Resumen Cap 6
Resumen Cap 6
La edad es otro de los típicos factores de diferencias de grupo. Del mismo modo que en lo
referente a las diferencias de sexo, las sociedades siempre han reconocido a las diferencias de
edad y todas sus consecuencias. Como sucede con las diferencias de sexo, las diferencias de edad
pueden ser causa de discriminaciones sociales y son causas de distintos roles sociales. A la
psicología diferencial se le plantean cuestiones que permitan entender el distrito rol de los
sujetos, según su edad en base a sus capacidades y rasgos de personalidad, así las diferencias
psicológicas relacionadas con la edad se pueden convertir en la justificación de los distintos roles
que ocupan los individuos en función de la misma.
Otra variable clásica de discusión de grupos humanos es la raza o grupo étnico al que un
individuo pertenece; esta variable, tradicionalmente ha sido motivo de diferenciación social y su
estudio ha estado rodeado de numerosas discusiones con consecuencias sociopolíticas
trascendentales. Una de las consecuencias de las diferencias raciales psicológicas en la
psicología diferencial tiene que ver con la verificación de las mismas (la inteligencia y las
capacidades cognitivas son iguales n negros que blancos, la personalidad obediente es propia de
los orientales, etc.). Y este punto está lejos de aclararse, pero más aún, lo está el hecho de que las
diferencias psicológicas entre razas se deben plenamente a las diferencias genéticas que existen
entre las razas.
Existe otro tipo de agrupaciones de individuos que responden a variables más o menos
biológicas, y que son las que hacen referencia a los grupos de sujetos que están afectados por
alguna enfermedad o trastorno permanente. Así, podemos hablar de los grupos de sujetos que
tienen minusvalías físicos-sensoriales, alteraciones motrices u otros trastornos más o menos
incapacitantes. Estos grupos de individuos preocupan a la psicología diferencial en la medida en
que muestran diferencias grupales consistentes con otros grupos de sujetos, con los cuales
comparten otras similitudes.
Entre los factores no-biológicos, aparece como predominante la variable Nivel Socioeconómico.
Podemos decir, que las variables que más distinguen grupos de individuos son: la nacionalidad y
cultura a la que pertenece el sujeto y la distinción entre clases sociales que existen en el interior
de las sociedades de cualquier confín del planeta. Estas variables actúan como criterio de
distinción, son arbitrarias y reflejan el efecto combinado de muchas otras.
Este tipo de variables que agrupan a los individuos son muy numerosas y no siempre son
comparables. Las agrupaciones de individuos basadas en estas variables han de ser tratadas, a
efectos de comparación, con mucha atención para evidenciar las similitudes y diferencias
psicológicas de sus miembros. La existencia de diferencias entre grupos en las capacidades, y
otras propiedades psicológicas, siempre ha sido motivo de discusión, y no tanto en cuanto al
reconocimiento de su existencia, sino en cuanto al origen y consecuencias de esta y la Psicología
Diferencial ha estado implicada desde sus inicios en esta temática.
La existencia de diferencias entre grupos es un hecho que conviene reconocer, sin que esto
necesariamente plantee la superioridad o inferioridad de unos grupos entre otros, y la psicología
diferencial, en este terreno, simplemente pretende describir las diferencias, buscar las causas
psicológicas de la misma y no juzgar ni proponer consecuencias ni dictar las implicaciones
sociales de ellas. Esta posición que podemos considerar “neutra” a efectos ideológicos,
simplemente pretende no utilizar los argumentos científicos como base de las opiniones ni
creencias acerca de las diferencias humanas.
La Psicología Diferencial nos describe y justifica, cómo varían las aptitudes cognitivas en
función de la edad de los sujetos y cuales son las principales diferencias en cuanto a la
inteligencia y capacidades que la componen entre hombres y mujeres.
Importancia en la Psicología Diferencial de las diferencias grupales. La distinción entre
diferencias individuales y diferencias de grupo es muy importante, especialmente en relación con
la investigación en inteligencia. Hay 2 buenas razones para comprender la importancia de las
diferencias individuales y de grupo en el estudio de la inteligencia.
