El padre democrático: el
mejor estilo de crianza
Los padres democráticos son aquellos que, antes de dar una sanción o castigo,
escuchan a sus hijos y les hacen ver su error para que aprendan a ser
responsables de sus actos.
Además, establecen límites claros pero también permiten que sus hijos
expresen libremente sus opiniones para que encuentren la raíz del problema y
una solución eficaz.
Por ello, los niños con ese tipo de padres se muestran más seguros, son
independientes en sus decisiones y acciones, reconocen sus límites y respetan
las reglas de su casa.
Nadie nace siendo el padre pefecto, solo es cuestión de que los escuches y no
les digas “después, ahorita no me molestes”.
Date un tiempo y fomenta el buen entendimiento en la familia, solo así lograrás
una buena crianza.
Padres autoritarios con sus hijos
Los padres que utilizan el estilo autoritario en la educación de sus hijos dejan
de lado las necesidades emocionales de los más pequeños. La comunicación
entre padres e hijos en el estilo autoritario es muy escasa. Los adultos no
saben cómo ponerse al nivel de los pequeños para poder hablar y mantener
una conversación. Por eso, los padres autoritarios dejan de lado la negociación
y se centran en la imposición de reglas establecidas por la ley del “porque lo
digo yo”.
Los padres autoritarios al no centrarse en las necesidades emocionales suelen
ser poco afectuosos con sus hijos por lo que ejercen alta presión sobre ellos
para que asuman responsabilidades y son muy exigentes con todo lo que los
pequeños hacen.
Cómo aparece el estilo autoritario de padres a hijos
La utilización de este tipo de estilo educativo se puede deber a diversas
razones:
- El modelo de toda la vida. El estilo autoritario se suele dar en padres que
también tuvieron unos padres que fueron autoritarios con ellos. Repiten por
imitación el estilo que utilizaron sus padres con ellos cuando eran pequeños
porque están convencidos que funciona; con ellos sí lo hizo.
- Complicaciones en otros aspectos de la vida. Puede pasar que en el entorno
laboral o en la relación con la pareja se den niveles altos de estrés. Debido a
esto se tienen que manejar momentos tensos e irritables de manera constante
que hace que los adultos se vuelvan intolerantes a las demandas de los hijos
cuando ejercen su rol de padres. Ante las “malas” conductas o el bajo
rendimiento académico de los pequeños que se suman al estrés acumulado,
los padres ven como una posible solución en el control, ser rígido, exigente e
inflexible, que son características del estilo autoritario.
- Proteger al niño. Los padres autoritarios son exigentes con sus hijos. Para que
los pequeños cumplan de manera óptima con todas sus responsabilidades los
padres ejercen un elevado control que le lleva a sobreproteger al niño sin
dejarles experimentar por ellos mismos. Los padres creen que gracias a este
control al niño se le protege de conductas no apropiadas, de las malas
influencias, de las malas decisiones ya que se considera que el niño no tiene la
capacidad de poder hacerlo.
Consecuencias del estilo autoritario de los padres
El reto de todos los padres es la de ejercer autoridad positiva en sus hijos para
que crezcan siendo felices, seguros de sí mismos, curiosos, independientes,
respetuosos, etc. El problema es que muchas veces al buscar esta autoridad y
debido a diferentes motivos se llega a la antigua figura de padre autoritario de
otras épocas y causando el efecto contrario:
- Provocando inseguridad. Las altas expectativas que tienen los padres sobre
los niño provocan en los pequeños excesivo nerviosismo, malestar e
incluso ansiedadprovocados por querer satisfacer siempre a los padres.
- Baja autoestima. La inseguridad les provoca un concepto pobre de sí mismos.
- Poca inteligencia emocional. Los niños no aprenden a gestionar
sus emociones. Pasan directamente por los extremos: o siente un odio y una
rabia profunda por sus figuras paternales o todo lo contrario, son sumisos.
