24 DEL MES SEGUNDO (IÁR) DEL 5778
12 DEL MES DE MAYO DEL 2018
Lectura de la Torá:
Vaikráh/Y Llamó/”Levitico”: 26:3-27:34
Lectura de la Haftaráh:
Irmiáhu /”Jeremias”: 16:19-17:14
Lectura del Brit Hadashah:
Luka/Lucas 2
RESUMEN DE LA
PARASHAH
En el Monte Sinaí, Elohyim le comunica a Moshe las leyes
del año sabático. Cada séptimo año, todo el trabajo en la
tierra debe cesar, y su producto debe ser dejado libre
para que lo tomen todos, tanto seres humanos como
animales.
Siete ciclos sabáticos son seguidos por un
quincuagésimo año, el año de jubileo, en el cual también
cesa el trabajo en la tierra, todos los sirvientes son
enviados libres y las propiedades ancestrales en la Tierra
Santa vuelven a la posesión de sus propietarios
originales.
Behar también contiene leyes adicionales que gobiernan
la venta de tierras, y las prohibiciones contra el fraude y
la usura.
En la sección Bejukotái Elohyim promete que si los Hijos
de Israel observarán sus mandatos, disfrutarán de
prosperidad material y vivirán seguros en su tierra. Pero
también da una dura “reprimenda” advirtiendo sobre el
exilio, la persecución y otros sufrimientos que les
ocurrirán su abandonan su pacto con Elohyim.
Sin embargo, “Aun entonces, cuando están en la tierra
de sus enemigos, no los aborreceré ni los despreciaré
como para destruirlos y anular Mi pacto con ellos; pues
Yo soy el Señor, su Elohyim.”
La parasháh concluye con las reglas de cómo se calculan
los valores de los diferentes tipos de promesas
económicas hechas a Elohyim.
COMENTARIO DE LA
PARASHÁH
ESCUCHANDO LOS
MENSAJES DE ELOHIM
La parashá de esta semana contiene la tojajá o ‘reproche,’, la serie de horrendos
castigos que le acontecerán al pueblo Judío si no escuchan a Hashem y
continúan ignorando sus advertencias. ¿Cuál es la causa principal de la
intensidad de estos castigos?
La Torá dice:
“Si se comportan conmigo de manera casual (oposición RV, keri - ) ְק ִריy se
niegan a escucharme, entonces les daré un castigo…”
“Si a pesar de esto no se sienten disciplinados por Mí y se comportan
conmigo casualmente, Yo también me comportaré hacia ustedes con
casualidad, y los golpearé, también Yo, siete veces por sus pecados
(Vayikrá 26:21, 23-24).
¿Qué significa la palabra keri?
H7147 קְ ִריqriy (ker-ee') H7136 קָ ָרהqarah (kaw-raw ') v.
s-m. 1. encenderse (principalmente por accidente).
hostil encuentro, 2. (causativamente) provocar.
contrariedad, terquedad, 3. (específicamente) imponer maderas (para techo o piso).
obstinacion. [una raíz primitiva]
KJV: nombrar, poner (hacer) vigas, acontecer, traer, venir
(pasar a), piso, (hap) fue, suceder (a), encontrarse, enviar
buena velocidad.
El Rambam define keri como la negación de
la Orquestación Divina de los eventos,
viéndolos, en cambio, como ocurrencias
accidentales. Escribe (Hiljot Taaniot 1:3):
Pero si el pueblo no clama [a Dios] y hace sonar
las trompetas, diciendo en cambio: “Lo que nos
ha ocurrido es simplemente un evento natural, y
esta dificultad es casual,” es un camino de
crueldad que les hace continuar con sus acciones
malvadas. Y este momento de angustia llevará a
más angustia.
