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REVISTA

DE LA
SOCIEDAD
AMIGOS DE LA
ARQVEOLOGIA

MONTEVIDEO, 1957 TOMO XV


SOCIEDAD
"AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"
Fundada el 29 de junio de 1926

Avda 18 de Julio N? 1195


Montevideo - Uruguay

COMISIÓN DIRECTIVA

Presidente: Sr. Horacio Arredondo


Vicepresidente: ,Arq. Juan Giuria
Secretarios: Sr. Carlos Gutiérrez Lebrun
Arq. Violeta Bonino de Langguth
"Tesorero: Ing. Mario Fontana Company
Vocales: Ing. Jorge Aznárez
Sr. R. Santiago Acosta y Lara
Sr. Leonardo Danieri
Sr. Luis Bausero
Sr. Juan Carlos Montero Zorrilla

COMISIÓN DE REVISTA:

Arq. Juan Giuria — Sr. Horacio Arredondo — Sr. Simón Lucuix

Artículo 10 de los Estatutos


Los socios, sean honorarios o activos, pueden asistir a las sesiones ordi-
narias de la Comisión Directiva y tienen derecho a participar en sus delibera-
ciones, pero no votar.
REVISTA

DE LA

SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA'


REVISTA
DE LA
SOCIEDAD
AMIGOS DE LA
ARQVEOLOGIA

MONTEVIDEO, 1957 TOMO XV


(Viajeros
visitantes del (Uruguay
por

HORACIO ARREDONDO

M ONTEVIDEO
19 58
P R O E M I O

Lo lógico, lo racional sería que estas transcripciones de los viajeros que


han visitado el país desde los primeros tiempos de nuestra civilización, fue-
ran presentados cronológicamente, anotados y comentados, a fin de que la
compulsa del todo a formar, presente un conjunto orgánico, homogéneo;,
pero, desgraciadamente, siempre no podrá ser así por cuanto se trata de
reediciones que ¡tace una institución como la nuestra, integrada por una
agrupación de personas estudiosas animadas por una gran voluntad de hacer
pero sin los medios necesarios para presentar, en la manera ordenada ante-
dicha, ese conjunto de documentación.
Habrá que tener traductores y copistas y no los hay por falta de
recursos. Todo lo debemos hacer a base de entusiasmo, de manera que las
traducciones se harán cuando y como se puedan —eso si, lo más cuidado-
samente posible—, ¡o mismo que las copias, —que se procurarán fieles, como
deben ser— para que llenen las finalidades que se persiguen- De igual ma-
nera los comentarios descansan en depurada información, no debiendo ol-
vidar el lector que las anotaciones significan una tarea ardua y tanto más
delicada cuanto a la misma no es posible dedicarse por entero, ya que es
escaso el tiempo disponible que dejan ocupaciones'imprescindibles para lle-
nar las exijencias materiales de la vida.
Esto sentado, explica los poderosos motivos de por qué no se hace este
. resumen de determinados textos de relatos de viaje y de observación como
se debieran hacer con comentarios técnicos, a lo que se debe agregar que
su disponibilidad se considera tan útil que no se duda en emprenderla en la
forma imperfecta en que probablemente saldrá, con sus índices.
Vara apreciar el alcance de nuestra decisión adoptada, no obstante ¡os
precarios medios de que se dispone, diré que se realiza teniendo en cuenta
que se trata de pasajes de obras agotadas —muchas, verdaderas rarezas bi-
bliográficas— que son inaccesibles a¡ común, ni aún, en más de un caso,
poniendo a contribución las bibliotecas públicas; y el resto, solo al alcance
de los que cuentan con amplios recursos, de tiempo y de la paciencia ne-
cesaria para esperar que salgan a ¡a venta en las públicas almonedas o en
los espaciados catálogos de las librerías de viejo. De manera que nuestras
reediciones estarán al alcance de todo el mundo por poquísimo dinero, a
8 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

precio de costo de la impresión y del papel a usarse pues, lo demás, será


el resultado 'de la colaboración gratuita del equipo que trabajará.
Se irán intercalando en cada volumen de la Revista cada vez que se
tengan listas, pero sin olvidar que el principal norte de nuestras publica-
ciones debe ser el de insertar monografías o el simple adelanto de noticias
sobre los infinitos tópicos que abarcan los temas arqueológicos que están
dentro de los cometidos de la institución como cosa primordial.
En muchos casos, el allegar noticias biográficas o bibliográficas sobre
tal cual libro o autor no será realizado o, de hacerse, se hará escuetamente,
por cuanto hay autores de escaso volumen como tales y, en otros, la biblio-
grafía no figurará por no existir, ya que hay relatores sin bibliografía y sin
antecedentes como escritores que, pese a ello, figuran prácticamente como
tales por haber dejado noticias impresas interesantes al solo título de ante-
cedentes para el conocimiento del pasado nacional, y auc, de su pasaje por
la vida solo han dejado esas informaciones.
Creo que siempre se debe tener presente, para juzgar esta contribu-
ción, lo dicho y recalco, que tratándose de libros a veces inhallables, el
solo hecho de haberlos individualizado, incorporándolos a la lista que lenta
y penosamente se va formando, supone una tarea previa realmente enco-
miable en la que no se han omitido esfuerzos de clase alguna, incluso ver-
daderos sacrificios económicos para adquirirlos.
También puntualizaré que si bien se han consultado todas las biblio-
tecas-públicas, se ha procurado hacer exhaustiva —dentro de la relatividad
de, lo que puede ser— la investigación en las particulares, que se han abierto
desinteresadamente para hacer realidad esta positiva contribución a la cul-
tura pública.
Y si se ha dado prelación a esos conjuntos es por que se ha considerado
—dada la rareza de algunos ejemplares— que paralelamente a estas exhuma-
ciones se hace una especie de inventario bibliográfico, un relevamiento de
fondos, somero pero real, para que los estudiosos y coleccionistas en el fu-
turo puedan situar donde se encuentran fuera de los repertorios públicos,
esos "incunables". Y todo esto encaminado para que, a la desaparición de
sus dueños, los que sobrevivan sepan donde se vueden encontrarlos, evi-
tándose su pérdida como tantas veces'ha sucedido y acontece dentro y
fuera de fronteras.

Innecesario creo añadir algo a lo que ya expuse con cierta extensión


en el introito que precede a mi "Colección de Viajeros" que corre impresa
en el segundo volumen de mi "Civilización del Uruguay" y que, por sabido,
solo corresponde recordarlo como cosa conveniente de este preámbulo.
Que la compulsa del cuerpo edito que vamos a exhumar, hay que rea-
lizarla con sumo cuidado, no solo para la formación de criterio propio sino,
con más razón, a los efectos de su ulterior utilización como herramienta de
trabajo. Es imprescindible, unas veces por la parcialidad de los relatos, otros,
PROEMIO

porque la fantasía de los autores desborda la realidad vista o simplemente


presentida, sin echar de menos los enfoques equivocadas desde los jntntos
de vista políticos o religiosos, esté muy acusado en ciertos libros pues mu-
chos autores eran protestantes que visitaban y juzgaban casos y cosas de
un país como el nuestro de bien saneada devoción a la iglesia católica
romana, por cierto más acentuada antes que en la actualidad.
Otro escollo a evitar es que no pocos visitantes dan como propias ob-
servaciones editas de terceros anteriores, de suerte que hay une tener cautela
en no dar como originales observaciones de segunda mano, ya conocidas en
días precedentes, cosa que a nuestros lectores les resultará relativamente
fácil pues reeditándose casi todo, el cotejo no es difícil ya que el resultado
de ¡a apropiación fluirá por si sola. Estas apreciaciones quedarán libradas al
criterio de cada cual por razones obvias.
El interés comercial inspiró la mayor parte de esos viajes. Esto es
fácil percibirlo ya que el deslinde de los que tenían exclusivamente matiz po-
lítico, o de simple recreo, como de los puramente científicos, está perfec-
tamente al alcance del avisado lector. Lo que no es tan fácil de percibir
—por lo menos a primera impresión— es el captar el matiz de quienes guiados
por el afán de vender las mercaderías que portaban al mejor precio po-
sible, o el que buscaba abrir nuevos horizontes a sus negocios personales
o mercados para sus patrias de origen o de adopción, enfocan falsamente
el juzgamiento de los nativos y de sus ambientes, cuando contrariaban con
sus turbulencias el clima propicio a esas transcacciones erando el nada apa-
rente para el regular movimiento comercial o industrial propio del caso. Pitea
no se debe olvidar que por ciertos tiempos se emprendieron guerras indis-
pensables para obtener nuestra libertad política, ya que se tenía consciencia
de que el país había salido de la pubertad y ambicionaba convertirse en
nación, pequeña pero efectiva, por cuanto ya se vivía en plena mayoría
de edad- Esto cuenta de 1810 a 1830 y a poco prosigue con las luchas in-
ternas propias en todas las latitudes hasta lograr la consolidación de la or-
ganización nacional, supremo escollo de los países que nacen. De manera
que, en primera línea, los juicios sobre Artigas deben ser considerados con
el equilibrio del caso para no errar y la misma precaución debe tenerse para
juzgar buena parte de los pareceres que se vierten hasta bien pasado 1850,
pues el viajero llegado a nuestras playas, —comerciante o nó— era lógico
que procurara documentarse en los naturales del país y en los extranjeros
ya afincados de antiguo, y estas fuentes de información casi siempre eran
parciales, pues la población estaba profundamente dividida, influenciada
por los intereses materiales o por los idealismos de los bandos en pugna,
ya se tratara de godos o de patriotas, de porteñistas o de aportuguesados,
de devotos de Rivera, Lavalleja u Oribe y, ni qué decir de contrarios o
de amigos de Juan Manuel de Rosas. Lo mismo en lo referente a los pe-
ríodos de Urqtiiza, de Flores y de otros caudillos menores.
10 HEVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA'

La finalidad perseguida, debe enunciarse en este proemio, es: la de


no entrar, salvo el caso que resulte materialmente imposible eludirlo, al
tema puramente político, tanto en lo nacional como en lo internacional, cuya
estudio a nuestra corporación no corresponde. Damos alguna prelación, en
lo que se refiere a las centurias XVI, [Link] XVIII a los temas -geográficos
que si bien tampoco -nos corresponden, son indispensables para situar los
etnográficos, para consignar todo cuanto se refiere al conocimiento de nues-
tros aborígenes, 'no tanto por sus probables orígenes sino por lo que atañe
a las manifestaciones materiales de su incipiente civilización que, con sus
productos, constituye el primer aporte arqueológico afín a nuestro tema.
Luego todo lo folklórico y el relevamiento del variado y elemental ins-
trumental del indio y del producto subsiguiente, pleno de colorido y au-
téntico fruto de la tierra; del gaucho. Igualmente la información del hombre
blanco y las sucesivas inmigraciones que construyeron las ciudades y los
pueblos y la vida del campo tan plena de instrumental propio, tanto en
sus industrias rudimentarias —incluso las agrícolas y las pastoriles— como
en su indumento y en el alhajamíento de sus casas. Sin olvidar la mención
de. las observaciones referentes a los variados temas de la historia natural
—en las que participaron eminencias de renombre mundial— que explican
muchas costumbres, aclaran no pocas incógnitas del primitivo- instrumental
y contribuyen a debelar panoramas primitivos tanto en sus detalles como
en su generalidad, ambientándolos.
Por eso es que me he permitido trazar un breve cuadro del primer pe-
riodo englobando en la confusa crónica de los descubrimientos y de los Ade-
lantados —que fueron en verdad los colonizadores primigenios— pues contri-
buye a aclarar el ambiente en que terminando la por demás primitiva civi-
lización autóctona, se implanta la nueva, que es el cimiento de la actual.
SÍ bien aquellos Adelantados no penetraron tierra adentro, los prime-
ros contactos de esas expediciones, así como las anteriores, la de los des-
cubridores, no deben desconocerse por quienes dedican sus afanes al cono-
cimiento arqueológico de los distintos aspectos de las industrias y, del existir
de los aborígenes, habiendo en esos afectos muchos antecedentes, al pa-
recer muchas nimiedades que no son tales, pues su dominio dan bases fir-
mes a síntesis. Entre ellas baste recordar que los movimientos del hombre
blanco, español, portugués o lo que fuera, también debe conocerse para
penetrar la realidad geográfica —origen de la cartografía— pues las marchas
y contramarchas propias de todas las primeras exploraciones, si bien de di-
ficultosa comprensión a veces, es elemento básico a los efectos de nuestras
investigaciones.

Finalmente no sé me oculta que en las notas y en los comentarios se


deslizarán errores. Anticipo su mención a los críticos en los casos en que
pudiera ser yo el comentarista, quienes deben saber que casi deseo que
se produzcan, pues las rectificaciones son siempre saludables, ya que nadie
. PROEMIO - • 11

puede suponerse ajeno al error. La critica constructiva será siempre bien-


venida hasta en los enfoques generales que pudieran demostrarse equivo-
cados, ya que el interés mayor de esta compilación no se reduce a colectar
antiguallas, sino a crear un fecundo ambiente de investigación en torno a
esas vejeces, donde la discusión entablada de manera impersonal y levan-
tada, procurará el logro de esclarecimientos, principal norte de todos estos
afanes.
Estoy perfectamente seguro y verdaderamente ansioso de que la pro-
secución de ¡a investigación en los archivos que se va realizando, principal-
mente en los extranjeros más ricos en material inédito, por un calificado con-
junto de estudiosos, sea cuantiosa. Es lo lógico, pues ella en buena parte
modificará la historia.
Cuando pienso en el escaso horizonte —en realidad no lo había, con
verdad puede decirse— en que escribieron Pérez Castellano y Larrañaga; el
débil, pero más clarificado, en que trabajó de la Sota y sus contemporáneos
y en el ya más positivo en que se movió De María y sobre todo, nuestro
gran Bauza, uno se admira de lo que cosecharon esos nuestros primeros
pioneros con la deficiente documentación disponible.
La gente de mi época hemos podido constatar, al sucederías, que por
esos tiempos era paupérrima .la bibliografía, menguada la cosecha de los
archivos, y nosotros hemos podido ver, ya bien pasado el 1900, el prodi-
gioso desarrollo de todas las disciplinas en que se cimentan los estudios his-
tóricos en nuestro país, y casi podría decirse que hemos asistido al naci-
miento de otras, como la Iconografía, la Numismática y el Folklore, cuyas
especialidades han dado solidez entre otras a ¡a sociología de estos países de
sumo interés para las ciencias históricas regionales.
Y es de toda evidencia que las etapas que nos esperan abrirán un in-
sospechado horizonte con sus nuevos métodos de investigación y la multi-
plicación de sus publicaciones especializadas <¡ue tenderán a aumentar la
aun muy reducida legión de quienes, valientemente, prácticamente casi en
el desamparo, se aplican al estudio para., presentar en cuadro de realidad
el pasado de nuestra colectividad- *''
PERSPECTIVA HISTÓRICO-GEOGRÁFICA
LOS DESCUBRIDORES

EXPEDICIÓN DE AMERICO VESPUCIO

Roberto Levillier ha publicado en 1948, en dos densos volúmenes


de formato mayor, esmeradamente impresos, los resultados de la
investigación que ha llevado a cabo tendiente a demostrar un su-
puesto viaje a estas regiones de la América del Sud, realizado por
Américo Vespucio de 1501 a 1502, dirigiendo la expedición de Gon-
zález Coelho.
Entrar a considerar este tema sin estar mayormente preparado
para ello, resulta temerario. Es uno de los muchos puntos engorrosos,
difíciles de tratar del pasado americano y abrir opinión sobre el par-
ticular sin tener a mano la bibliografía y la cartografía compulsada
por el investigador argentino no es posible, máxime cuando, como
en mi caso, a más de eso, no dispongo de tiempo para ese estudio.
Con todo, la conclusión a que llega, a primera vista parece fun-
dada y puede concretarse en que en ese viaje descubrió la costa
oriental del Brasil, desde la Punta del Este bajo del Ecuador, hasta
la tierra comprendida entre los 169 25' y 17" (donde recaló Alvarez
Cabial en 1500) bogó la costa restante, perteneciente a la corona
de Portugal, penetró entre 24 y 25° de latitud, en la jurisdicción de
Castilla, descubrió el río de la Plata en 359, que bautizó Jordán; el
cerro de Montevideo, que llamó Pinachullo Detentio; el río de San
Antonio que dio nombre al Cabo, por 36^ y prosiguió por la misma
derrota hasta acaso la vecindad de los 50*?, siendo la última huella
de su recorrida el nombre de Cananor puesto a un río que los car-
tógrafos, salvo contadas excepciones, colocan por 459 a 47° de latitud.
En consecuencia sienta la premisa de que "eran conocidos el Plata,
el Cerro y asimismo el litoral de Tierra Argéntea y la Patagonia,
34 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

desde 1502. Y como lógica e inmediata consecuencia corresponde a


'Vespucio el título de descubridor, pues él recibió desde 25°35°, con
el comando, la facultad de elegir rumbo".
No es de extrañar-pues que compenetrado de las razones a que
ha llegado y en el deseo de hacer justicia a su memoria, como orien-
tador del viaje y como actuante, reivindique para él la inmensa gloria
que le corresponde a ser verdad sus conclusiones. Y de ahí que
Levillier bautiza su libro con la sugestiva denominación de "América
la bien llamada" ya que el nombre de Colombia es reinvindicado por
muchas autoridades para nuestro continente, hasta la fecha al parecer
descubierto por Cristóbal Colón.

Creo del caso destacar la evolución del nombre de nuestro Cerro


epónimo, de la siguiente manera, al tenor de la compulsa de los an-
tecedentes conocidos: Pinachullo Detentio, Monte Vidi, Monte de
San Pedro, Monte de Santo Ovidio, Monte Sercdo, Monte Vidio de
Seredo, etc.
La denominación de Pinachullo Detentio figura en algunos an-
tiquísimos gráficos: Kunstmann II y Canerio lo señalan en 1502,
Waldsemuller en 1505 y 1516, Tolomeo en 1513 y Schoner en 1520,
mas Levillier —a quien sigo— solo ha encontrado. en esas cartas la
arcaica denominación y no en escritos de ese tiempo. Le atribuvó el
sentido de "pináculo ante el cual se detuvieron las carabelas" f1)
El Monte Vidi figura, como es sabido, en el famoso Diario de
Albo, que no está en el croquis de Pigafetta, ambos de la expedición
de Magallanes. El nombre de San Pedro no predominó como tam-
poco los otros citados.
El Monte Santo Ovidio aparece en un mapa portugués, de autor
desconocido, de 1595, que, la cartografía lo identifica por mapa ds
Ajuda; el Monte Seredo, en un grabado holandés de 1602 que inte-
gra el relato de la expedición del buque "Mundo de Plata" que po-
dría ser, como avanza Aníbal Cardozo, una mala lectura de las obras
de Pigafetta, Transilvano, Pietro Mártir de Anghiera, Ramusio, etc.:
Monte se vede. (2)

(') R. Leviller. Obr. cit.


(-) De Buenaventura Caviglia es la sugerencia. Articulo publicado en 1925 -
de que "acaso" Pinachullo Detentio representara al Cerro.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 15

Levillier dice: "Los holandeses fieles al relato del "Mundo de


Plata" y a su compatriota De Bry que usan Monte Seredo, adhieren
a ese nombre. Así en de Witt (1627), Van Lamgeren (1630) y en
muchísimos otros de los siglos XVII y XVIII, se lee, "Monte Seredo,
Serede o Seride". En cambio es sintomático, como asienta este autor,
que los latinos "se apegan al clásico M Vidio como Teixeira (1640),
Sansón (1650), Ramón (1683) y Coronelli (1688) o a Monte Vidio
como de l'Isle en 1700".
Termina Levilier manifestando: "Podríamos presentar otros mu-
chos mapas donde aparece Monte Seredo o Monte Vidio, pero basta
lo dicho para admitir que el Cerro apareció en 1502 en la cartografía
con el nombre de Pinachullo Detentio, el cual se extinguió después
del mapa de Maggiolo de 1527; que fue bautizado Monte Vidio por
Albo en 1522 sin que mapas algunos recogieran entonces esa desig-
nación, que surje en papeles de Hernando de Montalvo (1576-1587),
Gabriel Soarez (1587) y Hernandarias (1613), la de Monte Santo Ovi-
dio ya existente entonces en Bartolomé Velho (1562) y Ajuda (1595).
Leemos en 1640 en Teixeira, Sansón, Coronelli y De l'Isle, M. Vidio,
pero en 1602, con la mentada y defectuosa interpretación holandesa
del cerro: Monte Seredo, Serede o Seride, se entabla la lucha carto-
gráfica, triunfando definitivamente el de Albo, de Monte Vidi, pro-
, bablemente a raíz de estudios del Gobernador Zabala, cuando fundó,
al pie del cerro famoso, la ciudad de Montevideo".
Esto de "los estudios de Zabala" no me parece convincente. Nada
hay que, justificadamente lo pueda hacer suponer, y, de haber existi-
do, cuesta creer que en la numerosa documentación exhumada con
motivo del debatido asunto de la fundación de nuestra capital —no
sólo a fecha sino a título de fundador reinvindicado por alguno para
Alzaibar--, no aparezca, ni tampoco en las cartas del Rev, ni en los
repartos de tierra, ni en parte alguna, mención del porqué de haberse
apartado de la denominación geográfica de la cartografía que, un
siglo después, casi hasta a mediados del siglo pasado, —el XIX—,
todavía suele surgir en los relatos de viaje y en no pocos documen-
tos escritos.
La etimología de Montevideo ha dado pie a que un estudioso
colega —Buenaventura Cavíglia, desgraciadamente ya fallecido—, rea-
lizará por largos años prolijas y exhaustivas investigaciones, levan-
16 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

tando numerosas "pistas", como él donosamente decía, sin que se haya


podido develar el misterio de manera categórica e inconfundible. (!)
También otros compañeros del Instituto —igualmente fallecidos-
Daniel García Acevedo y Carlos Travieso— se han ocupado del asun-
to, adelantando opiniones y fundando pareceres que no es del caso
seguir por cuanto desborda el plan de esta perspectiva. (4)

JUAN DÍAZ DE SOLIS

Deseo puntualizar que, a continuación, me propongo enunciar


los derroteros de los primeros navegantes que recorrieron el Río de
la Plata llegando a remontarlo hasta su nacimiento en la confluencia
o
del Uruguay con el Paraná, frente a la punta Gorda, más o menos,
vecina a Nueva Palmira, llegando hasta San Salvador, con la sola
intención de ir dando noticias de las recaladas que hicieron en nues-
tra costa y los descubrimientos que en ella se realizaron. Nada más;
vale decir, sin entrar a la crónica o al comentario de los viajes como
tales y, menos, de sus consecuencias.
Para ello transcribiré al pie de la letra sus Diarios y Relaciones
o lo escrito por algunos historiadores, comentándolos. Todo esto va
como texto, con las notas que pudieran contener, a las que adicio-
naré algunas aclaraciones que considero pertinentes en el buen deseo
de llevar al lector una impresión de la geografía y del ambiente que
surge de la lectura de todo ello, nervio de esta simple perspectiva.
Salvo excepciones que van hechas para guiar la orientación del
lector, me abstendré sistemáticamente de abrir opinión sobre una
serie de puntos sobre los cuales, anticipo, es difícil, o porque la in-
vestigación documental prosigue o porque, para algunos, solo un estu-
dio a fondo de los temas pueden cimentar una opinión que es secun-

(:í) Buenaventura Caviglia. "La etimología del nombre Montevideo. Pistas


para rastrearla". Montevideo 1925; y "Étimos" Montevideo. "Montevideo 1932.
Es de advertir que este autor siempre firmó Caviglia (hijo).
(4) Daniel García Acevedo en "Revista Histórica", T. VIII, N? 19. Carlos
Travieso. "El nombre de Montevideo". Río Janeiro 1922.
VIAJEROS VISITANTES DEL UKUGUAI" 17

daria para la finalidad de este trabajo netamente orientado a la


geografía y las costumbres enfocados por un lente en el cual prima
soberana la arqueología.
Pese al adelanto de los estudios históricos dentro y fuera de
fronteras, sigue en el tapete la vieja cuestión de quien descubrió
nuestro gran río. Para los más es evidente que fue Juan Díaz de Solís,
para otros, no; y si como afirma Gandía, puede considerársele el
descubridor "oficial", es lo cierto que existen indicios positivos de
viajes anteriores, de los cuales no han llegado hasta nosotros ni Dia-
rios ni Relatos; y el de Vespucio, oteado por viejos navegantes, entre
ellos Boungainville, parece evidente como lo anota Levillier.
Es conocida la rivalidad que por esos años imperaba en materia
de descubrimientos entre las dos naciones ibéricas. España y Portugal
luchaban empeñosamente por descubrir nuevas tierras en la ruta de
la India, en la que América surgió de improviso trastocando toda !a
ciencia geográfica europea. Esa lucha desborda la documentación
exhumada, presentándonos a las dos naciones rivales tal como esta-
ban, en una puja tremenda por sacarse los mejores pilotos, por sobor-
narlos, por esconder el resultado promisorio de expediciones realizadas
en el mayor secreto con fines de utilizarlas en otras subsiguientes y
complementarias de mayor envergadura que les dieran base para la
mayor apropiación de tierras. Y ese ambiente por completo anormal,
a más de cuatro siglos de vicisitudes, es poco aparente para el cateo
que se viene llevando a cabo, tarea tan lenta como difícil, que quizá
proseguirá por largos años arrojando magros resultados, hasta que el
misterio que rodea a las primeras expediciones deje de ser tal, de
una manera concluyente y definitiva.
Complica más esta investigación ardua de por sí, las simpatías
de los historiadores de antes y de hoy por los cronistas de las prime-
ras horas, así como el deseo de que a España o Portugal les corres-
ponda la primacía de Jos descubrimientos mayores.
Debo aclarar que esta simpatía de los historiadores de antaño y
de ogaño, es consecuencia de factores profundamente humanos y tam-
bién la opinión de cada uno de si tal o cual antecesor era verídico,
exacto, vale decir falseador consciente o inconsciente de hechos, pues
los había, antes como hoy, de todo, unas veces guiados por exceso de
optimismo o de credulidad, otras de desconfianza. La ocultación de
documentos, el preconcebido falseo de hechos para cimentar o vol-
18 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

tear pretericiones nacionalistas se sumaba y proviene, ya que no se


toman sin mayor análisis afirmaciones, de los cronistas desaprensivos
y ligeros propios de todos los tiempos. En cuanto a la probidad de
muchos, que es incontestable la hubo en fa escala normal, también
ha sufrido en ciertos casos serio detrimento, por haberse interpretado
con error viejos documentos —verdaderos palimsestos del XVI— do-
cumentos mal leídos o defectuosamente cotejados. Añádese a esto el
desconocimiento de documentaciones difíciles de localizar porque en
los archivos de Europa, por la inmensidad del fondo que custodian,
la captación es difícil al punto que la mavor parte de las naciones
americanas interesadas en aclarar sus orígenes y en conocer, el trans-
curso de sus primeros años, han debido enviar, desde hace casi medio
siglo, legiones de investigadores para la compulsa de esos conjuntos
caóticos, verdaderos galimatías en escala mayor, en que sólo el mé-
todo, el tesón y la suerte, procuran buenos resultados.
Vuelvo a recalcar, como comentario de pasaje, que antes del des-
cubrimiento "oficial" del Brasil por Alvarez Cabral en 1500, hubo
viajes anteriores: no sólo el de Joao Coelho de 1493 a 1494 sino tam-
bién uno posterior de Duarte Pacheco Pereira de 1498; se supone que
Portugal mantuvo en secreto sus resultados y hasta se dice, también
lo que parece con fundamento, que España realizó al igual de su
vecina expediciones clandestinas, entre la que se anotan las de Ñuño
Manuel y Cristóbal de Haro, anterior a la de Solís.
En este ambiente confuso resulta algo temerario aventurarse aun
para hacer simples exposiciones de generalidades como esta, pero es
necesario penetrar resueltamente en ese medio y tratar de proyectar
alguna luz, generalizando. La tarea es un tanto por demás riesgosa
pero grata y hasta puede resultar útil para los novatos que con el
enfoque unilateral de la arqueología como norte, se aprestan a aven-
turarse en la indagación de nuestro pasado tras los primeros vestigios
de nuestra geografía, del folklore, de la sociología y otros aspectos
no menos atractivos de los pasados tiempos.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 19

EXPEDICIÓN DE SOLIS
Del compacto conjunto de grandes autores que han tratado el
descubrimiento del Río de la Plata, opto por seguir al historiador ar-
gentino Eduardo Madero, autor de la "Historia del puerto de Bue-
nos Aires" cuyo primero v único tomo publicado trata del "descubri-
miento del Río de la Plata y de sus principales afluentes, y fundación
de las antiguas ciudades a sus márgenes". También a José Toribio
Medina, el monumental polígrafo chileno, y a otros autores seleccio-
nados, antiguos y modernos, que en su lugar van citados lo más
escuetamente posible para no hacer erudición barata en esta tarea
de simple vulgarización, lo que de hacerse, procura fundado fastidio
a los que saben, y lectura pesada a los [Link] inician.
El texto de Madero, impreso en Buenos Aires en la ya lejana
época de 1892, expone con claridad el confuso derrotero de los pri-
meros navegantes llegando a conclusiones que la investigación pos-
terior apenas si ha alterado, por lo menos en los pasajes que nos
interesan. Pero es indudable que la prosecución del análisis de ar-
chivos y de documentos la tornarán anticuada a seguirse en el ritmo
con que se va. Pero es una base sólida: de ahí mi elección.
Entre las primeras fuentes citadas por este historiador están los
tres volúmenes de Ramusio: "Delle Navigationi et Viagi", la "Histo-
ria Novi Orbi" de Benzoni —en lo que se refiere al más reciente pe-
ríodo del setecientos, y a Varnhagen— el conocido vizconde de Porto
Seguro"— en su "Historia Geral do* Brasil" en lo que al ochocientos
concierne.
Si bien me confío en Madero con determinada consecuencia, lo
matizo con las notas modernas de Medina, el gran historiador, y con
las del erudito brasileño Eugenio de Castro en el para nosotros inte-
resantísimo viaje de Pero López de Souza que transcribimos en esta
nuestra serie con los correspondientes comentarios míos v. por sepa-
rado, del coronel Rolando Laguardia Trías, un estudioso uruguayo que
ha permanecido en España largo tiempo investigando y que ahora,
colabora en esta obra de la manera dicha, cuyo texto no tengo en cuen-
ta, ni siquiera lo he leído, por razones obvias.

Madero afirma que "Solís no intentaría cruzar la imponente y


siempre temible barra de Río Grande del Sud (lugar llamado Tibique
20 . REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

por los aborígenes), y le alejarían también de la tierra los irregulares


bajíos de aquella barra que se extienden hacia muy afuera de la
embocadura del Chuy, donde a más de 30 millas lejos de la costa
hay sólo 10 brazas de agua y una fuerte corriente aterradora; pero
la sonda, le conduciría hacia los cerros de Castillos, haciendo rumbo
probablemente al verdoso cono (r>) que, elevado como 50 metros so-
bre el nivel del mar, parece una isla al venir navegando del N.E." (ü)
El piloto Francisco de Torres descubrió más adelante las islas
inmediatas al cabo Apolonio, que desde entonces conservan su nom-
bre, y a las que el islario de Alonso de Santa Cruz llama de Ro-
drigo Alvarez, por pretender este piloto —que también vino con C:\-
boto— haber sido él quien primero las divisara. (7)
Siguiendo la costa vieron una saliente de arena, con una isla rasa
al Sur, semejante, a la distancia, al cabo de Santa María que forma
el extremo occidental del Golfo de Huelva; última tierra europea
que dejaron cuando hicieron rumbo a Las Canarias.
Desde el impropiamente llamado cabo, bajas dunas se prolon-
gan hacia el S.O.: lo que induciría a Solís a explorar si por ahí do-
blaba el continente. En esta navegación "corrieron dando vista a la

{") De verdoso poco tienen. Es piedra eon algo de pasto v musgo batida por
los temporales y calcinada por el sol.
(c) Fácil sería hacer una sumaria crónica de la mala fama que entre los
navegantes de todas las épocas tiene esa costa, pero para no adentrarnos en un
tema haladí, creo bastante decir que los naufragios han sido numerosos en ese
sector en los siglos pasados. En el presente, a pesar de la perfección de las cartas
marítimas y a los servicios positivos que prestan los faros brasileños de Rio Grande,
Albardon y Chuy a la navegación, para el que recorra esa costa \e será fácil cons-
tatar lo que se lleva dicho. El que escribe, que la ha recorrido varias veces,
ha anotado y documentado gráficamente numerosos restos de embarcaciones per-
didas en esa zona inhospitalaria cuyos restos demuestran a las claras la peligro-
sidad de esos lugares.
(7) Arquitectónicamente de "torres" a "castillos" hay poca distancia, pues
éstos, por lo regular y casi invariablemente en los de la edad media, tienen sus
torres.. Las actuales islas de Castillos son cuatro, conocidas uor Castillos Grande
v Chicas. Las primeras, de mayor extensión —unas siete hectáreas cada una según
aquel benemérito estudioso, Inspector de Escuelas de Rocha, que fue don Henjamín
Sierra y Sierra- ("Apuntes geográficos" etc.) denominadas Seca y del Marco; las
segundas son en realidad islotes: el de Castillos Grande y la Pedregosa. El pri-
mero, según Lobo y Riudavets {"Manual de Navegaciones" etc.) "se levanta brus-
camente a 32 metros de altura. Es de figura casi circular y mide unos 5 cables de
perímetro. Esta forma de torre que dio origen al nombre de Castillos pasó a
tierra firme llevando la denominación, a más dé la isla, a la costa, a la- ensenada,
a una- punta, un arroyo, una cañada, una gran laguna, un palmar, un pueblo, a
los habitantes de la zona ("Castillenses") etc.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 21

isla de San Sebastián de Cádiz" —20 de Enero de 1516—. De manera


que en esa fecha era cuando Solís entraba por el estuario del río que
inmortalizó su nombre; pues la isla que así llamó era la actual Lobos.
Fue este el más rápido viaje en los anales de los descubrimien-
tos; pues cuando Solís penetraba por la embocadura del Plata, hacía
apenas tres meses y medio que había dejado los pinares del Guadal-
quivir.
Si los hados en adelante no le hubieran sido tan adversos, ya no
encontraría a su regreso a Castilla al Rey Católico que le había fa-
vorecido, pues tres días después (el 23 de Enero de 1516) expiraba
en Madrigalejo.
Siguieron "adonde (s) están otras tres islas, que dixeron de los

(s) Dice Madero en la nota 62: "Navarrete, alterando el texto de Herrera,


dice "donde": lo que produce confusión; y puso también a su obra una nota
creyendo que las tres islas que los descubridores "dixeron de Lobos" eran las
que desde poco después y hasta ahora se nombran "Lobos": nota que también
ha hecho incurrir en error a varios escritores".
Se prefiere a Martín Fernández de Navarrete —1765-1844— en su obra
"Colección de Viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde
fines del. siglo XV' que es fama utilizó en gran parte la Colección del "diligen-
tísimo, modesto ya sabio" español también, don Juan Bautista Muñoz. Antonio
de Herrera, cronista mayor de Indias autor de la famosa obra "Historia general
de las Indias Occidentales" publicada por primera vez en 1601. Navarrete parece
ser que, en lo referente a! Plata, siguió a Herrera y a Oviedo (Gonzalo Fernández
de Oviedo y Valdez, "Historia general y natural de las Indias, Islas y Tierra
Firme del mar Océano": la edición más consultada es la de Madrid de 1851,
en cuatro tomos).
Entre las obras principales que deben consultarse sobre el descubrimiento
de nuestro gran río figuran la de "Orbe Nuevo" de Pedro Mártir de Anghiera:
"De rebus Oceanice et Novo Orbe" impresa por primera vez en Colonia (Ale-
mania) en 1574; la citada de Oviedo cuya edición príncipe es de 1535, y la
segunda parte, escrita en 1541 y continuada en 1547 compulsando las relacio-
nes que le dio Alvar Núñez Cabeza de Vaca; Martín del Barco Centenera,
"Argentina y conquista del Río de la Plata", impresa en Lisboa en 1602 reim-
presa en dos tomos en Buenos Aires en 1912; Ruy Díaz de Guzmán "Historia
del Descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata" más confusa, in-
exacta y fantástica que los anteriores; el jesuíta Pedro Lozano, "Historia de la
conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán", publicado por nuestro com-
patriota el Dr. Andrés Lamas, Buenos Aires 1873-1875; Félix de Azara en "Des-
cripción e Historia del Paraguay y Río de la Plata" etc. Pero, como afirma Madero,
en lo que se refiere al descubrimiento, copió a López de Gomara, Barco Centenera,
Ruy Díaz y Lozano; y con excepción de Andrés Lamas y Clemente Fregeiro, his-
toriadores uruguayos y de Manuel Trelles, argentino, en lo que se refiere a los
antiguos, siguieron en variedad de formas y deducciones, en lo que al descubri-
miento se refiere, a Herrera y a Navarrete. Los citados compatriotas expresaron
dudas sobre si llegaron hasta los 40*? de latitud sud Solís y Pinzón inclinándose
Í¡ creer que Solís descubrió el Plata en el viaje de 1512. Trelles es de parecer
que lo descubrió en dicho año Diego García.
22 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

Lobos"; y son las que ahora llaman de Flores, y que a cierta distan-
cia "hace señal de tres magotes" según la frase muy propiamente
empleada después por Diego García, maestre de una de las carabe-
las de Solís. H
Más adelante entraron al puerto que nombrado de "Nuestra
Señora de la Candelaria" (2 de Febrero) que hallaron en 35*?; actual
Montevideo, cuya posición exacta es 34°53'3". Aquí "ante el escriba-
no Alarcón y el Estado Mayor de la Armada, erigiendo una cruz y
tañendo las trompetas" tomaron posesión para la corona de Castilla,
cortando árboles y ramas" cumpliendo así las instrucciones reales de
hacerlo "donde haya algún cerro señalado". De la cúspide del que
allí se eleva, coronado entonces por un grupo de árboles añosos, sa-
cudido por los vientos (1(1), contemplarían sin duda el no muy seguro
puerto, rodeado de arenas, holladas de tarde en tarde por el hosco
charrúa; más allá la ondulada península, ceñida por el río-mar; al
pie del monte frondosas campiñas, por las que como cinta de plata
serpentea el hoy coqueto Miguelete í1") y su vecino entonces tan Panta-

Sin poner ni quitar rey, porque se trata de un tenia que para tratarlo ;i fondo
necesita un estudio largo entre los citados y muchos otros autores antiguos y
modernos, creo que la fuente más segura es Herrera, que Madero sigue bien.
Entre-los modernos está Eugenio de. Castro, comentador del viaje de Pero
López de Souza —cuya glose se hará en el texto—; la de Otsen abordo de! "Mundo
de Plata". -1530-1532 ' y 1598-1601-, respectivamente; el "Viaje al Plata"; de
Schmidel -1534-1554-;' el "Diario de Albo"; en Pigafetta; etc. v el Cristóbal
Colón hace poco tratado por Roberto Levillier en los dos tomos de su "América,
la bien llamada" Buenos Aires 1948.
Pura nota es ésta bastante extensa y podrá ser comolementuda en detalles
cuando en el -texto me refiera a lo que los antiguos cronistas han dicho de
nuestra costa.
(9) Dice Madero en la nota' 64: "Así está dibujado el Cerro de Montevideo
en los planos más antiguos".
("') El nombre indudablemente le viene del cuerno de Miguelete o Miñones
que existió al final de la dominación española, creado a raíz de las invasiones
inglesas de 1806. Creo que, originalmente, una guardia de este cuerpo se situó,
permanente o por algún tiempo en sus orillas, y de ahí el. nombre de! arroyo
de los Migucletes que después el vulgo lo abrevió: Miguelete.
Estos migúele tes o miñones eran fuerzas que existían en Cataluña según se
desprende del cotejo de las viejas fuentes y aún existen en España pues los.
he visto con un uniforme destacado.
En lo que al caso interesa parece indudable que un vecino de la ciudad, el
catalán Antonio Vilardebó, ante la inminencia del ataque inglés "ofreció sus ca-
sas para acuartelar una fuerza de 200 hombres de caballería". A poco, caído Bue-
nos Aires en manos de los ingleses, Vilardebó insistió ante el gobernador Ruiz
Huidobro que preparaba fuerzas para la reconquista del virreinato, ofreciéndose
"para abrir un empréstito gratuito" etc. y "asociados a dos amigos suyos, don
Martin Diego y don Faustino García, consigue reunir cuarenta y ocho mil pesos
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 23

noso como hoy, no removido su suelo por el continuo pasar de los reba-
ños, no enturbiadas sus aguas los prosaicos residuos de las industrias que
después poblaron sus márgenes; ( n ) y por fin un otro río, donde
buscaron luego mejor fondeadero; pues como dice el cronista "fue-
ron a surgir al rio de los Patos en treinta y cuatro grados y un ter-
cio", río nombrado después Santa Lucía por uno de los más esforza-
dos campeones sucedáneos y 'cuyo cauce ancho y hondo petro de
]a barra se halla a 34<?47'4".
Natural es suponer que en el abrigado río al que Solís dio el
nombre del que aun es digno, la útil caza que se le brindaba, la
provisión de aguadas y la recorrida y compostura de embarcaciones,
le inducirían a tomarse descanso en tierra de Castilla. Continuando
el viaje costearon las barrancas de San Gregorio (12 de Marzo), y
"entraron luego en un agua, que por ser espaciosa y no salada lla-
maron Mar Dulce".
Cuando Solís anotaba esto en su Diario de Viaje, iría más aden-
tro de la llamada hoy Punta de Jesús María, que dista sólo unos 5 y
Vz kilómetros de la boca del Santa Lucía, y desde donde, salvo días
excepcionales, el agua está siempre dulce. (12)

fuertes, ocho mil dados graciosamente y los otros cuarenta mil prestados sin
interés alguno, basta su reembolso, contribuyendo él, por su parte; eon tres mil
pesos" (O Araujo. "Diccionario Popular de Historia" f. III, pág. 661). Y sigue:
"No se limitó a esto su patriotismo, pues ofreció para la escuadrilla de la recon-
quista una porción de cables nuevos; promovió la formación de una compañía
de Miñones Catalanes vestidos y costeados por él y algunos amigos" etc. Fueron
a la reconquista al mando del capitán Rafael Bufarull en número tic 1.200 o más.
en esto los historiadores no concuerdan. Liniers, en el parte oficial del ataque a
Buenos Aires diee: "Habiendo los Migucletes empeñado un fuerte tiroteo", ete.
Hay muchas otras citas donde indistintamente se les llama migueletes, catalanes
y miñones: Andrés Lamas ("El escudo de armas") etc., Píintaleón Rivarola ("Ro-
mance heroico, etc."); González Vallejo ("Diario de la ida a la reconquista", etc.);
Antonio Pillado, Monner Sans, Juan Manuel de la Sota, etc..
Hay otro arroyo Miguelete en Colonia que, posiblemente, tiene su nombre
el mismo origen que el montevideano.
Los citados Vilerdebó, Diago y García son los fundadores de conocidas fami-
lias uruguayas cuyos descendientes se han distinguido mucho en la evolución
de! país.
(") En cuanto al Pantanoso, como su bien puesto nombre lo caracteriza, si-
gue hoy tan pantanoso debido al subsuelo de greda y a los cangrejales de sus orillas-
pero con aguas más sucias; por haberse intensificado las industrias en sus már-
genes, principalmente el Frigorífico Artigas que, claro, no estaban en los años en
que Madero las evoca.
(I2) Es una evocación muy atinada de Madero que, para hacerla, se me
ocurre, debe haber conocido el lugar, pero, de entonces —1892— a la fecha las
24 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

Los que algo crean tener que observar a la interpretación que


he dado al extracto hecho por Herrera del Diario de Viaje de Solís,
busquen desde el grado 29 de latitud Sur, en la sucesión que esta-
blece el cronista, una isla, tres islas, un puerto, (aún prescindiendo
del señalado cerro) un río y luego agua "no salada". La que he dado
es, sí, la única interpretación posible. Las fechas que establezco no
son, de. cierto, indiscutibles; pero, de acuerdo con las prácticas de los
descubridores, esas fechas tienen que ser exactas. Para que no lo
fueran, sería indispensable que en todos los casos al bautizar las lo-
calidades se hubiera procedido por excepción contra lo que era regla.
"De aquí" dice el extracto de Herrera, doblaron la Punta de
Santa Bárbara (actual Colonia del Sacramento), y pasaron por el in-
mediato archipiélago.
Costeando la tierra, "descubrían algunas veces montañas" (los ce-
rros llamados hoy de San Juan) "y otros grandes riscos" (los nume-
rosos que se encuentran a lo largo de esa costa hoy alterada de raíz).
Continuó Solís remontando el río, y "surgió en la fuerza de él",
donde se halla "una isla mediana en treinta y cuatro grados y dos

cosas lian cambiado radicalmente un tierra con el establecimiento del gran puente
de la Barra de Santiago Vázquez, etc..
Antes de su establecimiento, había una balsa que atendía el escaso tráfico
que se hacia para ese sector del departamento de San José, entonces un rincón
olvidado y desvalorizado por lo arenoso de sus tierras, por lo frío, lo anegadizo
y la pobreza de pasturas gruesas de que estaba dotado. A favor de esa serie
de bañados, juncales, etc., hasta muy adentrado esta centuria, aquello era el
paraíso de los cazadores de patos, becasinas y demás aves de bañado, mucho
más poblado de caza que los de Carrasco indudablemente más frecuentados por
los cazadores por su vecindad a la ciudad y no existir el obstáculo del río.
Hoy, todo ha cambiado de una manera radical, densamente poblado de cha-
cras y quintas, al atravesarlo una de las arterias viales más importntcs de la re-
pública: la de Colonia.
Esta zona en lo antiguo estaba muy poblada de indígenas, desde luego en
el verano, pues el sector es frío y húmedo en extremo como dije. Al recorrerlo
en cacerías nace más de 30 años, encontré numerosos "paraderos" de donde recogí
bastante material que se encuentra en mi colección depositada, en custodia, en
la fortaleza de Santa Teresa.
Creo liaber sido uno de los primeros en levantar material del de la Tuna,
tan copiosamente explotados por los compañeros Alfredo Sollazzo y Raúl Penino,
al primero de los cuales se lo hice conocer. Tengo entendido que este meritorio
compatriota tiene, en su colección de etnografía, un material mucho más im-
portante que el que publicó en la Revista de la Sociedad de Arqueología. Y
esta referencia me da pie para deplorar que no haya proseguido en esa orien-
tación, como tampoco en sus predilecciones por la pintura desde que sus pri-
meros óleos lo presentan como todo un artista.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 25

tercios". Esta isla —está confirmado por Códices oficiales que más
adelante mencionaré— es la que desde entonces se llama Martín Gar-
cía: nombre que se le dio por el despensero de la nave latina, que
allí fue enterrado (13). La posición exacta de la isla está en 34° 11' de
latitud Sur.
Sobre la muerte de Solís hay muy pocos detales oficiales o si-
quiera fidedignos del trágico suceso y sólo son suficiente para saber
dónde se produjo y quiénes fueros las víctimas.
Mucho he procurado la narración que Francisco de Torres —
sustituto del infortunado Solís— debió dirigir al Rey y presentó a la
Casa de Contratación de Sevilla; pero no he podido encontrar ni
esta anhelada narración ni el Diario de Viaje del regreso de la expe-
dición, que presentado por el piloto Torres estuvo en el archivo de
Simancas. •
Herrera dice, tomándolo probablemente de los últimos asientos
que en su Diario de Viaje escribiría Solís, o de lo que agregara el
piloto Torres, que cuando remontaban el río "descubrían muchas ca-
sas de indios, y gente que con mucha atención estaban mirando pasar
el navio, y con señas ofrecían lo que tenían, poniéndolo en el suelo".
Esto tenía lugar en la costa entre la Colonia y la punta conocida hoy
por Martín Chico.
Agrega Herrera —tomado sin duda del Diario de Viaje que conti-
nuaría llevándolo Francisco de Torres— que "Juan Díaz de Solís quiso
en todo caso saber que gente era esta, y tomar algún hombre para
traer a Castilla; a cuyo efecto "salió a tierra con los que podían ca-
ber en la barca" (el bote mayor). Los que acompañaban a Solís, fue-

(i;i) Hace aquí el autor unu larga nota en que refuta al historiador Trelles
quien niega a Solís la gloria del descubrimiento asignándola a Diego García. Para
esto se funda en el último párrafo de la Memoria de este marino relativo al viaje
que hizo en los años 1526 y 1527, donde refiriéndose a una señal de plata que
a su regreso había llevado a España, dice García que lo hubo de "un hombre
de los mios que dexé la- otra bez que descubrí este rio avia quince años de una
carabela que se nos perdió". .
Con "merecido respeto" Madero observa a Trelles, en mi opinión con razón,
que incurre en tres errores: "1"? Dar al verbo que he subrayado la tercera acep-
ción de la Academia, en vez de la primera; 29 relacionar con el año 1527 el
período transcurrido; 39 suponer un viaje de García en 1512, en el cual "venia al
mando de mas de una carabela".
La extensa argumentación que a continuación hace Madero, reitero, - es con-
vincente por lo menos, hasta que no aparezcan nuevos elementos de juicio que
la desvirtúen.
26 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

ron: el factor Marquina, contador Alarcón y seis personas más.


