PÁGINAS
DE
MARXISMO
1
Jorge Rendón Vásquez
PÁGINAS DE MARXISMO
Lima,
2020
PÁGINAS
DE
MARXISMO
2
“Una
sociedad
no
desaparece
nunca
antes
de
que
sean
desarrolladas
todas
las
fuerzas
productivas
que
pueda
conte-‐‑
ner,
y
las
relaciones
de
producción
nuevas
y
superiores
no
la
sustituyen
jamás
antes
de
que
las
condiciones
materiales
de
existencia
de
esas
relaciones
hayan
sido
incubadas
en
el
seno
mismo
de
la
vieja
sociedad.”
Carlos
Marx
PÁGINAS
DE
MARXISMO
3
ÍNDICE
Introducción 7
CAPÍTULO I: LA FORMACIÓN DE MARX 9
a) Origen familiar 9
b) Los años universitarios 12
c) El joven Marx 13
d) El materialismo histórico y la acción 19
CAPÍTULO II: LA REVOLUCIÓN EN LA FILOSOFÍA
DE MARX 27
a) Grecia y el surgimiento de la Filosofía 27
b) El imperialismo ideológico de la religión 36
c) El camino hacia el método inductivo 37
d) La difusión del idealismo 39
e) Hegel 40
f) Hacia el materialismo histórico y el materialismo
dialéctico 43
g) El idealismo, la mente y el cerebro 49
h) La alienación 54
i) Las leyes de la evolución 59
1.– Dos concepciones del mundo 59
2.– Naturaleza del movimiento 60
3.–Caracteres de la contradicción 62
CAPÍTULO III: LA ESTRUCTURA Y LAS
SUPERESTRUCTURAS 66
A.– LA ORGANIZACIÓN SOCIAL 66
a) Noción de estructura y superestructura 66
b) Interrelación de la superestructura y las
superestructuras 71
B.– LA SUBESTRUCTURA 74
C.– LOS CAMBIOS MÁS IMPORTANTES EN LA
ESTRUCTURA Y LAS SUPERESTRUCTURAS 77
a) Cambios en la estructura 77
1.– Cambios en la población 77
2.– Cambios en la clase capitalista 78
b) Cambios en las fuerzas productivas 83
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MARXISMO
4
1.– Cambios en los instrumentos y otros medios de
producción 83
2.– Cambios en la clase obrera 84
3.– La nueva clase profesional 86
c) Cambios en la superestructura ideológica 88
d) Cambios en la superestructura política 90
e) Cambios en la superestructura jurídica 93
f) Actitud ante la evolución social de ciertos
seguidores de Marx 96
CAPÍTULO IV: EL TRABAJO Y EL CAPITAL 99
I.– EL CAPITALISMO COMO LO DESCRIBIÓ Y ANALIZÓ
MARX 101
A.– LA MERCANCÍA 102
a) Valor de uso 102
b) Valor de cambio 102
c) Tiempo de trabajo socialmente necesario 105
d) Trabajo concreto y trabajo abstracto 106
e) Forma de expresión del valor 108
f) El fetichismo de la mercancía 109
B.– LA PLUSVALÍA 110
a) El ciclo del capital 110
b) La fuerza de trabajo como fuente del valor 112
c) El trabajo presente y el trabajo pasado en la crea
ción del valor 115
d) La apropiación de la plusvalía por el capitalista 117
e) La plusvalía en los sistemas económicos pasados 119
C.– CAPITAL CONSTANTE Y CAPITAL VARIABLE 122
a) Razón de ser de esta división 122
b) Composición orgánica del capital 124
D.– REPRODUCCIÓN DEL CAPITAL SOCIAL 125
a) La división social del trabajo como base de la
reproducción 126
b) La reproducción simple 131
c) La reproducción ampliada 132
d) Las crisis cíclicas del capitalismo 134
e) El punto de vista de la economía burguesa 137
II.– ASPECTOS COMPLEMENTARIOS DE LA TEORÍA
DEL VALOR 140
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MARXISMO
5
A.– EL TRABAJO PRODUCTOR DE BIENES
INMATERIALES 140
B.– EL TRABAJO EN LA CIRCULACIÓN 145
C.– EL TRABAJO EN LAS OPERACIONES DE CRÉDITO 150
D.– TASA DE PLUSVALÍA Y TASA DE GANANCIA 152
E.– EL TRABAJO PARA EL ESTADO 154
III.– TEORÍA DE LA UTILIDAD MARGINAL 157
IV.– LA EVOLUCIÓN DEL CAPITALISMO DESDE FINES
DEL SIGLO XIX 161
A.– LA CONCENTRACIÓN DEL CAPITAL 162
B.– EL CAPITAL FINANCIERO 164
C.– LA APARICIÓN DE LOS DERECHOS SOCIALES DE
LOS TRABAJADORES 165
D.– LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO 170
E.– LOS GRANDES POLOS DEL CAPITALISMO EN EL
MUNDO 171
CAPÍTULO V: MARX Y EL SOCIALISMO 174
A.– EL PASO HACIA UNA SOCIEDAD SOCIALISTA 174
a) El rol de la ideología 174
b) La posición reformista 177
1.– Primer momento 177
2.– Segundo momento 184
c) La posición revolucionaria 188
B.– LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO DE LA UNIÓN
SOVIÉTICA 191
a) Planteamientos teóricos 191
b) Improvisación del socialismo 196
c) El retorno al capitalismo 199
f) La industrialización y la colectivización forzada
del campo 202
C.– LA EVOLUCIÓN EN LOS PAISES CAPITALISTAS 207
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MARXISMO
6
a) La Europa capitalista a partir de la década del
veinte 207
b) La Segunda Guerra Mundial 209
c) El mundo luego de la Segunda Guerra Mundial 215
d) La inserción definitiva de los partidos comunistas
en la legalidad de los países capitalistas 216
D.– EVOLUCIÓN Y DESAPARICIÓN DEL SOCIALISMO
“REAL” DE LA UNIÓN SOVIÉTICA 221
a) Ingreso al plano inclinado 221
b) Epílogo 225
E.– EL PROCESO EN CHINA 230
a) Lucha por la vida 231
b) La socialización 234
c) Capitalismo, modernización y orden 236
F.– ESTADO DE EVOLUCIÓN DEL CAPITALISMO 240
a) Constatación inicial 240
b) Modelos básicos del sistema capitalista 241
1.– El capitalismo del siglo XIX 242
2.– El capitalismo del siglo XX intervenido por el
Estado 242
3.– El capitalismo de la revolución informática 243
c) Posición de los trabajadores ante el capitalismo y
la democracia representativa 244
G.– PREMISAS DE LOS CAMBIOS EN EL FUTURO 247
a) Planteamiento de base 247
b) Un cambio en la sociedad, ¿para qué? 249
c) Bases de un nuevo régimen económico 249
1.– La plusvalía 250
2.– Los tipos de empresa 252
3.– Mercado y planificación 257
4.– La propiedad 258
5.– El Estado 258
Noticia sobre el Autor 260
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MARXISMO
7
Introducción
Cuando los gobiernos de los partidos comunistas del Este eu-
ropeo se desmoronaron en cadena, entre 1989 y 1991, y fueron sus-
tituidos por gobiernos dirigidos por el capitalismo, algunos intelec-
tuales y políticos pensaron que el marxismo había terminado sus
días.
Para los militantes comunistas fue inexplicable que un régi-
men socialista en tránsito hacia el comunismo y definitivamente
irreversible, como les habían asegurado los teóricos de la Unión
Soviética, llegase a su fin por obra de masas descontentas, condu-
cidas por algunos líderes de su partido u otros ante la impotencia
de los círculos gobernantes. En cambio, para los capitalistas fue
agradablemente sorpresivo contemplar ese hundimiento, aparen-
temente súbito, que les probaba el fracaso del marxismo y les ale-
jaba para siempre la amenaza de perder el plusvalor creado por el
trabajo.
Sin embargo, el marxismo no perimió con esa debacle. Caye-
ron aquellos gobiernos y sus regímenes económicos, sociales y cul-
turales, pero no el marxismo o, por mejor decirlo, no la teoría mar-
xista que, bien aplicada, explicaba también la causa por la cual se
había producido ese cambio, como había explicado la evolución de
la sociedad desde sus orígenes.
En el presente trabajo trato de examinar las razones de la vi-
gencia del marxismo, a partir de la formación de Carlos Marx (Ca-
pítulo I) y de la construcción de su filosofía (Capítulo II).
En el largo camino de la Filosofía hay cuatro cumbres que se
niegan una a otra: Heráclito y Parménides que vivieron cinco si-
glos a.C., y, en el siglo XIX, Hegel y Marx, con quien se cierra este
ciclo.
La Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII
en Gran Bretaña fue el factor detonante de la filosofía de Marx.
Esta revolución, impulsada por el capitalismo, transformó total-
mente la vida de la sociedad, en Europa y otras partes del mundo,
con sus máquinas y empresas a las que atrajo a masas de obreros,
en número cada vez mayor, para hacerlas funcionar y producir las
mercancías destinadas a un mercado que la producción retropro-
pulsaba.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
8
La explotación y miseria de los trabajadores en Alemania, en
la primera mitad del siglo XIX, por efecto del capitalismo emer-
gente, impresionaron a Marx, siendo aún un joven universitario,
estudioso de las ideas con las que Hegel había explicado la evolu-
ción del espíritu. Poco después, aplicando esas ideas a la realidad
social, comenzó a ver claramente cómo se conforma la sociedad y
por qué cambia desde que los hombres existen, y llegó a la conclu-
sión de que los filósofos se habían limitado a tentar una explicación
del mundo, pero de lo que se trataba, en adelante, era de transfor-
marlo.
El análisis de la constitución de la sociedad llevó a Marx a la
definición de la estructura y sus superestructuras (que examino en
el Capítulo III) y, de allí pasó a estudiar el capitalismo y al descu-
brimiento de la manera cómo el trabajo crea el valor o la riqueza
de la sociedad (tema que expongo en el Capítulo IV).
Finalmente, ingreso a considerar cómo encararon sus segui-
dores ideológicos y políticos el cambio de la sociedad capitalista
para tratar de llevarla al socialismo y las razones por las cuales no
tuvieron éxito (Capítulo V).
De este examen emerge como conclusión que, aunque los ca-
racteres esenciales de la sociedad capitalista subsisten, su evolu-
ción ha hecho surgir otros ante los cuales quienes asumen el mar-
xismo, como método de análisis e interpretación de la evolución
social, deberían proponer nuevos planteamientos de cambio.
Por la necesidad de precisar el pensamiento de Marx, cito, por
lo general largamente, los párrafos de sus libros relativos a cada
tema, y, para constatar su aplicación, he procurado, en cada caso,
contrastarlos con los hechos históricos inherentes a ellos.
Lima, octubre de 2020.
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DE
MARXISMO
9
Capítulo I
LA FORMACIÓN DE MARX1
La teoría de Carlos Marx se formó desde sus años universita-
rios en Berlín, en la década del cuarenta del siglo XIX. Al comenzar
la siguiente estaba casi totalmente desarrollada. No es una teoría
destinada a quedarse en los anaqueles de las bibliotecas, sino a
explicar cómo evolucionan la sociedad y la naturaleza, confrontán-
dose permanentemente con los hechos que acaecen todos los días.
No obstante los años transcurridos y los cambios en el mundo
desde ese momento ya lejano, la teoría de Marx sigue en vigencia.
No solo eso; continúa influyendo a las generaciones de numerosos
pensadores y llevando a gran parte de los trabajadores a la acción
para alcanzar mejores condiciones de vida y llegar a una nueva
sociedad sin explotación. Los derechos sociales no hubieran sido
posibles sin la teoría de Marx.2
En las páginas que siguen veremos cómo comenzó a ser cons-
truida esa teoría.
a) Origen familiar
Carlos Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Trier (Tréveris en
castellano), una pequeña ciudad a orillas del río Mosela de la Re-
nania, región alemana situada en la margen derecha del río Rhin.3
1 Los datos biográficos de este capítulo proceden de: FRIEDRICH-EBERT-
STIFFUNG, Karl Marx, Trier, Bonn, Karl Marx Haus, 2007; FRANZ MEHRING,
Carlos Marx, Historia de su vida, Barcelona, Ed. Grijalbo, 1984, traducción
de Wenceslao Roces; Wikipedia. Las otras fuentes son indicadas por separado.
2 El profesor de Relaciones Industriales en la London Economic School, RI-
CHARD HYMAN dijo: “en un mundo que cambia constantemente y donde las
ideas tradicionales se vuelven obsoletas […] el poder y la contundencia de las
teorías que Marx desarrolló no solo influencian profundamente a las sucesi-
vas generaciones de pensadores, sino, lo más, importante, mueven a los hom-
bres a la acción.” Industrial Relations, A Marxist Introduction, London, The
Macmillan Press Ltd., 1979, pág. 3.
3 La casa donde vino al mundo Carlos Marx sigue en pie tal como era entonces.
Está en la Buckenstrasse nº 10. Hay en Trier otros sitios históricos, como la
Porta Nigra, una antigua construcción romana, y algunos palacios, pero, de
lejos, son menos importantes que esta casa adquirida por la familia Marx. En
1928 la compró el Partido Socialdemócrata Alemán. Los nazis la confiscaron
e hicieron de ella uno de sus locales. En 1968 fue integrada al patrimonio de
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DE
MARXISMO
10
Su padre, Herschel Mordecai Marx, fue hijo del rabino de esta
ciudad quien, a su vez, descendía de rabinos, y su madre, Hen-
rietta Pressburg, hija de un rabino neerlandés, perteneciente a
una familia de exitosos comerciantes, cuyos descendientes funda-
rían décadas después la empresa Philips.
Desde que Napoleón Bonaparte ocupara Prusia tras ganar la
batalla de Jena, el 13 y 14 de octubre de 1806, la Renania quedó
bajo el dominio francés y, en consecuencia, a sus habitantes les
fueron extendidos los derechos proclamados por la Declaración de
Derechos Humanos de 1789 y el Código Civil, y la propiedad feudal
fue afectada. Fue por eso que cuando Napoleón y las tropas fran-
cesas entraron en Berlín luego de aquella victoria, el pueblo los
aclamó como libertadores4 y en numerosos intelectuales alemanes
eclosionó un sentimiento de renovación. Correlativamente, los ju-
díos de este territorio, a quienes las iglesias católica y protestante
habían perseguido ferozmente por siglos, alcanzaron el derecho de
ciudadanía. Ya lo tenían en Estados Unidos desde el nacimiento
de esta república, a cuya fundación habían contribuido como sus
otros ciudadanos.
Cuando la Renania le fue entregada a Prusia por el Congreso
de Viena, en junio de 1815, luego de la derrota de Napoleón en
Waterloo, este país impuso su autoritarismo y legislación, restrin-
gió las libertades y privó de la ciudadanía a los judíos, aunque de-
jándoles la posibilidad de recuperarla si se convertían a las religio-
nes protestante o católica.5 El padre de Marx, quien ya era por en-
tonces abogado y participaba de las ideas revolucionarias france-
sas, se había alejado de la religión judía. Formaba parte de la So-
ciedad del Casino de Tréveris, un club de intelectuales creado en
1816 para difundir esas ideas y que ejerció una gran influencia.
Estaba casado y sus hijos, que serían nueve, comenzaron a llegar.
Tenía una casa y unos campos de viña, y sus hijos habían tenido
que recibir las clases de educación primaria en la casa impartidas
la Fundación Friedrich Ebert y convertida en un museo en el cual se muestra
la trayectoria vital de Carlos Marx y una parte de la historia del movimiento
socialista que él instituyera.
4 HILAIRE BELLOC, Napoleón, Buenos Aires, Edit. Sudamericana, 1961, pág.
237.
5 En el Congreso de Viena, celebrado entre setiembre de 1814 y junio de 1815,
las cuatro potencias monárquicas que habían derrotado a Francia gobernada
por Napoleón: Austria, Inglaterra, Rusia y Prusia, se redistribuyeron Europa.
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DE
MARXISMO
11
por profesores particulares. Era evidente que sin ciudadanía su si-
tuación familiar se habría tornado más crítica aún. Finalmente, en
1824, cuando su segundo hijo Carlos tenía seis años, se convirtió
al protestantismo, la religión oficial del Estado prusiano, adop-
tando el nombre de Heinrich, y pudo continuar ejerciendo su pro-
fesión de abogado.
No es posible afirmar que por esta conversión los hábitos so-
ciales de su familia, formados en milenios de tradición y práctica,
incluida la lengua yiddish, desaparecieran súbitamente.6
El repudio a la discriminación ha sido un rasgo de la colecti-
vidad judía, y ha llevado a muchos de sus miembros a empeñarse
en la lucha por erradicarla, inducidos por la convicción de que la
opresión que sufrían era parte de un sistema general que padecían
todos los que no admitían la indignidad de la sumisión ante la ar-
bitrariedad y la explotación. Y esa ha sido la causa principal de
que numerosos intelectuales y trabajadores judíos adoptasen la
ideología socialista y se convirtiesen en sus líderes más destacados
desde mediados del siglo XIX. Fueron judíos la mayor parte de los
núcleos centrales de la Socialdemocracia, del Menchevismo y del
Bolchevismo y de otros movimientos políticos libertarios.7 Un mo-
6 Carlos Marx ha seguido siendo considerado judío, a pesar de su rechazo a
toda religión y a la adopción del materialismo como la base de su filosofía.
Está entre las grandes personalidades judías más influyentes en la historia
de la humanidad: colección Grandes civilizaciones de la historia, 10 El Pueblo
Hebreo, Barcelona, 2008; en el National Museum of American Jewish History
de Filadelfia hay una fotografía de Carlos Marx de gran tamaño y en un sitio
destacado.
7 En la casa donde vivió Trotsky en Coyoacán, México, hay un cuadro con las
fotografías de los miembros del Comité Central del Partido Bolchevique
cuando hicieron la revolución de noviembre de 1917 en Rusia. Eran veinti-
cuatro, de los cuales ocho judíos, todos ejecutados por orden de Stalin, con
otros cinco de ese comité, tras los procesos de 1936 y 1938, excepto Trotsky,
también judío, a quien hizo asesinar en agosto de 1940 en su casa de Coyoacán
(https://www.marxists.org/subject/bolsheviks/index.htm). Stalin temía que le
sacudieran el piso en las células del partido y lo removieran de su cargo en
algún congreso. Su antisemitismo, de recóndita raíz religiosa, se manifestó en
otras oportunidades, como la noche del 12 al 13 de agosto de 1952, cuando
hizo fusilar a trece poetas y otros intelectuales judíos probadamente antifas-
cistas que cultivaban la literatura yiddish, luego de tenerlos presos seis años.
Siguió el encarcelamiento de decenas de médicos judíos en enero de 1953 y su
proyectada ejecución que no se efectuó por la muerte de Stalin el 5 de marzo
de 1953. Esas matanzas y persecuciones fueron reveladas por Nikita
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DE
MARXISMO
12
vimiento propio de los judíos socialistas fue el Bund (Unión Gene-
ral de Trabajadores Judíos), constituido en octubre de 1897 para
la unificación de los trabajadores judíos del Imperio ruso y que
formó parte del Partido Socialdemócrata de Rusia. Sin el concurso
de estos intelectuales y trabajadores judíos es posible que el movi-
miento socialista no hubiese existido. Sin embargo, desde fines del
siglo XIX, la mayoría de intelectuales judíos prefirió incorporarse
a las filas de la causa sionista, impulsada por Theodor Herzl con
su llamamiento Der Judenstaat (El Estado judío), luego de la ola
de antisemitismo provocada por el affaire Dreyfuss en Francia. Se
impusieron como propósito y destino volver a la tierra prometida,
de la que el emperador romano Tito había expulsado a los judíos
en el año 70, y terminar con la diáspora o su dispersión en el
mundo.8
La ciudadanía les fue siendo conferida a los judíos en varios
países europeos en la segunda mitad del siglo XIX.
A los 12 años Carlos Marx fue inscrito en la Escuela de Gra-
mática de Tréveris, un colegio particular con profesores en su ma-
yor parte influidos por el Iluminismo francés. Aprobó el abitur o
bachillerato en 1835, a los 17 años, y estuvo apto para ingresar a
la universidad. En este colegio estudiaba también Jenny von West-
phallen, cuyo padre era un barón monárquico que se había que-
dado sin fortuna. Jenny y Carlos se enamoraron en secreto.
b) Los años universitarios
Carlos fue enviado por su padre a la Universidad de Bonn
para estudiar Derecho. Permaneció allí un año, pero más que es-
tudiando, escribiendo poemas románticos como otros jóvenes de su
generación y seducido por la bohemia. Al constatarlo, su padre lo
Jrushchov en su famoso informe de 1956. Lamentablemente, el antijudaísmo
de Stalin ha dejado herederos.
8 BEN-GOURION, Israel, années de lutte, Paris, Flammarion, 1964, pág. 6. A
principios del siglo XX un grupo de trabajadores sionistas rusos fundó en Is-
rael el movimiento Obreros de Sión. Estos trabajadores constituyeron, en
1920, la Histadrut (Federación General de Trabajadores de la Tierra de Is-
rael). Ben-Gourion fue su secretario general desde 1921 hasta 1935.
https://diariojudio.com/opinion/homenaje-al-movimiento-obrero-judio-el-
bund-y-el-movimiento-obrero-israeli/108380/ Los kibbutz o comunidades co-
lectivas agrícolas establecidas en Palestina desde comienzos del siglo XX fue-
ron organizadas por la necesidad de subsistir por colonos imbuidos de ideolo-
gía socialista. H. DARIN-DRABKIN, La otra sociedad, México, FCE, 1968.
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DE
MARXISMO
13
trasladó a la Universidad de Berlín, donde siguió Filosofía, aunque
sin dejar el Derecho para contentarlo.
La Universidad de Berlín había sido refundada en 1810 y ga-
nado desde entonces importancia y prestigio, lo que atraía a nu-
merosos jóvenes, en su mayor parte de la burguesía naciente. En
la cátedra de Filosofía seguían reinando las ideas de Georg
Wilhelm Friedrich Hegel, quien había fallecido en noviembre de
1831. Este filósofo había descubierto la dialéctica como el principio
motor de las ideas y la historia, con lo cual la Filosofía alcanzó un
nivel muy elevado en Alemania. A pesar de la expresión oscura y
complicada de sus obras –principalmente Ciencia de la Lógica, Fe-
nomenología del Espíritu y Elementos de Filosofía del Derecho–,
que los catedráticos repetían con autoritaria disciplina prusiana,
sus ideas eran seguidas con unción y respeto. Frente a ellos, cali-
ficados como hegelianos de derecha, un grupo de estudiantes cons-
tituyó la tendencia que se denominó hegelianos de izquierda o
Club de los Doctores, entre los cuales estaba Carlos Marx. Se
reunían en algunas tabernas y sus discusiones sobre Hegel y la
crítica del Estado y del derecho alcanzaron gran resonancia en la
ciudad.
En adelante, Marx continuó solo por su camino de crítica y
creación conceptual y, al terminar su tesis doctoral, decidió no re-
cibirse en la Universidad de Berlín por la animadversión de sus
catedráticos. Lo hizo en 1841 en la Universidad de Jena, donde
enseñaban los más prestigiosos filósofos alemanes, aunque de ten-
dencia más liberal. Había titulado su tesis Diferencias entre la fi-
losofía natural de Demócrito y la filosofía natural de Epicuro, y en
ella reproducía aún la concepción esencial de Hegel, según la cual
la fuerza propulsora de la historia era la autoconciencia del hom-
bre.9 Tenía 23 años.
c) El joven Marx
Como las posibilidades de ingresar a la carrera académica se
le habían cerrado, Carlos Marx se orientó hacia el periodismo. Ha-
lló trabajo en la revista Rheinische Zeitung (Gaceta del Rhin) de
asuntos económicos y políticos que un grupo de industriales libe-
rales comenzó a editar en Colonia. La Renania, situada a ambos
lados del río Rhin, era por entonces el territorio con la industria
9 Historia de la Filosofía, Moscú, Editorial Progreso, 1983, tomo II, pág. 14.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
14
más desarrollada de los estados alemanes. Pero al gobierno de Pru-
sia no le agradó el sesgo del periódico y, a pedido del zar de Rusia
por un artículo que lo criticaba, lo clausuró en la primavera de
1843. Como diría más tarde Marx, escribiendo para esta revista,
comenzó a interesarse en la Economía Política.
Desde la década del treinta del siglo XIX y gracias al impulso
de la Revolución de Francia de 1830, en los estados alemanes se
comenzó a escribir panfletos y libros que daban a conocer las doc-
trinas de los socialistas utópicos franceses e ingleses: Fourier,
Saint Simón, Louis Blanc, Owen, y del anarquista Proudhon. El
más destacado de los escritores alemanes de esta “literatura so-
cial” era Wilhelm Weitling, quien predicada el “verdadero socia-
lismo”.
En la década del cuarenta, Berlín, capital del imperio pru-
siano, registraba una población de unos 400,000 habitantes, de los
cuales casi la mitad eran familias obreras, cuya presencia respon-
día al desarrollo del capitalismo impulsado por la revolución in-
dustrial, como en otros estados alemanes.
La tremenda explotación de los obreros atraía la atención de
muchos intelectuales de la pequeña burguesía e incluso de la bur-
guesía.
Pero, la elaboración ideológica de algunos pensadores se orien-
taba también a combatir la religión que continuaba asida al poder
político y cogobernaba los estados alemanes. Hegel mismo, cuyo
pensamiento coronaba la Filosofía, hacía depender cuanto existía
de Dios.
En 1830, Ludwig Feuerbach se lanzó resueltamente contra la
religión con su libro publicado anónimamente Pensamientos sobre
la muerte y la inmortalidad en el cual afirmó que el individuo es
mortal y perecedero y que solo el género humano es inmortal. La
policía no tardó en descubrir a su autor, ayudada por algunas de-
laciones, lo acusaron de ateo y expulsaron de la Universidad de
Erlangen, donde enseñaba. Pero, Feuerbach no se desalentó, y en
1841, publicó su libro La esencia del Cristianismo, un alegato más
sólido a favor del materialismo. De él dijo Engels “Solo habiendo
vivido la fuerza liberadora de este libro, podemos formarnos una
idea de ella. El entusiasmo fue general: al momento todos nos con-
vertimos en feuerbachianos.” Abram M. Deborin añadió: “El entu-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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siasmo con que Marx acogió la nueva concepción y la gran influen-
cia que sobre él tuvo (a pesar de todas sus reservas críticas) pode-
mos advertirlo en La Sagrada Familia.”10
En junio de 1843, Carlos Marx y Jenny se casaron en Bad
Kreuznach. Solo los acompañaron la madre de Jenny, Edgard, her-
mano de esta y los testigos. Los padres de ambos ya habían falle-
cido.
En la segunda mitad de ese año, Carlos y Jenny se trasladaron
a París, considerada la capital cultural y del socialismo de Europa,
donde vivían numerosos intelectuales alemanes exiliados, entre
los cuales destacaban Arnold Ruge, Georg Herwegh, Moses Hess y
Heinrich Heine. Vivía también allí el ruso Mikail Bakunin, y ya
había alcanzado gran prestigio el francés Pierre-Joseph Proudhon.
Arnold Ruge le dio trabajo a Marx como coeditor de la revista
Anales Franco-Alemanes para la difusión de la crítica a la socie-
dad capitalista y las ideas socialistas. Solo salió un número, en
febrero de 1844. Los varios cientos de ejemplares enviados a los
estados alemanes fueron confiscados, y el gobierno de Prusia emi-
tió una orden de detención contra Ruge y Marx.11 De nuevo Marx
perdía el trabajo en momentos en que nacía su primera hija Jenny.
Marx continuó elaborando su pensamiento filosófico y socioló-
gico, estudiando y escribiendo sin cesar. Su condición de judío en
la sociedad alemana, que mantenía la discriminación contra los
judíos, le daba una aguda percepción de la causa de la ausencia de
libertad política en la Prusia autoritaria del káiser, influida por
los terratenientes y dominada por la religión, contra la intelectua-
lidad burguesa y otros estratos de la sociedad a los cuales él dirigía
su atención y entre los que se hallaba el naciente proletariado. Es-
taba ya claro para él que el primer paso hacia el cambio de esta
situación debía ser una revolución ideológica que se construiría al
calor de un debate que solo podía ser de oposición dialéctica.
En febrero de 1844, Marx publicó en los Anales Franco-Pru-
sianos su trabajo Sobre la cuestión judía, en respuesta al artículo
10 Cita de Engels por ABRAM M. DEBORIN, Las doctrinas político-sociales de la
época moderna, capítulo XII El materialismo y el humanismo de Ludwig Feu-
erbach (1804-1872), Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos, 1968, pág. 355.
11 Desde el Congreso de Viena, los estados alemanes, de los cuales el más
grande era Prusia, estaban reunidos en una confederación sin perder su au-
tonomía. Austria, de composición germana, abarcaba Hungría, los países bal-
cánicos y se extendía hasta Rusia por el Este y el Imperio Otomano por el Sur.
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DE
MARXISMO
16
de Bruno Bauer, un hegeliano de izquierda, publicado el año ante-
rior con el título La cuestión judía. En este Bauer había sostenido
que los judíos debían abandonar el judaísmo si querían la emanci-
pación política, es decir obtener la ciudadanía alemana. Marx co-
mentó en ese trabajo: “La emancipación política del judío, del cris-
tiano, del hombre religioso en general, es la emancipación del Es-
tado del judaísmo, del cristianismo y en general de la religión. Bajo
su forma, a la manera que es peculiar a su esencia, como Estado,
el Estado se emancipa de la religión al emanciparse de la religión
de Estado, es decir, cuando el Estado como tal Estado no profesa
ninguna religión, cuando el Estado se profesa más bien como tal
Estado.”12
Ese año, siguió otro largo artículo, también en los Anales
Franco-Prusianos, sobre un tema conexo con el anterior al que dio
como título: Para una crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.
Introducción, con el que dio otro paso hacia la modelación de una
nueva teoría.
Comenzó afirmando: “El fundamento de la crítica de la reli-
gión es: el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre.
[…] La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de
ánimo de un mundo sin corazón porque es el espíritu de los estados
de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo. […]
La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle
de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad.”13 “Se
trata de no conceder a los alemanes ni un solo instante de ilusión
y resignación. Hay que hacer la opresión real todavía más opre-
siva, añadiendo a aquella la conciencia de la opresión, haciendo la
infamia todavía más infamante, al pregonarla. […] Hay que ense-
ñar al pueblo a asustarse de sí mismo, para infundirle coraje. […]
La lucha contra el presente político alemán es la lucha contra el
pasado de los pueblos modernos.”14
Esa era, para Marx, una tarea de la Filosofía. Decía, por eso,
a continuación: “La crítica de la filosofía alemana del derecho y del
estado, que ha encontrado en Hegel su expresión última, su ver-
sión más consecuente y la más rica, es ambas cosas a la vez, tanto
12 Sobre la cuestión judía, en el libro La Sagrada familia y otros escritos filo-
sóficos de la primera época por Carlos Marx y Federico Engels, México, Edit.
Grijalbo, 1967, traducción por Wenceslao Roces, pág. 21.
13 En el libro La Sagrada familia y otros escritos filosóficos de la primera
época, cit., pág. 3, 6.
14 Ob. cit., pág. 6.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
17
el análisis crítico del Estado moderno y de la realidad que con él
guarda relación como la resuelta negación de todo el modo anterior
de la conciencia política y jurídica alemana, cuya expresión más
noble, más universal, elevada a ciencia, es precisamente la misma
filosofía especulativa del derecho.”15
“Nos preguntamos: ¿puede llegar Alemania a una práctica à
la hauteur des principes, es decir, a una revolución que la eleve, no
solo al nivel oficial de los pueblos modernos, sino a la altura hu-
mana que habrá de ser el futuro inmediato de estos pueblos? Es
cierto que el arma de la crítica no puede sustituir la crítica por las
armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del
poder material, pero también la teoría se convierte en poder mate-
rial, tan pronto como se apodera de las masas.”16 Luego Marx se
preguntaba: “¿Dónde reside, pues, la posibilidad positiva de la
emancipación alemana?” Y respondía, finalizando: “En Alemania
no puede abatirse ningún tipo de servidumbre, sin abatir todo tipo
de servidumbre. La meticulosa Alemania no puede revolucionar
sin revolucionar desde el fundamento mismo. La emancipación del
alemán es la emancipación del hombre. La cabeza de esta emanci-
pación es la Filosofía, su corazón el proletariado.”17
En 1844, Marx escribió también un extenso trabajo conocido
como Manuscritos económicos y filosóficos, de los cuales los dos pri-
meros tratan del salario, el capital y el trabajo enajenado, y el ter-
cero es una crítica de la dialéctica hegeliana y de la filosofía de
Hegel en general. En este estudio, partiendo de las nociones de la
filosofía de Hegel, se introdujo en el examen de la economía, la si-
tuación del proletariado y la separación de este del fruto de su tra-
bajo.18 Tenía 26 años. Era el “joven Marx” que comenzaba a ver en
la economía y la historia de la sociedad la base real del pensa-
miento y la evolución social. No era ese, sin embargo, su pensa-
miento último, al que se llamaría después marxismo.
Erich Fromm ha querido ver en esos Manuscritos un pensa-
miento de Marx definitivamente elaborado y distinto de su pensa-
miento posterior. Se preguntaba: “Cuál es la esencia del pensa-
miento de Marx y del socialismo marxista? Es desconcertante
15 Ob. cit., pág. 9.
16 Ob. cit., págs. 9, 10.
17 Ob. cit., pág. 15.
18 Fue dado a conocer con las Obras Completas de Marx y Engels, publicadas
en Berlín en 1932.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
18
hasta qué punto la teoría de Marx se falsifica no solo por los igno-
rantes sino también por muchos que podrían y deberían conocerlo
mejor.”19 Añadía: “Los conceptos de Marx tienen sus raíces en el
mesianismo profético, en el individualismo del Renacimiento y en
el humanismo de la Ilustración. La filosofía subyacente en sus con-
ceptos es la del individuo activo, productor, vinculado a su mundo,
una filosofía de la cual los nombres de Spinoza, Goethe y Hegel son
los más representativos.”20 Fromm no se tomó el trabajo de infor-
marse sobre el pensamiento de Marx posterior a los Manuscritos,
ni de probar sus otras afirmaciones.
Louis Althusser ha señalado que en la construcción del pen-
samiento de Marx hay una “ruptura”, o un momento a partir del
cual su pensamiento pasa a ser declaradamente materialista dia-
léctico o marxista. Althusser dijo “Permítaseme resumir aquí, en
forma muy somera, algunos resultados de un estudio que duró lar-
gos años, y del que los textos que publico no son sino testigos par-
ciales.” Uno de esos resultados fue el siguiente: “Esta «ruptura
epistemológica» concierne, al mismo tiempo, a dos disciplinas teó-
ricas diferentes. Fundando la teoría de la historia (materialismo
histórico), Marx, en un solo y mismo movimiento, rompió con su
conciencia filosófica anterior y fundó una nueva filosofía (materia-
lismo dialéctico). Utilizo aquí voluntariamente la terminología
consagrada por el uso (materialismo histórico, materialismo dia-
léctico), para señalar esta doble fundación en una sola ruptura.”21
Luego, Althusser propuso la clasificación siguiente de la evo-
lución del pensamiento de Marx:
“1840-1844: Obras de la juventud.
1845: Obras de la ruptura.
1845-1857: Obras de la maduración.
1857-1883: Obras de la madurez.”22
En los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Marx re-
vela su apartamiento del idealismo y su acercamiento a la econo-
mía, principalmente a la situación del obrero, al trabajo enajenado
de este, al salario y al capital. Pero, en comparación con las ideas
19 ¿Podrá sobrevivir el hombre?, Buenos Aires, Ed. Paidós, 1962, pág. 78.
20 Ob. cit., pág. 82.
21 La revolución teórica de Marx, Buenos Aires, Edit. Siglo XXI, 1968, Prefa-
cio: Hoy, pág. 24; traducción de la versión francesa por Librairie F. Maspero,
1968.
22 Ob. cit., pág. 26.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
19
que expuso luego, las de esos Manuscritos son pensamientos en
formación.
Las constataciones indicadas de Althusser tornan irrelevan-
tes las afirmaciones de un Marx joven más maduro que el Marx
maduro. El pensamiento también evoluciona, por el estudio, las
investigaciones, las nuevas evidencias, los nuevos conceptos que
resultan, además, de la evolución social y de la naturaleza. Incluso,
en la Literatura, los escritores no cesan de corregirse, ni luego de
haber sido publicadas sus obras.
El mismo Marx se encargó de decir en qué momento su pen-
samiento filosófico y económico, como materialismo dialéctico y
materialismo histórico, estuvo ya elaborado.
En el Prólogo a Crítica de la Economía Política (enero de
1859), narró a grandes trazos su evolución ideológica desde sus
primeros pasos por las enseñanzas de Hegel hasta sus descubri-
mientos incluidos en ese libro. Con este relato refutó por antici-
pado a algunos de sus comentaristas posteriores que trataron de
ver una elaboración más importante en sus trabajos previos, los
del joven Marx de la primera etapa. Marx no podía involucionar.
d) El materialismo histórico y la acción
En 1845, Marx era ya un prodigio de creación. Moses Hess dijo
de él: “Es un fenómeno… el más grande –quizás el único genuino–
filósofo de la presente generación. Cuando aparece en público, es-
cribiendo o dando una conferencia, atrae la atención de toda Ale-
mania… Él le dará a la religión medieval y la Filosofía su golpe de
gracia; combina la seriedad filosófica más profunda con el más pe-
netrante ingenio. Imaginen a Rousseau, Voltaire, Holbach, Les-
sing, Heine y Hegel fundidos en una sola persona –digo fundidos,
no yuxtapuestos– y tienen al doctor Marx.”23
El Marx de los años posteriores fue más que eso: una cumbre
excepcional del pensamiento.
En junio de 1844, tuvo lugar el levantamiento de los obreros
tejedores de Silesia a causa del maltrato que recibían en las fábri-
cas. El hecho desencadenante de esta acción espontánea fue el en-
carcelamiento de un obrero que se puso a cantar una canción satí-
rica frente a la casa de un industrial. Siguieron otras huelgas y
23 FRANCIS WHEEN, Karl Marx, London, Fourth Estate, 1999, págs. 36, 37, cit.
por PAUL BLACKLEDGE, Engels vs. Marx?: Two Hundred Years of Frederick
Engels, revista Monthly Review, 1 May 2020, Internet. Moses Hess (1811-
1875) fue un filósofo alemán judío, precursor del socialismo sionista.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
20
protestas en Bohemia y otras ciudades alemanas. En su artículo
La canción de los tejedores, Marx dijo: “el proletariado grita esten-
tórea, resonante, netamente, sin miramientos e imperiosamente,
su contraposición a la sociedad de la propiedad privada. La insu-
rrección de Silesia empieza precisamente por donde los levanta-
mientos obreros franceses e ingleses terminan, con la conciencia
de la esencia del proletariado.”24
En agosto de 1844, Carlos Marx y Federico Engels, hijo de un
industrial alemán copropietario de una fábrica textil en Barmen,
Renania, y otra en Manchester, se encontraron en Paris en una
reunión de intelectuales. Engels, quien se desempeñaba como ayu-
dante de su padre en la administración de la empresa de este y
tenía 24 años, había escrito ya un ensayo sobre política económica
y estaba por publicar su libro La situación de la clase obrera en
Inglaterra, en el que describía la desastrosa situación de esta por
la explotación capitalista. Esta obra se difundió en Alemania.25
Cabe aquí preguntarse sobre las motivaciones de ambos para
entregar sus vidas y actividad al conocimiento de la evolución de
la naturaleza y la sociedad, a la liberación del proletariado de la
explotación capitalista y a tratar de llevar a la sociedad a una si-
tuación de igualdad de recursos y oportunidades y de dignidad
para todos. No eran trabajadores y procedían de familias de vida
holgada o con poder económico. Ambos sabían que al elegir ese ca-
mino se expondrían a una existencia colmada de peligros para su
seguridad, comodidad, ingresos económicos, salud y libertad, como
réplica de las clases dominantes contra quienes osan afectar o tur-
bar su poder económico, político e ideológico. Y lo hacían porque
pertenecían a una minoría ilustrada e inspirada en la moral y la
convicción de que el camino que elegían era el correcto. Sus segui-
dores estarían imbuidos también de motivaciones similares que los
harían resistir las persecuciones, la prisión, las privaciones y la
24 Cit. por ABRAM M. DEBORIN, Las doctrinas político-sociales de la época mo-
derna, Cap. XI La lucha de tendencias en vísperas de la revolución de 1848,
Montevideo, Ed. Pueblos Unidos, 1968, t. II, pág. 344.
25 ERIC J. HOBSBAWM ha dicho de esta obra: “¿Por qué esta nueva traducción
de La situación de la clase obrera en Inglaterra, cuando hay tantas otras obras
escritas por los años 1840? Por tres razones principales: la primera, porque
este libro marca una fecha en la historia del capitalismo y la sociedad indus-
trial moderna; la segunda, porque constituye una etapa en la elaboración del
marxismo, es decir de nuestra comprensión de la sociedad; la tercera, por su
calidad literaria.” Avant-propos a La situation de la clase laborieuse en An-
gleterre, Paris, Éditions Sociales, 1960.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
21
miseria y ofrendar su vida si tal debía ser el precio de su acción.
Con la veracidad de sus enseñanzas, esa fue una de las causas pro-
fundas de la expansión de su movimiento.26
Tras conversar algunos días, Marx y Engels se persuadieron
de que, marchando por caminos similares de búsqueda teórica, ha-
bían coincidido y debían unirse para continuarla, profundizando
los avances que ya había logrado Marx. En adelante, Engels, reco-
nociendo en Marx al maestro, colaboró con él toda su vida.
“Al reunirnos de nuevo en Bruselas en la primavera de 1845
–recordaba Engels–, ya Marx había desarrollado en sus lineamien-
tos fundamentales, partiendo de los fundamentos más arriba se-
ñalados, su concepción materialista de la historia, y nos pusimos a
elaborar en detalle y en las más diversas direcciones la nueva con-
cepción que acababa de ser descubierta.”27 Esta concepción fue el
análisis de la evolución histórica a partir de la actividad econó-
mica, como la base real que sustenta la política, el derecho y la
cultura, y no a la inversa.
Su primer trabajo conjunto fue el libro La Sagrada Familia o
Crítica de la crítica crítica contra Bruno Bauer y consortes, que
escribieron en el verano de 1844 y publicaron en setiembre de ese
año. Son comentarios irónicos a varios escritos de estos con los cua-
les Marx y Engels avanzaban hacia la construcción de una filosofía
materialista.
Luego vino la Ideología Alemana, que comenzaron en seguida
y concluyeron en 1846. En este libro, refutando a Ludwig Andreas
Feuerbach, Bruno Bauer, Max Stirner y otros, dieron cima a la
construcción de su teoría que partía necesariamente del examen
de la realidad social como fuente de las ideas.
“A ninguno de estos filósofos –dijeron– se le ha ocurrido si-
quiera preguntar por el entronque de la filosofía alemana con la
realidad de Alemania, por el entronque de su crítica con el propio
mundo material que la rodea.” “La primera premisa de toda histo-
ria humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos
vivientes. […] Podemos distinguir al hombre de los animales por
la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero el hombre
mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que
comienza a producir sus medios de vida, paso este que se halla
26 Véase La subestructura en el capítulo III de este libro, pág. 74.
27 Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas, octubre de 1885,
estudio incluido en Marx, Engels, Obras Escogidas, Moscú, Editorial Pro-
greso.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
22
condicionado por su organización corporal. Al producir sus medios
de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida mate-
rial.”28
“Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía ale-
mana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de
la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen,
se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado,
pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de
aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que real-
mente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone
también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este
proceso de vida. También las formaciones nebulosas que se con-
densan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias
de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable
y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafí-
sica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a
ellas corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustan-
tividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino
que los hombres que desarrollan su producción material y su in-
tercambio material cambian también, al cambiar esta realidad, su
pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la concien-
cia la que determina la vida, sino la vida la que determina la con-
ciencia.”29
“No ve que el mundo que le rodea no es algo directamente dado
desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino
es el producto de la industria y del estado social, en el sentido de
que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda
una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama so-
bre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y
su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las
nuevas necesidades.”30
Ingresaron luego a determinar las razones de los cambios en
la vida social que identificaron con el desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas, la división del trabajo y el intercambio interior. La divi-
sión del trabajo condujo a la aparición de las relaciones de propie-
dad en la tribu y al surgimiento de la propiedad privada y las cla-
ses sociales.31
28 La ideología alemana, cit., pág. 19.
29 La ideología alemana, cit., pág. 26.
30 La ideología alemana, cit., pág. 47.
31 La ideología alemana, cit., pág. 20.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
23
Mostraron cómo la clase propietaria, al sobreponerse a las de-
más, comenzó a generar su ideología. “Las ideas de la clase domi-
nante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros
términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la so-
ciedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante.”32
En otros términos, la sociedad avanza por su movimiento in-
terior producido por la contradicción entre sí de las clases sociales
que la conforman. Es lo que más tarde se denominaría materia-
lismo histórico.
En La Ideología Alemana hay otro aspecto fundamental a des-
tacar que caracterizaba ya a Marx en sus recientes obras. La cons-
trucción del pensamiento de Marx y Engels resulta de un enfren-
tamiento descarnado y duro con las concepciones de los hegelianos
de izquierda Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer y Max Stirner, y de
los protosocialistas Karl Grün y Georg Kuhlmann. Utilizaban este
método, evidentemente, por la necesidad de limpiar enérgica-
mente el panorama ideológico de teorías consideradas por ellos
erróneas que podían inducir a confusión a quienes quisiesen cono-
cer las causas de la evolución social y prevenirlos sobre la adopción
de decisiones políticas incorrectas. Pero no era solo una actitud de
ellos. Los intelectuales y sobre todo los inclinados a la política, par-
ticularmente en los países alemanes, habían hecho de la polémica
un procedimiento natural para convencer al mayor número posible
sobre la necesidad de sus ideas y llevarlos a la acción. Este afán
polémico se mantuvo en Marx y Engels en adelante, y ha sido imi-
tado por algunos de sus seguidores, aunque la mayor parte sin la
agudeza, elegancia y riqueza de aquellos.
Por las dificultades del editor, La Ideología Alemana no fue
publicada en ese momento. Marx diría más tarde, en el Prólogo a
Crítica de la Economía Política: “Confiamos el manuscrito a la crí-
tica roedora de los ratones, de tanto mejor grado cuanto que ha-
bíamos conseguido ya nuestro propósito fundamental, el cual no
era otro que esclarecer las cosas ante nosotros mismos.” Fue publi-
cada recién en 1932, en Alemania, como el volumen V de las Obras
Completas de Marx y Engels.33
El siguiente paso teórico de Marx consistió en sus comentarios
a las ideas del hegeliano de izquierda Ludwig Feuerbach, quien,
32 La ideología alemana, cit., pág. 51.
33 La versión que cito fue publicada en México en 1974 por Ediciones de Cul-
tura Popular S.A., que reprodujo la de Pueblos Unidos S.A. de 1958, de Uru-
guay. La traducción fue de Wenceslao Roces.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
24
aunque materialista, no ofrecía un pensamiento coherente con la
dialéctica de Hegel. Fueron sus once tesis, publicadas en la prima-
vera de 1845, en la última de las cuales sostuvo: “Los filósofos no
han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero
de lo que se trata es de transformarlo.” Marx había hallado
finalmente el destino de su filosofía.
Unas semanas después, Marx fue expulsado de Francia,
atendiendo a la presión del gobierno de Prusia, y tuvo que
establecerse en Bruselas con su familia. Molesto por la vigilancia
de la policía prusiana, renunció a la nacionalidad de su país, y, en
adelante, vivió sin nacionalidad.
A comienzos de 1846, Marx publicó su libro Miseria de la
Filosofía, como respuesta al libro que había publicado Proudhon
con el título de Filosofía de la Miseria.
Durante los meses siguientes, él y Engels, quien había ido a
vivir también en Bruselas, se vincularon estrechamente con varios
movimientos libertarios y de protesta, de los cuales La Liga de los
Justos, una asociación clandestina de intelectuales y obreros de
varios países europeos, cuya sede estaba en Paris, fue el más
importante. En setiembre de 1847, esta organización pasó a
denominarse la Liga Comunista y estableció su sede en Londres.
Allí fueron invitados Marx y Engels en noviembre de 1847. Pero
solo pudo asistir Engels. Marx no pudo ir por falta de recursos. En
la reunión, se les encomendó la redacción del manifesto programa
de la organización.
Lo terminaron y publicaron en febrero de 1848. Fue el
Manifiesto Comunista, una exposición resumida de su
pensamiento sobre la evolución de la sociedad, definitivamente
configurado, o de lo que se denominó el materialismo histórico.
Comenzaron esta obra con el siguiente párrafo: “Un fantasma
recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de
la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese
fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales
franceses y los polizontes alemanes.”
La alusión a este fantasma emergía como respuesta a los
ataques de los ideólogos de la burguesía contra las manifestaciones
de protesta de la clase obrera y las elaboraciones teóricas de los
socialistas utópicos. Uno de ellos decía: “La influencia inmoral del
paro obrero sobre el populacho convierte a este último en una
furia, un enemigo de todos los pudientes y con ello en enemigo del
Estado. El estamento obrero ha adquirido el poder de un fantasma,
PÁGINAS
DE
MARXISMO
25
eleva actualmente en Alemania los horrores comunistas a la altura
de un ideal, a la altura de la actividad práctica, y de la misma
manera que Roma cayó gracias a los proletarios, ese mismo peligro
amenaza ahora a mi patria.” “Un fantasma terrible y sombrío
recorre las animadas ciudades y las desiertas aldeas de
Alemania…” Otro añadía: “Fantasma sombrío y amenazador”, y la
policía prusiana hacía del “fantasma rojo” su presa mayor.34 No
hay mucha diferencia con las imprecaciones actuales contra ese
fantasma.
Unos días después estalló en Paris, una revolución social
impulsada por intelectuales de la burguesía y de las clases
trabajadoras contra el gobierno monárquico. Apoyada por
revueltas en otras partes de Francia, esta revolución triunfante
estableció la república y erigió un gobierno en el que participaron
algunos socialistas, como Louis Blanc.
Expulsado de Bélgica, Marx se trasladó a París.
De inmediato, la revolución se comunicó a Alemania, Austria
y Hungría. Las manifestaciones populares, con la participación de
la burguesía, se sucedieron en las ciudades más importantes de
estos países y, con más intensidad en Colonia y otras ciudades del
Rhin. En abril de 1848, Marx y Engels se establecieron en Colonia
y, con suscripciones y su propio dinero, comenzaron a publicar la
Nueva Gaceta del Rhin para impulsar una dirección antifeudal y
proletaria de la revolución. Las grandes líneas de esta en
Alemania fueron: sufragio universal, libertad de expresión, prensa
y reunión y la abolición de la conscripción militar obligatoria. Las
detenciones se multiplicaron, pero tuvieron que ser dejadas sin
efecto por la continuación de las manifestaciones. El gobierno
prusiano admitió la celebración de elecciones para la conformación
de un parlamento de los estados alemanes que debía reunirse en
Frankort, pero solo con poderes subordinados al kaiser. Estas
elecciones tuvieron lugar en mayo de 1848. Después, la ola
revolucionaria comenzó a declinar, mientras el gobierno dinástico
se reforzaba.
La Nueva Gaceta del Rhin se publicó desde junio de 1848
hasta mayo de 1849. Luego el gobierno la prohibió y dictó contra
Marx una medida de expulsión por no ser ciudadano prusiano.
34 ABRAHAM M. DEBORIN cita estas expresiones de los autores alemanes,
Klenke y Stein en su libro Las doctrinas político-sociales de la época moderna,
Montevideo, Ed. Pueblos Unidos, 1968, cap. XI, La lucha de tendencias en
vísperas de la revolución de 1848, pág. 351.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
26
Marx tuvo que irse a Paris y, en agosto de ese año, a Londres
adonde se trasladó su familia, en setiembre.
En adelante, vivieron allí, pagando su vida con sus artículos
periodísticos, la ayuda de algunos camaradas, las herencias que
recibió y, a partir de cierto momento, las sumas que regularmente
le suministraba Engels. Tuvo tres hijas: Jenny (1844-1883), ca-
sada con el dirigente socialista francés Charles Longuet; Laura
(1845-1911), casada con el dirigente socialista francés Paul Lafar-
gue; y Eleanor (1855-1898), quien tuvo como compañero al drama-
turgo inglés Edward Aveling.
Marx falleció el 14 de marzo de 1883, a los 64 años. Fue ente-
rrado en el cementerio de Highgate, un barrio al norte de Londres.
Jenny, su esposa, había fallecido el 2 de diciembre de 1881. En
1956, el Partido Comunista de Gran Bretaña hizo colocar sobre su
tumba un busto suyo de gran dimensión, en cuyo pedestal de gra-
nito se escribió: Workers of all land, unite (Trabajadores de todos
los países, uníos), frase final del Manifiesto Comunista; “The phi-
losophers have only interpreted the Word in various ways. The
point however is to change it.” (Los filósofos han interpretado el
mundo de varias maneras. Sin embargo, de lo que se trata es de
cambiarlo), última de las Once tesis de Marx sobre Feuerbach. Es-
tán allí también los restos de su esposa, de su nieto Harry Longuet
y de la trabajadora del hogar alemana Helene Demuth, que los sir-
vió desde su instalación en Londres.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
27
Capítulo II
LA REVOLUCIÓN EN LA FILOSOFÍA
DE CARLOS MARX
a) Grecia y el surgimiento de la Filosofía
Una exposición del pensamiento filosófico de Carlos Marx sin
relacionarlo con sus antecedentes en la Filosofía sería incompleta
y no explicaría su razón de ser.
Prima facie es posible afirmar que el pensamiento filosófico de
Marx cancela el ciclo de la filosofía idealista que había comenzado
con algunos pensadores griegos, seis siglos antes de nuestra era, y
dominaba desde entonces la Filosofía.
En los siglos VII a V a.C. apareció en las ciudades griegas un
grupo de pensadores que abandonaron la explicación de la existen-
cia de las cosas, el mundo y los seres humanos por la voluntad de
dioses que los jerarcas religiosos habían imaginado y se reprodu-
cían en la conciencia de los individuos de generación en genera-
ción. Recién algunos seres humanos se formulaban esas pregun-
tas.35
Eran pensadores pertenecientes o vinculados a la clase de los
propietarios de esclavos, con cuyo trabajo gozaban de una vida hol-
gada y podían dedicarse a la observación, la meditación y el estu-
dio. Sus vecinos de su misma clase los escuchaban por curiosidad
y para entretenerse y, entre ellos, algunos jóvenes, subyugados por
sus ideas, se convirtieron en sus discípulos. Sus enseñanzas, casi
siempre fragmentarias, se han transmitido a través de los escritos
de autores posteriores, salvo en los casos de Platón y Aristóteles
que dejaron libros, en su mayor parte recopilados por sus discípu-
los o seguidores.
35 El espécimen prehumano más antiguo encontrado en un desierto de Tchad
en 2001, al que sus descubridores llamaron Toumaí, existió hace 7 millones
de años. El homo sapiens, la especie del género humano, estuvo formado hace
1’800,000 años y comenzó a hacer instrumentos de producción hace 1,600,000
y unos 100,000 años después descubrió el fuego, con lo cual su alimentación
cambió; mucho después inventó la cerámica y llegó a la fundición de ciertos
metales. LE MONDE, La vie, l’histoire de l’homme, une aventure de 7 millions
d’années. Et après?, Paris, 2017.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
28
Dos temas principales se les plantearon: averiguar qué o cuál
es el origen de las cosas, la naturaleza y los hombres; y determinar
cómo interviene la conciencia en la percepción y explicación del
mundo exterior y de ella misma.
La historia registra a un grupo de esos pensadores, a los que
se llamó luego presocráticos, que se empeñaron en responder la
primera pregunta. A pesar de que sus elucubraciones nos parezcan
hoy elementales y hasta ingenuas no les faltaba razón, puesto que
sus respuestas surgían de constataciones evidentes para el estado
de sus conocimientos. Fueron Tales, Anaximandro, Anaxímenes,
Jenófanes, Heráclito, Pitágoras y otros.36
Tales (624–546 a.C.) vivió en la ciudad de Mileto, una colonia
griega en el Asia Menor (ahora Turquía). Había viajado mucho por
mar como comerciante y se informó de los conocimientos de los
egipcios y fenicios. Es posible suponer que, contemplando la in-
mensidad del mar y los caudales de los ríos y, ponderando la im-
portancia del agua para la existencia de la vida vegetal y animal,
le pareciera del todo normal que el agua fuese el principio de todas
las cosas.
Anaximandro (610–546 a.C.), discípulo de Tales, fue más allá
en su observación de la naturaleza, e infirió que esta consistía en
una sustancia indeterminada, sin límites y eterna a la que llamó
apeyron (en griego: infinito). Esta sustancia, que formaba la tierra,
estuvo envuelta por el agua, el aire y el fuego, y se fue consolidando
como una corteza; más tarde, aparecieron en ella los seres huma-
nos, inicialmente como peces.
Anaximenes (582–524 a.C.), también de Mileto, propuso otra
teoría, según la cual el aire es el elemento originario de todo, se
convierte en fuego y este en tierra, sin perder su existencia. El aire
crea la vida y entra en la conformación de la conciencia como há-
lito.
Al ser Mileto conquistada y casi destruida por los persas (al-
rededor del 500 a.C.), perdió su libertad intelectual. La Filosofía
continuó entonces en otras ciudades griegas, una de las cuales fue
Elea, situada en Sicilia, al sur de Italia.
De aquí fue Jenófanes (580–475 a.C.) quien avanzó a una con-
cepción más abstracta del mundo exterior. Para él este era único y
36 ARISTÓTELES se ha referido a ellos en Metafísica, Madrid, Edit. Sarpe,1985,
Libro Primero; Historia de la Filosofía, Moscú, Ed. Progreso, 1983, T. I, pág.
55; Manuel GARCÍA MORENTE, Lecciones Preliminares de Filosofía, México,
Edit. Diana, 1963; Wikipedia, Internet.
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MARXISMO
29
eterno; era Dios y de él derivaba todo lo existente; las estrellas
surgían de nubes inflamadas que se encendían de noche y apaga-
ban de día, y lo que existió inicialmente en la tierra –como planeta,
se diría mucho después– fue tierra y agua mezclados como lodo del
que nacieron los hombres.
Uno de los más grandes y trascendentes filósofos de esta época
fue Heráclito (530–470 a.C.), quien vivió en la ciudad griega de
Éfeso situada en el Asia Menor (ahora Turquía). Para él la sustan-
cia originaria de todo era el fuego, pero con una característica: al
convertirse en naturaleza entró en un proceso ininterrumpido de
cambio, de manera que las cosas se convertían en lo contrario de
lo que habían sido: por ejemplo, el frío en cálido y lo húmedo en
seco, y a la inversa, cambio que era una lucha por la cual una cosa
era y dejaba de ser para convertirse en otra. Esto equivalía a decir
que el ser, término que designó luego a todo lo existente, pasaba a
no ser, en un proceso continuo y eterno que es el devenir.37 Él
mismo graficó su teoría con la siguiente frase: el hombre nunca se
baña dos veces en las aguas del mismo río.38
La preocupación por el mundo mental había ya atraído la
atención de Protágoras (485–411 a.C.), quien había dicho: el hom-
bre es la medida de todas las cosas, frase que podría interpretarse
como que cada ser humano tiene frente a sí al mundo, del cual for-
man parte los otros seres humanos y la naturaleza. Todo lo que el
ser humano percibe pasa por su mente, lo considera, evalúa y de-
cide. En otros términos, el mundo es la realidad de cada ser hu-
mano y termina cuando este muere.
Pero el interés por averiguar cómo funciona la mente, que di-
ferenciaba a la especie humana de los demás animales, continuó.
Por primera vez algunos hombres se propusieron conocer su inte-
lecto, sus elementos y la manera cómo les servían para aprender y
actuar.
37 ARISTÓTELES decía de Heráclito que para él “todas las cosas sensibles están
sometidas a un flujo perpetuo”, Metafísica, cit., Libro primero, VI.
38 Para Heráclito, ningún dios u hombre creó el cosmos. HANNAH ARENDT ha
escrito: “Heráclito lo dice magníficamente en el fragmento 30 (Diels); en
efecto, este orden cósmico de todas las cosas «sin cesar ha sido, es y será –el
fuego, siempre vivo, que se enciende según las medidas y se apaga según las
medidas» trad. J. Beaufret, art «Heraclite» en Les Philosophes célébres,
Mazenod, 1956.” La crise de la culture, Paris, Ed. Gallimard, 1972, 1989, pág.
361.
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MARXISMO
30
Desde ese momento, la humanidad tardaría más dos milenios
en saber con bastante exactitud qué es la mente y cuál es el resul-
tado de la evolución de la especie humana desde su formación. El
descubrimiento y el uso de nuevos instrumentos de producción y
la vida en sociedad, multiplicaron las representaciones de los ob-
jetos y hechos exteriores en la mente e hicieron evolucionar el ra-
ciocinio.
Esas representaciones mentales son: a) las captaciones del
mundo exterior percibidas por los sentidos, que pueden ser más o
menos exactas, según el grado de atención y los hábitos de obser-
vación de los sujetos, y se almacenan como datos de la memoria; es
lo que el ser humano ve, palpa, oye, gusta y olfatea; b) los concep-
tos, que son unidades de representación del mundo exterior más
abstractas, indicativas de las cosas y los hechos y de sus relaciones,
a partir de sus caracteres comunes o repetidos y con una extensión
que va de lo particular a lo universal (padre, peruano, latinoame-
ricano, americano, ser humano); y c) las fantasías creadas volun-
tariamente o generadas en el sueño.
Con los conceptos la mente construye el juicio, que se integra
por un sujeto, una cópula y un predicado, para afirmar o negar
algo de alguien o de alguna cosa. La elaboración de los conceptos y
juicios es el pensar y su resultado el pensamiento. Los conceptos
se exteriorizan o enuncian como palabras de cada idioma, y los jui-
cios como oraciones. De la estructura y la dinámica de los concep-
tos y los juicios se ocupa la lógica, y de la estructura y la dinámica
de las oraciones en cada idioma la gramática.
Uno de los primeros y enormes pasos hacia el conocimiento y
las posibilidades de la mente fue dado por Pitágoras (569–475 a.C),
quien vivió en Samos y Crotona, aunque, tal vez, sin proponerse
arribar a este resultado. Su contribución fue el descubrimiento de
los números y las figuras geométricas como entidades abstractas
que podían proyectarse a la realidad exterior. Relacionando los nú-
meros entre sí y con las figuras geométricas fue inventando opera-
ciones que se tornaron cada vez más complejas. No eran aún solu-
ciones de problemas, puesto que estos se plantearían recién luego
de proponerse ciertas situaciones. Estaba inventando operaciones
con los nuevos conceptos numéricos y geométricos que creaba,
hasta que se le ocurrió que todo en el mundo exterior podía ser
reducido a números, de donde obtuvo como una conclusión que el
origen del mundo era el número. En esta búsqueda y con sus in-
venciones y descubrimientos parecía normal que incurriera en
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DE
MARXISMO
31
errores, como la creencia de que los números tenían personalidad
y fueran masculinos y femeninos, bellos o feos, perfectos o imper-
fectos, y que tuviesen sus contrarios. Para él, por ejemplo, el nú-
mero 10 era el mejor, porque contenía los cuatro primeros que su-
mados daban 10 (1 + 2 + 3 + 4 = 10). Muchas de sus ingeniosas
figuras geométricas fueron la proyección de series de números. Di-
vidiendo una cuerda tensa de metal o tripa de animal seca en va-
rios segmentos y tocándolos llegó al conocimiento de la escala mu-
sical. Una de las invenciones que se le atribuyen fue el teorema
que lleva su nombre (la suma de los cuadrados de los lados de un
triángulo recto es igual al cuadrado de la hipotenusa). Aunque este
cálculo fuera ya utilizado por los babilonios mucho antes, él lo sis-
tematizó y probó. El cuadrado de un número no era aún una rela-
ción aritmética, sino una figura geométrica, en la cual, siendo los
lados iguales, denotaban la igualdad de los iguales; en los cuadra-
dos de otras medidas había otra igualdad.
Se puede suponer que la abstracción a la que Pitágoras había
llegado fue para los profanos por demás ininteligible. Quizás por
esto a sus discípulos –los matematekoi– los reunió en un círculo
cerrado en el que solo ellos estaban al tanto del nuevo campo del
conocimiento que habían creado y que solo ellos podían hacerlo
avanzar, un grupo de costumbres austeras, vegetariano y jura-
mentado en el secreto. Con ellos, y por primera vez en la historia
de la humanidad, se abrió camino el mundo abstracto de las mate-
máticas. Más de dos milenios después casi todas las ciencias po-
dían expresar sus operaciones y actividades con fórmulas numéri-
cas, y en la segunda mitad del siglo XX, la revolución de la infor-
mática fue posible por la invención de algoritmos, u operaciones
matemáticas, basadas en la combinación de los números 1 y 0, po-
sitivo y negativo o sistema binario, por lo cual a esta revolución se
le denomina también numérica.
Parménides (530 o 540 a.C.) quien vivió en Elea, ciudad griega
del sur de Italia, se lanzó también a la búsqueda de la mente, sus
elementos y posibilidades. Expuso su pensamiento central en un
poema cuyos fragmentos han permitido reconstruirlo en gran
parte.
De entrada, a Parménides le pareció absurdo que las cosas
fueran y dejaran de ser, como había dicho Heráclito; y sostuvo, al
contrario, que las cosas solo podían ser lo que eran, es decir idén-
ticas a sí mismas, afirmación que condujo al principio de no con-
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MARXISMO
32
tradicción de la lógica de Aristóteles. Más aún, Parménides consi-
deró al mundo sensible, es decir, el mundo exterior a la mente
como ininteligible, puesto que los sentidos a través de los cuales se
le conoce podían engañar y crear ilusiones que podían deformarlo
y hacerlo incognoscible. Por lo tanto, trasladando su atención a la
mente, elucubró una teoría con los conceptos ser y no ser que, para
él, se excluían mutuamente, ya que el ser es y no podía no ser al
mismo tiempo. Este ser –o mundo de los conceptos, se diría ahora–
era único, inmutable, infinito e inmóvil, puesto que siendo idéntico
a sí mismo no podía cambiar, ni comenzar ni terminar, ni moverse,
y era del todo inteligible como objeto del pensamiento. Como dice
un verso de su poema: “lo que tiene que ser pensado es lo mismo
que tiene que ser”.
Para el idealismo posterior, la teoría de Parménides fue una
revolución en el pensamiento filosófico, y, en adelante, la Filosofía
se recluiría en el mundo del pensamiento, desvinculado de la reali-
dad exterior y prescindiendo de considerar que el contenido de la
mente cambia conforme evoluciona la realidad exterior.
Extralimitando la teorización de Parménides sobre el carác-
ter absoluto de la mente y del raciocinio, su discípulo Zenón, tam-
bién de Elea (490–430 a.C.), se aventuró a negar la existencia con-
ceptual del movimiento, ejemplificando su aserto con una carrera
de Aquiles, tenido por el corredor más veloz de Grecia, y una tor-
tuga, en la cual aquel concedía a esta una importante distancia
como ventaja. Para Zenón, Aquiles nunca podía alcanzar a la tor-
tuga, puesto que mientras llegaba hasta ella, esta ya había cami-
nado un trecho y estaba delante de él, y, cuando Aquiles la igua-
laba, la tortuga se había desplazado otro poco, aunque la distancia
entre ambos se acortase, y así sucesivamente hasta que la diferen-
cia se hacía infinitesimal. Esto quería decir que, si el raciocinio
prevalece, poco importaba lo que sucediera en la realidad exterior.
Tiempo después, Diógenes, otro filósofo griego (412–323 a.C.), que
buscaba hombres honestos y le dio por vivir en un tonel, se limitó
a declarar, rehuyendo someterse a la elucubración de Zenón, que:
“el movimiento se demuestra andando” y se puso a caminar. Con
ello habría querido advertir que cuando el pensamiento se apar-
taba de la realidad se caía en absurdos, como el de Zenón, por in-
geniosos que pudieran ser.
El pensamiento filosófico griego alcanzó la cima con Sócrates,
Platón y Aristóteles que vivieron en Atenas.
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MARXISMO
33
Sócrates (470–399 a.C.) fue directamente a la búsqueda del
mundo interior de las personas que él sintetizó con su máxima
nosce te ipsum (conócete a ti mismo). Le interesaban ciertos valo-
res éticos que, él creía, podían encontrarse en la mente a los que
se podía llegar mediante preguntas y respuestas, procedimiento al
que denominó mayéutica. Por ejemplo, para saber lo que podía ser
la valentía entablaba un diálogo con un general a quien obligaba
a precisar cada vez más su noción de valentía. De este modo lle-
gaba a cierta definición de esta. Otros diálogos lo condujeron a
otras nociones éticas y, así, gracias a este método, sin proponérselo
tal vez, percibió, difusamente aún, la noción del concepto o, como
se decía entonces, del logos, y que la mente raciocina con conceptos.
A pesar de su alcance limitado, fue este un descubrimiento tras-
cendental.39
Continuando por el derrotero abierto por Sócrates, Platón
(427–347 a.C.) concibió la mente como un mundo poblado de ideas.
Cada idea, vocablo que él inventó, es la expresión de los caracteres
generales de las cosas, una unidad inmutable, inmóvil y eterna, a
la cual se llegaba por una captación directa o intuición. Este
mundo, al que denominó topos uranus, estaba apartado de la reali-
dad material y de él procedían las ideas, o esencias, o ahora más
propiamente los conceptos, que cada ser humano tenía en su mente
y no desaparecían. Si las había olvidado se podía lograr su exterio-
rización como reminiscencias por la dialéctica o el dialogo. El ser,
al que Parménides se había referido, se convirtió para Platón en
este mundo de ideas, un ser cognoscible por el pensamiento y lo
único trascendente. El mundo sensorial o material, sobre el que se
proyectaban las ideas para realizarse, como en una película ahora,
estaba subordinado a aquel y era incognoscible. Aunque con esta
teoría se avanzó más aún en el conocimiento de la mente, Platón
se obstinó en darle al mundo de las ideas una existencia ajena a la
realidad material. Con ello impuso al idealismo como el único ca-
mino de acceso al mundo del ser ideal del que debía tratar la On-
tología.
39 “Sócrates se encerró en el estudio de las virtudes morales y fue el primero
que planteó el problema de la definición general de estos objetos. […] Por lo
tanto, con justo motivo, podemos atribuir a Sócrates el descubrimiento de es-
tos dos principios: el discurso inductivo y la definición general, ambos relati-
vos al punto de partida de la ciencia.” ARISTÓTELES, Metafísica, cit., Libro dé-
cimotercero, IV.
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DE
MARXISMO
34
Aristóteles (384–322 a.C.) fue discípulo de Platón durante
unos veinte años en la Academia, o centro de estudios creado por
este en Atenas. Él creó, a su vez, otra escuela, también en esta
ciudad, a la que se denominó el Liceo, en la que enseñó desde el
337 hasta el 322 a.C., cuando murió. Estas escuelas se convirtieron
en grandes centros de formación en Filosofía y las artes y ciencias
conocidas entonces. El Liceo llegó a tener unos 2,000 alumnos pro-
cedentes de distintos lugares. Las suprimió el emperador Justi-
niano en el año 529.40
Aristóteles fue el más grande receptor, compilador y sistema-
tizador de los conocimientos filosóficos y científicos de su tiempo y
quien más profundizó el conocimiento de la mente en ese momento.
Comenzó oponiéndose a la noción del ser y las ideas o esencias
de Platón como entidades apartadas de la realidad material. Para
él estas ideas reflejaban otros tantos objetos de la realidad o
mundo sensible, como entonces se le designaba.41 Las cosas para
él se componían de sustancia y forma. La sustancia era la materia
de la cual estaban hechas, y la forma su exterioridad percibida.
Por ejemplo, en una esfera de bronce, la sustancia era el bronce y
la forma su exterioridad dada por el artista. En la mente, la sus-
tancia era la esencia, o la idea o el concepto de la cosa, y la forma
los caracteres o atributos de la sustancia. A los conceptos que de-
signaban la sustancia y sus caracteres los denominó categorías que
para él eran diez: sustancia o base primaria de lo existente; canti-
dad, cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, condición, acción
y pasión. Sistematizó también la noción de causa que dividió en
cuatro expresiones: causa material o la materia de las cosas; causa
formal o su forma o esencia; causa eficiente o el movimiento o la
acción que determinaba la existencia de la cosa y sus caracteres; y
causa final o la finalidad o el propósito por los cuales la cosa exis-
tía. Al aludir al ser, como expresión abstracta de la totalidad de lo
existente, dijo que su artífice supremo era Dios, una manera de
reconciliar la existencia del mundo sensible o material, del mundo
40 JEAN BRUN, Aristóteles y el Liceo, Buenos Aires, EUDEBA, 1985, pág. 16,
libro reproducido de la edición en francés publicada por Presses Universitai-
res de France, Paris, 1961.
41 Se ha hecho notar que esta oposición, de la que trata Aristóteles en Metafí-
sica, era ya vastamente conocida. Rafael en su mural La escuela de Atenas,
1510, pintado en el Vaticano, muestra a Platón con el dedo índice señalando
el cielo, en tanto que Aristóteles, con una actitud más calma, tiene la mano
derecha extendida hacia el suelo.
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DE
MARXISMO
35
de las ideas y de un ser incognoscible que, para él, era el origen de
todo.
En su indagación sobre las maneras de llegar al conocimiento
de los mundos sensible y abstracto formuló la primera definición
del método inductivo y creó el método deductivo. Infirió el primero
de la distinción entre lo que llamó la experiencia y el arte, o cono-
cimiento científico. Dijo que la experiencia se forma por los recuer-
dos repetidos de las cosas y los hechos, los que, en cierto momento,
pasan a ser juicios universales que el arte o la ciencia recogen. “El
arte comienza cuando de una gran suma de nociones experimen-
tales se desprende un solo juicio universal que se aplica a todos los
casos semejantes.”42 A partir de estos juicios universales desarro-
llaría el método deductivo en su libro Lógica (Organon, en griego,
o instrumento). Por este método, de un juicio general se deduce si
algo es semejante a él porque tiene sus caracteres. Este proceso
fue el silogismo (razonamiento), cuya ejemplo inicial y ya clásico
fue: premisa mayor: todos los hombres son mortales; premisa me-
nor: Sócrates es hombre; conclusión: Sócrates es mortal. En otros
términos, el concepto Sócrates está comprendido en el concepto de
mayor extensión hombres y su cualidad de ser mortales.
Para Aristóteles la Filosofía quedó definida “como el estudio
de las primeras causas y los principios de los seres”; era, pues, el
estudio del ser y sus manifestaciones y las maneras de conocerlo,
o sea el estudio de la totalidad de lo existente. Más concisamente,
a este estudio le denominó la metafísica (título de su libro principal
sobre este tema). Como había escrito antes otro libro sobre la física
o ciertos aspectos del mundo material, la Metafísica vino a ser el
libro que siguió a aquel, de cuyo contenido se establece que su ob-
jeto es todo aquello que está más allá del mundo material del que
trata la física; en otros términos, la metafísica tiene como objeto
de estudio el mundo abstracto.
Otra obra importante de Aristóteles fue su libro Ética a Nicó-
maco (una larga misiva dirigida a su hijo) en el cual trata del com-
portamiento de los seres humanos en la sociedad y de ciertos valo-
res o criterios hacia los cuales se debe tender para llevar una vida
de bien.
Luego la Filosofía entró en un receso que duró más de dos mi-
lenios.
