Catherine Vincent - Breve Historia Del Occidente Medieval
Catherine Vincent - Breve Historia Del Occidente Medieval
Para Benoít,
Annelise,
Anne-Cécile
y Marc-Olivier,
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6 .
J\.)~%
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'
; La Edad Media, uno de los cuatro períodos de la historia/;\.
V, ~ b : ,---------1 cJj
~~. '~ 9~~ ~uestra é~oca no se rec~ta de calific~ ~~kmedi~val»~cuanto
¡
? YO ,'.'."l" vJ" ~~ 1uzga arcaico ype!'.!~1!~~~!!t~~~Il.SJ!_-2RID...!Q11.a..JJ.XLUem~~
1
~:~ °}
S', Q)J, "' ' } · ~Q~~-!!l adjetivo adquiere entoríces un matiz_p~Xfil".~tivo que
t~ ,~- 1 '·){' {~ ~ , · nada tiene que ver con su acepción más científica. Pero quizás
""'i
l, ~...)-\\ Ó ·:b nuestra época tendría problemas a la hora de situar con pre-
,,~~)A ')"'. r,. cisión el período designado por esa apelación cómoda, aun-
1
ros reinos g-:rmánicos, visigcdo en España y Aquitania, vári- ot:·:.1 pru:te, los siglos en lo" qile la fscritura t1ene todavi¡¡ n11
dalo en África del norte? ... ¿O más adelante, a finales del si- uso restringido, h~~!a.~l renacimiento _'.-:~olingio, no permi-
glo V, en el 476, cuando Odoacro, un jefe bárbaro al mando 0 ten al historiador conocenosge1arñismci manera que.otr.QS~
del ejército romano de Italia, depone al último emperador <C\ corno el xrv y el xv, en los que aparecen las primerísimas·
de Occidente, mientras que el título imperial sigue siendo (' "' preocupaciones por censar e inventariar. Por ello, para
llevado en Oriente, en ese mundo que se define como único , '':.) orientarse mejor en las profundidades de esta selva -la de los
heredero de la romanidad y qµe se muda progresivamente '\.) magos y los eremitas, los caballeros andantes y los cazado-
/'- en un Imperio Bizantino? El final podría parecer más fácil c1 · res_, l~s-~~r~oneros y los roturadores-, suelen distinguirse
ri de ~et_~rminar. Si conservamo~ la referencia al pasado, a la ~('.j:r~s m?men~~ue corre~ponden a tres g.!!-~?~~~:~~dela (~
~
~¿ ~.
if~
Ant1gu~d romana, nos conviene quedarnos con la fecha ~ histona occidental. El pnmero, llamado(Alta Edad Mecha, ~
de 1453, año de la toma de Constantinopla por los turcos, ~ está marcado por la progresiva2Ilifl.9~-~nA~º-s.xein.o.s,ger,-·
acontecrm1ento e~ el que doblan de~nitiva~ente l~s campa: · . .4;)1 ~ !!?ánicos, realizada bajo Carl_oniagno..,S. por.~ª .~la.~oradán..
1
·
na. s p.. º..re.
vernos l. ~mp
hacia . n.o.• R.. oma.
el. e·futuro, no de One·n·.·
habremos de elegir
~-e-14~2, la ~el descubrimiento d~.J~1Jic_~~r Cf~tóbal ;
J:olo.1!, que viene a simbolizar el inicio -ya am.1.nciadopor-=
anteriores navegaciones- del ensanchamiento de las fronte-
p,efenmos
te... S...•entonces vol- n:
la fecha de una nueva'-.
suceden ra.. con l~. --.ill!P.''°ºU dd cn,t. ia
los tres < ~g~».,Q.ela.cnst1andad .. ~."<TIº·
(950-
ras del mundo conocido por los occidentales. que las soro.·.bra.s sólo van ejanclo. muy lentamente s.u lugJr,
aei.
poco antes de mediados del siglo xv, a las luces de una recu-
peración que se prolonga en el <¡hermoso siglo XVI»;
¿~.:_~
L,
Es inútil demorarse más en torno a la elección de estos he-
~.,B..t:' chos que se consideran señalados. Aunque constituyen
Un tiempo propio de ia historia de Occidente...
,ru3lí ~ cómodos puntos de referencia que conviene no olvidar, nin- la noción de~aaa Med3sólo resulta pertinente.~prapósito
~~.;"' g~no de e~os podría sintetiz~ por sí s~lo tan vastas muta- de la histori~!!!H.R&O_f_9c:ientalJ.uQ9!1~ convencional-
6 c10nes. Es mnegable que el periodo medieval se distingue de mente se la utilice para calificar a ciertas sociedad~~~uyos
- .... ---~-~==-=~~·------- -~ =
2J los que lo precedieron y lo siguieron por ciertas caract:erísti- rasgos pare~_en s~e~rjwi&~~ ~ur~eos: el Japón an!erior a
~as propias, que iremos descubriendo aquí. Pero el tiempo la epoca Meiji o el mundo ruso antesae-la abolición de la
no estuvo detenido a lo largo de esos diez siglos, por lo que servidumbre. Es en el curso de la época medieval cuando
;q z ':) s_ería impropio considerarlo.s s,i.·n intro. <lucir algunos ma.ti- esta pequeña punta avanzada de Asia asienta su primacía y
'.,).~ ces. Muchas dif~~..§.~ª.!!!Il la ~a de un contem_Eorá- cuando adquiere poderosos fermentos de unidad (elabora-
~A <!e _QJ.Q_d2Y.~<u;kJa.,_de_u11. g>n.t~JI1R-Qr_.í.~0<kJurn.d~" ción de un paisaje rural y urbano original, principales refe-
A:co~.ror}imitarno..§_ ª·dºs grandes figuras «(ranc~~as». Por rencias culturales), pero asimismo los gérmenes de sus futu-
l
-
12 J3REVE HISTORl.-\. DEL OCCIDENTE MEDIEVAL
. \1
ras divisiones internas (diversidad lingüística, formación de \~ ... conceptuado oscuro...
las naciones, discrepancias religiosas). Quien dice Europa --._f4¡
occidental descartª- pues, en sus confines, las t_icrrns que l.J Los vrimeros ~~r-ir=H-Ba~a.f!e-~.fil&
gravitanen J-ªJLr])it:a ge ü:iflJlellc:_ia del mundo musulm_án,_o_ " ~~ jfilg<(i2_~¿íQdp_iue_rpnlos.humanistasi~s~que, a partir
:en, Biz~ii<i.
la de_ ci~~ta; zonas, como la antigua Dal~~~ia " 11
romana o ]as islas del Mediterráneo, y en primer lugar Sici- f
t\:í
del siglo XIV, tuvieron conciencia de vivir una ruptura con
su pasado inmediato. Fervientes admiradores de los ,ul.ti;;:.,
lia, son entonces escenario de ásperas luchas por la influen- , guos, griegos y E_QWg_IlQ_~,"~Q_lldenaron _al desgr\:!QO_J9s.
cía política, eConómica y religiosa; aún hoy coriservan sus~ t1emposqu<lbssepar_<l:ban!teJa,A11ti~edaa~Considerados
estigmas, pero han ganado la riqueza: de las tierras de con- ~ ~ell13loque,cuy01Íni2o-mérito a sus ojos consistía en haber
tacto, donde, por encima de los enfrentamientos armados, "'ií.: operado el enlace entre aquella luminosa época y la suya. E_l
las diferentes culturas se nutren mutuamente. ,~ int~t:Yfl-lo.fµt:!=caUfü:a.4<?.ffilQDC.s:Sc<:leJ:ie1"11pg medio, en el
Aunque los lúnites territoriales de Occid~nte sean a veces ~.;¡}-,· sentid() de interme_cli~rio, y 111edi<J~re, y hastª QSC.I.U:(hcon-
_difíciles de trazar, y más aún ·porque evolucionan desde el ~
comienzo al final del Medievo, hay dis_!!nf.io_nes gue _!!<:>_~d-
=miten d~da~ Son principalment~ de orden lingüístico yre.ti~
J
¼
cepción que seconserva en la expresión inglesa de las dark
ages ('edades oscuras'). Petrar_ca,E!'imei,:o, ~egui_4o en ~l
por Ghiberti, Giorgi_C>Y<!sa-5i }'J,oreri~9.Ya!!a~ rivalizan en
xv"' _
gíos6:~aériw.here_dero de la migg oesJ:~.d~Ump,eri_o_ RQ;;, ~ - CCalificara estas gelleracioñes<Jscuras COil términos condes- 3
, ma11~, -~puta~a _p_orJ()~=~e!1:!t1J_ri~sº ~,on.__(l_u~~a~<J~ ~o~__e!_ ~ cendientes y peyorat~vos que tienen co~o contrapartida ~
Islam, ~e caracteriza ªnt~toc{o por el-usp deilatín:y:defaf \l,2 susalabanzasalaAntigüedad. Ensusescntos,laEdadMe- i
_le~~u~_~_Jue se. d_e.ri~~.~~n- dir~c"t!.11.1~~- ~~~l; el__g_riego_,_el!__ ~ ~ d~a se gana una repu~a~ión muy firm~ de tiempo bárbaro, l
8lmbio,'ape~~~~_<:_~~¡Es tamfüen el mundo donde...§.e "~\ .v10lento, cruel (¿que epoca ha podido escapar a ello?),
practica elcristianjs_I!!,2 siguiendo la tLadisió.!!.Y!Qu:it_q~1ª- -~ \ anárquico o dominadopwtiráflkos~-P.2Q~L~~re_li~s<J~L,
.tin?s, e~ comunió~ primero ~JLlª Igl~s_ia d~ RQma y eles- t~ { -~i!!l~~' ~EEI'o_duc~icS:° ar!fstica~~~a<!~ ~~ó~iSª=~ _re_f~_;-
pues baw su autonda,d. as regiones que10Dordean son, o ~ 1, r~~g~~J!"!},~!:>J()~g_~}!!~~~()~-~~g_<>_<i.~s,~C>,h_<!l!abagrac1~
. ~ rras e _s~!ll, ondelareligióndominanteeslamu- ! ' asÜsojoscomparadaconlasoDrasmaéstrasdelaAíiügüé~
_§µln:i~I}~Ja le_!:J~~~?!b~3:da y:~nt~11di~a e~ e~~~e :-si bien ' \li dad . Este adietivo~<itif,2,_11=til!~~~o-~~~ªP!1.r!2~sig11¡¡_~~
éste no domina en solitario-, o bien tierras coloéa<ias bajo la estilo muy concreto del arte medieval, relegaba a segundo {
~ut. r!d. ~~~bi~a:1,t!ll~ y frecu,~nte~~pte ele._.sig~d.-a~~~ l◊-s ~~·
º_ 96_ra~
p·I·ª_no _la h.. 1st_o_r~a de todá~las legadasporalézsiglos --:
,.!9s 1
' oc~identales como «mundo de los griegos»: La califica~ -· ~-crea<;:i_q_n ... Así forjada, la división de los tiempos histó-
c~?n, que ~ < 1 , ~ , Q ~ ~ Y t ~ ~ ricos entre Anti~e1~d, Edad Media y ti:mpos mo~e:nos,
~ ' vale tanto para la lengua como para la religión:..\!!! con todos los preJwc10s que transmite, iba a ser utilizada
, cri~~~_i_sm~que afirma serel único correcto, «ortodoxo» normalmente por los filósofos y hombres de letras de los si-
r-decimOs eii nuestros días, yj1(ª1~'}itos distjngµ~ri]~L glos XVII y XVIII. Los pensadores reformados estigmatizan
, de los latigos. • esos tiempos, dominados por el oscurantismo de la Iglesia
romana; los siguen, aunque más moderadamente, los par-
tidarios católicos de una iglesia nacional (galicana la lla-
11
man en el reino de Francia) y humanista. En el Siglo de las lisr;10s basados en Bretaña ·en la tradición celta o en el
r;; Luces el desprecio llega al paroxismo: para Voltaire, en el Lanauedoc en la leyenda cátara. Más alejados de co~side-
·.e
Jr-
~
siglo xm «la ignoranc~a,.esco!ás_tica suplanta_ a l~nm:fil!f~==
~¿<!lvaje». El cliché quedó fijado para mucho tiempo, y circu-
la todavía en las conversaciones y las imágenes contempo-
raci~nes políticas -aunque quizás habría que exammarlo
más a fondo-, los historiadores de la Nouvelle Histoire,
con Max Bloch a la cabeza, se afanaron igualmente mucho
(;l ráneas. vor lograr una valoración más equitativa de la Edad Me-
dia. y su acción no dejó de provocar ciertas fases de entu-
siasmo en la opinión, co~o atestiguan algunos éxitos de
... recientemente rehabilitado venta de libros como Montaillou, village aceitan [trad .
esp.: Le Roy-Ladurie, Emmanuel: Montaillou, aldea occi-
Hubo, no obstante, 2oderosa~arrieotes.de mhabilita~ tana, de 1294a 1324, Taurus, 1988]
~QP,- que se esforzaron por invertir los términos, aunque Todas estas pasiones acabaron por engendrar iniciativas
quizás demasiado.sistemáticas en su idolatría,_su_8-tituye_- _ no tan vistosas pero que sirvieron muy bien la causa de la
ron la Iexenda n~gra por una leyend_a dora4ª., iKJ!aLI!lente~- Edad Media; a saber, buen número de instituciones cultas
falsa ... La primera data del siglo XIX y se apoya en especial en las que cualquier.trabajo serio de historiador ha de apo-
ce~ la-persistencia en la cultura de todo un sustrato medie- yarse. Impulsadas, sobre todo en Francia, por la École des
val, como ilustran entre otras las grandes figuras de Car- Chartes, fundada en 1821, en el XIX florecieron en diversas
lomagno y sus paladines, o las de los héroes de Bretaña, provincias sociedades eruditas, sin olvidar la acci?n pione-
Merlín y su círculo. El movimiento romántico manifestó ra de los «anticuarios» religiosos o laicos de los siglos xvn
ruidosa y brillantemente un pronunciado gusto por- la yxvrn (Mabillon), y las academias regionales o nacionáles,
Edad Media. En Inglaterra ante todo, después en Francia gracias a las cuales se recogió una imponente masa docu-
y Alemania, y más adelante en Italia, los artistas bebieron mental, indispensable para quien quiera estudiar el período ·
profusamente en la historia medieval, cuya riqueza ali- con seriedad. Se publicaron los grandes textos políticos o li-
mentó su imaginario e inspiró libretos de ópera, poesías, terarios, se elaboraron diccionarios de las lenguas entonces
piezas de teatro o novelas, cuando no ideas de cuadros, en uso, latinas o vernáculas, por no hablar de los valiosos
muebles o monumentos del estilo llamado «trovador». catálogos e inventarios de archivos familiares a todos los in-
A medida que las naciones europeas iban consolidándo- vestigadores, que los frecuentan ya en número creciente.
se, hallaron en la Edad Media sus héroes fundadores: Ro- A las futuras generacion~s corresponde, a poco que sigan
bín de los Bosques en Ingiaterra, San Luis en Francia, el estando ávidas de curiosidad histórica y sepan dar mues-
Cid en España, los Maestros Cantores en Alemania o Gui- tras de imaginación en sus análisis de los documentos, pro-
llermo Tell en Suiza. Los ideólogos se mezclaron en el seguir con este movimiento, del que la Edad Media se ha be-
asunto, los católicos para ensalzar aquella gran época de neficiado tanto como los otros períodos. ¿No es éste acaso el
la fe, los burgueses liberales para identificarse con el mo- mejor método para demostrar a quienes aún lo comparten
vimiento municipal y, más adelante, los fascismos a pro- que el cliché volteriano del oscurantismo medieval tiene sus
pósito del movimiento corporativista, o diversos regiona- días contados?
16 BREVE HISTORL\ DELOCC:DENTE i,íED!Ev,\L
.JI_~_!b ni a las cancillerías principescas, sino que llega al !.,a literatura medieval, paradójicamente muy mal conoci-
Í - •
QJ/ ~. mundo urbano. _En las cmdades se abren tallere_s de <::opia, da vor los historiadores, sume_ a su lector en un mundo cu-
• ¡? '. donde se elaboranJil~:odos de fabricación~n c~dt;~!l: en vez4=- vas· raíces culturales, aunque cristianizadas, toman sus ele-
)\ { . de confiar la produc~1?n de una obra'. de la A a la Z, al mismo ~entos del folklore y de una gramática de símbolos, así
, r( '¡amanuense, .se subdi.v1de en <:uadernillos que varioscopistas- como de una mitología poblada de hadas y encantadores so-
i l'Jf
l
\ J~K
~ xreproducen simultáneamente para acelerar su terminación.
;A partir d~Lsig~\papdempi~~a é! suplantar en los do-
'cumentos usuales al pergámino;más r~s-istente~cfaro esfü~=
bre la
grandes
que, a menudo, no existe ningún otro texto. Algunas
figuras perduran aún en la memoria: de la literatura
épica'. es d~ic~r, de l~nció~~e-~est©( entenaida en el senti-
_J?{ ;¡~v~~~s!~~Ita~;:~~;c~~r~I;]/if;,~c~~~rrrr~~
~~;'\, uurn.mados que enriquecen las bibliotecas principescas.l,aJ.
do etimologICo de ~ecñoelevad<»> ), brotan las de Cª-do-
_magno,.lloJ!fá!l Y~Qtr:Q~.12ª1adin.esi,.d.e fa VA_sta materia de las
novelas de caballerías, las de los héroes de la Búsqueda clef
Gríá1 y1os caoallerófdelá: Tabla Redonda reiiriidos entornó
0
los objetos de uso o las obras de arte). Eso ha permitido una orígenes étnicos de las poblaciones y revela!1 el estado de sa-
considerable renovación de nuestros saberes, muy percepti- lud de los individuos ...
ble en el caso de la Alta Edad Media, en la que el corpus de La pasión por las excavaciones no debe hacer perder de
las fuentes escritas es más limitado, pero de Ía que se benefi- vista el interés que presentan los monumentos todavía visi-
cia de hecho el conjunto del período. bles: castillos, recintos fortificados, palacios municipales de
El movimiento extrae todo un conjunto de informacio- las ciudades italianas, lonjas de paños de las ciudades fla-
nes de los datos suministrados por la arqueología que, en lo mencas, por no hablar de in.numerables iglesias, catedrales,
que a los estudios medievales se refiere, se estrenó activa- monasterios y conventos, o de los modestos edifici?s ·de las
mente mucho antes de la Segunda Guerra Mundial en In- parroquias rurales. A ello se añad:n los objetos recogi~?s en
glaterra, Alemania y los países del este y el norte de Europa, las colecciones nacionales o particulares, y la profus10n de
mientras que Francia intenta recuperar su retraso desde imáuenes legadas por el mundo medieval a través de escul-
hace unos veinte años. Los resultados obtenidos son de pri- tura~ y pinturas, murales o de caballete, y el tesoro de los li-
mer orden, y están basados en métodos de trabajo muy téc- bros miniados. A este respecto, recientes estudios basados
nicos que requieren la colaboración de científicos. Algunos en las fuentes iconográficas han probado, si todavía era pre-
ejemplos nos convencerán de ello. La observación aérea, ciso, su fecundidad, tanto a propósito del lugar.del niño en la
gracias a fotografías tomadas en diferentes estaciones, con sociedad, no tan depreciado como se creyó, como de las téc-
iluminaciones variadas y a veces con infrarrojos, ha revela- nicas agrarias o del sentimiento religioso.
do multitud de antiguas sedes de ocupación del suelo hoy
desaparecidas. Por otra parte, se efectúan excavaciones en De la enumeración precedente no debe sacarse la conclusión
pueblos, barrios de ciudades o cementerios, siguiendo pla- de que cada tipo de fuente se aborda con independencia de
nes establecidos para varios años o, más a menudo, con las otras: ¡muy al contrario! Los resultados más fructíferos se
ocasión de obras inmobiliarias o en las vías públicas: se tra- obtienen combinando y comparando las informaciones que
ta entonces de excavaciones llamadas «de salvamento». Las suministran, para una misma época o un mismo tema,
excavaciones aportan numerosos elementos nuevos sobre fuentes escritas y fuentes materiales. Deseamos que nuestra
la implantación y extensión de los hábitats y de los centros presentación haya convencido de la riqueza de la documen-
de poder (castillos), así como sobre la cultura material: he- tación de un período falsamente conceptuado oscuro, y de la
rramientas o utensilios de cocina, prendas de vestir, técni- imaginación siempre despierta de los investigadores que lo
cas de construcción. La exploración de las sepulturas per- explotan.
mite evaluar la evolución de los ritos de inhumación en
vigor y medir así el avance de la nueva religión cristiana;
por otra parte, un estudio a fondo de los esqueletos que sa-
len a la luz suministra apasionantes informaciones sobre las
realidades antropológicas de las poblaciones medievales
(tipos humanos o estado sanitario, por ejemplo), que vie-
nen a enriquecer los estudios demográficos, precisan los
Alta Edad Media
~
e
~
f
Sea cuál sea la fecha concreta utilizada para m~rcar el final del (t ,
Imperio en Occidente, es evidente que en el~oblaron J "
~:., ,~ las campanas por ~id~ _fC?~~~asi~tió a~ ªpa_ri~~º=} ~ •
de un nuevo orden político y cultural, fragI!].entacio_e.nxarfos , ~V::
-
conjuntosen losc[ue co-e.risten-pi.ieblos de costumbres varia- -;;,
das y usos religiosos <p~tin!OS,J liasta~op_ti.:_~i~_li- Los fieles de=. (+:' -
e
27
13!{.!V E H!S f'OR!.\ DELüCCfDENTE MEDif\~\L . ~_VJC:-• ,.t·. Le,, .,cmos 3 ,;:;t,:i.c, / ::!'..'
fía er.. cet::oceso) y culturales (pérdida de crédito de les valo- ( ~ Cl~ e~ 3er.o Cel ~~p2z:o Rvm-ª_.:;_~_ Es~e -~ras~.o {{lliOViLl:cnt'l:.
res de la religión cívica y del paganismo, que ya·no cimien- / ¿fa pueBfos» s·.,.; oosei:-va du1'.antevarias décadas. i?or ello, y
tan tan sólidamente la sociedad), filmperio R.-,oma11() ~ificil- a pesaf de algunos desplazamientos de gran amplitud, la
mente pudo res.istir la presión de los pueblos «bárbaro-s>; -· E;gada más masiva de los germanos a Occidente en el curso
"'instalados en-sus-fronteras. Sin dos
embargo; las partes del-- . del siglo v, y después su estabilización en reinos autónomos,
~~ territorio salidas de la división que concibió Teodosio 1 en ····' no han de concebirse como el brutal_<!t'!sencadenamiento de
~ °'e • - . ·• ··••· - ••··-•• - - - ~ - - - - • • • ~ ~ , • - - • • - - --,-. - ,,,e·.•·•='~----- •
¿~;: ~ e~395_1!() ~:-~cEi<?_~aron de ~~~e~á. unifOnµ~_aí..C?i:_ie_~t~~~ • un mar de fondo. Al término <lGinvasi~e_E_~ que sub-
<·
~{,/
torno a _(:onstantmopla, mas prosper_g,).u~_ulto mas facil
contenerlos, gracias a sus riqueza,!¡; Occidente) en torno a . . próximo, al parecer, a la realidad _q~_t; logramos captar.
yace ese concepto, s.e prefiere hoy el de «i_~.,r~jg_11~ más
'C' ', Roma, parece haberse hallado más inerme._ A este respecto, el:~nálisis anfropologicq¡_de las poblaciones
Los denominado@~r5~9J.?'1 según la Costumbre de los inhumadas en los cementerios, ahora excavados en buen
, antiguos, que calificaban de esa suerte a todos los pu~blq~ ;úméróenefconjuniodel territorio occidental, confirma la
~ \ ) ajen()~ a suptltnra, están lejos de ser unos desconocidos
\ ' ·~ff
hipótesis de una }11filtración progresiva y permite confir-
para los romanos. Se trata principalmente de poblaciones mar, en efecto, qúe no hubo una modificación brutal de los
\".,. germánicas,_establecidas al otro lado de las fronteras del Im- ; tipos humanos' er1 el_qu-so ~de los 'siglo-s.-v yv1:~QC()§ .esque-
~ i_~iq ·y cuyas CO§tllmoi-es\Ta 15osquej<[Tac1:tcf~li~1.C(~ertizii.::· letos p-resentan las características reconocidas a las pobla-
~)
1
; ': nia, en el siglo I después de-Cristo.Jmplan_tadas des.de elva.:- ciones germánicas: _una estatura más elevada y un cráneo _ ~
~ l
lle del Rin hasta la desembocadura del Danubio, se 'más alargado que el de las poblaciones autóctonas. _QS -= i
~'7 Í ~~tri~uyen ei:itre germanos -del oei~.,__=fi~~i~H~~l~~~~~~ pos que se instalaron no t'!!"_ail,RQ!:.l_oJanto,muy nume;osos; iJ
"\l.. ffalrededor del Rin y el Mosa)-,_germanClsA_~l.n.tr!."te-.~jutos, .~110 ó6stante, !iJ-s familias de los guerreros seguíaii normal- - ~
,. ¿c'~\1fglos y sajones (alrededordefa act_ual Judan4ia )-:; y ~:rm.a- mente a las tropas en sus desplazamientos, salvo en el c'aso éi
- /E(}? qe}s§,.t~.::!O}Ilp~rg,~Jc~~:[_Q§,='\@_!1d~ººs y~dQs,~sit~~d9J, ,i de algunos grupos de mercenarios, a sueldo de los r_o,má119s,_ ·>
rl
~ ~d<:~a! ,E;~tej.~el vall_e dd Elb_a:::-,_A partir de la segunda mitad i que"<l~J~.ft~~n)l.SJI"i~z_,~stablecerse,y~gª[email protected]., j:
"-defsiglo IV el poder romano autorizó a pequeños grupos a dencia.
instalarse en el interior del~(~!~~=~..f9rtlfic:ada), con De este movimiento de larga duración nos quedaremos,
el estatuto jurídico de feder~: según los términos de un ¡ sin embargo, con dos hechos espectaculares. El 31 de di-
tratado con Roma ( . ~ aquellos pueblos podían vi~i_t:___ ciembre del 406, a favor de un invierno muy riguroso, las
~cmforme a sus pr<?pi~yes en, lo~e.rrAori.2s qµe §des.asig- ¡ tropas bárbaras crll:zar.on el Rin helado y penetraron en la
naba11, P.~!"0 a qu:nbiocdebían,_pr.f:starser-:vicio militarJ A CO;;. Galla. Cuatro años después, en el 410, el jefe de los godos,
\. _ ¡
) mie_!!.2:.Q_§~el§jg!o v_lfi_s_germanos se ~~IPJ>~wad.oscPíltla ! Alarico, saqueó Roma, lo cual fue causa de un profundo es-
&f llegada de un pueblo de origen ~'!.lr~_o_,J9~_l1.u!}OS.,.,Rfg,~e.<Í!!!- ;,':.• tupor. El avance de los hunos sólo fue detenido en el 451 en
\.·~e"~
0
- de forma anárqmqJ;i.é!_c:1a eL<¿e§!e,-ª-tropellá1_1dose mutua- ¡;j que mandaba un ejército compuesto en su mayoría por mer-
mente,JAfguno~ de el~o~.:' i11~l_11s~_ ºº~$Odos)~ btiscaron refu_- ~1 cenarios bárbaros, más que por romanos. A la muerte de I
~~~j~"11--:1,~~
_t -:::.·~ ,\, - ~
'~¡
~o
~ 3:tEVE HISTORl,\ DEL úCCIDENTE MEDIEV,iL ¿~s
- _POC.\ DE LOS !>EINOS B/.,UlA!lUS 31
... a los reinos bárbaros -, ! El ti:amo final del siglo estuvo marcado por la realización
de la unidad del reino de los francos y su expansión hacia el
El va~focr~ado ~nEuropa centralp01:Jaderr_ota_d_e Io_sll11_no~ ; sur. Divididos en varias ramas, los francos se habían implan-
cFéJ'ifü.n hueco, al este del mundo -romano~~araJa renetra- tado a lo largo del valle del Rin, los salios al norte, los renanos
en
ción de los eslavos, en especial de los ávaros, la llaniií-a-del ;, . (bautizados otras veces ripuarios) al sur. La iniciativa provi-
" e ·,panubio. En el oeste, ªfinal~s deGiglo Y)JQ(di)'etsospue-:. l . no de los salios, que se extendieron por el sur hasta T__9_!1rnai,
11
o~~~n
' dal_o,s extie!ld en s11_br_1;1!a! d~mir_iac~~ _sobE~ ¡_•,·. . h , 11amad a erroneamente
1a batalla d e Zulpie ' Tolb.iac y cuya f,e-
:'.] .· ~ - e no¡_te,.,Gérceg:ryC---erdeñ-a,ades.a_e aon<Ie desenca-
<i' ,' denan operaciones de pillaje, la más señaláda en 455, en·' (
11
eí
¡.•,· cha es controvertida (¿496?), antes de volver sus ambiciones
hacia el sur, contra el rey visigodo. Éste, sosténido por Teodo-
11
{f;::i::;:l~ :: !~::~:=~~::i::~;ci:~~i!~::~;:\~~ 1 ~
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32
33
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BR.l.VE Hl~ !Olll.\ !)!!LüU.:IDENTE ,1,1EDlfV.\L 35
r:litiéndcle prosperar. R.eco!!ocido po~ e! grupo de grarides guas ::awilias romanas: los nuevos dueños no quisieron, ni
que lo han llevado al trono alzándolo sobre un pavés como pudieron, sin duda a causa de la debilidad numérica de sus
«el primero entre sus pares», posee en adelante el bannus, el hombres, reemplazar a todo el personal imperial, más al
derecho a ordenar, obligar y castigar. El círculo del sobera- tanto de las diferentes funciones.
no, compuesto por servidores y familiares, guerreros y Una de ellas, el ejercicio de la justicia, supone estar muy
miembros de la aristocracia, cumple funciones que son de familiarizado con el derecho en uso entre los diversos ele-
orden más doméstico que pú_blico; uno de ellos, el mayordo- mentos de la población, pues la sociedad de los reinos bár-
mo de palacio, adquiere gran importancia bajo l~s reyes baros aplica el régimen del carácter personal de las leyes:
francos. Otra señal inequívoca es que estas monarquías no cada uno vive y es juzgado con arreglo a la ley de su pueblo
cuentan con una capital fija, con excepción de las dos más de origen. Esta situación no hace sino prolongar la que estu-
romanizadas, la de los visigodos (Toledo) y la de los ostro- vo en vigor entre los primeros grupos de federados. Ade-
godos (Rávena). A pesar del papel concedido por Clodoveo más, encuentra justificaciones religiosas: ciertos pueblos,
a París, la monarquía franca sigue siendo itinerante, una convertidos a una herejía del cristianismo, ·el arrianismo
manera de que el titular asiente su poder ante todos, pero -condenada en el 325 y cuya naturaleza veremos mas ade-
también de que se beneficie de los recursos de las diversas lante-, no quisieron mezclarse con los católicos. Los más
sedes del fisco, cuyos ingresos alimentan las arcas del prín- intransigentes en este terreno fueron los godos y los burgun-
cipe, al lado del botín de guerra. Por último, la función su- dios, que prohibieron los matrimonios mixtos y se empeña-
prema y los bienes ligados a ella pertenecen, según los usos ron en mantener su identidad en el seno de la sociedad. Sin
germánicos, al patrimonio de quien los posee; así, pues, to- embargo la progresiva conversión de todos los reinos al cris-
dos sus herederos legítimos tienen derecho a aspirar a ellos. tianismo ortodoxo (a saber, el único verdadero, tal como lo
En nombre de ese prfncipio los soberanos francos no vacila- definieron, frente al arrianismo, los primeros concilios ecu-
ron en repartir entre los hijos el reino del padre, hasta llegar ménicos) y, simultáneamente, la mezcla de las poblaciones
a cierto grado de partición que ya no traspasaron; para en- derribaron estas barreras. El ejemplo pudo llegar de los
raizar su poder en los orígenes étnicos, cada uno debía tener círculos principescos, los hombres llamados entre los fran-
una porción del viejo país franco, fuente de ingresos y de cos leudes. En este grupo, los descendientes de la aristocra-
prestigio. cia romana se codeaban con los nuevos poderosos; de esa
En cambio la administración local sigue fiel a las institu- suerte se elabora un medio propio para entablar alianzas,
ciones romanas. El conde, representante del poder soberano gracias a las cuales los más prestigiosos facilitaban a los se-
en su ciudad o pagus ('país'), desde la capital donde reside gundos el acceso a los codiciados títulos del antiguo Impe-
hace justicia al frente del tribunal condal, reúne contingen- rio. La fusión entre las capas más modestas de la población
tes armados y recauda impuestos, que por entonces son fue también, ciertamente, muy real gracias a la soledad de
principalmente impuestos indirectos sobre el transporte de los guerreros, y fue tanto mas rápida cuanto que la implanta-
mercancías, los peajes, y otros derechos de tránsito. Varias ción bárbara no alcanzaba un número considerable. Sin em-
generaciones después de la instauración de los reinos bárba- bargo cada cual pudo seguir prevaleciéndose de su propia
ros todavía es corriente encontrar condes salidos de anti- ley, por lo menos hasta la época de Carlomagno.
3ó . BllfVi2 HfSTOR1A DEL üC(;IDENT2 ,viEDIEVAL
Movidos por el deseo de imí.:a; la actividad legislat.i va del oetsvnal -antruJtio;-zes fr~DCG3 v gasindi low.ba:-Gcs-, for-
emperador, los soberanos se preocuparon de poner por es- man a su alrededor una tropa de hermanos de armas consa-
crito los usos de su pueblo, hasta entonces transmitidos por grados a su persona hasta la muerte. A su escala, los podero-
vía oral. Tanto en el caso del Código de Eurico, de los visigo- sos constituyen igualmente redes clientelares en las cuales
dos, de finales del siglo v, de la Ley Gombeta entre los bur- entran hombres libres en busca de protección; éstos se colo-
gundios, de finales del VI, del Edicto de Rotario entre los can así bajo su mainbour (la misma raíz que mund), a cam-
lombardos, de mediados del vn, o la célebre Ley sáfü:a de los bio de servicios, domésticos o de otro tipo, e incluso, para
francos, difícil de fechar y conocida por las copias carolin- los más débiles, a cambio de su libertad personal. El poderío
gias, la redacción de las leyes bárbaras es contemporánea de de los clanes aristocráticos se mide por el tamaño de su
la constitución, por iniciativa de Justiniano, del inmenso clientela, así como por el prestigio de sus alianzas matrimo-
Corpus de Derecho Civil (529-533) que sigue siendo uno de niales. Y cuando el poder principesco falla, con motivo de
los fundamentos del derecho moderno. Pese a la impronta guerras de sucesión o de luchas fratricidas, el orden o el de-
del derecho romano sobre las leyes bárbaras, que hoy se re- sorden local dependen de su bºuena voluntad ... tal y como
conoce de buen grado, estas últimas no dejan por ello de atestiguan los enredos internos de los diferentes reinos, en
conservar una fuerte originalidad. Reside ésta en el recurso los que no vamos a entrar aquí.
al procedimiento oral, en la prueba mediante testigos o
pruebas, el duelo judicial u ordalía (según la manera en que 1
el acusado se comporte en una prueba física, bien sumergi- ¡¡ Los polos económicos basculan hacia el norte
do en el agua, o bien obligado a caminar sobre brasas o a
sostener un trozo de hierro al rojo, es declarado inocente o ¡1 A falta de fuentes escritas comparables con los textos de las
culpable); así como la tarificación de la multa (el vergeld), de ,( Leyes o·con las historias nacionales, el conocimiento de la
la que uria pequeña parte (1/3 entre los francos) correspon- ti vida económica de los reinos bárbaros ha progresado sobre
¡,11
de al conde y la mayor (2/ 3) a la familia de la víctima para todo gracias a la arqueología.
