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Toma el Control de tu Felicidad

Este documento trata sobre cómo manejar las emociones negativas como la culpa y la preocupación de manera más positiva. Explica que la culpa por el pasado y la preocupación por el futuro no resuelven problemas ni mejoran el presente. En cambio, sugiere enfocarse en extraer lecciones del pasado para no cometer los mismos errores, y vivir el presente sin dejar que las emociones negativas lo dominen. También menciona que a menudo se usa la culpa para controlar a otros, por lo que es mejor dejar de culparse a

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Toma el Control de tu Felicidad

Este documento trata sobre cómo manejar las emociones negativas como la culpa y la preocupación de manera más positiva. Explica que la culpa por el pasado y la preocupación por el futuro no resuelven problemas ni mejoran el presente. En cambio, sugiere enfocarse en extraer lecciones del pasado para no cometer los mismos errores, y vivir el presente sin dejar que las emociones negativas lo dominen. También menciona que a menudo se usa la culpa para controlar a otros, por lo que es mejor dejar de culparse a

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TUS ZONAS ERRONEAS

1. HACIENDOTE CARGO DE TI MISMO

Si la vida es tan corta comparada con lo que viene antes y lo que viene después, tendríamos
que tratar de vivirla lo mejor posible. La verdadera inteligencia consiste en vivir la vida
felizmente, eligiendo lo que te hace feliz o, por lo menos, evitando lo que te hace infeliz.
Toda vida es difícil, ya que los problemas son inevitables. Las personas inteligentes
reconocen que la felicidad no es la ausencia de problemas y aprenden a ser felices a pesar
de los mismos.
Puedes controlar tus emociones, ya que las emociones no son cosas que te suceden, sino
reacciones que eliges tener. Toda emoción es producto de un pensamiento y tú puedes
controlar tus pensamientos.
Tus pensamientos respecto de las cosas y las personas son lo que te hace infeliz. Para ser
feliz, debes aprender a pensar de manera diferente. Has aprendido a pensar que los
acontecimientos y las otras personas son los responsables de cómo te sientes. Ahora debes
aprender a ser responsable de tu felicidad o tu infelicidad.
Cambiar la forma de pensar no es fácil. Tras muchos años de pensar equivocadamente,
debes volverte consciente de tus propios pensamientos para poder cambiarlos. Solamente
con decisión y esfuerzo lograrás cambiar tu manera de pensar. Tienes la capacidad de elegir
cómo sentirte o qué hacer en cada momento. De ti depende que elijas lo que te conviene o
lo que te perjudica.
Existen padecimientos físicos que no responden a ninguna causa fisiológica. La mayoría de
estos casos corresponden a personas que inconscientemente eligen tener estos
padecimientos por algún motivo psicológico. Las emociones negativas tienen como
resultado impedirnos hacer lo que nos gustaría, como por ejemplo llevarnos bien con los
demás. Este es un buen motivo para eliminarlas La preocupación por lo que pueda pasar en
el futuro nos impide disfrutar del presente. De esta manera la felicidad se posterga para un
momento que nunca llega.
La razón para cambiar debe ser la de crecer mentalmente, lo que quiere decir ser capaz de
dirigir tu propio destino. La medida del crecimiento está dada por tu capacidad de elegir tu
forma de vida.
2. EL PRIMER AMOR

Cuando se es niño, los padres, los maestros, y la sociedad en general, nos inculcan lo que se
llama educación, que no es sino la manera de comportarse que la sociedad espera de
nosotros. Junto con esta necesaria adaptación a las normas sociales, se transmite una
desconfianza en nuestros propios valores y creencias.
La persona que ama a los demás tenderá a respetar la individualidad de cada uno de ellos.
Para poder hacerlo se necesita primero tener confianza en uno mismo. La persona insegura
tratará de que todos los demás sean como ella, para no correr nunca el riesgo de ser
confrontada.

