Aspectos Clave de la Mística
Aspectos Clave de la Mística
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staff
Directores
María Soledad Costantini | Leandro Pinkler
Editor General
Leandro Pinkler
Sección Letras
Editora
María Eugenia Romero
Asistencia
Eugenia Cesana | Ismael Pinkler
Fotografías
María Gabriela Pellegrini
Diseño
Adriana Manfredi - Agustina Zwiener
Producción Editorial
María Eugenia Romero
Impreso en
Gráfica Polar
Buenos Aires, Argentina.
Web Master
Alejandro Loredo Zuleta
Colaboran en este número Francisco García Bazán, Bernardo Nante, Hugo Francisco
Bauzá, Patricia Andrea Ciner, Esteban Ierardo, María del Carmen Calvo, Luis Loredo
Beatriz Borovich y Carlos Ruta
thesaurus
92 El maestro Eckhart
Presentación de Carlos Ruta
100 San Juan de la Cruz
Presentación de Luis Loredo
entrevista
116 Luce López Baralt
Por Leandro Pinkler con la intervención
de Luis Loredo y Ricardo Elía
kábalah y sufismo
128 Escrito especial sobre Kabalah
Por Beatriz Borovich
132 El camino del sufismo
Por Leandro Pinkler
Por Francisco García Bazán
editorial
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principal
Aspectos de la mística
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Bernardo Nante: Doctor en Filosofía. Profesor titular en las Cátedras de Mitología General
y Comparada, Escuela de Estudios Orientales; Filosofía de la Religión, Facultad de Filoso-
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fía; Universidad del Salvador. Profesor Investigador en áreas vinculadas al estudio de las
religiones, filosofía comparada de Oriente y Occidente y de la articulación entre psicolo-
gía, religión y filosofía. Disertante en numerosos seminarios nacionales e internaciona-
les. Presidente de la Fundación para la Vocación Humana (www.vocacionhumana.org).
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supongamos por un momento que las tradiciones espirituales no se
equivocan. Supongamos que, más allá de sus diferencias aparentemente irre-
ductibles, todas aciertan en que el hombre sólo logra su plenitud cuando orienta
su vida hacia una integración con lo Absoluto.
Lo “Absoluto” puede entenderse de múltiples modos; puede tratarse de un
Dios Personal, de un Dios Impersonal (lo “Divino”) o del Vacío (budista)
alcanzable a través de un estado incondicionado (“Nirvana”). Llámese Yahveh
(lit. “El que Es” o “El que Será”), Allah (probablemente de al-illah “el Dios”),
Nnui (“Dios” para los Bamum de Camerún que significa “el que está en to-
das partes”), Shiva (el “Auspicioso”); llámese simplemente “Dios” (cuya raíz
indoeuropea dyu alude a “brillar”) o evítese la consideración de toda persona-
lidad o forma como el Brahman nirguna, el Absoluto inmanifestado del Ve-
danta. Puede objetarse el mismo término “Absoluto”, ya sea porque –desde el
cristianismo ortodoxo– no puede darse cuenta de la paradójica Encarnación
del único Dios hecho hombre o, para poner un ejemplo bien diverso, esta vez
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ñadas de una praxis formalmente rigurosa desde el punto de vista moral y ritual
(como el dogmático). Por cierto, el auténtico escéptico y el auténtico dogmático
que defienden su postura con pasión al menos parecen sospechar inconsciente-
mente que están resistiendo a una potencia absoluta.
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Hay algo de nobleza en el escéptico porque ha decidido no acatar autoridad al-
guna, no resguardarse de la tempestad de la vida en refugios prestados. Pero ése
es el escéptico que hace honor a la acepción antigua del término según la cual
‘escéptico’ es “el que mira o examina cuidadosamente”. Tal cuota de escepticismo
limpia la mirada del hombre que busca y que se busca y evita adhesiones ciegas.
En cambio, no es verdadero escéptico quien niega toda posibilidad de acceso a
la verdad sin el compromiso de buscarla. Bajo el ambiguo rótulo de ‘escépticos’
suelen enmascararse los tibios, los indiferentes, que mediante un aparente pre-
guntarse, sólo examinan conceptos, argumentos, sin arriesgar su propia actitud,
su propia forma de estar en el mundo. Por cierto, el escéptico puramente teórico,
en apariencia neutro, suele comportarse en la vida dogmáticamente. En vez, el
verdadero escéptico, aquel que indaga, que mira, que busca, no puede descartar
los métodos silenciosos de la meditación, de la atención plena, de la contempla-
ción y de algún modo cultiva una apertura al misterio que no supone adhesión
acrítica alguna.
El dogmático, en cambio, se acantona en alguna doctrina y en determinadas ob-
servancias que le permiten sostener su convicción de que está en paz con Dios.
El dogmático afirma con vehemencia su propia doctrina pero en verdad está más
sostenido por negaciones que por afirmaciones pues teme todo aquello que pon-
ga en evidencia la fragilidad de su sistema. Cualquier doctrina o modo de vida
que sea o parezca diferente a la propia es una grave amenaza. Por cierto, si el dog-
mático decide indagar en la prehistoria del dogma que por lo general es “símbo-
lo”, es decir, un lenguaje que conserva vestigios de la experiencia originaria de los
fundadores de su tradición, entonces su propia doctrina, su propia observancia,
adquiere vida. En otras palabras, si el dogmático intenta de corazón remontarse a
la experiencia originaria de su propio dogma, ya deja de ser “dogmático” aunque
aún mantenga vigente su doctrina y su praxis. Es probable que su versión de la
doctrina y su praxis cambie, pero en todo caso lo que verdaderamente varía es la
vitalidad y la autenticidad de su abordaje.
Llegados a este punto imagino a más de un lector que desespera ante mi defen-
sa de la vida mística, pues soy consciente de que no he probado su verdad. A
ese lector le reitero que mi propósito es al menos llamar la atención sobre una
cuestión que no admite grados: si hay vida mística toda la vida debería estar
comprometida con ella. Me limité, por ende, a señalar que, supuesta su verdad,
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permanente que nuestra ceguera impide ver? Cuando Angelus Silesius escribe
bellamente “la rosa es sin porqué, florece porque florece”, nos invita a ver la vida
como expresión de una gratuidad absoluta. Recordemos asimismo el Sermón de la
Flor en el cual el Buda, toma un loto dorado del fango, sin decir palabra lo muestra
a sus discípulos y sólo uno de ellos, Mahakashyapa, comprende y se ilumina.
Volviendo a ese hipotético lector, diré entonces que las tradiciones espirituales de
un modo u otro exigen una elección respecto de la vida mística que consiste en
cultivar esa apertura a la gracia que es apertura al Misterio.
Para explicar esta elección reformulo (y simplifico) la apuesta de Pascal. Ante la
pregunta “¿existe o no existe la vida mística?”, por una parte la razón es incapaz
por sí sola de pronunciarse por una u otra alternativa y, por la otra, no es posi-
ble rehuir una elección. Se trata, en efecto, de una “elección de vida”, no de un
mero planteo teórico; en otras palabras no elegir implica, existencialmente, una
elección: “il faut parier”, dice Pascal. Esto debe tenerlo bien en claro el escéptico
que olvida que ya está inmerso en el juego de la vida y, por ende, si se demora
con meras lucubraciones está eligiendo aunque sin discernimiento. Bastaría de-
tenerme en este punto para que se comprenda la gravedad de la cuestión. Ahora
bien, sintetizando el cálculo pascaliano, diremos que si apostamos en favor de la
vida mística, si se gana, se gana todo y si se pierde, no se pierde nada.
Pero nuestro vehemente lector arremeterá nuevamente: ¿en qué consiste “apos-
tar”? Y casi tozudamente responderé: en una apertura al misterio. Tal apertura
comienza en la vida espiritual y por ende conlleva un acto libre, consciente, pero
se traslada a la vida psíquica y corpórea. En este sentido, todas las tradiciones
proponen asentar esa apertura al misterio, cultivar un saber y, por ende, un “sa-
bor” de la trascendencia por medio de diversas formas de ascesis que involucran
la lectura adecuada de textos, prácticas meditativas, de oración, corporales, etc.
En realidad, la ascesis no es una negación de la potencia de vida; es una recon-
ducción de esa potencia a su auténtico cauce. Para ponerlo en términos psicoló-
gicos (aunque la cuestión excede lo meramente psíquico), la auténtica ascesis no
es represión (en sentido freudiano) sino sublimación (en sentido “tradicional”,
si se quiere alquímico: sublimatio). Desde este punto de vista, la sublimación
no consiste en llevar a la pulsión sexual o a cualquier forma de instintividad
a un nuevo fin valorado socialmente, sino en liberar una energía psíquica de
raigambre espiritual a su verdadera fuente. El antiguo concepto yóguico de ta-
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Por Francisco García Bazán
La concepción de la mística
entre los neoplatónicos
Francisco García Bazán: Doctor en Filosofía, Investigador Superior del conicet, y direc-
tor del Centro de Investigaciones en Filosofía e Historia de las Religiones de la Universi-
dad Argentina J.F. Kennedy. Especialista en gnosticismo, fenomenología de las religio-
nes y neoplatonismo internacionalmente reconocido, y autor de numerosas obras y tra-
ducciones de lenguas antiguas, ha recibido el Premio Bernardo Houssay al Investigador
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Pero no deja por eso de describir la experiencia, en tanto que le es posible. Aten-
damos a este ejemplo, que ilustra los tres grados de verificación, reduciendo la
terminología de la práctica colectiva de los cultos de misterio al orden individual,
como también lo hizo Platón:
“En este momento el alma está de tal manera establecida, que incluso me-
nosprecia el pensar, que en otro tiempo prefería, puesto que el pensar era
un cierto movimiento, pero ella no quiere moverse…Pero allí generada y
teniendo lo inteligible en sí piensa; empero, apenas después que ha visto
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a Aquel, el Dios, deja ya todo a un lado, como alguien que habiendo ingre-
sado en una mansión diversamente adornada y así bella, contempla en su
interior cada uno de los adornos y está admirado antes de ver al dueño de
casa, pero viendo a éste lo admira también, ya que no es del género de las
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estatuas, sino digno realmente de ver, dejando lo restante y lo atiende a él
solo, y después mirándole y no apartando la vista de él, por la continuidad
de la visión no puede ver ya un espectáculo diverso, sino fundir su visión
con el espectáculo que mira, de manera que lo que antes era en ella obje-
to visto, ahora es visión, y olvida todos los demás espectáculos. Y quizás
el ejemplo guardara mejor la analogía, si no fuese un hombre el que ha
atraído la atención del contemplante desviándolo de la observación del
contenido de la mansión, sino un dios…Pues bien, el Intelecto posee cier-
tamente la facultad de pensar, con la que ve lo que hay en él, y aquella con
la que mira lo que está más allá de él con cierta intuición y aceptación, de
acuerdo con esta facultad primero ve solamente y después mientras ve,
domina al Intelecto también y es unidad: la primera es la contemplación
sabia del Intelecto, esta otra, el Intelecto amante. Porque cuando el Inte-
lecto “ebrio de néctar” (Banquete 203B 5) sale de sí, entonces es amante,
porque por la satisfacción está desplegado en bienestar; y para él es mejor
estar ebrio de semejante embriaguez que permanecer tan solemne”5.
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la luz– y sus manuscritos, que allí se ofrecían, lo podían confirmar. Se trata de
textos gnósticos que juegan oportunamente su función en un contexto polémico
y dialogante de una escuela filosófica que se autodenomina “platónica”, por eso
es legítimo incluirlos aquí.
misma preposición que los precede ratifican una oposición que caracteriza el
contraste entre gnosis y apocalipsis. Dice el Allógenes (nhc xi,3) refiriéndose
al Dios desconocido y la identidad postrera del espíritu, en un lenguaje que
conserva afinidades y distinciones profundas con el de Plotino:
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“Oh, Allógenes, mira silenciosamente la forma en que existe la felicidad
en silencio, en la que te conoces a ti mismo como eres, buscándote ascien-
de hacia la Vitalidad que verás en movimiento. Y si no te es posible estar
firme, no temas; pero si quieres mantenerte firme asciende a la Existencia
y la encontrarás firme y en reposo a semejanza del que verdaderamente
está en reposo. Y comprende todas estas cosas en silencio y sin actividad.
Y cuando recibas una revelación sobre él por medio de una revelación del
Incognoscible (del que si lo conoces debe ser desconociéndole) y si te ate-
morizas allí, retírate hacia atrás a causa de las energías activas. Igualmen-
te cuando llegues a ser perfecto en aquel lugar, guarda silencio. Y confor-
me al modelo que hay en ti, toma conocimiento también de esta forma
que es así lo que existe en todos éstos de acuerdo con este modelo. Y no te
disperses demasiado, para que puedas estar firme. Tampoco desees la ac-
tividad, no sea que caigas lejos del estado de inactividad que hay en ti que
pertenece al Incognoscible. No le conozcas, porque es imposible; pero si
por medio de un pensamiento iluminado le puedes conocer, desconócelo.
Ahora bien, escuchaba estas cosas como me las decían. Había una paz si-
lenciosa dentro de mí y oí la bendición por la que me conozco como soy. Y
ascendí hasta la Vitalidad…y me mantuve firme, no con resistencia, sino
pacíficamente…Y ascendí hasta la Existencia…Y quedé colmado de una
revelación primordial del Incognoscible. Aun cuando era ignorante de
él, le conocí y quedé y recibí poder de él. Después que hube recibido una
fuerza eterna conocí lo que existe en mí y a la Potencia triple junto con la
revelación de lo que en ella es ilimitable. Y por medio de una revelación
primordial del Primero que es desconocido para todos, vi al Dios que es
más que perfecto y a la Potencia triple que existe en todos ellos. Buscaba
al Dios inefable e incognoscible (al que es de tal índole que si alguien
pudiera conocerle enteramente, lo desconocería, el que subsiste en paz y
silencio y es incognoscible, sabiéndose de él por la acción mediadora de
la Potencia triple”10.
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III. Jámblico de Calcis y el Neoplatonismo teúrgico
La posición de Jámblico de Calcis (240-325) frente al platonismo pitagorizante de
Plotino y Porfirio implica continuidad, pero asimismo diferencias.
Las divergencias se manifiestan en la primera etapa de las enseñanzas de Jám-
blico, cuando incluye en su “filosofía tradicional” que pitagoriza más a fondo, un
elemento admitido por Platón, la sabiduría de los egipcios, y al identificar ésta
con su tradición sacerdotal conservada en los escritos herméticos y la asimila-
ción de las prácticas litúrgicas de la teúrgia caldaica.
Este pensamiento temprano de Jámblico influye en su concepción de las hi-
póstasis que al hacer hincapié en el concepto de “intermediario” transforma
la doctrina rígida de Plotino sobre ellas; además, al interpretar el Alma como
un mixto de incorpóreo y corpóreo sin comienzo ni fin, le confiere una sus-
tancia o esencia propia, que la distingue precisamente tanto del Intelecto
como del cuerpo cósmico. Las almas humanas, como naturalezas interme-
dias, por lo tanto, permanecen en el cosmos como entidades de composición
mixta que revelan diversos grados de perfección en la medida en que más
asimilen la semejanza del Intelecto o la desemejanza del cuerpo, sin confun-
dirse con ninguno de ellos. De este modo la invasión de lo divino en el alma
será gracias a la participación en las experiencias teúrgicas y sus prácticas,
lo que es diverso a la mística contemplativa y trascendentalista de Plotino, al
entender éste el alma como “entre” el Intelecto y el cuerpo y no de naturaleza
mediadora o combinada.
En los dos casos señalados es lícito pensar que la influencia del gnosticismo
sobre Jámblico es digna de notar así como el empleo de sus conceptos a través
del conocimiento de los tratados hermético-gnósticos que han aparecido en la
biblioteca de Nag Hammadi (nhc vi, 6,7,8)11.
