GUERRAS NAPOLEÓNICAS
Guerras napoleónicas. Fueron los conflictos bélicos librados durante el gobierno
de Napoleón Bonaparte. Se cree que empezaron en Europa, en el período
comprendido entre las Guerras de la Revolución francesa (1792-1800), marcado
por el ascenso al poder dictatorial de Napoleón, como Primer Cónsul,
en diciembre de 1799. Finalizaron el 20 de noviembre de 1815, tras la derrota final
de Napoleón en la Batalla de Waterloo y el Segundo Tratado de París de 1815. En
conjunto, el casi continuado período de guerras comprendido entre el 20 de
abril de 1792 y hasta el 20 de noviembre de 1815 es llamado con frecuencia La
Gran Guerra Francesa.
ANTECENDENTES
Las batallas libradas desde 1799 hasta 1815 entre Francia y varias naciones
europeas son ya históricamente conocidas como las Guerras Napoleónicas. Estos
enfrentamientos militares fueron una continuación de las guerras mantenidas
por Francia en Europa durante la Revolución francesa (1789-1799). En ellas
sobresalió el talento estratega de Napoleón Bonaparte. Durante los años que
Napoleón había pasado en guarniciones de provincias aprovechó su tiempo para
ampliar su preparación militar, profundizando en sus estudios
de matemáticas, artillería y táctica militar, entrando, además, en conocimiento de
los pensadores políticos clásicos y descubriendo también su pasión por la historia.
COALICIONES
Las Guerras Napoleónicas, se tiende cada vez más a llamar las Guerras de
Coalición por haberle sido impuestas a Napoleón por los aliados. El período de las
guerras lo componen las diferentes coaliciones que conformaron los
enfrentamientos.
Primera Coalición
La Primera Coalición[1], (1792-1797) de Austria, Prusia, el Reino Unido, España y
el Piamonte (Italia) contra Francia fue el primer intento para acabar con el
republicanismo.
Descripción
El gobierno francés confió a Napoleón la dirección de lasInfantería francesa
durante las Guerras Napoleónicas operaciones militares contra las tropas
austriacas en el norte de Italia en 1796. En menos de un año, Napoleón había
vencido a las fuerzas de Austria, superiores en número. En 1797, se le asignó el
mando de una expedición que tenía como objetivo conquistar Egipto para cortar la
ruta británica a la India. La invasión fracasó tras la batalla del Nilo y Napoleón
regresó a Francia. Aunque ambas campañas se produjeron durante el régimen del
Consulado, antes de la asunción del poder por Bonaparte, suelen ser
consideradas como la primera fase de las Guerras Napoleónicas. Fue en ellas
donde el líder francés desplegó por primera vez a gran escala su talento como jefe
militar.
La coalición fue derrotada por los franceses debido a una movilización general,
levas en masa, reformas en el ejército y una guerra absoluta.
Segunda Coalición
El período comenzó con la Guerra de la Segunda Coalición[2], que incluye la
Campaña de Italia (1899), las acciones en Egipto (1800-1801) y en el mar, la
victoria naval de Nelson en Copenhague, período que concluyó con el Tratado de
Amiens en 1802.
Las hostilidades entre Francia e Inglaterra se reanudaron en mayo de 1803 con el
pretexto de que esta última se negaba a entregar la isla de Malta a los caballeros
de la Orden de Jerusalén, como estipulaba el tratado.
Descripción
La victoria de Napoleón en la campaña contraCampaña de Egipto durante las
Guerras Napoleónicas los austriacos en el norte de Italia puso fin a la Primera
Coalición. No obstante, durante su estancia en Egipto se formó la Segunda
Coalición (24 de diciembre de 1798) integrada por Rusia, Gran Bretaña, Austria, el
reino de Nápoles, Portugal y el Imperio otomano. Las batallas principales de la
guerra de la Segunda Coalición, que se inició a finales de 1798, tuvieron lugar en
el norte de Italia y en Suiza al año siguiente. Los austriacos y los rusos, dirigidos
por el general Alexandr Suvórov, vencieron a los franceses en el norte de Italia en
las batallas de Magnano (5 de abril de 1799), Cassano (27 de abril), el Trebbia (17
al 19 de junio) y Novi (15 de agosto). La Coalición también tomó Milán; abolió
la República Cisalpina, que se había constituido bajo los auspicios del gobierno
francés en 1797; ocupó Turín y privó a Francia de sus anteriores conquistas en
Italia.
