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Disciplinas de la Filosofía y Ética

Este documento describe las principales disciplinas y problemas de la filosofía. Se divide en dos categorías: disciplinas teóricas como la teoría del conocimiento, lógica y filosofía de la ciencia, y disciplinas prácticas como la ética, estética y filosofía política. También discute otras ramas como la metafísica, ontología, filosofía de los valores y antropología filosófica. Explica brevemente los enfoques de Platón y Aristóteles sobre el alma y la naturaleza humana.

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Disciplinas de la Filosofía y Ética

Este documento describe las principales disciplinas y problemas de la filosofía. Se divide en dos categorías: disciplinas teóricas como la teoría del conocimiento, lógica y filosofía de la ciencia, y disciplinas prácticas como la ética, estética y filosofía política. También discute otras ramas como la metafísica, ontología, filosofía de los valores y antropología filosófica. Explica brevemente los enfoques de Platón y Aristóteles sobre el alma y la naturaleza humana.

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Institución Educativa Comercial del Norte


LA FILOSOFÍA, SUS DISCIPLINAS Y SUS PROBLEMAS
GRADO 10º
La filosofía tiene relación con otras áreas de la cultura, tales como la antropología, la historia y el arte y tiene además sus
disciplinas que la constituyen. Los problemas fundamentales de la filosofía, que se plantean en la actualidad, se
encuentran ya esbozados en la antigüedad griega en pensadores como los presocráticos, Sócrates, Aristóteles, Platón, los
estoicos, etc.
División de la filosofía. En los comienzos de la filosofía, en la etapa presocrática no se advierte una división rigurosa de
la filosofía. Es Kant quien en la modernidad, en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres, explica la
división establecida por los filósofos griegos. El conocimiento se divide en material, si se refiere a la experiencia y formal
cuando se refiere a la forma o a la razón propia del entendimiento. según Kant la filosofía en la antigüedad griega se
divide:
Física
Ciencias que se ocupan de la experiencia
Filosofía Ética

Ciencias que se ocupan de la forma lógica

Aristóteles, por su parte, divide las ciencias en teóricas y prácticas. Las primeras se apoyan en la razón, como la
metafísica; y las segundas son prácticas, como la ética y la política. Esta distinción nos permite dividir la filosofía en dos
tipos de disciplinas: las disciplinas teóricas, también llamadas gnoseológicas, y las disciplinas prácticas.
Disciplinas teóricas. Pertenecen a esta categoría la teoría del conocimiento, la lógica y la filosofía de la ciencia. La teoría
del conocimiento (gnosis = conocimiento y logos = tratado o estudio), hace referencia a la validez, posibilidad y origen del
conocimiento humano. La lógica se ocupa de las estructuras formales de los enunciados y la filosofía de la ciencia
estudia la estructura y el método propio de la ciencia. La filosofía en este sentido tiene por objeto de estudio esclarecer
racionalmente los conceptos y principios de toda investigación científica.
Disciplinas prácticas. Centran su atención en la conducta individual y colectiva del hombre; por ejemplo: sus fines, sus
valores, sus normas entre otros problemas. Entre estas disciplinas figuran la ética, la estética, la filosofía del derecho, la
filosofía política, la filosofía de la educación, entre otras.
Lo anterior se resume así. Teoría del conocimiento
Teóricas o lógica
Disciplinas filosóficas Gnoseológicas filosofía de la ciencia

Ética, Estética, Filosofía del derecho,


Prácticas Filosofía política, filosofía de la educación.

Disciplinas filosóficas. Por lo que se refiere a las disciplinas o ramas de la filosofía, podemos mencionar la ética, la
estética y la lógica. Las tienen como campo de estudio lo que se conoce como cultura, y cada una de ellas se ocupa de un
determinado aspecto de la realidad. Por ejemplo los problemas que hacen referencia a la conducta moral de los hombres,
los problemas referentes al arte y a la belleza o bien aquellos que se ocupan del orden que han de guardar nuestros
pensamientos o enunciados. De este modo, de la filosofía se desprenden como sus disciplinas: la ética, la estética y la
lógica.

La ética. Su objeto de estudio es el área de la cultura llamada moral. La ética reflexiona sobre la experiencia moral de los
hombres en sociedad. De este modo, investiga todo aquello que hace posible la convivencia moral y social del hombre.
Como ciencia la ética parte de cierto tipo de hechos tratando de descubrir sus principios generales. En este sentido,
aunque parte de datos empíricos, o sea de la existencia de un comportamiento moral efectivo, no puede mantenerse al
nivel de simple descripción o registro de ellos, sino que los trasciende con sus conceptos, hipótesis y teorías. En cuanto
conocimiento científico, la ética ha de aspirar a la racionalidad y objetividad más plenas y a la vez a ha de proporcionar
conocimientos sistemáticas, metódicos y verificables.

Estética. Para Platón, lo bello es lo bello en sí, perfecto absoluto e intemporal. De lo dicho se desprende que la estética es
ciencia de lo bello. Pero lo bello a lo largo de la historia se ha concebido de diferentes maneras. Algunos filósofos
sostienen que lo bello no se encuentra en los objetos, sino en la actitud que adopta el sujeto frente al objeto. O por el
contrario, que lo bello es una cualidad de la realidad independientemente de la relación que guarda con el hombre.
Lógica. Se ocupa de la estructura o bien del orden que deben guardar nuestros pensamientos.
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La lógica es el estudio de los métodos y leyes aplicables para distinguir entre los argumentos que son correctos y aquellos
que son incorrectos. En este sentido etimológico, la lógica es la ciencia del logos. Para la filosofía de los griegos, el logos
fue la palabra de la razón, entender el mundo, lo cual ya no nos permite mejorar la definición de lógica, y así decimos que
es la ciencia del pensamiento racional.
El fundador de la lógica es Aristóteles (384-322), cuyas obras fueron recuperadas por sus comentadores con el nombre de
organon o instrumento de la investigación científica. Pero se hace necesario hacer una aclaración pertinente: para
Aristóteles la lógica tiene un carácter instrumental y viene ha ser una especie de introducción metódica a la filosofía.

OTRAS DISCIPLINAS FILOSÓFICAS.


Como ya hemos visto, las disciplinas fundamentales de la filosofía son la ética, la estética, y la lógica. Ahora bien, existen
otras disciplinas que podrían considerarse también como ramas de la filosofía como:

La metafísica: Aristóteles entendió por metafísica u ontología la ciencia que estudia el ser en tanto ser que ser.
Etimológicamente, ontología significa lo que es. Si la metafísica estudia al ser en tanto que ser, entonces podríamos decir
que por su objeto de estudio se distingue de las ciencias particulares que sólo estudian un aspecto particular del ser. En
conclusión, para Aristóteles la filosofía primera o metafísica estudia el ser en general y como ciencia da las notas
esenciales del ser (identidad, diversidad, oposición, necesidad, realidad, posibilidad) proporciona conocimientos que las
demás ciencias presuponen pero no investigan.

