ST 0411
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Nº 31
Julio de 2016 Marta Remacha
1. INTRODUCCIÓN 5
6. CONCLUSIONES 18
7. BIBLIOGRAFÍA 20
8. NORMATIVA DE REFERENCIA 21
Cuaderno nº 31: Compliance, ética y RSC
1. INTRODUCCIÓN
100.000: es el número de normas (directivas, reglamentos, decisiones, acuerdos, estándares, El compliance responde
etc.) en vigor en la Unión Europea. 40.000: es el número de leyes estatales adoptadas en al esfuerzo de las
España en el período 1970-2014 (de las que 706 lo han sido en este último año). 1.000.000: organizaciones para cumplir
es el número de páginas que ocupan las disposiciones publicadas anualmente en el Boletín con las leyes y regulaciones
Oficial del Estado (BOE) y los boletines oficiales autonómicos (CEOE, 2015). Una cantidad en vigor.
suficiente para imprimir 850 veces el Quijote y que refleja la densidad del entramado
legal y fiscal en el que tienen que operar las empresas, y al que se suman las normativas
internacionales y las del resto de países en los que estas tienen actividad.
Para dar respuesta a este complejo entorno jurídico, las empresas se han dotado de un nuevo
departamento corporativo: el compliance –o cumplimiento normativo–. El compliance
responde al esfuerzo de las organizaciones para cumplir con las leyes y regulaciones
en vigor, tanto externas como internas. Precisa conocer cuáles son las normativas de
aplicación, implementar los mecanismos necesarios para prevenir infracciones, detectar
incidentes si llegan a producirse y establecer las medidas necesarias para subsanarlos.
Esta sintonía nos lleva a preguntarnos qué papel juega el compliance en las organizaciones
y su relación con la RSC. ¿En qué consiste y cuál es su finalidad? ¿Cómo afecta el
compliance a la cultura interna y al comportamiento corporativo? ¿Hasta qué punto
atiende las demandas de los grupos de interés? ¿Qué funciones comparte con la RSC?
¿Qué pueden aprender una función de la otra? ¿Puede llegar el compliance a sustituir a la
RSC o viceversa? Todas estas son cuestiones que examinaremos en este Cuaderno y que,
de nuevo, nos invitan a pensar sobre en qué consiste exactamente la responsabilidad de
la empresa y cuál es la importancia de que las prácticas éticas estén presentes en toda su
actividad.
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Cuaderno nº 31: Compliance, ética y RSC
Así, el compliance nace para asegurar que la empresa se ajusta y cumple con el ordenamiento
jurídico. En las últimas décadas, esta función se ha generalizado entre las empresas para dar
respuesta al aumento de normativa a nivel nacional e internacional –elaborada, en muchas
ocasiones, por las instancias públicas para evitar nuevos abusos empresariales ante la falta de
En un esfuerzo por regulación–. El cometido de los programas de compliance es prevenir que tanto la compañía
devolver la confianza como sus empleados cometan delitos y, con ello, evitar las penas correspondientes.
a las compañías
americanas, en 1977 Además de asegurar el cumplimiento legal en un entorno cada vez más complejo, existen
otros tres factores que han sido determinantes para consolidar esta función. El primero es el
se aprobaba la Foreign
reconocimiento de la responsabilidad legal de las personas jurídicas, es decir, la posibilidad de que
Corrupt Practices Act,
la compañía en sí y sus directivos, y no solo las personas que trabajan en ella, sean inculpadas y
genésis del compliance. condenadas. El segundo ha sido el aumento del importe de las sanciones, que hace más «rentable»
el cumplimiento de la ley que su violación. Y, el tercero, posiblemente el más importante, el
hecho de que poder acreditar la vigencia de un programa de cumplimiento normativo efectivo
cuando se cometió el delito permite que la empresa quede exenta o mitigada de responsabilidad
penal. Todo ello ha permitido que esta función, nacida originalmente en Estados Unidos, se haya
generalizado, en apenas unas décadas, al mundo entero.
