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Octavia Hill y sus aportes en
el origen de Trabajo Social
en la Inglaterra del siglo xix*
Viviana Lorena Bastidas Luna** 203
Keila Ginett Holguín Rosero***
Carol Viviana Obando Apraez****
Trabajadoras sociales
Universidad del Valle, Cali, Colombia
Resumen
En este artículo se hace un análisis del origen del Trabajo Social desde la perspectiva
de género, haciendo énfasis en los aportes de Octavia Hill como pionera del Trabajo
Social, a partir de su intervención social ante la pobreza y la carencia de vivienda
y espacios dignos para las personas más vulnerables de Londres a mediados del
siglo xix. Además, se destacan sus concepciones teóricas y las principales corrientes
epistemológicas, tradicionales y emergentes que guiaron su quehacer profesional y
al Trabajo Social, en general.
Palabras clave: epistemologías, industrialización, género, Octavia Hill, pionera, Trabajo Social.
La revista Trabajo Social es publicada bajo la licencia Creative Commons 2.5 (http://creativecommons.
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cómo citar este artículo
Bastidas Luna, Viviana Lorena, Keila Ginett Holguín Rosero, y Carol Viviana Obando Apraez. 2020.
“Octavia Hill y sus aportes en el origen de Trabajo Social en la Inglaterra del siglo xix”. Trabajo Social
22 (1): 203-223. Bogotá: Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad
Nacional de Colombia. doi: https://doi.org/10.15446/ts.v22n1.78912
Recibido: 05 de abril del 2019. Aceptado: 07 de noviembre del 2019.
� Este es el resultado de la investigación denominada “Nuestras Pioneras: historia del trabajo
social desde la perspectiva de género”, estudio presentado en el primer periodo (febrero-junio)
del año 2017, en el marco de los requerimientos necesarios para recibir el título de pregrado
de Trabajo Social de la Universidad del Valle.
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[email protected] / https://orcid.org/0000-0003-0649-9976
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[email protected] / https://orcid.org/0000-0002-6830-3935
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revista Trabajo Social vol. 22 n.˚ 1, ene-jun 2020, issn (impreso): 0123-4986, issn (en línea): 2256-5493, bogotá · 203-223
Viviana Lorena Bastidas Luna, Keila Ginett Holguín Rosero y Carol Viviana Obando Apraez
204 Octavia Hill and her Contributions to the Rise of Social Work in 19th
Century England
Abstract
The article analyzes the origins of Social Work from a gender perspective,
emphasizing the contributions of Octavia Hill as a Social Work pioneer, given
her social intervention with respect to the poverty and lack of housing and
dignified spaces for the most vulnerable inhabitants of 19th-century London.
It also highlights the theoretical conceptions and main epistemological con-
ceptions, both traditional and emergent, that guided her professional activity
and that of Social Work in general.
Keywords: epistemologies, industrialization, gender, Octavia Hill, pioneer, Social Work.
Octavia Hill e suas colaborações na origem do Trabalho Social na
Inglaterra do século xix
Resumo
Neste artigo se realiza uma análise da origem do Trabalho Social a partir da
perspectiva de gênero, com ênfase nas colaborações de Octavia Hill como pio-
neira do Trabalho Social, a partir de sua intervenção social diante da pobreza
e da carência de moradia e espaços dignos para as pessoas mais vulneráveis de
Londres em meados do século xix. Além disso, destacam-se suas concepções
teóricas e as principais correntes epistemológicas, tradicionais e emergentes que
guiaram seu fazer profissional e o Trabalho Social em geral.
Palavras-chave: epistemologias, industrialização, gênero, Octavia Hill, pioneira,
Trabalho Social.
universidad nacional de colombia, facultad de ciencias humanas, departamento de trabajo social
Octavia Hill y sus aportes en el origen de Trabajo Social en la Inglaterra del siglo xix
Introducción
En este artículo se expone el origen del Trabajo Social desde la perspec-
tiva de género, a partir de la recuperación de los aportes de pioneras como
Octavia Hill, destacando su quehacer profesional y las corrientes epistemo-
lógicas, tradicionales y emergentes identificadas.
Cuando hablamos de las mujeres en la historia y en la ciencia, la incerti- 205
dumbre es un hecho; la omisión que por siglos ha existido sobre sus saberes
y sus formas de construir conocimiento es común en la historia global; cabe
preguntarse ¿cuántos aportes importantes en el desarrollo mundial han rea-
lizado las mujeres? ¿cuántos de estos habrán sido desaparecidos, hurtados
o invisibilizados por el patriarcado? La profesión de Trabajo Social no es
ajena a esta histórica realidad, las mujeres pioneras en esta profesión han
tenido un gran recorrido en la investigación e intervención; no obstante,
no son tenidas en cuenta. Estos cuestionamientos se recogen en algunos
de los preceptos de la perspectiva de género, los cuales proponen, por un
lado, “visibilizar a las mujeres, sus actividades, sus vidas, sus espacios y sus
contribuciones en la construcción de la realidad social; y por otro, mostrar
cómo y por qué cada fenómeno específico está atravesado por las relaciones
de poder y desigualdad entre los géneros, lo que caracteriza a los sistemas
patriarcales” (Serret 2008, 65).
Dicha perspectiva cobra importancia si se analiza al Trabajo Social
como una profesión feminizada, lo cual alude a un proceso social donde
el género determina la importancia y la posición jerárquica de una pro-
fesión. Es por ello que, según Morales (2010), para entender tal afirma-
ción es necesario ahondar sobre cuestiones históricas de la profesión que
permitirán dilucidar el lugar crucial de las mujeres y su forma de actuar
y producir el conocimiento desde valores femeninos que aportan una mi-
rada diferente a las estructuras científicas que por mucho tiempo han sido
rígidas y masculinizadas1.
