No conocerás mis sueños
Hoy he llorado en clase. Un llanto callado, frío y muy húmedo. Todos me miraban, el
profesor también. Me ha llamado, me ha pedido que saliéramos del aula y me ha
preguntado qué me pasaba, si podía ayudarme. Yo, muerta de vergüenza, he bajado la
cabeza y con un gesto le he dicho que no. Él ha insistido, pero yo no he abierto la boca. No
me gusta contar ciertas cosas. Él no puede comprenderlo. Nadie puede. Nadie que no haya
vivido en la miseria, con hambre, rodeada de ratas. Por eso mis padres se vinieron a España.
Trabajan en lo que pueden. Por poco dinero, pero ahora comemos todos los días. Mi madre
es cuidadora de ancianos y mi padre ha sido camarero y albañil, y ahora, parado. Desde
hace un mes. Por eso lloré, porque dice que no hay trabajo y que a lo mejor tenemos que
volver a nuestro país. Yo no quiero. No quiero. Quiero estudiar, aunque me cuesta porque
tengo muchas dudas porque no estudié casi cuando era niña, quiero estudiar. Prepararme.
Mi sueño es ir a la universidad, aunque dicen los profesores que es muy difícil. Yo voy a
luchar. Si es necesario buscaré un trabajo y estudiaré por las noches. No quiero volver allí.
Por eso lloré. Y él nunca lo sabrá.