La ontología. Se puede entender de diferentes maneras: como ciencia del ser en sí, esto es, del ser último del cual
dependen todos los demás seres. En este caso la ontología se identifica como la metafísica. Pero existe otro modo de
entenderla, como ciencia de las esencias, esto es, como teoría formal de los objetos. La ontología en este sentido tiene por
objeto la determinación de aquello en que los entes consisten. Por eso, también se le denomina ciencia de las esencias y no
de las existencias, o como también se le denomina teoría de los objetos.

La filosofía de los valores. A esta disciplina también se le conoce como axiología (axios= valor y logos= tratado o sea
tratado de los valores). La axiología tiene íntima relación con la ética. Por ejemplo, cuando elegimos. El comportamiento
moral no solamente forma parte de nuestra vida cotidiana, sino que es un hecho humano valioso entre otros, o sea tiene
para nosotros un valor.
En este sentido, podríamos apuntar que todo acto moral implica una elección entre varios actos posibles y que esta
elección implica a su vez él tener que apelar a una serie de valores. ¿Porqué elegimos a y no b? La elegimos porque
supone una preferencia: ser más valiosa que b.

La antropología filosófica. Tiene por objeto el estudio del hombre. Pero al hombre inmerso en sus relaciones, políticas,
ideológica, económicas y morales entre otras. En este sentido, la antropología estudia al hombre concreto, histórica y
socialmente determinado.
En la filosofía de Platón, el hombre es un compuesto de alma y cuerpo. En el Timoteo (diálogo Platónico)el alma posee
una naturaleza tripartita pues se integra por:
A.) el alma racional que es inmortal que conoce que conoce y gobierna. B.) el alma irascible a quien le corresponden los
sentimientos como la ira, el valor y la ambición. C.) el alma concupiscible a quien le corresponden apetitos y las pasiones.
Ahora bien, el alma y el cuerpo son dos realidades, siendo el alma el principio rector y animador del cuerpo. Cabe apuntar
que la armonía existente entre las tres partes del alma en que se divide corresponde de manera armónica al orden social
propuesto. Concretamente, con la sociedad dividida en clases: los gobernantes, los guardianes y la clase de los
campesinos y comerciantes.

Otro ejemplo es la filosofía de Aristóteles donde encontramos un concepto de hombre. El hombre es un compuesto de
materia y forma: el cuerpo funciona como materia prima y el alma como forma sustancial. La unión existente entre alma y
cuerpo es una unión sustancial. Si la unión accidental supone básicamente que los elementos unidos existen ya
constituidos antes de la unión, la unión sustancial por el contrario, constituye esos elementos y ella misma los hace existir.
En la accidental, los elementos unidos persisten como siendo distintos y existiendo paralelamente en la sustancia se
fusionan en una única unidad. En ella el alma y cuerpo marchan juntos en una unidad de operación, forman un único ser.
La filosofía y sus problemas. Los primeros filósofos (Tales de Mileto, Anaxímenes y Anaximandro) se preguntaron sobre
el principio que dio origen a todas las cosas. Por eso recibieron el nombre de físicos o naturalistas. El problema
fundamental que los filósofos de la antigüedad se plantearon, es saber como surgió el cosmos, cuál es su génesis y cuáles
son los elementos originarios que le dieron su existencia?.
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Con Sócrates y los sofistas, la filosofía se encuentra con nuevos problemas. La atención ahora se centra principalmente en
problemáticas de orden moral y político. Sócrates (señalan los especialistas nunca escribió), lo que sabemos de él nos lo
transcribió su discípulo Platón quien recopiló sus diálogos. Sócrates fue acusado de impiedad por no creer en los dioses y
de corromper a la juventud. Fue condenado a beber cicuta en el año 399 a. de C.
Los sofistas al igual que Sócrates, se ocupan de problemas antropológicos. Su objeto de estudio es el hombre, la sociedad,
la educación. Los sofistas cobran por sus enseñanzas y educan a los jóvenes en el arte de la Persuación (retórica). Los
sofistas más importantes y reconocidos son Protágoras y Gorgias.
La filosofía de Platón entra de lleno a cuestiones diversas. En sus diálogos encontramos problemas que hacen referencia al
conocimiento, la política y la moral. ¿Qué debemos entender por justicia, qué por virtud y qué por sabiduría? . O bien
¿Qué debemos entender por amor y belleza? Platón procede de una familia aristocrática. El verdadero nombre de Platón
es Aristocles, Platón es su sobrenombre.
La obra de Platón la encontramos en forma de diálogos en donde se entrecruzan comúnmente el mito y la filosofía. Sus
diálogos principales son: La República, Las Leyes, El Fedón, El Fedro, El Banquete, El Parménides, El Sofista, entre otros.
Aristóteles es otro de los grandes filósofos de la antigüedad. Llama filosofía primera a lo que más tarde se le denomina
metafísica. Según Aristóteles la filosofía primera estudia los principios y las causas de todas las cosas, reservándose el
nombre de física al conocimiento de la realidad natural y sensible. Entre las obras más importantes de Aristóteles
tenemos: Filosofía Primera, Organon, Del alma, Ética a Nicómaco, Ética a Eudemo, Retórica, Poética y política.
En las obras de Platón y Aristóteles encontramos prácticamente todas las problemáticas que después se retomarán y
profundizarán. Los problemas fundamentales pueden quedar formulados del siguiente modo:

¿Cómo es posible acceder al verdadero conocimiento de las cosas?


¿Existe alguna diferencia entre conocimiento verdadero y opinión?
¿Cuáles son las formas lógicas por las cuales se hace posible el razonamiento correcto?
¿Cuándo podemos afirmar que un estado es justo o injusto?
¿Qué diferencia existe entre gobierno democrático y una aristocracia?
¿Qué relación guarda la felicidad con los placeres sensibles y con una actividad intelectual?
¿Por qué el hombre se define como animal político?
¿Qué relación guarda el conocimiento con la felicidad y con la moral? ¿Qué debemos entender por virtudes morales?
¿Cómo podríamos caracterizar una sociedad justa? ¿Existe o no existe diferencia entre lo bello y lo feo? ¿Qué entendemos
cuando afirmamos que este o aquel objeto es bello?
En fin, los problemas antes apuntados pueden clasificarse como problemas gnoseológicos, éticos, lógicos, estéticos y
ontológicos. De manera breve se verán estos tres problemas.

