PRESENCIA VIVA DE LA CÁBALA II
LA CÁBALA CRISTIANA
FEDERICO GONZALEZ - MIREIA VALLS
Retrato de Johann Reuchlin.
Johann Nicolaus Weislinger, Huttenus delarvatus.
Konstanz y Augsburg, Martin Wagner, 1730.
INTRODUCCION
Nos parece necesario comenzar un libro sobre la Cábala en un período
histórico, el Renacimiento, explicando lo que es la Cábala en sí, aunque
nos hayamos referido a ella en varias oportunidades. 1
La palabra Cábala, que los ingleses escriben Kabbalah, su nombre, y los
franceses ahora Cabale, y antes Kabbalah, es en realidad una misma
siempre y su significado es literalmente Tradición, y también recepción
en el sentido de recibir esa Tradición. Desde luego se trata de la
Tradición judía aunque esta fue permeable a otras con las que habitó y
emparentó, especialmente con la Egipcia y la Caldea.
Sin embargo eso fue en tiempos pretéritos porque lo que se conoce hoy
como Cábala nace en el siglo XI en el Occidente Cristiano (con
antecedentes en siglos pasados de esta Era) y está estrechamente unida
en su pensamiento al hermetismo y gnosis diversas, desde los primeros
siglos del judeocristianismo, al punto que puede identificarse un origen y
una inspiración común, que acaba aflorando en el medioevo en el sur de
Francia y Sefarad (España).
Para los cabalistas la Cábala se entregó a Moisés en el Monte Sinaí,
junto con las tablas de la ley, es decir los mandamientos exotéricos que
gobernarán las conductas de ese pueblo. La Cábala es por lo tanto el
aspecto esotérico del pueblo de Israel, el auténtico conocimiento, o sea
la Tradición, la Ciencia Sagrada de los judíos que fue revelada a Moisés
en cuarenta días.2
La cual ciencia y arte se ha expresado en textos que se presentaron
fundamentalmente como comentarios a la Torah, o sea al Pentateuco, los
cinco primeros textos bíblicos del Antiguo Testamento, cuya redacción
era atribuida al propio Moisés.
De hecho, la vinculación de los textos cabalísticos a autores míticos es
común, tal la del Sefer Yetsirah a Abraham. Hacemos dicha observación
sobre este libro específico pues él es fundamental en la Cábala; el cual es
mencionado por primera vez en el siglo X, aunque algunos lo fechan en
el VI y su autoría es anónima.
Otro libro fundamental es el Bahir, igualmente anónimo, cuya fecha de
edición manuscrita es el siglo XI, aunque algunos estudiosos creen que
es mucho más antiguo.
Pero el libro más importante de la Cábala es el Zohar, que se creía obra
del mítico sabio Simón bar Yohai (siglo II) como se dice en el mismo
texto, aunque la crítica del siglo XX, que es la que ha realizado los
estudios más reveladores sobre esta ciencia, encabezados por Gershon
Scholem, lo atribuye a un solo individuo, Moisés de León, autor también
de otros textos firmados con su propio nombre. 3
Como se puede apreciar el aspecto esotérico del pueblo de Israel es
oscuro y mítico –tal cual sucede con el de todos los pueblos– por lo que
es necesario estudiar sus textos tanto en sus mismas fuentes como de la
mano de los ya mencionados comentaristas y estudiosos del siglo
pasado.
Esa dicotomía entre lo exotérico y lo esotérico es también propia de casi
todas las tradiciones, refiriéndose la primera a la ley exterior mientras
que la segunda siempre se relaciona con lo interior, o sea con el
Conocimiento del universo y el hombre, ambos emanados de una fuente
única e inteligente que ha existido siempre y siempre existirá y que las
religiones suelen denominar Dios, que se presenta en el alma del ser
humano, que es el plano intermediario entre su cuerpo y los númenes.
Hoy en día puede parecernos pesado o fastidioso comenzar un nuevo
estudio, tal cual la Cábala, de acuerdo a lo que entendemos por ello. Pero
lo que se comprende como algo pesado se convierte en una maravillosa
aventura del pensamiento, donde se nos hace presente el origen de todas
las cosas y se nos brinda la posibilidad de Conocer, o sea, la obtención
del oro de los alquimistas o el brillante supremo de la tradición oriental
(vajra).
En tal sentido, los cabalistas afirman que existen cuatro planos en
cualquier creación, comenzando con la del mundo, y que se denominan
–de lo alto a lo bajo– Atsiluth, Beriyah, Yetsirah y Asiyah y se
corresponden con el mundo de las emanaciones, de la creación, de las
formaciones y de la acción. Por otra parte hay
diez sefiroth (numeraciones) que se manifiestan en estos cuatro planos o
mundos conformando un diagrama cosmogónico válido tanto para el
Universo como para el ser individual, llamado el Arbol de la Vida, o
Arbol Sefirótico,4 a partir del cual los cabalistas efectúan todas sus
meditaciones y especulaciones cuyo fin último es el Conocimiento.
Conocimiento de lo sagrado que es inverso al recorrido de la creación
pues parte del plano de la acción o concreción material, Asiyah, para
remontarse por el mundo intermediario hasta el plano
de Atsiluth conformado por la triunidad del
Origen, Kether (corona), Hokhmah (sabiduría) y Binah (inteligencia).
Como se puede observar es en el número 10, Malkhuth, donde se
concretan las cosas tal cual las perciben los sentidos. Es entonces como
la punta de un iceberg, o sea lo que se ve. Por encima de ello se suceden
tres planos invisibles, con cuya ayuda se conforma la Creación. Se
pueden conocer porque son espacios del alma que van en ascenso de lo
más grueso a lo más sutil. Por lo que el plano de Asiyah que se
corresponde con la creación material es superado por el plano
de Yetsirah, más sutil, aunque aún formal. El plano inmediato superior
es el de Beriyah igualmente sutil, pero ya informal. Finalmente asociado
con los arquetipos, o ideas platónicas, se encuentra el mundo
de Atsiluth o de las emanaciones.
Es decir un recorrido de lo visible a lo invisible, o mejor, a los distintos
planos de invisibilidad o los misteriosos grados de la luz, o del alma.
Igualmente es dable observar en esta construcción metafísica que
las sefiroth se oponen en dos columnas y una central que las
complementa y es el eje del diagrama. La columna signada con los
números 2, 4, 7 es llamada la de la clemencia, y la signada por el 3, 5 y 8
se denomina la justicia, y ambas se oponen entre sí, manifestando el
orden cósmico, siempre presente en la conjunción de opuestos, y da
lugar a la del equilibrio conformada por los números 1, 6, 9 y 10, origen
y resultado de las otras dos en el drama cósmico e igualmente en el
microcósmico o individual.
La columna de la derecha se denomina también de la Gracia, mientras la
opuesta es la del Rigor, y la del centro, el fiel de la balanza, es llamada
la del Equilibrio, ya que es necesario el desequilibrio de un par de
opuestos para que estos puedan conjugarse. En ese sentido la Cábala los
ve de manera sexuada, como hombre y mujer, o sea como energía activa
y expansiva a lo masculino y a la otra como femenina, pasiva y
restrictiva, respectivamente la de la derecha y la izquierda de cara al
espectador que observa el diagrama. Y efectivamente en eso estriba la
labor del cabalista, en conjugarlas permanentemente en el eje del
Arbol Sefiróticoo el Centro en cualquiera de los planos en que se
constituye. Y debe también tener en cuenta el estudioso –o el simple
lector– que este diagrama es actuante no más se comienza a trabajar con
él y por lo mismo teúrgico.
Por otra parte a cada letra hebrea corresponde un número y antes de la
notación actual, tal o cual letra indicaba el número correspondiente. Por
ejemplo el nombre de Yahvé –que solo se puede escribir y no
pronunciar– compuesto por las letras Iod, He, Vau, He (hwhy)* tiene
valor numérico 26 ya que la Iod (y) vale 10, cada una de las
letras He (h) 5 y la Vau (w) 6; por lo tanto cualquier palabra que tenga
ese valor está emparentada misteriosamente a ese nombre de la
divinidad.
En verdad cada sefirah es un nombre divino, o sea un atributo o
categoría de Dios y los arcángeles, o ángeles, los dioses intermediarios
entre la suprema deidad y el hombre. Siendo las palabras hebreas
indefinidas, las relaciones entre ellas y los números correspondientes
también lo son. De otro lado igualmente existen transposiciones y otros
medios de trabajo en los que no podemos aquí explayarnos. Todo lo cual
constituye una verdadera arte combinatoria 5 llamada, junto con otros
métodos, las ciencias del Tseruf, divididas en gematria, notarikon y
temurah.
No en vano estas operaciones constituyen formas de meditación
cargadas de emanaciones metafísicas. De hecho, como se ha dicho, todo
el Arbol de la Vida es una emanación entre Dios y el hombre, que va
adquiriendo distintos nombres en su desarrollo decimal perfectamente
equiparable al denario de Pitágoras y al de los neopitagóricos
alejandrinos, o mejor griegos.
Hemos ya señalado en el bosquejo que acabamos de hacer y que
seguiremos ampliando –comentando las ideas y textos de la Cábala en el
Renacimiento–, que tiene como fundamento el Antiguo Testamento y la
obra de algunos judíos helenísticos que escribían en griego y arameo y
cuyo mayor exponente fue Filón de Alejandría en el siglo I de la era
cristiana, que se expresa en términos alegóricos, netamente influenciados
por el pensamiento griego. Por lo que desde sus comienzos la Cábala
está relacionada con distintas gnosis entre ellas y especialmente el
hermetismo y aún el pensamiento iranio y las numerosas sectas que
pululaban en aquellos tiempos en la cuenca del mediterráneo, entre ellas
las de los judeocristianos. En cuanto a la moral se habían agregado a su
propia ley muchos elementos de los estoicos. Esto es asimismo válido
para el propio Jesús y sus seguidores que eran judíos y no cristianos, en
el sentido que tiene este vocablo actualmente después de los numerosos
concilios eclesiásticos.6
En ese sentido Antonio Piñero afirma:
El cristianismo es un fenómeno religioso sincrético que recoge como en una
suerte de herencia el legado veterotestamentario, el del judaísmo helenístico –que
sigue desarrollando por su cuenta y en múltiples direcciones la teología del
Antiguo Testamento, por un lado, y, por otro, que es receptivo a muy diversas
influencias de la filosofía y la ética griega– y lo mejor de la religiosidad pagana,
en especial los anhelos que impulsaban a los adeptos de las religiones de
misterios y las ideas que conformaban las esperanzas de la mentalidad gnóstica
incipiente.7
Después de los libros bíblicos y ya en nuestra era, tres son los textos
cabalísticos fundamentales ya mencionados sobre los que se basa toda la
estructura del Arbol de la Vida hasta nosotros. Ellos son
el Bahir, el Sefer Yetsirah y el Zohar.
Según Aryeh Kaplan, uno de los comentaristas modernos más
autorizados, el Bahir, un texto que se suponía del siglo X-XI, sólo un
poco anterior a la escuela de Provenza que fue la que conformó la
Cábala tal cual la conocemos y atribuido al Rabbi Nehunia ben Hakana
del siglo I, es anterior al Sefer Yetsirah que es el gran libro cabalístico y
origen de todas las especulaciones pues en él está completa la estructura
del Arbol Sefirótico8 y ha sido comentado por decenas de cabalistas tanto
del mediodía francés como de la escuela de Gerona y de Castilla, o sea
de Sefarad9 donde nació la Cábala como hoy la conocemos y que
culmina con el Zohar, extenso libro, que ha sido tomado con la misma
importancia que el Talmud por el pueblo judío.
De la escuela española se destacan Azriel de Gerona, directamente
emparentado con las enseñanzas de Isaac el Ciego y su familia, es decir
con la Cábala de Provenza, y que junto con Ezra y luego Nahmánides en
Barcelona y Abulafia en Aragón configuran una escuela que fue recibida
por los grupos de Castilla y produjo autores tan brillantes como
Chiquitilla y Moisés de León, todos ellos aunados en la doctrina de la
Cábala.
En 1492 son expulsados los judíos de toda España y se van
estableciendo en distintas ciudades como Safed donde se afincan
creando en Galilea una importantísima escuela. Pero antes también
viajaron a Inglaterra y Holanda, Europa Central y Alemania, 10 inclusive a
Turquía, pero fundamentalmente a Italia donde se produjo la Cábala
hermético alquímica del Renacimiento.
Fueron terribles tiempos para los judíos sefarditas y se ve que España
(Sefarad) fue para ellos su casa y su cultura, la que han añorado por
siglos al punto de que continuaron hablando castellano en una modalidad
llamada ladino, que contiene parte de los términos arcaicos del siglo
XV, (lo que hemos podido conocer en un viaje a Turquía en la época
actual; muchos de ellos han visitado a España por temporadas), o sea se
han asentado allí; también en Israel y otros puntos de Occidente.
Esta amarga experiencia del destierro sin embargo ha resultado positiva
en el sentido de la expansión de su pensamiento, especialmente del
esoterismo, o sea de la Cábala, y se corresponde con su doctrina en
donde el ser humano es un exiliado en este mundo, situación que le ha
sucedido en varias oportunidades a lo largo de su historia al pueblo
judío.
Como se puede apreciar nuevamente coexisten la religión judía y la
cristiana que, por cierto, participan de un Origen común y un destino
perpetuamente ligado pese a las amargas experiencias de incomprensión
histórica; algo análogo al caso de católicos, protestantes y ortodoxos, o
forzando un poco la comparación, al de los shiitas y sunitas en el Islam.
Tres grandes ideas de la Cábala
NOTAS
*
Este texto contiene letras hebreas, la tipografía puede descargarse en esta
dirección, al final de dicha página: (font SPTiberian).
1
Federico González-Mireia Valls, Presencia Viva de la Cábala. Libros del
Innombrable, Zaragoza, 2006; Federico González, Simbolismo y [Link]
del Innombrable, Zaragoza, 2004; Federico González y col., Introducción a
la Ciencia Sagrada. Symbolos 25-26, Barcelona, 2003; Federico
González, El Tarot de los Cabalistas. Kier, Buenos Aires, 1993; id., El
Simbolismo de la Rueda. Kier, Buenos Aires, 2006.
2
En el Corpus Hermeticum leemos: "'Ellos', dijo Hermes, 'identificarán e
interpretarán todos los secretos de mis escritos, y, aunque retengan algunos,
los que prevengan sobre la buena conducta de los mortales, los grabarán en
estelas y obeliscos.'" Textos Herméticos. Ed. Gredos, Madrid, 1999, pág.
380.
3
Siguiendo a Charles Mopsik estas son otras de las obras de Moisés de
León: Or Zarou'a, "La luz sembrada"; Chocan Edout, "La rosa del
testimonio"; Sefer ha-Rimon, "El libro de la Granada"; Nefech ha-
Hakhama, "El alma inteligente"; Sefer ha-Michqal, "El libro de la
balanza"; Chéquel ha Qodech, "El siclo del Santuario"; Michkan ha-Edout,
"La residencia del testimonio"; Cha'ar Yessod ha-Merkaba, "El pórtico del
fundamento del carro"; Maskiyot Kessef, "Los adornos de plata"; "Tratado
sin título"; Che'elot ou-Techouvot,"Preguntas y respuestas"; Sod Esser
Sefirot Belima, "El secreto de las diez sefiroth misteriosas" y una serie de
textos pseudoepigráficos.
4
También aseguran que es más importante tener el diagrama presente y
meditar en él hasta que se fije en la conciencia, con sus respectivos números
y nombres, para que actúe en nosotros de forma subliminal, mágicamente.
5
Nombre de una obra de Ramón Llull (c.1232-c.1316).
6
"A pesar de ella, el grupo jerusalemita en su conjunto no entiende su fe
como una nueva religión, una nueva interpretación del mundo, ni se sienten
separados de Israel, ni netamente distanciados, como el grupo sectario de los
manuscritos de Qumrán. Son judíos y permanecen judíos, y ciertamente
viven unidos a sus connacionales compartiendo el abrigo de una misma
religión; sólo se perciben como una nueva vía, un nuevo 'camino' dentro del
judaísmo." Antonio Piñero, Orígenes del Cristianismo. Epílogo, Ediciones
el Almendro, Córdoba, 1995, pág. 413-414.
7
Ibid., pág. 406.
8
"Diez Sefirot de la nada, diez y no nueve, diez y no once. Entiende con
sabiduría, sé sabio con Entendimiento. Examina con ellas, y escruta desde
ellas. Haz que [cada] cosa se yerga sobre su esencia, y haz que el Creador se
siente en Su base". Aryeh Kaplan, Sefer Yetzirah. El Libro de la
Creació[Link] Mirach, Madrid, 1996, pág. 64.
9
Para toda esta parte ver nuestro estudio Presencia Viva de la Cábala. Libros
del Innombrable, Zaragoza, 2006.
10
Donde ya existían grupos conectados desde hacia años con el Languedoc
francés.
INTRODUCCION (2)
Tres grandes ideas de la Cábala
En este punto, queremos ofrecer unas breves pinceladas sobre tres
concepciones importantes para la Cábala, que son las de En sof,
el Adam Kadmon y la idea de la androginia en Dios, y que serán tratadas
más adelante en el presente libro.
Como hemos visto, el modelo del Arbol de la Vida es un pantáculo
sintético del orden universal, al tiempo que un vehículo para la
reminiscencia y la realización espiritual del iniciado, y aún más, un
símbolo revelador de la realidad metafísica que lo trasciende, ámbito
que en la Cábala se llama En sof (Sin fin), el misterio insondable que
aunque nunca podrá ser conocido por su naturaleza inaprensible, atrae
de manera irresistible el alma de aquel que no le opone resistencia. En
realidad no hay palabras para definir lo que no tiene límites, ni
condición o determinación de ningún tipo, por lo que los cabalistas
siempre se han referido a esa región empleando términos negativos –
como infinito, inabarcable, inefable, insondable, incognoscible–, o
superlativos –supraconsciente, supraesencial, el Anciano de los
Ancianos–, o bien interrogativos: "Mi" (¿Quién?), a sabiendas que la
experiencia de ese estado de conciencia no se alcanza con el concurso
del discurso lineal y racional, sino por las rupturas de nivel y los saltos
cualitativos que promueve la irrupción del Intelecto, rayo iluminador y
transmisor de la oscuridad más que luminosa de lo supracósmico, que
rapta el alma del iniciado y la eleva a esa esfera sin contorno.
En sof es reconocido por todo cabalista como el meollo de la búsqueda
intelectual-espiritual, aunque no se vive como una meta o un fin en el
sentido de algo a alcanzar o aprehender, sino como una experiencia
innombrable y directa siempre presentida y presente por los medios
extraordinarios de la conciencia. De esta manera se concibe que todo es
y no es simultáneamente, que el límite convive con lo ilimitado, lo
visible con lo invisible, no como una dualidad que coexiste en paralelo,
sino como una misteriosa no-dualidad que en su indiferenciación
incluye simultáneamente la aparente polarización de las posibilidades de
ser con aquellas totalmente ocultas y por siempre innombrables del no-
ser.
Quizá el Silencio o el Reposo absoluto sean los símbolos que nos
evocan ese dominio que muchos cabalistas ubican más allá del Arbol de
la Vida, insinuándolo como una serie de velos en el caos precósmico,
mientras que otros lo han visto como la cúspide de Kether.
Por ello toda audacia del pensamiento en aras a esa experiencia se queda
corta, y el cabalista se ve abocado a vivir una permanente paradoja,
enajenándose y desarraigándose del mundo y su efímera contingencia, al
tiempo que lo emplea como soporte para franquear sus límites y
abismarse así en el Océano sin fin, o sea, que percibe el universo como
un aula abierta de la mente, hasta llegar o pretender siempre llegar a lo
más grande: un aula ahora ya vacía y oscura pero no tenebrosa, y por lo
tanto sola, indescriptible, a la que los cabalistas aspiran constantemente.
De En sof todo depende, pero él no depende de nada; en su
indiferenciación contiene el nombre de todas las cosas, seres, mundos,
ideas y arquetipos que se despliegan en el proceso cósmico, pero en sí es
innombrable. En su soledad todo permanece en estado de pura potencia,
y a ello se refiere otro concepto fundamental para la Cábala que es el
del Adam Kadmon u Hombre Primordial.
Este símbolo es el prototipo de la Creación en el reino de lo metafísico,
el cual es visto como un Hombre de dimensiones gigantescas, que serán
aplicables tanto al macro como al microcosmos; o sea una concepción
del modelo del Universo anterior a su gestación, desarrollo y
nacimiento, pues está claro que cualquier determinación, por más
primordial que sea, es "fruto" de un inventor, de un poder que
tornándose consciente de sus posibilidades de ser, diseña una
arquitectura invisible en esa región ignota antes de revelarla o
manifestarla.11 Para explicar este hecho misterioso en el seno de la Nada
ilimitada, la Cábala, y en concreto las valiosas aportaciones de las
meditaciones y certezas que transmitió Luria –que se fundamentan a su
vez en enseñanzas ya esbozadas por algunos cabalistas medioevales–,
elabora la teoría del tsim tsum según la cual una contracción en el seno
de En sof hace que Dios se retire de sí mismo y deje un espacio vacío al
descubierto, que al ser fecundado por el rayo supraesencial, originará
ese ser prototípico conformado por diez potencias o receptáculos, las
diez sefiroth del Arbol de la Vida, que a su vez serán colmadas por la
luz supracelestial.
Además, la idea del desmembramiento del Hombre Primordial o de la
rotura de las siete sefiroth de construcción que lo conforman –que al no
poder soportar el exceso de luz que las inunda se quiebran y en su caída
dan lugar a todos los mundos y seres–, se vincula con el origen de la
Manifestación y la doctrina de los ciclos cósmicos que la regirá a todos
los niveles. Dicha teoría está presente de una manera u otra entre los
pueblos egipcios, griegos y caldeos, que la heredaron a su vez de la
civilización atlante12 según nos refiere Platón en dos de sus diálogos –
el Critias y el Timeo–, hombres que fueron los descendientes y
actualizadores de la Tradición Primordial en un momento determinado
del ciclo de esta humanidad y que antes de desaparecer bajo las aguas
del océano transmitieron las verdades eternas a esos pueblos
mediterráneos.
Esta concepción, tan viva todavía en los albores de las mencionadas
culturas, se ha ido olvidando poco a poco, y su ignorancia ha provocado
que muchos estudiosos contemporáneos de la Historia de las Religiones
no puedan fijar con acierto el hilo sutil que religa a todos esos pueblos
con el pensamiento primigenio emanado de la Tradición Unánime,
acentuándose entonces las diferencias y los prejuicios hacia lo que no es
"propio", y valorando las identidades entre todas estas culturas como
algo fortuito, sino inexplicable o difícil de definir.
Esto se constata igualmente a la hora de explicar la misteriosa
androginia en Dios, que tantos problemas ha acarreado a las tres
tradiciones monoteístas a medida que han ido ignorando o rechazando el
esoterismo, cuya perspectiva es la que penetra y explica la esencia de
esta simbólica tan paradójica.
Es claro que no puede haber dualidad en la deidad, y que ésta es una con
toda la manifestación, pero lo cierto es que para salir aparentemente de
su mismidad lo hace revelando sus dos facetas, la masculina y la
femenina, de cuya conjugación permanente emergerán todas las
criaturas y entes del universo. Esta polarización está presente con mucha
nitidez en la simbólica del Arbol de la Vida desde varias perspectivas:
en sus dos columnas complementarias que se equilibran en la central, en
el hecho que cada sefirah es receptiva respecto de la anterior y positiva
en relación a la que le sucede, además de que cada una de ellas tiene una
faceta luminosa que mira hacia Kether y una oscura que se orienta
hacia Malkhuth, y muchas otras combinaciones posibles. Ello es
perfectamente análogo a lo simbolizado por el caduceo de Hermes,
entidad inspiradora de toda una literatura sapiencial que como iremos
viendo tuvo, juntamente con la cabalística, una impronta crucial en el
Renacimiento, y de la que evocamos estos fragmentos:
Cuando se hubo cumplido el período, fue disuelta, por voluntad de Dios, la
ligación de todos los seres. Puesto que eran andróginos, fueron separados, a la
vez que el hombre, y se convirtieron por turno, unos en varones, otros en
hembras.13
Y en otra sección del Corpus Hermeticum, concretamente en los
Extractos de Estobeo se relata:
Horus: "Y las almas masculinas o femeninas, madre, ¿cómo se originan?".
Isis: "Las almas, hijo, tienen una misma naturaleza, puesto que proceden de una
región única en la que las modela el creador, y no son ni masculinas ni
femeninas, esa condición, por tanto sólo se da en los cuerpos, no en lo
incorpóreo; esta particularidad de ser unas coléricas y otras más dulces, hijo,
reside en el aire, aquel en el que todo se origina; porque el aire del alma es el
cuerpo que la recubre, y amasijo de los cuatro elementos, tierra, aire, agua y
fuego.14
Es por tanto muy notorio en la Cábala el empleo de la simbólica sexual
para expresar la "fragmentación" del andrógino primordial y su
polarización en un principio masculino, benéfico y fecundador (de
donde emana, al decir de los cabalistas, el Lado de la Derecha), y otro
negativo, receptivo y riguroso que engendra y se despliega como el
Lado de la Izquierda, principios –simbolizados en la tradición hindú por
el linga y el yoni– que siempre se atraerán y rechazarán a diversos
grados y niveles en virtud de la ley cósmica de la contracción y la
expansión, alcanzando instantes de conjunción, los que posibilitan el
emerger de una nueva posibilidad del ser en la accesis al Conocimiento,
y así, conociendo el código secreto del universo, poder salir de él.
Por cierto que toda la literatura del esoterismo judío está atravesada por
esa simbólica de la androginia y la dualidad cósmica, como lo expresa
el Sefer Yetsirah15 en este capítulo:
Tres Madres: Alef, Mem, Shin. Un gran secreto místico cubierto y sellado con
seis anillos y de ellas emanaron el aire, el agua y el fuego, y de ellas nacen Padres
y de los Padres descendientes.
Entonces, el camino de retorno o de liberación es descrito en
innumerables ocasiones a través del lenguaje erótico, cópulas y
conjunciones a distintos grados y niveles ascendentes, lo que conjuga la
visión de un camino apacible en un mundo feliz de una belleza
arrobadora, con la experiencia de enormes convulsiones y descalabros
de distinta índole, ideas estas que adquirieron un gran vigor durante el
Renacimiento,16 que es el período en el que hemos centrado esta
investigación, en el que confluyen mágicamente los rastros del legado
greco-egipcio y judío17 y donde los sabios, magos, poetas y alquimistas
de cada una de estas corrientes fueron todavía capaces de reconocer las
identidades esenciales y establecer analogías y correspondencias al
laborar con distintos modelos metafísicos, entre los cuales el del Arbol
de la Vida y el del alefato hebreo. O sea, que en medio de las luchas
políticas más feroces, intrigas y persecuciones en distintos flancos,
floreció simultáneamente una de las más bellas manifestaciones del
amor y la belleza en todos los órdenes y dominios, es decir, un estallido
de las ideas fecundas y eternas, que en circunstancias bien paradójicas
vivieron muchos de esos iniciados en propia carne.
El Tema
NOTAS
11
El Adán terrestre es la síntesis, la reducción del Adam Kadmon Universal y
éste, a su vez es la proyección agigantada y totalizadora del microcosmos en
perfecta concordancia con el Adán macrocósmico. En ambos casos el
nombre de Adán significa la energía vital y manifiesta la relación entre el
micro y el macrocosmos, (invertidos entre ellos, hay que hacerlo notar),
regulándolos, mediante el desequilibrio y la aceptación.
12
Es curioso observar que la imagen mítica que nos ha llegado de los atlantes
es la de seres humanos de grandes dimensiones, lo que nos recuerda los
nefilim de la Biblia, el gigante griego Atlas, el ex san Cristóbal cristiano y
los gigantes de las culturas precolombinas, herederas también de la
Atlántida.
13
Textos Herméticos. Poimandrés. Ed. Gredos, Madrid, 1999, pág. 86.
14
Ibid., pág. 389.
15
Sefer Yetsirah. El libro de la Creación. Ed. Mirach, Madrid, 1994, capítulo
3, mishna 2, pág. 174.
16
En virtud de la analogía entre el macro y el microcosmos, esta polarización
se expresa en el ser humano, en el hombre y la mujer, tema éste que fue
tratado en el medioevo por Ezra de Gerona en su Comentario al Cantar de
los Cantares, (y por otros cabalistas), y que en pleno Renacimiento llamó la
atención de Alemmano y de Fray Luís de León, entre otros, que tradujeron y
comentaron esa obra atribuida a Salomón.
17
Zósimo de Panópolis, alquimista alejandrino judío de los primeros siglos de
nuestra era, ya constata esa identidad: "El libro verdadero de Sofé el Egipcio
y del Dios de los Hebreos, Señor de las potencias, Sabaoth, –pues hay dos
ciencias y dos sabidurías, la de los Egipcios y la de los Hebreos– es más
sólido que la justicia divina. En efecto, la ciencia y la sabiduría de las cosas
más excelentes nace del fondo de los años –ningún maestro la produce, es
autónoma– y es inmaterial y no busca nada de los cuerpos sumergidos en la
materia y enteramente perecederos, pues ella opera sin padecer en sí misma
ningún cambio. Ahora tú la posees como un don gratuito". A. J.
Festugière, La Révélation d'Hermès Trismégiste I. L'Astrologie et les
sciences occultes. Les Belles Lettres, París, 1989, pág. 261.
CAPITULO I
EL TEMA
En una obra interesante, Alchemy of the Word, Cabala of the
Renaissance, su autor Philip Beitchman18 dice en su Prefacio, algo que
para nosotros es válido en términos generales y que adoptaremos en este
libro, en cuanto a las tres variantes en que se manifiesta la Cábala en el
Renacimiento:
La Cábala se extiende en tres corrientes distintas pero interrelacionadas a través
del Renacimiento. Primero la corriente Judía, que surge en el norte de España y
el sur de Francia en los siglos XII y XIII, luego se expande por Europa en el siglo
XVI, mientras se "radicalizaba" por medio de la "comunidad sagrada" en Safed,
en el Medio Oriente. El curso de la Cábala, mediante la cultura de la purificación,
la exaltación y el "Paraíso Ahora" de Safed, había sido cambiado profundamente
y en una dirección mesiánica
Y agregamos nosotros que este movimiento con el tiempo se expresa en
Alemania y Centro Europa (judíos askenazi) y da lugar a distintas
manifestaciones de la que es la más importante los Hassidim. Y sigue
Beitchman:
En segundo lugar, una Cábala cristiana, [que] deviene un factor en la cultura
europea con el descubrimiento del Zohar por Pico de la Mirándola, traído a Italia
por judíos refugiados de España. Pico decía, ante cualquier concilio sagrado que
le escuchara, que él pensaba que nada prueba tan bien la divinidad de Cristo y la
verdad del Nuevo Testamento como la Cábala. Esta conjetura de Pico, aunque
prontamente condenada como herética por su degradación neoplatónica de la
Razón (teología Aquino-Aristotélica), sin embargo, nutrió una Cábala Cristiana
por siglos.
Y por último:
En tercer lugar, una Cábala teúrgica neopagana que conecta con un hermetismo
más o menos antiguo, es generada en Italia aproximadamente al mismo tiempo
que la cristiana de Pico. Este osado movimiento, que atraviesa un milenio de
monoteísmo, rehusando sus límites, modestia y restricciones, volviendo a su
origen pagano, tiene sus héroes y sus mártires. Notable en él, en su mismo
comienzo en el siglo XVI, fue Ludovico Lazzarelli, cuya Copa de Hermes, fue
un texto muy leído y de gran influencia, pero peligroso de reconocer. Algunos de
los mártires de esta Cábala neopagana fueron Giordano Bruno (quemado en
1600, por negarse a retractarse de su teoría de los mundos infinitos) y Lucilio
Vanini (quemado en 1619 por ateo). En el siglo XVII, la Cábala neopagana se
fusiona con el rosacrucismo, con figuras demiúrgicas como Robert Fludd y
Thomas Vaughan, pero para fines del siglo XIX ésta se encontraba en términos
muy cercanos a la teosofía.
En verdad todas estas tradiciones son paralelas y tienen un origen
común; en cuanto al nombre neopagano es realmente desagradable ver
hoy en día cómo se toma este epíteto. Lo que verdaderamente habría
que decir es que se trata del pensamiento griego y sobre todo bajo el
patrocinio de Hermes, dios mensajero y antediluviano, que dona este
discurso a los hombres de esta época, en especial a Marsilio Ficino, tal
vez la individualidad creadora del Renacimiento a través de la escuela
de Florencia, patrocinada por Cosme y luego por Lorenzo de Médici, el
Magnífico, y que transmite no sólo a Italia sino a toda Europa esta
Tradición Hermética amparada por el dios griego Hermes, 19 el Thot
egipcio. Que gracias a estas invocaciones toma forma durante varios
siglos, especialmente en la Cábala, los textos y grabados alquímicos,
hasta el movimiento Rosacruz y la Masonería en el siglo XVIII.
Como se verá a continuación Pico no era sólo un cristiano según
Beitchman lo define. Así Edgar Wind20 explica su pensamiento:
Pico afirmaba que la tradición pagana compartía con la Biblia una misma virtud:
había misterios hebraicos además de paganos. El libro del Éxodo, por ejemplo,
relataba que Moisés había pasado cuarenta días en el Monte Sinaí en dos
ocasiones para recibir las Tablas de la Ley. Como sería absurdo suponer que en
cada uno de esos casos Dios había necesitado cuarenta días para entregar a
Moisés las dos tablas con los diez mandamientos, acompañadas de una serie de
reglas litúrgicas, era evidente que Dios había conversado con Moisés de otros
asuntos, y le había revelado innumerables secretos divinos que no debían ponerse
por escrito. Estos fueron transmitidos entre los rabinos a través de una tradición
oral conocida como la Cábala (en la cual la teoría de las sefiroth y el "Dios
oculto" recordaba las "emanaciones" y el "Uno más allá del Ser" de los
neoplatónicos). Así, Pico pensaba que la Cábala era a la ley escrita del Antiguo
Testamento lo que los secretos órficos a los mitos paganos.
Al comparar unos misterios con otros, Pico descubrió una afinidad insospechada
entre ellos. En el dogma externo, no había reconciliación posible entre las
teologías pagana, hebraica y cristiana, pues cada una de ellas estaba vinculada a
una revelación diferente; pero cuando la naturaleza de los dioses paganos se
entendía en el sentido místico de los platónicos órficos, la naturaleza de la ley
mosaica en el sentido oculto de la Cábala y la naturaleza de la gracia cristiana se
revelaba en la plenitud de los secretos que San Pablo había desvelado a Dionisio
el Areopagita, se descubría que estas teologías no diferían en el fondo, sino sólo
en el nombre.
Mas tal vez la importancia de Pico radica en haber sido el transmisor de
la Ciencia Sagrada judía en la brillantísima época del primer
Renacimiento. Empero, fue poco lo que escribió Pico sobre Cábala, –
aunque suficiente– dedicado más a la Filosofía y a hacer esfuerzos para
concordar el pensamiento de Aristóteles con el de Platón, 21 como lo
hacía también Gemistos Pletón22 y otros filósofos con igual autoridad y
sentido. Por lo que se podría decir que tanto Ficino como el conde de la
Concordia, título nobiliario de Pico, hicieron posible esta unión del
Hermetismo con la Cábala judía, ya que el primero había traducido los
textos del Corpus Hermeticum, aparentemente traídos de Bizancio por
Gemistos Pletón y el segundo había hecho públicos los libros sagrados
de la Cábala que habían sido traducidos para él por Flavius Mithridates,
pese a que Pico parece que conocía el hebreo, aunque no fuese un
"especialista" como los de hoy, tan literales como ignorantes; seres
pequeños, muchas veces parapetados en sus cátedras oficiales y en sus
enjuagues político mezquinos, de los que sobran ejemplos a nuestro
derredor.
Su principal contribución fue, más bien, aceptar la pretensión de los seguidores
del cabalismo de que sus escritos se basaban en una tradición secreta que se
remontaba, por lo menos en forma oral, a los tiempos bíblicos. Así la Cábala
adquiere una especie de autoridad paralela con la Biblia, semejante a la que tenía
la teología de Hermes y Zoroastro a los ojos de Ficino y del mismo Pico. Más
aún, Pico aplicó al cabalismo un principio que habían usado para el Antiguo
Testamento todos los escritores cristianos desde San Pablo: es decir, trató de
demostrar que la tradición cabalística, no menos que la Escritura hebrea, estaba
básicamente de acuerdo con la teología cristiana, y que por tanto podía tomarse
como profecía y confirmación de la doctrina cristiana. Ésta es su justificación
para estudiar y citar a los cabalistas, como podemos ver ya en la segunda parte de
su Discurso. Con este argumento, fundó toda una tradición de cábala cristiana
que encontró sus defensores en Reuchlin, Giles de Viterbo y muchos otros
pensadores en el siglo XVI y después, que usaron la Cábala para los fines de la
apologética cristiana.23
Por lo que hemos anotado relacionado con las traducciones de
Mithridates que utilizó Pico, pese a que en carta a Ficino de 1486 le
indica que ya lee y escribe en hebreo, debemos decir algo sobre este
personaje que tradujo entre otros textos el Zohar y fue profesor de Pico
en lenguas –junto con Pablo de Heredia–, tomado de La Kabbala
Cristiana del Renacimiento de F. Secret24 en palabras de la Crónica de
Volterra (1481):
"Guillermo de Sicilia, de la casa del cardenal de Molfetti, sabio en hebreo, en
griego y en latín, ha referido todos los misterios de la pasión de Cristo, y los ha
probado mediante la autoridad y los escritos de los hebreos y los árabes, haciendo
las citas en la lengua de los originales. Es judío de nacimiento y harto sabio en su
religión, y ha sido bautizado hace unos catorce años. Ha enseñado algunos
secretos de los judíos que nos eran desconocidos hasta este día, y mediante los
cuales muestra que los judíos persisten en sus errores, no tanto por ceguera e
ignorancia como por una obstinación habitual. Aun cuando el sermón durase dos
horas, fue grato a todos, tanto en razón de la diversidad de las materias como de
la sonoridad de las palabras hebreas y árabes, que el predicador pronunciaba
como su propia lengua, y fue aplaudido por todos y, en primer lugar, por el
Pontífice y por los cardenales".25
E insiste F. Secret:
Guillermo de Sicilia es quien, con el nombre de Flavius Mithridates, sería uno de
los maestros de kabbala de Pico. Aunque la historia de este personaje sea todavía
bastante confusa, parece que este Guillermo de Sicilia sea el converso Judas ben
Nissim Abul Farag de Girgenti, que adoptó el nombre de su señor, Guglielmo
Raimondo Moncada. Así es, en efecto, como firma el famoso sermón que dedicó
a Sixto IV. Por entonces era maestro en artes. Dotado de un priorato en Cefalú,
hizo carrera en Roma bajo la protección del cardenal Melfi, como profesor de
teología hasta la fecha de 1483, en la que, a consecuencia de una fechoría que
quedó en el misterio, que sin duda fue un homicidio, hubo de abandonar Roma e
Italia.
Pero el que describe a Pico los misterios judíos de modo documentado
es Elía del Medigo26 que conocía a Pico desde 1480 y que expresa en
una carta datada en 1486:
Como veo que vuestra señoría se entrega a grandes trabajos sobre la santa
kabbala, quiero indicaros lo que he anunciado en otra parte de mi comentario
sobre el libro De la sustancia del mundo, escrito en hebreo, a propósito del
intelecto espiritual. Lo cual siempre me he negado a deciros. Y puedo declararos
verdaderamente que esta materia es tan oculta que nadie de cuantos se ocupan en
nuestro tiempo de ella han conseguido su conocimiento. Aún más, pocos han sido
los antiguos, sin duda. Cuantitativamente, la cuestión es mínima, [pero] es
considerable cualitativamente.
Estos autores han pensado, pues, que existen ciertas esencias en grado inferiores
al grado del Dios de gloria, al que llaman Infinito, y que son emanadas, no digo
hechas ni producidas, de este ser llamado Infinito. Estas esencias son de grados
diversos: las del grado superior están en las potencias motrices de los cielos y de
los cuerpos celestes sensibles. El orden, según el cual los seres creados son
producidos y conservados según este orden, depende de las esencias o Zephiroth,
es decir, numeraciones. Así es, en efecto, como llaman a estas emanaciones que
parten del Infinito. Creen que por lo que atañe al Infinito, no se puede hablar de
pensamiento, término o determinación de ninguna clase. Sobre él no se puede
hablar ni de voluntad, ni de intención, pensamiento, ni, de una manera general, de
una disposición cualquiera Este mundo, en efecto, quedaría por ello disminuido o
perdería algo de su perfección. Pero la emanación primera, que parte del Infinito,
son estas esencias que hemos dicho, y la segunda sus grados, a los que llaman
Zephiroth, como lo hemos dicho. Estas esencias actúan por la potencia de Dios,
al que llaman Infinito, y por la emanación que les proviene de este Infinito. Ellas
son por su potencia, ya que los Zephiroth dependen y emanan del Infinito. Según
los kabbalistas, el orden que encontramos en el mundo depende de estos
Zephiroth. En cuanto al primero, al que llaman Infinito, no se puede hablar a su
respecto de disposición o de atribución positiva. Ni siquiera quieren llamarlo
intelecto. Como Averroes, quien en el capítulo 4 de su Destrucción de
Destrucciones,cuando habla de los atributos o de las propiedades, dice que Platón
o ciertos platónicos no quieren llamar a Dios intelecto o afirmar de él que es un
intelecto. Han dado a los Zephiroth los nombres propios; y han dicho la causa de
esta emanación o dependencia que hace que estos Zephiroth no puedan ser
superiores o inferiores a diez. Sobre esta materia han escrito libros y volúmenes.
A esto yo he agregado otros desarrollos en mi libro De la sustancia del
mundo, pero no os son necesarios. Y todo esto es casi totalmente ignorado por
todos o por la mayoría de aquellos que se entregan a esta doctrina. No hacen más
que repetir las palabras, sin entender nada. Pero no es éste el momento de
declarar todas estas cosas, y puede que un día, cuando me halle junto a vos, de lo
cual dudo, os lo exponga perfectamente. No obstante, bastan estas explicaciones,
sobre todo como fundamento.27
Aquí se está bosquejando el modelo del Arbol Sefirótico, lo que
atestigua que en 1486 ya Pico lo conocía y aunque en
sus 900Conclusiones de ese mismo año, texto anárquico y sin ningún
orden ni sistematización solamente numera las Sefiroth junto con sus
correspondencias astrológicas –sobre las que nunca ha habido
unanimidad– en la proposición 876; y aunque no explica con claridad el
desarrollo del Arbol y los Nombres, empero es capaz de comprender
que:
El En Soph no ha de contarse junto con las otras numeraciones porque es la
unidad abstracta etc., etc., etc 28
En realidad las Proposiciones no deben leerse como un texto cabalístico,
tal los de Azriel de Gerona o Joseph Chiquitilla. En primer lugar hay
que tener claro que fueron escritas precipitadamente por el autor para
defenderse ante el papado de acusaciones de herejía, por lo cual pagó
con prisión en el Castello de San Angelo en Roma y por las que fue
condenado por ese tremendo delito para la época, lo que lo excomulgaba
de su comunidad. Por otra parte las Conclusiones mágico cabalísticas
tienen verdaderos logros y brillantes proposiciones herméticas y
cabalísticas aunque algunas son misteriosas y muy difíciles de entender.
Incluso se podría pensar que precisamente por eso el texto es confuso y
dice poco ya que el Conde no quería revelar secretos sagrados que a su
vez le habían revelado, acaso bajo juramento de silencio.
En todo caso el verdadero valor de sus Conclusiones es haber señalado
en este libro los mismos orígenes y fines de la Tradición Hermética con
la Cábala, y a ésta con el neoplatonismo-pitagorismo, a Proclo y a
Jámblico y a todos ellos con los Oráculos Caldeos, y lo que es más
importante, con el Cristianismo, fundamentalmente en lo que toca con la
Trinidad y la figura del Hijo, el que se obtiene agregando en el
Tetragramatón (hwhy) la letra Shin (#).*
En ese sentido su trabajo de investigación y síntesis, como el de Ficino,
ha sido un extraordinario aporte para los estudiosos de la metafísica y
los historiadores de las religiones que han encontrado en estas relaciones
simbólicas –que se pueden extender a todas las civilizaciones y culturas,
como se ha hecho, posteriormente, por otra parte– innumerables
analogías que les han permitido trabajar con tradiciones disímiles y
diferentes metafísicas y cosmogonías, que lo son sólo aparentemente
pero que obedecen a un arquetipo común, que precisamente el
Arbol Sefirótico fija en nuestras coordenadas espaciales.
El Tema (cont.)
NOTAS
*
Este texto contiene letras hebreas, la tipografía puede descargarse en esta
dirección, al final de dicha página: (font SPTiberian).
18
Philip Beitchman, Alchemy of the Word, Cabala of the Renaissance. State
University of New York Press, Albany, 1998, Prefacio, pág. X-XI.
19
Especialmente el Hermes Trismegisto alejandrino.
20
Edgar Wind, Los Misterios paganos del Renacimiento. Barral Editores,
Barcelona, 1972, pág. 32 y 34.
21
Como se sabe Marsilio Ficino fue no sólo el maestro de Pico, y treinta años
mayor que él, sino el fundador de la nueva Academia Platónica en Florencia
de lo que se ufanaba ya que había sido el traductor de Platón al latín: "He
traído el pensamiento platónico a los latinos".
"Ficino consideró siempre como indispensable para la comprensión de
Platón una sólida formación aristotélica". Raymond Marcel, Marsile Ficin.
Les Belles Lettres, París, 1958, pág. 468.
22
Gemistos Pletón (1355-1452), bizantino, cuyo nombre era derivado de
Platón, fue un sabio que arribó a Italia para el Concilio Ferrara-Florencia
para la unión de las Iglesias de Oriente y Occidente que se realizó allí. Trajo
consigo una serie de textos manuscritos griegos que posteriormente
tradujera Marsilio Ficino al latín; asimismo aportó los libros Herméticos,
que en Europa no se conocían salvo una versión del Asclepio en latín que
circuló durante toda la Edad Media y fuera conocido por distintos sabios o
autoridades de ese tiempo, o anteriores, tal San Agustín. Estos textos, como
lo ha mostrado Frances Yates, han sido fundamentales para la construcción
del primer Renacimiento, y del auténtico humanismo, más allá de Erasmo.
A ellos se deben agregar los nombres de Plotino y Proclo y tal vez
los Oráculos Caldeos.
Por su influencia sobre Cosme de Médici se llegó a fundar la Academia que
dirigiría Marsilio Ficino. Retirado a la ciudad de Mistra en el Peloponeso
predicó tanto las concordancias y diferencias entre Platón y Aristóteles
como instituyó una escuela neopagana. Maestro también del célebre
Cardenal Bessarion. Su obra principal De platonicae atque aristotelicae
philosophiae differentia fue impresa en griego en 1541 y en latín en 1574.
23
Paul Oskar Kristeller, Ocho filósofos del Renacimiento Italiano. Fondo de
Cultura Económica, México, 1970, pág. 85-86.
24
F. Secret, La Kabbala Cristiana del Renacimiento. Traducción de Ignacio
Gómez de Liaño y Tomás Pollán, Taurus Ediciones, Madrid, 1979, pág. 43.
25
Ver Chaim Wirszubski, Flavius Mithridates. Sermo de Passione
[Link] Press, The Hebrew University, Jerusalén, 1963, pág. 11-48.
26
Pico entró en contacto con este extraño personaje (1460-1497) en Padua, en
compañía de Girolamo Ramusio y ambos se dedicaron en la corte a divulgar
el pensamiento y la lengua hebrea, junto con la árabe. Así pasó a formar
parte del grupo de amigos del Fénix del Renacimiento. Elía del Medigo le
dio un curso sobre filosofía oriental y le tradujo algunos comentarios de
Averroes. También compuso para Pico numerosas Quaestiones, muchas de
las cuales versaban sobre el esoterismo aristotélico, derivadas del estudio de
Averroes que, como se sabe, transmitió una versión "islamista" del filósofo
griego, que en estas interpretaciones estaba más cercano a Platón, del que
también del Medigo había traducido la República. Es autor de De la
sustancia del mundo, y de la trilogía Quaestiones: De Primo Motore; De
Mundi Efficentia; De esse, essentia et uno. (Venecia, 1501). Publicó el
comentario de Averroes De substancia Orbis, y en hebreo el texto Ma'amar
be-Ezem ha-Galgal. Ver también Examen de la religión [Behinat ha-
Dat] de Elía del Medigo, donde se revela como filósofo averroísta: Eliya
Delmedigo, Examen de la religion. Le testament philosophique du judaïsme
d'Espagne à la veille de l'expulsion. Presentación, traducción y notas de
Maurice-Ruben Hayoun, Les Éditions du Cerf, París, 1992
27
"Entre los libros de kabbala, Elía del Medigo citaba el Sefer Haz-
zohar, el Meirath Enayim, La iluminación de los ojos de Bahya ben Asher,
el Schaare Orah, las Puertas de la Luz de Joseph Gicatilia, el Ma'areketh
ha Elohuth,La ordenación de los atributos divinos de Pérez ben Isaac y
el Perush al haTorah de Menahem de Recanati", que fue muy leído en su
momento. La Kabbala Cristiana del Renacimiento, op. cit., pág. 51.
