de ira casi de
inmediato.2

Los Estigmas sisean, enojados ante el desafío arrogante y despectivo y,


entonces, sin que pueda controlarlos, actúan por voluntad propia y se
envuelven con violencia alrededor del ángel. Luego, sin darme tiempo —ni
fuerzas— para intentar contenerlos, tiran de su energía con una facilidad
aterradora.113
Un grito asombrado y torturado escapa de los labios de la criatura que
sostiene a mi amigo, pero no me detengo. No puedo hacerlo. Ya no...9

—¡Bess! —alguien exclama detrás de mí, pero no puedo hacer nada. Estoy
paralizada por la energía abrumadora que entra en mi cuerpo a través de los
Estigmas. Estoy paralizada por el pánico que empieza a invadirme cada poro
del cuerpo.53

El terror se mezcla con el dolor creciente en mis muñecas y, sin más, siento
cómo algo cálido se cuela entre los vendajes de mis heridas y me baña los
dedos.8

«Por favor, detente. Por favor, detente. Por favor, detente». Suplico para mis
adentros, pero los Estigmas no paran. No se detienen. Ni siquiera cuando el
ángel suelta un grito agónico y se desploma en el suelo. Ni siquiera cuando,
debido a eso, ha liberado a Axel.8

Gotas de sangre —de mi sangre— golpean el suelo y sé que tengo que parar.
Sé que tengo que detenerme. Trato, con toda la voluntad que poseo, de tirar
de los hilos de los Estigmas, pero estos no ceden de inmediato como hicieron
esta mañana cuando Mikhail irrumpió en mi habitación. Se siente como si, allá
arriba, se hubiesen dado cuenta de la falta de contención. Como si se
hubiesen percatado de que la energía angelical ya no se encuentra conmigo
para ayudarme a controlarlos.1

El ángel suelta un sonido antinatural y otra punzada de miedo me invade, así


que tiro con más fuerza de la energía. Esta vez, los hilos ceden lo suficiente
como para permitirme afianzarlos un poco más y tirar de ellos de nuevo.3
Finalmente, cuando logro replegarlos de vuelta a mí, me apoyo en las palmas
de las manos, ignorando por completo el ardor que me corre por los brazos. Mi
respiración es dificultosa y todo mi cuerpo duele. Se siente como si hubiese
corrido una maratón. Como si hubiese pasado horas y horas haciendo
ejercicio exhaustivo.51

Lágrimas cálidas me nublan la mirada, pero no quiero llorar. No quiero hacer


nada más que recuperar la compostura, mientras Niara y Dinorah se arrodillan
a mi lado y me preguntan si me encuentro bien.

Luego de asegurarles que lo estoy, poso mi atención en Axel.

Sus alas membranosas están extendidas en el suelo frente a mí y su cuerpo


se ha replegado en una bola, mientras que sus alas yacen, temblorosas y
heridas, en la duela de la estancia.86

El ángel se encuentra a pocos pasos de distancia de él y otro de los ángeles


que custodian la casa trata de reanimarlo. En el proceso, le habla en un
idioma que no logro entender y eso me irrita de sobremanera, a pesar de que
no tengo motivo alguno para sentirme molesta por ello.9

—¿Dónde está Rael? —pregunto, luego de unos instantes de silencio. Rael no


habría permitido que sus compañeros atacaran a Axel. Mikhail tampoco lo
habría hecho—. ¿Dónde está Mikhail?1

—Se fueron luego de que ese otro ángel, el de los ojos azules, viniera
corriendo a buscar a Mikhail —la voz de Zianya llega a mí desde la espalda y
me giro lo más que puedo para poder echarle un vistazo—. No han regresado
desde entonces.

Sacudo la cabeza en una negativa frustrada. Nada de esto habría ocurrido si


alguno de ellos hubiese estado aquí.
—Hay que llevar a Axel a la planta superior —digo—. A mi habitación.15

En ese momento, clavo mi vista en los dos ángeles que se encuentran dentro
de la casa. Aquel al que ataqué parece estar recobrando el conocimiento.

—Ustedes —hablo en voz de mando—, súbanlo.104

El ángel de cabellos castaños —ese que está ayudando al que ataqué—,


dispara una mirada furibunda en mi dirección.

—No voy a tocar a esa cosa —el ángel escupe—, y tampoco voy a seguir tus
órdenes. No somos tus subordinados. No te equivoques, humana.331

La manera en la que pronuncia la palabra «humana» es despectiva. Se siente


como si fuese más un insulto que como otra cosa.8

Aprieto la mandíbula.1

—Escúchame bien, ángel —suelto la palabra con tanto asco y repulsión, que
suena como si le hubiese llamado «pedazo de mierda»—: Si no quieres
terminar como tu amigo —hago una seña con la cabeza en dirección al ángel
que, a duras penas, ha recuperado el conocimiento—, te aconsejo que hagas
lo que te pido. Ya luego podrás ir a acusarme con Rael, o con Mikhail, o con
quien te pegue la regalada gana sobre lo que quieras; pero, por ahora, estás
sometido a mi voluntad. ¿Estamos?582

El ángel de cabellos castaños y ojos verdes me mira con sorna y enojo. Yo le


regreso la mirada con la misma repulsión que veo en la suya.13

—No puedo esperar el momento en el que te asesinen para acabar con todo
esto de una maldita vez y para siempre —escupe, al tiempo que se pone de
pie y levanta a Axel sin un ápice de delicadeza para echárselo al hombro,
como si se tratase de un costal de patatas.182
—Sí —suelto, al tiempo que dejo escapar una risa sin humor—. Vete a la
mierda tú también.265

El ángel ni siquiera me mira cuando me pasa de largo y empieza a subir las


escaleras. Es solo hasta ese momento, que un suspiro largo y tembloroso se
me escapa.

—Tienes las heridas abiertas —Dinorah me reprime, al tiempo que se acerca


a mí y toma una de mis muñecas para examinar los vendajes
ensangrentados—. Ya no debes usar ese poder, Bess. Vas a matarte si lo
sigues haciendo.36

Asiento, como si fuese una pequeña niña regañada por su madre, y cierro los
ojos cuando siento cómo empieza a aflojar la tela que se mantiene sobre la
piel lastimada.

—Voy a conseguir algo de alcohol y vendas nuevas —Niara dice, al tiempo


que se pone de pie y se encamina al baño de la planta baja.5

El ángel al que ataqué se encuentra sentado en el suelo de la habitación, con


la espalda recargada contra la pared más cercana y los ojos cerrados en un
gesto adolorido. El arrepentimiento se cuela en mis huesos en ese momento,
pero trato de apartarlo tan pronto como llega. Trato de recordarme que esta
criatura no va a tener misericordia por mí cuando llegue el momento de tomar
las decisiones importantes, y me aferro a eso hasta que la culpa se diluye.19

Niara vuelve a los pocos minutos con las manos cargadas de gasas, alcohol y
vendas nuevas, y se deja caer sobre sus rodillas para empezar a trabajar.

El ardor que me invade cuando vierte el alcohol sobre mis heridas es tanto,
que lloriqueo lastimosamente hasta que termina de limpiarlas. Llegados a
este punto, tiemblo de dolor.7
El sonido de unos pasos llega a mis oídos justo cuando Niara está diciendo
algo acerca de mí necesitando unos puntos y, segundos más tarde, una figura
familiar aparece en el umbral de la puerta.62

Lleva el cabello tan alborotado como siempre y el ceño fruncido en un gesto


que se me antoja analítico. Un par de impresionantes alas: una impresionante
ala oscura, lisa y membranosa y otra, que no es más que un haz luminoso, se
extienden a sus costados; tan imponentes y abrumadoras, como él mismo lo
es.272

Mikhail siempre ha sido impresionante y ahora, con esas alas, lo es aún


más.72

La atención del demonio —o arcángel. Aún no logro averiguarlo— se posa de


inmediato en la escena, y el horror y la cautela tiñen sus facciones casi de
inmediato. Su vista cae en mí y en mis muñecas —las cuales están siendo
tratadas por Dinorah y Niara—, y la alarma se enciende en sus facciones.80

Algo duro atraviesa su mirada, pero se las arregla para esconderlo mientras,
con la mandíbula apretada, se acerca y se acuclilla frente a mí.

—¿Qué pasó? —su voz suena serena, pero hay un tinte preocupado en su
voz.85

—Tus ángeles atacaron a Axel —digo, sin poder reprimir el enojo que me
invade las entrañas—. Está arriba, con uno de ellos, por cierto.19

Rael, quien acaba de aparecer detrás de Mikhail, esboza un gesto preocupado


antes de encaminarse a toda velocidad al piso superior.54

—¿Te hicieron daño? —ira cruda y profunda se cuela en su tono, y me saca de


balance. A pesar de eso trato de no hacérselo notar y niego con la cabeza.170
Mikhail asiente, pero la dureza en su expresión no disminuye ni un poco.
Entonces, se incorpora y se encamina en dirección a las escaleras. El saber
que va a ir a comprobar a Axel no hace más que enviar algo cálido a mi
pecho.9

Pese a aquello, hay algo que ha empezado a taladrarme el cerebro. Hay algo
que se ha aferrado a mis pensamientos y ha tomado fuerza ahora que lo tengo
frente a mí.

—Mikhail, espera —digo, y él se detiene a medio camino. Entonces, me mira


por encima del hombro—. Hay algo que necesito preguntarte.

—Adelante —dice estoico, y el nerviosismo se dispara en mi sistema de


manera inmediata.

—¿Dónde están los otros sellos? —la pregunta escapa de mis labios en medio
de un aliento tembloroso, porque las palabras de Niara han empezado a forzar
su camino en mi cabeza. Han empezado a llenarme el pecho de dudas
extrañas y dolores insoportables.60

Algo sombrío se apodera del gesto del arcángel y, de pronto, me siento


enferma. Me siento agobiada con todos los posibles escenarios que invaden
mi mente.

Sé que los demás que son como yo están vivos. Estaban bajo custodia cuando
Rafael me atacó. Mikhail mismo me lo dijo cuando recién lo conocí. Él debe
saber dónde están ahora. Él, ahora al mando de la Legión Angelical, debe
saber dónde están.5

—Tú sabes dónde están, ¿no es así? —suelto, sin aliento. La posibilidad de
que estén aún bajo la custodia de los ángeles, después de tanto tiempo, es
tan dolorosa como insoportable.2
—Bess, ahora no es momento para eso.46

—Ah, ¿no? ¿Entonces cuándo? —escupo, horrorizada ante su evasiva—.


¿Cuando tengas tiempo de inventarte una mentira? ¿Cuando hayas
maquinado algo que me mantenga tranquila?... ¿Cuándo, Mikhail?236

Aprieta la mandíbula, pero no dice nada. Solo me mira fijamente y el coraje y


la decepción me llenan el cuerpo de una sensación apabullante.4

Un nudo me cierra la garganta, pero no tengo oportunidad de recriminarle


nada más. No tengo oportunidad de nada, porque un gruñido proveniente del
piso superior, nos hace alzar la vista al techo con alarma.1

Los puños de la criatura delante de mí se aprietan con fuerza y un dolor sordo


se instala en mi pecho cuando, sin siquiera dedicarme una última mirada, se
echa a andar hacia la planta alta.28

—Sigues siendo el mismo mentiroso de mierda de siempre, ¿no es así? —


medio grito, cuando noto que está a punto de desaparecer de mi vista.502

No es mi intención ser hiriente, pero sé que lo soy de todas formas. Incluso,


me lo dice el gesto que me dedica cuando me regala una última mirada.1

No dice nada. No hace otra cosa más que mirarme con aprehensión, antes de
continuar su camino.24

Mi mirada se desvía en el instante en el que sale de mi campo de visión y mis


ojos se cierran con fuerza porque la decepción en este momento es tan
grande, que apenas puedo soportarla. Que a penas puedo lidiar con ella.4

«Sería más fácil estar enojada con él». Susurra la vocecilla cruel de mi cabeza
y sé que tiene razón: sería más sencillo sentirme molesta y no decepcionada.
Sería más fácil odiarle de verdad y no tener que fingir que todas estas
omisiones, silencios y distancias, no me lastiman como lo hacen. Todo sería
más sencillo, si pudiese odiarle.

3."Confrontación"
Para cuando Niara y Dinorah me ayudan a subir a mi habitación una vez más,
Axel ya está consciente y no le corre sangre por el rostro. Aún luce pálido y
débil, pero por lo menos ya no tiene ese aspecto alarmante de hace unos
minutos y, en el instante en el que pongo un pie dentro de la estancia, se
levanta de la cama y se encamina hacia mí para envolverme en un abrazo
fuerte y cálido.394

El alivio que me provoca su gesto —y su presencia en este lugar, luego de


haber desparecido durante el mismo tiempo que Mikhail— me reconforta. Me
hace sentir tranquila de una u otra manera.12

—¿Dónde demonios estabas? —susurro contra su oído y él me levanta del


suelo unos segundos antes de apartarse para mirarme; como si estuviese
asegurándose de que me encuentro bien.91

—Tenía que irme —dice, al tiempo que sacude la cabeza y frunce el ceño con
preocupación—. El Supremo estaba llamándonos a todos por medio de la
energía que nos ata al Inframundo. Tenía que ir o iban a venir a buscarme —
hace una pausa para dar un paso hacia atrás y echarme otro vistazo—. Creí
que estarías muerta. Luego de todo lo que dijo Ashrail, de verdad pensé que
morirías.150

—Yo también —asiento en acuerdo con él y cierro mis ojos solo porque la
seguridad de tenerlo aquí me embriaga.1

—Tienes más vidas que un gato, eso te lo puedo asegurar —dice y una
pequeña risa se me escapa.264
En estos momentos, ni siquiera me importa que mi habitación esté llena de
gente. No me importa que haya dos brujas, dos ángeles y una criatura a medio
camino entre la luz y la oscuridad observando nuestra interacción.97

—¿Por qué no volviste antes? —pregunto y sueno como una madre


preocupada.3

—Porque no quería atraer a ningún demonio a este lugar. Todo el mundo en el


Reino del Supremo sabe de mi amistad con Mikhail. Han estado vigilándome.
Sabía que, de haber muerto, el mundo humano se habría ido a la mierda; pero
no podía intentar volver y arriesgarte de esa manera. ¿Sabes lo que te harían
si te encontraran? ¿Sabes lo peligroso que sería que lo hicieran?135

Mi ceño se frunce en un gesto preocupado.

—¿Cómo hiciste para venir acá sin que te siguieran entonces? —inquiero, y la
ansiedad se apodera de mi pecho.26

—Perdí a los soldados que me seguían en una intersección de líneas


energéticas. Pude escabullirme y ocultarme entre el desastre que Amon
provocó hasta que estuve seguro de que no estaban siguiéndome —niega con
la cabeza—. Bess, necesitas irte de aquí. Necesitas alejarte de este lugar. Es
peligroso. Hay una grieta enorme aquí cerca. Si alguno de los Príncipes se da
cuenta, van a venir a invadir esta parte del mundo también.86

El miedo —ese que había estado manteniendo a raya durante todo este
tiempo— se hace presente y me escuece las entrañas.

—Aquí la mantendremos a salvo —Rael interviene en la conversación y la


vista del íncubo se posa en el ángel—. Agradecemos tu preocupación, pero lo
tenemos todo controlado.181
—¿Tienes una idea de cuántos demonios conforman solo las legiones que
dejó Amon? —Axel espeta con brusquedad en dirección a Rael—. Miles.
¿Sabes cuántas criaturas oscuras están decididas a encontrar un hueco en el
equilibro para escapar del Averno? Cientos de miles. Están planeando el
Pandemónium, ¿sabías eso? Están planeando la aniquilación de la humanidad
como la conocemos. Han encontrado la forma de derrotar a los de tu clase, y
no se van a detener hasta conseguir su objetivo. Hasta sumir la tierra en
tinieblas. Hasta provocar el Apocalipsis y el Pandemónium, y acabar con todas
las criaturas vivas en este planeta.

—Si lo que tratas de hacer es amedrentarnos, no vas a conseguirlo —el ángel


que subió a Axel por las escaleras interviene y toma todo de mí no gritarle que
no se meta donde no le llaman.55

—¿Qué es el Pandemónium? —pregunto, para tratar de redirigir la


conversación al punto inicial.159

—Una reunión de demonios —Mikhail interviene por primera vez. Lleva los
brazos cruzados sobre el pecho y la expresión ensombrecida por un
sentimiento que no me es familiar. No del todo—. El caos. La devastación
materializada en un ejército demoníaco. La reunión de todas aquellas
criaturas que habitan el Averno.232

Axel asiente con severidad y un escalofrío de puro terror me recorre la


espina.1

—¡Esto es ridículo! —el ángel intruso insiste—. No están creyendo lo que esta
escoria dice, ¿no es así? —niega con la cabeza—. ¡Es imposible que se logre
el Pandemónium sin que nosotros podamos hacer algo al respecto! Los
demonios son criaturas débiles que solo pueden alimentarse del poder de su
insignificante reino. Jamás lograrán su cometido.147
—Eso si no consiguen adueñarse de la tierra. Dominarla —Mikhail suena
sereno, pero su gesto es una máscara de contención. Piedra tallada sobre su
rostro para no dejar pasar ni una sola de sus emociones reales.4

—¿Y cómo se supone que harán eso? —el ángel bufa, y mi vista se clava en
Mikhail de inmediato porque sé a qué se refiere. Porque sé que los demonios
realmente pueden adueñarse del mundo como lo conocemos. Ya están
haciéndolo. Ya están derrotando a los ángeles al poseer los cuerpos humanos
que han empezado a habitar.2

—Tenemos que cerrar esas grietas —digo, en su dirección y me mira como si


hubiese perdido la cabeza.7

—Lo sé —dice, pese a que sé que no le gusta para nada que me incluya
dentro del grupo de personas que tiene que hacer algo para solucionar todo
esto—. Estamos buscando la forma de cerrarlas. Eso te lo aseguro.88

—Quizás podamos encontrar algo de información al respecto en alguno de los


Grimorios de la abuela de Daialee o...

—Bess —Mikhail me interrumpe—, sé que quieres ayudar. Lo sé..., pero no


puedo dejar que te involucres más en todo esto. No es una lucha que te
corresponda.234

Niego con la cabeza, sintiéndome más frustrada que nunca.1

—Por supuesto que me corresponde. Nos corresponde a todos. A cada


maldito ser existente que pueda hacer algo al respecto —refuto—. La vida de
todo el mundo está en juego. La de Niara, la de Dinorah, la de cada uno de los
demonios, la de cada ser humano, la tuya, la mía... Esta no es una batalla que
ustedes, los ángeles, deban lidiar solos. No si podemos hacer algo. No si hay
algo, por mínimo que sea, que nosotras podamos hacer para ayudarles.155
—Bess, tienes que entender que ya no eres la criatura que eras hace unas
semanas —la voz del semi-demonio suena ronca y profunda—. Sin mi parte
angelical, puedes hacerte daño. Puedes terminar lastimándote o lastimando a
otros. Lo entiendes, ¿no es así?149

Mi mirada se desvía porque sé que tiene razón. Porque sé que no puedo


pretender que soy la misma chica que era capaz de utilizar el poder
destructivo de los Estigmas sin resentir del todo el daño que estos hacen en
mi cuerpo, pero de todos modos me siento como una completa inútil cuando
me lo recuerda. Cuando lo trae a colación.5

—Sé que quieres ayudar y lo agradezco. Todos aquí lo hacemos —dice con
una paciencia que me resulta insultante—, pero no puedo permitir que te
arriesgues de esa manera. Que arriesgues a todo el mundo de esa manera.
Porque, lo sabes, ¿verdad? Sabes que si algo te ocurre..., si mueres..., todo
esto se complicará de manera exponencial.219

Cierro los ojos con fuerza y tomo una inspiración profunda.

No quiero sentirme como un objeto, como una cosa utilizable y desechable,


pero así lo hago. Así me hace sentir Mikhail con lo que está diciendo. Al final
del día, él no se preocupa por mí. A él no le interesa mi bienestar. Le interesan
las consecuencias que mi muerte podría traer y eso me hiere. Abre un poco
más la yaga que nació en aquella azotea en Los Ángeles.304

—¿Entonces se supone que debemos quedarnos de brazos cruzados? —es


Niara quien interviene ahora—. ¿Cuánto faltará para que los demonios lleguen
aquí, Mikhail? ¿Para que nos ataquen o encuentren a Bess y la asesinen? —la
bruja niega con la cabeza—. No puedes mantenernos al margen de todo. Es
imposible y lo sabes.4

—La bruja aquí tiene un punto —Axel interviene.125


—¿Y cómo se supone que van a ayudarnos? —Mikhail refuta, con el ceño
fruncido—. ¿Qué se supone que van a hacer para mejorar la situación? ¿Qué
les hace pensar que van a poder pelear una batalla como esta, si ni siquiera
han sido preparadas para ella? El propósito de nuestra existencia, como
soldados que siempre hemos sido, es enfrentarnos a esto. Y, no quiero ser
desalentador, pero ninguna de ustedes, por muy poderosas que sean, será
capaz de enfrentarse a un ejército de demonios cuando se llegue el momento
de hacerlo.123

—Entonces, si nos encuentran estamos muertas, ¿no es así? —Dinorah


interviene—. ¿Por qué no hacer que valga? Si vamos a quedarnos aquí,
esperando un milagro divino, vamos a morir esperando. Y, quizás tienes razón,
Miguel —el lazo que me une a Mikhail se tensa en el instante en el que
Dinorah pronuncia su verdadero nombre y, de pronto, me siento abrumada por
las emociones que experimento a través de él—. Quizás no seremos capaces
de pelear en una guerra como la que se ha desatado, pero sí podemos ayudar
con las grietas. Investigar sobre ellas. Encontrar el modo de, si bien no
cerrarlas, contener todo lo que se encuentre del otro lado justo allá: en el otro
lado.195

Mi mirada viaja hacia la bruja y el agradecimiento me llena el cuerpo cuando


me dedica una mirada apacible y tranquilizadora. Está haciendo esto por mí.
Está haciendo esto porque sabe que no voy a poder vivir conmigo misma si no
intentamos hacer algo.12

Mikhail, por su parte, está negando con la cabeza, pero es el turno de Rael de
intervenir:

—Quizás no sea una mala idea, Mikhail —dice, con tacto y el demonio —
arcángel— posa su atención en el ángel.4
—¿Perdiste la cabeza? —escupe, con incredulidad.75

—Piénsalo —Rael insiste—. No hay manera alguna de poder ocuparse de todo


al mismo tiempo. Tú tienes que estar allá, en el frente de batalla y,
ciertamente, Gabrielle no va a poder sola con la carga de intentar entablar
comunicación con el Reino y hacerse cargo de las grietas. Un poco de ayuda
no nos vendría nada mal.47

—¿Y si no consiguen nada? —el ángel que subió a Axel hasta la habitación
interviene.165

Rael se encoge de hombros.

—Entonces nada se habrá perdido.77

Mikhail no luce muy convencido, pero no externa su sentir. Lo único que hace,
es dejar escapar un largo suspiro antes de encaminarse a la salida de la
estancia sin decir ni una sola palabra más.19

—Supongo que esa es una autorización para ponernos a trabajar —dice Niara,
cuando desaparece por el umbral de manera abrupta.

—¿Qué demonios le sucede? —masculla Axel, con el ceño fruncido—. Él no


era así.247

—Está preocupado —Rael justifica—. Está tratando de hacerse cargo de todo,


pero la realidad es que la situación lo sobrepasa. Nos sobrepasa a todos.49

—Quizás habría sido mejor retirarme con el resto cuando tuve la oportunidad
—masculla el ángel que subió a Axel y la vista de Rael se posa en él.101

—Si quieres marcharte, Sariel, estás muy a tiempo de hacerlo —escupe y el


subordinado quejumbroso se encoge ligeramente—. No necesitamos a gente
que no está dispuesta a hacer su trabajo. Si tanto te molesta estar aquí, eres
libre de irte a la hora que te plazca.264

El ángel no protesta. Se limita a fruncir el ceño en un gesto indignado.24

Cuando Rael se da cuenta de que las quejas de Sariel han terminado, deja
escapar un suspiro cansino.6

—Será mejor que yo también me vaya —dice—. Tengo un semi-demonio al


que convencer de que dejarlas ayudar es lo mejor que podemos hacer en
estos momentos.87

—Gracias —musito, mientras lo veo encaminarse hacia la puerta y la única


respuesta que tengo de su parte, es un guiño.312

Sariel lo sigue de cerca y cuando desaparecen por la puerta, mi vista se posa


en Niara y Dinorah, quienes lucen horrorizadas y entusiasmadas. Ambas
cosas a la vez.5

—Será mejor que vaya por los Grimorios al ático —dice Niara, con la voz
temblorosa de la ansiedad.3

—Yo iré a informarle a Zianya sobre lo que haremos —Dinorah dice y ambas
se ponen manos a la obra.

Mi atención se posa en Axel, quien mira hacia la salida con aprehensión.

—¿Qué pasa? —pregunto cuando me percato del gesto triste que lleva
grabado en el rostro.

—Luce tan diferente. Tan distante... —murmura y sé que habla de Mikhail.262

Yo asiento en respuesta.

—Lo sé —mi voz suena más ronca que de costumbre.


—Ahora menos que nunca puedo entender esa obsesión que tenía con volver
a ser el arcángel que era —suelta, en un susurro pesaroso—. Luce
tan miserable... —niega con la cabeza, para espabilar—. Como sea... Lo mejor
es no pensar en eso y ponernos manos a la obra.195

Entonces, envuelve un brazo alrededor de la cintura y me empuja hasta que


empiezo a avanzar en dirección a la cama.236

~*~53

Pasamos el resto del día investigando sobre Líneas Ley, energía telúrica y
cruces energéticos y, para cuando cae la noche, he aprendido cosas que, si
bien no resuelven el problema de las grietas, podrían o no ser de mucha ayuda
más delante.51

Según lo que he podido leer en algunos de los Grimorios que Niara trajo, la
energía que corre por debajo de la tierra no es necesariamente positiva.
Tampoco es negativa. Simplemente es eso: energía. El poder del planeta. La
fuerza que la mueve y circunda todo el globo terráqueo. No hay cosa alguna
como un cruce de energía oscura. Es, simplemente, energía que fue utilizada
para algún plan con fines oscuros y que fue corrompida por ellos.78

No hay nada acerca de estas líneas rompiéndose por algún motivo, aunque sí
hay información acerca de líneas dormidas. Líneas por las cuales no transita
tanto poder como en otras y que pueden ser activadas con los rituales
correctos.7

Así pues, Niara, Dinorah, Zianya, Axel y yo no hemos dejado de indagar en los
textos antiguos que poseen las brujas, sin obtener el éxito deseado, pero
llenándonos de información potencialmente útil.48

Para el momento en el que la puerta es llamada una vez más muy entrada la
noche, estoy agotada y mi cabeza palpita con incomodidad. Me siento
agobiada de tanta información y, al mismo tiempo, con ganas de no parar
hasta encontrar algo que realmente pueda ser de ayuda.9

—Adelante —digo, mientras aparto la vista del Grimorio que descansa en mi


regazo.1

El material de la entrada de mi habitación cruje cuando se abre por las


bisagras y, de pronto, frente a mí, aparece la imponente figura de Mikhail. Su
extraña energía llena cada rincón de la estancia en el instante en el que pone
un pie dentro y otra clase de agobio se asienta en mis venas.66

Aún viste la armadura y todavía lleva la espada en la espalda. De hecho, ahora


que lo pienso, no creo haberle visto sin ninguna de las dos cosas. Es como si
estuviese preparado para luchar en cualquier momento. Como si no estuviese
permitiéndose bajar la guardia, ni siquiera aquí, en este lugar que alguna vez
lo vio vulnerable, moribundo y algo más.258

El calor de los momentos que compartimos aquí, en la cama en la que me


encuentro, hace que todo mi ser se turbe y se estremezca con una sensación
poderosa, y le ruego al cielo que no sea capaz de sentirla a través del lazo que
nos une.253

Su vista barre por todo el lugar y se detiene un momento en las pilas de libros
antiguos que adornan el suelo de la recamara. Una emoción indescifrable se
filtra en su mirada, pero desaparece tan pronto como llega.18

—Estamos a punto de marcharnos —anuncia, cuando sus ojos se clavan en


mí, y un hueco de desazón se asienta en mi estómago.16

—¿Todos ustedes? —Niara pregunta y suena nerviosa y preocupada.131

Mikhail niega.
—Solo Jasiel y yo —dice—. Rael y el resto de los ángeles encargados de
custodiar este lugar se quedan.47

El alivio que inunda el rostro de la chica es tan grande, que casi sonrío. A
pesar de que sabe que si los demonios nos encuentran estamos algo así como
muertas, sigue sintiéndose segura con la presencia de estos seres a nuestro
alrededor. Aunque me cueste admitirlo, yo también lo hago. También me
siento segura con todos esos ángeles malhumorados rondando la finca en la
que vivimos.16

—Eso tiene más sentido —masculla Niara, antes de cerrar el Grimorio que
sostiene entre los dedos—. Supongo que quieres hablar a solas con Bess, ¿no
es así?81

Para este punto, Dinorah y Zianya ya se han puesto de pie del escritorio en el
que se encontraban. Axel, sin embargo, no parece tener plan alguno de
marcharse.199

Mikhail asiente, dubitativo.

—Me gustaría hacerlo, si no es inconveniente para ustedes —dice, al tiempo


que me mira de soslayo. Yo desvío la mirada solo para que no sea capaz de
notar cómo, inevitablemente, un rubor se extiende por mi cuello y me calienta
las mejillas.140

Niara se pone de pie en ese momento y se encamina hacia la salida junto con
Zianya y Dinorah. Axel sigue tirado sobre la cama con la vista clavada en un
libro que parece que va a desbaratarse de tan viejo que está.65

—Axel —Niara le llama con las cejas alzadas en un gesto inquisitivo y


acusador—, ¿nos vamos?5
—En realidad prefiero quedarme —dice el demonio y Mikhail dispara una
mirada irritada y divertida en su dirección.410

—Por favor... —Mikhail pronuncia, al tiempo que reprime una sonrisa y Axel
rueda los ojos al cielo.59

—¡Está bien! ¡Está bien! —exclama, alzando las manos mientras rueda los
ojos al cielo—. ¡Lo admito! ¡Perdí contra la humana!525

Acto seguido, se pone de pie y se echa a andar hacia la salida, donde Niara lo
espera para cerrar la puerta detrás de ellos cuando se marchan.1

Muy a mi pesar, una sonrisa tira de las comisuras de mi boca.

—Bess, respecto a lo que me preguntaste más temprano —dice Mikhail, al


cabo de unos instantes, sin ceremonia alguna—, sobre los Sellos, quiero
decir... —mi atención se posa en él en ese momento y todo vestigio de humor
se disuelve de inmediato—. Están en lugares seguros.30

—¿Están en lugares seguros o están prisioneros en algún lado? —inquiero. No


quiero sonar acusadora y dura, pero de todos modos lo hago.

Mikhail sacude la cabeza, en una negativa incrédula y herida.

—¿Qué clase de monstruo crees que soy? —su voz es un reproche ronco y
bajo, y me arrepiento de haber dicho todo lo anterior. Me arrepiento de haber
insinuado que era capaz de tenerlos como prisioneros, porque ni siquiera
siendo un demonio completo lo hizo conmigo. Porque ni siquiera cuando me
mantuvo en aquella cabaña en las montañas fue capaz de tratarme como si
fuese del todo una prisionera.182

Desvío la mirada.
—Bess, no soy tu enemigo —dice él, al cabo de otro silencio—. Yo sé que no
confías en mí. No te culpo por no hacerlo. Si yo estuviera en tu lugar, tampoco
creería una sola palabra de lo que digo; pero de todos modos quiero que te
metas en la cabeza que no soy el monstruo que crees que soy.140

Aprieto los párpados con fuerza.

—¿Dónde están? ¿Por qué no los traes aquí, donde es seguro? —pregunto,
con un hilo de voz.44

—Porque tenerlos a todos en un mismo lugar sería como entregarlos en


bandeja de plata. Sería como poner un maldito foco iluminado sobre sus
cabezas. La energía de los ángeles que rodea esta casa y el caos energético
que rodea Bailey apenas son capaces de camuflar el poder que emanan tus
Estigmas y tu posición como Sello. Imagina lo que pasaría si traigo a los tres
restantes —hace una pequeña pausa—. Es muy peligroso tenerlos a todos
juntos.48

—¿Quién está protegiéndolos a ellos? —mi atención se posa en él.

—Gabrielle y otro grupo de ángeles —Mikhail responde.101

—¿Están los tres juntos? ¿Por qué ellos sí pueden estar unidos? ¿Por qué soy
la única que es excluida? —mi voz sigue sonando a reproche, aunque ahora
no tengo la intención de reprochar nada.75

—Bess, ellos no quieren estar separados. Pasaron mucho tiempo encerrados


en un calabozo gracias a Rafael —dice y un destello de enojo se filtra en su
tono, como si realmente le indignara estar contándome esto—. El mismo
tiempo, o incluso más, que yo pasé en las fosas y que tú pasaste aquí,
escondida con las brujas luego de todo lo que pasó con Rafael, lo pasaron
ellos encerrados en un calabozo custodiado por ángeles. No conocen otra
cosa más que su propia compañía. Es por eso que no quieren ser
separados.134

La ira que me embarga cuando termina de pronunciar aquello, hace que me


crujan los huesos. No deja de hacerme ruido en la parte posterior de la
cabeza.1

—¿Qué?... —suelto, casi sin aliento y Mikhail asiente.20

—Yo tampoco podía creerlo cuando me enteré —dice y suena como si


estuviese tratando de controlar la ira en su tono—. Ahora que he ordenado
que los liberen, están en un lugar seguro; pero los niños no pueden estar
separados ni un segundo. Enloquecen si intentamos, siquiera, alejarlos un
poco. No hacen nada los unos sin los otros y...419

—¿Niños? —lo interrumpo y Mikhail enmudece por completo. El


arrepentimiento tiñe sus facciones, como si apenas se hubiese percatado de
lo que me ha dicho. Como si su intención nunca hubiera sido revelarme que el
resto de los Sellos son, en realidad, niños.123

No dice nada. Se queda callado, mirándome a los ojos.

—¿Son niños? —mi voz tiembla ligeramente, horrorizada con la nueva


información.1

Mikhail me regala un asentimiento duro.

—¿Cuántos años tienen?

—La más pequeña tiene seis.600

Incredulidad, horror y coraje se mezclan en mi interior y, de pronto, no puedo


pensar con claridad. No puedo hacer otra cosa más que atragantarme con la
serie de maldiciones que han empezado a construirse en mi garganta.
Las manos me tiemblan de manera incontrolable, así que debo cerrar los
puños para aminorar un poco las sacudidas involuntarias.

Niego con la cabeza, sintiéndome asqueada y aterrada.

—Mikhail, son niños. ¡Por el amor de Dios, son niños! —digo, sin poder
detener el tono indignado y enfurecido que me tiñe la voz—. ¿Cómo diablos es
que los tenían como prisioneros? ¿Cómo demonios los dejas ahí, a merced de
unas criaturas que, si bien no están en su contra, tampoco son capaces de
sentir un ápice de empatía por los de mi especie?44

—Están siendo alimentados y cuidados las veinticuatro horas del día, Bess,
puedo asegurarte que...

—Ser alimentado y tener un techo sobre tu cabeza no borra el hecho de que


están a merced de las criaturas que los encerraron en un maldito calabozo
durante más de cuatro años —lo interrumpo y, cada palabra que sale de mi
boca suena más enojada que la anterior—. ¡Cuatro años, Mikhail! ¿Cómo
demonios Gabrielle no hizo nada antes? ¿Por qué diablos no los dejaron ir
cuando Rafael fue arrastrado contigo al Inframundo? ¿Dónde están las
familias de esos niños? ¿Cómo se supone que los arrancaron de sus padres?
—para ese momento, estoy temblando debido a la ira que trato de mantener a
raya—. Si lo que dices es cierto y la más pequeña tiene seis años, eso quiere
decir que ella tenía dos años, si no es que menos, cuando la encerraron en un
maldito calabozo. ¿Qué clase de monstruo hace eso? ¿Qué clase
de monstruos son todos ustedes?203

—Bess...

—Tienes que traerlos aquí —suelto, tajante y determinada.242

—No puedo hacer eso. Ya te lo expliqué.


—¿Sabes qué es lo que no puedes hacer, Mikhail? —la quemazón en mi
pecho provocada por la decepción y el enojo que siento es tan grande, que
podría gritar en cualquier momento—. No puedes tener a tres niños
encerrados con un montón de ángeles. Sus pesadillas deben estar hechas de
esas criaturas y tú los tienes ahí, rodeados de ellos. Deben estar
aterrorizados. Deben estar traumatizados con lo que tu gente les hizo. Tienes
qué dejarlos ir. Tienes que traerlos con gente como ellos, para que así dejen
de temer. Para que así dejen de sentirse torturados por ustedes.105

—Bess, si los traigo a este lugar, es muy probable que el Supremo y los
Príncipes vengan a buscarlos. Tanto a ti, como a ellos —Mikhail suena
frustrado e irritado—. No puedo exponerlos de esa manera.14

—Tampoco puedes mantenerlos del modo en el que lo haces —suelto, con la


voz enronquecida por las emociones—, por muy bien que los estén
cuidando.64

Mikhail cierra los ojos con fuerza y toma una inspiración profunda.45

—No hagas esto más difícil de lo que ya es, Bess. Por favor —dice, en voz
baja y torturada—. Sé que no puedo pedirte que confíes en mí y en mi buen
juicio, pero sí puedo asegurarte que todo lo que hago, lo hago pensando en tu
bienestar. En el bienestar de esos niños.204

Se hace el silencio.2

No puedo creer lo que está pasando. No puedo creer que no sea capaz de ver
que lo que está haciendo no está bien. Que la vida de esas criaturas no se
resume a lo que representan en la guerra que está llevándose a cabo. Al final
del día, no dejan de ser niños. No dejan de ser seres humanos que piensan y
sienten. Que no merecen nada lo que les está ocurriendo.149
Sé que él tampoco tiene la culpa de todo esto. Que él, así como yo, no se
enteró de nada hasta que tomó el mando de la Legión; sin embargo, no puedo
dejar de pensar que él tendría que ser mejor que esto. Que él tendría que
saber que tener a tres niños lejos de sus padres, es un acto horrible.96

A pesar de eso, me obligo a no sentirme furibunda con él. A no recalar mi


frustración con lo que Mikhail está haciendo; es por eso que, luego de tomar
un par de inspiraciones largas y profundas, trato de relajarme. Trato de poner
todos mis pensamientos en orden, para así no desquitar mi coraje con el ser
que tengo frente a mí y que, por ahora, lo único que ha hecho desde que
recuperó su parte angelical, es mantenerme a salvo.

—Mikhail —digo, al cabo de unos instantes, con voz suave y acompasada; a


pesar de lo mucho que me cuesta estar tranquila en estos momentos—. Si
realmente piensas en el bienestar de esos niños, por favor, tráelos aquí.580

Mi petición pone un gesto doloroso en su rostro; como si tratase de luchar


contra el impulso de darme todo lo que le pido. Como si una parte de él
estuviese susurrándole que me diera absolutamente todo lo que quiero.78

Desecho el pensamiento tan pronto como llega porque es absurdo. Porque es


tonto de mi parte pensar que él está dispuesto a hacer algo por mí, solo
porque yo se lo pido. En su lugar, lo remplazo con todo aquello que pasó hace
unas semanas. Lo remplazo con el engaño y la traición, porque lo prefiero a
guardar ilusiones. A seguir lastimándome a mí misma con todo esto.62

—Lo siento, Bess —dice y la tortura en su expresión hace que me duela el


pecho—, pero no puedo hacerlo.266

El escozor que me inunda el pecho es tan intenso, que no puedo


concentrarme en nada más. Que no puedo hacer otra cosa más que apretar
los dientes para aminorar el desasosiego que no me deja tranquila.2
—Está bien —digo, con la voz entrecortada por las emociones y la expresión
de Mikhail me rompe un poco más.83

—Lo siento mucho, Cielo —el absurdo apodo con el que me llamó durante
tanto tiempo hace que mis ojos se llenen de lágrimas, pero lucho para
lanzarlas lejos. Lucho para no derramar ni una sola de ellas—. De verdad, no
tienes idea de cuánto lo lamento.

4. "Líneas Ley"
Mikhail se fue la noche que dijo que lo haría. Luego de la conversación que
tuvimos en mi habitación, se marchó. No hubo ninguna clase de despedida, ni
promesa alguna de volver. No hubo nada más que una partida silenciosa sin
ceremonias que, inevitablemente, me dejó con un nudo de incertidumbre en el
pecho.184

Han pasado varios días desde entonces y, a pesar de eso, solo el pensar en
eso me provoca un extraño malestar. Un dolor en el pecho imposible de hacer
de lado.15

Así pues, he pasado todo este tiempo tratando de distraerme leyendo y


releyendo los Grimorios de las brujas; tratando de averiguar lo más posible
respecto a las líneas energéticas que circundan la tierra y los puntos más
poderosos de estas.1

He aprendido muchas cosas respecto al tema. Por ejemplo, que se les han
conocido por muchos nombres, pero que el más popular, es el de Líneas Ley.
Según lo que he leído, es una red inmensa de energía que circunda la tierra en
toda clase de direcciones. Leí, también, que en los cruces más importantes de
dichas Líneas, hay monumentos antiguos y megalitos donde se cree que las
antiguas civilizaciones realizaban rituales espirituales. Es un hecho que estos
puntos están cargados de energía y por eso se considera que las edificaciones
en esos lugares son sagradas o poderosas a nivel energético; es por eso que
la idea de saber que en estos lugares se practicaban rituales, no es para nada
descabellada.106

—Encontré algo que quizás puede servirnos —la voz de Niara me hace alzar la
vista del Grimorio que tengo frente a mí, justo a tiempo para verla abrirse
paso hasta donde me encuentro.

—Aquí —dice, mientras señala un párrafo en específico, que se encuentra en


un idioma que no entiendo.146

No he tenido problema para leer la mayoría de los libros antiguos que las
brujas guardan; pero hay unos —los más viejos— que son imposibles de
descifrar para mí, ya que están escritos en lenguas muertas de las que no
tengo conocimiento alguno.

