Archivo General de la Nación
Volumen CCCXVI
Roberto CASSÁ
Santo Domingo2018
Nacionalismo y resistencia contra la
ocupación americana de 1916
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LIBORISMO
En la aldea La Maguana, casi en el piedemonte septentrional del valle de San
Juan (zona suroccidental), en el verano de 1908,
10Emilio Rodríguez Demorizi (ed.), Papeles de Pedro F. Bonó, Santo Domingo, 1964, pp. 288 y ss. 11
Luis Gómez, Relaciones de producción dominantes en la sociedad dominicana, 1875-1975, Santo
Domingo, 1976.12 James C. Scott, Weapons of the Weak. Everyday Forms of Peasant Resistance,
New Haven, 1985.13 Catherine LeGrand, «Informal Resistente on a Dominican Sugar Plantation
during the Trujillo Dictatorship», en Ecos, año IV, núm. 5, 1996, pp. 141-198. 14 Roberto Cassá,
«Campiña: un caso aislado de lucha agraria», en Isla Abierta, 14 de julio de 1990. Las conclusiones
de este artículo están pendientes de reela-boración por la obtención de información oral in situ en
1996.
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Olivorio Mateo, un lugareño conocido como Liborio, declaró estar investido de
una misión divina, para la cual Dios le había conferido poderes sobrenaturales.
De inmediato, se hizo muy conocido entre grandes contingentes de campesinos
de diversos lugares del país, sobre todo de las comarcas circundantes a San
Juan.Liborio se dedicó a la curación de enfermedades, lo que le granjeó enorme
popularidad, y hacía predicciones acerca de lo que acontecería en el futuro.
Vinculándola a los avances técni-cos de la época, anunció la emergencia de una
edad siniestra, en que «no se conocería hijo con pai»; 15 tras esta caída, sobre-
vendría el retorno de Cristo y la realización de su reino en la tierra, «el gozo
general».Conjuntamente con su mensaje religioso, la prédica de Olivorio Mateo
implicaba la reivindicación de una moral que rescataba los estilos sencillos y
solidarios de la vida campesina, dotándolos de connotación religiosa. Sin que
interviniera una contraposición deliberada con la cultura urbana, dicha moral
recuperaba patrones peculiares de la cultura campesina, como la no distinción
entre lo sagrado y lo profano.16 Por ello, el li-borismo aceptaba la práctica de la
poligamia por parte de las figuras prestigiosas y, ocasionalmente, actos de lo
que se calificó despectivamente como «amor libre».17 Adicionalmente, los libo-
ristas se organizaron en función de rituales y fórmulas esotéricas, conformando
con rapidez una suerte de subcultura, en la cual se recomponían costumbres y
mentalidades consuetudinarias.No pasó mucho tiempo antes de que las
autoridades encon-traran en la prédica liborista una expresión de «superstición»
15 Entrevistas con Arquímedes Valdez, La Maguana, octubre de 1993. El señor Valdez era hijo de
Olivorio Mateo.16 Lusitania Martínez, Palma Sola. Opresión y esperanza (Su geografía mítica y
social), Santo Domingo, 1991, pp. 144-145. 17 Hubo otras prácticas, como el nudismo festivo, que se
mencionó en varias ocasiones como ignominia propia del liborismo. De seguro no tuvo esa connota-
ción, pero se registró esporádicamente. Por ejemplo, en Constanza, una sucursal liborista animada
por Juan Pedro Abreu, «El hijo del hombre», realizó fiestas nudistas en la vivienda de un tal Bullón
en el paraje de Arroyo Arriba. Entrevista con Modesto Suriel, Las Auyamas, Constanza, diciembre
de 1994.