El resultado de la lucha en Suiza fue más favorable para los franceses. Tras ser
derrotados en Zurich (7 de junio) por Carlos de Habsburgo, archiduque de Austria,
las fuerzas francesas dirigidas por el general André Masséna vencieron a las
tropas rusas del general Alexander Korsakov el 26 de septiembre. Suvórov y sus
fuerzas abandonaron el norte de Italia atravesando los Alpes para unirse a
Korsakov en Suiza, donde sus tropas se habían dispersado tras ser vencidas. El
ejército de Suvórov hubo de refugiarse en las montañas del cantón de los
Grisones, donde quedó diezmado a causa del frío y el hambre. Los rusos se
retiraron de la Segunda Coalición el 22 de octubre alegando como motivo la falta
de cooperación de los austriacos.
Cuando Napoleón regresó a Francia procedente de Egipto en octubre de 1799,
pasó a ser el líder del Consulado y ofreció la paz a los aliados. La Coalición
rechazó esta propuesta y Napoleón planeó una serie de ataques contra Austria
para la primavera de 1800. Bonaparte se adentró en Italia cruzando los Alpes con
un nuevo ejército formado por 40.000 hombres y venció a los austriacos en
la Batalla de Marengo el 14 de junio. Mientras tanto, las tropas francesas del
general Jean Victor Moreau habían penetrado en el sur de Alemania atravesando
el Rin y tomando Munich. Moreau también había derrotado a las fuerzas
austriacas del archiduque de Austria Juan de Habsburgo en la Batalla de
Hohenlinden, que tuvo lugar en Baviera el 3 de diciembre, y se había aproximado
a la ciudad de Linz (Austria). Las victorias francesas obligaron a firmar a Austria
el Tratado de Lunéville el 9 de febrero de 1801, por el que Austria y sus aliados
alemanes cedían la orilla izquierda del río Rin a Francia y reconocían a las
repúblicas Bátava, Helvética, Cisalpina y Ligur, además de realizar otras
concesiones. Asimismo, este tratado marcó la disolución de la Segunda Coalición.
El único aliado que continuó la lucha contra Francia fue Gran Bretaña. Las tropas
británicas se habían enfrentado sin éxito contra las francesas en territorio
holandés en 1799, pero habían conquistado algunas posesiones francesas de
Asia y otros lugares. Gran Bretaña firmó el 27 de marzo de 1802 la Paz de
Amiens con Francia.
No obstante, esta paz resultó ser una mera suspensión de las hostilidades.
En 1803 se produjo una disputa entre ambos países a propósito de la cláusula del
acuerdo que establecía la restitución de la isla de Malta a la Orden de los
Caballeros de San Juan de Jerusalén. Gran Bretaña se negó a entregar la isla, por
lo que estalló una nueva guerra contra los franceses. Una importante
consecuencia de este conflicto fue que Napoleón abandonó su proyecto de
establecer un gran imperio colonial francés en Norteamérica, al verse obligado a
concentrar sus recursos en Europa. Así pues, vendió Luisiana a Estados Unidos.
En 1805, Austria, Rusia y Suecia se unieron al conflicto en apoyo del bando
británico, y España se alió con Francia; este fue el inicio de la guerra de la Tercera
Coalición.
Tercera Coalición
En 1805 Inglaterra, Rusia, Austria y Suecia se aliaron a Inglaterra contra Francia, y
España a Francia, lo que inició la Guerra de la Tercera Coalición[3], que, junto a
la Revolución haitiana, obligaron a Napoleón a abandonar su sueño de
reconquistar el imperio americano francés.