42 Metafísica, libro I, I.
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DE
MARXISMO
36
El Imperio Romano no aportó en este campo nada que pudiese
parangonarse con la Filosofía griega. Su máxima creación ideoló-
gica fue el Derecho, construido sobre la base de la propiedad pri-
vada ejercida sobre los seres humanos cazados como animales o
conquistados, y luego vendidos, comprados o donados. Fue una
construcción ideológica, porque las normas jurídicas son creencias
impuestas o respaldadas por la violencia o la coerción, y aceptadas
voluntaria u obligatoriamente por la conciencia colectiva. Y ese de-
recho ha trascendido hasta ahora, como el derecho de las socieda-
des esclavista, feudal y capitalista.
b) El imperialismo ideológico de la religión
En el año 313 de nuestra era, el emperador Constantino, por
el Edicto de Milán, hizo del Cristianismo una religión admitida por
el Imperio Romano, terminando la persecución que se había prac-
ticado contra ella y devolviendo a los cristianos las propiedades
que se les había confiscado. Constantino no era, sin embargo, cris-
tiano, aunque se dice que su madre, Elena. si lo era. Fue evidente
que este emperador necesitaba a la religión cristiana, cuyo número
de fieles aumentaba entre las familias nobles, para combatir a sus
rivales, que eran paganos, y tratar de mantener con ella la unidad
del Imperio que empezaba a resquebrajarse. Para consolidar la
doctrina del Cristianismo, en el año 325, reunió en un concilio ce-
lebrado en la ciudad de Nicea (hoy territorio de Turquía en el Asia
Menor) a unos doscientos obispos cristianos de los mil que enton-
ces había, y los hizo aprobar los dogmas fundamentales de esta
iglesia y sus ornamentos litúrgicos reproducidos de las iglesias pa-
ganas, y crear un cuerpo de sacerdotes profesionales, varones y
célibes, para la práctica y difusión de sus ritos y para encuadrar
su organización interna. Constantino inauguró este concilio como
pontifex maximum, título que siempre conservó.43 En el año 380,
el emperador Teodosio convirtió al Cristianismo en la religión ofi-
cial y única del Imperio Romano, por el Edicto de Tesalónica. Ase-
gurado el monopolio religioso por la fuerza del Imperio, la Iglesia
43 Formalmente, el concilio de Nicea tuvo como finalidad eliminar la tesis del
sacerdote de Alejandría Arrio, según la cual Cristo, hijo de Dios y una hu-
mana, era un semidiós, como otros de la mitología griega. Esta tesis ganaba
predicamento entre los cristianos y los dividía, lo que no convenía a Constan-
tino. El concilio o, por mejor decirlo, Constantino lo condenó al exilio. RENÉ
METZ, Histoire des conciles, Paris, Presses Universitaires de France, 1971,
cap. I.
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DE
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37
Católica comenzó la persecución de las demás religiones y de toda
manifestación intelectual distinta de sus dogmas. De este modo, la
Iglesia Católica se apoderó de la mente en los países europeos, im-
poniendo sus dogmas desde los púlpitos y las escuelas catedrali-
cias, y asegurándolos con la persecución, los suplicios y la muerte.
En 1100, el aristotelismo, que había sido reprobado por la Igle-
sia Católica como una aberración contraria a sus dogmas, fue
reivindicado por Santo Tomas de Aquino en su obra fundamental
Suma Teológica, y asumido luego como la filosofía oficial de esta
iglesia. Se le designaba ya como la Escolástica. Con ella se volvió
al método deductivo como el camino del conocimiento para alcan-
zar lo que podría ser la verdad a partir de las premisas básicas
sobre Dios y el conjunto de dogmas de la Iglesia Católica. El resul-
tado fue que con este método el desarrollo de las ciencias quedó
anulado.
Durante tan largo período, la Filosofía languideció ahogada
por los dogmas católicos, cuya prevalencia fue asegurada, además,
por el Tribunal de la Inquisición, creado en 1184 para perseguir a
los cátaros, y después a los judíos y a cualquier otra persona que
profesase ideas distintas a las de la Iglesia Católica.
Este monopolio estatal solo fue quebrantado por la eclosión
del Protestantismo, cuando Martín Lutero se rebeló contra el po-
der papal, clavando sus noventa y cinco tesis en la puerta del pa-
lacio de Wittemberg, el 31 de octubre de 1517, y, más tarde cuando
por la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en 1787, y por
la Revolución Francesa de 1789 el Estado fue separado de toda re-
ligión.
c) El camino hacia el método inductivo
El predominio de la dogmática de la Iglesia Católica comenzó
a desvanecerse por efecto del comercio y los descubrimientos terri-
toriales desde el siglo XV, determinantes de la aparición de nuevas
concepciones sobre la astronomía (Nicolás Copérnico, 1473–1543;
Giordano Bruno, 1548–1600; Galileo Galilei, 1564–1642) que ero-
sionaron la creencia oficial de la Iglesia Católica de que la tierra
era plana y el centro del universo, como lo había dicho Claudio To-
lomeo en el siglo II. Con Copérnico, se comenzó a saber que la tie-
rra es un planeta esférico que gravita en torno al sol con los otros
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DE
MARXISMO
38
planetas del sistema solar.44 Esos descubrimientos e ideas nuevas
sobre el mundo llevaron a la propuesta del método inductivo, como
procedimiento de investigación y experimentación en las ciencias,
debido a Francis Bacon (1561–1626).
Francis Bacon expuso su pensamiento sobre este aspecto en la
obra que publicara en 1620, Novum Organom, en la cual reiteró su
condena a la lógica de Aristóteles, basada en el silogismo, como
procedimiento para conocer la verdad. La deducción, como enton-
ces se la utilizaba, tenía por base ciertas premisas existentes a
priori no comprobadas. Correlativamente, la inducción se limitaba
a confirmar las proposiciones que se quería demostrar como gene-
ralizaciones, rechazando las instancias llamadas negativas que las
contradecían. Para Bacon había cuatro tipos de “ídolos” o creencias
que confundían a la mente y la llevaban a conclusiones erradas,
casos de alienación se diría ahora. Eran los de la tribu, suscitadas
por analogías erróneas debidas a la incorrecta percepción de los
hechos; las de la caverna, derivadas de las simpatías y antipatías
originadas en los hábitos y la educación; las del foro, procedentes
de lo que la gente dice; y las del teatro, o ideologías más elabora-
das, dueñas de la escena.
Para liberar al conocimiento de esas ataduras, propuso un mé-
todo de investigación fundado en la experimentación de los casos
particulares para llegar, comparándolos, a leyes generales expre-
sivas de la causalidad. Hasta ese momento, según él, los descubri-
mientos habían sido el resultado de casualidades, pero no de un
método. El campo de las investigaciones, basadas en la inducción,
debía ser la física y su objeto la naturaleza.
Con este método, la ciencia de liberó definitivamente de la Es-
colástica y pudo avanzar por las experiencias comprobadas, sin
más limitaciones que el estado de las investigaciones.
Francis Bacon escribió sus libros en latín. Los tradujo al inglés
su secretario Thomas Hobbes, quien sería uno de los fundadores
de la ciencia política moderna con su libro El Leviatán.
René Descartes (1596–1650) complementó el método induc-
tivo con sus propuestas para encarar la investigación, que expuso
en su libro Discurso del Método, dado a conocer en 1637.
44 El libro de Nicolás Copérnico De revolutionibus orbium cælestium (Sobre
las revoluciones de las esferas celestes), en el que dio a conocer su descubri-
miento, fue colocado por la Iglesia Católica en el Index librorum prohibitorum
(Indice de Libros Prohibidos), libros que no se debía leer bajo pena de ser so-
metido a juicio por la Inquisición. Este Index estuvo en vigencia hasta 1948.
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DE
MARXISMO
39
En la segunda parte de esta obra, enunció las cuatro reglas de
su método: 1) Solo admitir como verdaderos los hechos o cosas que
se haya comprobado; 2) dividir cada una de las dificultades con las
que se trate en tantas partes como fuera posible para examinarlas
por separado; 3) reagrupar las ideas derivadas de ese examen,
yendo de lo simple a lo complejo, elevándose gradualmente, a pa-
sos; y 4) verificar lo hecho, integral y minuciosamente, sin omitir
nada.
Como se puede advertir, este método se puede graficar como
un cuadro sinóptico en el cual se reagrupa los experimentos o te-
mas comprobados más simples por sus semejanzas y diferencias
para llegar a conjuntos más vastos. Es el procedimiento que sigue
a la experimentación con varios o muchos casos.
En la cuarta parte del Discurso del Método, Descartes expuso
la base de su teoría sobre el conocimiento filosófico. Partió del su-
puesto de dudar que los sentidos le dieran el conocimiento de la
realidad exterior y su existencia, duda que envolvía también a su
pensamiento el que podía engañarlo o no existir. Finalmente, con-
cluyó que no podía dudar de que estuviese pensando. Y, si pensaba,
existía (cogito, ergo sum). Descartes fundamentaba de este modo
su idealismo, haciendo de la razón o facultad de pensar la causa
de la realidad. De allí pasó a la explicar la existencia de Dios con
una afirmación a priori: se atribuyó a sí mismo la calidad de im-
perfecto, porque no podía haberse creado por sí; había otro ser per-
fecto a quien debía su creación que era Dios. Le bastó esa elucu-
bración para explicar su presencia en el mundo, prescindiendo de
preguntarse si sus padres y los antecesores de estos habían tenido
algo que ver en eso.
No es el idealismo de Descartes, sin embargo, el que trascen-
dió como un aporte en la teoría del conocimiento, sino su método
de investigación.
d) La difusión del idealismo
Siguió una inclinación hacia el materialismo que tuvo sus ex-
presiones más destacadas en Baruch Spinoza (1632–1677), John
Locke (1632–1704) y en los materialistas franceses de los cuales el
más prominente fue Paul Henry Holbach (1723–1789).
Paralelamente a estos avances en el conocimiento del mundo
exterior a la conciencia, hubo una reacción del idealismo que fue
desde George Berkeley (1685–1753) a Immanuel Kant (1724–
PÁGINAS
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40
1804), Johan Fichte (1762–1814), Joseph Schelling (1775–1854) y
Friedrich Hegel (1770–1831).
Para estos filósofos idealistas, el mundo interior o la mente
prevalecía sobre la realidad exterior, mundo interior misterioso en
el cual radicaban las ideas en sí o a priori, como decía Kant. El
mundo exterior era, para él, las sensaciones captadas por los sen-
tidos, que no ofrecían certitud, sensaciones organizadas por las
ideas puras como otras ideas dependientes o a posteriori.45 Kant
decía: “entenderemos, pues, por conocimiento a priori el que es ab-
solutamente independiente de toda experiencia, […] Entre los co-
nocimientos a priori reciben el nombre de puros aquellos a los que
no se ha añadido nada empírico”;46 “se desprende la idea de una
ciencia especial que puede llamarse la Crítica de la razón pura, ya
que razón es la facultad que proporciona los principios del conoci-
miento a priori.”47 En definitiva, estos principios o ideas a priori
estaban, para él, en la razón pura, cuyo origen remoto era el espí-
ritu supremo de Dios. La otra razón, la práctica, como la llamaba
Kant, se exteriorizaba como reglas de conducta de los seres huma-
nos.
e) Hegel
Hegel aportó un cambio radical en la concepción de la inmu-
tabilidad del mundo ideal. Se basó en un hecho del mundo real que
le sirvió de ejemplo, del que dijo: “así como en el niño, tras un largo
período de silenciosa nutrición, el primer aliento rompe brusca-
mente la gradualidad del proceso puramente acumulativo en un
salto cualitativo, y el niño nace, así también el espíritu que se
forma va madurando lenta y silenciosamente hacia la nueva fi-
gura, va desprendiéndose de una partícula tras otra de la estruc-
tura de su mundo anterior y los estremecimientos de este mundo
45 Para una exposición crítica de la filosofía de Kant puede verse de WALTER
PEÑALOZA RAMELLA, IV Kant, El problema de los conceptos puros del entendi-
miento, trabajo incluido en el libro La Filosofía Alemana, desde Nicolás de
Cusa hasta nuestros días, Lima, Fondo Editorial, Universidad Peruana Ca-
yetano Heredia, 1978, págs. 39 a 57; también de CHRISTOPH DELIUS, MATT-
HIAS GATZEIMEIR, DENIZ SERTCAN Y KATHLEEN WÜNSCHER Historia de la Filo-
sofía, desde la Antigüedad hasta nuestros días, Colonia, Ed. Könemann Ver-
laagsgessellschaft mbH, 2000, pág. 72.
46 Crítica de la razón pura, Editorial Taurus Pensamiento, 2005, Internet,
pág. 28.
47 Ob. cit., pág. 39.
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DE
MARXISMO
41
se anuncian solamente por medio de síntomas aislados; la frivoli-
dad y el tedio que se apoderan de lo existente y el vago presenti-
miento de lo desconocido son los signos premonitorios de que algo
otro se avecina. Estos paulatinos desprendimientos, que no alteran
la fisonomía del todo, se ven bruscamente interrumpidos por la au-
rora que de pronto ilumina como un rayo la imagen del mundo
nuevo.”48
En Hegel destacan cuatro nociones en torno a las cuales se
articula su pensamiento central: la autoconciencia, la idea, el de-
venir y la alienación.
La autoconciencia es la facultad del ser humano de pensar y,
sobre todo, de pensarse a sí mismo, con libertad. Decía Hegel:
“Para la autoconciencia independiente, de una parte, solo la pura
abstracción del yo es su esencia y, de la otra parte, al desarrollarse
y asumir diferencias esta pura abstracción, este diferenciarse no
se convierte para dicha autoconciencia en la esencia objetiva que
es en sí. […] En el pensamiento yo soy libre, porque no soy en otro,
sino que permanezco sencillamente en mí mismo, y el objeto que
es para mí la esencia es, en unidad indivisa, mi ser para mí; y mi
movimiento en conceptos es un movimiento en mí mismo. Pero en
esta determinación de esta figura de la autoconciencia es esencial
retener con firmeza que es conciencia pensante en general o que su
objeto es la unidad inmediata del ser en sí y del ser para sí.”49
Para Hegel, “La idea es lo verdadero en sí y para sí, la unidad
absoluta de la noción y la objetividad. Su contenido ideal no es otra
cosa que la noción en sus determinaciones. Su contenido real no es
sino la representación de sí misma, representación que se da a sí
misma bajo la forma de existencia exterior y es, envolviendo esta
forma en su idealidad, en su poder, como se conserva. […] todo ser
real, en cuanto está en la verdad, es la idea y no tiene su verdad
sino por la idea y en virtud de la idea.”50 En otros términos, la idea
se proyecta, se refleja como mundo exterior.
Luego, Hegel, inspirándose en Heráclito, concibió las ideas en
permanente cambio, al que denominó dialéctico, porque son y de-
jan de ser. En su libro Lógica manifestaba: “la verdad del ser como
la del no-ser está en su unidad. Esta unidad es el devenir. […] esta
48 Fenomenología del espíritu, México, Fondo de Cultura Económica, 1985,
traducción por Wenceslao Roces, prólogo por Hegel, pág. 12.
49 Fenomenología cit., págs. 121, 122.
50 Lógica, Madrid, Ed. Orbis S.A., traducción Antonio Zozaya, CCXIII, t. II,
pág. 165.
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DE
MARXISMO
42
es la tarea más difícil que se impone el pensamiento por la razón
de que el ser y el no-ser constituyen la oposición en su forma abso-
lutamente inmediata”51; “El devenir es el primer pensamiento con-
creto, y, por tanto, la primera noción; mientras que el ser y la nada
son abstracciones vacías […] Así tenemos en el ser el no-ser y en
el no-ser el ser. Pero este ser que permanece en sí mismo en el no-
ser, es el devenir”.52
La alienación para Hegel es la transformación de la idea en su
contrario, en algo extraño. Esta palabra proviene del latín alienus
que se traduce por ser otro o un extraño. En el devenir, las ideas
se alienan, es decir se objetivan; el espíritu se refleja como natura-
leza, se aliena y se recupera como conocimiento. Hegel decía, por
eso: “en el saber el espíritu ha cerrado el movimiento de configu-
ración, al ser afectado el mismo por la diferencia sobrepasada de
la conciencia. El espíritu ha conquistado el puro elemento de su
ser allí, el concepto. El contenido es, según la libertad de su ser, el
sí mismo que se enajena o la unidad inmediata del saber de sí
mismo. […] Sin embargo, esta enajenación es todavía imperfecta;
expresa la relación entre la certeza de sí mismo y el objeto, que no
ha alcanzado su plena libertad, precisamente por el hecho de man-
tenerse en esa relación. El saber no se reconoce solamente a sí,
sino que conoce también lo negativo de sí mismo o su límite. Saber
su límite quiere decir saber sacrificarse. Este sacrificio es la ena-
jenación en la que el espíritu presenta su devenir hacia el espíritu,
bajo la forma del libre acaecer contingente, intuyendo su sí mismo
puro como el tiempo fuera de él y, asimismo, su ser como espacio.
Este último devenir del espíritu, la naturaleza, es su devenir vivo
e inmediato; la naturaleza, el espíritu enajenado, no es en su ser
allí otra cosa que esta eterna enajenación de su subsistencia y el
movimiento que instaura al sujeto.”53
A pesar de su progreso, el idealismo de Hegel se sustenta, en
definitiva, en la idea de un ser supremo. Dijo: “se ha definido,
desde la antigüedad, al hombre como un ser dotado de razón […]
el hombre tiene, ante todo, la conciencia del ser racional, en tanto
que tiene el conocimiento de Dios y que se le representa como el
ser absolutamente determinado por sí mismo.”54 Por lo tanto, para
él, los demás seres están determinados por Dios.
51 Lógica, cit., LXXXVIII, t. I, pág. 147.
52 Lógica, cit., LXXXVIII, pág. 150.
53 Fenomenología del espíritu, cit, VIII, pág. 471, 472.
54 Lógica, cit., LXXIX, pág. 134.
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DE
MARXISMO
43
f) Hacia el materialismo histórico y el materialismo
dialéctico
En 1840, Ludwig Feuerbach, quien había sido hegeliano, dio
un paso fundamental para apartar a la Filosofía del deísmo y la
religión con su libro La esencia del Cristianismo, en el cual sostuvo
que “La religión es un producto peculiar de la vida histórico-social
de los hombres. Es una forma determinada de la ideología o de la
conciencia social. Feuerbach investigó esta forma ideológica con
ayuda del método antropológico.”55
Engels en 1888, escribió sobre La esencia del Cristianismo:
“Esta obra pulverizó de golpe la contradicción, restaurando de
nuevo en el trono, sin más ambages, al materialismo. La natura-
leza existe independientemente de toda filosofía; es la base sobre
la que crecieron y se desarrollaron los hombres, que son también
de suyo, productos naturales; fuera de la naturaleza y de los hom-
bres, no existe nada, y los seres superiores que nuestra imagina-
ción religiosa ha forjado no son más que otros tantos reflejos fan-
tásticos de nuestro propio ser. El maleficio quedaba roto; el «sis-
tema» saltaba hechos añicos y se le dejaba de lado.”56
A pesar del entusiasmo que despertó en Marx la obra indicada
de Feuerbach, le pareció a él que era incompleta, porque prescin-
día del aporte fundamental de Hegel: la noción de la evolución dia-
léctica. Se concentró, en consecuencia, en estudiarla y aplicarla a
la realidad material, tanto como naturaleza y como sociedad.
En 1844, Carlos Marx escribió su trabajo Crítica de la dialéc-
tica y la filosofía hegelianas para fijar sus diferencias con estas.
Como partía del pensamiento de Hegel, la reproducción de este es
bastante densa.
“Echemos ahora una mirada al sistema hegeliano –dijo–. De-
bemos comenzar por la Fenomenología de Hegel, la verdadera
cuna y el secreto de la filosofía hegeliana.”57 “La Enciclopedia he-
geliana comienza con la Lógica, con el pensamiento puramente es-
55 ABRAM M. DEBORIN, Las doctrinas político-sociales de la época moderna,
capítulo XII El materialismo y el humanismo de Ludwig Feuerbach (1804-
1872), Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos, 1968, pág. 363.
56 Ludwig Feuerbach y el fin de la Filosofía Clásica Alemana, en Marx-Engels,
Obras Escogidas, Moscú, Ed. Progreso, pág. 622.
57 Artículo incluido en el libro La Sagrada Familia, México, Edit. Grijalbo,
1967, pág. 52.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
44
peculativo, y termina con el saber absoluto, con el espíritu auto-
consciente, con el espíritu filosófico o absoluto que se capta a sí
mismo, es decir, con el espíritu abstracto suprahumano; así, pues,
toda la Enciclopedia no es otra cosa que la esencia desplegada del
espíritu filosófico, su autoobjetivación; del mismo modo que el es-
píritu filosófico no es sino el espíritu y el mundo que se piensa den-
tro de su autoenajenación, es decir, el espíritu abstracto, enaje-
nado, que se capta a sí mismo.”58
“Toda la historia de la exteriorización y toda la revocación de
esta no es, por tanto, otra cosa que la historia de la producción del
pensamiento abstracto, es decir, absoluto, del pensamiento espe-
culativo lógico. La enajenación, que forma, por tanto, el verdadero
interés de esta exteriorización y la abolición de ella, es la antítesis
del en sí y el para sí, de la conciencia y la autoconciencia del objeto
y el sujeto, es decir, la antítesis del pensamiento abstracto y la
realidad sensible o de la sensoriedad real, dentro del pensamiento
mismo.”59
Marx percibía con claridad la esencia errónea del pensamiento
hegeliano que hacía de la realidad material la exteriorización o
enajenación de la conciencia. Pero advertía, asimismo, su aporte
al considerar la oposición del pensamiento y la materia como un
proceso dialéctico. A continuación dijo: “Lo que hay de grande en
la Fenomenología de Hegel y en su resultado final –la dialéctica de
la negatividad, como el principio motor y engendrador– es, por
tanto, de una parte, el que Hegel conciba la autogénesis del hom-
bre como un proceso, la objetivación como desobjetivación, como
enajenación y como superación de esta enajenación, el que capte,
por tanto, la esencia del trabajo y conciba al hombre objetivado y
verdadero, por ser el hombre real, como resultado de su propio tra-
bajo. El comportamiento real, activo, del hombre ante sí como ser
genérico o la manifestación de sí mismo como un ser genérico real,
es decir, como ser humano, solo es posible por el hecho de que crea
y exterioriza realmente todas sus fuerzas genéricas –lo que, a su
vez, solo es posible mediante la actuación conjunta de los hombres,
solamente como resultado de la historia– y se comporta ante ellas
como ante objetos, lo que, a su vez, hace posible, solamente y ante
todo, la forma de la enajenación.”60
58 Ob. cit., pág. 53.
59 Ob. cit., pág. 54.
60 Ob. cit., pág. 56.
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DE
MARXISMO
45
En febrero de 1845, Carlos Marx y Federico Engels publicaron
su libro La Sagrada Familia. En él Marx, volviendo sobre el tema
de la filosofía de Hegel, dijo: “La fenomenología termina, por tanto,
consecuentemente, sustituyendo toda la realidad humana por el
«saber absoluto»; saber, porque es esta la única modalidad de
existencia de la autoconciencia y porque la autoconciencia se
considera como la modalidad única de existencia del hombre, y
saber absoluto, precisamente porque la autoconciencia solo se sabe
a sí misma y no se ve ya entorpecida por ningún mundo objetivo.
Hegel hace del hombre el hombre de la autoconciencia, en vez de
hacer de la autoconciencia la autoconciencia del hombre, del
hombre real, y que, por tanto, vive también en el mundo real,
objetivo, y se halla condicionado por él. Pone el mundo de cabeza,
lo que le permite disolver también en la cabeza todos los límites, y
esto los hace, naturalmente, mantenerse en pie para la
sensoriedad mala, para el hombre real. Además, considera
necesariamente como límite cuanto delata la limitación de la
autoconciencia general, toda la sensoriedad, la realidad y la
individualidad del hombre y de su mundo. Toda la Fenomenología
se propone demostrar que la autoconciencia es la única realidad y
toda la realidad.”61
En el postfacio a la segunda edición alemana de El Capital,
Marx hizo una aclaración en relación a Hegel: “Mi método
dialéctico –dijo– no solo es fundamentalmente distinto del método
de Hégel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para
Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo
el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo
real, y este la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí,
lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y
transpuesto a la cabeza del hombre. /Hasta hace cerca de treinta
años, en un época en que todavía estaba de moda aquella filosofía,
tuve ya ocasión de criticar todo lo que había de mistificación en la
dialéctica hegeliana. […] El hecho de que la dialéctica sufra en
manos de Hegel una mistificación, no obsta para que este filósofo
fuese el primero que supo exponer de un modo amplio y consciente
sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la
dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más
61 Ob. cit., pág. 257.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
46
que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y en seguida se
descubre bajo la corteza mística la semilla racional.”62
Darle la vuelta a la filosofía de Hegel significaba que la
conciencia refleja, reproduce y transforma los elementos del
mundo exterior, y no a la inversa; en otros términos, la idea o el
conjunto de ideas no crean el mundo exterior, proyectándose desde
la mente hacia fuera.
Con ello, Marx acabó con la filosofía idealista, clausurando un
ciclo que había comenzado con Parménides, veintitrés siglos antes.
En 1847, Marx publicó su libro Miseria de la Filosofía, repli-
cando las ideas de Proudhon expuestas en el libro Filosofía de la
miseria. De él dijo: “Nuestros puntos de vista decisivos han sido
expuestos científicamente por primera vez, aunque bajo la forma
de una polémica, en mi escrito, aparecido en 1847, y dirigido contra
Proudhon: Miseria de la Filosofía.”63
Concluido el ciclo del análisis filosófico, Marx pasó a estudiar
el desarrollo dialéctico de la sociedad y a concentrarse en la econo-
mía política. Engels se ocupó de otros aspectos de la Filosofía, casi
siempre polemizando con otros filósofos, y de examinar el desarro-
llo dialéctico en la sociedad y la naturaleza.
Las obras propiamente filosóficas más importantes de Engels
fueron Anti-Düring y Dialéctica de la naturaleza.
La primera comenzó como una serie de artículos publicados
en el periódico del Partido Socialista Obrero de Alemania Vorwärts
62 Postfacio por Carlos Marx a la segunda edición alemana de El Capital,
24/1/1873, México, edición por el Fondo de Cultura Económica, 1946. Marx
fue muy generoso al referirse a Hegel con estos términos. Esa “corteza
mística” eran cientos de páginas con una terminología abstrusa, abundante y
repetitiva que los alumnos de Filosofía en Alemania de ese tiempo tenían que
aprender casi de memoria. Salvo, el contenido que Marx rescató de Hegel, las
elucubraciones de este, como las exposiciones de otros filósofos idealistas y de
las religiones, no han aportado nada al desarrollo de las ciencias.
63 Prólogo a Crítica de la Economía Política, edición en castellano, México,
Editora Nacional, 1961. Cuando estuvo en Paris en 1844, Marx se encontraba
con Proudhon y conversaban sobre sus ideas y discutían, a veces hasta el ama-
necer. Luego que salió el libro de Marx Miseria de la Filosofía, Proudhon se
enemistó con él y no volvieron a verse. Y, no era para menos, puesto que Marx
había escrito como introducción de ese libro: “El señor Proudhon tiene la des-
gracia de ser absolutamente desconocido en Europa. En Francia tiene derecho
a ser un mal economista, porque pasa por ser buen filósofo alemán. En Ale-
mania, tiene derecho a ser mal filósofo, porque tiene fama de economista fran-
cés de los más entendidos. Por nuestra cualidad de alemán y de economista a
la vez, hemos querido protestar contra este doble error.”
PÁGINAS
DE
MARXISMO
47
de Leipzig desde comienzos de 1877. Los redactó a instancias de
algunos de sus camaradas para refutar las opiniones enraizadas
en el idealismo de Eugen Düring quien pretendía ser un reforma-
dor del socialismo y confundía a los militantes y simpatizantes de
este. El libro se publicó en alemán, en junio de 1878. La segunda
edición fue de mayo de 1894.64
Dialéctica de la naturaleza es otra compilación de trabajos
destinados a mostrar las leyes de la dialéctica en el campo de las
ciencias naturales que habían avanzado enormemente con el des-
cubrimiento de la célula como unidad de los seres vivos por Frie-
drich Schwann, la ley de la transformación y conservación de la
energía por R. J. Mayer, el descubrimiento de las leyes de la evo-
lución de las especies por Charles Darwin y otros logros en los cam-
pos de la biología, la física, la química y otros. Quedaba completa-
mente evidente que el universo en todas sus fases cambia perma-
nentemente y, como Engels señaló en ese libro, esta mutación se
halla sujeta a las leyes de la dialéctica y que la materia es incon-
cebible sin el movimiento y este sin la materia. En esta obra des-
taca el artículo El papel del trabajo en el proceso de transformación
del mono en hombre, en el cual se ve cómo las necesidades de la
subsistencia determinaron en un grupo de primates la necesidad
de trabajar y como esta acción los condujo al descubrimiento de las
propiedades de los objetos de la naturaleza y a la invención de ins-
trumentos de producción en un proceso que desarrolló el habla,
transformó las manos y creó la mente hasta que, en cierto mo-
mento, esos cambios continuos conformaron una especie diferente
y superior a las demás especies animales, a la que se ha denomi-
nado homo sapiens.
Engels falleció el 5 de agosto de 1895 antes de haber podido
publicar ese libro. Su primera edición, basada en fotocopias de los
originales, salió en Moscú en 1925 (Dialectik der Natur). Siguió
otra en 1929. La tercera fue de 1935 en alemán, también de Moscú,
como parte de la colección de Obras Completas de Marx-Engels,
conocida como MEGA (del alemán Marx-Engels Gesamtaugabe).65
64 La Editorial Hemisferio de Buenos Aires publico este libro en 1956, tradu-
cido por Wenceslao Roces.
65 La primera edición en castellano, traducida por Wenceslao Roces, fue hecha
por la Editorial Grijalbo, México, 1961.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
48
Engels dijo en el prólogo de Anti-Düring, edición de 1885,
“Marx y yo fuimos, por cierto, casi los únicos que salvamos la dia-
léctica consciente de la filosofía idealista alemana para traerla a
la concepción materialista de la naturaleza y de la historia.”
Luego, sus discípulos y seguidores entendieron que la premisa
ideológica para impulsar el movimiento socialista que aquellos ha-
bían creado debía ser el conocimiento y el estudio de la filosofía
materialista. La mayor parte de grandes dirigentes del socialismo
en los países europeos durante el siglo XIX se formaron como tales
estudiando y muchos escribiendo sobre las enseñanzas de Carlos
Marx y Federico Engels, no solo para difundirlas, sino para tratar
de continuarlas, observando las contradicciones sociales en sus
países. Su éxito en la creación de los partidos y movimientos socia-
listas no se podría explicar sin su dominio de la filosofía marxista.
Uno de los casos más relevantes en este aspecto fue el de Lenin,
cuyas lecturas de Hegel, Marx y Engels se compilaron como sus
Cuadernos Filosóficos; en 1908, escribió el libro Materialismo y
Empiriocriticismo para combatir las ideas de Ernst Match y Ri-
chard Avenarius que implicaban un retorno al idealismo. También
Mao-Tze-tung tuvo que estudiar a fondo la dialéctica de Hegel y el
marxismo. En ambos casos y en otros, el éxito en la construcción
de sus movimientos y la posibilidad de acceder al poder político
surgió en el fondo de esos conocimientos filosóficos. Contraria-
mente, la debilidad, incipiencia y fragmentación de los movimien-
tos socialistas en otros países podrían explicarse por la ausencia
en sus dirigentes de una sólida formación en filosofía y en el mar-
xismo.
En la Unión Soviética y otros países del llamado socialismo
real no hubo una continuación de la filosofía marxista que hubiera
implicado, en primer lugar, la identificación de las contradicciones
sociales en estos países. Los numerosos expositores del marxismo
en ellos se limitaron a reproducir los trabajos de Marx, Engels, Le-
nin y algún otro, y los difundieron en muchos idiomas. Fueron un
factor del conocimiento del marxismo por las nuevas generaciones
de estudiantes y dirigentes de los trabajadores. Pero no aportaron
nada nuevo. Para los dirigentes de los partidos comunistas y sus
ideólogos, tanto en los países socialistas como en los capitalistas,
el marxismo era tratado como un conjunto de dogmas intocables e
inaplicables a sus realidades, y, por supuesto, no pudieron avanzar
en el análisis de la evolución de la sociedad, ni en los países capi-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
49
talistas ni en los socialistas, tal como ella se mostraba en cada mo-
mento.66 La evolución de estas sociedades siguió su camino impul-
sada por sus contradicciones internas, acicateadas o modificadas
por las contradicciones externas y manifestadas como una suce-
sión de cambios cuantitativos, ignorados o menoscabados por sus
dirigentes, que llevaron en algunos casos a cambios cualitativos.
g) El idealismo, la mente y el cerebro
Muchas de las exposiciones filosóficas posteriores a los pensa-
dores griegos de la Antigüedad se redujeron a exponer o exaltar
las ideas de estos, como si el mundo conceptual no hubiera cam-
biado. Prescindían de examinar los aportes de las ciencias y las
técnicas en el largo camino del conocimiento de la realidad mate-
rial y de la mente.
Hay varias objeciones fundamentales contra la filosofía idea-
lista, que ha ocupado la Filosofía desde su aparición en la Grecia
en la Antigüedad hasta el surgimiento del marxismo.
La primera de ellas se dirige a la afirmación de la existencia
de un mundo de ideas colocado sobre o más allá de la realidad ma-
terial, un mundo identificado con la mente.
Para este punto de vista, la mente es un todo abstracto po-
blado de ideas idénticas a sí mismas y dadas de una vez para siem-
pre. Al parecer los filósofos idealistas nunca se preguntaron si este
mundo ideal es uno solo para todos los seres humanos o si cada
uno tiene el suyo. Solo se fijaron en el que existía en su mente, sin
preguntarse de dónde habían salido esas ideas a las que atribuye-
ron una existencia a priori. Y, si la mente pertenece a cada per-
sona, como es evidente, ¿cómo resulta que muchos piensen de ma-
nera igual o semejante? Para algunos filósofos esto se resolvía ha-
ciendo intervenir a Dios, el cual dotaba al alma de las mismas fa-
cultades, lo que no resultaba muy convincente, porque no bastaba
66 ERNEST MANDEL recuerda lo que decía Anastas Mikoyan en el XX Congreso
del Partido Comunista de la Unión Soviética, de 1956: “Entre nosotros no se
descubre ningún trabajo creador fundamental en el marxismo-leninismo. La
mayor parte de nuestros teóricos se ocupan en dar vueltas y más vueltas sobre
viejas citas, fórmulas y tesis.” Mandel añade: Esta incapacidad procede ante
todo de causas políticas. Se debe fundamentalmente a la posición subordinada
que, durante la era staliniana, se atribuyó a la teoría en la URSS y los parti-
dos comunistas. La teoría fue allí el medio auxiliar de la política, de la misma
forma que la filosofía medieval fue la sierva de la teología.” Tratado de econo-
mía marxista, México, 1969, T. I, Introducción.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
50
con que Dios creara las almas, sino que debía, suministrarles, ade-
más, permanentemente nueva información. Nunca pensaron que
la sociedad, de la cual son parte los seres humanos, viviendo en
determinados lugares, modela la mente de todos, evolucionando.
La segunda objeción se identifica con la pregunta de cómo es
posible que haya mentes que utilicen menos ideas o conceptos que
otras o que sus ideas sean distintas. Por ejemplo, con respecto a su
trabajo, un artesano o un obrero no piensan igual que un médico,
un abogado o cualquier otro profesional. Tampoco un iletrado
piensa igual que un literato. Además, los seres humanos se expre-
san en muchas lenguas que, aunque enuncien conceptos y juicios
que puedan ser iguales, difieren en muchos aspectos. Algo tenía
que explicar esa diferencia. Se diría, ahora con más propiedad que
hace siglos, que ello se debe a la distinta formación profesional y a
la desigual incidencia de la cultura sobre las personas, es decir al
influjo del mundo exterior; y si esto es así, se debe admitir que este
y lo que el sujeto aprendió de él se refleja en su mente y la modela.
A esta objeción se añade otra: ¿cómo es posible que la mente
amplíe y cambie su cantidad y calidad de ideas? Tiene que recibir
nuevas ideas, conocimientos o información de otras mentes, ya sea
directamente, escuchando a sus portadores, o indirectamente, le-
yendo sus escritos, o informándose y experimentando él mismo, es
decir, a través de sus sentidos y del mundo exterior del que forman
parte los otros. No hay una comunicación de mente a mente.
El mundo conceptual cambia permanentemente a medida que
el sujeto se instruye, aprende, experimenta, deduce y crea nuevos
conceptos. Es el resultado de innumerables experiencias, invencio-
nes y descubrimientos a lo largo de la vida de cada persona y de la
evolución de los distintos grupos que conforman la humanidad. La
noción del fuego, por ejemplo, no existía antes de que el hombre lo
descubriera y supiera qué es. Otros conceptos fueron inventados,
a partir de los elementos que los grupos ya tenían o a los cuales
podían acceder, para resolver determinados problemas prácticos,
por ejemplo, los conceptos de olla, cocina, mesa, silla y de otros
útiles primarios, o, como sucede ahora, los conceptos de electrónica
e informática y los de sus innumerables componentes. Cada as-
pecto del conocimiento presenta una multitud de conceptos
aprehendidos o inventados que se comunican a los demás. Un niño
nace sin saber nada. Pero, de inmediato, empieza a conocer el
mundo exterior que lo rodea, comenzando por la madre. De allí en
adelante irá conociendo todo aquello con lo cual se relacione y lo
PÁGINAS
DE
MARXISMO
51
que le enseñen o lo que él aprenda por sí mismo, viendo, escu-
chando, palpando, leyendo, experimentando y comunicándose con
los miembros de los grupos que integre, aprenderá a trabajar y po-
drá acceder al inmenso repertorio de nociones de cada ciencia.
Estas objeciones y las respuestas a ellas demuestran la inge-
nuidad de las construcciones metafísicas que han sido el objeto de
la filosofía desde Parménides y Platón hasta los idealistas más re-
cientes: Kant, Schelling, Hegel y otros posteriores. Y, a pesar de
su irrealidad, reinaron casi absolutamente en las cátedras de Filo-
sofía hasta mediados del siglo XIX cuando fueron abatidas por el
marxismo. Aún hoy se les mantiene en vida como parte de la ideo-
logía del sistema capitalista, aunque solo en las páginas de los cur-
sos de Filosofía.
Con el conocimiento de la anatomía y la fisiología del cerebro
y del sistema nervioso, y gracias a la Psicología, la Lógica y la Lin-
güística, han quedado erradicadas las fantasías sobre la mente
como un mundo de ideas o un alma ajenos a la realidad material.
Y las ciencias médicas y biológicas no se han detenido en el cono-
cimiento de la organización celular y las funciones de los órganos
del ser humano y los otros seres vivos.
Marx en La Sagrada Familia había dicho: “El materialismo
es un hijo innato de la Gran Bretaña. Ya el propio escolástico in-
glés Duns Escoto se preguntaba «si la materia no podría pensar».
Para poder obrar este milagro, iba a refugiarse en la omnipotencia
divina, es decir, obligaba a la propia teología a predicar el mate-
rialismo.”67
Hace muchos siglos se intuía que el cerebro humano, una por-
ción muy organizada de la materia, producía el pensamiento, aun-
que era peligroso decirlo por la amenaza de ser encerrado en una
mazmorra y ejecutado por la Inquisición. Solo desde el siglo XIX,
con los descubrimientos sobre la anatomía y la fisiología humanas
y luego de que la Inquisición fuese prohibida, se sabe con certeza
que las células nerviosas que forman el cerebro están a cargo de
las funciones de la mente y de las demás que controlan el resto del
cuerpo, y se acercan a precisar qué partes del cerebro se ocupan
específicamente de determinadas funciones.68 La comparación con
67 Ob. cit., pág. 194. Juan Duns Scoto fue un monje escocés que vivió entre
1260 y 1308.
68 A fines del siglo XIX, el médico e investigador español Santiago Ramón y
Cajal descubrió la anatomía y las funciones de las células cerebrales y sus
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DE
MARXISMO
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la electrónica y la informática ha ayudado a entender estos proce-
sos. El hardware, los chips y otros elementos, que son la base ma-
terial de la actividad de las computadoras, serían semejantes a las
células nerviosas y sus múltiples conexiones; el software, los pro-
gramas colocados en los chips, generadores de los procesos que dan
resultados cada vez más complejos y precisos, serían como los pen-
samientos. La cantidad y la calidad de las funciones de la mente
tienen como causa esa organización celular y los programas e in-
formación que cada persona asimila y utiliza, con la diferencia de
que el aprendizaje no es instantáneo, como la captación de la in-
formación por las computadoras, debido a la manera como las neu-
ronas acceden a los datos exteriores o a los que producen, procesan
y transmiten.
Esta es también la causa por la cual el campo de la Filosofía
se ha reducido.
La Ontología, cuyo objeto de estudio es el ser, ha sido reem-
plazada por las ciencias extendidas a todo cuanto existe, incluida
la mente. Las ciencias, basadas en el principio de causa a efecto,
tienen explicación para todas las cosas y los fenómenos de la natu-
raleza, la sociedad y la conciencia o, si no la tienen aún, tratan de
encontrarla. Dada una causa pueden precisar sus efectos, y a la
inversa. Incluso, en la sociedad, las acciones humanas responden
a causas determinadas que, muchas veces, se manifiestan a través
de la voluntad de las personas, la que oscila entre parámetros de-
terminados por sus circunstancias y posibilidades. La incertidum-
bre, o la producción de un suceso sin causa aparente, es solo el
desconocimiento de esta; no puede ser la ausencia de causa, por-
que, si así fuera, el universo sería un caos, y tal no es la realidad
donde todo se sujeta a leyes rectoras de la repetición y la evolu-
ción.69
interconexiones, constitutivas del sistema nervioso. A esas células se les de-
nominó neuronas. En 1955, con la ayuda del microscopio electrónico, se visua-
lizó mejor estas células y las interconexiones que Ramón y Cajal había descu-
bierto. Luego se ha determinado que el ser humano tiene unos 86 mil millones
de neuronas, un gusano nematodo 302 y la mosca de la fruta 300,000. Wiki-
pedia: neurona, Santiago Ramón y Cajal.
69 El físico alemán Werner Heisenberg (1911-1976) formuló la teoría de la
incertidumbre en el conocimiento de la materia en su visión infinitesimal, in-
certidumbre que resultaba, según él, por la desviación de los electrones al
tratar de observarlos y medir su movimiento por el impacto y la perturbación
causada por los electrones o fotones de la luz necesaria para iluminarlos. En
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DE
MARXISMO
53
La Gnoseología continúa formada por los métodos inductivo,
deductivo y dialéctico, con los cuales se puede conocer, investigar,
descubrir e inventar, adaptados y perfeccionados para los requeri-
mientos de cada ciencia.
La Ética, constituida por las nociones de los valores como
orientadores de la conducta humana, responde a una determinada
concepción de lo bueno y lo malo aceptada por los grupos de los
cuales se es parte o universalmente.
El conocimiento unido a la inteligencia, que se define como la
capacidad de descubrir y establecer relaciones de causa a efecto,
distinciones, semejanzas u otras en la realidad material y en el
mundo conceptual y definir y evaluar la necesidad y la posibilidad
de la adopción de decisiones, son los instrumentos del progreso en
todas sus expresiones: en las obras de los seres humanos, en la
sociedad y en la conciencia.
Refiriéndose a la decadencia de la filosofía idealista animada
por la intelectualidad burguesa, Georges Lukacs dijo: “las revolu-
ciones de 1830 y más aún las de 1848 atestiguan que la burguesía
perdió el lugar que ocupaba a la cabeza del progreso social. En
1830 comienza el proceso de descomposición de la filosofía bur-
guesa clásica, proceso que termina con la revolución de 1848. Esta
fecha constituye en la evolución de la filosofía el umbral de un
nuevo período que termina casi al comienzo del período imperia-
lista. El combate ofensivo de la burguesía contra los restos del feu-
dalismo ha terminado ya; lo reemplaza ahora la actitud defensiva
frente al proletariado ascendente.”70 Después, la burguesía trató
de llenar el vacío con “intelectuales burocratizados que no plan-
tean ya ninguno de los grandes problemas universales de la bur-
guesía en su fase ascendente, sino que limitan su reflexión a los
intereses defensivos de la burguesía de fines del siglo XIX.”71
Luego le fue peor aún: “Numerosos pensadores llegados desde los
más distintos horizontes no han dudado en operar esta unión «in-
todo caso, esta indeterminación no implica que no haya causas de la composi-
ción y el movimiento de las partículas atómicas, y puede ser pasajera en tanto
no se cuente con los elementos necesarios para conocer esos elementos. De
manera general se puede decir que la incertidumbre es un estado anterior al
conocimiento. Heisenberg dirigió el proyecto de la Alemania nazi de creación
de una bomba atómica, pero fracasó.
70 Crisis de la filosofía burguesa, Buenos Aires, Ed. Siglo Veinte, 1958, pág.
24, de la edición francesa La crise de la Philosophie Burgueoise.
71 LUKACS, ob. cit., pág. 33.
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DE
MARXISMO
54
teresante» entre el contenido reaccionario y el gesto revoluciona-
rio: Lagarde, Nietzsche, Sorel, Ortega y Gasset y muchos otros. Y
en las vísperas de la toma del poder por el fascismo, Freyer lanzó
el grito de unión de la «revolución de derecha» (Revolution von re-
chts).”72 El fascismo y el nazismo reclutaron y encumbraron a mu-
chos de sus ideólogos y cuadros entre esos “intelectuales burocra-
tizados”.
h) La alienación
El tema de la enajenación o alienación apareció con Hegel,
para quien es la conversión de la idea en su contrario, un objeto
material o un extraño.73 Es, sin embargo, una noción o un hecho
mucho más importante que su significación en la Filosofía idea-
lista.
Marx la trató en sus Manuscritos Económicos y Filosóficos de
1844, que fue un trabajo de formación cuando comenzaba a posar
su atención en lo que acontecía en la sociedad sobre la que, según
Hegel, la idea de la historia se proyectaba. Marx la circunscribió a
la situación del proletariado. “El trabajador –dijo– se convierte en
una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce.
[…] Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el
trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño,
como un poder independiente del productor. El producto del tra-
bajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho
cosa; el producto es la objetivación del trabajo. […] La enajenación
del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo
se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que
existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un
poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al
objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.”74
Estas frases suscitan dos comentarios: 1) Marx consideró en
ellas que el trabajador se convierte en mercancía. Sin aludir a esta
afirmación, en El Capital sostuvo que, bajo el capitalismo, el tra-
bajador no puede convertirse en mercancía, porque se vendería a
sí mismo, haciéndose esclavo; lo que vende es su fuerza de trabajo;
2) La idea de alienación o enajenación parece proyectarse desde la
72 LUKACS, ob. cit., pág. 35.
73 Véase pág. 42 de este libro.
74 Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. En Internet, Biblioteca Vir-
tual Universal, 2010, Editorial del Cardo, Primer Manuscrito, 2.4 El trabajo
enajenado.
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MARXISMO
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mente hacia el obrero y su trabajo, el cual queda separado de aquel
como un extraño que se le enfrenta.
En El Capital, Marx se ocupó de nuevo de la alienación al mos-
trar que con el cambio desarrollado pareciera que las mercancías
se cambiaran ellas solas en el mercado, como si tuvieran vida, fe-
nómeno al que denominó fetichización de la mercancía: “Lo que
aquí reviste a los ojos de los hombres la forma fantasmagórica de
una relación entre objetos materiales no es más que una relación
social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si
queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que
remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión,
donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de
vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y
con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con
los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el
fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan
pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable,
por consiguiente, de este modo de producción.”75
Aunque Marx no mencionó aquí el término alienación, no cabe
duda de que se refería a un caso de este fenómeno: la conversión
por la mente de una relación social entre compradores y vendedo-
res en una relación entre objetos.
En sus obras posteriores, Marx no utilizó el término aliena-
ción.
La importancia de la alienación va más allá de los campos de
la Filosofía y la Economía. Se manifiesta como dominación, en mu-
chos casos total, del comportamiento individual y social por ciertas
ideas que les han sido transmitidas o ellos han creado, a las que
confieren poder.
Es un fenómeno que ha estado presente en la mente desde que
los seres humanos se conformaron como tales, alejándose de la ani-
malidad irracional. Su temor a las fuerzas de la naturaleza, que
podían destruirlos o darles la vida, los llevó a creer que ellas po-
seían también vida y, más tarde, a deificarlas. Las religiones afir-
maron esas creencias, y los seres humanos se sometieron a ellas
casi absolutamente. Algunas religiones establecieron que un dios
con poder absoluto mandaba a los demás dioses y crearon íconos
representativos de estos, a los cuales atribuyeron también vida. El
75 El Capital, México, Fondo de Cultura Económica, 1964, traducción por
Wenceslao Roces, T. I, pág. 38.
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enraizamiento de estas ideas durante milenios subsiste como dog-
mas y la creencia de que sus fetiches e íconos, venerados en sus
iglesias y otros lugares de culto, poseen vida espiritual y pueden
hacer milagros.
La alienación se ha reproducido en otras creencias a las cuales
se confiere también un poder irresistible que gobierna la vida de
los seres humanos, de manera que ellos no tienden a regirse por
sus intereses o conveniencias, sino por las órdenes, consejos e insi-
nuaciones de otros con alguna suerte de poder material o ideoló-
gico. Forma en la mente corazas que impiden el ingreso de ideas
adversas a las dominantes o simplemente distintas. Tal es la causa
de que sea tan difícil que las clases dominadas puedan cambiar de
clase para otros en clase para sí. El Iluminismo o la Ilustración
requirió casi dos siglos para abrirse camino, primero en la mente
de la intelectualidad burguesa y luego en la de una parte del pue-
blo, y llegar entonces al poder político, a fines del siglo XVIII.
Después, a la burguesía le ha sido necesario mantener y esti-
mular la alienación de las clases trabajadoras con otros fetiches
políticos e ideológicos, cuando estas ganaron el voto universal,
para impedir que les disputaran el poder. La democracia burguesa
no podría sostenerse sin esta forma de alienación, creada y reafir-
mada permanentemente con la educación, la propaganda, el dere-
cho y la coerción. Cuando las corazas de la alienación, estratifica-
das en la mente de las clases trabajadoras, han sido perforadas por
las ideas de cambio social y esos fetiches ideológicos y políticos se
desvanecen o, por lo menos, son dejados de lado, es probable que
advenga un cambio político favorable a ellas, un paso hacia ade-
lante, solo posible, en definitiva, por su actitud o adhesión para
imponerlo. En estos casos, la réplica del poder empresarial, si dis-
pone de influencia en las fuerzas armadas o puede financiar a un
grupo de aventureros o mercenarios, suele ser tentar la ruptura
del statu quo con un golpe de fuerza o contratar el asesinato de
ciertos opositores para eliminar su liderazgo y atemorizar a los de-
más.
La alienación está presente en otros aspectos de la vida de los
seres humanos: son los casos, por ejemplo, de las personas subyu-
gadas por algún líder carismático; de los movimientos políticos y
religiosos que arrastran a sus adherentes hasta el fanatismo y el
terrorismo; del temor a ciertos males o la esperanza de benefi-
ciarse con ciertas ventajas o posibilidades, verdaderas o imagina-
das, que impulsan a la gente a comportarse masivamente de un
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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modo inesperado o extraño a cómo actúan habitualmente, por lo
general como reacciones en cadena, difíciles o imposibles de evitar
por la persuasión y, en muchos casos, por la violencia; de los sim-
patizantes de los clubes deportivos en los estadios o en la calle,
exaltados por el júbilo o la decepción ajenos a su vida corriente; del
traslado de los sentimientos y las pasiones al corazón en ciertos
poemas y canciones; de la moda, los espectáculos, cierta literatura,
la información de la manera cómo viven los ricos, etc., convertidos
en estereotipos que muchas personas tratan de imitar o celebran.
La educación, la propaganda, la publicidad, la información
sesgada, impartidas desde los medios de formación y comunicación
social, manejados o influidos por el poder económico, alimentan es-
tos casos de alienación con los cuales se crea y mantiene la opinión
favorable al sistema, a los gobiernos, a los políticos o a ciertos pa-
radigmas o hechos.
Parece obvio que si los seres humanos, que creen en esos feti-
ches, se liberaran de ellos serían más libres. El avance de la cien-
cia, la persuasión en el conocimiento de las ideologías de cambio y
la posibilidad de la información erradica a algunos, pero, la pro-
pensión a la alienación instalada en milenios de dependencia ideo-
lógica permite la aparición de otros.
Volviendo al tema de la separación del obrero del fruto de su
trabajo, tratado por Marx en Los Manuscritos de 1844, se debe
examinar a qué obedece.
Esa separación expresa una forma de alienación, cuya causa
no radica solo en la economía, en la estructura, sino, también, en
la superestructura jurídica, determinada, a su vez, por las super-
estructuras política e ideológica que la clase poseedora de los me-
dios de producción ha impuesto por la violencia y, casi siempre, con
la cooperación de los sujetos del pueblo y de los mismos trabajado-
res, actuando influidos por otras formas de alienación.
La separación del trabajador del fruto de su trabajo se originó
mucho antes, en la sociedad esclavista; y esta no tuvo por causa
solo la división social del trabajo, sino también la violencia, como
se expusiera en La Ideología Alemana, El Capital y El origen de la
familia, la propiedad privada y el Estado.
En efecto, la primera división social del trabajo entre tribus
cazadoras nómadas y agrícolas ya sedentarias, al generar en estas
un excedente de bienes sobre los requeridos para satisfacer las ne-
cesidades familiares, hizo surgir el cambio, pero no directamente
la esclavitud. Tiempo después, cuando el cambio se generalizó hizo
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DE
MARXISMO
58
del ganado el equivalente general o la primera forma de dinero.
Siguió el cambio de seres humanos por ganado. De una parte, las
tribus cazadoras hallaron que podían cambiar los seres humanos,
capturados por el bandidaje y la guerra, por alimentos y otros bie-
nes que podían suministrarles ciertas familias que necesitaban
esos seres humanos para ayudarlos en la producción que no podían
atender ya con sus propios miembros.76 La repetición de este hecho
se convirtió en costumbre, luego en derecho consuetudinario y des-
pués en normativa escrita. Así apareció el derecho de propiedad,
del que el Derecho Romano de la Antigüedad hizo su núcleo.77 En
este Derecho, la propiedad privada, materia de las normas sobre
los contratos, los bienes, las obligaciones, la familia y la sucesión,
tuvo como objeto inicial de regulación la propiedad mueble, confor-
mada casi totalmente por seres humanos esclavizados por las le-
giones romanas en sus campañas de conquista y distinta de la pro-
piedad del Estado o ager publicus.
Pero, ¿qué es, en realidad, el derecho de propiedad? Como
cualquier otro derecho, es una creencia que las clases dominantes,
o las mayorías sociales en ciertos casos, imponen a todos, respal-
dándola con una sanción material. Si la regla de conducta carece
de esta sanción no es jurídica. Se podría decir, por lo tanto, que las
creencias jurídicas son formas de alienación, porque se apoderan
de la mente y obligan a los seres humanos a obrar en el sentido de
sus prescripciones, prescindiendo, por lo general, de valorar su ne-
cesidad en función de sus intereses.
En la sociedad esclavista, los esclavos estaban totalmente se-
parados del fruto de su trabajo por el derecho de propiedad y la
76 Sobre este punto F. Engels, El origen de la familia, de la propiedad privada
y el Estado, IX Barbarie y civilización.
77 ARISTÓTELES, que recogió el conocimiento de su tiempo, dijo: “la utilidad de
los esclavos y de los animales domésticos es casi la misma; unos y otros cola-
boran con nosotros igualmente para satisfacer las necesidades primordiales
de la vida”; “el arte de la guerra es en cierto modo un medio natural de adqui-
rir, pues el arte de la caza es una parte del arte de la guerra”; “el esclavo es
como parte del amo, vive en común con él; pero el artesano es más indepen-
diente; su condición no le exige más que una virtud proporcional a su depen-
dencia” La Política, Barcelona, Edit. Obras Maestras, Libro Primero, caps. III
y IV. Era la manera de pensar en la Antigüedad que aceptaban todos y que
pasó al derecho. Adviértase el uso de la palabra “colaboración” del esclavo y
su analogía con las afirmaciones actuales de algunos sobre los trabajadores
dependientes que “colaboran” con el empresario.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
59
violencia que lo hacían posible. Tal situación continuó en la socie-
dad feudal, de señores y siervos, y en la sociedad capitalista, de
dueños del capital y trabajadores asalariados. En estas tres socie-
dades no hay ninguna diferencia de fondo respecto del derecho de
propiedad. La diferencia procede del grado de libertad de los tra-
bajadores, admitido por la evolución social y reflejado en el orde-
namiento legal. En la sociedad esclavista, los esclavos eran consi-
derados cosas animadas, o semovientes en la terminología jurí-
dica; en la sociedad feudal, los siervos ya no eran cosas que podían
ser compradas y vendidas, pero estaban adscritos a la tierra y a
otras propiedades de los señores feudales con las cuales podían ser
vendidos; en la sociedad capitalista, los trabajadores son libres ju-
rídicamente, pero, por carecer de medios de producción, tienen que
emplearse por un contrato con el capitalista y trabajar para él por
un salario. En estas tres sociedades, el producto del trabajo no per-
tenece a los trabajadores, sino a los dueños de los medios de pro-
ducción por el derecho de propiedad, o sea por la ley, que ha co-
brado vida como un fetiche instalado en la conciencia de la pobla-
ción a la que obliga a actuar como ella dispone.
i) Las leyes de la evolución78
A manera de resumen, veamos ahora, cómo funciona la dialéc-
tica en la naturaleza y la sociedad.
1.– Dos concepciones del mundo
El desarrollo económico, en forma semejante a la evolución de
las demás cosas, obedece a leyes susceptibles de ser conocidas.
Pero ¿cuáles son ellas? ¿Cómo se manifiestan?
Para el materialismo histórico, las leyes que presiden la evolu-
ción económica son nada más que una forma de las leyes que rigen la
evolución del universo. Y ello por una razón simple. A pesar de la
gran complejidad alcanzada por la inteligencia humana, los hombres,
la materia de que están hechos y las sociedades en que se agrupan,
forman parte del universo, cualquiera que sea el ángulo del que se
les vea.
Decir evolución es decir cambio, transformación, pero, es decir,
78 El texto que sigue es una reproducción sintética del capítulo I de mi libro
Fundamentos de la evolución económica, Lima, Ediciones Cumbre, 1963. Al-
gunas citas son largas, como las del texto anterior. Ello, porque me pareció
mejor dejar que sus autores explicaran por sí sus enseñanzas. Fueron grandes
maestros y su teoría se hizo práctica. En cada caso, la aplicación de esas no-
ciones ha de comportar el examen de la situación de cada país.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
60
asimismo, movimiento. Si nos detenemos a contemplar lo que nos ro-
dea, si dirigimos nuestra atención al ámbito de los astros o si nos
aplicamos al estudio de los átomos, veremos que las transformacio-
nes y cambios infinitos que tienen lugar en estos mundos constitu-
yen, en realidad, el resultado de una multitud de formas de movi-
miento. Nada permanece inmóvil en el universo, nada se conserva
ofreciendo las mismas características siempre, ni, por supuesto, las
cosas yacen fijas y desprovistas de relación con las demás, como las
imagina la metafísica. La ciencia comprueba con datos cada vez más
ciertos la visión espléndida que tuviera Heráclito hace 2,500 años,
cuando advirtió que todo fluye y que el universo es una trama infinita
de movimientos, concatenaciones y mutuas influencias. Desde aque-
lla primitiva pero verídica noción del universo, el pensamiento ha
avanzado en sus comprobaciones sobre la naturaleza hasta encontrar
las leyes que gobiernan su evolución y la perspectiva en la cual se
encuentra colocado.
Debemos a Hegel uno de los más trascendentales aportes en este
proceso del conocimiento. Fue él quien por vez primera concibió “el
mundo de la naturaleza, de la historia y el espíritu como un proceso,
es decir en constante movimiento, cambio, transformación y desarro-
llo, intentando además poner de relieve la conexión interna de este
movimiento y desarrollo”.79 El universo cesó, entonces, de ser perci-
bido como un caos árido y sin sentido.
Pero la dialéctica de Hegel era idealista, “para él las ideas de su
cabeza no eran imágenes más o menos abstractas de los objetos y
fenómenos de la realidad, sino que estas cosas y su desarrollo se le
antojaban, por el contrario, imágenes realizadas en una «Idea» exis-
tente no se sabe dónde ya antes que existiese el mundo”.80 El uni-
verso había sido colocado por Hegel de cabeza, completamente al re-
vés. De esta percepción equivocada a que había arribado la filosofía
idealista alemana se pasó necesariamente al materialismo dialéctico.
Maduradas las ciencias naturales y desarrollada ya la civilización
capitalista, apareció una nueva concepción del universo que sinteti-
zaba las conquistas más valiosas del conocimiento humano. El
mundo fue puesto entonces sobre sus pies, observándosele en su ma-
terialidad y movimiento. En radical oposición a la filosofía idealista,
el materialismo dialéctico afirmó que el mundo material no es un re-
flejo que proyecta la Idea, sino a la inversa, que el mundo material
existe con independencia de la conciencia y que esta no hace sino re-
79 FEDERICO ENGELS, Antidüring, Edit. Hemisferio, Bs. As. pag. 26.
80 ENGELS, ob. cit., pág. 26.
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DE
MARXISMO
61
flejar las cosas de que se compone el universo. Carlos Marx y Fede-
rico Engels fueron los creadores de este método que significó una re-
volución de gigantescos alcances en la historia del conocimiento hu-
mano.
2.– Naturaleza del movimiento
Veamos cómo tiene lugar el movimiento que caracteriza la evo-
lución.
En primer lugar, las cosas cambian constantemente, porque go-
zan de movimiento interior. En segundo lugar, ese cambio no se
produce anárquicamente, sin seguir un orden. La constitución y la
organización de sus elementos, derivadas de sus variadas formas de
movimiento, imprimen un sentido determinado a sus transformacio-
nes, tendiendo siempre a producir nuevas formas organizadas. Esto
implica que un ser alberga dentro de sí ya las condiciones y elementos
que posibilitarán el surgimiento de un ser totalmente nuevo y dis-
tinto cuyo desarrollo constante, ininterrumpido, cuantitativo, trae
necesariamente como consecuencia un cambio cualitativo cuyo des-
tino es conseguir la destrucción del viejo organismo.
La evolución consiste justamente en esta sucesión de cambios
cuantitativos y cualitativos, de negaciones constantes de los viejos
seres por otros nuevos que surgen en sus entrañas. La esencia del
movimiento es así una permanente contradicción entre dos polos,
cuya característica estriba en que uno de ellos: la tesis, da origen a
otro, la antítesis, con el cual se traba en lucha hasta que, aniquilada
la tesis, a través de un cambio en calidad, una nueva unidad de con-
trarios pasa a regir la vida del ser.
Engels, ejemplificando el proceso del cambio, afirma que “En
realidad cada día sabemos [...] que la muerte no es un fenómeno re-
pentino, instantáneo, sino que forma un largo proceso. Del mismo
modo, todo ser orgánico es en todo instante el mismo y otro; en todo
instante va asimilando materias absorbidas del exterior y elimi-
nando otras de su seno; en todo instante en su organismo nacen unas
células y mueren otras; y en el transcurso de un período más o menos
largo, la materia de que está formado ese organismo se renueva ra-
dicalmente y nuevos átomos de materia vienen a ocupar el lugar de
los antiguos, por donde todo ser orgánico es al mismo tiempo el que
es y otro distinto. Asimismo, observando las cosas detenidamente,
nos encontramos con que los polos de una contradicción, el positivo y
el negativo, son tan inseparables como antitéticos el uno del otro, y
que, pese a todo su antagonismo, se compenetran recíprocamente; y
vemos, igualmente, que la causa y el efecto son representaciones que
PÁGINAS
DE
MARXISMO
62
solo rigen como tales en su aplicación al caso aislado, pero que, exa-
minando el caso aislado en su concatenación general con la imagen
total del universo, convergen y se diluyen en la idea de una trama
universal de acciones y reacciones en que las causas y los efectos cam-
bian constantemente de sitio y en que lo que ahora y aquí es efecto,
adquiere luego y allí el carácter de causa, y viceversa. Ninguno de
estos procesos y métodos discursivos encaja en el cuadro de las espe-
culaciones metafísicas. […] La naturaleza es la piedra de toque de la
dialéctica y las modernas ciencias naturales nos brindan como
prueba de esto un acervo de datos extraordinariamente copioso y en-
riquecido cada día que pasa, demostrando, en última instancia, que
todo sucede de un modo dialéctico y no metafísicamente (que no se
mueve en la eterna monotonía de un ciclo constantemente repetido,
sino que recorre una verdadera historia.”81
3.– Caracteres de la contradicción
Los caracteres básicos de la contradicción, que es, en realidad,
la esencia del movimiento o de la evolución, son los siguientes:
1.– La contradicción no es un proceso externo a las cosas, no les
es insuflada a éstas desde afuera, sino, por el contrario, tiene lugar
en su interior, y su causa reside en la existencia misma del ser, ya
que no puede existir materia sin movimiento, ni movimiento sin ma-
teria. Analizando detenidamente los caracteres de la contradicción,
Mao-Tze-tung decía a este respecto: “La causa fundamental del desa-
rrollo de las cosas no reside fuera de ellas, sino dentro de ellas, en
sus contradicciones internas. El movimiento y desarrollo de las cosas
surgen a causa de la presencia de tal contradicción en el interior de
todas ellas. Esa contradicción interior de una cosa es la causa funda-
mental de su desarrollo, en tanto que la relación de una cosa con
otras –su interconexión e interacción– es una causa secundaria.
[…]
“La dialéctica materialista considera que las causas externas
son la condición del cambio y las internas al base del cambio; las cau-
sas externas actúan a través de las internas. Con una temperatura
adecuada un huevo se convierte en un pollito, pero no existe tempe-
ratura que pueda convertir una piedra en un pollito, ya que las bases
de las dos cosas son distintas.”82
2.– La contradicción es un fenómeno universal y tiene, por lo
81 ENGELS, ob. cit., pág. 24.
82 MAO TSE-TUNG, Selección de obras, Buenos Aires, Editorial Platina, pág.
251.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
63
tanto, un carácter absoluto. Esto significa que ella existe en el pro-
ceso de desarrollo de todas las cosas y que domina ese proceso desde
el principio hasta el fin, oponiendo permanentemente a los dos tér-
minos antitéticos que la configuran.
3.– El carácter universal de la contradicción se manifiesta, sin
embargo, a través del carácter particular que adquieren las diversas
contradicciones. “Lo que es especialmente importante y constituye,
la base de nuestro conocimiento de las cosas –dice Mao-Tze-tung –
es que debernos tener en cuenta los puntos particulares del movi-
miento de la materia, a saber, la diferencia cualitativa entre una
forma de movimiento y otras. […] En la naturaleza existen muchas
formas de movimiento: el movimiento mecánico, el sonido, la luz, el
calor, la electricidad, la descomposición, la combinación etc. Todas
estas formas dependen una de la otra, así como difieren entre sí cua-
litativamente. Esto rige no solo en la naturaleza, sino también en la
sociedad y en el pensamiento. Toda forma de sociedad todo modo de
pensamiento tiene su contradicción particular y su cualidad particu-
lar.”83
El estudio del carácter particular de las contradicciones nos
lleva necesariamente a la constatación de que cada contradicción
particular o específica solo puede resolverse por un método propio de
ella, pues, como dice Mao-Tze-tung, “las contradicciones cualitativa-
mente diferentes solo pueden ser solucionadas por métodos cualita-
tivamente distintos”.84
4.– Pero, en el análisis de la contradicción, no solo se debe obser-
var el carácter particular que ella presenta, sino también el carácter
particular de cada uno de sus aspectos.
En todo proceso de desarrollo existen siempre muchas contradic-
ciones internas e influencias externas. Por lo general, cada unidad
de contrarios forma parte de contradicciones más vastas que, a su
vez, pueden participar de otros procesos. Dentro de esta complejidad
hay, no obstante, un orden, una subordinación de unas contradiccio-
nes a otras, de las menos importantes a las más importantes. Pero
solo una contradicción es necesariamente la principal, cuya existen-
cia y desarrollo gobierna la existencia y el desarrollo de las demás.
Tal es la contradicción fundamental. Esta contradicción también
está sometida a cambio, no siempre ocupa ese lugar, pues es despla-
zada por el nuevo proceso contradictorio que origina, lo cual nos lleva
a observar otra característica de la contradicción.
83 MAO TSE-TUNG, ob. cit., pág. 257.
84 MAO TSE-TUNG, ob. cit., pág. 258.
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DE
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5.– Dentro de toda contradicción sus dos aspectos tienen una im-
portancia desigual. Cuando nace, la antítesis se presenta siempre
como algo incipiente, débil, pero esta situación no subsiste perma-
nentemente, pues, es condición de su existencia su desarrollo, de
modo que, poco a poco, adquiere una importancia cada vez mayor
hasta que se equipara a la tesis, acabando finalmente por rebasarla
y negarla. “A veces parece existir un equilibrio de fuerzas –dice Mao-
Tze-tung – pero se trata solo de un estado temporario y relativo; el
estado fundamental es la desigualdad. De los dos aspectos contradic-
torios uno tiene que ser el principal y el otro el secundario. El aspecto
principal es el que representa el papel determinante en la contradic-
ción. La cualidad de una cosa está determinada, en esencia, por el
aspecto principal de la contradicción que ha ocupado la posición do-
minante.
Reviste, por consiguiente, una importancia primordial descubrir
y estudiar la contradicción fundamental y, dentro de ella, el aspecto
principal de la contradicción. Lenin decía por eso que el alma del
marxismo, su esencia consiste en el análisis concreto de la
cuestión concreta.
Las leyes que gobiernan la evolución han sido sintetizadas en
las cuatro que citamos a continuación que, como se ha visto, no pue-
den ser observadas separadamente.85 Ellas son, en verdad, cuatro
aspectos de un fenómeno integral que se sintetiza en la contradicción.
Tales leyes son:
1º.– La ley del movimiento: todo ser está dotado de movimiento
interior.
2º.– La ley de la contradicción: el movimiento interior consiste
en que un ser crea de sí otro nuevo ser contrario con el cual se traba
en lucha.
3º.– La ley de los saltos: esa lucha implica la realización de una
sucesión de pequeñas y constantes transformaciones en cantidad,
tanto en lo que se refiere al ser que crece como al que decae que aca-
ban por provocar, en un momento determinado, un cambio de calidad
que se traduce en el aniquilamiento del viejo ser.
4º.– La ley de la interrelación: los diversos procesos se influen-
cian mutuamente, influencias que se manifiestan a través del movi-
miento interior.
La historia social, al igual que la evolución de la naturaleza, res-
ponde a estas leyes; se presenta como una concatenación de procesos
contradictorios en que unas formas de producción dan lugar a otras
85 ENGELS trata de estas leyes en Dialéctica de la naturaleza, cit., pág. 41.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
65
nuevas, distintas y contrarias con las cuales integran unidades de
contrarios.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
66
Capítulo III
ESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURAS
A.– LA ORGANIZACIÓN SOCIAL
a) Noción de estructura y superestructura
En el Prólogo a Crítica de la Economía Política, publicado en
enero de 1859, Marx expuso las conclusiones a las que había lle-
gado hacia 1844.
Esta síntesis es otra pieza clave del marxismo.
Dijo en ella: “Mis investigaciones dieron este resultado: que
las relaciones jurídicas, así como las formas de Estado, no pueden
explicarse ni por sí mismas, ni por la llamada evolución general
del espíritu humano; que se originan más bien en las condiciones
materiales de existencia que Hegel, siguiendo el ejemplo de los in-
gleses y franceses del siglo XVIII, comprendía bajo el nombre de
«sociedad civil»; pero que la anatomía de la sociedad hay que bus-
carla en la economía política. Había comenzado el estudio de ésta
en París y lo continuaba en Bruselas, donde me había establecido
a consecuencia de una sentencia de expulsión dictada por el señor
Guizot contra mí.86 El resultado general a que llegué y que, una
vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formu-
larse brevemente de este modo: en la producción social de su exis-
tencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesa-
rias, independientes de su voluntad; estas relaciones de produc-
ción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de
producción constituye la estructura económica de la sociedad, la
base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y po-
lítica y a la que corresponden formas sociales determinadas de con-
ciencia. El modo de producción de la vida material condiciona el
proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la
conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el con-
trario, la realidad social es la que determina su conciencia. Du-
86 François Guizot era ministro del interior del gobierno del rey Louis Phillipe
de Orléans en Francia. La expulsión se produjo en enero de 1845, a petición
del káiser de Prusia.
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DE
MARXISMO
67
rante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la socie-
dad entran en contradicción con las relaciones de producción exis-
tentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las rela-
ciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta en-
tonces. De formas evolutivas de las fuerzas productivas que eran,
estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces
se abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido
en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente
toda la colosal superestructura. Al considerar tales trastornos im-
porta siempre distinguir entre el trastorno material de las condi-
ciones económicas de producción –que se debe comprobar fiel-
mente con ayuda de las ciencias físicas y naturales– y las formas
jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una pala-
bra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren
conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no se juzga a
un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, tampoco se
puede juzgar tal época de trastorno por la conciencia de sí misma;
es preciso, por el contrario, explicar esta conciencia por las contra-
dicciones de la vida material, por el conflicto que existe entre las
fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una
sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas to-
das las fuerzas productivas que pueda contener, y las relaciones
de producción nuevas y superiores no la sustituyen jamás antes de
que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones ha-
yan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso,
la humanidad no se propone nunca más que los problemas que
puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que
el problema mismo solo se presenta cuando las condiciones mate-
riales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir.”
Vino a continuación el Manifiesto Comunista, publicado en
París en febrero de 1848, en el cual Marx y Engels continuaron
exponiendo su teoría.
En él comenzaron afirmando: “La historia de todas las socie-
dades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.
/Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos,
maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se en-
frentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas
veces y otra franca y abierta; lucha que terminó siempre con la
transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundi-
miento de las clases en pugna.” “La moderna sociedad burguesa,
PÁGINAS
DE
MARXISMO
68
que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abo-
lido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las vie-
jas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de
lucha por otras nuevas. /Nuestra época, la época de la burguesía,
se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradiccio-
nes de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en
dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se en-
frentan directamente: la burguesía y el proletariado.”
La transición de un período estructural a otro, esquematizada
en los textos citados, requirió muchos años, pero se fue acortando.
Desde que el hombre estuvo totalmente formado, hace 1’800,000
años, vivió en comunidades en las cuales el trabajo, realizado con
herramientas primitivas, tenía que ser común para poder subsis-
tir. Con la invención de la agricultura, unos 10,000 a.C., los grupos
que la practicaban dispusieron de un excedente de producción en
relación a sus necesidades que pudieron destinar al cambio.87 Este
condujo a la primera gran división social del trabajo entre tribus
cazadoras y agrícolas. Tiempo después –no se ha precisado aún
cuánto– algunas tribus cazadoras y guerreras, dedicadas a la cap-
tura de seres humanos, comenzaron a cambiarlos por alimentos
con las tribus agrícolas sedentarias, que los necesitaban para el
trabajo en la tierra y la ganadería que excedía la capacidad de sus
miembros, y apareció así la esclavitud. Este primer sistema de ex-
tremada explotación del hombre comenzó a disolverse en el siglo
III. Su sustitución por el sistema feudal se prolongó hasta el siglo
VIII, cuando se generalizó el trabajo por siervos sujetos a la tierra.
En los siglos XV y XVI, apareció el sistema capitalista, primero en
su fase comercial, y, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII,
con la primera Revolución Industrial, como capitalismo industrial.
Con la Revolución Francesa de 1789, el sistema feudal, ya en des-
composición, comenzó a ser erradicado.88 El régimen socialista ins-
taurado con la Revolución de noviembre de 1917, en Rusia, solo
duró hasta 1991, 73 años. Fue sustituido por el sistema capitalista.
87 LE MONDE, L’Histoire de l’Homme, Une aventure de 7 millions d’années. El
après ?, Paris, 2017, págs. 20, 22, 26, 72.
