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[ 02 ]

Cuadernos de D O C T O R A D O
Cuadernos de
DOCTORADO
[ 02 ]
Cuadernos de Doctorado es una publicación con la que la
Universidad Autónoma de Occidente –a través de su doctorado
en Regiones Sostenibles y del Instituto en Estudios para la Sosteni-
bilidad–, pretende apoyar la difusión del conocimiento, la puesta
Otras Publicaciones en escena de ideas renovadas y la promoción de las discusiones y AUTORES
debates en torno al ambiente, la naturaleza y la sostenibilidad. De
C

Campesinos de los Andes caucanos. esta manera, les invitamos a sostener un diálogo leyendo los ensa-
Ana Patricia Quintana Ramírez
yos, entrando en contacto con los autores y proponiendo nuevas
Doctorado en
M

Entre "descampesinización" y
reflexiones que contribuyan a construir regiones más sostenibles. Hernando Uribe Castro
Y

"recampesinización" en
Elizabeth Gómez Etayo Directora del Instituto de Estudios para la
Regiones Sostenibles
CM

El Roble, Timbio Nancy Motta González


MY
Sostenibilidad
Hernando Uribe Castro y Diego Burgos

Doctorado en Regiones Sostenibles


CY

CMY
Luis Hernando Hidalgo Gutiérrez Efraim del Campo Parra Munoz
K

La comunicación en la construcción
del mundo social
Fredy Eduardo Vásquez-Rizo, Solón
Calero-Cruz (compiladores)

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[ 02 ]

Doctorado en
Regiones Sostenibles
Doctorado en regiones sostenibles / Ana Patricia Quintana Ramírez,
Hernando Uribe Castro, Nancy Motta González, Diego Burgos, Efraim
del Campo Parra Muñoz.-- Primera edición.-- Cali: Programa Editorial
Universidad Autónoma de Occidente, 2021. 197 páginas, ilustracio-
nes.-- Cuadernos de doctorado; 2 Contiene referencias bibliográ-
ficas. 1. Medio ambiente. 2. Seguridad del agua. 3. Conflictos am-
bientales. 4. Ecología humana. 5. Desarrollo sostenible. 6.Resilencia. I.
Quintana Ramírez, Ana Patricia. II. Uribe Castro, Hernando. III. Motta
González, Nancy. IV. Parra Muñoz, Efraim del Campo. V. Universidad
Autónoma de Occidente. 304.2- dc23

Cuadernos de Doctorado © Universidad Autónoma de Occidente


Doctorado en Regiones Sostenibles Km. 2 vía Cali-Jamundí, A.A. 2790, Cali,
ISSN 2619-3051 Valle del Cauca, Colombia
2021
El contenido de esta publicación no
Autores compromete el pensamiento de la
© Ana Patricia Quintana Ramírez Institución, es responsabilidad absoluta de
© Hernando Uribe Castro sus autores y no podrá ser reproducido
© Nancy Motta González por ningún medio impreso o de
© Diego Burgos reproducción sin permiso escrito de las
© Efraim del Campo Parra Muñoz titulares del copyright.

Gestión editorial Elaborado en Colombia


Vicerrector de Investigaciones Made in Colombia
y Desarrollo Tecnológico
Jesús David Cardona Quiroz Personería Jurídica, Res. Nº 0618 de la Go-
bernación del Valle del Cauca, del 20 de
Jefatura Programa Editorial febrero de 1970. Universidad Autónoma de
José Julián Serrano Q. Occidente, Res. Nº 2766 del 13 de noviem-
[email protected] bre de 2003. Acreditación Institucional
de Alta Calidad.
Coordinación Editorial
Pamela Montealegre Londoño Res. Nº 16740, del 24 de agosto de 2017,
[email protected] con vigencia hasta el 2021.

Corrección de estilo Vigilada MinEducación.


Jasmín Elena Bedoya González

Diseño y Diagramación
Sandra Tatiana Burgos Díaz
[ 02 ]

Doctorado en Regiones Sostenibles


CONTENIDO

Presentación ...................................................................... 11
Elizabeth Gómez Etayo

Los conflictos ambientales por el agua ............................. 15


Ana Patricia Quintana Ramírez

Componentes del orden social moderno vs.


Organización ecológica ................................................... 43
Hernando Uribe Castro

Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición


o interacción ..................................................................... 81
Nancy Motta González

Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una


pedagogía de convivencia para habitar el planeta ........98
Diego Burgos

Decolonizing resilience thinking: encounters of notions


of time in the Cauca region, Colombia ......................... 143
Efraim del Campo Parra Muñoz
Presentación

En este libro, Cuadernos de Doctorado No. 2, presentamos cinco en-


sayos que abordan distintas temáticas y problemáticas contempo-
ráneas medioambientales y de sostenibilidad, y que constituyen un
interés prioritario para el Instituto de Estudios para la Sostenibilidad
y el Doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autóno-
ma de Occidente. Son aportes que alimentan las discusiones más
recientes sobre cuestiones centrales como los conflictos por el agua,
las complejas relaciones socioecosistémicas, el papel de la cultura y
la educación en la sostenibilidad, así como la resiliencia. Todos ellos
escritos desde perspectivas del pensamiento crítico y relacional.

Al respecto, no pocos autores y ambientalistas han señalado que


las guerras por el agua serán una característica de la nueva realidad
que debemos asumir y que ya han empezado a presentarse. Es en este
contexto que se encuadra el primer ensayo, titulado “Los conflictos
ambientales por el agua” de la profesora Ana Patricia Quintana, en
el cual la autora aborda, en primera instancia, qué se entiende por
conflictos ambientales, un campo en emergencia y consolidación de
las ciencias ambientales; en un segundo momento caracteriza cómo
el agua es objeto de disputa que genera algunos de esos conflictos
ambientales, dando cuenta de ellos en Colombia y América Latina.

El segundo ensayo, “Componentes del orden social moderno vs. Or-


ganización ecológica”, es una reflexión crítica del profesor Hernando
Uribe Castro en la cual cuestiona, desde una perspectiva sociológica,
que el orden social moderno se ha desarrollado en perjuicio de la na-
turaleza, desconociendo su propia organización ecológica y, en conse-
cuencia, las leyes que la determinan, lo que deriva en que sea ignorada
a la hora de planificar el llamado “desarrollo”. Este ensayo se inscribe
en lo que el propio autor ha caracterizado en otros textos de su autoría
como el campo ambiental; un nuevo campo en disputa desde la perspec-
tiva de Bourdieu, en el cual unos agentes diseñan, planifican y deciden
acciones sobre un territorio y sobre sus ecosistemas poniendo en riesgo,
incluso, la vida misma.

En el tercer ensayo, “Naturaleza y cultura: complementariedad,


oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible”,
la profesora Nancy Motta González aborda una cuestión clásica de
la antropología, que siempre ha generado tensiones y desafíos paras
las ciencias sociales y, hoy, para las ciencias ambientales: ¿cuáles son
los límites y las proximidades entre estos dos objetos en disputa? Al
respecto, la autora pone en discusión si la relación entre naturaleza
y cultura genera complementariedad, son opuestas o generan inte-
racción. También señala que el llamado “desarrollo sostenible” está
preso en medio de esta tensión. Esta es una reflexión teórica basada
en las distintas perspectivas del desarrollo sostenible que dialoga de
manera tangencial con algunos puntos de vista de comunidades in-
dígenas. Puede plantearse que la autora está contribuyendo concep-
tualmente a un debate ya planteado.

El cuarto ensayo, “Diálogo de saberes: una reflexión crítica para


una pedagogía de convivencia para habitar el planeta” del profesor
Diego Burgos, aborda el tipo de educación que hemos recibido
y los efectos nocivos que ella produce sobre el medio ambiente;
por tanto, es perentorio, en la perspectiva del autor, dialogar con
otras perspectivas educativas que sí promueven un cuidado de la
naturaleza a fin de relacionarnos de una manera más empática y
respetuosa con el planeta.
El quinto y último ensayo, denominado “Decolonizing resilience
thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colom-
bia”, corresponde a Efraim Parra, investigador invitado y candidato a
doctor en Human Geography de la Universidad de Edinburgo. El autor
presenta resultados de su investigación doctoral sobre resiliencia en ex-
periencias de comunidades indígenas que habitan en el Departamento
del Cauca, Colombia, desde una perspectiva crítica, en la cual aborda
el tema de un modo diferente a lo realizado tanto en la Unión Europea
como en organizaciones internacionales como las Naciones Unidas. El
texto se encuentra en inglés con el propósito de incursionar en la inter-
nacionalización de Cuadernos del Doctorado, mantener el idioma original
en el cual el autor adelanta su investigación doctoral, llevar la colección
a otros públicos no hispanos e invitar a autores de hablar inglesa a publi-
car en nuestra colección.

Estos textos aportan a los debates y las discusiones más recientes


en temas neurálgicos para la sociedad y el planeta. Son un material
que puede interesar a aquella comunidad académica e intelectual in-
teresada en conocer distintos tipos de argumentos y planteamientos
que abordan esa compleja interrelación entre la sociedad, los territo-
rios y las condiciones ecológico-ambientales.

Cuadernos de Doctorado es una publicación con la que la Universi-


dad Autónoma de Occidente –a través de su doctorado en Regiones
Sostenibles y del Instituto en Estudios para la Sostenibilidad–, pre-
tende apoyar la difusión del conocimiento, la puesta en escena de
ideas renovadas y la promoción de las discusiones y debates en torno
al ambiente, la naturaleza y la sostenibilidad.

De esta manera, les invitamos a sostener un diálogo con nues-


tros Cuadernos de Doctorado, leyendo los ensayos, entrando en contacto
con los autores y proponiendo nuevas reflexiones que contribuyan a
construir regiones más sostenibles.

Elizabeth Gómez Etayo


Directora del Instituto de Estudios para la Sostenibilidad
LOS CONFLICTOS AMBIENTALES
POR EL AGUA1

Ana Patricia Quintana Ramírez2

1 Este capítulo es resultado de una conferencia ofrecida el 3 de mayo de 2019


en el marco de la Cátedra Valle del Cauca, y a los estudiantes del Doctorado en Re-
giones Sostenibles del Instituto de Estudios para la Sostenibilidad de la Universidad
Autónoma de Occidente.
2 Trabajadora Social. Magíster en Sociología. Doctora en Antropología So-
cial y Cultura. Posdoc. en Ecología Política. Profesora Asistente del departamento de
Trabajo Social de la facultad de Ciencias Humanas, de la Universidad Nacional de
Colombia, sede Bogotá.
Ana Patricia Quintana Ramírez

La identificación de vínculos sociales en tensión, determinados


por la distribución inequitativa entre los seres humanos de los ele-
mentos de la naturaleza, evidencia la presencia de conflictos am-
bientales. A continuación, se realiza un mapeo de la historia de
sistematización de los conflictos ambientales y se ofrecen argumen-
tos para comprender conceptualmente un conflicto ambiental, su
significado y dinámica en torno al agua en el contexto latinoa-
mericano y colombiano. Adicional a ello, se explican algunas
bondades del modelo de gestión colectiva del agua como alternativa
sustentable, invisibilizada por el Estado y el mercado.

1.1. Historia del interés por investigar conflictos ambientales

La historia de algunos seres humanos por defender la naturaleza,


se vincula al origen de los conflictos ambientales. A lo largo de los
siglos XIX y XX la censura contra la ilustración que generó el ro-
manticismo tuvo continuidad en el movimiento ecologista que recla-
mó disposiciones legales para defender los entornos de vida. Según
Santamarina (2006), el interés de la ecología política por analizar los
conflictos ambientales se da cuando se busca comprender los pro-
pósitos de las luchas sindicales del ambientalismo obrero surgidas
en el proceso de industrialización. Disputas que tuvieron vínculos
comunes a las demandas del higienismo decimonónico de las cla-
ses medias y altas inglesas que reclamaban control sobre plagas y
epidemias; el naturalismo alemán que desembocó más tarde en el
nazismo y la exigencia al control de la deforestación en los paisajes
estadounidenses y canadienses.

Las anteriores demandas, unidas a la aparición de la ecología du-


rante el siglo XIX, permitieron transformar la visión dominante de la
ciencia en relación con la naturaleza. El surgimiento de esta discipli-
na incentivó movimientos sociales, cuyo telón de fondo fue la crítica
sistemática al régimen dominante (Santamarina, 2006). Los primeros

17
Los Conflictos ambientales por el agua

movimientos que aparecieron en las décadas de los sesenta y seten-


ta fueron los pacifistas, ecologistas y feministas. De tal forma que los
conflictos socioambientales nacen de las tensiones generadas por el
flujo de poder referente a la naturaleza, en un proceso sociopolítico de
contraste entre la movilización-legitimación del discurso ambiental y
la normalización-institucionalización de la gestión gubernamental del
medio ambiente (Santamarina, 2006).

El conflicto ecológico es el resultado de las contradicciones gene-


radas en el modelo de vida cimentado en una distribución de relacio-
nes sociales fundadas en la desigualdad intrasocial a escala planeta-
ria. En la visión mercantilista de sujetos, culturas y naturalezas, una
minoría se asegura el control a través de una lógica economicista ar-
ticulada sobre intereses y beneficios que reduce el mundo a objetos,
mercancías y bienes. La vida se reduce a una simple mercancía por-
que los espacios naturales se disputan mediante prácticas de poder.

1.2 Concepto de conflicto ambiental

Un conflicto ambiental trata aquella situación en la que un agen-


te social se encuentra en oposición consciente con otro a causa de
las divergencias suscitadas en el proceso de apropiación y transfor-
mación de la naturaleza o los sistemas tecnológicos que sobre ella
intervienen. Esta dinámica ubica a los agentes sociales con posi-
ciones antagónicas en situaciones de confrontación y lucha en un
doble sentido. Por un lado, como choque de intereses entre quienes
causan un problema ecológico y quienes reciben las consecuencias o
impactos dañinos de dichos problemas. Por otro, como desacuerdo
o disputa por la distribución y uso de los recursos naturales entre
los pobladores de un territorio determinado. En este último caso,
el conflicto aparece alrededor de la propiedad o posesión sobre los
recursos naturales que necesitan las personas, comunidad y naciones
para producir bienes y servicios que satisfagan las necesidades de
quienes habitan un territorio (Corantioquia, 2001).

18
Ana Patricia Quintana Ramírez

Los conflictos en la relación cultura-naturaleza resultan de las con-


tradicciones que suscita la dinámica estructural de la sociedad por la
apropiación, uso y aprovechamiento de la naturaleza. A nivel estruc-
tural, desde la ecología política, el conflicto tiene una connotación so-
cioambiental porque se constituye en una consecuencia de la inequita-
tiva distribución material de las utilidades en la producción de bienes y
servicios ambientales, como efecto de la marginalidad que propicia el
mercado en un modelo de desarrollo económico basado en la maximi-
zación de ganancias del capital (Martínez-Alier & Roca, 2001). Lo que
significa que el conflicto ambiental es una consecuencia de la visión mo-
dernizante del desarrollo que no permite la construcción de opciones
alternativas en la relación naturaleza-sociedad (Escobar, 1999).

Esta percepción objetivista del conflicto, con algunas diferencias


en su denominación, es compartida en lo sustancial por autores como
James O´Connor (1989), citado por Quintana (2010), que los llama
conflictos ecológicos, Folchi (2001) que prefiere llamarlos conflictos
de contenido ambiental, Sabatini & Sepúlveda (2002) conflictos am-
bientales y Fontaine (2004) conflictos socioambientales.

Estos autores coinciden al afirmar que el conflicto ambiental


emerge por las contradicciones acaecidas entre el modo de produc-
ción capitalista y las condiciones específicas que ofrecen la natura-
leza, las personas y las relaciones sociales construidas en torno al
ambiente. Las afectaciones a la vida humana que producen los con-
flictos no tramitados adecuadamente se generan porque el capital
no asume las externalidades negativas (Quintana, 2010). Es decir, los
costos derivados del proceso de producción, tales como la contami-
nación atmosférica, el calentamiento de la tierra, las enfermedades
provocadas por el desequilibrio natural, entre otras, no son interna-
lizados por el modelo capitalista.

Según Sabatini & Sepúlveda (2002), la fase actual de acumu-


lación capitalista facilita la presencia de conflictos porque la agu-

19
Los Conflictos ambientales por el agua

dización de presiones sobre los recursos naturales provoca degra-


dación, escasez, privaciones sociales y penetración del capital en
nuevos sectores de la actividad económica, como es el caso de la
gestión del agua, entre muchos otros.

De otra parte, de acuerdo con Quintana (2010), existen coinci-


dencias entre los investigadores citados cuando dicen que los con-
flictos ambientales son procesos sociales porque involucran a las so-
ciedades y oponen a los actores institucionales como el Estado y las
empresas con las comunidades directamente afectadas por un pro-
yecto de extracción, afectación o apropiación de un recurso natural
en su entorno. Las disputas causadas por el acceso y control de ele-
mentos naturales como la tierra, el agua y los minerales, entre otros,
cobran sentido cuando la sociedad civil se involucra en el conflicto e
irrumpe en el campo del poder (Bedoya & Martínez, 1999, citados
por Fontaine, 2004).

Para Folchi (2001) un conflicto es de contenido ambiental cuando


se produce una tensión en la estabilidad histórica de una comunidad
en su hábitat de vida. Situación que se da como consecuencia de
la acción de algún agente extraño que altera o pretende alterar las
relaciones preexistentes entre una comunidad y su entorno, o a la
inversa. Es decir, el conflicto aparece cuando una comunidad de-
cide cambiar la vinculación con el ambiente afectando los intereses
de alguien más. Para el historiador económico existe una diferencia
radical entre el conflicto que aparece entre dos agentes por el medio
ambiente y el conflicto de intereses que se da entre dos agentes en un
medio ambiente específico.

Una tensión entre intereses incompatibles, con el medio ambiente


de por medio, se presenta cuando los involucrados tienen una con-
ciencia ética en defensa del medio ambiente. Por tanto, para Fol-
chi (2001), los conflictos de contenido ambiental son, en la práctica,
disputas por el ambiente que cada uno necesita para subsistir, de

20
Ana Patricia Quintana Ramírez

acuerdo con las condiciones de vida que aspira para sí. El hecho de
que estos conflictos se desarrollen in situ es una señal de que resultan
del estrecho vínculo entre las personas y su hábitat, y de los valores e
ideas que tengan del espacio donde viven.

Finalmente, los conflictos socio-ambientales son mucho más que


disputas por la propiedad de un recurso natural, ya que en ellos se
enfrentan cosmovisiones ambientales y esquemas de vida humana
en contextos que se encuentran bajo estructuras de dominación polí-
tica. Por ello, mientras que para unos actores sociales el ambiente se
percibe como un recurso económico o sistema de recursos naturales,
para otros equivale a espacios o escenarios de vida.

En conclusión, no todos los conflictos referentes a la temática


ambiental son considerados prioritarios por parte de la población
afectada, ya que otras necesidades apremian su resolución, como es
el caso del hambre, el empleo, la salud, la educación, entre otros; así
todos ellos tengan una base territorial y, en última instancia, su causa
resida en la decadencia y desestabilización del ambiente.

El conflicto como proceso social es inmanente a la vida humana,


o sea, como efecto de la sociabilidad siempre existe, sin embargo, su
atributo ambiental está determinado por una condición y limitación
de la orientación del desarrollo en la modernidad que impone un es-
quema tecnológico sin considerar los efectos sobre la naturaleza. Se
trata de un modelo productivo que prioriza la industrialización aún
en contravía de la vocación particular de cada territorio. El interés
de los gobernantes por instaurar condiciones homogeneizantes de
vida humana articuladas al mercado genera prácticas de exclusión
en la sociedad civil para la toma de decisiones, acción y control sobre
el desarrollo colectivo.

Según Quintana (2010), el conflicto ambiental es ecológico y am-


biental porque parte de una confrontación entre individuos, organi-
zaciones sociales o instituciones en virtud a los dilemas no resueltos

21
Los Conflictos ambientales por el agua

de la influencia tecnológica sobre la naturaleza en una economía


mercantil. Es socioambiental porque los actores sociales implicados
en un problema del entorno o habitabilidad participan en defensa de
sus intereses identitarios y se aglutinan en posiciones para reivindicar
derechos del Estado, de los actores privados o de la sociedad civil
respecto a la visión específica que tengan del desarrollo, y solo en
algunos casos existe conciencia ambientalista sobre los problemas de
la naturaleza y el entorno por parte de los actores sociales más afec-
tados. De hecho, cuando en sociedades con primacía del desarrollo
capitalista el movimiento ambientalista manifiesta inconformidad, lo
hace como expresión del rechazo de la sociedad civil hacia decisio-
nes gubernamentales.

1.3 Los conflictos por el agua

El agua de manera natural es un líquido que fluye en la tierra


estableciendo conexiones para garantizar la vitalidad de los entor-
nos. Por ello, comprender socialmente el significado del agua para
la vida humana en particular es un desafío que requiere desentrañar
e interpretar las diferentes interpretaciones que esta tiene, según la
cosmovisión cultural particular de los seres humanos que habitan
los territorios. Un modo de hacerlo es recurrir a la comprensión
ecosistémica, desde los aportes de la ecología como ciencia, porque,
ecosistémicamente, el agua se puede comprender como un factor
que garantiza la existencia de la biocenosis, es decir, la sobrevivencia
de la comunidad de organismos y especies que viven en un determi-
nado biotopo o lugar. Por ello, todos los asentamientos humanos se
han consolidado alrededor de corrientes de agua.

Asimismo, como elemento que requieren los seres humanos para


su subsistencia está siempre determinado por valoraciones utilitaris-
tas asignadas socialmente al líquido. Es por esto que el agua se va-
lora a partir de diferentes usos como, por ejemplo, para el consumo
humano, agrícola, industrial, agroindustrial, generación de energía,

22
Ana Patricia Quintana Ramírez

recreación, entre otros. Pese a esta interpretación reduccionista, es


preciso comprender que este líquido tiene un metabolismo hidro-
social que incorpora propiedades bioquímicas y físicas, así como
características socioeconómicas, significados culturales y simbólicos
(Swyngedouw, 2004). Por tal motivo, el flujo o la circulación del
agua es una corriente de poder que se edifica a partir de la relación
con el capital (Swyngedouw, 2004).

En la gestión del agua está en juego la equidad en los procesos


de participación pública para la distribución igualitaria entre los seres
humanos de un elemento que la naturaleza entrega de manera gratui-
ta a la sociedad. La distribución de oportunidades para que los seres
humanos accedan al agua y a su gestión depende de la pertenencia a
ciertos grupos, clases sociales o etnias (Medeazza, 2005). Por tanto, los
conflictos por el agua se presentan en contraste a la valoración que
hace la sociedad del bien como servicio o como derecho, porque mien-
tras unos agentes sociales valoran el agua como servicio económico
que se moldea en el neoliberalismo mediante la privatización, otros la
conciben como derecho patrimonial y símbolo sagrado.

En tal sentido, los conflictos ambientales asociados al agua se vin-


culan principalmente a las tensiones por la distribución del líquido
en los procesos de modernización de la sociedad o al riego para la
agricultura a gran escala y la urbanización de las ciudades. Según
Swyngedouw (2004), la antítesis de la vida urbana moderna corres-
ponde a una historia de privación urbana, exclusión del poder y de
mecanismos de represión social en la vida de personas que habitan
barrios marginales, sobre todo, en países del sur global.

Existen muchos intereses económicos para dominar la circulación


de este líquido en las ciudades, producir nuevas naturalezas y generar
desventajas en ciertos grupos de la sociedad. Por este motivo, la crisis
del agua no debe entenderse solo en términos de escasez (Swyngedouw,
2004), ya que este esconde las privaciones del acceso al líquido y a su

23
Los Conflictos ambientales por el agua

gestión, dependiendo de la ubicación étnica y de clase que tengan cier-


tos grupos sociales (Medeazza, 2005). La producción discursiva de la ‘es-
casez’ sirve para producir crisis social en el campo de la gestión del agua
y para sustentar la especulación, por lo que debe considerarse cuidado-
samente quién, cómo y con qué intenciones se gestiona o administra el
agua (Swyngedouw, 2004).

La escasez relativa trasmitida como un fenómeno absoluto permi-


te culpabilizar a la fatalidad natural. Simultáneamente, estas armas
discursivas la atribuyen a la insuficiente capacidad de producción
y/o a la falta de recursos financieros (Medeazza, 2005). Ambos argu-
mentos ayudan a encauzar el descontento potencial en un discurso
tecnocrático que privilegia las soluciones de carácter ingenieril a la
escasez, sin embargo, con estas soluciones se pierden los usos, simbo-
lismos populares y el control popular sobre el agua.

La significación cultural del agua pierde su valor en contextos mer-


cantiles, porque el líquido pasa a ser propiedad de alguien, en parti-
cular quien tiene la capacidad de venta a los consumidores (Isch &
Gentes, 2006). Entre otras prácticas, quien sea propietario del agua
puede negociar mediante acciones o bonos con los consumidores; es
allí donde “el agua deja de ser un derecho fundamental y pasa a ser
una mercancía que se compra y se vende en el mercado. Los ciudada-
nos dejan de ser sujetos de derecho y se convierten en clientes” (Isch &
Gentes 2006, p. 14).

Para Boelens (2006), las bases de los actuales intentos del Sistema
de Pago por Servicios Ambientales [SPSA] se parecen a las tentativas
de las políticas por privatizar el agua en las últimas décadas. Las insti-
tuciones multinacionales modifican el enfoque privatizador hacia uno
que ellos consideran más sustentable como respuesta a la presión ge-
nerada por los movimientos ambientalistas y los fracasos totalizadores
de la privatización; pese a esto, las bases del modelo siguen siendo las
mismas del modelo mercantil del agua (Boelens, 2006).

24
Ana Patricia Quintana Ramírez

Entre muchos, un ejemplo de tales contradicciones es el modelo


español. El movimiento social que cuestionó la gestión tradicional de
recursos hídricos en España logró, recientemente, la suspensión del
trasvase del río Ebro. Este país es uno de los pocos en Europa que
durante los últimos 75 años ha trabajado a escala de cuenca fluvial.
A pesar de estos alcances, Medeazza (2005) se pregunta hasta dónde
la gestión y planificación de cuencas hidrográficas es un instrumento
de control sobre los recursos hídricos.

1.3.1. Conflictos por el agua en América Latina

En América Latina el estudio sobre los conflictos ambientales se


hizo más frecuente en la década de 1990 tras la implantación gene-
ralizada del modelo económico neoliberal. Investigadores de Chi-
le, México, Bolivia y Colombia, principalmente, se interesaron por
los conflictos ambientales suscitados por el impacto de los objetivos
económicos de las empresas respaldadas por gobiernos que busca-
ron elevar la competitividad y la inserción global de las economías
nacionales. Las prácticas de estas empresas entraron en tensión con
las expectativas de desarrollo y calidad de vida de la gente que se
encontraba viviendo en situación de marcada desigualdad social
(Quintana, 2010).

Los primeros estudios referidos al conflicto ambiental eviden-


ciaron una enorme preocupación de los investigadores por los efec-
tos negativos que generaron los procesos de industrialización sobre
amplios grupos poblacionales en contraste con la destrucción de
alternativas tradicionales de vida y de producción que giraban, espe-
cíficamente, alrededor de la agricultura. De igual forma, estos enfa-
tizaron más en las alteraciones producidas sobre los agentes sociales
que sobre los recursos naturales en sí mismos, ya que consideraban
que los efectos del modelo de desarrollo neoliberal agudizaban la
diferencia de los dos extremos de la escala social, las empresas globa-
lizadas y los grupos pobres, como consecuencia de la debilidad rela-

25
Los Conflictos ambientales por el agua

tiva del Estado para cumplir con su papel de regulador y protector


del bien común.

En el continente latinoamericano la exclusión en la participación


pública de grupos poblacionales de base ha sido una constante histó-
rica en la gestión del agua (Castro, 2005). Por lo que la protesta so-
cial para la defensa del agua en América Latina crece en escenarios
de privatización neoliberal. México fue representativo el conflicto
ambiental que apareció en 1978 como consecuencia de la presión
ejercida por una coalición de estudiantes, médicos y organizaciones
comunitarias del área metropolitana ante la afectación a la salud
de más de 150.000 personas por los desechos tóxicos emanados de
la empresa Cromatos (Martínez, 1997). Al respecto, Sainz y Bece-
rra (2003) concluyeron que, además de las dinámicas económicas
ligadas a patrones de consumo, la débil implementación de estrate-
gias de regulación institucional y política que tiene el Estado para
la gestión del recurso hídrico inciden en la evolución de conflictos
ambientales por el agua.

En cuanto a Chile, Padilla y San Martín (2004) explican que


la proliferación de conflictos ambientales se debe básicamente a
la reacción ciudadana en defensa de su calidad de vida, la protec-
ción de su salud, sus recursos y actividades económicas. Esto, ya
que el crecimiento económico promedio del 6 % durante finales
de la década del noventa desbalanceó los recursos naturales con
impactos en la disminución de volúmenes de captura en la pesca,
destrucción del bosque nativo, contaminación de acuíferos por ac-
tividad minera, manejo intensivo de fertilizantes y plaguicidas en
la actividad frutícola. La expresión de estos conflictos ambientales
es la única forma de poner en evidencia ante la opinión pública y
los organismos de decisión el costo ilegítimo que gran parte de los
proyectos impone a las comunidades por no internalizar los costos
ambientales de las inversiones.

26
Ana Patricia Quintana Ramírez

Por otro lado, uno de los casos de conflicto ambiental más conoci-
dos en Latinoamérica es el de la “guerra del agua” en Cochabamba,
Bolivia. Se trata de la experiencia más significativa como proceso de
participación social en torno al agua y a la gestión pública del servicio
de acueducto. Los estudios que analizan este acontecimiento refle-
jan de manera detallada las contradicciones suscitadas por contraste
de visión en modelos de desarrollo en un escenario con mayoría de
población indígena. En este contexto, la defensa de lo público como
representación cultural histórica de los usos y costumbres referidas
al agua es una expresión popular de resistencia ante la imposición
de un modelo neoliberal que vulnera el manejo y apropiación sobre
los recursos naturales. Según Ceceña (2004), en Bolivia el ajuste es-
tructural en la década del noventa incrementó los desacuerdos entre
gobierno, empresas privadas, multinacionales y sociedad civil, por la
propiedad sobre el agua, la tierra, el petróleo y el gas.

Otros estudios sobre el conflicto ambiental se centran en el aná-


lisis de los derechos indígenas para el acceso al agua, su participa-
ción en la formulación de políticas públicas y las características del
movimiento ambientalista que respalda las reivindicaciones de estos
grupos étnicos, tal es el caso del Programa WALIR [Water Law and
Indigenous Rights], impulsado por la Universidad Wageningen y la
Comisión de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe
[CEPAL]. Este proceso implementado en cooperación con organi-
zaciones y redes indígenas, campesinas y de base de Bolivia, Chile,
Ecuador, Perú, México, Francia, Países bajos y Estados Unidos, bus-
có reconocer los derechos del agua y los modos consuetudinarios de
gestión de los pueblos indígenas, comparándolos con los contenidos
de la actual legislación nacional (WALIR, 2002).

En Colombia, Ulloa (2004) explica la presencia de conflictos en


referencia al movimiento indígena y al ambientalismo en Colombia
como consecuencia del desconocimiento de los pueblos indígenas
en las nociones jurídicas estatales. Según esta autora, dicho conflicto

27
Los Conflictos ambientales por el agua

aparece por la ausencia de acciones ambientales que consideran una


noción de desarrollo sostenible concertada con la propuesta tradicio-
nal de los indígenas. En este sentido, los conocimientos y territorios
indígenas no son reconocidos por su valor cultural, sino por los inte-
reses de los nuevos mercados verdes.

Boelens (2003) destaca como cuestión central el reconocimiento


de los derechos de agua y las reglas de gestión indígena en el contex-
to de las políticas y la legislación de los Estados. Las fuentes de con-
flicto se encuentran en las estrategias políticas y leyes que, partiendo
de conceptos como inclusión, igualdad y participación, niegan a los
indígenas y poblaciones locales su especificidad. El especialista en
ecología política del agua llama tiranía de la participación a los pro-
cesos que en América Latina obligan a campesinos e indígenas a
incluirse, igualarse y participar en los modelos occidentales.

Finalmente, cabe citar el caso de Guayaquil-Ecuador en donde,


según Swyngedouw (2004), las relaciones de poder y agua que carac-
terizan el ciclo hidrosocial son el claro ejemplo de las luchas socia-
les existentes relacionadas al acceso y control por el líquido. En esta
ciudad el poder económico oligopolístico establece conexiones entre
los conflictos hidrosociales y las estructuras políticas de gobierno que
conducen a la exclusión para el acceso al líquido de grandes sectores
urbanizados. Sobre dicha relación, el geógrafo belga señala que “si
únicamente aquéllos que tienen el poder controlan el agua, y aquellos
que tienen agua manipulan a los que tienen el poder, entonces aqué-
llos que no tienen poder no tienen agua” (Swyngedouw, 2004, p. 61).

1.3.2. Conflictos por el agua en Colombia

Los conflictos ambientales en Colombia asociados al agua se pre-


sentan, sobre todo, por la falta de gestión estatal para atender los re-
querimientos del líquido a toda la población que habita el territorio
nacional. El ineficiente e inequitativo ordenamiento para el acceso al
líquido y la incapacidad del gobierno nacional para asumir los roles

28
Ana Patricia Quintana Ramírez

de regulador y árbitro imparcial en la asignación de beneficios sobre


este bien natural, generan un sinnúmero de conflictos ambientales
por el agua.