28
Pic de la Mirandole, 900 Conclusions Philosophiques, Cabalistiques et
Theologiques. Editions Allia, París, 2002, Prop. 832, pág. 207. Otro de los
amigos de Pico fue Johanan ben Isaac Alemmano (1435-después 1504) el
cual produjo numerosos escritos destacando como los más
importantes: Heshek Shelomo, comentario al Cantar de los Cantares; Einei
ha-Edah ("Los ojos de la comunidad"), comentario filosófico-cabalístico al
Pentateuco; Hai ha-Olamim y Likkutim ("Libro de Collectanea"). Era muy
versado en griego y en árabe así como en filosofía, y familiarizado con la
literatura antigua, latina y la de la Edad Media. Conoció a Giovanni Pico de
la Mirandola en 1488; el encuentro en la Florencia de Lorenzo representó un
evento decisivo en su vida y la colaboración con el Fénix finalizó sólo con
su muerte en 1494; aunque tres años después fueron expulsados los judíos
de Florencia, a raíz del fallecimiento de Lorenzo. "La obra compuesta o
completada por Alemmano durante los años florentinos revela la continua
coincidencia de opiniones con la cultura humanística de ese momento y en
particular con el pensamiento ficiniano y el de Pico. La centralidad del
hombre en la Creación, la magia talismánica, el amor platónico, la búsqueda
de una Prisca Theologia hebrea, la revalorización de la retórica y de la
poética a los fines de una renovación de la didáctica de la lengua y de la
exégesis bíblica, son sólo algunos de los numerosos temas tratados en la
vasta obra enciclopédica de este filósofo hebreo, que revela, análogamente a
aquella de Pico de la Mirandola, la voluntad del autor de conocer los
campos más dispares del saber en la búsqueda de la única verdad
divina". La cultura Ebraica all'epoca di Lorenzo il Magnifico, a cargo de
Dora Liscia Bemporad y Ida Zatelli, Leo S. Olschki Editore, Florencia,
1992, pág. 49. También fue alquimista y escribió el libro Sa'ar ha-
Heseq ("Libro de la Puerta del Deseo", 1490) Ver: Patai, The Jewish
Alchemists. Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1994, pág.
293
Ramón Llull aparece como el Arbol cósmico del que nacen ramas que simbolizan
algunas potencias del alma: la corporal imaginativa, la memoria, la voluntad y el
entendimiento. Ramón Llull, Blanquerna, Valencia, 1521.
CAPITULO II
PRECURSORES DE LA CABALA HERMETICA
EN EL RENACIMIENTO (1)
Ramón Llull (c.1232-c.1316) y Arnau de Vilanova (c.1238-c.1312)
Hay dos personajes de finales del medioevo que tendrán una
importancia fundamental en el desarrollo de la Cábala hermético-
alquímica del Renacimiento, de los que Manuel de Montoliu nos dice en
la obra que les dedica y que justamente titula Ramón Llull i Arnau de
Vilanova:42
Un carácter común de universalidad hermana la figura de Ramón Llull con la de
su contemporáneo Arnau de Vilanova. Tanto a uno como a otro la ambición
intelectual los hace conocidos más allá de las fronteras de su patria, y en los dos
se manifiesta un apasionado interés por todo lo que afecta a la espiritualidad de
los pueblos de Occidente. Este anhelo de universalidad se manifiesta también por
igual en los dos: son trotamundos incansables que se proponen sembrar sus ideas
por los caminos de Europa.
Sobre el sabio de Mallorca son innumerables los estudios 43 que le han
dedicado investigadores de las más diversas disciplinas, dadas las
sorprendentes experiencias de su dilatada vida (c.1232-c.1316) y la
amplitud de temas por los que se interesó y sobre los que escribió. Por
eso, en una obra como ésta que ahonda en las formas de vehiculación
del pensamiento universal y primigenio y en cómo dicho pensamiento se
transmitió a través de la Cábala hermético-alquímica y cristiana durante
el Renacimiento, no podemos dejar de poner la atención en un hombre
que nació y vivió en las tierras de Sefarad, viajando también por todo el
Mediterráneo, justo en aquel periodo en el que aún convivían en España
las tres civilizaciones del Libro. Y donde por cierto la Cábala estaba
alumbrando sus más jugosos frutos en los escritos de Moisés de León,
Chiquitilla o Abulafia. En el hacer de Ramón Llull y en su obra
poliédrica se esconden señales de la Sabiduría perenne que subyace
tanto en el cristianismo como en el judaísmo y el islam, Sabiduría que
Lulio sintetizó en su "Arte", presentándolo como un "método"
aconfesional que enseñaba a pensar y que daba a cualquier ser humano
las herramientas intelectuales para reconocer en su conciencia la
compleja trama del universo. Él mismo explica que dicho Arte le fue
revelado en lo alto del monte Randa, y que era una emanación directa de
los principios inmutables y universales, lo que tradujo en el empleo de
unos soportes de intelección igualmente arquetípicos: los del número y
la letra. Esto explica la enorme influencia que tendrá su legado en la
mágica atmósfera del Renacimiento, y no tanto en su época agonizante,
en la que su propuesta fue más bien incomprendida y rechazada, y él
tachado de excéntrico, abstruso e incluso loco.
Este complejo pensador de noble estirpe fue en su juventud senescal del
rey Jaime I y se dedicó a la práctica de la poesía amorosa y cortesana,
llevando una vida lisonjera y de placeres. Pero tras cinco visiones del
Cristo en la cruz, abandona su familia, posesiones y prestigio social, y
reorienta toda su existencia, encaminándola al estudio, la escritura y más
adelante a la conversión de "infieles". Se lo ha visto como un gran
místico, con largos períodos de vida eremítica, pero en otros momentos
deviene un intrépido viajero, escritor incansable y diplomático que
presenta su Arte ante doctores de las universidades de París y
Montpellier, reyes y papas, con el firme propósito de promover una
renovación de la civilización occidental desde sus cimientos, lo que
implica comenzar por enderezar lo que pertenece al orden espiritual-
intelectual. Empezamos citando de Frances Yates dos fragmentos de su
obra Ensayos reunidos I. Lulio y Bruno44 porque nos ofrece una visión
amplia de la ubicación de Llull dentro de la historia de las ideas de
Occidente, así como de las fuentes de las que se alimentó:
En el siglo XIII, época del nacimiento de la escolástica, Lulio y su Arte ofrecen
un canal por el cual corre otra tradición a lo largo de la época escolástica, el
platonismo medieval, particularmente en las formas que provienen de Scotus
Erígena, en las que hay alguna similitud con los modos de pensamiento
cabalísticos. La filosofía de la expansión y la retracción de Erígena tiene más en
común con el dinámico cabalismo que con el platonismo, puramente estático. El
propio Lulio fue influido casi con seguridad por la Cábala que se desarrolló en
España más o menos al mismo tiempo que su Arte. De hecho, el Arte se entiende
quizá de mejor manera si se lo toma como una forma medieval de Cábala
cristiana.
Y ya hacia el final del artículo matiza:
El problema de la Cábala en relación con Lulio empieza a tomar una forma
ligeramente diferente. Deberíamos preguntar, no tanto si Lulio estuvo influido
por la Cábala, sino si el cabalismo y el Lulismo, con su base escotiana, no son
fenómenos de un tipo similar, nacidos uno en la tradición judía y otro en la
cristiana, que aparecen ambos en España más o menos al mismo tiempo, y que
podrían, por decirlo así, haberse alentado mutuamente engendrando ambientes
similares, o tal vez empapándose mutuamente el uno al otro.45
Lo que no contradice el hecho de que el mismo Llull reconozca haber
tenido tratos con algunos sufis del Islam, y en lo que se refiere a la
Cábala son bien significativos los datos apuntados por José Mª Millás
Vallicrosa en su artículo "La doctrina luliana y la Cábala": 46
Sabemos que Llull mantuvo relaciones catequéticas con los judíos: en 30 de
octubre de 1292, Jaime II le concedía licencia para predicar los sábados y
domingos en las sinagogas, y los viernes y domingos en las mezquitas, y también
sabemos que el Beato mantuvo amistosas relaciones con rabinos de Cataluña. En
la obra que dedicamos últimamente a Llull hacíamos notar la existencia de una
obra que Llull envió muy cortésmente a los célebres rabinos de Barcelona R.
Salomó ben Adret y R. Aharón ha Leví, el primero de los cuales representaba
entonces la primera autoridad canónica entre los judíos de la Corona de Aragón:
pues bien, hemos de destacar ahora que ambos rabinos se inscriben como
discípulos del citado místico R. Mose ben Nahmán o Nahmánides de Gerona.
Pero la cuestión no es tanto el detalle de si conoció a tal o cual
personaje, sino descubrir que de los constantes contactos mantenidos
con sabios y pensadores de otras tradiciones, así como del fruto de sus
investigaciones y meditaciones, Llull identificó en las distintas vías
iniciáticas (la Cábala, el esoterismo islámico e incluso el del
cristianismo que aún vivía en la Orden del Temple) 47 una unidad
doctrinal entroncada con la Tradición Primordial, que él reformularía en
ese destilado o extracto lógico-matemático que denominó el "Arte".
Las cuatro figuras del Arte de Ramón Llull.
En esta compleja y extraordinaria arquitectura del pensamiento, Lulio
asocia un número determinado de letras del alfabeto con nombres de
Dios, a los que llama dignidades, y de cuyas relaciones y combinaciones
deriva todo el orden del cosmos, constituyendo simultáneamente un
soporte para la elevación del entendimiento por la escala de la
conciencia. Tal como señala de nuevo Manuel de Montoliu en su libro
citado anteriormente:
La obra filosófica que dio más fama a Ramón Llull, escrita en los primeros
tiempos de su conversión, es el Ars Magna. Esta obra ha sido interpretada
diversamente por los comentaristas. Entre ellos, los hay que opinan que no tiene
otra razón de ser que una lucha contra el averroísmo (S. Bové); otros la
interpretan como una manifestación refleja del teosofismo oriental (Keicher);
algunos ven en ella un mecanismo combinatorio del arte de la argumentación,
influido por la Cábala (Pranti); hay quien afirma que en el fondo no es más que
un sistema de representación gráfica del silogismo (Littré); según otros, el Ars es
una mecánica dialéctica que señala una anticipación en el proceso de
degeneración de la lógica aristotélica (Guido Ruggiero). Un importante
descubrimiento en el estudio del Ars fue el de la íntima relación que hay entre la
concepción de este libro y la teoría luliana de las dignidades divinas y el
simbolismo universal. Exteriormente se reduce a un mecanismo construido con
figuras geométricas y círculos concéntricos representativos de la correspondencia
y perfecta armonía de los tres órdenes de la existencia: Dios, hombre, mundo. En
el punto central de estos círculos se encuentra la letra A que representa a Dios;
alrededor y en la periferia del círculo están ordenadas otras dieciséis letras del
alfabeto, representativas de otros tantos atributos o dignidades divinas. Cada uno
de estos atributos está unido a la A central y a los otros atributos con rectas que
convierten al círculo en un tejido complicadísimo de líneas entrecruzadas. Estos
dieciséis atributos –que en escritos lulianos posteriores se reducen a nueve,–
sirven para formar cuatro figuras principales y pueden ser combinados de 120
maneras. Si desnudamos la obra de este simbolismo, el Ars aparece como algo
más que un simple mecanismo dialéctico; es también un ensayo de metafísica y
un método deductivo que tiene por finalidad fundar sobre la unidad una ciencia
universal y aplicable a todos los conocimientos. Los principios absolutos se
identifican con las dignidades divinas y puesto que éstas no son conocidas más
que por las huellas que han dejado en lo creado, el hombre debe elevarse
progresivamente partiendo del mundo sensible, hasta descubrir a Dios (ascenso
del entendimiento). Una vez contempladas las dignidades divinas, el
entendimiento desciende otra vez hasta el mundo de la contingencia (descenso
del entendimiento).48
No es pues extraño identificar en el Arte que Llull va modelando a lo
largo de sucesivas obras –Ars compendiosa inveniendi
veritatem (1274), Ars demostrativa (1283), Ars inventiva
veritatis (1290), Ars generalis ultima (1305) y finalmente Ars
brevis (1308)–, muchas analogías con las especulaciones que los
cabalistas49 medioevales expresaron a través de la simbólica del Arbol de
la Vida, estructura viva del cosmos que se iba revelando en sus
conciencias y que se sustenta igualmente en numeraciones (las
10 sefiroth) y en las 22 letras del alfabeto sagrado, de cuyas
combinaciones se generan los Nombres divinos, además de ser un
modelo en el que, como el de Lulio, subyace la geometría divina como
una simbólica muy destacada (recordemos las divisiones del árbol en
tres tríadas, tres columnas, cuatro mundos, la circularidad de
las sefiroth, etc.).50
Después de la revelación en 1274, Ramón Llull se entrega a un periodo
de vida eremítica y contemplativa en el que no cesa de escribir, y que se
prolongará hasta 1287, momento en el que decide viajar a Roma para
presentar su "descubrimiento" ante el Papa, pero éste y la curia hacen
oídos sordos a su propuesta. Se dirige entonces a la universidad de la
Sorbona de París, donde igualmente es despreciado por los doctores, y
entonces opta por lanzarse a la predicación solitaria por tierras
tunecinas, donde ensaya la idea de reunir a varios sabios musulmanes
para exponerles sus saberes, con el fin de que se operara una conversión
y ulterior concordia. Pero allí de nuevo es menospreciado y tiene que
huir a toda prisa, pasando de nuevo por Roma, París y también
Barcelona, donde presenta al rey Jaime II no sólo la idea de utilizar el
Arte con fines apologéticos sino la posibilidad de emprender la
reconquista de Tierra Santa. Una y otra vez sus propuestas no coagulan,
y embargado por el desconsuelo y la soledad, viaja a la ciudad de Bugía,
donde no sólo será rechazado sino perseguido, encarcelado y lapidado,
escapándose en un barco que naufraga y del que se salva de milagro. Al
alcanzar Italia prosigue con sus intentos de difusión durante un tiempo
más, y al final de sus días parece que retorna a su Mallorca natal,
vilipendiado e incomprendido por casi todo el mundo. Mas los
constantes desprecios y acosos no menguan un ápice las certezas
espirituales que ha vivido y de las que ha ido dejando testimonio una y
otra vez en sus centenares de escritos de naturaleza filosófica, teológica,
científica, religiosa, apologética, enciclopédica, etc.
Ramón Llull (Cont.)
NOTAS
42
Manuel de Montoliu, Ramón Lull i Arnau de Vilanova. Ed. Alpha, Barcelona,
1958, pág. 127.
43
Destacamos: Ramón Llull i el [Link]. Publicacions de l'Abadia de
Montserrat, Barcelona, 1985, edición a cargo de Jordi Rubió i Balaguer;
Armand Llinarés, Ramón Llull. Edicions 62, Barcelona, 1968, prólogo de
Joaquín Carreras i Artau; Miguel Cruz Hernández, El Pensamiento de Ramón
Llull. Ed. Castalia, Valencia, 1977; Robert D. F. Pring Mill, Estudis sobre
Ramón Llull. Curial Edicions Catalanes, Publicacions de l'Abadia de
Montserrat, Barcelona, 1991; J. N. Hillgarth, Ramón Llull i el naixement del
[Link]. Id., Barcelona, 1998; Miquel Colom, Glossari General [Link]à. Ed.
Moll. Mallorca, 1982; Michela Pereira, Barbara
Spaggiari, Il "Testamentum"alchemico attribuito a Raimondo Lullo. Sismel,
Edizioni del Galluzzo, Florencia, 1999; y muchas más.
44
Frances Yates, Ensayos reunidos I. Lulio y Bruno. Fondo de Cultura
Económica, México, 1996, pág. 18.
45
Ibid., pág. 207.
46
Revista Sefarad, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid-
Barcelona, año 1958, pág. 251.
47
En su obra Vida Coetánea, Llull explica que se alojó durante un tiempo en
casa de Jacques de Molay, último gran maestre del Temple que fue quemado
vivo en 1314.
48
Ramón Llull i Arnau de Vilanova, op. cit., pág. 39-40.
49
Dice Ramón en su autobiografía: "Entonces el reverendo maestro redactó un
libro denominado 'Arte demostrativa', que leyó en público, y en la 'Lectura'
que hizo explicó que la primera forma y la primera materia constituyen un caos
elemental y que los diez predicamentos universales provienen y están
contenidos en él, según la teológica y católica verdad". Ramón Llull, Vida
Coetània. Ed. enSiola, Islas Baleares, 2004, pág. 34.
50
Se le ha reprochado a Lulio que en su sistema de ruedas haya números en vez
de letras hebreas, teniendo en cuenta la importancia de las letras, y la del
lenguaje que tiene tal preeminencia entre los judíos. Dicha descalificación
alcanza a todos aquellos que han trabajado con el Arbol de la Vida sin saber
hebreo o teniendo un conocimiento deficiente de la lengua. Sin duda esto
limita al filósofo que se ocupa de Cábala, pero se ve claramente en el caso de
Lulio, que la especulación con las letras no es imprescindible para los fines de
la gnosis y se puede alcanzar el Conocimiento por la vía pitagórica hermética,
advirtiendo que, por otra parte, esos números son a la vez letras en el alfabeto
hebreo. Además muchos textos cabalísticos del período renacentista están
escritos en latín, tal la Kabbala Denudata y prácticamente la totalidad de esta
literatura fue olvidada por el pueblo de Israel hasta hace menos de un siglo.
CAPITULO II
PRECURSORES DE LA CABALA HERMETICA
EN EL RENACIMIENTO (3)
Arnau de Vilanova (c.1238-c.1312)
Es bien sabido que desde muchos ámbitos con mentalidades estrechas y
parciales –como es el caso del catolicismo dogmático, del
experimentalismo y la fenomenología de la ciencia moderna o también
de la especialización que se ha impuesto e irradiado desde las
universidades, por citar sólo algunos ejemplos– una ciencia tan antigua y
principial desde el punto de vista simbólico como es la Alquimia ha sido
cada vez más atacada y desprestigiada, y sus adeptos tachados de
nigromantes, embaucadores o ilusos, cuando en realidad muchos fueron,
y son, iniciados que se apoyan en la simbólica del Arte Regia para
conocer y conquistar las más altas realidades espirituales. Decimos esto
porque al otro personaje que nos visita en este acápite, Arnau de
Vilanova, se lo ha valorizado mucho en el campo de la medicina, pero
cuando se trata de abordar su postura ante la religión y la teología ya son
muchas las voces que se alzan en su contra, y no digamos en lo referente
a sus inclinaciones y prácticas como alquimista, que, o bien se han
pasado por alto como excusando ese "desliz", o bien se han ridiculizado
y hasta atacado sin miramientos. En realidad, nos encontramos frente a
otro de esos hombres que como su coetáneo Llull tuvo una visión lúcida
y sintetizadora de la realidad y unos intereses que lo llevaron a
profundizar en muchas de las disciplinas depositarias del saber
cosmogónico. Queremos empezar por destacar la dedicación de Arnau al
arte transmutatorio, –presente igualmente en la Cábala, como veremos
un poco más adelante– motivo por el que Menéndez Pelayo lo incluyó
en su Historia de los heterodoxos españoles,61 donde quiere alejar a toda
costa la mala influencia de Vilanova sobre el "ortodoxo" Ramón Llull:
Uno de los puntos oscuros de la vida no teológica de Arnaldo son sus relaciones
con Raimundo Lulio, en que tanto han insistido los escritores de alquimia. Así, v.
gr., el autor de la Conservatio philosophorum dice que Raimundo Lulio era
incrédulo en cuanto al poder de la alquimia; pero que se rindió luego a los
argumentos y experiencia del sacratísimo maestro Arnaldo de Vilanova,
catalán, cuyo discípulo fue en aquella arte. Pero, ¿qué crédito hemos de dar a
aquel libro apócrifo, obra de algún embaidor del siglo XV, cuando hoy está
probado que ni Raimundo creyó nunca en la posibilidad de la transmutación ni
son auténticos los libros de química que corren a su nombre?62
Y en cambio, no muestra ningún tipo de reparo a la hora de tildar a
Vilanova de desequilibrado63 y de practicante de esta ciencia nefasta:
El autor del libro apócrifo Ars operativa, que anda entre los atribuidos a Ramón
Llull, cuenta haber recibido, bajo sello, del rey Roberto la relación de los
experimentos de Arnaldo. Sabido es que este rey Roberto figura de continuo en
las patrañas alquímicas. A Arnaldo se ha atribuido, con más o menos fundamento,
la extracción del espíritu de vino, del aceite de trementina, de las aguas de olor,
etc.64
Pero lo cierto es que Vilanova exploró y penetró a fondo esta simbólica
tan arraigada en la Tradición Hermética –y por supuesto también en la
hebrea–, lo cual merece todo nuestro respeto y gratitud, ya que a estos
seres libres de prejuicios y abiertos a las distintas vías de la enseñanza
cosmogónica debemos la pervivencia de la tradición, aunque esto les
haya generado más de un conflicto, y muchas incomprensiones por parte
de los pretendidos dinamiteros de la Verdad. Las siguientes anotaciones
son un testimonio de la entrega de Vilanova al Arte Real:
Arnau, con la protección de Bonifacio,65 vio aumentar aún más su prestigio,
realizando incluso diversas experiencias de alquimia en la corte pontificia. En esta
circunstancia cuentan que Bonifacio le dijo: "Ocúpate de medicina y no de
teología, y te honraremos". (...) Arnau debió tener relaciones personales con el rey
Roberto, gran protector de alquimistas, y lo demuestra el hecho de haberle
dedicado su tratado De conservanda iuventute y una epístola,66 que algunos creen
apócrifa, sobre alquimia.67
Este hombre enérgico e impetuoso nacido en las tierras del Levante
español hacia el 1238, estudió medicina en la universidad de
Montpellier, y además de ser profesor en la misma por unos años,
alcanzó gran fama en el ejercicio de su oficio. Fue el médico particular
de los Papas Bonifacio VIII, Benito XI y Clemente V; del rey Jaime II y
de su hermano Federico de Sicilia, y también del ya referido Roberto de
Nápoles. Escribió unos 70 tratados sobre medicina, fisiología, farmacia y
dietética, y en cuanto a la alquimia se le atribuyen muchos opúsculos,
entre los que destacamos: Liber vitae o Liber de vita philosophorum;
Curae breves; De vinis; Rosarius Philosophorum; Perfectum
magisterium et gaudium, transmissum ad inclytum regem Aragonum o
Flos Florum,68 Epistola super Alchimia ad regem neapolitanum;
Practica missa Bonifacio papae; Semita semitae. Y también referimos
algunos de los tratados de magia natural, astrología y oniromancia,
ciencias herméticas que igualmente cultivó: De parte operativa,
Capitula astrologiae de iudiciis infirmitatum secundum motum
planetarum, De sigillis, Prognosticationes visionum quae fiunt in
somniis. Muchas de estas obras vieron reediciones durante el
Renacimiento, y tuvieron una repercusión extraordinaria entre médicos,
alquimistas y filósofos renombrados de ese período. Tal es el caso de las
colecciones alquímicas compiladas por Guillermo Gratarol (Basilea
1561) que incluían muchas de las obras de Vilanova, al igual que la de
Lázaro Zetzner (Estrasburgo 1613), o la de Frankurt de 1602-1603, así
como una Opera de Arnau editada por Nikolaus Oschle en Basilea, en
1585, por citar sólo algunas.
Por lo que las experiencias e investigaciones de Vilanova están
profundamente arraigadas a la tradición patrocinada por Hermes, e
igualmente se compenetran en muchos puntos con las de los iniciados de
la tradición hebrea. Como hemos apuntado anteriormente, la Alquimia
está presente desde antiquísimo en el seno de la cultura judía y en sus
textos sagrados, como en éste en el que ya se manifiesta el alto rango
que ocupa el Arte Real en tanto que depositario de saberes revelados por
la divinidad, y que por intermedio de su rica simbólica se van
transmitiendo de generación en generación:
Moisés dijo entonces a los israelitas: "Mirad, Yahveh ha designado a Besalel, hijo
de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, y le ha llenado del espíritu de Dios,
confiriéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos, para
concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce, para labrar piedras de
engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor de artesanía; a él y a
Oholiab, hijo de Ajisamak de la tribu de Dan, les ha puesto en el corazón el don
de enseñar. Les ha llenado de habilidad para toda clase de labores en talla y
bordado, en recamado de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino, y en
labores de tejidos. Son capaces de ejecutar toda clase de trabajos y de idear
proyectos".69
Y no olvidemos a Tubalcaín, forjador de metales, y a la mítica María la
hebrea, hermana de Moisés y primera mujer alquimista, o a Cálid el
judío, hijo de Gazichus, y a una saga innumerable de sabios de esta
tradición70 que tomaron como soporte para sus labores de divinización
las claves, instrumentos y lenguaje de la alquimia, transmitiéndola
ininterrumpidamente a sus descendientes, y cuya enseñanza se prolongó
en el tiempo hasta la Alejandría helenística de los primeros siglos de
nuestra era, enclave en el que coincidieron alquimistas, teúrgos, filósofos
y sabios llegados de todo el mundo y de cuya labor de síntesis esta
ciencia, como muchas otras, salió revivificada, expandiéndose luego por
todo el Mediterráneo, ahora de la mano de los árabes, que la introducen
en España en la Edad Media, y de ahí en adelante, gracias a muchas
traducciones al latín de opúsculos alquímicos llevadas a cabo por judíos,
la Alquimia se difunde por toda Europa irradiando sus brillos por
doquier.
El mismo discurso cabalístico que germina y florece en Sefarad en los
siglos en que vivió nuestro autor puede ser leído en clave alquímica. El
modelo del Arbol de la Vida es el athanor en el que se concentran todos
los poderes cósmicos (simbolizados por las sefiroth), que poco a poco
serán activados por el cabalista gracias a las constantes operaciones de
transmutación, que lo irán universalizando. O sea, que el Arbol es el
gran laboratorio universal (válido tanto para el macrocosmos como para
el microcosmos) con una puerta de acceso en Malkhuth y otra de salida
en la sumidad, en Kether, que se abre a lo Infinito. Y en el intermedio, el
"horno" en el que merced a las dos operaciones fundamentales de
disolución y coagulación se cuecen las energías, y en el que se extrae el
oro de cada una de las sefiroth, en un recorrido siempre ascendente, que
atravesará los mundos de Asiyah, Yetsirah y Beriyah, hasta alcanzar el
de Atsiluth. La obra se completa con la obtención del Elixir de
Inmortalidad o de la Piedra Filosofal, dos símbolos del estado de
conciencia de unidad que igualmente expresa Kether. Además, en este
Arbol-athanor-hombre, cada columna se corresponde con un principio
alquímico: el Azufre con la de la Fuerza, el Mercurio con la de la Forma
y la Sal con la del Equilibrio; y cada mundo o plano con los cuatro
elementos: el Fuego con Atsiluth, el Aire con Beriyah, el Agua
con Yetsirah y la Tierra con Asiyah, y la quinta esencia en el corazón del
Arbol, Tifereth, análogo al corazón del ser humano y del mundo. Este
proceso interno, Arnau de Vilanova lo expresa así en su El Rosario de
los Filósofos:71
El investigador de esta ciencia debe trabajar con una dedicación constante. Que
nadie pues se precipite, porque nuestro arte no se realiza en la multiplicidad de las
cosas: es uno solo. Y es una sola la piedra, una sola la medicina, a la que nada
extraño se le añade ni se le quita, con excepción de retirar lo que le sobra. En
efecto, todo el azufre interno, o sea, vulgar, o el mercurio butírico le es extraño,
porque por sí mismo es destructivo y corruptor. Por el contrario, no le es extraño
aquello en lo que él mismo se ha convertido mediante nuestro magisterio, o sea,
en oro y en plata: pues nada le conviene al compuesto excepto lo que le es más
próximo según su naturaleza. (...)
Las fases principales del régimen, las cuales intervienen una después de otra, son
cuatro: disolver, lavar, reducir y fijar. Disolver lo grueso en simple y sutilizarlo,
lavar lo oscuro en luminoso, reducir lo húmedo a seco, y fijar lo volátil encima
del cuerpo fijo. Disolver consiste en dividir los cuerpos y la materia, o hacer la
materia prima. Lavar consiste en inhumar, destilar y calcinar. Reducir consiste en
incerar, engrasar o impregnar. Fijar es sutilizar, espesar, disipar y coagular. Por la
primera es cambiada la naturaleza interior, por la segunda la exterior, por la
tercera la superior, y por la cuarta la inferior.
Para concluir certificando esa herencia ancestral de la que él también se
siente depositario, y que protege como un preciado tesoro:
Y aunque incompleto, resulta suficientemente generoso para los inteligentes. Los
que tenéis este libro, escondedlo en vuestros escondrijos, no lo enseñéis a nadie ni
lo ofrezcáis a las manos de los impíos, porque contiene íntegramente el secreto de
los secretos de todos los Filósofos. En efecto, es así, y unas perlas tan grandes no
se han de dar ni a los cerdos ni a los indignos, porque es un gran don de Dios, y es
Dios quien lo da o lo quita a quien El quiere. Por este motivo, apreciados lectores,
vosotros, los que tenéis este libro entre las manos, llevaos el dedo al labio,
vosotros que os consideráis hijos de los Filósofos, guardando el Rosario de los
Filósofos en secreto, para que con razón seáis llamados así, y para que podáis
incluiros en la categoría de los antiguos sabios.72
Pero no es sólo a través de la alquimia como se evidencia su cercanía a
la tradición hebrea, sino que incluso se habla del interés de Vilanova por
la fabricación del Golem, aunque lo más destacado es el conocimiento
que adquirió de la lengua santa en la escuela de lenguas orientales que
dirigía Ramón Martí73 en Barcelona, donde también siguió estudios
bíblicos, rabínicos y talmúdicos. Vilanova escribió un importante tratado
sobre el nombre de Dios que citaremos ampliamente a continuación, 74 lo
que de nuevo es señalado con desdén por Menéndez Pelayo: 75
Hasta ahora sólo vemos en Arnaldo, fuera de algún yerro incidental, una dosis no
leve de fanatismo y excesiva confianza en el espíritu privado. En 1292, tres días
antes de la fiesta de Santa María Magdalena, compuso in Castro Ardullionis una
explicación del Tetragrámaton hebreo, donde se propone demostrar por
razones naturales, en lo cual ya pecaba de temerario, el misterio de la Trinidad.
Luce en este tratado su erudición hebraica y cabalística.
Por nuestra parte, reconocemos en este discurso de Vilanova, que
también figura con el título de Allocutio super Tetragramaton, grandes
muestras de su conocimiento simbólico de la lengua hebrea, además de
ponerla en correspondencia con la latina, de tal manera que en pocas
páginas trata y conjuga temas importantes subyacentes en ambas
tradiciones como son el de la unidad, la trinidad, e incluso las
adaptaciones que se producen en el devenir cíclico para que la Verdad,
que es siempre una e idéntica a sí misma, pueda ser conocida a cada
instante sin ser desvirtuada. El siguiente hilado de citas revela los
descubrimientos siempre espectaculares del itinerario secreto de este
autor, que difícilmente podrán ser compartidos por mentalidades
fundamentalistas, sistemáticas o dogmáticas:
Le complació al doctor eterno, no pienso que por mis méritos, sino más bien por
el mérito del celo que he llamado religioso, introducirme en la lengua hebrea para
ser mostrada a mi consideración la inquietud de investigar lo que el nombre
Tetragrámaton, que tan a menudo se lee en el texto hebraico del Antiguo
Testamento, significa para el alma de los fieles. Pensé por esta razón interrogar a
los fieles, pues considerando que para ellos los títulos de los libros resplandecen
en rojo, es evidente que si examinamos cuidadosamente sus textos, veremos que
ofrecen la luz del sol de la comprensión de las Escrituras, por el mérito y la
pasión del Señor, como sólo es capaz de hacer el león de la Tribu de Judá, que
vence por medio de la pasión, efundiendo un licor rojo para escribir, capaz de
abrir los sellos del libro cerrado. (pág. 36-37).Así pues, aunque no fuera con la
devoción debida, busqué, pedí y llamé y abierta la puerta, encontré lo que
buscaba, recibiendo mucho más aún. Encontré primero que el antedicho nombre
se escribe con letras hebraicas y con letras latinas y expresa exclusivamente el
misterio de la Santísima Trinidad. En Dios el Principio aspira sin principio y a su
vez, el principio aspira del principio. (pág. 39-40).Es necesario, pues, deducir de
esto que todo lo que el antedicho nombre significa está contenido íntegramente en
sus letras. Pero ninguna otra cosa significa en sí, sino la que debe significar.
Luego entonces es necesario que las letras utilizadas por Dios para expresar aquel
nombre se refieran a El. (pág. 40).Volviendo de nuevo, pues, a las cosas
antedichas encontramos que la yod significa que Dios es el principio sin principio
que principia, que tiene sonido per se y que es el primero concebible a sí mismo.
(pág. 42).Pero en el nombre que nos ocupa, la he que sigue a la vav significa en
relación a la vav lo mismo que la he que sigue a la yod en relación con la yod.
Luego, cuando se explica el significado de las vocales del nombre Tetragrámaton
según la escritura hebraica, es en su más elevado sentido: que en Dios existe el
principio sin principio que inicia y que tiene sonido per se y a sí mismo, y en el
acto de aspirar une con un ángulo anudado, o bien, con un nudo indisoluble, dos
lados iguales, en el cual, digo, existe el principio coeterno del principio que
siempre forma parte de él mismo y quien aspira es el ángulo anudado, o sea, él
mismo. El nombre de la Santísima Trinidad escrito en latín significa lo mismo
que el nombre Tetragrámaton, y ahí, las letras latinas y las hebreas de ambos
nombres son equivalentes. Pero difieren en la figura y en la facultad de las partes
y la Sabiduría divina lo quiso así, porque los signos que usa para instruir la
inteligencia de sus elegidos no sólo significan una cosa de principal importancia,
sino también muchas cosas añadidas, según la diversidad de tiempos y de
[Link]í, el misterio expresado por Dios a los hijos del Antiguo Testamento en
forma de rollo, lo expresó a los hijos del Nuevo Testamento en forma de libro; de
la misma manera, por ejemplo, el misterio de la zarza para unos significa lo
mismo que el misterio del vellocino para otros, y así para todos los demás signos.
(pág. 46-47).
Dios hace la obra de la creación pintando letras como si fueran hombres caídos en
el mundo presente, y El mismo une desde arriba [con el Padre] a todos aquellos
que están contenidos en el misterioso cuerpo del Salvador, quien los forjó hasta la
rectitud de la justicia, mediante la pasión y la cruz. (pág. 71).
Y no podemos olvidar el interés de Arnau por los signos de los tiempos,
que él vivió de forma dramática, pues tras varias visiones de la
inminente llegada del Anticristo,76 proclamó la necesidad de un
enderezamiento espiritual ante los papas que ya hemos citado, no
recibiendo de ellos ningún apoyo, sino más bien silencio, e incluso
punzantes ataques por parte de muchos dominicos. Tal fue la gravedad
del asunto que poco después de su muerte (se cree que en un naufragio
alrededor de 1312), se abre un proceso inquisitorial contra él, y de
resultas, sus libros teológicos y religiosos77 así como muchos alquímicos,
son condenados y enviados a la hoguera; pero era tan grande el número
de copias que circulaban por toda Europa, que por fortuna muchos se
salvaron de las llamas. Empero, tras su fracaso con el papado, Vilanova
siguió buscando el respaldo de los reyes, siendo Federico de Sicilia el
que lo secundó hasta el final, pero sin materializar ninguno de sus
proyectos, que abogaban por dar un gran protagonismo a las órdenes
terciarias y al movimiento beguinal como cabeceras de ese
enderezamiento.
Vilanova fundamenta sus visiones milenaristas en su propia experiencia
y también en los textos más importantes de la Tradición de Occidente,
tanto judíos como greco-latinos y cristianos como Daniel 12, 11; Mateo
24; las profecías de las sibilas de Eritrea y de Cumas, de San Agustín,
San Pablo y del Apocalipsis; también en los de los visionarios como
Cirilo, Eusebio, Hildegarda y Joaquín de Fiore, lo que demuestra su
visión sintética y esotérica. Para Arnau la regeneración tiene una
expresión horizontal en la que el cristianismo toma el relevo del
judaísmo, pero sin negar todo el valor y enseñanzas atesoradas en este
último, tema que más adelante será retomado por muchos cabalistas del
Renacimiento; Vilanova ya esboza que los misterios más profundos del
cristianismo se explican y están contenidos en el Nombre
impronunciable de Dios:
Pero si alguien preguntara por qué el mencionado nombre Tetragrámaton no fue
otorgado en la Sagrada Escritura al pueblo de los latinos, sino solamente a los
hebreos, se responderá, como también a propósito de otros signos, que Dios dio a
aquel pueblo los signos, tanto vocales como reales, que previamente decidió
añadir, sabiendo que perdurarían a través de los siglos y prueba de ello es que el
pueblo judaico sigue utilizándolos y tiene un velo ante los ojos del alma, que no le
permite comprender la verdad sellada, mientras que la muerte de Cristo, como
está dicho más arriba, rasga [para los latinos] el velo del templo judaico, es decir,
del corazón. (...) Mejor dicho, cayó sobre los latinos y los conversos [la verdad]
que había caído [antes] sobre judíos. Aquel nombre Tetragrámaton que primero
fue conocido por el pueblo judaico, fue una cosa sellada por medio de aquel
pueblo, que aún ignora su significado. Esto sucedió en primer lugar porque, para
los latinos, la verdad se hizo carne, lo que sabemos, con todas sus excelencias, por
los primeros doctores de la fe católica. En segundo lugar, los nombres de la
misma verdad fueron otorgados en la escritura bajo la forma y la cualidad del
nombre Tetragrámaton y el nombre Tetragrámaton fue comunicado a los latinos
como Trinidad divina, lo que significa que el Tetragrámaton contiene los
misterios de la verdad encarnada.78
Pero lo cierto es que el fin del mundo es a cada instante, como su
renacimiento, por eso en cada tramo histórico aparecen señales que
anuncian tal realidad, lo que simultáneamente se puede experimentar al
recorrer el viaje iniciático, donde se conocen los misterios de la vida y
de la muerte, y también la conquista de una esfera o mundo otro en el
que brilla un paraíso siempre presente, atemporal o eterno, que es
visualizado en cada tradición con distintos nombres pero idéntica
significación, ya se le llame Jerusalén
Celeste, Luz, Agartha, Cristianópolis, etc., y que es el símbolo del
estado de conciencia de unidad. El discurso de Vilanova se suma a esta
voz única:
Sin duda la inteligencia humana es un libro editado por Dios, en el cual las
exposiciones y los sentidos de las expresiones divinas resplandecen cuando la
Sabiduría de Dios lo dispone, pero los significados particulares de las palabras
sagradas no aparecen a la vez, sino sucesiva y paulatinamente en los tiempos y las
edades del mundo, y muchas duermen aún en el polvo de la tierra, es decir, en la
imagen terrenal de la letra y después de la muerte de Cristo, en la última
persecución de los fieles, saldrán del monumento funerario de las expresiones
literales y aparecerán ante muchos en la ciudad de la comunidad fiel. Y cuanto
más se aproxime aquel tiempo, tanto más germinarán las semillas de la doctrina
sagrada, echadas en la tierra de las expresiones literales y aparecerá el trigo que
hasta entonces había estado enterrado en los libros sagrados.79
Finalmente, destacaremos que la influencia de este sabio se extendió de
tal forma que incluso muchas de sus obras médicas y alquímicas se
tradujeron al hebreo, como sucedió con otras tantas de Llull al árabe, de
tal manera que las múltiples puertas que abrieron las enseñanzas de estos
dos grandes pensadores del fin del medioevo, fueron "traspasadas" por
sus sucesores en el Renacimiento, haciendo brillar con gran esplendor
muchas de las simbólicas universales que tanto Vilanova como Llull
habían explorado y defendido, y de las que en este acápite apenas si
hemos ofrecido unos trazos.
Nicolás de Cusa
NOTAS
61
Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles I. BAC,
Madrid, 1998.
62
Ibid., pág. 486.
63
A propósito de algunas de las obras milenaristas del médico medieval,
Menéndez Pelayo asegura: "Nuestro Arnaldo se apoderó de esta idea, la
repitió cien veces, la enlazó con combinaciones astrológicas y se tornó casi
maniático. La introducción al libro De semine scripturarum o De las
profecías de los siete durmientes es el primer síntoma de esta enfermedad
mental". Ibid., pág. 492.
64
Ibid., pág. 484.
65
Se trata del Papa Bonifacio VIII, que nunca manifestó abiertamente su
aprobación respecto de la alquimia, pero tampoco la censuró, beneficiándose
incluso de una curación que le hizo Vilanova empleando un amuleto
astrológico.
66
También se sabe que le dedicó De vinis, Curae breves, y una versión
del Rosarius philosophorum titulado Rosarius abreviatus.
67
Ramón Llull i Arnau de Vilanova, op. cit., pág. 136.
68
Arnau ofrece este libro al rey Jaime II y en el prefacio incluye una carta en
la que le expone cómo fue iniciado en el arte alquímico, según consta en la
compilación de obras de Vilanova hecha por Hauréau en París en 1881.
69
Exodo 35, 30-35. Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1975.
70
Ver el capítulo "Cábala y Alquimia" de este volumen.
71
Arnau de Vilanova, El Rosario de los Filósofos. Ed. Indigo, Barcelona,
1998, pág. 58-59, 79-80.
72
Ibid., pág. 152-153.
73
Este dominico fue discípulo de San Alberto Magno y autor del Pugio
Fidei (1278), obra apologética que contiene enormes conocimientos de la
tradición hebrea y que fue conocida por muchos de los cabalistas del
Renacimiento, reeditándose en París en 1651.
74
Arnau de Vilanova, Discurso sobre el nombre de Dios. Ed. Obelisco,
Barcelona, 2005.
75
Historia de los heterodoxos... op. cit., pág. 492.
76
Energía universal disolutiva e invertida que en los momentos finales de un
ciclo cósmico –como el que la presente humanidad ya está viviendo desde
hace siglos–, adquiere mayores dimensiones, encarnándose en seres, grupos
o entidades que expanden su poder, por otra parte limitado y perentorio,
pues nada hay que se oponga al Espíritu o Verdad. Arnau la visualizó en la
situación degenerada y corrupta de muchos representantes eclesiásticos, y
principalmente de los dominicos.
77
Escribió a lo largo de varios años diversos tratados o epístolas acerca de sus
visiones y de sus propuestas de renovación, entre los que
destacamos: Expositio super Apocalypsi; Introductio in librum Ioachim de
semine scripturarum seu de prophetiis dormientibus; Tractatus de tempore
adventus Antichristi et fine mundi; De cymbalis Ecclesiae; Philosophia
católica et divina; Allocutio christiani seu de dignitate creature rationalis;
Confessio Ilerdensis; Informacions als beguins; Lliçó de Narbona;
Allocutio Christiani; Dancia illustris regis Aragonum cum commento;
Raonament d’Avinyó; y otros que se pueden consultar en la compilación de
Miquel Batllori: Arnau de Vilanova. Obres Catalanes. Vol I, Escrits
religiosos; Vol. II, Escrits mèdics. Ed. Barcino, Barcelona, 1947.
78
Discurso sobre el nombre de Dios, op. cit., pág. 65-66.
79
Ibid., pág. 64.
CAPITULO II
PRECURSORES DE LA CABALA HERMETICA
EN EL RENACIMIENTO (4)
Nicolás de Cusa (1401-1464)
Nicolás de Cusa está presente en la obra de Ficino y de Pico, así como
en la de Reuchlin y posteriormente en la de Giordano Bruno, (el tema
está estudiado en diferentes monografías),80 aunque estos autores no lo
nombraran, así como el Cusano no mencionó en su obra al maestro
Eckhart salvo dos veces, pese a que su presencia invade todo su
pensamiento que, como el de los que acabamos de nombrar, es heredado
de Platón o del neoplatonismo, en este caso como en muchos otros
cristianos, también por intermedio del Areopagita, o sea la versión de
Proclo, a quien el cardenal estudió a fondo, habiendo adquirido el
llamado por algunos platonicus oculus. Pero igualmente siempre se ha
vinculado su pensamiento y su obra con la Cábala y con la geometría
sagrada y la aritmosofía; asimismo se lo considera como precursor de la
ciencia actual y al mismo tiempo el primer filósofo moderno. Nuestro
autor comparte con la Cábala la idea de la Iniciación, derivada del
Conocimiento de los "tres mundos", análogos a los cuatro en que se
despliega el Arbol de la Vida.81 El ascenso por sus sefiroth es análogo al
ascenso por las esferas, lo que va tipificando grados de conocimiento
que se diferencian de los profanos. No todos los hombres gozan de la
misma intuición intelectual aunque todos somos seguramente necesarios
al plan creacional que todo lo incluye. El viaje del ascenso del alma no
sólo es igual al propio conocimiento de nuestra naturaleza sino
asimismo al viaje del alma después de la muerte, tema destacadísimo en
muchas tradiciones, que incluyen también ritos análogos. 82También
comparte la idea del Dios desconocido, 83 de la triunidad de los
principios, que junto a la docta ignorancia y oposición y concordancia
de los contrarios conforman la parte esencial de su obra que asimismo
reflexiona una y otra vez sobre el lenguaje como expresión del
pensamiento. Igualmente sobre la teoría neo–platónica y hermética de la
Emanación y la creación por el Intelecto, equiparable a la Sabiduría
[Link] es siempre fácil seguir el discurso del Cusano, en gran parte
por la terminología que emplea, nueva, con respecto a Platón y el
neoplatonismo, como los conceptos de implicación y explicación,
contracción y expansión, máximos y mínimos, opuestos que se
complementan. Pero él mismo lo sabe y por ello y otros ejemplos
evidentes de oximorones directos del Renacimiento como festina lente y
en el caso que nos ocupa concordia-discors, desarrolla su "teoría" de la
docta ignorancia. Su lenguaje es lógico, matemáticos sus conceptos y se
ayuda muchas veces de los símbolos geométricos para demostrar sus
teoremas metafísicos. Su prosa es breve, condensada, sintética, a veces
axiomática, apta para mostrar por momentos el fulgurante poder, la
belleza y la luz de sus intuiciones [Link] obra ha sido utilizada
asimismo por distintos especialistas los que intentan verla desde el
ángulo de la filosofía política, la antropología y la metafísica. 84 Ella es
numerosa y fundamental y queremos enumerar sus títulos de acuerdo a
las traducciones contemporáneas de Jasper Hopkins al inglés de sus
libros filosóficos y los tratados teológicos en el orden en que fueron
escritos:85De Docta Ignorantia; De Coniecturis; De Deo Abscondito; De
Quaerendo Deum; De Filiatione Dei; De Dato Patris Luminum; De
Genesi; De Ignota Litteratura; Apologia Doctae Ignorantiae; Idiota de
Sapientia; Idiota de Mente; Idiota de Staticis Experimentis; De Pace
Fidei; De Visione Dei; De Theologicis Complementis; De Beryllo; De
Aequalitate; De Principio; De Pos–sest; Cribratio Alkorani; De Li Non
Aliud; De Ludo Globi; De Venatione Sapientiae; Compendium; De
Apice [Link] notará la ausencia de la Concordia Catholica y
laConiectura de Ultimus Diebus, así como trescientos sermones por
considerarlas obras religiosas o de carácter eclesiástico. 86 Igual con
respecto a De Quadratura Circuli, De Arithmeticis, De
Transmutationibus Geometricis que son considerados tratados
matemáticos. No se puede aquí sino destacar algunas de las facetas de
esta luminosa arquitectura y construcción de su obra, a la que se le han
dedicado muchos escritos.
La Visión de Dios, escrito en su madurez es uno de sus textos más
importantes junto con la De Docta Ignorantia y el De Beryllo, término
equivalente a una lente o lupa con la cual se van enfocando distintos
temas de forma que el orden de su desarrollo constituye una enseñanza.