11
que ponga fin a la venganza privada (la faida); esta suma va- ~¡ El fundamento de la riqueza sigue siendo la posesión de
ría según la gravedad del daño infligido (golpe ligero, muti- la tierra, en torno a la cual se ordena una economía agrícola,
lación, muerte) así como de la calidad del individuo (por sin mayores rupturas con la de la Antigüedad tardía (si-
ejemplo un franco vale más que un galorromano). Para sa- glos rn-1v). El marco no ha evolucionado apenas, pese al
tisfacer esos importes, a veces elevados,. el culpable puede cambio progresivo de los dueños del suelo, sea a consecuen-
contar con la solidaridad familiar: los miembros de un mis- cia de concesiones hechas en nombre de las leyes de la hos-
mo tronco son, en efecto, responsables de sus parientes ante pitalidad, según los términos de un tratado o por apropia-
la justicia. ción, violenta o no, de los bienes de los antiguos propietarios
En todos los reinos, el armazón social descansa sobre los romanos. Si cabe percibir la existencia de algunas comuni-
grupos familiares, redoblados por formas de parentesco ar- dades rurales independientes, compuestas por pequeños
tificiales basados en lazos de hombre a hombre. Por ejemplo, propietarios de tierras libres de cargas (los alodios) a través
los fieles que el príncipe alimenta en su corte, su guardia de los testamentos, éstos son más elocuentes sobre el estado
BJU:',:[ J H'.>TORlA DELOCriüE>ITF.1\1EDfEVAL L..\ EPOL\ DE LOS 1tE!NO':i BARBAH.0~ 39
:.~e ,25 :'incas 1r;smc:-álicas que, por vohintad del diEunto, c::i- de géL.eros d.e pri:nera necesidad.y de 2lgu!los artículos de
rrespond:eron en todo o en parte a la Iglesia. Esas grandes lujo, en su mayoría traídos de Oriente por comerciantes ·
propiedades llevan entonces el nombre de villae y la arqueo- griegos, judíos o sirios, como el papiro, las sedas, las espe-
logía atestigua su densa presencia en el conjunto del territo- cias o el aceite de oliva. A lo largo de los siglos v y VI, el gran
rio occidental, y sobre todo en la Galia. Las tierras de una comercio internacional sigue orientado hacia el Mediterrá-
villa, unidad de explotación de varios cientos y hasta miles neo, en el ámbito de influencia de Bizancio, cuya moneda (el
de hectáreas, están subdivididas entre una zona cultivada, el no misma, sueldo de oro) imitan todos lQs reinos bárbaros.
age;; y otra, "sin roturar, el saltus, que brinda re~ursos de ma- Mas a pesar de su fuerte resiste_ncia estas corrientes de inter-
dera, terrenos de pasto y otros frutós de la recolección. Los cambio empiezan, en el curso del siglo vu, a sufrir la compe-
cereales y viñedos del ager-claro donde se establecen la resi- tencia de las promovidas por el dinamismo de los mercade-
dencia del dueño y los edificios de la explotación, así como res septentrionales, entre quienes destacan los frisones,
los alojamientos de la mano de obra- son cultivados por ribereños del mar del Norte, que desde el 650 emiten una
grupos serviles. Sin embargo, a partir de los siglos vn y VIII, moneda de plata, los sc"eattas. Su presencia en numerosos te-
y sin duda a causa de la progresiva decadencia de la trata de soros monetarios permite jalonar el despertar del comercio
esclavos, no alimentada por nµevos movimientos de pobla- nórdico, que en adelante transita por los puertos ingleses,
ción ni por conflictos, los propietarios adquieren la costum- frisones o francos, o por las costas de Neustria, como Quen-
bre de establecer a sus hombres en pequeñas parcelas de tovic, al norte de la desembocadura del Somme.
tierra (los mansos), a cambio de su trabajo (las sernas o
prestaciones personales) en la zona que conservan (la reser- Las profundas mutaciones políticas, sociales y económicas
va): la villa evoluciona, sobre todo entre el Loira y el Rin, ·; registradas en la pars occidentalis del Imperio Romano con-·
1
hacia la gran propiedad, estructura principal de la economía · tribuyen a singularizarla de la pars orientalis, de la que se va
rural carolingia. separando progresivamente, sin una quiebra brutal. Hay
Sería falso imaginarse un mundo rural totalmente ence- que esperar al siglo IX para que Carlomagno selle su total in-
rrado. La red viaria romana sigue organizando el espacio y, dependencia al restaurar el Imperio en el oeste, por mucho
completada por una madeja de caminos, enlaza entre sí los que le pese al amo de Bizancio, que se considera el empera-
burgos, cuya propia existencia, y la mención a propósito de dor universal. En tierras cristianas, frente al prestigioso
ellos de peajes o de algunos mercados, dan testimonio de su mundo griego, se va asentando, pues, un mundo latino cuya
relativa vitalidad, así como las ciudades, cuya carta es una cultura debe mucho al cristianismo, pero a un cristianismo
herencia de la Antigüedad. Lugares de residencia del conde y al que las poblaciones celtas y germánicas han dado su colo-
del obispo, éstas acumulan funciones políticas, religiosas ración propia y que fue su cimiento más sólido.
y económicas. Si seguimos la arqueología, su topografía se
basa en la distinción entre un corazón fortificado, el cas-
trum, heredado de la Antigüedad tardía (siglos I!I-Iv), y
unos arrabales, los suburbia. Su población, al igual que la ac-
tividad de las diversas autoridades, mantiene un consumo
Convenir p 0imero a los prínópes
2º La crisHan:i.zadón de Ocddente
A la división étnica de la sociedad de los reinos bárbaros se
superpone una división religiosa. En eÍecto, pese al recono-
cimiento del cristianismo como religión de Estado por 'Ieo-
dosio I (t 395), no todos los partidarios de los cultos anti-
º guos han desaparecido, aunqut; a finales del siglo IV, si
paganismo y no de acercarse a unos hermanos demasiado Pronto la monarquía visigoda fue la primera en buscar
próximos ... Rápidamente el rey de los francos, Clodoveo, una legitimidad religiosa para su poder, al instaurar lacere-
adoptó el «Dios de Clotilde», su esposa, al que atribuía la vic- monia de la consagración. Mediante este rito, inspirado en
toria contra los alamanes en Zulpich en el 496. Con este ges- el Antiguo Testamento, la Iglesia daba una unción parúcu-
to, en el que se mezclan sin duda oportunismo político y lar al soberano, señal de su bendición: el primero, el rey
convicción personal, y en el que desempeñó un papel, ade- Wamba (672-680), la recibió de manos del arzobispo de To-
más de la reina, San Remigio, obispo de Reims, el soberano ledo. Aunque de momento no tuvo seguidores, medio siglo
franco se granjea el apoyo de toda la jerarquía episcopal, en después Pipino el Breve se acordó de ello para fundar supo-
su reino e incluso fo.era de él. ¿Acaso San Avito, obispo de der real y el de sus herederos. Ya presentes en la corte de los
Vienne, no ensalza en él, desde el reino arriano de los bur- príncipes, donde se cuentan entre los consejeros más influ-
gundios, a un nuevo Constantino y el más firme bastión del yentes, los hombres de Iglesia se introducen cada vez más, y
cristianismo ortodoxo en Occidente? Hasta la campaña con- sin cesar, en las esferas del poder. A cambio los poderosos se
tra los visigodos arrianos, la cristianización no presenta el permiten intervenciones en los asuntos eclesiásticos, de al-
cariz de una defensa de la fe correcta. El bautismo del rey cance contradictorio, a juzgar por el ejemplo de la Iglesia del
en Reims, el 25 de diciembre del 498 o del 499, se convirtió rein9 de los francos que fue a la vez víctima y beneficiaria de
en acontecimiento fundador de la alianza entablada entre la la injerencia de los soberanos merovingios, y después, en el
Iglesia y el pueblo franco primero, y el reino de Francia des- curso del siglo vm, de la de los mayordomos de palacio de
pués: la sede episcopal de Reims aprovechó este argumento los Pipínidas. En efecto, mientras que algunos príncipes sa-
para reclamar, en el futuro, el privilegio de acoger la consa - queaban los bienes de la Iglesia para satisfacer el apetito de
gración de los reyes. sus clientelas, otros se preocupaban por hacer la fortuna del
Fuera a causa de la conversión del jefe de un poderoso ve- cristianismo, como Dagoberto ( t 639) -que colmó de dones
cino o por la retirada del arrianismo frente al dinamismo a la abadía de Saint-Denis-en-France, ascendida a necrópo-
católico, el caso es que el reino burgundio siguió de cerca al lis de la dinastía-, Pipino de Heristal (t 714), que apoyó las
de los francos, con la conversión de su rey Segismundo empresas misioneras en Frisia, o Pipino el Breve ( t 768), que
(503-523). El arrianismo fue eliminado de África del norte se preocupó por restaurar la disciplina eclesiástica.
entre el desorden de la reconquista justinianea. En Italia, la La evangelización llegó a ser un asunto de los soberanos,
desaparición del poderío ostrogodo lo eclipsó momentá- tanto como de los obispos o los monjes, en quienes se basan,
neamente antes de que lo reintrodujeran los lombardos, úl- no obstante, todas las acciones desarrolladas a fondo.
timo pueblo en convertirse al cristianismo ortodoxo en la
segunda mitad del siglo VII. Lo habían precedido en ello los
visigodos, cuyo rey Recaredo proclamó en el 589, en el Con- Obispos y monjes
cilio de Toledo, la religión católica en toda España. El celo de
sus sucesores se vio incluso acompañado, en el curso del si- A través de la conversión de príncipes y poderosos, la Iglesia
glo VII, de medidas bastante duras contra las comunidades esperaba arrastrar a todo el pueblo colocado bajo la autori-
judías de la Península. dad de aquéllos: ¿no asegura la tradición que 3.000 guerre-
2. LA CR1STL\NIZ .. 1.CH,N 1n: 1)CCIDENT2 . .J5
odas las capillas privadas fueran alzadas al rango de parro- tan te se adivina que fue considerable y decisiva para la cris-
1uias: debían justificar ese ascenso por la importai""1cia de su tia.rlización del campo. Ya en el siglo IV se fundaron algunas
:entro de población y su alejamiento de la capital diocesana. comunidades, mejor conocidas y a las que esperaba un prós-
\lgunas siguieron siendo simples lugares de culto donde un pero futuro, entre ellas la de las islas de Lérins, fundada por
:apellán celebraba la misa y, como mucho, recitaba el oficio San Honorato. En Marmoutier, cerca de Tours, San Martín
-las oraciones de las distintas horas del día, que se rezaban dio el ejemplo, seguido por numerosa~ ciudades, al crear un
gualmente en el mundo monástico-; al capellán podía establecimiento fuera de la ciudad donde le complacía reti-
10mbrarlo el dueño de la finca, a veces sin el menor control rarse: los modos de vida secular y regular no estaban aún tan ·
:piscopal. netamente separados como con posterioridad. Pero es en
Entre el siglo IV y el vn hubo obispos de fuerte personali- Italia donde el monacato recibe un impulso decisivo por in-
lad que marcaron la cristianización de Occidente: muchos fluencia de San Benito de Nursia ( t hacia 547), fundador de
ueron objeto de un culto autentificado por la Iglesia, y des- las dos comunidades de Subiaco y Montecasino y que, como
més elegidos patronos de las parroquias de su ciudad y la otros muchos maestros espirituales, puso ·por escrito su re-
ampiña vecina, como San Hilario (t hacia 376) en Poitou, gla de vida, destinada a los principiantes. Su profunda sabi-
;an Germán ( t 448) en el Auxerrois, San Ouen ( t hacia 684) duría, teñida de flexibilidad y moderación, h;izo que el papa
n torno a Ruán; la resonancia de algunos de ellos supera el San Gregorio el Grande ( t 604) reparase en ella y garantiza-
aarco estrictamente local; el más célebre fue, en la Galia, se su difusión más allá de la Península.
lobispo de Tours, San Martín (t 379). No todos sus colegas Simultáneamente Irlanda, cristianizada no hacía mucho
stuvieron a la altura de esta herencia; demasiado compro- por San Patricio, desarrolló una vida monástica de caracte-
11etidos a veces con el p<;>der político, perdieron su crédito y res originales. También inspirándose en los Padres del de-
1 confianza de las poblaciones se orientó hacia el mundo sierto, los monjes irlandeses se diferenciaban de ellos por sú.
10nástico. . a~ntuada afición a las prácticas ascéticas, un reclutamiento
Los monjes aportaron una contribución de peso a la cris- que dependía en gran medida de las redes familiares, y la in-
tanización de Occidente, si bien no fuera ésa su vocación troducción en sus comunidades de escuelas destinadas a en-
iicial, puesto que eligen, solos (los eremitas) o en comuni- señar la lengua litúrgica, el latín, que, a diferencia de sus ho-
ad (los cenobitas), una vida retirada del mundo, entera- mólogos continentales, ignoraban. De tal suerte sus casas se
1ente consagrada a la plegaria y para la cual no es imperati- convirtieron pronto en prestigiosos focos de cultura. Ade-
o recibir las sagradas órdenes. Desde los primeros siglos, el más, a falta de estructuras diocesanas en una isla que no ha-
1undo cristiano conoció estas formas de vida religiosa, bía sido romanizada, sus comunidades se vieron atrastradas
uyo monopolio por lo demás no posee, en los desiertos de a desempeñar un papel pastoral entre las poblaciones veci-
gipto o de Asia Menor. Los «Padres del desierto» fueron nas, bajo la dirección de los abades o de sus representantes,
nitados en Occidente, a lo largo de las costas del sur de Ita- que hacían las veces de obispos. Por último, y como concep-
a y de Provenza, o bien, más al norte, en ese desierto un tuaban la cima del desprendimiento abandonar la patria
oco especial que es el bosque. Aunque no sea sencillo apre- para llevar una vida errante, los monjes irlandeses estuvie-
ender con precisión la expansión del eremitismo, no obs- ron en el origen de una poderosa corriente misionera. Su ac-
BR.t:.\' E 1!1::.'lOK!A DEL OCCDEN'!'E 1\.-IEDIEVA.!.
ión se orientó a la vecina Inglaterra, donde fundaron las suplantar !?ºr entonces al régimen de 1a penitencia antigua.
badias de Lindisfarne e fon.a, aunque allí se encontraron Los irlandeses sustii:uyeron el estatuto de «penitente» que la
on la competencia de San Agustín de Canterbury, un monje Iglesia imponía a perpetuidad a los culpables de faltas grn-
:aliano enviado por el papa Gregorio el Grande a convertir ves, marcado por pesadas renuncias (castidad en el matri-
1 isla en el 596. Así, pues, buen número de irlandeses se di- monio, prohibición de llevar armas, abstención de toda di-
eminó por el continente: el más célebre de ellos, San Co- versión social), sobre el modelo de los derechos bárbaros,
)mbano, desembarca en la Galia en el 590. Después de fon- por un sistema de penas (privaciones, ayunos o limosnas)
lar Luxeuil, en los 'vosgos, se dirige a Italia, .dejando· a uno renovables y proporcionales a la gravedad de las faltas come-
le sus discípulos, San Galo, crear en la actual Suiza la abadía tidas. Esta disciplina penitencial perduró en Occidente hasta
[Ue lleva su nombre (Saint-Gall), para establecerse en el rei- que se introdujo la confesión individual de los pecados, a
to lombardo, todavía arriano, en Bobbio. Otros misioneros partir del siglo XII, la cual no se plantea el mero objeto de
,rosiguieron su obra en dirección a Frisia y al mundo ger- castigar sino que pretende asimismo educar las conciencias
aánico, cuya evangelización, en el·siglo VIII, se debió prin- e introducir en las costumbres las exigencias de la doctrina
ipalmente a San Bonifacio ( t 754). cristiana.
El celo desplegado por los irlande~es les ganó el favor de
tumerosas familias aristocráticas que les ofrecieron tierras
londe instalar sus monasterios. Esas casas de hombres y La elaboración de una cultura cristiana
aujeres, fundadas por entonces en gran número, conservan
l carácter familiar de la tradición insular, propio para sedu- Bajo la acción conjugada de obispos y monjes, el cristianis-
ir a-la sociedad de los reinos bárbaros: dirigidas por los mo se extendió, sin duda más profundamente de lo que se ha
aiembros de un mismo tronco de generación en genera- creído, por el mundo de los reinos bárbaros, hasta el punto
ión, contribuyen a educar a las jóvenes y acoger a las viudas de qur no resulta abusivo hablar a este propósito del surgi-
· se erigen en necrópolis familiar. Poco habituados a la tute- miento de una civilización cristiana.
1 episcopal que se ejerce normalmente sobre todo centro re- La impregnación de los espíritus por su enseñanza y sus
lgioso de la diócesis, los irlandeses y sus émulos se dedican a usanzas se debe en gran medida a la vida litúrgica desplega-
onseguir para sus fundaciones privilegios de independen- da en las iglesias: celebración de la misa pero también rezo
ia con respecto al obispo. Sin embargo, no todas las comu- regular de las horas, a lo largo del día, en ocho ocasiones,
tidades nuevas adoptaron en su integridad los usos llegados realizado por las comunidades monásticas o por el clero ur-
lel mundo céltico; una gran mayoría atemperó el rigor con bano en la catedral, oficios a los que se invita a los fieles a
ostumbres particulares o tomadas de las reglas de los maes- unirse, como muestra la correspondencia de San Cesáreo,
ros latinos. Esas «reglas mixtas» contribuyen a diversificar obispo de Arlés (t 542). Las prácticas litúrgicas, basadas to-
1monaquismo occidental mientras que, a su vez, éste marca das en idénticos gestos y oraciones, conocen sin embargo
1 campiña con su irradiación espiritual y cultural, reforzan- variantes de una diócesis a otra, sobre todo en materia de
lo la acción del clero secular. A él se debe sin duda la difu- canto. Fueron célebres durante mucho tiempo varias tradi-
ión de la práctica de la penitencia «tarifada», que vino a ciones corales, como la de la cat~dral de Milán, nacida en el
50 3REVE H!STORJA DEL OCCIDE:NTE MEDIEVAL L\ cmST! ,\N iZ,\CION Df JJCC!VE.'..!T!:.
episcopado de San A!Bbrosio (siglo rv). Pero la belleza de las <lean todos los lugares de ·cultos y que dieron nacimiento a
ceremonias romanas, menos complicadas que las de los los cementerios parroquiales modernos. La multivlicación
francos o los celtas, comienza a seducir. Algunas costumbres de edificios religiosos en el paisaje viene igualme~te a apo-
menores en la celebración eucarística o las limitaciones en yar la penetración del cristianismo. Las ciudades se dotan
materia de tocados impuestas al clero distinguen ya a los oc- entonces de varias iglesias: el baptisterio para la iniciación
cidentales de los cristianos orientales, aunque sin que por cristiana, que todavía se hace por inmefj.',ión total, una o dos
ello se p_erciban como fuente de ruptura. E_l magisterio -pa- grandes iglesias para las fiestas 9ue cÓngregan a todos los
pas y obispos- parece más preocupado por la persistencia • fieles de la diócesis, una iglesia dedicada a la Virgen María,
de hábitos paganos, cultos de la· naturaleza y consultas a los una o varias, según los·casos, para las comunidades monásc
adivinos. Los estatutos de los concilios, redactados por t~cas'. su conjunto constituye el «grupo episcopal». En la pe-
los obispos, o los penitenciales, esos libros que recogen la lis- nfena se alzan además iglesias que en su origen fueron
ta de las faltas y la pena correspondiente, los mencionan con cementerios y que albergaron asimismo comunidades mo-
frecuencia. Pero como entra en su papel el denunciarlos, re- násticas. Estos·santuarios, cubiertos con una techumbre de
sulta muy delicado deducir de ello un argumento sobre su madera, repiten en general la planta de una o tres naves
práctica real. La persisten~ia de esas tradiciones y la plurali- de las basílicas p~leocristilllliJ.S. En el campo se erigen orato-
dad de los usos litúrgicos que descubrió al recorrer la Galia rios más modestos, a menudo compuestos por una única
camino de Inglaterra llamaron la atención del monje Agus- nave y un coro. Y cuando estos lugares de culto se establecen
tín; así lo confía en su correspondencia al papa Gregorio, en edificios antiguos lo hacen ante todo para utilizar las es-
quien le dio respuestas matizadas, ricas en enseñanzas sobre tructuras edificadas disponibles, y no para garantizar nin-
la manera en que la Iglesia concebía entonces su acción pas- guna continuidad religiosa, desmentida a menudo por la ar-
1:oral. queología al detectar largas fases de ruptura en la utilización
Una de las señales de una cristianización real proviene de del encyive. Su decoración, más conocida, podía ser compli-
la evolución de los usos en materia de inhumaciones, revela- cada, como atestiguan, aquí y allá, fragmentos de barreras
dos por la arqueología funeraria. La costumbre pagana, que de coro talladas, mosaicos o estucos.
quería que el difunto fuera enterrado con objetos cotidianos Pero los creadores «bárbaros» se movieron aún más a sus
y signos de su calidad social (alimentos, muebles o armas en anchas en las artes del metal, con las que sus antepasados
el caso de los guerreros), es sustituida poco a poco por una germanos ya estaban familiarizados. Desde el norte al sur de
sepultura desprovista de todo mobiliario, guarnecida a ve- Europa, numerosos objetos de orfebrería lo atestiguan: pla-
ces con cacharros con agua bendita e incienso. Además, en cas-hebillas de cinturón, armas de gala, vasos litúrgicos,
vez de situar los cementerios en campo raso, como hacían hasta esas coronas votivas adornadas con piedras preciosas
los germanos, o fuera de las ciudades, según la costumbre y pinjantes que los soberanos visigodos colgaban en los san-
antigua, pareció más propicio para la salvación agrupar las tuarios en señal de gratitud. La época se distinguió, por úl-
tumbas alrededor de las de los santos, o cerca de los santua- timo, en el arte de iluminar manuscritos: el ejemplo vino del
rios que encierran sus huesos, aunque éstos estuvieran en el mundo insular (Irlanda, Inglaterra), donde páginas enteras
interior de las murallas: son las sepulturas ad sanctos que ro- de evangeliarios o salterios fueron cubiertas con trazos en-
BH.EVE HlSTORL\ DEL OCCE)CNTEJ-..lED"fEVAL
l
l
ca tras el derrumbe del Imperio Romano en Occidente fue
llevada a cabo por Carlos, salido de la familia aristocrática
de los Pipínidas (del nombre del antepasado fundador, Pipí-
no el Viejo, ten 640). Eso le valió el calificativo de «grande»
unido desde entonces a su nombre. Sin ánimo de minimizar
sus talentos de conquistador ni su autoridad natural, no hay
53
!)REVE HISTORI.\ D~L úCCIDENTE MEDIEVAL .1. L\S ,\MIHCIUNES CARULINGL\S 55
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que infravalorar todo lo que Carlom.agno debe al é:~dto ex- teban H en e1 754, se extendió te::;Jbién a s1,s dos hijos, Car-
lomán y Carlos.
¿epcional de su familia. ·
La irresistible ascensión de los Pipínidas, una de las nu- La muerte de Pipino m en el 768, yluego la de Carlomán
merosas familias aristocráticas en torno a las cuales vimos en el 771, dejó a Carlos como único heredero de los francos.
construirse la sociedad de la Alta Edad Media, data de me- Al capital de poderío acumulado por sus antevasados va a
diados del siglo VII. El linaje supo, mejor que los demás, añadir el inmenso prestigio del g~errero victo~ioso, fuente
concentrar un haz de bazas fundamentales. Ante todo un de ~egitimidad muy decisiva por e~tonces. Desde el 768 a
conjunto de más de 90 inmensos dominios, ·situados a lo cerca del 800 agranda considerablemente la herencia pater-
la;go del valle del Mosa, eje económico en plena expansión na: los contemporáneos hablan de la empresa en términos ·
entonces. A esta fuente de poderío material se añade una se- de dilatatio regni ('extensión del reino'). Primero, y siempre
gunda, de origen social: el establecimiento de sólidas alian- llamado por el papa, interviene en Italia, donde pone defini-
zas familiares y de redes clientelares con profundas ramifi- tivamente fin a las intrigas lombardas con su victoria sobre
caciones, sobre todo en Austrasia. Por último, los Pipínidas el rey Desiderio en el 77 4. Se anexa el reino y acumula· enton-
pudieron contar con un tercer elemento, nada desdeñable ces el título de rey de los lombardos al de rey de los francos.
en la época, de naturaleza religiosa: el apoyo de sus nume- Después confirma, aunque sin extenderla más, la donación
rosas fundaciones monásticas, tanto masculinas como fe- territorial concedida por su padre a la sede apostólica, el pa-
meninas, así como la presencia en la familia de varios san- trimonio de San Pedro, una franja de tierras que cruza la Pe-
tos: el obispo de Metz, Arnulfo (t hacia 640), así como nínsula de Roma a Rávena. Italia queda poco a poco bajo la
Santa Ida, esposa de Pipino el Viejo ( t en 652) y su hija Ger- influencia franca, con excepción de los territorios situados
trudis, abadesa del monasterio-de Nivelle, fundado por su al sur de Roma, los dos-principados lombardos de Spoleto y
madre (ten 659). Y así la Iglesia, aunque expoliada por Benevento, que siguen igual;así como los enclaves bizanti-
Carlos Martel ( t en 741), acusado de haber distribuido nu- nos. En el este, Carlos obtiene ante todo la sumisión definiti-
merosas posesiones eclesiásticas entre su círculo laico, no va del:\~viera (778), después logra apoderarse en el 796 del
célebre Ring de los ávaros (campamento de forma circular
regateó su sostén a la familia.
Llegados a mayordomos de palacio, los Pipínidas fueron donde estaban acumuladas sus riquezas). Además, muy
llamados en varias ocasiones en ayuda del papa, a quien Bi- pronto volvió sus ambiciones hacia Sajonia, que le opuso
zancio había dejado solo frente a las ambiciones lombardas. fuerte resistencia y que no fue pacificada hasta el final de su
A_ cambio, Pipino III, llamado el Breve, pidió al papa que le- reinado, a costa de métodos de rara violencia: la pena de
gitimara su derrocamiento del último rey merovingio (tal muerte sanciona toda oposición religiosa o política en la ·
es la denominación de los soberanos francos descendientes primera capitular sajona, del 785, seguida por una segunda,
de Clodoveo, por el nombre de un antepasado mítico, Me- más moderada, del 797. Hacia el sur, sus empresas fueron
roveo, que habría vivido a mediados del siglo v). Más aún, menos afortunadas: ¡el desastre de Roncesvalles (778) no es
Pipino logró sancionar mediante una unción especial su lle- un mero fragmento literario! Sin embargo Carlomagno con-
gada al poder supremo: en el 751 tiene lugar una primera siguió poco a poco ~eIDl!se fa región comprendida entre los
consagración y la segunda, recibida de manos del papa Es- Pirineos y el Ebro, que se convirtió en la Marca Hispánica.
56 BRCV E hISTORL\ Dl'.L OCCIDCNTE USD!E'•r\L
Con excevción de las islas Británicas, de fa act:1al Bret2ña e.el equilibrio cüL:: los poder.es cd papa y del emperador en
y de Gascuñ; (orilla izquierda del Garona), por no hablar, en el cogobierno de la sociedad. de los crisúanos.
las venínsulas ibérica e italiana, de las tierras lombardas, is-
lá~icas o bizantinas, la mayoría de Europa occidental se en-
cuentra pues reunida bajo la autoridad del príncipe franco. Renacimiento político, cultural y religioso
Tan grandes conquistas garantizan a su autor una talla ex-
cepcional y lo dotan de un pr~stigio superior al de todos sus Calificar de renacimiento al período carolingio no es abusi-
predecesores, tanto más cuanto que la política de cristiani- vo; en efecto, en los terrenos religioso, cultur.al y político se
zación que acompaña sistemáticamente las anexiones hace manifiesta una clara renovación, cuya referencia constante
de él el gran defensor y promotor de la fe cristiana. No resul- es la Antigüedad romana y cristiana. Se forja entonces una
ta sorprendente, pues, que las comparaciones que brotan civilizac:ión común a todo Occidente, preludio de la futura
bajo la pluma de los letrados de su círculo se refieran al pri- cristiandad.
mer emperador convertido, Constantino, o· al rey bíblico A ese imperio, que se extiende sob;e 1.200.000 km 2 y está
David, modelos por excelencia del príncipe cristiano. La poblado entonces sin duda por 15 millones de habitantes,
idea de una restauración imperial en Occidente ( renovatio Carlomagno desea darle un gobierno lo más unificado posi-
imperii) se abre paso entonces. Dos elementos contribuyen ble. La dignidad imperial semeja haber agudizado en él el
a acelerar su puesta en práctica: la llegada al trono bizantino sentido de cuán grande es su responsabilidad, por la que de-
de una mujer, Irene, lo cual, aunque hubiera tomado el título berá rendir cuentas a Dios. Aconsejado por letrados clérigos
masculino de emperador, fue asimilado a un vacío de poder, y laicos, emprende la construcción de una especie de «repú-
y la convicción ·del pontífice de que un emperador sería un blica cristiana», a cuya elaboración asocia a todos los hom-
sostén más eficaz de la sede de San Pedro que un simple rey, bres libres a través de un juramento de fidelidad, prestado a
aunque fuese muy poderoso. Y así es como el papa León III la edad de doce años a su persona y a su «proyecto de gobier-
coronó a Carlos como emperador el día de Navidad del 800. no». Ciertos historiadores no dudan en hablar, a propósi-·
Pero las dos partes no atribuyeron el mismo sentido a la ce- ,. to de esto, de un auténtico renacimiento de la noción de
remonia. El papa, en efecto, quería que su iniciativa marcara Estado.
la preeminencia del poder espiritual sobre el poder tempo- En-efecto, al mismo tiempo que respeta las particularida-
ral: coronó personalmente al príncipe antes de inclinarse des de reinos como Baviera, Aquitania o Italia, Carlomagno
ante él y dejar que por fin el pueblo lo aclamase. A Carlos, si dota al Imperio de instituciones comunes acompañadas por
damos crédito a su biógrafo Eginardo, le irritó este orden, métodos reales de control. Estabiliza el poder central en una
pues consideraba el titulo imperial como una distinción capital, Aquisgrán, cuyo aspecto monumental, palacio y ca-
personal y hubiera deseado por consiguiente que el ritual se pilla palatina, así como el urbanismo, pretenden imitar los
ajustara al de Bizancio, donde el emperador es primero acla- de Constantinopla. El príncipe vive allí rodeado de su fami-
mado por el pueblo antes de ser ratificado por el patriarca lia y de sus funcionarios domésticos y gubernamentales, en-
durante la coronación en Santa Sofía. Y de ese modo se plan- tre ellos el archicapellán, una especie de canciller. Allí puede
tea ya la cuestión, repetida todo a lo largo de la Edad Media, convocar a la asamblea anual de dignatarios laicos y ecle-
58 J3REVE U!STOR!,\ DE.LOCC1DENTEMEDIEVAL
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siásticos, c:l plaid général, que con f:;.·ecuencia t~mbién se ce- so para ser1:rir sus d1;:sig~ios con 12. :"egulcridud indisper:sa-
lebró, durante su reinado, en otras ciudades del Imperio. Al ble para su puesta en práctica.
término de esas reuniones se elaboran las ~~ lar~os · El renacimiento cultural se inscribe, pues, en el corazón
documentos divididos en capítulos (capitula) que consig- del programa carolingio, ante todo como avente unificador
. o
nan la voluntad del emperador: es revelador comprobar que de los diversos pueblos del Imperio: ¿no provienen acaso los
su número aumentó considerablemente después de la coro- principales actores del reinado de Carlomagno de Inglaterra
nación imperial. • (Alcumo)¡ España (Teodulfo) e Italia (Pablo el Diácono)?
La actividad legislativa se transmite a las provincias a tra- Una brillante vida cultural refuerz~ ¡¡simismo el prestigio de
~ vés de los•condes, engranajes esenciales del poder. Presentes un soberano que intenta igualar a Bizancio: los monumen-
a la cabeza de cada uno de los 200 condados del Imperio tos occidentales deben rivalizar con los más bellos florones
-unidad correspondiente a los antiguos pagi- concentran orientales, y los sabios del Imperio han de poder intervenir
en sus manos todas las atribuciones del príncipe: gestión de con pertinencia en los debates ideológicos o políticos. Por
los dominios del soberano (los bienes del fisco), recluta- último, de todos estos nuévos maestros se espera que for-
miento del ejército, percepción de impuestos y ejercicio de la men servidores celosos y competentes de la Iglesia y del Es-
justicia en el marco del mallus o tribunal condal. Están se- tado carolingio. ,
cundados por un vizconde (vice comes) y, en los escalones Por eso, aunque Carlomagno no «inventara la escuela» es,
inferiores, por los vegueros y los centeniers ('centuriones'). de hecho, quien contribuyó ampliamente a renovarla en un
Sólo escapan a sus atribuciones las tierras del fisco o de la Occidente donde la práctica de las letras había sido abando-
Iglesia, que están dotadas de privilegios de inmunidad gra- nada en parte en provecho de una cultura oral. El ejemplo
cias alos cuales sus poseedores son libres de administrarlas vino de lo alto, del círculo más allegado al emperador, que
directamente, con la sola carga de entregar al príncipe su tri- reunió en Aquisgrán un activo grupo de sabios de todas las
buto y su contingente armado. Los condes y sus colaborado- disciplinas, a quienes frecuentaba con regularidad. Siguien-
res están sujetos, en teoría, al control regular de unos agen- do el modelo antiguo, se constituyeron en una «academia
tes nombrados por el emperador, los missi dominici, que en • palatina» cuyos miembros tomaban prestados sus nombres
número de dos, un clérigo y un laico con el fin de acumular de los héroes del pasado (a Carlos le llamaban David, a su
todas las competencias y de vigilarse mutuamente, son en- yerno Angilberto, abad de Saint-Riquier, Homero, al gran
viados en misiones de inspección (y de ahí su nombre). Tras sabio Alcuino, Horado) y se estimulaban mutuamente con
haber recorrido una media de diez condados en cada oca- una práctica cotidiana de justas intelectuales, incluso en los
sión -y pueden cumplir varias misiones ai año-, regresan-a célebres baños donde a Carlos le gustaba relajarse, según
presentar su informe al soberano, quien puede entonces cuenta Eginardo. A los súbditos más brillantes del Imperio
sancionar o gratificar, según los casos. Esta renovación de se les admitía para que se beneficiaran de su trato, para a su
una institución de control constituye sin lugar a duda la me- vez transmitir aquellos saberes a las provincias. Las capitu-
jor prueba del deseo de eficacia que anima a Carlomagno en lares, en efecto, multiplican las exhortaciones a crear escue-
el gobierno del Imperio. Eso sí, tenía que contar con un per- las en monasterios o catedrales; éstas acogen a los futuros
sonal competente, o sea letrado, y suficientemente numero- hombres de iglesia aunque también tienen acceso a ellas los
BR!!V E HlSTüRlA DCL ~CCIDEi'lTI: ,,.tEDIEVA- 51
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y Sí.2.S
hijos de la aristocracia y hasta los d~ fa~ili~s ,m.ás m~d_estaG,
instaladas en las tierras de los estaolec1m1entos religiosos. sucesores vieron florecer ger.eraciones de letrados tanto en
la parte oriental de! Imperio como en la occidental. Alenta-
Ciertos ingenios se distinguieron en ellas e hicieron b~enas
das por el mecenazgo de soberanos y g:randes, las artes
carreras, como Eginardo, cuyos padres eran dependientes
conocieron un período fastuoso: construcción de más de
de la abadía de Fulda, esto es, unas personas someti~~s e_n
440 edificios religiosos ricamente decorados (entre ellos,
cuerpo y bienes a la comunidad monástica, a su serv1~io m
· situ O en sus dominios. Por último, la correspondencia del aún vi~ible~ en nuestro.s días, la capilla de Aquisgrán O el
obispo de Orleans, Teodulfo, revela la presencia en su dü:ke- or~tono pnvado de Teodulfo de Orleans en Gerµügny-des-
sis de escuelas rurales, aunque sin duda se trata de una ex- P_res), desar~~~o del trabajo del marfil y de los metales pre-
ciosos, aparic10n de talleres de iluminación que produjeron
cepción. _ obras suntuosa~, algunas sobre pergamino de fondo púr-
La renovación de los estudios principió por la ensenanza
pura, otras escntas en letras de oro (sacramentario de Dro-
de las disciplinas básicas. Se señaló un primer ~eríodo para
gon, obispo de Metz). ·
poner a punto una letra legible y práctic~, la m~úscula ca-
La Iglesia fue la mayor beneficiaria de toda esta renova-
rolina, que sirvió aún de modelo a l?s pnmer?,s unpresores
(caracteres llamados romanos). La mtroducc10n de esta es- ción. E~ efecto, el emperador no sólo se siente responsable
del destino terrenal de sus súbditos, sino también de su vida
critura cursiva, de letras mucho más fáciles de trazar que las
de grafías anteriores, aligeró la fabricación de los doc~me,n- e~erna. Fuerza de_ s~vación y fermento de unidad del Impe-
tos escritos y contribuyó a difund~ su uso en ~~s ~ancillerias
rio_, los valores cnstianos han de ser compartidos por todos;
y los ambientes qe los grandes, laicos o eclesi~sticos. L~ego es rmport~nte, p_ues, convertir a los paganos recién integra-
dos, como los saJones, aunque sea a costa de unas violencias
se dio prioridad al aprendizaje de la lengua latina ª. tr~ve_s de
la gramática y la retór:ica; la dialéctica y las otras dis~i~lmas que fueron denunciadas por Alcuino. El conjunto de la ac-
científicas de las artes liberales heredadas de la Antiguedad ción de _c_ados hunde sus raíces en el cristianismo e inspira
sus decisiones el deseo de ver cada vez mejor ilustrado el
(geometría, aritmética, astronomía y música) se desarrolla-
ideal cristiano. En nombre de su misión, se permite dar ór-
ron en una segunda fase, con éxito desi?ual. Interesaba a~te
todo establecer instrumentos de trabaJo fiables, y de ah1 la denes_ a los clérigos para mejorar su comportamiento y, a
camb10, es¡rera de ellos que sirvan sus designios, desde los
importancia otorgada a la copia, en una lengua correc~a, de
altos dignatarios, al servicio del príncipe, hasta los más hu-
los libros de la Antigüedad profana y cristiana. El prop10 Al-
mildes párrocos encargados de transmitir sus decisiones en
cuino corrigió el texto latino de la Biblia entonces en ~s?: lo
expurgó de los errores de gramática y _verifi~ó su fiabilidad el se~~ón ~omin~cal, sin ?lvidar a los contempl~tivos, cuya
con ayuda de versiones autorizadas, mas antiguas. Las obr~s func1on, primordial, consISte en rezar día y noche por la sal-
vación del Imperio y de sus responsables.
de referencia así conseguidas pasan en préstamo de una bi-
A la unidad administrativa del Imperio debe responder la
blioteca monástica a otra, con la preocupación constante de
de su jerarquía eclesiástica. Las diversas diócesis son agrupa-
enriquecer los fondos con copias efectuadas a partir d~ la
das de nuevo en provincias eclesiásticas cuya repartición
mejor versión, como por ejemplo ocurre en Fulda, Samt-
responde, en muchos casos, a la de las provincias romanas.
