Adiós Estrés
ATENCIÓN:
El contenido de este e-book no sustituye el tratamiento médico. Si usted siente que
necesita ayuda de parte de un profesional de la salud, como un psicólogo y
psiquiatra, no deje de buscarla hoy mismo. Si usted ya está en tratamiento, siga todas
las recomendaciones médicas que le han asignado y continúe tomando la medicación
que el especialista le prescribió.
Una publicación de
Derechos reservados a:
Lutheran Hour Ministries
Cristo Para Todas las Naciones
Introducción
Entre tantas revoluciones tecnológicas, nuevos
valores materiales, convivencias globales, irrumpe un
fenómeno que día a día, y a veces en forma silenciosa,
va minando nuestras energías y nos transforma en
personas inestables. Este fenómeno se llama estrés.
Es un fenómeno común de la vida actual. Puede
producir muchas dificultades si no lo sabemos tratar.
O ser una oportunidad para conocernos mejor y
madurar como personas, si aprendemos a controlarlo.
El estrés se puede comparar con las especias con
que condimentamos la comida: un poquito resalta los
sabores, demasiado la arruina. Una excesiva carga de
estrés causa efectos nocivos para la salud física, mental
y espiritual.
¿y qué podemos decir del 2020 y del 2021 que nos
ha tocado vivir? Nos hemos enfrentado cara a cara
con el temor a la enfermedad del COVID 19, lo que ha
llevado al confinamiento en muchas partes del mundo,
a la situación que no sabemos ni podemos controlar, a
la incertidumbre laboral y escolar, a las relaciones
distanciadas. Ingredientes que siguen sazonando
nuestra realidad estresada y que nos perjudican aún
más.
El propósito de este E-Book es ayudar a
comprender qué es el estrés y cómo afecta la vida.
Conocer sus causas. Aprender a chequear el nivel de
estrés en el que vives. Analizar si la manera en que
enfrentamos el estrés es efectiva o no. Explorar formas
positivas de controlar el estrés. Queremos animarte
también a mejorar tu relación con Dios, ya que es
fundamental para equilibrar la vida y por ende
controlar el estrés.
¿Qué es el Estrés?
El estrés es la respuesta del organismo a las
exigencias, tensiones y agresiones de la vida. Es un
proceso normal del organismo; de hecho, no hay vida
sin estrés. Pero es normal y positivo hasta un cierto
límite más allá del cual se convierte en negativo y
dañino.
El estrés no es, como se suele entender, la presión
que viene del exterior, sino la reacción de nuestro
organismo preparándose para enfrentar las
situaciones amenazantes de la vida.
El estrés nace del instinto del organismo de
protegerse de las presiones físicas o emocionales. Es la
respuesta a condiciones que perturban el equilibrio de
la persona. En esta reacción participan casi todos lo
órganos y funciones del cuerpo, incluidos el cerebro,
el sistema nervioso, el corazón, el flujo sanguíneo, el
nivel hormonal, la digestión y la función muscular.
El estrés es una respuesta automática del
organismo. Es la manera mediante la cual se prepara
para hacer frente a las posibles demandas de un
nuevo suceso. Por lo tanto, no es algo “malo” en sí
mismo. Al contrario, facilita el disponer de recursos
para enfrentar situaciones que pueden resultar
excepcionales.
La respuesta de estrés es el resultado de la
interacción entre las características de la persona y los
requerimientos del medio. Es decir, depende tanto de
las demandas del medio como de los propios recursos
para enfrentarse a él.
Pero no todo estrés es malo. Un adecuado nivel de
estrés permite aumentar la eficacia y el rendimiento en
las distintas áreas de la vida. El estrés favorece la
percepción de la situación y sus demandas. Posibilita
un procesamiento más rápido y potente de la
información disponible. Facilita la búsqueda de
soluciones y la selección de conductas adecuadas para
hacer frente a la situación. Prepara al organismo para
actuar de forma rápida y vigorosa. Esto se conoce
como “estrés” o “estrés bueno” y es indispensable para
el desarrollo psicofísico y la adaptación al medio en
que vivimos.
Como con el estrés se activan gran cantidad de
recursos (incluye aumento en el nivel de activación
fisiológica, cognitiva y conductual), supone un
desgaste importante para el organismo. Si esta
situación es episódica no hay problemas, pues el
organismo tiene capacidad para recuperarse. Pero si
se repiten con excesiva frecuencia, intensidad o
duración, pueden producir la aparición de diferentes
trastornos. Cuando las demandas son excesivas,
intensas o prolongadas, superan la capacidad de
resistencia y adaptación del organismo. Se produce
entonces el “diestrés”, o “estrés malo”, que perturba
las emociones, el rendimiento, y la salud en general.
En ciertas situaciones, por ejemplo, si estamos en
medio de un incendio, nos ataca un animal, o un
vehículo está a punto de atropellarnos, los cambios
provocados por el estrés resultan muy convenientes.
