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Manual del inventario Millon

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INVENTARIO

MILLON
DE ESTILOS DE
PERSONALIDAD
THEODORE MILLON
Con contribuciones de
LAWRENCE WEISS
CARRIE MILLON
ROGER DAVIS

Prólogo a la 2a edición en castellano


MARCELO A. PÉREZ

PAIDÓS
índice

Prólogo a la 2a edición en castellano, Lic. Marcelo A. Pérez.................................... 7

Prefacio a la l 8 edición, Theodore M illón ................................................................ 9

Reconocimientos................................................................................................... 11

1. Introducción..................................................................................................... 13
Consideraciones generales......................... ...................................................... 13
Estructura de las escalas del M IP S ............................................................... 18
Las escalas de Metas Motivaciones............................................................... 18
Las escalas de Modos Cognitivos.................................................................. 19
Las escalas de Conductas Interpersonales................................................... 20
Comentario sobre la interpretación de las escalas del M IP S ...................... 21

2. Fundamento teórico de las escalas del M IP S ................................................... 23


Introducción.................................................................................................... 33
Las tres bipolaridades de las metas motivacionales......................................... 27
Las cuatro bipolaridades de los modos cognitivos........................................... 37
Las cinco bipolaridades de las conductas interpersonales............................... 46
Conclusión........................................................................................................ 55

3. Desarrollo y estandarización............................................................................. 57
Descripción de las muestras normativas............................................. ............. 57
Descripción del procedimiento seguido en el desarrollo
de las escalas................................................................................................ 65
Desarrollo de los puntajes de prevalencia........................................................ 70

4. Confiabilidad y valid ez..................................................................................... 79


Confiabilidad...................................................................... ............................. 79
Validez............................................................................................................... 86

3
5. Investigación aplicada con el M IP S ................................................................. ......111
Introducción..........................................................................................................111
Validez de las escalas de impresión.................................................................. ......111
Selección de reclutas de la Fuerza A é re a ...............................................................118
Selección y entrenamiento de policías............................................................ ......125
Orientación vocacional y decisiones sobre la carrera
en estudiantes universitarios....................................................................... ......132
Ejecutivos y gerentes de alto nivel en un programa
de manejo de carrera.................................................................................. ......136
Gerentes de nivel medio en un programa de evaluación..................................... 144
Obreros municipales pagados por h ora.......................................................... ..... 149
Comentario sobre los estudios de investigación aplicada..................................... 153

Apéndice A. ítems del M IPS y ponderación en cada escala....................................... 155

Apéndice B. Medias y desviaciones estándar de las escalas del M IP S ................. ..... 173

Apéndice C. Cuadros de intercorrelación......................... ........................................ 177

Apéndice D . Cuadros de normas............................................................................... 183

Apéndice E. Cálculo manual del índice de Ajuste................................................ ..... 197

Apéndice F. Lista de colaboradores...................................................................... ..... 201

Referencias bibliográficas.................................................................................... ..... 203

A nexo a la 2s edición en castellano

I. Adaptación del MIPS en la Argentina............................................................... .....211


Normas Ciudad de Buenos Aires (1998)
Puntajes de prevalencia (P P ) equivalentes a los puntajes brutos. Mujeres...........214
Puntajes de prevalencia (PP) equivalentes a los puntajes brutos. Varones...........216

II. Normas R ío Cuarto (2009-2010)


Recolección de los datos y descripción de la muestra..................................... .....219
Tablas de equivalencia de puntajes brutos y de prevalencia............................ .....219
Tabla de conversión de puntajes brutos a puntajes de prevalencia. M ujeres... 220
Tabla de conversión de puntajes brutos a puntajes de prevalencia. Varones... 222

4
CAPÍTULO 1

Introducción

Consideraciones generales
El Inventario M illón de Estilos de Personalidad (M IPS) es un cuestionario compuesto por
180 ítems respecto de los cuales el sujeto debe determinar si le son aplicables (respues­
ta verdadero/falso); su objetivo es medir la personalidad de individuos adultos que fun­
cionan normalmente y cuya edad está comprendida entre los 18 y los 65 o más años. Pa­
ra completar la mayoría de los ítems se requiere un nivel de educación correspondiente
al primer año de la escuela secundaria.1 La mayoría de las personas emplean 30 minu­
tos o menos para responder al cuestionario.
La administración, puntuación e interpretación del MIPS pueden realizarse sea con
una computadora personal, sea con el sistema de papel y lápiz, asignándose los puntos
manualmente o utilizando un scanner. También es posible recurrir a un servicio de pun­
tuación por correo. Los informes generados por computadora pueden consistir tanto
en un perfil de los puntajes de una sola página (es decir, un gráfico) como en una in­
terpretación narrativa completa del perfil. Hay disponible una guía para el usuario que
explica la lógica utilizada por el programa informático para analizar los perfiles del
MIPS y generar los informes interpretativos (The Psychological Corporation, 1994).
El MIPS consta de 24 escalas agrupadas en 12 pares. Cada par incluye dos escalas
yuxtapuestas. Por ejemplo, las escalas Retraimiento y Comunicatividad se consideran un
par. Com o se muestra en el cuadro 1.1, los 12 pares de escalas del MIPS se distribuyen
en tres grandes áreas: Metas Motivacionales, Modos Cognitivos y Conductas Interperso-
nales. En el cuadro 1.2 se da una breve definición de cada escala. Además de los 12 pa­
res de escalas de contenido, el MIPS incluye tres indicadores de validez: Impresión Po­
sitiva, Impresión Negativa y Consistencia.
Los tres pares de escalas incluidos en el área de Metas Motivacionales evalúan la

1. De acuerdo con los Vocabularios Esenciales de los Laboratorios de Desarrollo Educacional (Educa-
tional Development Laboratories, 1989), once de los 180 ítems del MIPS incluyen términos que correspon­
den a un nivel de lectura superior al del primer año de la escuela secundaria. Son los siguientes: 20, 78,
107,113,114,120,128,156,157,163 y 169.

13
orientación a obtener refuerzo del medio. El primer par trata de establecer en qué me­
dida la conducta del sujeto está básicamente motivada por el deseo de obtener un re­
fuerzo positivo (Apertura) o evitar una estimulación negativa (Preservación) proceden­
tes del mundo. El segundo par evalúa en qué medida sus actividades reflejan una
disposición a modificar el mundo (Modificación) o a acomodarse a él (Acom odación).
El tercer par se centra en la fuente del refuerzo, evaluando en qué medida el sujeto está
motivado principalmente por metas relacionadas con él (Individualismo) o relaciona­
das con los demás (Protección).
Los cuatro pares de escalas incluidos en Modos Cognitivos examinan los estilos de
procesamiento de la información. Los dos primeros, Extraversión o Introversión y Sen­
sación o Intuición, evalúan las estrategias empleadas para recolectar información. Los
dos pares restantes, Reflexión o Afectividad y Sistematización o Innovación, evalúan di­
ferentes estilos de procesamiento de la información obtenida.
Los cinco pares de escalas incluidos en Conductas Interpersonales evalúan en qué
medida el estilo de relacionarse con los demás tiene que ver en general con el Retrai­
miento o la Comunicatividad, la Vacilación o la Firmeza, la Discrepancia o el Confor­
mismo, el Sometimiento o el Control y la Insatisfacción o la Concordancia.
En conjunto, las escalas del MIPS tienen un sólido fundamento teórico en un mode­
lo de personalidad que está profundamente arraigado en la teoría biosocial y evolutiva.
En el capítulo 2 se describe dicho m odelo y se detallan las fuentes teóricas de estos
constructos.
El MIPS proporciona normas para adultos y para estudiantes universitarios, en am­
bos casos con discriminación por género y sin ella. También incluye puntajes de preva-
lencia (P P ), entre 0 y 100 para cada escala. Una persona que obtenga un P P mayor de
50 en cualquiera de las escalas es probable que exhiba algunas de las características me­
didas por dicha escala. Cuanto más elevado sea el puntaje, más pronunciadas serán esas
características. El desarrollo y la interpretación de los puntajes de prevalencia del MIPS
se exponen en detalle en el capítulo 3. El capítulo 4 aporta pruebas que sustentan la
confiabilidad y la validez del MIPS. La confiabilidad promedio de las escalas del MIPS,
establecida mediante el método de la división por mitades, es r= 0,82 en la muestra de
adultos (N = 1000), y r= 0,80 en la de estudiantes universitarios ( N - 1600). Finalmen­
te, el capítulo 5 da cuenta de varios estudios de investigación aplicada en los que se usó
el MIPS en situaciones reales, demostrando su utilidad para el profesional.

14
Cuadro 1.1
Las escalas del MIPS

Metas Modos Conductas


Motivacionales Cognitivos Interpersonales

Apertura Extraversión Retraimiento


Preservación Introversión Comunicatividad

Modificación Sensación Vacilación


Acomodación Intuición Firmeza

Individualismo Reflexión Discrepancia


Protección Afectividad Conformismo

Sistematización Sometimiento
Innovación Control

Insatisfacción
Concordancia

Cuadro 1.2
Breves definiciones de las escalas del MIPS

Metas Motivacionales

Apertura. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ver
el lado bueno de las cosas, son optimistas en cuanto a las posibilidades que les ofrece el
futuro, les resulta fácil pasarlo bien y enfrentan con ecuanimidad los altibajos de la exis­
tencia.
Preservación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala se concen­
tran en los problemas de la vida y los agravan. Como piensan que su pasado ha sido desa­
fortunado, parecen estar siempre esperando que algo salga mal y consideran probable
que las cosas vayan de mal en peor. Preocupaciones y decepciones de escasa importancia
logran trastornarlas con facilidad.
Modificación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala toman su vi­
da en sus manos y hacen que las cosas sucedan en lugar de mantenerse pasivamente en es­
pera. Se ocupan diligentemente de modificar su entorno e influyen en los acontecimien­
tos a fin de que éstos satisfagan sus necesidades y deseos.
Acomodación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala ponen muy
poco empeño en dirigir o modificar su vida. Reaccionan ante los acontecimientos aco­
modándose a las circunstancias creadas por otros; parecen condescendientes, son incapa­
ces de abandonar su indolencia, no tienen iniciativa y hacen muy poco para provocar los
resultados que desean.

15
Individualismo. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala están
orientadas a satisfacer sus propias necesidades y deseos; es decir, procuran realizarse ple­
namente ellas mismas en primer lugar, se preocupan muy poco del efecto que pueda te­
ner su conducta en los demás, y tienden a ser a la vez independientes y egocéntricas.
Protección. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala están motiva­
das para satisfacer en primer lugar las necesidades de los demás, para ocuparse del bienes­
tar y los deseos de otras personas antes que de los propios. Se las considera protectoras,
capaces de anteponer el cuidado de los demás al de sí mismas.

Modos Cognitivos

Extraversión. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala recurren a
los demás en procura de estimulación y aliento. Sus amigos y colegas son para ellas fuen­
te de ideas y orientación, de inspiración y energía; las ayudan a mantener alta su autoesti­
ma y las confortan con su presencia.
Introversión. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala prefieren uti­
lizar sus propios pensamientos y sentimientos como recurso; su principal fuente de inspi­
ración y estimulación no son los demás sino ellas mismas. A diferencia de los extraverti-
dos, los introvertidos experimentan una gran serenidad y comodidad manteniéndose
alejados de las fuentes externas, y son propensos a seguir los impulsos originados en su in­
terior.
Sensación. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala derivan sus co­
nocimientos de lo tangible y lo concreto; confían en la experiencia directa y los fenóme­
nos observables más que en el uso de la inferencia y la abstracción. Lo práctico y lo “real”,
lo literal y lo fáctico son lo que las hace sentir cómodas y les inspira confianza.
Intuición. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala prefieren lo
simbólico y desconocido a lo concreto y observable. No rehúyen lo intangible y disfrutan
de las experiencias más misteriosas y las fuentes más especulativas de conocimiento.
Reflexión. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala prefieren pro­
cesar los conocimientos por medio de la lógica y el razonamiento analítico. Sus decisio­
nes se basan en juicios desapasionados, impersonales y “objetivos” y no en emociones
subjetivas.
Afectividad. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala forman sus
juicios tomando en consideración sus propias reacciones afectivas frente a las circunstan­
cias, evaluando subjetivamente las consecuencias que tendrán sus actos para quienes re­
sulten afectados por ellos, y guiándose por sus valores y metas personales.
Sistematización. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son muy
organizadas y predecibles en su manera de abordar las experiencias de la vida. Transfor­
man los conocimientos nuevos adecuándolos a lo ya conocido y son cuidadosas, cuando
no perfeccionistas, incluso al ocuparse de pequeños detalles. En consecuencia, se las con­
sidera ordenadas, minuciosas y eficientes.

16
Innovation. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ser
creativas y a asumir riesgos, y están prontas a modificar y reordenar cualquier cosa con
que tropiecen. Parecen disconformes con la rutina y lo predecible, y transforman lo dado
siguiendo sus corazonadas y tratando de producir consecuencias nuevas e imprevistas.

Conductas Interpersonales

Retraimiento. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala se caracteri­
zan por su falta de emotividad y su indiferencia social. Tienden a ser silenciosas, pasivas,
renuentes a participar. Es probable que los demás las consideren calladas y aburridas, in­
capaces de hacer amigos, apáticas y desligadas de todo.
Comunicatividad. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala buscan
estimulación, excitación y atención. A menudo reaccionan con vivacidad ante situaciones
de las que son testigos, pero por lo general su interés se desvanece rápidamente. Frecuen­
tadoras de la alta sociedad, brillantes y simpáticas, también pueden ser exigentes y mani­
puladoras
Vadlaáón. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son por lo ge­
neral apocadas, tímidas y experimentan nerviosismo en situaciones sociales. Desean inten­
samente agradar y ser aceptadas, pero a menudo temen que los demás las rechacen. Sensi­
bles y emotivas, son al mismo tiempo desconfiadas, solitarias y propensas a aislarse.
Firmeza. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a creer
que son más competentes y talentosas que quienes las rodean. A menudo son ambiciosas,
egocéntricas y seguras de sí mismas, y no tienen pelos en la lengua. Es probable que los
demás las vean como arrogantes y desconsideradas.
Discrepancia. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ac­
tuar de modo independiente y no conformista. A menudo se niegan a acatar normas tra­
dicionales, manifestando una audacia que puede ser vista como imprudente o como ani­
mosa y esforzada.
Conformismo. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala es probable
que sean honradas y tengan autodominio. Su relación con la autoridad es respetuosa y
cooperativa, y tienden a actuar con formalidad y buenas maneras en las situaciones socia­
les. Es improbable que dejen traslucir su personalidad o que actúen espontáneamente.
Sometimiento. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son sus peo­
res enemigos. Están más habituadas al sufrimiento que al placer, son sumisas y tienden a re­
bajarse ante los demás. Su conducta, que condena al fracaso cualquier esfuerzo que se ha­
ga por ayudarlas, determina que pierdan oportunidades de ser recompensadas y les impide
reiteradamente triunfar en sus empeños aunque posean la capacidad necesaria.
Control. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son enérgicas y a
menudo dominantes y socialmente agresivas. Tienden a verse a sí mismas como intrépidas
y competitivas. Para ellas, la gentileza y las demostraciones de afecto son signos de debili­
dad, y por lo tanto las evitan, mostrándose obstinadas y ambiciosas.

17
Insatisfacción. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a
ser pasivo-agresivas y malhumoradas, y por lo general se sienten insatisfechas. Sus estados
de ánimo y su conducta son muy variables. A veces son sociables y amistosas con los de­
más, pero en otras ocasiones se muestran irritables y hostiles, y expresan su creencia de
que son incomprendidas y poco apreciadas.
Concordancia. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a
ser muy simpáticas socialmente, mostrándose receptivas y maleables en su relación con los
demás, con quienes establecen vínculos afectivos y lealtades muy fuertes. Sin embargo,
ocultan sus sentimientos negativos, en especial cuando esos sentimientos pueden parecer
censurables a las personas a quienes desean agradar.

Estructura de las escalas del MIPS


Cuando se elabora un instrumento de evaluación es necesario incluir lo esencial de
la teoría y de los hechos comprobados sin que el instrumento resulte demasiado difuso
ni demasiado restringido en cuanto a sus alcances. Por las razones que se expondrán en
el capítulo 2, un marco que establezca una secuencia tripartita para evaluar cómo fun­
cionan las personas en los ambientes que frecuentan puede constituir un esquema es­
pecialmente útil a los fines del análisis personológico; al mismo tiempo, está en armo­
nía con las contribuciones tanto de los teóricos del pasado com o de las modernas
ciencias conexas.
A l primer segmento de esta secuencia tripartita lo hemos denominado Metas Motiva-
cionales para indicar que la conducta es inducida, potenciada y dirigida por propósitos
y metas específicos. El segundo paso de la secuencia lleva la denominación de Modos
Cognitivos, en alusión a las maneras en que las personas buscan, ordenan, internalizan
y transforman la información sobre su entorno y sobre sí mismas. La tercera fase de la
secuencia se denomina Conductas Interpersonales y abarca los diferentes modos en
que las personas se relacionan y negocian con los demás en los círculos sociales en que
se mueven, en vista de las metas que las motivan y las cogniciones que han formado.
Para captar la personalidad de una manera más o menos completa, debemos hallar
los medios de caracterizar los tres componentes de la secuencia: los motivos profun­
dos que orientan a las personas, los modos característicos que emplean para construir
y transformar sus cogniciones, y las conductas específicas que han aprendido a utili­
zar para relacionarse con los demás. La caracterización y cuantificación de esas tres
dimensiones debería permitirnos representar las diferencias individuales de acuerdo
con los principales rasgos que definen la personalidad.

Las escalas de Metas Mótivacionales


Las Metas Motivacionales se relacionan con la obra de Freud (1915/1925) y presen­
tan una gran afinidad con conceptos como “necesidad”, “pulsión”, “afecto” y “emo­

18
ción”; tienen que ver con los afanes y metas que incitan y guían a los seres humanos,
con los propósitos y fines que los llevan a actuar de un m odo determinado. Las Metas
Motivacionales tienen tres componentes, a los que me he referido en otro lugar como
“existencia”, “adaptación” y “replicación” (Millón, 1990). Cada uno de ellos está organi­
zado como una bipolaridad.2
En un extremo de la primera bipolaridad (que tiene que ver con la existencia) se en­
cuentra una escala basada en la motivación y denominada Apertura, relacionada con la
meta de mejorar la propia vida o reforzar la propia capacidad de supervivencia; en el
otro extremo se encuentra una escala basada en la emoción y denominada Preserva­
ción, que refleja la necesidad de protegerse contra acontecimientos que se perciben co­
mo amenazantes para la supervivencia.
La segunda de las bipolaridades (que tiene que ver con la adaptación) se refiere a
los métodos puestos en práctica en el ambiente para mejorar la propia vida y preservar­
la. Uno de los extremos de esta bipolaridad (M odificación) representa la tendencia a
alterar de m odo activo y enérgico las condiciones de la propia vida; el otro polo (A co­
m odación) representa la inclinación a aceptar pasivamente, en actitud neutral y no
reactiva, las circunstancias de la propia vida tal como están dadas.
La tercera bipolaridad incluida en el grupo motivacional también comprende dos
escalas contrastantes. Una de ellas (Individualismo) registra el grado en que el sujeto
antepone la realización de su propio potencial a la del potencial de los demás; la otra
(Protección) mide la disposición opuesta, es decir, la disposición a anteponer a las pro­
pias las necesidades y oportunidades de parientes y compañeros.

Las escalas de Modos Cognitivos


El segundo grupo de bipolaridades, los Modos Cognitivos, se relaciona con la obra
de Cari Jung (1936/1971). Esta dimensión de la personalidad abarca tanto las fuentes
utilizadas para adquirir conocimientos sobre la vida como el modo de transformar la in­
formación. L o que estudiamos aquí son “estilos de cognición” opuestos: diferencias en­
tre las personas, en primer lugar respecto de lo que toman en cuenta al experimentar y
aprender sobre la vida, y luego respecto de lo que hacen habitualmente para lograr que
ese conocimiento resulte significativo y útil para ellas.
Esta sección del MIPS comprende cuatro bipolaridades. Los dos primeros pares de
escalas contrastantes se refieren a las fuentes de información que proporcionan cogni­
ciones. El primer par investiga, por un lado, la disposición a mirar hacia afuera -hacia
lo que es externo a uno m ism o- en busca de información, inspiración y guía (Extraver­

2. El término “bipolaridad” se emplea conceptualmente para indicar dos rasgos contrastantes en teoría,
como el de ser propenso a modificar el propio entorno y el de ser propenso a adaptarse a él. Sin embargo,
las escalas del MIPS no son bipolares en el sentido psicométrico del término, porque el polo opuesto de ca­
da dimensión bipolar se mide en el MIPS por medio de una escala separada. Por consiguiente, un bajo
puntaje en la escala Modificación, por ejemplo, no indica necesariamente que el sujeto sea propenso a
adaptarse a su entorno.

19
sión), y por el otro, la disposición a volverse hacia adentro -hacia el propio interior-
con dicho objeto (Introversión).
El segundo par de escalas opone la predilección por las experiencias de observación
directa de naturaleza tangible, material y concreta (Sensación) a la que se orienta más
hacia las inferencias relativas a fenómenos intangibles, ambiguos, simbólicos y abstrac­
tos (Intuición).
Las bipolaridades tercera y cuarta de los Modos Cognitivos se relacionan con los
procesos cognitivos de transformación o procesamiento de la información; es decir,
con los modos com o las personas evalúan y reconstruyen mentalmente la información
y las experiencias después de haberlas aprehendido e incorporado. El prim ero de es­
tos pares de escalas transformacionales distingue los procesos que se basan esencial­
mente en el intelecto, la lógica, la razón y la objetividad (R eflexión ), de los que depen­
den de la empatia afectiva, los valores personales, los sentimientos y la subjetividad
(Afectividad).
El segundo par de escalas transformacionales se relaciona con la Sistematización y la
Innovación. La escala Sistematización refleja la tendencia a hacer concordar la nueva in­
formación con los conocimientos preconcebidos, en forma de esquemas regidos por la
tradición, estandarizados y estructurados de manera convencional; la escala Innovación
refleja la inclinación opuesta, es decir, la inclinación a evitar los preconceptos cogniti­
vos, a tomar distancia respecto de lo que ya se conoce y a generar ideas novedosas de un
m odo informal, libre de prejuicios, espontáneo, individualista y a menudo imaginativo.

Las escalas de Conductas Interpersonales


El tercer grupo de escalas bipolares contempla los modos interpersonales de relacio­
narse, las preferencias de los individuos en cuanto a la manera de interactuar con los
demás. Un estilo de conducta social deriva en parte de la interacción entre las pautas
características de las metas motivacionales y los modos cognitivos de una persona. Para
representar los estilos contrastantes de las conductas relaciónales se han ideado cinco
bipolaridades; en un contexto más amplio puede considerarse que esos estilos de con­
ducta están situados en uno de los extremos de un continuo que va cambiando gradual­
mente hasta incluir los trastornos de personalidad de gravedad moderada mencionados
en el Diagnostic and Statistical Manual o f Mental Disorders [Manual de diagnóstico y esta­
dística de los trastornos mentales] (American Psychiatric Association, 1980,1987,1994)
(Millón, 1981; Millón y Davis, en prensa).
El primer par de escalas de la sección Conductas Interpersonales tiene que ver con
grados opuestos de sociabilidad. En uno de los polos (Retraimiento), un puntaje eleva­
do sugiere que el sujeto se relaciona con los demás de un m odo socialmente distante,
desligado, carente de afectividad, caracterizado por la frialdad y la indiferencia; en el
otro polo (Comunicatividad), un puntaje elevado indica que el sujeto busca vincularse
a los demás y es activo, locuaz y gregario.
El segundo par de escalas se relaciona con el nivel de comodidad y aplomo en situa­
ciones sociales. La tendencia a dudar y temer, a no confiar en la propia valía, a sentirse

20
inseguro y a evitar los contactos sociales se indaga en la escala Vacilación; a esta conste­
lación se opone un estilo caracterizado por la confianza en sí mismo en situaciones so­
ciales, el autodominio, la energía y la resolución (Firm eza).
El tercer par se relaciona con el grado de convencionalismo y deferencia por la so­
ciedad. Un puntaje elevado en uno de los polos (Discrepancia) caracteriza a las perso­
nas que son más renuentes que la mayoría a respetar las normas públicas, las costum­
bres culturales y las reglas organizacionales, y que prefieren actuar de form a autónoma
y funcionar socialmente en los términos que ellas mismas fijan; un puntaje elevado en
el otro polo (Conform ism o) es propio de las personas que se sienten muy atadas a la
tradición, son socialmente sumisas y responsables, respetuosas de la autoridad, diligen­
tes y concienzudas.
La cuarta bipolaridad saca a la luz facetas de la dominancia y la sumisión. En la esca­
la Sometimiento obtienen puntaje elevado las personas que no sólo son sumisas sino
que tienden a rebajarse ante los demás, son inseguras, demasiado modestas y se privan
de muchas cosas sin razón; en la escala opuesta (Control) obtienen puntaje elevado las
personas que no son simplemente dominantes sino también voluntariosas, ambiciosas,
enérgicas y sedientas de poder.
El quinto y último conjunto de bipolaridades tiene que ver con una dimensión de
negativismo social/conformidad social. Uno de los polos (Insatisfacción) refleja la ten­
dencia a sentirse descontento consigo mismo tanto como con los demás, a ver con dis­
gusto el statu quo, a ser resentido y oposicionista; el polo opuesto (Concordancia) refle­
ja la disposición a cooperar y participar, a ser, más que considerado, complaciente con
los demás, y a adaptar la propia conducta a los deseos ajenos.

