UNIVERSIDAD AUTÓNOMA AGRARIA
ANTONIO NARRO
UNIDAD LAGUNA
DIVISIÓN REGIONAL DE CIENCIA ANIMAL
Hepatitis infecciosa canina
POR
ARTURO ESQUIVEL ZAMORA
MONOGRAFÍA
PRESENTADA COMO REQUISITO PARA
OBTENER EL TITULO DE:
MÉDICO VETERINARIO ZOOTECNISTA
TORREÓN COAHUILA ENERO DE 2017
AGRADECIMIENTOS
A mis padres, Arturo Esquivel Miranda y Ma. de La Luz Zamora Valles por
haberme dado la vida y darme su apoyo incondicional ante cualquier momento
para lograr convertirme en un profesionista.
A mis hermanos, Claudia Yared Esquivel Zamora y Jesús Daniel Esquivel
Zamora por ser parte de mi familia y darme su cariño y tener fe siempre en mí.
A mis tíos, Juan Carlos Lugo Zamora y Felicitas Zamora Valles por guiarme
y ayudarme en mi formación como profesionista.
A mi abuela, Pilar Miranda Samaniego que siempre estuvo al pendiente de
mis necesidades y me ayudo para que no me faltara nada.
A mi alma mater por darme un lugar dentro de ella y darme una formación
como profesionista.
A Daniela Reyes Caldera, por ser una persona especial en mi vida y
permanecer a mi lado en todo momento sin importar la situación.
Al M.V.Z., Francisco Javier Sandoval Elías por apoyarme como asesor y
ayudarme a concluir este trabajo.
A todos los médicos veterinarios que fueron maestros míos durante mi
carrera por compartirme sus conocimientos y experiencias que fueron
indispensables para mi formación como profesionista.
i
DEDICATORIAS
A mis padres, Arturo Esquivel Miranda y Ma. de La Luz Zamora Valles
porque sin su apoyo y su sacrificio yo no hubiera podido lograr nada de lo que hoy
soy.
A mis hermanos, Claudia Yared Esquivel Zamora y Jesús Daniel Esquivel
Zamora, a quienes amo y quiero que igual que yo logren sus propósitos.
A mis tíos, Juan Carlos Lugo García y Felicitas Zamora Valles a quien
quiero y sin su ayuda no lo hubiera logrado.
A mi novia, Daniela Reyes Caldera a quien amo y nunca me dejo renunciar
y siempre me ayudo a seguir adelante sin importar el obstáculo que se presentara.
A mi abuela, Pilar Miranda Samaniego por estar siempre al pendiente de mí
y desearme éxito en mi vida personal y profesional.
A toda mi familia, por sus consejos, apoyos, comentarios, a todos y cada
uno de ellos por estar siempre para mí.
A mi alma mater, a quien le debo todo lo que hoy soy.
ii
RESUMEN
Hepatitis infecciosa canina (HIC) es una enfermedad altamente contagiosa
y de amplia distribución mundial a menudo fatal que puede afectar a caninos
domésticos y salvajes, es causada por un adenovirus canino tipo 1 (AVC-1), fue
descrita por primera vez en zorros, mediante pruebas se descubrió que el agente
causal era un virus, y se podía transmitir con facilidad a los perros, Carl Sven
Rubarth propuso el nombre de hepatitis infecciosa canina y estableció el agente
causal de la enfermedad. La enfermedad se caracteriza principalmente por la
generación de lesiones endoteliales a causa de la predilección del virus hacia
estos tejidos y a la formación de complejos inmunes a causa de la respuesta de
anticuerpos, afectando una gran cantidad de órganos, dando como resultado una
amplia variedad de signos, lesiones y trastornos vasculares responsables de la
aparición de varios cuadros clínicos que dificultan el diagnostico debido a esto es
una enfermedad pobremente diagnosticada, al no existir un tratamiento específico
la medicina preventiva sigue siendo el método más eficaz para evitarla.
Palabras clave: Hepatitis, Adenovirus canino, complejos inmunes, lesiones
ednoteliales
iii
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS __________________________________________________ i
DEDICATORIAS _____________________________________________________ ii
RESUMEN _________________________________________________________ iii
ÍNDICE ____________________________________________________________ iv
I. INTRODUCCIÓN ___________________________________________________ 1
II. REVISIÓN DE LITERATURA __________________________________________ 3
2.1. Anatomía del Hígado ________________________________________________ 3
2.1.1. Sistema Biliar ___________________________________________________________ 3
2.2. Histología del Hígado ________________________________________________ 4
2.2.1. Hepatocito _____________________________________________________________ 4
2.2.2. Vesícula biliar ___________________________________________________________ 4
2.3. Fisiología del Hígado _________________________________________________ 5
2.3.1. Secreción Biliar. _________________________________________________________ 5
2.3.2. Metabolismo. ___________________________________________________________ 6
2.3.3. Hemostasia ____________________________________________________________ 6
2.4. Hepatitis Infecciosa Canina (HIC) _______________________________________ 7
2.5. Sinonimias _________________________________________________________ 9
2.6. Epizootiología de HIC _______________________________________________ 10
iv
2.7. Distribución _______________________________________________________ 12
2.8. Patogénesis _______________________________________________________ 13
2.9 Signos Clínicos _____________________________________________________ 21
2.10 Lesiones _________________________________________________________ 27
2.10.1. Lesiones Macroscópicas ________________________________________________ 27
2.10.2. Lesiones Microscópicas (histopatológicas) __________________________________ 30
2.11. Prevención _______________________________________________________ 34
2.12. Tratamiento ______________________________________________________ 37
2.13. Diagnóstico Diferencial _____________________________________________ 40
2.14. Métodos Diagnósticos de HIC ________________________________________ 41
III. CONCLUSIONES. ________________________________________________ 47
IV. LITERATURA CITADA. ____________________________________________ 48
v
1
I. INTRODUCCIÓN
La hepatitis infecciosa canina es una enfermedad infectocontagiosa de
amplia distribución mundial que afecta principalmente perros domésticos, pero
también puede afectar a especies salvajes. La enfermedad es causada por el
adenovirus canino tipo 1, un virus altamente resistente al medio ambiente y a
muchos desinfectantes. El virus puede provocar la enfermedad en animales de
todas las edades, pero es más común en animales jóvenes y animales no
vacunados.
La forma de infección es mediante el contacto directo o la ingesta de heces,
orina o saliva de perros infectados, aunque también puede ser mediante fómites.
El virus tiene tropismo por tejido endotelial y los hepatocitos, el virus infecta
primero el tejido linfático localizado alrededor de la cabeza, antes de pasar a otros
órganos en especial al hígado, riñones y ojos donde es más común encontrarlo y
aislarlo.
La enfermedad como tal presenta una gran variedad de signos clínicos y
depende de la forma de presentación de la enfermedad que puede ser híper-
aguda, aguda, subaguda o moderada y crónica o subclínica, los signos que se
observan con más frecuencia son la muerte súbita del animal o gastrointestinales.
Las lesiones se caracterizan por el daño endotelial vascular y lesiones plurifocales
de necrosis hepática que causa el virus e histopatológicamente por los cuerpos de
inclusión intracelular que ocasiona el virus. El diagnostico en base a la anamnesis
lo hace complicado debido a su amplia gama de signos clínicos, el diagnostico
2
puede confirmarse mediante test serológicos, aislamiento y observación del virus.
No existe un tratamiento específico, este va encaminado a los problemas
secundarios que se presentan con la enfermedad. Aunque hoy en día no es muy
diagnosticada esta enfermedad debido a la eficacia de la vacunación, la hepatitis
infecciosa canina es una enfermedad poco considerada dentro el diagnostico
debido al amplio cuadro de signos y lesiones que presenta y frecuentemente
causa la muerte súbita en el perro.
3
II. REVISIÓN DE LITERATURA
2.1. Anatomía del Hígado
El hígado está situado en la porción intratoracica de la cavidad abdominal,
inmediatamente detrás del diafragma. Es la glándula de mayor tamaño del cuerpo.
(König y Liebich, 2001).
Se divide en cinco lóbulos principales mediante fisuras que convergen a la
fisura portal. El lóbulo lateral izquierdo es el mayor y tiene un contorno oval. El
lóbulo medial izquierdo es muy pequeño y prismático. El lóbulo medial derecho es
el segundo en tamaño y presenta un lóbulo cuadrado. El lóbulo lateral derecho es
el tercero en tamaño y tiene un contorno oval. En su superficie visceral está el
lóbulo caudado, formado por dos partes, a la derecha la apófisis caudada y a la
derecha la papilar (Sisson y Grossman, 2002).
2.1.1. Sistema Biliar
El sistema biliar está compuesto por las células hepáticas (o hepatocitos) en
su calidad de células secretoras exocrinas solamente y los conductos excretores
del hígado. Que conducen la secreción de esas células hacia el duodeno. Debido
a que la secreción exocrina del hígado se llama bilis. Los conductos excretores
que la transportan llevan el nombre de conductos biliares (Hib e Ishii de Sato,
2001).
La bilis no ingresa directamente en el duodeno, ya que a medida que se
produce se desvía hacia la vesícula biliar, donde se concentra y almacena.
Cuando es requerida para ayudar a digerir el quimo, la bilis abandona la vesícula
biliar y se vuelca masivamente en el duodeno, (Hib e Ishii de Sato, 2001).
La vesícula biliar está situada en la cara visceral del hígado. Contiene la
bilis, que se excreta hacia el duodeno cuando es necesario, a través del conducto
cístico y el colédoco, (König y Liebich, 2011).
4
La vesícula asienta en la fosa vesicae felleae, entre las dos partes del
lóbulo medial derecho; usualmente no alcanza el borde ventral del hígado (Sisson
y Grossman).
2.2. Histología del Hígado
El hígado es una gran glándula lobulada. Cada lóbulo está cubierto por un
mesotelio, debajo del cual hay una capa delgada de tejido conectivo, la capsula de
Glisson. Cada lóbulo está dividido en numerosos lobulillos clásicos constituidos
por sinusoides y placas de células parenquimatosas, los hepatocitos. Estos
últimos se organizan radialmente alrededor de una vena central. Las áreas donde
se reúnen tres o más lobulillos se denominan espacios portales cada uno de los
cuales contiene una o más ramas de la vena porta y de la arteria hepática y uno o
más conductillos biliares y vasos linfáticos. Estos componentes están sostenidos
por una trama de tejido conectivo (Bacha y Bacha, 2001).
Los lóbulos hepáticos poseen un hilio común por donde el tejido conectivo
de la capsula de Glisson ingresa en la glándula y da lugar a tabiques de distintos
órdenes, a través de los cuales corren conductos biliares, vasos sanguíneos,
vasos linfáticos y los nervios intrahepaticos. Los tabiques más delgados dividen el
tejido glandular en cientos de miles de lobulillos hepáticos, que son las estructuras
funcionales básicas del hígado, (Hib e Ishii de Sato, 2001).
2.2.1. Hepatocito
Son células poliédricas, generalmente de seis caras, dos de las cuales
miran hacia los espacios de Disse. Por las otras cuatro se unen con los
hepatocitos linderos, lo que hace que se formen las trabéculas de Remak. Los
hepatocitos poseen un núcleo esférico, aunque es frecuente encontrar hepatocitos
con dos o más núcleos poliploides (Hib e Ishii de Sato, 2001).
2.2.2. Vesícula biliar
La vesícula biliar es un saco de forma ovoidea, que concentra y almacena
la bilis. Esta entra gradualmente en la vesícula por un tubo corto denominado
5
conducto cístico, y cuando es requerida en la luz intestinal, sale por el conducto
cístico en dirección del duodeno. La vesícula consta de cuatro capas: la mucosa,
la muscular, la peri muscular y la serosa (Hib e Ishii de Sato, 2001).
2.3. Fisiología del Hígado
El hígado participa en gran cantidad de funciones metabólicas en las que
destacan: formación y secreción de bilis, formación y almacenamiento de
glucógeno, desaminacion de aminoácidos y formación de urea, síntesis de ácidos
grasos, oxidación y fosforilación de grasas, almacenamiento de vitaminas y
minerales, destoxificación de purinas, porfirinas y amoniaco, destrucción de
eritrocitos viejos o defectuosos, síntesis de proteínas plasmáticas, destrucción de
esteroides, formación de protrombina y factores de coagulación (Trigo, 1998).
A causa de sus numerosas funciones de importancia vital, con frecuencia
se lo considera el “laboratorio central del organismo”. El hígado lleva a cabo
actividades fundamentales como órgano metabólico más importante en el
metabolismo de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas, así como en la
eliminación de sustancias nocivas del cuerpo. La más evidente es la formación de
la bilis. Los ácidos biliares tienen a su cargo la emulsión de las grasas en el
intestino. La bilis se acumula en la vesícula biliar, donde se espesa y según las
necesidades es liberada en el duodeno (könig y liebich, 201).