Nos preparan de manera instantánea para responder
oportunamente y poner a salvo la vida. Muchas
personas en medio de situaciones de peligro
desarrollan una fuerza insospechada, saltan grandes
obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.
Lo que en ciertas situaciones apropiadas puede
salvar la vida, se convierte en un enemigo mortal
cuando se extiende en el tiempo. Para muchos, las
condiciones de hacinamiento, las presiones
económicas, la sobrecarga de trabajo, el ambiente
competitivo en el que se mueven, son circunstancias
que se perciben como amenazas. Esto los lleva a
reaccionar siempre a la defensiva, siempre tensas,
sufriendo consecuencias nocivas para su salud, sus
relaciones y toda su vida. Por ello es esencial aprender
a controlarlo.
Debido al uso habitual de estrés como sinónimo de
diestrés, de aquí en adelante utilizaremos la palabra
“estrés” para referirnos al "diestrés" o estrés malo.
Personalidad con Tendencia al Estrés
No todos somos igualmente sensibles al estrés,
algunas personas tienen mayor predisposición a
padecerlo. Existen variables psicológicas que
condicionan personalidades proclives al estrés. En
1957, dos cardiólogos, Rosenman y Friedman del
hospital Monte Sinai en San Francisco, California,
describieron un estilo de comportamiento que
llamaron patrón de conducta “tipo A”. Estas personas
tienen 2,5 veces más probabilidades de presentar
angina de pecho o infarto de miocardio. El patrón tipo
A es un factor de riesgo que opera al margen de otros
factores de riesgo como el tabaco, la hipertensión y la
obesidad. Entre las características de la personalidad
tipo A encontramos:
• Velocidad, impaciencia, irritabilidad, siempre tiene
prisa.
• Actitud hostil, dura, competitiva.
• Estilo dominante y autoritario.
• Dificultad para conocer y expresar sus emociones.
• Perfeccionista.
• Alto nivel de actividades. Gran implicación en el
trabajo, con tendencia a la actividad permanente.
• Ver en el entorno una amenaza constante.
• Preocupación por el rendimiento y los resultados
finales, más que por disfrutar de la actividad
mientras se realiza.
• Dificultad para descansar. Consideran el descanso
o el ocio como pérdidas de tiempo.
• Cree que hace las cosas mejor que los demás.
• Tiene escasos intereses y relaciones personales al
margen del trabajo.
Factores Causantes de Estrés
Cualquier suceso que genere una respuesta
emocional, puede causar estrés. Esto incluye tanto
situaciones positivas (el nacimiento de un hijo, una
boda) como negativas (pérdida del empleo, muerte de
un familiar). El estrés también surge por irritaciones
menores, como esperar mucho en una cola o
atascarse en el tránsito.
Las situaciones que provocan estrés en una
persona, pueden no provocarlo en otra.
Entre las causas de estrés encontramos:
Factores psicoemocionales
• Situaciones y elementos de contrariedad y
coacción.
• Insatisfacción, tedio, miedo, agotamiento;
decepción; celos, envidia; timidez.
• Impresión de no conseguir éxito.
• Emociones intensas, gratificantes o no.
• Problemas afectivos.
• Fracaso o éxito repentino.
• Preocupaciones económicas o laborales.
• Cambios frecuentes de hábitat: domicilio, trabajo,
viajes por razones laborales.
• Insomnio.
Factores físicos
• Enfermedades.
• Agotamiento y fatiga.
• Falta de descanso.
• Mala alimentación.
• Falta de ejercitación física.
Factores ambientales
• Ruido.
• Cambios climáticos bruscos.
• Temperaturas ambientales extremas.
• Polución.
• Tráfico intenso, largas distancias recorridas.
• Condiciones físicas inadecuadas en los lugares de
trabajo o estudio.
• Inseguridad pública.
• Desastres naturales.
Factores familiares
• Muerte o enfermedad de un ser querido.
• Problemas de relación entre padres e hijos.
• Conflictos conyugales.
• Ruptura de la pareja.
Factores laborales
• Cargas excesivas de responsabilidad.
• Liderazgo inadecuado. Mala delegación de
responsabilidades. Manipulación o coacción del
trabajador. Comunicación ineficaz.
• Trabajo con gran demanda de atención. Ritmo
apresurado de trabajo.
• Cambios tecnológicos intempestivos.
• Motivación deficiente. Carencia de
reconocimiento, de incentivos. Remuneración no
equitativa.
• Exigencias extremas de desempeño. Actividad
física excesiva.
• Ambiente laboral conflictivo. Competencia
excesiva, desleal o destructiva.
• Trabajo monótono o rutinario. Poca satisfacción
laboral. Creatividad e iniciativa restringidas.
• Jornadas de trabajo excesivas. Rotación de turnos.
