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Los Gnósticos

El documento resume las creencias de los gnósticos y cómo el Evangelio de Juan buscó contrarrestar sus herejías. Los gnósticos creían que Dios no podía involucrarse con la materia, por lo que no creó el mundo. Juan enfatiza que Jesús era completamente humano y divino, contrario a las creencias gnósticas de que era una emanación distante de Dios o que no tenía un cuerpo real. Juan buscó corregir estas herejías gnósticas sobre la naturaleza de Jesús.

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Los Gnósticos

El documento resume las creencias de los gnósticos y cómo el Evangelio de Juan buscó contrarrestar sus herejías. Los gnósticos creían que Dios no podía involucrarse con la materia, por lo que no creó el mundo. Juan enfatiza que Jesús era completamente humano y divino, contrario a las creencias gnósticas de que era una emanación distante de Dios o que no tenía un cuerpo real. Juan buscó corregir estas herejías gnósticas sobre la naturaleza de Jesús.

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Los Gnósticos 

¿Quiénes son? ¿Qué creen? ¿De


dónde vienen?
La aparición de las herejías

Uno de los favores importantes que enfrentaba la iglesia


cuando se escribió el cuarto Evangelio (Escrito alrededor del
año 100) era el surgimiento de la herejía en el seno de la
iglesia. Había pasado setenta años desde la crucifixión de
Jesús. Por entonces la iglesia era una organización y una
institución.

Se estaban pensando y afirmando teologías y credos; y era


inevitable que el pensamiento de por lo menos algunas
personas siguiera caminos equivocados, y resultara en
herejías.

Muy rara vez una herejía surge cuando se acentúa


indebidamente una parte, una faceta de la verdad. Podemos
ver al menos dos de las herejías y errores que estaba tratando
de combatir el autor del cuarto evangelio.

a)- Había algunos cristianos, en especial cristianos Judíos, que


otorgaban un puesto demasiado elevado a Juan el Bautista.
Había algo en Juan que fascinaba a los judíos. Juan pertenecía
a la sucesión profética, y hablaba con la voz de los profetas.
De hecho sabemos que más adelante existió una secta
aceptada de Juan al Bautista dentro de la fe judía ortodoxa.

En Hechos 19:1-7 nos encontramos con un pequeño grupo de


doce hombres que están en los límites de la iglesia cristiana
pero que nunca pasaron del bautismo de Juan. Una y otra vez,
el cuarto evangelio relega a Juan, de manera silenciosa pero
definitiva, a su propio lugar.

Una y otra vez el mismo Juan niega que él jamás haya


pretendido o poseído el lugar supremo, y cede
incondicionalmente ese lugar a Jesús. Ya hemos visto que en
los otros Evangelios el ministerio de Jesús no comienza hasta
después del encarcelamiento de Juan, mientras que en el
cuarto Evangelio el ministerio de Jesús y el ministerio de Juan
se superponen.

Juan puede muy bien haber empleado ese arreglo para


mostrar el encuentro de Juan y Jesús, y cómo el Bautista había
usado esos encuentros para reconocer, y alentar a otros a
reconocer la supremacía de Jesús.

Se señala con todo cuidado que Juan no es esa luz (1:8). Se


muestra a Juan renunciando en forma terminante a toda
pretensión mesiánica (1:20; 3:28; 4:1; 10:41). Ni siquiera se
permite pensar que el de Juan sea el testimonio más
importante (5:36).

No hay en el cuarto evangelio crítica alguna a Juan; pero hay


un reproche para aquellos que quisieran dar a Juan un lugar
que corresponde a Jesús y nada más que a Jesús.

b)- En la época en que se escribió el cuarto Evangelio había


cierta herejía muy difundida. Se le da el título general de
GNOSTICISMO. Sin una comprensión somera de esta herejía
se perderá buena parte de la grandeza y del propósito de San
Juan.