Gall o Corbie.
62 BREVE¡¡¡;,TülUA DEL OCCIDENTE MEDIEv'.\L ). L\,'.; ,L\l!BICIONESC-\ROLINCIA-:,
ó3
Sus obispos quedan colocados bajo la autoridad de un me- Por último, la restau.::-ación religios~ se asentó en la de los
tropolitano (térmii"'1o que acabaría confundiéndose con el de bienes de la Iglesia. Por una parte, los patrimonios eclesiás-
arzobispo, título entonces puramente honorífico), cuya ciu- ticos aume~taron por efecto de la generosidad de príncipes y
dad tiene por ende rango de metrópoli, como por ejemplo donantes diversos, y fueron dotados de privilegios (inmuni-
Maguncia, Lyon o Tours. Éste se encarga de velar por la ac- dad). Por otra parte, con el fin de garantizar al clero unos in-
ción de los obispos de su circunscripción, sus sufragáneos, al gresos fijos, Carlos, siguiendo a Pipino el Breve, generalizó
igual que cada obispo, en su propio territorio, se encarga de la obligacipn de pagar el diezmo, un canon que depende de
reclutar un clero competente así como de (otmarlo y contro- los frutos de la tierra, de un tipo a ip.énudo inferior a la déci-
larlo. Por éso la reforma escolar insiste tanto en la necesidad ma parte, al contrario de lo que su nombre haría creer.
de aprender bien a leer y a cantar, de suerte que los futuros
clérigos estén a la altura de sus responsabilidades, compren-
dan las fórmulas que pronuncian y celebren dignamente la Una breve calma económica
liturgia, según los usos romanos e·ntonces generalizados por
voluntad del emperador. El ejemplo debe venir del grupo Gracias a la aportación de la arqueología, que viene a paliar
que rodea la catedral: los canónigos,constituidos en cabildo. en la práctica la carencia de foentes, parece hoy seguro que
A mediados del siglo vm el obispo de Metz, San Crodegango l~s ambiciones carol!ngias hallaron el sostén de una prospe-
(t 766), se había preocupado por reformarlos, dejándolos en ridad r~al: ésta se alimentó del botín de las conquistas y se
libertad de poseer bienes propios pero sujetándolos a una benefició de la paz que siguió a éstas.
vida común en el coro, para cantar el oficio, en el refectorio, Las capitulares, a las que los asuntos económicos no son
par.a las c9midas, y en el dormitorio por la noche. El Conci- ajenos, traducen la preocupación del príncipe por reinar so-
lio de Aquisgrán, del 816, generaliza esta regla a todos los ca- bre ·un pueb~ ordenado (lucha contra los vagabundos), in-
bildos del Imperio, aunque ello no significa que fuera adop- dustrioso (medidas contra la ociosidad) y numeroso. En
tada de inmediato. este último punto el emperador quedaría satisfecho: la rotu-
Igualmente se esperaba de los monjes y monjas una vida ración de algunas tierras, el fraccionamiento de las unidades
conforme a su misión. Luis el Piadoso veló por ello más que de explotación, así como diversos cálculos sobre la demo-
Carlomagno, secundado por su amigo el monje aquitano grafía de las propiedades rurales indican un ligero creci-
San Benito de Aniana, cuya interpretación de la regla de San miento de la población. Además, la legislación carolingia fa-
Benito de Nursia acentúa la duración del _tiempo de plegaria,· vorece la constitución de familia~ estables y difunde, en
restaura el trabajo manual e insiste en aislar del mundo a los especial en los medios aristocráticos, el modelo cristiano del
centros monásticos, dedicándolos a la función de oración a matrimonio, monógamo, exógamo, indisoluble y consen-
expensas de la actividad caritativa. Estas disposiciones fue- sual. Entre los más humildes, la familia hoy llamada «nu-
ron recogidas en los cánones del mismo Concilio de Aquis- clear» (padres e hijos) comienza a dominar sobre las agru-
grán, que trató de extenderlas a todas las comunidades del paciones más amplias. ·
Imperio en una empresa de uniformación del mundo mo- La actividad humana se consagra entonces de forma casi
nástico que tardó varios siglos en realizarse. exclusiva al trabajo agrícola, descrito muy en especial en un
S..J
latgo docuraento prCii:ulgado para mejÚ:~r la gestión de 1as ¿el dueño~ 1a econ.c.[:1.i2. de la g=-a~ v:-op:e¿ad se basa osf en
propiedades del fisco: la capitular De villis. Por su parte, y m: ;;oliculfrro cerealista, que completa-la oroducción de las
sin duda a invitación del soberano, los dueños laicos o ecle- vir..as o los árboles :i:2"utales, y la cría de ga~ado se desvlaza a
siásticos de grandes posesiones se preocuparon por redactar las zonas húmedas y a los terrenos de pas~o forestal~s. Los
inventarios de las rentas que podían esperar de ellas, los po- resultados son frágiles: dependen de rendimientos :odavía
lípticos, de los que uno de los más célebres es el del abad de bajos (sin duda superiores a tres por grano sembrado) y so-
Saint-Germain-des-Prés, Irminon. Fuentes in.sustituibles, bre todo irregulares, sujetos a los azares meteorológicos. Los
cuya interpretación no cesa de dividir a los historiadores, aperos son mayoritariamente de madera, ei uso del abono se
dejan sin embargo en la sombra a t~da la pequeña propie- limita a las tierras hortícolas y la rotación de cultivos no está
dad libre (las tierras alodiales) que subsistieron en su mayo- muy difundida. Sin embargo, estos islotes a veces superpo-
ría en el sur de Europa, mientras que en el norte fueron ab- blados que aparecen en medio de vastos espacios vacíos re-
sorbidas en mayor medida por la gran propiedad. sultaron rentables, pues lograron alimentar a una población
La explotación de un gran· fundo se basa en su división en más densa y liberar al mismo tiempo algunos excedentes co-
dos partes: la i:eserva, un tercio largo de la superficie total, es mercializables.
dplotada en aprovechamiento directo por grupos serviles La economía de estos fu1,1dos no tiene nada de autárquica,
,. ins~~ados con el dueño en la curtís, centro de habitación y ex- pues, y hoy a nadie se le ocurre imaginar que el mundo caro-
plotadón <lotado de diversos equipamientos (horno, molino, lingio estuvo casi privado de intercambios. Al servicio de és-
lagar, fábrica de cerveza); los mansos, unidades de rentas más tos existió ~ria hábil p~lít!ca monetaria. Al tiempo que rea-
que de explotación, se conceden a arrendatarios, libres o de- firmaba el moñópolio real de la acuñación de moneda,
pendientes, a cambio de prestaciones en especies, más rara- Carlomagnq se decidió prudentemente por limitarla a la
mente en metálico, y en trabajo (las sernas) para contribuir al plata, más a la medida del comercio en vigor: creó el denario
mejoramiento de la reserva o a cualquier otra necesidad de la .de plata, de 1,7 gr a partir de una libra de 409 gr. Además,
finca (trabajos de cercado, acarreos, es decir transportes de fijó las unidades de la moneda de cuenta: la libra se divide en
mercancías). Las prestaciones más pesadas podían movilizar 20 sueldos, y el sueldo en 12 dineros, sistema que perduró
al arrendatario hasta tres días por semana. Este sistema re- hasta el final_ del Antiguo Régimen.
quiere una mano de obra abundante y estable: esclavos sumi- Hoy en día parece cada vez más cierto que a partir de esa
nistrados por las conquistas o descendientes de esclavos de la época el dinero empezó a circular por el campo, gracias a
Antigüedad, y hombres libres que se colocaban bajo la de- modestos intercambios en los mercados locales de los bur-
pendencia de los poderosos a consecuencia de un revés de gos o vici. Fomentaron su desarrollo los poderes públicos y
fortuna o, simplemente, por incapacidad para resistirse a la los dueños del suelo, que conseguían fructíferos ingresos en
ley del más fuerte; ambas condiciones acabaron, además, por derechos de peaje y aranceles. Este comercio afecta princi-
sumarse. Sólo la Italia lombarda conoció algunos arriendos palmente a los géneros agrícolas y a los productos de prime-
temporales entre campesinos y dueños del suelo. ra necesidad, mientras que en los grandes centros interna-
Mansos y reservas incluyen tierras laborables, zonas de cionales se intercambian, al lado del vino, la sal y los granos,
viñedo y una porción de bosque, más importante en la parte productos de lujo (metales, pieles, sedas, especias ... ). A lo
BREVE HISTORIA DEL OCCJDENTE MED!EV,\L
óó
largo de las riberas del mar dei Norte, de los v~Hes del Ri.n, el
Mosa o el Escalda surgen nuevos puertos, mientras que se 4. 1a riJ.ilptDrn die fa unid.ad
adensa11. los arrabales de emplazamientos urbanos más an-
tiguos. La zona mediterránea no se queda atrás, y Vene~ia
tiene unos prometedores inicios. Los mercaderes locales, JU-
díos o cristianos, se codean en ella con sirios y otros «sarra-
cenos» llegados de nuestro actual C~rcano Oriente, cuando
no son esos hombres del norte que muy pronto harán hablar
de sí de manera menos pacífica.
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.~D.Oía lmpues,o :a COSt'lmbro rjp ?- . r;. ,.:¡ ••
A •
incluir el titulo impe:-:.al: ¿lo consideraba digni<lac. éi:::.~e todo ?,ªr~iculat que octuaba bajo ; ~~;;; ~;{'e"";~: un_~ob~r~E_D
:;;1 Piadoso hizo sus nrince
personal o había comprendido que su atribución a uno de <" •
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r ·-·" ras a_mas c~W-o·-.rº·~-ado1.
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ellos implicaría demasiados riesgos? Luis, que tuvo tres hi- :esca corres;¡:¡ondió tras d' , .. -:-- - vY e ._qmrnma.
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jos de un primer matrimonio y luego un cuarto, el futuro . que.· desdi>~ el 8lS,~
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anor 1nab-
0
, - arL os,
ºD. 't r . m1en-
Carlos el Calvo, de unas segundas nupcias, abordó el proble- -_--· ," '-- " ª ia Y· ms en Ba-
•nera. Otras regiones , d e t ama.,,o mas red "d •
ma con diferente estado de ánimo, en parte influí.do por los ron asimismo una •end . -- · uci o, mamfesta-.
L enc1a a 1a aut ,
hombres de Iglesia, muy apegados a la unidad del lmpei:io, grupos de condados situadosen . l as f-,onte··as
onomia, co_mo los
garante de la de la Iglesia. Mas todos sus intentos por salva- veer mejor a su defensa, hab,ian s1"do consf _1
t que,
"d para pro-
guardarla, confiando a su primogénito el título imperial así dos o marcas -ba3·0 la d"rrecc1on
. , d e un duq i 1 m os en duca-
como la mayor parte del territorio y poniendo bajo su auto- las marcas de España, del Friul o d . ue o un marqués:
ridad los reinos satélites de sus hermanos menores, estuvie- un escalón inferior, las tierras de ~;ustn_a, entre otras-. En
ron destinados al fracaso. Las luchas fratricidas, que comen- privilegios de inmunidad f Iglesia que gozaban de
zaron en vida del emperador y prosiguieron después de su control central. En efecto :e ur~n sustrayendo día a día al
muerte, desembocaron en el célebre Tratado de Verdún .. derramar sangre, hubier¿nº~; cen}¡os, que te~ían prohibido
(843 ), que fijó durante dos siglos la geografía política de Oc- de sus bienes y el e;·e . . d oln iar a los laicos la defensa
rcic10 e as pre t· ..
cidente. El Imperio fue dividido en tres partes, una para comprendidas en el est t t d . :roga ivas militares
cada uno de los tres hermanos supervivientes: el este, el do-
• ª u O emmumdad
contmgentes para el ejército real o im
b al"
. , a sa :r, istar
minio germánico, correspondió a Luis el Germánico; el oes- tonces a hombres d penal. Recurrieron en-
e guerra, poderosos . d b
te, el dominio francés, a Carlos el Calvo; y a Lotario, el pri- ran eficaces, más débiles s·i aspira. b an a contr
si esea l l an que
p fue-
mogénito, el .centro, una zona no bien determinada, fuente uno yotro·caso, estos persona· b . o ar os. ero, en
de futuros conflictos (sobre todo a propósito de Lorena) vocatus) si actuaban por c Jesd, aut1zados abogados (ad-
. uenta e un mon t • .d
pero que incluía las dos capitales, Roma y Aquisgrán, aso- (de vzcedominus) silo h , . .as eno Yvi ames
ciadas al título imperial. Esta dignidad, no obstante, no tie- rieron rápicfamente u ac~anflpor u_na iglesia catedral, adqui-
na m uenc1a de · · h
ne un gran significado, pues los dos hermanos menores ac- r:osa, al usurpar otras comp".tencias d ~~s1va, Y_ asta engo-
túan en sus tierras con total independencia. nal el ejercicio de la . t· . b e mmumsta, en espe-
• JUS 1c1a so re los h b"
La partición exigió largas averiguaciones para equilibrar tierras que l_es habían confiado a itantes de las
las rentas de los tres lotes, pero no suscitó grave oposición, Así pues, el control adrninis¡rativo d 1 .
en la medida en que la consolidación en.todas partes de carolingio escapaba crecientement e 1?-111-enso territorio
fuertes particularidades regionales había derrotado entera- llos soberanos a e d . e de las manos de aque-
mente la unidad deseada por Carlomagno y Luis el Piadoso. fin. Los missi ~ro!t:: v;e~~nms\ituciones creadas para tal
Dichas particularidades no constituyeron sin embargo los amplitud de sus tareas.
casi todos del mismo r
Adem:: ::t~dosd al par:cer, por la
1' I os e la aristocracia,
criterios decisivos del reparto, salvo para los tres reinos de ango que os condes · ·
Aquitania, Baviera e Italia, en los que se llegó al acuerdo do a quienes quizás los inspeccion , , ~ mspecc10nan-
de que siguieran en poder de quien ya los gobernaba. En resultaba difícil ejercer un control e~:: ::::::t:~:s~;:~
efecto, para preservar su identidad, claramente marcada, se
BR::.VI:. hl':i1 OH.ir\. DEL l)LC[DENTE í\IEDIEVAL L\. :WPTUIU L:f ~,\ LiNIU.-·ü1
par:ir de fi~a!es del sig!c Ix; e! sobe:ra~o g~rmánico O~ón I, monedas que acaban estimula~do !as ir:te:.-:ambias, inciu3 ~
que les puso fin en el 955 en la batalla de Lechfeld, se granjeó en las regiones saqueadas. La arqueología confirma, en es-
con esta victoria un prestigio que le permitió, entre otras co- peci~l ~n el noroeste de Europa, ei hecho de que el paso de
sas, restaurar la dinastía imperial. Los húngaros que escapa- los vikmgos no estuvo acom?añado por la parálisis general
ron a la matanza fueron instalados en la región llamada des- que se trasluce de las fuentes monásticas, aunque ¿qué otra
de entonces Hungría; allí desarrollaron un Estado y se cantinela cabía esperar de las principales víctimas?
convirtieron al cristianismo bajo ~steban I, coronado rey en La de~ad~ncia política del hpperio Carolingio tampoco
el l 000, muerto en l 038 y canonizado en 1081. trastorno directamente la vida cultural: en el corazón del
El mundo carolingio registra, pues, profundas mutacio- m~ndo germá~ico, en las abadías de Fulda, Reichen~u y
nes por el efecto acumulado de su crisis interna y de las se- Samt-Gall, o mas al oeste y algo después, en Reims, Tours o
rias arremetidas que le llegan desde el exterior. Sin embargo Fleury-sur-Loire (la abadía de Saint-Benoit-sur-Loire), en
resultaría abusivo imaginarlo carente de vitalidad: para Cataluña, en Italia o en Inglaterra, siguen brillando los cen-
quien sabe discernirlos, aparecen los resplandores de una tros ~te_lectuales ~pulsados por el renacimiento carolingio.
renovación en las regiones más resguardadas o bajo la ac- Las bibliotecas la1eas y eclesiásticas se proveen de copias de
ción paradójicamente estimulante de las últimas «ii;ivasio- los más grande~ autores de la Antigüedad; el propiG empera-
nes», gracias a su aportación -¡un poco brutal, eso sí!- de dor ha dado eJemplo, pues el catálogo de la biblioteca de
fuerzas nuevas. Aquisgrán cuenta, ya en el reinado de Carlomagno, con los
nombres de Lucano, Juvenal y Tibulo. Estos manuscritos,
cuya r:~ización se ha visto facilitada, no lo olvidemos, por la
Occidente en el alba de la expansión ado~c10n de la letra carolina, constituyen las más antiguas
vers10nes actualment~ éonocidas de las obras de la mayo-
Aun cuando no fuera ese tiempo de desolación que algunos ría de los grandes cláskos. Pero los sabios de la época no se
se han complacido en describir, el siglo x, mal conocido por cont~ntaron con este papel de transcripción y transmisión,
los historiadores a causa de la falta de fuentes, y por consi- gracias al cual se familiarizaron crecientemente con la Anti-
guiente no muy amado, bautizado a veces como el «siglo de güedad. También elaboraron obras personales, tratados mo-
hierro» (Pierre Riche), fue sin lugar a dudas la centuria que rales, epopeyas históricas, comentarios de las Escrituras cris-
vio madurar un nuevo rostro de Occidente. tian¡is, piezas litúrgicas. Los talleres de iluminación o de
Las regiones meridionales, la península Italiana o Catalu- orfebrería y los maestros arquitectos no se quedaron atrás,
ña, y hasta ciertas partes del corredor del Ródano, llegando est~ula1os por_ el impulso que les imprimió muy en espe.cial
hasta el Maconnais estudiado por Georges Duby, son más la drnast1a otomana, en la segunda mitad del siglo x; a este
precoces y registran entonces los primeros estremecimien- propósito, en la pluma de los historiadores reaparece el tér-
tos de una reanudación de la actividad económica: rotura- mino de «renacimiento».
ciones todavía tímidas, reconstrucción de los edificios des- . _P?r ~u parte,_ la Iglesia se recobró con bastante rapidez; la
truidos, animación de puertos y villas. Los tesoros robados m1~~ativa provmo del mundo monástico, sin duda porque
en las razzias entran de nuevo en circulación en forma de salio peor parado, tanto por la política de los príncipes que
t¡tilizab3.n 11s 1·e~t2s de ]os diversos centros como otros t:in- ~;a;~!ü (9~8). Su i1ijo Otóí'l cor..siguió disciplina: a !.a a,:;.·-=.s::,c,-
tos beneficios qr.e distribuir entre sus allegados laicos, como cr2.cia laica y r~stau:-ar el Imperio, vaca:1[e desic fina1es ¿ei
por los pillajes que lo afectaron con regularidad. Los prime- siglo :x, apoyándose en !os obispos, a quienes cm:virtió ¿;r._
ros focos de reformas, siempre fieles a la tradición benedic- au_t~nticos príncipes t~rritoriales, así como en su prestigio
tina tal y como la había formalizado San Benito de Aniana m1htar de vencedor de los hú1:.garos. Mas para hacerlo nece-
en el siglo 1x, se produjeron en Flandes (fundación por Ge- sitaba asimismo la ratificación romana. Inició entonces la
rardo d.e Brogne de un monasterio refor~ado en el 914), en con9uista del reino de Italia, dividido en multitud de princi-
· Lorena (restauración de la abadía de Gorze en el 933) y so- pados episcopales y laicos, conquista que sólo fue rematada
bre todo en el sur de Borgoña, en Cluny, casa benedictina por su hijo Otón n.
fundada en el 909 por Guillermo de Aquitania bajo la direc- A partir de entonces, la suerte d.e la Península está li oada a
ción espiritual de Bernon, abad ya reputado por sus cualida- la de Alemania, y la de la corona imperial, aún más di;ecta-
des reformadoras; Cluny iba a tener un futuro que superaría mente que antaño, al dominio de Roma.
con creces las esperanzas de su fundador. Las estructuras heredadas de los tiempos carolingios se
A un tiempo, y de forma más directamente perceptible conservaron mucho peor en la parte occidental del Imperio.
que estas profundas mutaciones, Occidente asistió a la renq- Desde la muerte de Carlos el Calvo, en el 877, su rei!lo se
vación de su mapa político. Las diversas regiones del Impe- fragmenta en principados territoriales de amplitud variable
rio evolucionaron cada cual hacia su propio destino, tanto (uno o varios condados) según las regiones y el poderío de
las grandes unidades salidas del reparto de Verdún como, en los grandes. No resulta sorprendente ver cómo Aquitania es
su seno, otros territorios más restringidos que adquirieron una de las primeras en resurgir; Bretaña mantiene una inde-
cierta autonomía gracias a todos aquellos trastornos. El sig- pendencia que apenas habían doblegado Carlomagno y Luis
no más brillante proviene del nadmiento de las lenguas na- el Piadoso; Flandes se organiza pronto para luchar contra los
cionales. Una de las primeras circunstancias en las que está sarracenos; ya he-,nos aludido al éxito normando; y, por úl-
formalmente atestiguado su empleo se remonta a los jura- _tjgt_o,_un gran conjunto de tierras creado por Carlos el Calvo
mentos intercambiados en Estrasburgo, en el 842, entre Car- '"'para el conde Roberto el Fuerte, en torno al valle del Loira,
los el Calvo y Luis el Germánico: unidos contra su hermano es el origen de la fortuna de la familia de los Capeto. Desde
mayor, Lotario, expresaron su mutua fidelidad cada uno en finales del siglo IX, ésta alterna con la de los carolingios en el
la lengua del otro, Luis en francés y Carlos en alemán, para !rono de Francia occidental; la elección, en el 987, de uno de
que los fieles de ambos los comprendieran. sus miembros, Hugo Capeto, constituye el último episodio.
A despecho de una fase de división en la segunda mitad En el sudoeste, los confines del mundo carolingio escapan
del siglo x, de la cual surgen cuatro grandes ducados -Sajo- entonces a toda influencia de un poder cuyo centro de gra-
Pia, Franconia, Baviera y Suabia, a los que se añade Lorena-, vedad se fija en adelante, y para varios siglos, al norte del
el mundo germánico logró reconstruir bastante pronto cier- Loira. Las zonas situadas directamente en contacto con el Is-
ta unidad. A comienzos del siglo x los grandes se pusieron lam comienzan entonces la gran obra de la Reconquista, la
de acuerdo para elegir rey a uno de los suyos: fue primero el gesta ibérica por excelencia. Llevan primero la iniciativa los
duque de Franconia, y después el de Sajonia, Enrique el Pa- pequeños reinos cristianos del norte de España que han lo-
D
78 BREVE HISTORIA DEL OCC:IDUNTE MEDIEVAL
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dos ccnsig:üeron ac:iparar el conjunto de componentes del ríó <!e los casteHanos. )L_a historia de la Pcgión de .Maco.1;,, sa-
bannus, sino q1;1e, en la medida de su poderio;_duques, mar- -rn¿a a la luz por Ge()_r~~ Dul?uracias a las ricas fuentes du-
~"--· ~>y--fi, queses o conde~ los controlaron más o menos íntegramente nlacenses, nos proporciona un excelente ejemplo, al igual
• _ ,,.~ en el territorio cuyo dominio conservaron. _Se convir_ti~r9p ~qlie la de la Isla ge Francia, donde sigue en pie la torre del se-
. . . .:_ e!l s_e_ñores banale&ccuyaautoxidadseejen::íaencier.tos luga- ñor de Montlhéry, que tanto trabajo dio a los primeros Ca-
l:; ;res: p,bizas· f~r-ÜficagJs (castillos y ciudades),.-c~rr_etéii§)y peto. No obstante, sería falso exten,der este esquema a todo
uso
"pu~n~( u o ~~taba sujeto al pago de r.eajes ypontaz- , ~ Occidente. En ~l_re~l!_o de Inglaterra, el feudalismo está más
gos(:nercados donde obtenían sustanciosos beneficios de ' ¡~ , e;ontrolado por- el. príncip~_: En el_e_s.r_;i~i~ germi~ic9"i no_
la percepción de derechos de puerta e impue.s:tQs s9bre las !ríu11fa antes del siglo xn, y aun así con modalidades pro-
transacciones ), y_ha_s!_~~1!1c1.~tión de aguas y bosques;1n · pías. Y habría que matizar, en cambio, las gistiru;i@fs_qll~ __
ciertos momentos: celebración dé asambleas Judiciáles, con- tradicionalmente se establecen 1!!!.!rt füancia del no~te_y
vocatoria de tropas para la guerra; sobre ciertos hombres:
los clérigos y los hombres libres, pues los no libres <lepen-·
<lían entonces del poder directo de su amo. ,I;:stQS pruier.es,
lejos de concentrarse todos en las mismas manos para un
mismo territorio,_ están a menu~Q,r~12astj9-.9.n:ntr:epQqe1;g:
i Francia del sur::no obstante, parece que el feudalismo está
, codificado más precozmente en el sur. En cuanto a Italia~ la
!P-J?.'?rtancia del mundo urbano frenó allíla difusión del.sis.-
tema feudal. = ·•
~ . ~~!1te al poder de los~ije~, los dueños de los grandes ·
sos de diferente envergadura: así, un conde puede conservar , principados hubieron de replegarse. Sólo lograron conser-
"éfdominio de las opera.éiories militares en toda una región ' var la totalidad de su influencia en una1. «zona interna'>>,
donde el ejercicio de la justicia ordinaria está repartido en- donde su poderío estaba sólidanÍ~nte iu{plá~1:;a~;~ en los
tre varios señores locales. Este complejo encabalgamiento , ~árgenes de ésta, en la ifona exten1~ de su territorio2 hii-
de derechos, que puede parecer inextricable, estaba en rea- ~i,eron de contentarse eón intérvenciones más limitadas,
lidad perfectamente claro para los contemporáneos, a quie- concretas: éenfraoas por ejemplo-en el control de monaste~
nes los agentes de los nuevos dueños se encargaban de recor- Jfos ll ob!spados. Entre los,príncipes)ie su reino, ~l sobera-;
dar de quién dependían, porque cada parcela de poder era no de Francia occidéntal disfmG un capital de presti-
fuente de sustan¡;iales ingresos. "gio, pero no dispone de un poderío real superior, ni mucho
El proceso de fragmentación de la autoridad pública no =menos:En términos materiales, los dµques de Aquitania y
conoció en todas partes la misma amplitud ni la misma ero- Normandía son, sin la menor duda, superiores a él. Su pro-
fl, ~ología. ~.Jl.Offi~te .4~ :E_uropa,..comprendid~nke,,el yección -casi no llega ya al sur del reino, donde no es infre-
~ valle del Loira y el del Rin, fue escenario de su realización · cuente encontrar cartas cuyos preámbulos indican, a guisa
~ más cumplida. Tras un tiempo en el que las instituciones ca- de fecha, la mención «a la espera de un rey» (regem expec-
;:.,., rolingias se mantienen en manos de los condes, ciertas atri- tante). ·
=-[;'i buciones del poder, en especial la recaudación. fi~qls,d La lejanía de la autoridad real, por débil que ésta fuera, así
ejercicio de la justicia, pasaron a manos de los/~ s_~ñ,Q~J como la inestabilidad que presidió la r_edistribución de los
que reinaban sobre un conjunto más modesto de tierras reu- , poderes a escala local, provocaron en las regiones meridio-
nidas en torno a un punto fortificado: es la época ctelseño- nales una reacción que trató de imponer ciertos límites al
.- ,~.-1~;p-;;:.¡c ~p. ,...~"l~,r1r --.::1'"~~~ .. ¿
,. :;,.: , ~-; .;,:::.-;·~.:cv:l.:,s" "\· -',
,/iueiw de las
-· riva[dades cn,,;e ood.erosos. Esto~.«faovimien-_
~';""'-f°AVl""',~OC' ,~O
o ·•--C ... ' -·---~---
: bitrnn los E:igios em:i señoieS feuda'.e~, A ~ambío, eÍ señor ~:2:: 2Cn.:sa¿0 de él _?t:ede r.~nu;;-,::2:· a Sl! f~--:C.o o 1~e72.r su
¿ebe a su vasallo y si.: far:ülia 1:H.:ena justicia -no puede ne- c~u.sa a:c.te En szñ.or más pode::·csc, a cor..dic:6n G.e q¡¡e éste
g,1r3e a safü garante por él-, protección y ayuda material, en d~sponga de algún medi¿- de pres:ón sobre el acusado. A la
especial contribuyei::.do a su subsistencia. Pm: eso la cerero~()-:_ i.rrnrsa, el señor traicionado por su. nsallo puede confiscar-
nia del homenaje va seguida inmediatamente por la investi~ ~ ~e el feudo: es fa commissio'; una ci.ecisión oue sólo se concreta
dura del feudo. -- en ia realiflad sfquien la pronuncia pos~e los- medios para
Elemento real del lazo feudovasallá1:ico, ~l feudo designa ponerla en práctica. Ahora bien, con algunas excepciones,
los bienes que el señor concede a su vasallo a cambio de sus no parece que las costumbres evolucionaran en este sentido.
servicios. Se trata, con frecuencia, de fincas rurales o de cas- Los poseedores d.e feudos, por ei contrario, se esforzaron
tellanías, pero el señor puede también atribuir la explota- por mantenerlos en su patrimonio familiar. El homenaje,
ción de derechos de justicia o de peaje, de los beneficios ecle- compromiso contraído entre dos personas, debía ser reno-
siásticos que domina e incluso, al final de la época feudal, de vado a la desaparición de una de ellas. Al insistir en prestar
rentas en metálico. La cesión está marcada por la entrega su fidelidad al sucesor de su señor, el vasallo aspiraba a con-
pública al vasallo de un objeto simbólico, terrón de tierra o servar su feudo, lo mismo qt¡.e sus herederos, a su muerte, si
bastón de mando. Aun a riesgo de empañar la imagen de los no había faltado a sus deberes. ¿Acaso no debe el señor pro-
lazos feudovasalláticos, preciso es reconocer que el papel de- teger a la familia de su fiel? Por ello puede administrar el feu-
sempeñado por esta retribución material acabó imponién- do a la espera de la mayor edad de un hijo, o velar por la
dose a cualquier otra consideración. A diferencia qel bene- boda de una hija, única heredera. El uso sanciona, pues, la
. ficio carolingio, el feudo no se ofrece en reconocimiento de transmisión del feudo en el seno de la misma familia, a cam-
leales servicios; es algo debido, que los vasallos reclaman de bio del pago de un derecho de reversión, puesto que el señor
inmediato. Por consiguiente, éstos no vacilaron en jurar si: conserva el dominio directo, superior al usufructo del que
multáneamente fidelidad a varios poderosos; a fin de acu- disfruta el vasallo.
mular las rentas de los feudos recibidos en contrapartida, Ahora bien, un obstáculo mucho más grave que el que el
aun a riesgo de verse enfrentados con elecciones delicadas, y señor los recupere amer1_aza !a conservación
}F.,;:-·- -- - - ·- • 11
de la integridad
llevados a la felonía, cuando surgían conflictos entre dos de de los feudos: el¡!reg1me,n sucesono! En efecto, la constitu-
/ sus señores. La costumbre feudal imaginó, en resput;sta, la ción de partes iguales entre todos los hijos legítimos condu-
prestación de un homenaje superior a todos los otros/el feu- ce a una dispersión de los bienes, mientras que su gestión en
do ligio'; aquel en que el feudatario ·quedaba tan estrecha- _proindiviso por los hermanos resúlta a veces impracticable.
e mente subordinado a su señor que no podía reconocer otro Con objeto de poner remedio a esto, las familias aristocráti-
con subordinación semejante, garantizando así a su benefi- cas comienzan a instaurar la costumbre, que presenta nume-
ciario la fidelidad del feudatario en cualquier circunstancia. rosas variantes regionales, de favorecer al primogénito en la
En la medida en que podemos percibirlo, romper el con- transmisión de los bienes. Instalada sobre el patrimonio fa-
trato de vasallaje fue sin duda tan corriente como contraer- miliar, l<1 rama primogénita se esfuerza por proseguir de ge-
lo. El asunto dependía entonces de un juicio en el tribunal neración engeneración esta política llamada lignagere ('de
.. ..J
<)ú n;c.::v .!:. HISTORL \ DZL OCCIDENTE .\lEDlE V.\L
primogenitura') a riesgo de limitar el número de hijos. Los s= va labrando l!na replltació~ e~ e! com1b:.1:~, :1 }a espe~n de
linajes aristocráticos, sucesión ininterru.Inpida de herederos i:n posible establecimiento en una casteHan.fa, adqui;ida por
varones en línea directa, edifican así su poderío sobre el sa- herencia, o poda boda con la heredera que se habd ganado
crificio de las hijas y de los hermanos menores: Las pri..-neras con sus méritos.
obtienen a lo sumo, en compensación, una dote que les abre Semejante actividad, supone unas rentas que permitan
las puertas del matrimonio o de un establecimiento religio- consagrarse a ella por entero y proveerse de un equipo cos-
so; en cuanto a los segundos, pueden beneficiarse de la for- toso, en su mayoría hecho de ~etal, que es un material caro:
• tuna de su hermano mayor si deciden seguir viviendo bajo casco o yelmo, cota de mallas, rodela o escudo, lanza y espa-
su techo, a menos que prefieran ingresar en la Iglesia o partir da, así como varios caballos, para el combate y el transpor-
en busca de la rica heredera de un linaje «recaído en-heill;- te. Pero la entrada en la caballería no estuvo limitada a los
bra». Se suman entonces a los grupos de caballeros que ye- más ricos: _príncipes y señores mantuvieron a su costa a los
rran a la ventura. hombres de armas que necesitaban y, para quienes brillaron
entre ellos, hubo oportunidad de rápidos ascensos sociales.