Duración indefinida de la jornada.
• Políticas inestables de la empresa. Carencia de
seguridad en el empleo.
• Trabajo nocturno.
Es cierto que existen actividades más o menos
fatigantes y, por lo tanto, más o menos estresantes.
Pero el nivel de responsabilidad con que se afronta
una actividad es lo que hace que la fatiga se perciba
de distinta forma. Somos criaturas individuales con
requerimientos únicos. Como tal, lo que es
angustiante para unos puede ser normal y hasta
agradable para otros. La persona que ama arbitrar
disputas y moverse de un trabajo a otro podría estar
estresada en un trabajo estable y rutinario. En cambio,
la persona que tiene éxito bajo condiciones estables
podría estar muy estresada en un trabajo con
obligaciones cambiantes.
Detectar el estrés, aprender a adaptarse, y
manejarlo positivamente son imperativos de un
tiempo en el que las agresiones del medio ambiente y
la conflictividad de las relaciones humanas, amenazan
cualquier aspiración a una vida saludable.
Síntomas de Estrés
El manejo del estrés comienza por aprender cuáles
son sus signos y síntomas. Las señales más frecuentes
de estrés son:
• Dolores y tirones musculares. Tensión y dolor en
el cuello y en los hombros.
• Dolores de cabeza.
• Problemas digestivos, constipación, diarrea,
indigestión, gastritis, etc.
• Ulceras.
• Enrojecimiento o rubor y sarpullidos.
• Temblores.
• Moverse constantemente, tics nerviosos, rechinar
de dientes.
• Perturbaciones del sueño. Insomnio, pesadillas.
• Dolores en el pecho, ritmo cardíaco irregular
(taquicardia).
• Manos frías o sudorosas.
• Irritabilidad, ira excesiva, cinismo, amargura.
• Decepción, desilusión, apatía.
• Cambios de humor.
• Hiperactividad.
• Inapetencia o compulsión por comer.
• Propensión a padecer accidentes.
• Algunos asmáticos ven agravada su enfermedad
en períodos de tensión.
• Afecciones del sistema inmunológico.
• Irritación de vejiga.
• Trastornos mentales y emocionales. Dificultad
para concentrarse. Confusión o turbación.
Excesiva preocupación, temor al fracaso.
Disminución de la memoria.
• Depresión o ansiedad.
• Aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras
drogas.
• Hipertensión, lo que está directamente
relacionado con ataques cardíacos.
• Apatía o falta de apetito sexual.
• En la mujer, distintos tipos de trastornos
menstruales, incluso puede desaparecer el
período menstrual.
• En el hombre, es la causa más frecuente de
impotencia y de eyaculación precoz.
Un estrés prolongado puede provocar un shock
nervioso, a partir del cual las personas no pueden
resolver ni las cuestiones elementales de la vida
cotidiana.
Etapas del Estrés
Existen tres etapas en las cuales se va dando el
estrés. Estas son:
1º “Alarma”: En esta fase inicial se produce el
enfrentamiento con la causa estresante. Esta puede
ser única y fácil de detectar, como la enfermedad de
un ser querido que genera angustia y exige una
dedicación personal intensa. O bien plural y polimorfa,
como la progresiva complicación de una situación
laboral con sus múltiples aristas y condimentos.
En esta primera etapa existe un estado de
nerviosismo, irritabilidad, cambio de humor repentino,
impaciencia e insatisfacción personal. Hay una
tendencia a encontrar mal todo lo que hacen los
colaboradores, a criticar indiscriminadamente a la
gente con la que se vive, y tener una actitud irascible
con la sociedad.
Generalmente la persona que vive esta fase no
acaba de darse cuenta de que las situaciones que le
rodean llegan a afectarle en alto grado, las vive
simplemente como conflictos que ha de superar. Sin
embargo, llega un momento en que se da cuenta que
la situación la supera, que sus fuerzas se debilitan, y
toma conciencia de la presencia del estrés.
2º “Resistencia”: La persona nota que aumenta su
cansancio y disminuye su rendimiento y tiende a
tomar medidas para que ello no suceda. Se
sobrepone, piensa en organizarse de otra manera,
utiliza vitaminas o estimulantes para mantener el ritmo
de vida. Como hemos sido educados con la idea de
“querer es poder”, cuando uno ve que puede menos,
tiende a querer más. Así se crea mayor tensión,
esfuerzo, conflicto y estrés.
En esta etapa se da una especie de carrera por
encontrar satisfacción. Durante la semana se anhela
que llegue el fin de semana para descansar. Pero
luego, se vive el fin de semana pensando en las tareas
pendientes y en cómo solucionar los problemas. Lo
mismo ocurre con las vacaciones.
Aunque la persona no se da cuenta, su capacidad
de trabajo se deteriora. De repente descubre que
cometió un error grave, o alguien le señala que no
cumple bien su trabajo. Esta forma brusca de
reconocer su estado de estrés genera abatimiento que
se traduce en una sensación progresiva de inutilidad y
cansancio.
