Jamie
Serie La Colonia Whitedell Libro 1
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Catherine Lievens
Dedicatoria
Nunca verás esto, pero sé que habrías estado feliz, por mí. Gracias por
haberme apoyado siempre, incluso cuando era la primera en pensar que no
podía hacerlo.
Te amo, Mami.
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Nota
Escribo esta nota, porque creo que debo aclarar el título de la serie. La
autora utiliza la palabra bride en inglés, que vais a encontrar con la entrada de
manada, mi decisión de utilizar colonia se debe a que los libros versan sobre
felinos, de diversa índole. En español, no hay un nombre colectivo para
referirse a un grupo de gatos que viven juntos como pueden tener los perros
(jauría) y simplemente se les da el nombre de colonias. A mí suponer creo que
es una palabra más idónea que manada, ya que está más vinculada a los lobos
y el único felino que vive en manada es el león, de ahí mi elección.
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Capítulo 1
Jamie sabía que esto no era una buena idea. Aún así, había decidido ir de
acampada, solo. Y ahora estaba allí, en su pequeña tienda, con una tormenta
azotando fuera y con apenas algo que comer. ¡No era su culpa, el haberse
olvidado de coger la bolsa, que contenía la comida! Tampoco lo era, el no
haber comprobado, el pronóstico de tiempo, antes de marcharse esa mañana.
¿Cómo se suponía que iba a saber, que una tormenta se dirigiría a su camino?
Su hermano, no regresaría a recogerlo hasta mañana y por supuesto, su
móvil había muerto, por lo que Jamie estaba atorado en medio del bosque, solo
y hambriento. Suspirando, recostó la cabeza en su saco de dormir e intentó
dormir, pero con los truenos, retumbando sobre su cabeza cada vez que
cerraba los ojos, no había forma en la que fuese a hacerlo.
Había creído, que venir hasta aquí, era una buena idea. Necesitaba algo de
tiempo a solas, después de estar con Colin durante cuatro años y ser
abandonado cuando su novio había descubierto que iba a ser padre. Todavía
no podía creerlo. No comprendía cómo se podía engañar a alguien, después
de estar durante cuatro años juntos; cómo alguien podía ser infiel, punto.
Engañar significaba, que algo no iba bien en la relación. Lo mejor que se podía
hacer era hablarlo, no encontrar a alguien más, antes de tan siquiera romper.
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No podía evitar, sin embargo, preguntarse si Colin hubiera roto con él, incluso
si la mujer no hubiera descubierto que estaba embarazada. ¿Podría haber
continuado viéndolos a ambos? Quería creer, que Colin nunca lo hubiera
hecho, pero ya no estaba seguro de nada.
Rodando sobre su costado, Jamie estaba intentando dormir después de que
había pasado la tormenta, cuando escuchó un gruñido. Se irguió para escuchar
atentamente. Ese gruñido había sonado fuerte, muy fuerte. Simplemente, sería
por su mala, que se encontrara con un puma o un oso. Se suponía, que no los
había, en los alrededores de Whitedell, pero ¿quién sabe? Escuchó durante un
momento y estaba casi convencido de que lo había imaginado todo, cuando
oyó otro gruñido, seguido de otro, este último, más cerca.
Jamie no estaba seguro, de que hacer. ¿Debería quedarse en la tienda e
intentar estarse quieto o debería salir a comprobar? Salir, no parecía ser buena
idea, pero no quería ser solo un estúpido que se encontraba paralizado, por lo
que fuera que estuviera en el exterior, por lo que decidió salir de la tienda. ¿Por
qué no había ido a una de las áreas de acampada? Eso habría sido la cosa
más inteligente que pudiera haber hecho, pero nooo, tenía que estar solo, por
supuesto. Así que ahora, estaba en medio del bosque, jugando al escondite,
con algo que gruñía.
Levantándose, Jamie se puso los zapatos y lentamente desabrochó la
cremallera de la tienda, escuchando, para así percibir los gruñidos, mientras el
aire frío se precipitaba sobre él. Cuando no oyó nada, sacó la cabeza de la
tienda, mirando a su alrededor. No había mucha luz, porque se hallaba en el
bosque y todo eso, pero no había manera de que usara la linterna. Eso sería
como sostener una baliza de señalización, que dijese; “ven y cómeme”, ¡estoy
justo aquí! Jamie se arrastró hacia afuera y se detuvo. ¿Ahora qué? ¿Tenía
que buscar al animal que gruñía o esperar a que lo hallen? Decisiones,
decisiones... Bueno, al menos ya no estaba lloviendo.
Escucho unos suaves gruñidos y crujidos, que procedían de su derecha y se
dirigió hacia allí, todo ello, mientras pensaba que no era buena idea, pero tenía
que saber. Espiando, desde la parte de atrás de un enorme tronco, descubrió
que era lo que había emitido esos gruñidos y no podía creer lo que estaba
viendo. Embobado, ante la escena delante de él, observó cómo dos enormes
felinos rodaban por las húmedas hojas muertas, que cubrían la tierra entre los
árboles, brincando y batiéndose el uno en el otro. No estaba seguro de tipo de
felinos eran, pero uno de ellos, era completamente negro y se parecía
sospechosamente a un leopardo negro, mientras que el otro, era de color claro.
¡Y estaba seguro que el enorme gato, que podía ver a la izquierda era un león!
¡Como, un verdadero, Dios bendito, león!
Hipnotizado, observó a los felinos jugar, preguntándose cómo demonios 6
animales, de esas especies, había llegado a Wyoming, de todos modos.
¿Escaparon del zoo o de algún circo? En ese caso, en las noticias, habrían
dicho algo, sin embargo, Jamie estaba seguro, de que no había oído nada al
respecto. No obstante, las preguntas invadían su mente. ¿Era normal que ellos
jugasen así, incluso si eran de diferentes especies? ¿Y por qué demonios, no
estaba escapando, en lugar de quedarse a contemplar cómo jugaban? No
podía explicarlo, pero no podía dejar de observar al leopardo y sentía, que de
alguna forma era importante, que permaneciese allí un poco más.
Delante de él, el leopardo ganó la pelea, su mandíbula estaba cerrada en el
cuello del otro felino. Esperó, durante unos segundos y luego retrocedió,
dejando libre a su oponente. El aire empezó a resplandecer en torno a la
pantera y su piel comenzó a crepitar, provocando que Jamie se estremeciese.
¿Qué le estaba pasando?
La mandíbula de este cayó hasta el pecho, cuando unos segundos después,
el leopardo se convirtió en un hombre, seguido rápidamente, de otro felino más
claro. Delante de él ahora se encontraban dos de los hombres más calientes
que nunca había visto. ¡Y eran felinos!
Se tambaleó hacia atrás, sus pies estaban atrapados en una rama, y estuvo
a punto de caerse por ello. Se las arregló para permanecer de pie, pero el ruido
alertó a los hombres o lo que quiera que fueran, y al león.
Se giraron para mirar en su dirección y Jamie fijó sus ojos en el hombre que
antes había sido un leopardo. Sintió que algo pasaba entre ellos, pero no se
quedó para examinar lo que era, solo se giró y empezó a correr, ignorando su
tienda de campaña. Se dirigió directo a la carretera, resbalándose, unas
cuantas veces en la tierra húmeda, su corazón estaba intentando escapársele
del pecho, su único objetivo...era salir del bosque lo antes posible y sin ser
devorado.
—¡Joder!
Bryce estaba maldiciendo, en el oído de Ward y no le importaba. Continuaba
pensando en el humano, que los había visto cambiar. Sabía que debería estar
preocupado, pero todo en lo que podía pensar, era en los enormes ojos verdes,
que se habían clavado en los suyos durante unos pocos segundos. El hombre
era precioso. Suave pelo rubio que enmarcaba su pequeño rostro, que caía
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justo sobre sus ojos, haciendo que la mano de Ward doliese por la necesidad
que tenía de jugar con él, de apartarlo justo antes de besar al hombre. Por lo
que había vislumbrado, el chico medía un metro setenta y cinco centímetros,
tenía la altura perfecta para encajar con su metro noventa. Su cuerpo era
esbelto y elegante, y sería maravilloso, sentir la piel contra piel, mientras
hacían en amor. ¿Y por qué estaba pensando en besar y en follar al chico?
—¿Qué hacemos ahora?
Sebastián, sacó a Ward de sus divagaciones. El cambiaformas león tenía un
punto. No podían dejar que el chico se fuera, sabiendo sobre ellos.
—Vayamos a buscarlo. No puede estar muy lejos, si va andando, y no
escuché a ningún coche, desde que salió corriendo.
Los tres se dirigieron al camino, por el que el humano había desaparecido y
pronto encontraron un diminuto campamento, compuesto solo por una tienda y
un pequeño fuego.
—¿Cómo es posible, que no lo oliéramos?
—Supongo que se encontraba contra del viento y no era como si
estuviésemos prestando atención. ¿Quién acamparía en medio del bosque de
ese modo?
Bryce cambió a su forma de puma y comenzó a olfatear el saco de dormir
que estaba en la tienda, continuo olisqueando el aire a su alrededor. Ward y
Sebastián lo siguieron, cuando se dirigió a la izquierda, siguiendo un pequeño
sendero, hasta que alcanzaron la carretera. Ward y Sebastián permanecieron
tras los árboles, mientras Bryce olfateaba de nuevo, antes de menear su
enorme cabeza. Regresó a junto ellos y volvió a olfatear.
—Le perdí la pista. Debe de haber montado en un coche. ¿Qué hacemos
ahora?
Miró a Ward, como si este tuviera todas las respuestas. ¡Qué equivocado
estaba!
—Volvamos a junto Dominic. Tiene que saber, que pronto podríamos ser
descubiertos —sugirió Sebastián.
Ward sabía, que era la única cosa que podían hacer, por supuesto, pero no
estaba buscando que el líder de su manada lo masticara. No tenía dudas, que
los tres se convertirían en su chicle, después de lo que acababa de ocurrir.
Cambiaron a su forma animal y se dirigieron de regreso a la manada, pero
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Ward se detuvo en la tienda y cambió nuevamente a ser humano. No sabía por
qué, pero no quería dejar las pertenencias del humano allí. Comenzó a
empaquetar algunas cosas, que estaban tiradas por la tienda, antes de
desmantelarla y plegarla. Girándose, vio a Sebastián y Bryce todavía en su
forma felina, mirándolo desde cierta distancia...
—¿Qué? No quiero que el chico pierda sus cosas.
Ellos no podían responderle, pero podía ver en sus ojos que creían que no
estaba pensando cabalmente o que no lo estaba haciendo, y punto. Estaban en
lo correcto. Iba a ser un lastre regresar, al hogar de la manada, con esas cosas
llenando sus bocas, pero sentía que era lo correcto. Ward le pasó la tienda a
Sebastián, sabía que Bryce montaría una escena, si le pedía que la llevase.
Afortunadamente, pequeña o habría sido imposible llevarla. Sebastián puso los
ojos en blanco, pero la tomó y Ward cambio a su forma felina, nuevamente.
Agarró la mochila, con sus dientes y regresaron, haciendo un sendero a
través del oscuro bosque. Era su día libre como guardia y sus felinos habían
querido correr y perder el tiempo en el bosque, por lo que lo había permitido.
Aunque, ahora, no parecía que hubiese sido tan buena idea.
Los pensamientos de Ward, regresaron al humano, preguntándose dónde
estaba y si encontraba a salvo.
El pensar que podría estar herido, extrañamente, lo estaba cabreando. No es
que le gustase que alguien fuese herido, pero este chico... hacía que todos sus
instintos de protección, que se encontraban en la parte posterior de su cerebro,
surgieran y su felino rugía por el descontento.
La mansión, apareció entre los árboles y Ward de nuevo se asombró, aun
cuando había estado viviendo allí, durante un tiempo. No podía evitarlo. La
casa era enorme, hecha con piedras cantera y pizarra negra. Era una casa, lo
bastante grande para acoger a toda la manada y a algunos más. Cada uno de
ellos, tenía una suite, compuesta de sala de estar, dormitorio y baño.
Ward se subió al porche trasero y se dirigió al gran baúl de madera, que se
encontraba cerca de la ventana francesa. Contenía ropa de diversas tallas,
pero afortunadamente Ward había dejado su ropa en la parte superior. Dejó
caer la mochila al suelo y cambió, inmediatamente cogió sus vaqueros y se los
puso. Aunque los cambiaformas no tenían problemas con la desnudez, era
considerado de mala educación estar desnudo, durante más tiempo del
necesario, después de cambiar. Escuchó a Sebastián y a Bryce, vistiéndose
detrás de él.
—Dejaré la tienda aquí. Me la llevaré, después de hablar con Dominic.
Resignados, se dirigieron a la oficina del Alfa y Ward llamó a la puerta. 9
Cuando la voz retumbante de Dominic les respondió, entraron y se detuvieron
delante del escritorio.
—¿Sí?
Nadie respondió y Ward le frunció el ceño a sus amigos, sabiendo que sería
el único que le contaría a Dominic, lo ocurrido.
—Fuimos a correr por el bosque y un humano nos vio cambiar. —Sí, directo
al grano. No era como si hubiese otra forma de decirlo.
Ward pudo ver, que las nuevas noticias no complacían a Dominic, pero el
Alfa no les gritó ni los amenazó. Masajeó el puente de la nariz, con los dedos,
antes de suspirar ruidosamente.
—¿Por qué no me sorprende? Como si no tuviera ya suficientes problemas,
con la manada de lobos, del norte. ¿Dónde está el humano?
—Escapó. Intentamos seguirlo, pero se montó en un coche. Sin embargo,
recogimos sus pertenencias, por lo que podremos descubrir su nombre en ellas
o algo.
—Registra las cosas del humano y mira lo que puedes hallar. Si por algún
milagro, descubres su nombre o dirección, ve y tráelo. Tendré que hablar con
él.
Ward asintió y se dirigieron a la puerta. Tomo la mochila, la abrió y comenzó
a registrarla, hallando una billetera, en uno de los bolsillos.
—¡Amigo, no puedo creer que tengas la bastante suerte, como para
encontrar su billetera! —Exclamó Bryce.
Ward la abrió y leyó el nombre en el carnet de conducir. Jamie Ellis.
Está bien, quizás hacer autoestop, no había sido buena idea. Por todo lo
que Jamie sabía, el hombre que conducía a su lado podía ser un asesino en
serie, ¿pero qué otra alternativa tenía? No era como si hubiera podía ir a … lo
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que quiera que fueran y solo presentarse. No creía que fuesen a comerlo, pero
nunca se sabía.
Hundiéndose un poco más, en el asiento de cuero de la camioneta, Jamie
escuchó al anciano hablar, sobre sus vacas. Sí, después de todo, estaba
bastante seguro de que el hombre no era un asesino. Era bastante dulce, de
hecho, hablando de su esposa y de sus animales. Jamie podía decir, que los
amaba, por el tono de su voz y el brillo en los ojos del hombre cuando hablaba
sobre su mujer.
—¿Te importaría decirme, que estabas haciendo allí solo, en medio de la
noche, hijo?
—Emm... ¿Fui a hacer senderismo y me perdí?
Jamie sabía que sonaba como una pregunta, pero ahora mismo, era la única
excusa en la que podía pensar. La mirada del anciano se detuvo en él, antes
de preguntar:
—¿Fuiste de senderismo, sin una mochila?
—La perdí.
Mierda, Jamie había dejado todo en la tienda y su billetera estaba en la
mochila. Iba a tener que dar de baja, su tarjeta de crédito y conseguir un nuevo
carnet de conducir. Sus llaves también estaban allí.
Gimiendo, rezó para que su hermano estuviese en casa, esta noche. A
Keenan le encantaba ir de fiesta y salir hasta el amanecer, si es que volvía a
casa. Jamie realmente necesitaba una ducha de agua caliente y unas pocas
horas de sueño, sin tener que esperar delante de la puerta de su casa, a que
su hermano llegara.
El coche giró a la izquierda y se detuvo delante del edificio de apartamentos,
de Jamie.
—Muchísimas gracias por traerme. No creo que me hubiera sido posible
andar todo el camino—le dijo Jamie a su salvador, con una sonrisa en los
labios.
El hombre refunfuñó y le extendió la mano.
—No te preocupes por eso. Simplemente no vayas a hacer senderismo tú
solo otra vez. Por cierto, mi nombre es Hank.
Jamie le estrechó la mano.
—Jamie. Y nuevamente, gracias.
Saltó de la camioneta y se despidió con la mano, mientras Hank empezaba a 11
conducir. Gracias a Dios que ya estaba en casa. Ahora solo tenía que rezar,
para que Keenan estuviese allí.
Subiendo las escaleras, hasta el tercer piso, Jamie sintió que la tensión
finalmente abandonaba su cuerpo. Estaba a salvo. Llamo a la puerta, esperó
impacientemente y dejó salir un pequeño suspiro de alivio, cuando escuchó
ruidos al otro lado de la puerta. La cerradura se desbloqueó y Keenan la abrió,
con la boca abierta, por un gran bostezo.
—¿Qué? ¿Sabes la hora que es? —Keenan finalmente lo miró.
—¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que tenía que ir a buscarte, por la
mañana.
—Sí, sufrí un pequeño percance y tuve que regresar a casa.
Los ojos de Keenan descendieron, hasta la entrepierna de Jamie, mientras
se reía.
—¡No esa clase de accidente, cretino! ¡No tengo cinco años!
Jamie lo empujó mientras pasaba, refunfuñando, cuando vio ropa tirada por
toda la sala. —¿Tienes compañía?
—Sí, dado que no estabas en casa y me sentía solo...
—Pobre bebé—respondió Jamie, preguntándose cómo su hermano podía
soportar ese tipo de vida. Traía una persona diferente, casi todas las noches y
se negaba a ver a la misma persona, dos veces. ¿Cómo podía no querer tener
a alguien permanente, que estuviese allí para él si lo necesitaba, que lo amase
sin importar nada? Pero entonces, de nuevo, no es como si eso hubiese ya
hubiese funcionado para Jamie, así que, ¿quién era para juzgar?
—Le haré saber que tiene que irse, entonces me contarás qué pasó.
Keenan recogió algo de la ropa que estaba en el suelo y se dirigió a la
habitación, en donde Jamie lo pudo escuchar hablar con alguien. Sentado en el
sofá, se cubrió la cara con las manos y pensó en lo que había visto, esta
noche. Todavía no podía encontrar un pensamiento razonable sobre ello.
¿Cómo era posible que alguien se transformase en un gran felino? Claro, había
leído novelas en las cuales pasaba ese tipo de cosas, pero esas eran, bueno,
novelas. No era posible que ocurriese en la vida real, ¿verdad?
Jamie alzó la vista, cuando escuchó a alguien pasar por delante de él y vio a
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una chica corriendo hacia la puerta, con la mano de Keenan en su espalda.
Que, suavemente la instaba a salir por la puerta, dándole un último beso,
mientras la cerraba, antes de hundirse en el sofá, a su lado.
—Venga, escúpelo. ¿Qué pasó?
—Vas a pensar que estoy loco.
—Qué notición, ya sé que estás loco. Venga, dime. Ten un poco de fe, en
mí.
—Bueno... estaba en la tienda y escuché unos extraños ruidos, por lo que
salí a ver que era.
—Sabes que es así como muere la gente en las películas de terror,
¿verdad? Si escuchas voces raras, tienes que correr en dirección contraria, no
ir a investigar.
—¿Quieres escuchar lo que pasó o no?
Keenan movió la mano, en señal de que continuara.
—Así que, fui a ver lo que era. Encontré un león, un leopardo negro y otro
gran felino, jugando en el barro.
—¿Es una broma? Como un sacerdote, un rabí y un ministro entran en un
bar...
—¿Te callarás? ¡No es una broma, juro que esos tres felinos estaban allí!
Dios, Jamie amaba a su hermano, pero Keenan no tenía ni un hueso de
seriedad en el cuerpo.
—Vale, vale, sigue.
—Así que, ellos estaban jugando por allí y luego se... se convirtieron en
humanos.
Jamie esperó a que su hermano comenzase a reír y le dijera que se estaba
imaginando cosas.
—¿Como si ellos se transformaran o algo así?
—¡Exactamente!
—Quizás eran cambiaformas felinos... ¡pero ni siquiera había luna llena!
El hecho de que Keenan ni siquiera pensara que estuviera loco, hizo que 13
amara aún más a su hermano. Simplemente había aceptado lo que Jamie
había visto, sin cuestionarlo.
—Quizás, ¿pueden cambiar cuando quieran?
—¡No lo sé, tú eres el que lee todos esos libros de romance paranormal!
—Pero son solo libros, Keenan. ¿Cómo es posible que los cambiaformas
existan realmente?
—No sé cómo, pero obviamente es posible. Entonces, ¿qué hiciste?
¿Hablaste con ellos?
—¿Estás loco? ¡Escapé tan rápido como pude e hice autoestop!
—¿Hiciste autoestop? ¿Por qué no me llamaste? Podría haber ido y
recogerte...
—Lo dejé todo en la tienda. Escapé, no es como si me hubiera dado tiempo
para recoger mis cosas; ¡demonios, incluso dejé allí, mi cartera con el carnet de
conducir!
—¿Crees que vendrán hasta aquí? Quiero decir, si dejaste tu cartera,
pueden encontrarte.
Jamie se congeló. No había pensado en eso.
—¿Piensas que querrán matarte, por descubrir su secreto?
—No estás siendo de ayuda, Keenan.
Jamie se puso de pie y comenzó a pasear por la habitación, rezando para
que esos hombres no hubieran pensado en registrar sus cosas. Oh, ¿a quién
estaba intentado engañar? Por supuesto, que habrían encontrado su dirección.
Justo entonces, como dándole la razón, alguien llamó a la puerta.
El hombre que abrió la puerta, no era el que los había visto cambiar.
—Emm...¿está Jamie en casa?
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—¿Son los cambiaformas felinos?
Ward gimió. Por supuesto, Jamie tenía que haber ido a contarle
inmediatamente a alguien, lo que había visto. Lo que lo sorprendía, era el
hecho, de que el hombre delante de él, no cuestionaba su existencia o corría
despavorido gritando “asesino sangriento”.
—Sí, lo somos. ¿Está en casa? —Preguntó Bryce.
—¿Vais a comerlo?
¿En serio?
—Nah, llevaría mucho tiempo digerirlo.
Ward golpeó el pecho de Bryce, con dureza.
—¡Ouh! ¿Por qué lo hiciste?
—No estás ayudando. Se supone que tenemos que hacer que confíen en
nosotros, no darles un susto de muerte. —Girándose hacia el hombre de la
puerta, Ward volvió a preguntar. —Entonces, ¿está Jamie?
Estaba, de una extraña forma, preocupado de que el hombre no hubiese
llegado a casa.
—Sí, está aquí. Entren.
—Keenan, ¿qué demonios haces? —Gritó alguien, desde una esquina de la
habitación, mientras Keenan se apartaba permitiendo que Ward, Sebastián y
Bryce entraran.
—No creo que quieran hacerte daño, Jamie. ¿Y por qué no me dijiste que
eran calientes? —Preguntó Keenan, encogiéndose de hombros.
—¿Así que piensas que no me lastimarán porque son guapos? Además,
¿desde cuándo encuentras a los hombres calientes? —Preguntó Jamie, desde
el sofá.
—¡Oye, soy hetero, no ciego!
Ward miró a su alrededor, ignorando la extraña conversación entre los dos
hombres. El pequeño apartamento, no era un mal lugar para vivir por lo que
podía ver, incluso si estaba desordenado, Ward pudo contar tres tazas de café,
sucias, en la mesa, además de una bolsa vacía de patatas fritas. Había ropa en
el sofá, en el suelo y a su derecha podía ver, una alta pila de platos sucios en
el fregadero de la cocina, más allá del mostrador.
Volviendo a prestarles atención a los dos hombres, descubrió que todavía 15
estaban discutiendo la situación. Los interrumpió, pero mantuvo la distancia, sin
querer asustarlos.
—Hola, soy Ward y, estos son Bryce y Sebastián —, dijo Ward, señalando a
sus amigos.
El chico que había abierto la puerta, extendió la mano, aparentemente sin
preocuparse por el hecho de que Ward podía transformarse en un leopardo.
—Soy Keenan, el hermano de Jamie. Así que, ¿quién es el león?
Ward podía ver la curiosidad y el asombro, en los ojos de Keenan, y era un
cambio agradable del miedo y el disgusto, que sentían normalmente los
humanos, cuando descubrían que los cambiaformas realmente existían.
Sebastián se rió a su lado, antes de responder:
—Yo soy el león, Ward es un leopardo negro y Bryce es un puma.
Ward miró a Jamie, queriendo saber cómo el hombre tomaba todo esto.
Keenan, claramente, no parecía tener ningún problema con los cambiaformas,
pero Jamie estaba sentado en el sofá, con las piernas encogidas contra su
pecho y con los brazos rodeándolas. Era obvio, que no lo aceptaba tan bien,
como su hermano.
Ward lentamente, se dirigió hacia la mesa de café, sentándose en ella para
así estar en frente de Jamie y, dejó a Bryce y a Sebastián hablando con
Keenan.
—No tengas miedo, no estamos aquí para lastimarte. Sé que debe ser duro
tratar con toda esta situación.
—¿Cómo lo sabes? ¿Te ocurrió lo mismo? ¿Descubriste que los
cambiaformas existen, al tropezar con ellos en el bosque?
—Bueno, no, pero...
—¡Así que no me digas que me comprendes! —Dijo Jamie, con furia. —No
tengo ni idea, de que pensar sobre esto... ¡Sobre ti! —Cambió de posición en el
sofá y se inclinó hacia Ward, sus ojos estaban ardiendo de rabia.
—¿Cómo sé que no quieren herirme, por descubrir su secreto?
Ward comenzó a responderle, pero se congeló, cuando el más dulce de los
aromas que hubiera olido alguna vez, se precipitó por sus fosas nasales. Su
polla inmediatamente tomó nota y Ward se inclinó hacia adelante, agarrando a
Jamie, antes de que el hombre más pequeño tuviera tiempo de moverse. Tomo
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de los brazos, Ward lo acercó a él, deslizando su nariz a lo largo de la
mandíbula del otro hombre, antes de bajar por su cuello e inhaló
profundamente.
¡Mío!
El aroma a canela y a hombre, se deslizó por sus fosas nasales, poniéndolo
dolorosamente duro. Dios, si esto pasaba con solo oler al hombre, ¿qué
pasaría si lo besaba o incluso mejor, si lo follaba? Jamie comenzó a retorcerse,
sus manos aterrizaron en el pecho de Ward, mientras intentaba apartarlo,
rompiendo el hechizo sensual, en el que Ward estaba atrapado.
—¿Qué estás haciendo?
—Sí, Ward, ¿qué estás haciendo? No creo que esa sea la mejor manera
para convencerlos, de que no vamos a lastimarlos...—Preguntó Bryce,
caminando hacia Ward y Jamie. Extendió una mano hacia Jamie, pero antes de
que pudiera tocarlo, un bajo gruñido llenó la habitación y Ward se irguió,
tirando de Jamie hasta que su pareja estaba seguro, acurrucado contra su
pecho.
—¡Mío!
Bryce se detuvo allí, con una expresión de asombro en su rostro, mientras
Jamie intentaba apartarse, sin éxito.
—¡Suéltame, enorme...felino!
Ward enfocó sus ojos, en los Bryce, advirtiéndole en silencio antes de liberar
a Jamie. Bryce alzó las manos, en muestra de rendirse, dejando claro que no
se acercaría a Jamie, de nuevo. Sabía que el felino de Ward sería
extremadamente posesivo y agresivo, hasta que reclamara a su pareja.
Miró a Sebastián, queriendo también prevenir al león, pero su amigo estaba
sonriendo, habiendo comprendido claramente lo que pasaba. Girándose, Ward
observó a Keenan y a Jamie, hablando el uno con el otro. Aclaró su voz, para
conseguir atraer su atención y comenzó la explicación:
—Así que, descubriste que somos cambiaformas. Vivimos en manada, no
lejos de aquí, liderados por un Alfa. Hay un montón de especies diferentes de 17
felinos en nuestra manada, porque nuestro Alfa es bastante abierto y tiende a
aceptar a los parias.
—Mierda, esto era difícil. Ward nunca había tenido que explicarle su mundo,
a alguien que no lo conocía. ¿Qué debería decirles y que debería dejar para
más tarde?— Sin embargo, hay muchas diferentes especies de cambiaformas.
Vivimos unos doscientos años, tenemos una parte animal y los sentidos más
desarrollados que los humanos. ¿Qué más…
Esto se sentía como una descarga de información y normalmente no le
habría contado esto a alguien que los descubriera, pero quería que Jamie lo
supiera. La pareja de Ward, estaba boquiabierto, sus ojos abiertos de par en
par y su boca formaba una perfecta O.
—Doscientos años, ¿en serio? —Preguntó Keenan.
—Sí.
—Así que, ¿cuántos años tienes?
—Setenta y cinco.
—¡Guau! ¡No pareces tener más de treinta!
—Eso es porque envejecemos más lentamente que los humanos, una vez
que llegamos a los veinte.
—¿Normalmente les explicas todo esto, a todos lo que descubren quiénes
son?
—No, no lo hacemos. Pero nos aseguramos que sepan que no pueden ir por
ahí, hablando sobre nosotros. Nuestra existencia tiene que permanecer, en
secreto —le dijo Bryce a Keenan.
—Vale, ahora que vinieron y nos lo explicaron, lo comprendemos. Pueden
irse —, les dijo Jamie, señalando la puerta.
—¡Mierda, le quitas la D a lo divertido, Jamie!—Se burló Keenan. —De todos
modos, ¿por qué nos estas contando todo esto, si normalmente no lo hacen?
Era extraño ver cuán comprensivo era un hermano, mientras el otro... Bueno,
al menos no los había echado a patadas, todavía.
—No podemos, simplemente, marcharnos. Tenemos que llevarte a ver a
nuestro Alfa, para que pueda tener una pequeña conversación con ustedes.
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Además, al ser Jamie la pareja de Ward, supongo que no pasará mucho
tiempo, para que se mude con nosotros —dijo Bryce.
Ward gimió. No había planeado, decirle a Jamie, que era su pareja, no antes
de que el hombre se hubiese acostumbrado a estar con cambiaformas y sobre
todo, junto a él.
Por supuesto, Keenan preguntó inmediatamente:
—¿Qué es una pareja?
—¡Oh, infiernos, no! ¡No soy tu pareja! —Ladró, Jamie.
—¿Sabes lo que es una pareja? Pensé que no sabías nada sobre los
cambiaformas.
Jamie se ruborizó, su mejillas adquirieron un adorable tono rosado que le
sentaba muy bien.
—No sé nada sobre cambiaformas, pero he leído bastantes libros como para
saber, los que es una pareja.
Ward estaba sorprendido. Ladeando la cabeza, preguntó:
—¿Qué clase de libros?
Estaba seguro de nadie había escrito libros sobre cambiaformas, al menos
no libros que hubieran sido distribuidos entre los humanos. ¿Quizás era alguno
sobre animales?
—Está hablando de romances —, dijo Keenan, haciendo que Jamie se
ruborizarse nuevamente.
Ward se rió, por lo bajo.
—Bueno, no sé lo que dicen esos libros, pero estaría encantado de
explicarte lo que es una pareja, una vez que lleguemos la casa.
—¿Supongo que no nos dejaran en paz, hasta que estemos de acuerdo en ir
con ustedes y nos reunamos con vuestro Alfa?—Preguntó Jamie, con
esperanza en sus ojos.
