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Diez mandamientos tipográficos

El documento presenta 10 mandamientos o pecados tipográficos a evitar, como estirar o aplastar letras para ajustarlas a un espacio, o reducir excesivamente el espacio entre letras y palabras. La tipografía es un artefacto cultural con gran impacto en la historia de la humanidad y merece ser tratada con respeto y cuidado en la composición de textos.

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Diez mandamientos tipográficos

El documento presenta 10 mandamientos o pecados tipográficos a evitar, como estirar o aplastar letras para ajustarlas a un espacio, o reducir excesivamente el espacio entre letras y palabras. La tipografía es un artefacto cultural con gran impacto en la historia de la humanidad y merece ser tratada con respeto y cuidado en la composición de textos.

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375

Pecados tipográficos. Diez mandamientos para no cometer graves


errores en el uso de la tipografía.

Roberto Gamonal Arroyo1

Resumen.

La tipografía es el artefacto cultural con mayor repercusión en la historia


de la Humanidad. Aun así, es muy habitual ver grandes errores en los
rótulos, libros, periódicos, revistas, anuncios y en muchos escritos en
los que se utilizan los signos tipográficos evidenciando una falta de
sensibilidad y de atención no sólo hacia el lenguaje, sino también hacia
su manifestación gráfica.

Estamos rodeados de letras, trabajamos con ellas todos los días. Es


por ello que no debemos descuidar la elaboración de los mensajes
utilizando los caracteres. Del mismo modo que pensamos en lo que
queremos decir, también debemos pensar en cómo lo vamos a decir con
tipografía, ya que prácticamente todas las fuentes tipográficas podemos
afirmar que son legibles, es decir, se pueden leer.

La importancia de la tipografía y su buen uso.

La tipografía supone la materialización y la representación visual


del pensamiento y el conocimiento del ser humano que multiplica
exponencialmente su difusión y reproducción gracias a la imprenta y
los tipos móviles. Todo nuestro saber, nuestros conocimientos, nuestra
cultura y nuestras creencias están materializados con la sabia conjunción
de las 27 letras que constituyen nuestro alfabeto. Gutenberg decía que
eran soldados de plomo con los que se puede conquistar el mundo.
Con ellos podemos construir cualquier tipo de comunicación escrita y
supone la voz de estos mensajes.

1
Profesor de Edición, Diseño y Tipografía. Facultad Ciencias de la Información. Universidad
Complutense de Madrid. Email: rgamonal@[Link]
376

La tipografía es uno de los grandes inventos del ser humano que ha


acompañado a dos de los hitos tecnológicos de mayor magnitud:
la imprenta (anteriormente referida) e internet (no olvidemos que la
mayor parte de su contenido es textual). Y es que diseñar una fuente
tipográfica es quizá uno de los proyectos más complejos a los que se
puede enfrentar un diseñador. El dibujo de los caracteres es la parte del
diseño de tipografías más divertida. Pero diseñar una fuente completa
supone crear mayúsculas, minúsculas, numerales, signos de puntuación
y acentuación, ligaduras y otros símbolos. Después, hacer lo mismo
en los diferentes estilos (redonda, negrita, cursiva, etc.) y, además,
cada uno de estos signos debe ser pensado en su conjunto y teniendo
en cuenta cómo se va a comportar con todos los demás teniendo su
correspondiente espacio delante y detrás.

Las letras son algo más que la representación gráfica de un sonido.


El diseño de una tipografía responde a múltiples factores: históricos,
culturales, económicos y tecnológicos. Las letras son hijas de su tiempo.
Sus formas responden al momento en que fueron creadas, guardan en
sus trazos la experiencia vital de su uso. Dicen más de lo que contiene
el texto que albergan.

Podemos considerar que una buena tipografía es aquella que atiende a


los criterios de legibilidad y lecturabilidad. Pero el uso que se haga de
ella puede cambiar esa percepción. Las letras no son responsables de su
utilización, no son culpables de lo que dicen ni de cómo lo dicen. Lo
son aquellos que las utilizan para la realización de mensajes. El buen o
mal tratamiento que se hace de la tipografía puede crear la sensación de
que una fuente es buena o mala. Hay tipografías que han sido pensadas
para textos impresos, otras para leer en pantalla; unas para tamaños
grandes, otras para cuerpos pequeños… Cada una ha sido diseñada para
cumplir una función específica. Darle una función para la que no estaba
prevista conlleva siempre un uso arriesgado.

La condenada como peor tipografía, la Comic Sans, no tiene la culpa


de que todo el mundo la utilice en mensajes en los que no es la
fuente más apropiada. Precisamente Vincent Connare2 la diseñó en

2
CONNARE, Vicent. Why Comic Sans? London, 2003. Consulta: 24/06/2009, [Link]
[Link]/[Link]
377

1994 como una solución más acorde para representar los textos de un
software del gigante informático llamado “Microsoft Bob” que estaba
dirigido a niños en el que los bocadillos de los personajes animados
estaban compuestos en Times New Roman, por otra parte, una
remodelación digital de una tipografía concebida en 1931 por Stanley
Morison para ser usada en el cuerpo de texto del periódico londinense
“The Times”.

