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Compraventa según Guido Capozzi

Este documento resume las nociones básicas de la compraventa según el Código Civil italiano de 1942. Explica que la compraventa es el contrato más común y que transfiere la propiedad de un bien a cambio de un precio. Distingue entre la venta real, donde la transferencia ocurre inmediatamente con el consentimiento, y la venta obligatoria, donde se requieren actos adicionales. También discute sobre quién asume el riesgo cuando el bien se pierde, generalmente el comprador como propietario aunque no haya rec

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Compraventa según Guido Capozzi

Este documento resume las nociones básicas de la compraventa según el Código Civil italiano de 1942. Explica que la compraventa es el contrato más común y que transfiere la propiedad de un bien a cambio de un precio. Distingue entre la venta real, donde la transferencia ocurre inmediatamente con el consentimiento, y la venta obligatoria, donde se requieren actos adicionales. También discute sobre quién asume el riesgo cuando el bien se pierde, generalmente el comprador como propietario aunque no haya rec

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NOCIONES DE COMPRAVENTA1.

Guido CAPOZZI

a) Generalidades.- El título III del libro cuarto del Código Civil vigente2, dedicado a la disciplina de
los contratos típicos, inicia con la compraventa y le asigna setenta y siete artículos, porque se trata,
sin lugar a dudas, del contrato más difundido, instrumento jurídico indispensable para satisfacer
muchas necesidades del ser humano, que puede ser inducido a la adquisición de determinados
bienes tanto para utilizarlos en beneficio propio o de su familia, como para utilizarlos con fines de
lucro, es decir para revenderlos, operando una auténtica operación comercial dirigida a la
obtención de una utilidad o ganancia.

Esta distintición de fines era la base de la precedente legislación3 que trató separadamente la
venta civil y la venta comercial, dedicando a cada una de estas figuras una regulación legal
distinta.

Sin embargo, el código civil de 1942, unificando legislaciones civil y comercial, ha eliminado la
distinción, fuente de no pocas confusiones, dando vida a un único tipo contractual, cuya clara
noción se encentra en el artículo 1470: “la venta es el contrato que tiene por objeto la transferencia
de la propiedad de una cosa o la transferencia de otro derecho a cambio de un precio”. De este
modo, el legislador ha dado particular relieve a la posición del vendedor, a diferencia de otros
ordenamientos, como el alemán, donde el instituto bajo examen es a menudo denominado
Kaufvertrag, vale decir compra.

Con esta definición, como se lee en la exposición de motivos, se ha querido subrayar la función
típicamente traslativa del contrato, abandonando la equívoca noción legislativa tradicional, derivada
del código francés y reproducida en el artículo 1447 del Código Civil de 1865, la cual parecía
referirse a un presunto efecto meramente obligatorio, en cuanto afirmaba que la “la venta es el
contrato por el cual uno se obliga a dar una cosa y el otro a pagar su precio”.

b) Aspectos Históricos.

La compraventa, como es sabido, fue históricamente precedida por el trueque, es decir por el
intercambio de una cosa por otro cosa, fenómeno jurídico que hoy se encuentra en la base del
contrato de permuta. Solo con el progresar de la sociedad respecto a este intercambio, que
satisfacía de modo imperfecto las exigencias de los hombres, nace el uso de una mercancía única
con la tarea de medir el valor; o sea, nace el dinero, expresado en moneda, que representó el
medio principal de todo intercambio y el centro de referencia de toda economía.

Este sistema, por otro lado ya difundido en una época anterior a la fundación de Roma, no era otro,
en concreto, que la moderna compraventa. Pero, los romanos, manteniendo firme la eficacia
traslativa inmediata del trueque, asignaron a este nuevo contrato una eficacia solamente
obligatoria, mientras, para el efecto traslativo, consideraron necesaria una actividad ulterior
realizada a través de los típicos medios idóneos de transferencia (traditio, mancipatio).

Esta regla romana es todavía seguida por algunos ordenamientos modernos (como el alemán y
austriaco), los cuales requieren, para la transferencia, además del consenso, un sucesivo acto
traslativo; pero la mayor parte de las legislaciones adoptan el sistema consensual que, en el
derecho positivo italiano, ha sido reafirmado por el artículo 1376 (cfr. también el articulo 1125 del

1 Tomado de: CAPOZZI, Guido. Dei Singoli Contratti. Giuffrè Editore. Milano. 1988. p. 5 y ss. Traducción especial para este material
efectuada por Fort Ninamancco Córdova.
2 Se refiere al Código Civil italiano de 1942, principal fuente inspiradora de la sección del código civil materia de estudio en este curso.
3 Se refiere al Código Civil italiano de 1865, mismo que, valgan verdades, fue considerado como una copia del código napoleónico.
Código Civil de 1865), según el cual “en los contratos que tiene por objeto la transferencia de la
propiedad de una cosa determinada, la constitución o la transferencia de un derecho real, o bien la
transferencia de otro derecho, la propiedad o el derecho se transmiten y se adquieren por efecto
del consenso que las partes legítimamente han manifestado”.

c) Venta Real y Venta Obligatoria:

La transferencia que constituye, como ahora se ha dicho, la característica esencial de la


compraventa, no puede no hallarse en toda forma de este contrato, vale decir sea en la llamada
venta real (así denominada por la doctrina la venta con efectos reales inmediatos), como en la
llamada venta obligatoria (a este tipo de venta dedicaremos la sección tercera).