—Pero yo quiero ir, Jamie —, se quejó Keenan. Ward no estaba seguro de
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entenderlo, pero le gustaba el chico.
—No, no podemos dejarlos en paz, hasta que vengan con nosotros—,
respondió Sebastián.
Jamie suspiró, el brillo de esperanza, abandonando sus ojos.
—Muéstranos el camino.
Capítulo 2
Está bien, no iba a enloquecer. Keenan estaba saltando a su lado en el
asiento de atrás, del coche y no comprendía cómo su hermano no estaba
preocupado. Acababan de conocer a criaturas paranormales, las que no debían
existir, uno de ellos estaba convencido de que era su pareja e iban a conocer al
Alfa. Por cuanto Jamie sabía, el hombre podía decidir comerlos a pesar de todo
y nadie sabría que habría sido de ellos.
No era como si su hermano y él tuviesen más familiares. Sus padres habían
muerto, en un accidente de coche hacía unos años, su relación con Colin se
había terminado y él tenía muy pocos amigos. Su jefe no lo esperaba hasta el
lunes y continúa siendo viernes por la noche. Sí, estaban jodidos.
Jamie observó a Ward. Para ser honesto, el hombre era guapo. Guapo
como si fuera protagonista de un romance. Medía sobre un metro noventa y
cuatro, tenía el cabello negro y corto, que le recordaba a Jamie, su leopardo
negro, y ojos grises que parecían ver a través de él. Y ese era solo su rostro.
Su cuerpo era elegante y sensual, como el de los gatos, musculoso pero ágil,
un sueño húmedo andante y Jamie no podía evitar pensar en cuán bien se
vería Ward, desnudo en su cama. Su polla estuvo de acuerdo y supo que tenía
que parar de pensar en eso, si no quería que todo el mundo viese que tenía
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una erección. ¡Oh, Dios! ¿Y si a estos hombres les era posible oler el aroma de
la excitación? ¡Normalmente en esas novelas románticas podían!
Jamie apoyó la frente, contra la ventana fría e intentó pensar en otra cosa,
como en qué ocurriría a continuación. Si por un milagro regresaban a casa,
¿significaría que podría ver a Ward de nuevo? Tenía que admitir que sentía
alguna clase de atracción, por el cambiaformas.
Aún así, no significaba que estuviese preparado para saltar a otra relación,
ahora mismo. Todavía estaba intentando olvidar a Colin y, ¿quién sabía lo que
entrañaba estar en una relación con un cambiaformas?
Jamie se enderezó en el asiento, cuando el coche se acercó a una enorme
puerta de hierro, su garganta se secó. Aquí era. Su futuro, probablemente, iba
a decidirse en la siguiente hora, más o menos.
Así sería, si nadie lo comía antes. El coche se paró delante de una enorme
casa de piedra y no pudo evitar preguntarse cuántos cambiaformas vivían allí,
porque la casa podía fácilmente albergar a unos cincuenta y, ¿no hacía eso
que se sintiese como una presa? Keenan salió del coche enseguida, siguiendo
a Bryce, y haciendo que Jamie quisiera agarrarlo y hacer que permaneciese
pegado a su lado.
Keenan siempre había sido demasiado confiado. Apenas si conocía a los
hombres y ya estaba actuando como si fuesen sus amigos, sin tan siquiera
saber lo que harían por haber descubierto su secreto. Pero a Keenan no
parecía preocuparle.
Apresurándose, detrás de su hermano, Jamie atravesó una puerta y jadeó.
No solo era porque el sitio era enorme, sino que también gritaba dinero. Los
suelos eran de madera pulida y las escaleras, gemelas de delante de la puerta,
estaban cubiertas por una suntuosa alfombra. Incluso, había una araña de
cristal, sobre su cabeza. ¿Quién tenía eso en su recibidor?
Podía ver a varias personas observándolo con curiosidad, desde una
habitación que estaba a su izquierda y se pegó más a Ward. Podría aún no
saber, si el cambiaformas era de confianza, pero al menos ya lo conocía y
Ward todavía no había hecho algún movimiento, que indicase que quisiera
herirlo. Lo cual, era más de lo que podía decir, sobre estas otras personas.
Aunque, Keenan no parecía tener problemas, con ellos, y gimió cuando vio a
su hermano saludarlos con la mano.
Jamie siguió a los cambiaformas, a través de un pasadizo entre las
escaleras, que conducía a un largo pasillo con un montón de horribles puertas,
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todas cerradas.
Sebastián se detuvo delante de una, en la mitad del pasillo y llamó,
esperaron por una respuesta, antes de abrir la puerta y entrar. Los siguió,
rezando para que todo fuese bien. Secó sus sudorosas manos, en la parte de
delante de los pantalones y observó que le estaban temblando. Las metió en
los bolsillos, esperando que nadie se hubiera percatado de cuán nervioso
estaba.
La habitación, en la que entraron, era un estudio. Un enorme hombre, estaba
sentado detrás de un escritorio de madera y Jamie se acercó más a Ward. El
hombre era intimidante, no solo porque era obviamente muy alto, sino también,
por los músculos que sobresalían bajo su camisa. Parecía que podría
estrangularlo hasta matarlo, con una sola mano.
—Dominic, ellos son Jamie y Keenan. Él es Dominic, el alfa de esta colonia
—, los presentó Sebastián.
Keenan le dio un pequeño saludo y Jamie gimió. ¿Su hermano no
comprendía, cuán seria era la situación? Observó como Dominic se ataba su
largo cabello rubio, en una pulcra cola de caballo sobre la nuca, antes de fijar
sus ojos ambarinos en él. Tragó ruidosamente, bajo el riguroso escrutinio del
Alfa.
—¿Ahora hay dos?
—Bueno… Jamie ya le había dicho a su hermano, lo que había visto en el
bosque cuando llegamos a su casa, de modo que, los trajimos a los dos —,
respondió Bryce, sin parecer muy seguro de sí mismo.
—¿Mis hombres te explicaron lo que somos? —Le preguntó Dominic.
Jamie asintió con la cabeza, rápidamente, sin querer contrariar al
cambiaformas delante suyo. Sintió una cálida mano en su baja espalda, que
intentaba calmarlo y se apoyó un poco en ella. No estaba seguro sobre qué
hacer aun con Ward, pero de algún modo, sabía que estaba a salvo con él.
—Entonces, no tengo que decirte que protegeremos el secreto de nuestra
existencia, no importando el costo. Lo que significa, que si alguno de ustedes
incluso solo piensa en traicionarnos, nos encargaremos de ustedes, no
importando lo que tengamos que hacer.
De acuerdo, este hombre no se andaba por las ramas. Jamie sacó una
temblorosa mano del bolsillo y la extendió a ciegas, hacia un lado hasta que
encontró a Ward. Agarrando la mano del leopardo, se la estrechó por su amada
vida y Ward a sí mismo se la apretó. Por supuesto, Dominic lo notó y le lanzó
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una extraña mirada, a Ward.
El leopardo, se aclaró la garganta.
—Al parecer, Jamie es mi pareja —, dijo, con una ridícula sonrisa.
—Eso debería hacer, las cosas interesantes.
La tensión en la habitación, se desvaneció y Jamie inspiró profundamente. Al
parecer, nadie iba a comerlos, después de todo.
—¿Qué clase de felino eres?
Jamie se congeló, ante la pregunta de su hermano, al Alfa. ¿Estaba
intentando que los mataran? Aguantando la respiración, observó como Dominic
levantaba una ceja.
—¿Qué crees?
—No lo sé. Alguno grande, supongo. Claramente, eres grande en tu forma
humana.
—Soy un león.
—¿Puedo verlo? ¡Jamie vio a los otros cambiar, pero yo no!
—Emm, Keenan, no creo que esa sea buena idea —, susurró Jamie. Parecía
horriblemente íntimo, pedirle a un cambiaformas, que mostrase su forma
animal, aunque solo fuese porque recordaba que Ward y Bryce estaban
desnudos, después de cambiar y que vista había sido. Keenan hizo pucheros,
como un niño, pero afortunadamente para él, Dominic se rió entre dientes.
—Ahora tengo cosas que hacer, pero estoy seguro de que Sebastián estará
encantado de mostrarte su león, antes de llevarte a casa.
Keenan comenzó a saltar, alrededor del cambiaformas, mientras salían,
claramente despedidos. Jamie se percató de que aún sostenía la mano de
Ward y aparto rápidamente la mano, ruborizándose.
—¿Qué tal si le das un tour a Jamie, mientras Bryce y yo cambiamos para
Keenan? —Le preguntó Sebastián a Ward.
—Estaremos en el porche de atrás.
Ward asintió con la cabeza y le indicó a Jamie que lo siguiera, mientras se
internaba en la casa, pasando por unas cuantas puertas, hasta que se paró
delante de una.
—Esta es mi suite. 23
Jamie lo siguió, hasta un salón muy masculino, con sofás de cuero y una
enorme pantalla de televisión.
—Es agradable.
—Gracias, ¿quieres algo de beber?
—No, gracias.
Rápidamente, la situación se fue volviendo incómoda. Jamie no sabía qué
hacer, por lo que se sentó en la esquina, de uno de los sofás y se hundió en el
cuero de color ocre. Hasta ese momento, no se había dado cuenta de lo
cansado que estaba. La adrenalina finalmente, estaba bajando y lo estaba
percibiendo. Vio como Ward se sentaba delante de él y se embebió con la
vista. Sus hombros eran anchos y musculosos, pero no demasiado, haciendo
que su camisa se ajustase sobre el pecho. Dios, tenía que haber algo en el
agua de allí, porque cada cambiaformas que había visto hasta ahora, estaba
como un tren y Ward definitivamente era el más guapo.
—Así que, ¿te gustaría saber sobre las parejas?
—Dado que dijiste que era la tuya, sí.
—Básicamente, eres mío y solo mío. Eres para mí. Si estás de acuerdo, en
enlazarte conmigo, vivirás tanto tiempo como yo y sanarás más rápido que un
humano normal. Ni uno, ni el otro podemos ser infieles y no existe el divorcio.
Es para toda vida y esta podría ser una muy larga.
Jamie estaba demasiado sorprendido, para responder. Hablar sobre
compromiso. Ni siquiera estaba seguro de que todo hubiese terminado con
Colin, ¿y Ward quería que pasara el resto de su vida con él?
Y no unos sesenta años o algo así; sino, que al menos eran unos ciento
cincuenta.
—¿Cómo… cómo funciona eso?
—Tendremos que mordernos el uno al otro y beber una pequeña cantidad de
sangre.
—¿Sangre? ¡Puaj! ¡Creía que eran felinos, no vampiros!
—No somos vampiros, pero el intercambio de sangre sella el lazo entre
parejas —, dijo Ward con una sonrisa. —Eso es lo que te permitirá adquirir las
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características de cambiaformas, de las que te hablé.
Bueno, mierda.
Ward esperaba que Jamie dijese algo. Estaba que se moría del miedo, ante
la posibilidad que Jamie, simplemente, se alejase y nunca mirara hacia atrás. Ni
siquiera podía empezar a imaginar, cómo se estaba sintiendo Jamie, dado que
Ward había sabido sobre las parejas toda su vida. No estaba asustado de ese
particular compromiso; de hecho, lo anhelaba. Había visto cuán hermoso y
pleno podía ser estar con tu pareja, con sus padres. Ellos estaban todavía
juntos, después de más de noventa años y no podía ni siquiera imaginarlos
separados. Quería eso para él mismo, pero sabía que le permitiría decidir a
Jamie, por más que ello lo hiriera, si su pareja decidía abandonarlo.
—¿Tengo que decidirlo, ahora mismo? —Le preguntó Jamie, en voz baja.
—No, no tienes que hacerlo. Sé que debes de estar confundido por todo lo
que te ha pasado, en las pasadas horas, de modo que si quieres tiempo para
pensar en todo esto, tómalo.
—Sí, creo que lo necesito.
—¿Crees que quizás… quizás, podamos dar una vuelta por ahí o algo así?
Quiero darte tiempo, pero no quiero que te olvides de mí. Quiero poder
conocerte mejor, Jamie.
Ward, suavemente, le ahuecó la mejilla, proporcionándole la oportunidad de
apartarse si así lo quería. Cuando no lo hizo, Ward se inclinó hacia delante y
depositó un ligero beso, sobre los labios de su pareja. Solo fue un toque, pero
se sentía como el paraíso.
Los labios de Jamie eran suaves y aún así firmes, y Ward tuvo que
esforzarse para detenerse. No quería asustarlo, por pedirle demasiado, tan
pronto.
Jamie suspiró y se apoyó ligeramente, contra la palma de Ward, provocando
que el corazón de Ward latiese más rápido.
—¿Quieres que te de una cita? —Preguntó Jamie, con una sonrisa, jugando
en sus exuberantes labios.
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—Sí.
Jamie permaneció en silencio, durante unos pocos minutos y Ward comenzó
a poner algo de distancia entre ellos, su mano cayendo sobre su rodilla.
Obviamente no era lo que Jamie quería, así que…
—Me encantaría.
—¿En serio? Quiero decir, ¿quieres salir conmigo?
—Claro, simplemente tendremos...que ir despacio, ¿vale?
Ward no estaba seguro, de cuán despacio podía ir. Ya podía sentir el lazo
entre ellos, fortaleciéndose con cada momento que pasaban juntos y su polla
era una dura roca, en sus pantalones con solo el tierno beso que le había dado
a Jamie.
Sin embargo, haría cualquier cosa por su pareja. Había esperado que Jamie,
escapara como alma que lleva el diablo y estaba aliviado por tener la
oportunidad de demostrarle cómo podía ser la vida, en pareja.
—Despacio, de acuerdo, lo intentaré —, le dijo a Jamie, sonriéndole.
—Umm, ¿crees que podrías llevarme a casa? Es muy tarde y me gustaría
dormir al menos, unas cuantas horas.
Ward miró el reloj de pared y vio que eran cerca de las tres de la madrugada.
Tanto como quería que Jamie se quedase con él, sabía que eso, ahora mismo,
no era una opción.
—Claro, vamos por tu hermano.
Ward se puso en pie, pero no se movió, aprovechando la oportunidad para
rozarse con su pareja, mientras este caminaba hacia la puerta. Esto no
ayudaba a su erección, pero estaba dispuesto a aceptar cualquier atisbo de
contacto, que su pareja le permitiera. Apoyando una mano en la espalda de
Jamie, lo condujo a través de la casa, hasta el porche trasero, donde tuvo que
mirar dos veces, ante la escena que se desarrollaba delante de él.
Keenan estaba en el suelo peleando con Bryce, en su forma de puma. Podía
decir sin lugar a dudas, que estaban jugando, pero Jamie salió a toda prisa por
la puerta, gritándole a Bryce que lo soltara. Ward lo agarró por la cintura y tiró
de él hacia sus brazos.
—Cálmate, cielo, solo están jugando. —Ward acariciaba de arriba abajo la
espalda de Jamie, intentando tranquilizarlo.
26
—Pero… pero, ¿qué pasa si lastima a Keenan?
—Bryce sabe lo que hace. Incluso en nuestra forma animal, todavía estamos
allí, ¿sabes? No es la primera vez que Bryce juega con un cachorro, aunque
tengo que admitir, que normalmente son niños más pequeños. No recuerdo
haber visto a ninguno, jugando con un hombre adulto.
Ward inspiró profundamente, inhalando el dulce aroma de su pareja. Ahora
que estaba incluso más cerca de Jamie, podía distinguir ese punto de
aromática canela y un toque de menta entre la dulzura, y su polla volvió a
ponerse dura.
Nunca había estado del todo flácido, desde que había olido por primera vez
a su pareja, pero maldita sea, ahora estaba tan duro que dolía. No había
manera, de que Jamie no lo pudiera sentir, estando presionados así, tan cerca
uno del otro.
Decidiendo aprovecharse, Ward movió sus caderas, presionando
suavemente su erección contra el vientre de Jamie. Su pareja se ruborizó,
antes de aclararse la garganta y separarse, haciendo que Ward sonriese. Oh,
bueno, tenía todo el tiempo del mundo, para intentar enamorar a su pareja.
—Tu hermano es… diferente. La mayoría de la gente, estaría asustado al
estar revolcándose con semejante enorme felino, incluso, sabiendo que es un
cambiaformas.
—Sí, Keenan ha sido siempre así. Lo amo y realmente es un niño en un
cuerpo grande, pero… De hecho, desearía ser un poco como él. Aceptó la
totalidad de la situación, tan bien, mientras yo estoy malditamente preocupado.
Es tan, despreocupado.
—No todo el mundo es tan abierto, a nuevas situaciones como él, pero estoy
seguro de que tú estarás bien, una vez que lo hayas meditado un tiempo.
Observaron como Keenan montaba a horcajadas al puma, como si fuese un
caballo, acariciándolo bajo la barbilla. El puma comenzó a ronronear y Ward no
pudo evitar soltar una risa. Iba reírse de Bryce hasta la muerte, por esto. Jugar
así con niños era una cosa, pero, ¿con un hombre de veintitantos?
El puma le frunció el ceño, mientras Keenan se bajaba y corría hacia su
hermano.
—¿Viste eso, Jamie? ¡Es tan guay!
Bryce cambió y fue por su ropa, poniéndose rápidamente los vaqueros,
mientras le ponía los ojos en blanco, a Ward.
27
—¡Vamos, Ward, él es como un niño!
Ward miró a los hermanos. Estaban hablando, Keenan saltando de un pie al
otro, mientras Jamie estaba más sosegado; pero pudo ver una sonrisa en los
labios de su pareja. Si eso era lo que bastaba para hacerlo sonreír, Ward
cargaría a Keenan sobre la espalda de su leopardo, las veces que el niño
quisiera.
El regreso hasta la casa de Jamie fue rápido, para consternación de Ward.
Sabía que el tiempo con su pareja, se estaba terminando y su leopardo no
estaba precisamente feliz. Ward lo podía sentir acechando en su mente,
persuadiéndolo de que reclamara al humano. Afortunadamente, Keenan habló
durante todo el viaje, haciendo miles de preguntas sobre cambiaformas y
distrayéndolo de sus pensamientos, sobre el cuerpo desnudo, de Jamie.
—Así que, ¿cuántos tipos de cambiaformas hay? ¿Hay cambiaformas vaca?
¿Y pingüinos? ¿Qué hay de cambiaformas acuáticos? ¿Hay cambiaformas
delfines?
Ward ni siquiera tenía tiempo para responder a una pregunta, cuando otra
surgía de la boca de Keenan.
—No sé sobre los cambiaformas acuáticos. Para ser honesto, todas la
especies que puedo asegurar que existen son depredadores, además de
algunos herbívoros; pero supongo que tiene sentido, que haya otros por ahí.
No es como si tuviésemos un blog o algo por el estilo, así que aparte de los
que viven cerca de nosotros, realmente no conocemos sobre otros
cambiaformas.
—¿Depredadores? ¿Cómo cuáles?
—Hay una manada de lobos, no lejos de aquí y en nuestra manada hay un
montón de diferentes clases de felinos. También sé de algunos osos y de unos
pocos zorros.
Ward acompañó a los hermanos y respondió a sus preguntas, hasta que
llegaron a la puerta de su casa. Keenan se despidió de él con la mano y
desapareció dentro de la casa, mientras Jamie permanecía fuera, un poco más.
Ward observó a su pareja, cambiar el peso de un pie a otro, claramente
incómodo.
—¿Estás libre mañana?
—¿Quieres decir, hoy, más tarde? —Preguntó Jamie, con una sonrisa.
—Sí, supongo que es bastante tarde.
—Estoy libre. 28
—¿Qué tal si vengo, a eso de las siete y salimos?
—Está bien.
Ward sabía que debería marcharse, pero le era difícil dejar a Jamie. No
estaba seguro de que su pareja, aceptara, ahora mismo y no quería forzarlo,
Ward depositó un suave beso, en la frente de Jamie antes de encaminarse a
las escaleras. Le dirigió a su pareja, una última mirada y vio que Jamie estaba
todavía mirándolo, sus ojos como oscuros estanques de sentimientos que
Ward no podía comprender, aún. Con una última sonrisa, se marchó.
Para el momento en el que Jamie estaba listo, para su cita, era un manojo de
nervios. Todavía no estaba seguro, sobre lo de salir con Ward, incluso con todo
ese asunto de las parejas, surgiendo entre ellos. Bueno, sobre todo, por el
asunto de las parejas. Jamie tenía la sensación de que Ward quería salir con
él, solo porque eran pareja, pero estaba seguro de que si ese no fuese el caso,
el leopardo lo le habría dirigido un segundo vistazo.
El hombre podía tener cualquiera, a quien quisiera, así que, ¿por qué
debería conformarse con alguien como él? No es que pensara que era feo o
algo así, pero Jamie era… bueno, Jamie. Admitía que era lindo, del tipo juvenil.
Mientras que Ward era alto y bien formado, Jamie era de estatura normal y
esbelto, pero le faltaba definición. Simplemente, sabía, que Ward no hubiera
mirado en su dirección, de no existir ese asunto de las parejas y eso hacía que
se enfadase. ¿Por qué debería salir con alguien, que pensaba que tenían, que
estar juntos?
Jamie quería llamar a Ward y pedirle que no fuera; pero por otro lado, no
tenía el número de teléfono del leopardo -- y eso era algo simplemente
estúpido-- realmente sentía la atracción hacia su pareja. Le dificultaba decirle
que no, incluso si todavía no estaba seguro sobre todo el asunto de
cambiaformas. Por lo que decidió intentarlo y ver cómo iban las cosas, a partir
de ahí.
—No te comprendo, Jamie. Tienes una cita con un cachondo semental, el
cual obviamente te quiere, de manera que ¿cuál es el problema?
Keenan estaba recostado en el sofá, mirando, de todas la cosas, un
documental sobre una manada de leones.
—¿No es el hecho de que puedan transformarse en animales, lo que te 29
preocupa? Todavía no estoy seguro, de si todo eso fue real o si lo soñé.
—Bueno, si es un sueño, sé que no quiero despertarme, como en, nunca.
Creo que el hecho de que ellos puedan cambiar, es guay. Solo porque sean
diferentes, no significa que vayan a lastimarte.
Jamie lo sabía, pero aun así, estaba pasando por un mal momento,
intentando que su cabeza lo comprendiera todo.
—¿Qué pasa, si después de que me reclame, Ward quiere abandonarme?
¿Si se percata, de que no le gusto en realidad?
—No puedes vivir pensando en esto o lo otro, Jamie. Dale al hombre una
oportunidad. No es como si fuese a morderte, una vez que cruce el umbral de
la puerta. Sal con él, conócelo, entonces decide.
Jamie le había explicado a Keenan, lo que significaba ser una pareja y como
se hacía, y su hermano lo había aceptado como todo lo demás. No estaba
preocupado por nada. Por supuesto, no era él el que iba a tener que beber
sangre.
Además, el hecho de que si Jamie se enlazaba con Ward, tendría que ver a
su hermano envejecer y eventualmente morir, lo que lo aterrorizaba.
Keenan era su hermano pequeño, incluso aunque solo tuviese tres años
menos, de sus veinticuatro. Este había hecho su trabajo, protegiéndolo contra
viento y marea, pero envejecer, no era algo con lo que podía tratar.
Un golpe en la puerta, lo arrancó de sus sombríos pensamientos. Al abrir, se
encontró a Ward esperando por él, y maldita sea, ¡el hombre era guapo! Se
veía bien en vaqueros y camiseta, pero estaba impresionante en pantalones
negros de vestir y camisa azul. La que se ajustaba su pecho, como una
segunda piel, mientras que los pantalones eran solo un poco menos
reveladores. Pero aún así, Jamie podía ver que el hombre realmente era un
sueño ardiente. Podía sentir a su polla llenarse, con solo mirar a Ward, lo cual
lo conducía a toda clase de interesantes imágenes, de lo que podían hacer, en
lugar de salir. Moviéndose un poco, intentó ponerse más cómodo en los
pantalones mientras saludaba a su pareja.
—Hola.
—Hola.
Se miraron el uno al otro, durante un momento, haciendo que se creara un
molesto silencio, entre ellos.
—¡Hola, Ward! —Gritó Keenan, rompiendo el hielo. 30
Ward ser rió.
—¿Estás listo para irte?
Jamie asintió con la cabeza y tomo sus llaves.
—¡No hagas nada que yo no haría! ¡O mejor todavía, haz todo lo que yo
haría!
Conociendo a su hermano, eso significaba que tendría que irse a la cama en
la primera cita, y no había manera de que fuese a hacer eso.
—Así que, ¿adónde vamos?
—¿Estaba pensando en, The Oyster? ¿Te gusta el marisco?
—Umm, claro.
No era que a no le gustase el marisco. Era que simplemente no podía
comprender por qué demonios alguien abriría una elegante marisquería, en un
pequeño pueblo de Wyoming. Y dado que estaban muy lejos del océano,
¿cuán fresco podía ser el marisco?
—Nunca he estado allí, así que no sé lo que esperar, pero pienso que sería
alindo, si lo probamos juntos.
Simplemente, no tenía el valor para decirle a Ward que el restaurante local
habría estado bien, si no mejor. Los lugares elegantes, no eran realmente de
su preferencia, de hecho, lo hacían sentirse incómodo. Parecía que nunca
podía recordar que cubierto tenía que usar, en cada plato y siempre estaba
asustado de tirar algo, por lo que prefería muchísimo más los lugares de
esparcimiento. El restaurante que Ward había elegido, era exactamente lo que
normalmente evitaba, pero era obvio que Ward estaba intentando ser
agradable, por lo que no dijo nada.
De pie, delante de la ventana, Jamie podía ver los candelabros de cada
mesa, los platos de porcelana china y muchos tipos de cubiertos de plata a
cada lado del plato. Realmente, en verdad, no estaba deseando hacer esto.
Observo a Ward, mientras este lo miraba a él y luego al restaurante. Cuando
el leopardo se rió por lo bajo, Jamie no pudo evitar reírse con él.
—De acuerdo, vámonos. Quería dejarte una buena primera impresión, pero
estaría demasiado asustado de manchar el mantel, para incluso poder comer.
—No te preocupes, estoy más que dispuesto a escoger otro lugar.
31
Terminaron en el restaurante de la ciudad, comiendo hamburguesas en un
reservado y charlando.
—Entonces, ¿qué haces para vivir? —Le preguntó Jamie a Ward.
—Soy contratista. Realmente no necesito trabajar para poder vivir, pero me
gusta lo que hago.
—¿Eres rico o algo por el estilo?
Ward sonrió y el corazón de Jamie palpitó. El hombre era demasiado
atractivo, para su propio bien.
—No, pero la manada cuida de sus miembros. No tengo que pagar hipoteca,
dado que vivo allí y la comida la paga Dominic. Solo tengo que comprar ropa y
cosas como esa, con mi dinero.
—¿No es extraño, que alguien te pague todo eso?
Claro, Jamie no disfrutaba particularmente de su trabajo, como dependiente,
pero no estaba seguro de que le gustara depender de otra persona.
Ward se encogió de hombros.
— Esa es la forma, en la que vivimos. Los cambiaformas felinos siempre
viven en manada y el Alfa cuida de todos. Es, como una gran familia.
—¿Hay siempre tantas especies, viviendo juntas?
—No, normalmente todos los miembros de una colonia son de la misma
especie. Nosotros no, porque Dominic acepta a cambiaformas callejeros, a los
que son apartados de sus colonias y aquellos que quieren vivir con personas
más abiertas de mente. Formó la colonia, hace unos veinte años y desde
entonces, el número de miembros se ha duplicado. —Ward le dio un mordisco
a su hamburguesa y masticó, con los ojos meditabundos. —La mayoría de los
cambiaformas, son estrechos de miras. Estamos tan acostumbrados a vivir solo
entre nuestra propia especie, que despreciamos a los demás por ser
defectuosos o inferiores.
—¿Cómo terminaste con Dominic?
—Soy gay.
Jamie se rió. —Sí, como que, lo había notado.
—Te lo dije, los cambiaformas no son abiertos de miras. Ser gay, no es una
opción para nosotros, porque la mayoría de los cambiaformas, sigue pensando
que tienes que reproducirte para hacer que la colonia crezca y sea más fuerte.
32
Por lo que decidí, que había tenido lo suficiente de comentarios sarcásticos y
de toda esa mierda homofóbica, por lo que decidí unirme a Dominic. Tenemos
un montón de cambiaformas homosexuales y más de una pareja interracial,
bien sea porque uno de ellos pertenece otra cultura o porque es humano.
—Oh, ¿por el hecho de que yo sea un ser humano, el estar contigo, sería
algo malo? ¿Pero no me habías dicho que los Hados o lo que sea, decidieron
que éramos la pareja perfecta? No es como si pudieras elegir con quién te
enlazas, ¿verdad?
—Exactamente, no es que tengamos que enlazarnos con nuestra pareja,
¿pero honestamente? ¿Quién rechazaría a la otra mitad de su alma? El
enlazarse, en una oportunidad única y que alguien lo rechace sería
impensable, en mi opinión.
—Entonces… ¿eso es por lo que me quieres? ¿Por qué soy tu pareja?
Ese era el mayor miedo de Jamie, que Ward solo quisiera estar con él, por el
lazo de parejas.
—El lazo me proporciona un empujoncito, pero me gustas, y me habrías
gustado incluso sin el lazo. Es como...las dos mitades de un todo. Nos
complementamos el uno al otro, y la atracción es solo una pequeña ayuda de
los Hados para conseguir que estemos juntos.
De alguna forma, esa respuesta hizo que Jamie se relajara. Todavía no
estaba seguro de que le gustara Ward por culpa del lazo o porque fuera era
divertido, cariñoso y dulce; y no olvidemos; guapísimo. No había forma, sin
embargo, de saber cómo hubieran sido las cosas sin el. Por lo que decidió
parar de preocuparse y disfrutar de la noche.
Después de eso, la conversación se hizo más ligera. Hablaron sobre sus
películas favoritas y música, y de lo que les gustaba hacer en su tiempo libre.
Descubrió rápidamente, que Ward era la clase de hombre que le gustaba tocar.
A menudo enredaba sus dedos en los suyos, haciéndolo estremecer y nunca
permitía que se le pasara una oportunidad de tocarlo. Su pareja era muy
sensual y Jamie tenía que admitirlo, no podía esperar a ver si Ward era tan
cariñoso en la cama, como fuera de ella.
Cuando el camarero llegó para decirles, que era la hora de cerrar, no podía
creer que hubieran estado allí hablando y bebiendo café, durante casi cuatro
horas. Comenzó a ponerse nervioso, una vez que estuvieron en el coche,
sabiendo que su cita iba a finalizar y sin estar seguro de que era lo siguiente
que iba a suceder.
Su cuerpo, quería agarrar al de Ward y trepar por él, como si fuese un árbol,
33
pero su parte racional sabía que era demasiado pronto para eso. ¿Verdad?
Moviendo con nerviosismo, una de las piernas, miró hacia el cielo nocturno,
preguntándose qué le estaría esperando mañana. ¿Se despertaría en los
brazos de Ward? Su polla, al instante, tomó nota de la imagen y se encrespó
en sus pantalones. Las manos de Jamie volaron, para cubrirla. Sí, quería a
Ward, pero no había una buena razón para dejar que lo supiera, ¿verdad?
Ward aparcó el coche, pero ninguno de se movió. El silencio se estaba
convirtiendo en algo embarazoso, por lo que Jamie decidió arriesgarse.
—¿Quieres…
—¿Qué tal…
Se miraron el uno al otro y se le escapó una risita, que Ward pronto imitó.
—Estaba intentando preguntarte, si te apetecería subir, quizás a tomar una
última taza de café o algo así.