En La Visión de Dios toda la meditación se basa en un cuadro o icono
que es de aquellos en los que la imagen de un personaje, o mejor, su
mirada nos persigue mientras cruzamos la sala en donde se encuentra
colgado, de Este a Oeste y de Oeste a Este y vuelta, 87 lo cual se explica
en el capítulo IX: "La visión de Dios es a la vez universal y particular, y
qué camino conduce a la visión de Dios", donde se puede leer:
Puesto que tú contemplas simultáneamente a todos y cada uno, como lo
representa incluso esta imagen pintada que miro, me maravilla cómo en tu poder
visivo coincide lo universal con lo particular. Pero porque mi imaginación no
capta cómo pueda suceder esto, ya que busco en mi capacidad visiva entender tu
visión, la cual no está contraída a un órgano sensible como lo está la mía,
considero, por tanto, que me engaño al juzgar.88
Aunque:
Confiando en tu ayuda, Señor, vuelvo de nuevo para intentar encontrarte más allá
del muro de la coincidencia de la complicación y de la explicación. Y cuando, a
través de esta puerta de tu verbo y de tu concepto entro y salgo simultáneamente,
encuentro el más dulce alimento. Cuando te encuentro como el poder que
complica todas las cosas, entro. Cuando te encuentro como el poder que explica,
salgo. Cuando te encuentro como el poder que conjuntamente complica y explica,
entro y salgo a la vez. Entro desde las criaturas hacia ti, que eres el creador, desde
los efectos a la causa. Salgo de ti, creador, desde la causa a los efectos. Entro y
salgo a la vez cuando veo que simultáneamente salir es entrar y entrar es salir, lo
mismo que el que numera, explica y al mismo tiempo también complica: explica
el poder de la unidad y complica el número en la unidad. El salir de ti la criatura
es el entrar de la criatura en ti, y explicar es complicar. Y cuando te veo, Dios, en
el paraíso, al que circunda este muro de la coincidencia de los opuestos, veo que
tú ni complicas ni explicas disyuntiva o conjuntamente. La disyunción a la vez
que la conjunción constituyen el muro de la coincidencia, más allá del cual
existes tú, desligado de todo aquello que pueda decirse o pensarse.89
Y en el capítulo XII (50), llamado "Donde el invisible es visto, el
increado es creado":
Permite, piadosísimo Señor, que una vil criatura te siga hablando. Si tu ver es tu
mismo crear, y tú no ves algo distinto de ti, sino que tú eres el objeto de ti mismo
–pues efectivamente eres el que ve, el objeto de la visión y también el ver–
¿cómo entonces creas cosas distintas de ti? Parece, por tanto, que te creas a ti
mismo, lo mismo que te ves a ti mismo. Pero tú me consuelas, vida de mi
espíritu, porque aunque se alce ese muro de la absurdez, a saber, el de la
coincidencia del mismo crear con ser creado (parece, en efecto, que admitir esto
sea afirmar que una cosa es antes de que exista; pues cuando crea, es, y además
no es, porque es creada), sin embargo no existe obstáculo. Tu crear es, en efecto,
tu ser. Crear y al mismo tiempo ser creado no es otra cosa que comunicar tu ser a
todas las cosas, de modo tal que eres todo en todas las cosas y sin embargo
permaneces desligado de todas ellas. Llamar al ser a las cosas que no son, es
comunicar el ser a la nada. Así, llamar es crear; comunicar es ser creado. Y más
allá de esta coincidencia de crear con ser creado estás tú, Dios absoluto e infinito,
ni creante ni creable, aunque todas las cosas son lo que son porque tú eres.90
Para los que han leído los textos de los cabalistas la relación de este
discurso con el de José Chiquitilla o Azriel de Girona, sin mencionar
el Zohar es evidente como en el capítulo V (15):
¿Qué otra cosa es, Señor, tu ver, cuando me miras con ojos de piedad, sino que tú
eres visto por mí? Viéndome, tú que eres Dios escondido, me concedes que tú
seas visto por mí. Nadie puede verte sino en cuanto tú le concedes que seas visto.
Y verte no es otra cosa que tú ves al que te ve. En esta imagen tuya veo cuánto te
has abajado, Señor, para mostrar tu rostro a todos los que te aman. Nunca cierras
los ojos; jamás los retiras hacia otro lugar. Y aunque yo me separe de ti cuando
me vierto completamente a otra cosa, no por eso tú cambias tus ojos ni tu rostro.
Si no me miras con los ojos de la gracia, la culpa es mía, porque estoy separado
de ti por aversión y conversión a otra cosa, a la que prefiero en vez de ti. Y sin
embargo tú no te separas absolutamente de mí, sino que tu misericordia me sigue,
por si acaso yo quisiera en algún momento volverme hacia ti, para ser capaz de tu
gracia. Que tú no me mires se debe a que yo no te miro, sino que te rechazo y te
desprecio.91
O el capítulo II (8), "La visión absoluta abarca todos los modos de ver":
... Pero la visión desligada de toda limitación abarca simultáneamente y a la vez
todos y cada uno de los modos de ver, siendo ella como la adecuadísima medida
y el verdadero modelo de toda visión. Sin la visión absoluta no puede existir una
visión limitada. Aquella abarca en sí misma todos los modos de ver, a todos y
cada uno, y permanece completamente exenta de todo cambio. En la vista
absoluta están de manera no limitada todos los modos de las limitaciones de ver.
Toda contracción del ver está en el ver absoluto, ya que la visión absoluta es la
contracción de las contracciones. Una tal contracción es incontraíble. Por tanto,
la limitación simplicísima coincide con el Absoluto. Sin contracción nada hay
contraído. De este modo, la visión absoluta está presente en toda vista, puesto
que toda visión contraída existe por ella y sin ella no puede existir en absoluto.92
Angel Luis González,93 traductor de La Visión de Dios, se pregunta en su
introducción:
Nicolás de Cusa señala que la criatura vista también ve; y ese será el tema capital
de esta obra: ¿Cómo es posible alcanzar la visión o el conocimiento de Dios, que
es el ver absoluto?94
A lo que el metafísico alemán responde en el capítulo XVIII (82)
llamado "Si Dios no fuese trino, no existiría la felicidad": 95
¿Pero cómo, Dios mío, podría alcanzar su fin tu esposa, el alma humana, si tú no
fueses amable, de modo que amándote a ti, que eres tan amable, pudiera llegar
hasta la vinculación y la más feliz unión? ¿Quién, por tanto, puede negar que tú,
Dios, eres trino, cuando ve que si no fueses trino y uno, tú no serías un Dios
noble, natural y perfecto, ni existiría el espíritu de libre arbitrio, ni él mismo
podría alcanzar la fruición de ti y su felicidad? Puesto que eres intelecto
inteligente e intelecto inteligible y la unión de ambos, el intelecto creado puede
alcanzar en ti, su Dios inteligible, la unión contigo y la felicidad. Del mismo
modo, al ser tú el amor amable, la voluntad amante creada puede alcanzar la
felicidad y la unión en ti, su Dios amable. El que te recibe a ti, Dios, que eres una
luz racional capaz de ser recibida, podrá llegar a una tal unión contigo que estaría
unido a ti como el hijo lo está con su padre.96
De Docta Ignorantia es la obra más famosa de nuestro autor y una de
las más importantes de su creación. Publicada en 1440 cuando su autor
tenía treinta y nueve años, fue valorada desde entonces a tal punto que
se hicieron numerosas ediciones de este libro que influenciaron el
pensamiento de muchas mentes del Renacimiento, que veían en esta
fuente hermética y neoplatónica unas enseñanzas que eran un alimento a
sus inquietudes y obraban sobre ellas al modo de una comunicación, si
no influjo, que era la respuesta a esas inquietudes, luego intereses, y
necesidades con los que su alma verdadera y esencialmente se
identificaba. Y eso, o ello, es la teúrgia, aunque los actores en el Gran
Teatro del Mundo no lo sepan o finjan ignorarlo.
Y así fue como esa vibración, o energía, creó el ambiente "encantado"
del Renacimiento, en donde se logró activar la magia del pensamiento, y
Cusa fue un precursor, que seguido por Ficino, Pico y concretamente su
compatriota Reuchlin alumbró por un tiempo a Florencia, las cortes
italianas y toda Europa, donde brilló la transparente Academia
Florentina, y florecieron todas las Artes y Ciencias, pese a las intrigas y
violencias de las cortes con las que los filósofos coexistían a la par que
continuaba encendida la luz de la Sabidurí[Link] este sentido habrá que
destacar la labor eclesiástica y diplomática de Nicolás de Cusa que lo
llevó a ser una figura clave, tanto en el Concilio de Basilea como en el
de Ferrara; amigo de Gemistos Pletón y de su alumno el cardenal
Bessarion, con quienes comulgaba en el pensamiento, fue encargado por
el Papa Eugenio IV, del que fue paladín, de organizar un concilio
solemne que significaba nada menos que la unión de la Iglesia Romana
con la Griega, para lo cual viajó a Constantinopla en 1437. Esta
iniciativa fracasó, aunque dejó el saldo extraordinario de la obtención de
los preciosos textos que posteriormente tradujo Ficino y que incluían no
sólo obras de Platón que no se conocían, sino el Corpus Hermeticum,
libros neoplatónicos de Plotino, y fundamentalmente queremos señalar,
el comentario al Parménides de Platón efectuado por Proclo, obra que el
Cusano poseía en su biblioteca particular, ejemplar perfectamente
subrayado y anotado, perteneciente a su colección y que se encuentra
con el resto de su magnífica biblioteca –Ramón Llull es el autor más
representado en ella– en el lugar de su nacimiento (Kues) hasta la
fecha.97 En 1448 siendo Papa su amigo Nicolás V, lo hace cardenal y en
1450, obispo de Brixen en el Tirol destacándose sus servicios en pos del
papado y la fe. De 1450 al 52 a Cusa también le tocó una labor
diplomática y de muchos viajes que lo llevaron durante dos años a las
cultas ciudades alemanas y centro europeas donde conoció e influyó en
los principales actores políticos y culturales de su tiempo, como lo haría
posteriormente en Roma (1459), a donde fue llamado por otro amigo,
Eneas Picolomini, el nuevo Papa Pío II. Igualmente, esa labor estaba
encarada por nuestro personaje como una reforma de la Iglesia, como
paso previo a una reforma de la educación y finalmente a todo el orden
cristiano. No podemos, desgraciadamente, abordar estos asuntos de
muchísimo interés desde el punto de vista de la Filosofía Política, y en
este caso, de la metahistoria que generó el primer Renacimiento y sus
valores, e impregnaría con una atmósfera siempre nueva y sutil, esta
resurrección de la Teosofía, las Artes, las Letras y las Ciencias, por
intermedio de la Teú[Link] este generoso legado ha sido destruido
por el desarrollo del mundo moderno y su infame ciencia, filosofía y
religión, manejadas en términos generales por una verdadera mafia de
ignorantes que se han apoderado tanto de la Iglesia, como de la
Universidad, los medios de comunicación y los resortes del poder
político y social.
Pero volvamos a La Docta Ignorancia, donde ya en el capítulo I "De
qué manera saber es ignorar" se definen los propósitos de la obra.
... no son vanos los apetitos que hay en nosotros, deseamos verdaderamente saber
que somos ignorantes. Si consiguiéramos alcanzar esto plenamente, habríamos
alcanzado la docta ignorancia. Así, pues, a ningún hombre, por más estudioso
que sea, le sobrevendrá nada más perfecto en la doctrina que saberse doctísimo
en la ignorancia misma, la cual es propia de él. Y tanto más docto será cualquiera
cuanto más se sepa ignorante. Con vistas a este fin asumí los trabajos de escribir
unas pocas cosas acerca de esta docta ignorancia.98
Y prosigue en el capítulo II, "Elucidación preambular de las cosas que
siguen":
... como la absoluta maximidad es una entidad absoluta, por la cual todas las
cosas son lo que son, así también la unidad universal del ser procede de aquella
que es llamada máximo absoluto; y de ahí que exista de modo contracto como
universo, la unidad del cual está contraída en la pluralidad, sin la que no puede
existir. Porque este máximo, en verdad, aunque en su unidad universal
comprende todas las cosas, en cuanto que todas las cosas que existen por el
máximo absoluto están en él, y él mismo está en todas ellas, no tiene, sin
embargo, subsistencia fuera de la pluralidad (en la cual existe), en cuanto que no
existe sin contracción, de la que no puede librarse.99
Más tarde revela en el capítulo III "Que la verdad exacta es
incomprensible":
Así, pues, el entendimiento, que no es la verdad, no comprende la verdad con
exactitud, sin que tampoco pueda comprenderla, aunque se dirija hacia la verdad
mediante un esfuerzo progresivo infinito; al igual que ocurre con el polígono con
respecto al círculo, que sería tanto más similar al círculo cuanto que, siendo
inscrito, tuviera un mayor número de ángulos, aunque, sin embargo, nunca sería
igual, aun cuando los ángulos se multiplicaran hasta el infinito, a no ser que se
resuelva en una identidad con el círculo. Es evidente, pues, que nosotros no
sabemos acerca de lo verdadero, sino que lo que exactamente es en cuanto tal, es
algo incomprensible y que se relaciona con la verdad como necesidad absoluta, y
con nuestro entendimiento como posibilidad.100
Desde luego que este lenguaje necesita de una hermenéutica que se irá
concientizando en el lector.101 Efectivamente, "El máximo absoluto, con
quien coincide el mínimo, es entendido incomprensiblemente":
El máximo, mayor que el cual nada puede haber, siendo mayor simple y
absolutamente que lo que puede ser comprendido por nosotros, no es posible
alcanzarlo de otra manera que incomprensiblemente. Pues no perteneciendo su
naturaleza a la de aquellas cosas que admiten algo que excede y algo que es
excedido, está por encima de todo aquello que puede ser concebido por nosotros.
Pues todas las cosas que son aprehendidas por el sentido, por la razón o por el
entendimiento difieren mutuamente entre sí de tal manera que no hay entre ellas
ninguna igualdad exacta. La máxima igualdad, que no es distinta o diferente de
ninguna cosa, excede a todo entendimiento. Por lo cual el máximo, como es todo
lo que puede ser, está absoluta y radicalmente en acto; y lo mismo que no puede
ser mayor, por la misma razón, tampoco puede ser menor, pues es todo aquello
que puede ser. El mínimo es, por su parte, aquello menor que lo cual nada puede
haber. Y como el máximo es de la misma índole, es evidente que el mínimo
coincide con el máximo. Y esto parecerá más claro si se contraen el máximo y el
mínimo en la cantidad.
La cantidad máxima es la máximamente grande. La cantidad mínima es la
mínimamente pequeña. Ahora bien, deslíguense el máximo y el mínimo de la
cantidad, sustrayendo intelectualmente lo grande y lo pequeño. Se verá
claramente que lo máximo y lo mínimo coinciden. El máximo es, pues,
superlativo, del mismo modo que también es superlativo el mínimo. La cantidad
absoluta, por consiguiente, no es más máxima que mínima, puesto que en ella
misma el mínimo es, coincidentemente, máximo.102
Para terminar con La Docta Ignorancia he aquí graficado un teorema
sagrado denominado "De las propiedades de la línea máxima e infinita"
(cap. XIII):
Digo, pues, que si hubiera una línea infinita, sería recta, sería triángulo, sería
círculo y también esfera. Y del mismo modo, si hubiera una esfera infinita, sería
triángulo, círculo y línea; y lo mismo puede decirse del triángulo infinito y del
círculo infinito.
Lo primero, que la línea infinita sea recta, se manifiesta así: el diámetro del
círculo es una línea recta y la circunferencia es una línea curva mayor que el
diámetro; así pues, si la línea curva tiene menos curvidad cuando la
circunferencia sea de mayor círculo, la circunferencia del círculo máximo, mayor
que la cual no puede haber otra, es mínimamente curva, por lo cual es
máximamente recta. Coincide, por tanto, el máximo con el mínimo, de tal modo
que, a la vista, parece ser necesario que la línea máxima sea máximamente recta
y mínimamente curva; y no puede quedar ningún escrúpulo de duda cuando en la
figura puesta al lado se ve cómo el arco cd del círculo mayor se aparta más de la
de la curvidad que el arco ef, del círculo menor, y él se aparta más de la curvidad
que el arco gh, de círculo menor aún. Por lo cual, la línea recta ab, será el arco
del máximo círculo–, mayor que el cual no puede haber otro.103
En el epílogo de la traducción de El juego de las esferas104 (De Ludo
Globi), J. Rafael Martínez E. afirma:
La epistemología del Cusano, desarrollada principalmente en La docta
ignorancia, le permitió explicar cómo la mente finita de los humanos podía
aprender la infinitud del cosmos y la eternidad de lo real. El cazador de la verdad,
en su afán por alcanzar el estado mental de la docta ignorancia, procedía a
conocer porciones del universo mediante un proceso de comparación y contraste
de las cosas y, como consecuencia de lo limitado del ejercicio, podía alcanzar una
primera intimación de los límites del conocimiento. Esta revelación podría ser
descrita como una especie de conocimiento negativo: conocer lo que no se puede
conocer. Extraña sabiduría la que se alcanza a través de la conciencia de la propia
ignorancia.
El cardenal concedió que era por intervención de la gracia divina que la mente
humana lograba concebir cosas e ideas que no podía realmente conocer. Podía,
por ejemplo, imaginar metáforas acerca de la conciencia de opuestos, y concluir,
como lo hace en La docta ignorancia y en Juego de las esferas, que el círculo
infinito es lo mismo que la línea recta y que esta situación extrema se logra sólo
en Dios. Este salto de nociones cuantitativas –el crecimiento del diámetro del
círculo– a un estado cualitativo –la línea recta– lo logra el Cusano a través del
argumentar que las nociones de cantidad no mantenían su validez cuando se
discutía lo infinito.
En 1514 se publicó en París la Opera Omnia del Cusano editada por
Jacques Lefèvre D'Etaples. Las ediciones posteriores de su obra tienen
diferencias mínimas entre ellas. Veamos ahora el De Ludo Globi que es
un tratado dividido en dos libros cuyo título completo dice: Diálogos
acerca del juego de las esferas del reverendísimo en Cristo, nuestro
padre, el cardenal Nicolás de Cusa, siendo sus
interlocutores Juan,duque de Bavaria, y el cardenal Nicolás. Respecto
del Segundo libro del diálogo acerca del juego de las esferas y sus
protagonistas Alberto, duque de Bavaria, y el cardenal Nicolás, éste dice
al joven duque cosas de una belleza y profundidad como ésta: 105
El Cardenal: Aunque el reino de la vida se extiende en toda su plenitud desde el
centro hasta la circunferencia, y esta extensión puede ser concebida mediante la
imagen de una línea que contiene una infinidad de líneas similares desde el
centro hasta la circunferencia, se tiene un centro común a todas y una
circunferencia para cada cual. Sin embargo esta multitud innumerable de
circunferencias está dividida en nueve grados, de manera que de grado en grado
somos guiados a través de dicho reino, decorado con un hermosísimo orden,
hacia donde el centro común y la circunferencia particular son idénticos, es decir,
hacia Cristo. Porque aquí el centro de la vida del creador y la circunferencia de la
creatura son idénticos. Pues Cristo es Dios y hombre, creador y creatura, es el
centro de todas las creaturas [Link] con atención que su
circunferencia es de la naturaleza circunferencial de todas las circunferencias, es
decir, de todas las creaturas racionales. Y como es la misma por su identidad
personal con el centro de todo, esto es, con el creador, todos los bienaventurados
representados mediante la circunferencia del círculo terminan por yacer en la
circunferencia de Cristo, que es similar a la naturaleza creada. Y alcanzan su fin a
causa de la unión hipostática de la naturaleza creada con la naturaleza no creada
y por encima de la cual nada puede haber. De esto ve usted que Cristo es tan
necesario para la beatificación de todo que sin él nadie puede ser feliz, por ser él
el único mediador a través de quien se puede alcanzar la vida viviente...Número
es la distinción de una cosa con respecto a la otra, a través de una o de otra o de
una tercera, y así consecutivamente hasta el número diez en que se detiene. Por
consiguiente todo número se detiene aquí. Los accidentes se distinguen en nueve
clases de lo más general y de esta manera contribuyen a la noción de esencia
[quidditatis] o substancia, sea por un accidente o dos o tres o cuatro o cinco o seis
o siete u ocho o nueve, donde el número que se engloba en la unidad del número
diez se completa.
Numerar es distinguir. Más aún, las cosas se distinguen especialmente a través de
la substancia, y las substancias mediante cantidad, calidad y otros accidentes que
quedan englobados en las nueve clases de accidentes. Por ello, para poder señalar
esta distinción, he preparado la siguiente figura.
Y el duque responde con recato pareciendo conocer el tema:
Alberto: He escuchado que también los ángeles se distinguen en nueve coros.
A lo que el cardenal contesta, y lo hace de una forma con la que
nuestros lectores ya están familiarizados:
El Cardenal: Los ángeles son inteligencias, y porque existe una variedad de ellos
es necesario que tanto sus visiones en cuanto inteligencias como sus diferencias
sean distinguidas intelectualmente mediante órdenes y grados desde el punto más
bajo hasta el más alto (al que se llama Cristo, el ángel del gran consejo). A partir
de esta distinción se descubren tres órdenes y en cada uno de ellos tres coros. Y
la línea limítrofe es el centro, al igual que el número diez es la línea limítrofe de
los nueve artículos.
Queremos del mismo modo destacar otro opúsculo, La Paz de la Fe,
estudiado, traducido y anotado por Víctor Sanz Santacruz, 106 que dio
fama al Cusano por la idea de un mismo Dios y distintos ritos y que
también hacen de nuestro autor una avanzada desde el punto de vista
conciliar, de la Filosofía de la Historia, o de la Sociología Política. No
abordaremos el temario por no ser propio de este libro.
Pero en todo este discurso metapolítico no falta el fundamento,
expresado en el capítulo VIII (23 y 24):
23. "Si, por tanto, no hay igualdad que no sea igualdad de la unidad, ni nexo que
no sea nexo de la unidad y de la igualdad, de modo que el nexo existe en la
unidad y la igualdad, la igualdad en la unidad, la unidad en la igualdad y la
unidad e igualdad en el nexo, resulta manifiesto que en la trinidad no hay
distinción esencial. Las cosas que difieren esencialmente se hallan de tal modo
que una puede ser sin que exista la otra. Pero como en la trinidad ocurre que, una
vez puesta la unidad, se pone la igualdad de la unidad, y viceversa, y puestas la
unidad y la igualdad se pone el nexo, y viceversa, se sigue de aquí que no es en la
esencia sino en la relación donde una es la unidad, otra la igualdad y otra la
conexión. La distinción numérica es una distinción esencial, pues el número dos
difiere esencialmente del tres, ya que una vez puesto el dos no se pone el tres y
de la existencia del dos no se sigue la del tres. Por lo cual la trinidad en Dios no
es compuesta ni plural ni numérica, sino unidad simplísima. Quienes creen que
Dios es uno no negarán, por tanto, que es trino al comprender que esa trinidad no
se distingue de la unidad simplísima, sino que es la misma, de modo que si no
fuera la misma trinidad en la unidad, no sería el mismo principio omnipotente
para crear el universo y cada uno de los seres. El poder cuanto más uno es, tanto
más fuerte y cuanto más uno, tanto más simple. Por consiguiente, cuanto más
poderoso o fuerte, tanto más simple. De donde se sigue que, como la esencia
divina es omnipotente, es simplicísima y trina. Sin la trinidad no sería un
principio simplicísimo, fortísimo y omnipotente".
24. "Algunos llaman a la unidad Padre, a la igualdad Hijo y al nexo Espíritu
Santo, porque esos términos, aunque no son apropiados, sin embargo significan
de modo conveniente la trinidad, ya que del Padre procede el Hijo y de la unidad
e igualdad del Hijo el amor o Espíritu. La naturaleza del Padre se traslada con
una cierta igualdad al Hijo. Por lo cual el amor y el nexo provienen de la unidad
y la igualdad. Y, si se pudieran encontrar términos más simples, serían más aptos,
como son la unidad, la mismidad y la identidad. Estos términos parecen explicar
mejor la fecundísima simplicidad de la esencia. Hay que advertir que en la
esencia racional del alma hay una cierta fecundidad, a saber, la mente, la
sabiduría, y el amor o voluntad, pues la mente produce a partir de sí el
entendimiento o sabiduría, de donde procede la voluntad o el amor, y esta
trinidad en unidad de esencia es la fecundidad del alma, que la posee a semejanza
de la fecundísima trinidad increada; así, toda cosa creada lleva la imagen del
poder creador y posee a su modo la fecundidad en la semejanza más o menos
próxima a la fecundísima trinidad creadora de todas las cosas. De esta manera, no
sólo la criatura tiene que ser del ser divino, sino que su ser fecundo es trino a su
modo, por el ser fecundísimo trino y uno; sin este ser fecundo no podría subsistir
el mundo ni la criatura podría ser del mejor modo posible".107
Podríamos, siguiendo este hilo, conformar una pequeña antología de
cientos de textos, pero creemos que ya hemos hecho lo justo como para
tener un perfil de los contenidos de la obra del Cusano, y contrastar su
parentesco ideológico con los cabalistas hebreos y los conceptos en los
que meditaban los cristianos y herméticos hebraizantes durante el
Renacimiento y que, de otro lado, es el tema de este acápite en contra de
lo que piensa Eugenio Garín, al criticar a E. Cassirer y negar la
importancia que el Cusano tuvo sobre el Renacimiento italiano.
III. La Tradición Hermética y la Cábala:
Marsilio Ficino y Giovanni Pico de la Mirandola
NOTAS
80
K. Flasch, S. Meier-Oeser, K. Jaspers y finalmente F. W. Schelling en
su Bruno. En castellano E. Colomer, De la Edad Media al Renacimiento. R.
Llull, Nicolás de Cusa y J. Pico della Mirandola. Herder, Barcelona, 1975.
81
Atsiluth, plano o mundo intelectual, designa al Noûs, o espíritu, la primera
triunidad; el mundo o plano de Beriyah y el de Yetsirah conjuntamente
correspondiéndose con el alma superior e inferior, y finalmente Asiyah, el
mundo de la materialización y la acción donde vivimos. Estos planos están
vivos en el microcosmos, y por ello el alma del hombre los reproduce, y por
lo tanto puede intuirlos y finalmente conocerlos.
82
Para Cusa estos grados de conocimiento o conciencia, o planos son: sensus,
ratio, intellectus, visio.
83
Título de uno de sus libros.
84
Recordaremos de Giovanni Santinello, Introduzione a Niccolò
Cusano,Editore Laterza, Roma, 2001, con bibliografía actualizada.
85
Arthur J. Banning Press, Minneapolis, 2001.
86
Nicolas de Cues, Sermons Eckhartiens et Dionysiens. Introducción,
traducción, notas y comentarios Francis Bertin, Éditions du Cerf, París,
1998. En castellano han sido traducidos y publicados los siguientes títulos:
Nicolás de Cusa, La docta Ignorancia. Orbis, Argentina, 1984; Nicolás de
Cusa, Diálogos del idiota, El Possest, La cumbre de la teoría. Introducción,
traducción y notas Angel L. González, EUNSA, Navarra, 2001; Nicolás de
Cusa, La Visión de Dios. Traducción e introducción Angel L. González,
EUNSA, Navarra, 1999; Nicolás de Cusa, El juego de las
esferas. Introducción, traducción y notas J. Rafael Martínez, UNAM,
México, 1994; Nicolás de Cusa, La Paz de la Fe, Carta a Juan Segovia.
Estudio preliminar, traducción y notas Víctor Sanz Santacruz, Tecnos,
Madrid, 1999; Nicolás de Cusa, De Concordantia Catholica o Sobre la
Unión de los Católicos. Introducción y traducción José Mª de Alejandro
Lueiro, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1987. Sobre el
Cusano: Kurt Flasch, Nicolás de Cusa. Traducción Constantino Ruiz-
Garrido, Herder, España, 2003; Jorge M. Manchetta y Claudia D'Amico, El
problema del conocimiento en Nicolás de Cusa: genealogía y
proyección. Biblos, Buenos Aires, 2005; Coincidencia de opuestos y
concordia. Los Caminos del Pensamiento en Nicolás de Cusa. Sociedad
Castellano-Leonesa de Filosofía, Salamanca, 2002.
87
En el De Ludo Globi toda la meditación y su posterior desarrollo está
inspirada en otra trama aparentemente intrascendente: un juego de pelota.
88
Nicolás de Cusa, La Visión de Dios. Traducción e introducción de Angel
Luis González, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 1999, pág. 82.
89
Ibid., capítulo XI (47), pág. 90-91.
90
Ibid., pág. 93.
91
Ibid., pág. 70.
92
Ibid., pág. 65-66.
93
El mismo estudioso ha traducido los Diálogos del Idiota, El Possest y La
Cumbre de la Teoría. En su introducción a estos opúsculos manifiesta
refiriéndose al De Beryllo: ... "En De Beryllo, comentando la frase de
Hermes Trismegisto de que el hombre es un segundo Dios, señala el
Cardenal de Cusa que lo mismo que Dios es el creador de los entes reales y
de las formas naturales, de modo semejante el hombre lo es de los entes
racionales y de las formas artificiales, que no son otra cosa que semejanzas
de su intelecto, al igual que las creaturas de Dios son semejanzas del
entendimiento divino. De esa manera, el hombre posee un entendimiento
que es semejanza del entendimiento divino cuando crea; por eso, el hombre
crea semejanzas de las semejanzas del entendimiento divino, como las
figuras artificiales extrínsecas son semejanzas de la forma natural intrínseca.
Si el Absoluto es creador, el hombre es configurador, o si se quiere creador
o co-creador de su mundo". Nicolás de Cusa, Diálogos del Idiota, El
Possest, La Cumbre de la teoría. Introducción, traducción y notas de A. L.
González, Ediciones Universidad de Navarra, 2001, pág. 24.
94
La Visión de Dios, op. cit., pág. 26.
95
El lector tiene entera libertad de relacionar esta triunidad con Kether,
Hokhmah y Binah del Arbol Sefirótico que ya conocemos y que constituyen
lo más alto, los Principios, el Arik Anpin o Rostro Mayor que en la Cábala
se conoce como macroposopos, un término griego, en oposición
a microposopos, Zeir Anpin, Rostro Menor correspondiente a la
construcción del cosmos y el alma del hombre.
96
La Visión de Dios, op. cit., pág. 113-114.
97
Ver Bibliothecae Selectae, de Cusano a Leopardi, a cargo de Eugenio
Canone. Concetta Bianca, "Niccolo Cusano e la sua biblioteca: note,
'notabilia', glosse", Olschki Editore, Florencia, 1993, pág. 2.
98
Nicolás de Cusa, La Docta Ignorancia. Ediciones Orbis, Buenos Aires,
1984. Capítulo I, pág. 24.
99
Ibid., pág. 25, "exista de modo contracto como universo"; recordar la
doctrina de En Sof y la Tsim-tsum, ver Introducción: Tres grandes ideas
de la Cábala.
100
Ibid., pág. 27-28.
101
Existen centros de estudios sobre el Cusano en distintas partes del mundo.
También en castellano en España y Argentina.
102
La Docta Ignorancia, op. cit., pág. 29.
103
Ibid., pág. 47.
104
Nicolás de Cusa, El juego de las esferas. Introducción, traducción y notas de
J. Rafael Martínez E., Ed. Facultad de Ciencias, UNAM, México D. F.,
1994, pág. 43.
105
El juego de las esferas, op. cit., pág. 96 y ss.
106
Nicolás de Cusa, La Paz de la Fe. Estudio preliminar, traducción y notas de
Víctor Sanz Santacruz, Editorial Tecnos, Madrid, 1999.
107
Ibid., pág. 20-22.
PRESENCIA VIVA DE LA CÁBALA II
LA CÁBALA CRISTIANA
FEDERICO GONZALEZ - MIREIA VALLS
Marsilio Ficino sostiene un libro como si de un instrumento
musical se tratara.
A. Ferrucci, Busto de Marsilio Ficino,
Florencia, Santa María dei Fiore.
CAPITULO III
LA TRADICION HERMETICA Y LA CABALA (1)
Marsilio Ficino y Giovanni Pico de la Mirandola
Desde siempre la crítica ha destacado la influencia platónica en el
pensamiento de Marsilio Ficino (1433-1499), traductor y comentarista
de sus obras, e incluso la de Plotino a quien también tradujo, pero
debemos a Frances Yates en el siglo XX con los precedentes de Eugenio
Garín, P. O. Kristeller y D. P. Walker, el haber señalado la
extraordinaria influencia en Ficino de la literatura hermética,
concretamente del Poimandrés, en su vida, obra y enseñanzas; textos
que tradujo en Florencia antes que los clásicos ya nombrados por
expreso pedido de su protector Cosme de Médici, por considerar ambos
que este libro era anterior a la filosofía griega, e incluso a Moisés, ya
que se trataba de la expresión de la teosofía egipcia, y aún anterior,
juzgadas por ser las más antiguas como las más sabias, reafirmando las
ideas de la prisca theologia que es en esta época cuando adquiere más
fuerza.
El hecho de la comprobación por parte de Issac Casaubon de que estos
libros fueran recientes, de los primeros siglos del cristianismo, refutó la
creencia de que tenían esa antigüedad y por lo tanto no reflejaban el
pensamiento egipcio, lo que disminuyó en parte su prestigio, como si un
error de datación bibliográfica pudiera deslegitimizar los contenidos de
este tesoro sapiencial. Pero eso sólo en parte enturbió sus contenidos,
puesto que este pensamiento análogo a la forma en que se expresa el
bíblico, ha quedado testimoniado en sus textos que datan probablemente
de la Alejandría egipcio-griega-romana, como sucede con diversos
escritos que recogen tradiciones antiguas en tiempos más recientes
como es el caso igualmente del Talmud de Jerusalén y el de Babilonia
mucho más recientes que las tradiciones judías que manifiestan.
Motivo por el cual tomamos a los libros de la Hermetica en tanto que
expresiones vivas de un pensamiento de raíces egipcias que aún
subsistía en aquella época, como puede ser observado en una vasta
literatura que los cita y que a su vez toma al nombre de Hermes como al
principal protagonista, no sólo de un modo filosófico, sino también en
relación con la magia "popular", los amuletos, los talismanes
defensivos, los pantáculos mágicos y los conjuros, análogos o exactos a
los de la Cábala, a lo que se suma el testimonio de numerosos sabios de
la antigüedad, en cuanto se referían éstos a un tipo de creencias a las que
se les daba el nombre de herméticas, o se ponían bajo el patrocinio del
dios Hermes.
Se debe aclarar que este inmemorial legado que hoy está presente entre
nosotros se debe a que se ha vuelto a estudiar hace un tiempo,
renovándose desde que se publicaron las más importantes versiones
del Corpus, tanto en la Inglaterra victoriana (W. Scott) como en Francia
(A. D. Nock y A. J. Festugière, siglo XX) aunque ya en el siglo XIX
hubiese sido traducido a esa misma lengua por L. Ménard. 108
Es difícil hablar de estos libros sin mencionar el impacto emocional e
intelectual que producen en los que consideran a Platón y a la Biblia
como sus fuentes más importantes de conocimiento, que junto con el
legado invisible de la civilización egipcia conforman un bagaje erudito y
filosófico o, como dice el mismo Asclepio, una religio mentis. Es decir,
la obtención del Conocimiento por intermediación de la palabra, en este
caso escrita, reproducida en diálogos, expresada por personajes e
Himnos como este:
Acoja la naturaleza toda del cosmos la audición de este himno. ¡Abrete tierra!,
¡ábraseme todo cerrojo del agua!, ¡no os agitéis, árboles! Porque estoy a punto de
cantar al Señor de la creación, al todo y al uno. ¡Abriros cielos!, ¡vientos,
deteneos! Que acoja mi palabra el círculo inmortal de Dios. Estoy a punto de
cantar al creador del universo, al que fijó la tierra y suspendió el cielo, al que
ordenó al agua dulce que saliera del océano hacia la tierra habitada y deshabitada
para subsistencia y creación de todos los hombres, al que ordenó que apareciera
el fuego para toda empresa de dioses y hombres. Démosle todos juntos alabanza
al que está elevado por encima de los cielos, al constructor de toda la naturaleza.
Él es el ojo de mi pensamiento. Que acoja favorablemente la alabanza de mis
potencias.
Potencias que estáis en mí, cantad al uno y al todo; concertaos con mi voluntad
potencias todas que estáis en mí: santo conocimiento, iluminado por ti, a tu
través, canto a la luz inteligible y me regocijo en la alegría del pensamiento.
Potencias todas, cantad conmigo. Y tú también, templanza, canta conmigo. Mi
justicia canta a lo justo a través de mí. Mi generosidad canta al todo por mí.
Verdad, canta a la verdad. Bien, canta al bien. Vida y luz, de vosotras procede la
alabanza y a vosotras regresa. Padre, energía de las potencias; gracias te doy,
Dios, potencia de mis energías. Tu palabra te canta a mi través, recibe a mi través
el todo en la palabra, como sacrificio verbal.
Estas cosas claman las potencias que hay en mí, cantan al todo, cumplen con tu
voluntad, tu determinación que viene de ti y a ti vuelve, el todo. Recibe de todas
el sacrificio verbal. El todo que ya está en nosotros ¡sálvalo vida!, ¡ilumínalo luz,
[aliento vital], Dios! Pues a tu palabra la apacienta el pensamiento; creador que
aportas el aliento vital, sólo tú eres Dios.
Tu hombre proclama estas cosas a través del fuego, a través del aire, de la tierra y
de tus criaturas. He obtenido de tu eternidad la alabanza y, tal como buscaba,
estoy en reposo por tu voluntad. He visto por tu voluntad.109
Y el siguiente, lo opuesto, ejemplo de gnosis negativa, relativo al
lamento de las almas por su incorporación a la Creación:
Oh cielo, principio de nuestra génesis, éter y aire, manos y sagrado aliento de
nuestro monarca Dios, astros resplandecientes que sois los ojos de Dios, luz
infatigable del Sol y de la Luna, hermanos de leche de nuestro origen, sufrimos la
terrible desgracia de ser separadas de todos vosotros y, lo que es peor, tras ser
arrebatadas de las cosas grandes y luminosas, de lo sagrado envolvente, de la
opulenta bóveda celeste y de la felicidad participada con los dioses, vamos a ser
de este modo encerradas en unos indignos y abyectos cuerpos. ¿Pero qué acto tan
vergonzoso hemos podido cometer, desgraciadas de nosotras?, ¿qué que pueda
merecer estos castigos? ¡Pobres de nosotras!, ¡cuántos errores nos esperan!, ¡qué
no habremos de hacer, a causa de la perversidad de las esperanzas, para satisfacer
a un cuerpo acuoso y rápidamente disoluble! De poco nos servirán sus ojos, a
unas almas que ya nunca pertenecerán a Dios, porque a través de esa cosa
húmeda y redonda sólo veremos de ínfimo tamaño a nuestro progenitor el cielo,
siempre estaremos gimiendo y puede que ni siquiera seamos capaces de ver.110
Como se ve en estos ejemplos el tono del discurso es tan valioso y
efectivo como la grandeza de los distintos temas e ideas cosmogónicas y
de sabiduría que lleva implícitos, y que se les hace decir a unos
personajes sobre los que reina Hermes de modo directo, o de manera
indirecta, y que conforman al resto de los protagonistas que transcurren
por los textos.
Marsilio Ficino recibió estos libros que venían de Oriente y quedó para
siempre tocado por esta herencia griega prácticamente desconocida –ya
que Occidente sólo poseía una versión latina del Asclepio que el toscano
admiraba– y que tan bien casaba con sus estudios platónicos y sus
creencias cristianas, ya que además de ser un sabio versado en la
Antigüedad clásica, era sacerdote católico.
También médico, lo cual es frecuente en los esoteristas de su época, y
muy importante en la corte de los Médici, donde su príncipe Cosme era
muy amigo del padre de Ficino, Diotifece, su médico personal. 111
Igualmente era músico y cantaba y bailaba los himnos órficos y los de
Proclo y asimismo los Hermetica al compás de la armonía del cosmos,
acompañado con una "lira de braccio", mientras todo ello constituía una
bellísima ceremonia, propia del arte de la época, donde se disfrazaban, o
mejor, se ocultaban de modo refinado y simultáneo la gnosis y la
incantación.
En efecto, esta posibilidad de ritualización propia de la teúrgia encontró
en Ficino un inspirado intérprete y un protagonista mágico de la
Tradición, esa prisca theologia, que atesoraba un Conocimiento secreto,
aunque sin embargo accesible y brillante en este texto o aquél, tanto en
la Biblia como en Platón y el Corpus Hermeticum, y que a su vez era
aquello que las propias cosas, seres, o fenómenos, manifestaban en el
concierto universal de su alma.
Esta revelación que recibe el sabio florentino, por medio de estos libros,
lo acompañará para siempre iluminando todos los órdenes de su vida al
moldear su pensamiento y su obra.
Dejemos que él mismo lo transmita en su auto de fe para ingresar al
sacerdocio:
… la antigua teología de los gentiles en la que coinciden Zoroastro, Mercurio
[Hermes], Orfeo, Aglaofemo y Pitágoras, está toda recogida en las obras de
nuestro Platón. Y en las cartas de Platón anuncia (vaticinatur) que al final,
después de muchos siglos, tales misterios podrán ser revelados a los hombres
[…]. En cuanto a mí, he encontrado que los más grandes misterios de Numenio,
Filón, Plotino, Jámblico, Proclo, habían sido tratados por Juan, Pablo, Jeroteo,
Dionisio Areopagita.112
Y esta creencia que verifica la unidad fundamental de las tradiciones
que lleva a la idea de una Tradición Primordial y Unánime llamada en
ese tiempo prisca theologia, caracterizará el pensamiento ficiniano –y el
de Pico– y se proyectará hacia el futuro, ya que se prolongará en la
Historia de las Religiones, o religiones comparadas, que incluirá
posteriormente otras tradiciones desconocidas, o prácticamente
ignoradas entonces, como las del Extremo Oriente, o las Precolombinas,
con análogas cosmogonías a las occidentales y a veces idénticos
simbolismos y mitologías.
Por otra parte al comienzo ya se ha señalado la importancia de la
historiadora inglesa del Warburg Institute, acerca de mostrar el papel
fundamental del Corpus Hermeticum en la filosofía de Ficino, en su
obra y su vida en pos del Conocimiento, lo que se le manifestó en
distintas vías de varias tradiciones que tuvo la inmensa suerte de
conocer de primera mano a través del estudio exhaustivo de los autores
que tradujo que incluían constantemente a la Teosofía griega, y a la
pagana en general, especialmente la egipcia que era la más antigua y la
madre de las tradiciones conocidas, entre ellas la Cábala judía, basada
en el Pentateuco, o sea en Moisés, por lo tanto posterior al Thot egipcio,
dios mensajero, escritor, identificado con Hermes Trismegisto en uno de
sus tres aspectos.113
Marsilio Ficino y Giovanni Pico de la Mirandola (cont.)
NOTAS
108
Louis Ménard, Hermès Trismégiste. Guy Trédaniel, París, 1977; W.
Scott, Hermetica. Shambhala, Publications, Boston, 1993; Hermès
Trismégiste, Poimandrès, Asclepius et Fragments, Extraits de Stobée (4
vol.),
A. D. Nock y A. J. Festugière, Les Belles Lettres, París, 1991; Textos
Herméticos, Ed. Gredos, Madrid, 1999, traducción y notas de J.
Renau; Corpus Hermeticum y Asclepio, Edición de Brian P. Copenhaver,
Ed. Siruela, Madrid, 2000, traducción de Jaume Portules y Cristina Serna; F.
González, Los Libros Herméticos en Symbolos 11-12, Barcelona, 1996,
que también incorpora la traducción del Poimandrés I-XI; Hermes
Trismegisto, Corpus Hermeticum. Edaf, Madrid, 1998, selección y versión
de W. Scott traducido por Manuel Algora; Hermes Trismegisto, Tratados
del Corpus Hermeticum, Enseñanzas secretas de Hermes a Tat, Asclepio,
Discurso iniciático. Mra Creación y Realización Editorial, Barcelona, 1997;
Hermes Trismegisto, Obras completas (3 vol.). Muñoz Moya editores,
Barcelona, 1995, traducción y notas de M. A. Muñoz Moya; Hermes
Trismegisto, Obras completas. Corpus Hermeticum. Indigo, Barcelona,
1998, traducción de Nuria García Amat; Los libros de Hermes
Trismegisto. Edicomunicación, Barcelona, 1977, traducción de la versión de
Ménard por Guiomar Eguillor.
109
Textos Herméticos. Poimandrés, Himno XIII. Ed. Gredos, Madrid, 1999, p.
215.
110
Textos Herméticos. Extractos de Estobeo, Capítulo XXIII, pág. 367.
[SYMBOLOS ha publicado una traducción íntegra de este extracto,
titulado Koré Kosmou].
111
El apellido Médici se ha prestado a interpretaciones de cábala popular en
relación con el poder de curar, favorecido ello por el escudo familiar con
círculos que pueden parecer medicinas o apósitos. También píldoras de
veneno, muy frecuentes, como se sabe, en ese tiempo aunque lo usual para
curar eran las sangrías que duraron hasta el siglo XIX.
112
Eugenio Garín, Marsilio Ficino y el Platonismo. Alción Editora, Córdoba,
Argentina, 1997, pág. 38-39.
113
"Es un hecho incontrovertible que todos los estudiosos del neoplatonismo
renacentista, cuyos trabajos tienen como base las traducciones y la obra de
Ficino, harían bien en tener en cuenta. No ha sido aún suficientemente
investigado cuál pudo ser el efecto sobre Ficino de su enfrentamiento,
impregnado de temor reverencial, con los Hermetica, considerados como
expresiones de la prisca theologia, fuente originaria de las iluminaciones
procedentes de la mens divina, ni cuáles fueron los motivos que le
empujaron a estudiar el núcleo originario del platonismo interpretándolo
como una gnosis derivada de la sabiduría egipcia". Frances A.
Yates, Giordano Bruno y la Tradición Hermética. Editorial Ariel,
Barcelona, 1983, pág. 34.
Medalla de Pico de la Mirandola, con la leyenda (reverso):
Pulchritude-Amor-Voluptas
CAPITULO III
LA TRADICION HERMETICA Y LA CABALA (4)
Más sobre el Conde de la Concordia
En 1963 y en el contexto de los 500 años de las celebraciones del
nacimiento de Giovanni Pico, Eugenio Garín publicó un breve opúsculo
sintético –una conferencia– entre numerosos estudios fundamentales que
se editaron en aquella ocasión.152
Allí Garín establece la dificultad de abordar su figura y obra fuera de
tratarlo retóricamente o de eludir su extraordinaria personalidad en el
sentido del influjo que ejerció en sus contemporáneos y que signó su
vida a través de los acontecimientos intelectuales y mágicos por los que
su existencia fue transcurriendo, como un soplo que apenas duró 31
años, acabando con su muerte que culminó la encarnación de la belleza,
del arte y la filosofía de su tiempo, que comenzó a manifestarse desde la
cuna y que su madre y familia interpretara de modo religioso e Italia
entera de modo sagrado, cuando no supersticioso, dada la fama del bello,
rico, poderoso y sabio Conde de la Concordia. 153
Su preparación intelectual fue desde adolescente extraordinaria y su
genio notorio y brillante desde los comienzos de estudiante en las cortes
de Mantua, Bolonia y Padua que destilaban lo mejor de la cultura de la
época y donde fue completando su formación, en ese entonces
fundamentada en Aristóteles y el tomismo oficial al que van
agregándose la totalidad del pensamiento griego, en especial Platón y los
neoplatónicos a partir de su ingreso a la Academia de Florencia y muy
remarcadamente su interés por el pensamiento judío y otras lenguas
orientales que lee en sus textos, a los que manda traducir y estudia con
fervor como igualmente lo hizo en 1485 en París antes de regresar a
morir a la corte de los Médici, donde culmina su itinerario.
En cuanto al interés por su figura, central en este libro por su propia
naturaleza, confesamos haber trabajado en vano en el sentido de querer
dejar de lado al personaje fabuloso y en cambio estudiar su obra a
cabalidad, haciendo, si se quiere, detrimento de su personalidad en aras
de su pensamiento. Opción de tipo reivindicativo histórico que se
presentó como inútil y equivocada apenas comenzada a estudiar
nuevamente la obra de nuestro actual invitado, en aspectos que no nos
eran del todo familiares154 y que sólo tenían razón para nosotros, según
vimos, en conexión con lo más importante de su vida y obra en todo
sentido, que se sintetizaba en sus 900 Proposiciones, en donde a pesar
del caos aparente de textos enunciados desde distintos planos y
perspectivas, puede advertirse un cierto ordenamiento secreto, un poder
que mantiene estructuras mutables, como las mareas lo hacen con el
mar.
A partir de allí volvimos a las 900 Proposiciones155 y nos detuvimos en
algunas de ellas en razón de que un autor judío, Chaim Wirszubski,
había publicado sobre el tema un libro que hasta entonces no había
escrito un estudioso de esa religión y al que ya hemos citado aquí. 156Pero
hemos de aclarar que este conjunto abigarrado tampoco nos satisfizo
como materia de este capítulo, pues de ocuparse de ello se necesitaría un
libro entero, como es el caso del estudio de Wirszubski.
