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Parcial: Historia del Arte Barroco

El documento es un parcial domiciliario de investigación sobre el Barroco, que incluye un esquema sobre su época, aspectos socio-culturales y un análisis crítico de una obra pictórica. Se enfatiza la importancia de la bibliografía y el diálogo con el ensayo de Quignard sobre Georges de la Tour. Se establecen pautas para la presentación del trabajo, incluyendo formato, extensión y entrega.
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Parcial: Historia del Arte Barroco

El documento es un parcial domiciliario de investigación sobre el Barroco, que incluye un esquema sobre su época, aspectos socio-culturales y un análisis crítico de una obra pictórica. Se enfatiza la importancia de la bibliografía y el diálogo con el ensayo de Quignard sobre Georges de la Tour. Se establecen pautas para la presentación del trabajo, incluyendo formato, extensión y entrega.
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Universidad Nacional de Río Negro. Sede Andina.

Materia: Historia Social del Arte.

Profesora: Ana Lía Gabrieloni.

Fecha de entrega: 25/05/2018

Parcial Domiciliario

Alumno: Martín Nicolas Chavez

DNI: 37950021
HISTORIA SOCIAL DEL ARTE

LIC. EN LETRAS / PROF. EN LENGUA Y LITERATURA

PARCIAL DOMICILIARIO DE INVESTIGACIÓN BIBLIOGRÁFICA Y DIGITAL

Elabore una síntesis sobre el Barroco según un esquema definido por:

- época y lugar(es) donde tuvo lugar el período que la historia del arte denomina Barroco.

- cuatro aspectos socio-culturales del Barroco que colaboren a la comprensión de las imágenes artísticas de la época.

- el análisis crítico de una obra pictórica del período de cualquier procedencia excepto Francia.

El desarrollo de todo lo anterior, a base de bibliografía teórico-crítica, debe hacerse en diálogo con el ensayo titulado
Georges de la Tour, que Pascal Quignard dedica al pintor francés del s. XVII.

Para la selección de la obra pictórica, véase:

https://commons.wikimedia.org/wiki/category:Baroque_paintings?uselang=fr

https://www.museodelprado.es/en/the-collection/spanish-painting

https://www.metmuseum.org/toah/keywords/baroque-art/

https://www.wga.hu/

https://www.ibiblio.org/wm/paint/auth/

IMPORTANTE

El parcial debe constar de tres secciones, según el esquema propuesto y su extensión total no debe superar las cinco
páginas. Utilizar: A4, Times New Roman 12 pts. (O semejante), interlineado 1,5.

Se evaluará la consulta a la bibliografía —que debería reflejarse en el sistema de citas y notas al pie de la página del
trabajo—, así como la capacidad reflexiva y crítica para recuperar y establecer intertextualidades en el interior de dicha
bibliografía. Un recurso indispensable para esto último es la elaboración de fichas de lectura que permita identificar en
qué aspectos los autores seleccionados coinciden, contradicen o se complementan con el ensayo de Quignard.

Es necesario consignar los datos completos junto a la obra pictórica seleccionada (Autor, Título (en cursiva), técnica,
dimensiones, año) y, al final del trabajo, la bibliografía utilizada según un único sistema de estilo para textos
académicos, que puede ser MLA, APA, etc.

FECHA DE ENTREGA: viernes 25 de mayo antes de las 24:00 hs. adjunto en pdf a un correo electrónico
exclusivamente y sin excepción a la dirección: [email protected]

En el asunto del mensaje escribir: Parcial Historia social del arte. El título del adjunto debe ser: Apellido_Parcial

FECHA DE ENTREGA DEL RECUPERATORIO

PARA PARCIALES NO APROBADOS EXCLUSIVAMENTE: jueves 7 de junio.

CONSULTAS: martes 22 de mayo 17:30 hs. (lugar a confirmar mediante correo).