—No sé leer latín —mascullo y Niara me mira avergonzada.178

—Lo siento —dice, antes de aclararse la garganta y explicar—: Básicamente,


dice que existen o existieron, todavía no me queda claro, una especie de
sacerdotes o brujos celtas a los que se les denominaba Druidas. Los Druidas,
según este texto, eran capaces de detectar las Líneas Ley y los cruces
energéticos de las mismas. Dice, también, que eran capaces de utilizar la
energía de las Líneas, es decir: el poder de la tierra misma, a su favor.480

—Pero Mikhail dice que ni siquiera ellos, los ángeles, pueden acercarse a las
grietas abiertas, ¿cómo es que ellos sí podían hacerlo?

Niara sacude la cabeza en una negativa.

—No lo sé —admite—. Pero aquí dice que la magia que utilizaban los Druidas,
es magia prohibida. Magia manchada de sangre inocente.116
—¿A qué te refieres con magia prohibida?

—Los Druidas hacían sacrificios humanos en los cruces de las Líneas Ley,
para así tener el permiso de la tierra para utilizar su poder.167

La carne se me pone de gallina tan pronto termina de hablar, pero me las


arreglo para empujar el malestar lo más lejos posible.+

—¿Y de verdad les funcionaban? —pregunto, sin poder evitarlo—. Los


rituales, quiero decir.10

Ella se encoge de hombros.

—Supongo que sí —dice—. Si está en un Grimorio, es porque es real.5

Es mi turno de negar con la cabeza.

—Es que no tiene sentido —digo, al tiempo que frunzo el ceño en un gesto
contrariado—. ¿Cómo es que un ángel o un demonio no pueden acercarse a
las Líneas, pero una persona con habilidades extrasensoriales sí?3

—Eso es porque el equilibrio no estaba roto cuando los Druidas


experimentaban en las Líneas Ley —la voz de Dinorah nos hace posar nuestra
atención en la puerta de la recámara.

Lleva entre las manos una bandeja con emparedados y jugos embotellados.65

—¿A qué te refieres con que el equilibrio no estaba roto? —Niara pregunta,
mientras se acerca para ayudarle con lo que carga. Acto seguido, se sienta al
filo de la cama y me ofrece un sándwich y un jugo.4

—A que los Druidas nunca se enfrentaron a Líneas rotas o puntos de unión


destrozados —Dinorah explica—. Ellos realizaban sus rituales en cruces en
perfecto estado. Es por eso que podían hacer uso de la energía que corre por
ellas. Ahora, sin embargo, dudo mucho que sean capaces de utilizarlas.17
—¿Y crees que un Druida sea capaz de intentar hacer algo para reparar los
cruces rotos? —inquiero, sintiéndome ligeramente esperanzada con la
posibilidad.6

Una sonrisa triste se dibuja en los labios de Dinorah.

—Bess, los Druidas ya no existen —dice, con aire amargo y triste—. Y si


existe alguno en alguna parte del mundo, dudo mucho que se atreva a
proclamarse como tal. Los Druidas le hicieron mucho daño al equilibrio
energético. Crearon aberraciones y trajeron al mundo criaturas que nunca
debieron abandonar el Inframundo. Es por eso que han sido satanizados por
todos aquellos que tenemos la habilidad de experimentar con energía
espiritual. Los Druidas son la escoria de nuestra clase y, luego de que los
Guardianes nacieron, su existencia se redujo a intentar huir de ellos.234

—¿Los Guardianes? —mi ceño se frunce ligeramente, confundida.48

—Los Guardianes nacieron de una relación entre un ser humano común y


corriente y un Druida. Estos mestizos nacieron con la habilidad de detectar las
Líneas Ley. Al nacer, estas personas fueron enseñadas por los Druidas a
seguir sus pasos; pero, al darse cuenta de la oscuridad de la magia que
utilizaban, algunos decidieron oponerse. A ir en contra de las enseñanzas
Druidas —Dinorah hace una pequeña pausa—. Estos mestizos empezaron a
intentar impedir que los sacrificios continuaran y lograron encontrar la forma
de comunicarse con la energía de las Líneas; quienes les permitieron utilizar
su poder para detener a los Druidas, siempre y cuando los mestizos les
juraran protección. A partir de entonces, a esos mestizos se les conoce como
Guardianes; porque salvaguardan las Líneas Ley y cuidan el equilibrio de
estas. Eso implica, por supuesto, acabar con todo Druida que aparezca en la
tierra, ya que amenazan el equilibrio que los Guardianes han impuesto.94
—Quiere decir, entonces, que, si hay Druidas en el mundo, están escondidos
porque su existencia está siendo amenazada por los Guardianes —dice
Niara.11

Dinorah asiente.

—¿Y qué hay de los Guardianes? ¿Ellos no podrían ayudarnos a intentar


cerrar las grietas? —pregunto, sintiéndome ansiosa.

—Los Guardianes solo pueden utilizar la energía de las Líneas cuando estas
se los permiten; pero, a como está la situación, dudo mucho que ningún
Guardián pueda entablar contacto con la energía ancestral que corre por la
tierra a través de ellas.15

Un suspiro cargado de frustración se me escapa.2

—Eso quiere decir que de nada sirve tratar de buscar a uno —suelto, medio
irritada y medio derrotada.23

Dinorah se limita a mirarme con aprehensión.

—¿Cómo es que sabes tanto respecto a eso de los Druidas y los Guardianes?
—Niara pregunta, completamente fuera de tema, y la curiosidad nace en mí
también.

Dinorah sonríe ligeramente.

—Conocí a un Guardián hace muchos años —dice, con simpleza; pero algo en
la expresión cálida que esboza me dice que hay algo más que eso. Algo que,
parece, no quiere contarnos.325

—No puedo creer que estemos parados donde mismo luego de tanto
investigar —digo, para darle algo de tregua a la bruja. Ella parece notarlo, ya
que me dedica una mirada agradecida antes de tomar otro Grimorio de la alta
pila que nos falta por revisar.1

—Algo habremos de encontrar —dice ella, con paciencia—. Pongámonos


manos a la obra, que no estamos de vacaciones.2

Entonces, sin ceremonia alguna, abre el grueso libro y se pone a leer.

Yo, sintiéndome un poco desmoralizada por la falta de progreso, la imito y me


pongo a trabajar.

~*~68

Estoy rodeada de caos. El mundo a mi alrededor es un borrón inconexo,


extraño y sin sentido. Es una maraña de imágenes que pasan frente a mis ojos
a toda velocidad y, al mismo tiempo, se siente como si pasaran en cámara
lenta.138

Sé que algo horrible está ocurriendo. Me lo dice el agujero que tengo en el


estómago. Me lo dice la sensación de adrenalina y ansiedad que se han
instalado en mis huesos y se han arraigado en ellos con violencia.11

A pesar de eso, me siento extrañamente... tranquila.32

Alguien grita mi nombre en la lejanía, pero ni siquiera me molesto en buscar a


quienquiera que sea quien me llama. La voz familiar repite su grito una y otra
vez, pero yo no puedo hacer nada más que sentir cómo el viento me azota la
cara. Como una mano diminuta se envuelve en la mía y me la estruja hasta
que duele.240

Me acuclillo y poso mi atención en la figura diminuta que quiere romperme los


dedos. Entonces, unos preciosos ojos castaños me miran con aire aterrado.
No soy capaz de ver nada más que esos ojos, la piel morena que los rodea y el
cabello. Cabello oscuro que azota la cara de la pequeña persona que está
junto a mí.81

«Está bien...». Susurra una vocecilla familiar en mi cabeza; y yo lo repito en voz


alta:17

—Está bien.

«Todo va a estar bien».1

—Todo va a estar bien —pronuncio y la paz que traen esas palabras en mi


sistema, solo incrementa el terror que sé que mi acompañante siente.17

Me pongo de pie una vez más y poso mi atención en algún punto delante de
mí. Ese del que una luz cegadora proviene.

Gritos ansiosos y desesperados me piden que me detenga. Que no me mueva


de donde me encuentro, pero sé que esto es lo que tengo que hacer. Sé que
no hay otra manera.109

Mi atención viaja al lado contrario de la persona de ojos castaños, y me


encuentro con dos personas más. A estas no les puedo ver la cara, pero sé
que son dos chicos, y que son mucho más pequeños que yo. No les puedo
calcular más de trece años.224

Mi vista se posa al frente una vez más y cierro los ojos.

—Solo quiero que ellos estén bien —digo, en un susurro, para alguien que no
necesita que grite o que hable en voz alta.37

«Lo estarán». Me aseguran y, entonces, avanzo hacia la luz...291

Mis ojos se abren de golpe en el instante en el que el nudo de ansiedad que


me atenazaba el estómago estalla. El corazón me golpea con violencia contra
las costillas y mi respiración se atasca en mi garganta cuando, desorientada,
miro hacia todos lados para encontrarle algo de sentido a lo que acaba de
suceder.4

«Fue un sueño». Pienso, pero la ansiedad no se disipa ni un poco.74

Mis ojos se cierran con fuerza en ese momento y tomo un par de


inspiraciones profundas para relajar el latir desbocado de mi pulso, pero no es
hasta que me siento un poco más en control de mi cuerpo, que me apresuro a
acomodarme en una posición sentada sobre la cama en la que me encuentro.

La penumbra aún invade la habitación y eso hace que busque a tientas el reloj
despertador para mirar la hora.

Son las cinco de la mañana.100

Mis párpados se aprietan una vez más y dejo escapar el aire con lentitud para
aminorar el andar de mi corazón acelerado; sin embargo, la inquietud no se va
del todo. Al contrario, se afianza en mis huesos con toda su fuerza.1

—Fue solo un sueño, Bess —digo, en voz baja para mí misma, pero algo
dentro de mí no puede dejar de sentirse intranquilo e incierto.32

«¿Qué si acabas de tener otro sueño premonitorio, justo como el que tuviste
antes de que Mikhail regresara del Inframundo?». La insidiosa vocecilla de mi
cabeza me taladra el cerebro y quiero estrellar la cara contra la pared para
hacerla callar. Para hacer que se detenga.129

Lo cierto es que, desde que eso ocurrió, mis sueños me aterrorizan. No del
modo en el que lo hacen las pesadillas, pero lo hacen de cualquier forma.43

Dejo escapar un largo suspiro y, con cuidado, me pongo de pie para


encaminarme hacia la ventana de la habitación que da a la calle. Esa que me
da una vista parcial de las montañas lejanas que decoran la vista de Bailey.2
La noche se siente particularmente inestable. Como si ella pudiese percibir mi
inquietud. Como si también se sintiera temerosa del sueño que acabo de
tener.

A pesar de eso, no dejo de recordarme que no todos mis sueños han sido
premonitorios. Que, si bien debo estar cautelosa de ellos y ponerles la
atención adecuada, el hecho de soñar con algo, no garantiza que va a
ocurrir.34

Además, los últimos días han pasado sin novedad alguna. Eso debería ser una
buena señal, ¿no es así?...210

Luego de una semana de exhaustiva investigación sin obtener los resultados


deseados, nuestros ánimos mermaron al grado de que, ahora, solo de vez en
cuando nos sentamos a hojear los Grimorios antiguos que guardan las brujas
del aquelarre.

Nadie quiere decirlo en voz alta, pero la falta de respuestas ha hecho que
nuestro empuje inicial se diluya con el paso de los días. Yo misma me siento
desilusionada por la manera en la que se han dado las cosas. Aunque no
quiera admitirlo, todo se ha sentido inútil. Todas las horas y horas de
investigación se sienten como una pérdida de tiempo ahora que nos hemos
dado cuenta de que no hay nada de utilidad en los textos que elegimos.5

Así pues, he pasado la última semana y media de mi vida paseándome por


toda la casa, con la cara enterrada en un Grimorio que sé que no me va a dar
las respuestas que necesito, pero que igual me hace sentir menos inútil; y el
corazón hecho un nudo de impotencia y frustración.9

Mi estado de salud ha mejorado considerablemente, al grado de que ya puedo


deambular por la casa a mi antojo. Las heridas en mi espalda y muñecas aún
no cierran del todo, pero ya no duelen con cada uno de mis movimientos y eso
ya es ventaja. Ahora no paso el día encerrada en mi habitación. No paso el día
desvenándome los sesos pensando en Mikhail, la guerra y todo lo que ocurre
en el mundo exterior.57

La figura de uno de los ángeles que custodia la casa aparece en mi campo de


visión cuando espabilo un poco y regreso al aquí y al ahora. Está caminando
alrededor del perímetro, vestido como si fuese un adolescente cualquiera, y la
imagen me parece extraña por sobre todas las cosas.76

Sé que Rael les ordenó que lo hicieran de esa manera; que vigilaran los
alrededores vestidos como si fuesen seres humanos comunes y corrientes. A
pesar de que los vecinos de una manzana a la redonda se han marchado de
Bailey y estamos completamente solas en muchos metros a la redonda, no
quiere arriesgarse a causar pánico en la pequeña ciudad en la que vivimos. No
quiere tener a un puñado de humanos aterrorizados tratando de darles caza
solo porque no son capaces de entender lo que está pasando.2

Un suspiro largo y cansado se me escapa, pero me alejo de la ventana y me


encamino hacia la salida de la habitación.

No sé exactamente hacia dónde me dirijo, pero no me detengo. Cualquier


lugar es mejor que mi habitación. Hacer cualquier cosa es mejor que dar
vueltas en la cama para tratar de dormir.3

Al llegar a la planta baja, me echo a andar en dirección a la cocina y, a pesar


de que no tengo sed, me sirvo un vaso con agua y me lo bebo recargada en la
encimera.32

Cuando termino, dejo el vaso sobre el lavatrastos y me giro sobre mis talones.
En el instante en el que lo hago, un grito se construye en mi garganta.20
Un sonido ahogado y horrorizado se me escapa, pero no logra convertirse en
un grito, ya que una mano cálida se apresura a cubrirme la boca. Entonces, el
rostro de Niara aparece en mi campo de visión.134

El alivio me golpea en oleadas grandes en ese momento y quiero gritar. Quiero


echarme a reír. Quiero tomarla por los hombros y sacudirla por haberme
sacado la mierda de un susto.20

Ella retira su mano de mi boca y yo dejo escapar el aliento antes de, en voz
baja, susurrar:

—¡Casi me matas del susto!39

—Lo siento —ella susurra de vuelta. Apenas puedo verle la cara en la


penumbra de la cocina, pero casi puedo jurar que hay un destello ansioso en
su expresión—. Fui a buscarte a tu habitación, pero no estabas.

—¿Fuiste a buscarme? ¿A las cinco de la mañana? ¿Has dormido algo


siquiera?

Niega con la cabeza.

—He pasado la noche entera hablando con Axel respecto a las grietas. Le he
preguntado cómo es que los demonios pueden salir a través de ellas y por qué
los ángeles no pueden acercarse —habla con rapidez, como si alguien
estuviese apresurándole para que suelte toda la información.62

—¿Y? ¿Qué te ha dicho?

—Dice que pueden salir, pero que no pueden entrar por ellas. Si quieren
volver al Inframundo, un Príncipe o un demonio mayor tiene que abrir un
portal para que puedan regresar.35
—¿Y qué tiene eso de importante? —digo, sin entender el motivo de su
mirada emocionada.2

—¿Cómo que qué tiene de importante? —ella sisea, aún en un susurro—.


Bess, quiere decir que, del otro lado de las grietas, existe la posibilidad de
acercarse a ellas. Existe la posibilidad de intentar cerrarlas.179

El entendimiento cae sobre mí como balde de agua helada y, durante unos


instantes, me siento aturdida.

—Oh, mierda...11

Ella asiente, entusiasmada.

—Tenemos que entrar al Inframundo. Tenemos que abrir un portal que nos
permita entrar y ver si podemos manipular las Líneas desde allí.441

Es mi turno de negar con la cabeza.

—¿Cómo vamos a hacer para entrar al Inframundo? —sueno horrorizada y


entusiasmada en partes iguales.75

—Esa es la parte que aún no resuelvo —hace una mueca disgustada—, pero
algo se nos ha de ocurrir.68

~*~39

—Absolutamente no —Rael suelta, tajante, cuando termino de hablar.238

Han pasado apenas unas horas desde la conversación que tuvimos Niara y yo
en la cocina, pero se siente como si hubiese pasado una eternidad desde
entonces.

—¡¿Por qué no?! —chillo, medio indignada.94


—¡Porque no! —el ángel alza su voz y no me pasa desapercibido el tinte
horrorizado que lo invade—. Mikhail me dejó en este lugar para cuidarte. ¿Qué
te hace pensar que voy a permitir que vayas a explorar el bosque en busca de
una grieta energética? ¿Qué te hace pensar que voy a permitir que vayas a
intentar abrir un portal al jodido Inframundo para entrar en él? No sabes qué
vas a encontrarte del otro lado. Ni siquiera sabes si un ser de tu naturaleza es
capaz de visitar el Averno.89

—¡Pero...!11

—¡Pero nada, Bess! ¡Por el amor de Dios! ¿Es que no estás escuchándote? —
me interrumpe—. Sé que quieres ayudar, pero esta no es la manera.
Arriesgando tu vida no es la forma.45

—Rael, esta podría ser la única oportunidad que tendremos —digo, en un


susurro suplicante.19

—Y de todos modos no voy a permitir que lo hagas —niega con la cabeza—.


Tengo órdenes expresas de Mikhail de mantenerte aquí. A salvo. ¿Qué voy a
decirle si algo llega a ocurrirte? ¿Qué crees que va a decir si se entera de que,
por intentar pescar la luna las manos, llegas a lastimarte?78

—¿Y qué se supone que haga, entonces? —espeto—. ¿Quedarme de brazos


cruzados mientras el mundo se hace mierda?75

—Bess, no es tu obligación jugar a ser una heroína.47

—No estoy jugando a ser nada —protesto, pero Rael ni siquiera se inmuta. No
hace nada más que sacudir la cabeza en una negativa—. Lo único que yo
quiero es ayudar.52

—Lo sé —el ángel dice, con suavidad—. Todos lo sabemos, pero no podemos
permitir que intentes formar parte de una guerra que no te corresponde.41
—Rael, por favor.16

El ángel niega con la cabeza.

—Lo lamento, Bess, pero no puedo permitírtelo —dice—. No, sin la


autorización de Mikhail.73

—Mikhail no está aquí —escupo, con más amargura de la que espero.5

—Entonces tendrás que esperar a que lo esté para que se lo digas


directamente —dice, con determinación y una punzada de enojo me recorre el
cuerpo.62

Quiero gritar. Quiero espetarle que no necesito de la autorización de nadie


para hacer nada, pero no lo hago. Me quedo callada. Me muerdo la punta de
la lengua para no decir ni una sola palabra y, sin más, me echo a andar hacia
la planta alta.70

Niara está al pie de las escaleras esperando por mí, y sé, por su expresión,
que lo ha escuchado todo.1

—¿Vas a intentar convencer a Mikhail? —dice, cuando la paso de largo para


dirigirme a mi habitación.5

—No.41

Alcanza mi paso y mira hacia atrás para cerciorarse de que nadie nos sigue.

—¿Entonces?

—Vamos a ir —digo, en un susurro bajo—. Esta noche.674

—¿Qué?2

Clavo mis ojos en ella.


—No voy a esperar a que Mikhail se digne a venir para intentar hacer algo —
digo, determinada—. ¿Vienes o no?199

El gesto horrorizado de la bruja me llena de pánico, pero me las arreglo para


no expresárselo. Para no hacerle saber que estoy aterrorizada.

Ella asiente.23

—Iré a buscar a Axel. Él puede llevarnos hasta la grieta más cercana —dice y,
entonces, se echa a andar por el pasillo hasta llegar a la escalera que da al
ático.329

N/A: Toda la información dada respecto a las Líneas Ley y los Druidas es —si
así puede llamársele—, real. Pueden investigar respecto a los Druidas y su
relación con las líneas energéticas; sin embargo, debo aclarar que los
Guardianes y todo lo relacionado a ellos y su relación con los Druidas y las
Líneas Ley, es meramente ficticio. Aquellas que tienen mucho tiempo
leyéndome, saben que, hace muchos años, empecé a escribir una historia
llamada «Guardián» que trata exactamente de eso: de esta historia entre
estos mestizos que me inventé y los sacerdotes/brujos celtas.81

El universo de la trilogía de Demon y Guardián es el mismo, es por eso que los


Guardianes y los Druidas hicieron su pequeña aparición por aquí. Si tienen
curiosidad de leer esa historia de la que les hablo (Guardián) será mi próximo
proyecto de corte paranormal y empezaré a trabajar en él una vez que termine
Pandemonium.

5. "Ritual"
—Déjenme ver si entendí —Axel dice en un susurro bajo, mientras nos
alejamos a paso rápido de la casa en la que habitamos—. ¿Estamos haciendo
esto a escondidas de las cucarachas que brillan?498

El sonido de nuestras pisadas sobre la hierba crecida en los patios traseros de


los vecinos, es el único ruido que acompaña nuestra caminata silenciosa.

Mi vista barre la extensión del terreno con aire nervioso para asegurarme de
que nadie nos escucha —o nos sigue— y luego de eso asiento.

Las cejas del íncubo se disparan al cielo y noto como trata de ocultar una
sonrisa burlona a pesar de la oscuridad que nos rodea.17

—No sé por qué esto me fascina, pero lo hace —dice, al tiempo que hace
ademán de aplaudir de la emoción.212

Niara, quien luce como si pudiese vomitar en cualquier momento, lo mira con
cara de pocos amigos.7

—Esto no es un día de campo —dice, entre dientes—. No hay motivo alguno


para estar tan contento al respecto.26

El íncubo le dedica una mirada condescendiente.1

—¿Y quién dice que estoy contento? Estoy que me hago en los pantalones del
jodido miedo. No tienes idea del desastre que hay allá abajo. Estoy todo
menos contento de volver a casa —esboza una sonrisa horrorizada—. Es solo
que esto de la adrenalina es adictivo. Esto de ir en contra de las reglas
siempre me ha parecido... excitante.281

—Eres un idiota —Niara masculla, pero soy capaz de escuchar la sonrisa en


su voz.13
—Gracias, cariño —Axel dice—. Es muy amable de tu parte puntualizar mis
atributos más grandes.205

Una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios antes de empezar a escalar la


cerca baja que rodea el patio de la casa que hemos invadido.4

Cuando —con torpeza— logro saltarla sin romperme los dientes, miro hacia
atrás una vez más solo para comprobar que el ruido no haya atraído la
atención de los ángeles que vigilan los alrededores.50

Niara y Axel saltan la barda con una facilidad de envidia y casi hago un mohín
debido a eso. No puedo creer que ambos sean tan físicamente capaces de
hacer tantas cosas, mientras que yo soy la incompetencia andando.207

—Un par de casas más y podremos tomar la calle —digo, a pesar del hilo
disperso y distraído de mis pensamientos. Niara y Axel no parecen darse
cuenta de eso y asienten al mismo tiempo.24

El resto del camino por los patios traseros es silencioso dentro de lo que cabe.
Al terminar la calle, por fin nos atrevemos a abandonarlos, para tomar la
acera.3

Las luces de las luminarias son intermitentes y eso no hace más que ponerme
de nervios. Cada sombra proyectada por su errático movimiento hace que la
ansiedad aumente de manera exponencial. Cada sonido crepitante que emiten
al no recibir la carga adecuada de energía eléctrica me pone los pelos de
punta y, para cuando finalmente nos hemos alejado lo suficiente como para
considerar la posibilidad de robar un coche abandonado, estoy a punto de
pedirles a mis acompañantes que volvamos.44

Estar aquí afuera, en este lugar que alguna vez estuvo lleno de gente y que
ahora luce como un pueblo fantasma, está haciendo estragos con mi salud
mental.13
—¿De verdad es necesario que hagamos esto? —Niara suena ansiosa cuando
habla, pero no deja de trabajar en el coche que hemos encontrado y que
ahora tratamos de robar—. No estamos tan lejos de casa. Si los ángeles
llegan a escuchar el motor del coche, van a venir a ver qué sucede.

—A no ser que quieras caminar un montón de kilómetros hasta la carretera,


sí: es necesario —Axel responde.1

—¿No puedes llevarnos volando o algo por el estilo? —Niara frunce el ceño,
pero no despega la vista de los cables con los que maniobra.87

—Solo podría llevar a una y no creo que quieras quedarte aquí a esperarnos,
¿no es así? —el íncubo alza una ceja y Niara pone cara de pocos amigos.13

—¿Y por qué tengo qué quedarme yo? ¿Por qué no puede quedarse Bess?180

—¿Quieren dejar de discutir? —mascullo, pero no sueno enojada en lo


absoluto. Al contrario, hay un dejo divertido en mi voz.7

Niara hace un pequeño mohín antes de continuar con la tarea que se ha


impuesto.6

Al cabo de unos instantes que se sienten eternos, Niara hace arrancar el


coche con un rugido que reverbera en toda la calle.15

La mirada ansiosa de los tres viaja hacia todos lados, a la espera de la


aparición de los ángeles —o de algo peor—, pero nada de eso ocurre. No creo
que no hayan sido capaces de escuchar el vehículo con todo este silencio.
Tenemos que darnos prisa si no queremos que nos encuentren.40

—Vámonos —urjo y me precipito al asiento del copiloto, mientras que Axel se


instala en el asiento trasero.4
Niara azota la puerta para cerrarla y echa a andar el coche a toda velocidad
en dirección hacia la carretera.9

De vez en cuando echa un vistazo a los espejos retrovisores, solo para


cerciorarse de que nadie nos sigue. Una vez que llevamos diez minutos de
camino, nos relajamos un poco.

—¿Dónde aprendiste a hacer esto? —inquiero hacia Niara, mientras observo


que el indicador de gasolina marca menos de medio tanque.1

—¿Qué cosa?

—Robar coches.46

Ella se encoge de hombros.

—Daialee me enseñó —dice y hay un tinte de nostalgia en su tono—. ¿Dónde


lo aprendió ella? No lo sé. Pero un día llegó a casa y me dijo que iba a
enseñarme a hacer algo que en algún momento de mi vida podía ser de
mucha ayuda. Supongo que no se equivocaba.254

El silencio que le sigue a sus palabras está cargado de tristeza. Está cargado
de desasosiego y recuerdos agridulces.

—¿Falta mucho para que lleguemos? —Niara pregunta en un susurro, al cabo


de unos largos instantes.

Axel, quien se ha mantenido silencioso casi todo el camino, dice:

—No. Una vez que lleguemos a la carretera, ustedes mismas notarán el


caos.45

Niara asiente, al tiempo que pisa el acelerador otro poco.

~*~39
No hace falta que Axel anuncie que hemos llegado al lugar indicado. No hace
falta que pronuncie ni una sola palabra porque todo aquí se siente tan mal —
tan erróneo—, que es imposible no deducirlo.19

—Esto no se siente nada bien... —Niara murmura y un destello de pánico se


filtra en su tono.3

Yo no puedo hacer otra cosa más que asentir en acuerdo. No puedo hacer
nada más que intentar deshacerme de la sensación de ahogamiento que me
aprisiona los pulmones y la sensación de pesadez que se asienta en mis
huesos.42

Es como si, de pronto, la forma del mundo se hubiese distorsionado. Como si


se hubiese desenfocado el lente del universo y ahora no se pudiera distinguir
el lugar correcto de cada cosa. La forma real del tiempo y el espacio.10

—Y conforme más cerca estemos, se sentirá peor —Axel dice, en un susurro


tenso—. De hecho, no podremos acercarnos demasiado. No si queremos vivir
para contarlo.12

Aprieto los puños sobre mi regazo solo porque su comentario no hace más
que evocar las palabras que dijo Mikhail cuando estuvo en casa. Esas en las
que afirmó que era imposible acercarse a las grietas.

—¿Cómo sabes que podemos morir si nos acercamos a ellas? —Niara


inquiere, al tiempo que aminora la marcha del vehículo.

—No lo sé —dice, en un susurro sombrío—. Cuando estás cerca de ellas,


simplemente te das cuenta de que morirás si te acercas demasiado. Es
como... el instinto de supervivencia, supongo.45

Un escalofrío de puro terror me recorre la espina en ese momento.


—¿Estás seguro de que con un portal podremos entrar al reino del Supremo?
—pregunto, con un hilo de voz, presa de un miedo repentino y atronador—.
¿Estás seguro de que, una vez estando del otro lado, podremos acercarnos a
las fisuras?128

—Sí —dice, con determinación—. Estoy completamente seguro de ello.89

—¿Y cómo vamos a regresar al lado al que pertenecemos si cerramos la


salida? —Niara suena aterrorizada ahora.37

—Se supone que tendríamos que poder regresar por el lugar donde entramos:
el portal —Axel musita, con aire ansioso.116

—En teoría —digo, con pánico en la voz.

—En teoría... —él repite, al tiempo que se inclina hacia adelante en el asiento
trasero, de modo que es capaz de asomar la cabeza entre el asiento de Niara
y el mío—. Si algo no ocurre de este lado y el portal no se cierra, claro está —
hace una pequeña pausa y luego añade—: O no es cerrado por alguien de mi
mundo. Todo esto, claro, si logramos entrar los tres... Quiero decir; si su
cuerpo humano —nos mira de hito en hito—, es lo suficientemente fuerte
como para impedir que mueran al poner un pie en el Averno.129

—Genial —Niara bufa—. Entonces, si no morimos al entrar al Inframundo,


podemos acercarnos a la grieta para intentar cerrarla y alguien no cierra el
portal por el que entramos, estamos a salvo. Volveremos a casa y, con suerte,
estaremos de regreso para la hora del desayuno.200

Sé que trata de aligerar el ambiente, pero su broma no hace más que poner en
perspectiva todo lo que podría salir mal esta noche.8

—Pan comido, ¿no? —Axel suena aterrorizado. No lo culpo. Yo también lo


estoy.97
Ambas asentimos, pero ninguna de las dos dice nada más al respecto.7

El resto del trayecto lo pasamos en silencio. El único ruido que nos acompaña,
es el del motor del coche que Niara conduce. El resto del camino lo pasamos
sumidos en nuestros propios pensamientos, sopesando todo aquello en lo que
no pensamos al salir de casa hace lo que se siente como una eternidad.2

Con cada metro que recorremos, la sensación de pesadez incrementa. La


densidad en el aire se vuelve tan gruesa que cuesta respirar. Con cada
espacio de terreno que avanzamos, la energía que envuelve todo el lugar se
turba y se agita con inquietud, y hace que los hilos de los Estigmas se
remuevan con curiosidad en mi interior.30

—¿Qué tan lejos estamos de la grieta? —Niara suena ansiosa ahora.

—No demasiado —Axel también suena tenso y nervioso.

—¿Crees que sea bueno detenernos aquí entonces?1

—No —intervengo—. Todavía no.1

La mirada que ambos me dedican es escandalizada, pero trato de no hacerles


notar que he podido verla. Que he podido ver cuán lunática creen que soy en
estos momentos.9

—No podemos acercarnos demasiado —Axel advierte.1

—Lo sé —asiento, al tiempo que les dedico una mirada tranquilizadora—. Solo
quiero estar un poco más cerca, ¿de acuerdo?... Para estar seguros de que
funcionará.71

La boca del íncubo está apretada en una línea recta e inconforme, pero no
dice nada más. Se limita a asentir con dureza antes de clavar su atención en
el camino.16
Unos minutos más transcurren antes de que los Estigmas en mi interior se
desperecen y se estiren, alertas, en mi interior. Su curiosidad zumba en mi
cuerpo y me llena las puntas de los dedos con un hormigueo incómodo y
doloroso. Esa es la señal que necesito para saber que tenemos que
detenernos. Si nos acercamos un poco más, no sé si podré controlarlos. No sé
si podré impedir que busquen su camino hacia afuera para absorber lo que
sea que ha llenado el aire. Si me atrevo a tentar a su fuerza, no sé si podré
retraerlos en mi interior. No sé si podré detener su sed de destrucción y de
caos.29

—Deberíamos detenernos ya —digo y siento cómo los hilos me sisean y me


recriminan la decisión que he tomado.109

Niara asiente.

—Sí —dice—. Ha comenzado a dolerme la cabeza. Este lugar es un desastre.1

Así, pues, al cabo de unos instantes, Niara se orilla en la carretera y apaga el


vehículo.

La oscuridad no se hace esperar cuando los faros del auto se apagan por
completo y, durante unos instantes, nos quedamos a ciegas. Durante unos
dolorosos segundos, somos engullidos por una oscuridad aterradora. Por un
silencio ensordecedor y una horrible sensación de inquietud y desasosiego.28

—¿Por qué no se oye nada? —Niara susurra, con un hilo de voz, y yo parpadeo
un par de veces para acostumbrarme a la oscuridad.

—¿Qué? —digo, en voz tan baja, que apenas soy capaz de escucharla.

—No se oye nada —ella suelta, en un murmullo tan bajo como el mío—. Ni el
viento, ni los grillos... Nada.49
—Lo provoca la grieta —Axel suena muy nervioso ahora—. Estamos
demasiado cerca. Quizás debamos retroceder un poco.35

Nadie dice nada luego de eso. Aguardamos en silencio, mientras el peso de lo


que estamos sintiendo, de lo que está pasando, se asienta entre nosotros.7

De pronto, estar aquí se siente equivocado. De pronto, las decisiones que


habíamos tomado con tanta certeza esta mañana, se sienten erróneas.
Estúpidas por sobre todas las cosas.286

A pesar de eso, nadie se atreve a decirlo. Nadie se atreve a admitir que esto
se siente como una terrible equivocación.23

—¿Creen que si nos alejamos consigamos crear un portal lo suficientemente


fuerte como para acceder al Inframundo? —Niara pregunta. Sé que trata de
sonar tranquila, pero no lo consigue en lo absoluto. Al contrario, el miedo se
filtra en su tono y se mete debajo de mi piel; contagiándome de él.1

—No lo sé —Axel admite—, pero estar así de cerca puede ser muy
peligroso.18

—Estar en cualquier parte del mundo es peligroso en estos momentos —


apunto.46

—Touché —el íncubo responde antes de dejar escapar un suspiro largo—.


Supongo, entonces, que nos quedamos aquí.35

Niara y yo asentimos al mismo tiempo, pero no nos movemos de nuestro


lugar. No hacemos otra cosa más que observar la oscuridad abrumadora que
envuelve la carretera.1

—Bien —digo, para darnos algo de valor—. Manos a la obra.7

Entonces, abro la puerta del coche y salgo de él.1


El golpe de energía que me recibe cuando bajo del auto me saca de balance y
hace que el pánico incremente otro poco. Algo primitivo en mi interior me grita
que debemos alejarnos de este lugar, pero la parte de mí que está
obsesionada con intentar hacer algo para ayudar, no deja de pedirme que me
quede. Que termine lo que empecé y que no sea una maldita cobarde.309

Escucho cómo las puertas del coche son abiertas luego de que bajo del
vehículo y, de pronto, una pequeña luz emerge desde algún punto cercano.22

Me toma unos instantes acostumbrarme a la nueva iluminación, pero, cuando


lo hago, soy capaz de ver el teléfono celular que Niara sostiene entre los
dedos. Ha encendido la lámpara que hay en él y lo sostiene para iluminar el
terreno en el que nos encontramos.59

—¿Por qué cargas con él si no sirve para nada? —inquiero, porque no es un


secreto para nadie que la telefonía celular quedó obsoleta hace unas
semanas. Ahora, los teléfonos portátiles no son otra cosa más que tecnología
desperdiciada. Tecnología de avanzada que quedó reducida a cumplir
funciones tan simples como reproducir música, fungir como relojes
despertadores y consolas de videojuegos básicos.79

Niara se encoge de hombros.

—La costumbre —dice y suena avergonzada—. Por suerte, hoy nos ha servido
de algo.

Cuando termina de hablar, coloca la mochila que trajo desde casa sobre el
capo del coche y yo me acerco para ayudarle a sostener la luz mientras ella
saca todo el contenido.

Ha traído un antiguo Grimorio, un encendedor, tres bolsas con sal, velas, agua
y el viejo tazón que utilizamos una vez para hacer contacto en el ático —ese
que, se supone, guardan Dinorah y Zianya bajo llave.146
El mero recuerdo de lo ocurrido en aquella ocasión, me eriza los vellos de la
nuca, pero trato de no hacerlo notar. Trato de mantenerme serena porque sé
que, si queremos que esto funcione, tenemos que utilizar un instrumento tan
poderoso como este.1

En silencio, Niara me pasa las bolsas con sal y abre el Grimorio mientras
busca algo en él.1

—Hay que trazar un círculo de sal en el suelo —murmura y yo, sin perder el
tiempo, enciendo una de las velas, se la doy a Axel y él me acompaña hasta el
centro de la carretera desierta. Entonces, empiezo a dibujarlo.75

Apenas voy a la mitad del círculo, cuando Niara se acerca con el Grimorio
entre los dedos, toma otra bolsa de sal y empieza a trazar símbolos dentro de
la circunferencia que yo he empezado a formar. Cuando termino, me pide que
dibuje un círculo más pequeño en el interior del grande —cuidando de no
tocar los símbolos que ella está dibujando ahora—, para luego trazar una
estrella.123

Ella, al terminar de trazar los símbolos en la circunferencia, se arrastra hacia


los espacios entre cada uno de los picos de la estrella y empieza a poner otros
ahí. Yo, por instrucciones suyas, coloco una vela en cada punta de la estrella y
en cada una de las intersecciones de las líneas de sal que marqué.34

Antes de encender las velas, colocamos el tazón al centro del pentagrama y


Niara murmura algo en un idioma desconocido mientras vierte un poco de
agua en él. Luego, mientras encendemos cada vela, pronuncia otra serie de
palabras desconocidas para mí y, cuando termina, toma un puñado de tierra
de un costado de la carretera y lo deja caer en el interior del tazón.35

—Está listo —murmura, luego de que nos quedamos contemplando el


resultado final de lo que será nuestro portal al Inframundo.32
Mi vista cae en Axel en ese momento, quien observa el pentagrama con gesto
incierto.

—¿Crees que sea suficiente? —digo, en voz baja y ronca.

Axel asiente, pero no luce convencido.

—Lo que no sé, es si las protecciones que has fijado alrededor sean
suficientes —dice, en dirección a Niara; quien, de pronto, luce preocupada.57

—Hice todo lo que dice el Grimorio que se necesita para abrir un portal al
Inframundo —se justifica—. No conozco nada de este tipo de magia. Es muy
oscura. Yo...

—Está bien —la interrumpo, porque sé que está aterrorizada y porque sé que
hizo su mayor esfuerzo—. Si algo sale mal, lo detendré.132

La mirada horrorizada de la bruja se clava en mí.

—Bess, no puedes utilizar el poder de tus Estigmas...1

—No, no puedo —concuerdo, interrumpiéndola—; pero lo haré si es necesario.


No voy a dejar que nada les ocurra.135

La chica frente a mí me mira con una aprensión dolorosa y asfixiante, y sé, por
sobre todas las cosas, que no quiere hacer esto.6

—Bess...

—Si algo no empieza a gustarnos, nos detendremos —digo, y no sé si lo


pronuncio para tranquilizarla a ella o para tranquilizarme a mí.21

Niara no dice nada luego de eso. Se limita a apretar la mandíbula y asentir


con brusquedad.

—Bien —dice, tras un suspiro tembloroso—. Hagámoslo, entonces.63


Para cuando nos sentamos alrededor del tazón, las ganas que tengo de
vomitar se han vuelto insoportables. Las ganas que tengo de volver a casa y
olvidarme de esta locura, son tan grandes, que apenas puedo mantenerlas a
raya.74

—Tenemos que tomarnos de las manos —Niara susurra y estira sus manos en
dirección mía y de Axel. Mi mano toma la suya, pero, cuando estiro la otra en
dirección a Axel, este duda.9

Mi mirada inquisidora se clava en él en ese momento y una mueca de


disculpa se filtra en sus facciones.1

—Quemas, ¿recuerdas? —se justifica y mi ceño se frunce ligeramente.136

—Me abrazaste hace unos días, cuando apareciste en la casa —suelto,


acusadora.9

—Y dolió como el infierno, pero, como estaba feliz de verte, no me importó —


alza las manos como si estuviese apuntándole con un arma.484

—Tenemos que tomarnos de las manos —Niara reprime—. Si no lo hacemos,


la protección del pentagrama no funcionará.

Una palabrota escapa de los labios del íncubo, pero, a regañadientes, estira
su mano en mi dirección.

—Si me quedo manco por tu culpa, vas a tener que compensarme alejándote
de Mikhail —masculla y, muy a mi pesar sonrío.384

—Eres un idiota —digo, pero la sonrisa que tengo en los labios es amplia.

Entonces, sus dedos se cierran entre los míos.

Sin perder el tiempo, Niara nos pide que cerremos los ojos y empieza a
pronunciar una cantaleta de palabras en un idioma que no conozco. Su voz es
suave y tersa, como miel resbalando en la garganta, y no es difícil sentirse
hipnotizado por el tono que utiliza para hablar. A pesar de que no sé qué es lo
que está diciendo, se siente como si pudiese, de alguna manera, comprender
la clase de invocación que está haciendo.6

No pasa mucho tiempo antes de que la energía ya densa que nos rodea
empiece a revolverse. Para que el poder que corre a través de la grieta se
remueva en el ambiente, como si fuese un ser vivo. Como si fuese una
criatura curiosa ante nuestra presencia en este lugar.

Los vellos de mi cuerpo se erizan cuando un latigazo de algo abrumador me


golpea de lleno, pero trato de mantenerme concentrada en lo que Niara
pronuncia. Trato de mantenerme aquí, quieta, mientras una especie de calor
comienza a arremolinarse en el pentagrama que hemos dibujado.

Una vibración baja y profunda se abre paso en el suelo debajo de nosotros y


un destello de terror me invade el pecho. La horrible sensación de pesadez
que se asienta sobre mis hombros, es aterradora.66

Axel se estremece a mi lado. No estoy segura de si sea gracias a mi tacto o a


la turbulencia que está empezando a arremolinarse en el aire.19

Los Estigmas, curiosos e inquietos, se remueven en mi interior y toma todo de


mí contenerlos. Toma todo de mí impedir que salgan a intentar absorber la
energía que nos envuelve; y es en ese instante, que Niara se detiene de
manera abrupta.6

Su mano ha aflojado su agarre en la mía, así que tengo que aferrarme con
más fuerza para que no me deje ir. En ese momento, y sin ser capaz de
detener mi curiosidad, abro los ojos. Abro los ojos y los clavo en la figura de la
bruja a mi lado.1
Lleva la mirada —blanquecina y aterradora— perdida en la nada y sus labios
están entreabiertos. Luce justo como lo hacía la primera vez que utilizamos el
tazón para hacer contacto.137

Un estremecimiento me recorre las venas y los vellos de mi nuca se erizan


cuando el pánico se arraiga en mis entrañas.

