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Frutos Del Espíritu Santo

La tradición de la Iglesia enumera 12 frutos del Espíritu Santo: la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, la longanimidad, la bondad, la benignidad, la mansedumbre, la fidelidad, la modestia, la continencia y la castidad. Estos frutos son perfecciones que el Espíritu Santo forma en los cristianos y los santos a lo largo de sus vidas después de recibir los dones del Espíritu Santo en el bautismo y la confirmación. Cada uno de los 12 frutos
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Frutos Del Espíritu Santo

La tradición de la Iglesia enumera 12 frutos del Espíritu Santo: la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, la longanimidad, la bondad, la benignidad, la mansedumbre, la fidelidad, la modestia, la continencia y la castidad. Estos frutos son perfecciones que el Espíritu Santo forma en los cristianos y los santos a lo largo de sus vidas después de recibir los dones del Espíritu Santo en el bautismo y la confirmación. Cada uno de los 12 frutos
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La tradición de la Iglesia enumera 12

“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo
como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce:
‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad,
mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Gálatas 5, 22-23)”
(Catecismo, 1832).
Son los frutos que produce el Espíritu Santo en la vida del cristiano a
lo largo de su vida después de recibir sus 7 dones, dones que son
recibidos, junto a las virtudes teologales, en el sacramento del bautismo; dones
que son aumentados con el sacramento de la confirmación (Catecismo, 1302),
dados en plenitud.
El cristiano es como los árboles: cuando está maduro dará sus frutos; por sus
frutos os conocerán (Mt 12, 33). Cuando los árboles están maduros, darán unos
frutos que no son agrios, sino dulces y buenos a la vista.
Los santos son quienes han sabido dar todos estos frutos y han sabido practicar
las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza). Ojo, que no
hay que confundir estos frutos con la vivencia de los valores humanos.
Veamos ahora en qué consisten dichos frutos:
1.- CARIDAD. Quien da este fruto hace ver a Cristo en su vida; es quien permite
actuar a Cristo en su vida (Ga2, 20). Si falta el amor no puede encontrarse
ninguna acción sobrenatural, ningún mérito para la vida eterna, ninguna
verdadera y completa felicidad.
2.- ALEGRÍA O GOZO. Es el fruto que emana naturalmente del amor; es como
la luz del sol, o el perfume de la flor, o el calor del fuego. Esta alegría no se apaga
en medio de los problemas; todo lo contrario, crece y se robustece en medio de
ellos pues se hace más necesaria que nunca. Cuando se está en comunión con
Dios amor, la persona es feliz; y busca también hacer felices a los demás. Es una
alegría que supera todo goce fundado en la carne o en las cosas materiales.
3.- PAZ. La paz es la perfección de la alegría, porque supone el goce del objeto
amado. El “objeto” amado, por excelencia, no puede ser otro sino Dios, y de ahí,
la seguridad de la paz que brota de tener a Dios en el corazón. La paz nos hace
ser personas serenas y mantiene al alma en la posesión de una constante alegría
a pesar de todo.
4.- PACIENCIA. Quien da este fruto, supera las turbaciones que implica la
lucha permanente contra los enemigos del alma y sus fuerzas invisibles y
visibles. También facilita un encuentro armonioso con las criaturas con las que
nos relacionamos. La paciencia nos hace ser cristianos que se saben controlar e
impide que seamos resentidos o vengativos. Este fruto ayuda a superar la tristeza
e impide que nos quejemos ante los problemas y sufrimientos de la vida.
5.- LONGAMINIDAD. Longanimidad es el mismo coraje o el ánimo en las
dificultades que se oponen al bien; es un ánimo sobrenatural para concebir y
ejecutar las obras de la verdad. Este fruto permite al cristiano saber esperar la
acción de la Divina Providencia, cuando ve que, según la lógica humana, se
retrasa el cumplimiento de sus designios. Es un fruto que permite mantenernos
perseverantes ante las dificultades.
6.- BENIGNIDAD. Es una disposición permanente a la indulgencia y a la
afabilidad. Es un fruto que nos ayuda a ser gentiles y ayuda a defender la verdad
sabiendo ‘discutir’. Da una dulzura especial en el trato con los demás. Es una
gran señal de la santidad de un alma y de la acción en ella del Espíritu Santo.
7.- BONDAD. Es la fuerza que nos ayuda a ocuparnos del prójimo y
beneficiarlo. Es como consecuencia de la benignidad pero de manera más
incisiva en quien sufre y necesita ayuda. Quien da este fruto no critica
malsanamente y tampoco condena a los demás; es más, ayuda a sanar a ejemplo
de Jesucristo, la bondad infinita.
8.- MANSEDUMBRE. Ayuda a evitar la cólera y las reacciones violentas. Se
opone a la ira y al rencor, evita que el cristiano caiga en sentimientos de
venganza. La mansedumbre hace al cristiano suave en sus palabras y en el trato
frente a la prepotencia de alguien. Es el fruto que nos asemeja a Jesús manso y
humilde de corazón.
9.- FIDELIDAD. Quien da este fruto defiende la fe en público y no la oculta por
miedo o vergüenza. La fidelidad es cierta facilidad para aceptar todo lo que hay
que creer; es firmeza para afianzarnos en ello y tener la seguridad de la verdad
que creemos sin sentir dudas. Al dar este fruto estamos glorificando a Dios quien
es la verdad absoluta.
10.- MODESTIA. Quien da este fruto excluye todo lo que sea áspero y mal
educado; este fruto se le nota al cristiano en el vestir, en el hablar, en su
comportamiento, etc.. Ayuda para que nuestros sentidos no se fijen en cosas
indecorosas y vulgares. Ayuda a ser discreto y cuidadoso con el cuerpo, evitando
ser ocasión de pecado para los demás; así como también a preparar y mantener
nuestro cuerpo para ser, en medio de nuestra debilidad, digna morada de Dios.
11.- CONTINENCIA. Como indica su nombre, ayuda a contener o a tener a raya
la concupiscencia en lo que concierne al comer, al beber, al divertirse y en los
otros placeres de la vida terrenal. La satisfacción de estos instintos es ordenada
por la continencia como consecuencia de la dignidad de los hijos de Dios que
tenemos. La continencia mantiene el orden en el interior del hombre.
12.- CASTIDAD La castidad es la victoria conseguida sobre la carne y ayuda a
que el cristiano sea más un templo vivo del Espíritu Santo. Quien da este fruto es
cuidadoso y delicado en todo lo que se refiere al uso de la sexualidad. Quien es
casto (ya sea virgen o casado) experimenta la alegría de la íntima amistad de
Dios: felices los limpios de corazón, porque verán a Dios.

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