Los comportamientos errados deben servir para que aprendamos de ellos. Lo que debemos
aprender es cómo no volver a cometerlos, pero no a tener sentimientos de odio o de
desprecio hacia nosotros mismos. Tampoco debemos dejar que el comportamiento de los
demás influya en el concepto que tenemos de nosotros mismos.

Puedes valorarte de distinta manera en las distintas áreas en te desempeñas, pero lo que no
puedes dejar de hacer es estimarte a ti mismo. La autoestima se refiere tanto al
comportamiento como al aspecto físico. La sociedad ejerce una gran presión para
convencernos de que debemos tener un físico y una apariencia determinados, y para
vendernos los productos y servicios necesarios para ello.

Existe una diversidad de comportamientos que son indicadores de una falta de autoestima.
Fundamentalmente se reducen a no aceptar lo que de bueno uno puede tener, hacer o
merecer.

Las quejas que no tienen como propósito inmediato solucionar algo son inútiles, y
solamente sirven para frenar tu desarrollo y empeorar tus relaciones. Debes aceptarte tal
como eres y no quejarte de las cosas que no puedes cambiar.

Amarte a ti mismo no significa que los demás tengan que amarte o reconocer tu
superioridad. No quiere decir creerte el mejor ni te obliga a convencer a los demás de ello.

Todo comportamiento tiene sus causas, aún aquellos que son autodestructivos. Si quieres
cambiar estos últimos tendrás que comprender porqué los has adoptado en primer lugar. Por
lo general, el motivo es que simplemente es más fácil arrastrarse que elevarse.

3. TU NO NECESITAS LA APROBACION DE LOS DEMAS

La búsqueda de la aprobación de los demás es un impedimento para el desarrollo personal


cuando llega al punto de convertirse en una necesidad. Uno puede desear la aprobación de
los demás, y esto no es un mal en sí mismo. Cuando necesitamos que cada uno de nuestros
actos o cada uno de nuestros pensamientos, sea bien recibido por una o más personas,
estamos poniendo nuestra vida en manos de esas otras personas.

La búsqueda de aprobación implica la pérdida de la verdad: los otros no te hablarán con


franqueza cuando perciban esa necesidad, y tú sacrificarás tu propia opinión para adaptarte
a las opiniones de los otros.
La sociedad ejerce una constante presión sobre sus miembros para que éstos no piensen por
sí mismos y, por el contrario, adopten los puntos de vista socialmente aceptables en
detrimento de los propios. La presión para que la persona no piense por sí misma comienza
en la familia y continúa en la escuela. Son muchos los padres que, en vez de estimular el
comportamiento independiente de sus hijos, procuran por todas maneras (algunas de ellas
muy disimuladas) que no se aparten ni un ápice de la manera en que se les dice que deben
comportarse. El sistema escolar tradicional premia y promueve a aquellos alumnos que
siguen al pie de la letra las indicaciones que se les dan.

No necesitas contar con la aprobación de los demás para todo lo que haces, y hasta es
imposible que consigas tenerla. Piensa solamente que por cada persona a la que consigues
agradar, habrá seguramente otra a la que le desagradas. ¿Cómo puedes entonces estar
seguro si tu única guía es la opinión de los demás?

Existe una diversidad de comportamientos que son síntomas de una necesidad exagerada de
aprobación. Cuando para no disgustar a otra persona te encuentras cambiando algo que has
dicho, o cuando te hallas haciendo algo que no te gusta, por no tener el valor de decir “no”
a alguien, deberías pensar que estás yendo en contra de tu propia individualidad por hacer
caso a los demás.

Como en el caso de la falta de autoestima, existen dividendos neuróticos a ser ganados


cuando se busca la aprobación de los demás: se trata principalmente de no asumir la
responsabilidad de la propia vida y eludir la posibilidad de cualquier riesgo.