En los Misterios egipcios (De mysteriis aegyptiorum), la obra que más nos acerca al
tema que tratamos, el sacerdote Abammon –personaje que representa al mismo
Jámblico– no sólo señala a Anebón que los orígenes de la filosofía tradicional pla-
tónico-pitagorizante que alcanza la gnosis provienen del hermetismo egipcio, sino
asimismo agrega que la filosofía y la teología no logran su plenitud, sino en la
prueba experimental del contacto con los dioses y que la continuidad de tal contac-
to o unión no es posible por el simple afinamiento del conocimiento que siempre
es reflejo, sino gracias a la participación en la actividad del culto puro, que es de-
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Conclusión
Tres tipos de experiencia de lo indecible o de estado de complacencia por libera-
ción de los condicionamientos inherentes a la humana existencia se han presen-
tado dentro de la compleja corriente neoplatónica: A) la plotiniana con el acento
puesto en la actividad de la contemplación personal en el marco cosmológico,
cuyo ejercicio intenso permite la superación de los niveles del mundo que so-
meten al hombre. El estado de éxtasis o salida de sí sería la prueba para un
observador externo de una actividad introspectiva completa. B) La gnóstica que
aspiraba a conseguir adherentes en la escuela romana de Plotino, para rehabilitar
el platonismo tradicional. Su énfasis –revocador de la naturaleza y el cosmos– se
pone en un ejercicio comunitario compartido de relatos primordiales, enseñan-
zas que los reflejan y ritos que los mimetizan, que permiten el surgimiento de
las revelaciones que se encubren en el iniciado, hasta que en el último grado cae
todo límite de manifestación y lo Oculto original completa el estado de oculta-
miento que comparte la comunidad. Los himnos extáticos y la glossolalia o “len-
gua extranjera” proferida es la confirmación exterior de un estado de absoluto
escape del mundo13. C) La teúrgica de tendencia antropológica, cuya descripción
de los actos piadosos y rituales permite comprobar que a través de las actividades
de iniciados dirigidas por los teúrgos experimentados se alcanza la vida feliz
–caracterizada por la familiaridad con los dioses en la vigilia y el sueño– y el éx-
tasis bienaventurado. Lo dicho se origina en un acuerdo profundo con el cosmos
jerárquicamente animado en cuyo desplazamiento armónico se integra el alma
cuando le sirve de soporte su cuerpo litúrgicamente purificado, como cuerpo
etéreo o vehículo astral14.
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1.
Cfr. L. Gardet, La mystique, P.U.F., París, 1970, p. 5.
2.
Cfr. Enéada IV, 8 (6), 1 al comienzo, en F. García Bazán, Aspectos inusuales de lo sagrado, Trotta, Madrid, 2000,
p. 81ss.
3.
Vida de Plotino 23, 15-20 (J. Igal, Enéadas, Gredos, Madrid, 1982, i, p. 166).
4.
En vi, 9 (9), 11, 22-25.
5.
En vi, 7 (38), 35.
6.
Ver F. García Bazán, Plotino. Sobre la trascendencia divina: sentido y origen, Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1992, ps. 152-160.
7.
Cfr. A. Piñero, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán (eds.), Textos gnósticos. Biblioteca de Nag- Hammadi, 3 vols.,
Trotta, Madrid, 1997, 1999, 2000 (hay varias ediciones).
8.
Ver F. García Bazán, La gnosis eterna. Antología de textos gnósticos griegos, latinos y coptos I., Trotta, Madrid, 2003.
9.
Cfr. P. A. Cavallero, La teología mística, en Dionisio Areopagita, Obra Completa ii, Losada, Buenos Aires, 2008, p.
332, n. 5; R. Klibansky (ed.), Plato latinus I, Warburg Institute, Londres, 1940, «Marginalia Nicolai de Cusa», glosas
al Comentario al Parménides de Proclo ps. 103-106 (part. p. 105).
10.
59, 10- 61,20. Ver K.L. King, Revelation of the Unknowable God, Santa Rosa (California), 1995 más exacta que las
anteriores versiones y W.-P. Funk, P.-H. Poirier, M. Scopello y J.D. Turner, L’Allogène (nh xi, 3), Quebec-Lovaina,
2004.
11.
Cfr. F. García Bazán, «Antecedentes, continuidad y proyecciones del neoplatonismo», en Anuario Filosófico
(Pamplona) 33 (2000), 111-149.
12.
Sobre los misterios de los egipcios x, 5-7, E.A. Ramos Jurado, Madrid, 1997, ps. 226-228.
13.
Cfr. F. García Bazán, El gnosticismo,esencia,origen y trayectoria, Ediciones Guadalquivir, Buenos Aires, 2009, cap. ix.
14.
Cfr. Marino Neápolis, Proclo o de la felicidad, Iralka, Irún, 1999, xxvi-xxxviii; F. García Bazán, El cuerpo astral,
Obelisco, Barcelona, 1999.
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Por Hugo Francisco Bauzá
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Subrayo que en los dos casos en que aparece la palabra psychrón –que normal-
mente se traduce por ‘fresca’– no debemos olvidar que esa voz tiene la misma
raíz que la palabra psyché ‘soplo, alma’8.
Otra tablilla, hallada en Eleuternas (isla de Creta), del siglo ii a. C., y ahora en el
Museo Nacional de Atenas, plantea las mismas recomendaciones que la anterior:
aventuranza eterna que, según el orfismo, no es otra cosa que diluirse en el éter,
aithér, para huir definitivamente del tormento de las reencarnaciones.
Para esta doctrina los principios de salvación residen en los seres humanos ya
que en nosotros reside un germen de inmortalidad –una partícula divina, casi
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imperceptible, procedente del desmembramiento de Dioniso Zagreo–; con todo,
ese germen no garantiza la liberación definitiva puesto que nuestra naturaleza
titánica –predispuesta al error– puede opacar esa partícula diminuta que anida
en nuestro ser, tal como explica Platón en las Leyes (701c). Paralelo a ese pensa-
miento, en el Crátilo (400c), el filósofo –acorde también con postulados órficos–
entiende el sôma ‘cuerpo’ como sêma ‘tumba’ de la psyché ‘alma’, de donde nace
la división inconciliable entre cuerpo y alma. La psyché es la parte más valiosa del
ser humano y la que le posibilita comunicarse con lo divino, en tanto el sôma, ro-
paje de la psyché, es fuente de perturbación e irracionalidad. Fieles a esa concep-
ción de la natura humana los órficos cultivaban una vida ascética e igualmente
Platón en tanto seguidor de esa doctrina. Esta dicotomía entre cuerpo y alma tiñó
toda la antropología del filósofo, a la vez que dejó una estela en el cristianismo ya
que éste tomó muchas categorías mentales de la doctrina de Platón con el fin de
articular una cosmovisión propia.
Sobre esos asuntos capitales el filósofo, en un pasaje muy comentado del Fedón
(114d), refiere: “Ahora bien, sostener que estas cosas (i. e., la inmortalidad del alma
y, tras un juicio, premios y castigos en el más allá) son exactamente como he dicho,
mal cuadraría a un hombre de buen sentido; pero que o esto o algo similar sea la
verdad acerca de nuestras almas y sus moradas, ello (puesto que se ha demostrado
que el alma es inmortal) me parece ciertamente adecuado, y creo que es un riesgo
que merece la pena correrse por quien como nosotros lo hacemos”. Y Platón se
aventura en ese albur –y lo hace aun a riesgo de equivocarse– al recurrir a tales
relatos en obras como Gorgias, Fedón, República o Fedro donde, en ocasiones, cae en
contradicciones al pretender hacer explícitas sus doctrinas escatológicas.
Para comprender el porqué de ese apoyarse de Platón en los mitos, recurro al
parecer de Mircea Eliade para quien este tipo de relatos “cuenta una historia sa-
grada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el
tiempo fabuloso de los ‘comienzos’”.14
Platón, luego de haber propuesto una demostración de la inmortalidad del alma
mediante un discurso racional, habla sobre el destino de las almas ‘psychai’ en
el más allá, mas como en este caso se mueve en un ámbito no demostrable
mediante proposiciones lógicas, para fundamentar sus dichos recurre a mitos
de procedencia órfica. Lo mismo sucede en el Fedro (245c) donde, luego de con-
siderar el tema de la pervivencia del alma tras el óbito, aborda, según preceptos
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1
Respecto de fuentes órficas hemos manejado el clásico trabajo de Otto Kern, Orphicorum fragmenta. Sabemos,
por recensiones bibliográficas, de la existencia de un nuevo corpus colectado por el helenista A. Bernabé (ed.),
Poetae epici Graeci. Testimonia et fragmenta, II: Orphicorum et Orphicis similium testimonia et fragmenta, 2, München-
Leipzig, 2005, 13, pero no nos ha sido posible la consulta de esta obra.
2
Orfeo y la religión griega. “Estudio sobre el movimiento órfico”, trad. J. Valmard, Buenos Aires, Eudeba, 1970, pas.
3
Pienso especialmente en la “Olímpica II” donde alude a la metempsicosis y a la vida de los bienaventurados.
Guthrie (op. cit., p. 258) subraya, con razón, que esta oda estaba destinada a ser declamada ante un auditorio
siciliano presumiblemente inciado en doctrinas órfico-pitagóricas.
4
Además de las referencias puntuales a Orfeo vertidas en la Geórgica IV y el canto VI de la Eneida, destaco el
influjo en Virgilio de la descripción de la vida post mortem, concebida según principios órficos, tal como se colige
del “Papiro de Bolonia” publicado y comentado por R. Merkelbach (“Eine orphische Unterweltsbeschreibung auf
Papyrus”, in Museum Helveticum, VIII 1951, pp. 1-11) y comentado por C. Disandro, en nuestro medio, (“Una nueva
fuente para el libro VI de la Eneida, in Humanitas, Rev. de la Fac. de Filos. y Letras de Tucumán, III, 9, 1957, pp. 117-
125) y, entre otros, por Aldo Setaioli ( “Nuove osservazioni sulla ‘descrizione dell’oltretomba’ nel papiro di Bologna”,
in Studi Italiani di Filologia Classica, XLII, 1970, 179-224). El papiro, con innegables notas de teología órfica y que
pertenece al período helenístico, o bien fue conocido por Virgilio, o bien ambos -Virgilio y el papiro- remiten a
una fuente común. Cualesquiera de estas hipótesis muestra la perduración del orfismo en la cultura helenístico-
romana. Sobre el particular, cf. con provecho, M. Desport, L’incantation virgilienne, Bordeaux, Delmas, 1962.
5
Éste habla del momento en que Zeus, tras la castración de Urano, engulle su falo, lo que da origen a un pneûma
universal
6
De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega, trad. de Xavier Riu, Barcelona, El Acantilado, 2001,
principalmente pp. 87-88.
7
Sobre las “laminillas” remito a F. Ferrari, “Per leggere le lamine misteriche” (1ª. Parte) , in Prometheus, XXXIV
(2008, fasc. 1), 1-26 y 2ª. Parte in ibid., XXXIV (2008, fasc. 2) 97-112.
8
En las recomendaciones de la laminilla respecto del viaje al más allá, advertimos el recuerdo del Libro de los
muertos de la tradición egipcia en el que se alude a motivos similares respecto del tránsito al más allá. “Que Osiris te
dé el agua fría” dice otra de esas tablillas, con expresa alusión a la deidad que, en la antigua religión egipcia, reinaba
sobre los muertos, divinidad que, en determinado momento histórico, invadió los panteones griego y romano.
9
Subtitulada La idea del alma y la inmortalidad entre los griegos, trad. W. roces, México, FCE, 1948, p. 82.
10
“Der Name Orpheus”, en Minos 17 (1981) 122-133, espec. p. 124 ; (cf. también al respecto, del mismo Böhme,
Orpheus. Der Sänger und seine Zeit, Berna, 1970).
11
Les mythes de Platon, París, 1930.
12
Op. cit., pág. 241.
13
“Introducción a la lectura del Fedón”, en Platón, Fedón, Buenos Aires, Eudeba, 2006, p. 19.
14
Mito y realidad, trad. L. Gil, Madrid, Guadarrama, 1968, pp. 18-19.
15
De pálin gignesthai ‘renacer, nacer nuevamente’; en ese sentido la usa san Pablo cuando alude a la ‘conversión’ que
implica el nacimiento de un hombre nuevo mediante el bautismo.
16
Plotino, Olimpiodoro y otros pensadores la designan, en cambio, con el término metemsomátosis.
17
Citado por Guthrie en op. cit., p. 15.
18
Es innegable, en el tema del juicio de las almas, ecos de ideas vertidas en El libro de los muertos de la antigua
religión egipcia. Destaco el motivo del pesaje de las almas, tradicional en la cultura egipcia, y que en la griega
aparece mudado en “el pesaje de los destinos”, lo que se advierte en los poemas homéricos, como destaca A. Setaioli
en “L’immagine delle bilance e il giudizio dei morti”, in SIFC, XLIV (1972), 38-54, espec.pág. 40.
19
“El mito de Orfeo y las bases de una metafísica poética”, en Voces y visiones. Poesía y representación en el mundo
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45
Por Patricia Andrea Ciner
espiritual de la humanidad”:
El análisis realizado hasta aquí, nos permite encontrar coincidencias así como
también profundas divergencias entre las perspectivas de estudio de ambas dis-
ciplinas. Algunas de ellas son las siguientes:
49
a-El ingreso a la dimensión mística supone tanto para la neurobiología como para
la fenomenología de la religión, una diferenciación muy clara entre dos niveles
de realidad. La neurobiología lo explicará a través de la activación de estructuras
del hemisferio derecho y la fenomenología de la religión lo hará a través de las
nociones de lo sagrado y lo profano. Mircea Eliade por ejemplo, ha profundizado
esta cuestión mostrando como el ingreso a la dimensión de lo sacro, supone
siempre una ruptura de nivel, a partir del cual el tiempo y el espacio dejan de ser
homogéneos y lineales, y permiten el contacto directo con lo Sagrado mismo5.
b- También ambos campos del conocimiento aceptarán que la experiencia mís-
tica es una experiencia que se da en y a través de un cuerpo físico. Sin embar-
go, para la mayoría de los neurobiólogos el substrato físico será determinante
y clausurado en sí mismo, en cambio para la fenomenología de la religión
deberá entenderse como un dispositivo o canal de expresión de una realidad
mucho mayor.
c-La gran diferencia estribará en la aceptación por parte de los especialistas en
fenomenología de la religión, de un nivel o dimensión antropológica que es in-
dependiente del compuesto psicofísico y que se comporta a modo de “testigo
u observador objetivo” tanto del propio proceso de desenvolvimiento y perfec-
cionamiento espiritual del sujeto, como así también de la contemplación de un
primer principio ordenador o creador del universo. Desde este lugar, que no es
por cierto espacial, sino más bien vivencial, el ser humano puede verse en su
doble dimensión constitutiva de temporalidad y eternidad. Esta independencia
de los procesos psicofísicos, le permite al místico guiar y conducir su búsqueda
hasta encontrar la tan ansiada meta, que es la unión con la divinidad. También
trascender la separatividad de una individualidad clausurada en ella misma, para
conectarse con la Vida en su totalidad. El místico alcanza entonces una existen-
cia absolutamente expansiva y libre, ya que no depende de condicionamientos
internos y externos. A estas afirmaciones, quizás se le podría hacer la siguiente
objeción ¿cómo estar seguros de que este tipo de comprensiones no son sólo
creaciones o delirios mentales?. Una respuesta contundente la ha dado F. García
Bazán al afirmar que: “el viaje o ascenso místico es al mismo tiempo gnosis y
apocalipsis, o sea, conocimiento revelador”6. Ese conocimiento supraintelectual
que el místico adquiere, proporciona justamente las claves de comprensión de la
realidad y de toda existencia física y transfísica, ya que se le manifiestan con clari-
elhilodeariadna
dad nociones fundantes tales como la de sentido y finalidad. Dicho de otro modo:
a través de la experiencia mística, advienen los principios y causas que subyacen
bajo la superficie de la realidad natural, empírica y cambiante y que es imposible
que sean proporcionadas por la contingencia del cerebro mismo. Ejemplo de ello
50
elhilodeariadna
51
será la noción misma de eternidad, que a semejanza del argumento ontológico
propuesto por Anselmo de Canterburry en el siglo XI, no podrá ser creada por
el cerebro, sino más descubierta y contemplada como un a priori, por quien rea-
liza este viaje de introspección. La coincidencia de los relatos de los místicos de
diferentes épocas y culturas acerca de sus vivencias, comprensiones y transfor-
maciones íntimas para bien de la humanidad, podrán ser considerados metodo-
lógicamente hablando como “testimonios comprobables y comparables”.