Mi atención se dirige hacia Axel luego de tener suficiente de la imagen de la


bruja y toda la sangre de mi cuerpo se agolpa en mis pies.

Sus ojos, por el contrario de los de Niara, se encuentran completamente


ennegrecidos. Su piel ha tomado el tono grisáceo que tiene la de los
demonios, sus alas se han extendido a cada lado de su cuerpo con toda la
amplitud posible y unos cuernos han aparecido entre su mata espesa de
cabello. Él también luce perdido en un trance hipnótico. Él también parece
estar en un lugar desconocido y lejano.295

Otro escalofrío me eriza los vellos del cuerpo y un nudo de ansiedad y terror
se aprieta en mi estómago. La insidiosa sensación de que algo terriblemente
malo está sucediendo, no deja de taladrarme el pecho. No deja de meterse
debajo de mi piel y de paralizarme en el lugar en el que me encuentro.25

No sé qué hacer ahora. No sé qué debo pronunciar o qué es lo que debo hacer
para concretar el ritual; mucho menos sé si lo que le pasó a Niara y a Axel es
algo normal. Es por eso que me quedo aquí, quieta, mientras trato de decidir
qué diablos hacer.23

Mi mirada recorre todo el lugar, a la espera de que algo —cualquier cosa—


suceda, pero nada pasa. Nada cambia.1

Una punzada de inquietud me revuelve el estómago, pero trato de ignorarla.


Trato de alejarla de mi sistema mientras clavo la vista en el tazón que se
encuentra al centro del triángulo que hemos creado con nuestros cuerpos.3
Los Estigmas en mi interior se agitan un poco más cuando la energía del lugar
se tensa, y una sensación viciosa y extraña comienza a colarse en mis huesos.

Algo ha empezado a cambiar. Algo está tornándose... diferente.6

«Pero, ¿qué?».15

El silencio sigue siendo ensordecedor, la densidad que nos rodea es tanta,


que no puedo sentir otra cosa que no sea la cantidad de energía que va y
viene en este lugar y, justo cuando estoy a punto de soltar la mano de Axel
para tomar el Grimorio que descansa sobre el regazo de Niara, lo escucho.57

Al principio suena tan profundo, que no logro identificarlo como se debe, pero,
conforme pasan los segundos, soy capaz de notarlo...

Un gruñido ronco, profundo y bajo se abre paso en el silencio. Un sonido que


al principio suena lejano, comienza a tomar forma y cuerpo hasta reverberar
en cada rincón y cada hueco en la carretera. Hasta hacer que la tierra debajo
de nosotros se cimbre y se estremezca al compás de su rugido.120

Mi corazón se dispara en latidos irregulares y aterrorizados en ese momento.1

Los hilos de los Estigmas se estiran, nerviosos y alertas, ante lo que está
ocurriendo y toma todo de mí mantenerlos a raya. Toma todo de mí evitar que
se liberen.

El hedor a azufre invade mis fosas nasales, el olor a podredumbre se me mete


en la nariz hasta que me taladra el cerebro y hace que me den ganas de
vomitar.93

Un escalofrío de puro terror me recorre entera cuando un nuevo gruñido lo


invade todo y, de pronto, las velas se apagan. De pronto, la oscuridad lo
engulle todo y el gruñido se corta de manera abrupta.119
Mi corazón golpea con violencia contra mis costillas, el pánico me atenaza las
entrañas de una manera tan poderosa, que no soy capaz de moverme. Lo
único que soy capaz de hacer, es escuchar, es el sonido irregular de mi
respiración. El sonido de mi pulso detrás de mis orejas.2

«Esto está mal. Esto está muy, muy, muy mal».235

Mi mirada, ansiosa y angustiada, viaja de un lado a otro, en un intento


desesperado por ver más allá de mis narices, pero no consigo absolutamente
nada. No consigo otra cosa más que acrecentar el terror que ha comenzado a
fundirse en mis venas.16

En ese instante, otro gruñido ronco y profundo invade todo el lugar y,


entonces, el caos se desata...

6. "Peligro"
Una estallido atronador y estridente me aturde. Un disparo de luz repentino
me ciega por completo y el dolor me escuece el cuerpo entero.150

Los hilos de energía que se guardan en mi interior gritan y se estiran fuera de


mi cuerpo más allá de sus límites, en un intento desesperado por aferrarse a
algo; por detener el movimiento del mundo a mi alrededor.16

He dejado de tocar el suelo. He dejado la posición sentada en la que me


encontraba y ahora soy una masa lánguida y suave que se suspende en el
aire.132

Entonces, caigo con estrépito.54

Una nueva clase de dolor estalla en mi cabeza cuando mi cuerpo impacta


contra el asfalto de la carretera, y es tan abrumador, que no puedo
concentrarme en otra cosa más que en la forma en la que escuece. No puedo
hacer otra cosa más que intentar levantarme del suelo, a pesar de que mis
extremidades no responden.48

Los Estigmas me empujan. Me exigen que me levante y que salga de aquí lo


más pronto posible, pero no puedo moverme. No puedo hacer nada porque el
mundo no ha dejado de dar vueltas. Porque el dolor en mi cabeza, el mareo y
el aturdimiento son tan grandes, que quiero vomitar.59

Otro estallido llega a mis oídos y, esta vez, le sigue un rugido tan intenso, que
resulta ensordecedor.54

Las alarmas se disparan en mi sistema de inmediato luego de eso, y la parte


activa de mi cerebro me pide que me mueva lo más pronto posible y que me
aleje de aquí cuanto antes, pero no puedo moverme. El cuerpo no me
responde. Mis extremidades no se mueven con la rapidez con la que se los
ordeno.34

Mis oídos pitan, mi corazón ruge contra mis costillas, el sonido de mi


respiración llega sordo y lejano y, como puedo, me arrastro por el asfalto y
aprieto los dientes.13

Trato de ponerme de pie una vez más, pero no lo consigo.

Un grito horrorizado me alcanza a través de la bruma que me envuelve y sé


que conozco la voz de la que proviene. Sé que conozco a quien sea que ha
emitido el aterrador sonido.88

Los hilos de energía se aferran a todo lo que nos rodea y me afianzo de ellos
con todas mis fuerzas. Me anclo a ellos porque son lo único estable en mi
estado de dolorosa confusión.
Otro rugido invade mis oídos y, esta vez, soy capaz de ordenarle a mi cuerpo
que gire sobre su eje para quedar sentada sobre el asfalto y así poder mirar
en dirección a donde el gruñido proviene.

Toda la sangre de mi cuerpo se agolpa a mis pies en ese preciso instante.

Niara está allí, tirada en el suelo a pocos pasos de distancia del pentagrama
—ya deshecho— que trazamos. Está aovillada y apelmazada contra el
concreto, mientras observa fijamente a la criatura abominable y aterradora
que se cierne sobre ella.180

El corazón me da un vuelco furioso y sin siquiera procesarlo, los Estigmas se


estiran a toda velocidad y se envuelven alrededor de la figura aterradora que
parece estar a punto de devorarse a la bruja. Entonces, tiro de ellos. Tiro con
tanta violencia, que la criatura suelta un rugido atronador y la humedad cálida
de mi sangre me llena los vendajes de las muñecas.65

En ese momento, la criatura posa su atención en mí.84

Es alta. Tan alta, que luce antinatural. La delgadez de su cuerpo es tanta, que
soy capaz de notar la manera en la que sus huesos se traslucen debajo del
color mortecino de su piel. Sus extremidades son tan largas, que parecen las
ramas de los árboles que nos rodean y sus alas son tan grandes, que abarcan
la carretera de lado a lado.

Lleva en las muñecas, el cuello y las piernas, grilletes que van atados a
gruesas cadenas al rojo vivo. La piel pálida que la envuelve está cubierta de
yagas profundas que supuran líquidos oscuros y espesos, y su postura
animalesca —agazapada y en guardia— la hace lucir como una bestia a punto
de atacar, pese a la figura humanoide que posee.79

A pesar de eso, no es todo aquello lo que me eriza los vellos del cuerpo. A
pesar de lo imponente que luce su anatomía, no es eso lo que me hace querer
retroceder. Es su rostro lo que lo hace; es la manera en la que sus fauces se
extienden casi hasta sus orejas, como una sonrisa aterradora lo haría. Es la
falta de ojos en la parte superior de su rostro y la piel desgarrada y carcomida
que se encuentra hecha jirones donde debería estar su nariz. Son los cuernos
gigantescos que sobresalen de la parte posterior de su cabeza —sin pelo— y
la sangre que corre por sus mandíbulas y baña la parte superior de su
torso. Eso es lo que me hace querer salir corriendo de este lugar.291

La energía oscura que emana es tan intensa que me revuelve el estómago.


Que hace que se sienta como si algo se arrastrase debajo de mi piel.

Un sonido estridente escapa de la garganta de la criatura y un grito de puro


terror se construye en mi garganta cuando abre sus fauces hasta sus límites y
una llamarada de fuego brota de ellas.90

Los hilos de los Estigmas se tensan ante la amenaza y, antes de que el ataque
pueda alcanzarme, se envuelven alrededor de su cabeza y la obligan a girarse,
para evitar que me haga daño.88

Niara, quien parece haber salido de un estado de profundo estupor, se levanta


del suelo a trompicones y corre en mi dirección.3

El demonio al que sostengo con el poder de los Estigmas ha empezado a


luchar contra su agarre, pero éste es tan firme que no logra liberarse. Una
enfermiza satisfacción me recorre entera en ese momento y los hilos de
energía ronronean en aprobación. A ellos les encanta sentirse en control. A
ellos les encanta que esté sintiéndome como lo hago ahora mismo, porque los
alimenta. Les da luz verde de continuar con la destrucción que saben
propiciar.83

Se tensan un poco más y yo, luchando por mantener el control, tiro de ellos.
—¡Tenemos que irnos de aquí! —Niara chilla, al tiempo que llega hasta donde
yo me encuentro—. ¡¿Dónde está Axel?!120

Mi boca se abre para responder, pero la bestia a la que sostengo suelta una
serie de gruñidos y rugidos estridentes que me ponen la carne de gallina.
Entonces, otro rugido proveniente de la lejanía, resuena en todo el lugar.11

—Oh, mierda... —murmuro, cuando el entendimiento cae sobre mí como


baldazo de agua helada, pero no tengo tiempo de reaccionar. No tengo tiempo
de hacer nada porque otro rugido y uno más irrumpen el lugar y lo llenan
hasta los rincones.194

Entonces, otro estallido estridente retumba en el espacio y nos lanza lejos.


Los Estigmas protestan cuando son arrancados de la figura demoníaca que
sostenían, pero se aferran de nuevo a todo lo que pueden para amortiguar mi
caída; para evitar que me haga un daño irreparable.11

Me toma unos instantes espabilar luego de caer al suelo, pero, cuando lo


hago, mi vista viaja a toda velocidad por el terreno.

No sé muy bien qué estoy buscando. No sé si trato de encontrar a Niara en


medio de todo el caos, o es al demonio al que trato de localizar; pero, cuando
mis ojos se detienen, toda la sangre de mi cuerpo se me agolpa en los pies.14

Decenas... No. Docenas y docenas de criaturas aterradoras como la que


contuve para proteger a Niara han empezado a aparecer entre las ramas del
bosque que nos rodea. Docenas y docenas de bestias monstruosas han
empezado a emerger desde la oscuridad que parece engullirlo todo, y posan
toda su atención en mí.538

Un escalofrío me recorre la espina solo porque no sé cómo diablos es que


saben exactamente dónde me encuentro si no tienen ojos; pero la parte activa
de mi cerebro, esa que ha comenzado a dominarme, me dice que deben ser
capaces de sentir la energía del poder destructivo que llevo dentro.23

Mi vista viaja rápidamente por todo el terreno, de modo que soy capaz de
tener un vistazo, por el rabillo de mi ojo, de Niara, pero mi corazón se hunde
en el instante en el que noto que está tirada en el suelo y que no se mueve. El
pánico que me embarga en ese momento es tan paralizante, que no puedo
pensar. Que no puedo hacer otra cosa más que mirarla ahí, derrumbada en el
suelo, mientras trato de alejar todos los pensamientos aterradores de mi
cabeza.160

Un gruñido amenazador brota de la garganta de uno de los demonios que han


emergido desde las profundidades del bosque, y otro estremecimiento hace
que el corazón se me estruje con violencia.1

Los Estigmas canturrean en mi interior, curiosos y atentos al desafío que


suponen estas criaturas, pero el miedo que siento es más grande que
cualquier otra cosa. Es más grande que las ganas que tienen ellos de
alimentarse de todo lo que nos rodean.53

Una de las siluetas suelta un gruñido bajo y profundo, al tiempo que olisquea
en mi dirección y, luego de unos instantes de absoluto silencio, se abalanza
sobre mí.9

Un grito de puro terror se construye en mi garganta, pero los Estigmas son


rápidos y letales. Son tan ágiles y poderosos, que se enredan alrededor de las
extremidades de la criatura y la contienen.39

Otra de las bestias se abalanza sobre mí a toda velocidad y los hilos se estiran
más allá de sus límites para encontrarla en el camino.60
Una llamarada de fuego brota de una tercera criatura, pero los Estigmas se
estiran con tanta violencia, que logran empujar el rostro del monstruo para
desviar la flama intensa con la que trata de atacarme.41

El líquido caliente que corre entre mis dedos me hace saber que las heridas
de mis muñecas se han abierto una vez más, pero no es hasta que trato de
tirar de los hilos de los Estigmas sin conseguirlo, que verdadero pánico me
estruja las entrañas.49

Otra de las criaturas se abalanza sobre mí y un hilo más se estira y la


contiene. El dolor que me escuece los brazos en ese momento es tan
atronador, que me doblo sobre mí misma, mientras reprimo un grito. Un
demonio más trata de llegar a mí desde otro ángulo y, finalmente, un último
hilo de energía se envuelve a su alrededor y estruja con violencia.101

Un sonido estrangulado se me escapa cuando los hilos le exigen más fuerza a


mi cuerpo. Cuando le piden más de aquello que no puedo darles, y empiezan a
querer tomar la vida de mi anatomía para obtener eso que necesitan para
alimentar su fuerza.33

Tiemblo de manera incontenible de pies a cabeza y el dolor que me invade


cuando las criaturas empiezan a luchar contra la prisión que las contiene,
amenaza con desmayarme. Amenaza con vencerme por completo.48

Los monstruos que tengo frente a mí gritan con tanta fuerza, que me aturden.
Se mueven con tanto frenesí, que los hilos de energía se estiran y se tensan
más allá de sus límites a su alrededor, y aquellos que no están atrapados
entre la red de energía de mis Estigmas, se abalanzan a toda velocidad sobre
mí.12
Un grito que no soy capaz de reconocer como mío escapa de mi garganta
cuando la energía en mi interior me fuerza más allá de mis límites y desgarra
la piel de mi espalda.205

Las criaturas son lanzadas por los cielos. La tierra ha comenzado a vibrar
debajo de mí, el cuerpo me tiembla tanto, que los espasmos son
incontenibles; y el dolor en mis muñecas es tan insoportable, que siento como
si estuviesen clavándome algo en ellas. Como si estuviesen atravesándome
los huesos con algún objeto punzante.82

Como si alguien estuviese clavándome al suelo.10

Estoy a punto de perder el control. Estoy a punto de sucumbir ante el poder


abrumador y atronador que me recorre el cuerpo. Estoy a punto de...7

Un grito de puro dolor brota de mi garganta en ese momento y mi frente se


pega al asfalto de la carretera cuando siento cómo algo en mi espalda se
desgarra una vez más ante las exigencias de los Estigmas y, entonces, lo
pierdo por completo.110

Un sonido aterrador, que no soy capaz de reconocer como mío, brota de mi


garganta y la onda expansiva de energía que lo invade todo, hace gritar a las
criaturas que nos rodean.35

Mi cuerpo se desploma en el suelo un poco más, mi espalda se arquea en un


ángulo doloroso y trato, desesperadamente, de retomar el control de la
energía. Trato, con todas mis fuerzas, de no perderme en ese limbo en el que
suelen engullirme cuando toman el control; sin embargo, no estoy
consiguiendo demasiado. No estoy haciendo otra cosa más que rozar con la
punta de los dedos eso que busco.6
Estoy cayendo. Estoy hundiéndome en un mar denso y espeso, en el que lo
único que soy capaz de hacer, es dejarme llevar. Es dejar que mi mente y mi
cuerpo caigan en una espiral fangosa que me traga poco a poco.49

Sé que tengo que pelear, pero no lo hago. Sé que tengo que luchar para salir
de aquí, pero no me quedan energías para hacerlo, porque todo ha dejado de
doler. Porque ya no hay temblores, ni miedo, ni gritos sin sentido. No hay nada
más que el sonido amortiguado de mis pensamientos. El sonido amortiguado
de lo que ocurre allá afuera...63

Las criaturas chillan. Algo intenso se remueve en mi pecho. Otro grito retumba
en mis oídos y los Estigmas sisean furiosos.100

La sensación en mi pecho regresa, esta vez con más intensidad que antes, y
siento cómo el fango que había empezado a llenarme la cabeza se diluye un
poco. Lo suficiente como para darme cuenta de que algo está pasando. Algo
está ocurriendo allá arriba; en el lugar del que vine.3

Una vocecilla me grita que debo patalear. Que debo intentar salir del extraño
lugar en el que me encuentro, pero no puedo empujarme con la fuerza
necesaria. No puedo hacer nada más que dejarme llevar por la marea lenta
que me arrastra hasta el fondo.2

Un tercer tirón me invade y, de pronto, la tensión en mi cuerpo disminuye y


floto un poco. Floto hacia la superficie lo suficiente como para notar que
alguien ha dicho mi nombre. Lo suficiente como para notar la presión
constante en mi caja torácica.238

La parte activa de mi cerebro no deja de pedirme que haga algo, que intente
escapar, pero no es hasta que siento cómo tiran de la cuerda atada en mi
pecho una vez más, que trato de tomar el control de mi cuerpo. De mis
pensamientos. De todo lo que me ocurre en este lugar.189
Mi mente se ahoga en un mar oscuro y espeso, pero mis manos se estiran
casi por voluntad propia, hasta que son capaces de sentir algo. Hasta que algo
cálido les llena los dedos.2

Una voz familiar invade mis oídos, pero suena tan lejana, que no entiendo lo
que dice. La cuerda que está atada en mi pecho está más tensa que nunca,
pero ya no puede tirar de mí. El fango que me rodea no se lo permite.155

Una voz ronca llena mi audición y hace que algo en mi interior se accione.
Hace que algo intenso y poderoso se apodere de mi sistema y me corra por
las venas. Hace que el fango se vuelva incómodo y que, lo que hace unos
instantes me causaba paz, me haga sentir agobiada. Angustiada por sobre
todas las cosas...

La voz dice algo que no logro entender, pero suena tan aterrorizada, que me
alerta y me saca un poco del estado de estupor en el que me encuentro.3

«¡Abre los ojos!» Grita otra voz aterradoramente familiar. «¡Abre los ojos y
pelea, Bess!».141

La oscuridad que me recibe cuando me digno a mirar al exterior, me asusta.


La falta de oxígeno en mi cuerpo es repentina y, de pronto, me encuentro
luchando contra el agua oscura que me engulle. Me encuentro pataleando
para intentar salir de este lugar.

Líquido helado me llena los pulmones y siento que me ahogo. Siento que
pierdo el conocimiento, pero no dejo de pelear. No dejo de estirarme hasta
mis límites, porque sé que algo muy malo está ocurriendo. Porque sé que este
lugar no es el mío. No aún. No si puedo evitarlo...29

Un último tirón me hace saber exactamente la dirección hacia la que debo de


avanzar y me aferro a él. Me aferro a la cuerda de mi pecho para salir de aquí.
Para empujar mi cuerpo hacia ella y abandonar este lugar.18
Un grito ahogado brota de mi garganta cuando, de golpe, el mundo toma
enfoque. Cuando, sin más, el fango desaparece y la luz y los sonidos me dan
de lleno en los sentidos.7

—¡Bess! —dice una voz femenina, pero ni siquiera me molesto en buscar el


lugar de donde proviene. Me siento tan aturdida, que no puedo hacer otra
cosa más que mirar hacia arriba—. ¡Bess! ¡Gracias a Dios!160

La luz cálida que proviene de todos lados le da un poco de claridad al


panorama, pero no es hasta que unos brazos delgados se envuelven alrededor
de mi cuello, que empiezo a ser consciente del mundo que se dibuja a mi
alrededor.

Las copas de los árboles se alzan sobre mi cabeza y las estrellas en el cielo
son ocultas bajo las capas y capas de nubes que empañan el cielo. El sonido
del fuego crepitando, los gruñidos aterradores de las bestias que trataba
contener, y el sonido de unas voces gritando cosas en idiomas que no conozco
—así como el hedor a azufre y podredumbre que llena mis fosas nasales—,
me hacen sentir incómoda y aturdida.7

A pesar de todo, no soy capaz de hilar del todo lo que ha ocurrido. De hecho,
ahora estoy tan entumecida, que apenas soy capaz de concentrarme en
respirar.

No sé cuánto tiempo paso aquí, aturdida y abrumada; envuelta el abrazo


apretado de la chica de cabellos oscuros y rizados que parece haberse
fundido a mí. No sé cuánto tiempo pase antes de que sea capaz de mover los
músculos agarrotados de mi cuerpo; pero, para cuando soy capaz de hacerlo,
los ruidos aterradores han cesado. Los gritos han terminado y mi cuerpo al fin
responde.18
Acto seguido, poso una mano —débil y torpe— sobre la espalda de Niara,
quien llora en silencio contra mi hombro.

El nudo que yo misma siento en la garganta es tan doloroso, que no puedo


deshacerlo. Que sucumbo ante él y ante las lágrimas aterrorizadas —y
aliviadas— que amenazan con abandonarme.

—¿Qué p-pasó? —digo, en medio de un sollozo bajo, para que solo ella sea
capaz de escucharme.7

—L-Los ángeles... —Niara solloza también—. Mikhail...364

Su nombre cae sobre mí como balde de agua helada y la sensación de


hundimiento y angustia que me causa, es casi tan abrumadora como el
recuerdo vago que tengo de haber sentido un tirón violento en el pecho.

«Era él. Siempre es él».246

Estoy viva esta noche gracias a él. Niara y yo seguimos con vida porque él
está aquí.94

Lágrimas nuevas —cargadas de alivio y de vergüenza— escapan de mis ojos y


el arrepentimiento se arraiga en mis venas como la peor de las sensaciones.
Como la más insidiosa de las voces.81

Entonces, lloramos. Lloramos en silencio hasta que los sonidos, los gritos y
los gruñidos terminan. Hasta que el hedor a carne quemada es insoportable y
el silencio reina el lugar.49

—Es hora de irnos —la voz fría, ronca y autoritaria de Mikhail me invade los
oídos al cabo de unos instantes eternos, y hace que mi corazón se hunda
hasta mi estómago. A pesar de eso, no me muevo. Ni siquiera me atrevo a
respirar porque sé, por sobre todas las cosas, que está furioso. Que está
hecho un mar de ira desmedida.570
Puedo sentirlo a través del lazo que nos une. Puedo saborearlo en la punta de
la lengua.22

Mikhail está encargándose de hacerme saber —por medio de la abrumadora


conexión emocional que la cuerda que nos ata nos da— que está al borde de
la histeria. Que está tan enojado, que podría destrozar el mundo con las
manos.173

—Niara... —una voz más amable y familiar, pero que igual suena tensa y
enojada, me inunda los oídos—. Tú vienes conmigo.138

La bruja se tensa por completo, pero sigue sin apartarse de mí. Siguen sin
dejar de aferrarse a mi cuerpo —el cual se encuentra aún tirado en el suelo.7

—Niara... —la voz insiste, al cabo de unos instantes y, de pronto, soy capaz de
reconocerla. Es Rael quien le llama. Es Rael quien trata de hacer que Niara
me deje ir.105

La bruja me aprieta un poco antes de, finalmente, soltarme y, cuando lo hace,


me siento vacía y expuesta. Me siento vulnerable y lista para recibir la
estocada final por parte de Mikhail.219

Sin decir una palabra, Niara se levanta del suelo y yo cierro los ojos cuando
escucho los pasos lentos y firmes de alguien que se acerca.97

Sé, mucho antes de que se acuclille a mi lado y su aroma me invada, que se


trata de él. Lo sé... Y, a pesar de eso, no me atrevo a mirarlo. No me atrevo a
abrir los ojos para encararlo.132

No dice nada. De hecho, no se mueve durante unos segundos eternos; pero,


cuando lo hace, se limita a meter un brazo por debajo de mi espalda y otro por
debajo de mis rodillas para levantarme del suelo.196
Un disparo de dolor me recorre la espina y aprieto los dientes para evitar
gritar.41

No hay nada cálido en la forma en la que me sostiene. No hay ni siquiera un


vestigio de la calidez con la que alguna vez me tomó en brazos. No es hosco y
malintencionado, como lo era cuando era un demonio completo, pero tampoco
es cálido y dulce, como cuando recién lo conocí. Como cuando lo que
teníamos no estaba manchado por la traición, la desconfianza y todo este
resentimiento que tengo guardado dentro.263

—Vámonos de aquí —dice, en dirección a un lugar que no soy capaz de mirar


y, entonces, un haz de luz brota de uno de sus omóplatos y un ala de
murciélago desgarra la piel de su espalda, antes de emprender el vuelo
conmigo en brazos.

7. "Rendición"
El camino de regreso pasa como un borrón en mi memoria. Como un espacio
de tiempo perdido, del que solo soy capaz de recordar el viento helado
golpeándome el cuerpo de lleno. Del que lo único que soy capaz de traer a la
superficie, es el dolor y la languidez de mis extremidades.74

Cuando Mikhail aterriza frente a la entrada principal de la casa de las brujas,


soy un poco más consciente de mí misma, pero aún me siento aletargada
cuando sube los escalones del pórtico y le ordena a alguien que abra la
puerta.46

Una pequeña conmoción nos recibe en el instante en el que nos adentramos


en la estancia. Soy capaz de escuchar las voces angustiadas de Dinorah y
Zianya en el proceso, pero estas se difuminan cuando, sin ceremonia alguna,
Mikhail se encamina al piso superior conmigo en brazos.85
Escucho cómo Dinorah pregunta por Axel y cómo Niara responde algo que no
soy capaz de entender. Escucho como Zianya suelta un montón de
improperios enojados y como la criatura que me lleva en brazos dice algo
acerca de alguien ardiendo en fiebre; pero me siento tan ajena a todo lo que
me rodea, que apenas soy capaz de poner atención a lo que dice. Tengo
mucho frío. Tanto, que pequeños espasmos me recorren el cuerpo cada pocos
segundos. Tanto, que mis dientes castañean ligeramente y mis manos
tiemblan.231

Apenas soy consciente de lo que pasa a mí alrededor. Apenas soy consciente


de que Mikhail no se dirige a mi habitación una vez que nos encontramos en
el piso superior, sino al baño. Alguien nos sigue de cerca. Alguien que se ha
adelantado unos pasos y se ha adentrado en el reducido espacio y ha abierto
la llave del agua.39

El frío que siento para ese momento es tanto, que tiemblo de pies a cabeza y
tirito y me estremezco como animal moribundo. Entonces, soy introducida en
el agua de la tina. Un grito ahogado escapa de mis labios cuando noto la
frialdad del agua y lucho para salir de ella. Lucho porque estoy congelándome
y acaban de introducirme en una tina llena de líquido helado.76

Unas manos firmes me sostienen en mi lugar y la impotencia me tiñe las


mejillas de lágrimas. Me llena la garganta de sollozos quedos y frustrados.25

Un poco de agua fría es dejada caer sobre mi cabeza y me remuevo ante ella.
Trato de apartarme porque estoy muriéndome del frío.42

Llanto desesperado escapa de mis ojos sin que pueda evitarlo y pregunto por
mi madre. Le pido a la nada que me la traiga de regreso, porque le necesito.
Porque, ahora más que nunca me siento tan indefensa, que no puedo dejar de
clamar y sollozar por ella.412
No sé cuánto tiempo pasa antes de que me saquen de la tina, pero, cuando lo
hacen, el alivio es inmediato. Alguien me cubre con una toalla, pero de todos
modos estilo agua cuando soy sentada sobre la taza del baño.

Una toalla seca cae sobre mi cabeza y me frotan el cabello para secarlo.1

—Yo me encargo —la voz de Dinorah llena mis oídos y las manos que antes
me secaban se alejan de mí y son reemplazadas por unas más suaves. Más
débiles.169

El sonido de la puerta siendo cerrada me llena los oídos y, entonces, soy


despojada de la sudadera empapada que me cubre. Acto seguido las manos
de Dinorah me ponen de pie y me ayudan a quitarme el pantalón de chándal y
los zapatos deportivos que también llevo puestos.42

Mi ropa interior es lo último que me abandona el cuerpo y me siento expuesta


en el instante en el que el material cae al suelo mojado.35

El letargo y el aturdimiento han aminorado un poco y ahora, un poco más


consciente de mí misma y sin los temblores que me invadían, soy capaz de
tomar la toalla entre los dedos para secarme por mi cuenta.

Al cabo de unos instantes, Dinorah se pone de pie y sale de la habitación para


volver a los pocos minutos con algo de ropa.

La sudadera holgada y la ropa interior son lo único que me pongo y luego de


que lo hago, ella empieza a trabajar en las heridas de mis muñecas.

Las suturas son dolorosas, pero estoy tan acostumbrada a ellas, que apenas
les presto atención; el entumecimiento en mis extremidades es tanto, que
apenas puedo mover las manos; que apenas puedo sentir los dedos.77

Dinorah trabaja en silencio y yo no puedo evitar mirarla a detalle.


Lleva la mandíbula apretada y la boca hecha línea dura. Su ceño está fruncido
con concentración, pero hay algo más en su gesto; algo que me hace saber
que está tomando todo de ella no explotar en cualquier momento.9

No se necesita ser un genio para saber que también está furiosa...


No... Decepcionada, de mí.183

Una sensación dolorosa me llena el pecho y, de pronto, no puedo seguir


mirándola. No puedo seguir viendo cómo trata de repararme, mientras que yo
no hago otra cosa más que ponerme en riesgo. No puedo seguir viendo cómo
su gesto se contorsiona con emociones oscuras y angustiadas.40

Quiero pedir perdón. Quiero llorar como una idiota y rogar porque me perdone
por todo lo que les he hecho pasar, pero no lo hago. A estas alturas, no tengo
cara para hacerlo...76

Cuando termina de suturar las heridas en mis muñecas, me ofrece un vaso


con agua y un par de pastillas.

—Dina... —digo, con la voz rota y destrozada de tanto gritar, y los costados de
mi cuello duelen en el proceso. Ella alza las manos en una clara señal de
silencio y aprieta los ojos con fuerza.

—Ahora no, Bess —dice, en un tono tan ronco y hosco, que mi corazón se
estruja. Que algo en mi interior se rompe.209

Un nudo se forma en mi garganta en ese instante y mi mirada se empaña con


lágrimas que no derramo.

En ese momento, aprieto los dientes con fuerza y bajo la mirada a mis pies
descalzos. Entonces, sin decir nada más, Dinorah se pone de pie y abre la
puerta. La figura de Mikhail está ahí cuando lo hace.204
La bruja, quien parece completamente turbada por la presencia de Mikhail, se
aclara la garganta antes de decir:2

—Listo.

Mikhail asiente con dureza y se aparta para dejarla pasar. Entonces, cuando
Dinorah desaparece por el umbral, se adentra en la reducida estancia.144

La energía abrumadora que emana me aturde. Me llena el pecho de una


sensación dolorosa y cálida al mismo tiempo. Me hace querer salir corriendo y
acercarme un poco más a él.5

No dice nada mientras se pone de pie justo delante de mí. Ni siquiera hace
ademán de querer acercarse o de tener intención alguna de querer llevarme a
mi habitación. Solo se queda ahí, quieto, con los ojos —furiosos y crueles—
clavados en mí.219

Un gesto duro es realizado por su cabeza en dirección a mis manos y la


confusión que me invade es inmediata.

Durante unos instantes, mi cerebro no logra entender lo que trata de decir. No


es hasta que lo hace de nuevo y que mi vista se posa en mis manos, que lo
entiendo. Está ordenándome que me tome las pastillas.82

Así, pues, con los dedos temblorosos y el cuerpo adolorido, me las echo a la
boca y le doy un trago largo al vaso con agua.6

Una vez que lo he hecho, me quita el cristal de entre los dedos, lo deja sobre
el lavamanos y se acerca de nuevo a mí para intentar ayudarme a ponerme de
pie. Yo se lo impido. Impido que me levante porque mi dignidad está por los
suelos y porque, a pesar de eso, no quiero que crea que necesito de su ayuda
o que soy una damisela en apuros a la que debe cuidar las veinticuatro horas
del día —aunque, en el fondo, a veces siento que así es.296
Mikhail vuelve a intentar llegar a mí, pero cuando sus manos me toman los
antebrazos, me deshago de su agarre y alzo la vista para encararlo.36

Hay ferocidad en su mirada, pero también la hay en la mía.24

—Puedo hacerlo sola —digo y la afonía en mi voz suena dolorosa incluso a


mis oídos.201

Un músculo salta en la mandíbula de Mikhail, pero se aparta sin dejar de


mirarme a los ojos. Sin dejar de retarme a moverme por mi cuenta. Él sabe
mejor que nadie cuán débil pueden dejarme los Estigmas. Él sabe que, ahora
mismo, es un milagro que esté consciente. Por lo regular, el poder destructivo
que llevo dentro me drena hasta llevarme a la inconsciencia. Se roba toda mi
fuerza y me deja hecha un títere a manos de Morfeo.38

Hago acopio de toda la fuerza de mi cuerpo y me incorporo con lentitud. El


dolor escuece en mi espalda cuando la piel herida de mi espalda se estira y se
remueve, pero aprieto los dientes y mantengo mi expresión tan limpia como
me es posible.33

Mis pies comienzan a moverse con torpeza por el suelo húmedo y resbaloso
del baño y Mikhail se aparta del camino cuando estiro una mano para
sostenerme del lavamanos. A pesar de eso, me sigue de cerca; como si
estuviese esperando a que me desplomara en el suelo en cualquier momento.
Como si estuviese preparándose para detenerme de una caída inminente.14

Mi cuerpo está encorvado hacia adelante y mis músculos gritan, no solo por
las heridas provocadas por los Estigmas, sino por las magulladuras que recibí
al ser lanzada por los aires y caer en el asfalto.25

Con todo y eso, no dejo de avanzar. No dejo de aferrarme a todo lo que está
cerca para no caer hasta llegar a mi habitación.96
Una pequeña victoria se alza en mi pecho cuando consigo entrar en ella sin
desmoronarme en el suelo, pero no bajo la guardia. Al contrario, con todo el
cuidado que puedo imprimir, me encamino hasta la cama y me siento en el
borde. El alivio me llena el pecho de una sensación cálida, pero esta
desaparece cuando, por el rabillo de mi ojo, veo a Mikhail.91

Está ahí, en el umbral de la puerta, con la mirada fija en mí y la mandíbula


apretada.

Sigue furioso, eso lo sé. No esperaba otra cosa luego de lo que ocurrió —a
pesar de que todavía no averiguo qué, exactamente, pasó—, pero, de todos
modos, tener su expresión iracunda sobre mí me hace sentir indefensa e
inútil.16

No me muevo. Tampoco me atrevo a decir nada, porque sé que, si lo hago, la


discusión que le seguirá será monumental. De hecho, en estos momentos, ni
siquiera me atrevo a mirarlo directamente a la cara.16

Él tampoco hace o dice nada. Se limita a quedarse ahí, en el umbral de la


puerta, con la vista clavada en mí y la mandíbula apretada con dureza.7

Por un doloroso instante, creo que no va a pronunciar palabra alguna. Creo


que va a marcharse y a dejarme aquí, sola una vez más; sin embargo, eso no
ocurre. Por el contrario, Mikhail toma una inspiración profunda y dice con la
voz enronquecida por la ira que trata de contener:1

—¿Tienes una idea de lo estúpido que fue lo que hiciste?399

No respondo. No puedo hacerlo. El nudo que ha comenzado a formarse en mi


garganta me lo impide.

—¿En qué demonios estabas pensando? —espeta. Esta vez, su voz suena
menos contenida y se eleva con cada palabra nueva que pronuncia—. ¿Qué,
en el jodido infierno, te pasaba por la cabeza cuando creíste que salir de este
lugar para abrir un portal al Averno era una buena idea?214

Cierro los ojos con fuerza, solo porque no puedo creer cuán rápido se ha
enterado de cuales eran nuestros planes.

—¡Tengo a un condenado pelotón allá afuera listo para contener la mierda


que seguramente saldrá de la grieta a la que intentabas llegar! —esta vez, su
voz suena tan fuerte, que me encojo por instinto—. ¡Has puesto en riesgo no
solo a las brujas que viven en esta casa, sino a todas las personas que
habitan en esta jodida ciudad! ¡¿Tienes una idea de lo que es eso?! ¡¿Te das
cuenta de lo que acabas de hacer?!455

Lágrimas nuevas se agolpan en mis ojos y caen cálidas y pesadas por mis
mejillas.124

Las palabras se terminan en ese momento y, de pronto, lo único que soy


capaz de escuchar, es el sonido de mi respiración temblorosa.1

—Bess, lo que hiciste fue lo más estúpido que has podido hacer jamás —dice,
al cabo de un largo momento, con la voz enronquecida. Suena como si
estuviese tratando de contenerse. Como si estuviese tratando de no perder
por completo los estribos—; así que te lo pregunto una vez más porque de
verdad trato de entenderte: ¿En qué diablos pensabas?204

Un sollozo estrangulado brota de mis labios y me cubro la boca solo porque no


quiero que me escuche llorar. Porque no quiero que se ablande. No merezco
que lo haga. Merezco que esté así de enojado conmigo. Merezco que esté
hablándome como lo hace porque cometí una estupidez. Cometí un
grave, grave error.211

—Tuviste suerte de que estuviéramos de camino para acá —dice, luego de


otro largo silencio—. Tuviste suerte de que, por alguna jodida y extraña razón,
me convenciste de traer a esos niños a este lugar, porque de otro modo... —
hace una pausa, como si las palabras que estuviese a punto de pronunciar le
parecieran imposibles y dolorosas. A pesar de eso, se obliga a soltarlas—:
Porque de otro modo, no sé qué habría pasado.416

Mi vista se alza en ese momento, a pesar de las lágrimas que me nublan los
ojos, y lo encaro. Lo encaro porque no estoy segura de estar entendiendo lo
que dice.

Él parece notar la confusión en mi rostro, ya que, aún con ese gesto iracundo
que lleva tallado en el rostro, pronuncia:

—Los traje. Traje a los condenados niños porque me lo pediste —una risa
corta y carente de humor escapa de sus labios; como si le avergonzada
aceptar que hizo algo solo porque yo se lo pedí.413

Un silencio largo y tirante se extiende entre nosotros.

—Me largo a buscar a los otros Sellos para traerlos a ti como símbolo de paz y
de lo mucho que deseo tener una tregua contigo, y tú terminas yendo a buscar
una entrada al condenado Inframundo —se burla de sí mismo con amargura y
el arrepentimiento quema en mis venas y me impide respirar con
normalidad.216

—L-Lo siento —pronuncio, con la voz enronquecida, pero eso solo consigue
que Mikhail suelte una carcajada aún más amarga que sus palabras.52

—Lo sientes... —espeta y el veneno que tiñe su voz es tanto, que mis ojos se
aprietan con fuerza para no tener que mirar el gesto cruel que ha empezado a
esbozar—. ¿De verdad lo sientes, Bess? Porque en serio empiezo a creer que
haces todo esto solo para imponerte. Para demostrar yo no sé qué carajos.255

Niego con la cabeza, al tiempo que me obligo a encararlo.


—No estoy tratando de demostrar nada —digo, en un tono de voz apenas
audible.41

—Ah, ¿no? Entonces, ¿por qué lo haces? ¿Por qué pones en riesgo tu vida y la
de los demás al hacer estupideces como la de hace rato? —la ferocidad de su
gesto es tanta, que me encojo en mí misma—. ¿Por qué no entiendes que no
puedes ir por ahí tratando de jugar a que puedes reparar las cosas?172

Un sonido torturado escapa de mis labios y me apresuro a limpiar las lágrimas


lastimosas que brotan a borbotones de mis ojos.

—Haces esto porque tratas de probarme que eres fuerte. Haces esto porque
tratas de probarle a todo el mundo que no necesitas de la protección que trato
de ofrecerte. Porque tratas de probarle a todos que no me necesitas —niega
con la cabeza, y su expresión se endurece otro poco—, pero te tengo una
noticia, Bess: No soy tu enemigo. Te lo dije antes y te lo repito ahora: no soy
un monstruo. Sé que estás enojada. Sé que estás herida y que necesitas
desquitar todo el coraje que llevas dentro, pero arriesgándote así no vas a
conseguir absolutamente nada.256

Clava sus ojos en los míos.

