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El Significado de Los 7 Dones Del Espíritu Santo

El documento describe los 7 dones del Espíritu Santo que asisten al creyente cristiano: la sabiduría, el entendimiento, el consejo, la ciencia, la piedad, la fortaleza y el temor de Dios. Cada don se define brevemente y se citan pasajes bíblicos relacionados con cada uno.

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El Significado de Los 7 Dones Del Espíritu Santo

El documento describe los 7 dones del Espíritu Santo que asisten al creyente cristiano: la sabiduría, el entendimiento, el consejo, la ciencia, la piedad, la fortaleza y el temor de Dios. Cada don se define brevemente y se citan pasajes bíblicos relacionados con cada uno.

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El significado de los 7 dones del Espíritu Santo

Desde la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, en Pentecostés, los cristianos son
conscientes de los dones con los que asiste al creyente la tercera Persona de la Trinidad.
El Catecismo de la Iglesia católica, en el número 1830, explica que “la vida moral de los
cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes
que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo”.

Descubramos, entonces, cuáles son y en qué consisten estos dones:

Sabiduría
Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica al proyecto de Dios. Él fortalece
nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios.
El mismo Jesús nos dijo: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a
hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis
vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt
10, 19-20).
La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra.

Entendimiento
Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. Mediante este
don, el Espíritu Santo nos permite escrutar las profundidades de Dios, comunicando a nuestro
corazón una particular participación en el conocimiento divino, en los secretos del mundo y en
la intimidad del mismo Dios.
El Señor dijo: “Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh” (Jer 24,7).

Consejo
Es el don de saber discernir los caminos y las opciones, de saber orientar y escuchar. Es la
luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso.
Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don, como había profetizado
Isaías: “No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los
débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra” (Is 11, 3-4).

Ciencia
Es el don de la ciencia de Dios y no la ciencia del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos
revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues “nadie conoce lo íntimo de
Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co 2, 11).

Piedad
Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios,
buscando siempre actuar como Jesús actuaría.
Si Dios vive su alianza con el hombre de manera tan envolvente, el hombre, a su vez, se siente
también invitado a ser piadoso con todos.
En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió: “En cuanto a los dones espirituales,
no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais
arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con
el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es
Señor!» sino con el Espíritu Santo” (1Co 12, 1-3).

Fortaleza
Este es el don que nos vuelve valientes para enfrentar las dificultades del día a día de la vida
cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos
da perseverancia y firmeza en las decisiones.
Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían
incondicionalmente en el Padre.
El Apocalipsis dice: “No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de
vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte
fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10).

Temor de Dios
Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad,
apartándonos de todo lo que le pueda desagradar.
Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en todo la voluntad del Padre, como Isaías había
profetizado: “Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh” (Is 11,2).

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