"Los indios —dice Herrera que tenían .emboscados muchos areneros,
quando vieron a los castellanes algo desviados de la mar, dieron en
ellos y rodeándolos mataron sin que aprovechase el socorro de h\
artillería de la carabela". (14).
Este suceso ocurrió "junto a la isla de Martín García". Queda
demostrado pues, por esta prueba oficial que el desembarco' y ma-
tanza de Solís y de sus compañeros debió tener lugar en Martín
Chico o sus inmediaciones, donde la profundidad del agua permite
aproximarse bastante a la costa.
El único que se supone salvó de la catástrofe fue un Francisco
del Puerto, grumete, que entonces tomaron los indios, y a quien,
como más adelante se verá, Caboto encontró allí; pero no hay docu-
mento alguno donde se refiera que el grumete contara algo del trá-
gico suceso.
Diversas descripciones se han publicado sobre este episodio,
pero desde que no se comprueben por documentos fidedignos hay que
considerarlos novelescas, por lo menos en cuanto a sus detalles.
La catástrofe debió tener lugar a mediados de Marzo de 151íi,
inmediatamente después de llegar a Martín García.
Herrera concluye diciendo que después los indios "tomando a
•cuestas los muertos, y apartándolos desde la ribera hasta donde los

(!4) Este es un asunto que se sigue debatiendo. Enrique de Gandía en su


artículo "Descubrimiento del Río de la Plata, del Paraguay y estrecho de Ma-
gallanes" capítulo III de la "Historia de la Nación Argentina" impresa en 1939
¿n Buenos Aires dice en la nota 17, página 406:
"Félix de Azara, en su detestable ensayo do historia del Río de la Plata
v del Paraguay, en que son más los errores cometidos que las afirmaciones ca-
sualmente acertadas, fue el primero un negar la autenticidad del relato tradicio-
nal según el cual los indios comieron a Díaz de Solís. Entre los modernos son
numerosos los autores que siguen esta opinión calificando de fantasías las decla-
laciones de los sobrevivientes que presenciaron la tragedia. Medina ("Juan Díaz
de Solís" t.-I pp. CCLXXXVIII) ha logrado probar con los testimonios de Diego
García de Moger, Fernández de Enciso, Maximiliano Transilvano, Pigafetta y Se-
bastián Caboto. que obtuvo sus informes del grumete Francisco del Puerto, so-
breviviente de la matanza, que en efecto los indios mataron y comieron a Díaz
de Solís v a sus compañeros. Hov en día con los modernos estudios etnográficos
que han localizado en el Delta y en las costas del río de la Plata la existencia
de tribus guaraníes antropófagas, ya no cabe duda acerca del destino que cupo
al descubridor del Río de la Plata- Inútil y falta de base es toda la documenta-
ción que se intente en contrario".
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 27

del navio los podían ver, cortando las cabezas, brazos y pies, asavan
los cuerpos enteros, y se los comían".
Fernández de Oviedo, que, como manifesté en el prólogo, escri-
bió por referencias, no acusa a los charrúas de antropofagia: dicien-
do sólo que "tomaron la barca y quebrándola, la quemaron". Azara,
refiriéndose a este acto de canibalismo, no lo cree, "porque no ha-
biendo cosa tan durable como las costumbres entre los bárbaros, ñ
lo hubiesen hecho 16 harían, y no es así, ni conservan memoria de
semejante comida".
Consternados por tal aciaga desgracia, los de a bordo regresaron
adonde habían dejado las otras carabelas, cuyo mando tenía sin duda
Francisco de Torres. Unidos allí decidieron volver a Castilla; y es
probable que lo hicieran en Abril de 1516, para evitar que los tomara
en este hemisferio el invierno austral de esc año.
Al salir del río cazaron 66 lobos marinos, de cuya carne hicieron
charque, y llevaron consigo los cueros: primera exportación de un
producto platense.
. En la extremidad sud de la isla nombrada después Santa Cata-
lina (ir>), y en la llamada hasta "ponta dos Naufragados", se perdió
una de las tres carabelas; quedando en la costa continental frente a
esa punta, Melchor Ramírez y Enrique Montes, fuera de algunos
más que perecieron en una excursión al interior.

(ir>) Sobre el origen del nombre de Santa Catalina —que fue algo así como
la antesala del Plata en los siglos XVI y XVII— discrepan los escritores de historia.
Unos sostienen que se sugirió el bautizo el ser el 25 de noviembre el día
de esa santa; otros, los más, creen que lo hizo —como digo en el texto— en
recuerdo de su mujer Catalina Medrano, su segunda esposa.
Osvaldo Cabra!, siguiendo a su coterráneo, el historiador catarinense Lucas
líoitcaux en su trabajo "Sebastián Caboto", expresa: "E sabido que Caboto nao
fóra feliz neste segundo matrimonio. Era frequentemente maltratado pela esposa,
soffrendo, segundo se diz, horrores -e sujeitando-se uos mais ridiculos papéis" y
agrega: "Assim nao parece viavel que se fosse lembrar justamente della, da es-
posa iracunda que lhe amargarava os dias da vida, para dar o scu nome a térra
que táo gentilmente o acolhia. . ."
Francamente, sin meterme en la vida privada de ese ilustre matrimonio, a
lo mejor, el célebre navegante, tratando de amenguar las furias de su consorte,
hizo ese bautizo —que, por otra parte no le costaba ni un maravedí— y tratando
de desarmar a la arpía con ese delicado recuerdo, haciéndolo, prudentemente,
presente a su regreso. . .
28 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

EXPEDICIONES DE HERNANDO DE MAGALLANES,


SEBASTIAN CABOTO, DIEGO GARCÍA Y
PERO LOPES DE SOUSA

Como Juan Díaz de Solís había sustituido a Américo Vespucio


en el cargo de Piloto Mayor del reino, Sebastián Caboto fue desig-
nado por Carlos V para llenar la alta vacante que aquel había pro-
ducido y este encargó a Fernando de Magallanes la prosecución de
los descubrimientos.
Dicho lo que antecede sigo a Madero:
"Inútil y pesado sería narrar el viaje de Magallanes desde las
alegres riberas de Sevilla hasta las arenosas playas del cabo Santa
María. Dejó aquellas el 10 de Agosto de 1519, y llegó a éstas el 11
de Enero de 1520, reconociéndolas por los "tres cerros" que se
divisan desde afuera del inmediato cabo de Castillos "que parecían
islas; los cuales dijo el piloto Caravallo que eran el cabo de Santa
María; y que lo sabía por relación de Juan de Lisboa, piloto portu-
gués, que había estado en él", cuando vino con Solís.
Al día siguiente "corrieron al norte en demanda de una como
bahía", —la de Castillos— donde fondearon, sufriendo una de esas
tormentas que llamamos de verano. El día 13 lo pasaron en recono-
cimientos, y a la tarde entraron al río de Solís. Navegaron dos
días, v divisaron "una montaña hecha como un sombrero", a la cual
le pusieron por nombre Monte Vidi.
El 15 de Enero de 1520 fue, pues, por sinécdoque que bautizada
por padrino ilustre la
"Beldad guardada por gigante roca
Que el Plata inmenso desde lejos ve".
Del diario de viaje escrito por Francisco Albo se deduce que el
día 16 fondearon en medio del río por las inmediaciones de la isla
de San Gabriel (referencias, que debían traer de los que vinieron con
Solís, Magallanes envió la nave "Santiago" —que era la más pequeña
de su armada— para que fuese a lo largo de la costa "por ver si había
pasaje". Comisionó también a "La Trinidad" (a cuya tripulación
pertenecía Albo) para que con otra de las naos explorara "a la parte
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 29

del sur", a ver sí encontraban por esta costa el estrecho anhe-


lado; y aquel diligente capitán mayor trasbordóse a la nave "San
Antonio" para reconocer la parte del río en dirección al S.E. Que-
daría pues, una nao —la "Concepción" o la "Vitoria"— de estación,
o destinada a servir de punto de reunión en las inmediaciones de
San Gabriel.
La "Trinidad" y su conserva explorarían probablemente la costa
desde la actual caleta de la Ensenada (que encontrarían al sur recto
del punto de partida) hacia el N.O., pues sólo emplearon dos días
en su reconocimiento. Magallanes, que regresó a los cuatro días
exploraría sin duda hasta la actual "punta de Piedras", porque se-
gún dice Herrera, "halló que el río tenía veinte leguas de ancho" dis-
tancia que debió ser apreciada desde la referida punta a Montevi-
deo; pues hay entre ambas localidades 55 millas marinas, equivalen-
tes a poco más de 16 leguas de entonces. La "Santiago" regresó a
los 15 días —31 de Enero— del viaje de exploración que en otro ca-
pítulo describiré.
El 10 de Febrero después de haber tomado la flota agua y leña
debió ponerse a la vela hacia afuera del río "para tomar una agua
a la nave San Antonio"; los días 6 y 7 continuaron navegando al sur,
reconociendo la tierra, y al anochecer fondearon en 9 brazas, como
a 7 millas del '"cabo de San Antón", que también llamaron después
Blanco.
Aquí dejo de seguir a Madero, y después de una breve disquisi-
ción, opto por José Toribio Medina.
Podría acudir a otra fuente autorizada, como lo es el Diario de
Albo que algunos pudieran considerar pertinente para clarificar cró-
nicas lo bastante turbias como para producir errores o simples
dudas, en el mejor de los casos. Pero la lectura de Albo es pesada
y difícil su interpretación, aunque no olvido, reitero, que se trata de
una fuente primigenia.
El erudito jesuíta padre Pastells, con la colaboración de otra gran
autoridad europea en materia histórica sudamericana, el padre Cons-
tantino Bayle, han allegado después de pasados casi cuarenta años
de la aportación de Madero, una gran cantidad de documentos de
gran valimiento para informar sobre actividades hiera del Plata, de
una de las más grandes expediciones: la de Magallanes, la primera
que dio la vuelta al mundo, pero desgraciadamente sin tener a su
30 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LÁ ARQUEOLOGÍA"

jefe a la cabeza, pues murió en el camino, en sus últimas etapas


gloriosas.
Ella robusteció la muy considerable de Medina visible en sus
obras "El descubrimiento del estrecho de Magallanes", impresa en
Madrid en 1920 y "El descubrimiento del océano Pacífico. Vasco Nú-
ñez de Balboa, Fernando de Magallanes, etc." publicada en Santiago
en 1920.
No obstante creo del caso glosar a Medina con transcripciones
de su texto (Hi) pese a que la moderna investigación ha dejado algo
anticuado su relato —efecto sufrido por Madero quizá en grado ma-
yor— pero esa circunstancia no perjudica para nada mi propósito
principa] que es de poner de manifiesto la confusión que ha padecido
eh lo referente a qué accidente de nuestra orografía costera es la que
se le nombró Monte Vidi. Dada la extraordinaria autoridad de Me-
dina creo que debo poner sobre aviso a nuestros divulgadores de
historia sobre ese punto ya que ellos no tienen por qué -hacer inves-
tigaciones sobre estas particularidades (17).

("•) "Juan Din/, de Solís, Estudio histórico". Santiago 1917. 2 vol.; "El por-
tugués Gonzalo de Auosta al servicio de España. Santiago 1908; "Los viajes de
Diego García de Moguer al Rio de la- Plata". Santiago 1908; "El portugués Es-
teban "Gómez al servicio de España". Santiago 1908.
O7) Es posible que el error lo provoque Herrera a quien sigue Medina,
pero también es posible que el gran historiador y bibliógrafo lo haya padecido
pues al componer su texto se manejó con gráficos, Diarios y Relatos y lo acon-
sejable hubiera sido recorrer la costa, auscultarla de visu después de haberlos
consultado. Esto era desde luego imposible, y de manera alguna pretendo que de-
biera haberlo hecho, sobre todo él, que con sus trescientas y pico de obras pu-
blicadas durante su larga y fecunda vida, tiene sobrados derechos a equivocarse
no una vez, sino ciento, sin que para nada afecte esas inevitables fallas su pro--
ducción monumental sobresaliente.
Debo advertir que me cue:ta \ina enormidad noner de manifiesto todo esto,
pero los que conocen historia saben de mi profunda admiración hacia ese hom-
bre eminente, al que hube de defender hace ya muchos años cuando fue atacado
de una manera inferior por uno de esos desaprensivos —ahora se les llama "lo-
cos"— que existen en todas partes y, en el caso, en la vecina orilla; el que luego
de zaherirlo se volvió contra mí y me hizo objeto de renovados ataques tan inferio-
res como los otros con lo que evidenció que carecía de las condiciones indispensa-
bles para terciar en un debate entre personas cultas, por cuanto hizo lo mismo, y
por idénticos motivos, arremetiendo contra el Dr. Emilio Ravignani.
No lo nombro porque ha tallecido hace tiempo, y debo decir que ignoro con
qué fundamento se me informó que en las postrimerías de su vida se había
arrepentido de esos tres ataques; pero a quienes desean conocer los orígenes
de esta incidencia lamentable les recomiendo la" lectura del folleto del actual
eminente director de la Sección Medina de la Biblioteca Nacional de Chile, Gui-
llermo Feli» Cruz, "Advertencias saludables a un criticastro de mala ley". San-
tiago 1919, en que alude a mi defensa.'
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 31

Anticipo un detalle, para nosotros en este caso, nimio: Madero


da la salida de San Lucar de Barrameda el 10 de Agosto de 1519;
Medina en Setiembre. - •

"Tomó la escuadrilla el rumbo oeste-sudoeste. A la vanguardia


iba "La Concepción" que mostraba el farol, • piloteada por López
Carvalho (liS), y navegaban pegadas a la costa (Ul) hasta descubrir el
31 de Diciembre, siete islas frente a una bahía que tenía buena en-
trada, que se llamaba de los Reyes (-"). Tanto se acercó López en
una y dos veces a la costa, que habrían dado al través de ella, si no
hubiera sido por Esteban Gómez (-1-) que fue quien desde entonces
tomó a su cargo la dirección de la armada. El 7 de Enero del año
1520 que entraba, "pareciendo que el agua no tenía señal de golfo",
por indicación de Andrés de San Martín se echó la sonda y hallaron
85 brazas, de arena oscura y menudo. El día 10, una hora antes que
se pusiera el sol, al tiempo de salvar la capitana, se supo por Gómez
que se hallaban en los 34 grados de latitud, con un fondo de 15 a
18 brazas, amainaron entonces y corrieron con los trinquetes al oes-
sudoeste 35 leguas hasta la salida del sol: enderezaron rumbo al oes-
norueste y a otros varios, hasta medio día, prolongando la costa por
espacio de 6 leguas; con un aguacero que les sobrevino, después de
haber andado otra legua y media amainaron hasta^ las cinco de hi

(1S) Portugués citado unas veces por su segundo apellido que los españoles
convirtieron en Caravalo y Carvallo y por algunos portugueses en Carvulhinho.
(1EI) "...continuando enseguida nuestra derrota pegados a la costa"..-. (Pi-
gafetta).
—"Partió desde Río Janeiro... navegando a lo largo de la costa"... (Diario
de Punzorol). ¿
—"De allí partieron costeando". . . (Carta de Antonio de Brito).
(2fl) Indudablemente estaban en la bahía de Guanabara, hoy Río Janeiro.
—"Asi que se llamaba de todos los Reyes", dice Albo. De suerte que estaba
ya descubierta, era conocida?, me pregunto.
La cosa dista de ser clara, así a primera impresión. Denucé cree que es
la de Paranaguá — hoy Florianópolis, en honor del extinto mariscal "brasilero
Floriano Peixnto.
Pero esto no nos interesa —bastante dudas hay sobre nuestras cosas para
apechugar con las agenas— y si sigo la expedición desde Río Janeiro, es para
ver el rumbo que traían, "pegado a la costa lo más que pudieron", para re-
calcar que lo que vieron de la nuestra fue, al parecer, perspectivas cercanas a
la orilla y no vista muy adentrados en el mar.
(L>!) Portugués, según informa Medina.
32 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

tarde, y siempre a la vista de la costa, que era muy baja, no pu-


diendo descubrir en ella otra señal sino tres cerros que parecían islas,
"los cuales, dijo el piloto Carvalho, que eran el cabo de Santa María,
y que lo sabía por relación de Juan de Lisboa, piloto portugués, que
había estado con él". (-'-)
"Uno de esos cerros que parecían islas, situado "en derecho" del
cabo de Santa María tenía la forma de un sombrero "al cual le pu-
simos nombre Monte Vidi", refiere uno de los pilotos de la armada,
"y en medio de él y del cabo Santa María, hay un río que se llama
Río de los Patos". (-:1)
Lo indudable es que habían llegado al Plata.
Tratemos de poner un poco de luz en esta oscuridad.
A la altura del cabo de Santa María de hoy, desde el Océano
quizá puedan verse tres cerros: el del Chafalote, el de don Carlos v
el de Rocha. Jamás el actual Montevideo.
A la altura de Punta del Este —antiguo cabo de Santa María,—
pueden' verse, adentrado en el mar, quizás tres: el Pan de Azúcar,
el del Inglés y el de las Animas. Jamás el Montevideo de nuestros
días.

(—) Informa Medina —llamo especialmente la atención sobre esto— "Se


güimos en esta parte del viaje el relato de Herrera, fundado, sin duda alguna,
en el de algún diario de viaje que no ha llegado hasta nosotros. Respecto a la
referencia al de ese piloto portugués, se dijo que se tiene hoy por averiguado que
se verificó en 1514".
"Según lo que apunta Herrera, queda dicho que la llegada allí se verificó
el día 11 de Enero; Albo, al paso que señala la latitud de 35?, da como fecha
del arribo el día 11" ("Martes 10 del dicho. . . vino a ser nuestra altura 35° y es-
tábamos en derechura al cabo de Santa María").
Es sabido la imprecisión en la fijación de alturas que se padecía en esos
tiempos que, si bien de detalles, era propia de la imperfección del instrumental,
se me ocurre, pero menudos líos ha traído a los geógrafos del día eso que unido
al desconocimiento absoluto de la costa, es natural que hoy deban tomarse con
cuidado todo lo que al fijar accidentes geográficos se relaciona.'
f-:f) Todas estas afirmaciones están equivocadas. Vamos por partes y hanie-
mos de este rio. Partiendo de la base —que también está equivocada como luego
veremos— que el Monte Vidi de la cita sea nuestro Cerro, entre éste y el cabo
de Santa María, —no olvidar: la punta del Este de hoy— hay tres corrientes de
agua más o menos importantes de este a oeste: el Solís Grande, el Solís Chico
y Pando y claro, que ninguna de las tres pueden ser.
En cuanto al bautizo ornitológico no es de extrañar, por cuanto siendo aguas
dulces, en todas esas barras, hay patos —entonces en enorme abundancia desde
luego— y es así que estos y otros expedicionarios dieron esc bautizo de "patos"
desde la costa suíriograndense hasta nuestro país, pues dada la vecindad de es-
teros, esas aves abundaban. Al final, el más estable bautizo fue el de Laguna
de los Patos a la Mcrín que luego desapareció.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 33

En la nota correspondiente ya expliqué lo del río de los Patos.


En todo esto hay una tremenda confusión, pero pasemos de lar-
go, ya que no nos compete aclarar, como tampoco la interpretación
etnofilológica de la expresión Montevideo. Al respecto lia corrido
mucha tinta divulgando porción de suposiciones, pero nos creemos
cumplidos agregando que las más autorizadas fuentes para el estudio
del tema están en los trabajos de Carlos Travieso y Buenaventura Ca-
viglia titulados "Montem Video. Origen del nombre Montevideo" —
Montevideo 1923— y "La etimología del nombre Montevideo. Pistas
y sugestiones para rastrearla en un primitivo Mot, Vi, di" — Monte-
video 1925.

Sigamos a Medina que dice: "Jueves a doce de Enero, continúa


refiriendo Herrera, corrieron al norte en demanda de una como bahía,
donde amainaron por un acuacero que vino", y surgieron; y por que
comenzó a cargar el temporal que venia del Leste, y era tanto aun-
que el fondo era basa, comenzaron a garrear, y convino echar otra
ancla; y porque el temporal cargaba mas, pareció al tesorero Luis de
Mendoza de la nao Victoria, tomar parecer de los pilotos y gente de
mar, y a Andrés de San Martin pareció que, mientras se tenían con
las áncoras, no debían de hacer mudanza por ser de noche, muy os-
cura y temerosa, y que con tan grande temporal no sabia como se
pudiese ir en busca de la nave capitana, sin largar las áncoras para
llegar a ella, ni hacerse a la vela, que era el caso sobre el que Luis
de Mendoza pedía parecer, y que dejar las áncoras no era cosa de
hacer, pues llevaban con ellas sus vidas, y pues que las tenían y que
la luna hacia, el cuarto hacia la media noche, que de razón natural
y curso de los cielos, y según el término que llevaba, a que pasado el
cuarto aspecto del sol, iba de acatamiento trino a Venus, entendía
que abonanzaría el tiempo y que, por tanto, atendiesen a lo que el
temporal hiciese,- y quiso Dios que dende ahora y inedia comenzó
a abonanzar el tiempo y que se pudiese recoger una de las dos án-
coras, porque se rozaba un cable con ellas; y después de haber abo-
nanzado un poco el tiempo, fueron tantos los truenos y relámpagos,
mezclados, a veces, con agua, que era espanto; y asi se estuvieron
hasta el viernes de mañana, que se levantaron v corrieron al Lueste,
34 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

cuarta al Norueste, que fueron a dar en cuatro brazas, y por el poco


fondo, mandó el general que fuese la nao Victoria en la delantera,
junto con la nao Santiago, para que fuese sondando, por el' poco fon-
do, y fueron con la sonda en la mano, desde seis hasta cuatro brazas
y media, al Norueste, cuarta al Lueste, guiñando a una parte a otra
en demanda de la mas agua, y corrieron hasta puesta de sol siete le-
guas y media, y surgieron en cinco brazas, y la señal del fondo era
bastante prieta".
Ese mismo día, en la tarde, penetraban en el río de Solís, dice
Medina y agrega: "Dos días anduvieron por él Jas naves de la escua-
drilla, y como comenzaran a levantarse ciertas murmuraciones entre
los pilotos ante el temor de que pudieran encallar, porque el fondo
en que se hallaban no pasaba de tres brazas, echaron las anclas, des-
pués de haber corrido unas diez leguas. Allí estuvieron unos diez
días haciendo, agua, "porque al hallaron tan buena como la del río de
Sevilla".
. . Indudablemente estaban en la parte del río donde, siendo sus
aguas dulces, puede considerarse bien adentrado en él.
Albo lo nombra río de Solís.
Y a propósito del Diario de Albo, la parte que he transcripto creo
que abona el juicio anterior que sobre él di: de la lectura pesada -y
dificultosa, pero indudablemente su testimonio es de pieza capital.
Francisco Albo fue uno de los compañeros de Magallanes, con-
tramaestre de "La Trinidad" hasta el 29 de Noviembre de 1520, re-
gresando a España como piloto de "La Victoria", siendo así uno de
los pocos que dio la vuelta al mundo. Su nombre se ha destacado
por haber llevado su diario de navegación que comprende desde No-
viembre 29 de 1519 hasta el 4 de Setiembre de 1522, es decir, cuatro
antes de haber regresado a Sevilla en la "Victoria". Es famoso, y do-
cumento capital, reitero.
Volviendo al nombre del río que Pigafetta también lo nombra
de Solís en-el mapa que acompaña a su obra; también lo cita Brito
en su enunciada carta y López de Recalde en la suya al obispo Fon-
seca, que también cité.
En cambio, no lo designa'así, el autor del derrotero escrito en
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 35

portugués quien dice: "se puso nombre de San Cristóbal (ver Medi-
na, en "Solís", etc., en el tomo II que contiene los Documentos iné-
ditos, página 399) y así se le llama en la carta de Maiollo de 1527".
Y sigue la nota de Medina: "Las Casas nos informa (tomo 11, p.
2702) que su descubridor lo nombró, "El cabo y río de Santa María",
pero en cuanto al río mismo, uno de sus afluentes, Paraná y el otro
Uruguay, tal como era su nombre indígena, dejando en blanco el
del mismo río propiamente dicho. En el anónimo de Weimar, que pa-
rece ser de Alonso de Chávez, se conserva la misma designación para
la "tierra de Solís", r>ero el río lleva el nombre de Jordán, tal como
en el llamado de Turín de 1523, y en el de Schoner de 1533. En el
de Caboto, que es de 1544, se conservan los nombres indígenas de
sus principales afluentes, así como los había oído en aquellas regio-
nes. El primer documento cartográfico, con fecha, en que se llama
río de la Plata, es el Atlas veneciano de Battista Agnese, de 1536".
Agrega: "El P. Las Casas se preguntaba ya en su tiempo como
era que el río descubierto por Díaz de Solís y que él había intitulado
de Santa María, se le llamaba de la Plata. López de Gomara da a
este respecto el nombre indígena del río, y añade que Díaz de Solís
lo nombró de la Plata por haber hallado allí muestras de ese metal,
hecho doblemente falso, porque ni lo nombró así, ni halló tampoco
en él las muestras que indica. Fernández de Oviedo nos dice sim-
plemente que los "cristianos" le decían de la Plata, pero que se
había llamado río de Solís, porque lo descubrió el piloto Johan Diaz
de Solis". (Tomo II, p. 167).
ínterin se destacó a la "Santiago" para remontar el río unas 25
leguas y, antes de su regreso, Magallanes se trasbordó a la "San An-
tonio" "para ir a la otra parte del río" despachando simultáneamente,
a otra de sus naves en dirección sud "a ver si había pasaje para pa-
sar" (24) y cruzando el estuario ambas naves volvieron después de
varios días con la noticia de que la anchura del río era de 20 leguas
y que no existía por allí el paso que buscaban, en lo que coincidió

(-4) Del trasbordo de Magallanes da fe Argenzola en sus "Anales de Ara-


gón", p. 59 y del propósito con que lo hizo; a la vez que Albo y Erito.
36 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

la "Santiago", primeramente despachada aguas arriba al regresar


después de 15 días de explorar. (-5)
A continuación sigo transcribiendo el texto de Medina que,
abandonando por un momento los embrollados temas geográficos que
trato de aclarar, aborda el etnográfico:
'"A todo esto, los indígenas que poblaban las riberas, a la vista
de las naves comenzaron a abandonar sus viviendas, retirándose M
interior con sus efectos, temerosos de ser atacados; los españoles, a
su vez, sabían que por allí estaban poblados los caníbales que se ha-
bían comido a Díaz de Solís y a algunos de sus compañeros. Por
fin, un día de aquellos, se atrevió un indio de estatura gigantesca,
o tal la creyeron al menos los españoles, a aproximarse a las naves,
lanzando gritos tan fuertes que parecían bramidos de toro, mas se
volvió a tierra sin subir a bordo. Magallanes y los suyos, deseosos de
verlos de cerca, equiparon hasta con cien hombres tres bateles y ba-
jaron a tierra, pero no lograron atrapar a ninguno por más que co-
rrieron tras de ellos. En la noche, sin embargo, llegó uno a la nave
capitana, vestido con una piel de cabra (?) sin manifestar, al parecer,
el menor temor. Hizole dar Magallanes una camisa y un gabancillo
de paño colorado, que, le vistieron, y preguntáronle luego por señas,
mostrándole una taza de plata, si había metal de ese por allí, a lo

(-5) Pigafetta también lo acredita que se creyó ver en nuestro ríu la comu-
nicación con la Mar del Sud, suposición a la que no le encuentro base por
cuanto tanto Magallanes como sus acompañantes ¿cómo podían suponer que la
comunicación entre los dos océanos pudiera establecerse por una corriente de
agua dulce?
He aquí lo que de tan importante circunstancia refiere Pigafetta: "Ante-
riormente se había creído que esa agua no era la de un río, sino un canal
por el cual se pasaba al Mar del Sur; pero se vio bien" pronto que no era sino
un río, que tenía diez y siete leguas de ancho en su desembocadura". (II, p. 426).
Hemos citado más de una vez a este autor y estamos incursos en la omi-
sión de no haberlo presentado: Francisco Antonio eran sus nombres de pila, na-
cido en Viveñza de noble estirpe toscana en 1491; falleció en 1534.
Pasó a España en 1519 acompañando, a monseñor Chiricato ,embajador papal
ante Carlos V, y noticioso de la expedición que se preparaba solicitó permiso
de ambos —que obtuvo— como "sobresaliente" en la nao Trinidad. Tuvo la for-
• tuna de ser uno de los 18 que regresaron de esa celebérrima expedición, y la
de pasar a la más remota posteridad por haber escrito el relato de los seres hu-
manos que por primera vez realizaron la vuelta al mundo en aquellas cascaras
de nuez que tenían por barcos, con un desconocimiento completo de los mares,
en las peores condiciones de avituallamiento, y frecuentando unos medios des-
conocidos y continuamente renovados en que todo conspira contra ellos; hom-
bres v naturaleza.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 37

que contestó de la misma manera que sí. Pasó la noche a bordo y


al día siguiente de mañana "saltó en la cista" y desapareció tierra
adentro. Y tal fue la única relación que los tripulantes de la armada
tuvieron con los indígenas riberanos".
Francamente, a mi criterio no está muy claro todo esto que ex-
presa Medina que, si es la expresión de lo que resulta de la com-
pulsa de los antecedentes que ha tenido entre manos, no hallo en todo
ese relato la lógica hilación que se me ocurre correspondería a las
reacciones de los autóctonos.
No creo que esos indios se comieron a Solís ni a ningún otro.
Resulta difícil aceptar como cierto que practicaran la antropofagia
cuanto la deposición de testigos • posteriores no hablan de esa prác-
tica, como tampoco puede creerse que lo hubieran hecho como ex-
cepción; pero, lo positivo es que lo mataron con otros compañeros,
y resulta que conscientes de que debieran estar con la comisión de
esc delito —que lo ha sido y lo será indudable en el espíritu de los
hombres más primitivos— no me explico que, luego, uno de ellos por
intrépido y desaprensivo que fuera, hubiese subido a la nave y estu-
viera por largo tiempo de palique intercambiando opiniones ñor señas.
Poco antes los indígenas se habían retirado, cautelosa y lógica-
mente ,ante la detención de las naves, y se habían desbandado ante
el desembarco de los cien hombres que, para peor, hasta los habían
corrido para capturarlos. Después de eso, que por simples que fueran
debían haber captado —como lo demostraron con su huida precipi-
tada— que los querían aprisionar, que uno hubiera sido tan incauto o
audaz para subir y meterse en la boca del lobo sin ningún aliciente
v llevando todas las de perder no es muv verosímil.
La explicación por señas de la existencia de plata en el lugar
también cuesta aceptarla por su cariz, de ingenuidad. Para la mente
de esos autóctonos es muy difícil que llegaran a comprender el sen-
tido de lo que se les preguntaba con la exposición de la taza de
plata: podían suponer pedido de comida, de bebida, de igual .modelo
de taza llena o vacía pero no de igual calidad.
Estando plenas, las relaciones de los navegantes y de los pri-
meros cronistas, de los relatos más inverosímiles, todo esto, por lo
menos para mi, no resulta lo suficientemente claro para aceptarlo
como cosas ocurridas.
38 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

Hecha esta salvedad, volvamos al texto del historiador chileno:


"Durante la estada de la escuadrilla en aquellos sitios ocurrió la
desgracia de haberse ahogado en el río, el 25. de ese mes de Enero,
Guillen Ires, grumete de la "Concepción". En ese tiempo también
se hizo provisión de leña y del pescado que pudieron coger, y a 2
de Febrero levaron anclas y comenzaron a descender por el río; fon-
dearon en la noche "a cinco leguas del monte", y al siguiente día hi-
cieron nuevamente vela, hasta hallarse frente a Montevideo, donde
echaron al agua el cadáver de Sebastián de Olarte, marinero de la
San Antonio, muerto a consecuencia de un puntapié que otro mari-
nero le dio. El sábado 4 tuvieron que surgir en fondo de siete bra-
zas para tapar una vía de agua a la San Antonio, faena en la que
gastaron el día 5; el lunes 6 una hora antes de amanecer, pusieron
rumbo al Sur, pero volvieron a surgir a eso de las cinco de la tarde,
en 5 brazas, porque vieron por proa tierra muy baja; el 7 levaron
anclas al salir el sol, reconocieron la dirección de la costa y surgie-
ron luego por no decaer con la calma y corriente, comprobaron ha-
llarse en latitud de 35° y tres cuartos y al día siguiente llevaban
corridas a luengo de costa 14 leguas hasta el día", etc.

Algo ya dije del Diario de Albo dando una más que sintética
noticia sobre este piloto y tócame decir algo ahora sobre el de Fran-
cisco Antonio Pigafetta, nacido y muerto en Viccnza (Italia, 1491-1534.!.
AI efecto transcribiré la parte que interesa de su- Diario valién-
dome de la edición de Cálpe realizada con motivo" del IV centenario
del descubrimiento del Estrecho de Magallanes —Madrid 1922— titu-
lada: "Antonio Pigafetta. — Primer viaje en torno del globo" versión
castellana de Federico Ruiz Morcuende de la traducción de Amoretti
caratulada: "Viaje alrededor del Mundo por el Caballero Antonio Pi-
gafetta, Gentil hombre de Vicenzio. Publicado en italiano por primera
vez, según un manuscrito de la Biblioteca Ambrosiana, de Milán por
Carlos Amoretti, etc. y traducida en francés por el mismo".
Poco pero es un antecedente: • . . ."en seguida emprendimos de
nuevo nuestra ruta y costeamos el país —el Brasil actual—' hasta los
3404O' de latitud meridional, donde encontramos un gran río de agua
dulce. Caníbales: aquí habitan los caníbales v comedores de hom-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 39

bres. Uno de ellos. • de figura gigantesca y cuya voz parecía la de


un toro, se aproximó a nuestros navios para dar ánimos a sus cama-
radas que, temiendo que les queríamos hacer mal, se alejaban del
río [Link] alejaban con sus efectos al interior del país. Por no perder
la ocasión de hablarles y de verles de cerca, saltamos a tierra cien
hombres y les perseguimos para capturar algunos; pero - daban tan
enormes zancadas, que ni corriendo ni aún saltando pudimos llegar
a alcanzarlos".
El texto de Pigafetta nos da una versión distinta a ia de Medina
en lo que a este punto se refiere. Invirtiendo los hechos en materia
de tiempo de la manera que lo hace, es completamente verosímil que
el gigantesco indígena subiera confiado a la nave antes que los hu-
bieran corrido para capturar algunos para mejor conocerlos.
A ser exacto lo dicho tengo mis ciertas dudas sobre las causas
del trato, aunque no tendría nada de sospechoso y, por el contrario,
estaría muy puesta en razón esa particularidad, pero. . . en párrafos
anteriores el relator nos cuenta algunas escenas niuv verosímiles, de
la facilidad de los tratos carnales entre los españoles y mujeres indias
habidas, según cuenta en la costa del Brasil pocos días antes, y la
forzada abstinencia propia del viaje —en el cual la compulsa de do-
cumentos pone de relieve trato contra natura entre los propios tri-
pulantes— hace pensar que el conocimiento podría muy bien ser es-
piritual como también corporal. (-15)
Volvamos a Pigafetta: "Cabo de Santa María. Este río contiene
siete islitas; en la mavor, que llaman Cabo de Santa María, en en-

(~(i) "Libertinaje .de las muchachas. Algunas veces, para conseguir un ha-
cha o un cuchillo de cocina, nos ofrecieron por esclavas una y aun dos de sus
hijas. Castidad conyugal. Pero no nos ofrecieron nunca a sus mujeres; además, no
hubieran éstas consentido entregarse a otros hombres que no fueran sus mari-
dos, porque, apesar del libertinaje de las muchachas, su pudor es tal cuando
están casadas, que no toleran nunca que sus maridos las abracen durante el día".
Suena a exajeración esta última parte, no así la primera pues es sabido que
en ciertos pueblos primitivos de las partes no civilizadas del mundo, es una
costumbre bastante generalizada sobre todo en las islas del océano Pacífico.
Pocas líneas después: "Robo extraño de una muchacha. El capitán general
y vo fuimos un día testigos de una extraña aventura. Las jóvenes venían frecuen-
temente a bordo a ofrecerse a los marineros, para obtener algún regalo; un día,
una de las más bonitas, subió, sin duda con dicho objeto; pero habiendo visto
un clavo de un dedo de largo y creyendo que no la veían, lo agarró y se lo
introdujo prestamente entre los dos labios de sus partes naturales. ¿Quiso es-
conderlo? ¿Quiso adornarse? No lo pudimos adivinar".
40 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

cuentran piedras preciosas. Antes se creía que-no era un río, sino un


canal i-por, él cual se pasaba a la Mar del Sur, pero pronto se supo
que no era más jyue un río que tiene diez y siete leguas de ancho
en su desembocadura.. Muerte de Solís: aquí es donde Juan de So-
lís, que, como nosotros, iba al descubrimiento de tierras nuevas, fue
comido por los caníbales, de los cuales se había fiado demasiado,
con sesenta hombres de su tripulación".
Respecto al Diario de Albo, del otro documento fehaciente, debo
decir que fue aprovechado —en esto sigo a Medina— por el relator
de la "Relación del viaje al estrecho de Magallanes de la fragata de
SM, Santa Marta de la Cabeza" Madrid 1788, pero compulsado el
ejemplar de mi biblioteca, veo que ha omitido la parte que se refiere
al Plata. Se insertó íntegro por primera vez en las pp. 209-247 del
tomo IV de la "Colección" de Navarrete, después en las pp. 225-263
de "Juan Sebastián del Cano" de don Eustaquio Fernández de Na-
varrete (Victoria 1872) y, en Medina en el tomó I de nuestra "Co-
lección de Documentos inéditos", pp. 213-256.
Excuso agregar que doy estas informaciones como fuentes de
comprobación y afines.