Una de las funciones del hígado es la de glándula secretora del sistema
digestivo. Su secreción, la bilis, desempeña un papel importante en la digestión de
las grasas. La bilis contiene fosfolípidos y colesterol en solución acuosa por la
acción detergente de los ácidos biliares (Cunningham y Klein, 2013).
2.3.1. Secreción Biliar.
La bilis, principal vía de eliminación del colesterol, es una solución isotónica,
formada por ácidos, sales y pigmentos biliares, así como de colesterol,
6
fosfolípidos, electrolitos inorgánicos, mucina, múltiples metabolitos y agua (da
Silveira y Filho, 2016).
Los hepatocitos sintetizan ácidos biliares a partir del colesterol. La función
de los ácidos biliares es emulsionar los lípidos de la dieta y solubilizar los
productos de la digestión de las grasas (Cunningham y Klein, 2013).
2.3.2. Metabolismo.
El hígado es un gran depósito de células, con capacidad de reacción
química, que realizan un metabolismo intenso, puesto que los sistemas
metabólicos comparten sustratos y energía y, además, en este órgano se
procesan y se sintetizan numerosas sustancias transportadas a otras regiones del
organismo que cumplen miles de funciones metabólicas diferentes. Por todo ello
gran parte de la disciplina bioquímica se ocupa de las reacciones metabólicas del
hígado (Guyton y Hall, 2011).
Los hepatocitos realizan varias funciones metabólicas. Los productos que
resultan de estas funciones se vuelcan en la sangre de los sinusoides a medida
que se forman, a excepción de algunos que almacenan temporalmente los
hepatocitos y salen hacia los sinusoides cuando el organismo lo necesita (Hib e
Ishi de Sato, 2001).
El hígado lleva a cabo el metabolismo de los carbohidratos, proteínas y
lípidos, además de otras funciones metabólicas como depósito de vitaminas y
hierro, también participa en la eliminación de sustancias toxicas para el organismo
(Guyton y Hall, 2011).
2.3.3. Hemostasia
El hígado es el responsable de la síntesis, activación y aclaramiento de los
diversos factores de coagulación, de sus inibidores y de fibrinólisis. La hemostasia
primaria depende del número y de la función plaquetaria, en cuanto que la
7
coagulación depende de la activación de factores y de la presencia de plaquetas
activadas (da Silveira y Filho, 2016).
El hígado sintetiza la mayoría de los factores de coagulación, con
producción exclusiva del fibrinógeno (factor I), protrombina (factor II) y factores V,
VII, IX y X. En la insuficiencia hepática la disminución de estos factores acarrea
coagulopatía. El hígado también sintetiza una pequeña fracción del factor VIII. Los
factores II, VII, IX y X son glicoproteínas cuya síntesis es dependiente de la
absorción de vitamina K, encontrándose disminuidos en presencia de colestasis
(da Silveira y Filho, 2016).
2.4. Hepatitis Infecciosa Canina (HIC)
Hepatitis infecciosa canina (HIC) también conocida como enfermedad de
Rubarth o hepatitis contagiosa canis es una enfermedad altamente contagiosa a
menudo fatal en los perros y carnívoros salvajes causada por un adenovirus
canino tipo 1 (AVC-1). Los signos clínicos fueron observados por primera vez en
criaderos de zorros rojos (Vulpes vulpes), y la enfermedad fue llamada encefalitis
epizoótica del zorro debido a los desórdenes neurológicos observados en
animales afectados. HIC fue reportada pocos años después en perros y basado en
el similar curso clínico y patológico, Rubarth sugirió un común agente etiológico
entre las dos enfermedades, el agente etiológico adenovirus canino (AVC)
(Gavier-Widen et al., 2012).
El AVC-1, es el causante de la enfermedad conocida como hepatitis
infecciosa canina, que puede causar una infección hepática letal en cachorros de
la familia Canidae y Ursidae. La enfermedad se caracteriza clínicamente por su
rápida progresión fatal (Park et al., 2007).
Manifiesta signos de apatía con una evolución muy rápida, en múltiples
casos se manifiesta con signos gastrointestinales y ocasionalmente trastornos
respiratorios. Esta infección es caracterizada por la degeneración del endotelio
vascular y las lesiones plurifocales de necrosis hepática y la presencia de cuerpos
8
de inclusión intranucleares basofilicos en las células del hígado, además del
endotelio del glomérulo renal (Assaf et al., 1985).
La enfermedad se caracteriza por fiebre, la cual llega a ser de 40°c, apatía,
anorexia, dolor abdominal, vómito y diarrea. Los perros pueden desarrollar
bronconeumonía, conjuntivitis, fotofobia, y una opacidad transitoria de la córnea u
“ojo azul”, la cual puede ocurrir después de la recuperación clínica como resultado
de uveítis anterior y edema corneal (Pratelli et al., 2001).
Ocurre en perros de todas las edades, pero es de importancia primaria en
los meses tempranos de vida. La mayoría de los perros infectados en su vida
temprana se debe al alto rango de exposición. La leucopenia severa y la
disfunción hepática, debido al daño usualmente resultan en los casos más severos
de esta enfermedad viral (Dieter, 1960).
HIC es ahora poco común en poblaciones vacunadas. Sin embargo se ha
observado con más frecuencia en poblaciones carentes de vacunas,
especialmente en cachorros menores al año de edad. Los signos clínicos de la
infección por AVC-1 sin complicaciones duran de cinco a siete días, con una
rápida recuperación, sin embargo, estos pueden ser más duraderos con
infecciones concurrentes como el virus del distemper canino (VDC), o raramente
en animales que desarrollen hepatitis activa crónica. HIC puede ocurrir de manera
esporádica, la enfermedad ha sido bien controlada desde 1950 cuando las
vacunas de virus atenuado se pusieron a disposición (Pratelli et al., 2001).
Se trata de una enfermedad vírica contagiosa, cuyo cuadro clínico es
parecido al del moquillo, pero que cursa con alteraciones hepáticas y renales,
estas últimas transitorias, el agente etiológico es un adenovirus. Los síntomas de
la enfermedad son principalmente la consecuencia de la acción del virus
(Christoph, 1981).
Hepatitis infecciosa canina fue descrita primero bajo el nombre de hepatitis
contagiosa canis por Rubarth en 1947, esta es una enfermedad aguda en los
perros caracterizada por una intensa necrosis centrolubular, congestión, y edema
del hígado, edema de la vesícula biliar, hemorragias dispersas, y ocasionalmente
9
ictericia, esta enfermedad es de inicio súbito con un curso corto y un rango de
mortalidad apreciable (Coffin et al., 1953).
La causa más definida de hepatitis aguda es la hepatitis infecciosa canina
debida al adenovirus canino tipo 1, el cual puede causar una enfermedad multi-
sistémica involucrando el hígado, riñón, cerebro y otros órganos. En el Hígado la
infección resulta en una severa necrosis centrilobular con o sin inflamación
(Boomkens et al., 2004).
El AVC-1, también conocido como virus de hepatitis infecciosa canina
(VHIC), ha causado mortalidad en caninos domésticos y mamíferos salvajes de las
familias, canidae, mustelidae, y ursidae (Gerhold et al., 2007).
La enfermedad fue originalmente descrita en 1947 por Rubarth, quien
estableció el agente etiológico viral y demostró los hallazgos patológicos en perros
que murieron a causa de la enfermedad, es una infección aguda de perros jóvenes
(Gocke, 1967; Wigton et al., 1976).
La hepatitis infecciosa canina es una enfermedad contagiosa que afecta a
los perros y que presenta una distribución mundial; su sintomatología puede variar
desde fiebre ligera a congestión de las membranas mucosas y depresión grave,
leucopenia importante y prolongación del tiempo de coagulación. También se ha
observado en los zorros, lobos, coyotes y osos. Pueden infectarse sin desarrollar
la forma clínica de la enfermedad otros carnívoros (Kahn et al., 2007).
Muchas infecciones pueden ser subclínicas, pero en perros no vacunados
puede resultar en una severa enfermedad sistémica que involucra primariamente
al hígado (Hagan et al., 1988).
La forma hepática en perros es la forma clásica de HIC y originalmente fue
muy diseminada (Hagan et al., 1988).
2.5. Sinonimias
HIC también es reconocida como la enfermedad de Rubarth, después de
que Carl Sven Rubarth, un veterinario quien describió la enfermedad a finales de
1940 (Gavier-Widen et al., 2012).
10
Enfermedad de Rubarth, encefalitis del zorro, encefalitis enzootica del zorro,
distemper del zorro, hepatitis contagiosa canis, encefalitis infecciosa vulpis,
endotelitis canina, infección por adenovirus canino tipo 1, HIC.
2.6. Epizootiología de HIC
Hepatitis infecciosa canina HIC es una enfermedad no comúnmente
reconocida en los perros causada por un adenovirus canino tipo 1 (CAV-1), un
virus no envuelto, icosahedrico de doble cadena de ADN rodeado por una cápside
de 252 capsómeros (Williams y Barker, 2001; Greene, 2012; Wigton et al., 1976;
Zuckerman et al., 1967).
Miembro del género Mastadenovirus dentro de la familia Adenoviridae, es
altamente resistente al medio ambiente, sobrevive varios días a temperatura
ambiente y se mantiene infectante durante meses a temperaturas por debajo de
los 4°c. El virus es también resistente a varios químicos como el cloroformo, éter,
ácido y formalina. La inactivación exitosa del virus se puede conseguir con
algunos desinfectantes como iodine, fenol e hidróxido de sodio, o con tratamientos
térmicos a 60°c durante 5 minutos (Gavier-Widen et al., 2012; Greene, 2012).
El adenovirus canino tipo 1, un virus ADN bicatenario no encapsulado de la
familia Adenoviridae, es el agente causal de la hepatitis infecciosa canina y
produce enfermedad en caninos domésticos y silvestres y en osos. El virus es
relativamente resistente, sobreviviendo en el medio ambiente durante días a
meses, y es resistente a la mayoría de los desinfectantes, excepto a los
compuestos de amonio cuaternario. La infección se produce después de la
exposición oronasal a secreciones infecciosas (Ettinger y Feldman, 2007).
CAV-1 es resistente a disolventes lipídicos y sobrevive fuera del
hospedador durante varias semanas y meses, pero una solución de hipoclorito de
sodio de 1-3% es un desinfectante eficaz (Kahn et al., 2007).
El virus se puede cultivar en células de riñón de perro y cerdo, pero no en
huevo embrionado de gallina. El problema de la eliminación del virus tiene mayor
importancia epidemiológica. La saliva, las heces, la secreción nasal y la orina
11
contienen el virus durante la fase aguda de la enfermedad. Con los excrementos
se elimina solamente durante un breve espacio de tiempo en el estadio agudo y
por eso el papel de aquellos en el contagio es muy secundario. Sin embargo, de
mayor importancia es la eliminación en la orina, que puede producirse hasta 200 y
más días después de la curación (Christoph, 1981).
El adenovirus canino tipo-1 es transmitido principalmente por la vía oro
nasal y es excretado mediante la orina de animales portadores por un periodo de
hasta 6 meses (Caudell et al., 2005)
Como los adenovirus no tiene una envoltura lipídica, son altamente
resistentes a las condiciones ambientales y mantienen su viabilidad por un largo
periodo en el medio ambiente externo. Los animales que se recuperan de una
infección adenovirica continúan excretando el virus por un largo periodo de tiempo
(Bulut et al., 2013).
La hepatitis infecciosa canina, fue descrita primero en zorros plateados. Los
trabajos iniciales de Green determinaron que la enfermedad era causada por un
agente filtrable que también causaba hepatitis en perros infectados
experimentalmente (Williams y Barker, 2001).
La enfermedad natural en los perros fue descrita por primera vez entre 1930
y 1940. Se demostró en 1949 que el virus de HIC está relacionado
antigénicamente con el virus de la encefalitis en el zorro y este fue finalmente
clasificado como un adenovirus en 1962 (Williams y Barker, 2001).
AVC-1esta genética y antigénicamente relacionado al adenovirus canino
tipo 2 (AVC-2) teniendo un 75% de identidad a nivel genético e induce protección
cruzada por anticuerpos en hospederos. A pesar de AVC-1 y AVC-2 están
estrictamente relacionados, tienen diferencias en cuanto al tropismo celular y el rol
patogénico. Células vasculares endoteliales, renales y células renales
parenquimales son las principales células blanco de AVC-1, considerando que el
epitelio del tracto respiratorio y en grado limitado el epitelio intestinal son las
células blanco para AVC-2 (Gavier-Widen et al., 2012).