Comentario sobre la interpretación de las escalas del MIPS


Aunque las bipolaridades del MIPS parecen presentar claros contrastes en estilos
de personalidad, este enfoque comparativo fue adoptado principalmente con fines
teóricos y pedagógicos. Es infrecuente que las personas se ubiquen inequívocamente
en uno u otro de los extremos. Por obvia que parezca la advertencia, debemos repetir
que cada constructo bipolar representa un continuo y no un extremo. Los puntajes
de las “personas reales” se sitúan en algún punto de un gradiente que representa la
medida en que exhiben las características de que se trata. Por ejemplo, hay pocos ca­
sos puros de Extraversión o Introversión: casi siempre las personas muestran variados
niveles de ambos estilos, con puntajes que suelen ser algo más altos en una escala que
en la otra.
Otra advertencia importante es que debemos ser cautelosos al asignar un “significa­
d o ” al puntaje obtenido en una escala determinada. Dadas las complejas relaciones
existentes entre las escalas del MIPS, ningún puntaje puede interpretarse prescindien­
do de su posición relativa y configuracional respecto de los puntajes obtenidos en otras
escalas, especialmente en aquellas que pertenecen al mismo sector del perfil (es decir,
al motivacional, el cognitivo o el conductal). Por ejemplo, el significado personológico
de un puntaje elevado en la escala Modificación será diferente según que concurra con

21
puntajes igualmente elevados en las escalas Individualismo y Apertura o en las escalas
Protección y Preservación. La covariación de los puntajes altos y bajos proporciona un
contexto interpretativo para cada uno de ellos, y por lo tanto les confiere un significado
más preciso y a la vez más amplio. El lector hallará un examen más completo de estas
cuestiones en algunos de nuestros trabajos previos sobre el tema (Millón, 1981, 1987c).

22
CAPÍTULO 2

Fundamento teórico de
las escalas del MIPS

Introducción
Este capítulo está destinado a los lectores a quienes interese conocer los modelos
teóricos que apuntalan las escalas del MIPS. Aunque la lógica y la fundamentación que
aquí presentamos son posiblemente más abstractas que en otras secciones del Manual,
la exposición proporcionará una perspectiva respecto de cómo fueron derivados los
constructos y por qué pensamos que están en consonancia con desarrollos recientes en
el campo de la personología.
Estamos en una época de rápido progreso científico y clínico, que parece óptima pa­
ra acometer la empresa de generar nuevas ideas y síntesis. El territorio en el que se in-
tersectan la “personalidad”, la “psicopatología” y la “normalidad” es una de las áreas
que se caracterizan por el alto nivel de actividad académica y responsabilidad clínica.
Proporcionar formulaciones teóricas que arrojen luz sobre esas intersecciones sería ya
de por sí un importante logro intelectual, pero queremos ir más allá. Limitar nuestro
objetivo a los modelos contemporáneos de investigación de esas encrucijadas nos lleva­
ría directamente a dejar de lado los sólidos cimientos construidos por los pensadores
históricos de nuestro campo (com o Freud y ju n g ), y también a prescindir de nuestras
ciencias más maduras (com o la física y la biología evolucionista). Si no coordinamos las
proposiciones y constructos con los principios y leyes establecidos por esos gigantes in­
telectuales y esas disciplinas avanzadas, los diferentes aspectos de nuestro tema seguirán
flotando cada uno por su lado, por así decirlo, sin conexión con otros dominios, lo que
nos obligaría a efectuar posteriormente una importante labor de síntesis.
En este capítulo, por lo tanto, sobrepasamos los actuales límites conceptuales y de in­
vestigación de la personología e incorporamos las contribuciones de los teóricos del pa­
sado, así com o las de las ciencias “adyacentes” más sólidamente fundadas. Proceder de
este m odo no sólo puede brindar nuevos frutos conceptuales, sino también proporcio­
nar una base que oriente las exploraciones de nuestra disciplina.
Gran parte de la psicología marcha a la deriva, sin nexo alguno con campos más am­
plios del conocimiento científico, ajena a principios más profundos y fundamentales,
cuando no universales. Las proposiciones de nuestra ciencia, como lo demuestra su his­
toria, no son suficientes por sí solas para orientar su desarrollo de un m odo coherente

23
y uniforme. A consecuencia de ello, la psicología ha elaborado un mosaico de concep­
tos disonantes y campos fácticos diversos. Interesados tan sólo en una pequeña parte
del pastel, o temerosos de que se nos acusara de reduccionismo, no hemos aprovecha­
do las ingentes posibilidades que ofrecen tanto el pasado como los campos adyacentes
de investigación erudita. Con escasas excepciones, no se han desarrollado conceptos co­
herentes que relacionen los temas actuales con los del pasado. Una y otra vez parece­
mos atrapados (¿obsesionados?) por las modas contemporáneas y los perfeccionamien­
tos horizontales.
También deberíamos buscar esquemas y constructos integradores que nos vinculen
a observaciones y leyes pertinentes de otros campos de la “ciencia” contemporánea. La
meta -reconozco que bastante ambiciosa- consiste en reemplazar nuestro mosaico por
un tapiz sobrio y coherente en el que se entrelacen las diversas formas en que la natura­
leza se expresa a sí misma.
Para intentar dicha síntesis, no hay en las ciencias psicológicas ningún sector que su­
pere a la personología, o estudio de las personas. En el ámbito psicológico, la persona in­
dividual es el único sistema orgánicamente integrado, producto de una evolución que ha
durado milenios, y creado básicamente desde el nacimiento como una entidad natural.
La persona individual no es simplemente una Gestalt regida por la cultura y derivada de
la experiencia. La cohesión intrínseca de la persona no es una construcción retórica si­
no una auténtica unidad sustantiva. Los rasgos personológicos pueden ser diferenciados
en normales y patológicos, y también separados conceptualmente con fines pragmáticos
o científicos, pero son segmentos de una entidad biopsicosocial indivisible.

La teoría proporciona una sólida base


a los constructos sobre personalidad
Hace unos 50 años, Kurt Lewin escribió que “no hay nada más práctico que una bue­
na teoría” (1936, pág. 5). Una teoría, cuando está bien elaborada, a la larga aporta más
sencillez y claridad que la información dispersa y no integrada. Además, como lo seña­
laron Hem pel (1965) y Quine (1977), la teoría proporciona el pegamento que mantie­
ne unido un campo temático y le confiere pertinencia científica.
Sin embargo, la introducción de la teoría en el estudio de la personología ha suscita­
do dudas. Teniendo, como tenemos, una capacidad intuitiva para “percibir” el acierto
de un descubrimiento o una especulación psicológicos, los esfuerzos de teorización que
estructuran esos descubrimientos en un sistema científico formal es probable que se
consideren no sólo molestos e injustificados, sino también impropios. Un desconcierto
y una resistencia semejantes no se manifiestan en campos como el de la física de partí­
culas, en el que no es fácil realizar observaciones cotidianas y los aportes innovadores
son escasos y se producen muy de cuando en cuando. En esos campos temáticos los
científicos no sólo se sienten muy cómodos con la teoría basada en la deducción, sino
que recurren a ella de buen grado por cuanto los ayuda a desarrollar y coordinar los co­
nocimientos. Es un hecho paradójico pero al mismo tiempo cierto y desafortunado que
los psicólogos aprendan bien su disciplina simplemente mediante la observación de los

24
sucesos corrientes de la vida. Como consecuencia de esa facilidad, es posible que elu­
dan atemorizados los poderes -aparentemente oscuros y complejos, pero a menudo fe­
cundos y sistematizadores- de la teoría formal, sobre todo si tienen que habérselas con
teorías que no son las que aprendieron en sus días de estudiantes.
A pesar de los defectos que pueden señalarse en los esquemas teóricos históricos y
contemporáneos, los principios sistematizadores y los conceptos abstractos pueden “fa­
cilitar una visión en profundidad, una mirada que, yendo más allá de las apariencias su­
perficiales, llegue hasta el orden en que éstas se sustentan” (Bowers, 1977, pág. 130).
Por ejemplo, los taxonomistas predarwinianos, como Linneo y otros, se guiaban por las
semejanzas y diferencias aparentes entre los animales para establecer sus categorías. Dar-
win, en cambio, no se dejó “seducir” por las apariencias. Trató de comprender los prin­
cipios que determinaban la existencia de los rasgos manifiestos. Sus clasificaciones se
basaron no sólo en cualidades descriptivas minuciosamente observadas sino también en
aquellas que eran verdaderamente explicativas.

Orientación
Uno de los objetivos de este capítulo es el de vincular la estructura conceptual de la
personalidad a sus fundamentos en el mundo natural, propósito que también alentaron
tanto Freud como Jung. La formulación que presentaré aquí guarda semejanza con el
“Proyecto de psicología” (1895/1966) que Freud escribió y luego abandonó. Freud se
proponía aumentar la comprensión de la naturaleza humana explorando las relaciones
entre disciplinas que habían evolucionado a partir de esfuerzos de investigación ostensi­
blemente desvinculados entre sí y que utilizaban lenguajes del todo diferentes. Mi enfo­
que es asimismo afín al esfuerzo de Jung por explicar funciones de la personalidad alu­
diendo al equilibrio de bipolaridades profundamente arraigadas, teoría que formuló
claramente en su libro Tipos psicológicos (1921/1971).
N o hace mucho hemos asistido al nacimiento de la sociobiología, una nueva “cien­
cia” que explora la conexión entre el funcionamiento social humano y la biología evo­
lucionista (Wilson, 1975, 1978). Análogamente, algunas formulaciones contemporá­
neas de psicólogos han analizado tanto el potencial com o los problemas que resultan
de combinar nociones evolucionistas con teorías sobre las diferencias individuales y los
rasgos de personalidad (por ejemplo, D. Buss, 1990). El fin que persiguen todas estas
propuestas no es sólo aplicar principios análogos en diversos campos científicos, sino
también reducir la enorme variedad de conceptos psicológicos que han proliferado a lo
largo del tiempo; esto podría lograrse tratando de establecer la aptitud de la teoría evo­
lucionista para simplificar y ordenar rasgos de personalidad que hasta ahora se han
considerado diferentes.
Por ejemplo, para sobrevivir y mantener sus poblaciones, todos los organismos tratan
de evitar daños, hallar alimento y reproducirse. Cada especie presenta algunos rasgos
característicos en su estilo de adaptación o supervivencia. Sin embargo, dentro de cada
especie hay diferencias relativas al estilo y al éxito con que los diversos miembros se
adaptan a los variados y cambiantes ambientes con que se enfrentan. En este nivel bási­

25
co, el término “personalidad” podría emplearse para designar el estilo más o menos dis­
tintivo de funcionamiento adaptativo que un miembro determinado de una especie
muestra al relacionarse con su gama típica de hábitat o ambientes.
Concebida de este modo, la “personalidad norm al” reflejaría los modos específicos
de adaptación de un miembro de una especie que son eficaces en ambientes “prome­
d io” o “previsibles”. En tal contexto, los “trastornos de la personalidad” representarían
diferentes estilos de funcionamiento mal adaptado atribuibles a deficiencias, desequili­
brios o conflictos en la capacidad de un miembro para relacionarse con los ambientes
con que se enfrenta.
Deseo agregar unas pocas palabras respecto de las comparaciones que se han hecho
entre la evolución y la ecología, por una parte, y entre la personalidad normal y la anor­
mal, por la otra.
Durante su vida, un organismo desarrolla un conjunto de rasgos que contribuye a
su supervivencia individualy a su éxito reproductivo, los dos componentes esenciales de
la adaptación [fitness] postulados por Darwin. Esos conjuntos, llamados “adaptaciones
y estrategias complejas” en las obras de ecología evolucionista, pueden conceptuali-
zarse com o los equivalentes biológicos de los estilos de personalidad mencionados en
la bibliografía sobre salud mental. Las explicaciones biológicas de la estrategia de
adaptaciones desarrollada por un organismo a lo largo de su vida remiten principal­
mente a variaciones entre los rasgos constitutivos biogenéticos, su estructura de cova-
riación global y la índole y proporción de los recursos ecológicos favorables y desfavo­
rables que han estado disponibles a los fines de aumentar la longevidad y optimizar la
reproducción. Esas explicaciones no muestran diferencias apreciables con las que se
emplean para dar cuenta del desarrollo de los estilos de personalidad normales y pa­
tológicos.
Es posible trazar un paralelo pertinente y curioso entre la evolución filogenética de
la composición genética de una especie y el desarrollo ontogenético de las estrategias
adaptativas (es decir, del “estilo de personalidad”) de un organismo individual. En cual­
quier momento que se considere, una especie poseerá un conjunto limitado de genes
que representan posibilidades de rasgos. A l sucederse las generaciones, la distribución
de frecuencia de esos genes variará probablemente en sus proporciones relativas, de­
pendiendo del grado de eficacia con que los rasgos que ellos promueven contribuyan a
la adaptación de esa especie a sus cambiantes hábitat ecológicos.
Análogamente, los organismos individuales inician su vida con un subconjunto limi­
tado de los genes relacionados con rasgos con que cuenta su especie. Con el tiempo, y
a medida que el organismo interactúa con su ambiente, la prominencia de esas posibi­
lidades de rasgos (y no la proporción de los genes) se irá diferenciando. El organismo
“aprende” de sus experiencias cuáles de sus rasgos presentan una adecuación óptima a
su ecosistema. En la filogénesis, por lo tanto, cambian las frecuencias reales de los genes
durante el proceso adaptativo plurigeneracional, mientras que en la ontogénesis cam­
bia la prominencia o dominancia de los rasgos basados en genes durante el aprendiza­
je adaptativo. En la vida de una especie y en la de un organismo miembro de esa espe­
cie tienen lugar, entonces, procesos evolutivos paralelos.
L o que se observa en el organismo individual es la transformación de posibilidades

26
latentes en estilos adaptativos manifiestos de percibir, sentir, pensar y actuar. En mi opi­
nión, estos modos característicos de adaptación que se originan en la interacción entre
la dotación biológica y la experiencia social incluyen los elementos de lo que se deno­
mina estilos de personalidad, tanto normales como patológicos. En la vida de cada indi­
viduo tiene lugar un proceso formativo semejante a las redistribuciones de genes que se
producen en una especie durante su historia evolutiva.

Las tres bipolaridades de las metas motivacionales


Existencia, adaptación y replicación
Algunos desarrollos recientes que vinculan la teoría ecológica a la evolucionista se
hallan bien encaminados, por lo que en cierta medida parece justificado hacer extensi­
vos sus principios a los estilos, normales o patológicos, del funcionamiento humano.
Antecedentes conceptuales correspondientes a esas ciencias forman parte de la funda-
mentación teórica de las tres Metas Motivacionales del MIPS, a través de tres formula­
ciones a las que nos hemos referido precedentemente: “existencia”, “adaptación” y “re­
plicación” (Millón, 1990).
La existencia se relaciona con la transformación fortuita de estados más o menos efí­
meros y desorganizados en otros que poseen mayor estabilidad y/u organización. Tiene
que ver con la formación y mantenimiento de fenómenos discernibles, con los procesos
de evolución que mejoran y preservan la vida, y con la bipolaridad psicológica placer/dis­
placer.
La adaptación se refiere a los procesos homeostáticos utilizados para favorecer la su­
pervivencia en los ecosistemas abiertos. Se relaciona con el modo como los organismos
se adaptan a sus ecosistemas circundantes, a los mecanismos empleados para modificar o
acomodar esos ambientes, y a la bipolariadad psicológica actividad/pasividad.
La replicación tiene que ver con los estilos reproductivos que maximizan la diversifica­
ción y selección de atributos ecológicamente eficaces. Se refiere a las estrategias utiliza­
das para reproducir organismos efímeros, a los métodos que tienden a maximizar el in­
dividualismo y la protección de la progenie, y a la bipolaridad psicológica sí-mismo/otro.

Las contribuciones de Freud y sus paralelos actuales


Tres polaridades tempranas

Las tres importantes bipolaridades mencionadas en esta sección cuentan con antece­
dentes teóricos que se remontan a comienzos de siglo. Aunque algunos esquemas simi­
lares habían sido propuestos aun antes, estas concepciones del MIPS entroncan con
ciertas ideas expuestas por Sigmund Freud. En 1915 Freud (1915/1925) escribió sus in­
fluyentes artículos sobre metapsicología; el que nos interesa aquí fundamentalmente es
el titulado “Pulsiones y destinos de pulsión”. Esos artículos incluyen una versión preli­

27
minar de algunas especulaciones que prefiguran diversos conceptos desarrollados pos­
teriormente de form a más acabada por Freud y sus discípulos. Es notable el sistema de
polaridades interrelacionadas que Freud postuló como fundamental para la compren­
sión de la “m ente” (por desgracia, nunca amplió esta obra preliminar para derivar de
ella un sistema formal que permitiera conceptualizar patrones psicológicos de normali­
dad y anormalidad). Las oposiciones que formuló en esa época eran las siguientes:

Nuestra vida mental en conjunto está regida por tres polaridades o antítesis:
Sujeto (yo) - Objeto (mundo externo)
Placer - Displacer
Activo - Pasivo
En la mente, las tres polaridades están relacionadas entre sí de diversos modos muy im­
portantes (Freud, 1915/1925, págs. 76-77).
Podríamos resumir diciendo que los destinos de la pulsión -y ésta es su característica
esencial- están bajo la influencia de las tres grandes polaridades que rigen la vida mental.
De esas tres polaridades, la de actividad/pasividad podría describirse como la biológica; la
de yo/mundo externo, como la real, y la de placer/displacer, como la económica
(Freud,1915/1925, pág. 83).

Aunque Freud no sacó partido del potencial de su esquema tripartito de polarida­


des, sus discípulos encontraron en ese esquema una fuente de inspiración a lo largo de
muchas décadas, como lo demuestra la evolución que sufrió el psicoanálisis desde la
teoría freudiana de las pulsiones, en la que el placer y el displacer eran las fuerzas prin­
cipales, hasta la “psicología del yo”, cuyos constructos más importantes son la actividad y
la pasividad, y, más recientemente, la “psicología del sí-mismo” y la teoría de las “relacio­
nes objetales”, en las que la polaridad sí-mismo/otro ocupa el lugar más destacado (M i­
llón, 1990).

Hacia el enfoque del MIPS

El andamiaje constituido por las tres polaridades mencionadas fue recreado por mí
a fines de la década de 1960 (Millón, 1969). Como en ese entonces no conocía las pro­
puestas de Freud y utilizaba un modelo biosocial de aprendizaje, elaboré un sistema si­
milar al de las “grandes polaridades que rigen la vida mental” de Freud, pero expresado
con la terminología de los conceptos del aprendizaje. El modelo incluía tres dimensio­
nes bipolares: refuerzo positivo vs. refuerzo negativo'( placer/dolor), uno mismo vs. los
demás com o fuente del refuerzo, y los estilos instrumentales activo vs. pasivo. En esa
oportunidad afirmé:

Si consideramos las cosas en términos de qué clase de refuerzos busca el individuo, adon­
de dirige su atención para hallarlos y cuál es su modo de actuar, percibiremos más claramen­
te las estrategias esenciales que emplea para enfrentar el mundo.
Estos refuerzos [se relacionan con] si busca ante todo conseguir refuerzos positivos (pla­
cer) o evitar refuerzos negativos (dolor).

28
Para algunos pacientes la fuente del refuerzo la constituyen otras personas, mientras que
para otros la fuente principal son ellos mismos. Distinguimos entre los demás y uno mismo
como fuente principal del refuerzo.
¿En qué puede basarse, para que sea útil, una distinción entre conductas instrumentales?
Una revisión de la bibliografía indica que la dimensión conducta! de actividad-pasividad pue­
de resultar útil. Los pacientes activos [están] diligentemente empeñados en controlar las cir­
cunstancias de su entorno. Los pacientes pasivos dejan que las circunstancias de su entorno
sigan su curso y sólo reaccionan después que han ocurrido (Millón, 1969, págs. 193-195).

Otros sistemas paralelos

Existe un grupo de investigadores contemporáneos cuya obra se relaciona, aunque


de manera indirecta y parcial, con las dimensiones bipolares placer/dolor, actividad/
pasividad y uno mismo/los demás. El distinguido psicólogo británico Jeffrey Gray, por
ejemplo, ha desarrollado (1964, 1973) una moderna concepción cuyos fundamentos
son biológicos. Por su parte, el psicólogo norteamericano A rnold Buss y sus asociados
han elaborado un m odelo tripartito del temperamento que en muchos aspectos resulta
equiparable a nuestro m odelo tripartito de las Metas Motivacionales (Buss y Plomin,
1975, 1984).
Russell (1980) y Tellegen (1985) han publicado estudios sobre el estado de ánimo y
la excitación, basados en el análisis factorial, que concuerdan con el esquema de la po­
laridad. A partir de un complejo análisis de sustratos neuroanatómicos, el ingenioso psi­
quiatra norteamericano Robert Cloninger (1986, 1987) produjo un esquema tripartito
que es coextenso con importantes elementos de las tres bipolaridades motivacionales
de nuestro modelo. Aunque menos orientados a apoyarse en lo biológico, algunos de­
sarrollos recientes de la teoría interpersonal y de la teoría psicoanalítica también mues­
tran una marcada semejanza con una o más de las tres dimensiones bipolares. (U n exa­
men detallado de éstas y otras analogías se hallará en Millón, 1990.)
En las páginas que siguen se expone un resumen de los fundamentos y característi­
cas del m odelo tripartito de las Metas Motivacionales del MIPS. La organización del
m odelo completo puede observarse en el cuadro 2.1.