- Mala toma de decisiones. Los niños no tienen autonomía para poder escoger lo
que quieren hacer. Deben de cumplir los objetivos que los padres les han
impuesto. Debido a esto no tienen la oportunidad de ser independientes y de
aprender las habilidades que hacen posible que puedan resolver sus propios
conflictos
- Puede causar malestar y enfermedad. El estar bajo la presión de padres
excesivamente exigentes día a día puede provocar que los niños estén bajos
de defensas y estar expuestos a enfermedades, e incluso a tener depresión.
- No tener competencias sociales. El ser demasiado autoritario puede crear un
miedo irracional en los niños a hablar con sus padres, comentar cualquier cosa,
tener miedo a equivocarse. Esto hace que los niño no desarrollen las
habilidades sociales necesarias para relacionarse en el futuro
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Los cuatro estilos educativos:
democrático, autoritario,
permisivo e indiferente
Ser padres y madres es una de las tareas más importantes y difíciles de
nuestra vida. Es una etapa llena de alegrías y satisfacciones, pero también
de preocupaciones, incertidumbres y miedo de no saber si lo que estamos
haciendo es lo mejor.
Contenido [mostrar]
Poner los límites a los hijos
¿Qué debemos permitir y qué debemos prohibir a los niños? La
educación, a menudo, sigue un curso irregular entre estos dos extremos. La
tarea como padres nos puede resultar mucho más sencilla si desde el
principio acordamos normas firmes que sean respetadas por todos los
miembros de la familia, empezando por nosotros.
Todos los padres son diferentes entre sí y difícilmente encontramos dos
padres o madres exactamente iguales: algunos son más cariñosos, otros
más estrictos, controladores, negligentes… etc. La combinación entre el
afecto, la comunicación y el control es lo que definirá los “estilos
educativos”.
Podemos diferenciar cuatro estilos o maneras de comportarnos con
nuestros hijos-hijas, pero eso no quiere decir que “siempre” un padre o una
madre se comporte de la misma manera, sino que hablamos de una
“ tendencia habitual“.
Hoy abordaremos aquí estos cuatro estilos educativos.
Estilo democrático
Este estilo educativo se caracteriza porque el padre o madre escucha el
menor en sus necesidades, adapta las exigencias según el estadio del
desarrollo correspondiente, pone límites y normas, dando refuerzos
positivos cuando el niño o adolescente las cumple y castigos
proporcionados cuando no las respeta. Se muestra afectivo y con alto
grado de exigencia.
Los padres con un estilo democrático se caracterizan por:
Ser muy cariñosos
Mantienen con sus hijos altos niveles de comunicación.
Las normas y los límites son claros y suelen ser explicados y justificados
ante sus hijos de forma razonable a las diferentes edades y necesidades.
Controlan y restringen el comportamiento de sus hijos con normas y
límites claros.
Los padres que se manifiestan en este estilo, al margen de ser cálidos y
cariñosos, poner normas claras y coherentes, supervisar y guiar las
conductas, también fomentan la autonomía, animando al hijo / a que sea
más independiente, estimulando así el desarrollo.
Si los hijos se sienten queridos y apoyados sabrán que siempre pueden
contar con los padres cuando lo necesiten, pero al mismo tiempo, tienen
que tener claro que no pueden hacer lo que quieran, que hay unos límites
que no se pueden traspasar y, que deben cumplirse para su bienestar y el
bienestar de los demás. Esto hará que tengan una buena autoestima, un
buen comportamiento y una actitud responsable hacia los demás. Al ser
padres y madres cariñosos, hace más fácil la transmisión de valores y
formas de comportamiento con los que se quiere educar, ya que los hijos
son más receptivos si se les enseña las cosas en un ambiente de afecto
y respeto mutuo.
Consecuencias
Niños que tienden a tener altos niveles de autocontrol y de autoestima.
Son más capaces de afrontar situaciones nuevas con confianza.
