INTRODUCCION
La malaria es una enfermedad parasitaria que tiene una distribución amplia en las
regiones tropicales y constituye uno de los principales problemas de Salud Pública
en el mundo debido a su alta morbilidad, mortalidad e impacto socioeconómico, ya
que por siglos ha representado una amenaza para la salud del hombre y la
economía de los países endémicos en vía de desarrollo. Es causada por un
protozoario perteneciente al género Plasmodium, siendo cuatro las especies que
pueden parasitar al hombre: Plasmodium vivax, Plasmodium falciparum,
Plasmodium malariae y Plasmodium ovale. La malaria es transmitida a través de
la picadura del mosquito hembra del género Anopheles infectado. El ciclo de vida
del parásito es muy complejo e involucra una fase de multiplicación sexuada en el
vector (hospedador definitivo) y otra asexuada en el humano (hospedador
intermediario). La Organización Mundial de la Salud estima que anualmente
ocurren más de 300 millones de casos de malaria y que 1,5 a 2,5 millones de
personas fallecen como consecuencia de esta enfermedad. El área malárica en
Venezuela está conformada por tres focos: el foco meridional, que comprende los
estados Bolívar, Amazonas, parte oriental de Apure y Delta Amacuro; foco
occidental, formado por los estados Táchira, Zulia, Barinas, Trujillo, Mérida, parte
occidental de Apure, Yaracuy y Portuguesa y el foco oriental que comprende los
estados Sucre, Anzoátegui, Monagas y la parte occidental de Delta Amacuro. Este
trabajo tiene como principal objetivo actualizar y capacitar personal del sector
salud, proporcionando conceptos teóricos-prácticos y las herramientas básicas
referentes a la técnica más usada en el diagnóstico y tratamiento parasitológico de
la malaria: extendido sanguíneo y gota gruesa, para garantizar la uniformidad,
optimización y veracidad en el diagnóstico.
1) MALARIA
La malaria es una de las enfermedades parasitarias infecciosas más importantes
en el mundo, dada su prevalencia, mortalidad y porque el parásito que la causa ha
sido tremendamente difícil de eliminar. De hecho, la malaria es endémica en
varias regiones, particularmente en el sub-trópicos, lo que genera un grave
problema económico en muchos países de recursos limitados.
La malaria o paludismo es una enfermedad producida por parásitos del
género Plasmodium, y transmitida por las hembras de varias especies
de mosquitos Anopheles. En mayo de 2007, la Asamblea Mundial de la
Salud decidió conmemorar el 25 de abril el Día Mundial del Paludismo.
La enfermedad puede ser causada por una o por varias de las diferentes especies
de Plasmodium: Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax, Plasmodium
malariae, Plasmodium ovale (P. o. curtisi y P. o. wallikeri) o Plasmodium knowlesi,
las tres primeras han sido notificadas en el continente americano. Los vectores de
esta enfermedad son diversas especies de mosquitos del género Anopheles. Solo
las hembras de los mosquitos se alimentan de sangre para poder madurar los
huevos; los machos no pican y no pueden transmitir enfermedades, ya que
únicamente se alimentan de néctares y jugos vegetales.
La gran mayoría de casos de malaria ocurren por transmisión vectorial (a través
de la picadura del mosquito); sin embargo, hay otras formas de contagio entre
humanos:
1) congénita, en la que una mujer embarazada lo transmita por vía placentaria al
feto
2) por transfusiones sanguíneas de donantes que han padecido la enfermedad
3) por trasplante de órganos
4) por uso de agujas en drogodependientes endovenosos o 5) por malapraxis en
centros de atención médica.
2) HISTORIA
La malaria ha infectado a los humanos durante más de 50 000 años, y puede que
haya sido un patógeno humano durante la historia entera de nuestra especie,
hipótesis que también se apoya en la observación de especies cercanas a los
parásitos humanos de la malaria en los chimpancés, pariente ancestral de los
humanos. Además, se encuentran referencias de las peculiares fiebres periódicas
de la malaria a lo largo de la historia, comenzando desde 2700 a. C. en China.