El Barroco
Manifestaciones espacio-temporales del Barroco
Wölfflin (1888/1987) sitúa el Barroco entre el Renacimiento y el Neoclásico; hacia 1580 el Barroco
ya estaba instaurado por completo. Hauser (1951/2006) pone el inicio del estilo hacia finales de
siglo XVI en Italia, pero sostiene que recién en el 1620 el Barroco logra imponerse por completo.
Gombrich (1950/1999) opina que la existencia del Barroco se alarga a mediados del siglo XVIII
cuando aun seguían construyéndose arquitecturas barrocas en varias partes de Europa, siendo
todavía notable la influencia de dos de los arquitectos y escultores más relevantes del Barroco:
Bernini y Borromini. El Barroco es definido como un fenómeno del siglo XVII -con precoces
manifestaciones algunos años antes del 1600- por Maravall (1975) quien también opina que “hasta
dentro del siglo XVIII, pueden descubrirse manifestaciones barrocas” (p. 24).
Sin intenciones de desmerecer los distintos matices argumentales que se encuentran entre
estos autores, se puede generalizar que el Barroco, al menos en Europa, es un movimiento artístico1
que se origina hacia finales del siglo XVI, predomina durante todo el siglo XVII y logra sobrevivir,
cada vez con menos intensidad, mínimamente hasta mitad del siglo XVIII. Es necesario destacar
que con esta afirmación estaríamos dejando afuera al Barroco de las colonias americanas –
principalmente en países hispano parlantes- que arriba al continente a finales del siglo XVII y se
desarrolla con plenitud durante todo el siglo XVIII, teniendo, además, la particularidad de estar
influenciado fuertemente no solo por las ideas de racionalidad del siglo XVII, sino también por las
del Iluminismo del siglo XVIII (Lima, 1981).
En cuanto a los lugares en donde se manifestó el Barroco, Lima (1981) explaya que el
barroco americano es un arte de la contra-conquista posicionado en la idea de que el Barroco
europeo es un estilo propio de la Contrarreforma, por lo tanto seria un fenómeno que solo se dio en
los países católicos del siglo XVII. Sin embargo, Victor-Lucien Tapié (1965, p.44) dice que “hay
que tener cuidado de no identificar a la Contrarreforma con el estilo barroco, como si fueran
factores estables, necesariamente ligados entre sí, por cuanto se trata, al contrario, de una
evolución”. Tapié (1965) cree que el Barroco es un fenómeno que se dio en toda Europa, pero con
distintas intensidades, siendo los países con una burguesía poco desarrollada los que preferían este
estilo mientras que, por el contrario, aquellos países con una burguesía más desarrollada se
orientaban más hacia un estilo clasisista- Francia y el norte de los Países Bajos (Holanda)2- acordes
a un gusto burgués no ostentoso, por lo tanto clasisista. Hauser (1951/2006) a diferencia de Tapié,

1
También fue un movimiento con manifestaciones en la música, la literatura, el teatro, entre otros ámbitos culturales
de aquella época que no son tratados en el presente trabajo.

