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PABLO

Este documento describe la vida y ministerio de Pablo. Nació en Tarso de Cilicia como Saulo, hijo de padres judíos. Recibió educación en Jerusalén bajo Gamaliel y fue un fariseo celoso. Perseguía a los cristianos hasta que Jesús se le apareció en el camino a Damasco y lo convirtió. Pablo pasó a ser el principal propagador del evangelio entre los gentiles. Viajó extensamente por Asia Menor y el Mediterráneo estableciendo iglesias. Escribió gran parte del Nuevo Test
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PABLO

Este documento describe la vida y ministerio de Pablo. Nació en Tarso de Cilicia como Saulo, hijo de padres judíos. Recibió educación en Jerusalén bajo Gamaliel y fue un fariseo celoso. Perseguía a los cristianos hasta que Jesús se le apareció en el camino a Damasco y lo convirtió. Pablo pasó a ser el principal propagador del evangelio entre los gentiles. Viajó extensamente por Asia Menor y el Mediterráneo estableciendo iglesias. Escribió gran parte del Nuevo Test
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Su nombre —Pablo— significa “pequeño”

 Su nombre hebreo era Saulo

2. Su ciudadanía romana

(Hch 22:25-28) "Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al


centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un
ciudadano romano sin haber sido condenado? Cuando el centurión
oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer?
Porque este hombre es ciudadano romano. Vino el tribuno y le
dijo: Dime, ¿eres ciudadano romano? El dijo: Sí. Respondió el
tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces
Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento."

En un principio, la ciudadanía romana era concedida a quienes


nacían en la ciudad de Roma como habitantes libres, pero a
medida que el Imperio Romano fue extendiendo su control por
otros territorios del Mediterráneo, la ciudadanía empezó a
concederse también a otras personas influyentes de esas
provincias.

Nosotros no sabemos cómo una familia judía de Tarso pudo llegar


a adquirir esta distinción tan excepcional, pero no cabe duda de
que fue especialmente útil para el ministerio que Pablo habría de
desarrollar años más tarde.

No olvidemos que en aquel momento el Imperio Romano se


extendía por todas partes y el tener esta ciudadanía confería
reputación y posición en cualquier lugar. Por ejemplo, no se
permitía que un ciudadano romano fuese azotado sin ser juzgado,
además se le permitía hablar por sí mismo ante un tribunal de
justicia romano y podía exigir ser juzgado ante el mismo César.
Como sabemos, todos estos privilegios fueron usados por Pablo
en algún momento de su ministerio.
3. Su herencia judía

Algo que Pablo tampoco decidió fue su nacimiento dentro de una


familia judía. Y sin duda, este hecho dejó una huella mucho más
profunda en él que su lugar de nacimiento o su ciudadanía
romana. Cuando desde su perspectiva cristiana recapitula los
valores naturales de los que antes se enorgullecía, escribe:
"circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de
Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley fariseo..." (Fil
3:5).

Aunque conocía la lengua griega, el hebreo era muy


probablemente el idioma ordinario de su hogar. Por ejemplo,
cuando Jesús le habló en el camino de Damasco lo hizo en
hebreo (Hch 26:14),

La familia de Pablo guardaba estrictamente las tradiciones judías


y se mantenía vinculada a su patria. Tal vez por esta razón sus
padres creyeron que para que fuera educado en la fe ortodoxa era
importante enviarle a Jerusalén para un periodo de formación.
Fue entonces cuando entró en la escuela de Gamaliel.

(Hch 22:3) "Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia,


pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel,
estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de
Dios, como hoy lo sois todos vosotros."

Sus padres resolvieron que debía pasar su juventud en Jerusalén


bajo sanas influencias y estudiar para ser un rabino. Entonces se
decidió que entraría en la escuela de Gamaliel, uno de los más
notables maestros que habían tenido los judíos. Allí las
capacidades del joven Saulo se desarrollaron asombrosamente y
pronto comenzó a sobresalir sobre sus compañeros. El estudio de
las Escrituras y los comentarios que los sabios y maestros habían
hecho de ellas ocupaban su tiempo. Todo esto era aprendido de
memoria y se organizaban discusiones y debates sobre algunos
puntos en los que las inteligencias de los estudiantes se
agudizaban. Así desarrolló Pablo su maravillosa memoria, la
perspicacia de su lógica, la abundancia de ideas, pero sobre todo,
su conocimiento de las Escrituras del Antiguo Testamento.

conocía por experiencia propia la completa impotencia de la Ley


para aplacar la conciencia y satisfacer el corazón. Todo esto sólo
lo pudo encontrar en Cristo. Así que él podía hablar al corazón de
otros muchos judíos que sentían esta misma frustración y
llevarles a la gracia de Dios manifestada en Cristo.

nos damos cuenta de que en muchas ocasiones él escribe "en


citas", uniendo una con otra con asombrosa facilidad. Todo esto
era necesario para demostrar que el cristianismo no implicaba la
destrucción de la ley antigua, sino su cumplimiento. Y Pablo se
tuvo que emplear a fondo en esto, puesto que los judíos
esperaban un Mesías victorioso, que de ninguna manera encajaba
con la idea de un Mesías muerto en una cruz. Si los judíos habían
de creer que Jesús era el Mesías esperado, sería imprescindible
que previamente se les demostrara por las Escrituras que
semejante concepto era el verdadero cumplimiento de la Ley y los
profetas. Y Pablo tenía el suficiente conocimiento para conducir a
sus oyentes por las páginas del Antiguo Testamento y
demostrarles esto más allá de toda duda.