Sebastián Caboto salió de San Lucar de Barrameda el 3 de Abril


de 1526 en cuatro navios; Victoria, Santa María del Espinar, Trinidad
y una carabela que llamaban de Fernando de Esquivel.
De esta famosa expedición dice Madero:
"Alonso de Santa Cruz, joven entonces -de 21 años v después
célebre cosmógrafo y autor del Islario Americano, iba en la Santa
María del Espinar de veedor y tesorero general de la Armada. A
más del mencionado Gonzalo (Tesorero), vinieron también en la ex-
pedición de Alvar y Juan Núñez de Balboa, hermanos del descubridor
del Océano Pacífico, expresamente recomendados a Caboto por Car-
los V, debiendo ir cada hermano en diferente nave; el [Link]-
tín Ibáñez de Urquico, y otros hijodalgos y gentiles hombres cuya
nómina poseo: 210 hombres en todo incluyendo marineros y gente
de servicio. Seis días después de su salida de Santa Catalina —el 21
de Febrero de 1527— llegó Caboto al cabo de Santa María, y con
muchos trabajos y peligros remontó el Plata, hasta que el 18 de Mar-
zo llegó a la isla que desde entonces se llama San Gabriel. El 6 de
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 41

Abril fondeó en ]a ensenada que nombraron San Lázaro, —que al


juzgar por el plano de Alonso de Santa Cruz— que es él primero que
se levantó del río de la Plata, y cuya copia auténtica poseo—, deter-
mina alguna de las inflexiones de la costa que queda arriba de la
Punta Gorda oriental."
Caboto permaneció allí un mes con la mayor parte de sus com-
pañeros. Por los intérpretes que traían supieron que andaba por allí
el cautivo Francisco del Puerto (perteneciente a la expedición de So-
lís"). Muy luego vino éste a hablar con el Capitán General y le "dio
grandísimas de la riqueza de la tierra" por lo que "con acuerdo de
los capitanes y oficiales" decidió remontar el Paraná, y como Fran-
cisco del Puerto dijera que las naos no podían pasar por el Paraná
adentro a causa de los muchos bajíos que había, Caboto dejó a la
Santa María del Espinar y a la Trinidad con treinta hombres de mar
para que buscasen algún lugar donde guardarlas, y dejó también en San
Lázaro una docena de hombres "para guarda de mucha hacienda que
allí quedaba"; después de lo cual siguió el mismo para el Paraná
el 8 de Mayo de 1527, con la demás gente de la armada en la ga-
leota Santa Catalina y en la carabela de Fernando de Esquivel. (2T)
Caboto iba buscando un río que, según Francisco del Puerto, se

(-7) Debo explicar el origen de la Santa Catalina, esta nueva carabela que
no aparece entre las cuatro que en el texto mencioné.
Caboto antes de llegar a nuestro cabo de Santa María había tardado casi
tres meses en recorrer la costa del Brasil. En la casi obligada escala de la isla
de Santa Catalina, donde después se fundó la ciudad brasileña de Desterro, hoy
Florianópolis, se quedó más tiempo de lo que pensaba.
A su llegada al lugar fne visitado por Enrique Montes y Melchor Ramírez
que habían quedado allí al regreso de la infortunada expedición de Solís, que
hicieron a Caboto las más seductoras ponderaciones de las riquezas que se en-
contraban en nuestro Río de la Plata. Este contacto se estableció estando fon-
deado ai norte de la isla, desde luego junto a su orilla.
Con el propósito de construir un "batel" para la nave Victoria que había
de reemplazar a uno perdido en un temporal, entró a la bahía que entonces
conocían por de los Patos, pero en uno bajíos —llamados hoy Das Pescadinhas—
perdió la Victoria con gran cantidad de provisiones de boca y guerra, jarcias, etc.
dice Madero tomándolo de una carta de Luis Ramírez y del Islario de Santa Cruz
documentos básicos para el estudio de esta expedición.
La pérdida de la Victoria "que por su tamaño, armamento y provisiones re-
presentaba la mitad de la armada" lo obligó a construir "una galeota que pes-
case poca agua" ya que la gente de la nave naufragada no cabía en los otros
navios. Y así se hizo, colocándose la quilla el 25 de Noviembre, que llevó el
nombre de Santa Catalina por ser ese día el de esta santa y en el que cumplía
años la esposa de Caboto, Catalina Medrano. Esta es -la carabela, la de Es-
42 .REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

llamaba Carcarañá v descendía de las sierras donde comenzaban las


minas de oro y plata.
El 27 de Mayo llegó a la confluencia de los ríos Carcarañá y
Coronda, en la cima de cuya península construyó, para defenderse
de los indios-, un fuerte de maderos con su terraplén, dos torreones
y baluartes bien cubiertos que llamó Sancti Spiritus.
"De allí envió la galeota en busca de los que habían quedado en
San Lázaro. Y era'tiempo, pues desde el 31 de Mayo habían con-
cluido los alimentos que trajeron de Castilla y cuando el 14 llegó
la Santa Catalina estaban reducidos a perseguir como único recurso,
los ya muy escasos ratones que encontraban en las inmediaciones del
puerto". (2S) dice Madero.
No nos interesa seguir a Caboto que en medio de indecibles pe-
nurias siguió río arriba buscando la anhelada comunicación con la
mar del Sud que esperaba encontrar por allí, pero estando a la al-
tura de Itatí de nuestros días tuvo la noticia por los indígenas de ha-
ber entrado en el río de Solís Diego García al frente de la expedición
que comandaba.

Diego García, vecino de Moguer y, por tal, así llamado por al-
gunos historiadores, fue maestre de una de las carabelas de Solís que
vinieron al Plata teniendo, a más, en su foja de servicios, el haber
acompañado a Magallanes y luego a del Cano, en su viaje de circun-
navegación, el primero que se hizo como ya recordé en torno del
mundo.

pinar que dejó en el punto de nuestra costa bautizado por esta expedición por San
Lázaro.
También Caboto dejó en tierra, abandonado, a Francisco Roxas, capitán
de "La Trinidad", a su segundo, eircunnavegador de la expedición de Magallanes
que venía con el cargo de Teniente General, y al piloto Miguel de Rodas, tam-
bién circunnavegado^ habiéndose anogado los dos últimos en el lugar de su des-
tierro. Desde entonces el lugar se conoció por Nuestra Señora del Destierro, hoy
Florianópolis como expresara en el texto.
Estas drásticas medidas fueron tomadas para mantener la disciplina en la
armada donde, desde el principio de la navegación, se señalaron diferencias y
disputas de fondo, justificadas o no, que la comprometían.
(-*) Hasta el momento nadie ha podido precisar qué punto de la costa
uruguaya ocupaba San Lázaro; Madero supone que estaba "en una de las in-
flecciones de la costa que quedaban arriba de la Punta Gorda oriental" y yo
supongo que, de ser así podría ser Nueva Palmira, la antigua Hígueritas por
ser puerto.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 43

Diego García acordó el 14 de Agosto de 1525 con la Casa de


Contratación de Sevilla un viaje de exploración a estas regiones de
América y, habiendo variado Caboto el .fin de su expedición, que
era un viaje a las "islas de Tarsis y Ofir" etc., por los informes que
en Santa Catalina le dieran Montes y Ramírez de las riquezas del
Plata, ambas expediciones se encontraron en el Paraná produciendo
las naturales interferencias, acuerdos y desacuerdos, disputas y lu-
chas que son de presumir y que no entra en los estractos de relatos
que voy haciendo desde que son distinciones internas cuyo examen
no es del caso .
Cuenta Madero que García, llegado a Santa Catalina, recién re-
caló en el cabo de Santa María en Octubre o Noviembre 1527 y
antes de seguir viaje esperó ocho días en la isla que llamaron de los
Pargos, pocas millas al N.O. del cabo, una de sus naves que había
quedado retrasada.
De Santa María tomó la derrota para las islas que en su Me-
moria llama "de las Piedras" y que conocía en los viajes que había
hecho con Solís y Magallanes. Por la distancia a que dice se en-
cuentra del cabo y por el nombre que les da, apropiado a la natu-
raleza de su suelo son, indudablemente, las que componen el archi-
piélago frente al actual puerto de Colonia. En una de ellas —segu-
ramente en la de San Gabriel— organizó García el primer astillero
que se haya puesto en el Río de la Plata; armó el bergantín que había
traído de España en piezas, y, a lo que se deduce de su Memoria
empezó a carenar el otro. Luego subió el Paraná y se encontró con
Caboto a la altura de Goya. Disputaron y al final resolvieron re-
gresar cada uno por su lado, sin acuerdo.
Caboto regresó de su expedición a San Salvador donde habían
quedado, al amparo del puerto natural en la barra de esc río con
el Uruguay como ya he dicho, sus dos naves principales y reuniendo
el 6 de Octubre en el punto a sus oficiales y clases en Consejo de-
terminaron la vuelta a España a emprender en Diciembre de ese año
de 1529. El acta respectiva dice: "esperar en este puerto de San Sal-
vador hasta el fin de Diciembre deste presente año e para entonces
sino llegaba ningún auxilio de España recoger a las dichas naos al
gun trigo e abati de lo que está sembrado".
Con lo que tenemos un claro testimonio de que el trigo y el
44 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

maíz se plantó en el hoy departamento de Soriano hace la friolera


de 430 años.. .
Diego García por su parte resolvía lo mismo regresando a San
Gabriel, el otro lugar de pertenencia uruguaya.
Antes de salir Caboto desde San Salvador resolvió imitar lo rea-
lizado por la expedición de Solís, muerto su jefe; llevar tasajo de car-
ne de lobo para el viaje logrado en la isla de Lobos, hoy Maldonado.
Y veinte días antes de la partida de San Salvador mandó a su Con-
tador Montoya con 30 hombres a realizar la matanza y correspon-
diente salazón de la carne de esos anfibios.
Positivamente se sabe que Caboto, al regresar hizo matanza de
lobos y tasajo de su carne donde existen en la boca del Plata. Madero
expresa: "en la entonces isla de Lobos, hoy de Flores, donde encon-
tró salazones de carne de esos anfibios que supuso realizada por
Montoya" con lo cual presenta una nueva interrogante geográfica que
no es del caso dilucidar.
Concretando, resulta que este es el segundo beneficio de carnes
uruguayas y respectiva exportación de ese producto nativo.
Antes de terminar con el periodo de los descubridores que se po-
dría situar hasta 1530, deseo hacer algunas puntualizaciones.
La pirámide erigida por don Domingo Ordoñana y un grupo de
vecinos en Punta Gorda, frente a la boca del Paraná Guazú con-
sagra un error al consignar que fue Juan Alvarez Ramón el descu-
bridor del río Uruguay.
Como lo han demostrado concluyentcmente varios historiadores
{-'•') fue Juan Rodríguez Serrano, patrón de la nave Santiago de la
expedición de Magallanes, quien lo descubrió y remontó algún trecho
en 1520. Alvarez Ramón, varios años después, en 1527, de la expedi-
ción de Caboto, lo exploró remontándolo en una corta extensión. Lo
expuesto es pues concluyente, v aunque Araújo y otros autores —y
aun nuestros textos de historia han eliminado el error, debiera rectifi-
carse la expresada inscripción [Link] induce a equívoco. (;1(J)
A más de las expediciones-furtivas portuguesas que se supone

(2íl) El primero creo fue Madero en la obra citada.


(;(0) El origen del equívoco parece reside un una afirmación de Félix de
Azara en el tomo primero de su "Descripción .e Hictoria del Paraguay y Río
de la Plata" interpretando mal a Ruy Díaz de Guzmán —ob. cit.—.
VIAJEROS VISITANTES DEL' URUGUAY•' 45

producidas con anterioridad a la de Solís, de las que me hice eco


al principio de este capítulo, al parecer hubo otras, cuyo rastreo es
muy difícil por falta de documentación fidedigna. Humores, conje-
turas, vaguedades, indicios, pero evidentemente algo de positivo hav
en todo ese mareo de suposiciones.
Me interesa destacar una anterior a Caboto: la portuguesa de
Cristóbal Jacques (;il) que con media docena de embarcaciones re-
corrió nuestro gran río llevando como "lengua" al ya expresado Mel-
chor Ramírez, que recogiera indudablemente en Santa Catalina.
Y me interesa destacarla por el nombre de Río de la Plata, se
debió al rumor portugués cuyo origen tal vez esté en Montes y Ra-
mírez, los residentes en Santa Catalina de la expedición de Solís.
Como afirma entre otros, el calificado autor, Samuel Lafone
Quevedo (:i2) en 1897 "Caboto entró en el río de Solís sabiendo ya que
tenía el nombre de Río de la Plata. El lo publicaría pero no lo in-
ventó". Igual transcripción hace en su divulgado texto nuestro co-
lega de Instituto el Hermano Damasceno —H. D.— al igual del caso
Rodríguez Serrano y debe repetirse, martillando de esta suerte en
bien de la verdad histórica para las nuevas generaciones. (:i3)

Sobre el límite de este período que se asigna como término al


ciclo de los descubridores, hay una expedición portuguesa de una
extraordinaria importancia llegada al Plata: la de Pero Lopes de
Sotiza que abarca los años 1530-1532.

(;tl) Pedro Valjaques o Cristóbal Jaques lo nombra Madero siguiendo la


información de Caboto en el primer caso y la carta de Luis Ramírez en el
segundo.
(:i-) "El nombre de Kío de la Plata y los comedores de carne humana", Bue-
nos Aires 1897.
f:!;() Entre los historiadores del país norteño tampoco existe acuerdo en la
fecha de la expedición de Cristóbal Jacques y la disparidad sobre la fecha de
realizada es enorme. Para Cándido Mendes de Almeida en 1525; para Varnhagen
en 1526 o 1527; Zeferino Candido da el año 1526; Oliveira Martins el 1503;
Caspistrano de Abreu 1516 o 1521; Galanti 1521; Boiteaux 1521 (Articulo de
Carlos Pereira publicado en "La Razón" de la localidad catarinense de San Fran-
cisco titulado ' As Viagens de Cristovam Jacques" citado por Osvaldo R. Cabra!
en su libro "Santa Catharina". San Pablo, 1937. De mi biblioteca.
46 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS" DE LA ARQUEOLOGÍA"

Varnhagen. el más tarde conocido diplomático e historiador bra-


sileño, vizconde de Porto Seguro, fue el primero en dar noticias de
ella al hallar el manuscrito que encontró y publicó en Lisboa en 1839
titulado "Diario de navega§áo da armada qué foi a térra do Brasil
em 1530". • '
Dije en mi obra "Civilización del Uruguay" t. II, pág. 7: "Este
famoso viaje de los hermanos Martín Affonso de Sotiza y Pero López
de Souza, es, en realidad, el primero que nos da noticias circunstan-
ciadas sobre el país, aunque la impresión de las situaciones geogr.i-
ficas, a primera vista, produce cierta impresión de confusión al citar
lugares".
Hice esta mención con un poco más de texto y con una extensa
nota, como primera ficha de la "Bibliografía de Viajeros" que visita-
ron el Uruguay hasta 1900; pero acá, procuraré extractar la parte que
interesa a la finalidad del presente libro- utilizando para ello el texto
de la impresión efectuada en Río de Janeiro, en dos volúmenes, en
1927, comentado por Eugenio de Castro con prefacio de Capistrano de
Abreu, pero sólo en mínima parte, haciendo unas pocas transcripcio-
nes del texto y comentarios.
Entrar más a fondo, nos llevaría muy lejos, resultando por de-
más riesgosa la interpretación del texto y de su comentador por no
. disponer de una adecuada traducción del portugués en que está es-
crito, y no tendría sentido porque Laguardia Trías la hace, sobresalien-
temente, más adelante en este conjunto, como ya anuncié.

Como introito debo recalcar lo ya dicho, de que historiadores


portugueses y brasileños atribuyen viajes anteriores a los de los es-
pañoles al Plata, llegando a afirmar Eugenio de Castro págs. 244 y
245 del tomo I lo" que sigue:
"Os navegadores portuguezes Joüo de Lisboa, Lopes de Carvalho
e outros da expedición da "Gazeta Alemán" armada por Cristóbal de
Haro e D. Nuno Manuel, mostram com a sua viagem, a existencia
desse rio baptisado Sta. María; dao nascimento a lenda de grandes
riquezas e thesouros as duas'margens e serra ácima; e asina a Por-
tugal, a supremacía do descobrimento dess as aguas ainda parece,
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 47

até, entao nao sulcadas por naus ao servico de qualquer outra nacáo
da Europa".
"D. Nuno Manuel possuidor do machado de prata encontrado,
certificando a existencia do que buscavam, e Joao Lopes de Carvhalo
e Joao de Lisboa ahí residentes algum tempo, levam-nos a certeza
de que o rio de Sta. Maria e descoberta dos marujos da velha Lusi-
tania; e de que a expedicao da Gazeta Alemán (1514) talvez pilotada
por Joao de Lisboa e a primeira a descubrir, sem logo desvendar ao
mondo, a existencia do grande rio do sul. Gaspar Correia ñas Lendas
(11,628) da Joao de Lisboa como o descubridor em 1514 do rio de
Santa Maria, e a Achoner na sua "Cosmografía" em 1515, já a este
rio se refere".
La nomenclatura portuguesa difiere de la española no sólo en
este caso del actual río de la Plata que llaman de Santa María. En
lo que se relaciona a nuestra costa, parece bien aclarado que las "islas
das Oncas" reiteradamente citadas en el Diario de Pero Lopes, in-
tegran el grupo de cinco de Rodrigo Alvarez llamadas así por Cris-
tóbal Jacques, luego de Torres, hoy de Castillos, Grandes y Chico
que figuran en el portulano de Ribeiro de 1529 colocada a la en-
trada del Plata.
Las de las Oncas que, como lo dice Castro, figuran con tal nom-
bre en la carta geográfica de Viegas por primera vez en 1534, son
indudablemente las dos de Castillos Grandes y el islote — porque
aquellas son tres, de piedra— a saber: la Rasa o Seca, la Encantada
y el islote. Para llegar a esta conclusión me baso en Castro cuando
comentando el texto de Diario de Pero Lopes dice "Nestas ilhas nao
encontraram elles, oncas mas lobos marinhos que os mareantes ca«
garam. Fronteira a ellas, e verdade, havia urna "térra fremosa" com
"muitos ribeiros dagua" e "militas ervas e fróres como as de Por-
tugal". Las inmediatas a Polonio no pueden ser, pues la costa frontera
es y ha sido un erial.
Efectivamente se trata de los terrenos a uno y otro lado de la
actual barra del arroyo Valizas en el departamento de Rocha que,
salvo el inmediato cerro de Buena Vista que cierra, por el oeste, la
actual ensenada de Castillos, frente a las islas de Castillos Grandes,
es baja, y al ser muy húmeda, está muy poblada de pasturas y en
las épocas apropiadas, también de flores. Eso dé que era "tierra muy
hermosa" también es ciertísimo, porque es muy movida y hermosa
48 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

perfilándose, por tal, como una de las más apropiadas para hacer
turismo en esa zona privilegiada de nuestra costa oceánica no sólo
por lo estética sino también por la bondad de sus plavas v la insu-
perable zona de pesca que es.
También es exacto que en esas islas pequeñísimas y bastante
alejadas de tierra firme como para impedir la llegada a ellas de
animales de tierra firme, jamás pudo haber pumas y sí lobos como
los hubo entonces y lo ha seguido habiendo hasta la fecha.
La explicación de islas de los Pumas (Félix Concolor: oncas en
portugués) la da de Castro al decir, comentando la afirmación del
diario de que la tierra inmediata, era "fremosa": "Visitaram-na os de
Martim Affonso e, nella acharam "Duas oncas muí grandes" e nenhu-
ma gente. E por isso as ilhas povoadas de lobos marinhos, passaram
a- ser chamadas por Pero Lopes, —das oncas— ferozes habitantes do
continente "fronteiro. E tambem nesse continente e nesse ponto nao
se encontrarían! ríos, senao, como diz o Diario "muitps ribeiros dagua"
ou arroios como o de Balizas — que lauca na laguna Castillo". En
esto si no me equivoco al traducir, hay un error: debía decir que el
arroyo Valizas se lanza "da" laguna Castillos al mar y no en sentido
inverso, aunque. . . francamente cuando la expresada laguna está con
poca agua por falta de lluvias, el arroyo, en la pleamar, recibe en un
largo trayecto, el agua del océano, quizá como para llegar a la laguna
que si es así en realidad es una albufera. Conozco el lugar lo bastante
para poder afirmar lo que antecede.
A continuación hay otra afirmación del diario y del comentador
que daría base para un largó discurrir con un importante detalle de
la toponimia, cosa que ya he tratado de evitar, aunque algo debe
decirse al respecto.
En los siglos XVI, XVII y XVIII en las cartas geográficas y en
los relatos de los viajeros —en estos con alguna excepción— se lla-
maba cabo de Santa María a la actual Punta del Este y es del XIX
la innovación inconsulta de haber dado el nombre del mentado palio
a la vieja —no muy vieja por cierto— punta de Rocha junto al puerto
natural hoy llamado de La Paloma. -Sobre esto se ha escrito mucho
y definitivo al respecto [Link] dar un par de citas menciono a este
autorizado Castro que vamos siguiendo y a Paul Groussac. (34)

(34) En el T. IV de los Anales de la Biblioteca de Buenos Aires ya citado.


VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 49

Dice Castro: "A vista de urna moderna carta náutica passaremoi


a identificar estas tres ilhas de pedra com algumas das ílhas Torres
e a ponta a ella fronteira, de que nos fala o Diario, com dos cha-
mados cabos Castillos ou Polonio".
Este cabo de Polonio lo encuentro llamado por Madero Apolo-
nio al tratar las primeras expediciones españolas, cuando estimo que
el nombre debe provenir del navio "Polonio" del comercio de Cádiz
"en él naufragado en la noche del 31 de Enero de 1735" dice Araújo.
"A um destes cabos, ou mais provavelmente, a ponta errada-
mente marcada como cabo de Santa Alaria e depois ponta Rocha
uiuguaia, teria Diego Ribeiro em 1529 nomeado cabo de Joao. de
Lixboa, tal vez para assignalar houvesse ahi tao notavel mareante re-
sidido, ou ser Lisboa o primeiro a avistar a dita ponta ou cabo".
La cita en plural que en el otro párrafo hace Castro de "dos cha-
mados cabos Castillos ou Polonio", corresponde hoy, de este a oeste,
a la punta del Diablo de Castillos, prolongación del cerro de Buena
Vista a que precedentemente me referí separado por la playa de la
Calavera del actual cabo Polonio.
Que Diego Ribeiro haya nombrado el actual cabo de Santa Ma-
ría, antigua punta de Rocha, cabo de Juan de Lisboa es posible, pero
no hay el menor documento que de indicios que este marino lo des-
cubrió o hubiera residido en él. Son simples "díceres" sin respaldo
documental, versión muy antigua sí, pero al parecer sin prueba.
Las islas nombradas de La Paloma y de la Tuna citadas en este
reíalo son denominaciones del siglo actual y la primera, que dio nom-
bre al puerto, ya no existe pues la invasión de arena que va cegando
este puerto, mencionada por Araújo en su 'Diccionario Geográfico", la
unió a tierra y es hoy una península donde alberga hace tiempo una
repartición militar de la armada nacional. Castro identifica a estas
dos pequeñísimas islas, verdaderos islotes como los de Cristóbal
Jaques.
La actual isla de Lobos ha conservado su denominación y la
confusión que algunos han sufrido dimana de que en los documentos
antiguos se coloca junto al Cabo de Santa María, que era entonces
la actual Punta del Este. Por ejemplo en el Islario de Santa Cruz
tan conocido se dice que está "desierta y sin agua", Caboto habla
que dista del cabo una legua, etc. y se piensa que del actual cabo
de Santa María dista 42 millas v apenas 4 de la actual Punta del
50 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ABQUEOLOGÍA"

Este, este es uno de los varios argumentos concluyentes sobre el


cambio -habido en el caso.
En consecuencia el antiguo puerto del cabo de Santa María
citado en algunas antiguas cartas geográficas, es el actual de Mal-
donado, como la hoy isla de Gorriti es la vieja isla de las Palmas.
En esta isla, el 16 de Octubre de 1531 "tomamos agua e lenha e
fomos com os bateis fazer pescaría: e em hum dia matamos desoito
mil peixes antre corbinas e pescados e enxovas: pescavamos em fundo
de 8 bracas: como lancavamos os anzolos na agua nam havia ahi
vagar de recolher os peixes. Nesta ilha estivemos 8 dias esperando
por um bergantim, que de nossa companhia se perderá: como nam
veo mandou o capitam L por hua cruz na ilha e nella atada húa
carta emburilhada em cera, e nella dizia ao capitam do bargantim o
que fizesse vindo ali ter".

El actual arroyo Solís Grande es nombrado en el Diario "dos


begoás" en cuyas proximidades naufragó la nave capitana, fue el
punto de partida del bergantín que al mando de Pero Lopes con-
tinuó la marcha hacia el oeste por el río pasando a poco por "húa
ilha pequeña de pedra" que Varnhagen identificamal por la de Lobos
inducido por el error de esta centuria al nombrar el cabo de Santa
María y que Grousac y Castro, creo la califican bien al creerla la
actual Piedras de Afilar. Luego avistaron la'de Flores y el, 23 de
Noviembre "Passando avante da ilha descobri hum alto monte, ao
quál puz nome —monte de Sam Pedro—, vale decir, Montevideo."
Este dia fui dormir ao pe do dito monte de Sam Pedro. Desde a dita
ilha atráz até este monte, a costa he toda suja de pedra, a ruins
baxos: a térra he tuda rasa até este monte 'milito fermosa. Ao pé
desde monte ha 2 portos: um da banda dáloeste, o outra da banda
de leste: nam sam senam para navios pequeños".
Efectivamente,. viniendo del este la costa es arenosa pero de
la isla de Flores para el Oeste, pedregosa con poco fondo en toda
ella. Los dos puertos son el de barra de Santa Lucía al oeste del
Cerro y el hoy de Montevideo.
Siguió viaje y el 24 de Noviembre desembarcó: "E eu fui con
10 homes pela térra ver se [Link] de gentes: nam achei nada;
senam rasto de muitas alimarias, e militas perdizes e codornizes, e
oütra muita caca. A" tréra he mais hermosa e apracible que eu jamáis
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 51

cuidei de ver: nam havia homem que se fartassc d'olhar os campos


e a fermosura de elles. Aqui allei um rio grande.' Supone Castro que
sea el arroyo hoy de Pavón o, también hoy, de Pereira, a uno de los
cuales, de vuelta al Brasil llamó San Juan. Y sigue: "ao longo de
elle tudo arboredo o mais fermoso que nunca vi: e antes que chc-
gase al mar hum tiro de besta se sumía. E tomamos muita caca e
tornamonos al bergantim".
No puede ser el Pereira —así llamado después por el primitivo po-
blador Luis Pereira y tampoco el Pavón, pues el detalle que da de
que "se sumía" antes de desaguar en el río indica claramente que
era el San Gregorio que se pierde, creo, en el bañado de Arazatí o
en un arenal, y no desagua directamente en el Plata.
Luego expresa el diario que en un punto de esa costa infiere
Castro, en la región donde desagua el arroyo de San Gregorio "Co-
lheram os navegantes ovos de ema, emas pequeninas e sabrosas, mui-
ta caca de quálidade, cardos e mel" dice el comentador glosando el
relato. Ricos huevos de ñandú (Hhea Americana), sabrosos "chara-
bones", me parece bien, pero cardos! Tengo entendido que los cardos
existentes en el país son dos: el de Castilla (Cynaras Cardunculos L)
y el Asnal (Silybum marianum), los dos importados pero, en esa época
considero que no sólo no se habían reproducido sino que es dudoso
que ya se - hubieran divulgado en el país, aunque pudiera ser que
hubieran-venido de España v se aclimataron en las siembras de ce-
reales, etc. que hicieron las expediciones anteriores en San Salvador.
Es posible, pero nada más, ya que es juicioso suponer que las poste-
riores siembras que se realizaron en el país cuando se empezó a
poblar, los trajeran, pero no es probable cuando se estaba al final
de la etapa descubridora, al comienzo de la conquista, admitir su
existencia de la manera que se dice en las barrancas de San Gre-
gorio tan distante de San Salvador (3ri)

(•'"') Ambos cardos son plantas anuales, que mueren y se reproducen año
tras año y extendieron de inmediato en el país, y en Buenos Aires, desde los
primeros tiempos prodigiosamente.
El de Castilla, es ese muy conocido, de hoja verde plateada, que produce
esa flor azul con que se cuaja la leche y, que ahora, se utiliza para adorno
de interiores. Al concebir su semilla alada, los conocidos "Danaderos", su disper-
san, llevados por el viento y se reproduce solo en suelos muy fértiles, al punto que
los campos con esos .cardales se reputan como de primera calidad. Sus hojas,
de un tiempo atrás convenientemente trituradas, se da como substancioso alimento
52 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

AI respecto donde aparecen los indígenas —y para completar la


visión terrestre— dice el diario textualmente: "A agua ja era aquí
toda doce: mas o mar era tam grande que me nam podia parecer
que era rio: no térra havia muitos veados e caca, que tomavamos, e
ovos de emas, e emas pequeninás, que eram muito saborosas; na
térra ha muita mel, e muito bom: e achavamos tanto que o nam
queríamos: e ha cardos, que he muito bom mantimento, e que ha
gente folgaba de comer. E com nos parecer a todos, que nos podía-
mos soster, determinei de ir avante, e o vento era sueste, e o tempo
estava bom, e de noite havia lúa. Partí bem tarde; —duas horas de sol,
con tencam de andar a noite toda; indo a longo da costa, por fundo
de 6 bracas de área limpa. Sendo 2 leguas donde é partirá, sairam
da térra a mim 4 almadias, com muita gente: como as vi puz-me a
corda com o bargantim para esperar por ellas: remavan-3se tanto,
que. parecía que voavam. Fora logo comigo todos; traziam arcos e

al 'ganado y hasta se exportan "tortas de cardo". En realidad es una variedad del


art'liiconocido "alcaucil", la "alcachofa" española vuelta a su. estado primitivo
por falta de cuidados quizás.
En Buenos Aires, Concolorcorvo, en su "Lazarillo de ciegos caminantes" etc.
ai anotarlo en su libro escrito en 1749 dice que se quemaban las varas secas
que habían sostenido las flores, como combustible. Lo mismo que aquí.
Larrañaga en su "Diario de Observaciones" etc. asienta: "Marzo 10 1819.
Escasea mucho la leña, y todas las familias se surten con cardos que introducen
en las casas y piden muchos cuidados por los varios incendios que ya se han
experimentado. En la quinta no se quema otra cosa".
Mariano Berro en su "Agricultura colonial" cuenta: "Durante la Guerra Gran-
de, y aún años después, mi padre, en su chacra del Manga, no hacía quemar
otra cosa que los cardos, que allí abundaban". Y1 da el interesante dato que
sigue: "Para que el cardo sea más fuerte y para dar más calor, hay que cortar
los cardales antes que se sequen los tallos en pie".
Estas son observaciones en sectores entonces de chacras, pero en pleno cam-
po, los encuentra Larrañaga, pues en su "Viaje a Paysandú" realizado para
ver a Artigas en 1815 puede leerse; "Llegamos a las dos y media de la tarde
(a Paysandú), atravesando hasta aquí inmensos cardales, sin encontrar ni un rancho"'.
Lo mismo observa en los campo de Mercedes y de Soriano.
El célebre Darwin, al asentar sus observaciones del viaje que a estos fines
efectuara en el "Beagle" al hablar de los campos del sud de Buenos Aires es-
cribe; "El hinojo abunda en los bordes de las zanjas en las cercanías de Bue-
nos Aires, en Montevideo y en otras ciudades, Pero el cardo de Castilla se ha
extendido mucho más: se le encuentra en estas'latitudes en los dos lados de la
Cordillera, sobre todo el ancho del continente. Lo he encontrado en lugares
poco .frecuentados de Chile, Entre Ríos y la Banda Oriental. En este último país,
muchas millas cuadradas (probablemente varios centenares) estaban cubiertas de
estas plantas cubiertas de espinas, en donde ni hombre ni bestias pueden penetrar."
Efectivamente es así, los cardales son impenetrables cuando la planta está
en su apogeo, cosa que felizmente dura poco y, por tal, es considerada una plaga:
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY . 53

frechas e azagais de pao tostado, e elles coni muitos penachos'todos


pintados dé mil cores; e chegaram logo sem mostrarem que haviam
medo: senao con muito prazer abrancando-nos a todos: a fala sua
nao entendíamos; nem era como a do Brasil; falavam do papo como
mouros: a suas almadias eram de 10,12 bracas de comprido e mea
braca de largo: o pao dellas era cedro, muito bem lavradas: rema-
vam-nas com huas pas muí compridas: nos cabos das pas penachos
e borlas de penas: e remavam cada almadia 40 homes todos em pe:
e por se vir a noite nam fui as suas tendas, que pareciam em hua
praia defronte donde estava: e pareciam outras militas almadias va-
radas em térra: e elíes acenanavam que fosse la, que me dariam
muita casa; e quando viram que nam quería ir, mandaram hua alma-
dia por pescado: e foi e veo en tamanha brevidade, que todos fica-
mos espantados: e deranmos muito pescado: e eu mandeiles dar mui-
tos sascaveis e christalinas e contas: ficaram tao contentos e mostra-

ías palomas que se alimentan de los "panaderos" dispersan las semillas y, cuando
estas desaparecen, atacan los trihues, etc. especialmente en los departamentos-
ele Colonia, Soriano y Río Negro donde se les combate a fondo.
Felizmente, los cardales han disminuido visiblemente desde mediados del si-
glo pasado destruido por los vacunos, y especialmente las yeguadas, que los co-
men cuando tiernos, por el pisoteo, por el inmenso consumo de semilla que rea-
lizan anualmente millones de palomas, por la roturación de las tierras que ocu-
pan —que, como he dicho, son las más fértiles, para la siembra de cereales—,
y por el corte a máquina para hacer las tortas a que más atrás me he referido.
El cardo asnal también se propagó mucho en nuestro país como lo observa,
entre otros autores antiguos, Darwin y Mariano Berro pero, de él no puede ad-
mitirse sea comestible, lo contrario del de Castilla con cuvos tallos se comen
fritos, saltados a la manteca, en pudines, etc.
Es muy probable que Pero Lopes aluda a la tuna conocida aquí como de
"candelabro" por su tallo rígido y erecto, el muy difundido "cereus peruviamis"
que se utilizó como eficaz cerco en la época colonial y cuyos frutos "higos de
tuna" son comestibles y que preparados en dulce, son exquisitos.
Para admitir tal suposición tengo presente que, por ejemplo, en el gran
"Diccionario das plantas uteis do Brasil' de M. Pió Correa, en el tomo 11 pu-
blicado en Río en 1931 —e interrumpida esta gran obra en este volumen por
muerte del autor— este incluye a las tunas, y hasta las opuntias, etc. entre los
cardos, siendo ambos de origen lusitano en lo que al Brasil se refiere.
Lejos de mí las pretenciones de ser botánico en cuya materia soy un sim-
ple aficionado dada mi admiración por la naturaleza y, en esta, entre otros, el
matiz de las plantas; pero, a pesar de mi falta de base científica casi me atrevo
a afirmar que la tuna comestible que Pero Lopes encontró en la costa riopla-
(ense del departamento de San José es el "cereus peruvianus" que Correa de-
nomina "Gardo bosta" dando la siguiente clasificación "Cereus macrogonus" cu-
yo habitat lo da extendiéndose desde Río Janeiro por toda la costa atlántica
"probablemente hasta Río Grande del Sud". Esta tuna está muy difundida en
nuestro país principalmente en los departamentos de Rocha, Maldonado, Minas,.
54 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS-DE LA ARQUEOLOGÍA" ,

vam tamanho prazer, que parecía que qneriam sair fora do seu siso:
e ássi me" despedí delles".

No puede pedirse una pintura más acabada y completa de nues-


tros indígenas. Resulta difícil determinar exactamente el lugar del
interesante encuentro que prueban, entre otras cosas, la cordialidad
de los indígenas uruguayos por lo menos con los que pasaban, no
con los que se querían afincar en sus tierras que, a esos, los acometían
bravamente.
Pero Lopes no habla que salieron de la barra de un arroyo y,
al contrario, cita embarcaciones no utilizadas colocadas embarranca-
das en la playa, pero, sabiendo el mar fuerte que se levanta en el
Plata a cada instante, y sobre todo con el pampero en esa costa ex-
puesta, de manera directa, a ese viento peligroso, es normal pensar
que estuvieran en una barra- o muy cercana a ella, por el abrigo que

Cerro Largo, Treinta y Tres, etc. habiendo'en estos últimos ejemplares espléndi-
dos, pues es marcadamente ornamental, alto, erecto, verde oscuro, magnífica::
flores rosadas sobre fondos y Ixises blancas y amarilla, muy Lironiáticas pero,
desgraciadamente de poca duración.
Aun cuando esa zona de San José no es señalada como lugar aparente para
la vegetación natural de esa cactácea que se da, con preferencia, en tierras po-
bres y pedregosas, recuerdo que en esa zona de San Gregorio — tn la estancia
de los Cachón que solía visitar hace muchos años— los había aún cuando no
muchos y mí sino en las cercanías del actual pueblo de Libertad. Pero no debe
olvidarse que en esos lugares la explotación agraria se h:i intensificado de vein-
te años a la fecha enormemente; que la roturación de las tierras debe haber llevado
por delante ese vegetal y que en los campos de pastoreo intensivo— en las le-
cherías que predominan en esos lugares— en épocas de seca al ganado vacuno
se le da pitas y esa clase de tunas, sacándoles la epidermis qn¿ es muy amarga
y espinosa, pero muy buscados por esa clase de ganado.
Joao S. Decker en su libro "Aspectos biológicos da Flora Brasileira", (im-
presa en San Leopoldo (Río Grande del Sur) al relatar los "eercus" difundidos
en el Brasil —nombre derivado de cirio del griego Kirio— dice en la pág. 21?:
"Alguns ccreus forman una inmensa columna indivisa, [Link] outros, taes
como o Ccreus peruvianus e affins se ramifican!, formando candelabros gigan-
tescos".
Desde luego que en el país hav otra clase de cardos: el estrellado o ben-
dito (Centaurea calcitrapa) [Link] hay que confundir con el cardo santo (Arge-
nione mexicana); el cardito (Carddus crispus); el "negro" (Cirsium lanceolatum):
•el "charrúa" (Stcvia multiristota), etc. Todos ellos no comestibles (Sigo a Berro
—Vegetales vulgares—, a Lombardo, Hertcr, etc.). El Prof. Carlosena dice que
el "santo" tiene el "tallo v hojas extremadamente amargos y se usan como ape-
titivos v tónicos".
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 55

las costas de la corriente fluvial que a ella afluye procura. En esto


caso se trataría del arroyo Cufré o en sus inmediaciones, pues toda-
vía no había rebasado la actual punta donde está edificada la Colo-
nia, punta que él llamaría de San Martín. Todo esto sucedía en los
días 25 y 26 de Noviembre.
El 27 llegó a una isla "grande y redonda, con mucha arboleda"
a la que bautizó Santa Ana y que era la de Martín García donde
pasaron toda la noche, donde pescó mucho, de muchas maneras -pero
ninguna al estilo de Portugal "tomavamos peixes dáltura de un ho-
mem, amarelos e outros pretos com pintas vermelhas, os niais sabo-
rosos do mundo". Probablemente los enormes dorados y suru-
bíes. (:í¿).
El 29-30 llegaron los portugueses a las actuales islas de Dos Her-
manas que nombraron de San Andrés; el 1 de Diciembre, cambiando
de rumbo, fueron sobre la actual costa argentina embicando en el
delta en margen de bañado, de donde sin esfuerzos zafaron, engol-
fándose luego en los brazos del delta del Paraná, adonde no interesa
seguirlos para encuadrarnos en el límite adoptado para esta relación.
En esta expedición de Pero Lopes, posiblemente fue embarcado
cuando el conjunto pasó por Santa Catalina, el español Enrique Mon-
tes, como "provedor di matimentos", excelente baqueano desde luego
pues había integrado las expediciones anteriores de Díaz de Solis,
Cristóbal Jaques y Caboto, de manera que es del caso opinar que
Pero Lopes se movió dentro de nuestro gran rio teniendo a su bordo
un baqueano que lo guiaría con la experiencia que le daban sus ante-

)
(:111) Hay dos especies de dorados: el Salminus niaxillosus y el* Salminus
brevidens, difícil de identificar para el profano, no así la especie que, en tren de
pesen, antes de verla :il extremo de la linca se adivina por la extraordinaria
resistencia que hace el pez, al punta que los de gran tamaño, su captura sig-
nifica una lucha tremenda. De ahí que su pesca es la más deportiva del Kío de
la Plata —me refiero a los- países platenses— pues sólo se le encuentra en pec,:s
de magnífico desarrollo en el Paraná, Paraguay y Uruguay y al«ún otro río del
sud del Brasil. Por esa característica la pesca del dorado, amurillo brillante que
da la sensación de haber sido recién barnizado, tiene ya fama mundial como 'u
del salmón en el extranjero, por lo sportiva que es.
Llegan a los veinte kilos de peso y suelen pasar el metro de largo.
El pacú —"Colossoma mitrei"— hasta de 20 kilos, de color dorado lustroso
con tonalidades claras y oscuras, salpicado de manchas negras lo; costados, de
aletas anaranjado fuerte en parte y, en otras, amarillo rojizo con borde negro.
El pinta rojo —"Scylliorhinus bivium"—; del surubi hay cuatro varicela Jxs
56 REVISTA DE,LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

riores viajes no sólo en' lo referente a la navegación sino que también


en' lo que respecta a la provisión de víveres.
De regreso, volvió a recorrer nuestra costa y asienta el 20 de
Diciembre: "Des d'o cabo de Sam Martinho se fazem tres ponías;
afastada húa legua húa da outra, todas com arboredo, c lacam ao
mar restingas de pedras; he antre ellas ha arrecifes muito peligrosos".
No olvidando que el cabo San Martin es la actual punta donde está
edificada la ciudad de Colonia, infiero como Castro —y no con Varn-
hagen que cree sea la punta Espinillo— que esas tres puntas, serían
las puntas de Angostura, Artilleros y Sauce, pero no la del Rosario
como supone Castro pues el Diario sigue: "A cerrada da noite me
acalmou o vento a boca de hum rio, que a entrada era muí baxo.
Aquí estuvo surto até a mea noite, que me deu húa trovoada do
sulsudoeste; e con vento encheau a agua; e me meti na boca do rio:
e como ia enchendo assi me ia metendo para dentro". Creo que solo
el arroyo Rosario podía brindarle este refugio, y más recordando
que su barra' es poco profunda —hoy ha sido dragada— pero no debe
olvidarse que la-embarcación portuguesa era muy pequeño y de con-
siguiente poco calaba.
El sábado 21 de Diciembre "sai do rio, a que puz o nome de
Sam loao". Castro dice que es el Pavón o Pereira, pero duda. Quizá
sea el San Gregorio muy inmediato por la ilevantable razón que estos
dos arroyos desaguan en el mar.
Esta aseveración trastoca un poco el erudito y cuidado comen-
tario de Castro, un poco antes y un poco después de este punto; y
..como no puede dejar de suceder aventuro mi parecer sobre el caso
en lo dicho y en lo que sigue^
Y continúa el diario: "E 2 leguas do dito rio de Sam ]oao achei
a gente que a ida topara ñas tendas; a sairam-me 6 almadias, e todas
sem armas, senam vinham com muito prazer a abracar-nos: e o vento
era muito; e fazia gran mar; e elles acenavam-me que entrasse para
hum rio, que junto das suas tendas estava". Como se ve mi suposición
anterior de que este campamento indígena estaba sobre la barra o
en las inmediaciones de una corriente fluvial se confirman. Pero
¿Qué arroyo era?
"Mandei-la hum marinehiro a nado, para ver si tinha boa entra-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 57

da: e veo e disseme que era milito estreito, e que nao podíamos estar
seguros da genta que era muita que lhe parecí que era 600 homes;
e que aquillo que pareciam tendas que eram 4 esteiras, que faziam
urna casa em quadra, e em riba eram descobertas: e tato ihe nam
vira; seano redes da feicao das nossas". Lo dicho por el diario y mis
hipótesis ya expuestas me inclinan a pensar que este campamento
estaba más bien en el Cufré. A más de andar desnudos, en la relación
que sigue se destacan otros datos interesantes sobre los indígenas.
"Como vi isto me despedí de elles; e les dei muita vnercadoria; c elles
a nos muito pescado. En vinham a pos de nos, hús a nado e outros
em almadias, que nadam mais que golfinhos; e da mesma maneira
nos com vento a popa muito fresco-nadavam tanto como nos anda-
vamos. Estes homes sam todos grandes e nervudos; e parece que
tem muita forca. As molheres parem todas muí bem. (parecen). Cor-
tam tambem os dedos como os do cabo de Santa María (Punta del
Este); mas nam sam tam tristes. Como me partí de elles, man dei
encher a vasilhas de agua doce; porque nos achegavamos a enseáda
onde se ajutam a agua doce com a salgada".
El 23 de Diciembre, ya en el puerto de Montevideo subió con
su gente a lo más alto del Cerro "donde víamos campos, a estender
d'olhos, tam chaos como a palma; e muiros ríos: e a longo delles
arboredo. Nam se pode escrever a fermosura desta térra: os veados
e gazelas sam tanteos, e emas e outras alimarias, tamanhas como
potros novos e do parecer de elles, que he' o campo todo coberto
desta caca — que nunca v iem Portugal tantas ovelhas, nein cabras,
como ha nesta térra de veados".
Al arroyo Solis Chico lo nombra Pero López rio "dos Begoais"
y llamando así a los "selvícolas" habitantes de las orillas del Plata
desde la zona ocupada por los charrúas hacia el Este. Castro, con
motivo del comentario que hace del naufragio sufrido por el marino
portugués en la isla, mejor dicho, islote de Piedras de Afilar, a dos
leguas de dicha corriente de agua, dice que esos indios probablemen-
te eran rama de la familia Begoá-chaná-timbú.
Después de mil pellejerías pusieron a flote el bergantían y se re-
fugiaron en la barra del arroyo, estando tan escasos de víveres que
mandó por la costa un hombre solicitando socorros a la isla de Go-
rriti donde había quedado el resto de la flota al,mando de Martin
Affonso como anteriormente es vio.
58 REVISTA DE LA SOCIEDAD "[Link] DE LA ARQUEOLOGÍA"

Esta estada obligada en tierra firme es el motivo para que no-


sotros quedemos enterados de algunas costumbres de los indios: '-'Este
día —26 de Diciembre— nam comemos senum ervas cozidas. En an-
dando pela térra en busca de lenha para nos aquentar nos fomos dar
n'huvn campo com muitos paos tanchados e reides,- que fazia uní
cerco, que me parecen a primeira que era armadilha para cacar vea-
dos; c despois vi militas covas fuscas, que estavam dentro de dito
cerco das reides: entáo vi que eram sepulturas dos que morriam: e
tudo cuanto tinham ihe punham sobre a cova; porque a pelles com
que andavan cobertos, tinham ali sobre a cova, e outras macas de
pao, e azagaias de pao tostado (endurecida al fuego, quere decir), e a
reides de pescar e as de cacar veados: todos estavam em contorno
da sepultura, e quizera mandar abrir a scovas; despois houve medo
que acudisse gente da térra, que o houvesse por mal. Aqui juntas
estariam 30 covas. Por nam podernos achar outra lenha mandei tirar
todolos paos das sepulturas; mandei-os trazer para fazermos fogo,
para se fazer de comer com 2 veados que matamos, de que a gente
tomou muita consolacam".
Como se ha visto, esta descripción del cementerio indígena es
muy interesante y demuestra que sobre las tumbas se ponían los ar-
tefactos de cazar del difunto y es lástima que, con fundada pruden-
cia no excavara alguna sepultura él, para ver si había oro o plata,
nosotros, para saber si las boleadoras, flechas, rompecabezas y demás
objetos de piedra estaban junto al muerto, pues del relato se des-
prende que sobre las mismas estaban las armas de madera endure-
cidas al fuego, las redes, etc.
"A gente desta térra san homes muí nervudos e grandes; de rosto
sam ruito feos: trazem o cábelo comprido, algims delles furam os
narizes, e nos buracos trazem metidos pedacos de cobre rmii lucente:
todos andam cobertos com pelles: dormen no campo onde Ihes anoí-
tece: nao trazem outra cousa comsigo senam pelles e reides para
cacar: trazem • por armas hum pilouro de pedra do tamanho d'um
falcao, e delle sae hum cordel de húa braca e mea de comprido, e
no cabo húa borla de penas d'ema grande; e tirain com elle como
com funda: e trazem Húas azagaias feitas de pao, e húas porras de
pao. do tamanho de hum covado. Nam comem . outra cousa senam
carne e pescado: sao muitos tristes; o mais do tempo choram. Quando
morre algum delles segundo o parentesco, assi cortam os dedos, poi
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 59

cada párente húa junta; e v imuitos homes velhos, que tinham senam
o dedo pólegar. O fallar delles he do papo como mouros.-Quando
nos vinham ver nam traziam nenhúa molher consigo; nem vi mais
que húa velha, e como chegou a nos nacou-se no chao de brucos; e
nunca alevatou o rosto: com nenhúa cousa nossa folgavam, nem
amostravam contentamento com nada. Se traziam pescado ou carne
davam-lo de graca, e se lhe davam algúa mercadería nam folgavam:
mostrarnos-lhe quanto traziamos; nem se espantavam, nem haviam
medo a artelharia; senam suspiravam sempre; e nunca faziam modo
senam de tristeza; nem me parece eme folgavam com outra cousa*.
No puede pedirse un relato más completo de esos indígenas.
Es el primero, y de los mejores que nos han legado los manuscritos
antiguos y abarca, como se ha visto, un panorama completo de la
vida que llevaban. Lo único que debo objetar es, el pedazo de cobre
brillante que solían colocarse como adorno al perforarse la nariz.
Cobre no hubo en esta parte de la cuenca del Plata y solo en los
Andes es posible su existencia pero su laboreo y trasporte aquí me
resulta más que problemático. ¿Qué, era entonces? ¿Serían pepitas
de oro, de forma alargada, recogidas en las arenas de los ríos mi-
nuanos? Es difícil pero no imposible esta suposición que enuncio
como poco fundada hipótesis.
Por lo visto, sin aguardar el resultado del chasque que envió
el 27 salió "dos ríos dos Begoais" y al ponerse el sol llegó a la isla
de las Palmas —Gorriti— donde Martin Affonso, su hermano, estaba;
partiendo la armada de regreso a la costa del Brasil cuatro días
después.