PROBLEMAS ONTOLOGICOS
La ontología suele identificarse con la metafísica. “la metafísica (palabra introducida más tarde por los discípulos de
Aristóteles) es aquella parte de la filosofía que se ocupa en determinar el porqué de las cosas. Maestra de todas las
ciencias. Para platón la metafísica –que el llama muchas veces dialéctica- nos conducirá a entender como está organizado
el mundo y cuál es el puesto del hombre en este mundo.
En fin, para Aristóteles la metafísica se ocupa de los primeros principios y las primeras causas de las cosas. Esta filosofía
primera, que más tarde se llamará metafísica, es la que deberá explicar los fundamentos últimos de las cosas. De este
modo la metafísica de Aristóteles es una teoría del ser o una ontología. Pues preguntarse sobre el sentido del ser equivale,
a tratar de explicar la sustancia del universo, siempre que entendamos por sustancia el sustrato último, la base o punto de
apoyo de la realidad. Así, Aristóteles, no se ocupa de aquellos elementos del ser que pueden ser variables y contingentes,
sino de aquellos que son constantes y comunes a todos los individuos.
Aristóteles no busca definir el ser de las cosas por sus accidentes, sino por lo que él denomina sustancia, es decir, aquello
que no cambia o bien, que permanece invariable. Por ejemplo, lo sustancial en el hombre es que sea racional y viva en
sociedad, y accidental será que sea alto, delgado, blanco, moreno, etc.
Los primeros filósofos de la antigüedad griega (Tales, Anaxímenes y Anaximandro) tienen un problema fundamental un
problema metafísico. El mundo sensible es un mundo cambiante, en un eterno nacer y morir (ser y no ser). En otras
palabras, el mundo a los ojos del hombre aparece como lleno contrariedades. Ante esta visión cambiante del mundo
natural, los filósofos griegos se preguntan: ¿Cuál es el ser verdadero de las cosas?, ¿Existe un principio al que en medio
del cambio infinito (generación y corrupción) se le pueda considerar como permanente y estable?. Llegar a conocer este
principio explicativo de las cosas es sólo posible por la vía del logos o de la razón y no por la vía de los sentidos que sólo
registran un mundo plagado de contradicciones y de meras apariencias.

PROBLEMAS ÉTICOS
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La ética tiene por objeto de estudio la conducta moral de los hombres histórica y socialmente considerada. El termino
ética se deriva de la palabra griega ethos, que quiere decir lugar habitado por hombres y animales. La acepción más
conocida y difundida del vocablo ethos se presenta a partir de Aristóteles, ligado a un conocimiento llamado ética. Según
esta acepción, ethos significa temperamento, carácter, hábito, modo de ser. De acuerdo con el significado con el
significado etimológico, ética sería una teoría o un tratado de los hábitos y costumbres.

Ahora bien, la ética entendida como ciencia o teoría cuyo objeto de estudio es la moral, plantea problemas concernientes a
la relación que guarda la libertad con la moral. La diferencia que existe entre el aspecto normativo y fáctico, el carácter
histórico de la moral, la diferencia entre las normas morales y las normas jurídicas, entre otros problemas.
Recordemos de manera rápida que la moral (del latín mos = costumbre) como conjunto de reglas adquiridas por hábito
no se desligan en la filosofía de Platón, y en Aristóteles, del ámbito social y político. Según Aristóteles, la virtud no es algo
que se imponga desde el exterior al individuo, sino una disposición a obrar de manera deliberada, la cual está
racionalmente determinada tal como la determinaría el hombre prudente.

Para Aristóteles la virtud, la felicidad y el bien moral en general, sólo se realizan en plenitud si al hombre se le concibe en
relación y en armonía con la sociedad. El hombre separado de la sociedad, dice Aristóteles, sería un Dios o una bestia.

PROBLEMAS GNOSEOLÓGICOS
Los problemas que corresponden a esta disciplina hacen referencia al conocimiento. ¿Cómo se hace posible el
conocimiento? ¿Qué debemos entender por sujeto y objeto del conocimiento? ¿Cuáles son los medios que hacen posible
las ideas, las imágenes y los conceptos en el hombre? ¿Qué importancia tienen los sentidos y la razón en la construcción
del conocimiento? En fin, de estos y otros problemas se ocupa la gnoseología, también llamada teoría del conocimiento.
La importancia de esta disciplina filosófica es reciente (siglo XVIII), aunque ya antes Platón y Aristóteles plantearon
problemas concernientes al conocer y las condiciones que lo hacen posible. Fue Aristóteles quien organizó algunos
conocimientos a partir de las observaciones directas que llevó a cabo. Pero en ninguna parte de su obra se plantea un
proceso controlado de sus observaciones y menos una experimentación en estricto sentido.

SUBJETIVISMO O RACIONALISMO
Esta postura sostiene que el lado activo del conocer se encuentra en el sujeto y que el objeto representa el lado pasivo del
conocimiento. De esta manera, el sujeto pone o impone las condiciones de posibilidad para que la realidad se construya
en objeto del conocimiento. El modelo idealista de la producción del conocimiento reconoce que las ideas y los
pensamientos del sujeto son lo primero y lo determinante, a la vez que considera a la realidad externa como algo
secundario o determinado. Admite que el sujeto desempeña un papel activo como agente que despliega una actividad
mental o intelectual en el proceso de producción del conocimiento. No se trata aquí de un sujeto que contempla la
realidad externa, sino de un agente que participa activamente en el proceso de conocimiento. Por su parte, el objeto es lo
determinado por el sujeto, ya que éste, en su actividad intelectual, crea imágenes y representaciones que hacen posible el
conocimiento de la realidad externa. Este modelo racionalista encuentra finalmente su mejor expresión en René Descartes
y Emmanuel Kant, entre otros grandes filósofos de la modernidad.

OBJETIVISMO O EMPIRISMO.
En este modelo del conocimiento, lo determinante es la realidad objetiva, es decir, externa frente al sujeto. El papel
asignado al sujeto en este modelo es fundamentalmente pasivo. De este modo, el conocimiento que el hombre adquiere
será un fiel reflejo de la realidad. En este sentido, su conciencia es el reflejo de la naturaleza, pero sin influencia o
actividad propia, sino más bien como un espejo. Esta forma de interpretación de la relación cognitiva entre sujeto y objeto
es históricamente más reciente que la anterior y encuentra su expresión más clara en el llamado materialismo mecanicista
o metafísico del siglo XVIII. Al igual que el pensamiento subjetivista sigue vigente hasta la actualidad. Este modelo se
encuentra representado por la filosofía moderna por John locke, David Hume, Francis Bacón entre otros.