2
Francia siendo un estado con una monarquía absolutista, católica, pero con una aristocracia que provenía
mayoritariamente de la burguesía mercantil -en detrimento de la nobleza más “prototípicamente tradicional”, es decir
medieval- y Holanda siendo un país protestante con una sociedad enteramente burguesa en constante lucha contra
las potencias católicas.
afirma que la dicotomía religiosa es un factor crucial que determina que el Barroco adquiera formas
muy distintas en los países protestantes y los católicos. La situación de Francia del siglo XVII es
definida por este autor como una grieta artística que inicia con una cierta tendencia hacia el estilo
Barroco a principios de siglo, pero que se elimina con la ascensión al trono de Luis XIV en donde
el clasisismo se reafirma como la norma artística de un estado absolutista que domina todos los
aspectos de la vida social francesa. Según Quignard, en Francia, “la primera mitad del siglo XVII
fue una prolongación del Renacimiento, pero también una época marcada por la aparición de una
inmensa ola de religiosidad” (2010, p.16). Esta idea, si bien es contraria a la de Hauser, nos da
motivos para comprender porque el clasisismo renacentista logro consolidarse en Francia.
Maravall (1975) reconoce la heterogeneidad del Barroco con agudeza y duda en reducirlo a
meras cuestiones de estilo o en definirlo como un periodo estático dentro de la historia. Este autor
afirma que el Barroco es, por sobre todo, un fenómeno sociocultural, que no puede disociarse de
elementos ideológicos, políticos, religiosos y psicológicos, y como tal atraviesa toda Europa (y
posteriormente el continente americano), más allá de la relativa fuerza con la que se hayan
instaurado en cada uno de los países europeos el arte barroco.
Sociedad y cultura del Barroco
Gombrich, dando cuenta de las continuidades estilísticas que puede encontrarse en el barroco,
afirma que:
Ver y observar la naturaleza con ojos limpios siempre, descubrir y saborear renovadas armonías de luz y de color,
se convirtió en la tarea esencial de los pintores. En este nuevo fervor, los grandes maestros de la Europa católica
coincidieron con los pintores del otro lado de la barrera política, los grandes artistas de los países bajos protestantes.
(1950/1999, p.411)
Pero más allá de las tendencias en el mundo de las imágenes, la brecha político-religiosa
que divide a las monarquías católicas de las burguesías protestantes es determinante en el contexto
de producción artística y en las temáticas representadas. El Barroco de las cortes católicas
propagaba oficializó una iconografía esquematizada de temáticas eclesiásticas para combatir el
subjetivismo originado de la Reforma protestante con el objetivo de generar un gusto con mayor
alcance popular y así sostenerse ideológicamente; por el contrario, el Barroco protestante representa
la antítesis de las ostentosas temáticas religiosas adhiriéndose a un gusto orientado más hacia lo
cotidiano, la naturaleza y los retratos de gente común y corriente (Hauser, 1951/2006). Esto implica
que en los países católicos, los artistas producían bajo el manto de la iglesia y de las monarquías
quienes avalaban y financiaban las producciones artísticas. Por el contrario, Hauser concluye que
en Holanda, por primera vez “podemos comprobar (…) la existencia de un proletariado artístico”
(Hauser, 1951/2006, p.545) en donde el estado no regulaba el trabajo de los artistas y las obras
circulaban como una mercancía ante las demandas de un mercado esencialmente burgués, causando
paulatinamente una sobreproducción artística que llevo a muchos artistas a vivir en la pobreza, a
diferencia de de los altos precios que pagaban por el arte en las cortes católicas.
Y hablando del contexto de producción artística de la época, debemos recalcar el
protagonista político que juega el absolutismo en el siglo XVII, ya que “no hay cultura barroca sin
el triunfo (…) de la autoridad” (Maravall, 1975, 351). Parafraseando a Gombrich (1950/1999) las
monarquías europeas deseaban demostrar su poderío e incrementar su influencia en la sociedad
mediante el poder del arte. El absolutismo ponía a su servicio a: los más importantes escultores y
arquitectos (como Bernini y Borromini) en la construcción de las grandes ciudades, palacios y
mansiones aristócratas, a Diego Velázquez como el pintor oficial de los monarcas españoles y a
Georges de la Tour como uno de los favoritos de la aristocracia francesa y del rey Luis XIII
(Quignard, 2010). El absolutismo mezcla represión ideológica y física para el mantenimiento del
orden social en un contexto de aguda crisis que atraviesa Europa en múltiples niveles,
paradójicamente es el arte el único campo social al cual el absolutismo otorga cierto nivel de
libertad creativa. En este sentido se puede decir que el Barroco “es el arte de las grandes
monarquías (…) porque sociológicamente brota de las condiciones sociales dadas en los regímenes
del absolutismo monárquico y porque sus caracteres responden a las necesidades que derivan del
programa de apoyar tales regímenes” (Maravall, 1975, 296).
La gran crisis del siglo XVII es un factor determinante que atraviesa de la mentalidad de la
sociedad Barroca. La rápida urbanización genera al mismo tiempo una mayor individualización
acompañada de un gran sentimiento de soledad que se convierte en tema del arte; fiesta y derroche
monárquico en contraposición con la pobreza y hambre que sufre la población debido a las sequias
agrícolas; la violencia causada por sucesivas guerras y la represión del estado absolutista son
factores que dan cuenta de que el Barroco es inherentemente trágico, en constante tensión
(Maravall, 1975). Tensión que es reflejada en la escultura Apolo y Dafne de Bernini (1622-1625)
quien representa una temática tradicionalmente clásica de forma enteramente barroca como en La
crucifixión de San Pedro de Caravaggio (1600-16001) quien se atreve a representar a un santo
cristiano de cabeza. El Barroco, como Wölfflin (1880/1989) afirma “quiere expresar, no es el ser
perfecto, sino un devenir, un movimiento.” (p. 73). Pero como arte contradictorio “el atractivo
artístico del barroco consiste en la resolución de estas disonancias. A medida que se elevan, los
elementos contradictorios ‘se explican’; a partir de la concordancia disonante se elabora una
armonía de relaciones puras” (Wölfflin, 1880/1989, p.74). Como afirma Quignard “La tensión: eso
es el barroco. Esa es la forma del enigma” (2010, p. 82). Es entendible por qué este autor define al
enigmático Georges de La Tour como un artista esencialmente barroco, quien pone en escena
situaciones realmente tensas, pero las suspendiendo las contradicciones dando una unidad armónica.
En La Tour la oscuridad del siglo XVII es reflejada en la muerte que representan las calaveras de
sus Magdalenas sin nombre y en sus personajes representados en una abrumadora soledad
“divididos entre la noche desde la que se elevan y el resplandor que parcialmente los ilumina.
Surgiendo de la sombre, tocados por un fragmento de resplandor, mantienen en suspenso un gesto
incomprensible” (Quignard, 2010, p.29).
Pero la mentalidad Barroca también es fuertemente influida por otro gran fenómeno del
siglo XVII. No hay que olvidar que este es el siglo de la Revolución Científica impulsada iniciada
por Copérnico, continuada por Galileo y llevada al extremo por Newton. Como menciona Hauser
(1951/2006) en el siglo XVII los avances de la ciencia natural originaron una nueva filosofía
orientada hacia esta ciencia implicando un drástico cambio en la visión del mundo de la que el arte
no escapa. El humano se sintió insignificante ante la grandeza del universo, sin embargo, con una
curiosidad sin precedentes para conocer la realidad que lo rodea. “Todo el arte barroco está lleno de
este estremecimiento, el eco de los espacios infinitos y de la correlación de todo ser” (Hauser,
1951/2006, p.506-507). Teniendo en cuenta esto entendemos de la concordancia disonante del
Barroco que menciona Wölfflin.
“Así es como el interés presionante por los aspectos sociales y funcionales del humano
lleva a una estimación de la experiencia de la vida” (Maravall, 1975, p.345). La implicación más
visible de ver al hombre de una nueva manera está reflejada en el interés de representar a la realidad
tal como la perciben los artistas, fuera de toda idealización y la en el recurrente interés de lo
cotidiano que es el factor clave en el surgir del género de las naturalezas muertas, pero también
para entender por qué incluso personajes religiosos o mitológicos pierdan su carácter divino para
materializarse en las obras como gente común y corriente en situaciones reales.
El artista sin fronteras: Michelangelo Merisi da Caravaggio
La gran importancia de Caravaggio para el Barroco y la historia del arte es incuestionable. Quignard
(2010) lo propone como una de las mayores influencias de Georges de La Tour. Argán (1999)
afirma que su estilo “tendrá repercusiones lejanas incluso en los dos polos opuestos de la cultura
artística europea del siglo XVII: sobre Rembrandt, en Holanda, y sobre Velázquez en España” (p.
290). Ya en esta pintura de un joven siglo XVII encontramos las características que, como
mencioné con anterioridad, marcaran al arte Barroco durante toda su existencia. Vemos
representado a Jesucristo en un episodio bíblico, acorde a la religiosidad católica de Italia de aquella
época, pero de una forma tan cotidiana que hace dudar de su divinidad. El realismo de la escena es
tal que Caravaggio no se preocupa por idealizar a las personas, ni siquiera al el hijo de dios quien
parece disolverse en el cuadro mientras que el énfasis en las arrugas de la frente de la camarera y el
hombre que está a su izquierda roban la atención desde un primer momento. La naturaleza muerta,
el pan, la jarra de vino, no solo poseen un gran simbolismo religioso sino que también adquieren un
protagonismo estético.
La escena está cargada de tensión. La representación de todos los personajes lo demuestra.
Primero un hombre de espaldas con una gestualidad nerviosa, así mismo el hombre que agarra la
mesa con brutalidad, el hombre que mira a Jesucristo con total atención. Esta tensión, sin embargo,
es notable cuando se observan la obra en detalle, sin embargo en su totalidad todas las partes están
unidas para transmitir una sensación de armonía.
Toda la escena está envuelta en la misma oscuridad que encuentra Quignard en Georges de
La Tour. El juego de luces y sombras no solo los utiliza la tour para esconder los límites de la
escena, sino también para acentuar conscientemente partes seleccionadas de la escena.
Por estas razones, es que Caravaggio es considerado por tanta gente uno de los artistas más
importantes del Barroco, incluso en su misma época.

