Mips Manual
Mips Manual
MILLON
DE ESTILOS DE
PERSONALIDAD
THEODORE MILLON
Con contribuciones de
LAWRENCE WEISS
CARRIE MILLON
ROGER DAVIS
PAIDÓS
índice
Reconocimientos................................................................................................... 11
1. Introducción..................................................................................................... 13
Consideraciones generales......................... ...................................................... 13
Estructura de las escalas del M IP S ............................................................... 18
Las escalas de Metas Motivaciones............................................................... 18
Las escalas de Modos Cognitivos.................................................................. 19
Las escalas de Conductas Interpersonales................................................... 20
Comentario sobre la interpretación de las escalas del M IP S ...................... 21
3. Desarrollo y estandarización............................................................................. 57
Descripción de las muestras normativas............................................. ............. 57
Descripción del procedimiento seguido en el desarrollo
de las escalas................................................................................................ 65
Desarrollo de los puntajes de prevalencia........................................................ 70
3
5. Investigación aplicada con el M IP S ................................................................. ......111
Introducción..........................................................................................................111
Validez de las escalas de impresión.................................................................. ......111
Selección de reclutas de la Fuerza A é re a ...............................................................118
Selección y entrenamiento de policías............................................................ ......125
Orientación vocacional y decisiones sobre la carrera
en estudiantes universitarios....................................................................... ......132
Ejecutivos y gerentes de alto nivel en un programa
de manejo de carrera.................................................................................. ......136
Gerentes de nivel medio en un programa de evaluación..................................... 144
Obreros municipales pagados por h ora.......................................................... ..... 149
Comentario sobre los estudios de investigación aplicada..................................... 153
Apéndice B. Medias y desviaciones estándar de las escalas del M IP S ................. ..... 173
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CAPÍTULO 1
Introducción
Consideraciones generales
El Inventario M illón de Estilos de Personalidad (M IPS) es un cuestionario compuesto por
180 ítems respecto de los cuales el sujeto debe determinar si le son aplicables (respues
ta verdadero/falso); su objetivo es medir la personalidad de individuos adultos que fun
cionan normalmente y cuya edad está comprendida entre los 18 y los 65 o más años. Pa
ra completar la mayoría de los ítems se requiere un nivel de educación correspondiente
al primer año de la escuela secundaria.1 La mayoría de las personas emplean 30 minu
tos o menos para responder al cuestionario.
La administración, puntuación e interpretación del MIPS pueden realizarse sea con
una computadora personal, sea con el sistema de papel y lápiz, asignándose los puntos
manualmente o utilizando un scanner. También es posible recurrir a un servicio de pun
tuación por correo. Los informes generados por computadora pueden consistir tanto
en un perfil de los puntajes de una sola página (es decir, un gráfico) como en una in
terpretación narrativa completa del perfil. Hay disponible una guía para el usuario que
explica la lógica utilizada por el programa informático para analizar los perfiles del
MIPS y generar los informes interpretativos (The Psychological Corporation, 1994).
El MIPS consta de 24 escalas agrupadas en 12 pares. Cada par incluye dos escalas
yuxtapuestas. Por ejemplo, las escalas Retraimiento y Comunicatividad se consideran un
par. Com o se muestra en el cuadro 1.1, los 12 pares de escalas del MIPS se distribuyen
en tres grandes áreas: Metas Motivacionales, Modos Cognitivos y Conductas Interperso-
nales. En el cuadro 1.2 se da una breve definición de cada escala. Además de los 12 pa
res de escalas de contenido, el MIPS incluye tres indicadores de validez: Impresión Po
sitiva, Impresión Negativa y Consistencia.
Los tres pares de escalas incluidos en el área de Metas Motivacionales evalúan la
1. De acuerdo con los Vocabularios Esenciales de los Laboratorios de Desarrollo Educacional (Educa-
tional Development Laboratories, 1989), once de los 180 ítems del MIPS incluyen términos que correspon
den a un nivel de lectura superior al del primer año de la escuela secundaria. Son los siguientes: 20, 78,
107,113,114,120,128,156,157,163 y 169.
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orientación a obtener refuerzo del medio. El primer par trata de establecer en qué me
dida la conducta del sujeto está básicamente motivada por el deseo de obtener un re
fuerzo positivo (Apertura) o evitar una estimulación negativa (Preservación) proceden
tes del mundo. El segundo par evalúa en qué medida sus actividades reflejan una
disposición a modificar el mundo (Modificación) o a acomodarse a él (Acom odación).
El tercer par se centra en la fuente del refuerzo, evaluando en qué medida el sujeto está
motivado principalmente por metas relacionadas con él (Individualismo) o relaciona
das con los demás (Protección).
Los cuatro pares de escalas incluidos en Modos Cognitivos examinan los estilos de
procesamiento de la información. Los dos primeros, Extraversión o Introversión y Sen
sación o Intuición, evalúan las estrategias empleadas para recolectar información. Los
dos pares restantes, Reflexión o Afectividad y Sistematización o Innovación, evalúan di
ferentes estilos de procesamiento de la información obtenida.
Los cinco pares de escalas incluidos en Conductas Interpersonales evalúan en qué
medida el estilo de relacionarse con los demás tiene que ver en general con el Retrai
miento o la Comunicatividad, la Vacilación o la Firmeza, la Discrepancia o el Confor
mismo, el Sometimiento o el Control y la Insatisfacción o la Concordancia.
En conjunto, las escalas del MIPS tienen un sólido fundamento teórico en un mode
lo de personalidad que está profundamente arraigado en la teoría biosocial y evolutiva.
En el capítulo 2 se describe dicho m odelo y se detallan las fuentes teóricas de estos
constructos.
El MIPS proporciona normas para adultos y para estudiantes universitarios, en am
bos casos con discriminación por género y sin ella. También incluye puntajes de preva-
lencia (P P ), entre 0 y 100 para cada escala. Una persona que obtenga un P P mayor de
50 en cualquiera de las escalas es probable que exhiba algunas de las características me
didas por dicha escala. Cuanto más elevado sea el puntaje, más pronunciadas serán esas
características. El desarrollo y la interpretación de los puntajes de prevalencia del MIPS
se exponen en detalle en el capítulo 3. El capítulo 4 aporta pruebas que sustentan la
confiabilidad y la validez del MIPS. La confiabilidad promedio de las escalas del MIPS,
establecida mediante el método de la división por mitades, es r= 0,82 en la muestra de
adultos (N = 1000), y r= 0,80 en la de estudiantes universitarios ( N - 1600). Finalmen
te, el capítulo 5 da cuenta de varios estudios de investigación aplicada en los que se usó
el MIPS en situaciones reales, demostrando su utilidad para el profesional.
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Cuadro 1.1
Las escalas del MIPS
Sistematización Sometimiento
Innovación Control
Insatisfacción
Concordancia
Cuadro 1.2
Breves definiciones de las escalas del MIPS
Metas Motivacionales
Apertura. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ver
el lado bueno de las cosas, son optimistas en cuanto a las posibilidades que les ofrece el
futuro, les resulta fácil pasarlo bien y enfrentan con ecuanimidad los altibajos de la exis
tencia.
Preservación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala se concen
tran en los problemas de la vida y los agravan. Como piensan que su pasado ha sido desa
fortunado, parecen estar siempre esperando que algo salga mal y consideran probable
que las cosas vayan de mal en peor. Preocupaciones y decepciones de escasa importancia
logran trastornarlas con facilidad.
Modificación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala toman su vi
da en sus manos y hacen que las cosas sucedan en lugar de mantenerse pasivamente en es
pera. Se ocupan diligentemente de modificar su entorno e influyen en los acontecimien
tos a fin de que éstos satisfagan sus necesidades y deseos.
Acomodación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala ponen muy
poco empeño en dirigir o modificar su vida. Reaccionan ante los acontecimientos aco
modándose a las circunstancias creadas por otros; parecen condescendientes, son incapa
ces de abandonar su indolencia, no tienen iniciativa y hacen muy poco para provocar los
resultados que desean.
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Individualismo. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala están
orientadas a satisfacer sus propias necesidades y deseos; es decir, procuran realizarse ple
namente ellas mismas en primer lugar, se preocupan muy poco del efecto que pueda te
ner su conducta en los demás, y tienden a ser a la vez independientes y egocéntricas.
Protección. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala están motiva
das para satisfacer en primer lugar las necesidades de los demás, para ocuparse del bienes
tar y los deseos de otras personas antes que de los propios. Se las considera protectoras,
capaces de anteponer el cuidado de los demás al de sí mismas.
Modos Cognitivos
Extraversión. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala recurren a
los demás en procura de estimulación y aliento. Sus amigos y colegas son para ellas fuen
te de ideas y orientación, de inspiración y energía; las ayudan a mantener alta su autoesti
ma y las confortan con su presencia.
Introversión. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala prefieren uti
lizar sus propios pensamientos y sentimientos como recurso; su principal fuente de inspi
ración y estimulación no son los demás sino ellas mismas. A diferencia de los extraverti-
dos, los introvertidos experimentan una gran serenidad y comodidad manteniéndose
alejados de las fuentes externas, y son propensos a seguir los impulsos originados en su in
terior.
Sensación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala derivan sus co
nocimientos de lo tangible y lo concreto; confían en la experiencia directa y los fenóme
nos observables más que en el uso de la inferencia y la abstracción. Lo práctico y lo “real”,
lo literal y lo fáctico son lo que las hace sentir cómodas y les inspira confianza.
Intuición. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala prefieren lo
simbólico y desconocido a lo concreto y observable. No rehúyen lo intangible y disfrutan
de las experiencias más misteriosas y las fuentes más especulativas de conocimiento.
Reflexión. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala prefieren pro
cesar los conocimientos por medio de la lógica y el razonamiento analítico. Sus decisio
nes se basan en juicios desapasionados, impersonales y “objetivos” y no en emociones
subjetivas.
Afectividad. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala forman sus
juicios tomando en consideración sus propias reacciones afectivas frente a las circunstan
cias, evaluando subjetivamente las consecuencias que tendrán sus actos para quienes re
sulten afectados por ellos, y guiándose por sus valores y metas personales.
Sistematización. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son muy
organizadas y predecibles en su manera de abordar las experiencias de la vida. Transfor
man los conocimientos nuevos adecuándolos a lo ya conocido y son cuidadosas, cuando
no perfeccionistas, incluso al ocuparse de pequeños detalles. En consecuencia, se las con
sidera ordenadas, minuciosas y eficientes.
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Innovation. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ser
creativas y a asumir riesgos, y están prontas a modificar y reordenar cualquier cosa con
que tropiecen. Parecen disconformes con la rutina y lo predecible, y transforman lo dado
siguiendo sus corazonadas y tratando de producir consecuencias nuevas e imprevistas.
Conductas Interpersonales
Retraimiento. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala se caracteri
zan por su falta de emotividad y su indiferencia social. Tienden a ser silenciosas, pasivas,
renuentes a participar. Es probable que los demás las consideren calladas y aburridas, in
capaces de hacer amigos, apáticas y desligadas de todo.
Comunicatividad. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala buscan
estimulación, excitación y atención. A menudo reaccionan con vivacidad ante situaciones
de las que son testigos, pero por lo general su interés se desvanece rápidamente. Frecuen
tadoras de la alta sociedad, brillantes y simpáticas, también pueden ser exigentes y mani
puladoras
Vadlaáón. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son por lo ge
neral apocadas, tímidas y experimentan nerviosismo en situaciones sociales. Desean inten
samente agradar y ser aceptadas, pero a menudo temen que los demás las rechacen. Sensi
bles y emotivas, son al mismo tiempo desconfiadas, solitarias y propensas a aislarse.
Firmeza. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a creer
que son más competentes y talentosas que quienes las rodean. A menudo son ambiciosas,
egocéntricas y seguras de sí mismas, y no tienen pelos en la lengua. Es probable que los
demás las vean como arrogantes y desconsideradas.
Discrepancia. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ac
tuar de modo independiente y no conformista. A menudo se niegan a acatar normas tra
dicionales, manifestando una audacia que puede ser vista como imprudente o como ani
mosa y esforzada.
Conformismo. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala es probable
que sean honradas y tengan autodominio. Su relación con la autoridad es respetuosa y
cooperativa, y tienden a actuar con formalidad y buenas maneras en las situaciones socia
les. Es improbable que dejen traslucir su personalidad o que actúen espontáneamente.
Sometimiento. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son sus peo
res enemigos. Están más habituadas al sufrimiento que al placer, son sumisas y tienden a re
bajarse ante los demás. Su conducta, que condena al fracaso cualquier esfuerzo que se ha
ga por ayudarlas, determina que pierdan oportunidades de ser recompensadas y les impide
reiteradamente triunfar en sus empeños aunque posean la capacidad necesaria.
Control. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son enérgicas y a
menudo dominantes y socialmente agresivas. Tienden a verse a sí mismas como intrépidas
y competitivas. Para ellas, la gentileza y las demostraciones de afecto son signos de debili
dad, y por lo tanto las evitan, mostrándose obstinadas y ambiciosas.
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Insatisfacción. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a
ser pasivo-agresivas y malhumoradas, y por lo general se sienten insatisfechas. Sus estados
de ánimo y su conducta son muy variables. A veces son sociables y amistosas con los de
más, pero en otras ocasiones se muestran irritables y hostiles, y expresan su creencia de
que son incomprendidas y poco apreciadas.
Concordancia. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a
ser muy simpáticas socialmente, mostrándose receptivas y maleables en su relación con los
demás, con quienes establecen vínculos afectivos y lealtades muy fuertes. Sin embargo,
ocultan sus sentimientos negativos, en especial cuando esos sentimientos pueden parecer
censurables a las personas a quienes desean agradar.
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ción”; tienen que ver con los afanes y metas que incitan y guían a los seres humanos,
con los propósitos y fines que los llevan a actuar de un m odo determinado. Las Metas
Motivacionales tienen tres componentes, a los que me he referido en otro lugar como
“existencia”, “adaptación” y “replicación” (Millón, 1990). Cada uno de ellos está organi
zado como una bipolaridad.2
En un extremo de la primera bipolaridad (que tiene que ver con la existencia) se en
cuentra una escala basada en la motivación y denominada Apertura, relacionada con la
meta de mejorar la propia vida o reforzar la propia capacidad de supervivencia; en el
otro extremo se encuentra una escala basada en la emoción y denominada Preserva
ción, que refleja la necesidad de protegerse contra acontecimientos que se perciben co
mo amenazantes para la supervivencia.
La segunda de las bipolaridades (que tiene que ver con la adaptación) se refiere a
los métodos puestos en práctica en el ambiente para mejorar la propia vida y preservar
la. Uno de los extremos de esta bipolaridad (M odificación) representa la tendencia a
alterar de m odo activo y enérgico las condiciones de la propia vida; el otro polo (A co
m odación) representa la inclinación a aceptar pasivamente, en actitud neutral y no
reactiva, las circunstancias de la propia vida tal como están dadas.
La tercera bipolaridad incluida en el grupo motivacional también comprende dos
escalas contrastantes. Una de ellas (Individualismo) registra el grado en que el sujeto
antepone la realización de su propio potencial a la del potencial de los demás; la otra
(Protección) mide la disposición opuesta, es decir, la disposición a anteponer a las pro
pias las necesidades y oportunidades de parientes y compañeros.
2. El término “bipolaridad” se emplea conceptualmente para indicar dos rasgos contrastantes en teoría,
como el de ser propenso a modificar el propio entorno y el de ser propenso a adaptarse a él. Sin embargo,
las escalas del MIPS no son bipolares en el sentido psicométrico del término, porque el polo opuesto de ca
da dimensión bipolar se mide en el MIPS por medio de una escala separada. Por consiguiente, un bajo
puntaje en la escala Modificación, por ejemplo, no indica necesariamente que el sujeto sea propenso a
adaptarse a su entorno.
19
sión), y por el otro, la disposición a volverse hacia adentro -hacia el propio interior-
con dicho objeto (Introversión).
El segundo par de escalas opone la predilección por las experiencias de observación
directa de naturaleza tangible, material y concreta (Sensación) a la que se orienta más
hacia las inferencias relativas a fenómenos intangibles, ambiguos, simbólicos y abstrac
tos (Intuición).
