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San Blas

La Catedral San Blas de Ciudad del Este está siendo sometida a una renovación integral que incluye una nueva fachada, mejoras en el interior y una biblioteca. El arquitecto a cargo planea terminar la primera etapa de los trabajos en 45 días para reanudar las celebraciones litúrgicas. La renovación costará aproximadamente 400 millones de guaraníes y mejorará la instalación eléctrica, el sonido, la iluminación y agregará nuevos elementos como un sagrario y sacristía.

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San Blas

La Catedral San Blas de Ciudad del Este está siendo sometida a una renovación integral que incluye una nueva fachada, mejoras en el interior y una biblioteca. El arquitecto a cargo planea terminar la primera etapa de los trabajos en 45 días para reanudar las celebraciones litúrgicas. La renovación costará aproximadamente 400 millones de guaraníes y mejorará la instalación eléctrica, el sonido, la iluminación y agregará nuevos elementos como un sagrario y sacristía.

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La Catedral San Blas de Ciudad del Este tendrá una nueva

identidad
Luego de varias décadas, la estructura de piedra de la iglesia Catedral de Ciudad del
Este, Alto Paraná, es sometida a una refacción integral que la adecuará a los tiempos,
con una nueva fachada, mejoras en su interior y una biblioteca del acervo del templo
mayor de los católicos de la capital departamental.

La tarea fue encomendada por el consejo económico de la iglesia al arquitecto


Gustavo Servín, quien también activa en uno de los grupos de trabajo laical de la
Catedral. El profesional explicó que dentro de 45 días debe estar lista la parte que
corresponde al piso y el altar propiamente, lo cual permitirá que se puedan de nuevo
realizar allí las celebraciones litúrgicas, que actualmente se desarrollan en el salón
parroquial.

Las obras encaradas son refacciones completas de la instalación eléctrica, la


ecualización y mejoramiento del sistema de sonidos, mejoramiento de la iluminación
artificial y natural, un nuevo sagrario, una nueva sacristía, una mejor distribución de
mobiliarios y la biblioteca en altozano del templo.

“Empezamos por el piso y encontramos problemas técnicos que datan de décadas


atrás, así decidimos hacer una corrección, una mejoría profunda que sea para que
nuestra Catedral tenga una nueva fachada y una identidad más artística”, explicó el
arquitecto Servín.

El concejo económico pretende una inversión estimada de 400 millones de guaraníes


que se irán desembolsando por etapas, para el efecto piden la cooperación de la
feligresía. Para esta primera etapa de trabajos se dispone de fondos suficientes,
según indicaron los responsables.

El padre Pedro Collar, cura párroco de la parroquia San Blas (Catedral), recordó que
hace 10 años se colocaron algunas rendijas, canaletas, sanitarios y la adecuación del
salón parroquial. Para esta ocasión también se prevén dos confesionarios, el
presbiterio y otras modificaciones.

“Este es el templo más importante de la Diócesis y estamos en una ciudad que crece
cada día; nuestra Catedral ya tiene sus años y necesita de un mantenimiento, un
mejoramiento general para una presentación superior”, añadió el párroco.

UNA REFERENCIA. La idea del arquitecto Servín es que el templo católico de referencia
en la ciudad tenga su propia identidad y que su historia sea contada desde los
murales que se van a elaborar, la fachada y otros detalles que servirán también para
una referencia turística.
Al terminar los trabajos de pintura y albañilería se prevé el trabajo con artistas, pues
se pretenden impregnar obras del arte latinoamericano y art nouveau. Servín contará
con la cooperación de artistas esteños para la tarea.

Aclaró, sin embargo, que no se busca una copia de los murales de la iglesia del
Espíritu Santo, ubicada en el área 4, sino valerse de lo que representa la Catedral, su
historia y su significado dentro de la comunidad para resaltarlo a través del arte.

El templo mayor tiene obras donadas por artistas como Herman Guggiari, quien hizo
un Cristo en lapacho negro de los bosques del Alto Paraná, y Carlos Colombino
elaboró el dibujo que representa a San Blas, en el enorme vitral ubicado detrás del
altar.

Conociendo la Catedral de San Blas


En el año 1964, Ciudad del Este tuvo ante sus ojos la particularidad de contar con la construcción de una
catedral que vendría siendo completamente diferente a las que las personas estaban acostumbradas a ver,
esto por su estructura tan particular.