1 Según Fernández (2008), la generación de conocimiento científico ha estado principalmente a
cargo de los hombres que se desempeñaban en las llamadas “ciencias duras”, donde los valores
para producirla estaban basados en la neutralidad, la objetividad y la racionalidad, caracte-
rísticas asociadas socialmente a lo masculino, con esto, la práctica científica estaba permeada
por el sexismo y el androcentrismo; sin embargo, con el ingreso de las mujeres en la ciencia
se ponen en marcha otras teorías y metodologías que permiten leer y abordar las realidades,
visibilizando la configuración de las relaciones de poder entre géneros. En esa línea de ideas en
el ámbito académico y científico se cree también que hay carreras profesionales determinadas
para hombres y otras para mujeres.
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De acuerdo con lo planteado, en este estudio se hizo énfasis en los apor-
tes de Octavia Hill, ubicada en un contexto europeo a mediados del siglo
xix, quien dedicó sus esfuerzos a consolidar los inicios del Trabajo Social.
Incorporar la perspectiva de género al quehacer del Trabajo Social per-
mite avanzar cada vez más hacia la consecución del proyecto de sociedad
206 al que le apuesta la profesión, que está basado en los principios ético-polí-
ticos de exaltación de la dignidad humana, el respeto por los derechos hu-
manos y la búsqueda del bienestar; pero esto no podrá alcanzarse si en el
quehacer profesional se reproducen lógicas patriarcales que por años han
mantenido la dominación de lo masculino sobre lo femenino en la forma-
ción, en el ámbito laboral y en la producción de conocimiento.
Se busca generar interés sobre la importancia de analizar la historia de
la profesión desde sus pioneras y la vigencia de sus aportes, pues tal vez la
dificultad para fortalecer nuestra identidad está en el no reconocimiento y
la desvalorización de nuestra génesis.
Porque es importante saber de dónde venimos y proyectarnos hacia
dónde queremos ir, sabiendo que el camino ya fue transitado por otras/
os colegas que con sus aciertos y errores nos ‘heredan’ generosamente su
pensar y experiencia a través de sus obras y nos dejan una huella firme por
donde avanzar. (Travi 2006, 18).
Igualmente, esperamos que a partir de este estudio sea considerada la
perspectiva de género como una línea de trabajo fundamental para la in-
vestigación e intervención en Trabajo Social, desde reflexiones epistemoló-
gicas, metodológicas, teóricas y prácticas.
Metodología
El desarrollo de la investigación que inspiró este artículo se hizo a partir
del método cualitativo; se utilizó como técnica la revisión documental de
fuentes primarias accesibles de Octavia Hill como: Our Common Land2 es-
crita en 1877 y Homes of the London Poor3 escrita en 1866, las dos en idioma
inglés, siendo necesario traducirlas para elaborar el respectivo análisis.
2 Nuestra tierra en común. En este documento, Hill condensa sus pensamientos y posiciones
frente a las formas de caridad ejercidas por la Iglesia, el derecho de los pobres a vivir en la
ciudad y hace una novedosa propuesta para la ayuda basada en la filantropía científica.
3 Hogares pobres de Londres. Este texto narra a manera de diario de campo las múltiples expe-
riencias vividas por Hill y la forma como abordó cada problemática de los hogares pobres de
Londres, por lo que hace un minucioso relato de las situaciones que enfrentaban los grupos
de arrendatarios, retomando sus voces y rol protagónico como constructores de sus historias.
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Octavia Hill y sus aportes en el origen de Trabajo Social en la Inglaterra del siglo xix
Para desarrollar los postulados de Hill se analizaron los siguientes as-
pectos: datos biográficos, los temas y/o acciones que la representan en la
historia de la profesión, su concepción del sujeto y la sociedad, la relación
teoría-práctica, el orden social y la transformación; aspectos necesarios para
comprender lo que la llevó a fundamentar una naciente profesión. Por otra
parte, para desarrollar las epistemologías ya mencionadas, se identificaron 207
las características relacionadas con la construcción de conocimiento y su
relación con el Trabajo Social. Los resultados del análisis de las epistemo-
logías tradicionales –empírico-analítico, histórico-hermenéutica y crítico
social– y las emergentes –en este caso, las feministas– serán presentados
en el apartado sobre la teoría y la práctica.
Origen del Trabajo Social
El origen del Trabajo Social será abordado a partir de la exposición de
las transformaciones económicas y sociales relacionadas con el posiciona-
miento del sistema capitalista en Europa en los siglos xix y xx. Esto con
relación a las primeras formas de asistencia social ante las problemáticas
identificadas, lo cual se toma como ideas originarias de la profesión que
serían cuestionadas por pioneras como Octavia Hill, quien desplegó las
acciones correspondientes para dar origen al Trabajo Social en Inglaterra.
Contexto socioeconómico
Según Morales (2010), el origen del Trabajo Social se enmarca en con-
textos de grandes cambios y transformaciones para la humanidad dadas
por el nuevo modo de producción capitalista que se configuraba de ma-
nera industrial en Europa, principalmente en Inglaterra en los siglos xix y
xx, a partir de los avances científicos, la invención de las máquinas como
medios de producción, el trabajo asalariado, los procesos migratorios de la
mano de obra procedente del campo a la ciudad, la organización social a
partir de la división de la burguesía y el proletariado.
En esa línea de ideas, el capitalismo, que en sus inicios representó una
alternativa de vida alejada de las relaciones feudales y basada en la libertad,
la igualdad y la fraternidad, en poco tiempo, y por su organización social
clasista, la distribución desigual de las riquezas, el aumento de población
por las migraciones del campo a la ciudad sin condiciones que garantizaran
adecuados niveles de vida, ya sea por hacinamiento, insalubridad, desempleo,
carencia de alimentos, entre otras circunstancias, hizo de la existencia de
las personas algo miserable; adicionalmente, la concentración de los medios
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de producción en una pequeña parte de la población y la ausencia de un
Estado que se responsabilizara de las grandes masas proletarias, convirtió
este sistema en un problema para los que solo tenían su fuerza de trabajo
como medio para sobrevivir.