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Nacionalismo y resistencia contra la ocupación americana de 1916o «salvajismo», una
ocurrencia vergonzosa para el prestigio de la región.18 Se hizo, pues, cuestión de
principios destruir ese culto, porque se estimaba que ponía en peligro la
estabilidad de la región. En la figura de Liborio, con razón, se identificaba la
emanación de un contrapoder.19El profeta fue apresado y procesado en 1909,
bajo la acusación de ejercicio ilegal de la medicina, y resultó luego descargado
en Azua. Meses después, en 1910, se le volvió a aprehender, pero sus
seguidores lo liberaron, puesto que estaban preparados para la ocurrencia y
habían constituido una tropa militar que, según la tradición, estaba dirigida por
criminales prófugos redimidos por el profeta. Tras esporá-dicas persecuciones y
escaramuzas, el gobierno de Cáceres renunció a sostener las persecuciones, por
medio de un entendido en 1911.20 Por lo visto, a pesar de haber logrado imponer
la paz, el gobierno central tuvo que aceptar una virtual autonomía local, con tal
de que no se acudiera a la insurrección.De todas maneras, en la medida en que
el liborismo se ha-bía orientado a enfrentar el hostigamiento estatal, se
trasformó en movimiento social. Es cierto que no aspiraba a trasformar la
sociedad y carecía de un programa dirigido hacia el Estado; por el contrario,
manifestaba el ya señalado instinto del campesina-do de mantenerse alejado de
la vida urbana. En otros términos, los liboristas no exponían un programa
contestatario de tipo político. A través de la adscripción a una creencia juzgada
por los detentores del poder como contraria a la civilización, exte-riorizaban un
estilo de vida y la disposición a defenderlo.
18Esta diatriba se fue agudizando en sectores de la élite urbana. Véase al respec-to, E. O. Garrido
Puello, Olivorio y otros ensayos, Santo Domingo, 1963. 19 Es la idea válida esbozada por un escritor
venezolano, a pesar de que su relato contiene abundantes inexactitudes. Horacio Blanco Fombona,
«El marino rubio y el dios negro», en Crímenes del imperialismo norteamericano, México, s. f., pp.
59-66.20 Muchos de los aspectos de las fases de la acción de Liborio, en Jan Lundius y Mats Lundahl,
«Olivorio Mateo», en Estudios Sociales, año XXII, núm. 76, 1989, pp. 3-87.
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La emergencia del movimiento social, por lo tanto, no fue el resultado de la
afirmación del estilo tradicional de vida, sino de su reacción defensiva frente a
la agresión de que era objeto por parte de la cultura urbana de élite. Esa reacción
se situó en un terreno cultural y no social-económico, ya que es llamativo que la
región fuera la más atrasada del país en los indicadores de las fuerzas
productivas. Cierto que en los años anteriores se habían producido cambios en
dirección modernizante, como el fortalecimiento de las redes mercantiles debido
a la instala-ción de comerciantes extranjeros, la fundación de los primeros
potreros ganaderos y el inicio de la acaparación de tierras tras la construcción de
canales de riego. Pero esas innovaciones no alteraron la reproducción de la
unidad campesina.21 La atrac-ción por Liborio quedaba referida a su capacidad
curativa, de la que se extendía un complejo de componentes espirituales que
guardaban conexión con la mentalidad campesina.En las siguientes guerras
civiles, a pesar de su vocación apolítica, Liborio se comprometió con las fuerzas
del Partido Legalista, una de las formaciones caudillistas de mayor inci-dencia
en la región. La figura preeminente de ese partido en San Juan era el general
José del Carmen Ramírez (Carmito), quien decidió utilizar la popularidad de
Olivorio Mateo.22 La forma en que los liboristas procesaron el pacto –
celebrando un supuesto lazo de compadrazgo entre Carmito y El Maestro, lo
que puede leerse como la alianza entre lo terrenal y lo di-vino o lo poderoso y lo
humilde– indica que carecían de una
21 El tema no puede ahora desarrollarse. Basta indicar que no dejaron de produ-cirse otras fracturas
de los estilos de vida tradicionales. Entre ellos se encuentran la sustitución de la crianza libre de
ganado vacuno, el cese del comercio de ga-nado en Haití y la disminución de las lluvias. Aparecieron
ciertamente signos de desasosiego, pero no en tal grado de que se sentaran premisas per se para un
movimiento campesino directamente contrapuesto a la modernización. Desde luego, pueden
registrarse factores de articulación, los que quedaban plasmados en las premoniciones que trazaba
Olivorio Mateo acerca de las consecuencias funestas de lo que iría a acontecer. 22 E. O. Garrido
Puello, En el camino de la historia 1911-1967, Santo Domingo, 1977. Entrevista con José del
Carmen Ramírez hijo, San Juan, septiembre de 1995.