—Me encantaría.
Y Jamie sabía que estaba diciendo la verdad. Se sentía de la misma manera,
como si cada pequeña cosa que hiciesen juntos, fuese importante. Esa era la
razón por la que sabía, que se enamoraría del hombre sentado a su lado.
Al subir la escaleras, Jamie inspiró profundamente y rezó por estar haciendo
lo correcto.
El simple trayecto de subir las escaleras, estaba haciendo que Ward se
volviese loco por el deseo. Viendo el pequeño culo prieto de Jamie,
balanceándose justo delante de sus ojos, tenía su polla dura como una roca.
Maldición, siempre supo que querer y necesitar, eran normalmente, los
parámetros con una pareja, pero no había esperado esto. Podría correrse solo
con su primer beso real, a estas alturas.
Jamie abrió la puerta y Ward se sintió aliviado, al ver el apartamento vacío.
Su pareja le señalaba por gestos, que se sentase, mientras iba a cocina,
regresó inmediatamente, con un trozo de papel en la mano.
—Esto es para ti.
— ¿Para mí? 34
—Sí, es de Keenan —, dijo Jamie ruborizándose. —Si no quieres leerlo…
—No, lo leeré.
Ward definitivamente sentía curiosidad, por saber, lo que su futuro cuñado
quería decirle.
Jamie le pasó la nota y desapareció, una vez más, en la cocina. Ward lo
escuchó moverse por allí, antes de abrir la nota.
Ward,
Salí esta noche, por lo que tienes vía libre con mi hermano. ¡No me
decepciones! Te dejé lubricante y condones, debajo de los cojines del sofá y en
la mesilla de noche de Jamie. Espera, ¿necesitas condones? Olvídalo. ¡Haz
que esté orgulloso de ti, minino!
Ward gimió. Esta había sido la experiencia más bochornosa, que le hubiese
ocurrido, especialmente cuando Jamie asomó la cabeza desde la cocina y le
preguntó:
—¿Algo anda mal?
Ward negó con la cabeza y esperó, hasta que Jamie se metiera de nuevo en
la cocina, antes de permitir que su mano vagara hacia su derecha, en busca
del cojín oscuro y la deslizó por debajo del mismo. La saco, con una tira de
condones. Jamie eligió ese momento, para regresar al salón con dos tazas de
café y lo atrapó con ellos, en la mano. Ward sintió como se ruborizaba e intentó
ponerlo de vuelta en el lugar, donde los había encontrado, pero era demasiado
tarde.
—¡No es lo que crees!
—¿Así que, no había una tira de condones en tu mano? —Le preguntó
Jamie, alzando una ceja.
—¡Bueno, sí, pero no son míos!
Sin estar muy seguro de cómo explicarlo, Ward le ofreció la nota a su pareja
y esperó a que dejara los cafés, para que la leyera. Las mejillas de Jamie
pasaron de un tenue rosa, a un rojo intenso, en el puñado de segundos que
tardó en leerla.
—Yo...lo lamento. Keenan es un poco…
—Sí, lo noté. 35
Jamie se sentó a su lado, pero el silencio entre ellos, ahora, era incómodo,
gracias al pequeño hermano de Jamie. Quizás, debería de haber dejado que
Bryce se lo comiera. Sin querer, que la situación empeorara aun más, Ward
comenzó a levantarse.
—Mira, mejor me voy.
—¡No, no! Quédate, por favor. ¿Podemos olvidarnos de… eso, —dijo Jamie
meneando la mano hacia el trozo de papel, que ahora estaba sobre la mesa de
café, —y simplemente, podemos hablar durante un rato?
¿Cómo podía decirle no a su pareja, cuando lo estaba mirando con tal
anhelo en sus ojos? Sabía que Jamie estaba luchando contra la atracción de
pareja, que sentía hacia él, pero era obvio no lo controlaba al cien por cien.
Decidiendo arriesgarse, se giró hacia Jamie y tomó su mejilla, acariciando
levemente su suave piel.
Cuando Jamie no protestó, se inclinó sobre él, inhalando el dulce aroma a
canela, de su pareja. La pulsación en sus pantalones se intensificó, mientras
rozaba con sus labios los de Jamie, una vez, dos veces, entonces se zambulló
para saborearlo con más profundidad, mordisqueándole el labio inferior y
haciéndolo jadear.
Aprovechándose de ello, deslizó su lengua dentro de esa boca y el sabor de
su pareja estalló en ella. Ward exploró la boca de su amante, acariciándola,
tomándose su tiempo. También los dientes y la aterciopelada piel, su mano
descendió hasta la cintura de Jamie, uniéndose a la otra.
El beso había comenzado siendo “explorador”, pero rápidamente se volvió
más apremiante. Cuando la pasión se alzó entre ellos, las manos de Jamie se
volvieron frenéticas, tirando de la camisa de Ward, intentando tocar su piel,
pero Ward tenía que estar seguro, así que se apartó, tomando entre sus
grandes manos, el enrojecido rostro de Jamie. Mirándolo a los ojos, lo cuales
estaban centelleando con muchísimo deseo y pasión, le preguntó:
—¿Estás seguro?
Jamie asintió con la cabeza, antes de atacarle los labios, succionando su
lengua, en su dulce boca. Se subió al regazo de Ward, montando a horcajadas
sus caderas y frotándose contra su polla.
Ward gimió y cedió, esperando que Jamie no se arrepintiera. Permitió que
sus manos vagaran, levantando la camisa de Jamie y acariciando su pecho,
mientras se la quitaba. Ahí, la piel era suave y pálida, alentado por el contacto,
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Ward tenía que saborearla.
Inclinándose, acopló su boca sobre uno de los pequeños pezones
sonrosados, chupando y mordiendo ligeramente la satinada piel, hasta dejarla
perlada.
Jamie gimió suavemente y el sonido era dulce, a sus oídos. Liberó la
húmeda protuberancia y permitió que su boca se deslizara a lo largo del pecho,
hasta el descuidado pezón, al que le dio la misma atención que le había
prestado a su gemelo. Las manos de Jamie se aferraron al cabello de Ward,
tirando de los cortos mechones, mientras se retorcía bajo los cuidados de Ward
y, maldita sea, si no lo hacía sentirse orgulloso, de ser capaz de lograr que su
pareja reaccionara así, con solo unos toques.
Ward los giró velozmente, tendiendo a Jamie en el sofá, mientras pensaba
que quizás Keenan realmente había tenido una buena idea, después de todo,
al guardar el lubricante debajo del cojín. No creía que pudieran realmente llegar
hasta el final y hacer el amor esta noche. Jamie no estaba listo para ello. Ward,
sin embargo, aun así podía cuidar de su pareja y era lo que tenía la intención
de hacer. Quería disfrutar de los suaves gemidos y lloriqueos de su pareja,
dejarle saber a Jamie, que ya se preocupaba por él.
El cuerpo de Ward, se sentía demasiado tenso, la totalidad de la sangre se
había apresurado a bajar hacia su duro eje, haciéndole imposible pensar en
nada más que no fuera a su pareja, moviéndose debajo él.
Sacándose su camisa, Ward se inclinó buscando otro beso, disfrutando del
contacto piel a piel, cuando sus pechos se deslizaron uno contra el otro y la
sensación de sus pollas moliéndose juntas, separadas solo por unas pocas
capas de ropa.
Ward trazó un sendero descendente con caricias y lamidas por el pecho
inmaculado de su pareja, apretando los dientes, cuando los gemidos de su
pareja amenazaron con romper el control que tenía sobre su felino. El leopardo
quería seriamente, reclamar a su pareja, pero esto era todo por Jamie, para
hacerlo sentir amado y querido.
Ignorando su propia eje, duro como una piedra, Ward mordisqueó el ombligo
de Jamie, antes de trazar a lametazos su camino descendente hacia la senda
de suave vello rubio, hasta alcanzar los pantalones de su pareja.
Desabrochando el botón, Ward tiro de las solapas, apartándolas, y deslizó los
pantalones de su amante, hasta sus caderas, mientras Jamie lo ayudaba
alzando su dulce, dulce trasero.
Usando sus dientes, Ward le bajó la ropa interior a Jamie, revelando un
glande de un rosado intenso y goteante. El eje de Jamie, saltó liberándose, ya
humedecido con el líquido preseminal y Ward pensó que no había visto nunca
37
nada más sexy, que la imagen que tenía delante de él.
Jamie estaba extendido sobre el sofá, sus mejillas y pecho ruborizados, y
sus ojos oscurecidos por la pasión, sus manos enterradas en el cabello de
Ward y su polla curvándose sobre su vientre, humedeciéndolo con sus líquido
preseminal, el cual quería desesperadamente, lamer.
Miró el rostro de Jamie, todavía asombrado de la confianza que su pareja
estaba depositando en él, tan pronto después de su primer encuentro. Los
dientes de Jamie estaban mordiendo su labio inferior, debido a la anticipación,
de lo que estaba por venir. Deslizando sus manos sobre los muslos de su
amante, Ward sacó su lengua y le propinó la primera lamida a la polla de
Jamie, saboreando el líquido preseminal, arponeando la pequeña ranura para
beberlo todo.
Ward podía sentir las piernas de su pareja temblar y sus manos acariciaron
el cuero cabelludo de Ward, sus uñas cavando profundamente cuando abrió la
boca y le succionó ligeramente el glande.
—Ward —, dijo Jamie en un tono trémulo antes de intentar alzar sus piernas,
pero deteniéndose en corto. Los pantalones de Jamie todavía estaban debajo
de su culo y Ward necesitaba más espacio para continuar.
Ayudando a Jamie a quitarse por completo sus pantalones y su ropa interior,
Ward se deshizo de ellos, luego dirigió la atención a la palpitante polla de su
pareja.
Tragándola, tenía que estirarse y sostener las caderas de Jamie, cuando el
hombre más pequeño se sacudió debajo de él, un lloriqueo escapo de sus
labios. Deslizando la lengua sobre la vena que transcurría a lo largo del eje,
Ward usó sus dedos para provocar el pesado escroto de Jamie. La piel
arrugada se sentía bien bajo la yema de sus dedos y quería probarla.
Hizo que su lengua se deslizase hacia abajo, hacia las bolas de Jamie, las
lamió antes de chuparlas, una a la vez en su boca, pasando la lengua sobre
ellas y disfrutando de los gemidos de su pareja, mientras inhalaba su aroma.
Era más picante aquí, de un intenso almizcle que fue directo a la cabeza de
Ward, haciendo que estuviese más al borde de perderse.
Introduciendo un dedo en la boca, junto con las bolas de Jamie, Ward lo
humedeció bien, antes de deslizarlo tranquilamente por el perineo de su pareja
y lentamente descender hasta su fruncido agujero, entonces su boca retornó a
la polla de su amante. Tragándolo hasta el fondo de su garganta, contrajo sus
músculos, mientras su dedo se deslizaba en la calidez de Jamie.
Colocándose entre los muslos de su pareja, marcó un ritmo con su boca y
dedo, mientras frotaba su polla en la pierna de Jamie, disfrutando que la
respiración de este estuviese alterándose. No pasó mucho tiempo, para que
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Jamie llegase a su punto límite, para gran deleite de Ward. Sintió el canal de
Jamie contraerse, sobre su dedo, cuando su pareja gritó su nombre, con sus
manos aferrándose al cabello de Ward, tirando con suavidad.
—¡Ward!
Jamie echó hacia atrás la cabeza, su espalda arqueándose, mientras se
corría con dureza en la garganta de Ward, el semen caliente llenó su boca.
Lamió la polla de Jamie hasta dejarla limpia y continuó besando y
confortando el flácido eje, mientras follaba la pierna de su pareja unas pocas
veces más. Con un gemido, Ward se corrió en sus pantalones, lamentándose
de que no hubiera sido, en el culo prieto de su pareja, pero sabiendo de que
era demasiado pronto para eso. Era increíble que se hubiera corrido, sin que
Jamie lo tocara, solo con el placer que le había proporcionado a su pareja.
Ambos estaban jadeando, cuando se recostó de nuevo en el sofá,
acomodando a Jamie sobre su pecho y abrazándolo con fuerza. Sabía que
debería limpiarse, pero estaba dispuesto a sentirse un poco incómodo más
tarde, solo para disfrutar de la relajación postcoital con su pareja.
Ward se rió por lo bajo.
—Maldita sea, han pasado años desde que me vine en mis pantalones.
Deslizando sus dedos por el costado desnudo de Jamie, Ward notó cuán
tenso estaba su pareja, y cómo sus dedos estaban fuertemente cerrados.
—¿Qué pasa?
Jamie se irguió, evitando los ojos de Ward, mientras cogía su camiseta.
Poniéndosela, agarró sus pantalones y los sostuvo delante de su polla,
mientras cogía sus boxers.
—Mira, creo que deberías irte —, dijo Jamie, sin mirarlo ni una sola vez.
—Jamie, ¿qué pasa? ¿Te lastimé? —Ward no lo creía, pero quería
asegurarse.
—No, estoy bien. Solo… necesito tiempo, ¿de acuerdo?
Asintió con la cabeza. Podía comprender que Jamie estuviese confundido,
pero no le gustaba el pensamiento de que su pareja pudiera arrepentirse de lo
que había sucedido entre ellos. Decidiendo darle tiempo a su amante, se
levantó y se puso su camiseta. Deseaba poder ir al baño y limpiarse, pero por
la expresión en el rostro de Jamie, no era una opción; así que, tendría que
esperar para quitarse sus pegajosos pantalones.
Inclinándose, Ward acarició la mejilla de Jamie y le dio un suave beso en los 39
labios. Su pareja todavía estaba evitando su mirada y no le gustaba; pero, al
menos, no evitó su beso.
—¿Te veré mañana para el almuerzo? —Le preguntó, esperando que la
respuesta fuera sí.
Jamie dudó antes de responder.
—Sí.
Dándole un último beso, a su pareja, Ward dejó a Jamie junto al sofá y salió
por la puerta.
Capítulo 3
Jamie había entrado en pánico. Sabía lo que iba a pasar cuando le había
pedido a Ward que entrara, y había estado conforme con ello, más que
conforme. Y la mamada… Jamie se ponía duro, siempre que pensaba en ello y
había estado pensando en eso, casi sin parar desde la pasada noche,
haciendo que se sintiese malditamente incómodo en sus pantalones.
Todo había sido perfecto, hasta que la realidad lo golpeo. Estaba asustado.
Ward se estaba convirtiendo en alguien muy importante, demasiado rápido,
como para que se sintiera cómodo con la situación. Ni siquiera era porque
fuera un cambiaformas. Tan extraño como eso pareciera, Jamie, de hecho,
estaba bien con ello. No, era el abrir su corazón nuevamente, lo que lo
asustaba a muerte.
Colin había terminado con él, hacía solo unos pocos meses, y después de lo
ocurrido, estaba aterrorizado; no solo de abrir su corazón de nuevo,
arriesgándose a ser herido, sino también por comenzar una nueva relación.
Había sido tan fácil con Colin. Habían estado juntos, durante cuatro años,
conociéndose el uno al otro, confirmando su mutuo amor. Por otro lado, ahora
Jamie podía ver que eso no era exactamente cierto. Pero comenzar una nueva
relación, era saltar a lo desconocido, por lo que sí, tenía miedo.
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Aun así, Ward no se merecía esto. Claro, se habían conocido hacía solo
unos días, pero el hombre no había hecho nada para merecer ser alejado sin al
menos una explicación. Jamie había visto dolor en sus ojos y no le había
gustado. Pero a él le había sido imposible hacer algo más, en ese momento.
Esperaba que una vez que se lo pudiera explicar, lo comprendería.
Ward no había hecho nada con lo que Jamie no estuviese de acuerdo y su
noche juntos fue maravillosa. Su pareja era amable, fácil de tratar y tan, tan
dulce. Jamie definitivamente tenía algo de trabajo que hacer, si quería
arreglarlo con él y con suerte, no se volvería a asustar.
Gimiendo, Jamie dejó que su cabeza descansara contra el respaldo del sofá,
con los ojos cerrados mientras intentaba por centésima vez comprender sus
temores y poder sobrellevarlos, pero todavía estaban ahí.
—Así que… ¿anoche tuviste suerte?
Jamie entrecerró sus ojos, para poder ver a Keenan acercarse. Su hermano
se sentó en el sofá su lado, despatarrándose como si no tuviese ni una
preocupación en el mundo. Probablemente no la tenía. Le birló la cerveza de
su propia mano y tomó un trago, antes de devolvérsela.
—La jodí, Keenan —dijo Jamie, haciendo rodar la botella en sus manos.
Eso atrajo la atención de su hermano. Él se enderezó un poco antes de
preguntar:
—¿Qué ocurrió?
—Bueno, Ward leyó tu nota y lo encontré con la tira de condones, en la
mano.
—¿Dime que no lo echaste por eso?
—No. Te conozco demasiado bien para no saber que ese era tu plan. Ward
no parece del tipo de hombre, que espera acostarse con uno, en la primera
cita.
—De manera que, ¿no lo hiciste? ¿Quiero decir, echarlo?
Jamie se ruborizó un poco y lentamente una sonrisa se formó en su rostro.
—¡Venga, escúpelo!
Keenan estaba cerca de saltar, en el sofá. 41
—Bueno, hicimos… cosas, y luego, él comenzó a acurrucarse, pero me
asusté y lo eché —, dijo Jamie con un suspiro. ¿Había algo más vergonzoso
que discutir su vida sexual, con su hermano?
—Pero, ¿por qué? ¿Te forzó? —La voz de Keenan, era casi un gruñido. Era
tan protector de Jamie, como como este con él.
—¡No, no! Lo deseaba muchísimo, pero me asusté, Keenan.
—¿Es por Colin?
—Sí.
—¡Venga, es un cabrón! Te engañó y hubiera seguido haciéndolo, si esa
chica no le hubiera dicho que estaba embarazada y que estaba lista para
gritarlo al viento.
—Lo sé, ¿pero y si no soy lo suficiente para él? Quiero decir, es guapo, es
un cambiaformas y tiene su propio negocio. ¿Por qué yo? ¡Soy un simple
humano, que trabaja como dependiente! ¿Qué pasa si dentro de cuatro años,
se cansa de mí y quiere dejarme? No le será posible y me odiará por ello. —
Jamie no dejaría que se le escaparan las lágrimas; pero, maldición, era difícil.
Keenan suspiró y le tomo la mano.
—Jamie, no puedes permitir que tus temores gobiernen tu vida, ya te lo dije.
Eres un hombre adulto y te mereces amar y ser amado. Por supuesto, va a ser
difícil tener confianza de nuevo. Pero, Ward no ha hecho nada que te haga
pensar, que no la merece. Y no saldría contigo, si no le gustases. Háblalo con
él, intenta arreglar las cosas, pero dale una oportunidad. Puede esperarte y lo
hará, si realmente quiere construir algo contigo.
Jamie se le apretó, hasta que dijo.
—Lo sé. Pero es difícil, ¿sabes? Mi corazón quiere dejarlo entrar ya, le
gusta; pero mi cerebro sigue diciéndome que espere, y no sé a cuál de los dos
quiero escuchar.
—Bueno, dado que tú normalmente escuchas a tu cerebro y no te fue muy
bien, hasta ahora, te sugiero que esta vez intentes otra opción.
Jamie se rió, propinándole a su hermano, un pequeño empujón.
—¡Venga, sabes que es cierto! Eres el único que me dijo que no estabas
seguro de Colin, pero permaneciste con él, de todos modos, incluso aunque
sabías que algo no iba bien.
Keenan tenía razón. Tan descuidado como su hermano siempre parecía, 42
Jamie sabía que había mucho más en él. Keenan percibía cosas mucho mejor
que la mayoría de la gente y leía a las personas muy bien.
—¿Qué voy a hacer ahora?
—Vas a disculparte, le explicarás lo que pasó y que puede que necesites un
poco tiempo, para aprender a confiar en él, y acuéstate con él. El hombre,
realmente, se lo merece —, dijo Keenan, con una sonrisa.
Jamie tiró de Keenan, para darle un abrazo de oso.
—Gracias.
Keenan le palmeó el hombro.
—Siempre estaré aquí, para ti. Y sabes que estoy bromeando, ¿verdad? No
hagas nada, que no quieras hacer.
—¡Pero quiero hacerlo! Aunque, no estoy seguro de que Ward este tan
entusiasmado, después de lo que ocurrió ayer.
—Por supuesto que lo estará. Estoy seguro de que una vez que hablen,
estarás bien —dijo Keenan, reclinándose de nuevo en el sofá.
—De modo que, ¿quieres decirme exactamente, lo que hicieron los dos,
anoche? —preguntó, moviendo las cejas.
¡Oh, Dios, quería detalles! Simplemente así, el Keenan serio se había ido,
pero Jamie sabía que siempre estaría ahí, cuando lo necesitara. Era
afortunado, de tener a su hermano.
—No voy a contártelo, eso es simplemente… demasiado raro.
Keenan hizo pucheros, saco sus labios hacía afuera.
—Vamos, prepárate para tu cita.
Keenan lo echó, meneando la mano y cogió el mando a distancia de la tele,
cambiando el canal, para ver otro documental sobre animales.
—¡Oh! Por cierto, esta noche, voy a salir con Bryce. No estoy seguro de
cuándo volveré, por lo que si dejas que Ward se quede, simplemente pon una
corbata en tu puerta o algo así.
—Bryce, ¿eh?
—Sí, es agradable. 43
Keenan se giró hacia la tele y Jamie sabía que no conseguiría sacarle nada
a su hermano. Jamie sabía que, aunque Keenan era hetero, no tenía ningún
problema con experimentar, y se preguntaba si había algo más entre él y el
puma. Pero, incluso si lo hubiese, no era asunto suyo, y Keenan era lo bastante
mayorcito para saber lo que estaba haciendo.
Encogiéndose de hombros, fue a tomar una ducha.
Ward había estado sentado en el coche, delante del apartamento de Jamie,
durante treinta minutos. Todavía no se le había hecho tarde, pero lo haría si no
salía y subía las escaleras. Quería hacerlo, pero le temía el momento en que
Jamie abriera la puerta. ¿Estaría su compañero arrepentido de lo que había
ocurrido entre ellos? Ciertamente, anoche, lo parecía.
Ward no comprendía lo que había pasado. Todo parecía ir bien, hasta
después del sexo. No sabía si había hecho algo mal o si, simplemente, Jamie
todavía tenía problemas asimilando todo lo que había ocurrido, en los dos
últimos días.
Podía comprender eso, en serio, pero quería que su pareja hablara con él,
no que lo echara por la puerta, sin una palabra, dejando que se preocupara
durante toda la noche.
Suspirando, Ward salió del coche y cerró la puerta. La manera en la que se
sentía, ansioso y emocionado a la vez, por ver a Jamie era desconcertante. Al
llamar a la puerta, pudo escuchar el ruido de la televisión, y Ward se rió. El
muchacho, lo asombraba. No había tenido problemas en aceptar la existencia
de los cambiaformas y eso era algo extraño con respecto a los humanos. Los
normalmente, se sorprendían y no estaban dispuestos a aceptar que otros
seres, aparte de ellos, pudieran existir, por lo que fue agradable ser aceptado
sin problemas, por una vez.
—¡Oh! Jamie estará aquí en un segundo —Keenan le hizo gestos para que
entrara y tomara asiento en el sofá. Ward podía ver que había estado allí, un
buen rato, había latas vacías y envoltorios de aperitivos, depositados en la
mesa de café.
—Jamie me contó lo que pasó anoche.
Ward arqueó una ceja. Por supuesto, Jamie podía habérselo dicho a su
44
hermano. Los había visto juntos y sabía que eran muy cercanos.
—Bueno, no todo, totalmente, pero lo bastante para saber que la fastidió.
—No lo jodió. Es solo que… no estoy seguro, por ahora, de que en lugar
estamos.
—Dale tiempo… Sé que suena algo trillado, pero él realmente necesita
tiempo. Ocurrieron algunas cosas, recientemente, que hicieron que él… dude
de las relaciones. Simplemente, tiene que comprender, que tú eres diferente.
Ward quería encontrar a la persona que había herido tan obviamente a su
pareja y tomar represalias, quizás romperle una extremidad o dos, pero no
podía. Todo el mundo llegaba a una relación, con equipaje y este hombre era
Jamie. Simplemente, tenía que demostrarle que él era diferente.
—Hey —una suave voz llegó, desde detrás de él. Girándose, tuvo que tragar
varias veces antes de poder hablar, pero no era fácil, con la lengua pegada al
paladar. Su compañero se veía lo bastante bien, como para comerlo. Llevaba
puestos unos vaqueros apretados, que abrazaban su culo como las manos de
un amante y una camiseta roja, que ni era demasiado amplia ni demasiado
ceñida, y demostraba lo bien que le quedaba; ¡ y joder, si la polla de Ward no lo
aprobaba!
Jamie le estaba sonriendo y Ward esperaba que se hubiera recuperado de lo
de anoche. No iba a hablar sobre ello, si Jamie no quería, al menos, no ahora
mismo.
—Así que, ¿adónde vamos?
—Picnic.
—¿De picnic? ¿En serio?
—¡Oye, yo también quiero ir de picnic! —Dijo Keenan, haciendo un puchero.
—¿Por qué no le preguntas a Bryce, si puede llevarte? —Le dijo Jamie a su
hermano, haciendo que Ward sintiese curiosidad por la relación de Keenan con
su amigo.
—Quizás se lo pregunte. Iría con ustedes, pero no quiero impedirlos tener
sexo ardiente, por lo que…
Ward esperó para ver lo que Jamie iba a responderle. Su pareja se ruborizó,
pero no negó nada. Eso trajo una serie de imágenes a la mente de Ward e
hicieron que sus vaqueros fueran repentinamente incómodos, con su eje
empujando contra el tejido. Ward se sintió aliviado de haber decidido ponerse
vaqueros; al menos, en ellos no se apreciaba la tienda de campaña.
—Sí, bueno, te veré esta noche, si llegas a casa lo bastante temprano, para
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que aun continúe despierto. Hasta luego, Keenan. —Jamie agarró sus llaves y
salieron.
Ward lo siguió hasta el coche. Una vez que se instalaron, comenzó a
conducir, llevando a su pareja al lugar en que lo había visto por primera vez.
Quería tomar a Jamie de la mano, tocarlo, pero no estaba seguro de cómo
reaccionaría su amante, por lo que se mantuvo distante. No era fácil y su
leopardo estaba irritado, pero Ward no quería asustar a Jamie.
Ambos permanecieron en silencio, durante el trayecto, hasta que Ward llegó
a la pequeña área de estacionamiento cercana al claro, en donde ellos habían
estado jugando en su forma felina.
—Oye, ¿vamos al lugar, en donde estuve acampado, la otra noche?
—Síp.
—Qué dulce.
—¿De todos modos, por qué estabas aquí solo, en medio de la noche?
—Tenía cosas en las que pensar.
Ward podía haber apostado su huevo izquierdo, que esas cosas eran las
mismas que causaron que reaccionara de esa manera la noche anterior, pero
no dijo nada.
Guiándolo al pequeño claro, en donde ya había dejado todo lo que
necesitaban, observó cómo los ojos de su amante se abrían un poco cuando se
percató de las mantas extendidas sobre la tierra. Había una enorme cesta con
comida y una solitaria rosa blanca posada, sobre una manta afgana.
—Sé que la rosa está muy trillado, pero desconozco cuál es tu flor preferida.
Maldita sea, ni siquiera sé si te gustan las flores.
De acuerdo, Ward en el fondo era un romántico, ¿y qué? Dejaría, de buena
gana, que el mundo lo supiera por su pareja.
—No, es perfecto. Gracias.
Jamie se sentó en la manta, llevándose la rosa a la nariz, inhaló su perfume.
Ward se sentó a su lado y esperó a ver lo que su amante haría, no estaba
seguro que Jamie lo aceptara.
—Yo, uh, quería disculparme, por lo de anoche.
Ward asintió con la cabeza y esperó a ver qué más iba a decir Jamie.
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—Estoy… acabo de salir de una relación y no terminó bien, así que… estoy
asustado.
—¿Quieres contarme lo que pasó?
—No, pero creo que deberías saberlo, así que… —Jamie continuó, después
de inspirar profundamente, —estuve con Colin, durante cuatro años, hasta que
me dejó hace dos meses. Me engañó con una mujer, que quedó embarazada.
Ward no estaba seguro, de que decir. Jamie miraba fijamente la rosa en su
mano, los dedos acariciando con suavidad los pétalos, Ward podía asegurar
que estaba avergonzado y abochornado.
—Bueno, ese es su problema. Si a él no le fue posible ver cuán perfecto
eres, no valía la pena.
—No soy perfecto.
—Supongo que no, nadie lo es. Pero eres perfecto para mí. Eso es por lo
que somos compañeros.
Jamie alzó la vista y Ward pudo ver en sus ojos tantas preguntas.
—¿Qué pasa si no soy suficiente para ti? No lo fui, para Colin.
—Jamie, eres el hombre más dulce y cariñoso que conozco. Eres interesante
y divertido, cuidas de tu hermano, y no olvidemos que eres guapo.
Jamie sonrió y Ward se alegró de haber tenido éxito, al animarlo.
—Eres perfecto, y una vez que seas mío, no te dejaré ir, nunca. No estoy
loco; ¿dónde encontraría a otro hombre como tú? —Ahora, comprendía, cuál
era el problema. Jamie no tenía confianza en sí mismo, creyendo que no sería
lo bastante bueno y que Ward lo dejaría como lo había hecho su ex.
—Aunque, creo que nada de lo que diga, te convencerá de ello. Tendrás que
llegar a conocerme, para saber que voy muy en serio, con todo esto.
—Supongo que tienes razón.
—Simplemente pregunta en lugar de aterrorizarte, como lo hiciste anoche,
discútelo conmigo. Podemos resolver cualquier cosa si lo hablamos, y quiero
saber cuál es el problema, en lugar de quedarme hasta la media noche,
preguntándome qué pude hacer mal.
—No hiciste nada mal, de hecho, estuvo muy bien —, dijo Jamie,
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ruborizándose ligeramente. —Te prometo que intentaré hablar contigo, la
próxima vez que algo vaya mal.
Ward asintió con la cabeza y se deslizó, hasta quedar enfrente de Jamie.
Ahuecando sus mejillas con sus manos, se inclinó y besó a su pareja, lamiendo
lentamente sus labios hasta que los abrió. Ward se sumergió en ello,
intentando transmitir los incipientes sentimientos que tenía por Jamie con el
beso, pero manteniendo la distancia con el resto de su cuerpo. Era obvio que
Jamie no estaba listo para nada más y estaba conforme con ello.
Ward paró de besarlo, cuando su amante gimió y el sonido salió directo a su
ingle. Sabía que no le sería posible detenerse, si continuaban.
—Así que, ¿listo para ir a comer?
Las cosas iban bien, con Ward. Desde el picnic, habían salido unas cuantas
veces más y habían hablado por teléfono todos los días. No habían ido más
allá de los besos y toqueteos, y mientras Jamie no podía esperar para
finalmente dormir con Ward, estaba encantado de que estuvieran llevando las
cosas con calma.
Estaba logrando, realmente, conocer al hombre con el que, probablemente,
pasaría años, y le gustaba, lo que conocía, hasta ahora Jamie sabía que no
pasaría mucho tiempo, hasta que se enamorara del cambiaformas. Ward
realmente era su otra mitad, tan absurdo como eso podía sonar.
Jamie alejó todo pensamiento sobre Ward, sabiendo que no le sería posible
concentrarse en nada más, si continuaba a soñar despierto. Tenía que
apresurarse y terminar su emparedado, si quería volver al trabajo a tiempo.