Figura 1. Aunque sea una simple anécdota, demuestra que la tipografía está en todas partes y
hay que cuidar su aplicación. El trofeo de la Copa del Rey del 2011
utilizaba en sus inscripciones la Comic Sans.

Tanto Comic Sans como Times New Roman son fuentes que están
disponibles en una gran cantidad de computadoras del mundo. Y porque
están ahí, al alcance de la mano, son utilizadas por muchos usuarios.
Tener una tipografía instalada en tu ordenador no es una razón de peso
para usarla en la creación de un mensaje.

Es por eso que elegir cuál es la tipografía más adecuada no es una decisión
baladí. Tampoco se deben tomar a la ligera las decisiones en cuanto a su
uso en la composición. A continuación vamos a presentar algunos de los
fallos más habituales que se suelen cometer con la tipografía que van
desde lo micro (detalles en torno a la letra de forma individual) hasta lo
macrotipográfico (formando textos con otros signos).
378

Son pecados que mostramos a modo de decálogo o mandamientos, como


los denomina Paul Felton,3 con un tono de cierto humor y que cometen
no sólo personas ajenas al diseño gráfico, sino también profesionales.
Ellen Lupton4 nos habla de “delitos tipográficos” y Enric Jardí5 de
“consejos”… Sea como sea, el buen uso de la tipografía ha sido un
tema muy tratado ya por grandes tipógrafos como Stanley Morison6 y
Eric Gill7.

Son errores que el corrector de texto de un software de edición no


detecta y por ello los diseñadores deben estar muy atentos. Aunque no es
necesario ser tipógrafo para saber que muchas veces algo funciona mal
en un texto. Quizá al ser la tipografía algo que está presente en todos los
ámbitos de nuestra vida cotidiana, muchas veces se nos pasa por alto. El
diseñador gráfico español Enric Satué8 afirma que la tipografía es como
la “cenicienta” de la cultura: trabaja mucho, pero luce poco.

Diez mandamientos tipográficos.

1. Honrarás y cuidarás la tipografía.


En cierta manera podemos afirmar que las tipografías son como
las personas. De hecho, cuando hablamos de las partes del tipo, nos
referimos a ellas utilizando términos relacionados con la anatomía
humana. Las letras tienen cuerpo (tamaño), ojo (espacio interno), brazos
(trazo horizontal o diagonal que sale de uno vertical), panza (trazo curvo
que encierra una contraforma), pie (trazo diagonal que sirve de apoyo),
lóbulo (trazo final que termina de forma redondeada), etc.

3
FELTON, Paul. The Ten Commandments of Typography / Type Heresy Breaking the Ten
Commandments of Typography. Merrell Publishers, London, 2006.
4
LUPTON, Ellen. Pensar con tipos. Gustavo Gili, Barcelona, 2011.
5
JARDÍ, Enric. Veintidós consejos de tipografía (que algunos diseñadores jamás revelarán).
Actar, Barcelona, 2007.
6
MORISON, Stanley. Principios fundamentales de la tipografía. Ediciones del Bronce,
Barcelona, 1998.
7
GILL, Eric. Un ensayo sobre tipografía. Campgràfic, Valencia, 2004.
8
SATUÉ, Enric. “El diseño tipográfico. Crónica de una marginación crónica” de: Temes de
Disenny, núm. 19, Barcelona, 2002. Consulta: 7/10/2013, [Link]
satuE-es/view?set_language=es
379

Las letras han sido hechas a imagen y semejanza del ser humano. Si
somos respetuosos con las personas, ¿por qué muchas veces no lo somos
con las letras? La gente normal no va por ahí aplastando o estirando a
las personas. Eso era más propio de la tortura con que la Inquisición
martirizaba a los herejes. ¿Entonces por qué ensanchar o estrechar las
letras?

Modificar la escala horizontal de las letras, es decir, estirarlas hacia


arriba o hacia los lados para hacer que nos quepa en un espacio muy
reducido o que ocupe un espacio muy grande es realizar una tortura
tipográfica. Estas acciones alteran las características principales del
diseño de la letra y el grosor de su trazo. Si necesitamos una tipografía
estrecha, hay fuentes o variantes especialmente diseñadas para cumplir
una buena optimización y aprovechamiento del espacio. Son las
tipografías condensadas (condensed). Del mismo modo también hay
tipografías expandidas (expanded) que son más anchas y ocupan un
mayor espacio con pocos caracteres.

Figuras 2 y 3. A la izquierda, estrechamiento exagerado de la escala horizontal de las letras y,


a la derecha, reducción excesiva del interletraje en “alberg juvenil”.

Lo mismo ocurre con el espacio que hay entre las letras y entre las
palabras. Trastocar el track de un texto aminorando su espacio es
como quitarles oxígeno, como hacinar las letras. Añadir espacio extra
entre los caracteres supone romper el agrupamiento de las letras
formando palabras.
380

Eric Spiekermann9 comenta a este respecto la transformación de una


famosa frase atribuida al tipógrafo norteamericano Frederic Goudy
durante la entrega de un premio en Nueva York que ha pasado a la
historia así: “Quien es capaz de espaciar las minúsculas, sería capaz de
robar ovejas”.

Las tipografías han sido diseñadas teniendo en cuenta una proporción


y un espacio. Alterarlos de manera caprichosa puede llegar a dificultar
la lectura.

