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UNIDAD III
Es necesario señalar previamente que, el Código Civil chileno, en los artículos 568 a
570, precisa el concepto de bienes inmuebles.
El primero de ellos establece que “Inmuebles, fincas o bienes raíces son las cosas que no
pueden transportarse de un lugar a otro; como las tierras y minas, y las que adhieren
permanentemente a ellas, como los edificios, los árboles.” En tanto que, el artículo 570
dispone que “Se reputan inmuebles, aunque por su naturaleza no lo sean, las cosas que
están permanentemente destinadas al uso, cultivo y beneficio de un inmueble, sin embargo
de que puedan separarse sin detrimento”. Por Ejemplo, las losas de un pavimento; los tubos
de las cañerías.
En otros términos, las tierras y las minas son bienes que no pueden transportarse de un
lugar a otro y que existen sin intervención del hombre, a los que se denominan inmuebles
por naturaleza. Sobre ese suelo se pueden construir otros bienes que también tienen la
calidad de inmuebles por adherir permanentemente a los anteriores o estar destinados a su
uso. Así, dentro del concepto de “bienes inmuebles” quedan comprendidas una amplia gama
de construcciones materiales, tales como edificios en general, casas, caminos y calles
(pavimentos), veredas, soleras y calzadas, puentes, tranques, puertos, aeropuertos, redes
de distribución de agua, centrales hidroeléctricas, etc.
Ahora bien, para que los servicios públicos y órganos encargados de satisfacer necesidades
públicas funcionen, se requiere de espacios físicos en el cual se instalen los
establecimientos, oficinas, personal y demás elementos necesarios para llevar adelante su
actividad. Por ello, la Administración, para el cumplimiento de sus funciones requiere
muchas veces que se construyan, conserven o reparen edificios, destinados a oficinas,
hospitales, postas, escuelas, liceos, recintos carcelarios, etc. Asimismo, para satisfacer
directamente otras necesidades públicas, se requiere construir, reparar, mejorar caminos,
calles (calzadas y veredas), ejecutar defensas en ríos, obras de alcantarillado, redes de
distribución de agua potable, etc.
Todo ello implica la ejecución de obras materiales de naturaleza inmueble, según los
conceptos antes referidos, a los que se denomina, en general, obras públicas.
Una vez que se ha tomado la decisión de llevar adelante la ejecución de una obra inmueble,
el Estado para atender a este propósito puede recurrir a diversas alternativas, a saber:
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delegada da lugar a un contrato administrativo de prestación de servicios, el que ya ha sido
estudiado anteriormente.
- Contratar con una persona natural o jurídica privada la ejecución de la obra pública que
se requiere, a través de un contrato de obra pública.
En los dos últimos casos, se está ante un contrato administrativo de obra pública. Así,
La utilización de ese reglamento es obligatoria y rige para todos los contratos de esta
naturaleza que celebre el Ministerio de Obras Públicas (MOP), sus Direcciones y servicios.
En consecuencia, por este cuerpo normativo quedan regidos los contratos de obra pública
que celebran las direcciones nacionales y regionales de Vialidad, Arquitectura, Obras
Hidráulicas, Obras Portuarias y la de Aeropuertos. Cabe señalar que, las direcciones
dependientes del Ministerio de Obras Públicas no sólo se encargan de llevar adelante las
obras que se financian con recursos de ese ministerio sino, además, las que les sean
encomendadas por otras entidades de la Administración, como las municipalidades, los
gobiernos regionales y otros servicios públicos. Aún amplía más el ámbito del Reglamento,
el que las propias leyes que rigen a otros servicios, como por ejemplo a Gendarmería de
Chile, hagan aplicable el Reglamento a los contratos de obra pública que éstos celebren.
El reglamento es de amplia aplicación y rige la generalidad de los contratos que tienen por
objeto las obras públicas que se realizan. Sólo el Servicio de la Vivienda y Urbanismo cuenta
con una normativa especial y distinta para este tipo de contratos.
Ahora bien, en el caso de otros organismos que no cuentan con normativa especial y que no
hayan recurrido a una Dirección del MOP para llevar adelante una obra de esta naturaleza,
el contrato se regirá por las Bases Administrativas Generales y Especiales, las que deberán
adecuarse a las normas de la ley Nº 19.886, de compras y contrataciones públicas y su
reglamento, por el carácter supletorio (a falta de normas) que el artículo 3º de esa ley le da a
la misma.
Para que el Estado pueda celebrar un contrato de obra pública, deben existir un aserie de
requisitos previos; a continuación se darán a conocer cada uno de ellos.
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- El contrato se celebra previa licitación que, por regla general, será pública.
- Sólo excepcionalmente y en los casos previstos en el artículo 86 del DFL 850 de 1997
(texto refundido, coordinado y sistematizado de la ley orgánica del MOP y otras normas), se
podrá proceder por trato directo, por cotización privada o por administración delegada. Estos
casos excepcionales son:
• Registro de Contratistas
El contrato de obra pública, regido por el D.S. MOP Nº 75, sólo puede contratarse con un
contratista (persona natural o jurídica que, en virtud del contrato, contrae la obligación de
ejecutar la obra material) inscrito en el Registro General de Contratistas del Ministerio de
Obras Públicas.
El artículo 5º del Reglamento dispone que: “El Registro General de Contratistas del
Ministerio de Obras Públicas, o Registro de Contratistas, será común y único para las
Direcciones Generales, Direcciones y Servicios dependientes del Ministerio de Obras
Públicas e Instituciones que se relacionen con el Estado por su intermedio, dependerá de la
Dirección General de Obras Públicas y será de conocimiento público.”
Por Ejemplo
La especialidad “Obras Civiles” se puede clasificar en movimientos de tierras, pavimentos,
obras de arquitectura, etc.; mientras que la especialidad “Montajes” se puede dividir en
montaje de quipos eléctricos, de equipos mecánicos, de estructuras metálicas y carderías,
etc. Así se puede observar que cada especialidad se puede subcategorizar de acuerdo al
trabajo que se deba ejecutar.
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Además de lo anterior, cada registro se estructura en base a tres categorías: Primera,
Segunda y Tercera categoría; determinadas de acuerdo a experiencia,
capacidad económica y personal profesional que acredite el contratista.
Los cuadros con el detalle de las diferentes especialidades y categorías que se consideran
en el registro, así como las condiciones de capacidad económica, experiencia y personal
profesional que deben cumplir los contratistas para ser inscritos en cada uno de ellos, se
encuentran contenidos en un documento denominado “Registro de Contratistas - Categorías
y especialidades”
En este mismo documento se establecen las categorías en que deberán estar inscritos los
postulantes a una licitación, en función del valor estimado del contrato respectivo.
Si el valor estimado del contrato, excluido el IVA, no excede de 3.000 unidades tributarias
mensuales, se convocará a contratistas inscritos en el Registro de Obras Menores,
Categoría B hasta 1000 UTM y Categoría A, de 1001 a 3000 UTM, en la especialidad que se
requiera. Sin embargo, los contratistas inscritos en el Registro de Obras Mayores quedan
habilitados para desempeñarse como contratistas de Obras Menores (y por tanto pueden
participar en la licitación) en la especialidad equivalente que determina el Registro.
El contrato de obra pública puede adoptar dos modalidades, debiendo definirse la modalidad
antes de preparar los antecedentes de licitación, ya que incide en ellos. La propuesta que se
requiera en la convocatoria a licitación, puede ser:
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a) Contrato a precio unitario o de serie de precios (Art 4 numero 31 DS 75 de 2004). Es
aquél en que el contratista ofrece precios unitarios fijos aplicados a cubicaciones
provisionales de obras establecidas por la autoridad administrativa, de modo que el valor
total del contrato corresponde a la suma de los productos de dichos precios por la cantidad
de cubos.