La primera figura, que es la más recurrente, se tiene cuando la transferencia no requiere otro
elemento además del consenso de las partes, en perfecta concordancia con el principio del
consenso traslativo, enunciado por el ya citado artículo 1376. Si Ticio vende a Cayo el fundo
Tusculano, para la transferencia del derecho de propiedad, ninguna otra cosa es necesaria a parte
de su acuerdo.

La segunda figura, en cambio, ocurre cuando el efecto traslativo no se produce con el simple
consenso, legítimamente manifestado, porque son necesarios ulteriores o sucesivos actos o
hechos. Piénsese en la venta de cosa ajena: para la transferencia es necesario, además del
consenso de las partes, también un hecho ulterior consistente en la adquisición de la res aliena por
parte del vendedor.

Por ello, es necesario preguntarse que rol ocupa, en las dos figuras que acaban de ser descritas,
la transferencia del derecho y como nunca lo menciona el artículo 1476 entre las obligaciones
principales del vendedor sino sólo cuando “la adquisición no sea efecto inmediato del contrato”
(artículo 1476, numeral 2), vale decir sólo en la hipótesis de venta obligatoria.

Lo cierto es que sólo en este segundo caso la transferencia representa una verdadera y propia
obligación, que se coloca en posición de evidente reciprocidad con la obligación de pagar el precio
que está a cargo del comprador. En la denominada venta real (es decir, con efectos reales
inmediatos), en cambio, mientras surge siempre el deber de pagar el precio, no existe lugar para
una auténtica obligación de transferir el derecho. La obligación, en efecto, tiene, técnicamente,
como contenido el comportamiento al cual está obligado el deudor (la denominada prestación)
después de la conclusión del contrato, en la venta real no es necesaria alguna sucesiva actividad
por parte del vendedor, porque el derecho ha sido adquirido en el momento mismo en el cual, por
efecto del simple consenso, nació el contrato.

La particular posición del vendedor el cual, a parte de algunas prestaciones accesorias, no tiene
ningún deber (con el simple consenso, repito, ya ha transferido el derecho), hace surgir no sólo
problemas teóricos, sino también cuestiones prácticas; podría ponerse en duda, por ejemplo, la
aplicación, también a la venta real del instituto de la rescisión por lesión, típico de los contratos con
prestaciones recíprocas.

La doctrina ha lucidamente respondido, elaborando la figura de la atribución patrimonial, de amplio


contenido, en el sentido que ella comprende cualquier disposición de un derecho propio a favor de
otro sujeto, sea que ello suceda a través del cumplimiento de una obligación, sea que ello suceda
(como en la compraventa real) por medio de un acto en el cual, con efecto traslativo inmediato,
incida directamente, sin pasar por el trámite de la obligación, sobre un derecho precedente.

En conclusión, se puede decir que en la compraventa, también cuando no es técnicamente posible


(compraventa real) la contraposición entre dos obligaciones, existe siempre la relación de
reciprocidad (el llamado sinalagma) entre las dos atribuciones patrimoniales: de un lado la
transferencia del derecho y del otro el pago del precio.
d) El riesgo contractual.

El problema del llamado riesgo contractual consiste en identificar al contratante sobre el cual debe
incidir el daño en caso de perecimiento o deterioro fortuito de la cosa.

Nuestro ordenamiento acoge, como principio general, el denominado criterio de la propiedad según
el cual el riesgo se encuentra a cargo del propietario, por tanto del comprador, una vez que se ha
realizado el efecto traslativo no obstante no haya existido entrega, como se establece para todos
los contratos traslativos por el primer párrafo del artículo 1465: “en los contratos que transfieren la
propiedad de una cosa determinada o bien constituyen o transfieren derechos reales, el
perecimiento de la cosa por una causa no imputable al enajenante no libera al adquiriente del
deber de ejecutar la contraprestación, aunque la cosa no haya sido entregada”.

En vía excepcional el legislador adopta otros criterios: el llamado criterio del contrato, según el cual
el riesgo recae sobre el adquiriente apenas se haya estipulado el contrato, por tanto también antes
de la transferencia (así en la venta a término) y el denominado criterio de la entrega, el cual pone el
riesgo contractual a cargo del adquiriente cuando haya sido ejecutada la entrega no obstante la
transferencia tenga lugar en un momento posterior (así, en la venta con reserva de propiedad).

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