Las bipolaridades tercera y cuarta de los Modos Cognitivos se relacionan con los
procesos cognitivos de transformación o procesamiento de la información; es decir,
con los modos com o las personas evalúan y reconstruyen mentalmente la información
y las experiencias después de haberlas aprehendido e incorporado. El prim ero de es
tos pares de escalas transformacionales distingue los procesos que se basan esencial
mente en el intelecto, la lógica, la razón y la objetividad (R eflexión ), de los que depen
den de la empatia afectiva, los valores personales, los sentimientos y la subjetividad
(Afectividad).
El segundo par de escalas transformacionales se relaciona con la Sistematización y la
Innovación. La escala Sistematización refleja la tendencia a hacer concordar la nueva in
formación con los conocimientos preconcebidos, en forma de esquemas regidos por la
tradición, estandarizados y estructurados de manera convencional; la escala Innovación
refleja la inclinación opuesta, es decir, la inclinación a evitar los preconceptos cogniti
vos, a tomar distancia respecto de lo que ya se conoce y a generar ideas novedosas de un
m odo informal, libre de prejuicios, espontáneo, individualista y a menudo imaginativo.
20
inseguro y a evitar los contactos sociales se indaga en la escala Vacilación; a esta conste
lación se opone un estilo caracterizado por la confianza en sí mismo en situaciones so
ciales, el autodominio, la energía y la resolución (Firm eza).
El tercer par se relaciona con el grado de convencionalismo y deferencia por la so
ciedad. Un puntaje elevado en uno de los polos (Discrepancia) caracteriza a las perso
nas que son más renuentes que la mayoría a respetar las normas públicas, las costum
bres culturales y las reglas organizacionales, y que prefieren actuar de form a autónoma
y funcionar socialmente en los términos que ellas mismas fijan; un puntaje elevado en
el otro polo (Conform ism o) es propio de las personas que se sienten muy atadas a la
tradición, son socialmente sumisas y responsables, respetuosas de la autoridad, diligen
tes y concienzudas.
La cuarta bipolaridad saca a la luz facetas de la dominancia y la sumisión. En la esca
la Sometimiento obtienen puntaje elevado las personas que no sólo son sumisas sino
que tienden a rebajarse ante los demás, son inseguras, demasiado modestas y se privan
de muchas cosas sin razón; en la escala opuesta (Control) obtienen puntaje elevado las
personas que no son simplemente dominantes sino también voluntariosas, ambiciosas,
enérgicas y sedientas de poder.
El quinto y último conjunto de bipolaridades tiene que ver con una dimensión de
negativismo social/conformidad social. Uno de los polos (Insatisfacción) refleja la ten
dencia a sentirse descontento consigo mismo tanto como con los demás, a ver con dis
gusto el statu quo, a ser resentido y oposicionista; el polo opuesto (Concordancia) refle
ja la disposición a cooperar y participar, a ser, más que considerado, complaciente con
los demás, y a adaptar la propia conducta a los deseos ajenos.
21
puntajes igualmente elevados en las escalas Individualismo y Apertura o en las escalas
Protección y Preservación. La covariación de los puntajes altos y bajos proporciona un
contexto interpretativo para cada uno de ellos, y por lo tanto les confiere un significado
más preciso y a la vez más amplio. El lector hallará un examen más completo de estas
cuestiones en algunos de nuestros trabajos previos sobre el tema (Millón, 1981, 1987c).
22
CAPÍTULO 2
Fundamento teórico de
las escalas del MIPS
Introducción
Este capítulo está destinado a los lectores a quienes interese conocer los modelos
teóricos que apuntalan las escalas del MIPS. Aunque la lógica y la fundamentación que
aquí presentamos son posiblemente más abstractas que en otras secciones del Manual,
la exposición proporcionará una perspectiva respecto de cómo fueron derivados los
constructos y por qué pensamos que están en consonancia con desarrollos recientes en
el campo de la personología.
Estamos en una época de rápido progreso científico y clínico, que parece óptima pa
ra acometer la empresa de generar nuevas ideas y síntesis. El territorio en el que se in-
tersectan la “personalidad”, la “psicopatología” y la “normalidad” es una de las áreas
que se caracterizan por el alto nivel de actividad académica y responsabilidad clínica.
Proporcionar formulaciones teóricas que arrojen luz sobre esas intersecciones sería ya
de por sí un importante logro intelectual, pero queremos ir más allá. Limitar nuestro
objetivo a los modelos contemporáneos de investigación de esas encrucijadas nos lleva
ría directamente a dejar de lado los sólidos cimientos construidos por los pensadores
históricos de nuestro campo (com o Freud y ju n g ), y también a prescindir de nuestras
ciencias más maduras (com o la física y la biología evolucionista). Si no coordinamos las
proposiciones y constructos con los principios y leyes establecidos por esos gigantes in
telectuales y esas disciplinas avanzadas, los diferentes aspectos de nuestro tema seguirán
flotando cada uno por su lado, por así decirlo, sin conexión con otros dominios, lo que
nos obligaría a efectuar posteriormente una importante labor de síntesis.
En este capítulo, por lo tanto, sobrepasamos los actuales límites conceptuales y de in
vestigación de la personología e incorporamos las contribuciones de los teóricos del pa
sado, así com o las de las ciencias “adyacentes” más sólidamente fundadas. Proceder de
este m odo no sólo puede brindar nuevos frutos conceptuales, sino también proporcio
nar una base que oriente las exploraciones de nuestra disciplina.
Gran parte de la psicología marcha a la deriva, sin nexo alguno con campos más am
plios del conocimiento científico, ajena a principios más profundos y fundamentales,
cuando no universales. Las proposiciones de nuestra ciencia, como lo demuestra su his
toria, no son suficientes por sí solas para orientar su desarrollo de un m odo coherente
23
y uniforme. A consecuencia de ello, la psicología ha elaborado un mosaico de concep
tos disonantes y campos fácticos diversos. Interesados tan sólo en una pequeña parte
del pastel, o temerosos de que se nos acusara de reduccionismo, no hemos aprovecha
do las ingentes posibilidades que ofrecen tanto el pasado como los campos adyacentes
de investigación erudita. Con escasas excepciones, no se han desarrollado conceptos co
herentes que relacionen los temas actuales con los del pasado. Una y otra vez parece
mos atrapados (¿obsesionados?) por las modas contemporáneas y los perfeccionamien
tos horizontales.
También deberíamos buscar esquemas y constructos integradores que nos vinculen
a observaciones y leyes pertinentes de otros campos de la “ciencia” contemporánea. La
meta -reconozco que bastante ambiciosa- consiste en reemplazar nuestro mosaico por
un tapiz sobrio y coherente en el que se entrelacen las diversas formas en que la natura
leza se expresa a sí misma.
Para intentar dicha síntesis, no hay en las ciencias psicológicas ningún sector que su
pere a la personología, o estudio de las personas. En el ámbito psicológico, la persona in
dividual es el único sistema orgánicamente integrado, producto de una evolución que ha
durado milenios, y creado básicamente desde el nacimiento como una entidad natural.
La persona individual no es simplemente una Gestalt regida por la cultura y derivada de
la experiencia. La cohesión intrínseca de la persona no es una construcción retórica si
no una auténtica unidad sustantiva. Los rasgos personológicos pueden ser diferenciados
en normales y patológicos, y también separados conceptualmente con fines pragmáticos
o científicos, pero son segmentos de una entidad biopsicosocial indivisible.
24
sucesos corrientes de la vida. Como consecuencia de esa facilidad, es posible que elu
dan atemorizados los poderes -aparentemente oscuros y complejos, pero a menudo fe
cundos y sistematizadores- de la teoría formal, sobre todo si tienen que habérselas con
teorías que no son las que aprendieron en sus días de estudiantes.
A pesar de los defectos que pueden señalarse en los esquemas teóricos históricos y
contemporáneos, los principios sistematizadores y los conceptos abstractos pueden “fa
cilitar una visión en profundidad, una mirada que, yendo más allá de las apariencias su
perficiales, llegue hasta el orden en que éstas se sustentan” (Bowers, 1977, pág. 130).
Por ejemplo, los taxonomistas predarwinianos, como Linneo y otros, se guiaban por las
semejanzas y diferencias aparentes entre los animales para establecer sus categorías. Dar-
win, en cambio, no se dejó “seducir” por las apariencias. Trató de comprender los prin
cipios que determinaban la existencia de los rasgos manifiestos. Sus clasificaciones se
basaron no sólo en cualidades descriptivas minuciosamente observadas sino también en
aquellas que eran verdaderamente explicativas.
Orientación
Uno de los objetivos de este capítulo es el de vincular la estructura conceptual de la
personalidad a sus fundamentos en el mundo natural, propósito que también alentaron
tanto Freud como Jung. La formulación que presentaré aquí guarda semejanza con el
“Proyecto de psicología” (1895/1966) que Freud escribió y luego abandonó. Freud se
proponía aumentar la comprensión de la naturaleza humana explorando las relaciones
entre disciplinas que habían evolucionado a partir de esfuerzos de investigación ostensi
blemente desvinculados entre sí y que utilizaban lenguajes del todo diferentes. Mi enfo
que es asimismo afín al esfuerzo de Jung por explicar funciones de la personalidad alu
diendo al equilibrio de bipolaridades profundamente arraigadas, teoría que formuló
claramente en su libro Tipos psicológicos (1921/1971).
N o hace mucho hemos asistido al nacimiento de la sociobiología, una nueva “cien
cia” que explora la conexión entre el funcionamiento social humano y la biología evo
lucionista (Wilson, 1975, 1978). Análogamente, algunas formulaciones contemporá
neas de psicólogos han analizado tanto el potencial com o los problemas que resultan
de combinar nociones evolucionistas con teorías sobre las diferencias individuales y los
rasgos de personalidad (por ejemplo, D. Buss, 1990). El fin que persiguen todas estas
propuestas no es sólo aplicar principios análogos en diversos campos científicos, sino
también reducir la enorme variedad de conceptos psicológicos que han proliferado a lo
largo del tiempo; esto podría lograrse tratando de establecer la aptitud de la teoría evo
lucionista para simplificar y ordenar rasgos de personalidad que hasta ahora se han
considerado diferentes.
Por ejemplo, para sobrevivir y mantener sus poblaciones, todos los organismos tratan
de evitar daños, hallar alimento y reproducirse. Cada especie presenta algunos rasgos
característicos en su estilo de adaptación o supervivencia. Sin embargo, dentro de cada
especie hay diferencias relativas al estilo y al éxito con que los diversos miembros se
adaptan a los variados y cambiantes ambientes con que se enfrentan. En este nivel bási
25
co, el término “personalidad” podría emplearse para designar el estilo más o menos dis
tintivo de funcionamiento adaptativo que un miembro determinado de una especie
muestra al relacionarse con su gama típica de hábitat o ambientes.
Concebida de este modo, la “personalidad norm al” reflejaría los modos específicos
de adaptación de un miembro de una especie que son eficaces en ambientes “prome
d io” o “previsibles”. En tal contexto, los “trastornos de la personalidad” representarían
diferentes estilos de funcionamiento mal adaptado atribuibles a deficiencias, desequili
brios o conflictos en la capacidad de un miembro para relacionarse con los ambientes
con que se enfrenta.
Deseo agregar unas pocas palabras respecto de las comparaciones que se han hecho
entre la evolución y la ecología, por una parte, y entre la personalidad normal y la anor
mal, por la otra.
Durante su vida, un organismo desarrolla un conjunto de rasgos que contribuye a
su supervivencia individualy a su éxito reproductivo, los dos componentes esenciales de
la adaptación [fitness] postulados por Darwin. Esos conjuntos, llamados “adaptaciones
y estrategias complejas” en las obras de ecología evolucionista, pueden conceptuali-
zarse com o los equivalentes biológicos de los estilos de personalidad mencionados en
la bibliografía sobre salud mental. Las explicaciones biológicas de la estrategia de
adaptaciones desarrollada por un organismo a lo largo de su vida remiten principal
mente a variaciones entre los rasgos constitutivos biogenéticos, su estructura de cova-
riación global y la índole y proporción de los recursos ecológicos favorables y desfavo
rables que han estado disponibles a los fines de aumentar la longevidad y optimizar la
reproducción. Esas explicaciones no muestran diferencias apreciables con las que se
emplean para dar cuenta del desarrollo de los estilos de personalidad normales y pa
tológicos.
Es posible trazar un paralelo pertinente y curioso entre la evolución filogenética de
la composición genética de una especie y el desarrollo ontogenético de las estrategias
adaptativas (es decir, del “estilo de personalidad”) de un organismo individual. En cual
quier momento que se considere, una especie poseerá un conjunto limitado de genes
que representan posibilidades de rasgos. A l sucederse las generaciones, la distribución
de frecuencia de esos genes variará probablemente en sus proporciones relativas, de
pendiendo del grado de eficacia con que los rasgos que ellos promueven contribuyan a
la adaptación de esa especie a sus cambiantes hábitat ecológicos.
Análogamente, los organismos individuales inician su vida con un subconjunto limi
tado de los genes relacionados con rasgos con que cuenta su especie. Con el tiempo, y
a medida que el organismo interactúa con su ambiente, la prominencia de esas posibi
lidades de rasgos (y no la proporción de los genes) se irá diferenciando. El organismo
“aprende” de sus experiencias cuáles de sus rasgos presentan una adecuación óptima a
su ecosistema. En la filogénesis, por lo tanto, cambian las frecuencias reales de los genes
durante el proceso adaptativo plurigeneracional, mientras que en la ontogénesis cam
bia la prominencia o dominancia de los rasgos basados en genes durante el aprendiza
je adaptativo. En la vida de una especie y en la de un organismo miembro de esa espe
cie tienen lugar, entonces, procesos evolutivos paralelos.
L o que se observa en el organismo individual es la transformación de posibilidades
26
latentes en estilos adaptativos manifiestos de percibir, sentir, pensar y actuar. En mi opi
nión, estos modos característicos de adaptación que se originan en la interacción entre
la dotación biológica y la experiencia social incluyen los elementos de lo que se deno
mina estilos de personalidad, tanto normales como patológicos. En la vida de cada indi
viduo tiene lugar un proceso formativo semejante a las redistribuciones de genes que se
producen en una especie durante su historia evolutiva.
Las tres importantes bipolaridades mencionadas en esta sección cuentan con antece
dentes teóricos que se remontan a comienzos de siglo. Aunque algunos esquemas simi
lares habían sido propuestos aun antes, estas concepciones del MIPS entroncan con
ciertas ideas expuestas por Sigmund Freud. En 1915 Freud (1915/1925) escribió sus in
fluyentes artículos sobre metapsicología; el que nos interesa aquí fundamentalmente es
el titulado “Pulsiones y destinos de pulsión”. Esos artículos incluyen una versión preli
27
minar de algunas especulaciones que prefiguran diversos conceptos desarrollados pos
teriormente de form a más acabada por Freud y sus discípulos. Es notable el sistema de
polaridades interrelacionadas que Freud postuló como fundamental para la compren
sión de la “m ente” (por desgracia, nunca amplió esta obra preliminar para derivar de
ella un sistema formal que permitiera conceptualizar patrones psicológicos de normali
dad y anormalidad). Las oposiciones que formuló en esa época eran las siguientes:
Nuestra vida mental en conjunto está regida por tres polaridades o antítesis:
Sujeto (yo) - Objeto (mundo externo)
Placer - Displacer
Activo - Pasivo
En la mente, las tres polaridades están relacionadas entre sí de diversos modos muy im
portantes (Freud, 1915/1925, págs. 76-77).
Podríamos resumir diciendo que los destinos de la pulsión -y ésta es su característica
esencial- están bajo la influencia de las tres grandes polaridades que rigen la vida mental.
De esas tres polaridades, la de actividad/pasividad podría describirse como la biológica; la
de yo/mundo externo, como la real, y la de placer/displacer, como la económica
(Freud,1915/1925, pág. 83).