Durante las :erimeras generaciones11ue vieron su constitu-
. ;"~Jl mundo de la cqballería ~ '.C(J',~;~~;:"'~l·-\==~d\ ción, el grupó~de los caballeros comprende, pues, a la vez
miembros de las antiguas familias dirigentes y hombres
Del mundo feudal brota la figura conquistadora deLcaballe- "~puevos. El prestigio que llevaba aparejado, el peso de las li-
ro: La mejor definición que de él podemos dar es la más sen- mitaciones materiales y cierta tendencia a cerrarse entraña-
cilla: un combatiente a ca!lall.Q. La evolución de las técnicas ron su progresiva fusión con la nobleza tradicional: la caba-
la
milit;res a partir de ép~;;a carolingia otorgó un creciente llería se convirtió en un signo de distinción y los nobles se
papel a la caballería; todos los que hubieron de recurrir a la unieron a sus filas. No obstante, la asimilación estuvo lejos'
fuerza para imponerse tuvieron, pues, que apoyarse en esos de ser total: enfoglaterr..a, la nobleza ( nobility) difiere de la
caballeros, o serlo ellos mismo. El manejo de las armas evo- caballería (knights), al igual que ,en España y el mundo ger-
lucionó hasta ser un autentico oficio, cosa de especialistas, y , mánico, que cuentan con pumerosos cab!illeros de origen
· ya no fue, como en tiempos de los reinos francos, privilegio . seryil. Así, pues, entre q4ienes detentan el poder ele las ar-·
. de cualquier hombre libre./)Su aprendizaje se hace eón los mas subsisten fuertes jerarquías internas, antes de que apa-
primogénitos, en la corte del señor, adonde los vasallos en- rezcan otras vías de ennoblecimiento, como el servicio del
_yían a sus hijos a formarse; una vez terminada la formación, príncipe. .
1; ;efrenda la entrega solemne de sus armas al nuevo comba- En una sociedad áonde el lugar de honor corresponde no , ~
tiente, ~n el curso de una ceremonia pública, la toma de ar- a quienes combaten sino a quienes rezan, la caballería ganó
µias. El «padrino» ofrece entonces al joven un equipo com- una parte de sus cartas de nobleza con su cristianización.
4>leto y le asesta un violento golpe, el espaldarazo, que debe Con ocasión de los movimientos de PªZ, YPª1"~~UQILar s_11:~
mostrar que sabe resistir valientemente. Comienza entonces propias posesiones, la Iglesia aprendió a contemporizar con
una época en la que se le llama «joven», y en el curso de la los guerreros. Aunque hostil, en nombre de su tradición, a
cual, entre sus iguales, en trqpas itinerantes o en los castillos, :todo derramamiento de sangre, acabó forjando1.1n modelo
!U& 3J
d~ con1vc,rtamiento cr;stia.:10 Darn d combatiente, que ie .i'.(~;,~üeS áe SUS SeñrH·~s. nnpfi,~ri ~r,1r!i:r ~ ~r-.¡~v_'.>'f'~ ,!;!t.¡-- ~~7""'~•:•~
prnpon; 2oner sus armas al su;icio de causas justas:" clefen- ~'.id~s lasde ~is~a~ ~;¡i~;;;:~~-r~~~¿~~~-;i~;r¿~;,-¡;;~:
~dú a los pobres, las viudas, los huérfanos, en pecas palabras, -c:tses (de la Isla de Francia) o de Champaña. Estos grandes
a todos l~s sin armas (empezando, por lo tanto, por los cléri- cr.cuentros de hombres de ai-mas, organizados en los confi-
gos), y defender a la cristiandad frente al infieL participan- nes de los principados, los enfrentan por equipos: la final.i-
do en la Reconquista ibérica o en la Cruzada. Este intento de cad del torneo consiste en reunir el mayor número posible
conciliar la vida de los hombres de guerra con el ideal cris- de prestigiosos prisioneros, por cuya liberación.se exigen
tiano des-emboca: en el siglo xn, en la creación de las órd~- luego consistentes rescates. Es entonces cuando ~t;constru- -
nes militares, hospitalarios, templarios, orden de Santiago yen las reputaciones y las fortunas, a través de las vastas
en España. Y es únicamente en esa época, esto es, mucho transferencias de fondos que acompañan su conclusión.
después de la aparición de los primeros caballeros, cuando ¡Mas ay del caballero que no se muestre pródigo con sus
los ritos de ingreso en la caballería adoptaron un carácter re- compañeros de equipo!
· ligioso. Antes, a lo sumo, se podía organizar la ceremonia de Sean cuales sean las diferencias sociales y geográficas que
armar caballeros el día de una gran fiesta cristiana, como en él se observan, el mundo de la caballería conoce las mis-
P~ntecostés; más adelante, entró en las costumbres bendecir mas referencias inmortalizadas en literatura por las cancio-
las armas e invitar al futuro caballero a prepararse con ora- nes de gesta. Esos largos poemas épicos, recitados por los
ciones para su misión. juglares con ocasión de los festines en los que suelen reunir-
Impregnada tardíamente de q1ltura cristiana, la caballe-_ ~e los días de fiesta, en la gran sala del castillo, las tropas de
ría encontró al principio un fermento de unidad más activo_ guerreros en reposo, ponen en escena personajes históri-
30 los valores de origen profano incukados por un modo de cos, Carlomagno y sus paladines, o míticos, Arturo y sus
vida común, cuyo marco es el castillo. Su dueño comparte la"' . compañeros de la Tabla Redonda, e incluso a los antepasa-
mayoría de las estancias con sus guerreros domésticos y, si_a dos casi legendarios de las grandes familias aristocráticas;
mano viene, con sus vasallos. Sólo su familia goza de un cada caballero sueña con emular las proezas en el combate
poco más de intimidad: su esposa y sus hijos pequeños -los de todas esas figuras, su generosidad suntuosa, su entrega a
niños siguen confiados a la madre y las sirvientas hasta las nobles causas, que entonces son más las de la amistad
los siete años- disponen de una o dos piezas más aisladas y que las del amor: ~erá preciso esperar al florecimiento, en el
cómodas, mejor calentadas en invierno. Los caballeros con- ¡ "siglo XII, de la literatura cortés para que las mujeres hagan
sagran su tiempo a mantenerse en forma física gracias a ejer- ,' su entrada en este mundo ante todo masculino, y, con ellas,
cicios variados: la caza, tanto para la gloria como para con- ' ji todo un aprendizaje de un discurso y unas conversaciones
seguir con ella una alimentación a base de carne, o las justas más civilizadas.
amistosas entre sí, o bien contra ese muñeco giratorio llama- Principal aglutinante del grupo en las horas de su consti-
do, estafermo al que golpean con sus lanzas a riesgo de ser tución, l;i ideología caballeresca, entonces cristianizada, se
desarzonados. Pero, con el buen tiempo, llega el momento . convirtió~ su mássegur¿ refugio cuando aquél perdió su
de la «guerra fresca y alegre» (Bertrand de Born) que go5J ¡ razón de ser social, a partir del siglo xm, frente al poderío de
de todos sus favores.s:;uaricig o,o estánenroh1dos e11 la~ e]fpt:!- .l los reyes. Fue entonces cuando conoció su codificación más
d
f,1
(i
HREVf: }t!5"TORlA DEL ocCIDENTEi\íEDIEYAL
arr..os, deseosos ce mejorar su tre!i de vida? El debate es in.a- :::oEn.cs, por ejer::7lc, ya pr2se::.tes ,=i: l.13 g~·a.::1J.es ;J:eouieCa-
cabable: la real:.dd reside posiblemer.'.e en la conjm1ción de des caroHn.gias en un número que hoy se juzga muy superior
esos factores, lo cua'., he~os de reccnocerlo, no resuelve el a lo que se había creído, se multiplican, rr:ovidos por la fuer-
fondo de la cuestión: ¿por qué en Occidente? za del agua canalizada en los saetines, o por la del viento. La
fuerza de trabajo de los animales de tiro se multiplica por
diez gracias a la adopción de técnicas de enganche menos
Los sionos de la expansión• sumarias: el collar de ti;¡:o pectoral, ya conocido en la Antá-
b
güedad; el yugo frontal para los bueyes; la costu_mbre de '.:.ii-
El signo más evidente de la expansión atañe al crecimiento ganchar a los caballos en fila india para el trabajo de los
lento pero continuo del número de hombres durante tres si- campos ... Pero estos animales, de mantenimiento más deli-
glos. El impulso de ese crecimiento se detuvo a fines del xrn, cado y caro -se alimentan de avena-, son menos apreciados
a causa de la aparición de las primeras dificultades econó- ¡ que los bovinos, más sólidos y rentables ya que al término
micas ( crisis frumentarias y monetarias-) y después por las :\ de sus servicios todavía pueden ser vendidos como carne; el
grandes epidemias de comienzos del siglo XIV. A falta de un . !/ caballo sigue siendo un animal de lujo, privativo de los se-
registro civil y antes de los primeros registr!)S de bautismos, 1,:1
ñores. Por último, al lado del equipo de los caballeros, los
matrimonios o defunciones, que datan de la primera mitad R aperos agrícolas también se benefician de la creciente intro-
IJ
del XIV, apenas disponemos de indicadores demográficos ~l;j' ducción del hierro: los instrumentos se vuelven más resis-
precisos; pero hay numerosos indicios que atestiguan la tentes y capaces incluso de labrar los suelos pesados y limo-
evolución general. Todas las investigaciones regionales con- ¡ sos de las llanuras del norte de Europa. El ejemplo más claro
1
firman, para el conjunto de Occidente, un aumento en las !1 proviene de los utensilios de labranza: si el tradicional ara-
familias del número de niños que superan el primer año. !) do de madera sigue adecuándose a los frágiles suelos medi-
Corroboran el hecho la multiplicación de los enclaves habi- !: terráneos, en cambio los arados de reja metálica hacen ma-
tados, al igual que algunas pesquisas más amplias realizadas !\ ravillas en Picardía, por ejemplo.
a petición de los príncipes, por motivos fiscales; y así es po- j La ganancia de jl1ano de obra así conseguida permite
sible medir cómo la población inglesa se multiplica por tres ¡ mejorar los métodos de cultivo, sobre todo multiplicando
entre 1100 y 1300; por su parte el reino de Francia· estaba 1 las labores para regenerar mejor las tierras. El movimiento
entonces, a igualdad de superficie, más poblado que en el . :J se basa en mejores coqocimientos agronómicos, reflejados
reinado de Luis XIV. Por último, y por aventurar un «peso
global», la población de Et1-ropa habría superado los 50 mi-
llones (¿54?) a finales del siglo xm.
¡,~ en la redacción _de tratados de agricultura en. Inglaterra
(Walter of Henley) y en Italia (Pietro de Crescenzi). Sus
consejos, experimentados primero en fincas «piloto», lle-
Ahora bien, esos brazos más numerosos utilizaron. técni- 1 gan a continuación al conjunto de los campos, donde los
cas más eficientes; ése es el segundo motor del crecimiento 1 campesinos observan una rotación de cultivos más adecua-
registrado por entonces en la campiña occidental. Esta me- I · da. Ciertas comunidades rurales, impulsadas por la bús-
jora proviene en mayor medida de la difusión de equipos de 1
queda de una rentabilidad óptima, empiezan a organizar en
mejor calidad que de innovaciones propiamente dichas. Los el curso del xm una explotación colectiva de su terruño, di-
98 BilEVE t-!ISTGRI.I. Dl:LOCCIDE"NTE ME.DléVAL 99
c:;f~c~Je a ..:ar.Gb1u de clo3 .:21L.:)~2~, fije 21 z.:~o, ~~ ~in~cJ~ ,::! · re~tos recaudados 2 ~J~.r:cho Ce1 3e.501·, ¿i /.:lSüs feo~eíi-
censo (ciertos fondos se llaman in.duso asf, censuales), y d ~1~ntos_ ~e trabajo para el casr.illo, formas iastardas d~i ser-
otro una parte variable de la i::osecha, el imvuesto sobre las v1e10 mllrtar para uso de los «villa.rio~» r~o,.r de b•-u~-..l·'a
0
• • - .., \ ,._ ~..1.Ul '
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gavillas (~hampart). Además, percibe un. direcho en el mo- ac~rreo de mmenales, transmisión de mensajes, aposenta-
mento de su cesión y se reserva exigir tasas de enajenamien- miento de gentes de guerra o del dueño de vaso) arav·im~-
to (el laudemio) ¡por todo cambio de manos, incluida la nes sobre el transporte y el intercambio "de rri:e~ca:n:ia:.
.muerte del terrazguero si sus her~deros siguen disfrutándo- A ello se añaden derechos Qbtenidos por ciertos equipos
lo: marca así su dominio directo. En contrapanida, la cesión cuyo coste los reservab~ para el señor: horno, molino.o lagar
del fondo pronto se vuelve perpetua y su ex¿lotador puéde llamados ba!1al~s, que !os campesinos estaban obligados a
incluso enajenarla. Fue así como, frente al creciente endeu- usar en el ~e~on? del que dependían, al tiempo que respeta-
damiento del campesinado, acabó sirviendo de prenda de ban los pnvileg10s del dueño, como el ban de vendimia, el
rentas de la tierra, a cuyo pago se obligaba el colono a cam- derecho a ~er el primero en pisar y vender s '_,vino. El poder
bio de un préstamo en dinero, otorgado por ricos burgueses. banal se_ahmentó pues del crecimiento agríéola a través de
Revalorizado por procedimientos más rentables y mejor este con1unto de tasas calificadas de «nuevas O malas cos-
explotado con técnicas más eficientes, e_tseñorío r~ral Labró tumbres», percibidas por agentes del dueño, esos «ministe-
pues la fortuna de los dueños del suelo, fundamento del po- riales» a menudo más duros que los propios poderosos con
derío de más de un dueño del ban. Es cierto que en la malla el mundo campesino del cual han salido.
territorial de la campiña medieval nunca se correspondie- Mientras ~ue los ~~evos dueños del poder imponían su
ron plenamente los señoríos territoriales y los banales: un ley P_~r doqmer, el reg1men del señorío territorial no se ex-
mismo espacio puao muy bien pertenecer a un señor y de- tendio a la t?talidad del territorio occidental. Es muy proba-
pender del ban de otro. Pero frecuentemente se conjugaron ble que en ciertas regiones subsistieran tierras alodiales ex-
ambas dominaciones, en la medida en que los dueños del plota~as por un campesinado libre; pero su número se fue
poder hallaron en las rentas del suelo la base material indis- reduciendo ~~da vez más, con toda probabilidad y, a falta de
pensable para su poderío. Todo induce a creer que fueron documentac10n, no son muy bien conocidas. En cambio las
pocos los señores banales que no hayan sido, al menos en un comar~as meridionales, y en primera fila Italia, ven cómo
primer momento, grandes propietarios, y a la recíproca. las sociedades r~rales adoptan con gran rapidez nuevos tipos
Luego llegó un momento en que el débil aumento de las ren- de cont~atos, más ágiles y ventajosos para los campesinos
tas de la tierra y las complicaciones de su explotación hi_cie- que e_I, sistema señorial. Su aparición es contempoi;ánea,
ron que los bienes raíces fueran menos atractivos que la ex- tamb1en en este cai;o, de una reorganización de la tierra,
plotación de derechos recién adquiridos sobre el mundo centrada alrededor de puntos fortificados donde residen los
rural, gracias a los cuales los poderosos lograron arrogarse agentes del poder o donde se concentra el hábitat; esos bur-
una parte de los beneficios del crecimiento agrícola. Y como gos, ~ncaramados a las alturas para escapar a las últimas in-
éstos se basan en la posesión del han, se les califica de «bana- cur~10nes sarracenas y a otros bandidajes, pero todavía más
lidades». Conviene recordar que incluyen los derechos de a la msalubridad de las zonas bajas y húmedas, están rodea-
justicia, las tallas u otras ayudas pecuniarias, impuestos di- dos por varios círculos de cultivos, jardines, huertos y viñe-
~ :)C:, ,t1e""'r•.~,~ ,;r •,40°;-,],c.5 {"7~ l~Oi("'.:):\ 1.:,,...,; ?,~--p -.-~ 3' por iiÍ himo rer-r.onos {.!C.:-úh?. ·~·~ ,) ::n.:-opie~-:-i1·.:r,5 .,~? ;,-~;--') ::'1~0,r~i~• :..~'"'7¡;"\dr,.;: -,ry,~ ',, ~::{·\:~
de pasto paia el ganado: es el incastellamento descrito por . gu:idad a.:1.~S,_.;t·.~e o 7oz .:1.: ¿cjreza, se v=.e:.·on e;p~)a¿os a
P:erre Touber! para el Lacio. Las cesiones terátoriales pro- colocarse bajo la frc tecci0n e.e ur:. poCernso. Después, coEo
puestas por los dueños adoptan aquí la forma de arriendo a la «mácula servil» era :::.ere¿itari2, se rra:::smitió de genera-
veintinueve años tácitameníe renovables, los contratos de ción en generación. Cabe pues definir a la servidumbre
livello, o bien los contratos de complantatio, en los que al como una forma profunda~ente desigual de esos lazos de
final queda en pn;,piedad del campesino la mitad dt; la par- hombre a he;mbre con que se teje la sociedad. medieval; a
cela que ha cultivado, un régimen menos adaptado a la la- propósito de ella hay quien ha hablado de un «señorío per-
branza que a los viñedos, más tardíos en dar sus frutos. De sonal». Hay unas cargas especiales que marcan la estrecha
esta suerte, los cultivadores de la tierra estuvieron más di- dependencia en la que el amo mantiene a estos hombres.
rectamente asociados a los beneficios del crecimiento que Consisten sobre todo en tres cánones, que vienen a añadirse
sus homólogos de los señoríos del norte de los Alpes. Éstos a todos los que ya hemos enumerado: el r~evage (aunque
consiguieron no obstante, por otras vías, cosechar para sí éste, en tierras del Imperio, ·es sinónimo d~ libertad), una
una parte de los frutos de la expansión, aun cuando no todos capitación o impuesto por cabeza, por persona, puro reco-
lo lograran con la misma felicidad. . nocimiento de la condición de ,servidumbre; el formaría ge,
compensación pagada en caso de unión matrimonial de un
siervo o una sierva fuera del señorío, lo cual priva al amo de
Servidumbre y franquicias la mano de obra de la familia y de su descendencia; nuncio
(mainmorte, luctuosa, laxatione o mortuarium), derecho
La condición jurídica de los hombres que pueblan los seño- · pagado por el siervo si quiere transmitir sus bienes, puesto
ríos conoée una infinita gama de matices entre los polos de que, al igual que no puede disponer libremente de su perso-
la libertad y la dependencia. Son libres quienes pueden dis- na, tampoco puede disponer de aquéllos (se considera que
poner a su grado tanto de sus bienes como de su persona, tiene la mano muerta: en numerosas regiones, el amo se lle-
para contraer matrimonio o ingresar en una orden religiosa, va en esta ocasión la mejor pieza de la herencia, según el de-
y tienen pleno derecho para actuar ante la justicia. En el otro recho llamado du meilleur cate[, a saber, de la mejor cabeza
extremo, la dependencia de los designados con el término de ganado.) · /
muy ambiguo de «siervos» los priva del conjunto de estos Consideradas durante mucho tiempo como característi-
derechos o, al menos, deben siempre negociar su ejercicio cas de la condición s1:;rvil, estas cargas ya no se reconocen
con su dueño. Pero todos, libres y no libres, están sometidos hoy como un criterio tan decisivo, porque pudieron ser sa-
a las limitaciones del señorío territorial y del han. tisfechas por ciertos hombres libres y, a la inversa, los no li-
La servidumbre no debe confundirse con la esclavitud, bres estuvieron exentos de ellas. Pero es indudable que estos
aunque algunos siervos hayan sido, muy probablemente, últimos soportaron constreñimientos en impuestos y en tra-
descendientes de los últimos esclavos carolingios. Pero quie- bajo más pesados que los de los libres, a los que se sumaron
nes cayeron en la servidumbre fueron mayoritariamente en muchos casos medidas vejatorias y humillaciones que los
campesinos necesitados, arrendatarios libres de los grandes dejaban carentes de recursos, puesto que para obtener justi-
Bil2\ E. '. ,ISTORIA DEL OCCíDENTi! MEDIS\AL
cia 2ependiai~ ée su a:110. ¿i'To esiá acaso -el siervo snjeto a hombres, siüo ,que les co11c¿ilc:: .-,iin,~•,·r.-,ri.~,,,, a %:.ocr, eJ /4.E-
todo tipo de <Gna.2os usos»? Sin embargo la servidumbre no . geramiento de las cosP..:,:10;_·=:,; ~igadas al ,¿gi.:1en agrnrio y,
fee, en Occidente, la condición general de todos los campe- más aún, al ban. Las frm~quicias m:.1rcan el fin de las oresta-
sinos: se estima incluso que sólo concernía, en su forma más ciones personales, de las que están toí:alrn.e11te despr~vistas;
gravosa, a un número bastante reducido de aquéllos. Regio- limitan Ia taHa, los dered10s de peaje y las percepciones so-
nes enteras la ignoraron, Normandía, Picardía o Lombardía, bre las transacciones; y a veces llegan a reconocer cierta
entre otras, lo cual no significa que la población rural no tu- competencia judicial, para las causas menores, a las comuni-
viera que satisfacer un pesado tributo al ~égimen señorial... dades rurales. Sus habitantes empiézan así a hacer el avren-
Por lo demás, algunos siervos consiguieron escapar a su dizaje, todavía tímido, dél ejercicio de las responsabilidades
condición gracias al gesto de generosidad de un amo que, en públicas: se construye el pueblo, a la vez conglomerado de
su lecho de muerte y para ganarse la benevolencia del cielo, viviendas y conciencia colectiva.
les otorgó la libertad; aunque, más a menudo aún, lo hicie- El movimiento, partiendo de las primeras regiones afec-
ron gracias a la expansión agrícola. tadas, se extendió como mancha de aceit¡:1a condición de
Según diversas modalidades, la renovación de la explota- aquellos huéspedes recién instalados pareció envidiable a las
ción del campo contribtffÓ a mejorar la condición de los comunidades vecü~as, que intentaron negociar la mejora de
campesinos. Ante todo, fue acompañada por una movilidad su propia condición. Los señores, ante el riesgo de ver dismi-
de la población de la que algunos supieron sacar partido. No nuir el número de hombres de sus señoríos y agotarse sus
hay que inflar exageradamente, sin duda, el número de de- fuentes de ingresos, acabaron aceptando negociar las liberta-
pendientes fugitivos que se ganaron la libertad partiendo a 1 des. No obstante, no permitieron que sus fuentes de ingresos
emprender muy lejos una operación de roturación. Pero no · se desvanecieran sin contrapartidas. Se obtuvieron sumas
-es menos cierto que los empresarios, para reclutar los brazos importantes a cambio del otorgamiento de las franquicias, ·
que necesitaban, hubieron de ofrecer condiciones de vida sumas muy convenientes para más de un señor corto de nu-
atractivas. Éstas fueron objeto de documentos escritos, don- merario que así pagó los gastos que le permitían probar a to-
de se consignaban y fijaban, de una vez para siempre, dere- dos que era muy capaz de sostener su rango sin desfallecer.
chos y deberes de las comunidades beneficiarias. Para éstas Así, la adquisición de estos privilegios contribuyó al endeu-
constituían una importante garantía que ponía fin a la arbi- damiento del ·m6ndo campesino aunque, a la inversa, aporta
trariedad señorial, y por eso estos textos reciben el nombre la prueba de que éste consiguió conservar ciertos beneficios
de cartas de franquicias. La concesión de franquicias_se en- del crecimiento.
cuentra tanto en las regiones de población reciente, las tie- Los frutos de la expansión no se distribuyeron uniforme-
rras reconquistadas de España o las zonas de colonización mente entre la población rural sino que dieron, por el con-
germánica en el este, como en el corazón de países poblados trario, origen a nuevas diferenciaciones sociales. Éstas ya no
desde muy antiguo, puesto que las cartas más célebres son • se basan en adelante en criterios de naturaleza jurídica, sino
las de Lorris-en-Gatinais y de Beaumont-en-Argonne (si- económica. El éxito de los más adinerados está marcado por
glo xn). Sus disposiciones no se limitan a suprimir las obli- el incremento de la superficie d.e las tierras que explotan y,
gaciones más restrictivas y a garantizar la libertad de los s~bre todo, por la posesión de animales de tiro, preferible-
ce~::..: cab:::~:os: son ~os labradores, que se C.ist.ing1.:en de los
bi·acerns, que sólo cuentan con la foerza de sus brazos. Por 7, fl<Oredmi,ento urbano 7 wm~rda1
último, los menos afortunados soportaron los e:c1bates de
'2.I:a renovación de la servidumbre, en el siglo xm, más liga-
da a 1a tierra que la anterior. Esto afectó sobre todo a los pa-
rias del primer crecimiento, instalados en tierras abandona-
das o descuidadas hasta entonces por su escaso interés.
res que comribuyeron a ia mutación de la sociedad feudal e C~:¿a operacién., d~sC.e e! hiiadc del~ la.~a & los acabados
hici~ron de la ciudad el escenario de todas las seducciones, (tinte y-abatanado para apretar la ~ela), pasando por el pro-
pero también de todos los peligros ... pio tejido, estaba confiada a un oficio especial, coordinado
por el pañero cuyo capital le permitía adquirir la materia
prima antes de comercializar el producto acabado. Contra
Aumento de la producción artesanal las producciones suntuarias de sus vecinos, los paños cons-
y de los intercambios tituyero1¡. una de las grandes monedas dt:. cambio de Occi-
dente y, con ellos, algunos géneros pesados, los granos o la
El establecimiento de la sociedad feudal, así como la expan- sal de la bahía de Bourgneuf. En torno al Mediterráneo y a
sión agrícola, favorecen una demanda de bienes de consumo los mares nórdicos se organizaron por entonces vastas co-
en los diferentes escalones de la sociedad, desde los señores rrientes comerciales.
para sus equipos y sus signos externos de riqueza hasta los En la cuenca mediterránea, cuya función comunicadora
más humildes para mejorar un poco lo cotidiano, a través de no se interrumpió nunca, los mercadertJ occidentales eñ-
las entecas ganancias conseguidas al comercializar sus exce- tran en contacto con las dos potencias bizantina y musulma-
dentes. na y, por intermedio de éstas, con los mundos remotos de •
El artesanado occidental sólo satisfacía parcialmente esa Asia o África. De allí traen múltiples productos suntuarios,
demanda. En efecto, los grandes dominios carolingios, y muy buscados por los grandes: telas de calidad (sedas, como
después los señoríos, tuvieron a su disposición, entre los el damasco, o finos algodones de Mosul llamados museli-
domésticos del señor, hombres y mujeres cuya competencia 1 nas), las especias utilizadas como condimentos, colorantes o
permitía realizar objetos de la vida normal: vajilla de barro medicamentos, metales prec'.iosos, oro o plata, cueros labra-
para la cocina, aperos sumarios, calzados o ropas ... Para sa- dos y pieles. Las principales rutás pasan por las grandes
tisfacer a una clientela cada vez más numerosa y exigente, islas, Sicilia, Creta y Chipre, desde donde se dirigen, a través del
esos diversos oficios se especializaron, abandonaron el Egeo, hacia Bizancio y el mar Negro, donde los puertos de
campo y afinaron su producción. Pero, salvo en los produc- Cafa y Trebisonda se encuentran en las salidas de las vías
tos de uso corriente, ésta estaba lejos de aguantar la compa- de las caravanas del Asia central o de los grandes ejes fluvia-
ración con la de los mundos bizantino o musulmán. El úni- les de las llanuras rusas. Pueden así proseguir hacia el Cerca-
co sector en el que Occidente logró adquirir una reputación no Oriente, a Acre, Jafa o Beirut, a menos que se dirijan a
internacional fue el de la fabricación de paños, pesadas te- Alejandría o El Caí.ro, que les abren las puertas del Sudán
las de lana cuyo renombre llegó a los mercados extranjeros; rico en oro, de la península Arábiga y, más allá, de los teso-
con toda lógica, es también el único terreno en el que la pro- ros de la India. Las mercancías que de allí traen, poco volu-
ducción alcanza cierta amplitud, aunque resultaría abusivo minosas, permiten constituir cargamentos lucrativos que a
calificarla de «industrial». Primero se concentró en las • la vuelta son negociados en los puertos occidentales, desde
grandes ciudades «pañeras» de Flandes (Douai, Ypres, donde llegan alas tierras del interior; Amalfi, Bari y más du-
Gante) que compraban su lana en la vecina Inglaterra, y dio ra9eramente Venecia, Pisa o Génova comienzan a edificar
lugar a la puesta a pun.to de técnicas de fabricación en serie. así sus fortunas a partir de los siglos x y x1.
El comercio de los ma1·es nórdicos, no menos activo, con- · !2.s ciEd2.tles extr~r:jt:.:. ~s 8.cr. ~e pr.::-o.:: ~ie::2n. igua!LLJ.c::te por
4
1
cierne a productos más pesados, materias primas o géneros costumbre congrega::-se confo::m.e a sus regiones de origen
alimenticios: minerales de cobre o estaño, madera de cons- para arrostrar mejor las dificultades que pueden surgir du-
trucción, cereales, pescado conservado en salmuera (aren- rante la negociación de las transacciones, a veces efectuadas
ques) y miel, pero también cuero y pieles llevados del gran por medio de corredores, o también en caso de deterioro de
norte. La ruta marítima conduce a los barcos hasta los paí- las relaciones políticas entre su nación y la que los acoge.
ses escandinavos y el mundo ruso, por Novgorod, en el nor- Pero, por regla general, los poderes locales ponen a su dispo-
te, desde donde los ríos permiten bajar hasta Kiev. En el nor- sición amplios almacenes y sitios donde alojarse, _llamados
deste de la principal esfera de acción de los puertos ingleses en Oriente funduks. Por último, los comerciantes comparten
(Londres, Southampton) o flamencos (Brujas) reinan los los riesgos financieros de sus expediciones dividiendo en
mercaderes germánicos; sus actividades se apoyan en la fun- partes los cargamentos de los navíos o estableciendo contra-
dación de Lübeck, a mediados del xn, desde donde constru- tos de sociedades (la collegantia o sociedad de mar) cuyos
yen un imperio comercial en todo el mar Báltico que se dota, beneficios se distribuyen en función de;·.monto del capital
a finales del siglo xm, de una organización común. Su bri- aportado y de los riesgos afrontados durante el viaje.
llante éxito le vale ser conocido con el único noml;>re de la Además de en los puertos, los mercaderes europeos tie-
Hansa (sobreentendiendo de las ciudades alemanas del Bál- nen también oportunidad de encontrarse en ferias interna-
tico), término genérico que designa cualquier asociación de cionales, encuentros en lugares y fechas fijos, presentes en
ciudades mercantiles, tan habitual en esa época. todo el Occidente (Winchester, Brujas, Saint-Denis o Mi-
El transporte de mercancías se hacía, pues, esencialmente 1 lán). Las que dominaron sin la menor duda el comercio in-
por vía acuática. Los navíos, de una cabida todavía limitada ternacional, desde mediados del xn a mediados del xm, se
(de 5 a 600 toneladas), naves mediterráneas o koggen nórdi- debieron a la iniciátiva de los condes de Champaña. Éstos
cos, permiten llevar más rápidamente las mercancías que el tuvieron la inteligencia de repartir a lo largo del año seis fe-
transporte terrestre. En los ríos, toman el relevo las chalanas rias en cuatro ciudades: Provins y Troyes -dos ferias al año,
de fondo plano que surcan el Támesis, el Mosa, el Mosela, el en verano y en invierno-, Lagny y Bar-sur-Aube, y de pro-
Rin, el Sena, el Loira, el Ródano o el Po. Y cuando por fin hay porcionar a quienes las frecuentaban diversos servicios: un
que llegar a las carreteras, existen empresarios del transpor- salvoconducto para acudir a ellas, guardias de feria allí mis-
te que organizan convoyes de mulas que recorren las anti- mo para garantizar las transacciones, y por último lugares
guas calzadas romanas o caminos no siempre empedrados, de acogida para las distintas comunidades extranje~as. Estas
¡ni provistos de suficiente número de puentes! Viajar no ca- ferias, activos centros de intercambios de mercancías, llega-
rece de riesgos: amén de las incomodidades, hay que contar ron a ser también plazas financieras, antes de que las suplan-
con la inseguridad que reina a lo largo de los caminos o en el tara en este papel el gran puerto flamenco de Brujas.
mar, a causa de un bandidaje y una piratería que no han de- El renacimiento del uso de la moneda acompañó al rena-
saparecido del todo. Así pues, los mercaderes nunca parten cer del comercio. El monopolio público de la acuñación de
solos, sino en grupos, y reúnen sus navíos en convoyes, a ve- mo-9-eda se había visto afectado por el movimiento general
ces escoltados por barcos de guerra (la muta veneciana). En de privatización del poder: Occidente conoció, pues, una
íJRE';E ri1STüRlA DELOCCIOI~~'lTE.\lfDlEI/AL
115
unbios internacionales, alimentó el renacimiento urbano. una campiña superpoblada. Estos ciudadanos de nuevo
cuño tuvieron que instalarse en el exterior, cerca de las mu-
rallas y a lo largo de las vías de comunicación que desembo-
'renacimiento urbano caban en la ciudad, o bien se concentraron en torno a las
abadías que se habían multiplicado en la periferia en las anti-
florecimiento del mundo urbano se manifestó arite todo a guas zonas de cementerios, a favor de la cristianización, du-
avés de la explosión de los antiguos centros. A los burgos y rante la Alta Edad Media. Estos diferentes núcleos de pobla-
udades heredados de la romanización y del tiempo de los ción forman los «arrabales», llamados «puertos» (portus)
inos bárbaros pronto se les quedaron estrechas sus viejas a
cuando se sitúan lo largo de un río. Todas las ciudades asis-
ntas de murallas, ante la afluencia de recién llegados, acu-
.,
l
de
ten a su florecimiento a partir los siglo_s ~-XII; a veces hay
dos desde los alrededores con la esperanza de encontrar nombres de calles o de lugares que guardan su recuerdo,
1 la ciudad una posición mejor que la que abandonaban en como Tohe de Pedro Abad, Paseo del Prado, Santa Maria del
Arraba~, o como el francés banlieue (hoy 'afueras'), espacio d~s ~orlos re7,~s de Fr:1:1c::.1 ,e ~~z~"!~err:.1 e::: e! s~dcest~ ~e!
situado extramuros pero sobre el que sigue ejerciéndose la reino, cada uno en sus tierras. Estas fundaciones son fácil-,
autoridad (el ban) de la ciudad ... Poco a poco un tejido edifi- mente reconocibles, por regla general, por su planta regular
cado continuo los enlaza con los centros antiguos, con arre- de tablero de ajedrez, ordenada alrededor de cna plaza don-
glo a planes de urbanismo por los que velan, llegado el caso, de se encuentran la iglesia y el me1·cado.
las autoridades locales, obispos del lugar, abades de los mo- Los habitantes de las ciudades se preocuparon muy rápi-
nasterios peri urbanos, y hasta señores laicos. Y cuando llega dame1;1te por conseguir un estatuto propip, la carta de ciuda-
el momento; a finales del XIII, o más adelante, eón las amena- danía. Adquirida al. cabo de un año de estancia, responde a
zas de la guerra de los Cien Años, de volver a edificar una las necesidades específicas dei mundo urbano. Los burgue-
muralla, ésta reúne los distintos núcleos en un espacio que ses desean, en efecto, escapar a las trabas que para ellos sig-
todavía deja espacio para zonas de jardines o pastizales, im- nifican las barreras alzadas por las diversas células señoria-
primiendo a las ciudades medievales un aire casi rural. Nu- les: falta de libertad personal, peajes y derech,os diversos que
merosos planos atestiguan este proceso de crecimiento, bien encarecen los costes .. :Quieren asimismo s:.bstraerse al ar-
en círculos concéntricos alrededor de la ciudad romana bitrio de los poderosos y apoyarse en un derecho que se
(Florencia, París), bien reuniep.do diversos centros (Reims, adapte mejor que el derecho feudal rural a la solución de sus
Toulouse ... ) discrepancias. Muy alejados de las preocupaciones de los
El fenómeno va acompañado de un enriquecimiento del hombres de guerra, sus aspiraciones se parecenmás a las de
mapa urbano. Surgen espontáneamente nuevas ciudades, al los movimientos de paz. Ahora bien, la obtención de estos
sumarse los hábitats en torno a polos federadores, castillos privilegios, que traducen el reconocimiento de la comuni-
o monasterios, cuya demanda de productos de consumo fo- dad urbana por la autoridad local, no siempre se desarrolló·
menta la instalación de artesanos y comerciantes a poco que · sin choques. En ciertas ciudades, los burgueses hubieron de
el dueño de los lugares haya tenido la idea de organizar un enfrentarse con la hostjlidad de los señores feudales, laicos y
mercado o una feria no demasiado cargado de gravámenes. eclesiásticos, quienes· sentían amenazadas sus prerrogativas.