Con un aire europeo, la catedral acaparó la atención de muchas personas, y es que ésta tenía una similitud
bastante amplia con la de un barco, siendo así única para los habitantes de la ciudad, quienes hoy en día
están más que orgullosos por contar con ésta pequeña grandeza.

Fue inspirada en la famosa Arca de Noé, a esto se debe su particularidad con respecto a la forma, que
además de parecer un barco, cuenta con ventanales grandes de forma circular, algo bastante curioso y
dinámico. Se puede considerar una estructura española debido a sus acabados.

Es un sitio clásico de la ciudad, está ubicada en el centro de la misma y sirve para realizar diversos eventos
en la localidad, sus misas suelen ser muy concurridas. Quienes se encargan de ella se preocupan por
tenerla bien cuidada, es por esto que a pesar de no ser una gran catedral, viene siendo bastante hermosa
ante los ojos de las personas que logran visitarla.

Hubo mas, y es justicia consignar su recuerdo. En primer término, no debe ser


olvidada la Catedral de Puerto Presidente Stroessner, cuya construcción fue para mi,
durante años, un sueño -a veces casi obsesivo- contra el cual conspiraba la pobreza de
los medios de que disponíamos. Cuando hablé de la colocación de su primera piedra, al
año de la fundación de la ciudad, en realidad, lo que más propiamente habría debido
decir, es que fue colocado, entonces, un hito de piedra, que allí quedó como señal del
sitio donde la Catedral se levantaría.

La ceremonia había contado con toda la solemnidad que le dio la presencia del
entonces Arzobispo de Asunción, Monseñor Aníbal Mena Porta quien impartió la
bendición ritual, pero, en realidad, la construcción era un deseo aún prematuro. La
ciudad no crecía al ritmo deseado, ni había aún vecindario, y la idea de poner manos a
la obra debió quedar flotando sin plasmarse en los hechos. Sin embargo, al paso de
algunos años, esas precarias circunstancias empezaron a modificarse y el viejo anhelo
comenzaba a realizarse.

Fue en 1963, a raíz de un viaje que hice a la “Azotea”, residencia del


entonces Consejero de gobierno del Uruguay Eduardo Victor Haedo -invitado por él-
cuando conocí al arquitecto boliviano Javier Querejazu. Haedo, que sabía de mi deseo
de levantar un templo en Pto. Pte. Stroessner, me presentó a Qucrejazu, el
proyectista de la capilla emplazada en el amplio predio de la Azotea, una iglesuca llena
de encanto en su forma y proporciones, lo cual daba ya una medida cabal del talento
del arquitecto.

Con Javier Querejazu y su mujer (una buena escritora uruguaya que usaba como
nombre literario su nombre de soltera, Graciela Saralegui) estrechamos una relación
de amistad entrañable, y poco tiempo después, accediendo a nuestra invitación, ellos
llegaban a Asunción. Querejazu tomó nota, con comprensiva disposición, de los datos
que me parecían necesarios que se tuvieran en cuenta para ambientar la construcción
(tierra roja, naturaleza exhuberante con orquídeas florecidas y mariposas de formas
y colores increíbles), así como la necesidad de recoger la tradición colonial y jesuítica
en el uso de los materiales de construcción.

Después de numerosas idas y venidas, Querejazu llegó un día con los planos del futuro
templo. El boceto mostraba dos imponentes muros -colosales brazos de piedra- que,
bajando hacia tierra- a partir de cierto punto- se abrían, para extenderse casi en un
gesto de invitación y de abrazo hacia los fieles, que entrarían bajo un techo de tejas
rojas, en voladizo, sin apoyo de columna alguna.
La parte alta formaba el campanario, y el espacio entre los dos muros era cerrado por
un gran vitral. Todo el conjunto tenía idealidad, gracia y proporción. Me agradó, y
acepté el proyecto.

Con la colaboración de asesores, redactamos un Memorando con una detallada


descripción de la obra que, por ilustrativa, me gustaría reproducir. Dice así:

“La concepción arquitectónica de la Iglesia, buscaba la creación de un espacio


único, que se fuera conformando gradualmente desde el exterior al interior, para
luego proyectarse violentamente hacia el espacio infinito a través de un gran vitral
ubicado al oriente, a fin de inspirar una actitud de elevación espiritual en el feligrés
que se encontrara en el recinto. El espacio litúrgico se prolonga al exterior a través
del atrio que queda limitado del área circundante por un muro curvo. El templo fue
delimitado con un mínimo de elementos: dos paredes y un techo, y para éstos, fueron
utilizados materiales primarios del lugar, a fin de que la arquitectura fuera una
auténtica expresión del medio físico, asegurandose así su integración con el paisaje
circundante.