Los precios unitarios se entienden fijos, salvo la aplicación de algún sistema de reajuste que
al efecto se convenga, y la cantidad de cubos se ajusta a las obras que efectivamente se
realicen.
En este caso, la entidad licitante detalla las partidas de la obra y su respectiva cubicación
(por metros, metros cuadrados, metros cúbicos, kilómetros, etc.) Las
cubicaciones tienen carácter provisional, esto es, pueden variar en la realidad. El
proponente, en su oferta, indica un valor fijo por unidad de cubo.
Por Ejemplo
En una obra de pavimentación, en que las especificaciones consideran provisionalmente 200
kms. de pavimento, el proponente indicará el precio por km., se llamará a ese valor “z”.
Ejecutada la obra, se ajustan los cubos, en este caso suponga que se pavimentaron 223
kilómetros realmente. El precio del contrato será el que resulte de multiplicar el precio por
223.
Este tipo de contrato implica un mínimo riesgo para el contratista y mayor riesgo para la
Administración, pues, en obras muy complejas, las variaciones en las cubicaciones pueden
ser importantes y diferir bastante el costo previsto del que, en la realidad, efectivamente
deba pagarse.
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aumentan, sin que la Administración pueda rebajar el precio que paga al final.
Para determinar quién será el contratista que celebre el contrato administrativo de obra
publica, el Estado deberá llevar a cabo un proceso de licitación; el cual deberá ajustarse al
siguiente procedimiento.
a) Bases Administrativas
b) Convocatoria a licitación
Los plazos mínimos que deben mediar entre la convocatoria y la fecha de apertura de las
propuestas están establecidos en el artículo 70 del Reglamento, por tramos de costo
estimado de la obra, de manera que el plazo será mayor mientras mayor sea el costo en
UTM de la obra. No obstante, se establece que, en circunstancias especiales, debidamente
certificadas, la autoridad puede aumentar o disminuir dichos plazos.
La oferta o propuesta con todos sus antecedentes se presenta en el plazo y lugar que
previamente establecieron las Bases Administrativas. Generalmente, las oficinas de la
entidad licitante.
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En cuanto a la forma de presentación de las propuestas, dispone el artículo 74 que “Con la
venta de las bases de la licitación se proporcionará el formulario especial, para la oferta
económica.” La misma disposición se pone en la situación de que dicho formulario se altere
como resultado de las preguntas y aclaraciones. En tal caso, la entidad licitante entregará un
nuevo formulario hasta tres días hábiles antes de la fecha de apertura de la licitación. El
retiro o cambio de formulario, se podrá efectuar hasta 24 horas antes de la apertura.
El contenido que debe tener cada sobre esta determinado en el artículo 76 del reglamento;
en donde se señala lo siguiente:
- Nómina de la totalidad de las obras ya iniciadas o por iniciarse, que tenga contratadas,
para ser ejecutadas durante los 12 meses siguientes a la fecha de apertura de la licitación,
indicando: montos iniciales, obra ejecutada y saldo por ejecutar actualizado. Además, debe
incluir el cálculo de la capacidad mínima disponible y los documentos que la acrediten. El
oferente debe tener una capacidad económica disponible equivalente, a lo menos de un 15%
del valor del presupuesto oficial o estimado de la obra que se licita.
- Lista de los elementos, maquinarias y equipos con que contará para ejecutar las obras,
sean propios o arrendados, según requerimiento del Proyecto.
Debe notarse que, en este caso, es facultativo para la entidad licitante requerir garantía de
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seriedad de la oferta, a diferencia de lo que ocurre con la ley de compras. Esto se explica
porque, el contratista de obra pública de no concurrir a celebrar el contrato, se expone a una
sanción mucho más drástica, esto es, la suspensión en el registro, lo que le impide participar
temporalmente y mientras ésta dure, en toda otra licitación que se rija por el Reglamento de
Obra Públicas.
El proponente (persona que efectúa una propuesta u oferta) deberá cuidar de incluir en cada
sobre todos y cada uno de los documentos requeridos en las Bases, en la cantidad de
copias exigidas, y con las menciones y antecedentes que éstas establezcan.
- Las propuestas deben abrirse ante la Comisión de Apertura, integrada por los
funcionarios designados por la autoridad, los días, horas y en el lugar que indique el aviso de
convocatoria y las Bases, en presencia de los interesados que concurran (Art. 81 inciso 1º
del Reglamento).
- El acto de apertura de las ofertas económicas, si nada señalan las Bases, se realizará
diez días hábiles después de la apertura de las ofertas técnicas. En ella se informará de las
propuestas que han sido técnicamente aprobadas o rechazadas por otra Comisión, la
Comisión Evaluadora a la que se hará referencia más adelante. Se hará devolución, sin abrir
los sobres de Propuesta Económica, de las propuestas rechazadas y se procederá a la
apertura de los sobres Propuesta Económica, sólo de las propuestas aceptadas (Art. 84
número 2 del Reglamento).
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De cada acto de apertura se levantará un acta que consignarán los datos necesarios para
individualizar las propuestas. En este documento también se deja constancia de las
propuestas que no se ajustan a las Bases, y de las observaciones y reclamos que soliciten
consignar los oferentes o sus representantes presentes en el acto.
Si un proponente hace constar una observación o reclamo, debe fundamentarlo por escrito
ante la autoridad que llamó a licitación, al día hábil siguiente de la fecha de apertura. Si no lo
hace, se le tendrá por desistido de su reclamo u observación.
Asimismo, podrá desechar todas las propuestas, con expresión de causa, es decir,
señalando los motivos fundados que tiene para ello. Los proponentes cuyas ofertas no
fueren aceptadas, no tendrán derecho a indemnización, ni se les devolverán los
antecedentes presentados.
Si la resolución que adjudica una propuesta no se dicta dentro de los sesenta días siguientes
a la fecha de apertura de la licitación, los proponentes tendrán derecho a desistirse de sus
propuestas y a retirar los antecedentes presentados, salvo que las bases administrativas
hayan fijado un plazo diferente para resolverla.
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El contrato lleva envuelta la condición de que el contratista se somete al Reglamento para
Contratos de Obras Públicas, cuyas disposiciones prevalecerán sobre las disposiciones
generales.
El plazo de duración del contrato es el fijado en las Bases Administrativas. Este plazo se
cuenta en días corridos, esto es, no se descuentan los días feriados. El plazo comienza
desde que se verifica un acto denominado “Entrega de Terreno”, que consiste en que el
Inspector de obra designado, concurre con el contratista al lugar en que se realizará la obra
y le da las instrucciones necesarias para su inicio.
El contratista cuya propuesta se acepta, deberá presentar una “garantía de fiel cumplimiento
del contrato”, consistente en una boleta bancaria de garantía o póliza de seguro, por una
cantidad equivalente al 3% del valor del contrato y cuya vigencia será el plazo de éste
aumentado en 24 meses para el caso de obras mayores; y por una cantidad equivalente al
5% del valor del contrato y una vigencia del plazo de éste aumentado en 18 meses para
obras menores, fijándose dicho valor expresado en unidades de fomento.
El plazo para presentar las garantías es de 30 días, contados desde el ingreso de las
transcripciones del contrato a la oficina de partes de la entidad licitante (Articulo 90 inciso 2º
en concordancia con el articulo 96 del Reglamento). La sanción por la no presentación de las
garantías dentro del plazo, es la suspensión del registro hasta por el plazo de un año.
