EL HOMBRE, SER PARADÓJICO Y COMPLEJO
1. El hombre, ser paradójico
El problema de la alienación que vive el hombre contemporáneo nos pone de
manifiesto una constante historia que ningún pensador se atreve a negar y
menos a soslayar cuando indaga sobre esa tremenda paradoja que es el hombre
mismo: se revela, en efecto, como capaz de lo mejor y de lo peor, contradicción
que afecta su estructura vital y que parece hasta ahora como intrínseca a su
propia condición, antítesis que atraviesa la historia entera y que hunde sus raíces
en el interior mismo del hombre a pesar de todos los cambios circunstanciales y
estructurales.
La enorme ambigüedad de la condición humana ha sido pensada desde
diferentes categorías y afecta todos los niveles de la manifestación cultural e
histórica del hombre. La ambigüedad se manifiesta ya en la misma constitución
ontológica del hombre como ser finito, contingente, sujeto de limitaciones y sin
embargo con deseos y nostalgias de lo infinito, de lo trascendente; abarca sus
relaciones con la naturaleza no siempre armoniosas tal como se evidencia en el
problema ecológico, sus relaciones con los demás encubiertas por deseos de
poder y de egoísmo, su piscología estructurada en una dinámica de fuerzas
antagónicas de unificación y destrucción, su cotidianidad mezcla de
insignificancia, mediocridad y momentos luminosos de solidaridad y plenitud, su
cultura expresión de la enorme capacidad de creación y grandeza como
podemos observarlo a través de las manifestaciones del arte, la religión, la
filosofía, la ciencia… y a su vez los enormes derroches de energía y enervación
como se expresan en todos los niveles de represión, de despilfarro, de
frustración de los instintos, los deseos de felicidad o la enorme complejidad del
progreso atómico.
Quien dice ser humano, como lo expresaba Pascal, dice una mezcla de ángel y
bestia, de racionalidad e irracionalidad, de materia y espíritu, de libertad y
esclavitud, de egoísmo y amor, de ser y nada.
La historia es la mejor demostración de este carácter ambiguo del hombre si
miramos su reverso: la historia del sufrimiento, del dolor, de la explotación de
los grupos marginados de la sociedad. Incluso no han faltado historiadores y
filósofos que ante tal espectáculo hayan vaticinado síntomas graves de
decadencia de la raza humana o hayan elaborado filosofías de la historia cuyo
ciclo va desde una eterna repetición de lo mismo (visiones cíclicas) al
señalamiento de un ritmo vital necesario para toda civilización, que conocería y
recorrería de un modo ineluctable las fases de desarrollo, apogeo y
decadencia. No faltan evidentemente ante la historia del sufrimiento las visiones
nihilistas que contrastan con el optimismo racional de ciertas épocas y doctrinas.
El espectáculo macabro de millones de seres que en la historia han sido
utilizados o maltratados en tantas guerras y causas justas e injustas, ciertamente
no puede conducirnos a una visión trágica, sin salida de la historia y del hombre
del futuro; pero es el espectro de un realismo que le da toda su hondura y
simbolismo a la visión cristiana del hombre y de la historia.
En la vida diaria sentimos también el peso de esta “culpa original”, la mala fe que
ronda nuestras opciones y decisiones y que está a la base de la intencionalidad
de nuestros actos.
En efecto, cuando decidimos lo hacemos frente a junto a imagen normativa de
la vida y del hombre y en cierto modo cuando optamos por algo no lo hacemos
sólo a título personal sino que nuestra elección involucra a los demás como
afirmación de una determinada realidad. Esta enorme responsabilidad de
nuestros actos nos angustia más cuando sabemos que la intención consciente
no basta para juzgar de la bondad o maldad de nuestras resoluciones. Según
Freud, detrás de los motivos aparentes, detrás de la fachada de la conducta
visible del hombre se esconde todo un intrínseco juego de móviles, deseos y
pensamientos inconscientes que revelan el dinamismo último y real de nuestros
actos. ¿Qué oscuros deseos, intenciones rodean el exterior de una conducta
aparentemente bondadosa? Este enorme descubrimiento de la ambigüedad
humana sujeta a un terrible duelo donde primarán algún día las fuerzas de la
integración o de la destrucción.