Las metas Mejoramiento y Preservación dei MIPS


La motivación más básica de todas, la de existir, tiene dos caras. Una se relaciona
con el mejoramiento o enriquecimiento de la vida, es decir, con la creación o el fortale­
cimiento de organismos ecológicamente viables; la otra, con la preservación de la vida,
es decir, con el logro de la supervivencia y la seguridad mediante la evitación de acon­
tecimientos que podrían amenazarlas. Aunque no estamos de acuerdo con el concepto
de instinto de muerte (Tánatos), pensamos que básicamente Freud estuvo acertado al
reconocer que una oposición biológica, equilibrada pero fundamental, existe en la na­
turaleza y tiene su equivalente en el mundo físico. Como expresó en una de sus últimas
obras, “La analogía de nuestros dos instintos básicos se extiende desde la esfera de lo vi­

29
viente hasta el par de fuerzas opuestas -la atracción y la repulsión- que rigen el mundo
inorgánico” (Freud, 1940-1949, pág. 72).
Entre los seres humanos, el primer aspecto de la existencia puede observarse en ac­
tos enriquecedores de la vida que son registrados empíricamente como acontecimien­
tos “placenteros” (reforzadores positivos); el segundo puede observarse en conductas
preservadoras de la vida orientadas a repeler o evitar acontecimientos que son caracte­
rizados empíricamente como “dolorosos” (reforzadores negativos). En la próxima sec­
ción diremos algo más acerca de estos mecanismos fundamentales, o incluso universa­
les, destinados a contrarrestar la desintegración entròpica.
La existencia es, literalmente, un problema de ser o no ser. En el mundo inorgánico,
“ser” significa en esencia poseer cualidades en virtud de las cuales es posible distinguir
un fenómeno de su campo circundante; en otros términos, existir equivale a no hallarse
en estado de entropía. En los seres orgánicos, “ser” significa poseer las propiedades de
la vida, com o también habitar ecosistemas facilitadores de los procesos que mejoran y
preservan la vida al mantener la integridad del organismo en su entorno. En el mundo
fenomenològico, o empírico, de los organismos sensibles, los acontecimientos que am­
plían la vida y los que la preservan se corresponden, respectivamente, con términos me­
tafóricos como placer y dolor; dicho de otro modo, esos organismos relacionan con el
placer el reconocimiento y la búsqueda de recompensas que mejoran la vida, y con el
dolor el reconocimiento y la evitación de las emociones y sensaciones vinculadas a lo
que constituye una amenaza para la vida.
La bipolaridad orientada al placer/dolor, además de situar las sensaciones, motiva­
ciones, sentimientos, emociones, estados de ánimo y afectos en dos dimensiones con­
trastantes, les reconoce gradaciones cuantitativas separadas e independientes. Los
acontecimientos atractivos, satisfactorios, provechosos o que actúan com o reforzado­
res positivos pueden experimentarse según una gama que va de débil a fuerte; otro
tanto ocurre con los acontecimientos aversivos, afligentes, tristes o que actúan co­
m o reforzadores negativos. L o que distingue una bipolaridad de una simple polari­
dad es que, en la primera, emociones opuestas pueden manifestarse de form a inde­
pendiente, abarcando cada una de ellas la gama cuantitativa completa (véase el
capítulo 1). En la bipolaridad que estamos examinando, niveles bajos de placer no im­
plican dolor, ni a la inversa; además, niveles altos y bajos de emotividad positiva pue­
den coexistir con diversos niveles de emotividad negativa. Varios teóricos vinculan los
niveles de intensidad del placer y el dolor a la dimensión excitación/activación. A
nuestro juicio, sin embargo, los constructos actividad/pasividad corresponden a una
bipolaridad distinta basada en la evolución, que describiremos con más detalle en la
sección siguiente.
A lo largo de los años, numerosas teorías de la motivación/emoción han propuesto
modelos que en lo esencial remiten a expresiones afectivas de la bipolaridad placer/do­
lor. En la bibliografía reciente, las dimensiones emotividad positiva y emotividad negati­
va, obtenidas mediante análisis factorial, que describen Tellegen (1985) y sus discípulos
(Clark y Watson, 1988; Watson y Clark, 1984; Watson y Tellegen, 1985), presentan gran
afinidad con el enfoque del MIPS.
Aunque hay muchas cuestiones filosóficas y metapsicológicas relacionadas con la

30
Cuadro 2.1
Organización de las escalas del MIPS y constructo bipolar que mide cada una de ellas

Nombre de la escala Constructo bipolar

Metas Motivacionaies

Apertura placer
Preservación dolor

Modificación actividad
Acomodación pasividad

Individualismo uno mismo


Protección los demás

Modos Cognitivos

Extraversión exterioridad
Introversión interioridad

Sensación tangibilidad
Intuición intangibilidad

Reflexión intelecto
Afectividad afecto

Sistematización asimilación
Innovación imaginación

Conductas interpersonales

Retraimiento indiferencia
Comunicatividad gregarismo

Vacilación inseguridad
Firmeza confianza

Discrepancia originalidad
Conformismo acatamiento

Sometimiento sumisión
Control dominación

Insatisfacción descontento
Concordancia afinidad

“naturaleza” del dolor y el placer como constructos, no es nuestro propósito estudiarlas


aquí en detalle. El hecho de que aparezcan una y otra vez com o fenóm eno polar en di­
versos dominios psicológicos (p or ejemplo, en las conductas aprendidas, los procesos
inconscientes, la emoción y la motivación, así com o también en sus sustratos biológi­
cos) ha sido examinado en otra publicación (Millón, 1990).

31
Apertura. Descriptivamente, las personas que obtienen puntajes elevados en esta es­
cala muestran actitudes y conductas destinadas a promover y enriquecer la vida, a pro­
ducir alegría, placer, contento y satisfacción, y a aumentar de este m odo su capacidad
de mantenerse en buena forma, tanto en lo físico como en lo mental. Es probable que
esas personas sostengan que la existencia humana demanda algo más que la preserva­
ción de la vida y la evitación del dolor. Por otra parte, las que obtienen puntajes muy al­
tos actúan movidas por el deseo de enriquecer su vida, tener experiencias y enfrentar
desafíos vigorizantes, aventurarse y explorar, todo ello con el fin de aumentar, cuando
no intensificar, su vitalidad y viabilidad.
Preservación. En estas personas observamos una tendencia significativa a concentrar
la atención en las amenazas potenciales a su seguridad emocional y física, una actitud
de vigilancia destinada a detectar las señales de una potencial retroalimentación negati­
va cuya aparición prevén, lo cual puede desviar su interés de las relaciones cotidianas y
las experiencias placenteras. La mayoría logran evitar los peligros y riesgos innecesarios,
pero a menudo tienen que pagar por ello un precio, que es limitar la gama de sus emo­
ciones positivas y sus experiencias regocijantes. Por lo tanto tienden a ser inhibidas,
aprensivas y pesimistas, y se preocupan en exceso por los problemas de la vida.

Las metas Modificación y Acomodación del MIPS


Perspectiva ecológica

La segunda dimensión polar se relaciona con lo que hemos denominado modos de


adaptación; también está concebida como una bipolaridad. Uno de los dos modos prin­
cipales de adaptación es el que caracteriza el estilo de vida del reino animal, donde se
observa una inclinación básica a la modificación ecológica. Hay una tendencia activa a
cambiar o reordenar los elementos que componen el ambiente, a inmiscuirse en esce­
narios normalmente apacibles. El cambio de un nicho por otro cuando sobrevienen
acontecimientos no previstos es una muestra de versatilidad. Se trata de un m odo de
adaptación móvil e intervencionista, que agita, manipula, somete y, a nivel humano,
transforma sustancialmente el medio para alcanzar la meta de sobrevivir.
En el otro polo de la adaptación se encuentra el m odo de acomodación ecológica,
que indica inclinación a amoldarse pasivamente. Existe el deseo de hallar un nicho y
permanecer en él, sometiéndose a los caprichos y circunstancias imprevisibles del me­
dio, aunque con una condición decisiva: que el medio proporcione el alimento y la pro­
tección que hacen posible la existencia. Aunque basada en una bifurcación un tanto
simplista de las estrategias adaptativas, la acomodación pasiva es uno de los dos métodos
fundamentales que han desarrollado organismos para sobrevivir. Es el proceso básico
utilizado por los vegetales en el curso de la evolución: un m odo de supervivencia esta­
cionario, inmóvil, esencialmente flexible y dependiente.
Ambos modos, el activo y el pasivo, han demostrado poseer una capacidad impresio­
nante para nutrir y preservar la vida.
Como quiera que se la denomine -modificación vs. acomodación, actividad vs. pasi­

32
vidad o animales vs. vegetales-, la bipolaridad esbozada precedentemente representa,
en el nivel más básico, los dos modos fundamentales que los organismos han desarrolla­
do para conservar su existencia. La bipolaridad Modificación/Acomodación difiere de
la considerada previamente, Apertura/Preservación (relacionada con lo que puede lla­
marse “devenir” existencial), en que caracteriza modos de “ser”: de qué modo lo que ha
devenido, perdura.

Perspectiva filosófica

Si ampliamos el m odelo de la bipolaridad actividad/pasividad de m odo que abarque


la experiencia humana, descubriremos que las conductas de las personas, cuya gran di­
versidad no es necesario destacar, pueden agruparse en dos categorías, según que per­
sigan el propósito de alterar y dar form a a los acontecimientos vitales o constituyan una
reacción a esos acontecimientos y tiendan a acomodarse a ellos.
La distinción entre modificación y acomodación (o entre activo y pasivo) ya estaba
presente en la obra de Thomas Hobbes (1650), para quien la conducta era una reac­
ción a los “espíritus vitales”. Hobbes veía a los seres humanos como animales pasivos e
indefensos que reaccionaban a los “apetitos” (búsqueda del placer) o a las “aversiones”
(evitación del d o lo r). Las teorías más o menos tradicionales y mecanicistas, como la de
Hobbes, afirman que las personas están sometidas a fuerzas, sobre las que tienen un
control mínimo, que las obligan a actuar como lo hacen; esas fuerzas proceden del ex­
terior (presiones del m edio) o del interior (impulsos biológicos o determinantes in­
conscientes) .
En cambio las teorías organicistas, que reflejan los puntos de vista de pensadores y
culturas más cercanos a nuestra época, rechazan la postura según la cual las personas
son en esencia robots pasivos que se limitan a reaccionar ante incitaciones externas de
las que se sabe muy poco. Los investigadores modernos afirman que los seres humanos
determinan activamente su conducta y que, enfrentados a las oportunidades y disyun­
tivas de la vida, eligen una línea de acción e incluso toman la iniciativa de realizar ac­
tos que modifican el carácter mismo de su ambiente. A nuestro juicio, ambas opinio­
nes son correctas: hay ocasiones en que las personas actúan y otras en que se limitan a
reaccionar.
El funcionam iento “norm al” u óptim o parece requerir, al menos entre los seres
humanos, un equilibrio flexible que entremezcle ambos extremos de cada bipolari­
dad. En la primera bipolaridad, conductas que favorezcan tanto el m ejoramiento de
la vida (búsqueda del placer) como su preservación (evitación del d olor) es probable
que tengan más éxito en lograr la supervivencia que otras que respondan a una sola
de esas motivaciones. Análogamente, en lo que se refiere a la adaptación, modos de
funcionamiento basados tanto en la acomodación ecológica com o en la modificación
ecológica es probable que sean más exitosos que los basados en una sola de esas
metas.
Creemos, sin embargo, que a lo largo de esta dimensión de actividad/pasividad hay
importantes diferencias individuales dotadas de significación personológica. Ningún in­
dividuo está totalmente en uno u otro de los polos, sino que todos utilizan ambos méto­

33
dos de adaptación en proporciones variables; esta diferencia entre los individuos incide
en la evaluación de los estilos de personalidad, y también aquí empleamos dos escalas
para representar el grado en que las personas equilibran los dos métodos.
Modificación. Descriptivamente, las personas que están en el extremo activo de la bi-
polaridad se caracterizan por su estado de alerta, vigilancia, vivacidad, vigor, energía,
empuje y tesón para buscar estímulos. Algunas conciben estrategias y exploran alterna­
tivas para salvar obstáculos o evitar el sufrimiento que causan el castigo, el rechazo y la
angustia. Otras son impulsivas, excitables, atolondradas e imprudentes y buscan maño­
samente placeres y recompensas. Aunque sus metas específicas varían de tanto en tanto,
los modificadores activos tratan de cambiar sus vidas y de inmiscuirse en los aconteci­
mientos en curso determinando enérgica y diligentemente sus circunstancias.
Acomodación. Las personas orientadas a la pasividad son a menudo reflexivas y pru­
dentes. Emplean pocas estrategias visibles para alcanzar sus fines. Se aprecia en ellas
una inercia aparente, flema, tendencia a consentir y una actitud comedida. Muestran
escasa iniciativa para modificar los acontecimientos; más bien dejan que las cosas suce­
dan y luego se acomodan a ellas. Algunas quizá no tengan el temperamento adecuado
para excitarse o actuar con firmeza; es posible que las experiencias del pasado las hayan
privado de oportunidades para adquirir diversas competencias o confianza en su capa­
cidad para dominar los acontecimientos de su entorno. También es posible que confíen
ingenuamente en que obtendrán lo que desean sin esforzarse o con muy poco esfuerzo
de su parte. Por diversas causas, entonces, las personas situadas en el extremo pasivo de
la bipolaridad parecen limitarse a subsistir, siendo infrecuente que sus actividades estén
directamente orientadas a intervenir en los acontecimientos o producir cambios. Pare­
cen suspendidas, quietas, plácidas, inmóviles, contenidas y apáticas, a la espera de que
las cosas sucedan para reaccionar sólo después que ello ocurra.

Las metas Individualismo y Protección del MIPS


La primera bipolaridad de las Metas Motivacionales representaba la promoción del
orden (existencia/vida/placer) y la prevención del desorden (no existencia/muerte/
d olor); la segunda bipolaridad distinguía los modos de adaptación: la modificación
(animal/actividad) y la acomodación (vegetal/pasividad). Aunque menos profunda
que las precedentes, la tercera bipolaridad, basada en distinciones en las estrategias re­
productivas (replicación de genes), es igualmente fundamental; contrasta la maximiza-
ción de la propagación reproductiva (uno mismo) con la maximización de la crianza re­
productiva (los demás).

Patrones en la biología de las poblaciones

Algunos biólogos evolucionistas (Colé, 1954; Trivers, 1972; Wilson, 1975) han seña­
lado marcadas diferencias tanto en el ciclo como en la pauta de la conducta reproduc­
tiva de las especies. Un aspecto que presenta especial interés es el alto grado en que va­
ría -entre las especies y dentro de cada especie- la cantidad de descendientes y, en

34
consecuencia, el esfuerzo de crianza y protección que deben realizar los padres para
asegurar la supervivencia de su prole. En la biología de las poblaciones se denomina es­
trategia r a la que consiste en engendrar gran cantidad de descendientes y prestar una
atención mínima a su supervivencia, y estrategia K a la que se caracteriza por la pro­
creación de escasos descendientes y la considerable atención que se presta a su supervi­
vencia. Las ostras, por ejemplo, recurren a la primera, ya que producen unos 500 m illo­
nes de huevos por año; la estrategia K se observa en los grandes monos, que procrean
un solo descendiente cada cinco o seis años.
Jung fue capaz de anticipar esta diferencia en los estilos de replicación y su impor­
tancia fundamental en la adaptación:

Hay en la naturaleza dos modos de adaptación fundamentalmente diferentes que asegu­


ran la continuidad de la existencia de los organismos vivos. Uno incluye una alta tasa de ferti­
lidad acompañada de escasa capacidad de defensa y breve duración de la vida de cada indivi­
duo; el otro se caracteriza por los numerosos medios de autopreservación con que cuenta el
individuo y su baja tasa de fertilidad. Esta diferencia biológica, creo yo, no es simplemente
análoga a nuestros dos modos psicológicos de adaptación, sino su verdadero fundamento. La
intuición de Blake, que lo llevó a describir dos clases de hombres, los “prolíficos” y los “devo-
radores”, era correcta. Así como, en el terreno de lo biológico, ambos métodos de adapta­
ción funcionan igualmente bien y son eficaces a su manera, lo mismo puede decirse de las
actitudes típicas. Una logra su objetivo mediante una multiplicidad de relaciones, la otra me­
diante el monopolio (Jung, 1921/1971, págs. 331-332).

Las especies no difieren sólo por el lugar que ocupan en el continuo estrategia r/es­
trategia K ; en la mayoría de las especies animales es posible trazar asimismo una impor­
tante distinción entre los géneros masculino y femenino. Esta diferencia proporciona
una sólida base a lo que hemos llamado la bipolaridad Individualismo (orientación ha­
cia uno mismo) vs. Protección (orientación hacia los demás), cuyas implicaciones ana­
lizaremos a continuación.
En el curso de su vida, una mujer produce normalmente unos 400 óvulos, de los
cuales sólo 20 o 25 tienen alguna posibilidad de convertirse en bebés saludables. El gas­
to de energía que requiere gestar, alimentar y cuidar un niño es extraordinario. N o sólo
debe la mujer dedicar gran parte de sus energías a llevar a término el embarazo, sino
que durante ese período no puede ser fertilizada nuevamente. El hombre, en cambio,
tiene la posibilidad biológica de aparearse con muchas mujeres, aunque esta práctica es
firmemente desalentada en la mayoría de las sociedades.
Si el niño no sobrevive, el esfuerzo físico y emocional dilapidado no sólo constituye
un enorme tributo personal, sino que implica una merma considerable del potencial
reproductivo de la madre. Por lo tanto, desde el punto de vista evolutivo parece haber
una buena razón para que las hembras se sientan inclinadas a cuidar y proteger, inclina­
ción de la que dan testimonio su sensibilidad a las señales de aflicción de sus hijos y su
buena voluntad para ocuparse de alimentarlos y atender sus necesidades.
Aunque el macho libera varias decenas de millones de espermatozoides durante el
acoplamiento, se trata de una inversión muy modesta, dada su capacidad física para re­

35
petir con frecuencia el acto reproductivo. Después de la fecundación, su compromiso
físico y emocional puede finalizar: las consecuencias para la supervivencia de sus des­
cendientes serán mínimas. Si bien cuando abandona precozmente a la hembra y al hi­
jo , se pierden su protección y su aporte de alimentos, en términos de supervivencia de
la especie es mucho más lo que se gana a causa del gasto de energía que realiza para lo­
grar la amplia diseminación reproductiva de sus genes. Comparado con la hembra de la
especie, cuya m ejor estrategia parece consistir en asumir la responsabilidad por el cui­
dado y el bienestar del niño y la familia (estrategia K ), el macho probablemente será
más eficaz si maximiza la propagación de sí mismo, es decir, si adopta la estrategia r. Al
esforzarse por actualizar su propio potencial intrínseco, el macho se concentra ante to­
do en su autorreplicación y autorrealización, y sólo subsidiariamente en la crianza.
En las sociedades modernas, por supuesto, el acoplamiento con muchas hembras y
el abandono de la prole tienen importantes consecuencias sociales, emocionales y eco­
nómicas que no es posible dejar de lado; pero subsiste el hecho biológico de que los
descendientes probablemente sobrevivirán aunque no reciban asistencia del progenitor
masculino.
En resumen, los machos tienden a estar orientados hacia sí mismos, debido a que
esa conducta maximiza la replicación de sus genes. Las hembras, por el contrario, tien­
den a estar orientadas hacia los demás, debido a que su aptitud para criar a su limitada
progenie maximiza la replicación de sus genes.
La estrategia rd el macho puede manifestarse en lo que denominamos conductas de
Individualismo, cuya característica es que están inspiradas más por el interés en sí mis­
mo que por el interés en los demás. Las relaciones entre machos tienen a menudo una
cualidad “vertical” o jerárquica, que implica la búsqueda del dominio sobre los demás.
La estrategia K de la hembra, en cambio, se manifiesta en lo que denominamos orien­
tación a la Protección. Las hembras tienen mayor disposición a favorecer a los demás, a
unirse e intimar, a sentir empatia y a proteger (Gilligan, 1982; Wilson, 1978). Las rela­
ciones entre hembras tienen una cualidad “horizontal”, o incluso de jerarquía invertida,
basada ya sea en la interacción igualitaria o en el otorgamiento de prioridad a los de­
más.
Digamos, para no ser malinterpretados, que no hay una línea nítida que separe los
géneros; las inclinaciones mencionadas se distribuyen a lo largo de un continuo que ad­
mite discriminaciones “débiles” por grupos y presenta considerable superposición.
Nuestro propósito no se centra en destacar las diferencias entre los géneros, sino en
identificar la existencia de un espectro profundo, con base biológica, de disposiciones,
cuyos polos están representados por el mejoramiento o propagación de uno mismo (la
estrategia r) y el mejoramiento o protección de los demás (la estrategia K ).

Traducción personológica

En los párrafos precedentes hemos presentado una fundamentación teórica, basada


en conceptos que derivan del pensamiento evolucionista, con el fin de explicar una di­
mensión, a menudo estudiada, que opone rasgos como el esfuerzo, la autocomplacen-
cia, la iniciativa, el valor, la rivalidad, la ambición, la dominación, la confianza en sí mis­

S6
m o y la independencia, en un extremo, a conductas orientadas al amor, altruistas, nu­
tricias, íntimas, promotoras de armonía, cálidas, confiadas y cooperativas, en el otro.
Creemos que esas dos amplias orientaciones reflejan una bipolaridad fundamental que
existe en la naturaleza y que se expresa en dos metas divergentes de la motivación y la
emoción humanas. La primera meta, el Individualismo, se halla estrechamente vincula­
da a las estrategias reproductivas accesibles para el género masculino, de las que deriva;
la segunda, la Protección, se relaciona principalmente con las opciones reproductivas
de que dispone el género femenino, en las cuales se origina.
Individualismo. Interesadas sólo en sí mismas, estas personas tienden a tomar decisio­
nes sin consultar a nadie, ya que no perciben la necesidad de recabar opiniones ajenas
ni de contar con la aprobación de los demás. En el mejor de los casos son resueltas, lle­
nas de iniciativa y capaces de autorrealizarse; se esfuerzan por superar obstáculos que
podrían impedir la actualización del potencial que creen tener. Los demás las ven como
personas dotadas de un fuerte sentido de identidad; parecen controlar su vida y regular
sus experiencias y su futuro con escasos aportes o interferencias ajenos. Además de con­
fiar en sí mismas y de ser esforzadas, emprendedoras e independientes, las personas
que obtienen un puntaje elevado en la escala Individualismo tratan de convertirse en lo
que creen que están destinadas a ser. Sin embargo, cuando su conducta no se encauza
adecuadamente, pueden llegar a ser egocéntricas, indiferentes a las necesidades y prio­
ridades de los demás y atentas por sobre todo a sus propios intereses.
Protección. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta Meta Motivacional
procuran satisfacer necesidades sociales y de pertenencia. Mantienen, con otras perso­
nas significativas de su entorno, relaciones íntimas y afectuosas en las que brindar amor
es tan importante como recibirlo. Hay calidez en su relación con los demás y no necesi­
tan esforzarse para demostrar su afecto por sus padres, hijos, cónyuge o amigos íntimos.
Se identifican con el prójimo y sienten una profunda preocupación por su bienestar. A
menudo atienden las necesidades de sus familiares más cercanos y de sus amigos ínti­
mos antes que las propias. Con frecuencia hacen extensivo su afecto a toda la humani­
dad, comprenden la condición humana y experimentan un sentimiento de afinidad
con la mayoría de los pueblos.
Es el tercer par de Metas Motivadoras, el de Individualismo vs. Protección, el que
permite juzgar si en realidad un hombre o una mujer han dado pruebas de equilibrio
entre la orientación hacia uno mismo y la orientación hacia los demás.