4. LA RUPTURA CON EL PASADO

Cuando tienes una respuesta predefinida para explicar porqué no puedes hacer algo,
deberías examinar esa respuesta para ver si realmente se ajusta a la realidad. Mucha gente,
cuando se le pregunta porqué no puede hacer algo o porqué no puede dejar de hacer algo,
contesta algo semejante a: “Oh, así soy yo, siempre he sido así, realmente no puedo
evitarlo, es mi carácter”. Esto puede ser verdad o no, pero lo seguro es que, pensando de
esa manera, esa persona nunca podrá cambiar.

Muchas veces esas etiquetas que nos definen no son el producto de un verdadero análisis,
sino que nos fueron inculcadas por otra persona en una época en que no podíamos
defendernos. Si ése es tu caso, tendrías que revisar tu definición de ti mismo, para ver si
coincide con tu realidad actual.

Otras personas utilizan las etiquetas que se han puesto o que les han impuesto, para evitar
hacer cosas que le desagradan. Deberían sincerarse y reconocer los verdaderos motivos por
los que se niegan a hacer algo.

Existe una cantidad de variantes del “Yo soy…” que nos permiten no tener que esforzarnos,
no correr riesgos de enfrentar situaciones desagradables, continuar como estamos sin hacer
nada para mejorarnos, justificar nuestros comportamientos indeseables, y seguir haciendo
lo mismo de siempre sin intentar nada nuevo.

Las definiciones que te aplicas sirven para perpetuar el comportamiento que las provocó,
porque, si por definición eres así como eres, nunca podrías cambiar y nunca podrás
demostrar que eres de otra manera.

La naturaleza de las personas, su forma de ser, no son invariables. Hasta cierto punto, todos
elegimos ser como somos. Si lo que hemos elegido no nos conviene por un motivo u otro,
siempre estamos a tiempo para cambiarlo.

Si eres un estudiante, tu propia definición de ser malo para tal o cual materia ocasionará
que te cueste más esfuerzo aprenderla. Cualquier persona puede usar su definición de ser
malo para cualquier cosa, como una excusa para no hacer lo que esté a su alcance aunque
esto no sea lo máximo que se pueda hacer.

5. LAS EMOCIONES INUTILES CULPABILIDAD Y PREOCUPACION

El remordimiento por lo pasado y el miedo a lo porvenir son dos emociones que nos
permiten estar ocupados en el presente, pero que no solucionan nada de lo ocurrido ni
impiden que ocurra aquello que tememos.

Tanto la culpa por algo pasado como la preocupación por algo futuro, son maneras de
desperdiciar el tiempo presente.

Del pasado debes extraer las lecciones que te permitirán no cometer nuevamente las
mismas equivocaciones. El simple hecho de sentirte culpable no contribuye a solucionar un
solo problema.

La culpa se nos infunde en la infancia como un medio que tienen los padres de controlar a
sus hijos. Se nos convence de que tenemos que sentirnos culpables cuando hacemos algo
que nuestros padres consideran incorrecto. Luego, cuando adultos, adherimos a códigos de
comportamiento que nos dicen lo que está permitido hacer, y usamos la culpa como un
medio de castigarnos a nosotros mismos.

En las relaciones entre adultos, la culpa puede ser usada por uno de los miembros de una
pareja para controlar al otro. También los niños lo suficientemente despiertos pueden dar
vuelta el mecanismo de la culpabilidad y usarlo para manipular a sus padres.

Si bien la culpa es un procedimiento socialmente aceptado de hacer que una persona sea
castigada por algo que ha hecho, también es cierto que desperdiciar el tiempo
experimentando culpa autoimpuesta le permite a la persona deshacerse de la
responsabilidad de buscar algo más útil para hacer con su tiempo. Cuando es impuesta por
otras personas, te permite descargar en otros la tarea de determinar cómo debes sentirte.
Así como la culpa no cambia nada en el pasado, la preocupación por sí misma no cambia
nada en el futuro. Es distinto si empleas tu tiempo en planificar tu futuro, porque esa
actividad te permite prepararte lo mejor posible para lo porvenir y te da criterios para
decidir qué hacer ahora.