Los topónimos en moútier, munster o mint así lo atestiguan Para lograrlo mejor, los ciudadanos decidieron unirse bajo
por toda Europa, lo mismo que los que han conservado la un juramento común (conjuratio), constituyendo así un
raíz latina castellum o castrum. No es frecuente que estos municipio. Los municipios abundaron sobre todo en el nor-
nuevos burgos dieran nacimiento a ciudades muy grandes, te del reino de Francia, donde algunos conocieron episodios
pero contribuyeron en buena medida a animar la economía sangrientos (Laón, 1112) . El movimiento municipal cono-
local y a construir una red urbana jerarquizada. La voluntad ció también buenos momentos en el norte de Italia, frente al
de los príncipes, estuvo, por último, en el origen de algunas poder imperial germánico y frente al de los obispos: éstos
ciudades, que se desarrollaron con éxito variable, brillante el fueron desalojados del gobierno de la ciudad por la unión de
de algunas (Lübeck), más modesto el de otras (Aigues-Mor- la aristocracia urbana y la burguesía. Las ciudades italianas
tes). Su aparición obedecía a motivos económicos, la valori- se convirtieron entonces en poderosas unidades económi-
zación de unas tierras, y políticos, el control de una región: cas y poJíticas que extendieron su dominación sobre los
fue el caso en especial de las numerosas plazas fuertes crea- campos vecinos, su contado.
lL
E-ero r::1ás a rr.er.eco que por ia fuerza !as ciu¿ades consi- g0bi r""io
los 111eTr::-1rler~s h~rie,ror; ~~1771'icmo l-::1 P'rpe,.-1,.onr~q r~c.l 0
guie::cn sus estatutos a t;avis de negociaciones; a las dos par- colectivo. Están, pues, bien equipado; para tomar las rien-
tes les interesaba hacerlo así, al igual que en el caso de las das del gobierno de la ciudad, y tanto más cuanto que han
franquicias rurales. Prí.t,.cipes y señores tuvieron buen cuida- sido capaces de edificar sólidas fortunas. Ahora bien, la re-
do d~ conservar su derecho de fiscalizar las nuevas institu- volución comercial permitió rápidos ascensos sociales y la
1
ciones urbanas, aun concediendo a los burgueses la policía · aparición, desde el norte al sur de Europa, de un patriciado
interna de la ciudad, incluidas sus cargas, como la defensa, urbano, o popolo grasso en Ita~ia.
aSí como la solución de sus propios' litigios; y conservaron A partir de 1200 éste adquiere el dominio exclusivo de las
prácticamente siempre el control y los ingresos de la alta jus- ciudades, a expensas de las antiguas elites, aristocracias ur-
ticia, en especial los delitos de sangre. Por ejemplo, los Plan- banas u oficiales señoriales. Su poder económico los condu-
tagenet otorgaron a las ciudades de sus posesiones situadas ce primero a regir el conjunto de la actividad urbana: domi-
en el oeste del reino de Francia unos privilegios conocidos nan el artesanado proporcionándole su materia prima (lana
con el nombre de.«Establecimientos de Ruán» que, una vez o cuero, pot ejemplo) y dando salida a sus ~,}oducciones. Su
vencidos los soberanos anglonormandos, también conser- fortuna les permite en seguida adquirir bienes raíces en la
varon los Capeto. ciudad y después en los campos aledaños; llegan a controlar
Entre las diferentés comunidades de habitantes que cono- barrios enteros, alrededor de sus palacios o de esas torres
ce la Europa medieval la ciudad ha hallado, pues, su lugar: erigidas, en Italia, para señalar mejor su dominación; ahí es
organismo autónomo, gobernado por un colegio salido del donde vive toda una red de clientes y obligados. Y por últi-
seno de sus habitantes, cuyos miembros son denominados mo completan su poder detentando frecuentemente el mo-
regidores en el norte y cónsules en el sur, en homenaje a la nopolio de las magistraturas municipales: el gobierno de la
romanidad. ciudad se confunde desde ese momento con la defensa dé los
privilegios de unaÍ cuantas grandes familias. ·
En el escalón inferior se sitúa el abigarrado mundo de los
Una sociedad original artesanos, en el que se codean tanto los trabajadores del tex-
til o del cuero como cuantos trabajan en la construcción y los
Si el mundo urbano medieval hizo el aprendizaje de las res- oficios del avituallamiento. Mas entre ellos se establece una
ponsabilidades colectivas antes que el mundo rural, no por estricta jerarquía: hay ciertas profesiones juzgadas más no-
ello engendró una sociedad igualitaria. Ésta estuvo rápida- bles que otras, en función del tecnicismo de su trabajo y del
mente dominada por el grupo de los mercaderes, habitua- equipo que hay que· adquirir. Y así, el prestigio de los tejedo-
dos por las obligaciones de su oficio a agruparse en gremios, res no tiene nada que ver con el descrédito atribuido a los
cuya finalidad consistía en proteger a los tenedores del mer- carniceros, ¡cuyas manos están rojas de sangre! Al igual que
cado local de todo recién llegado, y en asegurarles una repre- los comerciantes, los artesanos de cada ciudad están organi-
sentación y un garante en el exterior en caso necesario. El zados en asociaciones, los oficios, llamados a veces oficios
derecho urbano se benefició además ampliamente de los jurados, !<Uando sus miembros están obligados a prestar ju-
usos experimentados por estas compañías, y al dirigirlas ramento ante el poder local. A partir del XII esas sociedades
se _Jr~GCU.faron e>= pone.r por escrito sus estatutos, a menu- Por la C.en.s.:(!c.d de sus I:abita:1.t;:s y ia es?eciiciaaé cte sus
do por i.;.1stigaci0.ci Ge lvs poderes públicos: en Paris, por ac:ivi¿ades y ce su r:.1cCo ¿e o:ga_-:1zaci6rr:s ~r. el qu~ é.ese1n-
ejemple, Sa:1 Luis pidió a su prebost::: Éüenne Boileau que los ueñan un papel preponderante ias estructuras asociativas, ta
recogiera en el Libro de los Oficios. ;ociedad urban; c;n:firma su singularidad COil respecto a la
A imagen de !os gremios comerciantes, los oficios velan del campo. Lo manifiesta orgullosamente a través de la edifi-
por la distribución de ios recursos del mercado local entre cación de monumentos que dominan con su gran altura la
los diferentes talleres; en la ciudad no se pueden abrir nue- vlana circundante: las murallas de su cinturón, refugio ofre-
vos talleres sin su autorización. Estas sociedades profesiona- . ~ido al vecindario si llega el caso, una o varias iglesias,cate-
les controlan igu?linente la transmisión de los saberes de los dral o iglesias parroquiales, cuyas bóvedas no paran de al-
maestros a los aprendices que, una vez probada su valía, se zarse hacia el cielo gracias a las proezas técnicas de los
convierten en oficiales o compañones, como se les llamará maestros del románico y después del gótico, y por último, en
más adelante. La reglamentación de la producción garanti- las más prósperas, ayuntamientos o, en Italia, palacios co-
za su calidad; y así, un sello de plomo colocado por unos ins- m~nales cuyas atalayas rivalizan adrede con las torres de las
pectores en cada pieza de paño certifica su validez antes de casas aristocráticas o religiosas y afirman ante la vista de to-
que salga a la venta. Todos los artesanos de un mismo sector dos el éxito del poder urbano. Grandes mercados completan
están obligados a pertenecer al oficio, que reúne a maestros, a veces este ornato, sobre todo en las ciud.::_;es flamencas:
oficiales y aprendices, aunque sólo los primeros eligen entre ¿cómo negar, al verlos, la función mercantil de la ciudad me-
sí, por turno, a un consejo encargado de la policía del grupo dieval? Este marco sirve de decorado a la organización de
y del buen ejercicio de la solidaridad entre sus miembros. fiestas, en los días inhábiles en los que la Iglesia prohíbe tra-
Porque las asociaciones profesionales entrañan una dimen- bajar, en el curso de las cuales se forja la i~entidad propia de
sión de ayuda mutua, de carácter religioso, que· tiene a veces la ciudad. De esta suerte se va elaborando progresivamente
a su cargo una sociedad especial, la cofradía. A cambio de una cultura urbana: referencias, costumbr~s y porte diferen-
una cuota anual y de los ingresos obtenidos con las multas cian ya a los ciudadanos de los rústicos. Aunque hemos de
infligidas a quienes contravienen las reglas profesionales, se tener cuidado de no enfrentar demasiado a los dos mundos:
ocupa de sostener a los accidentados, a los enfermos o a los aún no está muy lejos el tiempo en que vivían todavía en la
huérfanos, de ayudar en la organización de los funerales de campiña las familias de estos ciudadanos que, una vez edifi-
cada miembro, así como de las oraciones. colectivas por los cada su fortuna, no cesaron de invertir en el campo. Las pe-
vivos y los muertos del grupo. sadas murallas están agujereadas por múltiples poternas, y
No cabría cerr.ar este cuadro de la sociedad urbana me- el sonido de las campanas resuena con el mismo tono dentro
dieval sin evocar la presencia, entre los muros de la ciudad, de la ciudad y extramuros ...
del grupo de los clérigos y de una franja de población «caída
en pobreza», por recoger la expresión de la época, que vive
de menudos trabajos o de la mendicidad y que ha acudido a
la ciudad a buscar, en los establecimientos religiosos u hos-
pitalarios, el socorro que no ha podido hallar en otra parte.
123
l . .
¡ . . \ ,
e. . :GJ.ag:.sttr:c 1, 7 mJ.G en gene~a- 2. cna Iglesiu ,<ca~da en ma- te bajo el de hl.ocencio m (papa de 1198 a 1216), dos reina-
nos de los laicos». El discurso nació en ambientes cercanos a dos.entre los que conocieron etapas sobresalientes, en espe-
monasterios precozmente reformados, como Gorze. En Ita- cial bajo Urbano II (papa de 1088 a 1099).
lia, dos órdenes marcadas por el eremitismo, los C:simªld_u~ La reforma gregoriana supera con mucho los conflictos
lenses y los vafü1mbrosino_s, se identificaron con él. Monjes entre papas y emperadores, así como la reforma moral de
y después obispos ganados por esas ideas, sobre todo en Lo- una Iglesia gangrenada por el dinero y la disipación, a los
rena, reunieron colecciopes de textos. adecuados para legiti~ que se la limitó durante mucho tiempo. Ambicionaba nada
mar su difusión, tomándolos de la tradición del derecho ca- menos que volver a definir las relaciones entre las diinensio-
nónico, o sea el derecho de la Iglesia. También halló apoyo, nes espiritual y temporal del mundo. El sistema de ideas en
por último, entre grupos de laicos, como fueron en Milán, que se funda contribuyó, pues, a diferenciar mejor las dos
entre 1045 y 1085, los patarinos ('andrajosoi): deseoso;·de nociones; pero no desemboca aún en la noción de su auto-
poner su salvación en manos de un clero virtuoso, no duda- nomía, pues establece una estricta jerarquía entre ellas: el
ron en recusar la validez de los sacramentos ;d~inistrados predominio de lo espiritual sobre lo temporal. El cambio
por clérigos a quienes juzgaban indignos, y persiguieron a más radical coJ1 respecto a la época anterior no atañe tanto a
éstos con su venganza. Si, para ciertos espíritus, como ·p~ esta jerarquía de valores, fiel a las Escriu}as cristianas, se-
Damián (t 1072 ), riguroso propagador de una reforma de gún las cuales no sólo de pan vive ei hombre. Estriba más en
las costumbres en la Iglesia, esta renovación debe ser dirigi- el hecho de que la separación de principio se prolonga a tra-
da, según el viejo esquema carolingio, conjuntamente por el vés de la estricta distinción entre dos estados de vida: el del
papa y el emperador, para otros quedó pronto muy claro que clérigo, que encarna los valores de lo espiritual, y el del laico,
la fragmentación del Imperio lo convertía en una institución los- de lo temporal. Los primeros son a partir de ahora los
caduca y que hafüa que sustituirlo por un nuevo orden del únicos en posesión de las competencias necesarias para dis-
mundo. cernir los principios que rigen el orden religioso y social; y
les incumbe, por ende, explicitarlos para los segundos. Con
esta premisa resulta totalmente impensable que los laicos in-
La reforma gregoriana tervengan en los asuntos de los clérigos: la Iglesia gana con
ello su plena libertad, lucha fundamental para los gregoria-
El nombre de Gregorio Vil (papa desde 1073 a 1085) perma- nos. Este principio pone asimismo fin al cogobierno del
nece ligado al vasto movimiento bautizado «reforma grego- mundo por el papa y el emperador: al primero toca definir la
r.i@fil>, que el pontífice, una de las personalidades más fuer- misión del segundo y controlar su buena ejecución, e inclu-
tes de su época, hubo de d~fender ~mnra la voluntad del so deponer al príncipe que dé pruebas de incapacidad noto-
emperador germánico Enrique IV (tJlQQ), Pero estos en- ria. Pero la «espiritualización» del mundo en la que se empe-
frentamientos de personas no deben encubrir que su elabo- ñan los gregorianos no·co}J.cierne únicamente a la dirección
ración teórica y su puesta en práctica se realizaron bajo va- de los negocios mundanos, se extiende a todo. Queda ab9li-
rias generaciones de papas: iniciadas bajo el pontificado de dQ, pues, el anterior sistema en el cual la salvación de la so-
León IX (papa desde 1049 a 1054), sólo triunfaron realmen- ciedad se basaba en una especie de delegación de la plegaria.
!~ll:I\ E I1ISTGRL\ DELGCCIDEt\lTEMEDlE\>i\L
A 2ar~ir de aho,a es lmpoitai1te q..1e cada cual, en su estado, li.1 a ~a \~que~:::::2 ¿z ~2,::;. :::,. 1 =::r:·:::::.:::-::-:.3'~ ~nt~r:.c:~:-:,,ic ::l ::--··.·{:1.c~?j .::
obre para su propia salvación, sigi.:iendo los consejos dis- sancionado por d Concor<lc1to de Wor--::r_s {~~22), ¿e lél do-
pensados por el magisterio y recibiendo los sacramentos ad- ble :nvestidu.ra: el d2g1:atar~c de c:.ialquie! cargo ~clt:siástico
ministrados por el clérigo: ¡fuera de la Iglesia no hay salva- ,ecibe una primera invest~év.ra del Pac<1c.o ( o de su revr~sen-
ción! ~ante) par; la dimensión pastoral y e~pir2.:uai de su ~argo, y
Así colocada a la cabeza de la sociedad, la Iglesia debe dar luego una segunda del príncipe de quien dependen las pre-
ejemplo con un comportamiento concorde con su predica- rrogativas temporales unidas a él. E;n cuanto a los señores lo-
ción. Por ello la aplicación de los principios gregorianos se cales, temerosos de arriesgar su salvación, se resolvieron a
inició con la reforma de las instituciones eclesiásticas y de la devolver a los clérigos la~ parroquias que controlaban, al tér-
vida del clero. mino de un movimiento bastante lento y de amplitud varia-
El esfuerzo se centró primero en modificar el proceso de ble según las regiones. Pero a menudo lo hicieron en favor de
nombramiento de los cargos eclesiásticos. Desqe la cima de los monasterios, que supieron dar una imagen más presti-
la jerarquía hasta su base, fue menester sustraerlos a la inje- giosa que los obispos, por lo que el control de éstos sobre sus
rencia laica. A partir de 1059 la desig_nació11 deLpapa-ya no diócesis siguió siendo parcial durante mu)ho tiempo.
está confiada «al clero y al pueblo de Roma», según el viejo - Para ser creíble, la empresa gregoriana no puede contar
principio, sino a un colegio de eclesiásticos designados para únicamente con las estructuras; debe también apoyarse en
este fin: los cardenales. Elude así el juego de rivalidades entre un clero digno de la misión de «espejo social» que tiene con-
las grandes familias romanas y la intervención del empera- fiada, expresión sinónima, en la época, de modelo. El ideal
dor. Por otra parte, se asienta con más claridad que antes la propuesto recoge los elementos de la vida común adoptada,
. primacía de la sede de San Pedro en el go biern~ de la Ig!esia · sobre todo desde la época carolingia, por ciertas comunida-
de Occidente, acentuando así el corte con la de Oriente, que des de canónigos que forman, en cada iglesia catedral, el
sigue fiel a un sistema colegial basado en la comunión entre consejo del obispo, o bien atienden al servicio de iglesias co-
los patriarcas. El papa se dota entonces de medios pa.rnJlf: legiales seculares. La regla que prevalece entonces, inspira-
tuar en las diversas diócesis, a través de los legados, enviados da en la de San Agustín, endurece la de San Crodegango: en
temporales que zanjan las diferencias y <;ºI!tr.ib_\ly~n al avan- adelante se proscribe toda propiedad personal y se hace hin-
ce de las ideas reformadoras. capié en la vida comunitaria en el dormitorio y en el coro.
Más en general, la finalidad de los gregorianos consi~tía en Mas no por ello los canónigos se retiran del mundo; suelen
devolver al seno de la Iglesia 1~ investidura para el conjunto estar instalados en la ciudad y pueden desplazarse a volun-
de los cargos eclesiásticos: los capítulos catedralicios o mo- tad. Así, aun respetando los imperativos de la pastoral de los
násticos tendrían a su cargog!e.SÍ!_o~is_p_<Js 9.!!~ª~~si. el obis- fieles a quienes hay que instruir y a quienes conviene admi-
po nombraría a los párrocos de su diócesis. La realización-de nistrar los sacramentos, el modo de vida de estos canónigos
este programa tropezó con la violenta oposición delo~rín- reformados trata de acercarse al de los monjes. A falta de
cipes, que veían cómo se les escapaban po4_esp_~osjn§Jru- arrastrar a la reforma al conjunto de las comunidades cano-
mentos de gobierno, así como de los señores locales. Pero la nicales, muchas de las cuales, ~obre todo al norte de los Al-
Iglesia acabó por triunfar. El canonista Yves de Chartres puso pes, se mostraron recalcitrantes a estas nuevas restricciones,
131
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... .. .;._ .1. .............
t,..
te.do matrimonial e11 algo propio de los laicos. Puede ser vi-
vido cristianamente, a condición de adecuarse a los princi-
pios, reafirmados para todos desde la época carolingia, de
un matrimonio exógamo, indisoluble, monógamo y con-
sensual. Aunque a los ojos del derecho canónico el intercam-
bio del consentimiento de los esposos basta para ia legitimi-
dad de la unión, se adopta entonces la costumbre de hacerla
bendecir por un sacerdote: el matrimonio se convierte en sa-
cramento.
/
crear l:!1 _rnonaslt.c~o ya au 3¿ (tata 1ni..:a.1nc.z1:e ¿,e e::igi: ci;..:- el~cs se me.zc}an !os D2rtidarios d'°í '.)(r:iµn ~r~·ic~;.o n~,1,:. 1?•-hrl-
dadelas de la oración pensadas para fa sociedad ente:a, sino zaE1 ia nueva visión.gregoriana del L1linco, y~espi;·it!!s ~á;:;
de fomentar lo más posible la busca individual de lo divino Í!!tegros, decepcionados por la aplicación demasiado lenta
entre aquellos a quienes una sed de absoluto empuja a re- de la reforma; todos ellos alimentan sólic.as corrientes anti-
cluirse en sus muros. Esto se consigue mediante una renun- clericales. Cuando, arrastrando en pos de sí un grupo de dis-
ciación integral, la ya experimentada de la pobreza personal cípulos, ya no se adhieren a la totalidad de la enseñanza de la
pero también la de la pobreza de toda la orden, hªsta en los Iglesia y recusan el papel de ésta en la economía de la salva-
edificios y la vida litúrgica: la austera belleza de las construc- .
ción, como expresión de una libre elec~ión -etimoloaía ~
ciones cistercienses constituye la mejor ilusi:ración. El aban- griega del término «herejía»-, franquean unos límites que el
dono de toda ornamentación, tanto en muros y capiteles magisterio no puede toler~r, y tanto menos cuanto que a
como en los libros litúrgicos o en las capillas, para no dejar partir del xn el movimiento cobra una amplitud real. Ahora
lugar sino a las líneas depuradas de una arquitectura anima- bien, pasados los grandes conflictos dogmáticos de los ini-
da solamente por los rayos de luz que dispensan con parsi- cios del cristianismo, la Iglesia medieval no había tenido qúe
monia las aberturas, y a una única estatua de Nuestra Seño- enfrentarse hasta entonces con la her()a, salvo en forma de
ra, debe permitir a los monjes concentrarse en la plegaria sin grupitos esporádicos, con los que habían acabado unas .
la menor fuente de distracción. La orden que se construyó cuantas hábiles predicaciones o, si había sido preciso, la ho-
entonces en torno al Císter, de irradiación comparable con guera. Pero con el siglo xn surgen importantes corrientes:
la de Cluny, se convirtió en el siglo xn en lo más avanzado de en la región lionesa y el mundo alpino los valdenses, así
la Iglesia. como los cátaros en el norte de Italia y en el sudoeste del rei-
Los fieles, por su parte, dan unás muestras de adhesión no de Francia.
que sobrepasan, en algunos casos, las esperanzas de los re- Los primeros deben su nombre á un rico mercader lionés,
formadores. Va en aumento su exigencia hacia los clérigos, Valdés, quien decidió, hacia 1170; renunciar a todos sus bie-
de quienes esperan un comportamiento cada vez más con- nes, hacerse traducir las Escrituras y partir a predicar pobre-
forme con el mensaje evangélico. Ahora bien, la difusión de za y penitencia. Conminado a ir a explicarse a Roma, allí no
las nuevas normas de vida se produce con lentitud y la for- fue juzgado heterodoxo; pero el endurecimiento del tono de
mación del clero sigue siendo muy desigual. Pero loquean- sus frases contra la Iglesia y su crítica de los clérigos, a quie-
tes parecía soportable ahora lo es cada vez menos. En efecto, nes considera más indignos de administrar los sacramentos
unos. laicos crecientemente numerosos, conscientes de su que a muchos laicos «puros», provocan su excomunión.
responsabilidad personal en materia de salvación, desean A diferencia de los valdenses, que no hicieron, a fin de cuen-
estar mejor informados sobre su fe, tener acceso a las Escri- tas, sino llevar hasta la exageración unas críticas de índole
turas y poder dar muestras de espíritu crítico. Y así es como que llamaríamos intelectual, los cátaros difunden, bajo un
los hombres no vacilan en tomar la palabra para comunicar vocabulario cristiano, una enseñanza religiosa incompatible
sus opiniones en materia de dogma o de disciplina eclesiás- con el cristianismo. Su dogma se basa en una visión dualista
tica: algunos son clérigos, pero otros son laicos, sin hacer· del mundo, escenario del enfrentamiento del dios del bien,
caso del monopolio enunciado por los gregorianos. Con cuyas fuerzas son de orden espiritual, y del dios del mal, que
13.J.
rige lo gi:e deper..de ¿e ia waieria. -¡ así, pa.i:a c.c,::j_t;-foui::.· a 1a 7ob:.-2, :iec1:2. C.e mer:dL:::~2d y e2:t::~g2d.2 :1 la 9legr1..:·:a, ~i ·=s-
victoria del primero, fos :?erfectcs ::átaros preconizan la re- tud:o y la pred•icación itinerante (predicació.::1 con e] -cjc:n-
nuncia a todo comercio carnal, tanto en las relaciones entre plo ). Colocó a sus frailes bajo la regla de San Ag~1st::.n, más
humanos como en la alima:tación. Pero esta vida de dura fácil de conciliar con aqi.:.el origiml modo de vi.da qi.;.e la de
renuncia sólo vueden llevarla algunos; a los otros, les prodi- las órdenes contemplativas. Simultáneamente, en ia Umbría,
ga~ una ensefianza regular y una reconciliación en su lecho el hijo de un rico mercader de Asís, Francisco Bernardone,
de·muerte, el consolamentum. Senci.l.la de asimilar, esta doc- se convirtió repentinament~ a una vida de penitencia y qui-
trina agrupó a todos los descontentos con la reciente evolu~ so servir a la Dama Pobreza a través de los más desfavoreci-
ción social, pequeños señores perjudicados por el régimen dos. Esta elección hubiera podido h;-cerle pasar por hereje
feudal y la división de los patrimonios familiares, artesanos, de no haber ido siempre acompañada porel mayor respeto a
campesinos, hombres y mujeres, en especial en el Langue- la Iglesia y a sus representantes, los sacerdotes, ministros del
doc, y de ahí -de la ciudad de Albi- el nombre de al?igenses sacramento de la eucaristía. Los discípulos afluyeron a su
que recibieron sus adeptos. lado para crear la orden de los frailes denominados, por hu-
Todas estas corrientes que fermentan entre los fieles de- mildad, menores, o franciscanos, provista de su propia re-
muestran claramente al magisterio (la jerarquía de la Iglesia) gla; también ellos vivían de la mendicidad y predicaban con
que conviene afrontar de una vez la pastoral y la reforma, la palabra y el ejemplo. Conocieron un enorme éxito gracias
siempre inacabable, del clero. La Iglesia creyó al principio al carisma excepcional de su fundador, canonizado en 1228,
que podría apoyarse para esta empresa en los miembros de apenas dos años después de su muerte. Simultáneamente
las órdenes religiosas renovadas. Pero fue en vano. En efecto, una joven de Asís, ia futura Santa Clara, profundamente
todas las misiones cistercienses de predicación en el Lan- marcada por la experiencia de Francisco, fundó la orden de
guedoc cátaro desembocaron en fracasos. La orden fue víc- las Damas Pobres (rríás adelante llamadas clarisas) para pro-
tima, si cabe decirlo así, de su reciente éxito: una afluencia poner a las mujeres·un ideal de vida similar, salvo la predica-
de donaciones de los fieles y una gestión de sus bienes exce- ción itinerante. Nacieron así las órdenes mendicantes, con el
sivamente sagaz tuvieron como consecuencia un enrique- sostén del Papado, que había discernido en ellas un podero-
cimiento que afectó a su crédito moral. El auxilio provino so fermento renovador. La Iglesia llega incluso a confiarles
entonces de dos hombres que supieron encarnar las aspira- las tareas más ingratas, como reprimir por la fuerza la here-
ciones de su tiempo. Al primero, Santo Domingo (t 1221), jía, pues la vía de la persuasión se había revelado inoperante.
canónigo de la catedral de Osma, en España, lo impresioJ?-Ó y;-·E:n 1231-1233 se crea asimismo el tribunal de la Inquisi-
cuando cruzaba el Languedoc la urgencia de la misión inte- ción. Pero no fue tanto la acción de este último, cuya ampli-
rior y fundó primero, en Prouille, entre Toulouse y Carcaso- tud conviene relativizar sin por ello justificarla, la que acabó
na, una casa para las herejes convertidas, que fue el origen de con la herejía, cuanto las nuevas perspectivas brindadas por
la orden de las dominicas, y después una orden masculina la evolución política a sus principales adeptos ( unión del
que se consagrase exclusivamente a la predicación: los frai- Languedoc al dominio real). Sólo unos cuantos fieles, refu-
les predicadores o dominicos. Pero la palabra (predicación giados en las zonas montañosas, Alpes o Pirineos, conserva-
con el verbo) debía apoyarse en el testimonio de una vida ron la enseñanza de los Perfectos más allá del siglo xm; y la
13é
Los gestos de la fe
139
del párroco a quie.1 aún _10 se le Hama er: tocias partes el cu::l
(el que cuida, rnra en latfo, de las almas), la parroquia acom-
'ce las 61:de'"es :T'endicanis d1,rnr:Ie ¡
tún,ico en los ·gt·e. • . , ·- 1
a,, .··1.•
e" •, 10os riel afü~ ¡;_
""..:
pafia wda nueva i.Inplantación de hábitat, célula suplemen- º -- '1>e wvna mas esver;aknen·e. ; &1 .
conversión.
- inte·1•1'01·
-- , e1· Ad-v1ento
. ·e e.~" t - .. - a lOS _ .. es a Ia
taria que se yuxtapone a los señoríos y otras divisiones. La Navidad) y la Cu·.. u~ ro semanas antes de
red parroquial, ya ampliamente constituida en el momento . . - aresma (cuarenta días ante d p
de la ci.:,istianización de Occidente y completada en época ca-
tienden a •vrepararlos
-
o~ra
a reciºb•1r es· e! s e ascua),
principales. Con el bau;ism 1 - "" LOS -~s sacramentos
rolingia, se remata casi por completo en el momento del cre- • o, a connrmacwn el . . •
mo y la extremaunción (la b . . , -· ., ~ammo-
cimiento medieval. Con algunos pequeños reajustes, estas constituyen los pi'inci aI~s ª en~1e10~ a los_ ~onbundos),
unidades quedan fijadas durante siglos, tanto en la ciudad por la Iglesia. _p "'estos de ,,alvac1on propuestos
como en el campo, donde prestan sus fronteras a los muni-
cipios, sobre todo en Francia después de la Revolución. Su rec~:r::i:a;ge~ de la_Parfüquia, p1so obligado al cual pa-
existencia se materializa en el edificio de la iglesia, en cuya
construcción los fieles no participaron sin duda con sus pro-
disponían df e!;a~i~:
plenamente El m , .
~:-ir:It~~
s~ te st ª.mentos, los fieles
q e supieron aprovechar
pias manos, como asegura una tenaz leyenda, aunque segu- Med. 1 . i as importante fue durante toda la Edad
ramente sí con sus dineros. Esas construcciones jalonan el ~ed: Jeci:t~:::o~e:~:i~;;i~~::da a los ~antos PºI ínter-
paisaje y sus campanas marcaron el tiempo al hilo de las estado en contacto con ellos 1 q 1· ot~o ob!eto que hubiera
horas de la oración antes de la aparición de los relojes. • sibles que las personas de 1~ ;s.re_~q~1as. Figuras más acce-
A pesar de la atracción que sobre ella ejercen los monas- que la piedad se orientase hac. nm a .' sobre ,todo antes de
terios, y después los conventos de las órdenes mendicantes, a partir del siglo XII los tia un C~isto «mas encarnado»
la parroquia sigue siendo el primer lugar de encuadramie11- .. ' san os mamfiestan con 'd
transmitidas por relatos familiares 1 . sus VI as,
to de los fieles. Así lo recuerda uno de los grandes concilios fe, la cristianización de una re ión,1a luc~ª-~Jemplar por 1a
generales celebrado en 1215 en Letrán por iniciativa del se. Sus méritos les h . g , a posibilidad de salvar-
papa Inocencio III y que sucedió a múltiples asambleas dio- Dios gracias exce ci~:~r;:nJeado el poder de conseguir.de
cesanas convocadas por los obispos. Con esta ocasión se ex- tos: liberación d p . . que repercuten sobre sus devo-
plicitan los deberes mínimos que cada cual debe cumplir en tec . , e pns10neros, curación de enfermos ro
ella: confesarse y comulgar al menos una vez al año, por Pas- cl10n en los peligros son otros tantos milagros obte' fd -
en e curso de una peregrinació l m os
cua Florida. Es la primera vez que una reunión plenaria de que fueron la ocasión n a a tumba de un santo o
los dignatarios de la Iglesia-legisla en este terreno, señal evi- cias El n"reg . . par_a emprenderla, en acción de gra-
. r- rmaJe conoció por t
dente de la importancia que las preocupaciones pastorales tre los fieles. Accesible·a todos en o;ces un gran favor en-
han adquirido en el más alto nivel del magisterio. Y estas co indudable 1 . , marca o por un esfuerzo físi-
prescripciones tienen ante sí un rico futuro: todavía sellan,
en el siglo XX, la práctica ocasional de más de un cristiano.
La acción pastoral medieval queda profundamente marcada
~:~~º.,::t:=~l~!!ii;~1:.:::;,~~-:.
aún hoy identificables y t b. , rr~gnnac1ones locales
por ellas: los sermones de la misa dominical y aquellos, más
excepcionales, pronunciados sobre todo por los miembros ~~~: ~uando encaU:ina:Z:u:e;a:o:s:;:::i:!,º~~::
g de Compostela. La ruta jacobea, una de las más cé-
. '/
J..---:J
tentaron en las regiones meridionales, donde se habían per- 1 El arte gótico: Catedral de Amiens.
petuado los saberes de los arquitectos antiguos, que habían i
afrontado las mismas dificultades técnicas. La cuna del arte !:
románico se sitúa, pues; principalmente en el norte de Italia
(Lombardía), todavía impregnada de tradiciones bizanti- i
nas, y en Cataluña, bajo la influencia mozárabe (arte de los !
Qjft
--
t:5 j
criJÜanos hisuánicos oue habían permanecido bajo la ¿o- ni.!:qUiz;1das 7 orgátJ.i.Ca!:l'=.!:.te :=::.!::z:J.dns z11:.:.-c si~ a ir:1ag~n de
minación árabe). Desp~1és, desde los primeros decenios del hs cuestiones que desar::olla el razonamiento dialéctico
1'
siglo Xi, las fórmulas así e_aoora d as se d'º ,.
•mmmeron mas. al
de lc_s ~aest~os de la escolástica; su decoración hace !mya la
Norte. Según el cronista borgoñón Rodolfo el Lampiño, ~mb1c10n de las Sumas, integrando a todos los componentes
gracias a los primeros signos de crecimiento, después del de una creación cuyas bondades conviene mostrar, en res-
Año Mil, Occidente se cubrió «con un blanco manto de igle- puesta a los maniqueos: ¿no es ése el mensaje de la sonrisa
sias». Su planta se adaptó a la evolución de la devoción: crip- del ángel de_Reims, tanto mejor recibida en vn período de
tas rodeadas por un deambulatorio permitieron aislar las prosperidad? Esculturas cada vez más separadas de los mu-
reliquiás al tiempo que se facilitaba su vista a los fieles; la ros reproducen a porfía hojas pe •~id que surgen en los capi-
multiplicación de capillas radiales permitió celebrar misas teles a lo largo de decenios, animal~s, como los bueyes enca-
privadas por los difuntos, y gracias a las largas naves flan- ramados en lo más alto de las torres de Laón, las labores
queadas por otras menores pudieron organizarse grandes agrícolas de los meses del año, las disciplinas de las artes li-
·procesiones. La decoración utilizó el fresco y se introdujo en berales, los vicios y las virtudes y, por último, la historia de la
los puntos cruciales del edificio, en los capiteles donde se salvación, desde el Génesis al Juicio Final, cuya evocación
c9ncentra el peso de las bóvedas, y en los tímpanos, en vas- suplanta en los tímpanos a la de la Majestad divina. Habría
tos ciclos bíblicos o composiciones teofánicas -manifesta- que ª?ordar asimismo las artes preciosas de la orfebrería y el
ciones de la gloria divina- concebidas por los clérigos. La trabaJO en marfil, sin omitir la miniatura, pues todos ellos
estatuaria renace sobre todo en la orfebrería, como atestigua conocieron un gran desarrollo, estimulado por la demanda
el impresionante ejemplo de la estatua relicario de la Santa privada de objetos profanos o de devoción.
