El Diezmo Desde Abraham A Cristo
El Diezmo Desde Abraham A Cristo
DIEZMO
DESDE
ABRAHAM
A
CRISTO
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EL DIEZMO DESDE ABRAHAM A CRISTO
Copyright © 2011 por Joel Perdomo
¡IMPORTANTE!
ESTE LIBRO ES UNA OFRENDA A DIOS Y LOS
DERECHOS DE AUTOR HAN SIDO CEDIDOS A
LA IGLESIA DE CRISTO EN LA TIERRA.
POR TANTO:
• PUEDE SER COMPARTIDO
GRATUITAMENTE POR CUALQUIER
MEDIO POSIBLE.
Introducción.......................................................................................
.....................7
2
I. EL ORIGEN DEL DIEZMO Y LAS
OFRENDAS…………………………11
a. Significado y origen del diezmo
b. Significado de la ofrenda como acto de adoración
c. El origen bíblico de las ofrendas
II. EL ADORADOR Y SU
OFRENDA………………………………………….14
a. El diezmo como medio de comunión y bendición divina
b. La ofrenda del corazón agrada a Dios
c. Dios exige santidad a sus hijos
III. DIOS BUSCA ADORADORES EN ESPIRITU Y
VERDAD…………18
a. ¿Por qué Dios no se agradó de la ofrenda de Caín?
b. ¿Por qué a Dios le agradó la ofrenda de Abel?
c. Dios demanda fe y obediencia del adorador
d. Dios busca adoradores en espíritu y en verdad
I. EL DIEZMO DE ABRAHAM………………………………..
…………………25
a. Abraham diezmó antes que la Ley fuese revelada
b. Melquisedec como una simbología de Cristo
II. EL DIEZMO BAJO EL SACERDOCIO DE
MELQUISEDEC………..29
a. Melquisedec representa el sacerdocio eterno de Jesús
b. El sacerdocio eterno de Melquisedec (Jesús) sigue vigente
c. El diezmo sigue vigente bajo el Pacto de la Gracia
III. EL DIEZMO DE
JACOB………………………………………………………32
3
a. Jacob hizo un pacto de diezmar a Dios
b. Jacob cumplió su promesa de diezmar y Dios lo bendijo
I. JESÚS APROBÓ EL
DIEZMO…………………………………....................56
a. Jesús confirmó el pago del diezmo en la Gracia
b. La justicia de los fariseos
c. Jesús ordenó a dar a Dios lo que le pertenece
II. DIEZMOS Y OFRENDAS EN EL NUEVO PACTO……...
…………….61
a. El mandato de Jesús para los ministros del Evangelio
b. La ofrenda neotestamentaria
c. Ofrendas especiales
Capítulo – 8 – EL DIEZMO Y LA FE
5
I. EL DIEZMO ES UNA PROMESA DIVINA QUE SE ALCANZA POR
MEDIO DE LA FE Y LA
OBEDIENCIA……………………………………….71
a. El diezmo es un acto de fe en la palabra de Dios
b. El diezmo no puede ser decidido por la conciencia
c. La autoridad de la Palabra viva de Dios
I. LA LIBERACIÓN
FINANCIERA……………………………………………..87
a. La ruta hacia la bendición económica
b. La ley de la siembra y la cosecha
c. La avaricia es pecado de idolatría
d. La verdadera riqueza del cristiano
6
Conclusión……………………………………………………………
………………96
ANEXO………………………………………..…………………..
…………………….99
• El deber de los ministros del nuevo pacto
• El diezmo sigue vigente bajo el pacto de la Gracia
RAZONES BIBLICAS PARA DIEZMAR
ABREVIATURAS
AT........Antiguo Testamento
N.T.......Nuevo Testamento
hb……..Hebreo
gr.........Griego
a. C......Antes de Cristo
Pág……Página
7
INTRODUCCIÓN
8
La Biblia revela la voluntad divina para la humanidad y todo
hijo sincero de Dios debe acercarse a la Biblia sin prejuicios, ni
temor, para conocer lo que enseña con relación al diezmo.
9
divina, las bendiciones de los cristianos estarían en riesgo, pues
Dios no bendice a los infieles.
Joel Perdomo
10
Capítulo – 1 –
11
palabra “maasár” que significa desde el décimo. En griego,
“apodekatoo” como también en hebreo tiene el mismo
significado del pago de la décima parte1.
El principio de diezmar a Dios evoca un acto de adoración y
fe que involucra agradecimiento y reconocimiento a Dios como
el creador y proveedor de todas las cosas. Abraham diezmó en
un acto certero de fe (Gn. 14:20). Abel ofrendó con la misma fe
(Gn. 4:4).
El diezmo no ha sido una práctica exclusiva del pueblo
judío, ni remitida a la ley de Moisés. El diezmo ya se practicaba
alrededor de las tierras bíblicas. Abraham mismo diezmó antes
que la ley fuese revelada a Moisés (Gn. 14:17-20). Dios mismo
ordenó posteriormente la práctica del diezmo como un mandato
en el pacto de la Ley (Lv. 27:30-33a), confirmando que la
consagración del diezmo está de acuerdo a su santa voluntad.
“El principio de diezmar a Dios evoca un acto de
adoración y fe que involucra agradecimiento y
reconocimiento a Dios como el creador y proveedor de
todas las cosas”.
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1
W. E. Vine. Diccionario Expositivo VINE. Ed. Caribe, USA.
1999. Pág. 278.
2
W. E. Vine. Diccionario Expositivo VINE. Ed. Caribe, USA.
1999. Pág. 216.
12
totalmente de Él. Sin embargo, Dios le ha dado libre albedrio al
ser humano para elegir. Las bendiciones divinas prometidas a sus
hijos son una elección individual que depende de la fe y la
obediencia a la Biblia.
Dios anhela tener comunión con sus criaturas y en la ofrenda
el adorador consagra sus bienes e implícitamente el control total
de su vida. Esto evita la vanagloria y la separación del Creador
que son causas del fracaso individual y colectivo del ser humano.
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“Gozar de comunión con Dios, es la parte más
importante del que ofrenda”.
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13
II. EL ADORADOR Y SU OFRENDA
14
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15
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3
El AT es una simbología total de la vida de Cristo. El relato
de Caín y Abel es alegórico con relación a que el ser humano no
encontraría justicia sin un corazón arrepentido. La sangre del
cordero ofrecido por Abel, simboliza al Cordero de Dios
(Cristo), que limpia el pecado del mundo por medio de su
17
Abel, en contraste con el corazón malo de su hermano Caín. Las
acciones de Caín delataron que no fue integro en sus intenciones
de adoración. El actuaba con evidente envidia y en competencia
contra su hermano:
“Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se
ensañó Caín en gran manera y decayó su semblante.
Entonces Jehová dijo a Caín ¿Por qué te has ensañado y
por qué ha decaído tu semblante?” (Gn. 4:5-6).
El problema de Caín era moral (espiritual). Su corazón era malo
y sus actos no eran agradables a Dios, por eso lo confrontó con
su propia maldad para convencerle de su pecado, a fin de que se
arrepintiera a tiempo.
La pregunta de Dios a Caín revela esta verdad:
“Si bien hicieres, ¿No serás enaltecido? Y si no hicieres
bien el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será tu
deseo, y tú te enseñorearás de el” (Gn. 4: 7).
Dios confrontó a Caín diciéndole: “si bien hicieres, ¿No serás
enaltecido?” El primer reclamo de Dios a Caín es que no está
haciendo el bien, ‘’si bien hicieres’’ e implica que estaba
haciendo el mal. En segundo lugar, Dios le señala a Caín que su
humillación se debe a la ausencia de ese bien en su corazón. El
resultado del bien es la exaltación, “si bien hicieres, ¿No serás
enaltecido?”. Pero la consecuencia del mal es la humillación
(Mt. 23:12).
Dios le mostró a Caín que su juicio fue justo. Dios no aceptó
su ofrenda a causa de su maldad. La culpa estaba en el corazón
de Caín, no en Dios, ni en su hermano Abel. Ciertamente, si
hubiese hecho el bien habría sido exaltado igualmente que su
hermano. Dios es justo.
Antes de salir a la luz, Dios reveló el mal engendrado en el
corazón de Caín. El pecado estaba a punto de salir de su corazón,
para producir la muerte de su hermano. Dios le dio tiempo a
Caín para desistir, pero no lo hizo.
19
Hebreos afirma que la ofrenda de Abel fue un acto certero de
fe y Dios dio testimonio de él aceptando su ofrenda:
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que
Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo,
dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún
habla por ella” (Hb. 11: 4).
La primera y más excelente de todas las ofrendas que se le puede
entregar a Dios es la vida misma. Todas las demás cosas que se
puedan ofrendar le pertenecen a Dios como creador de todas las
cosas (1 Cr. 29:14). La ofrenda solo debe reflejar el
agradecimiento del corazón del adorador. El corazón es lo único
que el ser humano le puede ofrecer a Dios de sí mismo.