A) La primera, es que las diferencias son reales y deben formar parte de cualquier teoría
completa de la inteligencia.
B) Las diferencias entre grupos son habitualmente triviales, es decir, tienen una magnitud
reducida, en comparación con las diferencias interindividuales.
Por último, es importante precisar que es más fácil encontrar una explicación a las diferencias
interindividuales que a las diferencias de grupo.
Edad e Inteligencia.
La edad y el sexo constituyen los dos factores biológicos que producen una clasificación natural
de los seres humanos en grupos claramente visibles. Las diferencias de edad de los individuos y
sus consecuencias en la conducta son fácilmente observables. En el contexto de la Psicología de
las diferencias individuales, es patente el interés en la variabilidad de la conducta como reflejo de
las disposiciones y capacidades individuales. Uno de los argumentos fuertes para justificar la
importancia y utilidad del estudio de la variabilidad es, aunque parezca paradójico, la constancia
y estabilidad de estas disposiciones.
Los estudios de las diferencias individuales asociadas a la variable “edad”, se ocupan de resolver
esta contradicción y, aquí se aportan evidencias que permiten comprender, simultáneamente, la
existencia de “estabilidad” y “cambio” en el comportamiento mostrado por los sujetos en función
de su edad.
La distinción entre crecimiento y desarrollo se puede ejemplificar con el caso del lenguaje. En un
momento determinado del desarrollo del niño, este empieza a formar palabras, algo después, a
formar frases, y más tarde, oraciones. La disposición para hablar es un fenómeno dependiente del
desarrollo, aparece como parte del proceso madurativo y no es muy susceptible de cambiar por
influencias ambientales.
Estas seis perspectivas, ponen su énfasis en aspectos distintos del desarrollo de la inteligencia. Se
puede afirmar a partir de los estudios acerca del desarrollo de la inteligencia 3 conclusiones
importantes:
A pesar de que la variable edad tiene un referente nítido, el paso del tiempo, es frecuente
encontrar en la Psicología distintas consideraciones de la variable edad. Se pueden distinguir
varias acepciones distintas del término edad:
Edad biológica: Se define como el “proceso de cambio en el organismo que con el tiempo redice
la probabilidad de supervivencia del individuo y que reduce la capacidad fisiológica del mismo
para la auto-regulación, la restauración y adaptación a las exigencias del medio.
Edad social: Hace referencia a los cambios de adaptación del individuo provocados por el efecto
de ciertos fenómenos que tienen que ver con el rol social. Todas las personas experimentan, con
el cambio de edad, cambios derivados de su situación familiar; laboral y económica
principalmente y estos cambios comportan cambios del rol social del individuo. Así, corresponde
a la medida en que los roles personales y la conducta de un individuo se ajusta a las expectativas
sociales para con su grupo cronológico.
Edad psicológica: Hace referencia a cómo un individuo, comparado con otros de distintas edades
cronológicas, es capaz de adaptarse exitosamente a las exigencias del medio. Es un término que
describe los cambios en los procesos de autorregulación que implican los aspectos cognitivos y
emocionales que configuran el núcleo básico de la personalidad.
Edad mental: Hace referencia específicamente al nivel de desarrollo intelectual alcanzado por un
sujeto, independientemente de la fecha de su nacimiento.
Al intentar explicar las diferencias psicológicas entre los grupos de edad, debemos estudiar los
efectos de los factores biológicos y sociales. Con la edad se observa un cambio en los procesos
biológicos, se observa un incremento y un declinar de estos. Los cambios relacionados con la
edad reflejan el impacto de un cambio constante del contexto socio/cultural.
La perspectiva escogida a la hora de estudiar la edad y sus diferencias será la del ciclo vital (life-
spam), enfoque de la Psicología Evolutiva que trata de la descripción y explicación de los
cambios conductuales ontogénicos desde el nacimiento hasta la muerte.