Estados Unidos, mediados de los setenta. La SEC (Securities and Exchange Commission, agencia
gubernamental encargada de hacer cumplir las leyes federales de valores y regular los mercados
financieros nacionales) descubre que más de 400 compañías estadounidenses han participado
en pagos ilegales a cargos públicos o partidos políticos en el extranjero. El caso de la compañía
aeroespacial Lockheed es uno de los más escandalosos: habría pagado 22 millones de dólares a
funcionarios del Gobierno japonés en el transcurso de una venta de aviones. Es en este momento
cuando puede situarse la génesis del compliance . En un esfuerzo por devolver la confianza
a las compañías americanas, en diciembre de 1977, el Senado aprobaba la Foreign Corrupt
Practices Act (FCPA), ley que prohíbe los pagos ilegales a funcionarios extranjeros y exige a las
compañías cotizadas registrar todas las transacciones y contar con sistemas de control interno
adecuados.
Más adelante, en el contexto de progresiva globalización de los años noventa, las políticas
nacionales se muestran insuficientes para responder al nuevo contexto de libre circulación de
capitales. Las diferencias de normativa entre los países redundaban en ventajas competitivas para
aquellas compañías que continuaban realizando pagos ilegales. Se produce entonces un segundo
avance del compliance, con el impulso de varias iniciativas internacionales de lucha contra la
corrupción, entre las que destaca la firma de los miembros de la OCDE (a instancias de Estados
Unidos) de la Convención Anticorrupción en 1997. Ratificada en la actualidad por un total de
41 países, los Gobiernos firmantes se comprometen a implementar una legislación que penalice el
soborno de un funcionario público extranjero, similar a las regulaciones de la FCPA.
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Cuaderno nº 31: Compliance, ética y RSC
Por otro lado, a partir de los años noventa se irán constituyendo los diferentes códigos e
iniciativas que han permitido el desarrollo efectivo del compliance hasta su constitución
actual. En 1991, la United States Sentencing Commission publicaba el Guidelines Manual, Los Gobiernos son los que
un marco pensado para evitar las disparidades en los juicios, para lo que codificó los criterios más han contribuido al
que pueden seguir los jueces a la hora de asignar penas a los crímenes corporativos. Entre
desarrollo de la función de
las medidas, se incluía la existencia de un programa de cumplimiento normativo y de
cumplimiento, a través de la
acciones para evitar la comisión de delitos como factores que pueden atenuar o evitar la
condena de la compañía. El impacto de la medida fue enorme: a partir de entonces surge normativa que establece su
la figura del Chief Ethics & Compliance Officer (CECO, director de Ética y Cumplimiento) obligatoriedad para para las
y muchas compañías adoptaron programas de cumplimiento (Murphy, 2002). Además, las empresas.
guidelines han influido en la legislación de numerosos países en materia de anticorrupción
e imposición del cumplimiento de la ley, a través del derecho comparado.
El golpe de gracia final vendría a principios del nuevo milenio, cuando escándalos
corporativos como el de Enron pusieron en evidencia la necesidad de fortalecer la regulación.
Bajo la fuerte presión de los accionistas, en 2002 nacía en Estados Unidos la ley Sarbanes-
Oxley, con el fin de evitar la falsificación del valor de las empresas en bolsa, los fraudes y
los riesgos de bancarrota. Al mismo tiempo, los escándalos llevaron a la extensión de los
programas de compliance entre las compañías cotizadas, deseosas de evitar que algo
similar llegara a sucederles. Se demostró además que contar con documentos, códigos o
manuales escritos no era suficiente –Enron tenía un código de conducta de 64 páginas–,
redoblándose los esfuerzos por integrar el cumplimiento normativo en la cultura de la
empresa y por monitorizar el desempeño.