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“El corazón es lo único que el ser humano le puede
ofrecer a Dios de sí mismo. Dios le dio libre albedrío para
decidir lo que hará con su vida, pudiendo elegir entre el
bien y el mal”.
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20
Cuando un genuino adorador se acerca con fe ante Dios no
escatima en dar lo mejor de sí. Siendo él y su ofrenda agradables
a Dios.
La recompensa es el resultado, no el fin que persigue el
verdadero adorador con su ofrenda. El acto de ofrendar o
diezmar por sí mismo, no hace a nadie agradable ante de Dios, si
no va acompañado de una vida de fe y obediencia a la voluntad
divina revelada en la Biblia.
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“La recompensa es el resultado, no el fin que persigue el
verdadero adorador con su ofrenda”.
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21
“La ofrenda no hace agradable al adorador delante de
Dios; el adorador hace agradable la ofrenda por medio
de su integridad. La ofrenda sólo debe reflejar la
gratitud genuina del corazón del adorador”.
22
Capítulo – 2 –
I. EL DIEZMO DE ABRAHAM
23
El primer diezmador que registra la Biblia es Abraham:
“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los
reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo
al valle de Save, que es el valle del rey. Entonces
Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo,
sacó pan y vino; y le bendijo diciendo: Bendito sea
Abraham del Dios altísimo, creador de los cielos y de la
tierra; y bendito sea el Dios altísimo, que entregó tus
enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos de
todo” (Gn. 14:17-20).
En este relato, Abraham se lanza al rescate de su sobrino Lot,
que había sido llevado cautivo por Quedorlaomer y sus reyes
aliados. Abraham salió victorioso en la batalla y a su regreso le
recibió Melquisedec rey de Salem (Jerusalén), sacerdote del
Dios altísimo con pan y vino. Abraham, a la vez, le entregó todos
los diezmos del botín conquistado.
Abraham gozó de intima comunión con Dios durante vivió
en la tierra, por eso fue llamado amigo de Dios (2 Cr. 20:7; Is.
41:8; Stg. 2:23).
El relato bíblico resalta como hecho relevante que Abraham
diezmó de su botín de guerra. El escritor no pasa desapercibido
el diezmo de Abraham. Dios permitió que este relato quedara
plasmado en la Biblia como evidencia de que los hombres de
Dios diezman.
Abraham fue un hombre próspero y parte de su práctica
como adorador fue diezmar a Dios. Abraham es considerado el
padre de la fe, ya que en sus días la Ley no había sido aun
revelada. Abraham diezmó por la fe. El diezmo es inicialmente
de la fe. La Ley solo lo confirmó.
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“Abraham es considerado el padre de la fe, ya que en sus
días la Ley no había sido aun revelada. Abraham diezmó
por la fe. El diezmo es inicialmente de la Fe. La Ley solo
lo confirmó”.
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24
Melquisedec significa; “mi rey es justo o legítimo” o “rey de
Salem” (Jerusalén), “rey de paz”. En la “Torah” Melquisedec
es llamado “Cohen Lel Elyón”, Sacerdote del Dios altísimo. Es
rey y sacerdote a la vez, y salió al encuentro de Abraham con
una bendición sacerdotal y un banquete real. Abraham le entregó
el diezmo del botín de guerra que obtuvo al derrotar sus
enemigos cuando rescató a su sobrino Lot, eso demuestra que
Melquisedec era mayor que Abraham.
Esta alusión de sacerdote y rey a Melquisedec fue entendida por
la Iglesia primitiva como un claro simbolismo del sacerdocio
eterno del Rey Jesucristo. Los discípulos de Jesús escucharon las
enseñanzas de su boca y su testimonio tiene autoridad por
encima de comentarios históricos o contemporáneos con relación
a Melquisedec.
En la Carta a los Hebreos se hace un estudio exhaustivo del
sacerdote Melquisedec como una evidente simbología del
sacerdocio eterno de Jesús:
“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios
altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la
derrota de los reyes, y le bendijo. A quien asimismo dio
Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa
primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem,
esto es Rey de paz. Sin padre, sin madre, sin genealogía;
que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho
semejante al Hijo de Dios permanece sacerdote para
siempre” (Hb. 7: 2-3).
Melquisedec no es un hombre común, ni un nombre personal
cualquiera. No aparece en las genealogías de la Biblia. Es una
figura escatológica que simboliza el sacerdocio eterno de Cristo
(Hb. 7:21-28).
Jesús fue constituido por el Padre como el sumo sacerdote
eterno de la orden de Melquisedec, quien vive siempre para
interceder por la humanidad. Esto fue profetizado en los salmos,
antes de nacer Jesús:
“Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para
siempre, según el orden de Melquisedec” (Sal. 11:4).
Los judíos consideran a Abraham como su padre genealógico y
espiritual. Es un personaje grande para su fe y religión. El
escritor escribe precisamente a judíos, para mostrarles que el
25
personaje que bendijo a Abraham era divino porque tuvo el
poder de bendecir a Abraham, quien ya tenía promesa de
bendición divina. El escritor explica:
“Considerad, pues, cuán grande era éste, a quién aun
Abraham el patriarca dio diezmos del botín (el escritor se
asombra). Ciertamente los que de entre los hijos de Leví
reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del
pueblo los diezmos según la Ley, es decir, de sus hermanos,
aunque éstos también hayan salido de los lomos de
Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de
entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que
tenía las promesas. Y sin discusión alguna el menor es
bendecido por el mayor” (Hb. 7:4-7).
Abraham, se humilló delante de Melquisedec reconociendo su
autoridad divina al darle los diezmos. El escritor señala que “el
menor es bendecido por el mayor”. De acuerdo a la tradición
judía, el menor era bendecido por alguien mayor dentro de la
familia. Si Melquisedec (prototipo de Cristo) bendijo a
Abraham, es porque es mayor que él. Melquisedec representa
una simbología de la línea sacerdotal eterna de Cristo y es bajo el
sacerdocio de Melquisedec que se registra el primer diezmo en la
Biblia.
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“Jesús fue constituido sumo sacerdote eterno de la orden
de Melquisedec, quien vive siempre para interceder
delante del Padre por la humanidad. Esto fue profetizado
en los salmos, antes de nacer Jesús’’.
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26
pueblo, diezmaron a Melquisedec (prototipo de Jesús) a través
de su padre Abraham:
“Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres
mortales; pero allí, uno de quién se da testimonio de que
vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo
también Leví, que recibe los diezmos. Porque aun estaba en
los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al
encuentro” (Hb. 7:8-10).
Según Hebreos, aún la tribu de Leví, pagó sus diezmos a
Melquisedec en un sentido simbólico (a través de su padre
Abraham). Los levitas diezmaban de sus diezmos a Dios (diezmo
de diezmos, según la ley)4 dando a entender que este sacerdote
(Melquisedec) toma un lugar divino en esta acción al recibir el
diezmo de Abraham.
El propósito del escritor es reafirmar que el sacerdocio según
Melquisedec (cuyo sumo sacerdote es Jesús) es eterno con
relación al sacerdocio levítico que fue temporal.
El escritor no puede ser más preciso con relación a la
vigencia eterna del sacerdocio eterno de Cristo (Melquisedec),
bajo el cual diezmó Abraham. Por tal razón, el diezmo está
vigente hoy más que nunca, porque Jesús, el sumo sacerdote
eterno de la orden de Melquisedec, se ha manifestado al mundo,
está sentado a la diestra del Padre, y vive para interceder por la
humanidad (Hb. 7: 22-25).
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“El diezmo está vigente hoy más que nunca, porque
Jesús, el sumo sacerdote eterno de la orden de
Melquisedec, se ha manifestado al mundo, está sentado a
la diestra del Padre y vive para interceder por la
humanidad” (Hb. 7: 22-25).
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4
Los Levitas no tenían de que diezmar, ya que no poseían
tierras y estaban consagrados al servicio del ministerio. Dios les
ordenó que diezmaran de los diezmos que recibían del pueblo
– diezmo de diezmos – Nm. 18:26.
27
Al manifestarse Jesús al mundo se elimina el viejo sacerdocio
levítico y continúa vigente el sacerdocio eterno de Jesús, según
la orden de Melquisedec:
“Si pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico
(porque bajo él recibió el pueblo la Ley). ¿Qué necesidad
habría aún que se levantase otro sacerdote, según el orden
de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de
Aarón? Por que cambiado el sacerdocio, necesario es
también que haya cambio de Ley” (Hb. 7:11-12).
El sacerdocio de Jesús, según la orden de Melquisedec, no es de
la línea de Aarón, como establecía la Ley (sacerdocio levítico,
Ex. 29:9). Aarón era de la tribu de Leví y Jesús de la tribu de
Judá (Hb. 7:14). Hubo un cambio del antiguo sacerdocio de la
Ley (levítico), al sacerdocio eterno de Jesús (Melquisedec) bajo
el pacto de la Gracia (Jr. 31: 31-33).
