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Deficiencia Mental y Retraso Intelectual

Este documento resume los conceptos clave relacionados con la deficiencia y excepcionalidad mental desde una perspectiva de psicología diferencial. Explica que la llegada de los tests de inteligencia y modelos diferenciales de la inteligencia permitieron estudiar estos fenómenos como desviaciones de la distribución normal de la inteligencia. También describe la evolución histórica del concepto de deficiencia mental y las diferentes formas en que ha sido clasificada, incluyendo el uso de criterios psicométricos, legales-sociológicos
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Deficiencia Mental y Retraso Intelectual

Este documento resume los conceptos clave relacionados con la deficiencia y excepcionalidad mental desde una perspectiva de psicología diferencial. Explica que la llegada de los tests de inteligencia y modelos diferenciales de la inteligencia permitieron estudiar estos fenómenos como desviaciones de la distribución normal de la inteligencia. También describe la evolución histórica del concepto de deficiencia mental y las diferentes formas en que ha sido clasificada, incluyendo el uso de criterios psicométricos, legales-sociológicos
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Manual de Psicología Diferencial

Antonio Andrés Pueyo

Resumen Cap 7

Deficiencia Y Excepcionalidad Mental.


Uno de los fenómenos donde mejor se observa la diversidad humana es en el rendimiento. Los
cambios de las habilidades, y especialmente el progreso de éstas, que acompañan al desarrollo
infantil, ha sido un punto de referencia obligado para contrastar aquellas situaciones normales
con aquelas anómalas.

La comprensión de la debilidad mental y la excepcionalidad intelectual, históricamente. Se


relacionó con múltiples factores que las hacian más cercanas a la enfermedad mental que a
cualquier otro fenómeno. La llegada de los estudios de la inteligencia, el desarrollo de los test de
cociente intelectual y el desarrollo de los modelos diferenciales de la inteligencia y la
personalidad, permitieron un acercamiento a aquellos fenómenos, basados en la comparación de
sus aptitudes y capacidades con los sujetos “normales”. La principal idea de la Psicologia
Diferencial, al estudiar estos hechos, fue la de considerarlos tipos extremos en la distribución
normal de la inteligencia.

El uso de la inteligencia como eje vertebrador de la deficiencia y excepcionalidad mental ayudó


a separar estos sujetos del grupo de los enfermos mentales y tratarlos en base a su característica
más identificativa, el déficit o exceso de la inteligencia.

Inteligencia y Deficiencia Mental.

Concepto y clasificación de la Deficiencia Mental.

El estudio de la Deficiencia mental, en el conteto de la Psicologia, es muy antiguo. En 1896


Lightner Witmer, primer psicólogo clínico de la historia, se interesó desde el principio por la
defciencia y el retraso mental, especialmente en su tratamiento.

La historia del concepto de la “deficiencia mental” se dividió en 3 estapas:


 La primera ocupa un periodo que va de la mitad del siglo XIX hasla los primeros años del
siglo XX. Este periodo está marcado por la necesidad de identificar, clasificar y crear
condiciones adecuadas de vida y tratamiento de los deficientes mentales. Hasta este
momento el deficiente mental era un enfermo mental “más”. La distinción del deficiente
mental del “loco” se dio gracias a la aportación de los test de inteligencia y su medición.

 La segunda etapa se alarga hasta la II Guerra Mundial. En este período se desarrollo un


gran trabajo para catalogar las capacidades y habilidades de las personas deficientes. Una
conclusión de esta etapa es la idea de que el deficiente mental representa un punto del
continuum intelectual donde también se sitúa, en otro nivel, los individuos “normales” y
que, por tanto, su comportamiento no estan diferente del promedio.

 La tercera etapa, ocupa un período que va desde la II Guerra Mundial hasta hoy. En esta
etapa se ha iniciado una aplicación sistemática de modelos de procesamiento de
información estudiados en sujetos normales a deficientes mentales, para observar las
diferencias entre el rendimiento en estas tareas.

La vieja y ancestral idea, aun no del todo descartada en nustros días, de que los deficientes
mentales son algo así como “la muestra de la degeneración del ser humano”, tiene una utilidad
para comprender la descripición comportamental del deficiente mental, y que según esta idea el
comportmiento del deficiente mental es el de un ser humano en el cual los efectos de la razón y
la moral han desaparecido. Después esta creencia se cambiaría por una degeneración médica que
describió Morel en el siglo XIX. Por fin, se sustituyó esta concepción por la de “degeneración
evolutiva” según la cual, los individuos deficientes correspondían a estadios anteriores de la
evolución alcanzada por la especie humana.