En los últimos años, la crisis financiera, junto con la aparición de nuevos escándalos, han
provocado el aumento de la presión por parte de inversores, ciudadanos y reguladores, lo
que, en último término, ha conllevado la normalización de la función del cumplimiento
normativo en los Consejos de Administración y en la empresa. Las grandes auditoras
también han coadyuvado al impulso del compliance, en el que han encontrado un nicho
de mercado debido a los requerimientos de auditoría independiente y de revisión fiscal.
En todo caso, son los Gobiernos los que más han contribuido al desarrollo de la función,
creando o adaptando la normativa que hace la existencia de programas de cumplimiento un
imperativo para las empresas. Entre los ejemplos más notables de ello a nivel internacional,
se encuentra la ley anticorrupción del Reino Unido (Bribery Act 2010), que atañe a los
delitos cometidos tanto en territorio británico como fuera del mismo por empresas o
ciudadanos originarios de este país. La ley, considerada una de las más severas y referente
en el ámbito internacional, incluye los pagos de facilitación y el acto de recibir sobornos
como delitos sancionables, algo que no incluye su homóloga estadounidense Foreign
Corrupt Practices Act (McDermott Will & Emery, 2010).
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En España, la reforma del En España, el compliance es una función en auge desde el año 2010, cuando la reforma del
Código Penal en 2010 hizo Código Penal introdujo la responsabilidad penal de las personas jurídicas. Anteriormente,
inexcusable la presencia del solo las empresas que operaban junto a compañías británicas o americanas, o en estos
territorios, se habían visto obligadas a desarrollar la función de cumplimiento normativo,
compliance en las grandes
ya que la legislación de estos países (por ejemplo, la Bribery Act 2010 o la Foreign Corrupt
empresas españolas, a
Practices Act) también les era de aplicación. A partir de la reforma de 2010, la función se
través de la introducción la ha generalizado a la práctica totalidad de las grandes corporaciones españolas, tengan o
responsabilidad penal de las no actividad en el extranjero.
personas jurídicas.
La principal novedad de la reforma es que establece siete tipos de penas1, con la consideración
de graves, que se pueden imponer a las personas jurídicas (por ejemplo, empresas) en
caso de que cometan alguno de los treintaiún delitos estipulados2. La reforma también
admite que la sociedad y sus administradores pueden quedar exentos o mitigados
de responsabilidad si demuestran que contaban, de forma previa a la comisión del
delito, con un sistema de gestión, prevención y vigilancia adecuado. Esta posibilidad
de evitar ser sentenciadas, primero, previniendo la comisión de infracciones, y segundo,
en caso de que se cometan, acreditando el esfuerzo que ha realizado la organización para
mantenerse en la legalidad, dio el empuje definitivo a la implantación del compliance en
España. Desde entonces, las empresas han tenido que desarrollar la función de debido
control, implementando los mecanismos idóneos para asegurar el cumplimiento de la
normativa y la prevención del delito (Moral y González, 2015).
1
Estas siete penas pueden ser: (1) multa por cuotas o proporcional; (2) disolución de la persona jurídica; (3) suspensión
de actividades; (4) clausura de sus establecimientos; (5) prohibición de realizar en el futuro las actividades en cuyo
ejercicio se haya cometido, favorecido o encubierto el delito; (6) inhabilitación para obtener subvenciones y ayudas
públicas, para contratar con el sector público y para gozar de beneficios e incentivos fiscales o de la Seguridad Social; y
(7) intervención judicial para salvaguardar los derechos de los trabajadores o de los acreedores (LO 5/10).
2
Entre los que se incluyen desde secuestro, trata de seres humanos, tráfico de órganos, tráfico de armas o terrorismo,
hasta delitos contra la propiedad intelectual e industrial, contra los derechos de los trabajadores, contra el mercado y
los consumidores, contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, contra los recursos naturales y el medioambiente
o contra el patrimonio histórico, pasando por delitos contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social, blanqueo de
capitales, cohecho, tráfico de influencias, corrupción de funcionario extranjero o falsificación de moneda (LO 5/10).