El templo debía ser además, expresión del alma de un pueblo y por lo tanto era
necesario buscar también la total integración de la arquitectura con el medio social,
para ser al mismo tiempo la más fiel expresión de su época. Este propósito podía
lograrse únicamente a través de un profundo buceo en la tradición artística nacional,
para que enraizado en su medio, resultase en su nueva expresividad una natural
consecuencia de su propia estirpe.

La arquitectura del templo, requería una total conjunción de las artes plásticas con las
artesanías, que debían ponerle los acentos necesarios para su ambientación. Dicha
integración, -de la cual los templos misioneros son una acabada demostración de
refinamiento- obligaba a un planteo similar. Pero si aquella fue la cabal manifestación
de lo mudéjar resuelto con espíritu barroco, nuestro tema debía constituir la más
auténtica manifestación del arte contemporáneo, pero con estilo propio. El tema debía
ser:
consubstanciarnos con nuestra propia tradición para poder universalizarla en el
tiempo, proyectándola al futuro.

El templo tenía dos aspectos fundamentales: el de estructura y el de ornamentación y


acabado.

A) ESTRUCTURA

Abarca el cimiento, fábrica y techo. El cimiento y fábrica,


fueron hechos con piedras gneis negra y mezcla de cemento y
arena. En esta edificación se incluyó la cripta, toda del mismo e
idéntico material.

El techo es de una estructura audaz, porque su cola, en voladizo, hace un peso que
equilibra muy ajustadamente en la composición final de la obra. Recubierto con tejas
rojas, inicial-mente se planeé un sistema de cieloraso de tacuaras del tipo de las
bambúceas gigantes que abundan en las orillas del río Paraná y que estaban ya
cortadas y acumuladas en la casa de don Noel Lefevbre.

Toda esta parte estructural fue construida por el Ing. Anisimov, quien siguió con
fidelidad y competencia los lineamientos del plano del Arquitecto Javier Querejazu.

B) ORNAMENTACION Y ACABADO

Abarca los siguientes aspectos: 1) Piso. 2) Vitral. 3) Cristo.


4) Cerámicas. 5) Puertas. 6) Altar y mesa. 7) Otros.

1) PISO: El piso debía ser de ladrillo prensado y cocido y el Arquitecto Helmers los
había donado. Se continuaba así una tradición perdida en la construcción de templos
en nuestro país. El contraste del piso claro, casi rojo, con el muro oscuro, daría gracia
y luz y se integraría adecuadamente con el color de la tierra de esos lugares.

2) VITRAL: El vitral, por sus dimensiones y ubicación, era el principal elemento


decorativo del templo. Era además la única entrada de luz al recinto. Debía estar en un
plano tonal azulado, más acentuado en la parte inferior para ir ganando en tonos
cálidos hacia arriba.

Fue concebido sobre la base de un dibujo del notable artista Colombino. Es un


conjunto de mucho colorido y fuerza, representando un grupo de seres casi
apelmazados en un esfuerzo común, de forma cónica o piramidal, de cuyo vértice
emerge una enorme figura del Señor San Blas. El vitral de casi tres metros de ancho
por más de doce metros de altura, fue ejecutado por una fábrica de San Pablo, bajo la
dirección de Colombino.

3) CRISTO: Un enorme Cristo de madera debía ser la imagen central del templo.
Concebido por el escultor Herman Guggiari, a quien se facilitó un enorme tronco de
lapacho negro de nuestros bosques paranaenses, el Cristo debía tener tres metros con
los brazos extendidos como se representa en el milagroso acto de la Ascensión. Debía
estar suspendido en voladizo y en situación dominante sobre el altar, una inspiración
sugerida por aquella conocida pintura de Dalí.

El mural, los candelabros, las custodias, la pila bautismal y muchos otros detalles
cuidadosamente concebidos, no pudieron ser incorporados porque la Iglesia quedó sin
concluir durante mucho tiempo.

La concepción original incluía también los siguientes aspectos:

4) CERAMICAS: Abarcaban muros exteriores de entronque con las puertas de acceso.


Era importante mantener la unidad de criterio de un artista tan competente y
talentoso como Colombino, así que estos trabajos también le fueron encomendados.