El tema contempla dos visiones complementarias. Una relacio-


nada con la gestión del agua referida a su naturaleza y otra a la
regulación de sus múltiples usos en detrimento del consumo hu-
mano como prioridad. Es decir, que el tema requiere, por un lado,
comprender la regulación para el control y la conservación del en-
torno natural en fuentes hídricas y cuencas hidrográficas, y, por
otro, el reconocimiento de la asignación de beneficios a los agentes
sociales que utilizan el agua para diferentes actividades humanas.
En ambos casos el proceso se torna conflictivo si se considera que
“la desigualdad en el acceso al agua reproduce las afectaciones a la
salud humana” (Instituto Nacional de Hidrología, Meteorología y
Estudios Ambientales [IDEAM], 2019, p. 286).

En primer lugar, los conflictos ambientales por el agua en Colom-


bia resultan de las desigualdades generadas por una gestión guberna-
mental que planifica y ordena el elemento natural en desacuerdo con
las dinámicas poblacionales y productivas del territorio nacional. En
este país existe una distribución poblacional desigual en consideración
con el potencial hídrico. Por ello, es mayor la demanda de agua en las
áreas hidrográficas correspondientes a las cuencas Magdalena-Cauca
y Caribe, en detrimento de las zonas más despobladas como la Orino-
quía y la Amazonía (IDEAM, 2019). Prueba de esto es que, de las 391
cabeceras municipales susceptibles al desabastecimiento en tempora-
da seca, el 89 % de los municipios se localizan en las áreas hidrográfi-
cas del Magdalena-Cauca y el Caribe (IDEAM, 2019).

Además, el gobierno colombiano no atiende de manera equita-


tiva las demandas de agua para zonas rurales y urbanas. Por otra
parte, cuando el servicio de agua se vincula a una interpretación
mercantil, este es asignado, principalmente, en los sectores rentables

29
Los Conflictos ambientales por el agua

de la economía, por tanto, la inversión en gestión del agua para las


zonas rurales es precaria porque las actividades a pequeña y media-
na escala de la economía campesina rural no son significativamente
rentables en términos del mercado. Según el Departamento Admi-
nistrativo Nacional de Estadística [DANE] (2005), mientras el 94,3
% de la población urbana en Colombia tuvo cobertura en acueduc-
to, solo el 47.1 % de la zona rural fue atendida con este servicio.

En segundo lugar, el conflicto ambiental por el agua en Colom-


bia resulta de los efectos excluyentes de la acción estatal, ya que el
Estado colombiano, en los ámbitos normativo y de gestión, favorece
la privatización para la oferta del líquido, perdiendo en la práctica
su capacidad de control y regulación para el acceso a los diferentes
usos del mismo, esto es, que mientras el Estado establece normas de
control para que la población colombiana, conforme su capacidad
de pago, acceda al agua para el consumo humano, simultáneamen-
te agiliza y facilita la expedición de permisos para quienes realizan
prácticas de agricultura comercial, explotación minera e instalación
de hidroeléctricas. Pese a que estos últimos agentes sociales, en su
mayoría provenientes del sector privado, arriesgan la disponibilidad
del agua para consumo humano y la vida en los territorios.

Es por esto que la priorización para usos diferentes al consumo


humano en el área Magdalena-Cauca agudiza las inequidades para
el acceso al líquido. Como resultado de esta dinámica en la zona se
incrementó el requerimiento de agua para agricultura e hidroeléctri-
cas entre los años 2017 y 2018 con la presencia de mayor número de
embalses con fines de producción eléctrica y riego (IDEAM, 2019).

Al respecto, Vélez (2007) y Dussán (2017) llaman la atención por


la invasión del capital privado en la construcción de hidroeléctricas
en Colombia que deterioran el recurso hídrico y desplazan a un gran
número de indígenas y habitantes rurales de los territorios inunda-
dos. Para Vélez (2007), la construcción de embalses o hidroeléctricas

30
Ana Patricia Quintana Ramírez

obedece al interés económico por la valorización de predios en luga-


res desatendidos por el Estado. El resultado de la implantación del
modelo mineroenergétio, según Dussán (2017), es el desplazamiento
de campesinos y pescadores víctimas de las multinacionales que, en
asocio con el Estado, especulan con títulos sobre la tierra y el agua.

De otra parte, la planificación y gestión del agua a escala de cuen-


cas hidrográficas parece obedecer a intereses económicos de quienes
requieren el líquido para agricultura, agroindustria e hidroeléctricas.
Esto se evidencia en los mecanismos de ejecución contemplados en
el segundo capítulo del actual plan de desarrollo nacional “Pacto por
Colombia, pacto por la equidad 2019-2022” (Presidencia de la Re-
pública, 2019), a través de los cuales se planifica el agua prioritaria-
mente para la generación de energía. Esta estrategia se define como
“pacto por la legalidad para el sector ambiental y minero-energéti-
co”, de forma tal que se priorizan las soluciones energéticas antes
que las referidas al agua para consumo humano.

Lo anterior significa que la normalización e institucionalización que


se propone a partir de los diferentes esquemas de planeamiento de las
fuentes hídricas no garantiza la coordinación de estrategias para la con-
servación del líquido vital, ni tampoco una distribución equitativa de
los beneficios según el uso, por lo que podrían resultar ineficaz la gran
cantidad de instrumentos de planificación generados por el Estado co-
lombiano para ordenar el recurso hídrico respecto a Planes o Esquemas
de Ordenamiento Territorial [POT/EOT], Planes de Ordenamiento
y Manejo de Cuencas Hidrográficas [POMCAS] y Planes de Ordena-
ción del Recurso Hídrico [PORH]; además, porque, de acuerdo con los
Objetivos de Desarrollo del Milenio Informe de 2015 para Colombia, la
falta de actualización del 83 % de los POT en el país afecta la capacidad
de gestión sustentable del agua y los territorios (PNUD, 2015).

El país ha copiado del modelo europeo los instrumentos de plani-


ficación de manera estandarizada, sin una adecuación comprensiva

31
Los Conflictos ambientales por el agua

de las condiciones sociopolíticas y naturales del territorio. Estos ins-


trumentos de planificación, que para su diseño y formulación incre-
mentan las exigencias técnicas y económicas de gobiernos regionales
y municipales principalmente, pueden constituirse en una estrategia
acumulativa de datos funcionales para empresarios, productores e
industriales que requieren tomar decisiones para negociar con el
agua. Empero, preocupa que estas normativas se piensen no para
ordenar sustentablemente los entornos naturales, sino para sostener
las decisiones de agentes extractivistas. Como consecuencia, el riesgo
continúa siendo la inversión de mayor cantidad de recursos públicos
direccionados hacia los procesos de planificación en lugar de la im-
plementación directa de estrategias conservacionistas sobre el terri-
torio y las cuencas hidrográficas.

En tal sentido, la toma de decisiones debería considerar la discu-


sión del o los enfoques para la gestión del agua, ya que no existen
patrones universales para analizar la realidad. Según Boelens (2006),
en el ejemplo de la gestión integrada de recursos hídricos se podría
cuestionar la sustentabilidad de las decisiones que el modelo con-
lleva, en tanto que no es claro ¿qué es lo que se necesita integrar?,
¿por qué?, y ¿para quién? El peligro radica en que, con la intención
de unificar y ordenar el agua, se justifica el interés de controlar la
distribución del líquido.

Un modelo que denota las particularidades referidas hasta ahora


relacionado con el enfoque privatizador del agua en Colombia es
el servicio de agua para consumo humano domiciliario o de acue-
ductos. La historia en la prestación de este servicio en Colombia de-
muestra la prevalencia del patrón de administración privada durante
siglos. Durante gran parte del siglo XX el Estado buscó monopolizar
la prestación de los servicios públicos mediante la inversión subsidia-
da en el sector. De 1983 en adelante la banca internacional presionó
al Gobierno Nacional para la entrega progresiva de la operación del
servicio de acueducto a los actores privados y forzó el endeudamien-

32
Ana Patricia Quintana Ramírez

to del Estado para la inversión social. Luego, a través de la descen-


tralización administrativa, la reforma constitucional de 1991 y la ley
142 de 1994, el Estado institucionalizó el modelo privado para la
prestación del servicio de acueducto (Quintana, 2010).

El proceso de privatización del servicio de acueducto en Colom-


bia se consolidó en diferentes períodos. Entre 1975 y 1985 se pre-
sentó una época de dependencia financiera y debilitamiento de la
presencia estatal en el sector acueducto. En esta década, los munici-
pios administraron en sus territorios, de manera autónoma, el servi-
cio a través de Empresas Municipales de Servicios Públicos (Cuervo,
1987). A partir de 1986 se pasó a concebir el agua como un bien fun-
damental para el desarrollo económico del país, y como un elemento
escaso y mercantilizable. Esto condujo a la recuperación de la visión
desarrollista del sector de agua potable vigente a principios del siglo
XX, priorizando, nuevamente, el requerimiento del líquido para uso
productivo, y el Estado redujo su papel protagónico en la inversión.

Hooff (2004) señala que desde 1994 los gobiernos de Colombia


promocionan la ampliación de la cobertura y mejora del servicio de
acueducto y alcantarillado mediante el desarrollo empresarial con la
creación de PYMES prestadoras de este servicio. Y desde el 2007,
mediante Planes Departamentales del Agua financiados con créditos
del Banco Mundial, se amplió la participación del sector privado en
las ciudades a través de la introducción de operadores especializados
para la prestación del servicio de acueducto (Hooff, 2004).

1.3.2. 1 La gestión colectiva del agua, una alternativa sustentable


invisibilizada por el Estado y el mercado
El modelo de gestión colectiva del agua que realizan grupos so-
ciales organizados en Colombia para atender las deficiencias de
agua en zonas rurales y urbanas marginales está determinado por la
autonomía en la gestión y la ausencia de inversión estatal. Algunos
habitantes organizados en asociaciones comunales atienden por sí

33
Los Conflictos ambientales por el agua

mismos el abastecimiento de agua para consumo humano en zonas


urbanas marginales y rurales apartadas y dispersas. En este proceso,
los pobladores consiguen, especialmente, por medio de la autoges-
tión, recursos que destinan a la construcción de infraestructura ne-
cesaria para abastecerse de agua y para realizar el mantenimiento de
los sistemas tecnológicos.

Respecto a la gestión colectiva del agua en Colombia, los con-


flictos ambientales se agudizan progresivamente por la falta de in-
versión económica estatal en infraestructura y de acompañamiento
a los procesos de gestión operativa, organizativa y administrativa de
estos sistemas de acueducto. Contrario a las expectativas de los po-
bladores organizados que habitan zonas desatendidas con servicio
de acueducto, el Estado regula y normatiza bajo un esquema cuyas
particularidades favorecen a grandes empresas prestadores del servi-
cio domiciliario de agua.

Históricamente la gestión colectiva, a diferencia de la concepción


planteada por Hardin (1968) sobre los comunes, es una alternativa
sustentable para el acceso igualitario a los elementos de la naturale-
za y para su conservación. Ello porque es un modelo de acción por
medio del que los grupos de personas tienen potestad para usar un
elemento natural, establecen acuerdos colectivos y, de manera orga-
nizada, gestionan, distribuyen y conservan.

La gestión colectiva de elementos naturales es un modelo vincula-


do a una lógica no contractual de intercambio, de propiedad común.
Quintana (2014a, siguiendo a Pascual, 1993; Chamoux et al., 1996;
Gordillo & Aguilera, 2006) afirma que este modelo es una forma or-
ganizada de grupos humanos donde distribuyen los beneficios genera-
dos por los bienes que aportan los ecosistemas, asimismo, establecen
acuerdos basados en derechos para la asignación de tales beneficios
sobre los elementos de la naturaleza a partir de la pertenencia a un
grupo social o a una entidad colectivamente instituida; por tanto, la

34
Ana Patricia Quintana Ramírez

gestión colectiva es una institución de cooperación voluntaria, convi-


vial, superior a la competencia. Por su parte, la lógica no contractual
se refiere a la recuperación colectiva de los elementos del ambiente
que realizan los seres humanos para su sobrevivencia. Tal como lo
plantea Ostrom (2000), mediante el sistema de Recursos de Uso Co-
mún [RUC] la organización humana logra distribuir los elementos de
la naturaleza, evita el consumo excesivo y los costos administrativos.

Concebir la naturaleza por fuera de las relaciones mercantiles,


que establecen los seres humanos en sus concepciones económicas,
es una forma de agregarle valor patrimonial. En perspectiva de una
economía natural (Mauss, 2009), o en la economía en su sentido
genérico (Polanyi, 2008), los seres humanos forman alianzas sociales
entre sí y con la naturaleza para garantizar la distribución y el acceso
equitativo a los elementos necesarios para la sobrevivencia. En estas
relaciones de intercambio recíproco no se aspira a la apropiación ex-
clusiva sobre los bienes que el escenario natural provea, sino que, por
el contrario, se trata de devolver a la naturaleza el don recibido de la
vida, renovando la alianza social que configuran las personas en un
espacio geográfico concreto, por lo que, el intercambio a modo de
restauración de la deuda con la naturaleza no se valora equivalente
en su precio, pero sí en su aporte al vínculo colectivo (Attac, 2012).
Por su parte, la mercantilización de la naturaleza se comprende con-
traria a los principios de gratuidad de los bienes naturales, porque a
través de este sistema los seres humanos generan transformaciones
económicas y técnicas que buscan acceder al prestigio político, tal
como sucedió en el évergétisme3.

La investigación de tipo cualitativo con enfoque participativo rea-


lizada por Quintana (2010) documentó la experiencia de las Aso-
ciaciones de Acueductos Comunitarios en Dosquebradas, Risaralda,

3 Término francés para designar la constitución de clientelas mediante la


práctica de la generosidad con las obras de infraestructura hidráulica en Roma.

35
Los Conflictos ambientales por el agua

Colombia. Estos son grupos de base que han resuelto, desde 1925, el
problema del desabastecimiento de agua a una gran proporción de
la población de un municipio que no supera los 200.000 habitantes
(DANE, 2005, citado por Quintana, 2010).

El análisis de los habitus según el género permitió concluir que


las relaciones de dominación del mercado establecidas en torno al
servicio de acueducto agudizan las condiciones de exclusión social
que vivencian habitantes de sectores periurbanos en el municipio
de Dosquebradas. La diferenciación mediante la estratificación
social para la prestación de servicios públicos impide que grupos
sociales con baja capacidad adquisitiva y en precarias condiciones
económicas accedan al servicio de acueducto que ofrece el Estado
en alianza con empresas privadas. Además, la ausencia estatal en
inversiones sociales facilita la legitimación de actores armados en
el territorio mediante la oferta de opciones laborales a los jóvenes
en los barrios (Quintana, 2010).

Para Quintana (2016), ese tipo de dominación se reproduce en


el espacio privado familiar, en virtud a que las relaciones de poder
se reconocen por la disposición de hombres y mujeres en el espacio
físico de la vivienda, en el reconocimiento del cuerpo y en el uso
doméstico del agua. En el espacio público (barrio, asociación) la do-
minación se establece por medio de formas legitimadas del discurso,
de las actividades económicas y del control territorial armado.

Por los motivos anteriormente expuestos, la sustentabilidad de la


vida humana requiere actuar sincrónicamente en contra de la repro-
ducción de las múltiples formas de dominación y exclusión. La va-
loración patrimonial de la naturaleza exige transformar, igualmente,
las formas de dominación generacional, de género y con la natura-
leza (Quintana, 2014b)

36
Ana Patricia Quintana Ramírez

Conclusiones

La historia de los conflictos ambientales leída mediante referen-


cias documentales y evidencias académicas se presenta ligada a dis-
cusiones de la ciencia en relación con el lugar de los seres humanos
en la naturaleza. La aparición de la ecología y de los movimientos
ecologistas en Inglaterra y Canadá iniciaron el cuestionamiento
sobre las formas de gestionar, estudiar y valorar los elementos de
la naturaleza.

Por tal motivo, los conflictos ambientales surgen como resulta-


do de los efectos nocivos que reciben las poblaciones que no tienen
capacidad de decidir sobre sus vidas como consecuencia de las dis-
posiciones utilitaristas de gobiernos que defienden el progresivo in-
cremento de la industrialización y del desarrollo capitalista. Es decir,
cuando la vida y la naturaleza se reducen a un simple insumo para el
desarrollo de prácticas de poder.

Así pues, los conflictos ambientales son más que simples dispu-
tas por acceder a los elementos que garantizan la vida de los seres
humanos en el planeta, reflejando las inequidades y las luchas de
muchas poblaciones en el planeta que desean expresar simbólica y
culturalmente las múltiples significaciones que tienen sus vidas en
territorios con naturalezas específicas.

Comprender el agua desde la perspectiva del metabolismo hidro-


social es reconocer en este elemento natural una relación intrínseca
de la fusión humana con su simbólico sentido como fluido y movili-
zador de poder, porque, así como el agua fluye en y sobre la tierra,
de igual manera fluyen corrientes de poder ligadas a intereses econó-
micos, políticos o culturales de valoración humana hacia el líquido.
Por tanto, los conflictos ambientales asociados al agua se vinculan
particularmente por el desacuerdo de visiones, interpretaciones e in-
tereses sobre el líquido y la vida en los territorios.

37
Los Conflictos ambientales por el agua

Tal como sucede en América Latina y en Colombia en donde los


conflictos ambientales vinculados a la gestión del agua se encuentran
condicionados, principalmente, desde la década del noventa por la
implantación del modelo neoliberal. Las desigualdades sociales que
generan las irruptoras prácticas desarrollistas en el territorio latinoa-
mericano se incrementaron a partir de la implantación de normati-
vas y políticas públicas marcadamente privatizadoras del agua.

En Colombia la agudización de conflictos ambientales asociados


al agua aparece vinculada a una fragilidad en la gestión estatal para
ordenar el territorio, para normatizar bajo esquemas incluyentes
que promuevan la equidad para el acceso al agua y, para arbitrar y
regular imparcialmente los diferentes usos del líquido.

En tal sentido, las demandas de agua que tiene la población en


Colombia son desatendidas por el Estado. Mientras el Estado regula
y controla con severidad el acceso al agua para consumo humano, los
agentes privados resultan privilegiados por la permisividad del mo-
delo estatal en la extracción del agua para usos que van en contravía
de las posibilidades de sustentabilidad de los entornos naturales.

Además, los conflictos ambientales por el agua se agudizan por-


que, mientras el Estado colombiano agencia prioritariamente el mo-
delo privado para la accesibilidad al agua en el territorio nacional,
continúa desconociendo el modelo de gestión colectiva del agua.
Ello en detrimento de una estrategia sustentable que resulta efectiva
para atender las ausencias en servicio de agua para consumo huma-
no en zonas rurales y urbanas marginales.

38
Ana Patricia Quintana Ramírez

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COMPONENTES DEL ORDEN SOCIAL MODERNO VS.
ORGANIZACIÓN ECOLÓGICA1

Hernando Uribe Castro2

1 Una primera versión de este esquema analítico se inspiró en la lectura del


cuento “El hombre que plantaba árboles” de Jean Giono. Esquema que, al ser mejorado,
fue aplicado para analizar el caso de los campesinos cafeteros en el sector El Roble en
los Andes Caucanos a principios del 2019 en la tesis de Luis Hernando Hidalgo sobre
los procesos de descampesinización en Timbío, Cauca. Estos esquemas también fueron
presentados en el Seminario al que fui invitado sobre Gestión Integral Ambiental de la Uni-
versidad Surcolombiana y en la conferencia ofrecida en el evento “Décimo aniversario.
Doctorado Interinstitucional en Ciencias Ambientales” realizado en la Universidad del
Valle el 16 de septiembre de 2019 e incorporados en un capítulo en el libro de mi auto-
ría titulado “Literatura Planetaria” que se encuentra en proceso de publicación.
2 Doctor en Ciencias Ambientales. Magíster en sociología. Profesor Titular y
Director del Doctorado en Regiones Sostenibles del Instituto de Estudios para la Soste-
nibilidad de la Universidad Autónoma de Occidente. [email protected]
Hernando Uribe Castro

Cuanto más estudiamos los principales problemas de nuestro tiempo,


más nos percatamos de que no pueden ser entendidos aisladamente
Capra, 1998, p. 25

Quisiera expresar con este documento una serie de reflexiones


que se encuentran aún en construcción y que tienen como propósito
analizar la relación entre la organización ecológica y los componentes del
orden social. Son cuestiones sobre las que continuaré trabajando, pero
que deseo empezar a compartir con mis colegas, amigos y lectores
desde ya. El texto parte de la idea de que la situación de crisis am-
biental que enfrenta el planeta -como expresión de una crisis civili-
zatoria como lo han enunciado diferentes autores (Boff, 2002; Leff,
2004; Escobar, 2014)-, es producto de un orden social moderno que
viene desconociendo el modo natural de la organización ecológica.
Y que tal situación ha conducido a que nuestro mundo enfrente una
dificultad enorme para sustentar las condiciones de la vida. He pen-
sado que, mediante una serie de esquemas sencillos, podría demos-
trar esta compleja dinámica.

1. Un contrasentido

Cuando se realiza una atenta y profunda reflexión sobre las con-


diciones de la vida “entendida como un continuo proceso de orga-
nización” (Ángel Maya, 2001, p. 87) que está presente en el mundo
y, sobre todo, cuando se tratan de explicar esas condiciones de vida
concretamente en el mundo contemporáneo, se percibe y aprecia
que la crisis ambiental planetaria, que ha sido catalogada como una
crisis civilizatoria y de conocimiento que enfrentamos como huma-
nos y junto a las demás especies en este sistema terrestre (Leff, 2008),
pone de manifiesto un contrasentido que se puede expresar de la si-
guiente manera: los componentes del orden social moderno (Estado,

45
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

mercado y la sociedad) no han logrado acoplarse a las condiciones


que impone y exige el orden natural del planeta para lograr propi-
ciar, mantener y sustentar las condiciones de la vida.

Dicho de otro modo, la organización ecológica posee unas diná-


micas que los componentes del orden social moderno, no solo no han
tratado de comprender, sino que, además, no ha reconocido conlle-
vando a modos de funcionamiento distintos a las condiciones que ri-
gen los procesos naturales del orden ecológico planetario; dicho or-
den fue definido, en su momento, por Ángel Maya (2001) como “el
ensamblaje de los elementos dispersos conducidos por una corriente
de energía” (p. 98), y se impone a modo de leyes a todas las formas de
vida existentes donde no hay excepciones. Al darse este proceso de no
acoplamiento de lo social con lo natural, debido a la incomprensión,
la ingenuidad, la negligencia, el egocentrismo de especie y el no reco-
nocimiento de la naturaleza, se producen los efectos, los daños, la des-
trucción y la eliminación irreversible de las condiciones de producción
y sustento del sistema viviente. Al respecto, Maturana y Varela (2003)
afirmaron que “Los sistemas vivientes son sistemas autopoiéticos. La
diversidad de los sistemas vivientes es obvia” (p. 88).

Hay que considerar que la vida, en el sentido expuesto por Ángel


Maya (2001), es un sistema abierto que recibe energía externa, una
creación continua, un desarrollo siempre nuevo, un proceso perma-
nente de organización, cuyo principio de lucha es contra la destruc-
ción y como sistema crea un flujo de entropía. La vida también es
materia organizada en complejas cadenas y ciclos precisos. Energía,
vida y materia están relacionados. Por ello, para Ángel Maya (2001)
la vida no solo es un proceso que regula la transmisión de energía,
sino que domestica el flujo energético el cual “une las distintas mani-
festaciones de la vida” (p. 101).

La vida es, pues, un proceso regulado de transmisión de la ener-


gía. Ahora bien, de acuerdo con la segunda ley de la termodinámica,

46
Hernando Uribe Castro

la energía no se puede reciclar. Va perdiendo en cada proceso su capa-


cidad de trabajo, hasta irradiarse en calor. La energía es aprovechada
en el sistema vivo para construirse la maravillosa variedad de especies,
pero cada una de éstas está encadenada en un nivel preciso de traspaso
energético. Puede decirse que las diferentes manifestaciones del proceso
vivo no son más que momentos visibles del traspaso de energía. El flujo
energético une en esta forma las distintas manifestaciones de la vida
(Ángel Maya, 2001, p. 101).

Se puede suponer que el problema es que la sociedad basada


en las lógicas de la modernidad, a pesar de contar con el conoci-
miento científico, técnico y tecnológico, no puso atención a este
detalle estructural de la vida en el planeta y se limitó a producir
un modelo social basado en la racionalidad del beneficio, el creci-
miento económico, el lucro y la acumulación económica en per-
juicio de las condiciones naturales existentes, donde el uso social
de la energía pretendió monopolizarse y rentabilizarse en detri-
mento de las condiciones propias de la vida.

Alimonda (2012) explica que la modernidad implementó un


ejercicio de biopoder sobre las condiciones y elementos de la na-
turaleza, donde “el proyecto moderno siempre implicó el ejercicio
de un biopoder sobre la naturaleza, entendido como poder sobre
los espacios físico-geográficos, los suelos y los subsuelos, los recursos
naturales, la flora y la fauna, el aprovechamiento de las condiciones
climáticas, pero también poder sobre los cuerpos humanos subal-
ternos por la dominación” (p. 89). Lo que es importante indicar
aquí es que los elementos como el agua, la tierra y aire fueron con-
vertidos en mercancías, recursos, objetos dominados y controlados
por los agentes que, interesados y “enceguecidos” en los principios
del crecimiento económico y la acumulación de capital, se apro-
piaron sin precaución, sin ética planetaria y de responsabilidad de
lo que ofrecía el mundo en su subsuelo, suelo y aire. Y esta forma
de percibir, apreciar y actuar en el mundo se esparció por todo el
sistema social como única verdad y como ley humana.

47
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Como esquema social de pensamiento, estructural y estructuran-


te, se interiorizó en los individuos como estructuras mentales que
fueron luego reproducidas en las prácticas de la vida cotidiana. No
es extraño entonces, comprender que ante el proceso de interioriza-
ción de unos esquemas de pensamiento extremamente capitalizados
y rentabilizados en los individuos, resulten prácticas insustentanbles
que son, a su vez, antiecológicas, antiambientales y antiplanetarias,
es decir, toda una guerra contra la vida. Prácticas que los individuos
reproducen y que están basadas en una racionalidad fundada en la
acumulación de capital sin tener en cuenta los efectos basados en la
destrucción de la naturaleza. Según Leff (2019b).

La sustentabilidad no es el estado de la naturaleza en la era del An-


tropoceno, de su devenir desde la emergencia de la Physis a través de la
creación evolutiva de la vida. La sustentabilidad es, por el contrario, el lla-
mado de la vida que emerge del estado de insustentabilidad del planeta, de
la crisis ambiental a la que ha conducido el Logos Humano que gobierna al
mundo. La sobrexplotación de los recursos y la degradación del ambiente
son el resultado de la racionalidad tecno-económica que ha desterrado a la
naturaleza del campo de la producción y de la acumulación de capital que
ha venido destruyendo las bases ecológicas de la producción. (p. 29)

La apuesta social por esa búsqueda, mediante cualquier medio,


para acceder a una incesante acumulación de capital, se ha genera-
lizado en la medida en que unos pocos lograron concentrar grandes
capitales o se convirtieron en ídolos, modelos y ejemplos a seguir
por todos en la medida en que experimentaron un nivel de bien-
estar material alto. No obstante, autores como Max-Neff y Smith
(2014) nos recuerda que “el crecimiento económico aporta un nivel
de bienestar material cada vez más alto a los ya adinerados; pero hoy
muchísimos más que no se benefician materialmente del crecimiento
económico. De hecho, después de varios siglos de crecimiento eco-
nómico, la mayor parte de la población mundial tiene menos en los
ámbitos de vivienda, alimentación e infraestructuras que el mínimo
indispensable para disfrutar de una vida segura y digna” (p. 85).

48
Hernando Uribe Castro

Hay que distinguir que dichas prácticas fueron esparcidas a través


de la política, los medios, la educación, la religión y demás institu-
ciones sociales como principios que debían regir la vida humana,
donde todo aquel que no asumiera estos principios o que no los im-
plementara se vería desterrado de los beneficios y las oportunidades
y, por tanto, relegado de las dinámicas globalizadoras y globalizan-
tes promovidas por los principales agentes del capital económico. Al
respecto, Bourdieu (2007) indica que “no hay orden social que no
tienda a ejercer una acción simbólica orientada a su propia perpe-
tuación” (p. 232).

Pese a este contrasentido humano en las formas de vivir la vida, es


decir, esa guerra contra la vida y el sistema plantario, existen todavía
pequeños grupos sociales dentro de esta especie humana, sobre todo,
grupos ancestrales, comunitarios, campesinos o indígenas que están
evitando el contacto con la civilización moderna o que están toman-
do una mayor conciencia planetaria, que tratan de establecer unas
mejores y más sanas conexiones con la trama de la vida, con la red
de experiencias vitales y conscientes de su lugar en el mundo y que,
siendo humanos, tratan de ir en dirección de la dinámica del planeta3.

En palabras más sencillas, los componentes que conforman el


orden de la sociedad moderna están en un camino que los
dirige en contravía, en contrasentido, en otra dirección y bajo otros
sentidos, afectando y lacerando los principios impuestos y exigidos
por el orden ecológico establecidos como principios necesarios para
la posibilidad de la existencia de la vida planetaria. Algo así como
una hoja de máquina de sierra con filo dentado que va en contra
de la dinámica de la naturaleza. Según T. León Sicard (2013) “la

3 En este punto pongo en evidencia y en ejecución un planteamiento que hizo


en su momento Bourdieu (2014): “El sociólogo intenta construir un modelo teórico de
un proceso, es decir, un conjunto de propuestas sistemáticamente vinculadas y suscepti-
bles de una verificación sistemática, susceptible de dar cuenta de una serie de aconteci-
mientos históricos tan grande como sea posible” (p. 150).

49
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

tecnología está en el centro de los discursos ambientales. Constituye


una especie de “brazo armado de la cultura” y es entendida, desde
el punto de vista ambiental complejo, como la expresión material
de los grupos humanos a partir de la que se transforman los ecosis-
temas, en sentidos positivos y negativos” (p. 272).

Figura 1. Dinámica del planeta y dinámica de la sociedad moderna


Fuente: elaboración propia, 2019.

Una vida que, por su alta complejidad, no logra ser sometida,


atrapada, por el lenguaje humano que se ve limitado para dar
cuenta de ello. Yo tendería a pensar que la arrogancia humana (su
antropocentrismo y egocentrismo de especie) aún continúa con-
cibiendo que con la limitación de su lenguaje puede comprender
la dinámica más extraña y compleja que existe en el planeta y en
el cosmos. Conciben que el planeta no tiene límites y que la natu-
raleza se hizo para que los seres humanos dispusieran de ella sin
problema alguno. Podríamos tratar de esquematizar este complejo
fenómeno de la siguiente forma:

50
Hernando Uribe Castro

Figura 2. Organización ecológica y componentes del orden social


Fuente: elaboración propia, 2019.

Como se puede observar, es necesario distinguir lo siguiente: una


cosa son los principios que rigen la organización ecológica de la
naturaleza planetaria, materializada en el funcionamiento de los
ecosistemas y otra muy distinta son los componentes que con-
forman el orden social, sobre todo, de las sociedades modernas
y capitalizadas4. Sobre esto, Odum y Barret (2006) definen los sis-
temas ecológicos como “cualquier unidad que incluya a todos los
organismos (la comunidad biótica) de un área dada que interacciona
con su ambiente físico de manera que un flujo de energía conduce a
estructuras bióticas definidas con claridad y reciclado de materiales
entre componentes vivos y sin vida” (p. 18). Los ecosistemas poseen
todos los componentes para la vida y la supervivencia, tanto los físi-
cos como los biológicos. Los principios del orden ecológico en este
sentido serían: diversidad/asociatividad, interdependencia/flexibili-
dad y los límites propios de los ecosistemas.

4 P. Bourdieu y J. C. Passeron (1995) explican que, en la sociedad moderna,


el orden social establecido obedece a intereses que usan, mediante el efecto del enmas-
caramiento, los más eficaces mecanismos de su legitimación, mantenimiento y repro-
ducción y que, en consecuencia, “sirve a los intereses de los que tienen interés por la
conservación de este orden” (p. 268).

51
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

En los ecosistemas se materializan estas dinámicas que permiten


la vida de todos los seres planetarios. Para Odum y Barret (2006), un
ecosistema tiene dos capas según su estructura trófica: un estrato autó-
trofo («que se nutre así mismo») como las plantas que contienen cloro-
fila y que fijan energía luminosa y un estrato heterótrofo («nutrido por
otros») con suelos y sedimentos, materiales en descomposición, raíces,
etc. Según Odum y Barret (2005), un ecosistema puede consistir:

en una caja a la cual podemos llamar el sistema, la cual representa


el área de interés, y dos grandes embudos que podemos llamar ambiente
de entrada y ambiente de salida. El límite del sistema puede ser arbitrario
(como convenga o interese), delineando un área […] La energía consti-
tuye una alimentación necesaria. El sol constituye la fuente energética en
último término de la ecosfera y sustenta de manera directa a la mayoría
de los ecosistemas naturales de la biosfera; sin embargo hay otras fuentes
energéticas […] por ejemplo, el viento, la lluvia, el fluyo del agua o los
combustibles fósiles […] además la energía sale del ecosistema en forma
de calor y otras formas transformadas o procesadas, como materia orgá-
nica (alimento, desechos) y contaminantes. El agua, el aire y los nutrien-
tes necesarios para la vida, junto con todo tipo de materiales adicionales,
entran y salen del ecosistema en forma constante. Y por supuesto, los
organismos y sus medios de dispersión (semillas o esporas) y otras etapas
reproductoras entran (inmigran) o sale de él (emigran). (p. 19)

Figura 3. Modelo de ecosistema


Fuente: Odum y Barret, 2005, p. 19.