En ocasiones, se trata de compensar este estado
con mayor actividad. Se necesita demostrar que se es
capaz de hacer las cosas como antes. La persona se
lanza a una actividad frenética, creando un círculo
vicioso, pues aumenta la fatiga, lo que lleva a cometer
más errores, creando mayor malestar, más dificultades
para conciliar el sueño y, por lo tanto, mayor
imposibilidad de descansar.
Este esfuerzo suplementario puede ser motivo de
una ligera recuperación, pero a corto o mediano
plazo, acaba contribuyendo al aumento del estrés.
3º “Agotamiento y apatía”: Se caracteriza por una
sensación de cansancio; la persona es superada por la
situación que vive. Es un estado semejante a la
depresión. Existe desinterés generalizado, falta de
control de las emociones, e inhibición de éstas. Esto se
traduce en estados de agitación o de pasividad y
sensación de enfermedad.
En esta etapa se manifiestan fobias a trabajos
delicados o que plantean situaciones no frecuentes.
Cualquier situación nueva produce mucha angustia e
incomodidad; por ello, se trata de tomar distancia de
toda circunstancia novedosa.
Otro signo de esta etapa es la dificultad para
descansar, sea por insomnio o dormir en forma
sobresaltada. Esto motiva que, al despertar, ya exista
sensación de fatiga y falta de estímulo para cumplir
con las obligaciones.
Algunas personas, cuando se dan cuenta de su
problema, adoptan una serie de medidas para corregir
los síntomas del estrés en vez de enfocar un cambio
en las causas, en su actitud hacia la vida.
También están quienes acumulan actividades con la
intención de distraerse. Esto significa más
obligaciones, mayores motivos de ansiedad, y menos
descanso.
La solución al problema de estrés pasa por un
cambio de actitud hacia la vida. Es necesario aprender
a escuchar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro
espíritu, y realizar los ajustes necesarios.
Para ello todos podemos contar con la estupenda
guía de Dios, quien está siempre dispuesto a
ayudarnos. Su amor es una invitación a transitar el
camino de la reflexión, para descubrir errores, pecados
y corregirlos. Confiar en Dios, significa descubrir el
verdadero sentido de la vida. Esto genera seguridad,
valoración adecuada, y una especial motivación para
vivir.
El Estrés en la Familia
Una sana relación familiar es el resultado de un
delicado balance. Cuando uno de sus integrantes es
perturbado, todo el grupo resulta afectado.
Roberto, un padre de familia, fue despedido de su
trabajo. Su familia se vio afectada de muchas maneras.
Hubo que reducir el presupuesto familiar. Los roles
familiares cambiaron, Roberto se vio obligado a pasar
más tiempo en casa. Se sentía deprimido, fracasado, y
su humor sombrío contagió a toda la familia. No fue
solamente Roberto quién se hallaba bajo estrés. Toda
la familia cambió prioridades, roles y respon-
sabilidades y enfrentó momentos emocionalmente
duros.
Todas las familias enfrentan cambios. Algunos
debido al normal crecimiento y envejecimiento que
vive la unidad familiar. Otros motivados por el medio
ambiente y las tendencias de la sociedad.
No todos los cambios que vive una familia son
malos. De hecho, existen muchos cambios buenos,
necesarios para el crecimiento. Pero mientras algunas
familias viven los cambios con cierta naturalidad, otras
los padecen con una excesiva carga de estrés.
Síntomas de Estrés Familiar
Las familias que viven con un excesivo nivel de
estrés manifiestan:
• Aumento en la frecuencia e intensidad de las
discusiones.
• Nervios dentro del grupo familiar. Poca paciencia.
• Corte de la comunicación efectiva entre los
miembros de la familia.
Los bebés manifiestan su estrés con llanto continuo.
Los niños más grandes lo hacen a través de mala
conducta, insomnio, pesadillas y miedo a la noche.
También sufren retraimiento, actitudes regresivas,
ansiedad, irritabilidad, alteraciones de la conducta y
dificultades en el desempeño escolar.
Entre los jóvenes, surgen problemas con sus
compañeros y ocurren repentinos cambios negativos
en sus hábitos de estudio.
Todos, bebés, niños, jóvenes y adultos, pueden
manifestar síntomas físicos como: dolores de cabeza,
abdominales, irritabilidad, fatiga excesiva, suscepti-
bilidad a enfermedades como gripe o infecciones de
garganta.
Estas y otras señales de estrés no deben causar
pánico, pero sí es importante estar atentos a ellas. Y
cuando surjan, buscar ayuda, recurrir a especialistas,
averiguar su causa y actuar en consecuencia.
Manejo del Estrés Familiar
El estrés familiar es inevitable, pero no insuperable.