Algunas personas consideran valioso preocuparse por otras personas o que otras personas
se preocupen por ellas. En realidad, preocuparse por el cónyuge, los hijos, los padres, o
quien sea, no tiene ningún sentido si de la preocupación no surge alguna acción concreta.

6. EXPLORANDO LO CONOCIDO

La educación que nos brinda la sociedad nos enseña a estimar la prudencia sobre la
curiosidad, a preferir la seguridad antes que la aventura. Estos mensajes comienzan con los
padres y siguen con los maestros. Pero la posibilidad de nuevas experiencias está a tu
disposición si realmente lo quieres así.

Puedes tratar de intentar hacer algo nuevo, o puedes seguir haciendo lo mismo de siempre
hasta que te entierren. Para poder cambiar debes dejar de pensar que es mejor atenerse a lo
seguro y conocido antes que enfrentar los riesgos de lo desconocido.

La rutina es debilitante; hacer siempre lo mismo lleva a perder interés por la vida. Puedes
evitarlo haciendo de vez en cuando algo diferente aunque no tengas ninguna razón más que
introducir un poco de variedad en tu vida.

La espontaneidad es lo opuesto a la rigidez y consiste en salirse de vez en cuando de lo


establecido y planificado para hacer algo nada más que por el placer de hacerlo.

La gente que hace siempre lo mismo es la gente rígida que se priva de la posibilidad de
crecer. La rigidez es la base del prejuicio, y el prejuicio es lo que nos impide aumentar
nuestra experiencia manteniéndonos siempre dentro de los límites de lo seguro y conocido.

Hacer un proyecto y guiarse por él no tiene nada de malo, pero hay gente que no ve más
allá de lo proyectado y no se anima a enfrentar cualquier alternativa que se le presenta.
Insistir siempre en ajustarse a lo proyectado es una actitud limitadora que cierra el paso al
enriquecimiento de la persona.

La seguridad significa no correr riesgos, vivir una existencia sin desafíos ni excitaciones.
Pero esto es una ilusión porque la seguridad material, la que depende de lo que posees o de
lo que eres en la sociedad, puede faltarte en cualquier momento. Una catástrofe ambiental o
social puede llevar a que te quedes sin nada de lo que ahora tienes más que tu propia vida.

La única seguridad real es la que te da la confianza en tu capacidad para salir adelante


cualquiera sea la situación en que te encuentres. Esa seguridad solamente la obtienes al salir
de la rutina y enfrentarte con nuevas actividades.
7. ROMPIENDO LA BARRERAS DE LOS CONVENCIONALISMOS

No hay reglas o leyes que sean de aplicación absoluta y universal. Los convencionalismos
que la sociedad impone pueden ser o no de aplicación para ti según lo que tú decidas.

Existe gente para la cual todo lo que sienten o lo que les pasa es responsabilidad de los
demás. Otro tipo de gente, por el contrario, asume la responsabilidad de sus propias
acciones y sentimientos. Creer en la suerte o en el destino, implica pensar que no puedes
hacer nada por modificar tu situación.

Echar la culpa a otra persona por lo que te pasa no servirá para que eso deje de pasar. Vivir
imitando lo que otros hacen no hará que te sientas más satisfecho contigo mismo. Tanto lo
uno como lo otro implica falta de aprecio por tu capacidad para elegir y decidir.

Nadie puede tener siempre la razón. De la misma manera, habrá cosas que no se pueden
catalogar inflexiblemente como buenas o malas, correctas o incorrectas. Las personas son
diferentes y pueden opinar de manera diferente. Lo que tú juzgues como bueno para ti
puede no ser bueno para otro, y lo mismo ocurre en el caso inverso.