Abraham diezmó bajo el sacerdocio de Melquisedec, no bajo
la Ley, pues su justicia fue por la fe, no por obras de la Ley (Ro.
4: 3-5; Gá. 3: 6-9). La Ley no fue revelada a Abraham, sino más
de 400 años después a Moisés.
El escritor de Hebreos trata de demostrarles a los judíos que el
sacerdocio de Jesús está vigente por la eternidad. Hoy es más
patente porque el sumo sacerdote de la fe cristiana (Jesús) se ha
revelado al mundo:
“Juró el Señor y no se arrepentirá. Tú eres sacerdote para
siempre, según el orden de Melquisedec. Por tanto, Jesús es
hecho fiador de un mejor Pacto. Más éste, por cuanto
permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable”
(Hb. 7:21b, 22, 24).
Cristo es el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham:
“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a
su Simiente. No dice: y a las simientes, como si hablase de
muchos, sino como de uno: Y a tu Simiente, el cual es
Cristo” (Gá. 3:16).
El diezmo no pertenece a la Ley, sino al sacerdocio eterno de
Cristo (Melquisedec). La Ley sólo confirmó su práctica.
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28
“El diezmo no pertenece a la Ley, sino al sacerdocio
eterno de Cristo (Melquisedec). La Ley sólo confirmó su
práctica”.
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29
Jacob no tenía nada que ofrecerle a Dios, más que su palabra
de compromiso y aunque era un hombre listo, sabía que a Dios
no lo podía engañar. Dios no hubiese bendecido a un mentiroso y
desleal. Dios honra a los que le honran (1 S. 2:30b) y aún con sus
defectos y debilidades, Dios guía a sus hijos a la perfección
cuando se disponen a obedecer (Fil. 1:6).
Jacob se levantó de la nada para ser un hacendado muy rico en
su época. El secreto de este hombre fue su fidelidad al pacto que
hizo con Dios:
“E hizo Jacob voto, diciendo: si fuere Dios conmigo, y me
guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para
comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi
padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por
señal, será casa de Dios, y de todo lo que me dieres, el
diezmo apartaré para Ti” (Gn. 28:20-22).
Jacob hizo el pacto de diezmar a Dios antes de recibir algo,
como un acto de fe. Él sabía que si cumplía su parte del trato con
Dios, nadie detendría su bendición. Y quedó demostrado al
prosperar en casa de su suegro Labán, siendo antes su trabajador
asalariado (Gn. 29:15-30).
Posteriormente, Dios cambiaría el nombre de Jacob
(suplantador), por Israel (el que lucha, Gn. 32:28). Jacob dejó a
un lado las patrañas para convertirse en un hombre de carácter
firme. Dios le cambió su nombre por el luchador, pues venció las
amenazas de los hombres, peleó su bendición con un ángel y
supero sus propios engaños.
Jacob hizo un pacto con Dios pidiéndole que le protegiera,
supliera sus necesidades y le regresara salvo a su casa, después
de emprender su largo viaje. El por su parte prometió cumplir
con sus diezmos y seguir a Jehová su Dios todos los días de su
vida.
Jacob regresó con mucha riqueza en su viaje de retorno a su
tierra a causa de su pacto de diezmar de todo lo que recibiera y
confesando lo que prometió: Que Jehová sería su Dios (Gn. 31:1,
32:9). Eso implicaba ser fiel en todas las demandas divinas,
incluyendo su promesa de diezmar.
31
La bendición de Jacob no estaba fundada en su inteligencia,
suerte o trucos, sino en el fiel cumplimiento del pacto de diezmar
que había concertado con Dios.
El diezmo fue parte integral de la práctica de adoración del
creyente Abraham y sus hijos. Ellos entendieron que hay
bendición en separar el diez por ciento de lo recibido para
consagrarlo a Dios, por eso fueron prosperados.
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“Jacob pasó de ser un simple empleado de su suegro a un
hombre próspero porque antes de recibir había
prometido separar todos los diezmos para Dios y cumplió.
Por eso Dios lo honró”.
32
Capítulo – 3 –
33
“Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te
da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites,
entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que
sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás
en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere
para hacer habitar allí su nombre. Y te presentarás al
sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro
hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró
Jehová a nuestros padres que nos daría” (v. 1-3).
El oferente debía hacer remembranza al pueblo acerca de la
liberación de la esclavitud egipcia, donde Dios les había librado
de la muerte. De esta manera reafirmaban que habían entrado en
un pacto con Dios y debían cumplirlo para mantenerse bajo la
bendición divina.
La ofrenda sólo reflejaría la gratitud y fe del oferente que
deviene en obediencia a la Palabra de Dios. Las ofrendas se
darían con gratitud, alegría e integridad de corazón por los
beneficios recibidos gratuitamente de parte de Dios:
“Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un
arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió
a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y
llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los
egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre
nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios
de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra
aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos
sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con
grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a
este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y
miel” (v. 5-9).
El oferente debía presentarse como un adorador consciente del
mandato divino. Reconociendo a Dios como Creador:
“Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la
tierra que me diste, oh Jehová” (v. 10a).
El oferente debía adorar y regocijarse con su familia delante de
Dios por participar de sus bendiciones:
“Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante
de Jehová tu Dios. Y te alegrarás en todo el bien que
34
Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el
levita y el extranjero que está en medio de ti” (v. 10b, 11).
El oferente debía ser un adorador obediente, con una experiencia
viva de su fe en Dios. La ofrenda no debe ser un acto carente de
fe, sino de genuina adoración:
“Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo
consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al
extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que
me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni
me he olvidado de ellos” (v. 13).
Sólo después que el adorador confesaba ser obediente a la
palabra de Dios su ofrenda era agradable y podía invocar la
bendición divina prometida a los obedientes: “Mira desde tu
morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a
la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres,
tierra que fluye leche y miel” (v. 15).
Toda esta experiencia cultica demandada a Israel demuestra que,
desde la perspectiva divina, el diezmo es un acto de adoración
más que un asunto de dinero per se.
El secreto de una ofrenda grata a Dios radica en la comunión
intina y santa entre el adorador y Dios.
5
Gerhard Kittel y Gerhard Friedrich - Diccionario Teológico
del Nuevo Testamento. Geoffrey W. Bromiley. Libros Desafío.
Grand Rapids, Michigan, 2002. Pág. 451.
6
W. E. Vine. Diccionario Expositivo VINE. Ed. Caribe, USA.
1999. Pág. 216.
35
Dios y el prójimo. Existían varios tipos de ofrendas requeridas
por la Ley, entre ellas: (a) En sacrificio por el pecado, (Lv. 4:1-
35, 6: 24-30). (b) Por culpa o pecados de omisión (Lv. 4:1, 5:2-
19, 17:1-7) (c) Ofrendas de Paz (Lv. 3), etc.
Las ofrendas expiatorias fueron ordenadas por Dios en la
Ley a causa del pecado del pueblo de Israel, por ofensa o daño al
prójimo o por impureza ritual. Las ofrendas requeridas por la
Ley tenían dos objetivos supremos: Expiar el pecado cometido
contra Dios y contra el prójimo. No se puede estar bien con Dios
y mal con el prójimo (1 Jn. 4:21).
En la Ley también se daban ofrendas voluntarias, como fue
costumbre antes de la Ley. Las ofrendas de paz (Ex. 20: 24), que
se ofrecían en acción de gracias por las misericordias recibidas o
esperadas (Lv. 7:12). Era un acto voluntario de un corazón
agradecido de Dios (Lv. 7:16) o para hacer un voto o promesa
delante de Dios (Lv. 7:16).
En una ocasión el rey Salomón ofreció como ofrendas de paz
22.000 bueyes y 1.200 corderos en agradecimiento por la bondad
de Dios (1 R. 8:62-66). Salomón fue uno de los reyes más ricos y
sabios de la historia. La clave de su bendición fue su fidelidad al
pacto divino. El sabio aconseja: “Honra a Jehová con tus
bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos
tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de
mosto” (Pr. 3: 9-10). Lo separado para Dios debía darse sin
objeción (Lv. 27:33). En la mayoría de las ofrendas requeridas
por Dios a causa del pecado o voluntarias, lo ofrecido debía ser
lo mejor, sin defecto alguno (Lv. 3:1, 4:3, 32).
37
“Las primicias, al igual que todas las ofrendas, evocan un
acto de reconocimiento de Dios como el que da vida a
todas las cosas que existen en el mundo y de
agradecimiento por el sustento diario recibido”.
Capítulo – 4 –
EL DIEZMO EN LA LEY
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39
toda obra que tus manos hicieren” (Dt. 14:29b). El adorador
intima con Dios en este acto de adoración. El mandato divino
señala:
”Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano
que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de
Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí
su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite,
y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que
aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días” (Dt. 14:22-
23).
El sentido de este acto de adoración por medio del diezmo es
“para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días”.