5) PUERTAS: La portada constituía un conjunto de hojas de madera, hechas por un


procedimiento original del mismo artista, totalmente tallado en bajo relieve. De altura
imponente, podía plegarse de forma tal que daba visión hasta el fondo del altar
a los feligreses que deseaban participar de la Misa desde el atrio
o explanada exterior.

6) ALTAR Y MESA: El altar era muy sencillo y debió estar coronado por una mesa
enteriza de piedra de Emboscada, que ya había sido terminada por un tallista nativo
del lugar.

7) OTROS: Los bancos, el campanario, la cripta, el decorado de la mesa del altar y


otros detalles debían tener una unidad de criterio que respondieran a la dirección del
mismo artista.
Justo es dejar constancia que la valiosa colaboración, dirección y gestiones del
arquitecto Carlos Colombino fueron enteramente gratuitas.

Con el pleno acabado de este templo el país hubiera contado con un monumento de
jerarquía que recogiera las mejores tradiciones del arte jesuítico, adaptado a nuestro
tiempo contemporáneo”.

Cuando Querejazu venía a Asunción se hospedaba en nuestra casa y a menudo le


acompañaba Graciela. Juntos seleccionamos el material e íbamos y veníamos a Puerto
Presidente Stroessner, en la acuciosa faena de dar inicio a la obra y fiscalizar su
desarrollo. Un colaborador importante, además del infatigable don Noel Lefebvre, fue
el Ing. Anisimov, quien tuvo a su cargo la directa ejecución de los planos 

Los materiales eran escogidos tras minuciosa selección: la madera provenía del
aserradero de la Comisión que funcionaba en el Km. 16, y la piedra, de nuestra cantera
asentada sobre el arroyo Acaray-mí. Las tejas las adquirimos de una ladrillería de
Chaco-í que era, por entonces, quizás la única que fabricaba tejas vitriadas. El piso lo
íbamos a hacer empleando unas tejuelas bien cocidas, que el Arq. Hellmers se
comprometió regalar. Carlos Colombino nos diseñó el vitral que, a nuestro pedido,
debía simbolizar al Señor San Blas, y no sólo lo hizo con el talento que sabe poner en
sus creaciones, sino que se ocupó además de fiscalizar la confección del vitral en una
fábrica especializada de San Pablo (Brasil). Colombino iba a tomar también a su cargo
el tallado de la puerta central del templo, así como de los reclinatorios, confesionarios
y sillas.

Herman Guggiari, por su parte, esculpiría un Cristo de madera enteriza de grandes


proporciones que debía proyectarse sobre el altar por medio de un mecanismo
disimulado de suspensión. Ninguno de estos artistas, profesionales y colaboradores
recibieron remuneración alguna, y ésta es una ocasión para expresarles nuestra
gratitud por el empeño, el tesón y el desinterés con que trabajaron. Nadie pudo
recordarlos antes, porque, cuando el templo fue inaugurado, estuvimos ausentes y
probablemente quienes habilitaron la obra desconocían a tales colaboradores.

En especial evoco al proyectista arquitecto Javier Querejazu, tan diligente como


talentoso y desinteresado, que murió con su mujer, algún tiempo después de iniciada la
obra del templo, en un accidente automovilístico en la carretera que une Montevideo
con Punta del Este.
La historia de San Blas como patrono del Paraguay, uno de los santos más populares
del país, comenzó en 1538. Resulta que el fuerte Corpus Christi era asediado por los
indios caracaráes y timbúes debido a abusos cometidos por los españoles en contra de
estas tribus.
Y, de hecho, los indígenas iban ganando la batalla cuando los españoles recibieron la ayuda de dos
barcos y sus tripulantes, quienes llegaron al auxilio de sus compañeros. Dicen las crónicas recogidas
por Ruy Díaz de Guzmán que estando en plena lucha contra los naturales, se divisó en la torre de la
fortaleza la presencia de un hombre vestido con una ropa blanca blandiendo una espada refulgente
en una de las manos (Díaz de Guzmán, 1835).

El fulgor del arma fue tan poderoso que los indios cayeron deslumbrados por la luz y los españoles
les pudieron vencer con esa ayuda, considerada divina. Como ello ocurrió un 3 de febrero, en el año
1538, fecha en que se recordaba a San Blas en Europa, los españoles no perdieron la oportunidad de
responsabilizarlo de su triunfo y lo nombraron patrono de los territorios del Paraguay (op. cit.)