2. Amarás a tu prójimo lector.


Leer es como recorrer un camino. Así que no pongas la zancadilla a tu
lector. La misión de un diseñador gráfico es facilitar el camino de la
lectura. Piensa que no diseñas para ti mismo, sino para los demás. Más
que en la legibilidad, en lo que el diseñador debe estar más atento es en
la lecturabilidad. Porque podemos decir que todas las tipografías son
legibles puesto que reconocemos cada uno de los signos. Pero leer es
más que reconocer los caracteres.

La lecturabilidad está más enfocada a la comodidad en la lectura. Por


eso decimos que la elección de una tipografía dependerá mucho de en
qué tipo de texto será utilizada. Es una cuestión de toma de decisiones
en función de los parámetros en los que vayamos a trabajar. Por
ejemplo, si vamos a trabajar en textos largos parece obvio que no es
muy recomendable emplear una tipografía manuscrita por muy bonita
que sea.

No es necesario ser un experto en tipografía para que un lector se dé


cuenta de que la composición de un texto no es correcta. Posiblemente
no sepa exactamente qué ocurre, pero siente una cierta incomodidad
al leer que puede ser producida por errores cometidos por el diseñador
que ha maquetado el texto y no por la legibilidad del tipo que es una
cuestión orientada al reconocimiento y distinción de los caracteres.

9
SPIEKERMANN, Eric. Stop stealing sheep & find out how type works. San Francisco, Adobe
Press, 2014, p. 7.
381

Teniendo en cuenta esto, el diseñador gráfico debe trabajar en el nivel


textual muchos aspectos que van más allá de la mera elección de una
tipografía y que van a determinar si el texto es cómodo de leer o no.
Desde la longitud de la línea, el cuerpo del texto, su interlineado, tipo de
alineación, determinación de partición de palabras en sílabas, distinción
del inicio de los párrafos, etc.

Aunque hablaremos posteriormente un poco más sobre el texto en el


párrafo, suele haber un error muy habitual que se produce en los editores
de texto más convencionales y es la producción de ríos y calles en las
líneas. Se trata de un espacio excesivo entre palabras generado por el
programa para buscar el justificado de las líneas de un párrafo. Esto se
produce porque se selecciona la justificación forzada y no se activa la
partición de palabras. Lo que causa unos huecos en los párrafos que
incomodan la lectura fluida.

3. No matarás líneas ni partirás palabras de forma inadecuada.


Otro de los pecados tipográficos más comunes es ir dejando por el
texto líneas muertas que se denominan, según su posición, viudas y
huérfanas. Recurriendo a la vida como metáfora del texto, podemos
explicarlas de la siguiente manera: una viuda es la última línea de un
párrafo que se queda sola al inicio de una página o una columna y una
huérfana es la primera línea de un párrafo que se queda sola al final de
una página o una columna.

Figuras 4 y 5. A la izquierda, un ejemplo de espacios excesivos entre palabras que se conectan


entre las líneas de los párrafos produciendo los desagradables ríos.
A la derecha, la formación de líneas viudas y huérfanas.
382

Son fallos que producen una disrupción en la lectura y que, por lo tanto,
influyen negativamente en la lecturabilidad del texto. Es como ir dejando
cadáveres tipográficos por el camino del texto. Por ello, siempre es
recomendable que las columnas y páginas empiecen y terminen con al
menos dos líneas.

Los más puristas también tienen muy en cuenta que la partición de las
palabras no genere expresiones malsonantes como por ejemplo “monó-
/ -culo”. Esto, que parece algo sin importancia, era considerado por los
antiguos cajistas de imprenta como un insulto al lector.

4. No abusarás de las letras de cuerpo pequeño.


A pesar de que el tamaño de las tipografías se mide en puntos
tipográficos, puede darse la circunstancia de que dos tipografías con el
mismo cuerpo puedan parecer que una es más grande que la otra. Como
afirma Ellen Lupton10 esto se debe a que pueden existir diferencias en
su altura x (altura de las minúsculas) y el grosor de su trazo. Tipografías
como la Helvetica que tienen un gran ojo parecen más grandes.

El tamaño influye, pero no es lo único que hay que tener en consideración.


Cuenta la historia que el tipógrafo inglés John Baskerville (siglo
XVIII) fue acusado de intentar “dejar ciegos a los lectores” porque
sus tipografías tan refinadas tenían unos remates muy delgados y unos
trazos muy estrechos.11 Pero esta sutileza se ve compensada por un ojo
medio grande que caracteriza a la fuente que lleva el mismo nombre
que su creador.

Generalmente los tamaños de lectura de una tipografía van en función,


sobre todo, de la longitud de línea, pero tenemos que tener en cuenta los
condicionantes anteriores para decidir cuál es el cuerpo más adecuado.
Si una línea es más larga necesita un tamaño de letra mayor. Esto se
aprecia muy claramente en los tamaños que se utilizan para el texto
de lectura en un libro y en un periódico. En el primero, la ausencia de
columnas hace que la línea sea más larga y el tamaño de la letra pueda

10
LUPTON, Ellen. Pensar con tipos… [Link]., p. 39.
11
PENELA, José Ramón. “John Baskerville: el hombre que quiso dejar ciegos a sus
compatriotas”, pp. 92-103 de VV. AA. Ponencias Tercer Congreso Internacional de Tipografía,
ADCV, Valencia, 2008, pp. 92-103.
383

estar entre 12 y 14 puntos. Sin embargo, en el periódico la estructura en


columnas condiciona que la línea sea más corta y, por lo tanto, pueda
ser suficiente un tamaño de 9 o 10 puntos, dependiendo de la fuente
empleada.