MATERIALISMO O DIALÉCTIVA-CRÍTICA.
Este modelo materialista conceptualiza el conocimiento a partir de la relación sujeto. Tiene su origen en la filosofía
moderna con G.W.F. HEGEL, profundizado después por Carlos Marx y Federico Hengels, y continuando por Lenin y
Antonio Gramsci.
El materialismo parte del hecho de que el hombre conoce objetivamente el mundo que le rodea siempre y cuando se le
interpreta por la vía de una relación sujeto objeto. Lo que diferencia este modelo de los restantes es, al parecer, la práctica.
Los materialistas (dialécticos) sostienen que la practica social e histórica del hombre es el elemento determinante y es
mediación entre sujeto y objeto del conocimiento. De este modo, será la práctica histórica y socialmente considerada
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como la fuente no solo en la producción de conocimientos, sino también en la producción de valores espirituales y
materiales. “Es en la práctica donde se prueba y demuestra la verdad, la ‘terrenalidad’, del pensamiento. Fuera de ella no
es verdadero ni falso, pues la verdad no existe en sí, en el puro reino del pensamiento sino en la práctica. En este sentido,
dice Marx que la disputa en torno a la verdad o falsedad (realidad o irrealidad) del pensamiento al margen de la práctica,
es una cuestión puramente escolástica.”
FILOSOFIA MORAL. Ética (del griego ethika, de ethos, ‘comportamiento’, ‘costumbre’), principios o pautas de la
conducta humana, a menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores, ‘costumbre’) y por extensión, el
estudio de esos principios a veces llamado filosofía moral. Este artículo se ocupa de la ética sobre todo en este último
sentido y se concreta al ámbito de la civilización occidental, aunque cada cultura ha desarrollado un modelo ético
propio.
La ética, como una rama de la filosofía, está considerada como una ciencia normativa, porque se ocupa de las normas de
la conducta humana, y para distinguirse de las ciencias formales, como las matemáticas y la lógica, y de las ciencias
empíricas, como la química y la física. Las ciencias empíricas sociales, sin embargo, incluyendo la psicología, chocan en
algunos puntos con los intereses de la ética ya que ambas estudian la conducta social. Por ejemplo, las ciencias sociales a
menudo procuran determinar la relación entre principios éticos particulares y la conducta social, e investigar las
condiciones culturales que contribuyen a la formación de esos principios.
PRINCIPIOS ÉTICOS.Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta de acuerdo con dos principios
fundamentales y han considerado algunos tipos de conducta buenos en sí mismos o buenos porque se adaptan a un
modelo moral concreto. El primero implica un valor final o summum bonum, deseable en sí mismo y no sólo como un
medio para alcanzar un fin. En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno de los cuales
ha sido propuesto por varios grupos o individuos como el bien más elevado: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la
obligación y la perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas. Dependiendo del marco social,
la autoridad invocada para una buena conducta es la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio
de la razón. Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los mandamientos divinos o a los textos
bíblicos supone la pauta de conducta aceptada. Si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta es la conformidad
con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se espera que la conducta moral resulte del
pensamiento racional.
PRUDENCIA, PLACER O PODER. Algunas veces los principios elegidos no tienen especificado su valor último, en la
creencia de que tal determinación es imposible. Esa filosofía ética iguala la satisfacción en la vida con prudencia, placer
o poder, pero se deduce ante todo de la creencia en la doctrina ética de la realización natural humana como el bien
último.
Una persona que carece de motivación para tener una preferencia puede resignarse a aceptar todas las costumbres y por
ello puede elaborar una filosofía de la prudencia. Esa persona vive, de esta forma, de conformidad con la conducta
moral de la época y de la sociedad.
El hedonismo es la filosofía que enseña que el bien más elevado es el placer. El hedonista tiene que decidir entre los
placeres más duraderos y los placeres más intensos, si los placeres presentes tienen que ser negados en nombre de un
bienestar global y si los placeres mentales son preferibles a los placeres físicos.
Una filosofía en la que el logro más elevado es el poder puede ser resultado de una competición. Como cada victoria
tiende a elevar el nivel de la competición, el final lógico de una filosofía semejante es un poder ilimitado o absoluto. Los
que buscan el poder pueden no aceptar las reglas éticas marcadas por la costumbre y, en cambio, conformar otras
normas y regirse por otros criterios que les ayuden a obtener el triunfo. Pueden intentar convencer a los demás de que
son morales en el sentido aceptado del término, para enmascarar sus deseos de conseguir poder y tener la recompensa
habitual de la moralidad.
HISTORIA.Desde que los hombres viven en comunidad, la regulación moral de la conducta ha sido necesaria para el
bienestar colectivo. Aunque los distintos sistemas morales se establecían sobre pautas arbitrarias de conducta,
evolucionaron a veces de forma irracional, a partir de que se violaran los tabúes religiosos o de conductas que primero
fueron hábito y luego costumbre, o asimismo de leyes impuestas por líderes para prevenir desequilibrios en el seno de
la tribu. Incluso las grandes civilizaciones clásicas egipcia y sumeria desarrollaron éticas no sistematizadas, cuyas
máximas y preceptos eran impuestos por líderes seculares como Ptahhotep, y estaban mezclados con una religión
estricta que afectaba a la conducta de cada egipcio o cada sumerio. En la China clásica las máximas de Confucio fueron
aceptadas como código moral. Los filósofos griegos, desde el siglo VI a.C. en adelante, teorizaron mucho sobre la
conducta moral, lo que llevó al posterior desarrollo de la ética como una filosofía.
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LA TEMPRANA ÉTICA GRIEGA  En el siglo VI a.C. el filósofo heleno Pitágoras desarrolló una de las primeras
reflexiones morales a partir de la misteriosa religión griega del orfismo. En la creencia de que la naturaleza intelectual es
superior a la naturaleza sensual y que la mejor vida es la que está dedicada a la disciplina mental, fundó una orden
semirreligiosa con leyes que hacían hincapié en la sencillez en el hablar, el vestir y el comer. Sus miembros ejecutaban
ritos que estaban destinados a demostrar sus creencias religiosas.
En el siglo V a.C. los filósofos griegos conocidos como sofistas, que enseñaron retórica, lógica y gestión de los asuntos
públicos, se mostraron escépticos en lo relativo a sistemas morales absolutos. El sofista Protágoras enseñó que el juicio
humano es subjetivo y que la percepción de cada uno sólo es válida para uno mismo. Gorgias llegó incluso al extremo
de afirmar que nada existe, pues si algo existiera los seres humanos no podrían conocerlo; y que si llegaban a conocerlo
no podrían comunicar ese conocimiento. Otros sofistas, como Trasímaco, creían que la fuerza hace el derecho. Sócrates
se opuso a los sofistas. Su posición filosófica, representada en los diálogos de su discípulo Platón, puede resumirse de la
siguiente manera: la virtud es conocimiento; la gente será virtuosa si sabe lo que es la virtud, y el vicio, o el mal, es fruto
de la ignorancia. Así, según Sócrates, la educación como aquello que constituye la virtud puede conseguir que la gente
sea y actúe conforme a la moral.