88 F. ENGELS, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado; JÜR-
GEN KUCZYNSKI, Breve historia de la economía, Buenos Aires, Ed. Platina,
1961. En numerosos países de la periferia capitalista, el feudalismo o sus res-
tos fueron suprimidos muchos años después, como en el Perú, con la reforma
agraria de 1969, del gobierno de Velasco Alvarado.
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DE
MARXISMO
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“La burguesía –proseguían Marx y Engels en el Manifiesto
Comunista– no puede existir sino a condición de revolucionar in-
cesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente,
las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones socia-
les.”
[…]
“En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es
decir, el capital, se desarrolla también el proletariado, la clase de
los obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar
trabajo, y lo encuentran únicamente mientras su trabajo acre-
cienta el capital.”
[…]
“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía,
solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria.
Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo
de la gran industria: el proletariado, en cambio, es su producto más
peculiar.”
De los temas transcritos de ambos documentos y por la expe-
riencia acumulada en los años posteriores a ellos es posible extraer
los conceptos básicos relativos a la evolución social que indico a
continuación:
1.– En la producción social de su existencia, los hombres en-
tran en relaciones determinadas, necesarias e independientes de
su voluntad, que constituyen la estructura económica de la socie-
dad o la base real. Estas relaciones corresponden a un grado de-
terminado de desarrollo de las fuerzas productivas.
2.– Las relaciones de producción, cuyo eje es una clase social,
constituyen la tesis, de la que surge otra clase social opuesta, com-
ponente esencial de las fuerzas productivas, o antítesis. Ambos tér-
minos permanecen unidos y en lucha que lleva a la aparición de
nuevas relaciones de producción, como síntesis, con dos nuevas cla-
ses sociales, y así sucesivamente. En la historia de la humanidad,
estas clases opuestas fueron: la de los amos y los esclavos; la de los
señores y los siervos; y la de los capitalistas y los obreros.
Por lo tanto, básicamente, las clases sociales son grupos que,
en la estructura económica, se encuentran unidos y, al mismo
tiempo, opuestos: por un lado, como detentadores de los medios de
producción y del poder de tenerlos; y, por otro, como trabajadores
carentes de esos medios y del poder de adquirirlos, obligados a tra-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
70
bajar para los integrantes del otro grupo por la fuerza o por la ne-
cesidad. En otros términos, la noción de clase social es inherente a
la de estructura económica, como parte constitutiva de esta.
Marx dejó inconcluso el tema de las clases sociales en el tomo
III de El Capital. En uno de los últimos párrafos dijo: “El problema
que inmediatamente se plantea es este: ¿qué es una clase? La con-
testación a esta pregunta se desprende en seguida de la que demos
a esta otra: ¿qué es lo que convierte a los obreros asalariados, a los
capitalistas y a los terratenientes en factores de las tres grandes
clases sociales? /Es, a primera vista, la identidad de sus rentas y
fuentes de renta. Trátase de tres grandes grupos sociales cuyos
componentes, los individuos que los forman, viven respectiva-
mente de un salario, de la ganancia o de la renta del suelo, es decir,
de la explotación de su fuerza de trabajo, de su capital o de su pro-
piedad territorial.” Luego del siguiente párrafo, Engels, quien tuvo
a su cargo la edición de los tomos II y III de El capital, hizo saber:
“Al llegar aquí se interrumpe el manuscrito.”89
3.– En la sociedad capitalista, las relaciones de producción,
cuyo eje es la clase capitalista, engendran a las fuerzas producti-
vas, cuyo eje es la clase ocupada en el trabajo. Son los capitalistas,
en efecto, quienes determinan la aparición de los obreros al reclu-
tarlos para que hagan el trabajo en sus empresas.
4.– Sobre la estructura económica se levantan las superestruc-
turas: ideológica, política y jurídica, determinadas por aquella. La
superestructura ideológica es el mundo conceptual o la conciencia
en todas sus manifestaciones. La superestructura política es el Es-
tado y las personas y los hechos que lo configuran. La superestruc-
tura jurídica es el conjunto de normas emitidas por el Estado o
creadas por la sociedad que delimitan lo válido y no válido en las
89 Frente a la caracterización de las clases sociales en el Manifiesto Comu-
nista, algunos teóricos de la burguesía o vinculados a ella han buscado otros
criterios para definirlas. Por ejemplo, GEORGES GURVITCH, en unas lecciones
que dio en París, tras pasar revista a las definiciones de varios sociólogos que
no lo satisficieron, terminó diciendo que las clases sociales son “macrocosmos
cuya unidad se funda en su suprafuncionalidad, su resistencia a la penetra-
ción por la sociedad global”, Études sur les clases sociales, Paris, Éditions
Gonthier, 1966, pág. 234. En otros estudios se prescinde también de la perte-
nencia de las clases sociales a la estructura económica, por ejemplo en Stra-
tification et classes sociales de SERGE BOSC, Paris, Armand Colin, 7ème edi-
tion, 2011, Un manual muy claro sobre este tema es el de FRANÇOIS CHATAG-
NER, Les clases sociales, Paris, Le Monde Éditions, 1997.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
71
relaciones sociales, teniendo como base el derecho de propiedad y,
principalmente, la propiedad de los medios de producción.
5.– La estructura y las superestructuras están en permanente
relación y se influencian recíprocamente. Pero, aunque las super-
estructuras se hallan determinadas por la estructura, cobran
cierta independencia, como una expresión de los cambios cuanti-
tativos, y vuelven a la estructura para modificarla.
6.– En su evolución, las fuerzas productivas entran en contra-
dicción con las relaciones de producción, las que de formas evolu-
tivas de aquellas se convierten en sus trabas.
7.– Esta evolución tiene lugar como una sucesión de cambios
cuantitativos, que modifican a ambas, pero sobre todo a las fuerzas
productivas que son el componente más dinámico de este binomio.
8.– En cierto momento, los cambios cuantitativos dan lugar a
un cambio cualitativo, o a la sustitución radical de las relaciones
de producción por otras, abriendo una era de revolución social.
Luego, las nuevas relaciones de producción ingresan en otro ciclo
de oposición con las fuerzas productivas, y así sucesivamente. La
ideología, la política y el derecho experimentan también esos cam-
bios cuantitativos y operan como medios de los cambios en la es-
tructura.
9.– Una sociedad no desaparece antes de que se desarrollen
las fuerzas productivas que contiene, y las nuevas relaciones de
producción no sustituyen a las anteriores antes de que las condi-
ciones materiales de existencia las hagan posible.
10.– Este esquema de desarrollo social se da en todas las so-
ciedades.
b) Interrelación de la estructura y las superestructuras
En 1890, el profesor de Filosofía de la Universidad de Leipzig
Paul Barth publicó un artículo en el cual decía: “Marx y sus adep-
tos autónomos tienen el gran mérito de haber puesto de mani-
fiesto, aun cuando no por primera vez sí de la forma más pene-
trante, la parte que le corresponde a la economía en la génesis de
todas, incluidas las más elevadas, expresiones vitales de la socie-
dad; pero han evaluado con exceso esta parte, incluso la han ele-
vado a causa exclusiva, suficiente. […] El primado de la economía
sobre la política es, pues, indemostrable tanto para el comienzo
PÁGINAS
DE
MARXISMO
72
como para la evolución de la historia, es más adecuada la más es-
trecha acción recíproca entre ambas esferas vitales, que no corres-
ponde a la metáfora de la base y la sobreestructura.”90
Al artículo de Barth siguió una polémica en la que Engels, in-
tervino, aclarando este tema en cartas a algunos de sus amigos.
En una a Joseph Bloch, del 21 de noviembre de 1890, dijo: “Según
la concepción materialista de la historia, el factor que en última
instancia determina la historia es la producción y la reproducción
de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto.
Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único
determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacía, abs-
tracta, absurda. […] Es un juego mutuo de acciones y reacciones
entre todos estos factores, en el que, a través de toda la multitud
infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya
trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que pode-
mos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba
siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico.
De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera
sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer
grado.”91
En 1906, Eduard Bernstein, apoyándose en Barth, insistió en
que Marx le había atribuido a la economía “un poder de determi-
nación casi ilimitado con respecto a la historia” y que con ello le
había dado a esta una interpretación “monista”.92 Las críticas pos-
teriores a esta parte del marxismo han repetido esas afirmaciones
que buscaban desechar la preponderancia de la economía en la
evolución social.
Sin embargo, ni en aquellos años ni posteriormente, pudieron
ser desvirtuados el carácter determinante de la base real, o estruc-
tura económica, ni las interinfluencias de esta con las superestruc-
turas. Antes bien, la evolución de la sociedad y los estudios del pa-
sado las confirmaron. Las estructuras de las sociedades esclavista,
feudal y capitalista generaron sus formas ideológicas, políticas y
90 Cit. por BO GUSTAFSSON, Marxismo y revisionismo, Ed. Grijalbo, 1975, pág.
49. El artículo de Bart se titulaba La filosofía de la historia de Hegel y los
hegelianos hasta Marx y Hartmann. Gustafsson relata en este libro la polé-
mica suscitada por esta parte del marxismo a partir de la crítica indicada de
Bart, págs. 48 a 65.
91 Cit. por BO GUSTAFSSON, ob. cit., pág. 55.
92 E. BERSTEIN, Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der
Sozialdemokratie, Berlin, 1906, pags. 11 y ss, cit por BO GUSTAFSSON, ob. cit.,
pág. 48.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
73
jurídicas, para asegurar su reproducción y la supremacía de la
clase dominante, y no a la inversa: la estructura económica no apa-
reció por decisiones políticas o jurídicas o por una proyección del
pensamiento. En el caso del capitalismo, cuando este hubo evolu-
cionado suficientemente, por el acrecentamiento del comercio, la
industria y la banca y requirió superestructuras compatibles con
su desarrollo, sus intelectuales promovieron la ideología que le dio
el poder político. La Revolución Francesa de 1789 fue el paradigma
de este cambio cualitativo de la sociedad feudal. Y esta revolución
creó sus superestructuras política y jurídica. Marx había dicho:
“Verdaderamente, hay que hallarse desprovisto de todo conoci-
miento histórico para ignorar que, en todos los tiempos, los sobe-
ranos son los que han sufrido las condiciones económicas, pero que
jamás han sido ellos los que han establecido la ley de las mismas.
La legislación, tanto política como civil, no hace más que expresar,
verbalizar el poder de las relaciones económicas. ¿Es el soberano
quien se ha apoderado del oro y la plata, para convertirlos en agen-
tes universales de cambio, estampando su sello en ellos, o son más
bien estos agentes universales de cambio los que se han apoderado
del soberano obligándole a estampar su sello en ellos y a consa-
grarlos políticamente?”93 Luego, la estructura capitalista y sus su-
perestructuras se imbricaron cada vez más: la economía, impo-
niendo sus exigencias a la ideología, la política y el derecho; y es-
tos, regulando la base económica según su evolución. Aun en una
economía de vasta libertad de mercado, el Estado y sus leyes las
norman en todos sus aspectos en cada momento, y mantienen a las
clases trabajadoras dentro de los límites que el sistema les ha mar-
cado.
En los años transcurridos, desde que la teoría de Marx y En-
gels sobre el desarrollo social estuvo totalmente elaborada, la so-
ciedad capitalista ha proseguido su desarrollo como ellos lo habían
previsto: persisten sus relaciones de producción, constituidas por
la clase capitalista, como propietaria de los medios de producción,
y por los trabajadores, obligados por la necesidad a entregarles su
fuerza de trabajo por una remuneración; la producción de mercan-
cías, de las que los capitalistas son propietarios, sigue teniendo
como destino el mercado; y la plusvalía continúa añadiéndose al
patrimonio de los capitalistas, descontando la parte que el Estado
retira como impuestos.
93 Miseria de la Filosofía, 3º, A, La moneda.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
74
Correlativamente, la lucha de clases no ha cesado. El capita-
lismo, directamente al nivel de las relaciones de producción y sir-
viéndose de la ideología, el Estado y el derecho, ha continuado so-
metiendo a la clase obrera y a otras clases y tratando de impedirles
que reaccionen. Desde la Revolución Bolchevique de 1917, su com-
portamiento, ha girado en torno al combate contra cualquier forma
y posibilidad de acceso al poder político por los representantes de
las clases trabajadoras o sus aliados y, con mayor obstinación y
saña, contra quienes profesan el marxismo. Las relaciones de pro-
ducción y las superestructuras han sido los campos de la lucha de
clases, y, para el capitalismo, no ha quedado en ellos ningún sitio
ni momento sin vigilancia y sin la presencia de sus huestes ideoló-
gicas, estatales y jurídicas. En ciertos momentos, esta lucha se ha
atenuado, en gran parte gracias a la acción de algunos grupos re-
presentantes de las clases dominadas o solidarios con ellas que en-
tendían que una transacción con la clase capitalista se hacía nece-
saria, cambiando algunos derechos nuevos por el apaciguamiento.
Pero los cambios sobrevenidos han sido solo cuantitativos, no
cualitativos, puesto que la estructura capitalista no ha sido susti-
tuida por otra, excepto en Rusia desde 1918 hasta 1991 y en otros
países con economía socializada.
Estos cambios y sus caracteres puntuales no pudieron ser co-
lumbrados por Marx y Engels, puesto que ellos no eran profetas.
Su visión e interpretación de la sociedad se limitó a la de su tiempo
y la del pasado, aplicando su método dialéctico.
B.– LA SUBESTRUCTURA
Una pregunta que subyace en el tema del cambio más activo
de los instrumentos de producción es su causa. Engels en la Intro-
ducción a su libro Dialéctica de la naturaleza y en su estudio sobre
El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre la
identificó con el trabajo que, en los primeros momentos de la espe-
cie humana, consistía solo en su actividad para subsistir. La mano
del hombre se transformó por el trabajo –dice Engels– y ella, a su
vez, fue transformando el cerebro que desarrolla el lenguaje, en un
proceso de interacciones permanentes durante cientos de miles de
años. Carlos Marx, en las primeras páginas de El Capital aludió a
este mismo proceso en la realización del trabajo, que comienza con
la representación en la mente de lo que el hombre se propone ha-
cer, a diferencia de los animales que actúan por instinto. Más allá
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DE
MARXISMO
75
de estas constataciones, se podría preguntar por la causa de esa
causa: ¿por qué ciertos individuos de la especie humana crean nue-
vos instrumentos de trabajo u otros bienes de consumo o mejoran
los existentes e inventan o descubren otros?
La visión de Marx de la evolución de la sociedad permaneció
en la constatación de la existencia de la estructura y las superes-
tructuras, y en la manera como estas se interrelacionan y cambian
en el plano de parámetros que podrían denominarse macrosocia-
les. Ni él ni Engels ingresaron al análisis de las causas determi-
nantes de la conducta de los seres humanos y de cómo esta impulsa
la evolución social, en un plano situado bajo esos parámetros y
constituido por la estructura y las funciones orgánicas y mentales
de los seres humanos, cuyo estudio científico no se había desarro-
llado aún en su tiempo.
Anatómica y fisiológicamente, los seres humanos son básica-
mente iguales, como resultado de su evolución común. Presentan,
sin embargo, diferencias que les confieren caracteres propios: sus
órganos pueden ser más fuertes o más débiles, y su mente de reac-
ciones rápidas o lentas. Este conjunto de caracteres resulta de su
evolución interior, y los lleva a diferenciarse por sus rostros, cuer-
pos, voz y mentes. Como Darwin lo demostró, la diferente capaci-
dad de adaptación de los individuos de las especies a su medio am-
biente y a sus relaciones entre sí les fue creando características y
cualidades inicialmente poco perceptibles que luego se profundiza-
ron hasta darles la configuración de nuevas especies a lo largo de
millones de años. Esa disímil capacidad de adaptación surge de
sus diferencias orgánicas y, a partir de cierto momento, en los hom-
bres, de sus diferencias mentales, consecuencia, a su vez, de sus
acciones y reacciones frente a la naturaleza y los demás miembros
de los grupos de los que son parte, y crea individuos distintos por
su resistencia física, inteligencia, memoria, curiosidad, poder de
observación, aptitud y deseo de aprender, voluntad de hacer, osa-
día, sociabilidad, figuración, agresividad, propensión a transgredir
las reglas, sensibilidad y otras cualidades y defectos, y se les ve en
todo grupo humano: horda, tribu, clase social, familia, escuela, tra-
bajo, asociaciones, Estado y los grupos circunstanciales.94
94 En FRIEDRICH NIETZSCHE la voluntad de poder parece surgir de la subjeti-
vidad, y no de la manera cómo están hechos materialmente los seres humanos
y cómo han evolucionado, como seres biológicos y como seres sociales. Decía:
“la fuerza interna es infinitamente superior (a las causas exteriores); muchas
PÁGINAS
DE
MARXISMO
76
Han sido los individuos más observadores e inteligentes los
que, sin abandonar su condición de seres sociales y su pertenencia
a determinados ambientes, han impulsado la evolución social: fi-
jándose en la naturaleza y sus posibilidades y peligros, y creando
lo que se ha denominado ideas-fuerza que les han servido para di-
rigir a sus semejantes, descubrir la manera de alimentarse mejor
y con menos fatiga y de guarecerse, inventar instrumentos de pro-
ducción, descubrir las propiedades de los objetos de la naturaleza,
hacer surgir el habla, crear el arte o proponer cambios en las rela-
ciones sociales.95 Fue un proceso de conocimiento y adaptación.96
Los demás miembros de los grupos, estratificados por sus aptitu-
des y creencias diferentes y por su posición social, participaban en
esas acciones creativas o solo las observaban o les eran indiferen-
tes o también las combatían, llegando incluso a la aniquilación de
los innovadores. Si no fuera por el poder creativo de esos indivi-
duos, la humanidad no habría llegado a la revolución agrícola, a la
revolución industrial, a la revolución de la electrónica y la infor-
mática, a las revoluciones y cambios sociales, ni a ninguno de los
cosas que parecen una influencia externa no son sino una adaptación de ori-
gen interno”. La volonté de puissance, Paris, Éditions Gallimard, libre II, cha-
pitre II, 64. La capacidad de adaptación de la materialidad biológica y la
mente de los seres humanos es un efecto de las contradicciones de ambas y de
las relaciones sociales que la mente refleja. Una parte de esta capacidad de
adaptación es su deseo de supervivir y progresar. Esta es la manera de mani-
festarse de la voluntad de poder que no es igual en todos.
95 La expresión idea-fuerza fue una creación de ALFRED FOUILLÉE, filósofo
francés, expuesta en sus libros L’évolucionisme des idées-force (1890), La
Psychologie des idées-force (1893) y La Morale des idées-force (1907), cit. en El
poder de la idea-fuerza por Victor Hugo: https://antrial.blog/2012/12/16/el-po-
der-de-la-idea-fuerza/ En este artículo se recuerda el dicho de Einstein: “No
son las locomotoras, sino las ideas las que llevan y arrastran al mundo”. Se
utiliza la noción de idea-fuerza, sobre todo, en la publicidad comercial y la
propaganda política, como slogans que definen con pocas palabras los carac-
teres y la calidad del producto, o los méritos y proyectos de los candidatos.
96 ABRAHAM MASLOW ha hecho una clasificación de las motivaciones que de-
terminan los actos de los seres humanos. Wikipedia. En las motivaciones hay
una raíz atávica que parte de la condición de ciertos individuos de curiosear,
buscar, aventurarse, experimentar, deducir, descubrir, inventar, liderar y
triunfar. La fuerza interior que los impulsa se manifiesta en las distintas ac-
tividades del grupo social, y las emprenden con tesón, sin que importen el
tiempo y los sacrificios que les exijan y, casi siempre, sin otra recompensa que
la satisfacción de haber alcanzado el objetivo que se habían propuesto.
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DE
MARXISMO
77
bienes materiales, ideológicos y sociales que son el soporte de su
vida. Tampoco hubieran existido las ciencias y las artes.
Marx y Engels mismos fueron personalidades excepcionales,
y sus enseñanzas estuvieron destinadas a contribuir al cambio de
la sociedad, haciendo que los individuos de las clases explotadas y
quienes se solidarizaran con ellas, las asimilaran y pudieran con-
vertirse en factor de los cambios, puesto que, en definitiva, la evo-
lución social reside en la manera como los individuos producen su
vida y se dan cuenta de la necesidad de cambiarla, cualesquiera
que sean las estructuras de las que son parte. Si no comprenden
ni actúan, ningún cambio social es posible.
C.– LOS CAMBIOS MÁS IMPORTANTES EN LA
ESTRUCTURA Y LAS SUPERESTRUCTURAS
Desde que Marx y Engels escribieron, la sociedad ha experi-
mentado los cambios de mayor relieve que se indica luego.
a) Cambios en la estructura
1.– Cambios en la población
En 1800, la población mundial llegaba a 978 millones de per-
sonas y había venido creciendo desde la Revolución Neolítica, ca-
racterizada por la invención de la agricultura y la ganadería,
10,000 años a.C., a una tasa relativamente baja y constante. Por
efecto de la Revolución Industrial, de la segunda mitad del siglo
XVIII, la población del mundo comenzó a aumentar casi vertical-
mente: en 1900, era 1,650 millones; y en 2020, 7,800 millones. En
Europa, epicentro del desarrollo capitalista, la población era 203
millones en 1800; en 1900, 408 millones; y en 2020, 801 millones.
Sin embargo, en este continente, la tasa de natalidad ha dismi-
nuido y la esperanza de vida ha aumentado.
Las ciudades han crecido: en 2010 más del 50% de la población
mundial vivía en ciudades, lo que ha determinado que la urbani-
zación y sus servicios, los transportes y la correspondiente infra-
estructura hayan aumentado enormemente y sigan aumentando a
medida que más gente se traslada del campo a las ciudades. En los
países con un capitalismo más desarrollado, la urbanización es
aún mayor.
Las revoluciones en la energía, la sanidad y la transmisión del
conocimiento y las órdenes por medios electrónicos e informáticos
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DE
MARXISMO
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han cambiado la vida de las poblaciones y de todas las clases so-
ciales.
Estos cambios han generado una contaminación ambiental en
creciente de la tierra, el aire y el agua, adonde van a dar los resi-
duos, cada vez más abundantes, procedentes del consumo de bie-
nes industriales, cambios nocivos para los ecosistemas y causantes
del calentamiento global, creando una situación de peligro para la
existencia de la especie humana, de la que se ha tenido conciencia
recién en la segunda mitad del siglo XX. Ninguno de los ideólogos
del siglo XIX, incluidos Marx y Engels, advirtieron esta situación.
Su causa no es solo la industrialización capitalista; también lo fue
la de la Unión Soviética; y, ahora, la de China. A la lucha de clases
se ha añadido, por lo tanto, la lucha por la defensa de los ecosiste-
mas, concerniente a toda la humanidad.
2.– Cambios en la clase capitalista
1.– Durante gran parte del siglo XIX, como en los anteriores,
el capital estaba constituido por objetos materiales, dinero y depó-
sitos bancarios convertibles en dinero, sobre los cuales el capita-
lista tenía el derecho de propiedad. Con el dinero el capitalista po-
día crear empresas, comprar los medios de producción y pagar a
los obreros. Luego, vendía la producción y la convertía en dinero
que podía depositar en los bancos, y así sucesivamente.
La intervención más frecuente de los bancos, como deposita-
rios y prestamistas, fue haciendo del capital solo un poder de com-
pra y disposición que podía otorgarse y transferirse por inscripcio-
nes o asientos en documentos contables, sin que saliese todo o una
parte del dinero representado por esas inscripciones. Correlativa-
mente, una parte del dinero se convirtió en títulos que daban el
derecho de cambiarlos por dinero, por lo general con un interés, y
que podían ser comprados y vendidos. Se les llamó títulos-valores.
El derecho de propiedad paso a ejercerse sobre este capital deno-
minado intangible, que podía representar bienes materiales, accio-
nes de empresas, mercancías o derechos de crédito por préstamos
a particulares o a los estados, y seguía manifestándose como regis-
tros contables de acreencias para sus tenedores, y débitos para los
obligados a reembolsarlos. Los mercados donde se les negociaba
fueron las bolsas de valores, regidas por la libre oferta y demanda.
En el siglo XX esta forma de expresión y tenencia del capital
se ha generalizado, en particular en los países capitalistas más
avanzados. Con la difusión de la informática y la electrónica, la
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DE
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79
trasferencia del capital se ha hecho instantánea. La intermedia-
ción de los títulos valores para ejercer el derecho de propiedad so-
bre los objetos reales ha dado como resultado la independización
del precio de aquellos con respecto al de estos. El precio de los tí-
tulos valores puede subir o bajar por la oferta y la demanda, y el
capitalista que los posee ganar o perder, sin relación necesaria con
el valor de las empresas y mercancías que estas producen. El pre-
cio de los títulos valores puede subir si las empresas o los bienes
que representan dan ganancias o se espera que las den, y, a la in-
versa, baja si dan pérdidas. A menudo, cuando el precio de las ac-
ciones cae en las bolsas, las empresas también pierden valor y des-
piden a su personal o cierran. Esta separación entre los títulos-
valores y los objetos que representan ha creado flujos de capital
que pueden invertirse solo en los primeros, dando lugar a un capi-
talismo parasitario que, al no intervenir en la producción, no se
vincula a la creación de plusvalía, pero que toma una parte de ella
y puede determinar la suerte de la producción de mercancías.
2.– La intervención del capital, como propiedad directa de los
capitalistas en bienes, dinero y títulos valores, se ha reducido.
Desde los albores del capitalismo el crédito aportó una parte del
capital líquido para la creación de empresas o la compra o venta
de mercancías. La parte del crédito ha crecido. Los bancos y otras
entidades financieras pueden suministrar ahora la mayor parte
del capital necesario de las empresas, para la adquisición de los
bienes que requieren y el pago de la fuerza de trabajo. Pueden ha-
cerlo no solo por la magnitud de los depósitos, sino también por el
poder creador de crédito, posibilitado por la obligación de los ban-
cos de contar solo con un porcentaje muy reducido de los depósitos
como encaje y por los préstamos de otros bancos y de los bancos
centrales, adelantos de capital que, al fin de cuentas, son otros tan-
tos registros de movimientos de dinero. Más recientemente, la pri-
vatización de los regímenes pensionarios, que ha transferido las
cotizaciones a algunas empresas creadas para este propósito o a
entidades financieras diversas, ha aportado una enorme fuente de
capital, procedente de la parte variable del capital productivo, que
se presta a las empresas o se aplica a la compra de títulos-valores
en las bolsas, negocios muy lucrativos y sin riesgos para los capi-
talistas que toman ese dinero, percibiendo además un porcentaje
sobre los mismos como sus gestores.
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DE
MARXISMO
80
3.– La concentración del capital, que a fines del siglo XIX au-
mentaba sin cesar y parecía absorber casi toda la actividad econó-
mica, no ha llegado a desplazar a las medianas y pequeñas empre-
sas, las que durante el siglo XX han seguido sirviendo como medios
de distribución de las mercancías y complemento en la producción
de ciertos bienes. Los ideólogos del socialismo reformista ya habían
advertido este fenómeno a fines del siglo XIX. Esta situación se
mantiene, tanto en los países capitalistas más desarrollados como
en los de menor desarrollo. En conjunto, estos medianos y peque-
ños propietarios, que constituyen la pequeña burguesía o la clase
media, siguen siendo muy numerosos y su poder electoral e in-
fluencia política son decisivos. Para los capitalistas de mayor po-
der su concurso es fundamental para el mantenimiento de la es-
tructura por su preponderancia en las superestructuras política,
jurídica y cultural. Es como un mecanismo de amortiguación
frente a las clases trabajadoras. Pero puede ser también una capa
social neutral ante la desaparición del poder de los más grandes
capitalistas si se le garantiza la intangibilidad de su propiedad.
4.– La clase capitalista ha cedido, en su mayor parte, la ges-
tión de las empresas a directorios conformados por delegados re-
munerados, por lo general formados en universidades, algunos
vinculados por contratos civiles y otros, los menos, por contratos
de trabajo. Esta cesión se ha intensificado, desde comienzos del
siglo XX, en los países capitalistas más desarrollados, y se ha he-
cho casi imprescindible en las sociedades por acciones, en las que
la voluntad de las juntas de accionistas, que pueden llegar a ser
miles, se ha convertido en mera ficción y se contenta con renovar
el mandato de los ejecutivos si estos les anuncian beneficios eleva-
dos; de otro modo pueden sustituirlos.97 Marx decía de este fenó-
meno: “Las empresas por acciones –que se desarrollan con el sis-
tema de crédito– tienden a separar cada vez más este trabajo ad-
ministrativo como función, de la posesión del capital, sea propio o
prestado, del mismo modo que al desarrollarse la sociedad bur-
guesa las funciones judiciales y administrativas se van separando
de la propiedad territorial, de la que eran atributos en la época del
feudalismo.”98 Si se mira bien, la separación de la gestión de la
97 JOHN KENNETH GALBRAIT advirtió la presencia de este grupo. Le llamó la
“tecnoestructura”, The New Industrial Estate, New York, Penguin Books,
1986, pág. 64.
98 El Capital, cit., T. III, pág. 370.
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DE
MARXISMO
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empresa de la propiedad del capital es otra manifestación del pa-
rasitismo del capital: el capitalista percibe la plusvalía sin aportar
ningún esfuerzo de administración, por el simple hecho de poseer
la titularidad del capital. Marx trató también del trabajo de los
gerentes (managers) y otros trabajadores de dirección en las em-
presas que, para él, eran asalariados, aunque sus labores fuesen
las que el propio capitalista asumía en ese tiempo. Un economista
había dicho que la ganancia, o la plusvalía, era el salario del capi-
talista. No lo era, dijo Marx. “Frente al capitalista dueño del di-
nero, el capitalista industrial es un obrero, pero un obrero capita-
lista, es decir, explotador del trabajo ajeno. El salario que reclama
y percibe por este trabajo equivale exactamente a la cantidad de
trabajo ajeno que se apropia, y depende directamente siempre y
cuando que se someta al necesario esfuerzo de la explotación, del
grado de explotación de este trabajo y no del grado del esfuerzo que
la explotación le impone y que pueda echar sobre los hombros de
un director a cambio de una moderada remuneración. Después de
cada crisis podemos ver en los distritos fabriles ingleses un gran
número de exfabricantes que regentan por un pequeño salario las
mismas fábricas de que antes eran dueños …”99 Era esta la situa-
ción de los gerentes en esos momentos en que los capitalistas, so-
bre todo propietarios de medianas y pequeñas empresas, las admi-
nistraban ellos mismos.
Muy cerca de los miembros del directorio, actúan los gerentes
y otros altos funcionarios empresariales, designados por aquel
para cumplir las tareas de dirección de las empresas al más alto
nivel. Se encargan de adoptar las decisiones que convienen a los
capitalistas, en cuya representación actúan, frente a los demás
trabajadores de encuadramiento y ejecución. Deciden las grandes
líneas de la producción y sus caracteres, elementos y magnitudes,
y las compras y ventas, recomiendan la obtención de crédito, de-
terminan la contratación de trabajadores y su despido, etc. Son los
ejecutivos, cuya obediencia al capitalismo, elevadas remuneracio-
nes, cálculo e impasibilidad lindante con la crueldad son los atri-
butos de su actividad laboral. Ofician de ariete en la lucha del ca-
pitalismo contra las clases trabajadoras y, recíprocamente, son la
muralla protectora inmediata del capitalismo frente al embate de
estas clases, del mismo modo que el empuje de los manifestantes
99 El Capital, cit., T. III, pág. 370.
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DE
MARXISMO
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contestatarios en las calles es recibido por policías empleados para
esta función, que son también trabajadores dependientes.100
Bajo los ejecutivos intervienen los cuadros encargados de la
dirección del trabajo, que son otro grupo social dependiente del ca-
pitalismo.101
Como se dice en ciertos ambientes, la propiedad del capital es
ahora un cascarón vacío. Su eliminación no causaría ningún efecto
negativo en la economía.
5.– La economía capitalista ha sido intervenida por el Estado,
en mayor o menor grado, según los países. El imperio absoluto de
la libre oferta y demanda y la abstención correlativa del Estado de
intervenir en la economía son hechos del siglo XIX. Esta interven-
ción ha surgido por la necesidad del capitalismo de subsistir o ex-
pandirse. Sus economistas han aprendido a manejar las crisis y
superar sus efectos, apelando al Estado y, en particular, a su
Banca Central, y han evitado la crisis catastrófica que algunos
ideólogos socialistas esperaban desde comienzos del siglo XX.102 La
adquisición de derechos sociales por las clases trabajadoras y el
reclamo general de la población de contar con servicios públicos
más numerosos y diversos han dado lugar a otras formas de inter-
vención estatal.
Para cumplir sus funciones el Estado ha sido obligado a tomar
una parte cada vez mayor del PBI o, más específicamente, de la
plusvalía total. Incluso en los países con un capitalismo neoliberal
extremado, el Estado es un socio exigente que, como una tendencia
irreversible, absorbe un porcentaje creciente del PBI (alrededor del
15%) y que sus agentes, si no están contaminados por la corrup-
ción, cobran con ahínco irrefragable. Frente a la limitación de esta
fuente, para solventar los pagos más costosos suscitados por el pre-
dominio militar y las exigencias de la defensa, el Estado ha sido
constreñido en algunos países a endeudarse y, además, como en el
caso de Estados Unidos, a emitir dinero sin respaldo: dólares, que
100 MARÍA ELENA WALSH les ha dedicado su canción Los ejecutivos, cuyo estri-
billo dice: ‘¡Ay!, ¡qué vivos son los ejecutivos! /Qué vivos que son, /Del sillón al
avión, /Del avión al salón, /Del harén al edén. /Siempre tienen razón. /Y ade-
más tienen la sartén. /La sartén por el mango. /Y el mango también.”
101 Véase a continuación: 3.– La nueva clase profesional.
102 ANDRÉ GORZ decía: “Jamás el capitalismo ha sido capaz de resolver los
problemas que engendra. Pero esta incapacidad no es mortal: ha adquirido la
facultad, poco estudiada y mal comprendida, de dominar la manera de no so-
lucionar sus problemas.”, Adieux au prolétariat, Au-delà du socialisme, Paris,
Éditions Galilée, 1980, Introduction.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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su política ha impuesto como un medio de pago y atesoramiento en
los países bajo su dominio o influencia.
Luego de la Primera Guerra Mundial, la necesidad de atender
ciertas necesidades sociales y la promoción del capitalismo en as-
pectos estratégicos, militares y civiles, llevó a la creación de em-
presas estatales, tendencia que creció luego de la Segunda. Para
los movimientos de opinión progresistas, estas empresas significa-
ban un paso hacia la socialización de la producción. En los países
europeos y algunos otros se les impuso un criterio competitivo; en
cambio, en numerosos países de la periferia capitalista, sirvieron
como una fuente de empleo excesivo y un medio de pillaje de sus
recursos por los políticos y su clientela. Desde la década del
ochenta, la ola ideológica neoliberal, que se impuso en la superes-
tructura política, llevó a la privatización de numerosas empresas
estatales, sobre todo, las de mayor rentabilidad, lo que no ha eli-
minado la necesidad del capitalismo de servirse del Estado, sobre
todo para salvar a ciertas empresas de la desaparición por las cri-
sis.
b) Cambios en las fuerzas productivas
1.– Cambios en los instrumentos y otros medios de pro-
ducción
Cuando Marx y Engels elaboraron su teoría, el maquinismo,
que había comenzado en Inglaterra con la Revolución Industrial
de la segunda mitad del siglo XVIII, se expandía en Europa, Esta-
dos Unidos y otras partes del mundo y, con menos intensidad, en
los países de la periferia capitalista, y la producción y el intercam-
bio comercial se multiplicaban a pasos agigantados. Simultánea-
mente, las ciencias naturales y la técnica avanzaron hacia nuevas
realizaciones que dieron como resultado un desarrollo mayor de los
instrumentos de producción. Al uso del vapor de agua, como fuerza
energética generada por el carbón de piedra del que se disponía en
abundancia, siguieron la electricidad y el petróleo a fines del siglo
XIX, dando lugar a la segunda revolución industrial. En la se-
gunda mitad del siglo XX, comenzó la utilización de la energía ató-
mica, a la que se añadieron las fuentes eólica y solar. En este pe-
ríodo empezaron también las invenciones en la electrónica y la in-
formática, que generalizaron la comunicación y potenciaron el ma-
nejo de las máquinas y otros bienes de producción y consumo per-
sonal, iniciando un período al que se ha denominado la tercera re-
volución industrial o la revolución de la comunicación. Como efecto
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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de estos cambios, la producción de bienes materiales y, sobre todo,
de servicios ha crecido extraordinariamente, y los mercados en el
mundo entero se han expandido y entrelazado de modo casi indi-
soluble.
2.– Cambios en la clase obrera
1.– Los cambios en los medios de producción han incidido so-
bre la fuerza de trabajo: por una parte, incrementando la división
social del trabajo, tanto horizontalmente en la forma de nuevas
ocupaciones y tareas, como verticalmente, en la forma de una es-
tratificación de los niveles de conocimiento, organización y mando;
y, por otra, haciendo obligatoria la asistencia a la escuela de los
niños y adolescentes hasta la mayoría de edad, 18 años por regla
general, y una formación profesional subsiguiente de los trabaja-
dores en escuelas especializadas, universidades y empresas, com-
patible con los requerimientos de la producción, la circulación y el
consumo.
Estos cambios han conducido a otros:
La clase obrera, que en el siglo XIX parecía crecer indefinida
y uniformemente, ocupándose de las tareas de ejecución material
en los centros de trabajo, ha quedado reducida a un porcentaje en
descenso en el conjunto de la fuerza de trabajo.
2.– En 1940, el economista británico Colin Clark propuso la
división de la producción, la población laboral y el ingreso nacional
en tres sectores: primario, secundario y terciario. A su criterio, el
sector primario es el dedicado a extraer de la naturaleza los bienes
a ser utilizados en la producción o consumidos, y comprende la
agricultura, la actividad forestal y la pesca; el sector secundario
abarca la manufactura, la minería y la construcción; y el sector
terciario el comercio, el transporte, los servicios y otras activida-
des.103 Constataba, además, que, con el progreso industrial, el sec-
tor primario tiende a reducirse, el secundario crece hasta cierto
punto y luego es superado en magnitud de población ocupada e
ingreso global por el terciario. En los países de capitalismo desa-
rrollado, el sector primario va del 5% y menos al 10% de la pobla-
ción empleada; el secundario, del 20% al 30%; y el terciario del 60%
al 70%. Otra de las verificaciones de Clark fue que el número de
trabajadores ocupados en tareas simples disminuye y, en cambio,
aumenta el número de trabajadores de oficina y profesionales.
103 The conditions of Economic Progress, London, 1940, Summary and
Conclusions.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
85
Luego se ha precisado que los sectores primario y secundario pro-
ducen bienes materiales, el primero extrayéndolos de la natura-
leza y, el segundo industrializándolos, en tanto que el terciario pro-
duce bienes intangibles o inmateriales, denominados genérica-
mente servicios. Sin embargo, los bienes intangibles no pueden
existir independientemente de los materiales, por pequeña que
pueda ser la proporción de estos en cada actividad terciaria. Los
bienes materiales son la base sobre la que las actividades intangi-
bles operan en todas las actividades terciarias. Los servicios solo
ayudan a procesar los bienes materiales o se sirven de estos, sin
cuya intervención no podrían existir, en las fábricas, en los esta-
blecimientos comerciales, financieros, de investigación y asesora-
miento, en los transportes, en la educación, etc., y en el Estado.
Esta clasificación es, sin embargo, solo una proyección de la
división social del trabajo. No contradice la teoría de Marx sobre
la estructura de la sociedad basada en la unidad necesaria y con-
tradictoria de las clases capitalista y trabajadoras, presentes en
los tres sectores.
En los tres, los trabajadores, vinculados con sus empleadores
por contratos de trabajo y con una formación profesional particu-
larizada y acentuada, tienen a su cargo la producción de los bienes
y servicios. No habría actividad económica sin su concurso.
3.– La lucha en la que se empeñaron los ideólogos partidarios
de la liberación de la explotación de los obreros y los militantes
más lúcidos de los movimientos de la clase obrera, en su mayor
parte marxistas, y la necesidad del capitalismo de impedir que los
trabajadores se orientaran hacia la revolución social, han determi-
nado la aparición de un conjunto de derechos sociales de los traba-
jadores que ha modificado la situación económica de estos: por una
parte, reduciendo el tiempo de trabajo de 72 horas semanales a
mediados del siglo XIX hasta 48 como regla general en el mundo y
35 horas en los países europeos del oeste, al terminar el siglo XX,
creando los descansos anuales que pueden llegan a cinco semanas,
e introduciendo la higiene y la seguridad en los centros de trabajo;
y, por otra, incrementando las remuneraciones que con los dere-
chos laborales, la Seguridad Social y los servicios públicos han au-
mentado la participación de los trabajadores en el ingreso nacional
en los países más desarrollados y, con menos intensidad, en los
países en vías de desarrollo. Por lo tanto, las relaciones de los tra-
bajadores dependientes de los capitalistas, han dejado de estar de-
terminadas solo por la oferta y demanda. El mercado de fuerza de
PÁGINAS
DE
MARXISMO
86
trabajo ha pasado a estar regulado por estos derechos, por el Es-
tado, obligado legalmente a hacerlos cumplir, y por las organiza-
ciones sindicales que pueden negociar colectivamente las condicio-
nes del empleo y los montos de las remuneraciones.104
4.– Con los nuevos derechos de los trabajadores ha surgido
también un conjunto de nuevos derechos para la población inte-
gralmente considerada, todos los cuales han alcanzado reconoci-
miento en la mayor parte de constituciones políticas del mundo y
en las declaraciones y pactos internacionales de derechos huma-
nos, como una expresión de los cambios cuantitativos que modifi-
can la manera de ser de la sociedad capitalista.
5.– El proletario de mediados del siglo XIX, definido como el
obrero superexplotado, con una esperanza de vida promedio de 35
años, cargado de numerosos hijos (la prole) y hacinado en vivien-
das insalubres y lóbregas, ha quedado como un historiotipo de ese
tiempo. Desde la segunda mitad del siglo XX, los trabajadores de
los países capitalistas más adelantados y en desarrollo, cuya espe-
ranza de vida promedio llega a 80 años y cuyo poder adquisitivo es
cada vez mayor, se aleja de esa noción, la que, sin embargo, define
aún a los trabajadores de la periferia capitalista con salarios que
bordean el mínimo y a los grupos de informales que trabajan por
cuenta propia o para otros por salarios ínfimos.105
3.– La nueva clase profesional
1.– En el amplio conjunto de trabajadores ha tendido a dife-
renciarse, como un grupo formado en las universidades y otros cen-
tros superiores, el de los trabajadores de encuadramiento que se
han hecho imprescindibles en toda empresa, a tal punto que esta
no podría existir sin su concurso. Se ocupan de planificar las líneas
de la producción, delinear los caracteres de los bienes a ser produ-
cidos, determinar sus componentes desde los modelos de las paten-
tes de invención hasta sus ingredientes, señalar los procedimien-
tos del trabajo, controlar la producción y el resultado del trabajo,
administrar el personal, comercializar los bienes producidos, aten-
der el movimiento crediticio y otras tareas conexas. Su aporte a la
producción de plusvalía, o excedente en la terminología de la cien-
cia económica capitalista, ha crecido cada vez más.
104 Véase en la pág. 168 de este libro, c.– La aparición de los derechos sociales
de los trabajadores.
105 Véase, en el capítulo V de este libro c) Posición de los trabajadores ante el
capitalismo y la democracia representativa, pág. 244.
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DE
MARXISMO
87
En el siglo XX, su número han aumentado, y sus funciones se
han separado de la propiedad del capital, lo que confirma la previ-
sión de Marx y Engels de que la intervención de los capitalistas en
la producción, el comercio y las finanzas se ha hecho innecesaria,
si bien no previeron la creciente importancia de este grupo que
está en camino de convertirse en una nueva clase social, colocada
entre la clase capitalista y los trabajadores de ejecución en las fá-
bricas, talleres, oficinas y establecimientos de venta. No es la clase
media, puesto que esta dispone de un capital, tiene empresas y
explota a trabajadores, en menor escala que la burguesía, por lo
que se le ha denominado también pequeña burguesía, grupo que
incluye a los profesionales independientes que prestan sus servi-
cios por un precio u honorarios y contratan empleados que los ayu-
dan, realizando las tareas administrativas.
2.– De allí la importancia del control de las universidades. En
Estados Unidos, la clase capitalista ha privilegiado las universida-
des privadas, muy caras e inalcanzables para los estratos de la po-
blación de bajos ingresos, y regida por las reglas del mercado. Las
universidades compiten en eficiencia, alcanzada por la contrata-
ción de profesores de los más altos niveles, generalmente en subas-
tas anuales, y la obligación de los estudiantes de sujetarse a la
exigencia de los estudios y la disciplina. A partir de la década del
80 del siglo pasado se comenzó a clasificar a las universidades es-
tadounidenses según ciertos criterios de rendimiento para ayudar
a las familias pudientes en la selección de las universidades en las
que sus hijos pueden adquirir una profesión. A esta clasificación
se le denominó el ranking, y comprendió luego a otras universida-
des del mundo.106
Por el contrario, el sistema universitario de Europa se basa en
la gratuidad de la enseñanza en este nivel, aunque el ingreso a ella
es selectivo, por concurso en el último mes de la enseñanza secun-
daria de todos los alumnos para obtener el bachillerato que per-
mite la inscripción en las universidades, según las notas logradas.
106 Los criterios de selección son bibliométricos: número de publicaciones en
revistas indexadas, de citas de sus académicos, de profesores y egresados ga-
lardonados con premios internacionales; y no bibliométricos: número de estu-
diantes matriculados, graduados, postgraduados, académicos con doctorado,
cursos, publicaciones (ISBN), suscripciones en revistas y egresados contrata-
dos. Wikipedia: clasificación académica de universidades; MARIO ALBORNOZ,
LAURA OSORIO, Rankings de universidades: calidad global y contextos locales
en Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad - CTS, vol. 13,
núm. 37, 2018, Internet.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
88
Para el criterio de los ratings mundiales, las universidades priva-
das acaparan los primeros lugares. Sin embargo, la formación en
las universidades europeas (de Alemania, Francia, Italia, Reino
Unido, España y otros países), casi todas públicas, es excelente por
la necesidad de proveer a los aparatos productivo y estatal de cua-
dros del nivel compatible con el desarrollo de estos países.
3.– La nueva clase profesional en formación, de la cual es
parte el segmento homólogo que presta servicios en el Estado, se
ha convertido en una parte de la antítesis de la clase capitalista,
aunque respondiendo aún a los intereses de la clase capitalista
frente a los segmentos de las clases trabajadoras de nivel más bajo.
En los países europeos, donde ha tomado conciencia de su identi-
dad,107 comienza a generar una ideología que, de expandirse entre
sus miembros, podría llevar en algún momento a un cambio cuali-
tativo.
c) Cambios en la superestructura ideológica
La ideología, en su más extensa significación, es el mundo
mental y los elementos que lo conforman: percepciones del mundo
exterior, conceptos, juicios, ideas, recuerdos, emociones, pasiones,
divagaciones, sueños, alucinaciones, que constituyen la conciencia.
Con una significación más restringida “la ideología es el conjunto
de ideas con las cuales los seres humanos buscan explicar las cosas
y fenómenos de la naturaleza, la sociedad y la conciencia, seña-
lando cómo son y cómo deberían ser y evolucionar o no evolucionar,
desde el punto de vista de la situación, exigencias o intereses de
cada clase social y otros grupos sociales, y proyectándose como
planteamientos sobre la filosofía, la ciencia, la política, el derecho,
la literatura, el arte, etcétera.” La conciencia “no es, sin embargo,
un fenómeno de cada ser humano aislado de los demás, sino un
producto modelado en la interrelación social”.108
Desde mediados del siglo XIX, la conciencia ha cambiado por
el desarrollo y la difusión de las ciencias, las nociones de igualdad
107 “Su dependencia del capital llevó a los cuadros europeos a organizarse en
sindicatos y centrales propios. En Francia, se reunieron en la Confederación
General de Cuadros desde octubre de 1944. Les siguieron los cuadros de Ale-
mania (ULA), de Italia (CIDA) y de otros países. Constituyeron luego la Con-
federación Europea de Cuadros.” Cita de mi libro El capitalismo: una historia
en marcha… hacia otra etapa, Lima, 2018, pág. 368.
108 Citas de mi libro El derecho como norma y como relación social, Teoría
general del derecho, Lima, EDIAL, 4ª ed., 2000, nº 78.
PÁGINAS
DE
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89
ante la ley y de oportunidades, las ideologías de liberación de los
trabajadores de la explotación y, en particular, el marxismo, los
derechos sociales, los servicios públicos, la soberanía popular y
otros bienes comunes.
El predominio ideológico absoluto de las iglesias, en los países
de la civilización occidental, que imponían sus dogmas anticientí-
ficos y reprimían las corrientes de liberación de los seres humanos
de la explotación y la miseria con penas materiales, casi se ha ex-
tinguido. La separación del Estado de la iglesia, que comenzó con
la Constitución de los Estados Unidos de 1787 y la Revolución
Francesa de 1789, es ahora general en estos países, aunque en al-
gunos quedan aún trazas de la influencia de la religión en el Es-
tado, manifestada como el control de la educación o de una parte
de ella y la percepción de cierta cantidad de dinero presupuestario,
en violación de la igualdad ante la ley y la libertad de pensamiento.
El dominio de la mente y del Estado por la religión se ha concen-
trado en los países islámicos.
Frente a la conciencia de la necesidad y la posibilidad de los
cambios sociales en las mayorías que trabajan, los estrategas del
capitalismo han ideado ciertos procedimientos para encausarlas
hacia opciones distintas, que van desde un desvío sutil hasta la
adopción de posiciones contrarias a sus intereses y, en ciertos ca-
sos, hasta el fanatismo. Son dos principalmente: la alienación de
la población y el combate contra el marxismo.
Por la alienación las personas son llevadas a creer en ciertos
fetiches religiosos, económicos, sociales, políticos, jurídicos y lite-
rarios, silenciando, disimulando u ocultando su origen y finali-
dad.109 Su éxito es evidente, puesto que, en los países del mundo
occidental, los gobiernos, en todas sus instancias, nacionales e in-
ternacionales, son expresiones del sistema capitalista.
Desde que la ideología marxista comenzó a difundirse, el ca-
pitalismo la combatió por todos los medios y en todos los frentes:
en la universidad, en la prensa, desde el Estado, utilizando la nor-
mativa jurídica y desde los púlpitos. Lo proscribió y emprendió
contra sus cultores y simpatizantes la persecución, que iba desde
la expulsión de sus centros de trabajo hasta la prisión y la muerte.
Pero el marxismo no pudo ser abatido, y, por el contrario, siguió
difundiéndose, y algunos movimientos políticos que inspiró avan-
zaron hacia el poder. Luego de la Revolución Bolchevique de 1917,
109 Véase La alienación en el capítulo II de este libro, pág. 54.
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DE
MARXISMO
90
la historia en todas partes se ha caracterizado por la lucha acé-
rrima del capitalismo contra el marxismo, a pesar de que los par-
tidos comunistas y otros movimientos similares tuvieron que re-
nunciar a la revolución o la postergaron indefinidamente.
Para algunos ideólogos del capitalismo, la disolución de los re-
gímenes y gobiernos socialistas del Este europeo en la década del
noventa del siglo pasado convalidó el ocaso del marxismo. Pero
esta idea fue solo otro recurso de propaganda.
La ideología marxista se mantiene en vigencia por su certitud,
confirmada por la evolución de la sociedad (materialismo histórico)
y de la naturaleza (materialismo dialéctico). Solo hay que estu-
diarla y aplicarla a cada realidad social y, sobre todo, empeñarse
en liberar de la alienación la conciencia de las clases trabajadoras.
d) Cambios en la superestructura política
1.– En la sociedad feudal, el Estado era una prolongación de
la clase feudal, dominada por los reyes y la nobleza. Los territorios,
con las personas que los habitaban, podían unirse o separarse por
el matrimonio, el divorcio o la muerte de sus titulares, como obje-
tos de su propiedad, y se heredaban. Con las revoluciones burgue-
sas de los siglos XVIII y XIX aparecieron los estados nación, for-
mados por ciudadanos iguales ante la ley que establecen las con-
diciones de su convivencia y la manera de gobernarse por contratos
sociales.
Si bien este era el esquema político de esos estados, la clase
capitalista en el poder excluyó luego del derecho de participar en
las elecciones, para constituir los poderes legislativo y ejecutivo, a
los obreros y otros trabajadores, imponiéndoles ciertas exigencias
económicas que no podían cumplir. Correlativamente, el Estado
asumió dos clases de funciones: actuar como el comité de los capi-
talistas para el gobierno de la sociedad y la represión de la clase
obrera, y la prestación de los servicios mínimos, que Adam Smith
había señalado, complementarios de esa primera función.110 Marx
110 Adam Smith decía: “Según el sistema de libertad negociante, al Soberano
solo quedan tres obligaciones principales que atender, obligaciones de gran
importancia y de la mayor consideración, pero muy obvias e inteligibles: la
primera, proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades
independientes; la segunda, poner en lo posible a cubierto de la injusticia y
opresión de un miembro de la república a otro que lo sea también de la misma,
o la obligación de establecer una exacta justicia entre sus pueblos; y la tercera,
la de mantener y erigir ciertas obras y establecimientos públicos, a que nunca
pueden alcanzar ni acomodarse los intereses de los particulares o de pocos
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DE
MARXISMO
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y Engels dijeron, por ello, en el Manifiesto Comunista: “El Go-
bierno del Estado moderno no es más que una junta que adminis-
tra los negocios comunes de toda la clase burguesa.”
El desarrollo del capitalismo, la lucha de clases y la conquista
del derecho de participar en las elecciones por los trabajadores y
las mujeres le han creado al Estado nuevas funciones.
2.– La noción de servicio público, que se insinuaba en el siglo
XIX como una obligación del Estado burgués, siguiendo la indicada
recomendación de Adam Smith, ha pasado a ser un componente
fundamental de la acción estatal. Desde que León Duguit desarro-
llara esta noción a fines del siglo XIX, como una manifestación de
la solidaridad social, hoy se le admite como la razón de ser del Es-
tado, por encargo y decisión de los ciudadanos. Los servicios públi-
cos son de una gama muy variada: administración de los asuntos
públicos, seguridad exterior, seguridad interior, administración de
justicia, educación y formación profesional, prestaciones de salud,
seguridad social, vivienda, transportes y comunicaciones, promo-
ción del progreso material, social y cultural, etc. En su mayor
parte, estos servicios tienen como beneficiarios a los trabajadores
y sus familias, para quienes su costo se paga con una parte de la
plusvalía que el Estado toma por la vía de los tributos; para los
capitalistas son una suerte de inversión destinada a lograr traba-
jadores más eficientes, con menos preocupaciones y con la atención
separada de la protesta y la tentación de la revolución social.
3.– Correlativamente, los ciudadanos tienden a considerar al
Estado cada vez más como una entidad a su servicio y susceptible
de crítica, opinión que, en los países con democracias más estables,
puede convertirse en tendencias electorales y, en ciertos casos, lle-
var a cambios de gobierno por la presión popular o acciones de
fuerza.
4.– Por las funciones que desempeña, el Estado ha tenido que
absorber una cantidad mayor de funcionarios y empleados de
apoyo, que se han profesionalizado como titulares de la carrera ad-
ministrativa (civil service). Sobre ellos se alza el personal político
de origen electivo, salvo que se trate de gobiernos de fuerza. Con
la difusión de la noción de Estado de Derecho y la labor de las fa-
individuos, sino los de toda la sociedad en común, por cuanto no obstante que
sus utilidades recompensen superabundantemente los gastos al cuerpo gene-
ral de la nación, nunca satisfarán esta recompensa si los hiciese un particu-
lar.” La riqueza de las naciones, cit., Libro IV, capítulo IX, sección 2, pág. 454.
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DE
MARXISMO
92
cultades de Derecho se ha afirmado la obligación legal de los fun-
cionarios y empleados públicos de sujetarse a la ley en sus actos y
decisiones. Se ha creado así una corriente ideológica, tanto en ellos
como en los ciudadanos en general, habida cuenta del nivel educa-
cional y cívico de estos, que obliga a los agentes del Estado a res-
petar la igualdad de todos ante la ley, lo que conlleva una indepen-
dencia de estos de grado diverso, frente a los grupos de presión,
incluidos los capitalistas. Esta independencia ha hecho de los
agentes del Estado un estamento distinto a cómo eran sus homó-
logos en el siglo XIX.
Los funcionarios de nivel político y administrativo, que cum-
plen funciones de encuadramiento, como en la actividad privada,
se han separado, como grupo social, del cuerpo de empleados pú-
blicos ocupados en tareas de apoyo administrativo. Y, de hecho, ya
están a cargo de la dirección del Estado y disponen del poder de
mandar, de decidir sobre los bienes y la libertad de las personas,
aunque todavía subordinados al poder empresarial que puede dic-
tarles sus decisiones más importantes a través de sus políticos de
clase o contratados.111
5.– Con el desarrollo y la importancia cada vez mayor del apa-
rato estatal ha aparecido otra contradicción fundamental. El Es-
tado, manejado por el estamento de funcionarios políticos y admi-
nistrativos, ha tendido a burocratizarse, a actuar cada vez más ar-
bitrariamente y a devenir un vivero de corrupción.
Una de las conquistas más importantes de la Revolución bur-
guesa de fines del siglo XVIII, tanto en Europa como en Estados
Unidos, fue la noción de la igualdad de todos ante la ley y, por lo
tanto, la delegación por el pueblo de la función de gobernar en cier-
tas personas, según las reglas aprobadas también por el pueblo o
sus representantes. Una vez en el gobierno y la administración del
Estado esos funcionarios y empleados se han sentido investidos de
un poder de dirección y sanción enormes, revestido de procedi-
mientos excesivamente reglamentarios hasta opacar la finalidad
del servicio público y su cumplimiento oportuno y eficiente. Es la
burocratización de la función pública que se asocia con la arbitra-
riedad, o la emisión de decisiones sin fundamento legal o con una
parodia de legalidad, cuando no hay normas de sanción que se apli-
quen efectivamente a los funcionarios y empleados que incurren
111 Cfm. mi libro El capitalismo, una historia en marcha … hacia otra etapa,
Lima, 2018, cap. VI, págs. 365 a 380.
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DE
MARXISMO
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en tales conductas. La corrupción de los funcionarios públicos, con-
sistente en tomar dinero para hacer lo que la ley prohíbe en bene-
ficio de particulares y propio, es otro mal endémico del Estado, fa-
vorecido por la contratación de obras públicas y la adquisición de
bienes y servicios, y la inexistencia o insuficiencia de procedimien-
tos de control por la ciudadanía. En los hechos, al pueblo le es muy
difícil morigerar y menos aún hacer desaparecer esas tendencias,
salvo si diseñara una manera de sobreponerse a ellas, combinando
el control social y la aplicación de sanciones apropiadas.
e) Cambios en la superestructura jurídica
Un paso fundamental en la marcha del capitalismo hacia el
control político de la sociedad fue abatir la idea, sostenida por las
religiones, de que el poder de mandar procedía de Dios y, conse-
cuentemente, de que sus prelados de la más alta jerarquía debían
coronar a los reyes que recibían ese poder por herencia. Contra
ella, los ideólogos políticos más importantes del capitalismo: Tho-
mas Hobbes, John Locke y Jean Jacques Rousseau, elaboraron la
idea de que los ciudadanos, siendo iguales ante la ley, constituyen
el Estado por un pacto social y delegan en sus representantes o
mandatarios la función de gobernarlos, según las leyes aprobadas
por ellos. Esta idea, cuyas primeras expresiones se encuentran en
los documentos iniciales del constitucionalismo inglés, fue plas-
mada en los documentos constitucionales de Estados Unidos y
Francia. El primero fue la Declaración de Derechos de Virginia,
del 20 de junio de 1776, en la cual se proclama: “todos los hombres
son por naturaleza igualmente libres e independientes y tienen
ciertos derechos inherentes”; “todo el poder reside en el pueblo”.
En la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en setiembre
de 1787, se comenzó declarando: “Nosotros, el Pueblo de los Esta-
dos Unidos […] establecemos esta Constitución”. En el documento
firmado se escribió en enormes caracteres “Nosotros el Pueblo” –
“We the People”.112
Siguió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciu-
dadano, aprobada por la Asamblea Nacional francesa el 26 de
112 Fue en Filadelfia, en el Independence Hall, donde se debatió y firmó la
Declaración de la Independencia de Estados Unidos y su Constitución. En el
otro extremo del Independence National Park, donde se encuentra este edifi-
cio histórico, se halla ahora el Nuevo Museo de la Revolución Americana, en
cuyo hall central se lee en grandes letras We The People.
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DE
MARXISMO
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agosto de 1789, ya en plena revolución, en la cual se dijo: “Los hom-
bres nacen y permanecen libres e iguales en derechos” (art. 1º); “El
principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación.
Ningún cuerpo ni ningún individuo pueden ejercer autoridad que
no emana expresamente de ella.” (art. 2º); “La ley es la expresión
de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho de
participar personalmente o por medio de sus representantes en su
formación. Ella debe ser la misma para todos.” (art. 6º); “Nadie
debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre
que su manifestación no altere el orden público establecido por la
ley.” (art. 10); “La garantía de los derechos del hombre y del ciuda-
dano necesita de una fuerza pública; esta fuerza es, por lo tanto,
instituida en beneficio de todos y no para utilidad particular de
aquellos a quienes es confiada.” Se terminaba con un enunciado
categórico sobre el cual se erigía este edificio legal: “Siendo la pro-
piedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado
de ella, sino cuando la necesidad pública, legalmente constatada,
lo exija evidentemente y con la condición de una justa y previa in-
demnización.” (art. 17º).113
Las reglas puntuales, concernientes al ordenamiento de la “so-
ciedad civil” en Francia, fueron establecidas en el Código Civil de
1804 que Napoleón Bonaparte hizo redactar, presidiendo él mismo
muchas de las sesiones de los cuatro juristas a los que había en-
cargado hacerlo. El eje de este código es la propiedad privada a la
que se declaró absoluta, exclusiva y perpetua. Se le reprodujo en
casi todos los países europeos de ley escrita, de América Latina y
de otras partes del mundo.
Sin embargo, tras hacerse del poder político, la burguesía re-
servó la expresión pueblo para sus miembros, como se ha visto.
Complementariamente, se prohibió la asociación de los traba-
jadores con fines reivindicativos y de ayuda mutua por la Ley Le
Chapelier, aprobada en Francia en 1791, norma reproducida en los
demás países europeos y en otros. Se le respaldó con penas de pri-
sión.
113 En mi libro Documentos constitucionales de la Historia Universal, Lima,
EDIAL, he tratado de la evolución del constitucionalismo y transcrito sus do-
cumentos más importantes. La Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano de 1789 fue reafirmada por el Preámbulo de la Constitución fran-
cesa del 27 de octubre de 1946. La vigente Constitución francesa, del 4 de
octubre de 1958, ha asumido este Preámbulo y esa Declaración, los que se han
convertido así en la base normativa del pueblo y del Estado franceses.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
95
Posteriormente, la legislación fue evolucionando en varios pla-
nos. Normó, por una parte, las relaciones económicas en casi en
todas sus manifestaciones, sobre todo para resolver los conflictos
entre los capitalistas y sus grupos, dando lugar a cambios en los
códigos y a la aparición de nuevas ramas del derecho; y, por otra,
reguló los demás aspectos de la vida social.
Pero tuvo que abarcar también las nuevas situaciones creadas
por la lucha de la clase obrera, tanto económica como política que,
desde fines del siglo XIX, se plasmaron en un conjunto de derechos
laborales, individuales y colectivos, y en el derecho de los hombres
y las mujeres de participar en el sufragio para la conformación de
los órganos electivos del Estado.
La Constitución de Weimar de 1919 fue otro paso importante
en la obtención de ciertos derechos sociales para las clases traba-
jadoras y en la intervención del Estado en la economía, a la que
siguieron, con una tendencia semejante, las constituciones apro-
badas luego de la Segunda Guerra Mundial y las normas interna-
cionales de derechos humanos.
Aunque con ciertos retrocesos por la acción de gobiernos de
fuerza y de ciertas pretendidas democracias, la idea de los dere-
chos humanos, como patrimonio normativo de todos y como base
de la convivencia nacional e internacional, ha tendido a generali-
zarse en el mundo, luego de luchas que, en ciertos casos, han sido
intensas y cruentas. De un modo u otro, por experiencias propias
y ajenas, dejan de ser solo declaraciones inscritas en textos legales,
de conocimiento reservado a los juristas, y se incorporan en la con-
ciencia de un número mayor de ciudadanos, como facultades exigi-
bles, sobre todo las nociones de igualdad ante la ley, gobierno por
el voto de los ciudadanos, obligación del Estado de suministrar ser-
vicios públicos progresivamente más extendidos, indignación y re-
sistencia ante la discriminación, las arbitrariedades, la burocrati-
zación y la corrupción. Siguen germinando así en la conciencia de
las mayorías sociales los grandes lemas de la Revolución Francesa
de 1789 y las enseñanzas fundamentales de Marx. El periodismo,
incluso sensacionalista, y algunas películas, que denuncian hechos
irregulares, contribuyen a fortalecer esta conciencia. Además, se
ha generalizado en la población el conocimiento de las entrañas de
la política y del accionar del Estado, que hace algunas décadas era
privativo de las familias capitalistas y feudales, los burócratas de
alto nivel y los jefes militares de mayor graduación, y llega a infor-
marse de ciertos hechos ocultos o recónditos, muchos delictivos.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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También se ha generalizado y afirmado la noción del derecho
de propiedad. Pero los caracteres que le atribuyó la ideología capi-
talista al comenzar el siglo XIX de ser absoluta, exclusiva y perpe-
tua van quedando subordinados a la función social que la sociedad
le impone y a la distinción entre la propiedad de los bienes de uso
y consumo de las personas, y la propiedad de los medios de produc-
ción y la plusvalía creada por el trabajo. Para hacer posible esa
función, se difunden las ideas de dotar al Estado de la facultad de
afectar esa segunda clase de propiedad y la reserva para el Estado
de los recursos naturales y de ciertos medios de producción nece-
sarios para el desarrollo del país, atender las necesidades de la
población y conservar y mantener los ecosistemas; y por la vía de
la tributación, recaída en la plusvalía.
Como expresiones de la evolución de la sociedad, estos cam-
bios seguirán produciéndose.
f) Actitud ante la evolución social de ciertos seguidores
de Marx
Los cambios en la base material y en las superestructuras de
la sociedad capitalista hubieran debido llevar a quienes se consi-
deraban marxistas a identificar los términos contrarios dialécticos
de sus sociedades. En líneas generales, no ha sucedido así. Muchos
de ellos se han limitado a exponer el pensamiento de Marx sobre
la sociedad capitalista sin variaciones, con la óptica pensada por él
para el siglo diecinueve, con lo cual han recaído en una visión idea-
lista de la sociedad, consistente en proyectar sus ideas a una base
real que cambiaba. Efecto de esta incongruencia ha sido la mini-
mización del número de sus simpatizantes y, en muchos países, su
anulación como grupo concurrente a la evolución social. Se diría
que la historia ha continuado su curso, prescindiendo de ellos. Al-
gunos grupos pretendidamente marxistas se han inclinado a la eje-
cución de acciones violentas, a contrapelo de las condiciones obje-
tivas y subjetivas de sus países, cuya población los ha rechazado
casi totalmente.
En los Estados socialistas del Este europeo, se evitaba por sis-
tema aludir a las clases sociales constitutivas de las relaciones de
producción en ellos. Su marxismo se constreñía también a la re-
producción de los textos de Marx y Engels, sin aplicarlos a las con-
diciones de sus sociedades “perfectas”. A sus dirigentes les hubiera
bastado razonar sobre el siguiente texto de Engels: “La historia, al
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DE
MARXISMO
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igual que el conocimiento, no puede encontrar jamás su remate de-
finitivo en un estado ideal perfecto de la humanidad; una sociedad
perfecta, un «Estado perfecto», son cosas que solo pueden existir
en la imaginación; por el contrario: todos los estadios históricos
que se suceden no son más que otras tantas fases transitorias en
el proceso infinito de desarrollo de la sociedad humana, desde lo
inferior a lo superior. Todas las fases son necesarias, y, por tanto,
legítimas para la época y para las condiciones que ellas engendran;
pero todas caducan y pierden su razón de ser, al surgir condiciones
nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su propio
seno; tienen que ceder el paso a otra fase más alta, a la que tam-
bién llegara, en su día, la hora de caducar y perecer.”114
Una obra teórica en la que se encuentra una fundamentación
del supuesto inmovilismo social en la Unión Soviética y otros paí-
ses socialistas del Este europeo fue la de Oscar Lange, quien decía:
“En la formación social socialista, sin embargo, estas contradiccio-
nes sociológicas, lo mismo que las que ellas provocan en la acción
de las leyes económicas, pueden ser eliminadas antes que se trans-
formen en fuente del proceso espontáneo. […] También se produce
una adaptación intencional de la superestructura a las exigencias
de la nueva organización de las relaciones de producción. La con-
secuencia de todo esto es que la formación socialista no «envejezca»
y no se vea amenazada por la decadencia.”115
La evolución de estos países y la erradicación de los partidos
comunistas del poder no se explican solo por la acción de sus
enemigos externos. Esa evolución ha sido dialéctica. De la buro-
cracia gobernante, convertida en una clase social, surgió otro
grupo que se le opuso hasta que, en cierto momento de su madu-
ración, promovió el cambio, como una eclosión que destronó a la
otra parte en el gobierno y se irguió como una nueva clase capita-
lista. En los países socialistas sobrevivientes de esa mutación en
cadena, se observan los mismos grupos y una oposición similar en-
tre ellos, con diversos grados de intensidad.
114 Ludwig Feuerbach y el fin de la Filosofía Clásica Alemana, I, en Marx y
Engels, Obras Escogidas, Moscú, Ed. Progreso.
115 Economía Política, México, Fondo de Cultura Económica, 1978, I, Proble-
mas generales, pág. 82. OSKAR LANGE era polaco y funcionario del Partido
Comunista. El socialismo en Polonia “envejeció” muy rápidamente a partir de
la huelga en el astillero de Gdansk, de agosto de 1980, dirigida por Lech Wa-
lesa. En diciembre de 1990, este ganó las elecciones para la presidencia de la
República, después de lo cual el socialismo fue abolido en Polonia.
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DE
MARXISMO
98
Uno de los frentes abiertos contra el marxismo ha sido comba-
tirlo, tratando de convertir ciertos textos de Marx, Engels y otros
ideólogos marxistas en aserciones crípticas y buscando contradic-
ciones entre ellos o hallazgos teóricos en textos poco difundidos. En
esta línea se hallan algunos comentaristas que oponen al Marx “jo-
ven” con el Marx “viejo”, o a Engels con Marx (los binomios parecen
prestarse a sugerir contradicciones entre sus términos), aunque
sin mostrar el contexto de los asertos que serían divergentes, ni los
efectos que habrían tenido en la ideología, la economía o la política.
Estos críticos, que se comentan entre ellos, llevan a pensar en un
club de exégetas de Marx al que solo pertenecerían los iniciados.
No activan en los movimientos marxistas y es posible que jamás le
hayan dado la mano a un obrero.116
116 PAUL BLACKLEDGE en su artículo Engels vs. Marx: Two Hundred Years of
Frederick Engels, en la revista Monthly Review, 1 may 2020, Internet, dice:
“En el curso del siglo veinte, un creciente número de comentadores ha afir-
mado que Engels distorsionó fundamentalmente el pensamiento de Marx. […]
En una palabra, Carver, Holloway, Levine, Lichtheim y Thomas defienden lo
que John Green denomina una «nueva ortodoxia» que condena a Engels por
haber reducido la concepción de Marx de praxis revolucionaria a una versión
de materialismo mecanicista y fatalismo político contra el cual él y Marx se
habían rebelado en la década de 1840.” Blackledge dice de ellos: “inventan
diferencias donde no existen”, y termina recordando: “Lo que Lenin dijo cierta
vez de Rosa Luxemburg podría decirse también de Engels: «las águilas a veces
vuelan tan bajo como las gallinas, pero las gallinas nunca podrán elevarse tan
alto como las águilas.»” En América Latina se inscriben en ese club: JUAN
GEYMONAT, El problema de la ruptura teórica en Marx: un balance de la tesis
Althusseriana, Psicología, Conocimiento y Sociedad, 2/7/2015, Internet; CAR-
LOS ERNESTO ICHUTA NINA, Congruencia política e ideológica en Marx. Acerca
del Marx joven y el Marx maduro, agosto 2018, La Migraña, Internet; OSCAR
MARTÍNEZ, Karl Marx desde América Latina: dialéctica, política y teoría del
valor, Lima, GISLAT, 2019, artículos de varios autores; Marx: 200 años, pa-
sado, presente y futuro, artículos de varios autores, expuestos en un foro rea-
lizado en noviembre de 2018, en Buenos Aires, y reunido por CLACSO, en el
cual ninguno tocó el aporte fundamental de Marx, ni su aplicación a sus reali-
dades, libro editado por esta organización, Buenos Aires, 2020, Internet.
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DE
MARXISMO
99
Capítulo IV
EL TRABAJO Y EL CAPITAL
El primer contacto de Carlos Marx con la Economía Política
tuvo lugar en 1843, cuando trabajaba en el periódico Gaceta del
Rhin. Luego, su crítica de la filosofía de Hegel y la aplicación del
método dialéctico a la evolución de la sociedad le descubrieron el
vasto panorama de la Economía Política hacia él cual se encaminó.
Sus primeras investigaciones en este campo fueron expuestas
en el libro La Filosofía Alemana que escribieron él y Engels en
1845 y 1846.117 En Miseria de la Filosofía, de 1847, Marx dijo del
método dialéctico: “Aplicad este método a las categorías de la eco-
nomía política y tendréis la lógica y la metafísica de la economía
política, o, en otros términos, tendréis las categorías económicas
conocidas por todo el mundo, traducidas a un lenguaje poco cono-
cido, que les da el aspecto de haber salido recientemente de una
inteligencia razón pura: hasta tal punto estas categorías parecen
engendrarse, encadenarse y trabarse las unas a las otras por el
exclusivo trabajo del movimiento dialéctico.”
La siguiente obra de Marx sobre el trabajo y el capital fue una
compilación de artículos publicados en la Nueva Gaceta del Rhin,
en abril de 1849, que reproducían sus conferencias a los afiliados
de la Asociación Educacional de los Trabajadores Alemanes, en
Bruselas, en 1847. Estos artículos se publicaron después como el
libro Trabajo asalariado y capital.
En agosto de 1849, Marx se trasladó a Londres, tras ser ex-
pulsado de Prusia, a raíz de su participación en la revolución de
1848.
Desde 1850 hasta su fallecimiento en 1883, Marx se entregó
en esta ciudad a la continuación de sus investigaciones en el campo
de la economía. Gran parte de ellas las llevó a cabo en el British
Museum, que era también una biblioteca pública, en cuya rotonda
se instalaba diariamente desde muy temprano. El asiento que
ocupó allí durante veinticinco años sigue vacío, como un sitio his-
tórico.
117 Véase el Capítulo I de este libro, pág. 21.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
100
Sus estudios fueron expuestos en su libro Crítica de la Econo-
mía Política, publicado en enero de 1859.
En el Prólogo, Marx dijo: “La prodigiosa cantidad de materia-
les para la historia de la Economía Política amontonada en el Bri-
tish Museum; la situación tan favorable que ofrece Londres para
la observación de la sociedad burguesa, y, en fin, el nuevo curso
del desarrollo en que esta parecía entrar por el descubrimiento del
oro californiano y australiano, me decidieron a comenzar de nuevo
por el principio y a someter a un examen crítico los nuevos mate-
riales.”
El primer capítulo de esta obra trata de la mercancía, y el se-
gundo, de la moneda y la circulación simple.