Pero además de estas limitaciones técnicas, también tenemos que


tener en cuenta la figura del usuario que va a leer un texto. En muchas
ocasiones para lograr meter una gran cantidad de texto en un espacio
muy limitado se opta por reducir el cuerpo, pero puede que esa no sea
la mejor solución.

Es habitual ver en los envases de los alimentos o en los prospectos de los


productos farmacéuticos textos que están a un tamaño muy pequeño. Si
para algunas personas que no tienen problemas de visión ya les cuesta
mucho poder leer los ingredientes que componen un producto, podemos
imaginar que para una persona mayor no sólo no es lecturable, sino que
también es ilegible.

En nuestra cultura mercantil, la letra pequeña suele ser un texto que


recoge algún tipo de cláusula que quiere pasar inadvertida a los ojos del
que firma un contrato. Es por eso que abusar de tamaños muy pequeños,
pongamos que de cuerpo 6 o a veces menor, supone cometer una especie
de pederastia tipográfica. De nuevo, volvemos a defender la inocencia
de la tipografía frente a la responsabilidad del que la utiliza.

5. No cometerás “adulterio tipográfico”.


No conviene emplear más de dos fuentes tipográficas distintas en un
diseño. Si se hace, se corre el riesgo de que eso parezca una orgía
tipográfica y los textos no guarden una coherencia formal. Puede ser
suficiente con una fuente que esté bien surtida de pesos y variantes. Pero,
si fuera necesario, se podría seleccionar otro tipo de letra, teniendo en
consideración las funciones que van a cumplir y las tipologías de textos
que van a representar cada una de ellas. El diseñador debe planificar
cada uno de los estilos y decidir no sólo cuál va a ser la tipografía que
se va a utilizar para cada cosa, sino también valorar los componentes
del cuerpo, interlineado y alineación.
384

Entonces se crean lo que denominamos hojas de estilo, asignando a un


tipo de letra una función textual (titulares, entradillas, pies de fotos,
cuerpo de texto, sumarios, etc.) y las características adecuadas que
contribuyan a una jerarquización de la información y una remarcación
de sus diferencias.

Para lograr esto, el contraste es absolutamente fundamental. Se debe


notar a simple vista que se tratan de tipologías de texto distintas. Y
si se emplean dos fuentes tipográficas, éstas no deben pertenecer a la
misma familia. Recordamos que una familia es una clasificación en la
que se agrupan tipografías que mantienen unas características comunes.
Por consiguiente, dos tipografías pertenecientes a la misma familia se
parecen demasiado entre sí y no ofrecen ningún contraste. La Didot y
la Bodoni, aunque sean dos excelentes tipografías, están clasificadas
dentro de las didonas y juntarlas en un mismo diseño generaría una
relación incestuosa, tipográficamente hablando.

Tampoco conviene juntar dos tipografías que tengan unos marcados


rasgos formales o decorativos porque, en vez de llamar la atención, se
anularían entre sí.

Existen numerosas clasificaciones de familias tipográficas. La


clasificación más conocida correspondiente a Maximilien Vox reconoce
doce familias diferentes basándose en los trazos, los remates y la
modulación. Dentro de los grupos más frecuentes como son las letras
con remate o serifa distingue cinco familias y dentro de las letras palo
seco o sin serifa reconoce cuatro variantes.

Las personas neófitas prácticamente no encuentran diferencias entre


ellas, aunque si se les marca, pueden distinguirlas. Para ellas quizá la
elección tipográfica que ofrece más contraste es la combinación de una
tipografía con remate y otra sin remate. Ésta suele ser la más común.
385

Figuras 6 y 7. Dos muestras en las que se usan numerosas tipografías distintas para un texto
muy breve provocando confusión.

Debido a la costumbre12, se suele asignar a las letras con serifa la


función de texto de lectura porque se considera que los remates unen los
caracteres, pero la realidad es que al leer ni el ojo humano ni el cerebro
se fijan en estos rasgos porque leemos agrupando unos cinco signos. Se
lee mejor, lo que más se lee.

Las tipografías de palo seco, debido a su construcción sencilla mediante


trazos o formas simples, tienen como ventaja que son más fáciles de
percibir. Pero cuentan con un inconveniente, suelen estar diseñadas con
caracteres muy parecidos entre sí que pueden dar lugar a confusión.

A pesar de que hoy en día tenemos a nuestra disposición una gran


cantidad de fuentes digitales listas para ser usadas en el ordenador, aún
siguen manteniéndose las tipografías clásicas como una de las mejores
opciones.