Los estudios científicos sobre la malaria hicieron su primer avance de importancia
en 1880, cuando el médico militar francés Charles Louis Alphonse Laveran, quien
trabajaba en Argelia, observó parásitos dentro de los glóbulos rojos de personas
con malaria. Propuso por ello que la malaria la causaba un protozoario, la primera
vez que se identificó a un protozoario como causante de una enfermedad. Por
este y otros descubrimientos subsecuentes, se le concedió el Premio Nobel en
Fisiología o Medicina en 1907. Al protozoario en cuestión se le llamó Plasmodium,
por los científicos italianos Ettore Marchiafava y Angelo Celli. Al año
siguiente Carlos Finlay, un médico hispano-cubano que trataba pacientes
con fiebre amarilla en La Habana, sugirió que eran los mosquitos quienes
transmitían la enfermedad de un humano a otro. Posteriormente, fue
el británico Sir Ronald Ross, durante sus trabajos en la India, quien finalmente
demostró, en 1898, que la malaria era transmitida por los mosquitos. Por su
aporte investigador, Ross recibió el premio Nobel de Medicina en 1902. Después
de renunciar al Servicio Médico de la India, Ross trabajó en la recién fundada
Liverpool School of Tropical Medicine y dirigió los esfuerzos por controlar la
malaria en Egipto, Panamá, Grecia y Mauricio.
El primer tratamiento eficaz para la malaria fue la corteza del árbol Cinchona, que
contiene el alcaloide quinina. Este árbol crece en las colinas de los Andes, en
particular en Perú. Los habitantes del Perú usaban el producto natural para
controlar la malaria, y los Jesuitas introdujeron esta práctica en Europa durante
los años 1640, donde fue aceptada con rapidez. Sin embargo, no fue sino hasta
1820 cuando la quinina, el ingrediente activo, fue extraída de la corteza y
nombrada por los químicos franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé
Caventou.
A comienzos del siglo XX, antes de los antibióticos, los pacientes con sífilis eran
intencionalmente infectados con malaria para crear una fiebre, siguiendo las
investigaciones de Julius Wagner-Jauregg. Al controlar la fiebre con quinina, los
efectos tanto de la sífilis como la malaria podían ser minimizados. Algunos de los
pacientes murieron por la malaria, pero el riesgo era preferible por encima de la
casi segura muerte por sífilis.
A pesar de que se estableció en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX la
presencia del estadio sanguíneo en el humano y la contraparte del ciclo de vida de
la malaria en el mosquito, solo en 1980 se observó la forma latente hepática del
parásito, conocida como hipnozoito, en las especies P. vivax y P. ovale. Este
descubrimiento explicó finalmente por qué daba la impresión de que algunas
personas se curaban de la enfermedad, para recaer años después de que el
parásito hubiese desaparecido de su circulación sanguínea.
3) APICOMPLEJOS
Los agentes causantes de malaria en humanos son cuatro especies de
protozoarios del género Plasmodium: Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax,
Plasmodium ovale y Plasmodium malariae. De estas especies, P. falciparum es él
que más frecuentemente causa complicaciones y mortalidad. También pueden
ocurrir casos de infecciones mixtas, definidas como infecciones simultáneas por
dos especies, usualmente P. vivax y P. falciparum.
Los plasmodios pertenecen al filum Apicomplexa, que incluye parásitos que
presentan formas invasivas denominadas "zoítos", que a su vez transcurren por
tres fases invasivas: merozoítos, oocinetos y esporozoítos . En su extremo apical
cuentan con organelos (roptrias, micronemas y gránulos densos) de secreción
esenciales en los procesos de motilidad, invasión, biogénesis de la membrana
parasitófora y remodelamiento de la célula hospedera. Dada su participación en
procesos esenciales del parásito, las proteínas de estos organelos se consideran
como moléculas blanco principal para la producción de vacunas antimaláricas.