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3.1. PREVENCIÓN
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3.3. RESOLUCIÓN
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Cuaderno nº 31: Compliance, ética y RSC
Por todo ello, cada vez más programas de compliance están optando por avanzar hacia la
ética y la RSC, que, como veremos en los apartados cuarto y quinto, se presentan como la
opción óptima para hacer que estos programas sean realmente funcionales.
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Por ello, la ética se plantea como el complemento que precisa el compliance para ser efectivo.
La ética se fundamenta en la capacidad del ser humano de discernir lo que es «bueno», o
correcto, frente a lo que no lo es, y de actuar conforme a ello. La ética, por tanto, reside
en la autonomía al empleado (es decir, dotarle de voluntad propia para decidir, frente a la
heteronomía, la imposición de normas por una autoridad externa) y en su conocimiento de los
principios por los que debe tomar decisiones y guiar su comportamiento. Como consecuencia,
este se encuentra capacitado para elegir la mejor opción en todo momento –incluyendo en
aquellas situaciones que no están reglamentadas, que son legales, pero no morales, o que
pueden plantear un conflicto de intereses–.
A través de la ética se La ética permite, además, que las prácticas empresariales no se limiten al cumplimiento de la
capacita a los empleados a normativa, sino que traten siempre de alcanzar la máxima calidad. Como señala el profesor
Argandoña (2015), frente al compliance que asegura que empleados (y otros) no actúen
elegir la mejor opción en
contra las normas para salvar las sanciones (evitar el mal para evitar problemas), la ética
todo momento. traslada a los empleados (y otros) la necesidad de actuar una manera responsable, buscando
siempre lo mejor para la empresa y sus grupos de interés (no hacer el mal y conseguir la
excelencia).
Así mismo, la ética involucra a los empleados en el proceso de construcción de los principios
y valores corporativos que guiarán la toma de decisiones y las actuaciones. Esto significa que:
• Existe acuerdo e identificación del empleado con los valores, por lo que la
motivación para seguir los principios es intrínseca (viene del propio individuo,
y no del temor a una sanción), garantizando el cumplimiento en todo contexto.
3
El concepto de disonancia cognitiva (Festinger, 1957), en psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna
que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento
que entra en conflicto con sus ideas, creencias o emociones.
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• Se hace hincapié en la creación de valor y no en las restricciones a la Los programas que enfatizan
actividad empresarial (Aznar y Vaccaro, 2015). Ello significa que las prácticas la conducta responsable
implementadas en la empresa no se limitan a cumplir unos mínimos, sino que tienen mayor probabilidad
aspiran a alcanzar los máximos de excelencia y, particularmente para ello, de tener un impacto positivo
tratan de incluir los intereses de las diferentes partes en la toma de decisiones.
y a largo plazo que los
• Por último, al igual que la percepción de que se están produciendo
programas basados en la
comportamientos fraudulentos puede llevar a otros empleados a autojustificar vigilancia.
sus malas prácticas, el comportamiento ético también es contagioso y
dar ejemplo del mismo es la mejor manera de que este se extienda a toda la
organización.
Crear en la organización este convencimiento de que hay que respetar y cumplir con la ley
no es sencillo, ya que la ética se aprende a través de la práctica. Como ejemplo de ello, un
supermercado opera bajo el lema de que «El cliente siempre tiene la razón». Los clientes
pueden comprar panecillos por unidades, que ellos mismos meten en una bolsa (opaca).
Al pagar, el cajero les pregunta cuántos panecillos llevan, y nunca abre la bolsa para
comprobar dicho número, dejando a la elección del cliente dar o no la cifra verdadera.
A pesar de que muchos consumidores puedan mentir, los propietarios del supermercado
confían y quieren dar la oportunidad al cliente de poner en práctica su integridad, algo
que no sucedería si el cajero abriera la bolsa para contar los panes o estos fueran al peso.