6. No usarás falsas cursivas, negritas o versalitas.


Uno de los criterios a tener en cuenta a la hora de seleccionar una tipografía
es escoger una fuente que tenga distintos pesos como redonda (roman),
negrita (bold) y cursiva (italic). Existen algunas muy completas que
incluyen también grosores como ligera (light), seminegra (semibold)
y supernegra (extrabold), además versiones condensada (condensed) y

12
DE BUEN, Jorge. Mitos de la legibilidad. Imprimatur, Querétaro, 2013. Consulta: 2/10/2013.
[Link]
386

expandida (expanded). Esto abre un enorme abanico de posibilidades


manteniendo la homogeneidad del diseño, pero sin que resulte
monótono.

Figuras 8 y 9. Familias tipográficas de la Univers y la ampliación de la Helvetica Neue


basándose en la creada por Adrian Frutiger.

La mayoría de las tipografías gratuitas no tienen esta amplia variedad


ya que, como dijimos, realizar el diseño de una fuente tipográfica de
estas características es un proyecto de enorme envergadura que requiere
mucho tiempo de realización y esfuerzo. El ejemplo de esta enorme
versatilidad la ofrece la Univers, una letra de palo seco diseñada por
Adrian Frutiger con 21 variantes o la Rotis, creada por Otl Aicher con
versiones de palo seco, con serifa y otra intermedia que suponen un
total de 17 pesos.

Hasta la llegada del formato digital OpenType, la instalación de las


fuentes en el ordenador necesitaba de un archivo por cada una de las
variantes que tuviera. Es el caso de los formatos TrueType y Postscript.
De tal manera que si en la computadora no se instala el archivo de
la negrita o de la cursiva, no aparecía en el menú de la fuente y, en
principio, no está disponible.
387

Los programas de edición de textos como el Office Word son capaces


de generar a partir de la redonda o romana otras variaciones que
pudieran faltar. Aunque hay que decir que lo y que puede realizar es
una falsificación de los pesos modificando la letra, algo que entra en
conflicto con el primer mandamiento haciendo peligrar la integridad de
la tipografía.

Figura 10. A la izquierda una cursiva y a la derecha una “falsa cursiva”.

Pudiera parecer que es tan simple como apretar el botón de la negrita


(N) o de la cursiva (K) debajo del menú de fuentes de un editor y
se crea engrosando el trazo de la letra o inclinándola unos grados,
respectivamente. En el primer caso, lo que provoca el ensanchamiento
del trazo de manera automática es la eliminación de muchos blancos
internos que son necesarios para el perfecto reconocimiento de la
letra. En el segundo caso, no se tiene en cuenta que la cursiva es una
evolución de la letra escrita de forma corrida o seguida cuyos caracteres
tienen unos dibujos distintos a los de la versión redonda, sobre todo en
las tipografías con remate y no es suficiente con tumbar la letra en un
ángulo de siete grados.

A los casos de las falsas cursivas y negritas hay que unir el de las
versalitas, que son letras que tienen la forma de las mayúsculas,
pero altura de minúsculas. En versiones de anteriores programas
profesionales de maquetación como QuarkXPress e InDesign podían
crear, a partir de una mayúscula, una versalita mediante la simple
reducción automática del tamaño del carácter hasta que tuviera la altura
x necesaria. Se obviaba que esta reducción de escala suponía también
una merma importante en el grosor del trazo de la versalita resultante.

Aunque Word sigue teniendo estas opciones, el software profesional


de edición y maquetación ha retirado la creación automática de falsas
cursivas, negritas y versalitas por lo que requiere que la fuente instalada
tenga necesariamente las versiones o pesos para que estén disponibles
y se puedan usar.
388

7. Honrarás el párrafo y dignificarás la línea.


En una sociedad en la que es más importante ver que leer, el texto
pasa inadvertido. Pero no por ello, el diseñador debe descuidarlo.
Al contrario, tiene que poner más atención en los detalles de la
composición y buscar una buena mancha y color tipográfico mediante
la dignificación del párrafo y de la línea. El ennoblecimiento del texto
pasa por cuidar los detalles de la alineación, el espaciado y la partición
de las palabras. Todo ello redundará en una mejora de la lecturabilidad
y un óptimo rendimiento tipográfico en productos que trabajan con una
gran cantidad de textos como pueden ser los libros, los periódicos y las
revistas.

En primer lugar debemos tener en cuenta la longitud de la línea. En


el mandamiento cuarto hablábamos del cuerpo de la letra en función
de su ancho. Pero también debemos considerar la cantidad de matrices
(incluyendo los espacios) que debe contener. No hay un consenso
establecido. Una línea excesivamente corta haría que el movimiento
de los ojos del lector fuera trepidante (como si estuviera viendo un
partido frenético de tenis) y una línea excesivamente larga dificultaría
la continuidad de la lectura ya que la búsqueda del siguiente renglón
llevaría más tiempo de lo normal.

Robert Bringhurst13 establece como la cantidad ideal los 66 caracteres y


crea una horquilla que va desde un mínimo de 45 hasta un máximo de
75 matrices. En composiciones realizadas en columnas oscila entre 45
y 60 caracteres. Y para líneas largas puede llegar a 85 o 90 caracteres
siempre que tenga un amplio interlineado y esté bien compuesto. En
definitiva, el cálculo de la línea está íntimamente relacionado al cuerpo
de la letra, su interlineado y cantidad de caracteres.

BRINGHURST, Robert. Los elementos del estilo tipográfico. Fondo de Cultura Económica,
13

México DF., 2008, p. 35.