El andamiaje constituido por las tres polaridades mencionadas fue recreado por mí
a fines de la década de 1960 (Millón, 1969). Como en ese entonces no conocía las pro
puestas de Freud y utilizaba un modelo biosocial de aprendizaje, elaboré un sistema si
milar al de las “grandes polaridades que rigen la vida mental” de Freud, pero expresado
con la terminología de los conceptos del aprendizaje. El modelo incluía tres dimensio
nes bipolares: refuerzo positivo vs. refuerzo negativo'( placer/dolor), uno mismo vs. los
demás com o fuente del refuerzo, y los estilos instrumentales activo vs. pasivo. En esa
oportunidad afirmé:
Si consideramos las cosas en términos de qué clase de refuerzos busca el individuo, adon
de dirige su atención para hallarlos y cuál es su modo de actuar, percibiremos más claramen
te las estrategias esenciales que emplea para enfrentar el mundo.
Estos refuerzos [se relacionan con] si busca ante todo conseguir refuerzos positivos (pla
cer) o evitar refuerzos negativos (dolor).
28
Para algunos pacientes la fuente del refuerzo la constituyen otras personas, mientras que
para otros la fuente principal son ellos mismos. Distinguimos entre los demás y uno mismo
como fuente principal del refuerzo.
¿En qué puede basarse, para que sea útil, una distinción entre conductas instrumentales?
Una revisión de la bibliografía indica que la dimensión conducta! de actividad-pasividad pue
de resultar útil. Los pacientes activos [están] diligentemente empeñados en controlar las cir
cunstancias de su entorno. Los pacientes pasivos dejan que las circunstancias de su entorno
sigan su curso y sólo reaccionan después que han ocurrido (Millón, 1969, págs. 193-195).
29
viente hasta el par de fuerzas opuestas -la atracción y la repulsión- que rigen el mundo
inorgánico” (Freud, 1940-1949, pág. 72).
Entre los seres humanos, el primer aspecto de la existencia puede observarse en ac
tos enriquecedores de la vida que son registrados empíricamente como acontecimien
tos “placenteros” (reforzadores positivos); el segundo puede observarse en conductas
preservadoras de la vida orientadas a repeler o evitar acontecimientos que son caracte
rizados empíricamente como “dolorosos” (reforzadores negativos). En la próxima sec
ción diremos algo más acerca de estos mecanismos fundamentales, o incluso universa
les, destinados a contrarrestar la desintegración entròpica.
La existencia es, literalmente, un problema de ser o no ser. En el mundo inorgánico,
“ser” significa en esencia poseer cualidades en virtud de las cuales es posible distinguir
un fenómeno de su campo circundante; en otros términos, existir equivale a no hallarse
en estado de entropía. En los seres orgánicos, “ser” significa poseer las propiedades de
la vida, com o también habitar ecosistemas facilitadores de los procesos que mejoran y
preservan la vida al mantener la integridad del organismo en su entorno. En el mundo
fenomenològico, o empírico, de los organismos sensibles, los acontecimientos que am
plían la vida y los que la preservan se corresponden, respectivamente, con términos me
tafóricos como placer y dolor; dicho de otro modo, esos organismos relacionan con el
placer el reconocimiento y la búsqueda de recompensas que mejoran la vida, y con el
dolor el reconocimiento y la evitación de las emociones y sensaciones vinculadas a lo
que constituye una amenaza para la vida.
La bipolaridad orientada al placer/dolor, además de situar las sensaciones, motiva
ciones, sentimientos, emociones, estados de ánimo y afectos en dos dimensiones con
trastantes, les reconoce gradaciones cuantitativas separadas e independientes. Los
acontecimientos atractivos, satisfactorios, provechosos o que actúan com o reforzado
res positivos pueden experimentarse según una gama que va de débil a fuerte; otro
tanto ocurre con los acontecimientos aversivos, afligentes, tristes o que actúan co
m o reforzadores negativos. L o que distingue una bipolaridad de una simple polari
dad es que, en la primera, emociones opuestas pueden manifestarse de form a inde
pendiente, abarcando cada una de ellas la gama cuantitativa completa (véase el
capítulo 1). En la bipolaridad que estamos examinando, niveles bajos de placer no im
plican dolor, ni a la inversa; además, niveles altos y bajos de emotividad positiva pue
den coexistir con diversos niveles de emotividad negativa. Varios teóricos vinculan los
niveles de intensidad del placer y el dolor a la dimensión excitación/activación. A
nuestro juicio, sin embargo, los constructos actividad/pasividad corresponden a una
bipolaridad distinta basada en la evolución, que describiremos con más detalle en la
sección siguiente.
A lo largo de los años, numerosas teorías de la motivación/emoción han propuesto
modelos que en lo esencial remiten a expresiones afectivas de la bipolaridad placer/do
lor. En la bibliografía reciente, las dimensiones emotividad positiva y emotividad negati
va, obtenidas mediante análisis factorial, que describen Tellegen (1985) y sus discípulos
(Clark y Watson, 1988; Watson y Clark, 1984; Watson y Tellegen, 1985), presentan gran
afinidad con el enfoque del MIPS.
Aunque hay muchas cuestiones filosóficas y metapsicológicas relacionadas con la
30
Cuadro 2.1
Organización de las escalas del MIPS y constructo bipolar que mide cada una de ellas
Metas Motivacionaies
Apertura placer
Preservación dolor
Modificación actividad
Acomodación pasividad
Modos Cognitivos
Extraversión exterioridad
Introversión interioridad
Sensación tangibilidad
Intuición intangibilidad
Reflexión intelecto
Afectividad afecto
Sistematización asimilación
Innovación imaginación
Conductas interpersonales
Retraimiento indiferencia
Comunicatividad gregarismo
Vacilación inseguridad
Firmeza confianza
Discrepancia originalidad
Conformismo acatamiento
Sometimiento sumisión
Control dominación
Insatisfacción descontento
Concordancia afinidad
31
Apertura. Descriptivamente, las personas que obtienen puntajes elevados en esta es
cala muestran actitudes y conductas destinadas a promover y enriquecer la vida, a pro
ducir alegría, placer, contento y satisfacción, y a aumentar de este m odo su capacidad
de mantenerse en buena forma, tanto en lo físico como en lo mental. Es probable que
esas personas sostengan que la existencia humana demanda algo más que la preserva
ción de la vida y la evitación del dolor. Por otra parte, las que obtienen puntajes muy al
tos actúan movidas por el deseo de enriquecer su vida, tener experiencias y enfrentar
desafíos vigorizantes, aventurarse y explorar, todo ello con el fin de aumentar, cuando
no intensificar, su vitalidad y viabilidad.
Preservación. En estas personas observamos una tendencia significativa a concentrar
la atención en las amenazas potenciales a su seguridad emocional y física, una actitud
de vigilancia destinada a detectar las señales de una potencial retroalimentación negati
va cuya aparición prevén, lo cual puede desviar su interés de las relaciones cotidianas y
las experiencias placenteras. La mayoría logran evitar los peligros y riesgos innecesarios,
pero a menudo tienen que pagar por ello un precio, que es limitar la gama de sus emo
ciones positivas y sus experiencias regocijantes. Por lo tanto tienden a ser inhibidas,
aprensivas y pesimistas, y se preocupan en exceso por los problemas de la vida.
32
vidad o animales vs. vegetales-, la bipolaridad esbozada precedentemente representa,
en el nivel más básico, los dos modos fundamentales que los organismos han desarrolla
do para conservar su existencia. La bipolaridad Modificación/Acomodación difiere de
la considerada previamente, Apertura/Preservación (relacionada con lo que puede lla
marse “devenir” existencial), en que caracteriza modos de “ser”: de qué modo lo que ha
devenido, perdura.
Perspectiva filosófica
33
dos de adaptación en proporciones variables; esta diferencia entre los individuos incide
en la evaluación de los estilos de personalidad, y también aquí empleamos dos escalas
para representar el grado en que las personas equilibran los dos métodos.
Modificación. Descriptivamente, las personas que están en el extremo activo de la bi-
polaridad se caracterizan por su estado de alerta, vigilancia, vivacidad, vigor, energía,
empuje y tesón para buscar estímulos. Algunas conciben estrategias y exploran alterna
tivas para salvar obstáculos o evitar el sufrimiento que causan el castigo, el rechazo y la
angustia. Otras son impulsivas, excitables, atolondradas e imprudentes y buscan maño
samente placeres y recompensas. Aunque sus metas específicas varían de tanto en tanto,
los modificadores activos tratan de cambiar sus vidas y de inmiscuirse en los aconteci
mientos en curso determinando enérgica y diligentemente sus circunstancias.
Acomodación. Las personas orientadas a la pasividad son a menudo reflexivas y pru
dentes. Emplean pocas estrategias visibles para alcanzar sus fines. Se aprecia en ellas
una inercia aparente, flema, tendencia a consentir y una actitud comedida. Muestran
escasa iniciativa para modificar los acontecimientos; más bien dejan que las cosas suce
dan y luego se acomodan a ellas. Algunas quizá no tengan el temperamento adecuado
para excitarse o actuar con firmeza; es posible que las experiencias del pasado las hayan
privado de oportunidades para adquirir diversas competencias o confianza en su capa
cidad para dominar los acontecimientos de su entorno. También es posible que confíen
ingenuamente en que obtendrán lo que desean sin esforzarse o con muy poco esfuerzo
de su parte. Por diversas causas, entonces, las personas situadas en el extremo pasivo de
la bipolaridad parecen limitarse a subsistir, siendo infrecuente que sus actividades estén
directamente orientadas a intervenir en los acontecimientos o producir cambios. Pare
cen suspendidas, quietas, plácidas, inmóviles, contenidas y apáticas, a la espera de que
las cosas sucedan para reaccionar sólo después que ello ocurra.
Algunos biólogos evolucionistas (Colé, 1954; Trivers, 1972; Wilson, 1975) han seña
lado marcadas diferencias tanto en el ciclo como en la pauta de la conducta reproduc
tiva de las especies. Un aspecto que presenta especial interés es el alto grado en que va
ría -entre las especies y dentro de cada especie- la cantidad de descendientes y, en
34
consecuencia, el esfuerzo de crianza y protección que deben realizar los padres para
asegurar la supervivencia de su prole. En la biología de las poblaciones se denomina es
trategia r a la que consiste en engendrar gran cantidad de descendientes y prestar una
atención mínima a su supervivencia, y estrategia K a la que se caracteriza por la pro
creación de escasos descendientes y la considerable atención que se presta a su supervi
vencia. Las ostras, por ejemplo, recurren a la primera, ya que producen unos 500 m illo
nes de huevos por año; la estrategia K se observa en los grandes monos, que procrean
un solo descendiente cada cinco o seis años.
Jung fue capaz de anticipar esta diferencia en los estilos de replicación y su impor
tancia fundamental en la adaptación:
Las especies no difieren sólo por el lugar que ocupan en el continuo estrategia r/es
trategia K ; en la mayoría de las especies animales es posible trazar asimismo una impor
tante distinción entre los géneros masculino y femenino. Esta diferencia proporciona
una sólida base a lo que hemos llamado la bipolaridad Individualismo (orientación ha
cia uno mismo) vs. Protección (orientación hacia los demás), cuyas implicaciones ana
lizaremos a continuación.
En el curso de su vida, una mujer produce normalmente unos 400 óvulos, de los
cuales sólo 20 o 25 tienen alguna posibilidad de convertirse en bebés saludables. El gas
to de energía que requiere gestar, alimentar y cuidar un niño es extraordinario. N o sólo
debe la mujer dedicar gran parte de sus energías a llevar a término el embarazo, sino
que durante ese período no puede ser fertilizada nuevamente. El hombre, en cambio,
tiene la posibilidad biológica de aparearse con muchas mujeres, aunque esta práctica es
firmemente desalentada en la mayoría de las sociedades.
Si el niño no sobrevive, el esfuerzo físico y emocional dilapidado no sólo constituye
un enorme tributo personal, sino que implica una merma considerable del potencial
reproductivo de la madre. Por lo tanto, desde el punto de vista evolutivo parece haber
una buena razón para que las hembras se sientan inclinadas a cuidar y proteger, inclina
ción de la que dan testimonio su sensibilidad a las señales de aflicción de sus hijos y su
buena voluntad para ocuparse de alimentarlos y atender sus necesidades.
Aunque el macho libera varias decenas de millones de espermatozoides durante el
acoplamiento, se trata de una inversión muy modesta, dada su capacidad física para re
35
petir con frecuencia el acto reproductivo. Después de la fecundación, su compromiso
físico y emocional puede finalizar: las consecuencias para la supervivencia de sus des
cendientes serán mínimas. Si bien cuando abandona precozmente a la hembra y al hi
jo , se pierden su protección y su aporte de alimentos, en términos de supervivencia de
la especie es mucho más lo que se gana a causa del gasto de energía que realiza para lo
grar la amplia diseminación reproductiva de sus genes. Comparado con la hembra de la
especie, cuya m ejor estrategia parece consistir en asumir la responsabilidad por el cui
dado y el bienestar del niño y la familia (estrategia K ), el macho probablemente será
más eficaz si maximiza la propagación de sí mismo, es decir, si adopta la estrategia r. Al
esforzarse por actualizar su propio potencial intrínseco, el macho se concentra ante to
do en su autorreplicación y autorrealización, y sólo subsidiariamente en la crianza.
En las sociedades modernas, por supuesto, el acoplamiento con muchas hembras y
el abandono de la prole tienen importantes consecuencias sociales, emocionales y eco
nómicas que no es posible dejar de lado; pero subsiste el hecho biológico de que los
descendientes probablemente sobrevivirán aunque no reciban asistencia del progenitor
masculino.
En resumen, los machos tienden a estar orientados hacia sí mismos, debido a que
esa conducta maximiza la replicación de sus genes. Las hembras, por el contrario, tien
den a estar orientadas hacia los demás, debido a que su aptitud para criar a su limitada
progenie maximiza la replicación de sus genes.
La estrategia rd el macho puede manifestarse en lo que denominamos conductas de
Individualismo, cuya característica es que están inspiradas más por el interés en sí mis
mo que por el interés en los demás. Las relaciones entre machos tienen a menudo una
cualidad “vertical” o jerárquica, que implica la búsqueda del dominio sobre los demás.
La estrategia K de la hembra, en cambio, se manifiesta en lo que denominamos orien
tación a la Protección. Las hembras tienen mayor disposición a favorecer a los demás, a
unirse e intimar, a sentir empatia y a proteger (Gilligan, 1982; Wilson, 1978). Las rela
ciones entre hembras tienen una cualidad “horizontal”, o incluso de jerarquía invertida,
basada ya sea en la interacción igualitaria o en el otorgamiento de prioridad a los de
más.
Digamos, para no ser malinterpretados, que no hay una línea nítida que separe los
géneros; las inclinaciones mencionadas se distribuyen a lo largo de un continuo que ad
mite discriminaciones “débiles” por grupos y presenta considerable superposición.
Nuestro propósito no se centra en destacar las diferencias entre los géneros, sino en
identificar la existencia de un espectro profundo, con base biológica, de disposiciones,
cuyos polos están representados por el mejoramiento o propagación de uno mismo (la
estrategia r) y el mejoramiento o protección de los demás (la estrategia K ).
Traducción personológica
S6
m o y la independencia, en un extremo, a conductas orientadas al amor, altruistas, nu
tricias, íntimas, promotoras de armonía, cálidas, confiadas y cooperativas, en el otro.
Creemos que esas dos amplias orientaciones reflejan una bipolaridad fundamental que
existe en la naturaleza y que se expresa en dos metas divergentes de la motivación y la
emoción humanas. La primera meta, el Individualismo, se halla estrechamente vincula
da a las estrategias reproductivas accesibles para el género masculino, de las que deriva;
la segunda, la Protección, se relaciona principalmente con las opciones reproductivas
de que dispone el género femenino, en las cuales se origina.
