Plan Pinedo 1940
La polémica se remonta a los años posteriores a la Primera Guerra, coincidente con el entreguerras y la
caída vertiginosa de la economía. Lo que se discutía era la propia estrategia de desarrollo económico en la
argentina. Acercamiento a Gran Bretaña o EEUU, grado de apertura al comercio exterior, desarrollo del
mercado interno, papel de la industria, etc. No existían “dos bandos”, sino una realidad mucho más
matizada y no expresada todavía claramente en propuestas globales.
El trabajo que presentamos tiene por objeto estudiar el desarrollo de este debate durante los años de la
segunda guerra y posteriores a ella. Se estudia el “Programa de reactivación de la economía nacional” de
1940 (“Plan Pinedo”), su discusión y su fracaso político.
Este programa considera la posibilidad de modificar parcialmente la estrategia de desarrollo económico
vigente. El programa procura conciliar la industrialización con la economía abierta, fomentar las relaciones
comerciales con EEUU y con países limítrofes y crear un mercado de capitales.
Pese a tratarse de la propuesta más elaborada el Plan fue derrotado políticamente. Este fracaso no fue
producto de las virtudes o defectos del plan, sino fue el elevado precio que la elite gobernante debió pagar
por su incapacidad para forjar en su momento una alianza social y política más amplia.
1. La coyuntura de 1940 y la propuesta del plan: ¿Reactivación cíclica o cambio de rumbo?
El Plan se origina en una situación de emergencia: la Segunda Guerra y sus consecuencias sobre la economía
argentina. Como tal sale a dar respuestas inmediatas a los problemas que tal situación planteaba en el
sector externo, en el nivel de actividad económica, en el marco institucional de la economía (grado de
intervención) y subsidiariamente, en el novel de precios. En ese sentido se trata de un programa de corto
plazo. Sin embargo es evidente que sus autores también aprovechan la situación para dictar o anunciar
medidas y cambios institucionales más ambiciosos que afectaran más duraderamente la economía.
A-Problemas del sector externo:
1- La crisis de las exportaciones agrarias y las posibilidades de exportaciones nuevas (industriales)
2- El comercio exterior del país ha quedado dividido en tres compartimientos virtualmente estancos: Se acumulan libras
inconvertibles; déficit del Dólar que antes se solucionaba con el superávit de GB; el comercio con los países restantes es
bajo.
3- Es indispensable controlar las importaciones
B- La amenaza de una depresión y las perspectivas de desarrollo de la economía
A corto plazo es previsible un proceso de depresión por la acumulación de productos. Es indispensable agregar otros
estímulos, además de la compra de excedentes. El mejor: la construcción, tanto en la amplitud y en la extensión de sus
efectos como por la rapidez en que se sienten. En cuanto a la industria manufacturera, sus auges se sucedieron cuando
el país no podía importar cierto producto desde el extranjero.
Toma como insuficiente la compra de cosechas y la construcción para sostener la economía y necesita de la industria.
“La rueda maestra… etc”. Surgirá la preocupación por compatibilizar el desarrollo industrial con un grado importante de
apertura de la economía al exterior.
C- El papel del estado: Aunque el programa afirma que hay que circunscribir la intervención del estado… ya muy amplia,
también afirma que es “indispensable que el estado cree las condiciones favorables y ofrezca el incentivo necesario a fin
de que esas actividades (privadas) adquieran todo el impulso de que sin capaces para combatir eficazmente la depresión
que comienza.
D- El nivel general de precios: El programa se presenta como una alternativa de reactivación no inflacionaria, esto sería
así por basarse en la movilización de recursos ociosos depositados en los bancos (no de la impresión de dinero).
El proyecto de la ley de financiación: Búsqueda de un mercado de capitales a largo plazo y una reforma
financiera apropiada.
Casi con ironía, el artículo 1º del proyecto autorizada al Bco Central a “organizar un sistema de financiación
de emergencia de la actividad economía interna, a plazos intermedios y largos”. Un juego de palabras que
permitía utilizar la emergencia para producir efectos de largo plazo.