Sus investigaciones posteriores se plasmaron en El Capital,
que es un extenso trabajo descriptivo y crítico de la economía capi-
talista y, en especial, de los mecanismos por los cuales los empre-
sarios capitalistas obtienen la plusvalía del trabajo de la clase
obrera, se la apropian, la acumulan y la reinvierten. Es su pensa-
miento definitivo sobre la manera cómo se presentan las contra-
dicciones en la sociedad capitalista o un enfoque desde sus concep-
ciones filosóficas. En el Prólogo a la primera edición de El Capital
lo dijo: “En la presente obra nos proponemos investigar el régimen
capitalista de producción y las relaciones de producción y circula-
ción que a él corresponden. El hogar clásico de este régimen es,
hasta ahora, Inglaterra. Por eso tomamos a este país como princi-
pal ejemplo de nuestras investigaciones teóricas. […] Lo que de por
sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto
de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes
naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien es-
tas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con
férrea necesidad. Los países industrialmente más desarrollados no
hacen más que poner delante de los países menos progresivos el
espejo de su propio porvenir.”
El primer tomo de El Capital se publicó en Hamburgo, en
1867. Marx continuó trabajando en la preparación de los dos tomos
siguientes que casi concluyó, interrumpido por frecuentes dolen-
cias físicas, debidas a sus escasos recursos económicos y a una ali-
mentación y un modo de vida incorrectos, cuyos efectos descono-
cían las ciencias médicas. Tras el fallecimiento de Marx en marzo
de 1885, a los 64 años, Engels puso a punto los tomos II y III de
esta obra que hizo publicar en 1885 y 1894, respectivamente.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
101
Desde entonces, El Capital ha sido reproducido en innumera-
bles ediciones en varios idiomas, y, poco después de la creación de
la Unión Soviética, se le popularizó en este país en versiones es-
quematizadas convertidas en textos obligatorios de estudio, y,
fuera de la Unión Soviética, en lecturas recomendadas a los mili-
tantes de los partidos comunistas. El Manual de Economía Política
de la Academia de Ciencias de la URSS, publicado en castellano a
partir de 1956, fue un texto paradigmático de esa popularización.
En los medios trotskistas se hizo otro tanto. El Tratado de Econo-
mía Marxista de Ernest Mandel, más consistente y con mayor ri-
queza de referencias históricas que aquel, publicado en francés por
primera vez en 1962, fue otro texto de difusión y propuesta de cier-
tas ideas nuevas.118
En esas exposiciones del pensamiento de Carlos Marx hay un
contenido común: se limitan a reproducirlo, sin considerar los cam-
bios experimentados por la economía capitalista desde que escri-
biera sus libros fundamentales. Le añaden las apreciaciones de Le-
nin, que aluden al capitalismo de comienzos del siglo XX y al im-
perialismo, o etapa de los oligopolios que el socialdemócrata Rudolf
Hilferding había ya señalado.119 En todos, la economía del siglo XX
se asemeja a la del siglo XIX, sin cambios de importancia, y, por lo
tanto, el pensamiento de Marx le es aplicado sin variaciones, como
si fuera un dogma, y no como un estudio de interpretación dialéc-
tica de la sociedad capitalista de su tiempo.
Si, según el marxismo, todo en el universo se mueve y cambia
a partir de sus elementos contrarios, ¿por qué la sociedad capita-
lista y la sociedad socialista deberían ser estáticas?
I.– EL CAPITALISMO TAL COMO LO DESCRIBIÓ Y
ANALIZÓ MARX120
A continuación, sigue una exposición resumida de las ideas
desarrolladas por Carlos Marx en El Capital sobre la mercancía,
118 Fue publicado en castellano, en México, Ediciones Era, 1969. La 5ª edición
es de 1975.
119 El imperialismo, fase superior del capitalismo, Buenos Aires, Ed. Lautaro,
1946.
120 Una parte de este capítulo tiene por base el capítulo III de mi libro Fun-
damentos de la Evolución Económica, Lima, 1963, con algunas correcciones y
la precisión de las citas.
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DE
MARXISMO
102
la plusvalía, el capital variable y el capital constante y la repro-
ducción del capital social. Esta exposición se aplica al capitalismo
desde que estuvo totalmente formado con la Revolución Industrial
de la segunda mitad del siglo XVIII, y cualesquiera sean el tiempo
y el lugar en los que se halle.
A.– LA MERCANCÍA
Carlos Marx comenzó El Capital con la siguiente afirmación:
“La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista
de producción se nos presenta como un «inmenso arsenal de mer-
cancías» y la mercancía como su forma elemental. Por eso nuestra
investigación arranca del análisis de la mercancía.”121
La mercancía, según Marx, es, en primer término, un objeto
externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas de
cualquier clase; y, en segundo lugar, que no se produce para el pro-
pio productor, sino para el cambio.
a) Valor de uso
Con respecto a la primera cualidad, el fin o el uso para el que
un objeto es creado lo convierte en un valor de uso. “Pero esta uti-
lidad de los objetos no flota en el aire. Es algo que está condicio-
nado por las cualidades materiales de la mercancía y que no puede
existir sin ellas. Lo que constituye un valor de uso o un bien es, por
lo tanto, la materialidad de la mercancía misma […] Los valores
de uso forman el contenido material de la riqueza, cualquiera que
sea la forma social de esta.”122
Su destino son los seres humanos, directa e indirectamente, y,
en función de ellos, el medio ambiente y las especies vegetales y
animales cuya supervivencia conviene a la especie humana.
b) Valor de cambio
Pero cuando un valor de uso se produce para ser cambiado, o
más propiamente dentro de nuestra sociedad, vendido, lleva con-
sigo otra cualidad que le permite ser comparado con otros valores
de uso y cambiado por ellos. Esta cualidad se denomina valor de
121 El Capital, México, Fondo de Cultura Económica, 1946, traducción del ale-
mán por Wenceslao Roces, T. I, pág. 3
122 Ob. cit., T. I, pág. 4.
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DE
MARXISMO
103
cambio; y se evidencia como una relación cuantitativa de cam-
bio.123 Por ejemplo, un par de zapatos se cambia por cien kilos de
trigo. Ambos valores de uso, a pesar de satisfacer necesidades dis-
tintas, se equiparan, lo que indica una base común que no se halla
en las propiedades físicas de los objetos: peso, volumen, forma, etc.,
sino en algo distinto. Esa base común es el trabajo humano, la ac-
tividad vital de los hombres en su lucha por subsistir o, dicho de
otro modo, el valor de cambio es trabajo materializado en la mer-
cancía.124
Por lo tanto, resulta evidente que una mercancía tendrá más
o menos valor de acuerdo con la cantidad de sustancia creadora de
valor o de trabajo que contenga, sirviendo esta circunstancia para
medir el valor cuando se comparan las diversas mercancías en el
instante del cambio.
El valor de cambio no constituye algo material, como el valor
de uso; es la expresión de una relación social entre los productores
de mercancías que acuden al mercado para venderlas o cambiar-
las.125
La característica de la mercancía de ser a la vez valor de uso
y valor de cambio se deriva de la división social del trabajo. Si cada
hombre se aplicara a producir todos los bienes que necesitase, no
habría cambio y, por lo tanto, solo tendría valores de uso, como
acontecía en las sociedades precapitalistas en las que los hombres
resolvían, por lo general, sus necesidades sin acudir al trabajo
ajeno. Pero cuando aparece y se acrecienta la división social del
trabajo surge un excedente sobre el consumo que se destina al cam-
bio. Entonces, la producción y el consumo, no obstante ser activi-
123 La característica de la mercancía de ser a la vez valor de uso y valor de
cambio había sido ya vista por ADAM SMITH, quien decía: “Debe notarse que
la palabra valor tiene dos distintas inteligencias: porque a veces significa la
utilidad de algún objeto particular, y otras aquella aptitud o poder que tiene
para cambiarse por otros bienes a voluntad del que posee la cosa. El primero
podremos llamarle valor de utilidad, y el segundo valor de cambio.” Investi-
gación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Madrid, Edi-
ciones Orbis, 1983, Libro I, capítulo IV, pág. 73. A este libro se le conoce tam-
bién con el título La riqueza de las naciones.
124 ADAM SMITH decía sobre esto: “Parece, pues, evidente, que el trabajo es la
mensura universal y más exacta del valor, la única regla segura, o cierto pre-
cio, con que debemos comprar y medir los valores diferentes de las mercade-
rías entre sí en todo tiempo y lugar.”, ob. cit., Libro I, capítulo V, pág. 82.
125 El Capital cit., T. I., pág. 38.
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DE
MARXISMO
104
dades aisladas, se tornan hechos sociales inherentes a toda la co-
lectividad. En lo sucesivo unos productores necesitan de otros, y el
trabajo, como función destinada a satisfacer necesidades de la so-
ciedad en general, se convierte en una actividad colectiva, aunque
la apropiación de la riqueza continúe siendo privada. Luego vere-
mos, al tratar la reproducción ampliada del capital, que la división
social del trabajo es el hecho básico a través del cual se expande y
consolida la sociedad capitalista.
Marx había visto en las cualidades de la mercancía, de ser, a
la vez, un valor de uso y un valor de cambio, una oposición dialéc-
tica resultante de su enajenación. Para el fabricante, el valor de
uso de la mercancía solo le sirve para poder cambiarla, convirtién-
dola en un valor de cambio, en algo distinto; luego que la enajena,
por el trueque o la venta, la mercancía deja de ser para el compra-
dor un valor de cambio y deviene un valor de uso que satisfará la
necesidad para la cual la adquiere. “Si la mercancía –dice– única-
mente puede convertirse en valor de uso realizándose como valor
de cambio, no puede, por otra parte, realizarse como valor de cam-
bio, si no es con la condición de que no cese, en su enajenación, de
ser valor de uso. Una mercancía no puede ser enajenada a título
de valor de uso sino en beneficio de aquel para el cual constituye
una utilidad, es decir, el objeto de una necesidad determinada.”126
Cuando se llevan las mercancías al mercado, se requiere la
existencia de otros bienes o mercancías con los cuales aquellas
sean cambiadas y, de esta manera, el producto social global au-
menta. Esto equivale a decir que, si alguien produce y lanza al
mercado cierta cantidad de mercancías, la condición de la realiza-
ción de estas o de su transferencia por un precio es la existencia o
producción por otros de otras mercancías que contrapesen el valor
de aquellas. De este modo, un aumento de la oferta de ciertos bie-
nes puede generar su demanda frente a la oferta de otros, siendo
esta la manera como la actividad económica crece. En efecto, la
reinversión de plusvalía por un capitalista, como se verá más am-
pliamente después, implica la producción de más mercancías por
él, que pueden ser absorbidas en el mercado porque otros capita-
listas hacen lo mismo con su plusvalía y llevan también al mercado
sus nuevas mercancías con las cuales aquellas se cambian, utili-
zando el dinero. Es la forma como la oferta global se contrapone
con la demanda global, habida cuenta de la reducción de esta por
126 Crítica de la Economía Política, Cap. I, La mercancía, México, Ed. Nacio-
nal, 1961, trad. por Javier Merino, pág. 32.
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DE
MARXISMO
105
la insuficiente capacidad de compra de los salarios.127
c) Tiempo de trabajo socialmente necesario
Este tiempo no es el individual, empleado por cada productor,
pues en el mercado las cosas idénticas tienen el mismo valor a pe-
sar de que sus productores inviertan individualmente tiempos dis-
tintos, sino el tiempo de trabajo promedio socialmente necesario,
según la expresión creada por Marx. “Tiempo de trabajo social-
mente necesario –dice Marx– es aquel que se requiere para produ-
cir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de pro-
ducción y con el grado medio de destreza e intensidad de trabajo
imperantes en la sociedad. Así, por ejemplo, después de introdu-
cirse en Inglaterra el telar de vapor, el volumen de trabajo necesa-
rio para convertir en tela una determinada cantidad de hilado, se-
guramente quedaría reducido a la mitad. El tejedor manual inglés
seguía invirtiendo en esta operación naturalmente, el mismo
tiempo de trabajo que antes, pero ahora el producto de su trabajo
individual solo representaba ya media hora de trabajo social, que-
dando, por tanto, limitado a la mitad su valor primitivo.
“Por consiguiente, lo que determina la magnitud de valor de
un objeto no es más que la cantidad de trabajo socialmente nece-
sario o sea el tiempo de trabajo socialmente necesario para su pro-
ducción. Para estos efectos, cada mercancía se considera como un
ejemplar medio de su especie. Mercancías que encierran cantida-
des de trabajo iguales o que pueden ser producidas en el mismo
tiempo de trabajo representan, por tanto, la misma magnitud de
valor ... Consideradas como valores, las mercancías no son todas
ellas más que determinadas cantidades de tiempo de trabajo cris-
talizado.”128
El tiempo de trabajo empleado para producir una mercancía
no es siempre el mismo. Varía de época a época, de una sociedad a
otra. Su característica es su constante tendencia a disminuir por
el perfeccionamiento de los instrumentos de producción, la mayor
127 JEAN BATTISTE SAY, el difusor de Adam Smith en Francia, le llamó a esta
posibilidad la “ley de las posibilidades de venta” (loi des debouchés): “Un pro-
ducto crea oferta, desde este momento, una posibilidad de salida a otros pro-
ductos por todo el monto de su valor”. Cit por ANDRÉ PIETTRE, Pensée écono-
mique et théories contemporaines, Paris, Dalloz, 7ème édition, 1979, pág. 118.
Say pensaba, por lo tanto, que las crisis de superproducción no serían posi-
bles.
128 El Capital cit., T. I, pags. 6, 7.
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DE
MARXISMO
106
destreza del trabajador, la racionalización del trabajo, el avance
de la ciencia y la técnica, etc. De modo que puede decirse que a una
mayor productividad del trabajo corresponde siempre un menor
tiempo de trabajo socialmente necesario. Cuando se reduce la can-
tidad de trabajo invertida en la producción de una mercancía, esta
se abarata en la correspondiente proporción.
d) Trabajo abstracto y trabajo concreto
El doble carácter de la mercancía: su condición de ser a la vez
valor de uso y valor de cambio, revela otro hecho fundamental: que
el trabajo materializado en la mercancía posee un doble carácter:
es trabajo concreto y es, al mismo tiempo, trabajo abstracto. ¿Qué
significa esto?
El trabajo del zapatero, por ejemplo, se distingue cualitativa-
mente de los trabajos del agricultor, del carpintero, del mecánico y
de las demás clases de trabajo. Todas estas actividades se realizan
con distintos instrumentos, con técnicas diferentes. para diversos
fines. Lógicamente, dan por resultado objetos distintos. Este as-
pecto del trabajo, o esta característica del esfuerzo humano que
transforma una materia en otras, creando valores de uso, se deno-
mina aspecto concreto del trabajo o simplemente trabajo concreto.
Pero al ser cambiados los valores de uso descubren otra faz del
trabajo que permite la equiparación. Los distintos trabajos no solo
materializan nuevos productos, sino que, además, implican una
inversión de fuerza humana o un gasto de energía. Este segundo
aspecto se denomina trabajo abstracto y crea el valor de cambio de
las mercancías que, como lo hemos visto, se mide por el tiempo de
trabajo socialmente necesario empleado en producirlas.
El carácter dual del trabajo no es, sin embargo, una propiedad
física o biológica del mismo. El trabajo constituye una actividad
única, indivisible. El origen de esta dualidad se halla en la propie-
dad privada de los instrumentos de producción, que se refleja ne-
cesariamente en la forma particular en que se cumple el trabajo
por los distintos productores y en la apropiación privada de la ri-
queza. Al advenir la división social del trabajo, y con ella la pro-
piedad privada de los medios de producción, los hombres se con-
vierten en productores particulares de mercancías, gobernándose
independientemente de los demás y sin coordinación con ellos. No
llegan a desvincularse, sin embargo, como suponen, pues la divi-
sión social del trabajo, el hecho de que las necesidades humanas
PÁGINAS
DE
MARXISMO
107
deban ser satisfechas con el trabajo de todos, acrecienta sus víncu-
los y los obliga a depender a unos de otros con más intensidad, de
modo que el trabajo de cada productor no resulta sino una parte
del trabajo de toda la sociedad. Este aspecto social de la producción
yace oculto, hasta el instante en que las mercancías se lanzan al
mercado. En este momento, cuando sus productores se relacionan
entre sí, sirviéndose unos a otros de mercado, en el hecho simple
del cambio de una mercancía por otra, se pone de manifiesto la
contradicción genérica que rige la vida de la sociedad capitalista,
es decir, la pugna perenne entre relaciones de producción y fuerzas
productivas. De una parte, como tesis, aparecen las relaciones de
producción a través de la propiedad privada de los medios de pro-
ducción y la subsecuente apropiación privada del producto En es-
tas condiciones, la única manera que tiene cada productor de me-
dir el valor creado por él es comparando el tiempo de trabajo utili-
zado en producir su mercancía con los tiempos de trabajo de los
demás. La propiedad privada de los medios de producción obliga
necesariamente a esa comparación haciendo nacer el aspecto abs-
tracto del trabajo: gasto determinado de fuerza de trabajo que se
materializa en valor.
Por otra parte, en el papel de antítesis, se encuentran las fuer-
zas productivas, representadas por la fuerza humana y los medios
de producción, organizados todos ellos como división social del tra-
bajo. La misión de esas fuerzas consiste en la creación de valores
de uso, de objetos que satisfagan necesidades específicas, pues los
hombres producen, en el fondo, con el fin de pervivir, acrecentar
sus comodidades, etc. Este aspecto del trabajo es el único inherente
a su naturaleza cómo esfuerzo físico y mental de los hombres.
“La antítesis, que lleva implícita la mercancía –dijo Marx–, de
valor de uso y valor, de trabajo privado, que se ve al mismo tiempo
obligado a funcionar como trabajo directamente social, de trabajo
determinado y concreto, cotizado a la par como trabajo general abs-
tracto; de personificación de las cosas y materialización de las per-
sonas, esta contradicción inmanente, asume sus formas dinámicas
más completas en los antagonismos de la metamorfosis de las mer-
cancías. Por eso estas formas entrañan la posibilidad, aunque solo
la posibilidad, de crisis. Para que esta posibilidad se convierta en
realidad, tiene que concurrir todo un conjunto de condiciones que
PÁGINAS
DE
MARXISMO
108
no se dan todavía, ni mucho menos, dentro de la órbita de la circu-
lación simple de mercancías.”129
e) Forma de expresión del valor
La forma más simple de expresión del valor de una mercancía
es aquella con la cual se cambia. Un valor de uso expresa el valor
de cambio de otro. Por ejemplo, si por un par de zapatos se obtienen
cien kilos de trigo, se dice, que un par de zapatos vale cien kilos de
trigo, y viceversa.
Esta forma de cambio es la más primitiva y tiene lugar cuando
la división social del trabajo recién empieza. El posterior desarro-
llo del cambio constituye una repetición de este fenómeno que
torna más complejas las relaciones entre los hombres, pero que no
altera la sustancia del cambio simple.
Cuando se extiende la división social del trabajo, el cambio se
vuelve un fenómeno frecuente y ya no intervienen en él tan solo
dos mercancías, oponiéndose, sino muchas. Por ejemplo: una oveja
vale tanto como cien kilos de trigo, como dos metros de tela, como
una mesa, como cuatro gramos de oro, etc. El valor de una mer-
cancía se expresa, por consiguiente, en el valor de uso de muchas,
todas las cuales adquieren el carácter de equivalente y, a la in-
versa, todas éstas se reflejan en el valor de una sola. Por su fre-
cuencia las proporciones de cambio se vuelven más estables y apa-
rece una mercancía que revela el valor de las demás, siendo en
unas partes la sal, en otras el ganado, en otras las armas, etc. La
característica de esta etapa es que todas las mercancías se cam-
bian por una sola, pero en todas partes no es la misma mercancía.
El posterior desarrollo de las fuerzas productivas, la mayor
división social del trabajo y sobre todo la ampliación del mercado
reclamaron una mercancía única, es decir un equivalente univer-
sal, función que se concentró poco a poco en los metales preciosos,
como el oro y la plata, por su poco volumen y su gran contenido de
trabajo. Así nació el dinero. El valor de uso de los metales se con-
virtió entonces en expresión del valor de cambio de las demás mer-
cancías.
Con la aparición del dinero el mundo de las mercancías se se-
paró en dos polos: en uno se congregaron todas las mercancías y
en el otro solamente una: el dinero. El proceso de abstracción que
gobierna el cambio llegó así a su punto más elevado. En adelante
129 El Capital cit., T. I., pág. 73.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
109
toda la producción social se reducirá a dinero, abandonando sus
últimos reductos domésticos. Si aquella no puede transformarse
en dinero les será imposible a los productores adquirir las mercan-
cías que permitan continuar el proceso productivo y satisfacer sus
necesidades personales.
f) El fetichismo de la mercancía
En una sociedad en que toda la producción se destina al mer-
cado y en la que el cambio gobierna las relaciones económicas, los
hombres llegan a creer que no son ellos quienes se relacionan, sino
los objetos que producen, gracias a la cualidad valor que poseen,
que se presenta como una propiedad innata de las mercancías.
Pierden de vista el hecho de que en el mercado ellos, como produc-
tores, se ceden mutuamente los bienes de su trabajo y que de esta
relación nace el valor de cambio. Es una forma de alienación por
la cual la mercancía cobra para los hombres la personalidad de un
ente independiente que adquiere vida y que, en el mercado, se en-
frenta y lucha con las demás mercancías, con independencia de
quienes la crearon. A esta materialización de las relaciones huma-
nas la ha denominado Marx el fetichismo de la mercancía, por su
semejanza con el fetichismo religioso que consiste en la diviniza-
ción por las sociedades primitivas de los objetos creados por ellas
y en su creencia de que tenían vida. Dice Marx: “Lo que aquí re-
viste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una
relación entre objetos materiales no es más que una relación social
concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si quere-
mos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remon-
tarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los
productos de la mente humana semejan seres dotados de vida pro-
pia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los
hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los pro-
ductos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el feti-
chismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan
pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable,
por consiguiente, de este modo de producción.”130
El fetichismo de la mercancía se revela con particular claridad
en el dinero. El dinero parece cobrar vida por sí, portando la capa-
cidad de comprar todo, como un personaje. “Deberías besarme en
los ojos –dice el avaro Félix Grandet a su hija Eugénie– porque te
130 El Capital cit., T. I, pág. 38.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
110
instruyo así en los secretos y misterios de vida y muerte de los es-
cudos. Verdaderamente los escudos viven, se agitan como hom-
bres, van, vienen, sudan, producen.”131
La economía política burguesa se basa en el fetichismo de la
mercancía. Las mercancías, para ella, cobran vida en la oferta y la
demanda, relacionándose entre sí con independencia de sus posee-
dores y fijando los precios, los que, luego, determinan las cantida-
des a producirse y comercializar. Sus cálculos son nada más que la
expresión de la oferta y demanda y sus resultados. La mayor parte
de los textos de esta economía se halla ocupada por este tema.
B.– LA PLUSVALÍA
¿Cómo nace el valor en la sociedad capitalista y cuál es su re-
lación con el proceso del cambio? La respuesta a esta pregunta es
la parte medular de la obra económica de Marx.
a) El ciclo del capital
El capital empieza su ciclo bajo la forma de una determinada
suma de dinero, aunque no siempre este sea capital. Cuando los
pequeños productores independientes cambian sus mercancías en-
tre sí, el dinero actúa como un medio de circulación, pero no como
capital. Por lo tanto, en este momento, la circulación de las mer-
cancías puede representarse con la fórmula
M (mercancía) – D (dinero) – M (mercancía)
Es decir, con la venta de una mercancía se obtiene dinero y
con este se compra, a su vez, otra mercancía.
Pero cuando el dinero se convierte en capital, la fórmula cam-
bia. Se vuelve:
D (dinero) – M (mercancía) – D (dinero)
Con el dinero se compra mercancías para revenderlas y obte-
ner otra vez dinero. La generalización de esta fórmula indica que
la sociedad ha llegado a una etapa en que el fin de la producción
es la acumulación y el enriquecimiento. En efecto: en la primera
fórmula M – D – M el productor de mercancías se desprende de lo
que no necesita, recibiendo a cambio cierta cantidad de dinero con
la cual adquiere lo que le es indispensable para su vida. Por el con-
trario, en la fórmula D – M – D, el capitalista, tanto al comenzar
como al terminar la operación, se encuentra con dinero en la mano,
131 HONORÉ DE BALZAC, novela Eugénie Grandet, Paris, Ed. Gallimard, Poche,
pág. 179.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
111
sin utilizar las mercancías en la satisfacción de sus necesidades
personales.
Estas mutaciones son formas de alienación: una cosa se trans-
forma en otra distinta, tanto para el vendedor, M – D, como para
el comprador, D – M.
Es evidente que el movimiento del capital carecería de sentido
si al final de la operación el capitalista tuviese en su poder la
misma cantidad de dinero. “La fórmula completa de este proceso
es, por tanto: D – M – D’, donde D’ = D + DD, o lo que es lo mismo,
igual a la suma de dinero primeramente desembolsada más un in-
cremento. Este incremento o excedente que queda después de cu-
brir el valor primitivo es lo que yo llamo plusvalía (surplus value).
Por tanto, el valor primeramente desembolsado no solo se conserva
en la circulación, sino que su magnitud de valor experimenta, den-
tro de ella, un cambio, se incrementa con una plusvalía, se valo-
riza. Y este proceso es el que lo convierte en capital.”132
Es la finalidad que el capitalista persigue.
¿De dónde sale este incremento?
Las teorías subjetivistas del valor, sostenidas actualmente por
la mayor parte de teóricos burgueses, pretenden que el valor nace
de la apreciación del comprador frente a la oferta de mercancías.
Si los consumidores, dicen, necesitan una mercancía escasa, ofre-
cerán por ella una suma adecuada a la intensidad de sus necesida-
des y a su disponibilidad de dinero. Si se trata de bienes abundan-
tes para necesidades no indispensables, la cantidad que el compra-
dor desee pagar será progresivamente menor. Por consiguiente,
para esta posición, el valor se determina por la abundancia de los
bienes frente a las necesidades de los consumidores, lo cual equi-
vale a decir por la subjetividad de éstos. Este modo de apreciar el
valor se ha detenido en las leyes de la oferta y la demanda que lo
descubren y pueden causar variaciones en el precio o expresión del
valor. Y no se trata justamente de ello, sino de algo esencial: de
explicar por qué tras cada proceso productivo aparecen nuevas ma-
sas de riqueza, es decir, nuevas magnitudes de valor, de trabajo
cristalizado en mercancías. La afirmación de que la oferta y la de-
manda o, en definitiva, la subjetividad de las personas genera ese
incremento de valor es insostenible.133
“Supongamos –dice Marx– que, gracias a un misterioso privi-
legio, al vendedor le sea dado vender la mercancía por encima de
132 El Capital, cit., T. I, pág. 107.
133 Véase en este capítulo, III.– Teoría de la utilidad marginal, pág. 157.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
112
su valor, a 110 por ejemplo, a pesar de que solo vale 100, es decir,
con un recargo nominal del 10 por ciento. El vendedor se embol-
sará, por tanto, una plusvalía de 10. Pero, después de ser vende-
dor, se convierte en comprador. Ahora, se enfrenta con un tercer
poseedor de mercancías que hace funciones de vendedor y goza, a
su vez del privilegio de vender su mercancía un 10 por ciento más
cara. Nuestro hombre habrá ganado 10 como vendedor, para vol-
ver a perder 10 como comprador. Visto en su totalidad, el asunto
se reduce, en efecto, a que todos los poseedores de mercancías se
las vendan unos a otros con un 10 por ciento de recargo sobre su
valor, que es exactamente lo mismo que si las vendiesen por lo que
valen. Este recargo nominal de precios impuesto a las mercancías
con carácter general produce los mismos efectos que si, por ejem-
plo, los valores de las mercancías se tasasen en plata en vez de
tasarse en oro. Las expresiones en dinero, es decir, los precios de
las mercancías, crecerían, pero sus proporciones de valor perma-
necerían invariables.”134
Lo que sucede con la suma total de los intercambios y cómo se
reparte la plusvalía no le interesa al capitalista. Para él, su reali-
dad es la cantidad que obtiene por la venta de sus mercancías en
la cual se encuentra el nuevo valor creado, o plusvalía. Si es mayor
a la que obtuvo con sus trabajadores, no dejará de ser plusvalía,
aunque la hayan producido otros.
b) La fuerza de trabajo como fuente del valor
¿De dónde nace, pues, el valor? ¿En qué momento aparece?
Como dice Marx, surge de la circulación y de fuera de ella. Para
que en el ciclo D - M - D pueda brotar una cantidad adicional de
valor, el poseedor de dinero, convertido en capitalista, debe encon-
trar en el mercado “una mercancía cuyo valor de uso posea la pe-
regrina cualidad de ser fuente de valor, cuyo consumo efectivo
fuese al propio tiempo materialización de trabajo y, por tanto, crea-
ción de valor. Y, en efecto, el poseedor de dinero encuentra en el
mercado esta mercancía específica: la capacidad de trabajo o la
fuerza de trabajo.”135
“Entendemos por capacidad o fuerza de trabajo –dice Marx–
el conjunto de condiciones físicas y espirituales que se dan en la
corporeidad, en la persona viviente de un hombre y que éste pone
134 El Capital cit., T. I., 115.
135 El Capital cit., T. I, cap. IV, pág. 120.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
113
en acción al producir valores de uso de cualquier clase.”136 Es ele-
mento indispensable de la producción en cualquier tipo de siste-
mas económicos. Pero solo bajo el capitalismo puede comprarse
como mercancía. Dos condiciones son necesarias para que esto su-
ceda: 1) que su poseedor, es decir el obrero, disponga libremente
de su persona y de su capacidad de trabajo, que no se halle vincu-
lado a la tierra ni a otra persona; y 2) que, no pudiendo vender
otras mercancías, se vea obligado a vender como una mercancía su
propia fuerza de trabajo.”
“El capital solo surge allí donde el poseedor de medios de pro-
ducción y de vida encuentra en el mercado al obrero libre como
vendedor de su fuerza de trabajo y esta condición histórica en-
vuelve toda una historia universal. Por eso el capital marca, desde
su aparición, una época en el proceso de la producción social.”137
“El poseedor de la fuerza de trabajo –dice Marx– y el poseedor
del dinero se enfrentan, pues, en el mercado y contratan de igual
a igual como poseedores de mercancías, sin más distinción ni dife-
rencia que la de que uno es comprador y el otro vendedor: ambos
son, por tanto, personas jurídicamente iguales. Para que esta re-
lación se mantenga a lo largo del tiempo es necesario que el dueño
de la fuerza de trabajo solo la venda por cierto tiempo, pues si la
vende en bloque y para siempre, lo que hace es venderse a sí
mismo, convertirse de libre en esclavo, de poseedor de una mer-
cancía en mercancía. Es necesario que el dueño de la fuerza de
trabajo, considerado como persona, se comprometa constante-
mente respecto a su fuerza de trabajo como respecto a algo que le
pertenece y que es, por tanto, su mercancía y el único camino para
conseguirlo es que solo la ponga a disposición del comprador y solo
la ceda a éste para su consumo pasajeramente, por un determi-
nado tiempo sin renunciar, por tanto, a su propiedad, aunque ceda
a otro su disfrute.”138
136 El Capital cit., T. I, cap. IV, pág. 121.
137 El Capital cit., T. I, cap. IV, pág. 123. Por lo tanto, jurídicamente, la fuerza
de trabajo forma parte del patrimonio del trabajador, es su propiedad. Así lo
había visto ya Adam Smith, quien decía: “La propiedad que el hombre tiene
en su propio trabajo es la base fundamental de todas las demás propiedades,
y por lo mismo debe ser el derecho más sagrado e inviolable de la sociedad.”
La riqueza de las naciones, cit., libro I, parte II, sección 1, pág. 177. Se sigue
que le pertenecen al trabajador la remuneración y los derechos sociales debi-
dos por su fuerza de trabajo, y que debería pertenecerle, también, la plusvalía
creada por su trabajo.
138 El Capital cit., T. I, cap. I, pág. 121.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
114
La adquisición de fuerza de trabajo por el empresario es ma-
teria de un contrato (denominado ahora de trabajo, cuya regula-
ción corresponde al Derecho del Trabajo), por el cual el trabajador,
a cambio del uso de su fuerza de trabajo, solo tiene derecho a la
remuneración (y a los derechos sociales, cuando existen o se los ha
ganado).
El valor de uso de la mercancía fuerza de trabajo es su capaci-
dad de transferir a las nuevas mercancías el valor de las adquiri-
das para producirla, que no cambia, y su propio valor de cambio,
equivalente al que cuesta la vida del trabajador, que tampoco cam-
bia, y, además, su capacidad de crear un nuevo valor o plusvalía,
denominado ganancia por el capitalismo. Incorporar este nuevo
valor a su patrimonio constituye la razón de ser de la actividad
empresarial del capitalista. Para Marx, “el consumo de la fuerza
de trabajo, al igual que el consumo de cualquier otra mercancía, se
opera al margen del mercado o de la órbita de la circulación … en
el taller oculto de la producción …”139 que es la empresa.
Pero, ¿cuál es el valor de la fuerza de trabajo y cómo se mide
éste?
“El valor de la fuerza de trabajo, como el de toda otra mercan-
cía, lo determina el tiempo de trabajo necesario para su produc-
ción, incluyendo, por tanto, la reproducción de este artículo espe-
cífico.”140 Este trabajo, ya sea simple o complejo, puede ser medido
por días, horas, minutos, etc.
En otros términos, para que el obrero se halle en condiciones
de trabajar debe satisfacer sus necesidades personales: alimen-
tarse, vestirse, alojarse bajo un techo, etc. Esto significa que el sa-
lario, o la suma que el obrero recibe a cambio de su fuerza de tra-
bajo, debe alcanzarle para restaurar el desgaste de su energía
muscular, nerviosa y cerebral invertida en el proceso de produc-
ción, de modo que al comenzar la próxima jornada esté, de nuevo,
en condiciones de trabajar.
Pero el sistema capitalista necesita además que el obrero dis-
ponga de ciertos conocimientos que le permitan desenvolverse en
el proceso productivo con eficiencia, así por ejemplo debe compren-
der ciertos conceptos, constatar hechos técnicos, manejar maqui-
narias, etc. Los gastos de reproducción de la fuerza de trabajo in-
cluyen, por ello, cierto desembolso para la capacitación de la clase
139 El Capital cit., T. I, pág. 128.
140 El Capital cit., T. I, cap. l, pág. 124.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
115
obrera, tarea que la burguesía encomienda generalmente al Es-
tado y que se cumple en la escuela o, en ciertos países, en talleres
de aprendizaje instalados en los propios centros da producción.
Por otro lado, el capitalismo necesita asegurarse mano de obra
en el futuro, por lo que el salario debe cubrir también las necesi-
dades de la descendencia del obrero. El salario consiste, por consi-
guiente, en una cantidad determinada de medios de vida.141
Ahora bien, supongamos que el obrero ingresa al trabajo por
un salario de 40 soles al día y que con su labor crea un valor igual
a 10 soles cada hora de trabajo medio simple. En este caso, para
reponer el valor de su fuerza de trabajo el obrero deberá trabajar
4 horas. Pero, como el capitalista le ha comprado su fuerza de tra-
bajo por 8 horas, lo obliga a trabajar 4 horas más, durante las cua-
les el obrero produce un nuevo valor de 40 soles o un plusvalor, ya
que excede el necesario para reponer su fuerza de trabajo. Este
nuevo valor recibe, por eso, el nombre de plusvalía y va a constituir
lo que la economía burguesa denomina beneficios del capital y
renta del suelo.
Terminada la producción de las mercancías, éstas son vendi-
das por el capitalista para recuperar el valor invertido y apropiarse
de la plusvalía creada en su “taller oculto”. La venta de las mer-
cancías es un hecho ajeno al trabajador y al Derecho del Trabajo;
es objeto del Derecho Civil, como rector de la propiedad privada.
c) El trabajo presente y pasado en la creación del valor
La maravillosa cualidad de la fuerza de trabajo de crear más
valor del que cuesta producirla no es, desde luego, una consecuen-
cia del capital, ni mucho menos de la subjetividad de los capitalis-
tas. Es resultado de la división y organización del trabajo, de las
innovaciones y del progreso de los instrumentos y otros medios de
producción que son trabajo cosificado, de la formación profesional
de los trabajadores, de los hábitos sociales de trabajo, etc., que re-
ducen cada vez más el esfuerzo de los hombres en su lucha por la
141 Si la tasa de crecimiento de la población, constituida en su mayor parte
por las familias de las clases trabajadoras, no cubre las necesidades de fuerza
de trabajo, las empresas capitalistas se ven obligadas a recurrir a la inmigra-
ción. Esta se ha incrementado en los países europeos donde no hay suficientes
trabajadores jóvenes para reemplazar a los que se retiran por límite de edad,
pero ha generado un flujo excesivo de familias enteras procedentes de países
en vías de desarrollo que se desplazan en busca de empleo, aunque sin tener
la formación profesional necesaria.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
116
vida.142
El trabajo cosificado en los medios de producción resulta de la
acción previa de quienes los arrancaron de la naturaleza, crearon,
transformaron, construyeron, perfeccionaron y los pusieron a dis-
posición de quienes iban a utilizarlos. Es un trabajo individual y
colectivo en el espacio de la humanidad y de las civilizaciones que
se remonta a tiempos inmemoriales y que desde entonces se ha
acumulado como saber y transmitido de generación en generación.
Desde el Renacimiento se comenzó a darle a las invenciones una
identidad jurídica como patentes, las que se establecieron definiti-
vamente como valores protegidos que podían comercializarse con
la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII. Por una conven-
ción, las patentes industriales caducan luego de cierto tiempo de
registradas e ingresan en el dominio público. Este trabajo cosifi-
cado ha seguido la suerte del nuevo valor creado por el trabajo:
ingresó en el patrimonio de los capitalistas y se convirtió también
en capital acumulado que podía ser utilizado, cedido, vendido o al-
quilado. Le es imposible, sin embargo, crear por sí nuevo valor;
necesita del trabajo actual al que potencia. “En efecto, aunque solo
es la parte variable del capital la que engendra plusvalía, la en-
gendra única y exclusivamente a condición de que se desembolsen
también las demás partes integrantes del capital, las condiciones
de producción del trabajo.”143 Para cada clase de labor, el trabajo
se hace más productivo en función de los instrumentos de trabajo
y las materias primas más evolucionados con los que opera.
La división social del trabajo y la cooperación, que Marx des-
taca, aumentan el rendimiento del trabajo individual y son, por lo
142 MICHAL KALECKI ha destacado la importancia de la innovación en la acti-
vidad empresarial. “Cada nuevo invento, como cada aumento de las ganan-
cias, origina nuevas y adicionales decisiones de invertir. […] Las innovaciones
representadas por el ajuste paulatino del equipo al estado actual de la tecno-
logía –dijo– se supone que son parte integrante de la inversión «ordinaria»
[…] Hemos identificado las innovaciones con la evolución de la tecnología.
Pero la definición de innovaciones puede ampliarse fácilmente para incluir
fenómenos afines, tales como la introducción de nuevos productos que para su
fabricación requieren nuevo equipo, la penetración de nuevas fuentes de ma-
terias primas que hagan necesario efectuar nueva inversión en equipo de pro-
ducción y de transporte, etc.” Teoría de la dinámica económica, México, Fondo
de Cultura Económica, 1956, Capítulo 15, Factores del desarrollo, pág. 161.
Las innovaciones son una manera de ser de la especie humana. Véase La
subestructura en el capítulo III de este libro, pág. 73.
143 El Capital cit., T. III, pág. 57.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
117
tanto, factores de creación de nuevo valor y de mayor ganancia.
“La forma del trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos
con arreglo a un plan en el mismo proceso de producción o en pro-
cesos de producción distintos, pero enlazados, se llama coopera-
ción. […] La cooperación no tiende solamente a potenciar la fuerza
productiva individual, sino a crear una fuerza productiva nueva,
con la necesaria característica de fuerza de masa.”144 Con la divi-
sión social del trabajo, éste incrementa su rendimiento, porque los
obreros se hacen más hábiles en la ejecución de sus actividades, si
bien esta división “supone la autoridad incondicional del capita-
lista sobre sus hombres que son otros tantos miembros de un me-
canismo global de su propiedad.”145 La cooperación y la división
social del trabajo en la empresa son susceptibles de perfecciona-
miento. De ellas se ocupan las ciencias y las técnicas de la organi-
zación de la producción en la empresa y en vastos conjuntos de
empresas. En la economía de mercado, la creación de nuevas ocu-
paciones es un efecto de la iniciativa privada que se proyecta como
producción de nuevas mercancías las que, a su vez, pueden crear
nuevas necesidades.
d) La apropiación de la plusvalía por el capitalista
El capitalista se apropia de la plusvalía porque posee los me-
dios de producción, con lo cual es de hecho y de derecho el organi-
zador de la producción y, por ello, el director de la vida social inte-
gralmente considerada. La superestructura jurídica de los siste-
mas económicos basados en la explotación del hombre por el hom-
bre se expresa como el derecho de propiedad y, en particular, el
derecho de propiedad de los medios de producción.
En estas condiciones, el trabajo del obrero se presenta como
un proceso que ofrece dos características primordiales: a) se rea-
liza bajo el control del capitalista a quien pertenece ese trabajo; y
b) al capitalista le pertenece no solo el trabajo del obrero sino tam-
bién su producto.
Marx denominaba al trabajo asalariado, por esta causa, un
sistema de esclavitud asalariada. Decía que, si el esclavo se ha-
llaba cargado de cadenas, el obrero asalariado se encuentra sujeto
por ataduras invisibles a su propietario, que es la clase capitalista
en conjunto, de cuyo dominio no puede escapar así lo desee, pues,
144 El Capital cit., T. I, pág. 262.
145 El Capital cit., T. I, pág. 290.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
118
como carece de los medios de producción sin los cuales sería impo-
sible la vida, no le cabe sino someterse cualquiera que sea el capi-
talista que lo explote. La finalidad inmediata de la producción ca-
pitalista es, por lo tanto, la obtención de plusvalía. Si el obrero no
crea plusvalía, su trabajo es para el capitalista superfluo. Este
afán ha espoleado el desarrollo del capitalismo, impulsado el
avance de la ciencia y las técnicas de producción, haciendo más
complejos y eficientes los instrumentos de producción y creando
nuevos bienes y necesidades.
El interés personal, como lo dijeran Marx y Engels, ha produ-
cido bajo el capitalismo maravillas más grandes que las pirámides
de Egipto. Ni aún, hoy en que, bajo la égida de las ideas de Keynes
y Pigou, el Estado participa activamente en la economía para sal-
var al capitalismo de sus crisis, se ha quebrantado la supremacía
del interés privado. El Estado es nada más que un factor a su ser-
vicio.
Es evidente que toda práctica o actividad destinada a acrecen-
tar la plusvalía es para el capitalismo un hecho favorable y, si se
quiere, desde el punto de vista ético, plenamente bueno. Si, en lu-
gar de ampliar la producción o sustituir el equipo, se puede extraer
más plusvalía de los obreros, aumentando la jornada de trabajo o
reduciendo el salario real, este procedimiento será preferido a los
demás.
Téngase presente que ya en el momento de finalizar la pro-
ducción y estar las mercancías listas para su venta, el capitalista
es dueño de la plusvalía en el quantum previsto inicialmente. En
el momento siguiente de la circulación o venta, el quantum defini-
tivo de la plusvalía será determinado por las relaciones sociales
conformantes del mercado, y ella será distribuida entre vendedo-
res y compradores según la oferta y la demanda.
Pero la codicia de la burguesía reconoce además otra causa.
Los capitalistas se encuentran obligados a ganar por necesidad,
porque, en una forma u otra, su vida como empresarios se pone en
juego. Si no mejorasen su producción, si no redujesen sus precios,
es decir, si no invirtiesen más, serían barridos sin misericordia por
sus competidores, salvo que la demanda les permita vender sus
mercancías. Como invertir más significa disponer de mayores ma-
sas de capital deben, por fuerza, tratar de exprimir al máximo a
sus obreros, pues son ellos su fuente de capital. “La ganancia au-
menta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la
PÁGINAS
DE
MARXISMO
119
medida en que éste aumenta”, había dicho Marx en su folleto Tra-
bajo Asalariado y Capital. El interés personal, el espíritu de la li-
bre empresa presenta también esta faz menos agradable: el interés
por subsistir, por no ser aniquilado. Adam Smith no se cansaba
por eso de recomendar la virtud del ahorro, pues era esta una
forma de ampliar el capital. Naturalmente, el ahorro solo podía
crecer a costa del consumo y como las masas consumidoras más
numerosas son los trabajadores esa virtud les fue impuesta, redu-
ciéndoles los salarios para aumentar la plusvalía. El capitalismo
pudo así crecer y acumular extraordinariamente gracias a la prác-
tica, con gran celo puritano, de este principio que implicó el trabajo
por salarios miserables de hombres, mujeres y niños en jornadas
agobiantes de hasta 18 horas al día.
Marx escribía sobre esta cuestión: “¡Acumulad, acumulad! ¡La
acumulación es la gran panacea! La industria suministra los ma-
teriales que luego el ahorro se encarga de acumular. Por tanto,
¡ahorrad, ahorrad; es decir, esforzaos por convertir la mayor parte
posible de plusvalía o producto excedente en capital. Acumular por
acumular, producir por producir: en esta fórmula recoge y pro-
clama la economía clásica la misión histórica del período burgués.
La economía jamás ignoró los dolores del parto que cuesta la ri-
queza, pero ¿de qué sirve quejarse contra lo que la necesidad or-
dena? Para la economía clásica, el proletariado no es más que una
máquina de producir plusvalía; en justa reciprocidad, no ve tam-
poco en el capitalista más que una máquina para transformar esta
plusvalía en capital excedente.”146
Uno de los más grandes aportes de Carlos Marx a la ciencia
económica es haber descubierto la naturaleza de este proceso de
producción de las mercancías y de creación de la plusvalía y de su
apropiación por el capitalista. La plusvalía no es generada por el
capital, según Marx. Si lo fuera, bastaría con que el capital exis-
tiera y se reprodujera como un ser vivo. No sucede así. En cual-
quiera de sus formas –como máquinas, materias primas y otros
medios de producción, o como dinero y crédito–, el capital es inerte.
Solo el trabajo le da vida; y estará en acción mientras el trabajo se
aplique a él. Si unos medios de producción hacen más productiva
la labor humana que otros es por el trabajo anterior acumulado en
ellos del cual se han apropiado los capitalistas.
146 El Capital cit., T. I, cap. XXII, 3, pág. 501. Marx alude aquí a Adam Smith,
quien en La riqueza de las naciones ensalzaba el ahorro como virtud.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
120
e) La plusvalía en los sistemas económicos pasados
Desde que apareció la esclavitud, el trabajo ajeno fue la fuente
del enriquecimiento de quienes lo usufructuaban, y sucedió tam-
bién así con el feudalismo.
Ernst Mandel se remonta a la Grecia de la Antigüedad para
probarlo. Dice: “En los siglos V y IV a. de C., el precio de compra
de un esclavo masculino adulto oscilaba en Atenas entre 180 y 200
dracmas. Supongamos que un mercader compra este esclavo. La
renta media neta por día (deducidos los gastos de mantenimiento)
que produce un esclavo se eleva, según Jenofonte y Demóstenes, a
un óbolo, teniendo en cuenta los días feriados y a trescientos óbolos
o 50 dracmas por año. Después de 10 años de trabajo, este esclavo
habrá producido a su dueño 500 dracmas, es decir, 300 dracmas de
plusvalía. […] De hecho, las mayores fortunas de Atenas venían
del empleo o del arrendamiento de esclavos en las minas. Mediante
la posesión o el alquiler de hasta mil esclavos, Kalias de Atenas
pudo reunir 200 talentos, y Nikias 100. A un óbolo diario de renta
neta producida por un esclavo, 100 talentos (36,000 óbolos) repre-
sentan la renta de 36,000 jornadas de trabajo, sin tener en cuenta
los gastos de amortización del precio de compra. El orador Demós-
tenes efectúa exactamente el mismo cálculo cuando establece la
renta de su padre que poseía dos manufacturas, una dedicada a la
fabricación de muebles con 20 esclavos que le producen cada uno
un óbolo neto diario, y la otra dedicada a la fabricación de espadas
y cuchillos con 30 esclavos que le producen cada uno como prome-
dio 1.5 óbolo diario.”147
La economía política burguesa no explica cuál es la proceden-
cia de la plusvalía. Para ella es el capital quien tiene por sí la má-
gica virtud de crearla. Adam Smith, llamada por aquélla el padre
de la economía política,148 se limita a expresar que los beneficios
son la justa retribución por el uso del capital. No explica cómo una
fuerza muerta, como los medios de producción convertidos en capi-
tal, puede crear valor ni cómo el capital se acrecienta para los ca-
pitalistas, siendo los obreros quienes ponen la actividad vital. E
147 Tratado de Economía Marxista, México, Ed. Era, 5ª edic., 1975, T. I, pág.
81. MANDEL cita como fuente a Heichelheim, Wirtschaftsgeschichte des Alter-
tumsm, I, pp. 35-6.
148 Marx enseña que a quien debe llamarse padre de la economía política es a
William Petty (1667), por haber descubierto que el trabajo es el “padre de la
riqueza”.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
121
incurre en una contradicción al pretender que a los primitivos pro-
ductores les pertenecía todo el producto sin poder explicar por qué
más tarde, los obreros, que son los productores directos, deben
compartir el producto con los capitalistas y los terratenientes.149
Adam Smith tampoco explica cómo la fuerza de trabajo puede
crear un valor superior al que cuesta producirla. Los economistas
posteriores se limitaron a repetir el error de su predecesor o pasa-
ron por alto el tema, dando por sentado que las ganancias son un
hecho natural.
Siguiendo la definición de Adam Smith, la economía política
burguesa denomina capital a todo instrumento de trabajo, a todo
medio de producción, comenzando por la piedra y el palo del hom-
bre primitivo. Estos objetos tienen para ella la cualidad de produ-
cir un ingreso regular que no procede del trabajo. El objetivo de
esa tesis es presentar al capital como una condición perenne de la
especie humana.
Los medios de producción adquieren el carácter de capital
cuando los capitalistas se los apropian para utilizar el trabajo de
los obreros.
“Una máquina de hilar algodón es una máquina para hilar al-
godón. Solo en determinadas condiciones se convierte en capital” –
dice Marx, en Trabajo Asalariado y Capital.
Esta transformación tuvo lugar cuando los trabajadores, cam-
pesinos y artesanos empezaron a vender su fuerza de trabajo por
un salario y cuando, ya bajo el poder del capitalista, este se apropió
de la plusvalía. La plusvalía acumulada constituiría el capital con
el que los capitalistas comprarían una mayor cantidad de medios
149 ADAM SMITH decía del “estado primitivo y grosero”: “En este estado la can-
tidad del trabajo, comúnmente empleado en producir una mercadería, es la
única circunstancia que puede regular la cantidad de trabajo ajeno que con
ella se puede adquirir o de que con ella puede un hombre disponer.” Pero
cuando situaba el cambio en la sociedad capitalista, afirmaba: “El valor que
el fabricante añade a los materiales se resuelve, en tal caso, en dos partes, de
las cuales una paga los salarios de los operarios, y otra las ganancias del que
los emplea, sobre el fondo entero de materiales y salarios adelantados. Nin-
guno, sin duda, se interesaría en emplear aquellos trabajadores a no prome-
terse de la venta de la obra de ellos algo más de lo suficiente para reemplazar
su fondo, ni tendría interés en emplear más bien un caudal grande que uno
pequeño a no haber de arreglarse las ganancias en proporción a la cantidad
del fondo empleado.” La riqueza de las naciones, cit., Libro I, capítulo IV, pág.
94, 95. No suministró ninguna explicación de por qué el capital se apropia de
la plusvalía si, como se ve, para él, el trabajo es su fuente creadora. Se infiere
que la única explicación es el derecho de propiedad del capital.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
122
de producción y contratarían un número cada vez mayor de obre-
ros. Los medios de producción, de ser solo valores de uso, puesto
que eran sus propios poseedores quienes los usaban y general-
mente los construían, pasaron a ser valores de cambio. Marx
afirma por eso, que el capitalismo es un sistema que se plasma solo
cuando la fuerza de trabajo se convierte en mercancía; porque en-
tonces aparece la fuente del capital.
La ilusión de que los medios de producción originan los bene-
ficios y la renta, como si se tratara de personajes con vida que tam-
bién trabajan, ha sido denominada por Marx el fetichismo del ca-
pital.
La economía política capitalista se alejaría después de la teo-
ría de la creación del valor por el trabajo de Carlos Marx, para
perderse en la brumosa y errónea teoría del valor como expresión
de la utilidad marginal.150
C.– CAPITAL CONSTANTE Y CAPITAL VARIABLE
a) Razón de ser de esta división
Veamos ahora cómo se distribuye el capital dentro de la pro-
ducción,
Cuando un poseedor de capital instala una empresa invierte
parte del capital en construir edificios y adquirir máquinas, mate-
ria prima, energía y materiales auxiliares. Esta parte se denomina
capital constante.
Otra parte del capital es destinada a la compra de fuerza de
trabajo. A esta parte se le denomina capital variable.
Marx explica por qué ha dividido al capital en esta forma.
“Como vemos, la parte del capital –dice– que se invierte en medios
de producción, es decir, materias primas, materias auxiliares e
instrumentos de trabajo no cambia de magnitud de valor en el pro-
ceso de producción. Teniendo en cuenta esto, le doy el nombre de
parte constante del capital, o más precisamente capital constante.
/En cambio, la parte que se invierte en fuerza de trabajo cambia de
valor en el proceso de producción. Además de reproducir su propia
equivalencia, crea un remanente, la plusvalía, que puede también
variar, siendo más grande o más pequeña. Esta parte del capital
se convierte constantemente de magnitud constante en variable.
150 Véase a continuación: III.– La teoría de la utilidad marginal, pág. 157.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
123
Por eso le doy el nombre de parte variable del capital, o más conci-
samente, capital variable.”151
“Los medios de producción no pueden jamás añadir al pro-
ducto más valor que el que ellos mismos poseen, independiente-
mente del proceso de trabajo al cual sirven. Por útil que sea un
material, una máquina, un medio de producción, si ha costado 150
libras esterlinas, 500 días de trabajo supongamos, no añadirá
nunca más de 150 libras esterlinas al producto total que contri-
buye a crear. […] El trabajo productivo, al transformar los medios
de producción en elementos creadores de un nuevo producto, opera
con su valor una especie de transmigración de las almas. [...] El
conservar valor añadiendo valor es, pues, un don natural de la
fuerza de trabajo puesta en acción, de la fuerza de trabajo viva, un
don natural que al obrero no le cuesta nada y al capitalista le rinde
mucho, pues supone para él la conservación del valor de su capi-
tal.”152
Contablemente, el desgaste de los medios de producción utili-
zados en el proceso productivo se registra, de un lado, como parte
del costo de producción, y, de otro, como amortización o pérdida
progresiva de su valor hasta reducirse a 1 si el productor lo con-
serva. Lógicamente los medios de producción nunca pueden au-
mentar de valor. El que pierden por el uso es transferido a las mer-
cancías resultantes en la proporción pertinente, y ni un centavo
más.
Cuando el proceso de producción concluye, las mercancías ob-
tenidas contienen el capital constante utilizado, es decir la parte
correspondiente al desgaste de máquinas, materia prima, energía,
edificios y materias auxiliares; la parte correspondiente a la fuerza
de trabajo empleada o capital variable y la plusvalía.
Para indicar el capital constante, Marx utiliza la letra C, para
el capital variable la letra V y para la plusvalía la letra P. De modo
que una mercancía es la suma de estos tres elementos:
C+V+P
La fórmula de la mercancía de Marx C + V + P sirve también
para representar la producción total de una sociedad capitalista o
el producto social global, que no es sino una suma de mercancías.
Así tenemos que el producto social global se descompone en
los siguientes rubros: una parte se halla constituida por el capital
151 El Capital cit., T. I, cap. VI, pág. 158.
152 El Capital cit., T. I, cap. VI, pág. 155
PÁGINAS
DE
MARXISMO
124
constante consumido: materias primas, energía, desgaste de má-
quinas, edificios y otros elementos auxiliares, es decir todo aquello
que había sido producido en procesos anteriores. Otra parte deberá
reponer el valor de la fuerza de trabajo y la tercera se distribuye
como plusvalía entre los capitalistas industriales a título de bene-
ficio industrial, los capitalistas comerciantes como ganancia co-
mercial, los banqueros como interés y los terratenientes bajo la
forma de renta del suelo. Las partes que pagan el capital variable
y la plusvalía constituyen la renta nacional.
Debe considerarse en renglón aparte las sumas que, tanto de
la plusvalía como de las retribuciones de los obreros, se adjudica
el Estado para solventar sus actividades que, como se sabe, están
destinadas en gran parte a cuidar la supervivencia del sistema ca-
pitalista. Estas sumas son íntegramente plusvalía, pues la parte
arrancada a los obreros al dejar de ser consumida por estos ad-
quiere la naturaleza de un plusvalor.153
b) Composición orgánica del capital
Dado que una de las formas más efectivas de acrecentar la
producción y con ella obtener mayor plusvalía estriba en el perfec-
cionamiento de los medios de producción, el capital obtenido al vol-
ver a la producción tiene la tendencia a aplicarse en mayor propor-
ción a la parte constante que a la variable. A esta proporción le
denomina Marx composición orgánica del capital. Es más alta
cuan más elevada es la parte constante del capital, y cambia de
época a época, de rama a rama de la producción, de país a país y
de empresa a empresa. En los países en que la industria ha alcan-
zado un grado de desarrollo considerable la composición orgánica
del capital supera fácilmente la proporción de 4 a 1 (4: capital cons-
tante; 1: capital variable). En los Estados Unidos, por ejemplo, ha
variado del siguiente modo: 1889: 4.4:1; 1904: 5.7:1 y 1929: 6.1:1.
Con la automatización la diferencia a favor de los medios de pro-
ducción se ha acrecentado muchísimo. Los países con escaso desa-
rrollo industrial, por el contrario, presentan una composición or-
gánica sumamente baja: 2:1, 1:1.
Un efecto fundamental del aumento de la composición orgá-
nica del capital es la disminución de la cuota de ganancia de la
producción capitalista en general154, ya que la plusvalía tiende a
153 Véase en este capítulo: F.– Trabajo para el Estado, pág. 154.
154 Cuota de ganancia es la relación entre la inversión total, en capital cons-
tante y capital variable, y la plusvalía.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
125
regularse por la magnitud de su fuente, la fuerza de trabajo, que
decrece en comparación con el monto del capital invertido. En ci-
fras absolutas, los capitalistas llegan a percibir una mayor canti-
dad de plusvalía, pero si se compara esas ganancias con la canti-
dad global del capital invertido en medios de producción y fuerza
de trabajo, se constata una disminución permanente. Esta situa-
ción ha sido denominada por Marx ley del rendimiento decreciente
del capital.155
De este modo, mientras, por un lado, se aglomeran masas
obreras cada vez mayores desempleadas por las máquinas, por el
otro, la cuota general de ganancia que los capitalistas obtienen dis-
minuye, pese a lo cual el capital acumulado bajo la forma de me-
dios de producción prosigue su crecimiento. El desempleo tiende a
agravarse si la tasa de crecimiento de la población excede a la tasa
de mortalidad, lo que sucede cuando las condiciones de sanea-
miento ambiental y los servicios médicos públicos mejoran.
La acumulación del capital y el aumento de su composición
orgánica llevan a la economía capitalista a otro fenómeno funda-
mental: la concentración del capital, que puede definirse como el
aumento de la masa global de recursos en manos de ciertas empre-
sas, como resultado de la mayor acumulación de plusvalía por
ellas. La concentración del capital da lugar, a su vez, a la centrali-
zación del capital o la fusión de distintas empresas. Es claro que el
móvil que preside estos fenómenos es la lucha entre empresarios
por apoderarse de los mercados, aumentar sus ganancias e invertir
la plusvalía que rebasa sin cesar la demanda de las masas consu-
midoras.
D.– LA REPRODUCCIÓN DEL CAPITAL SOCIAL
El análisis precedente demuestra que el crecimiento del capi-
talismo es, en esencia, el proceso de acumulación de capital y de
reinversión de plusvalía en la producción. Este proceso corres-
ponde tanto al capital individual como a la sociedad capitalista en
conjunto.
155 El economista británico MICHAEL ROBERTS ilustra con cifras y estadísticas
el rendimiento decreciente del capital en el Reino Unido, Estados Unidos y el
conjunto de países capitalistas, paralelamente con sus crisis periódicas. Ar-
tículo La teoría marxista de las crisis económicas, Internet, https://www.sin-
permiso.info/textos
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a) La división social del trabajo como base de la repro-
ducción
Sin embargo, cuando se observa la dinámica integral del capi-
talismo, es preciso tener en cuenta, además, otros aspectos funda-
mentales: el papel de cada una de las ramas y empresas en la pro-
ducción y el modo como se interrelacionan todas ellas, o, por mejor
decirlo, la interconexión de los diversos ciclos individuales del ca-
pital en uno solo que comprende a toda la producción social.
La sociedad capitalista se levanta sobre el mercado, el cual, a
su vez, tiene por fundamento a la división social del trabajo. Por
consiguiente, los capitales individuales son unidades de este con-
junto, y no siempre tienen la misma característica.
En las condiciones de la sociedad feudal, el cambio entre pro-
ductores era esporádico. Cada unidad económica (hacienda, fami-
lia campesina patriarcal, comunidad rural primitiva) desarrollaba
su vida económica en forma prevalentemente aislada, desde la ex-
tracción de las materias primas hasta las actividades transforma-
tivas y el consumo. El desarrollo de las fuerzas productivas, al po-
sibilitar la aparición de excedentes cada vez mayores, llevó a los
hombres a cederse mutuamente parte de sus productos, fueron cul-
tivadas nuevas tierras, aparecieron nuevos instrumentos y méto-
dos de trabajo y las actividades extractivas comenzaron a sepa-
rarse de las transformativas, dando origen a una cantidad cada
vez mayor de unidades económicas heterogéneas que se servían
unas a otras de mercado. “Ese auge progresivo de la división social
del trabajo –decía Lenin– es el elemento fundamental en el proceso
de creación del mercado interior para el capitalismo... La indicada
separación de la industria transformativa de la extractiva, la se-
paración de la manufactura de la agricultura, transforma, se com-
prende, la agricultura misma en industria, es decir, en rama de la
economía que produce mercancías. Ese proceso de especialización,
que separa unas de otras las diferentes ramas de la industria, se
manifiesta también en la agricultura, creando zonas agrícolas y
sistemas de la economía agraria especializadas, originando el cam-
bio entre los productos de la agricultura y la industria, así como
entre los diferentes productos agrícolas. Esa especialización de la
agricultura mercantil (y capitalista) se manifiesta en todos los paí-
ses capitalistas en la división internacional del trabajo... La divi-
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MARXISMO
127
sión social del trabajo es, pues, la base de todo el proceso de desa-
rrollo de la economía mercantil y del capitalismo.”156
El crecimiento de la división social del trabajo en el campo im-
plica también una transferencia de población agraria a las nuevas
ocupaciones, tendencia que se reafirma cuando crece la importan-
cia de las nuevas ramas productivas. Por su propia naturaleza, el
capital aumenta su composición orgánica y, si bien este hecho
puede ocasionar una disminución relativa del capital variable o de
la fuerza de trabajo, al crecer el capital en términos absolutos y
abarcar nuevas actividades involucra a una mayor cantidad de
obreros que se restan del campo. El crecimiento de las ciudades,
centros de la industria por excelencia, se debe a esta causa.
En torno a la creciente masa ciudadana, ocupada en los oficios
fabriles y en las nuevas actividades productivas, se reúne una po-
blación progresivamente más numerosa empleada en actividades
comerciales y en diversos servicios.
En la agricultura, por el contrario, el capital variable dismi-
nuye en sentido absoluto por la limitada extensión de la tierra. Por
consiguiente, el crecimiento del capital variable solo es posible
aquí cuando se trabaja en tierra nueva y eso presupone, a su vez,
un aumento aún mayor de la población urbana, puesto que ésta
debe abastecer a aquella a cambio de la mayor producción agrícola
obtenida en esas tierras.
Pero en la sociedad capitalista no existen simples productores
de mercancías. Existen capitalistas que, si bien empiezan como pe-
queños empresarios, se transforman, andando el tiempo, en gran-
des productores. De allí que el crecimiento del mercado bajo el ré-
gimen capitalista implique necesariamente el desarrollo del régi-
men del salariado.
Ya hemos visto que la característica esencial del capitalismo
es que la fuerza de trabajo se convierte en mercancía, en decir que
la masa trabajadora vende su fuerza de trabajo por un salario.
Cuando esto sucede, el trabajador, que dedica todo su tiempo a tra-
bajar para el patrono, ya no puede él mismo producir lo que nece-
sita para subsistir. Debe comprarlo. Es decir, pues, que el aumento
del número de asalariados significa, por un lado, el crecimiento del
mercado de artículos de consumo, pero, por otro, significa también
la creación de un mercado cada vez más extenso de bienes de pro-
ducción.
156 LENIN, El desarrollo del capitalismo en Rusia, en Obras Completas, Edito-
rial Cartago, Buenos Aires, t. III, pág. 28.
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MARXISMO
128
En efecto, el obrero asalariado, antes de serlo, es, por lo gene-
ral, un pequeño productor agrícola, un hombre del campo libre o
dependiente, que se ocupa de todas las tareas con las cuales ob-
tiene sus medios de subsistencia y sus medios de producción. No
es un consumidor de productos ajenos; no forma parte aún del mer-
cado. Pero, cuando este productor se empobrece y vende sus me-
dios de trabajo, sus animales de labor, aperos y especialmente la
tierra, o cuando es arrojado de ésta por los grandes propietarios,
no le queda otra alternativa que salir hacia donde pueda vender lo
único que le queda: su fuerza de trabajo. Los campos se despue-
blan, pero el crecimiento de la masa asalariada acrecienta el mer-
cado de medios de consumo personal. De aquí que los obreros, que
gastan todo su salario en adquirir bienes de consumo, sean para el
desarrollo capitalista mucho más importantes que los siervos o en
general que las economías campesinas aisladas que no consumen
sino lo que producen.
El hecho de que el campesino se libere del campo, significa
también que libera sus instrumentos de producción, puesto que los
vende, los abandona o es despojado de ellos, con lo cual se abre un
nuevo mercado para estos bienes. Otros campesinos o propietarios
los compran o se apoderan de ellos. Al ampliar sus empresas, los
nuevos propietarios adquieren, a su vez, nuevos instrumentos de
producción. Estos, que antes eran construidos y usados por los mis-
mos campesinos y que, por lo tanto, solo eran valores de uso, pasan
a ser capital en manos de sus nuevos propietarios y se vuelven el
objeto de una nueva actividad, apareciendo y multiplicándose los
artesanos, los talleres y las fábricas que los producen. A su vez, los
fabricantes demandan más materias primas y nuevos instrumen-
tos productivos, crece la necesidad de medios de transporte, etc. Y
esto ya no solamente por obra de la transformación del campo, sino
como resultado del crecimiento general de la producción en todas
las ramas de la economía.
Cuando la economía capitalista adquiere cierto auge, el des-
plazamiento de los pequeños productores agrarios se hace exten-
sivo también a los productores artesanales, que son removidos y
absorbidos por la gran producción, lo cual implica una nueva
transferencia de medios de producción de aquéllos a favor de ésta
y, por consiguiente, su fabricación en mayor escala.
La transferencia de los medios de producción de los pequeños
productores individuales a los grandes empresarios ha sido uno de
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DE
MARXISMO
129
los hechos más importantes en el desarrollo del capitalismo. Ana-
lizando este fenómeno, Engels expresa: “Antes de sobrevenir la
producción capitalista, es decir en la Edad Media, regía con carác-
ter general la pequeña industria basada en la propiedad privada
del obrero sobre los medios de producción; en el campo predomi-
naba la agricultura de los pequeños labradores libres o vasallos;
en las ciudades los oficios artesanos. Los medios de trabajo –la tie-
rra, los aperos de labranza, el taller, las herramientas– eran me-
dios de trabajo individuales destinados tan solo al uso individual
y, por tanto, forzosamente pequeños, minúsculos, limitados. Pero
esto mismo hacía que perteneciesen, por lo general, al propio pro-
ductor. El papel histórico del régimen capitalista de producción y
de su portadora, la burguesía, consistió precisamente en concen-
trar y desarrollar esos dispersos y minúsculos medios de produc-
ción, transformándolos en la potente palanca productora de los
tiempos actuales. Marx, en la Sección cuarta del tomo I de El Ca-
pital, expone detalladamente cómo la burguesía ha realizado his-
tóricamente este proceso desde el siglo XV, pasando por tres eta-
pas: la cooperación simple, la manufactura y la gran industria.
Pero la burguesía, no podía convertir aquellos limitados medios de
producción en poderosas fuerzas sin convertirlas, de medios indi-
viduales de producción, en medios de producción sociales, solo ma-
nejables por una colectividad de hombres. La rueca, el telar ma-
nual, el martillo del herrero, fueron sustituidos por la máquina de
hilar, por el telar mecánico, por el martillo movido a vapor: el taller
individual cedió el puesto a la fábrica, que impone la cooperación
de cientos y miles de obreros.”157
Es lo que Marx denominaba “el obrero colectivo”.
Así, pues, el perfeccionamiento y la concentración de los me-
dios de producción en poder de la burguesía ha multiplicado la can-
tidad de oficios industriales y de trabajadores ocupados en ellos,
con lo cual ha crecido la división social del trabajo y, en consecuen-
cia, han surgido nuevos mercados de medios de producción y, asi-
mismo, de medios de consumo que dan lugar, a su vez, a la apari-
ción de nuevas industrias.
Veamos ahora cómo funciona la economía mercantil cuando
ha logrado plasmarse totalmente el capitalismo.
Una vez terminado un ciclo productivo, para que pueda co-
menzar el siguiente, es decir, para que sea posible la reproducción,
157 ENGELS, Antidüring, cit., pág. 251.
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MARXISMO
130
el capital debe estar en condiciones de pasar de la forma monetaria
a la forma productiva, de ésta a la forma mercantil, de la mercantil
nuevamente a la forma monetaria, y así sucesivamente (D – M –
D'). Y esto no solo debe acontecerle a cada empresa en particular,
sino a todas las empresas de la sociedad, pues, como dice Marx:
“Los ciclos de los capitales individuales se entrelazan unos con
otros, se presuponen y se condicionan mutuamente, y este entre-
lazamiento es precisamente el que forma la dinámica del capital
social en su conjunto”;158 “cada capital de por sí no es más que una
fracción sustantivada, dotada, por decirlo así, de vida individual,
del capital social en conjunto, del mismo modo que cada capitalista
de por sí no es más que un elemento individual de la clase capita-
lista. La dinámica del capital social se halla formada por la totali-
dad de los movimientos de sus fracciones sustantivadas, de las ro-
taciones de los capitales individuales. Así como la metamorfosis de
cada mercancía constituye un eslabón de la cadena de metamorfo-
sis del mundo de las mercancías en su totalidad –de la circulación
de las mercancías– la metamorfosis del capital individual, su rota-
ción es un eslabón en el ciclo del capital social.”159
Cuando se considera a la producción social en conjunto, las
relaciones entre los capitalistas no se fundan, sin embargo, solo en
el valor de cambio de la producción particular de cada capitalista.
Tienen por base también el valor de uso de las mercancías, su uti-
lidad real.
Como es sabido, todo el producto social se divide, en cuanto al
valor de cambio, en tres partes: la primera correspondiente al ca-
pital constante, es decir al valor que ya antes existía en forma de
materias primas, máquinas, edificios y materias auxiliares; la se-
gunda compensa el capital variable, es decir el que cubre el man-
tenimiento de la fuerza de trabajo; y la tercera parte forma la plus-
valía,
Pero, si esta es la división de producto en cuanto a su valor de
cambio, existe otra división del producto en cuanto a su valor de
uso, es decir a la forma natural de las mercancías.
Cuando se examina la rotación del capital individual, dice
Marx, es indiferente tratar acerca de la clase de valores de uso que
produce cada empresa. Y al capitalista no le interesa tanto este
asunto, ya que su finalidad es acumular plusvalía. Pero, al tratar
de la reproducción y circulación de todo el capital social, el valor
158 El Capital cit., T. I, pág. 316.
159 El Capital cit., T. II, pág. 314.
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DE
MARXISMO
131
de uso de la parte de que se compone el producto cobra fundamen-
tal importancia. En efecto, para la renovación del proceso produc-
tivo es indispensable que existan tanto medios de producción como
artículos de consumo, no simplemente valores de cambio, sino va-
lores de uso o bienes con una utilidad específica, aplicable al pro-
ceso productivo. De aquí que el producto social se divida, en cuanto
a su forma natural, en dos secciones:
La primera o sección I comprende la parte de la producción
constituida por medios de producción o bienes que serán luego des-
tinados a producir en toda la sociedad; y la segunda o sección II
abarca los artículos de consumo que se dividen, a su vez, en nece-
sarios si satisfacen las necesidades de las clases trabajadoras, y de
lujo si sirven para satisfacer las necesidades de los capitalistas.
El problema consiste en saber cómo se distribuye el producto
social, no solo en cuanto a su valor de cambio, sino también en
cuanto a su valor de uso. A este problema se añade el de saber de
qué modo se opera la transformación de la plusvalía en capital, es
decir, de dónde se toman los medios de producción y los artículos
de consumo adicionales si se quiere ampliar la producción.
b) Reproducción simple160
Veamos primero cómo se realiza –se vende en el mercado– el
producto social en el caso de que la plusvalía se destine íntegra-
mente al consumo personal de los capitalistas.
Supongamos que todo el producto social tiene un valor de
9,000 millones de soles. Este producto se descompone en las sec-
ciones a que hemos hecho referencia: la sección I, integrada por
medios de producción que, en nuestro ejemplo, tiene un valor de
6,000 millones; y la sección II, que se compone de artículos de
consumo cuyo valor es de 3,000 millones. Esta es la división que
corresponde a la forma natural del producto social o a su valor de
uso. Pero, dentro de cada sección existe, a su vez, la división del
producto en cuanto al valor de cambio. De aquí que ambas seccio-
nes se descompongan en las tres partes ya conocidas: capital cons-
tante, capital variable y plusvalía.
De este modo, la sección I, en nuestro ejemplo, que produce
6,000 millones de medios de producción, está integrada por 4,000
millones de capital constante; 1,000 millones de capital variable y
1,000 millones de plusvalía.
160 El Capital, cit., T. I, capítulo XXI, pág. 476; T. II, capítulo XX, pág. 350.
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DE
MARXISMO
132
La sección II, que produce 3,000 millones de medios de con-
sumo, se divide en 2,000 millones de capital constante, 500 millo-
nes de capital variable y 500 millones le plusvalía.
Según esto se tiene:
Sección l: 4,000 C + 1,000 V + 1,000 P = 6,000
Sección II: 2,000 C + 500 V + 500 P = 3,000
Como todo el valor de la sección I está formado por medios de
producción, estos repondrán, por una parte, el capital constante de
la propia sección I. Se produce el intercambio entre los mismos ca-
pitalistas de esta sección por valor de 4,000. Los 2,000 restantes
van a reponer el capital constante de la sección II, la que da a cam-
bio 2,000 de artículos de consumo que se distribuyen entre la
fuerza de trabajo y la plusvalía de la sección I. Los 1,000 restantes
de la sección II (500 V + 500 P) quedan en la misma sección para
el consumo de sus obreros y capitalistas.
Como, en la hipótesis de la reproducción simple, se supone que
la plusvalía es íntegramente consumida por los capitalistas no hay
reinversión ni, por consiguiente, incremento de la producción.
c) La reproducción ampliada161
Pero en las sociedades capitalistas no toda la plusvalía es con-
sumida por la burguesía. Lo real es que una parte de aquella re-
torna al proceso productivo como reinversión y sirve, por lo tanto,
para adquirir nuevos medios de producción y más fuerza de tra-
bajo. Veamos cómo se realiza este proceso.