En esta guerra los austriacos y suecos fueron derrotados en Ulm y Austerlitz
(1805), pero Inglaterra ganó la supremacía naval en Trafalgar (octubre de 1805).
Rusia entró en la guerra al lado de los aliados, pero fue derrotada en la Batalla de
Auerstedt, después de lo cual los restos de la resistencia ruso-prusiana fueron
liquidados en Eylau y Friedland (1807), y culminaron en los Tratados de Tilsit el 7
y 9 de julio de ese año. También ese año comenzó la Guerra Peninsular, y dos
años después Austria se incorporó a la guerra, pero fue derrotada en Wagram
en julio, y firmó el Tratado de Schönbrunn en octubre.
Descripción
Napoleón se apresuró a tomar medidas contra la nueva alianza. Había
Infanteria austriaca durante las Guerras Napoleónicas ejercido una gran presión
sobre Gran Bretaña desde 1798 al mantener a un ejército concentrado en
Boulogne -a orillas del canal de la Mancha-, que hacía pensar a los británicos que
se preparaba una invasión de Inglaterra. Bonaparte aumentó considerablemente el
número de fuerzas destacadas en Boulogne cuando comenzaron las disensiones
que hicieron estallar la guerra en 1803. Tras la formación de la Tercera Coalición
contra Francia, sus tropas abandonaron Boulogne para enfrentarse a los
austriacos, que habían invadido Baviera con un ejército dirigido por Fernando III, el
gran duque de la Toscana, y el general Karl Mack von Leiberich. Varios estados
alemanes, entre los que se contaban Baviera, Württemberg y Baden, se aliaron
con Francia. Napoleón derrotó a las fuerzas de Austria en Ulm, capturó a 23.000
prisioneros y, a continuación, marchó con sus tropas a lo largo del Danubio y
conquistó Viena.
Los ejércitos rusos, liderados por el general Mijaíl Kutúzov y Alejandro I,
emperador de Rusia, respaldaron a los austriacos, pero Bonaparte venció a las
fuerzas austro-rusas en la Batalla de Austerlitz, también denominada de los Tres
Emperadores. Austria se rindió nuevamente y firmó el Tratado de Presburgo el 26
de diciembre de 1805. Una de las cláusulas del acuerdo estipulaba que Austria
debía entregar a Francia la zona del norte de Italia y a Baviera parte del propio
territorio austriaco; asimismo, Austria reconoció a los ducados de Württemberg y
Baden como reinos.
Cuarta Coalición
Rusia se levantó nuevamente contra el Emperador y este la invadió. Prusia se
sumó a los aliados para la campaña, lo que dio lugar a la Cuarta Coalición[4],
(1806-1807), que comenzó con la batalla de Lützen.
Austria se incorporó a la alianza y Napoleón fue derrotado en Leipzig (octubre),
después de lo cual sus enemigos invadieron Francia con los prusianos de Blücher
desde Mainz y los austriacos desde Langres.
Descripción
Prusia, ante el incremento de poder de Francia en Caballería prusiana durante las
Guerras Napoleónicas.
Alemania, se unió a la Cuarta Coalición compuesta por Gran Bretaña, Rusia y
Suecia en 1806. Bonaparte aplastó a las tropas prusianas en la Batalla de
Jena el 14 de octubre de ese mismo año y tomó Berlín. A continuación, derrotó a
los rusos en la batalla de Friedland y obligó a firmar la paz a Alejandro I.