El proyecto Involucraba una amplia reforma financiera que perseguía dos objetivos: Otorgar instrumentos
para el manejo de la política monetaria; y facilitar la creación de un mercado de capitales a largo plazo.
La reforma implicaba cambios institucionales duraderos, difícilmente reversibles, en cuanto al papel del
banco central en el manejo de la coyuntura. El estado asumía ahora el papel de promotor y garante de tal
financiamiento. La política se podría llamar “desarrollista keynesiana” y que consistía en alentar
modificaciones de la estructura productiva (proyectos largos) para capear situaciones de desempleo cíclico
actual o potencial.
En el proyecto aprobado finalmente, se introdujeron reformas que implicaron una fuerte prioridad para la
construcción y la compra de cosechas.
Los préstamos no los concedía directamente el Banco Central, sin embargo los riesgos privados eran
limitados, por que los bancos oficiales también podían actuar como prestamistas y por que en todas las
obligaciones y compromisos serian consideradas del gobierno de la nación argentina.
La estrategia que no fue: industrialización exportadora y especializada en materias primas nacionales y
acercamiento a EEUU
El Plan incluía también el control selectivo de las importaciones provenientes de la zona de divisas libres. Sin
embargo se corría el riesgo de que se produjera una “industrialización exagerada”. Para contrarrestar los
efectos indeseados de la “industrialización keynesiana” el Plan proponía su propio antídoto: Un desarrollo
industrial exportador y especializado en las materias primas nacionales. Esto concordaba con la necesidad
de exportar todo lo posible y no importar mucho, y a la vez con la necesidad de una economía abierta tanto
como fuera posible. Se debía impedir el florecimiento de “industrias artificiales” y favorecer en cambio a las
“industrias nacionales”. Para ello se preveían las siguientes medidas:
a) Promoción del intercambio con países vecinos
b) Incentivos cambiarios a las exportaciones industriales, particularmente a EEUU
c) Generalización del régimen draw-back
d) Estímulos especiales a las industrias elaboradoras de materias primas nacionales
e) Se agregaban iniciativas tendientes a evitar la “protección al revés”
El énfasis en la necesidad de importar destaca la voluntad de restringir el proceso sustitutivo de
importaciones.
En el mismo contexto de escasez de divisas era indispensable diversificar los mercados externos.
Especialmente hacia EEUU. El deseo de incrementar el intercambio con dicho país en efecto, respondía a
motivos más profundos, era una estrategia de largo plazo coincidente con la ascendente hegemonía de ese
país en el mundo.
En la propuesta pinedista la reconversión industrial, el acercamiento a EEUU y la lucha por evitar el cierra de
la economía constituyen elementos inseparables. Una industrialización especializada y exportadora era
imprescindible para romper el “esquema triangular” Arg-GB-EEUU.
El núcleo gremial de la nueva estrategia, la corporación para la promoción del Intercambio (CPI) y la
Armour Foundations.
En la única medida de todas las aconsejadas por Pinedo que se llevó a la práctica inmediatamente: la fijación
de normas cambiarias para promover la exportación de artículos nuevos y simultáneamente liberar algunas
importaciones restringidas. A su amparo fue autorizada al poco tiempo la CPI a la que se le concedió el
virtual monopolio de tales operaciones. Se trataba de vender las divisas provenientes de la exportación de
artículos nuevos a quienes desearan importar productos sujetos a restricciones.
Los sucesivos directorios de la CPI estuvieron integrados no solo por personas que ocupaban altos cargos
directivos de las principales empresas norteamericanas en Argentina, sino también por directores de
empresas industriales tradicionales con aptitud exportadora.
A corto plazo, el CPI resulto un fracaso. La escasez de medios de transporte y el control de las exportaciones
norteamericanas por la guerra, cada vez más selectivamente contrario a la Argentina, resultaron obstáculos
insalvables para que la CPI realizara los fines que la habían constituido.
