El
compás1 es un instrumento que sirve para trazar círculos o arcos de circunferencia.
También se puede utilizar como herramienta para tomar distancias, en particular en
los mapas.
Históricamente, se ha usado en numerosas aplicaciones, aunque en algunas de ellas (como
las matemáticas, el dibujo técnico o la navegación) ha sido sustituido por modernos sistemas
electrónicos que permiten reemplazarlo con ventaja en la pantalla de un ordenador. Sin
embargo, todavía se sigue utilizando en la educación como elemento didáctico y de
aprendizaje, y continúa siendo una herramienta corriente en diversas actividades artísticas o
artesanales, como la escultura,
El compás como herramienta y como instrumento de dibujo tuvo su origen en la antigua
Grecia,2 en cuya literatura clásica se encuentran numerosas alusiones a este utensilio como
elemento clave de demostraciones geométricas y matemáticas.3 Los egipcios y otras culturas
anteriores, que conocían algunas de las propiedades geométricas de la circunferencia y la
utilizaban en diversos elementos arquitectónicos, se valieron de cuerdas tensas para trazar
círculos.4
Desde su forma original griega, con ejemplos como el hallado en Murgantina,5 el compás se
extendió por el ámbito mediterráneo, llegando en el periodo prerromano hasta el levante
español, donde se ha encontrado un elaborado instrumento de bronce con dos articulaciones
de época ibérica en el yacimiento de La Bastida de les Alcusses (Valencia).6
Los romanos, cuyos grandes trabajos de ingeniería y de edificación requerían la elaboración
de dibujos y planos sobre pergamino,7 disponían de reglas graduadas y de pequeños
compases que les permitían elaborar bocetos a escala, haciendo del compás una herramienta
presente en las fases de diseño y de construcción de sus obras.
El funcional diseño de los compases romanos (normalmente de bronce o de hierro), con sus
brazos estilizados y su bisagra redondeada, permaneció inalterado durante casi 1000 años,
periodo en el que siguió siendo una herramienta indispensable en distintos trabajos
artesanales y de construcción, y en el que mantuvo su relevancia como instrumento científico
entre los astrónomos, geómetras y matemáticos del mundo oriental. No sería hasta 1245 en
Europa cuando se introdujo una mejora relevante al compás, añadiéndole un cuadrante y un
tornillo con una mariposa que permitía ajustar con mayor precisión la herramienta.4 Esta
innovación coincidió con el auge de la arquitectura gótica, en la que los complicados diseños
geométricos de los elementos estructurales y de la decoración de las grandes catedrales e
iglesias que se estaban erigiendo, hicieron del compás un elemento indispensable para los
distintos maestros de obra. Cada taller de construcción necesitaba sus propias herramientas,
cuya fabricación quedaba en manos de carpinteros y herreros.8