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Cuaderno nº 31: Compliance, ética y RSC
El compliance debe No obstante, es necesario recordar la principal diferencia entre compliance y RSC: la
entenderse como un obligatoriedad de la primera frente a la voluntariedad de la segunda. El compliance, en
instrumento de la RSC, efecto, logra que la empresa se gestione con responsabilidad y siguiendo una normativa
dentro del área de cuyo fin último es posibilitar la convivencia social. Pero esto no es suficiente para la RSC,
cumplimiento con la cuyo fin último es que la empresa sobrepase los mínimos de cumplimiento (obligatorios) y
legalidad, pero no como su alcance los máximos de excelencia (voluntarios).
esencia misma.
En este sentido, el compliance permite la gestión de la responsabilidad legal de la empresa,
pero no gestiona otras responsabilidades no legalmente vinculantes (sociales, económicas,
ambientales), que la empresa contrae como resultado de la actividad. Sería insuficiente
una empresa que considerara que, por cumplir con la normativa, ya está cumpliendo con
su responsabilidad. La RSC va más allá del seguimiento de las leyes, dando por supuesto
su respeto y su estricto cumplimiento. Por ello, el compliance debe entenderse como un
instrumento de la RSC, dentro del área de cumplimiento con la legalidad, pero no como su
esencia misma (Argandoña, 2015). La RSC precisa, además del respeto de la ley, la gestión
de los impactos de la actividad para evitar sus consecuencias adversas y satisfacer las
expectativas y demandas de los grupos de interés.
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Tampoco sería suficiente para la RSC que una empresa integre la ética exclusivamente
como medio para hacer efectiva la función de cumplimiento normativo. Es cierto que,
como vimos anteriormente, la unión de ética y compliance fomenta la integridad de
los comportamientos y el respeto y la consideración a todos los grupos de interés, algo
que está en sintonía con la filosofía de la RSC. No obstante, si se limita la ética solo al
cumplimiento normativo, la ética serviría para garantizar unas prácticas adecuadas de los
empleados en relación con el cumplimiento de la ley y a la prevención de delitos, pero
no conllevaría necesariamente una contribución activa al progreso social, económico y
ambiental, de lo que sí se ocupa la RSC.
Por ello, es necesario crear una cultura ética en toda la organización, para impulsar no solo Es necesario crear una
el respeto a la legalidad, sino también el compromiso con los grupos de interés, y que dé
cultura ética en toda la
al empleado, a través de la función de RSC y de cumplimiento normativo, las herramientas
organización, para impulsar
para contribuir a la sociedad a través de su actividad en la empresa.
no solo el respeto a la
En este escenario, la organización puede servirse de la función de RSC para impulsar legalidad, sino también el
el diálogo con los grupos de interés, las buenas prácticas y la adhesión a los más compromiso con los grupos
elevados estándares éticos, y ayudarse del compliance para velar por el cumplimiento de interés.
interno de los principios de responsabilidad. Así, la RSC se encargaría de diseñar y
coordinar las políticas y directrices por las que la organización asegure su sostenibilidad
y contribuya al progreso de la sociedad. También se ocuparía de la sensibilización y
formación de los empleados, forjando la cultura de cumplimiento, tanto con la legalidad
como con los compromisos adquiridos con los grupos de interés. Por su parte, compliance
velaría por la observancia de estos estándares y códigos a nivel interno, garantizando que
los empleados incorporen a su práctica diaria la normativa interna dirigida a cumplir tanto
con la legalidad como con los compromisos con los grupos de interés – la política de RSC,
el código ético, de conducta o de prácticas responsables, la política medioambiental, la
política de contratación, la política de retribución, etc. –.
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6. CONCLUSIONES
La función de cumplimiento normativo o compliance se ha extendido en las últimas
décadas, tras haber demostrado ser de gran utilidad para la empresa: permite que esta
se adapte al complejo entorno regulatorio, evita los riesgos y costes de la comisión de
infracciones y de ser sancionada, extiende las prácticas íntegras y transparentes y facilita
las relaciones con los reguladores y otros grupos de interés. Por ello, y en la medida en
que el cumplimiento normativo trata de ordenar el comportamiento de la empresa y de
que los empleados actúen con conocimiento de la normativa aplicable, se ha visto en este
departamento y en su director la «voz de la conciencia» de la empresa.