Individualismo. Interesadas sólo en sí mismas, estas personas tienden a tomar decisio
nes sin consultar a nadie, ya que no perciben la necesidad de recabar opiniones ajenas
ni de contar con la aprobación de los demás. En el mejor de los casos son resueltas, lle
nas de iniciativa y capaces de autorrealizarse; se esfuerzan por superar obstáculos que
podrían impedir la actualización del potencial que creen tener. Los demás las ven como
personas dotadas de un fuerte sentido de identidad; parecen controlar su vida y regular
sus experiencias y su futuro con escasos aportes o interferencias ajenos. Además de con
fiar en sí mismas y de ser esforzadas, emprendedoras e independientes, las personas
que obtienen un puntaje elevado en la escala Individualismo tratan de convertirse en lo
que creen que están destinadas a ser. Sin embargo, cuando su conducta no se encauza
adecuadamente, pueden llegar a ser egocéntricas, indiferentes a las necesidades y prio
ridades de los demás y atentas por sobre todo a sus propios intereses.
Protección. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta Meta Motivacional
procuran satisfacer necesidades sociales y de pertenencia. Mantienen, con otras perso
nas significativas de su entorno, relaciones íntimas y afectuosas en las que brindar amor
es tan importante como recibirlo. Hay calidez en su relación con los demás y no necesi
tan esforzarse para demostrar su afecto por sus padres, hijos, cónyuge o amigos íntimos.
Se identifican con el prójimo y sienten una profunda preocupación por su bienestar. A
menudo atienden las necesidades de sus familiares más cercanos y de sus amigos ínti
mos antes que las propias. Con frecuencia hacen extensivo su afecto a toda la humani
dad, comprenden la condición humana y experimentan un sentimiento de afinidad
con la mayoría de los pueblos.
Es el tercer par de Metas Motivadoras, el de Individualismo vs. Protección, el que
permite juzgar si en realidad un hombre o una mujer han dado pruebas de equilibrio
entre la orientación hacia uno mismo y la orientación hacia los demás.
37
intelecto, la aptitud y la capacidad no han sido considerados ámbitos de estudio relacio
nados con la personología.
Ahora bien, el objeto de la personología se ha ampliado y abarca hoy la “persona to
tal”, es decir, una totalidad orgánicamente unificada e indivisa. En consecuencia, se re
conoce cada vez más no sólo que las dimensiones cognitivas y sus diversos estilos deben
ser tomados en cuenta, sino también que tal vez tengan la misma importancia que los
estilos motivacionales y conducíales como fuente de rasgos y diferencias de personali
dad (Millón, 1986b, 1988).
Los diversos rasgos y estilos de cognición no han sido incluidos com o elementos
centrales en la mayoría de los instrumentos que evalúan la personalidad. En mi opi
nión, sin embargo, resumen en sí lo que puede considerarse la cuarta y más reciente
de las fases de la evolución. La capacidad de manejar abstracciones -d e trascender lo
inmediato y concreto, de relacionar y sintetizar la diversidad, de representar aconteci
mientos y procesos mediante símbolos, de ponderar, razonar y p rever- implica, para
los organismos, un salto cuantitativo en el potencial evolutivo para el cambio y la
adaptación.
Emancipada la mente de lo real y lo presente, pueden foijarse construcciones nove
dosas y concretarse posibilidades inéditas mediante estilos particulares de procesamien
to cognitivo. La capacidad de seleccionar y rehacer, de coordinar y organizar las repre
sentaciones simbólicas de la experiencia en nuevas configuraciones, presenta de algún
m odo analogía con los procesos biológicos de replicación recombinante aleatoria, pese
a ser más focalizada e intencional. Tomándonos más libertad con la analogía, diremos
que la replicación genética es el mecanismo recombinante que subyace a la progresión
adaptativa de la filogenia, mientras que el razonamiento abstracto es el mecanismo re-
combinante que subyace a la progresión cognitiva de la ontogenia.
Los usos de la replicación física son limitados, puesto que los restringe el potencial
finito inherente a los genes parentales. En cambio las experiencias, internalizadas y re-
combinadas mediante procesos cognitivos, son infinitas. En el curso de una vida huma
na, innumerables acontecimientos de carácter aleatorio, lógico o irracional tienen lugar
y son analizados y reformulados una y otra vez; algunas ideas y conductas resultan ser
más adaptativas -y otras menos adaptativas- que las ideas y conductas requeridas por las
circunstancias que les dieron origen. Mientras que las acciones de la mayoría de las es
pecies subhumanas son producto de programas genéticos que evolucionaron de mane
ra exitosa, conductas de índole relativamente fija adecuadas para una modesta gama de
escenarios ambientales, el procesamiento cognitivo, implícito o intencional, da origen
a aptitudes que resultan apropiadas en circunstancias ecológicas radicalmente divergen
tes, las que, a su vez, pueden haber sido generadas por actos de creatividad simbólica y
tecnológica de vasto alcance.
La mente humana puede reflejar realidades externas, pero también puede recons
truirlas, transformando reflexivamente las percepciones en modos subjetivos de reali
dad fenom enológica y subordinando a propósitos individualistas los acontecimientos
exteriores. Todo acto de aprehensión es modificado por elementos de proyección. N o
sólo las imágenes de sí mismo y los otros son emancipadas de las realidades sensoriales
directas, con lo que se posibilita su transformación en entidades mentales: también el
38
tiempo pierde su inmediatez y su impacto, convirtiéndose en algo que tiene tanto de
construcción como de realidad tangible. Las abstracciones cognitivas son eficaces para
traer el pasado al presente y, gracias a su capacidad de prever, también traen el futuro
al presente. Con el pasado y el futuro insertados en el aquí y ahora, los seres humanos
pueden abarcar a la vez no sólo la totalidad del cosmos sino también su origen, natura
leza y evolución. L o más notable son las muchas visiones que los seres humanos tienen
del futuro indeterminado de la vida, donde no existe aún realidad alguna.
Com o ya fue mencionado, pensamos que las funciones cognitivas son la etapa más
reciente de la progresión evolutiva y que, por lo tanto, están en consonancia con nues
tras formulaciones biosociales relativas a la arquitectura básica subyacente al funciona
miento humano. También creemos que los procesos cognitivos son el segundo paso en
nuestra secuencia tripartita, que representa la form a como los organismos abordan su
entorno. En lugar de otorgar primacía a las raíces motivacionales y emocionales “impul
soras” del estilo de personalidad (com o en nuestras formulaciones relacionadas con los
trastornos de personalidad) o a las expresiones conducíales manifiestas de la personali
dad (com o sucede, por ejemplo, en un enfoque léxico que genera el m odelo de los
Cinco Grandes Factores; Goldberg, 1993), el enfoque del MIPS procura combinar esos
componentes vinculándolos a las funciones cognitivas, integrando de ese m odo las tres
expresiones de la personalidad en una única totalidad coherente.
Varias dimensiones bipolares han sido propuestas, a lo largo de los años, como base
para un esquema de estilos cognitivos. Términos opuestos, com o nivelación/agudiza-
miento, estrecho/amplio, analítico/sintético, rígido/flexible, inductivo/deductivo, abs
tracto/concreto y convergente/divergente se han empleado para ilustrar las diferencias
estilísticas entre las funciones cognitivas. Aunque todos estos pares de términos aportan
distinciones importantes para la descripción de los procesos cognitivos, sólo unos pocos
han sido conceptualizados teniendo en mente las diferencias de personalidad, ámbito
en el que, sin embargo, aún podrían resultar productivos.
En cambio, un conocido esquema bipolar formulado deliberadamente para que sir
viera de base a la generación de tipos de personalidad, fue construido en lo esencial
con conceptos cognitivos. Aunque Jung no se refirió explícitamente a los procesos cog
nitivos, hay buenas razones para considerar que sus bipolaridades Extraversión/Intro
versión, Pensamiento/Sentimiento y Sensación/Intuición se basan más en el ámbito de
lo cognitivo que en el de lo motivacional o el de lo conductal.
Para ilustrar esta tesis podríamos preguntar: ¿qué quiso decir Jung con “Extraver
sión” e “Introversión”? La opinión que comparten sus intérpretes es que esos térmi
nos se refieren a los aspectos conducíales de la sociabilidad: la Extraversión sería la
expansividad social, y la Introversión, la reserva social. A mi juicio, Jung quería signifi
car algo diferente: su orientación era esencialmente cognitiva, por lo que la Extraver
39
sión y la Introversión no se referían al estilo social de una persona sino a la dirección de
su atención y su interés. La Extraversión indicaba que ambos eran extraceptivos, es de
cir, orientados más hacia el exterior que hacia el mundo interno; la persona tendía a
confiar en los acontecimientos “objetivos” y a buscar fuentes externas de inspiración.
La Introversión denotaba intraceptividad, es decir, orientación hacia el interior de la
atención y el interés; incluía la subordinación de las fuentes externas de conocimien
to a las originadas en la vida interior, así como la atención a los dictados internos y las
inspiraciones “subjetivas”. En síntesis, la Extraversión y la Introversión, los dos con
ceptos junguianos más aceptados y perdurables relacionados con la personalidad, no
se refieren a tipos de motivación ni a conductas interpersonales, sino más bien a esti
los cognitivos.
Resulta aun más claro que las otras dos bipolaridades formuladas por Jung -Sensa
ción/Intuición y Pensamiento/Sentimiento- son netamente cognitivas en su carácter y
en sus fundamentos. Representan no tanto las razones por las que actúa la gente ni sus
acciones, sino las “actitudes” que asumen los individuos al atender a su entorno y las
“funciones” que utilizan para interpretar y transformar sus percepciones.
40
Finalmente formulé un m odelo que agrupaba las actividades cognitivas teniendo en
cuenta dos funciones superiores. Una se relacionaba con el origen de los datos cogniti-
vos recogidos, es decir, con lo que se ha dado en llamar “fuentes de inform ación”, y la
otra con los métodos utilizados por el individuo para reconstruir esos datos, o sea con
lo que se denomina “procesos de transformación”.
Cada una de esas funciones -la inicial de recoger y la posterior de reconstruir la in
form ación- fue dividida a su vez en dos polaridades. Las “fuentes de información” fue
ron divididas en 1) externas vs. internas y 2) tangibles vs. intangibles. Los “procesos de
transformación” fueron divididos en 1) intelectivos vs. afectivos y 2) asimilativos vs. ima
ginativos. Las cuatro bipolaridades resultantes, incorporadas al MIPS, no son en modo
alguno exhaustivas. Para mi sorpresa y satisfacción, sin embargo, comprobé que concor
daban en alto grado con el modelo formulado por Jung en 1921.
Las dos primeras funciones contrastantes que se consideran de importancia para los
estilos de personalidad en el ámbito cognitivo se relacionan con las fuentes a las que re
curren las personas para adquirir conocimientos sobre su mundo. Dada nuestra opi
nión de que los dos elementos principales que componen el entorno de un organismo
son él mismo y los otros, no tiene nada de sorprendente que esos mismos elementos
sean las fuentes primarias de las que el organismo obtiene información. Por lo tanto, el
hecho de dirigir la atención a cuestiones internas o externas a uno mismo sirve de ba
se a una distinción clave en lo que se refiere a la actividad cognitiva.
Aunque relacionada materialmente con otra distinción -la que concierne a el Indi
vidualismo y la Protección, estudiada en la sección precedente sobre las Metas Motiva-
cionales-, la correspondencia entre ambas no es simple ni bien definida, del mismo
m odo que la correlación de puntees individuales entre dichas bipolaridades no es ne
cesariamente elevada. Dado que los dos pares de constructos están relacionados de di
versas maneras y forman parte de configuraciones más amplias compuestas por diferen
tes niveles de intensidad, las correspondencias pueden ser mucho más variables de lo
que haría suponer su común origen. Así, en el caso de algunas personas, a 1 Individua
lismo se puede llegar más fácilmente dirigiendo la atención a fuentes externas, en tanto
que la Protección puede incrementarse si se busca inspiración sobre todo en fuentes in
ternas.
Cabe observar que entre los procesos evolutivos y las funciones cognitivas pueden
trazarse útiles paralelos; el m odelo evolucionista en que se basa nuestra formulación es
tan adecuado para este ámbito como lo era para el de la motivación.
Muchos piensan que la información es lo contrario de la entropía. La información
cumple, en los sistemas cognitivos, el mismo rol que la energía o los nutrientes en los
sistemas físicos. Un sistema físico se mantiene “succionando orden” de su entorno, in
corporando energía o nutrientes y transformándolos para satisfacer las necesidades de
41
los tejidos; un sistema cognitivo hace algo semejante, ya que “succiona inform ación”
de su ambiente, es decir, incorpora datos y los transforma para satisfacer sus necesida
des cognitivas.
De m odo semejante a cualquier otro sistema abierto, una estructura cognitiva nece
sita mantenerse como entidad integrada y cohesiva. En el mundo físico, la integridad
de un sistema se logra mediante adaptaciones que preservan y mejoran la estructura fí
sica, con lo que se evita la disipación entròpica de sus elementos ordenados. Análoga
mente, un sistema cognitivo logra su integridad mediante diversas adaptaciones preser-
vadoras y de apertura que reducen la probabilidad de acontecimientos que podrían
disminuir el orden y la coherencia de su base de conocimientos.
Además, un sistema cognitivo abierto está, al igual que un sistema físico, firmemente
orientado. Así como un sistema físico debe ser selectivo en cuanto a sus fuentes de ali
mento y utilizar las que sean adecuadas para satisfacer las necesidades de sus tejidos,
también un sistema cognitivo debe ser selectivo en cuanto a las fuentes de información:
debe elegir y procesar determinados datos, obrando de acuerdo con metas cognitivas
específicas. Un sistema físico no puede ingerir sustancias escogidas al azar; tampoco un
sistema cognitivo puede procesar datos escogidos al azar. Por lo tanto, la información
(entropía negativa) debe adquirirse selectivamente, no al azar ni en forma difusa; algu
nas fuentes de información deben ser tenidas en cuenta y otras pasadas por alto o su
primidas.
La coherencia puede optimizarse adoptando y manteniendo una fuente de informa
ción regular y preferente, lo que asegura una tendencia confirmatoria constante en fa
vor de la “cosmovisión” y la arquitectura organizacional de una estructura cognitiva. A
la inversa, una estructura cognitiva que es expuesta a fuentes disonantes o contradicto
rias, o que presta atención a fuentes diversas o muy numerosas, a la larga puede ser
cuestionada con éxito o perder, por agotamiento, su capacidad de mantener la cohe
rencia. En otras palabras, es probable que el procesamiento gravoso y las fuentes discor
dantes produzcan un aumento de la entropía cognitiva. Una orientación más estructu
rada y coherente que fortalezca y confirme fuentes de información previas resulta útil
para asegurar una supervivencia cognitiva óptima!
Traducción personológica
De acuerdo con lo expresado, distinguimos, teniendo en cuenta su fuente primaria,
dos clases de información: la que se origina fuera de nosotros mismos y la que se origi
na internamente. Sea cual fuere el nombre que se dé a esta orientación cognitiva polar
-externa vs. interna, extraceptiva vs. intraceptiva o extravertida vs. introvertida-, cada
bipolaridad proporciona una reserva reproducible para la información cognitiva, un
manantial selectivamente circunscrito de conocimiento al que la persona continuará es
tando expuesta.
Extraversión. Unas pocas líneas de Jung pueden ser útiles para destacar rasgos esen
ciales de su concepción de la actitud orientada externamente:
42
La extraversión se caracteriza por el interés puesto en el objeto externo, la sensibilidad y
la disposición a aceptar los acontecimientos externos, el deseo de influir en los sucesos y ser
influido por ellos, la necesidad de participar y seguir la corriente, la capacidad de soportar el
bullicio y los ruidos de todas clases y, en realidad, de disfrutar de ellos (Jung, 1937/1971,
pág. 550).
43
pretarlo ni evaluarlo. No actúan selectivamente, guiándose por principios, sino que simple
mente son receptivas a lo que sucede (Jung, 1931/1933, págs. 538-539).
Para la intuición, la realidad actual sólo cuenta en la medida en que parece encerrar po
sibilidades, las que entonces pasan a ser la suprema fuerza motivadora, sin que importe lo
que las cosas son realmente en la actualidad (Jung, 1936/1971, pág. 554).