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contratista debe solicitarlo dentro del plazo indicado precedentemente y, en tal caso, se
celebrará un convenio entre éste y la entidad licitante en que se establecerá el monto del
anticipo, forma de devolución y reajustabilidad, en su caso. El anticipo debe caucionarse con
boleta de garantía.
Respecto a las multas. El incumplimiento del plazo contractual da origen a una multa,
equivalente a uno por mil diario del monto del contrato. Pueden establecerse multas por
otros incumplimientos. Las multas se aplican administrativamente, sin forma de juicio,
pudiendo emplearse para su cancelación además de los estados de pago, las retenciones o
las garantías del contrato si aquellas no fueren suficientes.
Realice ejercicios nº 10 al 15
El reglamento no sólo regula el proceso de licitación de la obra, sino que también establece
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disposiciones que rigen la ejecución y término de la obra. A continuación, se darán a
conocer los principales aspectos relacionados con la ejecución del proyecto licitado.
- Inspección Técnica. Durante todo el periodo de ejecución de una obra pública, los
trabajos son supervisados por un funcionario profesional del área de la construcción, al que
se denomina Inspector Fiscal, el que está facultado para impartir instrucciones al profesional
que el contratista ha puesto a cargo de la obra. El artículo 110 del Reglamento señala que
se entenderá por inspector fiscal el profesional funcionario, nombrado por la autoridad
competente, a quien se le haya encargado velar directamente por la correcta ejecución de
una obra y, en general, por el cumplimiento de un contrato.
El Inspector Fiscal puede actuar, además, con la asesoría de otros profesionales con
conocimientos en materias técnicas específicas que se requieran. Por ejemplo, si en una
obra se van a instalar paneles solares para calefaccionar, la Administración puede contratar
a un especialista en su instalación para que asesore al inspector en esta materia.
En el Libro de obra sólo el Inspector Fiscal puede hacer anotaciones y se irán señalando los
hechos más importantes durante el curso de la ejecución de la obra, en especial el
cumplimiento por parte del contratista de las especificaciones técnicas y de las obligaciones
contraídas en conformidad a las bases administrativas.
Cualquier orden o comunicación que el inspector fiscal dirija al contratista, a través del Libro
de Obras, deberá ser recibida por el profesional del contratista a cargo de los trabajos, y en
su ausencia por quien éste haya designado responsable, dejando constancia de la recepción
en su nombre, firma y fecha en el folio respectivo. Si el contratista se negare a firmar, el
inspector fiscal deberá dejar constancia de tal hecho.
Salvo que en las Bases se estipule otra cosa, de cada estado de pago se debe retener un
10% del valor de la obra pagada, hasta enterar unos 5% del valor total del contrato, incluidos
sus aumentos. A estos dineros se les denomina “retenciones” y constituyen una garantía de
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la correcta ejecución de los trabajos y del cumplimiento de todas las obligaciones del
contrato.
Respecto a la recepción provisional. Se lleva a cabo una vez que el contratista anuncia al
inspector fiscal el término de los trabajos, siempre que éste último verifique que la obra haya
sido correctamente ejecutada, conforme a las Especificaciones Técnicas. El inspector,
verificada la situación anterior, deberá comunicarla al Director de Obras dentro del plazo de
5 días. La recepción provisional de la obra en el caso de Obras Mayores se hará por una
comisión especial compuesta por tres integrantes, todos funcionarios del Ministerio d Obras
Públicas (en el caso d obras menores la comisión estará compuesta por dos profesionales
universitarios y a lo menos uno de ellos debe pertenecer a la dirección).- Una vez que la
comisión ha comprobado la correcta ejecución de la obra dará curso a la recepción
provisional levantando acta al efecto, firmada por todos los miembros y si lo desea por el
contratista o su representante.- Si en cambio, la comisión observa defectos en la obra,
elaborara un informe detallado y la autoridad administrativa informará por escrito de ello al
contratista fijándole un plazo para subsanar tales defectos a su costa. Si el contratista no
hace las reparaciones dentro de plazo, la Administración puede contratarlas con un tercero y
se pagan con cargo a las retenciones y, si éstas no fueren suficiente, con cargo a la garantía
de fiel cumplimiento de contrato.
La duración de este periodo se determina por las Bases y, si no lo hicieren, las fija el
Reglamento en un año para obras mayores y seis meses para obras menores. El propósito
del plazo de buena ejecución es que, si hay defectos de construcción o en los materiales
que no es posible apreciar en la recepción provisoria, éstos queden en evidencia por el
transcurso de tiempo a objeto de que se subsanen por quien ejecutó la obra.
Para garantizar que puedan subsanarse los defectos, recibida provisionalmente la obra, se
exige al contratista una “garantía de buena ejecución de la obra” que exceda en su vigencia
al plazo de buena ejecución. Si el contratista no subsana los defectos que se le informaren
dentro del plazo que le fija la autoridad administrativa, las reparaciones pueden ser
contratadas con un tercero y, en tal caso, se pagan con cargo a la garantía de buena
ejecución.
Las causales de terminación anticipada del contrato por causas imputables al contratista
están señaladas en el artículo 151 del Reglamento.
Por Ejemplo
La condena por delito que merezca pena aflictiva; la declaración de quiebra del contratista; si
no se diere cumplimento al programa oficial o al programa de trabajo; si el contratista no
acatare las órdenes e instrucciones de la inspección técnica; etc.
Por tal razón, el Reglamento dispone que, en caso de terminación anticipada de contrato, se
mantendrán sus garantías y retenciones, pues, en la situación planteada, de ellas se
descontará el mayor precio de la terminación de la obra, así como las multas que afecten al
contratista y cualquier otro perjuicio que resulte para el Fisco o la entidad que financió la
obra, del término anticipado.
Por Ejemplo
Electricidad, distribución de agua potable, alcantarillado, telefonía, etc.
Este contrato está regido por las normas contenidas en el Decreto Supremo del Ministerio de
Obras Públicas Nº 294 de 1984, que fijó el texto refundido, coordinado y sistematizado de la
Ley Nº 15.840, Orgánica del Ministerio de Obras Públicas, con todas sus modificaciones
legales posteriores, introducidas por la Ley Nº 19.474, y en el D.F.L. MOP Nº 164 de 1991, o
Ley de Concesiones, con las modificaciones legales introducidas por las Leyes Nº 19.252 de
1993, Nº 19.460 de 1996 y Decreto MOP Nº 956 de 1997.
Antes de decidir la licitación de una concesión de obra pública, debe hacerse un estudio de
prefactibilidad técnica y económica, mediante el cual se determina si la obra es realizable y
económicamente rentable.
La iniciativa de llevar adelante un proyecto con esta modalidad puede provenir de la propia
Administración o de un privado.
- La calificación de tales postulaciones debe ser resuelta por dicho Ministerio, en forma
fundada, dentro del plazo máximo de un año contado desde su presentación.
• Proceso de Licitación
Las normas establecidas en el D.S. 294/84 del Ministerio de Obras Públicas regulan la forma
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en que deberá llevarse a cabo el proceso de licitación, de modo tal de poder identificar la
oferta más conveniente para el fisco de Chile.
A continuación, se darán a conocer las principales disposiciones que norman este proceso.
- Consultas y aclaraciones. Dentro del plazo que señalen las Bases, antes de la apertura,
los interesados podrán hacer consultas y aclaraciones a las Bases, las que respondidas por
escrito, formarán parte integrante de las bases de la licitación.
- Presentación de las propuestas. Las ofertas deben presentarse en el día, hora y lugar
indicados en el llamado a concurso, en dos sobres denominados Oferta Técnica y Oferta
Económica.
