RESUMEN DE LA RECLAMACION SOBRE LA GUAYANA
ESEQUIBA
Desde el punto de vista político, la disputa entre Venezuela y Guyana se
remonta al proceso de independencia de los países latinoamericanos y al
contexto de los cambios geopolíticos que se dieron luego de las guerras
napoleónicas y el Congreso de Viena. En esa ocasión, Venezuela surgió ante
el mundo como una república unitaria con un territorio trazado de acuerdo con
el principio del utipossidetisjuris, pero con una debilidad estatal producto de la
propia independencia, de la ruptura con la Gran Colombia y las sucesivas
guerras civiles.
Esa debilidad institucional y política le produjo grandes pérdidas territoriales,
entre las cuales se contó parte del noreste del país, dado el avance del imperio
británico desde la Guayana Inglesa. Con el Laudo de París de 1899 se refrendó
esa pérdida, lo que de cierta manera y junto con otros procesos de principios
del siglo XX creó una percepción negativa entre la mayoría de los
venezolanos sobre la posibilidad de que diera una salida judicial de carácter
multilateral que favoreciera a Venezuela.
De ahí la insistencia de los gobiernos venezolanos en preservar el carácter
bilateral del Acuerdo de Ginebra. Pero el secretario general de la ONU y el
gobierno de Guyana rechazaron, cada uno a su manera, la salida bilateral. La
nueva y controversial posición de Guyana puede caracterizarse como la
ruptura unilateral de ese país del statu quo alcanzado en 1966, una decisión
que no puede quedar, como observamos más adelante, fuera del contexto
internacional y hemisférico actual.
En segundo lugar, el contencioso entre Venezuela y Guyana no solo es el
producto de consideraciones de carácter histórico-global, sino que a lo largo
de este dilatado proceso se han dado circunstancias difíciles que, de algún
modo, han limitado la búsqueda de una solución al problema. En el siglo XIX,
tal como se dijo, las consideraciones domésticas y la debilidad del país
pesaron frente a la posibilidad de un arreglo justo para Venezuela. Ni siquiera
hubo testigos ni jueces venezolanos.
Antes de 1962, no hubo un proceso diplomático o procesal importante referido
al tema, y solo a partir de la denuncia del laudo en esa fecha, la posterior firma
del Acuerdo de Ginebra y la independencia de Guyana se reactivó la
reclamación venezolana. Una consideración especial merece la política
exterior de Guyana, que logró el apoyo de la mayoría de los países del Tercer
Mundo y del Caribe, en particular en la defensa de su territorio y en respuesta
a la tesis de Venezuela.
A comienzos del siglo XXI, Venezuela buscó fomentar un mejor espacio de
entendimiento con los países caribeños, con la promoción del programa
energético Petrocaribe y la creación de la Unión de Naciones Suramericanas
(Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y
la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La
apertura al tercermundismo y las causas antiimperialistas por parte de
Venezuela habilitaron de manera parcial ese proceso. Pero, paradójicamente,
Guyana no solo no participó de manera integral, sino que se distanció de ellos.
Mantuvo, empero, el apoyo del Caribe, en un contexto de coaliciones
regionales e internas muy diferentes de los «momentos» progresistas que se
observaron en Guyana bajo el liderazgo de los primeros ministros Forbes
Burnham y CheddiJagan, en la segunda mitad del siglo XX. Guyana tiene un
largo historial de país tercermundista que manipuló siempre sus diferencias
con los gobiernos venezolanos del periodo democrático, tildándolos de
agresivos, imperialistas y asociados a Estados Unidos. Por su parte, Venezuela
se concentró en su reclamación, tratando de reducir al mínimo el impacto de
esas acusaciones en su diplomacia deliberada de presencia caribeña y de
acercamiento al Tercer Mundo.
La ruptura del statu quo
No queda más que alertar sobre el peligroso camino que actualmente está
tomando la controversia territorial entre Venezuela y Guyana. Dos decisiones
macro han creado un escenario difícil para la paz regional. Guyana ha roto su
compromiso con el Acuerdo de Ginebra, trasladando el plano bilateral que se
sostuvo por ambos países a un plano multilateral que ha sido rechazado por
Venezuela. En segundo término, el gobierno venezolano ha sostenido la
controversial idea de que la Guayana Esequiba es hoy por hoy parte integral
del territorio de Venezuela. Estas posiciones pueden contribuir a una escalada
del conflicto que podría llegar a crear las condiciones de un escenario bélico.
En este marco, cabe pensar que el contencioso tiene sus vinculaciones e
impactos con el plano doméstico en cada país. En el caso de Venezuela, la
reclamación del Esequibo se ha respaldado mayoritariamente de manera
interna, como también ocurre en el caso de Guyana con sus propias
afirmaciones territoriales.