Por este motivo se aboco a la realización de diversos estudios, entre ellos se destaca el que por su encargo
llevo a cabo la Armour Research Foundation. Este estudio describe con mucha claridad el alcance que se
deseaba otorgar a la industrialización argentina. Consideraba necesario incrementar la competitividad
externa de la industria argentina promoviendo líneas de productos con mayores ventajas “naturales”
La discusión y la derrota del Plan: una aleccionadora victoria de la política sobre la economía
En el senado, donde el oficialismo tenía mayoría, el proyecto fue aprobado con la sola oposición de los tres
Radicales. Los legisladores de la Concordancia, no se muestraron apasionados y lo aprobaron previa
eliminación de sus aspectos más industrialistas. En la cámara de diputados, con la mayoría del radicalismo el
proyecto no llego a tratarse por la negativa del sector a considerar proyecto alguno del PEN. El discurso
radical adopto predominantemente una matiz antiintervencionista y antiindustrial.
Indudablemente, la UCR debía ser el partido más problematizado frente a la cuestión que se discutía,
porque era también aquel cuyas bases eran más heterogéneas. ¿Cómo conciliar en momentos tan decisivos
los intereses económicos de corto plazo de los criadores de ganado, los chacareros y los nuevos industriales,
y por fin, las masas urbanas?
En lo interno, la preocupación dominante era la lucha por el poder político inmediato, las tácticas, la real
política, subordinaban toda consideración sobre estrategias o proyectos, pero también la búsqueda de
hegemonías políticas más perdurables.
El éxito imprevisto de las exportaciones industriales, la reorientación del comercio exterior hacia América
y la discusión sobre la viabilidad del Plan
Las especiales circunstancias económicas creadas por la Guerra permitieron que la estrategia pinedista de
exportaciones industriales y diversificación de mercados alcanzara éxitos tan rápidos como inesperados. La
modificación de las exportaciones por tipo de bienes era paralela a la diversificación de los mercados. Las
cifras presentadas indican con claridad que el aspecto “exportacionista” de la estrategia de pinedo no
solamente era factible durante los años de la segunda guerra, sino que se imponía casi con naturalidad. El
mismo éxito, y a favor de las mismas y especiales circunstancias bélicas, se alcanzaban en cuanto al
acercamiento comercial a los países de América.
Es probable que en un clima de relaciones amistosas, los EEUU no habrían encontrado motivos para
oponerse a un proyecto que les aseguraba un aliado en el Cono Sur, dispuesto a renunciar al
establecimiento e industrias que compitieran con las exportaciones o con las radicaciones de capitales
norteamericanas. El carácter fuertemente competitivo entre las económicas de ambos países y las políticas
proteccionistas de EEUU echan también algunas sombras sobre la posibilidad real de que la argentina
consiguiera este modesto lugar bajo el sol.
Entre el plan pinedo y el peronismo: la gran discusión sobre estrategias industriales y la marcha hacia el
mercado internismo
Los años transcurridos entre el Plan Pinedo y el triunfo del peronismo fueron de intensa discusión sobre las
estrategias económicas más convenientes para el país. Las repercusiones económicas y políticas de la
segunda guerra consolidaron la hegemonía del industrialismo y el mercadointernista. Se muestran algunas
alternativas de debates según los puntos de vista de: los empresarios industriales, los militares y el Estado
-Los empresarios industriales y su diferenciación.
A lo largo de la década del 30, la política de la UIA fue en defensa de las llamadas “industrias artificiales” con
argumentos del empleo que genera la producción “artificial”. Esto no significa que la UIA representaba por
igual a todos los empresarios industriales, las empresas grandes radicadas generalmente en el Gran Buenos
Aires con antigüedad tenían mayor participación en la conducción institucional. Es decir las empresas más
establecidas, las que menos necesitaban de la activa protección del gobierno y las que resultarían menos
beneficiadas por la aplicación de políticas redistributivas se encontraban sobrerrepresentadas al igual que
las empresas de capital extranjero.