De acuerdo con las principales condiciones del Tratado de Tilsit, Rusia tuvo que
entregar sus posesiones polacas y aliarse con Francia, mientras que Prusia perdió
casi la mitad de su territorio, tuvo que hacer frente a cuantiosas indemnizaciones y
se le impusieron severas restricciones al tamaño de su ejército permanente. Rusia
y Dinamarca emprendieron una acción militar contra Suecia que obligó a su
monarca, Gustavo IV Adolfo, a abdicar en favor de su tío, Carlos XIII, a condición
de que éste nombrara como su heredero al general Jean Baptiste Jules
Bernadotte, uno de los mariscales de Napoleón. Bernadotte fue coronado
en 1818 con el nombre de Carlos XIV Jean-Baptiste Bernadotte y fue el fundador
de la dinastía actual sueca.
Nacionalismo antinapoleónico
En 1808, Napoleón dominaba toda Europa, a excepción de Rusia y Gran Bretaña.
Las principales razones del posterior declive fueron el surgimiento del espíritu
nacionalista en varias de las naciones europeas derrotadas y la persistente
oposición de Gran Bretaña, que, a salvo ya de una invasión gracias a la
superioridad de su armada, no cesó de organizar y financiar nuevas coaliciones
contra Napoleón.
España fue la primera nación en la que Bonaparte tuvo que hacer frente a las
insurrecciones nacionalistas que provocaron su caída. El emperador francés,
después de haber destronado al rey Carlos IV de España, nombró a su
hermano José Bonaparte rey de este país en 1808. Los españoles se rebelaron y
expulsaron al nuevo gobernante de Madrid. Se desató la guerra de la
Independencia española (1808-1814) entre los franceses, que intentaban restaurar
a José I Bonaparte en el trono, y los españoles, apoyados por las fuerzas
británicas mandadas por Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington.
Los franceses fueron derrotados, y el número de bajas que sufrieron perjudicó
seriamente a Napoleón cuando se vio obligado a hacer frente a sus nuevos
enemigos del este y el norte de Europa. Su primera oponente era Austria, que se
unió a Gran Bretaña para formar la Quinta Coalición en 1809. El emperador
francés derrotó a los austriacos en Wagram (julio de 1809) y les obligó a firmar
el Tratado de Viena, por el cual Austria perdió Salzburgo, parte de Galitzia y
grandes áreas de sus territorios del sur de Europa. Asimismo, se divorció de su
primera mujer y contrajo matrimonio con la hija de Francisco II de Austria, con la
vana esperanza de que este país no participara en nuevas coaliciones contra él.
Quinta Coalición
El alzamiento popular contra la invasión francesa el 2 de mayo de 1808 dio lugar a
la Guerra de la Independencia Española, que finalizó en 1814 con la expulsión del
trono de José Bonaparte y la restauración de la monarquía borbónica en la figura
de Fernando VII.
La Quinta Coalición[5], (1809) del Reino Unido y Austria contra Francia se formó
mientras España se enfrentaba con Francia en la Guerra de la Independencia
Española.
Descripción
El Reino Unido se encontraba ya luchando contra Francia aliado con los rebeldes
españoles en la Guerra de Independencia. Al mismo tiempo, Austria había
reclutado un nuevo ejército para tratar de dar un vuelco a las desfavorables
condiciones impuestas tras la derrota de la guerra anterior en la Cuarta Coalición
que culminó con el Tratado de Pressburg. A pesar de que Austria obtuvo algunas
victorias en operaciones menores de tipo defensivo, la ausencia
de Rusia y Prusia de la coalición significó la inferioridad numérica de Austria frente
a los enormes ejércitos franceses, lo que la condujo a la posterior derrota en
la Batalla de Wagram. Austria fue obligada a firmar el Tratado de Schönbrunn,
perdiendo aún más territorio frente a Napoleón.
Sexta Coalición
La Sexta Coalición[6], (1812-1814) estuvo formada por el Reino
Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria, y cierto número de estados germánicos para
combatir al Imperio Francés de Napoleón y sus aliados. Como resultado de esta
guerra Napoleón fue derrocado y confinado a la Isla de Elba.
Descripción
En 1812, Francia y Rusia entraron en guerra porque Alejandro I se negaba a
aplicar el Sistema Continental. Dado que gran parte de sus hombres se
encontraban en España, Napoleón Bonaparte invadió Rusia sólo con 500.000
hombres.