Antes de cerrar este capítulo de los descubridores, deseo hacer


alguna advertencia y también algunas consideraciones.
Este viaje de Martin Affonso y Pero Lopes, apesar de no ser
—en el sentido geográfico— descubridores, lo incluyo no solo por
estar comprendido en el período quinientista, sino también teniendo
presente que, en lo material, fueron los que nos descubrieron a nues-
tros indígenas —por lo menos los de la orilla del Plata en Canelones
v San José de hov— describiéndolos no solo en. su físico, sino en sus
60 REVISTA DE [Link] "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

hábitos y costumbres con mucha más amplitud que hasta entonces


se había hecho.
La observación de su carácter es muy importante pues parece
distinto de Jos que habitaban el Plata Superior, belicosos y guerre-
ros, salvo que —no sería nada extraño— esa conducta fuera repre-
salia de las brutalidades a que los pensinsulares-europeos —españoles
y portugueses— acostumbraban tratar a los habitantes de continentes
distintos al suyo.
Se trata de una acogida cordial, afectuosa en extremo, en la que
daban todo lo que tenían. Entre los de las costas de Maldonado y
Canelones y los de San José se acusan matices diferenciales profun-
dos. Aquellos, tristes, reservados, taciturnos, indiferentes ante las
baratijas de los hombres blancos; los otros, por el contrario, expre-
sivos, vivaces, codiciando la posesión do las pequeñas cosas que veían
por primera vez.
En el 'mismo relato de Pero Lopes, volviendo al tema de la des-
consideración con que los extranjeros trataban al hombre de la tierra
que visitaban, el hecho de hacer una fogata para calentarse y comer
utilizando los objetos de madera que, como armas de guerra que los
habían acompañado en la vida, depositaron sobre las tumbas de
sus, muertos, es -una tropelía que debía de herir forzosamente la.?
• cuerdas más delicadas del sentimiento indígena que era lo suficien-
temente sensible para depositarlos en ese lugar sagrado como home-
naje postumo.
No es sensiblería opinar así. Los pueblos más atrasados y bár-
baros, siempre se han inclinado con respeto ante la tumba de sus
antepasados y mismo entre los que estaban en la última escala hu-
mana —entre los caníbales— se procedía así solo con sus enemigos-
y hasta en algunos pueblos de esos primitivos se creía que ese ali-
mento era varonil, botín propio de guerreros que, de tal suerte, acre-
cía su propio valimiento ingeriendo la carne del sacrificado.
Pero Lopes cuenta que hizo la fogata pero no habla de un con-
tacto posterior con los autóctonos sabedores de sus tumbas violadas.
Muy distinto quizá hubiera sido el recibimiento y esa femenina su-
misión-de la vieja india postrada de bruces con el suelo junto a su
cara, , quizá también se hubiera modificado, como se modificó en
San Salvador y aledaños la conducta del • autóctono con Solís, Ca-
boto, etc. ,
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 61

He dicho en párrafos anteriores como comentario de la escala


que los navegantes de entonces hacían en Santa Catalina y aledaños,
que este punto era una especie de obligada antesala de las expedi-
ciones al Plata y, debo agregar que, como alguien ha observado, los
españoles nunca se cuidaron —hasta mediado el XVII— de tomar
posesión de este punto para la Corona de España.
Colocaban padrones, levantaban actas, y hacían toda la serie
de actos más o menos inoperantes encaminados a resguardar los de-
rechos de su Rey. Lo mismo hicieron los portugueses en Gorriti y en
el "estero de los querandíes", junto al Paraná, en tierras ya descubier-
tas y afirmadas para España; lo mismo había hecho la expedición
francesa que en día de Pascua de 1505 desembarcó en Santa Cata-
lina. (:1T)
¿Por qué Solís y Caboto no poblaron en Santa Catalina como
lo hicieron en San Salvador y en Sancti Spiritu, Paraná arriba? Esto
hubiera afirmado la conquista, pero alucinados por el oro que se

f:iT) Osvaldo Cabral en su libro "Santa Catalina" ya citado, traza un bri-


llante relato de la toma de posesión de los franceses:
Malamente traduzco: "Era el día de Pascua de 1054. La bahía tranquila,
refleja en sus aguas los primeros tonos dorados del sol de la mañana. De abor-
do un pequeño navio de reducido tonelaje, de aquellos en que la audacia bu-
mana se lanzaba por el Atlántico en busca de oro, de tierras y de glorias, des-
ciende la procesión. Los oficiales de abordo, con el propio comandante a la
cabeza, vistiendo los "jubones de color de las grandes solemnidades, con puños
y pecheras de encajes, traen, pendientes del correaje las pesadas espadas, cuyo
¡"•ero brilla al sol de la mañana. Manda la piedad que desciendan a tierra des-
calzos, y así están todos, cargando, acostada, una pesada cruz de madera. Va-
rios naturales del país de piel bronceada y lustrosa de músculos salientes y fuer-
tes, empéñanse en auxiliar a los blancos extranjeros y, de entre ellos, un viejo
fuerte, de mediana altura, algo obeso, en quien se reconoce, el jefe de la aldea
próxima por las plumas de un solo color que trae en la cabeza como adorno,
gravemente, con aquellos forasteros, colabora en la piadosa tarea. Chegada a
una punta de la tierra, de cara para la bahía, detiénese la procesión y enton-
ces se levanta la cruz en medio del estruendo de los cañones del barco y de los
disparos de los mosquetes de la tripulación, cuyo eco se repite a lo largo de las
quebradas de las-montañas. Estaba erguido sobre el suelo de Santa Catalina,
por la primera vez, el símbolo de la cristiandad, el marco de h. civilización"...
Binnot Paulmitir de Gonnenville parece ser el primer hombre blanco que.
se allegó a la región. Había partido de Francia, abordo del "Espoir" de 120
toneladas, en Junio de 1503 llegando en Enero del año siguiente y fondeando
en la bahía que después se llamó de Babitonga. En la expresada punta, hasla
hoy por ese hecho conocida por punta de la Cruz, en ella, de un lado tenía gra-
bado el nombre del Papa, del Rey de Francia, del Almirante, del capitán y de
todos los tripulantes; del otro el acta levantada por el par Nicolás Lefébre, le-
trado de abordo con ese motivo.
62 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

decía existía de manera fabulosa hacía el oeste, siguieron al Plata


en su busca.
So!o el ilustre Adelantado español, Alvar Nimez Cabeza de
Vaca, parece ser que vislumbró la posición estratégica de Santa Ca-
talina, al abrir un camino más corto y directo entre el Océano y el
Paraguay y al tomar posesión del punto en marzo de 1541. Vem'a.
nombrado Gobernador de ese sec\or americano que pertenecía a
España fuera de toda duda, al frente de cuatrocientos hombres, y se
estableció en tierra firme, frente a la isla, entablando las más cor-
diales relaciones con los indígenas, acercamiento que encontró terre-
no propicio por cuanto los náufragos de la expedición de Solís habían
preparado el terreno, aun cuando los posteriores actos hostiles de
Caboto bastante lo perjudicaron.
Pero el valeroso Adelantado también se dejó tentar por la leyen-
da áurea o cumplió instrucciones que pudo tener, y dejando cerca
de la mitad de su efectivo, al poco tiempo se dirigió con el resto al
interior engrosada su tropa con gran número de naturales que es-
pontáneamente se ofrecieron a acompañarlo. Entró por Itapocú y
subiendo la sierra do Mar, abriendo picadas en las grandes y luju-
riosas selvas vírgenes, llegó al Iguazú, al río, en el actual Estado de
Paraná y en Tbagy, se despidió de los indígenas catarinenses a los
que, agradecido, colmó de presentes. Llegó a la Asunción del Para-
guay en Marzo de 1542 rematando así un viaje que ha sido y será
la admiración de todas las épocas. En 1555, el resto de la población
que había dejado, desamparó el lugar que se perdió para siempre
para España. (3í<)

(Hti) Estas notas sobre Santa Catalina, as! como el lugar mu; til tema ocu-
pa en el texto, creo del caso explicarla.
Aparte de lo que hubiera significado í;i permanencia del sitio en ulanos
de España, sobre todo después de la emancipación y, desde luego, realizada
ésta junto con la de los países del Plata, esa región tiene para mí un encanto
singularísimo; sus bellezas naturales. Dícese que Tueiimán es el jardín de la
.Argentina; pues bien, Santa Catalina es el jardín del Brasil. Y el jardín del Bra-
sil es. . . casi un cuento de las Mil y una Noche. . . porque superar las bellezas,
la euritmia-de su estética es algo casi irreal.
Las aguas de sus bahías oceánicas, de sus playas, de un límpido color tur-
quesa que se cambia en glauco o en reflejo de impecable esmeralda, es cosa que
hay que verlo para saborearlo, tanto en la antigua Nuestra Señora do Desterro —
hoy Florianópolis— como en toda la deslumbrante costa oceánica de belleza difi-
cultosamente superable en el mundo. Vista en días luminosos y plácidos, es algo
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 63

Es de deplorar lo sucedido pues la conservación para esta de esas


tierras es fácil avizorar lo que hubiera representado, y en el porvenir,
también para los pueblos de la cuenca del Plata: Uruguay, Paraguay y
la Argentina.

indescriptible ese color del mar, esas montañas cubiertas de vegetauión tropi-
cal, muriendo, espléndidas, sobre las aguas oceánicas de entonado y alucinante
color o en las arenas de sus playas extraordinarias: Porto Bello, Tijucas, etc. Los
valles di; Itajahy y Tubarao, las márgenes de los ríos de cuentos de hadas; la
mezcla indefinible de civilización europea de mediados del XIX v de los mil
y un aspecto arcaicos, arquitectónicos y del hombre, del período imperial del
Brasil qut: se descubre a cada instante en Jaraguá, Joinvjlte, Blumenau, Itajahy,
Tubarao, AranguA, hay que verlos. Por todos lados vivas aristas del alemán más
puro, del negro, del brasileño del periodo colonial, real e imperial, los foráneos del
interior, donde se asentara —hace más de un siglo— la colonización germana, hasta
lo típico de los pescadores nativos de ese arriscado golfo de Santa Catalina, de bien
cimentada mala fama, donde las olas juegan con los-'í[Link] más grandes al capri-
cho del viento como si fueran hojas de la floresta virgen, movidas por el soplo
cólico. Y las montañas de la Scrra do Mar de sus cordilleras y sus bosques con
sus orquídeas y sus heléchos...
ADELANTADOS Y POBLADORES

PEDRO DE MENDOZA

El primer Adelantado fue el acaudalado hijodalgo español Don


Pedro de Mendoza que al frente de una poderosa armada y un nu-
meroso contingente de militares y civiles salió del puerto de San
Lúear de Barrameda el 1° de Septiembre de 1535 curien, a cambio de
la merced real, a su costa, se proponía colonizar la cuenca del Plata
y llegar al Pacífico, para develar el misterio del famoso imperio que
suponía arriba de los 25°. La escuadra la integraban catorce naves
y el pasaje que conducía puede estimarse alrededor de los 1.300
hombres pues, dada la capacidad de aquellas, no podían llegar a los
2.200 de que habla Ruy Diaz de Guzman, ni a los 2.650 a que se
refiere Ulrico Schmidel. Entre esa gente había 150 alemanes allegados
de Amberes a España, entre los que se cuenta el aludido Schmidel.
que vino a ser el cronista de la expedición, v una cantidad conside-
rable de personas de valía o de distinción por su nacimiento o por
sus propios medios: comendadores de las órdenes de San Juan y de
Santiago, muchos hijosdalgos, un hermano de leche de Carlos V, un
hermano de Santa Teresa de Jesús —Rodrigo de Cepeda— pertene-
ciente a- una ilustre familia de Avila, porción de veteranos de las gue-
rras de Flandes, militares de alta graduación, ocho sacerdotes, etc.
También, un centenar de caballos y yeguas que, con el correr
del tiempo constituyeron la base de la enorme riqueza equina de
estas regiones. Semillas variadas, herramientas y todos los elementos
de trabajo y de guerra adecuados para efectuar una conquista y afian-
zar una colonización sobre buenas bases.
La moderna investigación ha puesto de manifiesto de manera
incuestionable que las finalidades de la misión que traía Mendoza, el
gentil hombre de cámara de Carlos V, era impedir que los portu-
gueses llevaran a cabo su propósito de llegar a las tierras fabulosas,
plena de. riquezas minerales, que se suponía existían al sud del Perú,
66 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

contrariando sus avances ya sea por mar —por la vía del Plata, Pa-
raná y el Chaco— ya por tierra, partiendo de la, costa brasileña hacia
esa zona de promisión que los relatos de la expedición de Solís ha-
bían, divulgado en Portugal v en España.
Esta expedición de Mendoza "era la concresión de una serie de
esfuerzos que en el más severo secreto se esforzaban por realizar las
dos naciones ibéricas, es decir, en lo que se refiere a la coronación
del esfuerzo español. Habían habido contratos con Miguel de He-
rrera y en 1531 con Pedfo Fernández de Lugo, que no habían llegado
a convertirse en realidad. A Herrera se le había adelantado la ex-
pedición portuguesa de Martin Affonso y Pero Lopes ya referida y
cuando se andaba en tratos con Fernández Lugo —que era Adelan-
tado en las islas Canarias— se supo que había en gestación otras ar-
madas portuguesas para auxiliar a Martin Affonso y que dos navios
habían partido al efecto el 4 de Octubre de 1531. Fernández Lugo
se desatendió de las ofertas que se le hicieran y, de ahí, la formación
de la expedición de Mendoza.
Fue, en realidad una desenfrenada carrera a la Sierra de la
Plata —el Perú— y se saben hoy los esfuerzos diplomáticos realizados,
los nombres y propósitos de otras expediciones programadas pero,
todo ello no es de nuestro asunto y lo que antecede va dicho para
puntualizar que las expediciones españolas al Plata tenían su razón
de pasar por ambas orillas del río rumbo al Paraná v al Paraguay
tras el paralelo 25° sin fijarse en sus márgenes.
Nuestros historiadores han hablado del desamparo en que se
tuvo a la costa uruguaya durante*ese tiempo^ pero no han dicho que
lo mismo sucedía con la otra banda del río, así como también que
la fundación de Buenos Aires fue como para establecer un simple
punto de apoyo, una escala, en la etapa al interior del continente que
era la meta definitiva.
Tal fue el origen de nuestra hermana platense y, es más: la
escala del Plata tanto en su primer paso, sobre todo, en su segundo
intento, hubo de realizarse en nuestra costa, en Martín García, San
Salvador o San Lázaro, como luego veremos; y quizá culpa de que
la primera población no se asentara en la banda oriental del río la
tuvieron la acometividad de los charrúas que hicieron la vida impo-
sible a cuanto asiento español se trató de afincarse en sus dominios.
. Es más. Tengo la convicción de que si la índole hubiera sido
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 67

pacífica, igual o similar a la de los guaraníes existentes en torno de


la Asunción, la primera población estable se hubiera realizado en
nuestro país, pues las características topográficas, —tierra muy fértil,
alta, sana y ondulada, eran mejores a las planas y húmedas— en las que,
al final, se asentó la ciudad definitiva; aparte que la profundidad de
las aguas de nuestra costa y los resguardos naturales del San Juan, San
Salvador y de la Colonia, eran también muy superiores a la costa
llana, recta y desabrigada argentina v al precario refugio que ofrecía
el Riachuelo aún para las embarcaciones de escaso tonelaje que arri-
baron en los siglos XVI, XVTI y aún XVIII al Plata.
Y que fue así lo prueba lo que más adelante se dirá y las fun-
daciones de San Lázaro y San Salvador, anteriores a la primera fun-
dación de Buenos Aires, como va se ha visto v más adelante lo con-
firmará el desarrollo de los acontecimientos.
El 22 de Enero de 1536 ya se hallaba Mendoza en la isla de
San Gabriel. No se le ocurrió, por cierto, fondear en la boca del
Riachuelo, como tampoco se le había ocurrido tal anclaje a las expe-
diciones anteriores, que siempre tuvieron como punto de arribada
y de arranque para los esfuerzos norteños a esta isla, a Martín Gar-
cía y, en la costa firme a San Lázaro, San Juan o San Salvador.
Esto debe destacarse porque tiene su importancia y son hechos
que no admiten controversia. La preferencia es clara y sigue afian-
zándose cada vez que más se conoce el río. Solo Mendoza, posterior-
mente, fue la excepción, pero no nos adelantemos a los sucesos.
A los pocos días se realizaba, en la costa opuesta, la primera
fundación de la ciudad de Buenos Aires, así nombrada no por que
hubiera un buen aire en el sitio, sino en homenaje a Nuestra Señora
del Buen Aire, patrona de los navegantes, la virgen sarda del San-
tuario de Cagliare.
Para esclarecer este último detalle pasaron muchos años ya que
hace poco fue puesto el asunto en claro.
¿Qué día se realizó la fundación? Del cotejo de la encontrada
opinión de los más autorizados historiadores argentinos parece ser
el 3 de Febrero de 1536, pero es un asunto muv debatido optando
otros por otras fechas desde luego, todas cercanas.
El sitio también se discute, y se seguirá discutiendo. En el bajo
del Riachuelo, en lo que es hoy la conocida Vuelta de Rocha que
algunos admiten fundados en el resguardo que ofrece la barra de
68 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

esc arroyuelo para las embarcaciones ancladas en esa costa abierta,


llana y, por tal, peligrosa en los días de fuertes vientos, con corrien-
tes encontradas, no puede ser. Ese lugar es malsano, húmedo, de
notoria insalubridad y recién se tornó distinto, cuando la profundi-
zación artificial de la costa, la del propio Riachuelo, la enorme can-
tidad de tierra sacada para colocar los cimientos de la inmensa ciu-
dad, algo, levantó su nivel; sin olvidar, desde luego, el lento y seguro
proceso, de la desecación de los bañados y de las tierras bajas que
constituían y circundaban el punto, que al andar del tiempo lo trans-
formó casi por completo.
La ciudad debió fundarse al norte del Parque Lezama, en te-
rreno netamente alto, en la parte más encumbrada de la meseta, en la
orilla derecha del que fuera Zanjón de Granados indicado por Aníbal
Cardozo en 1911, sostenido por Gandía y admitido por la Comisión es-
pecial designada para ilustrar el punto con motivo de la celebración
del IV centenario de la fundación. Alto de San Pedro se llamó anti-
guamente a ese lugar.
Parece indudable que Mendoza, desde San Gabriel, mandó gen-
te competente buscando un lugar apropiado para hacer una pobla-
ción explorando la otra banda del río v que estos señalaron el lugar
que nos ocupa.-
Parece ser también cosa averiguada que la pequeña, baja y ce-
nagosa isla frente a la boca del Riachuelo, hacía que éste desaguase
por lo que se dio en llamar brazo norte y que el canal submarino,
que viene a ser su prolongación desde el alto de San Pedro hasta
el lugar después llamado Bajos del Retiro, "eran en tiempo de Men-
doza navegables para los barcos de gran calado., En este brazo norte
se refugiaron los navios de Mendoza", fundada que fue la ciudad.
Fernando de Montalvo escribía en 1590 que Buenos Aires "tiene muy
buen puerto pues un riachuelo y dentro de él tiene quatro y cinco
bracas de fondo. El canal para entrar en él tiene a veces doce pal-
mos y otras catorce y veinte con aguas vivas" (:!!>). Toda esta realidad
cambió con el andar de los años y en los primeros del XVIII es
posible que estuvieran ya muv cegados, dado el mucho limo y arena que
arrastra el río.

(;í!)) Enrique de Gandía. — ."Primera fundación de Buenos Aires" en "His-


toria de la Nación Argentina" T. III. Bncnus Aires 1930. '
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 69

Para mí tengo por seguro que hubo un error y un acierto en la


elección del sitio, y es de lamentar que los archivos perdidos de la
primera fundación no hayan podido ser escrutados a fondo para sa-
ber a que atenernos sobre estos puntos.
Si la población se realizó en la otra banda del río por las hosti-
lidades reiteradas de los charrúas, como presumo con bastante fun-
damento, hubo error tan solo inicial, porque la belicosidad de los
querandíes se puso bien pronto de manifiesto demostrando que eran
tan irreductibles como nuestros aborígenes. Y tratándose de tribus de
temperamento guerrero, era lógico que así procedieran, pues defen-
dían su territorio, sus lares, donde el advenedizo peninsular, sin di-
plomacia ni comedimientos de género alguno, propio de su tempe-
ramento también combativo, entraban a dominar desde el primer
momento. Y debido a la reacción provocada por sus procedimientos,
allí como acá, sucedió lo mismo: Buenos Aires hubo de ser abando-
nada como lo fue San Salvador.
Y que hubo acierto, y grande, está en el lugar estratégico que
no tanto desde el punto de vista militar sino en el económico, se tuvo
de llevar a Buenos Aires al lugar que hoy ocupa, de evidente preemi-
nencia en América.
La fundación asegurada contra las incursiones de los indígenas
uruguayos en cualquier punto de la costa de la Colonia o de Soria-
no, de haberse conseguido, nunca hubiera obstado a que la población
que se instalara antes o después en la otra orilla la superara en di-
mensión con, el correr de los años.
De haberse eso producido quizá el portugués no hubiera avan-
zado por nuestra frontera del este como lo hizo después, y se hubiera
conservado la rava de Santa Catalina, pues desde que Alvar Núñez
abrió el camino terrestre de ese punto al lejano Paraguay, esa ruta
fue frecuentada en todo el 1500 como lo demuestra lo utilizada que
fue casi al par que la vía fluvial del Paraná. Al respecto baste recor-
dar que por allí regresaban a España muchos de los españoles que
terminaban sus servicios en el Paraguay y zonas limítrofes y por ahí
llegó a la Asunción la extraordinaria expedición de mujeres que te-
niendo por capitana a la temeraria Mencia Calderón,-vino de España
a esta parte de América.
El abandono español de la inmensidad territorial que encierra el
rincón del continente comprendido en la cuenca pístense —no olvi-
70 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

dar donde nace el río Iguasú, las fuentes del Uruguay, etc.— permitió
al porfiado lusitano la expansión de sus dominios penetrando v afian-
zándolo en el sector hidrográfico del "río como mar", aunque la muy
tardía reacción rioplatense de rjrincipios del XIX le hizo perder parte
de lo que había logrado (40).
Que fue una acertada de Mendoza la fundación de Buenos Aires,
donde después la reinstalara Garay, contrariando el parecer de mu-
chos jerarcas) de entonces, está a la vista y corresponde a ambos con-
quistadores dividir la gloria del acierto; pero, acertaron de pura ca-
sualidad, —sobre todo Mendoza— porque deslumhrados por el espe-
jismo áureo del norte andino, no se percataron de la inmensa riqueza
de ese suelo privilegiado que hay entre el Plata y los Andes al Oeste,
Sud y Norte y que es hoy la Argentina. Desde luego que ese inmenso
sector americano era entonces, totalmente, "térra incógnita", y que
nadie de la expedición mendocina sospechó la inmensa riqueza que
en potencia tenían en ese pequeño lote de equinos que luego, aven-
tado por el abandono de la ciudad asediada por los querandíes, en
mucho más pequeño número aún, habían de concurrir a la formación
de una riqueza que sobrepasaría en cantidad y en estabilidad a la

(-'") Gustavo Barroso en el T. I de su "Historia secreta do Brasil" que tra-


ta desde el descubrimiento hasta la abdicación de Pedro I, dice en la página
3Ü4: "O Brasil, fraco por elementos que lhe disolveram concursos esseneiaes —;)
maconeria o a politiqueara creando óbices ao governo e tomando a guerra im-
popular— recou ao Chui e Quaraim, forcado pela JUDIARÍA inglesa ávidamen-
te apadrinhada por Stuart, Cordón e Posomby, que ultimou o ajuste de termi-
nar as hostilidades" transcribiendo cni este pasaje a Alberto Rangel.
Es una obsesión que tiene Barroso, hace tiempo Director del Museo His-
tórico Nacional de Río, con su curiosa opinión sobre el Uruguay. "A guerra do
Video", "Contos e Episodios da Campanha da Cisplatina 1825 a 1828" y simi-
lares, en -lo que se muestra un nacionalismo proselitista grato a la multitud igna-
ra,, lo evidencia. "Os quarenta livros de Gustavo Barroso" y su labor, altamen-
te recomendable, desarrollada, antes de ingresar a aquel cargo y el señalamien-
to y la restauración de los monumentos arquitectónicos e históricos de su país,
es una hermosa tarea que en parte hace olvidar la otra, "A guerra do Rozas', "A
guerra do Flores", entre otros.
En su Historia Secreta asienta, "O judaismo internacional acumulaba a am-
bición argentina, a añsiedade uruguaia e tambem o instinto de conservacSo im-
perial, para tirar de todos partido, enfraquecendo-os, desfalcando o Brasil d;i
mars>em esquerda do Prata arrancando a Argentina a Banda Oriental e creando
o Uruguai Estado Tampao, destinado a nunca se expandir e suseeptivel de ofe-
recer, num ponto neurálgico do continente, urna brecha para qualquer acá fu-
tura, como a propaganda soviética o demonstrou en nossos dias".
• Las páginas que dedica a la revolución y al movimiento lavallejista que
terminó con el poder imperial en la Cisplatina, que él llama "la peonada en rc-
volta que estabeleceu sua capital na vila da Florida e cuja audacia snlmi de
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 71

que ellos afanosamente buscaban, todo ello unido a la vacuna y ovina


desde luego.
La ciudad que pudo establecerse en nuestro país, de haber exis-
tido desde entonces a la fecha, hubiera encontrado dos vallas que
la hubieran reducido a la impotencia para competir con su vecina.
Los ríos Uruguay y Paraná, con sus amplios cauces, habrían de haber
contrariado su expansión y florecimiento ya que el intercambio co-
mercial hubiera sido imposible de mantener ventajosamente con su
vecina libre de esa barrera para efectuar el intercambio promisor
hacia el N., S. y O. Y en años más próximos a los actuales, la fera-
cidad extraordinaria de esa planicie que por ello, y por su topografía
y también por su extensión, presentaría unos de los áreas más aparen-
tes del mundo para el desarrollo de la agricultura. La competencia
no hubiera sido posible sin perturbadores artificios de índole fiscal.
Es bien sabido que si bien nuestra quebrada campaña presenta un
territorio extraordinariamente apto para la ganadería, por sus pastu-
ras, por sus aguadas y por sus reparos y abrigos naturales para !a
hacienda, pudiendo sostener holgadamente la paridad en este ren-
glón con nuestros vecinos, en calidad, en cambio, en las labores cul-
turales del suelo, tienen ellos, a .más de las ventajas anotadas, la falta
de erosión del agro cultivado, y la napa de agua a profundidad unifor-
me, lo que permite la formación de praderas artificiales —alfalfares—
en condiciones de costo inicial y de conservación infinitamente más
favorables que los nuestros. Todo sin desconocer que en nuestro país

punto", o cuando añora a "Abren, chefe capaz de varrer os uruguaios, se dispusesse


de recursos", lo demuestra. A qué seguir en esta disquisición con léxico propia de
barata oratoria de barricada, pero, antes de terminar, recuerdo, cediendo una vez
más la palabra a Alberto Rangel, cuando éste firma: "D. Pedro estava na tradicáo
lusa, que entao via profundamente no Prata a nossa grave e irrevogavel que-
sáo continental, o flanco doente, e o ponto sensivel. Ein 1827, o Ministro Arau-
jo dizia a Martius: "Sem o Uruguai e as ribanceiras de La Plata, o Brasil nao
pode descansar". Y, pese a ese radical vaticinio, descansó, y bien.
Felizmente, estos colazos de la vieja ambición portuguesa, han desapareci-
do en el panorama d<j la actualidad interna-ñonal para bien de todos. Bastantes
territorios tienen los países del Plata, incluso el muy pequeño nuestro, para des-
arrollar actividades de esa índole. La consigna es hacer de ellos lo que todos
debemos procurar realizar: democracias, lo más perfecta posible dentro de la im-
perfección humana, tierras de promisión y de sosiego para todos los hombres
libres de la humanidad, que sólo deben preocuparse del bienestar social dentro
de un clima dq paz -y de mutua comprensión, para el bien espiritual y material
de todos sus pobladores, cultivo intensivo de tierras y de cultura.
72 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

la capa de tierras es de menor espesor, con • la ventaja de poseer


unas pocas hectáreas de zona improductiva y allá. las hay inmensas
—los Andes, los eriales patagónicos, cuyanos, de Santiago del Estero,
etc.— pero hechas las restas eorresnondientes resulta, como no podía'
menos de suceder en un territorio quince veces de extensión mayor, un
saldo favorable argentino tan amplio que limita netamente nuestras
posibilidades cuantitativas de competencia.

Mendoza, acuciado en Buenos Aires por falta de víveres y por


la hostilidad de los indios que, mal tratados se le habían puesto fran-
camente en contra, hizo remontar por Ayolas el Paraná fundando
éste, no lejos del Sancti Spiritu, en las proximidades de la laguna de
Coronda, un nuevo fuerte que Juan de Ayolas bautizó con el nom-
bre de Corpus Cristi. Era el 15 de Junio de 1536.
No es del caso entrar en detalles pero sí decir que el centro de
operaciones de España se trasladó a la Asunción, que Buenos Aires
fue abandonado ya mediado el año 1540, que Pedro de Mendoza
falleció a su regreso a España habiendo salido de Buenos Aires, muy
enfermo, antes de su desamparo y que el indiscutido jefe español en
toda la cuenca platease era Domingo Martínez de Irala que había t
ascendido al supremo comando por méritos propios.
Irala ordenó la despoblación de Buenos Aires, a instancias de
Alonso Cabrera, imposible de sostenerse en el punto sin víveres y por
el continuo asedio de los querandíes que había diezmado a los po-
bladores reduciéndolos a un corto número También concurrió a la
adopción de esa medida extrema el deseo de concentrar a todos los
españoles en la ciudad de la Asunción y hallarse más cerca de la
sierra de la Plata, cuya conquista era el más grande aliciente que
impulsaba a aquellos hombres. Todo, a más de otro factor, la riva-
lidad de Irala con Ruiz Galán, que había merecido de Mendoza el
nombramiento de Teniente dé Gobernador en la desaparecida ciudad.

En el año 1542 había llegado a la Asunción Alvar Núñez, por


tierra como ya se ha dicho, Ínterin su primo Espopiñan Cabeza de
Vaca, había seguido a ese punto con los barcos v resto de la fuerza
que conducía el segundo Adelantado por la ruta del Plata y el Pa-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 73

rana, habiendo sentido, como no podía dejar de suceder, la falta de


una población de escala en el Plata.
La vuelta de algunos de los conquistadores a España, creó tam-
bién en ésta un ambiente favorable para la instalación de la recalada
y hasta el Rey llegó a estipular con don Juan de Sanabria, en 1547,
la fundación de un pueblo en el Plata; pero todo no pasó de pro-
yecto y ni aún llegó a concretarse en realidad la iniciativa del propio
Irala, que palpando los inconvenientes de la falta de ese lugar de
recalada para sus propias comunicaciones con la península y para
el futuro de la Asunción envió, en 1551, a Ñuño de Chaves con esa
misión y la de recibir al grupo de colonos y mujeres destinadas a ca-
sarse con los conquistadores del Paraguay que condujo la ya men-
cionada señora doña Mencia Calderón. Hemos visto que, ignorando
el adelantamiento de Chaves para recibirla, desembarcó en Santa Ca-
talina y llegó a la Asunción haciendo la felicidad de muchos de los
conquistadores. Con todo Ñuño de Chaves dejó en San Gabriel "a
unos pocos españoles para que aprovisionasen carne y granos" dice
Candía f41) lo que demuestra también que éste reconoció el lugar más
aparente, más tranquilo que el punto del Riachuelo, cosa obvia desde
que al estar rodeadqs de agua los aislaba propendiendo a su defensa
dado su pequeño número. Al año siguiente Irala volvió a enviar una
nueva expedición al Plata esperando a la denodada doña Mencia, de
cuyo paradero se desconocía pero este socorro no dio un resultado
práctico. (41i)
Unos años después, en 1556, la necesidad de repoblar Rueños Ai-
res o sus cercanías volvió a sentirse en el Paraguay de un modo apre-
miante. En el mes de Junio los oficiales reales pedían al rey que en-
viase unos cincuenta hombres casados para que poblasen en San Juan
o San Gabriel, y Domingo de Irala escribía al marqués de Mondejar
que poblando San Gabriel, el río de la Plata podría comunicarse con
de Perú y Chile y las otras provincias que están en la mar del Sur. (4;i)
Juan Salmerón de Heredia, otro conquistador del Paraguay, asimismo
se dirigió al rey en Junio de [Link]ándole que hiciese poblar "en

(41) Enrique de Gandía. — "Una expedición de mujeres' españolas al río


de la Plata en el siglo XVL, en Indias y conquistadores del Paraguay" Buenos
Aires 1931.
(42) "Historia de la conquista del Río de la Plata y Paraguay".
(•»») O b . cit. ' ' •
74 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

el puerto de Buenos Aires, San Gabriel o San Lázaro. También le


decía que una población en el antiguo fuerte de Caboto sería muy
útil, pues "desde él se puede llevar las mercaderías que ocurriesen a
las Charcas del Perú". (44)
Es bien elocuente por cierto la mención de estos antecedentes
que demuestran las tentativas habidas para emprender la colonización
—aunque fuera accidental— de nuestro país respondiendo a necesi-
dades ineludibles y, el reclamo fue tan general y fundado, que él
rey concertó con don Jaime Rasquin los acuerdos necesarios para fun-
dar dos ciudades en la costa del Brasil, otra en San Gabriel y otra en
Sancti Spiritu, sobre el Paraná.
Innecesario creo añadir las proyecciones que estas fundaciones
hubieran significado para estos países de llevarse a cabo y de man-
tenerse. De haber ocurrido así el curso de la historia de esta parte
del continente hubiera tenido una profunda alteración, pero el destino
no quiso que la iniciativa pasara de proyecto, con una primera parte
de realización verdaderamente promisoria.
Rasquin, firmada la capitulación, fue investido por el monarca
con la Gobernación más extensa de América española "y por un ins-
tante soñó con la posibilidad de fundar dos poblaciones en el Río
de la Plata y realizar sus proyectos, por cierto muy factibles si los
hubiese intentado con método y con calma; pero el desorden y otras
circunstancias adversas se introdujeron en su expedición, la hicieron
fracasar lamentablemente y arribar a Santo Domingo en vez de lle-
gar a estas, regiones". .(4r')
El tercer Adelantado, Ortiz de Zarate, también pensó en poblar.
Nacido en España pero ya prestigioso hacendado en el Paraguay, se
trasladó a España y concertó con el rey, firmando las capitulaciones
necesarias que lo convirtieron en gobernador de una zona inmensa
que limitando con las gobernaciones de las Guayanas y Venezuela
llegaban por el sud al estrecho de Magallanes, por el este, con el
Océano y la línea de Tordesillas y por el oeste con los contrafuertes
andinos.

(44) Padre Antonio Larnmy. — "Los orígenes de Buenos Aires". (1536-1580)


Buenos Aires 1905.
(•*"') Enrique de Gandía. — "La segunda fundación de Buenos Aires" en el
T 111 de la "Historia de la ación Argentina". Buenos Aires 19-39.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 75

Interesa destacar que "se comprometía a introducir en el río de


la Plata desde sus estancias en Tarija, cuatro mil cabezas de vacas,
cuatro mil de ovejas y otros ganados; a traer de España cuatrocien-
tos o quinientos hombres de guerra y a poblar dos pueblos de espa-
ñoles en pleno Chaco, "entre el distrito de la ciudad de la Plata
(Charcas luego Potosí) y el de la ciudad de la Asunción" y "otro pue-
blo en la entrada del río que llaman de San Grauiel o Buneos Ayres"
(4(!) "pero el destino o la fatalidad que —según Fernández Oviedo-
parecían perseguir a todos los adelantados, hizo que Ortiz de Záarate
no pudiese realizar por sí mismo ninguna de las fundaciones a que
se había comprometido". (4T)
Y es más, como dice Gandia "su gobierno en el Río de la Plata
fue casi nulo y se redujo a defenderse de los indios, desde el 20
de Noviembre de 1573, en que llegó al río de la Plata, al 15 de Enero
de 1574 en que se refugió en ]á isla de San Gabriel y gracias a la
ayuda de Ruy Díaz Melgarejo pudo evitar que los charrúas y guara-
níes destruyeran toda su gente". (4íí)
Quiero seguir a Gandia en un párrafo más, no sólo por lo bien
informado que está sino porque siendo un historiador argentino ex-
pone sus puntos de vista de manera que interesa.
"El 30 de Mayo de 1574, Ortiz de Zarate fundó la ciudad de San
Salvador, en la margen izquierda del río del mismo nombre. Esta
ciudad, en el concepto de los conquistadores, era el puerto tan anhe-
lado y tan necesario que para el comercio del Paraguay, Chile, Tu-
cumán y Perú, había que levantar en el Río de la Plata; pero San
Salvador no pudo subsistir por un fin de razones: entre otras por la
desorganización que cundía entre la gente de Ortiz de Zarate y el
abandono que de ella hizo el propio Adelantado dirigiéndose el 14
de Diciembre de 1574 a la Asunción, etapa final —aunque innecesa-
ria— de su expedición. No es de extrañar, por tanto, que a los tres-

(4U) Como curiosa nimiedad recuerdo el dato consignado ñor Enrique Peña
en sus "Apuntes bio-bibliográficos" que preceden a la reimpresión faseimilar
que del poema histórico "La Argentina" ele Martín del Barco Centenera hizo
en Buenos Aires, en 1912, la Junta de Historia y Numismática.
(4") Por él nos enteramos que hay un documento en el Archivo de Indias
en la que el famoso arcediano pedía la plaza de Alguacil Mayor del pueblo a
fundarse en San Gabriel para su hermano Sebastián García.
(IS) Gandía en su trabajo sobre "La segunda fundación de Buenos Aires ,
va citada.
76 REVISTA DE ÍLA «SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

años de haberse fundado los propios pobladores desampararan para


siempre la ciudad de San Salvador, el 20 de julio de 1577". (4í))
Paul Groussac en su "Mendoza y Garay" se hace eco que la
ciudad no estaba bien situada y transcribe el parecer de André de Mon-
talvo que escribía el 27 de Marzo de 1576, desde San Salvador, que
el piloto y otros prácticos creían 'que este sea buen puerto para
venir a él navios", y que otras personas "de los viejos de don Pedro
de Mendoza", aseguraban "que no se puede sustentar por- no haber
canal y fondo para navios" sino de pequeño porte, y que el mejor
puerto es de la banda del río a Buenos Aires, tierra firme, y dicen
que" irán navios de trescientos cincuenta toneladas y a media carga
entran en el río de Buenos Aires, donde cabrán cantidad de navios
y de allí se puede ir por agua hasta la Asunción y Santa-Fe, por
tierra y carretas o arrias a lo de Córdoba; pero estando aquí han de
atravesar -este rió grande que son dos leguas de travesía con todas
las cosas que de España vinieren para servirlas al Perú, y para traer
ganados será trabajoso porque este canal es . mal río de atravesar.
Hay muchos de parecer que este puerto no se podrá sustentar en
ninguna manera por las ocasiones dichas". Y esto lo transcribe Gan-
día en nota, en su obra cLa segunda fundación".