La institución expresara entonces, con un dejo revisionista que la “industria argentina debe ser exportadora
para mejorar su costos con una producción intensiva e ilimitada”. La misma posición se ira haciendo clara en
muchos industriales y dirigentes de la UIA, algunos de los cuales promoverán una estrategia más
decididamente exportadora, mientras que otros argumentaran a favor de un desarrollo equilibrado de los
mercados externo e interno. Esta alternativa ira generando una tensión creciente. En un principio, el
mercado interno y las exportaciones no se veían como proyectos rivales. Sin embargo, en 1944 los primeros
síntomas de restricciones comerciales y cambiarias a las exportaciones, la UIA se ha de mostrar seriamente
preocupada. Y cuando el gobierno comience a convertirse en peronista, esta actitud se convertirá en
desesperación.
La clave del asunto no estaba tanto en las restricciones directas a las exportaciones como en la política
social. Hay que tener en cuenta que el crecimiento de la industria desde la Gran crisis se había realizado con
una gran incorporación de mano de obra. Una política de aumentos salariales no sería bien aceptada. El
crecimiento de la producción industrial de esos años se había originado fundamentalmente en la adición de
trabajo, y no en la incorporación de capital.
La UIA había logrado incorporar una diversidad de intereses en su seno, y existía un cuestionamiento de la
representatividad de la institución. Ya que por ejemplo en una presentación de Santa Fe se atacaba el
latifundio e insistía en la necesidad de descentralizar la economía y desarrollar la industria pesada,
nacionalizar los ferrocarriles etc.
La división en la UIA se expresara a partir de las diferencias en los puntos de vista de dos fracciones respecto
a la conveniencia o inconveniencia de adecuarse a las políticas peronistas propuestas. No por esto se
generaron dos boques de empresarios industriales con programas alternativos. La UIA consideraba
importante pero no excluyente la estrategia exportadora.
-La estrategia militar
La Guerra también afecto a las fuerzas militares y más que nada al ejército. La creciente intervención de los
militares aportaría nuevas y decisivas facetas a la polémica. Ellas fueron:
1. Una redefinición de las “industrias naturales” que incluía a las que elaboraban materias minerales.
Para lograr la autarquía económica en la defensa nacional.
2. Un mayor control nacional o estatal de la economía
3. Un concepto del orden social cuya efectivización requería mejoras del nivel de vida de los
trabajadores.
Una expresión concreta de esta concepción fue en 1943 la creación de la Dirección General de Fabricaciones
Militares con el objetivo de la defensa en el aspecto industrial.
-La política del Estado y la polémica industrial antes del triunfo definitivo del mercadointernismo.
La política de promoción de la industria no desapareció con el fracaso del Plan Pinedo, ni tampoco espero
para reanudarse la llegada de la revolución de 1943.
Entre 1940 y 1943 se adoptaron un sinnúmero de medidas industrialistas: La Flota Mercante del Estado, la
Ley de Fabricaciones Militares, alrededor de quince leyes de promoción industrial dictadas por provincias y
municipios y finalmente la insistencia del PEN(Poder ejecutivo nacional) en un proyecto de crédito industrial
que se legalizaría en septiembre del 43. Toda esta actividad no debía resultar sorprendente si se tiene en
cuenta la creciente preponderancia de las ideas industriales. Incluso encarnadas en el presidente castillo,
que aspiraba la explotación minera a gran escala y el fomento de las industrias extractivas.
Es interesante analizar los proyectos que culminaron en la creación del sistema de crédito industrial en
1943. La Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados, controlada por el radicalismo, decidió otorgar
preeminencia a la implantación y el desenvolvimiento de las industrias que extrajeran o manufacturaran
materias primas nacionales, con prioridad a las firmas argentinas y a las orientadas al mercado interno.
Comenzaban a hacerse evidentes también en el plano político las divergencias de criterios respecto de la
industrialización y, también una actitud de la UCR no solo más industrialista que en oportunidad del Plan
Pinedo, sino también nacionalista y favorable al mercado interno.