Derrotó a los rusos en Borodino y conquistó Moscú el 14 de septiembre de 1812.
Los rusos invadieron la ciudad, impidiendo así a las tropas francesas establecer
allí cuarteles de invierno. Abandonaron Rusia y se adentraron en Alemania, pero
la mayoría de los hombres murieron a lo largo del camino a causa del frío, el
hambre y los ataques de la guerrilla rusa.
El Imperio Ruso se unió entonces a la Sexta Coalición, de la que también
formaban parte Prusia, Gran Bretaña y Suecia. Prusia, en un estallido de fervor
nacionalista provocado por las reformas políticas y económicas que se habían
implantado desde la derrota de Jena, inició la guerra de Liberación contra
Napoleón en 1813. Éste consiguió su última victoria importante en la Batalla de
Dresde, donde el ejército francés derrotó a las fuerzas conjuntas de Austria, Prusia
y Rusia el 27 de agosto de 1813. Sin embargo, durante el mes de octubre,
Napoleón se vio forzado a replegarse sobre el Rin tras la Batalla de Leipzig,
quedando liberados los estados alemanes. Los ejércitos rusos, austriacos y
prusianos invadieron Francia desde el norte al año siguiente y tomaron París
en marzo de 1814; Napoleón abdicó y hubo de exiliarse en la Isla de Elba, situada
en el Mar Mediterráneo.
Los miembros de la Quinta Coalición se reunieron en el Congreso de Viena para
restaurar a las monarquías que Napoleón había derrocado en Europa.
Séptima Coalición
La Séptima Coalición[7], fue apresuradamente preparada durante las Guerras
Napoleónicas en 1815, tras el regreso a Francia de Napoleón desde su exilio en
Elba y su entrada en París. Los miembros de la Séptima Coalición fueron: Reino
Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria, los Países Bajos y cierto número de estados
alemanes.
París cayó el 30 de marzo de 1814 y el Emperador abdicó el 11 de abril. Su
regreso a Francia el 1 de marzo de 1815 dio lugar a Los Cien Días, que
culminaron el 20 de noviembre de 1815, tras la derrota final de Napoleón en
la Batalla de Waterloo y el fin de las Guerras Napoleónicas por el Segundo
Tratado de París de 1815.
Descripción
El periodo conocido como Los Cien Días comenzó cuando Napoleón abandonó
Elba y desembarcó en Cannes, el 1 de marzo de 1815.
A medida que se trasladaba hacia París, fue recabando apoyos por donde pasaba,
y finalmente derrocó al recién restaurado Luis XVIII.
Una vez que los intentos de Napoleón por disuadir a uno o más aliados para que
no invadieran el territorio de Francia fracasaron, su única salida para permanecer
en el poder era atacarles antes de que la Coalición pudiera sobrepasarle en
fuerzas. Si pudiera destruir las fuerzas aliadas existentes en Bélgica antes de que
fueran reforzadas por los contingentes de otros aliados, era posible que pudiera
enviar a los ingleses al mar y golpear a los prusianos hasta echarlos de la
contienda. Era una estrategia que le había servido con éxito en anteriores
ocasiones.