Cuando debes tomar una decisión, tienes que pensar cuáles serán las consecuencias de
decidir de una manera o de otra. Lo que deberías evitar es juzgar los resultados como
buenos o malos según un punto de vista que no sea el tuyo.

La necesidad de hacer siempre las cosas como se deben hacerlas, del modo que es correcto,
produce una angustia constante y conduce a la desesperación cuando no se lo ha
conseguido. Aferrarse, por ejemplo, a la etiqueta social puede ser una buena fuente de
quebraderos de cabeza, que podrían ser evitados pensando que cada uno puede decidir por
su cuenta la mejor manera de hacer las cosas si con ello no ocasiona algún perjuicio a los
demás.

Atenerse a las leyes y los reglamentos ha provocado en algunas ocasiones horribles


consecuencias para la Humanidad. Por el contrario, personas tildadas de anti
convencionales, que han osado desafiar las reglas de la sociedad, han sido con frecuencia
las que han hecho aportes significativos al progreso de esa misma sociedad.

8. LA TRAMPA DE LA JUSTICIA

Cuando se observa cómo transcurren los acontecimientos en el mundo se puede llegar a la


conclusión de que pocas veces se aprecia justicia en ellos. Situaciones injustas se hacen
evidentes a poco que miremos a nuestro alrededor. Esta circunstancia no debe ser usada
como una justificación para la infelicidad.

También en las relaciones personales, muchas personas acusan a los demás de comportarse
con injusticia, y utilizan esos comportamientos como una causa para sentirse desgraciadas.
Ya sean los acontecimientos mundiales, o las maneras en que los demás se comportan con
nosotros, lo que nos afecta, no debemos dejar que nuestro deseo de justicia se interponga
con nuestra felicidad.

Cuando te comparas con los demás, cuando pretendes que los otros tengan lo mismo que tú
o se comporten igual que tú, estás dejando que un acontecimiento externo decida sobre tu
felicidad. En vez de perder tu tiempo lamentándote de lo injustas que son las cosas, harías
mejor en buscar la manera de conseguir lo que quieres, olvidándote de lo que hace el resto
del mundo.

El esquema casi general de la neurosis consiste en preocuparse más por el comportamiento


de los demás que por el propio. Por ejemplo, la esposa espera que el marido se comporte de
la misma manera que ella; cuando ello no ocurre, se queja de injusticia y se siente infeliz.

Quejarte de que los demás tienen más o gana más que tú, no va a solucionar nada. Tampoco
reclamar justicia porque no se comportan igual que tú, o hacer algo porque el otro lo hizo y
tú no puedes ser menos. Harías mejor en tratar de determinar qué es lo que quieres y cómo
conseguirlo sin la intervención de los demás.

Los celos son una manera de exigirle a otra persona, en este caso tu pareja, que se comporte
de una manera determinada. Nacen de una falta de confianza en sí mismo, lo mismo que las
autoacusaciones cuando se produce una infidelidad: la parte engañada se interroga qué ha
hecho para merecerlo.

Reprocharle a un amigo o a tu pareja que te trata de una manera injusta al comportarse


como tú no lo harías, es desconocer que las personas son diferentes.

9. TERMINANDO CON LAS POSTERGACIONES AHORA MISMO

Si eres como la mayoría, encontrarás que existen muchas cosas que quieres hacer y que, sin
embargo, vives postergando. Si esto te produce ansiedad, es hora de que lo soluciones.

Es frecuente escuchar frases como: “Quizá las cosas se solucionen solas”, “Espero que las
cosas vayan mejor”, y “Deseo que se arreglen las cosas”. Los deseos y esperanzas
expresados de esta manera nunca han solucionado nada. Actitudes de este tipo solamente
sirven para no entrar en acción: las cosas no se arreglan por sí solas, a lo sumo empeoran.

Decidir hacer en el futuro algo que uno mismo ha elegido es una manera de disimular el
hecho de que no se lo está haciendo ahora. Esto es común al tener que enfrentarse con
actividades desagradables o difíciles.