Son persistentes en las tareas que comienzan.
Son interactivos y hábiles en las relaciones entre iguales, independientes
y afectivos.
Suelen tener valores sociales y morales interioridades.
Interiorizan normas y su competencia social está muy desarrollada.
Estilo autoritario
En este caso el educador dicta cómo se deben hacer las cosas, impone
normas y no acepta cuestionarlas. No concibe otra manera de hacer las
cosas de manera diferente a la suya. Aplica castigos que a menudo son
desproporcionados a la conducta del menor. Muestra bajo afecto y alta
exigencia.
Algunas características de los padres con este estilo educativo son:
Son poco cariñosos.
Mantienen bajos niveles de comunicación con sus hijos.
Imponen normas y límites.
Controlan de forma rígida y severa el comportamiento de sus hijos.
Son padres y madres con unos valores de exigencia y control altos,
mientras que no muestran afecto a sus hijos y no hay comunicación con
estos. Generalmente no tienen en cuenta los intereses y necesidades de
sus hijos, imponiéndoles habitualmente lo que tienen que hacer. Sólo lo
que dicen ellos es válido, no escuchan a sus hijos y hacen prácticas
coercitivas.
Consecuencias
Niños y niñas con autoestima baja.
Dificultad para controlar sus impulsos.
Inmadurez.
Poco persistentes en las tareas.
Estilo permisivo indulgente
El padre o madre con un estilo permisivo, muestra una actitud de
sobreprotección hacia el menor, cree que la ayuda cuando hace por él las
cosas. A menudo recorta la libertad cuando el menor reclama
independencia. Muestra mucho afecto y poca exigencia.
Son muy cariñosos.
Mantienen altos niveles de comunicación con sus hijos.
No suelen poner límites a sus hijos.
Existe poco control en su comportamiento.
Dentro de este grupo también podemos encontrar a padres que además
de ser excesivamente permisivos, además presentan conductas
demasiado indulgentes. En este caso mostrarán:
Indiferencia hacia las actitudes positivas o negativas del niño.
Acceden fácilmente a los deseos de sus hijos.
Tienen poco control sobre sus hijos, es decir, dejan a los hijos una total
libertad.
Apoyan a sus hijos, pero a la hora de ponerles límites no saben cómo
hacerlo o no quieren hacerlo por no tener un conflicto con su hijo, por lo
tanto, utilizan pocos castigos.
Frente a las dificultades de la vida que puedan tener sus hijos, siempre
los irán retirando obstáculos en lugar de enseñar cómo superarlos y, en
caso de duda, su hijo siempre tendrá la razón y siempre saldrá ganando.
No establecen ninguna norma dentro de la educación de sus hijos, estos
crecen sin ninguna pauta de conducta lo que puede traer problemas
dentro de la escuela.
No son exigentes con sus hijos para que estos cumplan sus
responsabilidades.
La comunicación en este estilo educativo es unidireccional, los padres y
madres tienen muy en cuenta las iniciativas y los argumentos de sus hijos,
también proporcionan al niño una gran autonomía. Son padres
preocupados por sus hijos o hijas, tanto para la formación académica como
para cualquier otro aspecto, pero sus hijos siempre acaban dominando
la situación.
No resaltan la autoridad paterna y por tanto, no saben establecer
unas normas claraspor ejemplo a la hora de hacer las tareas, a la hora de
llegar a casa, etc. Utilizan muy poco los castigos, ya que son padres y
madres que aceptan todo tipo de conductas de sus hijos, incluso
expresiones de ira o de agresividad.
Consecuencias
Los niños educados con este estilo educativo, adquieren unas buenas
conductas sociales, como por ejemplo:
Tienen una buena imagen de sí mismos.
Tienen confianza en sus posibilidades.
Son espontáneos.
Son originales y creativos.
Adquieren una alta competencia social.