Por otra parte caímos en la cuenta de que estas proposiciones no eran del
todo comprensibles sin su prólogo, el Discurso De la Dignidad del
Hombre que las introduce y determina. Y que según comprendimos era
la clave y esencia de lo que había sido Pico, no sólo para la Cábala, sino
en el pensamiento italiano renacentista y la cultura occidental: un
auténtico personaje fabuloso, pese a que la historia de las culturas e
ideas y su mezquindad, respecto a lo que no se comprende, con la que
nosotros también estamos programados, pusiera –y actualmente ponga–
cortapisas sórdidas, formales y lógicas, a tanto genio y generosidad.
Por lo que no sólo la Oración representa la totalidad del pensamiento del
señor della Mirandola sobre la Cábala sino asimismo sobre hermetismo,
filosofía, magia, teúrgia, metafísica, aritmosofía, etc. con el agregado de
vislumbrar y comprobar en sus investigaciones la concordia 157 entre la
totalidad de las ciencias y artes a las que tuvo acceso comenzando con
las filosofías de Aristóteles y Platón. Y éste ha sido el aporte original del
Fénix de su tiempo, no sólo para Italia sino para el pensamiento
occidental en esta fase de su construcción, el primer Renacimiento, una
época tan luminosa como fatídica ya que es asimismo el introito a la
modernidad, su disociación y pérdida de conceptos y sentido.
De hecho contamos con la excelente edición y traducción de
la Oraciónpara la Dignidad del Hombre publicada por Luis Martínez
Gómez158que en su introducción aclara:
Comencemos por señalar que el título dado después al escrito, De hominis
dignitate, podría desorientar sobre la intención de Pico. En rigor y de entrada, no
es lo digno, la excelencia del hombre lo que trata él de definir o medir. Busca algo
distinto y nuevo, no lo alto o digno, sino lo "maravilloso", lo sorprendente y
exclusivo del hombre. Como recurso literario, la alusión a dos dichos célebres de
un escritor árabe, Abdalah, y del oráculo mítico griego, de origen egipcio,
Mercurio o Hermes Trismegisto, tomado por Pico, al igual que la Edad Media y
los hombres del tiempo, por un personaje real, voz de la sabiduría. "Es, oh
Asclepio, un gran milagro el hombre". Pico advierte que esto no lo es el hombre
por la altura de ser que le ha cabido en suerte, pues le superan estratos más altos,
como son los ángeles o todo el mundo "intelectual" de las inteligencias separadas.
Tampoco se aduce aquí en primer plano como peculiaridad aparte del hombre su
condición de microcosmos, o "mundo menor", centro y resumen de la creación,
imagen consagrada por la tradición y reactualizada con vigor y nueva luz por
autores cercanos a Pico, concretamente por el cardenal Cusano. Pico comienza
asentando algo original; lo verdaderamente maravilloso, único y exclusivo del
hombre, capaz de despertar la envidia, no sólo la admiración, de todos los demás
seres, es la posibilidad dada al hombre para hacerse a sí mismo a su gusto. No se
le asigna ningún rostro propio, ningún lugar, ningún oficio. Le pone Dios en el
centro para que lo vea todo, le infunde semillas de todo, para que, a voluntad
convierta en propio lo que se le ha dado de común con todas las creaturas; todas
no las puede ser a la vez, ahí su elección, su libertad. El hombre artífice de su ser.
Pero pasemos directamente al texto de Pico, ya que lo que podamos
decir de él se encuentra en la propia Oración y no de modo latente o
confuso sino expresado de viva voz y explícitamente. De otro lado el
carácter autobiográfico de estas páginas subraya su testimonio y nos
acerca a su forma de pensar, afirmándola, por lo que nos abstendremos
de muchos comentarios y citaremos directamente el texto, casi de modo
antológico, siguiendo el discurso del autor. 159
Decretó al fin el supremo Artesano que, ya que no podía darse nada propio, fuera
común lo que en propiedad a cada cual se había otorgado. Así pues, hizo del
hombre la hechura de una forma indefinida, y, colocado en el centro del mundo,
le habló de esta manera: "No te dimos ningún puesto fijo, ni una faz propia, ni un
oficio peculiar, ¡oh Adán!, para que el puesto, la imagen y los empleos que desees
para ti, esos los tengas y poseas por tu propia decisión y elección. Para los demás,
una naturaleza contraída dentro de ciertas leyes que les hemos prescrito. Tú, no
sometido a cauces algunos angostos, te la definirás según tu arbitrio al que te
entregué. Te coloqué en el centro del mundo, para que volvieras más
cómodamente la vista a tu alrededor y miraras todo lo que hay en ese mundo. Ni
celeste, ni terrestre te hicimos, ni mortal, ni inmortal, para que tú mismo, como
modelador y escultor de ti mismo, más a tu gusto y honra, te forjes la forma que
prefieras para ti. Podrás degenerar a lo inferior, con los brutos; podrás realzarte a
la par de las cosas divinas, por tu misma decisión". ¡Oh sin par generosidad de
Dios Padre, altísima y admirable dicha del hombre! Al que le fue dado tener lo
que desea, ser lo que quisiere. Los brutos, nada más nacidos, ya traen consigo
(como dice Lucilio) del vientre de su madre lo que han de poseer. Los espíritus
superiores, desde el comienzo, opoco después, ya fueron lo que han de ser por
eternidades sin término. Al hombre, en su nacimiento, le infundió el Padre toda
suerte de semillas, gérmenes de todo género de vida. Lo que cada cual cultivare,
aquello florecerá y dará su fruto dentro de él.
Asentado lo cual surge inmediatamente la Teología de los hebreos como
método y el santo Enoch-Metatron, nada menos, como intermediario.
No sin razón dijo Asclepio ateniense que el hombre, en razón de su naturaleza
mudadiza y trasformadora de sí misma, era representado en los relatos místicos
por Proteo. De ahí aquellas metamorfosis de hebreos y pitagóricos. Porque la
teología más secreta de los hebreos, ya trasfigura al santo Enoch en un ángel de la
deidad, a quien llaman hnyk#h K)lm,* ya en diversas realidades divinas.160
Y en la página 110 y 111:
Nosotros, pues, emulando en la tierra la vida querúbea, purgaremos nuestra alma,
refrenando, por medio de la ciencia moral, los ímpetus de nuestras pasiones,
disipando con la dialéctica las tinieblas de la razón, expeliendo así las
inmundicias de la ignorancia y de los vicios, de forma que, ni se desboquen
indómitos nuestros afectos, ni caiga inconsideradamente nuestra razón en trances
de delirio. Entonces venga la filosofía natural a bañar con su luz nuestra alma, ya
bien recompuesta y purificada, y, finalmente, la lleve a la perfección con el
conocimiento de las cosas divinas. Y para no quedarnos en los nuestros,
preguntemos al patriarca Jacob, cuya figura resplandece en trono de gloria. Nos
instruirá este sapientísimo Padre, dormido acá en el suelo y vigilante allá en la
altura; y lo hará por modo de alegoría (así les acontecía en todo), diciéndonos que
hay una escala apoyada en la Tierra y alargada hasta el último Cielo, señalada con
un gran número de gradas, con el Señor arriba sentado en lo alto, y los ángeles
contemplativos alternativamente subiendo y bajando por las gradas.
Y ni esto bastará si queremos ser compañeros de los ángeles discurriendo por la
escala de Jacob, si previamente no somos entrenados e instruidos para avanzar
debidamente de peldaño en peldaño, para no salirnos nunca de la escala y para
acertar en nuestros movimientos alternativos por ella. Y cuando ya, por el arte
sermocinal o racional, hayamos conquistado esto, entonces, vivificados por el
espíritu querúbeo, filosofando por los grados de la escala, es decir, de la
naturaleza, yendo por todas las cosas con un movimiento de centro al centro, o
bien descenderemos, disolviendo el Uno en la multitud, con fuerza titánica, como
Osiris, o bien ascenderemos, recogiendo los miembros de Osiris, tornándolos a la
Unidad, con fuerza apolínea, hasta que, finalmente, lleguemos a la consumación,
descansando con felicidad teológica en el seno del Padre, que está en lo más alto
de la escala.
Y sigue enunciando su discurso donde ya aparecen Hermes y Pitágoras.
Tan blandamente llamados, tan benignamente invitados, volando con pies alados,
como otros Mercurios terrestres, a los abrazos de la madre bienhadada,
gozaremos de la deseada paz, paz santísima con unión indisoluble, en amistad
unánime, en que todas las almas no sólo concuerdan con una Mente que es sobre
toda mente, sino que en un cierto modo inefable, se hacen por completo una cosa
con ella. Esta es aquella amistad que dicen los pitagóricos ser el fin de toda la
filosofía. Esta aquella paz que se labra Dios en sus alturas, la que los ángeles,
descendiendo a la tierra, anunciaron a los hombres de buena voluntad, para que,
por ella, los mismos hombres, ascendiendo hasta el Cielo, se hicieran ángeles.
Esta paz deseemos para los amigos, ésta para nuestro tiempo, ésta para toda casa
en que entremos; ésta deseemos para nuestra alma, de forma que, por la misma, se
haga ella morada de Dios; que después de haber lanzado, por virtud de la moral y
la dialéctica, todas sus inmundicias, tras haberse embellecido con las diversas
partes de la filosofía como con un atuendo de corte, y haber coronado los dinteles
de las puertas con las guirnaldas de la Teología, descienda el Rey de la gloria,
quien, viniendo con el Padre, ponga en ella su morada. Si se hace digna de tan
gran huésped, más bien inmensa clemencia suya, engalanada con un vestido de
oro, como manto nupcial, rodeada de la multicolor variedad de las ciencias,
recibirá al hermoso huésped no ya como huésped, sino como esposo, para nunca
más separarse del cual deseará antes ser arrancada de su pueblo y de su casa
paterna, más aún, olvidada de sí misma, ansiará morir así para vivir en el esposo,
a cuya vista es preciosa la muerte de sus santos, aquella muerte, si cabe llamarla
muerte, mejor plenitud de vida, en cuya consideración pusieron los sabios el
oficio de la filosofía.161
Pero la concordancia no alcanza tan sólo a judíos y cristianos sino a los
griegos y al proceso de iniciación, o sea el de obtención del
Conocimiento.
Pero ni sólo Moisés, o los misterios cristianos, también la teología de los
Antiguos nos muestra los bienes y la dignidad de las artes liberales, en cuya
discusión estoy metido. ¿Qué otra cosa significan, en efecto, los grados de los
iniciados observados en los misterios de los griegos? En los cuales, purificados
primero mediante aquellas, que hemos dicho artes expiatorias, a saber, la moral y
la dialéctica, les llegaba la recepción en los misterios. ¿Qué otra cosa puede ser
eso sino la investigación de los secretos de la naturaleza mediante la filosofía
natural? Entonces, ya así preparados, venía aquella e0poptei/a, es decir, la
contemplación de las cosas divinas mediante la luz de la Teología. ¿Quién no
anhelará ser iniciado en semejantes misterios? ¿Quién, despreciando todo lo
humano, hollando los bienes de la fortuna, descuidado del cuerpo, no deseará,
todavía habitante de esta tierra, ser comensal de los dioses, y embriagado con el
néctar de eternidad, mortal animal aún, recibir el regalo de la inmortalidad?
¿Quién no querrá ser arrebatado por los transportes aquellos de Sócrates que
describe Platón en el Fedro, y, remando con pies y alas, en velocísima carrera,
huir de aquí, de este mundo, todo dominado por el maligno, y ser llevado a la
Jerusalén celestial?
Y entusiasmándose:
Seremos transportados, Padres, seremos arrebatados por los entusiasmos
socráticos, que nos sacarán de tal manera fuera de nosotros mismos, que pondrán
a nuestra mente y a nosotros mismos en Dios. Seremos así llevados, si antes
hubiéremos hecho lo que está en nuestro poder. Si, efectivamente, por la moral,
las fuerzas de los apetitos van dirigidas por sus cauces regulares según las debidas
funciones, de modo que resulte de ello un concierto acordado, sin disonancias
perturbadoras; y, si, por la dialéctica, se mueve la razón avanzando hacia su
propio orden y medida; tocados por el arrebato de las Musas, henchiremos
nuestros oídos con la armonía celeste. Entonces el corifeo de las Musas, Baco,
revelándonos a nosotros filosofantes, en sus misterios, es decir, en los signos de la
naturaleza visible, lo invisible de Dios, nos embriagará con la abundancia de la
casa de Dios, en toda la cual si somos, como Moisés fieles, haciendo su entrada la
Teología, nos enardecerá con un doble ímpetu: por un lado encumbrados a aquel
elevadísimo mirador, midiendo desde allí con la eternidad indivisible lo que es, lo
que será y lo que fue, y contemplando la Primera Hermosura, seremos amadores
alados de ella como apolíneos vates, y por otro, pulsados como por un plectro por
el amor inefable, convertidos en encendidos Serafines, fuera de nosotros,
henchidos de Divinidad, no seremos ya nosotros mismos, seremos Aquel mismo
que nos hizo.162
Y en las páginas 120-122, testimoniando y derivando a un tema que hoy
es tan actual como cuando Pico lo enunciara:
Pues todo esto que es filosofar (tal es la desgracia de nuestro tiempo) tira más a
desprecio e injuria que a honor y gloria. Hasta este grado penetró ya en la mente
de casi todos esta nefasta y monstruosa creencia de que en modo alguno hay que
filosofar, o sólo por pocos, como si en el explorar hasta lo último y hacerse
familiar las causas de las cosas, los usos de la naturaleza, el sentido del universo,
los designios de Dios, los misterios de los cielos y de la Tierra, no hubiera más
que el interés de granjearse algún favor o de proporcionarse algún lucro. Se ha
llegado (¡oh dolor!) hasta no tenerse por sabios sino a los que convierten en
mercenario el cultivo de la sabiduría, y se da así el espectáculo de una púdica
Minerva, huésped de los mortales por regalo de los dioses, arrojada, gritada,
silbada.
Como se ve se trata de los falsos sabios "especialistas" y "filólogos", los
"pedantes gramáticos" detestados por Bruno y a los que Pico rechaza
tanto como a los astrólogos y su mediocridad hortera, propia de los
falsos filósofos:
Me concederé esto a mí, y no me avergonzaré de alabarme por no haberme puesto
a filosofar por otra causa sino por el filosofar mismo, ni esperar o buscar de mis
estudios y de mis elucubraciones otra recompensa o fruto que el cultivo del
espíritu y el conocimiento de la verdad, siempre y en alto grado deseada. Tan
deseoso y apasionado por ella siempre fui que, desechado todo cuidado de
asuntos privados y públicos, me entregué todo al ocio de la contemplación, del
cual ningunas murmuraciones de los envidiosos, ningún dicterio de los enemigos
de la sabiduría me pudieron hasta ahora, ni en lo futuro me podrán apartar. Me
enseñó la misma filosofía a depender de mi propio sentir más que de los juicios
de otros, y a cuidar, no tanto de no andar en las lenguas maldicientes, cuanto de
no decir ni hacer yo mismo algo malo.
Y apunta, como al pasar, algo que ya ha establecido: 163
Siendo así que toda la sabiduría derivó a los griegos de los bárbaros, y de los
griegos a nosotros.
Aunque de ninguna manera descarta, bien por el contrario, afirma, la
originalidad dentro de la Tradición sapiencial.
Así fue constante proceder de los nuestros, al hacer filosofía, al apoyarse en
descubrimientos ajenos y cultivar los campos de otros. ¿Qué sería ocuparse de los
peripatéticos en la filosofía natural si no se traía también a cuento la Academia de
los platónicos, cuyas enseñanzas, en especial sobre las cosas divinas, se han
tenido (testigo Agustín) entre todas las filosofías como la más santa, y, por
primera vez, que yo sepa (y que no se tome a mal la palabra), después de muchos
siglos, ha sido traída por mí a público examen y disputa? ¿A qué venía el tratar de
las opiniones de los otros, sin exclusión, si, convidados a este banquete de sabios,
entráramos sin escotar lo nuestro, sin aportar nada propio, ningún parto del
ingenio y trabajo de nuestra parte? Ciertamente, no es de bien nacidos (como dice
Séneca) el saber circunscrito a glosas, como si los descubrimientos de los
mayores nos hubieran cerrado los caminos a nuestro ingenio, como si se hubiera
agotado en nosotros el vigor de la naturaleza, sin fuerza ya para engendrar por sí
mismo algo nuevo que, si no vale para demostrar la verdad, sí al menos para
insinuarla siquiera de lejos. Pues si en el campo el agricultor y en la mujer el
marido aborrecen la esterilidad, no menos aborrecerá al alma infecunda una
mente divina a ella pegada, cuando sobre todo espera de ella una mucho más
noble prole.
Así es que:
Por todo ello, no contento yo con haber añadido a las doctrinas comunes otras
muchas de la antigua teología de Mercurio Trismegisto, muchas de las enseñanzas
de los caldeos y de Pitágoras, muchas de las más arcanas de los misterios de los
hebreos, propusimos a disputa también una multitud de cosas halladas y
meditadas por nosotros tocantes a asuntos naturales y divinos.
Advirtiendo igualmente de la presencia escolástica y aristotélica:
Añadimos muchos pasajes en los que los pareceres de Escoto y Tomás, los de
Averroes y Avicena, que se tienen por discordantes, afirmamos que concuerdan
entre sí.
Y volviendo sobre el tema:
En segundo lugar hemos puesto lo que pensamos de la filosofía, tanto aristotélica
como platónica, más otras setenta y dos nuevas tesis físicas y metafísicas, las
cuales, si alguien las sostiene, podrá (si no me engaño), como será para mí en
breve manifiesto, resolver cualquier cuestión de las cosas naturales y divinas,
mediante un razonamiento muy distinto de aquel que hemos aprendido en la
filosofía que se enseña en las escuelas y que se cultiva por los doctores del
tiempo.
Ni era tanto, Padres, cosa de admirarse el que yo, en mi tierna edad, cuando
apenas me fue dado el leer los comentarios de otros (como algunos alegan),
quisiera traer una nueva filosofía, cuanto de alabarla si se defendía bien, o de
condenarla si era reprobable, y, en fin, puestos a juzgar nuestras invenciones y
escritos no tanto contar los años del autor, cuanto sus méritos o servicios.
Luego pasa al complejo asunto de la Aritmosofía que no es sino la
ciencia sagrada de los números, de la que dará cuenta posteriormente J.
Reuchlin, su amigo y seguidor alemán.
Existe además, aparte de la que hemos aducido, otra forma nueva de filosofar por
vía de números; forma antigua que fue practicada por los teólogos primitivos, por
Pitágoras el principal, por Aglaofemo, Filolao, Platón y los primeros platónicos,
pero que en este tiempo, como otras cosas preclaras, por la incuria de los
posteriores, tanto cayó en desuso que apenas se hallan de ella vestigios. Escribe
Platón en la Epínomis que entre todas las artes liberales y ciencias especulativas,
la principal y máximamente divina es la ciencia de los números. Preguntándose
por qué el hombre es un animal sapientísimo, se responde: porque sabe contar. De
esta afirmación se hace eco Aristóteles en los Problemas. Escribe Abumasar que
fue un decir de Avenzoar babilonio que aquél que sabía contar sabía todo. Lo cual
no puede en modo alguno ser verdadero si por arte de contar entendemos el arte
ese en el que, por encima de todos, nuestros mercaderes son peritísimos, lo que
corrobora Platón cuando nos advierte, poniendo énfasis en el dicho, que no
pensemos que esta divina aritmética es la aritmética mercantil. Creyendo, pues,
que tras muchas elucubraciones, he llegado a explorar esa aritmética tan
enaltecida, lanzado ya a esta aventurada empresa, prometí responder
públicamente, utilizando los números, a setenta y cuatro cuestiones que cuentan
entre las principales de la ciencia física y la ciencia divina.
Para ocuparse a continuación de la magia:
También hemos introducido proposiciones mágicas, en las cuales aclaramos que
hay dos clases de magia; una consistente toda ella en obra y poder de los
demonios, cosa, por Júpiter, execrada y horrenda; otra que, si bien se examina, no
es sino consumada filosofía natural. De una y otra haciendo mención los griegos,
nunca otorgan el nombre de magia a aquella primera, a la que denominan
gohtei/an, hechicería, a la segunda llaman con propia apelación magei/an, como
perfecta y suprema sabiduría. Porque lo mismo suena, según Porfirio, mago en
lengua persa, que entre nosotros intérprete y aficionado a las cosas divinas.
Grande y diré que extremada es, Padres, la disparidad y desemejanza entre ambas
artes. Aquella primera es condenada y execrada no sólo por la cristiana religión,
sino también por todas las leyes, por toda bien establecida república. Esta segunda
la aprueban y abrazan todos los sabios, todos los pueblos interesados por las cosas
celestes y divinas. Aquélla es la más fraudulenta de todas las artes, ésta es la más
alta y santa filosofía. Aquélla nula y vana, ésta firme, fiel y sólida. Aquélla, los
que la cultivaron, siempre lo encubrieron, por ceder en ignominia y deshonra de
su autor; de ésta derivó en la antigüedad, y casi siempre, gran lustre y gloria del
saber; de aquélla nunca se ocupó el varón dado a la filosofía, ni el codicioso de
iniciarse en buenas artes; para aprender ésta navegaron Pitágoras, Empédocles,
Demócrito, Platón, la predicaron a su vuelta y laguardaron entre sus secretos
como la más estimable. Aquélla, como no se prueba con argumentos ciertos,
tampoco tiene seguros patronos; ésta, honorable por los que llamaríamos sus
ilustres progenitores, tiene como adalides principalmente a dos: Zamolxides, al
que siguió Abbaris, el hiperbóreo, y Zoroastro, no el que quizá pensáis, sino el
hijo aquél de Oromaso. Si preguntamos a Platón qué género de magia es el de
ambos, nos responderá en el Alcibíades que la magia de Zoroastro no es otra cosa
que la ciencia de las cosas divinas, con la que los reyes persas educaban a sus
hijos, a fin de que, con el ejemplo delante de la república del mundo físico,
aprendieran a regir su propia república. Responderá en el Cármides, que la magia
de Zamolxides es la medicina del alma, a saber, que por ella se proporciona al
alma el equilibrio, como mediante aquella otra la salud al cuerpo. En las huellas
de éstosse afirmaron después Caranda, Damigerón, Apolonio, Hostanes y
Dárdano.
Y sabiamente apunta que:
Las siguió Homero, del cual algún día demostraremos en nuestra Teología
poética que, bajo capa de los viajes de su Ulises, encubrió, igual que las demás,
también esta sabiduría.
Y prosigue enmarcando ahora la acción teúrgica:
Entre los más recientes que hayan seguido su rastro por el olfato encuentro tres,
Alkindi árabe, Rogerio Bacon y Guillermo Parisiense. La evoca también Plotino
cuando muestra que el mago es un servidor y no un artífice de la naturaleza; esta
clase de magia la aprueba y confirma, varón sapientísimo, de tal manera
detestador de la otra, que invitado a tomar parte en los misterios de los malos
demonios, dijo que más justo sería que ellos vinieran a él que no él a ellos, y con
razón. Porque así como aquélla hace al hombre atado y esclavo de los malignos
poderes, ésta, a la inversa, le vuelve soberano y dueño de ellos. Aquélla,
finalmente, no puede arrogarse el nombre de arte ni de ciencia; ésta, inmersa en
misterios altísimos, abarca la contemplación profundísima de las cosas más
secretas y, en conclusión, el conocimiento de toda la naturaleza. Esta, buceando a
través de las fuerzas esparcidas por don gratuito de Dios, y las insertas a modo de
semillas en el mundo, como sacándolas de los escondrijos a la luz, más que
realizar milagros, sirve diligentemente a la naturaleza que los hace; entrando
escrutadoramente en la armonía del universo, tan significativamente apellidado
por los griegos sympátheia, y con un conocimiento perspicaz y respectivo de las
diferentes naturalezas, para lo que pulsa arteramente los caprichos de cada una, lo
que suele decirse los iúgges sortilegios de los magos, saca afuera los milagros
escondidos en los escondrijos del mundo, en el seno de la naturaleza, en las
despensas y arcanos de Dios, como si ella fuera el Artífice; y a la manera como el
labrador junta los olmos con las vides, así el mago casa el Cielo con la Tierra, es
decir, lo inferior con las dotes y virtudes de lo superior. De lo cual resulta que
todo lo que aquélla es de fantasiosa y nociva, ésta lo es de divina y saludable. Por
esto principalmente, porque aquélla, haciendo esclavo al hombre de los enemigos
de Dios, lo aparta de Dios; ésta despierta admiración de la obra de Dios, que tiene
como secuela certísima la rendida caridad, la fe y la esperanza. Pues nada
contribuye más a la religión y a la adoración de Dios que la asidua contemplación
de sus maravillas; pues cuando las hubiéremos explorado con esta magia natural
de la que hablamos, espoleados más ardientemente a un gran amor del Artífice,
nos veremos impulsados a cantar aquello de: "Llenos están los cielos, llena la
tierra toda de la majestad de tu gloria". Y esto baste sobre la magia, de la cual
hemos dicho todo esto porque sé que hay muchos que, igual que los canes ladran
siempre a los extraños, éstos muchas veces condenan y detestan lo que ignoran.
Pasando al pensamiento del Areopagita como introducción a Moisés y el
pensamiento cabalístico:
Lo corrobora entre todos Dionisio Areopagita, quien dice que los más secretos
misterios fueron trasmitidos por los autores de nuestra religión ék noû eis noûn
diá lógon, mente a mente sin escritura, por mediación de la palabra. Cuando
exactamente del mismo modo, por mandato de Dios, se había de revelar aquella
auténtica interpretación de la ley confiada por modo divino a Moisés; se llamó a
eso Cábala, que para los hebreos es lo mismo que para nosotros recepción. Por
esto justamente, porque aquella doctrina no había de ser trasmitida por
documentos escritos, sino pasando de uno a otro, como por cierto derecho
hereditario, a través de la serie regular de las sucesivas revelaciones.
Pero cuando una vez vueltos los hebreos de la cautividad de Babilonia por obra de
Ciro, y restaurado el Templo bajo Zorobabel, se aplicaron a restablecer la ley,
Esdras, al frente entonces de la asamblea, una vez corregido el libro de Moisés,
comprendiendo claramente que, en razón de los destierros, matanzas, huidas,
cautiverio del pueblo de Israel, no era posible conservar la costumbre establecida
por los antepasados de trasmitir la doctrina de mano en mano, y que llegaría el
tiempo en que se perderían los secretos de la celeste doctrina divinamente a él
confiada, cuya memoria no podría durar mucho, faltando las glosas, determinó
que, reunidos los sabios que aún quedaban, pusiese cada uno en común lo que
recordase de memoria tocante a los secretos de la ley, y que, bajo la fe de
escribanos, se redactase todo ello en setenta volúmenes (a tenor del número usual
de los sabios del Sanedrín). No me creáis a mí solo en esto, Padres. Oíd a Esdras
mismo que habla así: "Pasados cuarenta días, habló el Altísimo diciendo: Lo que
escribiste primero hazlo público, que lo lean los dignos y los indignos, pero los
últimos setenta libros los conservarás para entregarlos a los sabios de tu pueblo.
Pues en éstos está la vena del intelecto, la fuente de la sabiduría y el río de la
ciencia. Y así lo hice". Así Esdras al pie de la letra. Estos son los libros de la
ciencia de la Cábala. Esdras comenzó diciendo con perceptible voz que en los
libros se encerraban la vena del intelecto, a saber, la inefable Teología de la
superesencial Deidad, la fuente de la sabiduría, a saber, la rigurosa Metafísica de
las formas inteligibles y angélicas, y el río de la ciencia, a saber, la solidísima
Filosofía de las cosas naturales.
Y sabiendo que contamos con la paciencia del lector, pese a ser citas tan
largas, dado el valor autobiográfico del testimonio del Fénix del
Renacimiento:
Estos libros Sixto cuarto, Pontífice Máximo, que precedió inmediatamente al
felizmente reinante Inocencio octavo, procuró con todo cuidado y empeño que se
publicasen en lengua latina para pública utilidad de nuestra fe. Y cuando él murió,
tres de ellos estaban ya a disposición de los latinos. Estos libros son tenidos hoy
en tanto respeto por los hebreos que nadie por debajo de los cuarenta años es
autorizado a tocarlos. Habiéndomelos yo procurado, con no pequeño gasto, y
habiéndolos leído con suma diligencia, sin reparar en fatigas, descubrí en ellos
(Dios me es testigo), no tanto la religión de Moisés, cuanto la de Cristo. Allí el
misterio de la Trinidad, allí la Encarnación del Verbo, allí la divinidad del
Mesías; sobre el pecado original, sobre la reparación de él por Cristo, sobre la
Jerusalén celestial, sobre la caída de los demonios, sobre los coros de los ángeles,
sobre el Purgatorio y sobre las penas del infierno, cosas leí iguales a las que a
diario leemos en Pablo y en Dionisio, en Jerónimo y en Agustín. Y en lo que
atañe a la Filosofía, estaréis oyendo ni más ni menos a Pitágoras y a Platón, cuyas
doctrinas tan afines son a la fe cristiana, que nuestro Agustín no se cansaba de dar
gracias a Dios por haber venido a sus manos los libros de los platónicos.
En conclusión, apenas hay tema de controversia entre nosotros y los hebreos, en
que no se les pueda retorcer el argumento y convencerles a base de estos libros de
los cabalistas, de modo que no quede rincón alguno donde se parapeten. Para lo
cual me apoyo en el testimonio fundadísimo de Antonio Crónico, varón
eruditísimo, el cual, estando yo en su casa en un banquete, oyó con sus propios
oídos a Dáctilo, hebreo perito en esta ciencia, terminar entregado de pies y manos
coincidiendo con la doctrina cristiana de la Trinidad.
Y recapitulando:
Pero volviendo a la reseña de los principales capítulos de mi Disputa, pusimos
nuestra propia manera de interpretar los himnos de Orfeo y de Zoroastro. Orfeo
entre los griegos se lee casi entero, Zoroastro entre ellos, mutilado, entre los
Caldeos más completo. A ambos tengo por padres y fundadores de la sabiduría
antigua.
Y con naturalidad y desenfado:
… escribe Jámblico calcidio que Pitágoras tuvo la teología órfica por modelo y, a
tenor de ella, plasmó y conformó su filosofía, y no por otra razón miran como
sagrados los dichos de Pitágoras, sino porque derivaron de las tradiciones órficas;
de allí la doctrina oculta de los números; y cuanto de grave y sublime tuvo la
filosofía griega, de allí fluyó como de su primer manantial. Mas conforme al uso
de los antiguos teólogos, también Orfeo entretejió los secretos de sus doctrinas
con aderezos de fantasía y los encubrió con ropaje poético, con el fin de que quien
leyere sus himnos pensase que contienen sólo cuentecillos de fábula y purísimas
chanzas. Lo que quiero quede dicho para que se aprecie bien cuánto trabajo,
cuánta dificultad me supuso el sacar de las envolturas de los enigmas, de los
escondrijos de las fábulas, los ocultos sentidos de una filosofía arcana, sobre todo,
en cosa tan grave, tan escondida y tan inexplorada, sin ayuda alguna de la labor y
diligencia de otros intérpretes.
Para poner donde es debido un gran final:
Y todavía (lo diré, aunque ni con modestia ni según mi estilo) lo diré, sin
embargo, pues me fuerzan a ello los malévolos, quise con este certamen mío dar
fe, no tanto de que es mucho lo que sé, cuanto de que sé lo que muchos no saben.
Digno de aquel osado personaje que intentó cambiar el rumbo de la
Iglesia, que ya se precipitaba en la Reforma (y posterior Contrarreforma)
y las guerras religiosas y la Inquisición que se opusieron a los principios
de la Paz, lograda por la Concordia de nuestro conde basada en la
Inmensa Dignidad del Hombre, su libertad, origen de todos los derechos
–y deberes– humanos.
¿Murió asesinado?
La Cábala en Italia
NOTAS
*
Este texto contiene letras hebreas, la tipografía puede descargarse en esta
dirección: (fonts SPTiberian, al final de dicha página).
152
Entre los que queremos señalar: Eugenio Garín, además de esta charla
llamada Giovanni Pico della Mirandola, Conferencia pronunciada en
Mirandola, Parma, 1963, ver su estudio en L'Opera e il Pensiero di
Giovanni Pico della Mirandola nella Storia Dell'Umanesimo, 2 tomos,
titulada La interpretazione del pensiero de Giovanni Pico, tomo 1, pág. 3,
Instituto Nazionale di studi sul Rinascimento, Florencia, 1965.
También Leonardo e Pico, Analogie, contatti, confronti, recientemente
publicado, a cargo de Fabio Frosini, Olschki Editore, 2005. A raíz del quinto
centenario del fallecimiento apareció, Giovanni Pico della Mirandola, a
cargo de Gian Carlo Garfagnini, 2 tomos, Olschki Editore, Florencia, 1997.
153
¡Cómo no iba a ser envidiado!
154
Ver Jean Pic de la Mirandole, Oeuvres Philosophiques. Presses
Universitaires de France, París, 1993, también incluye edición
del Heptaplus; Pic de la Mirandole, Commentaire sur une chanson d'amour
de Jérôme Benivieni. Traducción y presentación de Patricia Mari-Fabre,
Éditions de la Maisnie, Guy Trédaniel Éditeur, París, 1991.
155
Jean Pic de la Mirandole, Neuf cents conclusions, philosophiques,
cabalistiques et théologiques. Traducción del latín y presentación por
Bertrand Schefer, Éditions Allia, París, 2002.
156
Ver nota 39 capítulo I, "El Tema", donde está la primera mención.
157
Haciendo honor a su título nobiliario, asunto que seguramente ocupó de
modo fugaz a su mente, según la sintaxis teúrgica.
158
Pico de la Mirandola, De la Dignidad del Hombre. Editora Nacional,
Madrid, 1984, pág. 40. Seguida por la carta a Hermolao Bárbaro, amigo y
patricio veneciano y Del Ente y el Uno, su otra obra importante junto con
el Heptaplus.
159
Pocas son las obras autobiográficas en materia de Cábala o simplemente
mística judeocristiana y por lo tanto mayor su valor esencial. Ver Jewish
Mystical Autobiographies, Book of Visions and Book of Secrets. Traducción
e introducción por Morris M. Faierstein, prefacio M. Idel, Paulist Press,
New Jersey, 1999.
160
De la Dignidad del Hombre, op. cit., pág. 105-106.
161
Ibid., pág. 113-114.
162
Ibid., pág. 115-116.
163
Ibid., pág. 128 y ss.
Ilustración en la introducción de Nicolás Le Fèvre de la Boderie a la traducción
francesa de De Harmonia Mundi de Francesco Zorzi.
CAPITULO IV
LA CABALA EN ITALIA (2)
Francesco Zorzi [1466-1540]
Hace bastantes años volviendo de un viaje a Italia comenté con un
amigo en Barcelona mi visita a la Iglesia de San Francisco de la Viña en
Venecia, motivada por un libro de Frances Yates, y mi conversación con
un anciano sacerdote franciscano luminoso que no quería saber nada con
Zorzi al que prácticamente negaba, aunque de un modo curioso, pues
parecía conocerlo a la par que lo ignoraba y le otorgaba categoría
litúrgica-religiosa a los símbolos del Templo que, de paso, me
decepcionaron pues no cumplieron mis expectativas, aunque sí
intentaban reproducir hasta donde podían la estructura del Templo de
Salomón, moda alegórica con la que han sido construidas numerosas
iglesias de ese tiempo en toda Italia, mejor, en toda la cristiandad, 170 o
sea, de acuerdo al modelo cósmico y el concierto de sus partes
constituyendo la Armonía del Mundo, a la que corresponde el título de la
obra principal de Zorzi y que ese mismo libro pretende representar según
su nombre lo indica.
Mi amigo catalán tuvo la paciencia de oírme y al terminar me contó
pausadamente que él y su mujer habían viajado en las vacaciones a
Italia, llegado a Venecia y visitado la Iglesia donde se había encontrado
con el ambiguo "santo" franciscano, como yo, y le había hecho las
mismas preguntas y había recibido iguales evasiones, o mejor,
imprecisiones sobre tal asunto, incluida una ira desmedida y sorda bajo
cuya presión se le movía, violentamente, mudo, el belfo del labio,
mientras sus límpidos ojos parecían, al contrario, bendecirnos. Esta
concordancia asonante nos tornó reflexivos y callados hasta este
momento donde debemos escribir este apartado en el que comenzaremos
citando a Yates que tanto admiramos, aunque nuestra formación es
directamente cabalista y adquirida mucho antes de que supiésemos
siquiera de la importancia histórica de la Cábala en la cultura de
Occidente y de la existencia de esta historiadora y aún de las
investigaciones del Warburg Institute con el que colaboraba y que nos
hablan de nuestro cabalista y su obra principal, para que sigamos
familiarizándonos con sus contenidos.171
En la disertación [Zorzi] habla luego de las jerarquías angélicas cristianas,
señalando que concuerdan con los esquemas angélicos y sefiróticos cabalísticos;
habla del "número, medida y peso" que rigen la creación, y del Templo de
Salomón. Quienes sean capaces de "pitagorizar" y "filosofizar" por medio de la
matemática, dice, captarán la alusión arquitectónica. Menciona luego la Unidad,
de la cual proceden todas las cosas de cuatro maneras distintas, aritmética,
geométrica, armónica y musical, y se refiere a los métodos cabalísticos de
meditación por medio de la Combinación, del Notericum y de la Gematria.
Termina con una disquisición mística sobre el cuerpo de Cristo y con el himno
"Alabemos al Uno y al Todo", escrito por "Mercurio Trismegisto".
Una figura que acompaña la disertación ilustra las relaciones numéricas de los
tres mundos, y asigna un valor numérico a las letras hebreas que allí aparecen,
tratando de presentar en forma de diagrama el neoplatonismo hermético-
cabalístico profesado por él (ver comienzo de esta página).
La palabra Uno, o Monas, fluye constantemente de la pluma de Giorgi,
generalmente acompañada por un enjambre de nombres de autoridades de las
cuales deriva este concepto. Como dice Vasoli,172Giorgi desea ser vehículo de una
sabiduría capaz de incluir a Hermes Trismegisto, a Orfeo, a San Francisco de
Asís, a Platón y a los cabalistas, a Plotino y a San Agustín, en su comprensión
común de los arcana mundi y del destino espiritual del hombre en el retorno al
inaccesible Uno.
Quien busque la Monas, dice Giorgi (o Zorzi), puede refugiarse en la teología
negativa y en la docta ignorantia, o puede tratar de seguir la Monas divina en su
extensión a los tres mundos.
El mundo superceleste es el mundo de las inteligencias o ángeles. En la Cábala
cristiana de Giorgi, como ya hemos subrayado, las jerarquías angélicas del seudo-
Dionisio están relacionadas con los Sefirot cabalísticos. Estas altas influencias
caen sobre el mundo por medio de las estrellas, que para Giorgi son los siete
planetas y los doce signos del Zodíaco. El sistema de Giorgi, como el de Pico, no
es astrológico en el sentido de la astrología crítica que condiciona al hombre por
medio del horóscopo, algunas de cuyas influencias pueden ser malas, como por
ejemplo la de Saturno. En este sistema, como en los de Llull y Pico, todas las
influencias celestiales son buenas, y sólo pueden ser portadoras de desgracia
cuando son mal recibidas. Existe, pues, en el sistema el libre albedrío, que
permite usar en buen sentido (y no malo) la influencia de las estrellas. Por su
parte, los planetas tienen relación con las jerarquías angélicas y con los Sefirot, de
modo que la influencia planetaria desciende sobre los hombres purificada por los
ángeles cristianos y los Sefirot cabalísticos, en grados igualmente buenos, pero
colocados por grados de importancia decreciente de acuerdo con el orden de las
jerarquías angélicas.
De Harmonia Mundi está escrita de modo musical y se encuentra
dividida en cantos, subdividida en tonos y capítulos independientes entre
sí pero que vibran por resonancia pues conjuntamente –y
necesariamente– conforman la armonía del mundo. Ha de destacarse el
valor de este compendio cabalístico inspirado en gran parte en De Arte
Cabalistica de Reuchlin y en la obra de Pico, de los cuales Zorzi era
amigo y seguidor y a los que visitó en Florencia. A su vez la obra de
Zorzi fue utilizada afortunadamente por Agrippa (a quien también trató)
en su De Oculta Filosofia que tanta difusión alcanzó. Se debe consignar
que este libro tuvo además una gran importancia en Francia, donde fue
traducido y publicado por los hermanos Le Fèvre de la Boderie, y
contribuyó al conocimiento de la Cábala en Europa (Alemania y Centro
Europa) y posteriormente en Inglaterra, de la mano de John Dee, Robert
Fludd, etc.
En su libro Las raíces y las ramas,173 Angelina Muñiz-Huberman,de
modo sintético nos ilustra, en parte siguiendo el pensamiento de Yates
que ha recalcado especialmente la importancia de la obra de este audaz
cabalista franciscano, de este hombre de Dios:
Francesco Giorgi (1466-1540), nacido en Venecia y perteneciente a la orden de
los franciscanos, comienza sus estudios de la Cábala inspirado en Giovanni Pico
de la Mirandola y en el neoplatonismo. Sin embargo, el hecho de vivir en
Venecia, donde la comunidad judía estaba muy arraigada y el flujo de los
expulsados de España fue muy importante, le brindó la oportunidad de conocer
muchos más textos hebreos que el propio Pico. El cabalismo de Francesco Giorgi
está, por lo tanto, muy bien fundamentado y se dirige más claramente que el de
los otros italianos a una demostración de orden cristiano. Sus principales obras
son: De harmonia mundi (1525); y Problemata(1536).
Parece que un acontecimiento fortuito hace que viaje a Tierra Santa el
joven franciscano y que esta circunstancia le influya para que se vea
cada vez más interesado por las antigüedades judías, el arameo y el
hebreo y la Ciencia Sagrada. Posteriormente,
Giorgi utiliza el procedimiento combinatorio de las letras hebreas y explica el
tetragrámaton de Jesús a la manera de Pico y de Reuchlin. Asimismo, intercala las
coincidencias del gnosticismo con la Cábala hebrea y las enseñanzas del llamado
Hermes Trismegisto. Incluye las corrientes neoplatónicas en boga, la tradición
numerológica pitagórica, la filosofía de la armonía del mundo y, como algo
propio, la teoría de Vitruvio sobre la arquitectura y su comparación con la
construcción del Templo de Salomón. Resulta muy interesante que muchas de las
grandes construcciones de la época y aun posteriores tuvieran como modelo el
Templo, como un acercamiento de tipo místico, relacionado con la alquimia y con
la Cábala.
Así es que:
En su sistema celestial, los planetas y las estrellas emiten influencias benéficas y
no se correlacionan con la magia de la astrología ni de los horóscopos. Los
planetas se rigen por las jerarquías angélicas y las sefirot. Saturno ocupa el lugar
más elevado y cercano a la divinidad, siguiendo la nueva inclinación de quitarle
su signo negativo. Marte olvida su carácter irascible y pasa a ser la virtud del
temple. Sobre el tema del verdadero Nombre de Dios escribe gran número de
páginas que toman en cuenta la teoría del alfabeto hebreo y de sus combinaciones.
Por último, en el peligroso tema de la magia afirma que la Cábala sólo trata de los
poderes angélicos y elimina los demoníacos.
Zorzi, culto patricio veneciano lleno de amor a la creación entera, propia
del "poverello" de Asís, escribe su De Harmonia Mundi inspirado en el
simbolismo del orden cósmico expresado por autores que cita de
continuo y que, tal cual ha observado han vivido la misma cosmogonía y
teosofía a la que él pertenece, la cual ha signado su destino merced a la
gracia Divina que le ha inspirado el temor a lo sagrado y a las
combinaciones de las letras ardientes que conforman el cosmos.
Entre los pocos estudios recientes dedicados al erudito el que nos ha
parecido más interesante es el de Giulio Busi 174 y por tanto el que
seguiremos en este apartado.
Zorzi es usualmente considerado un cabalista, pero esta definición parece asumir
una especie de valor absoluto, privada de cualquier evidencia concreta histórica.
¿Cómo fue que se volvió cabalista? Lejos de ser una mera curiosidad, el
descubrimiento de la literatura hebrea, representó para Zorzi un itinerario
significante en una tierra extranjera. Gracias a su creencia en la armonía esencial
de las culturas humanas, Zorzi fue capaz de transformar la herencia hebrea en un
componente esencial de su espiritualidad interior.
La riqueza de la tradición hebrea, junto a la herencia clásica y patrística, dan vida
a los elegantes escritos en latín de Zorzi. Su estilo, a la vez rico y preciso,
desarrolla una amplia gama de imágenes, pasando por una sucesión de temas
simbólicos. En su carrera literaria, Zorzi demostró un alto grado de habilidad
retórica, sus obras, cubriendo diferentes géneros literarios, desde la prosa
filosófica de su Harmonia mundi, hasta los axiomas exegéticos de
su Problemata y a la inspirada poesía de su Elegante poema.175 La producción
literaria de nuestro fraile franciscano fue en efecto bastante grande, extendiendo
su infatigable actividad a textos litúrgicos y a una extensa correspondencia.
Hasta ahora, no se ha puesto atención adecuada al hecho de que la reflexión en las
palabras hebreas y el juego con el alfabeto hebreo representa el verdadero meollo
del método de Zorzi. Este proceso es particularmente evidente en De harmonia
mundi, el texto más elaborado de Zorzi.
Verdaderamente, más que un tratado filosófico, como generalmente ha sido
considerado por eruditos modernos, De harmonia mundi es un inventario
sistemático de símbolos. Cada capítulo de la obra puede ser considerado una sola
unidad y es, en cierta manera, completamente autónomo en relación a las otras
partes. La mayor parte de los capítulos de De harmonia mundi están construidos
siguiendo un patrón común: Zorzi empieza con una corta exposición en donde
vincula el símbolo discutido en la sección previa con el que va a introducir. Este
vínculo, extremadamente conciso, no es de ninguna manera detallado sino que
sólo se le alude. En las frases que siguen, el cabalista veneciano define la parte
semántica que contiene el símbolo que quiere discutir. Generalmente en esta etapa
él cita a sus principales autoridades, como Platón, Agustín, Pablo, etc., tratando
de transponer las ideas filosóficas al sonido de las palabras.
Francesco Zorzi (cont.)
NOTAS
170
Más adelante en el Capítulo sobre "La Cábala en España" abordaremos
tangencialmente el tema de la arquitectura del Escorial.
171
Frances A. Yates, La Filosofía Oculta en la Época Isabelina. Fondo de
Cultura Económica, México, 1982, pág. 62 y ss. La disertación con la que
empieza esta cita se refiere a una pequeña introducción que escribió Nicolás
Le Fèvre de la Boderie a la traducción francesa del libro de Zorzi. Luego ya
es la historiadora inglesa la que sigue glosando el texto del veneciano.
172
Vasoli, Profezia e ragione. Studi sulla cultura del Cinquecento e del
Seicento. Morano, Nápoles, 1974, pág. 233.
173
Angelina Muñiz-Huberman, Las raíces y las ramas. Fondo de Cultura
Económica, México, 1993, pág. 117 y ss.
174
Giulio Busi, "Francesco Zorzi, un metódico soñador", en The Christian
Kabbalah: Jewish Mystical Books and their Christian Interpreters. Editado
por Joseph Dan, Harvard College Library, Cambridge, Mass., 1997, pág. 98,
106 y 107.
175
Zorzi, o Giorgi, era también literato y se expresaba poéticamente.
El Elegante Poema suele mencionarse como la tercera obra conocida de
nuestro franciscano amén de sus lecciones de hebreo.
CAPITULO IV
LA CABALA EN ITALIA (3)
Egidio de Viterbo (1469-1532)
Queremos comenzar este acápite declarando que se equivoca una vez
más el erudito y gran filólogo hebreo al principio del libro coordinado
por Joseph Dan cuando afirma en su contribución, 180 a la que llama "Los
comienzos de la Cábala cristiana":
La Cábala cristiana puede ser definida como una interpretación de textos
cabalísticos en interés de la cristiandad (o, para ser más preciso del catolicismo);
o el uso de los conceptos y la metodología cabalística como soporte del dogma
cristiano.