El enfoque del ciclo vital para el estudio del desarrollo se basa en varias presuposiciones que
son:
Está extensamente aceptada la idea de la infancia como un periodo marcado por el cambio,
maduración y desarrollo hacia un episodio que tiene su punto más álgido en el llamado periodo
adulto. Este período se considera que es estable al compararlo con el de la infancia. La
investigación más reciente sobre los cambios psicológicos, asociados a la edad se han
concentrado en el período de la adolescencia-juventud y de la vejez. Los estudios acerca del
desarrollo juvenil se han concentrado en el momento en que los individuos alcanzan la madurez,
tanto desde un punto de vista fisiológico como psicológico. Por el contrario, los estudios de la
vejez se han generalizado a casi todos los aspectos de la psicología, pero especialmente en
cuanto al curso de las capacidades cognitivas e inteligencia.
Los cambios asociados con la edad no solamente afectan a la salud, sino que también afectan
intensamente a la conducta. Estos cambios en el comportamiento están en gran medida causados
por los cambios de naturaleza fisiológica. Cuando se comparan grupos de personas mayores con
grupos de jóvenes, aparecen diferencias muy importantes en los sistemas sensoriales y en la
mayoría de las habilidades perceptivas, en la fuerza y potencia muscular, en la aptitud de
reaccionar rápidamente, en las pautas de coordinación sensorio-motriz complejas, y quizás, la
más importante de todas, los déficits en ciertos tipos de memoria, aprendizaje y determinados
tipos de aptitudes intelectuales.
Hemos afirmado que las capacidades y aptitudes cognitivas que constituyen la inteligencia
pueden conceptualizarse metodológicamente como rasgos, es decir, que son características
disposicionales de los sujetos estables (en el tiempo) y consistentes (entre las situaciones). Esta
afirmación implica que la inteligencia debe ser estable en las diferentes etapas de edad por las
que transcurre la vida de la persona. Esta afirmación, contrasta con la evidencia de los cambios
patentes de la inteligencia, al menos en el periodo que va del nacimiento a la juventud. La
segunda dificultad, radica en la consideración que se debe realizar de las diferencias de edad en
las capacidades intelectuales. Esta variabilidad proviene de los cambios madurativos y del
aprendizaje derivado de la experiencia y, por tanto, tiene un curso irreversible o bien
simplemente refleja procesos aleatorios y reversibles en el tiempo.
Distintos estudios, resumidos por Brody, indican que las correlaciones test-retest de Cl
disminuyen en la medida en que el intervalo entre las dos administraciones del tests se
incrementan. Así, si comparamos un Cl obtenido a la edad de ocho años con otro obtenido a los
nueve años, la magnitud de la correlación es superior a la que obtendremos al comparar el Cl
obtenido a los ocho años con el obtenido a los quince.
El interés en el estudio de las diferencias entre grupos de edad en cuanto a las capacidades u
otros aspectos psicológicos se ha incrementado en los últimos 30 años. Junto con las razones
claramente sociales, incremento de la expectativa de vida y de la proporción de personas con una
edad cronológica elevada (especialmente en los países desarrollados), hay razones científicas
destacadas. La más importante en el contexto psicológico, es la ampliación de los estudios
evolutivos a todo el ciclo vital; otra razón de importancia son los avances metodológicos, que se
han producido al incorporar técnicas de análisis de datos longitudinales muy potentes y precisas.
En el campo de la inteligencia estos cambios han tenido un fuerte impacto y las investigaciones
recientes permiten conocer con detalle lo que antes eran simples suposiciones. En 1958 Dawid,
expresaba la visión dominante acerca de las relaciones entre edad e inteligencia; Wechsler decía
(Casi todos los estudios han demostrado que la mayoría de las capacidades humanas declinan
progresivamente después de los 18 a 25 años).
Los primeros estudios empíricos que se realizaron, acerca de las diferencias individuales de edad
en inteligencia, estaban directamente vinculados a las administraciones masivas de tests de
inteligencia en situaciones como el reclutamiento de soldados, la contratación de personal, la
admisión de estudiantes en la universidad, etc., realizados principalmente en Estados Unidos. En
estos primeros trabajos simplemente se comparaban las puntuaciones directas de los tests entre
grupos de individuos clasificados por su edad cronológica.