Aquí se refiere a un temor reverente, no de miedo. Dios
estableció el diezmo a fin de que el ser humano se mantenga en
absoluta dependencia de su Creador y no se olvide que Dios es el
proveedor de todas las cosas.
El adorador es bendecido al mantenerse en comunión con
Dios y alejado del juicio advertido a los desobedientes que
rechazan sus promesas de bendición.
____________________________________________________
“El sentido de este acto de adoración por medio del
diezmo es “para que aprendas a temer a Jehová tu Dios
todos los días”. Dios estableció el diezmo a fin de que el
ser humano se mantenga en absoluta dependencia de su
Creador y no se olvide de que Dios es el proveedor de
todas las cosas”.
“El adorador es bendecido al mantenerse en comunión
con Dios y alejado del juicio advertido a los
desobedientes”.
____________________________________________________
40
A todas las tribus de Israel se les asignó una porción de la tierra
prometida, pero a la tribu de Leví (levitas) Dios no les concedió
tierra para cultivar, sino que les entregó los diezmos y las
ofrendas del pueblo como herencia perpetua a causa de su
servicio ministerial:
“Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de
los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por
lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán
heredad” (Nm. 18:24).
Dios les dio a los levitas los diezmos y ofrendas de Israel como
herencia por su separación al servicio ministerial en el templo
(Nm. 18). Dios les dijo que Él mismo y las cosas santas
dedicadas a Él, serían su sustento:
“Dijo mas Jehová a Aarón: he aquí yo te he dado también
el cuidado de mis ofrendas; todas las cosas consagradas de
los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y a tus
hijos por estatuto perpetuo. Y Jehová dijo a Aarón: De la
tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás
parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de
Israel” (Dt. 18:8, 20).
Dios le dio los diezmos y las ofrendas a los levitas para que se
dedicaran enteramente al ministerio sacerdotal. Esto significa
dos cosas para los levitas. La primera, es que debían sostenerse
con el diezmo y las ofrendas del templo a fin dedicar sus vidas
en servicio a Dios. La segunda es que no debían enredarse en
negocios de este mundo, por esa razón no se les dio tierras para
cultivar.
El diezmo no fue inventado por el pueblo de Israel, ni por la
Iglesia de Cristo, fue ordenado por Dios para el sustento de los
ministros que sirven en el altar.
“Por razón de la unción” significa por la separación al
ministerio sacerdotal al cual estaban dedicados completamente.
Este acto de consagración se hacía a través de la unción con
aceite (símbolo del Espíritu Santo, Ex. 29:7-8) que se derramaba
sobre la cabeza del sacerdote.
Dios también ordenó a los levitas que diezmaran de los
diezmos que recibían (diezmo de diezmos) y les sería contado
como si fuese producto cultivado por ellos:
41
“Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de
los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por
vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda
mecida a Jehová el diezmo de los diezmos” (Nm. 18:26).
El diezmo de diezmos era entregado por los levitas al sumo
sacerdote (Nm. 18:28). Todo ministro del Evangelio que recibe
diezmos debe dar el diezmo de diezmos a los líderes de su misión
u otro ministerio, si no pertenecen a ninguno.
____________________________________________________
“El diezmo de diezmos era entregado por los levitas al
sumo sacerdote (Nm. 18:28). Todos los ministros del
Evangelio que recibe diezmos, deben dar diezmo de
diezmos a los líderes de su misión u otros ministerios, si
no pertenecen a ninguna”.
____________________________________________________
42
El diezmo debía ser entregado a los levitas que habitaban el
lugar escogido por Dios, pues era su heredad. Esto se hacía así
cuando aún no existía un lugar fijo de adoración en Israel, antes
de la construcción del templo. En ocasiones los levitas
deambulaban a causa del descuido espiritual de Israel. Muchos
quedaban errantes y sufrían a causa de la desobediencia del
pueblo (Jue. 19:1). Dios había advertido a Israel acerca de no
desamparar a los levitas que no poseían tierras para el cultivo
(Dt. 12:19).
7
Carlos del Valle. La Misná. Ediciones Sígueme. Salamanca,
España. 2003. Pág. 165.
43
El diezmo en la Ley estaba consagrado a Dios y dedicado
enteramente a los levitas que ministraban en el templo.
El diezmo dentro del contexto de la Ley era ineludible. Israel
debía cumplir a fin de que Dios les bendijera la tierra y
multiplicara su ganado. Además, el diezmo debía suplir las
necesidades de los levitas para mantener en pie el culto a Dios.
El diezmo levítico estaba distribuido así:
• Diezmo del 1er. año – Para los levitas.
• Diezmo del 2do. año – Para los levitas.
• Diezmo del 3er. año – Para los levitas. En el año tercero y
sexto se debía compartir con los levitas, extranjeros, viudas,
huérfanos y peregrinos pobres en Israel.8
• Diezmo del 4to. año – Para los levitas.
• Diezmo del 5to. año – Para los levitas.
• Diezmo del 6to. año – Para los levitas. En el año tercero y
sexto se debía compartir con los levitas, extranjeros, viudas,
huérfanos y peregrinos pobres en Israel.
• Diezmo del 7mo. año9 – La tierra descansaba, por eso se
daba diezmo de las demás cosas, menos de la siembra y la
cosecha. Ese año el dueño comía de sus viñas y olivares,
pero debía dejar libre sus cultivos para que comieran los
pobres y los animales (Lv. 25:3-6).
En toda la distribución de los diezmos son los levitas separados
para ministrar en el templo quienes reciben el diezmo, pues Dios
se los entregó por heredad perpetua a causa de su servicio
ministerial:
”Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos
en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos
8
Carlos del Valle. La Misná. Ediciones Sígueme. Salamanca,
España. 2003. (VIII-1). Pág. 43.
9
Este año era de remisión de deudas, porque nadie cultivaba.
No se podía sembrar, se comía de lo sembrado y había que
compartirlo con los pobres (Ex. 23:10:11). Carlos del Valle. La
Misná. Ediciones Sígueme. Salamanca, España. 2003. Pág. 105.
44
sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión” (Dt.
18:21).
Capítulo – 5 –
45
b. Ezequías restauró el diezmo y Dios bendijo a Israel
Hubo tiempos de restauración en Israel en épocas de profunda
crisis y decadencia en su reino a causa del abandono del Pacto.
Pero, cuando el pueblo se volvía a Dios y lo cumplían, eran
restaurados y bendecidos.
El rey Ezequías (aprox. 700 a.C.) fue uno de los restauradores
del culto a Dios. La Biblia señala que no había ocurrido un
avivamiento tan grande en Israel, desde los tiempos del rey
Salomón, como el que emprendió Ezequías, restaurando todo el
culto a Dios. Parte de esa restauración incluyó el diezmo:
“Trajeron también asimismo en abundancia los diezmos
de todas las cosas. También los hijos de Israel y de Judá,
que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo
modo los diezmos de las vacas y las ovejas; y trajeron los
diezmos de lo santificado, de las cosas que habían
prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en
montones. Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los
Levitas acerca de esos montones. Y el sumo sacerdote
Asarías, de la casa de Sadoc, le contestó: Desde que
comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehová, hemos
comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho,
porque Jehová ha bendecido a su pueblo y ha quedado esta
abundancia de provisiones” (2 Cr. 31: 5b, 6, 9 y 10).
El pago del diezmo permitió la restauración del culto en Israel en
tiempos de Ezequías. El avivamiento no es una emoción
pasajera, conduce a un compromiso serio y al cumplimiento de
la Palabra de Dios.
La provisión de los levitas fue tan grande en tiempos de
Ezequías que las bendiciones sobreabundaban como declara la
promesa divina (Mal. 3:10).
El sacerdote Asarías explicó: “Desde que comenzaron a traer
las ofrendas (diezmos) a la casa de Jehová, hemos comido y
nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehová
ha bendecido a su pueblo y ha quedado esta abundancia de
provisiones”.
Las bendiciones económicas de los hijos de Dios no se
obtienen ni con ayuno y oración (que son efectivos para obtener
poder sobre Satanás y sus demonios, Mt. 17:21). En el área
económica se requiere obediencia al mandato divino del diezmo
46
revelado en la Biblia. Incluso cristianos muy devotos pueden
vivir económicamente fracasados, sino son fieles a Dios con sus
diezmos. Eso ocurrió en Israel.
47
Desde la perspectiva bíblica y divina el diezmo no se le da a
Dios, le pertenece a Él. Él lo reclama como suyo, por eso llama
ladrones a los que le roban Su diezmo.
El diezmo era utilizado para el sustento de los levitas y el
incumplimiento les ponía en una situación de pobreza, porque no
poseían tierras para cultivar. La infidelidad también ponía bajo
maldición al pueblo por desobedecer el mandato divino y
rechazar su promesa de bendición:
“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación
toda, me ha robado. Traed todos los diezmos al alfolí y
haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice
Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los
cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobreabunde” (Mal. 3: 9-10).