ESCUELAS GRIEGAS DE ÉTICA  La mayoría de las escuelas de filosofía moral griegas posteriores surgieron de las
enseñanzas de Sócrates. Cuatro de estas escuelas fueron creadas por sus discípulos inmediatos: los cínicos, los
cirenaicos, los megáricos (escuela fundada por Euclides de Megara) y los platónicos.
Los cínicos, en especial el filósofo Antístenes, afirmaban que la esencia de la virtud, el bien único, es el autocontrol, y
que esto se puede inculcar. Los cínicos despreciaban el placer, que consideraban el mal si era aceptado como una guía
de conducta. Juzgaban todo orgullo como un vicio, incluyendo el orgullo en la apariencia, o limpieza. Se cuenta que
Sócrates dijo a Antístenes: “Puedo ver tu orgullo a través de los agujeros de tu capa”.
Los cirenaicos, sobre todo Aristipo de Cirene, eran hedonistas y creían que el placer era el bien mayor (en tanto en
cuanto no dominara la vida de cada uno), que ningún tipo de placer es superior a otro y, por ello, que sólo es
mensurable en grado y duración. Los megáricos, seguidores de Euclides, propusieron que aunque el bien puede ser
llamado sabiduría, Dios o razón, es ‘uno’ y que el Bien es el secreto final del Universo que sólo puede ser revelado
mediante el estudio lógico.
Según Platón, el bien es un elemento esencial de la realidad. El mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto
de lo real, que es el bien. En sus Diálogos (primera mitad del siglo IV a.C.) mantiene que la virtud humana descansa en
la aptitud de una persona para llevar a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por tres
elementos —el intelecto, la voluntad y la emoción— cada uno de los cuales posee una virtud específica en la persona
buena y juega un papel específico. La virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la vida; la de
la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las emociones es la templanza, o el autocontrol.
La virtud última, la justicia, es la relación armoniosa entre todas las demás, cuando cada parte del alma cumple su tarea
apropiada y guarda el lugar que le corresponde. Platón mantenía que el intelecto ha de ser el soberano, la voluntad
figuraría en segundo lugar y las emociones en el tercer estrato, sujetas al intelecto y a la voluntad. La persona justa, cuya
vida está guiada por este orden, es por lo tanto una persona buena. Aristóteles, discípulo de Platón, consideraba la
felicidad como la meta de la vida. En su principal obra sobre esta materia, Ética a Nicómaco (finales del siglo IV a.C.),
definió la felicidad como una actividad que concuerda con la naturaleza específica de la humanidad; el placer acompaña
a esta actividad pero no es su fin primordial. La felicidad resulta del único atributo humano de la razón, y funciona en
armonía con las facultades humanas. Aristóteles mantenía que las virtudes son en esencia un conjunto de buenos
hábitos y que para alcanzar la felicidad una persona ha de desarrollar dos tipos de hábitos: los de la actividad mental,
como el del conocimiento, que conduce a la más alta actividad humana, la contemplación, y aquéllos de la emoción
práctica y la emoción, como el valor. Las virtudes morales son hábitos de acción que se ajustan al término medio, el
principio de moderación, y han de ser flexibles debido a las diferencias entre la gente y a otros factores condicionantes.
Por ejemplo, lo que uno puede comer depende del tamaño, la edad y la ocupación. En general, Aristóteles define el
término medio como el estado virtuoso entre los dos extremos de exceso e insuficiencia; así, la generosidad, una virtud,
es el punto medio entre el despilfarro y la tacañería. Para Aristóteles, las virtudes intelectuales y morales son sólo
medios destinados a la consecución de la felicidad, que es el resultado de la plena realización del potencial humano.
ESTOICISMO  La filosofía del estoicismo se desarrolló en torno al 300 a.C. durante los periodos helenístico y romano.
En Grecia los principales filósofos estoicos fueron Zenón de Citio, Cleantes y Crisipo de Soli. En Roma el estoicismo
resultó ser la más popular de las filosofías griegas y Cicerón fue, entre los romanos ilustres, uno de los que cayó bajo su
influencia. Sus principales representantes durante el periodo romano fueron el filósofo griego Epicteto y el emperador y
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pensador romano Marco Aurelio. Según los estoicos, la naturaleza es ordenada y racional, y sólo puede ser buena una
vida llevada en armonía con la naturaleza. Los filósofos estoicos, sin embargo, también se mostraban de acuerdo en que
como la vida está influenciada por circunstancias materiales el individuo tendría que intentar ser todo lo independiente
posible de tales condicionamientos. La práctica de algunas virtudes cardinales, como la prudencia, el valor, la
templanza y la justicia, permite alcanzar la independencia conforme el espíritu del lema de los estoicos, “Aguanta y
renuncia”. De ahí, que la palabra estoico haya llegado a significar fortaleza frente a la dificultad.
EPICUREÍSMO  En los siglos IV y III a.C., el filósofo griego Epicuro desarrolló un sistema de pensamiento, más tarde
llamado epicureísmo, que identificaba la bondad más elevada con el placer, sobre todo el placer intelectual y, al igual
que el estoicismo, abogó por una vida moderada, incluso ascética, dedicada a la contemplación. El principal exponente
romano del epicureísmo fue el poeta y filósofo Lucrecio, cuyo poema De rerum natura (De la naturaleza de las cosas),
escrito hacia la mitad del siglo I a.C., combinaba algunas ideas derivadas de las doctrinas cosmológicas del filósofo
griego Demócrito con otras derivadas de la ética de Epicuro. Los epicúreos buscaban alcanzar el placer manteniendo un
estado de serenidad, es decir, eliminando todas las preocupaciones de carácter emocional. Consideraban las creencias y
prácticas religiosas perniciosas porque preocupaban al individuo con pensamientos perturbadores sobre la muerte y la
incertidumbre de la vida después de ese tránsito. Los epicúreos mantenían también que es mejor posponer el placer
inmediato con el objeto de alcanzar una satisfacción más segura y duradera en el futuro; por lo tanto, insistieron en que
la vida buena lo es en cuanto se halla regulada por la autodisciplina.
ÉTICA CRISTIANA  Los modelos éticos de la edad clásica fueron aplicados a las clases dominantes, en especial en
Grecia. Las mismas normas no se extendieron a los no griegos, que eran llamados barbaroi (bárbaros), un término que
adquirió connotaciones peyorativas. En cuanto a los esclavos, la actitud hacia los mismos puede resumirse en la
calificación de ‘herramientas vivas’ que le aplicó Aristóteles. En parte debido a estas razones, y una vez que decayeron
las religiones paganas, las filosofías contemporáneas no consiguieron ningún refrendo popular y gran parte del
atractivo del cristianismo se explica por la extensión de la ciudadanía moral a todos, incluso a los esclavos.
El advenimiento del cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en
el pensamiento occidental. Según la idea cristiana una persona es dependiente por entero de Dios y no puede alcanzar
la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. La primera idea
ética cristiana descansa en la regla de oro: “Lo que quieras que los hombres te hagan a ti, házselo a ellos” (Mt. 7,12); en
el mandato de amar al prójimo como a uno mismo (Lev. 19,18) e incluso a los enemigos (Mt. 5,44), y en las palabras de
Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22,21). Jesús creía que el principal significado
de la ley judía descansa en el mandamiento “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda
tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc. 10,27).