Supongamos que en la sección I, que produce 6,000 millones
de medios de producción, el capital constante es igual a 4,000, el
capital variable a 1,000 y la plusvalía a 1,000.
En la sección II, que produce medios de consumo, el capital
constante es igual a 1,500, el variable a 750 y la plusvalía a 750.
Se tiene así:
Sección I: 4,000 C + 1,000 V + 1,000 P = 6,000
Sección II: 1,500 C + 750 V + 750 P = 3,000
En este cuadro encontramos que el valor de la sección I: 6,000,
formado por medios de producción, excede al capital constante de
161 El Capital, cit., T. II, sección primera, capítulo I, pág. 70, 449.
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DE
MARXISMO
133
las secciones I y II que suma 5,500 (4,000 + 1,500). Quiere decir
que en la sección I hay un excedente de medios de producción de
500. ¿Cómo se distribuye éste en un nuevo proceso productivo?
Considerando que la composición orgánica del capital –rela-
ción entre el capital constante y el capital variable– es, en la sec-
ción I, de 4 a 1, la parte acumulada de plusvalía (500) se distribuirá
del siguiente modo: 400 se destinan a comprar nuevos medios de
producción en la misma sección I, y 100 a adquirir fuerza de tra-
bajo. Existe, por lo tanto, la necesidad de vender estos 100 de me-
dios de producción a la sección II a cambio de artículos de consumo
que serán adquiridos por la nueva mano de obra a emplearse.
Los capitalistas de la sección II destinan, a su vez, 150 de plus-
valía a aumentar su proceso productivo. Como la composición or-
gánica de su capital es de 2 a 1, invierten 100 en la compra de
nuevos medios de producción que adquieren de la sección I y 50 en
salarios que, serán gastados en la misma sección II.
Así pues, la sección I deberá cambiar con la sección II:
1) El valor que reproducirá el capital variable
de la sección I: 1,000
2) Una parte de la plusvalía incorporada
al capital variable: 100
3) Una parte de la plusvalía consumida
por los capitalistas 500
Total 1,600
La sección II deberá cambiar con la sección I:
1) Una parte que reproduce el capital cons- 1,500
tante de la sección II:
2) Una parte de la plusvalía incorporada 100
al capital constante de la sección II:
Total 1,600
Para que el cambio entre ambas secciones tenga lugar es ne-
cesario que estas dos magnitudes formen una igualdad. Tales son
las condiciones de la reproducción capitalista ampliada.
En el siguiente, proceso productivo, si la cuota de plusvalía es
idéntica, se tiene:
Sección I: 4,400 C + 1,100 V + 1,100 P = 6,600
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DE
MARXISMO
134
Sección II: 1,600 C + 800 V + 800 P = 3,200
Y así sucesivamente.
De este proceso se deduce:
1) Que, en la reproducción capitalista ampliada, la suma del
capital variable y la plusvalía de la sección I tiene que aumentar
más rápidamente que el capital constante de la sección II. De lo
contrario, no habría reproducción ampliada;
2) Que el capital constante de la sección I aumenta más que el
capital constante de la sección II; y
3) Que el capital constante de ambas secciones crece más que
el capital variable de las mismas.
d) Las crisis cíclicas del capitalismo
Llegamos así una conclusión sustancial de la teoría de la rea-
lización de Marx, en lo concerniente al desarrollo del mercado in-
terior, destacada por Lenin “el desarrollo de la producción capita-
lista y también, consiguientemente, del mercado interior no se
efectúa tanto a expensas de los medios de consumo como a expen-
sas de los medios de producción. Dicho, en otros términos: el au-
mento de los medios de producción rebasa el de los medios de con-
sumo.”162
“El que el desarrollo de la producción (incluyendo, por tanto,
el mercado interior), se efectúe fundamentalmente, a base de los
medios de producción, parece algo paradójico y envuelve induda-
blemente una contradicción. Se trata, realmente, de una «produc-
ción por la producción misma» de un aumento de la producción que
no va acompañado del correspondiente aumento del consumo. Pero
esta contradicción no es inherente a la doctrina, sino a la vida real;
es una contradicción que responde enteramente a la propia natu-
raleza del capitalismo y a las demás contradicciones característi-
cas de este sistema de economía social. Este aumento de la produc-
ción desligado de un aumento paralelo del consumo responde tam-
bién a la misión histórica del capitalismo y a su estructura social:
su misión consiste en desarrollar las fuerzas productivas de la so-
ciedad; su estructura excluye la posibilidad de explotar estas con-
quistas técnicas en favor de las masas de la población. Entre la
tendencia incontenible a desarrollar la producción, inherente al
162 LENIN, El desarrollo del capitalismo en Rusia, parte incluida como apén-
dice en El Capital, cit., tomo II, pág. 514.
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135
capitalismo, y el consumo limitado de las masas del pueblo (limi-
tado a consecuencia de su situación proletaria) existe indudable-
mente una contradicción.”163
Marx había dicho sobre este aspecto: “Contradicción del régi-
men de producción capitalista: los obreros como compradores de
mercancías, son importantes para el mercado. Pero, como vende-
dores de su mercancía –de la fuerza de trabajo–, la sociedad capi-
talista tiende a reducirlos al mínimum del precio.”164
Las crisis de superproducción periódicas y cada vez más gra-
ves dentro del capitalismo tienen su causa en este hecho funda-
mental: el limitado consumo de las masas trabajadoras frente a
una creciente producción de medios de producción que, mientras,
por un lado, reducen la cantidad de fuerza de trabajo empleada,
por otro, contribuyen a crear masas ingentes de riqueza inalcan-
zables por los trabajadores. Tenemos aquí la contradicción entre el
trabajo social y la apropiación privada: gracias a la división social
del trabajo es posible aumentar la producción en grandes magni-
tudes, pero, en virtud de la apropiación privada, los capitalistas se
apoderan de la mayor parte del producto, reduciendo, además, de
una u otra manera, el salario de los obreros, para aumentar sus
ganancias. La acumulación del capital, que se traduce como acu-
mulación de medios de producción en las manos de unas cuantas
empresas llevará luego a la aparición de los oligopolios. Mas esto
significa que aquella contradicción entre relaciones de producción
(o apropiación privada) y fuerzas productivas (o división social del
trabajo) adquiere un carácter cada vez más agudo, de extrema po-
larización, de ingentes ganancias, por un lado, y de exiguos ingre-
sos por otro. Es lógico concluir, por lo tanto, que siendo, en defini-
tiva, el consumo personal el objetivo de toda la producción y, ha-
llándose ese consumo reducido por la burguesía, la producción
deba quedar en cierto momento abarrotada sin poder venderse.
La contradicción entre la producción social y la apropiación
privada del producto es un caso de alienación: el producto social
creado por el trabajo presente y pasado y potenciado por la división
social se transforma en su contrario: en un producto privado de los
capitalistas. Quienes lo produjeron tendrán que comprar la parte
que necesiten a los capitalistas, sin poder acceder a todo lo que
163 LENIN, El desarrollo del capitalismo en Rusia, cit. en El Capital, tomo II,
pág. 514.
164 Marx, El Capital cit., tomo II, nota al pie de la página 283.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
136
requieran por la limitación de sus remuneraciones. Cuando los sal-
dos no vendidos alcanzan cierta magnitud, cesa su producción fu-
tura y sobrevienen las crisis.
En el Manifiesto Comunista se precisa los efectos de esta con-
tradicción. “Las condiciones burguesas de producción y de cambio,
el régimen burgués de propiedad, toda esta sociedad burguesa mo-
derna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de
cambio, semeja al mago que ya no puede dominar las potencias
infernales que ha desencadenado su conjuro. Desde hace algunas
décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la
historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra
las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de pro-
piedad que condicionan la existencia de la burguesía y su domina-
ción. Basta mencionar las crisis comerciales que, con su retorno
periódico, plantean en, forma cada vez más amenazante, la cues-
tión de la existencia de la sociedad burguesa. Durante cada crisis
comercial, se destruye sistemáticamente, no solo una parte consi-
derable de productos ya elaborados, sino incluso de las mismas
fuerzas productivas ya creadas. Durante la crisis una epidemia so-
cial, que en cualquier época anterior hubiera parecido una para-
doja, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproduc-
ción. La sociedad se encuentra súbitamente retraída a un estado
de barbarie momentánea; diríase que el hambre, que una guerra
de exterminio la priva de todos sus medios de subsistencia; la in-
dustria y el comercio parecen aniquilados. Y ¿por qué? Porque la
sociedad tiene demasiada civilización, demasiada industria, dema-
siado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven
ya al desarrollo de la civilización burguesa y de las relaciones de
propiedad burguesas; al contrario, han resultado demasiado pode-
rosas para esas relaciones que constituyen de hecho un obstáculo
para ellas, y cada vez que las fuerzas productivas salvan este obs-
táculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad capitalista y
amenazan la existencia de la sociedad burguesa. Las relaciones
burguesas resultan demasiado estrechas para contener las rique-
zas creadas de su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De
una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas pro-
ductivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explo-
tación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, enton-
ces? Preparando crisis más generales y más gigantescas y dismi-
nuyendo los medios de prevenirlas.”
PÁGINAS
DE
MARXISMO
137
La economía política burguesa nunca pudo desentrañar el pro-
blema de la reproducción del capital que implica el funcionamiento
integral de la estructura capitalista. Planteado aquel por Quesnay
en su Tableau Economique, se detuvo luego en la obra de Adam
Smith, quien al no advertir que el producto se dividía en capital
constante, capital variable y plusvalía, y no solamente en estos dos
últimos componentes, no pudo seguir adelante. Ricardo no trató
esta cuestión. Los economistas burgueses posteriores se limitaron
a repetir el error de Adam Smith y no pudieron solucionar tampoco
el problema.
Resuelto el problema de la reproducción por Marx, la econo-
mía política burguesa se alejó de él, para perderse en la brumosa
y errónea teoría del valor como expresión de la utilidad marginal.
Y tenía que ignorarlo, porque Marx había descubierto que el capi-
talismo se mueve alrededor del eje de la plusvalía. Todo el quid de
la cuestión radicada aquí. El problema quedó, pues, intacto para
la economía política burguesa.
Sin embargo, tampoco los economistas marxistas han estu-
diado, en las economías de sus países, la reproducción ampliada
del capital, en unos casos por la insuficiencia de estadísticas165 y,
en otros, por haberse contentado con reproducir los esquemas de
Marx.
e) El punto de vista de la economía burguesa
En el campo de la ciencia económica capitalista no se ha tra-
tado de este tema, evidentemente, porque habría sido necesario
partir de las concepciones de Marx, lo que para ellos no podía ser.
Hace algunos años el profesor de la Universidad de Harward,
Wassily Leontieff incidió, de nuevo, en el asunto, presentando un
esquema sobre la interrelación de las diversas ramas económicas
basada en su consumo recíproco. No distingue entre las secciones
primera y segunda correspondientes al valor de uso de la riqueza
social. Ni se ocupa tampoco de la integración de la plusvalía en el
proceso productivo.
Este esquema no ha servido, en consecuencia, para reflejar la
dinámica capitalista.
165 En realidad, la medición del producto, el gasto y el ingreso es solo aproxi-
mada, puesto que, en la mayor parte de países, no es posible contabilizar todos
los bienes, materiales e inmateriales producidos. La fuente más importante
de esta información son las declaraciones de los empresarios a los órganos de
gobierno.
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MARXISMO
138
Tomando como base, el libro de John Maynard Keynes Teoría
General del Interés, el Empleo y el dinero (1936), se ha incorporado
en la ciencia económica capitalista la Macroeconomía para descri-
bir a grandes trazos el ciclo de la producción total de cada país
mediante un esquema que muestra el flujo circular del gasto, el
ingreso y la inversión. Sus actores son los mercados de factores, los
mercados de bienes, las familias, las empresas y el gobierno.
El proceso es el siguiente:
Para que se opere la producción, las empresas adquieren de
los mercados de factores: el capital, la fuerza de trabajo y la tierra.
Terminada la producción, las empresas venden sus mercan-
cías en los mercados de bienes. El valor total de las mercancías
producidas a escala de un país es el Producto Bruto Interno (PBI).
De él se deduce el precio de los medios de producción que fueron
necesarios para producirlas, quedando un conjunto al que se deno-
mina Producto Neto Interno (PNI). Es decir, solo se toma en cuenta
los precios de los bienes finales, y no los precios de los bienes in-
termedios, o sea solo el nuevo valor agregado (que contiene el valor
de la fuerza de trabajo y la plusvalía). Para saber la magnitud real
de la producción de un país se utilizan las cifras reales resultantes
de las nominales de las que se deducen los aumentos de precios
debidos a la inflación. Sin embargo, como no es posible tomar en
cuenta las transacciones que escapan a la contabilidad oficial, por
la informalidad, la evasión de impuestos u otras causas, se acude
a un promedio basado en la probabilidad de que esas transacciones
se hayan producido.
Los ingresos que las empresas obtengan de los mercados de
bienes, los entregan a los factores: a los titulares del capital pres-
tado, el capital recibido más el interés; a los empresarios, los be-
neficios; a los trabajadores, las remuneraciones; y a los propieta-
rios de la tierra, la renta. Las mercancías no vendidas retornan a
las empresas y son contabilizadas como parte del capital pertene-
ciente a los empresarios hasta que pueden venderse en los siguien-
tes períodos de producción.
Estos ingresos de los factores pasan a las familias, pues son
ellas las que los han suministrado, entendiendo que cada familia
tiene un titular que ha participado en el proceso. En conjunto se
denominan Ingreso Nacional.
Las familias destinan una parte de sus ingresos a adquirir las
mercancías que necesitan en los mercados de bienes; otra parte la
pagan al gobierno, como impuesto a la renta; y otra la ahorran y
PÁGINAS
DE
MARXISMO
139
va a los mercados financieros (bancos, empresas de inversión y de
pensiones, pudiendo pasar por las bolsas de valores) o se añade
como capital de reinversión en las empresas. Este conjunto de pa-
gos conforma lo que se denomina el Gasto Nacional.
Por lo tanto, contablemente, el PNI es igual al Ingreso Nacio-
nal, y este al Gasto Nacional.
En este momento, comienza un nuevo ciclo de producción, que
para efectos contables y pago de impuestos es igual a un año. Las
empresas acuden al mercado de factores y obtienen el capital, la
fuerza de trabajo y la tierra. El capital que reciben es el necesario
para la producción, que se añade al capital incluido en la reposi-
ción del capital utilizado en las mercancías que ya se vendieron.
La fuerza de trabajo puede también crecer, si se ha previsto que la
producción aumente, utilizando el nuevo capital invertido. Lo
mismo sucede con la tierra.166
La comparación entre el quantum del PNI de un año respecto
del siguiente se expresa en porcentaje. El PNI puede aumentar,
pero también disminuir por no haberse vendido toda la producción
en un período dado o por haberse vendido a menos del precio fijado
hasta el punto en que las empresas pierdan una parte de su capi-
tal. El crecimiento del PNI expresa el aumento de la riqueza na-
cional. Un porcentaje regular sería un 2.5%. En las economías en
crecimiento se alcanza a veces un 10% como en China desde la dé-
cada del 90’ hasta la primera década del presente.
Como se puede apreciar, este esquema de reproducción es bas-
tante primario, y no indica el crecimiento de las ramas fundamen-
tales de la producción que, por un lado, elaboran o suministran los
medios de producción, y, por otro, los medios de consumo de la po-
blación. Pero, a la Economía capitalista le basta, puesto que, para
ella, el ingreso se distribuye entre los factores de la producción por
el derecho de recibirlos, mas sin analizar si cada uno de ellos ha
166 ALAIN ANDERTON, Codsall Higt School Staffordshire University,
Economics, Oxford, The Alden Press, 1998, 2º edition, National Output; Sir
ALEC CAIRNCROSS, Master of St. Peter’s College, Oxford, Introduction to
Economics, London, Ed. Butterworths, 1973, 5ª edition, The National Ac-
counts; RUDIGER DORNBUSCH, STANLEY FISCHER, Departamento de Economía,
Instituto de Tecnología de Massachusetts, Macroeconomía, México, McGraw
Hill, 1985, 2 Contabilidad Nacional; JACQUES LECAILLON, professeur á l’Uni-
versité de Paris I, Les Mécanismes de l’Économie, Paris, Ed. Cujas, 1984, 13ª
edition, II Les unités économiques et leurs relations; MICHAEL PARKIN, Uni-
versity of Western Ontario, Economía, Edit. por Pearson Education, 8ª edi-
ción, 2009, Parte 7 Perspectiva Macroeconómica.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
140
creado, en verdad, el valor de las mercancías producidas, tema au-
sente de la economía capitalista.
II.– ASPECTOS COMPLEMENTARIOS DE LA TEORÍA
DEL VALOR
Hay algunos aspectos en la teoría del valor de Marx que, en-
cajando en las circunstancias y los datos de la economía capitalista
en el siglo XIX sobre los que trabajó en sus análisis, han cambiado
o son ahora insuficientes para explicar el poder creador de valor
de todas las formas del trabajo.
Estos aspectos conciernen a:
A) El trabajo productor de bienes inmateriales;
B) El trabajo en la circulación;
C) El trabajo en las operaciones de crédito;
D) La tasa de plusvalía y la tasa de ganancia;
E) El trabajo para el Estado.
A.– EL TRABAJO PRODUCTOR DE BIENES
INMATERIALES
Marx consideraba que la mercancía era un bien material pro-
ducido o generado por el trabajo directo aplicado a su producción.
Por lo tanto, para él, la riqueza social global, que aumenta por ese
trabajo, era también material.167
Los trabajos inmateriales y auxiliares de almacenamiento,
transporte y contable, que no modifican la materialidad de los ob-
jetos, no eran, para Marx, productores de un nuevo valor o plusva-
lía, aunque se añadían contablemente al valor final de las mercan-
cías como costos de producción o solo como reproducción de sus va-
lores constante y variable. “La división del trabajo –sostenía–, el
hecho de que una función adquiera existencia independiente, no la
convierte en creadora de producto o de valor si no lo era ya de por
sí, es decir, antes de haber logrado su independencia.”168
¿Por qué Marx le negó capacidad creadora de valor a esos tra-
bajos no aplicados directamente a la extracción y transformación
de las materias primas?
No hay una explicación de este aspecto en El Capital ni en
otras obras suyas.
167 Véase a) Valor de uso en este capítulo, pág. 102.
168 El Capital cit., T. II, pág. 119.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
141
Sin embargo, al tratar de la naturaleza del trabajo destaca sus
componentes mental y manual, y privilegia al primero como factor
diferencial en relación con la actividad de los animales. “Al final
del proceso del trabajo –decía–, brota un resultado que antes de
comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un
resultado que tenía ya existencia ideal.”169 Marx no consideraba
que el trabajo mental pudiera ejecutarse solo, por otros, sin el con-
curso de las operaciones manuales. Tampoco llegó a tratar de los
trabajos en su mayor parte o exclusivamente intelectuales, ni de
los materializados como servicios.
Esta manera de ver al trabajo se explicaría porque correspon-
día a la realidad que él veía en la sociedad capitalista de su tiempo.
El trabajo, que la revolución industrial y la difusión del maqui-
nismo posterior, habían engendrado era en su mayor parte mate-
rial.170
Luego de la Revolución Industrial, el trabajo siguió desarro-
llándose en las empresas según el modelo artesanal, trabajo que
era material y creaba mercancías materiales. Los capataces, ému-
los de los antiguos maestros, dirigían a los obreros, que se aseme-
jaban a los antiguos operarios y realizaban las tareas, usando sus
habilidades personales. La formación profesional se efectuaba en
la empresa –“sur le tas” como dicen los franceses– bajo la dirección
de los capataces y por la imitación, como sucedía en los talleres
artesanales con los aprendices y operarios.
Durante el siglo XIX, el número de obreros, que aumentaba al
ritmo de la mayor producción industrial, parecía crecer ilimitada-
mente, frente a la clase capitalista que, por la concentración del
capital, se reducía numéricamente, fenómenos que, para Marx,
eran permanentes e irreversibles.
Tal situación cambió luego.
Hacia fines del siglo XIX, la organización del trabajo en las
fábricas y otros grandes centros de concentración obrera empezó a
mutar radicalmente. Como resultado de las innovaciones, cada vez
mayores y más numerosas en los medios de producción, y por las
experiencias de Winslow F. Taylor para adecuar la actividad labo-
ral a ellas, se introdujo la planificación y la estandarización de las
tareas en las empresas por oficinas centralizadas a cargo de inge-
nieros y otros técnicos que acabaron con el modelo artesanal de las
169 El Capital cit., T. I, pág. 30.
170 La edición del primer tomo de El Capital data de 1867. Carlos Marx falleció
en 1883.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
142
habilidades personales. Se llegó al extremo de cronometrar los mo-
vimientos de los obreros para constatar que rendían tanto como se
había proyectado, y los precios de las mercancías fabricadas ten-
dieron a bajar y la plusvalía a aumentar en proporciones enor-
mes.171 A esta innovación se añadió la formación profesional de los
obreros en centros escolarizados a tiempo completo (modelo fran-
cés) o a medio tiempo completado con el aprendizaje en la empresa
(modelo alemán). También las universidades, presionadas por los
dirigentes más lúcidos de los capitalistas, incrementaron su parti-
cipación en la formación de cuadros para la dirección de las varias
clases de actividades empresariales y estatales. Hacia la segunda
década del siglo XX, el panorama de las empresas industriales di-
fería mucho del que presentaban las empresas similares a media-
dos del siglo XIX. Por una parte, la proporción del trabajo intelec-
tual, cada vez más complejo, se hizo más elevada en relación al
trabajo manual aplicado al manejo directo de las máquinas y he-
rramientas; y, por otra, el trabajo intelectual en sí se manifestó
con más frecuencia en la forma de servicios destinados a ser usa-
dos en la producción y en el consumo personal.
Veamos los caracteres de los servicios.
Las mercancías, como valores de uso, satisfacen diferentes ne-
cesidades. En algunos casos, desaparecen luego que se les usa o
consume; en otros, pueden durar cierto tiempo. Por ejemplo, el
pan, como todos los alimentos, desaparece al momento de ser con-
sumido; un vestido dura meses y años, hasta que se deteriora o la
moda lo deja en la obsolescencia; una herramienta, un automóvil,
una computadora pueden durar mucho hasta que son desplazados
por otros más perfectos, con mayores funcionalidades o más bara-
tos o que responden mejor a las apetencias del consumidor.
Los servicios, considerados bienes inmateriales y como valores
de uso, solo existen en el momento en que se les presta; antes de
eso están en la mente como conjuntos conceptuales sobre la ma-
nera de realizarlos, proyectos, obligación, necesidad o convenien-
cia de hacerlos. Luego que se les presta desaparecen.
Los bienes materiales y la actividad física necesarios para
prestar los servicios, sin los cuales estos no serían posibles, varían
según su clase. La banca, el transporte, la educación, la hostelería,
la informática, etc. no existirían sin locales, oficinas, máquinas y
herramientas diversas, equipos de computación, vehículos, etc.
171 ERNEST MANDEL, Tratado de Economía Marxista, México, Ed. Era, T. I,
pág. 125.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
143
que tienen la naturaleza de medios de producción (o capital cons-
tante). Más aún, los servicios se imbrican cada vez más con los
objetos materiales en la producción y la utilización de éstos. La
electrónica y la informática, además de brindar nuevos bienes y
servicios, que son ahora imprescindibles, pueden dirigir y contro-
lar las fases operativas de las máquinas más diversas (automoción
y pilotos automáticos de aviones, ferrocarriles y otras máquinas y
conjuntos de máquinas).
En otros servicios el componente intelectual es más elevado,
como en la investigación, la enseñanza, la dirección y el control de
actividades, y ciertos servicios profesionales. Esta característica
no los hace diferentes de otros bienes que desaparecen inmediata-
mente, como los combustibles o la electricidad en los consumos pro-
ductivo y personal. Como estos, su valor se incorpora en las mer-
cancías a las cuales se aplican como trabajo o ellos mismos se ex-
presan como mercancías.
En la producción, el trabajo no estrictamente extractivo y
transformador, se manifiesta como servicios inmateriales, que
pueden ser previos a la producción, simultáneos con ésta, posterio-
res y externos.
Son trabajos inmateriales previos a la producción: los de con-
cepción de la necesidad de producir algún bien para la producción
o el consumo final; los de investigación, invención y descubri-
miento; los de organización de las actividades de producción, de
adquisición de las materias y de contabilidad, jurídicos y otros co-
nexos para poner en marcha la producción.
Son trabajos inmateriales durante el proceso productivo las
acciones de dirección, organización del personal, transporte inte-
rior, almacenamiento, conservación, contabilidad, control de las
diversas actividades, y prevención y solución de conflictos. Este
trabajo inmaterial se transmite a los encargados de las tareas de
ejecución, quienes, obviamente, lo procesan también mentalmente
antes de ejecutar las tareas, de las cuales ese trabajo mental pre-
vio o simultáneo se convierte en componente. De este modo, el pro-
ceso del trabajo se realiza cada vez más en grupo, sumando y com-
binando las tareas mentales con las físicas. El resultado son los
bienes elaborados, ya tengan corporeidad material o sean servi-
cios.
Son trabajos inmateriales posteriores a la producción las acti-
vidades de publicidad, comercialización y conexos.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
144
Concurren como trabajos externos los que inciden en las fases
de circulación, crédito y consumo.
Este trabajo conjunto, aplicado a las diferentes actividades re-
sultantes de la división social del trabajo, transfiere a las mercan-
cías, también en conjunto, el valor de los medios de producción y
de la fuerza de trabajo, y crea un nuevo valor.
No todos los trabajos inmateriales aportan, sin embargo, el
mismo valor. Hay trabajos que crean más valor que los materiales.
Quienes conciben ideas para lanzar ciertos bienes al mercado, los
inventores y descubridores, los planificadores, los dirigentes del
trabajo en la empresa, los expertos en la adquisición de bienes de
producción y en la comercialización de las mercancías realizan tra-
bajos altamente creadores de valor. A la inversa, hay trabajos ma-
teriales, incluso de manipulación de las máquinas y herramientas,
que incrementan el valor a tasas muy bajas.
Marx había distinguido entre el trabajo simple, el trabajo me-
dio y el trabajo complejo: “Ya decíamos más arriba –escribía– que,
para los efectos del proceso de valorización, es de todo punto indi-
ferente el que el trabajo apropiado por el capitalista sea trabajo
simple, trabajo social medio, o trabajo complejo, trabajo de peso
específico más alto que el normal. El trabajo considerado como tra-
bajo más complejo, más elevado que el trabajo social medio, es la
manifestación de una fuerza de trabajo que representa gastos de
preparación superiores a los normales, cuya producción representa
más tiempo de trabajo y, por tanto, un valor superior al de la
fuerza de trabajo simple. Esta fuerza de trabajo de valor superior
al normal se traduce, como es lógico, en un trabajo superior, mate-
rializándose, por tanto, durante los mismos períodos de tiempo, en
valores relativamente más altos.”172
Por otro lado, el progreso de los medios de producción y la di-
visión social del trabajo cada vez más compleja han aumentado la
participación de los servicios en la producción, la circulación y el
consumo. Y esto ha determinado que la clase obrera, en conjunto,
ya no tenga la configuración relativamente homogénea del siglo
XIX, derivada del contacto directo con los medios de producción.
En su lugar han surgido las clases trabajadoras, divididas en va-
rios estamentos verticales y horizontales, aunque unidas como un
gran grupo genérico por el hecho común de vender su fuerza de
trabajo a los empresarios y al Estado.
172 El Capital cit., T. I, sección 3ª, cap. V, pág. 148.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
145
Correlativamente, la magnitud de la clase obrera empleada en
la transformación material de los bienes se ha reducido en el con-
junto de las actividades económicas.173
Los trabajadores asalariados a cargo de la dirección, el encua-
dramiento y el control en la producción se han convertido en un
conjunto diferenciado por la naturaleza de su trabajo, y están en
camino de convertirse en una nueva clase social generada por una
división social del trabajo más intensa, como una manifestación de
la evolución de las fuerzas productivas.174
Los cambios indicados, que no podían haber sido previstos en
concreto en el siglo XIX, muestran más claramente que la afirma-
ción de que solo el trabajo directamente extractivo y transforma-
dor de las materias es fuente de un nuevo valor ya no corresponde
a la realidad en los tiempos presentes.
Se excluyen del proceso de producción del valor las actividades
parasitarias que no participan útilmente en la producción y la cir-
culación de los bienes, como las especulativas bursátiles, las de
percepción de recursos sin ofrecer un trabajo a cambio, las innece-
sarias y las delictuales, que toman, sin embargo, una parte de la
plusvalía social.
B.– EL TRABAJO EN LA CIRCULACIÓN
El mercado –expresión sinónima de circulación– es un con-
junto de relaciones sociales por medio de las cuales se forman los
precios por la oferta y la demanda y se transfiere la propiedad de
las mercancías hasta llegar a los consumidores y usuarios.
Cuando el productor sale al mercado, ofrece sus mercancías
por su valor inicial (la suma de los valores del capital constante, el
capital variable y la plusvalía), que se manifiesta como su precio.
Este puede aumentar si logra vender sus mercancías a más de su
valor o disminuir si tiene que reducirlo para poder venderlas. Pero,
en ambos casos, la riqueza constituida por las mercancías, no au-
menta ni disminuye.
173 Véase en el capítulo III de este libro, 2.– Cambios en la clase obrera, pág.
86.
174 Véase la pág. 88.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
146
Marx dice, por eso: “Las dimensiones que la circulación de las
mercancías toma en manos del capitalista no pueden, natural-
mente, convertir en fuente de valor este trabajo que no crea valor
alguno …”175
Supongamos que dos productores: A de trigo y B de vestidos,
que crean toda la riqueza social, necesitaran cambiar sus mercan-
cías, y que, usualmente, 10 sacos de trigo equivalieran a 1 vestido.
En una oportunidad posterior, A se presenta en el mercado con 20
sacos de trigo y B con 2 vestidos. A, que ha visto la necesidad de B,
le dice a este que 10 sacos de trigo equivalen ahora a 2 vestidos. B,
que necesita ese trigo para alimentarse y alimentar a su familia,
tiene que resignarse a entregar sus 2 vestidos por solo 10 sacos de
trigo. Luego de este cambio, la riqueza social sigue estando consti-
tuida por 20 sacos de trigo y 2 vestidos: A tiene los 2 vestidos más
10 sacos de trigo no vendidos aún; y B 10 sacos de trigo.
“El valor circulante –dice Marx– no ha aumentado ni un
átomo: lo único que ha variado es su distribución entre A y B. Lo
que de un lado aparece como plusvalía, es del otro lado minusvalía;
lo que de una parte representa un más, representa de la otra un
menos.”176
Observando los intercambios en un período dado, con muchos
compradores y vendedores, el valor total será –según Marx– la
suma de los valores de todas las mercancías, cualesquiera que sean
los precios que los compradores hayan tenido que pagar por ellas.
Unos habrán pagado más por las mercancías que requieren, y ha-
brán recibido menos por las que venden, hasta resarcirse en otros
intercambios como puedan, y entre todos se distribuirá la plusva-
lía global. Si los intercambios se realizan utilizando dinero circu-
lante igual al precio total de las mercancías, éste no se incremen-
tará en conjunto.
Retomando el ejemplo anterior, supongamos que, en lugar de
vestidos, B se presentara en el mercado con dinero obtenido por la
venta anterior de vestidos. Supongamos que A hubiese vendido an-
teriormente sus 20 sacos de trigo a 30 soles cada uno, o sea que en
total habría recibido 600 soles, y que ahora pidiese por cada saco
60 soles. B, que necesita ese trigo y que solo tiene 600 soles, tendría
que comprar solo 10 sacos. Por lo tanto, la riqueza social seguiría
estando constituida por 20 sacos de trigo: 10 adquiridos por B y 10
175 El Capital cit., T. II, pág. 116.
176 El Capital cit., T. I, pág. 117.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
147
que le quedan a A, quien tendría, además, los 600 soles que obtuvo
de B.
El cambio, o la circulación, no ha incrementado la riqueza. La
situación sería la misma si intervinieran 10, 20, 1,000 o más pro-
ductores.
De aumentar el dinero para que todos ganen o aumenten su
parte de ganancia, manteniéndose igual la cantidad de mercan-
cías, habría inflación. Marx afirma: “Hemos visto que la plusvalía
no puede brotar de la circulación […] La circulación es la suma de
todas las relaciones de cambio que se establecen entre los poseedo-
res de mercancías.”177 “Si A hubiese robado abiertamente las 10
libras a B, sin guardar las formas del intercambio, el resultado se-
ría el mismo.”178
Si la circulación no crea valor como mercancías, la explicación
de la ganancia obtenida por los comerciantes es que el productor
comparte la plusvalía con los comerciantes, cuya función, que el
productor no asume ni le conviene asumir, es poner las mercancías
al alcance de los consumidores.
“Los valores de uso son, además, el soporte material del valor
de cambio.” –dice Marx.179 Este soporte material ha de entenderse
en el sentido de que la mercancía, para poder venderse, tiene que
ser una cosa con una utilidad. Su afirmación de que la circulación
no crea valor significa que esta no crea nuevas cosas necesarias.
Transfiere estas a los consumidores, una o muchas veces, pero no
las crea materialmente, aunque pueda añadirles valor por el tra-
bajo. Los servicios se venden una sola vez por el productor, pero no
pueden transferirse.
La circulación no es una fase subalterna de la actividad eco-
nómica; es una función impuesta por la división social del trabajo,
como una etapa o proceso indispensable para posibilitar la reali-
zación del fin de las mercancías como valores de uso: ser usadas o
consumidas. Si el productor no cuenta con vendedores, lo general
es que apele a comerciantes conocedores de las necesidades a sa-
tisfacer, del mercado y de la manera de distribuir las mercancías;
estos comerciantes llegan a ser grandes distribuidores colocados
como intermediarios entre los consumidores finales y los produc-
tores a los que informan sobre los requerimientos del mercado y,
en ciertos casos, les compran la producción por anticipado. Es la
177 El Capital cit., T. I, pág. 119.
178 El Capital cit., T. I, pág. 117.
179 El Capital cit., T. I, pág. 4.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
148
sempiterna reproducción del camino de las mercancías que Marx
había observado: “La circulación de las mercancías es el punto de
arranque del capital. La producción de mercancías y su circulación
desarrollada, o sea, el comercio, forman las premisas históricas en
que surge el capital.”180
El proceso, por el cual las mercancías son trasladadas desde
el centro de su producción hasta los sitios donde los consumidores
las adquieren, se compone de dos clases de operaciones: las mate-
riales, consistentes en su traslado y manipulación; y las activida-
des de venta, aunque sean varias.
Como valor de uso, una mercancía terminada en el centro de
producción solo posee un uso potencial. Para ser usada o consu-
mida tiene que estar al alcance del adquirente final. La conversión
del uso potencial en uso real requiere un trabajo que puede tomar
dos expresiones: como actividad jurídica de traslación del produc-
tor hasta el consumidor final; y como actividad física de moviliza-
ción de las mercancías desde el lugar de producción hasta el de
entrega final al usuario o consumidor, y, respecto de ciertas mer-
cancías, como trabajos adicionales de fraccionamiento, mezcla,
preparación u otros necesarios para permitir el consumo. Cuando
la mercancía no ha salido aún del centro de producción, su valor
de cambio contiene solo el de amortización de los medios de pro-
ducción, el de la fuerza de trabajo empleada y la plusvalía creada
hasta ese momento. Al dejar el centro de producción se añaden los
valores posteriores hasta la adquisición final para el uso o con-
sumo real: amortización de los medios de transporte y otros mate-
riales; remuneraciones de los trabajadores y participación de los
titulares de los contratos de compraventa que determinan dónde y
cómo distribuir y vender las mercancías; y la plusvalía generada
en esta etapa, distinta de la plusvalía creada en el momento de la
producción. El valor de cambio final de la mercancía es el que paga
el consumidor o usuario final.
En estas dos etapas (producción y circulación) los capitalistas
obtienen la tasa de ganancia promedio en la sociedad, como se
puede ver en el siguiente esquema.
Supongamos que la tasa media de ganancia sea el 20% sobre
la inversión total.
En la etapa de producción, los gastos en medios de producción
(CC) son 80; en fuerza de trabajo (CV) 20; y la plusvalía, que en
180 El Capital cit., T. I, pág. 103.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
149
esta etapa es igual a la tasa de ganancia 20%, 20. Por lo tanto el
precio de las mercancías sería 80 CC + 20 CV + 20 P = 120.
En la etapa de comercialización siguiente, los gastos en las
mercancías adquiridas (CC) suman 120; los gastos en fuerza de
trabajo (CV) 10; y la ganancia (20% de 130) es igual a 26.
En total, las mercancías vendidas al final valdrían 156 (120 +
10 + 26).
PRODUCCIÓN
CC 80
CV 20
P 20
__
Precio del productor 120
CIRCULACIÓN
CC 120
CV 10
P 26
_____
Precio del comerciante 156
En ambas etapas, la ganancia total es, al fin de cuentas, igual
a la suma de la plusvalía obtenida en la primera y en la segunda
etapas, resultante en ambas del trabajo.
La ganancia o plusvalía nacional, contabilizada como renta
neta o valor agregado total, resulta de todas las operaciones eco-
nómicas (de producción y circulación).
Veamos con un ejemplo más complejo el proceso de la circula-
ción.
Supongamos que un productor vende sus mercancías a tres
mayoristas; que estos las venden a 30 comerciantes intermedia-
rios; que estos las distribuyen a 300 minoristas; y que las unidades
vendidas son 1,000. Para el productor el capital constante (CC) es
el valor de los medios de producción; el capital variable (CV) el de
la fuerza de trabajo, que sumados hacen la inversión total, a la
cual se añade la plusvalía (P: 20% sobre la inversión total); la suma
de estos tres conceptos da el precio total de venta de las 1,000 uni-
dades producidas. Para los 3 mayoristas, al adquirirlas, estas
1,000 unidades son capital constante al cual se añaden los capita-
les constante y variable que utilicen y la plusvalía. Los 30 comer-
ciantes intermediarios compran las 1,000 unidades a su nuevo pre-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
150
cio acrecentado, al que se agregan, igualmente los capitales cons-
tante y variable que empleen y la plusvalía. Los 300 minoristas
también agregan el capital constante y el capital variable utiliza-
dos por ellos y la plusvalía. El precio final a los consumidores es el
fijado por los minoristas. La plusvalía total es la suma de las plus-
valías percibidas por el productor y los tres grupos de comercian-
tes.
CC CC CV Inversión 20% P Precio Precio
añadido añadido total total uni-
CC + CV dad
1 Productor 900 100 1,000 200 1,200 1.20
3 Mayoristas 1,200 100 20 1,320 264 1,584 1.58
30 Medios 1,554 50 20 1,654 331 1,985 1.99
300 Minorist. 1.985 20 20 2,025 405 2,430 2.43
Plusvalía to- 1,200
tal
La producción total de 1,000 unidades no aumenta. La inver-
sión va creciendo en cada paso de la circulación, y el valor de cam-
bio de las mercancías se incrementa por el nuevo trabajo agregado.
hasta llegar a los consumidores finales.
C.– EL TRABAJO EN LAS OPERACIONES DE CRÉDITO
El crédito es el capital bajo la forma de dinero o capacidad de
compra, suministrado a cambio de cierta cantidad de dinero, deno-
minada interés. Este capital puede ser aplicado a la producción, la
circulación, el consumo, las operaciones crediticias y la actividad
del Estado. Puede servir para adquirir medios de producción y
fuerza de trabajo, y para pagar las mercancías para su consumo y
uso final. En muchos casos el capitalista no desembolsa de su pe-
culio personal las sumas requeridas para una empresa o negocio.
Todo el capital requerido puede provenir del crédito, lo que se com-
plementa con los pagos anticipados de los adquirentes de los bie-
nes o servicios a ser producidos, que pueden salir también del cré-
dito.
En la teoría marxista, el interés por el crédito es plusvalía de
la cual se apropian los capitalistas financieros.
En la producción y la circulación, el capitalista que toma di-
nero en préstamo registra el interés como una obligación o gasto
de la empresa que sale de la plusvalía que él obtuvo y se traslada
al precio de las mercancías. Este interés contiene, en parte, el valor
PÁGINAS
DE
MARXISMO
151
de la fuerza de trabajo de quienes han hecho posible las operacio-
nes de depósito y crediticias: los empleados y obreros de la banca
y de otras entidades financieras.
En el siglo XIX, el crédito se originaba, en su mayor parte, en
los depósitos recibidos por los bancos de los capitalistas y otros
ahorristas. En el siglo XX y luego, el crédito surge solo en parte de
esos depósitos. Los bancos tienen la obligación de guardar el por-
centaje de ellos, señalado legalmente como encaje, para devolver
su dinero a los depositantes que quieran retirarlo. La experiencia
indica que los retiros en un día determinado no llegan a ese por-
centaje, salvo que los depositantes, temiendo perderlos, corrieran
a los bancos a recuperar su dinero. Por lo tanto, con un encaje del
20%, por ejemplo, los bancos pueden prestar hasta cuatro veces la
cantidad recibida en depósito. Supongamos que los depósitos lle-
guen a 1,000 y que los bancos decidiesen guardar esta suma como
encaje (que sería el 20% de la cantidad que pueden prestar). Sus
préstamos podrían llegar, por lo tanto, a 4,000. Los préstamos por
esta cantidad aumentada son posibles porque en las operaciones
bancarias, por lo general, el dinero no es materialmente extraído
de los bancos. Pasa contablemente de unas cuentas a otras en un
banco, y de las cuentas de un banco a las de otro. Con el dinero
plástico (tarjetas de crédito y de débito) aumenta la posibilidad de
las transferencias de una cuenta a otra. Los bancos, sin embargo,
solo pagan el interés por los depósitos que reciben, pero cobran el
interés por la suma total que prestan, que es dinero ficticio en su
mayor parte. Si las sumas depositadas fueran 1,000 y el interés
que pagaran por ellas fuera 5% abonarían por estos depósitos 50.
Siendo el encaje el 20% podrían prestar hasta 4,000, de manera
que, con una tasa de interés equivalente al 20%, la suma que per-
cibirían por los 4,000 sería 800. Descontando los 50 que pagaron a
los depositantes recibirían 750. Esto explica el enorme enriqueci-
miento de los bancos y otras entidades financieras y sus accionis-
tas. En muchos casos, el encaje desciende hasta acercarse a 0%
sobre el importe de los depósitos efectuados. Solo una corrida de
los depositantes por su pánico para recuperar sus depósitos pone
en evidencia la falta de liquidez de los bancos. En tales casos, el
Banco Central (banco de bancos) suele suministrarles recursos que
pueden ser también dinero ficticio. Esto no sucede con las otras
formas de capital, cuya tasa de ganancia es un porcentaje del ca-
pital efectivamente invertido en la producción, la circulación y el
alquiler de los bienes inmuebles. Aplicando a los bancos el mismo
PÁGINAS
DE
MARXISMO
152
criterio, su ganancia debería corresponder solo al capital que sus
propietarios o accionistas hubieran invertido en el negocio banca-
rio. La ganancia por el capital recibido de otros, más la que resulta
del préstamo multiplicado, no les pertenece. Es de la sociedad, y
ella podría reducirla, bajando la tasa de interés como conviniera a
las necesidades económicas y aplicándola al financiamiento de los
servicios públicos y las necesidades sociales. Esto ya está suce-
diendo en los países con un capitalismo más desarrollado en los
cuales la tasa del interés bancario está rigurosamente controlada
por los bancos centrales.181
Desde mediados del siglo XX, con el crecimiento de los ingre-
sos de los trabajadores, una parte de éstos puede guardarse como
depósitos en bancos y otras entidades financieras. Una fracción de
las sumas depositadas queda en cuentas de ahorro y depósitos a
plazo fijo; otra puede ser invertida en fondos de pensiones y títulos
valores; y otra convertirse en bienes inmuebles y vehículos. Los
fondos de pensiones voluntarios, gestionados por empresas parti-
culares, han adquirido una gran importancia en Europa y América
del Norte como complementarios de la jubilación general y estatal.
En América Latina, los fondos de pensiones han sido impuestos
obligatoriamente como parte de la política neoliberal impulsada
por las burguesías nacionales y las empresas transnacionales in-
teresadas en esos capitales y en las utilidades que pueden repor-
tarles. La importancia de las sumas recaudadas por estos depósi-
tos y fondos en la vida económica es enorme y aportan a las em-
presas que las utilizan como negocio enormes ganancias, cuya na-
turaleza es la misma que la de los bancos, que vimos en el párrafo
anterior.
D.– TASA DE PLUSVALÍA Y TASA DE GANANCIA
La diferencia de las nociones de plusvalía y ganancia le hizo
acudir a Marx a la distinción entre la tasa de plusvalía y la tasa
de ganancia.
La primera resulta de la comparación del gasto en fuerza de
trabajo con la cantidad de plusvalía; en cambio, la segunda sale de
la comparación de la inversión total (en medios de producción y en
fuerza de trabajo) con el precio de venta en el mercado.
181 Véase, en el capítulo V de este libro, G.– Premisas de los cambios en el
futuro, 1.– La plusvalía, la pág. 250.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
153
La tasa de plusvalía –relación de la plusvalía obtenida por
cada trabajador con el salario que recibe– “es, por lo tanto, la ex-
presión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por
el capital o del obrero por el capitalista.”182 Este dato le interesa al
empresario para determinar si el trabajador le es conveniente-
mente productivo. Si no lo es y no puede lograr de él mayor pro-
ductividad lo sustituirá por otro, si tiene esa posibilidad.
Considerando el conjunto de su actividad empresarial, al ca-
pitalista más le interesa la tasa de ganancia.
En el tercer tomo de El Capital, Marx reitera su distinción
entre la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia.
“La cuota de plusvalía –dice–, medida por el capital variable,
se llama cuota de plusvalía; la cuota de plusvalía medida por el
capital total se llama cuota de ganancia. […] Por lo que al capita-
lista individual se refiere, es evidente que lo único que a él le in-
teresa es la relación entre la plusvalía o el remanente de valor que
deja el precio de venta de sus mercancías y el capital total desem-
bolsado para producirlas; […] huelga detenerse a explicar aquí que
cuando una mercancía se vende por encima o por debajo de su va-
lor solo cambia la distribución de la plusvalía, sin que este cambio,
en cuanto a la distribución de las distintas proporciones en que
diversas personas se reparten la plusvalía, altere en lo más mí-
nimo ni la magnitud ni la naturaleza de ésta.”183
Marx agrega: “plusvalía y ganancia son en realidad lo mismo
e iguales numéricamente, la ganancia es, sin embargo, una forma
transfigurada de la plusvalía, forma en la que se desdibujan y se
borran su origen y el secreto de su existencia.”184
En el prólogo al tomo III de El Capital, Federico Engels alude
al carácter histórico de la cuota de ganancia. Se originó con la di-
fusión del capital comercial en los tiempos previos al Renaci-
miento. “Es aquí –señala– donde nos encontramos por vez primera
con la ganancia y la cuota de ganancia. La tendencia intencionada
consciente de los comerciantes es la que esta cuota de ganancia sea
igual para todos los interesados. Los venecianos en Levante y los
hanseáticos en el norte pagaban todos los mismos precios que sus
vecinos por las mercancías, abonaban los mismos gastos de trans-
porte, las vendían a los mismos precios y compraban también el
flete en las mismas condiciones que cualquier otro comerciante de
182 El Capital cit., T. I, pág. 165.
183 El Capital cit., T. III, sección primera, capítulo II, pág. 58.
184 El Capital cit., T. III, sección primera, capítulo II pág. 63.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
154
su misma «nación». […] Por tanto, la cuota igual de ganancia, que
en su pleno desarrollo constituye uno de los resultados finales de
la producción capitalista, se nos revela aquí, en su forma más sim-
ple, como uno de los puntos históricos de partida del capital …”185
Si la ganancia es el objetivo final del capitalista al lanzarse a
la actividad productiva y constituye un dato tangible resultante
del trabajo se puede considerar que es igual a la plusvalía, cuya
base es un porcentaje social promedio sobre toda la inversión (en
capital constante y en capital variable) y cuyo monto definitivo
para el capitalista es el obtenido tras vender sus mercancías.
E.– EL TRABAJO PARA EL ESTADO
En este trabajo se requiere ver, por una parte, su capacidad
de creación de valor, y, por otra, de dónde salen los recursos para
pagarlo.
El Estado se halla a cargo de un vasto grupo de funcionarios
y empleados de apoyo, cuya actividad consiste en la prestación de
los servicios públicos que la sociedad, como poder mandante, les
encarga. Estos servicios están conformados, por una parte, por ac-
tividades o bienes inmateriales que no ingresan al mercado, y no
son, por lo tanto, mercancías; y, por otra, por la entrega o el uso de
ciertos bienes materiales. En los servicios de salud, por ejemplo, la
atención del personal médico y auxiliar está en el primer grupo, y
el uso de la infraestructura y la recepción de medicinas, en el se-
gundo.
Por la división social del trabajo, los servicios públicos son de
muchas clases y se les ha distribuido por sectores. Van desde la
acción de gobierno hasta el suministro de determinados bienes y
servicios a la sociedad.
¿Este trabajo crea valor?
Su aporte, en este sentido, depende del tipo de servicio.
El trabajo requerido por el Estado en las funciones legislativa,
ejecutiva y judicial y otras de encuadramiento y control (órganos
electorales, Contraloría, Tribunal Constitucional, Defensoría del
pueblo, gobiernos regionales, Banco Central) se limita a reproducir
su propio valor como fuerza de trabajo, siempre y cuando se ajuste
a las prescripciones que lo regulan y a los efectos que se espera de
él. Este trabajo no crea un nuevo valor. Si lo creara, se le vería,
185 El Capital cit., T. III, pág. 35.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
155
como una plusvalía que el Estado podría retirar, lo que no sucede.
En realidad, la sociedad les paga a los funcionarios y empleados
auxiliares del Estado para que cumplan sus funciones que deben
traducirse en servicios útiles y de una calidad que se supone debe
ser óptima. Sin embargo, por lo general, no cumplen tales funcio-
nes como está dispuesto, ni con la iniciativa y acuciosidad que re-
quiere la atención a la sociedad que les ha encargado ese trabajo.
Por una parte, porque el burocratismo y la arbitrariedad que los
gana convierten su trabajo en actividad desperdiciada y hasta no-
civa y delictiva; y, por otra, porque, al incrementarse el número de
funcionarios y empleados de apoyo del Estado más allá de los ne-
cesarios, este trabajo excedente deviene parasitario. Además, las
remuneraciones de este personal en los niveles superiores, electi-
vos y por nombramiento, se hallan sobredimensionadas, debido a
que son los grupos con poder de esta categoría los que las fijan en
su provecho, con la complicidad indirecta o la pasividad de la parte
de la ciudadanía que los puso en sus cargos o los mantiene en ellos.
El trabajo en los organismos del Estado, consistente en la
prestación de servicios a los usuarios y el suministro de ciertos bie-
nes, como las prestaciones de salud, educación, mantenimiento de
vías de comunicación, etc., reproduce el valor de los medios de pro-
ducción empleados, paga su propio valor y crea una plusvalía que
no se capitaliza como propiedad del Estado, sino que es transferida
al usuario de los servicios prestados en la forma de gratuidad o
bajo precio. Si estos servicios fueran suministrados por empresas
particulares, esa plusvalía sería de estas. Conjeturando la posibi-
lidad de obtener esta plusvalía, el neoliberalismo ha movido al Es-
tado a contratar con empresas privadas el suministro de un gran
número de servicios públicos y obras, y pagarlos a precios de mer-
cado, sin los riesgos de la competencia y, por lo general, corrom-
piendo a los funcionarios encargados de decidir esas contratacio-
nes. Uno de los servicios de más alto rendimiento es el otorga-
miento de las pensiones de jubilación entregado a empresas crea-
das para este propósito.
Los recursos para el pago de este trabajo salen del presu-
puesto público, constituido por los tributos recaídos, en su mayor
parte, en las actividades económicas. Estos recursos pertenecen a
la sociedad, cuya gestión administrativa ha encargado al Estado.
Los tributos se dividen en directos e indirectos.
Los directos gravan la renta y la propiedad.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
156
La renta es el ingreso económico de las personas, ya se ob-
tenga por la actividad empresarial, por el uso y usufructo de los
bienes muebles, por los beneficios de los títulos valores y por el
trabajo (según las leyes del impuesto a la renta). Como ingreso de
la actividad empresarial, que consiste en la producción de mercan-
cías, es una parte de la plusvalía. Se le denomina valor agregado,
porque es la nueva riqueza (PNI) obtenida en el año anterior.
El impuesto a la renta se aplica también a las sociedades de-
dicadas a actividades económicas.
El impuesto a la renta sobre las remuneraciones afecta, por lo
general, a las que son superiores a cierto límite.
Los impuestos a la propiedad se pagan con los ingresos de
cada propietario: remuneraciones o plusvalía.
Por la influencia y la acción de los gobiernos de composición
socialdemócrata y otros partidarios de una redistribución de la ri-
queza, los Estados han ido aumentando la tasa del impuesto a la
renta, obligados por el incremento de sus gastos en el control y la
represión de las clases trabajadoras, en sus conflictos exteriores, y
como una manera de redistribuir la renta nacional, lo que se tra-
duce en ciertas obras de infraestructura y servicios públicos.
Los impuestos indirectos se cargan a los precios de venta de
las mercancías, cualesquiera que estas sean, a veces, con ciertas
excepciones respecto de bienes de elevado consumo popular. En
otros términos, gravan la circulación de las mercancías, incluida
la internacional. En el ámbito interno de cada país es el caso del
impuesto general a las ventas: 18% sobre el importe vendido, en el
Perú. Si el precio de venta de una mercancía es 100, por ejemplo,
con el impuesto su precio total es 118. Esta cantidad adicional sale
de los ingresos del consumidor o usuario. Si es un trabajador, de
su remuneración. Por lo tanto, el trabajador la paga con su trabajo.
Si es un capitalista, y los bienes comprados son parte de su inver-
sión, el impuesto se traslada a los precios de venta de las mercan-
cías que produce, como un costo; si el adquirente de estas mercan-
cías es otro capitalista, este impuesto se deduce de la cantidad que
este tenga que pagar por esos insumos, y se traslada también a los
precios de venta. De manera que, en definitiva, el impuesto indi-
recto sobre los medios de producción queda a cargo de los consu-
midores o usuarios finales.
Si el capitalista adquiere mercancías para su consumo, el im-
puesto a las ventas sale de la plusvalía que obtuvo.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
157
Las tasas que el Estado cobra por ciertos servicios las pagan
los usuarios de estos, como contraprestaciones, y salen de las re-
muneraciones si son trabajadores, y de la plusvalía si son capita-
listas, salvo que graven sus actividades productivas, en cuyo caso
se cargan al precio de las mercancías que expendan.
Cuando el Estado acude al crédito internacional, por lo gene-
ral vendiendo bonos en las bolsas de valores, los recursos para
amortizarlos y pagar los intereses pactados salen de los ingresos
presupuestarios, procedentes de los impuestos directos e indirec-
tos.
Por lo tanto, siendo evidente que la mayor parte de los recur-
sos del Estado proceden de los ingresos de los trabajadores, la con-
clusión podría ser que estos exijan que se empleen en servicios pú-
blicos beneficiosos para las mayorías sociales que ellos integran.
III.– LA TEORÍA DE LA UTILIDAD MARGINAL
La teoría de la creación del valor por el trabajo de Marx le era
urticante y subversiva a la clase capitalista, porque, además de su
certitud, mostraba a los trabajadores asalariados su real situación.
Los economistas partidarios del capitalismo se empeñaron, enton-
ces, en tratar de explicar los mecanismos de la economía a partir
de algo distinto al trabajo.
Inicialmente, el alemán Herman Heinrich Gossen (1810-1858)
creyó haber encontrado una nueva explicación del valor en la apre-
ciación del consumidor respecto de la satisfacción que podía hallar
en una mercancía. Esta apreciación fue, para él, más que una ma-
nera de valorar las cosas; fue el valor mismo, y, de este modo, en-
tendió que trasladaba la aparición del valor de la producción a la
subjetividad de las personas. Sin embargo, el libro en el que dio a
conocer esta opinión (1854) careció de resonancia.
Continuó por este camino el inglés Stanley Jevons (1835-1882)
con su libro Teoría de la Economía Política (1871) en el que dijo
que la utilidad es el placer derivado del uso de un producto, y que
la ley más importante de toda la economía es la tendencia hacia la
saciedad, de modo que la utilidad de los objetos tiende a disminuir
cuando la cantidad usada aumenta, siendo la última unidad usada
la que da el grado final de utilidad.
Hacia la década del setenta del siglo XIX, el austriaco Karl
Menger y sus seguidores Friedrich von Wieser y Eugen von Böhm-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
158
Bawerk, que formaron la Escuela Austriaca de Economía, el fran-
cés Léon Walras y el inglés Alfred Marshall desarrollaron esta teo-
ría y la impusieron en la Economía capitalista. Al grado final de
utilidad, Wieser lo llamó utilidad marginal, y de la Economía dijo
que su finalidad era llevar al máximo la utilidad de los produc-
tos.186
Juan Bautista Say había dividido la economía en los campos
de producción, circulación, reparto y consumo de los bienes fabri-
cados y llevados al mercado.187 La producción es el momento de
creación, elaboración o transformación de las mercancías; la circu-
lación, el momento en que se las traslada a los consumidores y
usuarios; el reparto, la distribución del valor creado entre los fac-
tores de la producción que, para él, eran el capital, el trabajo y la
tierra; y el consumo, el momento final en que las mercancías se
aplican a la satisfacción de las necesidades para las que fueron
creadas y adquiridas. Esta división se impuso en la ciencia econó-
mica.
La teoría de la utilidad marginal da por hecho que hay pro-
ducción, puesto que, de lo contrario, los consumidores no podrían
decidir sobre sus compras.
Sus disquisiciones comienzan en el mercado, donde la de-
manda se configuraría por las apetencias de los consumidores, que
determinarían los precios de las mercancías en atención al grado
de satisfacción que puedan darles y a la creencia de que la utilidad
de la última mercancía que adquieran, la utilidad marginal, fijaría
el precio de las demás mercancías en venta.
Esta manera hipotética de ver la demanda no se ajusta a la
realidad.
La consideración del grado de satisfacción de las necesidades
que pueden aportar las mercancías surge en el momento final del
consumo, pero este acto tiene una incidencia limitada en el mer-
cado. La apetencia de una mercancía es el factor base para que una
persona quiera comprarla, pero se complementa con otro: sus re-
cursos disponibles para adquirirla. Ambos factores son objetivos,
186 Cfm. J. M. FERGUSON, Historia de la Economía, México, Fondo de Cultura
Económica, 1958, págs. 150 a 153; HENRY GUITON, DANIEL VITRY, Economie
Politique, Paris, Dalloz, 1981, nº 94 a 97; J.R. HICKS, Value and Capital,
Oxford, Clarendon Press, 1965, chapter 1.
187 ANDRÉ PIETTRE, Pensée économique et théories contemporaines, Paris, Da-
lloz, 1979, pág. 72, 78 y ss.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
159
es decir, reales, pero sobre ambos incide la subjetividad de la per-
sona, consistente en estimar o valorar, por una parte, el grado de
su necesidad de esa mercancía, y, por otra, la cantidad de dinero
que podría pagar por ella. Si la necesidad es apremiante y la mer-
cancía escasa, es posible que se avenga a pagar más por ella hasta
el límite de sus recursos disponibles para esa compra o tomando
recursos destinados a otras necesidades. Sus recursos limitados
determinarían, por lo tanto, su compra de esa mercancía, rele-
gando a un segundo plano la necesidad, de la que podría, incluso,
prescindir si el precio de la mercancía excediera su posibilidad de
adquirirla. A la inversa, si la necesidad de una mercancía no fuera
apremiante en diversos grados hasta hacerse superflua, la persona
podría adquirirla por un precio menor, si tuviera los recursos para
ello. En este caso, su decisión obedecería a la ocasión y la magnitud
de los recursos que podría aplicar a esa compra. En esta relación
entre el comprador y el vendedor, el precio sube o baja por la oferta
y la demanda globales en un determinado mercado que los vende-
dores conocen. Ese precio, en su origen es el que los productores
fijan por sus costos de producción y la plusvalía o ganancia que le
añaden.
Es evidente que, cualesquiera que sean los deseos, intención o
poder adquisitivo de los compradores, ellos no crean las mercan-
cías que son bienes y servicios con una existencia objetiva porta-
dora del valor.
Los comerciantes mayoristas solo tienen en cuenta el costo
que pagaron inicialmente; los comerciantes intermediarios y mi-
noristas se basarán, a su vez, en el precio que pagaron por las mer-
cancías y las revenderán a este precio más los gastos en que hayan
incurrido y la plusvalía que esperan ganar con las modificaciones
debidas a la oferta y la demanda. Para ellos, en ningún momento
opera la utilidad marginal; solo existen los datos objetivos del pre-
cio que pagaron y la posibilidad de ganar más si la demanda excede
a la oferta o de no perder si la demanda es insuficiente.
Si se posa la atención en el consumo final personal, se verá
que tampoco juega aquí la noción de utilidad marginal. Ninguna
persona adquiere más mercancías de las que necesita. Por ejemplo,
si una persona suele comer cuatro panes por día que le cuestan
0.30 cada uno, los comprará en la panadería y pagará 1.20. No se
le ocurrirá comprar más panes para determinar con cuantos lle-
gará a la saciedad ni saber cuántos panes han sido producidos. Si
quiere comprar un celular de cierta marca, irá a la tienda donde
PÁGINAS
DE
MARXISMO
160
los venden y, al ser informado que su precio es 200 dólares, lo pen-
sará en función de sus recursos; luego irá a otra tienda donde el
precio es también 200 dólares. Como necesita el celular y lo quiere,
tendrá que comprarlo por esa cantidad si dispone de ella. Para él
no hay utilidad marginal. La utilidad del celular –su valor de uso–
es solo su aptitud de satisfacer su necesidad, de acuerdo con las
funcionalidades del aparato.
En cuanto concierne a las empresas, estas, en sus cálculos de
costos de una determinada cantidad de mercancías, se informan:
de los precios de los medios de producción en el mercado donde su
capacidad de negociación aumenta a medida que sus compras son
más grandes; del precio socialmente necesario de la fuerza de tra-
bajo, incluidos los derechos sociales; del costo del crédito; de los
impuestos y otros gastos que son datos exteriores a él. La cantidad
de mercancías a producir resulta de sus proyecciones de venta, se-
gún la experiencia precedente o del estudio de la posibilidad de su
colocación, en atención al valor de uso de esas mercancías para
determinados consumidores, y a su precio, compatible con los in-
gresos de los posibles compradores y a la competencia con otros
vendedores de mercancías semejantes. La cantidad de medios de
producción y fuerza de trabajo que adquieran se determinará por
esos datos y por la capacidad de sus instalaciones y trabajadores.
Si una empresa tiene veinte máquinas cada una manejada por un
trabajador y cierta demanda, empleara a veinte trabajadores. Si
la demanda es la mitad, solo empleará diez trabajadores y diez
máquinas. Si la demanda es mayor, pensará en adquirir más má-
quinas y contratar a más trabajadores. La utilidad marginal no
interviene para los empresarios en estos cálculos, frente a precios
de compra predeterminados por los vendedores de medios de pro-
ducción y remuneraciones establecidas de los trabajadores que,
por regla general, no son contratados para cada pedido o lote de
mercancías.
La teoría de la utilidad marginal es, en definitiva, una cons-
trucción idealista que los economistas del capitalismo proyectan
como realidad a la economía, sirviéndose de cálculos y gráficos,
para verla funcionando como ellos piensan. Pero la economía no
funciona de ese modo, y los ingenieros, contadores, economistas y
capitalistas en sus cálculos de costos y ventas se valen, más prag-
máticamente, de los datos objetivos de los valores de uso de las
PÁGINAS
DE
MARXISMO
161
mercancías, la capacidad de compra de los consumidores y usua-
rios finales, los costos en medios de producción y fuerza de trabajo
y los impuestos que tendrán que pagar al Estado.
El comportamiento que los capitalistas estiman normal de ga-
nar cuanto más puedan, es ejemplificado con un supuesto que ra-
ramente o nunca se presenta, pero que muestra lo que sucede en
el mercado y que, con frecuencia, llega a extremos de abuso en cier-
tas situaciones: la persona en el desierto a la que, si el agua le
faltara, podría pagar por un vaso de ella una fortuna, caso hipoté-
tico de demanda desesperada y de oferta gobernada por la codicia
y la crueldad, un tipo de conducta que encaja dentro de los supues-
tos del marginalismo.188
IV.– LA EVOLUCIÓN DEL CAPITALISMO DESDE
FINES DEL SIGLO XIX
El capitalismo del siglo XIX que Marx analizó no ha cambiado
en lo esencial hasta ahora: sigue siendo el sistema de la propiedad
privada de los medios de producción y de trabajadores libres con-
tratados para suministrar su fuerza de trabajo por una remunera-
ción; el trabajo continúa siendo la fuente del nuevo valor, o plus-
valía, del que se apropian los capitalistas; las mercancías produci-
das continúan vendiéndose en el mercado; la fórmula D – M – D’
sigue indicando el ciclo del capital; el esquema de la reproducción
ampliada del capital refleja su paso de un ciclo de producción a
188 El profesor MICHAEL J. SANDERS de la Universidad de Harward comienza
su libro Justice. What’s the Right Thing to Do (Justicia. Qué es lo correcto que
se debe hacer), London, Penguin Books, 2010, relatando lo que sucedió en el
verano de 2004 cuando el huracán Charley barrió el Golfo de México y Florida,
destrozando casas y matando a varias decenas de personas: “En una estación
de venta de gasolina en Orlando, cada bolsa de hielo que valía dos dólares se
vendía por diez. […] Los contratistas por levantar dos árboles del techo de
una casa pedían 23,000 dólares. Las tiendas que normalmente vendían gene-
radores por 250 dólares pedían 2,000 […] El debate sobre precios de extorsión
luego que pasó el huracán Charley suscitó serias preguntas sobre la moral y
la ley. ¿Es incorrecto para los vendedores de bienes y servicios tomar ventajas
de un desastre natural elevando los precios? Si es así ¿que podría hacer la
ley? ¿Prohibir los precios de extorsión, interfiriendo incluso la libertad de com-
pradores y vendedores para hacer los tratos que quieran?” Mientras duraba
la pandemia del coronavirus, en 2020, sucedió algo similar: los precios de al-
gunos bienes para combatirla se dispararon hacia arriba. Es inadmisible que
la sociedad, en estos casos, mire a otro lado, aceptando este enriquecimiento
inmoral en resguardo del libre comercio.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
162
otro y la manera cómo se distribuye la parte de la plusvalía que
vuelve a la producción; las crisis periódicas del capitalismo retor-
nan cada cierto número de años.
Los cambios posteriores en la estructura económica capita-
lista y en sus superestructuras han sido el resultado de la evolu-
ción de estas y se han manifestado como una secuencia de cambios
cuantitativos.
Los más importantes son una gran concentración del capital,
el predominio del capital financiero, la aparición de los derechos
sociales de los trabajadores, la intervención del Estado y la inter-
nacionalización del capital.
A.– LA CONCENTRACIÓN DEL CAPITAL
Hacia el segundo tercio del siglo XIX, la economía capitalista
en los países más avanzados estaba compuesta aún por innumera-
bles empresas de proporciones relativamente pequeñas. Regía el
laissez faire laissez passer casi totalmente, y la industria ligera
ocupaba el primer plano,
A partir de la crisis de 1873, el panorama empezó a cambiar.
La producción de medios de producción se adelantó rápidamente a
la producción de medios de consumo, lo que implicaba, a su vez,
una revolución en las técnicas productivas y una concentración
más intensa del capital. Por lo que respecta a la siderurgia se pu-
sieron en práctica nuevos métodos de fundición: los de Bessemer,
Thomas y Martin. Empezó también la producción industrial de
energía eléctrica, primero en centrales térmicas y más tarde en
centrales hidráulicas, aparecieron luego nuevas ramas de la indus-
tria química y de la fundición de metales no ferrosos y ligeros.
El aumento de la producción industrial trajo como resultado
el desarrollo del transporte ferroviario. En 1835 había en el mundo
solo 2,400 kilómetros de vías férreas; en 1870 se habían tendido ya
200,000 kilómetros y en 1900 790,000. Se aplicó a los ferrocarriles
nuevas fuentes de movimiento: el motor de combustión interna y
el motor eléctrico.
Y también se produjo otra revolución en la técnica de la nave-
gación. Barcos de acero movidos a carbón y luego a petróleo inva-
dieron los mares, desplazando a las inseguras embarcaciones de
madera y velamen.
De 1870 a 1890 el volumen de la producción industrial au-
mentó tres veces. La producción mundial de acero creció de
PÁGINAS
DE
MARXISMO
163
500,000 toneladas en 1870 a 28 millones en 1900. Y, en cuanto a
recursos energéticos, la extracción de hulla subió de 218 millones
de toneladas en 1870 a 769 en 1900; y la de petróleo de 800,000
toneladas en 1870 a 20 millones en 1900.
Impulsado por esta expansión tan extraordinaria de las fuer-
zas productivas el capitalismo penetró con mayor intensidad en las
regiones más apartadas del mundo, buscando nuevas fuentes de
materias primas, mercados más vastos y nuevas oportunidades de
inversión.
Hacia 1900 la producción se había concentrado en manos de
unas pocas empresas. Los mayores volúmenes de capital y de
fuerza de trabajo estaban en manos de unas cuantas sociedades
anónimas. Se había llegado a una nueva etapa en la vida del capi-
talismo. A la libre concurrencia sucedía la hegemonía de los oligo-
polios. Lenin diría luego, sintetizando el carácter esencial de este
hecho histórico: “Si fuese necesario dar una definición lo más breve
posible del imperialismo debería decirse que el imperialismo es la
fase monopolista del capitalismo.”189
No existe un hecho específico a partir del cual comienza esta
etapa. Se trata, antes bien, de un proceso constituido por períodos
cuyos puntos de referencia son las crisis acaecidas en el último ter-
cio del siglo XIX.
Marx no alcanzó a ver el pleno desarrollo de los oligopolios que
él había previsto, de lo cual Lenin diría: “Medio siglo atrás, cuando
Marx escribió El Capital, la libre concurrencia era considerada por
la mayor parte, de los economistas como «Ley natural». La ciencia
oficial intentó aniquilar por la conspiración del silencio la obra de
Marx la cual demostraba, por medio del análisis teórico e histórico
del capitalismo, que la libre concurrencia engendra la concentra-
ción de la producción y que dicha concentración, en un cierto grado
de evolución, conduce al monopolio. Ahora el monopolio es un he-
cho. Los economistas escriben montañas de libros en los cuales
189 LENIN, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Buenos Aires, Ed.
Lautaro, pág. 117. En realidad, en los países capitalistas más desarrollados,
no hubo monopolios, o sea el ejercicio de una actividad económica por una sola
empresa o por un grupo de empresas asociadas. Parece que la expresión mo-
nopolio utilizada por Lenin era una manera de enfatizar la concentración del
capital. Lenin decía: “Esta transformación de los numerosos y modestos in-
termediarios en un puñado de monopolistas constituye uno de los procesos
fundamentales de la transformación del capitalismo en imperialismo capita-
lista.” El imperialismo, cit., cap. II, pág. 38. Si era un “puñado de monopolis-
tas”, ya no podían ser monopolistas.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
164
describen manifestaciones aisladas del monopolio y siguen decla-
rando a coro que «el marxismo ha sido refutado». Pero los hechos
«son testarudos» –como dice un refrán inglés– y de grado o por
fuerza hay que tenerlos en cuenta.”190
Desde fines del siglo XIX, el uso de los combustibles fósiles,
petróleo y gas, han revolucionado la industria de los transportes
con la utilización de vehículos automotores de tierra, agua y aire,
y han hecho surgir carreteras y calles asfaltadas, puertos y aero-
puertos; la utilización de la energía eléctrica se ha vuelto impres-
cindible en la producción y el consumo final; se han añadido nue-
vos inventos y descubrimientos en todos los órdenes de las necesi-
dades individuales y sociales; y ha crecido enormemente la produc-
ción de máquinas, equipos y herramientas destinadas a la produc-
ción de los bienes finales; en la segunda mitad del siglo XX, los
inventos en la electrónica y la informática han revolucionado las
comunicaciones y el manejo de los centros de producción. Este
desarrollo de los medios de producción y de consumo ha impulsado
más aún la concentración del capital.
En el siglo XX, el producto bruto interno en los países capita-
listas más adelantados ha crecido unas veinte veces.191
B.– EL CAPITAL FINANCIERO
La aparición del oligopolio, como fenómeno rector de la vida
capitalista, se vincula con otro fenómeno igualmente decisivo: la
presencia del capital bancario el cual, luego de un proceso de con-
centración análogo, ha terminado por ensamblarse con el capital
industrial, dando lugar a una nueva forma denominada capital fi-
nanciero. Las riendas de los oligopolios terminan en las manos de
una oligarquía reducida, propietaria de bancos y, a través de éstos,
de una red de empresas extendida en todos los ámbitos geográficos
y económicos del mundo capitalista.
La concentración y centralización del capital trae consigo una
acumulación de masas cada vez más grandes de plusvalía en poder
de la oligarquía financiera, multiplicando el poder económico de
ésta.
En 1933, al proponer el New Deal a los Estados Unidos, Fran-
klin D. Roosevelt escribía: “Recientemente se hizo un cuidadoso
190 LENIN, El imperialismo cit., pág. 25.
191 MICHAEL PARKIN, Economía, México, Pearson Educación, 2009, 8ª edición,
capítulo 20, pág. 461.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
165
estudio respecto a la concentración de los negocios en los Estados
Unidos. El demostró que nuestra vida económica estaba dominada
por más o menos seiscientas extrañas corporaciones que controla-
ban las dos terceras partes de la industria americana. Diez millo-
nes de pequeños hombres de negocios se dividían la otra tercera
parte. Pero más sorprendente aún resulta el hecho que, si el pro-
ceso de concentración sigue el mismo curso, al cabo de otro siglo
tendremos a toda la industria americana manejada por una do-
cena de corporaciones, dirigidas quizás por un centenar de hom-
bres.”192
No fue preciso esperar tanto. Apenas concluyó la segunda gue-
rra mundial un informe del Departamento de Justicia de los Esta-
dos Unidos a la Corte Suprema de ese país, que no recibió publici-
dad en ninguno de los diarios de las cadenas de los Hearst, Luce,
Howard y otros, revelaba que ocho grupos financieros controlaban
casi toda la vida económica norteamericana y la de gran parte del
mundo capitalista. A la cabeza de estos grupos se hallaban unas
cuantas familias que podían contarse con los dedos: Morgan, Ford,
Du Pont, Rockefeller, Mellon, McCormick, Hartford, Harkness,
Duke, Pew, Pitcairn, Clark, Reynolds y Kress, las cuales tenían en
1947 inversiones en más de 200 consorcios no financieros. Las for-
tunas de los Vanderbilt, Astor y Dew, tigres inescrupulosos de los
negocios a fines del siglo XIX, que juntas no alcanzaban a 200 mi-
llones de dólares, parecían al lado de aquéllas insignificantes aho-
rros.
Sin embargo, el vaticinio de una crisis general que hubiera
aniquilado al capitalismo, no se ha cumplido. Este ha superado sus
crisis e, incluso, algunos países socialistas han apelado a él para
aumentar la producción y la calidad de vida de su población a cam-
bio de enormes ganancias.
C.– LA APARICIÓN DE LOS DERECHOS SOCIALES DE
LOS TRABAJADORES
Desde las primeras normas de limitación del trabajo de los
menores, de mediados del siglo XIX, la legislación concerniente al
trabajo dependiente se ha ampliado hasta constituir una de las ra-
mas más importantes de la normativa del Estado.
