Formar Docentes Profesionales Por Competencias PDF
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POR COMPETENCIAS
(EXTRACTO)
ensayos
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FORMAR DOCENTES PROFESIONALES
POR COMPETENCIAS
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INDICE Pág.
Introducción 5
Primera Parte
ENCRUCIJADAS DE UN OFICIO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL 9
Segunda Parte
LA FORMACIÓN DOCENTE EN LA POLÍTICA EDUCATIVA 32
Tercera Parte
RECUPERANDO LA AUTONOMÍA DEL OFICIO 42
Cuarta Parte
LOS COPARTÍCIPES EN LA FORMACIÓN DOCENTE: EL FORMADOR Y
3
EL DOCENTE EXPERTO (TUTOR DE ESCUELA BÁSICA): DEL
MODELO INSTRUCTIVO AL MODELO COMPETENCIAL 70
Reflexiones finales 85
Bibliografía 88
4
Introducción
En la gran mayoría los países occidentales el contexto del trabajo que desarrollan los docentes ha
cambiado. Los cambios se han originado por una serie de reformas al sistema educativo que
tomaron una orientación marcada por las fuertes transformaciones sociales y culturales.
Si consideramos que la sociedad está en tensión constante: entre lo global y lo local, la tradición y
la modernidad, lo espiritual y lo material, la competencia y la igualdad de oportunidades, el
desarrollo de conocimientos y la capacidad de asimilación por el hombre, etc., la evolución del
trabajo docente y de las políticas educativas son interdependientes de estos contrastes.
El trabajo docente esta urgido de replantearse a partir de la formulación, en todos los niveles de
educación, de nuevos planes y programas de estudio basados en competencias. Ante ello ha
surgido un cuestionamiento central. ¿Tiene el docente las competencias necesarias para ayudar a
sus alumnos a construir las propias? Buscando llenar ese hueco se ha trazado la posibilidad de
formar en competencias docentes mediante propuestas de cursos, talleres, conferencias o
diplomados en un programa fuerte de actualización y capacitación que en ocasiones se presenta
asistemático. Sin embargo se ha olvidado algo muy concreto de la formación docente, tanto inicial
como continua: no otorgar la importancia esencial a la propia práctica y a la reflexión que pueda
hacer de ella el mismo docente.
En la obra La profession d'enseignant aujourd'hui, Tardif y Lessard (2005) nos recuerdan los
componentes que la evolución de la sociedad ha acarreado para devaluar la profesión:
degradación cualitativa (complejización e intensificación del trabajo) sin adaptación cuantitativa
(organización de los tiempos y una mejor remuneración); descentralización del sistema educativo
con una fuerte apuesta por los indicadores de desempeño, mercantilización del espacio escolar;
aparición de contradicciones relacionadas con la profesionalización de la enseñanza; el uso de las
TIC´s dentro y fuera de la escuela, dispersión y acrecentamiento de los saberes, profundización de
la desvalorización social de la función y una puesta en mal de la ética profesional frente a las
desigualdades sociales. Esto último en muy estrecha relación con el impacto de las reformas
generadas por las políticas educativas que están cada vez más marcadas por la mercantilización
del sector escolar y por los criterios económicos de eficacia y calidad.
Por ello del trabajo docente se demanda cada vez más una mayor autonomía y colaboración así
como un conjunto de competencias comunes muy bien definidas. Todo ello viene porque para
algunos la finalidad del hacer docente no es solamente instrucción (acción de comunicar un
conjunto de conocimientos teóricos o prácticos relacionados a la enseñanza, al estudio), sino
también “educación” y arte de formar una persona, especialmente un niño o un adolescente,
desarrollando sus cualidades psíquicas, intelectuales y morales, de forma que le permitan afrontar
su vida personal y social con una personalidad suficientemente desarrollada.
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Se tiene entonces que la reorganización social ha traído aparejada una reorganización escolar y
por consecuencia del trabajo docente. Las tareas docentes se han complejizado determinadas por
un “estire y afloje” entre una educación de tipo comunicativo que se acompaña por la puesta en
operación de reglas y límites; una educación centrada en el niño o joven (personalización) y en la
sociedad (socialización); una educación que incita a la autonomía del alumno, en total respeto con
cierta dependencia (afectiva y material).