Los cambios en la concepción de la deficiencia mental, en gran parte motivados por el desarrollo
y avance sociales, ha sido muy notorio en los últimos 50 años. El concepto de Deficiencia
Mental está estrechamente ligado a la definición de inteligencia, y de ahí nuestro interés. Los
progresos educativos, la adaptación vocacional y la ejecución de los test de inteligencia
tradicionales han sido muy importantes en las definiciones de Deficiencia.
El fenómeno de la dotación insuficiente de inteligencia se ha calificado de diversas formas, así
hablamos de individuos “oligofrénicos, debiles mentales, deficientes mentales, retrasados
mentales, subnormales”.

El término de Deficiencia mental, lo propuso la OMS, aduciendo que eran los individuos
caracterizados por un desarrollo general psicológico incompleto o insuficiente. En este término,
prima la ausencia de capacidad o inteligencia general como criterio determinante de la
identificación de la deficiencia mental. Se propuso sustituir el término deficiencia mental por el
de retraso mental, que hacía referencia directa a las capacidades adaptativas y también a la
importancia del desarrollo individual en el que siempre se ha enmarcado este fenómeno.

Retraso mental. Una de las instituciones que más ha infuido en el estudio de la deficiencia
mental, es la Asociación Americana de la Deficiencia Mental (AAMR). La AAMR define el
retraso mental: “Se refiere a un funcionamiento intelectual general significativamente inferior al
promedio de la población, que se da conjuntamente con déficits de conducta adaptativa y se
manifiesta en el período de desarrollo”. Lo más interesante de anotar en esta definición es que el
diagnóstico del retraso mental se refiere a déficits tanto intelectuales como adaptativos. Podemos
encontrar individuos que fueran deficientes en uno de los dos tipos de funciones: en la intelectual
pero no en la adaptativa (cuasi-retardados), o bien, en la adaptativa pero no en la intelectual.

Por Subnormalidad, sencillamente entenderemos, el ocupar el nivel inferior de la distribución de


inteligencia atendiendo simplemente a un criterio puramente cuantitativo.

La Oligofrenia es un término clínico que se utiliza para designar el síndrome caracterizado por la
presencia de la insuficiencia intelectual como sintoma nuclear. La OMS asocia a la insuficiencia
intelectual las perturbaciones del desarrollo, el aprendizaje y el ajuste social y familiar.

En este contexto terminológico, resulta adecuado distinguir estos términos con las demencias, ya
que si bien a nivel diacrónico la clasificación no presenta dificultades, a nivel sincrónico es
difícil, a veces, realizar la distinción, ya que se manifiestan esradios de desarrollo parecidos.
Como criterio genérico para distinguir las demencias de las deficiencias mentales, podemos
decir, que mientras que el individuo demente ha alcanzado un óptimo normal de inteligencia en
su vida y llegado el inicio del deterioro empieza su retraso, el individuo deficiente no llegará
nunca a tener un nivel de inteligencia normal. La identificación de la deficiencia o debilidad
mental ha estado sometida a constante revisión pero en la práctica los criterios más comunes son
el psicométrico, el sociológico-legal y el educativo.

Criterio Psicométrico. Tradicionalmente, para el diagnóstico de deterioro o retraso mental, se


han utilizado tests de inteligencia y la evaluación del CI. Se acostumbraba a trazar la línea
divisoria entre la normalidad y la deficiencia alrededor de dos desviaciones negativas del Cl,
hacia el valor 70. Las primeras clasificaciones del retraso mental atribuían términos como idiota,
imbécil, débil mental, nombres que llevan asociados muchos sobre significados y hoy en dia
usamos términos más descriptivos y que no tienen unas connotaciones sociales tan peyorativas.
Durante los últimos treinta años el punto de corte del CI para la clasificación de la deficiencia
mental no ha variado excesivamente, y se ha especificado en términos de unidades de desviación
en la distribución normal de la inteligencia. Las implicaciones de estos cambios, al menos desde
el punto de vista epidemiológico, son importantes.

Tradicionalmente, se acostumbraba a distinguir tres grados o niveles de deficiencia mental. Las


personas del grupo de los idiotas, sujetos que no son capaces de cuidarse de sus necesidades
personales, prevenirse contra los peligros físicos comunes, llegar a hablar o aprender tareas
profesionales sencillas. Los del grupo superior, imbéciles, son capaces de cuidarse de sus
capacidades personales, precaverse de los peligros y ejercer tareas rutinarias sencillas. Aprenden
a hablar pero con una gran pobreza de ideas. No les es factible la educación escolar normal. Al
grupo siguiente de débiles, son capaces de proporcionar sustento, en condiciones favorables
aunque a menudo carecen de juicio para manejar sus finanzas y hacer frente a sus
responsabilidades. Aprenden a leer y escribir pero sólo pueden captar los significados más
literales y concretos. La OMS recomendó la utilización de los términos de subnormalidad ligera,
media y grave para estos niveles. Estos grados corresponden a una edad mental de menos de 3,
entre 3 y 7, y entre 8 y 12, respectivamente.