Además de las problemáticas y acontecimientos económicos y sociales
208 descritos anteriormente, se destaca también el ingreso de las mujeres al
trabajo remunerado en el siglo xix; aspecto que inspiró a Octavia Hill
para desarrollar procesos de formación con mujeres que más adelante
serían las encargadas de la asistencia social y que serían las precursoras
del Trabajo Social como profesión. Según Federici (2004), ellas habían
permanecido confinadas en sus hogares, ya que por mandatos biológi-
cos y sociales se definían a los espacios privados como aquellos que de-
bían ocupar. Por tanto, la mujer trabajadora emerge en la época de la
Revolución Industrial, y, de acuerdo con Scott (1998), no fue porque
la industrialización creara trabajo para ellas donde antes no había nada,
sino porque jugaron un papel fundamental para el desarrollo econó-
mico de la época. En ellas se reconoció una parte activa de la fuerza de
trabajo que, bajo las lógicas capitalistas, estaba siendo desaprovechada
en las tareas domésticas, para pasar a ser mano de obra barata. No obs-
tante, el mantenimiento de los roles de género socialmente establecidos
hizo que las mujeres siguieran siendo las encargadas del mantenimiento
del hogar, lo que combinado con el trabajo remunerado les generó una
doble carga laboral.
De acuerdo con Walkowitz (1999), la entrada de las mujeres al campo
laboral no fue algo homogéneo, sino que estuvo marcado por la condi-
ción de clase que estas tenían; las mujeres de clase media y alta se dedi-
caron a labores como la caridad, la filantropía y la enfermería, mientras
que las mujeres de clase baja ejercían trabajos fabriles. Cabe aclarar que
inicialmente las mujeres –fuesen de clase alta, media o baja– no llegaron
a ocupar cargos de representación ni de toma de decisiones, y su trabajo
siempre estaba bajo la vigilancia masculina. Estos, además, entendieron
el habitar femenino de lugares públicos como un acto de exhibicionismo
y provocación; en respuesta, los hombres comenzaron a utilizar el acoso
sexual como herramienta para amedrentar a aquellas que se atrevían a
salir de casa.
Con el tiempo, las mujeres se convirtieron en una figura problemática
y visible por las revueltas que agenciaron, motivadas por sus condiciones
precarias de trabajo y por los problemas sociales producto de las lógicas
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del sistema, y porque los cambios económicos les permitieron pasar de
sus hogares a las fábricas, alterando el orden en sus familias y el de la so-
ciedad. Por ello, Scott (1998) afirma que poco a poco la figura de la mujer
fue considerada como destructiva del capitalismo, advirtiendo sus poten-
cialidades progresistas.
En el capitalismo se destacan los postulados y propósitos del libe- 209
ralismo –la exaltación del individuo y la perspectiva antropocéntrica–,
el cual dejó a un lado la dimensión social y humana, constituyendo a
un ser humano autónomo, pero solo frente al Estado, donde las muje-
res, los infantes, las personas mayores, los migrantes y otros que vivían
condiciones precarias eran vistos como obstáculos para lograr objetivos
individuales. Por lo tanto, el ser humano dejó de ocupar el centro del
sistema y en adelante lo hicieron los negocios, la producción y la acu-
mulación de capital.
Ante ese contexto de problemas sociales se crearon diversas formas de
asistencia social que, según Torres (1985), son: la individual voluntaria,
guiada por principios religiosos, de amor al prójimo y por cumplir con el
bien común; la organizada por el clero o algunos sectores laicos, que surge
como consecuencia de la incapacidad del voluntariado individual para
solucionar la gran magnitud de los problemas sociales y la imposibilidad
de abarcar el progresivo aumento de la población que los padecía, por lo
que crearon albergues colectivos como hospitales, hospicios, reformato-
rios, orfelinatos, asilos, entre otras instituciones de ayuda; y la asistencia
social estatal, fruto de la obligación de un Gobierno para prestar servicios
de ayuda, contenida en políticas sociales que se transforman en códigos,
leyes, decretos, resoluciones, entre otras.
Releyendo la historia del Trabajo Social es posible afirmar que esas for-
mas de asistencia social constituyeron lo que Bermúdez (2016) denomina
ideas originarias de la profesión, evidenciando además múltiples versiones
sobre los puntos de partida del Trabajo Social, las cuales, a nuestro parecer,
se relacionan y retroalimentan entre sí para dar cuenta del origen y profesio-
nalización, donde convergen múltiples aspectos, entre ellos el protagonismo
de sus pioneras. En esa línea de ideas se destacan algunas formas de asis-
tencia social como las Poor Laws –Leyes de pobres–, el Sistema Elberdfeld
y las Charity Organization Society –organizaciones sociales de caridad–.
Según Bermúdez (2016), en ese entonces las acciones de caridad, vinculadas
al cristianismo y otras corrientes religiosas, y las acciones filantrópicas,
como su versión laicizada, se dieron de manera aislada y sin control en la
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medida en que fueron insuficientes para dar respuesta adecuada y eficiente
a la complejidad progresiva de la cuestión social4.
Ante ello, en el año 1868, Henry Solly creó la Sociedad para la organiza-
ción del socorro caritativo y la represión de la mendicidad como una forma de
coordinar y organizar las actividades de beneficencia, tanto a nivel público
210 como privado, a través de la unión de distintas personas con el protagonismo
de hombres adinerados, que más adelante se llamó Charity Organization So-
ciety –en adelante, cos–. De acuerdo con Bermúdez (2016), la coordinación
de esta organización fue delegada a Octavia Hill, quien ya era conocida por
liderar otros procesos como el movimiento de los Settlement Houses y por la
sistematización de su experiencia como una reflexión de su propia práctica,
difundida en las nacientes asociaciones de Ciencias Sociales.