52
Hernando Uribe Castro

Además del anterior proceso, en la naturaleza y la constitución de


la vida existen también el campo de las emociones y las acciones. Las
primeras están presentes en todas las especies y permiten su conexión
con el vibrar ecosistémico del planeta. Hay que considerar que antes
que seres racionales, los humanos somos seres emocionales. Según
Illoz (2008) “buena parte de las disposiciones sociales son también
disposiciones emocionales” (p. 16). De hecho, aunque para algunos
grupos toda expresión de emocionalidad sea percibía como debili-
dad, las estrategias del mercado, el marketing y la publicidad en las
lógicas del capital, juegan con la emocionalidad de los consumidores
para generar y producir ganancias y beneficios económicos5.

La emoción, como lo define Illouz (2007), es una fusión idisoluble


entre los significados culturales y relaciones sociales, motivo por el
que tienen la capacidad de entregar energía a la acción: “La emoción
no es acción perse, sino que es la energía interna que nos impulsa a un
acto, lo que da cierto “carácter” o “colorido” a un acto. La emoción,
entonces, puede definirse como el aspecto “cargado de energía” de
la acción, en el que se entiende que implica al mismo tiempo cogni-
ción, afecto, evaluación, motivación y el cuerpo” (p. 15).

Por otra parte, académicos como Capra (1998) nos ayudan a en-
tender que “nuestro pensamiento está siempre acompañado por sen-
saciones y procesos corporales, y aunque a menudo tendamos a inten-
tar suprimirlos, pensamos también con nuestro cuerpo. Puesto que los
ordenadores carecen de tal cuerpo, los verdaderos problemas huma-
nos siempre permanecerán extraños a su inteligencia” (p. 86). Antes
que seres racionales, expresan Maturana y Bloch (1998), los humanos
son seres emocionales. Las emociones mueven la acción: “las emocio-
nes no se expresan, se viven” (p. 39). Pero, incluso, las emociones no se

5 Sugiero ver los trabajos de la socióloga marroquí Eva Illouz, especialmente


aquellos relacionados con “Intimidades congeladas”, donde expone que, en el campo
de la sociología, aunque se entendió la modernidad como el advenimiento del capitalis-
mo, el surgimiento de las instituciones democráticas y el individualismo, se prestó poca
atención al papel que en ello cumplen las emociones (Illouz, 2008).

53
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

han escapado a las lógicas de la modernidad, especialmente, cuando,


a través de los emoji (emoticones en español), ellas se sintetizan, se gra-
fican, se digitalizan. Ya lo había advertido Byung-Chul Han (2019),
cuando afirmó que “La tierra es fuente de dicha. Hoy la abandona-
mos, sobre todo como consecuencia de la digitalización del mundo. Ya
no recibimos esa fuerza vivificante de la tierra que nos hace dichosos.
La tierra es reducida al tamaño de una pantalla del ordenador” (p. 34).

Ahora bien, sucede que en ciertas circunstancias el orden social


creado por la modernidad constituyó un conjunto de componentes
que determinan y están presentes en la vida de la mayor parte de los
humanos. Un componente institucional/Estatal (un mundo organiza-
do y fragmentado por Estados que imponen unos límites y fronteras
que son imaginarias, pero efectivas para dividir el globo en partes dis-
tintas), un componente económico donde las relaciones del Mercado
corporativo también imponen un modo de ordenamiento planetario
en función de las lógicas del capital y un componente social/cultural
en donde reposa la base de la vida cotidiana de la presencia humana
en el planeta (una sociedad que en la racionalidad de la modernidad
debe depender de las acciones del ordenamiento producidas por las
lógicas del funcionamiento del Estado y del Mercado corporativo).
Cuando se superponen sobre la superficie del planeta Tierra estas dos
formas de ordenamiento, tendríamos algo parecido a lo siguiente:

Figura 4. Tensión entre organización ecológica y componentes del orden social


Fuente: elaboración propia, 2019.

54
Hernando Uribe Castro

Un orden social que no encaja en el orden ecológico del planeta.


La Figura 4, en este sentido, no representa una estrella, sino dos
formas que, superpuestas, no encajan porque no se dirigen hacia la
misma dirección. Todo ello ocurre en un sistema planetario como
el nuestro. Pero esto no es todo, el no encajamiento de los compo-
nentes del orden social sobre el orden ecológico tendrá sus efectos,
por ejemplo, si los humanos somos producto de la naturaleza y con-
vivimos con otras especies y, además, la naturaleza está presente en
el planeta Tierra, entonces, la Tierra puede considerarse como un
escenario de activa diversidad que será de tipo biológico y social.
Cuando no se tiene en cuenta el principio de biodiversidad (variedad
de ecosistemas o hábitat, variedad de especies y riqueza genética de
las mismas) se produce el problema del NO RECONOCIMIENTO.

Algo ha llevado a que la comprensión humana enfrente una in-


comprensión del planeta en el que vive a pesar de todos los de-
sarrollos, conocimientos y saberes, sobre todo, cuando a esto se le
suma que los humanos han construido y consolidado un esquema de
sociedad basada en el reduccionismo económico enfocado en la pro-
ducción y acumulación de capital. Esta visión económica del mundo
conduce, incluso, a lo que expresan Martínez-Alier y Roca Jusmet
(2013) cuando explican que “el flujo principal de energía, proceden-
te del sol, no entra en nuestros cálculos «económicos»” (p. 42).

Creo que las ciencias sociales han venido prestándole importan-


cia sustancial al tema del reconocimiento, y sobre esto se pueden
encontrar importantes aportes como los planteados por Althusser
(1973), para quien el reconocimiento es un mecanismo ideológico.
Frente a esa postura, Axel Honnet (año) propone otro sentido bajo
un conjunto de premisas:

[el reconocimiento] como tal debe ser comprendido ante todo la


afirmación de las cualidades positivas de sujetos o grupos, sin que haya
que excluir por ello que se pueda establecer una vinculación sistemática

55
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

con los estos significados. Segundo […] subrayar el carácter de acción


del reconocimiento: un acto de reconocimiento no puede agotarse en
meras palabras o declaraciones simbólicas porque es ante todo mediante
el correspondiente modo de comportamiento como es generada la credi-
bilidad que para el sujeto reconocido es de importancia normativa; tercer
lugar que tal acto de reconocimiento representa un fenómeno distintivo
en el mundo social, el cual por este motivo no cabe ser comprendido
como producto derivado de una acción orientada en otra dirección, sino
que se debe concebir como expresión de una intención independiente;
cuando su propositivo primario de alguna manera está dirigido positiva-
mente a la existencia de otra persona o grupo; una cuarta premisa… el
reconocimiento representa un concepto genérico que abarca diferentes
subtipos: así por ejemplo en las conductas del amor, del respeto jurídico y
de la apreciación del valor resaltan en cada caso diferentes acentuaciones
de una actitud fundamental que se deja conceptuar genéricamente como
reconocimiento (pp. 134-135).

La cuestión por la lucha del reconocimiento también ha sido ob-


jeto de análisis de autoras como Nancy Fraser (1997) que expone que
la lucha por el reconocimiento es hoy en día una expresión del con-
flicto político del siglo XX, que se puede materializar en casos como
el nacionalismo, los conflictos étnicos-raciales, de género y sexuales.
Ya no se lucha por la clase, sino por la identidad de grupo.

Las exigencias de ‘reconocimiento de la diferencia’ alimentan las


luchas de grupos que se movilizan bajo las banderas de la nacionalidad,
la etnia, ‘la raza’, el género y la sexualidad. En estos conflictos postso-
cialistas, la identidad de grupo sustituye a los intereses de clase como
mecanismo principal de movilización política. La dominación cultural
reemplaza a la explotación como injusticia fundamental. Y el reconoci-
miento cultural desplaza a la redistribución económica como remedio a
la injusticia y objetivo de la lucha política. (p. 17)

El contexto de esta lucha estaría dado en un mundo que se ha


transformado de forma rápida en los últimos años, donde se marcan
de manera clara las diferencias materiales entre unos y otros, pro-
cesos de acumulación de capital de unos pocos comparado con una

56
Hernando Uribe Castro

amplia capa social desposeída de este privilegio. Diferencias de in-


gresos salariales y de acceso a trabajo. Grupos humanos en situación
de hambrunas y necesidades calóricas, consumo de vitaminas y ali-
mentos energéticos6. Esto se ve reflejado en altas tasas de morbilidad
y mortalidad sobre todo infantil y de adultos mayores.

Las luchas por el reconocimiento tienen lugar en un mundo de exa-


geradas desigualdades materiales –en cuanto a ingresos y propiedad, ac-
ceso al trabajo remunerado, educación, salud y recreación., pero también
y de modo descarnado, en cuanto al insumo de calorías y a la exposición
a entornos tóxicos y, por lo tanto, en cuanto a expectativas de vida y a las
tasas de morbilidad y mortalidad. La desigualdad material aumenta en la
mayoría de los países del mundo. (Fraser, 1997, pp. 17-18)

De este modo, Fraser (1997) considera que la situación expresa


un mundo de injusticia económica y cultural, como dos dimensiones
analíticas que pueden explicar la sociedad moderna, pero que en la
práctica lo económico y lo cultural están entrelazados. Para Fraser, es
necesario entonces distinguir analíticamente la justicia económica y
la justicia social, aunque en la práctica esté interrelacionadas:

La distinción entre la injusticia económica y cultural es, desde lue-


go, una distinción analítica. En la práctica, las dos se entrecruzan. Incluso
las instituciones económicas más materiales tienen una dimensión cultu-
ral constitutiva, irreductible; están atravesadas por significaciones y nor-
mas. Análogamente, aun las prácticas culturales más discursivas tienen
una dimensión política-económica constitutiva, irreductible; están atadas
a bases materiales. Lejos de ocupar dos esferas herméticas separadas, la
injusticia económica y la cultural se encuentran, por consiguiente, usual-
mente entrelazadas de modo que se refuerzan mutuamente de manera
dialéctica. (Fraser, 1997, p. 23)

6 Según el Informe mundial sobre las crisis alimentarias 2019, presentado por
la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos, “alrededor de 113 millones de perso-
nas en 53 países experimentaron  inseguridad alimentaria aguda en 2018”.

57
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Una injusticia político-económica que se arraigó en la es-


tructura de la sociedad, para lo que una posible solución estaría
dada en la capacidad de redistribución política y social como ingre-
so, propiedades, tierras, una división social del trabajo más equitati-
vo y transformación radical de la lógica del sistema capitalista. Una
injusticia cultural y simbólica, cuya solución podría darse en
términos de reconocer la diversidad humana, la importancia de la
vida y la dignidad de los seres y el mundo natural.

Las formas como actúan estas injusticias reflejan de manera inte-


resante en los diferentes grupos humanos. Si durante el siglo XIX e
inicios del XX los movimientos sociales clásicos abocaban ante una
injusticia económica centrada en la diferencias de clases sociales y su
atención se centraba en la necesidad de una redistribución, algunos
de los nuevos movimientos sociales se han deslizado más hacia la
injusticia cultural y simbólica, sin dejar de reconocer que el sistema
impacta de forma desigual la sociedad, aunque su confrontación di-
recta es con la necesidad de impulsar el reconocimiento, como acon-
tece con los movimientos relacionados con las sexualidades.

Figura 5. Espectro conceptual de Nancy Fraser


Fuente: elaboración del autor a partir de Fraser (2006)
Fuente: elaboración propia, 2019.

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Hernando Uribe Castro

Fraser (1997) considera que la injusticia tendría algo así como


tres puntos o espectros conceptuales, a saber: un extremo del espec-
tro conceptual estaría dado por el tipo ideal de colectividad como
la clase trabajadora que reclama la necesidad de una redistribución
(clase); otro que reclama la necesidad de reconocimiento (sexualida-
des); pero existen algunas colectividades tipo ideal que se ubican en-
tre ambos extremos o bivalentes (como el género y la etnia). Como se
sabe, el no reconocimiento de la diversidad humana y cultural, y por
consiguiente, de los grupos étnicos y cultural del mundo, es uno de
los factores que ha conducido a la insustentabilidad en la medida
en que, en los grupos étnicos (del pasado y del presente), reposan
conocimientos y saberes tradicionales, así como formas existenciales
de relacionarse ética y responsablemente con el planeta. En relación
con esto, Escobar (2014) nos recuerda que esta insustentabilidad
“está diseñada estructuralmente dentro de nuestra vida cotidiana”
(p. 151). Una extinción de la diversidad étnica y cultural implicaría la
muerte también de todos aquellos saberes que reposan en las formas
de visión del mundo. Sería la muerte de la Otredad y de la alteridad.
Toledo y Barrera-Bassols (2008) lo expresarían así:

El mundo contemporáneo se encuentra en el fondo de una severa


crisis de diversidad natural y cultural. Ambas diversidades se encuentran
amenazadas por las mismas causas: las tendencias de »progreso« y »mo-
dernización« bajo el esquema de desarrollo fundamentado en principios
como la competencia, la especialización, la hegemonía y la uniformidad.
Bajo los paradigmas de la racionalidad económica y tecnológica, que
dominan el proceso de globalización, la diversidad es percibida como un
problema […] Al destruir la diversidad biológica silvestre, la variedad
genética de las especies domesticadas de plantas y animales, y las miles
de culturas identificadas por los genes o la lengua y, en consecuencia, la
experiencia acumulada en forma de sabidurías locales o tradicionales, la
civilización industrial está acabando con los principales componentes del
complejo biocultural de la especie humana. (p. 191)

59
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Además, cuando los comportamientos del Estado y del Mercado


corporativo superan los límites del funcionamiento de los ecosistemas
con actividades como las extractivistas, la explotación incesante de
elementos como el agua, la tierra, el aire y sus efectos con contamina-
ción, destrucción y cambios profundos en sus dinámicas, se produce
un problema estructural que desborda los LÍMITES de los ecosiste-
mas, atentando contra todas las culturas que habitan en estos espacios
y con todos los saberes depositados ahí: “Conforme este proceso de
destrucción avanza, al extenderse los mecanismos de la moderniza-
ción industrial, la especie humana incrementa lenta e inexorablemen-
te su amnesia al suprimir áreas o sectores claves de su propia memoria,
de su conciencia histórica” (Toledo & Barrera-Bassols, 2008, p. 191).
Odum y Warret (2006) consideran, por ejemplo, que “la sociedad ur-
bana e industrial ya no solo afecta y modifica a los sistemas naturales,
sino que ha dado lugar a un arreglo totalmente novedoso al que lla-
mamos tecnoecosistema dominado por el hombre” (p. 21). En otras palabras,
se objetivó la naturaleza que degrada la vida.

Y si a eso se agregan los abusos que las lógicas del funcionamiento


del mercado corporativo sustentado en las bases de una racionalidad
económica, que solo tiene interés en el crecimiento económico y la
acumulación del capital sobre la base de la explotación de la mano
de obra humana, del empobrecimiento de millones de personas y
los consecuentes efectos de la desigualdad, se tiene un problema que
también es mayúsculo y estructural como lo es el de la inequidad
y escasa DISTRIBUCIÓN (democratización) de los beneficios. Ya
lo habían expresado Max-Neef y Smith (2014) cuando decían que
“el crecimiento económico ha desbaratado y, en medida cada vez
mayor, continuará desbaratando cualquier esfuerzo para alcanzar
un mundo en el que todos podamos vivir en paz y seguridad” (p. 87).

Los gobiernos de los Estados se adhieren a estas lógicas y racio-


nalidades, y usan la fuerza de las “argucias de la razón imperialista”,
como lo diría Bourdieu (año), como argumentos que justifican la im-

60
Hernando Uribe Castro

plementación de políticas dirigidas para lograr un mayor crecimien-


to económico, una efectiva articulación en la dinámica globalizado-
ra del capital no solo para alcanzar la prosperidad, el desarrollo y el
bienestar, sino también la seguridad y la paz, pues son bases –dicen
los gobiernos- de unas sociedades democráticas. La noción de globa-
lización, explican Bourdieu y Wacquant (2001), “tiene por efecto, si
no por función, esconder detrás del ecumenismo cultural o el fatalis-
mo economista los efectos del imperialismo, y hacer aparecer una re-
lación de fuerza transnacional como una necesidad natural” (p. 14).

Recuérdese, también, que para Bourdieu (2009), el orden so-


cial, además de ser estructura social incorporada como estructura
mental en los individuos, que se perpetua, se conserva, se instituye
y se reproduce a través de la contribución que hacen las estruc-
turas de los sistemas de representaciones y de las prácticas (por
ejemplo, religiosas, educativas, normativas, etc.), es la “legitima-
ción” del poder de los “dominantes” y la “domesticación de los
dominados”. Lo anterior lo podemos graficar así:

Figura 6. Organización ecológica/Componentes del orden socal: efectos


Fuente: elaboración propia, 2019.

61
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Todos estos problemas conducen, entonces, a tres grandes proble-


mas estructurales bien conocidos por la humanidad: primero, el No
Reconocimiento efectivo de la diversidad humana y de los pue-
blos; seguido de las prácticas que producen un Desborde de los
Límites Planetarios y, por último, un gran problema estructural
de la escasa y Nula Distribución de los beneficios económicos
y del bienestar social. Estos tres problemas son los que, en térmi-
nos estructurales, están presentes en el mundo moderno y que han
desembocado en la profundización de una crisis socioambiental y
ecológica sin precedente alguno. No es extraño que, aunque estos
problemas han sido detectados por los gobiernos, la ciencia y otros
agentes, así como han sido objeto de atención y grandes inversiones,
las condiciones sociales de la vida se ven cada día más deteriorados.

Hay que tener presente que la modernidad, en el sentido en que lo


explica Escobar (2014), “inauguró, para muchos teóricos y elites mun-
diales, un período de certeza bajo la premisa de los efectos benéficos
del capital, la ciencia y la tecnología” (p. 27) y que, al mismo tiempo,
se basa en el orden establecido por la lógica de la «destrucción creati-
va» que, como lo explica Leff (2008), “no apuntaba al decrecimiento,
sino al mecanismo interno de la economía que la lleva a “programar”
la obsolescencia y la destrucción del capital fijo para re-estimular el
crecimiento económico insuflado por la innovación tecnológica como
fuelle de la reproducción ampliada del capital” (p. 76).

De igual manera, Leff (2004) argumenta también que la visión


mecanicista del mundo se convirtió en el principio de la dinámica
económica que, además de desterrar la naturaleza, destruyó y degra-
dó las condiciones ecológicas y ambientales:

La visión mecanicista del mundo que produjo la razón cartesiana


y la dinámica newtoniana se convirtió en el principio constitutivo de la
teoría económica, predominando sobre los paradigmas organicistas de
los procesos de la vida y orientando el desarrollo antinatura de la civili-

62
Hernando Uribe Castro

zación moderna. De esta forma, la racionalidad económica desterró a la


naturaleza de la esfera de la producción, generando procesos de destruc-
ción ecológica y degradación ambiental que fueron apareciendo como
externalidades del sistema económico. (p. 99)

Habría que preguntarse si estos tres problemas estructurales con-


llevan a otros de igual índole presentes en la vida contemporánea en
aspectos tales como la corrupción, la injusticia social y ambiental,
la ampliación de las brechas, las hambrunas y la expansión de la
pobreza, los conflictos ambientales, y las fallidas prácticas políticas y
económicas para resolver los problemas estructurales de la sociedad.
Yo me inclinaría a pensar que cada uno de estos problemas tendrían
que tratarse como parte de un sistema, una visión holística capaz de
afrontar este nudo que los humanos han construido sobre este nicho
habitable en el cosmos. Cada problema estructural tendría que ata-
carse con respuestas también estructurales. Veamos:

Figura 7. Organzación ecológica/Componentes del orden social: principios que rigen


las soluciones
Fuente: elaboración propia, 2019.

63
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Dicho de otro modo, frente a aquellos problemas estructurales


que se han incorporado como esquemas mentales, que impiden
comprender mejor el funcionamiento de todo este sistema, es nece-
sario anteponer, en primera medida, un develamiento que conduz-
ca a romper con la “ceguera” y el “adormecimiento”, y conlleve a
una mejor comprensión de todo este sistema; y, en segunda medida,
la creación de unas estrategias apropiadas y efectivas que permitan
proponer alternativas al orden social establecido.

Respecto a la primera, es decir, contra el develamiento como rup-


tura, es urgente despojar de las máscaras al sistema educativo im-
perante, difundido y generalizado por las organizaciones mundiales
y los gobiernos, que se encuentra basado en la racionalidad de la
modernidad y del mercado educativo, que ha formado, y continúa
formando, a generaciones enteras, en buena medida, como disposi-
tivo de la interiorización de la exteriorización o, en otros términos,
de la incorporación de la estructura social como estructura mental
en cada individuo. La estructura social incorporada en la estructura
mental de los individuos ha sido la de la modernidad agenciada por
el mundo corporativo y de las elites de poder mundial.

Bourdieu y Passeron (1995) señalan que “sólo una teoría ade-


cuada del habitus como lugar de interiorización de lo externo y de
la exteriorización de lo interno, permite revelar completamente las
condiciones sociales del ejercicio de la función de legitimación del
orden social que, de todas las funciones ideológicas de la Escuela,
es sin duda la mejor disimulada” (p. 262); pero siempre teniendo
presente que el sistema educativo no es el único responsable de la
interiorización de lo exterior, puesto que otras instituciones sociales,
tales como la familia, las agencias del Estado, los medios de comuni-
cación, la política, etc.,7 surten también esta tarea.

7 La educación puede entenderse en dos sentidos: como víctima del sistema,


por un lado, (cuando la educación perdió su sentido formativo, reflexivo y ético para
convertirse en mercancía) y, por otro, como dispositivo catalizador (cuando promueve
las lógicas y la racionalidad del sistema). No puedo profundizar aquí sobre este aspecto
porque se requiere otro espacio para ampliar esta idea.

64
Hernando Uribe Castro

• Por ejemplo, respecto a la dinámica del no reconocimiento efec-


tivo de la diversidad humana y de los pueblos se tendrían que pensar
en respuestas desde las acciones de base que se puedan ir incorporando
en la estructura mental y social los principios del reconocimiento de la
diversidad, la Otredad y la alteridad, el respeto por los otros y lo Otro.
El diálogo de saberes, como los expresa Leff (2019a), para tratar de
imponer unas relaciones que valoren el sentido de la vida en el planeta.
Un sentido de la vida que da espacio a la diversidad.

• Frente a los problemas estructurales que se caracterizan por aquellas


prácticas que desbordan los límites planetarios, tendríamos, en-
tonces, que ofrecer respuestas basadas en un conjunto de dispositivos
que logren, por un lado, develar el funcionamiento del orden social es-
tablecido y, por otro, encontrar las acciones apropiadas para transfor-
mar esta realidad: comprensión de principios de una ética planetaria y
de la sustentabilidad. Una sustentabilidad que tendría que conducir a la
humanidad a comprender que el planeta funciona bajo unas leyes na-
turales que deben ser cumplidas y que merecen la atención y el respeto
de todos los seres humanos y sus diferentes institucionalidades sociales.
El Manifiesto por la vida da muchas ideas con respecto a encontrar la
sustentabilidad como principio de vida.

• Y, ante a los problemas estructurales de la nula y escasa distribución de


los beneficios económicos basados en los principios del reconocimiento
de la diversidad de los pueblos y de los límites del plantea, se proponen
los principios de la equidad y la re-distribución. Una sociedad donde
las brechas sociales y las desigualdades produzcan y conduzcan a la
implementación de unas condiciones de vida dignas para los humanos
y demás formas de vida existentes en el planeta.

En relación con la segunda, es decir, a las estrategias y las ac-


ciones, creo que no queda la menor duda de que el trabajo desde
las bases sociales se conviertan en una importante oportunidad y
alternativa. En ello, el diálogo de saberes con los diferentes acto-
res sociales, los movimientos sociales, los grupos académicos, los
sindicatos y todos aquellos actores que son sensibles y que están
interesados en los procesos de cambio, deben volverse motores de

65
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

pensamiento crítico y propositivo. Que las reflexiones se conviertan


en acciones concretas con las que se puedan producir programas,
planes y proyectos participativos y concertados posibles de reali-
zar. Propuestas contextualizadas con perspectiva local que irradien
efectos hacia lo global. No obstante, estas acciones no serían nada
si todavía no se ha cumplido el principio del despertar de ese ador-
mecimiento, esa negligencia y esa indisposición que todavía existen
en una masa importante de seres humanos que ven estos problemas
como distantes de sus vidas y realidades.

Sabemos que actualmente pueblos latinoamericanos y de otras


partes del mundo están trabajando en la búsqueda de alternati-
vas al modelo impuesto por el sistema tríadico capitalismo-pa-
triarcado-colonialidad, esparcido por la superficie terrestre.
Estos pueblos están pensando en el desmontaje de los discursos,
las argucias y las racionalidades del reduccionismo económico y
tecnológico, del patriarcado y de la colonialidad del pensamiento
para transitar hacia otras formas de saberes y experiencia vital.
Nuevas formas que permiten poner en el centro el sentido de la
vida y de lo que significa vivir en el planeta. Un sentido que reco-
noce la biodiversidad, la Otredad y la alteridad, donde hombres y
mujeres tienen la responsabilidad de permitir y permitirse formas
dignas de existencia presente y futuras. Escobar (2014) señala que
el Buen Vivir, por ejemplo, “ha sido, sin lugar a dudas, el detonante
más importante para esta discusión, seguido de cerca por los deba-
tes sobre los derechos de la naturaleza” (p. 43). A ello se suman las
estrategias tales como los planes de vida de los pueblos indígenas y
ancestrales que buscan otros horizontes más éticos, responsables y
conectados con el sentir y pensar de la vida y de la existencia.

66
Hernando Uribe Castro

2. Un ejemplo concreto: el caso del río Cauca y su valle


de inundación

Plantearé el anterior esquema en un caso concreto en este docu-


mento: el conflicto ambiental por el monocultivo de la caña de azú-
car en el valle geográfico del río Cauca en Colombia. Aunque este
esquema analítico fue implementado también y como prueba piloto
en un trabajo de investigación sobre comunidades campesinas y ca-
feteras del departamento del Cauca8, pienso que el esquema calza
perfectamente en el caso del territorio vallecaucano al ser un ejem-
plo interesante que se encuentra en el orden del día y que permite
evidenciar cada una de las dimensiones que componen el esquema
analítico propuesto.

El río Cauca nace en el páramo de Sotará sobre el macizo Co-


lombiano, en territorio del departamento del Cauca, en dirección
sur-norte desemboca en el brazo de la Loba del Magdalena (munici-
pio de Pinillos) muy cerca de Mompós (departamento de Bolívar). Su
longitud es de “1.350 Km y la superficie de su cuenca mide 63.300
Km² aproximadamente” (Corporación Autónoma Regional del Va-
lle del Cauca [CVC], 2005, p. 4).

El río es el eje articulador del valle geográfico, que es una zona


de inundación; 396.200 ha de tierras planas y bosque seco tropi-
cal, y cuyo ritmo de vida condujo a la formación de un sistema de
ciénagas, lagos, madres viejas sobre la que habita una importante
biodiversidad, tanto en especies de flora como de fauna. Algunos de
estos lugares se convirtieron en espacios propicios para las aves mi-
gratorias y diversas especies que entablaban relaciones entre la zona
plana con los piedemontes cordilleranos.

8 Hago referencia al trabajo titulado “Campesinos de los Andes caucanos: entre «Des-
campesinización» y «Recampesinización» en El Roble, Timbío”, libro construido en coautoría
con el licenciado Luis Hernando Hidalgo y en proceso de publicación por el Programa
Editorial de la Universidad Autónoma de Occidente.

67
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

El río Cauca no solo serpentea entre las cordilleras Occidental y


Central, sino que, además, ha estado presente en la vida de diver-
sas especies y grupos culturales asociados a él en tiempos geológi-
cos. Desde el pasado geológico, pasando por el mundo prehispánico
hasta nuestros días, el río ha enfrentado las diversas dinámicas de
cambio (natural como social) y formas de su apropiación humana
como escenario de vida, canal de comunicación, espacio productivo,
entre otras, pero fue en el siglo XX cuando la racionalidad basada
en los procesos de modernización que se impusieron en esta región
intensificaron su uso por razones productivas y para la acumulación
del capital sustentada en la idea de desarrollo y, especialmente, en
la de “desarrollo regional” 9, desde ese momento, el río y todos sus
ecosistemas estratégicos enfrentaron una crisis sin igual y con efectos
de gran complejidad socio-ambiental.

Figura 8. Organización ecológica/Componentes del orden social


Fuente: elaboración propia, 2019.

La red hídrica se embalsó, canalizó, desecó y drenó para la irri-


gación y el riego benefcando a un gremio económico y especializado

9 Para comprender las críticas que se hacen a la perspectiva del desarrollo ver
el trabajo de E. Gudynas (2011) titulado “Debates sobre el desarrollo y sus alternativas
en América Latina: Una breve guía heterodoxa” en el libro Más allá del desarrollo.

68
Hernando Uribe Castro

de la caña de azúcar, tanto por agencias del orden nacional10, como


por agencias corporativas del orden regional y local como la Corpo-
ración Autónoma del Cauca [CVC] creada en 1954. Esta entidad
puso en ejecución los diferentes proyectos que se habían pensado
para esta región, a saber:

• El proyecto energético del que dependía todo el diseño territorial del te-
rritorio, y que consistía en la construcción de represas y embalses para
la producción de energía y para el control de las aguas de inundación.
Según los planes de 1956, primero se construiría la Represa de Timba y
luego Salvajina (OSPINA, OLARTE, ARIAS & PAYÁN, LTDA. [Olap],
1956). En realidad, primero se construyó Salvajina y Timba aún no.

• Garantizada la energía, la propuesta era construir los canales para con-


trolar las zonas potenciales para la agricultura de inundación. Esta cana-
lización consistía en la construcción de diques sobre el curso del río cauca
y de sus afluentes. Incluso, canalizar aquellos afluentes que presentarán
más incidencia en la inundación, como, efectivamente, se hizo con la ca-
nalización de los ríos Cañaveralejo, Meléndez y Lili en Cali (Olap, 1951).

• Con las represas y la canalización el paso era desecar las zonas inunda-
das y recuperarlas para las actividades agrícolas y, si era posible, para
la expansión urbana. Evidentemente, la desecación condujo a que se
intervinieran ciénagas, humedales y lagunas como sucedió con la gran
laguna de Agua Blanca que se formaba en épocas de inundación el
oriente de la ciudad de Cali.

• Con el agua controlada ahora era posible transformar los suelos en espa-
cios productivos para la agricultura comercial. Aunque en un principio se
había pensado en diversidad productiva, el efecto histórico es que hoy en
día de 396.200 ha de valle geográfico, 243.232 ha están copadas con caña

10 En Colombia existió todo un conjunto de instituciones encargadas de la de-


secación de tierras y la canalización de ríos. Por sólo nombrar unas se tiene a: Fondo
Rotatorio de Desecación e Irrigación (creado en 1936), el Instituto Nacional de Aprove-
chamiento de Aguas y Fomento Eléctrico (creado en 1946), Secretaria Agua del Minis-
terio De Agricultura (creada en 1961), entre otras.

69
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

de azúcar (Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar de Colombia


[Asocaña], 2018). La región se especializó en la actividad agroindustrial
de la caña de azúcar. Al darse el proceso de especialización, recursos como
el agua, tanto de los ríos como la subterránea, se incorporaron al proceso
productivo cañero produciendo un gran déficit de este elemento y promo-
viendo su contaminación por agro-tóxicos (Pérez, Peña & Álvarez, 2011).

Ante este proceso, la diversidad de especies fue casi extinta, pues


entre 1957 y 1986 se perdió el 72 % de los humedales y el 66 % del
bosque (CVC, 1998). De este modo, el río Cauca pasó de disfrutar
de aguas corrientosas y alegres a tener aguas tranquilas y opacas por
la contaminación y todo el daño producido. Todo ello relacionado,
también, con el hecho de que los ecosistemas en las altas montañas,
productores de agua, fueron afectados por la actividad ganadera de
los terratenientes, la deforestación y la transformación del uso de
suelo en casas de descanso para familias de clases altas que retienen
el agua para sus piscinas. El río Cauca ya canalizado recorre paisa-
jes homogéneos y monopolizados que ofrecen tristeza y amargura,
como amarga es la historia de la dulce agroindustria de la caña de
azúcar. Los resultados de este proceso son las construcciones de con-
flictos ambientales que se pueden expresar de la siguiente forma:

Figura 9. Organización ecológica/Componentes del orden social: efectos


Fuente: elaboración propia, 2019.

70
Hernando Uribe Castro

• Prácticas del monopolio cañero que tiende a desbordar los límites eco-
sistémicos. La diversidad fue amenazada y llevada, casi, a la extinción.
Por ejemplo, la pérdida del bosque seco, la desecación de lagos, ciéna-
gas y madres viejas ponen en evidencia los daños producidos por una
intensa actividad productiva y por unas plataformas de construcción
antrópicas basadas en la búsqueda del beneficio económico y la acu-
mulación del capital. Agentes agrícolas, agroindustriales, industriales y
comerciales, sumados a una intensa urbanización por agentes inmobi-
liarios y de la construcción, produjeron el conjunto de afectaciones que
se perciben hoy como irreversibles.