Ante ello se plantea que para ampliar, construir, actualizar y elevar el nivel de competencias en
los docentes es necesario considerar su propia experiencia y conocimientos profesionales
sometidos a una fuerte actividad de reflexión que le plantee retos, le haga asumir riesgos y le
devuelva la autonomía necesaria para llevar a cabo una práctica social tan compleja como lo es la
docencia. Con ello evolucionarían hacia una mayor profesionalización de su oficio.
Esto significa que la profesionalización está en estrecha relación con la formación que se obtiene
al rescatar la experiencia. Como Huberman (1996) lo señala: “el desarrollo profesional de los
docentes puede ser notablemente favorecido por el reconocimiento de los progresos individuales
apoyándose en las innovaciones y experiencias locales”. Es decir se debe reconocer la existencia, y
darle un estatuto legitimo a nivel epistemológico, sociológico e incluso político, al “saber
experiencial docente” construido y utilizado en el curso de la práctica cotidiana.
Tenemos entonces que la práctica docente se convierte en objeto de investigación y reflexión. Ella
está de esta manera asociada a la teoría en una relación interactiva y compromete al docente en
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la construcción de saberes resultantes de la practica y le permite considerar las situaciones de
enseñanza y aprendizaje en su singularidad y su complejidad. De igual manera el análisis de la
práctica docente se puede convertir en un apoyo a partir del cual se construya un proceso de
cuestionamiento subrayando la reproducción del modelo practicado sobre técnicas descriptivas y
rompiendo con los haceres rutinarios. A la vez permite a los docentes volverse más autónomos
para tomar decisiones motivadas, reflexionadas y pertinentes que le ayuden en su desarrollo
profesional.
En una pedagogía que aspira a la autonomía esta competencia docente puede servir también para
guiarle en su aprendizaje y particularmente en el desarrollo del “aprender a aprender” como un
punto nodal de la formación permanente.
Cabe mencionar el concepto de formación profesional implícito y explícito del cual partimos en
esta obra. Legendre (2000) subraya que la simple adquisición de conocimientos no es formación.
La formación va a más allá de la instrucción y conocimientos prácticos pues implica el desarrollo
de habilidades y actitudes y la integración de saberes en la práctica cotidiana de la profesión. De
tal manera que la formación comporta un conjunto de actividades, de situaciones pedagógicas y
de medios didácticos que tienen como objetivo el favorecer la adquisición o el desarrollo de
competencias (conocimientos, habilidades y actitudes) en vista del ejercicio de una tarea o de un
empleo.
Como se sabe la palabra "formar" es equivalente con "crear, constituir, componer, concebir". Esto
significa entonces una intervención muy completa, profunda y global donde el ser y la forma son
indisociables. La formación se impone entonces como una acción vital y esencialmente
integradora a partir de la educación pero no se reduce a ella. Honoré (2004) nos menciona que la
aspiración de la formación debe ser “el descubrimiento o el reconocimiento de un horizonte
personal y de un horizonte social puesto que la constante del fin acabamiento de la condición
humana da un sentido a la formación como la búsqueda de los posibles”.
Visto desde este ángulo, la formación de los docentes, sea inicial o continua, constituye la puesta
en práctica de dispositivos complejos pues comprende a la vez una formación general,
formaciones disciplinarias y una formación profesional bajo la forma de dimensiones dinámicas y
articulaciones entre la teoría y la práctica, lo particular y lo contextual.
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Es necesario aclarar que este trabajo rescata únicamente la perspectiva de autores francófonos
quienes tienen más de dos décadas teorizando sobre la formación profesional en países como
Francia, Canadá y Bélgica, entre otros.
