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Leyenda Toba

Cosakait estaba enamorado de una joven que no correspondía sus sentimientos y lo despreciaba. Cuando Cosakait enfermó de fiebre y estaba muriendo, la joven se negó a verlo. Tras la muerte de Cosakait, K'atá se apiadó de él y cumplió su último deseo de estar siempre con la joven para adornar su cabeza con flores y protegerla. Cosakait renació como un árbol llamado palo santo que la joven terminó amando, adornando su trenza con las flores del árbol.

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Cosakait estaba enamorado de una joven que no correspondía sus sentimientos y lo despreciaba. Cuando Cosakait enfermó de fiebre y estaba muriendo, la joven se negó a verlo. Tras la muerte de Cosakait, K'atá se apiadó de él y cumplió su último deseo de estar siempre con la joven para adornar su cabeza con flores y protegerla. Cosakait renació como un árbol llamado palo santo que la joven terminó amando, adornando su trenza con las flores del árbol.

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Lengua 6° Fluidez lectora: Profesora: Torres, Claudia

El último deseo

¡Ay, del joven Cosakait que no fue amado! ¡Ay, del pobre corazón que no supo resistir! ¡Pero era tan 19
bella! 20
Bella, si la arcilla acariciaba sus manos. Si la brisa enredaba sus cabellos. 33
Si, trenzando las fibras del caraguata, sus dedos hacían canastas y 44
cestas. Bella, si sus pasos bajaban al rio. Si el agua cristalina le besaba 58
las manos. Bella, en el enojo. Bella, en la sonrisa. 68
¡Pobre Cosakait, cuánto la amaba! ¡Y qué grande, en cambio, el desprecio 80
de ella! 82
—iYa deja de mirarme! 86
—Siempre en mi camino, ¿puede ser? 92
—¿No puedes apartarte de una vez? Pero el pobre Cosakait no podía 104
apartarse ni un poco de sus ojos profundos, que eran luz y sombra, Como 118
el ocaso. 120
Una noche la fiebre lo abrazó, corno anaconda, y sus labios, sedientos, pronunciaron el nombre de la 137
amada, una y otra vez. Una y otra vez la llamó, suplicando. 149
—¡ No iré a verlo, no! —le dijo a sus hermanas, que intentaron convencerla de que fuera. Pero K'atá, que 169
todo lo ve y todo lo conoce, se apiadó de Cosakait. Y a pesar de que no podía cambiar los sentimientos 190
de la Ingrata joven, atendió a la voluntad del pobre moribundo que, antes del último suspiro, musitó: 207
—Quiero estar siempre con ella Adornar su cabeza con preciosas flores. Espantar los insectos que la 223
perturben. Perfumar el agua que toque su rostro. Y ser mensajero: ya que he de morir, llevare sus 241
plegarias hasta el cielo. 245
Aquella triste mañana, los amigos y parientes de Cosakait pintaron su rostro con carbonilla. A la vera del 263
río lo sepultaron. Y lloraron su ausencia. 270
La joven no acudió al funeral. Y por muchos días no salió, porque el peso de una piedra se le metió en el 294
pecho. Pero un amanecer caminó hacia el río, En el reflejo del agua, viéndose tan bella, se sacudió la 312
culpa. Enseguida vio el brote y sus dedos se enterraron bajo la tierra fresca. 326
Cosakait ya era un brote delicado y muy pequeño que, tocado por el recuerdo de su otra vida, comenzó 345
a crecer hasta volverse un árbol, lleno de aroma y de ramas. De verdes hojas y preciosas flores. 363
La mujer que antes lo había despreciado lo amó. Adornó su trenza Con los bellos capullos que se 381
ofrecían de a miles en las ramas. Con su perfume, espantó a los insectos y aderezo aguas con que se 401
bañaba. Y elevo su voz hasta los dioses quemando la madera. Un humo llevo sus ruegos a K`ata. 419
Los hombres llamaron a aquel árbol “palo santo”. Y lo usaron en ceremonias rituales. Y bebieron sus 436
hojas curativas. Y tallaron su madera. Y ahuyentaron los insectos y las plagas con su sabia aromática. 453
Porque el palo santo es un árbol nacido del amor. Del amor que da sin recibir. Sin reprochar ni esperar 473
nada. Del amor que se entrega sin razón. Del más puro que existe entre los hombres. Que habita más 492
allá del tiempo y de la muerte. Que no acaba jamás. 503

Sol Silvestre
Versión de una leyenda toba.

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