- Promesa de constituir la sociedad que las Bases exijan. Debe hacerse presente que el
contrato de concesión, según lo dispone la ley de concesiones, debe suscribirse con una
persona jurídica denominada sociedad concesionaria, por ello se exige que el oferente en la
etapa de postulación debe presentar una escritura privada de promesa de constituir la
sociedad que exijan las bases, que generalmente será una sociedad anónima.
- Apertura. Las ofertas se abren ante la Comisión de Apertura fijada en las Bases. La
Apertura se realiza en dos actos: apertura de la oferta técnica y, efectuada la evaluación de
éstas, se realiza la apertura de las ofertas económicas sólo de aquellas propuestas que
calificaron técnicamente.
- Construcción de la obra. La obra debe ejecutarse dentro del plazo fijado en las bases,
bajo la supervisión del inspector fiscal designado. El concesionario no sólo tiene la
obligación de terminar las obras en el plazo contractual sino que también debe ponerlas en
servicio en la fecha o dentro del plazo que determinen las Bases. El incumplimiento de tales
obligaciones está afecto a multas y otras sanciones.
• Comisión Conciliadora
Corresponde también a esta Comisión conocer de las reclamaciones a que pueda dar lugar
la ejecución del contrato o la adopción de la medida de extinción de la concesión. Su función
es buscar un acuerdo entre las partes, pudiendo para ello formular proposiciones y
recomendaciones de avenimiento.
• Extinción de la Concesión
Una vez que la obra ha sido puesta en servicio y se encuentra operando, la concesión puede
extinguirse o terminar por las siguientes causales:
Realice ejercicios nº 16 y 17
El artículo 598 del Código Civil define los bienes nacionales como “aquellos cuyo dominio
pertenece a la nación toda.”
La misma disposición clasifica enseguida estos bienes en: bienes nacionales de uso público
o bienes públicos; y bienes del Estado o bienes fiscales.
Establece el mismo artículo 598 que “si además su uso pertenece a todos los habitantes de
la nación, como el de calles, plazas, puentes y caminos, el mar adyacente y sus playas, se
llaman bienes nacionales de uso público o bienes públicos.”
Las calles, plazas, puentes, caminos y en general los bienes nacionales de uso público que
se ubican en el espacio terrestre quedan incluidos en lo que se denomina dominio público
terrestre; el mar adyacente y sus playas forma el dominio público marítimo; los ríos y lagos,
el dominio público fluvial y el espacio atmosférico, el dominio público aéreo.
Estos bienes, por su naturaleza, no son susceptibles de apropiación privada, es decir, los
bienes nacionales de uso público están fuera del comercio humano.
El Estado no es dueño de estos bienes, sólo ejerce la tuición de ellos, a través de servicios
de la Administración Centralizada, de los gobiernos regionales o de las municipalidades,
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según el caso, los que se encargan de su guarda, cuidado y administración, asegurando el
uso para todos los habitantes.
De acuerdo con la norma citada del Código Civil, son los bienes nacionales cuyo uso no
pertenece generalmente a los habitantes.
En lo no regulado por esta normativa especial, se les aplican las normas generales de los
bienes de los particulares.
A diferencia de los anteriores, estos bienes quedan dentro del comercio humano y, por tanto,
son susceptibles de apropiación.
En cuanto a la adquisición de los bienes nacionales, sean bienes nacionales de uso público
o bienes fiscales, operan las mismas formas de adquirirlos que los bienes privados. Así
podrán llegar al dominio o la tuición del Estado por compraventa, permuta, donación, etc.
Llamará la atención que estas formas de adquirirlos operen también de bienes nacionales de
uso público, como el mar, las playas, la atmósfera. Pero debe recordar que un Estado puede
adquirir territorio y de esa forma incrementar el dominio público terrestre, marítimo, fluvial y
aéreo.
Además, operan formas de adquirirlos propios del Derecho Público como las contribuciones
e impuestos, las multas, que ingresan recursos en dinero al patrimonio público; los comisos
(pérdida de los objetos e instrumentos del delito a modo de sanción); las expropiaciones por
causa de utilidad pública y los empréstitos (préstamos).
Cualquiera sea la forma en que se adquieran los bienes, una ley general debe “afectarlos” al
uso público, de este modo quedarán fuera del comercio humano y gozarán de las
características que hemos señalado precedentemente. Por el contrario, la “desafectación”
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hará que tales bienes pierdan la calidad de bienes nacionales e ingresen al comercio
humano, dejando de existir respecto de ellos las limitaciones que se han señalado.
La mayoría de los bienes que lo integran (plazas, calles, parques, jardines, etc.) son
administrados por los Municipios, conforme a las normas de su ley orgánica constitucional
(Nº 18.695).
En cuanto a las calles y caminos, debe advertirse que hay que distinguir entre los
construidos por particulares dentro de predios que les pertenecen, los que no son bienes
nacionales de uso público aún cuando sus dueños permitan su uso a todos. En cambio, los
construidos en terrenos públicos, lo son.
- Son caminos públicos las vías de comunicación terrestre destinadas al libre tránsito
situadas fuera de los límites urbanos de una población; las calles o avenidas que unan
caminos públicos declaradas como tales por decreto supremo y las vías señaladas como
caminos públicos en los planos oficiales de los terrenos transferidos por el Estado a
particulares, incluidos los concedidos a indígenas.
- Son puentes de uso público, las obras de arte construidas sobre ríos, esteros,
quebradas, y en pasos superiores, en los caminos públicos o en las calles o avenidas que se
encuentren dentro de los límites urbanos de una población.
El mar adyacente comprende tres porciones de mar: el mar territorial (hasta las 12 millas
medidas desde la línea de base) sobre el que el Estado ribereño ejerce plena soberanía; la
zona contigua (hasta las 24 millas medidas desde la línea de base), en la que ejerce
derechos de fiscalización o policía; y la zona económica exclusiva (hasta las 200 millas
medidas de la misma forma), en que goza del derecho a explotar los recursos marinos sobre
los cuales tiene soberanía.
Después de esa distancia, la alta mar es común a todos los hombres y según el artículo 585
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del Código Civil, en su calidad de tal no es susceptible de dominio, por lo que ninguna
nación, corporación o individuo tiene el derecho de apropiársela.
En tanto que, de acuerdo al artículo 594 del Código Civil, “se entiende por playa de mar la
extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan las
más altas mareas.”
En la reglamentación del uso y goce del mar territorial, porción de mar que constituye bien
nacional de uso público y de sus playas intervienen la Dirección General del Territorio
Marítimo y de Marina Mercante, y el Servicio Nacional de Pesca. También los municipios en
la reglamentación de las zonas de baño de los balnearios ubicados dentro de su territorio
jurisdiccional.
El artículo 595 del Código Civil establece que todas las aguas son bienes nacionales de uso
público.
El régimen de las aguas “terrestres” (por oposición a las marítimas) está establecido en el
Código de Aguas. En cuanto a las lluvias, tendrán el carácter de terrestres o marítimas,
según donde precipiten.
Conforme dispone el artículo 5º del Código de Aguas:
Como se recordará, el Estado ejerce soberanía sobre el espacio atmosférico que se ubica
sobre su territorio físico y su mar territorial. En este espacio se reconoce a los particulares el
derecho a usarlo para la navegación aérea. La fiscalización y control del uso de este bien
nacional de uso público, corresponde a la Dirección General de Aeronáutica Civil, conforme
a su ley orgánica N° 16.752, modificada por el Decreto Ley N° 3.450 de
1980.
Si bien estos bienes no son susceptibles de apropiación por particulares, el Estado puede
conceder a éstos permisos y concesiones temporales para su uso, mediante resolución de la
autoridad competente.
