ARQUIDIOCESIS DE SANTIAGO DE CALI
ESCUELA DIACONAL PABLO VI
SINTESIS DOGMATICA
CICLO II-2020
PRESBITERO: GERMAN MARTINEZ
ESTUDIANTE: JAVIER ZORRILLA FIGUEROA
JUNIO 13 DE 2020
CONSULTANDO LA CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA FIDEI DEPOSITUM Y OTROS
DOCUMENTOS ESTE EL ORDEN PROPUESTO. QUEDO EN ESPERA DE SUS
COMENTARIOS.
1. Dios 234 CIC
2. Jesucristo 12. Todos los cristianos deben confesar delante del mundo entero su fe en
3. Espíritu Santo Dios uno y trino, en el Hijo de Dios encarnado, Redentor y Señor nuestro, y
con empeño común en su mutuo aprecio den testimonio de nuestra
esperanza, que no confunde.
Directorio Catequístico General – DCG 43
4. María Directorio Catequístico General – DCG 43
5. Biblia Revelación de Dios
6. Mandamientos Decálogo e iglesia(*)
I. Vida moral y Magisterio de la Iglesia
2033 El magisterio de los pastores de la Iglesia en materia moral se ejerce
ordinariamente en la catequesis y en la predicación, con la ayuda de las
obras de los teólogos y de los autores espirituales. Así se ha transmitido de
generación en generación, bajo la dirección y vigilancia de los pastores, el
“depósito” de la moral cristiana, compuesto de un conjunto característico de
normas, de mandamientos y de virtudes que proceden de la fe en Cristo y
están vivificados por la caridad. Esta catequesis ha tomado
tradicionalmente como base, junto al Credo y el Padre Nuestro, el Decálogo
que enuncia los principios de la vida moral válidos para todos los hombres.
7. Iglesia 2. El Espíritu Santo que habita en los creyentes, y llena y gobierna toda la
Iglesia, efectúa esa admirable unión de los fieles y los congrega tan
íntimamente a todos en Cristo, que El mismo es el principio de la unidad de
la Iglesia.
Directorio Catequístico General – DCG 43
8. Sacramentos Directorio Catequístico General – DCG 55
LOS SACRAMENTOS SON ACCIONES DE CRISTO EN LA IGLESIA QUE
ES EL SACRAMENTO PRIMORDIAL 55. El misterio de Cristo se continúa
en la Iglesia que goza siempre de su presencia y le sirve, mediante los
signos instituidos por el mismo Cristo para significar y conferir la gracia, y
se llaman propiamente sacramentos (Conc. Tridentinum, Decretum de
sacramentis, Dz. - Sch., 1601)
Pero la misma Iglesia, por cuanto no es sólo el pueblo de Dios, sino que es
también en Cristo "como signo e instrumento de la unión íntima con Dios y
de la unidad de todo el género humano" (LG. 1), debe considerarse en
cierto modo como el sacramento primordial. -
Los sacramentos son las acciones principales y fundamentales por las
cuales Jesucristo da continuamente a los fieles su Espíritu, haciendo de
ellos el pueblo santo, que en El y con El, se ofrece en oblación, acepta al
Padre.
Los sacramentos, es claro, deben tenerse como los bienes inestimables de
la Iglesia que tiene el poder de administrarlos, pero deben referirse siempre
a Cristo de quien derivan su eficacia. En realidad Cristo es quien bautiza.
No es tanto el hombre que celebra la Eucaristía como el mismo Cristo; es
El quien por el ministerio de los sacerdotes se ofrece en el sacrificio de. la
misa. (Conc. Trid., Doctrina de sacrificio Missae, - Dz., Sch., 1743).
La acción sacramental es en primer lugar acción de Cristo, de quien los
ministros de la Iglesia son como instrumentos.
«Por eso el sacramento es un signo que rememora lo que sucedió, es
decir, la pasión de Cristo; es un signo que demuestra lo que se realiza en
nosotros en virtud de la pasión de Cristo, es decir, la gracia; y es un signo
que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera») (Summa
theologiae 3, q. 60, a. 3, c.)
9. Oración Cuarta parte: La oración en la vida de la fe - CIC
10. Animas II “Corpore et anima unus”
362 La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez
corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje
simbólico cuando afirma que "Dios formó al hombre con polvo del suelo e
insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente"
(Gn 2,7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios.
363 A menudo, el término alma designa en la Sagrada Escritura
la vida humana (cf. Mt16,25-26; Jn 15,13) o toda la persona humana
(cf. Hch 2,41). Pero designa también lo que hay de más íntimo en el
hombre (cf. Mt 26,38; Jn 12,27) y de más valor en él
(cf. Mt 10,28; 2M 6,30), aquello por lo que es particularmente imagen de
Dios: "alma" significa el principio espiritual en el hombre.
364 El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la "imagen de Dios":
es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma
espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el
Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu (cf. 1 Co 6,19-20; 15,44-45):
«Uno en cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, reúne
en sí los elementos del mundo material, de tal modo que, por medio de él,
éstos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador.
Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la vida corporal, sino
que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de
honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último
día» (GS 14,1).
365 La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe
considerar al alma como la "forma" del cuerpo (cf. Concilio de Vienne, año
1312, DS 902); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el
cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la
materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una
única naturaleza.
11. Agua II. El Bautismo en la Economía de la salvación
Bendita
Las prefiguraciones del Bautismo en la Antigua Alianza
1217 En la liturgia de la vigilia Pascual, cuando se bendice el agua
bautismal, la Iglesia hace solemnemente memoria de los grandes
acontecimientos de la historia de la salvación que prefiguraban ya el
misterio del Bautismo:
«¡Oh Dios! [...] que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu
poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua
para significar la gracia del bautismo» (Vigilia Pascual, Bendición del agua:
Misal Romano).