La doctrina básica (que luego derivó en múltiples variantes) del


gnosticismo era que la materia es esencialmente mala y el
espíritu es esencialmente bueno. Los gnósticos pasaban a
afirmar que siendo esto así, Dios no puede tocar la materia, de
manera que Dios no creo el mundo. Lo que hizo Dios fue lazar
una serie de emanaciones.

Cada una de estas emanaciones se alejó más de Dios, hasta


que por último hubo una emanación tan lejana que pudo tocar
la materia. Esa emanación fue la que creó el mundo. La idea
en sí ya es suficientemente mala, pero la empeoraban con un
agregado.

Los gnósticos sostenían que cada emanación conocía cada


vez menos a Dios, Hasta llegar a un punto en que las
emanaciones no sólo ignoraban a Dios sino que le eran
hostiles. Así legaban, finalmente, a la conclusión de que el dios
creador no sólo era distinto del Dios verdadero, sino que lo
ignoraba y el era activamente hostil. CERINTO, uno de los
líderes de los gnósticos, afirmaba que el mundo fue creado, no
por Dios, sino por cierto poder muy separado de él, y muy
lejano de ese Poder que está por encima del universo, e
ignorante del Dios que está por encima de todas las cosas. 
Los gnósticos creían que Dios no tenía nada que ver con la
creación del mudo.

Por eso Juan comienza su Evangelio con esta resonante


afirmación: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él
nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3) Por eso
insiste en que “de tal manera amo Dios al mundo” (Jn. 3:26).

Frente a los gnósticos que tan equivocadamente


espiritualizaban tanto a Dios que lo convertían en un ser que
no podía tener nada que ver con el mundo, en respuesta a lo
que sólo podía ser un mundo sin Dios, Juan presentó la
doctrina cristiana del Dios que hizo el mundo y cuya presencia
inunda el mundo que él hizo.

Las creencias de los gnósticos influían en sus ideas sobre


Jesús, a las cuales afectaban en dos formas distintas.

(1)- Algunos de los gnósticos sostenían que Jesús era una de


las emanaciones que procedían de Dios. Sostenían que Jesús
no era divino en ningún sentido real; que sólo era una especie
de semi-dios que estaba más o menos distante del Dios
verdadero; que era sólo un eslabón más de la cadena de seres
inferiores que estaban entre Dios y el mundo.

(2)- Otros afirmaban que Jesús no tenía un cuerpo real. Según


sus creencias, Jesús no podía haber tenido un cuerpo. Un
cuerpo es materia y Dios no podía haber tocado la materia; de
manera que sostenía que Jesús era una especie de fantasma
sin carne ni sangre reales. Afirmaban por ejemplo, que cuando
pisaba el suelo no dejaba huellas, porque su cuerpo carecía de
peso y sustancia.

Nunca hubieran podido decir: “Y aquel Verbo fue hecho carne”


(Jn. 1:14). Agustín nos relata cómo, leyendo gran parte de las
obras de los filósofos de su tiempo, había hallado mucho que
se parecía a lo que estaba en el Nuevo Testamento, pero,
decía: “`Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre
nosotros` no lo leí allí.”

Es por eso que, en su primera epístola, Juan insiste en que


Jesús ha venido en carne, y declara que cualquiera que niega
ese hecho está movido por el espíritu del anticristo (1Jn. 4:3). A
esta herejía en particular se la conoce con el nombre de
DOCETISMO.

Docetismo viene de la palabra griega dokein que significa


parecer; y se le da ese nombre a la herejía porque sostenía
que Jesús sólo parecía ser un hombre.

(3)- Había algunos gnósticos que sostenían una variante de


esa herejía. Afirmaban que Jesús era un hombre en quién el
Espíritu de Dios penetro en el bautismo; ese Espíritu
permaneció en él durante toda su vida hasta el final; pero como
el Espíritu de Dios jamás podía sufrir y morir, lo abandonó
antes de la crucifixión.