Las cuatro bipolaridades de los modos cognitivos


Perspectiva evolucionista
Las diferencias cognitivas entre los individuos, al igual que el modo com o esas dife­
rencias se expresan, han sido descuidados al generar y evaluar rasgos de personalidad.
Con una o dos excepciones notables, muy poco de la reciente “revolución” acaecida en
la ciencia cognitiva, que repercutió profundamente en la psicología contemporánea, ha
tenido influencia en el desarrollo de la personología. Históricamente, los dominios del

37
intelecto, la aptitud y la capacidad no han sido considerados ámbitos de estudio relacio­
nados con la personología.
Ahora bien, el objeto de la personología se ha ampliado y abarca hoy la “persona to­
tal”, es decir, una totalidad orgánicamente unificada e indivisa. En consecuencia, se re­
conoce cada vez más no sólo que las dimensiones cognitivas y sus diversos estilos deben
ser tomados en cuenta, sino también que tal vez tengan la misma importancia que los
estilos motivacionales y conducíales como fuente de rasgos y diferencias de personali­
dad (Millón, 1986b, 1988).
Los diversos rasgos y estilos de cognición no han sido incluidos com o elementos
centrales en la mayoría de los instrumentos que evalúan la personalidad. En mi opi­
nión, sin embargo, resumen en sí lo que puede considerarse la cuarta y más reciente
de las fases de la evolución. La capacidad de manejar abstracciones -d e trascender lo
inmediato y concreto, de relacionar y sintetizar la diversidad, de representar aconteci­
mientos y procesos mediante símbolos, de ponderar, razonar y p rever- implica, para
los organismos, un salto cuantitativo en el potencial evolutivo para el cambio y la
adaptación.
Emancipada la mente de lo real y lo presente, pueden foijarse construcciones nove­
dosas y concretarse posibilidades inéditas mediante estilos particulares de procesamien­
to cognitivo. La capacidad de seleccionar y rehacer, de coordinar y organizar las repre­
sentaciones simbólicas de la experiencia en nuevas configuraciones, presenta de algún
m odo analogía con los procesos biológicos de replicación recombinante aleatoria, pese
a ser más focalizada e intencional. Tomándonos más libertad con la analogía, diremos
que la replicación genética es el mecanismo recombinante que subyace a la progresión
adaptativa de la filogenia, mientras que el razonamiento abstracto es el mecanismo re-
combinante que subyace a la progresión cognitiva de la ontogenia.
Los usos de la replicación física son limitados, puesto que los restringe el potencial
finito inherente a los genes parentales. En cambio las experiencias, internalizadas y re-
combinadas mediante procesos cognitivos, son infinitas. En el curso de una vida huma­
na, innumerables acontecimientos de carácter aleatorio, lógico o irracional tienen lugar
y son analizados y reformulados una y otra vez; algunas ideas y conductas resultan ser
más adaptativas -y otras menos adaptativas- que las ideas y conductas requeridas por las
circunstancias que les dieron origen. Mientras que las acciones de la mayoría de las es­
pecies subhumanas son producto de programas genéticos que evolucionaron de mane­
ra exitosa, conductas de índole relativamente fija adecuadas para una modesta gama de
escenarios ambientales, el procesamiento cognitivo, implícito o intencional, da origen
a aptitudes que resultan apropiadas en circunstancias ecológicas radicalmente divergen­
tes, las que, a su vez, pueden haber sido generadas por actos de creatividad simbólica y
tecnológica de vasto alcance.
La mente humana puede reflejar realidades externas, pero también puede recons­
truirlas, transformando reflexivamente las percepciones en modos subjetivos de reali­
dad fenom enológica y subordinando a propósitos individualistas los acontecimientos
exteriores. Todo acto de aprehensión es modificado por elementos de proyección. N o
sólo las imágenes de sí mismo y los otros son emancipadas de las realidades sensoriales
directas, con lo que se posibilita su transformación en entidades mentales: también el

38
tiempo pierde su inmediatez y su impacto, convirtiéndose en algo que tiene tanto de
construcción como de realidad tangible. Las abstracciones cognitivas son eficaces para
traer el pasado al presente y, gracias a su capacidad de prever, también traen el futuro
al presente. Con el pasado y el futuro insertados en el aquí y ahora, los seres humanos
pueden abarcar a la vez no sólo la totalidad del cosmos sino también su origen, natura­
leza y evolución. L o más notable son las muchas visiones que los seres humanos tienen
del futuro indeterminado de la vida, donde no existe aún realidad alguna.
Com o ya fue mencionado, pensamos que las funciones cognitivas son la etapa más
reciente de la progresión evolutiva y que, por lo tanto, están en consonancia con nues­
tras formulaciones biosociales relativas a la arquitectura básica subyacente al funciona­
miento humano. También creemos que los procesos cognitivos son el segundo paso en
nuestra secuencia tripartita, que representa la form a como los organismos abordan su
entorno. En lugar de otorgar primacía a las raíces motivacionales y emocionales “impul­
soras” del estilo de personalidad (com o en nuestras formulaciones relacionadas con los
trastornos de personalidad) o a las expresiones conducíales manifiestas de la personali­
dad (com o sucede, por ejemplo, en un enfoque léxico que genera el m odelo de los
Cinco Grandes Factores; Goldberg, 1993), el enfoque del MIPS procura combinar esos
componentes vinculándolos a las funciones cognitivas, integrando de ese m odo las tres
expresiones de la personalidad en una única totalidad coherente.

Las contribuciones de Jung y sus parálelos actuales


La orientación cognitiva de la tipología de Jung

Varias dimensiones bipolares han sido propuestas, a lo largo de los años, como base
para un esquema de estilos cognitivos. Términos opuestos, com o nivelación/agudiza-
miento, estrecho/amplio, analítico/sintético, rígido/flexible, inductivo/deductivo, abs­
tracto/concreto y convergente/divergente se han empleado para ilustrar las diferencias
estilísticas entre las funciones cognitivas. Aunque todos estos pares de términos aportan
distinciones importantes para la descripción de los procesos cognitivos, sólo unos pocos
han sido conceptualizados teniendo en mente las diferencias de personalidad, ámbito
en el que, sin embargo, aún podrían resultar productivos.
En cambio, un conocido esquema bipolar formulado deliberadamente para que sir­
viera de base a la generación de tipos de personalidad, fue construido en lo esencial
con conceptos cognitivos. Aunque Jung no se refirió explícitamente a los procesos cog­
nitivos, hay buenas razones para considerar que sus bipolaridades Extraversión/Intro­
versión, Pensamiento/Sentimiento y Sensación/Intuición se basan más en el ámbito de
lo cognitivo que en el de lo motivacional o el de lo conductal.
Para ilustrar esta tesis podríamos preguntar: ¿qué quiso decir Jung con “Extraver­
sión” e “Introversión”? La opinión que comparten sus intérpretes es que esos térmi­
nos se refieren a los aspectos conducíales de la sociabilidad: la Extraversión sería la
expansividad social, y la Introversión, la reserva social. A mi juicio, Jung quería signifi­
car algo diferente: su orientación era esencialmente cognitiva, por lo que la Extraver­

39
sión y la Introversión no se referían al estilo social de una persona sino a la dirección de
su atención y su interés. La Extraversión indicaba que ambos eran extraceptivos, es de­
cir, orientados más hacia el exterior que hacia el mundo interno; la persona tendía a
confiar en los acontecimientos “objetivos” y a buscar fuentes externas de inspiración.
La Introversión denotaba intraceptividad, es decir, orientación hacia el interior de la
atención y el interés; incluía la subordinación de las fuentes externas de conocimien­
to a las originadas en la vida interior, así como la atención a los dictados internos y las
inspiraciones “subjetivas”. En síntesis, la Extraversión y la Introversión, los dos con­
ceptos junguianos más aceptados y perdurables relacionados con la personalidad, no
se refieren a tipos de motivación ni a conductas interpersonales, sino más bien a esti­
los cognitivos.
Resulta aun más claro que las otras dos bipolaridades formuladas por Jung -Sensa­
ción/Intuición y Pensamiento/Sentimiento- son netamente cognitivas en su carácter y
en sus fundamentos. Representan no tanto las razones por las que actúa la gente ni sus
acciones, sino las “actitudes” que asumen los individuos al atender a su entorno y las
“funciones” que utilizan para interpretar y transformar sus percepciones.

Hacia el enfoque del MIPS

Com o ya se indicó, numerosos investigadores y teóricos han propuesto útiles di­


mensiones y esquemas de polaridad para representar estilos cognitivos; varias de esas
propuestas constituyen aún una base potencialmente importante para establecer ras­
gos de personalidad. Mis primeros escritos sobre el tema (M illón, 1969) se referían
esencialmente a los estilos de cognición que caracterizaban y diferenciaban los trastor­
nos de personalidad que más tarde fueron agrupados en el Eje II del D S M -III (Am eri­
can Psychiatric Association, 1980). Por ejemplo, el tipo histriónico se caracterizaba por
la disociación cognitiva; el narcisista, por la expansibilidad cognitiva; el antisocial/agresi­
vo, por la proyección cognitiva; el obsesivo-compulsivo, por la constricción cognitiva, etc.
Algunos aspectos de estos estilos cognitivos fueron organizados en un m odelo circun­
flejo, junto con aspectos de la autoimagen; por lo tanto, en ambos dominios de la acti­
vidad cognitiva se proporcionó el marco preliminar para un esquema bipolar.
Quince años más tarde propuse un sistema semejante, aunque más desarrollado, de
estilos cognitivos (Millón, 1984, 1986b). También en este caso los trastornos fueron or­
denados de acuerdo con las características cognitivas particulares de cada tipo clínico y
no con los estilos básicos de personalidad. Al esquizoide, por ejemplo, se le atribuía em­
pobrecimiento cognitivo; al evitador, perturbación cognitiva; al dependiente, ingenuidad
cognitiva; al histriónico, frivolidad cognitiva, etcétera.
A l margen de la utilidad descriptiva que pueda reconocérseles, estas conceptualiza-
ciones cognitivas no estaban destinadas a explicar estilos “normales” sino patológicos;
señalaban las diferencias cognitivas entre tipos clínicos básicos pero no se ocupaban de
las dimensiones latentes o polaridades fundamentales. Otro aspecto problemático de
las descripciones orientadas a lo patológico estaba representado por el hecho de que in­
cluían a la vez contenido cognitivo y estilo cognitivo, oscureciendo aún más la intención
de elaborar un esquema de rasgos estilísticos “puros”.

40
Finalmente formulé un m odelo que agrupaba las actividades cognitivas teniendo en
cuenta dos funciones superiores. Una se relacionaba con el origen de los datos cogniti-
vos recogidos, es decir, con lo que se ha dado en llamar “fuentes de inform ación”, y la
otra con los métodos utilizados por el individuo para reconstruir esos datos, o sea con
lo que se denomina “procesos de transformación”.
Cada una de esas funciones -la inicial de recoger y la posterior de reconstruir la in­
form ación- fue dividida a su vez en dos polaridades. Las “fuentes de información” fue­
ron divididas en 1) externas vs. internas y 2) tangibles vs. intangibles. Los “procesos de
transformación” fueron divididos en 1) intelectivos vs. afectivos y 2) asimilativos vs. ima­
ginativos. Las cuatro bipolaridades resultantes, incorporadas al MIPS, no son en modo
alguno exhaustivas. Para mi sorpresa y satisfacción, sin embargo, comprobé que concor­
daban en alto grado con el modelo formulado por Jung en 1921.

Los modos Extraversión e Introversión del MIPS


Un modelo de procesamiento de la información basado en la evolución

Las dos primeras funciones contrastantes que se consideran de importancia para los
estilos de personalidad en el ámbito cognitivo se relacionan con las fuentes a las que re­
curren las personas para adquirir conocimientos sobre su mundo. Dada nuestra opi­
nión de que los dos elementos principales que componen el entorno de un organismo
son él mismo y los otros, no tiene nada de sorprendente que esos mismos elementos
sean las fuentes primarias de las que el organismo obtiene información. Por lo tanto, el
hecho de dirigir la atención a cuestiones internas o externas a uno mismo sirve de ba­
se a una distinción clave en lo que se refiere a la actividad cognitiva.
Aunque relacionada materialmente con otra distinción -la que concierne a el Indi­
vidualismo y la Protección, estudiada en la sección precedente sobre las Metas Motiva-
cionales-, la correspondencia entre ambas no es simple ni bien definida, del mismo
m odo que la correlación de puntees individuales entre dichas bipolaridades no es ne­
cesariamente elevada. Dado que los dos pares de constructos están relacionados de di­
versas maneras y forman parte de configuraciones más amplias compuestas por diferen­
tes niveles de intensidad, las correspondencias pueden ser mucho más variables de lo
que haría suponer su común origen. Así, en el caso de algunas personas, a 1 Individua­
lismo se puede llegar más fácilmente dirigiendo la atención a fuentes externas, en tanto
que la Protección puede incrementarse si se busca inspiración sobre todo en fuentes in­
ternas.
Cabe observar que entre los procesos evolutivos y las funciones cognitivas pueden
trazarse útiles paralelos; el m odelo evolucionista en que se basa nuestra formulación es
tan adecuado para este ámbito como lo era para el de la motivación.
Muchos piensan que la información es lo contrario de la entropía. La información
cumple, en los sistemas cognitivos, el mismo rol que la energía o los nutrientes en los
sistemas físicos. Un sistema físico se mantiene “succionando orden” de su entorno, in­
corporando energía o nutrientes y transformándolos para satisfacer las necesidades de

41
los tejidos; un sistema cognitivo hace algo semejante, ya que “succiona inform ación”
de su ambiente, es decir, incorpora datos y los transforma para satisfacer sus necesida­
des cognitivas.
De m odo semejante a cualquier otro sistema abierto, una estructura cognitiva nece­
sita mantenerse como entidad integrada y cohesiva. En el mundo físico, la integridad
de un sistema se logra mediante adaptaciones que preservan y mejoran la estructura fí­
sica, con lo que se evita la disipación entròpica de sus elementos ordenados. Análoga­
mente, un sistema cognitivo logra su integridad mediante diversas adaptaciones preser-
vadoras y de apertura que reducen la probabilidad de acontecimientos que podrían
disminuir el orden y la coherencia de su base de conocimientos.
Además, un sistema cognitivo abierto está, al igual que un sistema físico, firmemente
orientado. Así como un sistema físico debe ser selectivo en cuanto a sus fuentes de ali­
mento y utilizar las que sean adecuadas para satisfacer las necesidades de sus tejidos,
también un sistema cognitivo debe ser selectivo en cuanto a las fuentes de información:
debe elegir y procesar determinados datos, obrando de acuerdo con metas cognitivas
específicas. Un sistema físico no puede ingerir sustancias escogidas al azar; tampoco un
sistema cognitivo puede procesar datos escogidos al azar. Por lo tanto, la información
(entropía negativa) debe adquirirse selectivamente, no al azar ni en forma difusa; algu­
nas fuentes de información deben ser tenidas en cuenta y otras pasadas por alto o su­
primidas.
La coherencia puede optimizarse adoptando y manteniendo una fuente de informa­
ción regular y preferente, lo que asegura una tendencia confirmatoria constante en fa­
vor de la “cosmovisión” y la arquitectura organizacional de una estructura cognitiva. A
la inversa, una estructura cognitiva que es expuesta a fuentes disonantes o contradicto­
rias, o que presta atención a fuentes diversas o muy numerosas, a la larga puede ser
cuestionada con éxito o perder, por agotamiento, su capacidad de mantener la cohe­
rencia. En otras palabras, es probable que el procesamiento gravoso y las fuentes discor­
dantes produzcan un aumento de la entropía cognitiva. Una orientación más estructu­
rada y coherente que fortalezca y confirme fuentes de información previas resulta útil
para asegurar una supervivencia cognitiva óptima!

Traducción personológica
De acuerdo con lo expresado, distinguimos, teniendo en cuenta su fuente primaria,
dos clases de información: la que se origina fuera de nosotros mismos y la que se origi­
na internamente. Sea cual fuere el nombre que se dé a esta orientación cognitiva polar
-externa vs. interna, extraceptiva vs. intraceptiva o extravertida vs. introvertida-, cada
bipolaridad proporciona una reserva reproducible para la información cognitiva, un
manantial selectivamente circunscrito de conocimiento al que la persona continuará es­
tando expuesta.
Extraversión. Unas pocas líneas de Jung pueden ser útiles para destacar rasgos esen­
ciales de su concepción de la actitud orientada externamente:

42
La extraversión se caracteriza por el interés puesto en el objeto externo, la sensibilidad y
la disposición a aceptar los acontecimientos externos, el deseo de influir en los sucesos y ser
influido por ellos, la necesidad de participar y seguir la corriente, la capacidad de soportar el
bullicio y los ruidos de todas clases y, en realidad, de disfrutar de ellos (Jung, 1937/1971,
pág. 550).

Introversión. Análogamente, la breve cita de Jung que incluimos a continuación ilus­


tra con claridad su concepción de la actitud orientada internamente:

El introvertido no es afable, es como si se apartara continuamente del objeto. Se mantie­


ne a distancia de los acontecimientos externos, no participa. Para él, dialogar consigo mismo
es un placer. Su propio mundo es un puerto seguro, un jardín cuidadosamente atendido y
transitado, cerrado al público y oculto a las miradas indiscretas. Su propia compañía es la me­
jor. Se siente cómodo en su mundo, en el que sólo él puede introducir cambios. Su mejor
trabajo es el que hace con sus propios recursos, por su propia iniciativa y a su propio modo
(Jung, 1936/1971, págs. 550-551).

Los modos Sensación e Intuición dei MIPS


La información, sea que proceda de fuentes internas o externas respecto del sujeto,
puede clasificarse de muchos modos. Una clasificación básica es la que distingue entre
información tangible e información intangible. Por “tangible” entendemos lo que los
sentidos humanos pueden identificar, lo que es bien definido, nítido, conocible y reco­
nocible, lo que se refiere a fenómenos concretos, fácticos, materiales, objetivos o evi­
dentes. La información “intangible”, en cambio, incluye fenómenos que carecen de un
orden intrínsecamente distintivo y de claridad estructural; son ambiguos, abstractos, in­
materiales, vagos, misteriosos y oscuros. Estos fenómenos sólo pueden ser captados por
medios ignotos, inconscientes y penetrantes, o a través de indicios, sustancialmente dé­
biles o psíquicos, respecto de su difusa y esquiva naturaleza.
El hecho de que algunas personas muestren buena disposición para recibir informa­
ción bien estructurada y tangible, y otras para recibir información oscura e intangible,
constituye, a mi juicio, una diferencia fundamental en el estilo cognitivo, muy impor­
tante desde el punto de vista personológico. Aunque los conceptos de Jung sólo están
formulados parcialmente en términos cognitivos, una vez más puede advertirse una es­
trecha semejanza entre la bipolaridad que presentamos y la que propone Jung cuando
distingue entre Sensación e Intuición:

Aquí deberíamos hablar de sensación cuando intervienen las impresiones sensoriales, y


de intuición cuando nos referimos a una clase de percepción que no es posible relacionar di­
rectamente con la experiencia sensorial consciente. Por lo tanto, definiría la sensación como
percepción a través de las funciones sensoriales conscientes, y la intuición, como percepción
a través del inconsciente.
La sensación y la intuición... nos permiten conocer lo que está sucediendo, pero sin inter­

43
pretarlo ni evaluarlo. No actúan selectivamente, guiándose por principios, sino que simple­
mente son receptivas a lo que sucede (Jung, 1931/1933, págs. 538-539).

Sensación. El hecho de favorecer las fuentes que proporcionan información tangible,


estructurada y bien definida, asequible a través de los cinco sentidos, tiene su correlato en
una amplia variedad de conductas asociadas, como las de elegir acciones pragmáticas y
realistas, preferir los sucesos que tienen lugar aquí y ahora, y dirigir la atención a cuestio­
nes que requieren una base fáctica y precisión cuantitativa. Según la concepción de Jung:

Hay personas que... ponen el acento en la sensación, en la percepción de realidades, y ha­


cen de esto un principio determinante que se impone a todo lo demás. Son hombres cuya
mente está orientada a los hechos, para quienes el juicio intelectual, el sentimiento y la intui­
ción son relegados a un segundo plano por la primordial importancia de los hechos reales.

Intuición. En cambio, la preferencia por lo intangible, inestructurado y ambiguo es


probable que esté asociada con acciones inspiradas por posibilidades, desafíos y poten­
ciales, así como por pensamientos de carácter abstracto, complejo, connotativo y simbó­
lico, y por cuestiones que dependen de la novedad, el misterio y la especulación. Cita­
mos a Jung una vez más:

Para la intuición, la realidad actual sólo cuenta en la medida en que parece encerrar po­
sibilidades, las que entonces pasan a ser la suprema fuerza motivadora, sin que importe lo
que las cosas son realmente en la actualidad (Jung, 1936/1971, pág. 554).

Los modos Reflexión y Afectividad del MIPS


Los dos primeros pares de funciones cognitivas fueron agrupados teniendo en cuen­
ta las fuentes y los estilos utilizados en la recolección de información. Los dos pares si­
guientes de bipolaridades representan procesos de transformación y remiten a lo que se
hace con la información una vez que ha sido recibida. La ciencia cognitiva ha elabora­
do varios conceptos relacionados con el registro, la codificación y la organización de las
experiencias vitales. Dichos conceptos tienen que ver con diversos interrogantes, por
ejemplo los siguientes: ¿a través de qué modo cognitivo -e l intelectivo o el afectivo- será
recibida la información?, ¿cómo será organizada?, ¿será asimilada en sistemas preforma-
dos de memoria o moldeada en nuevos esquemas por la imaginación? Aunque es facti­
ble determinar la posición que ocupan los individuos en otros continuos o bipolari­
dades -p o r ejemplo convergente vs. divergente, seriado vs. jerárquico, primario vs.
secundario, verbal vs. visual-, en mi opinión las más fructíferas entre las distinciones re­
ferentes a los procesos de transformación cognitiva y relevantes para la personalidad,
son los pares incluidos en esta sección y en la que la sigue.
Simplificando un tanto las cosas, diremos que las experiencias, una vez registradas
por los sentidos, pueden seguir dos caminos, siempre y cuando tengan magnitud sufi­
ciente como para activar una respuesta codificada. El primer camino evalúa si la infor­

44
mación es objetiva y razonada, dando lugar a un juicio basado en el pensamiento, que
comunica, de m odo claro y organizado, que la experiencia registrada tiene sentido, o
sea que es intelectualmente lógica y coherente. El segundo camino provoca una res­
puesta subjetiva y emocional, una reacción afectiva, indicando, de un m odo menos or­
ganizado y a menudo difuso y global, que la experiencia registrada fue inscrita como
afectivamente neutra, positiva o negativa.
Reflexión. El polo intelectivo, al que se refería Jung cuando utilizaba el término “pen­
samiento”, indica preferencia por interpretar la experiencia a la luz de la razón y la ló­
gica. Aunque los sucesos de la vida pueden tener un origen interno o externo, y pue­
den ser de naturaleza tangible o intangible, el proceso de interpretación y evaluación se
inclina hacia lo objetivo e impersonal, ya que los acontecimientos son analizados por
m edio de la razón crítica y con intervención del pensamiento racional y sensato. Au­
mentando la indiferencia afectiva, es decir, reduciendo el ingobernable aporte emocio­
nal de los demás y los efectos perturbadores de nuestro propio estado emocional, es po­
sible mantener un alto grado de cohesión y continuidad cognitivas. El análisis objetivo
y la indiferencia afectiva protegen contra las incursiones no deseadas en la estabilidad
cognitiva, pero a menudo el precio que hay que pagar por ello es una conducta rígida,
hipercontrolada e inflexible.
Afectividad. En cambio, las experiencias procesadas afectivamente inducen estados
subjetivos como los de experimentar agrado o desagrado, atribuir o negar valor, sentir­
se bien o mal, cóm odo o incómodo, atraído o repelido, etc. A través de la resonancia
empática, el camino de la afectividad predispone al individuo a registrar sobre todo lo
que sienten los demás, y no tanto lo que piensan. El individuo que se inclina hacia el
polo de la Afectividad emplea “vibraciones psíquicas” para aprender más del tono emo­
cional que transmiten las palabras que de su contenido o su lógica. La modalidad habi­
tual de quienes presentan un estilo afectivo es la de la realidad subjetiva, una reacción
más o menos ‘Visceral” compuesta de estados de ánimo positivos o negativos, tanto glo­
bales como diferenciados. Hay, por supuesto, individuos notablemente introspectivos
que se sienten inclinados a sondear estados afectivos internos con un estilo cognitivo in­
telectivo. Estos individuos no proceden así movidos simplemente por su interés en la
psicología: en algunos casos buscan obsesivamente conocerse a sí mismos. Pero por lo
general el estilo afectivo de transformación se observa en individuos que dan prueba de
una modesta capacidad de análisis introspectivo, combinada con una respuesta empáti­
ca franca y abierta a los demás y una sensibilidad subconsciente a las facetas emociona­
les -e n estado puro, tanto como sea posible- de la experiencia.

Los modos Sistematización e Innovación del MIPS


La última bipolaridad de transformación cognitiva tiene que ver con la cuestión de
si la información nueva es moldeada de m odo que se ajuste a esquemas mnémicos pre-
formados (integrada en sistemas cognitivos preexistentes), o bien organizada mediante
la imaginación en formas más novedosas. La teoría evolucionista sugiere que lo más
apropiado es reforzar los sistemas (cognitivos) que han demostrado ser estables y útiles.