Dios les exhortó a que trajeran sus diezmos y ofrendas al templo,
para que fuesen restaurados económicamente. Esta vez les retó a
que, si lo hacían, Él los bendeciría.
El Señor reclamó a Israel diciendo: “Traed todos los
diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”.
El pueblo de Israel preguntó: ¿Cómo era posible que el hombre
le robara a Dios? Alguien puede preguntarse: ¿Para qué Dios
necesita alimento en su casa? ¿Come Dios? ¡Claro que no! La
Biblia señala que todo le pertenece a Dios: ”Si yo tuviese
hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su
plenitud. ¿He de comer yo carne de toros, o de beber sangre de
machos cabríos? Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al
Altísimo; e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú
me honrarás” (Sal. 50:12-15).
Los levitas, que habían sido separados por Dios para
ministrar en el templo tenían familias que mantener y no poseían
tierras para cultivar. Su herencia eran las ofrendas y diezmos de
Israel. Cuando el pueblo abandonaba la Ley, los levitas sufrían
hambre, pobreza o deambulaban como forasteros (Jue. 17:7-13).
Por eso Dios reclamó: “haya alimento en mi casa”. El pueblo
no solo pecaba contra Dios, también los sacerdotes sufrían.
____________________________________________________
48
“Desde la perspectiva bíblica y divina el diezmo no se le
da a Dios, le pertenece a Dios. Él lo reclama como suyo,
por eso llama ladrones a los que le roban Su diezmo”.
____________________________________________________
49
Capítulo – 6 –
51
enseñanzas y dijo a sus discípulos que hicieran todo lo que los
líderes religiosos les enseñaban, pero que no hicieran lo que ellos
hacían, porque no practicaban lo que enseñaban (Mt. 23:3).
En lo que atañe a los diezmos, Jesús condenó la hipocresía
de los líderes judíos. Ellos diezmaban hasta de las hortalizas más
insignificantes, pero se olvidaban de la justicia, la misericordia y
la fe que se relacionan con el amor a Dios y al prójimo que es la
esencia de la Ley, por eso les llamó hipócritas (Mt. 23:23). Jesús
condenó la hipocresía de los líderes religiosos de su época, pero
no sus diezmos. Él confirmó el pago de los diezmos.
53
“Así también ordenó el Señor a los que anuncian el
Evangelio, que vivan del Evangelio”.
____________________________________________________
b. La ofrenda neotestamentaria
Los sacrificios y ofrendas en el culto del Antiguo Testamento
encerraban elementos simbólicos con relación al sacrificio
perfecto hecho por Cristo, como la ofrenda más excelente y
agradable delante de Dios (Hb. 10: 1, 11-14). Implica que no hay
ofrenda que pueda comprar o sustituir los beneficios de la Gracia
para la humanidad, ganados por Cristo en la cruz. La Ley exigía
algunas ofrendas obligatorias por los pecados; pero en la Gracia
Cristo hizo una sola ofrenda por todos los pecados de la
humanidad.
Durante tres fiestas anuales del pueblo de Israel se pedía que
nadie se presentara delante de Dios con las manos vacías (Dt.
16:16). Obviamente, esto se hacía solo tres veces al año, no
todos los días.
En la Gracia, Jesucristo es la ofrenda perfecta que hace
agradable al cristiano ante Dios (Hb. 10:14). Las ofrendas
cristianas no guardan relación con la remisión de pecados o la
salvación, se dan en agradecimiento por las bondades del Señor.
No implica que el cristiano no deba ofrendar, pues hay evidencia
de ofrendas voluntarias en la era de la Iglesia a fin de extender el
reino de Dios en la tierra.
Las ofrendas cristianas son agradables a Dios si proceden del
corazón de un verdadero adorador. De otra manera lo importante
sería cambiar el corazón, no dejar de ofrendar. Las ofrendas
54
deben darse como se proponen en el corazón (2 Co. 9:7).
Ananías y Safira fueron muertos por no dar una ofrenda como
habían prometido a Dios (Hch. 5:1-11). La Biblia señala que es
mejor no prometer algo a Dios si no se va a cumplir (Ec. 5:5).
Dios toma en serio nuestras promesas, nunca las olvida. El cree
en nosotros.
c. Ofrendas especiales
En la Biblia hay un gran despliegue de ejemplos de ofrendas
voluntarias, comenzando desde el justo Abel.
Cuando hay proyectos que son dirigidos por Dios el pueblo debe
contribuir voluntariamente con ofrendas. Estas son
oportunidades que Dios permite para que sus hijos puedan
participar de sus bendiciones. Dios no necesita ayuda de nadie
para realizar sus planes, solo quiere involucrar a sus hijos para
que le ofrezcan voluntariamente de lo que reciben de su mano.
El adorador se beneficia espiritual y económicamente a
través del diezmo y las ofrendas. La Biblia señala que: “el que
siembra abundantemente, abundantemente cosechara” y “Dios
bendice al dador alegre” (2 Co. 9:6-7).
En una ocasión Dios le habló a Moisés que pidiera una
ofrenda voluntaria al pueblo para la construcción del tabernáculo
de Israel: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de
Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere
de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda” (Ex. 25:2).
La respuesta del pueblo fue tan generosa que Moisés impidió
ofrendar mas a causa de la abundancia (Ex. 36:2-7).
Ante la necesidad de restaurar el templo destruido de
Jerusalén, Nehemías propuso dar una ofrenda especial: “nos
impusimos además por ley, el cargo de contribuir cada año con
la tercera parte de un siclo para la obra de la casa de nuestro
Dios” (Nh. 10:32).
En la Iglesia primitiva se recogían ofrendas para el uso
ministerial (Ro. 15:26; 1 Co. 16:1). Hubo quienes ofrecieran
voluntariamente el precio total de algunos de sus bienes para el
servicio de la Iglesia (Hch. 4:32-37). Dios está involucrado en
las ofrendas de sus hijos, la Biblia señala que cada uno debe
ofrendar según proponga en su corazón (2 Co. 9:7), y Dios
55
produce el querer y el hacer, por su buena voluntad en el
corazón del cristiano fiel para ofrendar para su reino (Fil. 2:13).
Capítulo – 7 –
EL DIEZMO Y LA SALVACIÓN
____________________________________________________
57
b. El robo es un pecado de condenación eterna
En el Nuevo Pacto, Jesús confirmó el pago de los diezmos,
según el sacerdocio eterno de Melquisedec, de quien Abraham
fue el primer diezmador, bajo la fe, no bajo la Ley. Eso implica
que el diezmo sigue vigente como un mandato divino bajo el
pacto de la Gracia (Fe).
Nadie le regala o paga los diezmos a Dios. Él como dueño
absoluto de toda la creación, quien con su poder hace que todo
exista y se reproduzca, reclama el diezmo de todo, porque le
pertenece. Al pueblo de Israel Dios les llamó ladrones cuando le
robaron sus diezmos:
“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación
toda, me habéis robado” (Mal. 3:11).
Si la vigencia del diezmo está demostrada en las Escrituras del
Nuevo Testamento y en las enseñanzas de Jesús, ¿Cómo se le
llamará hoy día al incumplimiento del pago de los diezmos?
Definitivamente, sigue siendo un robo, un pecado de
condenación eterna y la Biblia señala que los ladrones no
heredarán el reino de Dios (1 Co. 6:10).
Los cristianos deben entender lo grave que es la
desobediencia a la palabra de Dios, pues Cristo mismo dijo que
por ella serían juzgados los seres humanos en su segunda venida
(Jn. 12:48). Eso no implica que si alguien ha fallado con sus
diezmos ha perdido su alma, porque mientras hay vida existe
oportunidad de arrepentimiento (Ec. 9:4). Pero, quien practica el
pecado consciente y deliberadamente10, sin arrepentirse, peca (1
Jn. 3:8), y la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23).
__________________________________________________
“No implica que si alguien ha fallado con sus diezmos ha
perdido su alma, porque mientras hay vida existe
oportunidad de arrepentirse (Ec. 9:4). Pero, quien
practica el pecado consciente y deliberadamente, sin
10
La práctica del pecado se refiere a quienes lo practican
consciente y deliberadamente, sin arrepentirse. Eso no implica
que el cristiano este exento al pecado. Dios perdona a los que
sinceramente se arrepienten y se apartan del pecado.
58
arrepentirse, peca (1 Jn. 3:8), y la paga del pecado es
muerte” (Ro. 6:23).
____________________________________________________
59
“Robarle el diezmo a Dios es un pecado de condenación
eterna, aunque usted sea un cristiano, pues el mandato
divino es para los hijos de Dios, no para los pecadores”.
__________________________________________________
60
humano en su retorno a la tierra en el día postrero. Pablo
advierte:
“El cual (Jesús) pagará a cada uno conforme a sus obras:
vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan
gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que
son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que
obedecen a la injusticia” (Ro. 2:6-8).