—Grítame. Escúpeme que soy un hijo de puta y un pedazo de mierda por


haberte traicionado. Dime que me odias, que no quieres volver a verme... Haz
lo que tengas qué hacer para liberarte de todo eso que llevas atorado adentro;
pero, por favor, deja de intentar demostrar tu valía. Deja de intentar demostrar
que eres capaz de hacer cosas por tu cuenta, porque eso ya lo sé —la
determinación y severidad con la que me mira me hiere tanto como lo que
está diciendo—. ¿De verdad crees que no lo noto? ¿De verdad crees que soy
tan estúpido como para no notar cuán fuerte eres? Y no hablo de esas
condenadas cosas que te dan ese poder aterrador —hace una seña en
dirección a mis muñecas heridas—. Hablo de ti. Hablo de Bess Marshall: la
chica que se ha levantado una y otra y otra vez de las peores situaciones. La
chica que ha encontrado la fortaleza de seguir con su vida, no una, sino dos
veces luego de haberlo perdido todo —el dolor que siento en el pecho es
tanto, que apenas puedo respirar como de debe—. Eres más que el poder que
te dan esos Estigmas, Bess, y no tienes que tratar de probarle nada a nadie
arriesgándote como lo haces.506

—Tú n-no lo entiendes —suelto, en medio de un sollozo entrecortado.71

—¿Qué es lo que no entiendo, Bess? ¿Que quieres ayudar? ¿Que quieres


probar que puedes ser de utilidad en esta guerra? —sacude la cabeza en una
negativa dura—. Lo entiendo. De verdad, créeme que lo hago; pero no puedes
ir por ahí jugando a la misión suicida solo porque sí.81

—Dices eso porque tratas de m-mantenerme con vida. Porque... —empiezo a


decir, en un balbuceo estúpido y sin sentido. Ni siquiera yo, en estos
momentos, creo eso.156

Mikhail ni siquiera me permite terminar de hablar. Ni siquiera me da tiempo


de decir una sola palabra más, porque acorta la distancia que nos separa en
unas cuantas zancadas y me toma la cara entre las manos en un gesto
desesperado, pero suave al mismo tiempo.158

—No, Bess —dice tan cerca de mi cara, que siento su aliento golpeándome la
comisura de la boca. Su voz suena susurrada, ronca, profunda e inestable—
. No.260

Niega con la cabeza, sin apartar sus penetrantes ojos de los míos. Está tan
cerca ahora, que soy capaz de notar la tormenta de tonalidades grises,
blancuzcas y doradas que bailan en su mirada.8
—No digo esto porque trato de mantenerte con vida —su voz es un susurro
tan ronco y grave, que apenas puedo reconocerla como suya—. No digo esto
por lo que representas —traga duro y recorre mi rostro con la vista. No me
pasa desapercibida la forma en la que se detiene unos segundos más de lo
debido en mi boca—. Me importa un jodido infierno y parte del cielo si eres o
no un Sello del Apocalipsis —vuelve a mirarme a los ojos—. Te digo esto
porque me preocupo por ti. Porque, aunque no me creas, aunque dudes de mí
luego de todo lo que pasó, me importas —hace una pequeña pausa,
permitiendo que sus palabras se filtren en lugares de mi corazón en los que
no deberían filtrarse y, entonces, continúa—: Porque, cuando haces estas
cosas..., cuando te pones en peligro..., el mundo se cae a pedazos a mi
alrededor. Porque no sé qué demonios habría hecho si algo te hubiese
ocurrido esta noche.717

Mis ojos se cierran en ese momento y trato de contener las lágrimas nuevas
que amenazan con abandonarme, al tiempo que sacudo la cabeza en una
negativa.

—No... —pronuncio, pero lo digo para mí misma. Lo digo porque no quiero que
el calor que me inunda el pecho en este momento se extienda y lo invada
todo.40

—Sí, Bess —Mikhail dice con firmeza, pero no deja de hablar bajo—. Sí. Esa
es la maldita verdad. Aunque no quieras creerla; aunque te cueste aceptarla;
esa es la puñetera verdad: me importas. Me importas tanto, que la sola idea
de pensar en ti, aquí, corriendo peligro, me hace querer arrancarme la maldita
cabeza.209

—N-No puedes mantenerme dentro de una caja de cristal. No puedes


protegerme de todo —digo, con la voz hecha un susurro áspero y ronco.121
—¿Qué se supone que tengo qué hacer, entonces? ¿Dejarte ir en modo
kamikaze a todas y cada una de las misiones lunáticas que se te vienen a la
cabeza? —su ceño se frunce con severidad y determinación—. No, Bess. Lo
siento mucho, pero no puedo permitirlo. Necesito que confíes en mí. Necesito
que hagamos una tregua. No te estoy pidiendo que me perdones, porque ni
siquiera yo he podido perdonarme a mí mismo; pero sí te pido que me dejes
arreglar toda esta mierda. Necesito que confíes en que puedo solucionarlo.
Cielo, por favor, es lo único que quiero de ti.618

Mis ojos se cierran con fuerza y el dolor me desgarra el pecho con violencia.

—N-No puedes pedirme eso. No puedes pretender que confíe en ti luego de lo


que pasó —suelto, en un susurro inestable y tembloroso.147

—Lo sé —él asiente, sin apartarse ni un milímetro. Sin apartar sus manos
cálidas y grandes de mis mejillas húmedas por las lágrimas—. Lo sé
perfectamente.

—Confié en ti. Creí en ti —las palabras salen como un reproche dolido de mis
labios, pero no puedo detenerlas—. Jugaste conmigo. Con todos nosotros. ¿Y
ahora quieres que haga como si nada de eso hubiese ocurrido? ¿Cómo si
pudiese creer una sola palabra de lo que dices?203

Lágrimas nuevas y torrenciales escapan de mis ojos y reprimo un sollozo


antes de continuar:

—Creí que de verdad sentías algo por mí. Creí que de verdad estabas
recordando. Creí que... —no puedo seguir hablando. No puedo pronunciar
nada más, porque el llanto es tan intenso ahora, que apenas puedo
respirar.204

Una de las manos de Mikhail viaja por mi mejilla hasta posarse en mi nuca.
Sus dedos largos y cálidos se envuelven entre las hebras sueltas de mi
cabello y, de pronto, soy hiper consciente de nuestra cercanía. Del modo en el
que su respiración y la mía se mezclan en el camino.88

—No tienes una idea de cuánto me arrepiento de todo lo que hice —dice y
suena tan torturado, que mi pecho se estruja y duele con cada una de sus
palabras—. Si pudiera regresar el tiempo, lo haría todo diferente. Lo haría
todo de otra manera, porque no lo merecías. Ashrail tampoco lo merecía. Lo
eché a perder. Lo arruiné todo... y es por eso que estoy tratando, con todas
mis fuerzas, de solucionar todo esto. De darte el espacio que necesitas. De
alejarme de ti para no hacerte más daño.205

Un sonido estrangulado escapa de mi garganta en ese momento y todo el


resentimiento acumulado en mi pecho se transforma poco a poco en dolor.
Crudo e intenso dolor.

Mis ojos se cierran con fuerza e inclino la cabeza, de modo que mi frente
termina presionada en su mejilla; y mis manos se cierran en el material
delicado que sobresale de la armadura que lleva puesta.61

Huele a azufre, sangre y sudor. Huele a humo y tierra. Huele a la batalla que
acaba de tener para salvarme la vida, y eso solo consigue quebrarme un poco
más.30

La mano que mantenía en mi cuello pasa a la cima de mi cabeza y luego a mi


frente. La presión que ejerce es tan suave, que mi corazón se aprieta otro
poco.2

—Todavía tienes fiebre —musita con aire preocupado y una nueva emoción se
instala en mi pecho. No puedo creer que no esté despotricando en mi contra.
No puedo creer que no esté queriendo asesinarme por lo que hice. No puedo
creer que esté aquí, consolándome, cuando no merezco que lo haga.204
Un sonido lastimero se me escapa y, entonces, lo pierdo. Pierdo la
compostura, la dignidad y absolutamente todo lo que había estado
conteniendo desde lo ocurrido en la azotea de aquel edificio.28

No sé cuánto tiempo pasa antes de que el llanto merme. No sé cuánto tiempo


pasa antes de que, finalmente, me atreva a apartarme de él para mirarlo a los
ojos.3

Aún está cerca. Aún luce torturado. Aquella máscara de serenidad que ha
llevado puesta las últimas veces que hemos conversado, ha desaparecido por
completo y ahora solo está él: angustiado, herido y vulnerable.99

Uno de sus dedos largos y ásperos traza la línea de mi mandíbula y se detiene


en mi barbilla antes de desviar su vista a mis labios durante unos instantes.
Cuando lo hace, su mirada se oscurece varios tonos.132

—Voy a odiarme el resto de mi existencia por esto, pero, si no lo hago... —


susurra, en voz tan baja, que apenas puedo escucharlo. Entonces, sin darme
tiempo de procesar nada de lo que ha dicho, acorta la distancia que nos
separa. Acorta el suspiro que se interpone entre nosotros y une sus labios a
los míos en un beso dulce, lento y pausado. Un beso que me estruja el alma
entera y me llena el cuerpo de un calor indescriptible y doloroso.1K

Mis manos se aferran a sus brazos y su lengua busca la mía cuando el beso
se transforma en algo más profundo. El sabor de su aliento se mezcla con el
mío y mi corazón se estremece con violencia. El lazo que me une a él vibra y
pulsa con cada una de las caricias de sus labios y todo a mi alrededor se
diluye. Se disuelve en un mar de emociones caóticas y turbulentas. En un mar
de sentimientos enterrados y sensaciones olvidadas.48
Se aparta de mí con brusquedad. Su respiración es tan agitada como la mía y
el lazo entre nosotros parece tirar de mí hacia él; como si tratase de fundirnos
en un solo cuerpo. Como si tratase de convertirnos en una sola criatura.148

—In tua cute ego inventi caelum. In tua corde, anima mea —susurra

contra mis labios y, entonces, vuelve a besarme.

8. "Error"
Mi corazón golpea contra mis costillas con tanta violencia, que mi pecho
duele; mis manos temblorosas se aferran con tanta fuerza a Mikhail, que temo
estar haciéndole daño; mi boca —ávida y necesitada— no deja de besarle con
urgencia y el lazo que me une a él no deja de tirar con fuerza.317

La sangre zumba en mis venas, mi pulso late detrás de mis orejas y quiero
fundirme en él. Quiero acabar con este resentimiento, con estas dudas que no
me dejan ni a sol ni a sombra. Quiero, por primera vez en mucho tiempo, bajar
la guardia porque ya no puedo más. Porque ya no puedo soportar la idea de
seguir dudando de todo aquel que me rodea.47

Un sonido gutural escapa de la garganta de Mikhail cuando una de mis manos


se posa en su nuca y las hebras alborotadas de su cabello oscuro se enredan
entre mis dedos. Entonces, uno de sus brazos se envuelve alrededor de mi
cintura y me atrae hacia él. El dolor estalla en mi espalda en ese momento,
pero trato de ignorarlo. Trato de empujarlo lejos, porque esto..., su beso...,
eclipsa absolutamente todo lo demás. Porque todo aquello que había
intentado negarme a mí misma está aquí, llenándome el alma por completo.
Alimentando aquella esperanza que ni siquiera sabía que albergaba en mi
corazón.130
Otra cosa es susurrada contra mis labios cuando el chico frente a mí se aparta
un poco; sin embargo, el sonido de su voz se apaga cuando vuelve a besarme
con urgencia.402

En ese momento, el sonido de la puerta siendo abierta lo irrumpe todo y hace


que Mikhail se aparte de mí a toda velocidad. Yo, en el proceso, doy un
respingo en mi lugar y bajo la mirada para que, quien sea que haya entrado a
la habitación sin llamar, sea incapaz de verme la cara.323

—Creí que Bess necesitaría un poco de ayuda para controlar tu temperamento


de mierda, Miguel —la voz de Rael llena mis oídos y cierro los ojos con fuerza,
al tiempo que siento cómo mi rostro se calienta—, pero creo que la he
subestimado. Lo tiene todo bajo control.831

—¿Qué es lo que quieres, Rael? —Mikhail suelta. Trata de sonar severo, pero
la vergüenza que tiñe su voz delata que se encuentra tan azorado como yo.227

La garganta de Rael se aclara en ese momento y lo miro de reojo justo a


tiempo para verlo esbozar una sonrisa taimada.19

—Puedo venir en otro momento si así lo desea, comandante —dice con


socarronería. No me pasa desapercibida la burla con la que pronuncia la
palabra «comandante», y, muy a mi pesar, una sonrisa abochornada tira de las
comisuras de mis labios.370

—Rael... —el tono de Mikhail destila advertencia.1

—¡Bueno! ¡Bueno! ¡Ya! —el ángel se apresura a decir, al tiempo que trata de
recomponer el gesto—. ¿Podemos hablar en privado un segundo? Tenemos
una situación por aquí.62

—Puedes hablarlo aquí —Mikhail, deliberadamente, aparta sus manos lejos


de mí y, de pronto, me siento abandonada.158
Rael lanza una fugaz mirada en mi dirección.

—Realmente preferiría que lo hablásemos en privado —dice y el tono que


utiliza no hace más que encender la alarma en mi sistema.4

—¿Ocurre algo? —inquiero. La culpabilidad que había empezado a


evaporarse, se solidifica poco a poco. Se arraiga en mi interior y se enreda en
mis huesos.

—No —Rael se apresura a decir, pero no da más explicaciones al respecto. Se


limita a dirigirse a Mikhail para añadir—: ¿Vamos a afuera?

El intercambio que tienen con la mirada no hace más que colocar un nudo de
ansiedad en la boca de mi estómago, pero, cuando la criatura delante de mí
me observa, lo único que soy capaz de encontrarme, es una máscara de
serenidad.

—Lo siento —dice y de verdad suena contrariado—. Tengo que ir.86

La ansiedad que comenzaba a anidarse en mi estómago ha empezado a


transformarse en algo más crudo. Más visceral y difícil de controlar: pánico.
Crudo e intenso pánico.2

Estoy segura de que Mikhail es capaz de verlo en mi expresión, pero no hace


nada por aminorarlo. No hace nada por amainar la sensación dolorosa que
tengo en la boca del estómago.12

Un asentimiento torpe es lo único que soy capaz de regalarle después del


largo escrutinio, pero él no se mueve de inmediato. Se toma unos últimos
segundos para mirarme a detalle, antes de ponerse de pie y encaminarse
fuera de la estancia.72

~*~52
No puedo dormir. La sensación ansiosa que tengo en la boca del estómago no
me permite cerrar los ojos, y la densidad en el aire no hace nada para
ayudarle a mis nervios alterados. No sé, exactamente, qué es lo que me
provoca esta extraña opresión en el pecho. Mucho menos sé a qué se debe
este hormigueo que me corre debajo de la piel, pero es insoportable. Es
aterrador y quiero que se termine ya.42

Hace mucho rato ya que dejé de sentir la cercanía de Mikhail a través del lazo
que nos une, lo cual no ha hecho más que acrecentar el hueco en mi interior,
pero no me he atrevido a salir de mi habitación para averiguar si su ausencia
—porque estoy segura de que no está aquí. Lo siento en la atadura de mi
pecho— durará apenas unas horas o será algo más duradero; como todas
aquellas veces que se ha marchado sin avisar.25

No quiero aceptarlo, pero la sola idea de imaginarme de nuevo aquí, atrapada


en este lugar, mientras él se encuentra lejos, me oprime las entrañas de
manera incómoda y dolorosa.

Todavía no sé cómo me siento respecto a lo que pasó hace unas horas, pero
mis labios aún arden debido a nuestro contacto intenso, mis manos aún pican
con la necesidad de tocarle y mi mente no deja de reproducir una y otra vez
todo aquello que pronunció.205

Una parte de mí no deja de decirme que soy una estúpida por sentirme como
lo hago; por anhelarle luego de todo lo que ha pasado y de cuánto daño me
hizo; sin embargo, no puedo hacer nada para evitarlo. Ahora mismo, mis
defensas se han resquebrajado y me han dejado vulnerable. Han dejado
expuesta esa parte de mí que aún desea creer en él con todas sus fuerzas... Y
no sé si esa sea la decisión más inteligente que puedo tomar ahora
mismo.115
Mis ojos se cierran con fuerza apenas el recuerdo de sus labios sobre los míos
me invade la cabeza y tomo una inspiración profunda.4

«No puedes bajar la guardia así de fácil, Bess». Me reprimo a mí misma, pero
el anhelo no se va. Las ganas que tengo de verle de nuevo son más intensas
que nunca.114

Tomo una inspiración profunda, en un débil intento por aminorar la sensación


dolorosa que se ha mezclado con la ansiedad, y aprieto la mandíbula hasta
que logro empujar las ilusiones a un rincón oscuro en mi pecho.1

Entonces, la sensación incómoda y densa se arrastra de nuevo debajo de mi


piel y repta hasta mi nuca. Ahora que la presencia abrumadora de Mikhail se
ha ido, soy capaz de percibir mejor este extraño rumor que lo ha invadido
todo. Este extraño zumbido ronco y profundo que parece venir desde debajo
de la tierra.

«Eso fue lo que provocaste al ir a esa grieta». Susurra la vocecilla insidiosa de


mi cabeza y el remordimiento se le suma al nerviosismo que se me cuela en
los huesos. «Tú has provocado este caos en el ambiente».92

La culpabilidad incrementa en ese momento y trato de incorporarme poco a


poco en una posición sentada. El dolor en mi cuerpo me distrae ligeramente
de la pesadez que lo envuelve todo y, cuando logro superarlo, deslizo los pies
hasta la orilla de la cama. Entonces, me pongo de pie con lentitud.3

La debilidad de mi cuerpo es tanta, que siento cómo mis rodillas se doblan


ligeramente, pero me las arreglo para mantenerme en pie, aferrada a la
mesa.30

Mis dedos se cierran en el material del edredón que cubre el colchón y doy un
paso en dirección a la ventana que da hacia la calle. Un par de trompicones
me llevan hasta el alféizar y me aferro a él mientras, con los ojos cerrados,
trato de absorber el ardor que me escuece la espalda.

Cuando el dolor disminuye, me atrevo a alzar la vista y observar hacia la calle.

La oscuridad de la noche es apenas irrumpida por la suave iluminación que se


proyecta a través de las luminarias parpadeantes de la calle, y la imagen está
tan llena de sombras y siluetas deformadas, que apenas puedo reconocer la
vialidad que alguna vez fue tan común y corriente como cualquier otra en el
mundo. Esa por la que caminaban los vecinos con sus perros durante las
noches, las madres con sus hijos pequeños por las mañanas y los padres de
familia ataviados en trajes de vestir o uniformes de trabajo por las tardes.

Ahora, bajo el escrutinio de mi mirada, lo único que puedo ver es... soledad. Es
este vasto terreno de concreto y edificaciones que alguna vez guardaron la
vida —los sueños y las ilusiones— de alguien más. De decenas de personas
que ahora solo pueden sentir miedo.5

La normalidad se acabó en el mundo. Las preocupaciones que ayer nos


atormentaban, se han quedado diminutas en comparación a lo que nos aqueja
ahora. La humanidad ha cambiado para siempre y solo Dios sabe si quedará
alguien, cuando todo esto termine, para contar lo que ocurrió. Si quedará
alguien que pueda, siquiera, escucharlo.85

Un suspiro entrecortado escapa de mis labios cuando la realización de esto


me azota directo en la cara y quiero llorar. Quiero llorar porque me siento
diminuta. Porque me siento perdida, sola y desolada, y no puedo ni
imaginarme cómo es que se sienten todos aquellos que no tienen idea de lo
que está pasando. Cuánto terror deben de albergar en sus corazones y
cuántas ganas de acabar con todo deben sentir ahora mismo.8
Un movimiento es captado por el rabillo de mi ojo y, rápidamente, clavo mi
atención en el punto en el que lo he percibido. Entonces entorno la mirada y
cambio el ángulo en el que me encuentro hasta que soy capaz de distinguir
una silueta.32

Mi ceño se frunce en concentración y me muerdo el labio inferior mientras,


como puedo, pego mi cara al vidrio para observar mejor. En ese momento, soy
capaz de distinguirla...4

Al principio, con la oscuridad de la noche y mi pésima ubicación, no soy capaz


de darle la forma correcta, pero, ahora que la he escudriñado con atención,
soy capaz de tener un mejor vistazo.

Ahí está ella.

Gabrielle.339

Se encuentra de pie a unos pasos de distancia de la cerca que rodea el


perímetro de la casa, y habla con alguien a quien no soy capaz de ver desde el
lugar en el que estoy posicionada.38

No lleva aquellas vestiduras extrañas que alguna vez le vi llevar. Tampoco


lleva una armadura como la de los ángeles guerreros que he visto
acompañando a Mikhail. Va vestida como si fuese cualquier chica común y
corriente..., excepto que no luce como una. Dudo que alguien tan imponente
como ella sea capaz de pasar desapercibida, aún si utilizara las ropas más
simples existentes.17

«¿Qué hace aquí?». Inquiero para mis adentros y, presa de una curiosidad
imperiosa y demandante, me obligo a apartarme de la ventana y encaminarme
hacia la salida de mi habitación.9
En el instante en el que pongo un pie fuera de ella, me azota una oleada de
energía extraña y abrumadora. Una que me aturde y me desarma durante
unos instantes.60

Un escalofrío de puro terror me recorre la espalda cuando la sensación de


estar siendo observada me golpea de lleno y miro hacia todos lados solo para
asegurarme de que no hay nadie aquí, en el pasillo del piso superior.31

La sensación de estar siendo perseguida o vigilada no se va. Al contrario, se


aferra con fuerza a mis huesos, pero me digo a mí misma que, si alguien esta
casa está vigilándome, me lo tengo bien merecido. Luego de lo que ocurrió en
la carretera, no me sorprendería para nada que alguien estuviese al pendiente
de mí las veinticuatro horas del día.17

Así, pues, con todo y las ganas que tengo de volver a la seguridad de mi
habitación, me obligo a avanzar en dirección a la ventana que se encuentra al
fondo del corredor. Esa que se encuentra justo a un lado de la escalera
descendiente.

Me toma unos instantes eternos alcanzar el marco viejo y, cuando lo hago, me


obligo a mirar hacia la calle. Desde este ángulo soy capaz de tener una mejor
vista. Un mejor ángulo hacia el espacio en el que Gabrielle se encuentra. Lo
único que puedo rogarle al cielo ahora mismo, es que ella siga ahí, con quien
sea que esté conversando.5

Mis pies descalzos se alzan sobre las puntas y me estiro lo mejor que puedo
para tener un mejor vistazo de la calle. Es en ese momento, que el corazón me
da un vuelco. Ese en ese preciso instante, que una sensación oscura e
insidiosa se aferra a mi cuerpo con sus garras afiladas.
Ahí, justo frente a Gabrielle —y dándole la espalda a la casa—, se encuentra
Mikhail. A pesar de que no tengo una vista directa de su anatomía, sé que se
trata de él. Podría reconocerlo en cualquier parte del mundo.370

Trato, desesperadamente, de apaciguar todo aquello que me llena el pecho de


sensaciones abrumadoras, y me digo a mí misma que esto no me importa.
Que el hecho de que Mikhail y Gabrielle estén allá afuera, teniendo una
conversación privada, no es algo que deba afectarme o siquiera incumbirme;
sin embargo, no logro deshacerme de esta opresión en el pecho. No logro
desperezarme de la dolorosa sensación de ahogo que me embarga.49

—No sabía que eras del tipo de chica que espía a sus intereses románticos —
la voz a mis espaldas me hace pegar un salto en mi lugar y tengo que
cubrirme la boca para evitar dejar ir el grito que se ha construido en mi
garganta.150

Acto seguido, me giro sobre mis talones y me encuentro de lleno con la figura
imponente de Rael, quien se encuentra parado a una distancia prudente de
mí.149

Lleva los brazos cruzados por encima del pecho y una expresión que, a pesar
de la oscuridad que nos rodea, puedo reconocer como socarrona y burlesca.7

—Casi me matas del susto —siseo en su dirección y una risa suave brota de
sus labios.7

—Gabrielle está aquí porque Mikhail le pidió que viniera —Rael dice,
ignorando por completo mi protesta—. El plan inicial era que ella se quedara
aquí, con un pelotón entero, protegiéndolos a ti y a los demás sellos; pero,
luego de lo de esta noche... —hace una mueca desalentadora antes de
añadir—: Están tratando de deliberar qué es lo mejor que se puede hacer
ahora mismo.27
—¿Qué está pasando allá afuera, Rael? —inquiero, en un susurro asustado—.
¿Qué fue lo que hicimos? ¿Cómo está Niara? ¿Dónde está Axel?91

Rael niega con la cabeza, pero la preocupación ha comenzado a invadirle las


facciones.

—La grieta aquí ya era enorme y con el escape de las bestias de esta noche
se hizo gigantesca. Todo parece indicar que vamos a tener que marcharnos de
aquí —dice y la culpa me invade el pecho de inmediato—. Mikhail dice que
puede conseguirnos un lugar seguro para ocultarlos a ti y a los otros sellos;
pero dice, también, que hacer el viaje podría ser muy riesgoso —Rael deja
escapar un suspiro—. Aún están tratando de decidir qué debemos hacer. Cuál
es el siguiente paso.38

El peso de sus palabras se asienta entre nosotros y crea un silencio pesado


que acompaña la densidad en la energía que lo rodea todo.

—Tu amiga la bruja, se encuentra bien —Rael pronuncia, al cabo de unos


instantes que se sienten eternos—. Se fracturó un dedo y tiene el cuerpo
magullado, pero nada de qué preocuparse. En cuanto al íncubo —el ángel deja
escapar un suspiro que se me antoja pesaroso—, no hemos podido localizarlo.
Es como si se lo hubiese tragado la tierra. De no haber sido porque Niara nos
dijo que fue con ustedes, habríamos jurado que solo ustedes dos habían ido
hasta ese lugar. No hay ni un solo rastro de su esencia.483

El horror se asienta en mis huesos en ese momento.

—¿Crees que esté...? —no puedo terminar de formular la oración. Decirlo en


voz alta lo hace más aterrador que nada en este mundo.44

Rael, sin embargo, parece saber a la perfección lo que no me atrevo a


pronunciar, ya que se encoge de hombros, al tiempo que esboza un gesto
cargado de disculpa.
—No lo sabemos, Bess. Lo siento mucho.89

Mis ojos se cierran con fuerza en ese instante y algo desgarrador se asienta
en mi pecho. Algo tan doloroso, que apenas me permite respirar.14

—¿Hay alguna posibilidad de que haya escapado? —mi voz es un susurro


entrecortado gracias al nudo que ha comenzado a estrujarme las cuerdas
vocales.4

Rael asiente rápidamente.

—Sí —afirma con seguridad—. Abrieron el portal, Bess. De algún modo,


ustedes tres consiguieron abrir un jodido portal al Inframundo. Es por eso que
las criaturas que los atacaron dieron con ustedes: porque se percataron del
portal —explica—. Tenemos la esperanza de que haya logrado escapar hacia
el interior del portal. De que haya logrado introducirse en su reino para
salvarse de la destrucción en la carretera.154

Una pequeña punzada de esperanza me agita las entrañas y me aferro a ella a


pesar de que no debería. A pesar de que no puedo permitir que crezca. Sé que
la posibilidad de que le haya ocurrido algo horrible también existe, pero ahora
mismo pensar en ella se siente erróneo por sobre todas las cosas.1

—Por favor, no dejen de buscarlo —suplico—. Pídele a Mikhail que no deje de


buscarlo. Por favor...119

Un escalofrío de puro terror me recorre el cuerpo luego de que la expresión de


Rael se ensombrece, pero me las arreglo para mantener mi gesto sereno. Me
las arreglo para no mostrar cuán preocupada me ha dejado su expresión.23

—Deberías ir a descansar —Rael habla, y no me pasa desapercibida la forma


en la que ha evadido responder a mi petición—. Necesitas recuperarte luego
de lo que pasó.
Una protesta se construye en mi garganta y abro la boca para externarla, pero
me lo pienso mejor y no la dejo salir de mi sistema. Al contrario, la reprimo y
la guardo en mi interior, porque sé que no quiere escucharla y porque no sé si
estoy lista para escucharle hablar de las posibilidades de que algo terrible le
haya pasado a Axel.4

—No te preocupes por eso ni por nada —dice, al cabo de unos instantes—. Ni
siquiera por Mik y Gabe —añade, en tono juguetón y sugerente, al tiempo que
me guiña un ojo—, yo me encargaré de ser la mosca fastidiosa por ti.545

La manera en la que trata de distraerme hace que una mezcla de indignación


y diversión se apodere de mi pecho y, muy a mi pesar, el rubor me calienta el
rostro en ese momento.

—Realmente me tiene sin cuidado lo que hagan esos dos —digo, con todo el
aburrimiento que puedo imprimir en la voz.134

—Sí, claro.4

—Lo digo en serio.18

—Lo que tú digas, Bess —Rael suelta y, entonces, hace un gesto en dirección
al pasillo—. Ve a dormir. Vas a necesitarlo.9

Estoy a punto de marcharme. Estoy a punto de abandonar el lugar en el que


me encuentro, cuando una pequeña inquietud se enciende en mi interior. Un
pequeño pinchazo de incertidumbre se abre paso en mi pecho y hace que una
imperiosa necesidad se arraigue en mi pecho.2

Necesito pedirle a Rael que me cuente lo que sea que averigüe respecto a la
situación en la que nos encontramos. Necesito ser capaz de contar con él. De
confiar en que no va a ocultarme cosas como todo el mundo; así que, con eso
en la cabeza, me aclaro la garganta y alzo el mentón para decir:5
—Rael, necesito pedirte un favor.5

El ángel sigue mirándome con diversión, pero asiente de todos modos, a la


espera de que hable.

—Necesito que... —hago una pequeña pausa, insegura de mis palabras—.


Necesito que, por favor, me mantengas al tanto de todo. De todo, Rael.

Él asiente.

—Siempre lo hago.1

—No, no lo haces —refuto, esta vez con un poco de dureza colándose en mi


tono de voz—. Sabes que no lo haces. Ocultas cosas igual que todo el mundo.
Rael, yo necesito saber qué está pasando o voy a volverme loca.7

—¿Y para qué necesitas saber qué ocurre, Annelise? ¿Para salir corriendo a
abrir portales al Inframundo? ¿Para ponerte en riesgo como lo hiciste esta
noche? —Rael me reprime, pero en realidad no suena molesto. Suena como si
fuese un padre tratando de hacer entrar en razón a uno de sus hijos.125

—Para conocer la magnitud de lo que está pasando. Si yo hubiese sabido qué


clase de criaturas se albergaban de aquel lado de las grietas, me lo habría
pensado mejor.168

—¿Lo habrías hecho? —Rael arquea una ceja y yo me muerdo la lengua para
no decir una estupidez en respuesta, porque sé que tiene razón. Un suspiro
largo escapa de sus labios en ese momento y sacude la cabeza en una
negativa antes de echarse el cabello hacia atrás. Entonces, luego de
escudriñarme unos instantes, dice—: Escucha, Bess. Vamos a hacer un trato
tu y yo, ¿de acuerdo?17

No respondo. Me limito a esperar a que continúe hablando.


—Yo voy a decirte toda la verdad. Todo aquello de lo que yo me entere irá sin
filtro hacia ti —dice y una punzada de alivio me recorre el pecho al escucharle
pronunciar eso—, pero a cambio vas a prometerme que no vas a intentar
hacer una locura como la de esta noche. Vas a prometerme que serás
prudente y esperarás a que nosotros hagamos lo que nos corresponde; porque
si no, Bess, puedes olvidarte de tenerme como tu aliado. Puedes olvidarte de
que sea permisivo contigo. Tomaré medidas drásticas la próxima vez que
hagas alguna estupidez. Lo digo muy en serio —entonces, esboza una mueca
de fingido horror y añade—: ¿Tienes una idea de la reprimenda que recibí por
parte de Mikhail por eso? ¿Tienes una idea de lo jodido que fue tener que
enfrentarme a un Miguel Arca-demonio enfurecido?437

Sacude la cabeza en una negativa horrorizada y una sonrisa tira de las


comisuras de mis labios sin que pueda detenerla. A pesar de que sé que está
—de cierto modo— hablando en serio, no puedo dejar de sentir como si
hubiese ganado una pequeña batalla. Como si hubiese conseguido que Rael
dejara de verme como una niña que no debe enterarse de las conversaciones
que tienen los adultos, y eso, aunque suene insignificante, para mí es lo mejor
que he tenido en semanas.

—Lo siento mucho —musito.

—No, no mientas. Sabes que no lo sientes —el ángel sentencia y tengo que
reprimir la sonrisa aún más—. Por eso te lo estoy diciendo: No juegues
conmigo que tenemos un trato, ¿de acuerdo?98

Yo asiento una vez más, incapaz de confiar en mi voz para decir nada y,
entonces, él hace otro gesto en dirección al pasillo.

—Ahora, a descansar —ordena, pero suena cálido y amable—. ¿Necesitas


ayuda para llegar hasta tu habitación?67
—No —digo, a pesar de que no me vendría mal una mano—. Lo tengo todo
controlado.51

Una sonrisa amable se desliza en los labios del ángel y, entonces, se aparta
de mi camino para dejarme avanzar de regreso a mi recámara.

~*~45

Mikhail no está. Según Rael, se marchó durante la madrugada con Gabrielle


en dirección a la enorme grieta que ahora se encuentra custodiada por un
pelotón de ángeles. No quiso mencionar mucho al respecto, pero, por el gesto
preocupado que llevaba en la cara, no me fue difícil suponer que las cosas
son más graves de lo que parecen.139

Así, pues, con la promesa de información nueva cuando la tuviera, Rael se


marchó hace un rato ya de este lugar que se ha convertido en mi guarida.2

He pasado lo que va de la mañana aquí, encerrada en mi habitación, sin


atreverme a poner un pie fuera de ella. Luego de lo ocurrido anoche, no tengo
cara para abandonar este lugar y enfrentarme a Dinorah y Zianya. Mucho
menos tengo el valor de ir a buscar a Niara para disculparme por haberla
arrastrado al hoyo en el que nos metí.49

A estas alturas del partido, la brutalidad de lo que hice me ha golpeado tan


fuerte, que me cuesta trabajo estar en mi propia piel. El peso de la decisión
tan absurda que tomé se ha asentado en mis huesos y me impide ser capaz
de hacerle frente como se debe.25

Ni siquiera el hambre me ha hecho capaz de poner un pie fuera de estas


cuatro paredes.1

Nadie —a excepción de Rael— ha venido a tocar a mi puerta. Nadie ha venido


a buscarme. Nadie ha venido a espetarme directo a la cara que soy una
inconsciente de mierda, y no sé cómo sentirme al respecto. Tampoco es como
si esperase tener la atención de todos fija en mí; sin embargo, luego de lo que
pasó, esperaba otra clase de reacción.48

El retortijón en mi estómago me saca de mi ensimismamiento y hago una


mueca cuando soy consciente del hueco que se ha instalado en la boca de mi
estómago. Tengo tanta hambre, que podría vaciar la despensa en este
momento. Tengo tanta hambre, que podría comerme todo lo que hay en el
refrigerador sin sentir remordimiento alguno.94

«¡Tienes que dejar la ridiculez!». Me reprime la vocecilla en mi cabeza y cierro


los ojos con fuerza. «¡Ve allá abajo, come algo y vuelve aquí! ¡Si alguien te
dice algo sobre lo que pasó ayer, merecido te lo tienes!».158

Sé que mi subconsciente tiene razón. Sé que debo hacerle frente a lo que sea,
pero estoy tan avergonzada de mí misma, que la sola idea de enfrentarme a
las personas que habitan en esta casa y tener qué admitir que cometí la
estupidez más grande del siglo, es más difícil de lo que parece.7

El sonido doloroso que hace mi estómago hace que mi mueca se acentúe.1

«¡Anda ya!». Me reprimo internamente. «Deja la estupidez y ve por un maldito


plato de cereal».54

Así, pues, luego de unos largos instantes de pensarlo a detalle, decido


encaminarme hacia la planta baja.

Me toma una eternidad llegar a las escaleras. Me toma otra completa


conseguir bajarlas sin caer y romperme algo y, justo cuando estoy a punto de
avanzar por la sala en dirección a la cocina, lo siento...18

Algo cálido y abrumador hace que la nuca me hormiguee. Una sensación tibia
y electrizante se cuela debajo de mi piel y me eriza todos y cada uno de los
vellos del cuerpo. En ese instante, la sensación que me había embargado
durante la madrugada regresa y, de pronto, me encuentro sintiéndome
observada. Me encuentro completamente congelada en mi lugar, con los
sentidos alerta y el corazón latiéndome a toda marcha.66

Es en ese momento, cuando lo noto...

Ahí, justo detrás de uno de los sillones, soy capaz de percibir un suave
movimiento. Es tan imperceptible que, durante un instante, creo que lo he
soñado; pero cuando la coronilla de una cabeza se asoma todas las piezas
caen en su lugar. Todo a mi alrededor parece colisionar con fuerza y empieza
a tener sentido.54

«Los niños». Me susurra el subconsciente y mi cuerpo se tensa en respuesta.


El mundo entero ralentiza su marcha porque aquí, justo en esta sala, se
encuentra uno de ellos.181

Doy un paso dubitativo en dirección al sillón y luego doy otro. Un par de


metros son recorridos por mis pies descalzos y, justo cuando estoy por llegar
al borde del sillón, la coronilla de cabellos rojizos se eleva lo suficiente para
que un par de ojos se encuentren con los míos durante una fracción de
segundo.21

Entonces, el caos se desata.321

Un chillido sonido aterrorizado brota de los labios del niño que está del otro
lado del sillón y su intempestivo brinco hacia adelante para huir de mí, hace
que un grito ahogado escape de mis labios mientras que, con torpeza, doy un
paso hacia atrás. Un tropezón le sigue a mi movimiento hosco y, cuando
menos lo espero, mi trasero golpea con fuerza contra el suelo debajo de mis
pies.141
Un sonido estrangulado y lleno de dolor brota de mi garganta y cierro los ojos,
mientras trato de absorber el escozor.

Un zumbido ronco se apodera de mi audición, un mareo intenso me revuelve


el estómago y, de pronto, me siento tan aturdida, que lo único que soy capaz
de hacer, es intentar enfocar la mirada. Es intentar tener un vistazo de la
trayectoria que el niño ha seguido.2

Un grito alarmado en un idioma desconocido me llena la audición y le sigue un


llanto agudo e infantil. Algo denso y oscuro se apodera del ambiente en ese
momento. y el suelo bajo mis pies comienza a estremecerse; sin embargo,
estoy segura de que yo no lo estoy provocando. Yo no estoy haciendo nada de
esto.38

—Oh, mierda... —alguien familiar dice a mis espaldas y, desesperadamente,


trato de orientarme sin conseguirlo del todo.1

—No, no, no, cariño —otra voz conocida llena mis oídos—. No llores. Por
favor, no llores...1

El llanto incrementa hasta convertirse en un berrido y otro grito de aquel


idioma desconocido lo invade todo.8

—¡Va a atraer a esas cosas horrorosas! —soy capaz de reconocer la voz


aterrorizada de Niara—. ¡Haz que se detenga!30

—¡De acuerdo! —creo que es Zianya la que habla ahora—. ¡De acuerdo! ¡Me
alejo! ¡Me alejo, pero ya detente! ¡Para! ¡Para!35

El temblor de la tierra incrementa en ese momento, y la energía de los


Estigmas se remueve con interés a pesar de su debilidad. Entonces, justo
cuando un estallido similar al de un cristal rompiéndose lo invade todo, se
despereza y se expande de manera amenazadora. Se libera y deja que todo a
nuestro alrededor se impregne de su esencia.

Entonces, el alboroto se detiene. El estremecimiento de la tierra desaparece


de manera abrupta y el silencio llena cada rincón de la estancia.13

Es hasta ese momento, que un poco del aturdimiento se va y soy capaz de


alzar la vista. Soy capaz de mirar alrededor y encontrarme de lleno con las tres
pequeñas figuras que se encuentran arrinconadas en una esquina de la
espaciosa estancia.

La vista de los tres niños está fija en mí y el terror que veo en sus ojos me
hace saber que se han dado cuenta a la perfección de lo que acaba de pasar.
Me hace saber que han sido capaces de percibir la energía de mis
Estigmas.37

Es en ese preciso instante, que me atrevo a mirarlos a detalle. Que me atrevo


a inspeccionarlos meticulosamente...5

Son dos niños y una niña. Uno de ellos, el más grande de los tres, no puede
pasar de los doce años; sin embargo, sus facciones orientales le dan la ilusión
de lucir más pequeño. De no ser por su altura, juraría que no pasa de los diez.
El otro de los chicos no pasa de los ocho. Lleva el cabello rojizo apelmazado
contra la cabeza y tiene la cara repleta de pequeñas pecas, justo como
yo...121

Mi vista viaja hasta la figura más pequeña y todo el mundo se detiene


abruptamente. El universo entero parece haber ralentizado su marcha porque
yo solo puedo verla a ella. Solo puedo ver su gesto lloroso, su cabello largo y
oscuro, y sus impresionantes ojos castaños. Esos ojos que he visto antes.
Esos que podría reconocer en cualquier lugar porque se han quedado tallados
en mi memoria. Porque soñé con ellos. Porque los vi en mientras dormía no
hace mucho tiempo.112

Esos son los ojos que me miraban con terror en aquel sueño que me sacudió
hasta el núcleo. Esos son los ojos que me imploraban seguridad y protección.3

«¡Es ella! ¡Soñaste con ella! ¡Soñaste con todos ellos!». Me grita la vocecilla
insidiosa de mi cabeza y una punzada de pánico crudo se instala en mi pecho.
Una oleada de terror me azota con violencia y me sacude los huesos.3

—Oh, mierda... —digo, en un susurro horrorizado.2

Si soñé con ella debe significar algo. Si soñé con ellos, debo que tener mucho
cuidado.

Quizás Mikhail tenía razón.26

Quizás tenerlos aquí no es una buena idea.66

Quizás —solo quizás— he vuelto a joderlo todo.

9. "Decisión"
Nadie se mueve. Me atrevo a decir que, durante unos instantes, nadie se
atreve a respirar. La tensión que se ha apoderado del ambiente es casi tan
intensa como el latir desbocado de mi corazón. Casi tan apabullante como la
sensación enfermiza que me provoca saber que yo he soñado con estos
niños.157

Mis ojos barren la extensión de sus pequeños cuerpos y, de inmediato, puedo


notar la postura temerosa de la más pequeña. Lleva puesto un chándal oscuro
y una sudadera descosida que le va grande; su cabello —enmarañado y
larguísimo— es tan oscuro como el de Niara y va descalza. Luce descuidada y
sucia, y no puedo evitar sentir una punzada de coraje hacia Gabrielle —que
era quién los cuidaba— por ni siquiera tener la consideración de hacerles
tomar una ducha.144

El pelirrojo lleva el cabello pegado a la frente y su piel blanquísima tiene


manchas de suciedad por todos lados. Eso, aunado a la cantidad de pecas que
le cubren el rostro, le hace lucir aún más descuidado que la niña. Su
vestimenta asemeja mucho al de ella: una sudadera, unos pantalones de
chándal y pies descalzos.9

El más grande de ellos —el de aspecto asiático—, lleva el cabello oscuro


alborotado, el ceño fruncido en un gesto feroz y postura determinada y
protectora. Está parado justo frente a los dos más pequeños, y viste unos
pantalones deportivos rotos, y una remera blanca percudida y agujereada. La
hostilidad que emana es casi tan poderosa como la energía errática que
emana.91

El chico —el más grande de ellos— dice algo en un idioma que, creo, es
japonés. No entiendo ni una sola palabra, pero, por su postura amenazante, sé
que no ha sido algo amable.136

—No hablan inglés —Dinorah dice a mis espaldas—. Tampoco español, o


cualquier idioma que pueda ser entendido con cualquiera de nosotras.48

Las palabras de la bruja no hacen más que provocarme una extraña


frustración. Un sentimiento de horrible desasosiego porque sé que, haga lo
que haga, no vamos a poder hacerles saber que no queremos hacerles daño.