Ya en el sistema de crédito industrial del 43, resultado final de los proyectos anteriores, se enfatizaba la
necesidad de sustituir importaciones, sin hacer referencia alguna a las exportaciones industriales o a las
industrias artificiales. Por su parte, en un decreto de 1944 sobre fomento y defensa de la industria nacional
se definían como industrias de interés nacional:
1-Las que emplearan materias primas nacionales y estuviesen orientadas al mercado interno.
2-Las que además del 1, produjesen artículos de primera necesidad o de interés para la defensa nacional
Los mismos criterios adopto para su política crediticia el Banco de Crédito industrial creado en Abril del 44.
La estrategia mercadointernista del peronismo: la posición internacional de la argentina, la política social
y un largo adiós a las exportaciones industriales.
La economía política del peronismo se edifico sobre la base de criterios distintos a los de una estrategia
razonada de industrialización y en consecuencia, resultaba difícil que alcanzara una hegemonía cultural en
ese terreno. Esos criterios fueron:
1-Una nueva concepción del Estado y de su papel en la economía
2-Las políticas sociales y de ingresos
3-Los objetivos de independencia económica y soberanía política, que llevaron a la necesidad de cerrar la
economía para independizarla cuanto fuera posible de los vaivenes del intercambio externo.
1. El Consejo nacional de Posguerra (CNP) y la nueva concepción sobre el papel del estado
Su fin primordial era la “Plena ocupación y un sistema completo de seguridad social” y mantener el papel del
estado como fiel de la balanza capital-trabajo. Este papel arbitral se concretaba en amplias facultades para
el control de precios y el ajuste de los salarios al costo de vida. Todo esto con el objetivo del ordenamiento
económico y social.
Esta creciente intervención ya había producido en 1942 fuertes reacciones negativas de las asociaciones
empresariales tradicionales. Ellas formaron un Comité de Defensa Económica integrado por la SRA, la bolsa
de comercio, la UIA, y La confederación argentina del Comercio, la industria y la producción.
Sin embargo, el clima era el más adecuado para el florecimiento de una nueva concepción sobre el papel del
estado. Todo jugaba a su favor: las ideas vigentes en casi todo el mundo, las incertidumbres creadas por la
Gran Crisis y por la Guerra, la atracción de compensar las medidas intervencionistas proempresariales con
medidas favorables a los asalariados y, por esta vía, la tentación de proponer una estrategia unificadora de
tantos intereses encontrados.
2. La evolución de las ideas de Perón sobre la industria
Perón consideraba que la defensa nacional exige una poderosa industria propia, y no cualquiera, sino una
industria pesada. También pensaba que debe evitarse en lo posible la creación o sostenimiento de industrias
artificiales, cuya vida económica depende de alguna forma de protección que directa o indirectamente,
siempre representa un gasto. El estado debía determinar cuáles eran las actividades ya consolidadas, cuales
las que requerían un apoyo para lograr solidez por la vital importancia que tenían para el país, y por último,
cuales ya habían cumplido su objetivo de suplir la carestía de los tiempos de guerra, pero cuyo
mantenimiento en época de normalidad representaría una carga antieconómica que ningún motivo
razonable aconseja mantener. Debemos “Crear industrias fundadas en materias primas del país”,
Perón se incorporó al gran debate aceptando parcialmente el planteo de Pinedo en cuanto a la necesidad de
limitar la amplitud de la sustitución de importaciones, corrigiéndolo en cuanto a la necesidad de la industria
pesada con fines de defensa y ampliando el concepto de “materias primas nacionales” para incluir los
metales. La coincidencia también es menor en cuanto a las exportaciones, que Perón decide darle poca
importancia.
