LOS PROBLEMAS ÉTICOS DE LA ESPECULACIÓN
Hablar de especulación puede ser un tema algo polémico, se entra siempre en la
dicotomía sobre si está bien o mal visto el asunto de la especulación financiera, sin
embargo, la inversión y la especulación son palabras que se encuentran correlacionadas
pues en ambos casos se buscan obtener ganancias a través del uso de efectivo o
equivalentes, solo que la segunda tiene un enfoque a corto plazo.
Si se enfoca desde el punto de vista práctico, todo el mundo especula, pensemos en el
caso de una persona que espera rebajas para poder comprar ropa, calzado o cualquier
producto es un especulador en el precio, aquellos que compran propiedades con la
expectativa de comprar económico para vender más caro también podría considerarse
un especulador.
¿Es esto especular? Sí, se están aprovechando diferencias en los precios a favor de
uno… ¿Es esto ético? Pues no es tan simple, la respuesta a esta incógnita requiere un
análisis más profundo.
Los argumentos a favor de los especuladores se basan en que ellos afrontan los riesgos
de invertir en el corto plazo, al tener un vencimiento menor, el riesgo inherente a las
operaciones es mayor, por lo que su ganancia se justifica bajo la premisa de que asumen
más riesgos.
En un mercado donde las fuerzas de oferta y demanda, se puede decir que los
especuladores son quienes nivelan los precios cuando son muy elevados o muy bajos,
aprovechando las leyes que rigen y obteniendo los beneficios que provienen de esta
diferencia.
La mentalidad de un especulador consiste en oponerse diametralmente en a cualquier
cosa que se relacione con el atributo del ser humano, a medida que las economías se
alejan de la producción para centrarse en las operaciones financieras, han surgido
maestros de la especulación en detrimento de las necesidades sociales.
¿Por qué motivo los especuladores financieros han ganado una fama cuestionable?
En lo personal considero que
El velo de misterio que envuelve la manera de actuar de los agentes de bolsa,
operadores financieros y en general es una de las causas; la complejidad de
conceptos cuya única búsqueda es que el común de la gente no comprenda cómo
funcionan las finanzas
Derivado del punto anterior, cierto es que la mayoría de las crisis financieras han
surgido como consecuencia de las burbujas generadas por la especulación.
Hace cuatro décadas, el perfil de los grandes profesionales en las altas finanzas, era el
de unos ‘tigres’ que tenían que generar riquezas de una manera agresiva, sin importar
las consecuencias; esto ha cambiado en años recientes.
Mi postura frente a la especulación tratará de ser neutral, pues si bien se ha listado
motivos por los cuales la especulación es una actividad que se ha estigmatizado como la
culpable de todos los males de la economía mundial, también es cierto que gracias a su
existencia, se sostienen la mayoría de los mercados financieros.
En primer lugar, la especulación cumple tres funciones básicas, estas son:
Mejora la eficiencia, consiguiendo precios más correctos.
Asume riesgos, consiguiendo mercados más completos.
Provee liquidez.
Se ha responsabilizado a la especulación como la causa principal de subidas y bajadas
desorbitadas en los niveles de precios, esta volatilidad es perjudicial para la economía
mundial, un claro ejemplo son los mercados internacionales: en 2020 durante la
pandemia provocada por el Covid-19 los mercados llegaron a presentar niveles de
precios negativos sobre los subyacentes, una incongruencia del libre mercado.
Este es un punto en contra de la especulación, sí, pero de forma parcial, pienso que es
necesaria alguna regulación para evitar situaciones como la que mencioné en el párrafo
anterior, o para mitigar el excesivo poder de algunos agentes, pues desfavorecen la
competitividad de los mercados, además de perjudicar a pequeños inversores.
Sin embargo, esta conducta no es generada por la actividad de la especulación, sino por
el principio de racionalidad, es decir, buscar siempre la mayor riqueza aun a costa de
otros. El beneficio individual no siempre es lo mejor para el colectivo, pues basándonos
en el mismo, a todos nos convendría no pagar impuestos ya que maximizaría nuestra
riqueza, pero esto es incorrecto e ineficiente para el bien común.
En conclusión, la labor del especulador es ética, siempre y cuando su actuación se tenga
como consecuencia una mejora para el conjunto de la sociedad, para esto es necesario
una regulación por las conductas que se han presentado a lo largo de la historia humana.