—Rael dijo que el más grande le enseñó a los más pequeños a hablar japonés
—Niara pronuncia débilmente—. No conocen otro idioma más que ese.
También dijo que, al no recordar casi nada del lugar de donde provienen, fue
sencillo para ellos aprender el idioma que Haru, el más grande de los tres, les
enseñó.100

Zianya, quien se ha alejado un par de pasos de los tres niños con mucha
cautela, añade sin mirarme:

—Parecen animales salvajes y están a la defensiva todo el tiempo —niega con


la cabeza y los mira con una tristeza que me saca de balance—. No confían en
nadie, no dejan que nadie se les acerque; no quieren comer absolutamente
nada de lo que hemos puesto en la mesa para ellos y, por si fuera poco, la
barrera del idioma no ha hecho más que ser un obstáculo más entre nosotros.
Están completamente aterrorizados.51

—No los culpo —las palabras escapan de mis labios sin que pueda detenerlas
o filtrarlas, y una sonrisa triste tira de las comisuras de los labios de la bruja.

—Yo tampoco —susurra, mientras me pongo de pie con mucho cuidado.

El chico —Haru— pronuncia otra cosa ininteligible y hace una seña que,
claramente, indica que quiere que nos apartemos.13

Concediéndoselo, todas retrocedemos un par de pasos. Acto seguido, el chico


toma de la mano a los dos más pequeños y, sin dejar de mirarnos con recelo,
comienza a avanzar en dirección al estudio de la planta baja. Ese lugar en el
que las brujas guardan todos sus Grimorios y libros antiguos.6

Mientras avanzan, no puedo evitar notar la forma en la que la energía


abrumadora y cálida que lo invadía todo, los sigue. Es en ese instante en el
que me doy cuenta: son ellos. Ellos —o alguno de ellos— son los dueños de
esa extraña esencia que llena cada rincón de la sala.
Cuando desaparecen por la entrada del estudio, toda la tensión que se había
acumulado, se aligera un poco. Mis ojos se cierran con fuerza en ese
momento y un suspiro aliviado escapa de los labios de Zianya.

—¿Han estado ahí todo este tiempo? —inquiero en voz baja, al tiempo que
hago un gesto de cabeza en dirección al lugar donde han buscado refugio.

Niara, quien aparece en mi campo de visión, asiente.

—No hemos querido presionarlos —dice, sin apartar la vista de la puerta por
la cual los tres niños han desaparecido. Mi atención se posa en ella casi de
inmediato y un hueco se instala en mi estómago cuando me percato del color
amoratado que tiñe su pómulo derecho, de los cortes y raspones que le
ensucian el rostro y de la hinchazón en su ojo izquierdo. Todo, por supuesto,
debido a lo ocurrido anoche—. Mikhail dice que son muy volátiles. Que, si se
sienten amenazados o asustados, son capaces de provocar un pequeño caos
con la energía que poseen.104

La sensación enfermiza que me embarga cuando termina de pronunciar


aquello, hace que me sienta al borde del vómito.1

—¿E-Ellos también tienen...? —no puedo terminar de formular la pregunta.

—¿Estigmas? —Dinorah, quien parece haberme leído la mente, interviene.2

Yo asiento en respuesta.

—Solo el más grande —ella susurra—. Los más pequeños solo provocan
pequeños desastres como el de hace unos momentos. El grande, sin
embargo... —la manera en la que deja al aire la afirmación me hace sentir
intranquila.6

—Llevan un poco menos de doce horas aquí y ya están ocasionando


problemas —Zianya interviene y aprieto la mandíbula cuando noto la molestia
en su tono—. Esto no puede ser bueno para nosotras. No cuando estamos tan
cerca de una grieta.7

El dejo acusatorio que hay en su voz me escuece el pecho, pero me obligo a


no encogerme sobre mí misma. Sé que su intención, implícitamente, es
hacerme sentir culpable por todo esto y, aunque sé que lo soy hasta cierto
punto, no puedo dejar que me haga sentir diminuta. No puedo permitirle
amedrentarme en estos momentos.43

—¿Cómo se llaman? —mi voz es apenas un susurro.

—El más grande es Haru —Niara susurra—, el pelirrojo Kendrew y la niña se


llama Radha. Japón, Escocia y La India. De ahí viene cada uno de ellos.102

—¿No hay noticias de sus familias? ¿Sus padres? ¿Alguien cercano a ellos? —
inquiero, con apenas un hilo de voz.

Dinorah niega con la cabeza.

—Mikhail dice que no tienen idea del paradero de sus respectivas familias —
habla, en voz baja y con mucho tacto—. Hay tantos seres humanos en la tierra
y tanto caos en estos momentos, que no ha habido oportunidad de buscar a
alguien que esté relacionado a ellos.3

—Y aunque los encontraran... —Niara pronuncia, con pesar—. Aunque los


padres de los niños aparecieran, dudo mucho que alguno de ellos pueda
recordarlos. Eran demasiado pequeños cuando fueron arrancados de sus
familias.9

—Excepto el más grande —apunto y la tristeza que se cuela en mi voz es


inmensa—. Él debe extrañar a sus padres.46

El silencio que le sigue a mis palabras pesa más que cualquier cosa que
hubiese podido pronunciar cualquiera de nosotras.2
Nosé cuánto tiempo pasa antes de que espabile y me obligue a mirar a mi
alrededor. Lo primero que veo cuando lo hago, es a Niara, quien me mira
desde el lugar en el que se encuentra, a pocos pasos de distancia.

Ahora que la he encarado de forma más directa, soy capaz de notar el aspecto
magullado que tiene y eso, por sobre todas las cosas, me hace sentir como la
persona más estúpida existente. No puedo creer lo que le hice. No puedo
creer que, por un momento, creí que salir a intentar abrir un portal al
Inframundo era una buena idea.32

—Niara, yo...6

—Necesitas comer algo —Niara dice, como si fuese capaz de leerme el


pensamiento. Ni siquiera me da oportunidad de terminar lo que iba a decir. No
hace otra cosa más que regalarme una sonrisa significativa, y eso es
suficiente para saber que no quiere hablar de lo ocurrido anoche. Que no
quiere revivir la pesadilla que fue el haber estado en un lugar tan peligroso
como en el que nos adentramos.

—Bess, Niara... —la voz de Zianya llena mis oídos antes de que tome la
decisión de no tocar el tema de anoche con Niara, y ambas, como podemos,
nos giramos para encararla—. No crean que esto va a quedarse así. Ustedes y
yo vamos a tener una conversación respecto a lo que pasó, ¿de acuerdo?38

Ninguna de las dos dice nada. Ambas nos limitamos a asentir antes de
seguirla hacia el interior de la cocina.

~*~67

El sonido de la puerta siendo llamada hace que tanto mi atención como la de


Niara se vuelque hacia la entrada de mi habitación.
—Es Rael —Niara musita unos segundos antes de que el ángel pregunte,
desde el otro lado de la puerta, si puede entrar.13

Mi vista se posa fugazmente en la bruja, quien mira la entrada con expresión


extraña. Una pequeña sonrisa incrédula amenaza con tirar de las comisuras
de mis labios cuando noto como, de manera suave y discreta, se coloca un
mechón de cabello alborotado detrás de la oreja.359

«¿Será que...?».160

Sacudo la cabeza, en un intento de espabilar un poco y ahuyentar el hilo de


mis pensamientos, y me digo a mí misma que luego, cuando tenga
oportunidad, trataré de indagar un poco más en este efecto que tiene Rael en
la bruja que se encuentra recostada a mi lado en la cama.1

—Adelante —digo e, instantes más tarde, el ángel de cabellos rubios aparece


en mi campo de visión.9

Luce agotado y lleva la armadura sucia. Un claro contraste con el aspecto


limpio y compuesto que siempre suele tener.

—Mikhail necesita que bajen —dice, sin ceremonia alguna, al tiempo que nos
mira de hito en hito.96

Un nudo se apodera de mi estómago en ese momento, pero trato de controlar


el efecto enfermizo que tiene en mí.

No he visto a Mikhail desde ayer por la noche y, la sola idea de enfrentarlo


luego de lo que pasó entre nosotros, no hace más que formarme un nudo en
las entrañas.26

—¿Las dos? —Niara suena tan confundida como yo lo haría de haber sido la
primera en hablar.2
Rael asiente.

—Necesita hablar con todas ustedes —dice y sé que se refiere a las brujas y a
mí.16

Así pues, como puedo y con ayuda de Niara y Rael, abandono la cama y me
encamino —con ellos cuidándome los pasos— hasta la planta baja de la casa.
Durante todo el trayecto, soy capaz de percibir las extrañas y variadas
vibraciones que emite la energía que ha empezado a acumularse en el piso
inferior. Poco a poco, mientras descendemos por las escaleras, soy capaz de
percibir el aumento de energía angelical en el ambiente y, cuando termino de
bajar y alzo la vista del suelo, me congelo en mi lugar.

La imagen que me recibe es tan extraña como inquietante y el nudo de


ansiedad que había comenzado a formarse en la boca de mi estómago en el
piso superior se aprieta.

Mi vista barre la estancia con lentitud solo para absorber lo que me ha


recibido y la sensación nerviosa incrementa otro poco.

Aquí están todos: Dinorah, Zianya, Gabrielle, casi una veintena de ángeles, los
tres niños que Mikhail trajo consigo y Mikhail en persona.164

El espacio luce tan reducido ahora que está abarrotado de gente, que se
siente como si estuviese a punto de desbaratarse a nuestro alrededor. Como
si estuviese encogiéndose poco a poco ante la multitud que lo invade.

Mis ojos se detienen unos segundos más de lo debido en Mikhail, pero él no


da señal alguna de siquiera recordar que hace menos de veinticuatro horas
me besó —y lo besé—. Solo se limita a mirarme con ese gesto inescrutable
que lleva tallado en el rostro la mayor parte del tiempo. Ha vuelto a ser el
guerrero. Ha vuelto a ponerse la máscara de General de Ejército que utiliza
últimamente.250
No estoy muy segura de cómo sentirme al respecto. Una parte de mí, esa que
aún no logra descifrar del todo si está dispuesta a creer en él o no, está
agradecida por ello. Está agradecida de que no me mire como si todo
estuviese bien entre nosotros. Y la otra, esa que no puede arrancarse fuera de
la piel todas las caricias y las promesas, se siente traicionada.
Decepcionada.33

Soy un completo y soberano desastre. No quiero sentirme de esta manera por


él y, al mismo tiempo, estoy aquí, debatiéndome internamente si debo o no
sentirme afectada por la máscara de indiferencia que lleva puesta ahora
mismo.21

Cientos de preguntas se arremolinan en la punta de mi lengua cuando él, sin


decir una palabra, hace un gesto en dirección a uno de los sillones de la
estancia. Cientos de dudas y escenarios fatalistas se deslizan en la red sin
principio ni fin que es mi cabeza y, a pesar de que quiero que hable de una
vez por todas, me obligo a avanzar hasta él para apretujarme junto a Zianya y
Dinorah. Niara me sigue de cerca y se instala a mi lado en el sofá.1

El silencio que lo invade todo me pone los nervios de punta, pero me las
arreglo para mantener la expresión serena, mientras observo como Rael
avanza hasta acomodarse justo detrás de Mikhail. A su lado se encuentra
Jasiel, el ángel que alguna vez tomó posesión del cuerpo de Nate —el
prometido de mi tía Dahlia— y, al fondo y apartada de los demás ángeles, se
encuentra Gabrielle.54

Su postura es desgarbada, pero hay tensión en sus hombros. Hay una rigidez
extraña en su mandíbula y una dureza incómoda en la forma en la que se
cruza de brazos. No se necesita ser un genio para saber que lo que está
sucediendo no le gusta para nada.
—Ocurrió algo, ¿no es así? —Niara es la primera en romper el silencio y su
voz suena tan inestable y asustada que, por instinto, estiro mi mano para
tomar la suya y apretarla en un gesto conciliador.1

Mikhail, sin romper el gesto estoico que lleva en el rostro, posa su atención en
ella y luego en nuestras manos unidas.36

—Me temo que es así —dice, al cabo de unos instantes, y un puñado de rocas
se instala en mi estómago.34

—¿Qué es? —Dinorah, quien suena un poco más compuesta que Niara,
pronuncia, y mis ojos se cierran con fuerza solo porque no estoy lista para
escuchar lo que Mikhail tiene que decir.

Otro silencio se extiende entre nosotros y, por unos instantes, creo que voy a
ponerme a gritar de la ansiedad.1

—Tenemos que irnos de este lugar —las palabras abandonan la boca del
demonio —o arcángel— sin ceremonia alguna, y el nudo en mi estómago se
despedaza y se convierte en un hueco. Un agujero inmenso que me llega
hasta el pecho y hace que me sienta abrumada.31

—¿Por qué? —Zianya interviene, luego de unos segundos de tenso silencio.3

Un suspiro largo escapa de los labios de Mikhail y, por primera vez, soy capaz
de notar una fisura en la máscara de serenidad que lleva puesta. Soy capaz de
notar genuina preocupación en su gesto.1

Su lengua moja sus labios, en un gesto tan ansioso y tan humano, que me
hace querer estrujarle a él las manos para conciliarlo; para apaciguar lo que
sea que está atormentándole el pensamiento ahora mismo.12

—Porque la grieta es demasiado grande —dice, con la voz enronquecida por


las emociones—. Porque, luego de lo que pasó anoche, es imposible
garantizar la seguridad de nadie en este lugar. Es cuestión de tiempo para que
los demonios se percaten de ella, y no podemos permitir que Bess, o
cualquiera de ellos —hace un gesto de cabeza en dirección a los niños—, esté
aquí cuando eso suceda.149

La culpabilidad que se había asentado sobre mis hombros desde anoche,


ahora me aprisiona el pecho. La sensación de ansiedad y nerviosismo que me
había acompañado los últimos minutos, detonan en el más horrible de los
remordimientos y quiero desaparecer. Quiero encogerme en mí misma hasta
ser diminuta.14

Zianya, quien se encuentra acomodada a mi lado, niega con la cabeza de


manera frenética.

—No tenemos a dónde ir —dice, y con cada palabra que pronuncia, el tono de
su voz toma una nota de angustia e histeria contagiosa—. No tenemos un solo
centavo. N-No...29

—Eso no es importante ahora mismo —Gabrielle interviene y la atención de


todo el mundo se posa en ella—. Lo único que importa, es sacarlos a ellos de
aquí —hace un gesto de cabeza en mi dirección y en la de los niños.13

—¿A dónde iríamos? —Dinorah inquiere. Suena menos inquieta que su


hermana, pero el nerviosismo es palpable en su voz.

Mikhail abre la boca para responder, pero, en ese momento, algo viene a mi
cabeza. Algo insidioso y apabullante me llena el pensamiento y, de pronto, no
puedo dejar de pensar en ello. No puedo dejar de obsesionarme con lo que
está taladrándome el cerebro.

—¿Qué va a pasar con la gente que vive aquí? —pregunto, sin siquiera darle
oportunidad a Mikhail de responder la pregunta de Dinorah—. ¿Qué va a
pasar con la gente de Bailey?87
Los labios de Mikhail se cierran en una línea dura y apretada, y la sensación
de malestar me llena la punta de la lengua de un sabor amargo. El silencio
que le sigue a mis palabras es doloroso en todas las formas posibles.

—Bess... —Rael trata de intervenir, pero Mikhail hace un gesto de mano para
hacerlo callar.8

—Bess, te lo pedí ayer, ¿lo recuerdas? —dice, mirándome directamente—. Te


pedí que confiaras en mí y te lo pido de nuevo: confía en mí. Haré lo que esté
en mis manos.159

—¿Y si eso no es suficiente? —mi voz es apenas un hilo tembloroso y débil—.


¿Cuánta gente va a morir si este lugar es infestado por...?138

—Mucha —Mikhail me interrumpe—. Mucha, Bess. Y morirá aún más si a ti, o


a cualquiera de los habitantes de esta casa le ocurre algo. ¿Entiendes por qué
tenemos que marcharnos? ¿Entiendes por qué tengo que llevarlos a un lugar
seguro?48

Lágrimas inundan mis ojos en ese momento, pero no derramo ninguna. Me las
arreglo para apretar la mandíbula y desviar la mirada.

Sé que tiene razón. Sé que quedarnos aquí a tratar de hacer algo es una
locura, pero no puedo evitar sentirme impotente y atormentada por todos
aquellos que van a sufrir las consecuencias de algo que yo misma
provoqué.84

—¿A dónde vamos a ir? —Dinorah insiste, al cabo de un rato y mis ojos se
cierran con fuerza solo porque no sé si estoy lista para escucharlo. Solo
porque no sé si estoy lista para saber a dónde vamos a huir esta vez.
Mikhail no dice nada de inmediato y eso hace que me obligue a mirarlo. Hace
que me obligue a encararlo justo a tiempo para ver la duda en su gesto y la
indecisión en su mirada.10

—¿A dónde vamos a ir, Mikhail? —inquiero, esta vez, sintiéndome al borde del
colapso nervioso.

Él clava sus ojos en los míos y la disculpa y el miedo que veo en sus ojos es
tan grande, que hace que me duela el estómago.2

—A Los Ángeles, California —dice, y el corazón se me cae a los pies.

10. "Preparativos"
Se siente como si pudiera vomitar. Como si el mundo entero hubiese detenido
su andar apresurado el mismo nanosegundo en el que lo ha hecho mi
corazón.117

Una oleada de terror se detona en mi sistema y se abre paso en mi interior


hasta llenarme por completo. Hasta hacerme sentir enferma en todas las
formas posibles.

La sola idea de pensar en Los Ángeles y la devastación que encontramos


cuando fuimos allá hace lo que se siente como una eternidad, me provoca un
dolor intenso en el pecho.21

El silencio que le sigue a las palabras de Mikhail se asienta en la habitación


durante unos segundos antes de que el escándalo estalle. De pronto, una
oleada de exclamaciones exaltadas me llena la audición y no soy capaz de
hacer otra cosa más que escucharlas expresar todo lo que está mal con el
plan de ir a ese lugar.6
Todos —ángeles incluidos— elevan sus voces en protestas preocupadas, pero
Mikhail se queda ahí, quieto, sin decir una sola palabra.9

Es una locura. Una completa y soberana locura y, de todos modos, no puedo


hacer otra cosa más que mirar fijamente al chico —al guerrero— que se
encuentra de pie al centro de la estancia con gesto inescrutable y mandíbula
apretada.41

—Perdiste la puta cabeza, ¿no es así? —la voz de Niara se eleva y sobresale
del resto.143

—Ir a Los Ángeles va a conseguirnos la misma sentencia de muerte que nos


da el estar en este lugar —Dinorah pronuncia y mis manos, temblorosas y
débiles, se presionan sobre mis muslos para aminorar los espasmos
incontrolables que me invaden debido al pánico creciente.4

—Ir a Los Ángeles es igual o más peligroso que quedarnos aquí —escucho
decir a Zianya y la ansiedad, que se había mantenido a raya en mi interior, se
detona en el instante en el que cientos de escenarios fatalistas empiezan a
llenarme el pensamiento.11

—Normalmente, no estoy de acuerdo con nada de lo que estas humanas dicen


o hacen, pero tienen razón, Miguel —interviene uno de los ángeles de la
multitud—, ir a California es una completa locura.50

—Yo no pienso poner un pie en ese lugar —Niara insiste, y suena al borde de
la histeria.3

—Vas a entregárselos en bandeja de plata a Lucifer —otro de los ángeles


exclama, señalándome a mí y a los niños.130

—Es evidente que no piensas con claridad —otro de ellos escupe en dirección
a Mikhail, pero este ni siquiera se inmuta. Sigue sin decir nada. Sigue sin
detener la ola de incertidumbre y cuestionamientos que parece alzarse cada
vez más alta sobre su cabeza.20

—¡¿Quieren cerrar la boca todos?! —la voz de Rael retumba en todo el lugar y
hace que los presentes enmudezcan casi de inmediato. Luego, cuando se
cerciora de que todos estamos escuchándole, añade—: Está claro que Mikhail
aquí ha tomado una decisión precipitada, ¿no es así, Mik?306

Su atención se posa en el demonio de ojos grises, pero este se limita mirarlo


con toda la seriedad que puede imprimir en el gesto.

—No, no lo he hecho —la dureza y la determinación con la que habla hace


que el terror en mi estómago se vuelva insoportable—. No he tomado ninguna
decisión sin antes haber estudiado todos los posibles escenarios. Llevarlos a
Los Ángeles es lo mejor que podemos hacer ahora mismo.124

La mirada escandalizada de Rael no hace más que reflejar la estupefacción


que todos —incluyéndome— sienten. La forma en la que mira a Mikhail dice
mucho respecto a lo que le pasa por la cabeza en estos momentos.1

Una negativa de cabeza es lo único que Rael puede darle en respuesta al


demonio de los ojos grises, pero este ni siquiera se inmuta cuando las
protestas se reanudan.

Las voces se elevan con cada segundo que pasa y, de pronto, las
exclamaciones son tan altas, que me aturden y me abruman por completo.
Quiero decir algo. Quiero abogar por la causa —por Mikhail—, pero no puedo
hacerlo. No puedo comprender del todo sus motivos para querer llevarnos al
campo de batalla.5

—¡Silencio! —la voz del demonio truena en toda la estancia al cabo de unos
instantes más, seguida de una oleada de energía tan densa, que hace que
todos guarden silencio de inmediato. Las quejas desaparecen en cuestión de
unos segundos y todo el lugar se llena de una extraña sensación de
incertidumbre y miedo.137

La mirada de Mikhail —ahora dura, pesada y determinante— barre la estancia


con lentitud. La amenaza que irradia es tan abrumadora, que nadie se atreve a
pronunciar nada mientras escruta la habitación.28

—No estoy aquí para hacer una encuesta o una votación —dice, en un tono
tan autoritario, que me eriza los vellos de la nuca—. Esto no es una
democracia. Mucho menos una consulta o un cuestionamiento sobre cuál será
el siguiente paso que daremos. La decisión está tomada: iremos a Los
Ángeles.258

—Pero es una locura —mi voz sale apenas en un susurro tembloroso y su


atención se posa completamente en mí. La manera en la que su ceño fruncido
enmarca esos ojos tan penetrantes y profundos que tiene, hace que me sienta
pequeña e indefensa. A pesar de eso, me obligo a decir—: Sabes que es una
completa locura.35

Mikhail asiente, dándome la razón.3

—Es, precisamente, el motivo por el que iremos allá —refuta.60

—Es el lugar más peligroso que existe en la tierra ahora mismo, Mikhail —
apenas puedo pronunciar, mientras sacudo la cabeza en un gesto frenético y
aterrorizado—. Es el campo de batalla.2

—Y ese lugar, por ser el campo de batalla de esta guerra, el último lugar en el
que a Lucifer se le ocurrirá buscarlos —su vista se posa de manera fugaz en
el lugar donde los niños se encuentran, antes de continuar—. Es el lugar más
seguro para ustedes en estos momentos. Solo piénsalo: está infestado de
ángeles y demonios, hay una grieta inmensa en ese lugar... Eso, por supuesto,
camuflará tanto tu esencia como la de ellos —hace un gesto de cabeza en
dirección a los niños—. Además, no planeo llevarlos para dejarlos morir en
medio de un fuego cruzado.150

—¿A dónde planeas llevarnos entonces? —Zianya interviene y Mikhail posa su


atención en ella.6

—A un refugio humano —dice y otro largo silencio se extiende entre


nosotros.63

—¿U-Un refugio humano? —Niara, finalmente, inquiere y el demonio de los


ojos grises asiente—. ¿Eso existe?40

Mikhail asiente una vez más.

—Sabemos que hay uno en la ciudad. Lo tenemos localizado y está


flanqueado por ángeles todo el tiempo. Los humanos no saben que estamos
enterados de su ubicación y que los mantenemos lo más protegidos posible,
pero somos plenamente conscientes de que están ahí —explica—. Todos
aquellos que no lograron salir de Los Ángeles antes de que el gobierno
pusiera en cuarentena a la ciudad por las posesiones, y que no han sido
corrompidos por ningún ente de índole demoníaca, están refugiándose ahí. Y
yo quiero llevarlos a ese lugar. Quiero que todos ustedes —nos mira a las
brujas, a los niños y a mí—, se refugien con esa gente y pasen tan
desapercibidos como sea posible.259

La nueva perspectiva que todo esto le da a la situación es un poco más


esperanzadora; sin embargo, no puedo dejar de sentirme inquieta ante la
posibilidad de que algo salga mal. De que su plan no funcione y los demonios
se percaten de nuestra presencia; y, lo que es peor, que más gente inocente
salga herida gracias a nosotros —a mí.20

—Sigue siendo una locura —digo, con desesperación, al tiempo que cierro los
ojos con fuerza.28
—Lo sé —Mikhail dice y suena genuinamente pesaroso—. Lo sé, Bess, pero
es lo único que tengo ahora. Es lo único que se me ocurre en estos momentos.
No pueden quedarse aquí y, transportarlos lejos de un lugar rodeado de líneas
energéticas, no es una opción. Tú mejor que nadie sabes que no se camuflaría
ni tu esencia ni la de ellos en un lugar donde no haya caos. Ir a Los Ángeles es
la mejor de nuestras opciones. La menos catastrófica de todas.16

Hace una pequeña pausa.

—Pero, si alguien tiene una mejor idea —pronuncia, al cabo de unos


instantes—, estoy dispuesto a escucharla. De no ser así, lo mejor será que
nos preparemos para viajar cuanto antes.76

~*~68

Han pasado varios días desde la reunión a la que Mikhail nos convocó para
avisarnos que planeaba llevarnos a Los Ángeles y, desde entonces, la tensión
no ha dejado de acumularse en el ambiente.7

El nerviosismo es palpable entre todo el mundo —ángeles incluidos— y los


temperamentos volátiles están a la orden del día. Dinorah y Zianya no han
parado de discutir por nimiedades y Niara no ha dejado de llorar a la menor
provocación.91

Sé que están aterrorizadas, así que no puedo culparlas por actuar del modo
en el que lo hacen. Me encantaría poder decir que yo me encuentro un poco
más en control de mis emociones, pero la verdad es que apenas si he podido
conciliar el sueño. Paso los días enteros leyendo los Grimorios de las brujas
en busca de algo que pueda servirnos sin conseguir nada en lo absoluto.25

A estas alturas del partido, he perdido todas las esperanzas; sin embargo, el
seguir investigando —el mantenerme ocupada—, me tranquiliza y me permite
sentirme un poco mejor conmigo misma.
En cuanto a los Sellos se refiere, no hemos progresado mucho con ellos. Ya
han perdido el miedo que sentían por las brujas y por mí, pero siguen sin
querer estar en la misma habitación que nosotras. Comen aquello que Mikhail
les ofrece, pero no permiten que nadie más que él se acerque a ellos de esa
manera. Ni siquiera Gabrielle, que estuvo velando por su bienestar durante
tanto tiempo, puede acercarse sin provocar gritos, llanto y uno que otro
destello de energía desbordada.242

Los preparativos para el viaje inminente han comenzado, y ahora más que
nunca cualquier posibilidad de idear otro plan se siente lejana. Después de
todas las protestas, el malestar y el pánico colectivo que experimentamos al
recibir la noticia, nadie fue capaz de pensar en nada más; en otras
posibilidades para ponernos a salvo sin meternos directamente en la boca del
lobo.8

La situación en general sigue pareciéndome una completa locura, la cantidad


de escenarios horrorosos que me invaden la cabeza a diario es más grande de
lo que me gustaría admitir, y sigo sin estar del todo de acuerdo con la idea de
huir, y dejar que la gente de Bailey se las apañe como pueda, pero ya no he
hecho nada por externar mis inquietudes.6

He tratado de convencerme a mí misma de que nada de lo que yo pueda decir


al respecto hará que Mikhail cambie de parecer, o que el plan se detenga solo
porque sí; así que he pasado los últimos cuatro días de esta manera: con un
nudo atorado en el estómago las veinticuatro horas del día y las ganas de
gritar a la orden del día.9

La presencia de los ángeles en casa tampoco ha hecho mucho por aminorar el


estado de permanente ansiedad en la que nos encontramos. Antes, cuando la
grieta en Bailey no era tan grande como lo es ahora, nos daban un poco más
de espacio. Incluso, a veces se sentía que no se encontraban aquí en lo
absoluto. Lo único que los delataba, era el brillo de su armadura durante las
noches, cuando sobrevolaban los alrededores. Ahora, sin embargo, están
cerca todo el tiempo: dentro y fuera de la propiedad, en el perímetro, en el
cielo... Se han encargado de hacernos notar que se encuentran aquí y que no
les agradamos en lo absoluto.21

No nos dirigen la palabra, no nos miran —ni siquiera cuando estamos en la


misma habitación que ellos— y, cuando lo hacen, es solo para dedicarnos
algún gesto desdeñoso o condescendiente.62

En cuanto a Mikhail y a mí concierne, no hemos conversado mucho desde


aquella reunión de la otra noche. De hecho, apenas sí hemos cruzado un par
de palabras durante sus breves visitas a este lugar. Pasa los días enteros
coordinando a sus soldados y tratando de buscar a Axel; quien, desde aquella
fatídica noche, no ha dado señales de vida.238

No quiero admitirlo en voz alta, pero estoy aterrorizada por él. Estoy
horrorizada de imaginarme que lo peor pudo haberle ocurrido y, al mismo
tiempo, no puedo dejar de pedirle al universo que le haya permitido sobrevivir.
No puedo dejar de rogarle al cielo que haya logrado escapar a tiempo.109

Mi vista está clavada en la caja de cereal que sostengo entre los dedos, pero
mi mente está en otro lugar. Estoy concentrada, de nuevo, en la retahíla de
negatividad que no me suelta ni a sol ni a sombra. Tanto, que me toma unos
instantes percatarme del pequeño escalofrío que ha comenzado a invadirme.

Me recorre desde la nuca hasta los talones, y una extraña sensación de


calidez me embarga casi de inmediato. En ese momento, el hilo de mis
pensamientos me trae al aquí y al ahora y, de soslayo y por instinto, miro en
dirección a la entrada de la cocina.1
Apenas si puedo tener un vistazo de la melena oscura que se oculta detrás de
la pared divisoria entre la sala y este lugar, pero es todo lo que necesito para
saber de quién —quienes— se trata.

Son ellos. Son los niños.17

Siempre hacen esto. Pasan el día detrás de mí, pero nunca se atreven a
abordarme. Pasan todo el tiempo siguiéndome a hurtadillas y espiando cada
uno de mis movimientos, pero no se atreven a acercarse lo suficiente como
para que yo me sienta con la confianza de preguntarles algo. Sé que pueden
sentirme, así como yo los siento a ellos. Sé que pueden percibir que somos
similares y eso, por sobre todas las cosas, es lo que los atrae hacia mí.149

Ahora mismo, a pesar de que no puedo verlos, sé que están aquí. Al menos,
los dos más pequeños. Haru, el más grande, suele ser un poco más orgulloso
y no me vigila como lo hacen Kendrew y Radha. Solo se les une cuando estoy
cerca de Mikhail o Rael.19

Una pequeña sonrisa tira de las comisuras de mis labios cuando los oigo
cuchichear en ese idioma que no entiendo, pero finjo no verlos mientras,
metódicamente, me sirvo un plato de cereal con leche.105

Acto seguido, me siento sobre la isla de la cocina y me pongo a comer con


lentitud.

Me siento observada todo el tiempo, pero me las arreglo para no hacer


evidente lo mucho que puedo notar su presencia —y su mirada sobre mí.5

Cuando termino, lavo el tazón y lo pongo en su lugar. Entonces, justo como he


hecho los últimos días cuando me siguen a la cocina, tomo tres tazones más,
vierto cereal y leche en ellos y los pongo sobre la isla antes de marcharme en
dirección a la planta alta.244
Sé que, como todas las noches, los niños tomarán el cereal y lo comerán
porque les encanta.236

Mientras subo las escaleras, miro de reojo en dirección a la sala, donde se


esconden cuando salgo de la cocina, y noto como el pelirrojo y la niña corren
en dirección a la cocina y salen cargando los tazones de cereal.126

A Kendrew se le derrama un poco la leche del que lleva para Haru, pero no se
detiene. Al contrario, aprieta el paso y desaparece detrás de Radha en el
estudio de la casa.55

Una sonrisa baila en las comisuras de los labios y sacudo la cabeza en una
negativa mientras subo las escaleras a paso lento pero decidido.12

Mi vista sigue fija en la planta baja. Una parte de mí espera que los niños
salgan de nuevo de su escondite, pero sé que es tarde y no lo harán. Sé que,
luego de cenar, dormirán todos apretujados en ese nido de cobijas y colchas
que han creado ahí abajo y nadie sabrá de ellos hasta mañana por la
mañana.1

Mi cuerpo impacta contra algo duro y firme y doy un paso tambaleante hacia
atrás. Mis pies apenas logran mantener el equilibrio en el reducido espacio de
los escalones, y me aferro al pasamanos lo más fuerte que puedo para
recuperar el control de mi cuerpo.11

Rápidamente, mi atención se posa en la figura alta e imponente contra la que


he chocado y me toma unos instantes identificar la superficie metálica que
aparece delante de mis ojos. Es una armadura. La armadura de un ángel.

Mi vista se alza a toda velocidad en ese momento, y un escalofrío de puro


terror me recorre la espina dorsal cuando me encuentro de lleno con la mirada
gélida de uno de los ángeles que rondan la casa.99
No recuerdo su nombre. Tampoco sé si alguna vez lo dijo en voz alta. De
hecho, ni siquiera soy capaz de recordar si, antes del incidente de la grieta,
alguna vez lo vi rondando por aquí. Sus facciones angulosas y su cabello largo
y oscuro me son tan ajenos como el color verde eléctrico de sus ojos fríos.188

—Lo siento —musito, a pesar de que sé que no recibiré respuesta a alguna y,


de inmediato, la expresión de la criatura frente a mí se ensombrece con
repudio y condescendencia.20

Sus ojos barren la extensión de mi cuerpo con lentitud y, de pronto, un


escalofrío de puro terror me recorre la espina. Hay algo erróneo en la manera
en la que me mira. Algo que me llena de una sensación incómoda y oscura.244

El ángel no dice nada. De hecho, no hace otra cosa más que observarme a
detalle, como si me analizara. Otro escalofrío me recorre y me aclaro la
garganta antes de musitar algo sobre subir a mi habitación. Acto seguido, me
aparto de su camino y empiezo a subir las escaleras.1

Él me mira por el rabillo del ojo mientras paso a su lado y me sigue con la
vista hasta que quedo completamente fuera de su campo de visión, y eso solo
consigue que el miedo y el repelús que ya me provocaba, incremente de
manera exponencial.42

No me detengo hasta que estoy en la parte superior de las escaleras y, una


vez ahí, no puedo evitar echarle un último vistazo.

Sigue ahí. No se ha movido para nada, pero me da la espalda. De alguna


extraña manera, sé que sabe que estoy mirándole y eso solo consigue
inquietarme otro poco. Las ganas que tengo de echarme a correr son grandes
ahora; sin embargo, me las arreglo para tomar una inspiración profunda y
avanzar a paso lento hacia mi habitación.50
No sé cómo explicarlo, pero se siente como si tuviese que demostrarle a él y a
todos los ángeles que habitan aquí, que no les tengo miedo. Así que eso trato
de hacer: hago acopio de toda mi fuerza y, pese a que quiero apretar el paso,
me obligo a recorrer la distancia que me separa de mi habitación con una
lentitud tortuosa.

Todavía puedo tener un vistazo de las escaleras cuando me detengo frente a


la puerta de mi recámara, así que no reprimo las ganas que tengo de volver a
mirar.

Toda la sangre del cuerpo se me agolpa en los pies cuando me encuentro con
la imagen del ángel, ahí, de pie en la parte superior de las escaleras, con una
expresión oscura y burlesca pintada en la cara, y los ojos clavados en mí.307

Me ha seguido. Ha subido los escalones para intimidarme y yo no puedo dejar


de mirarle. No puedo dejar de aferrar una mano a la manija de la puerta y la
otra al borde del pijama que llevo puesto.52

Quiero decirle que no le tengo miedo. Que, sea lo que sea que trata de hacer,
no está funcionando, pero no me atrevo a hacerlo. No me atrevo a hacer nada
más que mirarle fijamente.

—Rael dice que el General estará aquí pronto y que nos quiere a todos en la
sala dentro de unos minutos —el ángel pronuncia, con esa voz de barítono
que tiene, y el recelo me invade. Él parece notarlo, ya que añade—: Me lo ha
dicho a través de la comunicación que tenemos entre nosotros.231

Como para probar su punto, se da unos golpecillos en la sien con uno de sus
dedos.70

El recuerdo vago de haber escuchado a Mikhail hablar de eso en el pasado,


hace que la sensación de desconfianza merme un poco, pero sigo sin bajar la
guardia del todo.1
Es mi turno de mirarle con condescendencia.

—Bajo en un momento —digo, en el tono más aburrido que puedo y él esboza


una sonrisa que se me antoja socarrona y siniestra.140

Un asentimiento elegante es dedicado en mi dirección y, entonces, se da la


media vuelta y baja las escaleras.6

La vocecilla insidiosa en mi cabeza no deja de gritarme que debo de contarle


esto a Mikhail. Que debo hablarle sobre el extraño comportamiento de este
ángel en particular y, con eso en mente, y con las emociones hechas un
manojo, dejo escapar el aire que ni siquiera sabía que contenía y me
introduzco en mi habitación.

11. "Viaje"
El ángel de hace un rato no mentía. Uno de los ángeles de confianza de Rael,
fue a mi habitación para decirme que Mikhail quería hablar con nosotros.89

Ahora mismo me encuentro en la sala de la casa, instalada en un sillón junto a


Niara. Dinorah y Zianya. Los ángeles que salvaguardan la casa también están
aquí, esperando por Mikhail. Los niños, sin embargo, aún se encuentran en el
estudio de la casa. Sé, de antemano, que no saldrán de ahí hasta que
Gabrielle —o Mikhail— vaya por ellos.24

Así pues, aprovecho estos instantes de mediana soledad para susurrarle a


Niara al oído que tengo algo que contarle —respecto al ángel de hace un
rato—, pero que deberá ser más tarde en mi habitación para tener más
privacidad. Ella me dedica una mirada inquisitiva y curiosa, pero ni siquiera
tiene tiempo de cuestionarme qué ha sucedido, ya que, cuando sus labios se
abren para hablar, se cierran de golpe porque su atención es captada por algo
a mis espaldas.14
—¿Qué...?

—Ya están aquí —dice, sin siquiera darme oportunidad de terminar de


formular la oración.

En ese instante, mi vista se vuelca hacia la puerta —donde su mirada está


fija— y mi ceño se frunce ligeramente.

—¿Cómo lo sabes? —musito, en un susurro confundido, mientras regreso mi


atención hacia la bruja y, acto seguido, noto como se ruboriza por
completo.200

Niara no tiene oportunidad de responder. No tiene oportunidad de hacer nada,


ya que la puerta principal se abre a mis espaldas y mi vista corre hacia ella
solo para comprobar que tiene razón: están aquí.

Rael es el primero en entrar y, sin poder evitarlo, miro de reojo a la chica a mi


lado. Ella solo lo observa, pero me atrevo a decir que hay algo más en su
mirada. Algo cálido y que, ciertamente, nunca había visto en sus ojos.333

Me repito una vez más que, cuando sea oportuno, indagaré sobre eso con ella
y, con ese pensamiento en la cabeza, me concentro en lo que sucede a mi
alrededor.3

Todas las criaturas que faltaban —Gabrielle, Jasiel y Mikhail— están dentro
de la estancia ahora y lucen serios; como si acabasen de tener una discusión
acalorada que terminó en nada. A pesar de eso, ninguno dice nada hasta que
llegan al lugar en el que nos encontramos todos.

—¿Quieres que vaya por los niños? —Gabrielle pregunta hacia Mikhail y, en el
proceso, le pone una mano en el antebrazo. Yo no puedo apartar la vista del
lugar en el que ella lo toca.484
El arcángel —o demonio— le dedica una mirada agradecida y un asentimiento
suave y, entonces, la arcángel se encamina hacia el estudio.190

Mikhail, sin esperar un segundo más, barre la estancia con la vista. Sus ojos
se detienen en mí un segundo más de lo debido, pero nada en su gesto
cambia cuando lo hace.180

Los instantes que transcurren en silencio se sienten eternos, pero no es hasta


que Gabrielle regresa acompañada del resto de los sellos, que el demonio —o
arcángel— da un paso al frente para hablar.5

—Tenemos que viajar a la voz de ya —dice sin ceremonia alguna y, a pesar de


que los preparativos para el viaje no se han detenido en lo absoluto,
escucharle decir en voz alta que es hora de marcharnos, se siente como un
puñetazo en el estómago—. No podemos postergarlo más. Cada día que pasa
es un día más de peligro y riesgo que corremos en este lugar. No sé por
cuánto tiempo más vamos a poder contener a las criaturas que amenazan con
salir de esa grieta y, ciertamente, no quiero estar aquí para averiguar si algún
día nos derrotarán. Es hora de irnos.28

El silencio que le sigue a sus palabras es largo y tenso, pero nadie se atreve a
romperlo.

—Viajaremos en grupos pequeños para no llamar la atención —continúa,


cuando se da cuenta de que nadie hablará o preguntará nada al respecto—.
Dinorah, Zianya y Niara viajarán con Rael y tres ángeles que estarán bajo su
mando —la mirada de Mikhail se posa de manera fugaz en tres de los ángeles
que nos rodean y estos asienten sin mostrar emoción alguna en el rostro—.
Gabrielle viajará con Radha, Kendrew y su equipo de trabajo habitual —mira
al grupo más aislado de ángeles en el proceso y, finalmente, me mira a mí—, y
Haru y Bess viajarán con Jasiel y conmigo, acompañados, por supuesto, de lo
que queda de la cuadrilla de Jasiel —observa al resto de los ángeles, quienes
asienten en silencio.