- De las andanzas de Ortiz de Zarate da una buena información


Paul Groussac en su libro "Mendoza y Garay" donde no sólo se ocupa
de la vida de los fundadores de Buenos Aires, sino que trata del pe-
ríodo transcurrido entre las dos fundaciones.
Groussac se refiere a Ortiz de Zarate glosado autores anteriores
y aportando documento inéditos a veces, todo con la "suavidad" carac-
terística dé su estilo, en la interpretación de cuyos elementos tuvo
indudables aciertos y los inevitables yerros que todo ser humano por
capaz qué sea comete. Los historiadores actuales han procedido como
debían proceder: poniendo de relieve lo bueno y lo equivocado sin
darle a esto mayor trascendencia,, juzgándolo sin la drasticidad y la su-

{4!l) Nota de Gandía en' oh. cit


VIAJEROS VISITANTES..-DEL URUGUAY 77

ficiencia que caracteriza su crítica, empleando la altura v la serenidad


que debe individualizar la labor de los estudiosos.
La escuadra de Ortiz de Zarate, después de una invernada en
Santa Catalina llegó a] Plata, ya bastante desquiciada, el 20 de No-
viembre de 1573.
Y sigo a Groussac: "Después de reconocer el cabo de Santa Ma-
ría (no olvidar: la Punta del Este de hoy) y avistar de paso la isla
de Lobos, "que por otro nombre se dice de corbinas", así como el
pequeño cerro "que se llamaba el monte de Santo Ovidio" y la ve-
cina isla de Flores, fue a surgir el 26, a las 3 de la tarde, a la isla
de San Gabriel, hallando mal seguro fondeadero, como luego se vio,
en la ensenada frontera a la punta de tierra, donde hoy se asienta la
Colonia. Este islote raso, de cinco cables de longitud por dos de an-
cho, iba a ser teatro, con la costa vecina, que apenas dista milla y
media, de la ruina casi completa de la expedición, por gran parte
imputable, sino por el todo, a la impericia de su jefe y oficiales su-
balternos."
"Ocurrió el primer siniestro el día misma de la llegada; y con-
sistió en la pérdida casi simultánea de las naves capitana v almi-
ranta que, fondeadas provisionalmente sobre un ancla, por impru-
dencia del piloto mayor, cedieron al terrible empuje de un repentino
pampero y, rotas las débiles amarras, dieron al través, quedando en
seco al bajar la marejada y encalladas en un banco próximo a la
costa. Refugiados en tierra los náufragos, "a media legua de donde
estaban surtas las otras naves", se pusieron a levantar en pocas horas
frágiles abrigos, desarmando en parte la almiranta. A pocos días tu-
vieron principio sus tratos con los indígenas. Fueron estos, según Mon-
taivo, "ciertos yndios que llaman charrúas que abitan en la rribera
desde rrío, jente gandul que no siembran ni tienen sitio conocido
como alárabes: mantienense de pescados y venados v abestruces; v
destos vinieron en tres o quatro canoas a los navios con aqulela co-
mida a rrescatar, adonde por el Adelantado y la jente les fue echo
buen tratamiento, etc." (carta de Montaivo citada por Centenera). Los
datos transcriptos unidos a otros de la misma carta, que luego men-
cionaremos, no dejarán (proveniendo de un testigo presencial, que
pasó más de dos años en el paraje) de causar cierta confusión en el
ánimo del lector, bastante familiarizado en la materia para notar la
contradicción en los términos. Todo lo que sabemos, tocante a las eos-
78 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

tumbres de los charrúas, concurre a mostrarlos tan poco "canoeros"


como los puelches, a cuya familia pampeana, según algunos pertene-
cen. D'Orbiny les niega toda práctica, no sólo de la navegación, sino
de la pesca. Y Groussac cita el pasaje correspondiente de la obra de
este naturalista "L'homme américain", agregando que la cita tiene,
en el caso, valor ilustrativo. Por otra parte, en la citada página de su
carta (así como en otras partes de la misma) dice Montalvo que, al
cacique mayor de dichos indios, el Adelantado le hizo hablar "por el
tesorero Ortiz de Vergara "faraute" (intérprete). Huelga comentar
que Vergara (cuyo paso rápido por el río de la Plata, veinte años an-
tes, apenas le dejaron un vago recuerdo) no sabía una sílaba de cha-
rrúa: en cambio le era familiar el guaraní, como a todos los españo-
les residentes en la Asunción. No parece, pues, dudoso que los indios
canoeros y pescadores, con quienes estuvieron en tratos los españoles,
fueran guaraníes del Delta, y que sería a estos mismos a quienes,
poco después, se confiaron los mensajes a Garay, de que hablaremos
en seguida, los cuales traspasados de canoa a canoa, había de llegar
en dos meses a Santa Fé".
"Por estos mismos días, que serían los primeros de Diciembre,
el Adelantado había recogido (por indicación de Vergara, conocedor
de la costumbre), en una calabaza colgada de una cruz "que estaba
en la punta de la tierra firme de San Gabriel" (Colonia), unas cartas
que, meses atrás (traían fecha del 20 de Julio 1573), el obispo y Mel-
garejo habían dejado al pasar, cuando llevaran preso a Cáceres; en
ellos "daban aviso de como Garay quedaba poblando en los Moco-
retaes, cien leguas de allí" sobre el Paianá. Al punto resolvió Zarate
entrar en comunicación con su teniente más próximo, sin perjuicio de
despachar aviso análogo a la Asunción: de ahí la carta poder del 13
de diciembre 'llegó a Santa Fe, según vimos, por febrero siguiente),
en que, confirmando a Garay en su tenencia, solicitaba con urgencia
un auxilio de gente, caballos y víveres. Los recursos, en efecto, esca-
seaban más y más en el real de los españoles, viéndose estos redu-
cidos a pedir, a ciertas yerbas y raíces del campo, el suplemento de
abasto que la caza o la pesca no proporcionaba. En una de estas ex-
cursiones aliméntales, fue cuando tropezaron con los indios charrúas,
merodeadores famélicos y semf nómadas de la comarca, los cuales,
por cierto, no deben confundirse con los guaraníes isleños de los res-
cates. Sin contradecir, por falta de datos positivos, a los antiguos ero-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 79

nistas y modernos etnógrafos, que exaltan la indómita fiereza de aque-


llas tribus uruguayas, identificando quizás colectividades distintas,
parece desprenderse de los testimonios que, en este caso como en
muchos otros, fueron los españoles quienes, con su mal proceder (pri-
sión con engaño de un cacique), provocaron las hostilidades, cuya
consecuencias fue la matanza quizá más cruenta, a pesar de su poca
resonancia —en todo caso la menos gloriosa— que en estas provincias
hayan sufrido los conquistadores".
"Refiere el tesorero Montalvo, señalando con toda precisión el
"día martes 29 de Diciembre del año 73" que, habiéndose internado
en el campo una partida de cuarenta y tantos españoles, a recoger
sus hierbas alimenticias (algunas "parecían acelgas y otras bledos"),
fueron repentinamente acometidos por unos 200 indios charrúas, em-
boscados en unos pajonales, "que mataron y prendieron hasta 42 per-
sonas". Sólo escaparon dos españoles mal heridos que dieron aviso en
el real; v si tamaño revés se explica por la sorpresa y lo inerme de
las víctimas, mucho menos justificable parece la derrota y matanza
que siguió. Al toque de alarma, salieron al encuentro de los bárbaros,
primero una partida de 15 soldados al mando del capitán Pablo de
Santiago y tras este, el sargento mayor Martín de Pinedo, con 54 ar-
cabuceros ."los más armados que en el real había". Pero, sobre hallar-
se en mal estado el armamento, aquellos guerreros de taberna, espu-
ma de los malecones sevillanos, no sólo se mostraron incapaces de
coordinar sus fuerzas y llevar o sostener el ataque, sino que, al verse
rodeados por los salvajes, cuenta el testigo "que echaron a uir los
capitanes y tras dellos la jente", cayendo muertos o prisioneros los
más de los fugitivos. Sucumbieron allí en un solo día, entre 90 y 100
soldados, bajo los golpes (descalabro inaudito en los anales de la
conquista) de una tropa india, apenas dupla en número de la espa-
ñola. La catástrofe sacó un instante al Adelantado de su inercia: se
dispuso a marchar contra los indios con los pocos hombres válidos
que le habían quedado, dejando "en guardia del real, a los enfermos
y frayles y clérigos y niños". Algunas reflexiones sensatas, propias y
agenas, le hicieron desistir de arriesgar en un lance supremo, y de
éxito muy dudoso, la suerte de los sobrevivientes. Con estos, se retiró
primero a la capitana encallada y, pocos días después (del 10 al 15
de enero de 1574), a la isla de San Gabriel, donde "se deshicieron
los dos navios capitana y almiranta para aprovechar la clavazón. Alli
80 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

mismo, y estando los españoles ocupados en esta tarea, fue cuando


surgió inopinadamente la carabela de Ruy Díaz Melgarejo, gracias a
cuyo socorro, en bastimentos y refuerzo de gente —del que era, por
cierto, elemento principal el enérgico y experimentado conquistador
•del Guaira— mejoró notablemente la situación y se mantuvo a raya
la insolencia de los salvajes". (5ü)

La suposición de Groussac de que los indios que auxiliaron


a Ortiz de Zarate en el primer contacto que tuvo con los naturales
no eran charrúas sino guaraníes del Delta del Paraná la considero
infundada.
Sobre el hecho de recusar, aduciendo contradicciones de un tes-
tigo ocular como Montalvo, —que no prueba— el argumento principal
de que los charrúas no eran canoeros y los guaraníes del Delta, sí, no
me parece convincente.
Si bien, en principio los lincamientos de su tesis tienen buena
base porque, efectivamente, los charrúas no eran canoeros específica-
mente, lo cierto es que en el habitat que todo el mundo ha dado como
recorrido y habitado por ellos, acabamos de ver en la costa de Colo-
nia o de San José, vale decir, en paraje muy inmediato, a Pero Lopes

(''") Paul Groussac. — "Mendoza y Caray. Las dos fundaciones de Bue-


nos Aires". Buenos Aires 1916.
Melgarejo conducía a España al Obispo Latorre y a Felipe de Cáeeres.
Dos palabras sobre estas personas: España, en 1550 había prohibido la
prosecución y "rancheríos" en el Perú'y, en 1552 la extendió al Río de la Plata,
La noticia "se conoció en Asunción —dice el historiador paraguayo Er'[Link]-
dozo en su trabajo "Asunción del Paraguay"— poco antes de incorporarse al re-
ducido elenco dirigente, el Obispo fray Pedro Fernández de la Torre, el priniei
prelado que llegaba al Rio de la Plata, y que arrastrado por su índole fogosa,
se convirtió a poco andar, en el adalid ardoroso de cuantos se empeñaban en
proseguir los descubrimientos, maguer la prohibición real, hasta el punto que
el prelado calzaba y, unido a Irala, que gobernaba el Paraguay desde la muer-
te de Mendoza, iniciándose en esta jefatura cuando sólo tenía 25 años v ha-
biendo entrado en la armada de éste como simple tripulante, demostró innega-
bles dotes de caudillo y de hombre de gobierno. Se unió a Latorre para pro-
seguir la conquista pero falleció en Octubre de 1556 a los -45 años de edad.
Irala había encomendado" a Ñuño de Chaves la población de Xarayes y a
R. Díaz Melgarejo el Guaira empresas que no interesa seguir e Ínterin Ortiz
Zarate negociaba en España su Gobernación del Plata, Felipe de Cáceres, he-
cho su teniente en Asunción, se disponía a hacer fundaciones en el sud cuando
fue depuesto por el vecindario de ese turbulento lugar a instigaciones del Obis-
po de Latorre que azuzó a las turbas acusándole de ser luterano.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 81

señalando una serie de embarcaciones nativas tripuladas por indí-


genas. (51) ¿Eran charrúas?
También, un poco más arriba de San Gabriel, en la actual boca
del Yaguarí, barra del Río Negro, a escasa distancia del San Salvador,
estaban los ehanaes, tribun canoera.
¿Por qué eran canoeros los indios? Porque el medio los obligaba
a ello. Habitando la boca de los ríos, o el dédalo del delta paranaense,
o la barra de las corrientes de aguas donde hubiera islas o fuertes ban-
cos de arena, el traslado diario en busca de alimento o la procura de
mejores sitios de pesca, los obligaba a ser marinos, a tener sus canoas
o almadías, a ser excelentes nadadores. Sabido es que una porción de
peces afluyen a las bocas de los arroyos y aún cañadas —y con más
razón ríos— en busca de los detritus vegetales que sus aguas arrastran
provenientes de sus bosques ribereños, sin olvidar que, entre estos

("') Pero Lopes, con reiteración, usa la palabra "almadía", oue, según la
Academia —edición de 192.5— es un tipo de canoa usado en la India.
Sin llegar a lo que en América se ha llamado .siempre "jangada", las alma-
dias de Pero Lopes bien pudiera ser un aparato flotable de este tipo, desde lue-
go, angosto v liviano, pues dicho navegante habla, sorprendido, de la velocidad
que desarrollaba. Parece indudable que marchara a remo DUKS la utilización de
velas, presumiblemente, la información la acusaría, aparte de que creo muy di-
fícil su confección en aquellos nuestro medio de entonces, donde no había al-
godón ni ningún textil vegetal para confeccionarlo a menos que fueran de cuero.
Creo que esas almadías eran el tipo más simple de "jangadas". La inven-
tiva americana en los naturales en el pasado y en el presente acusa variantes
muy grandes bastando recordar las que anota, con perfecto conocimiento del tema,
el almirante brasileño Antonio Al ves Campara en su bien documentado "En-
saio sobre as conslrueoe,í navaes indígenas do Brasil" (San Pablo 1937) y en el
magnífico conjunto de modeles que existe en el Museo Naval de Río Janeiro.
Hacer- canoas ahuecando gruesos troncos en las barras del Rosario, Cutre,
etc. lo considero casi imposible pues la flora arbórea de sus montes ribereños
.sólo, como remotísima posibilidad, podría suministrar el-diámetro necesario para
ello. Pero elementales jangadas de las dos variedades de sauces criollos blanco
y colorado. (Salix Humboltiana) podían fácilmente construirse, asi como otras
maderas tan livianas como esa sin excluir el ceibo (Erytrina Cristagalli) —aun-
que por lo floja de escasa durabilidad lo dudo. Esos árboles abundan en la Hora
de esos parajes.
En el delta así como en los montes del San Juan, las Vacas, y con más ra-
zón mái al norte, pueden hacerse canoas ahuecando el timbó y la anacahuita.
Sobre todo en el Delta y aledaños donde después del magnífico trabajo de
Luis María Torres, "Los primitivos habitantes del delta del Paraná" La Plata
se encontró una gran parte de una canoa indígena. Todos los montes eran
vírgenes y su tala empezó hace varios siglos comenzando por los ejemplares
más gruesos y más buscados como esos y otros similares, aunque de peso ma-
yor, y no tan aparentes para flotar y resultar livianos con la técnica constructi-
va que se empleaba.
82 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

hay una serie de crustáceos y organismos vivos que apetecen que no


existen en el mar y si bien puede hallarse en un gran río de agua dulce
como el Plata, nunca en este puede encontrarse concentrados como
acontece en las barras de las corrientes fluviales. Esto es el A B C
de pesca para algunas especies, y en consecuencia, no es difícil que
los charrúas, habitadores más o menos permanentes de ciertas barras,
tuvieran sus canoas o almadías para facilitar la pesca en la boca y
el pasar de una a otra orilla por exigencias de la pesca o de la caza,
tránsito natural por la índole de esas tareas y porque la anchura de
las corrientes justifica el trabajo de ahuecar a fuego lento un grueso
tronco y convertirlo en algo útil, provechoso. En estas condiciones
no me parece razonable rechazar como lo hace Groussac, eme no eran
canoeros. Es casi seguro que accidentalmente sí. Sabido es que los
indios llevaban una vida difícil, acuciados siempre por la provisión de
caza y pesca para vivir, pues los productos vegetales se dan anual-
mente en cortos períodos y eran frutas sin mayor consistencia para
la alimentación. El indígena en esas condiciones no dispone de tiempo
para dedicarse a trabajos que hoy pudieran considerarse paseos o de
sport. También es sabido que la población del delta si bien marina,
no disponía de embarcaciones de vela y utilizaban canoas, simples
troncos de gruesos árboles que impulsaban a remo. E impulsar a remo
esas pesadas embarcaciones hasta San Gabriel sino imposible, es más
que problemático porque sólo el paseo o los pasatiempos sportivos,
propios de los aficionados de hoy, pudiera justificar un tal viaje.
Salirse del delta, riquísimo en pesca y caza para ir a pescar y
cazar a la costa uruguaya en las proximidades del lugar que hoy
ocupa la Colonia, no puede ser sostenido por nadie que conozca esos
medios y, eso es lo que a Groussac le ha sucedido. No creo que se
pueda sostener, ni por un instante, que la gente del delta iba a pescar
o a cazar a San Gabriel, que es un minúsculo islote sin caza y sin
pesca ahora como entonces, pues no debe olvidarse que ya en 1550
venía siendo el punto de recalada de infinidad de embarcaciones y
que hasta había tenido una reducida población estable puesta nnn
que hiciera cultivos con que avudar a los barcos en sus recaladas. (r'2)

(r'-) Podría agredir otros argumentos en apoyo de lo dicho, pero los ex-
puestos creo que son de un carácter que deja en suspenso lo afirmad» por el escri-
tor galo-argentino.
Pero agregaré, no obstante, que cruzar del delta a la Colonia a remo en
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 83

Como es sabido Melgarejo en su viaje a España llevando al ren-


coroso obispo y a Céspedes, su prisionero, al llegar a Santa Catalina
supo la situación difícil del Adelantado y dejándolos en ese lugar —
donde el religioso pasó a mejor o a peor vida,— volvió al Plata en
ayuda de su jefe llegando en una oportunidad excepcional.
De San Gabriel salieron el 5 de Febrero lo que quedaba de los
barcos de Zarate y Melgarejo, que sumaban tres en total, y fonlea-
ron el 10 en Martín García.
Vuelve a usar de la palabra Groussac: "Allí se guareció tres me-
ses, hasta fundarse San Salvador, la diezmada y anarquizada expe-
dición, cuya debilidad material aumentaba, al par que; la abatían mo-

enis canoas rústicas, por diestra y habituada a su manejo que estuviera líi tri-
pulación, demanda un considerable esfuerzo físico y resulta en extremo riesgo-
sa no sólo por las encontradas corrientes que allí se producen al desaguar el
poderoso Uruguay y el enorme Paraná, sino que también, dada su anchura, el
viento levanta fácilmente esa marejada corta propia de los lugares de escasa o
de variada profundidad. La terrible ola corta y alta que no permite a las em-
barcaciones de borda reducida como esas, levantarse con la ola, bajar a la comba
y volver a subir con la siguiente v, al no ser posible esto, embarca agua a cada
ondulación y la pone a pique a los pocos minutos.
He .recorrido desde el Rosario hasta el río Negro toda esa costa en varias
etapas explorando'los médanos en busca de paraderos indígenas que• los he-en-
contrado en quizás más de un centenar de veces; he arborizado en todos esos
montes en busca de semillas como director honorario de los • parques'nacionales
de Santa-Teresa, y San Miguel; y, como Director de Turismo, para conocer sus
posibilidades al-respecto, una y otra vez, con'reiteración; he recorrido el rio en
eríodos alternados pero regulares, inspeccionando las valizas de los canales y
E uscando nuevos y seguros lugares de anclaje para las cuatro mil embarcacio-
nes de turismo que hay en el delta de las cuales, un alto porcentaje, aprove-
chando feriados continuados o vacaciones, hacen —o mejor dicho hacían— cru-
ceros de turismo recalando en nuestra costa desde puerto Sauce hasta más arri-
ba del Río Negro. La nuestra, es más alta y pintoresca que la argentina, que es
baja y anegadiza, siendo muy conocida para ellos y por tal. su atractivo es menor.
Esc servicio de boyas v de ancladeros siempre procuré tenerlo en las mejores
condiciones y lta^ta hice subvencionar publicaciones de cartas marinas para entrar
en el San Juan. Las Vacas, recorrer Martín Chico, San Pedro, etc. Toda esa tarca
que desempeñé con gu-to por ser mi deber y por que contemplaba las aficiones
que me son más caras, es lo que me habilita para redactar estas extensas notas,
tratando de subsanar un error posible.
Groussac que era todo un maestro dentro de su gabinete de la Biblioteca
Nacional, consultando libros y manuscritos e interoretándolos con su aguda in-
teligencia y vasta ilustración, no conocía esos medios de visu, pues fue un hombre
de ciudad en la más estricta acepción del vocablo, y estimo que esa es la falla de
que adolece cuando se sale del ambiente que le fue siempre familiar y se en-
frenta con la naturaleza.
Todo va dicho sin olvidar que. entre sus muchos aciertos de interpretacio-
nes geográficas, (lió feliz remate a la equivocada especie de que el antiguo ca-
bo de Santa María no es el actual y sí Punta de! Este, sin haber tenido nece-
sidad de llegar allí, hoy lugar de maravilla.
84 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

raímente, las miserables intrigas • e intestinas disensiones, de que la


difusa y preciosa carta de Montalvo, muchas veces citada, y tan llena
de datos útiles como de chismes, presenta a la vez prueba y ejemplo.
Calmáronse un tanto estas rencillas de los inactivos, con la presencia
del que era todo energía y actividad. Debía luego de robustecer esta
bendita influencia de Melgarejo la próxima venida de su amigo y
deudo Juan de Garay, ya en viaje desde Santa Fe, y cuya incorpo-
ración a los recién llegados —menos por falta le documentación que
por exceso de imaginativa— no ha sido hasta la fecha bien dilucidada".
Melgarejo recorrió toda la región del Plata particularizándose
con los infinitos brazos que tiene el Paraná e, impaciente por la lle-
gada de Garay subió río arriba, encontrándolo y bajando de inmedia-
to, juntos, a Martín García.
"Entonces pudo pensarse en la población de la ciudal, vagamen-
te ubicada por el real asiento en algún punto de esta costa "atlán-
tica" (?), existiendo ya en la otra banda del Paraná la de Sancti Spi-
ritu. Sabido es que, internándose muy arriba en el Uruguav, se eligió,
sin mucho consultar las conveniencias inmediatas de estas provincias,
un punto situado en la margen izquierda del río San Salvador, ya
reconocido por Caboto, a poca distancia de su desembocadura. He-
chas las primeras defensas y edificaciones, inauguróse el 30 de Mayo
de 1574 sin duda con todas las ceremonias del caso, la "ciudad zara-
tina de San Salvador". No subsisten los autos de la fundación, que
se perderían probablemente al efectuarse el desamparo, tres años
después. Ignoramos, por tanto, los nombres de sus primeros alcaldes
y regidores —aunque Montalvo parece afirmar que nunca los hubo:
omisión poco verosímil, como contraria, no sólo a todas las leyes y
prácticas, sino a las ínfulas del fundador. Desde allí, a los pocos días
de la instalación (5 y 7 de Junio) despachó el Adelantado dos provi-
siones confirmando con la una al capitán Martín Suárez de Toledo
como "teniente de Gobernador de la Asunción"; en tanto que por la
otra investía a Juan de Garay con el título de teniente gobernador
y capitán general de todas las provincias del Río de la Plata, seña-
lándole, con particular insistencia, superior categoría y autoridad so-
bre el anterior. Hecho lo cual Garay no tardaría en tomar la vuelta
de Santa Fe, para activar, tanto allí como en la Asunción, el cum-
plimiento de las comisiones recibidas. El 30 de Junio se incendió la
casa del Adelántalo: hecho probablemente casual, que Montalvo des-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 85

naturaliza, según su costumbre, atribuyéndolo a la malevolencia, y


aprovechando la ocasión para hacernos una pintura tal de aquella
olla de grillos, que, negro el continente y más negro el contenido,
no había por donde cogerla.- Menos fundamento tiene aún el chismoso
tesorero, para establecer conexión entre aquellas rencillas locales y
la salida del Adelantado para la Asunción, término natural, de su
viaje, que no podía diferirse más, y, en efecto, se realizó el 14 de
Diciembre. En la zabra y en la carabela de Melgarejo, que también
iba embarcado, llevaba unos 50 hombres, dejando otros tanto en San
Salvador, bajo la promesa, que no fue cabalmente cumplida, de so-
correr con regularidad a la todavía desprovista colonia".
Martín del Barco Centenera, que había venido con Ortiz de Za-
rate desde España con el cargo de Arcediano de la iglesia del Para-
guay, acompañó al antiguo capitán de Pizarro, encomendero de Char-
cas y minero afortunado en Potosí, en todas las vicisitudes de su ac-
cidentado, lento y poco afortunado viaje y, por tanto no sólo estuvo
presente en la fundación de San Salvador sino que vivió en él bas-
tante tiempo y cuenta (sigo el estudio de Enrique Peña que precede
a la reimpresión fascimilar de "La Argentina de Barco Centenera",
Buenos Aires 1912) que la fundación "se resolvió, no sin oir antes
la opinión de sus capitanes" y que se prefirió la costa oriental y el
lugar elegido por ser "preferible a hacerlo en la costa opuesta, donde
antes estuvo Buenos Aires, ya que en aquel había abundancia de
leña y de indios, y ser además tierra buena para sementeras". Y su-
ministra el siguiente dato: "Después de levantar una muralla, con su
correspondiente artillería, y de instalar allí 80 pobladores declaró
fundada la ciudad Zaratina de San Salvador".

Fácil sería tejer una pequeña crónica, muy movida por cierto,
de la vida de San Salvador, poniendo a contribución los relatos de
Centenera y Montalvo y los comentarios que esas versiones ocula-
res han merecido de Peña, Gutiérrez, Madero, Groussac y otros his-
toriadores que, poco a poco han dado bastante luz a la oscura crónica
de aquella, nuestra primera población del Uruguay-
Como lo dice Groussac en la nota que transcribo, ese lugar pre-
sumiblemente estaba equidistante del fuerte fundado por Caboto y
86 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

de la actual población de Dolores, aunque vuelve a equivocarse el


referido maestro al pretender cimentar la mala elección argumen-
tando que Dolores, por lo menos en 1916, llevaba una vida estancada
mientras que Mercedes, colocada sobre el río Negro, distante de la
boca, era una población próspera.
Dolores, al ser fundada aguas bien arriba del San Salvador, ja-
más pudo pretenderse que fuera, en el futuro, una ciudad de carácter
internacional, como tampoco Mercedes. Ambas ciudades han cum-
plido, y lo seguirán llenando ampliamente en el futuro, los propósitos
de sus fundadores por cuya! mente jamás puede haber pasado el pro-
pósito de que ellas rebasarían las características de centros regionales
de tierra adentro. Son, en la actualidad, poblaciones prósperas, muy
prósperas, puntos centrales de regiones ganaderas y agrícolas de gran
producción por la indiscutible calidad de las tierras circunvecinas, de
las más.fértiles v ricas del país.
Para descollar,, excediéndose de los límites nacionales, debían de
tener otras peculiaridades y, entre estas: estar ubicadas sobre un gran
río con camino amplio y seguro al océano, con puertos naturales pro-
fundos o estar en el cruce, iniciación o término, de las grandes rutas
comerciales continentales o intercontinentales,' como Montevideo,
Buenos Aires, Rosario de Santa Fé. Colonia quizá pudiera haber
tenido esta característica, pero Montevideo y Buenos Aires, con su
cercanía, le arrebató a este lugar la supremacía en el intercambio
internacional.
. En las páginas antecedentes hice constar mi opinión que de
haberse • fundado ciudades en San Juan y San Salvador, su desa-
rrollo se hubiera visto contrariado por las barreras del Uruguay y
Paraná que le hubieran impedido llegar a un gran crecimiento por
limitarle el radio de acción como punto estratégico comercial. Y en
los hechos se ha visto la confirmación de esa suposición ya avizorada,
por lo que respecta a San Salvador, que poblada antes que Buenos
Aires hubo de morir, si bien al principio por los embates de los
indígenas, de haber subsistido, hubiera vegetado en las peores con-
diciones por falta de ambiente. Lo mismo puede aplicarse a Santo
Domingo Soriano, que es hoy la población más antigua del país, desde
que Dolores quizá no puede ser considerada la prolongación de San Sal-
vador. Anquilosadas por la falta de medio en que desenvolverse,
apesar de algunas ventajas iniciales de posición, al final el marasmo
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY

y la anquilosis más completa paralizaron su desarrollo y contrariaron


su engrandecimiento.
Pero le cabe a la antigua Banda Oriental la satisfacción, un tanto
platónica, de haber tenido la población más estable del Plata en el
punto de San Salvador. Fundada en 1528 como punto militar fue
abandonado al año siguiente para renacer con todas las característi-
cas de una ciudad en 1574, en Mayo. Su vida ciudadana fue breve,
pues se extinguió el 20 de Julio de 1577, pero en esos tres años tuvo
su cintura de chacras y allí su ilustre fundador, capitán de Pizarro
como hemos dicho, hizo actos de gobierno, confirmando a Martín
Suáreü de Toledo como Teniente de Gobernador asunceño, y de im-
portancia inusitada en este sector de América al investir a don Juan
de Garay —que, a los pocos años, llegaría a ser el verdadero fun-
dador de Buenos Aires— con el cargo de Teniente-Gobernador y Jus-
ticia Mayor de las Provincias del río de la Plata "hasta que él pere-
ciera". Fue el canto del cisne emitido en los albores de nuestra
civilización.
Buenos Aires, en su primera época apenas si había durado un
-año más (1536-1540) pero en la segunda etapa que se iniciara 40
.años después, las desventajas iniciales de su precaria topografía fue
ampliamente rebasada por sus posibilidades continentales y, verti-
ginosamente, se convirtió en la gran ciudad que hoy es, y aquella
fue también superada con la realización de grandes obras que
crearon en la desierta costa uno de los mejores puertos.
El secreto de su éxito está en ser el punto terminal y el de inicia-
ción de una de las rutas marítimas más frecuentadas de América
sin duda alguna, la segunda (la primera Nueva York-Europa) y
también ser lugar inicial del viaje terrestre de su vasto y variado
territorio, así como también de Bolivia y aún de Chile, porque la
vuelta por el Magallanes ya ha sido dejada por lo menos por el
pasaje. También es el punto inicial del viaje por agua a la Asunción
y punto de recalada para la navegación a los Estados del Oeste del
Brasil, hasta Corumbá. Y como es lugar inicial lo es también lugar
al que converge el pasaje a Europa y la exportación al viejo conti-
nente de la producción de ese mismo sector americano, como tam-
bién al Brasil, Estados Unidos y el resto del mundo.
Tales ventajas geográficas no solo anularon radicalmente los
puertos instalados frente a su costa, sino que perjudicó a Montevideo
88 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

que al principio le disputó supremacía por la hondura de sus canales


de acceso, amplitud de puerto natural, desde luego en el correr del
XVIII. Desde entonces nuestro puerto quedó como escala impor-
tante; pero escala al fin y aún cuando tiene su movimiento propio
de entidad, no puede competir con el de intercambio de la Argen-
tina, Paraguay, Bolivia y algo de Chile.
Prácticamente Montevideo viene a ser una escala de rol im-
portante como el puerto de Río de Janeiro, pero a ambos los supera
Santos, que en movimiento rivaliza con el bonaerense, merced a que
por él se efectúa una gran parte la exportación del Brasil, que por
su gran volumen exije el empleo de un tonelaje extraordinario.

Volvamos a San Salvador retomando a Groussac: "Pocos días an-


tes (2 de Diciembre) había fallecido allí, el ex gobernador y hoy te-
sorero Francisco Ortiz de Vergara. Y acaso exacerbara la inquina de
Montalvo, el no haber sido propuesto —siquiera ad referendum— para
el oficio vacante, viéndose confinado, por tiempo indefinido, en esa
tesorería de burlas que, a todo estirar, apenas rentaría la quinta parte
del suelto de su tesorero. De ahí, sin duda, el renegreado cuadro,
en Marzo de 1576 y desde su destierro, bosquejaba ante el Consejo
de Indias, —el cual se aíeja no poco del que nos ha dejado otros ofi-
ciales del rey. Estos (cierto que sólo estaban de paso), en un informe,
contrario ai desamparo de la población, nos la enseñan "teniendo bas-
timentos con que se sustentar, buenas chácaras de trigo mayz y fri-
sóles, y hortalizas de todas legumbres, mucha caca de venados y per-
dizés que matavan, cabras y puercos para criar, caballos para correr
la tierra, los quales dejaron alia, y finalmente gran pesquería de mu-
cho pescado".
Comparto el parecer de Groussac, que Montalvo lo que quería
era irse y justificar el desamparo, y la de los oficiales reales Eizagui-
-rre y Olaberriaga, escrita en la Asunción eí 22 de Marzo de 1580, y
considero más digna de crédito la de estos buenos vascos, que por
tales, gozan merecida fama de veraces. Aunque la paternidad de esta
carta no deja de ser un problema difícil de solucionar a casi cuatro
siglos de escrita: Madero, con reiteración, la atribuye a Montalvo.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 89

Y la redacción de esta zarandeada misiva nos presenta a nosotros


un problema de gran interés, que ha llamado la atención y ha sido
tratado por calificados historiadores argentinos y uruguayos, discre-
pando y coincidiendo, como no podía menos de suceder: me refiero
al origen del equino en el Río de la Plata.
Y como esta carta es de una suma importancia, y siendo diferente
en el detalle que nos interesa la versión de Madero —de 1892— y
la posterior de Groussac —1916— veamos:
"En vista del casi abandono en que mantenían a la población de
San Salvador, del aislamiento en que estaba, y particularmente de
las hostilidades de los charrúas, a causa de todo lo cual se habían
huido como la mitad de sus pobladores, "acordaron el Theniente Juan
Alonso de Quiros e la demás gente despoblarlo"; y, por tercera vez,
"le despoblaron" a pesar de tener "buenas chacras de trigo mayz fri-
joles y hortalizas" "mucha caca de venados y perdizes" "crias de ca-
bras puercos y caballos": todo lo cual abandonaron, partiendo para
la Asunción el 20 de Julio de 1577'.
Esto lo dice Madero en la página 200 de su "Historia del puerto
de Buenos Aires" poniendo tres notas al pie, numeradas 8, 9 y 10,
diciendo en la 9 —refiriéndose a otro asunto (r>3) "Carta de Montalvo,

(r>:í) Se trata de un episodio que destaco como un elemento interesante


pura los que en el presente o en el futuro, traten de hacer revivir la crónica
ilustrativa de la vida ciudadana de la que, en realidad, debe ser considerada la
primera población del Río de la Plata, con sus tre.; iniciaciones e, infelizmente,
con su tercer término, sin que por eso trate de desconocer su supervivencia en
la actual Dolores, tesis que puede ser sostenida sin dificultad pues se trataría
de la cuarta fundación y sería un caso más en que se confirmaría de que ' no
hay regla sin excepción" al ver vencido aquello otro que "la tercera es la ven-
cida", regla popular derrotada, pues San Salvador resurgió en Dolores, retar-
dada resurrección en verdad, producida tras largo interregno.
Cuenta Araujo tín su "Diccionario" que "la Villa de San Salvador o Do-
lores principió por ser una agrupación de indios reducidos por el padre Fray
Bernardo de Guzman, quien formó con ellos, en 1624, un núcleo de población
indígena en el Espinillo pero desapareció con el tiempo, como la mayor parte
de los pueblos formados con análogos elementos en la época de. la conquista.
Construida de nuevo en 1800, sobre la margen izquierda del río San Salvador' etc.
El episodio es el siguiente:
Ortiz de Zarate, el tercer fundador de San Salvador, al morir en la Asun-
ción en 1576 había dispuesto, de acuerdo con lo que le autorizara sus capitu-
laciones con el rey que, al designarlo Adelantado le confirió el mandato por dos
generaciones del gobierno que le acordara entre otras cosas, lo siguiente: Nom-
bró a su hija, residente en Charcas, heredera de todo, pues era su único vas-
tago, confiándole el gobierno a quien con ella se casara. Puede calcularse las
ambiciones y las luchas e intrigas que esto originó alrededor de esa niña de
90 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

fecha 12 de Marzo de 1580", en la 10: "Cartas del mismo, fechas 15


de Noviembre de 1579 y 12 de Marzo de 1580". Aserciones que plan-
tean una nueva interrogante, pues habla de dos cartas de las que en-
tresaca los pormenores de los que me hago eco, y Groussac habla
solo de una. Pero esto no viene al caso. .
Lo que interesa mucho, es saber que en nuestro país, dentro de
nuestro territorio, en 1577 quedaron en libertad, por abandono, ca-
bras, puercos y caballos. Que los primeros se los comieron los cha-
rrúas no cabe duda pues no hay indicios de ellos en las crónicas pos-
teriores y nadie se ha ocupado de la fecha en'que han sido introdu-
cidos nuevamente al país, aunque verosílmente ha sido en el XVIII.
Es posible que los cerdos, por su escasa movilidad, hayan sido
capturados por los indígenas; lo mismo puede decirse, pese a su mu-
cha mayor movilidad, de las cabras pues no hay que olvidarse la
destreza de los indios que se dice "alcanzaban un venado a la ca-
rrera", (lo que dudo, por la irregularidad de la marcha, por las "gam-
betas") y también su indiscutible dominio en el manejo de las bolea-

16 años, hermosa, habida por el Adelantado nada menos que con Doña Leonor
Yupanqui, princesa descendiente directa de los Incas, heredera de su enorme
fortuna y de su inmenso poder espiritual.
En torno a este asunto habría un filón riquísimo para ser explotado por
un novelista de campanillas sobre un tema histórico de una riqueza de elemen-
tos tan sabrosos como la pingüe herencia de doña Juana de Zarate, marquesa do!
ttío de la Plata.
ínterin se casaba y pasaba a la Asunción —a cuyo efecto fue a buscarla
don Juan de Garay, el que después vendría a ser el segundo fundador de Bue-
nos Aires—, el testamento disponía que debería ejercer el gobierno su sobrino,
don Diego Ortiz de Zarate y Mendieta, hijo de su hermano Diego. El nada
amable Groussac lo pinta como sigue: "Robusto mocetón nacido en Charcas, pero
quizá llevado a España por el Adelantado, pues en su Armada regresó", etc.
"Despabilado más que inteligente, audaz más que valiente (como luego se vio):
"vicioso" en el doble sentido del adjetivo: vale decir, exhuberante en savia ju-
venil y corrupción precoz, exhibía tan al desgaire su torpeza que el aparente
cinismo tal vez no fuese sino inconsciencia. Ño anidando ni una idea sensata
ni un propósito serio en ese cráneo de cascabel" (cómo va preparando la jus-
tificación de la caída!) sólo había visto en el gobierno que tan de arriba le
caía, un programa de holgorio ilimitado: la posibilidad de satisfacer sus licen-
ciosos arrebatos, atropellando impunemente las vallas opuestas a sus apetitos, con
prescindencia de cualquier ley moral o intención política, para él inexistentes."
Y sigue Groussac vapuleando a dos de los primeros historiadores: "Centenera
y Lozano, con su mal gusto de escolásticos pedantes, y careciendo de colores
propios para pintar a Mendieta, han pronunciado a su respecto el nombre de
Cómodo. Sin reparar en lo grotesco de toda aproximación entre Roma y la ran-*
chería asunceña, apenas hay —fuera de la edad adolescente y su natural desen-
freno— sujetos más desemejantes que el hijo de Marco Aurelio y el sobrino de
Zarate, —aquel, degenerado neto, éste, tronera incorregible pero orgánicamente
VIAJEROS VISITANTES' DEL URUGUAY . 91

doras. Si no acabaron a manos de ellos, los pumas y yaguaretés se


encargaron de liquidarlos, pues lo evidente es que lo único que su-
pervivió y se reprodujo al infinito fueron los equinos.
Sobre este tema tan importante volveremos en esta obra en notas
de relatos de viajes, puestas en lugar oportuno.
Deseo terminar con este asunto de San Salvador, transcribiendo
el siguiente párrafo de Groussac: "Sea como fuere, San Salvador, cuya
población había mermado notablemente con la huida a Tucumán de
veinte y tantos vecinos, acabó de desampararse definitivamente, el 20
de Julio de 1577, por disposición del teniente gobernador Juan Alon-
so de Quirós. Y baste el hecho de haber subsistido por varios años
ese puñado de españoles, cultivando la tierra, logrando sus cosechas
y criando sus ganados, en medio de tribus salvajes, charrúas o lo que
fuesen, para demostrar una vez más que los indios, allí como en
otras partes, dejaban vivir en paz a los colonos cuando estos no los
provocaban con sus abusos y crueldades".
Destaco, sobre todo ésto.último,.pues como ya lo he venido sos-

- normal: -baste recordar- que la- crueldad, o sadismo sanguinario, estigma carac-
terístico ,del primero, faltaba tan absolutamente en el nuestro, que sólo se co-
noce de él una sentencia de muerte, sugerida por otros, y dictada, en buen o
mal juicio, centra un presunto conspirador. No pasaba, pues, Mcndieta de un
libertino adocenado, un "mancebo de la tierra", desgarbado y atrevido, como em-
pezó a producirlos la primera generación criolla "Hijo mimado de la suerte,
gracias ai encumbramiento de su tío de Indias" etc.
Concretando, Mendieta, evidentemente, no tenía condiciones de gobierno. Era
un mozo pleno de vida, mujeriego, que despertaba a ella con casi todo al alcance
de la mano! Tenía 20 años.. . He ahí su justificción y también humano que
tratara de casarse con su prima con quien de niños habían jugado juntos. Pero
las intrigas en torno de estos dos adolescentes fue tremenda. A aquella, después
de una enconada lucha de pretendientes en el Perú, alzó con ella el Oidor don
Juan Torres de Vera y Aragón que por este casamiento quedó convertido en el
cuarto Adelantado piálense.
Esto de "alzó" queda entendido que va escrito en el buen sentido, vale
decir, que con el casamiento se elevó de Oidor a Adelantado y que no me hago
•eco de la especie de que "con color del oficio y cargo de oydor avia forcardo a
doña Juana de Carate su mujer y sus deudos de suerte que ésta Tiavia tomado
estado de matrimonio" pues, al contrario, me atengo al acta levantada con mo-
tivo de la entrega de la menor —el licenciado Gómez marido de doña Violante
tía y tutora de aquella— al apoderado de Vera y Aragón. "Entonces —escribe
•Groussac— "habiendo manifestado el licenciado Gómez que él y su mujer doña
Violante estaban prestos para llevar a doña Juana en su compañía, con el me-
recido cuidado, decoro y regalo, se observó el rito tradicional de la entrega,
que no carecía de belleza en su ademán simbólico: "In continenti el alguacil
mayor se levantó de su silla y llegó adonde eslava doña Juana, junto al dicho
licenciado Gómez, y dixo que en cumplimiento de la provisión de su excelen-
cia (El Virrey del Perú) y comysion de licenciado Matienzo (su apoderado, ene-
92 - REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

teniendo, la mayor parte de las veces los ataques de los autóctonos


tenían su origen en la brutalidad o en la torpeza con que los conquis-
tadores los trataban. Y la intemperancia y la dureza de estos hom-
bres magníficos y admirables por su intepidez y la manera como so-
brellevaban la tremenda vida de privaciones y miserias que les había
tocado Jen suerte, se prueba en como se trataban entre ellos mismos;
sin consideración, sin piedad, con una intolerancia y una desconside-
ración propia de la'rudeza de sus espíritus y de la avidez con [Link]
codiciaban el poder y las riquezas ajenas.
En San, Salvador murió el 2 de Diciembre de 1572 el ex gober-
nador Ortiz de Vergara y en Asunción, el 26 de Enero del mismo año,
el tercer Adelantado Ortiz de Zarate, viniendo a ser el cuarto el que
se casara con su hija Juana que fue el afortunado don Juan Torres
. de Vera y Aragón, que heredó de su esposa de 24 años, a más del
cargo, siete mil ducados de renta en España, valiosas minas en Po-
tosí, estancias y ganados en Charcas má[Link] gobernación del Plata y

migo de la entrega y que, por tal, delegó el tercero el acto de la entrega) "cn-
tregava a la dicna señora, doña Juana en poder del dicho licenciado, ia qual
tomó por el canto de la rropa y la entrego al susodicho". Esto ocurría el I1? de
Diciembre de 1577 y el casamiento se efectuó casi en seguida.
A todo esto, Ortiz de Mendieta, bajó a Santa Fé a principios de ese uño,
después de haber dado las numerosas providencias de rigor, me refiero al nú-
mero, de la función de gobierno y, entre ellas mandar un socorro a San Sal-
vador. Como consecuencia del descontento popular, una asonada lo prendió y
se le obligó a resignar el mando, resolviéndose mandarlo, engrillado, a España.
El 2 de Mayo salió de Santa Fe en una carabela a la que acompañaba un ber-
gantín, viajando e! prisionero bajo la custodia de Juan de Espinosa uno de los
Alcaldes santafecinos. Llegado a San Gabriel se despachó la carabela y subió
Uruguay arriba en el bergantín hasta San Salvador. ínterin el prisionero se ganó
la voluntad de los tripulantes y, llegado al punto saltó en tierra con' algunos
de los que en el navio yban, llevando una bandera en la mano"... "e fue a
la Iglesia a hacer oración y pidió al capitán Juan Alonso de Quiros que allí
estaba por theniente le diese favor y ayuda pues era su governador". . . "Juan
Despinosa requirió al capitán una y dos y tres vezes que le diese y entregase
al dicho governador, y asi se lo entregó y lo llevó a la caravela adonde lo tor-
nó a echar grillos", y el 29 de Mayo "así lo despachó luego" para España. El
J4 de Junio .dejó San Gabriel donde, al recalar, se habia quedado unos días.
Finalmente, llegado, al Brasil, el gobernador de San Vicente ofreció al prisio-
nero" gente y favor" para retomar el comando, lo que hizo, embarcándose de
regreso al Plata, pero al recalar en el puerto de Viaea. al sur de Santa Cata-
lina, fue abandonado por la gente de la carabela y muerto por los indios.
Excuso decir que he dado esta extensa nota sólo para poner un poco de color
a la vida del poblado zarantino, como entonces algunos de los primeros cronis-
tas lo nombraron.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY ' 93

el título de marquesa del Paraguay —según Madero— v según Grous-


sác, marquesa de Buenos Aires.