45
Por otra parte, ningún progreso es posible si no se exploran las posibilidades nuevas y
promisorias. En la evolución se da una tensión beneficiosa entre la conservación y el
cambio, entre la adhesión a lo habitual y la liberación de la creatividad. Estos estilos
cognitivos opuestos muestran las dos alternativas: integrar las experiencias en sistemas
ya establecidos y explorar medios novedosos de estructurarlas.
Sistematización. Los sistematizadores del esquema del MIPS tienen algunos rasgos en
común con las personas que muestran la “preferencia por el ju ic io ” que Katherine
Briggs e Isabel Briggs Myers dedujeron de las ideas de Jung (Myers, 1962). Tanto la Sis­
tematización como la preferencia por el juicio se observan en personas que tienen sis­
temas de memoria bien estructurados, a los que añaden rutinariamente nuevas expe­
riencias cognitivas. Dispuestos a actuar sin apartarse de las perspectivas establecidas,
los sistematizadores se caracterizan por un alto grado de formalidad y coherencia,
cuando no rigidez, en su funcionamiento. Es típico que sean predecibles, convencio­
nales, ordenados, previsores, decididos, metódicos, exigentes, formales, disciplinados,
meticulosos, firmes, leales y devotos. Por lo tanto, en términos evolutivos la polaridad
asimiladora conduce a la continuidad y la tradición, o al mantenimiento del nivel exis­
tente de entropía cognitiva; este estilo cognitivo promueve una cohesión arquitectóni­
ca que no es alterada por variaciones riesgosas que podrían disminuir los niveles esta­
blecidos de orden.
Innovación. En cambio, las personas que se ubican en el polo de la Innovación se ca­
racterizan por su disposición a formar nuevas e imaginativas construcciones cognitivas
de carácter improvisado. Se sienten inclinadas a buscar ideas y soluciones creativas, a
hallar nuevos modos de ordenar la información y a acumular entropía negativa, por
así decirlo, apartándose de lo dado y lo conocido a fin de establecer un nivel nuevo o
más elevado de organización cognitiva. Los innovadores van más allá de las perspecti­
vas confirmadas y procuran ampliar las interpretaciones de la experiencia, sin preocu­
parse por demostrar su confiabilidad. Es típico que el m odo imaginativo esté relacio­
nado con la falta de prejuicios, la espontaneidad, la improvisación, la informalidad, la
adaptabilidad, la flexibilidad, la impresionabilidad, la creatividad, la inventiva y la inge­
niosidad.

Las cinco bipolaridades de las conductas interpersonales


Muchos autores han señalado que la información que proporciona la dimensión
“conducta interpersonal” es particularmente útil para la evaluación de la personalidad
normal y patológica. En el mismo sentido, algunos autores afirman que, dado que el
modo de relacionarse que tienen las personas es decisivo para las experiencias cotidia­
nas, las variables interpersonales deberían predominar sobre otros ámbitos personoló-
gicos. Esta tesis se aplica sobre todo a los patrones no patológicos de personalidad. Un
estilo de relacionarse determina el curso futuro de gran parte de las experiencias labo­
rales, familiares y sociales de una persona. Las estrategias que emplea un individuo pa­
ra alcanzar sus metas en lo que se refiere a otras personas provoca reacciones, y de estas
reacciones depende en parte que el curso ulterior de su vida sea o no satisfactorio.

46
De un modo u otro, el interés por las conductas interpersonales está presente ya en
las concepciones de los primeros autores que abordaron temas psiquiátricos y persono-
lógicos. En este campo de estudio no es posible señalar ninguna figura gigantesca que
alcance la estatura histórica de Freud o Jung, pero hay varios autores, especialmente del
último m edio siglo, cuya obra merece ser destacada. Además, en las dos últimas déca­
das algunos investigadores concentraron sus esfuerzos -aunque utilizando modelos di­
vergentes- en temas interpersonales.

Las contribuciones de Sullivan y de Leary, y sus paralelos actuales


Meyer y Sullivan

Adolph Meyer (1951) y su alumno Harry Stack Sullivan (1953), cuyas ideas coincidían
en parte con las de Freud y Jung, han dejado una obra escrita bastante escasa. Ambos se
centraron en el mundo psicosocial de sus pacientes y prestaron especial atención al papel
de las relaciones interpersonales. Como Freud y Jung, Meyer y Sullivan reconocieron que
las perturbaciones psiquiátricas reflejaban el impacto de experiencias vitales tempranas.
N o obstante, destacaron la importancia de los roles y relaciones sociales del presente. Co­
rrespondió a Sulllivan sostener que el objetivo principal de la indagación psiquiátrica no
era descubrir la base biológica de la psicopatología ni develar los procesos inconscientes
del pasado, sino corregir las distorsiones de la comunicación que se producen entre per­
sonas que interactúan, es decir, descodificar sus interacciones cotidianas.
Para Sullivan, la conducta problemática se debía a la interrelación desordenada, tan­
to verbal como no verbal. Sus descripciones de rasgos y tipos de personalidad fueron
presentadas principalmente en conferencias informales y discusiones de seminario en
las décadas de 1930 y 1940. Entre los tipos de personalidad que propuso se destacan el
“abstraído”, cuyas sucesivas relaciones íntimas culminan en desilusión profunda; el “in­
corregible”, caracterizado por un patrón de conducta inamistosa y taciturna, así como
por su tendencia a quejarse amargamente de las autoridades; el “negativista”, que se re­
húsa a suscribir la opinión de los demás, y el “dominado por la ambición”, que se distin­
gue por ser explotador, competitivo e inescrupuloso.
La estructura formal que caracteriza los escritos teóricos de Freud y Jung está casi
ausente en la obra de Sullivan. Sin embargo, el énfasis que éste puso en el papel central
de la conducta interpersonal en la personalidad y la psicopatología fue adoptado por
numerosos seguidores. Entre ellos cabe mencionar a Gregory Bateson y sus colaborado­
res (1956), que contribuyeron al desarrollo de los estudios sobre la interacción familiar;
a Eric Berne, que ideó un esquema para el análisis transaccional (1961), y a varios in­
vestigadores que construyeron modelos interpersonales de la personalidad (Benjamín,
1974; Kiesler, 1979; Wiggins, 1979). A continuación nos ocuparemos de los desarrollos
más recientes, y haremos además una breve referencia al m odelo de los Cinco Grandes
Factores (Costa y McCrae, 1985; Goldberg, 1993; Tupes y Christal, 1992).

47
La tipología de Leary

Inspirándose en Sullivan y en Karen Horney (1937, 1950), otra importante figura de


la escuela interpersonal, Timothy Leary (1957), construyó, junto con sus colaboradores,
una tipología interpersonal basada en dos dimensiones: dominación/sumisión y
odio/amor. Utilizando gradaciones y un m odelo visual para representar la naturaleza
bipolar de su tipología de la personalidad, Leary estableció 16 segmentos conducíales,
que luego agrupó en ocho tipos interpersonales característicos. Cada tipo incluía dos
variantes: una forma leve y otra extrema. Por lo tanto, se utilizaron dos términos para
designar cada uno de los ocho tipos: el primero indicaba la variante leve, más adaptati-
va; el segundo, la variante extrema, patológica.
Una de las pautas, la personalidad “cooperativa-superconvencional”, describe a la
persona que se esfuerza por agradar y ser aceptada por los demás, y manifiesta cordiali­
dad extravertida y sociabilidad. En una forma más extrema, esta personalidad manifies­
ta efusividad, optimismo superficial, ingenuidad inmadura, expresividad histriónica o
teatral e hiperdistractibilidad. Otro de los tipos de Leary, la personalidad “dócil-depen-
diente”, se caracteriza por la manifestación franca de amabilidad y pertenencia. Un ras­
go central es la extraordinaria admiración y confianza que, según expresa el sujeto, le
inspiran otras personas; en la forma extrema se observa una dependencia zalamera y
pegajosa, así como una constante demanda suplicante de ayuda y consejo.
La personalidad “responsable-hipernormal” procura afanosamente mantener la apa­
riencia de integridad personal, se esfuerza en exceso por alcanzar un ideal interior de
conducta apropiada y convencional, y es ordenada y perfeccionista. En la forma extre­
ma, el individuo puede sentirse aislado por su corrección y apartado tanto de las reali­
dades de la vida como de sus sentimientos interiores. En la personalidad “modesta-ma-
soquista” se observan modestia y reserva exenta de altivez, junto con una tendencia a
minimizar la propia capacidad y a no mostrarse competente ni seguro de sí; en la forma
extrema la persona busca que los demás la desaprueben y la humillen, y como conse­
cuencia experimenta sentimientos neuróticos de ansiedad, depresión y duda. A cada
uno de estos tipos le corresponde una personalidad opuesta, es decir, una personalidad
con características que se encuentran en el otro extremo de una dimensión bipolar.

De Leary al modelo de los Cinco Grandes Factores

En relación con las formulaciones interpersonales de Leary, es necesario destacar


dos cosas. Primero, muchos investigadores desarrollaron y ampliaron su obra; segundo,
los ocho tipos (las cuatro bipolaridades) que concibió corresponden con bastante exac­
titud a los cuatro primeros factores del modelo de los Cinco Grandes Factores.
A l poco tiempo de haber publicado Leary su notable m odelo interpersonal de la
personalidad, algunos investigadores ampliaron sus interesantes temas, en tanto que
otros procuraron desarrollar instrumentos destinados a operacionalizar esas dimensio­
nes. Autores como H eider (1955), Schutz (1958) y Lorr y McNair (1963) fueron segui­
dos bien pronto por Carson (1969) y Swensen (1973), quienes publicaron cuidadosos
análisis que reforzaron la lógica y la solidez de las dimensiones interpersonales. Las con­

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tribuciones y metodologías más recientes son las de Benjamín (1974, 1986), Kiesler
(1979, 1986) y Wiggins (1979); todos ellos concibieron esquemas altamente creativos
para sus modelos interpersonales.
Varios autores, comenzando por Thurstone (1934), abordaron el tema de la perso­
nalidad desde un punto de vista totalmente distinto, recurriendo al análisis de factores
como m edio para extraer elementos comunes del vocabulario popular relacionado con
la descripción de rasgos psicológicos. La indagación de Thurstone fue proseguida por
Catell (1943), y más recientemente por Costa y W idiger (1993), Goldberg (1993) y
otros. En el m odelo de los Cinco Grandes Factores se observa un alto grado de corres­
pondencia entre los primeros cuatro factores, relacionados con características conduc­
íales (en oposición a las cognitivas o motivacionales), y los cuatro extremos incluidos en
el circunflejo bipolar de Leary. Una comparación punto por punto de esos cuatro fac­
tores y los cuatro pares de tipos conducíales de Leary resulta muy ilustrativa. Los Cinco
Grandes Factores se distinguen habitualmente mediante los números y designaciones
siguientes: el Factor I es la Extraversión (surgencia); el Factor II, la Afabilidad; el Factor
III, la Escrupulosidad; el Factor IV, el Neuroticismo (vs. Estabilidad Emocional), y el
Factor V -a l que nos referiremos por separado más adelante- la Apertura a la Experien­
cia (Intelecto, Cultura).
El Factor I, Extraversión, está estrechamente relacionado con el tipo “cooperativo-su-
perconvencional” de Leary (que según éste se caracteriza por su cordialidad extraverti-
da y su sociabilidad). El Factor II, Afabilidad, corresponde al tipo “dócil-dependiente”
de Leary (que según éste exhibe pertenencia y un grado poco habitual de confianza y
admiración por otras personas, como también sometimiento, acomodación y una acti­
tud cooperativa y amistosa). El Factor III, Escrupulosidad, guarda semejanza con el tipo
“responsable-hipernormal” de Leary (que según éste se caracteriza por el deseo de al­
canzar un ideal de conducta apropiada y convencional, como también por su manera
ordenada y perfeccionista de actuar). El Factor IV, Neuroticismo, presenta rasgos en co­
mún con el tipo “modesto-masoquista” de Leary (que se caracteriza por su tendencia a
procurar que los demás lo desaprueben y lo humillen, y en consecuencia experimenta
sentimientos de ansiedad, depresión y duda).

Hacia el enfoque del MIPS

Tanto el enfoque interpersonal de Leary, basado en el de Sullivan, com o la funda-


mentación de los Cinco Grandes Factores en términos descriptivos comunes de la in­
teracción humana, están orientados hacia los rasgos conducíales, es decir, hacia los
rasgos que caracterizan las acciones de la gente, lo que la gente hace y no lo que la
motiva o el m odo com o funcionan cognitivamente. El vocabulario “universal” de tér­
minos descriptivos se relaciona principalmente con lo que puede ser visto p or otras
personas: las conductas manifiestas, tangibles, de la gente. El lenguaje no registra
con claridad las “características interioréis”, que deben ser inferidas o deducidas; en
el uso común, al referirse a lo inferido el lenguaje vacila en cuanto al alcance y la
exactitud. Además, la orientación psicológica y el refinam iento en cuestiones perso-
nológicas son fenómenos recientes; por lo tanto, no están firm emente codificados en

49
nuestro vocabulario (aquí debemos exceptuar la excepcional intuición de autores co­
m o Shakespeare). Las ambigüedades de la cognición y la motivación sólo reciente­
mente han entrado a form ar parte de nuestro vocabulario, tanto el de uso cotidiano
com o el de uso profesional. Es sorprendente, por lo menos para mí, que en los ins­
trumentos destinados a evaluar la personalidad no se haya logrado caracterizar los
rasgos cognitivos y motivacionales, concentrándose la atención casi exclusivamente
en la conducta, y que sólo recientemente se hayan abordado los rasgos conducíales
de tipo interpersonal.
Para referirnos a una cuestión conexa, la perplejidad suscitada en el campo de la
personología por el Factor V del m odelo de los Cinco Grandes Factores puede enten­
derse en parte si se observa que es el único de los factores de ese m odelo que se relacio­
na con procesos cognitivos y no con rasgos conducíales. Tal vez la confusión respecto
de la manera “adecuada” de designarlo (por ejemplo Apertura, Intelecto, Cultura) se
base en el hecho de que corresponde a un proceso inferido y no a un proceso observa­
ble. En realidad, consideramos que la escala Intuición del MIPS es el correlato más ele­
vado de la “Apertura a la Experiencia” de Costa y McCrae (1985). La investigación futu­
ra decidirá si el problema planteado por el Factor V debe atribuirse a la imprecisión de
nuestro vocabulario relativo a los constructos de personalidad inferidos, o al hecho de
que los seres humanos son menos capaces de inferir rasgos de personalidad en los ám­
bitos cognitivo y motivacional. Creemos que la inclusión en el MIPS de los tres ámbitos
de la personalidad contribuirá a esclarecer esa cuestión.
Volviendo al terreno de la conducta interpersonal, hemos sostenido en este capítulo,
como también en publicaciones anteriores (Millón, 1967, 1969, 1986b, 1987c, 1990,
1991), que una concepción científica de las dimensiones o los trastornos de la persona­
lidad no puede basarse exclusivamente en datos empíricos o fundamentos clínicos. Esos
datos proporcionan una confirmación valiosa y son fuente de inspiración, pero el “sig­
nificado” de un esquema científico requiere una fundamentación teórica explícita y sis­
temática. La teoría brinda un conjunto coherente de principios que deberían explicar
cómo y por qué los descubrimientos empíricos y clínicos asumen tal forma y no tal otra.
En las secciones que siguen esbozaremos una fundamentación para los cinco con­
juntos de dimensiones interpersonales bipolares incluidos en el MIPS. Después de lo
cual intentaremos demostrar, aunque brevemente, que esta presentación corresponde
tanto a los tipos interpersonales de Leary como al m odelo de los Cinco (o cuatro +)
Grandes Factores.
Con respecto a los cinco pares, en publicaciones anteriores (M illón, 1969, 1986a,
1986b) formulé una teoría biosocial/de aprendizaje basada en la naturaleza y la fuente
de los reforzadores y en las estrategias instrumentales activas y pasivas. Un formato de
5 x 2 sirvió de base para generar 10 de los trastornos de personalidad del Eje II del
DSM. Aunque esle ordenamiento fue sustituido por un m odelo evolutivo (M illón,
1990), la arquitectura básica de la teoría original constituye aún un marco útil para
conceptualizar dimensiones interpersonales de las personalidades normales (M illón,
1991).

50
Las conductas Retraimiento y Comunicatividad del MIPS
En la primera de las bipolaridades conducíales, lo que podríamos llamar dimensión
de “gregarismo/alejamiento” opone dos estilos interpersonales de relacionarse que re­
presentan extremos en el grado de afabilidad y comunicatividad. Esta característica de
sociabilidad (o de falta de la misma) está presente en casi todos los sistemas de rasgos
de personalidad y por lo común se la designa Extraversión/Introversión. N o obstante
nosotros, como ya dijimos, empleamos la noción de Extraversión/Introversión de Jung
en el sentido original; es decir, consideramos que se refiere a una “actitud” o expectati­
va en relación con el objeto, y no a una conducta. El Factor I del esquema estándar de
los Cinco Grandes Factores, en cambio, incluye tanto las facetas cognitivas com o las
conducíales de la Extraversión y la Introversión.
En mi opinión es preferible reducir la dimensión “gregarismo/alejamiento” a una
bipolaridad conductal “pura” que caracterice a las personas que se relacionan con otras
con diferente grado de sociabilidad y afabilidad. Esta descripción puede ser precisada
diciendo que aunque la mayoría de las personas se muestran a veces sociables y otras re­
traídas, es probable que se comporten de uno de esos modos con más frecuencia que
del otro.
Retraimiento. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala, es decir,
aquellas en las que los rasgos correspondientes al polo del “alejamiento” superan a los
que corresponden al polo del “gregarismo”, tienen escasos intereses grupales o sociales.
Manifiestan (aunque no en forma clínica) algunos de los atributos de la personalidad
esquizoide consignados en el DSM. Su necesidad de dar y recibir afecto y de exteriori­
zar sus sentimientos es mínima. Son propensas a tener escasas relaciones y compromi­
sos interpersonales y no establecen vínculos sólidos con otras personas. Es probable que
los demás las consideren sosegadas, plácidas, imperturbables, despreocupadas y quizás
indiferentes. Rara vez comunican a los demás sus sentimientos interiores o sus pensa­
mientos y parecen sentirse muy cómodas cuando se encuentran solas. Tienden a traba­
jar en silencio, lenta y metódicamente, y casi siempre se mantienen en segundo plano,
en actitud modesta y discreta. Se sienten a gusto haciendo su trabajo sin ayuda, y es im­
probable que lo que sucede a su alrededor las distraiga o las moleste. Como tienen es­
casa habilidad para percibir las necesidades y captar los sentimientos de los demás, es
posible que se las considere socialmente torpes, o incluso insensibles, así como carentes
de espontaneidad y vitalidad.
Comunicatiwdad. En el polo del “gregarismo”, denotado por un puntaje elevado en
esta escala, encontramos atributos opuestos a los de la constelación precedente. En los
niveles más extremos de dicho polo hay personas que presentan rasgos similares a los
que el D SM atribuye a la personalidad histriónica. En niveles menos extremos, las per­
sonas gregarias se desviven por ser populares, confían en sus habilidades sociales, están
convencidas de que pueden influir en los demás y cautivarlos, y poseen un estilo perso­
nal que las hace agradables. En su mayoría disfrutan participando en actividades socia­
les y les encanta hacerse de nuevas relaciones y enterarse de sus circunstancias. Conver­
sadoras, vivaces, hábiles para el trato social, suelen atraer la atención y les agrada ser el
centro de acontecimientos sociales. Muchas de ellas se aburren con facilidad, especial­

51
mente cuando deben realizar tareas rutinarias y repetitivas. Caracterizadas por estados
de ánimo acentuados y mudables, a las personas gregarias se las considera a veces exci­
tables y veleidosas. Por otra parte, su entusiasmo a menudo infunde energía y motiva a
los demás. Emprendedoras y de mente ágil, pueden ser muy hábiles para manipular a la
gente con el fin de satisfacer sus propias necesidades.

Las conductas Vacilación y Firmeza del MIPS


La bipolaridad Vacilación/Firmeza, que también podría llamarse “inseguridad” vs.
“confianza en sí mismo”, mide las diferencias en el aplomo o serenidad en situaciones
sociales, el autodominio, la ecuanimidad y la estabilidad. Estos atributos transmiten sea
confianza en sí mismo y autodominio, sea sus antítesis, presentes en conductas que im­
plican inseguridad, timidez, dudas, falta de soltura y cautela. Cabe esperar cierta seme­
janza entre quienes obtienen los puntajes más elevados en la escala Vacilación y la per­
sonalidad evitadora del DSM, mientras que quienes se ubican en el extremo superior de
la escala Firmeza es probable que presenten rasgos similares a los de la personalidad
narcisista del DSM.
Vacilación. La escala Vacilación representa los atributos de inhibición social y aleja­
miento. Este polo de “inseguridad” (opuesto al de “confianza en sí mismo”) tiene pun­
tos en común con el segmento “modesto” del tipo modesto-masoquista de Leary, nota­
ble por su tendencia a minimizar su capacidad, a ser tímido y sensible, y a experimentar
sentimientos de ansiedad y duda. También se asemeja al Factor IV de los Cinco Grandes
Factores, conocido por lo general como Neuroticismo (lo contrario de Estabilidad
Em ocional). Las personas que obtienen un puntaje elevado en la escala Vacilación tien­
den a ser sensibles a la indiferencia o el rechazo social, a sentirse inseguras y a actuar
con cautela en situaciones novedosas, sobre todo las de carácter social o interpersonal.
Propensas a sentirse incómodas y cohibidas, prevén que tendrán problemas para rela­
cionarse y temen experimentar turbación. Puede ocurrir que se pongan tensas cuando
tienen que tratar con desconocidos, al imaginar que éstos no se formarán una buena
opinión de ellas. En su mayoría prefieren trabajar solas, o bien en pequeños grupos
donde saben que son aceptadas. Cuando se sienten aceptadas deponen su reserva, son
amistosas y cooperativas y alternan productivamente con los demás.
Firmeza. La osadía que ponen de manifiesto en el trato interpersonal, basada en su fe
en sí mismas y en su talento, es la característica de las personas que obtienen un puntaje
elevado en la escala Firmeza. Competitivas, ambiciosas y seguras de sí mismas, asumen
con naturalidad posiciones de liderazgo, actúan con decisión y esperan que los demás
reconozcan sus cualidades especiales y se esfuercen por complacerlas. A más de confiar
en sí mismas, a menudo son audaces, astutas y persuasivas, y tienen suficiente atractivo
como para lograr que otros las secunden en sus causas y propósitos. L o que puede susci­
tar dificultades en este sentido es su falta de reciprocidad social y su convicción de que
están en su derecho, es decir, de que merecen obtener cuanto deseen. Por otra parte, a
menudo ven realizadas sus ambiciones, y normalmente son líderes eficaces.