Jesús confirmó el pago de los diezmos. Sus palabras tendrán
consecuencias eternas en quien las oye y lee (Hb. 12:22-29).
Vida eterna a los obedientes y condenación eterna a los
desobedientes (Ro. 2:6-8).
Capítulo – 8 –
EL DIEZMO Y LA FE
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61
La Biblia señala que sin fe no se puede agradar a Dios. Toda
persona que se acerca a Dios en un acto de adoración debe estar
convencida de la existencia de Dios:
”Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que
es galardonador de los que le buscan” (Hb. 11:6).
La fe hizo agradable a Abel y su ofrenda delante de Dios:
”Por la Fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que
Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo,
dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún
habla por ella” (Hb. 11: 4).
Si no tiene fe, pídale a Dios y Él le dará abundantemente. El
diezmo se debe dar en un acto de fe en la Palabra de Dios. No es
un intercambio o un banco donde se cobran réditos por depósito.
Tampoco se debe dar pensando que es una ayuda para Dios, al
pastor o a la Iglesia. Aunque tiene el fin de extender el reino de
Dios en la tierra y proveer sustento económico para los
verdaderos ministros que sirven al Señor, el diezmo le pertenece
a Dios y se debe dar como un acto consciente de obediencia al
mandato divino con promesa de bendición revelado en la Biblia.
Si se ha creído en Dios para salvación por medio de su
Palabra escrita (Biblia) ¿Por qué no creer lo que la Biblia enseña
con relación al diezmo? Dios salva y se cree en Él a través de su
Palabra, con esa misma fe se debe obedecer todo lo que Dios
ordena en la Biblia. Si alguien dice creerle a Dios y no diezma,
¿Dónde está la fe que deviene en obediencia a Dios y a su
Palabra? Si no se confirma lo que la Biblia enseña, se niega la fe
que profesa el adorador.
62
Palabra de Dios. Se debe recordar que el Espíritu Santo jamás
contradice la Biblia.
No se puede tentar a Dios escuchando voces que sean
contrarias a lo escrito en la Biblia. Cuando la Biblia señala que el
Espíritu guiará al cristiano a toda verdad (Jn. 16:13), se refiere a
quienes obedecen su Palabra. No se puede tentar al Espíritu
Santo preguntándole algo que ya está escrito y evidenciado en la
Biblia.
Si alguno busca que Dios le apruebe su desobediencia lo que
encontrará será confusión. Buscar confirmación del Espíritu
Santo para diezmar solo demostrará el grado de incredulidad y
dureza de corazón para no creer lo que está escrito en la Biblia.
En todo caso, si un cristiano le pregunta al Espíritu Santo si debe
diezmar, la respuesta que le dará es que obedezca lo que Él
inspiró en la Biblia.
La respuesta del Espíritu Santo siempre estará de acuerdo con la
Biblia, nunca se contradicen. Cuando esto parezca ser así, no hay
dudas que el intérprete está errado.
Cada ser humano determina el valor que le da a la Biblia y
puede decidir libremente obedecer o no, pero sin duda, de ella
dará cuenta un día ante de Dios.
“Si un cristiano le pregunta al Espíritu Santo si debe
diezmar, la respuesta que le dará es que obedezca lo que
Él inspiró en la Biblia”.
63
pueden ser desagradables a Dios y considerados como fuego
extraño en su presencia. Tal es el caso de Nadab y Abiu, hijos de
Aarón, quienes ofrecieron sacrificios que Dios nunca les mandó,
usurpando la autoridad de su padre. Hasta pudo ser un acto bien
intencionado, pero contrario a lo que Dios había ordenado en su
palabra con relación a la exclusividad del sumo sacerdote para
hacer estos sacrificios sagrados. Aunque eran sacerdotes,
murieron siendo consumidos por el fuego de Dios a causa de su
soberbia (Lv. 10:1-2).
El siguiente diagrama ilustra la autoridad de la Biblia por
encima de lo que individualmente un cristiano piense o crea de sí
mismo.
LA CONCIENCIA LO QUE SE CREE LA BIBLIA
La conciencia Lo que el cristiano La Biblia es la
humana puede errar, cree, de sí mismo, regla de fe que
por eso se habla de no determina una tiene autoridad
una conciencia postura bíblica. La para regir la vida y
errónea, la que opinión personal conducta cristiana.
confunde el bien con no tiene la Tiene el poder de
el mal o viceversa. autoridad de una salvar o condenar
verdad bíblica. (Jn. 12 48).
La conciencia Una “revelación” No se debe usar la
humana no puede humana o espiritual Biblia como
dictar una verdad no puede excusa para
divina o regir la fe contradecir la justificar una
cristiana. El corazón revelación divina creencia personal.
del ser humano es (la Biblia). La Biblia revela la
engañoso (Jr. 17:9). voluntad de Dios a
la humanidad.
El ser humano debe No basta con creer La Biblia debe
tener conciencia del en Dios, hay que interpretar la
valor inalterable de creer y obedecer la Biblia. El
la Biblia. Biblia que revela la intérprete se remite
voluntad divina. a la Biblia para
estudiarla.
Capítulo – 9 –
64
DIOS ES DUEÑO DE TODA RIQUEZA
________________________________________________
11
La Biblia muestra que la voluntad divina es que sus hijos
dependan enteramente de Él y confíen en sus promesas de
provisión. En el Antiguo Testamento, Dios le ordenó a Israel
que no guardaran del Maná para el siguiente día, ellos debían
esperar el alimento de su mano diariamente (Ex. 16:4). En la
oración modelo, Jesús ensenó a sus discípulos a depender
diariamente de Dios, señalando: “El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy” (Mt. 6:11).
65
aunque no se le reconozca. Jesús enseñó que el Padre eterno,
creador de todas las cosas visibles e invisibles, comparte las
bendiciones de su mano con toda su creación:
“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los
cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que
hace llover sobre justos e injustos” (Mt. 5: 45).
Dios está comprometido en su Palabra a bendecir a los que
obedecen, pero su bondad va más allá, Él hace salir el sol y
derrama lluvia sobre buenos y malos. Si Dios es grande en
misericordia, aun con los desobedientes, como no bendecirá
hasta que sobre y abunde a los que obedecen fielmente su
Palabra. Él dice:
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi
casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los
ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y
derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobreabunde” (Mal. 3:10).
67
El diezmo es un acto de adoración en el que se le rinde el
primer lugar a Dios. Al separar el diezmo como la primera parte
de nuestras ganancias para ofrecerlo a Dios, estamos dándole el
primer lugar a Dios y esa es la meta que persigue todo adorador,
tener a Dios en el primer lugar. El diezmo no es un acto
puramente económico, encierra un acto de adoración a Dios en
los que son fieles y aman a Dios con pureza de corazón.
____________________________________________________
”Como un acto de adoración, el mandato del diezmo se
constituye en una acción de fe y obediencia por medio del
cual el ser humano voluntariamente decide poner en
primer lugar a Dios y depender absolutamente de Él para
sus necesidades diarias, participando de las bendiciones
prometidas a los fieles”.
d. Más que el diezmo
La Iglesia primitiva no solamente daba su diezmo, sino que
vendían propiedades y las ofrendaban a Dios para compartir con
los hermanos más necesitados. Ellos se desbordaban en amor,
dando grandes ofrendas para la obra del Señor:
“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque
todos los que poseían heredades o casas, vendían y traían el
precio de los vendido, y lo ponían a los pies de los
apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”
(Hch. 4: 34-35).
Las iglesias gentiles de Macedonia, Acaya y Galacia entre otras,
recogían ofrendas voluntarias de cada hermano para enviársela a
los hermanos más pobres de Jerusalén (Ro. 26; 1 Co. 16; 2 Co. 8
y 9). Semanalmente, los hermanos guardaban cierta cantidad
para ofrendarlas en ayudas.
Es obvio que el hijo de Dios debe ser sabio para dar, mas en
un mundo lleno de egoísmo y falta de amor como el que se vive
en la actualidad, pues aquella Iglesia era de un solo sentir, todo
era de todos (v.32), mas ahora no todos viven para los demás.
Pero esto no menoscaba la realidad de que Dios bendice
abundantemente, a los que siembran abundantemente en su obra
(2 Co. 9:6). Dios no se queda con nada de lo que damos para su
obra. La Biblia señala:
68
“A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha
hecho, se lo volverá a pagar” (Pr. 19:17).
Si bien, el hijo de Dios ofrenda por amor, Dios recompensa a
quien lo hace con alegría, y no por obligación:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza,
ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre (2 Co.
9:7).
Toda ofrenda dedicada a la ayuda de los santos, por pequeña que
sea, recibirá su recompensa:
“Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre,
porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su
recompensa” (Mr. 9:41).
Habrá recompensa eterna de Dios para todos sus hijos que
ayudan a los santos en la tierra:
“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos
de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me
disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui
forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me
cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis
a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor,
¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento,
y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te
recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos
enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el
Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a
uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”
(Mt. 25:34-40).