Fe de Conques. Llegados de Oriente-o del mundo celta, en Arte de Francia, nacido en la·Isla de Francia ya en la se-
capiteles, columnas y márgenes de los manuscritos se des- gunda mitad del siglo xn, signo de un·reino en plena reno-
pliegan almocárabes, animales, a veces fantásticos, o una vación, el gótico, que perduró hasta el final de la Edad Me-
flora exuberante. dia, penetró en el corazón de Europa y en todas las tierras
Según el abad Suger (t en 1151) el arte gótico quiso expre- ganadas por la expansión occidental.
sar en imágenes que Dios es Luz, expresión corriente en los
textos escriturarios y litúrgicos. Tuvo a su servicio arquitec-
tos que, en busca de una elevación cada vez más ambiciosa,
pusieron a punto las técnicas de la bóveda ojival y el arb~tan-
te. Al conseguir así localizar concretamente los empuJes de
las bóvedas en las cuatro esquinas de cada tramo, pudieron
perforar los muros. El arte de las vidrieras vino a comfletar
el programa con una transmutación de la luz del extenor en
otras tantas escenas a mayor gloria divina, para edificación
de todos, clérigos y laicos. La iglesia gótica es hija del pensa-
miento de su época: su arquitectura se divide en unidades je-
-
:::3.:· :32:::cv. Le d:.::.-:g:-t.._-.:,i_~ les g:a~1cies s~i:_-J-r::s ;1 ~~.Js 0:_~ce~es
1D, la expansión ne fo_., :re:ínos religiosas, la «orde!l ¿e !a csvacia», absot:>2.C::1. e1: 123 7 :Jor ~os
caballeros :eutónicos, q¡_¡e c~nqi.:üstarcn y cristianiza~on Li-
vonia y Frusia, donde establecieron u:1 Estado casi indepen-
diente. Con su victoria sobre los teutór:icos cerca cel lago
Peipus en 1242, el príncipe ruso Alejand:·o Nevski frenó sus
ambiciones.
En la otra punta de Europa, mucho después de su 'estabili-
zación en el reino de Francia occi:',~ntal, los «normandos»
siguen sintiéndose atraídos por destinos remotos. El dina-
mismo geográfico y económico del ducado alimenta, en el
siglo XI, una fuerte corriente migratoria: u.q.os normandos
se alistan como mercenarios en los ejércitos bizantinos,
otros siguen a su duque Guillermo en la conquista, con éxi-
La expansión económica del Occidente medieva~ n~ fue to, de Inglaterra (batalla de Hastings en i066), otros parten,
acompañada por una extensión territorial ?e gran amplitud, por último, hacia el sur de Italia. Aprovechando las rivalida-
comparable con las que despliegan en _el s1~l~ ~x los m~- des entre bizantinos y lombardos, se ganan el sostén del Pa-
dos eslavo O norteamericano. En camb10 as1stlo a la consoli- pado, tras una fase de hostilidad, y fundan un Estado que in-
dación de unas unidades políticas tras las cuales se dibujan cluye las tierras italianas al sur de Roma y Sicilia. Erigido en
ya los Estados modernos cuyo enfrentamiento teje la histo- reino bajo Roger II en 1130, en él se desarrollan brillantes fo-
ria europea. cos de civilización (Sálerno, Palermo) bajo la triple influen-
cia latina, griega y musulmana.
Simultáneamente, la península Ibérica conoce el avance
La expansión occidental regular de los ejércitos cristianos hacia el sur y el repliegue
del mundo árabe al reino de Granada. Reforzados por caba-
Las empresas de conquista, fundamentalmen~e _orientad~s lleros llegados del norte de los Pirineos y sostenidos por la
hacia el este o el sur, estuvieron ala vez al serv1c10 de ambi- Iglesia por mediación del culto de Santiago Matamoros a tra-
ciones personales y del avance de la cristiandad; pero sólo vés de la peregrinación gallega, y por las órdenes militares,
llevaron el nombre de cruzada en el caso de la lucha contra los cristianos llegan al valle del Duero a finales del siglo XI,
el infiel. y después al del Tajo a comienzos del XIII. La victoria de Las
El este del Imperio fue escenario de un auténtico fren~e Navas de Tolosa en 1212 les abre las puertas de Andalucía.
pionero a expensas de las poblac~ones eslavas. El ~mpuJe Tres unidades políticas salen reforzadas de la empresa: los
germánico el Drang nach Osten, ya llllportante en el siglo XII,- reinos de Castilla, Aragón y Navarra. Repobladas bajo un
prosiguió ;odo a lo largo del xm, marcado por la fundación régimen de «libertades», los fueros, las tierras conquistadas
de numerosos pueblos y ciudades a lo largo de las costas del cuentan con importantes minorías judías o musulmanas;
152
UD •
cJ:: ~ll8.s !a ~s-c:~C2!± esp:1ñoL1 csciL~ entre la asi::n!lación o ::1 c.:1.os no (:.:~e3ba:: ::- 2 est~b~~:cz.:0c ~r: T~~-·:a. Saína, y~ ~,
rechazo, que terminó por impone:·se. Occidente vivió allí su 2-0rir afü -una opcrtmúdad de salvació:::-, sino tambi
primera «cruzada». gresar, como de cualquier peregánación. Lo que desencl :'. ,-
no estas expediciones fue un cambio en el i."Jüd.er musu ;· . -
que en la segunda mitad del siglo pasé, a m~nos de los turcos
Las Cruzadas selyúcidas. Los nuevos amos, que no inquietaron realmente
a los cristianos ,de Oriente ni a los peregrinos, pusieron en
El término de «cruzada», que recuerda el emblema cristia- dificultades al Imperio Bizantin.o, derrqtado en los confines
no que ilevaban los cruzados en sus túnicas, rio se utilizó de del Asia Menor, en Mantzikert,. en 1071. Tales trastornos
entrada para designar las ocho expediciones que, desde contribuyeron a alimentar en Oc~idente los rumores sobre
1095 a 1270, hicieron los occidentales al Cercano Oriente. el comportamiento hostil de los infieles con los cristianos v
Hay que esperar a mediados del siglo XIII, pues hasta enton- los Santos Lugares. En semejantes circunstancia el papa Ur~
ces se hablaba de «viaje» o de «pasaje» a Jerusalén. Esta bano U aportó en 1092, en Cleimont (Auvernia), una res-
cuestión de vocabulario no es en absoluto secundaria; al puesta inesperada a las demandas de ayuda lanzadas por Bi-
contrario, nos sitúa en posición de comprender un fenóme- zancio: en vez de enviar mercenarios como los normandos,
no difícilmente concebible fuera del contexto religioso del muy apreciados por los bizantinos desde comienzos del si-
Occidente medieval. glo XI, desencadenó la Primera Cruzada...
Lo que llamamos la Cruzada fue vivido en efecto por sus El éxito de la expedición, que desembocó en la toma de
contemporáneos como un prolongamiento de un gesto de Jerusalén en 1099, al final de un saqueo cuya violencia atesti-
devoción tan apreciado como el peregrinaje. ¿No es acaso el guan todas las fuentes, y después la implantación de prínci-
destino de los'cruzados el más prestigioso para un cristiano? pes cristi'anos en el Cercano Oriente, provocaron la constitu-
Omnipresente en las invocaciones litúrgicas, Jerusalén se ción de-Estados latinos. En número de cuatro, de duración
encuentra en los orígenes bíblicos del cristianismo, en suco- más bien breve -el principado de Antioquía ( 1098-1268), los
razón, centro de la vida terrenal de Cristo, lugar de su muer- condados de Edesa (1098-1144) y Trípoli (1102-1289) y el
te y su resurrección, figura de la Ciudad prometida al final reino de Jerusalén ( 1099-1244, y en torno a Acre hasta 1291 )-
de los tiempos. Aunque visitarla no sea una obligación para albergaron una sociedad original. Los occidentales implan-
el creyente, a diferencia de la visita a La Meca para el musul- taron estructuras feudales calcadas de las de sus reinos de
mán, debió de alimentar más de un sueño, so~re todo en una origen; la población de antigua cepa, jud.fos, cristianos de las
época en que la piedad está más ligada con la humanidad de confesiones orientales o musulmanes -sometidos estos últi-
Cristo. Sólo este poderoso resorte es capaz de explicar que, mos a más pesadas cargas fiscales-, habituada a los cambios
siguiendo la llamada de unos predicadores, se pusieran en de dominación, se plegó a estos nuevos amos. Dos órdenes
marcha tropas compuestas tanto por guerreros como por religiosas, de vocación hospitalaria al principio -la acogida
simples fieles desarmados, hombres y mujeres, a veces muy de los peregrinos- y posteriormente militar, los Hospitala-
jóvenes. Explicar su partida por consideraciones dé orden rios y los Templarios, de~empeñaron un papel capital, ~n-
demográfico resulta insuficiente, tanto más cuanto que mu- sombrecido por sus rivalidades internas, a imagen de las que
-
:;v1dían a ~os cct1011.·es .::"'ec.dales . ./\.:;i:::isz-::c !es ~Stados latinos; e~
rin.~ (t !-:2::i2 1251)) 21~ G:..~:11~:_::c e~ R:...:;T0iiC!( ¿CS,i)lt¿S
~~ ~~1y de;sa:n~nte poblados por nuevos ocupante~ ~l~jados -de
.
1293), -a::nbos enviados a i:vangelizar a los moni:-cles:va,:-
o .t.
de sus vínculos en Occidente, se reYelaron pronto d1fic1les de t:eron en ~os carros e.e los cruzados ...
c.efe::ider, a despecho de su red de fortalezas, como el célebre La Cruzada puso brutalmente de ma:::fiesto la üwertida
Krak de los Caballeros. Con diversa fortuna, que va decre- relación ¿e facrzas enEe Oriente y Occ:de:::te, iniciada con el
ciendo, las expediciones posteriores aspiraron ante todo a cambio de .milenio. Pero la avent~ra militar exterior, diriai-
vroteo-erlos de la contraofensiva del Islam. . da por prí.nciJtes aislados, no tentó casi a los soberanos oc~i-
• un: de ellas, no obstante, constituye la excepción: la Cuar- dentales, con excepción de San Luis, preocupados sobre
ta Cruzada, que se desvía hacia Constanti11:opla, señ_al de la todo por afianzar su poderío i.11teric,:·,
J
creciente incomprensión entre griegos y latmos, habituados
los primeros a pactar con el Islam y n~ viend~ en él los se-
aundos sino un enemigo al que era preciso derribar. Los gue- La feudalización del Imperio
rreros latinos saquearon en 1204 Ios tesoros profanos y rer1-
b
giosos de la capital bizantina con tanta violencia como la Al restaurar el Imperio en el 962, Otón I se sitúa en la conti-
desplegada con los de Jerusalén; el escánda~o así provocado nuidad carolingia. ¿Significa eso que el título imperial ha de
selló, más que todas las divergencias antenores, el corte de concebirse como la dignidad política preeminente en Occi-
los dos mundos cristianos (cisma-corte en griego- de 1054). dente, y que el emperador, a la cabeza de los soberanos, es su-
Sobre los despojos del Imperio Bizantino, refugiado en Asia perior a éstos? Aunque este enfoque tentó a ciertas personali-
Menor los occidentales fundan el Imperio Latino de Cons- dades fuertes -Enrique VI (t 1197) o Federico II (t 1250)-
tantin~pla, que se agrega al reino de Chipre anteriormente las más de las veces los emperadores hubieron de rendirse a
arrebatado a Bizancio ( 1191) por Ricardo Corazón de León; la evidencia: su influencia sólo se extendía realmente a tres
Génova yVenecia obtienen cada una allí un verdadero impe- reinos heredados de los tiempos carolingios, Alemania, Ita-
rio comercial. lia y Borgoña, y además este último adquirió de hecho una
En total, las Cruzadas tuvieron efectos muy ambival_entes. rápida autonomía. La historia de la unidad política que de-
Las manifestaciones de violencia que las marcaron dejaron signamos con el término de Imperio se resume, pues, entre
duraderos estigmas entre cristianos, y entre cristianos y mu- los siglos XI y XIII, en una oscilación entre su polo septentrio-
sulmanes. Pero no es menos cierto que suscitaron igualmen- nal y su polo meridional. Según sus afinidades, sus aspiracio-
te intercambios culturales y comerciale_s, más intensos sin nes políticas y las circunstancias, los eip.peradores favorecen
duda que antes, aunque sólo fuera para enviar a l~s cruza- ora al mundo germánico, como Federico I Barbarroja, que
dos y avituallados. Además, desde el Cercano One?te ~~s tuvo que luchar en Italia contra la consolidación de los muni-
occidentales tuvieron acceso directo a los mundos aun mas cipios unidos en la Liga Lombarda, ora al mundo italiano,
lejanos de Extremo Oriente y la India. Pero ¿ne~es~taban como Federico U, quien había, además, heredado de suma- -
realmente los mercaderes, los misioneros o los sab10s rr pre- dre el reino normando de Sicilia.
cedidos por tropas armadas para lanzarse a sus descubri- Este arbitraje se vio complicado por tensiones brotadas
mientos? Ni Marco Polo, ni el franciscano Juan Pian del Car- del mantenimiento de un proceso electivo para recibir el tí-
ZD
.1.5)
ta.do de c:ey e.e Alemania y después, con el acuerdo del papa, muy je:atquiz:1.da, y aCeir..ás pueC.en seg1.:.iz sien¿o e.o libr~s
la dignidad imperial, a pesar de las tentativas de transmisión Estos hombres, que conocieron una rápida ascensión social
hereditaria de varias familias (Sajonia, Salios, Staafen), que en el curso del siglo ;(m, no esián exclusivamente al senicio
nunca desembocaron en la fundación de una dinastía. Por del emperador, sino que se ponen iguahnente al de los Drín-
consiguiente, el emperador siguió estando en una si!uación cipes eclesiásticos o laicos, así como al de los poderes ~rba-
de profunda dependencia de los grandes, entre ellos los nos. Su destino es una muestra de en qué se h¡ convertido Ja
:¡xíncipes eclesiásticos. Por eso la desposesión de su derecho • reali~a~ i1:1peri~ a mediados del siglo xm: un título cuyo
de investidura de los be¡neficios eclesiásticos preconizada prest1g10 sigue s1end_o grande, hasta en las conciencias vo-
por los gregorianos tropezó con una oposición tan violenta por pulares, alimentadas con la leye;:i.da de Carlomagno; y unL te-
parte del poder imperial que la Iglesia tuvo que ceder. Ahora rritorio sumamente fragmentado, tanto en Alemani~ como
bien, dicho poder estaba asimismo ligado a los dueños de los en Italia, entre principados de tamaño variable y repúblicas
principados laic~s, grandes señores feudales cuyas ambicio- urbanas. .
nes no logró contener. A pesar de los esfuerzos desplegados Las cosas discurren de muy otra manera al oeste del anti-
en este sentido por Federico Barbarroja, ilustrados por sus guo mundo carolingio ...
conflictos con el duque de Sajonia y Baviera, Enrique el
León, la evolución obró en favor de los príncipes: éstos con-
siguieron de Federico II, a partir de 1220 para los eclesiást~- Los reinos de Francia e Inglaterra, hermanos enemigos
cos y después gracias al estatuto de 1231-1232 para los lai-
cos, importantes concesiones en materia de regalías, en En el momento en que los grandes de Francia occidental lle-
especial militares y judiciales. Sin embargo, la debilidad del van al poder a Hugo Capeto (987), el reíno está dividido en
poder imperial no depende únicamente de la modalidad de · principados cuyos dueños han de enfrentarse a la creciente
su designación; reside también en una terrible falta de me~ autonomía de los señores. El propio rey conoce una situa-
dios de acción. El príncipe está rodeado por una corte em- ción idéntica en sus tierras, el dominio real, estrecha franja
brionaria, no dispone de una capital fija y no puede apoyar- que se es~ira desde ~l Valois al Orleanesado, y que no hay que
se en ningún dominio real, salvo su propio patrimonio confundir con el remo. Pero el asentamiento del poder real
familiar. Habrá que esperar a la llegada al poder de los Habs- no debe medirse exclusivamente con esta vara. El título lle-
burgo, con Rodolfo I, en 1273, para que los bienes del sobe- vado _P?r el so~erano le confiere un considerable capital de
rano puedan sostener 1~ comparación con los de los prínci- prest1g10, sanc10nad~ por la consagración. La unción dada
pes territoriales. en esta ocasión por la Iglesia, en el curso de una ceremonia
Para secundarlos en las tareas administrativas los empe- que se desarrollaba en Reims en recuerdo del bautismo de
radores apelan a fámulos de origen servil a quienes arman Clodoveo, sitúa a quien la recibe en el linaje de las dos dinas-
caballeros: estos ministeriales constituyen un grupo social tías que han reinado antes que él, y le confiere uná cualidad
propio del Imperio, de estatuto original, difícil de delimüar, de la que ningún príncipe, por poderoso que sea, puede pre-
_,[
pues son a la vez nobles, por su acceso a la caballería, bien valerse. El «ungido del señor» adquiere incluso la facultad
que situados en el último grado de una nobleza alemana taumatúrgica de sanar una enfermedad ganglionar de orí-
1
~:~ina q~e io acer~: ~~:ªs:~~~/;;~~::;;;:si~:
al mundo de
J.·~s [2::da!cs, el :·e/ se coE v ~::1tc en soCt!aüo, a ~a cabezs de
ses súbditos. En frar.cia cor;_-espm1de 2 San Luis y sus Sü.ce-
qce la co:t:sag:tac:ó~: es ~an. il11portantc f&:.·2. e1 rey Cüh}C G_ue
lo elijan los grandes, reyes
los Capeto tie1".en buen. cuicado,
sores hacer rea!ic!ad este principio, sobre todo luchando
contra las guerras privadas y desarrollando la justicia real,
con el acuerdo de aquéllos, de conferida a sus hijos mientras
así
ellos aún es¡án con vida. Y se instaura :i:,rogresivamente el
a!lte la cual ya se da por supuesto que cualquier howbre del
reino puede acudir para apelar contra las decisiones de los
principie dinástico; sólo es aceptado plenamente en el reina- tribunales señoriales. ¡La piadosa imagen del buen rey ha ..
do de Felipe Augusto; el primer rey que ya no consideró ne.: ciendo justicia<! todos bajo su roble de Vincennes no es pu-
cesario asociar a su hijo al poder. ramente mítica! Y, lo que es más,'.) soberano gobierna con
Valiéndose de esta legitimidad y de la hábil utilización de toda independencia del poder imperial, según el adagio: «El
los medios que les proporcionan su dominio y el manteni- rey es emperador en su reino».
miento de algunas zonas de influencia externas a éste, en es- Los medios de acción del soberano se incrementaron a
pecial el nofllbraiuiento de los cargos abaciales y episcopales medida que recuperó las riendas de sus prerrogativas. Como
diseminados por el reino, los Capeto consiguen, al término todo príncipe feudal, el rey de Francia o de Inglaterra estaba
de los dos siglos que siguen al Año Mil, construir en torno a rodeado por el consejo de sus señores, la corte, en la cual,
la persona del rey una auténtica pirámide feudal. El reinado por voluntad real, se introdujeron al lado de aquéllos otros
de Felipe Augusto (1180-1223) marca el apogeo de este personajes de reconocida competencia o sabiduría. Las atri-
modo de gobierno, en el que el rey se presenta como árbitro buciones de la corte real llegaron a ser tan grandes que hubo
de todos los señores del reino: e::dge el homenaje ligio de cada de subdividirse en secciones especializadas en materia de fi-
poseedor de un feudo, resuelve en apelación, en su corte, los nanzas, el Exchequer en Inglaterra, y después el Hotel du
litigios entre señores e interviene en la sucesión de los gran- Roí en Francia, o de justicia, cámaras que están en ei origen
des feudos, en especial los de Flandes, Champaña y Bretaña. del Parlamento, cuyo papel difiere de una monarquía a otra.
Recobra así las prerrogativas públicas usurpadas. En el siglo En efecto, el Parlamento francés siguió siendo una institu-
anterior, el dominio de su poderoso vecino Plantagenet, otro ción exclusivamente judicial, mientras que sus homólogos
soberano «consagrado», ilustraba ya el renacimiento -tanto ingleses, después de varias revoluciones de los señores, lle-
práctico como teórico- de la noción de «cosa pública». Lo garon a adquirir funciones políticas y financieras; a partir
atestiguan el desarrollo de una sólida administración finan- de 1258 (Provisiones de Oxford), el rey lo consulta regular-
ciera y judicial o el mantenimiento de un control real sobre mente y sus mie~bros participan en el gobierno.
las dos fuentes principales del poderío nobiliario: la cons- Los dos reinos presentan asimismo diferencias en su ad-
trucción de fortalezas y las alianzas matrimoniales. ministración local, reflejo de lo que separa los dos dominios
El redescubrimiento del derecho romano en las escuelas reales: el de los Capeto no es muy extenso hasta finales del si-
(la de Orleans se especializa en él) permitió al movimiento glo xn, mientras que los soberanos anglonormandos han
franquear una etapa suplementaria y formular la extensión, conservado en su poder una extensión mucho más conside-
del poder real a todos los habitantes del reino, por encima de rable (por ejemplo en bosques) como acredita, para Inglate-
las prerrogativas feudales: de señor a la cabeza de sus seño- rra, desde finales del siglo XI, la indagación llevada a cabo a
;etici6:s. s.~ GulEer:r.a e! Ccnq:c.istado~ y ,eor..signada -en e! C!.Y.:8.Co C.e P.,.quit:.1.;i!:.:: 2~ casar:,e :.:on :..e-Dno;: de cs~a suerte,
Dornesday Book. Y así es cómo los -sheriffs, una institución .reunió bajo su autoridad la mirad oeste c!el .reino de Francia
¿e la época sajona, colocados al frente de los condados, to- occidental. Pero, con excepción de Inglaterra, la mayoria de
man el relevo del poder de los príncipes Plantagenet. Bajo estas tierras seguían siendo feudos del rey capeta. Ocurría
control real, los sheriffs mantienen el orden, administran la así desde la cesión del ducado de Normandía, cuyo posee-
justicia real, recaudan impuestos y reclutan contingentes ar- dor, aunque fuera rey en otras partes, debfa prestar homena-
mados. En camqio los agentes de los Capeto fuerop esencial- je al dueño c;ie Francia occidental, un homenaje llamado «en
mente, en un primer momento, servidores reales, como los la marca», en la frontera de los dos principados, para no he-
ministeriales de los señores banales: nombrados prevots, rir la susceptibilidad de ning_u.I!;c pe las partes. Ahora bien,
'prebostes', son propietarios de su cargo. A Felipe Augusto le las circunstancias permitieron al Capeto sacar partido del
tocó de nuevo introducir modificaciones en esta organiza- estatuto feudal de las posesiones continentales de su molesto
ción: en vísperas de su partida a la Tercera Cruzada, y en un vecino. Enrique U Plantagenet vio cómo las luchas que en-
texto denominado erróneamente su Testamento, el rey se frentaron a sus hijos perturbaban el final de su largo reina-
preocupa de que controlen la gestión de los prebostes unos do (1152-1189); tras su muerte, se prolongó la pugna entre
inspectores temporales, asalariados por el erario y revoca- los hermanos, hasta el punto de cansar a sus vasallos france-
bles, los bailes. Éstos, en el curso del siglo XIII, son puestos al ses. Felipe Augusto supo sacar buen partido de ello. Con el
frente de circunscripciones fijas, las bailias, en el interior de pretexto de arreglar una disputa entre Juan Sin Tierra y uno
las cuales juzgan en apelación, perciben los ingresos reales, de sus vasallos del Poitou, Hugo de Lusignan, se aprovechó de
levan el ejército y transmiten las órdenes del soberano. Su la negativa del rey de Inglaterra a comparecer ante la corte
creación se justifica por la extensión considerable que cono- capeta para sentenciar, en nombre del derecho feudal, la
ce entonces el dominio real. confiscación de sus feudos, Normandia, Maine, Anjou y Tu-
Los Capeto comprendieron que un dominio real e::...1:enso rena. Para hacer efectiva esta sancióil contaba con sus nue-
y bien administrado era una de las condiciones principales vas fuerzas y con buen número de apoyos; la empresa se vio
de su poderío: no tenían, para convencerse de ello, más que coronada por la victoria que obtuvo en Bouvines en 1214 so-
observar las situaciones, totalmente opuestas en este aspec- bre una coalicion del soberano inglés con el emperador. Los
to, de sus vecinos, el emperador o los príncipes anglonor- feudos de los Plantagenet acabaron engrosando el dominio
mandos. Durante más de un siglo, éstos mantuvieron una real y la fortuna de los Capeto.
presión constante en las puertas del dominio real. El juego . La penetración capeta hacia el sur prosiguió a favor de la
de las sucesiones y de las uniones matrimoniales les permi- lucha armada contra los herejes albigenses. La «cruzada» de
tió en efecto edificar una dilatada unidad territorial, estable- los señores del norte, lanzada en 1209 con el consentimiento
cida a un lado y otro de la Mancha. La herencia de los sobe- real a falta de su participación directa, desembocó en la ane-
ranos normandos, el ducado y el reino de Inglaterra, quedó xión de una parte del Languedoc, dividida entre las senesca-
unido al Maine, a Anjou y a la Turena por el matrimonio de , lías (equivalente meridional de las bailías) de Beaucaire y de
la nieta de Guillermo el Conquistador, Matilde, con Godo- Carcasona. El condado de Toulouse recayó en la corona a
fredo Plantagenet; su hijo Enrique U le añadió el poderoso consecuencia del matrimonio estéril de la heredera de los
J3REV'! .liSTüri.IA .:)EL UCCIDENTE \ll:".DliVAL
164
La recoEstrucción agricola más r:ca en futu:,:o se b2sa más riciad, en forma, en esre caso, 2e ~soci3.cic-nes rese::13.das C:{-
en !a difusión de nuevas fórn1ulas que en la dudosa restaura- dusivamente a ellos, como ocu:-re, y;1 a comienzos del xiv,
ción. de una situación caduca. A imagen del campo italiano, con _1~ que fundan los peleteros de 7ero parisienses ( trabajan
donde llevan ya tiempo utilizándose, los campos de Inglate- la piel, entonces muy apreciada, de una variedad de ardilla
rra y Francia registran una extensión de los arriendos rústi- de Siberia). De inspiración radicalE'.ente distinta de 1a de los
cos o de los contratos de aparcería, que no les eran descono- oficios, son las antepasadas de los compañonajes; el término
cidos. Valiéndose de su posición, en este período de penuria «c~mpañó:°» comienza entonces a spplantar al de oficial en
de mano· de obra, los campesinos más ricos orientan los el uso cornente.
· arriendos en beneficio propio, antes de que los dueños de la Correlativamente se abren p,aso.0tras tensiones que sacu- ·
tierra puedan imponer de nuevo sus condiciones, cosa que den al conjunto de la sociedad urbana. Enfrentan, en una ri-
no ocurre hasta la segunda mitad del siglo xv. Las crisis, una validad tanto política (por el acceso a los concejos y a los car-
desgracia para quienes arrollaron a su paso, fueron también gos municipales) como económica a los miembros de los
fuente de la ascensión de quienes tuvieron la fortuna de so- oficios cualificados y acomodados -con mayor frecuencia a
brevivir a ellas ... los tejedores-, que utilizan para sus fines la tropa de los ver-
En estos tiempos de inseguridad, las ciudades aparecie- . daderos pobres, con los pañeros y otros mercaderes cuyas
ron a los ojos de muchos como un lugar de refugio: refugio, poderosas familias, aliadas entre sí, acaparan todos los pode-
al amparo de las murallas, contra las bandas de soldados sa- res institucionales, territoriales y económicos de la ciudad.
queadores, y refugio contra la miseria gracias a las diversas Las rebeliones que surgen suelen estar mezcladas con los
instituciones caritativas que albergan. Y al parecer por eso acontecimientos políticos del lugar: en Flandes, lucha entre
su población, aunque más vulnerable a las epidemias a causa el rey de Francia y el conde (Maitines de Brujas de 1302), en
de la densidad del hábitat, disminuyó proporcionalmente Italia, rivalidades entre los viejos partidos güelfo -partidario
menos que la del campo. del papa-y gibelino -partidario del emperador- (Ciampi en
Sin embargo, bajo la presión de los acontecimientos, el Florencia en 1378), en Francia, guerra de los Cien Años (Ca-
mercado de trabajo registra importantes evoluciones. Ya en bochenos en París en 1413).
el curso del siglo xm los grupos profesionales, los oficios, En el siglo XIV la población, como hemos constatado, está
tienden a cerrarse: hay privilegios que terminan por reser- dispuesta a sublevarse doquiera. Sin duda ello se debe en
var sólo a los hijos de los maestros la sucesión de sus padres, parte a la acumulación de dificultades, pero también a las
impidiendo toda posibilidad de evolución a los otros oficia- novedades que desorientan a los espíritus. En efecto, las cri-
. les. La situación de crisis amplifica el mecanismo y estos úl- sis demográficas y económicas han trastrocado los esque-
timos se ven reducidos a alquilar su trabajo, al margen de mas sobre los que descansaba desde hacía siglos la organiza-
toda reglamentación profesional, siguiendo la mera ley del ción social medieval. Las redes tradicionales de solidaridad
mercado. Pero, lo mismo que el mundo rural, se hallan en se han debilitado: las familias de sangre están diezmadas,
una posición de fuerza para negociar sus salarios, en un hay pueblos enteros abandonados, ciertos barrios de las
tiempo en el que escasean los brazos. Eso no impide que los grandes ciudades (París o Aviñón, por ejemplo) ven cómo
oficiales desarrollen entre sí nuevas modalidades de solida- su población se renueva ampliamente a consecuencia de los
17:5
:?erv el caillDG no ;)::-ovee solaee:.:.te al a!únento de ios r-";da esc~. it1E~aria que ~s la letra de cainbio: ésta per~.!':ite _?a-
hombres; cont;ibuye ~ada vez más a la elaboración de pro- gar en un sitio las transacciones efectuacas en otro, tenien-
ductos acabados a través del cultivo de plantas llamadas «in- do en cuenta al mismo tiempo el curso de las monedas. La
dustriales», textiles (lino, cáñamo) o tintóreas (hierba pas- difusión a partir del siglo XIV de la contabilidad por partida
tel). Impulsado por la demanda, el mundo textil diversifica doble, donde cada operación figura a la vez en el debe y el
sus productos. Al lado de las sederías de lujo y de las pesadas haber, traduce por fin el perfeccionamiento de las técnicas
tela; de lana (los p.años), llegan también al mercado_tejidos comerciales. S!-1-s protagonistas tradicionales, ital_ianos y fla-
asequibles para mayor número de comrradores, algunos mencos, han de contar entonces con la dinámica competen-
más toscos (los fustanes y los lienzos), otros más ligeros, uti- cia de los recién llegados, catalanes en ~l Mediterráneo y co-
lizados sobre todo para ropa interior. El ritmo de la fabrica- merciantes alemanes de las ciudades ele la Hansa ( como
ción se acelera gracias a dos innovaciones técnicas, el torno Lübeck, Colonia, Dantzig) que controlan los intercambios
y el batán. Esta actividad que reina aún en numerosas ciuda- en el mar del Norte y el Báltico, en estrecha relación con un
des penetra entonces en el campo;donde los hoga:es ru~~es comercio inglés muy vivo, pue·s las hostilidades con Francia
complementan en invierno sus ingresos con trabaJOS ad100- no han interrumpido la exportación de lanas al continente,
nales. Ahora bien, simultáneamente, crecen otras ramas del que se sigue haciendo por la Etapa de Calais (The Staple of
artesanado, que conocen un auge inicial. Éste, reducido en el Calais). En la salida de los puertos de los Alpes, Augsburgo
caso de la vidriería o la fabricación de papel (a partir del si- y Nuremberg, garantizan el enlace entre los países del norte
glo xn), es más marcado en la metalurgia, cuya actividad y del sur de Europa: el viejo eje de las ferias de Champaña se
abarca tanto el origen, la explotación minera (Montes Metá- ha desplazado, pues, hacia el este, mientras que los centros
licos en Europa central), como el destino, la producción de franceses más activos se refugian en el valle del Ródano o en
piezas de ártillería, de campanas para los carillones urbanos el Languedoc, a causa de las duraderas perturbaciones in-
y hasta de obras de arte en bronce. Nacen así unas agrupa- troducidas por la guerra de los Cien Años en las regiones del
ciones de producción cuya amplitud supera con mucho la de norte del Loira. Nuevas ferias prosperan en Francfort del
los talleres anteriores, primeros jalones del capitalismo in- , Main, Génova o Lyon.
dustrial. Y es que, entre las novedades que trastornan toda la vida
El sector comercial registra por su parte una evolución del Occidente medieval, hay que contar con un nuevo actor
comparable: las compañías más importantes se dotan de su- de peso: el Estado, tal y como se ha construido en el seno de
cursales fijas implantadas en las grandes ciudades comercia- los diferentes reinos, y particularmente los de Francia e In-
les. Estos establecimientos, confiados a·«factores» experi- glaterra. ·
mentados, adquieren rápidamente su independencia para
evitar que las dificultades financieras de uno de ellos reper-
cutan sobre el conjunto de la compañía, constituida de esta
suerte en la sociedad llamada «con filiales». Los comercian-
tes se ahorran así desplazamientos, costosos y fuente de ries-
gos, y los modos de pago recurren crecientemente a esa mo-
12. NadmiieIDJ.to die Ros :Estados modernos
El soberano medieval no e.:1carna él solo al Estado en la me-
dica en que pretende hacerlo un monarca absoluto; es, sin
embargo, su elemento principal. Por eso d desarrollo del
poder público pasa por todo un trabajo de reflexión sobre la
naturaleza del poder del príncipe, transmitido después para
que todos lo vean en el curso de unas ceremonias que sirven
de caja de resonancia de la majestad, ~al.
El pensaaje11:~~ polftif9 de los sigl~s XIV y xv es tributa-
rio de los principios forjados ya en tiempos carolingios en
los Espejos de Príncipes. Mas aunque el género siga florecien-
do en las plumas de los mejores autores, Cristina de Pisán en
Francia o sir John Fortescue en Inglaterra, la influencia de
La presencia de un Estado central activo hasta la escala local Santo Tomás de Aquino y de las ideas aristotélicas modifica
distingue netamente la vida política de los últimos siglos de su discurso. La sabiduría que se espera entonces del sobera-
la Edad Media de la de épocas anteriores. Los estudios re- no no está exclusivamente basada en sus cualidades de pie-
cientes, que ya no tienen por único objeto la persona de los dad, bondad y justicia, ni bebe únicamente en las fuentes
soberanos sino que se interesan por todos sus servidores, de la meditación de las Escrituras cristianas y de los mode-
desde los teóricos alos más modestos funcionarios, hacen los veterotestamt;ntarios; proviene igualmente de las leccio-
remontarse las raíces derEstado mod.erno quizás hasta el nes que el monarca sabe sacar del pasado y de un saber ad-
siglo xm, y por lo menos, ~in la menor vacilación, a los si- quirido mediante la lectura. No es fruto del azar que el
glos xrv yxv. El fenómeno, particularmente bien ilu~E.:tdo modelo de Cristina de Pisán, Carlos V el Sabio, se hubiera
por fa evolución de las dos prin~ipal~~ ~Cln_arquí~~_<:íe rodeado de un consejo de eruditos y que se hubiera preocu-
Fi~ñcia e Inglaterra, no deja de tocar a otros territonos, pado por constituir una rica biblioteca de trabajo en el
como la península Ibérica. Ya identificable en los esfuerzos Louvre, primer núcleo de las colecciones reales y después de
de los príncipes Plantagenet y de los Capeto, a partir de Feli- la futura Biblioteca Nacional.
pe Augusto, para consolidar sus prerrogativas, se vio pode- Si, ~n la ide.::o_logíareal,fa competencia técnica comiei;iza a
rosamente acelerado por la guerra que enfrentó a las dos hacerse unfogar al lado de las cualidades morales, ninguna
casas reales francesa e inglesa, siguiendo un mecanismo ob- de las dos eclipsa, ni mucho menos,. el componente religio-
servable en otros tiempos: el largo y duro conflicto de la Pri- so, que conoce en aquellos tiempos importantes desplie-
mera Guerra Mundial ¿no estuvo igualmente acompañado &ues, hasta el punto deforjar una verdadera «religión real».
por un reforzamiento del poder central? Esta se manifiesta principalmenfe ert e1~curso deceremonias
públicas que garantizan su difusión a escala de todo el reino.