Según Miranda (2003), en las cos se empezó a perfilar el Trabajo Social
como profesión, pues se generaron acciones para dejar la intuición como
derrotero de la asistencia social y pasar a un trabajo fundamentado en un
conocimiento más acertado sobre los problemas del individuo. En conse-
cuencia, se comenzó a determinar un orden administrativo y lógico en los
procesos de ayuda, se dio importancia al contacto directo con los indivi-
duos, sus familiares y personas cercanas a través de las visitas domiciliarias,
destacándose además la trascendencia que tomó el trabajo en redes institu-
cionales y la formación del personal de la asistencia social, así que crearon
institutos para ello.
Octavia Hill en los orígenes del Trabajo Social en Inglaterra
en la segunda mitad del siglo xix
Octavia Hill nació en Wisbech, Inglaterra, el 3 de diciembre de 1838 en
el desarrollo de la Revolución Industrial. Octavia fue hija de James Hill, un
reformista militante del socialismo utópico, ferviente seguidor de las polí-
ticas del socialismo y de los modelos de cooperativas; su madre fue Caro-
line Southwood, una de las precursoras de la Educación Popular. Durante
su adolescencia construyó una amistad con John Ruskin y otros, como
el socialista cristiano Frederick Denison Maurice, con quienes formó un
4 Según Cortazzo (1998), la cuestión social es el conjunto de problemas de índole política, social
y económica ligados al desarrollo del capitalismo. Se debe mencionar que desde el siglo xix
surge como categoría cuando lo social se torna una entidad que merece ser pensada por sus
arduas problemáticas que demandan ser intervenidas. Sin embargo, esta autora no está de
acuerdo en ligarla directamente con el modo de producción capitalista, reconociendo que la
cuestión social está vinculada a todas las trasformaciones socioeconómicas que se han dado
históricamente.
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Octavia Hill y sus aportes en el origen de Trabajo Social en la Inglaterra del siglo xix
grupo de amigos que junto con los Barnett influyeron en el movimiento
Settlement. Así mismo, fue una colaboradora crítica de la cos (Travi 2013).
A los 13 años de edad, a raíz del quiebre de los negocios y la enfermedad
mental de su padre, Octavia y su familia se trasladaron a vivir a Londres,
en 1852, donde comenzó a trabajar con niños y mujeres en una asociación
cooperativa de los socialistas cristianos, que estaba a cargo de su madre, la 211
Ladies Cooperative Guild, una cooperativa de mujeres.
Para el año 1856, cuando tenía 18 años, Hill fue nombrada como secre-
taria y profesora del Colegio para Hombres Trabajadores –Working Men’s
College de Great Ormond Street–; ahí paulatinamente llevó temas alusivos
a la educación femenina, siendo una de las primeras mujeres en tener ac-
ceso como trabajadora y docente en una institución reconocida por llevar
a cabo labores educativas exclusivas para hombres. En 1864, preocupada
por las precarias condiciones de las viviendas de la clase trabajadora, con
tan solo 26 años de edad, compró varias casas en los suburbios de Londres
y comenzó a administrar su alquiler de una manera que resultó revolucio-
naria para la época. En consecuencia, Octavia fue pionera en la reforma de
la política social de vivienda y sus opiniones fueron solicitadas cuando se
promovió la legislación de la reforma social.
Hasta el momento de su muerte, el día 13 de agosto de 1912 no recibió
ningún reconocimiento y, pese a sus grandes aportes en cuanto a las refor-
mas de viviendas, sanidad y acceso a espacios públicos, sus mayores logros
fueron atribuidos a Ruskin y Owen, compañeros de militancia en los mo-
vimientos sociales de su época.
Octavia Hill ha sido elogiada como una heroína no reconocida de la
época victoriana que, liberada de las cadenas de la domesticidad, se dedicó
a mejorar la vida de los pobres, a la profesionalización de la gestión de la vi-
vienda y defendió ideas y técnicas de duradera importancia. (Walker 2004, 3)
Octavia Hill y su intervención en los problemas
de vivienda de Londres
A lo largo de su vida Octavia Hill se enfocó en el problema de las vi-
viendas de los barrios marginados de Londres en el contexto de desarrollo
industrial capitalista, donde el ordenamiento del territorio urbano se en-
contraba dividido entre los grandes espacios para la clase adinerada y los
distritos hacinados por las familias pobres, siendo motivo de gran preocu-
pación la inequitativa distribución de la tierra.
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Las condiciones de vida de los pobres eran precarias, las personas tenían
largas jornadas de trabajos mal remunerados. En los barrios, la gente moría
de hambre y la mayoría vivía en pequeños apartamentos sin saneamientos
básicos, esto hizo que el tratamiento residual se convirtiera en un problema
latente que incrementó las enfermedades entre los pobres. A su vez, la falta
212 de atención en salud no permitía prestar un servicio eficiente y estos barrios
no tenían espacios abiertos para el disfrute y el descanso de sus habitantes.
En consecuencia, los sistemas de beneficencia se encontraban colapsados y
aunque la Iglesia a través de la ayuda caritativa intentaba aminorar el pro-
blema, no lo lograban. Las reflexiones que Hill (1866) hizo basadas en su
experiencia y trayectoria de vida la llevaron a pensar que el problema de la
pobreza en los barrios marginados iba más allá de que los pobres no tuvie-
ran capacidades o fuesen demasiado perezosos; ella identificó que el pro-
blema era colectivo y que estaba asociado a la falta de oportunidades y a las
desigualdades entre ricos y pobres. Por tanto, en 1875, cuando ingresó a la
cos estaba convencida de que las formas caritativas que se venían aplicando
hasta el momento no contribuían a una solución a largo plazo.