Cuando se ha cerciorado de que todos hemos asimilado lo que ha dicho, posa


su atención en Haru y, entonces, le dice algo en su idioma.78

El escucharle hablar un idioma tan diferente al mío, me saca de balance por


completo, pero oír la respuesta hostil y furiosa de Haru me turba todavía
más.61

Mikhail, con una dureza impropia de él, alza la voz y pronuncia algo que no
logro entender en lo absoluto. En respuesta, Haru espeta otra cosa y toma la
mano de Kendrew y Radha —quienes miran al demonio con horror— para salir
corriendo en dirección al estudio.105

No he entendido una mierda de lo que han hablado, pero no se necesita ser


un experto en japonés para saber que Mikhail le ha hablado sobre nuestra
forma de viaje. Tampoco se necesita ser un genio para deducir que a Haru no
le ha gustado para nada.29

A pesar de eso, Mikhail no hace nada por contarnos qué es lo que ha pasado
entre ellos. Se limita a dejar escapar un suspiro largo y pesaroso antes de
continuar:3

—Mañana por la mañana saldrá el primer grupo. Al mediodía saldrá el


segundo y por la noche el tercero. Nos moveremos despacio, es por eso que
nos quedaremos de ver a las afueras de Los Ángeles dentro de tres días: para
tomarnos nuestro tiempo y llamar la atención lo menos posible.54

—¿Por qué no podemos ir todos juntos? —Niara inquiere, en voz baja y


aterrorizada.23
—Porque, si lo hacemos, será más fácil ser detectados —el demonio de los
ojos grises responde—. No podemos darnos el lujo de permitir que nos
atrapen solo porque no fuimos lo suficientemente cuidadosos.

Mis ojos se cierran con fuerza y tomo una inspiración profunda para aminorar
el nerviosismo y la culpa que me embargan. Todo esto es gracias a mí. Si yo
no hubiese decidido que tenía que hacer algo para ayudar, nada de esto
habría ocurrido. La grieta seguiría pasando inadvertida para los demonios y
tendríamos un poco más de tiempo.81

—¿Alguien más tiene alguna duda? —Mikhail habla luego de unos instantes
de silencio, pero nadie responde. Nadie se atreve a externar cualquier cosa
porque estamos demasiado ocupados sintiéndonos mortificados por lo que se
avecina. Porque estamos tratando de convencernos a nosotros mismos de que
todo esto es por un bien mayor.5

—Bien —el demonio asiente con dureza, antes de hacer un gesto hacia
Gabrielle—. Ustedes saldrán primero.3

—Pero Haru... —Gabrielle empieza.35

—De Haru yo me encargo —Mikhail la interrumpe—. Tú solo preocúpate por


estar lista mañana a primera hora ¿de acuerdo?67

Ella, pese a que no luce muy conforme, asiente. Entonces, Mikhail posa su
atención en mí.1

—Nosotros saldremos al mediodía —mira a Rael y a las brujas—, y ustedes


por la noche. Todos los grupos de viaje recibirán órdenes expresas mías a
través de Rael o Gabrielle —mira hacia los ángeles que no pertenecen a
nuestro grupo—. Deberán acatarlas sin cuestionar ninguna de ellas.
¿Entendido?33
Nadie responde.

—¡¿Entendido?! —la voz de Mikhail truena con tanta autoridad, que me


encojo sobre mí misma sin que pueda evitarlo.480

—¡Sí, señor! —la respuesta al unísono y tan militarizada que todos le dan me
eriza los vellos del cuerpo, pero trato de no hacérselos notar.117

—Bien —Mikhail les dedica un asentimiento duro—. Vayan a prepararse. Es


todo por ahora.58

Acto seguido, y sin siquiera dedicarnos una última mirada, se gira sobre sus
talones y se encamina hacia el estudio, donde Haru y el resto de los sellos se
encuentran.18

~*~27

A Mikhail no le tomó mucho disuadir a Haru de dejar a Kendrew y Radha bajo


el cuidado de Gabrielle durante tres días. Sea lo que sea que le haya dicho
para convencerlo, ha sido lo bastante convincente para que el preadolescente
decida confiar en la palabra del demonio —arcángel—, y yo no sé cómo
sentirme al respecto.60

Saber que Mikhail tiene ese poder de persuasión en todo el mundo me pone
los nervios de punta y, al mismo tiempo, no deja de recordarme la forma en la
que nos manipuló a todos para hacernos creer que estaba de nuestro lado
hace —lo que se siente ya como— una eternidad.135

Me digo a mí misma que las cosas son diferentes y que él realmente recuerda
ahora. Que lo que ocurrió es cosa del pasado y que no volverá a suceder
nunca más, pero a mi corazón herido le cuesta mucho trabajo hacerse a la
idea. No sé si algún día podrá hacerlo del todo. No sé si algún día será capaz
de depositar toda su confianza en él una vez más.90
—¿Tienes todo lo que necesitas? —la voz ronca a mis espaldas me hace girar
con brusquedad, justo a tiempo para encontrarme con la figura de Mikhail de
pie bajo el umbral de la puerta de mi habitación.111

La visión es tan abrumadora, que tengo que tomarme unos instantes para
absorberla.5

No lleva la armadura que le he visto utilizar a diario las últimas semanas, sino
unos vaqueros oscuros, una playera gris, una chaqueta de piel y botas de
combate. El cabello alborotado en la cima de su cabeza le da un aspecto
desgarbado y casi —pero no del todo— descuidado. Ahora mismo, vestido de
esta forma, bien podría decirme que es un chico común y corriente y yo se lo
creería.286

Un asentimiento es lo único que puedo regalarle, mientras coloco un par de


mechones de cabello detrás de mis orejas. Esta mañana he tomado un baño
largo con agua caliente y he tenido un desayuno sustancioso, solo porque no
sé cuándo —si es que algún día vuelve a ocurrir— voy a volver a tener alguna
de las dos cosas.45

Las expectativas de este viaje son tan inciertas en mi cabeza, que ya no me


atrevo a dar nada por sentado. Es surreal pensar que hace unos años,
despertar en las mañanas era tan natural para mí como respirar. Ahora, tener
un día más —unos instantes más en esta tierra— se siente como un regalo
divino.34

Me habría encantado darme cuenta antes del obsequio tan valioso que el
universo nos otorga al dejarnos, simplemente, existir...76

—Bien —Mikhail asiente, pero su gesto sereno y serio no cambia en lo


absoluto—. Salimos en cinco minutos. Será mejor que bajes si quieres
despedirte como se debe de todo el mundo.91
Sus palabras ponen un nudo en mi garganta, pero no entiendo muy bien por
qué lo hacen. No sé si es la nostalgia que siento de abandonar este lugar que
consideré mío durante mucho tiempo, o si es el hecho de que todo aquello
que se sentía lejano hace unos meses, ahora es tan tangible como el aire que
respiro.5

Una inspiración profunda es tomada por mi nariz y, entonces, me echo al


hombro la mochila que preparé para el viaje antes de avanzar hacia donde él
se encuentra, en el proceso, las heridas casi cicatrizadas en mi espalda se
quejan ligeramente, pero las ignoro como puedo. Trato, mejor, de
concentrarme en la forma en la que el lazo que me une a él se tensa conforme
me muevo en su dirección.142

Si él puede percibirlo, no lo demuestra. Su gesto ni siquiera se inmuta cuando


lo alcanzo y tiene que apartarse del camino. No me pasa desapercibida la
forma en la que trata de no tocarme mientras lo paso de largo. Una parte de
mí se siente agradecida por eso, otra, simplemente se siente ligeramente
decepcionada.179

A estas alturas, sigo sin averiguar qué es lo que me inspira la criatura que
tengo frente a mí. Tampoco sé qué es lo que yo inspiro en él.75

Al llegar al piso inferior, lo primero que hago es buscar a las brujas. Todas se
encuentran en la cocina, así que no me toma demasiado dar con ellas.
Ninguna dice nada respecto al viaje que estamos a punto de emprender, pero
no es necesario que lo hagan. Sé que son conscientes del peligro que
corremos al ir hasta ese lugar, y del que corremos si nos quedamos aquí, así
que ninguna dice nada cuando les digo que es tiempo de marcharme.

Una a una, se limitan a abrazarme y a decirme que pronto nos veremos de


nuevo. La única que se atreve a susurrarme algo real al oído es Dinorah, quien
me pide que me cuide y que no baje la guardia nunca, aún estando con
Mikhail alrededor. Eso es lo único que necesito para saber que ella tampoco
confía del todo en él.131

Al cabo de unos minutos, el demonio en cuestión aparece en el umbral de la


puerta y, luego de unos instantes más, anuncia que es hora de marcharnos.6

Las brujas siguen nuestro camino hasta las afueras de la casa, donde Rael,
Haru, Jasiel y dos ángeles más nos esperan. Entre ellos se encuentra aquel
con el que tuve el incidente de las escaleras. Ese incidente del que, por cierto,
solo he hablado con Niara y Rael.77

La charla con él no fue provechosa en lo absoluto. Se limitó a decirme que


Arael —el ángel en cuestión—, era uno de los guerreros más fieles a la causa
del Creador, y que no lo creía capaz de traicionarnos. Yo, luego de eso y pese
a la sensación de incomodidad que ese ángel me provoca, he tratado de
confiar en él —y en Rael—; a pesar de que me ha resultado bastante difícil.
Todo dentro de mí grita que debo poner cuanta distancia sea posible entre
Arael y yo.157

Los ángeles también van vestidos como si fuesen personas comunes y


corrientes, pero, a diferencia de Mikhail, lucen demasiado... perfectos. Como
si hubiesen sido sacados de alguna revista famosa.127

Es en ese momento en el que me percato de algo que no había notado antes.


Hay algo en Mikhail que lo hace diferente al resto de los suyos, y no es
precisamente la parte demoníaca que aún alberga en su interior. Es algo más.
Algo que lo hace más humano y cálido que el resto. Como si hubiese sido
constituido específicamente para sentir como nosotros. Para ser empático y
protegernos, tal como dicen todos los textos que es su deber.116
Rael extiende una mano en mi dirección una vez que he bajado del pórtico,
sacándome así de mi ensimismamiento, y me toma unos instantes darme
cuenta de que está ofreciéndome un juego de llaves.

—¿Qué es esto? —inquiero al tomarlas.

—Vas a conducir —explica y mi ceño se frunce ligeramente. Él, al notar mi


confusión, explica—: Van a salir de la ciudad en auto —hace un gesto de
cabeza a un coche de modelo antiguo que se encuentra aparcado en la calle—
, para no llamar la atención de la gente. Mientras más bajo sea el perfil,
mejor.79

Un hueco de puro nerviosismo se instala en mi estómago, pero no digo nada


más. Me limito a mirarle a los ojos, antes de dedicarle una sonrisa tensa.1

—Prométeme, por favor, que no vas a cometer una locura en el trayecto —


bromea, pero puedo notar el filo ansioso en su voz al decirlo.41

—Lo prometo —digo, al tiempo que le regalo un guiño que pretendo que sea
tranquilizador.8

—Lo digo en serio, Annelise —me mira con severidad—. Nada de misiones
suicidas, decisiones precipitadas o portales al Inframundo.175

Sin que pueda evitarlo, mi sonrisa se aligera y ruedo los ojos al cielo.

—Entendido y anotado —digo, al tiempo que muevo la cabeza en un


asentimiento continuo. Él no luce muy conforme con mi respuesta, pero no
dice nada más. Se limita a envolverme en un abrazo y musitar que nos
veremos muy pronto.218

Así pues, luego de una breve despedida que se me antoja incierta e


inquietante, nos trepamos al coche. Yo en el asiento del piloto, Mikhail a mi
lado, y Haru, Jasiel y el resto de los ángeles en el asiento trasero del vehículo.
Entonces, sin esperar nada más, emprendemos el viaje.153

Salir de Bailey nos toma poco más de cuarenta y cinco minutos, pero no es
hasta que estamos en la carretera desierta, que Mikhail habla y me dice que,
por ahora, viajaremos en auto. Cuando la gasolina que hay en el maletero se
acabe, será el momento en el que él y el resto de los ángeles se encargarán
de transportarnos.15

Yo, sin embargo, no puedo dejar de sentirme incómoda ante la idea de


cualquiera de ellos —Mikhail incluido— llevándome en brazos. Sé que no es el
momento para estar pensando en nimiedades tan estúpidas como lo son mis
sentimientos o la traición que, claramente, aún arde en mi pecho, pero no
puedo evitarlo. Las emociones contradictorias que tengo hacia el sujeto a mi
lado son tantas, que no puedo apartarlas ni un segundo fuera de mi sistema.
Mucho menos ahora, que soy capaz de mirarlo de reojo todo el tiempo. Que
soy capaz de percibir con más fuerza que nunca la tensión del lazo que nos
mantiene atados el uno al otro.60

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que salimos, pero calculo que ha sido
ya un tiempo considerable, tomando en cuenta de que la noche ha caído ya y
que nos hemos tenido que detener a llenar el tanque de gasolina y para comer
algo de la comida chatarra que trajimos para alimentarnos.8

—Tenemos que buscar un lugar donde pasar la noche —Mikhail susurra,


mientras arrugo en mi puño el envoltorio de un paquete de galletas—. No
podemos viajar de noche. No sin ponernos en riesgo.96

El fugaz pensamiento de Rael y las brujas viajando de la noche hace que un


destello de preocupación me invada, pero me digo a mí misma que no pasa
nada. Que Mikhail solo está siendo precavido en extremo y que ellos estarán
bien. Así pues, con esto en la cabeza, y a pesar de que no sé si habla conmigo,
asiento en señal de entendimiento.6

—¿Crees que haya demonios rondando por aquí cerca? —no quiero sonar tan
asustada como lo hago, pero no puedo hacer nada para detener el temblor en
mi voz.

—No —Mikhail responde, al tiempo que mira alrededor con cautela—. No son
los demonios lo que me preocupa. Son los saqueadores y los asaltantes
humanos que rondan las carreteras a quienes quiero evitar.133

El nerviosismo forma un pequeño nudo en mi estómago.

—No tenía idea de que los humanos supusieran más amenaza que las
mismísimas bestias del Inframundo —bromeo, en un intento de aligerar el
ambiente, pero no lo consigo. Por el contrario, la mirada del demonio de los
ojos grises se agudiza.42

—Te sorprendería saber de lo que es capaz de hacer el ser humano para


garantizar su supervivencia —dice, en un murmullo ronco—. Además, cuando
se trata de mantener perfil bajo, lo peor que podemos hacer, es echarlo todo a
perder gracias a un confrontamiento. Sea cual sea el tipo.46

La ansiedad que se había mantenido a raya en mi sistema incrementa un poco


con su comentario.

—Entonces, lo mejor es que nos pongamos en marcha —digo, al tiempo que


enciendo el motor del auto una vez más. Los ángeles —quienes se encuentran
fuera del auto, estirando las piernas—, se introducen en el vehículo luego de
que escuchan el motor saltando a la vida e, instantes después, emprendemos
camino una vez más.32

~*~24
Nos detenemos en un pequeño hotel de paso a las afueras de Smithville,
Tennessee. Han pasado ya casi ocho horas desde que salimos de Bailey y, a
pesar de que este es un pueblo pequeño, luce inquietantemente desierto. La
intermitencia en la electricidad en las calles y la falta de tráfico y movimiento
le dan un aspecto aterrador a todo el entorno.38

Hace rato que Mikhail, acompañado de uno de los ángeles que viajan con
nosotros, fue a inspeccionar el lugar en busca de peligro. Se siente como si
hubiese pasado una eternidad desde entonces, pero sé que solo han sido
unos minutos. A pesar de eso, no puedo evitar sentirme angustiada y
nerviosa.4

No sé por qué no puedo arrancarme esta sensación de ahogamiento que no


me deja tranquila. Quiero atribuírselo a la falta de vida exterior. A la falta de
movimiento y normalidad; pero la realidad es que quizás solo soy yo quien se
encuentra paranoica al respecto. Quizás, luego de tantas instancias tan
aterradoras, solo estoy a la defensiva.25

Mi vista se posa en el espejo retrovisor y, por milésima vez, verifico que no


haya nadie allá, en la calle oscura y vacía que se extiende detrás nosotros. A
pesar de que no estoy sola —Haru duerme en el asiento trasero, y Jasiel y el
otro ángel se encuentran flanqueando el coche—, no puedo dejar de cuidarme
las espaldas. No puedo bajar la guardia ni un segundo.9

No sé cuánto tiempo pasa antes de que Mikhail y el ángel que lo acompañó


regresen, pero, una vez que se encuentran cerca, salgo del vehículo. El gesto
de Mikhail es inescrutable, pero hay algo en su ceño fruncido y en la forma en
la que aprieta la mandíbula, que me hace saber que algo le inquieta.5
—Está abandonado —anuncia su acompañante, pero yo no puedo dejar de
mirar a Mikhail—. Hemos revisado el perímetro del lugar, así como todas las
habitaciones y está todo en orden. Podemos pasar la noche aquí.140

Cuando el ángel termina de hablar, la mirada de todo el mundo se posa en el


demonio de los ojos grises. Este se limita a mirarme con aprehensión durante
unos instantes, antes de cerrar los ojos y dejar escapar un suspiro largo y
pesado.77

Quiero preguntar qué es lo que le incomoda, pero no me atrevo a hacerlo


delante de todos. No me atrevo a exponer sus debilidades frente a las
criaturas con las que debe lucir más resuelto y decidido.3

—Es seguro —dice, pero no suena del todo conforme—, pero de cualquier
modo haremos guardias. No podemos confiarnos de nada.1

—De acuerdo —Jasiel asiente—. Arael y yo podemos tomar la primera guardia


sin ningún problema.111

Mi vista se clava de manera fugaz en el ángel intimidatorio de hace unos días,


pero este ni siquiera se inmuta cuando Jasiel pronuncia su nombre. Al
contrario, se limita a sentir como si fuese un autómata.18

Mikhail parece satisfecho con la iniciativa de Jasiel, ya que, luego de eso,


comienza a lanzar instrucciones respecto a las habitaciones que tomaremos.
Apenas termina, los ángeles se ponen manos a la obra.4

—Necesito que me hagas un favor, Bess —sus palabras me sacan de balance


unos segundos, ya que últimamente apenas sí se dirige hacia mí, pero atenta,
asiento. Él, al ver cómo espero por su petición, continúa—: Necesito que me
ayudes a estacionar el coche en otro lugar. ¿Puedes hacer eso por mí?195
Yo murmuro un asentimiento en respuesta y, entonces, ambos trepamos al
auto para aparcarlo en un espacio oscuro a espaldas del pequeño edificio
habitacional. No dice absolutamente nada en el trayecto, a pesar de que solo
estamos él y yo —y Haru— aquí dentro. Se limita a susurrarme instrucciones,
antes de bajar del vehículo, tomar al niño dormido entre sus brazos, y guiar
nuestro camino hacia las habitaciones del hotel.103

Al llegar al lugar indicado, el arcángel —o demonio— vuelve a verificar la


estancia y, una vez que se ha asegurado por segunda vez de que todo está en
orden, me da el visto bueno para instalarnos.9

El interior de nuestro refugio luce lúgubre gracias a la poca iluminación que


baña la habitación, pero, cuando trato de encender la luz, Mikhail me lo
impide colocando su mano sobre la mía. Yo, de inmediato, y por acto reflejo,
aparto los dedos para dejar de tocarlo. No me atrevo a apostar, pero, a pesar
de las tinieblas que nos rodean, creo haber visto un destello dolido en su
expresión.259

—No —dice, en un susurro tan ronco, que un estremecimiento me recorre la


espalda—. No podemos darnos el lujo de atraer a nadie hacia aquí.

No sé cómo acortó la distancia que nos separaba en tan pocos instantes —ya
que se encontraba junto a la cama donde recostó a Haru—, pero trato de
recordarme a mí misma que Mikhail no es una criatura común y corriente; que
es un demonio —o un ángel. Aún no lo sé— y que es natural que sea capaz de
hacer cosas como esas. A pesar de eso, no dejan de turbarme en demasía las
capacidades sobrenaturales que posee.5

—Lo siento —musito, en voz baja y tímida y su gesto, antes endurecido, se


ablanda un poco.
—No te disculpes —el tono amable y dulce que utiliza me llena el pecho de
sensaciones extrañas y cálidas, pero me las arreglo para no sucumbir ante
ellas. Por el contrario, me limito a aclararme la garganta y poner cuanta
distancia sea posible entre nosotros. Él no hace nada por seguirme los pasos.
Se queda ahí, junto a la puerta de la estrada, con la vista clavada en mí,
mientras me siento con cuidado sobre la cama libre de la habitación.
Entonces, cuando volvemos a encararnos el uno al otro en la penumbra de la
noche, dice—: Será mejor que me marche.91

—¿No vas a quedarte aquí? —sueno aterrorizada y decepcionada cuando


hablo, pero a estas alturas del partido no me importa en lo absoluto.

—No. Quiero estar presente en todas las guardias.

—Necesitas descansar —no quiero sonar tan preocupada como lo hago, pero
no puedo evitarlo.

El silencio que le sigue a mis palabras es doloroso y cálido al mismo tiempo.


Se siente como si él estuviese tratando de asimilar lo que acabo de decir y la
preocupación que se ha visto reflejada en mi tono.2

—Estaré bien —trata de tranquilizarme, pero hay algo en su tono que se


siente extraño. Erróneo—. Necesito estar alerta.181

La confusión invade mi interior tan pronto como las palabras le abandonan.

«¿Alerta? ¿Para qué necesita estar alerta?».7

—Mikhail...

—Tengo que irme —me interrumpe—. Trata de dormir lo más que puedas.
Mañana será un día largo.55
Un nudo de preocupación se instala en mi estómago, pero ni siquiera sé por
qué me siento como lo hago. No sé por qué de pronto se siente como si algo
estuviese ocurriendo y no estuviese enterándome de ello.15

«¡Deja la paranoia, maldita sea!». Grita la voz en mi cabeza y trato, con todas
mis fuerzas, de escucharla. Trato de hacerle caso, porque sé que suelo
obsesionarme con todo aquello que me perturba, y porque quiero confiar en
él. Quiero darle el beneficio de la duda, a pesar de todo lo que ha pasado.49

—De acuerdo —sueno pesarosa y resignada, pero, si es capaz de notarlo, no


lo refleja—. Trata de descansar tú también.2

Un asentimiento es lo único que recibo por respuesta y, entonces, sale de la


habitación. Yo, luego de que se marcha, me dejo caer sobre el colchón a mis
espaldas y contemplo el techo en la oscuridad.2

Estoy agotada, pero mi mente no deja de darle vueltas y vueltas a lo mismo.


No deja de reproducir una y otra vez lo que ha pasado con Mikhail desde que
llegamos a este lugar, pero sin llegar a descubrir el motivo de su inquietud.
Finalmente, cuando el cansancio es tan grande que empiezo a perder el hilo
de mis pensamientos, me arropo con el edredón que cubre la cama y me dejo
ir.9

~*~53

Un sonido estruendoso me hace abrir los ojos de golpe.230

El aturdimiento y el letargo provocados por el sueño apenas me permiten


procesar mi abrupto despertar. Mi mente, adormilada y confundida, no
consigue comprender del todo el motivo por el cuál mi corazón late con tanta
fuerza en estos momentos, y un dejo de desesperación me invade los
sentidos.
Mi pulso golpea detrás de mis orejas con tanta fuerza que soy capaz de
escucharlo, mis manos se sienten temblorosas, un nudo de ansiedad me
estruja las entrañas y el pecho me duele. No sé por qué me siento de esta
manera. No sé qué demonios está ocurriéndome ahora mismo, pero no puedo
detenerlo. No puedo contener la adrenalina que me llena el torrente
sanguíneo.22

Me incorporo en una posición sentada y la desorientación me invade al


instante. No sé dónde estoy. No reconozco el lugar a mi alrededor, pero, a
pesar de eso, me obligo a abandonar la cama en la que me encuentro.12

Poco a poco, el sueño va desperezándose fuera de mí y, justo cuando logro


recordar que estoy en la habitación de un hotel de paso, otro sonido
estridente invade mi audición.10

Mi corazón se dispara en latidos irregulares en ese preciso instante, pero


apenas tengo oportunidad de procesarlo, cuando un tirón brusco me estruja el
pecho. La fuerza tan violenta con la que se mueve el lazo que me ata a
Mikhail hace que me doble sobre mí misma y ahogue un grito cargado de
impresión.119

Trato, desesperadamente, de tomar el control de mí misma, pero no puedo


hacerlo. No puedo moverme cuando la cuerda de mi pecho tira de esta
manera. No, cuando tengo la certeza de que algo muy, muy malo está
ocurriendo.6

Como puedo, abro mi camino hasta la salida de la habitación, pero, en el


instante en el que pongo una mano en el pomo, el caos se desata.266

Un estallido retumba en todo el lugar y, de pronto, no soy capaz de escuchar


nada. De pronto, he dejado de tocar el suelo y mi cuerpo ha impactado con
violencia contra algo a mis espaldas.46
Un pitido agudo me ensordece. Estoy aturdida, desorientada y aletargada.
Trato de moverme, pero mis extremidades apenas responden. Trato,
desesperadamente, de avanzar. De alejarme del peligro que no he visto, pero
que mi cuerpo entero grita que existe; pero mi cerebro no consigue que mi
cuerpo haga lo que le pide.4

El sonido de mi respiración dificultosa es lo único que puedo percibir ahora


mismo, pero el pánico que siento es tan grande, que no me atrevo a
detenerme a averiguar si realmente me he quedado sorda.

La habitación se ha iluminado en tonalidades cálidas, pero sé que eso no es


algo bueno. Sé, por sobre todas las cosas, que se trata de fuego. Otro
retortijón brusco me invade la caja torácica y un gemido adolorido se me
escapa. Entonces, algo cae sobre mí con tanta brusquedad que me sofoca.
Mis ojos lagrimean, mi garganta arde debido al humo que he comenzado a
respirar y algo se ha apoderado de las hebras de mi cabello. Un gemido
aterrorizado se me escapa en ese momento y, cuando tiran de mí hacia arriba,
este se convierte en un grito de dolor.70

Un gruñido gutural y profundo llega a mí en medio del letargo y la lejanía, y un


extraño y primitivo miedo me llena las entrañas.

«¡Pelea, Bess! ¡Pelea ahora!». Grita la voz en mi cabeza y me aferro a ella. Me


aferro a su valor y a su instinto de supervivencia para empezar a forcejear.
Los Estigmas, en respuesta, rugen y se desperezan en mi interior. Están listos
para atacar. Están listos para causar cuanta destrucción les sea posible, pero
los contengo como puedo.7

No puedo darme el lujo de utilizarlos. No mientras viajamos. No mientras


tratamos de ser discretos.44
Un grito llega a mí, pero no me pertenece. Una extraña y poderosa energía
empieza a apoderarse de todo el espacio, pero no es mía. Entonces, un
destello de poder se libera con tanta fuerza, que la onda expansiva lanza lejos
a lo que sea que se había posado sobre mí.173

Yo aprovecho esos instantes para alejarme lo más posible. Alguien dice algo
en un idioma completamente desconocido para mí, pero sigo la voz porque
suena urgente. Porque la parte activa de mi cerebro me grita que debo ir hacia
ella.28

Es entonces, cuando lo veo.

Ahí está, arrodillado en el suelo, con la vista fija en un punto a mis espaldas,
expresión horrorizada y sangre manchándole la cara. Un grito violento y airado
escapa de sus labios, pero no lo dirige hacia mí. Lo dirige a alguien —o algo—
a mis espaldas. En respuesta, una oleada de energía oscura y densa lo invade
todo. Es por eso que, haciendo acopio de toda mi fuerza, y pese al
aturdimiento que aún no se ha alejado de mi cuerpo, me giro sobre mi eje
para encarar a nuestro atacante.

En ese preciso instante, el mundo se detiene por completo.59

Cuernos enormes sobresalen de su cabellera oscura como la noche, piel


ceniza y grisácea tiñe todo su cuerpo y cientos de venas amoratadas tiñen sus
extremidades, cuello y cara. Su mirada —blanquecina, feroz y carente de
emociones— me observa con una frialdad que me hiela el cuerpo entero, y el
pánico se cierne sobre mí como una nube inmensa y pesada.167

Lleva las alas extendidas... O, al menos, una de ellas, y es tan grande, que de
tener ambas, abarcarían toda la habitación; sin embargo, ambos sabemos que
no las tiene. Ambos sabemos que dos alas no son posibles en su anatomía
porque Amon le arrancó una. Porque él sacrificó una de ellas para hacerme
caer en su trampa.539

Es en ese instante, que el horror y el pánico me invaden el cuerpo.1

«No... No, no, no. Por favor, no».

—¿M-Mikhail? —la pronunciación de su nombre en mis labios se siente


errónea y equivocada, pero él no parece reaccionar a ella. No parece, siquiera,
haberme escuchado. De hecho, ni siquiera luce como si fuese él mismo. Se
siente como si la criatura delante de mí fuese solo un cascarón de él. Una
fachada y nada más.350

Un sonido gutural y animal escapa de su garganta a manera de respuesta al


cabo de unos instantes y, entonces, se abalanza sobre mí.

12. "Oscuridad"
Todo pasa tan rápido, que apenas puedo procesar lo que sucede. El cuerpo de
Mikhail impacta contra mí con una brutalidad que me deja sin aliento, el
poder de los Estigmas en mi interior hace su camino hacia afuera a toda
velocidad y se envuelve alrededor de su cuerpo, pero no logra aferrarse a él.
Ni siquiera logra penetrar en la densa energía oscura y espesa que lo
envuelve antes de que mi espalda golpee contra la pared detrás de mí.192

Una oleada de intenso dolor me recorre entera en ese instante y un grito


ahogado escapa de mis labios.

Haru grita algo en la lejanía, pero no puedo entender lo que dice. Tampoco me
importa demasiado en estos momentos. Trato de concentrar toda mi atención
en la criatura que se ha apoderado de mi cuello y que lo aprieta con tanta
fuerza, que me impide respirar. Que me impide, incluso, moverme.87
Los hilos de los Estigmas sisean furiosos, pero no consiguen aferrarse a él. Ni
siquiera consiguen penetrar en esa oscura bruma que exuda del cuerpo y que
parece protegerlo de todo. De mí...51

Pánico total se detona en mi interior cuando sus dedos se cierran aún más
alrededor de mi tráquea y jadeo. Jadeo en busca de aire mientras los ojos se
me llenan de lágrimas desesperadas.10

Mis uñas se clavan en la piel de sus brazos, en un desesperado intento por


hacerle daño y obligarle a soltarme, pero nada ocurre. El agarre es tan
poderoso y doloroso, que temo que pueda romperme el cuello antes de que la
asfixia me asesine.76

Mis piernas patalean, las hebras de energía tratan de aferrarse a algo con
todas sus fuerzas y puedo sentir cómo las heridas de mis muñecas se abren
con el esfuerzo descomunal que hace mi cuerpo.9

Un gruñido retumba en toda la estancia del demonio cuando los Estigmas


logran colarse entre esa armadura de oscuridad que ha creado para sí mismo
y se aferran a él; sin embargo, cuando tiro de ellos para obligarle a apartarse
de mí, apenas consigo moverlo. Apenas puedo apartarlo un poco, para
permitirme a mí misma arrastrarme lo más posible fuera de su alcance.2

Mis pulmones luchan por recuperar el aliento mientras toso violentamente, mi


vista está manchada con puntos oscuros, el mareo es tan intenso que siento
que la habitación entera gira, y me siento tan aturdida que no consigo
moverme como me gustaría.45

Una mano se cierra en mi tobillo y tira de mí con tanta fuerza que pierdo el
equilibrio y golpeo el suelo con estrépito. Un grito ahogado se me escapa en el
proceso y, pataleo para liberarme sin conseguirlo del todo.
Los Estigmas siguen envueltos alrededor del demonio de los ojos grises.
Siguen tratando de penetrar en la espesa bruma de energía demoníaca que lo
envuelve, pero apenas consiguen abrir su camino hacia su interior. Apenas
pueden colarse en su interior para intentar contenerlo.70

Un rugido violento reverbera en todo el lugar y me eriza todos los vellos del
cuerpo. El pánico que siento ahora mismo es tan visceral y abrumador, que
apenas puedo concentrarme. Que ni siquiera soy capaz de pensar con
claridad.

El agarre en mi tobillo es tan violento, que se ha vuelto doloroso y, justo


cuando trato de forcejear para liberarme, tira de mí una vez más,
arrastrándome unos centímetros del lugar en el que me encontraba.10

Los hilos que lo envuelven tratan de apartarlo de mí, pero no consiguen


demasiado. Es solo hasta que otro estallido de energía proveniente de algún
otro lugar llega a nosotros, que soy capaz de apartarlo de mí lo suficiente
como para avanzar a gatas lo más lejos posible de donde se encuentra.59

Es hasta ese momento, cuando me alejo, que me atrevo a girarme y encararlo.


Ahí está, agazapado a unos pies de distancia de mí, con esa mirada
blanquecina y brillante clavada en mí —como si de un animal en plena cacería
se tratase—, el ceño fruncido en un gesto furioso y postura animalesca.

No hay nada humano en la forma en la que se mueve. En la manera en la que


se encuentra acuclillado y usa los brazos para equilibrar el peso de su cuerpo.
En la forma en la que olisquea en mi dirección e inclina la cabeza, como si se
tratase de una bestia curiosa, atenta al siguiente movimiento de su presa. Ni
siquiera luce afectado por el ataque que acaba de recibir por parte de Haru —
asumo que ha sido Haru—. Ni siquiera luce herido o afligido ante lo que
acaban de hacerle, o a la forma en la que mis Estigmas tratan de mantenerlo
contenido y eso, por sobre todas las cosas me aterroriza.44

Él no es Mikhail. Sea lo que sea que es esta criatura delante de mí, no es


Mikhail. No hay ni un ápice de humanidad en su mirada. Ni un ápice de
reconocimiento, remordimiento o cualquier clase de emoción que no sea la
cruda y cruel expresión en blanco que muestra.79

Haru, ansioso y desesperado, grita algo desde algún punto de la estancia, y


suena como si él también pudiese notar que Mikhail no es él mismo en estos
momentos. Como si él también pudiese ver lo que yo estoy viendo.8

El terror incrementa otro poco.15

Mi corazón late a toda marcha, las manos me tiemblan de manera


incontrolable y los Estigmas sisean, sintiéndose amenazados por esta nueva
energía que le rodea y que es impenetrable para ellos. Yo, a pesar de eso, no
puedo apartar la vista de él. No puedo dejar de concentrarme en la forma en
la que el poder destructivo que llevo en el interior se aferra a él para
mantenerlo donde se encuentra.5

Él no parece querer hacer nada para desperezarse de mí, pero tampoco luce
como si los hilos que lo envuelven estuviesen haciéndole daño. Se siente
como si, a voluntad, él hubiese decidido quedarse así, mirándome a detalle,
como si fuese la presa más fascinante con la que se ha topado en su vida.109

Alguien grita algo en la lejanía. Una voz aterradoramente familiar me invade la


audición y eso es suficiente para que los instantes de paz terminen. Es
suficiente para conseguir que Mikhail ruga y una ola de energía oscura lo
invada todo.8

Entonces, se abalanza sobre mí una vez más.72


Las hebras de los Estigmas tejen su camino con tanta velocidad, que ni
siquiera puedo procesar lo que hacen. Que ni siquiera soy capaz de predecir lo
que harán hasta que, de pronto, veo como Mikhail sale despedido al impactar
contra el campo de energía que han creado a mí alrededor.92

Un gruñido sorprendido escapa de los labios del demonio, pero logra


amortiguar su caída unos instantes antes de dejarse ir sobre mí una vez más.

Mis muñecas sangran llegados a este punto, pero estoy lista para recibirlo.
Estoy lista para repeler su ataque.48

Su cuerpo impacta contra la red tejida por los Estigmas, pero él también está
preparado ahora y arremete con más fuerza. Está claro que él también sabía
qué era lo que le esperaba al atacarme, es por eso que, con toda la fuerza que
puedo, tiro del lazo que nos une. Tiro hasta que su gesto se llena de pánico y
confusión, y un grito ahogado se le escapa.132

Acto seguido, se dobla en sí mismo en un gesto que se me antoja doloroso.26

Los Estigmas aprovechan esos instantes de distracción y, pese a que trato de


contenerlos un poco, se envuelven alrededor de él y se tensan con violencia.
Esta vez, la energía oscura parece haber disminuido y son capaces de afianzar
su agarre con tanta fuerza, que cantan y ronronean en aprobación.11

Entonces, tiran con brutalidad. Tiran con tanta violencia, que un grito
antinatural escapa de la garganta del demonio y arrancan otro de la mía. Que
hacen que el demonio caiga de rodillas al suelo mientras ellos se alimentan y
absorben cuanto pueden de ese poder suyo tan abrumador.33

La sangre que brota de mis muñecas me moja las palmas y gotea entre mis
dedos; sin embargo, no puedo detenerme. No puedo —quiero— parar de
absorber la vida fuera de Mikhail.72
—¡Bess! —la voz familiar inunda mis oídos, pero no me detengo. Ni siquiera
trato de averiguar quién pronuncia mi nombre—, ¡Bess, detente! ¡Bess!44

Aprieto la mandíbula y los puños.

No voy a detenerme. No quiero hacerlo. Voy a hacerle pagar por todo. Voy a
hacer que desee haberme asesinado en aquella azotea. Voy a hacer que se
arrepienta de todo el daño que me hizo.359

—¡Bess, basta ya! —grita la voz una vez más, pero la ignoro por completo. La
ignoro, porque los Estigmas cantan y se estremecen debido a la emoción que
les provoca alimentarse de alguien tan poderoso como él. Porque algo dentro
de mí —oscuro, retorcido y cruel— me exige que no me detenga hasta acabar
con su existencia. Hasta que su energía se reduzca a ser un remedo de
nada.67

Un gruñido escapa de mis labios cuando Mikhail se desploma en el suelo. El


alarido de dolor que le acompaña a su caída es tan satisfactorio como
aterrador y me aferro a él. Me aferro al mar de emociones encontradas que
me golpea cuando alza la vista y sus ojos encuentran los míos.42

Algo ha cambiado en ellos. Algo es diferente en el instante en el que alza la


mirada para encararme.58

El tono blanco aterrador que teñía sus irises se ha pintado de tonalidades


doradas. Se ha teñido de un color tan brillante y antinatural, que le dan un
aspecto extraño. Es en ese instante, cuando algo en su mirada se torna
distinto. Cuando una especie de reconocimiento parece inundarlo, y una
emoción poderosa y desconocida lo llena. Algo doloroso también llega a mí a
través del lazo que compartimos y me siento aterrorizada y fascinada. Me
siento confundida y horrorizada en partes iguales.36
—V-Vete de aquí —gruñe entre dientes, con esa voz ronca tan suya, y el
mundo entero se sale de su eje—. ¡Vete de aquí, Bess! ¡Ahora!227

—¡¿A qué diablos estás jugando?! —grito, medio furiosa con él por lo que está
haciendo y medio horrorizada.19

—¡Bess, aléjate de mí! ¡Huye de aquí! ¡Vete lejos! —dice y, en ese momento,
sus ojos se transforman.274

La tonalidad dorada desaparece de inmediato y el blanco lo invade todo.


Entonces, un gruñido aterrador se le escapa y, pese al daño que le hacen los
Estigmas, se abalanza sobre mí.69

Alguien grita mi nombre. Algo impacta contra mi cuerpo y me toma por el


cuello hasta estrellarme contra algo duro y áspero. Por el rabillo de mi ojo, soy
capaz de ver cómo alguien trata de atacar al demonio, pero algo parece
empujarlo antes de que siquiera pueda acercarse. Gritos, caos y dolor invaden
mis sentidos, y no puedo respirar. No puedo dejar de jadear en busca de aire
mientras, desesperadamente, me aferro a Mikhail como puedo. Mientras
presiono mis palmas contra su cara y lo empujo lejos con toda la fuerza que
mi débil cuerpo humano puede imprimir.13

Es en ese momento, cuando lo siento...15

Al principio, es tan imperceptible, que apenas puedo notarlo. Es tan suave y


ligero, que ni siquiera tengo oportunidad de detectarlo hasta que el lazo, los
Estigmas, y todo mi cuerpo son capaces de percibirlo en su totalidad.1

La familiar energía helada que se cuela en mi interior a través del lazo que me
une a Mikhail es tan agobiante y arrolladora, que me toma unos instantes
descubrir de qué se trata.2

Es la energía angelical de Mikhail.150


Es el poder angelical que alguna vez hizo su nido en mi interior, y que ahora
parece buscarme a través del lazo que me ata a la criatura contra la que trato
de luchar.214

«¿Cómo es eso posible?».26

La resolución de lo que está ocurriendo cae sobre mí y me golpea con tanta


brutalidad, que me quedo en el limbo. Que me quedo quieta, tratando de
procesar lo que sucede. Los Estigmas, sin embargo, son más rápidos y
piensan en mi supervivencia, ya que, sin siquiera preguntar, se aferran a la
energía que trata de llegar a mí y la absorben. La absorben con tanto ahínco,
que un grito ahogado se me escapa cuando mi cuerpo es envuelto por ella.237

Entonces, ocurre...27

El hormigueo en mis palmas se transforma en un ardor intenso y doloroso y,


de pronto, un haz de luz expide de ellas. Una luz incandescente me ciega por
completo y le hace gritar. Me hace gritar a mí también y nos funde en una
espiral de energía atronadora y estridente.67

El lazo que nos une se estira más allá de sus límites, los Estigmas se
repliegan en sí mismos, huyendo del estallido de poder que comienza en mis
manos y se funde en el interior de Mikhail; en la bruma densa y oscura que lo
invade de pies a cabeza.

Gritos, órdenes ladradas en un idioma desconocido y caos lo llenan todo, pero


yo no puedo moverme. No puedo ver nada más que luz, siluetas y sus ojos.
Esos ojos blanquecinos que, poco a poco, se tiñen de gris y de dorado. Que,
poco a poco, cambian la frialdad y la crueldad por una expresión horrorizada y
angustiada.113

Sus manos dejan de presionar con fuerza. Sus dedos se aferran al material de
la sudadera que llevo puesta y su frente se une a la mía con desesperación.
Su cuerpo sufre espasmos violentos y dolorosos y, un gruñido poderoso se le
escapa cuando la energía angelical me abandona de golpe y un haz de luz
brota desde su omóplato herido.147

—No quiero hacerte daño —gruñe en un susurro desesperado, pero no se


siente como si estuviese hablando conmigo—. Por favor, no quiero hacerte
daño.342

Otro espasmo convulsiona su anatomía y un alarido de dolor de le escapa


cuando el ala de luz que ha brotado en su espalda se extiende más allá de sus
límites y alcanza un tamaño abrumador. Entonces, luego de unos instantes
eternos, la luz se apaga y él se desploma en el suelo sobre mí.34

El peso de su cuerpo me aprisiona y me asfixia un poco, pero no me aparto.