Antes de poner término a esta perspectiva histórica, agregaré —


dando un pequeño salto atrás— que el primer gobernador criollo, na-
cido en la Asunción en 1521 fue Hernando Arias de Saavedra, casado
con una de las hijas de Garay.
Su administración es perfectamente conocida por lo excelente y
en ella anoto destacados detalles que interesan: su visita a nuestro
territorio llegando hasta la barra de Santa Lucía más o menos y el
hecho de haber traído ganados que contribuyeron a poblar nuestros
campos con una riqueza que llegó a ser fantástica, v que sospecho
que tuvo buena parto de su origen en los alzados en San Salvador,
cuando su desamparo, idéntico caso al episodio de los equinos de Men-
doza al despoblar Buenos Aires, con la creencia que en ambos casos
fueron pocas las unidades sobrevivientes, a cuya descendencia se le fue-
ron agregando otras aportaciones, siendo evidente que la de Arias de
Saavedra debe muv bien haber sido la principal sin olvidar las de las
Misiones guaraníticas.
Prácticamente hasta un poco pasado el 1600 recién puede darse
por terminado el ciclo de los Adelantados y de entonces comienza en
realidad el de la colonización en lo que a nuestro territorio se refiere.
Los tres intentos hechos para dar estabilidad a San Salvador, si-
tuado no lejos del pueblo de Dolores, habían sido infructuosos como
se ha visto; por lo cual hay que convenir que el período colonizador
se abrió en 1622, a ser cierta la aserción de de La Sota (j4) dos años
después como dice Araújo, de que habiendo los chanaes de la boca
del río Negro a extenderse hacia el sud hasta la inmediata juris-
dicción geográfica de San Salvador, molestados por los belicosos
charrúas que tenían ese territorio como propio, pidieron sus . ca-
ciques protección a Buenos Aires para poder vivir tranquilos en las
islas del Uruguay inmediatas a la barra del río Negro adonde se
habían retirado.
A estar a esta información —que creo tiene su origen en un in-

"Historia del territorio Oriental del Uruguay", Montevideo.


94 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

forme de Diego de la Vega, Visitador de la Real Hacienda en 1802—


se comprometían, si recibían esa protección, a unirse a la religión
católica.
Afirma De María que en 1624, gobernando don Francisco de
Céspedes, encomendó a tres religiosos franciscanos la conquista es-
piritual de los indios comarcanos a. parte determinada del Uruguay
inferior, dentro de la Banda Oriental. La integraban los padres Vi-
llavicencio, Aldeo y Bernardo de Guzmán que la capitaneaba.
Ordoñana dice que penetraron por la boca del Uruguay (55) y
desembarcando en la boca del Yaguarí —así llamada a la confluencia
del río Negro con el Uruguay— dieron comienzo a su misión en 1624
convirtiendo más de mil indios según dice Lozano.
Al tenor de esa campaña evangélica, que fue la primera reali-
zada en el país, se establecieron tres Reducciones con sus corres-
pondientes capillas, según dice De María en sus "Páginas Históricas"
(•1li) a saber: Santo Domingo Soriano, el Espinillo y las Víboras.
La de Soriano fundada por fray Díaz de Guzmán en la isla del
Vizcaíno, subsistió hasta 1708 en que a pedido de los infieles redu-
cidos representados por su Teniente José Gómez pasaron a ocupar
la tierra firme "como lugar más cómodo para su habitación" con
anuencia del gobernador del Plata, Manuel de Velazco; ocupando el
lugar en que hóyse asienta el pueblo que, por tal circunstancia viene
a ser el más antiguo del país, 56 años antes de, la< Colonia del Sacra-
mento y poco más de un siglo —102 años antes de la fundación de
Montevideo,— que son los poblados que le siguen en antigüedad.
La de Espinillo subsistió hasta 1800 pasando a ocupar las már-
genes del río San Salvador donde hoy está Dolores que no puede estar
muy lejos de las tres veces frustrada intentona de crear un poblado
que, en cierta manera, pudo haber rivalizado con los más importantes
de esa parte del Plata.
En cuanto a las Víboras se despobló en el siglo pasado distribu-
yéndose sus pobladores en la Capilla Nueva, hoy Mercedes, en Car-
melo, en Nueva Palmira —la vieja Higueritas—. Lo cierto es que
hoy su recinto son chacras donde no se avizora nada de poblado, pues
el arado, con la renovación de su tarea de removido completada por

(r'"') Conferencias sociales v económicas.


(«•-') Montevideo 1892.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 95

la rastra, niveló los montones de tierra que constituyeron las pare-


des de sus poblaciones más estables, pues apenas si se han encon-
trado rastros de algunos ladrillos y de piedras de cimiento de los edi-
ficios principales como he tenido oportunidad de constatarlo por el
1900, personalmente.
VIAJEROS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Pero Lopes de Souza


1530-1532
ídem
Notas y comentarios por el coronel Rolando Laguarda Trias

Viaje de Ulrich Schmidel


1534-1554

El relato poético de Martín del Barco Centenera


1573

La expedición holandesa del "Mundo de Plata" de Hendrich Ottsen


1508-1601

El "Compendio" y relación de las Indias Occidentales de Antonio


Vasquez de Espinosa
1620

Jorje Macgrave
1640

El relato de Aseare te du Biscay


165S
o
ídem
Notas v comentarios por el coronel Rolando Laguarda Trias

La relación de Francisco Coreal


1666 -1697

El viaje del jesuíta Antonio Sepp


1691

0) Las Notas y Comentarios, salvo indicación en contrario como en el caso


presente, son del compilador Sr. Horacio Arredondo.
Cuando exista más de un comentarista, se especificará, y al término de cada
nota o comentario en estos casos, seguirán las iniciales del tilosista.
PERO LOPES DE SOUZA

El célebre "Diario de navegacao' de Pedro López de Sousa, reali-


zado de 1530 al 1532, es el primer documento, cronológicamente, que
nos da algunas referencias sobre la historia natural de nuestro país
y es por eso que inicia las referencias bibliográficas con la adver-
tencia de que sólo fue conocido hace poco más de cien años ya que
el erudito historiador brasileño Francisco Adolfo de Varnhagen, más
tarde vizconde de San Leopoldo, lo publicó en 1839 habiéndolo des-
cubierto pocos años antes.
Al entrar al Río de la Plata, quizás en las actuales islas de Cas-
tillos les llama la atención dos grandes y hermosos pumas y matan
numerosos lobos marinos probablemente no sólo en esas islas sino
también en las del Polonio, y, luego, adentrándose en el río como
mar, puestos en contacto con la tierra uruguaya, vuelve a hablarse de
pumas y se acusan los venados y también, en el mundo de los volá-
tiles, los dos tipos de perdices —grande y chica—, cuervos y, en las
aguas pescan una enormidad.
La costa sud uruguaya en la que desembarcan, posiblemente hoy
jurisdicción montevideana, se registra en el Diario así: "Matei muitos
emas e veados; e fui com a gente toda ao mais alto do monte de
San Pedro —nuestro Cerro epónimo— donde víamos campos, a esten-
der d'olhos, tam chaos como a palma: e muitos rio's; e ao longo delles
arboredo. Nam se pode escrever a fermosura desta térra: os veados
e gazelas tam tantos, e emas, e outras alimarias, tamanhas como po-
tros novos e do parecer delles, que he o campo todo coberto desta
caca — que nunca vi em Portugal tantas ovelhas, ncin cabras, como
ha nesta térra de veados. A tarde [Link] para o bergamtim".
El espectáculo bucólico que otean desde lo alto de nuestro ce-
rro no puede ser más promisor: tierras planas surcadas por corrientes
de agua —el Santa Lucía, el Pantanoso, el Miguelete de hoy en día-
matizada de arboledas y cubiertas de venados, de avestruces, de caza
de toda especie en inmensas cantidades.
100 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

Pero Lopes había hecho una estada de seis días antes en otro
lugar de nuestro litoral platense y al respecto informa: "aqui estive
6 días esperando, nos quaes tomei muita caca e muito pescado, e
muitos veados, tamanhos como bois, os quaes faziamos em tacalhos.
para levar as naos".
Seguramente se trata de! ciervo de los pantanos que abundaba
mucho y que- es de gran alzada y respetable volumen.
Al recorrer las tierras del departamento de San José —posible-
mente'las cuencas del Pavón, Pereyra o San Gregorio de hoy— refi-
riéndose a la necesidad de reaprovisionar la expedición dice: "des-
pois pareceo-me que nos podíamos manter com o mantmiento, que
na térra havia; -c com o pescado o mais hermoso e saboroso, que
nunca vi. A agua ja aqui era toda doce; mais o mar era tam grande
que ^me nam podia parecer que era rio; na térra havia muitos veados
e .caca, que toavamos, e o o\'os de ema, e emas pequeninhas, que
eram muito saborosas; na térra ha muito mel, e muito bom; e acha-
vamos tanto que o narn queríanlos: e ha cardos que he mui bom
mantimento, e que a gente fogava de comer".
Respecto a' la proverbial riqueza 'pesquera de la boca del -Plata
informa él Diario "e em hum día matamos desoito mil peixes antro
corvinas e pescadas e enxovas: pescáramos em fundo de 8; bracas:
como lan^avamos os anzolos no agua nam havia ahi vagar de recolher
os peixes":
Esta riqueza, ictiológica extraordinaria,. que aun persiste, es el
secreto de la existencia en las islas de Maldonado y Rocha de más
de cincuenta mil lobos que consumen más de medio millón de kilos
de pescado por día que desgraciadamente viene disminuyendo y que
algún día se acabará.. . entre los lobos y, la imprevisión de nuestra
defectuosa-legislación. • • , ... . • --
VIAJEROS VISITANTES DFX URUGUAY 101

Martin Alfonso de Sousa. hermano de Pero Lopes, Jefe de la expedición.


VfAJE DEL PORTUGUÉS PERO LOPES DE SOUSA
AL RIO DE LA PLATA EN 1531

(Fragmento de su Diario de Navegación — 1530 - 1532)

Versión castellana y estudio crítico


por
Rolando A. Laguarda Trías

INTRODUCCIÓN

Después de un siglo de descubierto y publicado el Diario de Na-


vegación de Pero Lopes de Sousa, sale a luz esta primera versión cas-
tellana de [Link] de la obra —la consagrada al Río de la Pla-
ta— gracias al interés patriótico del Sr. D. Horacio Arredondo por
dar a conocer los relatos de los viajeros que visitaron el territorio uru-
guayo en los siglos XVI al XVUI.
Más de una vez, apremiado por los términos en que me ofrecí
a realizar el trabajo, estuve a punto de desistir y para dar cima a la
tarea me vi compelido a abreviar, todo lo más posible, la parte crítica.
De los Antecedentes Históricos he omitido todo lo relativo a la
disputa de límites entre España y Portugal, dejándolo, por la ampli-
tud que exige su planteamiento, para mejor ocasión.
Me he limitado a dar una sucinta noticia de la técnica de la na-
vegación en la época del viaje de Pero Lopes y para que el lector
tenga una idea clara y definida de los tipos de barcos de la expedi-
ción, el distinguido artista D. Carlos Menck Freiré ha dibujado es-
pecialmente para esta obra una exactísima reprodución de una nao,
una carabela y un bergantín de los comienzos del siglo XVI.
Para seguir el derrotero del bergantín en el río de la Plata, el
mismo artista ha confeccionado un mapa del río a escala 1:600.000
104 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

donde van marcadas-las derrotas, reconstruidas con arreglo a los re-


sultados4 expuestos en las, notas críticas.
He procurado que la versión se ajuste lo más posible al original
y conserve su aire rudo de diario de a bordo del siglo XVI.
Teniendo en cuenta que el historiador brasileño J. Capistrano
de Abren censura al Comandante Eugenio de Castro, en el prólogo
que escribió para la edición crítica del distinguido marino brasileño,
el uso que hace éste de palabras náuticas y que aun con el auxilio
de los vocabularios usuales se reduce a meros "fatus vocis", por lo
que considera necesaria una explicación suplementaria, he juzgado im-
prescindible agregar, al final, en forma de apéndice, un glosario de
términos náuticos empleados en el Diario, del que he omitido las vo-
ces de empleo corriente, como cubierta, vela, jarcia, etc. Lo que no
es posible es la eliminación de los términos náuticos pues equivaldría
a una deformación caricaturesca del léxico del autor. Cuando al tra-
ducir un diario náutico se escribe viento templado, [Link]., en lugar de.
viento bonancible o se habla de que "estaba calmo" en vez de "poner-
se al pairo" no sólo se comete una impropiedad sino que se incurre,
en el primer ejemplo, en un craso error y, en el segundo, en un so-
lemne disparate.
Siempre que im término anticuado tiene su equivalente moderno
no he dudado un instante en utilizar este último; así, en vez de sur-
gidero he empleado fondeadero, en lugar de leme, timón. Pero cuan-
do la equivalencia no existe he recurrido al vocablo antiguo; el lector
observará que me valgo de la voz batel, en vez de barca o bote por
no ser estas embarcaciones menores enteramente iguales a la primera.
Otras veces he eludido el uso del vocablo actual para no incu-
rrir en anacronismos lingüísticos; así he traducido "tondas" por tien-
ÍUÍS y no por carpas pues esta palabra quechua era desconocida en-
tonces para los hispano-hablantes. De la misma manera he vertido
"ema" por avestruz y no por ñandú, fundado en que los portugue-
ses usaban "ema" y los españoles avestruz para designar tanto a la
especie africana como a la del Nuevo Mundo.
He evitado mejorar el texto respetando su pobreza de léxico; así,
e! 21 de octubre de 1531 después de escribir, "nos dio una turbona-
da", a los pocos renglones afirma: "nos dio un golpe de viento"; en el
mismo día aparece la palabra "mandé", tres veces seguidas. Hubiera
s;do fácil suprimir estos casos de monotonía que chocarán principal-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 105

mente a quienes de procedimientos estilísticos no saben otra cosa que


el evitar a toda costa la repetición léxica, en el mismo párrafo, supre-
ma aspiración de una huera y chata retórica burocrática.
En cambio, he procurado siempre desentrañar el recto sentido de
Jos párrafos, cuya tosca sintaxis quinientísta ha confundido más de
una vez a los propios [Link], para que resplandezca el verda-
dero significado que el autor quiso darles. Es el único homenaje que
rne he permitido rendir al joven nauta portugués, precavido y audaz,
al mismo tiempo, que se pasmaba de admiración ante la belleza de
nuestros paisajes v que tributó a la única mujer indígena joven que
alcanzó a ver en estas regiones, el requiebro galante del hombre de
buen i gusto.

LA EXPEDICIÓN DE MARTIN ALFONSO DE SOUSA


AL RIO DE LA PLATA

\) ANTECEDENTES HISTÓRICOS. ~

Son muchos los historiadores —argentinos, brasileños y portugue-


ses, principalmente— que admiten la realidad de un viaje- portugués
al río de la Plata antes del de Solís.
El hecho no tiene nada de inverosímil. Si se exceptúan los via-
jes de Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe, fueron los portugue-
ses quienes detentaron la exclusiva de las navegaciones atlánticas al
sur del Ecuador, hasta 1515 (año en que partió de España la expedi-
ción descubridora de Juan Díaz de Solís).
Esta situación de hecho, rirolongada durante unos veinte años,
determinó que algunos portugueses —como Esteban Froes en su car-
ta de 1514— llegaran, de buena fe, a sostener, con desconocimiento
del tratado de Tordesillas, que el hemisferio al sur del Ecuador era
propiedad lusitana.
Algunos retrotraen hasta 1501 el viaje portugués al río de la Pla-
ta y le adjudican el descubrimiento a Américo Vespucci, mientras
otros se lo atribuyen a la expedición cuyas vicisitudes narra el folle-
to alemán, anónimo, titulado "Copia der newen zeitung auss Pressillg
106 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

L&ndt" (Copia de la nueva gaceta de la tierra del Brasil), viaje que


parece haberse realizado en 1514. Por último, no faltan quienes men-
cionan otras expediciones y barajan diversos nombres de presuntos
descubridores.
En cualesquiera de estos casos, si el hecho fuera cierto, el' des-
cubrimiento del río de la Plata lo habría realizado Portugal y no
España.
En el estado actual de las investigaciones históricas es muy aven-
turado pronunciarse categóricamente acerca de este punto. Es incues-
tionable que los portugueses emprendían frecuentes viajes al Brasil
antes de 1515 (el viaje de la nao Bertoa, en 1511, puede servir de
ejemplo), y nada se opone a que en uno de ellos alcanzaran el río de
la Plata. Pero los indicios que algunos investigadores esgrimen para
demostrar la realidad de un viaje portugués al río con anterioridad
al año 1515, no son suficientes para constituir plena prueba del hecho.
La mayoría de los documentos que se refieren concretamente al
descubrimiento portugués del río son muy posteriores al viaje' de So-
lí.s y no aportan prueba alguna de sus afirmaciones.
Existen,- además, otros indicios anteriores al viaje de Solís acerca
de exploraciones portuguesas en estas regiones pero esos documen-
tos no mencionan para nada el descubrimiento de un río gigantesco
—como es el Plata— y sólo hablan del hallazgo de un paso interoceá-
nico en estas latitudes (puede servir de ejemplo el globo de Schoner,
construido en 1515) lo que significa, en el mejor de los casos, que de
haberse llegado al río no se pasó de la boca, ni se exploró su curso.
Algunos autores pretenden fundamentar el descubrimiento por-
tugués del Plata en la presencia, a la misma latitud geográfica del
estuario, de un río llamado Jordán, registrado en cartas geográficas
anteriores al viaje de Solís.
Esta circunstancia nos obliga a puntualizar que si bien los mo-
numentos cartográficos del pasado, debidamente utilizados, constitu-
yen un auxiliar valiosísimo de las ciencias históricas, sus datos, por sí
mismos, no bastan, en la generalidad de los casos, para probar un
descubrimiento. Por ejemplo, en el mapa de Gaspar Viegas, fechado
en 1534, se encuentra la toponimia que Pero Lopes de Sousa impuso
en el río de la Plata: islas de las Onzas, río de los Beguoais, Aquí co-
mienza el agua dulce, etc. Si el Diario de Navegación de Pero Lopes
no hubiera llegado hasta nosotros, no sabríamos a quien atribuir esa
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 107

nomenclatura porque ni en el mapa de Viegas, ni en otros que la repro-


ducen se menciona para nada el nombre del navegante a quien se debe.
Debido a esta circunstancia no sabemos quien impuso el nombre al río
Jordán ni a que río se aplicó en las cartas más antiguas que lo regis-
tran, pues aparece trazado a muy diversas latitudes. Mientras no apa-
rezca algún documento que aclare esos puntos, es prematuro identi-
ficar el río Jordán con el rio de la Plata (dejamos constancia de que
excluímos las cartas posteriores a 1520 en las cuales el nombre de rio
Jordán corresponde evidentemente al río de la Plata) lo mismo que
atribuir ese nombre a determinado navegante. La cartología (ciencia
ro constituida aún oficialmente pero cuyos principios deben tenerse
especialmente en cuenta) enseña que no deben manejarse las cartas
náuticas o geográficas del siglo XVI como las actuales. El investigador
(¡ue no sepa interpretar correctamente sus datos, ni conozca el grado
de confianza que debe conceder a las distancias, latitudes, formas geo-
gráficas, etc. se expone a llegar a las conclusiones más absurdas y dis-
paratadas, como, desgraciadamente, ha ocurrido.
Como resumen de lo expuesto puede afirmarse que si bien es po-
sible que los portugueses hayan llegado hasta el rio de la Plata, antes
de Solís, (a ellos se debe incuestionablemente el topónimo cabo de
Santa María), todo obliga a admitir que confundieron su boca con
un canal interoceánico pues así consta en el globo de Schóner y en
la Gaceta de la tierra del Brasil. Hoy por hoy, Solís sigue siendo el
verdadero descubridor del rio al que —transitoriamente— dio nombre
con su muerte. La expedición de Solís constituyó, [Link], un ro-
tundo fracaso, no por la trágica muerte del jefe y sus principales miem-
bro;., sino porque no alcanzó los fines para los que fue despachada:
llegar a espaldas de Castilla de Oro —costas panameñas del Pacífi-
co— conforme se había capitulado pues el hallazgo del gigantesco
estuario frustró las esperanzas de hallar aquí el paso hacia las In-
dias Orientales y las islas de la-Especiería y determinó el regreso a
España de la armada.
En 1517, se marcharon de Portugal, disgustados con el monar-
ca, el poderoso comerciante Cristóbal de Haro y el despechado hi-
dalgo Hernando de Magallanes; su presencia en España tuvo enor-
me influencia en la búsqueda del estrecho interoceánico.
La expedición de Magallanes exploró detenidamente el río de
la Plata, con la esperanza de hallar el anhelado estrecho, según con-
108 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

fiesa el lombardo Antonio de Pigafetta en su Diario; pero la expe-


dición no estaba destinada al río y una vez reconocidas sus costas,
prosiguió viaje.
Diego Luis Molinari, arguye, al referirse a esta búsqueda del
canal interoceánico en el río de la Plata por Magallanes que "ahí
no estaba el paso, ni lo buscaron pues el estrecho de mar a mar era
de aguas saladas y no dulces" {Nacimiento del Nuevo Mundo, Bue-
nos Aires 1945, p. 110). El argumento del agua salada parece apa-
bullante pero no tenía ninguna fuerza en la época de Magallanes;
ni al genial navegante ni a sus compañeros de expedición la idea de
buscar el estrecho en el río de la Plata les pareció tan desatinada
como cree Molinari, pues ¿quién podía asegurar, a pesar de la exis-
tencia de aguas dulces, que en aquella inmensidad y en sus dilata-
das costas no se ocultase una entrada que condujera al mar descu-
bierto por Balboa? La dulcedumbre sólo probaba que allí desembo-
caban ríos de enorme caudal; pero ante el hecho increíble y des-
concertante —para un europeo del siglo XVI— de que las aguas dul-
ces formasen horizonte como mar, lo menos que aconsejaba la pru-
dencia era una exploración minuciosa. Fue lo que se hizo,. Según
el Diario de Francisco Albo enviaron "al navio Santiago de longo
de costa por ver si había pasaje" y "otras dos naos a la parte del
sur a ver si había pasaje para pasar" (Martín Fernández de Na-
varrete, Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por
mar los españoles, t. IV, Madrid* 1837, pág. 211). Después de esto
y de lo aseverado por Pigafetta no se comprende como Molinari se
permite el lujo de negar que no buscaron el estrecho, pues ello equi-
vale a despreciar los testimonios oculares y hacer caso omiso de la
verdad.
A continuación de Magallanes vino al río de la Plata el portu-
gués Cristóbal Jaques en 1521, según hemos sostenido en un estu-
dio publicado en 1942 en el' Boletín Historia (véase El p,seudo río
de Aos). Jaques fue el primero en divulgar la portentosa nueva de
la existencia de grandes cantidades de oro y plata en el interior de
América y que la vía de acceso a esa región era el río de la Plata.
Esas noticias llegaron a oídos de Caboto en Pernambuco, cuando
al mando de una armada se dirigía a las Molucas (1526), y confir-
madas por dos náufragos de la expedición de Solís que vivían en el
río de los Patos, determinaron el cambio de ruta con el fin de ex-
VIAJEROS -VISITANTES DEL URUGUAY 109

plorar el Paraná. Caboto se encontraba en el Paraná cuando llegó otro


navegante, Diego García, con el mismo propósito de llegar a la Sierra
de la Plata, o sea, a los Andes peruanos, donde según informes de los
indios guaraníes abundaba la plata. Fracasados en sus intentos regre-
saron a España, culpándose mutuamente.
Los portugueses decidieron, entonces, poner fin a esta compe-
tencia, estableciéndose en forma permanente en el río; organizaron
la expedición de Martín Alfonso de Sousa y la enviaron ocultamen-
te a fin de que los españoles, cuando se enteraran, se encontrasen
con que los portugueses estaban en posesión del río. El naufragio de
la nao capitana y las repetidas tempestades que debieron afrontar
durante su estada en el río les hicieron desistir de la empresa.
Carlos V envió entonces a D. Pedro de Mendoza con una po-
derosa armada para colonizar y poblar estas regiones; la fundación
de Buenos Aires y La Asunción determinaron que el Plata fuera es-
pañol y no portugués.

B) BREVE NOTICIA BIOGRÁFICA DE MARTIN ALFONSO DE


SOUSA Y DE PERO LOPES DE SOUSA.

Los jefes de la armada destinada al río de la Plata fueron hi-


dalgos portugueses y hermanos de sangre. El mayor era Martín Al-
fonso que nació en 1500 en Vila Vicosa. Se casó en España, a donde
había ido en la comitiva de la reina D. Leonor, con Ana Pimentel.
Estuvo con el ejército de Carlos V en el sitio de Fuenterrabía. Re-
gresó a Portugal hacia 1525. Después de gobernar el Brasil y luchar
en la India, falleció a los 71 años de edad.
Su hermano Pero debió nacer, según. deduce Jordán de Freitas
de algunos documentos, hacia el año 1510; tenía, pues, unos veinte
años cuando acompañó al hermano en el viaje al río de la Plata y
exploró este río. Su juventud resalta del mismo diario, cuando re-
fiere, p. ej., que trepó a unos altos árboles en la punta Colonia para
observar la orilla opuesta.
Después de regresar a Portugal, a fines de 1532, fue enviado
en una carabela con Tomé de Sousa a la costa de África. Fue capi-
tán de una de las naves de la armada de D. Antonio Saldanha. Esta
DO REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

armada,' unida a las galeras y galeones de España y a las 400 naves


del almirante genovés Andrea Doria, se dirigió en 1535 [Link] man-
do de Carlos V a batir al almirante turco Rarbarroja, se apoderó de
la Goleta y Túnez y rescató 20.000 cautivos.
De regreso a Portugal casó con D. Isabel de Gamboa. Sirvió,
durante dos años, en la armada guarda costas del reino, apresando
varias naves francesas entre las Azores y las Berlingas.
El 24 de marzo de 1539 partía para la India como capitán ma-
yor de una armada. Al regreso de esta expedición capitaneando la
nao Esperanca Galega, vino a encontrar la muerte, cerca de la isla
Madagascar, en plena juventud, teniendo por tumba el mar.

C) EL VIAJE.

El sábado 3 de diciembre de 1530 partió de Lisboa al mando de


Martín Alfonso de Sousa una armada de cinco naves con rumbo a
América del Sur. Martín Alfonso llevaba, además del cargo de go-
bernador del Brasil varias misiones, entre ellas la de colonizar el
río de la Plata.
La flota se componía de la nave Capitana, de 150 toneladas, cuyo
capitán era Pero Lopes de Sousa, autor del diario del viaje; la nao
San Miguel, de 125 toneladas, mandada pior Héctor de Sousa; el
galeón San Vicente, también de 125 toneladas, al mando de Pero Lobo
Pinheiro; y las carabelas Rosa y Princesa, cuyos capitanes eran, res-
pectivamente, Diego Leite, compañero de Cristóbal Jaques en una
expedición al Brasil, y Baltasar Gontalves.
Entre el personal de la expedición—400 personas— son dignos de
mención: el piloto mayor Vicente Lourenco, Pedro Anes, lengua o in-
térprete de los indios brasileños, Enrique Montes, el famoso aventu-
rero conocedor del Plata que tanto influyó en torcer el rumbo de la
expedición Caboto, y Pero Capico," profundo experto de la costa del
palo brasil.
Hicieron escala el 28 de diciembre en el puerto de Ribeira Gran-
de, de la isla de Santiago, del archipiélago del Cabo Verde. Según
Pero Lopes, la latitud de Ribeira Grande era 15°10' norte; se incurrió
en un error de 16' por exceso. El 3 de enero de 1531 partieron de Ri-
beira Grande y después de atravesar el océano divisaron, a la altura
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 111

del cabo de San Agustín una nave francesa —de las que se dedicaban
al comercio clandestino del palo brasil— que al verse cercada por la
armada portuguesa fue desamparada por sus tripulantes que huyeron
a tierra en un batel, escondiéndose en la selva. Las atrocidades come-
tidas por Cristóbal Jaques con los franceses que capturó en el Brasil,
en 1526, explican el terror de la tripulación.
Al sur del cabo San Agustín se apoderaron de otra nave francesa
también cargada de palo brasil. Al enterarse Martín Alfonso que había
otra nao francesa en la isla de San Alejo mandó a Pero Lopes con las
dos carabelas a perseguirla. Después de un largo acoso y tras un re-
ñido combate la nave cayó en poder de Pero Lopes. Se le dio el
nombre de Nossa Senhora das Candeas en atención a ser ese día el
de la Candelaria y se confió su mando a Pero Lopes.
En estos parajes la nao San Miguel perdió la conserva y la ar-
mada no supo más de ella.
Martín Alfonso despachó desde Pernambuco a las dos carabelas
bajo el mando de Diego Leite "a descubrir el río Marañón"; envió a
Portugal, cargada de brasil, una de las 3 naves francesas que fueron
apresadas bajo el mando de Juan de Sousa, ordenó quemar la ter-
cera y con las restantes la nao Capitana, la nao Nossa Senhora das
Candeas y el galeón San Vicente— se dirigió el I 9 de marzo hacia
el sur.
En la bahía de Todos los Santos (latitud 13°l/4, según Pero Lo-
pes), donde entraron el 13 de marzo y luego, por segunda vez, el 26
del mismo mes, encontraron a la carabela Santa María do Cabo, que
iba para Sofala; Martín Alfonso decidió incorporarla a su armada.
Después de luchar con vientos contrarios y soportar algunas tem-
pestades, llegaron en 30 de abril a Río de Janeiro, cuya latitud cal-
cularon en 23°l/4 (lo que supone un error de 20' por exceso).
Martín Alfonso envió 4 hombres tierra adentro a explorar y éstos
volvieron al cabo de dos meses con nuevas de que en el "río de Pera-
guay" había mucho oro y plata. En Río estuvo la armada tres meses,
que emplearon en construir dos bergantines de 15 bancos para reco-
nocer el río de la Plata, según hicieron Caboto y Diego García, y en
acopiar víveres para un año.
De Río de Janeiro zarparon el 1° de agosto de 1531; los expedi-
cionarios habían puesto en orden todas sus cosas, incluso el cómputo
de los días en el que andaban errados desde el 1° de marzo.
112 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

El 12 de agosto fondearan en la isla de la Cananea; enviaron a


•tierra, en uno de los bergantines, al piloto Pedro Ane<;, que era lengua,
y volvió con Francisco de Chaves, y cinco o seis castellanos.-Chaves
—más conocido por el mote de "el bachiller de Cananea"— se com-
prometía a ir y regresar en un plazo de 10 meses con 400 esclavos car-
gados de oro y plata. Martín Alfonso le entregó 40 ballesteros y 40
espingarderos para dicho objeto. Según Fernández de Oviedo todos
fueron muertos por los indios (Historia General y Natural de las Indias.
tomo II, Madrid, 1852, p. 188).
A 26 de septiembre las naves partieron con rumbo al sur. El vier-
nes 29 de septiembre avistaron el puerto de los Patos pero los vientos
contrarios les impidieron entrar en él. El domingo I 9 de octubre,
uno de los bergantines perdió la conserva. Con vientos nordestes muy
fuertes y mucho mar siguieron navegando hasta el 5 de octubre en
que cambió el viento. El 7 volvieron a navegar hacia el sur. Los ex-
pedicionarios se aproximaban al río de la Plata; los incidentes acaeci-
dos en esta parte del viaje, en' el período comprendido entre el do-
mingo 8 de octubre de 1531 y el I 9 de enero de 1532 se reproducen
in extenso, vertidos al castellano y constituyen la parte principal de
este estudio.
Esta fase de la expedición no constituyó un éxito. El naufragio
de la nave capitana a poco de entrar en el río y las tempestades y
turbonadas que debieron afrontar les obligaron a desistir del plan de
poblar en las costas del Plata. Todo se redujo a una exploración de
la costa norte hasta las islas Dos Hermanas y a una navegación por
el delta del Paraná, efectuada en un bergantín por Pero Lopes de
Sonsa.
Los portugueses se limitaron a colocar padrones de posesión en
el estero de los Querandíes, sobre el Paraná y posiblemente, en la isla
de las Palmas o Gorriti donde Martín Alfonso estuvo más de un mes
esperando el regreso de su hermano. Se conformaron los portugueses
con cumplir las formalidades de la toma de posesión de estos territo-
rios, desmentidas, en la realidad, por el abandono inmediato que hi-
cieron de ellos.
El 3 de enero de 1532, ya en viaje de regreso, Martín Alfonso de
Sonsa despachó la carabela Santa María do Cabo-para que, adelan-
tándose, fuese al piierto de los Patos a ver si allí se hallaba el bergan-
tín (¡ue había perdido la conserva en el viaje de ida al río de la Plata
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 113

y cuya suerte se ignoraba. El 8 de enero llegaron a la isla de la


Cananea (hoy Buen Abrigo) donde estuvieron hasta el 16 reparando
una vía de agua. El 21 de enero entraron en el puerto de San Vicente
y fondearon en la playa de la isla del Sol (Santo Amaro). El galeón
San Vicente entró a mediodía. Martín Alfonso mandó construir una
casa en tierra para guardar en ella las velas y las jarcias; luego varó
en tierra la nao Nossa Senhora das Candeas- Habiéndoles parecido a
todos buena la tierra, Martín Alfonso resolvió pobbr allí e hizo una
villa en la isla de San Vicente (hoy isla de Santos, donde se levanta
la ciudad de este nombre) y otra a nueve leguas, en el interior, a
orillas del río Piratininga, repartiendo la gente entre las dos.
El 5 de febrero entró en el puerto de San Vicente la carabela
Santa María do Cabo, que traía las nuevas de haber hallado la gente
del bergantín en el puerto de los Patos.
Se resolvió, en vista del mal estado de las naves, perforadas por
la broma, despacharlas para Portugal mientras Martín Alfonso per-
manecía en San Vicente esperando a la gente que había mandado a
descubrir tierra adentro.
Pero Lopes fue encargado de regresar a Portugal en la nao Nossa
Senhora das Candeas y galeón San Vicente, a fin de dar cuenta del
resultado del viaje. Se estimó la latitud de la isla del Sol en 24°l/4.
El miércoles 22 de mayo de 1532, Pero Lopes partió en el galeón
San Vicente; el viernes 24 de mavo entró en Río de Janeiro y allí se
les incorporó el 14 de junio -la nao Nossa Senhora das Candeas que
había quedado en San Vicente terminando de repararse. En Kío aco-
pió víveres para siete meses v partió el 4 de julio; el 18 de ese mes
entraron en la bahía de Todos los Santos a calafatear las naves; hi-
cieron recuento de la gente que sumaba 53 hombres. El 30 de julio
zarpó de Bahía para hacer escala en Pernambuco de donde salieron
el lunes 4 de noviembre.
El diario termina bruscamente el domingo 24 de noviembre de
1532, en pleno Atlántico septentrional, desconociéndose la causa de
haber quedado interrumpido.
Se sabe, por otras * fuentes, que Pedro Lopes llegó a Algarve a
fines de diciembre de 1532 o a principios de enero de 1533 y hasta
agosto de 1533 no entró en Lisboa {Historia da eolonizaeño portuguesa
do Brasil, TIÍ, 130).
114 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

D) LA TÉCNICA DE LA NAVEGACIÓN EN LA ÉPOCA DEL


VIAJE.

En la época en que Martín Alfonso y su hermano realizaron el


viaje, los procedimientos para determinar la posición de una nave en
el mar estaban reglamentados en Portugal, hacía tiempo.
Los navegantes disponían del siguiente instrumental:
—La aguja náutica o brújula les permitía fijar el rumbo de la nave.
La brújula se componía de una aguja de hierro imantado que giraba
sobre un eje fijo en una caja de madera (del nombre italiano de esta
caja —bussola— proviene el nombre del instrumento). Para la determi-
nación del rumbo la caja llevaba en su fondo o debajo de la aguja
una rosa de los vientos cuya circunferencia presentaba 32 divisiones o
cuartas (cuyo valor es, pues, de ll°l/4).
—Todo barco llevaba su carta de marear o navegar, donde estaban
señaladas las costas de los diferentes países. La carta estaba pintada
sobre pergamino. Llevaba su escala gráfica, graduada en millas y su
menor división valía diez millas. Posteriormente, ?e les graduó en
leguas y a la escala se le empezó a. llamar tronco de leguas. En la
carta se trazaba una red de rumbos o vientos distribuidos regular-
mente y que se entrecruzaban. Hasta 1500 las cartas náuticas care-
cían de graduación de latitudes y longitudes geográficas, pues hasta
entonces no se usaban esos valores para determinar la posición del
barco en el mar.
El procedimiento seguido para fijar en la carta el punto en que
se hallaba la nave consistía en trazar sobre ella, a partir de la posi-
ción última del barco, una recta paralela al rumbo señalado por la
brújula y sobre esa recta se llevaba con el compás la distancia reco-
rrida en las veinticuatro horas (singladura) medida en la escala de
la carta. Este procedimiento llamado de navegación por singladuras
estaba en uso, por lo menos, desde el año 1250. En el siglo XVI —y
no antes (la carta de maestre Juan al rey de Portugal sobre el descu-
brimiento del Brasil es terminante a este respecto)— les portugueses in-
trodujeron métodos astronómicos para calcular la latitud del punto en
que se encontraba el barco en el mar. Combinado este dato con el
rumbo se obtenía la posición de la nave. Las cartas de navegar em-
pezaron a llevar entonces una escala de latitudes en grados.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 115

—La latitud se deducía de la altura del sol a mediodía medida


con el instrumento llamado astrolabio. Para ello se requería saber la
declinación del sol y a tal efecto se preparaban para los navegantes
unas tablas que daban los valores de la declinación solar correspon-
dientes a cada día del año y las fórmulas que había que aplicar en
el cálculo. Estas tablas, fórmulas y reglas prácticas para operar cons-
tituían los llamados en Portugal, Regimentos do estrolabio {de los que
se conservan únicamente dos ejemplares impresos); Este método de na-
vegación astronómica representó un gran progreso técnico pero cuando
no se podía observar el astro, el marino se veía conipelido a recurrir
al viejo método de navegar por singladuras.
También se utilizaba el cuadrante para la medid:1, de la altura so-
lar pero preferentemente se empleaba este instrumento para medir de
noche la altura de la estrella polar, con lo cual, mediante una simple
corrección, se obtenía la latitud del lugar: este método sólo tenía apli-
cación en el hemisferio norte.
Para la longitud geográfica no había procedimientos prácticos de
determinarla en el mar hasta que en el siglo XVIIT se inventaron los
cronómetros.
El tiempo se medía en los barcos con relojes de arena o ampolle-
tas, empleándose las que tardaban media hora en vaciarse. Un paje
era el encargado de dar vuelta la ampolleta.
Para la determinación del camino recorrido no se disponía de
instrumentos especiales (el loch o corredera de barquilla no fue in-
ventado hasta 1577); la distancia se estimaba en millas y en leguas (ca-
da legua tenía cuatro millas) y el módulo, generalmente usado tanto
por los portugueses como por los españoles, era, en esa época, de YIVz
leguas al grado. Se acepta comúnmente que el valor de la unidad iti-
neraria llamada milla era de 1480 ni. y el de la legua marítima era,
en consecuencia, de 5920 metros.
El diario de navegación de Pero Lopes de Sousa contiene 87 ob-
servaciones de latitud geográfica de las cuales 9 corresponden a de-
terminaciones en tierra y el resto a medidas hechas en el mar; todas
corresponden a alturas del sol a mediodía. Las determinaciones co-
rrespondientes al río de la Plata son cuatro de las cuales tres han sido
tomadas en tierra: islas de las Onzas (hoy Torres) 34"30'J cabo de San-
ta María (hoy Punta del Este) 34° 45' y estero de los Carandines (inde-
terminado) 33°45'.
116 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA'"

El mayor error comprobable de que adolecen las medidas de la-


.titud del .diario de Pero Lopes corresponde a la latitud de Río de Ja-
neiro y alcanza,, según se dijo, a 20' por exceso; el error del cabo de
Santa María es de 13' por defecto.
La forma en que están hechas las anotaciones revela que el pro-
cedimiento de calcular las latitudes les era familiar pues el diario no
insiste en señalar como se operaba, conforme puede verse en el diario
de Francisco Albo, y se limita a registrar simplemente el resullado
obtenido.

BIBLIOGRAFÍA DEL DIARIO DE PERO LOPFS DE SOUSA

El Diario fue descubierto y publicado en 1839 por el benemérito


historiador brasileño Francisco Adolfo de Varnliagen, entonces joven
de 23 años, quien lo encontró entre los manuscritos de la biblioteca
real del Palacio de Ajuda, situado en los alrededor:^ de Lisboa.
Jordao de Freitas, director de la. Biblioteca de Ajuda, en el es-
tudio de la expedición de Martín Alfonso de Sonsa nue publicó en el
tomo tercero de la Historia da colonizacáo portuguesa do Brasil (pp. 95
a 164), expresa que se trata de un códice del siglo XVI, de 41 hojas
on papel florete, in folio, encuadernado, que comienza por estas pa-
labras: "Na era de mil quinhentos e XXX sábado iij días do mesde
dezebro Parti de esta cidade de Lisboa de baxo da capitanía de martin
nt° de sonsa meu Irmao q ia por capitam' de luía armada e ^overnador
da térra do Brasi!..."
Aunque- de letra del siglo XVI este manuscrito no es el documen-
to original sino una copia, bastante incompleta y poco cuidada. El
códice presenta acotaciones y enmiendas de diversas plumas.
El Diario ofrece algunas lagunas, omitiendo en la parte que nos
interesa, consignar los acontecimientos de los días de octubre 29 a
31 (folio 15 v.), de noviembre 1, 3, 4 (folio 15 v.) y 7 a 22 (folio 16),
y de diciembre 14 a 17 (folio 20 v.) y 28 a 31 (folio 25).
Se observa también una falta de correspondencia entre los días de
la semana y la fecha del mes en los períodos eme abarcan del lo de
marzo al 20 de abril de 1531 y desde el 21 d? octubre elJ 1531 ai
21 de enero de 1532.
Sin embargo, la autenticidad del diario es indiscutible pues el via-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 117

Folio 12 recto del manuscrito del Diario de Pero Lopei da


Sonsa, donde comienza la versión castellana.
118 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

je fue realizado en los meses y años indicados en el manuscrito y con-


cuerda con lo acreditado en varios documentos auténticos, publicados
por Jordáo de Freitas en el estudio ya citado.
Se conservan otras copias del códice —dos— utilizadas ya por
Varnhagen para completar el texto del códice de Ajuda.
La edición princeps (1839) apareció en Lisboa. En 1847 la Asam-
blea provincial de San Pablo publicó una segunda edición que fue
desautorizada por Varnhagen.
La tercera edición (1861), debida a Varnhagen, se publicó en el
tomo XXIV de la Revista do Instituto Histórico, Geográfico e Etnográ-
fico do Brasil,
En 1867, Varnhagen da a luz la 4 9 edición.
La 5^ y 6^ (1927 y 1940, respectivamente) se deben a los cuidados
del Comandante Eugenio de Castro, quien realizó además un buen
estudio crítico del Diario.

