0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas2 páginas

EAGLETON

El documento analiza la diferencia entre ideología y hegemonía según Gramsci. La hegemonía es más amplia que la ideología e incluye formas políticas y económicas de mantener el consentimiento. La hegemonía capitalista se manifiesta a través de prácticas sociales habituales en instituciones como la familia y los medios de comunicación.

Cargado por

Kate Rodriguez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas2 páginas

EAGLETON

El documento analiza la diferencia entre ideología y hegemonía según Gramsci. La hegemonía es más amplia que la ideología e incluye formas políticas y económicas de mantener el consentimiento. La hegemonía capitalista se manifiesta a través de prácticas sociales habituales en instituciones como la familia y los medios de comunicación.

Cargado por

Kate Rodriguez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ideología – Eagleton.

La categoría clave de la obra de Antonio Gramsci no es la ideología sino hegemonía, y hay que examinar la diferencia entre
ambos términos.
Gramsci normalmente utiliza la palabra hegemonía para referirse al modo en que el poder gobernante se gana el
consentimiento de aquellos a los que sojuzga (aunque a veces usa este término para referirse a la vez a consentimiento y
coacción). Hay una inmediata diferencia con el concepto de ideología, ya que está claro que las ideologías pueden ser
impuestas por la fuerza. Pero hegemonía es una categoría más amplia que ideología: incluso la ideología, pero no es reducible
a ésta.
La hegemonía también puede tomar formas más políticas que económicas.
Gramsci está equivocado cuando sitúa la hegemonía tan sólo en la sociedad civil en vez de en el estado, ya que la forma
política del Estado capitalista es, por sí misma, un órgano vital de su poder.
Otra fuente importante de la hegemonía política es la supuesta neutralidad del Estado burgués. En realidad, esta no es una
simple ilusión ideológica. Es cierto que la sociedad de capitalista el poder es relativamente autónomo respecto a la vida
económica y social, a diferencia de la estructura política en formaciones precapitalistas.
La hegemonía no sólo es una forma de ideología eficaz, sino que podemos distinguir entre sus diferentes aspectos ideológicos,
culturales, políticos y económicos. Y la ideología se refiere específicamente al modo en que se libran las luchas de poder en el
nivel determinante y, aunque esta determinación está implicada en todos los procesos hegemónicos, no siempre es el nivel
dominante por el que se mantiene el gobierno. La hegemonía también se da en manifestaciones políticas y económicas, en
prácticas no discursivas además de en manifestaciones retóricas.
Gramsci relaciona hegemonía con el ámbito de la sociedad civil, término que designa toda la variedad de instituciones
intermedias entre el Estado y la economía. Las cadenas de televisión privadas, la familia, los jardines de infancia, el periódico
Sun; todo esto estaría entre el aparato hegemónico, que somete a los individuos al poder dominante por consentimiento y no
por coacción. La coacción, por el contrario, se reserva para el estado, que tiene el monopolio de la violencia legítima. En los
regímenes capitalistas modernos, la sociedad civil ha llegado a asumir un poder formidable, a diferencia de la época en que los
bolcheviques, al vivir en una sociedad pobre en instituciones de este tipo, podían tomar las riendas del gobierno atacando
frontalmente al mismo estado. De este modo, el concepto de hegemonía corresponde a la pregunta: ¿ cómo tomará el poder
la clase trabajadora en una formación social donde el poder dominante está sutil y ampliamente extendido a través de
prácticas diarias habituales, íntimamente conectadas con la cultura misma inscritas en nuestras experiencias desde la
guardería al tanatorio? Cómo combatir un poder que se ha llegado a entender como el sentido común de la sociedad en vez de
percibirse como algo extraño y opresivo?
En la sociedad moderna no es suficiente ocupar fábricas o enfrentarse al Estado. Debemos también impugnar toda el área de
la cultura. El poder de la clase gobernante es espiritual además de material; cualquier contra hegemonía debe llevar su
campaña política A este hasta ahora abandonado reino de valores y costumbres, hábitos del habla y prácticas rituales.
Si el concepto de hegemonía amplia y enriquece la noción de ideología, también lo otorga este término, por lo demás
abstracto, un cuerpo material y una vertiente política. Con Gramsci se efectuó la transición crucial de ideología como sistema
de ideas a ideología como una práctica social auténtica y habitual, que debe abarcar supuestamente las dimensiones
inconscientes y no articuladas de la experiencia social además del funcionamiento de las instituciones formales.
Podríamos definir pues la ideología como la variedad de estrategias políticas por medio de las cuales el poder dominante