Estas posiciones (suprimir actividades) se fueron modificando con el correr del tiempo, a medida que se
hacían incompatibles con las políticas sociales y las relaciones internacionales de la Argentina. Se sumaron a
las restricciones “Los compromisos internacionales que tiene contraídos (la argentina) la obligan a orientar
las directivas económicas supranacionales teniendo en vista la cooperación entre todos los países”
Entre el 45 y el 46 comenzaran a aparecer ideas estratégicas contrapuestas. Por un lado la vulnerabilidad del
país en su abastecimiento de insumos industriales, por cuyo motivo, es indispensable abordar
resueltamente la utilización de todos los recursos naturales. Y por otro lado, Perón ya no mencionaba la
necesidad de eliminar las industrias artificiales. Las actividades que en adelante requerían el apoyo del
estado eran aquellas que tenían una vital importancia para el país o para contribuir al intercambio mundial.
3-Los objetivos y condicionamientos de la política internacional, la política social y de ingresos y la
consolidación del mercadointernismo.
Este cambio de ideas de Perón no se inspiraba en razones intrínsecas a la política industrial, sino en su
convicción de que era necesario dar prioridad a la política social y de ingresos y dar también respuestas
nacionalistas a la peculiar situación internacional.
Los condicionamientos externos, jugaron un papel importante y ayudaron a empujar al peronismo y a la
economía argentina hacia el mercadointernismo. En síntesis puede afirmarse que los condicionantes
externos operaron de este modo:
a) Las importaciones estratégicas le fueron dificultadas a la Argentina por presiones políticas
norteamericanas. Por ejemplo los combustibles, insumos industriales y bienes de capital.
b) Por el lado de las exportaciones, la Argentina se especializo forzadamente en la ganadería (en desmedro
de la agricultura) durante la guerra. Tal situación contribuyo a crear un serio problema de libras bloqueadas
y a anudar las ataduras de la economía argentina a la británica en la posguerra. En ese contexto, exportar
más no implicaba poder importar más, sino acumular créditos dudosos y cebar la inflación.
Mercado interno, nivel de ocupación y salarios reales
La opción mercadointernista planteaba que una vez que el ciclo posguerra se haya cerrado, no tendríamos
necesidad de mendigar mercados extranjeros, porque tendremos el mercado dentro del país y habremos
solucionado con ello una de las cuestiones más importantes, la estabilidad social.
Había un pesimismo de fondo sobre las posibilidades de alcanzar los objetivos del progreso social en una
economía abierta fundado en la posguerra y en la desconfianza hacia el comercio generada por la gran crisis.
Por estas razones el mercadointernismo fue visto como el único camino apto para mantener el alto nivel de
ocupación urbana ya logrado y aumentar los salarios reales.
El nivel de empleo se convirtió en una obsesión ante la inminencia de la terminación de la guerra, ya que se
estimó una caída en el empleo durante el primer periodo de posguerra. Esa desocupación podía generarse
por una caída de las exportaciones industriales, como por la crisis de las industrias sustitutivas de
importaciones.
Pero el problema fundamental, aquel que llevo al peronismo a optar por el mercado interno fue la dificultad
para aumentar los salarios reales hasta 1946.
Si la preocupación por el nivel de empleo llevo al peronismo a proteger a las industrias sustitutivas, el
objetivo de aumentar los salarios reales lo condujo a desalentar y a controlar las exportaciones. Hubo de tal
modo una total convergencia entre los objetivos de la economía política del peronismo, pleno empleo y
altos salarios, y los condicionamientos externos que empujaban a la argentina a importar y exportar menos.
El problema que impidió el aumento de los salaros reales fue la dramática recuperación externa e interna de
los precios de los productos agrícolas.
a. Las restricciones a las exportaciones
Ya en 1944 el Bco central había advertido que era necesario restringir las exportaciones para evitar la
inflación. A partir de entonces se multiplicaron las medidas restrictivas.
Reflexiones finales
El Plan Pinedo de 1940 y la economía política mercadointernista del peronismo originario fueron dos
momentos culminantes del “gran debate” sobre el desarrollo económico nacional. Ambos planes fracasaron
en su intento de lograr una estrategia de industrialización perdurablemente exitosa. Aunque las razones del
fracaso fueron distintas, es difícil dejar de afirmar que se trato de sendas oportunidades perdidas.