• Un territorio donde se eliminó la diversidad productiva y cultural, y que


impuso un modelo agroindustrial que monopolizó el paisaje geográfico
y social. Por ejemplo, la expansión de la frontera agrícola atentó con-
tra la finca tradicional, los huertos caseros y las condiciones de vida de
las comunidades campesinas mestizas y afrodescendientes, así como los
territorios ancestrales de las comunidades indígenas. Bajo esta lógica
de la modernidad y la racionalidad del capital, el río Cauca fue coloni-
zado, despojado de su diversidad y transformado. De su cauce, tierras,
bosques, ciénagas y humedales se extraen las materias primas para la
explotación económica intensiva y extractiva.

• Al producirse todo lo anterior, los pueblos indígenas, campesinos y


afrodescendientes que perdieron sus tierras por el proceso de la acu-
mulación por el despojo, el acaparamiento, las expropiaciones y la
acumulación por parte de terratenientes, ingenios azucareros y elites
económicas, tuvieron que transformar sus prácticas culturales, con-
vertirse en proletarios agrícolas o pasar a ocupar los cordones de mi-
seria en las ciudades como Cali (Friedemann, 1976). Se producen,
entonces, las inequidades e injusticias, en donde no se distribuyen las
riquezas producidas por el negocio agroindustrial, sino que se distri-
buyen los efectos socioambientales que son nocivos para la vida. Todo
ello se ha hecho bajo las argucias del discurso del “desarrollo” y el
“progreso” que promovieron su “rectificación”, “mejoramiento” y

71
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

mayor “aprovechamiento”. Como lo he expuesto en variadas opor-


tunidades, el valle geográfico del río Cauca pasó de ser un territorio
de diversidad ecosistémica a un socioecosistema monopolizado por el
capital agrícola y agroindustrial con el apoyo del Estado colombiano y
la banca internacional. (Uribe Castro, 2014; Uribe Castro & Perafán,
2016; Uribe Castro, 2017; Uribe Castro, 2018; Uribe Castro 2019)

Como indiqué en mi tesis doctoral, es necesario que “el fenó-


meno de expansión cañera se deje de ver como un hecho domésti-
co, que afecta a algunas familias, y se transforme en un asunto de
interés público. El gremio cañero ha tratado por todos los medios
de evitar que estos conflictos adquieran el sentido público, porque
una vez en ese estatus, las denuncias y demandas sociales cobrarían
especial importancia no solo por el sentido colectivo del perjuicio
sino, y ante todo, porque implicaría la intervención de los entes de
justicia de mayor talante en el país, como la Corte Constitucional”
(Uribe Castro, 2017, p. 220). En este sentido, como interés público
y como un evento colectivo, las comunidades y agentes sociales ten-
drían que promover el caso hacia los estrados judiciales, haciendo
uso de los testimonios, las narrativas y las pruebas empíricas nece-
sarias para demostrar toda la afectación producida. Demostrar que
el modelo de territorio impuesto atenta contra las condiciones de
la vida de los pueblos y los ecosistemas. Se tendrían que encontrar
alternativas y soluciones.

En los conflictos ambientales, como los explica Martínez-Alier y


Roca Jusmet (2013), “se despliegan valores muy distintos ecológicos,
culturales, valores que se basan en el derecho a la subsistencia de las
poblaciones, y también valores económicos en el sentido crematísti-
co. Son valores que se expresan en distintas escalas, no so conmensu-
rables” (p. 554). Aunque hoy surgen nuevos discursos de agentes de
Estado (que se encuentran investidos por lo oficial y por tanto tienen
la voz oficial) y corporativos del mercado (como ingenios azucare-
ros y empresas) buscando apoyos para su recuperación, produciendo

72
Hernando Uribe Castro

mensajes de responsabilidad ambiental empresarial y ocultado el he-


cho de que fueron ellos quienes, por la búsqueda de la rentabilidad y
los beneficios económicos, ocasionaron todo este desastre ecológico
y ambiental. El río Cauca vive una lenta agonía, y esto ha sido pre-
caución para las comunidades.

Las comunidades locales de campesinos, indígenas y afrodescen-


dientes se han venido organizando para enfrentar estos embates del
capitalismo agrícola (que es, además, patriarcal y basado en la colonia-
lidad) y proponiendo un contra-diseño al diseño impuesto por los
agentes del capitalismo agrícola, agroindustrial y del Estado colombia-
no. Las comunidades locales están promoviendo estrategias educativas
propias para desmontar los valores impuestos por el capital y develar
los trasfondos de los discursos con los que se impuso este modelo de
apropiación de la tierra, el agua y la vida. De los sueños individuales
se están tejiendo “entresueños” colectivos y comunitarios que se llevan
a la acción y la práctica.

Poco a poco surgen nuevas organizaciones sociales de base que


buscan su empoderamiento y su trabajo colectivo y mancomunado
para enfrentar a las corporaciones y al mundo de la razón económi-
ca construidos por ellos en esta región. Las comunidades indígenas
se han valido de la Minga de la Liberación de la Madre Tierra para
recuperar los espacios despojados por el capital. Las comunidades
afrodescendientes del norte del Cauca, por ejemplo, trabajan en la
recuperación de la finca tradicional, las medicinas y los saberes an-
cestrales como estrategias para la defensa del territorio, y las comu-
nidades campesinas, golpeadas por el modelo del monopolio cañero,
trabajan para propiciar en los entes gubernamentales políticas de la
diversidad productiva y por la soberanía de la tierra. Trabajan por
la defensa de la diversidad agrícola y la recuperación de prácticas
agronómicas ancestrales. Se evidencian entonces los movimientos
sociales en acción y resistencia, así como de re-existencia.

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Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Figura 10. Organización ecológica/Componentes del orden social: principios que


rigen las soluciones
Fuente: elaboración propia, 2019.

Para enfrentar estos problemas estructurales, solo nombraré al-


gunas ideas muy generales que, por supuesto, requieren muchos más
desarrollos de los que aquí se expresan. Sobre todo, porque deben
ser concertadas con las comunidades, los pueblos y todos los actores
directa e indirectamente involucrados en el fenómeno. Son ideas,
como parte de un ejercicio académico, que se proponen para el de-
bate académico, político e intelectual:

• Principios éticos planetarios y de la sustentabilidad de los ecosistemas


como humedales, bosque seco y de las diferentes fuentes de agua. Jus-
ticia ambiental en función de recuperar los ecosistemas de los efectos
producidos por el daño ambiental y que quienes han producido tales
afectaciones respondan por los perjuicios. Una justicia ambiental que
no solo recupere, repara y conserve, sino que, también, sea una justicia
ambiental que integre a los pueblos y que promueva la vida. Que reco-
nozca la importancia de los ecosistemas y de todo lo que en ellos existe.

74
Hernando Uribe Castro

• Principios del Reconocimiento de los pueblos que habitan estos terri-


torios como comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas.
Territorios y territoriales como principio de justicia social y espacial. Un
territorio diverso biológica, ecológica y culturalmente. El derecho a la
justicia espacial y del reconocimiento de la existencia.

• Principios de la distribución y la búsqueda de la equidad que permitan


una ruptura con el monopolio, acaparamiento y despojo de tierras de
los pueblos y comunidades. Principios que promuevan la redistribución
de las tierras, de los beneficios económicos y productivos bajo pará-
metros de ética de la responsabilidad planetaria. Mejoramiento de las
condiciones de vida laboral, familiar y comunitaria. Principios que de-
ben democratizar el derecho a vivir en condiciones ambientales de vida
sana y saludable, libres de contaminación, de daños y de perjuicios.
Principios que reconozcan los planes de vida de las comunidades.

3. A modo de conclusión

En fin, todos estos principios están compuestos, en el fondo, por


unos principios éticos. Se puede suponer que sin estos principios éti-
cos y de emocionalidad por experimentar la vida, no sería posible
recuperar el mundo que se pierde. Principios éticos que tendrían y
tendrán que atravesar las diferentes dimensiones de la existencia y el
comportamiento humano.

Un sentido ético que tiene que transitar hacia otras formas de


habitus más ambientalizados en las formas de vivir la experiencia de
la vida. La naturaleza y el funcionamiento de la vida de las demás
especies que el «egocentrismo» de la humanidad ha negado, da
importantes enseñanzas de cómo tendría que ser la experiencia de
existir bajo las condiciones impuestas por las leyes del planeta de
modo tal que todo ser-existente encuentre en este nicho del uni-
verso un lugar digno y posible para vivir. Como insiste Leff (2014),
aprender a vivir en las condiciones de la vida.

75
Componentes del Orden Social Moderno Vs. Organización Ecológica

Pienso que una comprensión de las actuales condiciones del sis-


tema de vida en el planeta no se puede limitar solo a los aspectos
de la sustentabilidad, del reconocimiento y la distribución
por separado, ya que también hay elementos inter-retro-conectados
que funcionan como dinámicas de un todo complejo, integral y sis-
témico. Nada se ganaría con avanzar en “reconocimientos” si no se
amplían continuamente las brechas de la inequidad, la desigualdad y
la sustentabilidad, y así sucesivamente con cada dimensión.

Recuérdese que el orden social que impera en esta sociedad-mun-


do se corresponde con la triada Capitalismo-Patriarcado-Co-
lonialidad, que funciona como un todo coherente y que legitima,
garantiza, reproduce y mantiene el orden social moderno y vigente.

Como se señaló al iniciar este capítulo, Capra (1998) nos recuer-


da que “cuanto más estudiamos los principales problemas de nuestro
tiempo, más nos percatamos de que no pueden ser entendidos aisla-
damente” (p. 25). Elementos analíticos centrales que también nos los
recuerda la literatura y que son importantes para comprender con
las narrativas literarias los desastres de la sociedad moderna. Ejem-
plo de ello son las maravillosas obras como los cuentos de J. Giono
(2018) son poderosas herramientas para la comprensión del mundo
en que vivimos. Todo esto nos conduce a terminar con la siguiente
idea: como humanos tenemos la obligación de recuperar el sentido
de vivir la vida en dignidad, respeto y sustentabilidad. Y sobre todo
continuar trabajando en los procesos de develamiento y de in-com-
prensión que orbitan sobre los hechos que normalmente no se ven.

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NATURALEZA Y CULTURA: COMPLEMENTARIEDAD,
OPOSICIÓN O INTERACCIÓN. LA ENCRUCIJADA DEL
DESARROLLO SOSTENIBLE

Nancy Motta González1

1 Antropóloga. MSc. Desarrollo rural. Profesora Titular del departamento


de Historia. Directora del grupo de investigación Centro de Estudios históricos y
ambientales CEHA, Universidad del Valle.
Nancy Motta González

Los indígenas somos parte de la naturaleza


porque en ella vivimos, nos desarrollamos, volvemos a ella
y nos transformamos en ella, eso quiere decir que no nos pueden
separar de ella, ni se puede hacer un estudio
separado de esta realidad.
OREWA, 1996

1. Concepto del desarrollo sostenible

El desarrollo sostenible entendido como el que se orienta a


solucionar necesidades del presente sin comprometer la capacidad
de generaciones futuras para resolver sus propias necesidades,
como se planteó en el documento Nuestro Futuro Común, fue una
fórmula diseñada para maximizar consensos entre instituciones y
ambientalistas que proclamaban, en el desarrollo de los pueblos, la
sostenibilidad ecológica y la justicia social. En 1987, la Comisión
Mundial para el Ambiente y el Desarrollo2 logró construir un puente
conceptual entre los dos campos con la definición descrita que se ha
constituido como canónica, “el desarrollo sostenible es el desarrollo”
(Sachs, 1996, p. 22).

Esta definición, de carácter operativo, está basada en las nociones


del tiempo y del espacio. Del tiempo porque invita a mirar el futuro
de las generaciones del mañana y del espacio porque se interviene
en las regiones y sus diversos ecosistemas en escalas local, regional,
nacional y global.

Al desarrollo de carácter económico se le ha sumado lo sostenible

2 Conocida también como la Comisión Brundtland, debido a que fue la sueca


Gro Harlem Brundtland que, al fungir como presidenta de la Comisión de Naciones
Unidas para el Desarrollo y el Ambiente, presentó las conclusiones en el Informe
Nuestro Futuro Común.

83
Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible

y sustentable, por lo que se plantea una buena administración


de la utilización de la naturaleza para prolongar el avance en el
tiempo que contrasta con la finitud de los territorios. El desarrollo
sostenible marca una nueva etapa en las concepciones que sobre
desarrollo se tienen en el marco de lo social, económico, politico,
productivo, y, para este caso se resuelve convertir a la naturaleza
en un objeto económico. El problema reside, según Sachs (2002),
en que la sostenibilidad no se ha traducido en una reconsideración
y reconversión operativa del modelo económico. Administradores,
empresas y consumidores etiquetan con “sostenible” a los más
ligeros cambios que no solucionan las ineficiencias del sistema ni
transforman el modelo económico en otro que sea responsable y
respetuoso con el ambiente. Por lo que, para Sachs (2002) se ha
producido un cambio en el significado de la sostenibilidad, “de la
preocupación por la conservación de la naturaleza, se ha pasado a
la preocupación por la conservación del desarrollo” (p. 67).

Además, este proceso es ahistórico, no ha contemplado las


condiciones sociales, económicas, culturales, históricas y políticas
de los diferentes pueblos y sus ecosistemas, que han conllevado
a las condiciones actuales de deterioro ambiental. Lo que se
ha evidenciado en la protección de la “productividad de los
recursos naturales para el uso económico” (Sachs, 1996, p. 27),
proclamando, entonces, la sostenibilidad del desarrollo y no la
sostenibilidad de la naturaleza.

Esta conceptualización que alimentaba más bien al desarrollo


económico conllevó a lo que O’Connor (1993), citado por Escobar
(1997, p. 197), visualizaba en que, mientras los ambientalistas querían
reformar el capital con el objetivo de conservar la naturaleza, los
economistas querían maximizar la naturaleza con el propósito de
conservar el capital, asimismo, plantea que el capitalismo ingresa a la
fase ecológica, en la que la lógica de la destrucción podrá existir con
la tendencia conservacionista. Lo anterior significa que el desarrollo

84
Nancy Motta González

sostenible entra en una contradicción entre naturaleza y capital, entre


diversidad biológica3 y cultural (identidades, etnicidades, cultura), y
la expansión del neoliberalismo.

Siguiendo los lineamientos de Nuestro Futuro Común, la


declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (1991),
destaca la importancia de proteger el ambiente y los recursos
naturales de los pueblos indígenas o subalternizados. Correa (1993)
cita la declaración de Río en los siguientes términos:

Los pueblos indígenas y sus comunidades, así como otras comu-


nidades locales, desempeñan un papel fundamental en la ordenación del
medio ambiente y en el desarrollo debido a sus conocimientos y prácti-
cas tradicionales. Los Estados deberían reconocer y prestar apoyo debido
a su identidad, cultura e interés y velar para que participen efectivamente
en el logro del desarrollo sostenible. (p. 180)

Este planteamiento conduce a que los Estados reconozcan el valor


de los pueblos étnicos y demás comunidades, de sus conocimientos
en la conservación y del desarrollo para el logro del crecimiento
económico. Sin embargo, si bien se reconocían internacionalmente
como pueblos para el desarrollo sostenible de la biodiversidad, al final,
el documento los redujo a nivel individual y no, como proclamaba,
en el sentido colectivo.

Si la sostenibilidad era una política que buscaba esencialmente la


vida buena para la sociedad, como según lo expresa Vélez Galeano
(1998), esta se ha enfrentado con modelos y estilos de vida que ha
arrebatado el espacio a las comunidades, han destruido sus culturas
y han impuesto relaciones económicas avallasadoras, trayendo

3 Según Etter (1993), se entiende por biodiversidad a la variación de la vida


biológica en cada uno de los niveles jerárquicos de su organización, “desde la variabilidad
genética de una población, la variedad de las especies en un lugar específico y la variedad
de ecosistemas a nivel local y regional” (p. 3). Estos niveles son interdependientes uno del
otro; por lo tanto, la biodiversidad es “la expresión esencial de las diferencias existentes
entre los seres vivos”, como lo manifiesta Marta Cárdenas (1993, p. 11).

85
Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible

como consecuencia relaciones de desigualdad social y degradación


ambiental. Empero, lo visto es que el desarrollo sostenible no
ha logrado su objetivo primordial, por lo que la tarea es restituir
el sentido político e ideológico de lo que debe ser el desarrollo
sostenible. Como afirma Enrique Leff, citado por Vélez Galeano
(1998) se requiere:

Una construcción teórica sobre una racionalidad productiva alter-


nativa, que incorpore los procesos culturales y ecológicos como funda-
mento del proceso productivo [….] la creación de espacios autónomos a
nivel local en los cuales se puedan promover proyectos alternativos, reo-
rientación de los procesos tecnológicos y educativos; reformas estatales
[….] reasignación de responsabilidades, incluyendo nuevos derechos so-
bre la gestión de los recursos naturales, técnicos y culturales; y la creación
de una nueva cultura ambiental…. articulación entre las economías au-
toges-tionarias locales que se embarquen en la construcción de esquemas
alternativos y las economías nacionales y mundiales. (pp. 62-63)

Por tal razón, en el siguiente acápite se mostrará cómo la


antropología ha desarrollado aportes teóricos y metodológicos desde
la perspectiva ambiental y ecológica, y cómo se han analizado las
estrategias, estilos de vida y movimientos sociales de los grupos
étnicos en el país, soñando con la sostenibilidad ambiental y la
sostenibilidad cultural o, como diría Leff (1994) en una racionalidad
ambiental cultural.

2. Los vaivenes entre la naturaleza y la cultura

En la investigación antropológica ha sido de vital importancia


la relación, inicialmente dicotómica, de naturaleza/cultura, las
relaciones de los grupos humanos con su entorno. De acuerdo
con Milton (1996), citado por Ulloa (2004), se han dado tres fases
diferentes: a) los factores ambientales y su incidencia en los aspectos
sociales, es decir, la adaptabilidad humana a los ecosistemas, ya que

86
Nancy Motta González

son condicionados por el ambiente, planteándose el determinismo


ambiental; b) los efectos de las prácticas culturales en el entorno,
o sea, los humanos se adaptan al medio ambiente para suplir
sus necesidades y desarrollar sus prácticas culturales, por tanto
condicionan su medio ambiente, determinismo cultural; y c) una
perspectiva ecosistémica en las que se analizan las interrelaciones de
las poblaciones con su ambiente y la manera en que se condicionan
mutuamente, es decir, una interacción de las culturas humanas
con otras especies sintientes y con los diversos ecosistemas donde
habitan. La dicotomía naturaleza/cultura se halla presente en los
determinismos señalados.

Para el primer caso, las investigaciones antropológicas entre los


años 1950-1980 se centraron en las técnicas de subsistencia, las
prácticas ecológicas, las cosmovisiones relacionadas con la naturaleza
y los comportamientos humanos. Un representante de esta
perspectiva es el antropólogo Leslie White (1949) que consideraba
el medio ambiente como constante, y que el incremento del control
y uso de la energía se daba a medida que la capacidad humana de
capturar dicha energía de su entorno y evolucionaba para organizar
sus estructuras sociales. Se consideraba la naturaleza como parte
constituyente del comportamiento social.

Para Colombia, el trabajo de Reichel-Dolmatoff (1990), entre


los Tukano del Vaupés, específicamente con los Desana, estableció
unos modelos de uso de los ecosistemas de la selva amazónica, unas
restricciones en la dieta alimenticia y conceptualizaciones sobre los
colores de la energía y sus expresiones simbólicas en la etnia, para
sostener el hábitat de la selva. Igualmente, Arhem (1990) establecó
modelos ecológicos con los makuna del Vaupés, en tanto Darna Lee
Dufour (1990) planteó el uso de la selva tropical siguiendo el modelo
de Reichel-Dolmatoff.

Respecto a la segunda propuesta, la relación naturaleza/cultura,

87
Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible

desde el punto de vista cultural, se analizaba cómo una sociedad se


adaptaba a su ambiente y cómo la organización social de un pueblo
a través de sus instituciones interactuaba con el medio ambiente, o
sea, cómo era la relación de sociedad/cultura y naturaleza. Steward
(1977) centró sus investigaciones en las maneras en que los diferentes
grupos humanos, por medio de la producción, usaban la tecnología
para explotar y transformar el ambiente. Se constituyen así los
primeros trabajos de la ecología cultural. Esta debe dar cuenta del
“comportamiento en términos de características preestablecidas
y heredadas de individuos particulares” (Ingold, 1991, p. 280)
.Trabajos etnográficos en esta perspectiva son los realizados en
torno a los Kayapó en Brasil por Darrell Posey (1996), y el uso de las
tecnologías entre los Shuar del Ecuador por Verónica Naikiai (1996).

La antropología ecológica con enfoque neofuncionalista veía a “la


organización social y la cultura de las poblaciones específicas como
adaptaciones funcionales que permiten a la población explotar su
medio ambiente exitosamente sin exceder su capacidad de carga”
(Orlove, 1980, citada por Ulloa, 2001, p. 199). Trabajos como los
de Marvin Harris (1986), Andrew Vayda (1976) y Roy Rappaport
(1980) corresponden a este enfoque.

Por ejemplo, Rappaport (1980) planteaba que la presencia de


ciertos rituales del repertorio cultural del pueblo maring se da por
sentado, y que el problema es mostrar cómo tales rituales operan en
relación con diversos procesos del medio ambiente y con el uso de la
tierra, a la guerra, a la distribución de alimentos y otras actividades
entre los maring.

En sus investigaciones antropológicas, Rappaport (1980) aísla


los sistemas culturales y valida las hipótesis sobre el funcionamiento
por medio de la utilización de datos cuantitativos extensos, sobre
variables sistémicas y de hábitats, además, emplea procedimientos
empíricos en el análisis funcional, datos sobre producción y gasto de

88
Nancy Motta González

energía de animales, sobre administración de los escasos recursos de


proteínas, sobre las técnicas de conservación de los terrenos de los
bosques, y otros aspectos de adaptación de los pueblos de la Nueva
Guinea y su medio ambiente.

En la relación naturaleza/cultura, Ingold (1986), al analizar


algunos planteamientos antropológicos, observó que unos
trataban la naturaleza como un ente externo y prístino- el otro-
sobre la cual, la población proyectaba sus particularidades; otros,
apoyándose en la teoría levistraussiana, con el estructuralismo,
observaban la relación cultura/naturaleza en términos de oposición
universal ajustando la naturaleza a las nociones occidentales. Estas
concepciones significaron que muchos estudios antropológicos
trabajaran la dicotomía naturaleza/cultura en categorías universales
occidentales, sin concebir la conceptualización de la naturaleza en
términos de culturas no occidentales. Las etnografías demuestran
cómo consideraron a los grupos socioculturales como entidades
autónomas y cerradas que respondían adaptativamente al ambiente.
La relación sociedad/medio ambiente se veía como un todo
armonico. Estos estudios se centraban en describir las practicas y las
situaciones y no en estudiar las interrelaciones de practicas culturales
con los ecosistemas de manera escalar, es decir, no se daban análisis
interrelacionados sobre el control, acceso a políticas de manejo
de los recursos naturales en contextos regionales, nacionales o
internacionales y tampoco daban cuenta de los cambios históricos,
por ello, en la dicotomía naturaleza/cultura no se analizaba desde la
perspectiva de la interacción, sino desde el paradigma dual.

Las narrativas etnográficas de la antropología ambiental o an-


tropología ecológica fueron abordadas desde distintas interpreta-
ciones teóricas, al estudiar las relaciones de diversas sociedades con
su entorno.

En la tercera fase, la perspectiva ecosistémica en las décadas de los

89
Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible

80 y los 90, los antropólogos empezaron a estudiar las interacciones


de los grupos étnicos con el ambiente y en relación con los sistemas
políticos, económicos y socioculturales en contextos locales,
regionales, nacionales y transnacionales. Esta interacción sociedad-
naturaleza-cultura empieza a observarse como un proceso dinámico
e histórico, y se concreta en los siguientes campos interrelacionados:
la tierra, el territorio, la territorialidad y la biodiversidad. El propósito
era interrelacionar el análisis histórico-espacial con las prácticas
culturales, determinantes ecosistémicos o transformaciones de la
vegetación que permitieran comprender mejor la relación social con
la naturaleza (Palacio, 1998).

La fase ecosistémica ha cambiado la concepción dualista de


oposición de la naturaleza/cultura, pasando de percibir a la naturaleza
como una entidad externa a convertirla en una construcción social
con implicaciones políticas. En efecto, la naturaleza empieza a
considerarse como sujeto político. Por ello, el desarrollo sostenible, en
esta dimensión, no solo se concibe como un factor económico, ya que
la naturaleza implica analizar el territorio, la territorialidad, el espacio,
la construcción de lugar, el hábitat y su biodiversidad que se establecen
con los conocimientos locales de los indígenas, donde estos, a su vez, se
amplían a contextos socioeconómicos diversos y políticos.

Emerge, así, la etnoecología que permite estudiar

un amplio rango de respuestas humanas, culturales y biológicas a


problemas ambientales, factores, procesos y ciclos que afectan o están
directamente conectados con la sobrevivencia, reproducción, desarro-
llo longevidad o posiciones espaciales de las personas, como también de
otros seres sintientes”. (Vessuri, 1994, p. 189)

El concepto de ecosistema podía “prestar atención a la


adaptabilidad humano-fisiológica-cultural y comportamental”
(Vessuri, 1994, p. 189), como también los seres sintientes y no
vivos en unas relaciones dinámicas. Este enfoque requiere

90
Nancy Motta González

estudiar la diversidad de especies en lugares determinados y cómo


las poblaciones humanas han cuidado esta biodiversidad desde el
nivel biofísico y simbólico o, por el contrario, su depredación.

Las investigaciones en antropología ambiental y etnoecologías


incluyen, por lo tanto, consideraciones de las relaciones
ecosistémicas, las repuestas fisiológicas humanas a las tensiones
ambientales y los ajustes socioculturales (Vessuri, 1994, p.
190). Tales investigaciones permiten dimensionar qué tipo de
desarrollo se debe implementar con la participación misma de
las comunidades. La naturaleza es concebida a finales del siglo
XX como globalmente humanizada y la biodiversidad se empieza
a reconocer como biodiversidad cultural, por lo que tenemos,
entonces, que la relación sociedad-cultura-naturaleza- es de
carácter complementario.

Entre los trabajos antropológicos en Colombia, donde se


conceptualiza el ser humano en interacción con el medio ambiente
y el territorio, se encuentran los desarrollados por Reichel-
Dolmatoff (1976), Von Hildebrand (1983), Francois Correa (1990),
Ann Osborn (1995), Roberto Pineda (1994), por mencionar
algunos. Otra temática que se ha manejado entre los indígenas,
campesinos y afrocolombianos es la relación de las cosmologías
y ecologías con el entorno, donde se socializa la naturaleza con
categorías espaciales y temporales, desde la perspectiva de las
comunidades étnicas locales sobresalen Hugo Portela (2000); María
Clara Van der Hammen (1992); Abelino Dagua, Misael Aranda y
Luis Guillermo Vasco (1998); Astrid Ulloa, Heidi Rubio y Claudia
Campo (1996). Asmismo, en las formas de representar el ambiente
a través de la cultura material expresadas en lo iconográfico, la
oralidad, lo musical, donde se relacionan los animales, con los
seres humanos y los ecosistemas se destacan Anne Legast (1986) y
Nancy Motta González (2013 y 1994), esta última interrelaciona la
concepción de la perspectiva de género, etnicidad e identidad y las

91
Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible

relaciones de los hombres y las mujeres con el medio ambiente y


los sistemas locales de conocimiento entre las comunidades negras
del pacifico sur del país.

Los análisis antropológicos del uso de los recursos y la


comprensión de la economía de las selvas tropicales, como la
caza, pesca y recolección y la productividad de los sistemas
agrícolas para la región de los Andes aportan a las concepciones
de desarrollo sostenible y de conservación, como es el caso de
Correa (1990), que recoge artículos sobre el uso de la selva y de los
sistemas agrícolas itinerantes en la selva amazónica y los diversos
manejos ecológicos que realizan los pueblos amazónicos a su
hábitat para la conservación del mismo. En tal sentido, se destaca
también Betty Meyers (1976), y sobre impactos ambientales, tanto
en la Amazonia como en los valles interandinos y América Latina
en general, Susana Hecht y Alexander Cockburn (1993), Joe
Broderick (1998) y Eduardo Galeano (1994).

Las tendencias recientes en los trabajos antropológicos tienen


que ver con la Antropología Aplicada, donde muchos de sus
especialistas, en el rol de consultores o funcionarios, han trabajado
en programas de desarrollo con instituciones gubernamentales
o fundaciones y ONG, donde se plantean propuestas teóricas y
metodológicas para la articulación de las comunidades con sus
conocimientos y saberes sobre el ambiente y la institucionalidad
con el conocimiento experto. Sobresalen los estudios de Susan
Paulson (1998) sobre la forestería comunitaria con perspectiva de
género hacia una gestión ambiental integral. Las consecuencias del
desarrollo económico, social y sostenible en el Pacifico colombiano
con Escobar y Pedrosa (1996). Las experiencias de planeamiento
regional y nuevas formas de adaptación por cambios sociales
dirigidos se encuentran en Rodrigo Escobar-Holguín y Nancy
Motta González (1989), y procesos de traslado de poblaciones
de un ambiente mareño a un hábitat terrícola en Nancy Motta

92
Nancy Motta González

González (2000). Las articulaciones entre los movimientos sociales


y las políticas ambientales cuentan con exponentes tales como los
antropólogos Escobar (2005), Pardo (2001), Viola (2000) y Ulloa
(2004), y las relaciones ecosistémicas con los territorios con Marta
Isabel Domínguez (2017).

La calidad sensible del paisaje y de los lugares se trabaja con


la diversidad de componentes del ambiente que incluye a los
seres humanos y a los elementos inanimados, estableciéndose
una interrelación entre lo abiótico, lo biótico y lo antrópico. Sus
exponentes son Kevin Lynch (1992), Lorena Aja (2007), Astrid
Ulloa (2011), Buitrago et al., (2011) y Abilio Vergara (2013).

Como se ha podido observar, la naturaleza es un concepto


que se ha construido socialmente, y se halla en interrelación
y complementariedad con la cultura, dejando de lado la
relación histórica naturaleza/cultura. Esta nueva visión se
ha ido transformando hacia múltiples miradas que analizan,
tanto los contextos de conocimiento y saberes locales, como las
interpretaciones de diversos conocimientos sobre la diversidad
biológica y cultural. Además, también emergen las metodologías
triangulares y de interseccionalidad entre el ambiente, la
cultura, la sociedad, el género, la edad, la política, la etnicidad
y la identidad de los pueblos con los entes inanimados que se
interpretan como humanizados.

De esta manera, el nuevo espacio de las investigaciones


antropológicas frente al ambiente y la cultura han ido explorando
nuevas categorías desde lo histórico y lo social. Estos estudios
pueden servir para comprender cómo el desarrollo sostenible
debe trabajarse de forma consensuada con los diferentes actores
que habitan las regiones biodiversas y entendiendo sus saberes
socioculturales y económicos.

93
Naturaleza y cultura: complementariedad, oposición o interacción. La encrucijada del desarrollo sostenible

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DIÁLOGO DE SABERES: UNA REFLEXIÓN CRÍTICA PARA
UNA PEDAGOGÍA DE CONVIVENCIA PARA HABITAR EL
PLANETA

Diego Armando Burgos Salamanca1

1 Docente-Investigador, Facultad de Ciencias Básicas y Ambientales. Universidad


Autónoma de Occidente. Doctor en Pedagogía crítica y educación popular del Instituto
McLaren de Pedagogía Crítica. Correo electrónico: [email protected]
Diego Armando Burgos Salamanca

Introducción

Con este capítulo se pretenden mostrar procesos educativos en-


raizados en diferentes contextos del mundo, propuestas educativas
que se han salido de los esquemas impuestos por las avanzadas re-
ligioso-políticas de cada momento de la historia, y las diferentes co-
yunturas en las que se circunscriben, con el fin de vislumbrar un pa-
norama que da cuenta,cronológicamnete, de corrientes pedagógicas
(desde las que se pueden sumar o evidenciar las génesis de la edu-
cación popular, la pedagogía crítica y las pedagogías comunitarias y
decoloniales, nacidas y criadas en América Latina) y de algunos de
sus protagonistas.

De este modo, el propósito es aportar a una visión crítica de la


educación y revalorizar la praxis latinoamericana frente a la perti-
nencia de la construcción de una educación y una pedagogía lati-
noamericana que rompa o trascienda el eurocentrismo y los reduc-
cionismos que ello implica. Por tanto, es una provocación al lector
a cuestionar los marcos teóricos propuestos o impuestos a modo de
descolonizar y des-occidentalizar la educación para humanizar el
proceso de enseñanza-aprendizaje desde nuevas voces nacidas desde
América Latina, pero abiertas al diálogo intercultural e intercientífi-
co con lo eurocentrado.

El proyecto hegemónico de la educación, y la crisis en


los sistemas y formas de vida en el planeta

El proyecto hegemónico de desarrollo, apalancado en la educa-


ción como estrategia de reproducción de una ideología inmovilizada
e inmovilizadora, es un producto no terminado y mal desarrollado
en su fondo. La educación eurocentrada, descontextualizada, deshu-
manizada lleva a la sociedad plural rumbo al debacle.

101
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

Si se afirma que etimológicamente la palabra educación pro-


viene del sustantivo latino educatio, onis, que se deriva de educa-
re, el cual significa “educar”, “criar”, “alimentar” y este se formó
mediante el prefijo ex-”fuera” y el verbo ducere “guiar”, “conducir.
Dicha aproximación etimológica corresponde a la estructura que dá
las bases de la educación como proceso eurocéntrico, lo cual permi-
te alimentar el conocimiento hegemonico. Pero cabe resaltar, que
el proceso histórico de educación bancaria a excluido a los saberes
periféricos, a los necesitados y a aquellos que no tienen los recursos
económicos para pagar las costosas dosis de la educación, suminis-
trando un “alimento” incompleto. Por tanto, la educación bancaria,
como alimento, produce una sociedad mal nutrida. Una sociedad
desnutrida mental, física y espiritualmente tiene como consecuen-
cia la sumisión, debido a que no piensa, cuestiona o reflexiona para
generar propuestas de cambio de aquella realidad que lo atormen-
ta. La sociedad occidental actual se constituye para la resignación
y para la fe, y no para transformar la realidad. Ese es el propósito
invisible de las pedagogías coloniales y neocoloniales.