Desde luego esto podría ser cierto desde algún ángulo o perspectiva,
especialmente entre los judíos convertidos –a los que J. Blau llama
apóstatas– que se interesaron en la Cábala con fines apologéticos. Pero
el enorme caudal de los buscadores de la sabiduría eterna comandados
y/o secundando a Pico no pertenece a ese género, sino al de los amantes
de la Sabiduría, es decir, a los filósofos de siempre. Esta equivocación
de Scholem es muy grave y contamina todo lo que pudiera pensar acerca
de la Cábala cristiana, e incluso opaca su comprensión del tema
cabalístico, al que se ha dedicado toda la vida, del mismo modo que lo
hace también su prevención y asepsia tocante con el desprecio referido a
dos temas que están enraizados en el corazón de la Cábala: la alquimia y
la magia, que ningún investigador universitario como él, científico y
laico, y menos judío, puede aceptar sin una cierta mueca snob, como un
mohín, lo cual es notorio en J. Blau, del que también nos sorprende la
forma de tratar a la Cábala cristiana, absolutamente deficiente, aunque
parece ser un "ilustrado" dada la excelente bibliografía que presenta al
respecto.181
Uno de esos seres inspirados y auténtico sabio, nacido en la Era
Cristiana –como toda la Cábala judeo-gnóstico-hermética y también la
hebrea– fue Egidio de Viterbo, del que F. Secret dice: 182
Egidio de Viterbo (1469-1532), el cardenal que pronuncia el discurso de apertura
del Concilio de Letrán, el general de la orden a la que pertenece Lutero, el
defensor de J. Reuchlin, el protector de Elías Levita, el autor de Historia de XX
siglos, el humanista, el poeta, el predicador, el reformador, ha llamado siempre la
atención de los historiadores de las ideas en el Renacimiento; la publicación de
extensos extractos de sus obras que permanecían inéditos o de su
correspondencia, ha despertado siempre el deseo de conocer mejor una obra de la
que los bibliófilos no han cesado de detallar su riqueza.
Según Martène y Durand, H. Hoefler, L. G. Pelissier, G. Signorelli, por no citar
más que a los más conocidos eruditos que se sucedieron en esta labor; M. E.
Massa, después de una tesis que desgraciadamente ha permanecido inédita, se ha
consagrado a editar las obras representativas de este espíritu, que Signorelli
calificó de "poliédrica" y de la que P. F. X. Martin, en una tesis defendida
recientemente en Cambridge –"Egidio da Viterbo as a reformer"–, nos restituye
la profunda personalidad de este reformador.
Si, por otra parte, se tiene en consideración que el cardenal conoció o
estuvo en contacto epistolar con una generación para la que fue central y
que incluye los nombres ilustres de Pico de la Mirandola, Paulus Ricci,
Reuchlin, Galatino, Giustiniani, Ambroggio y Zorzi, incluidos Conrad
Pellican y Agrippa se tiene idea de la importancia relevante de este
cardenal de la iglesia católica, él mismo un cabalista y protector de la
Cábala y famoso por su biblioteca que heredaría en parte J. A.
Widmanstetter, al que Scholem destaca porque era el que sabía más
hebreo de todos ellos amén de coleccionar los textos en lenguas
orientales.
Por ello no es tan importante juzgar el valor estrictamente cabalístico de
las obras de Egidio –cuya Schechina es, por otra parte, un tratado lleno
de meditaciones originales– que insisten en el aspecto exegético y la
triunidad de los principios de las escrituras, sino en la importancia como
transmisor y difusor de estas ideas herméticas, pitagóricas y cabalísticas
que percibía como idénticas y antecesoras de la prédica cristiana, muy
ligada a las epístolas de Pablo y actualizadas por la participación de la
experiencia alquímica-química y la magia natural, propias del medio.
Como se ha dicho, nació en Viterbo, Italia, y de muy joven entró como
religioso en los eremitas de San Agustín, siendo secretario de su
superior, que era contrario a Savonarola. Con los años llegó a ser
general de su orden, e incluso cardenal en 1517.
Escribió Shekinah (1530) y se la dedicó a Clemente VII (cardenal de la
familia de los Médici) y a Carlos V, texto en el que expone la Cábala
interpretada cristianamente. Es un libro de 384 páginas que trata sobre
los números, las letras y los nombres de Dios, en el que conjuga con
gran armonía la rica simbólica cabalística con la hermético-alquímica y
la cristiana; he aquí dos pasajes a modo de ilustración:
Porque este es mi secreto: tanto en la tierra como en el cielo… ¿Para qué habría
yo creado el cielo, los elementos, las piedras, los metales, las hierbas, los árboles,
los cuadrúpedos, los peces, los pájaros, los hombres, sino para que ocurra lo
mismo tanto en la tierra como en el cielo, y que el mundo sensible imite el
mundo inteligible: y he inscrito signos en la materia tal como lo han imitado los
egipcios.183
Y el siguiente:
"Hay que ponerse en marcha, César: y, tal como lo haces a menudo, elimina
vilezas de tu túnica… para subir conmigo allí donde puedas ver los reinos, las
riquezas y los tesoros de los nombres divinos… Levanta los brazos como lo hacía
David, mi rey, que fue llamado Edomi, para mostrar que el sucesor de su divina
monarquía sería el emperador de los romanos, el de Edom, como todos han
acordado leer en la profecía de Daniel. Exclamó: '¡Oh!, si tuviera alas como la
paloma'. Aparecí ante él como la aurora entre las tinieblas, y le traje unas alas
con las que se revistió. Dijo: 'Sí, tomo las alas de la aurora' (psalmo CXXXIX, 9).
Vuela conmigo a los reinos de paz eterna y sobre mis alas embriágate con la
abundancia de mi casa (psalmo XXXVI, 3). Imítalo ahora… vístete con las alas
de la sabiduría, deja el suelo… más allá de los orbes de los planetas y de los
astros que no son mundo, levanta los ojos, fija la mirada y mira mis cuatro
estandartes blancos, negros, púrpuras y verdes. Quizás dices: No puedo. No
puedes. Yo soy el Aguila. Te raptaré, hijo mío, y tu juventud se renueva como la
del Aguila (psalmo CIII, 5). Te descubriré los misterios de mi esposo. Tienes que
atravesar el campamento de Uriel, de Rafael, del potente Gabriel, y el del muy
dulce sacerdote, como llaman los arameos a Miguel… César tiene que
presentarse ante César, lo mortal a lo inmortal. Aquí está Malkhuth, el reino, mi
imperio: mira este vasto mundo; el vuestro, comparado con éste, es un grano de
mostaza…"184
Es claro que Egidio conoció muchos textos cabalísticos y hebreos, entre
los cuales el Sefer Raziel, atribuido a Salomón y traducido por Alfonso
X, que consta de siete libros: La llave, El ala, Los incensamientos, De
los tiempos, De la pureza y la abstinencia, De los cielos, De la magia,
y Las virtudes de las imágenes; además también consultó otras obras de
la literatura judía, como el Talmud y los Midrashim. Sus vastos
conocimientos le permitieron escribir un diccionario en el que puso en
correspondencia palabras de la lengua caldea o aramea y cabalística con
los temas de los poetas Orfeo, Virgilio y los etruscos. Además es autor
de Historia XX saeculorum (1513-1518) dedicada a León X, en la que
afloran por doquier sus conocimientos cabalísticos, que presenta en
clave numérica para descifrar la historia desde una perspectiva
simbólica.
Igualmente escribió Libellus de litteris hebraicis ou sanctus (1517),
dedicado también al cardenal de Médici, libro del que Secret apunta: 185
El Libellus de Egidio de Viterbo que los kabbalistas cristianos conocieron a
través de los abundantes extractos de la Introductio de Ambrogio, es un alfabeto
místico, compuesto según el Sefer ha temunah, el libro de las figuras o de la
configuración, que el cardenal había traducido. Egidio de Viterbo lo presenta
como una introducción al estudio de las Escrituras, ya que, oponiéndose a
Quintiliano, que aconsejaba no rebajarse a las sutilezas estudiando las letras,
sigue el parecer del Cratilo, que ha mostrado que los nombres no han sido
inventados por los hombres, sino que son un don de Dios. Es lo que Dionisio,
muy influenciado por San Pablo, comprendió al estudiar los nombres divinos, y,
en nuestro tiempo, Pico de la Mirándola, Pablo Rici y Capnión, que han
empezado el estudio de la kábbala. No hay más que hojear la Biblia para ser
conscientes de esta necesidad: Jeremías escribió las lamentaciones según el orden
del alfabeto, David sus psalmos y Salomón el Proverbio de la mujer fuerte.Y la
Massora de los judíos no ha contado en vano todas las palabras, y reseñado todas
las anomalías de la Escritura. El texto de Mateo V, 18: "Sí, os lo aseguro: el cielo
y la tierra pasarán antes que pase una i o un ápice de la Ley", confirma el pasaje
del Talmud, Sanhedrin sobre Isaías XXXIII, 18: "¿Dónde está el escriba?, que en
hebreo significa el numerador". Nuestros exégetas desconocen la lengua hebrea,
hasta el punto de hacer reír a un niño judío que ha aprendido sus primeras letras,
y confirman así con su obstinación el parecer de los enemigos que piensan que no
podemos comprender nada de la Ley, puesto que no dominamos los primeros
elementos. Felizmente el Papa, que ha recibido a los sacerdotes caldeos, y la
dedicatoria del Psalterio de Giustiniani, encauzará la Iglesia en su camino, el de
Agustín, que, en la Doctrina cristiana, aconseja el estudio de la lengua santa para
resolver los problemas textuales; el de San Jerónimo, que recuerda que hay que
beber, no de las fuentes del Nilo sino de la lengua de los profetas.
Dios se ha revelado a Moisés por boca de Geura, que es fuego, por el nombre de
Tetragramma, y por otros nombres que no se pueden comprender si no es con los
diez nombres que los arameos y los judíos llaman numeraciones o medidas, y
Platón ideas.
Egidio es además muy versado en filosofía aristotélica (a la que critica)
y reconoce la necesidad de aprender lenguas orientales para comprender
la Biblia, por lo que estudia hebreo, arameo y árabe. Tuvo relaciones
muy estrechas con Felice da Prato, converso que como ya dijimos fue
profesor de hebreo de Bomberg186 y traductor de algunos textos sobre
Cábala, libros que ese editor se propuso publicar, además de la Biblia
hebrea de 1517-1518. Pero su relación con judíos conversos no acaba
aquí, sino que Viterbo protegió a un gran número de ellos, como por
ejemplo Elías Levita,187 maestro de hebreo del cardenal, que en los años
que vivió en su palacio le copió y tradujo diversos manuscritos hebreos
para su biblioteca y se dice que es el que lo introdujo en la Cábala;
también Michael ben Sabthai, llamado Zematus, nacido en Africa;
Baruch de Benevent, excelente cabalista o Nicolaus Camerarius, que le
compuso un opúsculo de Cábala. De este modo, vemos que la enseñanza
del esoterismo judío la recibió no sólo a través de escritos sino también
por la transmisión oral de algunos de estos sabios, lo que son dos formas
vivas y directas de dar y recibir el legado eterno, que se expande a
través del Verbo, ya sea por la palabra pronunciada o por la expresada a
través de los alfabetos sagrados, portadores de las mismas energías-
fuerza que la voz. De hecho, ambas posibilidades se conjugan, lo cual
redobla su poder evocador y deificador; y por lo que vemos, Viterbo se
sumó al mismo rito: enseñar a sus discípulos y escribir obras inspiradas.
En su interés por abrir puertas al conocimiento, el cardenal hacía buscar
manuscritos y libros de Cábala (también de otras disciplinas) a sus
discípulos y corresponsales, consiguiéndose incluso un ejemplar
del Zohar en Damasco, por lo que su biblioteca iba agrandando su
esplendor y riqueza. Pero desgraciadamente, después del saqueo de
Roma y sobre todo tras su muerte, se desperdigó, y actualmente sólo se
conserva una pequeña parte de ella. Entre muchos otros textos
sapienciales, contaba con el ya mencionado Zohar y con Puertas de
Luz, el Sefer Raziel, Sefer Temunah, Ginnat Egoz, el Bahir, Mahare
haelohut, así como el Talmud y los Midrashim. Los escritos que él
mismo buriló, y los de su heredero Widmanstetter, 188 no llegaron a
editarse, y hoy en día casi todos permanecen manuscritos. Al respecto,
F. Secret señala en la Kabbala Cristiana del Renacimiento:189
Aunque Egidio de Viterbo no publicó nada en vida, había escrito varios tratados.
Un manuscrito, por otra parte, incompleto, fechado en 1517, parece un tratado
contra los judíos. Egidio de Viterbo utiliza aquí la obra de Pablo de Heredia. Es
posible que lo criticara más tarde, tal como lo hizo, implícitamente con el De
arcanis, que pone en paralelo con diversos pasajes del Porchetus en unas notas
para un diccionario hebreo; por lo menos en los dos tratados de kábbala cristiana
parece haber escogido la solución de no referirse más que a los originales. El
primero, fechado en 1517, dedicado al cardenal de Médicis, lleva por
título Libellus de litteris hebraicis ou sanctis. Este texto, que quedó manuscrito,
fue sin embargo ampliamente conocido, puesto que, además de la alusión que de
él hace Galatino, algunos amplios desarrollos pasaron a formar parte del La
introducción a la lengua caldea, siria, armenia… con numerosas
consideraciones kabbalisticas y místicas, que publicó, en Pavía, en 1539, Teseo
Ambrosio.
Teseo Ambroggio (1469-1539) fue uno de los pioneros europeos en
lenguas orientales y eminente filólogo. Ambroggio es un personaje
interesante como muchos de los que estamos viendo, los que solían
conocerse y relacionarse estrechamente entre sí. Entró en la
Congregación de Letrán donde profesó en Bolonia aunque fijó
posteriormente su domicilio en Pavía, lugar de su nacimiento.
Desde su niñez y adolescencia comienza a tener fama de genio,
concretamente en lo tocante a lenguas, pues ya antes de los quince años
escribe poesía en italiano, latín y griego. Pasa tiempos en Roma
dedicado a sus estudios lingüísticos y es admitido como canónigo
regular de la Orden de San Agustín, como muchos de sus
contemporáneos que veían en su fundador y obra más cercanías con el
pensamiento filosófico de Platón que con el de Aristóteles.
En 1512 participa junto con otros sabios y lingüistas en el célebre
concilio de Letrán, donde adquiere mucha reputación europea –como
Benito Arias Montano– de ser conocedor de lenguas orientales, y sirve
de intérprete con los cristianos sirios, así como respalda la solicitud de
maronitas y etíopes para mantener sus propias liturgias, en conformidad
con la esencia del rito romano.
Compone un salterio como producto de sus trabajos que incluían sólo
hebreo y arábigo, a los que agrega el caldeo. Para publicar dicho
material vuelve a su Pavía natal donde pacientemente fue coleccionando
manuscritos que estudiaba y traducía, aunque posteriormente su
biblioteca fue saqueada, siguiendo la rutina inquisitorial y la cruenta
ceremonia que han conocido las bibliotecas de los sabios por manos del
fanatismo y el populacho que ve en los libros fuentes del mal en sí, a las
que odia y teme y a las que a su vez admira secretamente por su poder
que él no posee, en su bestialidad e ignorancia. Es curioso que algunas
de estas obras al cabo del tiempo han aparecido en la Biblioteca
Vaticana, mediante compras o donaciones.
Murió sin haber completado la edición de su salterio, pero los tipos
originales que había creado fueron utilizados por otros, así como sus
métodos filológicos y transcripciones en diez lenguas distintas que tanto
servirían a Postel, que las empleó en algunos de sus trabajos, como el
que realizara con el Padrenuestro en cinco idiomas con diferentes signos
o tipos para cada una de ellas.190
Pelagius, Mercurio da Correggio y Ludovico Lazzarelli
NOTAS
180
Gershom Scholem, "The beginnings of the Christian Kabbalah", en The
Christian Kabbalah. Jewish mystical books and their christian
interpreters. Editado por Joseph Dan, Harvard College Library, Cambridge,
Massachusetts, 1997, pág. 17.
181
Ver su The Christian interpretation of the Cabala…, op. cit., pág. 145-159.
182
Egidio de Viterbo, Scechina e Libellus de litteris hebraicis. Centro
Internazionale di Studi Umanistici, Roma, 1959. Introducción y notas de F.
Secret.
183
La Kabbala Cristiana del Renacimiento, op. cit., pág. 142-143.
184
Ibid., pág. 143-144.
185
Ibid., pág. 133-134.
186
Destacar una vez más a los editores como faros de luz y personajes
importantísimos, aún proverbiales, en la difusión de la tradición hebrea, así
como la platónica y la clásica, griega y latina en general y las novedades
herméticas que se iban día a día publicando, como una movilización general
de sabios que resucitaban antiguas teosofías o modernas proyecciones de un
saber único, por la solidificación de las estructuras medievales por cuyas
venas ya no fluye la sangre libremente por esclerosis; eso es en definitiva lo
que significó el Renacimiento.
187
Elías Levita (c. 1468-1549) nació en Alemania y se trasladó a Italia,
viajando por sus distintas ciudades, como Venecia, Padua y Roma, donde
residió durante trece años en el palacio del cardenal. Como gran gramático y
filólogo de la lengua hebrea, estuvo en contacto con muchos de los
intelectuales que se interesaron en estudiarla, tal el caso de Postel,
Widmanstetter, Munster, etc. Cuando Roma fue saqueada en 1527, Elías se
dirige a Venecia y se aloja en casa de Bomberg, con el que trabaja
estrechamente en las ediciones de textos hebreos. Es conocido
fundamentalmente por haber escrito varios tratados de gramática hebrea, y
diccionarios de esta lengua y de arameo, siendo también ingente su labor
como traductor, masoreta y revitalizador del yiddish. Su libro Meturgena fue
empleado por muchos hebraístas cristianos, como por ejemplo Guy Le Fèvre
de la Boderie.
188
Persona de gran versatilidad, Widmanstetter, nacido en Baviera en 1506, no
sólo fue un sabio, sino que además fue diplomático, abogado, gobernante y
algunos años consejero papal. Heredero espiritual y discípulo de Egidio de
Viterbo, conoció a fondo la biblioteca de su maestro en 1532. Estudió
hebreo con Reuchlin y viajó mucho por Europa. En España aprendió
rudimentos de árabe y en Italia conoce a Teseo Ambroggio (1529) del que
será alumno. Con el material que le proporciona éste edita en Viena en 1555
un Novum Testamentum syriace. Conoce al judío Dattylus que le
retransmite enseñanzas cabalísticas y que al parecer conoció a Pico. Hace
unas notas para una edición del Corán donde habla de la Cábala con cierta
prevención, lo mismo que en las del Nuevo Testamento Sirio.
189
La Kabbala Cristiana del Renacimiento…, op. cit., pág. 132.
190
En la Exhibición Biblioteca Vaticana (Sala Oriental con objetos
extras), Teseo Ambrogio, Una introducción a las lenguas caldea, siríaca y
armenia, y diez otras lenguas, Pavía, Ed. J. M. Simoneta, leemos: "Una
novedad en muchos aspectos es la 'Introductio' de Teseo Ambroggio, uno de
los primeros estudios en lingüística comparativa al referirse a varias lenguas
orientales distintas. Aunque es principalmente sobre armenio y sirio,
también contiene información sobre samaritano, árabe, copto, eslavo y
etíope. Es la primera ocasión en la cual el sirio fue presentado a lectores
europeos y en ser utilizados tipos sirios".
CAPITULO IV
LA CABALA EN ITALIA (4)
Pelagius, Giovanni Mercurio da Correggio y Ludovico Lazzarelli
Otro personaje fuera de lo común es Giovanni Mercurio (c.1451-?), casi
un mito, del que hasta hace poco se dudaba de su existencia que en su
juventud estudia artes liberales y se lanza a recorrer Europa, las islas
mediterráneas y el norte de Africa buscando la magia natural.
Decepcionado, llega a Mallorca donde conoce a Pelagius, un misterioso
sabio oriundo de Gènes. Este, de joven, estudió astronomía y magia,
viajando a París y por todo el norte de Africa, operando a su paso toda
suerte de prodigios y milagros. Finalmente recala en la isla de Mallorca
donde adopta una vida eremítica durante cincuenta años, lo cual no deja
de recordarnos al ya estudiado Ramón Llull. Sólo al final de su
existencia aceptó al joven Giovanni Mercurio como discípulo, al que
legó su biblioteca y dedicó varias de sus obras, de las que
Secret191apunta:
Compone 20 libros sobre todas las especies de magia, natural, divina, angélica, de
ilusionismo, supersticiosa y diabólica. Después 7 libros sobre la naturaleza, los
lugares, las diferencias, los oficios, los grados, las operaciones, las propiedades,
los nombres y los caracteres de todos los démones.
En su principal tratado, Peri Anacriseon ó Anacrise, que consta de tres
partes, expone la doctrina pitagórica conjugada con el cristianismo; en la
primera sección habla de las calificaciones y pruebas que deben pasar
los iniciados; en la segunda, del poder de la oración y de la
correspondencia entre la pitagórica y la cristiana, otorgando gran
importancia a la ley del silencio siguiendo los lineamientos de la
cofradía del sabio de Samos; en la tercera parte se refiere a ritos y
prácticas de alta teúrgia. Este libro tuvo una gran repercusión en estos
ámbitos renacentistas que estamos evocando, y a él se refieren tanto
Trithemio como Agrippa y otros magos del momento. Entre sus obras
también destaca la que dedicó a su único discípulo, una Tabla de la
verdad gracias a la cual uno puede llegar a la verdad más cierta en
todas las cuestiones dudosas.
Pero volvamos a Giovanni da Correggio que más adelante, realiza una
extraña entrada en Roma. En efecto se sabe de una aparición
espectacular el domingo de Ramos en 1485, porque el episodio ha sido
descrito en detalle en la anónima Epístola Enoch (1484-1485), atribuida
a Lazzarelli.192 Wouter J. Hanegraaf193 nos dice:
Correggio, montado en un caballo negro, cabalgó hasta el Vaticano, para luego
abandonar la ciudad y volver montando un burro y vestido con una túnica de lino
manchada de sangre, y llevando una corona de espinas en su cabeza. Correggio se
presentaba ante la gente como el sirviente e hijo escogido por Jesús de Nazareth,
y se refería a sí mismo como Pimander. Esto, así como su nombre agregado,
Mercurio, demuestran su identificación con el Cristo hermético. Lazzarelli parece
haber visto en Giovanni da Correggio su maestro espiritual, quien había efectuado
su "regeneración espiritual". Es en este contexto que debe ser entendido el Crater
Hermetis.
En 1501, entra en la ciudad de Lyon con toda su familia y séquito,
encadenado y con una corona de espinas asegurando que era poseedor de
toda la ciencia de los antiguos griegos, hebreos y latinos, lo que fue
probado por algunos doctores nombrados por el rey Luis XIII, que no
salían de su asombro al escuchar los conocimientos del sabio, según
refiere el abate Trithemius.194 Finalmente Gallus,195 desencantado del
mundo, acaba vendiendo todas sus pertenencias y desaparece tras un
halo de misterio. Se dice que se retiró a Mallorca, la isla de su maestro…
Queremos dar ahora un testimonio sobre la existencia real de Giovanni
Mercurio da Correggio. Su autor es David B. Ruderman que publicó un
artículo sobre el tema llamado La aparición de Juan Giovanni Mercurio
da Correggio vista a través de los ojos de un judío italiano, 196 que desde
su título tiene un enorme interés y un importante aparato crítico (que por
razones de espacio tenemos que obviar) y del que reproduciremos varios
fragmentos curiosos acerca de este misterioso personaje del que dice:
La evidencia literaria que describe la revelación del extraño profeta cristiano
Giovanni Mercurio da Correggio en las comunidades de Italia y Francia al final
del siglo XV y principios del XVI ha sido tratada con considerable interés por un
número de eruditos. W. B. McDaniel fue el primero en publicar la evidencia
existente sobre esta inusual figura, junto con el texto de un opúsculo atribuido a él
con una traducción inglesa. Estas fuentes retratan a un poeta divinamente
inspirado, junto con su esposa, cinco hijos y sus discípulos, haciendo su camino
como peregrino a través de Italia y Francia. Mercurio ve como su misión la
reprobación de todos los pecados de la Iglesia Católica y los cristianos. El está
facultado con el don mágico del Ser Superior para preparar un antídoto contra la
horrenda plaga.
Y más adelante:
El no sólo se gana la lealtad de las masas sin educación que se maravillan con sus
magníficas habilidades sino que se rodea de un selecto séquito de eruditos
notables que están igualmente impresionados con sus talentos e
incuestionablemente convencidos de la autenticidad de su profecía. Entre éstos se
incluye a Carlo Sosenna, un catedrático de la Universidad de Ferrara y autor de
un comentario escolástico a uno de los sonetos de Mercurio; Ludovico Lazzarelli,
un ávido hermetista que describe la aparición de Mercurio en 1484 en Roma; y
Trithemius, otro hermetista y místico que relata la aparición de Mercurio en Lyon
al final del siglo XV.
Luego refiriéndose a algunos de los estudiosos más importantes del
Renacimiento italiano:
Paul Oskar Kristeller subsecuentemente publicó un estudio sobre Lazzarelli así
como nuevas evidencias con respecto a Mercurio, específicamente un soneto
escrito por el profeta con el comentario de Sosenna. Como un apéndice a su
segundo artículo, publicó fuentes adicionales acerca de la existencia real de
Mercurio. Las referencias incluían evidencias del hecho de que Mercurio visitó
Florencia, Cesena y Lucca igual que Roma. Sobre la base de estas nuevas fuentes,
Kristeller argumenta que no había ninguna duda acerca de la realidad histórica de
Mercurio da Correggio. En un artículo posterior, provee más referencias de
Mercurio, incluyendo obras adicionales por el mismo profeta.
Esta fuente se encuentra en una polémica en contra de la Cristiandad,
titulada Magen Avraham, escrita por Abraham Farissol (1452-1528?), escriba,
cantor, educador y autor judío italiano. Farissol viajó ampliamente por Italia
durante la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI, estableciendo su
residencia permanente en la ciudad de Ferrara. Escribió su obra polémica en
hebreo, que es aparentemente el resultado de un debate, o serie de debates, en la
corte ducal de Ferrara entre Farissol y dos sabios teólogos cristianos entre 1487 y
1490. A la conclusión de estos debates, Farissol probablemente revisó y agregó
nuevo material a su manuscrito original, tardíamente, hasta la segunda década del
siglo XVI.
En el pasaje de Farissol, en parte, se lee: "Yo mismo vi, en mi tiempo y en mi
propia ciudad, a un hombre que era en esa época una gran celebridad, que iba,
exhortaba y predicaba en muchas de las regiones de gente sencilla, y se exaltaba a
sí mismo… por su sabiduría… hasta que casi imaginaba que sus declaraciones
estaban inspiradas por el Espíritu Santo, profetizando e interpretando la Torah. Se
llamaba a sí mismo Hijo de Dios, Mercurius Trismegistus, Enoch y Methuselah…
Los eruditos sin embargo, le contestaron rigurosamente, como por ejemplo en
Roma, donde fue puesto en prisión en mi presencia, como también en Bologna.
Pero por el poder de su retórica, pues era verdaderamente elocuente, escapó y
huyó con sus amigos, devotos de su filosofía y doctrina. Y así salió de prisión, él,
y su comitiva con él, viajando y exhortando en varias tierras, vestido en harapos y
atado con lazos, hasta el día de hoy, durante mi propia vida…"
Y volviendo a la crítica contemporánea:
El profesor Kristeller (en "Ludovico Lazzarelli e Giovanni da Correggio…") ya
ha sugerido la vinculación de Mercurio con la misma familia feudal del norte de
Italia da Correggio que produjo a Niccolo da Correggio (1450-1508), poeta,
dramaturgo y diplomático que estuvo en contacto cercano con la corte ducal de
Ferrara. Pompeo Litta, en su árbol genealógico de la familia Correggio (Famiglie
Celebri Italiane, II [Milán, 1825]), menciona a dos miembros menos conocidos de
la familia con el nombre de Giovanni, los dos viviendo al final del siglo XV.
Además de Niccolo, algunos otros miembros de esta distinguida familia estaban
también en contacto cercano con la corte Este incluyendo a Manfredo y Antonio
da Correggio.
"Conjuntamente con otros intelectuales como Lazzarelli, Trithemius y Sosenna ya
mencionados, Garin dice que antes del encarcelamiento de Mercurio por el
inquisidor de Florencia, también fue invitado a juntarse con Pico della Mirandola
y Flavius Mithridates, el maestro de Pico, en la primavera de 1486".
Y a modo de conclusión:
"Lo que es más asombroso de la descripción de Farissol sobre Mercurio y sus
enseñanzas es que él, como judío, estuviera bastante familiarizado con un
ambiente intelectual y espiritual tan ajeno a su propia tradición religiosa. Mas no
sólo observó a Mercurio en varias ocasiones, sino que él abiertamente admitió
estar familiarizado con sus escritos. Lo que probablemente quería decir es que
estaba al corriente de los escritos de los seguidores de Mercurio, especialmente
Lazzarelli. El hecho de que al menos estaba familiarizado con la Epístola Enoch
está sugerido por su confusión asumiendo que Enoch y Mercurio eran la misma
persona en vez de identificar correctamente a Enoch (Lazzarelli) como el
discípulo de su maestro espiritual, Mercurio".
Pues aquí tenemos ya con nosotros a Ludovico Lazzarelli (1450-1500),
discípulo de Giovanni Mercurio, del que refiere esa extraña entrada en
Roma anunciando el fin del mundo en su libro Epístola de Enoch. Su
otra obra principal es La copa de Hermes (Crater Hermetis), dedicada a
Fernando I, rey de Nápoles, texto hermético-alquímico y con
reminiscencias de la Cábala donde habla también del hombre nuevo,
regenerado por las letras y las palabras.
El contenido de Crater Hermetis no difiere gran cosa, aparentemente, de
otros escritos esotéricos de la época y que hemos ya destacado, salvo en
su nombre, directamente emparentado con lo griego-egipcio, o sea
pagano, y con la actividad alquímica donde el Athanor es el recipiente
donde se cuecen y subliman las materias, como en el alma las distintas
pasiones, de lo denso a lo sutil. Pero el hecho de que los comentaristas lo
hayan vinculado siempre con la magia no se debe a lo que tiene de
común con otros textos de la época (neoplatónicos-neopitagóricos-
gnósticos-cristianos, alquímicos y filosóficos), lo nombren o no a
Hermes, sino a la insistencia particular sobre un punto del Asclepius, que
ya tocara San Agustín, atenente a las "estatuas vivas". Este asunto que
desde siempre había llamado la atención en los escritos herméticos,
también atrae a Lazzarelli que ve en esas "estatuas vivas" a los
discípulos de un nuevo orden basado en la sabiduría y la equidad. Ya
que lo que podría ser un proceso de iniciación individual, donde el
hombre volviera a la vida mediante una desolidificación de su forma y
lograra así, por medio de la magia que se impone y asimismo le es
enseñada para ello, conseguir ser un apóstol de la auténtica sabiduría en
un mundo regenerado, a saber, la teúrgia verdadera que procura el
Conocimiento, pero proyectada aquí de modo social, hacia el medio.
D. P. Walker lo compara con Ficino:197
Entre Lodovico Lazarelli y Ficino el único vínculo seguro está constituido por
los Hermetica. Lazarelli, en la dedicatoria de un manuscrito que contiene la
traducción del Poimandrés por Ficino, el Asclepio y su propia traducción de
las Definitiones Asclepii, menciona y aprueba con fuerza el laudatorio prólogo de
Ficino al Poimandrés. El diálogo de Lazarelli, el Crater Hermetis, culmina en un
misterio, revelado en un himno, el cual se basa en los dioses fabricados por el
hombre en el Asclepio, esto es, sobre el diálogo que era una de las principales
fuentes de la magia en el De Vita coelitus comparanda. Es pues cierto que
Lazarelli conocía y aprobaba el Poimandrés de Ficino, y por lo menos probable
que conocía el contenido del De Triplici Vita. Aun si esta última afirmación fuera
errónea, y aun si el Crater Hermetis de Lazarelli no debiera nada al De Vita
coelitus comparanda, esto proporciona sin embargo un interesante material
comparativo; ya que tenemos aquí dos obras casi contemporáneas de las que
ambas predican prácticas mágicas y teúrgicas ampliamente basadas en la misma
fuente hermética.
Pero hay más, en el mismo estudio de Walker se afirma algo que
justifica la inclusión de Lazzarelli en este libro sobre la Cábala del
Renacimiento:
De la Cábala, Lazarelli cita una alegoría que dice se encuentra en el Sefer
Yetzirah; esta, una vez interpretada, afirma que un nuevo hombre puede ser
vivificado "por la mística disposición de letras a través de sus miembros; ya que
la generación divina se realiza por la emisión mística de palabras cuyos elementos
están hechos de letras". Esto sigue siendo la analogía con la creación divina a
través del Verbo, pero en la versión cabalística según la cual Dios creó el
universo a través de las veintidós letras del alfabeto hebreo. Confirma lo que ya
era aparente en el preámbulo al himno, a saber que Lazarelli se apoya en ella para
una teoría mágica del lenguaje, que él cree que las palabras tienen un vínculo real,
no convencional con las cosas y pueden ejercer un poder sobre ellas.
Y no es sólo ello ya que el texto está mechado de referencias a Moisés,
al Antiguo Testamento (y al Nuevo), concretamente al Arbol de la Vida
y al Arbol de la Ciencia del Bien y el Mal.
He aquí la ficha del Crater Hermetis (extracto de la Biblioteca de J. R.
Ritman de Amsterdam)198 en el mismo sentido:
Crater Hermetis. La obra que hizo a Lazzarelli un famoso hermetista. El texto se
dirige a Ferrante, Rey de Nápoles y Pontano, el principal erudito humanista en
Nápoles.
Hermes Trismegistus. Pimander. Asclepius
Ludovico Lazzarelli. Crater Hermetis.
París, Henri I Estienne, 1505.
Primera edición de la traducción de Ficino del Corpus Hermeticum en donde el
Asclepius es presentado como un complemento. Los comentarios de Lefèvre
d'Etaples han sido agregados a los discursos en esta edición. El Asclepius está
dividido en quince acápites, igualmente provistos de notas explicativas.
Lefèvre rechaza categóricamente el famoso pasaje mágico del Asclepius; es un
'error'. En el margen del Capítulo XIII él escribe en letras mayúsculas: 'lapsus
Hermetis'. En la explicación se refiere a la De civitate Dei VIIIde Agustín.
Agregado a esta edición está un himno de Ludovico Lazzarelli (1450-1500), el
traductor de las Definitiones Asclepii (Cap. XVI-XVIII), que lleva el nombre de
Crater Hermetis, un texto modelado según el Cap. IV, en donde el pasaje mágico
del Asclepius es interpretado en sentido cristiano. Lazzarelli explica la animación
de estatuas como un acto de la creación a través de la Palabra –con referencia a la
Cábala– y compara la animación de estatuas por daimones con la inspiración de
Cristo en los discípulos: un renacer que el maestro causa en el adepto, quien como
resultado deviene al conocimiento de sí y al conocimiento de Dios.
En efecto, Walker en su texto que estamos comentando, añade que:
No estoy seguro de que, tal como lo sugerí, la magia de Lazarelli haya surgido,
hasta cierto punto, de la teoría música-espíritu de Ficino, y de la magia
del De Vita coelitus comparanda; parece probable, pero no existe ninguna prueba
definitiva. En cualquier caso, ambas magias presentan puntos comunes y
diferencias interesantes. Las dos son interpretaciones de un mismo texto
hermético acerca de la inserción de démones en los ídolos, interpretaciones que,
piensan sus autores, estarían de acuerdo con sus creencias cristianas; ambos hacen
un uso extensivo de los "efectos" de la música, de himnos no litúrgicos. Y la
magia de Lazarelli, como la de Ficino, está, pienso, vinculada a un nivel profundo
con la misa –el ejemplo evidente es el de la "fabricación de la naturaleza divina"
por el hombre. Las diferencias esenciales entre ellas son: en primer lugar, que la
magia de Lazarelli no es astrológica; pero no lo juraría, ya que, cuando la
creación de Dios se emplea como analogía con el misterio, es la creación de los
cuerpos celestes y de sus almas lo que se menciona. En segundo lugar, que la
magia de Ficino no implica las esperanzas escatológicas de conversión universal
y milenaristas como en Lazarelli. En tercer lugar finalmente, la magia de Lazarelli
es mucho más peligrosa. Se declara abiertamente como de una gran importancia
religiosa y claramente en competencia con las prácticas teúrgicas ortodoxas;
mientras que la magia de Ficino podía al menos ser presentada y defendida como
una especie de psicoterapia astrológica.199
Estos últimos términos no son felices ya que rebajan el nivel de la
teúrgia de Ficino que pretende, nada menos, la Unión con los
antepasados míticos, la vuelta a los Orígenes, que siempre han estado
vivos en todo sentido ya que conforman este encuadre del Eterno
Presente se que escapa constantemente, así como el espacio del discurso
dual, que intenta describirlo en su limitación. Encarnar el Verbo, la
forma en que se genera y actúa, no es lo mismo que clasificar
etimológicamente o históricamente tal manifestación de lo sagrado
confundiéndolo con sombras religiosas y morales propias del miedo de
perder lo que se ha robado de otros autores, mientras se pretende
pertenecer al campo oficial de la filosofía y la lingüística y considerarse
casi "científico". Este es el perfil del universitario actual, un asalariado,
un hortera capaz por su actitud de sofocar cualquier vocación por el
Conocimiento.
Lazzarelli (cont.)
NOTAS
191
F. Secret, Hermétisme et Kabbale. Ed. Bibliopolis. Nápoles, 1992, pág. 94.
192
Al respecto ver también: Mirella Brini "Ludovico Lazarelli" en Testi
Umanistici su l'Ermetismo. Fratelli Bocca, Roma, 1955, pág. 21-75, así
como Eugenio Garin, Hermétisme et Renaissance. Éditions Allia, París,
2001, pág. 62-73.
193
W. J. Hanegraaf, Sympathy or the Devil: Renaissance Magic and the
Ambivalence of Idols, fuente de internet sobre
Lazzarelli: [Link]
194
Estas entradas triunfales a las ciudades eran frecuentes en el Renacimiento y
se efectuaban con todo boato. Así las descritas en Hypnerotomachia
Poliphili, o las célebres preparadas por Leonardo en Milán. Ver aquí la
narrada por Blaise de Vigenère en Mantua, en el capítulo de "Cábala y
Alquimia".
195
Un pseudónimo que utiliza Giovanni Mercurio es el de Libanius Gallus.
196
Ver David B. Ruderman, La aparición de Juan Giovanni Mercurio da
Correggio visto a través de los ojos de un judío italiano, en Renaissance
Quarterly V. 28, 1975.
197
La Magie Spirituelle et Angélique, de Ficin à Campanella…, op. cit., pág.
60 y 62.
198
Ver en la página de internet (el nº
24): [Link]
199
La Magie Spirituelle et Angélique…, op. cit., pág. 65.
CAPITULO IV
LA CABALA EN ITALIA (5)
Agostino Giustiniani y Petrus Galatino
El primero de ellos, Giustiniani (1470-1536), es un dominico de familia
patricia de Génova que viaja a Valencia de joven y reingresa luego a su
orden en Pavía. Publica en Bolonia en 1513 sus Anales y una plegaria
compuesta al Dios Todopoderoso de 72 Nombres divinos en hebreo y en
latín. Igualmente un Psalterio políglota en 1516 cuajado de comentarios
cabalísticos y que presenta en hebreo, latín, griego y árabe. En 1520
edita en París la Victoria Porcheti adversus impios hebreus… y en ella
incluye el Pugio fidei (El Puñal de la Fe) de R. Martinus (Ramón Martí),
atribuido por algunos a Pablo de Heredia del que fue su comentarista y
editor, libro apologético dedicado supuestamente a la conversión de
judíos a una misma fe con los cristianos.205 Es difícil decir de Pablo de
Heredia, Giustiniani e incluso de Galatino que también ha reproducido
dicha obra en su De Arcanis, si su propósito fue el de obtener prosélitos
religiosos de este modo, o bien todo lo contrario, propalar la sabiduría
de la Cábala en medios gentiles, filosóficos-platónicos-pitagóricos o
piadosos cristianos. En todo caso nos parece que la manera de tratar a
este autor no debe ser cuantitativa, es decir, no debe considerar el
planteo exclusivamente religioso del número de fieles implicados y su
adhesión a uno u otro bando.
Giustiniani es profesor de lenguas orientales en París, donde publica una
traducción latina de la Guía de los Descarriados de Maimónides y 107
Cuestiones sobre el Génesis de Filón. También sus escolios son muy
importantes, consultados y conservados por muchos cabalistas de su
tiempo, entre otros Conrad Pellican. De ellos dice F. Secret: 206
Los escolios son particularmente interesantes por los textos de Kabbala que
presentan. Por primera vez son transcritos y traducidos al latín los textos
del Zohar: siete sacados en su mayoría del Sifra di Tzniutha o libro del arcano,
que Knorr von Rosenroth publicará en su Kabbala denudata. No carece de
interés señalar que uno de estos pasajes, que le sirven a Giustiniani para poner de
manifiesto la encarnación de Cristo, es citado por Denis Saurat para ilustrar el
tema de la vida sexual en Dios y del panteísmo entre los filósofos salidos del
Renacimiento. Además, los pasajes de los Midrashim, especialmente
del Midrash Tehillim, del Tagin o libro de las coronas que están inscritas en las
letras de la Ley, y varios fragmentos kabbalísticos que no han sido todavía
identificados, un pasaje del Gale Razeia y otro de un comentario cabalístico
sobre los psalmos debido a un converso con el nombre de Libertas Commineti.
Sobre los escolios también trabajó Petrus Galatino (1460?-1540?), que
fue franciscano, y escribió unos tratados revolucionarios
titulados Iglesia instituida, destituida y restituida donde describe sus
revelaciones proféticas y se declara el Papa angélico. Dedica a Carlos V
su Comentario sobre el Apocalipsis pensando que este monarca ha de
coadyuvar a la reestructuración necesaria para el enderezamiento de
Occidente. Es también el autor de una de las obras más conocidas y
difundidas del Renacimiento De arcanis catholicae et veritatis en la que
defiende a Reuchlin, labor que le tocó como penitenciario apostólico.
Trabaja mucho con los textos citados por Giustiniani en los escolios y
hace un estudio del Tetragrammaton a la par que se permite defender
el Talmud y con ello la importancia de traducirlo al latín, pues conocía
perfectamente esta lengua, así como el griego y también hebreo, que
había estudiado en Roma con Elías Levita.
Ambos autores, tanto Galatino como Giustiniani, son muy leídos y
citados desde el comienzo de la andadura de la Cábala en Italia, al igual
que otros que seguiremos viendo, no tanto por producir obras
propiamente cabalísticas, sino porque actuaron como recopiladores de
dicha literatura. Esa fue su contribución para la difusión de dichos textos
en distintos medios y lugares, lo que no quita además que la doctrina
cabalística influyera solapadamente en el enfoque de sus textos,
claramente cristianos, como es el caso de los de Galatino.
Su obra, o sea la serie de sus escritos, es verdaderamente extensa; en
1506 publica De optimi principis diadamate; al año siguiente
aparece Expositio dulcissimi nominis tetragramaton. En 1515 la Oratio
de circuncisione dominica, pronunciada el primero de ese año en
presencia de León X. De arcanis catholicae veritatis, publicada en
Ortona en 1518, está compuesta de 12 libros y verá posteriores
ediciones en Basilea, París, Frankfurt, etc. En 1519 sale a la luz Libellus
de morte consolatorius ad Leonem X, compuesta en ocasión de la
muerte de Lorenzo de Médici, duque de Urbino y sobrino del
Pontífice. De republica cristiana le sigue dos años después, dedicada en
este caso a León X y que trata de la reforma de la Iglesia; De septem
Ecclesiae tum temporibus tum statibus, vuelve sobre los argumentos del
libro anterior. Ya hemos mencionado De Ecclesia destituida y De
Ecclesia restituida, anteriores a 1524, en las cuales se atreve a la
interpretación de las profecías bíblicas y medievales y al sentido místico
de los Salmos y del Apocalipsis. Se discute de nuevo acerca del estado
calamitoso de la Iglesia y de su próxima reforma mediante el retorno a
los orígenes. Sobre esta línea de interpretación simbólica de las sacras
escrituras produce un comentario al Apocalipsis en 1524, dedicado
como ya dijimos a Carlos V. Tenemos después una Vaticinio Romani
explicatio, de 1525 sobre una profecía pronunciada en Roma en 1160, y
en 1526 De Sacra Scriptura recte interpretanda, la cual le ha valido la
fama de profeta, la que por cierto también adquirirán otros autores que
veremos, como Postel, o el mismo Bruno, cuestión ésta relacionada no
tanto con la predicción de lo que ha de pasar, sino con la visión vertical
de quien ubicado en el eterno presente participa de una concepción
simultánea de las indefinidas posibilidades del ser, idea que se encarna a
cada instante, ora en una individualidad, ora en otra, sin interrupción. En
este sentido, el recién citado Postel apunta en unas notas biográficas:
"Hacia finales del siglo XV, hubo un noble de España, quien, poseído de un
amor loco por la Reina Isabel la Católica, no pudiéndola pretender, tomó el
hábito de los Franciscanos. Ardió entonces de tanto fervor, en ayunos, vigilias y
oraciones, que este hombre completamente iletrado devino en poco tiempo el
más entendido en las santas Escrituras, y produjo ‘de modo espontáneo’
(instruido por sí mismo) no solamente comentarios como los otros, sino también
suyos propios igualmente profundos y penetrantes. Como veía con malos ojos la
devoción como se dice o la religión de Roma, se puso a reflexionar sobre el
soberano pontificado y a pensar en algún Papa angélico, de quien muchos otros
antes que él habían pensado y escrito. Y si no auguró que él sería ese Papa
angélico (pues, en esta materia, saber quién lo sería es difícil y oscuro), prometía
ciertamente a algún escrutador de sus profecías la dicha próxima de la verdadera
reforma de la Iglesia. Sucedió que numerosos españoles, presos, por la lectura de
su obra, del mayor fervor, por no decir furor de espíritu, así como muchos otros
ya cooptados en el orden de los cardenales, se creyeron en Roma toda su vida
designados para este Papado angélico, como teniendo ya acceso a esta dignidad.
Esto es lo que sucedió a este hombre célebre, y por otra parte muy erudito, Petrus
Galatinus (Pietro Galatino c. 1460-1540), de la orden de los Franciscanos, que
escribió la obra célebre contra los judíos, De arcanis catholicae veritatis, leyendo
los escritos de ese Amodaeus (así es como llamaban a aquel cuya santidad y
milagros llevaron a la Reina Católica Isabel a hacer que se construyera en Roma
sobre el monte Janículo, en el emplazamiento de la Tumba del Apóstol Pedro, y
de Noé o Jano, una bella iglesia (el Tempietto) con un gran monasterio para los
Amadeitas). Sucedió, digo, que Galatino, después de haber leído sus obras, creyó
con plena certeza que este Papado angélico le había sido reservado. Compuso 16
o 18 gruesos volúmenes llenos de desarrollos sacados del latín, del griego y del
hebreo sobre este tema, que son aún conservados hoy en la biblioteca del
monasterio de Ara Coeli en Roma. Creía que esto no sería de otro modo antes
que la muerte hubiera transmitido este Pontificado a un hombre que lo ejercería
en la región etérea del mundo. Esto es lo que me sucedió a mí también en el
momento en que meditaba abandonar con mis beneficios el lodazal de la Corte, y
cuando me dedicaba, en vigilias sin medida, en oraciones y en ayunos, a cambiar
de vida para pasarla con los Jesuitas, cuya orden acababa de ser fundada.
Leyendo un ejemplar de la obra de ese Amodaeus, que me habían proporcionado
los Jesuitas, fui presa de esa creencia viva y loca de que podría ser un día ese
Papa angélico. Pero cuando, atraído por los Jesuitas, vine a Roma con el fin de
vivir con ellos en pobreza y oprobio, supe que muchos cardenales de la Curia, de
los que callo el nombre a causa de su familia, habían leído antes que yo a ese
Amodaeus, y que pensaban que sus escritos les estaban destinados".207
Otros muchos opúsculos salen de la mano de Galatino, aunque no
dudamos en mencionar al aparecido en 1539 en línea a lo que estábamos
exponiendo. Se trata de De angelico pastore que otorga ahora a la
figura del Pontífice (o sea el que establece esa relación axial con todos
los mundos y planos del cosmos) la labor del enderezamiento de la
Iglesia, auspiciado por varias de esas revelaciones. Finalmente, dedicó
los últimos tiempos de su vida a De theologia, un repertorio que quedó
incompleto después de cinco partes que ya comprendían cerca de 50
libros.
Vale mencionar que este tejido de cabalistas y hermetistas que se
conocen y tratan entre sí, o por interpósita persona, que se leen entre
ellos y difunden sus obras y traducciones entre sus cenáculos,
recomendándolas a terceros supuestamente calificados, constituye la
verdadera urdimbre y trama de la Cábala del Renacimiento, como un
organismo que fuera abarcando primero las ciudades y cortes italianas
para extenderse posteriormente a toda Europa. En esta labor están
inscriptos desde cardenales a simples monjes, filósofos y teósofos,
magos y poetas, teúrgos, sabios y artistas que interrelacionándose, van
abriendo los canales y vasos comunicantes que darán vida al organismo
que el Arbol sefirótico esquematiza, en la Europa del período al que
llamamos Renacimiento, es decir la proyección de la piedra alquímica
en el ambiente y las vibraciones teúrgicas del tiempo y el espacio que
estamos visitando y que, de un modo u otro han llegado hasta nuestros
días.
