LOS PRÍNCIPES DESTRONADOS.
CELOS EN LA INFANCIA
LOS PRÍNCIPES DESTRONADOS. CELOS EN LA INFANCIA
Montse García
Aunque en la infancia se puede estar celoso de muchas personas y por diferentes causas, una de
las más habituales a edades tempranas es el nacimiento de un nuevo hermanito o hermanita.
Como bien dicen Pilar Guembe y Carlos Goñi en su libro “Porque te quiero…” un niño o niña que
tiene un hermanito se siente de repente como un príncipe o princesa destronada. Si antes era el
centro de todas las atenciones ahora pasa, de un plumazo, a un segundo plano. El príncipe o la
princesa destronada se resistirá todo lo que pueda antes de ceder su trono mediante todas las
artimañas que estén a su alcance.
Es en el período que abarca de los dos a los cinco años de edad cuando los celos pueden ser más
virulentos. A otras edades los niños y niñas también se pueden sentir celosos aunque
generalmente la intensidad de las emociones es más moderada.
A continuación podéis encontrar algunas de las conductas más frecuentes que suelen mostrar los
niños cuando están celosos:
Dificultad para obedecer, negativismo, terquedad, agresividad. Al desobedecer consigue enfadar
a los padres y con ello su atención.
Cierta agresividad si hay baja tolerancia a la frustración por medio de enfados, irritabilidad,
golpes, insultos…
Cambios de humor no justificados y signos de infelicidad (más introvertidos, pasan fácilmente de
la alegría a la tristeza, de la quietud a la intranquilidad, etc.). Pueden mostrar lloros frecuentes sin
motivo, aunque también podrían mostrar desinterés, apatía y aburrimiento ante lo que le rodea.
Negativismo. A veces se niegan a realizar actividades que se les proponen y que antes aceptaba.
Regresiones de conductas e hitos ya superados como por ejemplo hacerse pipí en la cama por
las noches cuando ya hacía tiempo que había logrado el control de esfínteres.
Alteraciones en los patrones del sueño y hábitos alimentarios.
Negación sistemática de los errores propios y culpabilizar a otros de sus problemas y actitudes.
Desarrollo de somatizaciones con lo que podrían presentar malestar indefinido, dolor
abdominal, vómitos, etc…
Por otro lado aquí tenéis algunas pautas que podéis empezar a emplear con los niños y niñas
pequeños para minimizar sus conductas celosas:
Aseguraos de que no haya trato preferente entre los dos hermanos. Intentad hacerle ver que él
es un ser único e irrepetible diciéndoselo y reforzando las conductas adecuadas.
Educarlo en el control de sus emociones para que aprenda a soportar pequeñas frustraciones.
Decir NO cuando es necesario es beneficioso para los niños. Es importante también que sepan
alegrarse del éxito de los demás, que sepan aceptar sus dificultades con optimismo… el humor y
un buen abrazo pueden ayudar en esta tarea.
Siempre que sea posible (si no es peligroso para él u otros) debemos ignorar las conductas
inadecuadas (rabietas, desobediencia, negativismo). Es preferible ignorar algunas cosas evitando
conflictos que estar todo el día riñendo al niño ya que lo único que conseguimos es bajar aún más
su autoestima y reforzar su idea de que ha perdido vuestro cariño. Cuando se tranquilice será el
momento de hablar con él y escuchar al niño permitiéndole que exprese lo que siente y
haciéndole ver que entendemos pero que es mejor para él que lo tome de un modo menos
intenso dándole ejemplos de cómo podría hacerlo la próxima vez que se sienta así.
Enseñarle que tiene que respetar la autoridad de los padres y los límites establecidos, si tiene
problemas con alguna norma es mejor escribirla para que esté a la vista de todos.
Estrechar lazos aumentando tiempo en las actividades de toda la familia.
Otorgarle más protagonismo respecto a los cuidados de su hermana o hermano pequeño y
resaltar la importancia que tiene su ayuda para toda la familia.
Facilitar los momentos de intimidad y confianza que le ayuden a sentirse seguro y a expresaros
sus sentimientos y temores.
Buscar un tiempo al día o a la semana para pasar tiempo con el niño o niña a solas.
Evitar hacer comparaciones entre los hijos ya que esto podría dejar traslucir nuestras
preferencias por algún hijo en particular.
Enseñarle a resolver conflictos de una manera sana.
Alabar sus conductas positivas diciéndoselo a otras personas importantes para él y que el menor
os oiga, por ejemplo mientras hablas con la mamá de un amigo decirle lo bien que el niño hace tal
o cual cosa asegurando que él o ella os oiga….
Evitar hablar de sus conductas negativas de forma casual con otras personas si el niño o la niña
están delante.