389

En segundo lugar, en función del tipo de texto, hay que decidir cuál
es el tipo de alineación del párrafo más adecuado. Las alineaciones
en bandera son recomendables para textos que no sean muy extensos.
Sobre todo, la alineación al centro y la alineación a la derecha que
pueden ser efectivas en composiciones breves como titulares o títulos,
pies de foto o sumarios. Debido a nuestra costumbre lectora en este
tipo de alineaciones se dificulta la orientación habitual de izquierda
(como principio) a derecha (como final). No se recomienda en estas
composiciones la partición de palabras en sílabas.

Para textos más extensos, las más habituales son la alineación a la


izquierda (con bandera a la derecha) y la alineación justificada. La
primera se asemeja a la manera en que de forma natural escribimos y,
aunque se puede utilizar la partición en sílabas, es recomendable no
hacerlo para que la transición al siguiente reglón sea más fluida.

En cuanto a la alineación justificada hay que tener diversas


consideraciones. Como decíamos en el segundo mandamiento, en
aras de nuestro prójimo lector, en textos justificados es absolutamente
necesario utilizar la partición de palabras para que se cree un correcto
espacio entre las palabras. Pero esto hay que saber compensarlo con
otra norma tipográfica que dice que se debe evitar que aparezcan tres
guiones seguidos al final de líneas sucesivas.

Otra cuestión a valorar es el reconocimiento del párrafo a través de la


sangría en la primera línea o a través de un espacio. Dejar una línea
en blanco entre párrafos puede resultar un espacio excesivo. Quizá
solamente para separar bloques temáticos o en poesía para diferenciar
estrofas ya que en textos muy extensos se desaprovecha mucho espacio.

La sangría supone un pequeño descanso visual para el lector y una marca


que indica el inicio de párrafo. Pero ésta no debe ser muy grande. El
tamaño medio para una sangría es de un cuadratín, es decir, un espacio
equivalente al cuerpo de la letra que se está utilizando. Si se está
componiendo a doce puntos, el espacio de la sangría será también
del mismo tamaño. Nunca se hará la sangría pulsando cinco veces la
390

barra espaciadora del teclado ni tampoco introduciendo un tabulado.


Ambas son acciones heredadas de la antigua máquina de escribir y en
ordenador dejarían unos espacios que entorpecerían la edición del texto.

Hay una excepción en el uso de la sangría. No se dejará este espacio


después de un título en el caso de un libro de texto o un titular en el caso
de una publicación periódica. El blanco generado alrededor del título
o el titular es lo suficientemente visible que no es necesario marcar el
inicio de párrafo.

8. Las letras hablan. Ten cuidado de que no blasfemen.


Las letras comunican más allá del texto. Sus formas nos están
expresando algo más. Decimos que las letras son inocentes, pero,
comunicativamente hablando, no son neutrales. Es por ello que el tipo
de letra que se emplea y el tratamiento tipográfico que se le da al texto
están influyendo en el significado que el receptor interpreta.

Figuras 11 y 12. Lo que se transmite más allá del texto.


¿Confiarías tu salud buco-dental a estos dentistas?

La tipografía no es un mero contenedor de texto, sino que es capaz de


transmitir emociones y sensaciones. Debemos tener mucho cuidado en
que no exista una contradicción entre lo que dice el significado de las
palabras del mensaje y lo que transmiten las formas de las letras.

Porque la tipografía es imagen y texto a la vez. Esta dualidad permite


que con ella también se puedan crear formas. Y que las formas con las
391

que están construidas sean de una enorme belleza plástica. Emil Ruder14
ahonda en esta cuestión diciendo que la tipografía tiene dos caras: por un
lado, está condicionada por su finalidad práctica y por otro, se expresa
mediante un lenguaje artístico formal. No podemos olvidar que en sus
orígenes las letras representaban cosas que estaban alrededor del ser
humano y que eran representadas de manera pictográfica y simplificada
mediante el trazo.

Por todo esto no se deben desdeñar las cualidades expresivas de las


letras. Tenemos que controlar en qué ocasiones queremos que una
composición tipográfica sea expresiva y transmita unas sensaciones y
otras en la que buscamos que su forma pase inadvertida y deje hablar
al texto. En palabras de Beatrice Warde es necesario que la tipografía
sea como una copa de cristal fino y transparente para que permita ver su
contenido sin entorpecerlo con florituras.

La expresión puede alterarse con un simple cambio tipográfico. Un


mismo texto compuesto con diferentes tipos produce sensaciones
diferentes, aunque digan exactamente lo mismo. Willberg y Forssman15
afirman que este efecto se produce por la forma abstracta de los
caracteres (finos, gruesos, redondos, sinuosos, rudos, elegantes, etc.) y
la experiencia vital de una escritura (por lo que se ha vivido con ella).

Pensemos, por ejemplo, en la tipografía romana de la Columna Trajana


que ha servido de base al desarrollo del alfabeto latino. Su versión
digitalizada es la Trajan, una tipografía que guarda la esencia de las
proporciones clásicas y que rezuma ciertos valores comunicativos
inherentes a la propia historia vivida. Cuando vemos estas letras
inevitablemente nos trasladamos al periodo del Imperio Romano.
En un uso actualizado esta tipografía transmite en los mensajes
monumentalidad y grandiosidad (no en vano era una escritura que se
esculpía en piedra) y también autoridad y poder (por haber dominado
el mundo occidental durante siglos). Es muy normal verla actualmente
en los edificios públicos y también en los carteles cinematográficos de
grandes producciones.