En lo que respecta al manejo del estrés que tienen las
familias, se habla de familias funcionales y
disfuncionales. Las funcionales son aquellas que frente
al estrés se valen de sus recursos para superarlo, y a
menudo salen fortalecidas del trance. Las familias
disfuncionales, son las que no logran aunar sus fuerzas
para superar el estrés, y suelen tener como resultado,
mayor tensión y hasta su quebrantamiento.
No se requiere un estrés catastrófico para quebrar
una familia disfuncional. Una acumulación de
pequeñas tensiones cotidianas puede lograrlo, dado
que cada tensión debilita un poco más la unidad que
ya es defectuosa.
Estas son algunas características de familias que
manejan bien el estrés:
• Tienden a pensar que el estrés es temporáneo y
que hasta puede resultar positivo.
• Trabajan juntos en las soluciones para reducir al
mínimo el estrés y esto refuerza la capacidad
familiar.
• Crean nuevas reglas, por ejemplo, respecto a las
prioridades, el uso del tiempo y la distribución de
las responsabilidades.
• Aceptan algo de estrés como normal en la vida
familiar, sin pensar, por eso, que han fracasado.
• Se sienten bien porque han sabido manejar las
nuevas situaciones estresantes.
Estas son algunas características de familias que NO
manejan bien el estrés:
• Se sienten culpables por la existencia de estrés.
• Buscan a qué, o a quién echarle la culpa en lugar
de buscar la solución al problema.
• Se entregan al estrés y no hacen nada por
superarlo.
• Se centran en los problemas familiares, en vez de
hacerlo en las fuerzas y capacidades de la familia.
• Empiezan a sentir desagrado por la vida familiar
como resultado del estrés.
La acumulación de estrés exige y requiere la
utilización de recursos familiares como amor,
confianza y paciencia, así como también de tiempo,
amistades y dinero.
La familia tiene una asombrosa capacidad para
manejar el estrés y los cambios. Puede sobrevivir
guerras, pobreza, opresión política, inundaciones e
incendios, y todavía encontrar maneras de reír, amar y
abrazarse. Esta adaptabilidad de las familias es un don
de Dios y muestra que ellas pueden responder y
adaptarse a cualquier dificultad que surja en la vida.
Dios nos ama. Su amor brinda perdón y permite
restablecer las relaciones dañadas por el orgullo, la
envidia, el egoísmo y el sentido de autosuficiencia que
a menudo aquejan nuestra existencia.
No siempre podemos tener las mejores condiciones
de vida, en la pareja, o para la educación de los hijos.
Pero sí podemos confiar en Dios y enseñarles a
nuestros hijos a hacerlo. Esto nos ayuda a reducir el
estrés ya que la fe genera serenidad y seguridad para
afrontar la vida.
La Biblia enseña: “Pueden ustedes confiar en Dios,
que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que
pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la
prueba, Dios les dará también la manera de salir de
ella.”
El Estrés Laboral
El estrés causado por el trabajo representa una
amenaza para la salud de los trabajadores y, como
consecuencia, al funcionamiento de las
organizaciones.
El estrés laboral se puede definir como las nocivas
reacciones físicas y emocionales que ocurren cuando
las exigencias del trabajo superan las capacidades, los
recursos, o las necesidades del trabajador.
El concepto de estrés laboral muchas veces se
confunde con el desafío, pero estos conceptos no son
iguales. El desafío vigoriza psicológica y físicamente;
motiva a aprender habilidades nuevas para dominar
las tareas laborales. El desafío es un ingrediente
importante del trabajo sano y productivo. Pero, en
ocasiones, se convierte en exigencias desmedidas que
no se pueden satisfacer.
¿Cuáles son las causas del Estrés Laboral?
La mayoría de los especialistas concuerdan en que
el estrés laboral resulta de la interacción del trabajador
y las condiciones de trabajo.
La evidencia científica sugiere que ciertas
condiciones de trabajo son estresantes para la mayoría
de la gente. Sin embargo, no se ignora la influencia
que tienen los factores individuales.
Trabajos pesados, descansos infrecuentes, turnos
largos; trabajos frenéticos y de rutina que tienen poco
significado propio o donde no se usan las habilidades
de los trabajadores, suelen ser condiciones que
generan estrés.
El lugar físico donde se desarrolla el trabajo puede
ser un agente estresor. Excesivo frío o calor, poca luz
solar, ruidos intensos, son algunos de los elementos
que facilitan el estrés.
El estilo de dirección también puede causar estrés.
La falta de participación de los trabajadores en la toma
de decisiones, la mala comunicación en la
organización, y la falta de políticas favorables a la vida
familiar son elementos estresores.
La excesiva competitividad entre compañeros, la
falta de apoyo o ayuda de los mismos, y actitudes
desleales también causan estrés.