El caso francés nos servirá de nu~vo de guía, pero es revela-
180
¡_,.,
..:.0_,
c]oso Carlos el 'Ternera.tío, que mucre ant;; f'l8.ncy en ene~D divide ie:.n u.na 1ni.tiaJ.a Je otras unidades Jnuchos :rnás ¡:¡e-
de i 477. Pero la únión, ese mismo año, de la hija de éste con queñas, de contornos movedizos; sus incesantes rivalidades
MarJmiliano de Austria prepara la amplia concentración de las sumen en la inestabilidad y la inseguridad, al tiempo que
territorios de la que puede prevalerse, en el siglo XVI, su nie- se edifica lentamente el poderío de los Habsburgo. A escala
to el emperador Carlos V. Pero no todos los riesgos para la europea, la influencia germánica está entonces en claro re-
monarquía francesa desaparecieron al solucionarse la cues- troceso. Éste se observa en el oeste, frente al avance de las
tión borgoñona, porque, an4;!s de realizar plenamente la ambiciones borgoñonas y francesas, a las que cabe añadir la
unidad del reino, tuvo que habérselas con los dueñ~s de mención de la feroz independencia de los cantones suizos,
otros grandes enclaves, como el duque de Borbón. Uri, Schwyz y Unterwalden que, 1.mi:' )S a varias ciudades,
Lucerna, Zúrich y Berna, consti.tuyen poco a poco la Confe-
deración Helvética. Pero este reflujo es más manifiesto aún
Hacia la geografía política de la Europa moder~a en Europa central, donde se consolidan los reinos de Bohe-
mia, Hungría y Polonia, así como en los p~íses escandina-
El enfrentamiento de las dos mayores potencias de la época vos, Dinamarca, Noruega y Suecia, que tratan de concen-
no debe encubrir, no obstante, la evolución de las otras par- trarse en una sola unidad política, futura gran potencia.
tes de Europa, donde se perfila igualmente el mapa político Enfrentados con estas iniciativas «nacionales», declinan la
de la Edad Moderna. ' colonización agraria y el comercio hanseático. En cuanto a
La ausencia casi total de intervención del poder imperial los confines meridionales del Imperio, no cesan de escapár-
en los acontecimientos que anteceden traduce sin lugar a sele cada vez más.
dudas su decadencia frente a la consolidación de esas enti- 1
Italia conoce la misma realidad política que el mundo ale-
1
dades independientes que son los reinos. Este rasgo v~le f mán, igual de inestáble y atomizada. En el norte, al lado del
para el conjunto de los dos últimos siglos de la Edad Media, ~¡ condado de Saboya, erigido en ducado, se forman principa-
en los que surge sin embargo la figura del emperador Car- l! dos territoriales en torno a algunas grandes ciudades, Géno-
los IV (1346-1378). Rey de Bohemia, educado en París, 1··1
1 va, pronto eclipsada por Milán, Florencia o Venecia, que
\•
amigo de humanistas como Petrarca ( t 1374), hizo de Praga '1
1¡
agrupa su «Tierra Firme»; están gobernados por una sola fa-
una capital imperial dotada de una universidad y de presti- 1, milia (en Milán los Visconti), a veces apoyada por caudillos
¡,
giosas galas monumentales (palacio y catedral de San Vito). ¡' guerreros, los condotieros, o más colegialmente por una oli-
I'
Con la Bula de Oro de 1356 reconoce de hecho la so~eranía garquía (en Venecia o en Florencia antes de que los,Médicis
de los príncipes electores, reducidos al número de siete: los
'I se adueñaran del poder). En el centro y el sur, el panorama
tres arzobispos de Colonia, Tréveris y Maguncia, así como es igualmente inseguro. El Papado, instalado en Aviñón du-
el rey de Bohemia, el conde palatino del Rin, el duque de Sa ~ rante todo el siglo XIV, no vuelve realmente a escena hasta el
jonia y el margrave (conde de la marca) de Brandeburgo. S1 final de ese período, durante el segundo tercio del xv, pasa-
se exceptúan algunos grandes conjuntos territoriales (Ba- dos los trastornos del Gran Cisma durante el cual, entre 1378
viera, Bohemia y las posesiones de la casa de Habsburgo, y 1417, la Iglesia estuvo dividida entre dos papas, uno con
Austria, el Tirol, Es tiria y Carintia), el espacio germánico se sede en Roma y el otro en Aviñón. En cuanto al reino de
!3RE''E líiSTORl \ DELOCCIL)E.;--H'E ivlEDibVAL !2. N.\CHH1El'rt O DE LOS t:ST.\UO~ ,\iOüER.Ntb
Nápoles, a pesar de los esfuerzos de los descendiemes de b_ileo, en 1300, 1350, 1400 y I 450. Pero el propio ?avado da
Carlos de Anjou, hermano de San Luis, por mantenerse en eJempl? a lo largo del perfo¿o de una ernpa de división (el
él, acaba por caer en 1442 bajo la férula del rey de Aragón, Gr~n C;sma, 1378-1417) y los occidentales son incapaces de
que se había apoderado de Sicilia en 1282 después de la ex- umrse rrente a la amenaza turca que crece en Orient~ J:!so ,
fi 1 d l . 1 . . .,_, S1,
pulsión de los franceses durante las Vísperas Sicilianas. Para a ~na es e s1? o XIV mtentaron reaccionar, cuando la con-
restaurar los derechos angevinos y los de la familia de Or- qmsta de ~erb1a y .Bulgaria condujo a los turcos alas puertas
leans a partir .del matrimonio de Luis de Orleans, hermano de H~ngna; pero_el ejército húngaro, reforzado con un débil
de Carlos VI, con Valentina Visconti, los reyes de Francia c~ntI~_gente de cruzados borgoñones, fue derrotado en Ni-
Carlos VII y Luis XII ceden a finales del xv al «espejismo ita- c?pohs en 1396. La_e~ansión 9torp~na prosiguió entonces
liano» y emprenden las célebres guerras de Italia: sus éxitos sm hallar_ una opos1C1on seria de loi occidentales y en 1453
fueron más brillantes en el terreno cultural que en el territo- C_onstan~mopla cayó en manos de los infieles casi entre la in-
rial... d1ferenc1a general...
Los reinos ibéricos, por el contrario, conocen una tenden-
cia a \a unificación, a la que escapan Navarra y Portugal, que
conservan su independencia, volviéndose este último re-
sueltamente entonces hacia el mar, escenario de su excepd.o-
nal expansión. En cambio los otros dos grandes reinos, Cas-
tilla y la Corona de Aragón, después de muchos conflictos
internos y de edificar una sólida armaz~n institucional, se
fusionan por el matrimonio de sus herederos, ~sabel de Cas-
tilla y Fernando de Aragón. Juntos, los Reyes Católicos pro-
siguen la empresa unitaria con la anexión en ·1492 de la últi-
1
ma posesión musulmana en tierras ibéricas, el reino de 1
sob;:e los prí.ncipes (teocracia pontificia), no pudo impedir cc:.-te pontifici8.. La Lhi:osncria vela por 1a ca¡'"idad, rnie1~ttas
la humillación de aquél en el momento del atentado de que la Casa del Papa, en la que el ser~icio de la Capilla ocupa
Anagni (1303). Este tumultuoso encuentro, durante el cual un lugar aparte, ordena la vida doméstica del pontífice y un
el representante del rey de Francia, Guillermo de Nogaret, studium mantiene a su lado una actividad teológica. No es
acusó de herejía al soberano pontífice y lo maltrató, no es absurdo, pues, hablar de un verdadero gobierno de la Igle-
sino un episodio espectacular de la larga rivalidad entre dos sia, a imagen de aquellos con los que se dotan por entonces
potencias, cada una de las.cuales pretende estar colocada ei;i. los Estados, e incluso la calidad de sus engranajes pudo ha-
la cima del podery, de esta suerte, controlar la vida religiosa berles servido de modelo ...
y el clero, el uno en su reino, el otro en toda la cristiandad. El mantenimiento de tal maquinar•;, administrativa re-
Felipe el Hermoso hizo lo que nadie había osado antes que quiere unos ingresos congruentes. Por ;so la expansión del
él; ya no corren, pues, los tiempos en que el Papado podía gobierno pontificio va a la par con la de una fiscalidad que
aspirar a regir la cristiandad ... descansa esencialmente sobre los beneficios eclesiásticos.
SimÜltáneamente, la Iglesia se dota de un gobierno a la El papa se apropia en primer lugar de las rentas de los bene-
medida de su irradiación por todo Occidente; los diferentes ficios vacantes de nombramiento directo; además, cuando
papas siguen pensando que éste es el mejor baluarte de su se cubren, el nuevo titular paga unos derechos de cancille-
independencia y el único instrumento posible de una refor- ría, así como diversas tasas con motivo de la visita hecha en
ma de cierta amplitud. La estancia que el Papado hizo en esta ocasión a la Santa Sede (visita ad limina); por último, a
Aviñón, ciudad vecina del condado de Venaissin (territorios la muerte del titular, el papa se atribuye sus bienes en nom-
cedidos al Papado a partir de 1229 por el conde de Toulouse bre del derecho «de expolio». A estas entradas, que alimen-
Raimundo VII), desde 1316 a 1377, para escapar de los peli- tan cerca de la mitad del presupuesto pontificio, se agregan
gros que representaba para él la inestabilidad política de las contribuciones excepcionales, con frecuencia llamadas
Roma y de los Estados Pontificios, marca una etapa decisiva diezmos, porque el pago asciende entonces·a una décima
en la construcción de sus órganos centrales. En efecto, la parte de las rentas de cada beneficio. La instalación del Pa-
cancillería, cuyo papel había sido preponderante a lo largo ' pado en Aviñón, acompañada por la preparación militar
del XIII, ya no podía asumir por sí sola el conjunto creciente del regreso a Roma así como por una política de prestigio
de tareas. Se crearon entonces servicios especializados. La -construcción de un espléndido palacio y abundantes li-
Cámara Apostólica, de una eficacia raramente igualada, di- mosnas- incrementó considerablemente esas necesidades.
rige los asuntqs financieros; pero sus competencias se ex- La oposici_ón de los monarcas a la Santa Sede no dejaba de
tienden asimismo muy por encima de eso: la calidad de sus tener un eco entre los clérigos de sus reinos ...
miembros la convierte en el eje del gobierno de la Iglesia. La La eficacia de semejante régimen fiscal se basa en el desa-
Penitenciaría se ocupa de todos los casos en los que debe rrollo del control que el Papado ejercía sobre los beneficios
producirse una intervención pontificia en materia de abso- en el conjunto de la cristiandad. A partir de 1265 se inicia
lución de culpas. El Tribunal de la Rota (del latín rota, 'rue- una política centralizadora a través de la cual el papa se re-
da', a causa de la forma redonda del banco donde se sientan serva la libre disposición de todos los cargos eclesiásticos.
los jueces) dirime todos los litigios que son llevados ante la Esto tropezó con una resistencia real de las Iglesias naciona-
!.'. L\ ICLE;I.\ EN V!SPE~,\S DE LA t<EFORMA 199
BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTE MEDIEVAL
198
repercusiones
• hasta las ...'-'_
J'glesi,:,s
......... "'loe"
- lo~• r" ,.l_, uno ú,.:¡e JI.OS
....L;.~v,....,<.;.~~ ¡ ,.:¡
uOS
les, pero en más de un caso sirvió de contrapeso a las redes papas estima?ª• en_ ~Íecto, que podía con pleno derecho
locales, antes de que se tejieran otras alrededor de cada ~ombrar a qmen qms1era para los beneficios de toda la cris-
miembro de la curia, sin pasar por las cuales resultaba deli- t1an~ad, según la costumbre que se había adoptado desde
cado acceder a un cargo cualquiera. Esta modalidad de med_iados del XIII. La solución no pudo lleoar ni por la fuer-
nombramiento mantuvo cierta movilidad entre el personal za m ~?r la di..~i~ión de los dos papas enf:entados; corres-
eclesiástico y pudo facilitar también la carrera de los sacer- pond~~ _al conc1ho. Tras un infortunado.intento en Pisa, el
dotes de origen modesto. -Con~~º de Constanza restableció la unidad en 1417 con la
• La instalación del Papado en Aviñón tuvo como resulta- elecc10n de Martín V. La asamblea,est::l,a totalmente decidi-
do ponerlo a merced de su poderoso vecino el rey de Fran- d_a a explotar su reciente influencia para lograr que evolu-
cia; más aún, todos los papas aviñonenses fueron franceses. c10nara en su favor el gobierno de la Iglesia. Pero, enredada
Recordemos no obstante que la ciudad, situada en tierras en de?~tes_menores, permitió que el papa reconquistara su
del Imperio -pertenece a comienzos del XIV al conde de prest1g10,
b" 1 ilustrado
, . por el nuevo esplendor de Rorna. Eº n
Provenza- , sólo fue adquirida por los papas en 1348. Se al-· cam 10 os prmc_1pes se mostraron más hábiles. Utilizando
zaron voces (Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Sie- la amenaza conciliar, consiguieron negociar concordatos o
na) para denunciar la situación y reclamar que cesara el acue:~os con la sede apostólica (en Francia, la Pragmática
«cautiverio de Babilonia» del que era víctima la cabeza de la Sanc1on de Bourges, 1438), que les permitieron vigilar más
Iglesia. Pero el regreso del Papado a Roma, al final del pon- estrechamente a l_a Iglesia. La identidad nacional salega-
tificado de Gregorio IX, provocó un problema mucho más nando sobre la umdad de la cristiandad.
grave. En efecto, a la muerte del pontífice, en 1378, la elec-
ción del italiano Urbano VI suscitó controversias, a causa
de su carácter receloso. Los cardenáles franceses, cuyo nú- Los frutos del impulso pastoral
mero había crecido en el seno del Sacro Colegio, tomaron la
iniciativa de elegir otro papa, Clemente VII, que, en la im- ' ~La~ vic_i~itudes -~el tapado sembraron el descrédito de la
posibilidad de controlar Roma, se instaló en Aviñón. La mstltuc10n
. d ecles1ast1ca en el ánimo de los fieles?. N o son aJe-
.
unidad de la Iglesia se vio entonces seriamente comprome- nas, sm uda, a las formas de repliegue hacia modos priva-
tida, porque además la guerra francoinglesa favorecía la dos de expresi~n que conoce entonces la vida religiosa. No
constitución de dos campos con fuerzas equilibradas: el del obstante, conviene relacionarlos con movimientos igual-
-papa aviñonense en torno a los franceses, y el de Roma en mente profundos, como lo es la impresión general de vitali-
torno a los ingleses. El «Gran Cisma» (1378-1417) pudo de 1 dad que prevalece: esas corrientes se enraízan en el impulso
esta suerte perdurar bajo varios pontificados, a la inversa de [! P~_stor~ desplegado por el clero con los laicos y en la aspira-
otras crisis internas con que se había enfrentado la Iglesia I
'.,!.___
~10n, siempre creciente entre estos últimos, a una fe más
medieval occidental con motivo de la elección de «antipa- ilustrada por la familiaridad con los textos
pas», crisis que en conjunto se resolvieron con mayor rapi- ~ igual que 0 t:os mie~bros de la soci~dad, los clérigos
dez. Las instituciones centralizadas en las que se basaba en- tuvieron que sufrir las «cnsis» de los dos últimos siglos de la
tonces la administración eclesiástica transmitieron las
./ _,) _./ J
Edad Media. Pero al cliadro desolador que antaño placía tra- ?·1!:iL101:io mn12u:i1:ental re1igiosv, .después éc la guc.r le <le:
zar de los centros eclesiásticos en el momento de la guerra de los Cien Años, atestigua bri11antemente su eficacia y, más
los Cien Años, si hacemos caso del título evocador de la o~ra aún, el cariño de los fieles a sus parroquias, sin el cual no
del padre Denifle, La desolación de las iglesias, m?nas~:rzos hubiera podido llevarse a cabo una operación de esta en-
y hospitales en Francia durante la guerra de los Cien Anos ... vergadura.
aparecida en 1897-1899, su~ede ~~y una_~~gen n:enos Pero la acción pastoral de los siglos xm -xv no se debe
sombría. Es cierto que el patnmomo mmobihano se v~o du- sólo al clero secular. A su lado, las órdenes religiosas desplie-
ramente afeétado; pero, reconstruido con paciencia, pronto gan un _celo que a veces despierta la hostilidad del primero,
lo sostuvieron otras fuentes de ingresos: rentas, legados de que se siente desposeído. Las iniciativr:,, no parten de las ór-
los fieles y, en el caso de las parroquias, frutos_de~ pie de al- denes monásticas tradicionales; más en'. declive, éstas se ha-
tar, esos emolumentos que acompañan a los pnnc1pales ges- llan sin embargo lejos de la decadencia y conocen creaciones
nuevas (los celestinos a finales del siglo xrn), reformas e in-
tos de la vida religiosa. .,
·Al contrario de lo que afirma una tenaz leyenda, tamb1e? . el uso, para los cartujos, una auténtica irradiación espiritual.
en este caso la institución parroquial conoció, en los últi- La contribución principal proviene de las órdenes mendi-
mos siglos del Medievo, horas_ gloriosas. Lo_s estudi~s que cantes. Directamente ligadas al Papado, según el principio
se han realizado a partir de los mformes escntos por ~~ert~s de centralización anteriormente recordado, reciben nume-
obispos con motivo de sus visitas pastorale~ a 1~ ~10ces1s rosos privilegios que les permiten desplegarse al margen de
-no todos los prelados fueron mundanos m arnb1stas._..- ]as estructuras parroquiales. Hacen de la predicación su
atestiguan la presencia de un clero más numeroso Y meJor campo preferido, con palabras que, si han sido convincen-
formado que en siglos anteriores. Cierto que en sus filas fi- tes, deben inducir a confesarse al oyerite arrepentido. Domi-
guran muchos pobres curas en bu~ca de un beneficio o de nicos, franciscanos y en menor medida agustinos y carmeli-
celebrar misas a cambio de unos dmeros, para proveer a su tas responden con ello a las expectativas de los fieles, que se
sustento. Cómo extrañarse, entonces, de que lleguen~ ac_u- agolpan en gran número en los largos sermones pronuncia-
mular funciones, suponiendo que eso ocurra mayontana- ' dos durante el Adviento, aunque más aún en la Cuaresma,
mente con los más humildes, lo cual no es nada seguro. Sea por los frailes, que para la circunstancia han abandonado los
como sea, esta costumbre, tan denunciada como un? d~ l?s conventos donde se forman en las técnicas del arte oratorio.
grandes males del período, no fue sin duda tan perJudic1al Lo necesitan, porque esas enseñanzas, distintas de la prédica
para el abandono parroquial como se ha creído. En efecto, de la misa dominical, pueden durar horas, en las cuales es
para paliar su ausencia, el cura titular remunera _frecuente- forzoso.recurrir alas anécdotas para tener despierto al audi-
mente -¡con la congrua!- a un vicario cuyos méntos no son torio. Su éxito entre la muchedumbre es tal que los poderes
forzosamente menores. En lo que a la vida material de la urbanos acaban por incluir en sus presupuestos anuales la
parroquia atañe, éste es secun_da~o además por la ju;°ta de remuneración del «predicador» oficialmente invitado por la
la fábrica. Este órgano, que se mstltuye entonces, ~sta com- ciudad.
puesto por laicos y vela por la gestión de los b1en_e,s y el Aparte las predicaciones, el año litúrgico está marcado
mantenimiento de los edificios. La vigorosa renovac1on del por otras manifestaciones colectivas. El teatro sale del inte-
L.•, t ,\ H:u:s1A EN VISPElL-\!:i 01:,L,\ Rl:.FORM~ 203
13REVE tilSTOR[ü DEL OCCIDENTE i\iED[m~\L
202
las cel_e_braci~nes parroquiales, cuyas realidad y regularidad
rior de las iglesias para dar nacimiento a grandes espec- es casi 1mpos1ble estimar, conviene ver su memoria recorda-
táculos donde se representa la vida de Cristo, la de la Virgen da en los servicios a los que atiende todo un montón de ca-
o las de los santos (Misterios y Milagros). Desplegadas a ve- pellanes. Para hacerlo, los más acomodados mantienen fu _
ces a lo largo de varios días, estas «representaciones» están <ladones privadas creadas para su familia; los más modest:s
concebidas como auténticas celebraciones litúrgicas, pre- se agrupan en el marco de cofradías colocadas bajo la guar-
cedidas y seguidas por preces, y hasta interpretadas en pre- ~a tute~ar de uno ?varios santos patron~s. Y aunque es me-
sencia de reliquias. Las autoridades urbanas no dudan en . 3or.que
d" estas orac10nes
b comiencen cuanao aún se est,a vivo,
·
subvencionarlas, ante su popularidad y el tropel de clientes es m ispensa le. beneficiarse de ,ellas• en el momento d e 1a
potenciales que arrastran a las ciudades donde tienen lugar. muerte y postenormente, cuando está en juego el destino
Se trata de grandes concentraciones, lo mismo que las pro- eterno. Por testamento u otra donación, cada cual vela en-
cesiones, entonces en constante multiplicación; cualquier tonces por regular el desarrollo de su ceremonia fúnebre a
motivo es bueno para salir en procesión: las principales fi~ d~ no morir solo y abandonado: los grandes, reyes' 0
fiestas religiosas, en especial la del Santísimo Sacramento o · pnnc~pes, hace~. que sus despojos vayan seguidos por largos
Corpus, otras de carácter más cívico, como la celebración co:teJOS de planideras. Pero las últimas voluntades no se li-
del santo patrono de la ciudad o del pueblo y, por último, la mitan a eso y tratan igualmente de los socorros que hay qu~
imploración del auxilio celestial frente a los peligros, que ~portar al_ ~lma, una vez separada del cuerpo. En efecto, la
como hemos visto no faltaban ... Cada cuerpo constituido, mtr~ducc~on en la geografía del más allá, por iniciativa de
parroquias, comunidades profesionales o instituciones ur- los cistercienses, a los que siguen las órdenes mendicantes
banas, se empeña entonces en mostrar su mejor cara, mien- d~ un te:cer luga~, el purgatorio, donde las almas que no es~
tras que los usos de la prelacion establecen entre ellos una t~n destmadas drrectamente al infierno purgan la pena de-
rigurosa jerarquía. Estas diferentes manifestaciones, en las bida a sus fa._l~as mientras esperan el acceso al paraíso, favo-
que despunta ante todo el mundó urbano, contribuyen a rece la creac1on de redes solidarias de oraciones entre vivos y
elaborar una cultura común en la que se mezclan elementos , ~uertos. Se basan en la puesta en práctica del dogma cris-
religiosos e identidad cívica, no exenta ésta de cierto espí- tiano de la Comunión de los Santos, según el cual los méri-
ritu localista, con la bendición, ¡esperada!, del santo patro- t?s de unos repercuten en los otros, y permiten limitar el
no local. tiempo de sufrimientos en el purgatorio. La intercesión de
El dinamismo incontestable de la vida religiosa en los úl- los santos se :evel~ ~articularmente propicia a este respecto,
.timos siglos de la Edad Media traduce una insaciable bús- sobre tod~, s1 la ~lSlta a sus santuarios va acompañada por
queda de salvación por parte de los fieles, que se manifiesta la obtenc10n de mdulgencias, esos «perdones» capaces de
en una acumulación de buenas obras, más pronunciada sin a~ortar la d~ación de las penas soportadas. Por ello su culto
duda en las regiones meridionales que en el norte. Pero, a di- sigue floreciendo, aunque por detrás del de Cristo y la Vir-
ferencia de los siglos anteriores, los gestos de la caridad pier- ge?, madre protectora que ampara al pueblo de sus fieles
den terreno en beneficio de los de la liturgia. En efecto, el sa- baJo su gran manto, según la imagen entonces corriente lla-
crificio eucarístico se consolida, desde el siglo xm, como la mada Virgen de la Misericordia.
oración por excelencia. Además de su presencia regular en
j _ _) j _j
Los thersos Cílminos de las almas más exigentes :2:igenes devotas come::1tadas Da ::>iadosos ooúse2fos debi-
dos a la pluma de un religioso. L~s inicios de la imprenta
Sin embargo, por rica que sea la panoplia de los gestos habi- a1c.,plificarán considerablemente la difusión de toca esta li-
tuales de devoción, no satisface por entero a ciertas concien- teratura.
cias que buscan una vida espiritual más intensa. Los testi- Ciertas almas privilegiadas se vieron gratificadas, en su
moni~s que nos han entregado, más abundantes que en búsqueda de lo divino, con experiencias místicas. El fenó-
épocas anteriores, permiten comprender mejor sus exigen- meno no es exclusivo de la épooa, pero conoció una flora-
. l
cias. ción excepcional en el mundo renano, en el seno de los ¿on-
Se dibuja un primer conjunto de fieles, sin duda el más ventos dominicos, como ilustran los grandes nombres del
numeroso, que cultiva en la intimidad de su hogar una vida maestro Eckhart (t 1327), Suso (t 1366) yTauler (t 1361).
de devoción más rica que la que el magisterio requiere del Los tres intentaron, en sus escritos, comunicar esas expe-
común de los laicos. Pueden unirse a la oración cotidiana re- riencias al borde de lo inefable, contril:myendo así a enrique-
gular de la·Iglesia, celebrada en todas las comunidades reli- cer e! vocabulario del discurso místico. En cambio la época
giosas, gracias a esos libros de horas que les proponen en marca una etapa decisiva en la difusión de estos estados fue-
lengua verná,cula los oficios de las grandes fiestas de Cristo ra de l<?s ambientes monásticos y religiosos: algunos laicos,
y la Virgen, de los santos o de los difuntos. La decoración de sobre todo mujeres (Santa Brígida de Suecia o Santa Catali-
los más esmerados invita asimismo a la meditación, con la na de Siena, así como terciarias franciscanas o dominicas)
presencia de pequeñas escenas historiadas al lado de unos pasaron por experiencias comparables, que sus directores
textos cuyo sentido enriquecen así, con un sutil diálogo. La de conciencia les invitaron a consignar por escrito, cuando
floración simultánea de objetos de devoción, estatuillas, pe- no lo hicieron ellos mismos. Ahora bien; a menudo estas
queños retablos pintados y tallados, o relicarios portátiles, mujeres inspiradas dan muestras igualmente de dotes visio-
permite adivinar lo que debía ser la decoración de esos ora- narias que, cuando se tiñen de connotaciones políticas de-
torios domésticos. Pero sería erróneo imaginar que esa vida masiado concretas, acaban por sembrar el descrédito en tor-
devota se desarrollaba en soledad; al parecer complementa- ' no a ellas. Juana de Arco no es la única en haberse sentido
ba la vida parroquial y recibía el sostén de estructuras aso- «elegida por el Cielo» para una misión profética.
ciativas como la orden tercera, una orden fundada para los Las cimas de la vida mística en las que el alma desarrolla
laicos, al lado de las otras de hombres y mujeres, por las ór- una relación personal tan estrecha con lo divino que pres-
denes mendicantes y particularmente floreciente en Italia. cinde de cualquier otra mediación, no recibieron sistemáti-
En las regiones renana y flamenca da lugar a la constitución camente el aval del magisterio eclesiástico. Las obras de cier-
de redes piadosas (los Amigos de Dios, por ejemplo) con- tos autores fueron condenadas, como las de Eckhart; como
gregadas alrededor de un maestro espiritual que las dirige. poco, éstas parecieron difícilmente compatibles con la ac-
Estos círculos, formados a menudo en el interior de una ciu- ción pastoral destinada a la mayoría de la gente, a causa de
dad, en torno a conventos mendicantes o cartujas, se am- los desbordamientos afectivos y críticos a los que podían
plían a veces a horizontes más dilatados. Sus miembros conducir. Como reacción a esta corriente, la escuela flamen-
mantienen la comunión de ideas gracias a la circulación de ca de la Devotio moderna, que debe mucho a la acción de Ge-
206 BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTE MEDIEVAL
15. LA lGLESI.\ 2N VISPER.\S DEL\ tU:FORt\.L\
207
rardo Grooté ( 1340-1394) y a la influencia de su maestro es-
piritual, Ruysbroeck (1293-1381), colqcó deliberadamente cendida predicación del universirnrio praguense, condenado
su enseñanza en el terreno moral, invitando a practicar la a la hoguera por el Concilio de Constanza, halló un terreno
humildad y la renuncia siguiendo el modelo de la vida de abonado en el desarrollo del nacionalismo checo. Desoués
Cristo. No deja de tener su importancia que el principal ma- de su muerte: sus partidarios guiaron las «guerras husitas»
nual de devoción que salió de ella, debido al canónigo regu- . salieron victoriosos·' el Papado hubo d e 1nc
de las que . 1·1narse,
lar Tomás de Kempis ( t 1471), y cuya influencia se dejó sen- por pnmera vez.
tir mucho- más allá de la Edad Media, a lo largo' de los . Sin caer en tales excesos, m~chas personas bien intencio-
tiempos ·modernos, lleve por título la Imitación de Cristo. _nadas concuerdan, a finales del siglo xv, en todo Occidente,
Este estado de ánimo marca la fundación del grupo de los e~,hac_er votos por una nueva reforma de la Iglesia. En las
Hermanos de la Vida Común, en el que clérigos y laicos rea - dioces1s de Rodez, de Senlis o de Meaux, algunos prelados se
!izaron juntos un amplio trabajo pedagógico: Erasmo fue esJ'.uer:an ya por _sentar sus premisas: recorren sus parro-
úno de sus discípulos ... qmas sm tregua e mstruyen al clero: y así, desde los fieles de-
En su búsqueda de salvación, por último, algunos clérigos seosos de confiarse a una institución que les garantice real-·
toman otros caminos y prosiguen la tradición de los movi- _mente la ~~lvación, hasta sus pastores conscientes de su
mientos anticlericales y heréticos que ya han aparecido en responsabilidad, hay grandes expectativas de que se renue-
época medieval. Pero su discurso crítico afecta entonces a la v~ el marco religioso. Las reformas protestante y católica es-
concepción misma de la Iglesia, cuya realidad terrenal juz- tan ya madurando...
gan pervertida e indigna de su tarea, y que tienen buen cui-
dado de distinguir de la Iglesia invisible de los elegidos. Se
dejan oír voces en este sentido entre la corriente contestata-
ria de los franciscanos bautizados como Espirituales, que
acusan a la orden, sostenida por el Papado, de haber traicio-
nado el espíritu de su padre fundador. Y aún más radical re-
sulta la del inglés Juan de Wiclef (t 1384) que a la Iglesia de su
tiempo, corrompida, opone el grupo de quienes, únicos co-
nocidos por Dios, se salvan, y únicos a quienes aprovechan
los sacramentos. En consecuencia, para permitir a quienes lo
deseen tener acceso a éstos, pretende llevar la Biblia al cono-
cimiento de todos. Estas ideas le granjearon la reprobación
de los poderes religiosos y civiles, tanto más cuanto que sus
partidarios, con el nombre de «pobres sacerdotes» o lolar-
dos, fueron asimilados a los rebeldes de 1381. Pero resurgie-
ron muy lejos de su isla, en el corazón de la Europa central, en
Bohemia, enel pensamiento de JuanHus (1369-1415). Laen-
csr:ociII!iento. ~ste ·e::f!'enta 3 los :nG.zst:8s infiuiC.o3 "Ver el
?ensamiento platónico, para el cual la sombra de las'ideas
divinas llega hasta el hombre a condición de que éste haoa el
esfuerzo necesario para percibirla, con los partidario; del
nominalismo, que niegan toda realidad a esa; mismas ideas,
salvo la lin.güística, la de puros nombres. El mejor intérprete
de esta tendencia fue el fi:anciscano inglés Guillermo de.
Ockham ( t 1348_). Tal interrogación sobre el acceso al saber
abre el camino a un nuevo interés por el método experimen-
tal y por disciplinas hasta entonces poco practicadas, como
las matemáticas o la física. La teología ya no reina, pues, so-
berana en el mundo de las escuelas, y además el método es-
colástico; que había resultado tan fructífero en su momento,
termina por reducirse, a finales del xv, a un juego estéril. Se
El milenio medieval, cuya impronta es tan profunda en la désarrolla entonces una corriente de ideas hostil a tales es-
cultura de Occidente, termina con la apertura de Europa a peculaciones, consideradas inútiles, que se orienta hacia los
nuevos horizontes, que atañen tanto a realidades puramente arrebatos_ de la mística, como hemos visto, y a la teología
geográficas, el descubrimiento de tierras hasta entonces des- pastoral, ilustrada en París por los miembros del colegio de
conocidas, como a zonas aún inexploradas de la actividad del Navarra, entre ellos el canciller de la universidad Juan Ger-
espíritu y de la creatividad humana. El fenómeno, que·ilustra son (tl429).
de nuevo la singularidad de los últimos siglos de la Edad Me~ Pero la vida cultural no se limita ya a sus campos de acción
dia, afecta en diferentes grados a las distintas regiones de ia tradicionales: en lo sucesivo debe responder a pregurttas has-
cristiandad. Mientras que las penínsulas Italiana e Ibérica, ta entonces desconocidas. Éstas provienen de grupos socia-
cada una en su terreno, se ponen a su cabeza con vigor, los les recién ascendidos a funciones que requieren dominar
mundos septentrionales se dejan ganar más lentamente, no cierto saber: médicos, hombres de leyes y servidores de sobe-
sin desarrollar en su seno modos de expresión originale~ ranos y príncipes. Muchos de ellos se forman en las faculta-
aunque más en continuidad con los tiempos anteriores. .· des de derecho, entonces florecientes. Además, su curiosidad
/ supera las discipl_inas puramente técnicas de las «dos leyes»,
el derecho canónico y el derecho civil, para extenderse a la
geografía, la historia e incluso a la literatura. Para satisfacer a
Los últimos destellos de la cultura medieval
este nuevo público los hombres de letras, como harán, según
Tras la elaboración de las grandes síntesis teológicas y enci- veremos, los primeros humanistas, traducen las obras de los
clopédicas del siglo xm, la vida intelectual del período si- autores de la Antigüedad así como las de sus predecesores di-
guiente parece más opaca. El siglo XIV estuvo animado, em- rectos; adaptan asimismo la literatura caballeresca o, por ha -
pero, por un animado debate en torno al problema del cer obras originales, cultivan la poesía y enlazan con los gé-
208
t t -\ .\?ERTUR.\DENUEVOS HORIZONTE$
BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTE MEDIEUL
210
?:1':tiendo
. del canon
• común
. de un arte
• b +ico
oo' ·- 11amadOlil-
.
neros abandonados del teatro y la novela satírica, o del cuen- ternaoonal, ~uyo prmc:pal foco de irradiación sigue siendo
to. Y así los siglos XIV y xv asisten a la individualización de a lo largo
· defi Lodo el .penodo la corte de Franci·a
- · , los d·c
11eren-
las literaturas nacionales, que se ilustran con prestigiosos re- tes remos
• a • irman sin embaro-oi, , y cada vez ma's el aramen t e,
presentantes: Petrarca, Boccaccio y Dante en Italia, Chaucer su s~~gul~n~ad. ~a arquitectura nos proporciona una ilus-
en Inglaterra, Carlos de Orleans o Frarn;:ois Villon en Fran- trac10n
, · fl s1gmficatlva.
