REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD SANTA MARÍA
FACULTAD: DERECHO
CATEDRA DERECHO: LABORAL II
SECCIÓN: A
TURNO NOCTURNO:
LA RETROACTIVIDAD EN EL DERECHO
LABORAL: NECESIDAD O MANIPULACION
LEGAL.
Profesor: Alumno:
Agustín Gómez Kerlbin Díaz
C.I 23.530.545
Caracas, Junio, 2021
Las leyes entran en vigor en una fecha determinada y desaparecen en otra fecha
cierta, pudiéndose dar el caso que los efectos que producen se prolonguen en el
tiempo, es decir, que la ley antigua puede seguir aplicándose a ciertas situaciones
jurídicas después de su derogación formal o, que la nueva ley puede comprender
situaciones jurídicas creadas bajo la vigencia de la ley antigua. Este problema es
conocido con el nombre de Retroactividad de las Leyes, cuyo principio
fundamental es la retroactividad de las Leyes.
El principio de irretroactividad de las leyes y en general, lo referido a la aplicación
de las normas en el tiempo ha acarreado algunas limitaciones, entre las cuales se
encuentra la determinación del instrumento normativo que debe regir la producción
de un supuesto de hecho y aquel que debe encargarse de las consecuencias
jurídicas que se derivan del mismo. En el sistema legislativo venezolano, el
principio de irretroactividad de las leyes es de jerarquía constitucional, es decir,
que ninguna ley, salvo las excepciones establecidas en materia penal, puede ser
dotada de efectos retroactivos.
Ahora bien, en torno a este tema, algunos estudios niegan lo relacionado al
problema de aplicación temporal de las leyes laborales debido a su carácter de
orden público y al principio de aplicación inmediata de la ley, mediante el cual
deben ceder los intereses particulares sin pretender tener derechos adquiridos.
Sin embargo, la naturaleza del Derecho del Trabajo, reflejada en la modificación
continua de la normativa aplicada a toda relación laboral y cuyo cumplimiento se
prolonga en el tiempo, ha dado nacimiento a problemas de interpretación relativa a
la determinación de la eficacia temporal de las normas que han regido la materia
laboral, siendo considerada esta problemática, una de las más difíciles del
Derecho, específicamente de la Teoría General del Derecho.
Eficacia Temporal de las Normas Laborales sobre Prestaciones Sociales
En el sistema legislativo laboral venezolano se han originado, desde 1936,
dificultades de interpretación, en relación a la aplicación temporal de las normas
laborales que han establecido y reformado las prestaciones de finalización de la
relación de trabajo, denominadas antigüedad y cesantía. La Ley del Trabajo
promulgada el 16 de julio de 1936 en el parágrafo primero del artículo 27,
estableció la llamada indemnización de antigüedad en los términos siguientes: En
caso de terminación del contrato por tiempo indeterminado, cuando el obrero o
empleado pierde el trabajo por razón del despido u otra causa ajena a su voluntad,
el patrono deberá pagar al empleado u obrero una indemnización de una quincena
de salario por cada año de trabajo ininterrumpido al servicio de él. Esta
indemnización no podrá exceder del salario de seis meses.
Específicamente, el señalado artículo produjo una reacción negativa por parte del
sector patronal, por considerar a la llamada indemnización de antigüedad,
propiciadora de un caos económico, por crear una elevada erogación. Sin
embargo, el primer problema planteado respecto a esta institución laboral, fue el
de la determinación del tiempo de servicio computable a los efectos del beneficio,
por cuanto el sector patronal sostenía que, para la determinación del monto de la
antigüedad, no se podía tomar en cuenta el tiempo transcurrido con anterioridad a
la vigencia de la nueva ley, porque se originaría un efecto retroactivo.
Por su parte, el sector laboral, junto al criterio sostenido por la Oficina Nacional del
Trabajo (O.N.T), afirmaban que al tomar como base de cálculo aritmético el tiempo
de duración del contrato, no se estaría aplicando la ley al contrato mismo, sino que
se estaba contemplando un hecho cumplido para así tomar como factor de una
multiplicación ordenada por la ley y siendo esto, necesario para calcular el monto
de una obligación originada de esa ley, es decir, que el derecho a la prestación
surge al producirse el supuesto normativo, y el tiempo de servicio, sólo es un
elemento para la determinación del monto.