Si hacemos una retrospectiva de la historia del sufrimiento, el único progreso que
observamos es una escalada cada vez más fría, sistemática y “científica” del
exterminio. Desde los asesinatos rituales hasta los exterminios sin nombre de
judíos en la segunda guerra mundial, desde las formas primitivas de lucha hasta
la utilización de las bombas atómicas en el Japón, desde las armas primitivas de
hueso y piedra hasta las sofisticadas armas utilizadas en la guerra de Vietnam,
todos esos grandes momentos de una antihistoria, la deshumanización, son a su
vez parte integrante y deben serlo de una explicación total, coherente del hombre
aún en una elaboración más especulativa acerca de la naturaleza, origen y
destino del hombre.
2. El hombre, ser complejo
La evidencia más clara del problema del hombre, además de su ambigüedad
estructural, reside en su carácter de complejidad. Ello se evidencia cuando
examinamos las diversas tentativas por dar una caracterización fundamental del
hombre, cuando se ha tratado de definirlo y adjudicarle por tanto una esencia,
una naturaleza determinada.
Estas determinaciones esenciales consideradas en sí mismas corresponden a
realidades del hombre, pero resultan siempre unilaterales cuando en la discusión
y comparación de las diferentes concepciones del hombre observamos que cada
una de ellas por separado tiene razón en aquello que de particular afirman, pero
que tomadas en forma global resultan apenas dimensiones de un ser que no se
deja aprehender por uno solo de estos aspectos. La complejidad del hombre, de
su condición, de su estructura, se muestra en las múltiples dimensiones que
revela y por las cuales es al mismo tiempo, racional-irracional, instintivo, material,
espiritual, temporal, trascendente.
La racionalidad fue exaltada desde los griegos y tomada como punto
diferenciante con respecto a las demás cosas, tradición que se mantiene en las
escuelas racionalistas y que encuentra su punto más exaltante en la filosofía de
Hegel, la caracterización del hombre como pensamiento, como conciencia. Es
un dato indudable e irrefutable en cuanto es el medio de acceder reflejamente
sobre sí y sobre la realidad entera y a la vez, el órgano por excelencia de las
grandes realizaciones ideológicas de la cultura; pero ese racionalismo absoluto
que preconiza que todo lo real es racional y todo lo racional es real, está en duda
y en deuda con la historia del hombre sembrada de pasiones, deseos y una gran
dosis de irracionalidad, que se manifiesta aún en las estructuras sociales y en la
praxis política. Por lo demás, los datos de la psicología actual tienden a
considerar la conciencia como un nivel importante; pero lejos de exaltar su
función, la consideran más bien como una actividad derivada de factores
originarios de carácter no racional.
Otra tradición muy antigua exalta los aspectos instintivos; aquellos que nos
hermanan y nos igualan hasta cierto punto con el mundo de los
animales. Desarrollada esta visión en filosofías diversas, se tiende a considerar
la inteligencia como un simple instrumento de supervivencia o como un órgano
que puede ser peligroso en la medida que ha significado su desarrollo una
mutilación de la especie humana en su instrumental biológico e instintivo. La
actual teoría de la evolución ha vuelto a revalidar verdades parciales de este
enfoque que también señala aspectos fundamentales de la vida humana, pero
que olvida de todos modos el carácter irreductible del hombre con respecto al
mundo animal y biológico por su textura cultural y espiritual.
En la tradición clásica de la filosofía moderna tales antítesis se renuevan bajo las
formas de materialismo y espiritualismo. La afirmación del hombre como
producto refinado de la evolución de la materia, o la afirmación de la
irreductibilidad del hombre como sujeto consciente y por tanto diferente a todos
los demás seres materiales. Afirmaciones nuevamente verdaderas tomadas por
separado, pero falsas cuando se presentan como visiones globales, totales del
hombre y la realidad.
En el pensamiento moderno se revalida hoy el acento de la historia, de la cultura,
de la praxis, y en función de estas dimensiones se intenta una vez más totalizar
la esencia humana afirmando con carácter absoluto y totalizante aspectos de la
realidad que no se deja captar por un simple esquema. El hombre como ser
cultural, como historia, es visto por algunos como la verdadera naturaleza del
hombre, que estaría en contraposición con una supuesta esencia ahistórica,
intemporal de la realidad humana, o el hombre visto sólo desde la acción, que
supondría una explicación adecuada sin recurrir a dimensiones metafísicas o
religiosas. Las actuales ciencias como la antropología cultural, la sociología,
estarían en la base de esta interpretación, que en último término pretende reducir
al hombre a la medida de su historia y su acción. Y sin embargo, la dimensión
trascendente constituye en el hombre no una ficción ilusoria alimentada sólo por
la reflexión religiosa, sino una dimensión que incluso hunde sus raíces en la
misma cultura y en toda la historia del hombre.