Algunas personas pasan el tiempo quejándose de lo mucho que tienen para hacer y dejan
todo para último momento. Así consiguen justificar una tarea pobre o mediocre.
Lo que da la medida de tu valor es lo que haces y no lo que dices. Tampoco con criticar a
los demás consigues nada útil si tú mismo no te pones a la tarea. Pero te sirve para sentirte
importante y justificar tu inacción.

Si te aburres es porque no haces nada, y es lo que consigues cuando vacilas y postergas. Sin
embargo, muchos culpan de su aburrimiento al entorno, cuando en realidad es una opción
de la persona. El hábito de postergar las cosas no tiene el refuerzo social que tienen otros
comportamientos erróneos, sino que es completamente una elección personal.

La postergación tiene la ventaja de que te permite evitar hacer cosas que, aunque reconoces
que es necesario hacerlas, te resultan desagradables.

Una forma de engañarse a sí mismo para no reconocer que uno tiene miedo a cambiar o a
fracasar, es prometer que uno hará algo, pero no ahora sino en el futuro. El miedo al éxito
también es una causa de postergación, dado que la responsabilidad que trae aparejada el
triunfo no es del agrado de todos.

Conseguir que los demás nos tengan compasión, tener compasión de uno mismo, o incluso
conseguir que alguien haga nuestra tarea, son algunas de las ventajas de postergar las cosas.

10. PROCLAMA TU INDEPENDENCIA

Es muy grande la cantidad de personas entre las que se da una relación de dependencia
mutua, principalmente entre hijos y padres, y entre esposos. Por otra parte, esto es algo que
la sociedad promueve, aunque equivocadamente. Se nos enseña que tenemos la obligación
de comportarnos de cierta manera con determinadas personas: nuestros hijos, nuestros
padres, o nuestros esposos o esposas. Mientras que esto coincida con nuestras inclinaciones
no provoca inconvenientes, pero si nos obliga a ser de una manera que no nos agrada y
provoca resentimiento, entonces existe un problema que debe ser solucionado.

Si te encuentras atrapado en una relación en la cual te ves obligado a comportarte de cierta


manera que no te agrada, porque sino te ves presa de culpa o porque no te animas a
prescindir de esa persona, deberías trabajar en conseguir tu independencia psicológica.

La dependencia entre padres e hijos se da cuando los hijos ya son adultos y sin embargo no
pueden decidir libremente sobre su manera de vivir por temor a ofender a los padres. O
sino, cuando los padres sufren porque sus hijos adultos no se ocupan de ellos con la
frecuencia y del modo que desearían. Tanto la persona adulta que no puede vivir de la
manera que sería de su agrado, como el padre o madre que no puede prescindir de las
atenciones de sus hijos, están apresados en una nociva relación de dependencia psicológica.

En los matrimonios también se da una dependencia dañina cuando uno de los cónyuges
vive subordinado al otro en vez de manejarse ambos en un plano de igualdad. Aunque
últimamente no es ya universal, durante mucho tiempo imperó el concepto de que la esposa
debía depender del marido para todo, desde conseguir su alimentación hasta saber que tenía
que pensar. La mujer no podía tener actividades, ni siquiera pensamientos, que no fueran
aprobados por el marido. Esta situación no es un problema si surge de un libre acuerdo
entre las partes. En este caso, y aún en el caso inverso y menos frecuente de la esposa que
domina al marido, la persona dominada puede considerar más llevadero depender de otra
que tener el trabajo de ganarse el sustento o decidir qué opina sobre cada asunto.

11. ADIOS A LA IRA

La ira es una reacción que se experimenta cuando algo no sucede como esperábamos y
deseábamos. Se expresa como hostilidad o agresión contra alguien o algo. Es una reacción
aprendida frente a la frustración y el resultado es que te comportas como preferirías no
hacerlo.