El cristianismo primigenio realzó como virtudes el ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no
erótico, que los filósofos clásicos de Grecia y Roma apenas habían considerado importantes.
ÉTICA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA  Uno de los puntos fuertes de la ética cristiana fue la oposición al
maniqueísmo, una religión de origen persa que mantenía que el bien y el mal (la luz y la sombra) eran fuerzas opuestas
que luchaban por el dominio absoluto. El maniqueísmo tuvo mucha aceptación en los siglos III y IV d.C. San Agustín,
considerado como el fundador de la teología cristiana, fue maniqueo en su juventud pero abandonó este credo después
de recibir la influencia del pensamiento de Platón. Tras su conversión al cristianismo en el 387, intentó integrar la noción
platónica con el concepto cristiano de la bondad como un atributo de Dios, y el pecado como la caída de Adán, de cuya
culpa una persona está redimida por la gracia de Dios. La creencia maniqueísta en el diablo persistió, sin embargo,
como se puede ver en la convicción de san Agustín en la maldad intrínseca de la naturaleza humana. Esta actitud pudo
reflejar su propio sentido de culpabilidad, por los excesos que había cometido en la adolescencia y puede justificar el
énfasis que puso la primera doctrina moral cristiana sobre la castidad y el celibato.
Durante la edad media tardía, los trabajos de Aristóteles, a los que se pudo acceder a través de los textos y comentarios
preparados por estudiosos árabes, tuvieron una fuerte influencia en el pensamiento europeo. Al resaltar el conocimiento
empírico en comparación con la revelación, el aristotelismo amenazaba la autoridad intelectual de la Iglesia. El teólogo
cristiano santo Tomás de Aquino consiguió, sin embargo, armonizar el aristotelismo con la autoridad católica al admitir
la verdad del sentido de la experiencia pero manteniendo que ésta completa la verdad de la fe. La gran autoridad
intelectual de Aristóteles se puso así al servicio de la autoridad de la Iglesia, y la lógica aristotélica acabó por apoyar los
conceptos agustinos del pecado original y de la redención por medio de la gracia divina. Esta síntesis representa la
esencia de la mayor obra de Tomás de Aquino, Summa Theologiae (1265-1273).
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ÉTICA Y PENITENCIA  Conforme la Iglesia medieval se hizo más poderosa, se desarrolló un modelo de ética que
aportaba el castigo para el pecado y la recompensa de la inmortalidad para premiar la virtud. Las virtudes más
importantes eran la humildad, la continencia, la benevolencia y la obediencia; la espiritualidad, o la bondad de espíritu,
era indispensable para la moral. Todas las acciones, tanto las buenas como las malas, fueron clasificadas por la Iglesia y
se instauró un sistema de penitencia temporal como expiación de los pecados.
Las creencias éticas de la Iglesia medieval fueron recogidas en literatura en la Divina Comedia de Dante, que estaba
influenciada por las filosofías de Platón, Aristóteles y santo Tomás de Aquino. En la sección de la Divina Comedia
titulada ‘Infierno’, Dante clasifica el pecado bajo tres grandes epígrafes, cada uno de los cuales tenía más subdivisiones.
En un orden creciente de pecado colocó los pecados de incontinencia (sensuales o emocionales), de violencia o
brutalidad (de la voluntad), y de fraude o malicia (del intelecto). Las tres facultades del alma de Platón son repetidas así
en su orden jerárquico original, y los pecados son considerados como perversiones de una u otra de las tres facultades.
ÉTICA DESPUÉS DE LA REFORMA  La influencia de las creencias y prácticas éticas cristianas disminuyó durante el
renacimiento. La Reforma protestante provocó un retorno general a los principios básicos dentro de la tradición
cristiana, cambiando el énfasis puesto en algunas ideas e introduciendo otras nuevas. Según Martín Lutero, la bondad
de espíritu es la esencia de la piedad cristiana. Al cristiano se le exige una conducta moral o la realización de actos
buenos, pero la justificación, o la salvación, viene sólo por la fe. El propio Lutero había contraído matrimonio y el
celibato dejó de ser obligatorio para el clero protestante.
El teólogo protestante francés y reformista religioso Juan Calvino aceptó la doctrina teológica de que la salvación se
obtiene sólo por la fe y mantuvo también la doctrina agustina del pecado original. Los puritanos eran calvinistas y se
adhirieron a la defensa que hizo Calvino de la sobriedad, la diligencia, el ahorro y la ausencia de ostentación; para ellos
la contemplación era holgazanería y la pobreza era o bien castigo por el pecado o bien la evidencia de que no se estaba
en gracia de Dios. Los puritanos creían que sólo los elegidos podrían alcanzar la salvación. Se consideraban a sí mismos
elegidos, pero no podían estar seguros de ello hasta que no hubieran recibido una señal. Creían que su modo de vida
era correcto en un plano ético y que ello comportaba la prosperidad mundana. La prosperidad fue aceptada pues como
la señal que esperaban. La bondad se asoció a la riqueza y la pobreza al mal. No lograr el éxito en la profesión de cada
uno pareció ser un signo claro de que la aprobación de Dios había sido negada. La conducta que una vez se pensó
llevaría a la santidad, llevó a los descendientes de los puritanos a la riqueza material.
En general, durante la Reforma la responsabilidad individual se consideró más importante que la obediencia a la
autoridad o a la tradición. Este cambio, que de una forma indirecta provocó el desarrollo de la ética secular moderna, se
puede apreciar en De iure belli et pacis (La ley de la guerra y la paz, 1625) realizado por el jurista, teólogo y estadista
holandés Hugo Grocio. Aunque esta obra apoya algunas de las doctrinas de santo Tomás de Aquino, se centra más en
las obligaciones políticas y civiles de la gente dentro del espíritu de la ley romana clásica. Grocio afirmaba que la ley
natural es parte de la ley divina y se funda en la naturaleza humana, que muestra un deseo por lograr la asociación
pacífica con los demás y una tendencia a seguir los principios generales en la conducta. Por ello, la sociedad está basada
de un modo armónico en la ley natural.
FILOSOFÍAS ÉTICAS SECULARES  En el Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes atribuye la mayor
importancia a la sociedad organizada y al poder político. Afirmaba que la vida humana en el “estado de naturaleza”
(independiente de o anterior a, la institución del estado civil) es “solitaria, pobre, sucia, violenta y corta” y que es “una
guerra de todos contra todos”. En consecuencia, la gente busca seguridad participando en un contrato social en el que el
poder original de cada persona se cede a un soberano que, a su vez, regula la conducta.
Esta postura conservadora en política asume que los seres humanos son malos y precisan un Estado fuerte para
reprimirlos. No obstante, Hobbes afirmaba que si un soberano no da seguridad y orden y es derrocado por sus súbditos,
la sociedad vuelve al estado de naturaleza y puede comprometerse en un nuevo contrato. La doctrina de Hobbes
relativa al estado y al contrato social marcó el pensamiento del filósofo inglés John Locke. En sus dos Tratados sobre el
gobierno civil (1690) Locke mantenía, sin embargo, que el fin del contrato social es limitar el poder absoluto de la
autoridad y, como contrapeso, promover la libertad individual.
La razón humana es el criterio para una conducta recta en el modelo elaborado por el filósofo holandés Baruch Spinoza.
En su obra más importante, Ética (1677), Spinoza afirmaba que la ética se deduce de la psicología y la psicología de la
metafísica. Sostenía que todas las cosas son neutras en el orden moral desde el punto de vista de la eternidad; sólo las