Los métodos longitudinales, que utilizan grupos de sujetos de la misma edad en estudios
continuados temporalmente sobre las mismas muestras, no tienen la limitación anterior
(combinar efectos de edad con efectos de cohorte) pero tiene otras limitaciones. En estos
estudios, por causas naturales, la continuidad de los sujetos en las muestras es escasa y aquellos
que lo consiguen (participar en un estudio a lo largo de 35 o 40 años) casi se pueden considerar
individuos excepcionales y en este sentido no son los (mejores) representantes de sus grupos de
edad.
Los estudios longitudinales reducen o subestiman los efectos derivados de la edad. Por tanto, la
generalización de los resultados obtenidos en estudios longitudinales es limitada. Los problemas
asociados con este tipo de diseños son:
Schaie y Hertzog, indican que estos datos hay que tratarlos con cuidado ya que hay algunas
limitaciones importantes derivadas de la interacción existente entre edad y cohorte. Esta
interacción sugiere que el patrón de cambios de la inteligencia no es constante para las distintas
cohortes de edad. Existen unas importantes diferencias individuales que impiden afirmar que el
declinar de la inteligencia es debido inexorablemente a la edad. El proceso de aumento de la
edad cronológica, envejecimiento si se prefiere, es un proceso muy idiosincrático y los
individuos muestran patrones de cambio de la inteligencia muy distintos entre sí. Ante todo, es
cierto que los datos sugieren un relativo descenso de la inteligencia a partir de los 50 años, Si lo
contemplamos en el estudio que venimos comentando, entre los 53 y los 81 años, es decir, en 28
años se produce una pérdida de una desviación estándar en el rendimiento intelectual. Este valor
no es representativo de toda la población ya que los sujetos investigados pertenecen al nivel
socioeconómico medio, con un nivel educativo medio-alto y sin enfermedades discapacitantes
destacadas.
Uno de los modelos psicométricos de la inteligencia que se ha interesado más por el problema de
la edad y las capacidades, ha sido Cattell, que como es bien sabido divide la inteligencia general
en la inteligencia fluida y la inteligencia cristalizada. Este interés es patente desde los inicios de
formulación del modelo y se ha mantenido por sus seguidores, especialmente por J. Horn. En
parte, el interés en este modelo se deriva de su simplicidad y su capacidad explicativa. Cattell
hipotetizaba que las capacidades intelectuales humanas se dividen en dos grandes categorías: a)
aquellas dependientes de la acumulación de experiencias e información educativa formal e
informal que sucede a lo largo del tiempo (inteligencia cristalizada, Ge), y b) aquellas que
reflejan el crecimiento, madurez y deterioro de las estructuras neuronales (inteligencia fluida, G).
Parece obvio que los cambios en inteligencia fluida y edad están relacionados con una gran
variedad de cambios en los procesos fisiológicos y en los procesos básicos de procesamiento de
la información (velocidad, eficiencia en la atención y la memoria de trabajo, etc.) que, a su vez,
reflejan los cambios en la eficiencia funcional del cerebro.
Estos cambios tienen un efecto diferencial en la inteligencia fluida y la cristalizada. El declive de
la inteligencia fluida está muy relacionado con estos procesos más básicos, es decir, los cambios
fisiológicos y de las operaciones básicas del procesamiento de la información, mientras que el
declive, mucho menor, de la inteligencia cristalizada se debe, sólo de forma indirecta, a este tipo
de fenómenos. En cualquier caso. Estas evidencias dan la razón a los postulados defendidos por
Cattell en su distinción inicial entre inteligencia cristalizada y fluida allá por los años cuarenta y
cincuenta. Precisamente Horn y Cattell han ofrecido una explicación alternativa a la descrita por
Botwinick y la de Schiae que se conoce con el nombre de patrón clásico de envejecimiento.