DIARIO DE NAVEGACIÓN DE PERO LOPES DE SOUSA

—Domingo (8 de octubre de 1531) hacíamos camino al sur con


mucho viento nordeste. Y al medio día tomé el sol en 31 grados y
medio. Me creía a 23 leguas de tierra (').
—Lunes al medio día tomé el sol en 33 grados y un tercio; me
creía a 18 leguas de tierra. Esta noche cambió el viento al sudoeste
y trincamos con los trinquetes bajos camino del sudsudeste.
—Martes al cuarto del alba, con mucho viento sudoeste pusimos
las naves al pairo; al medio día, bonanza; vimos desde la gavia un
humo al noroeste. Mandé lanzar la sonda v hallé fondo en 60 brazas;
y nos hicimos a la vela con rumbo noroeste en demanda del humo;
al ponerse el sol vi la tierra desde la gavia, la cual era muy baja, sin
marca alguna; y al cuarto de prima puse rumbo sudeste con viento
sursudoeste (-).
—Miércoles 11 de dicho mes, por la mañana nos calmó el viento
a tres leguas de tierra que corre nordeste-sudoeste una cuarta al norte-
sur y hay de fondo 16 brazas; matamos esta noche muchas pescadas (:í).
—Jueves al medio día tomé el sol en 34 grados y con el viento
norte iba corriendo al sudoeste a lo largo de la costa. Al ponerse el
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 119

sol fuimos a surgir entre tres islas de piedra, donde matamos muchos
lobos marinos (4).
—Viernes 13 de dicho mes, por la mañana se hizo el viento sud-
oeste y nos venía por encima de una punta que nos demoraba al sud-
sudoeste ("') y ventó con tanta fuerza que la nao perdió el cable y
rompió la amarra. Toda esta noche estuvimos con mucha tormenta.
—Sábado al cuarto de alba calmó el viento y fui a tierra firme
pues nos hacían muchos humos. La tierra es muy hermosa, con mu-
chos arroyos y muchas yerbas y flores como las de Portugal. Halla-
mos dos onzas muy grandes (6) y regresamos a las naos sin ver gente.
Al medio día se hizo el viento nordeste y con él nos hicimos a la vela.
A estas islas, les puse el nombre de las Onzas y tomé el sol en ellas
en 34 grados y medio; y doblando la punta que me demoraba al sud-
sudoeste, corre la costa al oessudoeste hasta el [Link] Santa María
(7) que está en altura de 34 grados y 3 cuartos y al cuarto de prima
calmó el viento.
—Domingo 15 de octubre por la mañana se hizo el viento nordes-
te; y con él hacia el camino a longo de costa, sondando siempre. Go-
bernando dos ampolletas a oessudoeste hallaba 20 brazas; gobernando
otras dos ampolletas al oeste cuarta al sudoeste daba en fondo de 25
brazas; de manera que hallaba más fondo del lado de tierra que del
lado del mar.
Al ponerse el sol llegamos al cabo de Santa María; y surgimos en
fondo de 8 brazas en la banda oeste de dicho cabo. -
—Lunes por la mañana mandó mi hermano el Capitán al piloto
mayor que fuese a ver si entre una isla, que estaba junto al cabo, y
tierra había buen fondeadero; al medio día regresó Vicente Lourenco
y dijo que el puerto, era bueno, salvo que con los vientos oessudoeste
y S.S.W. era desabrigado y que hacia el rumbo S.S E. tenía bajos en
el mar; por la tardq fuimos á surgir entre la isla y tierra en fondo de
seis brazas y media con pleamar (s). Aquí, en esta isla, tomamos agua
v leña y fuimos con, los bateles a hacer pesquería: y en un día mata-
mos dieciocho mil peces entre corvinas, pescadas y anchoas (ft); pescá-
bamos en fondo de ocho brazas; lanzábamos los anzuelos al agua y
no había que esperar para recoger los peces. En esta isla estuvimos
ocho días esperando a un bergantín que perdió nuestra conserva; como
no vino mandó mi hermano el Capitán poner una cruz en la isla v en
120 REVISTA DE I.A SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

fj>o Reóopójí
Y\AJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 121

ella atada una carta envuelta en cera en la que decía al capitán del
bergantín lo que, una vez llegado allí, debía hacer.
—Domingo 21 de octubre (H>), por la mañana partimos de esta
isla. Con el viento nordeste hacía el camino a longo de costa, que
corre al oeste ("); a media legua de tierra iba siempre en fondo de
9 y 10 biazas. A tres leguas de la isla el viento se nos hizo noroeste;
a la tarde nos dio una turbonada con mucha agua y .sin ningún viento;
surgimos en fondo de 15 brazas, de lama blanda. Al cuarto de prima
nos dio un golpe de viento del sudsudoeste y súbitamente saltó al
sur con mucha tempestad. La nao capitana se hizo a la vela y nos
hizo señal: por ser el viento y la mar muy grandes no me atreví a
hacerme a la mar, ni a doblar una punta que me demoraba al este
cuarta al sudeste; mandé hacer un ayuste de 120 brazas y con él ga-
rreaba como si no llevara ancla por ser el fondo de lama muy blanda.
La tormenta era tremenda, de viento y mar y cada golpe de éste se
metía en lo.s castillos de la nao. Mandé hacer otro ayuste v con el
ancla de forma lo lanzamos al mar; estando con esta fortuna mandé
cortar todos los castillos y dejarlo todo raso y mandé cortar el cabo
del batel que teníamos a popa. Así estuvimos con esta tormenta de
mar en que cada ola venía a romper en el combés.
—Lunes 22 de octubre, al cuarto del alba rompióse el ayuste del
ancla de forma y torné otra vez a garrear como antes. Al amanecer
me hallé a una legua de tierra y había garreado tres; el galeón San
Vicente estaba más cerca de tierra que vo: por su popa reventaban
unos bajos y a cada ola el mar parecía más alto que la gavia. Por
garrear tanto determiné hacerme a la vela y contra razón de marinería
levamos la amarra con mucho trabajo y me hice a la vela con rumbo
oeste; y como vi que no alcanzaría a doblar los bajos en que reventaba
el mar, viré al este para ir a varar en una playa que nos demoraba
a! nordeste cuarta al este por parecemos que allí no había bajos.
Yendo así pusimos proa a la punta (*-) que me demoraba al lessueste;
por parecerme que la podía doblar, mandé dar la vela de gavia de
trinquete, metiendo la nao hasta la mitad del combés debajo del agua;
al soltar la vela el trinquete se quebró en-dos pedazos; estaba ya tan
cerca de la punta que a irnos les parecía que la podíamos doblar y
otros gritaban que arribásemos: era tan grande la confusión en la nao
que no nos entendíamos; mandé meter a toda la gente bajo cubierta
y mandé al piloto tomar el timón; yo me fui a proa y determiné pro-
122 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA 'ARQUEOLOGÍA"

bar fortuna y ver si podía doblar la punta; pues si no la doblaba no


había en que varar, salvo en roca viva, donde no había salvación. Así
hicimos y plugo a nuestra señora y a su bendito hijo que la doblásemos;
estuve tan cerca de la punta que el mar que reventaba en la costa
volvía con la resaca a dar en la nao y nos lanzó afuera. En cuanto
doblé la punta pusimos proa al este cuarta al nordeste ():i); y por la
tarde fui a fondear en la isla del cabo (t4). Nos entró tanta agua al
doblar la punta que al llegar a esta isla traíamos sei;; palmos de agua
debajo de cubierta. En cuanto surgí se hizo el viento sudoeste. Al cuar-
to de prima vino el galeón San Vicente a unirse conmigo; le pregunté
si traía batel y me dijo que lo había perdido; que no traía más que
un ancla pues había perdido tres; pasó por arriba del arrecife que
estaba en la tierra donde nos hallábamos fondeados y allí se sostuvo
durante el temporal hasta la noche en que sopló viento sudoeste. El
piloto me dijo que había visto a la nao capitana sin mástiles, muy cer-
ca de tierra y que desde la cofa nó se pudo divisar si estaba en seco
o sobre anclas.
—Martes 23 de octubre, al cuarto del alba vino la carabela (i:i) a
imirse conmigo sin cables, ni anclas y con el batel perdido; me dijo
el piloto que pasaron el temporal detrás de una punta, donde arriba-
ron milagrosamente; y que no habían visto a la nao capitana desde
el día antes, al hacerse a la vela. En cuanto a mí, no sabía que hacer:
para hacerme a la vela no tenía cables, ni batel, ni anclas. Determiné
mandar por tierra a treinta hombres; para esto mandé a dos, a nado,
con un cabo y que lo diesen a la carabela para que virase por mi popa.
—Miércoles 24 de octubre, por haber marejada no pudo la cara-
bela arrimarse a la nao. Este día comencé a hacer dentro de la nao
un batel con duelas.
—Jueves 25 de dicho mes, por la mañana metí en la carabela 30
hombres —los que mejor sabían nadar— y las armas metidas en una
pipa honda, para que no se mojaran; y dos barriles de mantenimientos
para ocho días; y mandé a la carabela que fuese a tierra y que fon-
dease en cuanto estuviese a punto de varar; y que desde allí fuesen
a tierra en las jangadas que llevaban de los cuarteles de la nao fran-
cesa (lü). Al mediodía todos estaban en tierra después de pasar bas-
tantes trabajos (1T); acudió mucha gente de la misma tierra y se que-
daban lejos, sin querer acercarse; hasta que dos hombres de los nues-
tros fueron hacia ellos; inmediatamente se aproximaron y abrazaron a
VIAJEROS VISITANTES- DEL URUGUAY 123

todos con grandes llantos y cantigas muy tristes; después de despedirse


de ellos, los nuestros siguieron su camino por la playa. Habiendo an-
dado media legua me hicieron un humo y vi un bulto que me pareció
ser un batel de los que habíamos perdido.
—Viernes 26 de octubre, hice una jangada en la que envié el hie-
rro y la forja a la isla para hacer clavos para el batel de duelas que
estaba haciendo dentro de la nao. Desde el mediodía ventó mucho
viento sudoeste. Y eran tantos los humos, por la tierra adentro, que
impedían ver el sol (1S).
—Sábado 27 del dicho mes, mandé al maestre con 5 hombres,
en un cuartel de la nao, para que fuesen a tierra a ver si estaba el
batel donde la gente nos hizo el humo; y por la tarde regresó con
el batel de la carabela, que venía muy destrozado; me dijo que en
tierra había mucha agua y buena; después mandé reparar el batel en
la isla.
—Domingo 28 de dicho mes, en cuanto estuvo reparado el batel
de la carabela, mandé pasar a la isla, al otro que tenía empezado. Este
día vino a la playa mucha gente del país: envíeles el batel y le dieron
mucho pescado y tasajos de venado.
—Viernes dos de noviembre, vino la gente que había mandado
en busca de Martín Alfonso y me dijeron que la nao capitana había
dado sobre la costa por falta de amarras; que Martín Alfonso con toda
la gente se salvaron a nado; solamente murieron 7 personas: 6 ahoga-
dos y 1 que murió de pasmo; que el bergantín dio también sobre la
costa pero que no se hizo daño y que el batel del galeón y de la ca-
pitana estaban sanos; que en la playa hallaron un bergantín de ta-
blazón de cedro muy bien hecho f1!l) que Martín Alfonso retuvo para
mandarlo en compañía del batel grande y del otro bergantín por el
río adentro; y que Martín Alfonso me mandaba decir que con la gente
que las naos no necesitasen fuese, en la carabela, hasta donde él estaba.
—Lunes 5 de dicho mes; partí en la carabela con viento lesnordeste
y una hora antes de ponerse el sol (2o) surgí donde la nao capitana es-
taba varada; apenas fondee se hizo el viento sudeste. Mandé el batel
a tierra para hacer saber a Martín Alfonso que habíamos llegado. Au-
mentó tanto el viento que antes de que el batel viniese, me hice a
la vela con rumbo sursudoeste; el sol se había puesto cuando dimos
en un bajo donde estuvimos a punto de perdernos. Así estuvimos con
124 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA'

míiv gruesa y viento navegando hasta la media noche, en que el vienta


calmó.
—Martes 6 de dicho mes; por la mañana se hizo el viento sudoeste
v con él me hice a la vela con rumbo lessueste ("'); por la tarde surgí
frente a la nao [capitana]; mi hermano el capitán mandó los bateles
para recoger a la gente y a mí v mandó que la carabela fuese a una
isla que estaba a cuatro leguas al oeste y allí esperase órdenes suyas
(--). Mientras estuvimos aquí, sacamos con mucho trabajo la artillería
y el hierro de la nao capitana. Estando aquí tomó mi hermano el Ca-
pitán consejo con los pilotos, maestres y con todos los que eran en-
tendidos; y todos acordaron y firmaron que no debía ir por el río de
Santa María arriba (":l) por muchas razones; una era por no -tener
mantenimientos pues todos se habían perdido al naufragar la capitana;
otra era que Jas dos naos que quedaban estaban tan desgastadas que
no se podrían sostener más de tres meses; y la tercera, que el río pa-
recía innavegable por los grandes temporales que había en pleno ve-
rano (LM); por estas razones y otras muchas que dieron, hicieron que
mi hermano el capitán desistiese del viaje; y me mandó en un ber-
gantín con 30 hombres a poner unos padrones y tomar posesión de
dicho río por el Rey nuestro señor; y que tratase de retornar dentro
de 20 días porque el puerto donde las naos estaban, era muv desa-
brigado.
—Sábado 23 de noviembre de 1531, estando el sol en 11 grados y
3,5 minutos de Sagitario y la luna en 27 grados de Taurus, partí del
río de los begoais, que se halla a 11 leguas al oeste del cabo de Santa
María (-•"•); llevaba un bergantín con 30 hombres y todo iba bien dis-
puesto en orden de guerra; hice mi camino a lo largo de la costa que
corre al oeste. A dos leguas del río de donde partí hay una isla pe-
queña (-fi), toda de piedra; de ella a tierra firme hay una legua; la
isla tiene alrededor buen fondeadero con fondo de cinco brazas de lodo
blando. Yendo así, pegado a la costa, que es toda limpia, con 5 y 6
brazas de profundidad, al medio día tuve vista de una isla al sursud-
oeste (-7); hay tres leguas de ella a tierra; por 3a parte del Este tiene
una restinga larga, de arena dirigida al Nordeste. Pasando adelante
de la isla descubrí un alto monte al que puse nombre —monte de San
Pedro (2S)— v me demoraba al oeste cuarta al noroeste. Este día fui a
dormir al pie de dicho monte de San Pedro. Desde la isla citada atrás
hasta este monte, la costa es sucia, con piedras y bajos peligrosos. Has-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 125

ta este monte la tierra es toda rasa y muy hermosa. Al [Link] este


monte hay dos puertos: uno al oeste y otro al este: no son más que
para navios pequeños (-").
—Domingo 24 de dicho mes; poco antes de amanecer'me hice a
la vela con viento nornordeste. Desde este monte de San Pedro co-
mienza la costa a dirigirse al oesnoroeste; yendo en el interior de una
ensenada, cuya boca se abre cuando el dicho monte de San Pedro
demora al este cuarta al sudeste, fui a dar en fondo de 2 brazas y
media, a una legua de tierra (;iu); calmó el viento que llevaba y vino
una turbonada del Sur con mucho viento; puse rumbo hacia el monte
de San Pedro para meterme en el puerto donde estuve por la noche.
El viento roló después al sudeste y volví a navegar al oeste para se-
guii mi viaje. Aquí comencé a hallar agua dulce y mucho pescado
muerto. La punta situada al oeste de esta ensenada lanza una res-
tinga que se mete una legua en el mar (:n): lo más bajo de ella es
braza y inedia y lo más profundo, 4 brazas. Apenas pasé la restinga
calmó el viento y fucilaba mucho al sudoeste y al noroeste que en
esta, costa son señales seguras de grandes temporales (:!-); con este re-
celo me acerqué a tierra para ver si hallaba puerto donde meterme.
Iba junto a tierra cuando volvió' a ventar nordeste y seguí a lo largo
de la costa que corre al oesnoroeste, con fondo de 4 y 5 brazas de
arena limpia. Yendo siempre a un tiro de ballesta de tierra volvió a
calmar el viento; era muy tarde y los indicios de temporal aumenta-
ban; determiné varar el. bergantín en tierra y pasar en ella la noche;
mandé varar en una playa, desembarcar toda la carga y efectos y
hacer un refugio en tierra. Pusimos la artillería en orden y fui con
10 hombres por tierra a ver si hallaba rastro de gente: no hallé nada,
salvo rastro de muchas alimañas, muchas perdices y codornices y
mucha otra caza. Es la tierra más hermosa v apacible que vi: nadie
se cansaba de mirar los campos y la hermosura de ellos. Aquí hallé un
río grande, todo arbolado a lo largo de él y el más hermoso que vi;
un tiro de ballesta antes de llegar al mar desaparecía (:!;!). Tomamos
mucha caza y regresamos al bergantín. Al ponerse el sol vino una tur-
bonada del noroeste con tanta fuerza de viento y piedra que no había
quien pudiese mantenerse en pie; y de repente saltó al sudoeste con
mucha lluvia y relámpagos. Temí perder el bergantín según estaba el
mar de bravo. Toda la noche duró el temporal v nadie recordaba ha-
126 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

ber pasado otro igual. El agua de lluvia me mojó todo el manteni-


miento que ya no sirvió f;(4).
—Lunes 25 de dicho mes; por la mañana el viento limpió las nu-
bes y salió el sol que nos secó. De aquí estuve a punto de regresar
por falta de alimentos; después me pareció que podíamos mantenernos
con los alimentos que había en la tierra y con pescado —el más hermo-
so y sabroso que he probado. Aquí ya toda el agua era dulce, pero el
mar era tan grande que no parecía que fuera río; en tierra había mu-
chos venados y caza, que tomábamos, y huevos de avestruz y aves-
truces pequeñitos que eran muy sabrosos; en la tierra hay mucha miel
y muy buena: hallábamos tanta que no la queríamos; hay cardos (3í)
que es muy buen mantenimiento y gustaban a la gente. Y parecién-
donos a todos que nos podíamos mantener, determiné seguir adelante.
El viento era sudeste; el tiempo, bueno y de noche había luna. Partí
muv tarde —teníamos dos horas de sol— con intención de andar toda
la noche; íbamos parálelos a la costa en fondo de 6 brazas de arena
limpia. Estaba a dos leguas de donde partí, cuando salieron de tierra
hacia mí, 4 almadías con mucha gente; puse a la capa el bergantín
para esperarlas: remaban tanto que parecía que volaban. Se reunieron
pronto conmigo: traían arcos, flechas y azagayas de palo tostado; ellos
venían con muchos penachos y pintados de mil colores; se aproxima-
ron sin mostrar miedo y con-"mucho placer nos abrazaban a todos; no
entendíamos su habla que no era como la del lirasil: hablaban gutu-
ralmente, como moros; sus almadías tenían 10 a 12 brazas de largo
y media braza de ancho, hechas de madera de cedro muy bien traba-
jada: remaban con unas palas muy largas que en su extremo tenían
penachos y borlas de plumas; en cada almadía remaban 40 hombres
de pie; no fui a sus tiendas, que se veían en una playa frente a la
cual estaba, por que faltaba poco para anochecer; se veían otras mu-
chas almadías varadas en tierra; me hacían señas para que fuese allá
donde me darían mucha caza; y cuando vieron que no quería ir man-
daron una almadía por pescado; fue y vino en tan breve tiempo que
quedamos espantados; nos dieron mucho pescado; yo les mandé dar
muchos cascabeles, cristales y cuentas: quedaron tan contentos y mos-
traban tanto placer que parecían locos; y así me despedí de ellos (:í<1).
Casi anochecido empezó a soplar, del lado de tierra, viento nornord-
este y con él seguía mi camino a lo largo de la costa con fondo de
5 a 6, brazas; después de media noche empecé a hallar bajos de piedra
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 127

y me alejé más de tierra; arrié la boneta y fui con poca vela y con
la sonda en la mano.
—Martes 26 de noviembre; por la mañana me hallé junto a una
punta (;1T) y traté de doblarla; la costa volvía al noroeste y luego al
norte; ventaba tanto viento noroeste que estuvimos a punto de zozo-
brar. Mandé amainar la vela y surgí en la punta del lado este, al
abrigo del viento; salí a tierra a ver si podíamos cobrar alguna caza.
Desde unos grandes árboles a que me subí, para divisar la otra costa
al noroeste de la punta, ví muchas islas (:í8) todas cubiertas de árboles,
a una legua de tierra; y desde aquí parecía que había abrigo entre
ellas. Y así me volví al bergantín con mucha caza y miel. Por la tarde
calmó el viento; mandé armar los remos y fui a las islas; las recorrí
todas pero no hallé puerto ni abrigo en que meterme; en la más pe-
queña encontré reparo (;iI)) aunque era desabrigada del viento sudeste.
Aquí estuve toda la noche pescando.
—Miércoles 27 de noviembre; mandé colocar la pavesada del ber-
gantín y poner la artillería a punto e ir prontos para pelear porque
veíamos muchos humos en tierra, que es señal de reunión de gente.
A mediodía partí de estas islas, que son siete, todas llenas de árboles:
tres son grandes y cuatro, pequeñas. Con viento lesnordeste seguía mi
camino a lo largo de la costa que corre al noroeste cuarta al norte. A
dos leguas de las siete islas hay un río (4tl) que trae mucha agua; quise
entrar en él y la boca tenía muchos bajos; seguí a lo largo déla costa
cuyo fondo es de 7 y 8 brazas (41); la tierra es llana y cuanto más
avante iba tanto mejor era; al ponerse el sol fondeé junto a una isla
grande, redonda, llena de árboles, a la que puse el nombre de Santa
Ana (42). Aquí estuve toda la noche pescando; saqué mucho pescado
y ninguno era como los de Portugal: había peces de la altura de un
hombre, amarillos y otros negros con pintas rojas, los más sabrosos
del mundo (43).
—jueves 28 de noviembre; bajé a tierra; en esta isla hallé muchas
aves, las más hermosas que he visto. Aquí ví halcones como los de
Portugal (44). El viento saltó al sur y me puse al norte de la isla; estuve
fondeado con mucha tempestad; de no estar al abrigo nos hubiéramos
perdido.
—Viernes 29 de noviembre, por la mañana abonanzó el tiempo y
fui a la isla; mandé encender fuego en tres partes para ver si acudía
gente; vimos humos en dirección oessudoeste y no veíamos tierra; man-
]28 REVISTA DE I,A SUCIEDAD "AMH;OS DE LA ARQUEOLOGÍA"

dé subir .a dos hombres a unos árboles grandes que había en la isla


para ver si divisaban tierra, donde nos hacían humos v vieron tierra
arbolada y al parecer anegadiza (4r').
—Sábado 30 de noviembre; por la tarde me hice a la vela con
viento'lesnordeste y fui a unas islas que quedaban al nornoroeste. De
esta isla de Santa Ana a las Siete Islas hay cuatro leguas y está, con
respecto a ellas, este-oeste y dista dos leguas de la costa (4li); a estas
dos islas les puse el nombre de San Andrés por ser hoy su día v están
a dos leguas de la isla de Santa Ana y a media legua de tierra (4?);
hallé en ellas buen reparo, donde estuve toda la noche.
—Domingo 1° de diciembre; me hice a la vela por la mañana
con viento nordeste; mandé gobernar al ocsstidoeste: hacía mucha nie-
bla y no veíamos nada; seguí dicho rumbo COTÍ 5 brazas de agua hasta
mediodía en que, de repente, fui a dar en dos brazas y, más adelante,
en seco; mandé saltar a la guntc al agua y salimos de la varadura; ITKJ
volví por donde había venido. Cuando se levantó la niebla me hallé
a una legua de una tierra muv baja, llena de árboles y muchos bajos
y vi una boca grande que quedaba al noroeste; me dirigí a ella, con
dos brazas de agua y, a veces, tocando fondo hasta que di en un canal
de siete brazas que iba a la susodicha boca por la que entré: y hallé
un río de media legua de ancho (4's) con una y otra orilla cubiertas
de árboles. El agua corría-muy rápida: .había 10 a 12 brazas de agua
v e'i fondo era de lama blanda. El río hace su entrada este-oeste; en
la misma boca, orilla sur, hav un estero pequeño de 6 brazas de ancho
(4;|); cuando iba- por el río arriba, en la margen sur, hallé otro brazo
de medía legua de ancho que iba al sudoeste y más arriba, otro que
venía del noroeste: éste traía mucha agua y tenía casi una legua de
ancho; entonces vi que todo eran brazos e islas y que andábamos entre
ellas. Todas las islas están llenas de árboles y algunas son anegadizas.
—Lunes 2 de diciembre; en cuanto amaneció mandé remar río
arriba; eran tantas las bocas de los ríos que no sabía por donde iba;
sólo sabía que iba aguas arriba; al anochecer me hallaba junto a dos
islas pequeñas donde surgí. Toda la noche sopló mucho viento nor-
oeste.
—Martes 3 de diciembre; era tan fuerte la corriente que no podía
avanzar con los remos. Por la tarde ventó fuerte del sudoeste y fuimos
por el río arriba: hallaba un brazo que iba al norte, otro que iba al
oeste y no sabía por donde [Link]í comencé a hallar en las islas
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 129

heléchos y árboles muy hermosos, muchas yerbas y flores como las de


Portugal y otras diferentes; muchas aves —garzas y avutardas (n(l)—
y eran tan numerosas que a palos las matábamos. Aquí ya las islas
no son anegadizas y son muy hermosas.
—Miércoles 4 de diciembre; mientras iba a vela, río arriba, por
un brazo que corría al noroeste, di en otro que corría al nordeste,
muy ancho y en la boca tenía dos islas pequeñas (51), llenas de árboles.
Aquí hallé muchos cuervos marinos ("2) v maté algunos a ballesta; fui
por el brazo media legua adelante, hasta anochecer; fondeé cerca de
unos árboles, donde pasé la noche.
—Jueves 5 de diciembre; al ir por dicho brazo arriba, hallé muchas
señales de gente. Hacían muchos humos por las islas; la tierra firme.
situada al sudeste era la más hermosa que viera: toda llena de llores
y pasto del alto de un hombre.
—Viernes 6 de diciembre; fui a dar a un canalizo estrecho situado
al noroeste del río, donde pasé la noche; durante la noche nos dio una
turbonada del sudoeste con fuerte viento; v creció mucho el río con
este viento que retenía el agua (c;!).
—Sábado 7 de diciembre; ventó del sudoeste con mucha fuerza;
fuimos con poca vela por dicho brazo arriba, porque al nordeste, lejos,
río arriba, nos hacían humos; después de andar tres leguas nos ano-
checió donde los hacían; bajé a tierra y no hallé rastro de gente pero
sí d& muchas alimañas. Por la noche nos puso en alarma una onza o
jaguar; temiendo que fuera gente bajé a tierra con todos los hombres
armados.
—Domingo 8 de diciembre; retorné por donde vine (34), para ir
por los otros brazos arriba con el fin de ver si hallaba gente; fui
por el río abajo a dormir a las dos islas de los cuervos.
—Lunes 9 de diciembre; fui por el brazo arriba que iba al nor-
oeste; era muy grande: tenía una legua v media de ancho y traía mu-
cha agua y gran corriente; este día no avancé más que dos leguas y
surgí entre dos bocas: una que iba al oessudoeste y otra al noroeste (53).
—Martes 10 de diciembre; fui por el brazo arriba que iba al nor-
oeste y, habiéndolo remontado 4 leguas, fui a dar a un río de tres
leguas de ancho que iba al oeste; dormí debajo de unos heléchos de
la orilla sur. Por la noche matamos cuatro venados, los mayores que
he visto (m).
—Miércoles 11 de diciembre; fui por el río arriba con buen viento:
130 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

vi un brazo pequeño que iba al noroeste y me metí por él; en este


río hay unas alimañas como zorros, que siempre andan en el agua
y matamos muchos; tienen sabor a cabritos (•"). Al ir por el río arriba
vi que se hacía muy estrecho y volví al brazo grande; yendo en me-
dio de éste descubrí o tro brazo que iba al oessudoeste; fui por él una
legua y di en otro río muy grande que iba al noroeste. La orilla sud-
oeste era alta y parecía tierra firme; en la misma orilla sudoeste hallé
un estero que en la boca tenía dos brazas de ancho y una de fondo;
según la información de los indios estábamos en la tierra de los Ca-
randines (r>8). Mandé hacer muchos humos para ver si acudía gente
v desde el desierto, muy lejos, me respondieron con humos.
—Jueves 12 de diciembre; en la boca de este estero de los Ca-
randines puse dos padrones con las armas del Rey, nuestro señor y
tomé posesión de la tierra para regresar desde aquí porque veía que
no podía tomar contacto con la gente del país y hacía mucho que ha-
bía partido desde donde Martín Alfonso estaba —y quedé en ir y
volver en 20 días— y de este estero al río de los Beguaes —de donde
•partí— estimaba que había 105 leguas. Aquí tomé la altura del sol
en 33 grados y tres cuartos (5)l).
Esta' tierra de los Carandines altea a lo largo del río y en el
interior es llana, cubierta de pasto, tan alto que cubre a un hombre;
hay mucha caza de venados, avestruces, perdices y codornices; es la
más hermosa y apacible tierra que puede haber. Traía conmigo ale-
manes e italianos, hombres que habían ido a la India y franceses y
todos estaban admirados de la hermosura de esta tierra; nuestro pas-
mo era tal que no nos acordábamos de regresar. Aquí en este estero
tomamos mucho pescado de muchas clases; se pesca tanto en este río
y es tan bueno que con solo pescado, nada más, se puede uno man-
tener; aunque un hombre coma 10 libras de pescado al acabar de
comerlas es como si no hubiera comido nada y volvería a comer otro
tanto. El aire de este río es tan bueno que ni la carne ni el pescado
se pudre; en pleno verano matábamos venados v conservábamos la
carne 10 y 12 días, sin sal y no hedía. El agua del río es muy sa-
brosa: por la mañana está caliente, al mediodía es muy fría y cuanta
más se bebe tanto mejor uno se halla. No hay palabras para pon-
derar las bondades de este río y de esta tierra.
—Viernes 13 de diciembre; partí de este estero de los carandines
para regresar por donde vine. Con el viento'noroeste a popa hacía mi
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 131

camino (G0) e iba tan rápido que andaba 3 a 4 leguas por hora. Es-
tando junto a las islas de los Cuervos, oímos entre unos árboles gran-
des gritos; fuimos a averiguar donde gritaban y salió, a orillas del río,
un hombre cubierto de pieles, con arco y flechas en la mano; nos
habló dos o tres palabras guaraníes y las entendieron los lenguas o
intérpretes que yo llevaba; le hablaron en la misma lengua y no en-
tendió; nos dijo que era beguá-chaná (C1) y que se llamaba Yñandú.
Atracamos el bergantín a tierra y enseguida vinieron otros tres hombres
y una mujer, todos cubiertos de pieles; la mujer era muy hermosa;
sus cabellos eran largos y castaños y tenía unas marcas o tatuajes de-
bajo de los ojos; ellos llevaban en la cabeza unos bonetes hechos con
la piel de la cabeza de los jaguares, con dientes y todo. Por señas
les entendimos que en otra tribu había un hombre que sabía hablar
muchas lenguas; que lo querían ir a buscar, río arriba, donde estaba
y que tardarían seis días en ir y volver. Entonces les di muchos vi-
drioí., cuentas y cascabeles con los que quedaron muy contentos; a
cada uno de ellos les di un bonete colorado y a la mujer, una ca-
misa; y en cuanto les di esto fueron a unos juncales y sacaron dos
almadías o canoas pequeñas y me trajeron al bergantín pescado, ta-
sajos de venado y una pata de oveja (tí2); pero no se atrevían.a en-
trar en el bergantín ni se sentían seguros entre nosotros. Se fueron
diciendo que volverían dentro de cinco días y que los esperásemos
en las dichas islas de los Cuervos. Aquí estuve seis días esperando,
en los cuales tomé mucho pescado y cacé muchos venados, del ta-
maño de bueyes (C3) de los que hicimos tasajo para llevar a las naves.
Al cabo de los seis días, como vi que. no venían los indios, partí.
—Miércoles 18 de diciembre; partí con viento noroeste que so-
plaba muy fuerte y fui a comer a la boca del río por donde entré (G4);
alli disparé mucha artillería para ver si acudía gente. Así estuve hasta
dos horas después de mediodía en que partí con el mismo viento nor-
oeste y pasé por las islas de San Andrés y por la isla de Santa Ana
(6ri) y llegué al ponerse el sol a las Siete Islas (6G), al puerto donde
estuve cuando por allí pasé y donde dejé enterrados barriles y otras
cosas que no nos eran necesarias. Calculé que este día hice 35 leguas.
La noche la pasé fondeado, fuera de las islas, en fondo de 8 brazas
de arena limpia: ventó mucho viento norte.
—Jueves 19 de diciembre; por la mañana me hice a la vela y al
divisar el cabo San Martín (ÜT) donde la costa se vuelve al estesudeste
132 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

me dio mucho viento lesnordeste (GS); a fuerza de remos llegué a tie-


rra y me metí en una ensenada que me abrigaba del viento, situada
al este del cabo de San Martín.
—Viernes 20 de diciembre; el viento sopló del norte y con él hice
mi camino a lo largo de la costa que corre al estesudeste. Navegué
todo el día con muy buen viento. Después del cabo San Martín la
costa hace tres puntas (09), distantes una legua una de otra, todas
arboladas y lanzan al mar restingas de piedra; entre ellas hay arrecifes
muy peligrosos. Ya cerrada la noche calmó el viento cuando estaba en
la boca de un río cuya entrada tenía muy poca profundidad. Aquí es-
tuve fondeado hasta medianoche en que soporté una turbonada del
sursudoeste; con el viento creció el agua y me metí en la boca del
río v a medida que iba creciendo me metía más adentro.
—Sábado 21 de diciembre; al salir el sol calmó el viento y salí
del río al que puse el nombre de San Juan (T0). Saltó el viento al oesnor-
oeste y me hice a la vela; a dos leguas de dicho río de San Juan hallé
la gente con cuyas tiendas me topé a la ida; salieron seis almadías,
todos sin armas y con mucho placer venían a abrazarnos; hacía mu-
cho viento y mucha mar; y ellos me hacían señas para que entrase en
un río que estaba junto a sus tiendas. Mandé un marinero a nado a
ver si tenía buena entrada y vino diciendo que era muy estrecho y
que dentro había poca seguridad pues la gente era mucha; que le
parecía que eran unos 600 hombres; que lo que parecían tiendas o
carpas eran 4 esteras que formaban una casa cuadrada, descubiertas
por arriba; ropa no les vio; tenían redes iguales a las nuestras. En
vista de esto me despedí de ellos; les di mucha mercadería (7I) v ellos
nos dieron mucho pescado; venían detrás de nosotros, unos a nado v
otros en almadías; nadan más que delfines, pues avanzaban tanto
como nosotros que íbamos con. viento muy fresco a popa.
Estos hombres son todos grandes y robustos y parece que tienen
mucha fuerza. Las mujeres son todas muy bien parecidas. Se cortan
también los dedos como los del cabo de Santa María pero no son tan
tristes (7~). En cuanto me alejé "de ellos mandé llenar las vasijas de
agua dulce por que nos aproximábamos a la ensenada donde se junta
el agua dulce con la salada. Yendo así divisamos el monte de San
Pedro (7:i) y me sorprendió la noche a una legua de él. Calmó el viento
y aquí no había donde surgir pues el fondo es todo piedra (74). íbamos
remando a lo largo de la costa cuando nos dio una turbonada del sur
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 133

con mucho viento y relámpagos; estuvimos a punió de dar sobre la


costa y perdernos; mandé lanzar el rezón, cuando estábamos junto
a las rocas, en fondo de cuatro brazas de piedra (7:'). En pleno tempo-
ral, dos marineros se lanzaron a nado y fueron a tierra a ver si había
algún lugar bueno para varar el bergantín. Desde tierra gritaron que
habían hallado un estero donde el bergantín podía entrar (7G). Mandé
levar el ancla, cuya amarra estaba casi rota por las piedras, y nos pu-
simos a los remos haciendo cada uno mucha fuerza para salvarse. Ha-
bíamos remado una distancia igual a un tiro de ballesta cuando vi la
boca del estero y me metí en el; la entrada tenía muchas piedras y
casi zozobré. No bien estuve dentro, aumentó tanto la fuerza del vien-
to que si hubiera estado fuera habríamos perecido.
—Domingo 22 de diciembre; roló el viento al sudeste y luego so-
brevino calma; bajó el agua y quedamos en seco en el estero: su
fondo era de piedras muy agudas. En esta costa con los vientos desde
el sudeste hasta el nordeste (7T) crece mucho el agua; aun cuando la
marea baja pueden más los vientos; y cuando soplan desde el lessud-
este hasta el nornoroeste, baja inmediatamente el agua y aunque la
marea suba las aguas obedecen a los vientos; así que en esta costa no
hay mareas más que cuando no hay viento (TS). Desde el cabo de
Santa María hasta el monte de San Pedro corre la costa este-oeste:
habrá de camino 24 leguas (7)l); desde el monte de San Pedro hasta
el cabo de San Martín'corre la costa al oeste cuarta al noroeste: hay
de camino 25 leguas (Sl>); desde el cabo de San Martín hasta las islas
de San Andrés corre la costa al noroeste cuarta al norte: hay de ca-
mino 7 leguas (Sl). Más adelante todo son islas, innumerables; a tal
punto que no se puede indicar el número de ellas ni la foima en que
están situadas.
—Lunes 23 de diciembre; salí fuera del estero; como ventaba
mucho viento sudeste me metí en un puerto situado al oeste del
monte de San Pedro; este monte tiene un puerto al este y otro, al
oeste (S2)i aquí desembarqué y me adentré en tierra; maté muchos
avestruces y venados y subí con toda la gente a la cumbre del monte
de San Pedro, desde donde veíamos campos hasta donde alcanzaba
la vista, tan llanos como la palma de la mano; y muchos ríos, arbo-
lados a lo largo de ellos. No se puede describir la hermosura de esta
tierra; son tantos los venados, gacelas, avestruces y otras alimañas del
tamaño de potros recién nacidos y de su aspecto que el campo está
134 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

todo cubierto de esta caza; nunca vi en Portugal tantas oveias ni ca-


bras como venados en esta tierra. Por la tarde retorné al bergan-
tín (Síi).
—Martes 24 de diciembre, día de navidad (S4); partí de este puerto
con viento norte muy fuerte; al querer doblar una punta (sn) di en
un bajo de piedra que nos despidió el timón • a una lanza de altura;
quiso Dios que no nos hiciéramos daño. Iba así a lo largo de la costa,
en el medio de una ensenada (8G) cuando sopló tan fuerte del lado
de tierra que no podíamos con la vela y me esforzaba por no desgari-
tarme. Entró tanta agua que anegó el bergantín. Mandé lanzar el an-
cla y en cuanto puse proa al mar nos dio oportunidad para achicar el
agua pues todo estaba inundado hasta cubierta. Extraída el agua vol-
ví a hacerme a la vela y me aproximé bien a tierra; frente a la isla
de la restinga (S7), cuando íbamos a lo largo de tierra, el bergantín
chocó con un pez; al mover la cola quebró la mitad de la postiza;
fue tan grande el choque que pareció que habíamos tocado fondo y
todos quedamos como atontados: no le vimos más que la cola; por
la sombra que después hizo en el agua parecía un pez muy grande (8lS).
Dos horas antes de ponerse el sol, a una legua de la isla de las pie-
dras (80), calmó el viento; puse los remos y fui a fondear entre ella
y tierra firme, con intención de pasar allí la noche. Hacía una hora
que se había puesto el sol cuando me dio una turbonada del nornord-
este, que soplaba del lado de tierra con tanta fuerza que yo no había
visto, nunca cosa igual; no había quien se animase a hablar ni a abrir
la boca. En un momento nos lanzó sobre la isla de las piedras v el
bergantín se fue a pique entre dos piedras,- entre las- eme había ido
a dar. Llegamos todos-a la isla: las piedras--eran tan agudas que los
pies quedaron llenos' de cuchilladas (90). De esta isla a tierra había
una legua. Nos juntamos todos en una piedra, porque el viento saltó
hacia el lado del mar, crecía mucho el agua y la isla estaba casi toda
cubierta, excepto el peñasco en que todos estábamos, confesándonos
unos a los otros por parecemos que era este el último trabajo. Así
pasamos toda la noche en que todos se encomendaron a Dios: era
tanto el frío que la mayoría de los hombres estaban tullidos y medio
muertos. Así pasamos esta noche con tan tremenda tempestad que
no creo que nadie hava pasado una igual.
—Miércoles 25 de diciembre; por la mañana, saltó el viento al
nordeste y bajó mucho el agua; quedó al descubierto el bergantín que
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 135

por arriba estaba sano, pero por debajo nos parecía que estaba todo
roto. Algunos hombres que tenían fuerzas y tino hacían jangadas con
remos y paveses para lanzarse a nado a tierra firme. Yo fui con tres
hombres al bergantín y comenzamos a achicar el agua que tenía den-
tro para sacarle el mástil y en él irnos a tierra. Estando así me pareció
que si se sacaba la artillería y los efectos, saldría a flote; llamé a al-
gunos hombres: los que no sabían nadar, pues los que sabían andaban
en salvarse con remos y palos. En cuanto sacamos la artillería y el
equipo fuera, quiso nuestra señora que saliese a flote el bergantín;
dimos grandes gritos a la gente para que acudiese y que no se lan-
zasen a nado, porque el bergantín estaba sano y estábamos todos a
salvo. El bergantín no tenía más que un agujero en el tablón del fondo
que está en contacto con la quilla y que, enseguida, tapamos y volvi-
mos a meter los efectos y a recoger a la gente en él para irnos al río
de los Beguaes que estaba a dos leguas de allí (yi). Muchos hombres
estaban casi muertos y no tenían fuerzas para andar; mandé llevarlos
a cuestas al bergantín. Saltó el viento del lado del mar y me hice
a la vela y casi de noche entré en el río de los Beguaes. No teníamos
que comer y. hacía dos días que la gente no comía. Muchos hombres
quedaron tan desfigurados del miedo que no se les podía reconocer.
Toda la noche llovió y ventó con tantos relámpagos y truenos, que
parecía que se hundía el mundo.