44
mación es objetiva y razonada, dando lugar a un juicio basado en el pensamiento, que
comunica, de m odo claro y organizado, que la experiencia registrada tiene sentido, o
sea que es intelectualmente lógica y coherente. El segundo camino provoca una res
puesta subjetiva y emocional, una reacción afectiva, indicando, de un m odo menos or
ganizado y a menudo difuso y global, que la experiencia registrada fue inscrita como
afectivamente neutra, positiva o negativa.
Reflexión. El polo intelectivo, al que se refería Jung cuando utilizaba el término “pen
samiento”, indica preferencia por interpretar la experiencia a la luz de la razón y la ló
gica. Aunque los sucesos de la vida pueden tener un origen interno o externo, y pue
den ser de naturaleza tangible o intangible, el proceso de interpretación y evaluación se
inclina hacia lo objetivo e impersonal, ya que los acontecimientos son analizados por
m edio de la razón crítica y con intervención del pensamiento racional y sensato. Au
mentando la indiferencia afectiva, es decir, reduciendo el ingobernable aporte emocio
nal de los demás y los efectos perturbadores de nuestro propio estado emocional, es po
sible mantener un alto grado de cohesión y continuidad cognitivas. El análisis objetivo
y la indiferencia afectiva protegen contra las incursiones no deseadas en la estabilidad
cognitiva, pero a menudo el precio que hay que pagar por ello es una conducta rígida,
hipercontrolada e inflexible.
Afectividad. En cambio, las experiencias procesadas afectivamente inducen estados
subjetivos como los de experimentar agrado o desagrado, atribuir o negar valor, sentir
se bien o mal, cóm odo o incómodo, atraído o repelido, etc. A través de la resonancia
empática, el camino de la afectividad predispone al individuo a registrar sobre todo lo
que sienten los demás, y no tanto lo que piensan. El individuo que se inclina hacia el
polo de la Afectividad emplea “vibraciones psíquicas” para aprender más del tono emo
cional que transmiten las palabras que de su contenido o su lógica. La modalidad habi
tual de quienes presentan un estilo afectivo es la de la realidad subjetiva, una reacción
más o menos ‘Visceral” compuesta de estados de ánimo positivos o negativos, tanto glo
bales como diferenciados. Hay, por supuesto, individuos notablemente introspectivos
que se sienten inclinados a sondear estados afectivos internos con un estilo cognitivo in
telectivo. Estos individuos no proceden así movidos simplemente por su interés en la
psicología: en algunos casos buscan obsesivamente conocerse a sí mismos. Pero por lo
general el estilo afectivo de transformación se observa en individuos que dan prueba de
una modesta capacidad de análisis introspectivo, combinada con una respuesta empáti
ca franca y abierta a los demás y una sensibilidad subconsciente a las facetas emociona
les -e n estado puro, tanto como sea posible- de la experiencia.
45
Por otra parte, ningún progreso es posible si no se exploran las posibilidades nuevas y
promisorias. En la evolución se da una tensión beneficiosa entre la conservación y el
cambio, entre la adhesión a lo habitual y la liberación de la creatividad. Estos estilos
cognitivos opuestos muestran las dos alternativas: integrar las experiencias en sistemas
ya establecidos y explorar medios novedosos de estructurarlas.
Sistematización. Los sistematizadores del esquema del MIPS tienen algunos rasgos en
común con las personas que muestran la “preferencia por el ju ic io ” que Katherine
Briggs e Isabel Briggs Myers dedujeron de las ideas de Jung (Myers, 1962). Tanto la Sis
tematización como la preferencia por el juicio se observan en personas que tienen sis
temas de memoria bien estructurados, a los que añaden rutinariamente nuevas expe
riencias cognitivas. Dispuestos a actuar sin apartarse de las perspectivas establecidas,
los sistematizadores se caracterizan por un alto grado de formalidad y coherencia,
cuando no rigidez, en su funcionamiento. Es típico que sean predecibles, convencio
nales, ordenados, previsores, decididos, metódicos, exigentes, formales, disciplinados,
meticulosos, firmes, leales y devotos. Por lo tanto, en términos evolutivos la polaridad
asimiladora conduce a la continuidad y la tradición, o al mantenimiento del nivel exis
tente de entropía cognitiva; este estilo cognitivo promueve una cohesión arquitectóni
ca que no es alterada por variaciones riesgosas que podrían disminuir los niveles esta
blecidos de orden.
Innovación. En cambio, las personas que se ubican en el polo de la Innovación se ca
racterizan por su disposición a formar nuevas e imaginativas construcciones cognitivas
de carácter improvisado. Se sienten inclinadas a buscar ideas y soluciones creativas, a
hallar nuevos modos de ordenar la información y a acumular entropía negativa, por
así decirlo, apartándose de lo dado y lo conocido a fin de establecer un nivel nuevo o
más elevado de organización cognitiva. Los innovadores van más allá de las perspecti
vas confirmadas y procuran ampliar las interpretaciones de la experiencia, sin preocu
parse por demostrar su confiabilidad. Es típico que el m odo imaginativo esté relacio
nado con la falta de prejuicios, la espontaneidad, la improvisación, la informalidad, la
adaptabilidad, la flexibilidad, la impresionabilidad, la creatividad, la inventiva y la inge
niosidad.
46
De un modo u otro, el interés por las conductas interpersonales está presente ya en
las concepciones de los primeros autores que abordaron temas psiquiátricos y persono-
lógicos. En este campo de estudio no es posible señalar ninguna figura gigantesca que
alcance la estatura histórica de Freud o Jung, pero hay varios autores, especialmente del
último m edio siglo, cuya obra merece ser destacada. Además, en las dos últimas déca
das algunos investigadores concentraron sus esfuerzos -aunque utilizando modelos di
vergentes- en temas interpersonales.
Adolph Meyer (1951) y su alumno Harry Stack Sullivan (1953), cuyas ideas coincidían
en parte con las de Freud y Jung, han dejado una obra escrita bastante escasa. Ambos se
centraron en el mundo psicosocial de sus pacientes y prestaron especial atención al papel
de las relaciones interpersonales. Como Freud y Jung, Meyer y Sullivan reconocieron que
las perturbaciones psiquiátricas reflejaban el impacto de experiencias vitales tempranas.
N o obstante, destacaron la importancia de los roles y relaciones sociales del presente. Co
rrespondió a Sulllivan sostener que el objetivo principal de la indagación psiquiátrica no
era descubrir la base biológica de la psicopatología ni develar los procesos inconscientes
del pasado, sino corregir las distorsiones de la comunicación que se producen entre per
sonas que interactúan, es decir, descodificar sus interacciones cotidianas.
Para Sullivan, la conducta problemática se debía a la interrelación desordenada, tan
to verbal como no verbal. Sus descripciones de rasgos y tipos de personalidad fueron
presentadas principalmente en conferencias informales y discusiones de seminario en
las décadas de 1930 y 1940. Entre los tipos de personalidad que propuso se destacan el
“abstraído”, cuyas sucesivas relaciones íntimas culminan en desilusión profunda; el “in
corregible”, caracterizado por un patrón de conducta inamistosa y taciturna, así como
por su tendencia a quejarse amargamente de las autoridades; el “negativista”, que se re
húsa a suscribir la opinión de los demás, y el “dominado por la ambición”, que se distin
gue por ser explotador, competitivo e inescrupuloso.
La estructura formal que caracteriza los escritos teóricos de Freud y Jung está casi
ausente en la obra de Sullivan. Sin embargo, el énfasis que éste puso en el papel central
de la conducta interpersonal en la personalidad y la psicopatología fue adoptado por
numerosos seguidores. Entre ellos cabe mencionar a Gregory Bateson y sus colaborado
res (1956), que contribuyeron al desarrollo de los estudios sobre la interacción familiar;
a Eric Berne, que ideó un esquema para el análisis transaccional (1961), y a varios in
vestigadores que construyeron modelos interpersonales de la personalidad (Benjamín,
1974; Kiesler, 1979; Wiggins, 1979). A continuación nos ocuparemos de los desarrollos
más recientes, y haremos además una breve referencia al m odelo de los Cinco Grandes
Factores (Costa y McCrae, 1985; Goldberg, 1993; Tupes y Christal, 1992).
47
La tipología de Leary
48
tribuciones y metodologías más recientes son las de Benjamín (1974, 1986), Kiesler
(1979, 1986) y Wiggins (1979); todos ellos concibieron esquemas altamente creativos
para sus modelos interpersonales.
Varios autores, comenzando por Thurstone (1934), abordaron el tema de la perso
nalidad desde un punto de vista totalmente distinto, recurriendo al análisis de factores
como m edio para extraer elementos comunes del vocabulario popular relacionado con
la descripción de rasgos psicológicos. La indagación de Thurstone fue proseguida por
Catell (1943), y más recientemente por Costa y W idiger (1993), Goldberg (1993) y
otros. En el m odelo de los Cinco Grandes Factores se observa un alto grado de corres
pondencia entre los primeros cuatro factores, relacionados con características conduc
íales (en oposición a las cognitivas o motivacionales), y los cuatro extremos incluidos en
el circunflejo bipolar de Leary. Una comparación punto por punto de esos cuatro fac
tores y los cuatro pares de tipos conducíales de Leary resulta muy ilustrativa. Los Cinco
Grandes Factores se distinguen habitualmente mediante los números y designaciones
siguientes: el Factor I es la Extraversión (surgencia); el Factor II, la Afabilidad; el Factor
III, la Escrupulosidad; el Factor IV, el Neuroticismo (vs. Estabilidad Emocional), y el
Factor V -a l que nos referiremos por separado más adelante- la Apertura a la Experien
cia (Intelecto, Cultura).
El Factor I, Extraversión, está estrechamente relacionado con el tipo “cooperativo-su-
perconvencional” de Leary (que según éste se caracteriza por su cordialidad extraverti-
da y su sociabilidad). El Factor II, Afabilidad, corresponde al tipo “dócil-dependiente”
de Leary (que según éste exhibe pertenencia y un grado poco habitual de confianza y
admiración por otras personas, como también sometimiento, acomodación y una acti
tud cooperativa y amistosa). El Factor III, Escrupulosidad, guarda semejanza con el tipo
“responsable-hipernormal” de Leary (que según éste se caracteriza por el deseo de al
canzar un ideal de conducta apropiada y convencional, como también por su manera
ordenada y perfeccionista de actuar). El Factor IV, Neuroticismo, presenta rasgos en co
mún con el tipo “modesto-masoquista” de Leary (que se caracteriza por su tendencia a
procurar que los demás lo desaprueben y lo humillen, y en consecuencia experimenta
sentimientos de ansiedad, depresión y duda).
49
nuestro vocabulario (aquí debemos exceptuar la excepcional intuición de autores co
m o Shakespeare). Las ambigüedades de la cognición y la motivación sólo reciente
mente han entrado a form ar parte de nuestro vocabulario, tanto el de uso cotidiano
com o el de uso profesional. Es sorprendente, por lo menos para mí, que en los ins
trumentos destinados a evaluar la personalidad no se haya logrado caracterizar los
rasgos cognitivos y motivacionales, concentrándose la atención casi exclusivamente
en la conducta, y que sólo recientemente se hayan abordado los rasgos conducíales
de tipo interpersonal.
Para referirnos a una cuestión conexa, la perplejidad suscitada en el campo de la
personología por el Factor V del m odelo de los Cinco Grandes Factores puede enten
derse en parte si se observa que es el único de los factores de ese m odelo que se relacio
na con procesos cognitivos y no con rasgos conducíales. Tal vez la confusión respecto
de la manera “adecuada” de designarlo (por ejemplo Apertura, Intelecto, Cultura) se
base en el hecho de que corresponde a un proceso inferido y no a un proceso observa
ble. En realidad, consideramos que la escala Intuición del MIPS es el correlato más ele
vado de la “Apertura a la Experiencia” de Costa y McCrae (1985). La investigación futu
ra decidirá si el problema planteado por el Factor V debe atribuirse a la imprecisión de
nuestro vocabulario relativo a los constructos de personalidad inferidos, o al hecho de
que los seres humanos son menos capaces de inferir rasgos de personalidad en los ám
bitos cognitivo y motivacional. Creemos que la inclusión en el MIPS de los tres ámbitos
de la personalidad contribuirá a esclarecer esa cuestión.
Volviendo al terreno de la conducta interpersonal, hemos sostenido en este capítulo,
como también en publicaciones anteriores (Millón, 1967, 1969, 1986b, 1987c, 1990,
1991), que una concepción científica de las dimensiones o los trastornos de la persona
lidad no puede basarse exclusivamente en datos empíricos o fundamentos clínicos. Esos
datos proporcionan una confirmación valiosa y son fuente de inspiración, pero el “sig
nificado” de un esquema científico requiere una fundamentación teórica explícita y sis
temática. La teoría brinda un conjunto coherente de principios que deberían explicar
cómo y por qué los descubrimientos empíricos y clínicos asumen tal forma y no tal otra.
En las secciones que siguen esbozaremos una fundamentación para los cinco con
juntos de dimensiones interpersonales bipolares incluidos en el MIPS. Después de lo
cual intentaremos demostrar, aunque brevemente, que esta presentación corresponde
tanto a los tipos interpersonales de Leary como al m odelo de los Cinco (o cuatro +)
Grandes Factores.
Con respecto a los cinco pares, en publicaciones anteriores (M illón, 1969, 1986a,
1986b) formulé una teoría biosocial/de aprendizaje basada en la naturaleza y la fuente
de los reforzadores y en las estrategias instrumentales activas y pasivas. Un formato de
5 x 2 sirvió de base para generar 10 de los trastornos de personalidad del Eje II del
DSM. Aunque esle ordenamiento fue sustituido por un m odelo evolutivo (M illón,
1990), la arquitectura básica de la teoría original constituye aún un marco útil para
conceptualizar dimensiones interpersonales de las personalidades normales (M illón,
1991).
50
Las conductas Retraimiento y Comunicatividad del MIPS
En la primera de las bipolaridades conducíales, lo que podríamos llamar dimensión
de “gregarismo/alejamiento” opone dos estilos interpersonales de relacionarse que re
presentan extremos en el grado de afabilidad y comunicatividad. Esta característica de
sociabilidad (o de falta de la misma) está presente en casi todos los sistemas de rasgos
de personalidad y por lo común se la designa Extraversión/Introversión. N o obstante
nosotros, como ya dijimos, empleamos la noción de Extraversión/Introversión de Jung
en el sentido original; es decir, consideramos que se refiere a una “actitud” o expectati
va en relación con el objeto, y no a una conducta. El Factor I del esquema estándar de
los Cinco Grandes Factores, en cambio, incluye tanto las facetas cognitivas com o las
conducíales de la Extraversión y la Introversión.
En mi opinión es preferible reducir la dimensión “gregarismo/alejamiento” a una
bipolaridad conductal “pura” que caracterice a las personas que se relacionan con otras
con diferente grado de sociabilidad y afabilidad. Esta descripción puede ser precisada
diciendo que aunque la mayoría de las personas se muestran a veces sociables y otras re
traídas, es probable que se comporten de uno de esos modos con más frecuencia que
del otro.
Retraimiento. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala, es decir,
aquellas en las que los rasgos correspondientes al polo del “alejamiento” superan a los
que corresponden al polo del “gregarismo”, tienen escasos intereses grupales o sociales.
Manifiestan (aunque no en forma clínica) algunos de los atributos de la personalidad
esquizoide consignados en el DSM. Su necesidad de dar y recibir afecto y de exteriori
zar sus sentimientos es mínima. Son propensas a tener escasas relaciones y compromi
sos interpersonales y no establecen vínculos sólidos con otras personas. Es probable que
los demás las consideren sosegadas, plácidas, imperturbables, despreocupadas y quizás
indiferentes. Rara vez comunican a los demás sus sentimientos interiores o sus pensa
mientos y parecen sentirse muy cómodas cuando se encuentran solas. Tienden a traba
jar en silencio, lenta y metódicamente, y casi siempre se mantienen en segundo plano,
en actitud modesta y discreta. Se sienten a gusto haciendo su trabajo sin ayuda, y es im
probable que lo que sucede a su alrededor las distraiga o las moleste. Como tienen es
casa habilidad para percibir las necesidades y captar los sentimientos de los demás, es
posible que se las considere socialmente torpes, o incluso insensibles, así como carentes
de espontaneidad y vitalidad.