Esta riqueza de matices del hombre se muestra en forma palpable en la
diversidad y la pluralidad cultural que en los diversos niveles (arte, religión,
filosofía, ciencia) refleja esta inmensa capacidad de creación y manifestación.
Incluso podemos afirmar enfáticamente que la pérdida de una de estas
manifestaciones sería o significaría para la humanidad un empobrecimiento
irremediable y el mismo conocimiento del hombre que no puede adecuadamente
hacerse sino a través de estas instancias culturales, sería totalmente imposible.
Esto no significa entonces la proclamación de un eclecticismo superficial, pues
el intento de totalización será siempre inherente a toda filosofía; pero podemos
entonces comprender la ardua labor teórica que supone sustentar con
coherencia una visión del hombre, una antropología que le haga justicia a la
inmensa riqueza y al carácter multidimensional de la condición humana.
A PREGUNTA POR EL HOMBRE
PROBLEMATICIDAD DEL HOMBRE
1. COTIDIANIDAD
Es el diario acontecer, es la que se va haciendo rutina, la vida diaria. La pregunta
sobre el hombre se ve opacada en la cotidianidad. Aspectos de la cotidianidad:
De entrada toda existencia humana se ve enfrentada al reto de la supervivencia,
responder a esta necesidad es una tendencia vital, se impone; pero el problema
es que las personas se quedan en la supervivencia.
Dinamismo Social: Todos experimentamos en el transcurrir diario que estamos
condicionados por aspectos materiales e históricos. Todo ser humano nace al
interior de una red de relaciones. Con nosotros no empieza la historia, la
sociedad. ¿Y por qué sucede todo esto? Por la naturaleza social de todo ser
humano, estoy involucrado en una determinada historia y situación.
La cotidianidad que es respuesta al diario acontecer, me puede llevar a perder
el sentido de la admiración: Se establece una relación con la naturaleza y el
entorno, la relación en la que estoy inmerso está llena de valores pero a veces
no me doy cuenta de lo que me rodea.
La pregunta por el ser del hombre.
2. EL PROCESO DE DESHUMANIZACIÓN
En esta pregunta por el hombre tenemos que ser conscientes que el único ser
que puede negar su humanidad es el hombre. El proceso de degradación del
hombre no es el animal sino su des humanidad. Tenemos que identificar la
deshumanización y las situaciones límite.
El mismo hombre es el que propicia el proceso de deshumanización. En este
momento existen grandes desequilibrios de orden económico, social. El progreso
técnico y científico aumenta, aumentan las amenazas de desnutrición. El hombre
tiene que manejar una conciencia crítica, tales son las manifestaciones o
síntomas es otro proceso de deshumanización actual?
Masificación: Se origina en el paso del feudalismo a la industrialización. ¿Por
qué? En el feudalismo la economía es muy familiar. Con la industrialización
empiezan las empresas, el trabajador tiene que llegar al centro, ya es una
multitud de familias desplazadas en busca de un trabajo. La masificación es el
hombre anónimo considerado en masa. El aislamiento creciente del hombre. La
manifestación lleva a perder la individualidad mediante una cultura
estandarizada hecha para multitudes.
La Cosificación: El hombre deja de ser él mismo, humano, persona; para a ser
un simple medio e instrumento, y así se produce el fenómeno de la alienación o
enajenación (Sacado de sí mismo, en manos de otro, ponerlo a nivel o categoría
de las cosas) se da en el plano de todas las relaciones humanas. Veamos por
partes:
Relaciones de trabajo: El trabajador es un instrumento que sirve en la manera
en que produce, y es objeto de ganancia, se le califica. Además de esto, sus
condiciones de vida están sometidas a la plusvalía. Se cosifica el trabajador, de
una competencia entre sí, los mecanismos de ascenso, las tácticas de presión y
chantaje, crean una atmósfera cotidiana de servilismo. Hay condiciones de
trabajo que convierten al hombre en un medio, que terminan esclavizándolo
estas condiciones.