Según ellos la exclamación en la cruz fue: “Poder mío, poder


mío, ¿Por qué me has abandonado?” Y en sus libros contaban
de personas que en el monte de los Olivos hablaban con una
forma idéntica a Jesús, mientras el hombre Jesús moría en la
cruz.

De manera que las herejías gnósticas aparecían bajo la forma


de una de dos creencias. Los gnósticos creían, o bien que
Jesús no era en realidad divino sino simplemente uno en la
serie de emanaciones de Dios, una especie de semi-dios, o
que no era humano en ningún sentido, sino que era una
especie de fantasma con forma de hombre. Las creencias
gnósticas destruían tanto la deidad como la humanidad real de
Jesús:

La humanidad de Jesús

El hecho que Juan se haya propuesto corregir estas dos


tendencias gnósticas explica un doble énfasis paradójico que
aparece en su Evangelio. Por un lado, no hay otro Evangelio
que acentúe en forma tan absoluta la auténtica humanidad de
Jesús. Jesús se indignó con los que compraban y vendían en
el templo (2:15); estaba físicamente cansado cuando se sentó
junto al pozo cerca de Sicar en Samaria (4:6); sus discípulos le
ofrecieron comida en la misma forma que se la hubieran
ofrecido a cualquier hombre que sintiera hambre (4:31); siente
simpatía por quienes sienten hambre y por aquéllos que
experimentan temor (6:5,20);

Conocía el dolor y derramaba lágrimas como lo hubiera hecho


cualquiera que estuviera de duelo (11: 33, 35, 38); en la agonía
de la cruz el grito de sus labios secos fue: “Tengo sed” (19:28).
El cuarto Evangelio nos muestra un Jesús que no era ninguna
figura docética, fantasmal; nos muestra alguien que conocía el
cansancio de un cuerpo exhausto y las heridas de una mente y
un corazón desconsolados. El que nos presenta el cuarto
Evangelio es el verdadero Jesús humano.

La deidad de Jesús

Pero, por otro lado, ningún otro Evangelio nos presenta una
visión semejante de la deidad y divinidad de Jesús.

(a) Juan subraya la pre-existencia de Jesús. “Antes que


Abrahán fuese” dijo, “yo soy” (8:58). Habla de la gloria que tuvo
con el padre antes que el mundo fuese (17:5). Una y otra vez
se refiere a su descenso del cielo (6:33, 38). Juan veía en
Jesús alguien que había existido siempre aun antes del
comienzo del mundo.

(b) El cuarto evangelio acentúa más que cualquiera de los


otros Evangelios la omnisciencia de Jesús. Juan considera que
Jesús conocía, de manera evidentemente milagrosa, el pasado
de la mujer de samaria (4:16-17); aparentemente sin que nadie
se lo dijera sabía durante cuánto tiempo había estado enfermo
el hombre junto al estanque (5:6);

Antes de hacer la pregunta conocía la respuesta de lo que le


preguntó a Felipe (6:6); sabía que Judas lo traicionaría (6:61-
64); supo que Lázaro Había muerto antes que nadie se lo
dijera (11:14). Juan veía en Jesús alguien que poseía un
conocimiento especial y milagroso, independiente de cualquier
cosa que nadie le pudiera decir.

Según su concepto, Jesús no necesitaba formular preguntas


porque conocía todas las respuestas.

(c) El cuarto Evangelio subraya el hecho, siempre según el


punto de vista de Juan, de que Jesús siempre actuaba
completamente por propia iniciativa y sin experimentar
influencia alguna de ninguna otra persona.

No fue el pedido de su madre lo que lo movió a hacer el


milagro de Caná de Galilea, fue su propia decisión personal
(2:4); las palabras de sus hermanos no tuvieron nada que ver
con la visita que hizo a Jerusalén durante la fiesta de los
tabernáculos (7:10); ningún hombre le quitó la vida, nadie
podía hacerlo; él la puso voluntariamente y ejerciendo su libre
albedrío (10:18; 19:11).