Últimamente se ha puesto en duda este patrón, analizando la calidad de las respuestas y no tanto
la ejecución correcta o incorrecta, De hecho, se ha observado cómo por ejemplo la calidad de la
producción de sinónimos es peor en edades avanzadas (la producción de un buen sinónimo es
menos frecuente). Este patrón muestra que las pruebas de naturaleza verbal ofrecen mejores
rendimientos que las no-verbales en sujetos adultos ancianos. Comparando los estudios de
Schiae y colaboradores con los de Horn y Cattell, estos últimos son menos precisos
metodológicamente, pero son conceptualmente más atractivos y ambiciosos.
Uno de los rasgos más evidentes en el deterioro del rendimiento cognitivo de las personas
mayores es la pérdida de velocidad, el enlentecimiento de las respuestas que dan las personas
mayores. En general con la edad se nota un decremento en el tiempo de reacción. Sobre todo, se
muestra en tareas motoras un enlentecimiento tanto en movimientos simples como complejos.
Welford apunta la idea de que la pérdida de velocidad no se debe a un componente
exclusivamente motor (neuro-muscular) sino que se debe a un incremento en el tiempo necesario
para tomar la decisión de la secuencia de movimientos. Si las tarcas son familiares (escribir el
nombre) no aparece déficit, en cambio sí que aparece lentitud en las tarcas no familiares o más
complejas, donde hay más dificultad de programación de los movimientos. Este punto nos remite
al tipo de curvas de decrecimiento de las habilidades en general o las fluidas o bien puntuaciones
del WAIS manipulativo.
En 1871 Darwin escribió lo siguiente acerca de las características diferenciales entre hombres y
mujeres: El hombre tiene más coraje, es más belicoso y enérgico que la mujer y tiene más
creatividad... La mujer parece diferenciarse del hombre... especialmente en su mayor capacidad
de ternura y menor egoísmos. Darwin creía que estas cualidades de sexo eran características por
derecho de nacimiento de la humanidad, adquiridas en nuestro lejano pasado.
Darwin también sostenía, que los hombres, por naturaleza, eran más inteligentes que las mujeres
y atribuía esta inteligencia a la división sexual del trabajo y las funciones sociales desarrolladas
históricamente por ambos sexos. El arraigo de estas ideas que provenían de la antigüedad clásica,
con connotaciones claramente sexistas y machistas, dejó de ser predominante en las ciencias
humanas y sociales a partir de los años treinta, cuando la investigación antropológica,
psicológica y sociológica, junto con el desarrollo de movimientos políticos feministas abogó por
la igualdad de hombres y mujeres. Las tradiciones greco-romanas nos legaron una concepción de
la mujer como ser inferior al hombre a la par que objeto sexual, madre y cuidadora de la prole y
el hogar. Hay numerosas consideraciones peyorativas sobre la mujer a lo largo de la historia
como (hombre incompleto), (ente incidental), (ser inferior en inteligencia con respecto al
hombre), (individuo con posición social subordinada), (persona con manifiesta incapacidad para
la reflexión), (menor tamaño cerebral).
En los años treinta y las décadas siguientes, vieron la luz numerosos tratados científicos
proclamando que hombres y mujeres eran esencialmente iguales. En la actualidad se dispone de
valiosos datos, propiciados por serias investigaciones científicas, acerca de las diferencias e
igualdades entre sexos en todos los planos de la Psicología (desde rasgos del temperamento a
capacidades intelectuales), y, sin embargo, son muchos los científicos (psicólogos y de otras
especialidades) que piensan que los sexos son bastante diferentes y que estas diferencias
empiezan a establecerse en el cerebro humano dentro del útero durante la gestación. En la
investigación psicológica sobre las diferencias de sexo en las capacidades, rasgos y procesos
psicológicos la constatación de semejanzas supera a la de diferencias.
Existen numerosas evidencias antropológicas e históricas de que los hombres y las mujeres,
amen a ser distintos, han tenido y tienen diferentes roles sociales y cumplen funciones distintas
en todos los sistemas sociales conocidos.
El rol social de los sexos, es decir, el papel y función social que se espera cumplan los hombres y
las mujeres en un determinado contexto social es muy variable y distinto de una cultura a otra.