Comunicatiwdad. En el polo del “gregarismo”, denotado por un puntaje elevado en
esta escala, encontramos atributos opuestos a los de la constelación precedente. En los
niveles más extremos de dicho polo hay personas que presentan rasgos similares a los
que el D SM atribuye a la personalidad histriónica. En niveles menos extremos, las per
sonas gregarias se desviven por ser populares, confían en sus habilidades sociales, están
convencidas de que pueden influir en los demás y cautivarlos, y poseen un estilo perso
nal que las hace agradables. En su mayoría disfrutan participando en actividades socia
les y les encanta hacerse de nuevas relaciones y enterarse de sus circunstancias. Conver
sadoras, vivaces, hábiles para el trato social, suelen atraer la atención y les agrada ser el
centro de acontecimientos sociales. Muchas de ellas se aburren con facilidad, especial
51
mente cuando deben realizar tareas rutinarias y repetitivas. Caracterizadas por estados
de ánimo acentuados y mudables, a las personas gregarias se las considera a veces exci
tables y veleidosas. Por otra parte, su entusiasmo a menudo infunde energía y motiva a
los demás. Emprendedoras y de mente ágil, pueden ser muy hábiles para manipular a la
gente con el fin de satisfacer sus propias necesidades.
52
Las conductas Discrepancia y Conformismo del MIPS
La tercera bipolaridad se relaciona con el grado en que las personas desestiman o
respetan la tradición. La dimensión Discrepancia/Conformismo reconoce el hecho
de que algunas personas actúan con notable autonomía, no están orientadas a lo so
cial y no son propensas a atenerse a las normas convencionales, las costumbres cultu
rales ni las reglas organizacionales; las que se sitúan en el polo opuesto son muy sumi
sas y responsables, como también escrupulosas y diligentes en lo que se refiere al
cumplimiento de sus obligaciones. Las personas que están en el extremo más elevado
de la polaridad “no convencional” -m edida por la escala Discrepancia del M IPS- pre
sentan cierta semejanza con la personalidad antisocial del DSM. En cambio, las que
están en el extremo superior de la polaridad “obediente” -m edida por la escala Con
formismo del M IPS - suelen presentar rasgos de la personalidad obsesivo-compulsiva
del DSM.
Discrepancia. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son poco
convencionales; a menudo procuran hacer las cosas a su m odo y están dispuestas a
aceptar las consecuencias de esta form a de proceder. Actúan como lo creen conve
niente, sin importarles la opinión de los demás. Propensas a adornar u ocultar la ver
dad, como también a obrar en el límite de la legalidad, no son escrupulosas, es decir,
no asumen las responsabilidades habituales. A menudo afirman que hay demasiadas
reglas que traban a la gente que quiere actuar con libertad e inventiva, y prefieren
pensar y obrar de un m odo independiente y con frecuencia creativo. Muchas de ellas
creen que las autoridades son demasiado severas con la gente que no acata las reglas.
A los inconformistas les desagrada seguir la misma rutina día tras día, y a veces actúan
de manera impulsiva e irresponsable. Hacen lo que desean o lo que creen más apro
piado sin preocuparse mucho por las consecuencias que sus acciones tengan para los
demás. Sintiéndose escépticos respecto de los móviles de la mayoría de las personas y
negándose a admitir obstáculos o coacciones, muestran una gran necesidad de auto
nomía y autodeterminación.
Conformismo. En el otro extremo de la bipolaridad no convencional/obediente están
las personas que obtienen un puntaje elevado en la escala Conformismo. Este polo re
presenta rasgos semejantes a los de la personalidad responsable-hipernormal de Leary,
con su ideal de conducta apropiada, convencional, ordenada y perfeccionista; también
guarda similitud con el Factor III del m odelo de los Cinco Grandes Factores, denomi
nado Escrupulosidad. Los conformistas son muy respetuosos de la tradición y la autori
dad, y actúan de un modo responsable, apropiado y escrupuloso. Hacen todo lo que es
tá a su alcance para apoyar las normas y reglas convencionales, cumplen estrictamente
los reglamentos y tienden a criticar a quienes no lo hacen. Bien organizados y confia
bles, prudentes y comedidos, pueden ser vistos como personas que se controlan en ex
ceso, como formales y poco afables en sus relaciones, intolerantes con los que se des
vían de la norma e inflexibles en su adhesión a las convenciones sociales. Diligentes en
lo que se refiere a sus responsabilidades, les desagrada que su trabajo se acumule, se
preocupan por acabar lo que han comenzado y son percibidos por los demás como
muy cumplidores y aplicados.
53
Las conductas Sometimiento y Control del MIPS
Hay un marcado contraste entre las personas dóciles, obedientes, obsequiosas y pro
pensas a rebajarse, por un lado, y las dominadoras, voluntariosas, enérgicas y sedientas
de poder, por el otro. A esta dimensión se la considera en la bibliografía como una de
las más importantes del estilo interpersonal (por ejemplo Wiggins, 1982). Una de sus
polaridades corresponde al segmento masoquista del tipo modesto-masoquista de
Leary, en el que está presente la tendencia a provocar la desaprobación y el trato humi
llante con acciones “indecisas y carentes de nervio”. El otro extremo de la dimensión se
asemeja a la personalidad directiva-autocrática de Leary, que exige obediencia y respe
to de los otros y procura controlar y manipular sus vidas. El tipo “sumiso”, medido por
la escala Sometimiento del MIPS, exhibe también cualidades -aunque no patológicas-
similares a las de la personalidad autodestructiva que el DSM incluía hasta hace poco.
Análogamente, lo que llamamos extremo polar “dominante” o Control muestra cualida
des interpersonales no patológicas que tienen cierta similitud con las de la personalidad
sádica recientemente eliminada del MIPS.
Sometimiento. Aunque semejante al Factor II de los Cinco Grandes Factores, denomi
nado Afabilidad, la polaridad Sometimiento no indica sólo una actitud cooperativa y
amistosa, sino también la disposición a obrar de un modo servil y degradante. Colocán
dose en una posición abyecta, las personas que obtienen un puntaje elevado en esta es
cala permiten -cuando no alientan- a los demás a aprovecharse de ellas. Son humildes
y respetuosas, incluso serviles. A menudo consideran que ellas mismas son sus peores
enemigos. Son timoratas y modestas, y pueden llegar a sentir desprecio por sí mismas.
Tienden a ocultar su talento y aptitudes. Obsequiosas y abnegadas en su interacción
con los demás, puede contarse con que responderán a las expectativas de sus líderes.
En su mayoría poseen aptitudes muy superiores a las que se atribuyen.
Control. A las personas que obtienen un puntaje elevado en la escala Control de la bi-
polaridad de la dominación les agrada dirigir e intimidar a los demás, así como ser obe
decidas y respetadas. N o suelen ser sentimentales y disfrutan manipulando la vida de los
demás. Aunque muchas de ellas subliman su sed de poder asumiendo roles y ejercien
do profesiones que gozan de aceptación pública, sus inclinaciones se ponen de mani
fiesto de cuando en cuando a través de actitudes intransigentes y tercas y de conductas
coercitivas. A pesar de estas expresiones negativas periódicas, las personas controlado-
ras son normalmente líderes eficaces y tienen talento para supervisar a otros y conse
guir que trabzgen para alcanzar metas comunes.
54
general a ser agradable en el trato y a actuar de m odo condescendiente, afable y pacífi
co (sin la tendencia a rebajarse y a humillarse ante los demás que vimos en la pauta de
sometimiento descrita más arriba).
Dijimos en la sección precedente que el tipo polar sumiso presenta algunas semejan
zas con la antigua personalidad autodestructiva del DSM, mientras que el tipo controla
dor muestra una correspondencia parcial con la antigua personalidad sádica del DSM.
En cambio la polaridad Concordancia corresponde más estrechamente a la personali
dad dependiente del DSM, en tanto que la polaridad Insatisfacción muestra semejanza
con la personalidad negativista (pasivo-agresiva) del DSM.
Insatisfacción. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala suelen
afirmar que reciben un trato injusto, que no se valora lo que hacen y que se las culpa
por faltas que no han cometido. Sus oportunidades no resultaron com o prometían, y
“saben” que lo bueno no dura. Resentidas por considerar que se les imponen exigen
cias injustas, a veces se sienten inclinadas a no afrontar sus responsabilidades tan bien
com o podrían. Ambivalentes en lo que respecta a su vida y a sus relaciones, pueden
verse envueltas en altercados y sufrir desilusiones mientras oscilan entre la aceptación
y la resistencia. Cuando las cosas marchan bien pueden inclinarse por la independen
cia en form a productiva y constructiva, y hablar con franqueza para remediar situacio
nes difíciles.
Concordancia. Es muy distinto lo que ocurre con las personas que obtienen un pun
taje elevado en la escala Concordancia. Este extremo bipolar es semejante al segmen
to “cooperativo” normal del estilo interpersonal cooperativo-superconvencional de
Leary, que representa un patrón conductal de acomodación, participación, concesio
nes recíprocas y concordancia. Com o ya se indicó, hay una correspondencia más es
trecha entre la escala Concordancia y el Factor II -A fab ilid ad - de los Cinco Grandes
Factores, que entre la escala Sometimiento y ese mismo factor, en cuanto la primera
transmite un acuerdo con los demás que no atenta contra la propia dignidad, así co
m o una amabilidad congenial que es voluntaria y no producto de una imposición ni
del desprecio por sí mismo. Las personas que responden al patrón congenial/concor
dante son muy serviciales y amistosas. Como no les agrada molestar a los demás, están
dispuestas a adaptar sus preferencias de m odo que resulten compatibles con las aje
nas. Dado que confían en la bondad y la consideración de los otros, también están
dispuestas a gustar diferencias y lograr soluciones pacíficas, así com o a ser comedidas
y a ceder si fuere necesario. La cordialidad y el avenimiento caracterizan sus relacio
nes interpersonales.
Conclusión
El marco desarrollado para este instrumento se inspiró tanto en el deseo de tornar
operativa una concepción teórica de la personalidad com o en la convicción de que
existe un m odelo inteligible que refleja fielmente las dimensiones esenciales de un mo
do coherente y unificado. Como muchos investigadores lo han sostenido, es probable
que, oculto bajo la complejidad superficial de las motivaciones, cogniciones y conduc
55
tas, haya un orden simple y elegante de conexiones entrelazadas del que proceden las
diferentes expresiones de la personalidad.
Lo que debe verse en el m odelo teórico no es un puñado de rasgos inmutables, sino
conjuntos de disposiciones en interacción dinámica que, al combinarse, dan origen a
las diversas configuraciones denominadas estilos de personalidad. Además, en todos los
estilos de personalidad hay aspectos “positivos” y “negativos”. Cada estilo representa pa
trones adaptativos que son muy adecuados para algunos ambientes y situaciones, y m e
nos adecuados para otros. Ningún rasgo de personalidad es bueno o malo en todos los
casos.
En los capítulos que siguen examinaremos los mecanismos de construcción de las es
calas del MIPS (capítulo 3), las pruebas empíricas que sustentan su confiabilidad y vali
dez (capítulo 4), y la utilidad del MIPS como instrumento de evaluación de esos diver
sos estilos en escenarios especiales (capítulo 5).
56
CAPÍTULO 3
Desarrollo y estandarización
57
Figura 3.1
Características demográficas de la muestra general de adultos del MIPS
comparadas con las de la población de Estados Unidos
18-29 30-39 40-49 50-65 <12 13-15 >16 Afro- Hispanos Blancos Otros
americanos
Edad Nivel de educación Raza/etnicidad
El cuadro 3.3 presenta los porcentajes correspondientes a los tres niveles de educa
ción en la muestra y en la población, y también -e n el caso de la muestra- el porcentaje
de hombres y mujeres en cada nivel. Los niveles de educación considerados fueron: es
cuela secundaria o menos, college incompleto y college completo (o superior). Surge de
este cuadro que los porcentajes correspondientes a los distintos niveles de educación en
la muestra del MIPS y en la población de Estados Unidos eran muy semejantes, y que,
en la muestra, la proporción de mujeres y hombres era aproximadamente igual en los
dos primeros niveles. La mayor proporción de hombres en el grupo con estudios de co
llege es consecuencia de la inclusión en la muestra de personas mayores, que alcanzaron
la edad apropiada para seguir estudios universitarios en una época en que la probabili
dad de seguirlos era mayor para los hombres que para las mujeres.
También se calculó el porcentaje de quienes no llegaron a graduarse en la escuela
secundaria. Los que completaron el 2Q, 3a o 4a año de la escuela secundaria constituían
el 6 % de la muestra de estandarización de adultos del MIPS, y los que completaron el
5a, 6e o 7S grado de la escuela primaria o el I aaño de la secundaria constituían el 1 %.
Los porcentajes correspondientes a las cuatro categorías de raza/etnicidad en la
58
Cuadro 3.1
Características en materia de edad de la muestra general de adultos del MIPS
Cuadro 3.2
Edad promedio en cada grupo de edad en la muestra general de adultos del MIPS,
por género y en conjunto
59
Cuadro 3.3
Características en materia de educación de la muestra general de adultos del MIPS
C uadro 3.4
C aracterísticas étn icas d e la m uestra general d e adultos d el M IPS
60
Cuadro 3.5
Porcentaje de desocupados en la muestra general de adultos del MIPS
y en la población de Estados Unidos, por género y en conjunto
Figura 3.2
Características ocupacionales de la muestra general de adultos del MIPS*
Porcentaje de la muestra
0 5 10 15 20 25
Ejecutivos 4,6%
Obreros 11,8%
Oficinistas/secretarios 20,0%
Profesionales 12,4%
Vendedores 20,8%
Supervisores 10,0%
Técnicos 11 ,8%
* N = 550 personas que mencionaron una ocupación específica. Otras 369 personas incluyeron su ocupación en el rubro “Otras”, y 81 no pro
porcionaron datos sobre su ocupación.
Surge de esos datos que los porcentajes de desocupados -tanto los de quienes estaban
buscando em pleo como los de quienes no lo hacían- en la muestra y en la población
de Estados Unidos eran muy semejantes.
La figura 3.2 presenta las características ocupacionales de la muestra sobre la base de
ocho categorías de empleos. Cabe señalar que fue necesario hacer algunos ayustes co
mo consecuencia del hecho de que la información sobre el tema era proporcionada
61
por los mismos sujetos. De los 124 adultos que afirmaron desempeñar una actividad
profesional, sólo 68 fueron incluidos en esa categoría, atendiendo a la denominación
de sus cargos. Los restantes 56 (por ejemplo, camioneros, peluqueros, etc.) fueron reu-
bicados en categorías laborales más apropiadas.
62
Figura 3.3
Ubicación de las ciudades de las que se extrajo ia muestra de estudiantes universitarios
Cuadro 3.6
Porcentaje correspondiente a cada grupo étnico en la muestra universitaria del MIPS
y en la población universitaria de Estados Unidos
Nota. N = 1600
63
Cuadro 3.7
Porcentaje de mujeres y hombres en cada grupo étnico en la muestra universitaria del MIPS
pos raciales/étnicos en la muestra universitaria del MIPS. Surge de este cuadro que la
proporción de mujeres y hombres era aproximadamente igual en esos grupos, excepto
en el caso del grupo Afroamericano, en el que había muchas más mujeres que hombres.
Esta característica de la muestra universitaria del MIPS refleja en parte el hecho de que
en la población universitaria de Estados Unidos las mujeres superan en número a los
hombres en el grupo Afroamericano (editores de The Chronicle of Higher Education, 1991).
El cuadro 3.8 presenta la distribución por año escolar en la muestra universitaria
del MIPS. En estos datos se pone de manifiesto la disminución previsible en la propor
ción de alumnos conform e se avanza en la carrera. Por ejemplo, más de un tercio
(36,7 % ) de los alumnos de la muestra estaban cursando el primer año, mientras que
sólo el 17,6 % cursaban el último. Además, un pequeño porcentaje (0,7 % ) habían
completado el collegey seguían estudios de posgrado.