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En ambos casos, el particular al que se le otorgan puede usar u ocupar temporalmente un
bien nacional de uso público. La diferencia está en que, en el caso del permiso, lo ocupará
en su beneficio. En cambio, en el caso de la concesión es en beneficio del concesionario y
del público en general.
Lo normal es que el permiso o concesión termine por el transcurso del plazo por el que se
otorgó. Sin embargo, el Estado puede también revocar el permiso o concesión antes de
expirar el plazo, sea porque el particular no cumplió con las condiciones en las que se le
otorgó el permiso o concesión o por motivos distintos del incumplimiento. En este último
caso, si así se estipuló al otorgarlo o, si el particular realizó obras en el bien nacional de uso
público objeto del permiso o concesión, tendrá derecho a ser indemnizado por el Estado.
Por Ejemplo
El permiso que se otorga a un particular para instalar una planta de cultivo de moluscos o la
concesión para hacer instalaciones y administrar un recinto turístico en la playa o a orillas de
un río.
Las normas sobre administración de estos bienes están contenidas en el Decreto Ley Nº
1.939, de 1977. Su administración compete al Presidente de la República, quien las ejerce,
salvo las excepciones que la ley determina, a través del Ministerio de Bienes Nacionales.
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los servicios o entidades que integran la Administración del Estado, el Poder Judicial, los
servicios dependientes del Congreso Nacional y la Contraloría General de la República.
- Los actos destinados a la conservación, protección y cuidado de los bienes del Estado,
tales como: la recolección de la documentación necesaria para comprobar el dominio del
Fisco sobre sus bienes, elaboración de catastros de bienes raíces fiscales; investigación de
los derechos del Fisco sobre los bienes que estén en poder de particulares y que se
presuma pertenecen al Estado, entre otras.
El Estado podrá disponer de los bienes nacionales dependiendo del tipo de que se trate; es
decir, bien de uso público o bien fiscal; de lo cual dependerá que puedan o no ser
entregados a un tercero en propiedad.
En esta materia hay que distinguir entre bienes muebles y bienes raíces.
b) Bienes Raíces. La regla general es que estos bienes deben disponerse a título oneroso
(Recibiendo un precio por ellos).
Excepcionalmente, se puede disponer de bienes raíces del Estado en forma gratuita, a favor
de servicios de la Administración del Estado, entidades públicas o privadas en que el Estado
tenga aporte de capital, participación o representación, personas jurídicas de derecho
público o privado que no persigan fines de lucro; personas naturales chilenas cuyos
antecedentes socioeconómicos lo justifiquen o cuando se trate de casos contemplados en
planes nacionales o regionales elaborados por el Ministerio de Bienes Nacionales y, por
último, a favor de personas jurídicas que no persigan fines de lucro si con ello satisfacen una
necesidad de bien público.
Realice ejercicios nº 18 al 20
La Constitución en el artículo 19 numeral 24 no define “la función social del dominio” sino
que se refiere a su contenido al señalar que “Esta comprende cuanto exijan los intereses
generales de la Nación, la seguridad nacional, la utilidad y la salubridad pública y la
conservación del patrimonio ambiental.” Sólo estas causales, expresamente establecidas por
el constituyente permiten limitar o imponer obligaciones al ejercicio del derecho de dominio.
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Entre las restricciones más relevantes está la expropiación por causa de utilidad pública.
La expropiación permite al Estado hacerse de bienes para constituir dominio público, por
ejemplo, trazar nuevos caminos, incorporar al patrimonio nacional una obra de arte, o para
satisfacer necesidades de interés general, como por ejemplo, construir viviendas sociales.
En el ordenamiento jurídico chileno, las normas fundamentales que rigen esta institución se
encuentran en la propia Constitución (artículo 19 Nº 24, incisos tercero y siguientes) y su
regulación se completa en el Derecho Administrativo.
Para que pueda darse origen a la expropiación deben existir ciertos requisitos generales; a
saber:
- Debe existir causa de utilidad pública o interés nacional. Estos conceptos no están
definidos legalmente, pues son esencialmente variables dependiendo de la realidad nacional
y social.
Desde que se practica la inscripción, el bien raíz objeto del estudio se transforma en
incomerciable, por tanto, no puede ser objeto de actos o contratos que impliquen su
enajenación o gravamen (constitución de hipotecas, servidumbres, etc.)
Para proteger el derecho de propiedad, la ley impide que pueda renovarse la resolución de
estudio antes de que hayan transcurrido tres años desde la fecha en que expiró la medida
que dispuso el estudio previo anterior.
• El Acto Expropiatorio
Si el órgano que requiere del bien forma parte de la Administración Central, la expropiación
se dispondrá por el Presidente de la República mediante decreto supremo. Si se trata de un
servicio desconcentrado o descentralizado, se ordenará por resolución del jefe superior del
servicio.
El decreto o resolución, que constituye el “acto expropiatorio”, debe contener las menciones
que establece la ley, tales como la individualización del bien que se expropia y el monto
provisional de la indemnización, referencia a la comisión que la fijó y la fecha de su informe.
Un extracto del acto expropiatorio debe publicarse dentro de los noventa días siguientes en
el Diario Oficial, por una sola vez (el día primero o quince del mes o, al siguiente hábil si
fuera feriado) y, también por una sola vez en un diario o periódico de la provincia donde el
inmueble se encuentre ubicado. Copia del extracto debe también ser entregada por
intermedio de Carabineros, a la persona que ocupe o detente (retenga) el bien expropiado.
Dentro del plazo de treinta días desde la fecha de la publicación, el expropiado puede
reclamar ante el juez competente solicitando que se deje sin efecto la expropiación. Como
fundamento de su reclamo podrá invocar: ilegalidad, por contravenirse las normas que
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regulan la expropiación o las que se refieren a la forma y condiciones de pago; para pedir
que se disponga la expropiación total del bien o la de otra parte del mismo, por convenir
mejor a sus intereses.
a) De común acuerdo por las partes. La ley otorga amplias facultades a las partes para
convenir el monto de la indemnización, forma de pago, etc. No obstante, exige que el
acuerdo se produzca antes de que expire el plazo para reclamar judicialmente (treinta días
antes referidos).
Si las partes llegan a acuerdo, éste debe formalizarse en una escritura pública, en la que se
dejará constancia de la voluntad del expropiado de allanarse (aceptar) a la expropiación y a
la entrega material del inmueble en la forma o fecha que también se indicará.
b) Por el tribunal. Puede requerirse tanto por la entidad expropiante como por el
expropiado. Este último lo hará al reclamar del monto provisional de la indemnización fijado
en el acto expropiatorio.
• Pago de la indemnización.
Si existe acuerdo entre las partes en la fijación definitiva de la indemnización, ésta se paga
de acuerdo a la forma convenida entre ellas.
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- El dominio del bien expropiado se entiende radicado en el patrimonio del expropiante, de
pleno derecho (sin que se requiera una declaración expresa) y a título originario
(entendiendo que su dominio no proviene del anterior, del expropiado).
- Se extingue por el sólo ministerio de la ley el dominio del expropiado y también todos los
derechos que afecten al bien expropiado, salvo las servidumbres legales1. También se
extinguen todos los derechos de terceros respecto del bien, así como los embargos,
medidas precautorias, prohibiciones y cualquier otro gravamen o prohibición sobre el
inmueble, debiendo el Conservador de Bienes Raíces respectivo, cancelar las inscripciones
vigentes de los derechos que se extinguen.
La toma de posesión del inmueble expropiado por parte de la entidad expropiante, cuando
hay acuerdo, se verifica en la oportunidad y forma prevista en la escritura.