Adenovirus canino (AVC) tipo 1 y 2 son respectivamente responsables de u
na enfermedad sistémica y la infección del tracto respiratorio en ambas especies
12
de cánido doméstico y salvaje, AVC-1 causa la hepatitis infecciosa canina (HIC),
reconocida por Rubarth en 1947 como una enfermedad viral especifica de perros.
Se caracteriza por ser una enfermedad que va de asintomática a fatal (Bulut et al.,
2013).
El virus entra al huésped por vía directa por contacto con saliva, orina y
heces contaminadas. El periodo de incubación es de 4 a 7 días. AVC-1 se replica
en células endoteliales vasculares y causa una infección generalizada
caracterizada por hepatitis (Bulut et al., 2013)
El agente tiene afinidad por el endotelio y los hepatocitos. Los principales
hallazgos clínicos son rinitis, ataxia, anorexia, tonsilitis, dolor abdominal, sangre en
heces, hepatitis aguda/crónica y nefritis intersticial. La encefalitis es menos
frecuente pero cuando esta ocurre puede sobrevenir la muerte rápida con letargia,
ataxia, ceguera y vómitos. La opacidad bilateral de los ojos, conocida como “ojo
azul” se puede observar en el 25% de los casos de animales infectados de 7 a 10
días después de la resolución de signos clínicos agudos, se debe a un edema
corneal y el acumulo de complejos antígeno-anticuerpo en la cámara anterior del
ojo (Gür y Acar, 2009).
AVC-1 ha sido aislada de todos los tejidos del cuerpo y secreciones de
perros durante la etapa aguda de la enfermedad. Entre 10 y 14 días post
inoculación el virus puede ser encontrado solo en los riñones y es excretado en la
orina durante al menos 6 a 9 meses. La transmisión del virus por aerosoles de la
orina es poco probable. La propagación del virus puede ocurrir por contacto con
fómites, incluyendo utensilios de comida y las manos. Los ectoparásitos pueden
hospedar el CAV-1 y pueden estar involucrados en la trasmisión de la enfermedad
(Greene, 2012).
2.7. Distribución
Existe evidencia serológica de la infección con AVC-1 o reportes de la
enfermedad asociadas con este virus ha sido documentada alrededor del mundo
incluyendo, Estados Unidos, Suecia, Polonia y Canadá (Williams y Barker, 2001).
13
AVC-1 tiene una amplia distribución por todo el mundo en los perros
domésticos, y muy severa en los carnívoros no domésticos. En décadas pasadas
la encefalitis epizoótica del zorro fue muy común en zorros rojos Europeos (Vulpes
vulpes) ubicados en granjas norteamericanas. En la naturaleza los casos abiertos
de la enfermedad han sido reportados solo esporádicamente en zorros y otros
carnívoros salvajes pertenecientes a las familias Canidae, Ursidae, Procynidae,y
Mustelidae. AVC-1 fue aislada de los órganos internos de tres zorros rojos
Europeos libres con lesiones graves y cambios histológicos sugestivos de
encefalitis epizoótica del zorro. Un estudio serológico revelo que la infección por
AVC-1 fue probablemente la responsable de una dramática epizootia en zorros
rojos en Inglaterra y Escocia (Gavier-Widen et al., 2012; Sykes, 2014).
AVC-1 es eliminada por animales con la infección activa mediante todos los
fluidos biológicos, incluyendo saliva, heces y orina. Los animales recuperados no
eliminan CAV-1 mediante la saliva pero se sabe que los perros domésticos
eliminan el virus mediante la orina durante 9 meses, así los perros callejeros
pueden contribuir a diseminar el virus a la vida silvestre. A pesar que no se sabe
que tan larga es la eliminación del virus en la orina por los carnívoros no
domésticos, debe considerarse un papel importante de estos como eliminadores
del virus a largo plazo. El rango de mortalidad va del 10 al 30% en animales
domésticos y zorros de granja, con picos de 80% de mortalidad en cachorros
(Gavier-Widen et al., 2012; Sykes, 2014).
2.8. Patogénesis
HIC una enfermedad adenovirica de cachorros de la familia Canide y
Ursidae, es caracterizada clínicamente por una enfermedad que puede pasar
desapercibida a ser una enfermedad rápidamente fatal. El AVC-1 tiene
predilección por los tejidos endoteliales y hepáticos. En adición a la necrosis
hepatocelular aguda, las severas hemorragias agudas son observadas en las
superficies serosas, dentro de los linfonodulos y el hígado, y raramente en el
cerebro. La examinación física en la fase aguda de HIC revela incremento de la
14
temperatura corporal y la respiración, linfadenopatia, y una diátesis hemorrágica
que va del rango de petequias hasta sangrado fulminante (Caudell et al., 2005).
AVC-1 es eliminado en orina, saliva y heces, y la trasmisión pude ser
mediante contacto directo de perro a perro o el contacto con fómites contaminados
tales como las manos o comederos contaminados (Sykes, 2014).
La infección inicial ocurre a través de la vía nasofaríngea, conjuntival u oro
faríngea, después de la exposición de forma natural, el virus inicialmente se
localiza y se replica en las tonsilas, donde es esparcido a los ganglios linfáticos
regionales, y a través de los vasos linfáticos llega a el torrente sanguíneo, y
finalmente es diseminado a todo el cuerpo (Hagan et al., 1988; Greene, 2012;
Sykes, 2014).
La principal vía de infección es la ingesta de orina, heces o saliva de perros
infectados. La infección inicial se produce en las criptas amigdalinas y las placas
de peyer, seguida de viremia con infección de las células endoteliales de muchos
tejidos. Los órganos diana principales son el hígado, riñón, bazo y pulmón (Kah et
al., 2007).
La diseminación hematógena se presenta durante un periodo de cuatro a
ocho días de viremia. El virus tiene un tropismo diferente para las células
endoteliales, mesoteliales y parenquimatosas hepáticas. La predilección de
infección endotelial es responsable de las lesiones patogénicas principales y de
las secuelas de la coagulación itravascular diseminada (CID) (Hoskins, 1993).
El virus es absorbido primero por las amígdalas y en menor medida por las
pacas de peyer en el intestino delgado. Se multiplican en aquellas durante las
primeras 24-36 horas y se propagan a los ganglios linfáticos regionales del cuello
y a continuación al torrente circulatorio por el conducto torácico. Desde el intestino
delgado pasa a los ganglios linfáticos mesentéricos (Christoph, 1981).
La viremia y los primeros síntomas clínicos (fiebre, amigdalitis, apatía,
leucopenia, hipertrofia de los ganglios linfáticos mandibulares) empiezan a los 3-5
días de la infección. La viremia y la leucopenia comienzan al mismo tiempo. El
virus está presente en la medula ósea, adrenales, riñón, pulmón, bazo, hígado y,
sobre todo en la linfa al quinto dia post infección (Christoph, 1981).
15
El virus ataca principalmente los endotelios capilares y las células de las
paredes vasculares, y conduce a las lesiones regresivas y progresivas de los
endotelios, alterando consecuentemente la permeabilidad y la circulación. En el
hígado se producen primero lesiones regresivas y proliferativas de los endotelios
capilares y las células de las paredes de las venas centrales e interlobulares. Las
consecuencias son las siguientes: dilatación y relajación de los capilares con
diátesis serosa en los espacios de Disse, aumento de la circulación linfática,
edema de la pared de la vesícula, empeoramiento del aporte de oxigeno con
degeneración central de las células hepáticas y disociación de las trabéculas de
las mismas (Christoph, 1981).
La deficiencia de los fermentos de la coagulación a causa de dichas
lesiones, la trombocitopenia y las alteraciones capilares originadas por el virus,
pueden ocasionar hemorragias en las mucosas, órganos internos y cavidades
corporales. Las lesiones renales empiezan afectando igualmente las células de las
paredes de los capilares glomerulares y del espacio intersticial, y producen
fenómenos de degeneración más o menos patentes en los epitelios tubulares
(Christoph, 1981).
A partir del quinto día se observan a veces pequeños foquitos inflamatorios
intersticiales, que dan lugar a una ligera proteinuria transitoria. El mecanismo de
la opacidad corneal lechosa, casi siempre unilateral, que parece en la
convalecencia en el 20% de los casos agudos, aproximadamente, es alérgico. La
iridociclitis aguda no desaparece entonces, sino que el virus persiste en la úvea
anterior. Los anticuerpos formados localmente en la región límbica y en la úvea
reaccionan con el antígeno vírico celular y provocan una respuesta local de
hipersensibilidad del tipo del fenómeno de Arthus. El suero y el humor acuoso se
difunden en el estroma de la córnea y originan la opacidad a consecuencia de las
lesiones endoteliales (Christoph, 1981).
Subsecuentemente ocurre la infección de los hepatocitos y las células
endoteliales dentro de una variedad de tejidos, tales como los pulmones, hígado,
riñones, bazo y el ojo resultando en hemorragias, necrosis e inflamación. El virus
se replica dentro del núcleo de las células hospederas. Los viriones son liberados
16
por lisis celular, lo cual conlleva a daño tisular y coagulación intravascular
diseminada (CID). Dentro del hígado, el virus inicialmente infecta las células de
Kupfer y después se esparce a los hepatocitos (Sykes, 2014).
La viremia, que pasados los 4 a 8 días post-infección, resulta en una rápida
diseminación del virus a otros tejidos y secreciones corporales, incluidas la saliva,
la orina y las heces. Las células del parénquima hepático, riñón, ojo y las células
vasculares endoteliales de muchos tejidos incluidos el sistema nervioso central
(SNC) son los objetivos primarios del daño y localización del virus (Greene, 2012;
Hagan et al., 1988; Williams y Barker, 2001; Wigton, et al., 1976).
La hepatitis aguda obtenida es acompañada por hemorragias y coagulación
intravascular diseminada, esta es la presentación más común. En casos
convalecientes, una reacción ocular que involucra complejos de antígeno-
anticuerpo produce edema corneal y uveítis anterior (a esta característica se le
conoce como “ojo azul”) y nefritis intersticial multifocal (Caudell et al, 2005).
Los viriones se ensamblan dentro del núcleo celular y forman cuerpos de
inclusión intranucleares que pueden llegar a ocupar el núcleo entero. Los virus son
liberados por lisis celular. La mayoría de los perros infectados se muestran
asintomáticos o padecen de tonsilitis leve. Los animales que muestran signos
clínicos presentan fiebre, linfdenopatia, dolor abdominal, ictericia, uveítis anterior,
o petequias lo que puede indicar coagulación intravascular diseminada (Wong,
Marche y Simko, 2012).
Los efectos virales citotóxicos producen daño celular inicial en órganos
parenquimatosos. El daño hepático inicial se presenta durante el principio de la
viremia y se caracteriza por necrosis centrolobulillar, que si es lo suficientemente
difusa llega a producir la muerte. Si existe un título de anticuerpos suficientes para
neutralizar el virus el daño hepático se reduce y se presenta curación con
regeneración. Es posible el desarrollo de infección leve o no aparente en perros
con altos títulos de anticuerpos neutralizantes. Los perros parcialmente inmunes
pueden desarrollar enfermedad hepática progresiva que culmina en fibrosis
hepática y cirrosis (Hoskins, 1993).
17
Estudios infectivos, en perros indican que la infección inicial se origina por
la vía oro-faríngea, originando una viremia con distribución a las vísceras y
sistema nervioso central (SNC). El virus se ha aislado de sangre, bazo, cordón
espinal, y cerebro de zorros infectados con AVC-1 (Williams y Barker, 2001).
Durante varios días después de la infección y hasta que los anticuerpos
aparecen en la circulación, es causado daño tisular debido a la citolisis por la
replicación del virus. La predilección de AVC-1 por las células endoteliales, resulta
en citolisis y daño vascular con hemorragias petequiales y equimoticas. Los
principales procesos patológicos en el sistema vascular es uno inducido por el
virus, la CID. Se presentan cambios hemostáticos severos, incluyendo
trombocitopenia, actividad plaquetaria alterada, tiempos prolongados de
protrombina, depresión de actividad del factor VIII, aumento en los productos de
degradación de fibrina-fibrinógeno ocurren en HIC (Hagan et al., 1988).
Si el daño viral directo al hígado es suficiente, la necrosis hepática aguda
puede resultar en una severa enfermedad o incluso la muerte. También puede
ocurrir daño agudo al glomérulo renal (Hagan et al., 1988).