, . En el reino de Francia prºdom· '- 1na e1
cia, por citar sólo unos cuantos nombres. Se multiplican las got1co am1gero, mientras que en el de Inglaterra nace el aó-
bibliotecas particulares entre los miembros de la aristocr,acia ti~o llama,do perpendicular, a causa del ángulo que Iorm~ la
y hasta en los medios acomodados de la burguesía: el acceso boveda·con
·d· los muros laterales del edificio , y las reg10nes ·
a los textos no se produce únicamente a través de reuniones men wnales prefieren las estructuras más sobrias de 1
colectivas, fiestas o sermones, sino igualmente en la intimi- i~lesias de planta de salón (Hallenkirche), particularmen~;
dad de un gabinete de lectura. bien ~daptada~ a la predicación de las órdenes mendicantes
El mundo de la producción artística conoce los mismos -(basílica ~e As1s). Los encargos ya no provienen en exclusiva
estímulos. El cuidado que rodea el espacio doméstico, la de la I~les~a: florece una arquitectura civil que concibe casti-
preocupación por la memoria personal y las aspiraciones de ll~s prmc1pe~cos, palacios municipales o mansiones priva-
la devoción individual, que desde las esferas de la aristocra- das para los cmdadanos más ricos.
cia llegan a las capas superiores de la población urbana, Sin e1?;bargo, el _art~ de :dificar no es ya el primer motor de
abren la vía a la creación de numerosos objetos preciosos. la creac1~n. ;~ prmc1pal mnovación proviene entonces del
Los tallistas en marfil esculpen multitud de estatuillas y alta- mundo p1ctonco, con el desarrollo de la pintura de caballete
res portátiles, cuando no decoran objetos de tocador, cofre- al lado ~e la producción de grandes ciclos murales en iglesia;
cillos, espejos, peines o alfileres. Los iluminadores engala- o pala~10s, como el palacio de los papas en Aviñón. En esta
nan con motivos vegetales y pequeñas escenas religiosas o matena ,el «arte nuevo» nacido en el siglo xv en Italia y recor-
profanas los libros de horas y otros manuscritos, confeccio- dado mas adelante no debe hacer olvidar la fecundidad de los
nados en número creciente; los más suntuosos de ellos, Las focos ~~encos o danubianos, como testimonian algunos de
Muy Ricas Horas del duque de Berry o Las Horas de Étienne ' ' sus ma~ ilus_tres representantes, la dinastía de los Parler en
Chevalier recurren a los mayores artistas de la época, como Bohemia (siglo xv), Van der Weyden (t 1464) y Van der
los hermanos Limbourg, Jean Colombe o Jean Fouquet. Pie- Goes_(t 1482) en Flandes, o Schongauer (t 1491) en el valle
zas únicas, verdaderos objetos de colección, para los prínci- del Rm. Todos ellos gozaron de un prestigio indiscutible in
pes son asimismo, más prosaicamente, una buena inversión. cl~so al sur de los Alpes. En ciertos aspectos, sus obras e~t~
Los pintores inmortalizan a tal rico burgués o tal señor en a~n muy cercanas al gótico, pero el gusto por el detalle y la
unas obras que marcan los inicios, en Occidente, del arte del busqueda del volt.1~en al pintar objetos, paisajes o telas tra-
retrato. En efecto, del siglo XIV provienen sobre todo las pri- duce ya pr~o~upac~on:s tradicionalmente atribuidas al arte
meras representaciones realistas de soberanos, en Francia del Renac1m1ento italiano, como ilustra una de las obras
las de Juan II el Bueno o de Carlos V, en las que el artista no n_iaestras de las escuelas del norte, el retablo del Cordero Mís-
vacila en reproducir con realismo el rostro del príncipe, sin tico de los hermanos Van Eyck. la escultura, impulsada por
concesiones a su posible fealdad.
ílREV E HISTORIA D.t!LüCCIDENTEMEDIE\i.\!.
212
hombres llegados de esas mismas regiones, como Claus Slu- buyó igualmente a reno1.ra.r e! estudie ¿e~& ieng::a y la cu.l¡u-
ter (t 1406), conoce asimismo una renovación, co1:10 atesti- ra griegas. Lo que distingue a los humanistas de las genera-
auan el arte sepulcral (tumbas de los duques de Borgoña, en ciones anteriores atañe más bien a su método de acceso al
~special) o las múltiples estatuas patéticas de Cristo en la saber y a sus centros de interés. Ante todo conocimiento
cruz, coronado de espinas o muerto en brazos de su madre, ejercen un riguroso espíritu de examen para juzgar mejor su
la Piedad, una creación iconográfica de la época. validez. Y así, cuando trabajan con textos que gozan de au-
La atención prestada a las cosas de este mundo, incluso en toridad, aunque sean los qe las Escrituras cristianas, se
ef arte de la Iglesia, ¿no enlaza ya, bájo formas diferentes, con . esfuerzan por encontrar la versión más segura, en su, pureza
la intuición principal de las corrientes humanistas que irra- filológica, despojada de los comentarios acumulados por si-
dian desde la península Italiana? glos de glosas. Sus investigaciones los arrastran, entre otras
cosas, a sacar a la luz las «falsificaciones» que se han forjado
-¡por una buena causa!- en las cancillerías medievales a fin
Las primeras generaciones del humanismo de legitimar posesiones, como, en la época carolingia, lacé-
lebre «donación de Constantino» que atribuye al primer
Las grandes familias que gobiernan las ciudades itali~as, en · emperador cristiano la concesión al obispo de,Roma de los
Milán, Mantua, Ferrara, Urbino o, la más reputada de todas, Estados Pontificios. La labor de los humanistas se basa,
Florencia, rivalizan por mantener en sus cortes a hombres pues, en el dominio de las lenguas antiguas, el latín, por su-
de letras y artistas de renombre. Dan así nacimiento a un puesto, pero también el griego y el hebreo. Su enfoque críti-
ambiente fecundo donde se elabora una forma de pensar co alimenta igualmente un vivo interés por todas las ciencias
muy ajena a la de siglos anteriores, el humanismo. El térmi- de la naturaleza. Por último, deseosos de comprender al in-
no proviene del italiano umanista, 'profesor de retórica', o dividuo en su búsqueda de saber y de verdad, sólo o en so-
sea docente de Bellas Letras, pero su sentido pronto se am- ciedad, desarrollarán una reflexión moral y política que en
plió para designar, fueran «retóricos» o no, a todos los de- algunos se libera totalmente del dogma cristiano (Maquia-
fensores de las ideas nuevas. velo, t 15 27). Nada de lo que concierte a la aventura de la hu-
El «Renacimiento», que surge en Italia en el siglo xv, el manidad escapa a su sed de comprender. Sin romper abier-
Quattrocento, no podría reducirse a uno de esos «redescu- tamente con la doctrina de la Iglesia, el humanismo ya no le
brimientos» de la Antigüedad que aparecen de vez en cuan- concede el mismo puesto que los siglos anteriores y abre el
do en la historia cultural medieval. Desde la época carolin- camino al libre examen de los reformados, e incluso a una
gia, y más aún a partir del siglo xn, como hemos visto, el crítica todavía más radical, el ateísmo. ·
pensamiento medieval bebió ampliamente en la fuente de Fuera de Italia estas ideas llegan a algunos círculos de letra-
los autores clásicos griegos y romanos. Los contactos con el dos, en Francia, Inglaterra y el Imperio. Todos se apasionan
Oriente cristiano o musulmán no pararon de enriquecer por la transmisión del saber y por la renovación de los méto-
el corpus de las obras conocidas por los sabios occidentale~. dos pedagógicos. En regular contacto epistolar entre sí, hallan
Y la afluencia de letrados bizantinos, que escapaban a Italia un poderoso agente de difusión de sus ideales en la puesta a
del avance turco, a partir de la segunda mitad del xv, contri- punto de la técnica de la imprenta. Las maderas grabadas per-
214 BREVE t'ÍISTORI.\ DEL OCCIDENTE il.1GDlEVAL
L.\ APERTURA DE .~UEVOS rlORIZONTES
215
mitfan ya, desde el siglo XII, la multiplicación cómoda~~ iiuá-
o-enes
0
y de textos breves en hojas volanderas, muy utilizadas Ios flamencos, seguidos por orras escuelas, lo consiguieron.
por os ambi'entes devotos. Pero en Maguncia, entre
l d 1447
·, Por su parte, los pintores italianos se consagran a construir
y 1455, el orfebre Gutenberg elabora modos d: repro ucc10n sus obras conforme a una visión muy arquitectónica del es-
de muy otra envergadura gracias al ensamblaJe de ~aracteres pacio, marcada por sabias consideraciones matemáticas, in-
móviles y al uso de una prensa. E~ respuesta a las vivas ne~e- ~luso en la percepción y la difusión de la luz. Lo mismo ocu-
si'da d es de libros , la imprenta se difunde cual reguero deBpol-· · rre con los edificios, uno de cuyos primeros grandes logros
vora por todos los grandes centros urbanos e~ropeos: asi- es la catedral de FJorencia y su cúpula, en la que trabajó Bru-
lea, Amberes, París, Lyon y sobre todo Vene_cia, uno de sus nelleschi (t 1446). La concepción de estas'construcciones,
principales focos. Las primeras obras producidas (a todas l~s nutrida de filosofía, se funda en la voluntad de incorporar el
datan de antes de 1500 se las llama incunables, del latm edificio y sus ocupantes a una armonía cósmica, en función
que . , al d
.mcuna bulum, 'cuna) adoptan aún una presentac1on . · d c1 ca· a de correspondencias establecidas entre las proporciones de
de la de los manuscritos, antes de que la expenenc1a e os~- sus volúmenes y las del cuerpo humano con las leyes mate-
presores, aliada con la de los filólogos -que se co~o~e_n y esti- máticas que rigen la armonía del ~niverso.
man mutuamente- fijen unos códigos de tra1?,scnpc1on, pun- El arte del Renacimiento es fruto de un movimiento de
tuación y presentación todavía en vigor.. ideas profundamente impregnado de platonismo y de una vi-
Pero esta nueva corriente de pensamiento no es monopo- sión renovada del lugar del hombre en el mundo, un mundo
lio de los intelectuales. Su visión global d~l hombre en ~l cuya insospechada extensión se va descubriendo poco a poco.
mundo no podía dejar de influir e~ los artistas, tanto mas
cuanto que·todos trabajan en los mismos lugares. Las crea-
ciones salidas de estas esferas ya no pertenecen totalmente a El ensanchamiento del mundo
la Edad Media, aun cuando daten de los siglos XIV y xv. El
interés que los humanistas sienten por la p~rsona hum~a se Mientras que en la península Italiana ve la luz el humanis-
manifestó muy pronto en el terreno de la pmtura. A c?,m1en- mo, su vecina ibérica lanza ambiciosas expediciones por las
zos del siglo XIV, las obras de Giotto llaman la atenc1on por rutas marítimas. Los descubrimientos que de ellas resultan
su plasticidad y su deseo de individualizar a las figura~ ~e- están sustentados por el mismo espíritu de insaciable curio-
presentadas. Los pintores del xv, entre _ellos e_l tos~ano P~ero sidad, agudizado por los progresos de la reflexión científica
della Francesa (t 1492) prosiguen las mvestigac10nes g1ot- y geográfica sobre la configuración de la Tierra. Mas, para
tescas. Su reflexión se ha centrado en especial en la rep~ese~- pasar a la acción, había que aportar otros.argumentos, más
tación del espacio: así es cómo inventan la perspectiva h- capaces de movilizar los capitales indispensables para ar-
neal, dando muestras con ello de una técnica ~ás depura~a mar navíos y reclutar tripulaciones.
que la de sus predecesores medieval:~... En realidad, refleJ_ar Los beneficios más fructíferos del comercio internacional
la profundidad no era la preocupac10n fundamental de es- provienen entonces, no lo olvidemos, de los cargamentos de
tos hasta el momento en que, gracias a efectos de color (fon- especias. Ahora bien, los occidentales, para conseguirlas, han
do~ azulados) y a la reducción del tamaño de los elementos, de contar con intermediarios: los bizantinos, considerable-
mente debilitados después de la Cuarta Cruzada, desapare-
216
cer.. Ce ,e~cen·a 3. partir de l453; qued;.:.n., pues, pri~ci;,alEente ,:;2.rabelas. Por ello la navegación por ei. A[~ántico ya no res u 1_
los musulmanis, presentes tanto en el Magreb como en el :a tan temible; los barcos comerciales mediterráneos no d~-
Cercano Oriente. La perspectiva de llegar directamente a las dan en contornear la península Ibérica pa;:a ir directameme
fuentes de aorovisionamiento, tanto en la India como en a los puertos flamencos, como Brujas, evitando de esta suer-
África, indu~e a explorar nuevas vías de comunicación que te recurrir al transporte por tierra, largo y costoso.
también se espera que permitirán alcanzar mercados de . Tras una fase d~ iniciativas aisladas que conducen, por
mano de obra servi.l y minas de oro susceptibles de cqlmar la e3emplo, a.los mannos genoveses a Canarias ya en 1312, las
falta de este metal precioso que padecen los intercambios. La _em~resa~ de mayor aliento reciben el sostén del Estado, que
empresa.halla igualmente plena justificación en el tema de la les 1mpnme un impulso decisivo. Portugal abre el camino.
lucha contra el infiel, al cual el mundo ibérico, que se enfrenta Bloqueado por Castilla en su expansión hacia el este, se
hasta finales de la Edad Media, cuando acaba la Reconquista, vuelve resueltamente hacia el mar, gracias a los esfuerzos del
con la presencia directa del Islam en sus tierras, sigue siendo infante Enrique _e~ Navegante (t 1460) y del rey Juan II.
sin duda más sensible que cualquier otra región de Occiden- (t 1495). Al serv1c10 de sus ambiciones están muchos bue-
te. Los proyectos se apoyan por último en la esperanza, largo nos marinos locales así como emigrantes italianos a las cos-
tiempo acariciada, de tomar contacto, en los confines de tas ~ortuguesas, sobre todo genoveses expulsados del Medi-
Etiopía, con el mítico reino cristiano del Preste Juan, cuya te~raneo por sus_ c~mpetidores venecianos y florentinos. Las
alianza permitiría coger al enemigo en una tenaza. pnmeras expediciones ponen rumbo a las islas del Atlánti-
Los considerables progresos registrados en las técnicas de c~. A pesar de sus esfuerzos, las Canarias terminan por esca-
navegación desde el siglo xrn permitirán dar cuerpo a estas parse!~s a los p_ortugueses, p~es Castilla consigue que el
expediciones lejanas. En efecto, los mru-inos se sitúan y diri- Concibo de Basilea, en 1436, se las a~ribuya definitivamen-
gen mejor en el mar gracias a la brújula y al astrolabio (o «to- te; se toman el desquite instalándos~ en Madera en 1419 y en
mador de estrellas», instrumento que permite determinar la la~ A~ores en 1427: Pero su zona de exploración se sitúa
altura de los astros sobre el horizonte). Se benefician igual- prmc1palmente en Africa, donde desarrollan una verdadera
mente de cartas marítimas cada vez más numerosas y preci- Conquista -que sucede a la Reconquista- inaugurada en
sas, como, para el Mediterráneo, la carta pisana establecida a 1415 con la toma de Ceuta, seguida mucho más adelante en
finales del xm; paralelamente, éstas son objeto de comenta- 1471, por la de Tánger. El avance a lo largo de la costa o;ste
rios (distancia entre los puertos y condiciones de la navega- del co~t!ne~te pr?sigue con regularidad, jalonado por la
ción para llegar a ellos) en obras llamadas portulanos, que f1:1ndac10n simultanea de factorías; en 1434 doblan el cabo
pone en conocimiento de los navegantes el intermediario de Bojador, en 1444 el cabo Verde, poco después exploran la
los mercaderes presentes a bordo. El timón de codaste, co- desem~ocadura del Senegal, llegan al ecuador en 1471, y
nocido desde el siglo xm, se difunde en mayor medida, y despues, en 1488, Bartolomé Días alcanza el cabo de Buena
permite al navío mantener una ruta estable. Y, desde media- Esperanza; se abren entonces las puertas de la India, y Vasco
dos del siglo xv, los astilleros portugueses producen barcos de Gama llega a Calicut en 1498.
de gran tonelaje, con varios mástiles (tres o cuatro) y un ve- Salvo el episodio de las Canarias, la entrada en escena de
lamen importante que los hace fácilmente manejables, las España es más tardía. La apuesta de Cristóbal Colón, llegar
!18 BR.EVE ;;-usTOKIA DEtoccIDENTTIJ\LEDIEVAL
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cos, varios volúmenes temáticos y metodológicos, diversos
Véanse los volúmenes consagrados a la Edad Media en las siguien-
volúmenes por país. tes colecciones:
- La colección «Nouvelle Clio», PUF, cada uno de cuyos títulos
está organizado en tres rúbricas: bibliografía, estado de los co-
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222
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121 BREVE HI~TORI.\ DEL OCCIDENTE tV!EDIE\'.\L
- e
l'J
Hechos militares y políticos ~echos económicos y sociales Hechos religiosos y culturales t--,
°'
392 Prohibición de los cultos paga-
nos en el Imperio Romano.
395 Muerte de Teodosio; reparto del
Imperio Romano.
397 Muerte de San Martín.
Finales Se inicia la instalación de gru-
siglo1v pos bárbaros (régimen de la
hospitalidad).
"'~
406 Los germanos cruzan el Rin. <
"'::i:
407 Evacuación de Bretaña (la actual ~
o
Inglaterra) por los romanos. "'>tJ
410 Saqueo de Roma por Alarico. "'o,...
n
418-419 Visigodos en la Galia y en la pe- n
8
nínsula Ibérica. '"z
¡;j
429 Vándalos en África del norte. a:
t;}
"'
430 Muerte de San Agustín.
432 Evangelización de Irlanda por San
~
Pntdcio.
594
Muerte de Gregorio, obispo dte
Tours desde el 573.
596
Misión delfuturo San Agustín de '""
~-~i
Canterbury entre los anglos. f~
599-605 z
Peste en Occidente. n
~
604
Muerte de San Gregorio Magno. ~.
610
Mahoma inicia su predicación en ~
r.,
La Meca. ¡=;
622 ?;;
Hégira.
629-639 Dagoberto, único rey de los fran-
cos.
632
Muerte de Mahoma.
634 Los árabes conquistan Siria e
Irak.
h.634
Fundación de la feria del Lendit
en la abadía de Saint-Denis.
636
Muerte de Isidoro de Sevilla.
640 Muerte de Pipino I, mayordomo
de palacio.
642 Los árabes conquistan Egipto. k>
hJ
"'
Hechos militares y políticos Hechos económicos y sociales Hechos religiosos y culturales '"'e,,e:,
h.650 Los frisones inician la acuñación
de moneda con los sceattas.
652 Conversión de los lombardos al
cristianismo.
670-686 Raids árabes en el Magreb.
672 Primera consagración real, la del
rey visigodo Wamba.
680 Pipino 11, mayordomo de palacio.
"'
690 Evangelización de Frisia por San ""'"<
Willibrord, '"
::i:
726
.
Comienza la iconoc\astia en e\ lm-
perio Bizantino.
732 Carlos Marte! pone fin a una in- "'c.,..,~,
cursión árabe en la región de ~
,z
Poitiers. a
¡;;
n
735 Muerte de Beda el Venerable. o"'
z
739 Los árabes llegan a Samarcanda. oe-<
o
o
743 Última peste en Occidente hasta ñ
r;;
el siglo XIV.
h.750 Expansión del comercio frisón.
751 Los obispos francos consagran
como rey a Pipino 11, llamado el
Breve, en Soissons.
754 El papa consagra por segunda vez Muerte de San Bonifacio.
a Pipino, y a sus dos hijos, en
Saint-Denis.
756 Pipino el Breve contra los lom- Creación del Patrimonio de San
bardos. Pedro.
h.760 Obligación del diezmo.
766 Muerte de San Crodegango, obis-
podeMetz. "''
~
Hechos militares y políticos l'v
Hechos económicos y sociales Hechos religiosos y culturales
-""'"
771 Carlos, único rey de los francos.
772-780 Primeras expediciones a Sajonia.
774 Carlomagno, rey de los lombar-
778 dos.
Expedición a España: matanza de
la retaguardia carolingia en Ron-
h.781 cesvalles.·
Reforma monetaria.
782 Alcuino y Pablo el Diácono en la "'
corte de Carlomagno. "'"'<
::i:
'"
785
Levantamiento sajón.
~
794 Comienza la construcción del pa- "';;:
o
lacio de Aquisgrán. l.::
()
r,
795 n
i3
l'1
Incursiones vikingas en Inglaterra. z
;j
796 Carlomagno toma el Ring de los <"
lei
ávaros. o
~
;;;
800 Coronación imperial de Cario- t-
magno en Roma.
h.800
Construcción del oratorio de
Teodulfo en Gennigny-des-Prés.
814 Muerte de Carlomagno. Reinado
de Luis el Piadoso, único here- ,.,....~~,.
dero. z~
Q
816 i;;
(O
Concilio de Aquisgrán: reforrna o"'
de las comunidades religiosas. z
821 g
o
C)
Muerte de San Benito de Aniana y
ñ
de Teodulfo. ¡;,;
h.823
Planta del monasterio de Saint-
Gal!.
840 Muerte de Luis el Piadoso.
840-875 Incursiones vikingas a lo largo
de las costas occidentales de Eu-
ropa.
842
Juramentos de Estrasburgo.
843 Tratado de Verdún: reparto del
imperio de Carlomagno. Fin de la
iconoclastia en Bizancio.
845 Comienzo del Danegeld.
845-882 hJ
\,;
Hincmar, arzobispo de Reims. \,;
l'-'
Hechos militares y políticos Hechos económicos y sociales Hechos religiosos y culturales e,,,·
'"'
864 Comienza la misión de Cirilo y
Metodio entre los eslavos.
877 Capitular de Quierzy-sur-Oise:
comienzan a formarse los princi-
pados te~ritoriales.
878 Instalación de los daneses en In-
glaterra.
885 Los vikingos fracasan ante París.
h.890 Expansión comercial de Venecia. '"Fn
<
"':,:
h.900 Primeros estragos húngaros en Se inicia el culto a Santiago en ~
Alemania. Compostela.
e
¡;
900 Muerte de Alfredo el Grande, rey '"or
o
de Inglaterra. o
6
902 Sicilia en manos de los árabes. §
<'
909 Fundación del monasterio de ~
Cluny. ¡;¡·
~
911 Tratado de Saint-Clair-sur-Epte:
«Normandía» cedida a Rollón.
1160). ~
<
[:"J
1
1141 Pedro el Venerable, abad de Cluny,
manda traducir el Corán al latín. ~e;
,_
h. 1145 Poema de Mío Cid. ~
or.
1147-1149 Segunda Cruzada. ()
8
1148 Fundación de Lübeck. ~
..¡
'"
1195 Fundación de la orden de los Ca-
balleros Teutónicos.
1198-1215 Inocencio III papa.
1200 Fundación de Riga.
1202 Felipe Augusto confisca los feu-
dos de Juan Sin Tierra.
1202-1204 Cuarta Cruzada.
1209 Comienza la cruzada albigense di- ¡;;""
<
rígida por Simón de Monfort. "'::r:
1212 Victoria de los cristianos españo- Felipe Augusto manda construir un ~-
o
les en Las Navas de Tolosa. cinturón de murallas en torno a Pa- . ,.el
o
rís.
1213 Victoria de Simón de Monfort en "'ot•
r:
Muret (cruzada albigense). o
o
~.
1214 Victoria de Felipe Augusto en Primeros privilegios concedidos a ,-;
. r:i
Bouvines. la universidad de Oxford. ;;:
ITI
ti
¡;;
1215 Gran Carta de los señores feuda- IV Concilio de Letrán. Estatutos ~
C'
les ingleses. del legado Roberto de Courc;:on
para la_universidad de París.
-------
1217-1221 Quinta Cruzada.
1218-1250 Federico II emperador.
"'i;1
1220y Privilegios concedidos por el em-
1231-1232 perador en Alemania a los prínci-
"''"'"z
n
pes eclesiásticos, y después a los ~
(";
laicos. o"'
z
o
1221 Muerte de Santo Domingo. 5
G'l
1226 Muerte de San Francisco de Asís. ñ
¡;;
1228-1229 Sexta Cruzada.
1229 Tratado de París: anexión del
Languedoc al dominio real.
1231-1233 Fundaciln de la Inquisición.
h.1234 Primera parte de la Novela de la
Rosa ( Guillermo de Lorris).
1237 Apertura de la ruta del San Go-
tardo.
1238 El rey de Aragón toma Valencia.
1242 Victori¡i de Alejandro Nevski so-
bre los Caballeros Teutónicos. ,..,
,¡:._
1243-1248 Santa Capilla de París. v.;
lv
Hechos militares y políticos Hechos económicos y sociales Hechos religiosos y culturales :1::
:1
- l~~I
:i.''
l-i
Hechos militares y políticos Hechos económicos y sociales }lechos religiosos y culturales •Is.
e,
1415
""ot""
Batalla de Azincourt. Condena de Juan Hus por el Con- n
n
cilio de Constanza. 6
"',-¡z
1419-1433 Guerras husitas.
"'~
t~1
1420 Tratado de Troyes: Enrique V de tJ
¡;;
Inglaterra, rey de Francia. ,'
i
1427 Los portugueses en las Azores.
-- -- ·--,
~
Tabfas g(Í;nealógkas y mapas
- 1
PIPÍNIDAS
Pipino II
t714
1
Carlos Marte!
t741
, fiPITTQW Carlomán
t768 t754
~<!1"19JJ1ª.SI!Q Carlomán
t 814 t771
- - Mayordomos de palacio
---- Reyes
255
256 BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTE MEDIEVAL
Enrique I (1031-1060)
1
Felipe I ( 1060-1108)
1
Carlos V (1364-1380)
::::~
-,1/"\ 1
o, N
Carlos VI ( 1380-1422)
.3. +-
·- 00
00 1
Carlos VII (1422-1461)
1
Luis XI (1461-1483)
1
Guillermo el Conquistador
duque de Normandía (1035-1087)
rey de Inglaterra ( 1066-10&7)
·j
\ ~
Eduardo! ~
,..
rey (1272-1307) ~
1 ~
(TJ
Eduardo II ·+ Isabel de Francia ;::
o
rey (1307-1327) 1 hija de Felipe IV Gl
el Hermoso ~
~
Eduardo III ;;
rey (1327-1377) ~
Enrique V Ricardo
·rey (1413-1422)
1 1
Enrique VI Eduardo IV
1422-1471 · rey (1461-1483)
destronado en 1461 por Eduardo IV
Reyes de Inglaterra
~
'-O
2ó0 BREVE HISTOflL\ DEL OCCIDENTE MEDIEVAL. T.-\J3LAS CENEALÚG!CA.S "':.' NiA?AS
REINO
DE A51URIAS 1 -
Burgos•: ..
EMIRATO DE cqru,oBA
a
•Cótdoba
l'MPERIO
BIZANTlNO
IMPERIO ÁRABE
L.........akm
• Cabeza de orden religiosa @ Centro religioso de reforma
a Centro monástico
intelectual
O 100km
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267
TABLASG E'TE
l'I {
\LOGICAS y M,\PAt>
266 BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTE MEDIEVAL
L, E~cfu:w BRABANTE
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Mar del Norte I
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CONDADO
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Océan~Atlántico ~
Infantazgos constttw
por Juan el Bueno * Batallas
Dominio
S real francés
Dominio de los
[Ilil] reyes de Inglaterra
~
Señoríos
eclesiásticos La guerra de los Gie n Años: primera fase
SUECIA
Océano
Mlánticu
e;:, Mar
A]IB:¡
ú CERDEl'IA
.Mediterrdneu ·src1!-.
~ País neutral
lIIIIIIIJ Obediencia inglesa
IZ2LJ Obediencia borgoñona
= * Batalla
Línea del frente
O Plaza aislada fiel ~ Unión personal D Bienes de los Habsburgo en 1493 ~ km
...... Correría ~e la Consagración a Carlos VII 1471 * Anexión familiar
□·Corona de Aragón
.4. Príncipe elector del Imperio
Límites del Sacro Imperio ·: Principado unido a la corona de Francia
La guerra de los Cien Años: segunda fase
FUENTE: BERNARD CHEVALIER, L'Occident de 1280 á 1492, París, Colin, 1969, pags. 100 y 141.
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- ■
fodke temátirn '•
--
271
d
272 BREVE HISTORIA DEL OCCID~NTE MED!E'l.\L /NDiCE TEMÁTICO .273
Canónigo regular, 130,206 Consagración real, 42, 43, 54, Duque, 69, 76, 82-83, 87, 123, Gabelle, 185
Capellán, 46,203 159-60 153,158,186,189,190,212 Gasindi,37
Capitán, 185 Consejo señorial, 87-88 Gótico, arte, 13, 121, 137, 146,
Capitular, 17, 55, 58, 59, 63-64, Consejo del rey, 161,183 Écolatre, 142 148-49,150,151,211
70,123 Consolamentum, 134 Élu, 185 Gran propiedad, 38, 45, 64, 65,
Carabela, 217, 218 Cónsul, 118 Enclosures, 177 97,101,105,110
Cardenal, 128,198 Contado, 117 Entrada real, 182 Gran Compañía, 188
Carta, 15, 17, 21, 83,106 Correría, 186 . Eremit~, 11, 20, 46, 99 Gremio, 118-19, 120
Carta de fr~nquicias, 106 Corte feudal, 36, 43, 87-88, 158, Escolástica, 14,144,151,209 . Grupo episcopal, 51
Casa del Papa, 197 ·133 Escudo,91
Casal,101 Corte real, 33, 43,160,161,163, Espaldarazo, 90 Hansa, 112,179
Castrum, 38, 116 186,211 Espejos de Príncipes, 19, 125, Hermanazgo, 176
Catedral, 23, 44, 45, 49, 59, 62, Cota de mallas, 68 181 Homenaje, 87-88
69,121,129,134,190 Cruzada, 87, 92, 152, 152-57, Estados Pontificios (Patrimo- Homenaje ligio, 89, 160
Cenobita, 46 162-63,171,215 nio de San Pedro), 32, 196, Homenaje «en la marca», 163
Censo, 101 Cura, 138, 200 213 Honor,70
Centenier, 58 Curtís, 64 Estados Generales, 185 Horas, rezo de las, 46, 49
Ceremonia de armar caballero, 92 Exarcado, 32 Hospital, 140
Cisma,156 Champart, 102 Exchequer, 161 Hospitalidad, régimen de la, 37
Cisma, Gran, 191,193,194,198 Chevage, 105 Exención, 123 HótelduRoi, 161,183
Ciudad, 34, 38, 44, 45-47, 50, Expolio, derecho de, 197 Household, 183
62, 114-18 Danegeld, 72
Ciudadanía, carta de, 117 Derecho canónico, 126, 131, · Fábrica, 200 Iconoclasta, 146
~ofradía, 120,140,176,203 195,209 Factor, 178 Incastellamento, 103
Colegio, ll8, 143,209 Derecho del meilleur catel, 105 Facultad, 143 Incunable, 214
Collegantia, 113 Devotio moderna, 205 Faida,36 Indulgencias, 192, 203
Colono, véase Terrazguero Diezmo, 63, 197 Familia,85 Infantazgo, 189
Commissio, 89 Dinero,65 Federados, 28, 35 Inmunidad,58,63,69,123,125
Compañía con sucursales, 178 Diócesis, 44, 45, 48, 49, 51, 60- Feria, 113, ll6, 179 Inquisición, 135
Compañón, compañonaje, 120, 61, 123, 128-29, 137,200,207 Feudo,88,89,160,163-64 Inquisición española, 192
175 Diploma, diplomático, 21 Finca,64 Investidura, 128-29, 158,195
Condado,58, 77,155, 162-63, Dominio real, 158,159, 160-63, Fisco, bienes del, 33, 34, 58, 63,
191 184 70 Jubileo, 192-93
Conde, 34, 36, 38, 44, 58, 69, 77- Donación de Constantino, 213 Formariage, 105 Juramento, 57, 70, 76, 84, 87,
78, 82, 113, 164, 175, 191, Draklcar, 71 Franquicias, 106-7, ll8 117,119
196,198 Drangnach Osten, 152 Fueros, 153
Condominio, 100 Ducado,32,69,76,153,162-63, Fundo, 101-2 Knarr, 71
Condotiero, 191 191 Funduk, 113 Koggen, 112
r-sr e
174 BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTS MEDrEV\L ;NDICETE1!ATICO
275
Labrador, 108 Muta, 113 Perfectos cátaros, 133-34, 135 Sacro Colegio Cardenalicio, 198
Langskip, 71 Personalidad de las leyes, 35 Saltus, 138
Laudemio, 102 Nación, 143 Pie de altar, derechos de, 200 Salvatierra, 84, 99
Lectio divina, 142 Nave, 112 Piedad,212 Sceattas, 39
Legado,128 Nicolaísmo, 130 Plaid général, 58 Scriptorium (en plural scripto-
Legista, 183,195 Nomisma,39 Plaza fuerte, 116- 17 ria), 18
Letra de cambio, 179 Nuncio, véase Legado Políptico, 64 Senescal, senescalato, 163, 184
Leudes, 35 Porción congrua, 200 Sentencias, 143
'Libra,65 Obispo, 17, 20, 27, 38, 40, 42- Portulano, 216 Seño~82,83,85,87-90,91,93-
Libro de horas, 204, 210 43, 44, 45-48, 49-50, 54, 60- Preboste, 120, 162 94, 97, 99-100, 101-3, 107,
Limes,28 62, 77, 83-84, 87, 116-17, Principado territorial, 77, 189, 110, 116-18, 125, 128-29,
Limosnería papal, 197 123, 125-26, 128-29, 138, 191 134,159-62,173,183,210
Literatura cortés, 93 142, 200, 213 Príncipes Electores del Impe- Señor feudal, 117, 125
Livello, contrato 1e, 104 Obras de misericordia, 140 rio, 190 Señorío, 82-83, 85, 102-3, 104-
Oficial (artesano), 120, 174-75 Prior, priorato, 123 5, 107,110, 124-25, 138,172
Mainbour,37 Oficiales reales, 180,183,185 Provincia eclesiástica, 61 Señorío banal, 103
Mallus,58 Oficiales señoriales, 57, 119 Puerto, 66, 115 · Señorío personal, 105
Manos muertas, 105 Oficio, oficio-jurado, 110, 118, Señorío territorial, 101, 102-3,
Manso,38,64,101 119-20, 174,177 Quadrivium, 52 104
Marca,55,69 Ordalía,36 Sepultura ad sanctas, 50
Margrave, 190 Orden tercera, 204 Reclusa, 141 Serna (prestación en trabajo),
Marqués, 69, 82 Orden militar, 92, 153 Reconquista, 77, 92, 140, 216- 38,64,101,107,173
Mas, masada, 1O1 Orden de caballería, 92,189 17 Servidumbre,11,104-8,173
Matrícula de los pobres, 45 Regalía, 182 Sheriff, 162
Matricularius (mayordomo de Pagus, 34, 58 Regidor, 118 Siervo, 104, 105-6
parroquia), 45 Pañero, 111,175 Reversión, derecho de, 89 Simonía, 130
Mayordomo de palacio, 34, 43, Parlamento francés, 161, 184 Renacimiento, 167, 212, 215 Sire, 82,83
54 Parlamento inglés, 161, 185 Renacimiento carolingio, 11, Sociedad de mar, 113
Metropolitano, 62 Parroquia, 23, 45-46, 62, 125, 57,59,75,141 Solar, 101
Milagros, 202 128-29,137-39,200-2,207 Renacimiento otoniano, 75, Sueldo (moneda), 39, 65
Ministeriales, 103,158,162 Patriciado urbano, 119 141 Sufragáneo, 62
Missus dominici, 58 Patrimonio de San Pedro, véa- República urbana, 159
Misterios, 202 se Estados Pontificios, Reserva,38,64,101 Talla,102,107,185
Movimientos de paz, 84, 91, Peaje,34,65,82,184 Románico, arte, 121, 137, 146- Teniente, 185
117 Penitencia tarifada, 48 47, 148 Teocracia pontificia, 196
Mund,33,37 Penitenciales, 50 Rota, Tribunal de la, 196 Terrazguero,64,102,104,141
Municipio, movimiento muni- Penitenciaría, 196 Rotación de cultivos, 99 Timón de codaste, 216
cipal, 14, 117, 157 Penitentes, 49, 141 Rozas,99 Torneo,93
276 BREVE HISTORIA DEL OCCiDErITE ¡\,lEDI.E\~!..L
'
Tregua de Dios, 84 Vicario, 200
Trivium,52 Vicus,65
Vidame,69
Universidad, 17,143,144,190, Vidas (de santos), 20
209 Villa, 38
Villanueva, 99
Vasallo,87,88-89,92,125,163 Visita ad limina, 197
•Vassus dominici, 70 Vizconde, 58
Veguero,58
Vergeld,36 Yelmo,91
Esquemas
- n
278 BREVE HISTORIA DEL OCCIDENTE MEDIEVAL
Mapas
foruce
Los reinos bárbaros en el siglo vr .. ......................................... 260
Elimperio Carolingio y el reparto de Verdún (843) .......... .... 261
El Occidente económico a finales del siglo xm ........... .......... 262
Arzobispados y universidades en Occidente ...... ................... 263
El Occidente monástico y religioso .................................. ..... 264
Los Estados latinos de Oriente .... ........................................... .,265
El «imperio» ~lantagenet en el siglo XII ................................. 266
La guerra de los Cien Años: primera fase .............................. 267
La guerra de los Cien Años: segunda fase .............................. 268
La Europa de los Estados a finales de la Edad Media ............. 269
lNTRPDUCCIÓN
¿Unaedadintermedia? ...................................................... 9
¿CómoseconocelaEdadMedia? ...................................... 16
BIBLIOGRAFÍA·················································....................... 219
REFERENCIAS CRONOLÓGICAS .............................................. 225
TABLAS GENEALÓGICAS Y MAPAS........................................... 253
ÍNDICE TEMÁTICO.................................................................. 271
ÍNDICE DE LOS DOCUMENTOS................................................ 277