Sin embargo, la mentalidad civilista de las anteriores Cortes de Justicia era un
permanente obstáculo para la evolución del Derecho Laboral; ejemplo de esto, es
la declaración de nulidad emanada de la Corte Federal y de Casación (actual
Tribunal Supremo de Justicia) respecto al criterio anteriormente señalado por la
Oficina Nacional del Trabajo, afirmando. que las indemnizaciones por despidos de
los obreros, aunque tal despido haya ocurrido bajo la vigencia de la nueva Ley del
Trabajo, se rigen como efecto o consecuencia directa que son la resolución de
contratos celebrados antes de dicha ley, por las disposiciones del Código Civil o
del Código de Comercio sobre esta materia, pues estas fueron las únicas leyes
que las partes pudieron tener en cuenta al contratar, que prescindir de tales
normas para aplicar el artículo 27 de la Ley del Trabajo de 1936, es darle efecto
retroactivo a esta ley... la sola forma de cálculo de la indemnización implica
retroactividad, basta comprobar que se ha aplicado la ley nueva en casos que
deben regirse por la ley del contrato, sea cual fuere el resultado económico a que
el cálculo de la indemnización condujese.
En 1947, cuando se establece el auxilio de cesantía , de acuerdo a lo señalado
por Caldera (citado por Hernández, 1985: 177), el legislador se deja guiar por el
criterio de considerar errada la jurisprudencia de Casación en materia de
retroactividad, y ordena computar para la nueva indemnización, años anteriores a
la fecha de su entrada en vigencia, la cual fue el 03-11-1947. Esto fue considerado
por algunos, violatorio del principio de irretroactividad de las leyes y motivó la
introducción de un recurso de nulidad ante la Corte Federal y de Casación, del
parágrafo único del artículo 39 de la Ley del Trabajo, el cual indicaba: A los
efectos de este beneficio sólo se tomarán en consideración los servicios prestados
ininterrumpidamente a partir del 16-07-1936. La Corte, en decisión que constituyó
una rectificación de su anterior criterio, rechazó el recurso de inconstitucionalidad,
estimando que no existía la colisión mencionada, que el artículo señalado, lo que
hace es colocar un límite al tiempo de servicio que han de tomarse en cuenta para
determinar el monto del auxilio de cesantía establecido por causa de despido
injustificado o retiro voluntario por causa justificada, según la ley. Esta incursión en
el pasado material, afirmó la Corte, que no modificaba ninguna situación jurídica
subjetiva producida bajo el imperio de la ley anterior de la cual hayan surgido
derechos legítimamente adquiridos que deba respetar la nueva ley.
En este mismo año, fue promulgada una nueva Constitución, cuyo capítulo VI del
título III otorgaba a los derechos sociales un rango constitucional. Es de destacar
que, la Ley de Trabajo de la época, no consagró la estabilidad absoluta, ni la
antigüedad como derecho adquirido, quedando en deuda con la Constitución en
materia de protección del trabajador. Sin embargo, algunas contrataciones
colectivas se orientaron hacia el establecimiento de las prestaciones sociales
como derecho adquirido, siempre a través del sistema de pago anual de las
mismas.
Las Prestaciones Sociales como derecho adquirido
El sistema anual de las prestaciones sociales produjo debates entre los diferentes
sectores laborales, siendo abandonada la problemática con ocasión de las
reformas de 1974 y 1975 de la Ley de Trabajo, que originaron una solución acorde
con los postulados constitucionales. Por su parte, el Decreto-Ley 124, Gaceta
Oficial número 1.656 del 04-06-1974, reformó los artículos 37 y 39 de la Ley del
Trabajo y estableció que la antigüedad y la cesantía eran derechos adquiridos, y
correspondían al trabajador independientemente de la causa que dio origen a la
terminación de la relación del trabajo. Esto quiere decir, que ambos derechos se
consolidaron, quedando dentro del patrimonio del trabajador.
Ahora bien, para algunos estudiosos laborales, el pago de los derechos adquiridos
de antigüedad y cesantía, se debía comprometer todo el tiempo de servicios
prestados por el trabajador, incluso el transcurrido con anterioridad al Decreto 124.