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Nacionalismo y resistencia contra la ocupación americana de 1916voluntad expresa de
contraposición social, siempre y cuando se les permitiese seguir celebrando su
culto dentro de una virtual autonomía política.Y eso fue, precisamente, lo que
los norteamericanos no estuvieron en disposición de aceptar. A poco de
proclamar el Gobierno Militar, en enero de 1917 enviaron una expedición de la
Infantería de Marina a San Juan, acompañada de rema-nentes no disueltos de la
Guardia Republicana, con el fin de apresar a Olivorio Mateo y sus
acompañantes, bajo el cargo de negarse a acatar la orden del desarme.La
negativa de los liboristas a entregar sus armas se puede interpretar en el sentido
de que el componente terrenal del movimiento se había asentado sólidamente,
constituyéndose en una especie de gobierno local paralelo. De acuerdo a ver-
siones de los hechos, fueron los jefes militares encargados de la seguridad del
profeta quienes lo conminaron a resistir y a no aceptar ningún ofrecimiento de
paz.Ante la amenaza militar, los liboristas se replegaron a las montañas, donde
perpetuaron su estilo de vida durante cinco años y mantuvieron un estado de
insurgencia defensiva. Para sus cabecillas resultaba innegociable gozar de las
atribuciones que les daba la posesión de armas de fuego, lo que se puede
entender como la toma de conciencia de que con ellas garan-tizaban el respeto a
sus prácticas. Solo desde ese ángulo adver-saban el programa de centralización
política que enarbolaban los norteamericanos. Siguiendo los parámetros
definidos desde el principio de la eclosión del culto, parece seguro que Liborio
no predicó contra los norteamericanos, aunque es posible que en algún momento
los asociara con Satanás.23Es sintomático que, como parte de la mentalidad cam-
pesina, los liboristas no sacaran consecuencias políticas de la 23
En esto coinciden todos los entrevistados que pudieron escuchar los ser-mones cotidianos de
Liborio, en ceremonias denominadas «conruerdas», que se celebraban temprano en la mañana. Por
ejemplo, entrevista con Ana María Luciano, Mao, mayo de 1993.
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persecución de que eran objeto por parte de los invasores, pese a tener
conciencia de que eran réprobos.24 No parece haberse producido el mínimo
interés de Liborio por conectarse al na-cionalismo antimperialista, que tenía en
San Juan a un conjun-to de jóvenes que, desde el periódico El Cable, lanzaba
diatribas contra Liborio que no tenían nada que envidiar a las de los
dominadores extranjeros. Tal vez hay que tomar en conside-ración que la región
en que el mesías seguía recibiendo sema-nalmente a centenares de peregrinos
era la menos expuesta a las trasformaciones promovidas por los
norteamericanos. En sentido opuesto a lo que ocurría en el Este, la resistencia en
el Sur constituía una variable dependiente del atraso estructural. Las élites
intelectuales del Suroeste, por tanto, no relativizaron su vocación por el
progreso y vieron en el culto popular una traba afrentosa para la región.Olivorio
Mateo fue acribillado en la Cordillera Central el 27 de junio de 1922, lo que se
consideró un sonado éxito para los ocupantes. Su cadáver fue expuesto en la
plaza central de San Juan, con el propósito de que se borrara su memoria. Este
objetivo no fue logrado, puesto que no tomaba en cuenta la dimensión religiosa
del movimiento. Liborio había anunciado que sería asesinado, pero alertaba que
en realidad nunca mori-ría y que retornaría. Varios seguidores declararon que
habían recibido el alma del profeta, lo que les permitió recomponer el
movimiento, dependiente de la conducción por una figura dotada de
carisma.Ahora bien, aunque el culto se recompuso, desde el mo-mento en que el
mesías desapareció dejó de ser considerado una amenaza para el Estado. Al
cesar la persecución, los liboristas se restringieron a mantener el culto. La
acción ul-terior del liborismo expresaba así lo que ya estaba presente en la
figura del Maestro: la dualidad entre una contestación
24 Así aparece patentemente en la entrevista con el liborista Julio Morillo, La Maguana, octubre de
1995.
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Nacionalismo y resistencia contra la ocupación americana
de 1916implícita, producto de la afirmación de un sistema cultural, y una
vocación conservadora de contemporización con el poder, producto de la misma
cosmovisión