Esto es lo que dice la Toráh: “Si se comportan
conmigo de manera casual, me comportaré con
ustedes con una furia casual.” La implicancia del
versículo es: cuando traigo dificultades sobre
ustedes para alentarlos a cambiar, si dices que es
casual, agregaré a tu [castigo] como una
expresión de enojo por esa indiferencia [a la
Providencia Divina].
El Rambam dice que ignorar la Providencia Divina
es “un camino de crueldad.”
¿Por qué lo llama crueldad, cuando el problema
esencial en esta situación es herejía? El Rambam
no necesita decirnos que es herejía, eso es obvio.
En cambio, se enfoca en la raíz que causa la
herejía: la crueldad, porque atribuir las
experiencias dolorosas a la casualidad, posiciona
a Dios como una figura paterna desinteresada y
vengativa. Sólo una persona cruel imaginaría que
un padre deja a sus hijos a merced de los
traicioneros caprichos del destino, permitiendo
que sean lastimados sin ninguna razón.
¿Existe un Universo diseñado por Dios o todo es “casualidad”? Los
hijos de Dios sabemos que todo está diseñado por Dios. Por lo tanto,
entendemos que TODO está diseñado por Dios para Su Gloria/Honor.
Dentro de ese diseño, estamos nosotros, los que estamos
destinados a triunfar, espiritualmente hablando. Dios nos conoce a
cada uno de nosotros y Él tiene un destino trazado para cada uno
de nosotros. Mas debemos todavía sortear una serie de
obstáculos, especialmente en el área de nuestro carácter, rasgo
que debemos cambiar, que están impidiendo nuestro crecimiento,
o que están en nuestras vidas puestas allí por herencia de
nuestros ancestros que nunca conocieron a Dios, y Él las pone en
nuestro camino para que las venzamos y podamos avanzar hacia
nuestro destino total, lo máximo que está escrito que podemos
llegar, que es mucho más de lo que ahora tenemos o somos. Si
visualizamos la vida como una carrera de obstáculos donde
estamos siendo entrenados por EL Entrenador/coach de
entrenadores, podemos visualizar mejor el diseño del Universo
desde nuestro punto de vista.
Reducir las dificultades a meras
ocurrencias accidentales asegura que las
personas no hagan teshuvá, haciendo
que Hashem traiga sobre nosotros
dificultades aún mayores. Esta es otra
manifestación de crueldad. Es como
quitarle a una persona el chaleco
salvavidas, lo único que la puede salvar
cuando está varada en medio del océano.
NO HAY
ACCIDENTES
El mensaje central de la parashá es que no hay accidentes.
Nada simplemente “ocurre.” Dios dirige el mundo; todo lo que
ocurre es un mensaje divinamente calibrado de Hashem. Él se
comunica constantemente con nosotros, y debemos
detenernos y preguntarnos: “¿Qué me está enseñando
Elohim?” Pasa algo en Israel, hay una importante crisis
económica, alguien cercano a ti se enferma, pregúntate: “¿Qué
debo aprender de esto?.” No creas que es un hecho arbitrario,
casual. Advierte que Hashem es la causa detrás de todo lo que
ocurre en el mundo, y es muy articulado. Si realmente
queremos entender su mensaje, lo haremos y nos ahorraremos
mucho dolor.
En lugar de quejarnos o cuestionar los caminos de Dios,
debemos enfocarnos en oír su mensaje y prestarle atención.
Un estudiante viajando por el mundo le dijo en una oportunidad a un
Rabino: “Rabino, ¡yo no necesito una Yeshivá! Que sepa, Elohim y yo
somos muy cercanos. Él hace milagros para mí.”
El lo miré con un poco de sospecha. “¿Te molestaría describir uno o dos
milagros?.”
“Seguro,” dijo. “Hace poco estaba subiendo en bicicleta por un sinuoso
camino de montaña. Un gran camión hizo un giro muy brusco y se
metió en mi carril, dirigiéndose directamente hacia mí. Sin otra opción,
me salí del camino, hacia un acantilado, y caí 20 metros hacia rocas
puntiagudas. Yo grité ‘¡ Elohim !’.”