No hago otra cosa más que aferrarme a él, adolorida, agotada y temblorosa.40

Sus alas —una luminosa y una de murciélago— están extendidas y nos


cubren casi por completo. No me pasa desapercibido el calor apabullante que
emana esa que está hecha de luz y aquí, tumbada en el suelo de esta
habitación, no puedo dejar de preguntarme qué carajos acaba de pasar. Qué
demonios es lo que acaba de ocurrir con él, conmigo y con el lazo que nos
mantiene atados.161

—¡Bess! —el grito ahogado que llega a mí hace que, luego de unos instantes
de aturdimiento, alce la vista.

De inmediato, me encuentro con la figura descompuesta y desaliñada de


Jasiel. El hollín ha manchado su piel y las heridas en su perfecto rostro lucen
extrañas y antinaturales en él. Lleva las alas extendidas y la remera que le
vestía hecha jirones. Lleva, también, una mano aferrada a un costado, como si
esta le doliese, o como si tratase de cubrir alguna parte adolorida de su torso
y, por la manera en la que camina, casi puedo jurar que se encuentra muy —
muy— malherido.20

—¡Aléjala de él! —dice alguien —creo que es Arael— a sus espaldas, pero no
le pongo demasiada atención. Me concentro en tratar de absorber el
escenario que me rodea.113

La habitación está completamente destruida. La pared que daba a la entrada


principal se ha reducido a escombros, el fuego, pese a que ha mermado un
poco, aún consume algunos de los muebles que decoraban el lugar y, por si
eso fuera poco, creo que hay un ángel muerto en el suelo de la estancia, ya
que no se mueve en lo absoluto.148

Pánico, terror y confusión se arraigan en mi sistema en ese momento, pero


me las arreglo para empujarlo todo lejos, antes de encarar a Jasiel una vez
más.

—¿Q-Qué está pasando? ¿Dónde está Haru? —mi voz suena ronca y débil.
Dolorida.3

Jasiel hace un asentimiento en dirección a un rincón de la habitación y, de


inmediato, soy capaz de mirar al chiquillo de aspecto oriental. Luce
aterrorizado, sucio y hay sangre bañando su rostro; sin embargo, no luce
gravemente herido.62

Sus ojos están clavados en mí y están llenos de una emoción que no logro
descifrar. De una admiración que no estaba en ellos antes y de un terror que
me hiela los huesos.166

—Bess, necesitas apartarte de Mikhail —la voz de Jasiel es ronca y tranquila,


pero hay un filo tenso en ella—. Ven aquí.12
Sus manos se estiran en mi dirección, en la espera de que las tome, pero no lo
hago. Me quedo aquí, con los brazos entumecidos alrededor de Mikhail y el
corazón latiéndome a toda marcha.20

—¿Qué está pasando? ¿Por qué nos atacó? ¿É-Él nos...? —no puedo terminar
de formular la pregunta. No me atrevo a pronunciarla porque el solo pensarla
—pensar en Mikhail traicionándonos de nuevo— me hace sentir miserable.11

Poco a poco, un nudo empieza a formarse en mi garganta, pero trago varias


veces para deshacerlo.

—No, Bess —Jasiel se apresura a decir—. No es lo que tu crees. Ven aquí.


Necesitamos ponerte a salvo. No sabemos si ha vuelto a ser él.74

—¿No saben si ha vuelto a ser él? ¿Qué se supone que significa eso? ¿Qué
diablos está pasando aquí? —la angustia es tanta, que mi voz la refleja a la
perfección. Ni siquiera me molesto en tratar de ocultarla.2

—Bess...

—No —lo corto de tajo—. Dime qué diablos está pasando. ¿Qué carajos acaba
de pasarle a Mikhail?22

Los ojos del ángel se cierran con fuerza en ese momento y yo, sintiéndome
impotente y aterrorizada, aprieto la mandíbula hasta que él me encara de
nuevo.

—Mikhail no está bien, Bess —dice, finalmente, al cabo de unos largos


instantes—. La energía demoníaca y angelical que habitan en él no han
conseguido el equilibrio que requieren. Ninguna de las dos partes ha vencido
aún y él... —deja escapar un suspiro tan cansado, que casi se siente como si
el ángel que tengo enfrente fuese un humano y no una criatura celestial—. Él
tiene esta clase de... episodios.333
La información se asienta en mi cabeza, pero no logro digerirla del todo.

—¿E-Episodios?6

—Hay una lucha en su interior, Bess —la voz de Jasiel es seda ahora. Es tan
suave y neutral, que se siente como si su único objetivo fuera el mantenerme
en calma—. La luz contra la oscuridad. Lo que acabas de presenciar, ha sido
una batalla ganada por la oscuridad. Una dominación completa de la
oscuridad en su interior.83

Mi cabeza se sacude en una negativa frenética.

—No —digo, al tiempo que siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas—. Él
recuperó su parte angelical. Él recuerda. Él...20

—Sí —me interrumpe—. Él recuerda. Él recuperó su parte angelical... pero la


demoníaca no se ha marchado. Sigue ahí y, hasta que la energía angelical que
lleva dentro logre transformar a la demoníaca, estas cosas seguirán
ocurriendo.37

Trato de asimilar lo que acaba de decirme, pero no lo consigo. No logro


hacerme a la idea de que algo así sea posible.4

—No —niego una y otra vez—. No es cierto. No es posible. Él es un


arcángel...15

—No, Bess. No lo es —Jasiel suena cada vez más desesperado—. Mikhail no


es un demonio, pero tampoco es un ángel. No todavía. No hasta que alguna de
las dos partes gane —hace una pequeña pausa, como si estuviese tratando de
decidir si decirme o no algo más; sin embargo, la resolución llega a su rostro
casi de inmediato y añade—: Ese es, en parte, el motivo por el cual se ha
mantenido alejado de ustedes. De ti...312
«Está tratando de protegerte». Susurra la voz en mi cabeza y mi pecho se
calienta con una emoción familiar y dolorosa. En respuesta, y como si hubiese
sido capaz de escuchar y entender todo lo que Jasiel ha dicho, siento un tirón
en el lazo que me une a Mikhail.74

—Oh, mierda...1

—Bess, por favor, ven aquí —Jasiel extiende una mano en mi dirección, pero
no la tomo. No hago otra cosa más que aferrar las manos en el chico
inconsciente que yace sobre mí.7

—¿Hace cuánto que pasa esto con él? —inquiero, en un susurro tembloroso.

—Desde que recuperó su parte angelical —Jasiel sigue con la extremidad


alargada hacia mí, pero no la tomo.20

—¿Por qué nunca me dijo nada? —mi voz se quiebra en ese momento y el
gesto de Jasiel se llena de disculpa y tristeza.

—No quería angustiarte —dice—, y nos prohibió que te lo dijéramos. Él solo


trataba de protegerte.165

Es en ese preciso momento, en el que lo pierdo completamente. En el que el


llanto hace su camino fuera de mí y me llena el pecho de una sensación
dolorosa y cálida al mismo tiempo.7

Mikhail siempre ha sido así. Siempre ha pensado en mí primero que en él y yo


no he hecho más que ser egoísta. Más que cerrarme en mí misma, y en la
traición, y en todo aquello que me hirió y me lastimó. No he hecho más que
juzgarle por aquello en lo que se ha equivocado, sin ser capaz de recordar
todo aquello que ha sacrificado por mí.202

«¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?». Digo para mis adentros, pero ni siquiera sé
si estoy recriminándomelo todo a mí o a él. Si estoy reclamándole a él el no
haberme hablado sobre esto antes, o a mí misma, por no querer aceptar que
no todo ha sido malo. Que no todo han sido traiciones y malos ratos.24

Mis manos se aferran al cuerpo lánguido de la criatura inconsciente que


descansa sobre mí y lloro. Lloro mientras lo abrazo. Mientras me fundo en el
mar de sentimientos y sensaciones encontradas que colisionan en mi interior,
y me deshago aquí, al tiempo que susurro una y otra vez cuánto lo siento.
Cuánto lamento todo aquello que ha sacrificado y todo lo que ha perdido
gracias a que tomó la decisión de protegerme.133

Jasiel trata de llegar a mí, pero yo ni siquiera le presto atención. Ni siquiera


me molesto en dirigirle una sola mirada porque estoy aquí, aferrándome a
Mikhail como si no conociera otra cosa en el mundo capaz de anclarme a la
realidad. Porque estoy aquí, sintiéndome al borde del precipicio y con el
corazón hecho jirones; mientras él, una vez más, está sufriendo las
consecuencias de su inmolación por mí.513

13. "Calma"
Mikhail no ha despertado.149

Luego de nuestro enfrentamiento, ha permanecido así, inconsciente. Jasiel ha


dicho que no tengo qué preocuparme por eso. Que es normal que luego de un
episodio como el que tuvo permanezca en ese estado un tiempo; sin embargo,
no me ha permitido acercarme a él desde entonces.30

Luego de la lucha que mantuve con él y de que Jasiel me explicara


brevemente lo que estaba ocurriendo, me obligó a alejarme de su cuerpo a la
fuerza y fue Arael, el ángel con el que tuve aquel incidente antes de salir de
casa, el que nos llevó a Haru y a mí a una habitación alejada del lugar en el
que Mikhail nos atacó.59
Acto seguido, nos dijo que permaneciéramos ahí hasta que él o Jasiel vinieran
y se marchó. Hemos estado aquí desde entonces.

Para mantenerme ocupada, he buscado en el botiquín de primeros auxilios de


la habitación para curarme las heridas. Luego de encontrar un par de vendas,
gasas y alcohol, me he lavado las heridas y he improvisado un par de
torniquetes para detener el sangrado.7

Aún me sorprende cuán fuerte me siento a pesar de haber hecho uso del
poder destructivo que llevo dentro, pero trato de no cuestionármelo
demasiado. Por ahora, hay cosas más importantes en las cuales ocuparse; es
por eso que, cuando termino conmigo, me acerco a Haru con el mayor tacto
posible y, a señas, le indico que tengo intenciones de curarle las heridas. Él no
objeta para nada cuando empiezo con el minucioso escrutinio a su cuerpo.114

Sus muñecas son lo primero que reviso, pero no hallo nada en ellas. Ni una
marca, ni una herida... Nada. Después, reviso su espalda, pero tampoco logro
ver nada. Finalmente, él parece comprender qué es lo que busco, ya que se
levanta el cabello de la frente ensangrentada y me da una vista de los
extraños —y profundos— cortes que tiene en la parte superior del rostro.213

Un escalofrío de puro horror me recorre entera al comprenderlo. Sus marcas...,


sus Estigmas..., son semejantes a las heridas que sufrió el hijo de Dios al
llevar la corona de espinas con la que, se cuenta, fue torturado también.259

Así pues, con la garganta hecha un nudo y el corazón apelmazado, concentro


mi atención en limpiar y desinfectar las heridas de un niño que, a sus escasos
doce o trece años, tiene que lidiar con mucho más de lo que cualquier
persona lidiará jamás.37

Cuando termino y hago amago de levantarme, él me detiene tomándome de la


sudadera que me viste con suavidad. La alarma se enciende en mi sistema
por acto reflejo, pero se disipa cuando, con cuidado, el chico me toma de las
manos y me hace girarlas hasta que tiene una vista de mis palmas. Entonces,
retira el material de las mangas de la sudadera con delicadeza y observa mis
vendajes ensangrentados.30

No dice nada. No sé si serviría de algo que lo hiciera, ya que ni siquiera puedo


entender lo que dice; sin embargo, soy capaz de verle el rostro. Soy capaz de
ver el entendimiento en sus facciones y la compasión en su mirada. Él sabe,
mejor que nadie en este mundo, lo que es cargar con esto. Él sabe a la
perfección lo que le hace todo esto a tu mente; a tu salud emocional y mental
y eso, por sobre todas las cosas, me hace sentir conectada a él de formas que
ni siquiera soy capaz de explicar.90

Haru es como yo. Haru no es un niño, como Kendrew o Radha.


Haru entiende la magnitud del poder —y la condena— que cargamos encima.5

—Estoy bien —digo, a pesar de que sé que el idioma es un impedimento entre


nosotros.42

Él alza la vista para encararme y, como si de verdad me hubiese comprendido,


asiente. Entonces, murmura algo que no entiendo y me deja ir las manos. Lo
único que puedo hacer luego de eso, pese a que no estoy segura de qué es lo
que ha dicho, es dedicarle una sonrisa débil y tranquilizadora. Él, en
respuesta, me devuelve el gesto y mi pecho se calienta con una sensación
extraña. Con un impulso de protección que hacía mucho tiempo que no sentía
y que solo Freya o Jodie —mis hermanas menores— podían despertar en mí.

De pronto, no puedo apartar la vista del niño que tengo enfrente y, sobre todo,
no puedo dejar de mirar en él a mis hermanas. No puedo dejar de revivir una y
otra vez todas las ocasiones en las que traté, desesperadamente, de
protegerlas de las cosas más absurdas de la vida: un mal día, un desamor
precoz, una discusión con mamá o papá...42

El nudo de mi garganta se aprieta otro poco y siento cómo mis ojos se llenan
de lágrimas debido a los recuerdos. Él parece notar mi cambio repentino de
humor, ya que su ceño se frunce ligeramente. Yo, con todo y eso, me limito a
tragar duro y a parpadear un par de veces para ahuyentar el llanto. Entonces,
me obligo a sonreír.

Acto seguido, y para aligerar otro poco el ambiente, le pongo una mano en la
cabeza y le alboroto el cabello apelmazado. Él luce aturdido y confundido por
mi gesto, pero no hay molestia en sus facciones. No hay incomodidad ni
actitudes defensivas como las que había estado mostrando en casa de las
brujas.50

A pesar de eso, trato de no hacérselo difícil y me pongo de pie para darle algo
de espacio. Quizás lo hago para darme a mí un poco de espacio para respirar y
recomponerme; todavía no lo sé. De cualquier modo, me las arreglo para lucir
despreocupada mientras me instalo sobre una de las camas de la estancia.2

No sé cuánto tiempo pasa antes de que, en la desesperación de saber qué


demonios está pasando, decida salir de la habitación, pero sé que ha sido
demasiado. Los primeros rayos del sol son la única confirmación que necesito
para saber que he pasado la noche entera con los ojos abiertos y la mente
alerta.

Hace rato que Haru se quedó dormido, así que he tratado de no hacerle
demasiado ruido; sin embargo, y pese a las insistencias de Arael de pedirme
descanso, yo no he podido hacer lo mismo.

Así pues, luego de corroborar que Haru sigue dormido y que no hay señales de
que vaya a despertar pronto, me encamino hacia la salida de la habitación.44
Espero encontrarme de frente con la figura de Arael cuando lo hago —no me
sorprendería en lo absoluto si hubiese montado guardia afuera de esta
habitación solo para cerciorarse de que no la abandonáramos—, pero, en su
lugar, me encuentro de lleno con la vista desértica del estacionamiento del
hotel y de la carretera. No hay señal alguna de él o de Jasiel o de Mikhail, y
eso me pone los nervios de punta.119

Aun así, me obligo a avanzar en dirección a la habitación destrozada al fondo


del pasillo. Durante el trayecto, y a pesar de que no hay señal alguna de vida
en kilómetros a la redonda, miro hacia todos lados y me aseguro de que no
haya nadie cerca. Lo último que necesitamos ahora mismo, es que alguien se
percate de que estamos aquí. Sobre todo, luego de lo ocurrido anoche. De
hecho, me sorprende que nadie del pueblo haya venido a comprobar qué
diablos ha ocurrido en este lugar.3

El pensamiento que ahora me llena la mente me pone los nervios de punta y,


sin poder evitarlo, cientos de escenarios fatalistas me llenan de humo la
cabeza.

Me digo a mí misma que, seguramente, estamos demasiado lejos de


Smithville y ese es el motivo por el cual nadie ha venido. Mejor aún, me digo
que el mundo ha cambiado tanto las últimas semanas, que un incendio en un
hotel de paso a las afueras de un pueblo pequeño en Tennessee, es la menor
preocupación que tienen los locatarios. Trato de convencerme a mí misma de
que, ahora, los seres humanos solo luchamos por nuestra supervivencia, no
por las edificaciones que alguna vez significaron algo para nosotros.2

Con eso en la cabeza, me obligo a avanzar y a empujar la tormenta gris que


me nubla la razón.
No me toma mucho tiempo cruzar el espacio que me separa de la habitación;
sin embargo, cuando llego a ella, lo que veo me saca de balance. Aquí no hay
nadie. En este pequeño espacio chamuscado y destrozado, no hay
absolutamente nadie. Ni siquiera un rastro de cualquiera de los ángeles.53

Una punzada de pánico empieza a atenazarme las entrañas y, presa del terror
que me invade por sentirme abandonada aquí, en medio de la nada, me
apresuro a volver sobre mis pasos y a abrir todas y cada una de las
habitaciones a mi paso.

Me rehúso a pensar que fueron capaces de abandonarnos. Me niego a pensar


que Jasiel —sobre todo Jasiel— aprovechó la falta de liderazgo de Mikhail
para dejarnos a Haru y a mí a nuestra merced.70

Puerta tras puerta es abierta a mi paso y la desesperación incrementa con


cada segundo que pasa. Con cada habitación que aparece frente a mis ojos y,
justo cuando estoy a punto del trote, abro una puerta más y los veo.76

Alivio, enojo y frustración se mezclan en mi interior, de modo que no puedo


hacer otra cosa más que tratar de controlar la oleada de emociones que me
invade. De modo que, sin poder evitarlo, me quedo aquí, al pie del umbral, con
la mirada fija en las tres criaturas que se encuentran dentro de la estancia.5

Una de ellas, Mikhail, por supuesto, yace boca abajo sobre el colchón de una
de las camas. Sigue inconsciente y eso, por sobre todas las cosas, asienta un
montón de piedras dentro de mi estómago.17

Mi atención viaja, entonces, hacia las otras dos figuras. Una de ellas es Jasiel.
La otra, Arael. Quiero preguntar qué ha pasado con el otro ángel, ese que
estaba tirado en el suelo de la otra habitación cuando salí de ella obligada por
Jasiel; pero, al mismo tiempo, la pregunta se siente tan aterradora, que no
quiero hacerla. Que me horroriza pensar en que, quizás —por no decir
«seguramente»— está muerto.

—Bess —la voz de Jasiel me saca de mi estupor momentáneo y me obligo a


posar mi vista en él. No sé en qué momento volví a poner los ojos sobre
Mikhail.

—¿Qué está pasando con él? ¿Por qué no reacciona? —inquiero, porque es
más fácil formular esa clase de preguntas en lugar de aquellas otras que son
más aterradoras y dolorosas.

—¿Dejaste solo a Haru? —la mirada reprobatoria de Jasiel casi me hace sentir
culpable, pero es el destello aterrado que me encuentro en su expresión, lo
que me hace darme cuenta de que ha respondido a mis cuestionamientos con
otros.7

—Está dormido —resuelvo con un gesto rápido y, luego, insisto—: ¿Qué está
ocurriendo con Mikhail?

—Todavía no lo sabemos —Arael, quien me atraviesa con esa aterradora


mirada suya, responde—, pero no podemos quedarnos a averiguarlo. Tenemos
que llegar a Los Ángeles en tres días.24

Una nueva clase de pánico se asienta en mis huesos ante sus palabras y, de
pronto, mi vista se posa en Jasiel.1

—¿Qué está diciendo? No podemos dejarlo —hago un gesto en dirección a


Mikhail—. No vamos a dejarlo.40

La aprensión que veo dibujada en el rostro de Jasiel no hace más que


asentarme una sensación nauseabunda en el estómago. Una negativa es lo
único que puedo regalarle cuando, con horror, veo un destello de algo
parecido a la disculpa en su mirada.
—No —digo, tajante y determinante—. No lo vamos a dejar aquí.5

—La orden expresa era llevarlos a ti y a Haru a Los Ángeles en tres días y eso
es, precisamente, lo que vamos a hacer —Arael refuta y tengo que reprimir el
impulso de gritarle que cierre la boca, que estoy hablándole a Jasiel y no a él,
pero me trago las palabras y mantengo la vista fija en el único ángel que
confío —si es que «confianza» es que puedo llamarle a la sensación de vaga
familiaridad que me embarga cada que lo tengo cerca—. Después de todo, él
fue el ángel que se apoderó del cuerpo de Nate, el prometido de mi tía. Fue el
ángel que, en el último minuto, se arrepintió de haberme entregado a Rafael y
prometió buscar a Mikhail para que fuese a rescatarme.58

—Jasiel... —por primera vez en mucho tiempo, pronuncio su nombre en voz


alta y la voz me tiembla cuando continúo—: No podemos dejarlo. No puedes
pedirme que lo acepte.37

El ángel luce torturado ante mi súplica, pero no dice nada. Se limita a mirarme
fijamente, como si estuviese tratando de decidir qué hacer. La falta de
dirección y de voluntad para tomar una decisión está tallada en sus facciones,
así como lo está la determinación que demuestra Arael a seguir las
instrucciones precisas sin salirse ni un poco de la línea trazada originalmente;
y eso hace que quede claro para mí que los ángeles, sin un líder, son
incapaces de tener iniciativa propia. Son incapaces de tomar decisiones por sí
mismos; y eso solo consigue que la frustración se abra paso en mi sistema.2

—¿Es que acaso no has escuchado? —Arael espeta—. ¿Es que acaso vas a
volver a ir en contra de todo lo acordado para hacer tu santa voluntad?151

El destello de ira que se apodera de mí en ese momento es tan grande, que


siento cómo los Estigmas, pese a estar bastante aletargados y débiles, se
desperezan un poco.2
—No estoy hablando contigo —escupo, en dirección al ángel entrometido y
este contorsiona su gesto en uno furibundo.128

—¡Perdimos a uno de los nuestros esta noche! —él alza la voz—. Tu ángel

salvador lo asesinó de un condenado movimiento, ¿y tú quieres quedarte aquí,


con él?211

—Prefiero quedarme con él a ir a cualquier maldito lugar contigo —el tono de


mi voz iguala el suyo—. No confío en ti. Ni siquiera confío en él —hago un
gesto de cabeza en dirección a Jasiel—. ¿Qué te hace pensar que voy a querer
ir con ustedes a ningún lado?97

Una risa amarga brota de los labios del ángel.

—¿Y confías en Miguel? ¿A pesar de todo? —el veneno que tiñe su voz no
hace más que confirmar que él está enterado a la perfección de lo que pasó
en Los Ángeles. Él sabe sobre la traición y eso me hace sentir invadida.
Ultrajada de un modo inquietante y retorcido.145

A pesar de eso y presa de un impulso envalentonado, doy un paso hacia


enfrente —hacia Arael— y alzo el mentón en un gesto desafiante.26

—Si tanto desconfías de él, ¿qué haces aquí? —siseo y su mandíbula se


aprieta—. ¿Por qué decidiste unirte a él si no crees en sus capacidades?160

—Creo en las capacidades de quien alguna vez fue Miguel Arcángel —hace un
gesto en dirección al demonio que descansa sobre la cama—. Ese pobre
diablo de ahí no es ni la sombra de quien fue alguna vez.188

—Si eso es lo que crees, entonces, vete —escupo y la mirada del ángel se
ensombrece otro poco; sin embargo, lo ignoro y poso mi atención en Jasiel
una vez más—. Y si tú crees lo mismo que él —hago un gesto despectivo e
impertinente en dirección a Arael—, lo mejor es que tú también te vayas.
Mikhail no necesita a quien no quiera ayudar en realidad.137

En ese momento, algo cambia en la expresión indecisa y angustiada de Jasiel.


Algo parecido a la entereza y la determinación se apodera de sus facciones,
como si mis palabras hubieran despertado algo en su interior.

—Yo creo en él —dice, con la voz enronquecida por las emociones—.


Yo sé que él es el único que puede salvar a la humanidad. Así está escrito en
su destino.246

Son sus palabras las que despiertan algo en mí en ese momento. Una especie
de resolución que no sabía que existía en mí. Una clase enfermiza de
realización que me atenaza las entrañas y me estremece de pies a cabeza.
Este es el destino de Mikhail. Este es nuestro destino. Este es el final de este
largo y tortuoso camino recorrido... y solo Dios sabe cuánto me aterroriza
saber en qué acabará todo.91

Trago un par de veces para aminorar la sensación de ahogamiento que me


invade.

—Bien —asiento, pese a las emociones desbordantes que me empañan la


voz—. Entonces, es momento de que intentes comunicarte con Rael... —hago
una pequeña pausa, indecisa de pronunciar las siguientes palabras que me
cruzan por la mente, pero, sin más, me obligo a hacerlo—: O con Gabrielle —
hago una pequeña pausa—. Tienes qué decirles lo que acaba de suceder —mi
vista se posa en Arael en ese momento y lo barro con todo el desdén que
puedo imprimir—. En cuanto a ti —hago una mueca de desagrado—, puedes
irte ya mismo si así lo deseas.320

Entonces, sin añadir nada más, me giro sobre mis talones y salgo de la
habitación con toda la intención de ir en busca de Haru.35
~*~28

Arael no se ha marchado. Han pasado ya varias horas desde mi


confrontamiento con él y no se ha ido de aquí. No sé qué es lo que pretende al
quedarse, puesto a que ha quedado más que claro que no cree en Mikhail; sin
embargo, estoy tan agotada emocional y mentalmente, que he decidido no
confrontarlo una vez más por ahora.89

Es casi mediodía y Mikhail no ha dado señales de mejoría. No sé qué carajos


significa eso, pero he tratado de mantenerme lo más positiva posible. No
quiero agobiarme ante la idea de él, despertando y siendo una criatura
abominable y aterradora. Un ser incapaz de dominar sus impulsos más
primitivos y dispuesto a atacar a diestra y siniestra a todo aquel que se le
interponga en el camino.26

Jasiel ha dicho que la posibilidad está ahí. Que, debido a la lucha que lleva
dentro, es posible que él, luego de uno de esos fuertes episodios, despierte y
sea alguien completamente diferente. Que el Mikhail que todos conocimos
desaparezca para siempre y solo quede ese demonio lleno de sed de sangre y
destrucción.92

La sola idea es lo suficiente aterradora como para mantenerme al vilo de mis


emociones, pero trato, con desesperación, de contenerme. De acallar los
malos pensamientos y esperar lo mejor.

Varias veces he tratado de llegar a él por medio del lazo que compartimos,
pero no he recibido respuesta alguna a los pequeños estímulos —a las suaves
caricias y los pequeños tirones que le aplico a la cuerda invisible entre
nosotros— que trato de enviarle. La desesperación es tanta llegados a este
punto, que he empezado a considerar la posibilidad de que, quizás, nunca
despierte... Y no sé cuál, de todas estas opciones, me horroriza más.35
Mis párpados se cierran y trato de acompasar mi respiración agitada. La
sensación dolorosa que le acompaña a mi desasosiego es casi tan intensa
como la angustia que me aplasta el corazón.1

La culpa, el remordimiento y las ganas que tengo de decirle a Mikhail que


lamento mucho todo lo que ha ocurrido gracias a mí me hace sentir como si
me asfixiara, y aquí, presa de una desesperación ansiosa, aprieto la
mandíbula y tiro una vez más del lazo que nos une una vez más.8

Abro los ojos. Esta vez, cuando lo hago, una nueva resolución me invade y me
pongo de pie, decidida.1

Entonces, en un par de zancadas, acorto la distancia que me separa de la


cama donde él se encuentra.2

Desde hace rato que Haru y yo nos hemos trasladado a la habitación en la


que Mikhail descansa, mientras Jasiel trata de comunicarse con Rael —o con
quien sea— para informarle de lo ocurrido. Es por eso que no me toma
demasiado llegar hasta donde Mikhail se encuentra tumbado.

Siento la mirada de Haru fija en mí desde que me levanto, pero no dejo que
eso me acobarde. No dejo que eso me impida arrodillarme junto a la cama y
estirar la mano hasta tomar la del demonio —arcángel— entre una de las
mías.137

Sus dedos, entrelazados a los míos, se sienten débiles en su agarre, pero el


calor de su cuerpo está ahí. La aspereza de sus yemas y el tamaño grande y
fuerte de su palma es el mismo de siempre.13

Sin que pueda evitarlo, un nudo se instala en mi garganta.1

—Por favor —suplico en voz tan baja, que apenas puedo escucharme—. Por
favor, Mikhail, sé que estás ahí.57
Nada.1

—Sé que puedes escucharme —mi voz se quiebra tanto, que suena extraña a
mis oídos—. Sé que puedes sentirme. Por favor, di que puedes sentirme...61

El ardor que siento en el pecho es tan intenso ahora, que me duele al


respirar.4

—Sé que las cosas entre nosotros no están bien. Que no han estado bien en
mucho tiempo... —murmuro con un hilo de voz, presa del pánico. Presa de un
valor que hacía mucho que no tenía—. Sé que me cuesta confiar y que te lo he
hecho todo imposible las últimas semanas, pero... —el nudo que se aprieta en
mi garganta amenaza con arrebatarme las palabras y trago duro para
deshacerlo como puedo—. Pero, si luchas... Si peleas contra la oscuridad..., si
haces todo para quedarte aquí un poco más, prometo luchar también.
Prometo pelear contigo... A tu lado. Mikhail, a pesar de todo yo... yo...250

La fuerza de las palabras que se forman en la punta de mi lengua hace que se


atasquen en mi garganta con tanta fuerza, que me quedo sin aliento. Quiero
gritar. Quiero tener el valor suficiente para decir en voz alta eso que he
callado de manera abrupta, pero no puedo hacerlo. No puedo arrancarlas de
mi voz. No puedo arrancarlas de mi corazón porque son peligrosas. Son del
tipo de palabras con el que están hechos los juramentos. Del tipo de palabras
que comprometen el alma y acaban contigo si se les das la oportunidad.24

Lágrimas gruesas y cálidas se agolpan en mi mirada en ese momento y,


sintiéndome una completa cobarde, le aprieto la mano un poco más con la
intención de que sea capaz de sentir, exactamente, lo que quería decir pero
no tuve el valor.

Entonces, como la más gloriosa de las sensaciones, ocurre...89

Al principio es tan suave, que durante unos instantes y creo haberla soñado.8
«No. No, no, no, no... No es posible. No...».3

Otra suave vibración me llena el pecho y la sangre se me agolpa en los pies.

—Oh, por todos los infiernos... —mi voz sale en un susurro tembloroso—. ¿M-
Mikhail?108

La cuerda que me ata a él vuelve a vibrar ligeramente y una nueva emoción se


abre paso en mi pecho. De hecho, me atrevo a apostar que el mundo entero
se ha estremecido ante la pequeña caricia que he sentido en el lazo.85

—Mikhail —su nombre me abandona, como si de una plegaria se tratase y, en


respuesta, la atadura se tensa.

Es apenas perceptible, pero es lo suficiente como para hacerme saber que


nada de esto ha sido producto de mi imaginación.3

El alivio se filtra a través de mis huesos con una rapidez dolorosa y dejo
escapar un suspiro tembloroso al instante. El sentirlo, el saber que está de
algún modo aquí, presente, hace que una nueva certeza se instale en mi
cuerpo. Él está ahí. Él —su verdadera esencia— sigue ahí.19

Un escalofrío de pura emoción me recorre la espina dorsal y, sin pensar


demasiado en lo que hago, le pongo la mano que tengo libre sobre la cabeza.
Las hebras oscuras de su cabello se revuelven entre mis dedos y cepillo hacia
atrás, en un gesto que pretende aliviarle... o aliviarme a mí; todavía no logro
averiguarlo.36

Es mi turno de acariciarle por medio del lazo. Es mi turno para tirar de la


cuerda entre nosotros y, en ese momento, soy capaz de percibirlo.93

No sé cómo explicarlo. Ni siquiera sé si algún día podré poner en palabras


exactas lo que siento en estos momentos, pero sé que está aquí. No solo en
cuerpo, sino en alma. De una manera que llena cada rincón de mi cuerpo y me
hace sentir segura.1

—Vas a estar bien —digo en un murmullo suave y, presa de una sensación


aterradora, pronuncio—: Está en tu destino. Ya está escrito.206

~*~31

Algo me hace cosquillas en la mejilla. En medio de la bruma de mi sueño, un


pequeño hormigueo me recorre la mejilla izquierda y baja hasta mi barbilla. Mi
cuerpo, presa de un impulso de supervivencia que va más allá de mi
entendimiento, se estremece y sigue con atención el trayecto de... de...
bueno... lo que sea que sea esta sensación que me recorre el contorno de la
cara.183

A pesar de eso, mi cerebro no es capaz de despertar. No está dispuesto a


liberarme de la bruma densa que me envuelve.

El hormigueo llega a mi barbilla y regresa siguiendo la línea del contorno de


mi mandíbula hasta que esta se une con mi oreja. Algo cálido y familiar me
atenaza las entrañas y, finalmente, la consciencia gana. Mis ojos se abren al
cabo de unos segundos más y me toma unos instantes de aturdimiento
espabilar.6

La habitación está bañada de una tonalidad tan cálida, que solo puedo evocar
memorias de tardes soleadas. Que solo puedo sentir como si estuviese metida
en un sueño dulce y etéreo.12

Un sueño que, por muy caluroso y afable que parezca, es un poco incómodo,
ya que las rodillas me duelen por haber estado en la misma posición durante
mucho tiempo; sin embargo y, a pesar de que eso podría romper el encanto de
todo lo que me rodea, no lo hace. No lo hace porque la imagen que me recibe
es tan maravillosa, que bien podría quedarme así, en este lugar y en esta
posición, para siempre.57

Ojos intensos, del color de la plata..., del color del oro..., aún no sabría decirlo
del todo, me miran fijamente con ese calor extraño que hacía mucho que no
expedían. Con esa apabullante emoción que alguna vez vi en ellos y que era
tan poderosa como el destino mismo.303

Un nudo me atenaza la garganta.

No me muevo. Ni siquiera me atrevo a respirar. Solo me quedo aquí, quieta,


mientras trato de absorber lo que está pasando.

Esto es un sueño. Tiene que serlo. De otro modo, no habría explicación para lo
que estoy viendo... ¿o sí? ¿O es que en realidad estoy despierta y... y Mikhail
también lo está?8

—¿Mikhail? —mi voz es un susurro ronco y tembloroso, y él, en respuesta


frunce el ceño ligeramente.61

Ahora, un poco más consciente de mi entorno, soy capaz de darme cuenta de


que la caricia constante en mi mandíbula es suya. Es debido a sus dedos
cálidos siguiéndome el contorno del rostro, como si fuesen la cosa más
fascinante por explorar.258

No me responde; sin embargo, sus ojos barren mi rostro con lentitud y se


detienen en mi pómulo, donde arde y escuece ligeramente por un rasguño
que, seguramente, me hice la noche anterior gracias a nuestro
confrontamiento. Entonces, como si estuviéramos conectados por el
pensamiento, él me pasa el pulgar sobre la herida.16

Su ceño se frunce un poco más. Acto seguido, sigue la exploración detallada.


Su vista baja un poco más y, entonces, noto como su rostro es desprovisto de
cualquier emoción. Noto como sus ojos se bañan de una oscuridad aterradora
y un estremecimiento me recorre el cuerpo al instante. Algo de ira llega a mí a
través del lazo y una semilla de miedo se instala en mi interior.54

En ese instante, los dedos de Mikhail abandonan mi mejilla y buscan el punto


en el que mi mandíbula y mi cuello se unen. Entonces, con el pulgar me
acaricia ese punto y el dolor estalla en mi sistema.

Mi cuerpo entero sufre un espasmo de sorpresa y escozor, y la mandíbula del


demonio —arcángel— se aprieta.52

—¿Fui yo? —su voz sale en un gruñido gutural, roto y agotado.274

Me toma unos instantes comprender lo que dice. De hecho, no lo entiendo


hasta que me llevo una mano a la zona en la que me acarició solo para darme
cuenta de que mi cuerpo se ha estremecido de dolor una vez más.

En ese momento, los recuerdos se azotan contra mí. Él me hizo esto. Él me


apretó el cuello y —asumo— me dejó marcas.32

El desasosiego que me trae su expresión dolida es casi tan abrumador como


las ganas que tengo de hacer desaparecer todas y cada una de las marcas,
para que no sea capaz de torturarse más. Para que el cargo de consciencia no
lo obligue a cometer una locura con tal de protegerme de nuevo.12

—Bess, lo siento tanto... —musita y yo sacudo la cabeza en una negativa.2

—Descansa —digo en voz baja, porque de verdad necesitamos que lo haga.13

—Bess...2

—Shhh... —le pongo un dedo sobre los labios mullidos y me sorprende


encontrar ese gesto de lo más natural. De lo más normal entre nosotros. No
sé qué ha cambiado en mi interior, pero, de pronto, y al menos en estos
momentos, no me siento tan molesta como hace unos días. Como hace unas
semanas—. Luego hablamos sobre esto. Ahora, necesitas descansar.136

La expresión atormentada que adopta es tan dolorosa, que quiero borrársela


del rostro.5

—Cielo... —su voz suena agotada y ahogada. Suena, de hecho, como si él se


sintiese al borde del colapso.611

—Lo sé —musito, porque tengo la certeza absoluta de que iba a volver a


disculparse—. No pasa nada. Trata de dormir un poco más.5

—No tenemos tiempo —él murmura y yo, irónicamente, esbozo una sonrisa
suave.1

—Tenemos todo el tiempo del mundo —y sé que lo hacemos. El tiempo del


mundo está, literalmente, en nuestro poder. En nuestras manos. En el
momento en el que no podamos detener más el inminente desenlace.9

Una negativa confundida es lo único que él puede regalarme y es hasta ese


instante que me percato del esfuerzo que le toma moverse.

—Todo va a estar bien —pronuncio, a pesar del terror que me embarga por su
debilidad y, sin más, trepo a la cama a su lado y me acurruco cerca del borde
junto a él—. Estoy segura de ello.80

—Bess... —murmura una vez más, pero yo ya he cerrado los ojos, en un gesto
que indica que quiero dormir. Ya me he lanzado una vez más al abismo
absurdo de la ingenuidad, porque, precisamente, es esa ingenua esperanza lo
único que me queda. Lo único a lo que puedo aferrarme ahora mismo con
todas mis fuerzas... a pesar de que sé que ya todo está escrito.
14. "Vulnerable"
—Bess —la familiar voz femenina llena mis oídos y abro los ojos.102

Todo es blanco a mi alrededor. Blanco inmaculado. Antinatural.3

—Bess... —esta vez, soy capaz de percibir la urgencia en la voz que pronuncia
mi nombre, y mi ceño se frunce un poco.5

Conozco esa voz. Conozco ese peculiar sonido dulce, pero no logro unir los
puntos en mi cabeza. En estos momentos me siento tan aletargada, que
apenas soy capaz de mantenerme consciente de lo que me rodea.1

—Bess, no tenemos mucho tiempo —urge la voz.

—¿Daialee? —inquiero en voz baja, al sentirme un poco menos confundida y


aturdida, pero no estoy segura de que sea ella quien me habla.129

—Bess, escúchame bien. No debes confiar en él, ¿de acuerdo? —dice, y la


preocupación en su voz me eriza los vellos del cuerpo. A pesar de eso, giro
sobre mi eje con lentitud, mientras la busco en el vasto espacio de nada que
se extiende a mi alrededor.650

—¿Dónde estás? ¿En quién no debo confiar? —mi voz tiembla un poco, pero
me las arreglo para empujar la sensación de malestar lo más lejos posible.34

Nadie me responde.4

—¡Daialee! —mi voz se eleva y hace eco en algún lugar lejano—. ¡Daialee!
¿Dónde estás?1

Silencio.

—¡Daialee! —camino de un lado a otro, pero sé que no hay modo en el que yo


pueda saber hacia dónde se fue o dónde está—. ¡Daialee!62
Entonces, despierto.5

La penumbra es lo primero que me recibe cuando abro los ojos. La


desorientación y la somnolencia no hacen nada por mis sentidos aletargados y
tengo que parpadear un par de veces para acostumbrarme a la iluminación.

De hecho, me toma unos instantes espabilar y empezar a ser consciente de mi


entorno. La habitación me es vagamente familiar, pero no es hasta que los
recuerdos vienen a mí de a poco, que la reconozco por completo.2

Estoy en una habitación del hotel de paso que se encuentra a las afueras de
Smithville, Tennessee... Y estoy sola.110

La realización de este hecho hace que me incorpore de golpe. El mareo


provocado por mi abrupto levantamiento me incapacita unos instantes, pero,
cuando logro superarlo, mi vista corre a toda velocidad por la reducida
estancia.

Estoy sola en la cama. Mikhail, quien había estado acurrucado a mi lado, ha


desaparecido y no hay señales de él por ningún lado. Haru, quien estaba
tumbado en un rincón de la estancia, tampoco está aquí, y yo, presa de una
extraña inquietud, me pongo de pie y me apresuro hacia la salida, mientras
trato de mantener a raya la extraña y horrorosa sensación que me invade el
estómago.71

Abro la puerta con un tirón brusco. No hay nadie aquí afuera. De nuevo, no
hay señales de ninguno de los ángeles, de Mikhail, o de Haru, y la sensación
de déjà vu que me embarga me pone de punta los vellos de la nuca.

El sol ha caído lo suficiente como para teñir todo de tonalidades azules y


grisáceas, como sacadas de alguna película de suspenso; de esas que tienen
aire melancólico, casi tétrico; y eso solo hace que las emociones previas se
revuelvan en mi pecho.12
La sensación vertiginosa que me embarga es tan potente, que tengo que
apretar la mandíbula para tragarme el gemido de pánico creciente que
amenaza con abandonarme.

Me obligo a barrer los ojos sobre la extensión de terreno que se despliega


frente a mí.2

El aparcadero abandonado del hotel me recibe de lleno, pero, una vez más, no
hay señal alguna de las criaturas con las que emprendí este viaje en primer
lugar. Una punzada de terror me atenaza las entrañas, pero ni siquiera tiene
oportunidad de transformarse en algo más, ya que el retortijón de la cuerda en
mi pecho me lo impide.