Como otros apicomplexa, Plasmodium tiene proteosoma7 y apicoplasto. El
proteosoma consiste en proteasas multiméricas auto-compartimentalizadas cuya
actividad principal es el control de calidad de las proteínas, la traducción de
señales y la regulación del ciclo celular. El apicoplasto es un organelo plastídico
no fotosintético que participa en la síntesis de ácidos grasos, isoprenoides y el
grupo hemo. El ciclo de vida de Plasmodium incluye dos hospederos, el
vertebrado y el mosquito. Durante su desarrollo, Plasmodium expresa proteínas
específicas para sobrevivir y desarrollarse en dos ambientes distintos, el
intracelular y el extracelular, invadir varios tipos celulares y evadir la respuesta
inmunitaria de ambos hospederos.
4) ULTRAESTRUCTURA MACRO Y MICRO
Macro: Tienen forma redonda, que ocupa la totalidad del eritrocito hipertrofiado.
Citoplasma azul, homogéneo, de contornos regulares, sin vacuola. Núcleo
pequeño, compacto, de color rojo oscuro, y está rodeado frecuentemente de un
halo claro situado lejos del centro (excéntrico). Pigmento oscuro de color café
negruzco y grueso, distribuido por todo el citoplasma.Núcleo compacto, pequeño,
de color rojo oscuro y excéntrico. Citoplasma de contorno circular u ovoide. El
pigmento es grueso, abundante de color marrón oscuro distribuido en el
citoplasma. Generalmente llenan el eritrocito
Micro: El diagnóstico de malaria se confirma con la identificación de la especie de
Plasmodium presente en la sangre mediante examen microscópico de gota gruesa
para hacer el recuento parasitario en la totalidad de las muestras positivas por P.
falciparum e infecciones mixtas y en los casos de malaria complicada por P. vivax.
La toma de la muestra se debe realizar en el menor tiempo posible y en cualquier
momento del día una vez el paciente inicia la presentación de síntomas (fiebre,
escalofrío y sudoración). Para la toma de muestra, después de consignar la
información clinico-epidemiológica del paciente, se marcan tres láminas, dos para
gota gruesa y una para el extendido de sangre periférica. Se procede a tomar la
muestra de sangre del dedo índice o dedo medio del paciente. Se limpia con
alcohol y algodón, después se seca la zona con una torunda de algodón seco, se
punciona con una lanceta estéril desechable en el borde lateral del dedo entre la
yema y la uña, se limpia la primera gota de sangre con algodón seco, se presiona
el dedo y se coloca la siguiente gota a 1 cm. de la identificación de la lámina.
Luego se realiza la gota gruesa utilizando el borde de otro portaobjeto (lámina
extensora) y se extiende la sangre realizando el menor número de movimientos
sobre la muestras para evitar dañar la morfología del parásito formando un
cuadrado homogéneo y de grosor adecuado. Una vez la muestra de sangre está
completamente seca, se realiza el proceso de precoloración con azul de metileno
fosfatado, se enjuaga la muestra con solución amortiguadora y luego se realiza la
coloración con alguno de los colorantes derivados de Romanowsky (Wright,
Giemsa o Romanowsky modificado), y se prepara la solución de trabajo así: por
cada lámina a colorear medir 3 ml. de solución amortiguadora, 1 gota de solución
A y 1 gota de solución B, mezclar y colorear en lámina cóncava en posición
invertida por un tiempo de 12 a 15 minutos según estandarización. Cuando la
muestra se seque completamente se procede a su observación en 100X buscando
un campo ideal (10-20 leucocitos), luego se comienza a examinar la muestra en
zig-zag teniendo en cuenta no repetir algún campo. Si la muestra es positiva, se
debe observar el suficiente número de campos para diagnosticar la especie o
especies presentes en la muestra y luego realizar el recuento parasitario en
términos de número de parásitos/ul de sangre. Para diagnosticar una muestra
como negativa, se deben observar como mínimo 200 campos microscópicos
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