La mayor batalla de la Séptima Coalición fueron en realidad una sucesión de
enfrentamientos en Ligny y Quatre Bras (16 de junio), Wavre (18 y 19 de junio)
que culminaron en la conocida como Batalla de Waterloo (18 de junio). En Ligny,
las fuerzas francesas bajo el mando directo de Napoleón consiguieron hacer
retroceder en desbandada a los prusianos. En Quatre Bras, en una acción
separada el mismo día de la lucha en Ligny, el ala izquierda del ejército francés,
bajo el mando del mariscal Ney, bloqueó a las fuerzas anglo-aliadas que se
dirigían a ayudar a los prusianos que luchaban en Ligny. El día 18 de junio se
produjo el enfrentamiento más decisivo de la campaña, y éste tuvo lugar en
Waterloo. Durante gran parte del día un ejército francés ligeramente superior al
aliado bajo el mando de Napoleón atacó las posiciones anglo-aliadas en la cima
de una colina, estando a punto de hundir el centro enemigo hacia las 19 horas. La
llegada inesperada de los prusianos a la caída de la tarde hizo cambiar las tornas
para Wellington, consiguiendo éste la victoria para las fuerzas aliadas. A pesar de
que la batalla simultánea de Wavre fue una victoria táctica para los franceses, fue
infructuosa, en el sentido de que las fuerzas prusianas consiguieron detener a las
fuerzas francesas cuya presencia en Waterloo podría haber salvado a Napoleón
de perder la batalla y, por consiguiente, la guerra. Al llegar a París, tres días
después de Waterloo, Napoleón todavía se aferraba a la esperanza de la
resistencia nacional, pero los cargos políticos, y el público en general, le había
retirado su apoyo. Napoleón fue forzado a abdicar de nuevo el 22 de junio de
1815. Los aliados le exiliaron entonces a la remota Isla Santa Helena, en
el Atlántico Sur, donde, supuestamente, sería envenenado con raticida y moriría
en 1821.
Fin de las Guerras
Así concluyen las Guerras Napoleónicas, una serie de 400 batallas y combates
librados entre 1792 y 1815, en los que se implicaron todas las potencias
occidentales con un gran costo de muertos a Europa entre soldados franceses y
de otras naciones.
La gran mayoría de las muertes se debieron a causas derivadas de los
enfrentamientos, como represalias o enfermedades, sin contar a los lisiados o las
familias destrozadas. Las pérdidas estructurales no pueden mesurarse. Muchos
puentes fueron demolidos, cientos de pueblos quedaron arrasados, varias
ciudades sufrieron graves daños; algunas grandes capitales,
como Leipzig o Moscú quedaron en ruinas.
Napoleón saqueó media Europa. La mayoría de las ocasiones que sometía a un
estado, le obligaba a pagar tributos en dinero y obras de arte que enriquecieron el
Tesoro de Francia. Sus tropas, al prescindir de logística para aumentar su
velocidad de maniobra, vivían sobre el territorio en campaña, saqueando las
propiedades ajenas sin piedad.
Repercusión de las Guerras Napoleónicas
Existen países europeos que tienen un sistema de leyes civiles, con un
código legal influido por el código napoleónico.
Francia no volvió a ser una potencia dominante en Europa, como lo había
sido desde los tiempos de Luis XIV.
Se desató el nacionalismo, fuerza que avivó el nacimiento de naciones y el
fin de otras. El mapa de Europa tuvo que ser redibujado sobre las bases de la
cultura, el origen y la ideología de las gentes.
Gran Bretaña se convirtió en la potencia hegemónica, tanto en tierra como
en el mar.
La guerra en la Península Ibérica dejó completamente destrozada
a España, así como su armada y ejército. Para 1825, toda la antigua América
española, con la excepción de Cuba y Puerto Rico, se había convertido en
repúblicas independientes o había pasado a formar parte de Estados
Unidos (Florida, Luisiana), Gran Bretaña (Trinidad) o Haití (Santo Domingo).
CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LAS GUERRAS NAPOLEÓNICAS
Causas
La proclamación por la Revolución francesa de los principios
de libertad, igualdad ante la ley y fraternidad, y la voluntad de querer
extenderlos al resto de Europa. Esto generó inquietud en los monarcas del
continente, que temieron que esos principios socavaron las bases de su
legitimidad para gobernar.
La negativa del rey Luis XVI a aceptar la monarquía constitucional y las
conspiraciones que protagonizó para lograr el apoyo de las monarquías
europeas para que invadieran Francia y restauraran el absolutismo. El
descubrimiento de esas conspiraciones llevó al juicio y ejecución del rey
francés y provocaron la reacción de varios monarcas europeos, que
temieron que la revolución se extendiera hacia sus territorios.