En la actualidad se producen acelerados cambios
tecnológicos en las formas de producción que afectan
a los trabajadores en sus rutinas de trabajo. Esto
modifica el entorno laboral y aumenta la aparición de
estrés.
Manejo del Estrés Laboral
El tratamiento de las enfermedades por estrés
laboral debe dirigirse a erradicarlo a través del control
de los factores causantes del mismo. El criterio general
que pretende curar la enfermedad en forma aislada
mediante tratamiento paliativo de las alteraciones
emocionales es simplista y poco racional.
La prevención y atención del estrés laboral
constituyen un gran reto. Los criterios para
contrarrestarlo deberán ser organizacionales y
personales.
La prevención primaria es un objetivo primordial. Al
mejorar el bienestar de los trabajadores disminuyen
las enfermedades y el ausentismo, elevan la
productividad y mejoran sustancialmente el
desempeño y la calidad del trabajo. Esto significa
mayor rédito económico para las empresas.
Es importante mejorar los hábitos del trabajador, y
esto es esencialmente una decisión personal. Hay que
mantener una alimentación adecuada, realizar
ejercicio físico, respetar el descanso, las horas de
sueño, tener actividades recreativas, disminuir el
consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, y evitar la
vida sedentaria.
En forma complementaria, es importante que las
empresas o los profesionales desarrollen estrategias
para la administración del tiempo, la priorización de
problemas, el desarrollo de la capacidad de
planificación, y ejercitar habilidades para la toma de
decisiones, la solución de conflictos y el desarrollo de
mejores relaciones humanas.
Es importante considerar las mejoras físicas,
ergonómicas, de seguridad y de higiene del entorno
laboral en los centros de trabajo, pues tienen
particular relevancia para los trabajadores.
Representan la preocupación real y el esfuerzo
patente de la empresa por mejorar el bienestar de sus
empleados.
Cómo Afrontar el Estrés
El estrés es algo natural, todo el mundo lo tiene. Un
mal corte de cabello, problemas económicos, el alto
costo de la vida, conflictos con seres queridos, una
casa desordenada, o un documento importante
perdido son sólo algunos de los momentos de la vida
en que sentimos estrés.
Si el estrés se mantiene dentro de los niveles
normales es bueno y productivo para nuestra vida;
pero si supera esos niveles, sufrimos sus
consecuencias. Por eso es necesario aprender a
manejar con efectividad las situaciones estresantes.
Manejar el nivel de estrés no es, como comúnmente
se piensa, liberarse de todas las situaciones que
provocan tensión, sino saber comportarse ante las
mismas. Algo que ayuda a actuar selectivamente ante
las situaciones estresantes, es tener claro creencias y
valores. Esto permite definir prioridades en la vida, y
entonces seleccionar los motivos y situaciones por los
cuales vale la pena preocuparse.
Muchos somos o actuamos de manera
perfeccionista. Nos imponemos exigencias como
rendir al máximo, aprovechar todas las posibilidades,
trabajar duro. De esta manera aumentamos las
tensiones y con ello el nivel de estrés.
Dios no prohíbe sentir ansiedad, ni juzga por ello. Él
se acerca para brindarnos paz. Jesucristo Dijo: “Les
dejo la paz. Les doy mi paz... No se angustien ni
tengan miedo”. (2)
Dios se acerca para ayudarnos a afrontar las
situaciones amenazantes de la vida. Se acerca para
guiarnos en la reflexión que permite vislumbrar qué
cosas valen la pena nuestro esfuerzo y preocupación y
cuáles no.
La Biblia enseña: “No es bueno el afán sin reflexión;
las muchas prisas provocan errores.” (3)
Dios se aproxima para que podamos centrarnos en
el presente, más que preocuparnos por el futuro.
Jesucristo enseñó: “No se preocupen por el día de
mañana, porque mañana habrá tiempo para
preocuparse.” (4)
Dios se acerca para alentarnos en los momentos
difíciles. Nos dice: “No tengas miedo ni te desanimes
porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo
dondequiera que vayas.” (5).
La fe da una buena perspectiva para distinguir entre
problemas de menor y mayor importancia. La fe en
Jesucristo une a Dios y Él está dispuesto, cercano, para
acompañarnos fortaleciéndonos y guiándonos en las
decisiones.
Enfermarse, deprimirse, o descargar la frustración
sobre la familia o los seres cercanos, son formas de
reaccionar ante el estrés. Intentar huir del problema
con sobrecarga de trabajo, adicción a comidas,
tabaco, alcohol u otras drogas también son formas de
reaccionar ante el excesivo estrés. Lógicamente, las
consecuencias de estas formas de enfrentarlo
provocan más daño.
Existe otra forma de enfrentar el estrés: confiar en
Dios. Él se acerca a su vida para brindarle paz y
consuelo. Se acerca para darle fortaleza y seguridad
para enfrentar las complejas situaciones de la vida.