52
Las conductas Discrepancia y Conformismo del MIPS
La tercera bipolaridad se relaciona con el grado en que las personas desestiman o
respetan la tradición. La dimensión Discrepancia/Conformismo reconoce el hecho
de que algunas personas actúan con notable autonomía, no están orientadas a lo so­
cial y no son propensas a atenerse a las normas convencionales, las costumbres cultu­
rales ni las reglas organizacionales; las que se sitúan en el polo opuesto son muy sumi­
sas y responsables, como también escrupulosas y diligentes en lo que se refiere al
cumplimiento de sus obligaciones. Las personas que están en el extremo más elevado
de la polaridad “no convencional” -m edida por la escala Discrepancia del M IPS- pre­
sentan cierta semejanza con la personalidad antisocial del DSM. En cambio, las que
están en el extremo superior de la polaridad “obediente” -m edida por la escala Con­
formismo del M IPS - suelen presentar rasgos de la personalidad obsesivo-compulsiva
del DSM.
Discrepancia. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala son poco
convencionales; a menudo procuran hacer las cosas a su m odo y están dispuestas a
aceptar las consecuencias de esta form a de proceder. Actúan como lo creen conve­
niente, sin importarles la opinión de los demás. Propensas a adornar u ocultar la ver­
dad, como también a obrar en el límite de la legalidad, no son escrupulosas, es decir,
no asumen las responsabilidades habituales. A menudo afirman que hay demasiadas
reglas que traban a la gente que quiere actuar con libertad e inventiva, y prefieren
pensar y obrar de un m odo independiente y con frecuencia creativo. Muchas de ellas
creen que las autoridades son demasiado severas con la gente que no acata las reglas.
A los inconformistas les desagrada seguir la misma rutina día tras día, y a veces actúan
de manera impulsiva e irresponsable. Hacen lo que desean o lo que creen más apro­
piado sin preocuparse mucho por las consecuencias que sus acciones tengan para los
demás. Sintiéndose escépticos respecto de los móviles de la mayoría de las personas y
negándose a admitir obstáculos o coacciones, muestran una gran necesidad de auto­
nomía y autodeterminación.
Conformismo. En el otro extremo de la bipolaridad no convencional/obediente están
las personas que obtienen un puntaje elevado en la escala Conformismo. Este polo re­
presenta rasgos semejantes a los de la personalidad responsable-hipernormal de Leary,
con su ideal de conducta apropiada, convencional, ordenada y perfeccionista; también
guarda similitud con el Factor III del m odelo de los Cinco Grandes Factores, denomi­
nado Escrupulosidad. Los conformistas son muy respetuosos de la tradición y la autori­
dad, y actúan de un modo responsable, apropiado y escrupuloso. Hacen todo lo que es­
tá a su alcance para apoyar las normas y reglas convencionales, cumplen estrictamente
los reglamentos y tienden a criticar a quienes no lo hacen. Bien organizados y confia­
bles, prudentes y comedidos, pueden ser vistos como personas que se controlan en ex­
ceso, como formales y poco afables en sus relaciones, intolerantes con los que se des­
vían de la norma e inflexibles en su adhesión a las convenciones sociales. Diligentes en
lo que se refiere a sus responsabilidades, les desagrada que su trabajo se acumule, se
preocupan por acabar lo que han comenzado y son percibidos por los demás como
muy cumplidores y aplicados.

53
Las conductas Sometimiento y Control del MIPS
Hay un marcado contraste entre las personas dóciles, obedientes, obsequiosas y pro­
pensas a rebajarse, por un lado, y las dominadoras, voluntariosas, enérgicas y sedientas
de poder, por el otro. A esta dimensión se la considera en la bibliografía como una de
las más importantes del estilo interpersonal (por ejemplo Wiggins, 1982). Una de sus
polaridades corresponde al segmento masoquista del tipo modesto-masoquista de
Leary, en el que está presente la tendencia a provocar la desaprobación y el trato humi­
llante con acciones “indecisas y carentes de nervio”. El otro extremo de la dimensión se
asemeja a la personalidad directiva-autocrática de Leary, que exige obediencia y respe­
to de los otros y procura controlar y manipular sus vidas. El tipo “sumiso”, medido por
la escala Sometimiento del MIPS, exhibe también cualidades -aunque no patológicas-
similares a las de la personalidad autodestructiva que el DSM incluía hasta hace poco.
Análogamente, lo que llamamos extremo polar “dominante” o Control muestra cualida­
des interpersonales no patológicas que tienen cierta similitud con las de la personalidad
sádica recientemente eliminada del MIPS.
Sometimiento. Aunque semejante al Factor II de los Cinco Grandes Factores, denomi­
nado Afabilidad, la polaridad Sometimiento no indica sólo una actitud cooperativa y
amistosa, sino también la disposición a obrar de un modo servil y degradante. Colocán­
dose en una posición abyecta, las personas que obtienen un puntaje elevado en esta es­
cala permiten -cuando no alientan- a los demás a aprovecharse de ellas. Son humildes
y respetuosas, incluso serviles. A menudo consideran que ellas mismas son sus peores
enemigos. Son timoratas y modestas, y pueden llegar a sentir desprecio por sí mismas.
Tienden a ocultar su talento y aptitudes. Obsequiosas y abnegadas en su interacción
con los demás, puede contarse con que responderán a las expectativas de sus líderes.
En su mayoría poseen aptitudes muy superiores a las que se atribuyen.
Control. A las personas que obtienen un puntaje elevado en la escala Control de la bi-
polaridad de la dominación les agrada dirigir e intimidar a los demás, así como ser obe­
decidas y respetadas. N o suelen ser sentimentales y disfrutan manipulando la vida de los
demás. Aunque muchas de ellas subliman su sed de poder asumiendo roles y ejercien­
do profesiones que gozan de aceptación pública, sus inclinaciones se ponen de mani­
fiesto de cuando en cuando a través de actitudes intransigentes y tercas y de conductas
coercitivas. A pesar de estas expresiones negativas periódicas, las personas controlado-
ras son normalmente líderes eficaces y tienen talento para supervisar a otros y conse­
guir que trabzgen para alcanzar metas comunes.

Las conductas Insatisfacción y Concordancia del MIPS


Esta quinta y última dimensión interpersonal abarca el negativismo social o “descon­
tento” - e l estilo insatisfecho- y la receptividad social o “congenialidad” -que denomina­
mos estilo concordante-. El primer extremo bipolar indica un desagrado general hacia
uno mismo y hacia los demás, combinado con la tendencia a actuar con malhumor, re­
sentimiento, irritabilidad y oposicionismo. El segundo polo representa una inclinación

54
general a ser agradable en el trato y a actuar de m odo condescendiente, afable y pacífi­
co (sin la tendencia a rebajarse y a humillarse ante los demás que vimos en la pauta de
sometimiento descrita más arriba).
Dijimos en la sección precedente que el tipo polar sumiso presenta algunas semejan­
zas con la antigua personalidad autodestructiva del DSM, mientras que el tipo controla­
dor muestra una correspondencia parcial con la antigua personalidad sádica del DSM.
En cambio la polaridad Concordancia corresponde más estrechamente a la personali­
dad dependiente del DSM, en tanto que la polaridad Insatisfacción muestra semejanza
con la personalidad negativista (pasivo-agresiva) del DSM.
Insatisfacción. Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala suelen
afirmar que reciben un trato injusto, que no se valora lo que hacen y que se las culpa
por faltas que no han cometido. Sus oportunidades no resultaron com o prometían, y
“saben” que lo bueno no dura. Resentidas por considerar que se les imponen exigen­
cias injustas, a veces se sienten inclinadas a no afrontar sus responsabilidades tan bien
com o podrían. Ambivalentes en lo que respecta a su vida y a sus relaciones, pueden
verse envueltas en altercados y sufrir desilusiones mientras oscilan entre la aceptación
y la resistencia. Cuando las cosas marchan bien pueden inclinarse por la independen­
cia en form a productiva y constructiva, y hablar con franqueza para remediar situacio­
nes difíciles.
Concordancia. Es muy distinto lo que ocurre con las personas que obtienen un pun­
taje elevado en la escala Concordancia. Este extremo bipolar es semejante al segmen­
to “cooperativo” normal del estilo interpersonal cooperativo-superconvencional de
Leary, que representa un patrón conductal de acomodación, participación, concesio­
nes recíprocas y concordancia. Com o ya se indicó, hay una correspondencia más es­
trecha entre la escala Concordancia y el Factor II -A fab ilid ad - de los Cinco Grandes
Factores, que entre la escala Sometimiento y ese mismo factor, en cuanto la primera
transmite un acuerdo con los demás que no atenta contra la propia dignidad, así co­
m o una amabilidad congenial que es voluntaria y no producto de una imposición ni
del desprecio por sí mismo. Las personas que responden al patrón congenial/concor­
dante son muy serviciales y amistosas. Como no les agrada molestar a los demás, están
dispuestas a adaptar sus preferencias de m odo que resulten compatibles con las aje­
nas. Dado que confían en la bondad y la consideración de los otros, también están
dispuestas a gustar diferencias y lograr soluciones pacíficas, así com o a ser comedidas
y a ceder si fuere necesario. La cordialidad y el avenimiento caracterizan sus relacio­
nes interpersonales.

Conclusión
El marco desarrollado para este instrumento se inspiró tanto en el deseo de tornar
operativa una concepción teórica de la personalidad com o en la convicción de que
existe un m odelo inteligible que refleja fielmente las dimensiones esenciales de un mo­
do coherente y unificado. Como muchos investigadores lo han sostenido, es probable
que, oculto bajo la complejidad superficial de las motivaciones, cogniciones y conduc­

55
tas, haya un orden simple y elegante de conexiones entrelazadas del que proceden las
diferentes expresiones de la personalidad.
Lo que debe verse en el m odelo teórico no es un puñado de rasgos inmutables, sino
conjuntos de disposiciones en interacción dinámica que, al combinarse, dan origen a
las diversas configuraciones denominadas estilos de personalidad. Además, en todos los
estilos de personalidad hay aspectos “positivos” y “negativos”. Cada estilo representa pa­
trones adaptativos que son muy adecuados para algunos ambientes y situaciones, y m e­
nos adecuados para otros. Ningún rasgo de personalidad es bueno o malo en todos los
casos.
En los capítulos que siguen examinaremos los mecanismos de construcción de las es­
calas del MIPS (capítulo 3), las pruebas empíricas que sustentan su confiabilidad y vali­
dez (capítulo 4), y la utilidad del MIPS como instrumento de evaluación de esos diver­
sos estilos en escenarios especiales (capítulo 5).

56
CAPÍTULO 3

Desarrollo y estandarización

Descripción de las muestras normativas


La muestra de adultos
La muestra de adultos del MIPS estaba formada por 1000 personas de 18 a 65 años,
estratificadas por edad, raza/etnicidad y nivel de educación de form a coincidente con
la población de Estados Unidos. Mujeres y hombres estaban representados en igual nú­
mero. La representación regional adecuada fue asegurada examinando a 125 personas
en cada una de ocho ciudades distintas. Una ciudad de tamaño intermedio y una gran
ciudad fueron elegidas en cada una de las cuatro regiones de Estados Unidos.
La figura 3.1 muestra la distribución por edad, nivel de educación y raza/etnicidad
en la muestra general de adultos del MIPS y en la población norteamericana. Como
puede observarse, los porcentajes correspondientes a las variables de estratificación ele­
gidas son muy semejantes en ambas.1
Los cuadros 3.1 a 3.5 presentan información más detallada sobre edad, educación,
raza/etnicidad y situación laboral. El cuadro 3.1 indica los porcentajes correspondien­
tes a los cuatro grupos de edad en la muestra y en la población, y también el porcentaje
de mujeres y hombres en cada uno de los grupos de la muestra. Los grupos de edad in­
cluidos en la muestra fueron: 18 a 29, 30 a 39, 40 a 49 y 50 a 65 años. Surge de este cua­
dro que la muestra del MIPS tenía estrecha semejanza con la población de Estados Uni­
dos en cuanto a edades, y que en la muestra la proporción de mujeres y hombres en
cada grupo de edad era aproximadamente igual. El cuadro 3.2 indica cuál era la edad
prom edio (para cada género y para ambos en conjunto) en cada grupo de edad de la
muestra del MIPS. la s edades promedio correspondían aproximadamente al punto me­
dio de los distintos intervalos.

1. La muestra utilizada para la estandarización fue seleccionada en el otoño de 1991. Su estratificación


se basó en los datos -relativos a personas de 18 a 65 años- consignados en el Censo de 1988, porque cuan­
do se realizó la selección, los resultados del Censo de 1990 no estaban aún disponibles (U.S. Bureau o f the
Census, 1988).

57
Figura 3.1
Características demográficas de la muestra general de adultos del MIPS
comparadas con las de la población de Estados Unidos

18-29 30-39 40-49 50-65 <12 13-15 >16 Afro- Hispanos Blancos Otros
americanos
Edad Nivel de educación Raza/etnicidad

Porcentaje de la población adulta de Estados Unidos

Porcentaje de la muestra general de adultos del MIPS

El cuadro 3.3 presenta los porcentajes correspondientes a los tres niveles de educa­
ción en la muestra y en la población, y también -e n el caso de la muestra- el porcentaje
de hombres y mujeres en cada nivel. Los niveles de educación considerados fueron: es­
cuela secundaria o menos, college incompleto y college completo (o superior). Surge de
este cuadro que los porcentajes correspondientes a los distintos niveles de educación en
la muestra del MIPS y en la población de Estados Unidos eran muy semejantes, y que,
en la muestra, la proporción de mujeres y hombres era aproximadamente igual en los
dos primeros niveles. La mayor proporción de hombres en el grupo con estudios de co­
llege es consecuencia de la inclusión en la muestra de personas mayores, que alcanzaron
la edad apropiada para seguir estudios universitarios en una época en que la probabili­
dad de seguirlos era mayor para los hombres que para las mujeres.
También se calculó el porcentaje de quienes no llegaron a graduarse en la escuela
secundaria. Los que completaron el 2Q, 3a o 4a año de la escuela secundaria constituían
el 6 % de la muestra de estandarización de adultos del MIPS, y los que completaron el
5a, 6e o 7S grado de la escuela primaria o el I aaño de la secundaria constituían el 1 %.
Los porcentajes correspondientes a las cuatro categorías de raza/etnicidad en la

58
Cuadro 3.1
Características en materia de edad de la muestra general de adultos del MIPS

Porcentaje de la muestra del MIPS comparado con el de la población de Estados


Unidos en cada grupo de edad

Edad MIPS Población


de Estados Unidos

18-29 31,5 31,5


30-39 26,9 26,6
40-49 18,7 18,9
50-65 22,9 23,0

Porcentaje de mujeres y hombres en cada grupo de edad


en la muestra dei MIPS

Edad Mujeres Hombres

18-29 49,8 50,2


30-39 49,2 50,8
40-49 51,1 48,9
50-65 50,0 50,0

Nota. N = 1000 (mujeres = 500; hombres = 500)

Cuadro 3.2
Edad promedio en cada grupo de edad en la muestra general de adultos del MIPS,
por género y en conjunto

Grupo de edad Mujeres Hombres Total

18-29 23,5 23,0 23,0


30-39 35,0 33,0 34,0
40-49 44,0 43,0 44,0
50-65 58,0 57,0 57,5

Nota. N = 1000 (mujeres = 500; hombres = 500)

muestra del MIPS y en la población de Estados Unidos pueden observarse en el cuadro


3.4, como también, en el caso de la muestra, el porcentaje de mujeres y hombres en ca­
da categoría. Los grupos raciales/étnicos considerados fueron: blancos, afroamerica­
nos, hispanos y otros. Surge de este cuadro que los porcentajes correspondientes a los
grupos raciales/étnicos en la muestra del MIPS y en la población de Estados Unidos
eran muy semejantes, y que en la muestra la proporción de mujeres y hombres en cada
grupo era aproximadamente igual. La pertenencia a los grupos se determ inó sobre la
base de la información proporcionada por cada sujeto sobre sí mismo.
El cuadro 3.5 indica los porcentajes de desocupados en la muestra de adultos del
MIPS y en la población de Estados Unidos, discriminados por género y en conjunto.

59
Cuadro 3.3
Características en materia de educación de la muestra general de adultos del MIPS

Porcentaje en cada nivel de educación en la muestra del


MIPS y en la población de Estados Unidos

Nivel de educación MIPS Población


de Estados Unidos

Escuela secundaria o menos 54,9 55,9


College incompleto 23,2 22,5
College completo 21,9 21,6

Porcentaje de mujeres y hombres en cada nivel de


educación en la muestra del MIPS

Nivel de educación Mujeres Hombres

Escuela secundaria o menos 52,6 47,4


College incompleto 53,4 46,6
College completo 39,7 60,3

Nota. N = 1000 (mujeres = 500; hombres = 500)

C uadro 3.4
C aracterísticas étn icas d e la m uestra general d e adultos d el M IPS

Porcentaje en cada nivel de educación en la muestra del


MIPS y en la población de Estados Unidos

Nivel de educación MIPS Población


de Estados Unidos

Afroamericanos 11,3 11,3


Hispanos 7,5 7,7
Blancos 79,5 77,7
Otros 1,7 3,3

Porcentaje de mujeres y hombres en cada grupo étnico


en la muestra del MIPS

Grupo étnico Mujeres Hombres

Afroamericanos 47,8 52,2


Hispanos 49,3 50,7
Blancos 50,6 49,4
Otros 41,2 58,8

Nota. N = 1000 (mujeres = 500; hombres = 500)

60
Cuadro 3.5
Porcentaje de desocupados en la muestra general de adultos del MIPS
y en la población de Estados Unidos, por género y en conjunto

Porcentaje de desocupados que están buscando trabajo

Mujeres Hombres Total

Muestra del MIPS 2,9 2,5 5,4


Población de Estados Unidos 2,4 3,4 5,8

Porcentaje de desocupados que no están buscando trabajo

Mujeres Hombres Total

Muestra del MIPS 14,3 5,3 19,6


Población de Estados Unidos 16,5 6,6 23,1

Nota. N = 1000 (mujeres = 500; hombres = 500)

Figura 3.2
Características ocupacionales de la muestra general de adultos del MIPS*

Porcentaje de la muestra

0 5 10 15 20 25

Ejecutivos 4,6%

Gerentes de nivel medio 8,6%

Obreros 11,8%

Oficinistas/secretarios 20,0%

Profesionales 12,4%

Vendedores 20,8%

Supervisores 10,0%

Técnicos 11 ,8%

* N = 550 personas que mencionaron una ocupación específica. Otras 369 personas incluyeron su ocupación en el rubro “Otras”, y 81 no pro­
porcionaron datos sobre su ocupación.

Surge de esos datos que los porcentajes de desocupados -tanto los de quienes estaban
buscando em pleo como los de quienes no lo hacían- en la muestra y en la población
de Estados Unidos eran muy semejantes.
La figura 3.2 presenta las características ocupacionales de la muestra sobre la base de
ocho categorías de empleos. Cabe señalar que fue necesario hacer algunos ayustes co­
mo consecuencia del hecho de que la información sobre el tema era proporcionada

61
por los mismos sujetos. De los 124 adultos que afirmaron desempeñar una actividad
profesional, sólo 68 fueron incluidos en esa categoría, atendiendo a la denominación
de sus cargos. Los restantes 56 (por ejemplo, camioneros, peluqueros, etc.) fueron reu-
bicados en categorías laborales más apropiadas.

La muestra de estudiantes universitarios


La muestra universitaria del MIPS estaba compuesta por 1.600 alumnos que cursa­
ban estudios en 14 colleges y universidades y que fueron seleccionados de m odo que re­
presentaran adecuadamente a la población estudiantil en lo que se refiere a etnicidad,
edad, año que cursaban, especialización, región del país y tipo de institución. La mues­
tra se obtuvo a partir de otra más amplia, compuesta por 2900 alumnos. La reducción
del grupo más amplio a la muestra final de 1600 alumnos se realizó en varias etapas. Pri­
mero se prescindió de los que no proporcionaron información sobre género o raza/et-
nicidad. En segundo lugar se dejó de lado a aquellos cuyo puntaje en la escala de Con­
sistencia indicaba un patrón de respuestas no válido. Por último se excluyeron alumnos
al azar con el propósito de llegar a una muestra con igual número de mujeres y hom­
bres, y en la que la proporción de Blancos, Afroamericanos, Hispanos y Otros fuera
muy semejante a la que existe en la población de estudiantes universitarios norteameri­
canos. Trece de los colleges y universidades seleccionados estaban en Estados Unidos y
uno en Canadá.
La figura 3.3 muestra la ubicación de los lugares donde se llevaron a cabo los exá­
menes. De acuerdo con las normas que aplica la Oficina del Censo de Estados Unidos
para determinar las regiones del país, el 27,8 % de los alumnos de la muestra cursa­
ban estudios en la región Norte Central, el 20,3 % en la región Nordeste, el 20,1 % en
la región Oeste, y el 25,2 % en la región Sur. Un pequeño porcentaje de la muestra
(6,6 % ) estudiaban en Canadá.
Diez de los catorce colleges y universidades seleccionados eran públicos, dos eran pri­
vados y otros dos eran comunitarios. La mayoría de los alumnos incluidos en la muestra
(78 % ) asistían a las instituciones públicas. Los restantes se repartían entre las institu­
ciones privadas (11,4 % ) y las comunitarias (10,6 % ).
La edad promedio de la muestra universitaria del MIPS era de 20 años. Aproximada­
mente las tres cuartas partes de los alumnos (73 % ) tenían entre 18 y 22 años. El estu­
diante más joven y el más viejo tenían 16 y 63 años, respectivamente.
El cuadro 3.6 compara los porcentajes correspondientes a los cuatro grupos étnicos
en la muestra universitaria del MIPS y en la población universitaria de Estados Unidos.
Surge de este cuadro que los porcentajes de la muestra están muy próximos a los de la
población universitaria norteamericana en lo que respecta a la raza/etnicidad.2
El cuadro 3.7 presenta la proporción de mujeres y hombres en cada uno de los gru-

2. Los datos referentes a la población universitaria fueron tomados de TheAlmanac ofHigherEducation,


por los editores de The Chronicle ofHigherEducation (1991).

62
Figura 3.3
Ubicación de las ciudades de las que se extrajo ia muestra de estudiantes universitarios

Cuadro 3.6
Porcentaje correspondiente a cada grupo étnico en la muestra universitaria del MIPS
y en la población universitaria de Estados Unidos

Grupo étnico MIPS Población universitaria


de Estados Unidos

Afroamericanos 9,9 8,9


Hispanos 5,9 5,4
Blancos 78,7 81,1
Otros 5,6 4,7

Nota. N = 1600

63
Cuadro 3.7
Porcentaje de mujeres y hombres en cada grupo étnico en la muestra universitaria del MIPS

Grupo étnico Mujeres Hombres

Afroamericanos 81,0 19,0


Hispanos 43,6 56,4
Blancos 46,2 53.8
Otros 55,1 44.9

Nota. N = 1600 (mujeres = 800; hombres = 800)

pos raciales/étnicos en la muestra universitaria del MIPS. Surge de este cuadro que la
proporción de mujeres y hombres era aproximadamente igual en esos grupos, excepto
en el caso del grupo Afroamericano, en el que había muchas más mujeres que hombres.
Esta característica de la muestra universitaria del MIPS refleja en parte el hecho de que
en la población universitaria de Estados Unidos las mujeres superan en número a los
hombres en el grupo Afroamericano (editores de The Chronicle of Higher Education, 1991).
El cuadro 3.8 presenta la distribución por año escolar en la muestra universitaria
del MIPS. En estos datos se pone de manifiesto la disminución previsible en la propor­
ción de alumnos conform e se avanza en la carrera. Por ejemplo, más de un tercio
(36,7 % ) de los alumnos de la muestra estaban cursando el primer año, mientras que
sólo el 17,6 % cursaban el último. Además, un pequeño porcentaje (0,7 % ) habían
completado el collegey seguían estudios de posgrado.
La figura 3.4 presenta la información, proporcionada por los mismos alumnos de la
muestra universitaria del MIPS, sobre sus áreas de especialización. Esta figura, en par­
ticular, pone de manifiesto la variada composición de la muestra. La especialización
más común era la de negocios (18,9 % ), seguida por psicología (17,7 % ) y educación
(12,1 % ). El restante 51 % de la muestra m encionó una amplia variedad de especiali-
zaciones, desde arte hasta premedicina. Aunque la figura no lo consigna, aproximada­
mente la quinta parte (21,3 % ) de los alumnos también trabajaban.

Cuadro 3.8
Porcentaje en cada año escolar en la muestra universitaria del MIPS

Año escolar Porcentaje

Primero 36.7
Segundo 22.8
Tercero 22,2
Cuarto 17,6
Alumnos graduados 0,7

Nota. N =1600

64
Figura 3.4
Porcentaje en cada especialización en la muestra universitaria del MIPS

Especialización Porcentaje

Antropología/sociología 1,2%
Artes 2,2%
Negocios 18,9%
Comunicación 3,3%
Computación/matemática 1,6%
Justicia penal 3 ,6%
Educación 12,1%
Ingeniería 1,5%
Inglés 1,9%
Estudios generales 3,9%
Historia/filosofía 1,4%
Periodismo 1,0%
Letras 2,3%
Enfermería 6,2%
Farmacia 0,9%
Educación física 3,9%
Ciencias físicas 3,7%
Ciencia política 1,1%
Prederecho 1,1%
Premedicina 2,4%
Psicología 17,7%
Ciencia social 2,3%
Aún no elegida 5,2%

Nota. N= 1600

Descripción del procedimiento seguido


en el desarrollo de las escalas
A partir de una teoría explícita de personología normal elucidada en otro lugar (M i­
llón, 1990), el desarrollo de las escalas del MIPS incorporó tres fases diferentes de valida­
ción: teórica-sustantiva, interna-estructural y externa-validacional (Loevinger, 1957). Co­
mo lo afirman Cronbach y Meehl (1955), el hecho de que el desarrollo de un test se base
en consideraciones tanto teóricas como empíricas, refuerza su validez. Así, la lógica segui­
da fue que la validación debía ser un proceso íntimamente relacionado con el desarrollo
del test, y no un procedimiento post hoc destinado a demostrar su utilidad (Jackson, 1970).

