TEXTO
Creo que un día de estos—dijo—, averiguarás qué es lo que quieres. Y entonces
tendrás que aplicarte a ello inmediatamente. No podrás perder ni un solo
minuto. Eso sería un lujo que no podrás permitirte.
Asentí porque no me quitaba ojo de encima, pero la verdad es que no le entendí
muy bien lo que quería decir. Creo que sabía vagamente a qué se refería, pero
en aquel momento no acababa de entenderlo. Estaba demasiado cansado. —Y
sé que esto no va a gustarte nada—continuó—, pero en cuanto descubras qué es
lo que quieres, lo primero que tendrás que hacer será tomarte en serio el colegio.
No te quedará otro remedio. Te guste o no, lo cierto es que eres estudiante.
Amas el conocimiento. Y creo que una vez que hayas dejado atrás las clases de
Expresión Oral y a todos esos Vicens...
—Vinson—le dije. Se había equivocado de nombre, pero no debí interrumpirle.
—Bueno, lo mismo da. Una vez que los dejes atrás, comenzarás a acercarte—
si ése es tu deseo y tu esperanza—a un tipo de conocimiento muy querido de tu
corazón. Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la
conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te
animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que
han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente,
algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás
si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes
dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver
con la educación. Es historia. Es poesía.