Después de Pentecostés, la influencia del cristianismo se extendía


por Jerusalén. El poderoso testimonio de Esteban (Hch. 7) y otros
creyentes tuvo tal impacto que llevó a alterar a las autoridades
religiosas judías. Esto despertó la persecución contra la iglesia, en
la cual participó Pablo. Lucas relata que “Saulo hacía estragos en la
iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y
mujeres, los echaba en la cárcel” (Hch. 8:3). Su celo por la ley y la
pasión por preservar la pureza del judaísmo lo condujeron a ser un
enemigo del cristianismo.
“Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los
discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote, y le pidió cartas para
las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que
pertenecieran al Camino [de Jesús], tanto hombres como mujeres,
los pudiera llevar atados a Jerusalén”, Hechos 9:1-2.

Sin embargo, el asolador desconocía que su viaje sería divinamente


interrumpido:

“Y mientras viajaba, al acercarse a Damasco, de repente


resplandeció a su alrededor una luz del cielo. Al caer a tierra, oyó
una voz que le decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué Me persigues?’.
‘¿Quién eres, Señor?’, preguntó Saulo. El Señor respondió: ‘Yo soy
Jesús a quien tú persigues; levántate, entra en la ciudad, y se te
dirá lo que debes hacer’”, Hechos 9:3-5.

Este encuentro cerró la puerta de la persecución que llevaba a cabo


y abrió la puerta de un servicio ejemplar a Cristo por el resto de su
vida. El “Perseguido” salvó a su perseguidor y lo convirtió en su
mensajero, un apóstol (1 Co. 9:1ss). De ahí en adelante inicia en la
vida de Pablo una trayectoria de entrega a su Salvador. Pablo
entendió lo que significaba ser un prisionero de Cristo.

Dominado por el amor de Cristo

Toda Asia y Europa fueron llenas del evangelio a través del


ministerio y liderazgo de este hombre.

fue único en la historia de la redención, responsable de la difusión


inicial del mensaje del evangelio por todo el mundo gentil”. [2]

Pablo mismo testificó sobre la causa de su entrega y arduo trabajo


por el evangelio:

“Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta


conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos
murieron. Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan
para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos”, 2 Corintios
5:14-15.

Pablo nos modela cómo luce una vida entregada a la causa de


Cristo para la gloria de Dios.

Aquí tenemos a un hombre dominado por el amor de Cristo. La


experiencia de salvación que tuvo, y el ser objeto del amor y la
gracia del Hijo de Dios, fueron el motor de su entrega absoluta a la
causa de su Señor, como lo escribió a los gálatas:

“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que


Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por
la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por
mí”, Gálatas 2:20.

La historia nos cuenta que Pablo murió al ser ejecutado en el año


66 d. C., en medio de la persecución del emperador Nerón contra la
iglesia.[3] No obstante, su actitud de servicio a la iglesia aún sirve
de estímulo y exhortación para los cristianos de todas las épocas.

La extraordinaria vida de Pablo a favor del evangelio, sus


constantes padecimientos por causa del mensaje de la cruz (2 Co.
11:22-33), y su resolución a morir por proclamar a Cristo, fueron
muestra del amor del apóstol por su Rey y Señor. De esa manera,
Pablo nos modela cómo luce una vida entregada a la causa de
Cristo para la gloria de Dios.

Tú y yo, como Pablo, somos personas comunes y corrientes. Sin


embargo, cuando entregamos nuestras vidas a Cristo, podemos ver
cuán maravilloso puede ser su poder, gracia, y bondad al usarnos
como instrumentos para alcanzar con el evangelio a otros.

La conversión

Los jefes de los sacerdotes de Israel le confiaron la misión de


buscar y hacer detener a los partidarios de Jesús en Damasco. Pero
de camino a esta ciudad, Saulo fue objeto de un modo inesperado
de una manifestación prodigiosa del poder divino: deslumbrado por
una misteriosa luz, arrojado a tierra y cegado, se volvió a levantar
convertido ya a la fe de Jesucristo . Según el relato de los Hechos
de los Apóstoles y de varias de las epístolas del propio Pablo, el
mismo Jesús se le apareció, le reprochó su conducta y lo llamó a
convertirse en el apóstol de los gentiles (es decir, de los no judíos)
y a predicar entre ellos su palabra.

Últimos años
Pablovivio en Roma, parte en prisión y parte en una especie de
libertad condicional y vigilada, en una casa particular. En el
transcurso de este primer cautiverio romano escribió por lo menos
tres de sus cartas: la Epístola a los efesios, la Epístola a los
colosenses y la Epístola a Filemón.

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