Durante un periodo histórico era propio de los hombres el adornarse, vestirse con ropas muy
decoradas, llevar el pelo largo y con elaborados peinados o llevar pelucas y lucir joyas; no
cumplir estas normas era ser un afeminado, en nuestra sociedad actual parece que sucede lo
contrario y que son las mujeres las que se maquillan y adornan y que, si un hombre utiliza joyas
o pelucas, amén de un vestuario poco discreto, se le cataloga de afeminado o poco masculino.
El estudio de las diferencias de sexo intelectuales ya fue abordado en 1575 por Huarte de San
Juan, planteando que las diferencias en inteligencia entre los sexos podían ser explicadas a partir
de diversas calidades humorales características de cada sexo, de manera que calor-seco
constituían principios masculinos y frio-húmedo eran femeninos. Esta teoría se mantuvo hasta el
XVII. De forma anecdótica se cita que los frenólogos buscaron la pretendida inferioridad de las
mujeres examinando los contornos del cráneo. Así, la inferioridad era atribuida al menor tamaño
del cráneo o el subdesarrollo de algunas áreas cerebrales; también Binet y Simon, encontraron
diferencias sexuales en el rendimiento ante los tests de inteligencia confirmando la existencia de
diferencias de sexo innatas en los procesos cognitivos.
En el tratado de Psicología Diferencial de Tyler, donde se recogen los resultados de los estudios
sobre diferencias de sexo en aptitudes específicas, realizados hasta la década de los años sesenta,
se presenta el siguiente panorama:
1. Las niñas y mujeres jóvenes muestran una mayor fluidez verbal que los niños y jóvenes,
evaluados con pruebas de fluidez verbal. Por el contrario, estas diferencias no aparecen
en cuanto a comprensión. Sin embargo, tampoco aparecen diferencias en cuanto a la
extensión del vocabulario entre sexos.
2. Con respecto a la aptitud matemática, la inferioridad femenina se circunscribe a las
pruebas y tests que requieren razonamiento matemático complejo, pero no se aprecia esta
inferioridad en las pruebas que requieren cálculos sencillos. Es especialmente, en la
resolución de problemas con números, donde se desenvuelven mejor los hombres, pero
en el cálculo aritmético la diferencia cambia de sentido.
En resumen, Tyler, nos indica que en los estudios realizados entre los años treinta y sesenta, los
hombres se muestran claramente superiores en tests de razonamiento matemático y de relaciones
espaciales. Las mujeres son superiores en fluidez verbal, memoria primaria, rapidez perceptiva y
destreza manual. Algunas de estas diferencias se manifiestan pronto y parecen ser más
fundamentales que otras.
La hipótesis de la variabilidad.
El problema de las diferencias entre sexos en ciertas capacidades cognitivas tiene otro aspecto si
en vez de analizar las diferencias entre grupos en las medidas de tendencia central (medias),
comparamos las medidas de dispersión de las puntuaciones obtenidas por los grupos (varianza y
desviaciones). Una diferencia simple de medias entre grupos de hombres y mujeres, no nos dice
nada acerca de las diferencias entre las distribuciones de las puntuaciones para las capacidades
de los grupos de hombres y mujeres en las colas de las distribuciones. A pesar de que los niños
tienen una puntuación aproximadamente igual a las niñas en los tests de conciencia verbal, la
relación de niños niñas en cuanto a los problemas específicos de lectura es de, al menos 3 a 1 y
también a pesar de que las diferencias entre chicos y chicas en capacidad numérica es modesta,
los niños superan a las niñas (en una proporción de 13 a 1) en el extremo superior de la
distribución de puntuaciones en el SAT-M (la escala matemática del Scholastic Aptitude Test).
No está clara la razón por la que existen estas diferencias de proporciones (que afectan a los
extremos de las curvas de distribución de las capacidades) pero éstas configuran también el
panorama de las diferencias de sexo en las capacidades cognitivas. Es decir, podemos encontrar
diferencias muy notables en los extremos de las distribuciones, aunque éstas no aparezcan en los
valores promedio (medidas de tendencia central de las distribuciones).