• La Liquidación de la Indemnización
1
Las servidumbres legales son relativas al uso público. Una servidumbre es el derecho en predio ajeno que limita el dominio
en este y que está constituido en favor de las necesidades de otra finca perteneciente a distinto propietario, o de quien no es
dueño de la gravada.
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El procedimiento de liquidación de la indemnización tiene por objeto resguardar los derechos
de acreedores del expropiado, que hayan obtenido con anterioridad a las resoluciones
judiciales que les otorguen derechos sobre el bien objeto de expropiación.
Para tal efecto, el tribunal ordena la publicación de avisos, uno en el Diario Oficial y otro en
un periódico correspondiente a la provincia donde se encuentre el inmueble expropiado,
llamando a los terceros a hacer valer sus derechos sobre el monto de la indemnización,
dentro de los veinte días siguientes a la última publicación. Para ello, el juez abre un
expediente en el que se incorporarán tales solicitudes.
- El bien no puede volver a expropiarse por la misma entidad dentro del plazo de un año,
contado desde la fecha en que la expropiación quedó desistida o dejada sin efecto.
Realice ejercicios nº 21 al 23
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4. EL CONTROL DE LA ADMINISTRACIÓN
Para asegurar esta premisa del Estado de Derecho, surge el control como herramienta que,
no sólo busca asegurar que los órganos del Estado actúen conforme a la norma, sino,
además proteger los derechos de los individuos frente al actuar de la Administración y,
cautelar la correcta y eficiente inversión de los recursos públicos.
• Control Jurisdiccional.
Es el que realizan los tribunales de justicia, a través de los juicios en que se plantean
cuestiones contencioso-administrativas, es decir, controversias en que una de las partes en
conflicto es la Administración. Algunos sistemas jurídicos establecen tribunales especiales
para conocer de lo contencioso – administrativo, en tanto que, otros, entregan el
conocimiento y juzgamiento de estos asuntos a los tribunales ordinarios de justicia. El
sistema chileno opta por esta última alternativa.
• Controles No Jurisdiccionales.
- Control Popular.
- Control Radicado en el Poder Legislativo.
- Control Administrativo.
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a) El control popular. En este caso, los propios administrados se transforman en
colaboradores de la Administración cuando, a través de ciertos mecanismos previstos por la
ley, reclaman o ponen en evidencia omisiones o transgresiones a las normas jurídicas por
parte de órganos del Estado o de otros particulares. Estos mecanismos son la acción
popular y la denuncia.
Mediante la acción popular cualquier persona con capacidad para actuar en juicio puede
reclamar de las infracciones a las normas en que incurra un órgano administrativo, aún
cuando no tenga un interés personal en ello. En Chile se da acción popular, por ejemplo, en
la ley Nº 17.288 de 1970 sobre Monumentos Nacionales para denunciar cualquier infracción
a ella.
b) Control radicado en el poder legislativo. En los sistemas políticos clásicos en que existe
separación de funciones del Estado, existen mecanismos recíprocos de control entre los
órganos del Estado. Así, formando parte de esta categoría el sistema político chileno, el
control del ejecutivo se radica en el órgano legislativo y, particularmente, en una de sus
cámaras: la Cámara de Diputados.
El control jerárquico, por regla general, se pone en marcha de oficio, es decir, por propia
iniciativa de la autoridad o jefatura que debe ejercerlo. Pero también puede activarse a
requerimiento de los administrados por la vía del recurso jerárquico, contemplado en la Ley
de Procedimiento Administrativo.
Actúa como mecanismos de control administrativo, por cuanto a través de ellos los propios
administrados pueden velar porque la actividad de la Administración se ajuste al Derecho.
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En cuanto a su alcance se trata en general, de fiscalización de mérito, aún cuando
eventualmente puede alcanzar al control de legalidad.
En Chile existen diversos órganos que realizan control externo, además de funciones de
asesoría, a determinados servicios o entidades. Como, la Superintendencia de Seguridad
Social, la Superintendencia de Servicios Sanitarios, la Superintendencia de Electricidad y
Combustibles. Particular relevancia tiene en materia de control de la Administración, la
Contraloría General de la República, a la que se hará referencia más detenidamente en las
siguientes páginas.
La Contraloría General de la República está dotada de autonomía. Se rige por las normas
citadas de la Constitución Política y por su propia ley orgánica, la Ley Nº 10.336 (modificada
por la Ley Nº 19.908 de 03.10.2003) y por la reglamentación interna que ella misma se dé
para los efectos de su funcionamiento. No tiene dependencia jerárquica del Presidente de la
República ni está sujeta a supervigilancia de dicha autoridad.
Para desempeñar el cargo de controlar se requiere cumplir con estos requisitos, a Saber Art.
98 de la Constitucion : (Art. 98 de la Constitucion Politica de la República)
El contralor general es nombrado por el Presidente de la República, con acuerdo del Senado,
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adoptado por las tres quintas partes de sus miembros en ejercicio.
Las funciones que debe desempeñar este organismo son fundamentalmente de carácter
fiscalizador y comprenden:
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- Fiscalizar el cumplimiento de las disposiciones legales y reglamentarias que dicen
relación con la administración de los recursos del Estado.
- Efectuar auditorias para verificar la recaudación, percepción e inversión de sus
ingresos y de las entradas propias de los servicios públicos. Para este efecto, está facultada
para exigir a los servicios sujetos a su fiscalización, los informes necesarios para comprobar
ingresos y gastos.
La única limitación que tiene la Contraloría es no intervenir en la órbita de otros Poderes del
Estado, de modo que no puede intervenir ni informar en los asuntos de carácter litigioso, o
que estén sometidos al conocimiento de los Tribunales de Justicia, los que son de
conocimiento del Consejo de Defensa del Estado.
En general deben rendir cuenta todo funcionario y toda persona o entidad que reciba,
custodie, pague, administre, recaude o invierta rentas, fondos o bienes fiscales, municipales
y de los demás servicios que determinen las leyes. Estas rendiciones deben realizarse por
meses vencidos.
La Ley 10.336, orgánica de Contraloría, contempla las siguientes sanciones para aquellos
funcionarios que no cumplan con la obligación de rendir cuentas:
- Todo funcionario que deba rendir cuenta, esté en el ejercicio de un cargo o fuera del
servicio, y no lo hiciere dentro de los dos meses siguientes al último día del período en que
deba hacerlo, será castigado con una multa aplicada administrativamente por el Contralor o
será arrestado por un término no mayor de un año, arresto que es decretado por los
tribunales ordinarios a requerimiento del Contralor (art. 93).
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Realice ejercicios nº 24 y 25
Rendida la cuenta, ella debe ser examinada a fin de fiscalizar si las rentas, fondos o bienes
públicos en general han sido percibidos conforme a la ley, si en su inversión se ha dado
cumplimiento a las normas legales que rigen el gasto y, finalmente, para comprobar la
veracidad y fidelidad de las cuentas, la autenticidad de la documentación respectiva y la
exactitud de las operaciones aritméticas y de contabilidad (artículo 95 de la Ley N° 10.336).
La ley determina que toda cuenta debe ser examinada, finiquitada o reparada en un plazo
que no exceda de un año, contado desde la fecha de su recepción por Contraloría o, si las
cuentas se revisan en el respectivo servicio, desde que los documentos respectivos se
reciben por el funcionario de Contraloría a cargo de su examen.