Criterio Legal-sociológico. En este criterio se hace hincapié en la inadaptación social. Se


definiría como una condición de desarrollo incompleto o detenido de la mente antes de los 18
años. Se esfuerzan por medir el alcance de las competencias, siendo las más bajas, las del idiota
(incapaz de protegerse de peligros fisicos), despues la del imbécil, (incapaz de manejar sus
propios asuntos); y el retrasado (requiere cuidados, supervisión o control para su propia
protección o para la protección de los demás).

Criterio Educativo. Considera el nivel de logros educativos que pueden alcanzar cada tipo de
deficiente mental. Así, por ejemplo, se considera que el idiota apenas si consigue aprender los
hábitos higiénicos y de autocontrol, el imbécil es capaz de aprender tareas simples y rutinarias y
el débil mental es capaz de alcanzar los rudimentos de la lectura y la escritura. Este tipo de
criterios han adquirido mucha preponderancia en los últimos años.

La definición de deficiencia mental nunca ha alcanzado una claridad ni uniformidad satisfactoria.


Esto se hace más comprensible cuando se advierte la trascendencia de la definición
administrativa de la deficiencia. En este sentido, las exigencias prácticas sociales, tales como la
asignación a una escuela especial, la concesión de una ayuda económica estatal o de un servicio
sanitario, han sido los motores de impulso para mejorar las definiciones y sistemas de
clasificación de los deficientes mentales. El concepto ha surgido de exigencias prácticas
producidas por la reclusión en instituciones, la admisión a clases especiales y hechos semejantes.

El retraso o deficiencia mental, debemos considerarlo como un concepto que hace referencia al
comportamiento y que está definido en relación a los estándares de edades y culturas diferentes.
Existen individuos cuyos dėficits o hándicaps son tan graves que no pueden adaptarse sin ayuda,
a cualquier entorno o ambiente pero estos individuos sólo constituyen una mínima fracción de
los individuos que se califican o que se pueden definir como deficientes o retrasados mentales.
Las personas con deficiencia mental son muy distintas entre sí tanto en el grado de la deficiencia,
como en su etiología y características conductuales. Todas las definiciones formuladas, desde
principios de siglo, han hecho énfasis en la distinción de grupos de deficientes mentales en
función de una dimensión única de capacidad, grado de retraso o etiología. Por ejemplo, Heber
incluye cinco niveles para clasificar y que eran: límite, medio, moderado, severo y profundo.
Grossman eliminó la categoría límite y dejó una clasificación basada en cuatro categorías
definidas en base a su nivel de Cl.

En 1983, se publicó el último manual de la American Association of Mental Deficiency en el


cual se recogía una propuesta (masivamente aceptada) de clasificación y terminología de los
individuos afectados por esta limitación o trastorno. Durante estos últimos años, posteriores a
esta publicación, ha existido un marco general consensuado para el estudio de la deficiencia
mental. Este marco representó un cambio determinante con el periodo anterior en el cual la
deficiencia mental era una alteración unidimensional, ligada exclusivamente a la inteligencia
psicométrica. En este marco, predominante hasta los años noventa en que se ha vuelto a cambiar
por parte de la AAMR (American Association of Mental Retardation), el énfasis se situaba en la
adaptación del individuo a su medio como criterio de identificación de la deficiencia o retraso
mental.

En 1992, la AAMR propuso un cambio en la definición y clasificación del retraso mental. En


este nuevo enfoque del retraso mental, este es la expresión del impacto funcional de la
interacción entre la persona con capacidades intelectuales limitadas, sus destrezas adaptativas y
las exigencias de su medio externo. La nueva concepción emergente ha necesitado, en cambio,
en la mentalidad predominante. El primero, hace referencia a que el grado de limitación
intelectual, por sí solo, no es un descriptor suficiente de toda la conducta de deficiente mental. El
segundo cambio, hace referencia a la importancia de las destrezas intelectuales en la vida
cotidiana que requiere clasificar las destrezas adaptativas en áreas consideradas críticas para la
vida cotidiana en un entorno social determinado.

En el nuevo paradigma propuesto para la comprensión de la deficiencia mental existen tres


elementos críticos: las capacidades, los entornos ambientales y el funcionamiento. En la base de
este paradigma, representado por un triángulo, se sitúa el funcionamiento del retrasado mental
que está determinado por las capacidades (lado izquierdo superior del triángulo) que incluyen la
inteligencia y las destrezas adaptativas por los entornos (Ambientes) (lado derecho superior del
triángulo), en los que el retrasado mental vive y se desarrolla: hogar, escuela, comunidad, etc. La
representación en un triángulo equilátero indica que en esta descripción los tres aspectos son
necesarios para comprender completamente el fenómeno del retraso mental.