Proceso de Cosificación en las relaciones humanas: Los intereses sociales y
económicos se mezclan con los sentimientos y los afectos. Esto lleva a constituir
una compleja red de apariencias donde predominan: la ostentación, el poder. La
relación está mediatizada por el interés y la utilidad, el otro es un medio para el
negocio y la influencia. Se valora a los otros en función de su dinero y poderío
social, lo que lleva a implantar un sentido de antivalores:
Actitud Maquiavélica: El fin justifica a los medios.
La Hipocresía: La apariencia: importa dar la sensación de algo distinto, ganarme
el otro.
La Mediocridad: El hombre vive de lo que se vive, de la conveniencia.
La Opresión: Este fenómeno se vive particularmente en América Latina y su
primera y fundamental razón es la angustia vital producida por el hombre:
analfabetismo, insalubridad, desnutrición, desempleo. Luego aparece la
negación sistemática y colectiva del hombre, esto expresado en las dictaduras
de corte fascista. La injusticia social, la explotación del hombre por el hombre, la
brecha entre ricos y pobres cada días es más grande, honda y profunda. La
violación sistemática de los derechos humanos de donde sea, sistemas sociales,
políticos, que violan fragante la dignidad de la persona humana.
3. EL HOMBRE SER PARADÓJICO Y COMPLEJO
La paradoja es una aparente contradicción, hablando del hombre nosotros
experimentamos en nosotros mismos y vemos en los otros una ambigüedad,
vivimos momentos de entusiasmos, satisfacciones íntimas, etc., al momento
sentimos todo lo contrario, ira, ofuscación, la vida sin sentido. Sus deseos son
de trascendencia pero sujeto a lo presente a lo inmediato. El hombre es un ser
capaz de lo mejor y de lo peor.
Pascal dice que: "el hombre es una mezcla de ángel y de bestia., racional e
irracional, materia y espíritu, libertad y esclavitud, ser y nada". La complejidad
hace referencia a que el ser humano está configurado a multitudes dimensiones
pero ésta ha de vivirlo a la unidad de su ser, integridad de su persona. A través
de la historia la filosofía ha tratado de definir al hombre como tal, pero es
complejo definir al hombre, la Antropología Filosófica ha ido penetrando al
hombre y ha descubierto que no es tan fácil definir al hombre.
Dimensiones del hombre:
Biológica: Inserción en el mundo a través de la biológica y éste tiene algunos
aspectos: Comer, vestido, habitación etc.
Espiritual: Desarrollo y fomento de nuestra interioridad.
Social: El hombre es un ser capacitado para entrar en relación con los otros, y
consigo mismo.
Racional: El ser humano está dotado de unas capacidades intelectivas, piensa,
estudia, profundiza, analiza, etc.
Psicológica: Afectividad, instintos, emotividad.
El ser humano para hacerse tiene que atender armónicamente a sus
dimensiones. Permitirle al hombre un desarrollo orgánico de su ser.
4. DIMENSIONES POR LA PREGUNTA DEL HOMBRE
La Antropología Filosófica tiene como objetivo buscar una respuesta globalizante
sobre el hombre, su ser y su actuar. Al meternos a dar una respuesta por el
hombre en diferentes interrogantes: ¿De dónde viene el hombre? ¿En qué
consiste este pasado del hombre en cuanto materia? y para dar respuesta a este
interrogante, la arqueología, la paleontología, la etnología y la embriología,
aportan una serie de datos científicos.
Hay que considerar que el origen del hombre hay tres niveles de evolución:
El origen y desarrollo del cosmos.
El origen y desarrollo de la vida.
El origen y desarrollo de la conciencia.
No basta la pregunta por el origen físico del hombre. También hay que preguntar
por el origen metafísico del hombre, o sea, su fundamento, la razón de ser de su
existencia.
El hombre es un ser que no puede vivir son los demás, pero es un ser que no
quisiera vivir sin los demás. La pregunta por el hombre es también una pregunta
por los otros. ¿Tiene o no sentido la vida? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hay alguna
finalidad que justifique? ¿Vale la pena luchar por algo? ¿Vale la pena vivir para
que todo termine con la muerte? Todo esto son cuestiones vitales, atañen al
hombre a su ser y a su quehacer, problema que no puedo satisfacerme, sino que
debo asumir. Estas preguntas me involucran totalmente, si al preguntarme por el
hombre no me siento afectado totalmente no le puedo tener sentido a la vida.
EDGAR MORIN