obtiene el consentimiento a su dominio de aquellos a los que domina. Según Gramsci, ganar hegemonía significa establecer
pautas morales, sociales e intelectuales en la vida social para difundir su propia concepción del mundo en todo el entramado
de la sociedad, equiparando así sus propios intereses con los de la sociedad en su conjunto. Esta norma esta norma consensual
no es característica del capitalismo; podríamos decir que cualquier forma de poder político, para ser sólida y duradera, debe
tener un cierto grado de consentimiento de sus subordinados. Pero hay buenas razones para creer que en la sociedad
capitalista en particular, la relación entre consentimiento y coacción deriva decisivamente hacia la primera. En tales
condiciones, el poder del Estado para disciplinar y castigar (dominación) permanece inamovible, incluso en sociedades
modernas se hace mayor a medida que proliferan las distintas tecnologías de opresión. Pero las instituciones de la sociedad
civil desempeñan un papel más importante en el proceso de control social. El Estado burgués recurrir a la violencia directa si
se ve forzado a ello, pero al hacerlo corre el riesgo de sufrir una perdida drástica de credibilidad ideológica. Para el poder es
mucho mejor, en general, permanecer convenientemente invisible, diseminado por el entramado de la vida social y, de este
modo, naturalizado como hábito, costumbre o práctica espontánea. Una vez el poder se muestra tal y como es, se puede
convertir en objeto de contestación política.
En sus Cuadernos de la Cárcel, Gramsci rechaza de entrada cualquier uso puramente negativo del término ideología. Señala
que se ha extendido el sentido malo del término con la consecuencia de que se ha modificado desvirtuado el análisis teórico
del concepto de ideología. A menudo se ha considerado la biología como pura apariencia o mera estupidez, pero debe hacerse
una distinción entre ideologías históricamente orgánicas (son necesarias para una estructura social dada) e ideologías en el
sentido de especulaciones arbitrarias de los individuos.
Gramsci también rechaza cualquier reducción economicista de la ideología, considerada como un mero reflejo de la
infraestructura; al contrario, las ideologías deben considerarse como fuerzas activamente organizativas que son
psicológicamente válidas y que moldean el terreno en el cual hombres y mujeres actúan, luchan y adquieren conciencia de las
situaciones sociales. En cualquier bloque 'bloque histórico', las fuerzas materiales son el "contenido" y las ideologías la
"forma".
Una ideología orgánica no es tan sólo falsa conciencia, sino aquella adecuada a una etapa concreta del desarrollo histórico y al
momento político particular.
Para Gramsci, la conciencia de los grupos subordinados de la sociedad y típicamente desigual y con fisuras. Normalmente, en
tales ideologías serán dos concepciones del mundo conflictivas, una que deriva de las nociones oficiales de los gobernantes y
la otra de la experiencia y las experiencias prácticas de la realidad social de la gente oprimida.
Los intelectuales orgánicos son producto de una clase social emergente; y su papel es ofrecer a esta clase una cierta
autoconciencia homogénea en ámbitos políticos, económicos y culturales. La categoría de intelectuales orgánicos abarca no
sólo filósofos ideológicos sino también activistas, políticos, técnicos industriales, especialistas en economía política,
especialistas legales, etc. Según Gramsci, la actividad filosófica debe ser entendida sobre todo como una batalla cultural para
transformar la mentalidad popular y difundir las innovaciones filosóficas que demostrarán ser históricamente ciertas siempre y
cuando se conviertan en específicamente universales. El intelectual orgánico será así el punto de unión o el eje entre la
filosofía y el pueblo, adepto a la primera pero activamente identificado con el segundo. Su meta será construir, a partir de la
conciencia común, una unidad social y cultural en la que voluntades de otro modo individuales y heterogéneas se unirán sobre
la base de una concepción del mundo común.
Lo contrario de un intelectual orgánico es uno tradicional, que se considera asimismo independiente de la vida social. Estos
personajes (clérigos, idealistas, filósofos, catedrático de Oxford y otros) son, según Gramsci, los restos de una época histórica 
previa, Y en este sentido la distinción entre orgánico y tradicional se puede eliminar de algún modo. Un intelectual tradicional
puede haber sido orgánico, pero ahora ya no lo es.

- La Hegemonía no se reduce a la cuestión del saber, del discurso. Es un conjunto diverso de prácticas sociales vinculadas
a los aparatos privados (sociedad civil). Hegemonía como práctica discursiva, a diferencia de la ideología, no es estática.
Es dinámica, es un proceso. Construcción de contrahegemonía.

También podría gustarte