En 1992, la AAMR adoptó una nueva definición de (retraso mental) que es la siguiente: (El
retraso mental hace referencia a una limitación sustancial del funcionamiento actual del
individuo. Se caracteriza por un funcionamiento intelectual significativamente inferior al
promedio que coexiste concurrentemente con limitaciones relativas a dos o más áreas de
destrezas adaptativas que son: comunicativas, de autocuidado, vida doméstica, habilidades
sociales, prácticas comunitarias, autonomía, salud y seguridad, escolar-académica., tiempo libre
y trabajo. El retraso mental se manifiesta antes de los 18 años.

Los entornos describen (settings) específicos (situaciones concretas) donde se implican funciones
individuales y son, por ejemplo, el domicilio, la escuela, el trabajo, etc. De hecho, la relación
importante a considerar en la deficiencia mental es el equilibrio entre las exigencias de las
situaciones y las capacidades que requieren estas exigencias. Por último, el funcionamiento hace
referencia al éxito individual en su adaptación a las exigencias cotidianas y diarias de la vida
normal. Si las capacidades individuales y las habilidades adaptativas inhiben el funcionamiento
del individuo, en ciertas situaciones, entonces este individuo puede tener una deficiencia mental.
Este funcionamiento está definido en términos relativos, no en un sentido absoluto. Así, el
funcionamiento individual puede ser promedio en unos entornos y estar por debajo del promedio
en otros entornos.

El funcionamiento intelectual, significativamente inferior al promedio, se define como un CI de


70 o inferior en medidas estandarizadas de inteligencia. Este límite hay que definirlo como una
guía, puede extenderse hasta valores de 75 o superiores dependiendo de la fiabilidad del test de
inteligencia utilizado para la medida. Es de especial aplicación en entornos escolares si la
conducta está alterada clínicamente en los ámbitos del razonamiento o capacidad de juicio. El
rangpo de CI de 70-75, es consistente con el importante hecho de que la varianza de todos los
tests de inteligencia es una característica propia de la medida de ésta, lo cual requiere una
evaluación clínica por parte de un examinador psicológico cualificado. De forma resumida, y si
consideramos que la inteligencia actúa en el seno de la personalidad, su evaluacion ha de ser
especificamente individual y combinar las medidas estrictamente psicométricas de inteligencia
con otras evaluaciones complementarias del individuo pretendidamente (retrasado mental).

Etiologías y teorías sobre la Deficiencia mental

Atendiendo a la investigación biomédica, pedagógica y psicológica se puede establecer que la


etiología del retraso mental o de la deficiencia mental es también múltiple y todavía hoy hemos
de reconocer que en gran medida es desconocida. Describir simplemente un cuadro detallado de
los trastornos diferentes que producen retraso intelectual nos llevaría muchas páginas (a veces
llenas de nombres muy infrecuentes como embriopatías, encefalopatías, etc.) que vamos a obviar
en lo posible. En términos cuantitativos las deficiencias mentales de distintas etiologías están
representadas de forma muy heterogénea.

La prevalencia es un concepto epidemiológico que nos permite conocer la extensión e impacto


de una enfermedad o trastorno en la población. Se define como el número de casos afectados por
cada mil sujetos de una población que tiene el riesgo de sufrir esta enfermedad (aquí los menores
de 18 años). El cálculo de este índice es problemático porque si se obtiene sólo a partir de los
individuos afectados que están institucionalizados, se omiten todos aquellos casos que están en
sus hogares al cuidado de sus familiares y el resultado no es muy preciso. El criterio varía en
cada país y dentro de este en cada región o segmento social. En general, la prevalencia en la
población suele oscilar entre el 1 o 2 por 100. También la prevalencia puede variar en función
del nivel de deficiencia. Así, es del 4 por mil en las categorías de CI < 50, (retraso severo y
profundo) afectando por igual tanto a niveles o clases sociales altas como en las bajas. En
cambio, para los retrasos moderados (CI entre 50 y 75) la prevalencia es más alta en las clases
bajas. Con motivo de esta prevalencia diferencial este tipo de deficiencia menos intensa se la ha
denominado retraso familiar-cultural debido a que no es posible saber si son los factores
sociocconòmicos o los genéticos los responsables de esta mayor frecuencia en las clases bajas de
este tipo de retraso mental. No todos los tipos de deficiencias mentales tienen la misma
prevalencia o aparecen con la misma frecuencia en la población. Según las estimaciones de la
OMS (realizadas en 1980), la frecuencia de casos de deficiencia ligera en España sería alrededor
de 460.000 casos, de deficiencia media sería de 103.000 y grave y profunda de unos 11.000 y
2700 casos respectivamente.