necesidades e intereses humanos determinan lo que se considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye
al conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la razón humana está prefigurado como
bueno. Por ello, cabe suponer que todo lo que la gente tiene en común es lo mejor para cada uno, lo bueno que la gente
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busca para los demás es lo bueno que desea para sí misma. Además, la razón es necesaria para refrenar las pasiones y
alcanzar el placer y la felicidad evitando el sufrimiento. El estado humano más elevado, según Spinoza, es el “amor
intelectual de Dios” que viene dado por el conocimiento intuitivo, una facultad mayor que la razón ordinaria. Con el
uso adecuado de esta propiedad, una persona puede contemplar la totalidad del universo mental y físico y considerar
que éste engloba una sustancia infinita que Spinoza denomina Dios sin disociarlo del mundo.
Las leyes de Newton  La mayoría de los grandes descubrimientos científicos han afectado a la ética. Los
descubrimientos de Isaac Newton, el filósofo científico inglés del siglo XVII, aportaron uno de los primeros y más claros
ejemplos de esta influencia. Las leyes de Newton se consideraron como prueba de un orden divino racional. La opinión
contemporánea al respecto fue expresada por el poeta inglés Alexander Pope en el verso “Dios dijo: ¡dejad en paz a
Newton!, y se hizo la luz”. Los hallazgos e hipótesis de Newton provocaron que los filósofos tuvieran confianza en un
modelo ético tan racional y ordenado como se suponía que era la naturaleza.
Filosofías éticas anteriores al darwinismo  Durante el siglo XVIII, los filósofos británicos David Hume, en Ensayos
morales y políticos (1741-1742), y Adam Smith, autor de la teoría económica del laissez-faire, en su Teoría de los
sentimientos morales (1759), formularon modelos éticos del mismo modo subjetivos. Identificaron lo bueno con aquello
que produce sentimientos de satisfacción y lo malo con lo que provoca dolor. Según Hume y Smith, las ideas de moral e
interés público provocan sentimientos de simpatía entre personas que tienden las unas hacia las otras incluso cuando no
están unidas por lazos de parentesco u otros lazos directos.
El filósofo y novelista francés Jean-Jacques Rousseau, en su Contrato social (1762), aceptó la teoría de Hobbes de una
sociedad regida por las cláusulas de un contrato social. En su novela Emilio o De la educación (1762) y en otras obras,
sin embargo, atribuía el mal ético a las inadaptaciones sociales y mantuvo que los humanos eran buenos por naturaleza.
El anarquista, filósofo, novelista y economista político británico William Godwin llevó esta convicción hasta su extremo
lógico en su Ensayo sobre la justicia política (1793), que rechazaba todas las instituciones sociales, incluidas las del
Estado, sobre la base de que su simple existencia constituye la fuente del mal.
Una mayor aportación a la ética fue hecha a finales del siglo XVIII por el filósofo alemán Immanuel Kant en su
Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Según Kant, no importa con cuánta inteligencia actúe el
individuo, los resultados de las acciones humanas están sujetos a accidentes y circunstancias; por lo tanto, la moralidad
de un acto no tiene que ser juzgada por sus consecuencias sino sólo por su motivación ética. Sólo en la intención radica
lo bueno, ya que es la que hace que una persona obre, no a partir de la inclinación, sino desde la obligación, que está
basada en un principio general que es el bien en sí mismo. Como principio moral último, Kant volvió a plantear el
término medio en una forma lógica: “Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley
universal de la naturaleza”. Esta regla es denominada imperativo categórico, porque es general y a la vez encierra un
mandato. Kant insistió en que uno ha de tratar a los demás como si fueran “en cada caso un fin, y nunca sólo un
medio”.
Utilitarismo  La doctrina ética y política conocida como utilitarismo fue formulada por el británico Jeremy Bentham
hacia finales del siglo XVIII y más tarde comentada por el también filósofo y británico James Mill y su hijo John Stuart
Mill. En su Introducción a los principios de la moral y la legislación (1789), Bentham explicó el principio de utilidad
como el medio para contribuir al aumento de la felicidad de la comunidad. Creía que todas las acciones humanas están
motivadas por un deseo de obtener placer y evitar el sufrimiento. Al ser el utilitarismo un hedonismo universal, y no un
hedonismo egoísta como podría interpretarse el epicureísmo, su bien más elevado consiste en alcanzar la mayor
felicidad para el mayor número de personas.
Ética hegeliana  En La filosofía del Derecho (1821), el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel aceptó el
imperativo categórico de Kant, pero lo enmarcó en una teoría universal evolutiva donde toda la historia está
contemplada como una serie de etapas encaminadas a la manifestación de una realidad fundamental que es tanto
espiritual como racional. La moral, según Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural
que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político, en el Estado prusiano de su tiempo. “La historia del
mundo, escribió, es disciplinar la voluntad natural incontrolada, llevarla a la obediencia de un principio universal y
facilitar una libertad subjetiva”.
El filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard reaccionó con fuerza en contra del modelo de Hegel. En O lo Uno o lo
Otro (1843), Kierkegaard manifestó su mayor preocupación ética, el problema de la elección. Creía que modelos
filosóficos como el de Hegel ocultan este problema crucial al presentarlo como un asunto objetivo con una solución
universal, en vez de un asunto subjetivo al que cada persona tiene que enfrentarse de manera individual. La propia
elección de Kierkegaard fue vivir sometido a la ética cristiana. Su énfasis en la necesidad de la elección tuvo influencia
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en algunos filósofos relacionados con el movimiento conocido como existencialismo, tanto como con algunos filósofos
críticos, cristianos y judíos.
Ética a partir de Darwin. El desarrollo científico que más afectó a la ética después de Newton fue la teoría de la
evolución presentada por Charles Darwin. Los hallazgos de Darwin facilitaron soporte documental al modelo, algunas
veces denominado ética evolutiva, término aportado por el filósofo británico Herbert Spencer, según el cual la moral es
sólo el resultado de algunos hábitos adquiridos por la humanidad a lo largo de la evolución. El filósofo alemán
Friedrich Nietzsche dio una explicación asombrosa pero lógica de la tesis darwinista acerca de que la selección natural
es una ley básica de la naturaleza. Según Nietzsche, la llamada conducta moral es necesaria tan sólo para el débil. La
conducta moral —en particular la defendida por el judeocristianismo, que según él es una doctrina esclava— tiende a
permitir que el débil impida la autorrealización del fuerte. De acuerdo con Nietzsche, toda acción tendría que estar
orientada al desarrollo del individuo superior, su famoso Übermensch (‘superhombre’), que será capaz de realizar y
cumplir la más nobles posibilidades de la existencia. Nietzsche encontró que este ser ideal quedaba ejemplificado en los
filósofos griegos clásicos anteriores a Platón y en jefes militares como Julio César y Napoleón.
En oposición al concepto de lucha despiadada e incesante como fundamento de la ley rectora de la naturaleza, el
anarquista y filósofo ruso Piotr Alexéievich Kropotkin, entre otros, presentó estudios de conducta animal en la