Tal como lo veía Juan, Jesús poseía una divina independencia


de toda influencia humana. Sus determinaciones y sus
acciones eran resultado de su propia decisión.

Vemos, pues, que para enfrentar a los gnósticos y sus


creencias extrañas, Juan nos presenta un Jesús que era
indiscutiblemente humano y que, sin embargo, también era
indiscutiblemente divino.

Las creencias generalmente sostenidas por los gnósticos:


1- La posibilidad de ascender a una esfera oculta por medio de los conocimientos a los
que sólo una minoría selecta puede acceder por vía de una iluminación no asequible a
otros. Conocer esas creencias sería suficiente para salvarse, sin necesidad de una
práctica de moral.  Cree en revelaciones secretas y en el esoterismo.

2- Mezcla las doctrinas de diversas religiones, cambiando el significado que tenían


originalmente según la iluminación gnóstica.  Así pretende poseer un conocimiento
intuitivo de los misterios divinos superior a la doctrina de la Iglesia Católica. El
gnosticismo se parece al New Age moderno en que abarca creencias que van
cambiando y aumentando según salen nuevos escritos formando una amalgama con
poca coherencia. Tiene gran popularidad porque hoy no menos que en la antigüedad, a
muchos les interesa la novedad y no la verdad.

3- Hay dos principios: el buen dios que creó el mundo espiritual y el perverso el cual
es responsable por la creación del mundo (la materia y el cuerpo). 

Nuestro cuerpo, como en el pitagorismo heredado por Platón, era, para los gnósticos,
la cárcel en la que estaba presa nuestra alma como consecuencia de una caída original
del ámbito del pleroma del que realmente procede nuestra alma. En nuestra liberación
de la materia, la iluminación gnóstica era necesaria para lograr la salvación. 

Yahvé es un Dios del mal, culpable por haber realizado la creación del mundo material.

4- Existe una enorme jerarquía de seres. Las Personas de la Trinidad serían diferentes
seres de relativo bajo rango en dicha jerarquía. La divinidad esta compuesta de una
multitud de seres espirituales.

El tiempo gnóstico estaba marcado por los envíos de eónes, y gran variedad de niveles
cósmicos, muchos de ellos generalmente correspondientes a las esferas celestiales,
típicas de la cosmología de aquel entonces.

5- Al creer que la materia es una prisión, la procreación es también vista como algo
perverso. Atrapa a las almas inmortales en la cámara de tortura que es el universo. El
matrimonio es también perverso porque conduce al sexo.

6- Las mujeres, por su propia naturaleza, son formas de vida espiritualmente


inferiores porque son ellas las que encuban a los prisioneros. Ellas cooperan con una
diosa que atrapa a las almas inmortales para encarcelarlas en cuerpos humanos. El
evangelio gnóstico de Tomás, por ejemplo, dice que las mujeres no pueden salvarse si
no llegan a ser como hombres.

7- Jesús no es ni dios ni hombre sino un ser espiritual que solo aparentó tomar cuerpo
y vivir entre nosotros para darnos los conocimientos secretos necesarios para
liberarnos de la prisión que es nuestro cuerpo.  Por lo tanto, nos salvamos al adquirir
conocimiento y no por la obra de redención de Cristo. Se trata de auto-divinización.

Jesús estaba asociado al dios bueno. La mayoría creían que Jesús era un auténtico
mediador entre nosotros y nuestra verdadera vida, más allá de la materia, en el dios
bueno.

8- Niegan la muerte expiatoria de Jesús (ya que no tenía verdadero cuerpo propio y
porque no hace falta la redención cuando se tienen los conocimientos gnósticos).
Rechazan la resurrección del cuerpo.

9- Rechazo a las tradiciones y Biblia judía 

¡Cuanta verdad en las enseñanzas de San Pablo!:

"Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con


toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán
la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un
montón de maestros por el prurito de oír novedades;  apartarán sus oídos de la verdad
y se volverán a las fábulas.  Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los
sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu
ministerio" -II Timoteo 4, 2-5

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