1238 El agua bautismal es entonces consagrada mediante una oración de
epíclesis (en el momento mismo o en la noche pascual). La Iglesia pide a
Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre
esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella "nazcan del agua y
del Espíritu" (Jn 3,5).
1677 Se llaman sacramentales los signos sagrados instituidos por la Iglesia
cuyo fin es preparar a los hombres para recibir el fruto de los sacramentos y
santificar las diversas circunstancias de la vida.
1678 Entre los sacramentales, las bendiciones ocupan un lugar importante.
Comprenden a la vez la alabanza de Dios por sus obras y sus dones, y la
intercesión de la Iglesia para que los hombres puedan hacer uso de los
dones de Dios según el espíritu de los Evangelios.
12. Vida Eterna V. Sacramentos de la vida eterna
1130 La Iglesia celebra el Misterio de su Señor "hasta que él venga" y "Dios
sea todo en todos" (1 Co 11, 26; 15, 28). Desde la era apostólica, la liturgia
es atraída hacia su término por el gemido del Espíritu en la Iglesia: ¡Marana
tha! (1 Co 16,22). La liturgia participa así en el deseo de Jesús: "Con ansia
he deseado comer esta Pascua con vosotros [...] hasta que halle su
cumplimiento en el Reino de Dios" (Lc 22,15-16). En los sacramentos de
Cristo, la Iglesia recibe ya las arras de su herencia, participa ya en la vida
eterna, aunque "aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la
gloria del Gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (Tt 2,13). "El Espíritu y
la Esposa dicen: ¡Ven! [...] ¡Ven, Señor Jesús!" (Ap
Jerarquía de las verdades
Los dogmas de la fe
88 El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define
dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión
irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de
manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.
89 Existe un vínculo orgánico entre nuestra vida espiritual y los dogmas. Los dogmas son luces
que iluminan el camino de nuestra fe y lo hacen seguro. De modo inverso, si nuestra vida es recta,
nuestra inteligencia y nuestro corazón estarán abiertos para acoger la luz de los dogmas de la fe
(cf. Jn 8,31-32).
90 Los vínculos mutuos y la coherencia de los dogmas pueden ser hallados en el conjunto de la
Revelación del Misterio de Cristo (cf. Concilio Vaticano I: DS 3016: "mysteriorum nexus "; LG 25).
«Conviene recordar que existe un orden o "jerarquía" de las verdades de la doctrina católica,
puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana" (UR 11).
Dogmas el de la Trinidad, el del Hijo de Dios hecho carne de la Virgen Madre de Dios, quedaron
definidos en concilio ecuménicos celebrados en el Oriente. Aquellas Iglesias han sufrido y sufren
mucho por la conservación de esta fe.
234 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el
misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que
los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la "jerarquía de las verdades de fe"
(DCG 43). "Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios
por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los
aparta del pecado y los reconcilia y une consigo" (DCG 47).
DCG JERARQUIA DE VERDADES QUE HAY QUE GUARDAR EN LA CATEQUESIS
43. En el mensaje de salvación hay una cierta jerarquía de verdades (tJR. 11), que siempre
reconoció la Iglesia, al- elaborar los símbolos o compendios de las verdades de la fe. Esta
jerarquía no significa que unas verctactes pertenecen menos que otras a la fe, sino que unas
verdades se apoyan en otras como más principales y reciben de ellas luz.
La catequesis en todos sus grados habrá de tener - en cuenta esta jerarquía de las verdades de la
fe.
Estas verdades se pueden agrupar en cuatro capítulos fundamentales:
El misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas;
El misterio de Cristo, Verbo Encarnado, que nació de María la Virgen y por nuestra salvación
padeció, murió y resucitó;
El misterio del Espíritu Santo, presente en la Iglesia a la cual santifica y dirige hasta la gloriosa
venida de Cristo, Salvador y juez nuestro;
El misterio de la Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo, en la cual la Virgen María ocupa un
puesto eminente.
(*)II. Los mandamientos de la Iglesia
2041 Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida
litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por
la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu
de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo.
2042 El primer mandamiento («oír misa entera los domingos y demás fiestas de precepto y no
realizar trabajos serviles») exige a los fieles que santifiquen el día en el cual se conmemora la
Resurrección del Señor y las fiestas litúrgicas principales en honor de los misterios del Señor, de la
Santísima Virgen María y de los santos, en primer lugar participando en la celebración eucarística
en la que se congrega la comunidad cristiana y descansando de aquellos trabajos y ocupaciones
que puedan impedir esa santificación de esos días (cf CIC can 1246-1248; CCEO can. 881, 1.2.4).
El segundo mandamiento («confesar los pecados mortales al menos una vez al año») asegura la
preparación a la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que
continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo (cf CIC can. 989; CCEO can. 719).
El tercer mandamiento («recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua») garantiza un
mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en conexión con el tiempo de Pascua,
origen y centro de la liturgia cristiana (cf CIC can. 920; CCEO can. 708-881, 3).
2043 El cuarto mandamiento («abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por
la Iglesia») asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas
litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón (cf CIC can.
1249-1251; CCEO can. 882).
El quinto mandamiento («ayudar a la Iglesia en sus necesidades») enuncia que los fieles están
obligados de ayudar, cada uno según su posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia (cf
CIC can. 222).