192 F. D. ROOSEVELT, Mirando hacia adelante, Buenos Aires, Ed. Tor, pág. 25.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
166
Cuando Marx escribió El Capital no existían leyes regulado-
ras del tiempo de trabajo y la remuneración. Había apenas algunas
disposiciones limitativas del trabajo de los niños y las mujeres en
Gran Bretaña y Francia que, por regla general, los empresarios no
acataban.193
La jornada de trabajo mínima era de 12 horas y podía llegar
hasta 18.
Los ejemplos en El Capital aluden a esta jornada, de la cual,
esquemáticamente, 6 horas reproducían el valor del salario y las
otras 6 creaban la plusvalía.194 La enorme acumulación lograda
por el capitalismo tuvo como fuente este tiempo de trabajo adicio-
nal, además de las reducciones del salario que los empresarios im-
ponían por la mayor oferta de fuerza de trabajo sobre su demanda
en un mercado totalmente libre.
La jornada de 8 horas fue implantada hacia fines del siglo XIX
en algunos países y se generalizó en los demás luego de la aproba-
ción del Convenio nº 1 de la OIT de 1919, que la adoptó para las
empresas industriales. Hacia fines del siglo XX, la semana de tra-
bajo en Europa y otros países de alta industrialización se había
reducido hasta 40 horas y en algunos hasta 35.
Las leyes alemanas sobre los seguros sociales de: enfermedad,
1883; accidentes de trabajo, 1884; y vejez-invalidez, 1889, sirvie-
ron de modelo a otros países que las copiaron en la primera mitad
del siglo XX. Luego de la Segunda Guerra Mundial estos seguros
fueron integrados en sistemas de seguridad social y, en algunos
países, la atención de salud se extendió a toda la población.
La libertad sindical y la negociación colectiva fueron admiti-
das legalmente, en Francia en 1884, y en Alemania en 1919.
Después de la Segunda Guerra Mundial se añadieron otros
derechos sociales, como el seguro de desempleo.
El tiempo de trabajo, la realización del trabajo, la remunera-
ción y los derechos laborales complementarios son regulados por el
Derecho del Trabajo individual, cuyas reglas tienen, por lo tanto,
una incidencia directa en el costo de la fuerza de trabajo; en cam-
bio, las normas rectoras de la sindicación, la negociación colectiva
y la huelga, reunidas en el Derecho del Trabajo colectivo, ejercen
193 En mi libro Derecho del Trabajo, Teoría General I, 2ª edición, Lima, Ed.
Grijley, 2007, he tratado de la situación de la clase obrera y del surgimiento
de la legislación del trabajo, nº 152 a 214.
194 El Capital cit., T. I, pág. 177.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
167
una influencia indirecta sobre ese costo por la posibilidad de mo-
dificarlo. Los seguros sociales son objeto del Derecho de la Seguri-
dad Social.
Esta regulación implica una limitación por el Estado a la li-
bertad de mercado de la fuerza de trabajo, el encuadramiento legal
de las relaciones de trabajo y la protección de los trabajadores, en
cuanto las leyes laborales imponen mínimos, que los empresarios
no pueden dejar sin efecto ni aún con el acuerdo del trabajador por
el carácter irrenunciable de los derechos que crean.
Por lo tanto, el costo de la fuerza de trabajo ha dejado de estar
formado solo por el salario, el que queda como una base de cálculo.
Se han añadido los nuevos derechos sociales, cuyo costo se trans-
fiere al precio de venta de las mercancías.
No es este el caso del trabajo informal, desprovisto de derechos
sociales, que se gobierna aún por las leyes de la oferta y la de-
manda sin limitaciones, y cuya existencia obedece a la ausencia de
resistencia organizada de los trabajadores sometidos a él, a la di-
ficultad o indiferencia de las autoridades estatales para incorpo-
rarlos a la formalidad y a la voluntad corporativa de los empresa-
rios, debida a que los ínfimos salarios de la informalidad son el
primer nivel de los salarios en general y porque les distribuye una
parte de sus mercancías a precios exentos del pago de impuestos.
Con respecto a la inversión en capital variable, que la remu-
neración y los derechos sociales significan en el valor de la mer-
cancía, se tendría así, por ejemplo:
En el caso de una remuneración sin derechos sociales:
Capital constante = 80
Capital variable = 20
Plusvalía = 20
Total = 120
En el caso de una remuneración con derechos sociales iguales
al 40% de la remuneración que hacen 8, se tiene:
Capital constante = 80
Capital variable = 28 (20 + 8)
Plusvalía = 12
Total = 120
Por lo tanto, hay una transferencia de valor, de la plusvalía al
capital variable.
La misma situación se da en el total de remuneraciones y de-
rechos sociales de un país.
En cuanto concierne al tiempo de trabajo:
PÁGINAS
DE
MARXISMO
168
Con una jornada de 12 horas (mediados del siglo XIX), siendo
el tiempo socialmente necesario para pagar el salario igual a 6 ho-
ras, el capital variable 20 (del primer ejemplo) se repone en estas
6 horas y, en las 6 horas restantes, se crea la plusvalía 20, en el
supuesto de que la tasa de plusvalía sea igual al 100% (Capital
variable 20 = Plusvalía 20).
Con una jornada de 8 horas (48 a la semana), siendo la remu-
neración más los derechos sociales 28 y la plusvalía 12, que suma-
das se producen en esas 8 h., el tiempo socialmente necesario para
reponer el capital variable (remuneración más derechos sociales)
es = 5 h 36’; la plusvalía, 12, se crea en el tiempo restante: 2h 24’.
Con una jornada de 6 horas 40 minutos (40 horas a la semana
/ 6 días = 6 h.40’), siendo la remuneración más los derechos sociales
28 y la plusvalía 12, que sumadas se producen en esas 6 h. 40’, el
tiempo socialmente necesario para pagar el capital variable o la
remuneración y los derechos sociales es = 4 h 40’; la plusvalía 12
se crea en el tiempo restante: 2 h.
Se observa que el tiempo de trabajo que repone el valor de la
fuerza de trabajo (remuneración más derechos sociales) y crea la
plusvalía disminuye a medida que se reduce la jornada laboral.
La consecuencia del goce de derechos sociales es la disposición
por el trabajador de un excedente en relación a sus gastos en la
reproducción de su fuerza de trabajo. Se ejemplifica este aspecto
con el siguiente cuadro:
Capital Capital Valor de Excedente
constante variable medios de para el tra-
o salario vida del bajador
trabajador
1ª empresa 70 30 30 0
2ª empresa 200 40 35 5
3ª empresa 500 50 40 10
En el caso de la 1ª empresa, el salario alcanza solo para pagar
los medios de vida del trabajador y no deja un remanente para
ahorrar.
En los casos de la 2ª y la 3ª empresas, el valor del salario deja
un remanente que puede ahorrarse, y es progresivamente mayor.
Es lo que sucede en muchas empresas y actividades diversas (por
ejemplo, la minería), más productivas que otras, y en los niveles
de la jerarquía laboral sucesivamente más elevados.
Los fondos privados de pensiones son otra forma de acumula-
ción de una parte del valor de la fuerza de trabajo, de la que se han
PÁGINAS
DE
MARXISMO
169
apoderado algunos grupos capitalistas para invertirlo y tomar una
parte de la plusvalía generada con ese poder de compra.
La tendencia a una reducción de la tasa de plusvalía por efecto
de los derechos sociales se halla contrapuesta por la mayor produc-
tividad de la fuerza de trabajo: por una parte, por factores exterio-
res a la empresa, como la expansión de la educación general en
contenido y tiempo, la generalización y el perfeccionamiento de la
formación profesional, y un entorno social más dinámico, infor-
mado y versátil; y, por otra, por el perfeccionamiento de los instru-
mentos de producción y la organización del trabajo, la adaptación
de los instrumentos de producción a la contextura y los movimien-
tos del cuerpo humano (Ergonomía), la introducción de medios de
protección contra accidentes de trabajo y enfermedades profesio-
nales, y las motivaciones psicológicas del trabajador, como el temor
al despido, la posibilidad de ganar más, la satisfacción de reali-
zarse con el trabajo, la emulación y el deseo de ser mejor que los
otros.
El porcentaje de participación de los ingresos laborales en el
ingreso nacional, que había aumentado hasta comienzos de la dé-
cada del ochenta del siglo pasado, fue revertido luego por la acción
ideológica y política del neoliberalismo. Las cifras del cuadro si-
guiente son porcentajes del ingreso nacional correspondientes a los
ingresos laborales.
1980 2012 Diferen-
cia
Estados Unidos 70.0 63.6 6.4
Europa de los 15, promedio 79.2 66.5 12.7
Alemania 70.4 65.2 5.2
Francia 74.3 68.2 6.1
Italia 72.2 64.5 7.7
Reino Unido 74.3 72.7 1.6
España 72.4 58.4 14.0
Fuente: ECFIN, Economic and Financial Affairs, European
Commission Statistical Annex Table 32, Autumn 2011, 2012.
Vincenç Navarro dice: “Este crecimiento del capital, sin em-
bargo, no condujo a un incremento de la inversión en la economía
productiva, puesto que la rentabilidad de estas inversiones era
baja (como resultado de la reducción de la demanda doméstica).
PÁGINAS
DE
MARXISMO
170
Llevó a un considerable crecimiento de las inversiones especulati-
vas cuya rentabilidad era más alta que en la economía produc-
tiva.”195
Sin embargo, la capacidad de compra de los trabajadores en
esos países siguió creciendo, como se ve a continuación. A partir de
las cifras indicadas en el cuadro, supongamos que el Producto Neto
Interno en 1980 fuera igual a 100 (70 para los trabajadores + 30
para los empresarios: promedio de Estados Unidos, Alemania,
Francia, Italia y Reino Unido). Habiendo sido la tasa de creci-
miento anual de la riqueza 2%, en 2012, o sea 32 años después, los
100 se habrían convertido en 188.45. En este momento, el 67% co-
rrespondiente a los trabajadores equivaldría a 126.26 y el 33% de
los empresarios a 62.18. Es decir que, en 2012, los trabajadores,
con un porcentaje menor de participación en el producto, habrían
recibido 56.26 más que en 1980. Los empresarios habrían recibido
32.18 más. La riqueza aumentó para ambos grupos, pero relativa-
mente más para los empresarios. En la realidad, la parte que del
aumento de la riqueza les toca a los trabajadores se distribuye de
manera desigual: los servicios comunes son iguales, pero no las re-
tribuciones y los derechos sociales conexos que siguen las escalas
de remuneraciones en las empresas y en la administración pública.
D.– LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO
En la subsistencia y expansión del capitalismo, el Estado ha
jugado un rol imprescindible, pero de signos diferentes en los prin-
cipales países.
Luego de la crisis de 1929, el Estado fue compelido a interve-
nir en el funcionamiento de la economía para salvar al sistema ca-
pitalista de las crisis y, por efecto de las medidas adoptadas en tal
sentido, alejar a los trabajadores de la intención de cambiar el sis-
tema. Esta injerencia se ha movido desde una facistización del Es-
tado, como la que se llevó a cabo en Italia en la década del veinte
195 Las cifras del cuadro y la cita provienen de Capital-Labor Struggle: The
Unspoken Causes of the Crises, artículo de VINCENÇ NAVARRO, quien es profe-
sor de la Universidad Pompeu Favra de Barcelona. Este artículo fue publicado
en International Journal of Health Services, January 2014, y en el blog de
este profesor. La traslación del valor del trabajo y de la plusvalía al capital en
los porcentajes indicados fue de miles de millones de dólares y euros. Sus ope-
radores fueron tanto los gobiernos conservadores y socialistas. La menor re-
ducción en el Reino Unido se debió a la resistencia de los trade-unions, orga-
nizaciones sindicales.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
171
y en Alemania en la del treinta, hasta la política del New Deal en
Estados Unidos, en la década del treinta.
En otros países capitalistas se aplicó una fórmula intervencio-
nista del Estado con elementos de los modelos alemán y estadou-
nidense.
La Segunda Guerra Mundial obligó al Estado en los países be-
ligerantes a intervenir más aún en sus economías para sostener su
participación bélica.
Terminada esa guerra, Estados Unidos, convertido en la pri-
mera potencia mundial, suministró ingentes recursos a los países
europeos para su reconstrucción, en particular a Alemania.
Luego, el Estado, en los países con un capitalismo desarro-
llado, ha seguido jugando un rol decisivo, orientando la economía,
promoviéndola, regulando el crédito y otorgándolo, consumiendo
bienes civiles y militares, pagando a su creciente personal admi-
nistrativo, otorgando prestaciones sociales y rescatando a las em-
presas afectadas por las crisis, con preferencia a algunas con gran
concentración de capital. La grave pandemia a fines de la segunda
década del siglo XXI, debida al coronavirus, obligó al Estado a ser-
virse de una parte de las reservas monetarias para ayudar a las
empresas paralizadas y suministrar recursos a las personas de
menores recursos.
Por consiguiente, la intervención del Estado se ha hecho con-
sustancial con el capitalismo, una estatización inevitable que lo
aproxima a un cambio cualitativo.
E.– LOS GRANDES POLOS DEL CAPITALISMO EN EL
MUNDO
Terminada la bipolaridad del mundo con la desaparición de
los regímenes socialistas del Este europeo, se puso de manifiesto
con mayor nitidez la distribución del poder económico en el mundo
capitalista. Tres grandes conjuntos de países, a los que se deno-
minó la Triada, produjeron la mayor parte de la riqueza mundial.
Son: Estados Unidos y Canadá; la Unión Europea, el Reino Unido,
Noruega y Suiza; y Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Ze-
landa.196
196 Cfm. MICHEL BEAUD, Histoire du capitalisme, 1500–2010, Paris, Éditions
du Seuil, 2010, chapitre 7; Wikipedia; elordenmun-
dialsxxi.blogspot.com/2013/08/la-triada-economica.html; JUAN CASTAINGTS
PÁGINAS
DE
MARXISMO
172
Desde comienzos del siglo XXI comenzó a destacar otro grupo
de países a los se identificó con la sigla BRICS: Brasil, Rusia, In-
dia, China y Sudáfrica. En 1995 y 2010, el PBI mundial se repartió
del modo siguiente en porcentajes:
1905 2010
Triada 74.26 54.5
BRICS 13.30 28.0
Resto del mundo 15.44 17.5
Total 100 100
Fuente: Banco Mundial
El crecimiento de los BRICS se debió, en su mayor parte, a
China.
Los tres grupos de la Triada, que tienen el 20% de la población
mundial, acaparan el 70% de la producción mundial, el 80% del
comercio, el 90% de las operaciones financieras y el 80% de los
nuevos conocimientos científicos y técnicos. Desde esos polos, las
mercancías y los capitales se irradian a los demás países del
mundo, formando, en algunos casos, uniones regionales. Sus bases
principales están en los Estados nación, pero su movilidad y con-
veniencia los llevan a establecer sedes en cualquier otro país del
mundo. Son el summum de la globalización, dominada por unas
500 empresas. Entre ellos circulan los capitales y las mercancías,
compitiendo en calidad, precio e imagen y con costos que no se es-
tablecen solo por la calidad y la productividad de los medios de
producción, sino también por el costo de la fuerza de trabajo que el
neoliberalismo y su flexibilidad redujeron sistemáticamente desde
la década del 80’.197 En Europa, Estados Unidos y otros países se
ha recurrido a la fuerza de trabajo inmigrada de los países de la
periferia y pagada a mucho menos que la fuerza de trabajo nacio-
nal y, por lo general, sin derechos sociales.198
TEILLERI, La triada excluyente en Los sistemas comerciales y monetarios de la
triada excluyente, México, Internet.
197 Véase la pág. 169 de este libro.
198 OLIVIER BESANCENOT, Le veritable coût du capital, Paris, Éditions Autre-
ment, 2015, muestra con abundancia de cifras cómo se traduce en los hechos
la ecuación “competitividad = reducción del costo del trabajo”; citando a David
Havey, Brève histoire de néo libéralisme: “la construcción del consentimiento”
en el seno de la opinión pública, añade “La sociedad llega a tener por verda-
dero lo que es indiscutiblemente falso”, pags. 18, 28 a 39.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
173
Por su gran crecimiento económico, algo menos del 9% del PBI
anual en la segunda década del presente siglo, China se ha conver-
tido en otro polo que sale del BRICS.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
174
Capítulo V
MARX Y EL SOCIALISMO
¿Hasta dónde llegó Marx en la delineación del paso cualitativo
o la revolución que habría de dejar atrás la sociedad capitalista y
en la subsiguiente estructuración de una futura sociedad socia-
lista?
Sus textos sobre ambos aspectos fueron muy breves. Es vero-
símil que, habiendo dedicado la mayor parte de su tiempo, pri-
mero, a la construcción filosófica, y, luego, al examen de la econo-
mía capitalista, no haya podido ocuparse a fondo de este tema.
A.– EL PASO HACIA UNA SOCIEDAD SOCIALISTA
a) El rol de la ideología
En la teoría de Marx y Engels estaba claro que el adveni-
miento de una sociedad socialista no sobrevendría por la sola evo-
lución de la estructura, espontánea y casi automáticamente. La
clase obrera, como antítesis de la clase capitalista, debía llegar a
ella por una revolución y abatir el Estado capitalista.
En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels dijeron clara-
mente: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y
propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos solo pueden
ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social exis-
tente.”
Pero la revolución quedaba condicionada a una evolución su-
ficiente de la estructura capitalista, a la difusión de la ideología de
cambio y a la transformación de la clase obrera de clase para otros
en clase para sí, como decían Marx y Engels: “Si en la lucha contra
la burguesía el proletariado se constituye indefectiblemente en
clase, si mediante la revolución se convierte en clase dominante”.
Quedaba entendido que esta transformación de la clase obrera solo
podría advenir gracias a una acción de esclarecimiento, formación
y práctica en las tareas para sobrepasar a la sociedad capitalista.
De allí el si condicional.
Ello implicaba que, para cambiar la estructura, se debía ac-
tuar previamente sobre la superestructura política, lo que para la
PÁGINAS
DE
MARXISMO
175
clase obrera significaba contar con un partido o movimiento polí-
tico con cuya acción derribase al Estado capitalista y lo reempla-
zase por un Estado socialista. Pero, para organizar este partido y
convencer a la clase obrera o a la mayor parte de esta de que eso
era lo que se debía hacer, sus promotores debían contar previa-
mente con una ideología y difundirla. Esta ideología era el mar-
xismo.
Desde el punto de vista filosófico, esto era correcto: la ideología
surge como un reflejo de las relaciones sociales y vuelve a estas,
incorporándose en la conciencia de los actores conformantes de la
antítesis; estos, aplicándola, impulsan el cambio de las relaciones
sociales y de las superestructuras.
El proceso de creación de la ideología no es, sin embargo, au-
tomático. Las relaciones sociales forman o encuentran a sus ideó-
logos en determinadas condiciones. Son ciertas personas de las cla-
ses sociales en conflicto que piensan sobre el desarrollo de este y
la manera de llegar a metas que consideran necesarias.199 Marx
decía: “las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquie-
ren conciencia de este conflicto y lo resuelven”.200 Su acierto de-
pende del análisis correcto del conflicto, de la composición y fuerza
de los grupos participantes y del camino que se abre ante ellos. No
hubiera sido posible, por ejemplo, promover una sociedad capita-
lista desde alguna sociedad esclavista de hace siglos, ni a la in-
versa. Las acciones de los seres humanos solo son posibles dentro
de los parámetros de estructuras y superestructuras determina-
das.
Organizar el partido de la clase obrera suponía formar un nú-
cleo de dirigentes, sobre todo intelectuales y trabajadores, y lan-
zarlos a un intenso trabajo de formación, propaganda y organiza-
199 ANDRÉ GORZ decía: “Una pregunta se suscita de inmediato: ¿quién es capaz
de conocer y de decir lo que el proletariado es si los proletarios mismos no
tienen de este ser sino una conciencia confundida o mistificada? Histórica-
mente, la respuesta a esta pregunta es: solo Marx ha sido capaz de conocer y
decir lo que el proletariado y su misión histórica son en verdad. Su verdad
está inscrita en la obra de Marx. Este es el alfa y el omega; es el fundador.”
Adieux au prolétariat, Paris, Éditions Galilée, 1980, pág. 31. Sí, como Copér-
nico, Bruno, Galileo, Newton, Darwin, Ramón y Cajal, Freud, Einstein y otros
que descubrieron cómo es la naturaleza, la realidad, en sus respectivos cam-
pos de investigación.
200 Prólogo a Crítica de la Economía Política; véase en el capítulo III de este
libro, pág. 65.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
176
ción. El crecimiento y la influencia de este partido quedaba condi-
cionado al convencimiento de sus militantes y simpatizantes de
que esa teoría y sus proyectos eran compatibles con sus intereses
económicos y creencias sobre la moral, la justicia o la equidad. Sin
embargo, aunque esta tarea de proselitismo se efectúe masiva-
mente, el proceso de asimilación de la teoría es necesariamente
individual. Cada persona contactada toma lo que comprende y le
conviene de la teoría recibida, y ajusta su conducta política y sin-
dical a su grado de comprensión de ella con diversos niveles de
creencia, confianza y compromiso, desde la adhesión pasiva hasta
el extremismo fanático, y se mantiene en esa situación en tanto
estime que le conviene continuar asociada a la conducta de la ma-
yoría o que esta conducta sigue correspondiendo a la teoría y pro-
pósitos del grupo en los cuales cree.
El planteamiento de Marx y Engels de cambiar radicalmente
la sociedad capitalista por la acción de la clase obrera partía de las
condiciones de la sociedad en su tiempo y de la capacidad de asi-
milación de la teoría marxista por esta clase y los intelectuales
motivados por la cuestión social. Para ellos, el futuro era el inme-
diato. No podían prever los cambios que sobrevendrían luego y,
menos aún, en el largo plazo.
Pero, ¿qué porcentaje de la clase obrera se requeriría para lle-
var a esta a la acción y derrocar a la burguesía del poder político y
establecer el socialismo? Al parecer, ni Marx ni Engels, ni los ideó-
logos que los siguieron se plantearon esta pregunta. Solo sabían
que debían atraer a su posición al mayor número posible de obre-
ros e intelectuales. La historia y sus experiencias personales les
mostraron que, en determinadas condiciones de crisis económica y
descontento de las mayorías sociales, bastaba un pequeño porcen-
taje que supiera lo que se debía hacer y hacia dónde ir para atraer
a su lado, con diversos grados de adhesión, a una cantidad deter-
minante de seguidores frente a la pasividad de los demás. Y esa
inferencia de proyecciones inciertas los guio en su actividad polí-
tica a la que se entregaron con fe y decisión.
Pero, confrontados con las condiciones de la sociedad de sus
países, los seguidores de Marx y Engels se dividieron, desde la dé-
cada del noventa del siglo XIX, sobre la manera de llegar a la so-
ciedad socialista y organizarla.
Para Eduard Bernstein, el procedimiento en Alemania debía
ser gradual y consistía en arrancar al capitalismo ciertos derechos
para los trabajadores, y avanzar a pasos hacia las realizaciones
PÁGINAS
DE
MARXISMO
177
socialistas que implicarían la intervención del Estado en la econo-
mía y las relaciones sociales, y la participación del partido Social-
demócrata en la actividad parlamentaria.201
En cambio, para Lenin, la manera de llegar al socialismo en
Rusia sería por una revolución.
Según las leyes de la evolución dialéctica de la sociedad, am-
bas posiciones podían ser correctas si se ajustaban al estado de la
oposición de los términos contrarios de sus respectivas realidades
y si tenían en cuenta los cambios cuantitativos que se operaban o
podían operarse en ellas.202
b) La posición reformista
Esta posición presenta dos momentos: el de su formación y
praxis inicial y el de su consolidación como un pacto social.
1.– Primer momento
Desde comienzos del siglo XIX, el capitalismo se desarrollaba
en los estados más grandes de Alemania y, sobre todo, en Renania,
Prusia y Baviera, lo que había determinado a su burguesía a uni-
ficar a todos los estados en uno solo. Luego de varios intentos, el
canciller von Bismarck logró finalmente integrar, en 1867, a 23
estados alemanes en una Confederación, cuyos poderes centrales
impuestos fueron el káiser de Prusia, el canciller que este había
nombrado, y dos cámaras legislativas elegidas, con facultades res-
tringidas. Gracias al mercado nacional conformado por el nuevo
gran Estado, el capitalismo se desarrolló enormemente y Alemania
se convirtió en la primera potencia industrial de Europa continen-
tal. Correlativamente, la clase obrera creció también, aunque sus
201 Expuso esta posición en sus artículos Problemas del socialismo, en el pe-
riódico Neue Zeit, 1897, 1898, y en su libro Las premisas del socialismo y las
tareas de la Socialdemocracia, 1899. De este se publicó una edición por la
Editorial Claridad, Buenos Aires, 1966, y otra en Barcelona por la Editorial
Fontamara, 1975. De este tema se ocupan BO GUSTAVSSON en su libro Mar-
xismo y revisionismo, Ed. Grijalbo, 1975; y G.D.H. COLE en Historia del pen-
samiento socialista, III La Segunda Internacional 1889–1914, México, FCE,
1959.
202 ALVIN N. GOULDNER, Los dos marxismos, Madrid, Alianza Editorial, 1989,
vio voluntarismo en Bernstein y Lenin. “El revisionismo de Bernstein, pues,
reposaba en un voluntarismo cortés. […] Lenin insertó un énfasis en la ini-
ciativa política del partido de vanguardia que no era menos voluntarista.”,
pág. 158. Ese voluntarismo tenía causas que este autor no evalúa.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
178
condiciones de vida siguieron siendo penosas, salvo para algunos
grupos de obreros especializados mejor remunerados.
El partido Obrero Social Demócrata Alemán, creado en 1875,
llamado también partido Socialdemócrata, tenía que actuar en dos
frentes principales: el económico o sindical y el político.
En el frente sindical, el más inmediato a los obreros, su tarea
consistió en luchar por las reivindicaciones de estos, relativas a
sus condiciones de trabajo y niveles de remuneración, entre las
cuales la conquista de la jornada de ocho horas era la más impor-
tante, y mayormente porque el movimiento anarquista la había
hecho también suya.
La Constitución de 1867, que estableció el sufragio universal,
le había abierto al movimiento socialista la perspectiva de partici-
par en las elecciones de representantes al parlamento. En conse-
cuencia, en las de 1877, el partido Socialdemócrata se entregó en
pleno a esta primera y emocionante experiencia, obteniendo un
promisorio resultado: 493,000 votos y 9 representantes.
Alarmados, la burguesía y el gobierno, hicieron aprobar, en
1878, una ley por la cual se expulsó del parlamento a los represen-
tantes socialdemócratas y se persiguió a los militantes de su par-
tido. Muchos dirigentes tuvieron que salir de Alemania.203
En 1883, 1884 y 1889, Bismarck promovió las leyes de crea-
ción de los seguros sociales de enfermedad-accidente, accidentes
203 El 28 de diciembre de 1878, poco después de la expulsión de los socialistas
en Alemania, el papa León XIII expidió la encíclica Quod Apostolici Muneris,
atacándolos. Decía: “Nos hablamos de aquella secta de hombres que, bajo di-
versos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, espar-
cidos por todo el orbe, y estrechamente coligados entre sí por inicua federa-
ción, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino
que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en
llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamen-
tos de toda sociedad civil. Estos son ciertamente los que, según atestiguan las
divinas páginas, mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman
de la majestad.” (2) “Nada dejan intacto e íntegro de lo que por las leyes hu-
manas y divinas está sabiamente determinado para la seguridad y decoro de
la vida. A los poderes superiores –a los cuales, según el Apóstol, toda alma ha
de estar sujeta, porque del mismo Dios reciben el derecho de mandar– les
niegan la obediencia, y andan predicando la perfecta igualdad de todos los
hombres en derechos y deberes.” (3) Apoyando a Bismarck con esta declara-
ción, León XIII buscaba atenuar en Alemania la discriminación a los católicos
por los protestantes, en aplicación de la Kulturkampf, y logró un acuerdo con
el gobierno alemán, quien se comprometió a retirarla de la política oficial al
año siguiente.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
179
de trabajo y vejez, respectivamente, con lo cual entendía que, to-
mando estos puntos del programa del partido Socialdemócrata, le
quitaría el piso a este ante los demás trabajadores y sus propios
afiliados.
Pero no fue así. En la clandestinidad, este partido se fortale-
ció, impulsado desde el exilio por sus dirigentes.
Cuando en 1890, Bismarck pretendió hacer aprobar otras le-
yes de persecución de los socialistas, el káiser Guillermo II, que
había accedido al trono en 1888, lo destituyó, y los socialistas vol-
vieron a tener legalidad. El káiser actuaba así, atendiendo a los
consejos de una parte de la burguesía para la cual era mejor en-
tenderse con los socialistas y sus sindicatos.
En las elecciones de 1890, el partido Socialdemócrata obtuvo
1’427,000 votos, lo que equivalía al 20% del total y les daba 35 re-
presentantes. Correlativamente, la mayor parte de obreros, que
simpatizaban con este partido o eran sus militantes, se entregaron
más intensamente a la lucha reivindicativa.
Todo esto implicaba que la Socialdemocracia se incorporaba,
de hecho y de derecho, a una vía de reformas o cambios cuantita-
tivos en la sociedad capitalista, y se alejaba de una revolución vio-
lenta.
Marx ha debido de verlo también así en Gran Bretaña donde
vivía. La mayor parte del pueblo en este país, incluidas las clases
trabajadoras, comenzaba a habituarse a las elecciones periódicas
tras haber conquistado el sufragio universal para los hombres, y
dejaban de lado la posibilidad de una revolución social para acce-
der al poder. Más aún, casi toda la población estaba alienada por
la sumisión a su reina y la realeza. En el resto de Europa, la situa-
ción era semejante.
En el Prólogo a la primera edición de El Capital, de 1867,
Marx advertía la oscilación de la situación inglesa entre la posibi-
lidad de una revolución y los cambios que hicieran menos grave la
situación de la clase obrera. Dijo: “En Inglaterra, este proceso re-
volucionario se toca con las manos. Cuando alcance cierto nivel,
repercutirá por fuerza sobre el continente. Y, al llegar aquí, reves-
tirá formas más brutales o más humanas, según el grado de desa-
rrollo logrado en cada país por la propia clase obrera. Por eso, aun
haciendo caso omiso de otros motivos más nobles, el interés pura-
mente egoísta aconseja a las clases hoy dominantes suprimir todas
las trabas legales que se oponen al progreso de la clase obrera. Esa
es, entre otras, la razón de que en este volumen se dedique tanto
PÁGINAS
DE
MARXISMO
180
espacio a exponer la historia, el contenido y los resultados de la
legislación fabril inglesa. Las naciones pueden y deben escarmen-
tar en cabeza ajena. Aunque una sociedad haya encontrado el ras-
tro de la ley natural con arreglo a la cual se mueve –y la finalidad
última de esta obra es, en efecto, descubrir la ley económica que
preside el movimiento de la sociedad moderna–, jamás podrá saltar
ni descartar por decreto las fases naturales de su desarrollo. Podrá
únicamente acortar y mitigar los dolores del parto.”
En el Prólogo a la edición inglesa de El Capital, de 1886, En-
gels propuso la idea del cambio social por procedimientos legales
ante las crisis periódicas y la desocupación que traían: “Cierto es
–dijo– que parece haberse cerrado el ciclo decenal de estanca-
miento, prosperidad, superproducción y crisis que venía repitién-
dose constantemente desde 1825 hasta 1867, pero solo para hun-
dirnos en el pantano desesperante de una depresión permanente
y crónica. El ansiado período de prosperidad no acaba de llegar;
apenas se cree atisbar en el horizonte los síntomas anunciadores
de la buena nueva, estos vuelven a desvanecerse. Entre tanto, a
cada nuevo invierno surge de nuevo la pregunta: ¿Qué hacer con
los obreros desocupados? Y aunque el número de estos aumenta
aterradoramente de año en año, no hay nadie capaz de dar contes-
tación a esta pregunta; y ya casi se puede prever el momento en
que los desocupados perderán la paciencia y se ocuparán ellos mis-
mos de resolver su problema. En momentos como estos, no debiera,
indudablemente, desoírse la voz de un hombre cuya teoría es toda
ella fruto de una vida entera de estudio de la historia y situación
económica de Inglaterra, estudio que le ha llevado a la conclusión
de que este país es, por lo menos en Europa, el único en que la
revolución social inevitable podrá implantase íntegramente me-
diante medidas pacíficas y legales. Claro está que tampoco se olvi-
daba nunca de añadir que no era de esperar que la clase dominante
inglesa se sometiera a esta revolución pacífica y legal sin una
«proslavery rebellion», sin una «rebelión proesclavista».”
En otros términos, el cambio hacia otra sociedad podría sobre-
venir si las condiciones de cada país lo hacían posible y en cada
caso con características propias, y que era imposible proyectar la
idea de una revolución a una realidad que no la admitía. ¿Quiénes
la habrían hecho? ¿El grupo de dirigentes que creían en ella, ante
la indiferencia y el rechazo de la mayor parte de trabajadores?
Además, ¿podían prescindir de evaluar el poder de las fuerzas re-
presivas?
PÁGINAS
DE
MARXISMO
181
Engels, quien en la década del noventa del siglo XIX era tes-
tigo de esta división ideológica del movimiento socialista, no
adoptó una posición al respecto, aunque valoraba la importancia
de los derechos sociales que la clase obrera comenzaba a obtener,
como lo expuso en el prefacio a la edición alemana del Manifiesto
Comunista de 1890: “hoy –dijo–, en el momento en que escribo es-
tas líneas, el proletariado de Europa y América pasa revista a sus
fuerzas, movilizadas por vez primera en un solo ejército, bajo una
sola bandera y para un solo objetivo inmediato: la fijación legal de
la jornada normal de ocho horas, proclamada ya en 1886 por el
Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra y de nuevo en
1889 por el Congreso obrero de París.” Engels aludía aquí, no a
una revolución, sino a una conquista obrera aún por alcanzar, vale
decir a un cambio cuantitativo en la estructura económica, que
inauguraba una línea de reforma gradual de la sociedad capita-
lista.
Ni Marx ni Engels avistaron que la vía de las reivindicaciones
económicas y políticas, en la conciencia de la mayor parte de obre-
ros y de muchos de sus simpatizantes intelectuales, los alejaba de
la vía revolucionaria. Los obreros veían las reformas en la sociedad
capitalista como una posibilidad que justificaba su actividad y po-
día depararles algunas mejoras. No hay en los escritos de Marx y
Engels algo sobre esta dicotomía.204 Lenin denominó a los obreros
mejor pagados “aristocracia obrera” corrompida por la burguesía.
Dijo: “Es evidente que una superganancia tan gigantesca (ya que
los capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen a
los obreros de su propio país) permite corromper a los dirigentes
obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. […] Esta
capa de obreros aburguesados o de «aristocracia obrera», total-
mente pequeño burguesa en cuanto a su manera de vivir, a la
cuantía de sus emolumentos, a toda su mentalidad, es el apoyo
principal de la segunda Internacional y, hoy día, es el principal
apoyo social (no militar) de la burguesía. Pues son los verdaderos
agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lu-
gartenientes obreros de la clase capitalista (labour liutenants of
the capital class), los verdaderos portavoces del reformismo y del
204 He tratado de este tema en mi artículo Derechos sociales o revolución, pu-
blicado en la revista Reflexión, Lima, mayo 2015, y en la Revista de Derecho
del Trabajo y Seguridad Social, Taller Matías Manzanilla de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, Lima, diciembre 2016.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
182
chauvinismo.”205 Era esta una apreciación subjetiva, puesto que no
resultaba del análisis de las causas por las cuales habían apare-
cido esos obreros mejor pagados, cuyo número aumentaría hasta
constituir un vasto segmento de las clases trabajadoras en los paí-
ses capitalistas más desarrollados.
Por consiguiente, cuando Eduard Bernstein planteó su teoría
de una evolución progresiva hacia el socialismo dentro de la socie-
dad capitalista, basada en la conquista de nuevos derechos socia-
les, libertades públicas, una real igualdad ante la ley y la partici-
pación en el gobierno del Estado por elecciones, reproducía en el
plano de la ideología las aspiraciones y propósitos de la mayoría de
trabajadores y de otros grupos sociales expoliados por los capita-
listas, incluidos los pequeños burgueses y trabajadores indepen-
dientes. Este planteamiento era dialéctico, por cuanto esas medi-
das constituían cambios cuantitativos en los planos de la estruc-
tura y las superestructuras que, a la larga, podrían conducir a un
cambio cualitativo.
Aunque esta tendencia reformista no fue concebida como una
fórmula de aplicación general, la adoptaron los dirigentes social-
demócratas de Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Holanda, Italia y
otros países europeos con un capitalismo avanzado y democracias
representativas; y sus partidos crecieron, participando en las elec-
ciones y alcanzando votaciones elevadas y numerosos representan-
tes en los parlamentos.
Rosa Luxemburg atacó duramente el revisionismo de Berns-
tein como un abandono del marxismo. Dijo: “La fundamentación
científica del socialismo se apoya, como se sabe, en tres resultados
del desarrollo capitalista: en primer lugar y sobre todo en la anar-
quía creciente de la economía capitalista, que hace inevitable su
hundimiento; en segundo lugar, en la progresiva socialización del
proceso productivo, que hace aparecer los elementos positivos de
la sociedad futura, y, en tercer lugar, en la creciente organización
y conciencia de clase del proletario, que es el factor activo de la
revolución inminente.”206
205 El imperialismo, fase superior del capitalismo, Buenos Aires, Ed. Lautaro,
1946, Prólogo de Lenin a las ediciones francesa y alemana de 1920.
206 ¿Reforma social o revolución?, publicado en 1900. Se publicó en castellano
con otros trabajos de Rosa Luxemburg en el libro titulado Escritos políticos,
Ed. Grijalbo, Barcelona, 1977. Traducción y prólogo por Gustau Muñoz, pág.
53.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
183
Lenin había pronosticado algo semejante. En un artículo dijo:
“El revisionismo salió aún peor parado de la teoría de las crisis y
de la teoría de la bancarrota. Solo gentes de lo más miopes, y solo
durante un período muy breve, pudieron pensar, bajo el influjo de
unos cuantos años de auge y prosperidad industrial, en revisar las
bases de la doctrina de Marx. La realidad se encargó de demostrar
muy pronto a los revisionistas que las crisis no habían fenecido […]
Los modernos trusts gigantescos han venido justamente a demos-
trar, de modo bien palpable y en proporciones muy extensas, que
el capitalismo marcha hacia la bancarrota, tanto en el sentido de
las crisis políticas y económicas aisladas, como en el completo hun-
dimiento de todo el régimen capitalista.”207
Bernstein había dicho que ese hundimiento no se produciría
por la capacidad de adaptación del capitalismo a sus nuevas situa-
ciones y que las leyes obreras se convertían en un instrumento de
control social. Y esto fue lo que luego sucedió con el capitalismo.
Este no se hundió y las leyes sociales terminaron imponiéndose
por la lucha de la clase obrera.
Rosa Luxemburg y Lenin magnificaban el poder del proleta-
riado, como si este en su totalidad o en su mayor parte adhiriese a
la causa del socialismo y se empeñase en la transformación revo-
lucionaria de la sociedad, que era para ellos inminente. Era como
si la idea de revolución se proyectase sobre el proletariado y lo lan-
zase a realizarla, prescindiendo de compulsar si las condiciones de
la estructura y las superestructuras la harían posible. Estaba
claro, además, que si quienes querían la revolución eran suficien-
temente convincentes tendrían más posibilidades de hacerla. Sus
ataques al revisionismo eran, por ello, parte de su propaganda
para atraer a su causa a los obreros e intelectuales con una posi-
ción dubitativa.
En lo que Lenin acertaba sobre el revisionismo era en el des-
lizamiento ideológico de sus promotores y simpatizantes hacia las
posiciones del capitalismo, un movimiento que luego se hizo cre-
ciente e irreversible y los llevó a apartarse del marxismo. La expli-
cación de esto, para Lenin era la composición social de los partidos
socialdemócratas europeos. Sostuvo: “El capitalismo nació y sigue
naciendo sin cesar de la pequeña producción. El capitalismo vuelve
a crear indefectiblemente toda una serie de «sectores medios»
(apéndices de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres
207 Marxismo y revisionismo, artículo publicado en 1908, reproducido en La
ideología y la cultura socialistas, Moscú, Ed. Progreso, 1979, pág. 48.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
184
diseminados por todo el país, porque así lo exige la gran industria,
por ejemplo, la de bicicletas y automóviles, etc.). Estos nuevos pe-
queños productores se ven arrojados también, de manera tan in-
defectible, a las filas del proletariado. Es complemente natural que
la mentalidad pequeñoburguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez,
en las filas de los grandes partidos obreros.”208
La actitud de las tendencias reformista y revolucionaria
frente a la guerra de 1914 las separó del todo, pues mientras la
Socialdemocracia alemana, que contaba con numerosos represen-
tantes en el parlamento, votó a favor de los créditos de guerra en
agosto de ese año y apoyó al gobierno del káiser, salvo uno que
otro, Lenin y sus partidarios, que no tenían representantes parla-
mentarios, la combatieron como un crimen. Al terminar la guerra,
su enfrentamiento era irreconciliable.
2.– Segundo momento
El gran detonante de las revoluciones europeas y los cambios
políticos y sociales que aquellas trajeron consigo fue la Primera
Guerra Mundial que comenzó el 28 de julio de 1914 cuando las
tropas austriacas invadieron el reino de Servia, tras el asesinato
del archiduque de Austria y su esposa, el 28 de junio anterior, en
Sarajevo. Intervinieron, de un lado el imperio Austro-Húngaro, el
imperio Alemán y el imperio Otomano; y, del otro, Francia, el
Reino Unido y el imperio Ruso. Estados Unidos entró en la guerra
en abril de 1917 contra los germanos y sus aliados, luego de que
los submarinos alemanes hundiesen un convoy mercante de su
país. De un lado y del otro participaron otros estados. Murieron
cerca de 10 millones de militares y unos 9 millones de civiles, y
quedaron heridas unos 20 millones de personas. Las causas de este
enfrentamiento fueron la codicia de las burguesías y gobiernos de
esos estados por apoderarse de los mercados, territorios vecinos y
colonias. Pero no fueron a combatir ellas; enviaron a trabajadores
y campesinos. Las consecuencias sociales y políticas de la guerra
estuvieron determinadas, en mucho, por la magnitud de los movi-
mientos socialistas y por el deseo de una parte de las burguesías
nacionales de acabar con sus gobiernos dinásticos y encuadrar su
desarrollo dentro de regímenes republicanos. Desde 1917 y hasta
unos años después de finalizada la guerra, desaparecieron los im-
208 Marxismo y revisionismo, cit., pág. 52.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
185
perios Ruso, Alemán, Austro-Húngaro y Otomano, surgieron nue-
vos estados y una parte del territorio europeo y del medio Oriente
fue redistribuida.
Veamos lo que sucedió en Alemania.
Hastiados de la guerra y cuando ya se sabía que Alemania la
perdería, sobre todo luego del ingreso de Estados Unidos al con-
flicto, muchos soldados alemanes fueron ganados por la disconfor-
midad y la protesta. El 26 de octubre de 1918, el canciller nombró
al general Wilhelm Groener jefe del Ejército, tras la renuncia a
este cargo del general Erich Ludendorff. La protesta en creciente
de los soldados continuó con la insurrección de los marineros de
dos buques en Kiel, el 29 de octubre de 1918, y se extendió a otros
marineros y soldados, quienes comenzaron a formar consejos. Se
sumaron a la revuelta los trabajadores de las principales capitales
alemanas. En ese momento, el presidente de Estados Unidos,
Woodrow Wilson, declaró que no trataría con el káiser Guillermo
II, a quien culpaba de haber comenzado la guerra. Abandonado por
el mando militar y repudiado por la mayor parte del pueblo, el kái-
ser abdicó el 9 de noviembre de ese año.
En la definición del destino inmediato de Alemania, confluye-
ron en ese momento dos fuerzas sociales protagónicas: la alta ofi-
cialidad del ejército y el partido Socialdemócrata.
La primera era una casta profesional conformada, en su ma-
yor parte, por hijos de familias nobles, muy disciplinada y cuyo
mando, desde el siglo XVIII, no respondía al gobierno, sino direc-
tamente al káiser. En la guerra, las decisiones fundamentales ha-
bían sido adoptadas por su jefe con la asistencia de su estado ma-
yor. Tras cuatro años de guerra, el grueso del ejército alemán, aun-
que ya derrotado, no se había desmovilizado y seguía respondiendo
a sus mandos. Seguía siendo, por lo tanto, una temible fuerza al
servicio del capitalismo.
El partido Socialdemócrata, mayoritario en la votación desde
veinte años antes, y el partido Socialdemócrata Independiente te-
nían mayoría en el parlamento. El partido Socialdemócrata Inde-
pendiente contaba con unos treinta representantes disidentes de
aquel desde 1916, cuando se opusieron a conceder más créditos de
guerra.
Tras la abdicación del káiser Guillermo II, el canciller Max
von Baden nombró presidente de Prusia y canciller de Alemania
al secretario general del partido Socialdemócrata, Friedrich Ebert,
por propia decisión y como una cuestión de hecho.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
186
El 10 de noviembre de 1918, el general Wilhelm Groener llamó
a Ebert por una línea secreta y le propuso un pacto por el cual el
ejército le aseguraría su lealtad y apoyo a cambio de liquidar las
protestas obreras y al bolchevismo, disolver los consejos de obreros
y soldados, convocar a una asamblea nacional, restaurar la auto-
ridad de los oficiales del ejército, mantener a este como un cuerpo
autónomo, y retornar a la ley y al orden. Ebert aceptó esta pro-
puesta.209
El 11 de noviembre se firmó el armisticio que puso fin a la
guerra, en la localidad francesa de Compiegne. Siete millones de
soldados alemanes quedaron desmovilizados, se revocó el tratado
de Brest-Litovsk suscrito entre Alemania y Rusia y las armas ale-
manas fueron entregadas a los aliados.
Frente a las revueltas, el partido Socialdemócrata se dividió.
La mayor parte de dirigentes, por su formación y cumpliendo su
parte del acuerdo secreto de Groener y Ebert, se opuso a los conse-
jos de obreros y soldados los que, a su criterio, podían conducir a
una revolución como la rusa de noviembre de 1917, a la que se
oponían. La otra parte sostenía que se debía continuar la revolu-
ción.
Simultáneamente, Karl Legien, secretario de la Confedera-
ción de Sindicatos Alemanes, bajo el control de la Socialdemocra-
cia, apoyado por la mayor parte de dirigentes, se reunió con los
representantes de los industriales Hugo Stinnes y Carl Friedrich
von Siemens, del 9 al 12 de noviembre de 1918, y suscribió con ellos
un pacto por el cual, los sindicalistas se comprometían a cesar las
huelgas salvajes, abandonar los consejos de trabajadores e impedir
la estatización de las empresas. A cambio, los empresarios acepta-
ban la jornada de ocho horas, negociar con los sindicatos las con-
diciones de trabajo y las remuneraciones, el arbitraje para dar so-
lución a las negociaciones colectivas que no concluyesen en con-
venciones colectivas y la formación de una comisión de control en
las empresas con más de cincuenta trabajadores para verificar el
cumplimiento de las normas laborales legales y pactadas. Esta
parte de la burguesía alemana obraba así para alejar a los obreros
de la posibilidad de que se plegaran a la posición revolucionaria y
emulasen al gobierno ruso bolchevique que había expropiado las
empresas.210
209 Wikipedia, Ebert-Groener pact.
210 ERIC D. WEITZ, profesor de Historia de la Universidad de Minnesota, re-
fiere: “Los socialdemócratas no podían afrontar solos semejante tarea. Eran
PÁGINAS
DE
MARXISMO
187
El 30 de diciembre de 1918, los socialdemócratas partidarios
de la revolución constituyeron el Partido Comunista y, animados
por la dirección del partido Bolchevique ruso, emprendieron la in-
surrección, en enero de 1919. Para combatirlos, Friedrich Ebert
dispuso que las tropas leales a sus jefes aniquilaran a los insurrec-
tos. El ministro de Defensa socialdemócrata Gustav Noske, por su
lado, autorizó la formación de freicorps, o grupos paramilitares for-
mados por militares, estudiantes y civiles para combatir a los re-
volucionarios. Los vencieron no sin lucha y fusilaron a muchos de
los combatientes capturados. Luego, un grupo del ejército asesinó
a dos de los principales dirigentes de la fracción revolucionaria:
Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. De este modo, la mayoría de
líderes socialdemócratas dejó libre el camino para un pacto político
definitivo con la burguesía.
El 19 de enero de 1919, se eligió un Congreso Nacional Cons-
tituyente por voto universal. El partido Socialdemócrata obtuvo el
37.4% y 423 representantes. Le siguió el Partido Centrista, bur-
gués, con 91 representantes, y después otras formaciones burgue-
sas. Las sesiones se efectuaron en la ciudad de Weimar. Entre el
31 de julio y el 11 de agosto de ese año fue aprobada la nueva Cons-
titución que instituyó una república democrática y reprodujo el
pacto Stinnes-Legien en las grandes líneas de la economía por el
acuerdo de la Socialdemocracia con una parte de la burguesía que
se avino a admitir la coexistencia con la clase obrera en los térmi-
el partido más importante de Alemania, pero sin mayoría: tenían que lidiar
con otros cinco partidos importantes, más los comités obreros y de soldados
que exigían participar en el Gobierno de alguna manera. Los socialdemócra-
tas nunca habían ostentado el poder de la nación. Disponían de millares de
militantes que sabían cómo organizar un partido, pero carecían de gente cur-
tida en el ejercicio del poder, en la organización de una red de transportes o
en la gestión de un sistema de agua corriente y de alcantarillado. Ebert apeló,
en primer lugar, a oficiales del Ejército, funcionarios de alto nivel y capitalis-
tas, los mismos que, hasta noviembre de 1918, habían tildado a los socialde-
mócratas de traidores a la nación alemana. Y alcanzó un compromiso con
ellos. Los oficiales del Ejército reconocerían al Gobierno y pondrían a su dis-
posición tropas leales para acabar con los comités y la izquierda radical; a
cambio, el Gobierno socialista garantizaría la integridad de los oficiales y su
control sobre las fuerzas militares. Los capitalistas, por su parte, aceptaron
el reconocimiento de los sindicatos y la jornada laboral de ocho horas, a cam-
bio, el Gobierno se comprometió a respetar los derechos de propiedad y del
accionariado.” La Alemania de Weimar, Presagio y tragedia, Madrid, Turner
Publicaciones, 2009, pág. 41.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
188
nos siguientes: se respetaba la propiedad privada y con ella la pro-
piedad de las empresas financieras, industriales, comerciales y de
servicios y la tierra, pero se reservó al Estado la adquisición y ad-
ministración de los ferrocarriles y la socialización de las riquezas
naturales y de determinadas empresas, así como de la producción
y distribución de ciertos bienes de consumo masivo y la fijación de
sus precios; y se aceptó el derecho laboral, el seguro social, la pro-
tección de los obreros y empleados, las representaciones profesio-
nales y las bolsas de trabajo.
Esta Constitución inauguró un nuevo período en la evolución
del capitalismo.
c) La posición revolucionaria
En noviembre de 1917, el Partido Bolchevique, capitalizando
el rechazo del pueblo a la continuación de la guerra y al odio de la
mayor parte de la clase obrera al sistema capitalista, tomó el poder
en Rusia por un golpe de audacia y decisión que neutralizó a sus
adversarios de las tendencias reformistas, decretó una radical re-
forma agraria y dispuso el control obrero en las empresas.
La situación económica, política y social de Rusia era diferente
a la de los países europeos con democracias representativas. En
1914 el imperio Ruso tenía unos 178 millones de habitantes.211 Su
capitalismo era incipiente, el feudalismo imperaba en la mayor
parte del campo donde vivía el 85% de la población y gobernaba
una autocracia que perseguía ferozmente a sus opositores y, en
particular, a los militantes de los partidos marxistas. Por lo tanto,
el único camino para abatir a este régimen era una revolución. Y
esto quedó claro para Lenin desde que siendo muy joven asumió la
ideología marxista. Como muchos marxistas o simplemente oposi-
tores a la autocracia sufrió prisión y fue deportado a una alejada
aldea de Siberia donde permaneció tres años. Luego tuvo que irse
a residir al extranjero para eludir la persecución de la policía polí-
tica. En el exilio, su prédica ideológica y política se orientó a la
construcción de un partido de revolucionarios profesionales que se
dedicase por entero a preparar una revolución para derrocar la au-
tocracia zarista y erigir un régimen socialista. Rechazó, por lo
tanto, cualquier inclinación hacia lo que entonces se denominaba
211 MARGARITA ROHR-TRUSHCHLEVA Y VICENTE PALLARDÓ LÓPEZ, La revolu-
ción democráfica y la importancia de los flujos migratorios en Rusia: un reco-
rrido histórico, Universidad de Valencia, España, en Internet.
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DE
MARXISMO
189
el economicismo, consistente en emplear la mayor parte de la acti-
vidad partidaria en la conquista de ciertos derechos económicos
para los trabajadores, y, correlativamente, se abstuvo de luchar
por la instauración de una democracia representativa burguesa o
participar en ella. La mayor parte de su actividad consistió en po-
lémicas con la tendencia reformista menchevique dentro del par-
tido Socialdemócrata ruso, que él había contribuido a crear, reafir-
mando la necesidad y la posibilidad de la vía revolucionaria.212
Cuando estalló la revolución contra el zar en febrero de 1917,
Lenin y sus partidarios más cercanos en el exilio se trasladaron a
Rusia en un tren puesto a su disposición por el gobierno alemán,
que esperaba de ese modo debilitar al gobierno ruso o derrocarlo,
y hacer la paz con Rusia. El proyecto de Lenin no se alteró por esta
ayuda. Él iba a Rusia a impulsar la revolución socialista contra
viento y marea, y sus esfuerzos para llevarla a cabo dieron lugar a
acres discusiones con los dirigentes del propio partido Bolchevique
que se oponían a esa medida y proponían, en cambio, un acuerdo
con las otras tendencias para integrarse en un gobierno con los
representantes de los partidos burgueses. Pero, ni la nobleza feu-
dal ni la burguesía podían ya evitar la revolución que Lenin que-
ría. Las tropas de las que solían echar mano estaban en revuelta y
en desbandada, hastiadas de la guerra y, muchas, motivadas por
la propaganda de los militantes bolcheviques, no obedecía a los ofi-
ciales. Había terminado el tiempo en que la aristocracia feudal y
la burguesía podían ordenar a las tropas que masacraran a los ma-
nifestantes en las calles. Finalmente, Lenin alcanzó la mayoría del
comité central de su partido para llevar a cabo la revolución; y el
25 de octubre (del calendario gregoriano, 7 de noviembre del calen-
dario juliano) los destacamentos armados del Partido Bolchevique,
al mando de Trotsky, tomaron el poder en San Petersburgo, la ca-
pital, hecho seguido de otras acciones revolucionarias triunfantes
en el resto del país. Fue un momento único que Lenin había estu-
diado bien. Al día siguiente, en el congreso de los soviets o consejos,
212 En el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, celebrado en
Bruselas y Londres, en agosto de 1903, en el cual participó Lenin, se acordó
el derrocamiento revolucionario de la monarquía zarista y su sustitución por
una república democrática y ciertas reivindicaciones políticas inmediatas,
como el sufragio universal, y económicas, como la jornada laboral de ocho ho-
ras, la prohibición del trabajo femenino y de los niños, los seguros sociales y
otras. La lucha por estas reivindicaciones fue vista como un medio de organi-
zación de los trabajadores a cargo de este partido. Compendio de Historia del
Partido Comunista de la Unión Soviética, Moscú, Ed. Progreso, 1980, pág. 41.
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DE
MARXISMO
190
Lenin anunció este acontecimiento y propuso un decreto sobre la
reforma agraria inmediata, terminado de redactar por él la noche
anterior, decreto que expresaba, en la práctica, la alianza de las
clases obrera y campesina que había sostenido, como un aspecto
esencial de su proyecto. Ambas medidas fueron aprobadas por
abrumadora mayoría, y sobre todo por la izquierda del Partido So-
cialrevolucionario, una de cuyas dirigentes era Mariya Spiridó-
nova, no obstante que los bolcheviques estaban en minoría, y en
seguida se constituyó el nuevo gobierno presidido por Lenin y con
mayoría bolchevique.213
Así culminó el planteamiento fundamental de Lenin para to-
mar el poder político en Rusia, a cuya realización había dedicado
su vida. Fue lo que luego se denominó el Leninismo, resultante de
un riguroso examen dialéctico de la situación en este país, compul-
sado permanentemente por él y sus camaradas que pensaban del
mismo modo o lo seguían, proceso irrepetible en otros países, por
cuanto los términos de sus contradicciones tenían variantes que
conducían a desenlaces distintos.
¿Fue la clase obrera rusa en bloque la que tomó el poder en
noviembre de 1917? Evidentemente, no. Fue el Partido Bolchevi-
que con sus militantes armados: dirigentes profesionales, obreros,
intelectuales pequeños burgueses y burgueses, campesinos y sol-
dados, a los que Lenin llamaba “vanguardia del proletariado”. Este
partido no tenía en los soviets la mayoría de delegados obreros; la
mayoría era de los mencheviques y los socialrevolucionarios. Pero
Lenin y quienes lo seguían en su partido estaban imbuidos de la
voluntad de actuar y de la habilidad para hacerlo, y lo lograron. El
grueso de las masas obreras y campesinas observaba ese movi-
miento con cierta conformidad o indiferencia, esperando alguna
ventaja con diversos grados de interés. Es esta la manera como
advienen las grandes revoluciones, como una constante en la his-
213 Mariya Spiridónova estuvo en desacuerdo con el partido y el gobierno bol-
cheviques desde comienzos de 1918 por las requisiciones a los campesinos a
quienes su partido representaba. Fue perseguida por esto y, en adelante, pasó
su vida en las prisiones y el confinamiento en Siberia. En enero de 1938 fue
condenada a 25 años de prisión, a pesar de haber probado su inocencia de los
cargos que se le imputaron; luego, la trasladaron a Oriol, donde, tras una
huelga de hambre, fue fusilada con otros 56 prisioneros políticos, el 5 de no-
viembre de 1941 por orden de Beria y Stalin. Unos días después esta ciudad
cayó en poder del ejército nazi. En 1990, se anularon los cargos que se le ha-
bían imputado y luego fue rehabilitada. Wikipedia.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
191
toria, cuando el estado de maduración de la estructura y las super-
estructuras y la correlación de fuerzas de las clases sociales las
hacen posibles. Así había sido la Revolución Francesa de 1789.
Los críticos del marxismo, entroncados con el capitalismo o
instalados en algunas cátedras universitarias, sostienen que Marx
se equivocó al haber planteado una revolución en los países euro-
peos de capitalismo desarrollado donde no se produjo (eurocen-
trismo le llaman algunos) y, por el contrario, sí tuvo lugar en Ru-
sia, uno de los países más atrasados de Europa, con un capitalismo
poco desarrollado y un feudalismo predominante.
Ambas posiciones, que en lo esencial sostienen también algu-
nos dirigentes de grupos comunistas, presentan un fondo común:
parten de la idea de que la revolución debe hacerse de todas ma-
neras por la voluntad de los dirigentes y negar al capitalismo, pres-
cindiendo de determinar si la realidad admite esa posibilidad; en
otros términos, le atribuyen a Marx haber sostenido que la idea a
priori de revolución debe proyectarse a la realidad social y cam-
biarla. Correlativamente, rehúsan analizar las causas por las cua-
les las revoluciones sucedieron, no sucedieron o fueron derrotadas
en cada país. Además, ¿por qué considerar que el ciclo de los cam-
bios, revolucionarios o progresivos, terminó en la segunda década
del siglo XX, cuando acaecieron las revoluciones, la rusa de 1917 y
la alemana de 1918, si el capitalismo prosigue su evolución? Ni
Marx ni Engels fijaron un plazo para estos cambios.
B.– LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO DE LA
UNIÓN SOVIÉTICA
a) Planteamientos teóricos
Marx y Engels escribieron muy poco sobre cómo habría de ser
la sociedad que siguiese a la sociedad capitalista, aunque sus plan-
teamientos de un cambio cualitativo fueran precisos.
Inicialmente, aludieron en trazos muy generales a lo que po-
dría ser una sociedad socialista como el paso siguiente tras el cam-
bio cualitativo de la sociedad capitalista. Lo hicieron en La Ideolo-
gía Alemana, escrita en 1845 y 1846, cuando daban cima a sus re-
flexiones filosóficas de las cuales saldría el materialismo histórico.
Los párrafos siguientes aluden a este aspecto:
“La gran industria y la competencia funden y unifican todas
las condiciones de existencia, condicionalidades y unilateralidades
de los individuos bajo las dos formas más simples: la propiedad
PÁGINAS
DE
MARXISMO
192
privada y el trabajo. […] La apropiación de una totalidad de ins-
trumentos de producción es ya de por sí, consiguientemente, el
desarrollo de una totalidad de capacidades en los individuos mis-
mos. Esta apropiación se halla, además, condicionada por los indi-
viduos apropiantes. […] La apropiación se halla, además, condicio-
nada por el modo como tiene que llevarse a cabo. En efecto, solo
puede llevarse a cabo mediante una asociación, que, dado el carác-
ter del proletariado mismo, no puede ser tampoco más que una
asociación universal, y por obra de una revolución en la que, de
una parte, se derroque el poder del modo de producción y de inter-
cambio anterior y la organización social correspondiente y en la
que, de otra parte, se desarrollen el carácter universal y la energía
de que el proletariado necesita para llevar a cabo esta apropiación,
a la par que el mismo proletariado, por una parte, se despoja de
cuanto pueda quedar en él de la posición ocupada en la anterior
sociedad. […] Con la apropiación de la totalidad de las fuerzas pro-
ductivas por los individuos asociados, termina la propiedad pri-
vada.”214
Pero no era este un planteamiento de plazo perentorio. Era
más bien el vaticinio de un cambio de la sociedad que habría de
realizarse en algún momento, aunque condicionado a la aptitud y
el deseo de la clase obrera de promoverlo.
Un documento en el que Marx y Engels propusieron algunas
medidas más concretas fue el Manifiesto Comunista, publicado en
febrero de 1848, en el que dijeron: “Como ya hemos visto más
arriba, el primer paso de la revolución obrera es la elevación del
proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.
“El proletariado se valdrá de su dominación política para ir
arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para cen-
tralizar todos los instrumentos de producción en manos del Es-
tado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante,
y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuer-
zas productivas.
“Esto, naturalmente, no podrá cumplirse al principio más que
por una violación despótica del derecho de propiedad y de las rela-
ciones burguesas de producción, es decir, por la adaptación de me-
didas que desde el punto de vista económico parecerán insuficien-
214 Ob. cit., pág. 79, 80.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
193
tes o insostenibles, pero que, en el curso del movimiento se sobre-
pasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para
transformar radicalmente todo el modo de producción.
“Estas medidas, naturalmente, serán diferentes en los diver-
sos países.
“Sin embargo, en los países más avanzados podrán ser puestos
en práctica, casi en todas partes las siguientes medidas:
1.– Expropiación de la propiedad territorial y empleo de la
renta de la tierra para los gastos del Estado.
2.– Fuerte impuesto progresivo.
3.– Abolición del derecho de herencia.
4.– Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y se-
diciosos.
5.– Centralización del crédito en manos del Estado por medio
de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
6.– Centralización en manos del Estado de todos los medios de
transporte.
7.– Multiplicación de las empresas fabriles pertenecientes al
Estado y de los instrumentos de producción, roturación de los te-
rrenos incultos y mejoramiento de las tierras, según un plan gene-
ral.
8.– Obligación de trabajar para todos; organización de ejérci-
tos industriales, particularmente para la agricultura.
9.– Combinación de la agricultura y la industria; medidas en-
caminadas a hacer desaparecer gradualmente la diferencia entre
la ciudad y el campo.
10.– Educación pública gratuita de todos los niños; abolición
del trabajo de estos en las fábricas tal como se practica hoy, régi-
men de educación combinado con la producción material, etc., etc.”
[…]
“En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus cla-
ses y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el
libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre de-
senvolvimiento de todos.”
Sobre la parte transcrita, Marx hizo una advertencia en el pre-
facio a la edición alemana del Manifiesto Comunista, de 1872:
“Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los últimos
veinticinco años –dijo–, los principios generales expuestos en este
Manifiesto siguen siendo hoy, en grandes rasgos, enteramente
acertados. Algunos puntos deberían ser retocados. El mismo Ma-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
194
nifiesto explica que la aplicación práctica de estos principios de-
penderá siempre y en todas partes de las circunstancias históricas
existentes; y que, por tanto, no se concede importancia excepcional
a las medidas revolucionarias enumeradas al final del capítulo II.”
Esas “circunstancias históricas existentes” debían ser el estado de
evolución de la estructura económica y de las superestructuras de
esta, y la organización y volición de la clase obrera y los ideólogos
marxistas para emprender esas medidas.
Marx volvió a tocar este tema al criticar el programa del Par-
tido Obrero Socialdemócrata Alemán, creado en la localidad de
Gotha en 1875, al que calificó de concesión a la tendencia refor-
mista de Ferdinand Lassalle. Pero, en este documento, publicado
por Engels en 1891, su contribución fue solo teórica. Se concretó a
refutar ciertas apreciaciones generales de ese programa no ajusta-
das a sus afirmaciones sobre el trabajo como creador del valor y a
hacer consideraciones sobre la distribución de este en una sociedad
socialista y en otra comunista.
Marx dijo allí: “En el seno de una sociedad colectivista, basada
en la propiedad común de los medios de producción, los producto-
res no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos
no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como
una cualidad material, inherente a ellos, pues aquí, por oposición
a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales
no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un ro-
deo, sino directamente. […] De lo que aquí se trata no es de una
sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base
sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capita-
lista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el
económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja socie-
dad de cuya entraña procede. Congruentemente con esto, en ella
el productor individual obtiene de la sociedad –después de hechas
las obligadas deducciones– exactamente lo que le ha dado. Lo que
el productor ha dado a la sociedad es su cuota individual de tra-
bajo. Así, por ejemplo, la jornada social de trabajo se compone de
la suma de las horas de trabajo individual; el tiempo individual de
trabajo de cada productor por separado es la parte de la jornada
social de trabajo que él aporta, su participación en ella. La socie-
dad le entrega un bono consignando que ha rendido tal o cual can-
tidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el
fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de me-
dios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que
PÁGINAS
DE
MARXISMO
195
ha rendido. La misma cuota de trabajo que ha dado a la sociedad
bajo una forma, la recibe de esta bajo otra forma distinta.” En otros
términos, en la sociedad socialista que seguiría a la sociedad capi-
talista regiría la máxima “a cada cual según su trabajo”. “En la
fase superior de la sociedad comunista –proseguía Marx–, cuando
haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los indivi-
duos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el tra-
bajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea sola-
mente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando,
con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan
también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manan-
tiales de la riqueza colectiva, solo entonces podrá rebasarse total-
mente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad po-
drá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a
cada cual, según sus necesidades!”
Tales asertos no eran suficientes, sin embargo, ni para espe-
cificar las características de un cambio revolucionario ni para la
organización de una sociedad socialista. Nada decía Marx sobre la
gestión de las empresas, la planificación que, se suponía, reempla-
zaría al mercado, ni cómo habrían de ser esos depósitos públicos y
los bonos que sustituirían al dinero. Por consiguiente, quedaba por
elaborar un programa de gobierno concreto, concurrente con una
revolución que pusiese al proletariado o su partido en el poder po-
lítico.
El programa de Gotha fue dejado de lado en el siguiente con-
greso de Halle, pero no su orientación reformista.
En agosto de 1917, Lenin, quien se encontraba refugiado en
Finlandia a poca distancia de la frontera con Rusia para escapar
de la persecución del gobierno provisional de los cadetes e instaba
a su partido a emprender la revolución, dio a conocer su libro El
Estado y la revolución que acababa de terminar. Retomando las
ideas de Marx en Crítica del Programa de Gotha, esta obra es un
alegato teórico marxista y además una introducción a las tareas
que el partido Bolchevique debería cumplir luego de la revolución.
“Todo Estado –decía Lenin en ese libro– es una «fuerza espe-
cial para la represión» de la clase oprimida.”215 “Los trabajadores
solo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explo-
tadores, y este aplastamiento solo puede dirigirlo, solo puede lle-
215 El Estado y la revolución, Cap. I, 4.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
196
varlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuen-
temente revolucionaria.”216 “Educando al Partido obrero, el mar-
xismo educa a la vanguardia del proletariado, vanguardia capaz
de tomar el poder y de conducir a todo el pueblo al socialismo, de
dirigir y organizar el nuevo régimen, de ser el maestro, el diri-
gente, el jefe de todos los trabajadores y explotados en la obra de
construir su propia vida social sin burguesía y contra la burgue-
sía.”217
En cuanto a la organización del Estado y la producción decía:
“La «administración burocrática» específica de los funcionarios del
Estado, puede y debe comenzar a sustituirse inmediatamente, de
la noche a la mañana, por las simples funciones de «inspectores
contables», funciones que ya hoy son plenamente accesibles al ni-
vel de desarrollo de los habitantes de las ciudades y que pueden
ser perfectamente desempeñadas por el «salario de un obrero».
/Organizaremos la gran producción nosotros mismos, los obreros,
partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándo-
nos en nuestra propia experiencia obrera, estableciendo una disci-
plina rigurosísima, férrea, mantenida por el poder estatal de los
obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser
simples ejecutores de nuestras directivas, «inspectores y conta-
bles» responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en
unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos
y grados).”218
Estas generalidades, que formaban parte de la campaña de
propaganda de Lenin en ese momento, eran, evidentemente, inú-
tiles para dirigir la actividad especializada de las empresas y or-
ganizar la producción y distribución de las mercancías.
b) La improvisación del socialismo
La toma del poder por el Partido Bolchevique ocurrió dos me-
ses después de publicado este libro en Rusia. Y no había otras fuen-
tes teóricas y prácticas para la inmensa tarea de organizar una
economía socializada desde el Estado. Por lo tanto, a partir de lo
que tenían, Lenin y sus revolucionarios tuvieron de improvisar las
medidas exigidas por la dirección y la marcha de la economía. No
habían tenido tiempo de hacerlo antes, ni parecía necesario empe-
216 Ob. cit., Cap. II, 1.
217 Ob. cit., Cap. II,
218 Ob. cit., Cap. III, 3
PÁGINAS
DE
MARXISMO
197
ñarse en ello ante la perspectiva incierta de triunfar o no. Las ex-
periencias anteriores –la breve participación en el gobierno de los
socialistas luego de la Revolución de 1848 en Francia y la Comuna
de Paris de 1870– no podían servir de modelos de gobierno por su
brevedad y la improvisación de sus acciones.219
Al día siguiente de haber tomado el poder los bolcheviques, la
burguesía y la pequeña burguesía que controlaban la burocracia
estatal le ordenaron a esta que se declarara en huelga. Lo hicieron
también muchos altos empleados de las empresas. Lenin replicó
haciendo detener a los funcionarios de mayor nivel. Como explica-
ción de esta medida, dijo en el congreso de los soviets: “¿Se repro-
cha al gobierno las detenciones? […] Se nos acusa de haber recu-
rrido al terror, pero el terror que aplicamos nosotros no es el que
practicaban los revolucionarios franceses que guillotinaban a hom-
bres desarmados, y que espero no nos veremos obligados a aplicar.
[…] ¿El problema de los técnicos? Para reanudar la producción ne-
cesitamos ingenieros, y apreciaremos grandemente su trabajo. Les
pagaremos gustosos. Por el momento no nos proponemos privarles
de su condición privilegiada. Todo el que quiera trabajar nos es
útil. Pero que trabaje no como un jefe, sino como un igual, bajo el
control de los obreros.”220
En los días siguientes, Lenin estuvo permanentemente ata-
reado en la conservación del poder frente a las amenazas de per-
derlo por la acción de los mencheviques y el ala derecha del partido
Social Revolucionario que contaban con más delegados en los so-
viets y en la asamblea constituyente, a la cual todos ellos, e incluso
un buen número de miembros del comité central del partido Bol-
chevique, querían atribuirle el poder legislativo, lo que hubiera lle-
vado a la derrota de la revolución, puesto que los bolcheviques es-
taban en minoría. Lenin hizo de esta campaña un asunto casi per-
sonal y tuvo que valerse del control del Estado por las huestes ar-
madas de obreros que creían en él para conservar el poder.221
219 Sobre este momento, en el Compendio de Historia del Partido Comunista
de la Unión soviética, se reconoce, a pesar de sus expresiones triunfalistas
sobre los bolcheviques, que “Nadie en el mundo conocía aún ni vías concretas
de reorganización socialista de la economía ni formas de dirección de la pro-
ducción social.”, Moscú, Ed. Progreso, 1980, pág. 138.
220 GERARD WALTER, Lenin, Paris, Julliard. 1950; en castellano: Barcelona,
México, Grijalbo, 1959, pág. 586.
221 Ya no bastaban entonces los discursos ni las elucubraciones filosóficas so-
bre el poder. La propaganda menchevique hubiera dicho en ese momento:
“Debería resultar claro entonces que no se puede tomar el poder por la simple
PÁGINAS
DE
MARXISMO
198
Otros problemas de solución inmediata eran la concertación
de la paz con Alemania para terminar la guerra, el rechazo de los
ataques de los blancos apoyados por las potencias capitalistas y la
provisión de alimentos a las ciudades a la cual la mayoría de cam-
pesinos era renuente, por cuanto no sabían cómo repartirse la tie-
rra y por ciertas confiscaciones iniciales de bienes agropecuarios
por las necesidades de la guerra. Era evidente que, si bien los mi-
litantes bolcheviques eran expertos en la propaganda, la agitación
y la organización de las masas de trabajadores, campesinos y sol-
dados, y por eso se mantenían en el poder, carecían de teóricos es-
pecializados en la construcción del socialismo.
Pero, para ellos, la socialización tenía que hacerse, de prisa,
como fuera. Se comenzó imponiendo el control obrero en las fábri-
cas. En diciembre de 1917 se nacionalizó los bancos y se anuló los
empréstitos convenidos por los gobiernos zarista y provisional de
Kerensky; se le entregó al Estado el comercio exterior y se estatizó
los ferrocarriles, las comunicaciones y la flota marítima y fluvial.
En junio de 1918 fueron estatizadas las empresas industriales, y
en agosto las viviendas urbanas. Ninguna de estas medidas dio
lugar al pago de indemnizaciones.222
El 5 de enero de 1918, Lenin ordenó cerrar el Palacio de Táu-
rida, donde se reunía la asamblea constituyente, una vez que sa-
liera el último de los delegados, y que no se le reabriera. Con esta
simple medida disolvió la asamblea constituyente, y el gobierno
con mayoría bolchevique pudo gobernar sin la oposición de los ad-
versarios a la revolución. En adelante, el régimen de gobierno fue
de partido único.
Pero, a Lenin no le resultó fácil el ejercicio del poder. Sus ideas
más recientes sobre este aspecto fundamental eran las pocas que
había expuesto en el Estado y la revolución.
Lo que sucedió fue que la “vanguardia” de la clase obrera, el
partido, que asumió la dirección del Estado y las empresas, pues
para eso había tomado el poder, se convirtió, en seguida, en un
razón de que el poder no es algo que persona alguna o institución en particular
posean. El poder reside más bien en la fragmentación de las relaciones socia-
les.” JOHN HOLLOWAY, Cambiar el mundo sin tomar el poder, pág. 115, 116,
cit. en el artículo La teoría de la revolución de John Holloway y la dialéctica
del zapatismo, en Wipipedia. Vale la pena recordar aquí el verso de Maya-
kovsky: Silencio oradores, el camarada máuser tiene la palabra.