La ira es una manera que eliges de reaccionar. Por lo tanto, si la ira te trae problemas,
puedes aprender a reaccionar de otra manera, y de esa forma no tendrás que preocuparte de
cómo contener tu ira. Puedes cambiar la manera en que piensas con respecto a las cosas que
no son de tu agrado, y aunque sigas sintiendo irritación o desilusión, puedes evitar la ira.

Cuando la causa de tu ira es el comportamiento de otra persona, debes tener en cuenta que
con ira nunca vas a conseguir cambiar a los demás, sino por el contrario inducirlos a
mantener el comportamiento que no te gusta.

Las demás personas nunca serán como tú desearías (al menos la mayor parte del tiempo).
Deberías acostumbrarte a esto y darles la libertad de ser como prefieran. Es una tontería
enojarte por algo que no puedes cambiar, y lo único que conseguirás es que te aumente la
presión, tener úlceras o problemas cardíacos.

Puedes aprender a evitar que te afecte el comportamiento de los demás. Una de las maneras
es teniendo sentido del humor. La risa es un excelente remedio contra la ira. Deja de
tomarte la vida tan en serio y ríete de las incongruencias de la vida humana.

La gente elige enojarse en muchas circunstancias en las que podría evitarlo: al conducir un
automóvil, al jugar a las cartas o a un deporte como el tenis, al tener que pagar impuestos,
al encontrarse con otra persona más lenta o más desordenada, al perder algo, al golpearse, o
incluso ante sucesos por completo fuera de su control como los acontecimientos mundiales.

Al experimentar ira, las personas pueden darle salida de varias maneras, todas perjudiciales:
agredir verbal o físicamente, ridiculizar, golpear o romper objetos, dar pataletas de rabia o
por el contrario encerrarse en el silencio.

12. RETRATO DE UNA PERSONA QUE HA ELIMINADO TODAS SUS ZONAS


ERRONEAS
Las personas que gozan de salud mental y han eliminado sus zonas erróneas presentan una
serie de características que las hacen muy distintas de la mayoría de las personas.

Ellas no pierden el tiempo quejándose o deseando que las cosas sean de otra manera:
aceptan lo que es tal como es. Están libres de sentimientos de culpa, y aunque pueden
reconocer sus errores y prometerse que no los repetirán, no malgastan el tiempo
arrepintiéndose por algo que hicieron.

No manipulan a los demás ni se dejan manipular mediante el uso de la culpa por algo
pasado, así como no sufren por cosas que puedan ocurrir en el futuro y que están fuera de
su control.

No se sienten amenazadas por lo desconocido y buscan nuevas experiencias. No se quedan


inactivas esperando algún lejano acontecimiento. No se dedican a postergar las cosas que
deben ser hechas y aprecian el momento presente.

Ellas son personas independientes cuyas relaciones se basan en el derecho que cada
individuo tiene a tomar sus decisiones. No les gusta depender de los demás, ni tampoco que
los demás dependan de ellas.

No necesitan la aprobación ni el aplauso de los demás, ya que son muy independientes de la


opinión de los otros. Hacen sus propias elecciones aunque vayan en contra de la opinión
general.

Esa gente puede reírse de cosas que a otros pueden parecer serias y no andan todo el tiempo
con un semblante adusto. Pero su humor no es hostil ni se utiliza para ridiculizar.

Se aceptan a sí mismas y al mundo tal cual son, sin pretender que ellas o las cosas sean de
otra manera. No se quejan de su aspecto físico ni de las condiciones del tiempo.

Para ellas, un problema es algo que hay que resolver y no una amenaza personal. Ven las
cosas objetivamente. No juzgan por las apariencias y rechazan los estereotipos.

Estas personas no son enfermizas y no andan contándole a los demás lo mal que se sienten.
Prefieren la naturaleza y no los lugares cerrados.

Son personas honestas que contestan francamente. No se engañan a sí mismas ni faltan a la


verdad para protegerse o proteger a otros.

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