En este momento, Jamie estaba sentado en una pequeña mesa de la terraza
de una cafetería, disfrutando del temprano sol de la tarde. Devoró su comida y
se reclinó en la silla, cerrando los ojos y embebiéndose de las sensaciones. El
sol se sentía cálido en su rostro y esperaba, no quemarse. Todavía era
primavera, pero tenía la piel muy clara. La ligera brisa acariciaba su piel, y no
podía recordar algún momento, en el cual hubiese sido tan feliz como ahora.
Dejó que sus pensamientos vagaran de nuevo, hacia Ward, preguntándose
dónde estaba su pareja y qué estaba haciendo, cuando una sombra lo ocultó
del sol. Abriendo los ojos, Jamie alzó la vista y se encontró mirando fijamente a
Colin. No había visto a su ex, durante los últimos tres meses y tenía que
admitir, que el bastardo era todavía atractivo, a pesar de que había esperado
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que el convertirse en padre, hubiera hecho estragos en él, pero hubiese
preferido continuar sin verlo.
Jamie esperaba sentir algo; amor, dolor, quizás ira; pero lo único que sintió,
fue tristeza. Estaba triste, porque las cosas hubieran terminado de esa manera,
por no haber abierto los ojos antes, para ver quién era su ex realmente.
—Hola, cariño.
—Colin —, respondió Jamie, saludando con un asentimiento.
—Solías saludarme, con unos besos tan dulces.
—¿Realmente esperas que esté feliz de verte, después de lo que me
hiciste?
—¡Oh, venga! Fue un error, ahora lo sé. Lo siento, ¿de acuerdo?
Colin se sentó en la silla, delante de él sintiéndose como en casa. ¿Qué
quería ahora el hombre, después de haber desaparecido durante tres meses?
Jamie no preguntó, porque realmente no quería saberlo. Simplemente se
quedó allí, sentado, mirándolo y esperando.
—Entonces, ¿qué has estado haciendo?
Así que Colin quería ponerlo difícil. Suspiró y preguntó:
—¿Qué quieres, Colin?
—Yo… necesito hablar contigo. —La sonrisa de Colin se desinfló un poco,
cuando comprendió que Jamie, no iba a rendirse inmediatamente a sus pies.
—Adelante.
—¿Podemos ir a algún lugar más privado?
—Mira, tengo que volver al trabajo, por lo que si quieres decirme algo, dilo
ahora.
Jamie estaba empezando a encontrar la situación irritante, y quería
marcharse. Colin pareció meditarlo durante un momento, antes de decir:
—Todavía te amo, Jamie. Sé que cometí un terrible error y sé que no me vas
a perdonar fácilmente, pero quiero volverlo a intentar, y volver a estar contigo.
Colin puso su mano en el hombro de Jamie y apretó.
Jamie apartó la mano, como si algo lo hubiera quemado. 49
—¡Me engañaste y dejaste embarazada a una chica! Eso no es un error,
eso… ¡es ser un bastardo! ¿Cómo pudiste hacerme eso a mí? ¿No deberías
estar con Darla, en este momento, ayudándola con el bebé? —Jamie sabía que
el bebé a estas alturas, ya habría nacido, dado que Colin había esperado hasta
el final del embarazo, para contárselo.
—Quiero estar contigo, no con ella. Te amo, Jamie.
Jamie se levantó, su silla golpeó la acera.
—Ahora eres padre. Deberías ser responsable, estar con tu hijo en lugar de
perseguirme. Lo siento, pero no puedo volver a estar contigo, nunca.
—¿Prefieres estar solo?
En esas palabras, había maldad, algo que Jamie normalmente intentaba
ignorar. Colin nunca había sido violento, nunca le había puesto la mano
encima, pero había usado las palabras para lastimarlo y esta vez no podía
pasarlo por alto.
Cuadrando la mandíbula, lo miró a los ojos y respondió:
—Sí, prefiero estar solo, que con un bastardo infiel.
Jamie se giró y se alejó, esperando dejar a Colin detrás, pero su ex pronto lo
atrapó, agarrándolo por un brazo.
—¿Realmente crees que alguien te va a querer? Sabes que soy tu única
oportunidad, para tener una relación.
Eso le tocó una fibra sensible, algo que había intentado sobrellevar, pero que
no le había sido posible. Siempre sentía que lo que tenía que ofrecer era poco.
Ward a menudo le decía, que era perfecto tal como era, pero Colin lo estaba
haciendo dudar. Sabía que si no fuera por Ward, probablemente hubiera
claudicado y aceptado a Colin, solo porque sentiría que no tenía nada que
ofrecerle, a alguien mejor.
—¡No me toques! ¡No importa lo que digas, no voy a volver contigo, así que
déjame en paz, Colin!
Estaban cerca de la tienda de comestibles, en donde Jamie trabajaba, y
esperaba que alguien pudiera oírlo gritar. Parecía que no le era posible
deshacerse de Colin el solo, y el hombre lo volvió a agarrar.
—¿Qué está pasando aquí? —Preguntó una voz profunda, y Jamie podía
50
haber llorado de alivio. Ward estaba de pie cerca de su coche, el cual estaba
aparcado delante de la puerta de la tienda.
Su pareja caminó hacia ellos, destacando entre su ex y él. Colin se percató
de que no podía ganar, porque lo que finalmente, soltó el brazo de Jamie. Este
se apresuró a ir a junto Ward, el cual deslizó un brazo alrededor de la cintura
de Jamie, mientras le daba un ligero beso en los labios.
—¿Pasa algo, bebé?
—No, Colin ya se iba.
Jamie miró a su ex y vio que estaba evaluando a Ward. También vio la rabia
flotando en sus ojos y eso, lo preocupó. Colin no era un hombre agradable
cuando no conseguía lo que quería, y justo ahora, quería a Jamie.
Colin se dio la vuelta y se marchó, mientras lo observaba y se acurrucaba
más profundamente, en el costado de Ward.
—¿Qué pasó? ¿Te lastimó?
—No, quería hablar. Quería volver conmigo.
Jamie sintió la mano de Ward, tensarse en su cadera. Su pareja lo giró hasta
que quedaron uno enfrente del otro.
—¿Qué le contestaste?
—Que no había manera de que pudiera volver, con un bastardo infiel.
—Estoy encantado de escuchar eso —dijo Ward con una sonrisa, antes de
besarlo suavemente.
Jamie se permitió disfrutar de la presencia de Ward, un poco más, antes de a
regañadientes, separarse.
—Tengo que volver al trabajo. ¿Querías algo?
—No, solo quería saludarte.
—Entonces…, hola.
Ward sonrió y las entrañas de Jamie parecían gelatina. ¡Dios, ese hombre
era tan guapo!
—¿Nos vemos, más tarde? —Le preguntó Ward.
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—¿Por qué no vienes esta noche? Podemos picar algo con Keenan y ver
una película.
—Iré, si me prometes que no veremos uno de los documentales de Keenan.
Ya veo bastantes animales.
Jamie se rió.
—Lo prometo.
Con un último beso, dejó a su pareja en la acera, despidiéndose con la
mano, mientras regresaba al trabajo.
Ward quería darle a Jamie todo el tiempo que necesitara, realmente lo hacía.
Pero se le hacía cada vez más difícil detener a su felino, de reclamar lo que él
veía como suyo. Había rugido de furia ese día, cuando habían visto a Jamie
con su ex.
Había sido obvio, que su pareja no era feliz al ser maltratado por Colin, y su
leopardo había querido eliminar la amenaza hacia su pareja y llevarlo a su
cama. Ahora, más que nunca, estaba decidido a realizar la reclamación.
Veía a Colin como una amenaza, para Jamie y para la unión que tenía con
Ward. Mientras Jamie parecía convencido, con su decisión de no querer volver
con Colin, Ward no estaba seguro de poder competir con los cuatro años que
los dos hombres habían compartido juntos, y no podía olvidar que Jamie podría
haber estado todavía con Colin, si este no hubiera cortado con él.
Jamie aún estaba asustado de lo que implicaba salir con un cambiaformas, y
era demasiado racional para dejarse llevar por la atracción que sentían el uno
por el otro.
Ward suspiró y salió del coche, reajustándose discretamente la polla. Estaba
siempre, al menos, medio duro; cuando estaba con Jamie, sin importar las
circunstancias, y no se había masturbado tan a menudo, desde que había sido
un adolescente lleno de hormonas. Tenía que darse, al menos, tres duchas de
agua fría al día, y se había convertido en el último chiste de la manada. Incluso
Dominic encontraba el hecho de que Ward y Jamie estuviesen solo saliendo,
divertido.
En su mundo, el enlace era normalmente más rápido. Una vez que
encontrabas a tu pareja, era dado por sentado que practicarías el sexo y
completarías el lazo, tan pronto como fuera posible. Era casi inaudito que
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alguien rechazase el lazo, y cuando pasaba, estaba relacionado normalmente a
una pareja humana. Cada cambiaformas sabía que una pareja era un tesoro y
los complementaba a ambos, a su mitad humana y a la animal.
Ward ni siquiera pensaba, hasta ahora, en la posibilidad de que Jamie
pudiera negar el emparejamiento. Ahora, Colin había regresado, y Ward rezaba
porque lo eligiese a él y no a su ex.
Ward aparto de sus pensamientos, debido al presentimiento de que alguien
lo estaba observando. Sintió como un cosquilleo en su nuca, la sensación de
un par de ojos que estaban taladrando un agujero en su espalda. Mirando a su
alrededor, no vio a nadie. Quería pensar que lo había imaginado, pero sabía
que no era así. Su felino tenía unos poderosos instintos, y sabía que algo
estaba mal.
Subió las escaleras y Ward llamó a la puerta de Jamie. La abrió Keenan,
haciendo un ademán para que entrara, y Ward echó una última ojeada, antes
de pasar. Se sorprendió al encontrar a Bryce sentado en el sofá al lado de
Keenan, con una cerveza fría en la mano.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Keenan me invitó. Estamos pensando en salir más tarde, así que sugirió
cenáramos con ustedes.
Se giró hacia la tele y comenzó a criticar la manera en que un hombre en la
pantalla, estaba transformándose en lobo. Ward sabía que Keenan había
estado obsesionado con los animales y los cambiaformas, últimamente, y podía
comprenderlo. Era la mejor manera que había encontrado de superar, el
descubrimiento de que los cambiaformas realmente existían.
—Hey —, dijo Jamie desde la cocina.
Ward fue hasta allí y lo besó, manteniendo a su pareja en sus brazos, más
tiempo del que era necesario. Usó la relativa privacidad que la barra del
desayuno les proporcionaba, para agarrar el culo de Jamie y sostenerlo más
cerca, moliendo sus pelvis juntas y viendo como las mejillas de Jamie se
volvían rosas. Le asombraba que, aunque ellos hubieran intimado más de una
vez, compartido mamadas y trabajos manuales, su pareja todavía fuese tímido
con respecto a ello. Por supuesto, los humanos normalmente estaban
avergonzados de sus cuerpos, mientras los cambiaformas aprendían desde la
pubertad, que no era una opción, dado que estaban desnudos antes y después
de un cambio.
Ward rápidamente abandonó esos pensamientos, cuando Jamie comenzó a
molerse contra él, con las manos agarradas a la parte de atrás de la camisa de
53
Ward. Un suave gemido se alzó de los labios de Jamie y Ward lo miró,
fascinado, cuando una pequeña lengua rosada se escabulló entre los labios.
Jamie se lamió los labios, sus ojos cerrados, aleteaban, mientras sus duras
pollas se deslizaban una contra la otra, separadas solo por unas pocas capas
de ropa. Ward se rindió y saboreó los labios de Jamie, abriéndolos con su
lengua y sumergiéndose en la húmeda boca de su pareja.
Era el paraíso, el sabor a canela de Jamie era a la vez erótico y familiar.
Agarrando el cuello de su amante, Ward giró la cabeza de Jamie y profundizó
el beso, justo cuando alguien se aclaraba la garganta detrás de él. A
regañadientes, se separó de Jamie, manteniendo un brazo alrededor de la
cintura de su pareja, y se enfrentó a Bryce.
—Lo siento, solo quería otra cerveza—Bryce fue hasta el frigorífico,
sonriéndole a Ward, antes de regresar al salón, mientras Jamie se giraba hacia
el fogón.
—¿Spaguetis? —Le preguntó Ward, ojeando la olla con la salsa.
—Sí. No soy muy buen cocinero, y este es la única, de las pocas cosas, que
me las arreglo para no estropear; así que, espero que esté bien para ti.
Jamie se encogió de hombros y revolvió la salsa, su rubor todavía no se
había desvanecido por completo.
—Es perfecto, como simplemente cualquier cosa, por lo que no te
preocupes.
Permanecieron en silencio, durante un momento, Ward mirando el exterior
por la ventana. No podía desprenderse de la sensación de que alguien los
vigilaba, y le producía escalofríos. Incluso, pensó que había visto a alguien
entre los árboles, delante del apartamento de Jamie, pero cuando intentó echar
una mejor ojeada, no vio nada. Aun así, decidió hablarlo con Bryce y ver si su
amigo podía comprobarlo, cuando saliese con Keenan.
Una vez que Jamie terminó de cocinar, los cuatro se sentaron a la mesa, la
comida desapareció rápidamente de sus platos.
—Entonces, ¿adónde van, chicos?
—No lo sé, quizás a bailar. ¿Quieren venir? —Respondió Bryce.
Ward miró a Jamie, para ver lo que opinaba su pareja, sobre ello.
—Umm, no, esta noche nos quedaremos aquí—dijo Jamie, ruborizándose
intensamente. Aunque a Ward le gustaba ver las mejillas de su pareja
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sonrojadas, no podía comprender por qué se había ruborizado, en este
instante.
Obviamente, Keenan sabía lo que estaba pasando, porque se rió
disimuladamente y le guiñó un ojo a Ward, alzándole el pulgar hacia arriba y
haciendo que Jamie se ruborizase aún más. Bryce estaba tan a ciegas como
Ward, mirando de Jamie a Keenan con una inquisitiva mirada antes de dirigirse
a Ward. Este se encogió de hombros, sin saber qué decir.
Los dos cambiaformas se sentaron en el sofá, mientras los hermanos
limpiaban la mesa y fregaban los platos, antes de que Keenan fuese a
arreglarse. Jamie lo siguió a su habitación.
—Por tanto, ¿qué te traes con Keenan? —Ward sentía curiosidad, quería
saber. Sabía que Bryce, normalmente, prefería la compañía de cambiaformas,
no es que tuviese algo en contra de los humanos, pero era más fácil.
—Somos amigos, eso es todo.
Ward había visto las miradas ardientes que los dos compartían, algunas
veces, y estaba seguro que había algo más entre ellos.
—¿Solo amigos?
—Síp, solo amigos.
Dado que era obvio que Bryce no quería compartir nada, Ward lo dejó estar.
—¿Crees que vas a llegar a tercera base, esta noche? —Le preguntó Bryce,
con una risita.
Ward lo golpeó en el hombro.
—No te rías de mí o haré lo mismo, cuando encuentres a tu pareja.
Ambos se rieron, peleando en el sofá, hasta que Bryce le hizo a Ward una
llave de cabeza, con su brazo alrededor del cuello de este y sus rodillas en la
espalda.
—Bien, tú ganas —gruñó Ward. Se volvió a sentar, disfrutando del tiempo,
con su mejor amigo.
—Sabes, puedo burlarme de ti, pero creo que estás haciendo lo correcto. Si
Jamie necesita tiempo…
—Sí, lo sé. Le daré todo el que necesite.
—¿Listo? —Preguntó Keenan, ingresando tranquilamente a la habitación,
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vestido con unos vaqueros negros y una camisa blanca.
Los dos se marcharon enseguida y Jamie se acomodó cerca de Ward, sus
dedos golpeando nerviosamente uno de los cojines del sofá. Algo le pasaba a
su pareja, porque normalmente no estaba así de nervioso, ya no.
—Así pues, ¿qué quieres ver? —Le preguntó Ward, levantándose para
buscar un DVD, antes de que Jamie lo detuviera con una mano en su muslo.
—¿Podemos simplemente… hablar?
Ward se congeló. Normalmente cuando alguien en una relación quería
hablar, no auguraba nada bueno.
—Claro. ¿De qué quieres hablar?
Esperaba oírle decir, que las cosas entre ellos no estaban funcionando, que
esta era la última vez que se verían el uno al otro, así que le llevó unos pocos
segundos darse cuenta de lo que le dijo a continuación.
—Yo… creo que estoy preparado.
—¿Eh? ¿Para qué?
Jamie se ruborizó intensamente, sus dedos retorciendo el tejido del cojín.
—Para...ya sabes…—Jamie inspiró profundamente. —Quiero que me hagas
el amor.
Ward se quedó allí, sentado, inseguro de lo que decir. Después de un rato,
Jamie comenzó a moverse en el sofá, claramente incómodo.
—Si no quieres…
Decidiendo que las acciones eran mejor que las palabras, Ward lo besó. Que
fue duro, demandante, permitiendo que Jamie supiese que estaba más que
dispuesto a satisfacer plenamente las necesidades de su pareja.
—¡Dormitorio! ¡Dormitorio! —Dijo Jamie, sin separar sus labios de los de
Ward.
Se levantó, arrastrando a Jamie con él. Su pareja saltó, rodeándolo con sus
piernas por la cintura, mientras las manos de Ward agarraban su culo,
alzándolo.
Lentamente se dirigió hacia el dormitorio, parando unas cuantas veces para
empujar a Jamie contra la pared y frotarse contra él como el felino que era,
impregnando a su amante con su olor. Cuando finalmente llegaron al
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dormitorio, Ward cerró la puerta con un pie antes de separar sus labios de los
de Jamie, dejándolos a ambos respirando entre jadeos. Los ojos de Jamie
brillaban con pasión, mientras Ward lo tendía sobre el edredón. Sus labios
estaban rojos e hinchados por sus besos.
—¿Estás seguro? —Tuvo que preguntar.
—Sí. Quiero que me hagas el amor, y que me reclames.
Jamie se sacó la camisa, dejándola caer a un lado de la cama. Cuando se
desabrocharon sus vaqueros y comenzó a quitárselos, Ward lo detuvo, su
mano apretando la de Jamie.
—Si te reclamo, es para siempre. No hay salida.
—Lo sé. —Jamie, lo miró a los ojos. —Quiero el para siempre, Ward.
Yo...no sé si lo que siento ya es amor, pero lo será algún día, lo sé. Si me
reclamas o no, eres para mí y no te dejaré ir.
Las manos de Jamie, se envolvieron en torno al cuello de Ward y tiró de él,
hacia su boca, besándolo apasionadamente. El corazón de Ward se disparó,
sabiendo que Jamie pronto sería suyo, y para siempre. Se dejó caer, inclinado
sobre el cuerpo de Jamie, sus manos vagabundeando. Jamie lo agarró de la
camisa y la alzo, buscando el contacto piel contra piel, y Ward estaba más que
feliz de complacerlo.
Se irguió, deshaciéndose rápidamente de su ropa hasta quedar desnudo
delante de su pareja, esperando ardientemente que a Jamie le gustase lo que
veía. No era vanidoso, pero le gustaba mantener su cuerpo en forma, y el
deseo que vio en los ojos de su amante, cuando lo miró de arriba abajo, lo
tranquilizó.
Extendiendo las manos, ayudó a Jamie a librarse de sus vaqueros y
calzoncillos, entonces se subió a la cama a su lado, sus cuerpos adaptándose
el uno al otro perfectamente, mientras comenzaban a besarse y a tocarse de
nuevo. Ward deslizó una mano por el pecho de Jamie, acariciando la perfecta
piel, hasta que alcanzó un pezón endurecido como un guijarro y comenzó a
hacerlo rodar entre dos dedos, consiguiendo un gemido de Jamie.
Soltándole los labios, trazó un camino descendente de besos hasta que
alcanzó el otro capullo prieto, rodeándolo con sus labios y chupando.
Golpeándolo con la lengua, bajó una mano hasta alcanzar la erección de
Jamie, acariciándola hasta que comenzó a retorcerse, su mano enterrada bajo
la almohada. Sacó un tubo de lubricante y se lo pasó a Ward.
—¿Estás seguro? —Le preguntó Ward, levantando una ceja, pero sin
abandonar el eje de Jamie.
—¡Oh, sí! —Jadeo Jamie, apareciendo una sonrisa en sus labios. 57
Ward dejó el pezón de su amante y descendió dándole besos, hasta que
alcanzó el hinchado eje. Estaba totalmente erecto, dejando un rastro de líquido
preseminal en el vientre de su pareja. Ward lamió un sendero, desde la base a
la punta, deteniéndose en la cabeza y chupándola, disfrutando de ligero sabor
amargo, mientras echaba un chorro de lubricante en sus dedos.
Extendió la mano en busca del agujero de Jamie, comenzó a masajearlo, su
boca sin abandonar nunca el eje de su amante, mientras lo provocaba. Quería
más que nada deslizarse dentro de Jamie, pero también quería que su primera
vez y que cuando lo reclame, fuera algo memorable para su pareja; por lo que
se tomó su tiempo.
Cuando Jamie comenzó a gimotear, Ward lo tomó como su punto de partida
y finalmente deslizó un dedo en su interior, decantándose por un ritmo
constante y acompasándolo con el de su boca.
Le tragó la polla hasta la base y de arriba abajo, a su cabeza, manteniendo
solo el glande cada vez que subía y chupándolo antes de volver a bajar. Ward
escuchaba los gemidos y quejidos de Jamie, regocijándose en el sentimiento
de complacer a su pareja. Sacando su dedo, añadió un segundo, haciendo
tijera con ellos y arponeando la pequeño ranura en el glande de Jamie con su
lengua.
Eso fue todo lo que necesitó su amante, para correrse en su garganta, con
un grito. Ward tragó glotonamente, disfrutando del sabor, mientras le añadía un
tercer dedo en el ano, asegurándose de que estuviese preparado para tomarlo.
—¡Ahora, por favor! ¡Ward!
Dejando ir la polla de Jamie, Ward sacó sus dedos y lubricó su polla.
Temblando por la necesidad, le agarró las piernas de Jamie y las separó
ampliamente. No podía creer, que el momento en el que podía reclamar a su
pareja había finalmente llegado, y su felino rugía con aprobación.
—Por favor…
Ward lentamente lo penetró, los músculos de Jamie lo engulleron hasta que
sus bolas tocaron los cachetes del culo de su pareja.
Gimiendo, Ward se detuvo, con miedo de lastimarlo, si se movía antes de
que se acostumbrara a su contorno, y era jodidamente la cosa más difícil que
hubiese hecho alguna vez.
El canal de su amante, era tan aterciopelado y cálido, y lo estaba
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constriñendo con un fuerte agarre.
Jamie alzó una mano, agarrando el cuello de Ward y tirando de él para
besarlo. Ward comenzó a moverse, al principio lentamente, entonces más
velozmente y más duro, cuando Jamie comenzó a moverse con él, tomándolo
más profundamente cuando envolvió sus piernas alrededor de la cintura de
Ward.
Este gimió ante el calor y la estrechez que rodeaban su polla. Jamie era
perfecto para él, y estaba asombrado por los sentimientos que podía ver en los
ojos de su pareja, sabiendo que él se sentía exactamente igual. La polla de su
amante, estaba dura de nuevo, deslizándose por su vientre y dejando tras sí
restos de líquido preseminal mientras se movían el uno contra el otro,
finalmente unidos como uno.
Ward podía sentir su orgasmo encubándose dentro de él y sus colmillos
descendieron en su boca, preparándose para la reclamación.
—No… no voy a durar —le farfulló en el oído, a Jamie.
Ward se llevó una mano al cuello, permitiendo que una de sus uñas creciese
hasta convertirse en una garra, y desgarró su piel. Irguiendo a Jamie, guió la
boca de su pareja a la pequeña herida, sus caderas martillando en el calor de
Jamie, mientras este se aferraba a la herida, chupando ávidamente.
Las succiones parecían estar conectadas directamente a la polla de Ward y
explotó, anegando el conducto de Jamie con su semen. Siguiendo sus
instintos, se estrelló contra el cuello de Jamie y lo mordió, saboreando la dulce
sangre de su pareja, mientras sentía como este se ponía rígido debajo de él y
una pegajosa calidez, anegó sus vientres.
Su conexión, se cerró de golpe, en su lugar y Jamie apareció en el fondo de
la mente de Ward, brillando con tanto amor que no pudo evitar abrazarlo más
íntimamente, haciendo que fuese imposible para Jamie dejarlo, nunca.
Después de un momento, Ward retrajo sus colmillos, lamiendo la herida del
cuellos de su pareja, dejándola limpia y sellándola. Su mordisco podía dejar
una marca permanente, como debería ser.
Podía sentir a Jamie todavía lamiendo, suavemente su cuello, haciéndolo
estremecer, mientras dejaba que su polla se deslizase delicadamente del calor
de su pareja.
—Eso fue...guau.
Ward se rió, mientras se acomodaba en la cama, tirando de Jamie hasta que
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estaba pegado a su costado.
—Me alegra de que te haya gustado.
—Así que, ¿ya está? ¿Estamos emparejados?
El corazón de Ward iba a cien por hora con la alegría.
—Sí, estamos emparejados
Capítulo 4
Jamie estaba haciendo el desayuno, canturreando alegremente al son de la
radio, meneando sus caderas mientras se movía. Ward ya se había ido, pero
Jamie no tenía que estar en el trabajo, hasta dentro de una hora.
Habían hecho el amor unas cuantas veces, la noche pasada, y estaba un
poco dolorido, pero no le importaba. Nunca había sido tan feliz, ni siquiera al
comienzo de su relación con Colin. Ward realmente lo complementaba,
anticipando sus movimientos y sus necesidades, como si pudiera leerle la
mente. Quizás pudiera. Jamie definitivamente podía sentir a su pareja en el
fondo de su mente, una sólida presencia que había aparecido, después de
reclamarse el uno al otro. No podía leerle la mente a Ward, pero sentía los
intensos sentimientos de su pareja.
Jamie había estado un poco preocupado, sobre la parte que incluía beber
sangre. Había tenido miedo de haberla vomitado o de estar asqueado, pero no
lo había estado. Claro, aún así seguía siendo sangre, por lo que no había sido
placentero, pero su mente y cuerpo estaban tan concentrados en Ward, que no
le había molestado demasiado.
—¿Cómo puedes ser tan feliz, a esta hora de la mañana? —Le preguntó
60
Keenan, al entrar en la cocina, su mano tapando un bostezo.
—Buenos días para ti también, rayo de sol —Jamie canturreaba, poniéndole
un plato lleno de tortitas, en la manos de Keenan. Su hermano refunfuñó, se
sentó en la barra de desayuno y se rascó la barriga.
—Bueno, estás tan alegre, que me está entrando dolor de cabeza.
Keenan era siempre un gruñó,
Keenan suspiró, entonces le sonrió a Jamie.
—Así que, he oído que alguien folló anoche.
Jamie se sonrojó. Había esperado que Keenan no los hubiese oído, porque
había descubierto que con Ward, era un gritón. Y un gemidor. ¡Demonios,
simple y llanamente era un ruidoso!
—Como, al menos tres veces—sonrió Keenan.
—¿Cómo te es posible caminar hoy?
Jamie ocultó el rostro, en sus manos. Sintió a Keenan apartar el cuello de su
camisa y supo que estaba buscando la mordedura de apareamiento. Jamie la
había observado antes, después de la ducha.
Estaba todavía roja y un poco amoratada, y Ward le había dicho que le
quedaría una cicatriz, para que así, todos supieran a quién le pertenecía.
Aunque no estaba muy seguro sobre el asunto de pertenecerle a alguien,
sabía que para Ward significaba que ellos era algo mutuo, así que lo aceptaba.
Tenía que aprender un montón sobre las tradiciones de los cambiaformas, y
tenía que mantener la mente abierta.
Keenan tocó ligeramente la marca, haciendo que Jamie se estremeciese. No
era que el punto fuese más sensible que antes, sino más bien, que le
recordaba cómo había conseguido la marca.
Keenan se rió y soltó la camisa de Jamie.
—Te reclamó, ¿eh?
—Se lo pedí.
—Me siento feliz por ti. Aunque, no creía que lo fueras a dejar hacerlo tan 61
pronto.
Jamie había estado seguro con respecto al reclamo. Lo había estado
pensando durante casi dos meses, desde que había descubierto que era la
pareja de Ward. Había pasado el tiempo analizando sus sentimientos por el
hombre y todo el asunto de los cambiaformas, y había decidido aunque, era a
la vez extraño y maravilloso que fuese un cambiaformas, no le importaba. Ward
era Ward, y eso era suficiente para él. Aun así, la opinión de su hermano era
importante, incluso aunque ahora no hubiera marcha atrás. Y honestamente,
incluso si la hubiera, no lo haría.
—¿Crees que fue demasiado pronto? —Preguntó, temeroso de la respuesta.
—¡Oh, no! Simplemente creía que podrías haber querido esperar. Para ser
honestos, pensé que todavía estabas dolido por lo de Colin y que te llevaría
más tiempo darte cuenta que Ward no es como él.
Jamie sintió que un peso, que no sabía que tenía, se desvaneció de su
pecho.
—Me alegro por ti, Jamie. Te mereces ser feliz, y sé que Ward será bueno
para ti. Además, le patearé el culo si tan siquiera piensa en hacerte daño.
Jamie sonrió. Keenan podía ser su hermano pequeño, pero era simplemente
tan protector con él, como él lo era de Keenan.
—Entonces, ¿qué es lo que sigue? ¿Te vas a mudar con él?
—No lo sé. Sé que Ward quiere que lo haga, y supongo que es una buena
idea, dado que es como si estuviésemos casados, pero no quiero dejarte aquí
solo. Sé que no puedes afrontar solo la renta.
—¡Oh! Eso no será un problema. Bryce habló con Dominic y él está de
acuerdo con que me mude a la mansión, contigo.
Jamie miró boquiabierto a su hermano. Tanto como parecía que tenía la
cabeza en las nubes, Keenan sopesaba las cosas concienzudamente, y en
esto no había diferencia.
—Entonces, hablaré con Ward, y decidiremos cuando nos mudaremos.
—Más tarde, cogeré algunas cajas, así podemos empezar a embalar.
—¿No estás… asustado por tener que vivir con todos esos cambiaformas?
62
Quiero decir, todos ellos son felinos salvajes…
A Jamie no le preocupaba que Ward fuese un leopardo, pero todavía lo
ponían nervioso los demás.
—Nah. He pasado un montón de tiempo en su casa en este par de meses,
por lo que ahora los conozco. No nos darán ningún problema. Además, son tan
conscientes en su forma animal como en la humana.
Jamie estaba a punto de preguntarle a Keenan, si había pasado todo ese
tiempo con Bryce, cuando miró por la ventana y vio a Colin. Su ex estaba
reclinado contra su coche, en el aparcamiento, mirando hacia arriba. Jamie no
sabía si podía verlo, pero, ¿por qué estaba allí?
Se le revolvió el estómago, Jamie se giró hacia Keenan.
—Colin está aquí.
La expresión del rostro de su hermano, se endureció, mientras se ponía de
pie de un salto, para mirar por la ventana. Colin todavía estaba allí. Keenan
corrió hacia la puerta, antes de que Jamie pudiese detenerlo. Jamie sabía que
iría y le diría a Colin que permaneciera alejado de él, y no tenía la intención de
enfrentarse a su ex, de nuevo, así que se sentó en el sofá, a esperar. No pasó
mucho tiempo para que Keenan regresara.