Después de que los anticuerpos aparecen (alrededor de 7 días
postinfeccion) el virus es eliminado de la circulación, pero pueden persistir virus
infectantes dentro de algunos tejidos tales como los túbulos renales durante varios
meses, eliminando virus infectantes en la orina. Durante el proceso de la remoción
del virus, pueden generarse complejos inmunes de antígenos y anticuerpos en el
suero o en los tejidos de riñón y/u ojos. La glomerulonefritis por complejos
inmunes consiste en el depósito de IgG, IgM, C3, y antígeno viral, aparecen de 5 a
10 días post-infección y persisten por un periodo de hasta 40 días (Hagan et al.,
1988).
Puede desarrollarse glomerulonefritis durante la fase virémica inicial de la
infección por AVC-1, como resultado de la necrosis de la célula endotelial
glomerular, daño vascular y microtrombosis. El acumulo glomerular de complejos
inmunes viene después del incremento de anticuerpos neutralizantes. Dos
semanas después de la infección, el virus persiste solo en el epitelio tubular renal
en donde produce una nefritis intersticial de bajo grado y viruria (Hoskins, 1993).
18
Aproximadamente del día uno al siete post infección ocurre la viremia de
HIC con la localización del virus en el tejido ocular. Del día cuatro al día 12
aproximadamente, ocurre una iridocilitis primaria, el virus no persiste o los
anticuerpos no llegan hasta las células sensibilizadas, ocurre la resolución de la
iridociclitis primaria sin secuelas. O del día siete al día 28 aproximadamente,
ocurre una resolución parcial de la iridociclitis primaria, el virus persiste en la úvea
anterior, inicia la producción local de anticuerpos en iris y región límbica que
reacción con las células asociadas de los antígenos virales e inicia la respuesta
focal de hipersensibilidad del tipo Arthus (Carmichael, 1964).
El incremento de la permeabilidad vascular permite la difusión de
anticuerpos séricos en el interior de la úvea, cornea y humor acuoso, si ocurre
suficiente daño a los vasos del limbo y al endotelio corneal, el suero y el humor
acuoso penetran dentro del estroma corneal causando edema y nubosidad del ojo
(“ojo azul”). Las reacciones corneales e iridales se resuelven espontáneamente sin
aparentes secuelas (Carmichael, 1964).
Las lesiones oculares asociadas con HIC han sido reconocidas desde la
descripción clásica de la enfermedad por Rubarth. Aparece la queratouveitis, la
cual es una manifestación de hipersensibilidad tipo III o Arthus-type, desarrollada
(Hagan et al., 1988).
Perros inoculados por vía intravenosa con adenovirus canino tipo 1
atenuado desarrollaron inflamación del segmento anterior del ojo y edema corneal.
Durante la etapa de la uveítis anterior leve, el virus fue aislado del humor acuoso,
y por microscopia electrónica, se encontró que la replicación viral en las células
endoteliales de la córnea. Más tarde, en la etapa de la uveítis anterior grave con
edema corneal, no fue aislado ni encontrado el virus en el humor acuoso y no se
encontraron células que contuvieran virus intranucleares (replicación). En esta
etapa, muchas células inflamatorias habían infiltrado en la cámara anterior y
contenían numerosas unidades virales agregadas a la membrana (complejos
antígeno- anticuerpo) (Aguirre et al., 1975).
Los complejos antígenos- anticuerpos fagocitados estaban presentes en las
áreas de más prominente destrucción endotelial. En la periferia de los principales
19
sitios de lesión, las células inflamatorias habían disecado el endotelio de la
membrana de Descemet. Después de la recuperación de la enfermedad una capa
de células endoteliales intactas se encontró presente (Aguirre et al., 1975).
La localización ocular de CAV-1 produce uveítis anterior leve en 20% de los
perros infectados de manera natural y en menos del 1% en perros que recibieron
vacunas de virus vivo modificado subcutáneo. Puede desarrollarse inflamación de
la úvea, cámara anterior y cornea una semana después de la infección, momento
en el cual se incrementan los niveles de anticuerpos neutralizantes. Se desarrolla
edema corneal después de la rotura de epitelio corneal por mediadores de
inflamación asociada a complejos inmunes (Hoskins, 1993).
En general los cambios oculares son auto limitantes y se resuelven 21 días
después de la infección o vacunación. Los signos leves de infección ocular
incluyen blefarospasmo, epifora y edema corneal. En casos graves, se desarrolla
cicatrización permanente del segmento anterior, glaucoma, ptisis bulbi, o
queratococo (Hoskins, 1993).
La base inmunológica para la uveítis anterior con la opacidad de la córnea
resultante después de la recuperación de la hepatitis infecciosa canina, esta
reacción ocular está caracterizada patológicamente por una hipersensibilidad de
Arthus-type; además de reacciones ocurridas solo cuando el antígeno viral y los
anticuerpos específicos se presentan concurrentemente en los tejidos del ojo
(Carmichael, 1965).
El daño celular inicial en el hígado, el riñón y el ojo están relacionados con
los efectos citotóxicos del virus. Una respuesta suficiente de anticuerpo alrededor
del día 7 post-infección elimina al virus de la sangre e hígado y restringe el avance
del daño hepático (Greene, 2012).
Un incremento en los anticuerpos neutralizantes aproximadamente a los 7
días post infección está asociado con la deposición de complejos inmunes
circulantes y proteinuria transitoria. AVC-1 no es detectado en los glomérulos
después de 14 días post-infección. Sin embargo este persiste en el epitelio renal
tubular. La localización tubular del virus está asociada primariamente con la
viruria, y solo es notada una proteinuria transitoria. Una nefritis intersticial focal
20
leve es encontrada en perros recuperados, sin embargo, diferente a la enfermedad
del hígado, existe evidencia de que la enfermedad renal crónica progresiva resulta
de HIC que no pudo ser encontrada (Greene, 2012).
El nublamiento difuso de la córnea (edema corneal u “ojo azul”) de aparición
repentina y usualmente transitoria y que va acompañado de uveítis anterior, puede
ser atribuido a la infección natural AVC-1, o al uso de vacunas con virus vivo
modificado (VVM). Es ahora reconocido que esta querato-uveitis es una
manifestación de hipersensibilidad tipo III en la cual resulta la formación de
complejos inmunes por la liberación de los virus, especialmente de las células
endoteliales corneales, provocando por lo tanto daño endotelial y edema corneal
(Curtis y Barnet, 1983).
Se desarrolla una severa uveítis anterior y edema corneal alrededor de 7
días post-infección, un periodo correspondiente a un aumento en los títulos de
anticuerpos neutralizantes. La deposición de complejos inmunes con
complementos de fijación resulta quimiotaxis de células inflamatorias dentro de la
cámara anterior del ojo y daño endotelial corneal extensivo. Provocando
disrupción del endotelio intacto de la córnea, lo cual sirve como una bomba de
fluido desde la córnea hacia la cámara anterior del ojo, lo que causa acumulación
de fluido edematoso dentro el estroma corneal (Greene, 2012).
La uveítis y el edema son usualmente auto limitante a menos que ocurran
complicaciones adicionales o destrucción endotelial masiva. La restauración del
edema corneal coincide con la regeneración endotelial y la restauración del
gradiente hidrostático entre el estroma corneal y el humor acuoso. La recuperación
normal del ojo aparece usualmente a los 21 días post-infección. Si los cambios
inflamatorios son lo suficientemente severos para bloquear el ángulo de filtración
el incremento de la presión intraocular puede resultar en glaucoma e hidroftalmía
(Greene, 2012).
Las complicaciones se asocian a menudo con la patogénesis de HIC. Los
perros son más propensos a desarrollar pielonefritis bacteriana, como resultado
del daño renal después de la infección por HIC. La coagulación intravascular
diseminada, (CID) es una complicación común en HIC, encabezada por una
21
vasculitis lo que ofrece una explicación alternativa para las hemorragias en HIC,
comienza en la fase temprana de la viremia de la enfermedad y puede ser
desencadenada por el daño a las células endoteliales y la liberación de
tromboplastina tisular y la exposición del colágeno adventicia, con la extensa
activación del mecanismo de los factores de coagulación o por la incapacidad del
hígado enfermo de remover los factores de coagulación activados (Greene, 2012;
Wigton et al., 1976).
El mecanismo más probable por el que se genera CID en perros infectados
con el virus de HIC es la disrupción endotelial, lo cual causa la liberación de
tromboplastina tisular dentro del torrente sanguíneo, la adherencia plaquetaria en
el sitio de la lesión, y la activación del mecanismo de coagulación intrínseco, así
como el aumento de la activación del plasminogeno a plasmina (Wigton et al.,
1976).
Sin embargo la causa de muerte en HIC es desconocida, el hígado es el
sitio primario de daño viral. La insuficiencia hepática y la hepatoencefalopatia
pueden resultar en un estado semicomatoso y la muerte. Algunos perros mueren
tan súbitamente que no da tiempo a que ocurra la falla hepática debido al daño del
hígado. La muerte en estos perros puede resultar del daño hacia el cerebro,
pulmones, y otros órganos parenquimatosos vitales o del desarrollo de CID
(Greene, 2012).
2.9 Signos Clínicos
HIC es muy frecuentemente observada en perros jóvenes y menores de 1
año de edad, sin embargo los perros no vacunados de cualquier edad pueden ser
infectados. Los perros severamente afectados pueden morir dentro de pocas
horas una vez presentados lo signos clínicos. Los signos clínicos de los perros
que sobreviven a la fase de viremia aguda son vómito, dolor abdominal y diarrea
con o sin evidencias de hemorragia (Greene, 2012).
Los síntomas varían desde una fiebre ligera hasta incluso la muerte. La tasa
de mortalidad es más elevada en los perros jóvenes. El periodo de incubación de
22
4-12 días. El primer síntoma es una elevación de la temperatura hasta más de
40°c, que dura de 1-6 días y que normalmente es bifásica. Si la fiebre es de corta
duración, la leucopenia puede ser el único síntoma, pero si la fiebre dura más de 1
día, se desarrolla la enfermedad aguda. Puede observarse taquicardia
desproporcionada en relación a la fiebre. El día después del que se produce el
aumento de la temperatura se desarrolla una leucopenia, que persiste durante
todo el periodo febril, el grado de leucopenia es variable y parece relacionarse con
la gravedad de la enfermedad (Kahn et al., 2007).
Los signos clínicos iniciales incluyen fiebre, depresión y letargo, con
desarrollo posterior de malestar abdominal, palidez de mucosas e inflamación de
las amígdalas y la faringe con aumento de tamaño de ganglios linfáticos
amigdalinos y cervicales. En algunos perros se detecta malestar abdominal y
hepatomegalia y puede observarse tos en los casos de enfermedad respiratoria.
También pueden aparecer vómitos y diarrea. En los casos graves pueden
desarrollarse petequias y equimosis debidas a las alteraciones de la coagulación
secundarias a las disfunciones hepática y CID. La ictericia es poco frecuente a
pesar de la necrosis hepática (Ettinger y Feldman, 2007).
Pueden observarse signos neurológicos como consecuencia de
encefalopatía hepática o por infección del sistema nervioso central. Los perros con
enfermedad grave pueden morir en pocas horas tras mostrar signos clínicos,
mientras que aquellos con enfermedad de menor intensidad pueden mostrar
mejoría clínica cinco a siete días después del comienzo de los signos clínicos,
(Ettinger y Feldman, 2007).
Los hallazgos físicos anormales en la fase temprana de la infección
incluyen, anorexia, apatía, polidipsia, un incremento de la temperatura rectal
(39.4°c a 41.1°c) y pulso y ritmo respiratorio acelerados. La fiebre puede ser
transitoria o bifásica en el curso temprano de la enfermedad. Agrandamiento de
las tonsilas, usualmente relacionado con faringitis y laringitis, es común. Tos,
descarga nasal y a la auscultación ruidos respiratorios ásperos en vías aéreas
inferiores son manifestaciones de neumonía. Linfadenomegalia cervical es
23
frecuentemente encontrada con edema subcutáneo de la cabeza, cuello, y
porciones dependientes del tronco (Greene, 2012; Sykes, 2014).
La sensibilidad abdominal y el dolor hepático están normalmente presentes
en perros agudamente enfermos. La diátesis hemorrágica y coagulopatias son
demostrada por hemorragias petequiales y equimoticas generalizadas, epistaxis, y
sangrado desde sitios de venopuncion. La distención abdominal es causada por la
acumulación de fluido serosanguinolento o hemorragia (Greene, 2102).
Los signos del sistema nervioso central (SNC), comprenden depresión,
desorientación, convulsiones o coma terminal, caminar en círculos, presionar la
cabeza contra objetos y ceguera, se pueden desarrollar en cualquier momento
después de la infección (Grenee, 2012; Gavier-Widen et al., 2012, Sykes, 2014;
Wigton et al., 1976; Fujimoto, 1957).
Los perros afectados con la enfermedad leve pueden recuperarse despues
de un episodio febril. Los signos clínicos de estos casos sin complicaciones de
HIC usualmente duran de 5 a 7 días antes de mejorar (Greene, 2012).