Caravaggio. Cena en Emaus, Oleo en lienzo, 1,45 x 1,95 m., 1606.


Referencias bibliográficas:

Argan, G. C. (1999).El siglo XVII. En Renacimiento y Barroco. II. De Miguel Ángel a Tiépolo.
Madrid: Akal.

Gombrich, E. (1999) Visión y visiones, El espejo de la naturaleza, El poder y la gloria I y II. En


Historia del Arte. (pp. 387- 456) (Rafael Santos Toroella, trad.) Colonia del Valle: Diana.
(Obra original publicada en 1950).

Hauser, A. (2006). El Barroco. En Historia social de la literatura y el arte. Desde la Prehistoria


hasta el Barroco. (pp. 495-552). (Tovar, A. y Varas-Reyes, F.P., trad.). Buenos Aires:
Debate. (Obra original publicada en 1951).

Lima, L. J. (1981). Curiosidad Barroca. En El Reino de la Imagen. (pp. 384-399). Venezuela:


Ayacucho.

Maravall, J. A. (1975). La cultura del Barroco. Barcelona: Editorial Ariel.

Quignard, P. (2010). Georges de la Tour. (Abraham Gragera y Ruth Miguel Franco, trad.) Valencia:
Pre-Textos.

Tapié, V-L. (1965). El Barroco. (Mariana Payró de Bonfanti, trad.) Buenos Aires: Eudeba.

Wölfflin, H. (1986). Renacimiento y barroco. (Alberto Corazón, ed.) Barcelona, etc.: Paidós.
(Obra original publicada en 1888).

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