Agostino y Paulus Ricci
NOTAS
205
Convertido al cristianismo en su vejez Pablo de Heredia (no hay fechas
exactas con respecto a su nacimiento y muerte) nos ha dejado dos obras: La
Búsqueda de los Secretos (Iggheret Hassodot) y La Corona del Rey (Gale
Razeia) dedicada a Inocencio VIII. Ambas obras emplean el término de
Cábala. Heredia en La Corona del Rey presenta este libro como una
traducción del Gale Razeia (El revelador de los secretos) del cual efectúa las
notas. Allí se afirma que Rabí Simeón escribió un libro que titula Mechkar
Hassodot o sea La Búsqueda de los Secretos donde Simeón (Bar Yohai)
desvela muchos de los secretos relativos al Mesías. Según Scholem esta
falsificación perpetrada por Heredia escrita en el estilo de la haggadah y
del Zohar sólo buscaba convertir judíos. François Secret no cree que la
autenticidad del Gale Razeia sea del todo inventada, aunque Heredia, se
pone bajo la luz del autor del Zohar, con obvios intereses apologéticos
cristianos. La Corona del Rey que interpolaba un texto del Zohar, fue muy
importante ya que llegó a las manos de Pedro Galatino, que lo estudió e
influyó en su De Arcanis Catholicae Veritates (1518) el cual tuvo un éxito
editorial grande. Es uno de los primeros judíos conversos en utilizar la
Cábala como apologética. Parece que Heredia vivió en Sicilia y, en rigor, es
considerado un antecedente de la labor de Pico, que puede haber conocido
su obra vía Mithridates.
206
La Kabbala cristiana del Renacimiento, Taurus Ediciones, Madrid,
1979, pág. 123.
207
Weill, Georges: Vie et caractère de Guillaume Postel. Archè, Milán, 1987,
pág. 65-67.
Paulus Ricci, Philosophica prophetica ac talmudistica pro christiana…,
Augsburg, 1514. Gallica-Bibliothèque Nationale de France.
CAPITULO IV
LA CABALA EN ITALIA (6)
Agostino y Paulus Ricci
Para el primero de estos personajes, al igual que para otros en nuestra
investigación, nos valdremos de los textos de François Secret el que nos
explica de Agostino –tan desconocido, a menudo confundido con
Paulus, del mismo apellido, ambos judíos conversos de los que se dice
eran hermanos– lo siguiente:
Augustinus Ricius, cuya obra208 fue reeditada en París en 1521 por Oronce Finé,
pero sin la Epístola de astronomiae autoribus, expone qué es la kabbala: "Según
la intención de los cabalistas, en cuanto puede colegirse de varios autores, todo
procede de Dios según una triple manera. Algunos seres existen antes de la
creación por sola emanación: a éstos los llaman Eciluth, abstracción, como está
escrito en Números XI, 17: 'Y yo tomaré el espíritu que está sobre ti…', si bien
San Jerónimo traduce de otra manera esta palabra, atento sobre todo al sentido y
negligente respecto de la propiedad de varias palabras. Las cosas así producidas
los cabalistas las llaman Sephiroth, que se puede traducir como numeraciones. El
segundo modo es la producción ex nihilo, a lo que llaman Beriah, creación. Al
tercero lo llaman Assia, hacedura; algunos lo llaman Iecira, formación, ya que
éste es el modo de generación de los seres, que dependen de algo preexistente.
Los seres que son producidos por el primer modo parecen depender de Dios
como la claridad de la luz, sin creación concurrente".
En otro párrafo nos enseña que nada puede hacer concebir mejor la naturaleza de
la esencia divina que la luz, para lo que cita a Pitágoras, Platón, Plotino, Dionisio,
Yámblico, Ficino, Algazel y los textos de Exodo XXIV, Ezequiel y San Juan:
"Yo soy la luz del mundo". (…)
Después de haber dejado expuestos los siete géneros realizados por medio de la
luz, Rici muestra que los siete sephiroth o ideas de la luz divina son la materia
prima, los elementos, los minerales, los vegetales, los animales carentes de
sentido y los seres racionales. Así como los tres primeros sephiroth forman el
mundo espiritual, los otros siete se llaman Holam Habina, es decir, el mundo de
la construcción o del edificio, el mundo corporal, que parece construido como
una casa, y que procede de los primeros sephirot. (…)
Muestra a continuación cómo el mundo corporal está gobernado por estos
sephiroth: "Por estos sephiroth o ideas el mundo es regido como por los dioses,
para hablar como los astrólogos de los planetas. Los cabalistas someten a los
patriarcas y profetas al influjo de estos sephiroth: Abraham depende de Hesed,
Isaac de Pahad, Jacob de Tiphereth y Moisés de Malcuth".209
No sabemos de qué modo pueda haber llegado a obtener sus
conocimientos de Cábala, en parte deficientes, empero Ricci (1512?-
1564) era un converso y su misma filiación y algunas relaciones le
fueron llevando a manejar elementos cabalísticos, los que quiso
testimoniar en su obra, más inclinada a la literatura si se tiene en cuenta
su autoría de la Comedia I tre tiranni210 y el éxito que alcanzó lo que lo
hizo famoso. Era además médico, y médico pontificio, cargo que ejerció
por años. En cuanto a la información del también médico francés
Symphorien Champier que lo hace hermano de Pablo, del mismo
apellido, famoso cabalista cristiano del que nos ocuparemos a
continuación, no parece ser del todo segura.
Debe considerarse que todos los textos de Cábala escritos por judíos
conversos como los Ricci no podían nombrar y transmitir la Sabiduría
hebrea si no era por el medio de repudiarla y sólo utilizarla en la
"conversión" harto improbable de los intelectuales judíos, como él, entre
dos religiones, el Antiguo y el Nuevo Testamento, unidos por una
misma metafísica, es decir por la Cábala revelada tanto a cabalistas
judíos como a filósofos gnósticos y alquimistas herméticos obligados a
decirse cristianos.
Y esto les hace estar siempre al borde del abismo, rechazados por los
judíos por "desertores" y mirados con gran recelo por los cristianos, que
nunca los acabarán de reconocer como "suyos". En verdad, esto
acostumbra a tocarle muy de cerca a cualquiera que no se adscribe a tal
o cual partido o religión, ya que interesado fundamentalmente por la
vivencia de lo metafísico, sabe que toda particularidad o parcialidad es
una limitación, una cadena, y por lo tanto dedica ingentes labores y
oraciones para librarse de todas ellas. Contrariamente, para el que está
atado, y no quiere o no puede desprenderse de los lazos, esa actitud del
"libre" es un "insulto" ante su cobardía, y dedica entonces más esfuerzos
a mirar de aplastarlo que a salir de su prisión.
Aquí se debe destacar una vez más la diferencia entre metafísica
(Cábala) y religión y explicar que tanto la triunidad de los principios y
la idea de infinito (En Sof) son realidades compartidas por el esoterismo
cristiano y judaico pero no son expresadas actualmente por boca de sus
ministros y teólogos que se refieren a otro mundo distinto que el de los
cabalistas, poetas y teúrgos, aunque metafísica y religión puedan
coexistir considerando cada cosa a su nivel.
La religión está íntimamente vinculada con lo humano, dicho esto,
expresaremos que la Cábala, en oposición, se relaciona con lo no
humano. Por lo cual, desde el punto de vista "humano" la religión es
"más", pues auxilia, reconforta y perdona, es fraterna, mientras la
metafísica nada tiene que ver con todo ello, ni con sus análogos o
contrarios.
La Cábala se ocupa del Conocimiento, o sea de la posibilidad que tiene
el hombre de encarnar su parte no-humana, gracia que se les da a pocos,
porque muchos la rechazan por parecerles "menos" pues la ven como
ignorante, inferior, revulsiva, aunque no saben que se están refiriendo a
la Sophia Perennis, posibilidad presente en el interior de todas las
almas.
Por otra parte es equivocado considerar al "misticismo", siempre
religioso, como el fin o culminación del proceso del Conocimiento de lo
Sagrado, labor experimental propia del cabalista y siempre relacionada
con la metafísica y no la religión. Asimismo es falso considerar al
éxtasis y lo extático que se logra en un pequeño espacio de tiempo y se
produce de vez en cuando, gracias a abstinencias morales, abundantes
privaciones y piedad, como el fin de la búsqueda del cabalista. Por el
contrario el estado de Conocimiento, de deificación, no es accidental,
sino permanente –a menos que el interesado lo interrumpa– y
absolutamente normal en todos aquellos capaces de abrirse a su Destino,
cualquiera que este fuese, puesto que la deidad está en nosotros, no en
otro lugar, ni fuera del ser humano que es quien la percibe.
Como podrá apreciarse el otro Ricci, Paulus [m.1561], ahora cristiano,
es un representante destacado de la Tradición, un sabio a otro nivel en el
que la metafísica se le brinda por su intuición intelectual, su fidelidad a
su forma tradicional y su conexión con ella cualquiera sea la horrible
forma que pueda revestir su existencia, de nuevo.
Por eso el que denosta a los judíos es el mismo que escribe una carta
llamada Defensoria contra obtrectatore Cabale ad venerabilis D.
Doctorem… y el que traduce el Portae Lucis de Chiquitilla (Sha'arei
Orah) y lo hace editar con un hoy célebre grabado con el Arbol
sostenido por un cabalista y con los nombres de las sefiroth en hebreo, y
es por tanto uno de los principales constructores de la Cábala en el
Renacimiento, aunque bastante distinto dentro de la Tradición a Pico y
Reuchlin.
El Arbol y el cabalista de Portae Lucis
Paulus Ricci fue muy maltratado por J. Blau en su The Christian
interpretation of the Cabala ya citado, en el que le endilga el duro
calificativo de apóstata;211 en esta brevísima entrada que firma Godfrey
E. Silverman en la Encyclopaedia Judaica212 se mantiene el calificativo,
aunque se es más objetivo con el personaje, Paulus Ricci, del que se
apunta:
Paulus Ricius (Rici, Rizzi, también llamado Paulus Israelita, m. 1541),
humanista, traductor y apóstata. Probablemente nació en Alemania y fue
bautizado en Italia alrededor de 1505 y en el próximo año conoció a Erasmus en
Pavía, donde devino profesor de filosofía y medicina. Ricius fue uno de los muy
pocos conversos judíos de la época que hizo una seria contribución al hebraísmo
cristiano, aunque también escribió una serie de obras (Sal Foederis, 1507, 1514)
diseñadas para confirmar su nueva fe y refutar los argumentos judíos por medio
de la Cábala. Desde 1514 fue médico del emperador Maximiliano de Augsburgo;
en 1521 fue elegido para ocupar la cátedra de Hebreo en Pavía; y la gracia de la
cual gozaba en la corte imperial le llevó a que le ennoblecieran como Barón von
Sparzenstein en 1530. Las obras que Ricius publicó incluyen traducciones de
textos judíos e islámicos y algunos escritos originales, principalmente sobre
temas místicos. Las traducciones son: parte del Sha'arei Orah de Joseph
Gikatilla; la única edición en latín sobreviviente de un tratado médico por el
erudito español del siglo XII, Albucasis; y obras de Averroes.
Sobre todo, Riccius, es ahora principalmente recordado como uno de los
arquitectos de la Cábala Cristiana. La traducción del Sha'arei Orah –Portae
lucis (Augsburgo, 1516)– fue leída por Conrado Pellicanus mientras estaba
todavía en manuscrito e inspiró a muchos eruditos posteriores a abordar
proyectos similares (ejemplo, las traducciones de G. Postel del Zohar). Ricius
ayudó a popularizar la "profecía de Elijah" (basada en Sanh. 97a) y, como Pico
della Mirandola (cuyos conocimientos de la Cábala, Ricius menospreciaba), fue
capaz de "descubrir" la Trinidad y otras doctrinas cristianas en las obras místicas
judías, que él defendió en contra de los ataques de Jacob Hoogstraaten en
su Apologeticus sermo (en Pistorius, Artis Cabbalisticae… Tomus I, 1587).
Otras obras de Ricius incluyen el tratado De anima coeli (1519)213 y Responso ad
interrogationem de nomine Tetragrammato (1519), y Statera prudentium (c.
1532), que condujo a una controversia con el humanista Girolamo Aleandro a
causa de la evidente tolerancia del autor por el protestantismo. De coelesti
agricultura libri quattuor (1541), una colección de las obras más importantes de
Ricius que aparecieron justo antes de su muerte, contenían un prefacio firmado
por su maestro, el filósofo Pietro Pomponazzi.
Lynn Thorndike dice de este peripatético: 214
Pietro Pomponazzi (1462-1525), el filósofo de Mantua que enseñó en Padua,
Ferrara y Bologna, es bien conocido por su trabajo sobre el alma, que apareció en
1516 y fue quemado públicamente en Venecia, cosa que provocó varios ataques y
respuestas.
Luca Gaurico, quien estudió bajo Pomponazzi en Padua, más tarde le describió
como débil de cuerpo y casi un enano, con una bella cara y una cabeza grande,
afable y sonriente. Se casó tres veces, como Gaurico decía haber predicho, pero
tuvo sólo un niño, una hija a la que legó una dote de doce mil ducados. Mantenía
el profesorado corriente en filosofía en Padua con Antonio Fracanzano como
colega, luego enseñó en Bologna con Achillini y Nifo. Una enmienda debe ser
ofrecida en esta narración. Pomponazzi empezó su enseñanza en Padua en 1488,
pero, cuando esa universidad se cerró por la guerra de La Liga de Cambrai, le
llamaron a Ferrara en 1510 antes de ir a Bologna en 1511, donde se quedó hasta
su muerte. Ya que Achillini murió en 1512, se supone que fue colega de
Pomponazzi en Bologna por sólo un año, mientras que el nombre de Nifo no
aparece en las nóminas de la facultad de esa universidad. En Bologna el nombre
de Pomponazzi no sólo encabeza la lista de los profesores corrientes en filosofía,
sino que por varios años dio conferencias allí sobre filosofía.
Por lo que además de Florencia, Venecia y Roma las ciencias y las artes
se cultivaron y desplegaron como un reticulado luminoso que destellaba
igualmente en las ciudades de Ferrara, Padua, Milán, o Bolonia, de
donde es precisamente Arcángelo de Burgonovo (1564-?), cuya obra ha
sido tachada por Scholem de plagio, como si el recopilar, traducir y
escribir sobre la simbólica cabalística apoyándose en textos de sus
predecesores fuera una burda copia, lo cual no es así desde el punto de
vista de la tradición, que generación tras generación se va
reproduciendo, y no hay objeción a cómo el modelo del Arbol de la
Vida y otras simbólicas son explicadas y expuestas en pos de su
actualización. Y esto parece no haber sido comprendido por numerosos
críticos, que se invisten de autoridad para despreciar a autores como el
que ahora nos ocupa. Burgonovo fue discípulo de Giorgi, y escribió
unos Comentarios sobre las conclusiones de Pico de la Mirandola
según los sabios cabalistas donde recoge material del Conde de la
Concordia, de Paulus Ricci, Reuchlin, León Hebreo, incluyendo además
los textos fundamentales de la Cábala, tal el Sefer Yetsirah, todo lo cual
publicó en Venecia en 1569. En 1557 había editado en Ferrara
un Dichiaratione sopra il nome di Giesu secundo gli Hebrei, Cabalista,
Greci, Caldei, Persi et Latini, y en 1564 publicará en Bolonia
su Apología.
Este personaje se movió por Ferrara, corte gobernada por los d'Este, otra
de las familias protagonistas de primera fila del momento, así como los
Gonzaga215 lo fueron para Mantua, las que promovieron a través de sus
alianzas matrimoniales, luchas e intrigas, toda una suerte de
oportunidades para los intercambios a muchos niveles. Queremos decir
con ello que no existe sólo una lectura literal y horizontal de la historia –
tejida de anécdotas y acontecimientos–, sino también, y sobre todo, una
vertical, donde las constantes cópulas, aventuras y desventuras de los
dioses se reflejaban en las existencias asombrosas de estos personajes.
Emanaciones celestes que los fecundaban y que en un gesto de gracia
devolvían a su entorno en forma de la magnífica recreación
cosmogónica plasmada en sus villas, jardines, celebraciones, bailes,
comercios, entretenimientos, estudios, lecturas, libros, viajes, etc., como
una gran alabanza y canto a los indefinidos nombres de la divinidad. Lo
que aún hoy, herederos de esta tradición, seguimos realizando en el
espacio inmenso del alma, que ningún totalitarismo podrá jamás
destruir.
Para ir completando, siempre de forma deficiente, todo este panorama
tan amplio del recalado del pensamiento cabalístico en la Italia
renacentista, debemos acercarnos ahora a un personaje que ya vivió en
los tiempos próximos a los vientos paralizantes de la Contrarreforma.
Período que aun y su rigidez, no logró acallar unas ideas que por su
fuerza laten todavía en la actualidad. Nos referimos a Giordano Bruno.
Giordano Bruno
NOTAS
208
Del movimiento de la octava esfera, obra llena de filosofía y matemáticas,
donde se demuestran de modo más claro que el día tanto los errores de los
Antiguos como de los Modernos, y donde se pueden leer varios dogmas de
los platónicos y de la antigua magia, que los Hebreos llaman Cábala, al
cual se añade una epístola sobre los autores de la astronomía.
209
La Kabbala cristiana del Renacimiento, op. cit., pág. 103-104.
210
Representada en Bolonia en 1530 en la fiesta de la coronación de Carlos V
ofrecida por Clemente VII. En los estudios del teatro y la literatura italianos
se suele ver a esta obra como precursora de montajes escénicos rápidos y
nuevos así como sus aportes a la lengua en la definición de determinados
giros y frescas incorporaciones al italiano en términos de fina ironía.
211
Sólo bastaría desmentirlo al ver la tapa de su traducción al Portae
Lucispara advertir que reproduce para el lector el diagrama (teúrgico) del
Arbol de la Vida.
212
Encyclopaedia Judaica. Ed. CD-Rom. Keter Publishing House, Jerusalén,
1997.
213
Hemos podido conseguir esta obra, así como la Epistola defensoria contra
obtrectatorem cabale… y De sexcentum et tredecim mosaice sanctoris
edictis y también Philosophica Prophetica ac Talmudistica pro Christiana
veritate tuenda cum iuniori haebreorum sinagoga mirabili in geni acumine
disputatio en la siguiente dirección de internet: Austrian Literature
Online.
214
Lynn Thorndike, History of Magic and Experimental Science Part
9. Columbia University Press, New York, 1941, pág. 94.
215
Ambas familias estuvieron muy ligadas, tan es así que Isabella d'Este (1479-
1539), se casó con Francesco II de Gonzaga (1466-1519) y tuvieron a
Federico II (1500-1540). Su corte, que incluía todo un séquito variadísimo
de personajes, así como sus villas y palacios, fueron núcleos
importantísimos en su momento, y se los destaca por su mecenazgo de
artistas de todo tipo. Entre los d'Este, mencionar también a Alfonso I que se
casó con Lucrecia Borgia, hija del Papa Alejandro VI, mujer que logró una
de las cortes más esplendorosas de su tiempo en Ferrara.
Retrato de Giordano Bruno. N. H. Gundling, Neue Bibliothec,
oder Nachricht und Urtheile von neuen Büchern.
Frankfurt y Leipzig, fac. 38, 1715.
CAPITULO IV
LA CABALA EN ITALIA (7)
Giordano Bruno [1548-1600]
Pero, ¿quién es Giordano Bruno?
Para nosotros un "furioso", que no se puso del lado de la fiera hedionda
que invisiblemente iba extendiendo sus tinieblas sobre toda Europa,
pero que tampoco se le opuso, sino que la vio venir y la retrató, lo que
es lo mismo que ponerle nombre y ubicarla en su justo lugar, una franja
horizontal y baja en la escala de los mundos. Luego, o simultáneamente,
se dejó arrebatar por el ímpetu de su gran amada, el alma, que le recordó
todo cuanto puede ser conocido. Su vida más que humana aún es,
porque el alma es una e inmortal, y sin cesar asciende y desciende del
Espíritu al cuerpo y de éste al Espíritu, guiada por "los heroicos
furores",216 que embisten el error, sujetan a la bestia y se elevan hacia el
infinito.217
Bruno no puede ser aprisionado, y cualquier intento de encasillarlo en
un molde u otro es pura falacia. El mago y poeta, filósofo y matemático,
iniciado en los misterios de Hermes, bebió directamente de la influencia
del Noûs o Intelecto, –eterno y a la vez encarnado en el tiempo–, el cual
fue acunado en nuestra civilización, como muy bien supo nuestro sabio,
en Egipto.
A partir del movimiento que precedió, acompañó y siguió a Pico de la
Mirandola y se extendió por toda Europa tal como estamos reseñando,
advertimos que en los siglos posteriores, la Cábala permanece aún viva
no sólo en el norte de Italia sino en el sur, tal como es el caso de este
otro sabio, que no cejó en su empeño de establecer la Tradición
Hermética y Cabalística al punto de pasar varios años de su vida
encarcelado –como Campanella, otro hermetista pagano del sur de la
península– y finalmente desembocar en la condena que le obligó a ser
quemado vivo. Este mártir de la Tradición Hermética pagó con una
muerte horrible las culpas de la ignorancia absurda que obligó a tamaño
crimen.
La ciencia moderna ha tomado el asesinato de Bruno como una
circunstancia ad hoc para demostrar el precio que tuvo que pagar por
imponerse ¡hasta llegar al martirio…! Sin embargo, Bruno no tuvo que
ver con esa ciencia sino con el Hermetismo, la Cábala y sus métodos,
que en nada coinciden con el racionalismo y su discurso.
Su obra es muy extensa, una verdadera síntesis de Hermetismo, Cábala,
y Cristianismo. El "diálogo" es el método principal de su exposición, o
sea el arte de la mayéutica, con el que pone al descubierto la identidad
esencial de estas ramas tradicionales y de todas sus ciencias. Si
tirásemos de cada una de las hebras, tendríamos que configurar un
volumen entero, e incluso más, dedicado a nuestro autor, pero en aras a
nuestros propósitos debemos sólo ceñirnos al hilo de la Cábala, que
Bruno comprendió en esencia, pues todo su discurso refleja una gran
identificación con su simbólica, que a veces también expone de manera
explícita.
En realidad, algunos autores han visto en la trilogía de diálogos La
expulsión de la bestia triunfante, La Cábala del caballo Pegaso y Los
heroicos furores, los textos en los que la influencia cabalística se hace
más patente. Esta línea ya esbozada por Frances Yates es seguida por
Karen Silvia de León-Jones, la cual ha dedicado todo un libro a
profundizar la presencia de la tradición esotérica hebrea en el modelo
cosmogónico y espiritual de Bruno. Su libro Giordano Bruno and the
Kabbalah218 es interesante en muchos aspectos, y queremos empezar
destacando esta cita:
Los Diálogos italianos proporcionan la fuente para este estudio cabalístico de
Bruno. Los tres diálogos llamados morales, en los que Bruno desarrolla su teoría
de la magia, serán las fuentes primarias. Específicamente, Lo spaccio della bestia
trionfante (La expulsión de la bestia triunfante) presenta a las cosmologías
egipcia y caldea combinadas junto con una lista de las distintas deidades y
virtudes que sustituyen a las antiguas constelaciones en los cielos reformados.
Caracteres, ideas, y hasta figuras astronómicas de este diálogo aparecen en los
dos sucesivos. El Spaccio introduce primeramente, de una manera coherente,
expositiva e incluso profética, la teoría de la metempsicosis –la transmigración de
las almas de un cuerpo a otro tras la muerte–. La cabala del cavallo pegaseo y el
diálogo añadido L’asino cillenico presenta la cosmología cabalística de las diez
sefirot. La presentación de los nombres y los atributos de las sefirot es directa, al
igual que su naturaleza sincrética: acompañan a la jerarquía cosmológica clásica.
Las cosmologías cabalística y clásica están hechas para que se sobrepongan una
en otra. Bruno combina el árbol sefirótico con las diez esferas del cielo, creando
una clara estructura paralela. Y lo que resulta más interesante: es en la Cábala
donde la teología negativa de la asinità (el abandono de la humanidad) es
explicada por primera vez. Todo el diálogo es una defensa del uso de la Cábala y
de la creencia en la metempsicosis como una consecuencia necesaria y deseada
de la unio mystica. El conocimiento cosmológico es el fundamento para adquirir
el estado de asinità: la condición quintaesencial del místico, quien abandona la
existencia mundana de los hombres por completo para convertirse en un Asno.
La Asinità asegura al mago o sabio místico por lo menos una transmigración del
alma, si no la inmortalidad. Es en la extensa exposición de la Cábala que hace
Bruno donde empieza a destacar la profecía.219 L’asino cillenico es considerado a
menudo como un apéndice del diálogo anterior. Dejando de lado los elementos
satíricos, provee la mejor descripción de lo que el iniciado-discípulo debe
rechazar filosóficamente para alcanzar el verdadero estado de asno: el
entendimiento y la aceptación de la filosofía de Bruno.220
Lo valioso es que la autora reconoce en su estudio la función
aglutinadora de la Cábala en la expresión del pensamiento bruniano,
como bien se refleja en este pasaje:
La Cábala puede servir mejor a ese propósito porque se basa tanto en conceptos
aristotélicos como platónicos, así como en la exégesis bíblica: en sus estructuras,
la Cábala realiza una síntesis perfecta de las tradiciones clásica, egipcia y judeo-
cristiana. La diversificación del discurso cabalístico, con su concentración en el
orden de las sefirot, pretende la unión con la Entidad simple que Bruno llama la
Causa Primera y el Principio. En sus diálogos metafísicos, Bruno sostiene el
principio de la unidad de todas las cosas y de la reconciliación de los opuestos.
Dada la base filosófica del pensamiento de Bruno, no me parece irreconciliable
que uniese la teología, la filosofía y la Cábala. Ciertamente la combinación de las
tres no es en sí algo exclusivo de Bruno en el siglo XVI.221
El joven nacido en Nola, cerca de Nápoles, en 1548, estudió teología y
filosofía y en 1565 entró en la orden de los Dominicos. Pero muy pronto
empezaron los roces con la estructura eclesiástica, que miró con gran
recelo sus intereses intelectuales. En 1571 lo encontramos en Roma,
enseñando sobre el arte de la memoria, uno de los temas que tocan a la
Cábala en sentido amplio, pues se trata de la activación de esta facultad
a través de símbolos, señales, códigos, talismanes, etc. que, como por
ejemplo el Arbol de la Vida sefirótico, vinculan simpáticamente los
distintos órdenes de la realidad, los que se tornan conscientes en el alma
del teúrgo. Este, a la vez que redescubre que la estructura de su psiqué
es una con la del modelo simbólico con que trabaja –lo que le da la
oportunidad de conocerse–, también advierte la posibilidad de actuar
como reverberador de todas las secretas relaciones del diseño universal.
Seguiremos con este tema más adelante, pues ahora queremos
centrarnos en los "diálogos morales" ya mencionados, que por supuesto
tienen igualmente esta función de reminiscencia; y para ello dirigimos la
mirada a F. Yates y su excelente volumen Giordano Bruno y la
Tradición Hermética222 que dedicó a nuestro autor, así como a toda una
serie de artículos que reunió en otro estudio, Ensayos reunidos. Lulio y
Bruno,223los que en su conjunto ubican al personaje en medio del mágico
y difícil momento que le tocó vivir. Del capítulo del primer volumen
que titula "Giordano Bruno y la Cábala" recogemos:
En la Cabala del cavallo pegaseo, impresa en Inglaterra en 1585 con el falso pie
de imprenta "París", Bruno expone la actitud hacia la Cábala, hacia las
derivaciones cristianas de ésta al introducir las jerarquías pseudodionisianas y
hacia el sincretismo religioso, fundado en la teología negativa del Pseudo-
Dionisio, cuyas fuentes principales eran Ficino y Pico. Resume el sistema
cabalístico pseudodionisiano indicando los nombres de las diez sefirot, sus
significados, las órdenes hebraicas de los ángeles vinculados con ellas y las
nueve jerarquías celestiales con las que se corresponden. Finalmente, completa la
serie de las jerarquías, que necesariamente deben ser diez, colocando junto a
Malkuth, el décimo sefirot y su correspondiente orden angélica hebrea, el Issim,
una orden de "almas separadas o héroes". Bruno ha extraído todos estos
elementos directamente del De occulta philosophia.224
Simboliza a través del Asno la Nada que está más allá de los sefirotcabalísticos, y
este símbolo de teología negativa, o de desconocimiento, es el extravagante héroe
de la obra. (…)
Los hebreos, continúa Bruno una vez ha expuesto su sistema cabalístico,
adquirieron su sabiduría de fuentes egipcias, y pasa a referir una historia, extraída
del De Iside et Osiride de Plutarco, indicativa de hasta que punto la llegaron a
corromper. Según dicha historia, se obligó a los egipcios a que cambiaran "su
toro Opin o Apin" (el toro Apis) por un Asno, que se convirtió para ellos en el
símbolo de la Sabiduría. En pocas palabras, el Asno se convirtió en el símbolo de
todo tipo de teología negativa, ya sea cabalística o pseudodionisiana y cristiana,
pero Bruno abraza un nuevo tipo de cábala (o mejor dicho, una especie de
antigua cábala egipcia) y la convierte en su religión, exponiéndola en L’Asino
Cillenico del Nolano.225
Aunque no hemos dejado de ponderar en todo momento la gran labor de
la investigadora británica en cuanto a la recuperación de la Tradición
Hermética y sus representantes, como es ahora el caso de Bruno, nos
extraña sin embargo algo que repite en varias oportunidades, y es que
este autor realizó una labor sincrética e inventó "su religión". Según
nuestro punto de vista, el Nolano no inventó nada, sino que supo
identificar la raíz egipcia de la Tradición Hermética y religó sus muchas
ramas en un solo hilo argumental, reelaborando el mensaje eterno a la
luz del influjo de Thot, Hermes, Mercurio, Elías, y el propio Cristo
interno. Y desde luego que la Cábala se le ofreció, o la vivió, como un
presente de los dioses para realizar esa tarea de síntesis que se tradujo en
diversas acciones teúrgicas, las que le valieron ser tildado de mago, y
atacado luego virulentamente por éste y otros motivos.
Giordano Bruno (cont.)
NOTAS
216
Título de una de sus obras, que trataremos más adelante.
217
En la epístola proemial a su obra Del Infinito: el universo y los mundos,
extraemos: "Si yo, ilustrísimo Caballero, tratara con el arado, apacentara un
rebaño, cultivara un huerto, arreglara un vestido, nadie me miraría, pocos
me observarían, menos todavía me reprenderían y podría fácilmente agradar
a todos. Pero por ser delineante del campo de la naturaleza, solícito del pasto
del alma, deseoso del cultivo del ingenio y artesano de los hábitos del
intelecto, resulta que quien me ha entrevisto me amenaza, quien me ha
observado me ataca, quien me ha alcanzado me muerde, quien me ha
comprendido me devora; no es uno solo, no son pocos, son muchos, casi
todos. (…) Por eso sucede que no retiro, fatigado, el pie del arduo camino;
ni bajo los brazos desidioso ante el trabajo que se presenta; ni vuelvo la
espalda desesperado ante el enemigo que me ataca…" Edición castellana en
Alianza Editorial, Madrid, 2001, pág. 73-74.
218
Karen Silvia de León-Jones, Giordano Bruno and the kabbalah. University
of Nebraska Press, Lincoln, 2004.
219
Ver también todo lo que decimos al respecto en el acápite de Guillaume
Postel.
220
Giordano Bruno and the kabbalah…, op. cit., pág. 5-6.
221
Ibid., pág. 25-26.
222
Frances Yates, Giordano Bruno y la Tradición Hermética. Editorial Ariel,
Barcelona, 1983.
223
Frances Yates, Ensayos reunidos. Lulio y Bruno. Fondo de Cultura
Económica, México, 1996.
224
Poco a poco vamos viendo que Giordano conoce de cerca la doctrina
expresada por los protagonistas de nuestro volumen, a saber, Pico, Ficino,
Agrippa, Nicolás de Cusa y Llull (tiene varias obras inspiradas en el sabio
mallorquín: De compendiosa architectura et complemento Artis Lullii; De
lampade combinatoria lulliana; De progressu et lampada venatoria
logicoru; Medicina lulliana; De imaginum, signorum et idearum
compositione y De vinculis in genere), así como Reuchlin, además de los
integrantes más antiguos de la cadena de transmisión, como Pseudo-
Dionisio, Platón o Pitágoras, confirmaciones de un pensamiento que nunca
se ha dejado de revelar.
225
Giordano Bruno y la Tradición Hermética…, op. cit., pág. 299-300.
Medallón de Enrique Cornelio Agrippa
CAPITULO V
LA CABALA EN ALEMANIA (2)
Enrique Cornelio Agrippa (1486-1535) *
Es difícil encontrar reunidas en una sola persona y de manera tan
manifiesta las oposiciones que signan el gran combate cósmico como
sucede con este hombre, Agrippa, médico, estratega militar, alquimista,
síndico y ante todo mago, que hizo realidad en su persona la máxima
"concordancia y discordancia" de la que nos ha hablado el Cusano.
Pocos como él escribieron tan abiertamente sobre la magia y la teúrgia y
sus aplicaciones prácticas, aunque también y sobre todo espirituales, y al
mismo tiempo, lo vemos criticando a todas las ciencias y saberes, que
llegó a tildar de pura vanidad. Esta paradoja lo acompañó a lo largo de
su vida y obra, y en realidad es reflejo de la constante tensión cósmica,
que sólo el mundo moderno se empeña en negar, o en potenciar uno de
sus aspectos en detrimento del otro, olvidando que ambos se conjugan
en una danza permanente, tensión que igualmente se manifiesta en el
alma del iniciado que decide encarnar la plenitud del ser.
Por lo que parece, Agripa se interesó en las cosas ocultas desde sus primeros
años, en Colonia; él mismo dice que uno de los primeros textos que estudió sobre
temas de tal especie fue el Speculum de San Alberto Magno, también nativo de
Colonia. Su vida, desde un principio, se caracterizó por sus constantes viajes y
sus misteriosos contactos con grupos de personas de distintas partes, tanto que
Nauert llegó a pensar que con ellas se hubiera formado una especie de sociedad
secreta, opinión compartida por Paola Zambelli, la cual considera posible que
haya sido el personaje central de varias agrupaciones de ese tipo. Siempre es
difícil comprobar la pertenencia a semejantes sociedades, pero la existencia de
grupos de personas siempre dispuestas a recibir y a ayudar a Agripa en sus
constantes viajes hacen pensar en la posibilidad de que existiera algún tipo de
organización. Según parece, eran grupos interesados en la alquimia y en la
investigación de textos herméticos, neoplatónicos y cabalísticos.286
Este no es un tema fácil, pues lo que F. Yates denomina agrupaciones
secretas y que en este caso pensamos que es más adecuado designar
como iniciáticas,287 es evidente que han existido aquí en Occidente, con
ropajes cambiantes según las épocas y momentos, vinculadas a una
cadena sutil ininterrumpida en el tiempo y por supuesto también vertical
o axial, siempre presente, la que se identifica directamente con todas las
potencias cósmicas y su principio. En el Renacimiento existen grupos
herméticos y organizaciones en las que pervive el influjo espiritual, la
teúrgia universal, la transmisión de la doctrina que efectiviza la
realización interior-intelectual, pero por la propia naturaleza de sus
cometidos espirituales suelen mantenerse al abrigo de las miradas
profanas y con frecuencia no dejan pruebas escritas de su existencia, o
sea, que permanecen al "margen" de la historia. Pero no nos cabe la
menor duda acerca de la vinculación de muchos de estos personajes, tal
cual el mismo Agrippa, a tales entidades donde las enseñanzas de Thot-
Hermes se iban actualizando y vehiculando de una manera fresca, viva,
y no exenta de paradojas. Otra cosa es la degeneración a la que se vieron
sometidas algunas de ellas posteriormente, o bien la imitación burda y
grosera que sufrieron por parte de ciertos seres ubicados totalmente en
un punto de vista exotérico.
Lo cierto es que Agrippa se movió por toda Europa, entrando en
contacto con muchos de los sabios del momento, entre los que existían
unos lazos invisibles más allá de sus individualidades. Y esta vida
secreta la conjugó con la pública, que nunca dejó de lado, tal cual
hicieron sus compañeros de camino que en su medio y según los
recursos con los que contaban transmitieron la doctrina que se iba
iluminando en sus almas.
Con sólo 15 años, y después de haber estudiado medicina y leyes en
Colonia aunque sin contar aún con título oficial, se enroló en el ejército
del emperador Maximiliano I como estratega militar y llegó incluso a
tierras catalanas y mallorquinas, donde se cree que tuvo sus primeros
contactos con algunos cabalistas, entre los cuales Agostino Ricci, con el
que se reencontraría más adelante en Pavía. Hacia 1506 vuelve a su país
y desde allí sigue su dilatado periplo:
Fue en ese mismo año cuando Agrippa, abandonando su tierra natal dirigió sus
pasos hacia París, para establecer contacto con una sociedad presidida por Faber
Stapulensis, sobrenombre latinizado, según era costumbre de la época, de
Lefèvre d'Etaples, círculo por el que habían transitado personajes tan singulares
como Bild Rhynor (Beatus Rhenanus), Charles de Bovelles (Carolus Bovillus), y
el mismísimo Pico de la Mirandola, fallecido muchos años antes en 1494. Es
razonable pensar que sería en este contexto cuando el joven Agrippa, que a la
sazón contaba 20 años, entabló sus primeros contactos, no ya con la doctrina
hermética, sino también con los principales textos cabalísticos y con la doctrina
neoplatónica cuya obra más descollante, las Enéadas de Plotino, había sido
traducida por Marsilio Ficino a petición de Pico de la Mirandola.288
En 1510 Cornelio radicaba en Dôle donde impartió unas sesiones en la
universidad en las que glosó el De Verbo mirifico de Reuchlin, al que
también llegó a conocer personalmente; lo que queremos destacar es el
discurso previo que leyó a las lecciones, que dedicó a Margarita de
Austria, presente en el evento y una de sus grandes protectoras. Lo
tituló De la nobleza y preexcelencia del sexo femenino, y en él, Agrippa
sale no sólo defendiendo que el hombre y la mujer tienen "un alma
idéntica y una forma del todo similar, forma que en modo alguno
manifiesta la diversidad de sexos", sino que fundamentándose en las
Escrituras Sagradas, en la razón y en el derecho llega a proclamar la
preexcelencia de la hembra sobre el varón. Y lo hace con argumentos
sorprendentes, extraídos de la Biblia, de las historias ejemplares de
mujeres y de la propia etimología de las palabras:
Y no me vengáis diciendo que es un flaco argumento enjuiciar las cosas
invocando su nombre, pues sabemos bien que el soberano Creador de las cosas y
de sus nombres ya las conocía antes de asignarles un nombre, y El, que no puede
equivocarse, asignó los nombres en la medida en que servían para expresar la
naturaleza, propiedad y uso de cada cosa.
En efecto, y según atestiguan las leyes romanas, la verdad de los nombres
antiguos consiste en ser conformes con las cosas, dándoles una significación
clara. (…) Por consiguiente, y según este derecho, recurrimos por argumentación
a la interpretación del nombre, e incluso a la fuerza de la palabra y del vocablo.
Invocamos además la etimología del nombre, su sentido y el lugar que ocupan las
palabras, pues ambos derechos observan con atención el significado de los
nombres a efecto de extraer de ellos alguna interpretación.
Y sigue por esta vía, apoyando además su explicación en las enseñanzas
que se desprenden de la Cábala, que por aquel entonces ya estudiaba
con gran interés:
En cuanto a mí, ya que no puedo contar con tamaño privilegio ni me será
permitido forjar según mi sentimiento la etimología del nombre Eva para honor
del sexo femenino, permitidme decir cuanto menos que según los secretos y
misterios de los cabalistas, el nombre propio de la mujer tiene mayor afinidad
con el nombre inefable de la omnipotencia divina, nombre que se escribe con
cuatro letras, pues el del hombre no guarda concordancia con el nombre de Dios
ni en cuanto a caracteres, ni en cuanto a figura, ni en cuanto a número.289
Podemos imaginar el impacto de este discurso en un momento en que a
la mujer se le empezaba a poner muy crudo acceder al conocimiento e
incluso vivir con dignidad al lado de sus compañeros, que la tenían por
un ser inferior; pero Agrippa, siempre valiente y directo afirma:
Debo confesar que en más de una ocasión y en mi fuero interno mi audacia tuvo
que combatir contra mis escrúpulos. Pues si querer abrazar en un único discurso
los innumerables méritos de las mujeres, sus virtudes y su absoluta superioridad
es un plan enteramente ambicioso y audaz, pretender acordarles, además, la
preeminencia sobre los hombres ya es completamente chocante, colmo de la
vergüenza y cosa propia, al parecer, de espíritus afeminados; quizás por esta
razón tan pocos autores se aventuraron a dejar por escrito la alabanza de las
mujeres, sin haberse atrevido a afirmar ninguno de ellos, hasta el día de hoy, su
superioridad sobre los hombres.290
Pero más que fijarnos en la lectura literal de sus argumentos, nos
interesa destacar cómo a través del símbolo del hombre y la mujer, de su
origen, naturaleza y funciones, Agrippa remite en última instancia al
desdoblamiento de la unidad y a las distintas funciones y características
de cada una de las dos facetas de esta polarización primera, en la que
pone en correspondencia lo femenino con la Sabiduría y la
Inteligencia, Arik Anpin, el macroposopos, o Rostro Mayor, y lo
masculino con lo que hará posible la concreción de las ideas en el
mundo formal y material:
¿Acaso no sería poco razonable o absurdo pensar que Dios terminaría tan
magnífica obra con una cosa imperfecta? Ya que el mundo fue creado por Dios
como un anillo de perfección absoluta, consideró necesario que éste quedara
cerrado con un elemento que fuera como un eslabón capaz de reunir a la
perfección, el principio y el final del círculo.
Por eso, y aunque la mujer fuera la última en ser creada según el tiempo y dentro
del conjunto de las cosas, el espíritu divino la concibió en primer lugar, tanto por
su prestigio como por su dignidad; en este sentido el profeta ha escrito: Antes de
que los cielos fueran creados, Dios ya la había escogido entre todas. Es lugar
común entre los filósofos decir (y lo cito en sus propios términos): el fin siempre
es el primero en la intención y el último en la ejecución. La mujer fue la última
obra de Dios y El la introdujo en nuestro mundo como regente de un reino que
fue dispuesto para ella, íntegro y perfecto en todo. Por tanto, es justo que toda
criatura la ame, la honre y la respete, y justo es que toda criatura le esté sometida
y la obedezca, pues es la reina de todas las criaturas, su fin, la perfección y la
gloria completa de todo. Por eso el sabio dijo de ella: Ha hecho brillar su noble
origen viviendo con Dios, pues el Señor de todas las cosas la ama.
La superioridad de la mujer sobre el hombre, en cuanto a nobleza de origen y en
razón del lugar a partir del cual fue creada, también queda sobradamente
demostrada en las Santas Escrituras. En efecto, la mujer fue formada, igual que
los ángeles, en el Paraíso, lugar enteramente colmado de nobleza y delicias,
mientras que el hombre fue creado fuera del Paraíso, en el campo y entre las
bestias salvajes, para ser más tarde conducido al Paraíso a fin de que la mujer
pudiera ser allí creada.291
Y añade:
Prosigamos ahora con nuestro discurso: si consideramos la materia de su
creación, la mujer es superior al hombre, pues su creación no exigió una materia
inanimada o un limo vil, sino una materia purificada, dotada de alma y vida, esto
es, un alma razonable, partícipe de la divina inteligencia.292 A esto cabe añadir
que Dios creó al hombre tomando una tierra que, por su propia naturaleza y
mediando la influencia celeste, produce animales de toda especie, sin embargo a
la mujer la creó Dios mismo, al margen de toda influencia celeste y de toda
acción espontánea de la naturaleza, sin contribución de fuerza alguna; y si en ella
se descubre una cohesión absoluta, entera y perfecta, veremos que el hombre
tuvo que perder la costilla que sirvió para crear a la mujer, Eva. Y esto aconteció
durante el sueño de Adán, sueño tan profundo que ni siquiera notó que le había
sido sacada una costilla, costilla que Dios sacó del hombre para dársela a la
mujer. En consecuencia, si el hombre es una obra de la naturaleza, la mujer es
una creación de Dios. Y cabe decir que, por lo general, la mujer es más visitada
por el esplendor divino que el hombre, y con frecuencia es más colmada del
mismo, como se puede constatar si consideramos su primor y extraordinaria
belleza.293
Apuntamos, además, el tono mordaz y osado con el que suele
expresarse, huyendo de moralinas e hipocresías, lo que nos acerca
también a su carácter enérgico y a su forma punzante de transmitir unos
conocimientos siempre universales y prestos a provocar el asombro y las
rupturas de nivel de la conciencia:
Así pues, vosotros, hombres fuertes y robustos, y vosotros, cabildos de la
escolástica, gordos de ciencias y ligados por tantas fajas, id ahora y probad con
otros tantos ejemplos esa tesis opuesta a la mía, que la iniquidad del hombre es
mejor que las buenas acciones de la mujer. De ningún modo podréis sostenerla, a
menos que recurráis a las alegorías, en las que el prestigio de la mujer igualará al
del hombre.294
Para concluir diciendo, en consonancia con lo que se busca realizar en el
camino iniciático, esto es la restitución de la androginia y el estado de
unidad, que:
Sin embargo, Dios no muestra ninguna preferencia por nadie, pues en Cristo no
hay ni sexo masculino ni sexo femenino, sino una criatura nueva.295
Prosigamos con sus viajes extraordinarios, itinerarios motivados por su
radical entrega al estudio y a la investigación en los códigos simbólicos
del hermetismo y de la Cábala, aunque simultáneamente también
reflejan un modo de vida que comparte muchos aspectos con la propia
existencia del pueblo judío, errante en este mundo y a la búsqueda de la
tan anhelada tierra prometida. Tras las clases en Dôle, el franciscano
Catilinet lo acusa de judaizante, y entonces huye a Inglaterra, donde
entra en contacto con el círculo de Tomás Moro, y especialmente con
John Colet con el que estudiará un tiempo, pero antes también había
estado en varias ocasiones al lado del abad Trithemio, quien le inspiró y
dirigió una de sus principales obras, Filosofía oculta, además de visitar
la corte de Francisco I donde conoció al cabalista cristiano Jean
Thénaud, del que hablaremos en un capítulo próximo. Hacia 1511,
Agrippa se instala en Pavía y luego se mueve por varias ciudades
italianas donde coincide con Egidio de Viterbo, los hermanos Ricci y el
fraile de Venecia Francesco Zorzi. En estas tierras escribe un
comentario al Banquete de Platón que leerá en la facultad de Artes de
Pavía, y otro del Poimandrés, y el libro Sobre la triple manera de
conocer a Dios, y luego en Metz, Sobre el pecado original, en el que
según nos dice Nuria Amat en la introducción antes citada, "seguía
sosteniendo un discurso marcado por su herencia cabalístico-
hermética".
Agrippa es un ser libre, no adscrito a credos religiosos, ni a dogmas
fijos, ni a modas producto del gusto particular y efímero, ni tan siquiera
se identifica con modelos de comportamiento o pautas mentales, sino
que huye siempre de lo establecido. Allí donde llega provoca asombro
por su sapiencia, pero también temor, e incluso escándalo, acusándoselo
con frecuencia de brujo y nigromante, por lo que una y otra vez debe
abandonar urbes y países, envuelto por el halo de la poderosa atracción
y rechazo que provoca quien se atreve a insinuar el misterio de ser y no
ser simultáneamente.
Siguen unos años en los que ejerce como médico, entrando a trabajar
como tal en la corte de Lyon para Margarita de Navarra, 296 otra de sus
protectoras a quien le dedica De sacramenti matrimonii, y también aquí
escribe Dehortatio gentilis theologiae, atribuyéndosele igualmente un
comentario al Ars Brevis de Ramón [Link] constantemente,
parte entonces hacia Holanda, donde profesará de por libre como
médico, hasta que la otra Margarita, la de Austria, lo contrata como
cronista del emperador.
En medio de este baile en el que desfilan los innumerables personajes
del teatro de la vida, Agrippa fue religando toda la corriente de
pensamiento hermético-alquímico, astrológico, cabalístico,
neopitagórico y neoplatónico, y también cristiano, aunando lo erudito
con lo popular, y alumbró su obra principal, De Occulta
Philosophia,297que sin embargo no publicaría hasta el año 1533, dos
antes de su muerte.