Los perros pueden desarrollar de forma aguda o crónica hepatitis, nefritis
intersticial, bronconeumonía, conjuntivitis, fotofobia, y opacidad corneal transitoria
“ojo azul”, lo cual puede ocurrir después de la recuperación clínica como resultado
de uveítis anterior y edema, (Bulut et al, 2013).
Se llega a desarrollar diátesis hemorrágica debido al daño endotelial
diseminado y disfunción hepática. La coagulación intravascular diseminada
complica el curso clínico de la enfermedad en casos graves y puede producir la
muerte. Es posible el desarrollo de ictericia si el perro sobrevive a la hepatitis
aguda, (Hoskins, 1993).
Los signos clínicos generalmente ocurren después de un periodo de
incubación de 4 a 9 días. Han sido descritas tres formas de la enfermedad, la
enfermedad sobreaguda que se presenta con colapso circulatorio, coma y la
muerte después de una breve enfermedad que dura menos de 24 a 48 horas. La
más comúnmente descrita como síndrome es la enfermedad aguda, la cual está
asociada con una alta morbilidad y mortalidad de alrededor del 10 al 30%. Los
perros con la enfermedad aguda pueden recuperarse o morir dentro de un periodo
24
de 2 semanas. La forma crónica que ocurre en perros con inmunidad parcial,
pueden morir debido a insuficiencia hepática de semanas o meses después de la
infección inicial, (Sykes, 2014).
En el curso sobreagudo, los animales pasan repentinamente del estado
saludable habitual a otro de extrema gravedad, sufren extrema apatía y rechazan
los alimentos. La palpación del vientre es dolora. Con el comienzo de la diátesis
hemorrágica aumenta progresivamente la palidez de las mucosas, el pulso se
hace frecuente, pequeño y duro y la respiración, acelerada. Los síntomas
comunes son los siguientes: fiebre, taquicardia, inapetencia y diarrea
sanguinolenta en ocasiones, (Christoph, 1981).
La enfermedad aguda esta variablemente caracterizada por la presencia de
fiebre, tonsilitis, conjuntivitis, inapetencia, letargia, debilidad, polidipsia, vomito,
hematemesis, diarrea, tos, taquipnea e ictericia. La diarrea puede contener sangre
franca o melena. Puede ser observada hematuria y hemorragia equimoticas y
petequiales. El edema corneal u “ojo azul” ocurre en la primera semana de la
enfermedad y resulta de la replicación del virus dentro de las células endoteliales
de la córnea (Sykes, 2014).
Raramente se muestran signos neurológicos como convulsiones, ataxia, dar
vueltas en círculos, ceguera aparente, presionar la cabeza y nistagmo y han sido
reportados en asociación con encefalitis por AVC-1. El desarrollo de signos
neurológicos puede también representar encefalopatía hepática, trombosis o
hemorragia intracraneal o como ha ocurrido en algunos brotes la infección
concurrente con el virus del distemper canino VDC (Sykes, 2014).
En el curso subagudo, el comienzo y los síntomas son como les del curso
agudo, pero por lo general menos graves. Tras una mejoría aparente, aparece de
pronto una opacidad lechosa unilateral de la córnea entre el séptimo y el vigésimo
día de la enfermedad. La cornea es opaca y de color blanco azulado. A menudo
hay fotofobia, inyección y estasis de los vasos esclerales y flujo seroso o mucoso
en el ojo afectado. La alteración de la córnea ha desaparecido por completo
después de 7 a 14 días por regla general, (Christoph, 1981).
25
El curso subclínico o latente es el más frecuente. Los síntomas pueden
faltar del todo o son tan discretos que no se advierten, (Christoph, 1981).
La hepatitis crónica puede desarrollarse en perros con niveles bajos de
anticuerpos pasivos en el momento de la exposición, (Kahn, Line and Allen, 2007).
Las complicaciones oculares ocurren en menos del 20% de los perros
afectados y recuperados de la hepatitis infecciosa canina, la infección del virus se
encuentra entre los más espectaculares fenómenos asociados con esta
enfermedad. La reacción en la córnea por HIC fue reportada primero por Rubarth:
“algunos días después de una semana que los perros están aparentemente
recuperados…. Presentan una nube central difusa y perfectamente opaca en la
córnea de un ojo…. El problema desaparece después de unos días”, (Carmichael,
1964).
Se observa edema corneal unilateral y menos común bilateral. El cual
inicialmente se desarrolla en el limbo y esta ocasionalmente asociado con
blefarospasmo, fotofobia y descarga ocular serosa, (Sykes, 2014; Carmichael,
1964).
El edema corneal y la uveítis anterior normalmente ocurren cuando la
recuperación clínica comienza y puede ser la única anormalidad clínica en perros
con la infección inaparente, (Grenne, 2012).
La opacidad de la córnea comienza en el limbo y se extiende centralmente.
Se presenta dolor ocular durante las etapas tempranas de la infección, usualmente
disminuye cuando la córnea se nubla por completo. Sin embargo el dolor puede
resurgir con el desarrollo de glaucoma o ulceración corneal y perforación. En los
casos no complicados, el aclaramiento de la córnea comienza en el limbo y se
esparce centralmente, (Grenne, 2012).
La opacidad de la córnea u “ojo azul” y la nefritis intersticial pueden ocurrir
de 1 a 3 semanas después de la recuperación como resultado de la deposición en
tejidos de complejos inmunes, (Gavier-Widen et al., 2012).
Las anormalidades hematológicas iniciales incluyen leucopenia
(neutropenia y linfopenia) seguida por neutrofilia y linfocitosis durante la
recuperación clínica. Puede observarse aumento en el número de eritrocitos
26
nucleados, con incrementos variables en la actividad sérica de ALT, AST y ALP,
dependiendo de la gravedad de la necrosis hepática, desde la primera semana
después de la infección, (Hoskins, 1993).
Después de 14 días, en general la actividad sérica de las enzimas cede a
menos que se desarrolle una hepatitis activa crónica. Aparece hiperbilirrubinemoa
si el perro sobrevive a la necrosis hepática fulminante. La bilirrubinuria precede la
hiperbilirrubinemia debido al bajo umbral renal para la bilirrubina en el perro. La
hipoglucemia es un signo de complicación grave y puede indicar insuficiencia
hepática. Las pruebas de coagulación son a veces muy anormales durante la
etapa virémica; hay prolongación variable en el TP, TTP y tiempo de coagulación
activada (TCA), trombocitpenia, disfunción plaquetaria y productos de degradación
de fibrina incrementados. La proteinuria refleja afección renal glomerular y tubular,
(Hoskins, 1993).
Los cambios hematológicos que se han descrito a detalle para perros.
Leucopenia con un total de conteo de leucocitos <2,000 células por micro litro de
sangre (debido principalmente a la disminución en el conteo de neutrófilos) y
desordenes de coagulación asociados con coagulación intravascular diseminada
(CID) trombocitopenia, alteración en la formación plaquetaria y prolongación del
tiempo de protrombina, activación parcial de tromboplastina, tiempos normales de
trombina, depresión de la actividad del factor 8 y un incremento en la degradación
de productos de fibrina-fibrinógeno. Incremento en las transaminasas del suero
puede observarse solo en las formas severas de la enfermedad. La proteinuria
(albuminuria) puede alcanzar valores de >50mg/dl para glomerulonefritis
inmunomediada, (Gavier-Widen et al., 2012; Wigton et al., 1976).
El tiempo de coagulación se correlaciona directamente con la enfermedad.
Puede ser difícil controlar la hemorragia, que puede manifestarse como una
hemorragia alrededor de los dientes temporales y hematomas espontáneos debido
a una coagulación intravascular diseminada, (Kahn, Line y Allen, 2007).
Aunque la afección del SNC es inusual, los perros gravemente infectados
pueden tener convulsiones por lesión del prosencefalo; son frecuentes las
27
hemorragias del tronco encefálico, que dan lugar a paresias, (Kahn, Line y Allen,
2007).
En cachorros que muestran signos neurológicos, el análisis del líquido
cefalorraquídeo puede revelar incremento en las proteínas y una pleocitosis
mononuclear debido a encefalitis, (Hoskins, 1993).
2.10 Lesiones
2.10.1. Lesiones Macroscópicas
Las lesiones macroscópicas en perros son típicas y distintivas e incluyen
ascitis, hemorragias petequiales y equimoticas en serosas de distintos órganos;
edema y hemorragia en la superficie de los linfonodulos; edema en vesícula biliar;
y un fino y uniforme moteado amarillento en el hígado, el cual se encuentra
turgente y friable (Williams y Barker, 2001; Sykes 2014).
Los hallazgos de necropsia en animales que sucumben a la forma hepática
son muy característicos. Frecuentemente ocurre edema de los tejidos
subcutáneos y la presencia de fluido en cavidad peritoneal en más de la mitad de
los casos. Este fluido puede ser claro pero más a menudo está teñido de sangre, y
usualmente parece consistir con sangre completa (hemoadbomen) (Hagan et al.,
1988; Sykes, 2014; Fujimoto, 1957).
AVC-1 posee tropismo por tejidos endoteliales y hepáticos. En adición a la
necrosis hepatocelular, hemorragias agudas severas son observadas en las
superficies serosas, dentro de los linfonodos y el hígado (Park et al., 2007).
El daño endotelial origina hemorragias en cepillo en la serosa gástrica,
ganglios linfáticos, timo, páncreas, y tejidos subcutáneas. La necrosis de células
hepáticas produce cambios variables de color en el hígado, que puede ser de
tamaño normal o estar tumefacto. La pared de la vesícula biliar puede edematosa
y engrosada, y puede haber un edema del timo. En la corteza renal pueden
observarse focos blancos grisáceos, (Kahn et al., 2007).
Las características más notorias en la examinación postmortem de perros
infectados fueron la degeneración vascular generalizada y la hemorragia. Fueron
28
observados trombos de fibrina en pulmón, hígado, riñón, timo, y bazo. El
estómago contiene constantemente fluido intraluminal negro sanguinolento, y la
mucosa gástrica presenta severa congestión y numerosas petequias. En el tracto
intestinal se presentó petequias difusas en la mucosa y hemorragia generalizada
en la subserosa (Wigton et al, 1976).
En la revisión post-mortem de HIC, los disturbios circulatorios juegan el
papel principal de la enfermedad. El edema y la hemorragia fueron generalmente
constantes. El primero fue encontrado en la pared de la vesícula biliar, el
páncreas, el sistema portal y los linfonodulos portales; en la cavidad abdominal
también se encontró la presencia de exudado sero-hemorragico (Fujimoto, 1957).
El edema fue también observado en tejido subcutáneo y el tejido alrededor
de los linfonodulos del cuerpo. El último ocurre regularmente en todas las partes
del cuerpo. Por otro lado, la hepatitis parenquimatosa aguda, perihepatitis fibrinosa
aguda, agrandamiento del bazo, tonsilitis, linfadenitis, edema congestivo en los
pulmones, bronconeumonía o bronquitis catarral ocasional y gastroenteritis
hemorrágica fueron observadas (Fujimoto, 1957).
En la necropsia las lesiones más importantes son: hígado aumentado de
tamaño, pálido, friable y con hebras de fibrina sobre la capsula y la vesícula biliar,
que puede encontrarse engrosada por edema. En los linfonodos se observa
congestión, hemorragia y edema; en abdomen, ascitis fibrinosa, y en la serosa
estomacal, hemorragias en forma de pincelada. También pueden encontrarse
hemorragias y corpúsculos de inclusión intranucleares basofilicos en hepatocitos.
En el ojo, la opacidad se debe a edema en la córnea y a la infiltración de células
plasmáticas, lo que es compatible con una reacción de hipersensibilidad al
antígeno viral (Trigo Tavera, 1998).
A causa de la infección fulminante inicial, el hígado se encuentra dilatado y
puede tener una apariencia manchada oscura, presentar un exudado fibroso sobre
su superficie serosa y sobre vísceras adyacentes; la vesícula biliar se encuentra
engrosada y edematosa. En general son aparentes las hemorragias serosas de
superficie, y es común la hemorragia gastrointestinal intraluminal (Hoskins, 1993).
29
Los nódulos linfáticos mesentéricos se encontraron agrandados y de color
rojo oscuro, son observados cambios similares en linfonodos bronquiales,
mandibulares, axilares y poplíteos. Atrofia, edema y hemorragia del timo se
presentaron en todos los perros infectados (Wigton, Kociba y Hoover, 1976).