69
II. EL DIEZMO ES UNA PROMESA DE BENDICION
DIVINA
70
”Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os
abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de
vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O
si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a
vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los
cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mt. 7:7-11).
En la oración del “Padre Nuestro” Jesús enseñó a sus hijos a
pedir el alimento diario como un vínculo de dependencia
absoluta de Dios para cada día:
”El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mt. 6:11).
A través del diezmo se aprende a mantener dependencia de Dios,
pues la autosuficiencia termina alejando al ser humano de su
Creador.
El diezmo como un acto de adoración cultiva un temor
reverente al Señor que deviene en comunión y bendición a sus
hijos al mantenerles en constante dependencia de su Creador. A
Dios le agrada gozar de comunión íntima con sus hijos (Sal.
25:14). El diezmo es un acto sagrado de adoración que bendice
espiritual y materialmente.
71
“probadme”, para que comprobaran la veracidad de sus
promesas:
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi
casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los
ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y
derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobreabunde” (Mal. 3: 9-10).
Dios les había advertido que si desobedecían a su Palabra “el
cielo seria como hierro y la tierra como bronce” (Lv. 26:19).
Pero Dios prometió por medio de Malaquías que si obedecían su
palabra les restauraría la bendición:
“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os
destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo
será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las
naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra
deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 3:11-12).
Dios se compromete con los fieles con sus diezmos y ofrendas a
reprender al devorador de las bendiciones económicas. El hijo de
Dios debe reprender a Satanás en cualquier asunto, pero a los
fieles con sus diezmos y ofrendas, Dios les promete que Él
mismo reprenderá al destructor para que no les robe su bendición
económica.
Los fieles con sus diezmos y ofrendas no tienen que
reprender “demonios de pobreza”, en este aspecto de bendición
económica, pues están bajo la promesa de bendición y Dios los
protege.
No hay oración que reprenda al devorador cuando alguien es
infiel con los diezmos a Dios. Hay que dar a Dios lo que le
pertenece y Él se compromete personalmente a reprender al
devorador para que no estorbe la bendición, derramando
bendiciones hasta que sobre y abunden.
En el caso del justo Job, Satanás arguyó que no podía tocarle
porque Dios había creado un cerco a su alrededor y todo lo que
sus manos emprendían prosperaba (Job 1:10).
La provisión económica de los hijos de Dios no depende
solo de la oración o el reclamo de sus promesas escritas. Es
preciso obedecer a Dios y ser fiel con los diezmos.
Si hay fidelidad a Dios con los diezmos, nadie podrá estorbar
la bendición de sus hijos. Aún los no convertidos a Cristo
72
tendrán que reconocer y confesar que Dios bendice a sus hijos,
como señala Malaquías: “las naciones os dirán
bienaventurados”.
Dios no retracta su palabra (1 S. 15:29) y él ha prometido
bendecir a sus hijos fieles con los diezmos. Pero, aun siendo
fieles, Dios puede probarles por un tiempo (Jn. 16:33). En el
caso de Job, Dios le dio permiso a Satanás de probarle (Job
1:12).
El salmista expresa:
“Jehová prueba al justo” (Sal. 11:5).
Satanás de sí mismo no puede estorbar las bendiciones de los
hijos fieles, solamente con el permiso de Dios, cuando el Señor
por un tiempo quiera enseñarnos alguna lección que nos hará
crecer en la vida cristiana.
__________________________________________________
“El hijo de Dios debe reprender a Satanás en cualquier
asunto, pero a los fieles con sus diezmos y ofrendas, Dios
les promete que Él reprenderá al destructor para que no
les robe su bendición económica”.
73
Para motivar al pueblo de Israel y convencerles de la veracidad
de sus promesas de bendición, Dios les retó a que probaran la
fidelidad de su Palabra:
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi
casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los
ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y
derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobreabunde” (Mal. 3: 9-10).
El pueblo de Israel conocía la Palabra de Dios y en esta ocasión
Dios se las recuerda a fin de que fuesen restaurados. Dios les
crea consciencia acerca de que sus calamidades eran causadas
por su desobediencia y les reta a obedecer su Palabra para
restaurar su bendición:
“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os
destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo
será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las
naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra
deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Mal. 3:11-12).
Todas las promesas divinas se obtienen por medio de la fe en su
Palabra. Dios es bueno y quiere aumentar le fe de sus hijos, si se
lo permiten, aunque algunas veces sea a través de la prueba (Stg.
1:2-3).
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“El diezmo es un mandato divino para sus hijos que
incluye una promesa de bendición que se alcanza por
medio de la fe. La bondad divina y el deseo de su corazón
es que sus hijos crean a su Palabra para que participen
de sus bendiciones”.
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Capítulo – 10
–74
LA VERDADERA PROSPERIDAD
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I. LA LIBERACIÓN FINANCIERA
75
Dios está verdaderamente interesado en la condición
espiritual y la eternidad del alma del ser humano, más que en su
dinero (Mi. 6:6-8). El diezmo debe ser un acto de fe de un
verdadero adorador.
76
Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”
(Stg. 5:10-11).
Así como Job tuvo paciencia para esperar y creerle a Dios, el
cristiano debe confiar que el Señor le dará salida a toda crisis,
aunque por un tiempo deba tener paciencia para ver la respuesta.
La paciencia es un requisito exigido en la palabra de Dios para
alcanzar las promesas de bendición:
”Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con
esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación
y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden
a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de
todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando
algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de
muchos dolores” (1 Ti. 6: 8-10).
El primer versículo se puede parafrasear así: “teniendo nuestras
necesidades suplidas seamos agradecidos”.
Aceptar la realidad de las aflicciones que puedan sufrir los hijos
de Dios, no menoscaba la fe cristiana. El hijo de Dios puede
pasar por tiempos de prueba, si la voluntad de Dios así lo
permite. Los cristianos que se afanan caen en pecado de idolatría
material.
La fidelidad y la paciencia son necesarias en el adorador
para alcanzar las bendiciones de las promesas divinas.
La fidelidad garantiza la bendición - Dios no miente. La
paciencia logra la bendición - muestra la fe del adorador en las
promesas de bendición divinas.
__________________________________________________
“La fidelidad garantiza la bendición - Dios no miente. La
paciencia logra la bendición - muestra la fe que del
adorador en las promesas de bendición divinas”.
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77
No es el dinero en sí mismo lo que corrompe al cristiano,
sino establecerlo como prioridad antes que a Dios y el hilo es
bien finito cuando se tiene.
Nadie puede amar a Dios y a las riquezas a la vez:
”Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá
al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará
al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mt. 6:24).
Dios puede bendecir sus hijos sin límite, pero advierte no
caer afán por las cosas materiales que afecte la relación con Dios
y provoquen apartarse de su amor.
El afán por las riquezas aparta a muchos cristianos de la fe:
“El cual codiciando algunos se extraviaron de la fe y fueron
traspasados de muchos dolores” (1 Ti. 6:10b).
El cristiano debe alejarse de la avaricia, dando gracias a Dios
por lo que recibe cada día y por la provisión que Él ha preparado
de antemano para suplir toda necesidad:
”Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo
que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te
dejaré” (Hb. 13: 5).
El verso anterior sugiere que se debe vivir en paz, sin
ansiedad, que al fin de cuentas es la meta final que busca todo
ser humano. La avaricia puede alejar al cristiano de sus
verdaderas prioridades en la vida cristiana.
En la carta a los Colosenses Pablo escribe:
”Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación,
impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia,
que es idolatría” (Col. 3:5).
La avaricia es un pecado de idolatría porque suplanta a Dios
de su lugar, quitándole el primado y conduce a la indiferencia
por el prójimo (precisamente de eso se trata el Evangelio, amar
a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo,
Mr. 19:19). La avaricia hace que el cristiano abandone la esencia
de los mandamientos divinos (Dios y el prójimo). La carta a los
Efesios señala:
”Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o
avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y
de Dios” (Ef. 5:5).
Si el cristiano suplanta a Dios, quitándole el lugar que le
corresponde por las cosas materiales, éstas se convierten en un
78
ídolo. El afán por las cosas materiales conduce a la
desesperación e interesarse más en recibir bendiciones materiales
de Dios, que en ser genuinos adoradores.
Dios llamó al cristiano a seguirle sin condiciones (Lc. 9:57-62).
Si llega el tiempo de prueba, se debe esperar y ser fiel a Dios en
todo para alcanzar su bendición (Jn. 16:33).
Enseñar que todo cristiano debe ser compulsoriamente rico
no es bíblico. Dios ha prometido suplir todas las necesidades de
sus hijos, pero eso no implica que Dios no pueda probar la fe sus
hijos. El dinero en sí mismo no es malo, pero la Biblia condena
el amor al dinero:
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y
lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a
los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de
todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando
algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de
muchos dolores” (1 Ti. 6:9-10).
El Señor advirtió:
“Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el
ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”
(Mt. 19:24).