Así pues, los sistemas de vida-mundo parecen haberse dividido en


dos grandes bloques que, a groso modo, se pueden describir en los
países que viven bajo el paradigma dominante del desarrollo. De este
bloque se puede hacer una subdivisión donde convergen los desarro-
llados y los subdesarrollados. Y otro bloque corresponde a los que
tienen una propuesta diferente al capitalismo, y aquí entran las pro-
puestas nacidas de las distintas revoluciones que dan origen al socia-
lismo, comunismo, maoísmo y marxismo. Cada una de ellas ha acu-
ñado y fundamentado aspectos teóricos, ideológicos y metodológicos
que dan vida a sus propuestas; todas se sirven de la educación en
todos los niveles para nutrir sus proyectos civilizatorios, unas desde
la noción capitalista y otras desde la social anti-capitalista. Podemos
afirmar que el capitalismo promueve el individualismo extremo a pe-
sar de los adornos teóricos que se le puedan añadir, mientras que el

102
Diego Armando Burgos Salamanca

socialismo y el comunismo promueven el bien común, sin embargo,


aspectos como las identidades culturales (solo por mencionar una)
quedan aisladas del proceso social. De este modo, la sociedad plane-
taria, observada bajo estas dos propuestas, ha generado una suerte
de juzgamiento, conllevando al debate que se refleja entre categorías
de los buenos y de los malos. Al respecto, cabe preguntarse ¿quién o
quiénes son los buenos y quiénes los malos? La respuesta por ambos
linderos parece arrojar una pregunta y una respuesta mesiánica.

Las distintas posturas ideológicas en los sistemas de vida se sirven


de las necesidades humanas para propagar su propuesta política o
ideológica, a esto Illich (2011) plantea que:

Las burocracias del bienestar social pretenden un monopolio pro-


fesional, político y financiero sobre la imaginación social, fijando normas
sobre qué es valedero y qué es factible. Este monopolio está en las raíces
de la modernización de la pobreza. Cada necesidad simple para la cual se
halla una respuesta institucional permite la invención de una nueva clase
de pobres y una nueva definición de la pobreza. (p. 9)

Así, la educación se provee por distintas dosis a la sociedad, siendo


uno de los medios establecidos socialmente para salir de la pobreza y
entrar en el mundo de la competitividad y el canibalismo social. No
obstante, pensar el mundo actual debe darnos una posibilidad más
generosa y optimista de lo transcomplejo que es el habitar humano
dentro de una mirada amplia, lo que implica reconocer-visibilizar
otras perspectivas, saberes y epistemologías-ontologías-gnoseologías
que emergen de los pueblos originarios que son anteriores al capita-
lismo o al socialismo.

De este modo, de acuerdo con la manera cultural de los pueblos


originarios en sus sistemas de vida, la educación ha sido materializada
de otro modo, se ha fundamentado en el diálogo intergeneracional don-
de el padre o el abuelo enseña al niño desde el sentir a partir del hacer.
En dicho proceso de diálogo intergeneracional el niño, que es o debe

103
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

entenderse en un estar-siendo humano en complemento con el cosmos


y la pacha (tiempo-espacio), aprende-comprende-emprende un proceso
sentí-pensante de la naturaleza y del cosmos. Por tanto, por antonoma-
sia la educación como concepto es y debería ser entendida como una
manera más para saber vivir y convivir en y con la naturaleza.

En contraste con esta posicion, el modelo de vida y los modelos edu-


cativos, filosóficos, normativos eurocentrados se delimitan desde el de-
sarrollo y todas sus alternativas, incluidos los sofismas de distracción que
adornan la palabra desarrollo, bien sea, desde prefijos o sufijos, como
por ejemplo ecodesarrollo o desarrollo sostenible, ambos conceptos
siempre implicará desarrollo y con ello toda la carga eurocéntrica, me-
siánica y reduccionista de la ciencia y la disciplina. Por otro parte está
todo aquello que es distinto al desarrollo, como el socialismo (propuesta
que tiene su génesis en la base occidental y es también pensamiento
eurocéntrico), además, y no menos importante, está el aporte o la praxis
epistemológica de los pueblos originarios del mundo y de América La-
tina, y los avances que se vislumbran en Colombia.

La ciencia, eurocentrismo una propuesta


planetaria incompleta
La ciencia como propuesta emergente en los últimos quinientos
años tiene bases epistemológicas en los aportes eurocéntricos y la filo-
sofía griega, y, con ello, todo un matiz de la iglesia católica, así pues,
con el auge de la revolución industrial a pesar de que la educación ya
existía para ese momento de la historia cuando se dan los cimientos de
la era industrial, emerge el afán de educar, escolarizar a los iletrados
para servir a la naciente industria, lo que indica que el origen concreto
de la educación y escolarización no es, necesariamente, un constructo
romántico, sino más bien una estrategia del capital para perfilar a la
sociedad en su andamiaje de producción. Empero, no puede decirse
que todo el proceso de la educación tradicional bancario es negativo.

104
Diego Armando Burgos Salamanca

En este cometido es menester rescatar los aspectos positivos y, desde


una teoría crítica, refundar la educación, pensando en el contexto y las
maneras culturales de quienes la configuran.

Por estos y otros desaciertos, Illich (2011) plantea la necesidad de


desmontar la estructura de la escuela de la siguiente manera:

La crisis actual de las escuelas podría proporcionar a los educadores


la excusa para usar todas las redes de la sociedad contemporánea para
enviarnos sus mensajes, para nuestro bien. La desescolarización que no
podemos detener, podría significar el advenimiento de un “mundo feliz”
dominado por algunos bienintencionados administradores de instrucción
programada. Por otra parte, la enseñanza graduada de currícula en pos
de unos certificados se ha hecho perjudicial, podría ofrecer a grandes
masas humanas una oportunidad única: la de preservar el derecho de
tener acceso parejo a los instrumentos tanto para aprender, como para
compartir con otros lo que saben. Pero esto exigiría que la revolución
educacional estuviese guiada por ciertas metas: 1.-Liberar a las cosas,
mediante la abolición del control que hoy ejercen unas personas e ins-
tituciones sobre sus valores educativos. 2.-Liberar la coparticipación de
habilidades al garantizar la libertad de enseñarlas o de ejercitarlas ha
pedido. 3.-Liberar los recursos críticos y creativos de la gente por medio
de una vuelta a la capacidad de las personas para convocar y organi-
zar reuniones, capacidad crecientemente monopolizada por institucio-
nes que afirman estar al servicio del público. 4.-Liberar al individuo de
la obligación de moldear sus expectativas según los servicios ofrecidos
por cualquier profesión establecida, proporcionándole la oportunidad de
aprovechar la experiencia de sus iguales, y de confiarse al profesor, guía,
consejero o curandero de su elección. La desescolarización de la sociedad
difuminará inevitablemente las distinciones entre economía, educación y
política, sobre las cuales se funda ahora la estabilidad del orden mundial
actual y de las naciones. (pp. 130-131)

Actualmente, la ciencia, o la inadecuada aplicación de ella, ya no


responde de manera práctica a la crisis civilizatoria y ambiental en la
que habitamos y de la que somos artífices directos o indirectos, por
lo que es urgente replantear el positivismo, la ciencias y el trabajo

105
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

disciplinar, al tiempo que se requiere de una propuesta pedagógica


planetaria humanizada, no antropocentrada, para replantear el qué
y el cómo educamos al ser humano en complemento con la natura-
leza de la que formamos parte.

El eurocentrismo es una apuesta incompleta porque, en primer


lugar, necesita buscar nuevos abordajes, nuevas prácticas, nuevos
métodos, nuevas preguntas, y construir nuevas epistemologías, y, en
segundo lugar, porque es incompatible con el sistema de vida no hu-
mano en la faz de la tierra; esto basado en que el ser humano occi-
dental ha construido un imaginario y una vida sintiéndose fuera de
la naturaleza.

Así, el Eurocentrismo ha permeado toda la estructura social de


Latinoamérica, enquistándose en la cultura de manera directa o in-
directa, consciente o inconsciente; este es un factor moldeado desde
la escuela, que se puede asociar con la noción del ethos y del hexis,
como lo plantea Bourdieu (2010) al decir que el concepto de ha-
bitus es introducido hacia 1968, cobrando especial importancia en
1970 con el análisis del papel de la escuela en la reproducción de
las estructuras sociales, donde la acción pedagógica (como violencia
simbólica), y, más, precisamente, el trabajo pedagógico es concebido
como trabajo de inculcación que tiene una duración suficiente como
para producir un habitus capaz de perpetuarse, reproduciendo, a su
vez, las condiciones objetivas reproduciendo las relaciones de do-
minación-dependencia entre las clases. De esta manera, Bourdieu
(2010) expone la posibilidad de dejar espacio a la dimensión activa e
inventiva en la práctica. Esto está más relacionado con la posibilidad
de materializar la vida cotidiana y abrir espacio para el asombro a
la hora de indagar y poder buscar la sincronicidad humana con las
otras formas y manifestaciones de vida. Estos modos son los que se
materializan en espacios de vida y en la educación no formal o in-
formal en Latinoamérica, por lo que es necesario evidenciarlos para
dar sentido e impulsar procesos estancados o que están naciendo; a

106
Diego Armando Burgos Salamanca

esto se le puede denominar como sincronicidad entre lo que ya está


obsoleto (modelos pedagógicos o teorías incompletas) y las pedago-
gías emergentes o la educación latinoamericana. Así pues, la sincro-
nicidad no es un hecho del azar. Para Jung (1988), “la sincronicidad
significa, por tanto el acontecimiento simultaneo de un cierto estado
psíquico con uno o más sucesos externos que aparecen como para-
lelos significativos en el estado subjetivo momentáneo y viceversa
en algún caso” (p.35). Es hecho factual que requiere la preparación
como sociedad o como individuos para que cuando se nos aproxime
propicie sinergia social. Ejemplo de ello, fue la sincronicidad de Pau-
lo Freire (1971) con su aporte a la educación popular. Es decir, él fue
sincrónico con su tiempo, pero algunos educadores, políticos y otros
no estaban sincronizados con sus aportes, y tardaron un poco más
en estar en sintonía o sincronicidad. Es decir, cuando todo un co-
lectivo social o la mayoría se identifica con propuestas o apuestas de
bien común, esa sincronicidad se materializa. Eso es lo que se viene
impulsando en el continente con pensares-otros en la educación y la
pedagogía. Entiéndase que la educación no solo se trata de cómo se
trasmite el conocimiento, sino del contenido del mismo.

Para buscar nuevos pensares y sentires en la educación latinoa-


mericana es necesario mirar el sur, las voces de Abya Yala. Buscar en
la sabiduría antigua, en las epistemologías-ontologías-gnoseologías
del sur olvidado y excluido, sin olvidar las sabidurías y pueblos de
África, Asia y la misma Europa. Esos saberes, hoy, se mueven sincró-
nicamente por el planeta, la cuestión es cómo apropiamos de lo que
sea oportuno para cada contexto.

De este modo buscar en las teorías críticas derroteros emergentes


para superar o confrontar la opresión es, indudablemente, un deber
moral de los académicos sentí-pesantes, sin embargo, esa retórica
hay volverla práctica social, es decir, superar el discurso. A esto Pau-
lo Freire (1993) plantea que “alcanzar la comprensión más crítica
de la situación de opresión todavía no libera a los oprimidos. Sin

107
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

embargo, al desnudarla dan un paso para superarla, siempre que se


empeñen en la lucha política por la transformación de las condicio-
nes concretas en que se da la opresión” (p. 29).

Indígenas originarios en el mundo


Los pueblos indígenas-originarios son la base, son la raíz del mul-
ticulturalismo actual.

Los pueblos originarios, con su particular modo de vida en sin-


tonía y sincronía con los ciclos naturales, son el equilibrio del mun-
do. La espiritualidad y el pagamento de los pueblos originarios a
partir de sus altas autoridades espirituales compensan el desequili-
brio que el hombre “blanco” occidental hace a la gran casa mayor
planeta tierra.

En el mundo existen entre 5000 y 6000 mil pueblos originarios di-


ferentes y conservan 4000 lenguas o idiomas propios, diferentes. Dato
que enriquece las aproximadamente 7000 lenguas idiomas que se hablan
en el mundo. Así mismo dice la FAO, que estos pueblos originarios son
aproximadamente 370 millones de habitantes, es decir aproximadamen-
te el 5% de la población mundial. Y custodian más del 80% de la biodi-
versidad del mundo. (La Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura [FAO], 2016, p. 2)

Según la Organización Mundial de la Salud [OMS] (2007), “los


370 millones de indígenas, están distribuidos en aproximadamente
en 70 países a nivel mundial, cuentan con una gran y rica variedad
de tradiciones, historias, culturas, lenguas y religiones” (p. 3). Pese a
esto, los pueblos indígenas siguen estando al margen de la sociedad,
lo que tiene graves repercusiones sobre su calidad de vida, ya que
carecen o tienen un menor nivel de educación, además, presentan
problemas de salud, lo que aumenta el índice de morbilidad, entre
otras dificultades.

108
Diego Armando Burgos Salamanca

El panorama para los pueblos indígenas originarios no es alenta-


dor, no es la cifra en sí, no se gana nada con tener el 100 % de una
comunidad indígena educada y certificada, si esa educación es una
propuesta colonizada, que lo que generará es el éxodo o la pérdida
de su identidad cultural.

En asuntos de educación esos casi 6.000 mil pueblos por milenios


han sabido vivir y convivir en-con la naturaleza, incluso de esa con-
vivencia han sabido criar la agricultura que hoy sostiene a los habi-
tantes del planeta, pero que estamos extinguiendo con los modelos
irresponsables de consumo y producción.

Debe decirse que, a pesar de la avanzada de la educación ban-


caria, de los voraces procesos religiosos por penetrar los sistemas de
vida y espiritualidad de los pueblos originarios, de la globalización
de la cultura, la privatización de semillas, las tecnológicas de la
comunicación, etc. Los pueblos originarios aún persisten y resisten
a la aculturización y la mundialización, atrincherados en la cul-
tura, la música, la lengua propia, la espiritualidad y sus sistemas
organizativos y de producción. Son esas las experiencias locales de
resistencia que no se han evidenciado o se han subvalorado. De-
bemos buscar en ellas los aportes para repensar el habitar humano
en la tierra, ya es una cuestión de supervivencia, y ahí la educación
puede ser protagonista.

Algunas experiencias a nivel del mundo que mostraron


derroteros distintos en la educación

Retomando la educación tradicional, estas se han movido casi siem-


pre en las mismas corrientes pedagógicas, sin embargo, a nivel de mun-
do se han recreado procesos innovadores derivados del descontento,
la opresión en el aula, la falta de contexto de los procesos educativos,
etc. Estos procesos emancipadores develan nuevos horizontes para la

109
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

educación en cada uno de sus contextos de génesis y que mediante la


sistematización han promovido procesos emergentes en otras comarcas,
como se evidencia a continuación:

• El sistema de trabajo manual (1866), llamado sistema Sloyd,


del pedagogo finlandés Uno Cygnaeus (1810-1888), conside-
rado el “padre” del sistema escolar popular finlandés. Siste-
ma que luego fue introducido a Suecia, luego a Inglaterra,
Estados Unidos, Japón, Brasil, Argentina, Cubo y Bolivia,
entre otros. Es parte del plan de estudios obligatorio de la
escuela en Finlandia, Suecia y Noruega.

• La Escuela de Bedales, institución educativa fundada en Sussex, Ingla-


terra, en 1893 por John Haden Badley. La Asamblea General de Estu-
diantes definía el reglamento.

• La escuela Ensayo de Chicago (1896) del filósofo estadounidense John


Dewey (1859-1952). El objetivo de esta corriente generada por la escue-
la era la transformación de la sociedad por la educación.

• La Escuela de Internados de Abbotsholme, fundada en 1889 en Ingla-


terra por Cecil Reddie (1858-1932), con la que se inaugura la “Escuela
Nueva”, en su vertiente europea y americana a fines del siglo XIX.

• Los trabajos de reformación del sistema educativo holandés a finales del


siglo XIX, del pedagogo Jan Ligthart (1859-1916). Este procedimiento
es el de composición libre, que anima y alienta al estudiante a expre-
sarse y a realizar sus valores íntimos, artísticos, intelectuales y morales.

• La escuela del Bronx de Angelo Patri (1876-1965). Su método consistía


en involucrar a los estudiantes en tareas más allá de los libros.

• La Escuela Shantiniketan del poeta y educador Rabindranath Tagore


(1861-1941), fundada en Bolpur, India en 1901, para contrarrestas el
pésimo sistema educativo de la época.

110
Diego Armando Burgos Salamanca

• La Escuela de Montesca de 1901, realizada por Leopoldo Francetti, fue


un modelo de escuela rural para la enseñanza práctica, la promoción de
los valores morales y familiares.

• La Primera “Casa dei Bambini” de Roma 1907, de la educadora María


Montessori. El método Montessori es uno de los primeros métodos de
la escuela activa.

• La pedagogía Waldorf, del alemán Rudolf Steiner (1861-1925), apli-


cada en las escuelas Stuttugart 1919. En la que el ser humano es una
individualidad de espíritu, alma y cuerpo.

• El sistema de Winnetka 1919, creado por Carlton Washburne (1889-


1968), busca el equilibrio y la formación del talento del niño, y la aboli-
ción de las asignaturas en los formatos tradicionales de clase. Ideológi-
camente se ampara en los aportes de Maria Montessori.

• La Escuela Bar-Sur-Loup 1920, de Celestine Freinet (1896-1966), im-


plica toda una apuesta que fortalece los postulados de la escuela Nueva.

• El plan Jena de 1924, del pedagogo alemán Peter Petersen (1884-1952),


apuesta por la enseñanza practica en ciudades alemanas.

• La Educación Funcional 1931, Eduard Claparede (1873-1940), peda-


gogo suizo, aporta a la educación activa (Rojas Olaya, 2010, p. 47).

Todo lo anterior esta mediado en una relación de po-


der entre la educación tradicional y las propuestas emergentes
en cada contexto, donde algunos procesos han salido del confort
epistémico y metodológico propuesto o impuesto, y buscan nue-
vos rumbos, superando el destello del desarrollo y las pedagogías
coloniales. Por ello, es oportuno evidenciar algunos ejemplos
de propuestas emergentes a la educación alienadora nacidas de
América Latina.

111
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

In-Sur-Gentes

La colonización de América implicó un devenir ambiguo y de


improvisación para esta tierra, donde los pueblos originarios, y toda
riqueza biológica, mineral y de sabidurías, fueron el gran fortín del
invasor. Al respecto, Freire (1971) menciona que “La Colonización
fue una empresa comercial, los colonizadores no tuvieron intención
de crear en la nueva tierra una civilización, solo les interesaba la
explotación comercial de la tierra” (p. 27).

América Latina, o Abya Yala, por estar ubicada en una zona


geográfica tan amplia y diversificada posee una amplia diversidad
bio-cultural, lo que conlleva a diversos saberes y sabores. Esos sa-
beres reflejan un proceso en enseñanza-aprendizaje de otro modo,
lo cual vislumbra un panorama alentador para justificar y buscar
experiencias locales en sistemas educativos comunitarios originarios.
Propuestas no eurocéntricas ni antropocéntricas.

Las comunidades locales por estar ubicadas en áreas destacadas por


factores ambientales, culturales, biodiversos y agrícolas especiales, de-
ben incorporar en sus procesos educativos la revalorización intracultural
para potenciar el cuidado del territorio y todo aquello que lo configura.

Cuando se habla de América Latina, se debe recordar que antes


de la Invasión- Colonización, y todos los oprobios que ello generó, en
las comarcas habitaban pueblos-comunidades-Ayllus con una avan-
zada de saberes en todos los campos de la vida cotidiana, (agricultu-
ra, geometría, arte, astronomía, etc.), y hoy cuando se habla de des-
colonización y desoccidentalización se debe pensar en el aquí-ahora,
retomando y socavando en el pasado y antepasado del territorio, y
las gentes que habitaron y que viven en el hacer, la memoria y el rito
de los pueblos. Así pues, pensar y hacer diferente hoy no puede ser
subversivo, por eso en este espacio se destaca y revalorizan algunas
experiencias de México, Colombia y Bolivia con el fin de aportar a

112
Diego Armando Burgos Salamanca

la desoccidentalización de procesos en el marco de una pedagogía


crítica, contestataria y libertaria. Por ello, al referir In-Sur-Gentes se
hace referencia a las gentes del sur, pensando desde adentro como lo
refiere el prefijo In, y así visibilizar que el pensar diferente no es ne-
gativo, sino que, por el contrario, en el marco del diálogo de saberes
y una epistemología del sur, es sumamente valioso, ya que si se quiere
encontrar nuevos saberes se requiere confrontación de saberes.

In-Sur-Gentes es una apuesta para visibilizar experiencias criadas


en las periferias epistemológicas o desde las alternativas al desarrollo.
Esta debe ser un derrotero donde se busque la manera de formatear la
brújula ideológica, y que cuando una persona esté perdida o desubica-
da, ya no se diga que debe encontrar el norte, porque lo que hoy estas
comarcas de América Latina deben buscar es el Sur. De igual manera,
implica abordar las intraculturalidades, por tanto, es una apuesta de-
colonial, la cuestión es qué y cómo se aborda en los sistemas de vida.

Por ende, In-Sur-Gentes, como se esboza a continuación, pre-


tende revalorizar procesos de educación propios en el marco de las
alternativas al desarrollo o desde una noción crítica, de este modo,
solo para provocar la curiosidad de los lectores, se mencionarán
a groso modo seis experiencias para resaltar en América Latina.
En este entendido cabe resaltar los aportes a la educación latinoa-
mericana del educador Simón Rodríguez y otros pensadores de la
cuestión social y educacional para cada país.

Experiencias de México

México se consolida como uno de los países que hace aportes


contundentes para visibilizar esa América Latina con una fuerte base
indígena, sin embargo, las relaciones de poder en la configuración
del Estado ponen en peligro la existencia de los pueblos originarios.
Veamos dos experiencias criadas en estas tierras:

113
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

CIDECI – Unitierra, Chiapas

CIDECI fue inspirado por la lucha Zapatista. “Todo esto se puede


hacer sólo en el cuadro de lo que la lucha zapatista ha sido capaz de
abrir: autonomía, autodeterminación, democracia radical, no a la
política partidista, no a la toma del poder” (Sánchez, 2005, párr. 41).

La autonomía no se aprende en un libro ni en una escuela ni hay una


receta que nos diga cómo hacer autonomía, ya que de las mismas ne-
cesidades de los pueblos se hace autonomía. Son los pueblos mismos
por sus necesidades que dicen y deciden los trabajos de la autonomía,
por eso nace de los pueblos zapatistas (Sandoval et al., 2014, p. 38).

Posiblemente, una de las experiencias más novedosas sobre la peda-


gogía en la región latinoamericana sea la del Centro Indígena de Ca-
pacitación Integral [CIDECI], también conocido con el nombre de
Universidad de la Tierra-Chiapas. Este inició sus actividades en los
últimos meses de 1989 con el objetivo de capacitar a jóvenes indígenas
en oficios y artes. A este primer proyecto se unió, en abril de 1997, la
constitución de la Sociedad Cooperativa de Productores «Milaksick
jiñi my ch´ujbi» colectivo que hoy permanece en actividad dentro de
la estructura del CIDECI, centrando su desempeño en la producción,
capacitación y asesoría agroecológica en zonas indígenas de Chiapas.

Las primeras actividades en CIDECI comenzaron a desarrollarse en


agosto de 2004, y entre las áreas de trabajo se destacan el derecho
autónomo, la arquitectura vernácula, la agroecología, la hidrotopo-
grafía, la administración de iniciativas y proyectos comunitarios/
colectivos, electro-mecánica, interculturalidad, análisis de los siste-
mas-mundo, estudios de (post) y (des)colonialidad, y filosofías y teo-
logías contextuales.

El carácter de las actividades que se desarrollan en la Universidad de


la Tierra-Chiapas se inspira en el proyecto que Gustavo Esteva viene
coordinando en Oaxaca. Cabe resaltar que Gustavo Esteva y Ray-

114
Diego Armando Burgos Salamanca

mundo Sánchez Barraza, mantienen una estrecha relación de amis-


tad y de colaboración. La universidad retoma, además, del centro
de San Cristóbal los planteamientos teóricos que se desprenden de
los trabajos de Ivan Illich. Cabe mencionar que la Unitierra-Chia-
pas, nombre con el que es más conocido el centro en el contexto de
Chiapas, mantiene convenios con otros centros académicos como la
Universidad de Santo Tomás (Bogotá, Colombia), la Universidad
Autónoma Metropolitana (UAM-Xochimilco) de la Ciudad de Mé-
xico y la Universidad Iberoamericana de Puebla, México.

Sin duda, la experiencia de organización del aprendizaje que se está


implementando dentro del proyecto Sistema indígena de aprendiza-
je y estudio «Abya Yala» es, en la actualidad, el proyecto del CIDE-
CI que más impacto está teniendo dentro del contexto pedagógico
chiapaneco, ya que cientos de jóvenes indígenas tienen la oportu-
nidad de aplicar y ampliar sus conocimientos dentro de los cinco
sectores de aprendizaje existentes (Zaldívar, 2009, p. 292).

Cherán K´eri

La experiencia comunitaria de Cherán K´eri, como municipio


autónomo, es un referente internacional de organización comunal,
donde sus dirigentes son de la base social y obedecen al pueblo.

Propuesta comunitaria ubica en el estado de Michoacán, México.


En las escuelas de educación básica del pueblo de Cherán, se inten-
tan hacer ejercicios de vinculación de las escuelas de educación básica
(desde el gobierno comunal, hasta los directivos, docentes, alumnos/
as) con la actividad cotidiana de la comunidad en su proceso de re-
constitución del territorio comunal, ante las consecuencias del despojo
neoliberal. Bajo este esquema, las campañas de reforestación represen-
tan un material pedagógico valioso en la experiencia comunitaria de
los educandos que vislumbra el horizonte de lo que llamaríamos una
“escuela comunitaria” (Colin Huizar, 2015); (Baronnet, 2017, p. 707). 

115
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

El movimiento étnico-autonómico en Cherán

En Michoacán la comunidad indígena de San Francisco Cherán, ubi-


cada en la cabecera municipal de la meseta purépecha al norte del
estado, enfrenta un proceso de lucha y resistencia autonómica desde
abril del 2011 contra del despojo de sus bosques que se ha dado me-
diante la tala inmoderada en complicidad con el Estado.

 El Proyecto Educativo de Cherán K´eri

Durante las charlas en las fogatas, las y los comuneros de Cherán pen-
saron en extender su proyecto de construcción de autonomía hacia
otras esferas sociales, es decir, buscaron la integralidad de su proyecto
autonómico (Zibechi, 2015) (Baronnet, 2017, p. 693) Es en este debate,
donde la educación en, por y para el pueblo indígena de Cherán tie-
ne sus raíces. Los comuneros aprovecharon la coyuntura política para
impulsar, con la participación de un grupo de ilustres maestros y maes-
tras, un proyecto educativo propio que tuviera contenidos culturales
pertinentes al contexto de la comunidad y al movimiento étnico-po-
lítico suscitado allí. Igualmente, se propuso este proyecto como una
solución tentativa para recuperar el uso de la lengua purépecha que
ha sufrido un desplazamiento lingüístico a lo largo de los últimos 50
años, además de generar y aportar a la integración de los saberes tra-
dicionales de la cultura purépecha en la educación de los niños/as de
la comunidad con miras a buscar una educación propia, digna de un
movimiento que buscaba reivindicar en el discurso la cultura local me-
diante un proceso autogenerado (Baronnet, 2012) (Colin, 2016, p. 3).

Bolivia

Bolivia se puede identificar como un país caracterizado por la


fuerza de los pueblos originarios andinos, quechuas y aimaras, desde
donde se cría el concepto ancestral del Buen bue vivir, sin embargo,
este país se caracteriza porque aproximadamente el 70 % se consti-

116
Diego Armando Burgos Salamanca

tuye como parte de la Amazonía. Cabe destacar los aportes y el cam-


bio de paradigma social, político y normativo para el país y América
latina, el que un presidente indigna rija los destinos del país.

Bolivia es un país mayoritariamente indígena, sin embargo desde la


conquista ha sido un país cuyos habitantes han sido mercancía o desfavo-
recidos en el proceso histórico. (Murra, 1975, p. 62)

Son diversos los actores que han promovido en Bolivia procesos


emergentes, algunos de ellos son Santos Marka Tola y sus aportes a
dignificar la existencia de los indígenas, la recuperación de tierras, el
fortalecimiento de la organización social y la búsqueda de educación
para los indígenas. En 190 Santos Marka presidía el movimiento in-
tegrado por caciques y autoridades indígenas de los departamentos
de La Paz, Oruro, Potosí y Chuquisaca, desde donde se dio a la lu-
cha y se dedicó a caminar Bolivia, pensar como dignificar y defender
los derechos indígenas, y a entrar y salir de la cárcel por sus pensares.
Al revisar la obra “El indio Santos Marka T’ula cacique principal de
los ayllus de Qallapa y apoderado general de las comunidades origi-
narias de la república”, se puede comparar con el líder indígena en
Colombia Manuel Quintín Lame Chantre.

La Escuela Ayllu de Warisata


El proceso desarrollado en Warisata, bien merece ser destacado
como un ejemplo para su tiempo y en la actualidad. Al respecto,
Rojas Olaya (2010) manifiesta que Warisata como apuesta eman-
cipadora se visibilizó el 2 de agosto de 1931 por Elizardo Pérez y
Avelino Siñani (pp. 52-53). Por su parte, Pérez (2011) indica que esta
propuesta pensada desde lo andino implicó una apuesta compleja,
rebelde, desvalorada y castigada en su época, ya que respondía a
visibilizar y dignificar el estar-siendo indígena en un tiempo donde
serlo era delito y vergonzoso. Hoy Warisata es uno de los grandes
baluartes en la praxis de la educación propia (p. 71).

117
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

Asimismo, cabe destacar cómo en Bolivia, también en el año


1095, se crean lsa primeras escuelas para indígenas denominadas
Escuelas Ambulantes. No obstante, este empeño de educación colo-
nizada tenía dos fines directos: el primero, enseñar el alfabeto y, el
segundo, cristianizar a los indígenas.

La Escuela Ayllu de Warisata es un hito de resistencia educativa


en la historia de ideas pedagógicas en Bolivia porque ha iniciado y
desarrollado la educación productiva-comunitaria. Su experiencia del
aprendizaje productivo tuvo su expresión más alta entre los años 1931
y 1940, donde se ha ejercitado el trabajo ligado no solamente a la eco-
nomía, sino esencialmente a la sabiduría aymara - quechua. Además,
porque promovía una respuesta ideológica y la concientización a tra-
vés de la educación para la liberación no sólo de las ataduras o miedos
de pueblos oprimidos y esclavizados, sino esencialmente la reconstitu-
ción del amor al trabajo socializado y la producción comunitaria

Uno de los fines de la escuela de Warisata era Reconstituir los


valores comunitarios del ayllu promoviendo una escuela productiva
basada en la cosmovisión de los indígenas, ya que

El aprendizaje productivo consistía en construir el aprendizaje fructí-


fero en la producción de los alimentos, las vestimentas y el funcionamiento
de las famosas “industrias warisateñas”, talleres de telares para alfombras,
carpintería para muebles, fabricación de tejas, etc. Toda esa experiencia
pedagógica fue primero calumniada, saqueada y luego ocultada. La ca-
lumnia consistió en acusar a la Escuela Ayllu de “comunista” y de “explo-
tador del indio”. El saqueo consistió en la destrucción total de los talleres
(Warisata Escuela, 2012, p. 5).

Colombia

En Colombia, con la Constituyente del 1991, se generaron los me-


canismos para que los pueblos indígenas estructuraran, de acuerdo

118
Diego Armando Burgos Salamanca

a sus usos y costumbres, sus sistemas de vida a partir de los planes de


vida, los cuales sirven como instrumento regulador para orientar el
devenir de cada pueblo y para que estructuraran los proyectos edu-
cativos comunitarios en el marco del sistema educativo indígena pro-
pio. Por otro lado, las comunidades Afrocolombianas de acuerdo a la
ley 70/ 1993 tienen la posibilidad de construir sus sistemas de vida
con base a sus modos tradicionales, incluida la educación propia.

Universidad Autónoma Intercultural Indígena - UAIIN

Nace en el norte del Cauca y recoge experiencias de las luchas


indígenas de Colombia en distintas regiones del país.

El proyecto de universidad indígena es resultado del ejercicio de más


de 30 años de búsqueda colectiva de una educación alternativa a las
necesidades y visión de las comunidades locales, en muchos casos con-
tenida en el proyecto o plan de vida de cada pueblo. La universidad se
concibe desde la experiencia del movimiento indígena orientado por
el CRIC, organización que ha emprendido un significativo proceso
de replanteamiento de la educación a partir de fundamentarla desde
las raíces del pensamiento y costumbres de las culturas indígenas; así
como, de la reflexión sobre su devenir histórico y las problemáticas
de la actualidad; al igual, que de sus perspectivas de futuro. De esta
manera las comunidades nos capacitamos para proponer e interlo-
cutar como iguales frente al fortalecimiento de nuestras identidades
culturales, los problemas nacionales e internos a nuestros territorios,
haciendo activa la manifestación de país pluricultural y multilingüe,
reconocido por nuestra Constitución Política de 1991.