“Rabino, cuando caí al piso, sentí la mano de Elohim amortiguando el
golpe. ¡Me levanté sin un rasguño! ¡Fue un milagro total! Ve, Elohim y yo
somos muy cercanos.”
El Rabino se inclino hacia adelante, miro al muchacho a los ojos y le dijo:
“Dime, amigo mío, ¿quién crees que te empujó hacia el acantilado en
primer lugar?.”
El joven se quedó mudo.
Rav Weinberg explicó: “Elohim no es Superman.
Superman espera que caigas a un precipicio para salir
volando, en el último instante, y salvarte. En cambio,
Elohim controla todo lo que ocurre en tu vida, tanto los
problemas como las soluciones. Primero envía un
camión para forzarte a caer por el precipicio, y luego te
salva. La pregunta que debes hacerte es: ¿por qué
Elohim te arrojaría de un precipicio y luego te atraparía?
Claramente, quiere llamar tu atención. ¿Qué quiere
enseñarte?
¡Debes trabajar en tu relación con Elohim yendo a una
Yeshivá!.”
UNA SEÑAL DE AMOR
Cuando Hashem envía un mensaje para llamar nuestra atención, es una
expresión de su amor e interés, incluso si la llamada de atención incluye
un poco de dolor.
Imagina que estás manejando tu carro y, de repente, un niño de siete
años salta hacia la calle persiguiendo su pelota. Clavas los frenos y lo
esquivas por poco. Luego, bajas la ventana y le gritas al niño: “Hey, ¡ten
cuidado! ¡Casi te atropello!.” Estás a punto de continuar viajando cuando
ves a un hombre persiguiendo al niño y tirándolo hacia el piso. El
hombre le grita al niño: “¿Estás loco? ¡Casi te matas!,” y luego le da al
niño un coscorrón.
¿Quién es el hombre que persiguió al niño, lo arrojó al piso y no se satisfizo
con retarlo verbalmente?
Es el padre del niño. Ama tanto a su hijo, que no se detendrá hasta
asegurarse de que su hijo entienda el mensaje de no volver a correr hacia la
calle, incluso si para lograrlo debe darle un coscorrón. Es una señal de amor
e interés, no de abandono.
Hashem es nuestro Padre Celestial y, dado que nos ama profundamente, no
renuncia a nosotros. De ser necesario, continuará enviando llamadas de
advertencia. Y, si lo hace, debemos recordar que es una señal de su amor.
ENTENDIENDO EL
MENSAJE
Para escuchar correctamente el mensaje de Hashem, primero debemos
conectarnos con la realidad de su amor por nosotros y reconocer que su
mensaje es para nuestro bien. Si la relación con Hashem está impregnada de
desconfianza y enojo, su mensaje se distorsionará al atravesar esa lente
subjetiva, dado que el contexto emocional de una relación determina
ampliamente cómo interpretamos las interacciones.
Por ejemplo: Rajel lleva cuatro años estudiando para su maestria. Esta noche es
la graduación. Le dice a Marcos, su esposo: “Llega a las 8:00 p.m y, por favor, no
llegues tarde.”
“No te preocupes,” la tranquiliza él. “Llegaré a tiempo.”
“¿Lo prometes?.”
“Prometido.”
De pronto son las ocho y aún no ha llegado. Rajel comienza a agitarse. Ocho y
diez y sigue sin llegar, ahora ya está enojada. A las 8:30 no puede creer que la
haya decepcionado otra vez. Se siente herida y rechazada.
Ahora veamos una segunda pareja. Sara y David. Sara también se gradúa esa
noche, y le dice a David que esté allí a las ocho y trate de no llegar tarde.
“Es una noche tan importante” dice él. “¡No quiero perderme ni un minuto!.”