Conclusiones
No quisiéramos concluir este artículo dejando la impresión de que las neurocien-
cias y la fenomenología de la religión transitan caminos irreconciliables. Por este
motivo hemos usado siempre que nos referíamos a los neurobiólogos el cuantifi-
cador “la mayoría” y no “todos”. En efecto, hay algunos prestigiosos especialistas
que han advertido claramente que el “paradigma del alma” no es incompatible
con la afirmación de la localización de estructuras cerebrales que posibilitarían
la experiencia mística. Entre ellos merecen mencionarse A. Damascio, director
del Departamento de Neurología de la Universidad de Iowa, para quien “la per-
cepción de las emociones es la base de lo que los seres humanos llaman desde
hace milenios alma o espíritu”7. Así también el neurólogo argentino C.Pesce,
para quien “los intentos de explicación de la conciencia en el futuro, dentro de
las neurociencias, quizá dependan de cuantificar y relacionar lo conocido del
cerebro y lo conocido de la conciencia”8. En esa misma línea de trabajo, también
especialistas de la talla de F. García Bazán y J. Martín Velasco quienes insisten
en la necesidad de estudiar el fenómeno místico desde la interdisciplinariedad,
siendo totalmente conscientes de la complejidad del mismo y de la necesidad de
dejar abierta la puerta al misterio que trasciende toda explicación racional, y que
efectivamente se manifiesta en el encuentro entre el alma y lo divino.
K
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52
Bibliografía
Alper, M., Dios está en el cerebro. Una interpretación de la espiritualidad humana y de
Dios, Colombia, Grupo Editorial N orma, 2008.
Carter, R., El Nuevo Mapa del Cerebro, Barcelona, Ed. Integral, 1998.
Ciner, P., Castro, J. I. y otros, Lo Sagrado. Miradas Contemporáneas, San Juan, Ed. de la Fac.
de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ, 2007.
Diez de Velasco, F., García Bazán, F., El Estudio de la Religión, Madrid, 2002.
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García Bazán, F., Aspectos Inusuales de lo sagrado, Madrid, Ed. Trotta, 2000.
Martín Velasco, J. (Editor), La Experiencia mística. Estudio Interdisciplinario, Madrid, E.
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Plotino, Enéada I-II, trad. J. Igal, Biblioteca Clásica Gredos, 1982.
Martín Velasco, J. El fenómeno místico. Estudio Comparado, Madrid, Ed. Trotta, 1999.
Rubia Vila, F., El cerebro nos engaña, Madrid, Ed. Temas de hoy, 2000.
Rubia Vila, F., La conexión divina, Madrid, Drakontos, 2003.
1
Plotino, Enéada I 6 (1), 7,35.
2
Cf. R. Carter, El Nuevo Mapa del Cerebro Humano, Barcelona, 1998, p.204
3
F. Rubia Vila, Fundamentos Neurobiológicos del éxtasis, Madrid, 2005, p.159.
4
M. Alper, Dios está en el cerebro. Una interpretación científica de la espiritualidad humana y de Dios, Colombia,
2008, p.104.
5
M. Eliade, Lo Sagrado y lo Profano, Buenos Aires, 1999, cap. I y II.
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6
F. García Bazán, Aspectos Inusuales de lo Sagrado, Madrid, 2000, p. 87-88.
7
Cf. C. Pesce, “Neurociencias y Humanidades” en P. Ciner, Lo Sagrado: Miradas Contemporáneas, San Juan, 2008,
p.227.
8
C. Pesce, “Neurociencias y Humanidades” en P. Ciner, Lo Sagrado: Miradas Contemporáneas, San Juan, 2008,
p.213-230.
53
Por Esteban Ierardo
La ribera y la niebla
La mística en el taoísmo
tudios Ariadna. Ha dictado numerosos cursos sobre filosofía, filosofía del arte, mitología
y literatura. Creador de la página cultural www.temakel.com. Autor de novelas, libros de
poesía y el libro de ensayos: El agua y el trueno. Ensayos sobre arte, naturaleza y filosofía,
Buenos Aires, ed. Prometeo.
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elhilodeariadna
55
I
Lao Tsé, el Viejo Maestro, se inclina ante el arroyo. Vive en el siglo VI ac, el mis-
mo tiempo de Heráclito de Éfeso. Para algunos vivió aun antes, en el siglo IV. En
la iconografía tradicional es representado con largas orejas, signo de su capaci-
dad para escuchar el Ser. Se lo llama entonces Li Er (Orejas de Ciruelo).
Una tradición asegura que nace bajo un ciruelo en la Provincia de Henan. Y una
leyenda habla del especial nacimiento de Lao Tsé. Como Atenea nace de la cabeza
de Zeus ya dotada con coraza y en actitud combativa, el creador del ísmo nace ya
anciano, con arrugas y sus orejas de especial prominencia.
En su edad adulta se convierte en archivista de la Biblioteca Imperial en la corte
de la dinastía Zhou. Un cargo que no se agota en la condición de mero funcio-
nario sino que involucra la condición de sabio, intérprete de oráculos, custodio
de la tradición de los antepasados. Pero sus tiempos de archivista se desvanecen
sin hacer brillar sus mejillas. Entonces, abandona las ciudades. Viaja hasta un
límite, para después ir más allá. En el paso fronterizo de la montaña de Han Gu,
es convencido por el guardián Yin Hsi para que viva un año en su casa; y para
que, antes de ausentarse definitivamente para los hombres, escriba un libro que
sea un legado. El Viejo Maestro acepta. Escribe su célebre colección de aforismos
llamado Tao Te King (El libro del sentido y la vida).
La filosofía taoísta comienza a desplegar sus alas. Su primer sabio niega el an-
tropomorfismo de la antigua religión china. El centro de la espiritualidad no es
venerar dioses para ser auxiliado por ellos en la fortuna, o en los menesteres coti-
dianos. Sacrificios y ofrendas pierden significado. Lo crucial es ahora la apertura
al Tao, a un orden impersonal allende las individualidades de los dioses, y que
estimula un camino de realización personal.
El taoísmo late en la historia de las místicas. El fervor místico de la unidad con
el todo traspasa su cosmología, su ética y su arte. Pliegues que exploraremos
en estas líneas...
II
Luego de los primeros contactos de los misioneros europeos con la tradición
taoísta, Tao es traducido como camino o sendero. Richard Wilhelm, el reconocido
sinólogo, traductor del I ching y el Tao Te king, propone SENTIDO como signifi-
cado principal de la palabra Tao1. Sentido paradójico. Porque es indecible. Nunca
elhilodeariadna
puede devenir palabra su fuego secreto. El dragón del Tao emana un aliento que,
al expandirse a todas partes, crea y aloja todas las escamas del universo viviente.
Tao es así un abismo inefable. Esta profundidad abisal es enigmática. Y de ella
mana todo delicado aleto, todo estallido.
56
Tao es abismo vacío.
Vacuidad que es infinita porque ninguna cosa, o idea finita, divide su piel de
cristal. Pero toda finitud es parida desde su matriz incomprensible. No decible.
Sólo puede beberse algo del Tao a través del licor de los símbolos y metáforas. De
ahí que el Tao que puede ser nombrado ya no es el Tao.
El ser es misterio. Noche si palabra. Oscuridad sin fondo. En cuyo centro, pa-
radójicamente, brota una luz superior. Luz que sólo es experimentable en un
efímero éxtasis.
El taoísmo pertenece a la historia de las distintas místicas; el taoísmo, como otras
místicas, busca entregarse a la irrupción repentina y extática del ser. La conmo-
ción más desconocida y poderosa para el hombre.
Y Lao Tsé, el Viejo Sabio de las Orejas Largas, respira. Respira…respira primero
dentro de la tradición y la urbanidad. Pero el Viejo Sabio desconfía. Discute con
Confucio sobre el centro de la virtud. Su interlocutor cree que el hombre brilla
en la convivencia social, en el cultivo de los deberes familiares y cívicos, en la
contribución a la administración del Estado y el respeto a los antepasados.
Y Lao Tsé sigue desconfiando…
Y asume el motivo de su resquemor: en la vida civilizada el espíritu no se libera.
Es prisionero de normas que lo fijan a límites. Ser un buen ciudadano es renun-
ciar a la visión de lince. Es ser incapaz de traspasar diques y murallas próximas;
es aceptar los límites que sofocan.
El vuelo abierto hacia la altura está fuera de las ciudades; está en la soledad de las
elhilodeariadna
58
está el Tao. La liberación de perturbaciones, de imágenes erróneas o ficticias, lo
acerca al éxtasis, a la iluminación, a la luz celeste.
Y el Viejo Sabio escucha. Y escribe los aforismos del Tao Te King. Su testimonio
de una sabiduría que deja en manos del custodio de la frontera. Luego, se tras-
forma en leyenda. Se pierde entre las montañas. Y queda la resonancia continua
de sus aforismos.
El Viejo Sabio habla del no actuar (wu-wei). El no actuar es una forma de conti-
nuar el movimiento de la vida, ofreciendo la menor resistencia. Se trata de amol-
darse, como el agua, a las circunstancias cambiantes. El wu-wei es así reposo por-
que al no contradecir el fluir de la naturaleza no genera violencia, desequilibrio.
Perturbación. Pero reposo no es inacción. Es acción que no actúa lo artificial, lo
que colisiona con el movimiento natural.
Y la vida se mueve a través de un equilibrio entre contrarios. En el mundo mani-
festado, la armonía entre los opuestos es la expresión del Tao. El equilibrio uni-
versal surge del encuentro entre los opuestos del yang (lo masculino, solar, racio-
nal, diurno, activo, el lado soleado de una montaña), y lo yin (lo femenino, lunar,
emotivo, nocturno, pasivo, la ladera oscura de la montaña). La figura simbólica
del Tai Ki (Comienzo original) expresa célebremente esta dualidad cosmológica
con un círculo dividido en dos mitades, una blanca (yang) y la otra negra (yin), y
con un punto del color contrario en cada mitad; lo que indica la integración entre
los contrarios. Pero los opuestos siempre surgen de una música más primaria,
que vibra con anterioridad a cualquier realidad binaria. La figura del Wu Ki (el
No-comienzo) muestra un círculo de un blanco homogéneo, sin traza de nada
particular. Es así expresión simbólica de la nada, el vacío o no-ser del que mana
el mundo binario de los opuestos manifestados.
La matriz de la cosmovisión de los contrarios dinámicos del Tao es el I ching (El libro
de las mutaciones)2; libro oracular, de aproximadamente el 2400 ac. Texto adivinato-
rio, que pretende describir la situación de quien consulta y predecir su futuro. Pero
es también una cosmología, una filosofía del universo regida por el devenir, por la
dialéctica de los opuestos. El ser es cambio. Una gacela que siempre corre delante.
Sólo en el siglo VIII ac, el libro llega a los 64 hexagramas, productos de la combina-
ción de ochos trigramas básicos (compuestos por líneas continuas y quebradas).
El I ching percibe el devenir como ley universal. Indica la dirección de menor re-
sistencia al cambio. Como el taoísmo, el I ching sugiere que la vida humana puede
elhilodeariadna
El taoísta busca ser como el agua para fluir en la espontaneidad que sabe. Y
también busca unirse con lo contemplado en el momento de la creación ar-
tística. Para pintar la naturaleza se abre primero a la montaña, la niebla, las
aguas, los árboles, el cielo que frota las melenas de la tierra… El arte taoísta
60
desconoce la distancia del artista del Renacimiento europeo respecto a su
objeto. Leonardo observa los objetos y la perspectiva espacial desde la exterio-
ridad del sujeto que observa. El artista occidental busca comprender e imitar.
No fundirse con lo contemplado. Por el contrario, el arte de las brumas taoís-
tas, es necesaria emanación de una mística emotiva. De una resonancia con
el pentagrama de la vida.
III
Y la conciencia del solitario entre las montañas chinas desea el encuentro con el
Tao. Impregnado por esa inquietud, percibe la armonía de los contrarios del sol
y la luna, de la noche y el día. Como el agua, se mueve en contorsiones versátiles.
Practica procesos purificadores en su cuerpo. Y, muchas veces, se sienta…. Cruza
sus piernas… Se concentra…
elhilodeariadna
Parece quieto. Pero está en especial movimiento. Parece ensimismado, pero está abierto
al mundo. Entonces, la especial iluminación puede acontecer… Por eso, el Tratado sobre
el éxtasis que consiste en sentarse y perder la conciencia (Tso wang lun), afirma:
“El Tao, en posesión de su fuerza perfecta, cambia el cuerpo (hsing) y el espíritu
61
(shen). El cuerpo es penetrado por el Tao y se hace uno con el espíritu; a aquel
cuyo cuerpo y espíritu están unidos en un solo todo se le llama hombre divino
(shen-jen). La naturaleza del espíritu está entonces vacía y es sublimada; su sus-
tancia no se destruye por transformación (o sea, no muere). Siendo el cuerpo en
todo semejante al espíritu, no hay ya vida ni muerte; secretamente el cuerpo se
asemeja al espíritu, en apariencia es el espíritu el que se asemeja al cuerpo”5.
Cuerpo y corazón (espíritu) se unen. El hombre unido en sí mismo, se fusiona
con el Tao. Y con todo lo que el Tao manifiesta. Por eso, al unirse con el mundo
manifestado de los fenómenos, el cuerpo es ese mundo; es cielo y tierra, y lo vacío
que exhala la polifonía de las formas naturales. Ahora no se contempla una uni-
dad posible, pero sólo pensada, especulativa. Se es esa unidad. Y así: “Su corazón
es idéntico al cielo y él está sin conocimiento; su cuerpo es idéntico al Tao, y él
carece de corporeidad”6.
El taoísta ya no es su antiguo cuerpo, el de unos límites y un rostro individuales.
No se tiene ya un cuerpo, o el cuerpo que se revela es el de la unidad del mundo.
Al vaciar el espíritu nace la oportunidad, como en toda apertura mística, de ser
alcanzado por el ser mismo. Y en lo real, o en el camino de lo que sólo es en los
sueños, el adepto vive la recomposición. La reintegración de su aliento al único
aire secreto de la vida.…
Al Tao, que se envuelve en la bruma. En la ribera.
El Tao.
El susurro…
K
elhilodeariadna
62
1
“Desde tiempos inmemoriales se conocían el Tao del Cielo y el Tao del Hombre, pero no así el Tao Absoluto. Tao
significa “camino”. Pero, siguiendo el sentido que Lao Tsé le atribuye, no conviene traducirlo por “camino”, y aun
menos por “sendero”. En la lengua china existen dos palabras para expresar el concepto de camino. Una de ellas es
LU, y se escribe combinando los símbolos de “pie” y “cada”. Es lo que pisan todos los pies, las pisadas son el origen
del camino. En sentido figurado se podría usar esta expresión para designar el concepto moderno de “ley natural”.