Historia
San Blas fue médico y obispo de Sebaste, Armenia. Hizo vida eremítica en una cueva del
Monte Argeus cuenta la historia. Era muy conocido por su don de curación milagrosa. Salvó
la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es
el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.
Según una leyenda, se le acercaban también animales enfermos para que les curase, pero no
le molestaban en su tiempo de oración. Cuando estalló la persecución de Diocleciano, San
Blas fue a esconderse en una cueva de la montaña y desde allí dirigía y animaba a los
cristianos perseguidos y por la noche bajaba a escondidas a la ciudad a ayudarles y a socorrer
y consolar a los que estaban en las cárceles y a llevarles la Sagrada Eucaristía.
Cuenta la tradición que a la cueva donde estaba escondido el santo, llegaban las fieras heridas
o enfermas y él las curaba.  Y que estos animales venían en gran cantidad a visitarlo
cariñosamente.
Pero un día vio que por la cuesta arriba llegaban los cazadores del gobierno y entonces
espantó a las fieras y las alejó y así las libró de ser víctimas de la cacería.  Entonces los 
cazadores, en venganza, se lo llevaron preso.
Su llegada a la ciudad fue una verdadera apoteosis, o paseo triunfal, pues la población, aún la
que no pertenecían a la religión cristiana, salieron a aclamarlo como un verdadero santo y un
gran benefactor y amigo de todos.
El gobernador le ofreció muchos regalos y ventajas temporales si dejaba la religión de
Jesucristo y si se pasaba a la región pagana, pero San Blas proclamó que él sería amigo de
Jesús y de su santa religión hasta el último momento de su vida.
Entonces fue apaleado brutalmente y le desgarraron con garfios su espalda. Pero durante
todo este feroz martirio, el santo no profirió ni una sola queja. El rezaba por sus verdugos y
para que todos los cristianos perseveraran en la fe.
En la Edad Antigua era invocado como Patrono de los cazadores y la gente le tenía gran fe
como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta.
 
El 3 de febrero bendecían dos velas en honor de San Blas y las colocaban en la garganta de las
personas diciendo. “Por intercesión de San Blas, te libre Dios de los males de garganta”.
Cuando los niños se enfermaban de la garganta, las mamás repetían: “San Blas bendito, que
se ahoga el angelito”.

La catedral San Blas fue inaugurada el 25 de julio de 1966. Con la intención de


abrazar a los feligreses, pero con la forma similar a la de el Arca de Noé, fue
proyectada por el arquitecto boliviano Javier Querejazu.

Ya para entonces, el gran escultor paraguayo Hermann Guggiari había sido convocado, y talló un
Cristo en un lapacho especialmente extraído para ello del monte altoparanaense. La imagen hasta
hoy ilumina el camino de los fieles católicos que con su esfuerzo contribuyen al desarrollo de su
comunidad, Ciudad del Este, a la que hoy brindan su homenaje en su 60º aniversario.

El templo más importante de la diócesis cuenta con una identidad artística que le da un aspecto
vanguardista, acorde a los nuevos tiempos, luego de las refacciones realizadas en el 2015. A la
estructura de piedra que data de 1964 se sumaron cuadros, bellos vitrales y lumínica.

Los trabajos incluyeron mejoramiento del sistema de iluminación, tanto natural como artificial, la
ecualización y adecuación del sonido, refacción completa de las instalaciones eléctricas. Hay una
mejor distribución del mobiliario, se instaló una nueva sacristía, dos nuevos confesionarios, se
embelleció el presbiterio y se habilitó una biblioteca en el altozano del templo.

Los trabajos estuvieron a cargo del arquitecto Gustavo Alberto Servín. El tallado de la imagen de
Cristo permanece en el centro del templo. En el vitral, detrás del altar, el gran Carlos Colombino
hizo una imagen de San Blas.

Además, con el acompañamiento de Servín, artistas locales pintaron imágenes sacras en todas las
ventanas de la iglesia, lo que, al reflejo del sol, evoca una emoción única en los visitantes.

También se realizaron pinturas en tono dorado alrededor de las puertas principales y ventanas y se
colocaron nueve cuadros que relatan la historia de la Iglesia en torno al templo. La iluminación tuvo
toques metalúrgicos especiales y, en el altar, al momento de las ceremonias religiosas es como que
una lluvia de bendiciones alumbre desde lo alto.

La remodelación fue una decisión adoptada por el consejo económico de la Iglesia, considerando
que la Catedral necesitaba de una adecuación

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