65
Redacción y desarrollo de los ítems
En la etapa teórica-sustantiva, los ítems se redactaron con el propósito de medir
constructos teóricos explícitos. El marco conceptual que desarrollé, bosquejado en el
capítulo 2, fue la base a partir de la cual se ideó un conjunto de ítems prototípicos para
cada escala. (Se consideran prototípicos aquellos ítems que mejor definen las caracterís­
ticas más destacadas de cada estilo de personalidad.) Luego se recurrió a un procedi­
miento de reasignación, a m odo de verificación idónea de la aptitud de los ítems para
definir claramente las características principales de cada prototipo. Nueve psicólogos
agruparon los ítems en escalas, sin conocer las escalas para las que habían sido escritos.
Todos los psicólogos que participaron en esta etapa conocían a fondo la taxonomía del
autor.
Los ítems que seis de los nueve psicólogos asignaron a las escalas para las que habían
sido escritos se consideraron representaciones adecuadas de los prototipos correspon­
dientes. El grupo aportó realimentación respecto de los ítems que no fueron correcta­
mente asignados. Algunos ítems fueron excluidos en esta etapa, en tanto que otros fue­
ron reescritos, siguiendo las recomendaciones del grupo de psicólogos, a fin de mejorar
su adecuación a los prototipos que se tuvieron en mira al redactarlos.
A continuación se llevaron a cabo dos pequeños estudios piloto (N = 26 y N = 45). El
análisis de los ítems realizado en estos estudios indicó que algunos de ellos podían me­
jorarse aún más modificando ligeramente su redacción; por otra parte, unos pocos
ítems demostraron tener una correlación parcial con sus respectivas escalas lo suficien­
temente baja como para justificar su eliminación. Con los 300 ítems restantes se confec­
cionó un folleto experimental. El examen de prueba se realizó en una ciudad del Oes­
te Medio, con la participación de 100 personas adultas estratificadas por edad, género y
raza/etnicidad.
Una vez realizado el examen de prueba se decidió añadir un indicador de simula­
ción, destinado a poner al descubierto cualquier intento, por parte de los sujetos exami­
nados, de producir una impresión exageradamente positiva. Con este fin redacté cuida­
dosamente 23 ítems de Impresión Positiva (IP ). Se preparó, para la versión
experimental del MIPS, un suplemento de investigación compuesto por 100 ítems, que
combinaba 23 ítems IP con otros 77 de esa versión, repetidos y reescritos de m odo que
tuvieran un sentido opuesto al original. Se realizó entonces un estudio de Impresión
Positiva, en el que se administró a 58 adultos el suplemento junto con la versión experi­
mental del MIPS. Los resultados de ese estudio (que se describen con más detalle en el
capítulo 5) indicaron que 10 ítems IP serían suficientes en la versión final. Por precau­
ción se eligieron 15 ítems IP para incluirlos en la edición del MIPS que iba a ser utiliza­
da en la estandarización.
La versión para la estandarización se elaboró a partir de la versión de prueba, de la
siguiente manera: 27 ítems de esta última fueron excluidos teniendo en cuenta los
análisis de ítems realizados con la muestra de prueba y la muestra de Impresión Positi­
va. Los ítems suprimidos fueron reemplazados por 15 ítems IP, 7 ítems reescritos de
m odo que tuvieran un sentido opuesto al original y 5 ítems de contenido repetido. Un
folleto de 8 páginas y 300 ítems fue administrado entonces a las muestras de estandari­

66
zación de adultos y alumnos universitarios, y fue usado asimismo en todos los estudios
de validez.
La versión final del MIPS incluye además una escala de Impresión Negativa (IN ).
Los ítems no fueron redactados exclusivamente para la escala IN. Esta fue creada a raíz
de un desarrollo de ítems basado en los resultados obtenidos con ítems de contenido
preexistentes del MIPS en un estudio de Impresión Negativa. Este proceso se describe
con más detalle en el capítulo 5.

Selección y ponderación de ítems


Antes de ser incluidos en la versión publicada, los ítems de la versión de estandariza­
ción del MIPS fueron sometidos a un proceso de selección y ponderación que pasó por
las etapas interna-estructural y externa-relacional del desarrollo de tests identificadas
por Loevinger (1957). Los ítems definitivos fueron seleccionados y ponderados em­
pleando los datos obtenidos de la muestra general de adultos ( N = 1000) ya descrita.
En prim er término se utilizaron los procedimientos tradicionales de selección de
ítems, poniendo el acento en la relación interna-estructural de cada ítem prototípico
con el constructo teóricamente identificado que estaba destinado a medir. En esta pri­
mera fase se examinó la correlación parcial de cada ítem con la escala para la que había
sido creado. Los ítems con baja correlación parcial y débil relación teórica o sustantiva
con el constructo medido por la escala fueron descartados y se prescindió de ellos defi­
nitivamente. A los ítems que eran importantes para el constructo teórico m edido por la
escala y tenían además una correlación parcial elevada se les asignaron 3 puntos.
Durante esta fase se decidió crear dos nuevas escalas, derivadas de las ya existentes
en la versión de estandarización. La decisión se basó en pruebas teóricas y empíricas.
Las primeras surgieron a raíz de la relectura que hice de algunas obras de Jung (Jung,
1921/1971). Sobre la base de esa relectura de las fuentes originales, se consideró que
los constructos denominados Juicio y Percepción por Myers en Myers-Briggs Type Indica-
tor (M BTI, 1962) eran una representación errónea de la tipología de Jung. Se pensó
que la intención original estaba más estrechamente relacionada con un estilo cognitivo
sistematizador, clasificador, encasillador, que algunas personas usan en su trato con el
mundo externo, opuesto a la disposición a crear y utilizar esquemas cognitivos novedo­
sos y singulares para estructurar el propio entorno.
Con estos antecedentes teóricos en mente, descubrí qué las pruebas empíricas (p or
ejemplo, las correlaciones entre ítems en cada escala) indicaban que una escala deno­
minada Escrupulosidad incluía dos grupos diferentes de ítems, identificados como “sis­
temático” y “conformista”. Además se comprobó que una escala denominada Autono­
mía incluía dos grupos diferentes de ítems, identificados como “innovador” e
“insatisfecho/quejoso”. Con estos grupos de ítems se crearon cuatro nuevas escalas. Un
par de ellas, que fueron designadas Sistematización e Innovación, se consideran seme­
jantes a las escalas Juicio y Percepción del MBTI, pero también más fieles a la tipología
original de Jung. Por otra parte, las escalas multidimensionales Escrupulosidad y Auto­
nomía fueron reformuladas com o Conformismo e Insatisfacción.

67
En concordancia con la índole multidimensional de mi teoría de la personología
normal, la fase interna-estructural del desarrollo del test prosiguió con un examen de
la correlación de cada ítem del MIPS con cada una de sus 24 escalas, como también con
un examen de la matriz de intercorrelación entre las escalas del MIPS. De este modo
era posible investigar si un ítem creado originalmente para una escala resultaba adecua­
do para otras escalas, en los casos en que la teoría predijera relaciones entre determina­
dos prototipos de personalidad. Además, las relaciones empíricas entre las escalas po­
dían ayustarse de acuerdo con la teoría durante el proceso de desarrollo de escalas.
Específicamente, cuando se determinaba en forma empírica que un ítem prototípi-
co creado para una escala era adecuado para otra escala teóricamente concordante, se
asignaba a ese ítem un peso de 2 puntos o de 1 punto en la escala secundaria, de acuer­
do con la magnitud de su correlación con esa escala y la fuerza de la relación teórica. A
un ítem con correlaciones parciales elevadas pero cuyo contenido ñ o fuera importante
para el prototipo de personalidad evaluado por la escala, lo mismo que a un ítem con
correlaciones parciales moderadas pero cuyo contenido fuera más importante para el
prototipo, se le asignaba un peso de 2 puntos. A un ítem con correlaciones parciales ba­
jas, pero de todos modos adecuadas (es decir, r> 0,20), se lo conservaba si resultaba ne­
cesario para asegurar la plena cobertura del constructo por el conjunto definitivo de
ítems y para promover una estructura interna coherente con la teoría.
Por ejemplo, “Me gusta hacerme cargo de una tarea” es un ítem prototípico de la es­
cala Control, y por lo tanto vale en ella 3 puntos; pero el mismo ítem recibe 2 puntos en
la escala Modificación cuando la respuesta es “verdadero”, y 2 puntos en las escalas Con­
cordancia y Sometimiento cuando la respuesta es “falso”.
El proceso de selección y ponderación de los ítems definitivos entró entonces en la
fase externa-validacional (Loevinger, 1957). El propósito de esta fase es mejorar las es­
calas existentes tomando como guía la relación de cada escala con criterios externos.
Con este fin, se determinó la correlación de cada ítem del M IPS con todas las escalas de
Sixteen PersonaUty Factor Questionnaire (16 PF; Catell, Eber y Tatsuoka, 1970), Myers-Briggs
Type Indicator (M BTI; Myers y McCaulley, 1985), California Psychological Inventory (CPI;
Gough, 1987), The NEO PersonaUty Inventory (NEO; Costa y McCrae, 1985) y Gordon Per­
sonal Profile-Inventory (GPP-I; Gordon, 1978). Sobre la base de estos datos se hicieron pe­
queños cambios en el peso de los ítems y en la asignación a las escalas de ítems no pro-
totípicos, a fin de ajustar el patrón general de relaciones convergentes y divergentes de
las escalas de MIPS con instrumentos consagrados. La correlación de las escalas definiti­
vas del MIPS con esos cinco instrumentos se presenta en el capítulo 4.
A l final de este proceso tripartito de desarrollo y validación de escalas, cada una de
las 24 escalas del MIPS se componía de un conjunto principal de ítems proto típicos por
los que se asignaban 3 puntos en caso de ser confirmados como verdaderos, y un con­
junto de ítems complementarios por los que se asignaban 1 o 2 puntos, en algunos ca­
sos cuando la respuesta era “verdadero” y en otros cuando la respuesta era “falso”. Las
escalas, con el detalle de los ítems y sus respectivos pesos, se presentan en el Apéndice
A. El cuadro 3.9 muestra el número de ítems prototípicos y complementarios incluidos
en cada escala. En la versión final, cada ítem prototípico tiene ese carácter (y recibe 3
puntos si es confirmado) en sólo una de las escalas del MIPS. Además, cada uno de los

68
Cuadro 3.9
Número de ftems prototípicos y complementarios por escala

Escala del MIPS Prototípicos Complementarios Total

Apertura 5 14 19
Preservación 8 11 19

Modificación 7 18 25
Acomodación 8 18 26

Individualismo 7 15 22
Protección 8 16 24

Extraversión 4 17 21
Introversión 7 7 14

Sensación 6 6 12
Intuición 6 19 25

Reflexión 8 12 20
Afectividad 4 31 35

Sistematización 10 21 31
Innovación 7 30 37

Retraimiento 8 17 25
Comunicatividad 7 22 29

Vacilación 7 19 26
Firmeza 7 25 32

Discrepancia 7 27 34
Conformismo 5 30 35

Sometimiento 7 19 26
Control 8 18 26

Insatisfacción 9 22 31
Concordancia 5 28 33

Total 165 462 627

ítems de 1 y 2 puntos incluidos en las escalas del MIPS es también un ítem prototípico
( y recibe 3 puntos si es confirmado) en otra escala.
Este proceso condujo a la selección de 165 ítems de contenido para ser usados en
la versión publicada.3 Debido a la inclusión múltiple en escalas conexas, el test suma

3. El MIPS se compone de 180 ítems: 165 son los ítems de contenido de las escalas descritos preceden­
temente, 5 corresponden a la escala Consistencia y 10 a la escala Impresión Positiva (IP ). Los 10 ítems de
la escala Impresión Negativa (IN ) fueron seleccionados entre los 165 ítems de contenido de las escalas, y

69
627 rubros por los que se asignan puntos, lo cual hace que la exactitud de la m edi­
ción supere a la que podría lograrse con 165 ítems incluidos una sola vez. La infor­
mación sobre el porcentaje de superposición entre las escalas se presenta en el capí­
tulo 4.
El cuadro 1 del Apéndice B presenta las medias y las desviaciones estándar de las
distribuciones de puntajes brutos de cada una de las escalas del MIPS para las muestras
de mujeres adultas, hombres adultos, adultos en conjunto, mujeres estudiantes, hom­
bres estudiantes y estudiantes en conjunto. El examen de los valores de asimetría reve­
ló que todos ellos estaban comprendidos entre 1 y -1, lo cual indica desviaciones relati­
vamente pequeñas de la simetría. Los constructos que poseen connotación positiva
(p or ejemplo Comunicatividad, Apertura, etc.) presentan un ligero sesgo negativo. Es­
to era de prever, ya que en general la gente tiende a obtener puntajes elevados en es­
tas escalas, y por lo tanto el pequeño porcentaje de sujetos que obtienen puntajes muy
bajos desvía la distribución hacia la izquierda. De igual modo, los constructos que po­
seen connotación negativa (p or ejem plo Insatisfacción, Discrepancia, etc.) presentan
un ligero sesgo positivo; la mayoría de las personas tienden a obtener puntajes bajos
en estas escalas, y por consiguiente unos pocos puntajes elevados desvían las distribu­
ciones hacia la derecha.

Desarrollo de los puntajes de prevalencia


Concepto de puntajes de prevalencia
El sistema de Puntajes de Prevalencia (PP) del MIPS constituye una sinergia podero­
sa y singular de los enfoques dimensional y clasificatorio de la medición de la persona­
lidad. Los modelos clasificatorios agrupan a los individuos en distintas categorías. Los
modelos dimensionales estiman el grado en que un individuo posee un rasgo, o descri­
ben la posición que ocupa en relación con otros en una dimensión que interesa medir.
Juzgar que estos dos enfoques son incompatibles representa una errónea y desafortuna­
da interpretación del mundo natural y puede dar por resultado la pérdida de informa­
ción valiosa para investigadores y profesionales. A fin de reflejar exactamente el porcen­
taje en que está presente en el mundo real cada uno de los rasgos del MIPS, el método
de medición comienza con una simple clasificación en grupos por rasgos, basada en da­
tos sobre la prevalencia en la población, y sigue con una estimación más refinada de la
posición que ocupa el individuo, en relación con los otros miembros de ese grupo, en
la dimensión subyacente.
Los Puntajes de Prevalencia del MIPS van de P P 0 a P P 100. El sistema ha sido dise­
ñado de tal m odo que la proporción de individuos que obtiene un P P 50 o superior
en cada escala iguala la prevalencia de individuos que poseen ese rasgo en el conjun­

por lo tanto no modifican la cantidad total de ítems del test El lector interesado encontrará en el capítulo
5 una explicación sobre el desarrollo y validación de las escalas IN e IP.

70
to de la población. El punto de referencia para la interpretación de los perfiles indi­
viduales de puntaje es siempre P P 50. Un individuo que obtiene un P P 50 o superior
en cualquier escala es clasificado com o m iem bro del grupo poseedor del rasgo que
esa escala define. Por ejemplo, un individuo que obtiene un P P 50 o superior en la es­
cala Extraversión es clasificado com o extravertido. Un individuo que obtiene un P P
inferior a 50 es clasificado com o no miembro del grupo poseedor del rasgo m edido
por esa escala.
Una vez que los individuos han sido clasificados como miembros de determinados
grupos, los perfiles individuales de puntaje se interpretan en función de la distancia
que los separa del P P 50 en cada escala. Los puntajes superiores a P P 50 indican posicio­
nes más elevadas, dentro del grupo poseedor del rasgo, en la dimensión subyacente
medida por la escala. Los individuos que obtienen puntajes más elevados es probable
que posean el rasgo en mayor grado y que lo exhiban con mayor frecuencia e intensi­
dad que los que obtienen puntajes más bajos en el mismo grupo poseedor del rasgo.
Para expresarlo con sencillez, si una persona obtiene un P P 50 y otra un P P 69 en la es­
cala Extraversión, ambas son clasificadas como extravertidas, pero la que obtuvo 69
puntos es más extravertida que la que obtuvo 50.
Un P P 69 en cualquier escala se encuentra en la mediana, o percentil 50, de los in­
dividuos clasificados como miembros del grupo poseedor del rasgo. La distinción es importan­
te: P P 69 no es el percentil 50 de la población, sino el percentil 50 de la parte de la
población clasificada com o m iem bro del grupo poseedor del rasgo. El cuadro 3.10
muestra la relación entre valores de P P y rangos percentilares para miembros y no
miembros del grupo poseedor del rasgo. De este modo, un individuo que obtiene un
P P 69 en la escala Extraversión se encuentra al nivel de la mediana de todos los extra-
vertidos. Para dar otro ejemplo, un P P 89 en cualquier escala es el percentil 84 de los
individuos que pertenecen al grupo poseedor del rasgo m edido por esa escala. Un in­
dividuo que obtiene un P P 89 en la escala Extraversión figura en el percentil 84 entre
los extravertidos; de él puede decirse que es más extravertido que el 84 % de todos
los extravertidos.

Cuadro 3.10
Relación teórica entre los valores críticos de los PP y los rangos percentilares,
para los miembros y los no miembros del grupo poseedor del rasgo

Miembro del grupo poseedor del rasgo

Valor del PP 69 89 100


Percenti! 0,50 0,84 0,99

No miembro del grupo poseedor del rasgo

Valor del PP 0 9 29
Percentil 0,01 0,16 0,50

71
Análogamente, un P P 29 en cualquier escala del MIPS es la mediana, o percentil 50,
de los individuos que no son miembros del grupo poseedor del rasgo que se está mi­
diendo. Un P P 9 está en el percentil 16 de los individuos que no son miembros del gru­
po poseedor del rasgo.
Com o consecuencia de los procedimientos escalares que se utilizaron para desarro­
llar las transformaciones de los P P (véase la sección siguiente), esos P P tienen el mismo
significado en todas las escalas del MIPS. En otras palabras, una persona que obtiene un
PP89 tanto en la escala Modificación como en la escala Firmeza, se encuentra en el per­
centil 84 de los individuos clasificados como pertenecientes al grupo Modificación, y
asimismo en el percentil 84 de los individuos clasificados como pertenecientes al grupo
Firmeza.
Sin embargo, la frecuencia e intensidad con que cabe esperar que un individuo ex­
hiba un rasgo determinado no puede ser evaluada plenamente basándose en una sola
escala, sino que debe ser juzgada teniendo en cuenta el puntaje obtenido por esa perso­
na en la escala polar opuesta. Por ejemplo, dos personas con un P P 60 en la escala Co-
municatividad pueden desplegar una conducta sociable con diferente frecuencia e in­
tensidad, dependiendo de sus puntajes en la escala Retraimiento. Si el P P en la escala
Retraimiento es bajo -p o r ejemplo inferior a 40-, es posible que el sujeto muestre una
clara preferencia por la conducta sociable como estilo de relacionarse. Si los puntajes
en Comunicatividad y Retraimiento son ambos relativamente elevados -p o r ejemplo PP
60 y P P 50, respectivamente- puede haber un cierto equilibrio entre estos estilos rivales,
determinado por los requerimientos de la situación; pero si esos requerimientos son te­
nues,o ambiguos, la conducta sociable será la preferida.
En síntesis, los P P del MIPS van de PP 0 a PP 100, y el punto de referencia para la in­
terpretación es el PP 50. Una persona que obtiene un P P 50 o superior en cualquier es­
cala es clasificada como miembro del grupo poseedor del rasgo que mide esa escala.
Cuanto más excede de 50 el P P de una persona, en mayor grado posee esa persona el
rasgo. Los P P son comparables en todas las escalas del MIPS.

El procedimiento escalar
Las tasas de prevalencia en la población de los 24 rasgos medidos por el MIPS se pre­
sentan en los cuadros 3.11 (población de adultos) y 3.12 (población de estudiantes uni­
versitarios) . Dichos porcentajes se estimaron basándose en una amplia revisión de estu­
dios que medían constructos análogos en una gran variedad de muestras no clínicas.
Las principales fuentes de datos utilizadas para determinar las tasas de prevalencia para
las escalas del MIPS fueron estudios relacionados con el MiUon Clinical Multiaxial Inven-
tory (MCMI-I; Millón, 1982), el Millón Clinical Multiaxial Inventory, segunda edición
(MCMI-II; Millón, 1987a), el Millón Adolescent Personality Inventory (MAPI; Millón, Green
y Meagher, 1982a), el Millón Behavioral Health Inventory (M BHI; Millón, Green y Meag-
her, 1982b) y el Myers-Briggs Type Indicator (M BTI; Myers y McCaulley, 1985).
En cada escala del MIPS, el P P 49 fue fijado de tal m odo que el porcentaje de la
muestra de estandarización con P P 50 o superior correspondiera tan estrechamente co-

72
Cuadro 3.11
Porcentaje de integrantes de la muestra general de adultos del MIPS que
obtuvieron un PP de 50 o superior en cada escala, y tasa de prevalencia
de cada rasgo en la población adulta de Estados Unidos

Porcentaje de la muestra Porcentaje estimado de la


de adultos del MIPS población adulta de Estados Unidos

Ambos Ambos
Escala del MIPS Mujeres Hombres géneros Mujeres Hombres géneros
combinados combinados

Apertura 72,6 79,4 77,7 75 80 78,0


Preservación 24,8 21,2 23,2 25 20 22,0

Modificación 58,4 66,0 62,2 55 65 60,0


Acomodación 40,0 32,8 34,6 45 35 40,0

Individualismo 35,0 67,2 51,2 40 65 52,5


Protección 68,0 40,4 54,2 65 40 52,5

Extraversión 68,8 61,6 65,6 65 60 62,5


Introversión 28,2 38,2 34,4 35 40 37,5

Sensación 58,6 63,2 60,3 55 65 60,0


Intuición 43,2 33,6 37,6 45 35 40,0

Reflexión 30,6 65,6 47,2 30 65 47,5


Afectividad 66,2 38,0 54,5 70 35 52,5

Sistematización 58,8 57,2 58,0 55 55 55,0


Innovación 43,4 42,4 44,7 45 45 45,0

Retraimiento 25,6 38,8 32,2 30 40 35,0


Comunicatividad 70,2 62,4 63,9 70 60 65,0

Vacilación 30,6 28,2 28,5 35 30 32,5


Firmeza 54,5 70,6 62,3 55 70 62,5

Discrepancia 23,4 37,8 29,2 25 40 32,5


Conformismo 66,4 55,6 61,5 65 50 57,5

Sometimiento 30,0 26,8 28,4 35 30 32,5


Control 33,6 56,6 45,1 35 60 47,5

Insatisfacción 34,0 34,0 32,7 35 35 35,0


Concordancia 70,0 48,8 60,7 70 50 60,0

Nota. N= 1000 (mujeres = 500; hombres = 500)

mo fuera posible a la tasa de prevalencia del rasgo (estimada mediante métodos actua-
riales) en el conjunto de la población.4

4. La conversión de los puntajes brutos en P P se llevó a cabo sobre la base de la distribución de percen­
tiles desarrollada a partir de los puntajes z lineales correspondientes a cada unidad de puntaje bruto. Esta

73
Cuadro 3.12
Porcentaje de integrantes de la muestra de estudiantes universitarios dei MIPS
que obtuvieron un PP de 50 o superior en cada escala, y tasa de prevalenda de
cada rasgo en la población universitaria de Estados Unidos

Porcentaje de la muestra Porcentaje estimado de la


de universitarios del MIPS población universitaria de Estados Unidos

Ambos Ambos
Escala del MIPS Mujeres Hombres géneros Mujeres Hombres géneros
combinados combinados

Apertura 76,6 79,4 79,1 80 80 80,0


Preservación 22,5 21,5 21,4 20 20 20,0

Modificación 48,6 62,6 56,5 45 65 55,0 -


Acomodación 48,2 31,7 40,4 55 35 45,0

Individualismo 33,5 59,2 48,9 40 65 52,5


Protección 60,4 39,1 54,4 65 40 52,5

Extraversión 66,4 58,0 62,8 65 55 60,0


Introversión 30,9 37,7 36,5 35 45 40,0

Sensación 47,7 61,7 54,8 45 65 55,0


Intuición 55,7 37,0 45,6 55 35 45,0

Reflexión 37,2 60,2 48,7 40 65 52,5


Afectividad 60,9 34,4 49,7 60 35 47,5

Sistematización 47,2 54,7 51,6 45 55 50,0


Innovación 56,0 42,2 46,8 55 45 50,0

Retraimiento 28,6 34,7 30,7 30 40 35,0


Comunicatividad 67,1 62,4 64,2 70 60 65,0

Vacilación 31,7 27,9 28,7 35 30 32,5


Firmeza 54,7 70,1 63,0 55 70 62,5

Discrepancia 40,7 55,1 47,9 45 60 52,5


Conformismo 64,5 42,2 51,4 65 40 52,5

Sometimiento 32,0 25,1 28,6 35 30 32,5


Control 30,7 68,4 49,6 35 70 52,5

Insatisfacción 32,4 45,6 39,4 35 50 42,5


Concordancia 69,4 49,6 59,7 70 50 60,0

Nota. N = 1600 (mujeres = 800; hombres = 800)

transformación, de puntajes * lineales a percentiles, de la distribución de puntajes brutos, mantiene la for­


ma general de la distribución original, pero permite que el mismo puntaje z se vincule al rango percentílar
correspondiente en todas las escalas del MIPS.