El otro término es la palabra TAO, que se escribe combinando los símbolos de “cabeza” e “ir”. De ello resulta un
significado esencialmente distinto del de la palabra LU. Significa la vía que conduce a una meta, la dirección, el
camino indicado; al mismo tiempo significa “hablar” y guiar”. Parece que el símbolo se usó originariamente para
representar las órbitas astronómicas de los cuerpos celestes. El ecuador se denomina desde antiguo “la vía roja”, y
la eclíptica, “la vía amarilla”. Conviene destacar que estas vías no son fortuitas. Tienen un significado, un sentido.
Es así como Lao Tsé comprende y emplea la palabra, El TAO no es algo material o espiritual, sino el origen de todo
sentido. Es lo único libre que sólo depende de sí mismo, mientras que todo lo demás recibe su sentido de algo
exterior: el ser humano lo recibe de la Tierra, la Tierra del Cielo y el Cielo del Tao”, en Lao Tsé, Tao Te King, Málaga,
editorial Sirio, 1997, p. 140 (trad. Richard Wilhelm). También puede consultarse otra traducción de Wilhelm de un
texto fundamental del taoísmo: El secreto de la flor de oro (The secret of the Golden Flower), ed. Paidós. Además de la
traducción de Wilhelm, cuneta con prólogo de C. G. Jung.
2
Ver I ching. El libro de las mutaciones, Buenos Aires, ed. Sudamericana, 1975 (trad. Richard Wilhelm, y prólogos de
C.G.Jung, Richard Wilhelm y Hellmut Wilhelm, y poema “Para una versión del I King”, de Jorges Luis Borges.
3
Lao Tsé, Tao te king, parte VIII, op. cit., p. 54.
4
Ibid., parte LXX, p. 127.
5
Henri Maspero, “En busca de la inmortalidad. El taoísmo en las creencias religiosas de los chinos durante la época
de las seis dinastías”, en Mircea Eliade (comp.), Historia de las creencias y de las ideas religiosas, Barcelona, Herder,
1996 pp. 93-94.
6
Libro de la ascensión en Occidente, citado por Henri Maspero, “En busca ...op.cit., p. 94.
elhilodeariadna
63
María del Carmen Calvo
María del Carmen Calvo: psicóloga. Fue profesora de la carrera de Psicología (UBA) y
actualmente tiene a su cargo el Posgrado sobre “Mapas Complejos de la Subjetividad”
para el estudio de la interdisciplina en la misma Universidad. Coordina diversos grupos
elhilodeariadna
encontrar un norte. Hasta que nazca al amor. Quien es capaz de amar y se sos-
tiene amando, no anidará odios ni resentimientos. Quien ama no hambrea, no
fabrica miedos, ni cansancio, ni lleva a otro al agobio o a la partición. Quien ama
suma al tejido amoroso de la trama de Dios.
68
Nadie puede salvar a otro espiritualmente, cada persona se cura en la apertura
que haga de su espíritu, lamiendo su propia herida, que es su primera medicina.
Imposible sacar del odio a alguien, pues está en el interior de cada persona esa
lucha. Nadie puede salir de su pantano con brazos y piernas ajenas.
¿A qué apuesta Simone Weil? Al aprender a estar solo y ser médico de uno mismo,
hasta sentir el latido de la felicidad. No intentar hacerse comprender, saber prime-
ro hacer silencio y comprenderse. Saber tenerse, para tener algo que ofrecer.
Amar es asumir el espíritu. Es hacer justicia, porque el amor es justicia. Por
amor me acerco y por amor me voy. Por amor acepto y por amor renuncio. Por
amor espero y por amor perdono. Con el amor voy a lo real y sé que toda ficción,
ilusión o engaño es un puñal sobre el amor. Y cuanto más puro, más Dios tiene,
más va dando existencia a la vida, pro-
fundidad a los instantes, comprensión
al alma, compañía al espíritu. Esa es
la belleza, el impactante misterio de
lo bello.
Pero lo bello no se tolera. Quema y
duele, ofende su simpleza. Nos entu-
siasmamos con alimentos más bajos,
con dominar, ultrajar, copiar o imitar.
La frescura de la luz genera sed de
apropiación, se la rocía con envidia,
se la consume con ferocidad, al final
siempre se la destroza hasta apagar-
la. Hay en la desdicha la acción de
mancillar, para estar a la altura del
movimiento propio de la falta de
amor: golpear.
Amar es soportar lo bello, bello irre-
presentable, parte del milagro que
aparece en un instante y se va en el
otro. Cualquier rostro apresa lo bello,
cualquier situación le da marco, cual-
quier clima lo plasma, pero no es un
elhilodeariadna
69
El amor no se pospone, ni se busca, ni se sueña: se ejerce. Si es amor, nunca sale
de lo real, despunta y se esconde, se instala y se evade, es un milagro, por eso es
Dios. Y si es amor, siempre es gratitud y tolerancia del misterio.
“Un hombre joven alto enjabona bajo la ducha sus largas piernas. Una mujer madura
se agarra al borde y mira atentamente el agua que le llega hasta la clavícula, como si
fuera un libro que está leyendo. Un hombre de mi edad nada en estilo crol lentamente
hacia su pasado. Una adolescente de once años camina por el borde de la piscina
gozando del tesoro de sus caderas. […] Imagino al hombre joven, la mujer corpulenta,
el septuagenario, la adolescente de once años que acabo de describir, volviendo a sus
vidas privadas, reconocidos, recibidos por alguien con quien comparten la intimidad.
Esa belleza”.6
“Esa esperanza de ser mirado y reconocido. […] Y quizás sea válido igualmente para la
belleza que no es obra del hombre, la belleza presente en una puesta de sol, una planta,
un animal o una montaña. Todas esas cosas son bellas”.7
“En zonas de experiencia como ésta se entra muchas veces cada día. En Fresnes y en
Florencia. En cualquier parte. Y cada entrada lleva el peso de un nombre de pila dife-
rente, pero la zona en sí misma permanece sin nombre. Esa Belleza”.8
Hay que adiestrar a las fantasías y a las ideas, hay que someterlas a una educa-
ción rigurosa. No se le puede hacer concesiones al mar de divagaciones al cual
nos arrojan, obligándonos a un constante y tortuoso navegar en pensamientos
e imágenes rumiantes. Hay que adiestrarlas para cortarles ese vínculo nocivo
con el que nos alimentan, esa devoción a imponerse en el afuera y la perversión
con la que quieren dominarnos, mientras la pereza avanza con el tamaño de las
derrotas. Encadenadas unas a otras, nos atan hasta inmovilizarnos secretamente.
Dios no tiene ataduras, tan solo es una opción. Se lo busca o no. Tampoco Dios
promete, ni cura o repara de antemano. Amar es como ama Dios.
A cada persona la acecha su libertad, aunque esté atada, aún encadenada, de
modo inconsciente o con lucidez abrumadora. Tanto acecha la libertad, como
la fuerza del sentimiento del amor que le da sustento. Es el amor el que quiere
siempre ir por más, pero hay un límite. ¿Hasta dónde un hombre está preparado
para amar? Hay que detectar el límite, porque todo el amor del mundo puede
transformarse, en un instante, en un pestañar de ojos, en el más terrible de los
odios si supera su límite.
No se aguantaría amar sin el ejercicio de ir amando. Ejercicio contundente de la
elhilodeariadna
libertad en los pequeños actos cotidianos, para no hambrear, para no tener miedo
ni generarlo en otra persona, para no apresar a nadie por el miedo, para no ceder
al cansancio, no aceptar ser hambreado, no aceptar ser asustado, no aceptar ser
agotado, no aceptar ser amenazado.
70
¿Qué es lo real? El amor, pero también el hambre, el miedo, el cansancio y la
coerción que hacen a la desdicha.
Avancemos Simone Weil. Lleguemos al alimento de la desdicha: el Mal. “Al ser el
mal la raíz del misterio, el dolor es la raíz del conocimiento”. Sufrimos el Mal, pensa-
mos el Mal, sentimos el Mal, recibimos Mal y damos el Mal. En ese juego diario
de pequeñas y grandes maldades nunca queda bien delimitado cuál es el mundo
del Mal, de dónde a dónde se extiende, de dónde a dónde se comprende.
El Mal ensordece los oídos, nubla la visión y confunde al entendimiento. Se lo
ve de frente en “la distancia que hay entre lo que se dice y lo que se hace”9. Es del
mundo del Mal toda suerte de desprendimiento entre el gesto y la palabra, entre
la intención y la acción. Un disimulo que va a parar al campo de la seducción y
luego puede anidarse en el campo de la perversión, actúa como una atracción
fatal hacia la inestabilidad que generan las mentiras, no por el esplendor de
las mismas sino por la confusión sórdida con la que golpean nuestra seguridad
emocional, nuestra percepción y nuestra nitidez mental.
Es del mundo del Mal ese odio retenido dentro de toda vanidad, odio que invade
el alma de una tensión que minará los vínculos con imposibilidad de sumar, de
compartir, de entregar de modo abierto y generoso10.
Es del Mal esa la filosofía de la cancelación del prójimo, operación de dejar a un
ser humano por fuera de la dignidad de pertenecer a la vida de todos, de quitarle
un lugar en el mundo, de volverlo “el muerto”, de amor, de hambre, de sed, de
necesidad, de atención, de consideración11. Mal es matar antes de que la natura-
leza divina de la vida decida cómo y cuándo algo debe morir.
Enarbola el Mal esa teología que supo encarnar Sade en su filosofía del tocador12,
aferrando la lealtad del hombre a un Dios de maldad, monstruoso y criminal,
Dios del destierro, el castigo y el abandono que coloca en el mundo a una cria-
tura fatal. De omnipotencia suprema y superioridad banal, criatura que desde
un pedestal administrará derrotas, preparará a las presas para el sacrificio, la
vigilancia y el suplicio. Criatura con sed de humillar para ofrendar a la vanidad y
al desprecio del hombre al hombre.13
Es desde el Mal y no desde otro lugar que haremos el camino hacia el encuentro del
amor, y desde el dolor, el trayecto hacia el encuentro del verdadero conocimiento.
Es desdichado el hombre que recibe y transmite la maldición sin sentirla, sin
dejarla penetrar hasta el centro de sí mismo, expulsándola y justificándose. Ese
elhilodeariadna
mos y a la vez el mismo punto. Padre e hijo son el amor. La línea es milagrosa.
Mi vida es un segmento de esa línea y yo soy una parte de la distancia entre el
Padre y el Hijo. ¿Cómo atravesaré esa distancia que me separa tanto del padre
como del hijo para conocerme y asumirme?
72
Esa distancia sólo es atravesada por el Espíritu, y es el espíritu el que tendrá que
poseerme para desplazarme tanto por la circunferencia como por el círculo, des-
de mi pequeña posición inicial: yo soy el hijo de mi padre.
No hay otro modo de constituirme en mi devenir espiritual. Sólo comenzando
desde mi dimensión de hijo con su tentación hacia la rebeldía, con su debilidad
y su sometimiento, con el miedo y la sed de protección, es que veré a mi padre,
con su tentación hacia la tiranía, sus signos de ausencia y siempre, siempre un
lugar de contundente presencia que es mi tarea encontrar.
¿Qué tendría que hacer para ser un receptáculo del Espíritu? Cavarle un hoyo a
mi miseria, pues “para llegar a ser algo divino, no necesito salir de mi miseria, no
tengo más que adherirme a ella”15
¿Cómo adherirme a mi miseria? Mirarme como hijo, mirar a mi padre como pa-
dre y desde allí empezar por asumir tanto su realidad como mis propios pecados.
Los pecados son mi mayor opción, con la condición de que mi yo prepotente,
mentiroso, injusto y banal sepa ver la riqueza de aprendizaje que todo pecado
lleva, si se lo sabe leer en la mayor extensión y si se lo soporta en la conciencia de
lo que acarrea. En ellos está la dimensión de toda la miseria que soy capaz de dar
y de recibir. Tocando mi miseria tocaré a Dios, tocaré esa línea de lo imposible
donde nace otro mundo, otra dimensión, el amor.
Toda la distancia que me separa de lo que deseo, de lo que anhelo, de lo que quie-
ro, de lo que rechazo es una y mil veces bendita, pues me recuerda la distancia
que hay entre el Padre y el Hijo, la distancia que hay entre yo y yo mismo, entre
el error y el acierto, entre la alegría y la tristeza.
¿Por qué el hombre no recorre a paso firme esa distancia? Simone Weil abre
una nueva puerta, otra dimensión a partir del pecado. El hombre está ofendido,
“es una ofensa a Dios por rencor de las deudas que Él no nos paga. Si perdonamos a
Dios, cortamos la raíz del pecado en nosotros. En el fondo de todo pecado hay cólera
contra Dios”.16
¿Cuál es el crimen de Dios que no le perdonamos? El habernos hecho criaturas
finitas y sufrientes. Sin embargo él nos perdona nuestro crimen hacia él, que es
ser criaturas finitas invadidas de tentaciones perezosas.
¿Cómo abriré mis puertas para volver a mí, para llegar a Dios? Tan solo con la
humildad, pues ella contiene semillas de amor, y ese es un poder irresistible so-
bre Dios. Solo puedo decidir encaminarme. Si el camino me asiste, ya es obra del
elhilodeariadna
“Hay falsas imitaciones del amor a Dios, pero no de la transformación que éste realiza
en el alma, pues no se tiene ninguna idea de esa transformación si no es pasando uno
mismo por ella”.23 Un hombre deviene digno cuando su modo de actuar respecto
de las cosas y de los hombres, su modo de tomar lo que de la vida venía para él,
76
no es delegado, ni proyectado ni expulsado; tan sólo es retenido en el interior,
hasta lograr la alquimia suficiente para no dañar a otro con su daga.
Hay que insistir en llegar a la dignidad. Allí el “alma ya no es virgen, se ha acostado
con Dios, aunque no lo sepa… Eso no importa, sólo el hecho es lo que importa”.24
A Dios hay que hacerlo, hay que dejarlo pasar por uno, a fuerza de hacer un
cuenco, de generar amor. Eso es Dios, un fuego que templa, una visión que se
expande, un límite infranqueable, una dicha sencilla, unas manos que se abren,
una generosidad que se impone.
Este misticismo no conoce excusas, falsos atajos en el camino, pobreza de accio-
nes y falsas pasiones. Consistente e insobornable Simone Weil.
1
Lispector, C: Revelación de un mundo. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2004. P. 69-70
2
Weil, Simone: La Gravedad y la Gracia. Ed. Trotta. Madrid, 1994
3
Weil, Simone: El conocimiento sobrenatural. Nombre dado por los traductores, María Tabuyo y Agustín López.
Ed. Trotta, Madrid, 2003
4
Weil, S.: Raíces del Existir. Ed. Sudamericana. Buenos Aires, 2000. Primera Parte: “Las necesidades del Alma”
5
Weil, S: La gravedad y la Gracia. Ob. cit. Pág. 26-35
6
Berger, J. y Trivier, M.: Esa Belleza. Bartleby, Madrid, 2005. P. 41-42
7
Ibidem. P. 58
8
Ibidem. P. 64
9
Deleuze, G. y Guattari, F.: Kafka por una literatura menor. Ed. Era, México, 1983.
10
Calvo, M: Un viaje hacia el Espíritu. Ed. DA. Buenos Aires, 2008. Cap. 10 y 11
11
Kristeva, J: Los poderes de la perversión. Ed Sigo XXI, México, 1989.
12
Castanet, H.: Pierre Klossowski: La Pantomima de los Espíritus. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2008. En “Sade,
el mal y la perversión”.