De acuerdo con Hill (1866), el exitoso sistema de viviendas proponía
que las casas debían tener unas condiciones óptimas para ser habitadas,
pues consideraba que el espacio, la iluminación y la limpieza eran vitales
para mantener estas condiciones a largo plazo. Direccionó a que las per-
sonas encargadas de la caridad en estos barrios supervisaran y orientaran
semanalmente para recordarles sus compromisos con el entorno, el costo
del alquiler y para asesorar en la solución de problemas individuales y co-
lectivos que se pudieran presentar. Por otro lado, en cuanto al manejo del
dinero que se reunía de los inquilinatos, se presupuestaba que el 5 % debía
ser destinado al mantenimiento de las propiedades y en proyectos comu-
nes, por ejemplo, patios de recreo, salones, entre otros. Cabe resaltar que
para el año 1874 su sistema era tan reconocido que se llegaron a reproducir
alrededor de 15 sistemas con más de 3.000 arrendatarios.
Para Hill no era suficiente que los pobres tuvieran viviendas en condicio-
nes más dignas, también era importante reivindicar su derecho a disponer
del espacio público como lo hacían los ciudadanos de clase media y alta;
si bien la problemática de la vivienda fue el centro de su trabajo, también
fue el punto de partida para ocuparse de otros aspectos, como el uso de
los espacios abiertos, puesto que los parques y jardines parecían estar veda-
dos para los pobres y así lo reflejaba la Ley para la Regulación de los Comu-
nes que le concedía la propiedad de los espacios públicos a los señores de
universidad nacional de colombia, facultad de ciencias humanas, departamento de trabajo social
Octavia Hill y sus aportes en el origen de Trabajo Social en la Inglaterra del siglo xix
los distritos, que se oponían a las iniciativas de colectivización de la tierra
abanderadas por Hill.
De nuevo, el privilegio del espacio, la luz, el aire y la belleza no se con-
sideran para el pequeño comerciante, para el trabajador empleado, que pro-
bablemente nunca tendrá un patio cuadrado de tierra inglesa, pero ¿Saben
acaso el número de bosques y campos comunes que solían estar abiertos a 213
las personas y ahora están ocupados por numerosos vecindarios a los que
difícilmente se tiene acceso? Cuanto más se cierran los campos y los bosques,
cada átomo de tierra común, en todas partes, en toda Inglaterra, adquiere
importancia para las personas de todas las clases. (Hill 1877, 7)
Concepciones sobre sujeto y sociedad
Es necesario comprender que el contexto y la experiencia de vida de
Hill influyó de manera significativa en su concepción sobre los sujetos, lo
cual fue abordado desde su acercamiento con las poblaciones empobrecidas
de Londres. En esa medida, trabajó en la indagación, análisis e interven-
ción de la pobreza, la cual, aún en el siglo xix era manejada con la misma
concepción de la Edad Media, que entendía a los pobres como los repre-
sentantes de Cristo en la tierra. Sin embargo, con el inicio y el desarrollo
del capitalismo, la pobreza se empezó a entender desde las clases sociales
y económicas, donde los pobres fueron adquiriendo conciencia de su ex-
plotación y reconociendo que esta nada tenía que ver con la gracia divina;
por tanto, el pobre pasó a ser un potencial peligro para la sociedad, pues
no aportaba favorablemente a los propósitos del liberalismo.
En la primera mitad del siglo xix la concepción del sujeto pobre se
alejaba de los postulados religiosos y era entendido como aquella gran
parte de la población que no tenía las condiciones materiales para vivir
adecuadamente, por ejemplo, sus salarios eran muy bajos, el alimento era
insuficiente y su vivienda era indigna; para Hill esto era evidente, pero su
experiencia en los barrios pobres la llevó a ver más allá de las cuestiones
materiales de estas personas y concibió a los pobres como sujetos activos
y de derechos, que si se les brindaba la educación necesaria serían capaces
de agenciar cambios en beneficio propio. En cuanto a la concepción de
pobreza evidenció que era un fenómeno colectivo de carácter estructural,
no individual y que una sociedad dividida en clases contribuiría a la pau-
perización de los menos favorecidos.
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Por tanto, a partir del estudio de Hill (1877) de las diferentes expresiones
de la miseria en los barrios y hogares, se tuvo una mirada de sujeto atra-
vesada por las diferencias de clase y de género, por lo que se puso especial
atención a las situación de las mujeres, tanto de clase alta y media como las
de clase baja; y en esa medida fue precursora en reconocer que la pobreza
214 afectaba de manera distinta a las mujeres, quienes eran poco privilegiadas
en el acceso a la vivienda y las condiciones básicas de vida. Denotaba ade-
más las injusticias de las relaciones de poder, pues identificaba que las mu-
jeres tenían menos oportunidades educativas sin importar la clase social a
la que pertenecieran y que el rol que habían asumido desde décadas siem-
pre estuvo relacionado con el ámbito privado.
Por consiguiente, entre los más grandes aportes de Octavia Hill está su
contribución a la emergencia de un nuevo sujeto femenino que irrumpió en
el espacio público en la segunda mitad del siglo xix; por ejemplo, empren-
dió acciones para lograr su educación como visitadoras amigables, sentando
las bases para una nueva profesión y en 1887 fundó el primer asentamiento
universitario de mujeres en Southwark, una iniciativa que les permitió vi-
vir gratuitamente en los establecimientos de alquiler a cambio de su tra-
bajo con los pobres. Estos asentamientos tenían como finalidad promover
el bienestar, brindando a las mujeres y a los niños nuevas oportunidades
para la educación y la recreación.
Para abordar la concepción de sociedad en Octavia Hill es necesario
comprender los embates sociales y políticos que se vivían en ese entonces a
mediados del siglo xix en Londres-Inglaterra, con relación a lo que fue de-
nominado Época victoriana, periodo monárquico de la Reina Victoria que
duró 64 años —entre 1837 y 1901—, siendo esta una de las mujeres más
jóvenes de la historia universal en subirse al trono y asumir la responsabi-
lidad de dirigir un país, lo que trajo consigo cambios radicales en la socie-
dad inglesa, puesto que fue durante este periodo que se implementó por
completo la industrialización, “[…] etapa de mayor predominio mundial
del Reino Unido. También calificado como la sociedad del puritanismo ex-
tremo, de cultura insegura y normas rígidas cuyo conservadurismo puede
interpretarse como una reacción de temor ante un proceso de cambio tan
acelerado y profundo” (Cortés 1985, 35).