¡Confíe en Dios! Déjelo actuar para renovar su vida
de esperanza y felicidad.
SUGERENCIAS PRÁCTICAS PARA
CONTROLAR EL ESTRÉS
Las estrategias para afrontar el estrés buscan
prevenir o controlar los excesos en las demandas
procedentes del entorno o bien de nosotros mismos.
Para ello sugerimos algunos puntos que han probado
ser eficaces, y que pueden ayudarlo/a a hacer frente a
situaciones de mucha tensión. Le sugerimos que tome
los que considere necesarios y arme su plan de
manejo eficiente de estrés:
• Mantenga una dieta saludable.
• Realice una actividad física regular (30 minutos 3
veces por semana). Las actividades como
caminar, nadar, o incluso limpiar el cuarto,
reaniman.
• Duerma las siete u ocho horas recomendadas
para un buen funcionamiento de su organismo
durante el día.
• Realice actividades que le permitan renovarse
física y psicológicamente: descanso, vacaciones,
deportes, actividades de ocio, técnicas de
relajación. Respirar hondo es una buena manera
de relajarse. Intente hacerlo un par de veces por
día. Puede hacer el siguiente ejercicio: Recuéstese
o siéntese en una silla. Apoye sus manos sobre su
estómago. Cuente lentamente hasta cuatro e
inhale por la nariz. Sienta cómo se eleva su
estómago. Mantenga la respiración por un
segundo. Cuente lentamente hasta cuatro
mientras exhala por la boca. Para controlar la
velocidad de exhalación, junte los labios como si
fuese a silbar. Su estómago bajará lentamente.
Repítalo entre cinco y diez veces.
• Aprenda a organizar su tiempo eficientemente.
Piense cómo utilizará su tiempo diario. Escriba
una lista de cosas que hacer. Decida cuáles son
las más importantes. Priorice y estructure sus
actividades y expectativas.
• Aprenda a relajarse cuando está frente a
situaciones de estrés. Camine y hable más
pausadamente. Respire hondo. Tómese tiempo
para completar su trabajo, para reordenar sus
ideas, para responder.
• Ordene su espacio personal. Limpie y arregle su
casa y su lugar de estudio o trabajo. Cambie su
ambiente físico de manera que le ayude a trabajar
y descansar mejor.
• Encuentre maneras de reírse de sí mismo. La risa
es una manera pura y eficaz de liberar la tensión.
• Enriquezca su vida hogareña; planifique
actividades placenteras para la familia.
• No pelee ni discuta innecesariamente. A veces,
discutir no vale la pena. Sea flexible. Ceda de vez
en cuando.
• Durante el trabajo interrumpa las tareas para
realizar ejercicios de estiramiento.
• Tómese tiempo para comer, siéntese y mastique
cada bocado.
• Póngase límites en el trabajo, la familia y las
amistades. Determine cuánto puede hacer en
realidad. La cantidad de horas en el día es
limitada.
• Mejore su comunicación. Si es agresivo u hostil
puede enemistarse con los demás, creando más
problemas.
• Obtenga ayuda profesional si la necesita. Hable
con un psicólogo, un médico o un consejero
espiritual. Esto puede ayudarlo a manejar el estrés
y a encontrar mejores maneras de enfrentar los
problemas.
• Aprenda a reconocer cuándo está cansado y
haga algo al respecto. Sepa reconocer su propio
nivel de estrés, y detenerse a tiempo.
• Busque el lado positivo en cada fuente de tensión
preguntándose: ¿no hay forma de convertirla en
ventaja? Por ejemplo, si sufre un atascamiento de
tránsito, o debe esperar mucho tiempo una cita o
un medio de transporte, aproveche la ocasión
para leer, escuchar música agradable, cerrar los
ojos y descansar la mente.
• Reduzca o elimine el consumo de alcohol. El
alcohol es probablemente el “sedante” más usado
en el planeta. Pero es un mal amigo, altera los
patrones de sueño y causa deshidratación, lo que
lleva a despertarse más tempranamente y con
sensación de fatiga.
• Sea sabio. Reconozca que hay cosas que no se
pueden cambiar. A veces nos obsesionamos
tratando de resolver imposibles. Como diría
Reinhold Niebuhr: “Señor, dame el coraje para
cambiar las cosas que debo, serenidad para
aceptar las que no puedo cambiar y sabiduría
para reconocer la diferencia”.
• Intente mantener expectativas realistas. Esperar
demasiado de uno mismo o de los demás,
exigirse perfección o ser inflexible con las
prioridades genera frustración. No espere que
todos tengan o compartan su opinión, ni absoluta
armonía en sus relaciones. La vida involucra
conflictos ocasionales, aun entre personas que se
aman.
• Desarrolle una “red de apoyo” con personas
afectuosas y comprensivas. Comparta sus
emociones. Busque con quien conversar y
expresar sus emociones.