—Jueves 26 de diciembre; por la mañana abonanzó el tiempo, pe-


ro soplaba en sentido contrario a nuestro viaje; mandé un hombre
por tierra a la isla de las Palmas (!>-); donde Martín Alfonso estaba, a
decirle que si el tiempo seguía malo nos mandase alimentos pues te-
níamos gran necesidad de ellos. Este día no comimos más que yerbas
cocidas. Mientras andaba por tierra en busca de leña para calentar-
nos fuimos a dar a un campo con muchos palos clavados y redes,
que hacía un cerco, el que me pareció a primera vista una trampa
para cazar venados y después vi muchas cavidades oscuras que esta-
ban dentro del cerco de las redes; vi entonces que eran sepulturas;
todo cuanto el muerto tenía lo ponían sobre su tumba: las pieles con
que andaban cubiertos, las mazas de palo (macanas) y azagayas de
palo tostado, las redes de pescar y de cazar venados, todo estaba en
torno de su sepultura. Hubiera querido mandar abrir las tumbas pero
tuve miedo de que acudiese gente de la tierra y lo tuviesen a mal.
Habría aquí unas treinta tumbas. Por no poder hallar otra leña mandé
136 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

sacar todos los palos de las sepulturas y los mandé traer para hacer
fuego y comer dos venados que matamos, con lo que la gente quedó
muy consolada. La gente de esta tierra son hombres muy robustos
y grandes; de rostro son muy feos; traen el cabello largo; algunos se
horadan las narices y en los agujeros traen metidos unos pedazos de
cobre muy brillante; todos andan cubiertos de pieles; duermen en el
campo donde les anochece; no llevan consigo otra cosa que pieles y
redes para cazar; usan como arma una pelota de piedra del tamaño
de la bala de un falcón (í);i) y de ella sale un cordel de una braza y
media de largo (°4) y en el extremo lleva una borla grande de plumas
de avestruz; y tiran con ella como con honda ("•"'); traen unas aza-
gayas hechas de palo y unas porras de palo de un codo de lar-
go (!Hi). No comen más que carne v pescado; son muy' tristes y la
mayor parte del tiempo lloran. Cuando muere alguno de ellos se-
gún el parentesco, así se cortan los dedos: por cada pariente una ar-
ticulación; vi que muchos viejos no tenían más que el dedo pulgar.
Su habla es gutural como la de los moros. Cuando nos venían a ver
no traían ninguna mujer consigo; no vi más que una vieja que en
cuanto se acercó a nosotros se echó el suelo de bruces y no levantó
el rastro; con ninguna cosa nuestra se alegraban, ni mostraban con-
tento con nada. Si traían pescado o carne nos lo daban gratis y si
les daban alguna mercadería no se alegraban; les mostramos cuanto
traíamos; no se espantaban ni tenían miedo de la artillería, pero sus-
piraban siempre y no daban más que muestras de tristeza: me parece
que no se divertían más que con eso (9T).
—Viernes 27 de diciembre; partí del río de los Beguaes v al po-
nerse el sol llegué a la isla de las Palmas, donde Martín Alfonso es-
taba. Esta isla de las Palmas es muy pequeña; de ella a tierra hay
un cuarto de legua; tiene la entrada al oessudoeste; el fondo es lim-
pio de 4,5 y 6 brazas. Hacia el mar, una legua al sur tiene unos bajos
de piedra muy peligrosos (1IS). Aquí estuvimos en esta isla cuatro días
aprestándonos para irnos al río de San Vicente.
—Martes 1° de enero (de 1532) partimos de esta isla con viento
lesnordeste; tomamos el camino del sudoeste. Por la noche el viento,
se hizo norte y navegamos al este toda la noche con buen viento.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY

NOTAS

0) Pero Lopes y sus compañeros ele expedición se hallaban, como observa


acertadamente el comentarista Eugenio de Castro, frente a la costa del actual es-
tado brasileño de Rio Grande del Sur.
(-) Seguían navegando frente a las costas bajas de Río Grande del Sur a la
bolina, o sea, emendo seis cuartas sobre la amura de estribor.
Recomendamos la lectura del canítulo Bureos y Navegación a Vela con el que
el historiador y marino norteamericano Samuel Eliot Morison, comienza su her-
moso libro El Almirante del Mar Océano, como el procedimiento más sencillo y
agradable de ponerse rápidamente al tanto de los rudimentos de la nomenclatura
y técnica de la navegación a vela.
Agregamos, además, un glosario de términos náuticos antiguos donde el lec-
tor hallará la explicación de todas las voces que figuran en el Diario para lo cual
nos liemos valido del Diccionario Marítimo español (Madrid, 1831), redactado por
D. Martín Fernández de Navarrete v el Diccionario ilustrado de marinharia por
Antonio Marques Esparteiro (Lisboa, 1943).
(3) Las pescadas de Pero Lopes de Sousa, según Paul Groussac (Anales de
la Biblioteca, Buenos Aires, 1905, pág. 313), verosímilmente, eran pescadillas (Cy-
noscion striatus, Cuv). Según el Diccionario de la Academia, pescada es la merluza.
Ángel Uosenblat, en las notas que escribió sobre los viajes de Pedro Sarmiento
de Gamboa, identifica las pescadas de éste con la merluza, pero hay que tener
en cuenta que Sarmiento previene que eran como las de España. En el caso de
Pero Lopes todo obliga a aceptar el criterio de Groussac, pues la merluza (Mer-
íuccius hubbsi, Marini) hay que pescarla en fondo de veinte brazas de profun-
didad y mavores (Andrés Bouyat, Contributíon a I'étude de la peche maritime en
Uruguay, en Revista del Instituto de Agronomía, Montevideo, julio de 1911,
pág. 38) y dudamos pudiese efectuar esa clase de pesca mientras navegaba.
(4) La identificación de las tres islas de piedra donde estuvo fondeada la
armada de Martín Alfonso de Sonsa, desde el jueves 12 al sábado 14 de octubre
de 15-31, no ofrece mayores dificultades.
Según Pero Lopes indica en la anotación del sábado 14 las islas se hallaban
a los 34° % de latitud sur. En la actualidad este dato bastaría para la identi-
ficación, pero cuidémonos mucho de asignar a las latitudes del siglo XVI el mis-
mo grado de confianza que hoy concedemos a estos valores. Basta observar la
carta para comprobar que a esa altura de las costas atlánticas no existe isla al-
guna. El hecho revela que la latitud de Pero Lopes acusa una imprecisión que
nos impide confiar en sus determinaciones para, a base exclusiva de ellas, iden-
tificar cualquier lugar.
Por otra parte, a lo largo de la costa oceánica, recorrida en esos días por
la armada lusitana, existen varios grupos de islas, todas rocosas, con lobos ma-
rinos y casi todas dentro del limite de error probable que caracterizan las de-
terminaciones de latitud en aquel tiempo; esos grupos son: las dos islas de Cas-
tillo Chico, hov más conocidas con el nombre de Coronilla, situadas a los 33°56';
338 KEVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

las dos islas de Castillo Grande, a los 34°22'; las tres islas de Torres, a los 34°24';
v las islas de Paloma y Tunu (hoy unidas a tierra firme) en 34°40\ Esta enume-
ración permite comprobar que el único grupo de tres islas es el de Torres y a
ellas deben incuestionablemente corresponder las que Pero Lopes denominó de las
Onzas por haber hallado en la tierra firme inmediata dos onzas o jaguares. De
esta misma opinión es el Comandante Eugenio de Castro aunque desconcierta
un poco su afirmación de que las actuales islas de Torres son cinco (vol. I, pp. 66,
23Ü y 231 de la 6^ edición) pues "están formadas por las Torres propiamente
dichas a las cuales pertenecen también las dos Castillos Grandes". Ignoramos si
tal afirmación se funda en los datos de las cartas hidrográficas brasileñas por
no haber podido consultarlas, o en la opinión personal del comentarista pero, cual-
quiera sea el origen de sus dichos, hay que reconocer que carece totalmente de
razón pues los antiguos derroteros y cartas náuticas españolas como las actuales
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 139

argentinas y uruguayas distinguen y separan netamente un gruño de otro (la dis-


tancia entre las islas de Castillo Grande y las de Torres es de 2.5 millas).
El error del Comandante se originó en su pretensión de querer localizar las
islas de Rodrigo Alvarez (así denominadas en honor del piloto español de la
expedición de Sebastián Caboto que las descubrió) y no encontró mejor solución
para aclarar un texto difuso (el del Islario de Alonso de Santa Cruz que dice así:
"antes de entrar en el río de la Plata ay quatro o cinco ysletas las quales van pues-
tas, levante a poniente unas en pos de otras apartadas por una y medía legua que
se llaman yslas de Rodrigo Alvarez por lasaver descubierto un piloto que con
nosotros llevavamos dicho asi"; página 549 de la edición de Madrid, 1920) que
la de adaptar la realidad geográfica al texto, con lo cual dio por existente un
solo archipiélago donde todos reconocen que hay dos; dejó así sin probar que las
islas de las Onzas son las de Torres pues el único argumento de que echó mano
(que las islas son tres) quedó invalidado al pretender demostrar, posteriormente,
que son cinco.
Existen otros elementos de juicio para probar que las islas de las Onzas co-
rresponden a las actuales Torres, pero el Comandante .Castro no recurrió a ellos
quizá por suponer —dada su profesión— que eran innecesarios. En cambio el
autor de estas notas, por no ser marino, estima que tal vez haga falta señalar-
los al lector.
El primero de esos elementos es la orientación de la costa sobre la que es-
tán situadas las islas; antes de llegar a ellas dice el Diario que corría Nordeste-
Sudoeste una cuarta al Norte-Sur (miércoles 11): tal es precisamente el rumbo
entre el arroyo del Chuy y las islas de Torres; a partir de las islas la costa se
extendía —según el diarista— al oessudoeste: tal es exactamente la dirección en-
tre el cabo de Santa María y Punta del Este.
El otro elemento identificatorio lo proporcionan las características del fon-
deadero de las islas de las Onzas. Los fondeaderos de Castillo Chico y Grande
son de arena (salvo algún rodal de piedra) y, por tanto, de buen fondo para an-
clar. En cambio, las islas de Torres no sólo son de piedra sino que —según ates-
tigua el viejo Manual de Navegación de Lobo y Uiudavels— estás rodeadas de
rocalla y rodales de piedra (como el bajo de Oyarvide); debido "a esta circuns-
tancia fueron conocidas con el nombre de Ratones (así figuran en la carta de los
demarcadores del tratado de J750 y en los mapas de Juan de la Cruz Cano y
Olmedilla de 1775. En el mismo Manual de Lobo y Riudavets (p. 61) se aplica
el nombre de Ratones a las dos islas del grupo situadas más cerca de tierra y
en el Diccionario Geográfico del Uruguay de Orestes Araújo (art. Rocha) se da
el mismo nombre a la más oriental de ellas.
En el Vocabulario Náutico del doctor Diego García de Palacio (Instrucción
náutica para navegar, Méjico, 1587, fol. 152 v.) se define así a ratones: "se lla-
man en la mar, piedras con puntas y cortadoras que rocan y ratonan los cables,
y amarras con que el navio está surto". El término náutico ratones tuvo uso
general.
Alvar Núñez Cabeza de Vaca explica en sus Comentarios, al tratar de las
islas del Cabo Verde: "en esta isla hay muy mal puerto porque a do surgen y
echan las anclas hay abajo muchas peñas, las cuales roen los cabos que llevan
340 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

atadas las anclas y cuando las van a sacar quédanse alií la.s anclas; y por esto
dicen los marineros que aquel puerto tiene muchos ratones., porque les roen los
cabos que llevan las anclas y por esto es muy peligroso puerto para los navios
que allí están si los toma alguna tormenta" (ob. cit, ed. Madrid, 1922, p. 155).
Precisamente esto último le ocurrió a la nao caoitana de Martin Alfonso de Son-
sa el 13 de octubre de 1531, estando fondeada entre las islas de las Onzas; un
fuerte viento del_ sudoeste (pampero) le hizo perder el cable y le rompió una
amarra. Las islas de las Onzas eran, pues, islas de ratones, como lo son las de
Torres que incluso llevaron ese nombre, según se ha visto, aplicado universal-
mente a todos los puertos de fondo pétreo desde la más alta antigüedad, como
lo confirma el nombre de M'JO^ Opu-O", puerto de ratones, en griego, con que
en el periplo del mar Eritreo, compuesto por Arriano, se designa el actual puerto
egipcio de Kosseir, sobre el Mar Rojo.
La actual isla de la Libertad, en la bahía de Montevideo, también se llamó
de Ratones, por idéntica razón. Con el nombre de Ratones figura en los planos
de Malaspina, 1789 (Travieso, Montevideo en la época Colonial, Montevideo,
1937, N9 44), de Carlos Cabrcr, 1781 (Travieso, ob. cit., N9 33), de Benito Mussa
y Andrés Baleatto, h. 1824 (Travieso, id., N? 76) v en el Manual de Navegación
de Lobo y Riudavets (1868, pág. 99). El nombre de isla de Ratas, con que tam-
bién se la conoció, es una deformación que introdujeron en la toponimia los in-
genieros militares españoles, desconocedores del sentido náutico del nombre Ra-
tones; el primero que la llamó is'a de Ratas fue D. José del Pozo en 1781 (Tra-
vieso, ob. cit. N^ 31), luego se sirvió del mismo nombre D. José María Cabrer
(Travieso, ob. cit., N9 39) y el mismo José del Pozo en 1812 (Travieso, ob. cit.,
Nos. 70 y 72).
Después de las precedentes explicaciones creemos que el lector no tendrá
ninguna duda de que las islas de las Onzas son las de Torres.
En 1534, el cartógrafo portugués Gaspar Viegas incluyó las islas en su carta
de navegar (conservada en la Biblioteca Nacional de París); también aparecen re-
presentadas en el atlas de Vaz Dourado (1580), conservado en la Biblioteca de
Munich, en el mapa de Amoldo Florentino Van Langren (1596), bajo el adul-
terado nombre de I. do Sancas; y, por último, figuran en los mapas de Jodocus
Hondius (1606) y Mercator (1612). No obstante su inclusión en las cartas men-
cionadas las islas de las Onzas no gozaron de gran notoriedad y el hecho úni-
camente revela que los cartógrafos, a falta de mejores datos, se limitaron a re-
producir la vieja leyenda de la carta de Viegas. •
Fueron las islas de Castillo (principalmente las de Castillo Grande) las que
desempeñaron importante papel en la navegación al río de la Plata pues por su
fácil identificación y su buen fondeadero constituyeron la recalada obligada de
todas las naves a vela durante cuatro siglos.
Las islas de las Onzas desaparecieron de las cartas portuguesas en el siglo
XVII (nunca figuraron en las españolas) y sólo volvieron a aparecer cuando las
partidas demarcadoras de límites iniciaron la exacta representación de las cos-
tas, con todos sus accidentes geográficos. Los demarcadores españoles del tratado
de límites de 1750 les dieron el nombre de Ratones. Fueron ios oficiales de ma-
rina de la segunda partida demarcadora del tratado de 1777, al mando del ca-
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 141

pitan de fragata D. Diego de Aívear y Punce de León, quienes le aplicaron


el nombre de islas de Torres con que aparecen, por primera vez, en la carta
reducida o esférica del Río de la Plata, levantada en 1794 y que se conserva
en el Museo Naval de Madrid. ,
Todo obliga a admitir que el topónimo fue introducido para rendir home-
naje al piloto Francisco de Torres, cuñado de Solís que retornó con las cara-
belas a España, pues, hasta entonces, no se había usado esa denominación.
Corrobora nuestra hipótesis el hecho de que no se trata del único tributo de
reconocimiento rundido por los cartógrafos de la partida de Alvear a los anti-
guos navegantes del Plata; precisamente, a una punta cercana al lugar donde
naufragó el bergantín de Pero Lopes, en la noche del 24 de diciembre de
1531, le impusieron el nombre de punta de Pedro López.
D. Eduardo Madero, al referirse a la expedición de Solís expresa que "el
piloto Francisco de Torres descubrió más adelante las islas inmediatas al cabo
Apolonio (sic; por Polonio) que desde entonces conservan su nombre" (Historia
del puerto de Buenos Aires, Buenos Aires, 1939 p. 39). Groussac, al comentar
este pasaje, afirma que "las islas de Torres se llaman así en razón de su aspecto
y estructura, como las de Castillos, y no porque las bautizase el cuñado de
Solís". Sólo en parte tiene razón Croussac; es efectivamente cierto que las islas
no se llaman de Torres desde la época de Solis, pero es inexacto que deban su
nombre actual al aspecto torreo, que no tienen. Tampoco las de Castillo reci-
bieron su nombre debido a su semejanza con las construcciones terrestres así
llamadas, sino a que parecían, a primera vista, el castillo de un buque a vela
(Cf. Primera carta del P. Cattaneo, en Buenos Aires y Córdoba en 1729, Buenos
Aires, 1941. pp. 107 y 108; Lobo y Riudavets, Manual de Navegación del Río
de la Plata, Madrid, 1868, p. p. 59).
(5) Dado el fondeadero en que se encontraban —islas de Torres— la punta
a que se refiere Pero Lopes es el actual cabo Polonio, entonces innominado. Su
nombre, según explican Lobo y Riudavets, se debe al naufragio, allí ocurrido
del navio mercante as! llamado, el día 31 de enero de 1735 (Manual de Nave-
gación, p. 63).
C>) Los portugueses dieron el nombre de onza (felino de piel manchada
del Viejo Mundo) a todos los grandes felinos que encontraron en el Nuevo y,
por consiguiente, se sirvieron de él tanto para designar al puma como al jaguar.
El hecho de que Pero Lopes califique de muy grandes a los animales que vio
en tierra permite suponer que se trataba de jjaguares. Es curioso que los espa-
ñoles distinguieran al puma del jaguar, a los que denominaban, respectivamente,
león y tigre, en tanto que para los portugueses ambas especies eran onzas.
(7) La latitud asignada en el Diario al cabo de Santa María no permite
identificar a este lugar. La diferencia entre 34°45' que le asigna y la del
cabo que actualmente lleva el mismo nombre (34°40', segi'm el Derrotero Ar-
gentino, ed. 1930, p. 104) alcanza a 5'. En cambio, entre Punta del Este (34°58')
V el cabo Santa María de Pero Lopes la diferencia es de 13'. Para Eugenio
de Castro, esta diferencia mayor justamente lo inclina a aceptar que la latitud
del cabo Santa María de Pero Lopes corresponde a Punta del Este pues debido
ÍI las imperfectas efemérides, tablas o regimientos, a los toscos astrolabios o cua-
142 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

drantes y, por tanto, a las alturas del sol influidas por el error de los instru-
mentos, de las tablas y de la observación personal "jamás, en el curso del
Diario nos da las latitudes del Brasil con diferencia de 4 ó 5 minutos respecto
a la verdadera y sí con errores de una decena de minutos, oscilando entre 10'
y 18' (comentarios al Diario, I, 235). Son exactas las causas, señaladas por Eu-
genio de Castro, de los errores en las observaciones de latitud de' Pero Lopes
que, en general, alcanzan los valores indicados, salvo el caso de Río de Ja-
neiro, cuya diferencia asciende a 20'. Pero no podemos aceptar que para la
identificación de un lugar la regla consista —como quiere Eugenio de Castro—
en elegir aquél cuya latitud actual presente .mavor diferencia con la de Pero
Lopes. Precisamente, en el caso de las islas de las Onzas, ya estudiado, la dife-
rencia entre la latitud que les asigna Pero Lopes y la que tienen las islas Torres
es sólo de 6', en tanto que para las de Castillo Grande es de 8' y para las
de Paloma y Tuna, de 10'. No obstante, el Comandante Castro sitúa las islas
de las Onzas donde están las de Torres, o sea, que se decide por las que pre-
sentan una diferencia mínima. El criterio a seguir no puede, por tanto, estar
fijado a priori por una regla tan simplista como la examinada.
La prueba de que el cabo de Santa María actual no es el de Pero Lopes
nos la suministra la navegación del día 15 de octubre, después de rebasado
cabo Polonio. Según el Diario, mientras navegaban sondando, lejos de la costa
y paralelamente a ella —"ao longo da costa"— observaron que yendo al oessud-
oeste durante dos ampolletas —una hora— hallaban 20 brazas (33 metros) de pro-
fundidad y dirigiéndose al oeste cuarta al sudoeste encontraban fondo a 25
brazas {42 m.), es decir, que había más profundidad al aproximarse a tierra y
menos al dirigirse mar-afuera.
Eugenio de Castro dio la explicación del hecho. Los navios navegaban en
la región marítima comprendida entre cabo Polonio y Punta del Este, a la vista
del actual cabo de Santa María. La carta N? 10 del Servicio Hidrográfico de
la Marina uruguaya nos muestra que, a esa altura se encuentr el llamado "pozo
de fango" (mud well de las cartas británicas), zona más 'profunda cuyo borde
puede considerarse señalado por la isobata de 40 metros. Pues bien, si se navega
a unas veinte millas de la costa, próximo a la parte sur de la preindicada isobata,
,se produce el fenómeno de que navegando hacía tierra aumenta la profundidad,
al penetrar el barco en el pozo de fango, y al dirigirse mar afuera decrece el
sondaje pues se. sale del pozo. Esto ocurre un poco al sur del paralelo del
cabo de Santa María actual, lo que significa que el cabo denominado así por
Pero Lopes no es • el que hoy lleva ese nombre pues llegaron a él después de
rebasada esa fosa y seguir navegando al largo, cuando se ponía el sol del día
15.. de octubre.
La localización del Cabo de Santa María, correspondiente a -las expedicio-
nes de Magallanes, Caboto y Pero Lopes, se-debe a Paul Groussac • (Anales de
la Biblioteca, t. IV, Buenos Aires, 1905, pp. 302 y sig.). Este maestro de in-
• vestigadores probó, en forma concluyente, que el cabo de Santa María de los
descubridores era la .actual punta del Este. Eugenio de Castro confirmó la
identificación en sus comentarios al Diario y-desde entonces es noción aceptada
por todos. No vamos a repetir aquí los argumentos de Croussac pero conside-
V I A J E R O S VISITANTES DEL URUGUAY 14-3

ramos conveniente mostrar al lector cuales son los elementos que nos permiten
identificar el cabo de Santa María de Pero Lopes con Punta del Este.
Según el Diario las características del cabo eran las siguientes:
a) junto al cabo había una isla a la que aplica el nombre de isla de las
Palmas (27 de diciembre de 1531).
. b) entre la isla y el cabo existía buen fondeadero (reconocido por el piloto
Lourenco), con profundidades de 6"^ brazas; desabrigado a los vientos oessudoeste
y sudsudoestc; con entrada al oessudoeste
c) La isla era pequeña, pero con agua y leña; en sus inmediaciones se
podía hacer buena pesquería; al sursudeste, hacia el mar, tenía bajos de piedra
muy peligrosos; de ella a tierra había un cuarto de legua.
d) a partir del cabo, hacia el rio, la costa corría al oeste.
El único lugar de nuestras costas que reúne simultáneamente todas las
características señaladas es Punta del Este. La isla de las Palmas es la que
después se llamó de Maldonado y hoy se denomina de Gorriti; todavía en
1600 disponía de pozos de agua potable, arboleda baja y las palmeras que le
dieron nombre, según puede comprobarse en el relato de Francisco Fernández
(Horacio Arredondo, Maldonado y sus fortificaciones, en Revista de la Sociedad
Amigos de la Arqueología, tomo III, Montevideo, 1929, pp. 299-302). En el
reconocimiento que practicó en 1800 el ingeniero militar D. Agustín Ibáñez y
Bojons, se declara la existencia de "manantiales de agua dulce abundantes" pero
no se mencionan para nada las palmeras (Diario de viaje entre Maldonado y
Montevideo en el año 1800, publicado por Rolando A. Laguarda Trías, en
Boletín Histórico del Estado Mayor General del Ejército, Montevideo, 1938,
N? 33, p. 24). La isla es pequeña pues su máxima extensión es de 1.5 kms. y
dista de tierra 1 milla,"o sea, un cuarto de legua de aquella época (la legua
marina tenia entonces 4 millas).
Los demás detalles del fondeadero (actual puerto de Maldonado) tales co-
mo profundidad, bajos desabrigo a ciertos vientos, etc. los confirma cualquier
manual de Navegación, como el de Lobo y Riudavets.
Ninguna de las características apuntadas conviene, en cambio, al actual
cabo de Santa María y a su inmediato puerto de La Paloma. Es cierto que junto
al cabo hay también islas pero no una, sino dos: Paloma v Tuna. La entrada
al puerto de La Paloma no se encuentra al oessudoeste sino en el sector lesnordeste
lessudesre. Tampoco es posible navegar al oeste a partir del actual cabo de Santa
María pues se iría a dar sobre la costa. Ni en La Paloma ni en Tuna hubo
nunca agua potable y mucho menos, leña. En suma, los detalles que Pero Lopes
adjudica al cabo de Santa- María —y a los que hemos pasado revista— convienen
a Punta del Este y de ninguna manera al cabo que hoy se llama Santa María.
La Memoria de Diego García, compuesta por este experto piloto hacia 1530,
confirma que el cabo Santa María antiguo es la actual Punta del Este; dice
el documento: "andando por nuestra navegación allegamos al cabo de santa-
maría questá en los dichos trevnta e quatro grados e medio e de fuera del
cabo esta una ysla que se llama la ysla délos pargos que es grande pesquería;
en ella estuvimos en esta ysla esperando el bergantín que traíamos que venía
atrás e tras de dentro del cavo hazia el ryo esta una vsla que se llama la.
]44 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

ysla dt; las palmas e defuera dolía esta un arraeife afuera della que la toma
una legua a la mar y esta ysla de las palmas es muy buen puerto". Del trozo
transcripto resalta elaramente que la isla de los pargos es la actual de Lobos,
la isla de las palmas, Gorriti y el cabo de Santa María, Punta del Este. La
identificación de la isla de los Pargos o Corvinas con Lobos se desprende de
una carta del tesorero Hernando de Montalvo escrita en 1572 que dice:, "la
isla de los Lobos que por otro nombre .se dizc de Corvinas" (citada por Groussac
en Anales de la Biblioteca, IV, 312),
(iS) Fondearon, pues, en la bahía de Maldonado.
(!l) Groussac (Anales, IV, 313) identificó la anchoa de Pero Lopes con la
"Pomatomus saltatrix (L) que, de las dos especies de peces que en el río de la
Plata reciben el nombre vulgar de anchoas, es la más común.
La corvina a que alude Pero Lopes debe ser la micropogon opercularis
(Q.G.) que, junto con la pescadilla, constituyen los productos más abundantes
de la pesca.
(">) El 21 de octubre de 1531 fue sábado y no domingo; Pero Lopes vol-
vió a perder la correspondencia de los días de la semana con las fechas todo
el intervalo que duró su estada en el Plata.
('') Esta indicación de que la costa corre al oeste después del cabo de
Santa María corrobora que se trata de Punta del Este.
('-) La localización de la punta innominada donde estuvo a punto ele zo-
zobrar la nave de Pero Lopes al intentar doblarla rumbo al este, plantea arduo
problema de geografía histórica.
Paul Groussae en los comentarios que dedicó al Diario (Anales, IV, 302 y
sig.) no trató este punto. Incurriríamos en indigna suspicacia y grave desconsi-
deración hacia el talentoso historiógrafo —aunque del mismo corte de las que
él acostumbraba a usar— si afirmáramos que Groussac soslayó o eludió el asunto;
digresivo hubiera sido de su parte el ocuparse de ese detalle, cuando se pro-
ponía únicamente localizar el antiguo cabo de Santa María, investigación en
•que logró un gran triunfo, aunque en la actualidad se imponga replantear el
problema para colocar en su verdadero lugar muchas cosas que dejó mal ubicadas.
Por su parte, Eugenio de Castro se hizo un verdadero lío. En los comen-
tarios al pie de la página 264 de la sexta edición del Diario que utilizamos,
se lee que el 22 de octubre la nao Nossa Senhora das Candeas amaneció al
"oeste da punta Brava no seio que ela faz com a punta Imán". Y más abajo,
<;n la misma página, vuelve a insistir en que dobló la punta Brava. Felizmente,
en las notas al texto, colocadas al final del volumen I, Castro identifica la punta
innominada con la actual punta Negra (nota N1? 85). Si se considera que próximo a la
punta Imán no hay ninguna punta Brava, hay que reconocer que Eugenio de
Castro incurrió en sus comentarios en un involuntario trastrueque y donde di-
ce punta Brava hay que leer punta Negra.
Restituido el recto sentido del comentario, queda por averiguar como logró
el Comandante Castro realizar la identificación de la punta innominada ya que
no lo dice y los map^s que publica (volumen II, mapa NT<? 7) son insuficientes
para llevar el convencimiento al ánimo del lector.
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 145

La solución sólo puede surgir del análisis del Diario, a partir del momento
en que la armada abandonó el fondeadero de "la isla del cabo" (Gorriti).
Según refiere Pero Lopes, zarparon déla bahía de Maldonado el 21 (le oc-
tubre por la mañana con viento nordeste y rumbo al oeste, o sea, que navegaban
con viento a un largo por la aleta de estribor, la posición más favorable para
correr, tratándose de un velero del siglo XVI (véase: Samuel Eliot Morison,
El Almirante del Mar Océano, 5).
A tres leguas déla isla Gorriti el viento roló al N\V, eircustancia que aunque
el autor no la comenta (tal vez por ser marino el hecho le pareció demasiado
evidente) le impidió a la armada seguir avanzando rumbo al oeste, pues entre
la dirección del viento y el citado rumbo hay sólo 4 cuartas y lo más que un
barco podía en aquella época acercar su proa al viento eran cinco cuartas (Cf.
Eliot Morison ob. y lug. cit.). Aunque no consta en el Diario posiblemente si-
guieron navegando al W VA S W. Por la tarde soportaron un chubasco sin viento
y esto le.s obligó a fondear; la profundidad era buena —15 brazas— pero el
fondo —lama blanda— distaba mucho de ser aceptable tenedero, como se com-
probó al empezar a soplar en el cuarto de prima (entre las 20 y las 24 horas)
un fuerte viento pampero (sursudoeste) que luego pasó al sur.
Las naos empezaron a garrar, es decir, a ser arrastradas por el viento; el
capitán mayor, Martin Alfonso de Sousa, dio la señal para hacerse a la vela;
en ese momento, la punta innominada se encontraba al E ^ S E de la nao de
Pero Lopes, o sea, a cuatro cuartas de donde soplaba el viento (sur) por lo
cual las naves no podían doblarla para dirigirse al fondeadero conocido de Go-
rriti; como hacia el oeste el río les era prácticamente desconocido, Pero Lopes
no se atrevió a obedecer la orden porque se exponía a ser arrojado sobre la
costa como, efectivamente, le ocurrió a la nao capitana.
Comprendió que no disponía de otro recurso que el de reforzar las anclas
y lanzó la tercera, denominada ancla de forma o de la esperanza; para limitar
los efectos de los embates del mar mandó arrasar los castillos de la nao v cortar
el cabo del batel, amarrado a popa, según era costumbre, con el fin de impedir
que el mar lo estrellara contra el barco.
La tormenta era imponente. El mar rompía en el Combés de la nave: así
estuvieron toda la noche, desde el cuarto de prima hasta el del alba; en este
turno se rompió el ayuste del ancla de la esperanza. La nave empezó nuevamente
a garrar y al amanecer se apercibieron que staban a una legua de tierra, des-
pués de haber garrado tres.
El galeón San Vicente se hallaba más cerca de tierra que la nao de Pero
Lopes y a su popa rompía unbajo. Pero Lopes comprendió que se exponía a
dar en la costa y contra toda razón de marinería adoptó la desesperada reso-
lución de hacerse a la vela rumbo al oeste, pero al advertir que no podía do-
blar o rebasar los bajos situados a popa del galeón S. Vicente, viró al este con
la intención de ir a varar en una playa, sin escollos, que divisaban al N E VA E.
Pero al ejecutar la maniobra (lo que permite afirmar que viraron por avante)
advirtieron que tal vez podían doblar la punta innominada, que ahora se en-
contraba al lessueste (ESE), del barco, intento que tuvo -éxito a nesar de haberse
roto en dos el palo trinquete al largar el velacho.
146 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

Por la tarde fondeaba en la bahía de Maldonado al norte de la isla Gorriti.


La reconstrucción del derrotero muestra que al empezar a soplar el pam-
pero la punta Negra se hallaba al E VA SE del barco. Durante la noche las naos
garraron cerca de tres leguas y al amanecer-la nao Nossa Senhora das Candeas
estaba una legua de tierra, desde donde vieron al galeón S. Vicente que se
encontraba entre la costa y el bajo Solís, que rompía a su popa. Es sabido
que entre el bajo Solís y la costa hay paso franco y limpio con 5 a 6 ints. de
agua como lo señala el Manual de Lobo y Riudavets {p. 90) y lo confirma la
carta N9 10 del Servicio Hidrográfico de la Marina uruguaya. El bajo que ki
nao de Pero Lopes no pudo doblar al navegar al oeste era, pues, el de Solís;
la playa donde pensó ir a varar era la que hoy se llama de Buena Vista y la
punta que al virar les quedaba al ESE era la punta Negra. No estamos, pues,
conformes con el Comandante Castro de que la nao Nossa Senhora das Candeas
fondeó en el seno que forma la punta Negra con Imán. Desde ese punto es
imposible la conjunción de los datos suministrados por el Diario.
En cambio, estamos de acuerdo con el Comandante Castro en lo referente
al lugar donde naufragó la nao capitana (poucas mühas ao leste do río dos
begoais). Si se tiene en cuenta que, según el Diario, desde la nao Nossa Seníiora
das Candeas veían al galeón San Vicente (situado, según dijimos, entre el bajo
de Solís y la costa) y que desde la cofa de este galeón divisaban a la nao ca-
pitana, sin mástiles, tan cerca de tierra que no alcanzaban a distinguir si estaba
en seco o' anclada, hay que concluir que la nao capitana fue a zozobrar en la
playa de arena del actual balneario Buena Vista, dos leguas al este del arroyo
Solís Grande, según dice el mismo Diario. Los náufragos establecieron su cam-
pamento a orillas del • Solís Grande tal vez porque allí disponían de agua pota-
ble y leña en abundancia. AI Solís Grande le denominaron río dos' Begoais o de
los Beguaes, denominación que figura en la carta de Gaspar Viegas (1534). Var-
nhagen interpretó el nombre de Beguaes como el nombre de una tribu india.
Grou.-isac reprodujo sin comentarios el parecer de Varnhagen, que es la expli-
cación más aceptable.
Eugenio de Castro insume varias páginas en probar que la nao capitana
no pudo naufragar en el arroyo del Chuy como desacertadamente sostuvo Var-
nhagen. Aunque el autor de! yerro sea digno de estima por otros conceptos, no
merece la pena detenerse a analizar una hipótesis que revela carencia de espí-
ritu crítico. Aunque desoyéramos la sabia recomendación de Groussac de que
"hay que distinguir cuidadosamente entre el nombre del paraje y su situación
geográfica" y admitiéramos, contra toda razón, que el cabo de Santa María de
Pero Lopes coincidía con el que hoy lleva el mismo nombre, nunca podríamos
ubicar el "río dos Begoais" en el arroyo del Chuy pues éste último se halla
al este délos cabos de Santa María antiguo y actual en tanto que, según el
Diario, el río se encontraba al oeste del cabo de Santa María.
(i:i) El texto dice nordeste cuarta al este. Se trata de un lapsus calami del
autor o copista que el simple sentido común salva, aun cuando haya sido pasado
por alto por cuantos se han ocupado del Diario. Aun admitiendo que la punta
innominada no fuera la punta Negra, no existe ninguna punta al oeste del Punta
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 147

del Este, en que se pueda poner rumbo al nordeste cuarta al este, sin ir irre-
mediablemente a dar en la costa."
(14) La "isla del Cabo" alude a la isla de Gorriti, por hallarse junto al
cabo de Santa María, "el cabo", por antonomasia para los navegantes del rio
de la Plata.
(15) Recuérdese que se trata de la carabela Santa María do Cabo.
(1(i) La nao francesa era Nossa Senhora das Candeíis y las jangadas o
balsas estaban formadas por trozos d e la nave, desmantelada por el temporal,
según indure a pensar el empleo de la voz naáutíca cuartel.
(1T) El desembarco se efectuó, según anota acertadamente Eugenio de
Castro, en la playa de la bahía de Maldonado.
( IS ) Las señales con humo o armiñadas constituían el medio diurno de
comunicación más empleado entonces; eran de uso normal entre los indios de
América y muy empleados por los propios descubridores, como lo prueba el
siguiente pasaje que corresponde a la declaración prestada por Juan de Junco,
tripulante de la expedición de Caboto al rio de la Plata, referente a la bús-
queda de dos bergantines de la armada en las proximidades del cabo Santa
María, o sea, en los mismos parajes a que se refiere este trozo del Diario:
"pasaron a la vista de donde estaba el dicho Montoya con la dicha gente que
era el cabo de Santa María, obra de una legua de donde ellos estaban, y la
gente questaba con Montoya les hizo humos en tierra para que les acogiese"
(José T. Medina, El veneciano Sebastián Caboto al servicio de España, San-
tiago, de Chile, 1908, tomo 2?, p. 151).
Pero Lopes no es el primero de los viajeros que habla de que los humos
ocultaban el sol.
(1!í) Este bergantín, encontrado en la playa procedía, indudablemente, de
la expedición de Caboto; Eugenio de Castro piensa que era uno de los bergan-
tines de Montoya (I, 268). Recuérdese que el contador Antonio de Montoya fue
enviado por Caboto con dos bergantines desde el río San Salvador para hacer
carnaje de lobos marinos en la isla de Lobos. Hostilizado por los indios Caboto
decidió emprender el regreso a España sin esperar la llegada de Montoya; al
verse éste abandonado se dirigió hacia el cabo de Santa María y habiendo en-
contrado en sus proximidades la nao Trinidad, dejada como inservible por Caboto,
la hizo reparar y en ella regresó a España con sus compañeros de odisea (Medina,
E l veneciano Sebastián Caboto, t. I, pp. 210 y sig.). E l bergantín encontrado era
verosímilmente uno de los de Montoya. El nombre de la madera de que estaba
hecho y su buen estado de conservación después de un abandono de más de año
y medio demuestran que fue de los construidos en el río de la Plata con madera
americana, posiblemente cedro colorado (cedrela fissiles o brasiliensis) en guaraní
igaib o igarib (árbol de la canoa) denominado así Dor ser la madera preferida
por esos indios canoeros para construir sus embarcaciones.
(~°) Hemos traducido "húa hora de sol" ñor "una hora antes de ponerse
el sol" que es la interpretación que corresponde dar a las palabras de Pero Lopes
y no como entiende Eugenio de Castro: "la una de la tarde" (urna hora da
tarde tomo I1?, pág. 269, nota al pie de página).
Respalda nuestra interpretación la anotación del 25 de noviembre de 15-31:
148 REVISTA DE I.A SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

Parti bem tarde — duas horas de sol — con tencam de andar a noitc toda" (partí
bien tarde; teníamos dos horas de sol, con intención de andar toda la noche). Si
Pero Lopes hubiera partido a las dos de la tarde las palabras "bien tarde" serían
inadecuadas. Por lo demás, la cuestión queda zanjada por el mismo Pero Lopes
que cuando quiere referirse a las dos de la tarde dice textualmente: dos horas
después de mediodía (véase anotación del miércoles 18 de diciembre cíe 1531).
(-') El registro de los vientos v rumbos de navegación suministrados por
Pero Lopes dista mucho de ser completo, no obstante constituir su Diario el do-
cumento más abundante de la primera mitad del siglo XVI en datos meteoro-
lógicos del Plata. He aquí la prueba de- lo afirmado: 'Si intentamos, reproducir
el derrotero de la carabela Santa María do Cabo en los días 5 y 6 de noviem-
bre de 1531 nos veríamos en • serio compromiso. Después de llegar la carabela
al lugar donde estaba varada la nave capitana, se levantó fuerte viento sudeste.
Pero Lopes temiendo que la sudestada lo arrojase sobre la costa se hizo a la
vela dirigiéndose al sursudoeste, o sea, con el viento a seis cuartas sobre la
amura de babor; el sol se había puesto cuando fueron a dar sobre un banco
donde estuvieron a punto de naufragar. Eugenio de Castro sostiene (vol. I, p.
270 y mapa N9 7 del vol. II) que se trata del Banco Inglés, en virtud de que
el rumbo precitado debió llevar la nao a ese peligroso sitio. Se trata de un
error del distinguido comentarista originado por la interpretación equivocada que
dio a la hora en que fondeó Pero Lopes. Si se tiene encuenta que llegó a
donde estaba la capitana cuando faltaba una hora para ponerse el sol y que
dio en el banco cuando el sol se había puesto, es decir, una hora más tarde
no es posible que haya podido cubrir en ese lapso de tiempo la distancia que
hay desde el arroyo Solís Grande hasta el Banco Inglés pues ello significa re-
correr en una hora 33 millas, ciñendo el viento. Como un barco de aquella época
lo más que podía correr en una hora eran cuatro leguas, o sea, 16 millas (ya
hemos dicho que la legua tenía 4 millas, cosa que ignora en sus cálculos Eugenio
de Castro) resulta absolutamente imnosible que llegaran al Banco Inglés. El banco
donde estuvo a punto de perderse debió ser el bajo de Solís, pues a pesar del
rumbo que puso, el viento y la corriente le hicieron derivar hasta él. Pero
Lopes siguió navegando hasta la media noche pero como no menciona ni rumbos
rii distancias la reconstrucción de su derrota es totalmente hipotética. Al día si-
guiente el viento había virado al sudoeste. Pero Lopes anota que puso proa al
ESE y por la tarde llegó frente a la nao capitana. Es evidente que navegando
solamente al ESE no habría podido llegar al sitio que se proponía. Por con-
siguiente, el Diario es incompleto en este punto.
(—) Eugenio de Castro identifica erróneamente la isla situada' a 4 leguas
al oeste de donde varó la capitana con la isla de Flores (nota N9 94 del vol. I),
si bien vacila en los comentarios y se pregunta: "¿Seria la isla la actual isla de
Flores dado lo mal calculado de la distancia?" (vol. I, p. 275).
La estima de las distancias, en Pero Lopes, acusa constantes discrepancias
pero nunca es disparatada. Por consiguiente, aun admitiendo a su favor, en este
caso, que hubiese apreciado la distancia con el máximo valor de la legua, jamás
podría exceder de 25 kms., en tanto que la distancia real desde el arroyo Solis
Grande hasta la isla de Flores es de unos 50 kms. No puede, pues, tratarse de
VIAJEROS VISITANTES DEL URUGUAY 149

la isla de Flores. A nuestro parecer, la profesión ha contribuido ¡i confundir otra


vez a Eugenio de Castro. En efecto, el marino no puede prescindir del pesado
lastre de sus conocimientos profesionales al interpretar asuntos náuticos. Ahora bien,
las navegaciones del siglo XVI exigen ser analizadas con criterio quinientista.
Un marino de hoy, al hablarse de una isla al oeste del arroyo Solis Grande
entiende que no puede tratarse más que de la isla de Flores, pero el tripulante
de una nave quinientista, comparable por [Link] a un moderno yacht o a
un barco de cabotaje, el islote Las Toscas (usamos la denominación de la carta
uruguaya N9 10; Eugenio de Castro la llama Piedras de Afilar) era una isla —
aunque pequeña— y constituía un fondeadero muy aceptable, según parecer —no
nuestro— sino del propio Pero Lopes, al referirse en forma indubitable al islote
en sus anotaciones del día 23 de noviembre de 1531.
(2:1) El río de Santa María es evidentemente el río de la Plata. Según Fray
Bartolomé de las Casas "no sé por qué ocasión, el cual nombró el dicho Juan
de Solís, el cabo y río de Saneta María" (Historia de las Indias, ed. de Agustín
Millares Cario y Lewis Hancke, México, 1951, t. III, p. 105).
Los historiadores, particularmente los locales, en cambio, confían más en el
cronista Antonio de Herrera segv'in el cual Solís v sus compañeros "entraron luego
en un agua que por ser tan espaciosa y no salada, llamaron Mar Dulce, que oy
llaman de la Plata y entonces dixeron de Solís" (Historia de los hechos de los
castellanos, década II, libro I, cap. VII). Conviene puntualizar que el nombre de
Mar Dulce no excluye el de río de Santa María y posiblemente el primero fue
simple advocación del segundo, a ejemplo de lo ocurrido con el de las Amazonas
que recibió de Vicente Yáñez la denominación de río de Santa María de la Mar
Dulce (Colección de documentos de Torres de Mendoza, t. XXX, p. 536). En
efecto, a un marino experto como Solís no podía ocurrírsele confundir un río con
un Mar, como la inexperiencia náutica de Antonio de Herrera y sus seguidores,
más o menos interesados, se ha empeñado en adjudicar al infortunado piloto ma-
yor de España.
(24) Pero Lopes afirma, a seis de noviembre que estaban en pleno verano
("sendo a forca do verao"). El Comandante Castro, extrañado ante esta asevera-
ción, comenta: "Nao andavan, assim, pilotos e mestres da armada afonsina bem no
conheeimento das "casas do sol" [Link] o astro-rei entrando dá o outono para
a Europa e a primavera para a America do Sul" (comentario al pie de las páginas
275 y 276). En realidad, Pero Lopes no incurrió en ningún dislate pues entonces
tanto en Portugal como en España, se daba a la primavera el nombre de verano
y a esta estación se le denominaba estío (Cf. Corominas, Diccionario crítico-etimo-
lógico déla lengua castellana, II, Madrid, 1954, s.v. estío).
Para ilustración del lector nos remitimos, sin necesidad de recurrir a los
ejemplos de Corominas, al siguiente pasaje de la Memoria de Diego García, es-
crita en la misma época que el Diario de Pero Lopes: "Nos partimos en primero
de septiembre del dicho año porque entonces está el sol en la linia a treze de
septiembre porque va azer verano en la parte que nos y vamos ¡i descubrir" (edi-
ción crítica del P. Guillermo Furlong Cárdiíf, S.J., en Revista de la Sociedad
Amigos de la Arqueología, VII, Montevideo, J933). Fúrlong explica que antes
de la reforma gregoriana el sol se hallaba en la Linea equinoccial' a 13 de se-
i50 REVISTA DE LA SOCIEDAD "AMIGOS DE LA ARQUEOLOGÍA"

tiembre, pero omite aclarar por qué entraba el verano en septiembre. Supone-
mos que el lector se habrá apercibido que no nos mueve ningún espíritu de cen-
sura personal sino el fin exclusivo de mostrar que el Diario de Pero Lopes, lejos
de-ser "un diario deshilvanado e incorrecto [con] observaciones rudimen-
tarias mezcladas de no pocos enredos y fábulas", como sostuvo Groussac (Anales,
IV, 312), es un documento inestimable y muchas de las faltas y errores que
se le atribuyen se deben exclusivamente a sus comentadores.
(-•"') Aparece, por primera vez, en el Diario la denominación de "río dos
liegoais" o de los Beguaes que los . expedicionarios aplicaron al curso de agua
conocido por arroyo de Solís Grande. Al efectuar la localización del lugar de
la costa en que naufragó la nao capitana ya expresamos que Martín Alfonso y
los tripulantes de la nao perdida establecieron su campamento a orillas del arroyo
Solís Grande.
Pero Lopes afirma que el río de los Beguaes se halla a 11 leguas del cabo
Santa María antiguo. El arroyo Solís Grande dista de Punta del Este 27 millas
náuticas, o sea, 9 leguas marinas de hoy. Por consiguiente, esta estima de la
distancia supone, en este caso, un valor de la legua igual a 0,82 del actual, o
sea, 4555 metros.
En cambio, si el cabo de Santa María de Pero Lopes fuese el actual, la
distancia real del cabo al Solís Grande ascendería a 69 millas ó 23 leguas ma-
rinas de hoy, con lo cual el error de apreciación sería enorme y el valor de
la legua resultante, absolutamente desproporcionado con las unidades itinerarias
de la época.
{20) Groussac identificó correctamente la isla pequeña de piedra con la
isla Rasa o de Piedras de Afilar (hoy islote Las Toscas), localización que aceptó
Eugenio de Castro, no sin mencionar que Varnhagen creyó que se trataba de
la isla de Lobos "desacierto natural en quien tomaba como referencia el actual
cabo de Santa María en vez del antiguo" (vol. I, p. 279).
Se trata de la misma isla que Martín Alfonso señaló como fondeadero de
la carabela Santa María do Cabo el día 6 de noviembre. En aquella ocasión
Pero Lopes la situó a cuatro leguas al oeste del sitio en que había naufragado
la capitana; ahora la coloca a dos leguas al oeste del río ' dos Begoais (Solís
Grande) lo que demuestra que el higar en que se perdió la nao de Martín Al-
fonso estaba dos leguas -ai este del Solís Grande.
El islote Las Toscas dista casi 9 millas náuticas de la boca del Solís Grande,
o sea, unas tres leguas marinas de hoy.
(2T) Se trata de la isla de Flores; en eíta identificación coinciden Varnhagen,
Groussac y Eugenio de Castro. La distancia de tres leguas que, según Pero Lopes,
dista de tierra es correcta, pues la punta NE de la isla dista 9 millas (3 leguas
de hoy) de Punta Gorda {Lobo y Riudavets, ob. cit., 92).
(2S) El monte de San Pedro es el Cerro (Montevideo), al que Magallanes
denominó, en enero de 1520, Monte Vidi según consigna Francisco Albo en el
Diario de la expedición