Inglaterra se encontraba dividida en clases establecidas, los cambios
acelerados sumieron a quienes no poseían medios de producción en la mi-
seria absoluta, la política de Estado se encontraba en disputa entre el pensa-
miento liberal y conservador de entonces. En un momento tan parcializado
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Octavia Hill y sus aportes en el origen de Trabajo Social en la Inglaterra del siglo xix
y dividido, Octavia Hill parte de las diferencias sociales y en estas encuen-
tra posiciones comunes que según su pensamiento sirven como punto de
partida para avanzar hacia la igualdad, considerando que la misma socie-
dad debía trabajar para ello. Proponía que la pobreza debía ser un asunto
de conocimiento y tratamiento público en el que las formas municipales de
gobierno tenían una función de gran importancia a través de la formula- 215
ción de políticas estatales que permitieran contrarrestar el impacto de la
industrialización.
En concordancia con los planteamientos del socialismo utópico, buscaba
que el modelo económico se entendiera y se organizara de manera diferente,
que se incrementara la justicia social para cerrar las brechas sociales, consi-
derando necesaria la eliminación de la propiedad privada para acabar con
la explotación de las y los trabajadores, y proponía una forma más justa de
distribución de las riquezas. Es posible evidenciar que para Hill (1877) uno
los mayores impedimentos de los sujetos empobrecidos era la competencia
y la sobre-explotación del ser humano por el ser humano; tal vez en ese mo-
mento las bases teóricas del socialismo utópico limitaban la comprensión
de la relación capital-trabajo en el marco de la estructura capitalista indus-
trial, pero desde la práctica e investigación se gestó el reconocimiento de una
sociedad que necesitaba prescindir de sus antiguas formas de organización.
Por tal motivo, se ve en esta pionera la necesidad de ocuparse de la
sociedad, no sin antes hacer un análisis estructural y específico de la misma,
develando sus dinámicas económicas, sociales, políticas y culturales en las
que los sujetos despliegan sus acciones, contribuyendo en la identificación
de las causas y soluciones de los problemas sociales. En esencia, en ella se
evidencia una concepción de sujeto y sociedad desde una correspondencia
mutua, donde los sujetos son capaces de agenciar cambios en las estructu-
ras sociales y viceversa.
Entre el orden social y la transformación
Octavia Hill pone la mirada en las dinámicas políticas y económicas del
gobierno de Londres, abriendo un debate en donde enuncia como verdades de la
humanidad los esfuerzos para ayudar a los pobres hacia el auto sostenimiento y
respeto a sí mismos; propone que la clase social que goza de mayores privilegios
ayude a las personas pobres basándose en principios de confianza y dándose
cuenta de que como humanos se poseen las mismas cualidades. [hill 1866 1]
En ese orden de ideas, desde una crítica al orden social de la época, Hill
(1877) agenció aportes que posteriormente fueron reconocidos por su gran
validez en la contribución al cambio social. Uno de los más importantes
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hace referencia al concepto de pobreza, porque es ella quien establece una
nueva visión de los pobres con base en el reconocimiento del otro como ser
humano. También logró que las personas hacendadas pusieran la mirada
sobre la situación de sus trabajadores, y que las reformas no solo dotaran lo
necesario para la vida de las personas encarecidas, sino que se avanzara en
216 la conquista de nuevos derechos.
El concepto de transformación propuesto por Hill (1877) estaba vincu-
lado con la reforma social que de la mano de la religión buscaba alcanzar
mejores condiciones para la vida en las ciudades, especialmente en los dis-
tritos donde imperaba la pobreza. Inicialmente esta precursora no propo-
nía un cambio absoluto de las estructuras capitalistas industriales, pese a
esto hacía una fuerte crítica al impacto que este sistema tenía en las vidas
humanas, con el objetivo de hacerle frente a la pobreza.
La sociedad para Hill estaba marcada por las diferencias económicas y
de clases sociales, pues mientras unos pocos tenían la propiedad de grandes
extensiones de tierra y eran dueños de los medios de producción, muchos
otros estaban a merced del trabajo asalariado para asegurar su subsistencia.
En consecuencia, consideraba que el problema de la pobreza involucraba a
las dos clases sociales, pues creía que todos contribuían a la pauperización
de la mayoría de la población, pero reconocía que los ricos tenían mayor
responsabilidad a la hora de buscar soluciones duraderas.
Con los postulados del socialismo utópico, la transformación social debía
ser resultado de la conciliación entre las clases sociales por el bien común.
El cambio social no debía ser violento ni representar un antagonismo en-
tre las clases, porque la base de esta relación entre pobres y ricos debía estar
guiada por la cooperación y no por la competencia, con el fin de alcanzar
una sociedad armónica.
Otro campo donde el cambio social debía verse reflejado era en el de
los derechos, la conquista y la reivindicación, priorizando los derechos a
la vivienda, los laborales, el espacio público y la tierra, que constituyeron
un foco de especial atención para Hill. Cabe resaltar que la autora tenía
grandes diferencias con los organismos e instituciones estatales, por con-
siderar que estas eran manejadas por los ricos y favorecían a los intereses
de su clase.
Es imposible abordar la concepción de transformación y cambio social
en Hill sin hacer referencia a sus aportes en el ámbito educativo, pues su
sistema de ayuda tenía como pilar la educación tanto de los pobres como de
todo el personal que se ocupaba de la caridad. Hill identificó en el ejercicio
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educativo una herramienta indispensable para el cambio social que contri-
buyó de manera importante en la autorrealización de los individuos, prin-
cipalmente a la de las mujeres de la época.