RUDER, Emil. Manual de Diseño Tipográfico. Gustavo Gili, Barcelona, 1983.


14

WILLBERG, Hans Peter - FORSMMAN, Frederich. Primeros auxilios en Tipografía.


15

Gustavo Gili, Barcelona, 2002.


392

El diseñador italiano Massimo Vignelli trabajaba prácticamente con dos


tipos de letra: Helvetica y Bodoni. Con ellas era capaz de abarcar un
amplio registro de proyectos sin que su trabajo pareciera repetitivo. La
primera ha sido empleada como sinónimo de modernidad y neutralidad
abanderando el Estilo Internacional suizo. Pero la neutralidad en
comunicación es algo imposible. Y en este caso define a la perfección la
idiosincrasia política de un país como Suiza (siempre se declara neutral
en los conflictos internacionales). Suele utilizarse mucho en identidad
corporativa y en señalización. La segunda, transpira el concepto de
elegancia por la sutileza de sus remates finos frente a un trazo grueso
con modulación vertical que hace que haya mucho contraste en sus
líneas. Es la tipografía más utilizada en el sector de la moda. Las
cabeceras de revista como Vogue, Elle o Harper’s Bazar o firmas como
Elizabeth Arden, Giorgio Armani o Calvin Klein se visten con esta
fuente tipográfica.

9. No levantarás falsos testimonios en MAYÚSCULAS.


Se tiene creencia de que las mayúsculas, al ser más grandes, destacan
más. Es cierto, pero tiene una matización. No debemos castigar a
nuestro prójimo con textos largos en caja alta. Ya que se convierte en
un bloque muy homogéneo, sin ascendentes ni descendentes, rasgos
que permiten una mejor identificación de los caracteres y que marcan
mejor la distancia entre líneas.

Figuras 13 y 14. A la izquierda, demasiado texto en mayúscula en una señal de tráfico de


prohibido estacionar y a la derecha, tatuaje en gótica cuyos caracteres cuesta reconocer.

Y menos aún si se trata de letras manuscritas. Estas tipografías están


pensadas para imitar la caligrafía manual y, por lo tanto, las mayúsculas
son sólo el acompañamiento de las minúsculas después de punto o
cuando se trate de un nombre propio. Muchos de estos tipos de letras
393

tienen diseñados sus caracteres en caja baja para que se unan entre sí
mediante un trazo que conecta las letras, pero esto no está pensado para
composiciones con todo en mayúsculas.

Precisamente en las manuscritas las letras de caja alta suelen ser muy
ornamentales y no concuerdan correctamente entre ellas. El ejemplo de
estos usos incorrectos pueden verse en muchos tatuajes, en rótulos de
comercios o en invitaciones de boda en las que es muy normal utilizar
la letra inglesa para sus diseños.

El empleo de las mayúsculas en contextos comunicativos digitales


como el correo electrónico o los mensajes cortos se interpretan como
que el interlocutor está gritando. Por eso no es muy habitual el uso
de textos en mayúsculas en el diseño editorial. Si buscamos destacar
alguna palabra, lo mejor es usar la variante de negrita o cursiva. Lo que
no es recomendable es el subrayado para enfatizar. Este es un recurso
heredado de la antigua máquina de escribir.

Esto también nos permite trabajar en el concepto de entonación


en tipografía. Massimo Vignelli, del que hablamos en el anterior
mandamiento, no era muy partidario de la tipografía expresiva, pero
afirmaba que con la Helvetica puedes decir “te amo” y si lo pones en el
peso Extra Light resultará muy delicado y si lo haces en negrita resultará
muy pasional.16

También establecer jerarquías en los contenidos ayuda al lector a


distinguir de un simple vistazo lo que es importante y ordena el mensaje
estableciendo escala de valores que se muestran mediante la variación
de cuerpos, uso de negrita, sangrías, etc.

10. Llevarás el texto por el buen camino.


Cuando se trabaja con grandes cantidades de texto y se vuelca sobre la
maqueta que ha sido diseñada por ordenador, es como si un río caudaloso
de letras, palabras, oraciones y párrafos invadieran las páginas. Controlar
el caudal tipográfico es absolutamente necesario para que las personas
puedan tener una buena experiencia lectora en libros y publicaciones.

16
HUSWITT, Gary (DVD). Helvetica. Plexi Film, London, 2006.
394

Esto requiere previamente, el diseño de la retícula que se va a convertir


en el armazón de la página y el sustento del contenido visual y textual.

Se trata de la parte más arquitectónica del diseño gráfico que ayuda


a sistematizar la creación de mensajes mediante un conjunto de guías
que configura la composición y la estructura de un mensaje tipográfico.
La hicieron muy popular los diseñadores suizos de mediados del
siglo XX como una característica de modernidad y racionalidad en el
diseño, pero ha estado presente desde los primeros productos gráficos.
Es precisamente en el Renacimiento cuando evoluciona y su uso se
sistematiza en diversos campos del conocimiento y del saber.