Algunas veces son observadas hemorragias suberosas en estómago,
intestino, vesícula biliar, y diafragma. El hígado puede no presentar grandes
cambios, pero usualmente se nota algo hinchado, congestión y con cambios de
color, puede aparecer de color oscuro o de apariencia moteada, usualmente se
presentan prominentes exudados fibrinosos en la superficie del hígado y en las
fisuras inter-lobulares. La capsula esta dura y los lóbulos aparecen más
prominentes de lo normal (Hagan et al., 1988; Wigton et al., 1976; Sykes 2014;
Fujimoto, 1957).
El timo y el páncreas mostraron un marcado edema intersticial en ocasiones
con hemorragia y apariencia gelatinosa. El edema fue también observado en el
mesenterio y sus linfonodulos, en el mediastino y sus linfonodulos, válvulas
cardiacas, tejido alrededor de la aorta y sus linfonodulos, tejido subseroso del
tracto digestivo y el tejido alrededor de las meninges (Fujimoto, 1957).
Generalmente la pared de la vesícula biliar esta marcadamente edematosa
en su subserosa, este es uno de los hallazgos más característicos (67%). El
engrosamiento de la pared puede ser hemorrágico. En cualquiera de los casos
todo el saco puede aparecer negro o negro rojizo. La mucosa de la vesícula biliar
se observa normal en apariencia, pero depósitos fibrinosos son usualmente
encontrados en los alrededores del órgano. Los intestinos pueden verse normales
pero el contenido obtenido está mezclado con sangre. Puede estar presente el
edema pulmonar pero la neumonía ausente (Hagan et al., 1988; Wigton et al.,
1976; Sykes 2014; Green 2012).
Pueden estar presentes varias lesiones en los órganos incluidos
hemorragias renales multifocales con infartos corticales. Los pulmones presentan
múltiples áreas de consolidación de colores gris-rojo, también puede encontrarse
edema congestivo y bronconeumonía catarral. Se encuentran linfonodos
bronquiales hemorrágicos y edematosos. Áreas hemorrágicas dispersas presentes
30
en la región coronal del cerebro, se localizan primariamente en el mesencéfalo y el
tronco cerebral caudal. Las lesiones oculares, cundo se presentan, suelen ser
opacidad corneal y nubosidad de humor acuoso (Greene, 2012; Fujimoto, 1957).
Las lesiones renales crónicas y el enturbiamiento corneal (“ojo azul”) son el
resultado de la formación de inmunocomplejos después de la recuperación de la
fase aguda o subclínica de la enfermedad (Kahn et al., 2007).
El cerebro puede presentar hemorragias petequiales o áreas de
decoloración grisáceas. Los órganos parenquimatosos pueden contener trombos
de fibrina. Ocasionalmente aparecen consolidaciones multifocales pulmonares y/o
fluidos serosanguinolentos en la pleura (Sykes, 2014).
En el sistema nervioso central también fueron observados congestión
meníngea, edema alrededor del tejido de las meninges y hemorragias petequiales
en el parénquima del cerebro (Fujimoto, 1957).
2.10.2. Lesiones Microscópicas (histopatológicas)
La característica microscópica más distintiva de la enfermedad es la
presencia de largos cuerpos de inclusión intranuclear dentro de las células
endoteliales de las venas pequeñas y los senos venosos, los sinusoides del
hígado, y las células del parénquima hepático (Coffin et al., 1953).
AVC-1 causante de HIC, típicamente produce una hepatitis necrótica
hemorrágica aguda con cuerpos de inclusión intranuclear en hepatocitos y células
de Kupfer (Chouinard et al, 1998).
Es posible encontrar cuerpos de inclusión intranuclear en tejidos
ectodérmicos y mesodérmicos. Las inclusiones dentro de los núcleos de los
hepatocitos parecen huevos fritos, puesto que la cromatina nuclear y los nucléolos
emigran hacia la periferia para formar un halo alrededor de una inclusión oscura
(Hoskins, 1993).
El hallazgo más característico son necrosis hepato celular y cuerpos de
inclusión intranucleares del virus en células de Kupfer y hepatocitos y una mezcla
de infiltrado de células inflamatorias.se puede observar fibrosis en perros que
sufrieron daño hepático crónico. Nefritis intersticial con acumulaciones focales de
31
neutrófilos, células mononucleares y fibrosis pueden también presentarse, así
como evidencia de hemorragia dispersa, trombosis, y necrosis como resultado de
CID. Los hallazgos en perros con encefalitis por CAV-1 incluyen espongosis
moderada, necrosis neuronal y hemorragia (Fujimoto, 1957).
Histopatológicamente, los cambios causados por la enfermedad, fueron
clasificados de la siguiente manera: 1) degeneración parenquimal, tal como
necrosis hepática centro lobular, nefrosis, focos necróticos y necrobioticos en
varios órganos, 2) actividad del sistema retículo endotelial, 3) disturbios
circulatorios, como edema, hiperemia y hemorragias, 4) inclusiones nucleares
características (con contenido de DNA y RNA) ocurre en varias células en casi
todas las capas germinales (Fujimoto, 1957).
La necrosis eosinofilica en el hígado no es patognomónica, pero este es un
hallazgo característico de la enfermedad (Fujimoto, 1957).
Los cuerpos de inclusión viral pueden ser encontrados en células
endoteliales de los vasos en las meninges, la córnea, el glomérulo renal, y en las
tonsilas (Sykes, 2014).
Los principales cambios histopatológicos son encontrados en el hígado y
las células endoteliales. El contenido de la sangre se incrementa, y los vasos de
mayor tamaño están muy dilatados. La distensión de los sinusoides causa presión
en las células hepáticas. Las células endoteliales de los sinusoides y las células
de Kupfer están enormemente ensanchadas y degeneradas (Hagan et al., 1988).
Las inclusiones nucleares ocurren en grado variable en las células
hepáticas, así como también en las células de revestimiento de los sinusoides, las
células de Kupfer y las células endoteliales de las venas. Rubarth consideraba que
el daño primario seria en las células endoteliales; y los disturbios circulatorios
serian de segunda importancia (Hagan et al., 1988).
En el cerebro las efusiones serosas frecuentemente ocurren bajo la pía
madre y hay infiltraciones celulares alrededor de los vasos sanguíneos. Las
células endoteliales de los vasos sanguíneos a menudo están hinchadas y
degeneradas, y muchas de las pequeñas venas están llenas con tales células
(Hagan et al., 1988).
32
Las inclusiones intranucleares son encontradas inicialmente en las células
de Kupfer y después en células viables del parénquima hepático. La enfermedad
hepática de subaguda a crónica están marcadas por focos necróticos esporádicos
con infiltración celular de neutrófilos, células mononucleares y plasma y son
encontrados en perros con inmunidad parcial que sobreviven a los estadios
iniciales de la infección (Greene, 2012).
A la examinación histopatológica el hígado mostro congestión marcada y
coagulación y necrosis multifocal con grandes cuerpos de inclusión intranuclear
basofilicos en los hepatocitos (Wigton et al., 1976).
Cuerpos de inclusión intranucleares acidofilicos o basofilicos pueden ser
fácilmente encontrados en hepatocitos y el epitelio de la glándula adrenal y biliar
(Williams y Barker, 2001; Boomkens et al., 2004).
El incremento de los virus en el núcleo, es un indicativo de la acumulación
de material antigénico específico, esto comienza en la membrana nuclear y se
esparce desde allí hasta el interior del núcleo, con la formación gradual de
gránulos más grandes. Subsecuentemente allí aparecen los cuerpos de inclusión
homogéneos característicos de la infección (Coffin et al., 1953).
Los cuerpos de inclusión pueden ser encontrados fácilmente en la mayoría
de los casos, pero en algunas ocasiones estos no son numerosos. Estos ocurren
en las células endoteliales del bazo, ganglios linfáticos, el sistema vascular del
cerebro, los sinusoides del hígado y con poca frecuencia en otras partes. Pueden
ser encontrados en células endoteliales de los pequeños vasos sanguíneos,
especialmente en el cerebro y el glomérulo del riñón. Estos siempre son
intranucleares y acidofilos. El material cromático de los núcleos afectados se
rompe y margina, dejando un área central clara en que se pueden encontrar los
cueros de inclusión (Hagan et al., 1988).
Por lo general no hay más de un cuerpo de inclusión en cada núcleo, pero
pueden verse ocasionalmente múltiples cuerpos de inclusión. Pueden ser
redondas u ovales. Estos pueden ser encontrados en secciones de tejido o en
preparaciones de tejido de hígado fresco (Hagan et al., 1988).
33
Puede encontrarse infiltrado inflamatorio de células mononucleares en las
regiones peritoneales del hígado, el intersticio de los pulmones y dentro de las
meninges (Williams y Barker, 2001).
Ocurren alteraciones histológicas en otros órganos como resultado del daño
endotelial causado por el virus (Greene, 2012).
Las inclusiones virales en el riñón son encontradas inicialmente en el
glomérulo renal y pueden encontrarse después en el endotelio vascular tubular
renal. Acumulaciones focales intersticiales de neutrófilos y de células
mononucleares son encontradas en la corteza renal y la medula (Greene, 2012).
Los órganos linfoides como los ganglios linfáticos, tonsilas y el bazo se
encuentran congestionados con infiltrado de células mononucleares y neutrófilos.
Los folículos linfoides están dispersos con áreas centrales de focos necróticos.
Los cuerpos de inclusión pueden encontrarse en células vasculares endoteliales e
histiocitos (Greene, 2012).
Las lesiones renales varían desde cuerpos de inclusión basofilicos largos
aislados en el endotelio del glomérulo en infecciones rápidas y fatales hasta
nefritis intersticial donde se presentan principalmente linfocitos y plasmocitos en
perros sobrevivientes que fueron infectados (Wigton et al., 1976).
Los alveolos pulmonares están engrosados con acumulación de células
séptales y linfoides peri bronquiales. Los alveolos en las áreas consolidadas están
llenos de exudado constituidos por eritrocitos, fibrina y fluidos. Degeneración
vascular generalizada, hemorragia y necrosis de tejidos están asociadas con la
presencia de trombos de fibrina intravasculares (Greene, 2012).
Las células endoteliales en los vasos de meninges se encuentran
hinchados, y descamados y contienen inclusiones intranucleares. Acúmulos de
células mononucleares están presentes alrededor de los vasos pequeños a través
del parénquima del SNC (Greene, 2012).
Los cambios oculares están caracterizados por iridociclitis granulomatosa
con disrupción del endotelio corneal y edema corneal. Los vasos ciliares e iridiales
están congestionados con células inflamatorias las cuales están también
presentes en el iris y el ángulo de filtración (Greene, 2012)
34
2.11. Prevención
La hepatitis infecciosa canina causada por AVC-1 ha sido controlada
eficientemente con el uso de vacunas y prácticamente eliminada de la población
perros domésticos debido a la vacunación. Aun se observan algunos casos de
manera esporádica en perros que no fueron vacunados adecuadamente durante la
etapa de cachorros (Greene, 2012).
Una parte de los cachorros se inmuniza pasivamente con el calostro. El
periodo de supervivencia de los anticuerpos transferidos a ellos de esa forma es
de 8,6 días, de tal manera que el titulo ha descendido lo suficiente a las 5-7
semanas para poder inmunizar activamente a los cachorros con éxito (Christoph,
1981).
La duración de la inmunidad pasiva adquirida en el cachorro es dependiente
de la concentración de anticuerpos de la hembra y es adquirida por los cachorros
mediante el calostro (Greene, 2012; Hagan et al., 1988).
Los neonatos están protegidos contra infecciones adenovirales por los
anticuerpos maternos, el nivel de estos generalmente empieza a decaer alrededor
de la quinta a la séptima semana de edad. Vacunas de virus inactivado y de virus
vivo modificado (VVM) están comercialmente disponibles. Las vacunas inactivadas
no producen la enfermedad en perros, pero tienen que ser administradas
frecuentemente para mantener títulos protectores. La inmunidad de por vida es
producida por vacunas de VVM. La vacunación con VVM de CAV-1 está asociada
con enfermedad ocular y renal, mientras que la vacunación con VVM de
adenovirus canino tipo 2 (AVC-2) no lo está, pero en algunas ocasiones resulta en
signos respiratorios leves (Wong et al., 2012).
Desde que las vacunas de VVM de AVC-2 son más seguras que las de
VVM de AVC-1 y que produce protección cruzada contra AVC-1, esta es la vacuna
más comúnmente usada (Wong et al., 2012).
35
Un ataque de la enfermedad confiere a los perros una inmunidad sólida y
permanente. Sin embargo los animales inmunes pueden eliminar el virus en su
orina durante largos periodos de tiempo (Hagan et al., 1988).
El adenovirus es típicamente muy antigénico, y los anticuerpos producidos
por cadenas homologas pueden proveer de inmunidad (Williams y Barker, 2001).