Los conflictos entre girondinos y jacobinos que derivaron en la instauración
por parte de Robespierre de una cruenta represión contra los
contrarrevolucionarios, conocida como el Terror. Para escapar de esta
represión, muchos monárquicos se refugiaron en diversas cortes europeas,
donde instigaron a los reyes y sus entornos a invadir Francia para terminar
con la revolución.
El golpe de Estado llevado a cabo por Napoleón el 9 de noviembre de
1799, tras el cual accedió a una posición de poder que se fue consolidando
hasta concluir en su proclamación como emperador de los franceses en
1804.
La ambición de poder y las ideas expansionistas de Bonaparte, que
deseaba transformar a Francia en la primera potencia europea.
La voluntad del gobierno de Gran Bretaña de mantener el equilibrio de
poderes en el continente europeo, para evitar la formación de un poder
imperial que pudiera amenazar su subsistencia.
La ruptura del Tratado de Amiens, un acuerdo celebrado por Francia y
Gran Bretaña en 1802, que había establecido un precario estado de paz
entre ambas naciones.
Consecuencias
La conquista de gran cantidad de territorios por parte de Francia en una
primera fase de estas guerras (1799-1811), para concluir luego en la
derrota y disolución del Imperio napoleónico (1812-1815). Esa disolución
incluyó también la pérdida de todas las colonias de ultramar: Luisiana,
vendida a los Estados Unidos en 1803; Haití, que se independizó en 1804;
y las islas Seychelles, Mauricio, Santa Lucía y Tobago, entregadas a Gran
Bretaña al final de la guerra.
La firma del segundo Tratado de París, en noviembre de 1815. Estableció
que Francia volvía a las fronteras anteriores a 1790 y que debía pagar
indemnizaciones para sostener las tropas de las potencias coaligadas, que
ocuparían parte del territorio francés durante tres años.
El fin del feudalismo, que se inició con la Revolución Francesa en el plano
legal y la Revolución industrial en el plano económico y social. Las guerras
napoleónicas propiciaron el fin de la servidumbre en Europa Central, el
avance de la burguesía y la extensión del capitalismo como nuevo sistema
económico mundial.
La independencia de varias de las colonias que España tenía en
América, propiciada indirectamente por la ocupación francesa de la
península ibérica en 1808. Los criollos americanos aprovecharon el vacío
de poder generado en España para iniciar el camino a su emancipación.
La transformación de Gran Bretaña en primera potencia naval, al destruir a
la flota francesa en la batalla de Trafalgar y repeler así el intento de
invasión por parte de Napoleón. Los británicos utilizaron su flota para
buscar nuevos mercados donde vender sus productos industriales cuando
Napoleón proclamó el bloqueo continental (1806). Como consecuencia se
produjeron las Invasiones Inglesas al Río de la Plata (1806-07) y la
ocupación de la colonia holandesa de El Cabo, en la actual Sudáfrica.
La muerte de unos 3 millones de combatientes, 1.200.000 franceses y
1.800.000 británicos, rusos, austríacos, prusianos, portugueses, italianos y
españoles, entre otros.
La extensión de sentimientos nacionalistas en gran parte de Europa,
promovido por la lucha contra los ejércitos de ocupación napoleónicos. Esto
tuvo lugar sobre todo en Portugal, España, Italia, Austria y lo que hoy es
Alemania. Ese sentimiento nacionalista fue el germen de varias de las
revoluciones europeas que se produjeron en 1820, 1830 y 1848.
El restablecimiento de la monarquía absoluta en Europa, decidido en
el Congreso de Viena (1814-15). En ese congreso, que reunió a
representantes de los vencedores de Napoleón, se decidió también la
formación de la Santa Alianza. Su objetivo fue impedir el surgimiento y
propagación de movimientos revolucionarios o liberales en Europa y sus
colonias.