13
Klossoski, P: Sade mi prójimo. Ed Sudamericana, Buenos Aires, 1970. En “Bosquejo del sistema de Sade”
14
Ob. Cit. Pág. 26
15
Ob. cit. Pág. 27
16
Ob. cit. Pág 37
17
Ob. cit. p.45
18
Ob. cit. Pág. 77
19
Ob. cit. Pág. 78
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20
Ob. cit. Pág. 79
21
Ob. cit. Pág. 80
22
Ob. cit. Pág. 84
23
Ob. cit. Pág. 84
24
Ob. cit. Pág. 85
77
Por María Eugenia Romero
Robert Musil
En sus diarios anota: “La literatura es una vida más valiente, de un orden más
lógico; es la creación y la cristalización de las posibilidades.” (Diario, 25).
El problema del conocimiento del mundo y de la realidad se liga al problema
del lenguaje. Pero sucede que sólo lo que se puede “decir” es la realidad y esta
realidad cuando es dicha queda fijada en el lenguaje mientras que el mundo es
cambiante y está en movimiento perpetuo. El lenguaje realiza entonces una ope-
ración reductora. Es más, no sirve para “decir” las cosas fundamentales como lo
sagrado, lo numinoso o lo irracional.
Así pues, el hombre moderno debe enfrentarse a un mundo fluctuante que
no puede asir y en el que, para poder moverse, deberá reemplazar las certezas
por una variedad de opciones. No hay un punto para focalizar sino múltiples
posibilidades.
Musil es conciente de que para vivir de lleno en el mundo de lo racional hay que
eliminar lo irracional que yace en nosotros y aceptar una convención que nos
indica lo que pertenece al mundo real. La convención define el lenguaje de todos
los días. Pero esto no basta. Aceptar esta convención lingüística no debe signi-
ficar la represión de lo irracional. Debemos entonces mantener ciertas reservas
ante el mundo real y ser concientes de las múltiples posibilidades alternativas. A
estas posibilidades alternativas las llama “la otra condición”, para la que se debe
abandonar el modelo de la ciencia.
El abismo entre lo racional y lo irracional, esta condición otra que tanto fascina
a Musil es una cuestión medular en su obra literaria y es lo que intentaremos
rastrear a partir del análisis de “Tonka”, la más consistente de las tres nouvelles
de Tres mujeres cuyas historias presentan personajes en el borde de la revelación,
cediendo o no queriendo ceder a otro tipo de conciencia.
que su amante no pudo haber sido el padre (él estaba de viaje por esa época) y
los doctores afirman que tampoco él pudo haberla infectado. Sin embargo Tonka
persiste en asegurar no haber conocido otro hombre. Tal es su sinceridad que
su amante se pregunta si la inmaculada concepción puede ser considerada una
80
posibilidad. Hay un 99% de probabilidad de que el embarazo sea causa de la
infidelidad de Tonka frente a un 1 % de que se trate de un milagro. Ni siquiera
un médico podría objetar esto. La ciencia no puede asegurar que ese 1 % no se
produzca nunca.
¿Es posible la fecundación virginal?
La pregunta sobre qué ha pasado llega recién en el capítulo VI pero este conflicto
motiva la escritura y organiza el texto. El protagonista busca comprender su re-
lación con Tonka y dar una respuesta al insólito embarazo para recomponer su
mundo hasta ahora respaldado por la seguridad de la ciencia –recordemos que
el protagonista es un químico–.
Así como estalla el mundo del protagonista, la escritura se irá cargando de ele-
mentos que pondrán en duda también esa diafanidad, cuestionando no sólo al
mundo sino a la escritura misma. La clave del texto será la ambivalencia.
elhilodeariadna
La historia se abre con el relato de la evocación del primer encuentro del protago-
nista con Tonka. La visión de un grupo de campesinas en el campo hace creer en
un posible relato realista o costumbrista pero éste es inmediatamente negado por
una escritura construida en base a impresiones. El punto de vista del narrador
81
en tercera persona se pliega aquí a la evocación del protagonista3 que recuerda el
hecho y el texto se impregna de ambigüedades y de modalizadores que indican
duda del tipo “quizás”, “en realidad…”, etc. Lo que se afirma en un párrafo será
contradicho más tarde. Hay también una abundancia notable de disyuntivas. El
campo semántico gira alrededor de la ambigüedad. “Niebla”, “sombra”, “sueño”,
“oscuridad” son palabras que se repiten constantemente.
“Pero, ¿adónde le llevan a uno esos pensamientos? Aquella vez ella había
estado junto a una valla, ante la negrura de una puerta abierta que perte-
necía a la primera casita del pueblo, camino de la ciudad; llevaba borce-
guíes, medias rojas y unas sayas multicolores, anchas y tiesas; mientras
hablaba, parecía mirar la luna que colgaba pálida encima del trigo segado,
contestaba tímidamente, pero con acierto, reía, se sentía protegida por la
luna, y el viento pasaba por el rastrojo soplando tan suavemente como si
tuviera que enfriar un caldo. Durante el regreso a caballo, él había dicho
riendo a su compañero, el barón Mordansky, voluntario de un año: ‘Me
elhilodeariadna
“… mientras él trabajaba, toda su dicha era estarse callada cerca de él. Ella
era la naturaleza que se ordenaba para volverse espíritu; que no quería
hacerse espíritu, pero que lo amaba y se le adhirió misteriosamente como
uno de los muchos seres que se han acogido al hombre.”
“Sus parientes hablaban todos a la vez y notó lo mucho que cada uno
miraba para su provecho. No se expresaban con bellas palabras, pero sí
con agilidad confiando en su elocuencia, y al final todos obtenían lo que
84
querían. Saber hablar no servía para expresar los pensamientos, sino que
era un capital, una joya imponente; ante la mesa llena de objetos a repar-
tir, recordó los versos: ‘Celeste don del dulce canto el dios Apolo le dio’,
y por primera vez se dio cuenta de que éste era un don de verdad. ¡Qué
callada era Tonka! No sabía ni hablar ni llorar. Pero qué es este algo que
no se expresa ni es pronunciado, este algo que desaparece silencioso e in-
advertido por la humanidad, que como una rayita grabada en las tablas de
la historia -esta acción, esta persona, este copo de nieve que cae solo, en
pleno día de verano; ¿existe en la realidad o en la imaginación, es bueno,
fútil o malo? Uno siente que aquí las nociones llegan a un límite donde
ya no encuentran ningún apoyo. Salió sin pronunciar ni una sola palabra,
para decirle a Tonka que se cuidaría de ella.”
86
subjetividad pueda ser vista como “Zwischen”, un “entre”. Pero para esto haría
falta la entrega.
Con respecto a este problema de la pérdida del yo monolítico y el problema de la
identidad debemos señalar también en nuestro texto, por un lado, la presencia
de un personaje secundario como Hyacinth, que estaría funcionando como la
parodia del poeta romántico en su fase epigonal y como intento fallido de re-
cuperación del yo desde una concepción moderna y, por el otro, la alusión a los
Fragmentos de Novalis que nuestro protagonista tiene “en la mesa de luz” en el
que el intento por salvar el yo, aunque fracase, todavía tiene un sentido.
Como sabemos, el romanticismo imprime desconfianza en la razón como única
vía de conocimiento del mundo y explora otras vías como la emoción o la intui-
ción. Sin embargo, muchas veces no puede salir de un ensimismamiento y en su
última fase pierde consistencia y se transforma en mero estereotipo (Hyacinth).
El caso de Novalis (1772-1801), uno de los más interesantes exponentes del pri-
mer romanticismo alemán, es muy significativo. Sus nociones de “Gemüt” y
“Stimmung” podrían ser una llave de acceso al texto de Musil. Novalis propone
una concepción integrada del mundo exterior e interior porque ambos confor-
man una unidad. El mundo para él es ese todo. “Stimmung” es justamente el
universo como sistema de correspondencias o analogías en armonía. Y “Gemüt”
es lo íntimo del ser que moviliza fuerzas no racionales. Hay una unidad integral
del todo que el sujeto contiene en su interior y es explorando el interior como
se explora el mundo. Si se explora solamente el mundo exterior –como propone
el modelo de la ciencia– tendremos una desintegración perpetua del sujeto en
la sucesión de lo contingente. El yo tiene que buscar en sí mismo ya que es un
microcosmos que contiene al macrocosmos. La mediación conceptual falsea la
unidad esencial de la vida y es a través de la Poesía como se logra dar forma al
mundo exterior que es confuso y fugitivo.
Sin embargo los Fragmentos de Novalis reposan en nuestra historia en la mesi-
ta de luz. Nuestro protagonista, aún actuando correctamente, según el deber, y
acompañando a Tonka no se entrega y no puede admitir creerle. Comienza, sí,
una búsqueda que explique la razón de su mundo y su identidad en ruinas.
87
Conclusiones
Si bien la obra ha sido interpretada de muchas maneras incluyendo la de una rei-
vindicación de la vía mística para el conocimiento, a mi juicio, lo que caracteriza
el texto es la imposibilidad de dar una solución unívoca al problema. Cualquier
alternativa que se elija es sólo una de las tantas posibilidades que hay. Pero el
problema queda planteado. Si nos atenemos estrictamente al texto podremos
afirmar solamente que esa “llamada” que escucha, por un instante, nuestro pro-
tagonista, una vez muerta Tonka, es la certeza del fracaso de la razón y la ciencia
como único instrumento de conocimiento y de la necesidad de reconocer tensio-
nes operando en nosotros. El hombre y el mundo están insertos en una red de
relaciones fluidas. El tiempo y el espacio han roto sus límites naturales y el hom-
bre nada en una corriente cuya fuerza y dirección ignora. De ahí la necesidad de
buscar otras vías de acceso a la realidad. Pero la nouvelle no excluye la posibilidad
de que la esencia misma del mundo sea inescrutable aún para cualquier vía.
Lo cierto es que la “llamada” es el impulso que motiva la búsqueda del protago-
nista en su afán por tratar de “entender”.
En el texto hay dos series: el mundo fenoménico, lo que aparece y forma parte
de la realidad como el mundo de la química y los inventos del protagonista o el
mundo que marca el reloj de la cocina de los protagonistas que se mueve en las
coordenadas espacio-temporales y va mostrando la evolución del embarazo y la en-
fermedad de Tonka como datos objetivos que pueden ser dichos. Y otra serie que
remite a una realidad más profunda e inaccesible que subvierte todas las certezas
de la primer serie, a través de los recursos que hemos analizado: ambivalencias,
contradicciones, puntos de vista, ironía, corrosión del lenguaje, silencio.
Las influencias de Mach y de Nietzsche resultan, como vimos, evidentes en la
obra de Musil pero es interesante señalar además, a manera de conclusión, al-
gunas semejanzas con el pensamiento de Wittgenstein (1899-1951), su contem-
poráneo, ya que resultan esclarecedoras. Me refiero precisamente a la diferencia
que hace este filósofo entre el “decir” y el “mostrar”.
Para Wittgenstein –para quien hay una vinculación estructural entre lenguaje y
mundo– se puede hablar con sentido sólo de la realidad. “Los límites de mi len-
guaje son los límites de mi mundo” (Tract.:5.6). Y: “De lo que no se puede hablar
hay que callar” (Tract.:&7).
Pero:
elhilodeariadna
Bibliografía
Coetzee, J.M. “On the Edge of Revelation”, The New York Review of books, De-
cember 18, 1986.
Modern, Rodolfo, Historia de la literatura alemana. México, FCE, 1986.
Musil, Robert. “Tonka”. En: Tres Mujeres. Madrid, Seix Barral,1986.
Nietzsche, Así habló Zarathustra, Madrid, Alianza, 2003.
Nietzsche, Más allá del bien y del mal, Madrid, Alianza,1975.
Novalis, Fragmentos. En: Escritos Escogidos. Madrid, Visor, 1984.
Steiner, George. “The Unfinished”, The New Yorker, April, 17, 1995.
Wittgenstein, Ludwig. Tractatus Logico-Philosophicus. Madrid, Alianza, 2002.
Todas las citas de “Tonka” fueron extraidas de Musil, Robert. “Tonka”. En: Tres
Mujeres. Madrid, Seix Barral,1986.
1
Esta obra inconclusa, en la que Musil trabaja durante casi toda su vida, es una de las novelas capitales del siglo
xx. En ella se narra la decadencia moral e intelectual del imperio austro-húngaro –la muerte de Europa y su
cultura–, desde los ojos de Ulrich, su protagonista, un ex matemático que no logra encajar en un mundo donde
ni la lógica ni las matemáticas proporcionan ya certezas de manera que le permita poseer “cualidades”.
2
En 1906 Musil había publicado Los desconciertos del pupilo Törless (Die Verwirrungen des Zöglings Törless).
elhilodeariadna
3
El punto de vista del narrador se mueve constantemente en esta obra. Se pliega generalmente al protagonista y
muchas otras a Tonka. El narrador en 3o, emblemático de la literatura realista del siglo xix, se vuelve aquí signifi-
cativamente esquivo.
4
La cuestión de la disgregación del imperio austro-húngaro, las distintas lenguas y nacionalidades está siempre
presente en la obra de Musil.
89
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90
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91
thesaurus
Presentación de Carlos Ruta
El Maestro Eckhart
elhilodeariadna
Esa misma dificultad atañe aún hoy a las aporías que arrojan sombras sobre el
sentido posible de nominar como “mística” el conjunto de su obra. La historio-
grafía contemporánea ha discutido intensa (y quizá insensatamente en algunos
casos) los límites y el alcance de tal signatura. A la amplitud de su sentido ad-
vienen tradiciones y hermenéuticas diversas que adscriben sus significados bajo
rúbricas siempre finalmente engarzadas. Más allá de su propio estatuto de signi-
ficancia y de los géneros literarios que se allegan a su cauce textual, la recalifica-
ción de la obra eckhartiana y su inserción en la tradición de la mística occidental
fue posible en tanto se la entendió en los lazos de reapropiación que elaboró
con la Teología Mística de Dionisio Areopagita, o en su vertiente más existencial
como “arte de vivir” (Kunstleben), una fórmula también afincada en los bordes de
la antigüedad tardía y en todo caso como un sesgo interpretativo de su personal
“Filosofía del Cristianismo”. Las precisiones rigurosas que subyacen a cada uno
elhilodeariadna
94
(A continuación uno de los sermones centrales de Eckhart, el n° 52 de la obra
alemana. Traducción del alemán medieval (mittelhochdeutsch) de Carlos Ruta)
El obispo Alberto dice que un hombre pobre es aquel que no encuentra satisfac-
ción en las cosas que Dios ha creado, lo cual está bien dicho. Pero nosotros lo va-
mos a decir todavía mejor y consideramos la pobreza en un sentido superior: un
hombre pobre es el que nada quiere, nada sabe y nada tiene. Queremos hablar
95
de esos tres puntos y les ruego, por el amor de Dios, que comprendan esa verdad
si pueden; pero si no la comprenden, no se preocupen por ello, pues la verdad
de la que quiero hablar es de tal forma que incluso entre gente buena, sólo
pocos pueden comprenderla.
En primer lugar decimos que un hombre pobre es aquel que no quiere nada.
Alguna gente malinterpreta este sentido; son aquellos que se apegan a la
penitencia y al ejercicio exterior, que ellos tienen en gran consideración. Que
Dios se apiade de ellos por conocer tan mal la verdad divina. Se les llama
santos en razón de las apariencias, pero en el interior son asnos, pues no
saben discernir la verdad divina. Ellos dicen que un hombre pobre es aquel
que no quiere nada y lo demuestran como sigue: el hombre debe vivir de for-
ma que no cumpla jamás su propia voluntad en nada y que deba esforzarse
por cumplir la amada voluntad de Dios. Esos hombres están bien encaminados
y su opinión es correcta, por eso queremos alabarlos. Dios quiera en su mise-
ricordia darles el reino de los cielos. Pero yo digo, por la verdad divina, que esa
gente no es exactamente gente pobre, ni se parece a los pobres. Son vistos con
grandeza a los ojos de la gente que no sabe nada mejor. Y sin embargo digo
que son asnos, que no entienden nada de la verdad. Que alcancen el reino
de los cielos por sus buenas intenciones, pero de la pobreza de la que ahora
hablamos no saben nada.