222 Academia de Ciencias de la URSS, Manual de Economía Política, México,
Ed. Grijalbo, 1956, pág. 318.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
199
estamento a cargo del gobierno. Inicialmente, mantuvo en sus
puestos a los burócratas que habían sido incorporados por los go-
biernos del zar y de la burguesía; después los reemplazó por mili-
tantes del partido y sus simpatizantes, imbuidos en ese momento
de la emoción revolucionaria que había guiado sus vidas a despe-
cho de los peligros que el zarismo y la burguesía habían desenca-
denado contra ellos, emoción cuya causa era la construcción de una
nueva sociedad sin explotación, que comunicaban a cuantos se les
acercaban. Este grupo se constituiría así en la síntesis de la lucha
de clases precedente y, siguiendo la marcha de la sociedad, se con-
virtió en una nueva tesis que generaría, a su vez, una antítesis. Ni
Lenin ni sus camaradas más cercanos escribieron sobre el surgi-
miento de este nuevo grupo que presentaría poco después los ca-
racteres de una nueva clase social: funcionarios del Estado y tec-
nócratas en la dirección de las empresas, denominados más tarde
la nomenklatura. La clase obrera, limitada por su exigua forma-
ción y la necesidad de producir para la sociedad y para sí, a tareas
de ejecución, nunca llegó a dirigir la marcha de la sociedad sovié-
tica. Además, los consejos obreros eran inútiles en los centros de
producción, puesto que no hubieran podido asumir las funciones
altamente técnicas de dirigir la producción y el trabajo.
c) El retorno al capitalismo
Frente a los resultados menos que mediocres de la estatiza-
ción de las empresas y la inercia de muchos trabajadores que
creían que, siendo dueños de estas, ya no debían trabajar, Lenin
se persuadió de que problema de la gestión era esencial y que debía
resolverlo. Recién pudo hacerlo, en enero de 1920, cuando las ofen-
sivas bélicas de la contrarrevolución fueron derrotadas. Por el de-
creto del 10 de febrero de ese año se ordenó la formación de ejérci-
tos de trabajo, compuestos en gran parte por unidades del ejército
desmovilizadas que tendrían mandos. Estos debían ser especialis-
tas burgueses para utilizar toda la experiencia técnica y cultural
del capitalismo y dirigir con mano de hierro a los trabajadores.
Pero la producción industrial no aumentaba al ritmo necesa-
rio ni el campo suministraba la cantidad de alimentos e insumos
requeridos por las ciudades. En un viaje a los Urales que, como
PÁGINAS
DE
MARXISMO
200
presidente del Supremo Consejo de Guerra, hizo Trotsky, en fe-
brero de 1920, columbró nítidamente las causas de esta situa-
ción.223
El descontento obrero en las ciudades tuvo una expresión en
la revuelta de los marineros de Cronstandt, en marzo de 1921, de-
belada drásticamente por el gobierno bolchevique, y fue una ad-
vertencia.224
La experiencia demostraba: 1) que los obreros, que podían ser
excelentes en las tareas de ejecución en las fábricas y talleres, no
estaban formados para las complejas actividades de dirección y en-
cuadramiento empresarial y, en su mayor parte, no se interesaban
por hacerse cargo de las tareas de gestión; 2) que la formación po-
lítica de los dirigentes obreros e intelectuales pequeñoburgueses y
burgueses del Partido Comunista no podía remplazar los conoci-
mientos especializados para dirigir y encuadrar las actividades
empresariales; 3) que la conducción de las empresas es objeto de
conocimientos especializados, adquiridos en centros de formación
y por la experiencia que los capitalistas tenían como propietarios
223 ISAAC DEUTSCHER relata: “El tren había descarrilado bajo una gran ne-
vada. Durante el resto de la noche y todo el día siguiente el tren permaneció
atascado en la nieve, casi a la vista de una pequeña estación. Ni un alma se
presentó a preguntar qué había sucedido. […] Pese a la amenaza de una corte
marcial, nadie se molestó en despejar la nieve que cubría los rieles. […] Una
apatía insondable se había apoderado de la gente. […] Entonces empezó a
buscar remedios fuera del marco del comunismo de guerra. Regresó a Moscú
con la conclusión de que era necesario devolverle al campesinado cierto grado
de libertad económica. En términos claros y precisos esbozó la única reforma
que podría sacar a la nación de su estancamiento. Había que poner fin a la
requisición de alimentos. Había que estimular al campesino a cosechar y ven-
der excedentes con una ganancia. […] En el Comité Central sus argumentos
no resultaron convincentes. Lenin no estaba dispuesto a suspender las requi-
siciones. […] No fue sino un año más tarde, después que el fracaso del comu-
nismo de guerra quedó demostrado de manera trágicamente categórica,
cuando Lenin hizo las mismas proposiciones y las puso en práctica bajo el
nombre de Nueva Política Económica.” Trotsky, el profeta armado, México,
Ediciones ERA, 1966, pág. 454.
224 En el período transcurrido desde las revoluciones de 1917 hasta 1920, Ru-
sia, Ucrania y Bielorusia vivieron una situación de desorden, carencia de ali-
mentos, especulación, mercado negro, desempleo y revueltas armadas y ban-
didaje organizados por algunos grupos de nobles, burgueses y lumpen, y de
drástica represión por el gobierno bolchevique. Las requisas a los campesinos
por los destacamentos bolcheviques para alimentar a las ciudades y a las tro-
pas fueron inmisericordes.
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DE
MARXISMO
201
de las empresas; y 4) que el mercado era una realidad y necesidad
estructural, insustituible por un acto de decisión política.
El 8 de marzo de 1921, el X Congreso del Partido Comunista
Bolchevique aprobó la Nueva Política Económica (NEP) que con-
sistió en el restablecimiento del capitalismo y del mercado. Las
medidas fueron las siguientes: la sustitución del régimen de requi-
sas de la producción agropecuaria por un impuesto equivalente al
10% de las cosechas y sacas de ganado, y la venta libre de la pro-
ducción restante; la devolución de numerosas empresas a sus an-
tiguos propietarios; el uso del dinero como medio de cambio y ate-
soramiento y la supresión del pago del salario en especie; la elimi-
nación progresiva del racionamiento; la promoción de las inversio-
nes extranjeras en minas, bosques y otras actividades. Los efectos
de esta política se manifestaron en seguida. La producción y el
mercado se reactivaron y, en consecuencia, la escasez y la miseria,
agravadas por la guerra, comenzaron a ser superadas.225
La NEP fue el reconocimiento de que la gestión capitalista y
el mercado eran más eficientes que una administración por buró-
cratas y una planificación extremada y que, para el modo de pen-
sar de Lenin, no podían ser abandonadas todavía. Terminó en di-
ciembre de 1928.
Por esos años se suscitó una polémica protagonizada, princi-
palmente, por Evgueni Preobrajensky, de un lado, y Nicolás Buja-
rin, del otro, sobre la manera de construir el socialismo y las con-
secuencias de las medidas que se adoptaran.
En síntesis, para Preobrajensky, la acumulación suficiente
para llevar a cabo la industrialización, sin la cual no sería posible
el socialismo, debía proceder del campo, aportando su producción
a bajo precio en provecho de la economía estatal y las ciudades,
aunque ello implicase la explotación de los campesinos por el pro-
letariado. Además, la economía estatizada debía regirse entera-
mente por la planificación.226
225 JULIO GODIO ha estudiado este tema in extenso, Reflexiones sobre la Nueva
Política Económica (NEP) en Rusia (1921 –1929), Nueva Sociedad, Biblioteca
OMEGALFA, Internet.
226 E. PREOBRAJENSKY, Las perspectivas de la nueva política, La utilidad del
estudio teórico de la economía soviética, El equilibrio económico en el sistema
de la URSS, artículos en el libro Debate sobre la economía soviética y la ley
del valor, México, Edit. Grijalbo, 1974. Preobrajensky fue hecho enjuiciar y
ejecutar por Stalin en julio de 1937.
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DE
MARXISMO
202
Bujarin, en cambio, afirmaba que la acumulación socialista no
sería posible sin la acumulación de la economía campesina, basada
en una economía cambiaria, es decir regida por la ley del valor, y
que la planificación debía ser gradual. De otro modo, se quebran-
taría la alianza del proletariado con el campesinado.227
Los argumentos de uno y otro trataban de ajustarse a los pos-
tulados marxistas y probar que los del otro no eran tan fieles como
los suyos. Es posible que ambos hayan percibido, aunque difusa-
mente, las inmensas consecuencias de la posición que se impu-
siese.
En la práctica, el debate lo ganó Preobrajensky, al aprobarse
el primer Plan Quinquenal, en enero de 1928, a propuesta de Sta-
lin y su grupo, que eran ya mayoritarios en la dirección del partido.
Este plan se basó en la socialización total de la economía, comple-
mentada con la colectivización forzada del campo.
Las consecuencias de esta opción dominaron la existencia de
la Unión Soviética hasta la supresión de su régimen socialista en
1991, y se proyectaron como un debate similar en China, en las
décadas del sesenta y del setenta del siglo pasado, en el cual
triunfó la tesis de Deng Xiaoping, más radical que la de Bujarin,
puesto que restableció el capitalismo y una economía cambiaria.
d) La industrialización y la colectivización forzada del
campo
La revolución bolchevique de noviembre de 1917 creó una
amenaza para los países imperialistas o, al menos, para sus diri-
gentes, quienes suponían que los partidos comunistas podrían pro-
mover nuevas revoluciones, pese a las evidencias de que los parti-
dos socialdemócratas las rechazarían, como lo habían probado en
Alemania tras la revolución de 1918.
También en la Unión Soviética, los dirigentes del partido bol-
chevique pensaban en este asunto, pero considerando la posibili-
dad de que las potencias imperialistas emprendiesen una campaña
227 N. BUJARIN, Las categorías económicas del capitalismo durante el período
de transición, Una nueva revelación sobre la economía soviética, o cómo se
puede hundir el bloque obrero y campesino, Crítica de la plataforma econó-
mica de la oposición, en el libro Debate sobre la economía soviética y la ley del
valor, cit. Las requisas a los campesinos ya habían eliminado la alianza de
estos con el proletariado o, por mejor decirlo, con su “vanguardia”. Bujarin fue
también ejecutado por orden de Stalin, en marzo de 1938.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
203
militar contra su país para erradicarlos del poder. Ya había suce-
dido en los días siguientes a la revolución de noviembre de 1917.
Los ejércitos de blancos dirigidos por los generales Kornilov, Deni-
kin, Kolchak y Wrangel, con el apoyo de esas potencias, sobre todo
Gran Bretaña y Francia, habían intentado derribar al reciente po-
der bolchevique. No lo habían logrado, sin embargo, gracias al
nuevo Ejército Rojo, organizado por Trotsky. Quedaba, no obs-
tante, una incógnita para los dirigentes bolcheviques: ¿cuánto tar-
darían las potencias imperialistas en organizar otro ataque militar
contra la Unión Soviética? A ella se añadían otras preguntas cone-
xas: ¿sería posible la construcción del socialismo en la Unión So-
viética, lo que implicaba si sería posible que el Partido Comunista
continuase gobernando? O ¿serían necesarias otras revoluciones o,
en suma, la revolución mundial? Los dirigentes del Partido Comu-
nista de la Unión Soviética se dividieron al responderlas. Para un
grupo, cuyo liderazgo comenzó a ejercer José Stalin, sí era posible
la construcción del socialismo en la Unión Soviética, en tanto que,
para otro, dirigido por León Trotsky, sería necesaria la revolución
mundial.228
Otro debate acompañaba al indicado. ¿Si se debía proceder de
inmediato a una rápida industrialización, como pedía Trotsky, o si
se debía esperar para no poner en peligro la alianza del proleta-
riado y los campesinos, como decía Stalin? El debate se zanjó en el
XIV Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, cele-
brado a mediados de 1925, en el cual se acordó que el socialismo sí
podía ser edificado en un solo país, pero que su permanencia solo
estaría asegurada cuando el socialismo triunfase a escala interna-
cional.229 Como Trotsky y sus partidarios insistieran en sus plan-
teamientos, Stalin y su grupo mayoritario los retiraron del partido
228 NICOLÁS BUJARIN pensaba que esta discusión había sido magnificada: De-
cía: “todo el partido dedica en este momento tanta atención a problemas que
parecen tan poco prácticos, como el de la «revolución permanente». La nueva
situación exige una orientación seria, reflexiva. Y como está en conexión di-
recta con factores como el mundo exterior, la economía, las clases de nuestro
país, es natural que el partido plantee algunas cuestiones generales: es la
expresión del hecho de que procede a un examen profundo de nuestra vía.”
Una nueva revelación sobre la economía soviética, o cómo se puede hundir el
bloque obrero campesino, en el libro Debate sobre la economía soviética y la
ley del valor, cit., pág. 272. Para Bujarin era primordial cuidar la situación de
los campesinos a los que las requisiciones empobrecían y enojaban.
229 PAUL M. SWEEZY, Mirando hacia adelante en Teoría del Desarrollo Capi-
talista, México FCE, 1945, 1958, pág. 387.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
204
en octubre de 1927 y luego los persiguieron, hasta llegar a su eli-
minación física.
En conexión con ese acuerdo, la Internacional comunista no
debía alentar la revolución de los partidos comunistas en los otros
países, y, si los países imperialistas atacaban a la Unión Soviética,
debían boicotear cuanto pudiera coadyuvar con ese ataque. La pré-
dica de los partidos comunistas se orientó también a relievar la
mística del socialismo, cuyo paradigma era la Unión Soviética, y a
difundir la esperanza de una futura revolución socialista como
parte fundamental de su propaganda.
No parece verosímil que los dirigentes de la Unión Soviética
hayan ignorado que la situación económica y política en Europa,
Estados Unidos y otras partes no favorecía una guerra contra su
país. En la década del 20’ los países europeos se recuperaban muy
lentamente de los efectos de la Primera Guerra Mundial, sus
desavenencias políticas eran notorias y los partidos socialdemócra-
tas y otros no hubieran estado dispuestos a enrolar a sus países en
un conflicto bélico, aun siendo adversarios o enemigos de los par-
tidos comunistas, Alemania atravesaba una situación económica
difícil, agravada por las cargas impuestas por el Tratado de Ver-
salles, y, a partir de 1929, la crisis económica postró a los países
capitalistas y puso en las calles a millones de desempleados. Tam-
poco hubo alguna posibilidad de desencadenar la revolución social,
salvo en China por las especiales condiciones en este país.
En 1929 comenzó el primer plan quinquenal en la Unión So-
viética, un paso decisivo que haría desaparecer el mercado y la
propiedad privada de los medios de producción y que, para el grupo
mayoritario en la dirección del Partido Comunista, implicaba el
comienzo de la construcción de una sociedad socialista. Su eje fue
una industrialización acelerada, puesto que, como decía Stalin, era
necesario prepararse para la guerra que los enemigos del socia-
lismo emprenderían contra ella. Advertía: “Marchamos con un
atraso de cincuenta a cien años con respecto a los países adelanta-
dos. En diez años tenemos que salvar esta distancia. O lo hacemos
o nos aplastan.”230
Y lo lograron. Entre 1924 y 1940 las cifras correspondientes al
crecimiento de la industria pesada fueron: (en millones de tonela-
das) acero, de 1.0 a 18.3; carbón, de 12.7 a 166.10; petróleo, de 6.1
230 J. Stalin, Las tareas de los dirigentes en la economía, cit. por Manual de
Economía Política, Academia de Ciencias de la URSS, México, Edit. Grijalbo,
1956, pág. 336.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
205
a 312.1; comento de 0.4 a 112.9; ácido sulfúrico de 0.2 a 1.6; (en
millones de kw/h) electricidad, de 1.6 a 48.3; (en miles) máquinas
herramientas, de 2.0 a 58.4; tractores, de 0.01 a 112.9.231
El número de obreros empleados en la industria pesada au-
mentó de 3’800,000 a 10’100,000.
¿Cómo lo hicieron? Compraron maquinaria pesada en los paí-
ses occidentales, prepararon a miles de técnicos, incluso enviando
a muchos a universidades extranjeras, la semana de trabajo no fue
menor a 60 horas, los sindicatos, bajo el control del partido, deste-
rraron las protestas y las huelgas,232 y el Estado, conducido por
una tecnoburocracia de militantes comunistas, se ciñó estricta-
mente a los planes económicos, basados en la planificación, la eli-
minación de toda oposición ideológica al ritmo tan frenético de la
industrialización y la colectivización del campo y la imposición de
un estilo de vida de la población programado y disciplinado. Los
obreros continuaron aplicados a las tareas de ejecución en las em-
presas, salvo algunos que, por su dedicación personal, ascendieron
a puestos de mando medio y otros, muy pocos, que llegaron a los
niveles más altos. Complementariamente, no se admitió ninguna
oposición que los detuviese, propusiera un ritmo más lento o, sim-
plemente, discutiese el poder absoluto del partido.
Si se tiene en cuenta que el valor (integrado por la reposición
de los medios de producción, el salario y la plusvalía) se debe al
trabajo en la jornada, es claro que no puede ser mayor al que se
logra en el curso de esta. La única manera de posibilitar una rá-
pida industrialización es aplicando la plusvalía y una parte de la
suma destinada a salarios a la reinversión en la producción de me-
dios de producción (la sección 1 en la reproducción ampliada).233
Sin embargo, la remuneración de los técnicos era más elevada, y
se estimulaba el trabajo al nivel de ejecución con salarios a destajo
(stajanovismo, una adaptación del taylorismo).
Complementariamente y según lo dispuesto en el XV congreso
del Partido Comunista de la Unión Soviética, de 1927, se procedió
a la colectivización de las tierras agrícolas y pecuarias, repartidas
en unos 25 millones de unidades grandes, medianas y pequeñas,
creándose granjas colectivas administradas por sus integrantes
231 HARRY SCHWARTZ, La Economía Soviética desde Stalin, Barcelona, Edicio-
nes de Cultura Popular, 1967, pág. 30.
232 HARRY SCHWARTZ, ob. cit., pág. 15.
233 Véase en el capítulo IV de esta obra D, c) La reproducción ampliada, pág.
132.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
206
(koljoses) y granjas estatales (sovjoses), en total cerca de
250,000.234 Los kulaks o campesinos ricos, radicalmente opuestos
a la colectivización, fueron confinados a Siberia y obligados a rea-
lizar trabajos forzados.235 Esta colectivización fue forzada, porque
la población agraria, que constituía más del 80% de la población
no la quería. La impuso la superestructura política, basándose en
tres criterios: 1) de haber continuado la tierra en manos privadas
hubiera subsistido el mercado como medio de realización de la pro-
ducción agraria y pecuaria, lo que habría impedido la estricta pla-
nificación y promovido la aparición de nuevos capitalistas; 2) para
el gobierno era más fácil planificar la producción agropecuaria con
las granjas socializadas que entenderse con 25 millones de campe-
sinos; y 3) se requería que el campo subsidiase a la ciudad y asu-
miese una parte importante del costo de la industrialización.
Luego, los campesinos solo recibirían del 14% al 16% del precio
final de venta en las ciudades de sus productos.
A pesar de estas limitaciones en la capacidad de consumo de
la población (180 millones), el nivel de vida, del que formaba parte
el servicio público de salud, aumentó ligeramente en relación al
que tenían antes de la revolución de 1917, aunque con angustiosas
carencias de alojamiento y la posibilidad de abastecerse solo en los
almacenes del Estado, puesto que el mercado interno había sido
abolido.
234 Los campesinos se rebelaron contra la colectivización. En 1932 se corrió
entre ellos la voz de que no debían darle nada al gobierno y comenzaron a
sacrificar por millones al ganado y a cosechar solo lo que ellos necesitaran,
dejando podrirse el resto. Stalin y el comando del partido dispusieron que los
recaudadores e inspectores recorrieran el campo y requisaran el grano que
hallaran, dejándole muy poco a los campesinos. A la tragedia de la matanza
del ganado y la pérdida de las cosechas se añadió la mortandad de campesinos
por el hambre, unos 4 millones. No volvieron a hacerlo. Cfm. JOHN GUNTHER,
El drama de Europa, Buenos Aires, Editorial Claridad, 1938, Stalin, pág. 559.
235 En el Manual de Economía Política de la URSS, citado, se dice: “La liqui-
dación de los kulaks como clase fue, por tanto, parte integrante y necesaria
de la colectivización total.”, pág. 353. Esta “liquidación” comprendió la perse-
cución de los miembros del partido Socialrevolucionario que expresaba los in-
tereses de los campesinos. El resentimiento de estos nunca llegaría a desapa-
recer del todo. De haberse emprendido una colectivización gradual es posible
que los resultados hubieran sido mejores, tanto como rendimientos en la pro-
ducción, como anímicamente. Pero, esto era imposible en ese momento, por el
dominio en la elite dirigente de ciertos dogmas sobre la socialización a marcha
forzada.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
207
En 1940, la Unión Soviética había pasado a ser una gran po-
tencia industrial.
C.– LA EVOLUCIÓN EN LOS PAÍSES CAPITALISTAS
a) La Europa capitalista a partir de la década del veinte
Aunque la Constitución de Weimar estuvo en vigencia solo ca-
torce años, hasta que Hitler la dejara de lado en 1933, instituyó un
modelo de capitalismo intervenido por el Estado y con derechos
sociales. Fue el “espíritu de Weimar”, que dio lugar también a la
Organización Internacional del Trabajo, creada por el Tratado de
Versalles en 1919, como un foro internacional con representantes
de los gobiernos y las organizaciones de empleadores y trabajado-
res de los Estados miembros para tratar de resolver sus conflictos
económicos.
Poco después de haberse fundado la III Internacional, o Inter-
nacional comunista, en marzo de 1919, los grupos de otros países
que simpatizaban con la Revolución Bolchevique comenzaron a es-
cindirse de los partidos socialdemócratas o socialistas, formando
partidos comunistas que adhirieron a esa organización como la
condición de su existencia. Estos nuevos partidos no solo simpati-
zaban con esa revolución, sino que teóricamente se propusieron re-
producirla, aunque les fuera imposible hacerla por la gran diferen-
cia de las contradicciones en sus sociedades con las de Rusia. Y, de
hecho, nunca pudieron llevarla a cabo, salvo en China por las ca-
racterísticas de la evolución en este país. Por lo tanto, si bien se
declararon leninistas, se integraron en la competencia electoral
donde les fue posible, y asumieron la defensa de los intereses eco-
nómicos de los trabajadores y de las libertades democráticas, como
sus rivales, los partidos socialdemócratas, aunque, casi siempre,
con más abnegación y consecuencia.
Entre 1919 y 1925, los dirigentes del partido Socialdemócrata
alemán, que estuvieron a cargo del poder ejecutivo, se alejaron del
marxismo y fracasaron en el control de la economía. Luego perdie-
ron el predominio en los poderes Legislativo y Ejecutivo, y les fue
imposible impedir la adhesión al partido nazi de masas cada vez
más numerosas de todas las clases sociales y, en gran parte, tra-
bajadores, particularmente desempleados.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
208
La burguesía alemana más recalcitrante y contraria al
acuerdo con los socialdemócratas y al Tratado de Versalles se cen-
tró en el fascismo y el nazismo, en su afán de aniquilar definitiva-
mente a los comunistas.
En Italia, el fascismo, acaudillado por Benito Mussolini su
creador, agrupaba a políticos salidos de varios grupos y a militan-
tes organizados como cuerpos paramilitares, los “camisas negras”,
uniformados, alimentados y retribuidos con recursos aportados por
ciertos capitalistas y propietarios de tierras, no solo de Italia.
Luego de su accesión al poder, en octubre de 1922, comenzaron a
perseguir a los comunistas y socialistas, e ilegalizaron a sus parti-
dos. Pero, para sus financiadores, Mussolini no parecía tan compe-
tente. Cuando Hitler organizó el partido nacional socialista, nazi,
a comienzos de la década del veinte, sus preferencias se volcaron
hacia estos, y Alemania se pobló de “camisas pardas”, reclutados
entre la clase media empobrecida por la inflación y los desemplea-
dos. Una hábil campaña de los nazis, la crisis económica y la con-
frontación irreductible entre socialdemócratas y comunistas, les
dio a los nazis el caudal electoral que requerían, y, el 30 de enero
de 1933, Hitler fue nombrado canciller de Alemania. En las elec-
ciones de marzo de 1933, obtuvo el 44% de las representaciones en
el parlamento y unos días después, con el apoyo de un partido bur-
gués, hizo aprobar una ley que le confirió poderes absolutos; al-
canzó 441 votos contra 94 de los socialdemócratas. En adelante, el
nazismo se convirtió en una fuerza que se impuso a toda la socie-
dad alemana.
De inmediato, emprendió la persecución de comunistas, so-
cialdemócratas y los intelectuales que lo veían como un peligro,
ilegalizó a sus partidos, disolvió los sindicatos, prohibió las huel-
gas y creó el Frente Nacional del Trabajo del que debían formar
parte obligatoriamente todos los trabajadores y que, en las empre-
sas, debía ser conducido por sus gerentes, como führers (caudi-
llos).236 Luego procedió al rearme de Alemania, como base de la
intervención del Estado en la economía. Contó para ello con el
236 Una operación colateral fue el exterminio de los dirigentes de los “camisas
pardas”, la noche del 30 de junio de 1934, que Hitler dirigió personalmente y
ejecutaron las tropas de la SS. Lo había pedido el alto mando del ejército ale-
mán como una condición para sometérsele. Fue la “noche de los cuchillos lar-
gos”. Mataron a 85 jefes de ese cuerpo. Cfm. NATIONAL GEOGRAPHIC, HISTO-
RIA, La Noche de los Cuchillos Largos, la noche que Hitler eliminó a sus enemi-
gos, Internet.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
209
acuerdo de los magnates de la industria, la banca y el comercio, a
los que, en la práctica, Hitler sometió a su voluntad.
Como una expresión de su intención de dejar sin vigencia el
Tratado de Versalles, las tropas alemanas ocuparon la Renania,
en marzo de 1936, y, en noviembre de ese año, su gobierno y el
gobierno imperial del Japón firmaron el Pacto Antikomintern, por
el cual acordaron tomar medidas conjuntas contra los partidos co-
munistas y la Unión Soviética. A este pacto se adhirieron Italia,
España y Hungría.
Fanatizados por su antisemitismo, apartaron a los judíos de
los negocios, confiscaron sus propiedades y encarcelaron y vejaron
a los que no pudieron huir de Alemania o se quedaron con la con-
vicción de que eran tan alemanes como cualquier otro alemán. Fue
el comienzo de la “solución final” que siguió con el asesinato de seis
millones de judíos.
En marzo de 1938, las tropas alemanas invadieron Austria y
la anexaron a su país (el Anschluss), y en octubre siguiente ocupa-
ron los sudetes, un territorio de Checoslovaquia poblado por ale-
manes.237
b) La Segunda Guerra Mundial
La esperanza de los capitalistas de otros países de que los na-
zis atacaran a la Unión Soviética, pues para eso habían estimulado
y pagado su crecimiento, se desvaneció cuando, en Moscú, el 23 de
agosto de 1939, Viacheslav Molotov, ministro de Relaciones Exte-
riores de la Unión Soviética, y Joachim von Ribbentrop, ministro
de Relaciones Exteriores de Alemania, suscribieron un pacto de no
agresión entre sus países. Este acuerdo, propuesto por el gobierno
alemán y recibido con agradable sorpresa por el gobierno de la
Unión Soviética, tenía como finalidad neutralizar a esta, cuyos te-
rritorios y potencial no le interesaban a Hitler en ese momento.238
237 Por el acuerdo de Münich, suscrito por los gobiernos de Alemania, Italia,
el Reino Unido y Francia, el 30 de setiembre de 1938, se convalidó esta ocu-
pación. A comienzos de 1939, Alemania invadió el resto de Checoslovaquia.
238 Un capítulo de acuerdos secretos del pacto establecía que la Unión Sovié-
tica y Alemania debían intercambiar ciertos productos, repartirse Polonia y
que Finlandia, Estonia, Letonia y la región de Vilna quedaban dentro de la
esfera de la Unión Soviética; además la entrega por esta a Alemania de ciu-
dadanos de este país refugiados en aquella: judíos y algunos comunistas disi-
dentes. Las tropas inglesas descubrieron el texto completo de este pacto entre
la documentación incautada en Berlín, luego de terminada la guerra y fueron
reconocidos por la Unión Soviética en 1989, en aplicación de la política de
PÁGINAS
DE
MARXISMO
210
Su objetivo central, inferido de su libro Mein Kampf (Mi lucha),
era hacer de Alemania la potencia hegemónica de Europa y darle
el Lebensraum (espacio vital) que el capitalismo de su país exigía:
Deutschland über alles (Alemania sobre todo). Esto significaba
apoderarse del potencial industrial, los mercados, la fuerza de tra-
bajo y las colonias de los países europeos. A pesar de que la guerra
era ya inminente, los gobiernos derecha de Francia y Gran Bre-
taña, siguieron confiando en un acuerdo con el gobierno alemán
que Hitler desechó.
El 1 de setiembre de 1939, el ejército alemán invadió Polonia
y, unos días después, la Unión Soviética hizo lo propio, ejecutando
su parte del tratado de no agresión con Alemania.
El 3 de setiembre, Francia y Gran Bretaña declararon la gue-
rra a Alemania. Sin detenerse, el ejército alemán ocupó Holanda,
Dinamarca, Bélgica, Francia y Noruega, a cuyos ejércitos derrota-
ron fácilmente por el uso masivo de tanques y aviones (la Blitz-
krieg), una fuerza de varios millones de soldados bien preparados
y mandos altamente calificados. La Segunda Guerra Mundial ha-
bía empezado. El monstruo que los capitalistas de Alemania y
otros países habían creado para echarlo contra la Unión Soviética,
se lanzaba contra ellos. Gran Bretaña, el siguiente objetivo del go-
bierno nazi, se salvó de ser invadida por la denodada y eficaz ac-
ción de su fuerza aérea.239
El gobierno de Hitler se volvió, entonces, contra la Unión So-
viética, considerada militarmente inferior y a la que, estimaba, po-
dría derrotar muy rápido. El 22 de junio de 1941, sus tropas atra-
vesaron sus fronteras y arrollaron a las defensas soviéticas.240 La
glásnost, del primer ministro soviético Mihail Gorvachov. Cfm. WIKIPEDIA;
HELLMUTH GUENTHER DAHMS, La Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Edi-
torial Bruguera, 1970, pág. 37; ANTONIO MUÑOZ MOLINA, Sefarad, Madrid,
Santillana Editores, 2001, pág. 186.
239 El primer ministro Neville Chamberlain, del partido Conservador, fue obli-
gado a renunciar el 10 de mayo de 1940. Él y su partido seguían proponiendo
el apaciguamiento con el gobierno alemán, a pesar de que más de 200,000
soldados británicos estaban cercados por las tropas alemanas en Francia. En
su lugar, el rey Jorge VI nombró primer ministro a Winston Churchill, quien
no había dejado de señalar el peligro que Hitler y los nazis significaban para
su país. A fines de mayo y comienzos de junio de 1940, más de 800 embarca-
ciones, en su mayor parte civiles de todo tamaño, fueron movilizadas para
evacuar por Dunkerque a 338.226 hombres, incluidos 139.997 soldados fran-
ceses, polacos y belgas. Wikipedia.
240 Como Stalin y su gobierno estaban persuadidos de que Alemania se aten-
dría al pacto de no agresión, suscrito en agosto de 1939, no dispusieron los
PÁGINAS
DE
MARXISMO
211
temida guerra contra el país del socialismo había llegado, final-
mente.241
Pese a las derrotas y la retirada de las tropas soviéticas, el
ejército alemán fue detenido por el invierno ruso a lo largo de una
línea que unía las proximidades de las ciudades tan distantes en-
tre sí de Stalingrado, Moscú y Leningrado. En su avance había
arrasado las poblaciones, se había llevado a Alemania las máqui-
nas de las empresas que podían servirles y había exterminado a
millones de soldados y militantes comunistas, judíos y otras per-
sonas civiles consideradas racialmente inferiores.
Era este el resultado de la lucha de clases desde el lado de la
burguesía alemana más recalcitrante que utilizaba al nazismo y
sus partidarios como la mayor organización de asesinos de la his-
toria de la humanidad. Su poder fue tan grande (12 millones de
soldados) que los demás países capitalistas con democracias y la
Unión Soviética tuvieron que unirse para defenderse.
Japón, aliado de Alemania, que se había apoderado de los paí-
ses que bordean los océanos Índico y Pacífico, destruyó la flota de
Estados Unidos anclada en Pearl Harbor, en diciembre de 1941, y
Estados Unidos tuvo que declararle la guerra. Unos días después,
Alemania e Italia declararon la guerra a Estados Unidos.
Transcribo a continuación una parte de mi artículo sobre la
acción política de Franklin Delano Roosevelt en relación a la Se-
gunda Guerra Mundial y a lo que sucedió posteriormente.242
“El ascenso de Hitler y el partido nazi al poder, en enero de
1933, fue para Roosevelt una amenaza no solo para Europa, sino
para América y el resto del mundo. Empezó a combatirlos con su
propuesta de aislar a las potencias agresoras, pero no llegó a con-
vencer a la mayoría en el Congreso que, en 1935, había aprobado
operativos necesarios para impedir el avance de las tropas alemanas. El espía
soviético Richard Sorge, sin embargo, les había advertido desde Tokio, donde
trabajaba, de los preparativos de Alemania para invadir la Unión Soviética.
No le creyeron. S. GOLIAKOV Y V. PONIZOVSKY, Le vrai Sorge, Paris, Éd. J’ai
lu, 1970. En este libro figuran los despachos enviados por Sorge a la Unión
Soviética.
241 Sobre la Segunda Guerra Mundial y sus antecedentes: ANTONY BEEVOR,
La Seconde Guerre Mondiale, Paris, Édit. Calmann-Levy, 2012, Introduction
y cap. I; ALISTAIR HORNE, La batalla de Francia, Barcelona, Edit. Bruguera,
1974, pág. 107; WILLIAMSON MURRAY Y ALLAN R. MILLET, La guerra que había
que ganar, Barcelona, Editorial Crítica, 2005, 4, 6.
242 Lo escribí el 13/5/2013 y se difundió por Internet con el título Franklin D.
Roosevelt, artífice del nuevo orden mundial.
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DE
MARXISMO
212
la Ley de Neutralidad. Luego de la ocupación de Polonia, Holanda,
Bélgica y Francia por la Alemania nazi, en 1939 y 1940, a la mayor
parte de la clase política estadounidense ya no le cupo duda de que
Roosevelt tenía razón. Se sabía que el siguiente paso de la escalada
bélica de Hitler sería invadir Gran Bretaña, y era imprescindible
impedirlo. A iniciativa de Roosevelt, el Congreso aprobó, entonces,
en marzo de 1941, la Ley de Préstamo y Arriendo, que autorizaba
a enviar a los países que luchasen contra Alemania nazi armamen-
tos, alimentos, petróleo y otros bienes.
Tras el fracaso de su planeada invasión a Gran Bretaña, por
la decisiva acción de la Real Fuerza Aérea, el gobierno de Hitler
atacó a la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941, quebrantando el
Pacto de no agresión firmado con este país en 1939. Hitler y sus
generales habían calculado terminar esta invasión, que llamaron
«Operación Barbarroja», con la derrota total de la Unión Soviética
en dos meses.
El 14 de agosto de 1941, también a su propuesta, Roosevelt
suscribió con Winston Churchill, Primer Ministro de Gran Bre-
taña, la Carta del Atlántico, que fue el primer documento en el que
se establecían los derechos por los cuales debía luchar el mundo
libre. «Respetan el derecho –decían– que tienen todos los pueblos
de escoger la forma de gobierno bajo la cual quieren vivir, y desean
que sean restablecidos los derechos soberanos y el libre ejercicio
del gobierno a aquéllos a quienes les han sido arrebatados por la
fuerza.» Esto implicaba, de paso, el desahucio de todo colonialismo.
Pero, además, se trazó la línea que habría de seguirse en el futuro.
«Tras la destrucción total de la tiranía nazi –declararon–, esperan
ver restablecer una paz que permita a todas las naciones vivir con
seguridad en el interior de sus propias fronteras y que garantice a
todos los hombres de todos los países una existencia libre sin miedo
ni pobreza.»
Ante el alevoso ataque del Japón a Pearl Harbor, el 7 de di-
ciembre de 1941, que destruyó la flota naval y aérea de Estados
Unidos estacionada en ese puerto, el Congreso de Estados Unidos
declaró la guerra al Japón.
Siguió la declaración de guerra de Alemania e Italia a Estados
Unidos, el 11 de diciembre de 1941, que fue respondida el mismo
día por el Congreso de este país, a pedido de Roosevelt, con el es-
tado de guerra con aquellos países, y la autorización al gobierno
para emplear todos los medios de llevarla a cabo. La Ley de Prés-
tamo y Arriendo fue extendida a la Unión Soviética.
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DE
MARXISMO
213
Por entonces en los despachos de Roosevelt y de otros altos
funcionarios del Gobierno de Estados Unidos, ya obraban las prue-
bas de los asesinatos de millones de judíos en los campos de con-
centración alemanes y de otras atrocidades en los países ocupados.
Con ello se confirmaba la necesidad de aniquilar al gobierno nazi
y a sus fuerzas armadas, que eran una expresión de barbarie y
fanatismo inadmisibles.
Esta fue una de las causas de la decisión adoptada por los jefes
de los Estados que combatían al eje de Alemania, Italia y Japón,
Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y, en representación de
las Fuerzas Francesas Libres, Charles de Gaulle y Henry Giraud,
reunidos en la ciudad de Casablanca, en enero de 1943. José Stalin
se excusó de asistir, aduciendo que no podía salir de su país en
plena batalla de Stalingrado. A propuesta de Roosevelt, se decidió
allí que la guerra solo acabaría con la rendición incondicional de
Alemania.
Roosevelt presionó, en seguida, a Stalin para que procediera
a la disolución de la Tercera Internacional. Esta organización, que
agrupaba a los partidos comunistas, había sido creada en marzo
de 1919 a iniciativa de Lenin con la finalidad de promover la toma
revolucionaria del poder por estos partidos, como había acontecido
en Rusia, en noviembre de 1917. Aunque su línea política fue mo-
dificada varias veces, conservaba, en el fondo, ese primer objetivo,
incompatible, para Roosevelt, con el nuevo orden mundial a esta-
blecerse después de la guerra. En cierta forma, las ingentes canti-
dades de armamentos, medios de transporte, alimentos y petróleo,
que llegaban puntualmente a la Unión Soviética desde Estados
Unidos a costa de enormes riesgos y esfuerzo gracias a la Ley de
Préstamo y Arriendo, jugaban el papel de una espada de Damocles.
Esa ayuda insumía el 25% de los suministros totales entregados
en virtud de esta Ley, y le eran vitales a la Unión Soviética para
el sostenimiento de la acción bélica.
Stalin se allanó, y la Tercera Internacional fue disuelta el 15
de mayo de 1943. Firmaron la resolución por el presidium de esta
organización: Gottwald, Dimitrov, Zhdanov, Kolarov, Kloplenig,
Kuusinen, Manuilsky, Marty, Pieck, Thorez, Florin y Togliati; y
por el Partido Comunista de Italia, Biano, por el de España, Dolo-
res Ibarruri, por el de Finlandia, Lechtinen, por el de Rumania,
Anna Pauker y por el de Hungría, Matías Rakosi. Todos ellos vi-
vían en Moscú.
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DE
MARXISMO
214
Así quedó expedito el camino para la reunión de los tres gran-
des: Roosevelt, Churchill y Stalin, en Teherán, del 28 de noviembre
al 1 de diciembre de 1943. A instancias de Roosevelt, los tres jefes
de Estado declararon en ella, principalmente, que «Ningún poder
sobre la tierra puede impedir la destrucción de los ejércitos alema-
nes por tierra y sus barcos por mar y de sus plantas de maquinaria
para la guerra desde el aire» y que «confiamos en el día en que
todos los pueblos del mundo puedan vivir libres, al margen de la
tiranía y de acuerdo con sus diferentes deseos y sus propias con-
ciencias». Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se comprome-
tieron a la apertura del Segundo Frente por Europa Occidental, en
la primavera de 1944, y la Unión Soviética a declarar la guerra al
Japón luego de la derrota de Alemania. Los tres grandes acorda-
ron, además, la organización de las Naciones Unidas, como un ór-
gano de decisión internacional, cuya misión sería desterrar el fla-
gelo de la guerra.
En la siguiente Conferencia de los mismos tres grandes, cele-
brada en Yalta (Crimea) del 4 al 11 de febrero de 1945, se dispuso
que una conferencia en San Francisco organizara las Naciones
Unidas y su Consejo de Seguridad; la desmilitarización y partición
de Alemania y el pago por ésta de indemnizaciones por las pérdi-
das que estaba ocasionando; y la organización de elecciones libres
en los países liberados de Europa.
Roosevelt falleció el 12 de abril de 1945. Le sucedió en la pre-
sidencia Harry S. Truman, quien concurrió a la siguiente Confe-
rencia de Postdam (ciudad cercana a Berlín), llevada a cabo entre
el 17 de julio y el 2 de agosto de ese año, luego de la rendición de
Alemania en abril, a consecuencia de la ocupación de Berlín por el
ejército soviético. En esta Conferencia se acordó el juzgamiento de
los criminales de guerra, la creación del Tribunal de Núremberg y
la división de las áreas de influencia en Europa de los aliados oc-
cidentales y la Unión Soviética.243
La aspiración de Roosevelt de darle al mundo un instrumento
para la paz y las reglas de convivencia la continuó su viuda, Elea-
nor, como delegada de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.
Ella presidió la Comisión encargada por el Consejo Económico y
243 No se pensó o nadie dijo que se debía incluir en los procesos de Núremberg
a los capitalistas que habían financiado a Hitler y los nazis, sabiendo lo que
eran, y le habían suministrado las armas para que hicieran la guerra y come-
tieran sus asesinatos.
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DE
MARXISMO
215
Social de esta organización de preparar el proyecto de la Declara-
ción de Derechos Humanos, de la que fue su “fuerza motriz”.244 El
proyecto fue aprobado por la Asamblea de las Naciones Unidas, en
París, el 10 de diciembre de 1948, por el voto de 48 Estados, de los
53 que entonces constituían las Naciones Unidas. Se abstuvieron
la Unión Soviética y los países socialistas del Este europeo.”
c) El mundo luego de la Segunda Guerra Mundial
Al terminar esta, no se dieron las condiciones para una revo-
lución social y política en los países europeos, como había aconte-
cido luego de la Primera Guerra Mundial, a pesar de la enorme
cantidad de muertes y la destrucción del aparato productivo, sobre
todo en Alemania donde, sin embargo, más del 50% no pudo ser
demolido por los bombardeos aliados. En este país, los movimien-
tos socialistas habían sido casi aniquilados por el nazismo, y es-
taba ocupado militarmente por Estados Unidos, el Reino Unido,
Francia y la Unión Soviética. En la parte oriental ocupada por
esta, se constituyó un gobierno de alianza entre los restos de los
partidos socialdemócrata y comunista que devino luego solo go-
bierno del Partido Comunista, bajo el patrocinio de la Unión So-
viética. En cambio, en Yugoslavia, el Partido Comunista asumió el
gobierno por ser la fuerza política más importante y haber comba-
tido con éxito la invasión nazi. Una situación similar se dio en Al-
bania. Fueron distintos los casos de Checoslovaquia, Hungría, Ru-
mania y Bulgaria, donde los partidos comunistas que, aunque nu-
merosos y que se habían batido contra los invasores nazis, llegaron
al gobierno y se sostuvieron en él por la presencia de las fuerzas
soviéticas. En Grecia, los guerrilleros del Partido Comunista, que
hubieran podido tomar el poder luego de terminada la guerra, fue-
ron rechazados por el ejército inglés que había ocupado este país.
En Francia e Italia, los partidos comunistas, cuya lucha en la
Resistencia les había atraído numerosos miembros y simpatizan-
tes, no estimaron que la revolución fuera viable y prefirieron asu-
mir el “espíritu de Weimar” que debía llevar a un nuevo pacto so-
cial, formalizado, internamente, como nuevas constituciones y, en
la naciente organización de las Naciones Unidas, como la Declara-
ción de Derechos Humanos, suscrita en París, en diciembre de
1948.
244 Cfm. Postface de l’Éditeur del libro Indignez vous de STÉPHANE HESSEL,
quien fue delegado de Francia en esa comisión, Paris, Indigène Édition, 13ª
éd., 2011.
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DE
MARXISMO
216
e) La inserción definitiva de los partidos comunistas
en la legalidad de los países capitalistas
El secretario general del Partido Comunista Italiano, Palmiro
Togliatti, declaró, en su informe al congreso de este partido, el 8
de diciembre de 1956, que “La mayor conquista que la clase obrera
y el pueblo hayan realizado, avanzando en estas condiciones y bajo
esa guía, es la Constitución republicana actual. En la manera como
luchamos y trabajamos para tener esta Constitución estaba ya
contenida, aunque implícitamente, una respuesta a muchas de las
preguntas planteadas en el debate actual del movimiento obrero,
puesto que se encontraba resuelto de una manera positiva el pro-
blema de principio de una marcha hacia el socialismo en el ámbito
de una legalidad democrática.”245
Fue una explícita renuncia del Partido Comunista Italiano a
la utilización de la vía revolucionaria para arribar al socialismo, a
la cual adhirieron en sus hechos los demás partidos comunistas,
excepto algunos asiáticos.
A pesar de esta declaración, pasados los primeros años de la
postguerra, los partidos comunistas fueron excluidos de las alian-
zas formadas por los partidos de la burguesía y la pequeña bur-
guesía para gobernar. Estos partidos y las clases sociales a las que
representaban marcaban así su discrepancia con los nuevos dere-
chos de los trabajadores y anunciaban su decisión de desconocerlos
por la vía de los hechos y ante las autoridades administrativas y
judiciales. Sería la lucha de clases envasada en el sistema legal.
Se sumó a la actitud de las clases propietarias el recelo contra
la Unión Soviética y los otros países socialistas, que se manifestó
como “la guerra fría”. El gobierno de Estados Unidos, país que se
había convertido en la primera potencia industrial del mundo, co-
menzó a cercar a la Unión Soviética con bases militares y armas
nucleares, aliándose con los estados capitalistas europeos. Pretex-
taron que lo hacían para impedir la expansión militar de la Unión
Soviética y los otros países socialistas del Este europeo. Simultá-
neamente, una ola de paranoia anticomunista, se expandió en Es-
tados Unidos, impulsada por el maccarthismo, desde fines de la
década del cuarenta, y repetida en Europa y otros países capitalis-
tas. El gobierno de la Unión Soviética, que nunca abrigó una in-
245 En GIORGIO NAPOLITANO, La alternativa eurocomunista, Barcelona, Ed.
Blume, 1977, pág. 12.
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DE
MARXISMO
217
tención agresiva, fue obligado a procurarse un arsenal nuclear di-
suasivo equiparable al de Estados Unidos, que contuvo las inten-
ciones bélicas de la burguesía y la clase política en este país, y di-
vidió al mundo en dos polos militares. Estaba fresco, además, el
recuerdo del poder mortífero de las bombas atómicas dejadas caer
en Hiroshima y Nagasaki. Al contrario, los gobiernos de los países
socialistas se pronunciaron por la convivencia pacífica con los es-
tados de régimen capitalista, actitud secundada por los partidos
comunistas europeos que insistieron en una política de coexisten-
cia pacífica con la burguesía, posición a la que se denominó “euro-
comunismo”.246
Por lo tanto, la lucha de clases continuó en cada país capita-
lista, aunque con formas atenuadas donde prevalecían las demo-
cracias representativas, mientras la producción de bienes materia-
les y servicios se incrementaba y, con los nuevos derechos sociales,
elevaban el poder de compra de los trabajadores.247
Esta situación de bonanza económica comenzó a decaer a me-
diados de la década del setenta por la confluencia de una crisis y
la decisión de los dueños de las empresas petroleras en los países
árabes de subir los precios del petróleo.
Siguió la contraofensiva del neoliberalismo desde comienzos
de la década del ochenta (gobiernos de Ronald Reagan en Estados
Unidos y de Margaret Thatcher en Gran Bretaña), como intensifi-
cación de la lucha de clases de los grandes empresarios contra los
246 ERNEST MANDEL, alto dirigente del movimiento trotskista internacional,
criticó esta posición: Dijo: “Está fuera de duda el que los partidos eurocomu-
nistas sean partidarios sinceros de la distensión. Están convencidos de que
sus proyectos reformistas, y no hablemos ya de su proyecto de participación
gubernamental, no tienen la menor posibilidad de realizarse en el caso de una
recaída en la guerra fría, por no hablar ya de la guerra a secas. Sería absurdo
acusarlos de belicismo. Si algo hay que reprocharles es que expanden la peli-
grosa ilusión pacifista de que la paz puede salvarse a la larga tan solo me-
diante la «presión» sobre el capitalismo, sin abolirlo.” Los amargos frutos del
“socialismo en un solo país”, septiembre 1977, en Internet. Sin embargo, esta
posición era a lo más un llamado retórico a una clase obrera que no los escu-
chaba, ni estaba dispuesta a seguirlos. Olof Palme, de la Socialdemocracia
sueca dijo: “Soy partidario de las relaciones este-oeste en un clima de disten-
sión.” En La alternativa socialdemócrata, Barcelona, Editorial Blume, 1977,
pág. 178.
247 En Europa, desde 1945 hasta 1975 fueron “Los treinta gloriosos”, título del
libro del economista francés JEAN FOURASTIÉ. Fue también el período de la
sociedad de consumo.
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DE
MARXISMO
218
trabajadores para reducirles sus ingresos económicos y apropiár-
selos como ganancias, un período que continúa.248
Veamos lo que sucedió con los partidos socialdemócratas y co-
munistas.
En noviembre de 1959, el partido Socialdemócrata alemán re-
nunció definitivamente al marxismo, en su congreso de Bad Go-
desberg, y aceptó como ideología la ética cristiana, el humanismo
y la filosofía clásica.249 En otros términos, el marxismo terminaba
para ellos, pero ellos no terminaron para el marxismo, puesto que
su existencia y actividad pueden ser explicadas por este.
En la evolución de la Socialdemocracia alemana y de otros paí-
ses europeos se advierte la vinculación de su ideología con la ex-
tracción social de sus militantes. Los grupos más influyentes de
este partido pertenecían cada vez más a la pequeña burguesía y a
la burguesía, a la burocracia sindical profesionalizada y a nume-
rosos trabajadores que pensaban que era mejor alcanzar ciertos
derechos que elevasen su nivel de vida antes que comprometerse
en el albur de cambios violentos de resultado incierto y que podrían
turbar su rutina pacífica y conformista. De todas maneras, esta
actitud expresaba la evolución paulatina de la estructura y las su-
perestructuras por pequeños cambios y retrocesos cuantitativos.
Desde la década del setenta, los partidos socialdemócratas de Eu-
ropa occidental se han alternado con los partidos conservadores en
la implementación de medidas neoliberales que restringen los al-
cances y las posibilidades de mejora de las clases trabajadoras.
Por su parte, los partidos comunistas de los países capitalis-
tas, dedicados plenamente a la defensa de los derechos adquiridos
de los trabajadores y la sociedad, han reiterado su renuncia al pro-
yecto de una revolución para asumir el poder político.
En diciembre de 1974, el secretario general del Partido Comu-
nista Italiano, Enrico Berlinguer, presentó al comité central de
este un largo informe (unas 250 páginas impresas) para exponer
las ideas que fueron denominadas el eurocomunismo. Sus propues-
tas se sintetizaron en “una transformación democrática profunda
de esta parte del mundo y de la misma comunidad europea” y, en
248 Véase en el capítulo IV de este libro: IV La evolución del capitalismo desde
fines del siglo XX, C.– La aparición de los derechos sociales, pág. 165.
249 WILLY BRANDT, BRUNO KREISKY Y OLOF PALME, La alternativa socialdemó-
crata, Barcelona, Edit. Blume, 1977, pág. 14. Bad Godesberg es un distrito
residencial de la ciudad de Bonn, que fue la capital de Alemania Occidental
entre 1946 y 1990.
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DE
MARXISMO
219
cuanto a Italia, en la propuesta siguiente: “La línea que llamamos
del «compromiso histórico» […] hacia un desarrollo de la economía,
de la sociedad, de la política, de la vida moral del país” […] un
proceso similar –objetivamente indispensable para la salvación y
el renacimiento de Italia– es también un proceso que tienda a salir
de la lógica del capitalismo en cuanto que implica la introducción
de elementos nuevos, que nosotros llamamos «elementos de socia-
lismo», en la organización económica y social del país, en las cos-
tumbres de vida y en los modos de pensar.”250 No expuso cuáles
serían esos “elementos de socialismo”. El miembro del comité cen-
tral del Partido Comunista Español, Manuel Azcárate criticó a
Berlinguer por esta posición, sosteniendo: “cuando lo que se perfila
sobre la escena de la historia es el paso al socialismo, se trata ya
de acabar con todos los sistemas de explotación, con todo sistema
de opresión. Se pone al orden del día de la historia una transfor-
mación mucho más profunda, que exige ir acabando con todo el
sistema de valores morales, ideológicos, que han servido durante
siglos y siglos para mantener la subordinación, el conformismo, el
sometimiento de las inmensas masas humanas.”251 Azcárate no
fundamentó con pruebas objetivas su posición, ni dijo si sus apre-
ciaciones valían también para España que, en esos años (1978),
trataba de instalar una democracia luego de casi cuatro décadas
de franquismo. Cuarenta años después, la situación de España no
ha cambiado en lo fundamental y la influencia del Partido Comu-
nista Español se ha reducido.
El 23 de febrero de 1989, tres días después de la caída del
muro de Berlín, el secretario general del Partido Comunista Ita-
liano, Aquile Ochetto, anunció su acercamiento a las posiciones de
la Socialdemocracia europea, y poco después convocó a un congreso
de su partido en la ciudad de Bolonia. En este, el Partido Comu-
nista Italiano fue disuelto el 3 de febrero de 1991. La mayor parte
de sus afiliados creó a continuación el Partido Democrático de la
Izquierda, con un programa similar al de la Socialdemocracia y
ajeno al marxismo. Los disconformes se reunieron en el partido de
la Refundación Comunista, del que se creó, por una escisión, el
Partido de los Comunistas Italianos.
El Partido Comunista Francés, otra gran formación política
europea, ha seguido un camino similar al del Partido Comunista
250 La alternativa comunista, Barcelona, Editorial Bruguera, 1978, págs. 69,
276.
251 La alternativa comunista, cit., pág. 28.
PÁGINAS
DE
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220
Italiano, aunque sin llegar a disolverse. Completamente integrado
en la democracia representativa y el capitalismo y leal al pacto so-
cial de la postguerra, ha abandonado la intención de afectarlos. Lo
probó en mayo de 1968 cuando prefirió celebrar un acuerdo con el
gobierno y los representantes empresariales para obtener ciertos
derechos sociales para los trabajadores antes que unirse a los diri-
gentes estudiantiles en su lucha contra el gobierno y el sistema.
Luego, se ha limitado a la defensa económica de los trabajadores,
mientras perdía la adhesión de vastos grupos de estos, disconfor-
mes con la inmigración, frente a la cual el Partido Comunista ha
observado mucha tolerancia. Sus intelectuales, muy numerosos en
los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fueron retirán-
dose tras la denuncia de los crímenes ordenados por Stalin que
hiciera Jrushchov en su informe de 1956, las represiones de la
Unión Soviética a los revolucionarios de Hungría en octubre de
1956 y de Checoslovaquia en agosto de 1968, y por el silencio del
Partido Comunista Francés ante las violaciones de los derechos
humanos en la Unión Soviética. Correlativamente su participación
electoral ha declinado, desde un 30% en 1947 hasta 2.7% en 2017.
Como una manifestación del abandono de una posición contes-
tataria del sistema, ha eliminado de su emblema la hoz y el mar-
tillo para quedarse solo con las letras PCF. Tampoco en su mate-
rial literario hay referencias a la evolución de la sociedad francesa
a partir de la lucha de clases.252
Tras la caída del muro de Berlín y la desaparición en cadena
de los gobiernos comunistas en Europa del Este, la crisis ideológica
en los partidos comunistas llegó a su máxima expresión, los hundió
en la incertidumbre sobre su necesidad de existir y redujo su ca-
pacidad de convencer a los trabajadores, estudiantes e intelectua-
les.253 A ello se añadió, su perenne desconfianza hacia cualquier
expresión ideológica marxista crítica de la suya, que el stalinismo
había exacerbado tanto en la Unión Soviética como en el exterior,
252 Hace algunos años le pregunté un intelectual comunista francés, amigo de
muchos años, cuándo –pensaba él– advendría la sociedad socialista en Fran-
cia. Me respondió de inmediato y muy seriamente: Dentro de unos doscientos
años.
253 PAUL KRUGMAN, profesor de la Universidad de Princeton y premio Nobel
de Economía en 2008, dice: “no se puede comprender el mundo tal como era
hace algunos años prescindiendo del mayor hecho político de los años 1990: la
caída del socialismo, no tanto como ideología dominante, sino como idea sus-
ceptible de transformar el espíritu de los hombres.” Pourquoi les crises
reviennent toujours, Paris, Editions du Seuil, 2009, pág. 15.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
221
en particular contra los trotskistas y sus simpatizantes.254 Esta
manera de ser, en el extremo opuesto de la fraternidad, los ha ais-
lado más todavía.
D.– EVOLUCIÓN Y DESAPARICIÓN DEL SOCIALISMO
“REAL” EN LA UNION SOVIÉTICA255
a) Ingreso al plano inclinado
El 5 de marzo de 1953 Stalin fue declarado muerto tras cinco
días de agonía por un derrame cerebral. Decenas de miles de per-
sonas desfilaron ante su féretro, muchos con el rostro anegado de
lágrimas, y cientos fueron aplastados en una estampida de los que
querían llegar a verlo, probablemente para constatar si, en efecto,
estaba muerto.256
Fue el comienzo de otro ciclo de contradicciones en la clase
gobernante y entre esta y la masa de la población que llevaría a la
desaparición del socialismo en los países del Este europeo treinta
y tantos años después.
El politburó del partido comunista, nombró a Gueorgui Ma-
lenkov como secretario general y jefe del gobierno. El 27 de marzo,
254 Se diría que el espíritu de Stalin continúa viviendo en cada militante de
los partidos comunistas que lo admiran, desconfiando de cualquier pensa-
miento distinto del oficial de sus dirigentes.
255 La información para esta parte ha sido obtenida de Wikipedia y otras fuen-
tes suministradas en Internet, y de los libros: TATIANA SIDORENKO, La priva-
tización de las empresas estatales en Rusia: alcances y perspectivas, México,
Foro Internacional, 1994, Internet; Russie, réformes et dictatures, 1953-2016
por ANDREÏ KOZOVOÏ, Paris, Éditions Perrin, 2017; Histoire du XXe siècle, bajo
la dirección de SERGE BERSTEIN Y PIERRE MILZA, L’Europe de l’Est à l’heure
du postcommunisme (1991-2000), Paris, Éd. Hatier, 2017.
256 También los poetas comunistas o simpatizantes del comunismo, conster-
nados, no pudieron dejar de manifestar su tristeza en versos. PABLO NERUDA
dijo en su Oda a Stalin: “Su sencillez y su sabiduría, /su estructura /de bon-
dadoso pan y de acero inflexible /nos ayuda a ser hombres cada día.” ALBERTO
HIDALGO se le había adelantado en 1941 con su Oda a Stalin en la que versi-
ficó: “Cuando quedemos huérfanos de Stalin, cuando perdamos nuestro padre.
[…] Ya es más que un hombre. /Stalin es la inteligencia de las cosas, /su trans-
formación de cosa en ser, /la forma que han hallado de expresarse a sí mis-
mas.” Era el efecto de la propaganda oficial de la Unión Soviética que llenaba
la cabeza de los militantes de los partidos comunistas y sus amigos, y lau-
reaba con premios y viajes a los más fieles. En 2019, en el Grand Palais de
Paris se presentó, como una curiosidad estrafalaria, la exposición Rouge de
cuadros del período del realismo socialista, cuyo modelo supremo era Stalin.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
222
Lavrenti Beria, jefe de la NKVD o la policía secreta, obtuvo un de-
creto de amnistía por el cual se liberó a 1’200,00 prisioneros polí-
ticos, el 40% del total de recluidos en las cárceles por algún tipo de
disidencia, y a 37 médicos judíos del famoso “complot de las blusas
blancas”. Esto no obstó para que el 26 de junio, el presídium del
Soviet Supremo dispusiera la detención de Beria, acusándolo de
graves crímenes (aunque nunca se supo con certitud, se le imputó
también haber asesinado a Stalin, poniendo veneno en una botella
de vino), y lo hiciera fusilar el 23 de diciembre siguiente. Malenkov
no era, sin embargo, quien tenía las riendas del Partido Comu-
nista, sino Nikita Jrushchov, quien en enero de 1955, lo hizo apar-
tar a una colocación secundaria, para encumbrarse él, en setiem-
bre, al primer puesto en el Partido Comunista y a la jefatura del
gobierno.
La siguiente sorpresa vino de Jrushchov, cuando el 25 de fe-
brero de 1956, en el XX congreso del Partido Comunista, reveló
ante el mundo, en un “informe secreto”, los crímenes ordenados
por Stalin contra las personas que, de algún modo, habían disen-
tido con la política del Partido Comunista. Los fusilados y asesina-
dos habían sido miles y los encarcelados y deportados a Siberia
millones. Fue la manera de impedir que sus ideas repercutieran
en las células del partido y crearan corrientes de opinión adversas
o disímiles con las instrucciones y versiones que bajaban de la cú-
pula y tenían que acatarse por el “centralismo democrático”. Stalin
se había ceñido en esto a la tradición de los zares más tiránicos de
Rusia. En el curso de ese año, las comisiones creadas revisaron
unos 170,000 expedientes e invalidaron unas 90,000 sentencias.
Los militantes ajusticiados en los procesos del 36 al 38 fueron unos
50,000.257 En el fondo, el informe de Jrushchov tuvo el carácter de
un examen de conciencia público de una parte del Partido Comu-
nista que, sin embargo, hacía recaer la responsabilidad de esos crí-
menes en un solo hombre (el culto de la personalidad) y exculpaba
a las instancias de dirigentes, funcionarios, fiscales, jueces y poli-
cías que los habían aprobado y ejecutado, incluido el denunciante.
Los rusos simples, formados en la disciplina y la confianza en sus
jefes, no podían creerlo, pero después ya no fueron los mismos. El
proceso de cambio continuaba.
Jrushchov impulsó también la descentralización de la indus-
257 Se añadieron los asesinatos de Andreu Nin, en 1937, en España, y de
Trostsky, en 1940, en México.
PÁGINAS
DE
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tria con la creación de las direcciones provinciales que podían ac-
tuar con cierta autonomía en la realización del plan, mantenién-
dose la prioridad de la producción de bienes de producción en de-
trimento de la producción de bienes de consumo, a la que Malenkov
había querido estimular.258
En 14 de octubre de 1964, Nikita Jrushchov fue relevado por
sus colegas del comité central, acusado de no haber podido hacer
aumentar las cosechas de granos y de adoptar decisiones inconsul-
tas. Fue la contraofensiva del grupo ortodoxo staliniano. Le suce-
dió Brezhnev, su artífice, y a este, sucesivamente, Andropov (1982-
1983), Chernenko (1983-1985) y, finalmente, Gorvachov, desde el
11 de marzo de 1985.
Durante este período, se continuó privilegiando la producción
de medios de producción, acicateada por la “guerra fría” de Estados
Unidos y sus aliados europeos contra la Unión Soviética y los otros
países socialistas, lo que obligó a estos a dedicar gran parte de su
actividad productiva a la producción de armamentos y al manteni-
miento de sus ejércitos, en detrimento de los bienes de consumo de
la población. En setiembre de 1965 (gobierno de Kosyguin) se dio
más libertad a las empresas para que, sin dejar de acatar el plan,
adoptasen ciertas decisiones concernientes al empleo, a la gestión
y a los salarios, y para que pudiesen intercambiar sus bienes di-
rectamente con otras empresas, de manera de liquidar sus sto-
cks.259
Estas medidas no fueron muy eficaces, sin embargo, porque la
economía planificada no podía suplir la capacidad de creación de
valor de la fuerza de trabajo. Tampoco se tenía en cuenta los costos
reales de producción y se reemplazaba muy lentamente las máqui-
nas y procedimientos obsoletos. Se hacía, asimismo, cada vez más
notoria la diferencia de ingresos de la nomenklatura (altos dirigen-
tes del Estado y las empresas), en relación a los trabajadores de
base, y, correlativamente, continuaba la pesada atmósfera repre-
siva.260
258 ANDRÉ PIETTRE, Pensée Économique et théories contemporaines, Paris, Da-
lloz, 7ème édition, 1979, pág. 210.
259 ANDRÉ PIETTRE, ob. cit., pág. 214; Wikipedia.
260 “Así, a pesar de todas las promesas y medidas adoptadas, el desarrollo de
los bienes de consumo chocará siempre con las prioridades iniciales para el
ejército y las industrias pesadas. De todos modos, los nomenklaturistas están
bien colocados para obtener los bienes de consumo que desean, puesto que los
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DE
MARXISMO
224
En su libro De viaje por los países socialistas, Gabriel García
Márquez relató sus impresiones de lo que vio en ellos durante un
viaje que hizo como periodista invitado, entre junio y setiembre de
1957, a un festival. Su juicio sobre el pueblo quedó resumido en la
expresión de una colega francesa: “pobre gente”.261
Gorvachov, un hombre de la generación posterior a la revolu-
ción de 1917 (había nacido en 1931), percibió adónde podía llevar
la insatisfacción de la mayor parte de la población por el avance
tan lento hacia el bienestar que los países capitalistas tenían hacía
décadas, cuyo conocimiento se filtraba desde fuera, y por la prohi-
bición de manifestar ideas contrarias a las permitidas oficial-
mente. Su propuesta para salir de ambos problemas se resumió en
dos palabras: perestroika y glásnost.
La perestroika o reorganización fue el siguiente paso hacia la
privatización y el mercado; tuvo el efecto inmediato de estimular
la presión de los tecnoburócratas jóvenes y erosionar la resistencia
del grupo tradicional stalinista. Una de sus causas fue el lanza-
miento de la política de privatización y liberalización de la econo-
mía en China por Deng Xiaoping, en 1978.262 Consistió en darle a
las empresas mayor libertad, reduciendo, por lo tanto, los alcances
de la planificación, permitir la propiedad privada por cooperativas
de servicios, manufactureras y ciertos aspectos del comercio exte-
rior. Se derogó la colectivización de la tierra y se facultó a las
cooperativas agrarias a disolverse, y a los propietarios agrarios a
alquilar la tierra y vender libremente sus productos en el mercado.
circuitos de distribución especializados les permiten acceder a ellos priorita-
riamente.” J.-M. ALBERTINI, Capitalismes et socialismes, l’histoire abrégèe du
combat du siècle, Paris, Les éditions Ouvrières, 1990, pág. 189.
261 “La multitud –la más densa de Europa– no parece alarmada por la despro-
porción de las medidas. En la estación del ferrocarril encontramos una mu-
chedumbre de moscovitas que seguían viviendo su vida a pesar del festival.
Estaban atascados detrás de una barrera mientras se abrían las plataformas
para subir a un tren y esperaban con una especie de inconciencia lerda, con
los puros instintos, como espera el ganado. La desaparición de las clases es
una evidencia impresionante. La gente es toda igual, en el mismo nivel, ves-
tida con ropa vieja y mal cortada y con zapatos de pacotilla. No se apresuran
ni atropellan y parecen tomarse todo su tiempo para vivir. Es la misma mul-
titud bobalicona, buenota y saludable de las aldeas, pero aumentada a una
cantidad colosal.” De viaje por los países socialistas, Cali, Ed. Macondo, 1980,
pág. 135.
262 PAUL KRUGMAN, Pourquoi les crisis reviennent toujours, Paris, Editions du
Seuil, 2009, pág. 15.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
225
Por la glásnost o transparencia, destinada a desvanecer el au-
toritarismo del partido, se dio mayor libertad de expresión y de
religión. En enero de 1987, el pleno del comité central del Partido
Comunista tuvo que aprobarla, siguiendo con un acuerdo de la XIX
conferencia del partido, del 1 de julio de 1988, para suprimir del
Código Penal la figura del crimen de propaganda antisoviética, uti-
lizado para reprimir y encarcelar a quienes manifestaran opinio-
nes contrarias al Partido Comunista, al gobierno y al régimen.
Frente a ellas, los dirigentes y militantes del partido se divi-
dieron: los administradores jóvenes de las empresas las aplaudie-
ron; la vieja guardia stalinista a cargo de los puestos más altos en
el Estado las criticaron y combatieron. En la práctica, la glásnost
fue el puente hacia la consunción del sistema que Gorvachov, tal
vez, quería dejar en un estadio de socialismo mezclado de capita-
lismo. No pudo ser; la ola del cambio se desbordó en seguida.
A propuesta de Gorvachov, la XIX conferencia del Partido Co-
munista aprobó la creación del cargo de presidente de la Unión
Soviética y de un congreso de diputados del Pueblo. El congreso
fue elegido en marzo y abril de 1989, y en marzo de 1990, este eligió
a Gorvachov presidente de la Unión Soviética.
b) Epílogo
Pero la conspiración de los comunistas contrarios al comité
central del partido ya no podía ser detenida.
El 12 de julio de 1990, el Congreso de Diputados del Pueblo de
la República Rusa aprobó la Declaración de la Soberanía de este
país, y en las elecciones de ese día, Boris Yeltsin, quien había sido
secretario general del Partido Comunista en la República Rusa,
ganó la presidencia de esta República con el 57% de los votos de
este cuerpo. El día anterior a la elección había renunciado al Par-
tido Comunista en el XXVIII congreso de este.
La respuesta de un grupo de militantes del partido Comunista
y funcionarios de la KGB sobrevino en seguida: el 19 de marzo de
1991, intentaron un golpe de estado contra Gorvachov, parapetán-
dose en algunos edificios públicos. Boris Yeltsin replicó, llamando
a la población a salir a las calles. Solo lo acompañaron en Moscú
unos cuantos miles de manifestantes, frente a la pasividad de la
mayor parte de la población que se enteraba por la televisión de lo
que sucedía en su país. Los trabajadores observaron pasivamente
el enfrentamiento sin que les importara su desenlace, y la buro-
cracia más recalcitrante, desalentada, no atinó a una respuesta de
PÁGINAS
DE
MARXISMO
226
masas ni de las fuerzas armadas que se negaron a obedecerla. De-
belada la tentativa de golpe por un destacamento del ejército, se
liberó a Gorvachov del arresto en su dacha por los sublevados. Yel-
tsin y los disidentes que lo acompañaban siguieron gobernando en
la República de Rusia, la más grande de la Unión Soviética.
El 24 de agosto de 1991, el parlamento nacional de Ucracia
declaró la independencia de esta y, unos días después el parla-
mento de Bielorrusia hizo lo propio. Yeltsin se reunió con los jefes
de gobierno de estas dos repúblicas, firmando con ellos el tratado
de Belovezhkaya, el 8 de diciembre de 1991, por el cual acordaron
disolver la Unión Soviética. El referéndum de marzo de ese año,
favorable a la continuación de la Unión Soviética por el 78%, no
fue tenido en cuenta. Este tratado fue ratificado en Alma Ata, ca-
pital de Mongolia, el 25 de diciembre, por los once jefes de las exre-
públicas soviéticas. Gorvachov renunció ese día a todas sus funcio-
nes.263
También, en diciembre de 1991, Yeltsin ilegalizó al partido
Comunista en el territorio de Rusia.264
263 En los países capitalistas se contemplaba con estupefacción esta caída. “La
cuestión verdaderamente nueva es la extraordinaria fragilidad del comu-
nismo en su fase terminal. Puesto que el hundimiento de 1989-1991 ha sido
en efecto sorprendente, y nada en el comunismo impactó tanto como su ma-
nera de salir de la historia: una de las dos superpotencias mundiales explo-
taba sin que sus tutores ofrecieran la menor resistencia seria a su desastre.”
MARTIN MALIA, La tragédie soviétique, Histoire du socialismo en Russie 1917-
1991, Paris, Éditions du Seuil, 1995, pág. 602.
264 En consecuencia, quedaron eliminados los subsidios del gobierno a nume-
rosos partidos comunistas, organizaciones sindicales y otras entidades del ex-
terior y los viajes gratuitos a la Unión Soviética de los dirigentes de los parti-
dos comunistas, sus cónyuges e hijos. La lista de las organizaciones beneficia-
rias de esos subsidios se dio a conocer a la prensa exterior. PAUL KRUGMAN
dice: “Otro efecto del colapso del régimen soviético fue que gobiernos que de-
pendían de su generosidad ahora se quedaban solos. Como algunos de estos
Estados habían sido idealizados y convertidos en ídolos por los opositores del
capitalismo, su repentina pobreza, y la correspondiente revelación de su an-
terior dependencia, ayudaron a socavar la legitimidad de tales movimientos.
Cuando Cuba parecía una noción heroica, al enfrentarse sola y con el puño
cerrado a Estados Unidos, era un símbolo atractivo para los revolucionarios
de toda América Latina, por supuesto mucho más atractivo que los burócratas
grises de Moscú. La pobreza de la Cuba postsoviética no solo es una desilusión
en sí, sino que clara y dolorosamente muestra que la heroica postura del pa-
sado fue solo posible debido a los enormes subsidios de esos mismos burócra-
tas.” De vuelta a la economía de la Gran Depresión, Editorial Norma, 1999,
pág. 27.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
227
Asegurado el control político y militar, los vencedores del apa-
ratchic comunista, avanzaron hacia el cambio de la estructura eco-
nómica, para lo cual pidieron el asesoramiento y apoyo económico
del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Los ex-
pertos de ambas organizaciones recomendaron una privatización
radical y rápida de las empresas estatales, como se había hecho en
los estados europeos con regímenes similares disueltos.
La privatización tuvo dos manifestaciones: la liberalización
del mercado y la venta de la mayor parte de las empresas estata-
les.
Por la primera, a partir del 2 de enero de 1992, el 90% de la
producción quedó sometido a la comercialización libre en el mer-
cado; se exceptuó el vodka, la energía y los transportes; se supri-
mieron los subsidios del Estado a las empresas, las que debían dar
beneficios; y se liberalizó los precios.
En cuanto a la segunda medida, en 1992, se privatizó, por una
parte, el 18% del total de empresas de los sectores comercio, res-
tauración, construcción, producción agroalimentaria e industria li-
gera y, por otra, 30,000 departamentos urbanos destinados a vi-
viendas.
Siguió la privatización de otras empresas hasta llegar al 70%.
El 30% restante quedó en poder del Estado.
El procedimiento de privatización consistió en distribuir entre
la población vales o “vouchers” con un valor nominal resultante de
dividir el valor de las empresas a ser transferidas entre los habi-
tantes de Rusia. Con estos vales se podía comprar acciones de las
empresas. Lo que sucedió fue que los ejecutivos de estas, todos co-
munistas o excomunistas, compraron en masa esos vales, cuyo pre-
cio descendió, en ciertos casos, hasta menos del 10% de su valor
nominal, debido a que casi todos querían salir de ellos. De este
modo esos ejecutivos se convirtieron en los nuevos capitalistas de
Rusia. ¿De dónde obtuvieron el dinero para adquirir esos vales? De
préstamos bancarios que el Banco Central suministraba impri-
miendo billetes sin respaldo y confiriendo a los bancos los présta-
mos con el dinero del Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial. El panorama fue de una corrupción descomunal.
Era el epílogo de la transición de una economía burocratizada
al capitalismo, un cambio cualitativo, que en 1992 hizo descender
el PBI en un 20% y sumió en la miseria a muchos hogares. Muchos
de los nuevos capitalistas se hicieron multimillonarios y, con sus
PÁGINAS
DE
MARXISMO
228
familias y amigas, se tornaron clientes habituales de los balnea-
rios, hoteles, tiendas, espectáculos y casinos más caros de los paí-
ses europeos y Estados Unidos.
En octubre de 1993, Yeltsin, sin estar facultado, disolvió el
parlamento que lo criticaba por la privatización y convocó a un re-
feréndum para pronunciarse sobre una nueva Constitución polí-
tica presidencialista, cuyo proyecto hizo elaborar. Los diputados,
disconformes, se encerraron en el local del parlamento, la “Casa
Blanca”, de donde fueron desalojados por un contingente del ejér-
cito.