Uno de sus principales defensores, Joseph Müller-Brockman17 nos


dice que la retícula responde a una filosofía del diseño y que su uso
“constituye la expresión de una cierta actitud mental en que el diseñador
concibe su trabajo de manera constructiva”. Para este autor la aplicación
de un sistema reticular refleja una ética profesional porque “el trabajo
del diseñador debe basarse en un pensamiento de carácter matemático,
a la vez que debe ser claro, transparente, práctico, funcional y estético”.

Según Müller-Brockman, la retícula es algo más que una herramienta,


es un sistema de ordenación que impulsa el modo de pensar analítico
y la fundamentación lógica y objetiva de la solución a los problemas.
Para los diseñadores plantea una toma de decisiones fundamentales en
la gestión del espacio que parten de lo macrotipográfico (márgenes,
sistema de columnas, mancha, etc.) y que afecta al nivel microtipográfico
(interletraje, interlineado, etc.).

Especial atención hay que poner en las estructuras basadas en columnas


ya que se puede producir una variación en la posición de las líneas
que pertenecen a columnas o páginas contiguas, de tal manera que no
coinciden en altura. La manera de controlar esta descompensación es
aplicar en los párrafos del texto de lectura la alineación a cuadrícula
base (también llamada rejilla base en los programas de autoedición).

17
MÜLLER-BROCKMANN, Joseph. Sistemas de retículas. Un manual para diseñadores
gráficos. Gustavo Gili, Barcelona, 1982, p. 10.
395

Se trata de un sistema de guías que marcan a modo de renglones de un


cuaderno escolar la línea base donde reposa el texto, asegurando que
están siempre a la misma altura unos de otros.

Sensibilidad tipográfica.
Decía el arquitecto Mies van der Rohe que Dios está en los detalles. Y
la tipografía es el reino de los detalles, donde las pequeñas cosas cobran
una especial importancia. Un diseñador no debe obviarlos ya que la
tipografía es la principal materia prima del diseño gráfico. Quizá hoy
en día, si existe un elemento diferenciador en la calidad profesional de
un diseñador, no es tanto su capacidad de creación de imágenes sino el
tratamiento tipográfico en sus proyectos.

El investigador mexicano Francisco Calles va más allá afirmando que


“la tipografía no se relaciona con el diseño gráfico, no es causa ni
consecuencia; la tipografía forma parte del diseño gráfico, lo uno no
existiría sin lo otro y viceversa”. Y concluye “la tipografía es la forma
de la palabra y la palabra hecha forma”. Es muy importante esta idea
de materialización, porque como sabemos la tipografía antigua, la de
plomo, se podía tocar. Eran pequeñas piezas con las que creaban los
textos, letra a letra, palabra a palabra, frase a frase y párrafo a párrafo.

Estas dificultades que entraña esta tecnología ya obsoleta las estamos


aprovechando con fines didácticos para desarrollar en nuestros alumnos
lo que denominamos sensibilidad tipográfica. La realización de
pequeños talleres de composición de textos con tipos de plomo hace
que se enfrenten a unas letras que están al revés, que las líneas vayan
de abajo a arriba y que todo deba estar completado y bien ajustado
con piezas que hacen la función de blancos, pero que tienen una altura
inferior a la letra.

A la fuerza se debe poner mucho más cuidado y mayor atención, amén


del tiempo de realización que es muchísimo más lento. Lo que se
hace, se piensa previamente porque cualquier cambio, supone empezar
396

de nuevo. Aquí no hay Control + Z para deshacer, no se pueden ni


ensanchar ni estrechar las letras. Es lo que hay y con eso hay que
diseñar. Los resultados no es tanto lo que sale impreso, sino que se tome
conciencia de la tipografía y del espacio. Es un regreso a los orígenes
para luego volver a la pantalla y trabajar con la tipografía de un modo
más cuidadoso.

Conclusiones.

A pesar de que hoy en día tenemos a nuestro alcance las mayores


facilidades para trabajar correctamente con la tipografía gracias a los
sistemas de autoedición, actualmente un diseñador digital en muchos
casos realiza un peor tratamiento tipográfico en los textos que un
antiguo cajista de imprenta analógica.

Estos mandamientos deben ser tomados como recomendaciones y


no como imperativos de obligado cumplimiento, ya que se deben de
considerar múltiples factores en un proyecto de diseño y, en ocasiones,
por qué no, es conveniente pecar y saltarse la norma en aras de buscar
un mejor resultado.

Lo que es importante es cuidar la tipografía porque no existe mayor


pesadilla para un diseñador gráfico que encontrarse en un apocalipsis
tipográfico en el que las páginas de los libros, periódicos, revistas
estuvieran en blanco o desaparecieran todas las letras de las calles de
nuestras ciudades. Esta sensación es la que quiso crear Matt Siber18
con su Untitled Proyect en el que eliminaba en imágenes de paisajes
urbanos todo rastro de la palabra impresa y presentaba de forma aislada
por un lado una ciudad sin letras y por otro las letras sin su entorno.

Que las letras sean algo cotidiano y muchas veces pasen inadvertidas,
no debe ser una excusa para que las descuidemos.

18
SIBER, Matt. Untitled proyect. Chicago, 2010. Consulta: 6/10/2013, [Link]
projects/untitled-project/
397

Fuentes de Documentación.

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