Vencido ese plazo, cesa la responsabilidad del cuentadante (el que rinde cuenta) y la que
pueda afectar a terceros. El o los funcionarios responsables del retardo incurren en
responsabilidad administrativa, sin perjuicio de la responsabilidad penal (si la acción de
retardo es constitutiva de delito) y civil (por los daños causados), de acuerdo a las normas
generales.
a) Que las cuentas estén conformes. En tal caso, el funcionario pone los antecedentes en
conocimiento del Jefe del Departamento, quien extiende el correspondiente finiquito,
declarándola definitivamente aprobada (artículo 106 inciso final).
b) Que las cuentas no estén conformes y no puedan ser aprobadas. En este caso hay que
distinguir (art. 101):
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- Si la rendición carece de alguno de los requisitos exigidos para ella en la ley orgánica
de Contraloría, se ha omitido el cumplimiento de cualquier norma legal o reglamentaria
referente a contribuciones, aportes o impuestos a favor del fisco u otras instituciones, o
disposiciones que ordenen alguna modalidad en la forma de recaudar las rentas, efectuar los
egresos o rendir las cuentas, se formulará el reparo (se objeta la rendición), el que dará
lugar a un juicio de cuentas.
A continuación, se dará a conocer ante quiénes se debe interponer la demanda o reparo; así
como también el procedimiento que sigue el juicio de cuentas, los recursos que puede
interponer el demandado para alterar los fallos emitidos; y los mecanismos utilizados para
dar cumplimiento a la sentencia dictada.
• El tribunal de cuentas
El juez de primera instancia (primer grado de conocimiento del juicio), en el juicio de cuentas
será el Subcontralor General. Designará a un secretario, que debe ser abogado, al que
corresponderá actuar como ministro de fe, y autorizar las providencias y actuaciones del
tribunal; custodiar los procesos y documentos que sean presentados; efectuar las
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notificaciones y las diligencias que le encomiende el juez.
El Tribunal de segunda instancia (para el segundo grado de conocimiento del juicio, que se
inicia por vía de apelación) es colegiado y está integrado por el Contralor General, quien lo
preside, y por dos abogados que hayan destacado en la actividad profesional o universitaria,
los cuales son designados por el Presidente de la República, a propuesta en terna del
Contralor General. Estos últimos duran cuatro años en sus cargos.
El demandado dispone de un plazo fatal de quince días, contados desde la notificación, para
contestar los reparos, plazo que se amplía de acuerdo a las normas del Código de
Procedimiento Civil si el demandado reside fuera de los límites urbanos de la ciudad. Deberá
acompañar a la contestación los documentos que estime convenientes para su defensa.
Si los reparos no son contestados dentro de plazo, el juez puede conceder una ampliación
de plazo, o bien, declarará la rebeldía de oficio (institución que tiene por ausente en el juicio
a quien no comparece, entendiendo que se opone a la demanda).
En los juicios de cuentas se considerarán como medios legales de prueba los documentos
que se acompañen a la contestación de los reparos, los que aporten las partes con
posterioridad a la contestación y las diligencias o medidas que decrete el juez para mejor
resolver. El juez puede abrir un término probatorio de quince días, prorrogable si las
circunstancias lo ameritan, para rendir otras pruebas documentales después de la
contestación (art. 111).
Lo normal es que, rendidas las pruebas, afinadas las diligencias para mejor resolver,
vencidos los plazos y salvados los errores u omisiones que el juez observe en el proceso y
que puede corregir de oficio, el expediente queda en estado de sentencia, la que debe ser
dictada en el plazo de treinta días, contados desde la última diligencia.
El artículo 114 señala las menciones que debe contener la sentencia. En su parte resolutiva,
la sentencia contendrá la decisión de absolver al cuentadante o de condenarlo a los
reembolsos (a devolver los dineros) correspondientes.
Tanto el juez de primera instancia, como el tribunal de segunda instancia podrán en el fallo
dispensar (perdonar) las faltas o defectos que, a su juicio, no signifiquen menoscabo de los
intereses sujetos a la fiscalización de la Contraloría (artículo 115).
Contra la sentencia de segunda instancia, sólo procede el recurso de revisión ante el mismo
tribunal que conoció y falló en segunda instancia. El plazo para interponerlo es de seis
meses para los residentes en el país y de un año para los que se encuentren ausentes de él,
contados desde la fecha de notificación de la sentencia de segunda instancia.
El recurso de revisión tiene por objeto obtener que el propio tribunal modifique su fallo y sólo
puede fundarse en las causales que determina la ley, salvo el caso de que la sentencia no
condene pecuniariamente (al reintegro de dinero), sino que aplique una medida disciplinaria
de aquellas establecidas en el Estatuto Administrativo, caso en que siempre procederá la
revisión.
• Cumplimiento de la sentencia
Sea que se trate de la sentencia condenatoria de primera instancia (no hubo apelación) o de
la sentencia de segunda instancia (se apeló), el pago o reembolso de las sumas
determinadas por la sentencia debe hacerse dentro del plazo de diez días, contados desde
que ésta queda ejecutoriada, es decir, desde que no proceden ya recursos ordinarios en su
contra. A partir de los diez días, si no se ha efectuado el pago, el responsable deberá pagar
un interés penal del 1% mensual, sin perjuicio de las demás sanciones que procedan.
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Realice ejercicios nº 26 y 27
Como se dijo anteriormente, este tipo de control es el que se realiza por los tribunales de
cualquier naturaleza, a través de juicios iniciados por la interposición de una acción o
recurso, que plantean cuestiones contencioso–administrativas.
Asunto discutido en doctrina es el criterio que determina cuando se está frente a una materia
contenciosa administrativa. La doctrina francesa, de gran influencia en el Derecho
Administrativo, ha sostenido que para distinguir lo contencioso administrativo debe
atenderse a la ley decisoria de la litis (la ley que resuelve el conflicto), de manera que lo será
cuando la ley sea administrativa.
Se trata de determinar cuál debe ser el órgano que conozca y resuelva los asuntos
contencioso – administrativos.
a) La tesis judicial o judicialista, que sostiene que sólo al Poder Judicial compete la función
de administrar justicia, independiente del tipo de conflicto de que se trate y quien intervenga
en el litigio.
En los sistemas políticos en que se sigue esta doctrina, el conocimiento y juzgamiento de los
asuntos contencioso administrativos, se entrega a los tribunales que integran el Poder
Judicial. Tal ocurre, por ejemplo, en Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, entre otros.
En los sistemas políticos que siguen esta segunda tesis, el conocimiento y juzgamiento de lo
contencioso administrativo puede radicarse en:
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radica en los tribunales que integran el poder judicial, salvo que una ley especial los
entregue a conocimiento de un tribunal especial, ajeno a este poder del Estado. Tal ocurre,
por ejemplo con el reclamo de avalúos de inmuebles que regula el Código Tributario, los
asuntos de Aduanas y con el juicio de cuentas, regulado por la Ley Nº 10.336 (Ley Orgánica
de Contraloría), la cual fue analizada en el punto 4.1.3. de la presente unidad.
En cuanto a las acciones o recursos que la legislación chilena entrega a los administrados
para reclamar de los actos ilegales o arbitrarios de la Administración, ocupa un lugar de
relevancia la acción constitucional de protección (recurso de protección) consagrado en el
artículo 20 de la Constitución.
La responsabilidad del Estado y de sus agentes por las decisiones que adopta y los actos
que ejecuta, constituye una premisa del Estado de Derecho.
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Ahora bien, es preciso distinguir entre la responsabilidad que puede afectar al agente o
funcionario público y la responsabilidad del Estado.
La responsabilidad del Estado, en cambio, es la que puede imputarse a éste por los
perjuicios que se originen para terceros en contratos que celebre o por actos que son
imputables a su voluntad. Así, el Estado es sujeto de responsabilidad civil, que puede ser
contractual, si deriva de contratos celebrados por el Fisco; o extracontractual, cuando deriva
de actos o decisiones imputables a su voluntad unilateral y que adopta en el ejercicio de sus
funciones propias, sea en el ámbito legislativo, judicial o administrativo. Así se habla de la
responsabilidad civil extracontractual del Estado Legislador, del Estado Juez y del Estado
Administración.