74
Las transformaciones en PP se hicieron por separado para mujeres y hombres a fin
de representar las diferencias que existen entre los géneros en materia de estilos de
personalidad. Por ejemplo, los cálculos actuariales ya mencionados indican que el 65 %
de las mujeres son extravertidas; por lo tanto, en la escala Extraversión del MIPS el P P
49 fue establecido en el percentil 35. De este modo, el 65 % de las mujeres obtendrán
en dicha escala un P P 50 o superior, que corresponde a la tasa de prevalencia de este
rasgo estimada para las mujeres en el conjunto de la población.
Los cuadros 3.11 y 3.12 muestran el porcentaje de mujeres y de hombres de las
muestras de adultos y estudiantes universitarios del MIPS que obtuvieron un P P 50 o
superior en cada una de las escalas. (Recuérdese que los individuos que obtienen un
P P 50 o superior en cualquier escala del MIPS se clasifican com o miembros del grupo
poseedor del rasgo que mide esa escala.) En todas las escalas el porcentaje de la mues­
tra de estandarización del MIPS que obtuvo un P P 50 o superior es muy semejante a la
tasa de prevalencia de ese rasgo (estimada mediante métodos actuariales) en el con­
junto de la población. Las pequeñas diferencias entre los porcentajes de la muestra y
los de la población que ella representa se deben a la progresión irregular de los pun­
tos percentilares a lo largo de la gama de los puntajes brutos en las distribuciones em­
píricas.
Una vez fijado el PP 49 de acuerdo con las tasas de prevalencia en la población, se
definieron, por encima de ese puntaje, tres posiciones críticas de P P para cada escala,
discriminadas por género. Como ya se explicó, en todas las escalas el PP69 se fijó en la
mediana (es decir, el percentil 50) de los individuos de la muestra adecuada (mujeres
u hombres) que obtuvieron un P P 50 o superior en la escala. El P P 89 se fijó en el per­
centil 84 de los individuos de la muestra que obtuvieron un P P 50 o superior en la es­
cala. El P P 100 se fijó en el puntaje bruto más elevado obtenido por la muestra en la
escala.
Un procedimiento análogo se utilizó para definir en cada escala tres posiciones críti­
cas de P P por debajo de P P 50, discriminadas por género. En cada escala el P P 29 se fijó
en la mediana de los individuos de la muestra adecuada que obtuvieron un puntaje in­
ferior a P P 50. El P P 9 se fijó en el percentil 16 de los individuos de la muestra que ob­
tuvieron un puntaje inferior a P P 50. El P P 0 se fijó en el puntaje bruto más bajo obte­
nido en la escala.
El procedimiento de partición que acabamos de describir definió siete posiciones de
P P (0, 9, 29, 49, 69, 89 y 100) por cada género en cada escala del MIPS. Dentro de los
intervalos entre estas siete posiciones, los puntajes brutos a transformar en valores P P
fueron asignados teniendo en cuenta el número de puntos de puntaje bruto disponi­
bles en cada intervalo y la inclinación de la distribución de puntajes brutos en el inter­
valo, a fin de mantener la forma de los datos obtenidos empíricamente. Se dedicó una
atención especial al suavizamiento manual de las colas de cada escala (por debajo de P P
9 y por encima de P P 89) a fin de preservar la dirección y la magnitud de la asimetría
presente en las distribuciones originales de puntajes brutos.
Aunque las normas basadas en el género son necesarias para representar empírica­
mente diferencias genéricas comprobadas en la prevalencia de varios estilos de perso­
nalidad en la población, hay situaciones en que puede ser útil relacionar una persona

75
con una muestra integrada por hombres y mujeres. Por eso se indican también las nor­
mas de todo el grupo, tanto en el caso de la muestra general de adultos como en el de
la muestra general de estudiantes universitarios. Las normas generales para adultos y
universitarios se desarrollaron calculando nuevamente las asignaciones de P P - a cuyo
efecto se utilizaron los promedios de las tasas de prevalencia basadas en el género para
fijar las siete posiciones (PPO, 9, 29, 49, 69, 89, 100)- y volviendo a suavizar los interva­
los entre estos puntos.
El cuadro 2 del Apéndice B presenta los valores promedio de los P P y las desviacio­
nes estándar de las escalas transformadas del MIPS para las muestras de adultos y estu­
diantes universitarios, con discriminación por género y en conjunto. Como era de espe­
rar teniendo en cuenta la m etodología escalar elegida, los valores prom edio de los P P
varían considerablemente entre las escalas. La razón es que, cuando se emplea esta me­
todología escalar, la media de la muestra no es el punto de referencia con el que se
compara el desempeño individual. El punto de referencia para la interpretación, como
ya se indicó, es PP50. A l mismo tiempo, sin embargo, el patrón de los valores promedio
de los P P e n las bipolaridades del MIPS refleja los supuestos de la m etodología escalar;
por ejemplo, la mayoría de los adultos muestran una (leve) tendencia a la Firmeza (me­
dia PP54,6) y no a la Vacilación (media P P 40,8) ?
A continuación se llevó a cabo una evaluación más rigurosa y significativa de las esca­
las transformadas PP. Como puede observarse en los cuadros 3.11 y 3.12, las escalas del
MIPS concuerdan razonablemente bien con las expectativas respecto de la población
cuando se examina cada escala por separado. Sin embargo, como dichas escalas fueron
diseñadas para funcionar como bipolaridades que compiten entre sí, se consideró esen­
cial examinar la relación entre los puntajes obtenidos en las dos escalas que integran ca­
da una de las bipolaridades. Por ejemplo, ¿qué porcentaje de sujetos de la muestra de
adultos obtuvieron valores de P P más elevados en Retraimiento que en Comunicativi-
dad? Con este fin, los valores de P P obtenidos por cada sujeto fueron sustraídos de los
valores de P P que obtuvo en la bipolaridad rival (v.g. P P en Retraimiento menos P P en
Comunicatividad). Luego se calculó el porcentaje de la muestra que obtuvo un puntaje
más elevado en una bipolaridad que en la opuesta. Estos datos se presentan en el cua­
dro 3.13 para las muestras de adultos y estudiantes universitarios, discriminados por gé­
nero y en conjunto. Por ejemplo, el 67 %, aproximadamente, de la muestra total de
adultos obtuvieron valores de P P más elevados en Comunicatividad que en Retraimien­
to, mientras que aproximadamente el 33 % de la misma muestra obtuvieron valores de
P P más elevados en Retraimiento que en Comunicatividad. Com o puede observarse en
el cuadro 3.11, estos porcentajes de la muestra total de adultos son muy semejantes a las
tasas estimadas para la población representada en relación con las escalas Retraimiento
(35 % ) y Comunicatividad (65 % ) consideradas por separado.
Una comparación entre el cuadro 3.13 y los cuadros 3.11 y 3.12 revela que las 24 es-

5. Es posible que las diferencias entre los valores promedio de los P P en las escalas polares opuestas del
MIPS respondan también, al menos en parte, a la superposición de ítems en las polaridades yuxtapuestas.
La infuencia de la superposición de ítems se evalúa con más detalle en el capítulo 4.

76
Cuadro 3.13
Porcentajes de las muestras de adultos y universitarios que obtuvieron un puntaje más elevado
en cada par de escalas del MIPS, discriminados por género y en conjunto

Adultos Universitarios

Ambos Ambos
Escala del MIPS Mujeres Hombres géneros Mujeres Hombres géneros
combinados combinados

Apertura 74,0 78,4 74,7 74,9 77,3 77,5


Preservación 26,0 21,6 25,3 25,1 22,7 22,5

Modificación 58,2 67,4 62,8 50,1 64,6 57,3


Acomodación 41,8 32,6 37,2 49,9 35,4 42,7

Individualismo 33,8 58,4 47,4 36,1 59,3 46,4


Protección 66,2 41,6 52,5 63,9 40,7 53,6

Extraversión 69,6 62,0 65,8 66,4 58,6 62,6


Introversión 30,4 38,0 34,2 33,6 41,4 37,4

Sensación 58,0 65,4 62,8 46,5 59,3 53,2


Intuición 42,0 34,6 37,2 53,5 40,7 46,8

Reflexión 31,2 63,6 46,9 37,9 60,9 47,2


Afectividad 68,8 36,4 53,1 62,1 39,1 52,8

Sistematización 55,6 56,8 55,6 47,3 55,3 50,0


Innovación 44,4 43,2 44,4 52,8 44,7 50,0

Retraimiento 28,4 39,6 33,2 31,8 37,6 34,8


Comunicatividad 71,6 60,4 66,8 68,3 62,4 65,2

Vacilación 39,0 30,4 35,1 38,0 31,1 33,7


Firmeza 61,0 69,6 64,9 62,0 68,9 66,3

Discrepancia 28,0 40,4 33,5 37,1 56,4 46,4


Conformismo 72,0 59,6 66,5 62,9 43,6 53,6

Sometimiento 50,8 34,2 42,3 48,0 28,9 38,7


Control 49,2 65,8 57,7 52,0 71,1 61,3

Insatisfacción 31,4 40,2 35,7 32,1 48,0 39,1


Concordancia 68,6 59,8 64,3 67,9 52,0 60,9

Nota. N = 1000 {mujeres = 500; hombres = 500) en la muestra de adultos;


N = 1600 (mujeres = 800; hombres = 800) en la muestra de universitarios.

calas del MIPS concuerdan con las expectativas respecto de la población, no sólo aisla­
damente sino también cuando se las examina en el contexto de la estructura teórica in-
tegradora que sirve de base al instrumento.
En el Apéndice D se incluyen las tablas de conversión a P P para las muestras de adul-

77
tos y estudiantes universitarios, con discriminación por género y en conjunto. Para cada
una de estas muestras normativas se calcularon los valores de asimetría de las distribu­
ciones de los P P de cada escala, y se com probó que tenían la misma dirección y una
magnitud muy semejante a la de los valores de asimetría de las distribuciones de punta­
jes brutos. Además se trazaron gráficos de las distribuciones de los P P para cada escala y
se compararon con los gráficos de las distribuciones de puntajes brutos, verificándose
que la forma de las distribuciones obtenidas empíricamente fue conservada.

Comentario sobre los puntajes de prevalencia


El procedimiento escalar P P utilizado para el MIPS es preferible a la conversión en
puntajes estándar (v.g. puntajes 7) lineales o normalizados, por cuanto los Puntajes de
Prevalencia reflejan con mayor exactitud las diferencias en la prevalencia en la pobla­
ción de diversos rasgos de personalidad. El uso de una transformación en puntajes T li­
neales o normalizados con un puntaje límite estándar, como el de una o dos desviacio­
nes estándar por encima de la media, impondría una regla estadística empírica de
carácter arbitrario que guarda escasa semejanza con la realidad de las tasas de prevalen­
cia en la población.
A diferencia de lo que ocurre con la inteligencia, las variables de personalidad no
tienen necesariamente una distribución normal en la población. Por definición, los
puntajes T normalizados requerirían que la mitad de la población obtuviera puntajes
superiores a T 50 en todas las escalas, lo cual, evidentemente, no representa con exacti­
tud la distribución de muchos rasgos de personalidad en la población normal. Simple­
mente, no es verdad que la mitad de la población sea introvertida y la otra mitad extra-
vertida, de modo que desarrollar tests que desemboquen en esas dicotomías simplistas
no estaría justificado de acuerdo con los datos actuariales disponibles.
Los puntajes T lineales centrarían la escala en la media de la muestra, es decir, en el
puntaje promedio. Pero describir a un individuo como “prom edio” en Introversión no
tiene sentido, ya que la mayoría de las personas no son introvertidas.
El uso de conversiones a Puntajes de Prevalencia está justificado empíricamente por
los datos sobre tasas de prevalencia en la población, y es coherente con nuestro mode­
lo biosocial/evolucionista de personología. Pruebas adicionales en apoyo de la validez y
utilidad de los valores P P del MIPS se hallarán en los numerosos estudios que se citan
en los capítulos siguientes.

78
Apéndice B
Medias y desviaciones estándar
de las escalas del MIPS
a. Ei Indice de Ajuste se obtiene a partir de los valores PP correspondientes a algunas de las escalas del MIPS. La fórmula para calcularlo se encuentra en el Apéndice A. En la sección “Selec­
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Cuadro B.1

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Apéndice D
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195
Anexo a la
2aedición en castellano
Este Anexo incluye:

- la descripción del estudio argentino llevado a cabo en 1997 en la Ciudad de Bue­


nos Aires para la adaptación y baremización local, que fuera publicado por Paidós
en la obra Aplicaciones del M IPS en los ámbitos laboral, educativo y médico, de María
Martina Casullo, Alejandro Castro Solano y Marcelo A. Pérez. Las normas entonces
obtenidas son de hecho una de las que se utilizan en la entrega informatizada de
perfiles del MIPS que ofrece la editorial (el sistema otorga la posibilidad de con­
frontar con otros baremos, incluidos los originales norteamericanos).
- Normas correspondientes a una muestra local obtenida en Río Cuarto (Pcia. de
Córdoba - Argentina) en los años 2009-2010, llevada adelante por la Universidad
Nacional de Río Cuarto y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Téc­
nicas (Conicet).
- Un instructivo para activar las tomas o licencias de uso que provee de obsequio
este ejemplar, y que han de ser activadas desde el sitio web del Departamento de
Evaluación Psicológica de Editorial Paidós (www.paidosdep.com.ar) .

210
I. Adaptación del MIPS en la Argentina

El Inventario M illón de Estilos de Personalidad original fue traducido al español en


1995 y publicado en 1997 por Editorial Paidós. En el año 1993 la Dra. María Martina
Casullo asistió a un curso de entrenamiento en las técnicas de evaluación derivadas de la
teoría de Millón, realizado en los Estados Unidos. Dada la utilidad de los instrumentos
desarrollados por el equipo de investigación de T. Millón, nos conectamos con investi­
gadores del Laboratorio de Psicología de la Universidad de Salamanca (España) que
trabajaban en la traducción, adaptación y tipificación de las técnicas derivadas de ese
enfoque de la personalidad. Se mantuvieron relaciones con catedráticos de esa univer­
sidad española, quienes proveyeron entrenamiento en la confección e interpretación
de los perfiles y otras técnicas derivadas del m odelo comentado. El Dr. Ávila Espada, de
visita en nuestro país en esos años, impartió un seminario sobre la teoría de la persona­
lidad de Millón, con especial énfasis en la evaluación y la interpretación del inventario
MCMI-II (Inventario Millón Clínico Multiaxial), en la Universidad de Buenos Aires.
Durante los años 1997 y 1998 el MIPS fue incluido en los trabajos prácticos de la
asignatura “Técnicas Psicométricas” de la Facultad de Psicología de la Universidad de
Buenos Aires, y se entrenó a alumnos y profesores asistentes en la evaluación y la inter­
pretación de los perfiles. Conjuntamente se comenzó a trabajar en la adaptación del
inventario clínico para adultos MCMI-III, diseñado para la evaluación de los trastornos
de personalidad (Casullo, Castro Solano, Braude y Koldovsky, 2000), y del inventario
M ACI para el estudio de adolescentes en riesgo psicológico, en colaboración con otros
profesionales interesados en el enfoque comentado (Casullo, Góngora y Castro Sola­
no, 1998; Casullo y Castro Solano, 1999). El uso del MIPS se difundió en Perú, Chile,
Uruguay, Venezuela y Brasil (Casullo y Pérez, 1999). Durante los años 1997 a 2000 se
trabajó en estrecha relación con profesores de la Universidad Complutense de Madrid
(Sánchez López y Casullo, 2000).
El objetivo de este intercambio era poder estudiar el funcionamiento del MIPS en
ámbitos socioculturales diversos y examinar las diferencias individuales en función de
variables clásicas tales como sexo, edad y nación. Uno de los autores (Alejandro Castro
Solano) realizó estudios de doctorado en el Departamento de Psicología Diferencial y
del Trabajo en la Universidad Complutense. Conjuntamente con otros miembros del
equipo de investigación de la Dra. Sánchez López se iniciaron estudios sobre los estilos
de personalidad, el bienestar psicológico y otros constructos psicológicos relacionados
(Castro Solano, 2002). Asimismo, se estimuló a aquellos psicólogos que trabajaban en

211
ámbitos laborales a recoger datos para obtener información respecto de la utilidad y la
validez del MIPS en ámbitos organizacionales.
Para adaptar el inventario MIPS se realizó una traducción del inglés tratando de
respetar la validez lingüística de los ítems según los usos idiomáticos locales. Dos jueces
psicólogos tradujeron la versión en forma separada y luego se realizaron dos estudios
piloto con el propósito de verificar la comprensión adecuada de los ítems.
La muestra de estandarización del MIPS estuvo compuesta por 939 personas. Parti­
ciparon 450 varones y 489 mujeres de edades comprendidas entre los 18 y 65 años. La
muestra estaba estratificada por edad y nivel de educación. Se trató de equiparar los
estratos según los datos del último censo realizado en el país hasta ese momento, corres­
pondientes a la Ciudad de Buenos Aires (INDEC, 1991). Se descartaron los protocolos
incompletos y los de aquellas personas que respondieron y tenían menos de 7 años de
educación sistemática. El procedimiento para componer la muestra reseñada consistió
en obtener un fondo de protocolos de población general no consultante. Se recogieron
1524 protocolos del MIPS durante los años 1996 a 1998. Se examinaron las característi­
cas sociodemográficas de aquellos que habían respondido el inventario, para aparearlas
con los estratos del censo nacional. Aquellos protocolos que no correspondieron a las
características poblacionales no fueron incluidos en el estudio, eliminándose así 585
protocolos.
La edad media de las mujeres que respondieron al MIPS era de 37,92 (D T = 12,57) y
de 37,11 (D T = 12,33) la de los varones. N o se encontraron diferencias por edad entre
ambos grupos (t = 1,00, p > 0,05) ni diferencias en cuanto al nivel de educación de los
participantes (X = 5,56 gl = 3, p > 0,05).
A l comparar los estratos según el censo de 1991 con el fondo de protocolos obteni­
dos, se puede observar que en nuestra muestra son menos las personas adultas (mayo­
res de 50 años) y es mayor la proporción de personas más jóvenes que completaron el
inventario. La muestra recogida registró un mayor nivel educativo que la población
general de la Ciudad de Buenos Aires.

Fiabilidad
Se calculó la consistencia interna de las escalas del test mediante el coeficiente
Alpha de Cronbach. Los índices de fiabilidad oscilan entre 0,66 y 0,78 con un pro­
medio de 0,71. Las escalas que presentan los valores más bajos son Sometimiento
(0,61) y Control (0,63), y las que presentan los valores más altos son Protección
(0,78), Extraversión (0,76) y Apertura (0,75).

Validez
El proceso de validación de un instrumento es un largo proceso. N o alcanza con
analizar las relaciones con otros instrumentos que miden constructos similares,
sino que es necesario establecer la validez de criterio del instrumento mediante
indicadores externos al mismo. Asimismo, resulta imprescindible determinar la
validez del inventario para contextos específicos en los que se utilice el instru­
mento. En este libro comentamos las relaciones entre el MIPS y el m odelo de los
cinco factores de la personalidad (validez convergente), y mencionamos diferen­

212
tes estudios realizados en ámbitos laborales y educativos que tuvieron como pro­
pósito identificar las relaciones entre los estilos de personalidad y otros criterios
externos (validez de criterio), tales como el éxito en una carrera universitaria, el
rendimiento en una tarea de razonamiento y el sesgo que se produce como conse­
cuencia de someter a los sujetos a evaluaciones psicológicas obligatorias.

En los apartados siguientes se analizan las diferencias en el MIPS según género y


edad tomando como base la muestra de estandarización descripta. En términos genera­
les no se registran diferencias entre los sexos. Tampoco se verifican grandes diferencias
según la edad de los participantes.

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(Normas Ciudad de Buenos Aires, 1998) (continuación)

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Normas Río Cuarto
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Universidad Nacional d e Río C uarto (UNRC)
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)

Recolección de los datos y descripción de la muestra


Para el desarrollo de los puntajes de prevalencia y la construcción de las tablas de
conversión correspondientes, administramos el MIPS a 1450 sujetos.2 Luego excluimos
los casos en los que se omitieron datos personales o respuestas a los ítems, los de sujetos
menores de 18 años y mayores de 65, y los de quienes declaraban un nivel de estudios
inferior a secundario incompleto.3En los restantes, evaluamos los puntajes obtenidos en
las escalas de validez y descartamos los casos en los que evidenciamos irregularidades.
De este modo, obtuvimos 1115 protocolos MIPS y dividimos la muestra en población
general y universitaria, en función del nivel de estudios alcanzado. La primera estaba com­
puesta por 473 sujetos, 226 varones y 247 mujeres, con una edad promedio de 32 años. El
20,5% tenía un nivel educativo de secundario incompleto, el 61,3% de secundario com­
pleto, el 9,1% de universitario incompleto y el 9,1% de universitario completo.4

Tablas de equivalencia de puntajes brutos y de prevalencia


A partir de los puntajes brutos, calculamos los puntajes de prevalencia 0, 9, 29, 49,
69, 89 y 100 para cada escala del MIPS, siguiendo las indicaciones de Casullo y Castro
Solano.5 Posteriormente, obtuvimos los valores intermedios y elaboramos las tablas de
conversión para población general, varones y mujeres por separado.

1. Para contactarse con los autores del baremo, el lector puede escribir a: [email protected],
[email protected].
2. Para la administración de los tests contamos con la colaboración de los alumnos de las asignaturas
Teoría y Técnica de los Tests, Psicometría Educacional y Exploración Psicométrica, de la Universidad Nacio­
nal de Río Cuarto, durante los ciclos lectivos 2009 y 2010.
3. El 18,2% de las personas mayores de 25 años tiene algún tipo de formación terciaria, ya sea completa
o incompleta. Para obtener mayores detalles, recomendamos visitar la página http://www.indec.gov.ar/
nuevaweb/cuadros/7/sesd_05b05.xls (27/5/2011).
4. Si el profesional desea conocer los datos de la muestra universitaria (que no se incluyen en esta edi­
ción), puede contactarse con María Celeste Gómez y Danilo Donolo (véase nota 1).
5. Casullo, M. y A. Castro (2000). “Desarrollo y construcción de las puntuaciones de prevalencia del
Inventario Millón de Estilos de Personalidad (MIPS) para la población adulta de la ciudad de Buenos
Aires”. En Anuario de Psicología. Vol. 31, N Q1, 63-77. Universidad de Barcelona.

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