Pero por otro lado, en la parte negativa, podremos ver que son niños
que no suelen tener referentes y, por tanto, no saben dónde aferrarse.
Por un lado, les faltan hábitos de esfuerzo, no reconocen ni respetan las
figuras de autoridad, no están acostumbrados a recibir un “no” por
respuesta. Suelen ser:
Niños exigentes o irrespetuosos.
Inseguros.
Mandan a los padres.
Egoístas, egocéntricos.
No tienen ningún sentido de la disciplina.
No tienen cuidado de su salud y seguridad.
Escaso control sobre su propia conducta, ya que no disponen de un
código de comportamiento marcado.
También existen unas consecuencias negativas por los mismos padres, ya
que, en muchas ocasiones su autoestima baja, al ver el comportamiento
de sus hijos. No tiene una comunicación ni diálogo con su progenitor, no lo
tiene respeto. Por otra parte, se sienten frustrados por la educación dada.
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Estilo indiferente
Cuando el estilo educativo es indiferente, lo que ocurre es que el padre,
madre o educador no se implica demasiado en la educación del menor. Le
da completa libertad a este para tomar sus propias decisiones. No
suele recurrir al castigo como herramienta educativa y las normas son
muy laxas o prácticamente inexistentes. Muestra bajo afecto y bajo nivel
de exigencia de cara el menor.
Los padres con estilo indiferente son aquellos que:
Son poco cariñosos.
Mantienen bajos niveles de comunicación con sus hijos.
No suelen poner límites a sus hijos
Existe poco control de su comportamiento.
Baja disponibilidad y baja exigencia.
No se implican en la educación de sus hijos, ni implican afectivamente.
Para suplir su papel educativo les hacen regalos, ya que es la manera
más rápida y cómoda de tener contentos a los hijos.
Están obsesionados o simplemente prefieren otras obligaciones, como
por ejemplo, las amistades o el trabajo y sus responsabilidades paternas
son mínimas.
Dejan a sus hijos hacer todo lo que quieren, ya que es la mejor manera
de que los hijos no los molesten.
Consecuencias
Tienen una baja autoestima y autocontrol.
Tienen muy fracaso escolar.
Tienen más probabilidad de caer en el alcoholismo o en la
drogadicción.
Obediencia y sumisión ante el control externo.
Conductas agresivas.
No tienen confianza en sí mismos.
No tienen responsabilidad.
No valoran el esfuerzo personal.
Trastornos psicológicos.
Estos niños, al no encontrar ningún signo de afectividad por parte de
sus padres y madres, la buscan en grupos de iguales.
Conclusiones
El afecto es necesario para transmitir seguridad a cualquier niño o
niña. Sentirse querido y aceptado contribuye a la formación de un
buen autoconcepto y autoestima adecuada. Por otra parte, la
comunicación hace que haya frecuentes diálogos llegando más
fácilmente a saber las inquietudes e intereses de sus hijos. Esto también
facilita a los padres saber cómo son y qué hacen sus hijos, además de
favorecer llegar a acuerdos. Al mismo tiempo, también los hijos pueden
llegar a conocer más y mejor a sus padres, creando así un clima de
confianza donde sientan más libertad para comunicarse de manera abierta
y sincera.
Todo esto ayuda a que los menores aprendan a relacionarse y ponerse en
el lugar de los demás, desarrollando capacidades importantes para la vida
en sociedad: expresión y comprensión de sentimientos, empatía,
habilidades sociales… etc.
Aunque el estilo democrático es el que comporta claramente más ventajas,
tanto para el bienestar de los hijos, como de los padres y de las relaciones
familiares, también es cierto que no es fácil ser siempre democrático en
todo momento y en todas las situaciones, por eso lo más importante
será esforzarse para adaptar e integrar los aspectos que acabamos de
mencionar: afecto, control y fomento de la autonomía, con las
características personales de cada uno y en las diferentes situaciones que
se vayan viviendo