En 1954 Cabasso y colaboradores reportaron la propagación exitosa del
virus de la hepatitis canina in vitro. Esto llevo a la atenuación del virus en cultivos
celulares e hizo posible el desarrollo de una efectiva vacuna de virus vivo (Gocke
et al, 1967).
Se sabe que la inoculación con vacunas de virus vivo atenuado de AVC-1
inducen reacciones adversas como nefritis intersticial y opacidad corneal. Por lo
tanto, se desarrolló una vacuna que contiene AVC-2, un patógeno que causa
traqueo bronquitis infecciosa (TBI) y que tiene las mismas características
antigénicas que AVC-1, esta vacuna es usada por lo tanto para prevenir ambas
infecciones (Taguchi et al., 2011).
Se sabe que las vacunas de AVC-1 atenuadas producen opacidades
pasajeras uni o bilaterales de la córnea y que el virus se excreta en la orina. De
forma preferente se emplea la vacuna de AVC-2 de virus vivos atenuados, que
proporciona protección cruzada contra las cepas de AVC-1, ya que tienen una
tendencia muy pequeña a originar opacidades corneales o uveítis y el virus no se
elimina por la orina (Kahn et al., 2007).
Al igual que otras virosis caninas importantes, la vacunación es la base de
la prevención de la infección por AVC-1. Las vacunas más utilizadas frente al AVC
tipo 1 emplean cepas de AVC-2, las cuales, mediante la producción de
anticuerpos con reacción cruzada, proporcionaran una respuesta inmunitaria
protectora sin las complicaciones, como el edema corneal, observadas a menudo
tras la vacunación con vacunas que utilizan cepas de AVC-1. La duración de la
inmunidad después de la inmunización con vacunas de VVM de AVC-2 es
probablemente prolongada y se recomienda la revacunación cada 3 años después
de una serie inicial sistémica con revacunación al año de edad (Ettinger y
Feldman, 2007).
36
AVC-1 protege a los perros contra sí mismo y contra el AVC-2, y AVC-2
protege a los perros contra sí mismo y contra AVC-1. Consecuentemente hay
vacunas disponibles que protegen a los perros contra ambos tipos de adenovirus
canino (Hagan et al., 1988).
Las vacunas inactivas de AVC-1 y AVC-2 no fueron mercadeadas durante
mucho tiempo debido a que su eficacia era inferior que los productos de VVM y
requerían de adyuvantes mismos que los hacían alergénicos. Las vacunas de
VVM de AVC-1 ofrecían una protección inmune sólida, pero las reacciones post-
vacúnales fueron la preocupación. Una desventaja potencial era que los virus de
las vacunas de AVC-1 atenuadas se localizaban en el riñón y causaban nefritis
intersticial subclínica leve y la eliminación persistente del virus vacunal. Fue
necesario incrementar los pasajes del virus en cultivos celulares, para reducir la
prevalencia de la eliminación del virus en la orina (Greene, 2012; Sykes, 2014).
AVC-1 ha sido atenuado mediante transferencias en perros, hurones y
cultivos de riñones de cerdo. Algunas cepas de vacunas atenuadas de AVC-1
pueden causar opacidad corneal y uveítis con problemas persistentes de queratitis
intersticial, edema corneal y glaucoma secundario. Para superar estos efectos
adversos, muchas vacunas comerciales ahora contienen una cepa atenuada de
AVC-2 en lugar de AVC-1 para proteger contra HIC, (Hagan et al., 1988).
Las vacunas vivas modificas de AVC-2 raramente, y si alguna vez, produce
enfermedad renal u ocular cuando es administrada por las rutas que se practican
(intramuscular, intranasal, subcutánea), sin embargo el virus vacunal puede
localizarse y ser eliminado por las vías respiratorias altas (Greene, 2012).
La vida media de los anticuerpos contra CAV-1 es de 8.6 días. La
inmunización contra HIC es exitosa cuando los títulos de anticuerpos derivados de
la madre disminuyen por debajo de 100, lo cual puede ocurrir al inicio de la 5 a 7
semana de edad. El nivel de los anticuerpos derivados de la madre para HIC en el
cachorro neonato descienden a concentraciones insignificantes alrededor de la
semana 14 a 16 (Greene, 2012).
Debido a que las vacunas de adenovirus son administradas en cachorros
con una inmunidad materna desconocida contra HIC o distemper canino (DC),
37
estas deberían ser administradas cuando los cachorros cumplan de 8 a 10
semanas de nacidos, y una vez más 4 semanas después (Hagan et al., 1988).
Los perros son adecuadamente protegidos contra infecciones por AVC-1
por los títulos de anticuerpos heterópicos producidos cuando se usan vacunas
contra AVC-2; sin embargo la respuesta de anticuerpos homotipicos es
usualmente mejor (Greene, 2012).
Las vacunas parenterales de virus vivo modificado de AVC-2 se han
convertido en el pilar de la protección contra infecciones virulentas de AVC -1. El
bajo rango de complicaciones post-vacúnales y la adecuada protección heterologa
ofrece grandes ventajas. Las vacunas de AVC -2 son administradas vía parenteral
cuando se tiene la intención de proteger contra HIC, y existen las preparaciones
intranasales para prevenir infecciones respiratorias (Greene, 2012).
El esquema de vacunación recomendado con cualquier vacuna para la
protección contra HIC involucra por lo menos dos dosis, administradas con
separación de 3 a 4 semanas, la primera de 8 a 10 y la segunda de 12 a 14
semanas de edad. La vacunación más temprana y más frecuente será
recomendada en áreas de alta prevalencia. Las infecciones esporádicas de HIC
serán notadas en cachorros con sus vacunaciones retrasadas. La infección nunca
h sido reportada en animales adultos que fueron protegidos adecuadamente
durante cachorros. La vacuna puede ser administrada cada 3 años. La vacunación
anual, fue practicada en el pasado, pero no es requerida debido a l larga y fuerte
duración de las vacunas de virus vivo modificado (Greene, 2012; Sykes, 2014).
2.12. Tratamiento
No existe un tratamiento específico dirigido al virus, por lo que el
tratamiento se centra en la administración de cuidados sintomáticos y el control de
los signos clínicos y complicaciones. La fluidoterapia intravenosa para restituir las
pérdidas por vómitos y diarreas es importante, así como la administración de
hemoderivados (sangre completa, plasma fresco o congelado fresco) para tratar
las complicaciones derivadas de las hemorragias y la CID. En los pacientes con
signos neurológicos derivados de encefalopatía hepática, la administración de
38
lactulosa por enema (o por vía oral si el paciente no vomita y tolera la medicación
oral) puede ayudar a reducir las concentraciones circulantes de encefalotoxinas
(Ettinger y Feldman, 2007).
La falla hepática fulminante debida a la necrosis hepatocelular es una causa
común de muerte en perros que no sobreviven a la fase aguda de la enfermedad.
En la ausencia de factores de complicación la recuperación clínica y la reparación
hepatocelular puede ocurrir con necrosis centrilobular. La terapia será de soporte
siempre y cuando exista tiempo para la reparación hepatocelular (Greene, 2012).
La deshidratación y la coagulación intravascular diseminada requieren la
administración de fluidos, plasma o transfusiones de sangre completa y
anticoagulantes. La hiperamonaemia debido al daño hepático y renal puede ser
corregida por la administración oral de antibióticos no absorbibles y lactulosa y por
la administración oral o parenteral de potasio y acidificantes de orina. La terapia
de soporte puede facilitar la recuperación clínica de los animales infectados,
siempre que haya tiempo para la regeneración hepatocelular. Pueden ser usados
antibióticos de amplio espectro para controlar las complicaciones bacterianas
(Gavier-Widen et al., 2012; Sykes, 2014; Williams y Barker, 2001). La colocación
inmediata de un catéter intravenoso permanente es necesaria en perros
severamente afectados; sin embargo, a causa de la incapacidad de coagulación,
se debe de evitar la hemorragia excesiva al ser colocado. La fluido terapia con
fluidos isotónicos poli iónicos como la solución Ringer ayudara a corregir las
pérdidas provocadas por el vómito y la diarrea y ayudara a disminuir la
temperatura corporal. Los animales que estén demasiado decaídos como para
beber o que continúen vomitando se les deberán administrar fluidos para cubrir los
requerimientos de mantenimiento (45ml/kg) por la vía parenteral (Greene, 2012).
La terapia de fluidos debe ser agresiva con supervisión cuidadosa y
evitando la sobre hidratación, debido al incremento en la permeabilidad vascular y
la hipoalbuminemia (Sykes, 2014).
Los electrolitos séricos deben valorarse con frecuencia, puesto que puede
desarrollarse hiponatremia e hipopotasemia como resultado de las pérdidas que
se presentan por vómito, diarrea o diuresis osmótica inducida por la administración
39
de glucosa. Muchos perros con infecciones por CAV-1 desarrollan encefalopatía
hepática. En estos la hipopotasemia promueve la producción de amoniaco en el
túbulo renal y alcalosis metabólica, que intensifican los efectos encefalopaticos de
hiperamonemia (Hoskins, 1993).
Otros medicamentos que pueden estar indicados incluyen antieméticos,
antiácidos, sucralfato, transfusiones de sangre completa o plasma y coloides. La
nutrición parcial o total parenteral puede ser indicada para perros severamente
afectados que no toleran la alimentación enteral. Los perros con CID pueden
requerir de tratamiento con adición en el plasma de heparina. Después de que la
tinción con fluoresceína no haya mostrado evidencia de ulceración corneal, los
perros con edema corneal severo y uveítis pueden ser tratados con preparaciones
oftálmicas tópicas que contengan glucocorticoides y atropina para prevenir el
desarrollo de glaucoma (Sykes, 2014).
Las transfusiones de sangre están indicadas si se sospecha agotamiento de
factores de coagulación, se presenta trombocitopenia o se observa tendencia al
sangrado. Si el perro sufre encefalopatía debido a insuficiencia hepática, una
transfusión de sangre puede empeorar su estado neurológico, puesto que la
sangre contiene una gran cantidad de proteínas y en ocasiones cantidades
sustanciales de amoniaco (Hoskins, 1993).
El tratamiento para CID depende del estado del déficit de coagulación. A
causa de la insuficiente síntesis hepática, puede ser necesario el reemplazo de los
factores de coagulación y plaquetas por plasma fresco o sangre completa en
conjunto con una terapia anticoagulante cuando está presente la marcada
incapacidad de coagulación (Greene, 2012).
Existe la posibilidad de que ocurra hipoglicemia que es el responsable del
estado comatoso, deberán ser administrados bolos intravenosos del 50% de
glucosa (0.5ml/kg) durante un periodo de cinco minutos. Es probable que la
hipoglucemia sea recurrente si la infusión continua de glucosa hipertónica no se
mantiene. Las infusiones de glucosa hipertónica deberían continuar en un rango
no mayor que 0.5 a 0.9 g/kg/hr para un uso eficiente. La terapia para disminuir las
concentraciones de amoniaco en sangre está dirigida a reducir el catabolismo de
40
las proteínas por las bacterias del colon y la reabsorción en los túbulos renales
(Greene, 2012).
La producción de amoniaco por la degradación de proteínas en el intestino
puede reducirse por disminución del consumo de la cantidad de proteínas y por la
detención de la gastroenteritis hemorrágica. El colon puede ser evacuado por
enemas para su limpieza y acidificación que alivia la estasis intestinal y retarda la
absorción de amoniaco. Antibióticos orales no absorbibles han sido usados para
reducir la producción de amoniaco por bacterias en el intestino. La acidificación del
contenido del colon puede ser logrado mediante la alimentación vía oral con
lactulosa en animales que no presentan vómito (Greene, 2012).
La reabsorción renal de amoniaco puede ser reducida por la administración
de potasio ya sea oral o parenteral y la corrección de la alcalosis metabólica. La
acidificación de la orina con acidificantes no tóxicos como el ácido ascórbico
puede reducir satisfactoriamente la reabsorción del riñón (Greene, 2012).
2.13. Diagnóstico Diferencial
Se debe diferenciar de otras enfermedades virales como la enteritis por
parvovirus y el distemper canino, infecciones entéricas virales y bacterianas,
hepatotoxicidades (por ejemplo con hongos), fiebre de las montañas rocosas,
cuerpos extraños en tracto gastrointestinal, indiscreción alimentaria, leptospirosis,
infecciones diseminadas por hongos (especialmente candidiasis sistémica),
infecciones por protozoarios sistémicos (especialmente sarcocistosis,
toxoplasmosis o tripanosomiasis africana) neoplasia hematológica (especialmente
linfoma) (Sykes, 2014).