Sólo resta mencionar que la formación profesional del docente se considera desde un ámbito
holístico tal como lo propone Donnay y Charlier (1992) a partir de la integración de los contextos
micro, meso y macro que están presentes en las situaciones formativas. En el siguiente esquema
se recupera dicha propuesta:
Ambientes: Formandos
espacio-temporal. Individual:
Recursos materiales: Historia cultural, individual
construidos, Métodos de estudio Características personales,
por construir, Tipos de tratamiento afectivas, cognitivas,
o adaptar. de información psicomotoras
TIC´s Interacciones Intereses y motivaciones
Recursos humanos: Actitudes
expertos, los otros,
el formador, el animador Modelos, estrategias Grupo: todo o parte
y métodos de
Soportes enseñanza de
Productos
información y
procesos
Formador Soportes de de
promotor aprendizaje
formación Interés y
Contexto Organización
motivación Equipo, jerarquía
Cultura
Contenidos y materia
disciplinas, habilidades, oficio, actitudes
Formador
analista
Tiempos
Cambios
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Cuarta Parte
9
El principio de Dirección: que implica proyectar el ir hacia, progresar…
El principio de Alteridad: en el sentido de ir de la mano con, ser enfático con…
El formador de docentes debe tener la capacidad de establecer una relación directa entre la
formación y la práctica cotidiana estudiada, así como con los problemas a que se enfrenta. Alin
(2001) menciona que el oficio del formador sólo será profesional cuando se junten lo hilos de la
investigación sobre la labor que se realiza con una reflexión sobre la práctica fundamentada en un
concepto de formación que tiene como motor de acción a la persona que se forma. En tal sentido
toda acción profesional del formador no será verdaderamente eficaz sino esta fundamentada por
el proyecto de las personas que la ponen en obra por ello se dice que el oficio del formador se vive
en la persecución constante de una identidad.
A final de cuentas se es formador puesto que además de intervenir, escucha. Porque desde la
perspectiva de la formación el formador no “da sentido a las prácticas”, sino “recupera los
sentidos de las prácticas”.
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considerar que cualquier docente, por el hecho de tener experiencia y conocimientos en el área
educativa, puede desempeñarse como tal en el ánimo de que se formará con la experiencia. Por
otro lado existe una carencia en nuestro contexto, que se extiende a nivel latinoamericano, de una
producción de conocimiento teórico y empírico que permita iluminar vías de perfeccionamiento
de este actor educativo.
Si nos preguntáramos sobre ¿qué formación tienen los formadores de docentes? Sería una
respuesta casi universal que es de todo tipo pues como tales se desempeñan, en su generalidad,
docentes que carecen de elementos para trabajar con adultos, y con una gran variedad de
profesiones. Lo que es un hecho es que la gran mayoría, si no es que todos, no tienen una
formación escolarizada y sistematizada sobre cómo formar docentes.
Por tanto tendríamos que reflexionar sobre ¿cuáles son las responsabilidades y estrategias de las
instituciones formadoras de docentes en relación a la formación de los actuales y futuros
formadores? Pero especialmente ¿cuáles serían las competencias y perfiles de los formadores de
docentes? A esto dedicaremos los siguientes planteamientos pero antes rescatamos la propuesta
de Lamy (en Paquay, 2002) sobre tres ideas básicas, que aunadas a las competencias, es necesario
considerar para desarrollar una formación de formadores sustentadas en la profesionalidad:
2. El formador debe adquirir la mayor cultura posible en materia de formación, teniendo como
objetivo una diversificación de los conocimientos y de los enfoques que va mucho más allá del
campo en el que ejerce. Esta cultura le hace poseer una gran capacidad de adaptación en las
situaciones profesionales a las que se enfrenta y que pone en práctica.
3. La formación del formador sólo puede alcanzar su objetivo si permite una individualización
real de su trayectoria, es decir, la realización de un proyecto individual de formación a partir
de un gran número de propuestas que ofrezcan suficientes alternativas. La individualización
sólo tiene sentido si permite que cada formador ubique permanentemente su proyecto, su
actividad y su práctica, entre otros proyectos, otras actividades, otras prácticas.
Lamy señala que para elaborar los programas de formación, es necesario tejer cuatro hilos:
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e. El principio de contra actualización. Alternando tiempos entre la reflexión y la
práctica en el terreno.
3. El hilo que considera las informaciones recogidas sobre su formación con los formadores
en formación inicial y en formación continua. Las últimas informaciones que tienen que
ver, tanto con el reconocimiento y la evaluación de los resultados de las actividades de
formación pasadas, como con las expectativas de los formadores ante las prácticas futuras
y que a la vez permiten a los formadores dar su opinión sobre la formación de formadores
que han recibido, su utilidad profesional, las actividades que han realizado, lo que les falta,
lo que convendría reforzar o dejar de lado.
Las anteriores son las bases mínimas necesarias para conformar un plan de formación formadores,
pero no debe olvidarse, como señala Lamy, que cualquier programa, por muy profesionalizador
que se crea, no lo es tanto como el profesor mismo, ya que el profesor es actor y autor de su
propia formación.