Por otra parte, se resalta su preocupación por la distribución y uso
de la tierra en Inglaterra, que por los efectos de la industrialización ca-
pitalista estaba siendo destruida y privatizada. Por tanto, desde la con- 217
cepción utópica de lo que debía ser la sociedad, propuso una reforma
agraria radical en la que la tierra debía ser propiedad colectiva, distri-
buida equitativamente y utilizada para el beneficio de todas y todos sus
habitantes. En consecuencia, como activista luchó incansablemente por
la defensa de los espacios públicos y el derecho del conjunto de la huma-
nidad a disfrutar de estos.
En conclusión, Hill fue una mujer revolucionaria que influyó en la
transformación y el entendimiento de los problemas sociales desde un nivel
estructural, individual y relacional; subvierte las lógicas de sumisión y ab-
negación que se le atribuían al género femenino; tenía la firme convicción
en que el amor por la humanidad sería el motor del cambio de las proble-
máticas sociales y que a partir de valores como la justicia y la dignidad era
posible construir una nueva sociedad.
Entre la práctica y la teoría
En este apartado se busca abordar el lugar de los diferentes conocimien-
tos epistemológicos, contextuales, teóricos, metodológicos y técnicos en el
desarrollo de las intervenciones sociales y la construcción de conocimiento
de esta pionera.
En esa medida es posible establecer que la relación entre teoría y prác-
tica planteada por Hill (1877) era indisoluble, pues para ella la práctica ca-
ritativa sin un fundamento teórico y analítico llevaba a acciones que solo
daban resultados a corto plazo, y la investigación de los problemas sociales
sin una aplicación del conocimiento sería solo acumulación de información.
Además, Hill hablaba de lo poco poderosos que podían ser los hacedores y
los pensadores por separado:
[…] estas dos clases, los pensadores estudiosos, más tranquilos, gene-
ralizadores, y los hacedores amables e individualizadores, necesitan ser
puestos en comunicación […]. Pues cada uno tiene el conocimiento que
el otro requiere que por separado son impotentes, en cambio combinados
pueden hacer mucho. (1877, 22)
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Así es como la investigación jugó un papel preponderante en la relación
teoría-práctica propuesta por Hill, teniendo en cuenta que las donaciones
caritativas que se brindaban hasta entonces no estaban basadas en el co-
nocimiento previo de las situaciones, puesto que estas solo contribuían a
mantener a una clase al borde del pauperismo, por lo que si el objetivo de
218 la caridad iba a seguir siendo el mismo era mejor renunciar a esta. Es así
como la indagación e investigación debían volverse la línea medular para
ejercer la caridad, porque a través de esta era posible analizar las condicio-
nes y registrar los casos que no solo servirían para decidir cómo brindar la
ayuda, sino que sentaban un precedente y una experiencia que podía ser
retomada para guiar acciones futuras.
La caridad no organizada en el distrito no puede comprometerse a
hacer todo lo que se desea para ellos, y por tanto es mejor no hacer nada.
Porque los regalos así dados pueden levantar falsas esperanzas. Nunca
pensamos, por ejemplo, en por qué entramos y dimos esas botas […]. La
gente caritativa nunca investiga el caso para saber lo que realmente suce-
día, cuál era el carácter de la gente o si valía la pena mantenerse juntos
en casa, nos olvidamos de considerar la influencia de esa acción caritativa en
la vida. (Hill 1877, 52)
Lo anterior responde a una característica de las epistemologías tradicio-
nales, propiamente de la corriente empírico-analítica que tiene como parti-
cularidad el establecimiento de una racionalidad científica al momento de
construir conocimiento, lo cual es evidente en Hill al elaborar una serie
de técnicas como la escucha activa y la observación participante, con base
en el método experimental, en el que, según Morán (2006), la realidad es
analizada e intervenida desde su identificación sistemática, la recolección
de datos, el análisis de la información y el establecimiento de un informe
social, para pasar la determinación de una forma de ayuda con la expec-
tativa de que fuese duradera.
En consecuencia, también se identifica una relación epistemológica con la
corriente histórico-hermenéutica, pues para ella una manera de aproximarse
e indagar a los sujetos y sus contextos fue a través de su constante acerca-
miento, primando el contacto cara a cara. Por consiguiente, gracias a dicha
corriente se percibe un mundo humano sometido a tensiones y subjetivi-
dades propias de la construcción social de la realidad, optando por la com-
prensión y la interpretación como procesos para actuar ante los fenómenos
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sociales y construir conocimiento (Morán 2006). De esta forma, Hill com-
prendió que ayudar no solo era dar techo a quien no lo tenía, sino que por
medio de las visitas sistémicas y de estrategias de investigación, como la
observación participante y la escucha, lograría acercarse a la cotidianidad,
siendo imprescindible entender a los sujetos a partir de sus historias y ex-
periencias cotidianas, desarrollando un camino metodológico basado en 219
indagaciones sociales, la comprensión de las individualidades, contextos y
la definición de programas eficientes.
Desde otra perspectiva se destaca en sus postulados que una verdadera
acción filantrópica debía tener dos componentes esenciales e indisolubles:
el primero tenía que ver con el ámbito emocional del individuo que ejercía
la ayuda, es decir, era imprescindible que tuviera un sentimiento de amor
por la humanidad que le impulsara a ayudar a otros, mientras el segundo
aspecto hacía referencia a la intelectualidad y el conocimiento con los que
se debían dirigir las acciones de ayuda para asegurar un real beneficio. Por
esto, Hill (1877) consideró necesario reunir a hombres y mujeres interesados
en el problema de la pobreza que desde distintas profesiones, ocupaciones
y experiencias pudieran aportar a su entendimiento y en algún momento
a su resolución.