Otro dato interesante, descubierto por medio de estudios epidemiológicos longitudinales, hace
referencia a la existencia de cambios en la tasa de prevalencia del retraso mental con el paso de
los años. Analizado el periodo que va desde 1930 hasta 1975 se observó que la prevalencia del
retraso mental severo y profundo no ha variado sustancialmente. Las mejoras sanitarias y
obstétricas debían haber mejorado este índice de prevalencia pero también estas técnicas han
permitido prolongar la vida de los deficientes mentales severos que anteriormente fallecían más
precozmente.

Aptitudes y rendimiento cognitivo del Deficiente mental


Desde un punto de vista estrictamente psicológico, las teorías explicativas de la deficiencia
mental se han multiplicado ligadas a modelos evolutivos de la inteligencia, a modelos factoriales
de la misma o al modelo general del aprendizaje. Ninguna de estas teorías ha podido justificar,
de forma completa, este fenómeno pero se han propuesto mini-modelos que hacen referencia a
algún aspecto nuclear de la deficiencia mental. Estos mini-modelos, nos permiten comprender
algún aspecto del funcionamiento cognitivo del deficiente, como poder prever su desarrollo
futuro y proponer algunas estrategias de intervención o reeducación.

La mayor y más importante controversia en la deficiencia mental, es la importancia relativa de la


edad mental (EM) frente a la importancia del Cl. Sobre estas dos posturas no hay una posible
solución. Algunos autores mantienen que el CI es un indicador no-válido en el caso de la
deficiencia mental y que debería sustituirse por el de Edad Mental. Los que siguen esta postura
defienden un enfoque «desarrollista en el cual los individuos que tienen edades mentales
similares, también deben ser similares en cuanto al funcionamiento de sus procesos cognitivos y
su rendimiento. Según esta postura el retraso mental se debe (excluyendo aquéllos donde está
demostrada la etiología orgánica del mismo) a factores filogenéticos primordialmente definidos
por la herencia y, a veces, vulnerables a efectos ambientales.

La segunda postura considera que la Edad Mental es, simplemente, una puntuación aritmética
compuesta por unos valores que reflejan relativamente poco acerca de la naturaleza de las
capacidades intelectuales. Las teorías que se basan en esta consideración, abogan por la
existencia de (defectos) o (diferencias) en los procesos psicológicos cognitivos como causas del
rendimiento intelectual deficitario de los retrasados mentales. Así, se propone que algunos tipos
de deficiencia mental se deben a problemas de funcionamiento mnemónico o atencional. Estas
teorías suelen postular que el funcionamiento cognitivo de los deficientes mentales es deficitario
aún comparándolo con individuos del mismo nivel de edad mental. Esta postura ha sido
reforzada por el desarrollo de la Llamada Psicología Cognitiva aplicada al estudio de la
inteligencia y, constituye hoy, una de las grandes esperanzas para conocer mejor las causas
funcionales de la deficiencia mental. Con la llegada del enfoque cognitivo a la Psicología, el
estudio de la deficiencia mental recibió un notable impulso derivado del cual podemos
mencionar dos tipos de teorías básicas para la comprensión del funcionamiento cognitivo del
Deficiente mental.
Según la Teoria del desarrollo de Zigler, se considera al retrasado familiar-cultural como
esencialmente un individuo normal de baja inteligencia, cuyo desarrollo cognitivo es,
esencialmente, como el de todos, excepto que su tasa de desarrollo es más lenta y su nivel
intelectual final es menor. Así, en este modelo, evaluando retardados y normales en Edad Mental
(usando controles más jóvenes) no produciría diferencias en muchas medidas de procesamiento
cognitivo. Según la teoría del déficit, propuesta por Ellis, se considera que todos los retrasados
son defectuosos y sufren de algún déficit psicológico específico, principalmente, situado en la
memoria o en la atención (también en los llamados procesos de control). Recientemente, se ha
propuesto una teoría integradora basada en el modelo general del procesamiento de información
humano.

La teoría de Detterman que es una propuesta en la cual se considera que el déficit básico
intelectual del deficiente mental, se sitúa en las múltiples interacciones que se dan entre los
mecanismos y estructuras que componen la inteligencia. En concreto, Detterman propone, de
acuerdo con los modelos factoriales jerárquicos, que el déficit fundamental de la inteligencia del
deficiente mental se debe situar en aquellas aptitudes específicas poco implicadas en los procesos
superiores (es decir, alejadas de g) y además, puntualiza este autor, el retraso mental no se debe a
una (depresión) general de todas las aptitudes mentales cognitivas.