La empresa que cumple con No es de extrañar entonces que el compliance muestre grandes similitudes con la RSC.
la legislación está mostrando Las dos tienen como cometido garantizar el cumplimiento de las responsabilidades
su respeto por los valores empresariales: normativas, en el caso de la primera; sociales, en el caso de la segunda.
de la comunidad en la que Un cometido que parte de la elaboración de políticas y procedimientos, pero en ambos
opera y su voluntad de casos queda demostrado que no es suficiente con plantear programas sobre el papel. Al
integrarse. contrario: exige la sensibilización, la concienciación, la formación y la interiorización de
los principios y valores de la responsabilidad por parte de todos los que trabajan en la
organización (consejeros, directivos, empleados y colaboradores).
La cuestión central que surge detrás del compliance, así como de la RSC, es cómo lograr
que las personas se comporten conforme a los principios de una sociedad. No roban las
personas ¿porque consideran que está mal, porque una ley se lo prohíbe, o porque pueden
ser condenadas? En este Cuaderno hemos intentado recalcar cómo la existencia de normas
y controles externos no es suficiente para garantizar que el comportamiento se ajuste a la
legalidad y a la responsabilidad, sino que esta voluntad de cumplimiento tiene que venir
del propio individuo.
Por este motivo, la ética se postula como un instrumento imprescindible para ambas
funciones, pues da autonomía a la toma de decisiones, logra que toda la actividad se
realice conforme a unos principios-guía (como el respeto a la legalidad o el compromiso
con los grupos de interés), y, con ello, impide que se produzca ningún comportamiento
ilegal, inmoral o irresponsable. El valor que aporta la ética, que permite al individuo elegir
las prácticas correctas para todas las circunstancias (con independencia de si la mala
práctica tendrá o no repercusiones) lleva a pensar en la necesidad de crear una cultura
ética no solo para lograr el cumplimiento de la ley, sino también para impulsar
comportamientos excelentes, propios de la responsabilidad, a todos los niveles.
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De cara a la empresa, en cambio, las funciones difieren: no podemos olvidar que el Compliance, ética y
cumplimiento normativo es una función obligatoria, mientras que la RSC es de carácter RSC pueden ayudar a la
voluntario. El compliance permite la observancia de las normas jurídicas (prescritas por empresa a cumplir con sus
una autoridad, de modo que su incumplimiento puede conllevar pena o sanción), pero compromisos y a mejorar
no garantiza el cumplimiento de las normas sociales (reconocidas por los miembros de la
su relación con los grupos
sociedad, cuyo incumplimiento no implica una sanción, pero sí algún tipo de reprensión
o desaprobación social) ni ir más allá (avanzar hacia el mejoramiento social), tal como lo
de interés, asegurando
garantiza la RSC. la sostenibilidad y
competitividad del negocio.
En este sentido, la empresa no puede limitar su responsabilidad al cumplimiento
de la legislación: esta es una más de sus responsabilidades, junto con el resto de
responsabilidades que adquiere derivadas del impacto de su actividad en el entorno.
Pero la empresa sí puede servirse del cumplimiento normativo para hacer más efectiva la
misión de la RSC, haciendo que este primero cree los procedimientos para cumplir con las
políticas y códigos internos elaborados por la segunda y que observe su vigilancia. La RSC,
por su parte, puede asesorar a compliance sobre los riesgos de las infracciones y crear una
cultura no solo de cumplimiento, sino de integridad, que asegure que las prácticas sean
tanto legales como responsables, en todas las situaciones. Juntas, y capitaneadas por la
ética, pueden ayudar a la empresa a cumplir con todos sus compromisos (los vinculantes y
los no vinculantes) y a mejorar su relación con los grupos de interés, asegurando, al mismo
tiempo, la sostenibilidad y competitividad del negocio.
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Cuaderno nº 31: Compliance, ética y RSC
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