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Guía de Comunión y Devoción Eucarística

Este documento ofrece instrucciones sobre cómo prepararse para la sagrada comunión y cómo comportarse durante y después de recibirla. Recomienda actos de adoración, acción de gracias, arrepentimiento por los pecados y peticiones a Jesús antes de la comunión. También da consejos sobre cómo recibir la hostia de forma respetuosa de rodillas y mantener un estado de gracia honrando la presencia de Jesús durante el día.
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Guía de Comunión y Devoción Eucarística

Este documento ofrece instrucciones sobre cómo prepararse para la sagrada comunión y cómo comportarse durante y después de recibirla. Recomienda actos de adoración, acción de gracias, arrepentimiento por los pecados y peticiones a Jesús antes de la comunión. También da consejos sobre cómo recibir la hostia de forma respetuosa de rodillas y mantener un estado de gracia honrando la presencia de Jesús durante el día.
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LA SAGRADA COMUNIÓN

DEBERES PARA CON LA SAGRADA EUCARISTÍA. SERVIR (13)


San Pedro Julián Eymard, Apóstol de la Eucaristía

HORA SANTA
Iglesia del Salvador de Toledo (ESPAÑA)
Forma Extraordinaria del Rito Romano

 Se expone el Santísimo Sacramento como habitualmente.


 Se canta 3 de veces la oración del ángel de Fátima.
Mi Dios, yo creo, adoro, espero y os amo.
Os pido perdón por los que no creen, no adoran,
No esperan y no os aman.

LECTURA Del Evangelio según san Juan 6, 53-56


"Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y
no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré
el último día.
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él."
DE LA SAGRADA COMUNIÓN
CAPÍTULO SEGUNDO
Del servicio y culto eucarísticos

I
La sagrada Comunión es la última gracia del amor. Se une por ella
Jesucristo con el cristiano espiritual y realmente para en él producir la
perfección de vida y de la santidad. Por eso el alma adoradora debe
tender a la Comunión frecuente y aun diaria por cuanto de bueno, santo
y perfecto puedan inspirarle la piedad, las virtudes y el amor.
Jesucristo tiene dicho: “Si no comiereis mi cuerpo y bebiereis mi
sangre no tendréis vida en vosotros. Quien me comiere vivirá por mí.
Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre mora en mí y yo en el” (Jn 6,
54. 57-58).
La sagrada Comunión es asimismo gracia, modelo y ejercicio de todas
las virtudes, y los adoradores aprovecharán más con este medio de
santificación que con todos los demás. Jesús por sí mismo formará en
ellos su espíritu, sus virtudes y sus costumbres. Así que irán a la
Comunión para que sean instruidos y dirigidos por este maestro bueno,
con humildad y buena voluntad. Considerarán la sagrada Comunión
como el medio mejor y más universal para lograr la santidad de Jesús.
Mas para que la sagrada Comunión logre toda su eficacia menester es
que llegue a ser pensamiento dominante del entendimiento y del
corazón, el fin de todo estudio, de toda piedad y de toda virtud. Ya que
Jesús es el “fin de la ley”, debe serlo también de la vida.
Consagrarán al comulgar un cuarto de hora a la preparación y, en
cuanto sea posible, media hora a la acción de gracias. Es justo que para
el acto soberano de la vida sean las primicias y la preferencia del
cristiano. Por otra parte, el alma aprenderá más en algunos momentos
con Jesús que en mil años con los sabios y los libros.
II
Por sí mismo haga y de su propio fondo saque el adorador los actos de
la sagrada Comunión, que así serán más naturales y agradables a Dios.
Como preparación inmediata a la visita del Señor haga los cuatro actos
siguientes:
Adore a Jesús sacramentado que le va a venir con sentimientos de
viva fe, rindiéndole homenaje con todo su ser y con el real don de su
corazón.
Dé gracias por tamaño don del amor de Jesús, por esta invitación a su
mesa eucarística que le dirige a él antes que a muchos otros mejores y
más dignos de recibirle.
Considerados el dador y su don tan excelentes, eche una ojeada sobre
sí, viendo su pobreza, sus imperfecciones y sus deudas.
Humíllese a la vista de la propia vileza y de los pecados cometidos.
Llórelos y, reconociendo una vez más que le hacen indigno de
comulgar, pida perdón y misericordia. Imagínese luego que oye estas
consoladoras palabras del Salvador: Porque eres pobre vengo a ti; por
estar enfermo vengo a curarte; con el fin de darte mi vida, para que
participes de mi santidad, me he hecho Sacramento. Ven con confianza,
dame tu corazón, que eso es todo lo que quiero.
Al llegar aquí suplique el adorador a nuestro Señor quite Él mismo
todos los obstáculos y venga. Desea, suspira por este momento de vida y
de felicidad. Está dispuesto a sacrificarlo todo, a abnegarte en todo por
una Comunión.

III
Vete entonces a la sagrada mesa con los ojos bajos, juntas las manos,
con porte respetuoso. Anda con gravedad y modestamente.
Ponte de rodillas con alegría y felicidad en el corazón.
Al comulgar ten derecha e inmóvil la cabeza y bajos los ojos, abre
modestamente la boca, pon la lengua humedecida sobre el labio inferior
y tenla inmóvil hasta que el sacerdote haya depositado en ella la sagrada
forma.
Puedes guardarla si quieres por un momento sobre la lengua para que
Jesús, verdad y santidad, la purifique y santifique. Después, cuando la
sagrada Hostia esté ya en el pecho, pon tu corazón a los pies del divino
rey, tu voluntad a sus órdenes y tus sentidos a su mejor servicio. Ata la
mente a su trono para que no se extravíe, o, mejor, ponla a sus pies, para
exprimirle todo el orgullo y liviandad que contiene.
IV
Tras este primer acto de obsequio a su persona, el comulgante debe
dar comienzo a la acción de gracias por la bondad divina que se le ha
manifestado. Debe ensalzar el amor del Salvador, que tiene a bien darse
a tan ruin e ingrata criatura, ofreciéndose y consagrándose a servirle con
toda la perfección y la gracia de su vocación.
Te valdrás provechosamente de los actos de los cuatro fines:
1. Adora a Jesús en ti; exalta su poder; alaba su bondad; bendice su
amor.
2. Dale gracias por haberte honrado, amado y dado tanto por esta
Comunión.
3. Llora tus pecados a sus pies, como la Magdalena: el amor penitente
experimenta la necesidad de llorar.
4. Pide su gracia para no ofenderle ya; protesta que quieres antes
morir que pecar.
Ofrécele algún obsequio de amor, esto es, algún sacrificio que cueste
a la naturaleza y que abrazarás por Él.
Después orará el adorador por la santa Iglesia, por el papa, por el
obispo, por su pastor, por su confesor.
Orará luego por sus parientes y amigos, por la conversión de los
pecadores, señaladamente de aquellos por quienes más debe interesarse
su caridad. Y por último y sobre todo, para que Jesús sea conocido,
amado y servido por los hombres.
Antes de irte, di algunas oraciones por las intenciones del soberano
pontífice para las indulgencias del día que exijan esto como condición.
Durante el día mantén tu alma dulcemente entretenida con el
pensamiento de las maravillas obradas en ella. Honra con tus virtudes la
presencia espiritual y divina de Jesús que en ti está todavía.
Háblale, ámale y vive en Él.

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