Como resultado, cuando Hill se refería a la filantropía científica no
planteaba una interpretación a partir de la lógica dicotómica que, según
Blazquez (2011), tiene que ver con el proceso por el que se da sentido a un
fenómeno mediante la oposición a otro en una construcción en la que se
representan como mutuamente excluyentes, por ejemplo, la dicotomía entre
razón/emoción y masculino/femenino, donde el primer elemento de cada
uno subordina al segundo. Por el contrario, para Hill era imposible dividir
al ser humano cognoscente en dos o más partes, acercándola así a las epis-
temologías emergentes, ya que planteaba la integración de la emoción y la
razón, otorgando un lugar importante a los sentimientos en el proceso de
construcción de conocimiento.
En Hill se identifica una convergencia entre los postulados de la corriente
crítico-social y los de las epistemologías emergentes que, según Zalaquett
(2012), tienen un compromiso político con el cambio social, por lo que se
resalta en ella el análisis del contexto histórico, político, social y cultural en
torno a las condiciones en las que se encontraban inmersos los pobres y su
fuerte compromiso con el cambio social, dado que para ella era necesario
abordar en conjunto las precarias condiciones de vida de los seres humanos
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y proponer una reforma estructural de sus condiciones de miseria, cues-
tionando las formas imperantes en que se concebían la ayuda y la caridad.
Otro aspecto importante de la relación teoría-práctica en Hill y que se
enlaza con las epistemologías emergentes, en este caso con las epistemo-
logías feministas, fue su énfasis en el importante papel de las mujeres en
220 la producción del conocimiento y en la intervención social, según el cual,
teniendo en cuenta lo desarrollado por Blazquez (2011) con las epistemo-
logías feministas, las mujeres brindan una mirada integradora y dinámica
de la realidad. En ese caso, Hill (1877) fue partidaria de que la filantropía
científica debía ser desarrollada principalmente por las mujeres, pues infería
que por sus vivencias y cotidianidades podrían tener una mirada empática
ante los temas sociales de la época y esto facilitaría la comprensión de teo-
rías, leyes y experiencias que llegaban a afectar o beneficiar a los pobres;
en esa medida podrían desarrollar habilidades para llevar a cabo una in-
tervención humanizada, diligente, eficiente y soportada analíticamente.
Sin embargo, pocas mujeres de mediados del siglo xix de Londres
reunían todas las capacidades requeridas. Hill tenía muy claro que las mu-
jeres históricamente habían estado confinadas en los espacios privados de
la sociedad y que muchas de ellas no tenían la oportunidad de acceder a la
educación de igual manera que los hombres, así que para ella no había otra
salida que capacitar a las mujeres para que asumieran la triple labor que con-
sistía en cuidar, asistir y enseñar a los pobres a mejorar sus condiciones de
vida. Por ende, en 1896 diseñó para la cos un plan de formación que tuvo
componentes teóricos, prácticos, de investigación y de supervisión. Según
Morales (2010), las mujeres iniciaron las gestiones administrativas y finan-
cieras de las instituciones sociales, acumularon conocimientos y prácticas
hasta convertirse en expertas en la materia, esto les proporcionó cierta au-
toridad y estatus social en el espacio público.
Con este recorrido por sus aportes en el origen del Trabajo Social, se
identifica en Hill un híbrido entre las epistemologías tradicionales que
históricamente han guiado al Trabajo Social y las epistemologías emergen-
tes, debido a que se distinguen en ella diferentes perspectivas para abordar
los fenómenos sociales, las cuales posiblemente dependieron de los contex-
tos sociales, económicos, políticos y científicos en los que estaba inmersa,
además de sus experiencias personales y profesionales, sus objetivos y las
expectativas sociales.
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Conclusiones
Abarcar este estudio desde la perspectiva de género ha permitido analizar
y comprender la historia del Trabajo Social desde su origen con miradas di-
ferentes, resignificando, por ejemplo, las implicaciones de la feminización
de esta profesión, lo cual va más allá de la mayoritaria participación de las
mujeres en profesiones que no se alejan de los imaginarios y expectativas 221
de los roles femeninos, y que por esa condición no se legitiman ni son valo-
radas sus contribuciones sociales, científicas y académicas. “El género fun-
ciona como uno de los factores estructurales y estructurantes que perfilan
la posición social, el reconocimiento y el valor de la práctica de una profe-
sión” (Lorente 2004, 39).
Retomar esta perspectiva permite visibilizar y valorar los aportes de
las pioneras del Trabajo Social, lo que implica hacer un análisis com-
prensivo donde se tengan en cuenta sus experiencias y los contextos en
los que estuvieron inmersas, marcados por la desigualdad social, la injus-
ticia, la pobreza, entre otras problemáticas relacionadas con las amplias
transformaciones sociales y económicas que trajo consigo el desarrollo
del sistema capitalista en los siglos xix y xx, en este caso en particular
en Inglaterra, por lo que fácilmente se multiplicaron formas de ayuda
sin un impacto verdaderamente social más allá de cumplir con princi-
pios caritativos y religiosos.
En el caso de Octavia Hill, como pionera del Trabajo Social de Ingla-
terra, a mediados del siglo xix, trabajó arduamente desde perspectivas
críticas, comprensivas y estructurales para abordar los fenómenos socia-
les como la pobreza. Desarrolló intervenciones argumentadas desde la
indagación y la intervención, destacándose por sus acciones en pro de la
vivienda digna para las personas vulnerables de Londres, la defensa y el
uso adecuado de los espacios públicos, la participación activa de todas
las clases sociales en procesos de intervención social y la conquista de
nuevos espacios para las mujeres, siendo artífice de los primeros centros
educativos femeninos especializados en filantropía que ella misma dotó
de cientificidad.
Sin lugar a dudas, ella marca un hito en el origen del Trabajo Social y
es deber de las actuales generaciones reconocer y apropiarse de sus apor-
tes para retroalimentar el constante proceso de legitimación y visibiliza-
ción de la profesión.
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