Para otros, el momento de terminación de la relación laboral, específicamente
cuando se fuesen a liquidar las prestaciones sociales del trabajador, se tenía que
hacer la siguiente distinción: el tiempo transcurrido después del Decreto daría
lugar al cómputo de la antigüedad y cesantía como derechos adquiridos, es decir,
independientemente del motivo de la terminación. Mientras que, para el cómputo
del tiempo transcurrido con anterioridad, había que atender al viejo régimen, es
decir, que la procedencia o improcedencia del importe correspondiente a dicho
tiempo estaría en función de la causa de finalización de la relación del trabajo.
En la práctica, esta problemática fue resuelta a favor del primer criterio. En efecto,
para la determinación del monto de la antigüedad y cesantía se tenía que
computar el tiempo de prestación de servicios con anterioridad al Decreto. La
señalada afirmación, se fundamenta en que el tiempo de duración de la relación
no viene a ser sino la medida que el legislador utilizó para cuantificar el monto de
las prestaciones que deben corresponder al trabajador cuya relación laboral
finalice durante el imperio de la nueva ley y no significaría aplicación retroactiva de
la misma; se trataría de la aplicación inmediata de una norma que rige todas las
relaciones laborales existentes durante su vigencia, incluso las constituidas con
anterioridad, porque no se están afectando las relaciones laborales extinguidas
antes de la vigencia, ni los efectos ya consumados de relaciones que nacidas
antes del mismo son respetadas en sus consecuencias pasadas, pero en virtud de
que la nueva ley es de orden público, se deben adaptar las consecuencias futuras
al nuevo contenido normativo (Hernández, 1985: 180).
Por su parte, Parra (1993) expone que, no cabe en rigor técnico, hablar de
derecho adquirido a un método determinado por la ley, porque esa clase de reglas
pertenecen al legislador, sobre todo, cuando el cambio es impuesto por la ley.
Reforma del Régimen de las Prestaciones Sociales
Vistas las opiniones anteriores, se siguió avanzando en el tiempo, y para 1985 el
Dr. Rafael Caldera presentó al Congreso de la República su Anteproyecto de Ley
Orgánica del Trabajo, aprobado, después de un debate que duró cinco (5) años
con las modificaciones esperadas, quedando planteada la reforma del régimen de
las prestaciones sociales mediante la cancelación mensual, de modo de eliminar
el efecto de retroactividad que suponía su recálculo al terminar la relación del
trabajo y con base al último salario, conforme a la Ley de Trabajo de 1983.
Por su parte, la Corte Suprema de Justicia en sentencia del 26 de Junio de 1986
analizó lo concerniente a la Reforma de la Ley del Trabajo del 12 de Junio de 1983
respecto al pago de los derechos adquiridos de antigüedad y cesantía, señalando
en esa oportunidad, que el salario aplicable para tales pagos era el de cada año y
no el último devengado por el trabajador. Esta situación jurídica, según la
sentencia, fue constituida, produjo sus efectos y se extinguió bajo el imperio de la
ley anterior, publicada el 5 de Mayo de 1975 y derogada el 12 de Julio de 1983,
por lo cual era imperativo aplicar la ley anterior. Sin embargo, consta en autos, que
la relación laboral nació y se extinguió bajo la ley anterior, aplicándose
retroactivamente la nueva ley y en consecuencia, quebrantó el artículo 44 de la
Constitución Nacional de 1961 y el artículo 3 del Código Civil, declarando con
lugar la señalada sentencia, las infracciones de los artículos indicados.
Este criterio, hoy en día, lo sostiene Villasmil F. (2000: 195), como solución a las
dificultades que se presentarán con la entrada en vigencia de una nueva Ley
Orgánica del Trabajo que vendría a derogar a la de 1997, según el numeral 3 de la
disposición cuarta de la Constitución Nacional de 1999, en lo relacionado al nuevo
régimen para el derecho de prestaciones sociales. Específicamente este autor,
indica que una de las soluciones, sería interpretar que la frase último salario
devengado no significa que se trate necesariamente del devengado en el
momento de la terminación de la relación del trabajo, sino que puede referirse al
último salario devengado en cada año.
Respecto a esto, podría ser admisible para el actual régimen de las prestaciones
sociales, específicamente para el cálculo de la antigüedad, pero no, para cuando
se implemente el nuevo régimen, que sería igual al de prestaciones sociales
establecido en la Ley Orgánica del Trabajo de 1991.