Una de la hipótesis explicativa de las diferencias entre hombres y mujeres en las aptitudes y
capacidades cognitivas, es la de la Variabilidad, que fue inicialmente formulada por Ellis en
1894 en un texto titulado (Men and Women) y es la que, hasta hoy, a pesar de las críticas, más
evidencias empíricas la justifican. La hipótesis de la variabilidad plantea que las distribuciones
de las puntuaciones en los tests de aptitudes y capacidades de los hombres tienen una dispersión
(variabilidad) mayor que las de las mujeres, así pues, la forma en que hombres y mujeres se
distinguen no se refleja en las puntuaciones promedio o medias sino en que las diferencias
aparecen en la amplitud de las distribuciones. Esto significa que las mujeres se sitúan más
agrupadas en torno a la media del grupo y los hombres se distribuyen más ampliamente en torno
a esta media. En esencia, la teoría sostiene que los hombres se distribuyen más en los extremos
de la distribución de la inteligencia que las mujeres.
Las diferencias entre sexos en la capacidad matemática se observan en pruebas como las de
razonamiento numérico, de geometría y en las de cálculo y el patrón de diferencias refleja, que,
en las dos primeras, las diferencias son a favor de los hombres y en la última, a favor de las
mujeres.
La existencia de estas diferencias parece ser aceptadas en general, pero no sucede lo mismo con
la magnitud e importancia de estas, de hecho, este es un fenómeno altamente controvertido y que
ha dado lugar a multitud de estudios y trabajos teóricos y empíricos. Por ejemplo, Plomin y Foch
aplicaron una correlación biserial puntual a los datos de Maccoby y Jacklin sobre la relación
entre sexos y capacidad verbal y observaron que el porcentaje de varianza, de las distribuciones,
atribuibles a las diferencias de sexo no superaba el 1 por 100 y este porcentaje desaparecía
cuando se analizaban datos provenientes de sujetos adolescentes de más de 12 años de ambos
sexos.
Maccoby y Jacklin distinguieron entre aptitudes espaciales analíticas (que se pueden resolver de
forma verbal), y aptitudes espaciales no-analíticas (que no permiten la mediación verbal). Las
diferencias fueron en ambas tareas, pero en las no-analíticas la magnitud de las diferencias fue
mayor. En cuanto a las diferencias en las capacidades verbales el trabajo que comentamos
mostró diferencias, en este caso, a favor de las mujeres, en tareas de vocabulario, articulación,
fluidez verbal, gramática, analogías verbales, lectura, comprensión y ciertos aspectos de la
creatividad; estas diferencias se pueden observar en la infancia, pero quedan definitivamente
consolidadas a partir de los 10 años. El trabajo de Maccoby y Jacklin, a pesar de las críticas que
ha recibido por el tratamiento que ha hecho de los estudios y el valor de generalidad que da a sus
resultados, parece que ha reflejado bien las principales diferencias en las aptitudes cognitivas
entre hombres y mujeres.
Después del trabajo de Maccoby y Jacklin, se han hecho otras revisiones globales de aquellos
trabajos experimentales o correlacionales, que aportaban informaciones sobre diferencias de sexo
en cognición (entendida ampliamente, desde pruebas específicas de habilidades hasta estudios de
rendimiento académico). Para estas revisiones, se ha seguido la técnica del metaanálisis, que
consiste en analizar los resultados de los estudios empíricos teniendo en cuenta el tamaño de las
muestras, que los estudios sean comprobables (en términos de diseño y definiciones operativas),
entre otras características metodológicas.
Brody resume los datos que la investigación actual sobre las diferencias de sexo en capacidades
cognitivas en 5 puntos:
2. Los cambios históricos (de este siglo) han provocado un descenso de la magnitud de las
diferencias de seco en las aptitudes específicas.
3. Las diferencias medias en capacidad verbal y matemática en la población general han
desaparecido.