La figura 3.4 presenta la información, proporcionada por los mismos alumnos de la
muestra universitaria del MIPS, sobre sus áreas de especialización. Esta figura, en par
ticular, pone de manifiesto la variada composición de la muestra. La especialización
más común era la de negocios (18,9 % ), seguida por psicología (17,7 % ) y educación
(12,1 % ). El restante 51 % de la muestra m encionó una amplia variedad de especiali-
zaciones, desde arte hasta premedicina. Aunque la figura no lo consigna, aproximada
mente la quinta parte (21,3 % ) de los alumnos también trabajaban.
Cuadro 3.8
Porcentaje en cada año escolar en la muestra universitaria del MIPS
Primero 36.7
Segundo 22.8
Tercero 22,2
Cuarto 17,6
Alumnos graduados 0,7
Nota. N =1600
64
Figura 3.4
Porcentaje en cada especialización en la muestra universitaria del MIPS
Especialización Porcentaje
Antropología/sociología 1,2%
Artes 2,2%
Negocios 18,9%
Comunicación 3,3%
Computación/matemática 1,6%
Justicia penal 3 ,6%
Educación 12,1%
Ingeniería 1,5%
Inglés 1,9%
Estudios generales 3,9%
Historia/filosofía 1,4%
Periodismo 1,0%
Letras 2,3%
Enfermería 6,2%
Farmacia 0,9%
Educación física 3,9%
Ciencias físicas 3,7%
Ciencia política 1,1%
Prederecho 1,1%
Premedicina 2,4%
Psicología 17,7%
Ciencia social 2,3%
Aún no elegida 5,2%
Nota. N= 1600
65
Redacción y desarrollo de los ítems
En la etapa teórica-sustantiva, los ítems se redactaron con el propósito de medir
constructos teóricos explícitos. El marco conceptual que desarrollé, bosquejado en el
capítulo 2, fue la base a partir de la cual se ideó un conjunto de ítems prototípicos para
cada escala. (Se consideran prototípicos aquellos ítems que mejor definen las caracterís
ticas más destacadas de cada estilo de personalidad.) Luego se recurrió a un procedi
miento de reasignación, a m odo de verificación idónea de la aptitud de los ítems para
definir claramente las características principales de cada prototipo. Nueve psicólogos
agruparon los ítems en escalas, sin conocer las escalas para las que habían sido escritos.
Todos los psicólogos que participaron en esta etapa conocían a fondo la taxonomía del
autor.
Los ítems que seis de los nueve psicólogos asignaron a las escalas para las que habían
sido escritos se consideraron representaciones adecuadas de los prototipos correspon
dientes. El grupo aportó realimentación respecto de los ítems que no fueron correcta
mente asignados. Algunos ítems fueron excluidos en esta etapa, en tanto que otros fue
ron reescritos, siguiendo las recomendaciones del grupo de psicólogos, a fin de mejorar
su adecuación a los prototipos que se tuvieron en mira al redactarlos.
A continuación se llevaron a cabo dos pequeños estudios piloto (N = 26 y N = 45). El
análisis de los ítems realizado en estos estudios indicó que algunos de ellos podían me
jorarse aún más modificando ligeramente su redacción; por otra parte, unos pocos
ítems demostraron tener una correlación parcial con sus respectivas escalas lo suficien
temente baja como para justificar su eliminación. Con los 300 ítems restantes se confec
cionó un folleto experimental. El examen de prueba se realizó en una ciudad del Oes
te Medio, con la participación de 100 personas adultas estratificadas por edad, género y
raza/etnicidad.
Una vez realizado el examen de prueba se decidió añadir un indicador de simula
ción, destinado a poner al descubierto cualquier intento, por parte de los sujetos exami
nados, de producir una impresión exageradamente positiva. Con este fin redacté cuida
dosamente 23 ítems de Impresión Positiva (IP ). Se preparó, para la versión
experimental del MIPS, un suplemento de investigación compuesto por 100 ítems, que
combinaba 23 ítems IP con otros 77 de esa versión, repetidos y reescritos de m odo que
tuvieran un sentido opuesto al original. Se realizó entonces un estudio de Impresión
Positiva, en el que se administró a 58 adultos el suplemento junto con la versión experi
mental del MIPS. Los resultados de ese estudio (que se describen con más detalle en el
capítulo 5) indicaron que 10 ítems IP serían suficientes en la versión final. Por precau
ción se eligieron 15 ítems IP para incluirlos en la edición del MIPS que iba a ser utiliza
da en la estandarización.
La versión para la estandarización se elaboró a partir de la versión de prueba, de la
siguiente manera: 27 ítems de esta última fueron excluidos teniendo en cuenta los
análisis de ítems realizados con la muestra de prueba y la muestra de Impresión Positi
va. Los ítems suprimidos fueron reemplazados por 15 ítems IP, 7 ítems reescritos de
m odo que tuvieran un sentido opuesto al original y 5 ítems de contenido repetido. Un
folleto de 8 páginas y 300 ítems fue administrado entonces a las muestras de estandari
66
zación de adultos y alumnos universitarios, y fue usado asimismo en todos los estudios
de validez.
La versión final del MIPS incluye además una escala de Impresión Negativa (IN ).
Los ítems no fueron redactados exclusivamente para la escala IN. Esta fue creada a raíz
de un desarrollo de ítems basado en los resultados obtenidos con ítems de contenido
preexistentes del MIPS en un estudio de Impresión Negativa. Este proceso se describe
con más detalle en el capítulo 5.
67
En concordancia con la índole multidimensional de mi teoría de la personología
normal, la fase interna-estructural del desarrollo del test prosiguió con un examen de
la correlación de cada ítem del MIPS con cada una de sus 24 escalas, como también con
un examen de la matriz de intercorrelación entre las escalas del MIPS. De este modo
era posible investigar si un ítem creado originalmente para una escala resultaba adecua
do para otras escalas, en los casos en que la teoría predijera relaciones entre determina
dos prototipos de personalidad. Además, las relaciones empíricas entre las escalas po
dían ayustarse de acuerdo con la teoría durante el proceso de desarrollo de escalas.
Específicamente, cuando se determinaba en forma empírica que un ítem prototípi-
co creado para una escala era adecuado para otra escala teóricamente concordante, se
asignaba a ese ítem un peso de 2 puntos o de 1 punto en la escala secundaria, de acuer
do con la magnitud de su correlación con esa escala y la fuerza de la relación teórica. A
un ítem con correlaciones parciales elevadas pero cuyo contenido ñ o fuera importante
para el prototipo de personalidad evaluado por la escala, lo mismo que a un ítem con
correlaciones parciales moderadas pero cuyo contenido fuera más importante para el
prototipo, se le asignaba un peso de 2 puntos. A un ítem con correlaciones parciales ba
jas, pero de todos modos adecuadas (es decir, r> 0,20), se lo conservaba si resultaba ne
cesario para asegurar la plena cobertura del constructo por el conjunto definitivo de
ítems y para promover una estructura interna coherente con la teoría.
Por ejemplo, “Me gusta hacerme cargo de una tarea” es un ítem prototípico de la es
cala Control, y por lo tanto vale en ella 3 puntos; pero el mismo ítem recibe 2 puntos en
la escala Modificación cuando la respuesta es “verdadero”, y 2 puntos en las escalas Con
cordancia y Sometimiento cuando la respuesta es “falso”.
El proceso de selección y ponderación de los ítems definitivos entró entonces en la
fase externa-validacional (Loevinger, 1957). El propósito de esta fase es mejorar las es
calas existentes tomando como guía la relación de cada escala con criterios externos.
Con este fin, se determinó la correlación de cada ítem del M IPS con todas las escalas de
Sixteen PersonaUty Factor Questionnaire (16 PF; Catell, Eber y Tatsuoka, 1970), Myers-Briggs
Type Indicator (M BTI; Myers y McCaulley, 1985), California Psychological Inventory (CPI;
Gough, 1987), The NEO PersonaUty Inventory (NEO; Costa y McCrae, 1985) y Gordon Per
sonal Profile-Inventory (GPP-I; Gordon, 1978). Sobre la base de estos datos se hicieron pe
queños cambios en el peso de los ítems y en la asignación a las escalas de ítems no pro-
totípicos, a fin de ajustar el patrón general de relaciones convergentes y divergentes de
las escalas de MIPS con instrumentos consagrados. La correlación de las escalas definiti
vas del MIPS con esos cinco instrumentos se presenta en el capítulo 4.
A l final de este proceso tripartito de desarrollo y validación de escalas, cada una de
las 24 escalas del MIPS se componía de un conjunto principal de ítems proto típicos por
los que se asignaban 3 puntos en caso de ser confirmados como verdaderos, y un con
junto de ítems complementarios por los que se asignaban 1 o 2 puntos, en algunos ca
sos cuando la respuesta era “verdadero” y en otros cuando la respuesta era “falso”. Las
escalas, con el detalle de los ítems y sus respectivos pesos, se presentan en el Apéndice
A. El cuadro 3.9 muestra el número de ítems prototípicos y complementarios incluidos
en cada escala. En la versión final, cada ítem prototípico tiene ese carácter (y recibe 3
puntos si es confirmado) en sólo una de las escalas del MIPS. Además, cada uno de los
68
Cuadro 3.9
Número de ftems prototípicos y complementarios por escala
Apertura 5 14 19
Preservación 8 11 19
Modificación 7 18 25
Acomodación 8 18 26
Individualismo 7 15 22
Protección 8 16 24
Extraversión 4 17 21
Introversión 7 7 14
Sensación 6 6 12
Intuición 6 19 25
Reflexión 8 12 20
Afectividad 4 31 35
Sistematización 10 21 31
Innovación 7 30 37
Retraimiento 8 17 25
Comunicatividad 7 22 29
Vacilación 7 19 26
Firmeza 7 25 32
Discrepancia 7 27 34
Conformismo 5 30 35
Sometimiento 7 19 26
Control 8 18 26
Insatisfacción 9 22 31
Concordancia 5 28 33
ítems de 1 y 2 puntos incluidos en las escalas del MIPS es también un ítem prototípico
( y recibe 3 puntos si es confirmado) en otra escala.
Este proceso condujo a la selección de 165 ítems de contenido para ser usados en
la versión publicada.3 Debido a la inclusión múltiple en escalas conexas, el test suma
3. El MIPS se compone de 180 ítems: 165 son los ítems de contenido de las escalas descritos preceden
temente, 5 corresponden a la escala Consistencia y 10 a la escala Impresión Positiva (IP ). Los 10 ítems de
la escala Impresión Negativa (IN ) fueron seleccionados entre los 165 ítems de contenido de las escalas, y
69
627 rubros por los que se asignan puntos, lo cual hace que la exactitud de la m edi
ción supere a la que podría lograrse con 165 ítems incluidos una sola vez. La infor
mación sobre el porcentaje de superposición entre las escalas se presenta en el capí
tulo 4.
El cuadro 1 del Apéndice B presenta las medias y las desviaciones estándar de las
distribuciones de puntajes brutos de cada una de las escalas del MIPS para las muestras
de mujeres adultas, hombres adultos, adultos en conjunto, mujeres estudiantes, hom
bres estudiantes y estudiantes en conjunto. El examen de los valores de asimetría reve
ló que todos ellos estaban comprendidos entre 1 y -1, lo cual indica desviaciones relati
vamente pequeñas de la simetría. Los constructos que poseen connotación positiva
(p or ejemplo Comunicatividad, Apertura, etc.) presentan un ligero sesgo negativo. Es
to era de prever, ya que en general la gente tiende a obtener puntajes elevados en es
tas escalas, y por lo tanto el pequeño porcentaje de sujetos que obtienen puntajes muy
bajos desvía la distribución hacia la izquierda. De igual modo, los constructos que po
seen connotación negativa (p or ejem plo Insatisfacción, Discrepancia, etc.) presentan
un ligero sesgo positivo; la mayoría de las personas tienden a obtener puntajes bajos
en estas escalas, y por consiguiente unos pocos puntajes elevados desvían las distribu
ciones hacia la derecha.
por lo tanto no modifican la cantidad total de ítems del test El lector interesado encontrará en el capítulo
5 una explicación sobre el desarrollo y validación de las escalas IN e IP.
70
to de la población. El punto de referencia para la interpretación de los perfiles indi
viduales de puntaje es siempre P P 50. Un individuo que obtiene un P P 50 o superior
en cualquier escala es clasificado com o m iem bro del grupo poseedor del rasgo que
esa escala define. Por ejemplo, un individuo que obtiene un P P 50 o superior en la es
cala Extraversión es clasificado com o extravertido. Un individuo que obtiene un P P
inferior a 50 es clasificado com o no miembro del grupo poseedor del rasgo m edido
por esa escala.
Una vez que los individuos han sido clasificados como miembros de determinados
grupos, los perfiles individuales de puntaje se interpretan en función de la distancia
que los separa del P P 50 en cada escala. Los puntajes superiores a P P 50 indican posicio
nes más elevadas, dentro del grupo poseedor del rasgo, en la dimensión subyacente
medida por la escala. Los individuos que obtienen puntajes más elevados es probable
que posean el rasgo en mayor grado y que lo exhiban con mayor frecuencia e intensi
dad que los que obtienen puntajes más bajos en el mismo grupo poseedor del rasgo.
Para expresarlo con sencillez, si una persona obtiene un P P 50 y otra un P P 69 en la es
cala Extraversión, ambas son clasificadas como extravertidas, pero la que obtuvo 69
puntos es más extravertida que la que obtuvo 50.
Un P P 69 en cualquier escala se encuentra en la mediana, o percentil 50, de los in
dividuos clasificados como miembros del grupo poseedor del rasgo. La distinción es importan
te: P P 69 no es el percentil 50 de la población, sino el percentil 50 de la parte de la
población clasificada com o m iem bro del grupo poseedor del rasgo. El cuadro 3.10
muestra la relación entre valores de P P y rangos percentilares para miembros y no
miembros del grupo poseedor del rasgo. De este modo, un individuo que obtiene un
P P 69 en la escala Extraversión se encuentra al nivel de la mediana de todos los extra-
vertidos. Para dar otro ejemplo, un P P 89 en cualquier escala es el percentil 84 de los
individuos que pertenecen al grupo poseedor del rasgo m edido por esa escala. Un in
dividuo que obtiene un P P 89 en la escala Extraversión figura en el percentil 84 entre
los extravertidos; de él puede decirse que es más extravertido que el 84 % de todos
los extravertidos.
Cuadro 3.10
Relación teórica entre los valores críticos de los PP y los rangos percentilares,
para los miembros y los no miembros del grupo poseedor del rasgo
Valor del PP 0 9 29
Percentil 0,01 0,16 0,50
71
Análogamente, un P P 29 en cualquier escala del MIPS es la mediana, o percentil 50,
de los individuos que no son miembros del grupo poseedor del rasgo que se está mi
diendo. Un P P 9 está en el percentil 16 de los individuos que no son miembros del gru
po poseedor del rasgo.
Com o consecuencia de los procedimientos escalares que se utilizaron para desarro
llar las transformaciones de los P P (véase la sección siguiente), esos P P tienen el mismo
significado en todas las escalas del MIPS. En otras palabras, una persona que obtiene un
PP89 tanto en la escala Modificación como en la escala Firmeza, se encuentra en el per
centil 84 de los individuos clasificados como pertenecientes al grupo Modificación, y
asimismo en el percentil 84 de los individuos clasificados como pertenecientes al grupo
Firmeza.
Sin embargo, la frecuencia e intensidad con que cabe esperar que un individuo ex
hiba un rasgo determinado no puede ser evaluada plenamente basándose en una sola
escala, sino que debe ser juzgada teniendo en cuenta el puntaje obtenido por esa perso
na en la escala polar opuesta. Por ejemplo, dos personas con un P P 60 en la escala Co-
municatividad pueden desplegar una conducta sociable con diferente frecuencia e in
tensidad, dependiendo de sus puntajes en la escala Retraimiento. Si el P P en la escala
Retraimiento es bajo -p o r ejemplo inferior a 40-, es posible que el sujeto muestre una
clara preferencia por la conducta sociable como estilo de relacionarse. Si los puntajes
en Comunicatividad y Retraimiento son ambos relativamente elevados -p o r ejemplo PP
60 y P P 50, respectivamente- puede haber un cierto equilibrio entre estos estilos rivales,
determinado por los requerimientos de la situación; pero si esos requerimientos son te
nues,o ambiguos, la conducta sociable será la preferida.