Una propuesta clara de las posturas y competencias que debe poseer el formador de docentes la
ha expresado Jean Donnay (2002) en su texto “postures et compétences professionnelles du
formateur accompagnateur” que a la vez ilustra con algunas conductas indicadoras. Este texto lo
retomamos en extenso por la importancia de su propuesta.
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- Permitir expresar los sentimientos en el momento del diálogo (para “bajar la
temperatura emocional”).
- Decodificar las expresiones no verbales que acompañan la oralidad.
- Considerar signos importantes.
2. Decodifica (objetivación de lo real construido)
- Situar en el contexto (representación situada).
- Situarse a sí mismo en relación a los hechos.
- Situarse en relación al otro.
- Hacer explicitar (el problema, las dudas, el proyecto).
- Identificar el registro de los hechos (incluso si son reconstruidos) y la subjetivación
que se hace de ellos.
- Admitir que la experiencia del otro por lo general es opaca (no todo podrá ser
explicitado ni explicable).
- Admitir que lo real es reconstruido y, que algunas cosas se nos escapan.
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- Ayudar a tomar conciencia de los obstáculos puramente subjetivos que impiden
tener acceso a los recursos propios de la persona (confianza en sí, en sus
potencialidades).
- Ayudar a observarse en situaciones de confusión, ponerlos en distancia, ponerlos
un “paso atrás” en relación a sí mismos, a los otros y a la misma situación.
Otra aproximación a lo que serían las competencias de los formadores de docentes las ha
expresado Maurice Lamy (2002) quien ha señalado las siguientes como competencias específicas
del oficio del formador de docentes.
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El mismo autor señala que quizás la mejor muestra de profesionalidad de un formador sea la
búsqueda de coherencia entre lo que es, lo que hace y lo que dice que es y lo que dice que hace, la
coherencia entre su comportamiento y su manera de actuar. De tal manera que esta
estructuración entre los referentes, las competencias puestas en práctica y los modelos subyacen-
tes podría ser la clave de la profesionalidad .
Señalaremos que las competencias enumeradas más arriba tienen mucho que ver con la
formación de adultos. Efectivamente, olvidamos con mucha facilidad que el formador del
profesorado es ante todo un formador de adultos que, además, son sus iguales o que en pocos
años serán sus colegas de profesión. Esta característica de su profesión lo aleja radicalmente de su
otra vertiente profesional, la de “enseñar a alumnos”, aunque algunas competencias mencionadas
sean comunes a formadores y docentes.
Por último y a partir de una perspectiva clínica1 (M. Cifali y P. Perrenoud, 1990) y considerando
que la formación es un trabajo de interacciones humanas, se atrae la propuesta sobre las
competencias del formador de docentes, que realiza Alin:
1. La competencia del Yo
La competencia juega un doble registro. El del "yo enunciativo” portador de un discurso que
compromete el formador en el camino de la autenticidad y de la implicación. El segundo registro
es el de la estrategia, de la flexibilidad, del “mar de la libertad” en el cual todo acto de formación
debe proveer y soltar al otro. Esta competencia demanda del formador identificarse con su deseo
de formación y ser claro con sus relaciones de poder y saber que instaura en sus actos de
formación. Su historia de vida y sus procesos profesionales son determinantes.
2. La competencia de la Escucha
Consiste en adoptar una actitud positiva y voluntaria jugando la paradoja de una fuerte
implicación asociada a una no-intervención directa. Con ella se despliega una interlocución amplia
y abierta al otro y demanda del formador que acepte ser formado por el formando. Con esta
competencia se evalúan las tareas simbólicas, enunciativas, corporales, espacio-temporales de la
formación y es posible negociarlas y animarlas.
3. La competencia de la Síntesis
Implica ser capaz de dar a los eventos y las producciones, que origina la formación, un sentido, una
legitimidad y una validez mediante la acción de la reflexión. Exige cualidades de formalización y
modelización pero también de escucha y de alteridad. También el dominio de un saber específico
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Entendida como "una forma de tomar distancia cara a cara de una práctica, que se fundamenta en la
observación, haya o no un problema, y que permite elaborar hipótesis o estrategias de acción por la
reflexión individual o colectiva, la movilización de aportes teóricos múltiples, miradas complementarias e
interrogatorios novedosos. Ella solicita que las personas pongan en común sus puntos de vista para hacer
evolucionar la práctica que se analiza. Es un medio de hacer frente a la complejidad del oficio del docente
evitando escollos de una práctica poco reflexiva o de una teoría desconectada de las realidades vividas”.