Mi atención viaja, de inmediato y por acto reflejo, hacia un punto a mi


izquierda y toda la sangre del cuerpo se me agolpa en los pies cuando lo
veo.20

Ahí, de pie, vistiendo una sudadera y vaqueros oscuros, se encuentra Mikhail


—y Jasiel y Arael— y me mira con gesto inescrutable. Luce agotado, como si
hubiese pasado días enteros sin poder conciliar el sueño, y el nudo en la boca
de mi estómago se aprieta de anticipación cuando, con lentitud y cuidado,
avanza hacia mí.39

De pronto, todo ocurre tan rápido, que ni siquiera soy del todo consciente de
mis movimientos. No soy del todo consciente de la manera en la que avanzo
hacia él, primero con paso dubitativo y temeroso, y luego a trote. Tampoco
tengo mucha noción de la manera en la que, cuando me percato de cuánto
nos hemos acercado, me detengo en seco.79

Las emociones que colisionan en mi pecho son tan poderosas, que tengo que
pararme un segundo a pensar qué diablos es lo que quiero hacer: si golpearle,
abrazarle o exigirle a gritos una explicación.145
Apenas hay un palmo entre su cuerpo y el mío, y todo dentro de mí se contrae
de anticipación al darme cuenta de ello. Mi corazón late a toda marcha y mis
manos tiemblan tanto, que tengo que cerrarlas en puños sobre el material de
la sudadera que me viste. Sus ojos, que ahora son una tormenta grisácea y
dorada, barren mi rostro con lentitud y se posan unos instantes más de lo
debido sobre mis labios. Entonces, alza una mano y me acomoda un mechón
de cabello rebelde detrás de la oreja.170

El nudo que siento en la garganta es insoportable ahora y mis ojos se sienten


llenos de lágrimas sin derramar.

—Bess —pronuncia con suavidad y yo sacudo la cabeza en una negativa


frenética.28

—Creí que... —mi voz es apenas un susurro roto y tembloroso—. Creí que
no...11

Él asiente, como si de verdad entendiera qué es lo que trato de decir, aunque


ni siquiera yo misma sé qué carajos hago.

—Lo siento tanto —musita, con esa voz suya tan ronca y tan apacible y una
nueva oleada de angustia me golpea. Angustia por él, por mí y por lo que
ocurrió hace casi veinticuatro horas.7

Un sonido similar a un gemido escapa de mis labios y, sin siquiera detenerme


un segundo a pensar en mis acciones, le golpeo en el pecho con el puño. La
sorpresa que veo reflejada en sus facciones solo incrementa la desesperación
dentro de mí y atesto otro golpe en su dirección.273

Él, aturdido, da un respingo, no por la fuerza de mi ataque, sino por el ataque


mismo y, cuando estoy por golpearlo una vez más, me sostiene por el
antebrazo y tira de mí en su dirección.66
Mi pecho impacta contra el suyo con fuerza y forcejeo por ser liberada. A
pesar de eso, no me suelta. No me deja ir. Al contrario, envuelve sus brazos a
mi alrededor y me aprieta contra sí con más intensidad de la que sé que le
gustaría.199

Un chillido incoherente, que pretende ser un reproche por haberme ocultado


una cosa más, escapa de mis labios, y él hunde una mano en mi cabello y
presiona mi cabeza contra su pecho de una manera tan protectora, que la ira
previa se mezcla con una sensación aplastante de seguridad que apenas me
permite respirar. Una que me impide hacer otra cosa más que llorar de terror.
De alivio. De liberación por todo lo que ha pasado.68

Palabras tranquilizadoras son murmuradas contra mi cabello y un


estremecimiento me sacude entera cuando siento la caricia constante y
persistente a través del lazo que nos une. Es tan suave y dulce, que me llena
el cuerpo de una calidez apabullante.189

Finalmente, luego de unos instantes más de reticencia, me doy por vencida.


Me rindo y aferro los dedos al material suave que le cubre el torso, y permito
que la debilidad se haga cargo. Que el miedo y el alivio nos fundan en este
amasijo de piernas, brazos y calor que somos en este momento.12

—Mikhail —la voz de Jasiel irrumpe el silencio, luego de unos instantes, pero
no me muevo del hueco que el demonio ha creado para mí entre sus brazos—.
Tenemos que ponernos en marcha.212

Mikhail se tensa en respuesta, pero no dice nada durante un largo momento.


Se siente, de hecho, como si tratase de decidir qué es lo que debe hacer; sin
embargo, al cabo de unos segundos de vacilación, deja escapar un suspiro
pesaroso y cansado, y dice:
—Tenemos que irnos, Bess —su voz suena ronca y es apenas un murmullo,
pero es tan plana y carente de emociones, que una punzada de enojo me
recorre el cuerpo.33

Las ganas que tengo de apartarme de él y exigirle una explicación se vuelven


insoportables, pero, a pesar de eso, me las arreglo para tomar una inspiración
profunda y mantener las emociones a raya. No estoy lista para dejarlo ir. No
todavía.

Los brazos de Mikhail me dan un último apretón luego de unos segundos más
y, entonces, me deja ir dando un paso hacia atrás.11

El vacío que me deja su contacto es tan doloroso, que apenas puedo


soportarlo y me pregunto, por primera vez en mi vida, si el apego que siento
por él es saludable.179

«No debe ser saludable...».296

—Haru ya está en el auto —anuncia en ese tono distante y frío que ha estado
utilizando últimamente, y el pecho me escuece en respuesta.153

Aparto la mirada de la suya.

De pronto, las ganas que tengo de volver al cómodo rencor que sentía por él
hace unos días son tan grandes e intensas, que apenas puedo soportarlas;
pero sé que es imposible. Sé que, por más que quiera o trate, nunca podré
odiarle del todo.55

—Viajaremos de noche por todo el retraso que tuvimos —Mikhail continúa y la


sensación de hundimiento me agobia un poco más. No puedo creer que esté
hablando como si nada hubiese ocurrido. No puedo creer que ni siquiera esté
tratando de explicar qué carajos fue lo que pasó con él hace casi veinticuatro
horas—. Espero que puedas conducir un poco más antes de que tengamos
que recurrir al vuelo para seguir avanzando.31

Mis ojos, que habían estado evitándole desde que nos separamos, se alzan y
lo encaran, y todo el enojo reprimido se agolpa en mi interior y me hace
temblar las manos.

—¿Eso es todo? —la decepción y la frustración hacen que mi voz suene rota y
apagada—. ¿De verdad vas a hacer como si nada hubiera pasado?120

Una emoción desconocida centellea en su mirada en el instante en el que


escupo las palabras, y algo dolorido y profundo se acentúa en la expresión
inescrutable que lleva tallada en el rostro; sin embargo, desaparece tan pronto
como llega.16

—Ahora no hay tiempo para eso, Bess —la dureza en su tono me encoge el
cuerpo entero, pero ni siquiera parece darse cuenta de lo mucho que me
afecta lo que dice. Al contrario, se limita a apartarse de mi camino y pasar de
largo a mi lado, avanzando por el corredor en dirección a las escaleras. De
cerca le siguen Jasiel y Arael, quienes actúan como si no hubiesen escuchado
una sola palabra de lo que he dicho.179

Entonces, el coraje que intentaba controlar ruge en mi interior.2

—No puedes hacerme esto otra vez —mi voz suena más áspera y dura de lo
que espero, pero consigue que él se detenga en seco y me mire por encima
del hombro.117

—Vámonos —espeta y lágrimas nuevas se agolpan en mis ojos—. Ahora.245

La única respuesta que recibe de mi parte es un tirón duro y violento en el


lazo que nos une. Es un claro desafío y él lo sabe, ya que se gira sobre su eje
y clava su mirada en mí.82
—No tengo tiempo para esto. No esta vez —dice, en un tono tan ronco y
pesado, que un escalofrío me recorre entera—. Tenemos que seguir
avanzando.68

—No voy a ir contigo a ningún lado —refuto, a pesar de que la idea de


quedarme sola es aterradora—. No sin una explicación de lo que pasó.157

—Bess, por favor, ahora no es el momento —Jasiel interviene con suavidad,


pero ni siquiera lo miro. Mantengo la furiosa mirada fija en el demonio que
tengo enfrente.63

—No me importa si tengo que llevarte a rastras, Bess —Mikhail suena


tranquilo y acompasado cuando habla, pero el ceño profundo que se ha
formado entre sus cejas me hace saber que está a punto de perder los
estribos—, así que toma la decisión que más te apetezca: la de ir por tu propio
pie o la de ir a la fuerza. No vas a quedarte aquí. Vas a venir quieras o no,
¿entendido?165

Me cruzo de brazos.57

—¿Entendido? —repite al no tener respuesta de mi parte y yo alzo el mentón


en un gesto cargado de desafío.156

Una palabrota muy impropia de un arcángel escapa de sus labios en ese


momento y acorta la distancia que nos separa en un par de zancadas. Cuando
se detiene está tan cerca, que tengo que reprimir el impulso de encogerme
sobre mí misma. Sé que trata de intimidarme, pero no voy a permitir que lo
consiga.97

—Bess, te juro por lo más sagrado que existe que si no empiezas a moverte
ahora mismo... —se interrumpe y yo esbozo una sonrisa cruel.
—¿Qué? —le reto y entonces, añado con todo el desdén que puedo—: ¿Vas a
intentar asfixiarme de nuevo?1.2K

Un centenar de emociones relampaguean en su mirada en el instante en el


que las palabras me abandonan y noto como sus ojos se desvían hasta los
moretones que —seguramente— tengo en el cuello durante unos segundos.48

—Bess, por favor, sé sensata —la voz de Jasiel inunda mis oídos y aprieto la
mandíbula.106

Estoy a punto de replicar. Estoy a punto de hacer un comentario mordaz y


despectivo en su dirección, pero una voz diferente llega a mí antes:

—Ayer dijiste que no irías a ningún lado sin él —dice Arael, con ironía—, ¿y
ahora dices que no vas a ir a ningún lado con él? Definitivamente, alguien
necesita empezar a ser consistente con sus decisiones.670

Mi vista viaja hacia atrás de Mikhail, en dirección a donde Arael se encuentra.

—Lo dice quien quería abandonarle aquí, a su merced, y que ahora está
acatando sus órdenes sin chistar —el veneno en mi voz me hace sonar
amarga y dura, pero no me importa.562

El destello iracundo que surca la mirada de Arael me pone la carne de gallina,


pero me obligo a no apartar la vista de él cuando, en un arranque de furia,
avanza hacia mí a toda velocidad.19

—Ten mucho cuidado con la manera en la que me hablas, humana —escupe


la palabra como si fuese la cosa más asquerosa que han pronunciado sus
labios, y mi coraje incrementa—. No olvides que puedo partirte el cuello en
dos si...290

—Si hay alguien aquí que debe cuidar la manera en la que habla, ese eres tú,
Arael —la voz de Mikhail interrumpe la diatriba del ángel con tranquilidad,
pero su tono tiene un dejo tan belicoso y gélido, que este detiene su discurso
de inmediato al escucharlo—. Y de una vez te lo advierto: si vuelves a hacer
cualquier mínima insinuación acerca de herir, hacer daño, ponerle un dedo
encima o siquiera respirar demasiado cerca de Bess, quien va a terminar con
el cuello partido en dos, eres tú.936

No quiero apartar la vista de Arael porque no quiero darle el gusto de verme


vulnerable, pero la declaración de Mikhail me resulta tan retorcidamente
dulce, que no puedo evitar mirarle por el rabillo de mi ojo.201

El demonio tiene la vista fija en mí y su gesto es de lo más sereno, pero la


hostilidad que emana el resto de él es tan abrumadora, que no hay necesidad
alguna de que pose la vista en el ángel para dejar en claro que no está
haciendo una amenaza al aire. De hecho, suena como si estuviese declarando
una verdad simple y llana. Como quien habla acerca de algo tan ordinario
como hacer las compras del supermercado o dar un paseo por el parque, y es
eso, por sobre todas las cosas, lo que hace que una punzada de algo cálido
me atraviese el pecho de lado a lado.29

Los ojos de Arael, fijos en mí, se endurecen al instante, pero no dice nada
más. Se limita a apretar la mandíbula antes de retroceder un par de pasos
para darme algo de espacio vital. En ese momento, toda mi atención se vuelca
hacia Mikhail, quien sigue actuando como si nada de lo que ocurrió hace
veinticuatro horas tuviese importancia.25

—Necesito que me digas qué está pasando contigo —digo, tan firme y serena
como puedo. Quiero que se dé cuenta de que esto no es una rabieta. Que
realmente me preocupo por él y que quiero saber realmente qué es lo que
está sucediéndole para así evaluar la situación. Para así no volver a ser
tomada por sorpresa por algo como lo que pasó—. Y quiero la verdad.136
Una emoción relampaguea en las profundidades de sus ojos, pero es ahogada
por ese gesto inescrutable suyo. Sé que no quiere hablarme respecto a los
episodios que sufre, pero también sé que sabe que no tiene otra alternativa;
así que, al cabo de unos largos momentos de silencio, toma una inspiración
profunda y ladra en dirección a Jasiel y Arael:9

—Vayan con Haru. Bess y yo tenemos una conversación pendiente.335

Escucharle decir eso debería traer alivio y felicidad a mi sistema, pero lo único
que consigue es hacerme sentir débiles las rodillas. Lo único que logra, es
acelerarme el pulso hasta un punto que raya en lo ridículo.23

Los ángeles parecen renuentes a dejarnos solos, pero no sé a qué se deba: si


a su miedo a que Mikhail revele algo que no debe, o a el miedo que sienten de
que él me haga algo; sin embargo, luego de un largo instante cargado de
miradas evaluadoras, se dan la vuelta y avanzan en dirección a las escaleras
descendentes.3

Mikhail no dice nada. Ni siquiera cuando ya han pasado un par de minutos


desde que los ángeles se marcharon, es por eso que, presa de un destello de
impaciencia, me cruzo de brazos —más para abrazarme a mí misma que para
lucir molesta— y digo:2

—¿Y bien?7

Es hasta ese momento, que me doy cuenta... Él no estaba mirándome. Tenía


los ojos clavados en mí, pero su mente estaba en otro lugar. En uno tan
lejano, del que solo fue capaz de volver hasta que rompí el silencio que nos
envolvía.5

Se aclara la garganta.
—No estoy muy seguro de qué es lo que quieres que te diga —dice y, pese a
su tono sereno y un poco irritado, soy capaz de notar la vulnerabilidad con la
que habla. Soy capaz de notar la forma en la que sus hombros, antes
cuadrados e imponentes, se inclinan un poco hacia adelante, en una postura
incierta e insegura.55

Sacudo la cabeza en una negativa frenética, en un intento por ponerle orden a


la cantidad de preguntas que se arremolinan en mi mente.

—¿Por qué no me lo dijiste? —mi voz es un susurro tembloroso y dolido y, de


pronto, me pregunto por qué me siento tan afectada. Por qué me importa
tanto que él hubiese mantenido oculto lo que le pasaba.27

Por un momento creo que va a fingir demencia y va a preguntarme de qué


hablo, pero la manera en la que su gesto se endurece me dice que no está
dispuesto a seguir ocultándolo. Ya no.

—Porque no quería preocuparte —dice, en un tono tan neutro y tan tranquilo,


que me saca de balance—. Porque no quería añadirle más peso a la carga que
llevas sobre la conciencia.121

Su respuesta es tan simple, que el pecho me escuece ante la crudeza de su


declaración. Ante la manera en la que trata de restarle importancia al hecho
de que, una vez más, solo trataba de no hacerme sentir mal.3

Un nudo me raspa la garganta.

—¿Qué es, exactamente, lo que te pasa? —mi voz es apenas un suspiro


entrecortado, pero no puedo hacer nada para cambiar la forma en la que sale
de mis labios. Me siento tan abrumada, que las palabras me abandonan entre
bocanadas de aire demasiado largas y susurros demasiado rotos.1

Se hace un largo silencio.


—Bess, cuando estuve en las fosas del Inframundo estuve a punto de
terminar mi transformación —cuando habla una vez más, suena un poco más
inestable, como si luchase contra algo para obligarse a hablar. Como si
arrancase las palabras a la fuerza de sus labios—. ¿Entiendes lo que es eso?
¿Lo que eso significa? —sacude la cabeza en una negativa, al tiempo que
frunce el ceño ligeramente—. Estuve a punto de ser un demonio completo y lo
hubiese sido, de no ser porque escapé. Porque yo sabía que había algo aquí,
en este plano, que estaba deteniéndome. Impidiéndome ser la criatura más
poderosa del Averno. Porque estabas tú, con esta atadura entre nosotros, que
me hacía vulnerable. Escapé, no porque no deseara convertirme en una
criatura de oscuridad completa, sino porque tenía que acabar con la única de
mis debilidades. Porque tenía que destruir, de alguna manera, aquello que me
hacía endeble —hace una pequeña pausa, permitiendo que sus palabras se
asienten en mí—. Salí del mismísimo Infierno con la sola intención de acabar
contigo. Aún cuando no sabía qué o quién eras tú.141

—Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con lo que pasó anoche? —mi voz es
apenas un susurro tembloroso.34

—Tiene todo que ver, Bess —la mirada compasiva que me dedica me hace
sentir como una completa idiota porque no logro entender lo que trata de
decir—. Yo estuve a punto de cumplir mi cometido. Estuve decidido a
asesinarte más veces de las que me gustaría admitir.83

—Pero no lo hiciste —pronuncio, pero no sé si trato de declarárselo a él o si


trato de convencerme a mí misma de que no lo hizo porque, en el fondo, algo
en él era capaz de recordarme.3

La tristeza que veo en sus facciones me estruja las entrañas de manera


dolorosa.
—No, no lo hice... Pero porque no sabía si al hacerlo yo iba a morir contigo —
la admisión entrecortada me escuece el pecho—. Bess, el único motivo por el
cual no te asesiné, fue porque me di cuenta de que lo que nos une es más
poderoso que un artilugio de magia negra hecho por un puñado de brujas. La
unión entre nosotros es tan poderosa, que yo de alguna manera sabía que
iba..., no..., que voy a morir si tú lo haces —sacude la cabeza una vez más—.
No sé a qué se deba. No sé si se trate de la manera en la que planté en ti mi
energía angelical, o a la forma en la que tu condición de Sello se adaptó al
lazo, a mi energía y a mi condición de ancla, pero sé que, de alguna manera,
este lazo es más poderoso de lo que cualquiera de los dos imagina. ¿Por qué
crees que sigues aquí, contra todo pronóstico? ¿Por qué crees que el poder
que te dan tus Estigmas no te ha asesinado todavía?327

Niego con la cabeza, aún incapaz de ver qué es lo que trata de hacerme
entender con sus palabras. Todo lo que ha dicho es nuevo, pero no me aclara
en lo absoluto qué es lo que está pasando con él.17

Mikhail parece notar la confusión tallada en mi rostro, ya que deja escapar un


suspiro antes de mirarme a los ojos con infinita tristeza.

—Bess, te digo todo esto porque necesito que entiendas lo peligroso que
puedo llegar a ser para ti —dice—. Porque necesito que entiendas que, a
pesar de que me has devuelto esa energía angelical a la que renuncié para
mantenerte a salvo, la demoníaca es fuerte y aún existe en mí. Se ha
fortalecido durante mi estadía en el Averno y, aunque la energía angelical
lucha con todas sus fuerzas por mantener la oscuridad a raya, esta no siempre
es capaz de sosegarla. Soy un verdadero peligro para ti. Especialmente para ti
—hace una pequeña pausa, como si sopesara las palabras que está a punto
de pronunciar. Como si tratase de decidir si está dispuesto a mostrar una
parte de él que, asumo, lo hace vulnerable; sin embargo, al cabo de unos
instantes más, dice—: Cuando estás cerca, la... —traga duro—, la oscuridad
me habla. No literalmente, pero puedo sentir como...186

—Te habla en el oído. Lo sé —lo interrumpo, porque de verdad sé de qué


habla. Los Estigmas hacen eso conmigo todo el tiempo. Se enroscan y se
envuelven a mi alrededor. Susurran en mis oídos toda clase de cosas y tratan
de doblegarme la voluntad—. Me pasa lo mismo.109

Un destello de sorpresa atraviesa el gesto de Mikhail y me doy cuenta de que


es la primera vez que se lo digo a alguien. Es la primera vez que admito que el
poder de los Estigmas es aterrador y abrumador.

—Bess, la oscuridad me pide que acabe contigo —habla de la oscuridad como


si fuese algo poseedor de consciencia y voluntad. Del mismo modo en el que
yo hablo de los Estigmas para mí misma. Eso me hace sentir conectada a él
de una forma en la que nunca pensé que lo haría—. Me pide que corra el
riesgo y te elimine del camino, porque prefiere verme muerto a permitirse una
vulnerabilidad —de pronto, la máscara de tranquilidad que tiñe su mirada se
resquebraja y me muestra el verdadero terror que alberga en su interior. Me
muestra una expresión tan dolorosa en sus facciones, que apenas puedo
soportar mirarla—. Tengo tanto miedo de ella.292

—Mikhail...1

—Tengo miedo de no poder controlarla. De que estés cerca cuando me


domine, justo como lo hizo anoche, y haga algo de lo que me arrepienta el
resto de mis días —me interrumpe y noto cómo aprieta los puños en sus
costados—. Tengo tanto miedo de hacerte daño, Bess.249

Lágrimas nuevas inundan mis ojos.5

—P-Por eso me evitas —no es una pregunta. Es una afirmación—. Por eso te
alejas de mí. Por eso...22
—Deberías odiarme —me interrumpe, y la frustración que se filtra en su tono
ronco me deja sin aliento—. Deberías quererme lejos de ti. Deberías... —se
detiene, cierra los ojos y se lleva las manos a la cabeza en un gesto tan
desolado y desesperado, que me duelen los huesos de la angustia. De la
impotencia de no poder hacer nada para ayudarle a sobrellevar esa batalla—.
Yo me detesto. Me aborrezco a mí mismo por lo que te hice —abre los ojos
para encararme y el dolor demencial que veo en su mirada hace que una
estaca se clave en mi pecho, justo donde debe estar el corazón—. No soporto
estar en mi piel solo de pensar en lo imbécil que fui. En lo cegado que estaba
por la necesidad de poder. Por la necesidad de arrebatarte eso que me
pertenecía y ser, finalmente, el amo y señor del Inframundo —en una zancada
acorta el resto de la distancia que nos separa y noto cómo eleva las manos,
como si fuese a ahuecarme la cara con ellas, pero se detiene a medio camino
y aprieta los puños con fuerza. Tanta, de hecho, que sus nudillos se ponen
blancos—. Y no puedo dejar de preguntarme... ¿por qué?162

No puedo responder. No puedo hacer nada más que tragar duro para tratar de
eliminar el nudo en mi garganta, y parpadear para alejar las lágrimas de mis
ojos.

—¿Por qué no me odias? —suelta, en un susurro agobiado y desesperado—.


¿Por qué exiges verme? ¿Por qué te pones en peligro? ¿Por qué estás cerca
de mí, cuando soy la persona más peligrosa en este universo para ti? ¿Por qué
me lo pones tan difícil cuando lo único que quiero es mantenerte a salvo?266

Lágrimas calientes y pesadas se deslizan de mis mejillas y tengo que reprimir


el sollozo lastimero que amenaza con abandonarme.3

—Te traicioné, Bess —su voz suena tan rota que, de no estar mirándole a los
ojos, secos por completo, juraría que está a punto de echarse a llorar—. Te
utilicé. Me metí en tu cama con la única intención de hacer que confiaras en
mí. Incluso yo me odio por eso. Deberías empezar a hacerlo tú también.462

—N-No puedo... —digo, en medio de un sonido estrangulado, pero es cierto—.


De verdad lo intento, pero no puedo.152

Algo primitivo se apodera de su expresión y sus manos, finalmente, me


ahuecan el rostro.

—¿Qué tengo qué hacer, chiquilla tonta, para que entiendas que no soy bueno
para ti? —dice entre dientes, con desesperación—. ¿A qué jodido infierno
tengo que llevarte para que comprendas que soy el ser más despreciable que
ha pisado la tierra? ¿Por qué no entiendes que voy a acabar con nosotros si
me das la oportunidad de hacerlo?460

De pronto, la respuesta viene a mí como caída del cielo. Como un rayo


atronador en el mismísimo centro de la tierra y las palabras me abandonan
antes de que pueda procesarlas:

—Porque confío en ti.284

Pánico crudo y visceral se apodera de las facciones de Mikhail en ese instante


y el poder de sus emociones es tan apabullante, que el lazo que nos une se
estruja con su fuerza.

—No deberías —dice, sombrío y aterrorizado.37

—Lo sé —asiento y las lágrimas caen a raudales por mis mejillas—. Lo sé. Lo
siento.1

Una negativa le sacude la cabeza.


—Eres una tonta —dice, pero la dulzura en su tono le quita toda la malicia a la
declaración—. Eres una idiota... Y yo lo soy más. Yo lo soy más por permitirme
este tipo de libertades. Por permitirme el privilegio de tocarte...570

Sus pulgares trazan caricias suaves en mis mejillas y se llevan las lágrimas
lejos de mi cara. En ese momento, poso mis manos sobre las suyas y las
aprieto contra mí, de modo que su agarre se intensifica.1

Su mirada se oscurece al instante y, un sonido ahogado y torturado escapa de


su garganta cuando giro mi cara para plantar mis labios en la parte interna de
su muñeca, en un beso ligero y rápido.156

—Me lleva el jodido Infierno —suelta, en un gruñido primitivo—. Vas a


volverme loco.479

Entonces, sin ceremonia alguna, acerca su rostro al mío y me besa con


ferocidad.

15. "Traidor"
Una mano grande y firme se apodera de mi nuca y cambia el ángulo de mi
rostro, de modo que este se inclina hacia a un lado, dándole entrada amplia a
la lengua ávida que, sin pedir permiso, me invade la boca. Un sonido a mitad
del camino entre un grito ahogado y un gemido me abandona, y un brazo se
envuelve alrededor de mi cintura y me atrae hacia el pecho cálido y duro de
Mikhail.369

Mis manos se deslizan casi por voluntad propia hasta el rostro de mandíbula
angulosa y piel cálida, y correspondo a la caricia abrumadora y embriagante
que ejercen los labios del demonio sobre los míos.52
Mi corazón es un amasijo de latidos irregulares y no hay ni un solo
pensamiento coherente cruzándome la cabeza. Soy un montón de emociones
encontradas, amontonadas en un cuerpo que apenas puede mantenerse en
pie. Soy un millar de sensaciones y terminaciones nerviosas que empiezan y
terminan donde los labios de Mikhail empiezan.10

—¿Qué estás haciendo conmigo? —el murmuro ronco y torturado sale su boca
en medio de un resuello tembloroso, pero no me da oportunidad de responder.
No me da oportunidad de nada porque su beso está de nuevo sobre mí.248

El contacto es desesperado. Angustiado. No hay nada dulce en él porque se


trata de poseer y reclamar. De tomar todo aquello que es prohibido y
saborearlo, aunque sea durante unos instantes.46

Dedos ansiosos se deslizan por mi cintura y se detienen en la curva de mi


cadera, justo donde mi trasero empieza y, de pronto, me encuentro deseando
que se deslicen un poco más. Me encuentro anhelando que me toque como
aquella noche hace —lo que se siente como— una eternidad.311

Todo mi cuerpo se arquea hacia él y un gruñido ronco retumba en su pecho


cuando mis dedos se envuelven en su nuca. Entonces, la caricia se rompe.210

La frente de Mikhail se une a la mía cuando deja de besarme, pero yo no me


atrevo a abrir los ojos. No estoy lista para volver a la realidad. No todavía.2

El sonido de mi respiración dificultosa es lo único que irrumpe el silencio en el


que se ha sumido todo y, durante unos deliciosos instantes, me permito creer
que todo estará bien. Que, finalmente, todo tomará el curso correcto solo
porque estoy entre sus brazos. Porque, desde que lo conozco, he deseado
esto con él. Incluso, cuando no podía tocarlo. Cuando mi toque le hacía
daño.81
—Necesito decírtelo ahora, porque no sé si después tendré el valor de hacerlo
—murmura, con la voz enronquecida y su aliento caliente me golpea en los
labios—. Necesito decírtelo ahora, porque luego no voy a permitirme ni un
ápice de debilidad. Ni siquiera por ti.249

Mis ojos se abren y encuentran los suyos en el proceso.

—Estoy enamorado de ti, Bess Marshall —su voz es un susurro tembloroso e


inestable. Un suave suspiro que me calienta el alma entera—. Estoy
completamente condenado a vagar por este mundo encadenado a ti; y no por
la manera en la que este lazo nos une a ambos —al decir esto, siento como
una caricia dulce vibra y pulsa entre nosotros—, sino por la forma en la que tu
corazón le habla a la mío. Y, que el universo, el destino y el mismísimo
Creador me perdonen, pero haré hasta lo imposible por mantenerte a salvo. Y
no por lo que representas para el mundo, sino para mí —hace una pequeña
pausa solo para contemplarme a detalle—. Quiero que sepas que hago esto
por convicción propia, no por deber. Porque, ahora mismo, el mundo entero
puede irse al demonio siempre y cuando tú estés a salvo.1.5K

Sus ojos barren mi rostro una vez más y sus manos suben hasta mis mejillas,
de modo que sus pulgares pueden trazar caricias suaves en mis mejillas.1

—Y no espero que me perdones. No espero que te arrojes a mis brazos y


confíes en mí, porque sé que las cosas no funcionan de esa manera; pero no
quería quedarme con esto atorado en el pecho —guarda silencio unos
instantes mientras yo absorbo todo lo que acaba de decirme. Entonces,
deposita un beso casto en mi frente—. Ahora te voy a soltar. Voy a dejarte ir y
todo volverá a ser como lo era hace quince minutos, porque no puedo
permitirme a mí mismo el riesgo de herirte. No una vez más. Nunca más, si
está en mis manos decidirlo.
—Mikhail, yo...8

—No lo digas —me interrumpe, en un suspiro torturado y doloroso—. Por


favor, no lo digas. Sea lo que sea, no te atrevas a decírmelo, porque si lo
haces... —traga duro—. Si lo haces, no voy a tener el valor de alejarme de ti, y
no quiero ser así de egoísta.331

Asiento, incapaz de confiar en mi voz para hablar y, entonces, decido que le


diré lo que siento de otra manera. Le diré cuánto me importa de la única
manera en la que sé que podrá entenderlo...74

Mis manos —que se habían posado en su pecho— se deslizan hasta su nuca y


enredo los dedos entre las hebras oscuras de su cabello, antes de atraerlo
hacia mí. Antes de acortar la distancia que nos separa y probar el sabor de
sus labios una vez más. Antes de imponer un ritmo pausado, dulce y profundo;
capaz de hablar por mí. Capaz de decirle cuánto me importa.53

Un gruñido ronco abandona sus labios en el instante en el que mi lengua


busca la suya, y me besa de regreso. Me besa como si tuviese todo el tiempo
del mundo para hacerlo. Como si el mundo no estuviese cayéndose a pedazos
a nuestro alrededor.96

Esta vez, cuando nos separamos, no se permite ni un segundo más en mi


compañía. No le permite a sus manos el privilegio de tocarme y se aparta,
imponiendo una distancia prudente entre nuestros cuerpos.109

Cuando sus ojos y los míos se encuentran una vez más, todo vestigio de
tortura desaparece de su expresión. Todo vestigio de emoción se desvanece y
lo único que soy capaz de ver, es esa máscara inescrutable que se ha echado
encima durante las últimas semanas.221

—Es hora de irnos —dice, con la voz enronquecida por las emociones
provocadas por nuestro contacto y mi corazón escuece y arde.51
A pesar de eso, me obligo a asentir. Entonces, él gira sobre su eje y se echa a
andar en dirección a las escaleras. Yo me permito unos instantes más para
recomponerme, pero, cuando me siento lo suficientemente serena como para
no echarme a llorar cuando lo tenga enfrente de nuevo, lo sigo.31

~*~

Nos quedamos sin combustible al final de nuestro segundo día oficial de


viaje.6

La noche casi ha caído para entonces y los ángeles —y el demonio— al


mando tratan de decidir cuál es la mejor de nuestras opciones: si continuar
nuestro camino durante la noche o descansar un poco antes de seguir
avanzando.

Arael no ha parado de abogar por algo de descanso y, por primera vez, estoy
de acuerdo con algo de lo que dice. Quiero descansar. He pasado las últimas
dieciocho horas sentada tras un volante. Siento los músculos tan agarrotados
y la cabeza me duele tanto, que solo puedo pensar en dormir.70

Finalmente, luego de un acalorado debate, Mikhail cede y decide darnos algo


de tregua. Así pues, luego de eso, emprendemos camino en busca de algún
refugio para pasar la noche. Para hacerlo, tenemos que recurrir al vuelo, y
trato de no lucir afectada cuando Mikhail, en lugar de tomarme en brazos y
llevarme con él, lleva a Haru. Yo, como apenas tolero estar en presencia de
Arael, opto por viajar bajo el cuidado de Jasiel.345

Media hora más tarde, aterrizamos sobre el claro de un bosque frondoso que
se encuentra a los costados de la carretera que inicialmente seguíamos. El
viaje por aire ha sido mucho más rápido que por tierra, pero también ha sido
más agotador; así que, para el momento en el que pisamos el suelo una vez
más, me siento como si pudiese dormir una vida entera.
—Jasiel —la voz de Mikhail llena mis oídos cuando le ofrezco a Haru un
sándwich que saqué de una máquina expendedora de la recepción del hotel
en el que estábamos—, Arael y yo iremos a revisar el perímetro. Tenemos que
asegurarnos de que estamos a salvo. Tú quédate aquí con Bess y Haru.154

A propósito, me obligo a mantener mi atención fija en el chiquillo que me


sonríe mientras le paso una botella de agua embotellada, pero, por el rabillo
del ojo, sigo el movimiento de él y Arael.118

Una punzada de algo doloroso me atraviesa cuando lo veo desplegar sus alas
de un movimiento furioso, pero ni siquiera entiendo por qué. A estas alturas
del partido, no entiendo por qué me siento tan desolada cada que lo veo. No
quiero pensar demasiado en que, quizás, ha sido su confesión más temprana
la que me tiene así, pendiendo de un hilo y sintiendo como si en cualquier
momento fuese a estallar de la angustia; pero no puedo dejar de hacerlo. No
puedo dejar de atribuirle esta revolución interna al hecho de que me ha dicho
que realmente siente algo por mí.35

Poso mi atención en él.

La oscuridad de su ala demoníaca es eclipsada por la belleza luminosa que


sobresale de su omóplato cicatrizado, y eso le da un aspecto sombrío y
maravilloso a la vez. La dualidad de Mikhail —esa que tanto le aterra—,
materializada de manera tangible en sus alas, es el espectáculo más bello que
he tenido la oportunidad de presenciar.46

—¿Estás seguro de que quieres que me quede aquí? —la voz de Jasiel hace
que desvíe la vista en su dirección—. ¿Estás seguro de que estarás bien?

La atención de Mikhail se posa de inmediato en el ángel y noto como una nota


sombría tiñe su gesto. Es en ese momento, cuando lo sé. No sé cómo lo hago,
pero tengo la certeza absoluta de que algo está ocurriendo, ya que ambos se
miran como si tratasen de decírselo todo con la mirada.96

No estoy segura de que se trate de esa inestabilidad de la que Mikhail me


habló esta mañana, pero sospecho que tiene mucho que ver con eso.

La sola idea de imaginarme estar en medio de otro episodio como el último,


me pone los nervios de punta, pero trato de concentrarme en su rostro. Trato
de convencerme a mí misma de que la serenidad que hay en su gesto no es
ensayada.

—No podemos dejar a Haru y a Bess sin compañía —el demonio pronuncia,
pero suena como si no estuviese seguro de querer ir con Arael a revisar el
perímetro del lugar—. Te necesito aquí.5

—Pero...

—No está a discusión, Jas —Mikhail suena duro y paternal al mismo tiempo—.
Necesito que te quedes con ellos.18

—Yo puedo quedarme —Arael interviene y la atención de todo el mundo se


posa en él.445

La duda tiñe el gesto del demonio de los ojos grises, pero no dice nada
durante un largo momento. Se siente como si estuviese teniendo una lucha
interna. Como si la indecisión estuviese haciendo estragos en él.

—Si necesitas que Jasiel vaya contigo, yo puedo quedarme con los Sellos —la
manera en la que Arael evita llamarnos por nuestro nombre a Haru y a mí, me
llena el pecho de un sentimiento oscuro y peligroso.93

Él no nos ve como criaturas que piensan y sienten. Él nos ve como objetos


que necesitan ser resguardados en un lugar seguro; no como seres capaces
de racionar.7
La mirada de Jasiel está clavada en Mikhail, pero él no ha apartado los ojos
de Arael. Sé que está tratando de decidir qué hacer. Está tratando de discernir
si es buena idea o no dejarnos bajo su cuidado.

«Mikhail no confía en Arael...». Susurra la vocecilla insidiosa de mi cabeza,


pero trato de empujarla lejos. Ahora mismo, envenenarme a mí misma es lo
último que necesito.114

—No lo sé, Arael. Yo...3

—Soy perfectamente capaz de cuidar de ellos, aunque sea unos minutos —el
ángel interrumpe la diatriba del demonio de los ojos grises y quiero protestar.
Quiero pedirle a Mikhail que no se atreva a dejarme a solas con él; sin
embargo, no lo hago. No lo hago porque, desde que abandonamos el hotel, no
he sido capaz de dirigirle una sola palabra.46

Finalmente, los ojos del demonio se cierran con fuerza durante unos
instantes, antes de encararle una vez más. Esta vez, cuando lo hace, hay
resolución en su gesto.

—De acuerdo —dice, en dirección al ángel y una protesta se construye en mi


garganta—. Arael, tú te quedarás aquí y Jasiel me acompañará —su vista se
posa de manera rápida y fugaz en Haru y en mí, antes de añadir—: No nos
tardaremos demasiado.267

Mis manos se cierran en puños, pero me las arreglo para morderme la lengua
y no protestar por nuestras condiciones actuales. En su lugar, observo como
Jasiel despliega sus alas para unirse a Mikhail, quien ahora nos mira con
fijeza, como si tratase de decidir si decirnos algo o no.9

Al cabo de unos instantes, parece decidir que no es necesario, ya que clava su


vista en el cielo y, sin más preámbulos, sus alas —una luminosa y otra
demoníaca— se extienden otro poco y se baten, elevándolo en vuelo. Jasiel lo
imita al cabo de unos segundos.2

Se siente como una eternidad antes de que, finalmente, me obligue a apartar


la vista del punto en el que Mikhail se encontraba para enfocarme en Haru y
en nuestra cena improvisada.1

Los minutos pasan sin novedad alguna, pero cada instante que paso bajo el
ojo crítico de Arael, se siente como una estocada. Como un yugo del que no
puedo desperezarme del todo, por más que trate de hacerlo.19

Pese a eso, me aseguro de lucir tranquila mientras, en silencio, como un


emparedado idéntico al de Haru. No tengo hambre. De hecho, la inquietud que
siento en estos momentos es tanta, que apenas puedo tragar los bocados que
me he metido a la boca, pero me obligo a tratar de alimentarme lo más que
puedo. A tratar de mantenerme serena mientras me repito una y mil veces que
tengo que dejar la paranoia y confiar un poco más en el juicio de Mikhail hacia
estas criaturas que, hasta hace unas semanas, le consideraban un traidor.61

La vista de Haru se posa de vez en cuando en el cielo y sé, sin que diga
absolutamente nada, que él también se siente inquieto sin Mikhail alrededor.
No puedo culparlo. Después de todo, Mikhail fue quien lo sacó a él y al resto
de los Sellos del cautiverio en el que los mantenían los ángeles.6

Yo, para distraerlo un poco y borrar ese gesto angustioso de su rostro, llamo
su atención y le ofrezco una botella de agua.

—Agua —pronuncio, en el afán de hacerle saber lo básico de la lengua que


hablo, para así poder comunicarnos aunque sea un poco.

Él observa la botella, con la boca llena de comida, y luego clava sus ojos en
mí. Yo le hago un gesto con la cabeza para que tome mi ofrenda y él así lo
hace antes de repetir con entendimiento:
—Agua.344

Una sonrisa se desliza en mis labios y, entonces, pongo una mano sobre mi
pecho.

—Bess —digo, señalándome a mí misma, para luego extender mis dedos


hacia él, a manera de saludo.94

Él de inmediato entiende lo que trato de decirle y envuelve su mano en la mía.

—Haru —dice, poniéndose la mano libre en el pecho, para señalarse a sí


mismo. Mi sonrisa se ensancha en ese momento y le regalo un cálido
guiño.369

Los siguientes minutos son una completa tortura. La ausencia y la demora de


Mikhail y Jasiel no han hecho más que ponerme los nervios de punta, al grado
de considerar la posibilidad de ir a buscarlos. De abandonar este lugar y
ponerme a gritar sus nombres como una loca desquiciada.23

En lugar de eso, me obligo a mantenerme aquí, acurrucada con la espalda


recargada sobre el tronco de un árbol y Haru arrebujado contra mi cuerpo,
bajo el cobijo de una manta.125

Mis ojos están fijos en el cielo, medio cubierto por las copas de los árboles, y,
sin poder evitarlo, tiro de la cuerda en mi pecho con la esperanza de recibir
una respuesta que no llega. Al menos, no de inmediato.

Cuando lo hace, es con una sutileza tan cálida y suave, que tengo que volver a
tirar de ella para confirmar que ha sido real y no solo un producto de mi
imaginación.73

Sentir a Mikhail desde el otro lado del lazo me tranquiliza los nervios casi de
inmediato. Me hace saber que todo está bien y que, seguramente, han
encontrado algo de importancia y por eso están tardando tanto.139
Con eso en mente, y un poco más relajada, me acurruco aún más entre la
cobija y cierro los ojos, en un intento de conciliar el sueño —o de dormitar,
aunque sea un poco.22

~*~57

Una ráfaga de viento helado me saca de la bruma de mi sueño, pero la


pesadez amenaza con arrastrarme de vuelta a los brazos de Morfeo. La parte
activa de mi cerebro, esa que me exige estar alerta todo el tiempo, me pide
que despierte y averigüe qué está ocurriendo; sin embargo, el cansancio
acumulado me domina. Las horas y horas de viaje en carretera le reclaman a
mi cuerpo y le obligan a sumergirse en ese mar denso creado exclusivamente
para el descanso.20

Algo similar a un gemido quedo y bajo llega a mí, pero es sofocado tan pronto
como llega y, de pronto, lo único que soy capaz de escuchar es el sonido de
las hojas quebrándose. El sonido del follaje de un árbol siendo removido sin
descanso.54

El ruido, que antes era manejable y tolerable, ahora se transforma en algo


incómodo. Algo que hace que me remueva en mi lugar una y otra vez, en
busca de la posición que me permita volver al sueño previo.

Otro pequeño ruido sofocado llega a mí y, esta vez, algo dentro de mí me exige
movimiento. Me exige que abra los ojos y averigüe qué, en