Si alguien me pregunta, ahora, qué es un hombre pobre que nada quiere, con-
testo y digo: mientras el hombre tenga la voluntad de cumplir la más amada
voluntad de Dios, no posee la pobreza de la que hablamos; pues en él todavía
hay una voluntad que quiere satisfacer a Dios y eso no es la pobreza correc-
ta. Pues si el hombre quiere ser verdaderamente pobre debe mantenerse tan
vacío de su voluntad creada como hacía cuando él todavía no era. Pues, por la
verdad eterna, les digo que mientras quieran cumplir con la voluntad de Dios
y tengan deseo de Dios, no serán pobres, ya que sólo es un hombre pobre el
que nada quiere y nada desea.
Cuando estaba en mi primera causa no tenía ningún Dios y yo era causa de
mí mismo; allí nada quise ni nada deseé, ya que era un ser desprendido y
me conocía a mí mismo en el seno de la verdad. Me quería a mí mismo y
no quería otra cosa; lo que yo quise es lo que fui y lo que fui es lo que qui-
se, quedando allí vacío de Dios y de todas las cosas. Pero cuando por libre
elhilodeariadna
Nota: Los términos que aparecen entre < > han sido colocados
por el traductor para hacer más accesible el texto a los lectores.
1
Pred. 76, DW III, pág. 322:02-06: Wan denne gotes natûre ist, daz er niemanne glîch enist, sô ist daz von nôt, daz wir
her zuo komen, daz wir niht sîn, daz wir gesast mügen werden in daz selbe wesen, daz er selbe ist. Dar umbe, swanne ich
dar zuo kume, daz ich mich gebilde in niht und niht engebilde in mich und ûztrage und ûzwirfe, waz in mir ist, sô mac ich
gesast werden in daz blôze wesen gotes, und daz ist daz blôze wesen des geistes. (trad. Carlos Ruta)
2
Tan sólo a modo de ejemplo vale citar alguno de los Nonnenversen: “Quiero contarles –refirió una monja espiritual-
que viene a nosotras un predicador y de ello se alegra mi corazón.
El sabio Maestro Eckhart nos predicará acerca de la nada divina. Quien no entienda, debe quejarse al amado dios, (pues)
elhilodeariadna
en él apenas ha brillado a luz divina.” E Kurt Ruh: Meister Eckhart. Theologe – Prediger – Mystiker. München, Beck,
1985, pág. 12 ss.
3
Franz Pfeiffer: Deutsche Mystiker des 14. Jahrhunderts, Leipzig, 1857; Neudruk: Scientia Verlag, Aalen, 1991; Band
2: Meister Eckhart, pág 599, 19 nº 8 (en adelante Pf.).: Ez sprichet meister Eckehart: wêger wêre ein lebemeister denne
tûsent lesemeister; aber lesen unde leben ê got, dem mac nieman zuo komen.
99
Presentación de Luis Loredo
101
misacantano en Medina.
Pero Juan se quiere ir a los cartujos (orden numquam reformata quia numquam
deformata). Con otro Fraile, Antonio, conoce a Sta. Teresa de Jesús que está for-
mando la rama descalza de mujeres desde el Monasterio de la Encarnación de
102
Ávila (calzadas), del que es Abadesa. Lo disuade y persuade, y les pide hagan
igual que ella con los varones, pues les seguirán muchos. Queda como Confesor
y Vicario en el Monasterio de la Encarnación.
Años más tarde, cuando se está instaurando la rama de los Descalzos y va crecien-
to, es tomado preso por los del Paño, que lo llevan a prisión en Toledo, por rebelde.
Pasa un calvario. Logra huir. La rama descalza de varones creció en paralelo, y él es
ahora Maestro de Novicios en Duruelo, Mancera y Pastrana, y luego Rector del Co-
legio Descalzo de Alcalá. Hasta 1591 tiene cargos varios en los Descalzos. Hay una
revuelta política firme entre los propios Descalzos y él cae, y es enviado a Úbeda,
pues está previsto enviarlo de misionero a América. Muy perseguido y maltratado
por el Prior descalzo, muere en Úbeda (14-12-1595) a las 12 en punto de la noche a
“cantar”, como él dice, “Maitines al Cielo”. El Prior llora arrepentido.
Todo lo referente a él es complejo y cargado de Esoterismo. Ejemplo claro de
ello es su huida de la prisión de los del Paño (preso en la cárcel de Toledo 1577-
1578). Lo recluyen en un escaso retrete, con un pequeño ventanuco como luz, y
respiradero. Todos los viernes, en el Capítulo, al entrar, cada religioso le aplica
un latigazo en las espaldas desnudas mientras recitan el Salmo 50 (Miserere).
Luego vuelve a su celda retrete. Tiene 2 frailes carceleros que se turnan, el menos
cruel, por pena, le da recado de escribir (plumas, tinta, papel), y él escribe sus
poemas apoyado en el muro, a la escasa luz del ventano. Hasta que hace soga con
las mantas raídas, hilachadas, y la capa y se tira por el ventano. Va a parar a una
piedra que emerge de la corriente, tormentosa y asesina, del feroz río Tajo que
cruza Toledo, y en esas fechas estaba peligroso y tenaz. Lento, despacio, poco a
poco, oblicuo, se arrastra por el margen viscoso de musgo. Llega al borde y sube
al camino de la vera, y exhausto corre hasta un portal obscuro, sin mastines, que
le protege con las sombras. Antes de prima se levanta y va a buscar el Monaste-
rio de las descalzas que fundó Teresa de Jesús y allí, y con gran asombro de la
tornera, pide por la priora. Ana de Jesús, confesanda de él, de la Encarnación,
que le recibe en la iglesuca adherida al claustro con asombro y cariño. Después
le atienden con un plato de peras en dulce (oración). Los Calzados, detrás, llegan
a la puerta y preguntan a la Priora si por allí ha pasado, y ella, introduciendo la
mano en su amplia bocamanga, dice: “Por aquí no ha pasado”. Los Calzados fu-
riosos lo van a buscar a otros lados. Mientras tanto, él dice misa en la igliesuca.
Les canta Noche Oscura, las Canciones Del Alma y la Llama De Amor Viva, que
elhilodeariadna
trae guardadas en el pecho. Danza en derredor del altar. Las monjas avisan a un
señor muy principal, amigo de ellas, que al atardecer le va a buscar con carruaje
cerrado y guardia, y se lo lleva a su palacio donde lo cuida con devoción y ternura,
y finaliza su vida como Descalzo. Luego de su muerte sucedió lo increíble.
103
1593 Cuerpo llevado a Segovia
1618 Sus obras se editan en Alcalá
1675 Clemente x lo beatifica
1762 Canonizado por Benedicto xiii
1926 Pío xii lo erige en Doctor Místico
1952 Es proclamado patrono de los poetas de lengua castellana
Sin embargo, sus obras permanecieron poco conocidas por 200 años, salvo en
los Monasterios de descalzas y en algunos Conventos de varones de ambas ramas
del Carmen, Descalzos y Calzados, que aún perviven. Los Calzados, por si solos,
se reformaron lentamente también, a lo largo del tiempo.
Dice el Dr. D Marcelino Menéndez y Pelayo en Estudios De Crítica Literaria, Ma-
drid 1915 al referirse a su obra poética: “Angélica, celestial y divina, que ya no parece
de este mundo, ni es posible medirla con criterios literarios… Son las canciones espiri-
tuales de San Juan de la Cruz. Confieso que me infunden religioso terror al tocarlas.
Por allí ha pasado el Espíritu de Dios, hermoseándolo y santificándolo todo… juzgar
tales arrobamientos, no ya con el criterio retórico y mezquino de los rebuscadores de
ápices, sino con la admiración respetuosa con que juzgamos una oda de Píndaro o de
Horacio, parece irreverencia y profanación”.
La poesía de Juan es experiencia pura que lleva a la palabra lo inefable. Se expande
desde el camino ascético al camino místico, que se abre en las tres vías, la purgativa
de los sentidos y del espíritu, la iluminativa, y la unitiva. Pero el poeta en su altu-
ra no acepta nada compensatorio ni fruitivo, aunque sea espiritual, por eso, dice:
“vuélvete paloma que el ciervo vulnerado, por el otero asoma, y fresco toma”…
A fines del siglo xix y el siglo xx explotó la defensa de la belleza de sus poemas
y empezaron a difundirse e influenciar a los poetas del siglo xx. La inspiración
primera del santo es el “Cantar de los Cantares”, el libro menos leído de la Biblia.
Y la influencia islámica es notable en toda su obra poética y aún en las glosas.1
¿Cabe mayor sabiduría verbal y musical que esos ritornellos de versos iguales,
esas rias interiores en “una”, ese artificio todo, que se resuelve en sencillez y na-
turalidad y acaba dándonos como una sensación viva del movimiento demorado
y receloso de aquella fuga que emprende el alma? Y lo mismo luego la onomato-
peya silbante de las cinco eses de aquel endecasílabo:
Y aquella otra de los cinco monosílabos y los tres “ques” consecutivos para dejarnos
en el alma un eco balbuciente, como el que produce la lejana noticia del Amado:
Y déjanme muriendo
Un no se qué que quedan balbuciendo…
Quedéme y olvidéme,
El rostro recliné en el Amado,
Cesó todo y dejéme,
Dejando mi cuidado
Entre las azucenas2 olvidado…
Todo esto parece, a primera vista, sabiduría, técnica, casi artificio. Y así sería si un
San Juan de la Cruz demasiado artesano, demasiado inclinado sobre sus papeles
para trazar una estrategia de acentos y palabras, no fuera excesivamente incon-
gruente con el fraile santo ensimismado y abandonado en Dios que conocemos
elhilodeariadna
la música callada,
la soledad sonora…
Dios. Cuando iba en su busca, todos los sustantivos le parecían poco, porque to-
dos podían ser su imagen. Ahora que le ha hallado, todos los adjetivos le parecen
pocos, porque todos son su resplandor. He aquí un ritmo de sintaxis que en su
raíz fue seguramente un ritmo de contemplación…
106
107
elhilodeariadna
Algunos fragmentos y poemas:
Noche Obscura
1-En una noche obscura
Con ansias en amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notado,
Estando ya mi casa sosegada.
K
5-¡Oh noche, que guiaste,
Oh noche amable más que el alborada:
Oh noche que juntaste
Amado con amada,
Amada en el Amado transformada!
6-En mi pecho florido,
Que entero para él solo se guardaba,
Allí quedó dormido,
Y yo le regalaba,
Y el ventalle de cedros aire daba.
7-El aire de la almena,
Cuando yo sus cabellos esparcía,
Con su mano serena
En mi cuello hería,
Y todos mis sentidos suspendía.
8-Quedéme, y olvidéme,
El rostro recliné sobre el Amado,
Cesó todo, y dejéme,
Dejando mi cuidado,
Entre las azucenas3 olvidado.
elhilodeariadna
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Canciones entre el alma y el Esposo
Esposa
K
11-Descubre tu presencia,
Y máteme tu vista y hermosura;
Mira que la dolencia
De amor, que no se cura
Sino con la presencia y la figura.
12-¡Oh, cristalina fuente,
Si en esos tu semblantes plateados,
Formases de repente
Los ojos deseados,
Que tengo en mis entrañas dibujados!
13-Apártalos, Amado,
Que voy de vuelo.
Esposo
110
15-La noche sosegada
En par de los levantes del aurora,
La música callada,
La soledad sonora,
La cena que recrea y enamora.
K
28-Mi alma se ha empleado,
Y todo mi caudal en su servicio;
Ya no guardo ganado,
Ni ya tengo otro oficio,
Que solo en amar es mi ejercicio.
K
33-No quieras despreciarme,
Que si color moreno en mí hallaste,
Ya bien puedes mirarme,
Después que me miraste,
Qué gracia y hermosura en mí dejaste.
Suma de Perfección
ADDENDA
El Greco y los místicos coetáneos suyos eran floración de un mismo clima histó-
rico, y a veces coincidían tan exactamente en sus obras que parecía que se copia-
ban; pero no era copia, sino frutos de un clima común. Por ejemplo, la tiniebla
del fondo de los cuadros del Greco no es sino la noche oscura de San Juan; y
cuando en la Asunción el espectador, después de subir con la Virgen María, en
su misma solemne espiral hasta los cielos, vuelve a la realidad y encuentra aquel
ramo de azucenas olvidado en un ángulo del lienzo, se piensa sin querer en el
mismo ramo de azucenas que olvidó también el sublime poeta cuando se aban-
donó reclinando el rostro sobre el Amado.
Debo citar también a Alfonso Méndez Plancarte cuando dice que San Juan de
la Cruz, además de la lírica, cultivó otro ramo estético-sacro. En Ávila se venera
en un relicario de metal dorado el Cristo Crucificado que trazó a pluma. Es la
única venerada reliquia de sus aficiones pictóricas. Este Cristo original inspiró
en nuestros días una joya ilustre de la pintura religiosa moderna: El Cristo de
San Juan de la Cruz, de Salvador Dalí. Ese Dios crucificado, visto inauditamente
desde lo alto –a vuelo de ángeles o a mirada de Padre, en atrevido y hermosísi-
mo escorzo–, pende del leño semi-fulgurado por un verde lampo celeste, sobre
un mundo lejano y todo hundido en arcanas sombras. Su cuerpo, floreciente y
elhilodeariadna
elhilodeariadna
1
Este tema lo trata de manera magistral la Dra. Luce López Baralt en su libro El Islam en San Juan de la Cruz, Ma-
drid, Hiperión, 1998. Para otros aspectos esotéricos v.
Bernardo Nante “Paralelismo alquímico en la poesía de San Juan de la Cruz”, en el libro Fervor-Silencio-Tiempo de
Arturo Marasso, Buenos Aires, Fata Morgana, 1997.
2
La azucena con sus blancos pétalos hacia el sol, simboliza la oración en Oriente.
113
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114
entrevista
elhilodeariadna
116
gracias a la generosa participación del historiador ricardo elía tuvimos
la posibilidad de encontrarnos con la Doctora Luce López Baralt, que ha dedicado
una vida de estudio a la riquísima relación entre la mística islámica y la cristiana.
Autora de importantes obras en torno de la influencia del Islam en el cristianis-
mo, Luce López Baral1t es traductora de textos fundamentales del sufismo (Las
moradas de los corazones de Abû-L-Hasan- Al Nurî de Bagdad, Madrid, Ed. Trotta).
La lectura de sus obras, como por ejemplo la de San Juan de la Cruz y el Islam,
produce un placer especial porque la investigadora acompaña su erudición con
una exposición muy florida y un estilo castellano riquísimo. Tenemos en este
momento la oportunidad de conocerla personalmente, y su presencia transmite
una simpatía natural. Nos acompañan los historiadores Luis Loredo y Ricardo
Elía con quienes iniciamos la entrevista a la Doctora Luce López Baralt.