Los resultados de estos estudios, que desde los años setenta han ido aumentando de forma
progresiva, indican que los grupos de deficientes mentales siempre son más lentos en sus
respuestas que los grupos de sujetos normales (apareados por edad cronológica y mental).
Recientemente, R. Kail, ha realizado una revisión del tema de la velocidad de reacción en tareas
cognitivas en el contexto del estudio de la deficiencia mental. El estudio ha analizado unos 45
experimentos diferentes en los cuales se han estudiado un total de 518 pares de grupos de sujetos
(deficientes vs. normales) ante tareas de Tiempo de Reacción. Estos pares de grupos de sujetos
se aparearon por edad cronológica y se distribuyen temporalmente entre 1956 y 1980. En todos
los experimentos la consigna siempre demandaba al sujeto que la respuesta se ejecutará tan
rápidamente como fuera posible. Además, en todos los estudios se disponía de una evaluación
psicométrica de la inteligencia en términos de CI. El rango de Cl de los estudios iba de un
mínimo de 33 hasta un màximo de 72 (media de 50). La edad cronológica oscilaba entre 12 y 44
años (media de 20) Las tareas eran variadas, si bien predominaban las de tiempo de reacción
simple y discriminativo, pero también incluían tareas de Stroop, de verificación de frases, de
apareamiento de letras, de apareamiento figura-palabra y de bùsqueda visual y mnemónica. Los
resultados nos indican que el tiempo de reacción de los deficientes mentales se incrementa
linealmente como en los normales, para las distintas tareas pero con un coeficiente de regresión
más elevado.

LA EXCEPCIONALIDAD INTELECTUAL

Quizá no hay otro problema tan fascinante en el estudio de la inteligencia, cuya explicación
representa aún hoy un absoluto reto a los psicólogos, que el de la superdotación mental o la
excepcionalidad intelectual. La observación de niños de muy corta edad con unas capacidades y
habilidades cognitivas extraordinarias, representa un auténtico problema científico cuya
comprensión está aún lejos de alcanzarse. En la historia, se describen muchos ejemplos de casos
en los cuales ciertos individuos a edades realmente precoces eran capaces de realizar tareas que
la mayoría de adultos no podían ejecutar con el mismo nivel de maestría. El caso de Mozart, y de
muchos otros (genios), así lo testifica. Estos casos han sido admirados y reverenciados y son la
mejor forma de ejemplificar el fenómeno que se quiere resumir bajo el término
(excepcionalidad) intelectual.

Conceptos y términos básicos

Como sucede con tantos otros conceptos propios de la Psicología Diferencial, desde los inicios
de la cultura y ciencia occidental, el concepto de (genio) ha ocupado a numerosos filósofos y
pensadores, La sorpresa que produce a un observador el rendimiento de un genio se parece a la
que produce un terremoto o una explosión volcánica sobre todo por la intensidad y rareza del
fenómeno. Esta sorpresa ha llevado a los pensadores a reflexionar sobre la naturaleza de la
genialidad. Las primeras explicaciones del porqué de los genios atribuyeron a causas
sobrenaturales su excepcional rendimiento en alguna de las múltiples àreas donde estos destacan
(literatura, politica, escultura...), el ejemplo más relevante es aquel que considera al genio como
una persona poseedora de un (poder o don sobrenatural) que justifica su nivel de ejecución o
rendimiento.
Dada la importancia social de los fenómenos asociados a la inteligencia, la existencia de
referencias históricas a los sujetos superdotados o excepcionales son muy antiguas. Se trata de
anécdotas situadas en los orígenes de la propia historia del pensamiento occidental. El estudio
científico del (genio), de la genialidad como excepcionalidad en el rendimiento cognitivo y
social, se inicia sistemáticamente con los trabajos de F. Galton. Este prolífico autor se interesó
por la acumulación de genios o eminencias en ciertas familias e interpretó este hecho en base a la
transmisión hereditaria de las capacidades mentales.

Un elemento importante en la definición del genio es la reputación social. Esta peculiaridad fue
introducida por Galton la definió como la opinión de los contemporáneos, revisada por la
posteridad. la reputación de un líder de opinión, de un iniciador, de un hombre al cual se le
reconoce de forma deliberada sus aportaciones a la sociedad. Este elemento es fácilmente
comprensible pero difícilmente operacional, ya que introduce un aspecto muy dependiente de las
oscilaciones culturales y sociales. Así, en un músico como Mozart, fue considerado menos
importante que Sallieri y en la actualidad esta opinión es inversa. En cualquier caso, esta
aportación es muy importante ya que en la actualidad se reconoce en el genio dos aspectos:
rendimiento superior o excelente y reconocimiento social duradero. Por ejemplo, Mendel fue un
genio pero solamente reconoció su labor mucho más tarde una vez muerto, y esto no es un
fenómeno raro en nuestro entorno cultural, quizá es más frecuente que la situación contraria. En
numerosas biografías de genios, Newton, Einstein, etc., muestran este efecto. El paso del tiempo
permite discernir si la aportación de un determinado autor es atribuible o no a la genialidad o su
talento.