—Se ha ido. No estaba allí, cuando bajé las escaleras.
Los sentimientos de felicidad de Jamie, se habían esfumado. No creía que
Colin pudiera herirlo, pero era extraño verlo dos veces en tan corto periodo de
tiempo, cuando no lo había visto durante meses.
—Estoy seguro de que es una coincidencia. Me voy a trabajar, ¿vale?
Keenan asintió con la cabeza y Jamie se levantó, para ir a su habitación y
arreglarse.
Fue muy precavido, de camino al trabajo, mirando a su alrededor con
atención, pero no vio a Colin. A medida que el día transcurría, Jamie
gradualmente se olvidó de su ex, mientras el trabajo lo mantenía ocupado.
Ward lo estaba esperando, mientras ayudaba a cerrar la tienda, y su pareja
parecía tan feliz, que decidió evitar contarle lo que había pasado, esa mañana.
Compartieron un profundo y tórrido beso, y todo estuvo bien en la vida de
Jamie, al menos, hasta que subió al coche cuando alzó la vista y de nuevo, vio
a Colin. Estaba parado cerca de su coche, en el aparcamiento de la librería que
había al otro lado de la calle, y esta vez estaba seguro de que el hombre lo
estaba espiando.
63
Ward notó que algo andaba mal y preguntó:
—¿Bebé? ¿Va todo bien?
Jamie rápidamente se giró para mirarlo, pero era demasiado tarde. Ward ya
había visto a Colin.
—¿Te está molestando?
—No. Bueno, no exactamente. Es más, como si me estuviese intimidando.
Estaba en el aparcamiento de mi apartamento, esta mañana. Keenan fue a
hablar con él, pero ya se había ido en el momento en el que llegó abajo. Ahora,
está aquí. Lo he visto tres veces en dos días, y no me gusta.
Ward gruñó suavemente y abrió la puerta del coche, pero Jamie lo detuvo,
poniéndole una mano en el brazo.
—No. Puede ser una coincidencia, y no quiero que tengas problemas. Él no
lo vale.
—¡Coincidencia, y una mierda! ¡Tres veces en dos días, Jamie! ¿Y por qué
no me llamaste, cuando lo viste esta mañana?
—Lo sé, pero… mira, si lo veo de nuevo, te lo haré saber inmediatamente y
podrás ir a hablar con él, ¿vale?
Ward suspiró, con el entrecejo fruncido.
—Bien. —Cerró la puerta y puso en marcha el coche, todavía observando a
Colin. Si las miradas matasen, Colin ya no estaría en este mundo. —Pero si lo
ves de nuevo, me llamas inmediatamente.
—Lo prometo.
Condujeron en silencio, a través de la pequeña ciudad, y una vez que
llegaron al apartamento de Jamie, Ward insistió en subir con él.
—¡Estoy bien! Solo voy a tomar una ducha. Puedes irte y compra comida.
Jamie intentó hacer que se fuera, pero no lo consiguió.
—Pediré pizza. No te voy a dejar solo.
—Me puedo cuidar yo sólito, lo sabes —, insistió Jamie.
Su pareja lo miró.
—Lo sé, pero lo hago por mi propia paz mental, ¿vale?
64
Ward lo agarró por la cintura, deteniéndolo, mientras subían las escaleras.
En esta posición, Jamie era tan alto como él, sus bocas estaban a la misma
altura y sus ojos clavados en el otro.
—Mi felino, es extremadamente protector contigo, ya que es muy pronto
después de nuestro enlace, y no me permitirá dejarte justo ahora.
Jamie suspiró.
—Bien, entonces subamos.
De hecho, se sentía bien que alguien se preocupase por él, y era consciente
de la preocupación que Ward sentía. Podía percibirlo.
Jamie se congeló, cuando fue a abrir la puerta. No estaba cerrada.
—¿Podría Keenan haberla dejado abierta?
—No, no podría. Somos muy precavidos.
El corazón de Jamie sufría una taquicardia, y sintió que el estómago se le
estaba revolviendo. Ward se movió detrás de él y lentamente abrió la puerta,
sin traspasarla, sin embargo escuchando. Jamie solo podía escuchar la sangre
palpitando en sus oídos, mientras Ward entraba en el oscuro apartamento.
—Quédate aquí —le susurró, y Jamie solo pudo asentir con la cabeza.
Esperó, mientras su pareja inspeccionaba todas las habitaciones, antes de
regresar a su lado. —Está vacío.
Ward encendió una luz y Jamie jadeó, el salón estaba destrozado, como si
un tornado hubiera pasado por el. El sofá estaba tumbado, los cojines rasgados
y el relleno desperdigado por el suelo. Todos sus DVD estaban abiertos y
arrojados en la mesa de café. Jamie podía ver los aparadores de la cocina
estaban abiertos y vacíos, su contenido seguramente en el suelo.
Su habitación, estaba en la misma situación. El colchón, estaba a medias
sobre el suelo, su ropa desperdigada por la habitación. Trozos de papel,
tirados por el suelo. Estaba claro, sin embargo, que quien lo hubiera hecho
estaba buscando algo, pero Jamie no comprendía el qué. Podía ver su
reproductor de MP3, asomando por debajo de la cama y su portátil en la
cómoda, por lo tanto, quedaba desestimado el robo.
Podía escuchar a Ward, hablando por teléfono, probablemente con la policía,
pero no le importaba. Se puso de cuclillas, observando la destrucción. Su libro
favorito, estaba tirado abierto en el suelo, ahora le faltaban unas cuantas
65
páginas, se sentía violado. Esta era su casa, sus cosas, y alguien había
arrasado y destrozado todo a su paso, el único lugar en el cual debería sentirse
a salvo. Intentaba no llorar, en serio, pero las lágrimas fluían de todos modos.
—Ven aquí, amor —, le dijo Ward suavemente, cogiendo el libros de la mano
de Jamie y poniéndolo en la cama, antes de ponerse de rodillas y abrazarlo.
—Todo va a estar bien, te lo prometo.
Ward estaba furioso. Solo podía dar gracias de que Jamie no hubiera estado
en casa, cuando la habían allanado. Pensándolo bien, probablemente sabían
que el apartamento podría estar vacío y que tendrían todo el tiempo que
necesitaran, para poder husmear.
Jamie no había podido decirle a Ward, cual podía ser posiblemente su interés
para haberle destrozado tanto la casa, y ni siquiera la policía había descubierto
algo útil, para poder descubrir quién lo había hecho. Sin embargo, Ward tenía
una buena idea sobre quién podría ser el culpable.
No podía ser una coincidencia, que después de que Colin hablara con Jamie
y lo había seguido, aparentemente, alguien hubiera entrado en la casa de su
pareja.
Podía no tener pruebas, pero aún así, iba a tener una agradable y pequeña
charla con Colin. Pero antes, tenía que asegurarse de que Jamie estuviese
cómodo, en su suite en la mansión.
Ward había llamado, tanto a Bryce como a Dominic, para hacerles saber lo
que había ocurrido, y no se había sorprendido al ver a Bryce aparecer en el
apartamento de Jamie, poco después. El Alfa le había dicho, que los hermanos
podían pasar la noche en la mansión de la colonia, y si Ward tenía algo que
decir al respecto, Jamie no pasaría ni una noche más solo, en esta casa.
Todavía no habían hablado sobre mudarse, pero no había duda que iba a
hacerlo, y muy, muy pronto.
Justo ahora, Jamie estaba destrozado, con una mirada desolada en el rostro,
y él quería matar a alguien. Estaba ayudando a su pareja, a hacer la maleta
con lo necesario, para pasar unas cuantas noches. Podían regresar y
comenzar a empaquetar, más adelante.
—¿Qué pasó?
Keenan estaba en la puerta, mirando el salón destrozado. Bryce saltó desde
donde estaba, sentado en el suelo y corrió hacia Keenan, deteniéndose justo a
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punto de abrazarlo. En su lugar, le puso una mano en el brazo, explicándole la
situación.
—¿Un allanamiento? ¿Se llevaron algo?
Jamie salió de su habitación.
—No lo creo, pero tendremos que revisar tu habitación.
—Keenan, ve y haz una maleta, ambos va a venir a quedarse en la mansión
—, dijo Bryce, guiando a Keenan por el codo. Ward caminó hacia Jamie y lo
abrazó, su corazón se rompió, cuando sintió a su pareja aferrarse a él, sus
manos agarrando su camisa por el miedo.
—Estarás a salvo en la mansión, cariño.
—No sé… ahora mismo, siento que no estaré seguro en ningún sitio.
—Tenemos patrullas, las veinticuatro horas del día y un sistema de
seguridad de alta tecnología. Estarás bien.
Jamie se apretujó en los brazos de Ward, y permanecieron así hasta que
Bryce y Keenan regresaron. Ward observó que su ropa estaba arrugada y la
boca de ambos estaba roja, pero no dijo nada.
Dejaron el coche de los hermanos, en el aparcamiento y se dirigieron a la
mansión. Una vez allí, Ward ayudó a Jamie a acomodarse y se subió a la cama
a su lado, acercándolo a él e inhalando su aroma. Jamie lloró hasta que se
quedó dormido, y él nunca se había sentido tan impotente y preocupado.
No sabía qué hacer o decir, para hacer que su pareja se sintiese de nuevo
seguro, pero suponía que la única cosa que realmente necesitaba, era tiempo y
alguien que lo apoyara cuando lo necesitara.
Jamie se quedó dormido, lentamente y Ward se deslizó de la cama.
Necesitaba hablar con Dominic.
—¿Cómo está? —Preguntó el Alfa, cuando Ward entró en su oficina.
—Por ahora, alterado y asustado. Está durmiendo.
Un golpe en la puerta, los interrumpió y entró Bryce. El Alfa no le preguntó
qué hacía aquí y una vez que el puma estuvo sentado, Dominic se volvió a
Ward.
—Cuéntame.
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Ward le explicó lo que había pasado a Dominic, pero no le contó al Alfa
quién sospechaba que era el culpable. Debería haberlo conocido mejor, porque
la siguiente pregunta fue;
—¿Alguna idea de quién pudo ser? Si no fue un robo, debe ser alguien que
conoce a Jamie o a Keenan.
Tuvo que contárselo.
—Creo que fue el ex de Jamie. Rompieron hace unos meses, pero hace dos
días, intentó convencerlo de que volviera con él. Desde entonces, lo ha visto
más de una vez, tanto cerca de su casa, como de donde trabaja.
—¿Tienes alguna prueba? Por lo que a mí respecta, podía ser una
coincidencia —señaló Dominic.
Ward se restregó las manos por la cara.
—No tengo pruebas o se lo habría dicho a la policía. Pero no puedo permitir
que lastime a Jamie.
—No permitiremos que eso ocurra. Tu pareja y su hermano son bienvenidos
aquí. Pueden comenzar a mudarse mañana, y los tendré vigilados cuando
salgan o vayan al trabajo. ¿Por qué no vas y tienes una charla con el ex de
Jamie, mientras tanto? No lo lastimes, pero déjale saber que si es el que está
intentando lastimarlo, no lo toleraremos.
Ward estaba aliviado, al saber que Jamie estaría a salvo. No sabía que
podría haber hecho, si Dominic no le hubiera abierto las puertas de la mansión
a Jamie.
—Ahora vayan, y no te preocupes por Jamie. Protegemos lo que es nuestro,
y Jamie y Keenan ahora son parte de la colonia.
—Gracias —, dijo Bryce, mientras salían.
Ward le estaba agradecido por aceptar a Jamie, tan fácilmente. No era un
hecho, que su enlace fuese a ser aceptado por la colonia, especialmente dado
que eran homosexuales y Jamie era humano. Pero, entonces, esa era la razón
por la que Ward se había querido convertir en parte de esta particular colonia.
Sabía que Dominic no rechazaría a nadie, siempre y cuando no fuesen un
peligro para la colonia.
—Entonces, ¿dónde hallaremos a Colin? —Le preguntó a Bryce. No había
pensado en ello, hasta ahora, pero no sabía dónde vivía.
Bryce le dedicó una amplia sonrisa.
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—Le pregunté a Keenan, si sabía dónde localizarlo, antes de venir a la
oficina de Dominic. Me dio su dirección.
Ward dejó que condujese Bryce, dado que sabía adonde se dirigían, y pronto
estuvieron delante de una linda y pequeña casa blanca. No era grande, pero
era un buen vecindario y estaba bien cuidada. Por alguna razón, Ward
esperaba que Colin viviese en un basurero, probablemente, porque no creía
que un hombre como Colin se preocupase por algo, salvo por sí mismo. Por
supuesto, puede que no fuese objetivo. De cualquier modo, había un coche en
el andén, señal de que el propietario estaba en casa.
Bryce entró por la puerta trasera, sin problemas y no había un sistema de
alarma, así que los cambiaformas entraron silenciosamente en la cocina. Todo
estaba limpio y en su lugar, haciendo que la casa pareciese estar en una
jornada de puertas abiertas, lista para ser vendida o algo así, no un lugar en el
cual de hecho viviera alguien.
Ward atravesó el salón y un pequeño baño, sin encontrar a nadie, por lo que
subieron las escaleras. Ward escuchó la ducha, a su izquierda y siguió el ruido,
llegando a un vasto dormitorio, dominado por una cama tamaño King. Se
encogió de dolor ante la vista, porque no podía evitar imaginar a Jamie en ella,
desnudo y retorciéndose bajo Colin o chupando su polla. Gruñendo, desvió la
vista. Él era suyo ahora, y nunca más volvería a ser de Colin o de alguien más.
Bryce señaló un lado de la puerta del baño y tomaron posición, Ward a la
izquierda y Bryce en la derecha. El sonido del agua en el baño cesó y poco
después salió Colin, con una toalla envuelta alrededor de su cintura y otra en
las manos, secando su pelo.
Bryce fue rápido, agarró los brazos de Colin y se los retorció detrás de la
espalda, envolviendo una mano alrededor de ambas muñecas, mientras cubría
la boca de Colin con la otra. Que era mucho más bajo que Bryce, por lo tanto el
puma no tuvo problemas para subyugarlo.
Ward se le acercó por delante, un rugido alzándose desde su garganta.
Podía ver el miedo inundando los ojos del hombre, más pequeño, y su leopardo
estaba gruñendo con aprobación. Necesitaban enseñarle lo que les pasaba a
aquellos que ponían a su pareja, en peligro.
—¿Sabes quién soy? —Le preguntó, haciendo un espectáculo flexionando
los dedos. Vio un brillo de reconocimiento, en los ojos de Colin antes de que el
hombre asintiese con la cabeza rápidamente.
—Bryce va a quitar la mano de tu boca, pero si gritas, haré que te
arrepientas, ¿de acuerdo?
Colin asintió de nuevo, con la cabeza y Bryce lentamente, movió su mano en 69
su espalda.
—¿Qué… qué quieres?
—Quiero que permanezcas alejado de Jamie. No quiere que lo acoses.
Ahora, está conmigo, así que vuelvas a seguirlo. Si alguna vez encuentro una
prueba de que fuiste el que allanó y destrozó su apartamento, te encontraré de
nuevo, y no estarás contento por ello —, rugió Ward.
—¿Qué? Yo no lo hice… ¿Jamie está bien?
—No es de tú incumbencia.
Colin intentó liberar sus manos, pero lo único que consiguió, fue que un
iracundo Bryce le gruñera en el oído. Paró de forcejear, inmediatamente, con
los ojos abiertos de para en par.
—¡Mira, no sé de lo que estás hablando, lo juro! Intenté recuperarlo, pero no
me quiere, ¡así que lo deje en paz! ¡No lo estoy siguiendo, y no allané su casa!
Parecía tan sincero, que Ward estuvo a punto de creerlo, antes de recordar
las lágrimas de Jamie. Agarró al hombre, más pequeño por el cuello, apretando
hasta que la cara de Colin comenzó a ponerse roja.
—No quiero volver a verte de nuevo, nunca. No te acerques a Jamie o a su
hermano, o te mataré. Llama a la policía, y te mataré. Respira en la dirección
de Jamie, y te mataré. ¿Entendido? —Dicho eso, Ward soltó a Colin, al mismo
tiempo que Bryce lo liberaba. Colin se derrumbó en el suelo, escupiendo y
acariciando su garganta. Ward podía ver ya los cardenales formándose, sus
dedos claramente definidos en la pálida piel, y sabía que había exagerado,
pero no parecía que le preocupara.
Ward bajó las escaleras y salió de la casa, sin mirar atrás. Una vez en el
coche, Bryce le preguntó;
—Te sobrepasaste un poco, ¿eh?
Ward se frotó los ojos.
—Sí, probablemente estés en lo cierto, pero no pude evitarlo.
—¿Crees que se mantendrá lejos?
—Sería lo mejor, si quiere conservar todas sus extremidades.
70
Jamie todavía no podía creer lo que estaba ocurriendo. No por el hecho de
que se estaba mudando a la mansión, no. Era feliz por estar con Ward y vivir
con él, incluso si todavía lo ponía a veces nervioso. Todavía no estaba seguro
de lo que Ward veía en él, pero dejó de discutir sobre el hecho de que Ward lo
quería, porque le demostraba cada día, lo mucho que significaba para él, y no
solo durante el sexo, el cual era el mejor que hubiese tenido alguna vez.
Eran las pequeñas cosas, las que conmovían su corazón y lo hacían
enamorarse de Ward, cada día un poco más. Como esta mañana, cuando le
había traído el desayuno a la cama aunque Ward, de hecho, no desayunaba. O
hacía unos días, cuando lo recogió del trabajo y este había descubierto un
solitario tulipán para él, en su asiento. Sí, era cursi, pero calentaba su corazón.
Lo que Jamie no podía creer, era que Colin fuese el responsable del
allanamiento. Sí, era cierto que podía ser un mezquino cuando no conseguía lo
que quería, se asemejaba mucho a un niño, pero nunca había sido violento.
Jamie no podía creer que pudiera hacerlo por despecho; era algo demasiado
fuerte. Sin embargo, en este punto, no tenía ni idea de quien pudiera haberlo
hecho. No era como si Jamie tuviese enemigos.
¡Infiernos, ni siquiera tenía amigos! La única persona a la que era cercano,
era a su hermano.
—¿Todavía pensando, en quién lo hizo? —Le preguntó Keenan, alzando la
vista de la caja que estaba cerrando.
Jamie debería haber estado ayudándolo, pero no podía concentrarse.
—Sí, todavía pienso, que no tiene sentido que fuera Colin.
—No sé… es verdad que él no es lo bastante listo para hacer algo como
esto, sin dejar pruebas por todo el lugar, ¿pero quién más pudo hacerlo? El
hecho de que estaba medio acosándote, lo señala, ¿lo sabes?
—¿Puede que tenga algo que ver contigo?—Preguntó Jamie
dubitativamente. No quería que Keenan creyera que era por su culpa.
— ¿Quizás uno de tus ex?
—¿Pero por qué? Nunca le prometí nada a nadie.
—Puede… mira, no sé qué está pasando entre tú y Bryce, pero es obvio que
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algo está pasando, así que, ¿quizás alguien no está contento con tu cambio de
acera?
—No veo porqué a alguien le importaría. —Keenan se encogió de hombros.
—No es como si hubiese engañado a alguien o algo así.
—Probablemente estés en lo cierto, es que simplemente… deseo saber
quién hizo esto. No quiero estar mirando por encima de mi hombro, durante el
resto de mi vida.
—Eres una pequeña cosa melodramática, ¿eh? —Keenan se acercó y le dio
un apretón, en el hombro. —Estoy seguro, de que estaremos bien. Ya no
estamos solos, Jamie. Tenemos una familia completa, que nos cubre las
espaldas y Ward no permitirá que te ocurra algo.
—Lo sé. —Jamie decidió pensar en otra cosa, ¿y qué mejor que la vida
amorosa de su hermano? —Entonces, ¿vas a decirme, finalmente, lo que estás
haciendo con Bryce? Nunca antes has ocultado una relación.
Keenan se ruborizó, sorprendiendo a Jamie. Su hermano nunca se sentía
avergonzado, por nada, especialmente no de sus conquistas.
—Estamos… viéndonos el uno al otro, en cierto modo.
—¿En cierto modo?
—Sí. Sin embargo, no quiero que se convierta en algo demasiado serio. Pero
es difícil, porque realmente me gusta Bryce.
—¿Por qué no? ¿Es porque no estás seguro de ser gay? ¿Estás
experimentando?
Keenan sonrió.
—No soy gay, pero estoy bastante seguro de que soy bisexual. No es un
problema para mí, lo sabes. No me importa lo que la gente piense. Pero un día,
Bryce encontrará a su pareja, por lo que no puedo permitir que el asunto se
convierta en algo demasiado importante.
Jamie podía comprender eso, incluso si no estaba contento por ello.
Pensaba que los dos hombres eran perfectos el uno para el otro.
—Puede que nunca encuentre a su pareja. —Le señaló.
—Claro, pero aún así. Dado que no es mi pareja, podría sobrevivirme de
todas formas. ¿Puedes imaginar enamorarte de alguien y verlo envejecer y
morir, mientras tú todavía eres el mismo? No puedo hacer eso.
Keenan suspiró. —Creo que tendré que dejar de verlo, ahora que estaremos 72
viviendo en la misma casa; sería demasiado difícil mantener algo de distancia.
Jamie no podía tan siquiera pensar, en ver a su hermano morir. Había sido
algo en lo que había pensado, cuando decidía si quería que Ward lo reclamara,
y había decidido que Ward era lo bastante importante para tomar el riesgo por
algo como eso, pero no le gustaba pensarlo.
—¿Fue tu primero?
—¡Oye, no he sido virgen desde hace un tiempo, lo sabes! —Ambos se
rieron. —Pero sí, él fue mi primer amante masculino, y estoy encantado de que
fuese él.
—Realmente se preocupa por ti—Jamie le dio un apretón, al hombro de
Keenan.
—Lo sé. Yo también me preocupo por él.
—¿Estás… enamorado de él?—Jamie no podía soportar la mirada desolada,
en el rostro de Keenan.
—Creo que lo puedo estar, sí.
Jamie abrazó a su hermano, deseando que hubiera una solución fácil. Por lo
que sabía, esta era la primera vez que Keenan se había enamorado, y quería
que su hermano fuese feliz. Quería ayudarlo, pero no sabía cómo. En ese
momento, alguien llamó a la puerta, haciendo que se separaran, y Jamie abrió
la puerta, para encontrarse con su vecino, el Sr. Robles, esperando tras ella.
—Hola, chicos. ¿Cómo va la mudanza?
—Casi hemos terminado.
—Bueno, lamento que se marchen. Eran buenos vecinos.
—Gracias —, Jamie le sonrió al anciano. Realmente añoraría escuchar lo
que sus nietos hacían.
—De todos modos, estoy aquí, porque un hombre te está esperando abajo.
Dijo que quería hablar contigo, pero no quiere subir.
—¿Dijo por qué?
—No, solo que te estaría esperando, en el aparcamiento.
Jamie le dio las gracias a Sr. Robles y cerró la puerta, mientras Keenan fue 73
hasta la ventana de la cocina.
—¡Mierda! ¿Qué está haciendo aquí?
El estómago de Jamie le dio un vuelco.
—¿Quién es? —Fue hacia la ventana, sus manos se aferraron al alféizar,
cuando vio a Colin allí parado, mirando directamente a la ventana de Jamie. —
¿Qué es lo que quiere?
—¿Quién demonios sabe? Joder, pensé que la visita de Ward lo mantendría
lejos.
—¿Ward fue a hablar con él? No lo sabía.
—Sí. Mira, voy a ir abajo y echarlo. Quédate aquí.
Keenan se apresuró a ir hacia la puerta, su mano ya estaba en el bolsillo
para sacar el móvil, probablemente para llamar a Ward. Podía haberlo hecho
él, pero estaba un poco enfadado con su pareja. ¿Por qué no le había contado
que había hablado con Colin? Tendrían que tener una charla, sobre lo de
guardar secretos.
Jamie regresó a las cajas, sin querer ver la confrontación en el
aparcamiento. Estaba empaquetando ollas para donar, cuando escuchó
rechinar la puerta principal, indicando que alguien estaba entrando.
—¿Keenan? ¿Qué pasó? —Preguntó Jamie, sin girarse. —¿Qué dijo?
Nadie respondió, y Jamie ahora, no podía escuchar nada, ni siquiera pasos,
que indicasen que alguien había entrado realmente.
—¿Keenan?
Jamie se irguió de entre las cajas y miró por la ventana. Keenan todavía
estaba allí, hablando y gesticulándole a Colin, así que cuando escuchó pasos
detrás de él, sabía que algo estaba mal. Su corazón comenzó a correr,
mientras se giraba, evitando por poco el brazo que estuvo a punto de agarrarlo.
Tropezó con la caja, en la que había estado trabajando y se golpeó la cadera
con la encimera, el dolor se disparó a lo largo de su pierna e hizo que gritara.
Luchando por llegar a la puerta de la cocina, intentó rodear al hombre que
estaba delante de él, pero estaba arrinconado.
74
La cocina era demasiado pequeña, como para moverse, y Jamie no era lo
bastante fuerte a habilidoso para pelear con el hombre. Él era enorme,
probablemente tan alto como Ward, muy musculoso y llevaba puesto algo
semejante a un uniforme militar, pero no era del todo como uno.
Su asaltante no tuvo problema para agarrarlo del cuello e impedirle escapar.
Jamie lo pateo en una pierna, la desesperación guiaba sus movimientos,
mientras intentaba patear los huevos del hombre, pero no le fue posible.
Este le dio la vuelta, sus manos asegurando las de Jamie detrás de su
espalda, mientras intentaba llegar a la ventana, forcejeando y batiendo la
cabeza en el aire. Se las arregló para liberar una de sus manos del agarre del
hombre y lanzarse contra la ventana, usando la mano libre para golpear la
ventana e intentar atraer la atención de su hermano.
—¡Keenan!¡Keenan!
Jamie chilló, cuando Keenan se giró y alzó la vista. Vio a su hermano
congelarse por un instante, entonces corrió hacia la puerta. Aunque, esa fue la
última cosa que vio, porque su asaltante lo golpeó en la cabeza, con algo y
cayó inconsciente.
—¿Qué quieres decir, con que se ha ido?
—Bajé a hablar con Colin. Escuché a Jamie gritar y lo vi a través de la
ventana de la cocina. No sé qué estaba pasando exactamente, pero corrí
escaleras arriba. La puerta estaba abierta y Jamie había desaparecido.
Los ojos de Keenan estaban abiertos, de par en par, por la preocupación.
—¿Dónde está esa pequeña mierda? —Gruñó Ward. Tenía que poner las
manos sobre Colin y hacerlo confesar, lo que había hecho con Jamie.
Cuando Keenan lo había llamado para decirle que Colin estaba allí, había
dejado el trabajo y corrido en busca de su pareja, pero una vez que llegó,
descubrió que Jamie había desaparecido.
Su leopardo, quiso salir al instante, justo allí y había tenido que combatirlo.
No podían arriesgarse a que los humanos los descubrieran, pero Ward tenía
que apresurarse si quería que le fuera posible continuar rastreando el olor que
había dejado. En su lugar, tuvo que esperar por Dominic.
—Mira, no creo que fuese Colin. Quiero decir, estaba conmigo cuando
75
escuchamos gritar a Jamie.
—Podría haber tenido un cómplice.
—Supongo que podría tenerlo, pero… si es un acosador como pensamos
que lo es, no creo que tuviera un cómplice.—Keenan meneo la cabeza,
negando.
— Ese es un tipo de crimen en solitario, ¿sabes?
—¿Entonces, quién? Si no es él, ¿quién?
Keenan se pasó una mano por el pelo, con frustración.
—No lo sé, Ward. No puedo pensar en alguien que pudiera hacer esto.
Ward le pegó un puñetazo a la puerta, en un arranque de ira. ¡Maldita sea!
¿Dónde estaba Dominic? Necesitaba hacer algo, dejar salir a su felino y buscar
a su pareja.
Ward se dirigió, decidido, hacia Colin, necesitaba hacer algo, mientras
esperaba por el Alfa. El hombre estaba acojonado en una esquina del salón,
sentado en una de las cajas que estaban todavía allí. Podía oler su miedo,
incluso en su forma humana, y no lo culpaba. Si descubría que tenía algo que
ver con el secuestro de Jamie…
Observaba como Colin, percibía su aproximación. Se encogió, intentando
hacerse más pequeño, sus brazos rodeando su pecho y sus piernas alzadas
ligeramente. Ward sabía, que ahora mismo, daba miedo y que toda su rabia se
mostraba en su rostro.
—¡No hice nada, lo juro!
—¿Por qué estabas aquí?
—Quería disculparme con Jamie.
—Te dije que te mantuvieras alejado de él.
Colin inspiró profundamente, al parecer para recomponerse un poco.
—Lo sé, pero quería que supiera que no era yo el que estaba acosándolo.
Puede que haya sido un gilipollas, pero eso es lo más lejos que he llegado.
Quería que volviese conmigo, me dijo que no, y no insistí.
—Si no lo estabas acosando, ¿por qué te vio aquí y en su trabajo?
76
—Tengo un amigo que vive en este edificio y algunas veces lo recojo. En su
trabajo… me gusta leer. Simplemente estaba comprando un libro.
Ward tenía que admitir que Keenan estaba probablemente en lo cierto,
incluso si no le gustaba. Después de hablar con Colin, no creía que el hombre
tuviese algo que ver en el secuestro de Jamie. Aún así, le iba a preguntar a
Dominic para poner a alguien para vigilarlo atentamente, hasta que encontraran
a Jamie.
—Vete a casa —, Ward se giró y se alejó.
—Pero… ¿no llamaron a la policía?
—Ya va a venir alguien. Les diré dónde estás, si necesitan hablar contigo.
Ward observó cómo Colin le echaba una última mirada, al apartamento vacío
y salía. Fue hasta la ventana de la cocina y esperó, hasta que vio el coche de
Colin salir del aparcamiento.
Justo cuando se estaba dado la vuelta, vio tres SUV entrar y aparcar.
Dominic salió de una de ella. Pocos minutos después, el Alfa entraba en la
cocina.
—¿Qué pasó?
—Jamie ha desaparecido. Creo que ha sido secuestrado.
No había manera de que su pareja se hubiese marchado por voluntad
propia, dejando a su hermano atrás.
Dominic asintió con la cabeza.
—En este momento, estamos asegurando, asegurándonos que nadie va a
husmear por la ventana, durante un tiempo. —El Alfa le hizo un gesto a uno de
los cambiaformas, que había entrado con él y Ward reconoció a Nate, un
jaguar y el mejor rastreador de la colonia.
—¿Tienes algo que haya llevado puesto, recientemente, Jamie?
Keenan comenzó a abrir las cajas, hasta que encontró una que contenía la
ropa de Jamie. Oliendo las camisas que sacaba, le pasó una a Nate.
—Toma. Esta aún no ha sido lavada.
Nate comenzó a sacarse la ropa y Ward lo imitó, rápidamente. A pesar de
que no era ni de cerca tan bueno como Nate, siguiendo el rastro dejado por el
olor, no podía quedarse simplemente allí y esperar, mientras su pareja estaba
quien sabe dónde, herido o peor.
Ward no había olido sangre, en la casa, pero había percibido un aroma 77
artificial, pesado y pegajoso en el aire. Los dos hombres cambiaron y Ward
parpadeó, mirando la habitación a su alrededor. En su forma de leopardo su
sentido del olfato era mayor y esperaba estar rodeado por el dulce aroma de su
pareja, pero estaba subyugado por el perfume que Ward había percibido
antes.