En síntesis, los P P del MIPS van de PP 0 a PP 100, y el punto de referencia para la in
terpretación es el PP 50. Una persona que obtiene un P P 50 o superior en cualquier es
cala es clasificada como miembro del grupo poseedor del rasgo que mide esa escala.
Cuanto más excede de 50 el P P de una persona, en mayor grado posee esa persona el
rasgo. Los P P son comparables en todas las escalas del MIPS.
El procedimiento escalar
Las tasas de prevalencia en la población de los 24 rasgos medidos por el MIPS se pre
sentan en los cuadros 3.11 (población de adultos) y 3.12 (población de estudiantes uni
versitarios) . Dichos porcentajes se estimaron basándose en una amplia revisión de estu
dios que medían constructos análogos en una gran variedad de muestras no clínicas.
Las principales fuentes de datos utilizadas para determinar las tasas de prevalencia para
las escalas del MIPS fueron estudios relacionados con el MiUon Clinical Multiaxial Inven-
tory (MCMI-I; Millón, 1982), el Millón Clinical Multiaxial Inventory, segunda edición
(MCMI-II; Millón, 1987a), el Millón Adolescent Personality Inventory (MAPI; Millón, Green
y Meagher, 1982a), el Millón Behavioral Health Inventory (M BHI; Millón, Green y Meag-
her, 1982b) y el Myers-Briggs Type Indicator (M BTI; Myers y McCaulley, 1985).
En cada escala del MIPS, el P P 49 fue fijado de tal m odo que el porcentaje de la
muestra de estandarización con P P 50 o superior correspondiera tan estrechamente co-
72
Cuadro 3.11
Porcentaje de integrantes de la muestra general de adultos del MIPS que
obtuvieron un PP de 50 o superior en cada escala, y tasa de prevalencia
de cada rasgo en la población adulta de Estados Unidos
Ambos Ambos
Escala del MIPS Mujeres Hombres géneros Mujeres Hombres géneros
combinados combinados
mo fuera posible a la tasa de prevalencia del rasgo (estimada mediante métodos actua-
riales) en el conjunto de la población.4
4. La conversión de los puntajes brutos en P P se llevó a cabo sobre la base de la distribución de percen
tiles desarrollada a partir de los puntajes z lineales correspondientes a cada unidad de puntaje bruto. Esta
73
Cuadro 3.12
Porcentaje de integrantes de la muestra de estudiantes universitarios dei MIPS
que obtuvieron un PP de 50 o superior en cada escala, y tasa de prevalenda de
cada rasgo en la población universitaria de Estados Unidos
Ambos Ambos
Escala del MIPS Mujeres Hombres géneros Mujeres Hombres géneros
combinados combinados
74
Las transformaciones en PP se hicieron por separado para mujeres y hombres a fin
de representar las diferencias que existen entre los géneros en materia de estilos de
personalidad. Por ejemplo, los cálculos actuariales ya mencionados indican que el 65 %
de las mujeres son extravertidas; por lo tanto, en la escala Extraversión del MIPS el P P
49 fue establecido en el percentil 35. De este modo, el 65 % de las mujeres obtendrán
en dicha escala un P P 50 o superior, que corresponde a la tasa de prevalencia de este
rasgo estimada para las mujeres en el conjunto de la población.
Los cuadros 3.11 y 3.12 muestran el porcentaje de mujeres y de hombres de las
muestras de adultos y estudiantes universitarios del MIPS que obtuvieron un P P 50 o
superior en cada una de las escalas. (Recuérdese que los individuos que obtienen un
P P 50 o superior en cualquier escala del MIPS se clasifican com o miembros del grupo
poseedor del rasgo que mide esa escala.) En todas las escalas el porcentaje de la mues
tra de estandarización del MIPS que obtuvo un P P 50 o superior es muy semejante a la
tasa de prevalencia de ese rasgo (estimada mediante métodos actuariales) en el con
junto de la población. Las pequeñas diferencias entre los porcentajes de la muestra y
los de la población que ella representa se deben a la progresión irregular de los pun
tos percentilares a lo largo de la gama de los puntajes brutos en las distribuciones em
píricas.
Una vez fijado el PP 49 de acuerdo con las tasas de prevalencia en la población, se
definieron, por encima de ese puntaje, tres posiciones críticas de P P para cada escala,
discriminadas por género. Como ya se explicó, en todas las escalas el PP69 se fijó en la
mediana (es decir, el percentil 50) de los individuos de la muestra adecuada (mujeres
u hombres) que obtuvieron un P P 50 o superior en la escala. El P P 89 se fijó en el per
centil 84 de los individuos de la muestra que obtuvieron un P P 50 o superior en la es
cala. El P P 100 se fijó en el puntaje bruto más elevado obtenido por la muestra en la
escala.
Un procedimiento análogo se utilizó para definir en cada escala tres posiciones críti
cas de P P por debajo de P P 50, discriminadas por género. En cada escala el P P 29 se fijó
en la mediana de los individuos de la muestra adecuada que obtuvieron un puntaje in
ferior a P P 50. El P P 9 se fijó en el percentil 16 de los individuos de la muestra que ob
tuvieron un puntaje inferior a P P 50. El P P 0 se fijó en el puntaje bruto más bajo obte
nido en la escala.
El procedimiento de partición que acabamos de describir definió siete posiciones de
P P (0, 9, 29, 49, 69, 89 y 100) por cada género en cada escala del MIPS. Dentro de los
intervalos entre estas siete posiciones, los puntajes brutos a transformar en valores P P
fueron asignados teniendo en cuenta el número de puntos de puntaje bruto disponi
bles en cada intervalo y la inclinación de la distribución de puntajes brutos en el inter
valo, a fin de mantener la forma de los datos obtenidos empíricamente. Se dedicó una
atención especial al suavizamiento manual de las colas de cada escala (por debajo de P P
9 y por encima de P P 89) a fin de preservar la dirección y la magnitud de la asimetría
presente en las distribuciones originales de puntajes brutos.
Aunque las normas basadas en el género son necesarias para representar empírica
mente diferencias genéricas comprobadas en la prevalencia de varios estilos de perso
nalidad en la población, hay situaciones en que puede ser útil relacionar una persona
75
con una muestra integrada por hombres y mujeres. Por eso se indican también las nor
mas de todo el grupo, tanto en el caso de la muestra general de adultos como en el de
la muestra general de estudiantes universitarios. Las normas generales para adultos y
universitarios se desarrollaron calculando nuevamente las asignaciones de P P - a cuyo
efecto se utilizaron los promedios de las tasas de prevalencia basadas en el género para
fijar las siete posiciones (PPO, 9, 29, 49, 69, 89, 100)- y volviendo a suavizar los interva
los entre estos puntos.
El cuadro 2 del Apéndice B presenta los valores promedio de los P P y las desviacio
nes estándar de las escalas transformadas del MIPS para las muestras de adultos y estu
diantes universitarios, con discriminación por género y en conjunto. Como era de espe
rar teniendo en cuenta la m etodología escalar elegida, los valores prom edio de los P P
varían considerablemente entre las escalas. La razón es que, cuando se emplea esta me
todología escalar, la media de la muestra no es el punto de referencia con el que se
compara el desempeño individual. El punto de referencia para la interpretación, como
ya se indicó, es PP50. A l mismo tiempo, sin embargo, el patrón de los valores promedio
de los P P e n las bipolaridades del MIPS refleja los supuestos de la m etodología escalar;
por ejemplo, la mayoría de los adultos muestran una (leve) tendencia a la Firmeza (me
dia PP54,6) y no a la Vacilación (media P P 40,8) ?
A continuación se llevó a cabo una evaluación más rigurosa y significativa de las esca
las transformadas PP. Como puede observarse en los cuadros 3.11 y 3.12, las escalas del
MIPS concuerdan razonablemente bien con las expectativas respecto de la población
cuando se examina cada escala por separado. Sin embargo, como dichas escalas fueron
diseñadas para funcionar como bipolaridades que compiten entre sí, se consideró esen
cial examinar la relación entre los puntajes obtenidos en las dos escalas que integran ca
da una de las bipolaridades. Por ejemplo, ¿qué porcentaje de sujetos de la muestra de
adultos obtuvieron valores de P P más elevados en Retraimiento que en Comunicativi-
dad? Con este fin, los valores de P P obtenidos por cada sujeto fueron sustraídos de los
valores de P P que obtuvo en la bipolaridad rival (v.g. P P en Retraimiento menos P P en
Comunicatividad). Luego se calculó el porcentaje de la muestra que obtuvo un puntaje
más elevado en una bipolaridad que en la opuesta. Estos datos se presentan en el cua
dro 3.13 para las muestras de adultos y estudiantes universitarios, discriminados por gé
nero y en conjunto. Por ejemplo, el 67 %, aproximadamente, de la muestra total de
adultos obtuvieron valores de P P más elevados en Comunicatividad que en Retraimien
to, mientras que aproximadamente el 33 % de la misma muestra obtuvieron valores de
P P más elevados en Retraimiento que en Comunicatividad. Com o puede observarse en
el cuadro 3.11, estos porcentajes de la muestra total de adultos son muy semejantes a las
tasas estimadas para la población representada en relación con las escalas Retraimiento
(35 % ) y Comunicatividad (65 % ) consideradas por separado.
Una comparación entre el cuadro 3.13 y los cuadros 3.11 y 3.12 revela que las 24 es-
5. Es posible que las diferencias entre los valores promedio de los P P en las escalas polares opuestas del
MIPS respondan también, al menos en parte, a la superposición de ítems en las polaridades yuxtapuestas.
La infuencia de la superposición de ítems se evalúa con más detalle en el capítulo 4.
76
Cuadro 3.13
Porcentajes de las muestras de adultos y universitarios que obtuvieron un puntaje más elevado
en cada par de escalas del MIPS, discriminados por género y en conjunto
Adultos Universitarios
Ambos Ambos
Escala del MIPS Mujeres Hombres géneros Mujeres Hombres géneros
combinados combinados
calas del MIPS concuerdan con las expectativas respecto de la población, no sólo aisla
damente sino también cuando se las examina en el contexto de la estructura teórica in-
tegradora que sirve de base al instrumento.
En el Apéndice D se incluyen las tablas de conversión a P P para las muestras de adul-
77
tos y estudiantes universitarios, con discriminación por género y en conjunto. Para cada
una de estas muestras normativas se calcularon los valores de asimetría de las distribu
ciones de los P P de cada escala, y se com probó que tenían la misma dirección y una
magnitud muy semejante a la de los valores de asimetría de las distribuciones de punta
jes brutos. Además se trazaron gráficos de las distribuciones de los P P para cada escala y
se compararon con los gráficos de las distribuciones de puntajes brutos, verificándose
que la forma de las distribuciones obtenidas empíricamente fue conservada.
78
Apéndice B
Medias y desviaciones estándar
de las escalas del MIPS
a. Ei Indice de Ajuste se obtiene a partir de los valores PP correspondientes a algunas de las escalas del MIPS. La fórmula para calcularlo se encuentra en el Apéndice A. En la sección “Selec
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Cuadro B.1
ción de reclutas de la Fuerza Aérea" del capítulo 5 se mencionan las pruebas que confirman su validez.
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Anexo a la
2aedición en castellano
Este Anexo incluye:
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I. Adaptación del MIPS en la Argentina
211
ámbitos laborales a recoger datos para obtener información respecto de la utilidad y la
validez del MIPS en ámbitos organizacionales.
Para adaptar el inventario MIPS se realizó una traducción del inglés tratando de
respetar la validez lingüística de los ítems según los usos idiomáticos locales. Dos jueces
psicólogos tradujeron la versión en forma separada y luego se realizaron dos estudios
piloto con el propósito de verificar la comprensión adecuada de los ítems.
La muestra de estandarización del MIPS estuvo compuesta por 939 personas. Parti
ciparon 450 varones y 489 mujeres de edades comprendidas entre los 18 y 65 años. La
muestra estaba estratificada por edad y nivel de educación. Se trató de equiparar los
estratos según los datos del último censo realizado en el país hasta ese momento, corres
pondientes a la Ciudad de Buenos Aires (INDEC, 1991). Se descartaron los protocolos
incompletos y los de aquellas personas que respondieron y tenían menos de 7 años de
educación sistemática. El procedimiento para componer la muestra reseñada consistió
en obtener un fondo de protocolos de población general no consultante. Se recogieron
1524 protocolos del MIPS durante los años 1996 a 1998. Se examinaron las característi
cas sociodemográficas de aquellos que habían respondido el inventario, para aparearlas
con los estratos del censo nacional. Aquellos protocolos que no correspondieron a las
características poblacionales no fueron incluidos en el estudio, eliminándose así 585
protocolos.
La edad media de las mujeres que respondieron al MIPS era de 37,92 (D T = 12,57) y
de 37,11 (D T = 12,33) la de los varones. N o se encontraron diferencias por edad entre
ambos grupos (t = 1,00, p > 0,05) ni diferencias en cuanto al nivel de educación de los
participantes (X = 5,56 gl = 3, p > 0,05).
A l comparar los estratos según el censo de 1991 con el fondo de protocolos obteni
dos, se puede observar que en nuestra muestra son menos las personas adultas (mayo
res de 50 años) y es mayor la proporción de personas más jóvenes que completaron el
inventario. La muestra recogida registró un mayor nivel educativo que la población
general de la Ciudad de Buenos Aires.
Fiabilidad
Se calculó la consistencia interna de las escalas del test mediante el coeficiente
Alpha de Cronbach. Los índices de fiabilidad oscilan entre 0,66 y 0,78 con un pro
medio de 0,71. Las escalas que presentan los valores más bajos son Sometimiento
(0,61) y Control (0,63), y las que presentan los valores más altos son Protección
(0,78), Extraversión (0,76) y Apertura (0,75).
Validez
El proceso de validación de un instrumento es un largo proceso. N o alcanza con
analizar las relaciones con otros instrumentos que miden constructos similares,
sino que es necesario establecer la validez de criterio del instrumento mediante
indicadores externos al mismo. Asimismo, resulta imprescindible determinar la
validez del inventario para contextos específicos en los que se utilice el instru
mento. En este libro comentamos las relaciones entre el MIPS y el m odelo de los
cinco factores de la personalidad (validez convergente), y mencionamos diferen
212
tes estudios realizados en ámbitos laborales y educativos que tuvieron como pro
pósito identificar las relaciones entre los estilos de personalidad y otros criterios
externos (validez de criterio), tales como el éxito en una carrera universitaria, el
rendimiento en una tarea de razonamiento y el sesgo que se produce como conse
cuencia de someter a los sujetos a evaluaciones psicológicas obligatorias.
213
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Universidad Nacional d e Río C uarto (UNRC)
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)
1. Para contactarse con los autores del baremo, el lector puede escribir a: [email protected],
[email protected].
2. Para la administración de los tests contamos con la colaboración de los alumnos de las asignaturas
Teoría y Técnica de los Tests, Psicometría Educacional y Exploración Psicométrica, de la Universidad Nacio
nal de Río Cuarto, durante los ciclos lectivos 2009 y 2010.
3. El 18,2% de las personas mayores de 25 años tiene algún tipo de formación terciaria, ya sea completa
o incompleta. Para obtener mayores detalles, recomendamos visitar la página http://www.indec.gov.ar/
nuevaweb/cuadros/7/sesd_05b05.xls (27/5/2011).
4. Si el profesional desea conocer los datos de la muestra universitaria (que no se incluyen en esta edi
ción), puede contactarse con María Celeste Gómez y Danilo Donolo (véase nota 1).
5. Casullo, M. y A. Castro (2000). “Desarrollo y construcción de las puntuaciones de prevalencia del
Inventario Millón de Estilos de Personalidad (MIPS) para la población adulta de la ciudad de Buenos
Aires”. En Anuario de Psicología. Vol. 31, N Q1, 63-77. Universidad de Barcelona.
219
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