naturaleza demostrando que existía la ayuda mutua. Kropotkin afirmó que la supervivencia de las especies se mantiene
a través de la ayuda mutua y que los humanos han alcanzado la primacía entre los animales a lo largo de la evolución
de las especies mediante su capacidad para la asociación y la cooperación. Kropotkin expuso sus ideas en una serie de
trabajos, entre ellos Ayuda mutua, un factor en la evolución (1890-1902) y Ética, origen y desarrollo (publicado después
de su muerte en 1924). En la creencia de que los gobiernos se basan en la fuerza y que si son eliminados el instinto de
cooperación de la gente llevaría de forma espontánea hacia la implantación natural de un orden cooperativo, Kropotkin
defendió el anarquismo.
Los antropólogos han aplicado los principios evolutivos al estudio de las sociedades y las culturas humanas. Estos
análisis han vuelto a subrayar los distintos conceptos del bien y del mal planteados por diferentes sociedades; por lo
tanto, se creía que la mayoría de esos conceptos tenía un valor más relativo que universal. De entre los conceptos éticos
basados en un enfoque antropológico resaltan los del antropólogo finlandés Edvard A. Westermarck en Relatividad
ética (1932).
PSICOANÁLISIS Y CONDUCTISMO  La ética moderna está muy influida por el psicoanálisis de Sigmund Freud y sus
seguidores y las doctrinas conductistas basadas en los descubrimientos sobre estímulo-respuesta del fisiólogo ruso Iván
Petróvich Pávlov. Freud atribuyó el problema del bien y del mal en cada individuo a la lucha entre el impulso del yo
instintivo para satisfacer todos sus deseos y la necesidad del yo social de controlar o reprimir la mayoría de esos
impulsos con el fin de que el individuo actúe dentro de la sociedad. A pesar de que la influencia de Freud no ha sido
asimilada por completo en el conjunto del pensamiento ético, la psicología freudiana ha mostrado que la culpa,
respondiendo a motivaciones de naturaleza sexual, subyace en el pensamiento clásico que dilucida sobre el bien y el
mal.
El conductismo, a través de la observación de los comportamientos animales, formuló una teoría según la cual la
naturaleza humana podía ser variada, creando una serie de estímulos que facilitaran circunstancias favorables para
respuestas sociales condicionadas. En la década de 1920 el conductismo fue aceptado en Estados Unidos, en especial en
teorías de pediatras, aprendizaje infantil y educación en general. Tuvo su mayor influencia, sin embargo, en el
pensamiento de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Allí, el llamado nuevo ciudadano soviético fue
instruido de acuerdo con los principios conductistas a través del condicionante poder de la rígida y controlada sociedad
soviética. La ética soviética definía lo bueno como todo aquello beneficioso para el Estado y lo malo como aquello que se
le oponía o lo cuestionaba.
En sus escritos de finales del siglo XIX y principios del XX, el filósofo y psicólogo estadounidense William James abordó
algunos de los puntos centrales y característicos en las interpretaciones de Freud y Pávlov. James es más conocido como
el fundador del pragmatismo, que defiende que el valor de las ideas está determinado por sus consecuencias. Su mayor
contribución a la teoría ética, no obstante, descansa en su insistencia al valorar la importancia de las interrelaciones,
tanto en las ideas como en otros fenómenos.
TENDENCIAS RECIENTES  El filósofo británico Bertrand Russell marcó un cambio de rumbo en el pensamiento ético
de las últimas décadas. Muy crítico con la moral convencional, reivindicó la idea de que los juicios morales expresan
deseos individuales o hábitos aceptados. En su pensamiento, tanto el santo ascético como el sabio independiente son
pobres modelos humanos porque ambos son individuos incompletos. Los seres humanos completos participan en
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plenitud de la vida de la sociedad y expresan todo lo que concierne a su naturaleza. Algunos impulsos tienen que ser
reprimidos en interés de la sociedad y otros en interés del desarrollo del individuo, pero el crecimiento natural
ininterrumpido y la autorrealización de una persona son los factores que convierten una existencia en buena y una
sociedad en una convivencia armoniosa.
Varios filósofos del siglo XX, algunos de los cuales han asumido las teorías del existencialismo, se han interesado por el
problema de la elección ética individual lanzada por Kierkegaard y Nietzsche. La orientación de algunos de estos
pensadores es religiosa, como la del filósofo ruso Nikolái Alexándrovich Berdiáiev, que subrayó la libertad del espíritu
individual; la del filósofo austro-judío Martin Buber, que se ocupó de la moral de las relaciones entre individuos; la del
teólogo protestante germano-estadounidense Paul Tillich, que resaltó el valor de ser uno mismo, y la del filósofo y
dramaturgo católico francés Gabriel Marcel y el filósofo y psiquiatra protestante alemán Karl Jaspers, ambos interesados
en la unicidad del individuo y la importancia de la comunicación entre los individuos. Una tendencia distinta en el
pensamiento ético moderno caracteriza los escritos de los filósofos franceses Jacques Maritain y Étienne Gilson, que
siguieron la línea marcada por santo Tomás de Aquino. Según Maritain, “el existencialismo verdadero” pertenece a esta
tradición cristiana.
Otros filósofos modernos no aceptan ninguna de las religiones tradicionales. El filósofo alemán Martin Heidegger
mantenía que no existe ningún Dios, aunque alguno puede surgir en el futuro. Los seres humanos, por lo tanto, se
hallan solos en el Universo y tienen que adoptar y asumir sus decisiones éticas en la conciencia constante de la muerte.
El filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre razonó su agnosticismo pero también resaltó la heideggeriana conciencia
de la muerte. Sartre mantuvo que los individuos tienen la responsabilidad ética de comprometerse en las actividades
sociales y políticas de su tiempo. El supuesto conflicto sobre la existencia de un Dios omnipresente, no revestía ningún
sentido de trascendencia para el individuo, pues en nada afectaba a su compromiso con la libertad personal
Entre otros filósofos modernos, como el estadounidense John Dewey, figuran los que se han interesado por el
pensamiento ético desde el punto de vista del instrumentalismo. Según Dewey, el bien es aquello que ha sido elegido
después de reflexionar tanto sobre el medio como sobre las probables consecuencias de llevar a cabo ese acto
considerado bueno o un bien.
La discusión contemporánea sobre la ética ha continuado con los escritos de George Edward Moore, en particular por
los efectos de su Principia ethica. Moore mantuvo que los principios éticos son definibles en los términos de la palabra
bueno, considerando que ‘la bondad’ es indefinible. Esto es así porque la bondad es una cualidad simple, no analizable.
Los filósofos que no están de acuerdo con Moore en este sentido, y que creen que se puede analizar el bien, son
llamados naturalistas. A Moore se le califica de intuicionista. Naturalistas e intuicionistas consideran los enunciados
éticos como descriptivos del mundo, o sea, verdadero o falso. Los filósofos que difieren de esta posición pertenecen a
una tercera escuela, no cognitiva, donde la ética no representa una forma de conocimiento y el lenguaje ético no es
descriptivo. Una rama importante de la escuela no cognitiva defiende el empirismo o positivismo lógico, que cuestiona
la validez de los planteamientos éticos que están comparados con enunciados de hecho o de lógica. Algunos empiristas
lógicos afirman que los enunciados éticos sólo tienen significado emocional o persuasivo.

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