Este proceso ha implicado la creación del Programa de Educa-


ción Bilingüe e Intercultural que desde 1978 viene trabajando en
la identificación y generación de criterios orientadores con base en
experiencias directas de desarrollo educativo a partir de las escuelas
propias, de carácter comunitario y bilingüe -en los espacios donde
existen lenguas indígenas- y de proyección intercultural.

119
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

La educación propia busca potenciar la sabiduría ancestral que nace


del corazón, de lo más profundo de cada pueblo en su lucha por
persistir, del esfuerzo por hilar los saberes y conocimientos comuni-
tarios y elaborar día a día el tejido de una vida mejor. Es así como
se han ido creando escuelas para atender a niños y niñas, desde el
Aprestamiento (grado 0), la básica, la media, la formación docente y
ahora la dinámica de nivel superior que atiende prioritariamente la
formación de maestros en territorios indígenas.

La Universidad Autónoma indígena Intercultural, está compuesta


por programas, centros, escuelas y otras experiencias locales que se
proponen la formación profesional y la cualificación progresiva hu-
mana y técnica a fin de potenciar el proyecto social, político, econó-
mico y cultural de los diversos pueblos participantes.

Con la UAIIN, se trata de cualificar los diversos procesos formativos,


encaminados a lograr que la educación se convierta en efectiva es-
trategia de construcción y desarrollo integral del proyecto y/o plan
de vida de cada pueblo en el marco de un bien vivir para todos (Con-
sejo Regional Indígena del Cauca [CRIC], 2009, párr. 1-5).

ALA KUSREIK YA- Misak Universidad


Esta institución busca la construcción de un sistema educativo
propio que sirva de plataforma en la recuperación de los saberes,
identidad y cultura del pueblo Misak. Para conseguir este propó-
sito, los Misak han vinculado tanto a la arquitectura de la univer-
sidad como a los contenidos de la educación que ofrece su cosmo-
visión, identidad y pensamientos sobre el ser Misak, basados en los
principios de escuchar, ver, pensar y hacer.

Misak Universidad es un proceso emergente con ocho años de


existencia que se da en el marco, o como proceso, de la lucha por la
recuperación de tierras (algo tangible) y como estrategia para poder

120
Diego Armando Burgos Salamanca

recuperar y fortalecer la cultura, la lengua propia, los tejidos, los


sistemas productivos y todo el pensamiento de los Shures y Shuras
(mayores y mayoras) (lo intangible), y desde ahí poder materializar
la existencia del pueblo, caracterizado por ser gente del agua, gente
pacífica. En este cometido se estructura una frase que orienta el pro-
ceso Misak: “Recuperar la tierra para recuperarlo todo”

Jooin Gayam
Es una experiencia de educación propia que emerge en el depar-
tamento del Choco. (Area megadiversa) Esta propuesta es la más
reciente de las que se han mencionado en el presente texto. Pro-
ceso que apuesta por la descolonización y la desoccidentalización
de los sistemas de vida del pueblo indígena Wounaan y se enmarca
dentro de las alternativas al desarrollo, de igual manera, está en sin-
cronía con procesos andinos y amazónicos. Este proyecto educativo
comunitario se fundamenta en el diálogo de saberes y sabidurías,
en la revalorización de la praxis local y de construir el vivir bien del
pueblo. Para ello la pedagogía crítica y las pedagogías comunitarias
vislumbran el horizonte para el diseño de un proyecto educativo des-
colonizado-descolonizador.

Corrientes pedagógicas y sus artífices

¿Por qué es necesario mostrar algunas corrientes pedagógicas en


este texto? La respuesta es básica. Esto se debe a que las pedagogías
comunitarias se constituyen en cada contexto, pero esos esquemas
por novedosos que sean ya han sido pensados o desarrollados en
otros contextos, lo que resulta alentador porque indica que los pue-
blos no caminan solos en la búsqueda de alternativas educativas, y
que dichos aportes (corrientes pedagógicas) nutren otros procesos de
la periferia eurocéntrica a modo de sincronicidad.

121
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

Una corriente pedagógica no es un constructo único, que se es-


tructura bajo una receta, una corriente pedagógica al igual que la
pedagogía crítica y la educación popular es un producto no acabado
que recoge teorías y vive de distintas experiencias. Por tanto, es ne-
cesario resaltar experiencias como las anteriormente descritas para
conocer otros procesos que han ido posicionándose en contraparte a
los procesos dominantes de educación.

Una corriente pedagógica debe ser entendida y asumida como


aquello que trasciende un acervo teórico y una ruta procedimen-
tal en el hacer educativo; debe entenderse en un contexto social,
ambiental, económico, político y no como una cuestión ajena a las
voluntades o las intencionalidades de los individuos. Es decir, que
una corriente pedagógica, cualquiera que sea, debe estar permeada
por la realidad del contexto y la coyuntura en la cual es circunscribe.

Teniendo en cuenta los casos brevemente comentados anterior-


mente, a continuación, se comentará y esquematizará cuatro corrien-
tes pedagógicas, complementarias y sirven para la reflexión crítica
en la consolidación una pedagogía comunitaria latinoamericana.

Escuela nueva

La escuela tradicional, que se ha heredado del devenir de la igle-


sia y el acervo teórico, ha sido un factor destacado en la propuesta de
“educar”, en ese sentido, la alfabetización es determinante e impor-
tante en el proceso educativo para que los educandos mejoren y ten-
gan al alcance información para conocer el mundo que habitan. Sin
embargo, la escolarización vista desde una postura crítica deja algu-
nos puntos que bien merecen un análisis más detallado, como, por
ejemplo, el desconocimiento e incluso la subvaloración de la cultura
y el ambiente local. Estos y otros aspectos son los que más adelante
van a generar elementos para otras propuestas. Los educandos en el

122
Diego Armando Burgos Salamanca

proceso de aprender el mundo también deben contar su historia y no


solo escucharla de otros.

La Escuela Nueva tiene su origen a finales del XIX y principios


del XX, donde se genera una postura contraria a la escuela tradicio-
nal. Esta corriente ha tomado sus bases de los aportes ideológicos y
pedagógicos para entender y dinamizar las problemáticas sociales en
efecto de trasformar de manera positiva el contexto. La escuela nueva
considera que el niño requiere libertad en su proceso de aprendizaje,
ya que es el momento de explorar y de indagar el mundo que habita.

Escuela Nueva Activa es un modelo pedagógico diseñado en Co-


lombia en los años setenta y sus fines eran iniciales era mejorar la
calidad de la educación rural.

Imagen 1. Autores y protagonistas de la propuesta de la escuela Nueva


Fuente: Autor, 2019.

Pensamiento pedagógico existencialista

La educación tradicional ha promovido una enseñanza memorísti-


ca, de inmovilidad del cuerpo, del espíritu y la mente. La escuela tradi-
cional no reconoce ni valora la cultura local y el saber que trae consigo

123
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

el educando. El concepto es más importante que el contexto en el que


se puede aplicar. Así pues, el pensamiento pedagógico existencialista
ve en la educación desde su perspectiva como un proceso mediante el
cual el hombre se convierte en auténtico. Asimismo, considera que la
educación solo sirve para ayudar al individuo para que se pueda trans-
forme en el protagonista de su existencia e incluso llegar a descubrir
que él mismo es un ser libre, capaz de ser responsable de su vida.

Imagen 2. Autores y protagonistas de la propuesta de pensamiento


pedagógico Existencialista
Fuente: Autor, 2019.

Pensamiento pedagógico anti autoritario


Esta propuesta se enraíza en su descontento con el modelo tradicional
de enseñanza, expresando que los educandos deben ser libres, ya que no se
puede educar al niño con autoritarismo. Esta propuesta pedagógica cues-
tiona el pensamiento pedagógico existencialista y concibe la educación
como un acto liberador, sin religión. De este modo, la educación liberado-
ra construirá una sociedad libre, segura y que cuestiona la autoridad. Una
de las figuras en las que se inspira esta corriente es Sigmund Freud.

124
Diego Armando Burgos Salamanca

Imagen 3. Autores y protagonistas de la propuesta de Pensamiento


pedagógico anti autoritario
Fuente: Autor, 2019.

Pedagogía crítica

Esta corriente pedagógica surge de diferentes miradas teóricas,


siendo espacio de reflexión como teoría para visibilizar procesos lo-
cales de pedagogías comunitarias locales y ancestrales que no han
salido a la luz de los marcos teóricos, normas o acuerdos de enseñan-
za-aprendizaje, pero que en el sistema de vida que se está constru-
yendo han visto en la pedagogía crítica el cimiento para posicionar
epistemologías y praxis subvaloradas. Es una manera de ilustrar al
educando con base a su contexto, siendo consiente en la medida de
lo posible de la dimensión política que le rige e indudablemente en el
caso latinoamericano, proveyendo al educando de una actitud de va-
lorar su cultura y la riqueza ecológica que le rodea y su importancia.

Así pues, la pedagogía crítica es una estrategia que acopla ideo-


logía liberadora, técnicas para la reflexión crítica de las colectivida-
des desde donde se puede deconstruir el proceso de escolarización

125
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

producto de la educación bancaria por un modo de educación que


permita, desde la praxis, una propuesta de enseñanza-aprendizaje
aprendizaje-enseñanza que conlleve a la noción y acción crítica que
trasforme las prácticas de vida desde la reflexión y la acción continua.

La pedagogía crítica puede estar centrada en una pedagogía crítica


revolucionaria, anticapitalista, como la plantea Peter McLaren o una
pedagogía crítica menos radical, pero pero si de reflexión crítica y ac-
ción trasformativa pensada en sujetos políticos.

Imagen 4. Autores y protagonistas de la pedagogía crítica


Fuente: Autor, 2019

Diálogo de saberes desde los haceres de América Latina


América Latina se caracteriza por su enorme riqueza cultural,
más de 500 pueblos originarios dan vida y color desde la existencia
y la convivencia en esta fértil tierra, caracterizada por una riqueza
biológica sin igual. Aromas, semillas y saberes recrean la vida. En
este cometido mágico de criar la vida y dejarse criar, la cultura y
la manera en la que se materializa esta en la sociedad, es sin duda

126
Diego Armando Burgos Salamanca

el medio para hacer en la educación el modo por el cual cuidar la


diversidad biocultural que la caracteriza.

En la actualidad, por los avances de la tecnología, la manera de


acercar las miradas culturales, saberes y haceres de una región a otra
es más factible. Las relaciones interculturales están a la orden del día.
Sin embargo, debemos construir derroteros para conservar las cultu-
ras originarias (intraculturalidad) que están y deben estar en diálogo
con otras culturas (Diálogos interculturales).
Interculturalidad

Este hace referencia al diálogo que una comunidad puede y debe te-
ner con agentes externos. Para que el diálogo sea armónico, enrique-
cedor y de benéfico para las partes dialogantes, la comunidad local
debe estar fortalecida intra-culturalmente. Es, por ende, el diálogo
intercultural una estrategia clave para gestionar, concertar alterna-
tivas de desarrollo o alternativas al desarrollo, donde la comunidad
local tenga la capacidad técnica y organizativa de decidir qué y cómo
se va a intervenir su territorio. En el diálogo intercultural se gesta un
coloquio de saberes donde el saber local es igualmente valido al saber
técnico científico. (Burgos Salamanca, 2012, p. 62)

Intraculturalidad

Al respecto, Burgos (2011) manifiesta que:

La intraculturalidad hace referencia al fortalecimiento interno


de una comunidad, una organización y por qué no, un país. Así
mismo, la intraculturalidad está dada como un elemento clave
que permite revitalizar la cultura, economía, gastronomía, espiri-
tualidad, estructura organizativa, etc. de una comunidad, donde
este fortalecimiento hacia el interior (intra) permite a la comu-
nidad “blindarse” ante agentes externos o metabolizar acciones
exógenas y, a partir del diálogo de saberes, concertación, poder
ejercer una gobernanza del territorio. (p. 137)

127
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

En este proceso, el diálogo de saberes es una nueva apuesta desde


la academia para acercase al saber local, sin embargo, aún es frágil,
ya que no siempre es horizontal, sino que es una acción que puede
ser entre personas de una misma comunidad, pero con ideas dife-
rentes, o con personas de diferentes miradas o culturas, por lo que
se constituye como una negociación intercultural que requiere que
ambos actores estén fortalecidos intraculturalmente, en su efecto, la
consecuencia o acción del diálogo de saberes puede llegar a la acul-
turación de la praxis.

En este entendido, una apuesta desde América Latina para una


educación, nacida desde nuestras comarcas, debe partir de aspec-
tos en común, pero dando espacio a la configuración de diferentes
miradas, conceptos y maneras, como aquellas que emergen de cada
contexto cultural, ambiental, económico, político, etc.

El diálogo de saberes en el mundo e imaginario indígena ha


permitido construir diálogos armónicos (aunque no se piense igual)
desde la ancestralidad (Illescas, 2013), donde habla del “desenvolvi-
miento del proceso formativo y autoformativo, haciendo referencia
a las abuelas y abuelos, y de los procesos de educación en una rea-
lidad unificada” (p. 32).
Acerca de la Realidad Unificada en la Unidad

En cualquiera de las lenguas ancestrales, sea en el “pasado”, en el


“presente” y en el “futuro”, la “Realidad Unificada” se manifestaba
con su Ser Eterno, en su fluir Efímero de su Estar siendo-ocurrien-
do-sucediendo siempre nomás.

La “Realidad Unificada” era, es y será un Uno (Todo y un Todo)–


Uno, una unidad, una Totalidad donde el universo o los múltiples
universos son solo un pequeñísimo “puntito”. A continuación, se es-
tablecerán algunos tópicos referidos a la “Realidad Unificada”.

128
Diego Armando Burgos Salamanca

Acerca de la unidad de la Realidad Unificada

Para toda cultura ancestral, y sus proyecciones en todos los “tiem-


pos” y “espacios”, la “Realidad Unificada” no tuvo creación de nin-
gún tipo, por lo que se sintió y se tuvo, tiene y tendrá, la Sabiduría
de que nunca fue una modalidad de caos transformada en orden por
un tipo de creación.

Se alcanzó el sentimiento y comprensión de Sabiduría que el Ser


de la “Realidad Unificada” se “manifiesta” en su Estar siendo, ocu-
rriendo y sucediendo siempre nomás en transformaciones inter-
nas-externas, cualitativas-cuantitativas donde la constante general
de tales “cambios” es el consenso, el equilibrio, la complementarie-
dad – la autocomplementación, la identidad, el período, el ritmo, el
ciclo, la frecuencia y la vibracionalidad.

Todos los “fenómenos” y procesos, cualquiera que sea su naturaleza,


incluyendo los procesos educativos o formativos/autoformativos, se
consideraban dentro de la “Realidad Unificada” de un carácter infi-
nitamente multidimensional trascendiendo lo mero unidimensional,
bidimensional, tridimensional y tetradimensional.

En la “Realidad Unificada” nada estaba, está y estará separado,


todo era, es y será inseparable. Se llegó a apreciar, pese a lo aparen-
te, que en todos los niveles dentro de una “dimensión” y en todas las
dimensiones todo está unido; que cada elemento o fenómeno está
unido al todo de la realidad aunque nos de la “impresión” de estar
separado, de tener autonomía; no había, para las ancestrales abue-
las y los abuelos, nada aislado, todo estaba unido en la unidad de
la “Realidad Unificada”, por lo que todos los procesos educativos
o formativos/autoformativos estaban unidos inseparablemente a la
“Realidad Unificada” (Illescas, 2013, pp. 87-89).

De este modo, la educación en la ancestralidad estaba enmar-


cada en un proceso no separado de la realidad que se vivía en la

129
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

cotidianidad. El diálogo de saberes estaba cargado de emociones y


sentimientos, porque estos se materializaban en la práctica, entre los
miembros de la familia haciendo comunidad, proceso (diálogo de
saberes), que en la actualidad se ha tergiversado.

Hoy en la academia se habla de diálogo de saberes, por ejem-


plo, desde la etnografía, la antropología o la sociología, sin embar-
go, sigue siendo una suerte de observación no participante (fuera de
la realidad), pues se expone el diálogo de saberes como estrategia
para “extraer información” y no para reconocer en pleno la voz,
el sentir y la decisión del otro frente a lo que se habla. Este proceso
en la academia y entre académicos lo podemos llamar interdiscipli-
nariedad. Aquí es interesante destacar el enunciando de Hernando
Uribe Castro (2016), en su texto Pensando ambientalmente: de las
críticas al sistema a las posibilidades de cambio: “debemos superar
la interdisciplinariedad y buscar el diálogo de saberes. Pues la crisis
de conocimiento no se puede ubicar los en la interdisciplinariedad
o transdisciplinariedad, como expresión de las intenciones del en-
cuentro de los especialistas a partir de lo que se haga en el diálogo
disciplinar” (pp. 133-134).

Hoy, la cuestión en la academia va a construir procesos investiga-


tivos transdisciplinarios, pero el diálogo de saberes permitirá cons-
truir procesos transcomplejos e investigación interculturales, es decir,
vinculando las sabidurías ancestrales.

Una pedagogía crítica Latinoamericana

Latinoamérica por antonomasia está ligada a la abundancia de


saberes y haceres, por ello, no es oportuno tener una sola propuesta
pedagógica o una sola postura teórica y práctica para hacer educa-
ción. Hacerlo así implicaría un etnocidio. Por el contrario, en estas
comarcas emergen distintos modos de hacer, enseñar-aprender y

130
Diego Armando Burgos Salamanca

comprender. En esto, se puede hablar desde maneras muy ordena-


das por el pensamiento racional o que han sido permeadas por todo
el constructo euro-centrado hasta maneras de saber desde lo mágico.
Aceptar esas otras formas de saber y hacer exige romper con los la-
zos que atan la posibilidad de la creatividad, de preguntar diferente y
de hacer diferente. Eso hace parte del proceso descolonizador.

Descolonizar el saber en la educación latinoamericana requiere,


también, descolonizar el beber y el comer, no se puede construir un
pensamiento del sur o una epistemología y ontología emancipado-
ra, si nuestras parcelas y barrigas están alienadas al sistema mundo
deshumanizado de la alimentación. Buena parte de Colombia y de
Latinoamérica se caracteriza por agrodecendientes, lo que significa
que los sistemas de vida y alimentación están marcados por los mo-
dos de producción agrícola, es decir, la cultura nuestra está ligada a
la tierra, las semillas y los saberes, por ende, la educación debe estar
para promover y revalorizar esos sistemas de vida.

Si una persona en su proceso de formación o autoformación de-


colonial desea pensar desde el sur, debe ser coherente y producir o
consumir alimentos que nutran el corazón, la cabeza y la barriga,
eso haría del proceso de descolonización, un proceso real, ya que no
es posible descolonizar la cabeza (pensamientos y teorías) si la barri-
ga esta colonizada y enferma con alimentos producidos con venenos
(insecticidas, fungicidas, pesticidas y herbicidas) o procesados y enve-
nenados con colorantes, saborizantes y conservantes cancerígenos.

Es muy complejo y contradictorio construir una epistemología


rebelde con un alimento que no desenrolla todo el potencial hu-
mano. Por eso, en la región del mundo más privilegiada, por su
abundante diversidad biológica y cultural, la educación popular y
la pedagogía crítica debe estar encaminada a valorar y revalorizar
estos contextos. Razón por la que las epistemologías del sur no
son un fin o solo una teoría, sino que son un medio para construir

131
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

comunidad. La teoría sin práctica es vacía, y la práctica sin com-


promiso social y ambiental es estéril.

Así es, como en América Latina, en las últimas décadas empe-


zaron a construirse, desde la otredad, desde otras voces, propuestas
alternas al desarrollo, como el buen vivir que se visibiliza en Bolivia,
la propuesta más significativa de los Aimaras con el Suma Qamaña
o el Sumak kawsay de los quechuas. De este modo, en los últimos 20
años se visibiliza un nuevo pensar desde el estar-siendo de los pue-
blos originarios, estos movimientos también van dando origen a una
construcción teórica desde lo que se ha llamado las epistemologías
del sur donde uno de los actores más visibles es Boaventura de Sousa
(2009) con su texto “Una epistemología del Sur. La reinvención del
conocimiento y la emancipación social”. Por otro lado, se encuen-
tran Paulo Freire y “la educación como práctica de libertar” (1969),
que hace grandes avanzadas en la teorización de la educación crítica
y da más bases para la educación popular, y el sociólogo Colom-
biano Orlando Fals Borda “La investigación participativa y praxis
rural” (1981), que trabaja en temas relacionados con la construcción
de una sociología Endógena latinoamericana a partir de un método
denominado Investigación Acción Participativa [IAP], que da las ba-
ses para fortalecer el saber local sobre el conocer académico.

En este nuevo horizonte, en las últimas cuatro décadas, en Améri-


ca Latina se empiezan a movilizar grandes ideas que tanto en el ám-
bito social, bien sea desde el ambientalismo popular, ecomarxismo,
ecofeminismo, el pensamieto ambiental, teología de la liberación,
perminten fortalcer y acompañar proyectos anti-extractivistas, mi-
neros, forestales y e mas que atentan contra la sociedad y la natura-
leza. Los procesos emergentes para fortalcer desde la educación son
el rizoma para forjar procesos locales y la génesis de la Educación
popular. Procesos que emergen desde cierta corriente de pensadores
críticos, enraizados en el pensamiento Freiriano y dándole sabor con
base a cada contexto donde se movilizan ideas producto de pedago-

132
Diego Armando Burgos Salamanca

gías y experiencias comunitarias. De manera complementaria pode-


mos mencionar los orígenes de la Pedagogía crítica e interpretarlos
de dos maneras, por un lado, una pedagogía crítica revolucionaria
(anticapitalista), donde su mayor exponente es Peter McLaren y, por
el otro, una pedagogía crítica que cuestiona y promueve una trans-
formación social, pero no es radical. De este cabe resltar algunos
aportes:La pedagogía crítica evita todo enfoque de la pedagogía que
la redujera a la enseñanza de habilidades de miras estrechas y ais-
ladas de los debates y contextos de discusión en los que se las utiliza
(McLaren, 2005, p. 74).

El maestro que desarrolla la pedagogía crítica considera el proce-


so educativo desde el contexto de la interacción comunicativa; analiza,
comprende, interpreta y trasforma los problemas reales que afectan a
una comunidad en particular. Concibe la educación como posibilidad
para la identificación de problemas y para la búsqueda de alternativas
de solución desde las posibilidades de la propia cultura. Considera a la
ciencia como la opción de rejuvenecimiento espiritual, como mutación
brusca que contradice el pasado para reconfigurar el presente (Bache-
lard, 1984). (Ramirez, 2008, p. 109)

Hoy se presentan pequeños y grandes atisbos de desobediencia


epistémica en el aula y por fuera de ella, sin embargo, Dussel (1980)
re-afirma que “La ontología pedagógica vigente en América latina tie-
ne su fuente en una larga historia europea y norteamericana” (p. 132).

Complementando lo anterior, Giroux (1997) Afirma que,

Existe la necesidad de elaborar un nuevo discurso y tipo de análi-


sis acerca de la naturaleza de la instrucción escolar, discurso que podría
cumplir dos objetivos. Por una parte, examinaría y enjuiciaría los de-
fectos y fallos inherentes a la visión tradicional de la instrucción escolar.
Por otra parte, debería descubrir nuevas posibilidades de pensamiento y
organización de las experiencias escolares. (pp. 108-109)

133
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

Pedagogía comunitaria
En este entendido la escuela no solo debe ser el espacio de ins-
trucción y escolarización, tambien debe ser un espacio de co-crea-
ción entre el espacio societal y las directrices de la institución. Por
ello la educación esta mediada por relaciones de poder, donde la
formación política y ambiental debe ser parte del proceso. Para ello
Torres Carrillo (2007) retomando a Freire, manifiesta que:

La educación debe servir para que los educadores y educan-


dos «aprendan a leer la realidad para escribir su historia»; ello supone com-
prender críticamente su mundo y actuar para transformarlo en función
de «inéditos viables»; en torno a dicha acción y reflexión, y a través del diá-
logo, los educandos y los educadores se constituyen en sujetos. . Con base
en esta síntesis de sus planteamientos, en un primer momento desarrollaré
las ideas básicas sobre cada una de estas cuatro dimensiones referidas:
• Educar es conocer críticamente la realidad

• Educar es comprometerse con la utopía de transformar la realidad

• Educar es formar sujetos de dicho cambio

• Educar es diálogo. (pp. 2-3)

Pese a que la pedagogía comunitaria pone los saberes locales (in-


traculturalidad) en diálogo con los saberes externos (interculturali-
dad), debe construir las bases para el fortalecimiento endógeno a
partir de la interlocución con los otros, para ello la educación popu-
lar, la pedagogía crítica y las pedagogías comunitarias deben forjar
los medios en el educando para metabolizar la información y el co-
nocimiento que va a asimilar.

134
Diego Armando Burgos Salamanca

La educación popular y la pedagogía crítica, una apuesta


necesaria y urgente frente a la crisis civilizatoria o de vida
en el planeta

Ya es evidente la crisis civilizatoria en la que se encuentra la huma-


nidad; dicha crisis pone en peligro todas las formas de vida, los mo-
delos pedagógicos, al tiempo que los contenidos curriculares ponen
en jaque las sabidurías ancestrales y toda forma de habitar distinta
al desarrollo. La crisis creada por el modelo de desarrollo actual, no
va a ser resuelto por quienes lo han producido, por lo que es urgente
encontrar nuevos derroteros que han de emerger de las voces anti-
guas de Abya Yala. Para esto, necesitamos reparar y recrear nuevas
formas de relacionarnos, la reciprocidad, la complementariedad y la
fraternidad, que son aspectos que deben de replantarse al interior de
los sistemas de vida de la modernidad. Esos son algunos de los apor-
tes que podemos recuperar de los sistemas de vida Indígena.

Algunas de las experiencias de educación local han sido eviden-


ciadas en diferentes escenarios, empero, es oportuno virilizar esas
experiencias, porque de lo contrario no se puede pensar la educación
popular y la pedagogía crítica en Colombia sin reconocer los pro-
cesos paralelos de los que cada uno de ellos se nutre y forma parte.
Sobre esto, Ortega Valencia (2014) comenta que,
En estos procesos no se puede desconocer la tradición latinoame-
ricana con Paulo Freire, la anglosajona con Peter McLaren y Henry
Giroux; la española  con autores como Joan Carles Mélich y Fernando
Bárcena; la tradición colombiana con autores representativos de la edu-
cación popular y la pedagogía crítica como: Marco Raúl Mejía, Alfredo
Ghiso, Alfonso Torres, Jorge Posada, Lola Cendales, Jorge Gantiva…. y
donde las producciones que se han realizado en el campo de la pedagogía
crítica en Colombia, se sitúan desde un grupo de educadores articulados
algunos al Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEA-
AL), que agrupa las experiencias en educación popular, organizaciones
sociales y avances en ciertas universidades como la Pedagógica. (p. 51)

135
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

De igual manera, cabe resaltar, en este punto, el esfuerzo que


desarrolla en Baja California el Instituto McLaren de Pedagogía Crí-
tica, orientado por Sergio Quiroz Miranda. Espacio académico de
formación a nivel de diplomados, maestría, doctorado y postdoc-
torado en educación popular y pedagogía crítica para educadores
mexicanos y latinoamericanos.
Otros pensadores que han nutrido la praxis educativa crítica y
libertaria, en el marco del pensamiento latinoamericano, aportando
a la reflexión desde y para las epistemologías del sur son:

• José Julián Martí Pérez (La Habana, 1853 - Dos Ríos, 1895).
Político y escritor cubano. El valor social de un hombre no se
debía medir por la riqueza material que lograra atesorar sino
por su educación y preparación cultural.

• José Carlos Mariátegui (Moquegua, 1894 - Lima, 1930). Escri-


tor, periodista y pensador político. Exige un docente mediador,
con observaciones previas de la cultura externa y solo con la
práctica de los saberes que todos ponen en el acto pedagógico
pueda desencadenar aprendizajes.

• Aníbal Quijano (Yanama, provincia de Yungay, 1928). Es un


sociólogo y teórico político peruano. Sus aportes se centran en
la Colonialidad del Poder.

• Silvia Rivera Cusicanqui (La Paz, Bolivia, 1949). Socióloga,


activista, teórica e historiadora boliviana.​Trabaja el pensa-
miento subalterno.

Una epistemología del sur en la educación y


en la investigación

Las epistemologías del sur pueden ser entendidas como aquellos sa-
beres excluidos, subalternos que han sido olvidados u obligados a ser

136
Diego Armando Burgos Salamanca

olvidados por la colonialidad del poder. En esas relaciones de poder se


han perfilado ideologías inmovilizadoras, pero, en contrapoder, tam-
bién han emergido ideologías libertarias como la pedagogía crítica, la
educación popular y las pedagogías comunitarias, lo que indica que las
epistemologías del sur son la estructura para revalorizar los saberes del
sur, superando el sur como categoría geográfica y enmarcándolo en una
esfera de dominación o colonización política, económica, cultural, edu-
cativa, alimentaria, religiosa, ideológica, etc.

Dichas epistemologías deben permitirnos dejar el norte en la búsque-


da inconclusa de la modernidad actual, y permitirnos reorientar nuestro
pensar y hacer camino hacia el sur epistémico-ontológico-gnoseológico.

Una epistemología del sur en la educación requiere sistematizar los


saberes de antaño y moldearlos al contexto y tiempo actual para que la
escuela o la enseñanza-aprendizaje implique la producción de nuevos
pensares y haceres, donde el educando sea sujeto político en su indivi-
dualidad en el marco de la colectividad arraigado a un territorio-Cultura.

Los educadores, los planeadores de la educación y todo el esquema


en el proceso de formación de los educandos deben estar en sincronici-
dad para hacer posible una educación humanizada y no instrumental.
Todo esto se plantea desde la Educación Popular, donde el esquema de
enseñanza-aprendizaje responde al contexto y los saberes puestos en es-
cena a partir del diálogo. De este modo, Marco Raúl Mejía (2014), en su
texto Educación y pedagogías críticas desde el sur. Cartografías desde
la educación popular, plantea que una apuesta pedagógica alternativa
nace de la indignación ética frente al capitalismo actual y en el marco
de una emancipación y de trasformación de la sociedad por construir
una sociedad más humana y justa desde los procesos educativos es que
se replantea toda la postura, ideológica, teórica y metodológica del que-
hacer educativo (p. 269).

137
Diálogo de saberes: una reflexión crítica para una pedagogía de convivencia para habitar el planeta

Consideraciones finales

• Los ideales de la escuela tradicional son bien fundamentados,


parecen necesarios y tienen un tinte de alegría, son uno de los
factores clave para el desarrollo y bien-estar de la sociedad, sin
embargo, en el proceso de escolarización y en la práctica son
excluyentes y una estrategia de dominación y alienación.

• La educación tradicional no reconoce en su estructura los pensa-


res y los haceres propios de cada manera cultural, empero, Lati-
noamérica tiene diversos ejemplos de maneras otras de enseñan-
za-aprendizaje donde se evidencia una educación por fuera de las
competencias, educación no antropocéntrica ni eurocéntrica, que
busca vivir bien y en armonía entre todas las especies que conviven
en el planeta. No hay otra pedagogía más propia que encontrar la
manera de vivir y convivir bien con el planeta.

• A los Pueblos originarios que han aprendido a leer y sentir el


universo, pueblos que desde su particular modo de habitar son
la naturalezamisma, como se les puede enseñar la ciencia pa-
quidérmica, quizá una apuesta mas apropiada seria reducir las
brechas entre la ciencia y los saberes y sabidurías de los pueblos
originarios, posiblemente desde los saberes en diálogo intercul-
tural se pueda hacer avances para afrontar la crisis de vida en la
cual está inmersa la sociedad planetaria.

• La educación como instrumento de formación tanto a nivel ur-


bano como rural ha generado y genera procesos de dominación
y exclusión social, sin embargo, existen procesos de rebeldía
epistémica que marcan el horizonte y el sur epistémico, tal es
el caso de la avanzada de América Latina en el marco de pro-
yectos hegemónicos a nivel eduativo, productivo organizativo y
educativo. De esta manera, la educación popular, la pedagogía
crítica y las pedagogías comunitarias corresponden a modos

138
Diego Armando Burgos Salamanca

que permiten ampliar el espectro eurocentrado y dar las bases


para forjar nuevas formas de enseñar-aprender, aprender-ense-
ñar, procesos mediados por la cultura y la política domestica.
De este modo la educación en Latinoamenrica debe ser por
antonomasia revalorizadora de nuestra diversidad Bio-cultural.

• Actualmente, las pedagogías comunitarias, los saberes alternos


y las criadas en las periferias del desarrollo, son el rizoma para
materializar la conciencia social a nivel glocal, por tanto, las epis-
temologías del sur, la educación popular, la pedagogía crítica y
los renacientes procesos del buen vivir, son el aporte más con-
tundente y significativo para poner los saberes en diálogo a nivel
planetario y a modo de complementariedad, ya que busca otros
valores no antropocéntricos para habitar el planeta. Las pedago-
gías comunitarias, al construir sociedades con otros imaginarios,
representan la búsqueda de sociedades humanizadas y naturali-
zadas, además de ser una necesidad ante la crisis civilizatoria o
de vida. Las pedagogías críticas, comunitarias y populares son,
entonces, una apuesta por la supervivencia de los pueblos y el
bien estar de los ecosistemas y las otras formas de vida.