Luce López Baralt: Este es un tema al cual he dedicado toda mi vida, si-
guiendo las huellas de Miguel Asín Palacios. Él empezó a descubrir mu-
chos de los símbolos en común, “la noche oscura del alma”, “el símbolo
del corazón”, y otras manifestaciones fundamentales de tan hermoso te-
soro de riqueza simbólica. Por cierto, Miguel Asín Palacios muere en el
año 44, de manera que lamentablemente nunca pude colaborar con él, ni
ser su discípula, pero seguí sus pasos al estudiar el misticismo español
y el musulmán, y puedo decir que he ido aumentando el estudio de los
símbolos que ya Miguel Asín Palacios había determinado como símbolos
compartidos. Me ha interesado, por ejemplo, ahondar en la cuestión de los
pájaros espirituales: “el pájaro solitario” en San Juan de la Cruz es un símil
muy extraño, un pájaro simbólico del alma, que tiene todos los colores
pero ningún color determinado. Y no es un símil cristiano, pude verificar
su presencia en varios autores musulmanes como Sohravardî Y Avicena.
La cuestión central radica en que muchos símbolos fundamentales de la
transmisión de la experiencia inefable del místico, como también el de
los castillos concéntricos en Santa Teresa, sólo se explican por referencia
elhilodeariadna
117
Ariadna: Cuando se difundió la influencia de las fuentes islámicas en La divina
Comedia2 de Dante por la obra justamente de Asín Palacios, muchos estudiosos
no lo recibieron bien. Incluso actualmente muchos especialistas en la obra de
Dante jamás lo mencionan.
este símil de los castillos para referirse a la experiencia del viaje interior
que lleva a la unión con el Amor Infinito. Pues por cierto para transmitir
la experiencia mística que trasciende el lenguaje y la razón, se acude al
símbolo. Porque la experiencia en sí es inefable como ya lo había expresa-
118
do el maestro espiritual de Santa Teresa, San Juan de La Cruz: lo esencial
de estas operaciones íntimas del alma en contacto con el Amado no se
puede expresar, hay que “entenderlo para sí y gozarlo y sentirlo, y callarlo el
que lo tiene”. Pero Santa Teresa suplica a Dios para que le otorgue la inspi-
ración literaria necesaria para hablar de lo que es imposible hablar, pues
ella lo ha vivido, y le parece provechoso compartirlo con sus hermanas en
el camino hacia Dios. Y esa inspiración le es concedida y así expresa que
“nuestra alma es como un castillo todo de diamante, o de muy claro cristal,
adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas.”.
Y aquí nos encontramos con la célebre y hermosa imagen de Santa Tere-
sa, de los siete castillos concéntricos, que es una analogía para hablar de
las distintas dimensiones del alma. Porque ella misma está compuesta
de esta luz en la que se encuentran inmersos todos los místicos autén-
ticos. En el último y recóndito castillo está Dios, con quien el alma se
une. Ahora bien, este símbolo de los castillos concéntricos, profundo y
bello a la vez, ha planteado enigmas irresolubles para la investigación
que se dedica precisamente a testimoniar los antecedentes, las fuentes y
las influencias en el marco de la historia. Y como lo sostuvo Katz (Oxford,
1978) estos castillos no parecen ser hijos de la tradición cristiana occiden-
tal. Se ha querido ver una procedencia en los siete cielos ya referidos por
Aristóteles, en relación con los siete astros de la cosmología antigua, pero
nada de eso puede dar una precisa explicación de la cuestión. Y si alguien
se remonta al número 7, al ser un número de un simbolismo muy expan-
dido, lo encontrará en infinidad de fuentes muy dispares.
Cada castillo tiene una metáfora de un metal o una piedra preciosa, como
el corindón, hasta llegar al último y más externo castillo de barro cocido,
119
que representa la educación y disciplina del alma – del llamado nafs en ára-
be. El verdadero creyente habita en la interioridad mayor de la presencia
Divina en el ambiente resplandeciente de los materiales más sutiles.
Otro símbolo en el que tanto San Juan de la Cruz como Santa Teresa co-
inciden con los sufíes es el del alma como un jardín florido. Y nuevamente
aparece la oportunidad de citar Las moradas de los corazones, como un
puente de luz entre Bagdad y el siglo de Oro español:
“Diez jardines constituyen el corazón del gnóstico: el jardín de la proclamación
de la Unidad de Dios (Tawhid), el del camino recto, el de la certeza, el de la
humildad, el de la benignidad, el de la legitimidad, el de la generosidad, el de la
sinceridad, el del contentamiento, y el décimo es el del conocimiento. El creyente
se ocupa de cultivar siempre estos jardines….”
Ariadna: Está claro que todas las referencias apuntan al corazón como núcleo
central, R. Guénon ha diferenciado matices en el simbolismo del corazón en las
tradiciones espirituales…
corazón que está en cambio perpetuo para recibir todas las epifanías de
Dios dentro de él, en cambio completo. Eso sucede en el Cántico Espiritual
cuando él dice:
120
121
elhilodeariadna
“¡Mi amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos…”
Y San Juan explica en las glosas: “esto que estoy describiendo es mi cora-
zón”, literalmente usa la palabra “es mi corazón”. ¿Por qué? Porque en el
fondo de su alma se encuentra en estado de cambio perpetuo. Y va dando
distintas manifestaciones, que describe con versos simbólicos, de lo que
significa cada epifanía de Dios. Son los distintos atributos divinos que el
alma refleja como un espejo brillante. Esto es raro, porque los cristianos
no suelen tener un símil del corazón voluble, cambiante, en estado per-
petuo de oscilación, y de pulsación regulada, pero esta concepción del
corazón – el qalb – es medular en el sufismo, que constituye justamente
el núcleo místico del Islam. Y en este punto tenemos que citar necesa-
riamente a una cumbre del misticismo universal que es Ibn Al Arabî de
Murcia, al que tanto se ha dedicado en España Pablo Beneito. La de Ibn
Al Arabî es una de las obras más ricas y complejas, muy estudiada en
Occidente en las últimas décadas. Recordemos a H. Corbin y su trabajo
sobre la imaginación creativa. En este altísimo místico sufi aparece la con-
cepción del corazón como algo capaz de una infinita receptividad, y como
tal es capaz de recibir cualquier forma. Y aquí están las palabras más
citadas de Ibn Al Arabî :
“Mi corazón es capaz de adquirir cualquier forma, es un pasto para
gacelas y un convento de monjes cristianos.
Y es un templo para ídolos y la Kaba del peregrino y las Tablas de la
Torá y el Libro del Corán.
Yo sigo la religión del amor, dondequiera que vayan los camellos del
amor, ahí están mi religión y mi fe.” (de Tarjumân al-Ashwâq, Colec-
ción de odas místicas)
Luce López Baralt: Y bueno, hablando ahora de todas estas aves místicas
de San Juan, es muy bello el símbolo de la filomena. Él llama la filomena,
elhilodeariadna
al final del Cántico Espiritual, a un ave que surge en medio del éxtasis,
y esta filomena canta, y hace bailar el bosque, “…el soto y su donaire, con
llama que consume y no da pena…” .
123
Luis Loredo: ¿Por qué dice él “La dulce filomena”?
Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día:
Luce López Baralt: Y esa estrofa que Usted cita, tan linda, es mi favorita.
Ahí yo pienso que San Juan fue muy atrevido, porque estaba hablando en
un código, un lenguaje técnico, que en la época era peligroso, el lenguaje
de los Alumbrados, que para mí suena mucho a los Iluminados del Is-
lam. Cuando dice “cesó todo”, se expresa un lenguaje técnico para hablar
del abandono total en las manos de Dios. Lo usaron mucho los Alumbra-
dos, que eran esta secta que fue asfixiada por la Inquisición en el siglo
XVI, una secta de prácticas muy parecidas a las de los sufíes. Entonces,
para mí, lo que sella una gran cercanía de ese pasaje con el Islam, con el
Sufismo, es lo de las azucenas. Pues los sufíes dicen que la flor da gloria
a Dios con los pétalos mudos, con las lenguas mudas de sus pétalos blan-
cos. Se refieren así al estado de aniquilación en la proximidad Divina, el
fanâ, donde ya no se puede emitir sonido, no se puede explicar lo que le
ha sucedido, y simplemente se celebra a Dios, en silencio. Entonces, por
eso, para los sufíes, la azucena es un símbolo del abandono extremo en
las manos de Dios, la cumbre misma de la mística…..
Y la conversación continúa. Luis Loredo, Ricardo Elía y Luce López Baralt siguen
montando vuelo como los pájaros de Farid Ud Din Attar (La asamblea de los pá-
jaros) y atraviesan las estancias más elevadas para encontrarse con el Simurg, el
rey de los pájaros en el camino hacia el Altísimo. El Hilo de Ariadna les agradece
su apasionada colaboración.
K
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1
Para la influencia del Islam en la obra de Dante V. el artículo de Ricardo Elía El hilo de Ariadna, v. 3.
125
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126
Kabalah y sufismo
elhilodeariadna
Beatriz Borovich: Prof. y Lic. en Letras (UBA), Magíster en Kabalah (USA), Titular de
Cátedra de la Universidad de Buenos Aires, Materia: Análisis Literario y Redacción. Direc-
tora de Cultura, RRHH y RRPP de Editorial Distribuidora Lumen. Directora de Grupos de
estudio, especialista en estudios gematricos Aritmética Cabalista, Gematria. Investigado-
ra y docente de Kabalah; de la literatura borgeana; de mitos y símbolos en los cuentos de
hadas; trágicos griegos; de la cuentística de García Márquez. Ensayista. Autora de más de
elhilodeariadna
10 libros entre ellos El Jasidismo, Cuentos judíos de siempre, Los mejores cuentos de Manuel
Peyrou, La Cábala (5ta. Edición), Kabalah un camino hacia la luz (editado en abril de 2006,
2da reimpresión 2007), Los caminos de Borges, la kábala, los mitos y los símbolos (segunda
edición renovada 2008).
128
la kabalah nace como palabra a partir del siglo xii, como enseñanza
esotérica, se la considera un misticismo cuando busca la forma de conocer a
Dios. El Dios que se esconde, que se oculta, y luego se revela…
En el tan mencionado libro de Henoc o Enoc, libro apócrifo, del profeta predi-
luviano, aparecen temas como la Creación, la Geennah –el mundo inferior–, el
Edén, los cielos, las almas, la obra de la Creación y la Carroza Divina… Pero en
realidad no sabemos quién fue el primero que tuvo el conocimiento ¿¿¿Adam???…
Henoc… Noé… Abraham… Moisés… por tal motivo es difícil determinar el entor-
no histórico de esta filosofía.
en los animales su esencia, (por tal motivo se lee en la Torah que Adam fue quien le
puso nombre a las cosas, porque el nombre de las cosas designa su esencia).
Y en el medioevo se decía que toda la naturaleza estaba cifrada; que la forma de
129
las plantas, la piel de los animales tenían o llevaban grabados su significado. La
naturaleza expresaba por ejemplo que la “mandrágora” por su forma servía para
la esterilidad (recordemos a Raquel, mujer de Iacob, que le pide a Rubén comer
de ella para tener un hijo).
(Recordemos a Borges como hace uso de este tema en su cuento “La escritura
del dios” cuando Tzinacan quería encontrar la sentencia mágica en la naturaleza
y luego la halló en las manchas del jaguar).
Hablamos de la naturaleza, de la Creación y siempre nos queda el Hacedor como
enigma, no sólo su Nombre oculto sino su dimensión… Pero en realidad no se
pretende entender la verdadera naturaleza del tamaño de la Luz de Dios, sino ese
gran misterio del Mundo del Trono, el ascenso a través de la Mercabah, palabra
misteriosa que tiene difícil interpretación, solo se puede lograr acceder a ella
desde la aceptación mística.
Vav obtengo la palabra hebrea RiBO וברVav en función de vocal “o” y RiBO es
en hebreo 10.000, es también una expresión habitual para designar una gran
cantidad (adj. numeral).
130
También con otras letras cifradas de esa palabra obtenemos otra כ רב חKeBaRaH
que significa trecho, y KeBaR כ רבque significa hace mucho.
Las distancias entre localidades en el A. T. se expresan con medidas de longitud
como leguas y también con expresiones de tiempo “… a tantos días de distancia…
a tantos meses…”.
Pero a pesar de las explicaciones según estudios del Zohar, la medida básica de
los cálculos con intención literaria o metafórica no es muy clara. Hay palabras
que nos llevan a poder interpretar nuestros enigmas.
En Génesis Apócrifo uno de los apelativos de Shem es llamado Grandeza del Señor,
también Geburah, Fuerza Poder y Gedulah, Grandeza, aparecen como varios nom-
bres de Dios en la Mercabah… también a Dios se lo llama Rueda de Grandeza.
Para la medida básica astronómica de esos cálculos se obtiene una cifra esotérica
de la posible magnitud del Hacedor 236 ó 10.000 gran cantidad, leguas y como
se refiere al Hacedor se agrega leguas Luz o leguas celestiales.
Si hacemos la gematria de 236=11=2 Bet es Creación. Entonces se interpreta que
el Gran Poder (236) creó.
Con esto no se quiere decir que Dios tenía una forma física, las antiguas culturas
asociaron sus figuras de sus dioses con formas. Pero el Dios monoteísta sólo
es Luz y sus representaciones son Fuego, Humo, Viento y Zarza ardiente. Otra
posibilidad al hablar de 10.000 ó de 236 como inmensa medida celeste puede
referirse a la Túnica del Vestido Divino que cubrió esa Luz cuando Shem creó.
K
131
Por Leandro Pinkler
De tal manera lo que se denomina a veces de una manera vaga como misticismo
conlleva el significado de la vida humana misma más que una extraña manía
de seres extravagantes. Porque sólo la búsqueda de lo invisible da sentido al
mundo manifiesto en el que el ser humano realiza sus negocios, sus guerras,
hace el amor y produce su cultura en estado sonámbulo, pues siempre caemos
en el olvido. Por el contrario, el verdadero arte de todas las épocas, la verdadera
ciencia, la verdadera religión y la verdadera filosofía –cuando es filosofía y no
palabrería – no tienen otro objeto que despertar las capacidades humanas que
llevan a encontrarse con la tremenda intensidad del poder oculto de la Vida infi-
nita. Tal es la curiosa senda del buscador de la verdad, que al buscar, en realidad
es buscado.
“El conocimiento de Dios no puede obtenerse mediante la búsqueda; pero sólo
quienes lo buscan lo encuentran.” Abu Yazid al- Bistâmî ( sufi del s. IX )
Así en el corazón del gnóstico lo divino llega a conocerse a Sí mismo cumplién-
dose la bella tradición islámica– Hadiz Qudzí - en la que Dios mismo dice:
“Era un tesoro escondido y quise ser conocido. Y produje la Creación.”
El sufismo sintetiza en conocimiento y acción todas las vías y le da a esta bús-
queda y a su objeto un nombre concreto, un ejercicio práctico, una disciplina, un
camino lleno de belleza, un misterio perfumado. Se lo llama el Recuerdo de Dios,
Dhikrullah, de acuerdo a la expresión coránica: “Recuérdame y te recordaré“(Corán
2, 151) .De tal manera se comprenden mejor las palabras de Rumi respecto de
elhilodeariadna
que sólo hay una cosa de la que uno no se debe olvidar, porque esta única cosa
es el Recuerdo de Dios, el Dhikr; desde este Recuerdo se iluminan todas las
acciones, sin él todo carece de sentido. Todas las demás cosas pueden olvidarse y
uno se volverá más ligero, más libre, pero si uno se olvida del Recuerdo de Dios,
135
es deglutido por las penas del mundo. No hay en esto un rechazo del mundo
concreto, sino todo lo contrario de acuerdo a la capital expresión del sufismo:
“Estar en el mundo pero no ser del mundo.”
” Tener las manos en el trabajo y el corazón en Allah.”
El sufi, el que ha llegado a la gnosis del corazón por la experiencia, lejos de des-
preciar la vida en la tierra, la enaltece y agradece constantemente penetrando
con su visión las bajezas del mundo para ver la hermosa Presencia en todas
partes de acuerdo a la sentencia tradicional:
“Allah es bello y ama la Belleza.”