Sintió una punzada de añoranza, cuando se acercó a la camisa de Jamie y lo
olió en ella, observó a Keenan indicarle la cocina a Nate. El jaguar olfateó la
camisa, luego caminó hasta la cocina, oliendo el aire.
Nate salió poco después y siguió el rastro, hasta el otro lado de la puerta
principal, hasta que llegó a la salida de incendios. Bryce se movió para abrir la
ventana y Nate salió, con Ward siguiéndolo. No quería perder al jaguar con la
esperanza de que su pareja estuviese más cerca de lo que pensaban, pero
Nate no fue muy lejos.
El jaguar se detuvo en el aparcamiento y olfateó el aire, antes de mirar a
Ward y menear la cabeza. El estómago de este dio un vuelco. Podía suponer
que Nate había perdido la pista, lo cual significaba que quien quiera que se
hubiera llevado a Jamie, había usado un coche. Ya había sospechado, que ese
sería el caso, pero había esperado contra todo pronóstico, que hubieran
encontrado a Jamie.
Sin el rastro del olor, ellos no tenían nada. No había forma de descubrir
quién se lo había llevado o dónde estaba.
Ward siguió a Nate, de regreso al apartamento, la desesperación dificultaba
su respiración. Mientras Nate volvía a cambiar y se vistió, Ward permaneció en
su forma de leopardo, acurrucado hecho un ovillo en el suelo, con la cabeza
sobre la camisa de Jamie. Necesitaba el olor de su pareja.
Bryce se arrodilló a su lado, palmeándole suavemente la espalda.
—Lo encontraremos, Ward. Encontraremos una manera de traerlo de
regreso.
Ward gimoteó, frotando su cabeza en el costado de su amigo. Su felino
necesitaba consuelo y contacto físico, y sabía que Bryce se lo proporcionaría
en ausencia de Jamie.
Keenan se sentó al lado de Ward, sosteniendo su mano en alto
dubitativamente. Únicamente Keenan sabía cómo Ward se sentía. Después de
todo, era el hermano de Jamie. Se apoyó en la mano de Keenan y observó a
Bryce darle un suave beso en la frente, de su cuñado.
—Como probablemente ya sabes, a Jamie se lo llevaron en un coche y Nate 78
perdió el rastro. Sin embargo, reconoció el aroma del secuestrador. Parece que
esta persona ha estado en los bosques que rodean la mansión, más de una
vez. Usa un perfume artificial, para enmascarar su aroma, pero a Nate le fue
posible reconocer que era la misma persona, porque percibió el verdadero
aroma del secuestrador bajo él. —Dominic, le contó a Ward. —No estamos
renunciando, Ward. Tendremos que comprobar, si hay algunas cámaras que
pudieran haber grabado algo útil, y si tampoco aparece nada, encontraremos
otra manera. Hallaremos a Jamie. Ahora es de la familia, y cuidamos de ella.
Ward quería confiar en él, ¿pero cómo lo harían? No tenían indicios de quien
quiera que fuese, el que lo había hecho.
Ward enterró la nariz en la camisa de Jamie e intentó no perder la
esperanza.
Capítulo 5
Jamie se despertó alterado, poniéndose súbitamente de pie.
Inmediatamente, vio que estaba confinado en una jaula, pero antes incluso de
intentar abrirla o hacer algo para intentar salir, tuvo que sentarse, su cabeza le
palpitaba con el dolor más feroz, que alguna vez hubiera tenido. Gimiendo, se
llevó una mano a su cabello, palpando en busca del chichón que estaba seguro
de tener y jadeó, cuando sus dedos lo rozaron, causando una punzada de dolor
detrás de sus ojos.
—¿Estás bien? —Le dijo alguien.
Mirando a su alrededor, descubrió que la suya, no era la única jaula en la
habitación, lejos de eso. Más que una habitación, parecía un pequeño almacén.
El techo era alto y Jamie podía ver las vigas de metal, que lo cruzaban. Desde
ahí, colgaban numerosas lámparas industriales, iluminando, con una luz
blanca, las docenas de jaulas que descansaban sobre el suelo de cemento.
Casi todas las cajas, estaban ocupadas, algunas por animales, otras por
personas. Y el olor… era terrible. Olía a animal salvaje, sangre y excrementos.
—¿Estás bien?—Insistió la voz, y Jamie se giró en su dirección,
percatándose que en la jaula, al lado de la suya, un joven estaba inclinado
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contra los barrotes, mirándolo. Era un poco más pequeño que él, llevaba
puestos unos vaqueros y una camiseta, tenía su largo cabello castaño, atado
por detrás, a la altura de la nuca. Jamie echó otra ojeada, cuando vio que las
orejas del hombre terminaban en punta, no estaba seguro de si era una
deformación de nacimiento u otra cosa, y se preguntaba si sería de mala
educación preguntar.
—Oye, ¿me escuchaste? —Preguntó el hombre, con irritación en la voz.
Jamie se puso de pie lentamente, intentando no mover demasiado la cabeza.
—Sí, estoy bien. Lo siento.
Unos ojos verdes lo observaron, llenos de curiosidad.
—Así que, ¿en qué te transformas?
—¿Eh?
—¿En qué animal?
—No soy un cambiaformas, soy humano. ¿Qué eres tú? —Si el chico podía
preguntar, entonces él también podía, ¿no?
El chico parecía estupefacto.
—¿Entonces, qué estás haciendo aquí?
—No lo sé. Mira, ¿podemos empezar desde el principio? Soy Jamie.
Se acercó a los barrotes y extendió la mano. El chico se la estrechó con
entusiasmo y Jamie casi tuvo miedo de que fuera a descoyuntarle la mano del
brazo.
—Soy Finn. Y esto—dijo Finn, señalando el almacén a su alrededor, —es tu
nuevo hogar.
—Vale, mira, necesito que seas más específico.
Finn suspiró.
—Fuiste capturado, por gente que estudia y experimenta con cambiaformas
y otras criaturas sobrenaturales. Aunque, no entiendo porque te capturaron a ti,
si eres humano. De todos modos, la mayoría de la gente por aquí, son
cambiaformas, como puedes ver, pero yo soy un Nix.
—¿Un qué? 80
—Un Nix. Soy lo que podría llamarse, un hada acuática.
Eso, ciertamente, explicaba las orejas puntiagudas, y el enorme cubo lleno
de agua que podía ver en la celda de Finn. Aunque el Nix estaba en lo cierto.
No tenía ningún sentido que estuviese allí. Gimiendo, cerró los ojos. No podía
concentrarse en encontrar respuestas y la manera de salir de allí, con el dolor
palpitando en su cabeza.
—Ven aquí —, le gesticuló Fin. Jamie lo miró. —Ven, no te haré daño. Solo
te ayudaré, a deshacerte de ese dolor de cabeza.
Jamie era algo escéptico, pero, oye, estaba dispuesto a intentar cualquier
cosa, para que el dolor cesara. Se acercó a Finn y se detuvo delante de él, lo
único que los separaba eran los barrotes. Finn llevó su mano a la cabeza de
Jamie y murmuró unas pocas palabras, en un lenguaje que desconocía. Fuese
cual fuese, era hermoso y melodioso, y también hizo que su dolor de cabeza
desapareciera.
—¡Guau! ¡Gracias!
Finn hizo un pequeño movimiento, negando, con su mano.
—No ha sido nada.
—Entonces, ¿qué es lo que exactamente hacen aquí? —Le preguntó Jamie,
mientras agarraba los barrotes y probaba su resistencia. Pudo ver, que el
cerrojo era un lector de huellas digitales, así que no había manera de salir de
esa forma. No es que realmente esperara mover los barrotes, pero era mejor
que no intentar nada.
Finn se estremeció.
—Te lo dije, experimentos. No estoy seguro de que, dado que no los hacen
aquí, sino en otro recinto, y gracias a los dioses por eso, pero puedo decirte,
que con aquellos que experimentan, vuelven en muy mal estado, a sus jaulas.
Y puedes dejar de mover los barrotes, no se moverán.
Esto no era bueno. Jamie estaba dentro de una pesadilla y no sabía cómo
salir de ella. Su única esperanza, era Ward, ¿pero cómo podía su pareja
encontrarlo?
—Así que, ¿por qué te capturaron? ¿Tienes poderes o algo así?
—No, simplemente soy un humano normal, en serio.
—Pero sabes de la existencia de los cambiaformas. 81
Jamie miró alrededor. Había diferentes tipos de cambiaformas allí, con ellos.
Podía ver un lobo, dos osos, un ciervo y numerosos conejos, e incluso una
pantera negra. Su corazón le dolía al mirarla, le recordaba a Ward.
—Estoy emparejado. Ward es un leopardo negro.
—¿Crees que quieren saber si el emparejamiento cambió algo en ti?
Desafortunadamente, esa era la única razón en la que podía pensar para
que lo secuestraran.
—¿Cómo salimos de aquí?
—¿Ves esto? —Le preguntó Finn, señalando un aparato electrónico, de color
negro, alrededor de su cuello. —Si puedes sacármelo, puedo teletranportarte.
—¿Teletransportarme?
—Sipi. Me muevo de un lugar a otro, con solo pensarlo.
—Así que, ¿cómo te sacamos eso?
—Si lo supiera no estaría aquí, ¿no crees?
—Gírate. —Jamie miró el collar y se percató del cierre sobre la nuca, cuando
Finn apartó el cabello de en medio. Necesitaría una llave para abrirlo.
—¿La llave?
—La tiene el científico al mando.
Por supuesto, no podía estar colgada en una pared, en algún lado.
Suspirando, Jamie se deslizó hasta el suelo.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—No mucho. Por ahora, solo me quitaron un montón de sangre y me
hicieron algunas radiografías. Aunque a los otros…—Finn se contrajo.
—Regresan con apósitos y vendajes, eso es, si es, si lo hacen.
—¿Cómo te atraparon? No es como si te tropezaras con un Nix, todos los
días.
—No lo sé. Estaba cerca de mi estanque preferido, cuando me atraparon.
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Me pusieron de golpe esta cosa alrededor del cuello y me noquearon, me
desperté aquí, justo como tú. Ni siquiera sé dónde está esto.
—¿Qué hacemos?
Finn se sentó a su lado, los barrotes entre ambos.
—No lo sé. He intentado todo lo que en lo que pude pensar, pero todavía
estoy preso aquí. Supongo, que la única manera de lograr salir de aquí, es si
robamos la llave y nos teletransportamos o si alguien nos encuentra. Quizás a
tu pareja le sea posible hacerlo, porque mi tribu de seguro ni va a intentarlo.
Los ojos de Finn eran tan melancólicos, que Jamie no pudo evitar salvo
preguntarse qué pasaba con su tribu. ¿Por qué no lo buscaban? Pero ellos
tenían cosas más importantes, en las que pensar en estos momentos.
—Estoy seguro de que Ward está buscándome, ¿pero le será posible
encontrarnos?
—No soy un experto, pero sé que las parejas normalmente comparten un
vínculo. ¿No puede encontrarte así?
—No lo creo, no es como una baliza de señalización o algo así. Siento como
una presencia en el fondo de mi mente, y me es posible sentir emociones
fuertes, pero eso es todo.
—Jamie sentía a Ward, incluso ahora. Las únicas emociones que su pareja
irradiaba, eran dolor, tristeza e ira, y su corazón se estaba rompiendo,
pensando en lo que Ward estaba atravesando.
Jamie iba a volver a revisar sus opciones, de nuevo, cuando una puerta
situada entre dos jaulas se abrió y dos hombres entraron en el almacén.
Algunos de los cambiaformas, comenzaron a gruñir y a rugir instantáneamente,
mientras otros se encogían de miedo, en el fondo de sus jaulas. Finn se
trasladó al fondo de su propia jaula, sus ojos abiertos de par en par, por el
miedo.
Los hombres caminaron hacia Jamie, se pararon delante de su jaula,
mientras él los observaba. Uno de los hombres, era bajo y rechoncho. Sus ojos
estaban ocultos tras unas gafas de cristales gruesos y su cuerpo estaba
envuelto en una bata blanca, de laboratorio. El otro hombre, era claramente un
guardia, porque llevaba puesto lo que parecía un uniforme de alguna clase, los
músculos cincelados bajo la tela. Y tenía una pistola en una cadera y un Taser
en la otra.
Jamie puso cara de valiente y preguntó:
—¿Dónde estoy? ¿Qué quieren? 83
El guardia lo miró, simplemente, pero el hombre regordete le sonrió sin
premura.
—¿Por qué? Sr. Ellis, creo que sabe por qué está aquí. Estoy seguro que su
vecino, ya le ha explicado lo que ocurre en este laboratorio.
—Sé que están experimentando con estas personas.
El hombre bufó.
—¿Personas? Todo lo que yo veo, son animales.
La rabia de Jamie fue en aumento.
—¡Los cambiaformas no son animales! Tienen una parte humana.
—La parte es la clave aquí, Sr. Ellis. No puede decir que son humanos,
¿verdad?
Jamie sabía que nada de lo que dijera, cambiaría esa idea loca del hombre.
—Eso todavía no explica por qué estoy aquí. Soy tan humano como usted.
Una expresión de disgusto, apareció en la cara del hombre.
—Puede que sea humano, pero se junta con esos animales. Sabemos que
está emparejado con uno de ellos. Lo que queremos de usted, es información
sobre los cambiaformas que conoce y sobre la colonia de la que su pareja es
parte.
—¿Permitirá que me vaya si se lo cuento? —No es que Jamie fuese a
contarle nada, al menos nada útil.
—Por supuesto que no. No me había sido posible, ponerle las manos encima
a una pareja antes, así que tendré que estudiarlo y ver como el
emparejamiento lo afecta físicamente. Sin embargo, si me dice lo que sabe,
puedo hacer todo eso menos doloroso. Realmente es usted el que decide cuán
doloroso será.
A Jamie no le gustaba esa idea, y no confiaba, ni por un instante, que el
científico loco lo haría más llevadero para él.
—Mi pareja me encontrará.
El Científico Loco sonrió, con una expresión siniestra. 84
—¡Oh! Claramente espero, que así sea. Nunca tengo tantos especímenes
como los que quisiera. Hasta pronto, Sr. Ellis.
A Jamie se le ocurrió algo.
—¡Espere! ¿Fueron ustedes los que allanaron mi apartamento?
El hombre pequeño se detuvo y se giró.
—Sí.
—¿Por qué?
—Estábamos buscando información sobre su pareja y la colonia, por
supuesto.
—¡No necesitaban destruirlo todo, para hacer eso!
—No, pero fue mucho más rápido de esa manera.
—Bueno, al menos uno de los misterios había sido resuelto, incluso si
aunque ahora careciera de importancia.
Con eso se giró una vez más, dejando a Jamie en su jaula, su corazón
pesado por el temor. Miró a Finn y pudo ver el mismo sentimiento reflejado en
los ojos del Nix.
—¿Qué hacemos ahora?
Jamie había estado desaparecido durante días y todavía no lo habían
encontrado. Ward alternaba periodos de ira; cuando hacía cuanto podía para
encontrar a su pareja y no podía, y de depresión; cuando paraba de comer, su
corazón se sentía tan pesado, como para hacer algo más que pensar en Jamie.
De hecho, también había dormido muy poco, durante los últimos días. No
comía, no dormía, y su cuerpo estaba empezando a notarlo. Estaba agotado y
lo estaba pasando mal, intentando mantener sus ojos abiertos.
—Vete a la cama.
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Ward alzó la vista, de los vídeos que había estado mirando durante las
últimas horas. Habían descubierto, que el banco delante del edificio de
apartamentos de Jamie, tenía una cámara de seguridad que enfocaba el
aparcamiento. Había grabado una camioneta azul yéndose en el momento que
Jamie había sido raptado, pero era imposible ver al conductor o la matrícula. La
imagen estaba demasiado borrosa, como para ser útil.
—Es una orden, Ward.
Ward sabía que Dominic tenía razón. Sus ojos estaban inyectados de
sangre, por las horas que había pasado delante de la pantalla y las noches sin
dormir. Sentía los párpados como papeles de lija. Ward sabía, que necesitaba
dormir, pero tenía miedo de irse a la cama. Cada vez que cerraba los ojos, veía
a Jamie, herido, torturado o algo peor, incluso aunque supiera que su pareja
estaba bien, por las cosas que sentía a través de su vínculo. Aún así, de todos
modos, no había manera de que pudiera dormirse.
—Estoy a punto de encontrar algo, lo sé. —Ward sabía que Dominic no se
tragaba su excusa, pero tenía que intentarlo.
El Alfa suspiró.
—Lo has estado haciendo, durante días. No comes, no duermes. ¿Qué bien
le harás a tu pareja, si colapsas por la extenuación, antes de encontrarlo y
traerlo de vuelta? Ve a tu habitación y duerme. Te despertaré, si pasa algo.
Ward podía asegurar que Dominic lo decía en serio, por la mirada en sus
ojos, y tenía que obedecer a su Alfa. Temiendo el momento de tener que
acostarse, en su cama y cerrar los ojos, Ward se puso de pie y movió en
asentimiento, la cabeza, a Dominic.
—Iré, pero si algo…
—Es una promesa. Vete y descansa. No quiero volver a verte, en al menos
ocho horas.
Ward se irguió y se dirigió a la sala de entretenimiento, pero no quería ir a su
habitación. Jamie nunca había dormido en su cama, pero todas sus cosas
estaban allí dado que él, Keenan y Bryce habían terminado de empaquetar y
trasladado las cosas. Las cajas estaban en su suite, pero él no había tenido el
coraje de vaciarlas, sabiendo, que al ver las cosas de Jamie, olerlo en ellas,
podían conducirlo a las lágrimas.
Ward decidió parar en la cocina. Se percataba, justo ahora, de que estaba
hambriento, y hurgó en la nevera, descubrió algunas sobras de pollo frito. Las
puso en el microondas, esperando a que se calentaran.
—¿Cómo lo llevas? —Le preguntó Keenan, detrás de él. 86
—No lo llevo. Sin Jamie… es como si ya no existiera, como si mitad de mi
alma, me hubiera sido cercenada. Mi vida, ahora mismo, está en un receso.
Keenan le dio un apretón en el hombro, ofreciéndole su apoyo
silenciosamente.
—Lo encontraremos —le dijo Bryce.
Algo se rompió en su interior. Todos seguían diciéndole que todo iría bien,
pero no estaban más cerca de encontrar a Jamie, del día en que había sido
secuestrado.
—¿Cómo? ¿Cómo vamos a encontrarlo? —Gritó, la rabia remarcando cada
palabra, cada movimiento que hacía.
—¡No tenemos nada! ¿Cómo lo vamos a encontrar?
Bryce agarró a Ward y lo envolvió con sus brazos, abrazándolo con fuerza.
Ward forcejeó para liberarse, pero su amigo lo abrazó, hasta que se
tranquilizó, aferrado a la camisa de Bryce.
—Por favor, dímelo. Dime cómo encontrar a Jamie, Bryce. Dímelo.
La furia, lo había abandonado, siendo sustituida por la tristeza. Estaba
llorando, y no le importaba si hacía que se viera débil o necesitado. Ahora
mismo, necesitaba a su amigo.
Los sollozos fueron decreciendo, entonces se detuvieron y Ward se separó.
Bryce cogió el pollo del microondas y lo colocó sobre la mesa, haciéndole
señas para que se sentara y comiera.
—Estás agotado. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste, más que unas
pocas horas?
—La noche anterior, al secuestro de Jamie.
—Jesús, son cinco días, Ward. Come, luego vete a dormir. Te sentirás mejor
y te será posible enfocarte, en encontrar a tu pareja.
Ward asintió, con la cabeza.
—Tienes razón.
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Bryce se sentó en frente de Ward, Keenan sentado en su regazo. En estos
momentos, ambos eran prácticamente una pareja, incluso aunque no lo fueran.
Dolía verlos juntos, por lo que Ward mantuvo sus ojos en el plato e intentó
ignorar las suaves palabras, que los amantes intercambiaban. Tan pronto como
terminó, puso el plato en el lavavajillas y dejó la cocina.
Una vez en su habitación, cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella,
mirando las cajas esparcidas a su alrededor. Anhelaba ver a Jamie en esta
habitación, en su cama, su piel ruborizada por la pasión. Su polla hizo un
valiente intento, para erguirse ante la imagen, pero su aflicción, era demasiada.
Se movió por la habitación y acarició una de las cajas. Quería que Jamie
regresase a casa, a su hogar. Decidiendo que era hora de hacer algo, la abrió y
comenzó a sacar la ropa, antes de colgarla en el armario.
Caja por caja, hizo que la habitación perteneciese a Jamie, colocando las
pertenencias de su pareja al lado de las suyas, hasta que todas las cajas
estuvieron vacías y las apiló cerca de la puerta del salón, para sacarlas.
Entonces se sacó la ropa y tomó una ducha.
Podía sentir al cansancio hacerse con él y amenazarlo con hacerlo colapsar.
Agarrando la almohada de Jamie, se acomodó en la cama, inhalando
profundamente el aroma a canela de su pareja, una punzada de añoranza
irrumpió en su pecho, antes del sueño lo reclamase finalmente.
Parecía que solo habían pasado unos minutos, cuando alguien llamó a la
puerta. Gimió, abrazando con más ahínco la almohada y enterrando el rostro
en ella.
—¿Ward? ¡Venga, hombre, despierta! ¡Encontramos algo!
Saltó de la cama, despertándose de golpe al instante. Abriendo la puerta, se
encontró con Bryce y Keenan al otro lado. Bryce le lanzó una mirada y cubrió
los ojos de Keenan.
—Vístete, te esperaremos aquí.
Ward rápidamente se puso un par de vaqueros y agarró una camiseta.
—Dime.
—Él florista de al otro lado de la calle, nos dio una descripción.
—¿Por qué no nos la dio antes? —Habían hablado con todos lo que vivían o
trabajaban en la calle de Jamie, y nadie había visto nada.
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—No estaba, cuando fuimos por allí. Hablamos con la propietaria, pero el
dependiente se encontraba visitando a su familia. Regresó hace unas pocas
horas. —Bryce le pasó un trozo de papel, doblado por la mitad. Ward bajó la
vista hacia el hombre, que se había llevado a su pareja, pero no lo reconoció.
—Dominic le pidió a Isaiah que hackeara la base de datos, de los permisos
de conducir y que comparara el dibujo, con la fotos.
Bryce sacó un segundo folio de papeles del bolsillo y se la entregó a Ward.
—Este es el hombre.
El secuestrador de Jamie, le devolvía la mirada a Ward, haciendo que su
gato aullara, con el deseo reclamar sangre. El hombre era un ex militar, que
ahora, trabajaba para Glass Research Company, con sede en New York.
Realmente no tenía ninguna veta creativa, porque el permiso estaba a nombre
de John Smith.
—¿Dónde está?
Bryce suspiró.
—No lo sabemos. No podemos, al parecer, encontrarlo.
Las manos de Ward se cerraron, arrugando la foto.
—¿Así que todavía no tenemos ni idea, de dónde buscar, a Jamie?
—No, pero Isaiah está investigando la compañía. Está buscando edificios y
terrenos a su nombre, por los alrededores de la ciudad. Venga, vamos a ver si
descubrimos algo.
Jamie no sabía cuántos días habían transcurrido. No había manera de decir
tan siquiera si era de noche o de día, pero creía que había estado cautivo, en
esa jaula, durante una semana, día más, día menos. Durante los primeros días,
no había abandonado su jaula. Había visto como un montón de cambiaformas,
que compartían el almacén con él, eran llevados por los guardias y conducidos
al laboratorio.
Regresaban drogados (groggy) y, llenos de apósitos y vendajes o bien
maltratados y llenos de cardenales para comprobar cuán rápido sanaban y
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cuanto podían resistir. Unos pocos cambiaformas conejo, no habían regresado,
y Jamie aunque rezaba para que todos estuvieran bien, sabía que era una
vana esperanza.
Eso era por lo que decidió, que si alguna vez salía de este infierno, haría
todo lo que estuviese en sus manos para regresar y descubrir quiénes eran los
cambiaformas y contarles a sus familias, que les había ocurrido. No ayudaba,
que la mayoría de ellos permanecían en su forma animal y no podía
preguntarles sus nombres o hablar con ellos. Lo había intentado, pero lo
máximo que había logrado, fueron algunos gemidos y suspiros.
Jamie se estremeció, sabiendo muy bien que era más afortunado que la
mayoría de ellos. Mientras el Científico Loco lo había sacado de su jaula
después de unos de días, había sido solo para quitarle sangre y hacer otros
chequeos físicos.
Pero sabía, que no pasaría mucho tiempo, antes de que ellos realmente
comenzasen a usarlo, si encontraban algo en sus análisis, ¿y cómo no lo
harían? No podía estar seguro, pero enlazarte con un cambiaformas, tenía que
cambiar cosas físicamente, dado que su esperanza de vida había sido
prolongada y podía curarse más rápido.
Finn era una historia completamente diferente. Las pruebas que le estaban
haciendo, se estaban volviendo más violentas y dolorosas, y estaba
preocupado por el Nix. Los guardias habían venido y se lo había llevado, al
menos, seis horas antes y todavía no había regresado.
Una puerta se abrió a lo lejos, al fondo del almacén y dos guardias entraron,
flanqueando a un hombre, sosteniéndolo por los brazos, mientras caminaba.
Jamie podía ver, que estaba intentando mantenerse en pie junto a ellos, pero
no podía sostenerse sobre sus pies, por lo que literalmente, lo estaban
arrastrando. Los guardias se detuvieron en la jaula, en frente de la de Jamie e
introdujeron al hombre, antes de cerrar y alejarse.
Jamie había intentado hablar con todos los guardias, en algún momento,
pero ninguno de ellos, se molestó tan siquiera en mirar en su dirección, excepto
cuando le daban la comida, así que había parado de intentarlo. No quería
atraer su interés, dado que estaba intentando encontrar la manera de robarle la
llave, del collar de Finn, al Científico Loco.
Y así, Jamie comenzó a preocuparse por su amigo de nuevo. ¿Por qué Finn
no había regresado todavía? Normalmente, cuando tardaban tanto tiempo en
traer de vuelta a un cambiaformas a su jaula, significaba que le había realizado
una operación, y tenía miedo de que fuera eso, lo que estaba pasando a Finn.
Un gemido, alejó su atención del Nix. El hombre nuevo, se mecía de un lado a
otro, su mano volando hacia sus ojos cerrados, y Jamie obtuvo, por primera
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vez, un buen vistazo de él. El cabello castaño oscuro, como el chocolate, le
caía sobre los ojos, necesitaba desesperadamente un corte de cabello. Su,
dolorosamente, delgado cuerpo era largo, debía medir aproximadamente un
metro ochenta y cinco, pero Jamie no podía estar seguro dado que el hombre
todavía estaba tendido en el suelo. Mientras lo estaba mirando, unos ojos
castaños parpadearon tras unos esbeltos dedos. El hombre farfulló;
—¿Dónde estoy?
—En un laboratorio.
—Sí, quiero decir, ¿en una jaula o en el laboratorio?
—Umm, en una jaula.
Volvió a gemir.
—Bien, tendré tiempo para descansar un poco, antes de que comiencen de
nuevo.
Era obvio que el hombre no estaba sorprendido, lejos de eso. Parecía
tomarse toda la situación como algo normal.
—Soy Jamie. ¿Eres un cambiaformas? —Probablemente lo era, pero dado
que Jamie era un humano y Finn era un Nix, no podía asumir nada. Miró cómo
el hombre se sentaba y se apoyaba en los barrotes, antes de responder.
—Soy Oliver. Soy cien por cien humano, o al menos solía ser uno. Aunque
ahora, no estoy seguro.
—¿Qué quieres decir?
—Han estado experimentando conmigo, durante un tiempo y ya que ahora
tengo los sentidos más desarrollados, estoy bastante seguro de que la liaron.
Eso y el hecho de que ahora tengo un oso, con el que comparto mi cuerpo,
aunque no pueda cambiar.
Jamie estaba horrorizado.
—¿Qué te hicieron? ¿Te convirtieron en un cambiaformas?
—No exactamente. Te lo dije, no puedo cambiar. Solo tengo medio oso y
confía en mí, no es fácil de vivir con él, dado que está atrapado dentro de mí.
Oliver se encogió de dolor, mientras se levantaba lentamente. Alzando su
camiseta, bajó la vista hacia su vientre y Jamie vio que su pecho y vientre
estaban llenos de cicatrices, algunas viejas, otras más recientes. Una nueva
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destacaba, iba de un lado a otro de su cuerpo, justo sobre la cintura de los
pantalones. Era de un rosa furioso y amoratado, y Jamie todavía podía ver las
suturas en ella.
—¿Qué te hicieron?
—¿Quién sabe? No es como si me lo contaran, solo me lanzaron sobre la
mesa de operaciones e hicieron el trabajo. Aunque, creo que todavía están
intentando encontrar una manera para que cambie. Simplemente no sé por qué
tienen que abrirme, para hacerlo.
Justo entonces, la puerta del laboratorio se abrió y salió un guardia, con Finn
en sus brazos. Los ojos de Nix estaban abiertos y enfocados, su boca
contraída en una mueca, que se profundizaba a cada paso que daba el
guardia. Puso a Finn de vuelta a su jaula y se fue, sin mirar a ninguno de los
otros prisioneros y Jamie se apresuró a junto su amigo.
—¡Oh, Dios mio! ¿Estás bien?
Finn gimió.
—Sí, estoy bien. Duele, pero estoy bien.
—¿Qué te hicieron? Esta vez se tardaron mucho, en traerte de vuelta.
—Me abrieron—Finn se acercó al cubo de agua en la esquina de su celda y,
sumergió su mano y parte del brazo en el, suspirando pesadamente por al
relajarse y por el alivio.
Jamie sabía que como Nix, Finn tenía que estar cerca del agua o tocarla
bastante a menudo. También sabía que ayudaría a sanar a su amigo, más
rápidamente.
Alternando la mirada de uno a otro hombre, Jamie supo que tenían que
encontrar la manera de salir. No quería que ninguno de los dos fuese herido,
más de lo que ya estaba, y estaba aterrorizado de que pudiera ser el siguiente.
Quería irse a casa, trepar por los brazos de su pareja, abrazarlo y no soltarlo
nunca. Podía sentir la presencia de Ward, en el fondo de su mente y aunque le
daba fuerzas, podía sentir a su pareja gruñendo desesperado y anhelaba poder
estar a su lado, para sentirse seguro de nuevo.
Jamie tenía que encontrar la dichosa llave.
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Finalmente habían encontrado al secuestrador de Jamie. Había resultado que
Isaiah, estaba en lo cierto, el hombre estaba viviendo en una de las
propiedades, que la compañía tenía en su pequeña ciudad. A Isaiah le había
sido posible hackear los ordenadores de la compañía y había descubierto
cosas, que a Ward le hacían erizar los cabellos. Era obvio, que quien quiera
que estuviese a cargo, sabía sobre los cambiaformas. Habían descubierto unas
cuantas menciones, pero todavía le causaba pavor a Ward, porque siempre
que habían encontrado información sobre los cambiaformas, era siempre unido
a laboratorios y experimentos, y sabe Dios lo que les estaban haciendo. Habían
intentado encontrar más información, sobre lo que estaba pasando, pero ni
siquiera a Isaiah le fue posible hacerlo.
Ahora mismo, estaba con Bryce, Dominic, Nate y Sebastián, dirigiéndose al
apartamento donde John Smith, el secuestrador de Jamie, estaba,
supuestamente, viviendo. Ward se aferró a sus jeans, sus manos en apretados
puños y sus garras deslizándose ante la idea del encuentro con el
secuestrador, de su pareja y hacerlo hablar. En serio, ¿John Smith? Si
realmente tenía que tener un nombre falso, podía haber sido un poco más
ingenioso.