• Una pedagogía planetaria debe permitirle al ser humano habi-


tar bien el hábitat. Lo demás, en términos generales, son ideo-
logías inmovilizadoras o están cargadas de intencionalidades
políticas, económicas o religiosas.

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DECOLONIZING RESILIENCE THINKING: ENCOUNTERS OF
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Efraim del Campo Parra Munoz2

1 Ph.D. candidate in Human Geography at the University of Edinburgh, Uni-


ted Kingdom, [email protected]
2 In order to protect the identity of people and follow confidentiality agree-
ments, I will use pseudonyms. Pishi means peace in Wam language, spoken by the Misak
community in the Cauca region, Colombia.
Efraim del Campo Parra Munoz

“Encontrarnos nos liberará”


(Finding ourselves will free us)
Taita Pishi

1. Introduction

In the wake of profound changes and uncertainties brought by


various economic and environmental dynamics, communities and
individuals are encouraged to acquire a set of skills or capacities to
face uncertain future events. Although humanity has always dealt
with global changes, what is different this time is the speed, scale,
connection, and the extent of these processes altering ecological sys-
tems and human life.

In recent years, the concept of resilience has gained consider-


able attention from researchers and international institutions, as it
is perceived and promoted as a desirable capacity, characterized by
bouncing back, to guarantee social and economic “progress and en-
durance” for individuals and communities in an uncertain future.
Most resilience literature and conceptualizations contain generaliza-
tions and assumptions that limit the scope and our understanding of
how resilience strategies and practices are constructed and imple-
mented across different social and cultural contexts.

Risks, threats, and vulnerabilities are commonly perceived in differ-


ent ways among actors, resulting in a wide range of resilient strategies/
practices that are based on different logics and worldviews that might
clash even if they are present in the same territory. For instance, after
the mud avalanche in 1994 in Inza, Colombia, the Nasa community,
instead of relocating their homes to a more “secure area”, decided to
build resilient capabilities based on their ancestral knowledge, particu-
larly on recovering traditional practices, prohibiting illegal crops, and
spiritual cleansing of the territory. Although this particular approach

145
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

of resilience-building was alien to national and international institu-


tions, it has proved to reduce the community risk and vulnerability as
larger avalanches have caused fewer victims since then.

In order to fully understand resilience, its mechanisms of sub-


jectification, and encounters in different sociocultural contexts, it is
important to deconstruct some of its key assumptions, such as the
concept of time, territory, adaptation, and crisis, as they mediate the
ways everyday practices are ordered, constructed and legitimized.
Peoples’ resilient practices do not depend on their capacity to cope
or adapt, but also visualize potential threats, risks, and vulnerabil-
ities. This visualization of potential futures is highly influenced by
cultural values, social aspirations, perceptions of the economy, and
the capacity to predict future scenarios.

Resilience practices are embedded in routines and exercised,


taught and learned within sociocultural systems and everyday life.
These practices are defined and framed according to the cultural
values and social priorities of each community. It is for this reason
that I define resilience as a set of capacities and knowledge socially
constructed and culturally transmitted by households to sustain their
well-being by maintaining the core social and cultural structures of
the community and ecosystem. This constructivist approach to re-
silience aims to recognize the social, cultural and historic character
of resilience among rural communities. Resilience is a capacity that
communities have developed over time according to the ecological
and economic conditions that surround them and it is framed by the
social and cultural dynamics that arise in a particular place.

I use the concept of “well-being” because it links human agency


with specific social and cultural values and perceptions about what
is desired. Notions of well-being are socially constructed as they are
determined by cultural values and social priorities, which changed
over time. Consequently, resilient practices to climate change or eco-

146
Efraim del Campo Parra Munoz

nomic crises are oriented to protect those elements that communities


consider worth to maintain or protect for their well-being. In other
words, resilient practices will be designed in line with specific pri-
orities defined by the social and cultural values and representations
of well-being in each community. These priorities might change as
social and cultural structures evolve or as the magnitude of global
changes increases over time.

The information and data used in this chapter was collected


after two years of ethnographic fieldwork in three municipalities
of the central region of Cauca, Colombia (See Figure 1). During
this time, I engaged in communities’ everyday practices (e.g., col-
lecting coffee, harvesting, etc.) and worked closely with Cooscafé1
, a local multiethnic cooperative with an important record of resis-
tance and adaptation in the Cauca region. The idea was to disclose
the cultural, social and political processes through which communi-
ties, far from being passive receivers of transnational conditions, ac-
tively shape processes of constructing identities, social relations and
economic practices (Escobar, 2001, p. 155).

Figure 1. Department of Cauca, Colombia


Source: Arbeláez, Guevara, Posada, Gónzalez, & Gallardo (2007), p. 178

1 I changed the name of the cooperative for confidentiality reasons.

147
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

This chapter is organized as follows: first, I will present a brief


overview of current conceptualizations of resilience as an analytical
framework to understand and explain specific behaviors and practic-
es among individuals and communities to reduce vulnerability and
control change. The purpose of this section is to understand how
the concept of resilience, brought from other disciplines, has been
adapted and reinterpreted to explain social, political and economic
practices and dynamics. Second, I will critically analyze resilience
conceptualizations using Foucault’s concepts of biopower and gov-
ernmentality, which will allow us to understand the mechanics, logic,
impacts and interests of current resilient narratives promoted by in-
ternational and national institutions. Third, I will discuss how alter-
native notions of time influence resilient building pathways among
the Misak and Nasa communities in the Cauca region. Deconstruct-
ing the concept of time in resilience thinking is crucial because it
will allow us to comprehend how communities set their resilient
strategies based on socially constructed futures. Finally, I will analyze
the tensions and conflicts that arise from the encounters of different
possible futures and how collective memory is a key component in
the resilient strategies of indigenous communities to adapt and un-
derstand any sort of crisis.

Overall, this chapter aims to propose an alternative approach on


how different resilient notions and practices are constructed, trans-
formed, challenged and resisted based on the particular case of in-
digenous communities in Cauca. Including social and cultural dy-
namics in the resilience-building analysis could bring new insights to
current theories of resilience.

2. Resilience conceptualizations

Resilience is a multidimensional and multidisciplinary concept.


According to its strict Latin root, resilire, resilience refers to the ability

148
Efraim del Campo Parra Munoz

of a system to recover following a disturbance or disruption of some


kind (Simmie & Martin, 2010).

Table 1.
The approaches and definitions of resilience

Definition/Type Interpretation M ain fields of use Authors


Found in Natural sciences, especially
Resilience as Systems returns, Holling (1973),
ecology; akin to "self-restoring
"bounce back" "rebounds". It is Friedman
equilibrium dynamics" in
(returning pre- emphasized speed and (1993),
mainstream economics
shock stage) cost of recovery Martin (2012)
(macroeconomic level)
Capacity of a
system/people to
maintain core Found in economic institutional Adger (2000),
Socio-ecological
performances by theory (tragedy of the commons); Folke (2006),
approach
adapting its structure, akin to multiple equilibriums and Walker and
(bounce forward)
functions and paths. Cooper (2011)
organization to
potential threats.
Reid (2012,
Analysis on the Human geography and anthropology;
2014),
akin to include neglected forces and
biopolitical Wilson (2017),
Critical Approach mechanisms of dynamics (power disparities,
Schmidt
subjectification genders, racism, post-colonialism,
(2014),
etc.)
Mavelli (2016)

The first contemporary definition of resilience has its origins in


ecology. In his seminal work, Holling (1973) defines resilience as the
ability of systems to absorb changes and persist (Holling, 1973, p.
17). During his experimental studies of predation, Holling linked the
concept of resilience with the idea of multi-stable states to demon-
strate how those attributes related to adaptation and variability allow
ecosystems to maintain their existence (Folke, 2006, p. 254).

Initially, resilience in social sciences started to be associated with


adaptation. Influenced by behavioral psychology, this approach stud-
ies people’s adaptive capacity to recover their well-being during stress
periods, making emphasis on the conditions, not the outcomes, that
allow subjects to face shocks (Robinson & Carson, 2016; Rose, 2017).

149
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

This idea of adaptive capacities is often used across disciplines,


commonly from a systemic approach. While adaptive capacity in
an ecological context refers to the ability of a system to cope and
adapt to uncertainties (Walker & Cooper, 2011); in social sciences,
adaptive capacity refers to the ability of people to reorganize their
structures (e.g., institutions, social organization, etc.). Here it is im-
portant to note that such adaptive capacities are not considered an
inner feature of individuals, but rather a capacity that is learned in
response to potential shocks (Lang, 2012). This particular interpreta-
tion of resilience as a learning process led some authors to refer to it
as “evolutionary resilience” as it focuses on how the reorganization
of systems is driven by interactions between components over time
(Martin, 2012, p. 10).

Although the insights of this research on resilience were import-


ant for social sciences, they often ignored the relationship between
ecological and social systems. Focusing on resilience in just one do-
main, that is either socio-economic or ecological, limit researchers’
understanding of the complexities of how human activity and eco-
logical systems interact (Setterfield, 2010; Martin, 2012).

Consequently, the socio-ecological approach emerged aiming to


expand the scope of the concept. This approach focuses on the abil-
ity of systems to absorb shocks without changing dramatically the
system’s structure and its functions (Folke et al., 2002). It is consid-
ered that social and ecological systems are integrated, as commu-
nities and institutions are directly dependent on natural resources
available. They address the interplay between social relations and
ecological systems by relating management practices based on eco-
logical understanding to the social mechanisms behind these prac-
tices, in a variety of geographical settings, cultures and ecosystems
(Folke, 2006, p. 262). Various studies conducted across various coun-
ties/contexts such as Colombia (Cardenas et al., 2015), Ethiopia
(Bernier & Meinzen-Dick, 2014), among others, have demonstrat-

150
Efraim del Campo Parra Munoz

ed how positive relations with formal institutions and cohesive local


communities facilitated the management of natural resources and
the implementation of resilient strategies.

The notion of social capital is at the heart of the socio-ecolog-


ical approach. In agriculture, forestry, and institutional studies, re-
silience frequently exists under multiple institutional configurations
and property rights (Adger, 2003, p. 389). The utility of using social
capital is that it allows understanding social networks, rules/norms,
and flows of information between individuals and institutions to fos-
ter communities’ resilient capacity. For instance, Brondizio, Ostrom
and Young (2009) show how indigenous communities developed a
set of resilient strategies to mitigate illegal hunting, fishing, and de-
forestation in the Xingu Park, Brazil, through the connections with
governmental and international organizations that provided them
with technical and financial support (Brondizio et al., 2009, p. 257).

Although institutions and social capital are good vehicles to un-


derstand resilience, they tend to overlook the role of power and hu-
man agency. Tracking information flows, analyzing the network’s
structure or willingness of communities to create organizations
might fail to reflect power asymmetries or social hierarchies within
village (Mosse, 2013, p. 232). In this sense, in his study of water tank
management in Tamil plains, Southern India, Mosse (2006) found
that the way in which water tank systems were managed depended
more on structures of caste, rather than on the formation or pres-
ence of social capital.

Based on the theories of resilience described above, it is possible


to argue that the socio-ecological approach assumes that peoples’
everyday life functions in a similar way to an ecological system, in
which the agents are not capable to change the conditions that create
risks. Crises are commonly perceived as obscure events that cannot
be avoided and will not be possible to stop totally and definitely, not

151
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

even by the state (Foucault, 2008, p. 15). For instance, the idea of cli-
mate change is commonly seen as an abstract event in which the only
options for individuals are to adapt and prepare themselves rather
than changing the causes that are producing it (Diprose, 2014, p. 46).

This is problematic because it assumes that agents have a passive


role within the system, as they cannot challenge the conditions in which
crises emerge and develop alternative resilience practices. In this sense,
this research has the intention not only to analyze how individuals in
the Cauca have adapted to the climate and economic globalization
over time but also to identify and understand the strategies and tech-
niques used to guide and construct resilience notions and subjectivities
according to particular contextual environments and expectations.

Although it is possible to identify a variety of definitions of re-


silience depending on the risks (e.g., climate change [Nelson et al.,
2016], economic resilience [Hallegatte, 2014], ecological resilience
[Holling, 1973], psychological resilience [Robinson & Carson, 2016;
Rose, 2017], etc.), almost all definitions of resilience refer to a ca-
pacity to recover and adapt to conditions of uncertainty (Bourbeau,
2018). In this research, resilience will be defined as the capacity of
households to sustain their well-being by maintaining core social and
cultural structures and functions of the community and ecosystems.

In contrast to other conceptualizations, this definition recognizes


the extent to which notions and practices of resilience are dynamic
and changing with climatic and economic changes, but also as so-
cial and cultural systems evolve. Although some definitions of resil-
ience include the interaction between social and ecological systems
(see Adger, 2000; Folke, Colding, & Berkes, 2002; Martin & Sunley,
2015), there is little recognition of sociocultural factors and processes
that shape resilience pathways, such as representations of nature,
notions of well-being, the position of humans concerning nature or
notions about the causes of global changes. Consequently, I propose

152
Efraim del Campo Parra Munoz

a constructivist approach to resilience that not only incorporates the


interrelations between social and ecological systems over time but
also recognizes how social and cultural processes influence the way
communities define particular pathways to resilience. This approach
aims to provide a holistic understanding of the dynamics, struggles
and processes through which rural communities construct ideas and
practices of resilience over time.

3. Limits of resilience conceptualizations

Resilience has by no means been an unproblematic concept in


social sciences. The variety of methodologies and approaches to
study resilience have made it a contested concept. So, for instance,
studies on the vulnerability, risk, adaptation, and resilience in rural
communities have typically either been top-down or case-by-case
studies ignoring the importance to find continuities across resilient
communities (Cowell, 2013; R. Evans & Karecha, 2014; Hassink,
2010; Lang, 2012). Thus, findings in resilience research were typical-
ly either micro-studies or overgeneralizations limiting the findings of
the study to just one level analysis.

Resilience is not just a passive and peaceful “bouncing back”. Hu-


man geographers acknowledge social, political, economic and cul-
tural lock-ins as forces/structures which determine a community’s
resilient pathways (Wilson, 2014, p. 10). In this regard, it is argued
that resilience is not a standard concept/process for every region or
community, but is constructed according to their inherent socio-cul-
tural context. Questions regarding resilience of what, to what, and to
whom, are often agreed by a community based on perceived individ-
ual/collective vulnerabilities and position in the system.

Here is important to mention the importance of human agency


and power relation. Resilience is commonly approached from a post-

153
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

shock position in which changes in resilience paths are associated


with ruptures in the system. Ignoring the role of human agency and
power relations might limit our comprehension of changes in resil-
ience paths, even in pre-shock stages. The capacity of communities
to learn and maintain collective memory implies that human systems
are capable not only to react, but also to anticipate, and therefore
to make positive or negative decisions to attenuate risks (Davidson,
2010, p. 1144). To illustrate, drastic changes in systems of gover-
nance (Shaw, 2012) or new economic conditions (Baird et al., 2017),
could positively or negatively readjust resilience paths.

Highlighting these issues of specialty and power, trigged questions


about the neutrality of the concept. Commonly resilient studies, in
both social and natural sciences, assume that resilience is a “positive”
capacity that communities should develop to survive. This is best il-
lustrated when too resilient communities maintain negative features
that affect long-term outcomes, such as psychological conservatism,
income disparities, unequal access to resources, or undemocratic
governance systems (Cutter, 2016; Walker & Cooper, 2011; Wilson,
2014, 2017). This positivist approach to resilience, made human ge-
ographers question the notion of neutrality of resilience, and instead
raise questions about the role resilience plays in reinforcing and pro-
moting neoliberal pathways of development.

Resilience stands far from being value-free and an apolitical con-


cept. Based on Foucault’s works on liberal forms of governmentality,
it is possible to argue that structures of oppression, uneven power re-
lations, and governmental systems passively determine which path-
ways to follow and which set of capacities, values, and behaviors
should be conserved and changed (Foucault, 2007). In a world in
which the level of uncertainties and complexity increases rapidly, the
idea of resilience has proven to be a useful biopolitical response as it
enhances communities and individuals to embrace insecurity as the
domain framework of reasoning (Pugh, 2014, p. 316).

154
Efraim del Campo Parra Munoz

Integrating analytical concepts like biopolitics and biopower into


the analysis of resilience has two main contributions. On the one
hand, it allows understanding the passive strategies implemented by
elites to reinforce their position in current power structures. As re-
silience cannot be imposed either by law or discipline, elites have
developed a set of mechanisms that regulate change and guarantee
the essential structure of capitalism (Lopez, 2014). For instance, spe-
cific social groups might introduce notions of vulnerability and resil-
ience into communities to maintain specific structures that perpetu-
ate their social and economic privileges such as access to economic
resources. On the other hand, Foucault’s notions of biopower and
biopolitics address the relationship between prosperity and security
of human populations. In contrast to liberalism, neoliberalism rests
its legitimacy on its capacity to correlate practices for the increase
of economic profitability and prosperity with elements of life (Reid,
2012, p. 6). These concepts allow addressing how some mechanisms
are used as a political tool to align/adapt natural and social processes
to specific requirements of the system.

Resilience has tended to reinforce a neoliberal notion of capital-


ism. Apart from promoting specific development pathways related to
neoliberalism, resilience also encourages attitudes and mindsets re-
lated to self-reliance. This conception of active agency in resilience is
considered as a social construction of the subject that works through
policies that establish a particular institutional framework that fits
within neoliberalism (Joseph, 2013, p. 47). In this sense, resilient
people do not look to states to secure and improve their well-being
because they have acquired the skills to secure and improve it for
themselves (Reid, 2012, p. 6). As such, resilient individuals or com-
munities are considered to be those that struggle to adapt themselves
to the neoliberal world, and not those who can conceive changing
the world, its structures, and the conditions of possibility (B. Evans
& Reid, 2013, p. 85).

155
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

It is worth mentioning the theoretical consequences of resilience


for developing countries. Despite few researchers addressing this is-
sue, it is possible to argue that notions of resilience are not easily ap-
plicable and accepted in developing countries’ communities. Among
other reasons, in order to ensure resilience, it is necessary to develop
neoliberal systems of governance and ideas (e.g., ecosystem services),
which would be highly problematic to implement in communities
not willing to change some of theirs inherit features (Reid, 2012,
p. 8). In the next section, I will deconstruct the concept of time as-
sumed in western and non-western definitions of resilience.

4. The urgency to be resilient: shaping new subjects

4.1. Lineal thinking: time discipline as a neoliberal technique

Perceptions of time differ across cultures (Bloch, 1977; Heemskerk,


2003; Ingold, 2011; Riner, 1991). In his theory of the origin of cog-
nitive systems, Durkheim claimed that the variety of notions of time,
space, nature, and so on were shaped in different systems of thought
(Durkheim, 1912). In this sense, time belongs to a system of common
understandings that shape the ways we understand and relate to na-
ture and other members of society (Evans-Pritchard, 1939; Persoon
& Est, 2000; Riner, 1991)The construction of futures are highly con-
tested processes as they are a major source of power defining what
is possible, probable, and desirable for a society. In this sense, it is
possible to argue that notions of time are a form of governmental-
ity as they determine which pathways to follow and which set of
capacities, values, and behaviors should be conserved and changed
(Foucault, 2007, 2008).

According to Foucault (2008), neoliberalism advocates for active


economic subjects capable of acquiring the necessary knowledge,
techniques and skills to guarantee its independence, freedom and

156
Efraim del Campo Parra Munoz

security. Neoliberalism considers the subject as an entrepreneur of


itself, possessing at its disposal the necessary conditions and human
capital to its satisfaction (Foucault, 2008). In this sense, neoliberalism
shifts the focus of intervention from satisfying the individual needs,
common in Keynesian and liberal interventions, to the assurance
of the proper conditions in which individuals can satisfy their own
needs through market-based mechanisms.

Although measuring and valuing time has been a milestone in


neoliberal capitalism, new norms were created and expanded with
neoliberalism, i.e., the principle of efficiency. This principle is cen-
tral in the neoliberal sense of time as it determines how time can be
spent, saved, or wasted. The neoliberal sense of time does not intend
to change labor regimes per se, but to develop and promote new
attitudes, aspirations and values in which efficiency is embedded in
peoples’ work ethics and guiding principles.

With the introduction of competition regimes and the emergence


of new risks, the futures of peoples and companies become increas-
ingly uncertain, forcing them to internalize resilient capacities to se-
cure self-sufficiency. In this sense, resilience appears as a mechanism
that allows individuals to survive uncertainties only if they act in
ways that support neoliberal normative and economic commitments
(Fleming, 2016, p. 787).

Understanding notions and characteristics of time is essential to


fully understand the extent to which neoliberalism has created new
norms, values, attitudes and aspirations through resilience. Con-
trolling the notion of time is a source of power as it allows legitimiz-
ing biopolitical interventions in new areas of life. It is important to
be clear that neoliberal capitalism does not seek to impose new no-
tions of time, but rather to reorganize the meanings, values and rules
that frame peoples’ attitudes and notions towards time. Re-framing
time notions allows neoliberalism to govern over a range of pos-

157
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

sible futures and desired modes of action. In this regard, the idea
of resilience emerges as a form of biopolitical intervention, which
intends to normalize or standardize different individual behaviors,
meanings, techniques and rationalities in multiple life-related fields
according to the neoliberal logic.

In neoliberal regimes, efficiency is the new guiding principle that reg-


ulates our everyday practices. Projects, policies and even our daily activ-
ities are commonly framed by the idea of efficiency in which the main
objective is to have the largest marginal benefit in the shortest period.
This particular relation with time disciplines our attitudes as it creates a
new order of preferences and actions. For instance, temporal orientation
in peoples’ behaviors, such as savings (e.g., pension schemes) and invest-
ing (e.g., insurance), is highly influenced by ideas of efficiency.

In western societies, the dominant notion of time has a linear


form (past-present-future). Time is a straight sequence, which has a
beginning that is “behind us”, a middle where we are “right now”,
and an end that is in “front of us”. Although the notion of modern
time in western societies was constructed about four centuries ago,
neoliberalism has developed a set of social attitudes and cultural ref-
erences of time in line with its logic.

The linear concept of time has four key characteristics serving


the reproduction of capitalism. First, time is unidirectional and has
an irreversible character. This notion is based on the perception that
life and processes evolve or grow towards particular objectives, stag-
es, or destinies. For instance, the way we perceive growth in our life
span, processes in nature (e.g., growing trees, Darwin’s theory of evo-
lution, etc.), and the continued scientific progress are major sources
of time as a unidirectional force.

Notions of unidirectional time determine new ways of ordering


events and attitudes in line with western logic. In contrast with pre-
vious periods where the past was a source of knowledge and accu-

158
Efraim del Campo Parra Munoz

mulation of experiences, neoliberalism has created a new mode to


perceive time in a way that societies and individuals are encouraged
to focus on the present as it defines the extent of possible futures.
With the rise of neoliberalism, the past lost its power, privilege and
ontological status as previous practices (overexploitation of natural
resources) and traditions (traditional agriculture) became the cause
or source of present and future crises. Also, past experiences and
knowledge are unable to provide information or solace in the face of
present failures and anticipated novel horrors that imperil the hopes
for the future (Lowenthal, 1992, p. 24). For instance, the World Bank
(2013) report on building resilience argues that: “While individuals
are able to deal with many risks, they are inherently ill-equipped to
manage large or systemic shocks, such as those that arise from cli-
mate change, since the past can no longer be considered a reliable
predictor of the future.” (Urbano et al., 2013, p. 16)

Current literature on resilience by development organizations em-


phasizes the key role of present actions in the future, encouraging fu-
ture-oriented practices to specific or desired futures. Neoliberal narra-
tives constantly project the importance of present actions to guarantee
a prosperous future, as if they were detached from the past. Neoliberal
institutions have created the image that the present era is a breaking
point in which humans have the power and capacities to control those
circumstances that have threatened existence and are governing their
lives. This new attitude towards the future and the past is exemplified
in the Brundtland Report (1987) as follows: “The time has come to
break out of past patterns. Attempts to maintain social and ecological
stability through old approaches to development and environmental
protection will increase instability.” (World Commission on Environ-
ment and Development, 1987, p. 256).

Shifting focus and interest to the future intends to legitimize


and justify interventions in areas considered strategic by neoliberal
institutions. Under this context, the emergence of resilience as a

159
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

desirable capacity responds to the need to develop new attitudes


and relations with time among individuals, that is, the present is a
moment of decision detached from the past. In this regard, resil-
ience reassesses future-oriented practices among individuals and
fits them into neoliberal schemes of capital reproduction, compet-
itiveness, and labor exploitation.

The second characteristic of the linear model is the sense that time
is quantifiable and therefore it is possible to calculate its value. This is
a key principle of linear time in western societies as it regulates, stan-
dardizes and enables everyday practices and commodification of labor
in the market (Marx, 2013). With the rise of neoliberalism, new values
and work ethics have been created in order to maximize production
and exploitation, changing wage labor regimes and the value of time.

Tied up with the second characteristic is the sense that time is


predictable. With the expansion of scientific and technical knowl-
edge, the neoliberalism notion of the future embodies the idea that
the future can be engineered and directed. This new rationality of
time not only allowed governments, institutions and people to evalu-
ate and forecast potential risks and vulnerabilities but also enhanced
the emergence of new management techniques and normative codes
consistent with neoliberal logics of self-reliance.

In this context, resilience became a desirable capacity that evokes


neoliberal interests and logics of self-reliance and self-entrepreneur-
ship, particularly under predictable futures. Commonly notions of
resilience promoted by development organizations draw attention to
the key role that plays human capital and the capacity of individuals
to work with the conditions and information available in the system.
Although the availability of models of climate change, exchange rates
forecast, investment risk assessment, among other tools, is widespread,
individuals rely on their own capacity and will to invest in themselves
to secure future income.

160
Efraim del Campo Parra Munoz

Normalizing new values and meanings of time have shaped new


ways in which people and institutions set their resilient strategies.
Thinking of time in terms of efficiency, predictability and the quan-
tifiable have clear policy implications in resilience-building projects
as they reorder preferences, goals and management techniques in
resilience-building policies and projects.

In order to understand resilience as a technology of biopower, it


is important to analyze the mechanisms, techniques of governmen-
tality, and the implications in policy programs or development proj-
ects. In the next section, I will discuss how the construction of futures
is an essential element of power for neoliberal resilience, and how
the implementation of projects in the Cauca reflects the neoliberal
notions and attitudes towards time described above.

4.2. Neoliberal resilience: preparing the present for a predicted future

Predicting future risks, vulnerabilities and exposure to natural di-


sasters or economic crises is a serious matter. Construction of futures
is a highly contested process as it requires at least two elements: first,
to develop a discourse and imaginaries capable of reflecting desires
as well as political and economic interests, hopes, fantasies and so-
cial norms of a majority (Beckert, 2019, p. 2). Images of the future
became relevant as they represent, include and adjust the interests
of different social actors to a “common future” within the dominant
order and market mechanisms (Leff, 2004, p. 63).

Since there are no future facts, discourses referring to the future are ul-
timate “promises” or “contracts” that engage different actors to protect,
respect and be accountable to recreate these imaginaries —again the
echoing of civilization or “salvation” missions. In Caldono, Cauca, FAO2
agents often convince coffee farmers to participate in their productive
projects using references of a prosperous and dignified life:

2 I intend to change the name of the organization to guarantee the confidentia-


lity of fieldwork subjects. I just wanted you to know what organization I was referring to.

161
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

The idea is to be more productive. Only in this way, your children


will go to university. Who among you does not want to send their children
to university? No one! We all want to, and that is why it is necessary to
produce good quality coffee. Quality is the answer and we are here to
help you! (Meeting between FAO and Cerro Alto community., personal commu-
nication, October 31, 2018)

As it is possible to see from the example above, agents of develop-


ment organizations commonly assume, set and commit to fulfilling the
future desires and goals of coffee farmers only if they commit to the
project. Although the development organization agent cannot guar-
antee the impact and achievement of all the objectives of the project,
the idea is to align farmers’ actions to a possible future in which market
mechanism enhances individual and collective prosperity.

Second, futures need to be built by a set of institutions with prom-


issory legitimacy and political authority. Promises about a prosper-
ous future need to seem credible and feasible, hence future-building
institutions have to build a reputation and credibility based on their
capacity to produce/manage knowledge and the achieved outcomes.
Building “promissory legitimacy” for development organizations is
a central factor as it allows them to claim the political authority to
make possible futures credible (Beckert, 2019, p. 5).

In general, the main objective of these organizations is to main-


tain peoples’ hopes for a prosperous future in which its realization
depends on the decisions and actions being taken now by farmers.
The reputation of these organizations makes people’s wellness the
desired path over time. For example, concerning the intention of an
international development organization to implement a project in
the Cauca, the CEO of a local organization argued:

The reputation of this organization precedes them. We know who


they are and what they are capable of. They bring money and have ski-
lled-people who graduated from foreign universities to implement their
projects in our communities (…). (Interview with El Ingeniero at a local coope-
rative meeting, personal communication, March 9, 2019)

162
Efraim del Campo Parra Munoz

International development organizations possess highly skilled


technocrats (human capital), particularly in areas of economics and
natural sciences, and they gained their authority from their plan-
ning techniques and capacity to produce “objective” knowledge.
Although biopolitical interventions using planning techniques and
scientific knowledge have been common since the first half of the
nineteenth century in areas of city planning (Escobar, 2010), sexual-
ity (Foucault, 1990), hygiene (Foucault, 1992), among others, what
makes planning and the use of scientific knowledge different in neo-
liberalism is the extent in which they have shaped the way people
experience life and construct themselves as subjects. For instance, the
fact that resilience discourses on climate change normalized the oc-
currence of natural disasters created new market-oriented attitudes
of preparedness (e.g., insurance) and perception of vulnerability.

Projects and discourses around resilience are usually not only about
building futures, but also about defining problems and organizing paths
to follow over time. In this sense, planning techniques are a fundamen-
tal biopolitical technique that aligns and supervise actions, desires and
expectations in different time perspectives. These time perspectives are
predominantly evident in projects by development organizations, where
projects are organized in stages between two to ten years, repeated over
time while they reflect changes in discourses (Natcher et al., 2007).

Rural development programs in the Cauca can be cited as ex-


amples of this type of biopolitics. Projects by development organi-
zations in this region reflect in their planning techniques the three
guiding principles of the western time model (See Figure 2). First,
projects develop a diagnosis in which they problematize the causes of
current/future crises in previous practices and traditions and define
specific interventions or policies to be taken. Second, projects assign
and set objectives to be achieved in the short, medium and long term
to guarantee the feasibility of the project. Third, execution of the
program through a set of interventions or activities oriented to pro-

163
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

duce specific outputs. Fourth, a group of indicators are organized in


different periods to monitor the progress of the project, alert unex-
pected deviations over time, and predict possible outcomes. Finally,
there is the analysis and evaluation of the impact of the project on
the target group according to project objectives.

Figure 2. The linear notion of Biopower interventions.


Source: Based on my analysis of projects implemented in Morales and Caldono

Conceptualizations of linear time emphasize the gradual and


continual character of resilience. Here, it is assumed that social
change is a phenomenon that can be controlled, based on a specific
objective set by the project. In this sense, resilience is seen as the re-
sult of the progressive accumulation and acquisition of knowledge
and skills that allow individuals to identify driving forces of change
and adapt to them. In the particular case of Piendamo, Cauca, in-
ternational agency’s agents constantly claimed the need of coffee
farmers to identify and understand market-driven forces in the coffee
business to securitize future income and welfare, as one of the agents
argued in one of the meetings with the community: “You need to
unlearn what you know, and learn new things. This is not an easy
process, but over time you will get it and use it.” (Interview meeting
between agents of international aid agency and members of a local cooperative,
personal communication, August 23, 2019).

164
Efraim del Campo Parra Munoz

Figure 3. Timeline of resilience-building capacity


Source: Based on my analysis of projects implemented in Morales and Caldono

Current discourses of resilience construct climate change and econom-


ic uncertainties as sociopolitical problems, which in turn require detailed
scientific knowledge about the natural systems and extensive biopolitical
intervention in peoples’ everyday life. As it was mentioned above, the no-
tion of time in western societies has shaped the way people and institu-
tions construct, promote and live life. New attitudes and expectations have
been constructed by organizations in a context of increasing uncertainty
and change. As a result, resilience emerged as a biopolitical mechanism
in which individuals internalize or self-impose a set of proactive attitudes
that directs them to construct their own future according to market-orient-
ed mechanisms and neoliberal values of self-reliance and independence.

4.3. Cyclical model of time: The case of the Misak and Nasa communities

During the first months of my fieldwork, I noticed that everyday


practices were mediated by a different sense of time as if time was
not linear. On the one hand, the lack of punctuality called my atten-
tion, particularly in meetings among members of grassroots organiza-
tions. Although tardiness is part of the Colombian social conventions3
, people in the Cauca are at least one hour late. Locals always make jokes
about the “Cauca time” and how it was funny to see “gringos4” desper-
ate for the lack of punctuality in the community and how it affected

3 In Colombia, it is common to believe and say, “When one is important, ever-


yone has to wait.” (si uno es importante se hace esperar).
4 Nickname to refer to foreigners.

165
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

their schedule and agendas. Soon I realized that peoples’ schedules are
not ordered by clock time, but rather practice time, that is, a set of tasks
ordered logically according to needs and priorities of everyday life.

On the other hand, the tense used by locals when speaking in


Spanish was different from the one I am used to. Initially, I had the
impression that long-term future tense was not part of their conjuga-
tion patterns, while the past was almost alive. Speaking with both the
Misak and the Nasa, it is easy to see that their language and attitudes
towards time are completely different from those of Westerners and
other Colombians. While conversations about the household’s future
were brief and framed in short-term future goals (two years maxi-
mum); conversations about the past were long, vivid, and time-refer-
enced back to the origin of our world.