La biblia no condena a nadie por ser rico. El planteamiento de
Cristo es que es difícil hacer entrar a un rico en el reino de Dios
porque ama su dinero más que a Dios.
Esto fue evidente en el encuentro de Jesús con un rico:
“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien
haré para tener la vida eterna? Jesús le dijo: Si quieres ser
perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y
tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven
esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que
difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra
vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de
una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mt.
19:16, 21-24).
Las riquezas pueden ocupar el primer lugar en la vida y ser un
impedimento para alcanzar el reino de Dios.
79
Jesús le hizo un reto a este joven rico de compartir sus
riquezas con los pobres, pero no estuvo dispuesto a dejar lo que
más amaba para servirle.
80
El contraste entre estas dos iglesias demuestra que el
sufrimiento no es sinónimo de mala relación con Dios, ni la
prosperidad económica símbolo de gozar buena comunión con
Dios en la vida del cristiano. Es obvio que el dinero en sí mismo
no es un impedimento para servir a Dios, ni la pobreza es una
virtud para alcanzar la vida eterna. Lo más importante ante los
ojos de Dios es la condición del alma, pues Dios no necesita
nada del ser humano, solo lo hace partícipe de sus proyectos para
bendecirlo.
Salomón dijo:
“La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade
tristeza con ella” (Pr. 10:22).
La bendición divina no añade tristeza y acerca más a Dios. El
afán por lo material puede conducir al cristiano a la avaricia, que
es un pecado de idolatría. Jesús enseñó:
”No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué
beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan
todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que
tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas” (Mt. 6:31-33).
Servir al Señor es un llamado incondicional (Lc. 9:23). El
cristiano debe estar preparado para seguir a Dios en abundancia
o escases (Fil. 4:11-13). El reino de Dios no es comida ni
bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro.
14:17).
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“Es obvio que el dinero en sí mismo no es un
impedimento para servir a Dios, ni la pobreza es una
virtud para alcanzar la vida eterna. Lo más importante
ante los ojos de Dios es la condición del alma, pues Dios
no necesita nada del ser humano, solo lo hace partícipe de
sus proyectos para bendecirlo”.
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81
CONCLUSIÓN
82
• Hay que creer, antes de recibir
Para recibir las bendiciones divinas es preciso creer, antes de
recibir. “Sin fe es imposible agradar a Dios”. Hay promesa
divina de bendición a los fieles con sus diezmos, pero estas se
alcanzan creyéndole a Dios primero.
Uno de los descuidos más comunes que cometen los cristianos es
postergar el pago del diezmo para otra fecha, así pasan los días y
siempre se está en “deuda” con Dios.
La falta de compromiso y seriedad en cuanto al diezmo hace que
muchos fallen a Dios y pierdan las bendiciones prometidas en su
Palabra. Este mal se convierte en una trampa, pues no se tiene el
dinero para pagar las deudas personales y tampoco se diezma,
aunque se tenga la buena intención de darle el diezmo a Dios.
Se debe consagrar primero el diezmo que le pertenece a Dios
para evitar caer en el pecado de robo y después cubrir las
necesidades personales. Dios está comprometido en bendecir a
sus hijos que son fieles y tienen derecho de pedirle a Dios que
supla sus necesidades. El diezmo es un acto de fe y obediencia a
la Palabra de Dios. No se debe esperar que sobre dinero para
diezmar. El cristiano no le da los diezmos a Dios, el diezmo le
pertenece a Dios.
____________________________________________________
“El cristiano no le da los diezmos a Dios, el diezmo le
pertenece a Dios”.
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83
dediquen enteramente a la ministración de las cosas sagradas?
¿Acaso Dios como creador no es más importante que la misma
creación? A Dios sea toda gloria.
Si el diezmo no se ve desde la perspectiva divina, muchos
encontrarán en este tema un tropezadero que les puede conducir
a confrontar al mismo Dios. El diezmo es más que dinero. Se
consagra en un acto de adoración y está destinado al servicio
divino.
Si solo se ve a los ministros que reciben los diezmos y no se
consagran directamente al Dios altísimo por medio de la fe y en
obediencia a su Palabra, sabiendo que Dios bendice al dador
alegre, el diezmo se convertirá en una carga y menos podrá
agradar a Dios. Desde la perspectiva bíblica el diezmo no se le
da a Dios, le pertenece a Dios y Él lo dio a sus ministros para el
servicio ministerial:
• Dios dice que el diezmo le pertenece (Lv. 27:30, 32, 33a).
• Dios fue quien escogió y consagró a los levitas para el
servicio de las cosas sagradas en el templo (Ex. 29:9).
• Dios fue quien ordenó que los diezmos serían destinados
para el sustento diario de sus ministros (Dt. 18:8, 20; 1 Co.
9:14-15).
• Dios fue quien privó a los levitas de trabajar lo secular
para dedicarse enteramente al ministerio (Nm. 18:24).
Aun así, es voluntario obedecer o desobedecer a la Palabra de
Dios. No sin antes advertir que la desobediencia consciente y
deliberada a la palabra de Dios es causa de condenación eterna,
si no existe un verdadero arrepentimiento que demuestre un
cambio obvio.
ANEXO
84
• Los ministros deben enseñar acerca del diezmo
Dios ordenó a los ministros del antiguo pacto que vivieran del
altar a causa del llamado al servicio ministerial: “¿No sabéis que
los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y
que los que sirven al altar del altar participan?” (1 Co. 9:14).
Así también, Jesús dio mandamiento para que los ministros del
nuevo pacto participen del mismo derecho: “Así también
ordenó el Señor a los que anuncian el Evangelio, que vivan
del Evangelio” (1 Co. 9:15).
La falta de conocimiento, el temor a la acusación y el orgullo
personal de algunos ministros para enseñar el tema del diezmo
impide que muchos cristianos sean fieles con sus diezmos. En el
otro extremo están los ministros avaros que hacen del tema
económico el mensaje central de sus sermones, dejando de lado
el mansaje esencial del Evangelio dirigido a la salvación de las
almas.
Hay “maestros” que no enseñan a ser fieles con los diezmos,
sino que piden ofrendas exorbitantes con la promesa de que Dios
sacará a flote la economía de los infieles. Esto provoca que los
verdaderos ministros evadan su responsabilidad de enseñar el
tema del diezmo por temor a la acusación y las opiniones
adversas, sin apercibirse que un día darán cuenta a Dios si no
predican esta parte del mensaje de la Biblia. El diezmo es un
mandato divino por medio del que Dios ha determinado bendecir
a sus hijos. Las ofrendas de los cristianos son voluntarias y
cuentan si el cristiano es fiel con sus diezmos.
85
de la Iglesia inventando argumentos confusos que solo revelan la
dureza de sus corazones y su falta de fe para creerle a un Dios
vivo.
Hay un movimiento final que procura pervertir la palabra de
Dios y engañar a los cristianos con enseñanzas falsas para
robarles sus bendiciones. El diablo sabe que el diezmo es la
fuente de bendición de los cristianos y usará maestros que
creerán estar en la verdad y usarán la Biblia para su propia
confusión y perdición. Se debe advertir que pervertir la palabra
de Dios es causa del juicio divino (Dt. 27:26; Gá. 1:8-9; Hb.
10:28-29; Ap. 22:18-19).
Hay también obreros asalariados, ya advertidos por Cristo en
la Biblia (Jn. 10:12-13). Pero no se puede dejar de creer lo que
revela la Biblia por malos ejemplos o usarlos como excusa para
no diezmar. Cada cual rendirá cuentas a Dios, pero las
bendiciones divinas prometidas a sus hijos fieles no se detendrán
por lo que alguien haga con el dinero que le pertenece a Dios.
Dios cumple sus promesas.
86
• Se debe dar en reconocimiento de que todo lo que se recibe
procede de Dios (Hg. 2:8).
• El diezmo es de la Fe (Gracia). La Ley sólo confirmó el
diezmo que ya practicaron los patriarcas (Gn. 14: 20, 28: 22;
Lv. 27:30; Nm. 18: 21).
• Así como los levitas ministraban en templo y recibían los
diezmos y ofrendas, también, los ministros del Evangelio
tienen mandato del Señor de participar del mismo derecho (1
Co. 9: 13-14).
• Jesús aprobó el pago de los diezmos (Mt. 23:23).
• El sostenimiento de la obra de Dios y la extensión del reino
de Dios en la tierra depende de los diezmos y ofrendas
ordenadas por Dios (Mt. 24:14).
• La Biblia señala que quien sabe hacer lo bueno y no lo hace,
peca (Stg. 4:17).
• Los hombres de Dios en la Biblia fueron hombres prósperos
y ellos diezmaron (Gn. 14:20, 28:22).
BIBLIOGRAFÍA
87
Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. Gerhard
Kittel y Gerhard Friedrich Geoffrey W. Bromiley.
Libros Desafío. Grand Rapids, Michigan,
2002.
JOEL PERDOMO
89