Hagamos ahora un alto en el camino y detengámonos en este compendio
que ha sido reconocido casi como una enciclopedia de Magia o de
Teúrgia –aunque lo que transmite es mucho más que una simple
relación de informaciones muertas, datos y enseñanzas eruditas–, cuya
influencia se prolongará sobre la pléyade de personajes que en adelante
se interesarán por estos conocimientos.
En realidad se trata de tres libros que merecerían ser considerados por
separado, y aunque su núcleo compartido es la expresión del
pensamiento analógico y simpático, lo aborda sin embargo desde
diversas perspectivas y niveles de profundidad. De entrada nos
sorprende el orden en que los ensambla, correspondiendo el primer
tomo a la magia natural, el segundo a la celeste y el último a la
ceremonial, que son los títulos que da a cada sección, con un agregado
final que también se le atribuye y que designa como "Las ceremonias
mágicas", lo que nos sugiere un recorrido desde lo concreto, material y
fenoménico hasta lo más elevado y sintético, para volver luego a
descender desde los principios universales a sus aplicaciones en
diversos grados y niveles de la existencia.
Ya dijimos que esta obra se vio enriquecida por su estrecha
colaboración con el abad Trithemio y por los libros que le dejó en
herencia tras su muerte, entre los que figuraban los tratados de magia
más importantes que habían circulado por Europa durante la Edad
Media, tal el Picatrix o El libro de Raziel, que a su vez recogían la
antiquísima tradición de los magos y magas de Occidente inspirados sin
cesar por el influjo de Thot-Hermes.
No podemos dejar de reconocer nuestra insuficiencia a la hora de
transmitir lo trascendente de todos estos textos y la cantidad de
enseñanzas que contienen, que en este estudio sólo podemos citar con
brevedad, dando ligeros toques para despertar la atención, insinuaciones
de un universo que siempre excede lo que humanamente puede
expresarse, pero que el lector interesado puede empezar a buscar,
estudiar y sobre todo encarnar, sumándose así a esta teúrgia viva de la
que se da testimonio. En este sentido, el libro de Agrippa es como un
ayuda memoria, un auxiliar en la investigación simbólica, que
difícilmente puede leerse de corrido, puesto que es enorme la cantidad
de conocimientos que sintetiza: citas de sabios de nuestra tradición,
grabados, cuadros de correspondencias, y los propios resultados de sus
investigaciones e intelecciones, lo que vemos como un preámbulo de las
posteriores enciclopedias, las cuales, sin embargo, matarán el fuego o
espíritu que aún late con fuerza en la obra de este sabio.
Pasamos, pues, a citar algunos fragmentos en los que se ilustra el origen,
fin y vehículos de las ciencias herméticas, promotoras de la unión
teúrgica, haciendo un énfasis especial en los capítulos en los que
Cornelio emplea el soporte de la Cábala para transmitir tales
enseñanzas. Al comienzo del Libro I. La magia Natural dice:
La Magia es una facultad que tiene grandísimo poder, lleno de misterios muy
elevados, y que abarca un conocimiento profundísimo de las cosas más secretas,
su naturaleza, su potencia, su cualidad, su sustancia, sus efectos, su diferencia y
su relación: de ahí que produzca sus efectos maravillosos mediante la unión y la
aplicación que hace de las diferentes virtudes de los seres superiores con las de
los inferiores; está allí la ciencia verdadera, la filosofía más elevada y misteriosa;
en una palabra, la perfección y la realización de todas las ciencias naturales,
puesto que toda la Filosofía pautada se divide en Física, Matemática y Teología.
(pág. 8).
Y eso es lo que va proponiendo de innumerables maneras: un constante
ejercicio de religar lo de arriba con lo de abajo, lo celeste con lo
terrestre, cuyo gesto siempre renovado va tejiendo la tupida red de
correspondencias y analogías entre los planos o mundos de la existencia,
y además, hace el gesto de dejarlo por escrito, como testimonio y
herramienta para los interesados en afiliarse a esta tarea transmutatoria y
recreativa:
Los autores más célebres la estudiaron, poniéndola al día; entre ellos
principalmente se distinguieron tanto Zamolxis y Zoroastro, que muchos los
creyeron inventores de esta ciencia. Abbaris hiperbóreo, Charmondas,
Damigeron, Eudoxo y Hermippo han seguido sus huellas, y otros ilustres autores
como Trismegisto, Mercurio, Porfirio, Jámblico, Plotino, Proclo, Dárdano, Orfeo
de Tracia, Gog el griego, Germa el babilonio, Apolonio de Tiana, y Osthanes
(cuyos libros caídos en el olvido fueron comentados y clarificados por
Demócrito) también escribió mucho y bien sobre esta ciencia. Además, Pitágoras,
Empédocles, Demócrito, Platón y muchos de los más famosos filósofos
efectuaron grandes viajes para aprenderla y, de regreso en sus lares, señalaron
cuánto la estimaban, teniéndola muy en secreto. Aún se dice que Pitágoras y
Platón hicieron llegar a Adivinos de Menfis para aprenderla, y que recorrieron
casi toda Siria, Egipto, Judea y las Escuelas de los Caldeos para no pasar por alto
a los grandes y misteriosos príncipes de la Magia, y para poseer esa ciencia
divina. (pág. 9).
Es clarísimo cómo este modo de conocer, de ser, no es exclusivo de tal o
cual pueblo, sino fruto de la sabiduría que brota y rebrota aquí y allí,
antes y ahora, siempre idéntica a sí misma y a la vez novedosa, la que
necesita además del concurso del ser humano para expresarse, porque es
en su alma donde se labra toda esta obra de arte. Agrippa sigue
explicando:
Los académicos dicen con Trismegisto e Iarcas, el brahmán, y lo declararon los
mecubales de los hebreos, que todo lo existente bajo el globo lunar en este
mundo inferior está sujeto a la generación y a la corrupción, y lo mismo en el
mundo intelectual, pero de una manera más perfecta, y de una mejor marca
proveniente del arquetipo perfectísimo; y que por ello cada cosa Inferior
responde según su género a su Superior, y recibe del cielo esa fuerza celeste que
se llama quintaesencia y el espíritu del mundo o la naturaleza media, y del mundo
intelectual el vigor espiritual y vivo que sobrepasa toda virtud que da alguna
cualidad; y, por fin, del arquetipo, por su intermedio, siguiendo su grado, la
virtud original de toda perfección. Es por ello que cada cosa puede ser reducida
de estas cosas inferiores a los astros, de los astros a sus inteligencias, y al punto a
su arquetipo; en consecuencia, de esas cosas procede toda la Magia y toda la
Filosofía secreta. Pues todos los días se realiza alguna cosa natural a través del
arte y alguna cosa divina a través de la naturaleza; los egipcios consideraron esto
y lo llamaron la naturaleza maga, es decir, la virtud mágica, porque extrae de las
cosas semejantes, a través de sus semejantes, y de las cosas concordantes, a
través de su acuerdo o conveniencia. Y los griegos llamaron simpatía a esta
atracción concretada a través de la relación mutua de las cosas entre sí, a saber,
de las superiores con las inferiores. (pág. 57).
Además, detalla toda una serie de explicaciones sobre ritos que
promueven esa simpatía, ya sea por ligaduras, encantamientos o
fascinaciones; también explica el modo de fabricar ciertos amuletos y
talismanes para atraer, fijar y vehicular influencias espirituales; recita
sortilegios y explica concatenaciones entre todos los reinos de la
naturaleza y los astros y las estrellas, a veces con suma claridad y otras
sólo insinuando, recogiendo así toda una corriente sapiencial que se
transmitió no sólo de modo intelectual sino también popular, una
sabiduría anclada en las costumbres, folclore, oficios y formas
culturales, en la que por cierto la mujer jugaba un papel destacado, pues
muchas de las comadronas, curanderas, artesanas, campesinas, etc., eran
verdaderas mujeres de conocimiento, magas y alquimistas que
encarnaban los ritos ancestrales de la teúrgia universal.
Enrique Cornelio Agrippa (cont.)
NOTAS
*
Este capítulo contiene letras hebreas y griegas, la tipografía puede
descargarse en esta dirección: (fonts SPTiberian y SPIonic, al final de
dicha página).
286
Frances Yates, La filosofía oculta en la Epoca Isabelina. Fondo de Cultura
Económica, México, 1992, pág. 72-73.
287
Ver de René Guénon su estudio Aperçus sur l’initiation, Éditions
Traditionnelles, París, 1992, donde trata el tema con precisión en varios
capítulos.
288
Enrique Cornelio Agrippa, De la nobleza y preexcelencia del sexo
femenino. Introducción de Nuria García Amat y traducción de Santiago
Jubany. Ed. Indigo, Barcelona, 1999, pág. 7-8.
289
Ibid., pág. 38-39 y 40. En hebreo, Eva se escribe heth, vau, he (8 + 6 + 5 =
19 = 1 + 9 = 10 = 1 + 0 = 1, o sea que por la numerología se identifica con el
Principio o unidad) y comparte por tanto con el tetragrama YHVH las letras
V y H, 6 + 5 = 11 = 1 + 1 = 2 número que se corresponde con la
sefirah Hokhmah, la Sabiduría; en cambio, Adán se
escribe alef (1), daleth (4) y mem (40), no compartiendo con el Nombre
inefable ninguna de sus letras. Además, su valor numérico es 45 = 4 + 5 = 9,
sefirah 9, Yesod o el Fundamento, la que recibe los efluvios de las superiores
y los envía a la concreción material y viceversa.
290
Ibid., pág. 31.
291
Ibid., pág. 42-43. Aquí Agrippa relaciona la faceta femenina con la
Sabiduría, de la que Salomón dice: "Contigo está la Sabiduría que conoce
tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo". Sab. 9, 9. Y
también: "Aun siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, renueva al
universo". Sab. 7, 27.
292
También la vincula con la Inteligencia y al varón con la tierra, que es el
significado de Adán en hebreo.
293
Ibid., pág. 44-45.
294
Ibid., pág. 63.
295
Ibid., pág. 83.
296
Ver el interés de esta reina por el pensamiento hermético-cabalístico en el
capítulo de la Cábala en Francia.
297
Trabajaremos con la versión castellana Filosofía Oculta. Ed. Kier, Buenos
Aires, 1998.
LA CABALA EN ALEMANIA (3)
Paracelso (1493-1541)
Y ahora Paracelso, otro hombre extravagante del Renacimiento alemán,
destacado sobre todo como médico, al igual que muchos de los que ya
hemos visitado, los que veían en la medicina una espagiria 303 universal
que demandaba un conocimiento penetrante de muchas de las artes o
ciencias herméticas. En el estudio preliminar a un texto de nuestro autor
titulado Las siete apologías,304 Santiago Jubany asegura:
Sobre estas cuatro columnas, a saber, la filosofía, la astronomía, la alquimia y la
virtud, hace reposar Paracelso en su Liber Paragranum todo el edificio de su
medicina, creada y donada por Dios a los hombres para su utilidad y salud, y una
sabiduría completa de esas cuatro asignaturas o fundamentos es lo que todo
enfermo debiera exigir a su médico para poder confesar que está en buenas
manos.
Y más adelante:
Paracelso es teólogo, médico, alquimista, filósofo, naturalista, astrólogo, místico
y farmacéutico, todo al mismo tiempo. ¿Cómo podríamos diseccionar su método
sin que el método se desmoronase trágicamente? (…) En este sentido en
Paracelso no hay más método que Paracelso mismo, el hombre que fue y la
divina inspiración que siempre le guió, inspiración que no conoció reglas,
normas, formalismos y que jamás pagó el tributo de fosilizar su sapiencia en
textos ordenados y claros. Sus escritos son únicamente un indicio que nos
permite entrever la profundidad de sus intuiciones y el sublime vuelo que dio su
alma.
Confesamos que el encuentro con Aureolus Philippus Theophrastus
Bombastus von Hohenheim, natural de Einsieldeln (Suiza), tiene mucho
de chocante, por lo exagerado y extremo de sus modos de vida, por la
mordacidad y provocación en su expresión, y también por lo
desconcertante en sus escritos, que tan pronto filtran un resplandor
nítido de la doctrina como se enredan en unas disquisiciones y
terminología que requerirían del más hábil de los traductores, si es que
finalmente fuera posible interpretarlos; porque si bien a veces es
luminoso y nítido, en otras ocasiones se presenta como un buscador
entre tinieblas, acompañado también, y por qué no decirlo, de las
sombras y la ignorancia de lo humano, la suya propia o la de sus
seguidores que bajo su nombre publicaron algunos tratados harto
rebuscados.
Y así, casi sin saber por dónde entrarle en esta obra que se explaya en
los brillos de la Cábala durante el Renacimiento, cuanto más porque en
muy pocas ocasiones Paracelso se refiere explícitamente a la ciencia de
los hebreos, de repente descubrimos que es un hilo invisible y muy sutil
el que entreteje su vida, libros y experiencia con la entrega
incondicional a la iniciación, cuya expresión aparece entonces salpicada
de secretas referencias al pensamiento cabalístico, siempre conjugadas
con el saber de otras artes, cual la alquimia y la astronomía, e incluso
ciencias que hoy en día han perdido las claves para su interpretación
simbólica, como son la fisiognomía, la quiromancia, la signatura, etc.,
pero que él aún pudo practicar y que por cierto también forman parte del
bagaje cultural de los magos y teúrgos hebreos. De este modo explica:
Ahora bien, yo únicamente enseño conforme a la luz de la Naturaleza lo relativo
a nosotros mismos en tanto que mortales, advirtiendo que la sabiduría de Dios es
anterior a todo. El astrólogo conoce la figura, forma, apariencia y esencia del
cielo. El magusopera en el cielo viejo y en el nuevo. El adivino habla de las
estrellas. El nigromante controla los cuerpos siderales. El signatorestá versado en
la constelación microcósmica. El adepto a las artes inciertas gobierna la
imaginación. El físico, compone. No obstante, quienes por medio de Cristo sean
portadores de la luz sobre la tierra, vienen a ser como antorchas que relucen en la
luz de la Naturaleza, y ésos brillarán como estrellas para siempre.
Por lo tanto, que cada cual medite lo anterior si desea obtener más ganancias de
las que se pueden describir, y así como Dios indica el momento de sembrar y
recoger, Dios también será quien os conduzca hasta la meta para que os
regocijéis en abundante vino.305
Además, Paracelso pudo muy bien haber conocido y estudiado la Cábala
en sus incontables viajes por toda Europa, pues se sabe que estuvo en
contacto con el ya citado e influyente Trithemio y también con Agrippa,
y como nos dice Jolande Jacobi en el prólogo de una selección de textos
de nuestro médico titulada Textos esenciales:306
No se puede dar una imagen precisa de las doctrinas que fecundaron a Paracelso;
sin duda no dejó de verse influido por los neoplatónicos y los primeros gnósticos.
Se suele calificar como sus maestros a numerosos alquimistas, filósofos y
médicos, entre ellos Agrippa de Nettesheim y el famoso Abad de Sponheim, así
como los cirujanos Hyeronimus Brunschwig y Hans von Gersdorff. Paracelso
mismo ha dejado profundas huellas en la evolución intelectual de los siglos que
le siguieron. Místicos y románticos alemanes, desde Gerhardus Dorn a Novalis
pasando por Jakob Böhme, se vieron atraídos por sus misteriosas obra y acción.
Sin duda algunos escritos de Paracelso fueron publicados poco después de su
muerte por Adam von Bodenstein y Johannes Huser, pero la primera edición
completa de sus obras sólo apareció impresa cincuenta años después de su
fallecimiento. Desde entonces han sido tan violentamente rebatidas como
apasionadamente defendidas y arbitrariamente interpretadas. Pero en la vida
espiritual de la Humanidad siempre es tan sólo un pequeño grupo el que mantiene
en alto la antorcha del espíritu y la va entregando. La lleva durante siglos, y la
pasará también a las generaciones futuras. A este pequeño grupo pertenece
también Paracelso.
Por nuestra parte, religamos aquellos fragmentos espigados de este u
otro libro de su prolífica producción en los que vemos dibujarse ese
viaje secreto, interior e iniciático que comparte simbólicas y expresiones
análogas a las de la Cábala. Para empezar, la idea del mundo como un
libro que la deidad escribe y re-escribe, y que se puede leer enteramente
en el alma del ser humano. Dice en su obra Hombre y creación:307
El libro en el que las letras de los secretos están escritas de manera visible,
reconocible, aprehensible y legible, de forma que todo lo que se desee saber se
encuentra precisamente en ese libro, grabado por el dedo de Dios, y frente al
cual, si se lee correctamente, todos los demás libros no son más que letra muerta,
este libro no debe ser entendido por otro y no ha de ser buscado en ningún otro
sitio que tan sólo en el hombre. El hombre solamente es el libro en el que están
escritos todos los secretos; pero este libro es interpretado por: Dios.
Si quieres hallar la comprensión del entero tesoro que las letras encierran, poseen
y comprenden, tienes que traerla desde muy lejos, de Aquel que ha enseñado a
juntar las letras… Porque la comprensión no la encontrarás en el papel, sino en
Aquel que la ha puesto en el papel.
También la cuestión del segundo nacimiento, el que acontece tras la
muerte iniciática, que promoverá la realización de un hombre nuevo,
totalmente regenerado, lo que es compartido unánimemente por todas
las vías de Conocimiento:
El hombre está hecho de tierra, por eso tiene también en sí la naturaleza de la
tierra. Pero después, en el "nuevo nacimiento", está hecho de Dios, y recibe en tal
figura la naturaleza divina. Igual que el hombre es iluminado en la Naturaleza por
la "luz sideral" para conocerla, también es iluminado por el Espíritu Santo para
conocer a Dios en su esencia. Porque nadie puede conocer a Dios mas que aquel
que es de la esencia divina, nadie a la Naturaleza mas que aquel que es de su
índole. Cada cual tiene adherido aquello de lo que procede y a lo que un día
regresará.
La luz de la Naturaleza es un administrador de la Sagrada Luz. ¿Qué daño hace a
la lengua natural el que hable la lengua de fuego? ¿O qué pierde la lengua de
fuego frente a la natural? Es como un hombre y una mujer que dan a luz a un
hijo, y sin ambos no podría ocurrir; no es distinto lo que ocurre con el hombre al
que se dan las dos luces para que vivan en él.308
Luego la entrega radical y la búsqueda incesante de esa realización
espiritual, ante la cual ya sabemos que el cabalista abre un interrogante
tras otro en su corazón, lo que Paracelso verbaliza de este modo:
Hemos recibido un mandato de Cristo por el cual tenemos que regirnos todos y al
que tenemos que atenernos. Sus preceptos y enseñanzas no solamente sirven a la
Luz Eterna, sino a la Luz de la Naturaleza. Su mandato reza: "Buscad y
encontraréis". Se nos ha encargado explorar el arte, porque sin buscarlo nunca
conoceremos los secretos del mundo. ¿A quién le vuela hasta la boca una paloma
asada? ¿O a quién le persigue la vid? Hay que ir uno mismo hasta ella. Se puede
buscar por muchas vías… pero la búsqueda, lo que aquí es necesario, está en las
cosas escondidas. Cuando se busca lo que está escondido también la búsqueda es
una búsqueda oculta; y como el arte lleva en sí el saber, el que lo busca encuentra
también el saber.309
Y como soporte fundamental, la cosmogonía, que explica tal cual lo
hicieran los sabios hebreos apoyándose en el texto del Génesis, fijándola
en el tratado que tituló Catecismo Alquímico, escrito en forma de
preguntas y respuestas:
P: – ¿Qué camino debería el Filósofo seguir de modo que alcance el
conocimiento y ejecución del trabajo físico?
R: – Aquel precisamente que siguió el Gran Arquitecto del Universo en la
creación del mundo, esto es, observando cómo el caos fue desenvuelto.
P: – ¿Qué beneficio puede obtener el Filósofo de estas consideraciones, y qué
debería él especialmente destacar en el método de creación seguido por el Ser
Supremo?
R: – En primer lugar debería observar la materia a partir de la que el mundo fue
hecho; verá que a partir de esta masa confusa, el Supremo Artista comenzó
extrayendo luz, y esta luz en el mismo momento disolvió la oscuridad que cubría
la superficie de la tierra, y que sirvió como la forma universal de la materia:
percibirá fácilmente que, en la generación de todas las sustancias compuestas,
toma lugar una especie de irradiación, y una separación de luz y oscuridad, ya
que la Naturaleza es una fiel copista de su Creador. El Filósofo comprenderá
igualmente luego de esto, por la acción de esta luz, que el empíreo o firmamento
que divide las aguas superiores de las inferiores fue creado en su consecuencia:
cómo el cielo fue poblado de cuerpos luminosos; y cómo surgió la necesidad de
la Luna a la que pertenece el espacio intermediario entre las cosas de arriba y las
cosas de abajo; dado que la luna es una antorcha intermediaria entre los mundos
inferiores y superiores, recibiendo las influencias celestes y comunicándolas a la
Tierra. Finalmente comprenderá cómo el Creador reunió las aguas y produjo la
tierra seca.310
En este sentido, la Madre Universal o Madre Mayor de la Cábala, la
Inteligencia universal gestadora de todos los seres, es también nombrada
una y otra vez por Teofrasto en sus tratados médicos, poniéndola en
correspondencia con el principio femenino, con la mujer, y por supuesto
relacionándola con su complementario el varón, lo que remite a la tan
presente idea de la androginia, que siendo en sí misma unidad lleva
implícita la idea de la sexuación como la posibilidad para que surjan
todos los seres y mundos de la Manifestación:
¿Cómo podemos hablar de la naturaleza de la Matriz si nadie ha visto su primera
materia? ¿Y quién podría ver lo que ha existido antes de cada cual? Lo cierto es
que todos venimos de la Matriz y que, sin embargo, nadie la ha visto, ya que ella
existió antes que existiera el hombre.
El Mundo, el hombre y todo lo creado provienen de la Matriz, a pesar de lo cual
el hombre sale (prodeat) y nace de ella sin alcanzar a verla (conspexit).
Será pues importante que digamos lo que es la Matriz en que el hombre existe y
se desarrolla.
Declaramos previamente que todo lo contenido en los cuatro Elementos debe ser
aquí invisible y que de igual manera que el Mundo es la Matriz de todas las
cosas, así debe ser considerada la matriz en relación al cuerpo.
Antes que el cielo y la tierra hubiesen sido formados, ya el Espíritu de Dios
flotaba sobre las aguas, sostenido en cierto modo por ellas. Pues bien, esas aguas
eran la Matriz. El Espíritu Divino que hay en el hombre está en la Matriz y viene
de ella, no existiendo en las demás criaturas.
Para que ese Espíritu no quede solo, ha sido formado el hombre, el cual lo
asimila y conserva de ese modo. Esto nos explica que el espíritu Divino del
hombre provenga de Dios y retorne a El después de la muerte.311
Y siempre el ser humano como mediador, centro y eje de la obra
creacional:
El mundo entero rodea al hombre como el círculo rodea a un punto. De ello se
desprende que todas las cosas están referidas a este punto, de forma no diversa a
la del corazón de una manzana, que está rodeado y mantenido por el fruto y
obtiene de él su alimento… Así el hombre es también un corazón y el mundo su
manzana; y como le sucede al corazón de la manzana, así le sucede al hombre en
el mundo que le rodea… Cada cosa tiene su propio origen: por una parte en lo
eterno, por otra en lo temporal. Y la sabiduría –ya sea la del cielo o la de la
tierra– sólo se puede alcanzar mediante la fuerza de atracción del centro y del
círculo.
Que piense el hombre quién es y lo que tiene y ha de ser de él. Porque
la compositio humana es poderosa y forma una unidad desde la pluralidad… El
hombre necesita más que su entendimiento cotidiano para saber lo que él mismo
es; sólo quien aprende a conocerse a sí mismo y sabe de dónde viene y quién es
prestará más profunda atención a lo eterno.312
Con la voz de Paracelso hemos hecho una recapitulación de algunas
cuestiones ya tratadas, pero no en el sentido de una repetición mimética,
sino mostrando el vigor de unas ideas que siendo universales y eternas
resuenan siempre vírgenes cuando quien las transmite efectúa el rito de
encarnarlas.
Y además, nos da la oportunidad de referirnos a un tema al que hasta
ahora sólo hemos aludido de forma indirecta. Se trata del mito, lenguaje
del que se sirven todas las tradiciones para expresar el misterio del
Cosmos y su revelación. Teofrasto es médico de nobles y señores, pero
también hombre de taberna, que se codea con comediantes, músicos,
actores, curanderos, campesinos, viajantes y comerciantes, hombres y
mujeres del extenso y variado mundo, y eso hace que en su discurso se
trence sin discontinuidades lo intelectual con lo popular. El mundo
imaginal de las leyendas y las fábulas, poblado de seres extraordinarios
visibles e invisibles que se aman, luchan, odian, raptan o matan –
simbolizando con ello las poderosas energías cósmicas que
constantemente se repelen y armonizan–, está presente en varios escritos
de Paracelso, entre los cuales el Libro de las ninfas, los silfos, los
pigmeos, las salamandras y los demás espíritus.313 En el prólogo aclara:
Sabed con ello que este libro tiene por objeto describir las criaturas que se
encuentran fuera de la sabiduría de la comprensión natural, tal como han sido
creadas en su naturaleza, con el fin de mostrar las obras maravillosas que ha dado
Dios, pues es misión del hombre el comprender las cosas y no el llevar
simplemente una existencia ciega entre ellas. Y es que ha sido creado para hablar
e informar de las obras maravillosas de Dios. Al hombre le es posible penetrar en
cada obra creada por Dios, en su esencia y propiedades, pues nada ha sido creado
que no pueda ser comprendido por el hombre, y nada ha sido creado para que el
hombre vague despreocupadamente, sino para que transite por los caminos de
Dios, es decir: por sus obras. (…) Y así sabed además y comprended para qué
doy comienzo a este libro: no para escribir de cosas galantes ni para sostener
bellos discursos, sino para hablar de cosas sobrenaturales, las que no necesitan
del estilo pulido ni de la charlatanería; eso es todo.
Este es un pilar igualmente fundamental en la transmisión de la doctrina
interior del pueblo hebreo, cuyos textos sapienciales –empezando por
la Torah y sus diversos comentarios, así como los libros de la Cábala–,
aparecen trufados de personajes y seres fantásticos, con Metatron como
cabeza de las huestes celestes, acompañado por Uriel, Rafael, Miguel y
Gabriel y todos sus guardianes, así como Lucifer y el séquito de ángeles
caídos, sin olvidar los Nefilim, esos gigantes "hijos de los dioses" que se
enamoran de las mujeres y con los que éstas tienen hijos; y los animales
extraordinarios, tal el caso de Leviatán, monstruo de las aguas que a
veces se presenta como ballena y otras como cocodrilo; o Behemot,
primera bestia terrestre que adopta la forma de buey salvaje o
hipopótamo. Y el enorme pez que engulle a Jonás, o la serpiente que es
sometida por Moisés, la nube y la zarza que hablan, etc., etc., simbólicas
con las que se evoca la verdadera historia, la arquetípica, la que en
última instancia remite a lo eterno.
Extraemos un fragmento del tratado 2 Henoc III-IX incluido en el
estudio Los mitos hebreos314 de Robert Graves y Raphael Patai donde se
aprecia la riqueza y potencia que esta tradición también otorga al
lenguaje mítico:
Según una opinión muy diferente, el Cielo inferior contiene las nubes, el viento,
el aire, las Aguas de Arriba, los doscientos ángeles designados para vigilar las
estrellas y almacenes de nieve, hielo y rocío con sus ángeles guardianes.
En el Segundo Cielo, una oscuridad completa reina sobre los pecadores
encadenados que allí esperan el Juicio Final.
En el Tercer Cielo se encuentra el Jardín del Edén, lleno de maravillosos árboles
frutales, incluido el Arbol de la Vida bajo el que Dios descansa siempre que hace
una visita. Dos ríos salen de Edén: por uno fluye leche y miel, por el otro vino y
aceite; se ramifican en cuatro manantiales, descienden y rodean la tierra.
Trescientos ángeles de Luz, que entonan incesantemente alabanzas a Dios,
vigilan el Jardín, que es el cielo en el que las almas justas son admitidas tras la
muerte. Al norte del Edén se extiende la Gehenna, donde arden eternamente los
rescoldos de fuegos siniestros, y un río de llamas fluye por un terreno helado, de
un frío penetrante; allí sufren tortura los malvados.
En el Cuarto Cielo hay carros guiados por el Sol y la Luna; y también grandes
estrellas, cada una de ellas seguida por un cortejo de un millar de estrellas
menores, que acompañan al Sol en su recorrido: cuatro a la derecha y cuatro a la
izquierda. De los dos vientos que tiran de esos carros, uno tiene la forma de un
fénix y el otro la de una serpiente de bronce; aunque en realidad, sus rostros se
parecen al de un león y sus partes inferiores a las de Leviatán. Cada viento tiene
doce alas. Al este y al oeste de este Cielo se hallan las puertas por las que pasan
los carros a las horas establecidas.
El Quinto Cielo alberga a los gigantescos Angeles Caídos, agazapados allí en
silencio y eterna desesperación.
En el Sexto Cielo viven siete Fénix, siete Querubines que cantan sin cesar
alabanzas a Dios y multitudes de ángeles radiantes absortos en el estudio
astrológico; además hay otros ángeles que vigilan las horas, los años, los ríos, los
mares, las cosechas, los pastos y la humanidad, registrando cualquier cosa
inusual que puedan observar para someterla a la consideración de Dios.
El Séptimo Cielo, de luz inefable, acoge a los Arcángeles, Querubines, Serafines
y contiene las ruedas divinas; el Mismo Dios ocupa su Trono Divino y todos
cantan sus Alabanzas.
De la referida obra de Paracelso, condenada en su tiempo y que no sería
publicada hasta 25 años después de su muerte, presentamos su último
capítulo, donde se aprecia la concordancia de sus palabras con el texto
recién citado de Graves y Patai,315 en el sentido de concebir al Cosmos
como enteramente significativo, vibrante; un organismo que late,
respira, y que sobre todo insinúa la tan enigmática presencia del Silencio
insondable:
Por qué Dios ha creado estos seres
Dios ha hecho estos seres para proporcionar unos guardianes a su creación. De tal
manera que los gnomos guardan los tesoros de la tierra, metales y otros; e
impiden que se vean a la luz del día antes del tiempo querido. Porque esos
tesoros, oro, plata, hierro, etc. no deben ser encontrados todos el mismo día, sino
ser distribuidos poco a poco y no a algunas personas solamente, sino a todos. Las
salamandras guardan los tesoros de las regiones ígneas. Los silfos guardan los
tesoros que llevan los vientos, los ondinos los que se encuentran en el agua. Es en
las regiones ígneas, por el cuidado de las salamandras, donde son fabricados
todos los tesoros para ser inmediatamente distribuidos y guardados en los demás
medios.
Las sirenas, los gigantes, los manes y las escintillas (que son monstruos
engendrados por las salamandras) han sido creados con otro fin: deben prevenir
de los acontecimientos graves a los hombres, indicarles que estalla un incendio,
advertirles de la ruina de un reino. Los gigantes anuncian más especialmente la
devastación de un país, los manes el hambre y las sirenas la muerte de los reyes y
los príncipes.
La causa inicial del universo sobrepasa nuestro entendimiento. Pero, a medida
que el mundo se aproxima a su fin, las cosas se manifiestan a nosotros, cada vez
con mayor claridad; vemos así su naturaleza y su utilidad: el día postrero todo
aparecerá claro, todo será conocido y nada quedará ignorado, cada uno recibirá la
recompensa de sus esfuerzos y de su amor a la verdad. Entonces no será médico
o profesor el que lo desee. La cizaña será separada del grano, la paja del trigo.
Entonces se inhibirá aquél que hoy grita. Aquel que cuenta el número de las
páginas que tiene todavía por escribir sucumbirá bajo el peso de su obra.
Entonces será feliz aquel que en este momento trata de ver. Y se podrá
comprobar si yo he mentido.316
O sea, que toda la manifestación es una asombrosa retícula habitada por
indefinidas entidades y seres, que se organizan siguiendo ritmos
precisos pero no rígidos, los cuales emiten vibraciones, soplos, ondas o
colores, y aún conceptos más transparentes, sin forma, como las ideas y
los arquetipos. Un despliegue de posibilidades inabarcable por la razón,
y que Paracelso, como cualquier iniciado, va reconociendo,
identificando y haciéndose uno con ellas al invocarlas. Y al realizar este
rito, se desmorona entonces la ilusión del ser humano como una
individualidad constreñida al corsé de su cuerpo y de su mente, y aflora
el teúrgo que uno es.
La magia es una ciencia sublime, y por la naturaleza de sus operaciones es muy
difícil de obtener. Debemos tener en mente y no olvidar bajo ningún concepto la
palabra de Cristo: "Si creéis realizaréis cosas más importantes que éstas". Pues
bien, si nos es dado ir más allá de lo realizado por Cristo, también podemos
sobrepasar lo realizado por la naturaleza, pues ella fue creada para provecho
nuestro y se encuentra, por tanto, bajo nuestro dominio.
(…)
Naturaleza misma es un mago. Si quiere anunciar algo, crea sus propios
mensajeros: ésta y no otra es la razón de que existan los cometas y demás señales
celestes.317
Ocupémonos ahora de la medicina, ciencia de naturaleza suprahumana
aunque los tecnócratas de la salud actuales se tiren de los pelos ante tal
afirmación, pues así se ha reconocido unánimemente desde el punto de
vista sagrado este arte de la armonización. El binomio salud-enfermedad
es otro reflejo de la polarización cósmica, y corresponde por tanto a dos
estados del ser universal que inexorablemente se alternan y conjugan; no
es por tanto la salud el estado idílico asociado al bienestar, ni la
enfermedad lo perjudicial o despreciable, sino los dos platos de una
balanza que la medicina equilibra, cual lo simbolizado por el pilar del
Medio del Arbol sefirótico que conjuga la columna del Rigor con la de
la Misericordia. El médico es entonces el mediador de determinadas
influencias o potencias que coadyuvan a ese temple, de ahí la necesidad
de su preparación universal y mágica, pues su oficio es leer la trama del
cuerpo y el alma del mundo, y actuar como puente y espejo para el
enfermo, que a su vez tiene la oportunidad de conocerse a sí mismo a
través del proceso en que se halla inmerso.
En este sentido, he aquí un bello relato del Génesis Rabba 283 donde se
nos habla de ese origen celeste de la medicina –transmitida por el
arcángel Rafael, cuyo significado es "medicina de Dios"–, saber que es
depositado en un libro:
Una perla que colgaba del techo del arca iluminaba con la suavidad de su brillo a
Noé y su familia. Cuando su luz palidecía, Noé sabía que había llegado el día;
cuando su brillo aumentaba, sabía que se acercaba la noche. Y así nunca perdió la
cuenta de los sábados transcurridos. Algunos dicen, no obstante, que esa luz
procedía de un libro sagrado, encuadernado en zafiro, que el arcángel Rafael
había dado a Noé y que contenía todo el saber sobre los astros, el arte de curar y
el poder de dominar a los demonios. Noé lo legó a Sem, y de éste pasó, a través
de Abraham, a Jacob, Leví, Moisés, Josué y Salomón.318
Esto hace comprender por qué casi todos los hombres de conocimiento
convocados en este libro eran también médicos, conocedores de la
secreta concatenación de los seres o potencias del mundo
intermediario,319 esto es, del alma, sobre la que realizaban todas las
operaciones transmutatorias y deificadoras, y que además utilizaran
también al libro como una de las formas de transmisión de esos saberes.
De ahí que Paracelso cargara sin miramientos en muchos de sus escritos
contra los embaucadores de su tiempo: 320
La medicina es una ciencia que reclama una gran dosis de conciencia, mucha
experiencia y un gran temor de Dios, pues el que no teme a Dios mata y roba sin
cesar. Quien no tiene conciencia, no tiene pudor. Es una vergüenza, una infamia,
una auténtica plaga que todos estos impíos no sean denunciados públicamente y
no sean abatidos y quemados como un árbol que no vale nada. Ellos, ante la
suavidad de los magistrados y su gran amor por el interés, son como una ramera
al borde del precipicio. Por eso es necesario distinguir a los médicos que actúan
según la ley divina de los que actúan según la ley de los hombres. Unos sirven al
amor y los otros al interés.321
Y que simultáneamente recordara una y otra vez las bases sobre las que
se asienta el modus operandi de la sagrada medicina, como por ejemplo
en su Libro de los Prólogos,322 donde expone los distintos tipos del arte
de sanar fundamentados en la simpatía universal, intercambiables según
las circunstancias, la dolencia del enfermo, la experiencia del médico,
etc.:
Pasemos ahora al estudio de los cinco orígenes, facultades médicas o modos de
curar:
I.– Medicina natural: Concibe y trata las enfermedades como enseña la vida y la
naturaleza de las plantas y, según lo que convenga en cada caso, por sus símbolos
o concordancias. Así curará el frío por el calor, la humedad por la desecación, la
superabundancia por el ayuno y el reposo y la inanición por el aumento de las
comidas. La naturaleza de estas afecciones enseña que las mismas deben ser
tratadas por rechazo de acciones contrarias. Los defensores y comentaristas de
esta secta fueron, entre otros, Avicena, Galeno, Rosis y sus discípulos.
II.– Medicina específica: Los que pertenecen a esta secta tratan las enfermedades
por la forma específica o "Entidad específica" (Ens specificum). El imán, por
ejemplo, atrae el hierro no por intermedio de cualidades elementales sino a través
de fuerzas y afinidades específicas. Los médicos de esta secta curan las
enfermedades por la fuerza específica de los correspondientes medicamentos. A
esta secta pertenecen también aquellos otros experimentadores llamados
empíricos por algunos, con justa burla, y también, en fin, entre los naturalistas,
aquellos que hacen uso y receta de purgantes, ya que los que administran
purgantes imponen fuerzas extrañas que derivan de lo específico, fuera de todo lo
natural, saliéndose de una secta para entrar en otra.
III.– Medicina caracterológica o cabalística: Los que la profesan curan las
enfermedades, según lo que sabemos a través de sus libros y escritos, por el
influjo de ciertos signos dotados de extraño poder, capaces de hacer correr a
aquel a quien se le ordena o darle o sustraerle determinados influjos o maleficios.
Ello puede lograrse también por la acción de la palabra, siendo en su conjunto un
método eminentemente subjetivo. Los maestros y autores más destacados de esta
secta fueron: Alberto el Grande, los Astrólogos, los Filósofos y los dotados del
poder de la hechicería.
IV.– Medicina de los espíritus: Sus médicos cuidan y curan las enfermedades
mediante filtros o infusiones en los que aciertan a coagular (cogere) el espíritu de
determinadas hierbas o raíces, cuya propia sustancia ha sido responsable
anteriormente de la enfermedad (similia similibus curantur). Ocurre de la misma
manera que cuando un juez, habiendo hecho encadenar un reo, resulta luego el
solo salvador de aquel condenado, al que únicamente su poder y su palabra serán
capaces de devolver la libertad. Los enfermos que se consumen de estas
dolencias pueden curar gracias al espíritu de estas hierbas, según el arte que se
expresa en los libros de esta secta, de la que formaron parte gran cantidad de
médicos famosos, como Hipócrates y su escuela.
V.– Medicina de la fe: La fe resulta aquí el arma de lucha y de victoria contra las
enfermedades; fe del enfermo en sí mismo, en el médico, en la favorable
disposición de los dioses o en la Piedad de Jesucristo. Creer en la verdad es causa
suficiente de muchas curaciones y en este capítulo la vida de Jesucristo y de sus
discípulos nos da el mejor ejemplo.323
Paracelso (cont.)
NOTAS
303
Del griego span: separar y eiren: reunir, o sea, la medicina comprendida
como una alquimia o arte transmutatoria que incluye al ser humano
(microcosmos) y al macrocosmos.
304
Paracelso, Las siete apologías. Traducción de Nuria García Amat, Ed.
Indigo, Barcelona, 2001, pág. 16-18.
305
Paracelso, La Astronomía Hermética. Ed. Indigo, Barcelona, 2001, pág. 30.
306
Paracelso, Textos esenciales. Ediciones Siruela, Madrid, 2001, pág. 58-59.
Edición de Jolande Jacobi y epílogo de C. G. Jung.
307
Incluida en Textos esenciales, op. cit., pág. 100.
308
Ibid., pág. 100-101.
309
Ibid., pág. 156.
310
Paracelso, Catecismo Alquímico. De los planetas y los metales. La piedra
Filosofal. La estrella Flamígera. Ed. Edicomunicación, Barcelona, 1993,
pág. 22-24. Y abundando en el tema sigue diciendo: "P: – ¿Qué debería ser
hecho por un filósofo verdaderamente sabio cuando ya ha aprendido el
fundamento y el orden en el procedimiento del Gran Arquitecto del
Universo en la construcción de todo lo que existe en la naturaleza? R: –
Debería, tanto como sea posible, transformarse en un copista de su Creador.
En el Caos físico debería hacer su caos tal como el original actualmente fue;
debería separar la luz de la oscuridad; debería formar su firmamento por
medio de la separación de las aguas que están arriba de las aguas que están
abajo; y seguir, sucesivamente y punto por punto, la entera secuencia del
acto creativo". Ibid., pág. 25-26.
311
Paracelso, Obras Completas (Opera Omnia). Traducción, estudio preliminar
y notas de Estanislao Lluesma-Uranga. CSIC, Renacimiento, Sevilla, 1992,
pág. 333.
312
Textos esenciales, op. cit., pág. 95. Y aquí una muestra de la identidad de su
pensamiento con el expuesto por Pico en su Discurso sobre la dignidad del
hombre: "El niño es todavía un ser múltiple, y según lo que despiertes en él
adquirirá su forma. Si despiertas su capacidad para remendar zapatos, será
zapatero remendón, si despiertas al cantero que hay en él será cantero, y si
evocas al estudioso se convertirá en estudioso. Y esto puede ser así porque
en él yacen todas las posibilidades; lo que despiertes en él brotará de él; lo
demás se mantendrá hundido en el sueño sin ser despertado. ¡Hemos nacido
para velar, no para dormir! Por eso, hombre, aprende, aprende, pregunta,
pregunta, y no te avergüences de ello: porque de ese modo podrás hacerte un
nombre que resuene en todos los países y nunca será olvidado". Ibid., pág.
151-152.
313
Ed. Obelisco, Barcelona, 1987, pág. 17-18.
314
R. Graves, R. Patai, Los mitos hebreos. Alianza Editorial, Madrid, 2004,
pág. 42-43.
315
Como ejemplo de esta identidad entre las ramas tradicionales y siguiendo a
esos dos autores: "El Génesis –relacionado con el repertorio de los mitos
griegos, fenicios, hititas, ugaríticos y sumerios, entre otros, de manera
mucho más estrecha de lo que la mayoría de los judíos y los cristianos
piadosos están dispuestos a admitir– fue revisado y vuelto a revisar a partir
de entonces, desde quizá el siglo VI a. C. en adelante, con fines moralistas.
El mito de Cam fue, en un tiempo, idéntico al de la conspiración llevada a
cabo contra el desvergonzado dios Crono por parte de sus hijos Zeus,
Poseidón y Hades: Zeus, el más joven, fue el único que se atrevió a castrarle
y, en consecuencia, se convirtió en rey del Cielo". Ibid., pág. 12-13.
316
Libro de las ninfas, los silfos, los pigmeos..,. op. cit., pág. 97-98.
317
Astronomía Hermética, op. cit., pág. 69.
318
Los mitos hebreos, op. cit., pág. 139.
319
Mundo por cierto invisible, lo que hace que Teofrasto nos hable de lo
siguiente: "En estos libros sólo hemos tratado, sin embargo, de las
afecciones que afligen a la mitad visible del cuerpo humano. Por eso es
necesario que comentemos a continuación cuanto se refiere a la otra parte,
es decir, a la mitad invisible, para que así pueda el médico hallar una
opinión completa, o sea, que pueda referirse a la totalidad del
hombre". Obras completas, op. cit., pág. 388.
320
Actualmente la cosa es más extrema, y la división es tal que el médico sólo
se considera un especialista de un fragmento cada vez más fragmentado del
paciente sobre el que interviene mecánicamente, olvidando por completo la
unidad del ternario salud-medicina-enfermedad.
321
Las siete apologías, op. cit., pág. 58.
322
Incluido en Catecismo alquímico, op. cit., pág. 52-53.
323
Catecismo Alquímico, op. cit., pág. 53-54.
CAPITULO V
LA CABALA EN ALEMANIA (1)
Johann Reuchlin [1455-1522] (en 3 partes)
En su primer viaje a Italia en 1482, el alemán Johann Reuchlin, que
llegó a ser doctor en leyes por la universidad de Tubingen, conoce a
Lorenzo de Médici y a algunos de los miembros de la Academia dirigida
por Marsilio Ficino. Ya en su juventud encontramos a este estudioso
nacido en Pforzheim en 1455 visitando los principales centros culturales
del continente; sus estancias en Friburgo, París, Basilea, Orleans y
Poitiers le permitieron vivir de cerca los aires de renovación de la cultura
de Occidente y acumular saberes acerca de las artes liberales y también
de leyes, así como de lenguas, entre las cuales estudia el hebreo. En
1490 Reuchlin vuelve a Italia para profundizar el griego junto a sabios
llegados de Grecia tras la invasión otomana, y ese mismo año conoce a
Giovanni Pico de la Mirandola, que lo introduce en los misterios de la
Cábala dando un viraje a toda su existencia.
Tras ese encuentro vivido como algo extraordinario, toda la erudición de
la que Reuchlin es depositario se pone al servicio de una causa mayor,
de tal forma que este personaje se convierte en uno de los eslabones
fundamentales de la cadena de transmisión de la Tradición Hermética y
en un sintetizador de tres de sus corrientes sapienciales, el pitagorismo,
la Cábala hebrea y el cristianismo, cuyas simbólicas penetró hasta el
fondo, reconociéndolas como las facetas de un Pensamiento único que él
contribuyó a rescatar y vivificar, siendo uno de los grandes
representantes de la llamada Cábala hermético-cristiana en Alemania.
Nuestro autor realiza una primera aproximación a esta labor de síntesis
en su obra De Verbo mirifico, proceso que culmina 23 años después con
la publicación de De Arte Cabalistica, una de las más bellas
producciones doctrinales que alumbró el Renacimiento, escrita en latín
con muchas anotaciones en hebreo, y que citaremos abundantemente en
este estudio, pues en ella se integran con agudeza y sencillez muchos de
los néctares de la cultura occidental. A Reuchlin debemos también la
publicación en 1506 de la primera gramática sistemática hebrea escrita
por un cristiano, el De rudimentis hebraicis, tal es la importancia que
otorgaba a esta lengua arcana que tuvo la oportunidad de conocer al lado
de Jacob ben Jechiel Loans, médico de Federico III, y más adelante de la
mano del físico y cabalista Obadiah ben Jacob Sforno. Del hebreo dice: 241
Simple, pura, intacta, sagrada, breve, concisa y perdurable es la lengua de los
hebreos, en la cual, como se dice, Dios habló con los hombres y los hombres con
los ángeles, personalmente y no a través de un intérprete, cara a cara… tal como
se espera que un amigo hable con su amigo.
De Verbo mirifico ve su primera edición en 1494 y Reuchlin lo dedica a
Johan Dalberg, obispo de Worms y director del círculo
humanista Sodalitas Literaria Rhenana de Heidelberg al que el autor se
vinculó en 1496. Hoy en día, esta obra casi caída en el olvido, cuenta
con muy pocas ediciones. Para aproximarnos a los descubrimientos que
Reuchlin empieza a vislumbrar y a fijar en este texto, así como para
conocer el ambiente en el que se movió nuestro autor, recurrimos de
nuevo a la investigadora inglesa Frances Yates, a su estudio La Filosofía
oculta en la Epoca Isabelina242 en el que dedica un capítulo al sabio
alemán. Sobre el De Verbo mirifico afirma:
Dicha obra tiene forma de conversación de varios interlocutores, que son el
griego Sidonio, el judío Baruchias y el cristiano Capnion, es decir, Reuchlin
mismo. (…) Elogia la Cábala por ser una ciencia divina que los judíos han
recibido por medio de la tradición, y el idioma hebreo, en que Dios se dirige a los
ángeles y en el que se expresa el verdadero nombre o nombres de Dios y de los
ángeles. (…) Reuchlin cita las Conclusiones Cabalísticas de Pico, repite los
nombres de los Sefirot en hebreo y se muestra muy interesado en los nombres de
los ángeles en esa lengua, así como en la manera de invocarlos. En el tercer libro,
el cristiano Capnion habla y demuestra que Jesús es el nombre del Mesías ya que
es el Tetragramatón con una S intercalada. Aunque se trata de un argumento ya
esgrimido por Pico, el pequeño libro de Reuchlin sobre la Palabra que Hacía
Maravillas fue una potente fuerza para la difusión de la Cábala cristiana.