Existía en su trasfondo un fenómeno de larga duración; la crisis de la economía argentina en el periodo de
entreguerras. Los síntomas distintivos de esta crisis eran; una creciente diversificación de la estructura
productiva y la desaceleración del crecimiento de la economía. La diversificación se acentuó a partir de la
primera guerra y requería en su desarrollo natural una creciente vinculación con EEUU mediante los
excedentes obtenidos en el intercambio con Gran Bretaña. Detrás del esquema se encontraba un hecho
decisivo: la natural competitividad, más que complementariedad entre la economía argentina y
norteamericana, que contrastaba con la “feliz asociación” que había vinculado profundamente a nuestro
país con la economía británica.
Detrás de toda la problemática de entreguerras, Pinedo y Perón intentaron dar respuestas bien diferentes,
existía un hecho exógeno que complicaba tremendamente la ubicación de la economía argentina en el plano
internacional.
El Plan Pinedo intentaba contra viento y marea, mantener abierta la economía argentina al comercio
exterior. Se necesitaba una industrialización exportadora y especializada en materias primas nacionales. Tal
objetivo solo podría conseguirse mediante un fuerte acercamiento a EEUU, que los autores del programa
veían como dificultoso, pero posible en el mediano plazo. Se trataba de un plan proaliado, con un intento de
integración a una nueva división del trabajo liderada por EEUU.
Si bien la propuesta es lucida y moderna, también es vacilante y restringida en su aceptación política y social.
Pero la clave de su fracaso no está allí, sino en la debilidad de sus apoyos políticos. El programa aparece mas
como propio de un grupo reducido que como la expresión del proyecto de todos los grupos políticos y de
intereses que participaban en el gobierno. El programa tropezó con la “obcecación conservadora” y con el
“castillismo”. La primera impone la arrogante condición de que el programa de Pinedo no implique una
apertura política, rechaza la posibilidad de convertir la excluyente dominación política de la década del 30 en
un proyecto auténticamente hegemónico que exprese una amplia alianza social y política.
Frente a este cuadro se erige la oposición del radicalismo y del socialismo. La primera resulta decisiva para el
fracaso del Plan. Pero no se plantea como un proyecto hegemónico alternativo. Las propuestas del FORJA
parecen anticipar lo mismo que el castillismo, que el mercadointernismo es la única respuesta posible.
El caso del peronismo originario es bien diferente. Por un lado la idea mercadointernista ya ha ido
ascendiendo paulatinamente durante la guerra: entre los militares, entre los empresarios industriales, entre
los obreros y entre los intelectuales. Cada vez más gente depende del mercado interno más que del
comercio exterior, en sus posibilidades de vida. Aceptada la neutralidad como dato, solo quedaba el
mercado interno para dar el salto adelante en la industrialización. Las ostensibles presiones
norteamericanas contribuían también a consolidar el nacionalismo y las tendencias económicas
aislacionistas.
Hasta 1945 o 1946 ni en las ideas ni en los hechos el énfasis del mercado interno se confundía con la
autarquía o con un cierre profundo de la economía. Los años que transcurren entre el 46 y el 49 en cambio,
son decisivos. Dada la política salarial aplicada en ese periodo que implicaba una importante caída de las
exportaciones, solo era posible una economía cada vez más cerrada, aunque difícilmente viable.
Si el fracaso del Plan Pinedo era una “victoria” de la política sobre la economía, la incapacidad del
peronismo para dar al país una estrategia exitosa de industrialización puede ser considerada como un
triunfo de la economía sobe la política, porque no era posible promover desde el estado, aun con sólidos
apoyos sociales, cualquier estrategia de industrialización basada casi exclusivamente en el mercado interno.
Sin embargo, la propuesta del peronismo resulto indeleble en un sentido: desde su origen, ninguna
estrategia economía pudo lograr la hegemonía desentendiéndose del apoyo popular. La búsqueda de esta
estrategia es desde entonces, un problema irresuelto de la sociedad argentina.