Y esta Belleza se experimenta en el desarrollo de los ejercicios espirituales de la
tradición del sufismo, pues el mencionado Dhikr como Recuerdo de Dios es una
práctica, un ritual de consagración con cánticos, letanías y repeticiones de los
Nombres de Dios, acompañados de música. Una verdadera celebración en que
se unen los corazones – en Tawhid , Unidad – abandonando los sentimientos del
hábito y la inercia de la vida cotidiana para sentir la Unidad Divina. Y en todas
las tradiciones espirituales auténticas se previene del olvido que lleva al sueño y
a la muerte, y se cultiva el recuerdo que lleva al despertar y a la Vida. El verbo “re-
cordar” tiene dentro la palabra “corazón” - del latín re.cordare construido sobre
el prefijo re. y cors-cordis “corazón” - en el mismo sentido que se dice to know by
heart. Por lo tanto la advertencia de Mevlana Rumi, el maestro sufi del siglo XIII
que fundó la Orden Mevlevi de los Derviches giratorios, nos lleva a preguntar-
nos: ¿Qué es lo que tenemos en nuestro corazón? Porque por él pasa cualquier
cosa, alienados como estamos por distintas evasiones, pero en su centro más
íntimo se halla el Secreto de los secretos, el signo mismo de nuestra existencia.
Sólo el contacto sincero con nuestro ser nos puede curar de sufrir la locura más
habitual del que busca algo que no sabe lo que es, “¡¡No sé lo que quiero pero lo
quiero ya!!”. Hay que aprender a escuchar el propio anhelo, el deseo, la atracción,
como manifestaciones auténticas de una sed más profunda y esencial de acuer-
do a otra expresión de Rumi:
“Existe en el ser humano un amor, una inquietud, un llamado, de manera que incluso
si poseyera cien mil universos, no podría encontrar la calma y el reposo antes de lograr
su objetivo. “
El secreto del sufismo, la quintaesencia del esoterismo islámico, es el conoci-
miento de cómo se puede saciar esa sed profunda con la bebida adecuada, de
elhilodeariadna
cómo curar esa turbación con un delicioso elixir. El amor es el vino, y el corazón
es la copa que recibe no el vino de la vid sino el de la luz de la vida Divina y
lleva al contentamiento. Pero este hermoso proceso, dada la condición del ser
humano, constituye una lucha –Yihad- , un esfuerzo, un goce y un peligro infi-
136
nitos. Resulta –de acuerdo a las palabras de Al Hayy Orhan Al Yerrahi que ha
consagrado toda su vida a experimentar este camino – “la aventura más extraor-
dinaria que puede emprender un ser humano, la más difícil, el regreso a Allah
en vida.“. Un regreso que se ha de producir de todas maneras, inexorablemente,
porque aunque las sociedades modernas nos educan en el olvido de nuestra
muerte individual, e incluso nos expropian la experiencia de la muerte con la
farmacología y la medicina tecnocrática en la ilusión de una vida analgésica,
toda la sabiduría tradicional nos recuerda que en el momento de la muerte se
descorren todos los velos, como lo transmite una tradición del Profeta Muham-
mad: “Los hombres están dormidos, cuando mueran despertarán.”
¿Qué es el sufismo?
Hoy el sufismo – Tasawwuf - es un nombre sin realidad. En otro tiempo fue una rea-
lidad sin nombre. ( de Abu-l-Hasan Fusanyi, siglo X)
Lo que puede ser una expresión enigmática alude a un hecho muy concreto: en
la época del Profeta Muhammad, de sus compañeros y sus seguidores ese nom-
bre de Sufismo no existía, pero era una realidad del estado espiritual de todos
sus corazones. Pero con el tiempo la dependencia respecto de las ambiciones del
mundo se extendió, al punto que quienes se apartaban de ellas se distinguían
por su pureza. A ellos se los denominó sufíes, con una palabra que se suele
asociar etimológicamente a suf, lana (por los atuendos simplísimos de lana que
utilizaban); o a safa, pureza; o a la expresión ahl-l-sufa las gentes del banco, que
aguardaban constantemente junto a la casa del Profeta Muhammad para re-
gocijarse con el aroma de su presencia. Otros llegan incluso a darle un origen
no árabe sino griego a la palabra haciéndola derivar de sophós , sabio, lo que es
contrario a la auténtica procedencia árabe del término. Pues en realidad muchos
estudiosos occidentales de los denominados “orientalistas” intentaron ver en el
sufismo una influencia posterior – de la introducción de la cultura persa o de
otras enseñanzas orientales - antes de una raíz que tiene su núcleo de irradia-
ción en el Sello de los Profetas, Muhammad. No hay más que referirse a la obras
clásicas, el Rísalah de Abul Qasim Qushayri y el Tabaqat Al Sufija de Al-Sulami-
textos del s. X para comprobar la hermosa historia que verifica que la fuente y
origen único del sufismo es el Profeta Muhammad y sus Compañeros.
Por esta misma razón es necesario destacar que el Sufismo es el corazón del
elhilodeariadna
Islam, y que por lo tanto no hay Sufismo sin Islam. El hecho de que los medios
de difusión y una larga historia de tergiversaciones que derivan de la época de
las Cruzadas nos den una imagen estereotipada de la cultura islámica, no pue-
de confundirnos hasta llevarnos a perder el Tesoro de la sabiduría espiritual
137
presente en esta religión que convivió con el judaísmo y el cristianismo durante
siglos en España produciendo las más altas joyas de la sabiduría.
El Sufismo es el aspecto interior y esotérico del Islam, de su cuerpo legal, social,
exotérico, pero ambos conforman una misma realidad, en la que lo interno y lo
externo no se oponen sino se complementan en la Unidad. La transmisión de
las enseñanzas sufíes ha seguido una cadena de transmisión “la Silsilah” que
se ha ramificado frondosamente en las distintas Órdenes - Tariqahs- desde Jo-
rasán, Siria, Bagdad,Egipto y todo el Norte de África, España, Turquía a lo largo
de siglos y esta expansión sigue viva y activa conservando prendida la llama
espiritual del origen.
Las enseñanzas del sufismo desarrollan al mismo tiempo aspectos de la más
alta elaboración metafísica, la práctica de intensos estados devocionales, una
psicología tradicional sobre la conformación del alma humana, un conocimiento
de los misterios de la Presencia de Dios en el cosmos, el secreto de los Nom-
bres Divinos, el arte de la interpretación y la recitación del Sagrado Corán, así
como los asuntos más particulares de la vida cotidiana. Por eso necesitan de
una guía, de un método y constituyen un Camino, no una experiencia aislada.
En la transmisión de las enseñanzas el sufismo utiliza tanto los estudios más
complejos como la narración de los cuentos más simples en los que se encierran
los conocimientos más profundos. Hay uno en particular que puede servir de
ejemplo para describir esta actitud esencial en la que se destaca la vivencia por
la experiencia antes que el conocimiento sin corazón:
Cuentan que el Mullah Nasrudín que trabajaba como humilde barquero tuvo un
día la tarea de cruzar en su bote a un importante erudito que transportaba una
parte de su importante biblioteca. Iban en la embarcación cargada de libros, y
el erudito Mehmet, gustoso de hablar, preguntó al Mullah: “¿Ha tenido Usted
oportunidad de leer los comentarios de Al-Kindi a los tratados de Aristóteles?”
“- No conocía ni siquiera su existencia, venerable Mehmet.” Replicó Nasrudín .
“-Es una verdadera lástima pero ha leído Usted sin duda Las joyas de Ia sabiduría
de Al-Farabi.” Comentó el erudito. Y Nasrudín contestó. “- Tampoco las conozco,
venerable Mehmet. ” “Lo lamento mucho pues ha perdido Usted una parte de su
vida al no poder tener esa lectura, pero - dijo el erudito algo molesto - ¿ Ha leído
sin duda la obra de Avicena ? “- No la conozco tampoco, venerable Mehmet.” Y
el erudito continuó exasperado: “Pero si no ha leído a Avicena, Usted ha perdido sin
elhilodeariadna
duda la mitad de su vida .” “En realidad no he leído nada porque no sé leer.” replicó
Nasrudín . Y el erudito quedó mudo con un silencioso desprecio. Al rato el Mu-
lah Nasrudín preguntó: “Perdone, venerable Mehmet ¿Sabe Usted nadar?” “No,
no sé nadar, me he dedicado por completo al estudio.” Dijo indignado el erudito.
138
“Le informo entonces” dijo Nasrudín “que está a punto de perder la totalidad
de su vida porque este barco se está hundiendo. ¡Trajo Usted demasiados libros,
venerable Mehmet!”
Sufismo en Occidente
Es un hecho particular de la historia occidental del siglo XX la creciente influen-
cia de enseñanzas del Oriente y la revitalización del interés por las tradiciones
esotéricas como consecuencia de una sed espiritual. Por lo tanto, es nuestra in-
tención realizar una síntesis - aunque muy apretada- de las huellas que han lle-
gado a Occidente de esta poderosa sabiduría del Sufismo, que es ante todo una
forma de vida. La ya mencionada obra del tradicionalista francés René Guénon
ha mostrado que las venas espirituales de Occidente se han secado a causa del
dogmatismo religioso y el cientificismo materialista para declarar tajantemente
la necesidad de nutrirse de la vitalidad de la Tradición Primordial, de las cadenas
de transmisión que hoy siguen manteniéndose activas y puras, no afectadas por
la degeneración desacralizadota del mundo moderno. Guénon ha seguido las
huellas de la genuina Tradición, y desde su llegada a Egipto en la década del 30
se convirtió al Islam y se transformó en un Sheikh de la Orden Shadiliya hasta el
último momento de su vida en 1951. Su inmensa tarea ha sido medular para Oc-
cidente y además de haber influenciado a los mejores estudiosos de la religión,
ha dejado una serie de continuadores dispares que han abrazado la vía del sufis-
mo y producido obras de erudición magistral: Martin Lings, Titus Burckhardt,
Frithjof Schuon, Michel Vâlsan y otros.
También el Sheikh y músico indio Hazrat Inayat Khan –formado en la Tari-
qah india Chistiya pero con participación en otras órdenes– ha expandido en-
señanzas y prácticas del sufismo, como asimismo Idries Shah ha difundido en
muchos libros –algunos prologados por el erudito Robert Graves– cuentos y
enseñanzas. Hay que destacar que tanto en Hazrat Inayat Khan como en Idries
Shah la intención ha sido la de transmitir sufismo sin Islam, enfatizando el
carácter universal de la mística pero desenraizándola de su suelo fecundo. La
erudita obra de Henri Corbin, traductor de Heidegger y colaborador con Jung
del Círculo Eranos, ha profundizado en aspectos del sufismo de Ibn Al ArabI y
de aspectos de la tradición del sufismo iranio dando a conocer contextos antes
inaccesibles.
elhilodeariadna
En los últimos años muchas órdenes han ampliado el radio de su acción hacia
Occidente: el Dr Javad Nurbakhsh ha realizado una inmensa obra de alta calidad
–del Centro Sufi Nematollahi– , accesible en ediciones castellanas, en las que se
encuentran perlas de la sabiduría del sufismo. Así como también han florecido
139
la labor del Sheik Muhammad Nazim de la Orden Naqushbandi y la obra del
Sheikh Muzaffer Ozak de la orden Yerrahi que comentaremos con más detalle.
Un lugar singular merece la enseñanza del maestro espiritual G.I. Gurdjieff
que difundió en Occidente prácticas y enseñanzas esotéricas tanto sufíes como
del cristianismo oriental y de otras fuentes. Gurdjieff ha transmitido sin duda
principios fundamentales del camino espiritual más auténtico de una manera
apropiada a las circunstancias anormales de vida del hombre contemporáneo. A
causa de su poderosa forma de ser ha causado las impresiones más encontradas
pero nadie que haya profundizado en los contenidos de su transmisión puede
negar su enorme valor. Pero en todo su legado hay algo faltante, fragmentario
que él mismo señaló para incitar a la gente a la búsqueda de las fuentes. Porque
en última instancia ¿qué es el recuerdo de sí de la enseñanza de Gurdjieff sin el
Dhikr, el Recuerdo de Allah?
de Dios.”. Y ese círculo se fue ampliando en sus giras por Europa hasta llegar a
Estados Unidos, en donde por especial intervención del erudito Profesor Tosun
Bayrak la Orden Yerrahi echó fecundas raices. Muzaffer Ozak fue entrevistado
por Lex Hixon en el programa de radio In the Spirit en el que habían estado
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la Madre Teresa, el Dalai Lama, Krishnamurti y muchos otros. Lex Hixon, un
californiano graduado en Yale en Religiones Comparadas, realizó una intensa
labor con la intención de recuperar la Unidad Trascendente de las religiones y
transmitirla con una actitud amplia al hombre automatizado de las ciudades
tecnologizadas. El mensaje del Sheikh Muzaffer Ozak fue siempre el más uni-
versal, el lenguaje del amor que trasciende todas las fronteras, que sólo llega a
ser auténticamente amoroso cuando se fundamenta en una lucha interior contra
sí mismo – el verdadero Yihad -. Y este corpulento turco, descendiente de gue-
rreros Jenízaros, derrochaba amor y conocimiento en cada mirada al punto de
conducir tanto a Tosun Bayrak como a Lex Hixon hasta la categoría de Sheikhs
de la Orden Yerrahi en Estados Unidos y fecundar el Camino auténtico del Su-
fismo en las tierras occidentales. Sus enseñanzas orales – Sohbets – y sus obras
escritas mantienen la intensa vibración de su estado espiritual.
En una oportunidad Lex Hixon le pidió que comente la célebre Tradición
del Profeta Muhammad: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor.” Y
el Sheikh Muzaffer respondió: “En una primera interpretación significa que
quienquiera que conoce su propio “yo” se da cuenta de su flaqueza y debilidad.
Pero también muestra que quien toma conciencia de la desnudez de su propio ser
y de su mortalidad, reconoce en el mis-
mo acto su relación con Aquello que
lo sustenta; al darse cuenta de su pe-
queñez, se enciende la búsqueda de la
grandeza. Y entonces surge otro tipo de
conocimiento: que hay otro “yo” dentro
de ese “yo”, una esencia interna del ser
humano que es manifestación directa
de la Esencia Divina. Somos una gota
del Océano divino, aunque toda me-
táfora es siempre incompleta.”. Y en
esta misma dirección explicaba con-
tinuamente cómo la verdadera liber-
tad es obedecer a Dios, pues quien
obedece a Dios, no se arrodilla ante
nada de este mundo y se libera de
elhilodeariadna
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Una síntesis de bibliografía selecta
BLANN G. Lifting the boundaries. Muzaffer Efendi and the Transmisión of Sufism
to the West, Four Worlds Publishing, Tennesee, 2005
The Garden of Mystic Love, Sufism and the Turkish Tradition
Four Worlds Publishing, Tennesee,2004
MUZAFFER OZAK Irshad Sabiduría de un maestro sufi, Editora Yerrahi, Buenos
Aires, 2006
Dos textos sufíes El Jardín de los Derviches, Adornos del corazón, Editora Yerrahi,
Buenos Aires, 2008
NASR S.H. Sufismo viviente, Madrid, Herder, 1985
elhilodeariadna
1
Para una presentación de la obra de R. Guénon v. F. García Bazán René Guénon o la tradición viviente, Buenos Aires,
1981; M. Vâlsan L Islam et la fonction de René Guénon, Paris, 1984.
2
Para un tratamiento de los diversos niveles del nafs, v. Sheikh Muzaffer Ozak Dos textos sufíes El jardín de los
Derviches Adornos del corazón, Buenos Aires, 2008.
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Fundación Arte Vivo