—Cálmate.
Ward miro a Dominic. Le estaba agradecido a su Alfa, por venir con ellos. No
tenía por qué haberlo hecho; demonios, podía haberle prohibido a que salvara
a Jamie, y tendría que haberlo obedecido.
En su lugar, Dominic había querido estar allí, demostrando lo mucho que se
preocupaba por los miembros de la colonia.
Bryce detuvo el coche y Ward miró por la ventana. Estaban en la mejor parte
de la ciudad. Whitedell era una pequeña ciudad, pero tenía una zona comercial,
donde los habitantes más adinerados se habían reunido todos juntos y
construyeron sus casas y algún edificio de apartamentos. El que estaba delante
suyo, estaba muy bien cuidado. Las ventanas del vestíbulo, resplandecían al
sol y las macetas con plantas colocadas a ambos lados de la puerta, eran de
un verde saludable.
—Es en el segundo piso —, les dijo Bruce, mientras salían todos del coche y
se dirigían hacia el edificio. Las manos de Ward se morían de ganas de estar
alrededor del cuello de John Smith y apretar, quizás hacerle dos o tres heridas
con las garras, y su leopardo aulló de aprobación, haciendo que fuese más
difícil para él, mantenerlo en control, pero tenía que hacerlo. No les haría
ningún bien, que los humanos descubrieran a los cambiaformas.
Su pequeño grupo, estaba en el ascensor a excepción de Nate y Sebastián,
los cuales fueron por las escaleras. Estaban seguros, de que nadie sabía que
iban a ir, pero era mejor prevenir que lamentar. Este hombre, era la única pisa
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que tenía para encontrar a Jamie, y no podía perderlo.
Cuando las puertas se cerraron, la musiquilla alegre del ascensor, llenó el
pequeño espacio. Ward le frunció el ceño, a Bryce cuando el puma comenzó a
tararear la canción, su cabeza meneándose de un lado a otro. Cuando las
caderas de Bryce comenzaron a moverse, Ward gruñó.
—¿Qué? ¡Esto me ayuda a aliviar la tensión!
Si fuese alguien más, Ward se hubiera sentido ofendido. ¿Cómo podía estar
tan despreocupado, cuando su pareja estaba en peligro? Aunque, conocía a
Bryce y también sabía cuánto, además, significaban Keenan y Jamie para su
amigo, por lo que lo dejó pasar. Cuando las puertas se abrieron, Ward vio a
Nate, esperando por ellos.
—Es en aquella puerta—dijo, señalando hacia su izquierda.
—Escuché ruidos procedentes del apartamento, y por los aromas que
percibo, nuestro hombre está solo.
—De acuerdo. Entonces, vayamos a conocer al Sr. Smith—Les dijo Dominic.
Se detuvieron en la puerta y escucharon, atentamente. Una vez que
confirmaron, que el hombre en el apartamento no estaba cerca de la puerta,
Nate procedió a trabajar en la cerradura.
Esta abrió, después de solo un minuto o así y el rastreador abrió la puerta,
lentamente. Inspirando profundamente, Nate asintió con la cabeza y entraron,
tan silenciosos como eran sus felinos, cuando acechaban una presa.
Nate inhaló de nuevo y señaló la entrada, al otro lado del pequeño recibidor,
en el que se encontraban.
Ward se apresuró, ansioso por conseguir respuestas. Solo tuvo tiempo para
escuchar un distante clic, antes de sentir a alguien contra su espalda, que lo
tiró al suelo. Solo unos segundos después, una bala pasaba sobre él, justo por
el lugar donde su cabeza habría estado, si todavía estuviera de pie.
Ward sintió el cuerpo sobre su espalda, cambiar y pelo acariciar su nuca,
antes de que el felino se moviese a través de la entrada delante de ellos,
acechando al hombre con la pistola. Ward observó a Bryce en su forma de
puma, moverse por la otra habitación, hasta que desapareció de vista.
—Le aconsejo que baje el arma, Sr. Smith. Solo queremos hablar—dijo
Dominic, la voz lo bastante alta, como para ser escuchado en la otra
habitación.
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La única respuesta, que consiguieron fue un bufido, seguido de otra ronda de
disparos, antes de que la casa se quedara en silencio nuevamente, una vez
más. Era un milagro, que nadie aun, hubiera llamado a la policía. Ward podía
escuchar al secuestrador moverse antes de que un bajo gruñido llenara la
habitación y John Smith maldijera. Mientras comenzaba una pelea, entre Bryce
y John Smith, Ward y los demás entraron en la habitación. Aunque era obvio,
que el secuestrador había sido entrenado en combate cuerpo a cuerpo,
también lo era que no peleaba, por lo normal, con grandes felinos.
El Sr. Smith, intentó bloquear y contraatacar, en respuesta, pero no pasó
mucho tiempo, para que Bryce tuviera sus mandíbulas cerradas en la garganta
del secuestrador, gruñéndole. Ward podía ver que el hombre tenía bastantes
heridas sangrando, tanto de dientes como de garras.
—Yo me quedaría quieto, si fuera tú —, le dijo Dominic, al hombre.
—Dile a tu bestia que retroceda.
Dominic sonrió. Esperó a que Sebastián le quitara todas las armas al
hombre, antes de decir:
—Bryce, suéltalo, pero quédate cerca, solo para estar seguros de que el Sr.
Smith no tenga la extraña idea, de que de algún modo, puede escapar.
Bryce gruñó una vez más, antes de liberar a John Smith y se acuclilló solo a
unos pasos de él, sus ojos nunca perdieron de vista al secuestrador. El felino
de Ward, estaba luchando por poder hacerse cargo del secuestrador de Jamie
y destrozarlo, vengando a su pareja.
Lo estaba pasando mal intentando no cambiar, así que cuando sintió como
sus garras se alargaban y no pudo hacer nada para detenerlas, no se
sorprendió. La mirada de horror y sorpresa en el rostro de John, le dijo
claramente que no sabía nada de los cambiaformas, hasta ahora. Retrocedió,
deslizándose, hasta que su espalda chocó contra la pared, intentando poner
tanta distancia como podía, entre ellos, y Bryce le gruñó. Los ojos de John
fueron de Ward, al puma, inseguro de saber cuál de ellos, era la mayor
amenaza.
Ward estaba a punto de transformarse, y le iba a ser posible detener el
cambio. Se tambaleó hacia atrás, intentando dejar la habitación, cuando sintió
una mano cerca de su nuca. Instantáneamente supo que era su Alfa tocándolo,
calmando a su felino. Dominic no le dijo nada, simplemente se giró hacia John
y comenzó a hablar.
—Hace una semana, secuestraste a un amigo mío, de su apartamento.
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¿Dónde está?
John miró a Dominic, y Ward sabía lo que vio. Dominic era una mole de puro
músculo, con un metro noventa y ocho de poder. John pareció pensar si
respondía o no, y el gruñido de Bryce, lo ayudó a decidirse.
—No lo sé.
Ward fue el siguiente que gruñó. Dominic reafirmó el agarre que tenía sobre
su nuca, ayudándolo a controlarse, de nuevo.
—¿No lo sabes?
—No. Puedo decirte a donde lo dejé, pero observé como se lo llevaban, de
manera que tu amigo ya no está allí.
—Dame la dirección.
Después de que John lo anotara todo. Ward tuvo que preguntar.
—¿Por qué? ¿Por qué te lo llevaste? ¿Por dinero?
John lo miró.
—Por supuesto, ¿Por qué más? Me pagaron bien.
Antes de que Ward pudiese agarrar al hombre y lanzarlo al otro lado de la
habitación, Dominic le ordenó a Sebastián que lo sacara de allí.
—Llévalo a la cabaña y organiza turnos de vigilancia. Cogeremos su coche e
iremos a comprobar el otro lugar.
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Capítulo 6
Era ahora o nunca. Jamie, al final había estado con el Científico Loco el día
anterior, y le había dicho que hoy sería operado, para ver si curaba tan rápido,
como los cambiaformas, las grandes heridas. Aunque, eso no había detenido al
hombre de rasgarle la piel con un escalpelo, y ahora sus brazos estaban llenos
de cortes paralelos, desde las muñecas hasta los codos. El doctor había sido
muy cuidadoso, de no cortar muy profundamente, pero si como para dejar
cicatriz, y luego había vendado los brazos. Dolía como el infierno.
Tenía un plan. Había visto la llave, en el escritorio del doctor, en el
laboratorio. Por supuesto, nunca había lo habían dejado solo allí, pero contaba
con que Finn y Oliver provocaran una distracción y llamaran la atención de
todos, al menos, durante unos pocos minutos, para así poder a tomarla.
Entonces, tendría que rezar para que sea cual sea la operación, que le iban a
realizar, pudiera salir sin demasiados problemas y que nadie supiera que tenía
la llave. Una vez que estuviera de vuelta a su jaula, le sacaría el collar a Finn y
el Nix podría teletransportarlos, lejos de allí.
No podían llevarse a Oliver con ellos, porque su jaula estaba demasiado
lejos de las suyas, como para poder tocarlo, pero Finn le había prometido
regresar, después de dejarlo y llevárselo. A Jamie no le gustaba, pero
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realmente no tenían elección. Serían ya demasiado afortunados, primero de
conseguir la llave, y después de arreglárselas para escapar, sin ser
descubiertos.
Jamie alzó los ojos, cuando un guardia se detuvo delante de su jaula.
—Vamos, el Dr. Kadner te está esperando.
¿Dr. Kadner? Jamie pensaba que Científico Loco describía mejor al doctor,
pero no lo iba a decir en alto. Inspirando profundamente, miró a Finn. El Nix,
asintió imperceptiblemente con la cabeza, entonces volvió su atención a su
cubo de agua. Jamie se puso de pie y esperó por el guardia, para moverse.
Salió y el guardia lo empujó por la espalda, para hacer que comenzara a
caminar.
Jamie quería correr, pero no le era posible. Todas las puertas tenían cerrojos
que se activaban con las huellas digitales y un código, así que a alguien sin
autorización, le era imposible abrirlas. Los guardias no se tomaban a la ligera
cualquier intento de fuga. Jamie había visto cómo castigaban a un
cambiaformas lobo, delante de ellos, por intentar escapar. Y no había sido algo
agradable. Había que añadir, que no lo habían visto desde entonces y las
puertas eran un callejón sin salida.
La puerta del laboratorio se abrió, con un chasquido y Jamie fue guiado
hasta dentro. Girando a la izquierda, siguieron por un corredor, desde el cual
Jamie pudo ver a gente vestida con batas de laboratorio. No había conocido a
ninguno, solo al Dr. Kadner, y realmente esperaba no tener tiempo para llegar a
conocer más de esos científicos. El guardia se detuvo, en la puerta de la oficina
y empujó a Jamie al interior, cuando el Científico Loco respondió a la llamada
la puerta.
—Sr. Ellis, lo estaba esperando.
—Estoy seguro de que lo estaba. Así pues, ¿qué tiene planeado para mí
hoy? —Preguntó Jamie, esperando que su voz no revelara el miedo que sentía.
Había aprendido lo bastante rápido, que demostrar delante del hombre que
estaba asustado, solo le conllevaba a más dolor. Parecía que al buen doctor, le
gustaba provocar miedo y le irritaba que Jamie no se lo tuviera, al menos no
que pudiera percibir.
El doctor se levantó y caminó hacia él, pero antes de que pudiera decir algo,
alguien comenzó a gritar y a chillar. Jamie no podía decir de dónde provenía el
ruido, pero estaba bastante seguro de que eran Finn y Oliver. El doctor le dio
una dura mirada, como si le dijera que no se moviera y se dirigió a la puerta,
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preguntándole al guardia que estaba pasando. Jamie miró la llave y lentamente
se inclinó sobre el escritorio, su mano moviéndose detrás de su espalda, hasta
que sintió el plástico frío contra las yemas de sus dedos. Echando otra ojeada,
comprobó que sin lugar a dudas era la llave que necesitaba y la tomó, sus ojos
nunca abandonaron al doctor y al guardia.
Jamie se preguntaba, a menudo, por qué la llave estaba guardada a simple
vista. El Científico Loco no era estúpido, lejos de eso. Podía ser una trampa,
por supuesto, pero no lo creía así, Después de pensarlo y hablarlo con Finn,
habían llegado a la conclusión, de que el doctor estaba aguijoneando a Finn,
haciendo que éste viese la llave cada vez que se encontraba en la oficina del
doctor y sabiendo que su libertad estaba tan cerca, que podía haberla tocado,
pero no podía. Esa arrogancia, sería su llave a la libertad, literalmente.
Jamie deslizó la llave en su ropa interior, justo cuando el doctor se giraba y
regresaba al escritorio, con un ceño en su rostro.
—Sr. Ellis, parece que tendremos que esperar hasta mañana, para realizar
su operación. Siéntese, chequeare sus brazos, entonces volverá a su jaula.
Señaló una de las sillas, a un lado del escritorio y Jamie se sentó, mirando
cómo le quitaba las vendas. Los cortes casi eran imperceptibles, la única
evidencia, de que hubieran estado allí, eran unas líneas rosadas contra la
blanca piel. Realmente era asombroso. No había manera de que hubiera
sanado así de rápido, si no hubiera estado emparejado con Ward.
Ward… Jamie estaba haciendo todo lo que podía, para no pensar en su
pareja, pero el hombre estaba todavía allí, en cada pensamiento. Jamie se
sentía incompleto sin él, como si echara de menos algo vital. Sabía que Ward
estaba bien, podía sentirlo, pero eso no quería decir que no lo echara de
menos, como un loco.
Jamie sintió como una mano acariciaba las sonrojadas cicatrices y se
estremeció, por la repulsión, alejando su brazo de un tirón y lo pegó a su
cuerpo. No era la primera vez que el doctor había hecho algo así, incluso si
aparentemente nunca preguntaba o decía algo. Eran solo delicados toques
donde no tenía que haberlo hecho, caricias que eran demasiado suaves para
ser de un profesional. Le provocaba escalofríos y esperaba poder estar fuera
de allí, antes de que el doctor decidiera actuar según sus deseos, porque no
había manera de que fuera a acostarse con el hombre.
El doctor lo miró, pero no dijo nada. Después de examinar el otro brazo y
garabatear algo en su libreta, llamó al guardia y lo llevaron de nuevo a su jaula.
Jamie no sabía que esperar. No comprendía porque no lo operarían hoy, pero
estaba agradecido. Simplemente, estaba asustado de que alguno de sus
amigos, hubiera sido llevado a quirófano por culpa de la distracción que había
provisto, por lo que se sintió aliviado cuando vio que ambos, Finn y Oliver
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estaban en sus jaulas, evitando cuidadosamente, el mirarlo. No quería que los
guardias, supieran que se habían hecho amigos.
Una vez que Jamie estuvo de regreso en su jaula y se sentó en una esquina,
esperaron a que el guardia traspasara la puerta del laboratorio, de nuevo, antes
de comenzar a hablar.
—¿Qué pasó? ¿Qué hicieron?
—De hecho, nada. No tuvimos que hacer nada. Por alguna razón, los
conejos comenzaron a pelear y cuando la sangre comenzó a volar, llamamos a
los guardias. Los separaron y se llevaron al herido al laboratorio. ¿La tienes?
—Le preguntó Finn.
Así que era por eso, por lo que no lo estaban operando, ahora mismo. El
Científico Loco, tenía que curar al conejo. Mientras que no le importaba matar
cambiaformas, en aras del llamado progreso y ciencia, al doctor no le gustaba
cuando los cambiaformas, morían en una pelea. De esa manera, no eran útiles,
y no era fácil conseguir otros, para reemplazar a los que habían muerto.
—Sí, la tengo. ¿Cómo hacemos esto?
—Me sentaré, apoyando la espalda en los barrotes. Solo tendrás que utilizar
la llave.
—Vigilaré, que por si entra alguien —les dijo Oliver.
Jamie dirigió la atención, al otro humano.
—Sabes que volveremos, ¿verdad? Tan pronto como estemos a salvo, Finn
regresará por ti.
Oliver sonrió.
—Hey, no es como si me fuera a ir a algún lado. Estaré aquí.
Jamie asintió con la cabeza, entonces, lentamente comenzó a deslizarse
hacia el suelo, hasta que estuvo, espalda contra espalda con Finn, solo los
separaban las barras de metal. Cuidadosamente deslizó una mano dentro de
sus calzoncillos y cogió la llave, que había depositado bajo sus bolas. Deseaba
poder haberla puesto en un bolsillo, pero sus uniformes no tenían bolsillos.
Jamie, entonces supuso que debería de estar agradecido de tener ropa que
ponerse, tuviera o no bolsillos.
Girándose, se puso de rodillas y rápidamente insertó la llave en el collar de
Finn. Había pasado horas buscando la cerradura hasta saber exactamente
donde estaba, para que así solo le llevase unos segundos abrir el collar. Lo
abrió lentamente y lo deslizó, hasta sacarlo del cuello del Nix. La mano del Nix
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se alzó hasta su cuello y acarició con la punta de los dedos, la piel irritada
donde había estado el collar, antes de girarse y agarrar la mano de Jamie.
—¿Preparado?
Jamie no estaba seguro, pero tenía que hacerlo.
—Sí.
—Piensa en el lugar al que quieres ir. Imagina el lugar en tu cabeza y
concéntrate en él.
Jamie le dirigió una última sonrisa a Oliver, el cual asintió con la cabeza,
entonces se concentró en el estudio de Dominic. Era el lugar más seguro, en el
que podía pensar, y era casi indudable que Dominic estuviera allí. Si no estaba,
podría ir a la suite de Ward.
Cerrando los ojos, Jamie se concentró. Sintió como el aire a su alrededor
vibraba y su estómago se revolvió, como si él estuviera en una montaña rusa,
entonces alguien gritó. Abrió los ojos justo para ver a Ward, correr hacia él,
antes de que su pareja lo sepultara en un abrazo de oso y tuviera que soltar la
mano de Finn, para corresponderle. Se aferró a Ward, como si el leopardo
fuera su cuerda salvavidas, las lágrimas corriendo a raudales por su rostro.
—Bebé, ¿cómo… dónde… cómo llegaste hasta aquí? —Le preguntó Ward,
entre besos.
Jamie no tuvo tiempo para responder, antes de que su pareja tomara sus
labios en un devastador beso, quitándole el aliento. Sus lenguas se batieron en
duelo, reconociendo la una a la otra, y Jamie intentó volcar todas sus
emociones y sentimientos en el beso, su amor por Ward y el temor a no volver
a ver de nuevo a su pareja.
Podía escuchar a la gente hablando a su alrededor, pero no le importaba.
Estaba de regreso en los brazos de su pareja.
Ward estaba en el paraíso. No sabía cómo era posible, pero tenía a su pareja
de regreso.
Había estado hablando con Dominic, Bryce y Nate después de haber estado
en el lugar, que John Smith les había indicado, pero no habían encontrado
nada, y no estaban seguros de lo que hacer. No tenían ninguna pista de en
dónde buscar a continuación y Ward había estado caído en la desesperación,
101
cuando repentinamente, había sentido la presencia de su pareja en la
habitación.
Jamie había aparecido de la nada, en el estudio de Dominic, con un hombre
de pelo castaño y había dejado de pensar, con el único deseo de abrazar a
Jamie y no soltarlo nunca. El felino de Ward, quería llevárselo a su dormitorio y
reclamarlo otra vez, después de comprobar cada pulgada de su maravilloso
cuerpo, en busca de heridas, antes de lamerlo desde la punta de su cabeza
dorada hasta los pequeños dedos de los pies. Pero, ahora mismo, lo estaba
besando, como si se lo llevara el demonio.
—Siento interrumpirlos, pero me gustaría saber lo qué le pasó a Jamie —,
solicitó Dominic, desde detrás del escritorio.
Ward realmente quería tener algo de tiempo a solas con Jamie, pero también
sentía curiosidad por saber, lo que le había ocurrido y a quién tenía que matar,
por haberlo secuestrado, por lo que renuentemente, separó sus labios. Aunque,
no soltó a Jamie. Sentándose en una de la silla, tiró de su pareja hacia su
regazo y lo abrazó con firmeza.
—¿Jamie? —Le preguntó Dominic.
—Fui secuestrado y me llevaron a un laboratorio, en el que experimentan
con cambiaformas.
Ward se congeló. —¿Experimentan, amor?
—Sí, tenían un montón de jaulas llenas de diferentes tipos de cambiaformas
y estudiaban su sangre y fisionomía, antes de abrirlos.
Los ojos de Jamie se veían atormentados, y Ward no podía ni pensar, en lo
que su pareja había soportado.
—Algunos de ellos nunca volvieron, después de una operación o una
golpiza.
—¿Sabes sobre que experimentaban? —Preguntó Dominic.
—No, al menos no todo lo que hacían. A mí me cortaron, porque querían
saber cuán rápido sanaba, pero eso no fue nada comparado con lo que le
hicieron a Oliver. Es un humano, pero mezclaron su ADN y ahora, dice que
tiene un oso en su interior, pero no le es posible cambiar.
—Umm, Jamie, tengo que volver.
Ward se giró hacia el chico, que había aparecido con Jamie. Se percató de
cómo sus ojos recorrían de un lado a otro la habitación, manteniendo un ojo en
todos, especialmente en Bryce. Los ojos del hombre se detuvieron sobre él,
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más de una vez, mientras observaba y Bryce olió el aire y se puso rígido, en su
silla, la espalda recta como una vara, aunque evitaba mirar al hombre más
pequeño.
—Sí, Finn, ve. Tráelo hasta aquí, es seguro.
El hombre asintió con la cabeza, a Jamie, luego desapareció justo delante de
los ojos de Ward.
—¡Mierda! ¿Cómo hizo eso? —Gritó Bryce.
Ward quería reír, ante el sonido tan poco masculino que había hecho su
mejor amigo, pero sentía tanta curiosidad por saber cómo Bryce, así que miró a
Jamie, levantando una ceja inquisidora.
—Finn es un Nix.
—¿Qué es un Nix? —Preguntó Bryce.
—Es un hada acuática —, respondió Dominic.
—¿Conoces a los Nixes? —Le preguntó Jamie, al Alfa.
—No mucho. Entre los cambiaformas, se los considera una leyenda, por lo
que no sabía que realmente existieran.
—Finn es un hada acuática, lo cual significa, que tiene que permanecer
cerca del agua y tienen un montón de superpoderes, como lo que acaba de
hacer. Nos teletransportó hasta aquí.
—¿Adónde fue?
—A buscar a Oliver. Éramos los únicos en el laboratorio, que permanecimos
en forma humana, por lo que nos convertimos en amigos. No pudimos traer a
Oliver, con nosotros, porque tenía que tocar a Finn para teletransportarme con
él y su jaula, estaba demasiado lejos, así que le prometimos que Finn volvería
por él. ¿Está bien si lo trae aquí? —Jamie sonaba nervioso, probablemente
asustado, porque Dominic pudiese rechazar a sus amigos.
—Por su puesto. Son bienvenidos a quedarse aquí, tanto tiempo como
quieran. Jamie, ¿qué más puedes decirnos sobre el lugar, donde te retuvieron?
Antes de que pudiese responder, la puerta del estudio se abrió de golpe,
pegando en la pared, mientras Keenan pasaba corriendo y se lanzaba sobre
Jamie.
Ward apenas tuvo tiempo de afianzarse, cuando se encontró con los brazos
103
llenos de Jamie y Keenan, ambos hermanos abrazándose vehementemente.
—¡Oh, Dios mío, estás de vuelta! ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Qué te
pasó? ¿Estás herido? ¿Qué te hicieron? Venía a preguntarle a Dominic, qué
íbamos a hacer y escuché tu voz, y…—Keenan, al parecer, no podía parar de
hacer preguntas, su boca siempre abierta.
—Umm, Keenan, ¿podrías bajarte? No estoy seguro de cuánto tiempo más
voy a poder resistir el tenerlos, a los dos, encima de mí.
Jamie se ruborizó y Keenan soltó una risilla. Después de darle el último
achuchón, a su hermano, salió del regazo de Ward y se instaló en el de Bryce,
acomodándose felizmente en los brazos del puma, pero manteniendo una
mano en el brazo de Jamie, Bryce lo besó en la coronilla, antes de que todos
volvieran su atención, a Jamie.
—No sé dónde está ese lugar, exactamente, pero a Finn le debería ser
posible decírtelo ahora.
—¿Finn? —Preguntó Keenan.
—Sí, es un hada acuática y me ayudó a escapar. También experimentaron
con él.
—Espera, ¿qué? ¿Experimentar?
Jamie suspiró.
—Sí, Keenan, estábamos retenidos en un laboratorio, donde un científico
loco nos estudiaba y nos hacía un montón de cosas como esta —, dijo Jamie
alzando los brazos.
Ward los miró y la rabia lo llenó, mientras observaba las tenues cicatrices
que iban desde las muñecas hasta los codos. Agarrándole las muñecas, pasó
las yemas de los dedos delicadamente por las marcas y le preguntó;
—¿Qué ocurrió?
—Te lo dije, estaban intentando comprobar, cuán rápido podía curarme dado
que estoy emparejado a un cambiaformas. Soy afortunado, porque iban a
realizarme una cirugía hoy, pero algunos cambiaformas conejo se pelearon y
tuvieron que ocuparse de ellos. Me las ingenié, para conseguir la llave del
collar, que impedía que Finn se teletransportara, se lo saqué y aquí estamos.
—¿Hablaste con alguno de los cambiaformas, que estaban allí? —Le
preguntó Dominic. Ward podía ver que su Alfa ya estaba pensando en su
siguiente paso.
—No, todos permanecían en su forma animal, pero Finn me contó, que 104
antes, había hablado con algunos. Todos fuimos secuestrados, Dominic. No sé
cómo esos hombres conocen la existencia de los cambiaformas o cómo se las
arreglan para encontrarlos y raptarlos, pero tienen que ser detenidos. ¡Y pensar
en lo que están haciendo! Mira a Oliver, era humano y ahora ni siquiera sabe lo
que es ya. Está atrapado en un limbo entre humano y un cambiaformas.
En ese momento, el Nix reapareció, con otro hombre, alto y de pelo oscuro.
Que estaba en peores condiciones, los ojos hundidos en las órbitas y
extremadamente delgado.
Nate saltó de inmediato y lo ayudó a sentarse, en uno de los sofás, antes de
llamar al médico de la colonia. Ward observó cómo Finn se sentaba en el
suelo, al lado del sofá, sus ojos nunca apartaron la vista de Bryce, el cual
estaba acurrucado con Keenan, tranquilizándolo y evitando mirarlo, a propósito.
Ward podía ver el dolor y la rabia, en los ojos verdes de Finn y no podía
comprender por qué estaban fijos en su amigo, pero tenía una buena idea.
Había solo una explicación de por qué Bryce reaccionaría ante Finn, después
de olfatear el aire.
Ward no podía asegurarlo, pero se volvió más obvio, cuando Bryce mantenía
su atención en Keenan, besándolo en los labios, y vio una lágrima manar de los
ojos de Finn, antes de que el Nix se los enjuagara.
—¿Finn? ¿Estás bien? —Le preguntó Jamie, a su amigo.
—Sí. No tuve ningún problema. Los guardias no notaron nuestra ausencia, y
ninguno de los cambiaformas nos traicionó.
—¿Puedes decirnos dónde está ese lugar? —Preguntó Dominic.
Finn le dijo en donde estaba localizado el laboratorio, antes de levantarse y
mirar a Jamie.
—¿Puedes regresar a buscar a los cambiaformas?
—No, lo siento. Aparte del hecho de que puede que me atrapen,
teletransportarse es bastante difícil, para mí, especialmente desde que fui
capturado hace un tiempo.
—Por supuesto—dijo Dominic, con un ademán.
—¿Quieres que te proporcione una habitación?
—No, ahora tengo que irme.
—¡Espera! ¿No quieres descansar primero?
Finn meneó la cabeza, negando... 105
—No, quiero irme a casa. Volveré dentro de unos días, si quieres hablar.
—Después de dedicarle una última mirada herida a Bryce, Finn desapareció.
—¡Espera! ¿Qué…—Jamie miró a Ward. —¿Qué fue eso? ¿Por qué se fue
así?
Ward se encogió de hombros. No era su secreto para contarlo, al menos, no
delante de toda esta gente, pero podría contárselo a su pareja más tarde, una
vez que estuvieran solos.
Se produjo una llamada en la puerta y entró el médico de la colonia,
acudiendo de inmediato, al lado de Oliver.
—Ward lleva a Jamie a tu suite. El médico irá a examinarlo, una vez que
termine con Oliver. Sé que querrás quedarte con tu pareja, pero regresa aquí,
una vez que esté descansando. Tenemos que planear un ataque a ese
laboratorio, para liberar a los cambiaformas.
Ward asintió con la cabeza y se levantó, manteniendo a Jamie en sus
brazos, mientras salía por la puerta.
—Puedo andar, lo sabes.
—Lo sé—Ward sonrió.
—Pero mis brazos se han sentido, muy vacíos durante el pasado par de
semanas, sin ti. Necesito sentirte, Jamie. Necesito saber que regresaste a mí.
Necesito reclamarte de nuevo.
Ward observó cómo la mirada de Jamie se caldeaba, mientras él se
apresuraba a llegar a la suite. No podía esperar, para tener a su pareja
desnudo y debajo de él, tener su polla en el interior del pequeño y prieto culo
de Jamie.
—Llévame a casa, Ward. Llévame a nuestra cama.
Jamie tenía miles de preguntas que hacer, pero todas podían esperar. Justo
ahora, las únicas cosas que quería eran comida, una ducha y hacer el amor
con su pareja, y no necesariamente en ese orden. Manteniendo los brazos
106
envueltos, firmemente alrededor del cuello, Jamie esperó hasta que entraron
en la suite para bajarse de un salto.
—Tengo que darme una ducha. No he visto un baño, desde que fui
secuestrado.
—Sabes que eso no me importa, amor.
—Lo sé, pero a mí sí. Me siento asqueroso y apesto, e incluso tú no puedes
negar eso, especialmente con tu olfato de cambiaformas.
Jamie sonrió, cuando vio que Ward quería protestar, pero objetivamente no
podía.
—Bueno, sí, hueles un poco, pero no me importa, ¡lo juro! —Ward lo abrazó.
—Solo, estoy tan feliz de tenerte de vuelta, bebé, puedes apestar todo lo que
quieras y estaría todavía, aquí, contigo.
Jamie suspiró, feliz.
—Lo sé. Seré rápido, lo prometo.
Después de darle a su pareja, un rápido beso, Jamie se dio la vuelta y se
dirigió a la puerta del baño, pero algo hizo que se detuviera.
Echó una ojeada alrededor del salón, y vio un viejo edredón, que le había
hecho su madre colocado encima del sofá y una foto de él y Keenan, del día en
que su hermano se había graduado, colgada en la pared. Podía ver, incluso,
sus libros mezclados con los de Ward, en la estantería.
Ward debió de comprender, lo que estaba viendo porque dijo;
—Desempaqueté tus cajas. Sé que quizás, no debería de haberlo hecho;
pero ya que te estabas mudando, quería que te sintieses como en casa. Lo
siento…
No lo dejó terminar. Saltando sobre Ward, agarró a su pareja por el cuello,
mientras sus piernas se envolvían alrededor de su cintura y comenzó a
depositar besos en la cara de este y en su mandíbula. Sintió como lo alzaba,
con sus manos amasando las mejillas de su culo.