Antes de continuar con la descripción del fenómeno de la superdotación o excepcionalidad


intelectual conviene delimitar el concepto y distinguirlo de otros similares. Estos términos,
parecen intercambiables pero su uso se hace con una cierta distinción. Así, Schuman afirmaba (el
talento trabaja, el genio crea). En el mismo sentido Meredith afirmaba que (el genio hace lo que
quiere y el talento lo que puede). También Goethe nos ofrece su peculiar versión de estos
términos y lo que identifican (el talento aprende lo que quiere, el genio lo conoce todo). Entre
estos términos, que hacen referencia al fenómeno del rendimiento excepcional, tenemos los de
Superdotado, Genio, Talento y Prodigio. El término excepcional lo consideraremos sinónimo de
superdotado.
Superdotado: se refiere simplemente a un CI (capacidad intelectual valorada psicométricamente)
muy superior al normal (dos desviaciones estándar o más). Este término se reserva para
identificar los individuos cuyo Cl está en la parte superior de la distribución de la inteligencia.
Generalmente, hace referencia a la capacidad intelectual general y no especifica (en propiedad se
reserva el término talentoso al individuo que también muestra una altísima capacidad pero en un
ámbito específico).

Talento: es aquel individuo dotado de una habilidad especial muy desarrollada (don musical,
habilidad matemática, artista, etc.) Como ejemplo, podemos decir que un -idiot-savants es un
talentoso pero no superdotado. Después de los estudios acerca de la estructura factorial de la
inteligencia, ganó prestigio un término nuevo que iría a sustituir o matizar el de Superdotado, nos
referimos al de talentoso o sujeto que mostraba un desarrollo excepcional de alguna aptitud o
capacidad constituyente de la inteligencia. Más tarde, se generalizó a las habilidades o destrezas
cognitivas. En Estados Unidos y desde 1972, se delimitan seis áreas donde ubicar los talentos:
aptitud intelectual general, pensamiento creativo, aptitudes académicas específicas, liderazgo,
habilidades artísticas visuales o representativas y habilidades psicomotoras. Así pues,
entendemos al Talento como una destreza específica de un ámbito técnico, artístico o profesional
que se adquiere y perfecciona por medio del entrenamiento. Está muy vinculado a las
capacidades y habilidades específicas.

Genio: es virtualmente idéntico al de talento pero, además, incluye un alto nivel de creatividad.
Es un término que por su indefinición se tiende a evitar. El Genio supone, además de las
anteriores características, el hecho de ser creativo, Se define conductualmente con el indicador
de genialidad que es la productividad de objetos o ideas geniales. Las dotes del genio no se
atribuyen a ningún talento singular, sino la afortunada combinación de varios factores
intelectuales, motivacionales y ambientales. Las variaciones cuantitativas, respecto a la media,
pueden dar combinados resultados cualitativamente diferentes. Socialmente, se pone de
manifiesto con la aceptación del calificativo genial por expertos que trabajan sobre sus obras y
otros. Este criterio es complementario al de superdotado en el sentido que es más cualitativo.

Prodigio: término asignado a los niños talentosos o que muestran unas habilidades y destrezas
extremadamente superiores a las propias de su edad. Ser un niño prodigio no determina,
necesariamente, que el sujeto acabe siendo un científico o artista destacado. Existen en la historia
numerosos casos de individuos que fueron prodigiosos en edades tempranas de su vida y que no
mostraron talentos específicos de adultos. En general, se considera que un individuo es prodigio
en un periodo que va desde la infancia hasta la adolescencia. La capacidad precoz de estos niños
ha sido considerada, especulativamente, ya que si bien pueden ser identificados en los años
preescolares o bien en los estudios biográficos, hay que fiarse de informaciones retrospectivas.
Considerando si son factores genéticos o ambientales los que llevan al desarrollo de estas
habilidades precoces, dos teorías han sido expuestas de cara a explicarlo. La realidad de la
distribución normal de la inteligencia psicomètrica, es un punto de partida necesario en el estudio
de la variabilidad interindividual de la inteligencia. Precisamente, la distribución normal, por sus
características paramétricas, nos ofrece unos criterios para definir la normalidad y la
excepcionalidad intelectual. En base a estos criterios, que se pueden cuantificar, se pueden
identificar tres grupos de sujetos en cuanto a su capacidad intelectual: los sujetos normales, los
subnormales (deficientes o retrasados mentales) y los superdotados o excepcionales
intelectualmente.