En un artículo reciente, Charles Zika hace hincapié en que Reuchlin, en su
obra De Verbo mirifico, demuestra un fuerte interés en la "capacidad de obrar
prodigios" de la lengua hebrea como la estudia la Cábala, y un deseo de
incrementar el poder de la filosofía renacentista dando importancia a su elemento
mágico central y especialmente subrayando la Cábala. Reuchlin formaba parte de
un mundo anterior a la Reforma, movimiento que no tardaría en empezar a
manifestarse, en una época en que a muchas personas serias la filosofía
escolástica les parecía muerta, estéril, gastada e inaplicable. El programa cultural
humanístico con que los erasmianos la estaban sustituyendo, a Reuchlin le parecía
insuficiente, pues para él la cultura no bastaba. Para sustituir la escolástica se
necesitaba otra filosofía, que no fuera vacía, sino poderosa, y la encontró en el
neoplatonismo, cuyo núcleo era la magia activa. Pero muy bien sabía que este
tipo operativo de magia era temido por muchos como algo posiblemente
diabólico, aunque para él la magia cabalística no daba lugar a temores porque se
ocupaba de las fuerzas divinas, de los ángeles y de los santos nombres de Dios.
Los poderes demoníacos de la antigua magia quedaban limpios de cualquier mal,
y era segura por la asistencia de los ángeles que alejan a los demonios. Por esto
(dice Zika) en el sistema de Reuchlin es tan prominente la invocación a los
ángeles.
Esta es una observación importante, pero hay que agregar que también Pico en
sus Conclusiones Mágicas ya había subrayado que la magia siempre tiene que
estar asociada con la Cábala para ser poderosa y estar libre de peligros. De la
misma manera, Pico había afirmado que la Cábala cristiana, cuya piedra angular
era el hecho de que demostraba la divinidad de Cristo, santificaba el sistema
haciendo posible que los cristianos abrazaran el neoplatonismo hermético-
cabalístico como su filosofía religiosa.
Sin un pensamiento mágico no hay quien comprenda el discurrir de esta
corriente sapiencial y de sus multifacéticas manifestaciones. Aunque la
magia de que hablamos no hay que confundirla con la fenomenología, ni
con juegos espectaculares en un plano psico-físico para impresionar al
personal y atraparlo en las cárceles de la mente racional; tampoco es
aprenderse un oficio o lección de carretilla, ni aplicar debidamente el
manual de instrucciones según el resultado que previamente se espera o
desea obtener. La Magia y la Teúrgia que han experimentado todos los
hombres y mujeres liberados de la esclavitud de lo profano es vivir a flor
de piel, siempre, la presencia intangible del Misterio que se reescribe a sí
mismo, rito para nada rutinario, ni tediosa repetición de algo ya sabido,
sino expresión de un asunto que es constante novedad. Igualmente es
atreverse a explorar y conocer todas las comarcas de la creación
inacabada, incluso las más insospechadas, recónditas, indómitas y
vírgenes, y dejar que una mano invisible burile con letras vivas, de
fuego, todos los mundos y seres, que al arder se expanden, iluminan y se
consumen, y de cuyas cenizas renacen otras posibilidades.
En el Renacimiento, este pensamiento se encarna en muchos lugares y
de distintos modos, empezando por ese faro de la Academia florentina
conducida por Ficino, y seguido por una retahíla de entidades y seres
sobre los que se irá revelando ese latido vivo del cosmos. En Alemania
emergieron igualmente algunos de esos centros intelectuales, muchos de
ellos al margen de la oficialidad –aunque eso no quita que sus
integrantes fuesen simultáneamente hombres con funciones públicas–,
que mantuvieron viva la Teúrgia universal.
Konrad Celtes (1459-1508), poeta germano nacido en Wipfeld, fue el
fundador de diversos grupos en Heidelberg, Mainz, Viena, Ingolstadt y
Cracovia que bautizó con el nombre de "Sodalitas literaria" 243 inspirados
en la Academia de Ficino, de la que fue discípulo. Estuvo también
estudiando en la Academia Platónica Romana fundada por Pedro de
Calabria (Pomponius Laetus) y en la de Padua dirigida por Marco
Musuro; además estudió griego y hebreo con Rudolf Agrícola. Fue
coronado como el primer poeta laureado de Alemania en una ceremonia
presidida por el emperador Federico III. Ejerció como profesor de
poética y retórica en la universidad de Viena, siendo cabeza del
nuevo Collegium Poetarum et Mathematicorum, e inspiró esos círculos
en los que se vivificaba el pensamiento pitagórico, platónico y
neoplatónico. En el de Heidelberg, que como hemos dicho dirigió Johan
Dalberg, Reuchlin participó durante la última década del 1400
haciéndose cargo de la biblioteca, que atesoraba muchos títulos hebreos,
griegos y latinos de los que pudo ir extrayendo gran cantidad de material
para su labor intelectual-espiritual.
Y esto se trasluce en sus textos aún hoy vivos pues trasmiten
vibraciones, o sea ideas, códigos que pueden ser activados por la
intuición intelectual del lector atento. Además, y aunque de ello no haya
constancia escrita, ni actas, ni documentación certificada, seguro que el
soplo del Verbo fecundaba el alma de muchos de esos poetas, magos y
filósofos que se hacían permeables al poder de la palabra, a sus
proporciones, ritmos y modulaciones acordes con la música de las
esferas o de los mundos, esto es, de los estados de conciencia.
Pero aún encontramos más focos de saber en tierras germánicas, lugares
en los que el estudio, la investigación en modelos simbólicos y la
práctica de la magia se vivía con naturalidad, como lo real y auténtico;
ambientes teofánicos donde la conexión cielo-tierra era directa. Nos
referimos, por ejemplo, a la abadía de Sponheim, de la que el
benedictino Trithemio (1462-1516) fue abad, cuya biblioteca recibió la
visita de la inmensa mayoría de los sabios del momento, tal era la
magnitud y calidad de obras que conservaba. 244 Reuchlin estuvo con
Trithemio en 1496, poco antes de que el abad recibiera una revelación en
sueños de su principal obra Steganographia hoc est ars pro occultam
scripturam animi sui voluntatem absentiis aperiendi (o arte de abrir el
pensamiento a los corresponsales mediante escritura oculta, de 1499),
compendio de magia, numerología, abecedarios arcanos y demás
simbólicas inspirada también en la obra Peri anacriseon de Pelagius.
Como ya hemos visto éste es otro personaje clave en la cadena de
transmisión mágico-teúrgica de reminiscencias pitagóricas, cuyo
discípulo Giovanni Mercurio da Correggio o Libanius Gallus fue a
conocer a Trithemio en 1495 y le transmitió muchas de las enseñanzas
de su maestro, haciéndole partícipe de sus obras e iniciando a partir de
entonces una relación epistolar con el benedictino que se publicaría en
1590 con el título de De vera conversione mentis ad Deum. Al igual que
Gallus, Trithemio habla en su Opera pia sobre la conjugación de la
oración pitagórica con la cristiana y muestra interés, como en muchos de
sus otros escritos, por la alquimia espiritual, la astrología y la magia, que
también estudió en fuentes judías como el Sefer Razeia, de lo que da
testimonio en este fragmento de su Steganografía:245
Y remarcar que según Raziel, todos estos espíritus se forman y se transforman a
voluntad del operador, y que bajo cualquier forma que él los haya visto, le
obedecen prontamente en todo.
Y en este otro de su Poligrafía,246 donde reconoce identidades entre las
simbólicas de los pueblos de Occidente:
Es cierto y más que notorio que los antiguos y primeros Kabbalistas, sabios
filósofos y perfectos magos hebreos y griegos… usaban, hace tiempo y con
frecuencia, para describir reglas y secretos de magia y de Kabbala, este mismo
método de la escritura gramática que descompone el carácter en nueve trazos así
como el carácter Tetragrámmaton, base de toda la ciencia sobre el cuaternario…
según lo que he podido encontrar y sacar de obras tanto caldeas, hebreas, árabes,
griegas como latinas.
De este abad se cuentan toda suerte de prodigios y maravillas. Ya en su
adolescencia tuvo un sueño en el que:
Un joven vestido de blanco –verosímilmente un ángel– le muestra dos tablas, una
cubierta de signos de escritura y la otra de figuras pintadas. Entonces le
ordena: Elige ex his duabus tabulis unam, quam volueris [Elige una de estas dos
tablas, la que quieras]. Es de suponer que, de escoger la tabla pintada, Trithemius
se habría convertido en un gran artista de la mnemotecnia, como Giordano Bruno.
Pero él eligió la tabla con los caracteres de escritura, y el joven le dijo: Ecce Deus
oraciones tuas axaudivit, dabitque tibi utrumque quod postulaste, et quidem plus,
quam petere potuisti [Dios ha atendido tus plegarias y te dará las dos cosas que
has pedido, e incluso más de lo que has tenido oportunidad de exigir]. Su primer
deseo era el conocer las Santas Escrituras, pero el segundo nunca se hizo público.
Klaus Arnold debe por lo tanto estar en lo cierto cuando supone que se trataba 'de
conocer todo lo que puede ser conocido en el mundo', lo cual parece confirmado
por el proyecto de la Steganographia así como por su sed inextinguible de saber,
traducida en una intensa actividad bibliófila.247
Y siguiendo con el estudio de Culianu, –después de explicar cómo
Trithemio organizó en Sponheim un espacio teofánico que incluía toda
la rehabilitación de la abadía y su embellecimiento con frescos y
símbolos numéricos, alfabéticos (incluso poesías pintadas en las paredes
del ya citado Konrad Celtes), etc.–, agrega que:
La nueva construcción resulta muy sorprendente, pero su atracción principal es la
biblioteca, única a principios del siglo XVI. Trithemius compra o cambia libros y
manuscritos raros y constriñe a sus monjes a una actividad febril como copistas y
encuadernadores. Si el monasterio poseía, en 1483, cuarenta y ocho volúmenes,
cuenta con mil seiscientos cuarenta y seis cuando se hace el inventario de 1502,
para alcanzar, en 1505, antes de la marcha del abad, los casi dos mil… Algunos
años más tarde, Sponheim se había convertido en un lugar de peregrinaje
obligatorio para todos los humanistas de paso por Alemania. (pág. 221).
En cuanto a la obra más importante del abad:
Trithemio anunciaba a su amigo el proyecto ya definitivo de una obra cuyo
primer libro se titularía Steganographia (hoy diríamos criptografía), "que cuando
la publique producirá asombro en todo el mundo". Este primer esbozo contenía
cuatro libros (no cinco como cree K. Arnold), los dos primeros se ocupaban de
criptografía y de escrituras al encausto, el tercero proponía un método acelerado
para aprender una lengua extranjera y el cuarto trataba sobre otros procedimientos
criptosemánticos así como de temas ocultos "que no podemos proferir en
público". (pág. 224).
De los cuatro tratados, el segundo y el tercero contienen profundas
enseñanzas arraigadas en la Cábala y su ciencia combinatoria; del cuarto
poco se sabe, sólo que el abad lo destruyó para evitar ser tratado de
hereje, pues por lo visto se refería al arte de la adivinación, tan mal
entendida y totalmente censurada por el dogmatismo inquisitorial. Pero
de la tercera parte, informa de nuevo el investigador rumano en las
páginas 228-229:
En un escrito de 1508, titulado De septem secundeis o Chronologia
mystica, Trithemius desvela al emperador Maximiliano los secretos del universo.
El abad afirma, en un espíritu muy ficiniano, que Dios gobierna el cosmos a
través de siete "inteligencias segundas" (intelligentiae sive spiritus orbes post
Deum moventes), que no son otra cosa que los espíritus planetarios: Orifiel, ángel
de Saturno; Anael, ángel de Venus; Zacariel, ángel de Júpiter; Rafael, ángel de
Mercurio; Samael, ángel de Marte; Gabriel, ángel de la Luna, y Miguel, ángel del
Sol. A partir de esta misma doctrina se precisa el sentido del tercer libro de
la Steganographia con la única diferencia de que los espíritus reciben aquí una
identidad más marcada. En efecto, pueden ser invocados trazando su fisionomía y
añadiendo unas fórmulas. El proceso recuerda el arte de los emblemas y presenta
analogías sorprendentes con la mnemotecnia, excepto que, en nuestro caso, el
mago se transforma en pintor en el sentido más concreto del término: tiene que
modelar en cera o trazar sobre una hoja de papel una figura que representará un
ángel planetario, dotado de sus atributos. Esta invención del espíritu se supone
que también invoca su presencia, la somete a una tarea que, en el caso en
cuestión, se refiere a la comunicación a distancia. Se requiere además otros
conocimientos: las figuras y los nombres de todos los espíritus que representan a
las entidades zodiacales, e igualmente un cálculo astrológico.
Estas son sólo algunas muestras de una cohorte de seres inmersos en la
visión prodigiosa de la existencia; hombres que rompían los moldes
encorsetados, castrantes y enfermizos del mundo material y solidificado
y que encarnaban funciones teúrgicas, recreando con palabras o gestos
espontáneos y gratuitos los mundos o planos invisibles del ser, sus luces
y sombras, contracciones y expansiones, hálitos, sudores, elixires y
excrecencias; y que realizaban cuidadosas labores transmutatorias en el
laboratorio interno del mundo –del que ellos eran un modelo en
pequeño, como todo ser humano–, al que conociéndolo podían atravesar,
y quedar libres, por fin, de cualquier limitación.
Uno podría sorprenderse del interés que despertó en muchos de esos
personajes el estudio de una lengua que era de uso culto y restringido
incluso entre los judíos, o sea, que no estaba "viva", y atribuir este hecho
solamente a una moda o a un afán de saber enciclopédico. Puede que así
fuera en algunos casos, aunque lo cierto es que dicha dedicación levantó
más de un recelo entre las mentalidades dogmáticas que veían a los
hebraístas o interesados en la tradición judía como sospechosos de
herejía.
Para Reuchlin, y otros de los sabios ya citados, ese estudio significó otra
cosa bien distinta. Nuestro autor, imbuido en la atmósfera de la que
hemos ofrecido unos ligeros trazos, reunió en su biblioteca un copioso
número de las principales obras de la Cábala medioeval, e incluso
realizó un tercer viaje a Italia en 1498 para comprar más manuscritos
hebreos y griegos, al igual que hacían muchos otros estudiosos de su
época, que buscaban y adquirían con sumo interés toda esta literatura
sapiencial, en la que encontraron claves para descifrar el lenguaje
secreto del universo, a la par que se iluminaban nuevas facetas del
conocimiento, se regeneraban las anquilosadas u oscuras, y se
adivinaban respuestas a enigmas no resueltos a través de las simbólicas
conocidas.
La lengua hebrea era, y es, una vía prodigiosa para acceder al
Conocimiento, pero no es sólo camino sino también puente, o escala, ya
que promueve rupturas de nivel, y por tanto el acceso a esos mundos
escondidos que la verdadera magia religa o concatena constantemente,
atrayendo y purificando al que atiende la llamada y atemorizando al que
no alcanza a comprender o no se permite ser lo que es el Ser. A
propósito del hebreo, Reuchlin afirma en esta inspirada página: 248
Hemos juzgado que esta Escritura sola era tan estable y firme que podíamos
fundar sobre ella con seguridad todos nuestros pensamientos, y ubicar sin
equívocos las sublimes contemplaciones de los hombres que reflexionan. Fue en
efecto promulgada por la voz del Dios Altísimo, y opera habitualmente con tales
potencias de energía que por su intermedio podemos ascender de cualquier cosa
mixta a las simples [y] de las simples a la muy simple, de los efectos a las causas,
y en fin, del mundo inferior al superior, del mundo superior hasta el Mesías como
Rey de los siglos, que es el objeto supremo al cual puede tender nuestra
Inteligencia (Mens), y que no es concebible más que en su último paso. Es por él
que finalmente pasamos al Dios incomprehensible. Es también por medio de estas
letras santas que, como la escala de Jacob, cuya sumidad toca los cielos, sobre la
que Dios mismo se apoya, nuestros ángeles ascienden y descienden, llevándose
de aquí las oraciones y de allá los dones, que traen recíprocamente de lo alto los
auxilios, y de abajo las demandas, como lo ha dicho uno de vosotros; y pienso
que esta santa escritura que hemos mencionado, seguramente como ninguna otra
que pueda ser imaginada, mantiene más estrechamente unido nuestro espíritu
(animus) a Dios, como si fuese una trama. Ella nos conduce en primer lugar a
admirar las realidades divinas; después, según las capacidades del espíritu
humano, a conocerlas; seguidamente, a amar muy ardientemente esta divinidad,
sea cual sea la manera en que la hayamos conocido, con un amor que promete la
realización más segura de la esperanza. Por la escritura, con los Vivientes y las
Ruedas de Ezequiel, somos elevados para ir cuando ellos van y detenernos
cuando ellos se detienen. Es el dominio de la verdadera contemplación, donde
cada palabra constituye otros tantos sacramentos; cada una de sus palabras,
sílabas, acentos y puntos están llenos de secretos. Ello no sólo podemos
alcanzarlo nosotros, sino también los cristianos. Esta es la Cábala que ya no nos
permite vivir más en la tierra, sino que eleva nuestra Inteligencia (Mens) hasta el
último límite de la comprehensión.
Y en un fragmento de una carta de Reuchlin que publica F. Secret en
su La Kabbala cristiana del Renacimiento página 67, agrega:
No hay latín que pueda explicar el Antiguo Testamento si no se ha aprendido la
lengua en que está escrito el texto. La voz fue, en efecto, mediadora entre los
hombres y Dios, cual lo leemos en el Pentateuco, pero no cualquier voz; fue por
la lengua hebraica como Dios quiso dar a conocer sus secretos a los mortales. La
palabra, que vemos nosotros con nuestros ojos incipientes, es digna de la
muchedumbre. Hay, cuando quitamos la cáscara, un más hondo meollo que está
dispuesto para los contemplativos que han estudiado esta lengua.
Aquí nos parece oportuno presentar al lector las 22 letras del alfabeto
hebreo* con sus correspondientes valores numéricos, y recomendar que
se las contemple y dibuje con paciencia, no sólo como un ejercicio
mnemotécnico, sino para que las ideas de las que están cargadas se
vayan revelando en nuestra conciencia, y establezcamos armonías entre
los diversos órdenes de la realidad que ellas concatenan, como si se
tratara de llamas de fuego que unen el cielo y la tierra y en cuya danza
trazan rectas, círculos, escuadras o espirales, figuras todas ellas
emanadas de un solo punto invisible.
Agregaremos que se dividen, según aparece ya en el Sefer Yetsirah, en
tres letras madre: alef, mem y shin; siete letras dobles, a saber beth,
guimel, daleth, kaf, fe, resh y taw, y doce letras simples: he, vav, zayin,
heth, teth, iod, lamed, nun, samekh, ayin, tsade y qof. Las tres primeras
se relacionan con la triunidad de los principios universales,
representando la shin el principio masculino del ser, mem el femenino
y alef el punto neutro que los conjuga, lo que además está en perfecta
correspondencia con los tres principios de la Alquimia, 249 el azufre, el
mercurio y la sal respectivamente; además, estas tres sumadas a las siete
dobles dan 10, que como veremos es el número con el que se expresa
todo el orden arquetípico de la Creación, vinculándose también cada una
de las dobles con los siete planetas de la antigüedad y las
siete sefiroth de construcción cósmica, y las doce simples con los signos
del zodíaco, rueda de la vida que es expresión del despliegue espacio-
temporal del Cosmos. Todo lo cual nos hace ver el alefato como las
piezas justas de un juego que se llama universo, escrito y reescrito
permanentemente por esa mano invisible, que las combina y permuta,
enlaza, borra, alarga y encoge, en la vertical y en la horizontal, labrando
todo un entrecruzamiento de posibilidades insospechadas y siempre
insinuadoras de lo metafísico.
Johann Reuchlin (cont.)
NOTAS
*
La tipografía hebrea puede descargarse en el siguiente enlace, al final de la
página: font SPTiberian.
241
De Verbo Mirifico, citado en Philosophia Symbolica. Johann Reuchlin and
the Kabbalah. Catalogue of an exhibition in the Bibliotheca Philosophica
Hermetica commemorating Johann Reuchlin (1455-1522). Amsterdam,
2005, pág. 30, que contiene abundante documentación sobre la vida y obra
de este autor.
242
F. Yates. La filosofía oculta en la Epoca Isabelina. F. C. E., México, 1992,
p. 46-49.
243
Sodalitas, del latín "círculo", "colegio" y también "camaradería".
244
Ioan P. Culianu en su libro Eros y magia en el Renacimiento. Ediciones
Siruela, Madrid, 1999, pág. 222-223, propone esta relación sobre algunos de
los libros de magia que muy probablemente atesoraba la biblioteca del abad:
"Las clavículas de Salomón, El libro de los oficios, el Picatrix, el Sepher
Raziel, el Libro de Hermes, el Libro de las purezas de Dios, el Libro de la
perfección de Saturno, un libro de demonomagia atribuido a San Cipriano,
el Arte calculatorio de Virgilio, el Libro de Simón el Mago, un tratado de
nigromancia atribuido a Ruperto de Lombardía, en muchas versiones, un
libro sobre los siete climas atribuido a Aristóteles, la Flor de las flores, el
libro Almadel atribuido a Salomón, el libro de Enoch, un libro de astromagia
atribuido a Marsala, Los cuatro anillos de Salomón, El espejo de José, El
espejo de Alejandro Magno, el Libro de los secretos de Hermes de
España, un opúsculo de magia compuesto por un tal Ganel, de origen
húngaro o búlgaro, un tratado demonomágico de Miguel Escoto, dos tratados
de magia atribuidos a Alberto Magno, el Elucidarium de Pedro de Abano,
el Secreto de los filósofos, el Schemhamphoras, el libro Lamene de
Salomón, el libro anónimo Sobre la composición de los nombres y los
caracteres de los espíritus malignos, el tratado de
demonomagia Rubeus, otro pseudo-epígrafe atribuido a Alberto, Sobre el
oficio de los espíritus atribuido a Salomón, Los vínculos de los espíritus, Los
Pentaclos de Salomón, cuyo nombre varía en las transcripciones de
Trithemius (Torzigeus, Totz Graecus, Tozigaeus, Thoczgraecus, etc.), otros
libros atribuidos a Mahoma, Hermes, Ptolomeo, obras de autores árabes,
occidentales o anónimos, etc.". O sea, como podemos ver, una gran cantidad
de opúsculos cuyos autores son sabios tanto hebreos como griegos, cristianos
o islámicos.
245
Citado por F. Secret, Hermétisme et Kabbale. Ed. Bibliopolis, Nápoles,
1992, pág. 93.
246
Citado por F. Secret, La Kabbala cristiana del Renacimiento, op. cit., pág.
184. Otras obras de Trithemio, además de las ya referidas, son Antipalus
maleficiorum, Septem Secundeis y Calendarium naturae magicum
perpetuum profundissimarum secretissimarum contemplationem totiusque
philosophiae cognitionem complectens.
247
Culianu, Eros y magia…, op. cit., pág. 220.
248
Johann Reuchlin, La Kabbale. De Arte Cabalistica. Introducción, traducción
y notas de François Secret, Ed. Archè, Milán, 1995, pág. 93-94.
249
Dice Reuchlin: "La kabbala es una alquimia que transforma las percepciones
externas en internas, luego en imágenes, en opinión, en razón, en
inteligencia, en espíritu y, en fin, en luz". La Kabbala cristiana del
Renacimiento, op. cit., pág. 78-79.
Se ve al jesuita Kircher con el compás en la mano como el autor de su obra, que
graficamos sintéticamente en el cuadernillo que sigue a continuación, la cual
abarca varios libros donde en todos es excelente la representación iconográfica –
como en Fludd– que constituye lo más importante de su producción.
A. Kircher, Iter extaticum. Caspar Schott, Würzburg, 1671. →
CAPITULO V
LA CABALA EN ALEMANIA (4)
Athanasius Kircher (1601-1680)
Pasamos ahora a otra forma de manifestación de la Ciencia Sagrada
muy extendida en el Renacimiento vinculada con las imágenes
aprovechando en esa época la invención de la imprenta y la
extraordinaria difusión que alcanzó inmediatamente por sus
características de economía de la mano de obra, es decir, del tiempo que
implica producir los manuscritos y, concretamente, reproducir quinientas
imágenes, por ejemplo, sin necesidad de repetir, una por una, las letras
del discurso, a lo que se suma la reproducción de diseños e ilustraciones
que siempre ha caracterizado a la Tradición Hermética, en este caso a la
Cábala Judía, y a su expresión en el Renacimiento, por medio de autores
neoplatónicos, neopitagóricos, etc. Es decir por aquellos que
desenvolviendo el pensamiento cabalístico en Occidente sin ser
necesariamente israelitas, o de ellos, algunos convertidos al cristianismo,
o viviendo en naciones que profesaban esa religión. Pero siempre
acompañados de sus usos y costumbres particulares –muy análogos a los
judíos ya que sus mandamientos morales y exotéricos son los mismos–
que les llevarían a formular el pensamiento cabalístico de modo casi
exclusivo a partir de la Edad Media de Occidente, donde nació la Cábala
en Provenza y Sefarad.
De igual manera la idea medieval de iluminar los textos fue recogida en
la edición de los libros renacentistas que siguieron publicando grabados
que, a través de las nuevas técnicas y su desarrollo paulatino, llegaron a
ser fundamentales en esta literatura –pionera de artes de consumo muy
actuales– que pasó a utilizar estas imágenes no ya como algo separado
de los textos, sino como el texto en sí, y no algo agregado al discurso.
Este es el caso de dos autores que se encuentran distanciados
geográficamente y en el tiempo histórico ya que hay entre ellos medio
siglo y también la distancia provocada por los casi inexistentes medios
de comunicación de esos tiempos que, sin embargo, no constituyeron
barreras dada la enorme distribución de los conocimientos cabalísticos
en toda Europa, que tomó la forma de una moda que duró
aproximadamente todo el Renacimiento y se ha proyectado hasta la
fecha.
De ellos debemos destacar por su número y calidad artística en primer
lugar a los libros de Alquimia, disciplina que aquí estudiaremos en
capítulo aparte, donde veremos las relaciones entre el saber cabalístico y
el alquímico, aunque ahora nos limitaremos a mencionar someramente la
obra de estos dos estudiosos que en sus grabados y textos nos hablan de
la Cábala hebrea, que no sólo conocen sino que incorporan a sus propios
idearios, nos referimos a Robert Fludd (1574-1637) 334 y Athanasius
Kircher (1601-1680) autores de obras enciclopédicas sobre la Ciencia
Sagrada que, como acabamos de decir incluyen la Cábala y su relación
tanto con las disciplinas paganas y teúrgicas, como con el cristianismo.
En el caso de Kircher estos estudios se prolongan a la inventiva de la
naciente ciencia experimental, que algunos llamaban magia natural y que
comenzó su andadura histórica en ese entonces con el resto de las
disciplinas científicas que se han ido desarrollando, en algunos casos
desechando, para bien o mal, según las perspectivas.
Las imágenes poseen un formidable poder comunicador, por lo tanto
didáctico, en la medida en que sintetizan, grafican y embellecen
conceptos y vivencias que son capaces de transmitirnos por medios
iconográficos.
El hermetismo, el gnosticismo y la Cábala se han volcado en diagramas
y esquemas, en los que algunos sólo han querido ver talismanes o
amuletos. Pero para imágenes ¡qué decir de las de la Biblia! que han sido
pintadas una y otra vez por el judeocristianismo ya que puede hacerlo de
acuerdo a sus teologías en oposición con el Islam en el que las imágenes
están prohibidas, aunque no la graficación de las figuras geométricas y
proporciones aritméticas en las que basa su arte.
Especialmente nos lamentamos en este caso de la falta de espacio,
puesto que nos gustaría explayarnos más sobre el jesuita, sus textos y
grabados, que vincularemos con Robert Fludd y la mención de Michael
Maier (1568-1622), un alquimista, que ya hemos abordado
anteriormente335 y que aquí no repetiremos por no tener una relación
directa con la Cábala sino con la mitología griega, aunque no es el caso
de Kircher y Fludd que hacen profesión de la Tradición Hermética y
utilizan la Cábala en sus sistemas totalizadores. Recorreremos esta parte
de nuestro estudio junto a Joscelyn Godwin, al que hemos agregado
algún otro autor, porque consideramos que ha estudiado
exhaustivamente la obra de los escritores que estamos considerando.
Comenzando con Athanasius Kircher del que Godwin nos dice al inicio
de su trabajo a él dedicado336 y que nos lo ubica en un Renacimiento
tardío:
Hasta tal punto era Kircher hijo del Renacimiento que estas distinciones no
existían para él, que extendió sus intereses y conocimientos a una prodigiosa
variedad de disciplinas. Es imposible situarle en una categoría única: ¿Es el gran
enciclopedista musical de comienzos del Barroco, el padre de la geología o uno
de los primeros autores que escribieron sobre los gérmenes? ¿Es el inventor de la
linterna mágica y diversos juegos magnéticos para aristócratas y cardenales o el
traductor de los jeroglíficos egipcios? ¿O es, más bien, el compilador de
informaciones sobre el Lejano Oriente, el fundador de uno de los primeros
museos y el inventor de un sistema lógico y de un nuevo lenguaje simbólico?
Porque hizo todo esto y mucho más. Resulta difícil pensar en espíritu más
universal desde Leonardo da Vinci. Pero mientras que Leonardo vivió en pleno
apogeo del Renacimiento italiano, en la época de Kircher el enciclopedismo
renacentista cedía terreno ante la moderna tendencia a la especialización, y los
fundamentos mismos del pensamiento tradicional eran desafiados por el avance
de las ciencias.
A instancias de su padre, un teólogo con amplia biblioteca, estudió
hebreo y otras materias con un rabino en su pueblo que compartía con la
educación que le impartían los jesuitas de Fulda, Alemania. Con el
tiempo le tocó enseñar hebreo años después en Heiligenstadt, junto con
matemáticas, contando apenas con ventitrés años ya que fue siempre un
prodigio, a la par que sucedían en su existencia personal toda clase de
hechos asombrosos –como fue el caso de Pico de la Mirandola y varios
otros según hemos visto– en los que varias veces estuvo en peligro su
propia vida.
Casi puede parecer que Kircher nació demasiado tarde –o demasiado pronto–,
pues la corriente de los tiempos hizo que su visión holística o totalizadora del
mundo le llevara, incluso en vida, a ser rechazado por el mundo de los científicos.
Kircher nunca hizo esa clase de descubrimientos históricos que aseguraron la
fama de Johannes Képler, Robert Boyle o Isaac Newton y permitieron que los
científicos actuales perdonaran a Képler su interés por las armonías cósmicas, y a
Boyle y a Newton su profunda preocupación por la alquimia. Por otra parte, se ha
criticado a Kircher por sus creencias atávicas en muchos dominios que en épocas
posteriores se considerarían supersticiosas. Afirmaba que él mismo había
utilizado la palingénesis, es decir, la resurrección de las plantas a partir de sus
cenizas. Percibía las influencias astrológicas sobre la salud del hombre y los
cataclismos. Creía en sirenas y grifos, en la generación espontánea de los insectos
y en la absoluta veracidad del Antiguo Testamento. Así, los investigadores que
hoy en día han absorbido el "vasto y aterrador tema de Athanasius Kircher"
suelen expresar admiración por sus conocimientos, pero le niegan crédito con
pesar, considerándole una especie de dinosaurio barroco que luchó
denodadamente por perpetuar una visión del mundo que para ellos cayó hace
tiempo en el descrédito. Aluden a su geocentrismo y a su adherencia a la tradición
hermética en contra de Copérnico y Casaubon, como si el negarse a aceptar esas
nuevas opiniones fuera prueba de una necedad sin límites.337
Su ingente obra es extraordinaria y como posibilidad de construir un eje
interno, una estructura a tamaña exuberancia destacaremos dos citas de
Godwin, tomadas del propio Kircher que desnudan una parte de su
pensamiento bajo el oropel de las ciencias y el "éxtasis del saber".
En el Arca de Noé se asevera que:
Cuando hubo terminado el Diluvio, Noé vivió el tiempo suficiente para ser testigo
de la repoblación del mundo por sus hijos Sem, Cam y Jafet. Cada uno fue una
dirección distinta convirtiéndose en progenitores de los diferentes grupos raciales
y lingüísticos. Fue Cam quien recogió la tradición de las ciencias antidiluvianas
convirtiéndose en el primer "Zoroastro", el revitalizador de la magia y de la
idolatría. Uno de sus descendientes fue el sabio Hermes Trismegisto, segundo de
este nombre y contemporáneo de Abraham.338
Lo cual explica el profundo matrimonio de Hermes con el pueblo judío y
el interés de Kircher por la Cábala, incluso como estructura de su
pensamiento.
De hecho, cada Sephira es un microcosmos del todo, de modo que cada círculo
está rodeado aquí por los nombres hebreos de los diez. En el nivel cosmológico
los siete Sephiroth inferiores son los siete planetas caldeos y la tríada superior,
según Kircher, la esfera de las estrellas fijas, el primum mobile y el empíreo. Pero
también corresponden a los diez nombres de Dios, a los diez arcángeles, a nueve
órdenes de ángeles y a las almas de los hombres y a la constitución humana.339
En Aritmología, publicada en 1665 en Roma, y editada en castellano por
Atilano Martínez Tomé340 se desvela en gran parte el pensamiento central
de nuestro jesuita, siempre inacabado.
En este manual de Cábala Pitagórica en la línea de Reuchlin y Agrippa,
agrega nuevos desarrollos matemáticos en la mejor tradición de la
Cábala y Alquimia Judía (de la cual ya nos da cuenta
Zósimo,341alquimista y mago greco judío en el siglo IIIIV), respecto a
talismanes y amuletos y en particular a la perfección paradójica de los
cuadrados mágicos, atribuidos los primeros a los siete planetas y que,
como se sabe, tienen la particularidad de producir por medios lógicos y
arbitrarios, –propios del sistema decimal y su representación
geométrica– el más completo asombro y la idea de que nuestra
comprensión está limitada sólo a tres dimensiones, un mundo chato y
casi plano, al que le faltan aún se concedan acaso otros que les dieran
una perspectiva nueva, multidimensional, dodecaédrica, más bien tenue
y transparente, un imaginal con iluminación ambiental, siempre infusa.
La mayor parte de estos asombros son numéricos y en combinaciones indefinidas
en cadenas de relaciones y valores, como sucede con todos los aspectos de la
Cábala Pitagórica que Kircher desarrolla de modo sintético y que admite varias
lecturas de comprensión. Por ejemplo diremos que con la adición de los números
que conforman los cuadrados mágicos que, como es conocido, deben sumarse de
modo vertical, horizontal y diagonal, se obtienen los siguientes resultados: sello
de Saturno: 9 casillas = 15; sello de Júpiter: 16 casillas = 34; sello de Marte: 25
casillas = 65; sello del Sol: 36 casillas = 111; sello de Venus: 49 casillas = 175;
sello de Mercurio que surge de 8 por sí mismo, o sea, 64 casillas = 260; y,
El sello del cuadrado lunar resulta de multiplicar el nueve por sí mismo, 81, cuyos
números, colocados en su cuadrado y dispuestos correctamente según las series de
números, de forma transversal, recta y oblicua, o en un determinado orden, dan la
suma de 369 y la suma de todos ellos es 3321.342
Pero estos cuadrados mágicos son los esenciales porque es lógico que
puedan progredir indefinidamente teniendo dentro otros cuadrados a los
que llaman hijos, y puede haber varios en un cuadrado cifrado con un
número alto de hijos que, eventualmente podrían reproducirse a su vez
hasta varias generaciones donde se reproduciría el encuadre que nos
signa, de modo sintético, un clon nuestro resumido que a veces es visto
como la cárcel de la mente.
Imaginemos que esta explosión numérica sea la de la multiplicidad de
los seres y las cosas y por lo tanto de los números que los signan y que
además estén cargados de diversos significados en la Cábala Pitagórica
que, por otra parte, se corresponde de modo exacto con los cuadrados
judíos, donde las letras eran designadas con los signos hebreos, ya que
no había llegado la numeración arábiga de procedencia hindú. En todo
caso hablamos de veintidós letras que al mezclarse con los números
antes vistos obviamente potenciarán las combinaciones posibles.
Y lo más importante es que todas estas letras pueden constituir palabras.
Y con ello, sintetizar la totalidad provocando así la generación, siempre
junto a quienes elevan un himno de fe, amor, y esperanza por alcanzar la
Sabiduría y la Fuerza.
Estamos hablando de un tabernáculo de letras inflamado, el laboratorio
del mundo, nuestro athanor, que los números y las letras y por lo tanto
las palabras con su poder creador cristalizan.
Respecto a los números nos dice sintéticamente del 1, del 4, del 7 y del
10, 4 = (1+2+3+4=10) = 1+0 = 1; 7 = (1+2+3+4+5+6+7=28) = 2+8 = 10
= 1+0 = 1, formas y nombres que significan la unidad en distintos
mundos o planos.
Como se ha dicho repite lo que hemos destacado en nuestros acápites
sobre Reuchlin y Agrippa al igual que lo de los cuadrados mágicos que
ya hemos mencionado, en tanto que modelos de prácticas teúrgicas y
cabalistas.
Dijimos anteriormente que el flujo de la mente divina del Creador tenía lugar a
partir de aquella unidad supramundana y arquetípica, primero hacia dentro, por la
tríada a la tríada y desde siempre: en ese inefable punto de la eternidad se
comunicaba al exterior a través del cuaternario a todo el ámbito de la naturaleza
corpórea y a cada uno de los órdenes de la naturaleza creada, mediante las
inteligencias que lo presiden todo.
La naturaleza goza con el número septenario. El arquetipo del mundo está
compuesto por siete espíritus que están en la presencia de Dios y que eternamente
contemplan las ideas divinas, que están presididas por las siete estrellas de los
planetas para ordenar el bien en el universo. En el firmamento la Osa también
modera las estrellas en beneficio de los navegantes. Las lunas forman igualmente
los períodos de cuatro semanas, o veintiocho días, de cuya actuación brotan desde
el mundo sideral las siete especies de metales: plata, oro, hierro, estaño, plomo,
mercurio y cobre en la naturaleza mineral.
El denario es el número armónico y el más perfecto de todos; asume en sí todas
las diferencias de los números pares e impares y todas las proporciones
armónicas, como se comprende a partir del cuaternario desintegrado, que tiene la
potencia del denario, puesto que 1 2 3 4 sumados forman el denario, porque, así
considerado, contiene en sí todas las proporciones de las cinco armonías, en la
proporción 2 a 1 se halla la doble, que los músicos llaman diapente; en la
proporción 2 a 3 obtenemos el sesquitercio, llamado diatesaron; en la proporción
3 a 1, la triple, que llaman diapasondiapente; en la proporción 4 a 1, la cuádruple,
llamada disdiapason. En todo esto está contenida la música universal, no sólo la
artificial o del mundo menor, sino también la del mundo mayor, juntamente con
la angélica y con la del coro supremo de Dios óptimo y máximo. Antes que el
Creador de todo comunicase la unidad a las cosas inferiores, se difundió como
ejemplar a partir de su unidad arquetípica al ternario y cuaternario, incluso al
denario, como si fueran diez las ideas y medidas a las que debían ajustarse los
números y las cosas, de forma que ya no pudiera darse otro número más allá del
denario, salvo que fuera éste multiplicado.343
El estudioso que ha traducido y estudiado esta obra y que ha tenido en
cuenta los aspectos esotéricos y los diversos niveles a que se refiere en
su exposición, ha comprendido que estos no se anulan entre sí, sino que
al enfrentarse se complementan y llegan a superponerse de modo
natural.344 Así A. Martínez Tomé en su prólogo nos anota tres
importantes consideraciones sobre este tratado de Cábala Pitagórica.
Reconoce, sin la menor duda, que el desarrollo numérico va vinculado de forma
muy estrecha a la evolución de los estudios astronómicos y kabalísticos, incluso
admite que se extendió su uso gracias al congreso organizado por Alfonso X "El
Sabio" para poner un poco de orden en los estudios inconexos que sobre
astronomía se hacían por todo el mundo…345
Y en la página 12:
En la tercera parte nos habla de la importancia que daban los árabes a los
números, lo mismo que los hebreos, especialmente en la elaboración de sellos y
amuletos, portadores de las fuerzas específicas de los dioses que representaban.
Aquí nos ofrece la interpretación numérica del nombre de Jesús. El miedo a
mezclar lo sagrado con lo profano, tan criticado por él en el libro, va perdiendo el
carácter anatematizante.
Acabando en la 13:
A partir de la quinta parte el autor penetra de lleno en el mundo de los misterios
esotéricos. Si la Kábala Hebrea ha tenido una importancia decisiva en el
desarrollo del pensamiento occidental, como ya se ha indicado, al perderse el
conocimiento del idioma hebreo entre los iniciados surge la Kábala Pitagórica, en
la que ya se usan las letras del alfabeto latino para los latinos, las del alfabeto
griego para los griegos, etc. A veces critica duramente esta utilización kabalística
de los números, pero, mediante la utilización de distintos ejemplos para justificar
su incoherencia, nos enseña la forma en que se han de utilizar los números.
En efecto, este pequeño manual ritualiza una vez más la Tradición
Hermética, el neoplatonismo y la Cábala gnóstica, judía y cristiana, o
judeocristiana si se ha de considerar su nacimiento en las juderías y
aljamas del sur de Francia y España en el medioevo y que se prolonga en
Safed y los judíos Askenazi, y por otra parte en el material que estamos
estudiando, el de la Cábala en el Renacimiento, que se expresa de modo
cristiano en algunos sectores y autores como el católico Kircher,
sacerdote jesuita e igualmente de modo pagano, como es nuestro caso,
no sólo por el trasfondo de la filosofía griega, sino también por los ritos
numéricos pitagóricos, donde se invocan los dioses, semidioses y héroes
del panteón, como parte activa de la realización intelectual a través de
las ideas que los números representan. Pero también en relación con el
alfabeto hebreo y el nombre de las sefiroth vinculadas con los astros y
los poderes conferidos a los nombres divinos, arcangélicos y angélicos,
sin la menor vinculación con los usos y costumbres de estos o aquellos,
completos profanos, o por la hipocresía de lo político o moralmente
correcto, juzgando según la ocasión, pero siempre movido el personal
hipnotizado por el odio, producto de la envidia y el miedo que se opone
a la iniciación, la que es una simple mentira para ellos, que lo saben con
"razones de peso", sin advertir que están siendo víctimas de una burla y
que los autores –que algunos han llamado espíritus inmundos– se
regodean en ello. Bien grueso. Veamos ahora el cuadro que publica en la
página 273 de su tratado.
1. Kether: Corona Serafín Primer móvil
2. Cochma: Sabiduría Querubín Firmamento
3. Binah: Inteligencia Tronos Saturno
4. Gedula: Magnitud Dominaciones Júpiter
5. Geburath: Fortaleza Potestades Marte
6. Tiphereth: Hermosura Virtudes Sol
7. Nizah: Victoria Principados Venus
8. Hod: Honor Arcángeles Mercurio
9. Iesod: Fundamento Angeles Luna
10. Malcuth: Reino Orden animástico Mundo elemental
Como se puede apreciar las correspondencias entre sefiroth y planetas
están claras, a lo que hay que agregar los nombres teológicos católicos
de los distintos grados del mundo intermediario.
Pero en Aritmología hay mucho más y de diversa naturaleza, todo ello
alrededor de los números y de las sefiroth, cuya traducción ya sabemos
corresponde a numeraciones. En el primer capítulo se encuentra un
estudio muy interesante sobre la historia de los números y su evolución
que, amén del significado que adquiere en este tratado, es igualmente
útil para cualquier curioso. En el segundo ya se trata sobre algunos
misterios de los números que los prónicos denominan propiedades. En la
parte III se habla de los números de los árabes y hebreos y sobre los
sellos místicos que elaboraban a partir de ellos. La cuarta parte es un
muy documentado trabajo sobre la "Aritmomancia a través de la Isofefia
de los misterios de los números de los gnósticos herméticos del primer
siglo con los que se servían en sus magias". Este capítulo es un pequeño
tratado de 40 páginas donde denostando el pensamiento de las prácticas
gnósticas revela los fundamentos y las técnicas de estas artes
condenadas. Y así hasta llegar a las cadenas místicas de los números y la
Cábala Pitagórica en su expresión geométrica plana y volumétrica, los
teoremas, etc.
Pondremos fin a este breve apartado volviendo a las imágenes con las
que comenzamos, lo cual nos ha dado pie para publicarlas aquí mismo
como texto, ya que consideramos forman parte constituyente desde la
Edad Media del discurso hermético y alquímico compartido con la
Cábala.
Para terminar queremos citar una frase de un libro dedicado a Kircher de
Ignacio Gómez de Liaño346 con un material gráfico extraordinario y un
prólogo donde se destaca sabiamente el poder de las imágenes y su razón
de ser de este modo:
Los autores de la Contrarreforma, y en particular la Orden de los jesuitas, sabían
que las abstracciones del dogma, los misterios de la fe y las enseñanzas de la
Iglesia tenían que entrar por los ojos. El movimiento emblemáticojeroglífico de
finales del XV y de todo el siglo XVI había, además, acertado a crear un lenguaje
de simbología visual que la Compañía de Jesús supo hacer suyo. Pero no se
trataba sólo de ir a pedir a las imágenes un buen agente de publicidad o un medio
universal de comprensión; todo jesuita sabía muy bien que San Ignacio en sus
famosos Ejercicios espirituales había colocado el ejercicio de la imaginación, y
de la composición mental del lugar en el mismo corazón de su doctrinario
espiritual. Y está fuera de dudas que detrás de la técnica espiritual de los
ejercicios ignacianos se hallan las técnicas de la imaginación que habían
desarrollado, con un fuerte componente hermético y "egipcio-jeroglífico", las
artes de la memoria. Los neoplatónicos herméticos del Renacimiento, como
Ficino, o Camillo Delminio, para no hablar de Giordano Bruno, estaban
persuadidos de la importancia que poseen las imágenes no sólo para aprehender y
consolidar los conocimientos, sino incluso para configurar la estructura del
psiquismo.347 Por eso, bien puede decirse que en los siglos XVI y XVII el espejo
en que se miraron los príncipes y los pontífices, los místicos y el pueblo llano y,
por supuesto, los escritores y los artistas, era un espejo de imágenes, un espejo de
la imaginación.
Jacob Bohme (1575-1624)
NOTAS
334
Sobre Fludd ver también: Federico González, Las Utopías del
Renacimiento. Esoterismo y Símbolo, op. cit., y en el presente libro el
acápite "Siglo XVII: Thomas Vaughan, Elías Ashmole…" en "Cábala y
Alquimia".
335
Ver en Las Utopías del Renacimiento…, op. cit., pág. 228. Muchos de los
grabados de los tres autores han sido también publicados en nuestros libros
y en la Revista Symbolos, aunque evitaremos reproducirlos debido a la
abundancia de material gráfico que estos generosos sabios han producido.
336
Joscelyn Godwin, Athanasius Kircher. La búsqueda del saber de la
antigüedad. Editorial Swan, Madrid, 1986, pág. 15. Los pies de página de
los grabados que hemos seleccionado de A. Kircher son citas extraídas de
esta obra de Godwin.
337
Ibid., pág. 15-17.
338
Ibid., El Arca de Noé, pág. 55.
339
Ibid., Oedipus Aegyptiacus, pág. 101.
340
Kircher, Aritmología, "Historia real y esotérica de los números". Traducción
del latín, introducción, glosario y notas de Atilano Martínez Tomé, Editorial
Breogán, Madrid, 1984.
341
Ver nota 17. También ver A.J. Festugière O.P., La Révélation d'Hermès
Trismégiste. Les Belles Lettres, París, 1989, Tomo I, primera parte, Capítulo
VI y ss. Además ver Jean Rivière, Amuletos, talismanes y
pantá[Link]ítulo I, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 1974; y Textos
de Magia en Papiros Griegos. Introducción, traducción y notas de José Luis
Calvo Martínez y Mª Dolores Sánchez Romero, Editorial Gredos, Madrid,
1987.
342
Aritmología, op. cit., pág. 79.
343
Ibid., pág. 269-270.
344
Aunque se advierte que estos planos por los que atraviesa el alma son
muchas veces opuestos entre sí ya que están invertidos y lo que es mayor en
un mundo es menor en otro, debiendo siempre equilibrarse, estabilizarse las
cosas por medio del desequilibrio y la desestabilización; en el viaje de
ruptura de nivel, siempre una muerte y su resurrección.
345
Aritmología, op. cit., pág. 11.
346
Ignacio Gómez de Liaño, Athanasius Kircher, Itinerario del Éxtasis o las
Imágenes de un Saber Universal. Ediciones Siruela, Madrid, 19852001, pág.
25.
347
Ver también Fray Diego Valadés, Retórica Cristiana. Fondo de Cultura
Económica, México, 1989, del cual publicamos un grabado en la pág. 610.