Son las ocho y no llegó. ¿Qué piensa Sara? Quizás está varado en el tránsito.
Ocho y diez… ella comienza a preocuparse. Quizás ocurrió algo. A las 8:30 sale
del auditorio en pánico y comienza a llamar a los hospitales locales.
La misma situación, dos reacciones muy diferentes. Cuando la relación es de
resentimiento y desconfianza, la acción es interpretada bajo ese lente negativo.
Cuando la relación es de amor y confianza, esa misma acción es vista bajo una
luz completamente diferente.
Si no somos conscientes del amor inquebrantable de Hashem, obligadamente
malinterpretaremos su mensaje. Entonces, el desafío inicial es asegurar que
nuestra relación con Él está arraigada en confianza y amor.
Hashem no estalla con furia, infligiendo dolor por su propia frustración e
incapacidad para controlar sus impulsos. No es un padre disfuncional. Todo lo
que hace emana de su amor, que es inconmensurable e inagotable, mayor a
todo el amor en el mundo. Como dice la Torá: “Como un padre castiga a su
hijo, Hashem, tu Dios, te castiga” (Devarim 8:5).
Ahora, ¿cómo nos conectamos con el amor que Dios tiene por nosotros y
ponemos nuestra relación con Él bajo una luz positiva? La respuesta es:
construyendo gratitud.
GRATITUD
Los actos de bondad construyen amor y confianza en una relación. Pero
para que los lazos de amor se fortalezcan, los actos de bondad deben ser
reconocidos y valorados. Si la bondad se da por descontada y el receptor no
es agradecido, no se realiza ningún depósito emocional y las dos partes
perderán la oportunidad para acercarse.
Todos somos receptores de una increíble abundancia de regalos de Dios:
nuestra vida, nuestra visión, nuestras piernas, nuestros hijos, nuestra ropa,
nuestros hogares, nuestra comida, cada respiro que damos… es una lista
infinita. El problema es que, a menudo, damos las innumerables
bendiciones de Dios por descontado y olvidamos que somos receptores de
su miríada de preciosos regalos. Para sentir su amor por nosotros, debemos
realizar una pausa consciente y apreciar las demostraciones infinitas y
constantes de ese amor. Al reconocer su involucración permanente en
nuestra vida, tanto pasada como presente, podemos construir un contexto
de amor para nuestra relación con Dios.
Este fue uno de los mensajes principales de Dios al pueblo Judío cuando se
presentó a nosotros en el Monte Sinaí. “Yo soy Hashem, tu Dios, quien te
sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud” (Shemot 20:2).
Elohim podría haberse presentado diciendo: “Yo soy Hashem, tu Elohim, quien
creó los cielos y la tierra.” ¿Qué podría ser más impresionante que eso? Pero
Elohim no estaba interesado en jactarse de su poder. Quería mostrarle a su
incipiente nación que estaba con ella, con compromiso, interés y amor. “Sí, soy
Yo, tu Elohim, quien dio vuelta la naturaleza para liberar a cada uno de ustedes,
Quien los salvó y los liberó de la esclavitud y los eligió para que sean mi
pueblo.”
El siguiente ejercicio puede ayudarte a apreciar el rol activo y lleno de amor de
Elohim en tu vida personal. Si te tomas el tiempo para hacerlo, transformará tu
relación con Él.
Escribe 50 bendiciones que tienes en tu vida (por ejemplo, tu olfato, tu pareja,
tu salud…).
Ahora escribe 50 más (tu café de la mañana, la sonrisa de tu hijo, tu auto…).
Cada día, escribe una nueva bendición que hayas recibido en tu vida. Hazlo
durante un mes. En Shabbat, pídele a tu familia y a tus invitados que compartan
una cosa por la cual están agradecidos.
Al construir tus músculos de gratitud, comenzarás a reconocer y valorar el amor
infinito de Hashem por ti, que es el prerrequisito esencial para entender los
mensajes que te envía.