Las dificultades del diagnostica diferencial estriban, sobre todo, en
descartar el moquillo y las amigdalitis de distinta etiología. Los cachorros de
menos de ocho semanas de edad enferman pocas veces de moquillo. En cambio,
la HIC se observa a menudo en los de edades comprendidas entre unos días y
algunas semanas. Es muy común confundir la hepatitis con el estadio catarral
inicial de moquillo. Sin embargo en este no se observa leucopenia intensa. Apenas
41
hay proteinuria. Las amigdalitis de otro origen son más benignas, de menor
duración casi siempre y a menudo apiréticas. Faltan las alteraciones hemáticas o
son más ligeras (Christoph, 1981).
En la leptospirosis, la proteinuria suele ser más intensa y de más duración,
se observan a menudo signos de insuficiencia renal y la ictericia, si existe, es más
acusada. El curso sobreagudo de la hepatitis hace pensar muchas veces en
intoxicación. La necropsia aclara las dudas (comprobación de corpúsculos
nucleares de inclusión, imagen necropsica típica de HIC con distrofia hepática de
color amarillo rojizo, edema de la pared de la vesícula, hemorragias) (Christoph,
1981).
La rabia y el distemper canino deberán ser considerados en el diagnóstico
diferencial de HIC en especies susceptibles que exhiben signos nerviosos. La
ausencia de corpúsculos de Negri y/o antígenos de rabia por el test de
fluorescencia de anticuerpos nos ayuda a descartar rabia. Todas las familias
susceptibles al adenovirus canino son también susceptibles al virus del distemper
canino (Williams y Barker, 2001).
Microscópicamente el virus del distemper canino típicamente desencadena
necrosis neuronal, gliosis y está asociado a inflamación linfoplasmocitica en la
materia gris del sistema nervioso central, con desmielinizacion en la materia
blanca, en contraste con vasculitis y gliosis poco asociada en animales infectados
con CAV-1. Las inclusiones intranucleares e intraplasmociticas del virus del
distemper canino están presentes en las neuronas y en la astroglía, en cambio las
inclusiones intranucleares son observadas en células endoteliales vasculares en la
infección con adenovirus (Williams y Barker, 2001).
2.14. Métodos Diagnósticos de HIC
El complejo sintomático siguiente hace pensar en HIC: enfermedad general
febril de presentación repentina con amigdalitis, tumefacción de ganglios linfáticos
submandibulares, inflamación serosa de la conjuntiva, signos de alteración
42
hepática, proteinuria transitoria, vómitos y diarreas hemorrágicas o ligera ictericia
cetrina (Christoph, 1981).
En el curso tienen particular valor la depresión persistente y variable de un
día a otro del estado general sin localización orgánica, así como la gráfica de
temperatura de dos o tres cúspides siendo la última curva subfebril y de carácter
intermitente, la delgadez y la larga convalecencia. La opacidad lechosa de la
córnea tiene valor patognomónico. La leucopenia, l proteinuria transitoria y las
pruebas hepáticas positivas son valiosas también para el diagnóstico. A tal efecto
es útil el examen serológico de la sangre (Christoph, 1981).
Se debe sospechar de HIC en cualquier perro menor de un año de edad
con un esquema de vacunación cuestionable y signos como fiebre, respiratorios,
gastrointestinales y enfermedad hepática, y especialmente en cualquier perro
joven que desarrolle edema corneal. El diagnóstico es fácilmente alcanzado a la
necropsia cuando son encontrados los característicos cuerpos de inclusión
intranucleares característicos, pero la sensibilidad y especificidad de este hallazgo
es desconocido. Los cueros de inclusión pueden ser observados en muestras de
biopsia de hígado o tejido obtenido e la necropsia (Sykes, 2014).
Normalmente, el comienzo brusco y las hemorragias sugieren hepatitis
infecciosa canina. El diagnostico se confirma mediante aislamiento del virus, por
inmunofluorescencia o la visualización en el hígado de los cuerpos de inclusión
intranucleares característicos, (Kahn et al., 2007).
El diagnóstico clínico de HIC se establece con base en la historia de
vacunación, signos clínicos y anormalidades de laboratorio. El diagnóstico
definitivo puede realizarse por pruebas serológicas, aislamiento del virus, titulación
inmunofluorescente, o apoyado en los resultados de lesiones histopatológicas
(Hoskins, 1993).
Para el aislamiento del virus. AVC-1 puede ser aislado en una gran
variedad de tipos de células, en perros con la enfermedad aguda cualquier fluido
corporal o tejido es candidato a tener suficiente virus para su aislamiento. Los
cultivos son evaluados buscando el efecto citopatico con cuerpos de inclusión
43
intranuclear, y la presencia de AVC-1 es confirmada mediante
inmunofluorescencia (Sykes, 2014).
Los métodos de reacción en cadena de polimerasa (PCR) e
inmunohistoquimica son confiables y rápidos para detectar AVC-1 en fijados de
formalina, y parafina de secciones de hígado (Chouinard et al., 1998)
Los hallazgos hematológicos tempranos de HIC son leucopenia, con
linfopenia y neutropenia. La neutrofilia y la linfocitosis ocurren después en perros
que se recuperan de la fase clínica sin complicaciones, un incremento en los
linfocitos teñidos de negro (activos) y eritrocitos nucleados pueden ser
encontrados (Sykes, 2014).
La confirmación del diagnóstico e identificación de infecciones causadas por
AVC-1 y AVC-2 son usualmente basadas en el aislamiento del virus, observación
por microscopia electrónica y test serológicos, tales como inhibición de la
hemaglutinación, suero neutralización y ELISA han sido utilizados en la detección
de CAV, (Bulut et al, 2013; Wong et al., 2012).
El grado de incremento en la actividad de alanina aminotransferasa (ALT),
aspartato aminotransferasa, y la fosfatasa alcalina en el suero depende del tiempo
en el que se tomó la muestra y el grado de necrosis hepática. La moderada o
marcada bilirubinuria es frecuentemente encontrada debido al bajo umbral renal
para la bilirrubina conjugada en el perro; la hiperbilirubinemia es poco común
(Greene, 2012).
Es de importancia diagnostica, el incremento en ALT, una medida de
necrosis hepatocelular, es a menudo desproporcionadamente mayor que el
bilirrubina en suero, a pesar de la naturaleza difusa de la lesión hepática. Esta
disparidad, que es típica de HIC y la diferencia de muchas otras causas de
necrosis hepática extensa, resulta de la naturaleza predominante de la necrosis
centrilobular alrededor de las vénulas hepáticas (Greene, 2012).
Las anormalidades de coagulación características de CID son más
marcadas durante la fase de viremia de la enfermedad. Puede presentarse
trombocitopenia con o sin alteraciones de la función plaquetaria. Se pueden
encontrar prolongaciones de tiempo variables en el tiempo de protrombina, tiempo
44
de protrombina parcial activada y el tiempo de trombina, disminución de la
actividad del factor VIII, incremento en los productos de degradación de fibrina y
fibrinógeno. La proteinuria (principalmente albuminuria) es un reflejo del daño
renal causado por del virus y puede ser encontrado mediante un urianalisis con
concentraciones mayores que 50mg/dL (Greene, 2012).
La paracentesis abdominal da como resultado un fluido que varía en color y
va desde el amarillo claro hasta el rojo brillante, dependiendo de la cantidad de
sangre presente. Este es usualmente un exudado con células inflamatorias y con
un contenido proteico mayor que 5.29 g/dL. Una citología de medula ósea refleja
el cambio dramático en los leucocitos en circulación periférica. Los megacariocitos
están ausentes o disminuidos durante la fase de viremia de la enfermedad, y los
que están presentes pueden tener alteraciones morfológicas (Greene, 2012).
El fluido cerebroespinal está dentro de los límites de referencia en perros
con signos neurológicos causado por hepatoencefalopatia, este es usualmente
anormal en perros que desarrollan encefalitis no supurativa por la localización del
virus dentro del cerebro. La concentración de proteínas son mayores que 30
mg/dL con un incremento de pleocitosis mononuclear (por encima de 10
células/µL. el humor acuoso también tiene un incremento en las concentraciones
de células y proteínas asociado con uveítis anterior (Greene, 2012).
Los test serológicos para su diagnóstico incluyen virus neutralización,
ensayo de hemaglutinación indirecta, fijación del complemento, inmuno difusión, y
análisis de la enzima ligada al inmunosorbente. Estos test usualmente muestran
títulos altos después de la infección con virus virulentos en contraste con las
vacunas de virus vivo modificado (Greene, 2012).
Los test serológicos disponibles comercialmente para la detección de IgG e
IgM contra el AVC-1, incluyen ensayos de ELISA, inhibición de la hemaglutinación
seroneutralizacion. Desafortunadamente los perros con la enfermedad aguda
pueden morir antes de desarrollar anticuerpos contra el virus (Sykes, 2014).
CAV-1 puede ser aislado por que es altanamente resistente y muy
fácilmente se replica e cultivos celulares de muchas especies, incluido el perro.
Típicamente el adenovirus induce cito patologías incluidos el agrupamiento de
45
células del huésped y la separación de las mono capas con la formación de
cuerpos de inclusión intranucleares. Cuando la viremia comienza en el día 5 post
infección, CAV-1 puede ser cultivado de cualquier tejido del cuerpo o secreción. El
virus es aislado en la cámara anterior del ojo durante la fase moderada de uveítis
antes de la infiltración de anticuerpos y la formación de complejos inmunes
(Greene, 2012).
El riñón es el lugar más persistente de localización del virus, y CAV-1 puede
ser aislado de la orina por lo menos de 6 a 9 meses después de la infección inicial.
Las técnicas de inmunofluorescencia son usadas experimentalmente para
confirmar la presencia del virus dentro de varios tejidos. Este método ha ayudado
a localizar los sitios de replicación viral, la diseminación del virus dentro de las
células, y la presencia de antígenos virales en cuerpos de inclusión. Los
procedimientos de inmunoperoxidasa, aplicados a fijados de formalina, y muestras
de tejido fijados con parafina, han detectado virus almacenados en tejidos
hepáticos por hasta 6 años (Greene, 2012).
El uso del ensayo de reacción en cadena de polimerasa convencional para
la detección de AVC-1 en muestras clínicas de isopados nasal, rectal, ocular y
sanguíneo, así como también de tejido obtenido en la necropsia, han sido. Aquí se
incluyen ensayos que diferencian entre AVC-1 y AVC-2 y representa una de los
métodos más rápidos para el diagnóstico de la enfermedad antemortem (Sykes,
2014).
El adenovirus canino tipo-1 y adenovirus canino tipo-2 pueden ser
identificados en el laboratorio por test de hemaglutinación y neutralización, pero es
muy difícil diferenciar un espécimen de otro, especialmente cuando la infección
ocurre en el tracto digestivo (Hu et al, 2001).
El adenovirus canino tipo-1 fue identificado por la prueba de reacción en
cadena de polimerasa (PCR) y secuencia de nucleótidos, (Gerhold et al, 2007).
Un procedimiento de inmunoperoxidasa de avidina-biotina fue optimizado
para la detección de antígenos de adenovirus canino en fijados de formalina, e
incrustados de parafina de hígado. La estabilidad a largo plazo del antígeno viral
46
fue comprobada mediante la exitosa demostración del virus en tejido de hígado
preservado hasta por 6 años de perros con HIC, (Rakich et al, 1986).
47
III. CONCLUSIONES.
Aunque actualmente la hepatitis infecciosa canina es una enfermedad que
se ve o se diagnostica poco en la clínica gracias a la efectividad de la vacunación,
sigue siendo una enfermedad altamente contagiosa y de pronóstico poco
favorable para los animales que la desarrollan. Las diferentes formas en que la
enfermedad se presenta, la amplia gama de signos clínicos que provoca, además
de que no existe un tratamiento específico contra la enfermedad. Otro factor que
complica las cosas es que el diagnostico se confirma solo con test serológicos o el
aislamiento y observación del virus. El factor más importante que contribuye a que
se siga presentando la enfermedad, es que los animales domésticos o salvajes
que presentaron la enfermedad y se recuperaron o presentaron la forma subclínica
siguen eliminando el virus por hasta nueve meses en la orina, lo que los convierte
en una fuente de infección importante para los animales no vacunados. La manera
más eficaz de evitar la enfermedad es la prevención con la vacunación adecuada
durante la etapa joven del animal. En la actualidad se usan vacunas de virus vivo
modificado de adenovirus canino tipo 2 las cuales causan inmunidad cruzada y
crean anticuerpos contra ambas cepas de adenovirus 1 y 2, y son altamente
efectivas, además del hecho de que no causan enfermedad o efectos adversos en
el perro. No obstante los animales expuestos a la enfermedad generan una
respuesta inmune fuerte contra futuras infecciones y además se confieren
anticuerpos de madre a cachorros.
48
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