La identificación de los superdotados y de los talentosos incluye esencialmente, pero no


exclusivamente, la evaluación de las capacidades o aptitudes y habilidades cognitivas. La
evaluación de la superdotación se realiza por medio de instrumentos de evaluación de la
inteligencia y de factores de personalidad (temperamento, creatividad, etc.) mientras que en la
evaluación del talento, se incorporan otros procedimientos que hacen referencia específica a los
ámbitos donde el individuo destaca (artes gráficas, habilidades psicomotoras, etc.). El uso de
instrumentos habituales de medida de la inteligencia suele tener una limitación derivada del
techo nimáximo que pueden evaluar con eficacia. Así, el WISC admite un valor máximo de 145
de Cl global. Por tanto, los sujetos que alcanzan esta puntuación no necesariamente significa que
tienen ese CI, ya que en otro test más adecuado podrían puntuar por encima de este valor. Por
este motivo, en la evaluación de la inteligencia para superdotados, se utilizan instrumentos
diseñados específicamente para este fin. Estos instrumentos son distintos en cuanto al límite
superior evaluable de Cl y la propia composición de los ítems del test. Es de importancia
considerar que, los sujetos excepcionales suelen puntuar con valores altos en los tests de
inteligencia generales pero no tienen por qué ser puntuaciones extremadamente altas,
necesariamente, debido a la naturaleza de estos tests.
Las estrategias para la identificación de individuos superdotados son variables y pueden estar
orientadas hacia la detección de cualquier indicio o prueba de superdotación o talento basadas en
medidas informales, en medidas formales o en análisis individualizados. En cualquier caso, estas
estrategias buscan la diferenciación de los individuos con la normalidad.

Los niños superdotados son muy superiores en un promedio de capacidades a los niños normales,
pero también lo son en el funcionamiento específico de las operaciones cognitivas aisladas.
Keating realizó un estudio en el cual estudiantes superdotados, a nivel de educación general
básica, rinden muy por encima de sus congéneres de secundaria, en tareas como las de
conservación de Piaget o en ciertos ítems de tests de CI, muy afectados por los conocimientos
culturales.

Estudios longitudinales: Terman y SMPY

Los estudios más clásicos de superioridad mental, fueron llevados por el grupo de L. Terman, a
partir de los años veinte. Gran parte de lo que conocemos sobre la superdotación proviene de un
estudio longitudinal que, como ya hemos mencionado, inició L. Terman en 1921, y que ha
seguido desarrollándose a lo largo de los últimos 50 años. Este estudio, se inició seleccionando
de las escuelas de California a unos 1.500 niños y niñas que tenían puntuaciones superiores a 140
en la escala de Stanford-Binet.

En la última publicación relacionada con este estudio, realizada tres años despuės de la muerte de
Terman, se mostraron una serie de conclusiones acerca de los superdotados que Genovart y
Castelló resumen así:

- Existe superioridad física (en muy diversos parámetros) sobre los sujetos del grupo
control.

- En los tests de rendimiento suelen puntuar en dos o tres años por encima de sus
compañeros de clase.

- Realizan un mayor número de lecturas habitualmente.

- Su nivel de intereses es mucho más elevado.


En 1968, un colaborador de Terman, Oden, publicó los últimos resultados del cuarto seguimiento
de los superdotados. Sus resultados estaban en concordancia con los anteriores, ya que los
individuos habían alcanzado unas posiciones profesionales y sociales privilegiadas.
Administrado el Stanford-Binet sobre un total de 115 miembros del grupo inicial, sus
puntuaciones estaban por encima de 133 (media de 140).

Este estudio, por su magnitud y desarrollo, se considera uno de los más destacados de los que
hacen referencia a la superdotación, pero el haberse desarrollado en un momento en el que los
modelos factoriales de la inteligencia eran aún incipientes y la ausencia de control en variables
críticas (sobrerrepresentación de individuos de clase elevada, etc.), cuestionan algunas de las
conclusiones.

Otro estudio importante, relacionado con el rendimiento excepcional cognitivo, es el SMPY.


Este fue diseñado originalmente por J. C Stanley, importante psicólogo de la Universidad de
Johns Hopkins, para desarrollar un programa de investigación educativa para estudiantes muy
jóvenes y que tuviesen unas aptitudes excepcionales en disciplinas como las matemáticas, la
física y la ingeniería. Las razones, aparte de las meramente sociales, se justifican al considerar el
importante papel que tienen las matemáticas (las aptitudes matemáticas) en el avance y
creatividad científica modernas.

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