While non-western notions have been subject to mechanisms of


normalization, discipline and control in the form of state interven-
tion or development projects by international agencies, since the
seventies, rural grassroots organizations in the Cauca have created
spaces of encounter in which worldviews can dialogue and negotiate
their development paths and resilience strategies to natural disasters
and economic crises.

Worldview 2 Worldview 1

Contested areas of
interpretation
Time-Space

Figure 4. Contested areas of interpretation


Source: Based on fieldwork analysis

Much has been said and analyzed about non-western notions of


time, particularly in anthropology (Gell, 1992; Toulmin & Good-

166
Efraim del Campo Parra Munoz

field, 1982; Wallman, 1992). Studies from communities in the Pacific


(Crabbe, 2006; Janca & Bullen, 2003) and North America (Briggs,
1992; Miller & Davidson-Hunt, 2013; Natcher et al., 2007), have
demonstrated how non-linear models of time shape different so-
cial, economic, and cultural structures and practices. In the case of
the Andes region, indigenous communities from Chile to Colombia
share notions and attitudes about time, space and nature.

The Nasa and the Misak communities conceive time as a nev-


er-ending spiral. This notion consists of a series of interconnected
and patterned cycles, appearing and disappearing into constantly
shifting and changing flux (Natcher et al., 2007, p. 121). The meta-
phor of the snail is commonly used by elders to describe time flow as
it has two spirals, one that unrolls from the center and a second one
that rolls back to the center. At the Guambia indigenous reservoir,
it is possible to find pictograms on the rocks reminiscent of the an-
cient Misak people who settled there thousands of years ago. In this
metaphor, the top of the shell represents the origin of all things that
existed, exist and will exist,5 but when the spiral reaches its limit, it
rolls back to the center. In the case of the Misak people, this origin
is El Pishimisak or the Great Creator, while for the Nasa it is Uma
Wala and Tay Wala, the cosmic mother and father of all spirits.

unrolls
Rolls back

Figure 5: Spiral notion of Time


Source: Based on my fieldwork conversations

5 In Wam language, it is “manabaskakrekurri manasrenkaik” or “desde siempre


y para siempre” in Spanish.

167
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

In general terms, time is represented by two interconnected spi-


rals, one that unrolls (left) indicating how life develops from God’s
will, and a second spiral rolling back to the origin (right) representing
the return of all things to the creator in a different form and dimen-
sion. For instance, the Misak do not conceive death as the end of life,
but rather as the beginning of a new cycle in which the ancestors
pass to another dimension, cansre, coexisting with other nature spir-
its. On November 1st, the Misak celebrate the “Ritual de las Ofrendas”
(Offering Ritual), the beginning of a new cycle. This ritual involves
friends and families gathering to welcome their ancestors.

Figure 6: Spiral notion of Time


Source: Dagua, Vasco, & Aranda, 1998, p. 58

Referencing the center is very important among these communi-


ties. Time flows around the center, as it is the origin and the end of
all laws that order reality. It is the point of reference that allows these
communities to identify, interpret and recognize the different cycles
over time. Past, present and future are considered fluid temporal cate-
gories as they have constant and inseparable linkages that allow us to
establish a cosmic relation with reality. Time is not something that you
manage, save or waste, but a dimension where all beings interact and
construct meaning, territory and life according to the “La Ley Natural”
(Natural Law), “Ley de Origen” or “Derecho Mayor” (Origin Law). As a
result, both the Misak and Nasa have a completely different sense of
time in which the past is in front of them, evident in the legacy of their

168
Efraim del Campo Parra Munoz

ancestors and materialized in the territory; while the future is behind,


in an obscure place where the only certain fact is that everything goes
back to the initial point or origin of all things, that is God.

Merrap Present Wentø


(Past) (Future)

Over and done Predictable

Wentø Present Merrap


(Future) (Past)
Perceived and
Unknown materialized in
Uncertain the territory

Figure 7. Contrast linear time vs. cyclical time in the Cauca


Source: Own drawing based on fieldwork notes

It is important to mention that for both the Misak and Nasa, the
past is the most relevant temporal category as it contains all laws that
govern and regulate all realities (spiritual and material), and it is the
source of knowledge and experience to face present and future chal-
lenges. Teaching, learning and interpreting the past are fundamental
processes in the construction of their identity because it recognizes
the work of their ancestors to guarantee their current existence as a
community. Consequently, the things they see in front of them are
the result of thousands of years of hard work, suffering and teaching
from their ancestors.

Look, the past is in front of us because what you see is what our
ancestors built before you came here. This house and this territory were
shaped by my ancestors’ hard work. This is why we always try to teach our

169
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

children about the past, because they need to know how much effort their
ancestors put in to create the current conditions of our existence. (Interview
with Taita Pishi at Casa Payan, personal communication, October 12, 2018)

For the Misak and the Nasa, nature represents the point of refer-
ence of time cycles as it is governed by Derecho Mayor, the law of
the creator. According to Dagua et al. (1998), the Misak community
has three main cycles: first, long-term cycles are characterized by a
variety of natural disasters (e.g., overflowing rivers, avalanches and
landslides) and they mark the beginning of new spiritual cycles and
leaderships (Dagua et al., 1998, p. 60). According to local Elders,
there are cycles of eight, forty, sixty years, and hundred-year cycles
in which overflowing rivers and avalanches caused by the movement
of serpi6 bring new Tatakøllimisak (leaders) who carry wisdom and
culture. The interpretation and prediction of these long-term cycles
are exclusive to sabios tradicionales or sabeedores (spiritual leaders)
as they have the capacity to connect through dreams and understand
messages and symbols from the spirits.

Figure 8. Misak drawing of Serpi bringing a new leader into the community
Source: Juan Bautista Ussa, N/A.

6 Serpi is the water spirit. It has the form of a snake and it usually moves along
rivers. Serpi has a dual character in the Misak culture as it could bring life or steal fish,
kids, etc.

170
Efraim del Campo Parra Munoz

The second cycle is annual and is determined by two seasonal


weather changes, i.e., dry and wet seasons. The annual cycle is divid-
ed into two intense seasons: srepøl, a season of heavy rain, nukuarø,
the great summer, and two transitional seasons: lamøkuaro, a short
summer, not very dry and with little rain, and lamøsre, a short raining
season (See figure 8).

December January
November February

Winter (II) Summer (I)


October Srepøl Lamøkuaro March

September
Winter (I) April
Lamøsre
Summer (II)
Nukuarø
August
May

July June

Figure 9. Misak annual calendar


Source: Adaptation from fieldwork notes, Dagua, Vasco, & Aranda, (1998); and
Schwarz (2018)

The Misak and the Nasa do not use months to determine the cycles
of each season. Instead, they use a set of bioindicators that allow them
to interpret a wide range of natural dynamics, from climate cycles to
natural disasters. These bioindicators are spiritual forces in the form
of climatic phenomena (e.g., rain, wind, fog, rainbow, etc.) and serve
as linkages (tøm in Wam) that link one cycle to another. The impor-
tance of these linkages resides in their capacity to articulate segments
or cycles over time, guaranteeing the continuation of life. In contrast
to western conceptions of time, the Misak and the Nasa believe that
tøms’s agency and character are affected by the balance of positive
and negative energies in the world; therefore, it is crucial to guarantee
harmony in the system following Derecho Mayor and through rituals.

171
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

The third cycle is how the path of the sun marks the order and suc-
cession of domestic and agricultural practices every day (Dagua et al.,
1998, p. 103). According to Elders, ancient houses, known as pinitsiya,
tsusaikya or litsiya, were constructed based on the path of the sun, which
reflected the different moments of the day. For instance, sunlight in the
window towards the east indicated the sunrise and wake-up time, where-
as a second window towards the west indicated the sunset and the cease
of activities. The sun’s rays reflected in the outer corridor marked the
activities to be performed. There are other bioindicators to reference the
order of daily activities. The kind of sound made by animals was com-
monly used to denote the start or end of activities. The shape of clouds,
the sunshine or even the wind were used as references to estimate time.

Figure 10. Traditional Nasa house in Chimborazo indigenous reservoir, Morales, Cauca

These notions of time for the Misak and Nasa differ drastically
from western linear notions. Conceiving time as a “double spiral” in
which the reference point of all temporal categories is the origin, not
only orders everyday practices, but also shapes the way these com-
munities construct identity, imaginaries of the world, relations with
nature, and attitudes towards the future. In the next section, I will
analyze how the cyclical notion of time has shaped different concep-
tualizations and practices of resilience between the Misak and Nasa.

172
Efraim del Campo Parra Munoz

4.4. Time and resilience: Pervivencia de la comunidad

If resilience is a metaphor used by western organizations and in-


dividuals to describe particular attitudes towards the future, how is
it possible to study it among the Nasa and Misak communities? To
what extent is resilience a universal and useful concept to describe
peoples’ attitudes in the Cauca context?

These challenges are not easy to address, particularly since re-


silience is an unknown concept, even among Colombian scholars.
Similar to cyclical notions of time, I started to pay attention to
the different uses of language, the concepts emphasized and how
people related to practices and knowledge in everyday life. Key
concepts in western literature such as resilience, mitigation, risk,
adaptation, crisis, and insurance do not exist in both Nasa Yuwe
and Wam languages and are rarely used in Spanish: “Crisis? We
don’t have that concept in our language (…) that is white’s people
language (laughs).” (Interview with Taita Pishi at La Maria, personal
communication, October 27, 2018)

By attending several meetings and speaking with Taitas (Elders)


about everyday practices, traditions and ancestral knowledge, I real-
ized that the “pervivencia” concept was extremely important in terms
of time. Frequently used in documents and conversations about the
future, this concept refers to the capacity to stay alive despite the
occurrence of problems and difficulties over time. The translation
of pervivencia is problematic since it does not exist in the English lan-
guage; in fact, it is commonly translated as “survival” which means
to continue to live or exist despite a dangerous event or time (Oxford
Dictionaries, 2019). The difference between “pervivir” and “survive”
lies in the fact that the former implies proactive subjects with the ca-
pacity to endure and change their conditions of existence over time,
while the latter denotes passive action or subjects capable of resisting
specific challenges.

173
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

According to Elders, the capacity of pervivir is determined by the


comprehension, respect and practice of the Derecho Mayor or Ley de
Origen (Origin Law). These laws not only explain the logic and order
of reality but also set a group of duties for the Misak and Nasa to
maintain the harmony and perpetuity of life. In this sense, the Mi-
sak and Nasa are obliged to live coherently with their traditions and
culture as it is the only way to comply with the instruction from the
spirits. Although each indigenous community has slightly different
conceptualizations of Derecho Mayor, in general, there are five main
guiding principles:

• Reciprocity: Also known as lata-lata among the Misak, refers to the


willingness to receive and share. This principle regulates and strengthens
social relations. Practices such as mingas7 are based on this principle.

• Community sense: This principle orders peoples’ preferences and


actions around the common welfare and limits self-interest. Indi-
viduals should seek the sociocultural unity of the territory through
participation in community activities and public affairs.

• Solidarity: This principle is explained by the popular say-


ing: “There is always room for everyone” and “We are al-
ways together” 8.

• Harmony and equilibrium: This principle highlights nature’s


rights to exist. Consequently, all human actions seeking enjoyment
and happiness must be framed in terms of spiritual and mental
balance with nature.

• Multiculturalism: Since humans are part of the biodiversity of na-


ture, all communities are called on to integrate and complement
each other. The Nasa and Misak cultures are unique, and their ex-

7 It is a type of collective work in which people work together in periods of


crises, harvest or specific community projects
8 The Spanish translation is: “Somos, estamos y trabajamos siempre unidos”.

174
Efraim del Campo Parra Munoz

istence concerning others determines to a large extent the balance


of energies and processes in nature.

• Autonomy: Refers to the right of indigenous communities to seek


self-sustaining, self-dependent and autonomous collective con-
struction of territorial, political and cultural unity.

According to these guiding principles, the ultimate objective of


the Misak and Nasa is to guarantee the pervivencia of their culture
and existence. Their duty is to protect and maintain the stability of
the territory through the active defense and the (re)valorization of
their culture, hence the conceptual difference between pervivencia and
survival in their language. As a result, indigenous communities in the
Cauca identified a series of challenges and developed a set of “ex-
istence strategies” aiming to conserve parts of their cultural legacy
and heritage over time. For instance, the foundation Misak Univer-
sity, cooperatives, and political parties, among other organizations
intend to establish social, cultural, political and economic conditions
to guarantee the existence and reproduction of the Misak and Nasa
culture over time. As one of the Misak elders told me once: “It is not
only about our existence, but about letting them know that we exist
and we are here to stay (referring to the western culture).”

Despite changes in social, political and economic conditions over


time, perception of “existence strategies” have kept their objective,
i.e., to protect their culture and nature. From tales of caciques (lead-
ers) and several conversations with Misak and Nasa members, it is
possible to argue that the construction of desirable futures and per-
ceptions of current/future challenges are always framed in terms of
their cultural endurance and existence as a community.

This approach of understating the reasons of existence and inter-


connectedness produces, as a result, a set of strategies of pervivencia
that are not focused on one vulnerability to be reduced individually,
but rather on a set of vulnerabilities interconnected to be reduced
as a community. In western notions, resilience is reduced to specific

175
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

issues or vulnerabilities, as if they were detached from the rest of


domains of life, particularly to one context, and under the control
of human beings alone. In contrast, Misak and Nasa communities
developed a set of strategies of pervivencia in which the belief, knowl-
edge and praxis systems together shape values, preferences, norms
and ranges of what is possible or not in regards to coexisting with
natural systems.

Kosmos

Corpus Na-
ture

Praxis

K: Set of beliefs, images and representations


C: Knowledge system.
P: Use and management

Figure 11. Strategies of pervivencia in the Misak and Nasa communities


Source: Toledo & Barrera-Bassols, 2008, p. 108

These “strategies of existence” reflect the socio-cultural complex-


ities in which the Misak and Nasa construct possible and desired fu-
tures. Understanding that the past establishes the current conditions
of the desired future creates specific attitudes of pervivencia framed by
cultural references. In this sense, attitudes of resilience between the
Misak and the Nasa should not be seen as something acquired in a
particular period, but rather they are something performed through
their cultural identity over time.
Similar to the notion of time, the pervivencia is conceived as a pro-
cess in the form of a spiral. According to Elders, the pervivencia has

176
Efraim del Campo Parra Munoz

the logic of the spiral because when individuals learn about their
culture, they deepen their understanding of the processes of na-
ture, and are therefore prepared to face future challenges. In general
terms, the pervivencia of individuals resides in the possibility to exist
according to traditions and customs.
Thus, the Misak and Nasa communities conceptualize notions
of resilience around their cultural identity. Their notions of cycli-
cal time shape attitudes towards desired futures and perceptions of
potential challenges, according to the Derecho Mayor. Although resil-
ience is not a concept in their language, it is possible to find similar
concepts such as pervivencia, which reflect the intentions of endurance
over time as a community according to a set of guiding principles
or Derecho Mayor. In the next section, I will analyze the tensions, dia-
logues and conflicts that emerge when different notions of resilience
clash in the context of the Cauca.

5. Decolonizing time in the Cauca: To remember is to resist

5.1. Encounters of possible futures

Historically the Cauca has been a region of resistance (Escobar,


2008). Intense disputes over land tenure (Arango, 2014; Hristov,
2005), practices of dispossession and economic exploitation (Kal-
manovitz, 1994), sociocultural segregation (Rappaport, 2005; Troy-
an, 2008), and illegal actors (Moreno, 2008), have restricted the ca-
pacity of the state to enforce laws. Culturally speaking, the limited
and narrow capacity of the state to implement policies with multi-
cultural approaches has generated resistance among indigenous and
campesinos (farmers) communities in the Cauca.

Despite these conditions, the Cauca has been focused of constant


attempts of intervention by development organizations. Common-
ly, these interventions are in the form of projects aiming to change

177
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

in the short-term practices, structures, dynamics or knowledge that


impede economic development in the long-term. Epistemological-
ly, these projects evoke neo-colonial imaginaries in which people in
rural areas are considered as an “object” to be normalized to meet
the “scientific standards” of a modern individual (Escobar, 2010;
Escobar & Ochoa, 2014).

Implementing development projects and having a real impact on


communities in a multicultural context is not an easy task. In Cauca,
it is common to see how materials provided by development orga-
nizations are not used and left to the mercy of animals, rain and
the sun. When agents of development organizations are asked about
these attitudes, the most popular answers are: “Indigenous people
are lazy” or “They do not want to improve their lives”. In contrast,
when local people are asked about these attitudes they tend to blame
the short-term and result-oriented approach of these projects: “(…)
these people (referring to a development organization) came a few
times, gave us the materials to build the community house, took
some pictures, and since then they never came back! They are like
that, but it is ok.” (Interview with La Mayora at Agua Negra, Caldono, per-
sonal communication, May 8, 2019)

Mainly, the Misak and the Nasa have two types of responses to
development projects. First, since the construction of possible futures
in western projects is detached from the past, local communities tend
not to engage completely as it ignores the previous efforts of the
community to create and defend the conditions of their existence.
To detach the past from the future not only undervalues the efforts
of their ancestors but also ignores the principles of pervivencia in the
Derecho Mayor. In other words, ignoring the past is to reject their right
to exist as Misak or Nasa. In consequence, locals do not participate
and tend to be suspicious about the intentions of these organizations,
as a local leader said:

178
Efraim del Campo Parra Munoz

The international organization tried to contact these communities


directly and nobody paid attention to them. (…) People do not work like
that here, they trust nobody. After the FAO agents understood that peo-
ple only trust local cooperatives, they came here and invited us to be part
of the project. Usually, these organizations try to jump over us, and it
should not be like that. (Interview with Mutap Mama, personal communica-
tion, March 8, 2019)

The second response of indigenous communities is not to follow


the recommendations or to unlearn the skills acquired in the proj-
ect after it finishes. From the Misak and Nasa perspective, resilience
projects are designed with a very short-term perspective (between
1 and 5 years). Therefore, they are unable to respond to long-term
needs in which pervivencia is conceptualized (cycles between 10 and
100 years). Although some locals commit and engage in projects,
they are aware of the superficial and temporal benefit these projects
bring as one of the leaders argued: “We engage in these projects
because they give us things we need, but after it is done we will be
having the same problems again.” (Interview Pal at Cerro Alto, personal
communication, January 24, 2019)

To prevent these kinds of responses, development organizations


were forced to implement projects in partnership with local orga-
nizations. These organizations explicitly construct economic, social
and political strategies defending their everyday life, in a particular
culture and territories (Escobar, 1998, p. 60). In this sense, Cooscafé
emerges as an organization that negotiates and actively defends the
interests of indigenous communities with development organiza-
tions, shaping projects according to the cultural context and interest
of each community.

179
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

Cooscafé
C1

C2 Development
Agency
C3

Figure 12. Partnerships between grassroots and development organizations

Negotiation between Cooscafé and development organizations is a


much-contested process. Apart from the power asymmetries between
organizations, a current complaint among Cooscafé agents is the “dis-
crepancies on time perspective” between projects. Since development
organizations organize their projects with short-time perspectives and
very specific objectives, Cooscafé negotiates with these organizations
the methodology to be implemented to fit the project into a wider
spectrum of objectives in the community. This syncretic approach by
Cooscafé seeks to respond to the short-term and long-term objectives
of each actor through the implementation of methodologies framed
on the five guiding principles of the Derecho Mayor.

This syncretic approach is evident in the way they re-name proj-


ects and change the activities with the communities proposed by
development organizations. For instance, to re-name projects from
“food security program” to “food sovereignty program” asserts their
right to grow as a community independent of western influences
(principle of autonomy), or to expand the scope of the activities to
be performed from target-oriented activities to pervivencia oriented
activities, such as illegal crops:

Look, the community of Caldono is a very vulnerable community


surrounded by illegal crops and criminal gangs. I already talked with the

180
Efraim del Campo Parra Munoz

people in Bogota (referring to the people in the development organiza-


tion), and they just need evidence that I did what they needed me to do.
That is all. So, I decided to make a little change to the project to help this
community to resist external influences on “easy money” (referring to
illegal coca crops). If I do not use that money to prevent and show young
people that coffee is a profitable activity, I will have a social crisis there,
and we do not want that! (Interview with Mutap Mama, personal communi-
cation, March 8, 2019)

Since the Derecho Mayor is embedded in Cooscafé as a guiding


principle, relations with the past have significant relevance for the
pervivencia of the cooperative and communities. In this sense, strat-
egies of prervivencia promoted by the cooperative are based in the
respect and understanding of previous alternative processes of orga-
nization in each community. Before Cooscafé was established, most
indigenous communities had already small productive cooperatives
to mediate between development organizations and the community.
Nevertheless, these small cooperatives lacked the financial and hu-
man capital to mediate and balance power asymmetries with devel-
opment organizations.

Although Cooscafé was founded with similar objectives to those


of the small cooperatives, Cooscafé has never disputed, assimilated
or contested previous forms of organizations. Based on the guiding
principles of solidarity, multiculturalism and reciprocity in the Dere-
cho Mayor, Cooscafé tries to understand, respect and cooperate with
each small cooperative, even in cases in which they are competing
for similar funding. Ignoring small cooperatives and organizations
is to ignore previous experiences and efforts that made possible the
establishment of Cooscafé. In terms of the snail metaphor, small co-
operatives were located at the beginning of the spiral in which these
cooperatives set particular strategies to achieve long-term objectives
of pervivencia according to their capacities and conditions in that cy-
cle. Currently, a new cycle, in which the same objectives are ap-
proached from a different way and conditions, began with Cooscafé.

181
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

It is clear for Cooscafé that future conditions of pervivencia are framed


and supported by past efforts, therefore their strategies of pervivencia
always consider local cooperatives and recognize their importance in
building desired futures.

This particular approach differs from development organizations,


as they tend to ignore local worldviews and conceptualizations of
time during the design and execution stages of the project. Under-
estimation of local cooperatives, including Cooscafé, generates re-
sistance and, in some cases, conflicts by local communities, as their
autonomy to construct a desired future according to their cultural
expectations is seen as challenged or threatened. In consequence,
some projects are perceived as redundant and the involvement of lo-
cals is partial and focused on receiving only the monetary or material
benefits of the project:

(…) This activity pretends to teach me about orchards, but they


forget that I have had an orchard my whole life, my orchard is my farm.
However, this project gives me materials that I need and sometimes you
learn new things, so that is why I am here. (Interview with La Mayora at Agua
Negra, Caldono, personal communication, May 8, 2019)

Overall, notions of time influence the manner projects are im-


plemented and structured. Differences in the way projects are struc-
tured are a central point of conflict and tension between communi-
ties, particularly in projects related to resilience and pervivencia. In the
next section, I will analyze the importance of collective memory for
the Misak and Nasa strategies of pervivencia, and how some interven-
tions by development organizations produce different responses and
challenges among these communities.
5.2. “Pervivencia” and resilience: negotiating future

Resilience and pervivencia are similar concepts that describe specif-


ic attitudes towards a desirable and possible future. Nevertheless, these
attitudes are influenced by the way people sense and perceive time. In

182
Efraim del Campo Parra Munoz

western societies, resilience is constructed as a skill and a capacity to


be learned in relation to particular threats and risks in a specific time.
Although some studies try to define resilience from a systemic approach
(Folke, 2006; Folke et al., 2002), usually the literature and projects on
resilience fail to account and recognize the coexistence of alternative
notions of resilience in territories.

In the particular case of the Cauca, indigenous communities de-


veloped a set of strategies to orient their practices and attitudes to de-
sired futures, known by locals as pervivencia. These strategies are centered
on two major themes to strengthen their cultural identity and create
mechanisms to negotiate areas and spaces of negotiation with exter-
nal actors and dynamics, such as the government or globalization. The
first strategy focused its attention on ancestral knowledge and the im-
portance to recover it after five hundred years of cultural intervention
and hegemonic policies. For indigenous communities in the Cauca, the
construction of possible and desired futures is determined by the in-
terpretation and understanding of the conditions that allowed them to
exist today. In this sense, past experiences and knowledge play a central
role in pervivencia strategies as they contain and embody elements, norms
and references that “serve as a guide for the realization of their ideal of
life, based on respect for nature and humans, seeking unity and equality
among the community.” (Tunubalá & Bautista, 2008, p. 24).

Since the mid-seventies, the Misak and Nasa communities devel-


oped a set of initiatives towards the recovery and diffusion of ances-
tral knowledge. The intention of these initiatives was to reinterpret and
re-create oral traditions, Elder’s memories, and customs with the pur-
pose of understanding the spirit that motivated the factors, conditions
and processes that restrict or threaten the existence of these communi-
ties (Obando, 2016, p. 17). Although the process of reconstructing the
past and recovering ancestral knowledge is not finished, the Misak and
Nasa focused their strategies on two main areas.

183
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

On the one hand, the Misak and Nasa created a traditional edu-
cation system. Attending school was not a frequent practice among
the Misak and Nasa as it was believed that school turned kids “lazy”
to work on farms. With the support of the Colombian government,
indigenous communities established an education system in which
Elders would educate children, talk about the worldview, desvivir lo
vivido (unlearn history) and solve problems by applying the ancestral
norms. The idea is to prolong culture encouraging new generations
to embrace concepts and visions that are part of their cultural iden-
tity and heritage. Here, the Misak and Nasa put particular attention
on the traditional language as it contains wisdom, experiences and
stories that are only available in oral traditions. Language is not only
for communicating ideas, but it is an element that opens up a cogni-
tive and symbolic world that allows communities to recover a sense
of self and belonging (Cohen, 2008), as one of the Misak Elders
said: “Our language is the spiral, it is all. If we lose our language, we
lose everything, we would start to think linearly.” (Interview with Taita
Pishi, personal communication, October 21, 2019)

On the other hand, the Misak and Nasa created historical societ-
ies intending to preserve and safeguard collective knowledge and the
rights over them. After many centuries of oppression, these societies
opened up new spaces in which Elders are able to speak, discuss
and share their ideas, knowledge and thoughts with the community,
without the influence or intervention of outsiders (e.g., government,
religion, etc.). These societies identified a body of key concepts that
support their worldview and ideas of life and their paths.

I remember I had to cover my tape recorder under my poncho. It


was the only way to remember what shuras (spiritual leaders) told us. After
we finished walking and talking with shuras, I went home, listened to it
back and made notes. Then I met with other friends and discussed our
findings. It was the only way to learn traditional knowledge back then.
Everything was oral at that time. (Interview with Taita Marøp at Peña del Co-
razon, personal communication, November 30, 2018)

184
Efraim del Campo Parra Munoz

The second strategy consists of opening new spaces of dialogue


between the indigenous communities and outside institutions, such
as the government. In the early nineties, both the Misak and Nasa
developed a plan de vida (life plan) with the intention of establishing
regulated points of encounter in which both the government and
communities would discuss and negotiate priorities, funding and de-
grees of autonomy to construct desirable futures according to the
needs and interests of communities. In contrast to western notions
of planning, this plan de vida set long-term objectives (ten years min-
imum) based on the Derecho Mayor principles and cultural references.

Frequently, the plan de vida draws attention to the importance of


recovering ancestral knowledge and cultural identity for the Misak
and Nasa’s pervivencia. The documents recall the efforts and quests
of previous shuras and leaders to create their current conditions of
existence and revalue the importance of ancestral knowledge, con-
tained in the Derecho Mayor, as a source of wisdom, reflection and
resistance for the different hegemonic interventions that took place
in the territories.

The objective of the plan de vida is to reconstruct the past to reaffirm


the present and give life to the future. The formulated Plan de Vida must
be a plan for the life and natural environment. Considering that we are
children of the earth; it must be a plan that is nurtured in history, the
thoughts of peoples, the struggle for the defense of rights, and the diffe-
rent ways of seeing life. According to our worldviews, in short, it must
be a plan that defines projections necessary to respond to the current
demands of life. (Consejo Regional Indigena del Cauca, 2007, p. 16)

The plan de vida not only reflects the importance of past and cultur-
al identity to indigenous communities, but it embodies the principle
of multiculturalism in which indigenous communities are exhorted
to coexist in relation with other cultures in harmony and equilib-
rium. In this sense, the plan de vida is an attempt to generate spaces
in which different worldviews dialogue and negotiate the conditions

185
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

to make possible desired futures. Although this process of negotia-


tion is very contested as indigenous communities set objectives that
might be considered ambitious by government officials, these spaces
allow the Misak and Nasa to have a voice to the dialogue, resist or
construct desired futures and set pertinent strategies of pervivencia for
their cultural and social context.

Overall, in the last five decades, indigenous communities have


developed strategies to set the conditions of present and future exis-
tence. These strategies are not only based on the principles of Derecho
Mayor, but are also influenced by the notion of cyclical time in which
strategies of pervivencia are based on recovering and reinterpreting
past experiences and knowledge, and strengthen cultural identity.
Furthermore, these communities are aware of the different process-
es of construction of desired futures that have opened up syncretic
spaces to negotiate, defend and resist attempts of cultural interven-
tions by outsiders. These syncretic spaces are relevant for these com-
munities because they give them a voice and the opportunity to be
heard, and allow them to empower themselves in the construction of
their future through strategies of pervivencia cultural.

6. Conclusion

In this chapter, I showed how different notions of time influence


resilience strategies. Particular attention was made to how notions
of time influence the construction of desirable futures and how sig-
nificant life-changing events guide today’s practices (Janca & Bullen,
2003, p. 41). In this sense, resilience thinking underlies the particular
perception of time, shaping peoples’ attitudes, desires, and values
towards daily routines.

Current discourses of resilience by development organizations


construct future scenarios based on scientific knowledge, which are
seen as desirable and universally applicable, while, in truth, specific

186
Efraim del Campo Parra Munoz

rationality and normalization experience is being transferred to sub-


jects through the process of resilience-building. Everyday practices
related to resilience such as saving, investments, storage, planning,
preparedness, evidence specific projections into desirable futures in
which market-based mechanisms are capable of guaranteeing the
fulfillment of desired futures.

Indigenous communities in the Cauca constantly resist these no-


tions of resilience, as they do not respond to their cultural and social
contexts. Recognizing the importance of autonomy and multicultur-
alism, indigenous communities created a set of syncretic mechanisms
and strategies to open up new spaces of negotiation in which they
could defend, resist or negotiate with external actors. The objective
of these spaces is to empower communities in the construction of de-
sired futures according to their cultural references. In this regard, the
role of grassroots movements and the Plan de Vida are very important
as they allowed communities to have access to financial resources
and (re)design projects of pervivencia to build the conditions of their
own existence, i.e., to preserve the culture over time.

My idea of this chapter was to demonstrate how the concept of


resilience is not universal, but socially constructed. Resilience prac-
tices are embedded in routines and exercised, taught and learned
within sociocultural systems and everyday life. These practices are
defined and framed according to the cultural values (e.g., notion of
time) and social priorities of each community. Ignoring this cultur-
al contextual character of resilience might result in conflicts and
tensions with communities, hence it is important to create spaces
in which communities and development organizations can negotiate
and synchronize efforts to create the conditions of existence of dif-
ferent worldviews.

Although this chapter has deconstructed the idea of time im-


plicit in notions of resilience, further research on deconstructing
resilience as a governmentality mechanism and its implications in
people’s everyday life are necessary. More detailed work on how re-

187
Decolonizing resilience thinking: encounters of notions of time in the Cauca region, Colombia

silience-building capacities are built in multicultural contexts, and


what type of responses and strategies are set by people to resist the
discipline mechanisms enhanced by national and international in-
stitutions. Furthermore, it would be interesting to explore how dif-
ferent notions of territory influence resilient practices towards nat-
ural disasters and climate change. Among indigenous communities
in the Cauca region, natural disasters are not perceived as adverse
events, but rather as manifestations of spirits or negative energy. This
conception of natural disaster has produced particular practices to
shape landscapes that could show alternative pathways capable of
improving resilient capacities in rural communities.

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World Commission on Environment and Development (Ed.). (1987).


Our common future. Oxford University Press.

197
Este libro fue editado y publicado por el
Programa Editorial de la Universidad
Autónoma de Occidente. Su texto se
compone con letra tipo Baskerville y
Museo Sans.
[ 02 ]

Cuadernos de D O C T O R A D O
Cuadernos de
DOCTORADO
[ 02 ]
Cuadernos de Doctorado es una publicación con la que la
Universidad Autónoma de Occidente –a través de su doctorado
en Regiones Sostenibles y del Instituto en Estudios para la Sosteni-
bilidad–, pretende apoyar la difusión del conocimiento, la puesta
Otras Publicaciones en escena de ideas renovadas y la promoción de las discusiones y AUTORES
debates en torno al ambiente, la naturaleza y la sostenibilidad. De
C

Campesinos de los Andes caucanos. esta manera, les invitamos a sostener un diálogo leyendo los ensa-
Ana Patricia Quintana Ramírez
Doctorado en
M

Entre "descampesinización" y yos, entrando en contacto con los autores y proponiendo nuevas
reflexiones que contribuyan a construir regiones más sostenibles. Hernando Uribe Castro
Y

"recampesinización" en
Regiones Sostenibles
CM

El Roble, Timbio Nancy Motta González


MY
Elizabeth Gómez Etayo
Hernando Uribe Castro y Diego Burgos

Doctorado en Regiones Sostenibles


CY
Directora del Instituto de Estudios para la Sostenibilidad
CMY
Luis Hernando Hidalgo Gutiérrez Efraim del Campo Parra Munoz
K

La comunicación en la construcción
del mundo social
Fredy Eduardo Vásquez-Rizo, Solón
Calero-Cruz (compiladores)

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