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asociado una cultura interdisciplinaria pero con esa facultad no evidente de dejarle en suspenso
para escuchar lo imprevisto y poder atenderle.
4. La competencia de la Operacionalización
La formación no puede contentarse con el discurso, por lo tanto los sentidos que se encuentran en
las acciones deben producir efectos porque "formar es hacer".
1. La historia de vida
Su meta es lograr la elucidación de las implicaciones psicológicas en los actos profesionales. Lleva
el nombre de su creador Michaël Balint y se originó en el análisis de la relación médico-paciente.
Se trabaja a partir de una obra teatral, unas escenas, actores, director de escena, reglas del juego y
un escenario. Todos los escenarios son posibles: el poder, la autoridad, la negatividad, la negación,
pero también el placer, la seducción, el amor, el deseo, la angustia, la incertidumbre, la
dependencia, el paternalismo, etc.; pues todos ellos aparecen en la vida profesional del formador.
3. El juego y la meta-comunicación
Este dispositivo parte de la premisa de que si se quiere saber alguna cosa de los adultos es
necesario hacerles jugar. Por lo tanto el autor menciona diversos juegos donde la corporeidad
entra en acción y la idea es que expresen como formadores las estrategias que utilizaron para
jugar, lo que sintieron y cómo actuaron. Un ejemplo es el juego denominado “La Margarita” que
consiste, grosso modo, en que equipos de seis integrantes armen, a partir de diversos materiales
como fotos sobre la escuela, las prácticas, los alumnos, etc., una flor tipo margarita y expongan
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cuál fue la manera de llegar a su confección y por qué eligieron determinado material e imágenes.
Todo lo anterior relacionado con su tarea de formador.
Por incidente se entiende toda actividad humana observable que es suficientemente completa en
sí misma para que a partir de ella se puedan hacer inducciones y previsiones sobre el individuo
que puedan completar la acción. Para ser crítico el incidente debe producirse en una situación en
la cual la meta o la intención de la acción no parezca suficientemente clara.
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EL METODO DE OBJETIVOS DE LA FORMACIÓN Escribir
INCIDENTES Decir
CRITICOS Analizar una práctica profesional Escuchar
1. Leer el conjunto de los incidentes y elegir uno 1. Cuidar que la exposición del autor sea rica en
en acuerdo con el autor (15 min) datos, si no es así intervenir con preguntas.
2. El autor expone el incidente oralmente (5-10 2. Cuidar el cumplimiento de los tiempos.
min) 3. Anotar lo que se dice y se observa.
3. Análisis colectivo 5. Solicitar al grupo la elaboración de una
- Tiempo de explicitación de los hechos síntesis multireferencial (multiplicación de
- Tiempo de juicio y explicitación ángulos de análisis articulando los siguientes
- Tiempos de teorización elementos:
4. Síntesis colectiva - Lo explicito
- Lo implícito
- Lo enunciativo
Consignas metodológicas
6. Solicitar al grupo la elaboración de una
síntesis multireferencial articulando los
1. Respecto al orden de las partes de la escritura
siguientes planos:
2. Describir no es interpretar, es dar cuenta de - Lo institucional
manera concreta y cronológicamente de los - Lo didáctico
hechos - Lo pedagógico
3. Máximo de escritura: 3 páginas - La evaluación.
4. El documento debe ser enviado antes de la
sesión 7. Llegar a conclusiones.
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Formar docentes profesionales por competencias es la vía privilegiada a la que le han
apostado números países con la finalidad de responder a los múltiples desafíos a los cuales se
encuentra confrontado el sistema educativo por las reestructuraciones que se vive en lo
social, cultural, familiar y personal.
Sobre la base del modelo de formación de la reflexión y el análisis de la práctica esta obra pone
el punto en la profesionalidad de los docentes como estrategia eficaz para desarrollar las
competencias que los docentes urgen en la transformación de sus prácticas.
*Doctor en Ciencias de la Educación por el Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de
México (ISCEEM), Estudios de Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma del Estado de
México (UAEM). Actualmente es Docente del Instituto Pedagógico y de Estudios Superiores de Toluca
(IPyEST) y del ISCEEM
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