“Habrá responsabilidad del Estado entonces, toda vez que un particular haya sufrido un
daño material o moral causado directamente por el Estado y que deba ser indemnizado por
éste. En definitiva, la conducta dañosa puede ser lícita o ilícita y en algunos casos existirá
daño apreciable pecuniariamente, mientras que en otros será indemnizable el daño
meramente moral.”
Ahora bien, que la responsabilidad emane de la falta de servicio, implica sostener que los
administrados tienen derecho a un funcionamiento normal o correcto de los servicios.
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anteriormente, una concepción instrumental del Estado, es decir, un Estado que no
constituye un fin en si mismo, sino que es un instrumento al servicio de la persona, lo cual se
relaciona directamente con el Bien Común como valor que debe realizar el Estado, al
señalar que corresponde a éste “crear las condiciones sociales que permitan a todos y cada
uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material
posible” con pleno respeto a los derechos y garantías que la Constitución establece.
La realización de este ideal de bien común se impone a todos los órganos del Estado y, por
ende, a la Administración, lo que funda la idea de que si se daña o vulnera por ella alguno de
los derechos o garantías que la Constitución reconoce a las personas, el Estado debe
responder de ello.
Se establece que los preceptos de la Constitución obligan, no sólo a los órganos del Estado,
sino también a los titulares o integrantes de dichos órganos. Establecen como sanción la
nulidad de los actos que contravienen las exigencias de la legalidad y, finalmente,
determinan que la infracción al principio de legalidad, acarreará las responsabilidades y
sanciones que determine la ley, consagrando la responsabilidad del Estado y sus órganos.
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ocasione a las personas.
Esta norma permite al particular afectado dirigirse a los tribunales de justicia para hacer
efectiva la responsabilidad de la Administración, cuando con su actuar le ocasione un daño
avaluable en dinero.
- Es general, por cuanto se concede a cualquier persona que haya sido afectada en sus
derechos por la Administración.
- Supone siempre la lesión de un derecho subjetivo del afectado (derecho del que es
titular la persona, tales como los derechos de dominio, a la vida, a la integridad física).
- Es amplia, pues no distingue en cuanto al origen del daño causado, incluyendo aquellos
que provengan tanto de actos irregulares o ilegítimos de la Administración, como de
actuaciones lícitas o ajustadas a derecho.
Debe tenerse presente, sin embargo, que no todo daño es indemnizable. En efecto, agrega
la doctrina que para que proceda la acción es necesario:
- En primer término, que el daño tenga el carácter de antijurídico, esto es, que el afectado
no esté jurídicamente obligado a soportarlo. Esto lo distingue de la situación en que una
decisión o actuación de la Administración produce una lesión o daño en los derechos del
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administrado, no obstante, este no tiene el carácter de antijurídico, puesto que el
ordenamiento jurídico y político lo justifican en miras de intereses superiores o en la primacía
del interés general por sobre el particular.
La Ley de Bases dispone en su artículo 4° que “El Estado será responsable por los daños
que causen los órganos de la Administración en el ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de
las responsabilidades que pudieren afectar al funcionario que los hubiere ocasionado”.
Esta norma, aplicable a todos los órganos y servicios que, de acuerdo al artículo 1º de la ley
de Bases, conforman la Administración del Estado, constituye la norma general y establece
directamente la responsabilidad del Estado por los daños causados por los órganos de la
Administración, sin perjuicio y separada de la responsabilidad que pueda caber al
funcionario que realizó la actuación o adoptó la decisión que ocasionó el daño.
Desde el punto de vista doctrinario, tiene la virtud de no adherir a ninguna doctrina en
particular sobre la responsabilidad del Estado. De allí que la doctrina ha sostenido que
constituye el principio general en materia de responsabilidad del Estado y que alcanza tanto
a las situaciones en que ha habido falta de servicio como las situaciones en que no la ha
habido, es decir, el caso de responsabilidad por riesgo, que se caracteriza porque la
Administración ha causado daño actuado en forma correcta, lícita, y sin faltar a sus
obligaciones y normas.
Sin perjuicio de esta norma general, también la ley citada, en su artículo 42 consagra
expresamente la responsabilidad por falta de servicio, de la que responden los órganos y
servicios de la Administración, excluidos los que señala el artículo 21, esto es, la Contraloría
General de la República, al Banco Central, a las Fuerzas Armadas y a las Fuerzas de Orden
y Seguridad Pública, las Municipalidades, al Consejo Nacional de Televisión y a las
empresas públicas creadas por ley. En consecuencia, estas últimas en materia de
responsabilidad extracontractual, sólo les es aplicable el artículo 4º antes citado.
La falta de servicio, noción elaborada por el derecho administrativo francés, se define por la
doctrina como el funcionamiento defectuoso, tardío o la omisión del órgano o servicio
cuando se encuentra en la obligación legal de actuar.
Del concepto se desprende que habrá falta de servicio, cuando el órgano o servicio público
ha funcionado mal, no ha funcionado cuando está obligado por la ley a hacerlo o ha
funcionado en forma tardía, con retraso.
Esta falta de servicio, es causa de la responsabilidad directa del Estado, la que se distingue
de la responsabilidad personal del funcionario que actuó o dejó de actuar cuando debía
hacerlo.
La actuación u omisión del funcionario es irrelevante para que se configure la
responsabilidad estatal, la que deriva directamente de que el órgano no dio el servicio
oportunamente. Sin perjuicio de ello, se consagra el derecho de la Administración a “repetir
contra el funcionario autor del daño”. Esto significa que, si el Estado, producto de la falta de
servicio, debe indemnizar a un particular y tal falta de servicio deriva de la falta o infracción
de uno o más funcionarios, tiene el derecho a demandar a los responsables para que, a su
vez, le restituyan lo que ha debido pagar.
Por otro lado, no requiere individualizar al autor material de los daños, al funcionario, ni
acreditar que éste actuó negligente o culposamente. En cambio, basta que indique el órgano
o servicio que causó el daño y la anormalidad o retardo en su funcionamiento en que se
originó.
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A su vez, esto último deja en evidencia que no se trata de una responsabilidad objetiva (en
que basta acreditar la relación causa-efecto entre el acto de la administración y el daño),
sino que el afectado debe acreditar que en el actuar del servicio que originó el daño se ha
dado alguna de las situaciones que constituyen la falta de servicio, esto es, que el daño es
consecuencia del mal funcionamiento, funcionamiento tardío o defectuoso de éste. En otros
términos, que el servicio no ha actuado conforme a las obligaciones que le imponen las
normas que lo rigen, estando jurídica y materialmente en situación de hacerlo.
Se señala, además, que es un sistema flexible. El sistema de responsabilidad del Estado por
falta de servicio no está regido por normas rígidas y que detallen exhaustivamente los casos
en que ella concurre. En cambio, la existencia o no de falta de servicio debe ser establecida
en cada caso particular, atendiendo a las normas que establecen las funciones, regulan el
funcionamiento del servicio público de que se trata. También debe considerarse la realidad
del servicio, esto es, los medios materiales con que cuenta para cumplir sus funciones. En
este sentido, la doctrina sostiene que la falta de servicio debe revestir cierta gravedad, es
decir, debe haberse producido contando el servicio con los medios humanos, técnicos y
materiales para actuar oportunamente y que, en tales circunstancias no lo haya hecho, lo
haya hecho en forma defectuosa o tardíamente.
Realice ejercicios nº 28 al 30
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