—Gracias… es perfecto… Dios, te amo tanto… —dijo, entre beso y beso.
Los ojos de Ward, se abrieron de par en par.
—¿Me amas?
—Más de lo que nunca pensé posible. —Jamie le dio un último beso en los 107
labios, antes de inclinar la cabeza apoyándola sobre el hombro del hombre.
—Estar lejos de ti… hizo que me percatara, de que lo que sentía por ti,
realmente era amor.
—Yo también te amo, Jamie.
Jamie no pudo evitar sonreír.
—Soy feliz, al escuchar eso.
Ward se inclinó y capturó los labios de Jamie, lamiéndolos hasta que lo dejó
entrar. Jamie le devolvió el beso, durante un momento, antes de echarse hacia
atrás con un gemido, descansando su frente contra la de Ward.
—Cierto, una ducha y luego los besos.
Volvió a bajarse de un salto, una vez más y se dirigió al baño, seguro de que
Ward lo seguiría. Se sorprendió, al ver que no lo hacía.
—Iré a buscarte algo de comer, amor. Volveré enseguida.
Jamie asintió con la cabeza y cerró la puerta del baño, desnudándose con
premura.
Quería quemar el uniforme del laboratorio, pero se conformó con tirarlo en el
contenedor de basura, antes de abrir el agua caliente para dejar que se
calentara. Una vez que estuvo a la temperatura adecuada, entró y echó hacia
atrás la cabeza, gimiendo, cuando el agua caliente comenzó a limpiar la mugre.
Después de lavar y enjuagarse el pelo, permaneció bajo el chorro, durante un
poco más de tiempo, con los ojos cerrados, simplemente disfrutando de la
sensación del agua caliente, deslizándose por su cuerpo.
Cuando sintió una corriente de aire frío, por la espalda, supo que Ward había
regresado y entrado en la ducha. No pasó mucho tiempo, antes de que sintiese
el calor de su pareja pegado contra su espalda, cubriendo cada pulgada de
ella, con suave y resbaladiza piel.
—Creí que esperarías por mí, en la cama.
—No podía esperar. Te necesito, pareja.
Jamie gimió, cuando sintió la lengua de Ward deslizarse con ligereza a lo
largo de su cuello, justo sobre su marca de apareamiento, mientras sus brazos
se envolvían alrededor de la cintura de Jamie y tiró de él para acercarlo, aún
más. Le encantaba, cuando la necesidad por él reducía a Ward a frases
108
entrecortadas.
Ward trazó un cálido sendero de besos, hacia la oreja de Jamie, antes de
mordisquear ligeramente su lóbulo, haciendo que se estremeciese de deleite.
Sus manos, se deslizaron hacia arriba desde las caderas hasta provocar los
pezones de Jamie y cuando comenzó a jugar con las duras protuberancias,
Jamie gimió, levantando los brazos hasta que se cerraron en la nuca de Ward.
Jamie giró la cabeza y buscó la boca de su pareja, para una cruda reunión de
labios, lenguas y dientes.
Había ocurrido demasiado. Habían estado separados, demasiado tiempo
para tomarse las cosas con calma, y ambos lo sabían. Jamie encajó su culo
contra la erección de Ward, desesperado por sentir a su pareja dentro de él.
—Amor, esto va a ser duro y rápido —, dijo jadeando Ward, una vez que sus
labios se separaron.
—Vale… por mí perfecto. La próxima vez, lo haremos dulce y lentamente.
Observó cómo Ward agarraba el lubricante, a prueba de agua, de su sitio al
lado del jabón y echó un buen chorro en sus dedos, antes de cerrarlo y dejarlo
caer al suelo. Inclinándose, para poner sus manos en el embaldosado de la
pared, Jamie alzó su culo y sintió un dedo resbaladizo de Ward sondear su
entrada.
Gimiendo, abrió sus piernas incluso más, cuando el dedo acarició la carne
fruncida antes de deslizarse en su interior. ¡Dios! Cómo había añorado esto, la
sensación de carne contra carne, el calor de sus besos, pero sobre todo el
amor que los envolvía cuando estaban juntos.
—Venga, Ward. Te necesito. —Dijo Jamie, mientras empujaba hacia atrás,
deseando que el dedo lo llenara.
—No quiero lastimarte.
—No lo harás.
Ward estiró a Jamie rápidamente, deslizando un segundo y luego un tercer
dedo, junto con el primero, mientras con la otra mano acariciaba y trazaba el
pecho de Jamie, antes de deslizarse hacia abajo para rodear su erección,
haciendo que gimotease de necesidad.
La mano de Ward, en su polla era el paraíso y el infierno a la vez, y no sabía
empujar hacia atrás para salir del agarre de los dedos de Ward o empujar hacia
delante, dentro del firme agarre de su mano.
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Ward le acarició la polla, más rápido, todo ello mientras sus dedos
tijereteaban el culo de Jamie. No llevó mucho tiempo, para que decidiese que
Jamie estaba lo bastante estirado para tomarlo, y él estuvo más que satisfecho,
cuando finalmente sintió la polla de su pareja contra su ano, empujando para
entrar. Sus gemidos y gruñidos, llenaron el pequeño receptáculo de la ducha, el
agua caliente cayendo sobre la espalda de Ward y deslizándose sobre Jamie,
como una cortina arremolinándose alrededor de ellos.
—¡Sí! —Siseó, cuando Ward se deslizó hasta el fondo, en un suave y
poderoso empuje, antes de retroceder hasta dejar solamente la cabeza en su
interior. Empujando de nuevo, hacia dentro, Ward fijó un ritmo castigador desde
el principio, sus manos aferradas a las caderas de Jamie con dureza, como si
quisiera evitar que su pareja, desapareciera nuevamente.
Ward liberó una de las caderas, para agarrar su engrosado eje, moviéndose
al mismo ritmo, en el cual estaba golpeando el culo de Jamie. Este estaba
cerca, tan cerca. Podía sentir su orgasmo construyéndose en sus entrañas,
casi estaba ahí, pero todavía echaba en falta algo. Entonces, sintió los dientes
de Ward rozando la sensitiva piel de su cuello y se vino, el clímax lo arrasó
como un tsunami. Gritó, sosteniéndose en pie tan bien como podía, sobre las
baldosas mojadas, mientras se estremecía.
Ward nunca desaceleró, siguió martilleando en el interior de Jamie, hasta
que este sintió a su pareja ponerse rígido y sus dientes se clavaron en el
cuello, en el mismo punto, en el que lo había reclamado la primera vez.
Ward se vino, llenando el culo de Jamie, mientras su eje pulsaba
profundamente en su interior, y Jamie se corrió de nuevo, el semen
esparciéndose sobre los azulejos enfrente a él y sobre la mano de Ward,
cuando sintió los dientes de su pareja rasgar la piel. Los tirones en el cuello de
Jamie, parecían estar conectado a su polla, prolongando el segundo orgasmos,
hasta que Ward paró de beber. Esto era el paraíso, el nirvana.
Jamie pronto sintió a Ward retraer los dientes, lamiendo la herida para
cerrarla, antes de apoyar su frente contra su espalda. Permanecieron así,
durante un momento, intentando recuperar el aliento. A Jamie no le quedaba
nada de energía remanente y pudo sentir como sus manos, lentamente,
resbalaban por la pared.
Afortunadamente, Ward pareció sentirlo y envolvió sus brazos a su
alrededor, antes de que cayera, girándolo cuando su polla flácida se deslizo
fuera del ano de Jamie y lo abrazó con un brazo, mientras lo terminaba de lavar
con el otro. Jamie suspiró de felicidad, en el pecho de Ward, sintiéndose
satisfecho, saciado y finalmente feliz. También estaba comenzando a sentir la
fatiga, provocada por los acontecimientos que había vivido, y no podía esperar
para caer rendido en la cama.
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Una vez que estuvo limpio, Ward lo envolvió en una toalla y lo llevó en
brazos, hasta la cama, donde vio la bandeja que lo estaba esperando.
Ward se rió.
—Come, amor.
Jamie estaba terminando su sándwich, cuando alguien llamó a la puerta se
la suite. Permitió que Ward respondiera, con la esperanza de que no se
demoraran mucho, porque estaba tan cansado, que le parecía que podría
dormir durante días. Gimió, cuando el médico entró en la habitación.
—Lo sé, lo sé —, dijo el hombre, alzando las manos en un gesto pacificador.
—No me demoraré. Solo quiero asegurarme, de que ahora mismo, estás bien,
pero necesitaré que bajes al laboratorio, una vez que hayas descansado.
Quiero examinarte, en profundidad, para asegurarnos que te no hicieron
ninguna tropelía, como la que le hicieron a Oliver.
Jamie se enderezó, sintiéndose culpable por no pensar en sus amigos, hasta
ahora.
—¿Cómo está?
—Tan bien como puede estar, dada la situación. No estoy seguro de lo que
puedo hacer para ayudarlo o si tan siquiera podemos hacer algo, pero lo
intentaré.
Jamie asintió con la cabeza y dejó que el médico hiciese su trabajo, mientras
Ward rondaba sobre él, como una mamá gallina. Una vez que el hombre se
hubo, marchado, ambos se deslizaron bajo las sábanas y se acomodó en el
pecho de Ward, necesitando de la calidez que únicamente le podía
proporcionar su pareja. Inhaló profundamente, permitiendo que el aroma
almizcleño, lo calmara.
—Así que, ¿tienes alguna idea de lo que pasó entre Bryce y Finn?
—Lo viste, ¿eh?
—Sí. Estoy preocupado por Finn, Ward. No se quedó el tiempo suficiente.
para que el médico lo examinara, y sé que a su tribu, no le importará si él está
bien o no. ¿Qué pasa si está herido? No sabemos lo que le hicieron.
—¿Sabes cómo ponerte en contacto, con él?
—No. Cuando decidimos intentar escapar, le dije que podía quedarse aquí,
con nosotros, y él estaba de acuerdo. No comprendo por qué escapó, pero vi
como miraba a Bryce.
111
Ward suspiró.
—No puedo asegurarlo, pero creo que Finn es la pareja de Bryce.
Jamie inspiró profundamente. Sabía que eso le rompería el corazón, a su
hermano.
Keenan estaba enamorado de Bryce, pero comprendía perfectamente, lo
que significaba una pareja, y Jamie estaba seguro de que dejaría a Bryce, tan
pronto como descubriera lo de Finn.
—¿Qué podemos hacer?
—Intentaré hablar con Bryce, pero no hay nada que podamos hacer. Esto es
algo entre Bryce, Finn y Keenan.
Jamie quería rebatírselo, pero sabía que Ward tenía razón. Simplemente,
quería evitar que su hermano pequeño fuese herido, incluso si era ilógico. Y
por encima de eso, estaba preocupado por Finn y se sentía culpable por ello; le
parecía como si estuviese traicionando a Keenan, al preocuparse por el
hombre, que le iba a quitar a Bryce.
Apartando todos estos pensamientos a un lado, Jamie depositó pequeño
besos sobre el pecho de Ward y cerró los ojos, antes de permitir que el sueño
se apoderase de él, finalmente sintiéndose seguro.
Lo habían planeado con todo detalle. Jamie les había dicho lo que recordaba
del lugar, cuantos guardias había y cuántos cambiaformas tenían que ser
rescatados, pero eso no hacía que Ward estuviese menos nervioso. Claro, no
era la primera vez que estaba en una pelea, pero era un contratista, no un
soldado. Hacía patrullas para la colonia, pero en raras ocasiones, tenían algún
problema, por lo que no tenían muchos guerreros profesionales, aunque eso
podía cambiar, dado que el mundo a su alrededor, se estaba convirtiendo
claramente, en un lugar más peligroso para ellos.
Pero esta vez, necesitaban a todos. No estaban seguros de cuánta gente
iban a tener en contra, y algunos necesitarían ayudar a los cambiaformas
heridos e intentar recuperar tantos documentos como pudieran encontrar, con
la esperanza de poder comprender lo que estos científicos habían estado
haciendo, no solo a los cambiaformas, sino también a Finn y a Oliver.
Ward estaba convencido, de que Oliver no era el único humano involucrado,
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y esperaba encontrar pruebas de eso y ayudar a cualquiera que necesitara
ayuda.
Jamie había insistido en acompañarlos, y nada de lo que Ward dijo lo había
hecho cambiar de opinión. Comprendía las razones de su pareja, en serio, pero
no quería arriesgarse a perder de nuevo a Jamie tan rápido, después de
haberlo recuperado.
—Estaré bien —, dijo Jamie, abrazándolo desde atrás.
Todos los miembros de la colonia, que podían defenderse a sí mismo en una
pelea, estaban reunidos en un decrépito edificio de apartamentos, en el exterior
del almacén, que alojaba los laboratorios. Aquellos que no podían pelear,
estaban organizando un pequeña clínica no muy lejos, así como transporte
para los cambiaformas que iban a rescatar, y Jamie debería haber estado con
ellos, no allí, en medio de la acción.
Su felino gruñó y se hizo eco del ruido, avisándole a su pareja, que fuera en
la retaguardia. Jamie le pegó en el pecho.
—No te pongas todo gruñón, conmigo. Esperare hasta que los chicos
grandes, aseguren el edificio, pero creo que es una buena idea si los
cambiaformas me ven a mí. Ya me conocen, saben que he estado allí con ellos
y espero que confíen en mí.
Ward sabía que Jamie tenía razón, pero no lo hacía más fácil de aceptar.
Pero también que Jamie podía tomar sus propias decisiones y que su pareja no
era estúpido. Tenía que confiar en que haría lo mejor.
—Bien, pero quédate aquí, hasta que Dominic diga que es seguro.
—Por supuesto.
—Está bien, gente. Sebastián y Nate han regresado. Tenemos catorce
guardias y nueve cambiaformas en las instalaciones, ahora mismo, y solo unos
cuantos trabajadores. Intenten capturar a tantos, como les sea posible, pero si
es el caso, no tengan miedo de matarlos. Prefiero que todos ustedes estén de
una pieza, que ellos. Otro problema, es que no sabemos cómo van a
reaccionar los cambiaformas. Por lo que sabemos, unos cuantos han estado en
este sitio, durante un tiempo y pueden asustarse o confundirse cuando nos
vean, así que tengan cuidado.
Dominic miró a su alrededor y asintió con la cabeza. —De acuerdo, todo el
mundo a sus puestos.
Ward se giró y besó rápidamente a Jamie.
—Ten cuidado, ¿vale? —Le pidió su pareja. 113
—Lo tendré. Prométeme que esperarás para entrar y que también serás
cuidadoso.
—Lo prometo. Vete ya.
Ward espero a que Sebastián se uniera a él, antes de quitarse la ropa y
cambiar. Aunque no todos lo hicieron. Dominic y unos cuantos más
permanecieron en su forma humana, para coordinar el ataque. También serían
los primeros que entrarían en el edificio y mantendrían las puertas abiertas.
Estar en forma felina, podía serlo mejor cuando se trataba de pelear, pero era
algo a que considerar, el tener manos.
Ward había querido ser el primero en entrar, pero Dominic lo había puesto
en la segunda oleada, en el equipo de rescate. Tanto como a Ward no le
gustaba, su Alfa probablemente tenía razón. Podía rasgar a pedazos a
cualquiera, con bata de laboratorio en estos momentos, pero necesitaban
respuestas.
Cuando se deslizaron, silenciosamente, en el almacén, Ward pudo ver a
Dominic y a Ward noquear al primer par de guardias. Dos fuera, quedaban
todavía doce. Dos de ellos aparecieron delante de Ward y Sebastián, y al
parecer, aunque eran guardianes de cambiaformas, no estaban acostumbrados
a luchar con ellos, al menos no cuando el podían devolverles el golpe.
Pero eso no quería decir, que no les fuera posible luchar, lejos de eso.
Mientras Sebastián se ocupaba del primer guardia, Ward se ocupó del
segundo.
Se las arregló para sustraerle, con la garra, la pistola que el otro hombre
esgrimía, pero el guardia ya había sacado un puñal. Se rodearon el uno a otro,
le gruñó ligeramente, un aviso que el otro hombre debería haber escuchado.
Cansado de esperar, Ward saltó sobre él, usando su peso, para tirar al guardia.
Funcionó, pero el hombre se las arregló para no perder el puñal y lo clavó en el
cuello de Ward.
Este, fue afortunado de que no fue profundo y que no alcanzó ninguna
arteria principal, ¡pero maldita sea si no dolía! Con un gruñido de furia, Ward se
apartó y cerró sus mandíbulas en la muñeca del guardia, tenía que lograr
deshacerse de la hoja.
Sabiendo que no era una herida mortal, Ward apretó su agarre y sintió sus
dientes clavándose en la piel y casi de inmediato, golpear el hueso. La sangre
llenó su boca, y mientras su felino ronroneaba su aprobación, Ward no pudo
evitar, sin embargo, sentirse un poco asqueado. La única sangre humana que
le gustaba, era la de Jamie.
Sorpresivamente, el guardia no gritó ni intentó zafarse. En su lugar, usó su 114
mano libre para golpearlo en un ojo, haciendo que el leopardo aullase de dolor.
Ward soltó la muñeca y al guardia le llevó solo unos pocos segundos
levantarse, pero Sebastián lo estaba esperando y lo derribó desde atrás,
sentándose sobre la espalda del hombre.
El guardia intentó liberarse, pero no le fue posible. Ward estaba sorprendido,
de que el hombre realmente le fuese posible moverse tanto, con doscientos
cincuenta kilogramos de león adulto sobre su espalda. El hombre era terco,
porque se retorció hasta que Nate apareció en su forma humana y se lo llevó,
dejando a su paso ropa para Ward y Sebastián.
El cuello de Ward le pinchó de dolor, mientras cambiaba, pero una vez en su
forma humana, la herida estaba casi curada. Sebastián insistió en limpiarla de
todos modos, afirmando que Jamie le cortaría el pellejo si no cuidaba
adecuadamente de Ward, por lo que este se lo permitió, su corazón un poco
más alegre, con pensar que Jamie se preocupaba así, por él.
Solo una vez que estuvo completamente vestido, Ward miró alrededor del
almacén, y deseó no haberlo hecho. Era una visión sacada de los abismos
infernales. La mayoría de las jaulas, en ese momento, ya habían sido abiertas,
había miembros de la colonia ayudando a los cautivos a salir y cuidando de
ellos, pero pudo ver la degradación a la que fueron sometidos.
Las jaulas eran pequeñas, demasiado pequeñas para los cambiaformas
adultos, por lo que podía ver, y toda la habitación estaba sucia y olía a
enfermedad y a animales. Los cambiaformas estaban tan delgados, que podía
contar sus costillas y todos tenían heridas abiertas en varias partes del cuerpo,
ninguno llevaba vendas.
Arrodillándose, cerca del leopardo negro que Jamie le había contado que
estaba allí, Ward permitió que oliera su mano, murmurando palabras
suavemente.
—Oye, amigo. ¿Cómo lo llevas?
El leopardo lo olió y le lamió la mano, decidiendo obviamente, que era uno
de los buenos.
—Vamos a sacarte de aquí, ¿vale? Solo quédate aquí un poco más, para así
asegurarnos de que podemos moverte, sin causarte daño.
El leopardo apoyó su gran cabeza sobre sus garras y Ward lo sacó de la
jaula, dejando la puerta abierta. Buscó a Jamie y lo encontró en una esquina,
con un conejo blanco en los brazos y acariciándolo suavemente. Cuando el
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conejo olió que Ward se acercaba, entró en pánico, sus pequeñas garras
deslizándose sobre la camisa de Jamie, mientras intentaba esconderse contra
su cuello, y Ward se detuvo, dándoles espacio. Jamie acarició la blanca piel un
poco más, antes de pasarle el animalillo a una de las parejas humanas de la
colonia.
—Le tiene miedo a los depredadores, de gran tamaño. Creo que alguno de
los cambiaformas más grandes, de hecho, se comió a algunos de los
cambiaformas conejo.
Ward se estremeció por el espanto. Un cambiaformas nunca comía a otros
cambiaformas, porque era considerado canibalismo, incluso cuando ambos
estaban en forma animal. Pero viendo en qué estado estaban, podía
comprender por qué alguno podía haber estado lo bastante desesperado para
hacerlo, incluso si era algo que nunca harían normalmente.
Agarrando a Jamie, Ward tiró de él hacia sus brazos, besando la cima de su
cabeza. Su pareja era valiente, pero sabía cuán duro era esto para él. No solo
era el lugar en donde había sido retenido y habían experimentado con él, sino
porque algunos de estos cambiaformas, eran sus amigos o al menos, algo
cercano a amigos.
Les llevó toda la noche sacar a todos los cambiaformas. Los depredadores
podrían quedarse en la mansión, por ahora, pero Dominic tenía que buscar un
lugar alternativo para los conejos. El Alfa tenía conexiones con la mayoría de
los alfas del estado, y había encontrado una manada de ciervos mulo, que se
habían ofrecido a acogerlos.
Tendría que contactar con un montón de diferentes grupos de cambiaformas,
para descubrir si eran miembros que habían desaparecido.
El amanecer los encontró de regreso, en el estudio de Dominic, todos
agotados. Jamie estaba dormido, acurrucado en el pecho de Ward.
—Tenemos a todos acomodados. Les dejaré saber, si descubrimos algo
relevante en los documentos que encontramos, en el laboratorio, pero creo que
todo eso puede esperar, hasta mañana. No nos fue posible capturar al jefe del
equipo de científicos, pero parece que tenemos la mayor parte de su
investigación. Va a llevar algún tiempo llegar a alguna conclusión, pero Isaiah
ya está trabajando en ello.
Dominic suspiró. —Vayan a dormir, lo merecen.
El Alfa se masajeó las sienes, como si tuviera dolor de cabeza, y Ward no
podía culparlo. Ese cargo traía las suficientes responsabilidades para provocar
dolores de cabeza, de por vida.
Ward tomó a Jamie delicadamente en sus brazos, con cuidado de no
despertarlo, y siguió a Bryce. Su amigo encabezaba el camino, hacia la suite
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de Ward, abriendo las puertas para él. Una vez que Jamie estuvo en la cama,
se unió a Bryce en el salón, donde encontró al puma sentado en el sofá,
mirando un vaso vacío en sus manos. Por el olor, podía decir, que había
contenido alcohol.
—¿Quieres hablar? —Le preguntó a Bryce.
Su amigo, alzó los ojos del vaso.
—¿Sobre qué?
—Venga, sabes de lo que estoy hablando. ¿Qué pasa con Finn? —Ward no
quería presionarlo, pero quería saber si su amigo necesitaba ayuda.
—Nada. No lo he visto desde que se desvaneció, en la oficina de Dominic.
—¿Por qué se fue? Se suponía que se iba a quedar y vivir aquí, durante un
tiempo.
Bryce se miró las manos, mientras suspiraba.
—Supongo que no le gustó el hecho de que fuese tan afectuoso con
Keenan. Es mi pareja, Ward.
Ward desearía haber estado equivocado. No quería que nadie resultara
herido, pero en esta situación lo iba a estar, y ya sabía quién.
—¿Qué vas a hacer? ¿Se lo dijiste a Keenan?
—¡No! Estoy enamorado de Keenan, y no lo voy a dejar —,refunfuñó Bryce.
—Pero él no es tu pareja —le dijo Ward, suavemente. —Es Finn.
—¿Y qué? ¿Por qué habría de dejar al hombre que amo y que me ama, por
alguien que ni siquiera conozco? —Bryce estampó el vaso sobre la mesa de
café y se puso de pie, pasando las manos por su cabello.
—Mira, ¿podemos hablar sobre esto, otro día? Estoy agotado y ha sido un
largo día.
Sin esperar respuesta, salió deprisa, dejando a Ward solo y preguntándose
cómo iba a resolver esto, su mejor amigo.
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Capítulo 7
Jamie estaba sentado en el jardín de la mansión, pensando en el día que
había decidido ir de acampada, solo. ¿Quién hubiera pensado que solo unos
pocos meses más tarde, podrían estar prácticamente casados? Y eso era
solamente uno de sus cambios personales. Ni siquiera podía pensar en lo
mucho que su vida había cambiado, solo porque descubrió que los
cambiaformas no eran solo cosa de las novelas románticas.
La colonia lo había aceptado sin reservas, y ahora tenía amigos y una
familia. Dominic también había permitido que los cuatro cambiaformas
depredadores que había rescatado, se quedaran en la casa, así como a Oliver.
El corazón de Jamie dolía, cuando pensaba en lo que su amigo estaba
atravesando. Habían descubierto documentos que explicaban lo que el
científico le había hecho, pero todavía no habían encontrado la manera de
ayudarlo.
El ADN de Oliver había sido modificado al añadirle ADN de cambiaformas.
No era como en un emparejamiento, como cuando el ADN de Jamie había sido
modificado, para darle algunas de las ventajas de ser un cambiaformas. Jamie
nunca tendría un animal en su interior, y estaba agradecido por ello. Oliver, en
cambio, estaba conviviendo con un oso en su interior, del que no podía
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separarse, no importaba lo mucho que el oso lo quisiera o por mucho que lo
intentara Oliver.
Estaba intentando ser fuerte, pero Jamie podía ver que su amigo, con cada
día que pasaba, se estaba encerrando aún más. Ahora, apenas si dejaba su
habitación, y cuando lo hacía, era solo para comer. Jamie suponía, que era
demasiado difícil para él estar alrededor de cambiaformas, porque la manera
en la que ellos vivían, en simbiosis con su animal, algo que él se le había sido
negado. Él no era un cambiaformas, pero tampoco era un ser humano.
—¿Jamie?
Este saltó por la sorpresa, el corazón saltándole del pecho, porque había
creído que estaba solo ahí fuera y porque reconoció la voz.
—¿Finn? —Preguntó, poniéndose de pie y girando a su alrededor.
— ¡Oh, Dios mío! ¿Dónde has estado?
El Nix parecía estar físicamente bien, pero era tan tanta la melancolía y la
tristeza que había en sus ojos, que dolía tan solo mirarlo.
—Fui a casa.
Jamie lo abrazó. No estaban acostumbrados a tocarse el uno al otro, de esa
manera, habiendo estado siempre separados por los barrotes de sus jaulas,
pero era obvio que su amigo, necesitaba el contacto íntimo.
—¿Por qué te marchaste? —Le preguntó Jamie, aunque ya conociera la
respuesta. Ward le había contado de su conversación con Bryce.
—Podías haberte quedado, con nosotros.
—¡No me quiere! ¿Por qué? ¡Pensé que las parejas lo significaban todo, creí
que finalmente había alguien que me amaría! ¿Por qué no me quiere? —Finn
se rompió justo allí, en brazos de Jamie. Comenzó a llorar, sus hombros
estremeciéndose con los sollozos, sus lágrimas humedeciendo la camisa de
Jamie.
—No creo que no te quiera, Finn. —Jamie tenía que ser honesto. — Bryce
está enamorado de mi hermano, y creo que se encuentra dividido entre ese
amor y la atracción, debido al emparejamiento, que siente por ti. No creo que le
sea posible a alguien parar de amar a su pareja, solo porque descubrió a su
compañero. Bryce encontrará la manera, pero tienes que ser paciente.
—Pero me miró, sabía que era mi pareja, y lo besó… ¡delante de mí! — 119
Siseó Finn.
—¿Es tu hermano?
—Sí, Bryce está saliendo con mi hermano. Creo que solo está sorprendido,
por haberte encontrado. Conozco a Bryce, y nunca le haría daño a alguien
apropósito.
—¿Por qué me estás contando esto? ¿No deberías estar de parte de tu
hermano? —Le preguntó Finn, apartándose del abrazo de Jamie.
—No estoy de parte de nadie, Finn. No quiero que alguien resulte herido, los
amo a los tres; pero sé que alguien saldrá herido. Creo que Bryce y Keenan
sabían que algún día, tendrían que romper, pero ocurrió muy pronto… dale a
Bryce un poco más de tiempo, para que procese el hecho de que eres su
pareja y decida qué hacer.
Jamie oyó un jadeo, detrás de ellos. Girándose, se percató de que las cosas
acababan complicarse aún más, cuando vio a Keenan allí de pie.
—¿Eres… eres la pareja de Bryce? —Le preguntó a Finn, su voz estaba
temblorosa.
—Sí.
Jamie pudo ver que Keenan sabía lo que eso significaba para él. Pensó que
su hermano gritaría o lloraría, pero no hizo nada de eso.
Keenan estaba siniestramente calmado, sus sentimientos solo fueron
traicionados por la manera en que sus manos estaban apretadas, en firmes
puños a sus costados y por el temblor de su labio inferior. Cuando Jamie se le
acercó, levantó una mano para detenerlo.
—No por favor. Sé… sé lo que significa ser una pareja, y siempre supe que
tendría que renunciar a Bryce, un día. Simplemente pensé… es como Jamie
dijo, pensé que tendría más tiempo para estar con él.
Keenan inspiró profundamente.
—Hablaré con Bryce. Le diré que tenemos que terminar.
Los ojos de Finn se abrieron, de par en par.
—¿No vas a pelear por esto?
Keenan le lanzó una sonrisa triste, sus ojos llenos de lágrimas por derramar.
—Incluso si peleara, nunca ganaría. Es porque estoy enamorado de él, que 120
hago esto. Sé que eres el único destinado a estar con él, y que al haberte
conocido nunca será completamente feliz conmigo. Simplemente… cuídalo,
¿está bien?—Preguntó antes de escapar corriendo, las lágrimas derramándose
finalmente.
Jamie intentó detenerlo, para consolarlo, pero Keenan negó con la mano.
Jamie sabía que su hermano necesitaba tiempo, y se lo daría. Su corazón dolía
y se sentó en la hierba.
—Lo siento, Jamie. No quería lastimarlo.
—Lo sé. ¿Puedes simplemente esperar unos días, para hablar con Bryce?
Déjalos… que hablen y lo aclaren todo.
—Por supuesto. —Finn dudó. —Te veré pronto, ¿de acuerdo?
—Claro.
Finn se desvaneció. Jamie permaneció en el jardín, viendo el día venir y
llegar a su fin, la luz decayendo. Era casi de noche, cuando Ward finalmente lo
encontró.
—¿Qué pasó, amor? Escuché que Bryce y Keenan se pelearon.
—Finn estuvo aquí. Keenan descubrió que es la pareja de Bryce.
—Oh, amor, lo siento. —Ward se sentó detrás de él, encajándolo entre sus
piernas y abrazándolo íntimamente. Jamie apoyó la cabeza en el hombro de
Ward y permitió que el aroma de su pareja lo confortara y calmara. —Sabíamos
que esto podría ocurrir. Encontrarán una manera de resolver esto. Dolerá al
principio, pero estarán bien, los tres.
—Lo sé.
Girando la cabeza, Jamie buscó los labios de Ward y permitió que los besos
alejaran los problemas de su amigo, solo por ahora. Quería vivir su felices para
siempre, y esperaba que su hermano encontrara su propio final feliz un día,
pronto.
Fin
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Sobre el autor
Catherine vive en Italia, país de buena comida y hombres guapos. Solía
escribir sobre el género fantástico, cuando era niña, pero fue leyendo su
primera novela homoerótica, lo que le hizo darse cuenta de lo que realmente
quería escribir.
Después de graduarse en la Universidad de Inglaterra, de filología inglesa y
traducción, divide sus días entre escribir, leer, cuidar de su hijo y leer un poco
más.
Puedes contactar con ella en Facebook y Twitter o en su página web:
authorcatherinelievens.wordpress.com
Email: [email protected]
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Créditos
Ketty Carro
Vero
Dark Fae
Clau
Agradecimiento a todo el staff de
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