• Ayude a los demás. Ayudando a alguien puede
ayudarse a sí mismo. Ayude a su vecino, o haga
alguna labor voluntaria en su comunidad. Sea un
buen samaritano.
• Concédase tiempo para superar las pérdidas
personales, el tiempo es un gran curador. Aún
cuando la pérdida no sea una muerte, es
importante permitirse estar triste.
• Confíe en Jesucristo. Una vida centrada en la fe,
brinda seguridad y fortaleza. La Biblia enseña:
“Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse,
hasta los más fuertes llegan a caer, pero los que
confían en el Señor tendrán siempre nuevas
fuerzas.” (6)
• Alimente su fe por medio de la lectura y la
meditación de la Biblia. “Feliz el hombre... que
pone su amor en la Palabra del Señor y en ella
medita.” (7)
• Ore diariamente, hable con Dios sobre sus
problemas, sus sueños y sus frustraciones. Enseña
la Biblia: “No se aflijan... preséntenselo todo a
Dios en oración; pídanle, y denle gracias también.
Así Dios les dará su paz.” (8)
• Participe en una Iglesia para refrescar y renovar
su confianza en Dios. Jesucristo dijo: “Vengan a
mi todos ustedes que están cargados de sus
trabajos y cargas, y yo los haré descansar.” (9).
Conclusión
El estrés es algo natural en la vida. No podemos
eliminarlo ni evitarlo. El reto es aprender a controlar
sus niveles para que no dañe nuestra salud y vida. Hay
que reflexionar y actuar para lograr un equilibrio entre
los momentos en los cuales debemos estar “alertas”, y
aquellos en los cuales podemos estar con la “guardia
baja”. Un equilibrio que nos permita desechar el mal
estrés que agota e irrita y aprovechar el buen estrés,
que impulsa a aprovechar las diferentes
oportunidades que se presentan en la vida. Un
equilibrio al que es posible acceder con la amorosa
orientación de Dios.
Si enfrentamos las circunstancias difíciles de la vida y
más que nunca, nos enfocamos a sobrellevar esta
realidad que nos ha tocado vivir del COVID 19 en
nuestro entorno, con calma, objetividad y la certeza
que brinda la confianza en Dios, lograremos un
adecuado manejo del estrés. Tendremos mayor
capacidad para abordar eficazmente las situaciones
novedosas, complejas o amenazantes, y viviremos con
mayor serenidad y alegría.
Si tiene problemas de estrés, analice sus causas y
actúe en consecuencia. Practique algunas de las
sugerencias presentadas en este fascículo. Busque la
ayuda de seres queridos y profesionales. Reordene su
vida, sus valores, sus expectativas y prioridades. Y
confíe en Dios.
De esta manera, podrá decir como el salmista:
“Aunque pase por el más oscuro de los valles, no
temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás
conmigo. Tu bondad y tu amor me acompañan a lo
largo de mis días.” (10)
Citas Bíblicas
1- 1 Corintios 10:13.
2- Juan 14:27.
3- Proverbios 19:2.
4- Mateo 6:34
5- Josué1:9.
6- Isaías 40:30-31
7- Salmo 1:1-2
8- Filipenses 4:6-7
9- San Mateo 11: 28.
10- Salmo 23:4 y 6
Bibliografía
Tournier, Paul. Los fuertes y los débiles. El hombre y sus
posibilidades. La Aurora. Bs. As. 1975.
Schipani, Daniel. La Angustia, y la dimensión trascendente.
La Aurora. Buenos Aires. 1969.
Cristo Para Todas Las Naciones. Stress, tensiones de la vida.
Venezuela 1990.
Cristo Para Todas Las Naciones. Cómo controlar los nervios.
Venezuela. 1994.
Ediciones Orbis S. A. “El Estrés, al borde del agotamiento”.
Enciclopedia Práctica de Psicología. Distrib. Hispamérica
Edic. Arg. S. A.
Sociedades Bíblicas Unidas. La Biblia de Estudio. Dios Habla
Hoy. EE UU. 1995.
Revista Fundación Favaloro, tomo1, Vol.1 Bs. A. Centro
Editor Fundación Favaloro. 1994.
López Rosetti, Daniel. Estrés: epidemia del siglo XXI. Cómo
entenderlo, entenderse y vencerlo. Lumen. 3º Edición.
Farber, María. “Detectar el estrés: un desafío médico que
comenzó en el consultorio y ahora se dirime en el
laboratorio.” Clarín.com. 16 de agosto de 2006.
Giubellino, Gabriel. “Expertos aseguran que ya se puede
medir el grado de estrés.” Clarín.com salud.
Iglesias, Mariana. “Lograron determinar cómo el estrés
puede afectar al corazón.” Clarín.com ciencia.
www.sames.org.ar Página web de la Sociedad Argentina de
Medicina del Estrés.