4. Los grupos de hombres aparecen más variables en varias aptitudes cognitivas específicas;
esta diferencia en variabilidad es particularmente importante, en el extremo superior de la
distribución de la capacidad y puede ser la explicación de por qué hay un mayor número
de hombres que de mujeres en el extremo superior de la distribución de la aptitud.
Como hemos descrito a lo largo de los apartados anteriores, la afirmación inicial de que las
semejanzas superan a las diferencias parece cumplirse. En inteligencia general, no hemos podido
apreciar diferencias más que en la dispersión de las distribuciones para los sexos y en las
capacidades específicas hemos observado cómo más diferencias existentes solamente aparecían
nítidas en el dominio verbal, especial y numérico-matemático.
Los estudios sobre diferencias de sexo en la estructura cerebral y el funcionalismo hormonal son
clásicos en el contexto de las hipótesis explicativas de las diferencias sexuales en las capacidades
(y en menor grado de la personalidad). Las técnicas desarrolladas en los últimos años, que
permiten un estudio de las estructuras cerebrales de forma no-invasiva, han alcanzado tal grado
de resolución que se pueden hacer estudios muy precisos sobre las diferencias anatómico-
funcionales del cerebro del hombre y la mujer. Por el contrario, los estudios acerca de las
influencias hormonales dependen de forma completa de los cambios hormonales naturales
cíclicos que (en ciclo corto o largo) aparecen en las mujeres y hombres para observar su efecto
en el rendimiento cognitivo. El papel que tienen en el desarrollo fetal las hormonas, tanto con el
propio desarrollo endocrino como en el neuronal, hacen ver un conjunto complejo de relaciones
entre estos efectos combinados y actuando a lo largo del desarrollo.
Efectos Hormonales: Existen hipótesis que intentan relacionar la presencia de concentración
diferencial de hormonas sexuales en hombres y mujeres con la diferencia en rendimiento y
aptitudes cognoscitivas. El hecho de que ciertas diferencias en aptitudes (verbales o espaciales)
se observan consistentemente a partir de la madurez sexual de los individuos, ha planteado la
posibilidad de que exista una relación entre fenómenos hormonales y rendimiento cognitivo.
Hipótesis socioculturales: Entre las hipótesis socioculturales, hay que destacar todas aquellas que
relacionan variables de rol e identidad de género con el rendimiento y sus diferencias en
aptitudes específicas. En general, se pueden describir tres hipótesis genéricas derivadas del
proceso de socialización, las de la experiencia previa o práctica y las que provienen de las
variables de la tarea. En el fondo, como indican Barberá et al. los mecanismos que se ponen co-
juego para sustentar las diferencias de sexo en el rendimiento provienen de tres mecanismos
básicos: la identidad, la imitación y la socialización de roles sexuales e identidad de género, las
hipótesis basadas en estos mecanismos provienen del psicoanálisis, de las teorías del aprendizaje
social y de las teorías sociocognitivas más recientes.
Igual que la influencia biológica, muestras experiencias sociales tienen un enorme impacto en
nuestro desarrollo. Por ejemplo, las expectativas que se tienen socialmente en función del sexo,
por ejemplo, y según exponen algunos autores, podrían determinar la mayor habilidad
matemática en algunos niños. Así los padres las consideran más importantes para los niños, y les
estimulan más en estas habilidades. Compran, por ejemplo, más libros y juguetes matemáticos a
los niños. Incluso estas actitudes sexistas son rápidamente percibidas por los niños, viendo las
matemáticas como masculino. También se da el hecho de que la mayoría de los profesores son
hombres. De ahí, que las chicas no se motiven, pierdan interés en cursos de matemáticas y vivan
las matemáticas como menos útiles y de menor relevancia personal. Un estudio demostró, que, a
partir de los nueve años, aparecían diferencias sexuales en cuanto al interés por las matemáticas
y en la lectura de libros científicos. Además, cuanto más se interesaban los chicos mayores
diferencias sexuales aparecían en cuanto a rendimiento con la edad. También ocurre igual, pero a
la inversa, con la superioridad de lectura en las niñas la expectativa de rol social.