El 12 de diciembre siguiente, tuvo lugar el referéndum que
aprobó la nueva Constitución por una mayoría del 54.5% de los
votantes (58’187,755 que eran el 54.8% de la población electoral).
En ella se declaró que Rusia es un estado federal, democrático,
y laico, en el cual ninguna ideología es del Estado ni puede ser
implantada como obligatoria, y que están prohibidas las organiza-
ciones y acciones que recurran a la fuerza para cambiar las bases
del régimen constitucional. El Estado fue dividido en los tres po-
deres tradicionales, legislativo, ejecutivo y judicial, El Poder Le-
gislativo quedó compuesto por dos cámaras: la duma integrada por
representantes elegidos por votación universal; y el Consejo de la
Federación compuesto por representantes de cada entidad consti-
tuyente, de los cuales un 10% es designado por el presidente de la
Federación Rusa. Este es el jefe del poder Ejecutivo, elegido por
votación universal. El Poder Judicial fue dividido en dos ramas: el
Tribunal Constitucional para litigios motivados por la interpreta-
ción de la Constitución y el Tribunal Supremo que corona las ins-
tancias del Poder Judicial para la solución de los otros litigios. El
nombramiento de los jueces fue reservado a la decisión política: los
del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo es atribución
del Consejo de la Federación Rusa a propuesta del presidente de
esta, y los de las instancias inferiores del presidente de la Federa-
ción Rusa, según los procedimientos que la ley federal establezca.
En cuanto a la estructura, se reconoció la propiedad privada,
estatal, municipal y de otras formas, y se proclamó que nadie
puede ser privado de sus bienes, salvo por decisión de un tribunal
o por expropiación para necesidades nacionales y previa y justipre-
ciada indemnización. Se reconoció también la herencia.
En otros términos, esta Constitución estatuyó un estado de-
mocrático, presidencialista con poderes enormes, y basado en la
propiedad privada, como en los otros países capitalistas.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
229
En agosto de 1992, el Partido Comunista demandó la restitu-
ción de su legalidad. Tras examinar las afirmaciones del gobierno
ruso de que no era una organización democrática y tenía respon-
sabilidad en varias matanzas de ciudadanos y de la oficialidad po-
laca en la Segunda Guerra Mundial, la Corte Constitucional sen-
tenció que la prohibición no era inconstitucional. Los comunistas
de la Federación Rusa tuvieron que crear un nuevo Partido Comu-
nista. Además, en febrero de 1993, se creó el Partido Comunista
Obrero de la Federación Rusa que obtuvo el derecho de adminis-
trar los bienes del extinguido Partido Comunista de la Unión So-
viética.
En las elecciones generales de julio de 1996, el Partido Comu-
nista de la Federación Rusa, cuyo jefe y candidato a la presidencia
fue Gennadi Ziugánov obtuvo en segunda vuelta el 40.3% de los
votos frente a Yeltsin que logró el 53.8% y continuó gobernando.
En las elecciones de 2004, frente a Putin, no se presentó, pero sí
en las de 2008, cuando Ziugánov logró el 17.76% y Dmitri Medvé-
dev el 70.23%. En las de 2012, Ziugánov alcanzó 17.18% y Putin
63.6%. En las de 2018, ganó Putin con el 76.67%.
Por un referéndum, efectuado del 25 de junio al 1 de julio de
2020, fueron aprobadas las últimas reformas a la Constitución de
1993. Sufragó el 68% (58 millones) de los 86 millones de votantes
de la Federación Rusa, y las reformas fueron aprobadas por el
77.92% de los votantes; el 21.27% votó en contra (12.3 millones).
Las reformas se votaron en bloque por el sí o por el no.
Los cambios más importantes fueron: permitir la acumulación
de dos mandatos consecutivos al presidente de la Federación a par-
tir de la vigencia de las reformas, lo que quiere decir que no se
tendrán en cuenta los mandatos sucesivos del actual presidente
Vladímir Putin; la prevalencia de la Constitución sobre los trata-
dos internacionales; el reconocimiento de que la Federación Rusa
preserva la memoria de sus antepasados y la fe en Dios (punto exi-
gido por el patriarca de Moscú para continuar apoyando al actual
presidente), lo que implicará la enseñanza de la religión en las es-
cuelas; la declaración de que el salario mínimo no puede ser infe-
rior al mínimo de subsistencia y que las pensiones se indexarán
regularmente; la declaración de que el matrimonio une a un hom-
bre y a una mujer; el poder del presidente de pedir la destitución
de los jueces; la intervención estatal en los campos económico, eco-
lógico, científico, tecnológico, social, cultural y nacional de la Fede-
PÁGINAS
DE
MARXISMO
230
ración de Rusia, el sistema de atención médica, el sistema de edu-
cación y educación, incluida la educación continua, y los sistemas
federales de energía, energía nuclear, materiales fisibles, trans-
porte federal, comunicaciones, información, tecnología de la infor-
mación, comunicaciones y actividad espacial.
En resumen, las enmiendas aprobadas fueron 206 y requeri-
rán 98 leyes de aplicación.265
Con el capitalismo y sus superestructuras bien instalados en
los países que formaron la Unión Soviética y otros semejantes del
Este europeo no parece posible que los partidos comunistas vuel-
van a gobernarlos ni que se restablezca un socialismo, como el pe-
rimido en 1991, u otro régimen semejante a este.
E.– EL PROCESO EN CHINA266
A partir de la década del veinte del siglo pasado, la historia de
China se articula en torno a la historia del Partido Comunista
Chino.
Este partido fue fundado en Shangay, el 1 de julio de 1921,
por un pequeño número de intelectuales, cuyos animadores prin-
cipales fueron Chen Duxiu, decano de la universidad de Pekin y
editor de la revista de crítica Nueva Juventud, y Li Dashao, estu-
diante y empleado de la biblioteca de esta universidad que había
creado un grupo de estudios marxistas. El congreso que siguió, el
23 de julio, solo contó con doce asistentes, uno de los cuales era
Mao-Tze-tung, graduado como profesor de secundaria en la uni-
versidad de Hunan y que, en ese momento, trabajaba como asis-
tente de esa biblioteca.
El partido atrajo, en seguida, a otros intelectuales y obreros.
En adelante, su evolución se dividió en tres períodos: desde ese
265 Полный текст поправок в Конституцию: что меняется? (texto de las
enemiendas); Поправки в Конституцию вступили в силу (información de la
agencia Novosti).
266 Una parte de la información para este subtítulo procede de WIKIPEDIA:
República de China (1912-1949); Sun Yat-sen; Partido Comunista de China;
Mikhail Borodin; Mao Zedong; Chiang Kai-sek; El incidente de Xi’an; Den
Xiaoping; Anna Louise Strong; de spartacus-educational.com: Mikhail Boro-
din in China; de PATRICE ET CHANTAL FAVA Y JEAN LECLERC DU SABLON Chine,
petite planète, Paris, Éd. du Seuil, 1977; de SERGE BERSTEIN Y PIERRE MILZA,
Histoire du XXe siècle, Paris, Éd. Hatier, 2017, tome 4, Cap. 10, L’esssor de la
Chine. Las otras fuentes se indican al pie de las páginas.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
231
momento hasta la instauración de la República de China en 1949;
desde 1949 hasta 1978; y desde este año hasta ahora.
a) Lucha por la vida
El primer período fue de una lucha permanente por subsistir,
defendiéndose del Partido Nacional Popular, o Kuomintang, y
para abrirse camino hacia el poder político.
En la década del veinte, la situación de China era caótica. El
Kuomintang, bajo la conducción de Sun Yat-sen, se había pro-
puesto unificar al país e instituir en China una democracia similar
a las europeas. Pero no había podido consolidarse como gobierno,
ni aun en Cantón, donde sus bases más firmes estaban constitui-
das por capitalistas comerciantes, la denominada “burguesía com-
pradora”. En las otras regiones y ciudades gobernaban “los señores
de la guerra”, generales al mando de ejércitos propios.
A sugerencia de algunos miembros de su partido, simpatizan-
tes de los comunistas, Sun Yat-sen pidió a la Unión Soviética que
lo apoyase. Las conversaciones dieron como resultado un acuerdo
por el cual este país y la Internacional Comunista le suministra-
rían asesoramiento y armas. En ejecución de este acuerdo, Mijail
Borodin y cuarenta asesores soviéticos llegaron a Cantón, en octu-
bre de 1923, para dirigir la reforma del Koumintang y crear una
escuela de oficiales del ejército. El Koumintang fue concebido por
Borodin como un partido de varias clases sociales, cuyo propósito
sería hacer de China una república democrática basada en el capi-
talismo, para lo cual debía unirse en un frente con el Partido Co-
munista. La escuela de oficiales fue la Academia Militar, instalada
en la isla de Whampoa, al sur de Cantón, con profesores japoneses
y soviéticos, cuya dirección fue entregada a Chian Kai-shek, un
militar de 37 años, ambicioso y muy activo, a quien Sun Yat-sen
había enviado a Moscú a recabar la ayuda soviética. Unos días des-
pués, llegó un gran cargamento de armas de la Unión Soviética.
Con un partido político organizado y un ejército conducido técnica-
mente era ya posible avanzar contra los “señores de la guerra”,
unificar China y tratar de liberarla de la codicia de las potencias
imperialistas.
Mientras tanto, el Partido Comunista seguía creciendo rápi-
damente por la incorporación de numerosos intelectuales y obreros
de las ciudades más desarrolladas e influyendo en una parte de los
miembros del Kuomintang, aunque subordinándose a los designios
de este. A la burguesía compradora, que financiaba a este partido,
PÁGINAS
DE
MARXISMO
232
esa relación le pareció peligrosa para ella, en lo cual coincidía con
Chiang Kai-shek.
Sun Yat-sen falleció en marzo de 1925 y Chiang Kai-shek lo
sucedió como jefe de gobierno y del Kuomintang. Siguió una decla-
rada hostilidad de estos hacia los asesores soviéticos y los comu-
nistas que llevó a Chiang Kai-shek, en marzo de 1926, a imponer
la ley marcial en los territorios que gobernaba y a detener a un
grupo de comunistas y asesores soviéticos, acusándolos de conspi-
rar contra él, a los que, sin embargo, tuvo que liberar. En Beiging
fueron detenidos y ejecutados el fundador del partido Comunista
Li Dashao y diecinueve militantes. Decidido a eliminar a los comu-
nistas, Chiang Kai-shek, quien había comenzado a purgar a los
militantes de izquierda de su partido, dispuso que su ejército se
desplazase a Shanghai, en marzo de 1927, para acabar con la
huelga general de los obreros, terminar con el predominio de los
comunistas en el centro de la ciudad y aniquilarlos. Su superiori-
dad militar y su alianza con los grupos delincuenciales le dieron la
victoria, complementada con el asesinato de unos 5,000 comunis-
tas perseguidos y detenidos. En lo sucesivo, la política de Chiang
Kai-shek y del Kuomingtang, fue eliminar físicamente a los comu-
nistas. Terminó así la cooperación soviética en China.267 Unos me-
ses después, los muertos llegaban a 20,000, entre los cuales tres
cuartos de militantes comunistas.
En lo sucesivo, la actividad del Partido Comunista de China
estuvo determinada, en su mayor parte, por la necesidad de salvar
la vida de sus militantes, teniendo para ello que desplazarse por el
enorme y montañoso territorio de este país, mientras se defendían
de las fuerzas del Kuomingtang y de algunos señores de la guerra
267 En julio de 1927, Borodin y los asesores soviéticos dejaron China. ANDRÉ
MALRAUX trató de la presencia y la actividad de Borodin en China en su no-
vela Les conquérants, publicada en 1928. De él dijo: “Todos los bolcheviques
de su generación han sido marcados por su lucha contra los anarquistas: todos
piensan que es necesario, primero, ser un hombre preocupado por la realidad,
por las dificultades del ejercicio del poder. Y, luego, hay en él el recuerdo de
una adolescencia de joven judío ocupado en leer a Marx en una pequeña ciu-
dad letona, frente al desprecio en torno a él y Siberia en perspectiva.” Paris,
Éd. Grasset, 1965, pág. 22. Luego, Borodin prestó servicios como diplomático
en México y en actividades de periodismo, con Anna Louisa Strong, una pe-
riodista estadounidense comunista radicada en Moscú. En 1949, ambos fue-
ron detenidos por orden de Stalin con un grupo de intelectuales judíos. El
apellido real de Borodin era Gruzenberg. Para Stalin no podía ser sino sospe-
choso. Murió en mayo de 1951, en la prisión de Yakutsk en Siberia.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
233
que iban tras ellos. Se instalaron en la región de Kiangsi donde
crearon un soviet. En esos momentos, Mao-Tze-tung ascendió a la
jefatura del partido. También por entonces se reafirmó en su tesis
fundamental de que la base social del Partido Comunista Chino
debían ser los campesinos, y no los obreros: primero, porque la po-
blación agraria llegaba a más de un 90% y los campesinos estaban
explotados, en su mayor parte, por los terratenientes; y, segundo,
porque el territorio que controlaban no tenía obreros.
En octubre de 1934, el Kuomintang avanzó hacia esa región
con casi un millón de soldados. Los 80,000 comunistas tuvieron
que emprender una “Larga Marcha” de alrededor de 10,000 kiló-
metros que terminó en las montañas de Yenan, adonde solo llega-
ron unos 20,000, en octubre de 1935.268
La “Larga Marcha” y el establecimiento de los comunistas chi-
nos en la montañosa y lejana región de Yenan fue considerada por
algunos un arquetipo de acción militar y política que imitaron
otros movimientos políticos en la segunda mitad del siglo XX, con
epílogos diferentes por las distintas clases de contradicciones in-
ternas y externas en cada país donde sucedieron, que no eran igua-
les a las de China.269
Desde 1937, cuando Japón invadió el territorio de China, la
actividad del Partido Comunista se concentró en combatir a los in-
vasores, evitando la guerra de posiciones y prefiriendo la guerra
de guerrillas. A pesar de la mortífera voluntad de Chiang Kai-shek
y del comando del Kuomintang de eliminarlos, el Partido Comu-
nista se empeñó en hacer una alianza con ellos y combatir unidos
268 “Los datos oficiales de la Larga Marcha registran 15 batallas importantes
y 300 escaramuzas. Tuvieron 100 días de descanso y 268 de avance real […]
En una oportunidad Chiang Kai-shek supuso que, finalmente, los había ro-
deado y atrapado. El generalísimo no da rienda suelta a su emoción muy a
menudo, pero en las proximidades del río Tatu, exclamó: «Ya los tenemos».
Sin embargo, los rojos se las arreglaron para atravesar el Tatu y escapar.”
JOHN GUNTHER, El drama de Asia, Buenos Aires, Editorial Claridad, 1940,
pág. 246.
269 Fueron los casos de Cuba y del grupo de Fidel Castro y de otras acciones
similares en América Latina, algunas estimuladas por este. Castro triunfó,
básicamente, porque comenzó como un movimiento no comunista, pero los de-
más movimientos guerrilleros, declarados marxistas, incluido el de Sendero
Luminoso en el Perú, se saldaron con muertes inútiles y el aislamiento, el
fracaso, la prisión y la muerte de sus actores, puesto que las condiciones ob-
jetivas y subjetivas en los países donde tuvieron lugar no los admitían. El caso
de las guerrillas de Colombia tuvo como origen, en gran parte, la necesidad
de salvar la vida de sus militantes.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
234
al ejército japonés. Solo lo lograron, en diciembre de 1936, cuando
el general Chang Xue-liang, logró a atraer a Chiang Kai-shek, su
aliado, y a un ejército de este de 5,000 hombres a su base, en Sian,
que el general Yang secuestró y apresó por orden de Chang Xue-
liang. Luego este esperó la llegada de los delegados comunistas. La
alternativa fue: o Chiang Kai-shek perdía la vida o firmaba un
acuerdo con el Partido Comunista para enfrentar juntos al Japón.
Chiang Kai-shek optó por el acuerdo.270 Libre de la amenaza del
Kuomintang, el Partido Comunista pudo combatir a los japoneses,
mientras su influencia crecía entre los campesinos.
Derrotado el Japón en 1945, se reiniciaron las hostilidades del
Kuomintang contra los comunistas, pero para entonces el Partido
Comunista disponía de un ejército bien formado y armado, y tras
cuatro años de batallas derrotó definitivamente a las fuerzas del
Kuomintang. El 1 de octubre de 1949, Mao-Tze-tung proclamó en
Beiging, en la plaza de Tienanmen, la República Popular de China.
Chiang Kai-shek huyó en un avión a la isla de Taiwan, donde
se refugió, protegido por Estados Unidos.
b) La socialización
El segundo período del Partido Comunista y de China, en el
siglo XX, fue el de la tentativa de construir el socialismo. Para ello
se entregó la tierra a los campesinos y se emprendió grandes pro-
yectos de industrialización y de infraestructura vial con mano de
obra emigrada de las aldeas campesinas. Las empresas industria-
les, comerciales, de banca y otros servicios fueron estatizadas. En
el control absoluto del Estado y de la economía, el Partido Comu-
nista se esforzó por conducir a la población con reglas estrictas de
disciplina y mística. Sin embargo, aunque el PNI creció a una tasa
superior al 4% al año, no fue suficiente para atender las necesida-
des de la inmensa población de China: 542 millones de habitantes
en 1949. No era posible lograr la acumulación necesaria, apelando
solo a la fuerza de trabajo, poco formada, y con medios de produc-
ción anticuados.
Para resolver este problema, en 1958, Mao y el Partido Comu-
nista aprobaron la política denominada “el Gran Salto Adelante”,
270 JOHN GUNTER, El drama de Asia, cit. “Por lo que se refiere al general Yang
… obtuvo 300,000 dólares y un viaje alrededor del mundo.”, pág. 265. Chiang
Kai-shek se vengó de Chang Xue-liang, haciéndolo encarcelar poco después
hasta 1991. Los comunistas lo consideraron siempre un patriota. Yang fue
ejecutado, tras pasar trece años en prisión, por orden de Chiang Kai-shek.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
235
que consistió en la formación de comunas en el campo para la pro-
ducción y distribución en común, la promoción de la industria pe-
sada y la planificación. Este plan no dio los resultados esperados,
puesto que no pudo renovarse la infraestructura productiva con
nuevas máquinas, no había suficientes técnicos y obreros califica-
dos y los campesinos resistieron o no se adaptaron al trabajo en
común.
Por esos años comenzó también la rivalidad del Partido Co-
munista Chino con el de la Unión Soviética por diferencias ideoló-
gicas que surgieron cuando Jrushchov denunció en 1956 lo que ha-
bía sido Stalin, a quien los comunistas chinos veneraban. Siguió la
acusación del Partido Comunista Chino al de la Unión Soviética
de haberse vuelto reformista y abandonado la prédica de la revo-
lución mundial. Este conflicto se agudizó por la intención de China
de atacar Taiwan, protegida por Estados Unidos, y por su conflicto
fronterizo con la India, en 1962, a la que apoyaba la Unión Sovié-
tica, y degeneró como un enfrentamiento de las tropas chinas con
las soviéticas en la frontera de ambos países, en 1969. Correlati-
vamente, el Partido Comunista Chino, decidido a dirigir el movi-
miento comunista mundial, propició la erradicación de los partida-
rios de la Unión Soviética de los partidos comunistas y, si no lo
lograban, la formación de nuevos partidos comunistas de orienta-
ción maoísta. Fue una lucha inútil que debilitó la influencia de los
partidos de uno y otro signo y, en muchos casos, los convirtió en
pequeños grupos. Atentos a este conflicto, los dirigentes del Par-
tido Republicano visitaron China: el secretario de Estado Henry
Kissinger en 1971, y el presidente Richard Nixon en 1972, y reco-
nocieron a la República Popular China.271 ¿Sirvió de algo a la causa
comunista este enfrentamiento? Quienes lo protagonizaron en los
partidos comunistas ignoraban sus razones reales y, tal vez, nunca
advirtieron que estaban siendo manipulados.
Mientras tanto, en el Partido Comunista Chino se incubaba
una reacción en algunos dirigentes que pensaban que el método
seguido en la economía estaba equivocado y que sería necesario
servirse del capitalismo. Encabezaba esta tendencia Deng Xiao-
ping, un dirigente de la primera hora que había compartido las
ideas y el método de Mao-Tze-tung.
La reacción de este contra la tendencia reformadora, que cre-
cía, fue apelar a la juventud comunista y lanzar, en 1966, con ella,
271 Artehistoria.com: El conflicto chino-soviético hasta 1963; Historiasi-
glo20.org: La ruptura chino-soviética, Internet.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
236
un movimiento ideológico al que se denominó “revolución cultural”
con el que buscó erradicar las ideas favorables a la admisión del
capitalismo, y corregir o eliminar a quienes las sostenían. Esta
campaña duró hasta 1969 cuando, en el IX congreso del Partido
Comunista, se declaró que había terminado. La situación econó-
mica no mejoró, sin embargo.
Ya apartado de la conducción real del Partido, Mao-Tze-tung
falleció el 9 de setiembre de 1976.
c) Capitalismo, modernización y orden
El tercer período del Partido Comunista de China y de este
país comenzó en diciembre de 1978, con la tercera sesión plenaria
del Comité Central del Partido Comunista, momento en el que
Deng Xiaoping y quienes lo apoyaban pasaron a ocupar los cargos
más importantes. Deng anunció allí su nueva política de introduc-
ción del capitalismo, que regiría la vida de China en lo sucesivo.
Se le denominó las “Cuatro modernizaciones”: de la economía, la
agricultura, el desarrollo científico y tecnológico y la defensa na-
cional.
La primera consistió en llamar a las empresas capitalistas ex-
tranjeras para establecerse en China, garantizándoseles una eco-
nomía total de mercado, una fuerza de trabajo de costo bajo no pro-
pensa a reclamaciones y tasas impositivas menores que en los paí-
ses capitalistas. Se dejó en libertad a los nacionales para estable-
cer empresas propias en todos los sectores de la economía con
mano de obra asalariada y contando con un mercado libre. El Es-
tado se limitó a una planificación indicativa y se reservó ciertas
empresas, aunque abiertas a la participación del capital privado y
administradas con técnicas competitivas.
Por la segunda reforma, se disolvió las comunas agrícolas y se
distribuyó la tierra entre los campesinos para que las trabajaran
por su cuenta.
La tercera dio lugar a la reforma de las universidades y su
apertura a quienes pasasen los exámenes de ingreso, a su moder-
nización, a la contratación de profesores extranjeros y a la forma-
ción de profesionales chinos en las universidades de los países ca-
pitalistas más desarrollados.
Por la cuarta, se emprendió la modernización de las fuerzas
armadas.
Estas reformas implicaron la construcción de las obras públi-
cas, viales, de energía y de servicios por el Estado.
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DE
MARXISMO
237
Los capitales extranjeros acudieron en masa a establecerse en
China y muy rápidamente aparecieron empresarios nacionales
que compitieron con los extranjeros, convirtiendo todos ellos a
China en un proveedor de mercancías en todo el mundo.
Un ejemplo ilustrará esta atracción de dos polos contrarios.
Supongamos que se trata de una empresa, instalada en China,
para producir determinadas mercancías en un mes. Cada trabaja-
dor requiere una máquina que cuesta 50,000 dólares USA. Siendo,
el período útil de uso de la máquina 5 años, su amortización por
mes sería 833 dólares (50,000 / 60 meses). En cada mes el trabaja-
dor a cargo de ella procesa insumos por un costo de 10,000 dólares,
y percibe una remuneración, incluidos los derechos sociales, de
1,000 dólares (lo que es bastante para China). El nuevo valor
creado por este trabajador (plusvalía o ganancia) es igual al 20%
de la inversión total. Por lo tanto, se tendría:
Capital constante: amortización de la máquina = 833
Insumos = 10,000
Capital variable: remuneración total 1,000
Inversión total 11,833
Nuevo valor: 20% de la inversión total 2,266
Precio total del producto 13,599
Si fueran 1,000 las unidades producidas, cada una tendría un
precio de 13.6 dólares.
Supongamos que tenemos otra empresa instalada en Estados
Unidos, con una estructura de costos similar a la de la empresa
China, pero donde la remuneración del trabajador empleado fuera
3,375 dólares.
Capital constante: amortización de la máquina = 833
Insumos = 10,000
Capital variable: remuneración total 3,375
Inversión total 14,208
Nuevo valor: 20% de la inversión total 2,842
Precio total del producto 17,050
Si fueran 1,000 las unidades producidas, cada una tendría un
precio de 17.05 dólares, o sea 3.9 dólares más que la mercancía
similar producida en China (13.6). Si este fabricante tuviera que
vender sus mercancías al precio de las de China, su ingreso total
sería 13,599 y, siendo su costo (sin ganancia) 14,208, perdería 609
dólares.
Por lo tanto, para este fabricante es un asunto de vida o
muerte trasladar su fábrica a China, innovar allí tecnológicamente
PÁGINAS
DE
MARXISMO
238
y beneficiarse con un precio que podría ser mayor, aunque sin acer-
carse al de Estados Unidos, con una fuerza de trabajo pacífica, dis-
ciplinada y con muchas ganas de aprender, y con impuestos más
bajos, e introducir luego sus mercancías (Made in China) en su
país. No le importará la perspectiva de ayudar a China a desarro-
llarse.
Las oportunidades de inversión ofrecidas por China han sido,
por eso, un desahogo en la evolución del capitalismo y sus crisis
cíclicas.
Esta política de Deng ha generado una tasa de crecimiento del
PBI de 10% anual en promedio, en la década del noventa. Si bien
bajó algo en los años siguientes por la crisis del 2008, que no afectó
mucho a China, se ha mantenido en un 7% como promedio, muy
elevada en relación a los países capitalistas más desarrollados que
se mantienen en menos del 3%. Por efecto de este crecimiento,
China se ha convertido en la segunda potencia industrial del
mundo, desplazando al Japón de ese puesto. A pasos acelerados
está asimilando la ciencia y la tecnología de los países capitalistas
más adelantados y añadiéndoles las suyas, con lo cual sus empre-
sas nacionales, ya fogueadas en la competencia, se van colocando
en un nivel semejante al de las extranjeras y, en ciertos rubros,
superándolas.
Las remuneraciones de los trabajadores en las ciudades con
mayor inversión extranjera han ido creciendo a pasos acelerados,
sin alcanzar, no obstante, los niveles de Estados Unidos y los paí-
ses europeos, lo que se mantiene como un importante atractivo
para los inversores extranjeros. En muchas ciudades el salario mí-
nimo, incluidos los derechos sociales (37.25% adicional) se man-
tiene por debajo de los 300 dólares mensuales. En Beiging, una
ciudad de alto costo, la remuneración promedio fue, en 2018, de
1,200 dólares, en Shanghai 918. Hay una gran diferencia en los
salarios de los trabajadores instalados en las ciudades y los mi-
grantes del campo que perciben menos (en China existe un pasa-
porte interno para trasladarse de una región a otra).272
El Partido Comunista, el único permitido en China, sigue en
el control de la sociedad, tratando de erradicar las tendencias con-
trarias a su hegemonía y a la instauración de un régimen político
semejante al de los países capitalistas.
272 Sinpermiso.info: Los salarios en China; China-briefing.com: Salarios mí-
nimos en China, 2018-19, Internet.
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DE
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239
Se ha dicho que los comunistas chinos reformistas se han ser-
vido del capitalismo para sacar de la miseria a cientos de millones
de personas de su población y llevar el progreso a su país, una ta-
rea que el socialismo no habría podido cumplir en un plazo tan
breve. Deng lo había dicho a su modo: no importa que el gato sea
blanco o negro con tal que cace ratones. China tiene 1,400 millones
de habitantes. En 1980 la población urbana llegaba al 20%, en
2015 al 56%, y se espera que alcance el 90% al finalizar el siglo
XXI, mientras tanto el 45% de la población que sigue viviendo en
el campo tiene un nivel de vida apenas por encima del nivel de
pobreza. El 34% que saldrá hacia las ciudades hasta el año 2100
(90% – 56%) hacen 442 millones, que incrementarán el ya enorme
mercado interno de este país y crearán nuevas fuentes de trabajo
urbano, una tarea inmensa para la cual seguirá requiriéndose el
sentido práctico de Deng.
En otros términos, era imposible pasar de una economía agra-
ria feudal y primitiva a una economía socialista con altos niveles
de bienestar para la población. A juicio de Deng se necesitaba tran-
sitar por la fase capitalista, y este planteamiento les ha dado re-
sultados óptimos, sin que importen, para ellos, las diferencias de
ingresos entre los trabajadores entre sí y entre ellos y los capita-
listas, si la población del campo tiene qué comer y la población ur-
bana dispone de recursos para vivir mejor que en el campo y seguir
aumentando sus posibilidades de consumo.
Para este proceso se requería un Estado poderoso. El Partido
Comunista estaba en el control del Estado y había logrado unidad
de criterio; solo tenía que utilizarlo y utilizar al capitalismo que se
avino a esa dependencia que le ha reportado ganancias –plusva-
lía–, cada vez mayores, compartidas con el Estado.
El planteamiento de Deng fue del todo dialéctico y marxista.
Partió de las condiciones de existencia real de su sociedad para
restablecer el capitalismo en las nuevas condiciones del control de
la sociedad por el Partido Comunista, y la sociedad admitió esa
propuesta. Pero la nueva estructura capitalista en desarrollo ha
generado una superestructura ideológica, basada en la propiedad
privada y en una desigual distribución de la riqueza, que continúa
como una superestructura política, conformada por un Estado casi
absolutista, dirigido por una clase social de funcionarios del Par-
tido Comunista y capitalistas militantes, una nomenklatura, de
más de 90 millones de personas ahora, con unidad de criterio sobre
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DE
MARXISMO
240
lo que les conviene hacer.273 De esta nueva clase social no será po-
sible esperar la transición a una socialización de los medios de pro-
ducción que, por lo demás, no se podría decir ahora cómo podría
ser. Esta nueva clase social es la tesis de su sociedad, no la antíte-
sis. La antítesis es el conjunto de las clases trabajadoras a las que
el capitalismo utiliza. ¿Cuándo hará crisis esta contradicción? Al
parecer muchos años después, como en las sociedades norteameri-
cana o europea.
F.– ESTADO DE LA EVOLUCIÓN DEL CAPITALISMO
a) Constatación inicial
Desde comienzos del siglo XIX, la sociedad capitalista ha evo-
lucionado no solo por el movimiento interior de su estructura, sino
también por los cambios en sus superestructuras política, jurídica
e ideológica, interactuando con aquella.
La clase capitalista de cada país ha vivido en estado de con-
flicto, soterrado o manifiesto, con los capitalistas de otros países
hasta llegar a los enfrentamientos bélicos por la conquista o de-
fensa de los mercados, las fuentes de materias primas y las áreas
de influencia: guerras de 1870, 1914 y 1939; guerras y expedicio-
nes de conquista de colonias; guerras locales y otros operativos bé-
licos.
Pero, además, la clase capitalista se ha mantenido en estado
de lucha contra las ideologías de cambio social. Su diktat ha sido,
la reprobación de cuanto sea comunismo, marxismo o simplemente
socialismo o lo que sus ideólogos y seguidores entiendan que pueda
serlo, prescindiendo de considerar que los adherentes a esas co-
rrientes ideológicas ajusten su comportamiento a las leyes comu-
nes a todos. Gran parte de la historia social y política en este pe-
ríodo se ha caracterizado por esta lucha animada por la clase capi-
talista directamente y sirviéndose del Estado. Al interior de cada
país, se ha manifestado como prohibiciones, discriminación, despi-
dos del empleo, persecuciones y represión de los militantes de los
partidos marxistas, los trabajadores y otros grupos de la población
273 “La nueva doctrina, aprobada en noviembre de 2002 por el XVI congreso
del Partido Comunista Chino, ya no hace referencia solo a la clase obrera, sino
también a otros «estratos sociales» como las «fuerzas productivas avanzadas»,
es decir los empresarios privados, que son llamados a adherirse al partido.”
Historie du XXe siècle, cit., tome 4, pág. 306.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
241
comprometidos en acciones de protesta y reclamaciones, y, exte-
riormente, como amenazas de guerra, “guerra fría”, expediciones
punitivas y guerras como la de Vietnam. Algunas empresas, cor-
poraciones de empresarios, gobiernos y hasta organizaciones in-
ternacionales han recurrido a la contratación de servicios especia-
lizados en el tratamiento de los conflictos sociales con técnicas que
van desde el diálogo y la concesión de ciertas ventajas y recompen-
sas hasta la corrupción y otras medidas extremas.
Contrariamente a esta manera de ser y actuar, los partidos de
inspiración marxista de occidente, excepto uno que otro, han ob-
servado una conducta de convivencia y tolerancia, caracterizada
por el abandono de la revolución social, la aceptación de las reglas
del juego político de la sociedad capitalista y la práctica de una
acción reformista destinada a obtener ciertos derechos para los
trabajadores y las mayorías sociales o abogar por ellos y defender-
los, derechos que han concurrido a elevar el nivel de vida de estos.
Parece del todo evidente que, en la evolución futura de la so-
ciedad, el marxismo seguirá desempeñando un rol fundamental.
b) Modelos básicos del sistema capitalista
Con la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo
XVIII y las revoluciones políticas subsiguientes quedó definido el
sistema capitalista con los caracteres que presenta hasta ahora,
que son los siguientes:
En el plano de la estructura:
1.– Propiedad privada de los medios de producción, cuyo valor
y equivalente monetario se manifiesta como capital. El propietario
de este capital es el capitalista.
2.– Contratación de trabajadores, jurídicamente libres, por un
salario para la producción de las mercancías.
3.– Apropiación del producto por el capitalista.
4.– Venta de las mercancías en el mercado.
En el plano de la superestructura política: el Estado es una
manifestación del primer pacto social entre ciudadanos libres e
iguales ante la ley; los órganos de decisión legislativa y ejecutiva
se constituyen por el voto de los ciudadanos.
En el plano de la superestructura jurídica: el derecho de pro-
piedad es el eje en torno al cual se articulan las demás institucio-
nes jurídicas.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
242
Estos caracteres han evolucionado, sin desvirtuarse, dando lu-
gar a modelos determinados por cambios cuantitativos: el capita-
lismo del siglo XIX, el capitalismo intervenido por el Estado y el
capitalismo de la comunicación informática, cada uno con rasgos
que se añaden a los modelos precedentes o los modifican. Para su
tipificación se toma ciertos hechos o situaciones que los marcan.
1.– El capitalismo del siglo XIX
Plano de la estructura:
1.– Vigencia total de las leyes de la oferta y la demanda.
2.– Ausencia de derechos sociales de los trabajadores contra-
tados por los capitalistas.
3.– Abstención del Estado de intervenir en la economía.
Plano de la superestructura política: exclusión de los trabaja-
dores en la conformación de los poderes Legislativo y Ejecutivo
(sistema censitario que permitía el voto solo a los que pagaban
cierta cantidad como impuestos y sabían leer y escribir); exclusión
de las mujeres. La igualdad ante la ley regía solo en las relaciones
civiles.
Plano de la superestructura jurídica: vigencia absoluta del de-
recho de propiedad.
Plano de la superestructura ideológica: educación primaria
obligatoria.
2.– El capitalismo del siglo XX intervenido por el Estado
Se origina en las reglas fundamentales admitidas por la Cons-
titución de Weimar de 1919, en la necesidad de los capitalistas de
armar y movilizar a sus países para sus guerras de agresión o de-
fensa y en las recomendaciones de John Maynard Keynes, expues-
tas en su libro Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Di-
nero, 1936.
Plano de la estructura:
1.– Se generalizan las grandes empresas, y la constitución por
estas de oligopolios, y el capitalismo financiero se torna hegemó-
nico, sin hacer desaparecer, no obstante, las empresas medianas y
pequeñas, como productoras de bienes intermedios y como vehícu-
los de distribución y venta de una parte de las mercancías.
2.– Se reconoce la intervención estatal en la economía para
combatir las crisis cíclicas y desarrollar el capitalismo, para lo cual
el Estado debe manejar el crédito a través del Banco Central, pro-
mover inversiones y suministrar capacidad de consumo. Después
PÁGINAS
DE
MARXISMO
243
de la Segunda Guerra Mundial, en varios países europeos y otros
se estatizan ciertas empresas o se crean empresas estatales por su
importancia en la economía: transportes ferroviarios y urbano,
bancos, ciertas industrias.
3.– Se hace imprescindible la intervención estatal como políti-
cas de empleo y formación profesional, esta, en ciertos casos, fusio-
nada con la educación.
4.– Se reconocen ciertos derechos sociales de los trabajadores
que tienden a expandirse, lo que conlleva la intervención del Es-
tado para hacerlos cumplir, y los ingresos de los trabajadores au-
mentan, elevando su nivel de vida, en consonancia con la mayor
producción de bienes de consumo.
Plano de la superestructura política: se generaliza la noción
del pacto social, formalizado como la constitución política; los po-
deres Legislativo y Ejecutivo son elegidos por el voto de los ciuda-
danos, incluidos los trabajadores y las mujeres; la sociedad toma
cada vez más conciencia de que la razón de ser del Estado es la
prestación de servicios públicos, que se expanden, pero el Estado
tiende a burocratizarse cada vez más.
Plano de la superestructura jurídica: se comienza a reconocer
la función social de la propiedad privada; y se generalizan los de-
rechos humanos, tanto a partir de las declaraciones internaciona-
les, como de las constituciones políticas.
Plano de la superestructura ideológica: la educación secunda-
ria tiende a hacerse obligatoria; las universidades se erigen como
centros de dirección ideológica, junto a su función de formación
profesional al más alto nivel; y se extrema el control ideológico de
la población electoral.
3.– El capitalismo de la revolución informática
Plano de la estructura: El capital puede trasladarse en tiempo
real de un país a otro, invertirse o retirarse.
La producción de mercancías puede efectuarse en cualquier
lugar del mundo, y no necesariamente en los países de los capita-
listas.
El Estado se vuelve el mayor consumidor de bienes y servicios,
tiende a entregarle a la empresa privada, por contratos o definiti-
vamente, la prestación de ciertos servicios públicos y se retira de
algunas actividades empresariales, cediéndolas a la empresa pri-
vada (ola neoliberal a partir de la década del 80’).
PÁGINAS
DE
MARXISMO
244
Mediante la Banca Central, el Estado controla rigurosamente
el crédito y los encajes (sobre todo después de la crisis de 2008); las
tasas de interés se reducen en los países más altamente industria-
lizados.
En las compras y pagos, el dinero efectivo tiende a ser susti-
tuido por tarjetas de crédito y débito; en algunos países europeos
se prevé la desaparición de los pagos con dinero efectivo dentro de
pocos años.
El consumo se efectúa en un porcentaje creciente a través de
Internet y con pagos mediante tarjetas de crédito y débito.
c) Posición de los trabajadores ante el capitalismo y la
democracia representativa
Se halla determinada por sus condiciones materiales de vida,
su conciencia social y política y la alienación.
1.– En los países con un capitalismo desarrollado y en vías de
desarrollo, el mayor standard de vida, debido al crecimiento de la
riqueza y los derechos sociales, ha generado en la mayor parte de
trabajadores una tendencia, se diría, complaciente con el sistema
capitalista. La lucha de clases, tan aguda en el siglo XIX, dio como
resultado este mayor nivel de vida, que, contradictoriamente, ha
atenuado la voluntad de las generaciones posteriores de trabaja-
dores de luchar contra la clase capitalista con el mismo ardor que
sus antecesores y los ha habituado a la canalización de los conflic-
tos laborales por las vías legales. De modo concomitante, tampoco
se ha decantado en las clases trabajadoras una propensión mayo-
ritaria a sindicarse. Si la tasa de sindicación llegara al 50% de la
masa laboral en una ciudad, actividad ocupacional o empresa, de
por sí muy elevada, aseguraría un efectivo poder de contención del
poder empresarial y la posibilidad de mejorar sus derechos. De
otro modo, tienen que contentarse con negociaciones periódicas
para tratar de contener la erosión de sus remuneraciones por la
inflación.274
2.– Es sobre esta base material y el efecto que causa en la con-
ciencia de las mayorías laborales que la propaganda de las clases
propietarias incide, utilizando sus medios y facilitada por una edu-
cación general y política manejadas, y una alienación en masa de
274 Véase en la pág. 169 de este libro la distribución del Producto Neto Interno
en varios de los países más desarrollados entre trabajadores y empresarios.
La parte de los primeros condiciona su conducta por la ley dialéctica de que
las condiciones materiales de vida determinan su conciencia.
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DE
MARXISMO
245
la población, procedimiento que rinde elevadas cifras de votación
a los partidos de la pequeña burguesía, la Socialdemocracia, popu-
listas, aventureros y de la burguesía, aunque la experiencia en-
señe reiteradamente a sus votantes populares que la gestión en el
poder de estos grupos no les dará lo que les ofrecieron y, por el
contrario, les quitará una parte de lo que ya tienen.
3.– En algunos países y, en particular en los de capitalismo
menos desarrollado, la mayor parte de trabajadores, cuyos ingre-
sos son reducidos a causa de la explotación y menor educación y
formación profesional, acepta pasivamente su condición y no suele
tender a mejorarla, asociándose, no se capacita para defender sus
derechos u obtenerlos y no se inclina a participar en las acciones
reivindicativas. Los partidos contestatarios del sistema no llegan
a la conciencia de estas “masas” que van a remolque de los movi-
mientos históricos, como un fondo difuso, hasta que alguna conmo-
ción social, la discriminación racial o el súbito descubrimiento de
lo importantes que son las decide a manifestarse y a apoyar a los
protagonistas de los cambios. Asimismo, los dirigentes sindicales
no están, por lo general, suficientemente capacitados o rehúyen la
capacitación, tienden al caudillismo o se dejan tentar por la co-
rrupción. Por lo tanto, siendo su poder de convocatoria reducido o
nulo, los salarios se mantienen en niveles bajos con la consecuen-
cia de elevar la tasa de ganancia de las empresas, efectos que cons-
tituyen un poderoso estimulante de las inversiones.
4.– Los trabajadores solo adhieren a una opción de protesta si,
ostensiblemente, algunos de sus derechos, ventajas o expectativas
podrían estar en peligro, en particular si pierden el empleo o están
amenazados de perderlo. Es lo que sucede cuando las crisis perió-
dicas del capitalismo estallan y reducen su nivel de vida y confort
hasta los límites marcados por las ayudas de desempleo o sus aho-
rros, si tuvieron la posibilidad o la precaución de hacerlos. No todos
reaccionan, sin embargo, con la misma intensidad. Esta depende
de la magnitud de sus ingresos y del peligro que, para su nivel de
vida, entrañen las medidas económicas dispuestas contra ellos.
Pasado este mal momento, la mayoría retorna a su conformidad
con el sistema.
Es claro que este fenómeno disminuiría si un mayor número
de trabajadores poseyera conciencia de clase y, más aún, concien-
cia política. Pero, para que ambas ganen terreno, son necesarias
dos condiciones: el análisis del estado de las contradicciones en la
estructura y las superestructuras por los teóricos y profesionales
PÁGINAS
DE
MARXISMO
246
especializados en este tema; y una labor constante de persuasión
e información a cargo de intelectuales comprometidos con las posi-
ciones de cambio o de dirigentes trabajadores adherentes a alguna
de ellas. Por lo general, son los trabajadores con menores ingresos
los más receptivos de la prédica socialista. La defensa de los dere-
chos adquiridos, la promoción de nuevos derechos y la participa-
ción en el envite democrático siguen siendo una escuela de forma-
ción y organización y la manera de llevar a las mayorías sociales a
la comprensión de su función en la evolución social y a estadios
superiores de vida.275
5.– A pesar de la reducción de su caudal electoral, los partidos
comunistas y otros grupos contestatarios se mantienen como alter-
nativas de liderazgo en las acciones de defensa de los derechos de
los trabajadores y en la eventualidad de las conmociones sociales,
desencadenadas por la privación de las libertades democráticas, la
discriminación, etc. Si ellos no reaccionan, las masas disconformes
encuentran otros líderes o los generan, como en el caso de los “cha-
lecos amarillos” de Francia.
6.– Algunos dirigentes de partidos comunistas y otros movi-
mientos semejantes tienden a conceptuar a la clase obrera como
un todo homogéneo, una suerte de fetiche que avanzará por sí sola,
henchida de mística revolucionaria, actitud que contribuye a ais-
larlos.276
275 En cierta literatura de orientación marxista no suele reconocerse la laxitud
de las clases trabajadoras frente al capitalismo. Por el contrario, las conside-
ran receptivas de las teorías de cambio. ANDRÉ PRONE dice, por ejemplo: “to-
dos los libros de teoría revolucionaria o de filosofía política, cualesquiera que
sean, no pueden por su simple erudición, hacer nacer la conciencia de clase
de los trabajadores […] la plenitud de la conciencia de clase solo se revela en
la realidad del combate contra el capital.” La fin du capital, Pour une société
d’émancipation humaine, Paris, L’Harmattan, 2014, pág. 109. Luego admite:
“Si alguna alternativa emancipadora existe, ella deberá emerger del mundo
tal como es, a saber, del gran surplus para el capital de las poblaciones ex-
cluidas de la economía productiva, arrojadas al margen de la sociedad…”, pág.
126; se infiere que no de las clases trabajadoras de los países con un capita-
lismo desarrollado.
276 El dirigente socialdemócrata sueco Olof Palme los había caracterizado del
modo siguiente: “Al pretender representar a la clase obrera por su mejor en-
tendimiento y mayor conocimiento del «verdadero» contenido de las enseñan-
zas de Marx y especialmente de Lenin, los distintos grupos han venido rivali-
zando en ser mejores exégetas que los demás. Esto no ha conducido más que
a la división y a la formación de sectas.” En La alternativa socialdemócrata,
Barcelona, Editorial Blume, 1977, pág. 29.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
247
G.– PREMISAS DE LOS CAMBIOS EN EL FUTURO
a) Planteamiento de base
Como conclusión del examen de la crisis y desaparición del
modelo socialista impuesto en la Unión Soviética y del abandono
de la economía socialista en China, casos que podrían considerarse
paradigmáticos, se podría establecer que no son esos los tipos de
sociedad a los que se podría o se debería tender en los demás paí-
ses, puesto que ambos fueron el resultado de sus propias contra-
dicciones, distintas de las contradicciones de otros países, aunque
presenten semejanzas con ellas. Las circunstancias del capita-
lismo del siglo XX no han conducido a una revolución en cadena.
Las que se dieron luego de la segunda década del siglo XX, fueron
hechos singulares explicables por las contradicciones propias de
los países donde sucedieron, incluidas las que solo se propusieron
abatir a ciertos tiranos y sus regímenes opresivos que llevaron a
la instauración de gobiernos democráticos o más populares.
Es evidente, entonces, que la vía alternativa es la de los cam-
bios cuantitativos en los diversos aspectos de la sociedad, que esta
reclama o impone, con las prioridades determinadas por la necesi-
dad social y sin abandonar, no obstante, la idea de un cambio cua-
litativo, legalmente o por la vía de una revolución, cuando las con-
diciones lo hagan posible.
Por lo tanto, se podría plantear los siguientes puntos, como
corolario:
1.– Solo es dable proponerse resolver los problemas del pre-
sente, en cada país en concreto, examinando la evolución de su es-
tructura y sus superestructuras, es decir, las contradicciones in-
ternas y externas de cada sociedad.
2.– De manera general, es posible concluir que la sociedad ca-
pitalista no está aún madura en ninguna parte para ser sustituida
por una sociedad socialista: a) porque, a pesar de sus crisis perió-
dicas, que sus teóricos han aprendido a controlar, las fuerzas pro-
ductivas encuentran aún en las relaciones de producción actuales
las maneras de desarrollarse; el capitalismo se sirve cada vez más
de la ciencia y la técnica para innovar, crear nuevos bienes y nece-
sidades y expandir los mercados; b) porque las clases trabajadoras
no ha llegado a adquirir una conciencia mayoritaria y relativa-
mente unívoca de su función en la evolución social; c) porque la
PÁGINAS
DE
MARXISMO
248
evolución de la estructura capitalista ha creado el grupo profesio-
nal de encuadramiento en las empresas y en el Estado, que se per-
fila como una nueva clase social antitética de la clase capitalista,
clase con la cual la antigua clase obrera tendrá que unirse para
posibilitar los cambios de la sociedad hacia adelante; y d) porque
los ideales y propósitos de la Revolución Francesa de 1789, resu-
midos en el lema: libertad, igualdad y fraternidad, no han ingre-
sado plenamente aún en la conciencia de las mayorías sociales: la
libertad no es concebida por todos como un conjunto de libertades
democráticas; la igualdad se ha quedado en el plano de la ley, aun-
que asediada y desvirtuada por varias formas de discriminación;
la fraternidad, que debería ser la cooperación amigable y efectiva
para el goce común de los beneficios del progreso material e inte-
lectual, no ha erradicado el egoísmo y la práctica o tolerancia de
las iniquidades contra los seres humanos (represión y asesinatos
de los adversarios políticos, crímenes comunes, arbitrariedades,
discriminación).277
4.– No se ha definido aún una noción de socialismo, como
etapa superior al capitalismo, que supere los modelos de la Unión
Soviética y China. El socialismo del futuro, además de conllevar la
propiedad social de los medios de producción, deberá basarse en el
respeto de los derechos humanos y en la igualdad de oportunidades
para todos.
En su Crítica del Programa de Gotha, Marx aludió a una si-
tuación muy lejana, de un comunismo que él mismo no podía pre-
cisar cómo sería, excepto como aspiración a una sociedad ideal de
plena igualdad económica de los seres humanos y con tal abundan-
cia de bienes que haría innecesarios el mercado y el Estado. Su
pensamiento más ajustado a la evolución de la sociedad es el que
expuso en el Prólogo a Crítica de la Economía Política: “la huma-
nidad –dijo allí– no se propone nunca más que los problemas que
puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que
el problema mismo solo se presenta cuando las condiciones mate-
riales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir.”
277 La expresión libertad, igualdad y fraternidad fue enunciada, por vez pri-
mera, por Robespierre en la Convención para sostener su propuesta de una
economía política popular. FLORENCE GAUTHIER, Triomphe et mort de la révo-
lution des droits de l’homme et du citoyen, Éditions Syllepse, 2014, citado por
Samir Amin en su prefacio al libro de ANDRÉ PRONE, La fin du capital, cit.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
249
b) Un cambio en la sociedad, ¿para qué?
La respuesta podría ser: en la sociedad en la que vivimos, la
sociedad capitalista, para cumplir los fines siguientes: distribuir
la plusvalía proporcionalmente al aporte de los que la crean, pre-
via deducción de la parte necesaria para la reinversión y el finan-
ciamiento de los servicios públicos; aumentar la creación de valor;
posibilitar la elevación del nivel de vida de todos; reducir progre-
sivamente la duración del trabajo, establecer la igualdad de opor-
tunidades en el ingreso al trabajo, a los centros de formación su-
perior y a los honores; hacer obligatoria la educación secundaria
para todos; formarlos profesionalmente; darles a todos la oportu-
nidad de un empleo útil y suministrarles un ingreso suficiente
cuando por causas ajenas a su voluntad pierdan el trabajo; recono-
cer a todos los que trabajen derechos sociales iguales en calidad;
dotar a la sociedad de servicios de salud públicos gratuitos, inclui-
dos los de la seguridad social; proveer de un ingreso suficiente a
los que se retiran de la vida activa; brindar el acceso a la cultura a
todos; garantizarles el goce de los derechos humanos y la dignidad;
eliminar toda clase de discriminación; respetar la libertad de pen-
samiento y creencia de todos; una legalidad concebida en función
de los intereses de la sociedad y de aplicación rigurosamente con-
trolada; administrar justicia con imparcialidad y prontitud; deba-
tir públicamente los problemas más importantes de la sociedad a
nivel nacional, regional y local en las organizaciones sindicales, los
partidos políticos, las instituciones sociales.278
c) Bases de un nuevo régimen económico
Determinarlo implica examinar tres cuestiones fundamenta-
les: precisar el destino de la plusvalía creada por el trabajo, el tipo
de empresa más eficiente y la función del mercado.
278 Se trata, en suma, de hacer intervenir al Estado en la economía para re-
distribuir el ingreso nacional por la vía de la tributación y los derechos socia-
les. Hay movimientos que tienden a estos fines de un modo u otro. En Francia
se ha constituido un colectivo de economistas y otros ciudadanos con la deno-
minación de Économistes atterrés. Luego de un primer Manifiesto, han publi-
cado un Nuevo Manifiesto en el que dan cuenta de los análisis y conclusiones
de quince talleres para contribuir a la construcción, en democracia y con una
economía de mercado, de alternativas al proyecto neoliberal. Nouveau Mani-
feste des économistes atterrés, Paris, Éditions Les Liens qui libèrent, 2015.
http://www.atterres.org
PÁGINAS
DE
MARXISMO
250
1.– La plusvalía
La intervención del Estado en la economía capitalista parte de
dos criterios básicos: la prestación de ciertos servicios públicos ne-
cesarios para la población y la captación de ingresos provenientes
de las actividades privadas productoras de mercancías.
La tesis histórica y usual de socialización postula: 1) la asun-
ción por el Estado de la propiedad empresarial privada y su ges-
tión; y 2) la desaparición del mercado y su reemplazo por una pla-
nificación total de la economía. Ambas medidas eliminarían la ex-
plotación del hombre por el hombre y le permitirían al Estado dis-
poner de la plusvalía.
Por las experiencias históricas se sabe, sin embargo, que la
estatización de las empresas, en los países donde se estableció una
economía socialista, las burocratizó, alejándolas de una gestión efi-
ciente y de enviar al consumo productivo y personal los bienes apa-
rentes para satisfacer las necesidades de la manera más conve-
niente.
Además, para tomar la plusvalía, la sociedad no necesita es-
tatizar totalmente las empresas. Se puede aplicarla directamente
a la reinversión y entregar una parte a los trabajadores que la
crean y otra a la sociedad, para financiar los servicios públicos.
La fórmula de la participación de los trabajadores en las em-
presas es una manera de darles una parte de la plusvalía para
convertirla en capacidad de gasto personal y acumularla año a año
como capital.279
En la sociedad capitalista el Estado ya capta una parte de la
plusvalía. Incluso, si su orientación es neoliberal, no deja de reca-
bar cierto porcentaje de las ganancias empresariales, que no puede
reducirse más allá de ciertos límites. Si, por el contrario, su orien-
tación es progresista (socialdemócrata, verde, comunista o redis-
tributiva de algún modo), su participación en la plusvalía tiende a
279
La participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas fue
establecida en el Perú por el gobierno del general Juan Velasco Alvarado con
la Ley General de Industrias, de julio de 1970, desarrollando una norma de
la Constitución de 1933. Si bien, el gobierno de Fujimori eliminó la participa-
ción en el capital de las empresas con una parte de las utilidades, dejó subsis-
tente la distribución entre los trabajadores de los siguientes porcentajes de
utilidades: 10% en las empresas industriales, pesqueras y de telecomunica-
ciones; 8% en las empresas mineras, de comercio y restaurantes; y 5% en las
empresas que realizan otras actividades. El 50% de la cantidad resultante se
distribuye en proporción al monto de las remuneraciones y el otro 50% a los
días efectivamente trabajados.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
251
aumentar al ritmo del mejoramiento de las obras y servicios públi-
cos. Además, existe el impuesto a la herencia a tasas crecientes
según su valor. Este porcentaje podría aumentar progresivamente
en función del acrecentamiento de los servicios públicos, cuidando,
sin embargo, de no afectar la reinversión necesaria y sin exceder
cierto límite (para no matar la gallina de los huevos de oro).
En Francia, en 2014, siendo el PBI equivalente a 2,114 billo-
nes de euros (100%), el gasto público llegaba a 1,208 (el 57%) que
se distribuyó de la forma siguiente:
Pensiones de vejez,
Prestaciones familiares y
subsidios de desempleo 20%
Prestaciones de salud 6%
Administración 17%
Obras y otros servicios públicos 14%
Total 57%
Del consumo total, el Estado tomaba algo más de la mitad.280
Esta posición redistributiva ha sido ya postulada por otros
economistas no marxistas.281
Es el caso de Thomas Picketty, quien evitando el análisis de
la producción del valor por el trabajo y tras constatar que “los pa-
trimonios salidos del pasado se recapitalizan más rápido que el
ritmo de la producción y los salarios”, es decir, que las ganancias
crecen más rápido que los salarios, advierte que “una economía de
mercado y de propiedad privada, dejada a sí misma, contiene en
su seno fuerzas de convergencia importantes, vinculadas princi-
palmente a la difusión de los conocimientos y calificaciones, pero
también fuerzas de divergencia poderosas y potencialmente ame-
nazantes para nuestras sociedades democráticas y los valores de
justicia social sobre los cuales ellas se fundan”.282 A Marx le dedica
unos cuantos párrafos, si bien reconoce que “el principio de la acu-
280
Nouveau Manifeste des économistes atterrés, cit., chantier nº 7.
281 Sobre la participación del trabajo en el ingreso nacional en los países capi-
talistas más desarrollados, véase en el capítulo IV de este libro, La aparición
de los derechos sociales de los trabajadores, pág. 171, 172.
282 Le Capital au XXI siècle, Paris, Éditions du Seuil, 2013, págs. 942, 943.
PICKETTY había comenzado a tratar de este tema en su libro L’économie des
inégalités, Paris, Éditions La Decouverte, 1997.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
252
mulación indefinida revelado por Marx contiene una intuición fun-
damental para el análisis del siglo XXI como del siglo XIX”283. Por
lo tanto, para preservar a la sociedad capitalista de una revolución
social, “la solución correcta –según él– es el impuesto progresivo
sobre el capital”, a tasas crecientes, pero moderadas.
John Maynard Keynes había propuesto la socialización del
crédito como una de las medidas fundamentales de intervención
del Estado en la economía, que preconizaba. Decía: “El estado ten-
drá que ejercer una influencia orientadora sobre la propensión a
consumir, a través de su sistema de impuestos, fijando la tasa de
interés y, quizá, por otros medios. […] Creo, por tanto, que una
socialización bastante completa de las inversiones será el único
medio de aproximarse a la ocupación plena; aunque esto no nece-
sita excluir cualquier forma, transacción o medio por los cuales la
autoridad pública coopere con la iniciativa privada. Pero, fuera de
esto, no se aboga francamente por un sistema de socialismo de es-
tado que abarque la mayor parte de la vida económica de la comu-
nidad. No es la propiedad de los medios de producción la que con-
viene al estado asumir. Si este es capaz de determinar el monto
global de los recursos destinados a aumentar esos medios y la tasa
básica de remuneración de quienes los poseen, habrá realizado
todo lo que le corresponde. Además, las medidas indispensables de
socialización pueden introducirse gradualmente sin necesidad de
romper con las tradiciones generales de la sociedad.”284 Los Esta-
dos con economía capitalista han ido asumiendo estas ideas, que
la contraofensiva del liberalismo a partir de la década del 80’ del
siglo pasado no ha llegado a anular. En la Unión Europea, la tasa
de interés bancario, rigurosamente controlada por las autoridades
centrales de esta y los gobiernos, para préstamos es igual al 0.8%.
En Estados Unidos, la Reserva Federal ejerce un control seme-
jante; en 2020 fluctuó entre 0% y 1%; y su control de los encajes
bancarios se ha hecho más riguroso desde la crisis de 2008.
2.– Los tipos de empresa
Para esto es necesario comparar las ventajas y desventajas de
las empresas privada y estatizada.
Una empresa es una organización cuyo fin es la producción de
bienes y servicios destinados al uso o el consumo de la sociedad a
283 Ob. cit., pág. 29.
284 Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, Fondo de
Cultura Económica, 1958, pág. 362.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
253
cambio de un valor equivalente. Esta organización realiza sus ac-
tividades, sujetándose a los requisitos siguientes: sus integrantes
deben estar capacitados para ejercer las tareas requeridas; deben
hacerlo siguiendo los planes, instrucciones y órdenes de quienes la
dirigen; el trabajo se cumple en la jornada legal o convencional;
está sujeto a condiciones de higiene y seguridad ocupacionales de-
terminadas por la ley; por el uso de su fuerza de trabajo, los traba-
jadores perciben una remuneración y gozan de otros derechos com-
plementarios.
En la empresa privada: el capital es aportado por el capita-
lista; este la dirige desde la cúspide y a través del personal en el
que delega el poder de hacerlo; paga los medios de producción y la
fuerza de trabajo; es propietario de la producción resultante; y
toma para sí la plusvalía.
Desde sus comienzos, la ciencia económica capitalista destacó
el interés del capitalista como la fuerza impulsora de la empresa.
Adam Smith decía: “cualquiera que emplea su capital en sostener
la industria doméstica siempre procura fomentar aquel ramo cuyo
producto es de mayor valor y utilidad. […] Ninguno, por lo general,
se propone originariamente promover el interés público […] solo
piensa en su ganancia propia; pero en este y en otros muchos casos
es conducido, como por una mano invisible, a promover un fin que
nunca tuvo parte en su intención. […] porque, siguiendo cada par-
ticular por un camino justo y bien dirigido, las miras de su interés
propio promueven el del común con más eficacia, a veces, que
cuando de intento piensa fomentarlo directamente.”285
El interés del capitalista no fue, sin embargo, solo una postu-
lación teórica, sino un componente real de la actividad empresarial
y un rasgo de la persona que quiere promoverse o sobresalir en
cualquier actividad.
En 1911, Joseph Schumpeter, dijo sobre este aspecto de la eco-
nomía capitalista: “Clasificando todos los factores causantes de los
cambios en el mundo económico, he llegado a la conclusión de que
aparte de los factores externos existe uno puramente económico de
importancia capital y al que yo he dado el nombre de innovación.”
Cuando un empresario promueve una innovación genera una onda
de nuevas aplicaciones de capital a varias industrias, ondas que se
traducen “cada vez… en una avalancha de bienes de consumo que
permanentemente profundizan y dilatan la corriente de ingreso
285 La riqueza de las naciones, Barcelona, Ediciones Orbis, 1983, Libro IV,
capítulo II, sección I, pág. 191.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
254
real, aunque en un principio produzcan molestias, pérdidas y des-
empleo”; es una “voluntad de conquista”, “el ideal y la voluntad de
fundar un reino privado”.286
Schumpeter desarrolló más aún esta tesis y, en 1942, expuso:
“El capitalismo es, por naturaleza, una forma o método de trans-
formación económica y no solamente no es jamás estacionario, sino
que no puede serlo nunca. […] El impulso fundamental que pone y
mantiene en movimiento a la máquina capitalista procede de los
nuevos bienes de consumo, de los nuevos métodos de producción y
transporte, de los nuevos mercados, de las nuevas formas de orga-
nización industrial que crea la empresa capitalista. […] La aper-
tura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo
de la organización de la producción, desde el taller de artesanía y
la manufactura hasta los concerns, tales como los del acero de los
Estados Unidos (U.S. Steel), ilustran el mismo proceso de muta-
ción industrial –si se me permite usar esta expresión biológica–
que revoluciona incesantemente la estructura económica desde
adentro, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando
continuamente elementos nuevos. Este proceso de destrucción
creadora constituye el dato de hecho esencial del capitalismo. En
ello consiste en definitiva el capitalismo y toda empresa capitalista
tiene que amoldarse a ella para vivir.”287
En este análisis, Schumpeter se ceñía al método dialéctico: la
sociedad evoluciona como una lucha interior en la cual lo nuevo
que aparece de lo viejo destruye a este.
En una empresa socialista a la manera de la Unión Soviética
o estatizada en cualquier otra parte, se dan dos hechos que la con-
figuran de manera distinta a la empresa capitalista, por el modelo
de su gestión y el comportamiento de sus trabajadores.
En cuanto a su gestión, esta se halla a cargo de gerentes y
funcionarios nombrados por el gobierno y pertenecientes al partido
político gobernante, quienes se atienen, por la ley y por lo general
estrictamente, a los planes y órdenes del ministerio correspon-
diente. Por lo tanto, el cumplimiento de sus funciones, antes que
procurar la eficiencia de la empresa, debe concordar con esas dis-
posiciones, sujetarse a los reglamentos que rigen hasta sus accio-
nes menos importantes y tratar de no incurrir en responsabilidad.
286 Teoría del desenvolvimiento económico, México, Fondo de Cultura Econó-
mica, 1944, pág. 68.
287 Capitalismo, socialismo y democracia, Barcelona, Ediciones Orbis, 1983,
T. I, capítulo 7, pág. 120
PÁGINAS
DE
MARXISMO
255
Es lo que se ha llamado una dirección burocrática. De ella ha dicho
Schumpeter: “El método burocrático de llevar los negocios a la at-
mósfera moral que difunde ejercen, sin duda, frecuentemente, una
influencia depresiva sobre los espíritus más activos. Esto es de-
bido, principalmente, a la dificultad inherente a la máquina buro-
crática, de reconciliar la iniciativa individual con el mecanismo de
su funcionamiento. Con frecuencia esta máquina deja poco lugar
para la iniciativa y mucho lugar para los intentos malintenciona-
dos destinados a asfixiarla.”288
Aunque el nombramiento de los gerentes y funcionarios de las
empresas estatales tenga en cuenta sus calificaciones, prescinde
de considerar que sean los mejores frente a otros no afiliados al
partido gobernante, no simpatizantes de este o, simplemente, aje-
nos al círculo de amigos, parientes o relacionados con quienes tie-
nen a su cargo los nombramientos. Esto no solo disminuye las po-
sibilidades de una buena gestión, sino que violenta el derecho de
todos de acceder a los empleos y, en particular, a los empleos en
los órganos y empresas del Estado.
El comportamiento de los trabajadores está determinado no
solo por las disposiciones internas de la empresa, sino también por
su educación, sus aptitudes, sus hábitos sociales, sus maneras de
ser y pensar, su interés personal y otras motivaciones. Los traba-
jadores no son iguales. Los hay con mucha iniciativa personal, la-
boriosos en distinto grado, indiferentes, con tendencia a la pereza,
aspirantes, codiciosos, etc. Algunos se limitan a cumplir sus tareas
pasivamente, con una actitud expectante u oportunista, sabiendo
que gozarán de todas maneras de los derechos y beneficios corres-
pondientes a todo trabajador y de lo que logren sus compañeros.289
No siempre, la adhesión política de los trabajadores los hace más
diligentes y responsables y, al contrario, pueden prevalerse de ella
si los gerentes y funcionarios son del mismo signo. La disciplina
impuesta exteriormente tiende a sobreponerse a las diferencias de
los comportamientos personales, sin llegar, no obstante, a disipar-
las del todo. La prédica socialista solo ha visto un aspecto de la
situación de los trabajadores bajo el capitalismo: su explotación, y
288 Ob. cit., T. I, capítulo 18, III, pág. 270.
289 Es una conducta común expresiva de la tesis del gorrón o gorrero (free
rider) que se beneficia sin participar en la acción colectiva o con una partici-
pación mínima o aparente. MANCUR OLSON, The Logic of Collective Action:
Public Goods and the Theory of the Groups, Harvard University Press, 1962,
1971, en WIKIPEDIA; también en academiaplay.es/problema-free-rider/
PÁGINAS
DE
MARXISMO
256
los ha considerado a todos semejantes; no se ha interesado en sus
maneras de ser y en las razones de por qué son así.
En la empresa privada, el recurso para mejorar el rendimiento
de los trabajadores es apelar al interés privado que puede consistir
en evitar la sanción o en acceder a remuneraciones más elevadas
o a las recompensas fijadas por alcanzar determinadas metas, con-
tando con el deseo de las personas o de algunas de ellas de ser
mejores que los demás. Schumpeter dice sobre esto: “la experiencia
corriente enseña que es difícil encontrar un hombre o una mujer,
por muy elevado de espíritu que sea, cuyo altruismo o sentimiento
del deber funcione con absoluta independencia de esa especie de
autointerés, al menos, o, si se prefiere, de su vanidad o deseo de
autoafirmación. Por otra parte, es claro que la actitud que yace
bajo este deseo, a menudo patéticamente notorio, está más profun-
damente enraizada que el sistema capitalista y pertenece a la ló-
gica de la vida dentro de todo grupo social.”290
Este interés privado al nivel de los trabajadores, real y que la
ideología no llega a eliminar si eso se propone, no suele gozar de
relevancia en las empresas estatizadas, lo que las priva de un po-
deroso incentivo para ser más eficientes.
Marx no se ocupó de este aspecto del funcionamiento empre-
sarial. Su objetivo principal era determinar los mecanismos del ca-
pitalismo para explotar al máximo a los trabajadores en la jornada
y acumular más capital.
Una nueva visión de la economía debería desestimar, por lo
tanto, por un tiempo dilatado aún, la estatización a priori y total
de las empresas, puesto que el planteamiento para hacerlo así,
además de ser inconveniente, tampoco concita la atención ni el in-
terés de la mayor parte de trabajadores y ciudadanos. La estatiza-
ción solo debería proceder por las necesidades de la sociedad y por
tramos a partir de las empresas más grandes y por su importancia,
ya las cree el Estado o las expropie según la ley, y de acuerdo a las
condiciones siguientes: 1) su capital debería ser aportado por el
Estado o el crédito, como en cualquier otra empresa, y no gozar de
subsidios; 2) su personal debería ingresar por concurso público ac-
cesible a todos y solo se debería contratar el número suficiente de
trabajadores para la ejecución de las tareas; 3) la gestión debería
estar orientada por la eficiencia, que conlleva la adquisición de los
medios de producción mejores y de precios accesibles; la práctica
290 JOSEPH A. SCHUMPETER, Capitalismo, socialismo y democracia, cit., T. I,
capítulo 18, III, pág. 271.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
257
de procesos de trabajo técnicamente avanzados; la formación pro-
fesional continua de sus trabajadores; el estímulo a la innovación;
4) las mercancías a producirse deberían ser las que el mercado re-
quiera y sujetas a un control de calidad permanente; 5) las remu-
neraciones deberían estar determinadas por el nivel de los traba-
jadores y su especialización, considerando sus necesidades y las
remuneraciones promedio en las empresas privadas del ramo; es
decir, hacer lo que se ha denominado una gestión competitiva y
ajena a la politización.291
3.– Mercado y planificación
Desde hace 12,000 años, el mercado es el medio de distribu-
ción, expendio y adquisición de las mercancías, cuya existencia y
fuerza estriba en la posibilidad de percibir el mayor valor proce-
dente del trabajo propio o ajeno. Si bien su ley es la anarquía, con-
sistente en la imposibilidad de conocer de manera precisa los re-
querimientos de la demanda, permite la satisfacción de las necesi-
dades de la población con relativa celeridad por el interés de los
productores, distribuidores y vendedores en las ganancias, esti-
mula la innovación y el mejoramiento de las mercancías y ofrece
más opciones a los consumidores y usuarios. Estas funciones se
sobreponen con ventaja a una distribución de los bienes y servicios
a través de almacenes públicos regidos por planes estatales y el
criterio de quienes los formulan.
Por lo tanto, el mercado debe subsistir, con las limitaciones
exigidas por el interés de la sociedad en la forma de control de ca-
lidad y veracidad, y la eliminación del acaparamiento y la especu-
lación para hacer subir los precios artificialmente.
La planificación, de la cual no es posible prescindir en aten-
ción a las necesidades de la sociedad y la economía, debería ser
solo indicativa para señalar las grandes líneas de producción y dis-
tribución de las empresas y los servicios públicos, y estar acompa-
ñada por el otorgamiento del crédito estatal, según cierto orden de
preferencias;
La moneda, instrumento de pago, cambio y atesoramiento de-
bería seguir siendo controlada; su cantidad debería estar en fun-
ción de la riqueza social.
291 En Francia, se ha preservado el comportamiento competitivo de las empre-
sas estatales, incluso contra la opinión de una parte de sus trabajadores, dis-
conformes con la lenta progresión salarial.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
258
El crédito debería sujetarse a las tasas de interés controladas
por el Banco Central y, como no crea plusvalía, esas tasas deberían
cubrir solo el valor del trabajo requerido para su gestión y, en cier-
tos casos, servir como regulador de la actividad económica, como
sucede ya ahora en los países capitalistas más adelantados.
La producción agropecuaria debería seguir a cargo de los pro-
pietarios de los predios, cuya extensión no debería ser menor de
tres hectáreas ni mayor de cien. La cooperativización solo debería
ser posible por la voluntad de los propietarios de los predios, como
empresas de producción o de servicios. El arrendamiento de tierras
debería ser prohibido, salvo entre parientes hasta el cuarto grado
de consanguinidad y por llegar el propietario a la edad del retiro
del trabajo.
Se debería prohibir la contaminación del agua y reducir la
emisión de gases de efecto invernadero por las empresas, y esta-
blecer una cultura de todos para preservar los ecosistemas.
4.–La propiedad
Esta se divide básicamente en empresarial y de uso personal
y familiar.
En todas las empresas, los empleos deberían ser ocupados por
concurso público, previa inscripción en el servicio del empleo que
verificaría la experiencia y los títulos y diplomas de los trabajado-
res, registraría su especialidad y calificaría la situación de em-
pleado o desempleado, como ya sucede, por lo demás, con los servi-
cios del empleo de algunos países.
Las remuneraciones deberían ser racionales y proporcionales
al nivel y la función de cada trabajador, aumentadas con la parti-
cipación anual en las utilidades, tanto en las empresas privadas
como estatales. Las invenciones de los trabajadores deberían se-
guir dando lugar al derecho de propiedad sobre ellas.
La propiedad personal no destinada a la producción empresa-
rial debería continuar siendo intangible hasta cierto límite. El ex-
ceso podría ser afectado al servicio de la sociedad. La propiedad
inmobiliaria privada debería seguir pagando el impuesto predial a
partir de cierto tope.
5.– El Estado
El ingreso a los cargos no electivos debería ser por concurso
público, salvo respecto de los cargos de ministros y sus asesores
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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inmediatos. La administración pública requiere ser desburocrati-
zada, es decir, debería regirse por un mínimo de reglamentación y
por su finalidad de atender los servicios públicos con eficiencia y
prontitud; la arbitrariedad y la corrupción deberían ser sanciona-
das severamente, debiendo los funcionarios y empleados responder
administrativa, civil y penalmente por sus decisiones no ajustadas
a la ley y por los daños que causen con sus decisiones y acciones.
El número de trabajadores debería ser solo el necesario para la
prestación de los servicios públicos, y sus remuneraciones estar
determinadas por el costo de la canasta familiar y el nivel de la
función, con un máximo racional, teniendo en cuenta que el em-
pleador es la sociedad.
Se debería sustituir la Contraloría unipersonal por una Corte
de Cuentas de 5 miembros con áreas de control determinadas por
la ley.
PÁGINAS
DE
MARXISMO
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NOTICIA SOBRE EL AUTOR
Jorge Rendón Vásquez es abogado por la Facultad de Derecho y
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, doctor en De-
recho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Ma-
yor de San Marcos, docteur en Sciences Sociales du Travail y doc-
teur en Droit por la Université de Paris I (Sorbonne), y Habilité à
diriger des recherches por la Université Paris XIII.
Es ahora profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos, en cuya Facultad de Derecho y Ciencias Políticas fue
profesor titular de los cursos Derecho del Trabajo y Derecho de la
Seguridad Social desde 1965 hasta 1986.
Ha sido también Profesor del curso Droit du Travail Comparé
en la Maestría y el Doctorado de la Faculté de Droit de la Univer-
sité Paris-Nord, desde 1988 hasta 1994, y profesor invitado por las
universidades de Bolonia, Parma, París I, Buenos Aires, Carabobo
(Valencia, Venezuela) y otras.
Tuvo a su cargo la elaboración de la legislación del trabajo y se-
guridad social del Perú entre octubre de 1970 y marzo de 1975.
Es autor de las obras Derecho del Trabajo individual, Derecho
del Trabajo colectivo, Derecho de la Seguridad Social, Derecho del
Trabajo Teoría General y El derecho como norma y como relación
social, de las que se han hecho varias ediciones, y del libro El ca-
pitalismo: una historia en marcha… hacia otra etapa (2018).
También es autor de los libros de cuentos La Calle Nueva (2004,
2007), El cuello de la serpiente (2005), La celebración y otros relatos
(2006) y Una ráfaga de amable brisa (2015), de las novelas El botín
de la Buena Muerte (2010) y El oro de Atahualpa (2012), y de la
crónica Esos días de junio en Arequipa (2014).